Espectros sobre la pared

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LESTER, 02/08/2020 

23.14 h.

– No sé qué tal voy a llevar este trabajo.

Ramón acomodó la espalda contra el cabecero de la cama mientras apuraba una última calada al cigarrillo. A su lado, boca arriba, Lidia le escuchaba atentamente. Ambos superaban por poco la treintena, tenían planes continuamente aplazados y coincidían en que esta podía ser una buena oportunidad para su futuro.

– Me pagan bien, ese no es el problema, pero es que no sé hasta qué punto es… éticamente correcto. Y sé que lo voy a hacer bien, y que si lo hago obtendré buenos pluses, pero… no sé, moralmente,… espero saber llevarlo.

20.28 h. del mismo día.

– ¿Lo ves, Ramón? Siempre acaban firmando -el Director de la empresa, José Antonio, guardó el cheque de treinta mil euros en un sobre y este en el bolsillo interior de la americana-. Algunos lo harán en menos de cinco minutos, otros nos pueden llevar todo el día, pero siempre, siempre, y llevo dos años en esto, acaban firmando. Ha sido un día largo, pero muy productivo, ¿no crees?

Ramón no respondía, aún trataba de asimilar el negocio en el que acababa de entrar.

– Ya vale por hoy, ¿nos vamos a casa?

20.12 h.

Era un tipo de mediana edad, grande pero no corpulento, ancho de hombros, de cráneo, de abdomen. La cabeza totalmente afeitada hacía que se pareciera a La Cosa. Se había aflojado el nudo de la corbata y en su frente quedaban restos del sudor copioso que le había acompañado la mayor parte de la jornada. El hombre bramó algo ininteligible mientras firmaba el cheque, pero se le entendió a la perfección tras entregarlo al tal José Antonio.

– ¿De verdad que no va a quedar ningún rastro, ni pruebas? ¿Nada que pueda llegar a manos de mi mujer?

Al otro lado de la mesa, Ramón le miraba fijamente a los ojos con rostro serio, captando todos los detalles, pero La Cosa no apartaba la vista de su jefe, el mismo que le había explicado la situación con todo lujo de detalles.

– Garantizado. Con el contrato está usted a salvo. Y desde luego no será por nosotros si algún día se entera de sus… digamos, deslices. Las imágenes que vamos a hacer llegar a su mujer serán de lo más inocentes. Bochornosa y aburridamente correctas. Ella verá que usted no hizo nada, que se comportó como el santo varón que sabemos los tres aquí presentes que no es, ¡ja, ja, ja!

Por primera vez en toda la tarde, el hombre se relajó y esbozó una tímida sonrisa. Ramón había percibido desde el inicio de la conversación la manera de fruncir el ceño que el hombre tenía, «lo menos veintidós atmósferas de presión en el entrecejo». «Ahora solo catorce», pensó para sus adentros al ver que se relajaba levemente.

Fue exactamente a las 19.48 horas cuando La Cosa había salido de la habitación contigua («aunque en la puerta ponga Meeting Room, Ramón, la llamamos entre nosotros Meditating Room, porque nada como pensar uno consigo mismo para convencerse de lo que le interesa», así fue como José Antonio se la mostró al inicio del día, mientras le enseñaba las oficinas). Apenas había pasado media hora. El hombre grandote de mediana edad, La Cosa sudorosa, les confirmó su propósito:

– De acuerdo, voy a firmar.

– Perfecto, sabía que llegaríamos a un acuerdo. En cinco minutos mi compañero Ramón le entregará las dos copias con todos los datos del contrato, confidencial por supuesto, y en cuanto realice el pago nuestro pacto quedará sellado para siempre.  Mientras tanto, ¿le apetece tomar algo, un whisky, un gin-tonic, solo agua? -exhibió una sonrisa mientras abría las puertas de un repleto mini-bar que ocupaba media pared.

La Cosa había estado dos veces en la Meditating Room. Esta segunda tuvo una duración exacta de veintitrés minutos y cuarenta segundos, tiempo durante el cual Ramón y José Antonio observaron su nerviosismo a través de unos monitores que recogían las imágenes de las cámaras camufladas en el interior de la habitación. Le vieron aflojarse la corbata, sentarse, levantarse y volver a sentarse. Moverse de un lado a otro, juguetear con el móvil, aflojarse los botones de los puños de la camisa y arremangarse…

– Cinco a uno a que acepta -José Antonio disfrutaba de la escena, mientras Ramón observaba con cierta perplejidad.

La primera vez que La Cosa entró en la habitación fue a las 19.16 y apenas estuvo un par de minutos.

– ¿Qué cojones pasa aquí? ¡No consigo comunicarme con nadie! No hay cobertura en esa puta sala.

– Por supuesto, señor López. La habitación está aislada, sellada, inaccesible al exterior y desde el exterior. Tiene inhibidores de frecuencia de móviles con ese objeto.

– ¡Pero esto es indignante! ¡Necesito hablar con mi abogado! Yo… me marcho.

Hizo ademán de dirigirse a la puerta de salida, pero José Antonio le interrumpió de manera vehemente:

– Recuerde que si sale por esa puerta no habrá ninguna posibilidad de acuerdo. Son las condiciones, recuérdelo. Quizás le convenga recapacitar un poco más.

La Cosa le daba la espalda, pero se quedó parado en mitad del pasillo. Jadeaba de manera aparatosa. Se sacó un pañuelo de la chaqueta y se quitó el sudor de la frente.

– Le recomiendo que reconsidere su decisión. Para eso está la habitación, medite lo que tenga que meditar, piense si acepta nuestra propuesta, que yo personalmente creo que le conviene, lleguemos a un acuerdo por la cantidad y al final del día todo esto habrá sido una simple incomodidad en su estresante semana. Al fin y al cabo, el dinero no es una de sus preocupaciones. Le sobra. Y sabe que le sobra, y al fin y al cabo, la cantidad que pactemos la habrá recuperado en menos de tres meses.

– ¡Pero es ceder a un chantaje!

– ¿Chantaje? Esa es una palabra muy fea. No, no lo vea así. Su mujer es la que va a someterle a un vil chantaje y nosotros solo le damos una oportunidad de pegarle un sopapo en los morros. Así que le recomiendo que pase de nuevo a la sala, se acomode, haga las cuentas que tenga que hacer y lleguemos a un acuerdo.

18.55 h.

– ¿Quiere fumar? Sé que no es legal hacerlo en espacios cerrados, pero aquí… esta es mi oficina, mi casa, mi club privado al que invito a quien me da la gana. Estamos solos, señor López, y créame que si por algo nos distinguimos es precisamente por nuestra discreción.

Las cuidadas formas del Director del despacho podían desesperar a todo el que tuviera que tratar con él, pero resultaban de una irreprochable cordialidad.

La Cosa rompió el silencio con el que había escuchado la última media hora, el mismo silencio que mantuvo mientras le mostraban el vídeo con el funcionamiento del artilugio llamado Spector.

– Sí, por favor. Deme un cigarro -lo encendió, aspiró profundamente, exhaló el humo y preguntó-. ¿Y esto es legal?

– ¡Absolutamente legal! Nosotros no vamos a hacer nada más que cumplir con lo que nos ha solicitado su mujer: reservar la habitación 214 del hotel Hilton de Barcelona y tomar unas muestras del interior de la misma. ¿Qué hay de ilegal en eso? ¡Es como hacerse unas fotos en una habitación, ya sea en la cama, mirando por el balcón o en el baño y subirlas a Instagram! ¡A mí me da igual si en el resultado aparece alguien mirando al horizonte de manera bucólica o si se la está cascando en la ducha!

Ramón escuchaba la conversación sin dar muestras de lo que pensaba, pero por dentro era un torbellino emocional. Se sentía incómodo, pero a la vez disfrutaba con la escena. “Esto no puede ser verdad”.

18.24 h.

– Bien, pues una vez hechas las presentaciones, señor López, siéntese por favor. Póngase cómodo. Se lo aconsejo. Creo que nunca había visto un artilugio similar a este. Mire, le presento a Spector, nuestro espectrofotómetro de última generación.

Sobre la mesa se encontraba un aparato que en su aspecto externo parecía una impresora con escáner, no mucho más grande, ni más sofisticado, con un teclado a un lado y una pequeña pantalla LCD.

– Los seres humanos emitimos radiaciones de todo tipo, gamma, magnéticas, IV, ¿o eran VI?, calóricas,… desconozco el rollo técnico por el que funcionan estos aparatos, pero la cosa es muy sencilla: las paredes absorben todas esas radiaciones y quedan grabadas en las mismas como una instantánea de todas las personas que han pasado por esa habitación en las últimas semanas. Le llamamos Spector porque el nombre técnico del aparato era muy complicado. Spector suena a Inspector, que es para lo que utilizamos el cacharro, para inspeccionar lugares, para investigarlos, pero suena también a Phil Spector, uno de mis productores musicales favoritos. ¿Recuerda el «Good vibrations» de los Beach Boys? -para su sorpresa se puso a tararearlo en falsete-. Good, good, good, good vibrations… Sin embargo, durante la tormenta de ideas que realizamos en la empresa para adoptar el nombre definitivo, nos quedamos con este apelativo porque su cometido no es otro que ese: reflejar los espectros, las sombras de las personas. Separar, discriminar las radiaciones de todas las personas que han imprimado sus efluvios sobre una pared. A través de analizadores de alta frecuencia, Spector ha logrado diferenciar la longitud de ondas, térmicas, magnéticas, condensarlas, interpretarlas y lo que es mejor: proyectarlas en vídeo.

La curiosidad había dejado paso a la extrañeza en el rostro de La Cosa.

– ¿Quiere ver una muestra? Quizás así lo entienda mucho mejor.

– ¿Me tienen grabado?

– ¡No, en absoluto! Ahora mismo no. Pero si usted ha estado en el último mes por algún sitio por el que pasemos a nuestro Spector… descuide, que aparecerá. Mire.

Sobre una pantalla de 55 pulgadas que había en la pared contraria a la ventana comenzaron a aparecer unas imágenes de un dormitorio. Al principio de manera poco nítida, pero la imagen se fue ajustando y calibrando. Parecían dos cuerpos entrelazados que se movían de manera rítmica sobre la cama. El programa de imagen parecía calibrar las señales de calor de los cuerpos, los colores que iban del rojo al verde pasando por el amarillo, y poco a poco definía los contornos y las siluetas de los protagonistas de la escena. Era obvio que el cuerpo que aparecía en la parte superior era el de una mujer de enormes senos. Y a medida que se iba definiendo la imagen se pudo ver al hombre que yacía bajo ella. Con bigote, con una cara de gozo perfectamente definible en su rostro.

– Es casi como ver una porno en el Plus, ja, ja, ja, ¿recuerda aquellos tiempos? El programa analiza todas las señales que se vierten sobre la pared, le sorprendería saber el increíble rastro que queda, como si se superpusieran varios negativos sobre la misma y nosotros solo tuviéramos que separarlos. Eso hemos logrado con Spector. Nuestro invento resulta especialmente falible con el calor y las frecuencias de alta densidad. Y supongo que imagina usted la alta concentración de vibraciones calóricas y de alta frecuencia que emanan durante el coito, ¿verdad, amigo?

La Cosa comenzó a sentirse incómodo y a sudar. En la parte inferior de la pantalla se veía la fecha y hora de la grabación. En el minuto 5:22 de la grabación, la mujer echó la cabeza atrás y el hombre se abalanzó sobre sus enormes pechos.

– ¿Ve la fecha y la hora? Mire -apretó un botón del mando hacia atrás y cada vez que paraba se podía ver al hombre en una posición distinta: paseando por la habitación, durmiendo, con otra mujer sin la melena de la anterior haciéndole una fellatio en toda regla,…-. Podemos tenerlo todo. Grabar a una persona sin su autorización es ilegal, o esconder una cámara oculta es totalmente ilegal, ¿pero esto? ¿Tomar unas instantáneas de sus paredes e interpretarlas?

– ¿Qué quieren de mí? ¿Qué tiene que ver todo esto conmigo? -masculló La Cosa.

– Nosotros no queremos nada. Es su mujer la que nos ha pedido que apliquemos Spector a la noche del 25 de febrero en la habitación 214 del hotel Hilton de Barcelona.

Demasiadas cosas debieron pasar por la cabeza del tipo, tantas que su cara palideció por completo. Bebió el vaso de agua del tirón y se sirvió otro.

23.18 h.

Ramón apagó el cigarro en el cenicero. Lidia le abrazó el torso y le besó a la altura de las costillas.

– Tampoco pasa nada, cariño. Un cabrón le pone los cuernos a su mujer y vosotros le sacáis el dinero para que su mujer no se entere. No sé, puede que no esté bien, pero es como lo de robar a un ladrón, que tiene cien años de perdón, ¿no? Vale, quizás no es lo mismo, pero viene a ser como darle su merecido.

– No, no es solo eso. Hay mucho más.

10.00 h.

– Ramón, bienvenido a Spector & Spectre, creo que tendrás un gran futuro con nosotros si aprendes bien el negocio. Con el tiempo entenderás por qué elegimos un nombre tan rimbombante para nuestro despacho.

Ramón le entregó las dos copias del contrato firmadas. Su nuevo jefe le dio una palmada en la espalda y le pidió que le acompañara:

– Vamos, te voy a presentar a todo el equipo. Ya sabes que comenzamos como un despacho de abogados al uso, demasiado tradicionales, demasiado aburridos. Divorcios, herencias, disputas matrimoniales y familiares,… nos especializamos en la gente con pasta, dispuesta a sacarse los ojos por defender sus propiedades. Pero consumían mucho tiempo y recursos, así que luego creamos la falsa agencia de detectives, aparentemente sin conexión con el bufete, pero en realidad… bueno, ya lo descubrirás.

José Antonio le fue presentando ante los miembros del equipo: abogados, secretaria, los que definió como “husmeadores” y finalmente:

– Nuestra gran idea. Los diseñadores gráficos, los creadores de Spector.

23.20 h.

– Yo trabajaré en el departamento de investigación financiera, tengo que averiguar cuánto le podemos sacar a estos tipos. Pero, Lidia, ¡es todo mentira! No existen las radiaciones, no existen los vídeos de los tipos poniendo los cuernos a sus mujeres o contratando prostitutas en los hoteles, simplemente sabemos que lo hacen porque lo investigamos y luego les chantajeamos. ¡Eso es todo, es brillante! Esos ricachones no quieren perder su posición social, ni pasar por un divorcio costoso, ni enemistarse en determinados círculos, me han contado que tienen enganchada a la mujer del marqués ese que sale en todas las revistas y que todos los meses le soplan una buena pasta, ¡joder, es la hostia!

Ramón acarició la nuca a su compañera mientras seguía hablando sin parar.

– Los tipos como el gordo ese de esta tarde me parecen despreciables, tipos podridos de pasta conseguida vete a saber de qué modo, esa gente maleducada de la que te he hablado muchas veces que va a los congresos o ferias de no sé qué leches donde solo hay puterío y borracheras, y ese va a ser precisamente nuestro negocio, el tipo de gente de la que vamos a aprovecharnos.

Lidia se quedó pensativa.

– Si lo piensas bien… ganar mucha pasta a costa de esa gente no está nada mal.

Levantó la sábana y metió la mano en dirección a la entrepierna de Ramón.

– Es más, veo que eso te pone cachondo.

Watchmen (II): la película

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TRAVIS, 19/07/2020

La novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons se publicó entre 1986 y 1987 y era cuestión de tiempo que algún valiente se lanzara a producir su adaptación. El propio cómic tenía viñetas que parecían planos cinematográficos: picados, contrapicados, juegos de luces y sombras, panorámicas, zooms,… (Watchmen I: la novela gráfica). Un story-board completo al que faltaba lo más complicado: elaborar un guion que pudiera captar toda la profundidad de la novela, contar todas las tramas y subtramas, mostrar a tanto personaje «vivo», de carne y hueso, y un director con capacidad visual suficiente para trasladar una historia así a la pantalla. Esa era mi opinión según leía el original, pero qué sabré yo si el propio urdidor de la historia, Alan Moore, explicó en su día que: «La gente dice, oh, sí, Watchmen es muy cinematográfica, cuando en realidad no lo es. Es prácticamente lo opuesto a ser cinematográfica». «La escribí pensando en las cosas que los cómics pueden hacer y que ni el cine ni la literatura pueden».

Desde luego que no era tarea fácil y el proyecto pasó por muchas manos durante años. Sonaron los nombres de Terry Gilliam y Darren Aronofsky para encargarse de la adaptación, y aunque sean dos directores con una visión interesante y muy personal de sus proyectos, no me imagino lo que habría salido de sus manos, algo quizás excesivamente desmadrado con el primero y muy negro con el segundo. En todos estos procesos de preproducción de un filme siempre suenan nombres que con la visión de hoy chocan bastante: Arnold Schwarzenegger para el Doctor Manhattan (WTF?!!), Kevin Costner para Dan Dreiberg, Jamie Lee Curtis para Espectro de Seda (supongo que sería la madura, no la joven potente) y ¡atención! Robin Williams y David Bowie para el personaje de Rorschach. Menos mal que estos dos showmen, muy buenos en lo suyo por cierto, permanecieron muy lejos del proyecto definitivo porque además, si hay un acierto brutal de casting en la adaptación, es precisamente el del personaje de Rorschach/Walter Kovacs con la elección de Jackie Earle Haley, desconocido para mí.

Finalmente el proyecto acabó en 2006 en las manos del director Zach Snyder, quien ya había demostrado sus dotes visuales en Amanecer de los muertos y 300. Podrá gustar más o menos esta última adaptación del cómic de Frank Miller (a mí personalmente me parece que se pasa siete pueblos con tanto efecto de cámara lenta, colores pastel en los cielos y planos exagerados), pero lo que está fuera de toda duda es la capacidad visual y estética del director para trasladar una historia como la que manejaba con el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons.

El dilema surge entonces con el modo de adaptar una obra tan compleja y ahí es donde la elección de Snyder se decanta por la espectacularidad, por hacer unos superhéroes de verdad, visualmente molones, poderosos físicamente y con trajes «modernos», como los que surgieron tras los Batman de Nolan. Y esa es una de las grandes críticas que se le hace a la adaptación porque los Watchmen de Moore son precisamente lo contrario: unos tipos decadentes, fofos, pasados de vueltas y con una moralidad en algunos casos bastante discutible. El Comediante y Rorschach son despreciables en el cómic, aunque este último personaje se suaviza levemente en la película, no resulta tan psicópata, misógino y hasta homófobo.

Sin embargo, como ya he comentado otras veces en este blog, una adaptación es precisamente eso: tratar de llevar una historia concebida en un formato, ya sea novela o cómic, a otro completamente diferente en el que las reglas no son las mismas, ni el ritmo, ni el tempo escogido, ni mucho menos el tiempo del lector o el espectador para recrearse en los detalles. Desde luego nunca va a ser «lo mismo», nunca va a dejar satisfecho a todos.

Aun con todo, uno se sienta a ver la película de Snyder y el videoclip inicial con el The times they are a-changing de Bob Dylan te pone la carne de gallina. Te absorbe y engancha desde el inicio y cuando te estás recuperando, llega el entierro del Comediante con el The sound of silence de Simon y Garfunkel y ya estás entregado a lo que venga después. Que sí, que no dejan de ser unos videoclips fabulosos que distraen de la negrura de la trama, pero hay que reconocer que son muy potentes desde el punto de vista estético y musical.

En cualquier adaptación hay que tomar decisiones y elegir, como decía, y para mí el casting es un acierto en casi todos los personajes por el simple hecho de ser actores semidesconocidos, sin grandes papeles a sus espaldas por entonces ni después: Patrick Wilson (Dan Dreiberg, Búho Nocturno), el mencionado pelirrojo Haley en la piel de Rorschach, Jeffrey Dean Morgan como El Comediante, Billy Crudup como el Doctor Manhattan, la sueca Malin Akerman como Espectro de Seda, Carla Gugino como su madre y la primera Espectro de Seda, y Matthew Goode como Ozymandias/Adrian Veidt. Este último era el actor más conocido para mí por su participación en Match Point, de Woody Allen, y sin embargo es el que menos me gustó.

Recomiendo la versión original porque algunas voces, en especial las de Rorschach y el Doctor Manhattan, son otra vez grandes aciertos, impresionantes, encajan como un guante hasta el punto de que yo ya no soy capaz de releer el cómic sin emplear el tono de voz de ambos personajes: la voz rasgada de Rorschach y la atiplada, pausada, monótona e insensible de ese tipo de azul que por momentos me quema, cabrea y desespera.

Comienzo con los spoilers a manta

Si digo que no me gustó el personaje de Matthew Goode fue porque desde el inicio se ve que no es trigo limpio, o a lo mejor me traicionó el subconsciente por haber leído la novela. Se supone que el Adrian Veidt original es un tipo embaucador, atractivo para cualquier ser humano sobre la faz de la Tierra por su inteligencia, ingenio, belleza física, cultura, aficiones personales,… y sin embargo yo tuve la sensación desde el inicio de que era un tipo siniestro con una cara oculta. Hay muchas cosas que no da tiempo a contar en una película (aunque dure 160 minutos como la que se estrenó en salas comerciales), pero por ejemplo el cómic nos deja detalles como las explicaciones de Veidt sobre las nuevas tecnologías limpias, o el uso de la mente y la concentración para ser capaz de hazañas como detener una bala. Algo asombroso, imposible para cualquiera que no sea él, «el tipo más inteligente del mundo». Cuando lo vemos en la película parece una chorrada sin importancia, propia del superhéroe que es.

Porque esa es la segunda elección más criticada de la adaptación de Snyder: sus Watchmen son verdaderos sujetos con superpoderes, tipos que dan saltos imposibles como los de Rorschach o el Búho Nocturno, que rompen paredes a puñetazos como El Comediante y Ozymandias, o destrozan huesos de manera rutinaria como Espectro de Seda o un Dan Dreiberg fuera de forma física. La huida de la cárcel tiene dosis de espectacularidad que no existen en el cómic, ¡pero mola un huevo!, con el uso de la cámara lenta y el modo de recrearse en los golpes y las cabriolas de los personajes, como si fueran Neo y Trinity en el vestíbulo de Matrix. Esa manera impostada de rodar, tan de Snyder, es la que ha chocado y chirriado a los defensores de la obra original de Moore ¡y al propio Moore!

Posiblemente lo que menos gustó a los fans de los Watchmen de Moore es el cambio del final de la novela. Para los que no la hayan leído, el personaje de Ozymandias trata de evitar una guerra mundial haciendo creer a la Humanidad en una invasión alienígena que extermina a tres millones de personas en Nueva York (¿dónde si no?). Ayudado por unos científicos especializados en genética crea una especie de pulpo asesino (con unos tentáculos que no sé cómo habrían resultado en pantalla) que siembra el caos en la ciudad y logra provocar que las potencias enfrentadas unan sus fuerzas para luchar contra la invasión. En el cómic se puede ver que uno de los cines destruidos emitía Ultimátum a la Tierra, la estupenda película de los cincuenta en la que un extraterrestre trae un mensaje pacifista al planeta.

La película centra el plan de Ozymandias en hacer creer al mundo que la hecatombe nuclear que sufren varias ciudades (Moscú, Nueva York, Hong Kong) ha sido provocada por el todopoderoso (e «inhumano») Doctor Manhattan, y que esa salvaje destrucción debe hacer reflexionar a la Humanidad sobre el poder de las armas nucleares para unir esfuerzos y frenar la escalada bélica. Lo cierto es que no me pareció una mala idea cuando la vi en pantalla, encajaba perfectamente con la amenaza nuclear que se percibe a lo largo de todas las páginas de la novela. Y con la figura impávida del Doctor Manhattan. A lo largo de las páginas, igual que en todo el metraje, me vino a la mente varias veces la paradoja de Epicuro. No sé si es lo que pretendía Alan Moore, pero desde luego creó un ser todopoderoso y aparentemente bueno, pero con una visión determinista del universo, hasta tal punto que decide no intervenir aun cuando con sus poderes podría evitar el sufrimiento en el mundo.

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.

¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.

¿Es capaz y desea hacerlo? ¿Entonces de dónde surge el mal?

¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

(Epicuro, siglo III A.C.)

A mí personalmente la película me gustó y mucho, quizás sea mi favorita del género de superhéroes, si es que cabe considerarla en esa lista. Me consta que hay una versión extendida, un Director’s Cut, de 210 minutos de duración, estrenada a los diez años de la original, en 2019. No he sido capaz de encontrarla porque según tengo entendido no ha salido a la venta en España. Aparte de algunas escenas que sin duda eché en falta, incluye los Relatos del navío negro, el cómic de piratas dentro del cómic original, narrados con la voz de Gerard Butler. Ojalá algún día la encuentre y sea tan fabulosa como para escribir una tercera parte de este homenaje a los Watchmen de Moore, Gibbons y Snyder que de momento será solo doble.

Para el que quiera ver una crítica muy interesante de la adaptación, que vea este vídeo de Loulogio que cuenta de manera espléndida por qué la de Snyder «es una mala adaptación» de la obra original.

Loulogio sabe mucho más que yo de aquí a la isla misteriosa de Ozymandias, pero mi consejo es que lean la novela en primer lugar, vean luego la película de Snyder, y disfruten ambas sin el meñique erguido en busca de errores o desviaciones sobre el original.

 

 

 

 

Disfrutar con el presente, soñar con el futuro

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BARNEY, 19/07/2020

Sí, sí, sí, la Liga ya está aquí. El pasado jueves 16 de julio el Real Madrid se alzó con su 34º título de Liga, la más extraña de la historia, la del parón por la Covid y la que se recordará entre otras muchas cosas por las imágenes de las últimas once jornadas sin público. Fue también el torneo más largo de la historia, casi once meses después de su inicio a mediados de agosto de 2019. Pero para mí es sobre todo la Liga de Zizou, la que marca el punto de inflexión tras los dos años de bajón que sucedieron al éxito de Kiev y las «espantás» de Cristiano Ronaldo y el propio Zidane.

Loa infinita al bendito calvo

Equipazo y ruinaHa sido el triunfo de la constancia y de la fe del entrenador. Hace un año por estas mismas fechas el proyecto de Zidane estuvo a punto de saltar por los aires tras caer estrepitosamente por 7-3 ante un Atlético de Madrid que salió a degüello a por los nuestros (hicieron bien). Los agoreros habituales (en esta ocasión no hizo falta la prensa antimadridista) se temieron lo peor: «en noviembre ya estaremos fuera de la pelea por el título», «no tenemos gol, que traigan a Piatek o Werner y larguen a Karim», «que se largue Ramos a otro lado con su falta de tensión», «Courtois es invisible», «la defensa es un coladero», «Modric al Inter o que se jubile ya», «otra temporada perdida y encima se nos lesiona Asensio»,…

 

A Zidane se le ha criticado siempre por todo lo que hace o lo que deja de hacer, pero el tiempo acaba dándole la razón. Se le criticó por las salidas de Reguilón y Marcos Llorente, pero las buenas prestaciones de Mendy y Fede Valverde lograron que prácticamente nadie recordara sus ausencias a lo largo del campeonato. En el mes de octubre el Zidane entrenador decidió reconstruir el equipo desde la defensa: si tanto costaba hacer gol, al menos había que evitar recibirlos con la facilidad con la que el equipo lo hacía hasta la fecha. Los refuerzos apenas habían aportado nada en ataque (Hazard por las lesiones y Jovic o Mariano arriba), lo que unido a la lesión de Asensio y las «dimisiones» de James y Bale ponían todo aún más difícil. Pues con todo eso y con una plantilla un año más envejecida en su columna vertebral, Zidane ha reconstruido un equipo rocoso, menos brillante en ataque, pero con una solidez, solidaridad y fiabilidad que no se recordaba.

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Para los que le niegan sus virtudes como entrenador basta con remitirlos a algunas estadísticas, como la del número de goles en contra (25 al final, un registro que no veía el Madrid en décadas), las porterías a cero (19, igualando el récord de la Liga) o el mayor número de goleadores en una temporada (21 en Liga, 23 entre todas las competiciones). Pero no solo el equipo ha demostrado estar muy trabajado en lo táctico, con innumerables variaciones en cada alineación, sino que además ha reforzado su papel como gestor de egos, algo que se ha visto de modo especial tras reanudarse la competición.

Courtois ha recuperado la confianza, Ramos ha rejuvenecido diez años y ha mostrado una determinación contagiosa por el título que ha arrastrado al resto de sus compañeros. El entendimiento con Varane ha sido clave para lograr una seguridad defensiva que los aficionados madridistas teníamos olvidada. En el centro del campo, Valverde ha sido el gran descubrimiento de la temporada (jugador para muchos años, MVP de la Supercopa), Casemiro es mejor jugador cada año que pasa y Toni Kroos ha sido ese metrónomo WhatsApp Image 2020-07-15 at 23.18.08perfecto para marcar el ritmo del equipo. Lo de Luka Modric ha sido espectacular en estos partidos, «dale descanso, que lo vas a matar», gritaba yo cada vez que veía su nombre en una alineación, pero Zidane tenía razón, como siempre: Luka también había bebido la pócima de la eterna juventud que Dupont (otro denostado a principios de temporada) les había preparado. Lo de Karim en punta ha sido el remate necesario para enganchar la Liga. El francés ha mostrado el repertorio de pases, controles y juego colaborativo de siempre, y le ha añadido los goles que el equipo necesitaba. No ha sido pichichi del campeonato, pero sus goles han dado más puntos que los de Messi.

Las estadísticas a veces dicen muchas más cosas sobre el juego y los resultados que lo que nos creemos (por ejemplo, los fanáticos de la posesión). El Real Madrid ha sido el equipo que más veces ha disparado a puerta, el que menos goles ha concedido y el que más pases largos ha dado con éxito. El Barça de Setién y Valverde ha liderado la estadística de pases cortos, con más de un treinta por ciento que el segundo, el Real Madrid. Y un último ato que destaca la justicia de la victoria de los de Zidane y lo bien que ha preparado este los partidos clave del campeonato: el Madrid ha obtenido 45 de los 54 puntos en juego contra los equipos clasificados en los diez primeros puestos. No ha perdido con ninguno y en la segunda vuelta los ha derrotado a todos. 87 puntos en total, que son (dedicado a los minimizadores profesionales de los logros del Madrid) los mismos que obtuvo el Barça estratosférico de Guardiola en su primera temporada.

El VAR

Con todos los elogios dedicados a Zidane y su buen hacer con la plantilla, en un análisis del campeonato de Liga que ahora concluye no puedo dejar de mencionar la importancia del VAR. Es obvio que ha habido un VAR antes y un VAR después del parón. El anterior fue el mismo de la temporada pasada, el de los errores flagrantes ya comentados aquí, demasiado obvios, siempre tendenciosos. El VAR post-covid ha sido mucho más justo y ecuánime y ha acertado de manera sorprendente, tan sorprendente como los periodistas mosqueados por los aciertos. Se han retratado ellos solitos.

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En La Galerna escribí un artículo (Era gol de Januzaj) para pitorrearme de tanta falsedad de los mismos periodistas de siempre. Con su ruido mediático lograron que no se hablara de los penaltis cometidos sobre Marcelo en Anoeta o sobre Benzema en Cornellá (errores de VAR que podían haber perjudicado al Madrid, con el inefable De Burgos Bengoetxea a los mandos), pero dejaron caer lo que tanto les gusta, el favoritismo arbitral hacia el Madrid, un favoritismo que las estadísticas y el saldo arbitral desmienten de manera categórica.

En cualquier caso, algo ha pasado en el VAR, sería de necios negarlo, y seguramente ese cambio se deba a la guerra entre Javier Tebas y Luis Rubiales por el control del fútbol español. Javier Tebas se ha posicionado en múltiples ocasiones en contra de Florentino Pérez, pese a que presuma de ser madridista. Tan madridista como el Cholo Simeone, me atrevería a decir. Las rajadas culés sobre el VAR, con Piqué, Setién y Bartomeu actuando de manera coordinada, no han recibido ningún reproche del presidente de la Liga, que sin embargo recuerda periódicamente que «con el VAR hubo un antes y un después de la llamada de Florentino a Rubiales», algo tan falso como su supuesto madridismo. Aquella llamada se produjo tras el penaltazo de Rulli sobre Vinicius (PreVARicación) y durante meses nada cambió. Se sucedieron los errores en ese limbo del VOR en el que se decidían cosas asombrosas como los «sigan, sigan» tras los penaltis sobre Varane en el Camp Nou. Las palabras de Tebas se explican de manera sencilla pues no deja de ser un esbirro de Roures y Mediapro, que es quien pone la pasta, y él mismo ha firmado acuerdos de patrocinio con la empresa de Piqué que organiza la Copa Davis. Que Florentino Pérez sea uno de los cuatro presidentes de Primera que votó en contra de la subida de sueldo de Tebas es el remate final.

Lo preocupante es pensar que la guerra Tebas-Rubiales pueda cambiar la manera de arbitrar de una manera tan sencilla, como con un chasquido de dedos: ¡chas, dejad de joder al Madrid! Incluso hemos vivido algo insólito como ver a HH señalar un penalti inexistente a favor del Madrid (contra el Villarreal). Algo pasa, es evidente.

Javier Tebas ha contraatacado para perjudicar al Madrid de la única manera que podía, con los horarios, reduciendo los descansos de los madridistas al mismo tiempo que ampliaba los de los rivales. Hasta 100 horas de diferencia con el Barça, más de cuatro días en un calendario apretado, una p… vergüenza. La jugarreta final de tener que jugar tres partidos en siete días no le ha servido de nada.

Una victoria higiénica

Higiénica, ese el adjetivo empleado por mi amigo Athos Dumas en un artículo muy recomendable publicado el sábado en La Galerna. La victoria del Real Madrid en el campeonato de la regularidad luchando contra tantos elementos en contra y contra los desVARíos pre-Covid devuelve la higiene al título. Se ganó además en el campo, no en los despachos, como se pidió de manera bochornosa desde Barcelona.

Y se ganó pese al esperpento del Clásico aplazado en octubre por los santos cojones de Tebas y Roures para ponerlo en la fecha que peor le venía al Madrid (el premio para la kulé borroka).

El futuro inmediato

Han disminuido los errores groseros y ha aumentado el ruido mediático (Cuando el Reglamento estorba), lo que me hace pensar de nuevo que el engranaje culemediático funcionaba a la perfección y empieza a estar nervioso. Ya no está Villar al frente de la  Federación, Sánchez Arminio ya no dirige el Comité Técnico de Árbitros y Roures ha perdido el control del VAR. En estos últimos años se han retirado los árbitros más antimadridistas del pasado reciente: Clos Gómez (director del VAR), Iturralde González (blanqueador del Tinglao en el As), Undiano Mallenco y ahora González González. El «dedo corrector» de Sánchez Arminio ya no existe y el futuro pinta más equilibrado que el despropósito arbitral que han sido los últimos quince años.

El Real Madrid tiene que preparar la sucesión de Ramos, Marcelo, Modric y Karim Benzema, buena parte de la columna vertebral del equipo, pero a Kroos, Casemiro, Courtois, Varane y Carvajal les queda cuerda para rato. Y aún tienen que explotar Hazard y Asensio. Lo ilusionante es pensar que sin hacer grandes fichajes el equipo tiene ya atados a Lunin, Kubo, Odegaard, Valverde, Mendy, Jovic, Brahim, Vinicius y Rodrygo, jugadores menores de 24 años y mucho fútbol que ofrecer.

Nuestro máximo rival, el Barça, tiene al grueso de su plantilla por encima de los 30 años: Messi, Piqué, Jordi Alba, Arturo Vidal, Sergio Busquets, Luis Suárez… Y poca pasta en la caja, tan poca que han tenido que hacer un cambalache contable para traer a Pjanic (30 años, buen jugador) a cambio de Arthur (24 años). Messi demanda calidad al club, pero con su sueldo será difícil atraer a los cracks que necesitan. Harán bien en confiar en los jóvenes como Frenkie De Jong, Riqui Puig y Ansu Fati. Y ojalá sigan contando muchos años más con Bartomeu como presidente, porque puede dejar Can Barça como un solar. ¿Explicará algún día sus extrañas operaciones en Brasil?

Bartomeu

El futuro es ilusionante, soñaremos con los buenos tiempos que están  por llegar, ¿quizás empiecen en Manchester?

Las cicatrices del coronavirus

Sánchez critica a los partidos que vinculan feminismo y Covid-19 ...

JOSEAN, 11/07/2020

Desde que comenzó la crisis del coronavirus, las comparecencias del gobierno vienen acompañadas por una serie de carteles con diversos eslóganes como «Un día más. Un día menos», «Este virus lo paramos unidos» y otro que me llamó la atención desde el principio: «Salimos más fuertes».

Como declaración voluntarista de ánimo a la población me parece bien. De una u otra manera las empresas en las que trabajamos o nosotros mismos hemos enviado mensajes similares de apoyo a nuestros conocidos, pero por otro lado me quedaba pensando: «¿de verdad salimos más fuertes?». Yo creo que la Covid-19 ha abierto una brecha enorme en la población, o mejor dicho, ha abierto numerosas brechas: educativa, digital, en el tejido empresarial, en la cohesión social,… Y cuando una brecha se abre (y solo si logras cerrarla), te deja una cicatriz, una marca, una señal. Un recuerdo de la herida, que en unos casos será un arañazo o un rasguño, y en otros será un socavón.

La cicatriz en la sociedad

La Covid-19 ha sido otro motivo más de división para una sociedad que por desgracia se encuentra cada vez más polarizada, más dividida en el discurso entre fachas y rojos que tanto daño ha hecho. Lo que he visto en algunos grupos de Whatsapp con amigos o lo que he leído en redes sociales no se diferencia mucho de lo que hemos contemplado en el Congreso: un discurso del odio, del enfrentamiento, de «los dos bandos». El sufrimiento de tantas familias ha generado sensaciones que teníamos olvidadas: angustia, temor a lo imprevisto o a que las cosas no sucedan como esperamos, miedo al futuro, miedo al vecino, miedo al contacto, miedo a salir a la calle. Y como dijo aquel sabio de orejas puntiagudas y conocimientos milenarios:

Miedo ira odio Yoda

Y con ello cerramos el círculo. Necesitábamos una sociedad más unida y salimos partidos por la mitad, como se ha visto en muchas de las concentraciones o caceroladas, o en los escraches nada espontáneos de Galapagar. El problema aumenta cuando la clase política que tenía que poner cordura a esta situación fomenta el discurso del miedo, la ira y el odio porque le interesa, cuando abandona la jungla de las redes sociales y se traslada al Congreso. O a la irresponsabilidad de un vicepresidente del gobierno que exclama sin parpadear: «España se quitará de en medio la inmundicia a la que ustedes representan».

Iglesias odio inmundicia

Creo que Pablo Iglesias todavía no se ha dado cuenta de que ya no es un activista que puede llamar a la movilización en las calles, sino que ahora tiene una responsabilidad de gobierno y sus palabras sobre Vox, el PP, los jueces, la monarquía o los periodistas que no le son afines atacan directamente las instituciones o el orden constitucional que se supone que representa.

La herida abierta va a tardar en cicatrizar, espero que menos de lo que ocurrió con nuestros padres, aquella generación de héroes que nos enseñó a mirar hacia delante.

Las cicatrices económicas

Será difícil salir más fuertes de esta crisis cuando según el FMI la caída del PIB se prevé en el 12,8%, la mayor de las economías occidentales junto con Italia. El mismo organismo prevé que la deuda pública española se dispare hasta el 123,8% del PIB. En torno al cuarenta por ciento de las empresas realizarán ajustes en sus plantillas, el paro puede superar la cifra del veinticinco por ciento y los salarios «poscovid» se congelarán o reducirán, según el estudio de Willis Towers Watson. Exactamente igual que en la crisis de 2008, las «recetas» no cambian. Es pronto para saber si la «grieta salarial» entre directivos y trabajadores crecerá como entonces, pues según un estudio de la consultora KPMG la reducción de salarios afectará por igual a todos los niveles, si bien los cuadros directivos y mandos intermedios verán reducida su retribución variable ante la imposibilidad de lograr los objetivos del ejercicio.

Poscovid

Con una demanda débil y un país endeudado, no cabe duda de que la salida será más complicada. La avalancha de concursos de acreedores será enorme porque muchos negocios no han podido superar el cierre. Si en 2019 fueron 7.000 las empresas que acudieron al concurso de acreedores, para este ejercicio y el siguiente algunas fuentes prevén hasta 50.000.

Con este panorama desolador, la Unión Europea debate la respuesta adecuada a una emergencia que comenzó siendo sanitaria y ahora es también económica. La Comisión presentó el 27 de mayo su propuesta de recuperación, un amplio plan de medidas cuyo  solo nombre ya da una idea de lo largo que va a ser este proceso: Next Generation EU. El plan cuenta con un presupuesto de 750.000 millones de euros y como anuncia la nota de prensa, se trata de «invertir en la próxima generación» (¿y qué pasa con esta?), apoyar las transiciones ecológica y digital, ampliar los recursos del presupuesto comunitario de 2021 a 2027, y reembolsar los fondos destinados «no antes de 2028, ni después de 2058». Casi nada.

Los fondos del plan Next Generation EU se invertirán en tres grandes grupos:

  1. Apoyo a los Estados miembros en sus inversiones y reformas: dotado con 560.000 millones de euros, 310.000 a través de un mecanismo de subvenciones y 250.000 en préstamos. Además se complementarán los Programas de políticas de Cohesión (55.000 mill.), el Fondo de Transición Justa (40.000 mill.) y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (15.000 mill.).
  2. Relanzar la economía de la Unión Europea incentivando las inversiones privadas: se pretende movilizar recursos privados a través de un Instrumento de Apoyo a la Solvencia, del Invest EU (un programa de inversiones ya existente) y la creación de un nuevo Instrumento de Inversiones Estratégicas. La dotación del presupuesto de Next Generation será de unos 60.000 millones, con los que se tratará de atraer recursos privador por encima de los 500.000 millones de euros.
  3. Aplicar las lecciones de la crisis: bajo este titular tan publicitario se movilizarán recursos por unos 130.000 millones adicionales para reforzar la sanidad, la protección civil, la investigación y la acción exterior, incluyendo la ayuda humanitaria.

Veremos si todos estos recursos movilizados son suficientes para tapar el boquete. Ahora bien, falta resolver de dónde salen todos estos fondos y cómo se distribuyen entre los distintos estados. Y ambas cuestiones son el campo de batalla actual.

En cuanto a la captación de recursos, la UE plantea varias propuestas que no suenan a nuevas, como un plan de acción contra el fraude y toda una batería de impuestos «verdes», como un impuesto sobre el carbón, sobre los derechos de emisión, los envases y los plásticos de un solo uso. Por supuesto, el impuesto «digital» vuelve al primer plano y se plantea una medida interesante que veremos el recorrido que tiene: un impuesto a las grandes operaciones y empresas, como un fee de acceso por beneficiarse del mercado interior, con millones de clientes potenciales y una divisa única. Las grandes patronales solicitan exactamente lo contrario, un plan de alivio impositivo para la reconstrucción, flexibilizando los impuestos y ampliando los aplazamientos para garantizar la liquidez de las empresas. En los dos post publicados a principios de este año sobre el impuesto de sociedades que tenemos en España traté de explicar que el objetivo de la Agencia Tributaria camina precisamente en sentido contrario: anticipar la recaudación en detrimento de los ejercicios posteriores. El rompecabezas que queda es bastante complejo.

Condicionalidad fondo Europeo

En cuanto a la distribución de los fondos entre los distintos países y la fórmula utilizada, si préstamo o transferencia directa, parece claro que no puede ser una barra libre de gasto, sino que de algún modo la Unión Europea tendrá que controlar dónde se invierte esa ingente cantidad de dinero recibida. Y ahí es donde vuelven a surgir las diferencias entre los dos partidos de gobierno. La condicionalidad de dichos fondos europeos va asociada, al igual que en la crisis de 2008, a un control de las políticas internas de cada país, a la pérdida de soberanía y sobre todo, a la necesidad de acometer reformas estructurales de calado. Las palabras «austeridad» y «recortes» vuelven a flotar en el ambiente, aunque no debería ser así. Está por ver hasta qué punto será un rescate encubierto, pero que tiene que haber un control comunitario de los fondos parece lógico, dada la excepcionalidad de la situación.

La situación será incierta durante un tiempo bastante largo y la herida abierta necesita muchos puntos de sutura antes de cerrarse y empezar a cicatrizar.

BBC cifra de muertes

Las cicatrices en las familias

Parece claro que no vamos a saber nunca la cifra real de fallecidos por esta pandemia, si serán los veintiocho mil oficiales, o los más de cincuenta mil que indican algunas fuentes basándose en Cifra de muerteslos registros de mortalidad en comparación con los de 2019 (en la imagen, estudio de la BBC). Lo que sí está claro que la herida en esas familias no va a cicatrizar nunca, sobre todo por el modo de producirse, por la impredecibilidad, la ausencia de duelo, por la soledad en que se ha producido. Y a esa cifra hay que añadir los miles de afortunados que salieron de la enfermedad, pero que han quedado muy tocados en los pulmones, en el bolsillo, o en el cerebro. El miedo en los mayores, pero también en muchos niños y jóvenes, no va a desaparecer en el corto plazo, y menos con las noticias de rebrotes que estamos viendo en las últimas semanas.

Por todas estas razones, más las que no he comentado y que seguro que los lectores tienen en mente, creo que el eslogan del gobierno es irreal. No vamos a salir más fuertes de esta crisis. No encuentro la palabra precisa para definirlo: saldremos más duros, más cínicos, más desencantados,… O mi propuesta: SALIMOS MÁS CURTIDOS.

Strong men

Watchmen (I): la novela gráfica

Cubierta libro

TRAVIS, 04/07/2020

«No luches contra monstruos, a no ser que te conviertas en monstruo,

y si miras al abismo, el abismo devuelve la mirada».

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Cada uno de los doce capítulos de Watchmen termina con una cita relacionada con lo que nos ha contado previamente: Bob Dylan, Albert Einstein, el Génesis, Elvis Costello, Carl Gustav Jung,… Una cita que encaja a la perfección. Nombres ilustres que preceden a los apéndices que completan la biografía o la personalidad de los personajes que nos va describiendo en cada capítulo: el informe médico-psiquiátrico de Rorschach, un artículo de una revista científica sobre el doctor Manhattan, la correspondencia de Adrian Veidt o los estupendos capítulos extraídos del libro Bajo la capucha. 

Todo es magnífico en la novela gráfica de Alan Moore (guionista) y Dave Gibbons (dibujante). Cada vez que terminaba un capítulo se me escapaba un «joder, qué bueno es esto». Me sentía abrumado por los infinitos detalles, la calidad de los dibujos, una trama perfectamente enlazada y por toda la información que creaba ese mundo paralelo. Aquí al lado, «mi amiga» me miraba con gesto de extrañeza y más de una vez me preguntó: «¿qué haces leyendo un cómic de superhéroes?». Y ahí radica el error, porque Watchmen no es solo un cómic y desde luego no es una historia de superhéroes. Va mucho más allá de ese mundo de Marvel o DC puesto que sus protagonistas, para empezar, son gente normal sin poderes extraordinarios.

Watchmen Cover 2

Para los que no hayan tenido la suerte de tropezar con Watchmen y para que se hagan una idea de la calidad de la historia, fue elegida por la revista Time entre las 100 mejores novelas publicadas en inglés entre 1923 y 2005. En esa lista aparecen Lolita, Lo que el viento se llevó, El señor de los anillos, El guardián entre el centeno, Rebelión en la granja, El señor de las moscas, Luz de agosto, varios Nobel como Hemingway, William Golding, Faulkner, John Steinbeck,… y entre todas esas obras aparecen los Watchmen de Moore. Fue también la primera novela gráfica en llevarse el prestigioso premio Hugo, otorgado por la Convención Mundial de Ciencia Ficción.

¿Qué es lo que hace tan interesante Watchmen, por qué los «etiquetadores» profesionales lo han definido como el mejor cómic de la historia? En mi opinión, para todo buen amante de las historias, lo importante es la historia per se, el conflicto que narra o la intrahistoria de sus protagonistas. Es independiente del formato elegido, ya sea película, novela, canción o novela gráfica, como es el caso. Desde las primeras viñetas estás viendo una panorámica de una calle de Nueva York que se aleja de un smiley manchado de sangre. Un plano picado, una panorámica, juegos de sombras y luces… Cada viñeta parece el story board de una película y supongo que estaba cantado desde su publicación que algún día terminaría trasladándose al cine, como ocurrió en 2009.

La novela comenzó a publicarse por entregas en 1986 por DC Comics. Alan Moore y Dave Gibbons plantearon a la editorial una historia en la que utilizarían a varios de los superhéroes tradicionales de la misma y les darían una nueva vida, unas historias más oscuras que las que se asociaban normalmente a este género. Los editores no quedaron muy convencidos y les propusieron que crearan nuevos personajes, y quizás por ello algunos de los protagonistas pueden recordar vagamente a Batman, el Capitán América o Wonder Woman. Sinceramente, prefiero la opción elegida.

Watchmen sitúa la trama en un 1985 alternativo, con Richard Nixon de presidente y un mundo diferente al que conocimos, pero no tanto: la invasión soviética de Afganistán, la guerra fría entre las dos superpotencias, la investigación genética y la amenaza cercana de un holocausto nuclear. Curiosamente, mis capítulos preferidos son los primeros, me gustan más que el final, del que no voy a desvelar mucho.

El capítulo I, A medianoche, todos los agentes, nos presenta a los personajes a través de las investigaciones que está realizando uno de ellos, Rorschach. El tipo de la máscara cambiante (que luego sabremos por qué) trata de averiguar quién ha asesinado a Edward Blake, el Comediante, uno de los antiguos justicieros, un tipo despreciable sin moral alguna que trabajaba para el gobierno. Pese a que podía tener muchos enemigos que desearan su muerte, Rorschach cree que hay algo más en ese asesinato y se pone en contacto con los que fueran sus viejos compañeros de batalla antes de que la Ley Keene los ilegalizara en 1977. La historia engancha desde el inicio y sorprende lo logrado que está ese ambiente decadente de tipos entrados en años y kilos cuyo mejor momento ya pasó.

Watchmen 3

El capítulo II, Amigos ausentes, reúne a la mayoría de personajes en el funeral del Comediante. La historia se cuenta a través de flashbacks y viajes al pasado en los que aparecen los Kennedy, la guerra de Vietnam, la edad de oro de los Minutemen, precursores de los Watchmen entre finales de los treinta y los cincuenta y la bomba de Hiroshima. El Comediante era un redomado hijo de puta, como veremos por sus «hazañas» en Vietnam y en la propia Nueva York, y el descontrol de personajes como él será el que lleve a la prohibición de los enmascarados. Como dice la contraportada del cómic: «¿Quién vigila a los vigilantes?», frase extraída por Moore directamente de las Sátiras de Juvenal, siglo I en la antigua Roma.

Las memorias de Hollis Mason, primer Búho Nocturno, ponen de relieve el contexto moral en el que se mueve la novela:

«Cuando el abismo que separaba el mundo de la ciudad y el mundo que mi abuelo me había presentado como justo y bueno se volvió demasiado grande…

…era un mundo de valores absolutos, donde lo que era bueno nunca estaba bajo la menor sombra de duda y donde el mal inevitablemente sufría un castigo adecuado.»

Buena parte de la trama se cuenta a través del diario de Rorschach, un sociópata de manual. El capítulo III, El juez de toda la Tierra, comienza a contarnos en paralelo una historia de piratas y zombies (Relatos del Buque Negro) que mantiene paralelismos con el 1985 sucio y deprimente de la trama principal. Este capítulo se centra en la figura del Doctor Manhattan, Jon Osterman, el único superhéroe de verdad de toda la novela, pues los demás son solo justicieros encapuchados o enmascarados. Eso sí, reúne tal cantidad de poderes que es como un dios: puede fundir metal con el pensamiento, teletransportarse o mover objetos y personas, conoce el futuro,… Pero no hará nada para cambiarlo, ¿o quizás sí?

El capítulo IV, Maestro relojero, es una puñetera maravilla que narra cómo ese chico llamado Jon es convencido o más bien forzado por su padre a abandonar su afición por los relojes para volcarse en los estudios de ingeniería y física nuclear. La perfección de los relojes, del universo, un cierto destino irreversible, el tiempo,… son muchos los temas que toca y a cual más interesante. En uno de sus experimentos sufrirá el accidente que le convierte en lo que es, deja de ser el hombre para convertirse en un ser casi todopoderoso. «El superhombre existe y es americano», frase atribuida erróneamente al propio personaje y que él se encarga de aclarar. Su impacto es tal al ser presentado en sociedad que su participación en la guerra de Vietnam decantará la victoria hacia el lado estadounidense. Y por añadidura servirá para contener a los soviéticos durante esos años de guerra fría.

El capítulo V, Temible simetría, tiene un desarrollo simétrico de las viñetas desde el principio al final, o del final al principio y se juntan en el medio de la historia. Se centra en la figura de Adrian Veidt, quien fuera Ozymandias, considerado «el hombre más inteligente de la Tierra» (aunque nunca entendí cómo puede medirse tal cosa).

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El capítulo VI, El abismo devuelve la mirada, es quizás mi favorito junto con el IV. Nos cuenta quién es ese Walter Kovacs que se oculta tras la máscara de Rorschach, y lo hace a través de las entrevistas con el psiquiatra de la prisión. Su memoria solo recuerda sufrimiento, una madre que se prostituía, peleas callejeras, el tipo que asesinó a una niña y al que ajustició,… es todo sórdido y salvaje de principio a fin. El psiquiatra verá alterada su existencia tras estas charlas con este tipo sin sentimientos, misógino, asalvajado, alguien que solo entiende de blancos y negros, sin matices ni tonalidades.

Watchmen 5A partir del capítulo VII, Hermano de los dragones, los Watchmen vuelven a la acción. Más gordos, menos ágiles, pero más experimentados. El capítulo se centra en Laurie Juspeczyk, la nueva Espectro de Seda, una mujer voluptuosa y cañón como solo las mujeres de cómic pueden serlo. Su relación sentimental y sexual con el nuevo Búho Nocturno, Dan Dreiberg, nos regala alguno de los escasos momentos de humor de la historia. Bueno, si no consideramos humor algunas de las sentencias de Rorschach, puro humor negro como las más negras viñetas de la historia.

No quiero contar más de la trama, sino animar al que no lo haya hecho a que se lance. Si alguien espera una historia de acción y peleas, que busque en otro universo, en Marvel o en clásicos DC. Pero si busca profundidad, dilemas morales, melancolía, dolor, detalles escondidos en las pintadas de las calles y en los titulares de los periódicos, en cada esquina de la viñeta y cada letrero de Nueva York, que se sumerja a fondo igual que lo hace la nave del Búho Nocturno en las aguas del Hudson. No hay desperdicio tampoco en la segunda mitad:

  • Capítulo VIII: Viejos fantasmas.
  • Capítulo IX: La oscuridad de vivir.
  • Capítulo X: Dos jinetes se acercaban.
  • Capítulo XI: Contemplad mis obras, poderosos.
  • Capítulo XII: Un mundo más fuerte y feliz.

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El final de la película de Zach Snyder es diferente al del cómic, quizás lo menos convincente para mí de toda la obra, excepto por la angustiosa (y maravillosa a la vez) respuesta del Doctor Manhattan: «Nada termina nunca». El dios todopoderoso que no puede intervenir ni cambiar el destino de los que fueron sus congéneres.

El que lo haya leído lo entenderá. La primera vez que te embarcas en Watchmen tratas de analizar el complejo plan y su ejecución, y no encuentro una conclusión clara acerca de qué final alternativo podría tener una historia como esta. Antonio Runa, director del mejor podcast «frikicomicpeliculero» que conozco, La Órbita de Endor, afirma que Watchmen juega en una liga distinta al resto de cómics o novelas gráficas de superhéroes o justicieros, y estoy completamente de acuerdo.

Para Alan Moore y Dave Gibbons se trata de una obra completa, con principio y final, y por esa razón reniegan de los productos que surgieron después como Before Watchmen o W de Watchmen. Respecto a la película… ¡lo dejo para la segunda parte!

«Por lo que podemos discernir, el único propósito de la existencia humana es encender una luz de significado en la oscuridad de vivir».

Carl Gustav Jung

Cara Travis

(Casi) feliz en casa

There's no place like home

LESTER, 26/06/2020

«Se está mejor en casa que en ningún sitio».

Encontré esta frase en la carta de amor que Travis escribió hace unos años y me vino a la mente varias veces al principio del largo encierro que todos hemos vivido. La pronuncia Judy Garland (Dorothy) en El mago de Oz y para mi sorpresa se puso de moda en algunas emisoras y redes sociales cuando corrimos todos a confinarnos en nuestros hogares. Estábamos tan necesitados de ánimo (o tan aterrados, según) que nos venía bien pensar que «se está mejor en casa que en ningún sitio».

Ahora que parece que acaban los tres meses de encierro y volvemos a recuperar algo parecido a lo que eran nuestras vidas, me ha apetecido recordar lo que ha supuesto el período más extraño que recuerdo, esas largas semanas que nos dijeron inicialmente que serían «quince días», aunque nunca nos lo creímos y que han acabado siendo seis veces ese tiempo. La pandemia ha puesto patas arriba todo nuestro mundo y nos obligó a adaptarnos a una realidad inédita para todos. Y como he contado en tantas ocasiones en este blog, soy un tipo afortunado, tan afortunado que he estado feliz encerrado en casa. A mí, que salía de casa sobre las seis y media de la mañana y regresaba casi siempre pasadas las ocho de la tarde, estar tanto tiempo rodeado de mi familia ha sido una maravilla.

La vida es mucho más sencilla de lo que algunos creen, o por decirlo de una manera que quizás se entienda mejor: la vida es mucho menos complicada de lo que algunos pretenden. La entrada más leída de la historia de este blog A.C. (Antes del Confinamiento) era En busca de la tranquilidad, en donde hablaba de lo importante que es para mí estar en buena sintonía con los tuyos, con la familia. Aprovechar el tiempo en cosas productivas y sin hacerse pajas mentales o ilusiones acerca de ambiciones mayores que no necesariamente van a darte una mayor satisfacción. En aquel post me refería a la canción que dice que «tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor» (hasta hoy no he sabido quién la cantaba: ¿Cristina y los Stop?).

Sin estar plenamente de acuerdo con la canción, reconozco que en estos tiempos me ha venido varias veces a la cabeza, porque ahora más que nunca debemos valorar la salud, la importancia de cuidarnos y de cuidar a los demás. Resulta tan sencillo complicarle la vida a alguien que tienes cerca y a quien quieres que me sorprende la irresponsabilidad de tanta gente cuando el virus todavía está descontrolado. En cuanto al dinero, como ya he dicho muchas veces soy un privilegiado y no me he visto afectado como tantos amigos por ERTEs o disminución de ingresos por ser autónomo o empresario. Y el amor de la familia ha sido fundamental para sentirme tan a gusto durante estos tres meses en los que apenas hemos pisado la calle.

Tras los dos primeros días de adaptación al encierro tuve que imponerme un horario para no caer en la apatía o la pereza, como me reconocieron tantos amigos que les pasó al principio. Me despertaba temprano y comenzaba con algo de deporte en un gimnasio improvisado que montamos mientras escuchaba a Alsina y el que para tantos de nosotros se convirtió en el himno del confinamiento, el Facciamo finta che de Ombretta Colli. El final de la canción marcaba la hora de la ducha, el desayuno y el inicio de las maratonianas jornadas de teletrabajo. Pero desayunaba con mi mujer o con mis hijos, paraba a media mañana y conversaba cinco minutos con alguno de ellos, y se me dibujaba una sonrisa boba en la cara: «¡joder, cuánto me alegro de verte!».

No hubo adaptación al teletrabajo, fue de sopetón, se avanzó lo que jamás se habría logrado con planificación. Mucho Skype y mucho Teams, a los que se sumaron los Zoom con la familia o los amigos de manera ocasional y siempre a última hora de la tarde. Por sorprendente que pudiera parecer, las reuniones de trabajo trajeron consigo una puntualidad alemana en los asistentes, incluso entre los impuntuales de siempre. La excusa del atasco ya no valía, salvo que fuera intestinal. Lo que no había manera de conseguir en las reuniones presenciales lo logró el confinamiento. Y no solo eso, sino que consiguió también que se respetaran los turnos de palabra, que las reuniones parecieran más productivas. Desconozco si al otro lado de la pantalla mis colegas estaban guasapeando o leyendo el Marca, pero aparentemente todos hicimos nuestro trabajo a diario de manera muy profesional y la empresa siguió funcionando pese a las circunstancias. Por supuesto que todos nos hemos solidarizado con esos compañeros con niños pequeños a los que trataban de silenciar mientras manteníamos una reunión sobre temas complejos o había que tomar una decisión trascendente, chapeau a todos ellos.

Chapeau igualmente a los que fueron capaces de aguantar en solitario una experiencia tan extrema como el encierro de las primeras semanas, y no digamos a los que (y las que) tuvieron que aguantar con personas a las que ya no les unía nada. El confinamiento ha puesto a prueba a muchas personas y en su mayoría la sociedad demostró una madurez que no parecía tener nuestra clase política. Nos sumamos a todo lo que nos pedían: las (contradictorias) medidas de prevención, el distanciamiento social, sonreír con los memes, mandar mensajes de ánimo, los aplausos de las ocho, el Resistiré del Dúo Dinámico o la estupenda nueva versión que sonaba a diario en mi vecindario.

Por lo que veíamos en redes sociales, tanto tiempo en casa nos llevó a probar nuevas aficiones o a cultivar las que teníamos abandonadas: a unos les dio por el bricolaje, a otros por las manualidades, a todos por la gimnasia, mi mujer y mi hija probaron con la pintura, y mi hijo y yo nos atrevimos a cocinar platos con los que jamás nos habríamos atrevido en condiciones normales. Cada día se encargaba uno de la cena y competíamos en una especie de MasterChef casero del que salieron grandes ideas. Permitidme que muestre aquí (orgulloso) mi brownie de morcilla y queso de cabra, y el Ratatouille.

Pero el confinamiento ha sido muy largo y las situaciones, extremas. A finales de febrero escribí El calibrador de rojos y fachas para expresar lo que veía y no me gustaba, y era la sensación de que cualquier tema, por banal que fuera, provocaba controversia o enfrentamiento. Eso fue antes de la pandemia, porque durante la misma la gestión de la crisis ha hecho que la raya de separación entre los bandos (y me duele enormemente hablar de «bandos») sea ahora un socavón. Se ha generado mucho mal rollo, incluso odio, en grupos de whatsapp o en esas junglas sin leyes que son Twitter o Facebook. Me temo que va a costar mucho cerrar esa herida abierta entre unos extremos cada vez más poblados.

El (Casi) del título de este post se debe a que no he podido ser enteramente feliz en casa. Sabía que tenía una familia maravillosa y una vida estupenda, pero ni la felicidad ni la tranquilidad eran completas. Lo habría sido de no haber visto tanto sufrimiento cerca, compañeros a los que les envuelve una pátina de tristeza desde hace tiempo, en amigos que han perdido a seres queridos y los han enterrado en soledad o a distancia, en familia cercana, en gente como el amiguete Josean que vomitó un post que le salió de las tripas y que en una semana se convirtió en el más leído de este blog A.C. y D.C. (Aplauso a una generación de héroes). 40.000 lecturas en una semana y muchos mensajes de gente que se sintió identificada con el texto. Reconfortados, agradecidos.

Diapositiva1

Nos hablan de «nueva normalidad», pero falta mucho para que la situación se parezca a algo normal, no digamos a nuestra vida anterior. En la cultura mediterránea no somos gente de taparse la cara, evitar los abrazos y mantener la distancia entre nosotros. Pero es lo que nos toca hacer durante bastante tiempo todavía. Tras las expresiones que aprendimos a marchas forzadas como coronavirus, pandemia, confinamiento, doblar la curva o desescalada, ahora escuchamos con frecuencia otras: rebrote, repunte. Evitémoslo, que ya sabemos que está en nuestras manos.

Los 100 de Travis

100

Me aprovecharé del mítico logo de la Paramount tuneado con motivo de los 100 años de cine para mi aniversario particular. 100 artículos ya con este y mis (magníficos, intrigantes, retorcidos, espeluznantes) guiones del cajón siguen sin encontrar un productor que descubra en ellos el talento que ni mis familiares ni amigos hallan en ellos. Culpa, sin duda, de la falta de talento de mis familiares y amigos, jamás de mi afilada pluma.

El que haya seguido mis textos sobre cine habrá encontrado en mí un espectador más disfrutón que crítico, alguien que trata de pasar un buen rato sin buscar más pegas de las necesarias a lo que vemos en pantalla, pero sobre todo habrá encontrado a alguien apasionado por las historias, por lo que cuentan por encima de cómo está contado. Lo cual no quita para que me deje maravillar por numerosos planos y secuencias espectaculares. Uno de mis primeros artículos, No hagan trampas, señores, iba dedicado a los guionistas y a los directores que pervertían esos guiones para colarnos un gol en toda regla, algo que se me antoja inadmisible como espectador. El post sobre Forrest Gump y Benjamin Button trataba de reflejar cómo un mismo guionista puede hacer que se asemejen tanto dos historias con una premisa de partida bien diferente.

Cuando empecé a escribir críticas de películas me encontré con una dificultad añadida, o con varias, según vi por algunos comentarios de amigos o por los que me dejaban en el propio blog:

– Si hablaba sobre una película reciente, los estrenos y las críticas siempre me ganaban porque todos los medios, blogs, webs, etc. ya habían emitido su opinión.

– Si contaba mucho porque contaba mucho y la chafaba al lector.

– Si contaba poco, que por qué me quedaba tan corto con lo que a mí me gusta destripar una peli y encontrar una comparación con otras.

interstellar

Así que la mayoría de las veces me dedicaba a hablar de películas que todo el mundo hubiera visto, clásicos y no necesariamente clásicos.

El guionista frustrado (no, frustrado no, dejémoslo en tardío) comenzaba a aflorar y a imaginar segundas partes alternativas para grandes éxitos. Denis Villeneuve tiró por otra línea argumental para la segunda parte de Blade Runner, pero ahí queda mi idea. Al menos habría sido más divertida.

Con la recuperación de la saga Star Wars en El despertar de la Fuerza aproveché para escribir varios artículos sobre esas películas de las que he sido siempre un seguidor (con su momento de debilidad en la Fuerza tras las precuelas). Y otro tema que empezó a colarse de manera recurrente en este blog: los Óscar, esos premios que nunca nos dejan satisfechos porque no han ganado «los nuestros».

Con el tiempo descubrí que lo que más me gustaba era encontrar temas que abarcaran varias películas, de distintos géneros, épocas y nacionalidades, como los dedicados al suicidio, a los niños estrangulables o a esos bodrios de los ochenta que algunos mitificaron en exceso.

Hacia la mitad de estos cien artículos me encuentro con el primer post dedicado a esa afición tan de moda de censurar lo que no nos gusta, de pretender que con la ocultación o prohibición algo va a desaparecer. Nada más absurdo para mí y mucho más si hablamos de cine, y sin embargo esta corriente ha crecido de manera imparable (manda huevos). El cine es diversión, esparcimiento, otra realidad, y nos lo quieren capar, acotar, cercenar, limitar… un coñazo. Los títulos letales, el homenaje a los taxistas o las frases míticas para usar en la oficina son precisamente lo contrario: evasión hacia otro lugar.

El caso es que esa corriente imparable se disparó tras los Óscar de 2018 y el discurso de Frances McDormand sobre la imposición Rider (aunque creo que la actriz la denominó «inclusión»). El guionista latente que hay en mí trató de imaginar Reservoir dogs o Doce hombre sin piedad con esos parámetros. Imposible, cine del bueno que se iría al garete. Woody Allen y Kevin Spacey fueron víctimas de una corriente censora de otra índole a la que la ausencia de pruebas no le iba a frenar sus ímpetus. Puse su caso en comparación con el de Roman Polanski, muy diferente, en lo que fue la primera colaboración externa de este bloguero.

Con el amiguete Barney comencé a preparar una serie de artículos que se publicaron en La Galerna, ese medio capaz de unir el fútbol con la música, la literatura o el cine de calidad. Y aunque lo que más me atraiga sean los guiones y las buenas historias, quise dejar mi homenaje a los que ponen rostro a esas tramas, a los actores, los buenos, los malos, los protagonistas y esos excepcionales secundarios que merecerían una historia para ellos solos (spin-off, que está todo inventado).

Prohibir Verano Azul, el tabaco, los tacos, libros y películas que no sean suficientemente inclusivas o diversas racial y sexualmente… qué pereza, de verdad. Es cine. «Cine, cine, cine, más cine, por favor», como decía Aute, «que todo en la vida es cine y los sueños, cine son». Pero recuerdo que la canción también hablaba de censura.

Matrix balasPulp Fiction 3

En estos diez artículos me di un paseo por el cine ruso, otro por algunos de los clásicos de final de siglo y una visita a una de mis películas favoritas de siempre: La gran evasión.

En estos últimos artículos tuve un poco de todo: Scorsese en plena forma, más Óscar y más Star Wars, mis caprichos guionizados y mezclados, y una colaboración muy satisfactoria para el que esto escribe sobre el modo de disfrutar de las historias, ya sea en pantalla o en papel con una interlocutora perfecta para ello.

Se trata de disfrutar de una buena historia y aquí me quedan muchas por contar. ¡Espero seguir contando con vosotros, amigos!

Los 100 de Josean

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Tras los 100 de Lester y los 100 de Barney, me toca el turno de recopilar todos esos temas de los que he hablado a lo largo de estos casi seis años. El tiempo te da la perspectiva suficiente para entender cómo pensabas antes y si ha habido una evolución en tu manera de pensar. Sinceramente, no lo sé, que lo digan los lectores: comencé criticando a un gobierno que no era transparente y a unos medios controlados y he terminado… criticando a un gobierno que no es transparente y a unos medios que están controlados.

Me dio por meterme con el funcionamiento de determinados organismos, como la CNMC, o los ayuntamientos, y cabrearme ante decisiones obscenas como la del SAREB. Por otro lado, lo lógico (y quizás lo más sencillo) es siempre criticar al que está en el poder, pero es que hubo semanas verdaderamente horribles. Lo curioso es que aunque parezca difícil, el refranero español vuelve a acertar: «otros vendrán que bueno te harán».

A lo largo de estos años ha habido muchos procesos electorales, quizás demasiados, y un problema en Cataluña que empezaba a ocupar protagonismo en este blog.

Me dio por iniciar una serie de artículos dedicados a temas económicos, a lo que este escribiente considera errores frecuentes que se repiten como mantras: tomar como verdades absolutas lo que no deberían ser más allá que ayudas para la interpretación de algo tan complejo como los datos.

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El Brexit, nuevas elecciones en España y Estados Unidos, y un tema que empezaba a tomar fuerza en este blog: la fiscalidad y esas grandes empresas que siempre nos vendieron como «malas», «culpables», «evasoras».

Cuando escribo sobre temas económicos bajan mucho los lectores del blog, excepto cuando escribo relacionándolo con el mundo del fútbol. Sorprendente lo que puede llegar a mover. Seguí con mi afición a buscar sentencias por las redes y a tratar de interpretarlas con mi (falta de) conocimiento.

Años pidiendo la salida de Rajoy y cuando se produjo no tardé ni un día en lamentar el gobierno que estaba por venir. Más sobre Cataluña, más sobre temas impositivos y más fútbol desde la perspectiva de la pasta que se mueve en ese mundo.

Varios artículos sobre la maraña impositiva que se nos estaba creando y sobre la polarización de la sociedad, que se va a los extremos, los condones sanitarios alrededor de Vox y el totalitarismo de Napoleón Iglesias.

Ministra Montero

Más elecciones generales, otras municipales y dos artículos dedicados a la gran amenaza que tenemos desde hace años y que hemos dejado crecer: China.

Y así hemos llegado al día de hoy. Dediqué otros dos artículos a temas impositivos (se repiten las mismas situaciones que ya se daban con Montoro) y varios artículos más a criticar las absurdas reformas que se estaban implantando aprovechando el estado de alarma. Aquí saco pecho: el post más leído de la historia de este blog se produjo en un momento de vomitar lo que llevaba dentro, soltar toda esa rabia contenida por la situación.

Deuda pública 2020

Me conozco y sé que seguiré criticando al gobierno (sea el que sea), pero también a la oposición, los medios de comunicación, las sentencias que no entienda y los organismos que funcionen de modo partidista y sectario. Lo sé, lo siento si molesta a alguien. Gracias a los lectores, que han sido muy numerosos en este tiempo.

Cara Josean

Los 100 de Barney

Campeones

Esta es la foto que mejor describe lo que han sido estos casi seis años de blog madridista. Un blog que nació unos meses después de la Décima y durante este tiempo hemos presenciado tres Champions y dos Euroligas, con la hazaña de 2018 de lograr ambos títulos continentales con unos días de diferencia.

En realidad, el arriba firmante lleva muchos más de 100 artículos, puesto que a los que voy a ordenar aquí por etapas (vamos a ponernos dignos y llamarlo «etapas de pensamiento»), hay que añadir los más de veinte publicados en La Galerna, el medio de «Madridismo y sintaxis» que mejor ha sabido entender a este personaje de Barney y abrirle sus puertas. Aparte de La Galerna, las webs Meritocracia Blanca y Planeta Fútbol también han publicado algunos de los artículos de este humilde bloguero (tachen lo de «humilde», con tanta veracidad en mis escritos no puedo permitirme ser humilde, ¡já!).

Este blog comenzó con un cierto distanciamiento respecto al fútbol y una afición incondicional al baloncesto:

En los siguientes diez artículos aparecieron otros deportes como la Fórmula 1 y las carreras populares, mucho más amor por el baloncesto y más hastío hacia el fútbol.

ContadorGrandes deportistas como Contador, Rafa Nadal, más baloncesto del bueno y las grandes gestas del atletismo. Me apetecía hablar de muchas otras cosas antes que de un fútbol que me parecía tan falso como el triunfador de ese año 2015.

Al final cedí y terminé hablando de fútbol, para celebrar la llegada de Zidane al banquillo y sobre todo para desenmascarar a los que nos trataban de vender al Barça como los inventores del fútbol o los defensores de la pureza del juego cuando son lo contrario, los grandes inventores del marketing en el deporte.

SuárezDesde pequeño me encantó todo lo relacionado con los Juegos Olímpicos, así que le dediqué varios post a los primeros Juegos de este blog, los de Río de Janeiro en el verano de 2016. Pero reconozco que de diciembre de 2016 a marzo de 2017 no pude más con el victimismo culé, su manipulación de la competición y sobre todo el teatro cutre de la botella de plástico que tumbaba a seis jugadores.

En los siguientes diez post encontré otro estilo, buscando más el humor, el sarcasmo, algo de cachondeo. Llegó la Champions de Cardiff, pero tras el verano el Villarato se lanzó a degüello a por el Madrid y dejé una triste premonición que ha terminado siendo cierta: el VAR (Villar, Arminio, Roures) sería un desastre.

Los siguientes diez post me traerían la enorme satisfacción de ser algo más conocido en foros y recibí la oportunidad para colaborar en La Galerna, donde debuté con un texto sobre el que fuera mi ídolo de chaval, Santillana, el héroe de wéstern.

ChristmasLa vuelta de Llull y la Euroliga de Belgrado. Por otro lado, la Champions de Kiev nos trajo la malísima noticia de la salida de Zidane del banquillo madridista y comenzamos una mala temporada en la que dediqué buena parte de mis esfuerzos a criticar a esa vergonzosa prensa que ha encontrado su filón de ventas en los ataques al Real Madrid. La manipulación del relato de Roures y los suyos.

Después de tres Champions consecutivas nos pareció extraña una final sin el Madrid, pero ahí nos reencontramos con uno que no falla nunca, el mejor deportista de nuestra historia, el gran Rafa Nadal. En julio de 2019 comienzo una serie de artículos que me llevará a conocer a madridistas por todo el mundo: San Petersburgo, Washington, Ecuador y París.

Nadal

Y aquí estamos, otra vez de lleno en plena competición en la que el descaro con el que se ayuda siempre al mismo alcanza sus cotas más exageradas con el Clásico de Barcelona que se aplaza… se aplaza hasta que le viniera bien al equipo de Roures y se pone a sus árbitros favoritos. No es por nada, pero aquí el menda (que no es precisamente adivino) lo predijo más de un mes antes.

Me lo he pasado bien a lo largo de todo este tiempo, espero que vosotros también. Prometo dar mucha cera al horrible periodismo deportivo que tenemos, seguir proclamando el «orgullo blanco», denunciando la falsedad culé y espero cantar muchos éxitos como los que dieron lugar a la foto del inicio. ¡Hasta la próxima!

Cara Barney

 

 

 

 

Los 100 de Lester

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Buenas a todos, amigos lectores.

Con el post de hoy, el «arribafirmante» amiguete Lester alcanza los 100 textos, cifra que alcanzarán en los próximos días los amiguetes Travis, Barney y Josean. Unidos a los 19 post conjuntos (inicios del año, Días del Padre o la Madre, Campeones,…) darán una cifra de 419 textos en unas 304 semanas de vida de este blog, lo que supone publicar 4 artículos cada 3 semanas. No está mal. Durante ese período han salido dos libros de este blog y varias colaboraciones en otros medios, luego el balance solo puede ser positivo.

Carpe DiemAguafiestas 1

Algunos colegas llevan tiempo pidiéndome una manera de localizar textos antiguos, algo que leyeron hace mucho (son ya casi seis años dando la lata desde aquí) y recuerdan y que les gustaría recuperar. Hay un buscador a la derecha de la página que puede ayudar en esa tarea, bajo los últimos textos publicados, pero en cualquier caso, voy a crear una nueva página como índice para poder releer los textos antiguos. Hoy toca pegar un repaso a todos ellos y voy a hacerlo de diez en diez, porque creo que ha habido una evolución en ellos.

Comencé rescatando varios relatos del baúl de los recuerdos, hablando un poco de sentimientos y dejando mi primera crónica maratoniana, la de Berlín 2011:

  1. Turbulencias.
  2. La amabilidad.
  3. Los Caballeros de la Orden de Malta.
  4. Ya estamos todos.
  5. Ese incesante zumbido.
  6. El día que gané a Gebreselassie.
  7. Equilibrio precario.
  8. American Beauty.
  9. La mediocridad de los provocadores.
  10. Onetti, Ibáñez, la dignidad y el genio.

En los siguientes diez fui comentando algunas cosas que me llamaban la atención como la interpretación de los sueños, la magia o las teorías de la conspiración, y seguí dejando varios relatos. Uno de ellos, el de los escoceses, una larga broma para responder a quien me dijo que todos mis relatos resultaban muy tétricos o tristones. Entre estos diez está el texto más leído de Lester, pero que curiosamente empezó a ser muy leído y rescatado dos años después: En busca de la tranquilidad.

En la siguiente decena tenemos la primera entrada dedicada a las estadísticas, cuando los lectores de este blog aún no eran muy numerosos y se acercaba el final de ese primer año, que era la vida estimada inicial de este blog. Renovamos (y no por un año, sino ya por muchos más) para seguir hablando de nuevos viajes, música, algún otro maratón como el de Eindhoven y publicando nuevos relatos.

No sé qué pasó en los siguientes diez, de noviembre de 2015 a junio de 2016, pero le dediqué varios esfuerzos a todas aquellas cosas que me tocaban las pelotas, razón por la cual me vi obligado a dedicar uno a todo lo contrario, a aquello que hacía de la vida algo tan maravilloso:

Los siguientes diez textos incluyeron el primer relato premiado, muchos viajes y la primera colaboración externa, la de mi hija Raquel contando su magnífica experiencia de voluntariado en Uganda y la India.

De enero a octubre de 2017 me volqué en los libros y en un proyecto de voluntariado en Bolivia, y de la mezcla de ambos surgió el libro Relatos de un tiempo fugaz, cuya recaudación se destinó a completar las obras del Pabellón Azul del Hogar Teresa de los Andes.

Bolivia nos marcó. Nos encantó como país, pero no deja de dar lástima que un país con tanta riqueza tenga a su gente pasando tantas penurias. Más relatos y nuevas colaboraciones externas que me enorgullecen, en este caso de mi padre sobre un tema escabroso como son los toros.

Entre junio de 2018 y enero de 2019 algo me pasó que la mayoría de los textos buscaron algo de ironía y buen humor, aunque en el camino se me colaron algunos relatos fieles a mi estilo (o sea, tristones):

Nuevas colaboraciones en los siguientes diez artículos (R. San Telmo) y el proyecto del segundo libro que ha surgido de este blog (Aguafiestas), con nuevos fines solidarios como fue en esta ocasión el proyecto de voluntariado en el valle del Chota (Ecuador).

De noviembre de 2019 al momento actual, en el que no hay maratones de los que hablar, ni más viajes que contar que aquellos que sucedieron en el pasado, puesto que tanto las nuevas carreras como los antiguos viajes quedaron apartados por una buena temporada de confinamiento. Ya queda menos.

Aquí no terminan las ideas, sino que mi libreta está a reventar, así que en muy poco tiempo estaré dando guerra de nuevo. Gracias a todos los lectores (cada día más numerosos) por seguir ahí, interesándoos, al otro lado.

Cara Lester