El sexto sinsentido, por Barney

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“En ocasiones, veo Guardiolas”, pronunció el niño con una voz susurrante.

En mi larga carrera de psicólogo infantil, pocas veces me encontré con un caso igual de singular, una terapia en la que por momentos sería yo quien viera alteradas sus convicciones.

“Están por todas partes, los veo en todos los medios”. Aprecié cierto miedo en las palabras del chico, como si temiera que a raíz de las mismas yo fuera a emitir un diagnóstico de locura o
enajenación mental. Mas mi vasta y exitosa trayectoria se ha basado en escuchar a mis pacientes y ganarme su confianza, así que le dejé continuar.

“En el Barça, en los medios catalanes, en las radios, pero también en el As, el Marca,… en Inglaterra, Alemania, ¡hasta en Australia! Un fenómeno paranormal se ha apoderado de los medios, que ensalzan la figura del entrenador como si de una deidad omnipresente se tratara”. De repente, sentí más frío en la sala, su aliento se transformó en visible vaho. “Continúa”, le dije con una mezcla de curiosidad e intriga, “¿en qué lo notas?”

“Todo es un sinsentido. O dos, o tres, ¡o seis!. Leo cosas absurdas como si fueran verdades absolutas. Durante el pasado Mundial, y a medida que Inglaterra iba pasando fases, leí que la influencia de Guardiola en el fútbol es tal que el equipo campeón del torneo era el del país en el que Pep entrenaba esa temporada: España en 2010, Alemania en 2014, Inglaterra en 2018. Se trata del primer entrenador del mundo que gana Mundiales sin haber entrenado un solo partido de selecciones”.

“¡Es cierto!”, le dije, “yo también lo leí, pero después de esa gilipollez, Inglaterra perdió los dos siguientes partidos”.

“Así es, pero los periolistos no se desdijeron, mantuvieron que su influencia en el juego era notable, que mejoraba todo aquello que tocaba. No sé, yo vi una selección inglesa que marcó el setenta por ciento de sus goles a balón parado, córners ensayados que iban a la olla, y no hacia atrás para mantener la posesión”.

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“Entonces, ¿no crees que tuvo influencia en el juego de Inglaterra?”

“Pero si apenas había jugadores del City en la selección. Y aun así, ¡ya lo creo que la tuvo! En la semifinal contra Croacia, la clave estuvo en los despistes de los dos centrales ingleses, Walker y Stones, dos buenos jugadores fichados a golpe de talonario por… Guardiola”.

“A lo mejor estaban más pendientes de sacar el balón limpio y jugado que de defender sus espaldas”, le dije recordando aquellos goles, “pero aparte de eso, ¿qué más te preocupa?”

“Otro sinsentido sería el de aquellos que defienden el estilo de los equipos de Pep Guardiola como el único válido, el fútbol puro y perfecto, siempre un toque de más, la posesión por la posesión, o la Pepsesión, como la han bautizado en La Galerna. Las selecciones con mayor porcentaje de posesión en el Mundial fueron España, Alemania y Argentina, ¿llegaron muy lejos?

“No”, contesté mientras empezaba a removerme incómodo en mi butaca, “pero reconocerás que el estilo es inconfundible”.

“Lo es, desde luego. Pero el Barça ya ganaba Champions en 2006, antes de su llegada, y después, en 2015, luego tengo claro que la influencia de Messi y del resto de jugadores es mucho mayor que la del entrenador. En Alemania heredó un Bayern campeón de todo, que venía de arrasar con un juego rápido, poderoso y atractivo, y llevó su particular estilo hasta lograr que Beckenbauer dijera que le resultaba aburrido“.

“Como sigamos jugando así echaremos a la gente del campo porque la aburriremos. Acabaremos llegando a la raya de gol con el balón y nos volveremos atrás para seguir jugando”.

(Franz Beckenbauer, presidente honorario del Bayern)

“Todavía recuerdo aquella semifinal contra el Madrid en el Allianz Arena, con 0-3 a favor de los blancos en el descanso. Los alemanes se pasaron toda la segunda parte tocando y tocando, manoseando la bola sin intentar hacer nada con ella, en un insulto a la historia del equipo bávaro que en otros tiempos te habría encerrado, agobiado, acojonado hasta arrancarte la última gota de sudor”.

Empezaba a percibir que quizás no fuera el chico el que necesitaba un tratamiento acerca de sus visiones. “Lo que no me podrás negar es la fidelidad de los seguidores de su estilo”.

“Por supuesto. Entre jugadores, ex jugadores, periodistas y comentaristas de todo tipo. Un par de años antes del 0-4 del Madrid, cuando todavía era entrenador del Barça, se vio la sublimación de su estilo y la fidelidad enfermiza de los suyos”.

“¿Te refieres a cuando perdió 0-7 la eliminatoria con el Bayern?”

“Sí, recuerda las palabras de uno de sus más fieles lacayos“.

“El Bayern no pudo dominarnos. El balón fue nuestro.

Al menos tuvimos la posesión”.

(Xavi Hernández)

“¿Crees que han creado una escuela de pensamiento único, totalitario?”

Guardiola 3“Sí, no admiten otros estilos, otro tipo de juego. Si pierde el Barça o el equipo de Pep, ha perdido el fútbol. Los rivales “son atletas” o juegan a la contra como equipos menores. Y esa escuela de pensamiento único existe, está en algunos medios y en el Johan Cruyff Institute, por el que han pasado muchos de esos comentaristas a los que luego oyes babear sobre los equipos de Guardiola y despotricar del resto. Como Van der Sar o Finnbogason, o como Craig Foster, que es el supuesto gran especialista de fútbol europeo, de soccer, para toda Australia. Tenías que escucharle, caviar Iniesta, el juego del Barça, Oh, Messi, Oh, Pep,…”

Aquel día dejamos ahí la sesión. Recogí mis abundantes notas sobre el noi de Santpedor y le prometí que volvería al día siguiente. Puede que tuviera razón en la sobrevaloración de su fútbol, pero había que reconocer sus muchas aportaciones en otros aspectos, así que comencé la siguiente sesión en ese punto:

“Lo que no me negarás es que Guardiola es un caballero del deporte. He repasado cientos de artículos que se deshacen en elogios a su modo de entender el juego y su fair play“.

“¿De verdad lo cree?”, pronunció el chico con asombro. Un manto de penumbra se cernió sobre ambos, volvió el frío a la sala, y con él, el vaho, que dibujaba formas en el aire, como puntos de penalti que se difuminaban y desaparecían. “Es lo mismo que le dije ayer, es parte de la doctrina del pensamiento único. Guardiola tiene el récord de expulsiones en el Fútbol Club Barcelona, ocho como jugador. Y casi todas por protestar de una manera vergonzosa. Como entrenador lleva siete. Sin contar todas las que le perdonan. Recuerde su lamentable comportamiento en las semifinales de Champions de este año contra el Liverpool. Ya dijo Mourinho que Guardiola es el único entrenador que critica a los árbitros cuando aciertan. O algunas enganchadas con entrenadores rivales, como este año con Paul Cook en la Copa inglesa, cuando esperó en el vestuario al entrenador rival, de segunda división el pobre, y le zarandeó con el apoyo de sus secuaces. Lamentable, sí, pero mucho fair play para los suyos”.

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“Pues pensé que en el fondo era buen tipo, apasionado del juego, vehemente sí, pero humilde en el fondo”.

“Esa es la cuarta gran falacia. Va de humilde, como cuando habla del City como de un equipo menor, y tiene los 1.400 millones de Abu Dhabi detrás, de largo el equipo que más ha gastado en las últimas temporadas, mucho más aún que el PSG de Catar. ¿Apasionado del juego? Ya lo creo, pero también fue el que trajo la escuela de teatro a los campos de juego, no me toques que me tiro y rodeo al árbitro para que te expulse a un jugador. En cuanto a lo de que es respetuoso hacia los demás,… no le verá hablar bien de un rival que le ha derrotado justamente en el campo, especialmente si es el Madrid. Siempre habrá pasado algo ajeno a él: un error arbitral, el césped, la suerte,… La Liga récord de Mourinho, la de los 100 puntos, que tengo que recordar que Pep no consiguió ni con Messi, Iniesta y Xavi en sus mejores tiempos, esa liga fue recordada por Guardiola como la de “han pasado cosas raras de las que prefiero no hablar”. Esa es su manera de reconocer los méritos del rival.”

“Pues creía que era un tipo con un buen trasfondo detrás”. A medida que avanzaba mi terapia, las férreas convicciones que tenía se resquebrajaban.

“Claro, un buen tipo, sin duda. Por eso en su año sabático en Nueva York no fue a visitar a su amigo Tito Vilanova mientras se trataba la enfermedad en la misma ciudad. Es tan buen tipo que la mujer de Tito prohibió expresamente que acudiera a su funeral. La prensa afín apenas lo mencionó, porque no les gusta manchar la imagen de Pep”.

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La tercera sesión sería la última, y comenzaba a ver con claridad que mi paciente no sufría ningún tipo de enajenación mental y que los fenómenos que atisbaba, distaban mucho de ser paranormales. Tenía miedo a expresar sus ideas, sí, y quizás lo único que necesitaba era mi apoyo en ese punto.

“Puedes contarme lo que quieras, con total libertad”.

“Gracias. No como en Cataluña, ¿verdad? A juzgar por las palabras de Pep Guardiola hace un año, tras el 1-O, cuando criticó la represión que se vive en España, la falta de democracia, la dureza de la policía. No como en Catar, bajo cuyo régimen democratiquísimo vivió varios años, y del que cobró, como siempre, en grandes cantidades. Ese debe de ser el ejemplo a seguir según este paladín de la libertad”.

“Bueno, son sus opiniones como ciudadano, y puede expresarlas libremente mientras no las lleve al terreno del deporte”.

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“¡Pero es que las lleva! Que si el lacito amarillo, que si los presos políticos, que si sus declaraciones en rueda de prensa en jornadas de Champions, que si vengo de un pequeño país al norte de España, ¡el desprecio con el que habló de “un árbitro español!”, ¿queremos de verdad que el fútbol se convierta en una guerra política? ¡Sería insoportable!”

“Lo que más me ha sorprendido de nuestras sesiones ha sido que la imagen que rodea a Guardiola es la contraria, he leído varios medios, de muchos países, y ese aura de infalibilidad y bonhomía coincide en la mayoría de ellos”.

“Así es”, dijo el chico, que empezaba a perder el miedo a hablar, “Pep se ha encargado durante años de cultivar su imagen. Como dijo alguien que le conoce muy bien, el polemista Salvador Sostres en Las dos caras de la soberbia, hablando sobre el culto y autobombo hacia su personalidad:”

“No hay nada que a Josep Guardiola i Sala obsesione tanto como la proyección pública de su imagen”. “Me dijo Pep que lo más importante y lo que todos queremos conseguir es que nos quieran”.

“Ha llevado ese marketing de su figura al extremo, a un extremo enfermizo. Usted como psicólogo encontraría un gran reto analizándolo. ¿Usted sabe de los esfuerzos de Guardiola por limpiar su imagen tras el positivo por dopaje con nandrolona? ¿O que el Barça fue multado con 30.000 euros por saltarse un control antidoping en su primera temporada como entrenador? ¿O que en su primera temporada en el City se saltó tres?”

“Pues no, la verdad”, contesté con rubor, “la prensa no menciona mucho esas cosas. Creo recordar que Pep dio positivo cuando jugaba en Italia, pero que no quedó claro y años después lo absolvieron”.

“No fue exactamente así. El periodista Edmund Willison, especializado en dopaje, lo explicó en algunos de sus artículos. Guardiola dio positivo por nandrolona en dos controles. Hasta seis veces el límite permitido. El entonces jugador alegó que tomaba unas vitaminas proporcionadas por el doctor Ramón Segura, y que todo era limpio y legal. Supongo que será casualidad que el doctor Segura fuera el mismo que el de Frank De Boer, el holandés que jugaba en el Barça y que dio positivo siete meses antes por… ¿lo adivina usted?”

“Nandrolona”.

“¡Bingo! Guardiola se defendió con diversos argumentos, como que su propio cuerpo generaba nandrolona, que tenía el síndrome de Gilbert, o que los suplementos vitamínicos habían sido contaminados, lo cual quedó demostrado que era falso. En su defensa testificaron sujetos como el doctor Alicicco, médico de la AS Roma en 1990, cuando dos de sus jugadores dieron positivo. Las palabras de Guardiola fueron muy guardiolescas, no iba a dejar que la verdad estropeara su inmaculada figura, qué más dará lo que digan unas pruebas analíticas de laboratorio:”

“Una máquina dice que tomé nandrolona, pero yo no lo he hecho”.

“No sé ni por qué celebraron el juicio después de una prueba de tal calibre. El veredicto fue demoledor:

  • La presencia de la sustancia prohibida era incontestable.
  • Los valores de nandrolona detectados eran completamente incompatibles con la teoría de que la sustancia era producida de modo natural por su cuerpo.”

“Entonces, ¿qué pasó después? ¿Lo absolvieron o no?”

“Todos los hechos ocurrieron en 2001. Guardiola fue multado, sancionado varios meses y su reputación se resintió, algo que no podía tolerar. Un buen amigo suyo, Manel Estiarte, el jugador de waterpolo que trabajó para el Barça y ahora lo hace en el City, fue conocedor en 2007 de que las normas de la Agencia Mundial contra el Dopaje habían cambiado debido a lo que llamaron “orina inestable”, que podía provocar falsos casos de positivos por nandrolona. Pese a que el Director de la Agencia dijo que estos estudios no invalidaban los positivos previos, pues consideraba que podían ser erróneos solo en uno de cada mil o incluso diez mil casos, Estiarte y Guardiola encontraron un resquicio para limpiar el buen nombre del jugador. Pidieron que se repitieran los análisis de orina de 2001, para verificar si había indicios de inestabilidad en la orina. Dichos análisis deben ser realizados en las cinco semanas posteriores a la toma de la muestra, luego en 2007 no había ninguna posibilidad de revisión, y el Tribunal de Apelación dictaminó la inocencia de Guardiola por albergar una duda razonable. Pep sacó pecho, cómo no, y sus palmeros lo contaron alborozados a los cuatro vientos”.

Guardiola

“Sí, eso sí lo recuerdo, no como los detalles. En ese caso, debería haber ocurrido con más jugadores, que declararan su inocencia tiempo después”.

“Pues no. Ni De Boer, ni Fernando Couto, Dugarry o Edgar Davids, ni siete tenistas profesionales, tuvieron la misma suerte. Guardiola y sus influencias, supongo. Su persistencia, Estiarte y su relación con el COI,.. supongo que fueron muchos factores”.

“Bueno, Haley, mi tiempo ha terminado, creo que ya tengo claro tu diagnóstico”, pronuncié con cierto agotamiento, no exento de satisfacción. Mientras recogía mis notas, Haley Jose OsMount me preguntó con lágrimas en los ojos:

“¿Qué le va a contar a mis padres? No quiero dar un disgusto a los buenos de Jordi y Montse. Son culés de cuna, compran el Sport a diario, y ven TV-3 y GolTV, idolatran a Guardiola, podría romperles el corazón. Si veo fantasmas, por favor dígamelo y me someteré al tratamiento de guardiolismo que usted me proponga”.

“Mira, chico, el único fantasma es Pep. Su problema es que aún no lo sabe”.

Cara Barney

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