Pues claro que hay que hablar, por Josean

Hay más de dos millones de independentistas. Frente a eso, hay que hacer una política de no confrontación, buscar el diálogo y tratar de reconducir la situación.

Lo que ocurre es que el diálogo siempre es cosa de dos. No basta que tú quieras hablar si la otra parte no quiere. En todo caso, por mucho diálogo que haya habido, Sigue leyendo

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En un mundo perfecto, por Josean

En un mundo perfecto, este simulacro de votación del 1-O se hubiera frenado hace tiempo, pero no por la acción de los tribunales o de los que se oponen al mismo, sino por la cordura de los que lo iniciaron a base de saltarse toda la legalidad y las normas básicas de comportamiento democrático, incluyendo el debate, el análisis de las propuestas y la consideración de los que piensan diferente. Sigue leyendo

Leer sentencias en los tiempos del tuit (2 de 2), por Josean

Parece que lo único que importa es ser el primero y da igual el rigor de la información suministrada. Ya hace tiempo que dejamos de preguntarnos por las tres fuentes contrastadas para dar determinada información que luego se demuestra falsa o, al menos, incompleta. Se junta la necesidad de lanzar el titular en el medio digital de turno, o crear el hashtag que se convierta en trending topic, con el interés por manipular. Y en este innoble arte de la manipulación tenemos auténticos expertos en todas las casas. Sigue leyendo

Leer sentencias en los tiempos del tuit (1 de 2), por Josean

Parece mentira que en estos tiempos en los que tenemos más información que nunca al alcance de un clic, mucha más de la que somos capaces de leer y procesar, en cualquier medio, en cualquier soporte, en cuestión de segundos, en una pantalla en la palma de la mano, parece mentira, decía, que estemos más desinformados que nunca. Desde luego mucho más que una o dos décadas atrás.

Y el problema seguramente sea nuestro porque anteponemos la inmediatez a la veracidad de la información. No se contrasta nada, se difunde todo con un solo clic, por Whatsapp, por Facebook, por Twitter, y así, a poco que nos descuidemos, nos dejamos colar cualquier cosa, como la de ese falso enfermo terminal de cáncer, Paco Sanz, “el hombre de los 2.000 tumores“, detenido por estafa, apropiación indebida y blanqueo de capitales, un tipo que lo más que hizo para acreditar su enfermedad fue depilarse la cabeza y las cejas.

O el enorme montaje de Fernando Blanco, el padre de esa niña llamada Nadia a la que llevaba a curar a unas cuevas de Afganistán porque ningún médico de occidente era capaz de enfrentarse a la enfermedad de la pequeña. 150.000 euros recaudados en cuatro días, y a poco que algún medio rascó un poco se encontró todo un historial de mentiras, “inexactitudes y extractos verdaderamente fantasiosos“. Pero antes de desmontar este inmenso fraude, que algunos cifran en un millón de euros, numerosos famosos se sumaron a su difusión con una rapidez inaudita (el famoso hashtag directo al corazón de la gente, #UnaGranHistoriaDeAmor).

¿Las nuevas tecnologías nos han vuelto definitivamente gilipollas? ¿O será que los manipuladores han encontrado un enorme campo abonado para aunar voluntades a sus montajes? Me inclino por esto segundo. Las nuevas tecnologías te permiten acceder a una enorme cantidad de información, pero por otro lado todo fluye tan veloz que cuesta separar el polvo de la paja y en ocasiones resulta imposible realizar un análisis racional (y sosegado) de cualquier asunto.

El problema que veo es que se tiende a convertir esas opiniones manipuladas (públicas o publicadas, según la definición de Felipe González), esos trending topic, en verdades absolutas irrebatibles, en estados de opinión de los que parece que no te puedes salir (hace poco hablaba de este asunto respecto a las marchas del Orgullo). Y se está pretendiendo manipular algo tan serio como las sentencias o las resoluciones judiciales. Porque en este estado de la manipulación son muy pocos los que leen más allá de un tuit, y porque todos nos permitimos el lujo de opinar sobre cualquier asunto, aunque no tengamos los conocimientos precisos para hacerlo.

Tenemos un caso desde hace semanas en todos los medios, del que nos actualizan prácticamente a diario los datos conocidos: el caso de Juana Rivas. Reconozco que la primera vez que escuché una noticia sobre el asunto pensé: “qué barbaridad, entregar a unos niños a un padre maltratador, ¿qué clase de justicia es esta?” Por si alguien tiene dudas, todo mi desprecio hacia los maltratadores, sean del género que sean, y desde luego las mayores condenas hacia todos ellos, pero en este caso reconozco que me asaltaron las dudas: ¿lo que nos estaban contando era realmente así?

El hashtag #JuanaEstáEnMiCasa sucedió al #YoSoyJuanaRivas y el martilleo constante en los medios me hizo tratar de entender el caso. Luego descubres que tres tribunales, ¡tres!, han dado ya la razón al padre, el italiano Francesco Arcuri, frente a la madre, y empiezas a pensar que a lo mejor no todo lo que has escuchado es cierto. A lo mejor no hubo una paliza brutal, como ha declarado la madre. Y a lo mejor la Madre Coraje no es tan buena, ni el padre tan villano. Aunque Twitter ya haya dictado sentencia, yo me quedo con los tribunales.

Entendí mejor el caso tras leer la explicación de María José Bultó, abogada especialista en Derecho de Familia, Penal y Menores. Resulta que la famosa condena por maltrato del año 2009 aplica los artículos 153.2 y 153.3, es decir, agresiones que pueden ser verbales o incluso físicas (basta un agarrón, un leve empujón) que no causan lesiones. Y no solo eso, sino que Juana Rivas y su marido se denunciaron mutuamente tras una fuerte discusión de pareja. Cuando la madre interpone la segunda denuncia por maltrato, en julio de 2016 (después de haber rehecho su vida con el italiano y haber tenido otro hijo en 2012) y en España (el dato es relevante), ya se había llevado a los niños del domicilio familiar en mayo, luego lo que se juzga es un caso de secuestro internacional de menores. Se aplica el Convenio de La Haya sobre sustracción de menores, no el número de retuiteos de un hashtag.

No pretendo hablar del caso en sí, que seguro que es mucho más complicado de lo que soy capaz de explicar en estos párrafos, sino del bombardeo mediático y la politización de casi cualquier asunto. La explicación de María José Bultó comienza por el lamento del abogado defensor de Francesco Arcuri y “el estupor paralizante que siente cuando algo que pertenece al campo del Derecho se convierte -sin sustento alguno- en un circo mediático”.

El tiempo suele poner a cada uno en su sitio y ya empiezo a leer artículos cada vez más en contra de la actitud de Juana, sin duda mal asesorada desde el inicio del caso. A Elisa Beni (y no creo que sea una persona sospechosa de simpatizar con el maltrato y la violencia machista) se le ocurrió escribir el artículo Juana no está en mi casa, en el que decía que “pretender que la solución a los problemas de Juana puede darse en algún otro ámbito es falso, desestabilizador y peligroso“, y me parece que a eso estamos llegando.

Fue contestada en ese mismo medio por dos miembros (¿miembras?) de Podemos, Beatriz Gimeno e Isa Serra, con un artículo de opinión cuyo título daba miedo: Juana y el derecho de las mujeres a la desobediencia“. Sustituyamos mujeres por cualquier otro colectivo, no sé, musulmanes, fachas, controladores aéreos, el que quieran, y a ver qué pensábamos del texto. Para qué tener tribunales si con la opinión publicada en Twitter es suficiente. Y en un tuit, aunque solo tenga 140 caracteres, se dicen muchas barbaridades.

Yo me sigo quedando con los tribunales de justicia y con los profesionales del Derecho, aunque a veces me cueste entender algunas sentencias. En este mismo foro mostré mi perplejidad con la resolución del “caso Ciempozuelos” (Coño, es un pato), pero dije que habría que aceptarla, porque en este sistema que hemos convenido los delitos hay que probarlos, y existe la presunción de inocencia. También en lo referido a la violencia de género.

Ese defecto tan español de no leer afecta a la mayoría de los ciudadanos, presidente Rajoy a la cabeza, y en el caso de las sentencias creo que se multiplica de modo exponencial. Demasiado farragoso, quizás. Rajoy llegó a decir cuando le preguntaron por el caso de Juana Rivas: “Hay que ser conscientes de lo que le ha ocurrido a la mujer. Ha sido agredida dos [sic] veces. A las personas conviene comprenderlas y luego está todo lo demás“.

Rajoy en estado puro. Confundiéndolo todo, o como dijo Arcadi Espada: “Sería terrible que el presidente del Gobierno empezara a parecerse a esos histéricos que, sin ninguna grave preocupación en la vida, emprenden causas dictadas por el aburrimiento, el oportunismo y la frivolidad“. Porque esto es lo que parece que finalmente ha ocurrido, que se va a convertir este caso, manipulado por diferentes medios y grupos, repleto de falsedades y medias verdades, en un debate público sobre el maltrato, la custodia de menores y el posicionamiento de cada uno de los partidos ante el espinoso asunto. El caso pertenece ya a los medios y no a la Justicia, y no quiero ni imaginar la que se va a montar el día que aparezca Juana Rivas, se la lleven a comisaría y entreguen a sus hijos a ese padre con el que, según dos tribunales, no corren ningún peligro.

En la segunda parte hablaré de varios casos curiosos que son los que inicialmente motivaron este post, pero el tsunami de Juana Rivas ha sido tan exagerado que no he podido abstraerme del mismo. Quizás haya sido arrasado por la fuerza de Twitter.

 

 

Y ahora llamadme homófobo, machista,… (Josean)

… y racista, islamófobo, carca, ultraconservador, lo que queráis. Mi delito consiste en no coincidir con la versión oficial, en discrepar en algunos puntos de esa verdad única que nos tratan de colar por todas partes, ya sea diciendo que “lo gay es más guay”, que el islam es una religión que debemos respetar e incluso abrazar mientras denostamos a la iglesia católica, o que todo lo que haga una mujer es brillante por el hecho de ser mujer, mientras que los hombres, y más si somos españoles y blancos debemos estar pidiendo perdón a todo el mundo, a todas las razas y a todo el género femenino por lo que hicieron otros ayer, la semana pasada, hace siglos, aquí, en Murcia o en el Perú. Sigue leyendo

La morrosidad nacional (II): las propuestas, por Josean

Morosidad: ciudad sin ley

Como comentaba en la primera parte y una vez salvada la duda creada sobre el pacto en contrario, la Ley era clara: las administraciones públicas debían pagar sus facturas en un plazo de 30 días (60 en la práctica con la trampa introducida en la aprobación), mientras que las empresas debían hacerlo a 60 desde la fecha de factura. En caso de no hacerlo, Sigue leyendo

La morrosidad nacional (I): situación actual, por Josean

 

“En España inventamos el helicóptero, el submarino y el confirming”. Con estas palabras se daba por clausurada la IV Cumbre Político-Empresarial contra la Morosidad. El autor de las mismas fue Antoni Cañete, presidente de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad, quien fue muy crítico a lo largo de toda la jornada con la actitud de las grandes empresas y con la herramienta del confirming, verdadero invento para aplazar los pagos y dejar en manos del proveedor o subcontratista la decisión de cobrar en plazo. Eso sí, asumiendo el coste financiero.

Tuve la oportunidad de asistir recientemente a la Cumbre, Sigue leyendo