Rebelión en la granja podemita, por Josean

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En 1945 se publicó la novela satírica Rebelión en la granja, del escritor británico nacido en la India George Orwell, una estupenda fábula sobre el estalinismo y la corrupción que engendra el poder. Tomando como punto de partida la revolución iniciada por los animales de una granja contra sus dueños opresores, humanos lógicamente, Orwell realiza una crítica furibunda de los totalitarismos y la manipulación de la realidad por parte del poder establecido cuando dicha manipulación es útil y necesaria para sus objetivos.

Por si alguno no la ha leído (que deje ya este post y se ponga a hacerlo de inmediato), o por si los que la leyeron en su día no la tienen fresca en la memoria, trataré de hacer un breve resumen de lo que esta historia cuenta.

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Tras la muerte del Viejo Mayor, figura que puede representar a Lenin o incluso a Marx y los principios de lucha contra el capitalismo, los animales de la granja, liderados por los cerdos, se rebelan contra el señor Jones y los humanos, a los que consiguen expulsar. En una pared bien visible escriben sus reglas, los Siete Mandamientos que todos los animales sin excepción se comprometen a cumplir.

Crean un nuevo orden bajo el mando del astuto cerdo Napoleón (Stalin), el cual se apoya en sus inicios en Snowball (Trotski), posiblemente más inteligente y preparado que el primero, y en Squealer, que representa al aparato de propaganda necesario para convencer a los demás animales de que cualquier decisión de Napoleón es siempre la acertada y la más conveniente para ellos. El caballo percherón Boxer es el proletariado trabajador, y las ovejas y gallinas representan a los campesinos, al pueblo que acata y nunca se muestra crítico con las decisiones de los cerdos.

Con el tiempo, los cerdos comenzarán a incumplir uno a uno los Mandamientos, entre ellos el de caminar como los humanos o dormir en una cama, y tomarán decisiones que no serán bien comprendidas, como la de mudarse a la antigua casa de los Jones. Para mantener su autoridad, Napoleón se rodea de un grupo de violentos perros (la policía secreta estalinista), y solucionará sus diferencias de criterio con Snowball expulsando al mismo de la granja.

A partir de ese momento Snowball pasa a ser un proscrito, pese a lo importante que fue en su día para la revolución, y Napoleón consigue convencer al resto de animales de que en realidad era un traidor que estaba pactando con los humanos y que boicoteaba cualquier intento de establecer ese nuevo orden liderado por los cerdos. El entusiasmo inicial de los animales va decayendo al comprobar que su situación apenas ha variado, por no decir que ha empeorado, y sobre todo cuando descubren que el comportamiento de Napoleón y sus más cercanos se parece cada día más al de los humanos. El libro termina con una comida entre los humanos y los cerdos, en la que estos han copiado totalmente el comportamiento de los humanos. Los Siete Mandamientos de la pared han sido eliminados o modificados con el transcurso de los meses y al final solo queda el célebre:

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”

Leí este libro por primera vez hará unos veinte años, y lo volví a leer el verano pasado porque ya entonces lo que estaba ocurriendo en la formación Podemos me recordaba al comportamiento de los cerdos en el libro. Por tanto, este post llevaba muchos meses de maduración, y tras las últimas noticias acaecidas en la formación política no puedo dejar pasar este momento.

Utilizaré los cerdos porque son los animales empleados por Orwell, y de verdad que no pretendo hacer ningún paralelismo ni crítica de los líderes de Podemos aludiendo al comportamiento general de los marranos, solo a los de la novela. Fue una crítica que ya en su día recibió Orwell, quien consideró estúpidas las sugerencias, algunas como la del escritor T. S. Eliot, en el sentido de que “cualquier animal que no fuera el cerdo podía haber sido elegido para representar a los bolcheviques”.

Evidentemente, Pablo Iglesias es Napoleón, el líder de esa revolución contra la Casta, un líder ambicioso que convence y engatusa a sus seguidores para rebelarse contra el poder establecido, un sistema injusto y corrupto en el que todos veíamos con estupor cómo se privatizaban los beneficios y se socializaban las pérdidas. El movimiento de protesta y rechazo al PPSOE era necesario (Entre Podemos y el No Podemos, escribí en su día). Otra cosa muy distinta es que esa necesidad se canalizara a través de Iglesias y los más extremistas.

Desde el principio de su nacimiento, Iglesias y sus acólitos proclamaron a los cuatro vientos que ellos jamás se comportarían como la Casta, que no tolerarían imputados en sus filas, ni evasores de impuestos, ni percibirían los salarios y privilegios del resto de la clase política, y que seguirían viviendo en el barrio de toda la vida y siendo cercanos a los suyos. Íñigo Errejón es Snowball, el segundo de a bordo, quizás más moderado y preparado que Napoleón Iglesias, pero precisamente por eso ha sido expulsado por el líder supremo. Igual que todo el que ha osado hacerle sombra, como Carolina Bescansa o los movimientos de Echenique en sus principios.

La toma de decisiones entre los animales adquiere el aspecto de asamblea participativa, si bien se adopta siempre lo que Napoleón previamente ha decidido. Que Iglesias saliera elegido en su partido, y su pareja Irene Montero ocupara el segundo lugar, es propio de ciertos regímenes que tanto gustan al líder de la formación morada. Todo ello, en unas primarias en las que cada vez votan menos militantes (apenas el 11,7% de los inscritos) y en las que se utilizó el sistema de votación que pretendía Iglesias y no los que propusieron otros rivales.

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Pablo Echenique se ha convertido en Squealer, el justificador ante las bases de militantes de todas las decisiones de Iglesias, por controvertidas que puedan parecer. Juan Carlos Monedero es el aparato de propaganda necesario, La Tuerka, aparato que sirve tanto para criticar a los malos malísimos de la Casta como a los “traidores” que han cuestionado los principios del partido, unos principios tan móviles y cambiantes como los Siete Mandamientos de la granja. Las excusas que han dado algunos de los dirigentes de esta formación cuando les han pillado incurriendo en fraude fiscal (Monedero) o condenados por no pagar a la Seguridad Social (Echenique) me han recordado a las manipulaciones que los cerdos hacían de los principios fundamentales escritos en la pared de la granja.

En el libro de Orwell, los animales se sorprenden cuando Napoleón y los suyos se van a vivir a la casa grande de los Jones, porque “estaban todos de acuerdo en que jamás debería vivir allí animal alguno”. Es evidente que el chalet de Galapagar es la casa de los Jones, un símbolo de todo aquello contra lo que se rebelaron los animales.

Alberto Garzón sería como el señor Frederick, con el que Napoleón firma un pacto de no agresión, puesto que podía ser una competencia para su granja. Me queda por ver si el señor Pilkington es Pedro Sánchez, el humano de la Casta con el que pacta para alcanzar el poder, y la culminación de un proceso en el que, como en el libro, al final resulta imposible distinguir a Napoleón de todo aquello que siempre criticó.

El poder corrompe y esa es una de las grandes reflexiones del libro de Orwell. O como dijo Lord Acton, “el poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Iglesias, como Napoleón, como tantos líderes, como tantos totalitarismos, detesta la crítica en su entorno. Todos ellos prefieren la mansedumbre de ovejas y gallinas.

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El viernes pasado, con todo lo que ha ocurrido en los últimos días con la salida de Errejón y Ramón Espinar, y la separación del partido de Manuela Carmena, un tuitero propuso que le pusiéramos título de película al futuro próximo de Podemos. Yo lo tuve muy claro, sería el de esa comedia de Jim Carrey titulada Yo, yo mismo e Irene.

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Cara Josean

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Condones sanitarios, por Josean

 

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Parece que antes de hablar del partido que todo el mundo ha tenido en boca estos últimos meses hay que justificarse como diciendo “yo no soy votante de Vox, ni les votaré nunca, pero…”, como mostrando una distancia considerable a “¡la ultraderecha!”, “¡los fascistas!”, “los herederos del franquismo”, “los cómplices de los violadores”, “¡¡la mayor amenaza de la democracia!!” Todos esos calificativos que desde hace meses les regalan no solo sus rivales políticos, sino también, y esto me parece menos lícito, la prensa. Sin darse cuenta además, de que cuanto más les atacan, más cobertura les dan y más aumenta el número de seguidores.

Pues yo no soy votante de Vox, ni les votaré nunca, peeeero creo que es vergonzoso el trato que están recibiendo. Y no hablo de sus representantes, que podrán gustarnos más o menos, sino sus votantes, 395.978 solamente en las recientes elecciones autonómicas de Andalucía. ¿Dónde se ha visto que se convoque una manifa para protestar contra los resultados de las elecciones, como hicieron Podemos e Izquierda Unida? ¿En qué país democrático resulta admisible movilizar a las bases para rodear el parlamento cuando tu partido pierde el poder tras casi cuatro décadas? ¿No te planteas por qué las propuestas de esta formación que te empeñas en denostar han tenido tal acogida, o qué parte de culpa tiene tu partido de que mientras tu apoyo cae en picado otros suban como la espuma?

O mejor que la espuma, si se me admite el símil y aunque resulte soez, que los seguidores de ese partido “xenófobo, machista y racista” suban, fluyan de golpe y salpiquen todo como los espermatozoides contenidos de una eyaculación. Y quizás debido a esta eyaculación, los inquisidores de ideas hablan tanto de crear condones sanitarios alrededor de Vox, y digo bien, condones y no cordones como barrera higiénica y anticonceptiva (por aquello de bloquear sus conceptos). No solo eso, sino que se permiten tachar de “fascistas” a sus representantes acudiendo amenazadores y agresivos a sus mítines para hacer algo tan fascista como negarles la voz y la propia existencia como partido. “Vosotros, fascistas, sois los terroristas”, “el pistolero de Bilbao”, “Ortega Lara, vuelve al zulo” (hay que ser hijo de puta) y lindezas por el estilo. Ya ni me sorprende la autoridad moral que se atribuyen algunos de estos políticos para tratar de convencernos de cuán dignas son sus ideas y cuán terribles e inhumanas las de sus contrarios. Y repito, no soy votante de Vox, ni simpatizante, que creo que me va a tocar repetirlo unas cuantas veces.

vox elecciones andalucía

La postura de la izquierda y la extrema izquierda era la esperable, pero sorprende la de Ciudadanos, un partido que desde su creación ha presumido de su capacidad de diálogo y adaptación, jugando a ser el amigo pijo de Pablo Iglesias antes de las elecciones de 2015, pactando con el PSOE cuando se le esperaba junto al PP, apoyando al PP cuando seis meses antes lo había hecho con el PSOE, o pactando en Andalucía con Susana Díaz, que a veces les oigo hablar y parecen haberlo olvidado. Pues ese amplio bagaje (que no entro a juzgar) ha saltado por los aires cuando el nuevo actor ha salido a escena.

Pero si ya la actitud de los dirigentes de la clase política ha sido furibunda y posiblemente exagerada, aunque por otro lado, esperada, lo que no tiene nombre es el tratamiento mediático a Vox. ¿No debería ser imparcial la prensa? Qué chorrada acabo de decir. Pues con todo ese ruido creado, lo que no nos dejaban era escuchar el peligroso mensaje o leer sus incendiarias propuestas. Nos decían lo que teníamos que pensar de ellos, sin dejar que ellos mismos nos explicaran por qué debíamos despreciarlos. En mi primer texto en este blog, en agosto de 2014, escribí lo siguiente:

“A raíz de los resultados de las elecciones europeas, se ha iniciado una nueva campaña en la que además se han puesto de acuerdo prácticamente todos los medios de comunicación. Es la campaña de ataque a Pablo Iglesias y su partido Podemos. Como saltan ascuas cada vez que se habla de este señor, aclaro en primer lugar que no soy ningún seguidor de este sujeto, que no me va ese discurso demagógico que está teniendo tanto éxito entre la gente desencantada. Lo que resulta relevante, a mi modo de ver, es cómo después de las elecciones, al ver que puede ser un tipo peligroso en el futuro, se ha iniciado una campaña de desprestigio en toda regla en la que se le acusa de todos los males posibles. Le están dando por todos los lados, reinterpretando sus frases, rebuscando vídeos y declaraciones antiguas, sacando frases de contexto,…”

Tengo amigos que en su día me preguntaron si era simpatizante de Podemos, igual que ahora me preguntarán por mi afinidad por los de Santi Abascal. No se trata de eso, sino de cómo se repiten algunos patrones, financiación iraní incluida, aunque luego quede en nada.

La Televisión Española (“la de todos”, como dicen) habla siempre de Vox como el partido de extrema derecha, adjetivo que ya sabemos que nunca ha regalado a sus máximos oponentes. Pero va mucho más allá, en el telediario matutino de ayer, junto a la foto que acompaña estas líneas, dijeron que los manifestantes protestaban contra “el partido que promueve la desigualdad entre hombres y mujeres”.

vox manifestación

¿Cómo? ¿Eso es información o es manipulación? Me parece lamentable que se hable así de un partido que todavía no ha llegado y ya ha recibido más palos que muchos otros cuyos dudosos méritos apenas se cuestionan. Claro que la televisión pública ya nos regaló hace unos meses el calificativo de “presos políticos” para los terroristas de ETA.

Nos han tratado de vender la llegada de Vox al parlamento andaluz como la mayor tragedia de la democracia en estos cuarenta años, cuando en estas décadas hemos visto a los batasunos campando a sus anchas y gobernando en ayuntamientos y diputaciones, a los nacionalistas catalanes pasándose al secesionismo para tapar su inmensa corrupción, al PPSOE de las corrupciones de la Gürtel, Filesa, Púnica o los ERE, a los alcaldes más nefastos y populistas que podamos recordar,… ¿y ahora nos vamos a asustar por este partido que difícilmente va a tener poder de decisión, salvo en contados lugares?

Ni siquiera hemos iniciado el debate sobre sus ideas. Si tan nefastos son, dejemos que se expresen y ya nos daremos cuenta por nosotros mismos. ¿O es que se trata de evitar precisamente eso, el debate? ¿De dirigir a las masas siguiendo las estrategias de manipulación de Chomsky, que ni siquiera son de Chomsky?

vox santiago abascal

La estrategia de atacar a este tipo de partidos no funciona. No lo ha hecho con Trump, Orbán, Bolsonaro, Marine Le Pen, ni el propio Vox. Hasta he leído artículos acerca de cómo no hablar de VOX en redes sociales para evitar la difusión de su mensaje. Es un fenómeno interesante, a la manera de Trump en su día: cuantas más burradas profería y más ataques se tuiteaban en su contra, mayor era el número de seguidores.

Yo he tratado de informarme y la verdad es que cuesta mucho separar el polvo de la paja, pero hoy no me toca hablar de Vox ni expresar mi opinión, eso lo dejo para otro día.

Cara Josean

 

El consenso imposible, por Josean

 

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Hoy se cumplen 40 años de la aprobación de la Constitución en referéndum por una amplia mayoría de los ciudadanos que acudieron a votar. Por diversas razones de todo tipo, y cada uno tendrá las suyas, parece cuestionada como pocas veces lo ha estado en las cuatro décadas anteriores. En buena parte, esa crítica viene de personas que ni siquiera habían nacido cuando se redactó o aprobó, o que parecen desconocer cómo se gestó, en una época tremendamente difícil cuando apenas hacía tres años del fallecimiento de Franco.

Ese momento me pilló con apenas ocho años de edad, y no soy ningún experto en la materia, si bien creo que hemos vivido cuarenta años de innegable crecimiento y modernización del país, lo cual no quita para que haya que plantearse reformar lo que haya que reformar, o modificar todo aquello que haya quedado obsoleto o anticuado.

Hoy, cuando todo está a un clic de distancia, voy a hacer todo lo contrario: acudir a la vieja prensa de papel, a ese recopilatorio de portadas del diario El País del que ya he hablado en alguna otra ocasión (Conde, Pujol, Rato, Otegui y Beatrix Kiddo), para publicar las portadas relacionadas con este asunto que más me ha interesado leer un día como hoy.

Finalmente esa abstención fue del 33 por ciento, promovida por partidos como el PNV o ERC. Como estos días se leen muchas chorradas, como que fue una constitución promovida por la extrema derecha, o como ha dicho hoy mismo Alberto Garzón, sin “consideración al movimiento obrero, al PCE y a la lucha antifranquista”, hay que recordar el amplio consenso generado, con el 88,5 por ciento de los votos ciudadanos a favor, y con el refrendo en el Congreso y el Senado de 551 de los 598 representantes de los grupos. La posición de los partidos políticos y distintos grupos fue a favor en el caso de PSOE, UCD, Alianza Popular, y, ¡Alberto!, Partido Comunista de España, UGT y Comisiones Obreras. Hicieron campaña por el NO a esta Constitución: los batasunos, ERC (se abstuvieron en el Congreso y votaron en contra en el referéndum) y, ¡Alberto, escucha, pisha!, la extrema derecha de Falange Española de las JONS y Fuerza Nueva.

Ese amplio consenso se generó desde mucho tiempo antes. Era una necesidad imperiosa, salir de todo aquello que pudiera representar la dictadura franquista e iniciar una nueva etapa.

El 17 de marzo de 1978 finalizaron los trabajos de la ponencia constitucional. Los llamados “padres de la Constitución” reunían un poco de todo ese maremágnum que era la política en esos años de la transición, desde ministros franquistas como Fraga a representantes del PCE (Jordi Solé Tura) o el PSOE (Gregorio Peces-Barba), pasando por la Minoría Catalana (CDC, UDC, ERC) representada por Miquel Roca y la UCD (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez-Llorca).

El papel de la Corona

Me resulta difícil justificar una monarquía hoy en día, en pleno siglo XXI, mantener unos privilegios desde la cuna y heredados por vía directa de la unión del espermatozoide y el óvulo, y no por méritos o elección de los ciudadanos, pero estoy tan harto de nuestra clase política que ahora mismo me atrevo a manifestar que me molesta menos la Corona que la república que algunos anhelan.

Cito textualmente de El País, 23 de julio de 1977:

Con la frase La democracia ha comenzado, el Jefe del Estado reafirmó su intención de tránsito de una Monarquía impuesta por un régimen dictatorial a una Monarquía constitucional y democrática.

La izquierda recelaba del papel del Rey que en su discurso destacaba “la función integradora de la Corona y su poder arbitral, que cobran un especial relieve en sus relaciones con las Cortes”. El talante negociador y dialogante de Adolfo Suárez fue fundamental para el desbloqueo de la situación:

No fueron meses fáciles. A medida que paso portadas veo un gran número de asesinatos de la banda terrorista ETA y de los GRAPO, también activos por aquella época. El Ejército y la Iglesia católica también recelaban de la redacción de la nueva Constitución.

Las autonomías

Para que el proyecto saliera adelante con esa amplia mayoría que la situación demandaba, había que buscar un encaje con el que se pudieran sentir cómodos los que nunca están cómodos, pues de la eterna queja hacen virtud: los nacionalismos. Primero se restablecieron las instituciones catalanas, septiembre de 1977:

Y a continuación, Suárez en persona inició el proceso de negociación del Estatuto vasco de autonomía, culminado en julio de 1979:

Evidentemente, los verdaderos antisistema de siempre, los batasunos en sus distintas formas, aquellos que según Pablo Iglesias mejor entendieron que no era posible conseguir lo que uno quiere dentro de este marco constitucional (¡!), no aceptaron el Estatuto, ni se presentaron a la formación de ese primer Parlamento vasco (1 de abril de 1980), aunque bien que cobraron los honorarios que el Estado español represor les deparaba.

Calificaron al órgano legislativo vasco de “institución de la reforma” marcado por “las limitaciones y encorsetamientos emanados de la reaccionaria Constitución española”, que no era capaz de dar solución a las “reivindicaciones mínimas democráticas del País Vasco”. Mejor el democrático tiro en la nuca o el coche bomba reivindicativo.

Por si estos ataques terroristas de una banda de ultraizquierda no fueran suficientes, los grupos de extrema derecha también hicieron de las suyas esos años. El ataque al despacho de los abogados laboralistas de Atocha, donde la actual alcaldesa de Madrid Manuel Carmena salvó su vida, el asesinato de Yolanda González o los nostálgicos del antiguo Régimen en la Guardia Civil y el Ejército, con la frustrada Operación Galaxia:

Y por supuesto, el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981:

En aquellos días, los ciudadanos dieron una vez más un ejemplo de superación, una voluntad de mirar hacia adelante y cambiar este país. Yo creo que la mayoría ni sabía lo que había votado con la Constitución, pero para ellos representaba una puerta hacia el futuro y cerrar la del pasado. ¿Que había que mejorar cosas? Por supuesto, no debió de ser nada fácil, con la crisis económica brutal, la extorsión etarra, la devaluación de la moneda o la corrupción, sin pertenecer aún a la Unión Europea (o Comunidad Económica Europea por entonces), pero se logró:

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No soy nada optimista ante la situación actual, no veo eso que se llama “sentido de Estado” en la mayoría de los líderes actuales de los partidos. La mayoría de ellos ni había nacido en 1978, y a algunos les da pie a decir que no tienen por qué seguir esa Constitución que califican de “franquista”, con un par.

Cualquier posibilidad de consenso necesario para cualquier objetivo parece imposible, porque hoy parece vetado coincidir con el rival, acordar una posición común. Se busca dividir, confrontar, trazar de nuevo una raya que nos separe en bandos. Lo último ha sido ver manifestaciones y quema de contenedores para protestar por unos resultados electorales. No sé qué será lo siguiente. ¿La crisis de los 40?

Cara Josean

 

Populismo legislativo, por Josean

Populismo

Recientemente vivimos el enrevesado (y surrealista) desenlace de la sentencia sobre el AJD, el “pasito pá’lante, pasito pá’trás” del Supremo, pero aun quedaba recorrido al sainete. “La banca siempre gana”, nos contaron, “los bancos son malos”, era el contexto creado. Tranquilos, no pasa nada. El señor presidente de gobierno, con su S de Sánchez o de Superman en el pecho, nos prometía que lo solucionaría: en menos de 48 se redactó y publicó un decreto ley para que los consumidores no tengan que pagar este impuesto “nunca más”. Y que lo paguen los malvados señores de la banca, le faltó decir.

Creo que todos tenemos claro que quien gana a la hora de recaudar un impuesto es la administración, ya sea central, autonómica o local, y que las empresas privadas (y los bancos lo son) establecen el precio de sus productos en función del estudio de costes que realizan. Pero hoy no quería hablar de eso, sino de la rapidez en aprobar un nuevo decreto ley a pesar de los criterios y advertencias de la carrera judicial en contra de ese sistema. De rondón han colado una modificación importante, y es que el pago de este impuesto no será deducible para el banco que lo soporte, con lo cual el coste del mismo va a ser superior para el ciudadano si, como es de esperar, el banco lo repercute al cliente. Trato de explicarlo en el cuadro adjunto con datos aproximados:

AJD2

Así que si el banco, como es previsible, repercute al cliente el impuesto en los costes de formalización de la hipoteca, el ciudadano pagará más y las administraciones públicas recaudarán un importe superior. El banco no va a perder, de eso estoy seguro.

Vuelvo a recordar una vez más el texto del abogado del Estado Jesús López-Medel, titulado Lamento por la seguridad jurídica, en el que evidenciaba la peligrosa “tendencia de los últimos años de introducir reformas normativas a toda costa”. El texto es de febrero de 2013 y me importa poco el signo político del partido en el poder (el PP entonces). Lo que contaba resulta preocupante: “Ello tiene su origen no solo en una peligrosa tendencia a considerar que el poder mayoritario tiene legitimación a hacer lo que quiera y en la forma que desee sino también en otros factores”.

¿Que surge un problema? Que nadie se preocupe, que aquí viene nuestro presidente de gobierno en modo salvador a solucionarlo. “Todo se decide con premura, con escaso tiempo para reposar ideas, sin escuchar a sectores afectados, cuando no se legisla de modo epiléptico por algún hecho social que es noticia en los medios de comunicación”. Parece un chiste, pero esas críticas en foros o redes sociales, esas condenas “tuiteras”, al final están provocando el ruido mediático necesario para que nuestra clase política plantee reformas que requerirían mucha más reflexión (Leer sentencias en los tiempos del tuit). “Lo importante para ellos, los dirigentes, es que la sociedad vea que el poder político reacciona con prontitud, haciendo ver que con un cambio normativo se va a arreglar el asunto o no se va a repetir”.

Populismo legislativo, demagogia normativa. Y creo que ningún partido está libre de caer en este error. Hace un par de días, el 20 de noviembre, tras el cachondeo del apaño de nombramiento y filtración del presidente del Consejo General del Poder Judicial, unido al “guasap” de Cosidó y la renuncia de Marchena, el Partido Popular presentó una enmienda sobre la marcha para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial. Todo bien, todo de acuerdo,… si no fuera porque copió literalmente la Ley de 1980, incluyendo anacronismos como las referencias a Audiencias Territoriales y Jueces de Distrito. No son mis nulos conocimientos legales los que me han llevado a saberlo, sino las palabras del abogado Tsevan Rabtan, habitual colaborador de El Mundo, el cual definió perfectamente la cagada: “sacan proyectos de la chistera en horas para ganar la discusión en Tuiter”.

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¿Qué es el populismo? ¿Y tú me lo preguntas? Populismo eres tú, y yo, y todos. Populismo es que nos den lo que queremos escuchar, que no necesariamente es lo que conviene a los intereses generales. Ayer mismo escuché en la radio a un diputado hablar de “populismo tributario” a raíz de lo ocurrido con el AJD. Se me ocurrió entonces buscar el término con el que titulo este artículo y me apareció “populismo judicial”, que complementa lo que trato de explicar. Es un paso más. Hace algo más de dos años se desarrolló una jornada en la Fundación FIDE en la que se habló de “sentencias que, con dudoso fundamento en las Leyes, parecen responder a la presión de la opinión pública y a un deseo de proteger a los ciudadanos que va más allá de la “tutela judicial efectiva” que garantiza el artículo 24 de la Constitución”.

Diapositiva1El populismo ha llegado para quedarse, se ha instalado en nuestro sofá y se está fumando un puro, con las consecuencias que indica el artículo: debilitamiento del principio de legalidad y jerarquía normativa, y merma de la seguridad jurídica (hace tiempo que saltó por los aires).

Esta misma semana el proyecto para establecer un impuesto a la banca presentado por Unidos Podemos ha sido rechazado en el Congreso. Se puede acceder fácilmente al texto (enlace) y llama la atención que su Exposición de motivos parece un discurso del partido repleto de lugares comunes sobre lo malvado de la banca y el atraco a los ciudadanos. Ojo, que el que haya leído anteriormente este blog sabrá que aquí no hemos sido muy amigos de algunas de las prácticas de los últimos años, pero para este partido la solución consiste en incrementar el tipo del impuesto de sociedades a “las entidades de crédito” en 10 puntos porcentuales para los próximos cuatro años. Hayan o no participado en el rescate bancario, e independientemente de los fondos públicos recibidos y enterrados, que es a lo que se refiere la Exposición de motivos.

Ayer mismo pudimos leer una nueva noticia sobre los fondos que el Banco de España da por perdidos tras el rescate bancario. Indignante, estoy de acuerdo, una vergüenza. De acuerdo con la propuesta de Unidos Podemos, pongamos entonces un impuesto a los que hicieron bien las cosas (o menos mal) y que sean ellos los que paguen los errores de los gestores de estas entidades:

Rescate bancario

Hay que tener cuidado con el modo de legislar y con la forma de hacer las cosas, porque podemos cargarnos la competitividad de nuestro sector bancario. Ese mismo populismo es el que nos ha traído también la horrible moda del lenguaje supuestamente inclusivo y así nos encontramos con que el borrador de acuerdo para los Presupuestos Generales del Estado, pactado por Unidos Podemos con el partido de gobierno, el PSOE, despliega su insoportable “las y los”, “los y las”, para que no haya un orden predefinido y muchas más chorradas de estilo similares, como la “fiscalidad de género”, sea lo que sea eso, que ni el propio borrador es capaz de definir:

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Gracias a estas modas, ahora en cada norma nos encontramos con párrafos sobre la perspectiva de género en algo que aparentemente no se ve afectado. En la Memoria que acompaña al impuesto sobre las transacciones financieras, se puede leer lo siguiente:

Diapositiva5Vale, o sea que el impuesto afecta por igual a hombres y a mujeres, no vaya a ser que los hombres especulen más en Bolsa que las mujeres y haya que aplicar un coeficiente multiplicador o reductor. Por cierto, ya están tardando algunos en decir que la frase “los dos colectivos de hombres y mujeres” excluye a esas personas que no se sienten identificadas con ninguna de las categorías comúnmente consideradas, queer o como se diga ahora. Y a ver quién se atreve a contradecir lo “populistamente” correcto.

Puede parecer una chorrada, pero el año pasado el ayuntamiento de Madrid contrató un estudio de impacto de género de las obras de soterramiento de la M-30. Costó 52.000 euros y me prometí a mí mismo buscarlo y dedicarle un post entero, porque recuerdo a una concejala explicando que la mayoría de conductores son hombres y de ahí surgía la necesidad del estudio. De verdad que no puedo más, me estoy haciendo mayor y soy un carca machista retrógrado.

Ah, y supongo que franquista. El populismo está ganando la batalla. Por supuesto que creo que los restos de Franco tenían que haber salido hace tiempo del Valle de los Caídos, pero estoy totalmente en contra de cómo se está llevando a cabo el proceso. De nuevo a través de un decreto ley no consensuado ni pactado entre los principales partidos, con el único objeto de dividir, de trazar una raya, de revolver las tripas del ciudadano. Alguien dijo recientemente que hay dos tipos de nostálgicos de Franco: los franquistas y los antifranquistas.

PP y PSOE han sido capaces de ponerse de acuerdo en los nombramientos de los miembros del CGPJ, o para copar las principales instituciones de este país, o junto con Ciudadanos para tumbar el proyecto de Podemos sobre el impuesto a la banca. Mayor consenso aún ha conseguido el polémico proyecto de Ley Orgánica de Protección de Datos, ¿de verdad que era tan urgente este decreto ley, de verdad que en estas cuatro décadas no ha habido un momento para llegar a un amplio acuerdo sobre la exhumación de Franco y el destino final de sus restos?

Cara Josean

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con C de Caballé

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El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo “nuestra” gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el “error” de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

Caballé2

No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que “hubiera un poco más de Catalán, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con “un extranjero”. Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como “la mejor soprano del siglo XX”, por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner “cedés”, aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

“La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera”. Y le faltaba añadir: “Y quien mejor la canta, soy yo”. Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

Algo racistas, por Josean

Racismo1

Creo que todos somos algo racistas. Todos, sí. No solo ese amigo tuyo que despotrica de los inmigrantes, ni ese vecino que siempre está metiéndose con los chinos, ni el imbécil que habla de los “sudacas” o “panchitos” con desprecio. Tú y yo, y tu hermano, y tu madre, y tu mejor amigo. Aunque se nos llene la boca diciendo que no lo somos.

Hace años vi un musical que me gustó más por lo que tenía de políticamente incorrecto que por la historia en sí o por la música, Avenue Q. Tenía una canción que se titulaba como la primera frase de este post: Creo que todos somos algo racistas.

Nos guste o no nos guste, la inmensa mayoría de ese “todos” tenemos algún tipo de prejuicio hacia alguna raza, clase social, religión o grupo de población. Y al igual que se ha puesto de moda el término “micromachismos” para definir algunos aspectos menos visibles del machismo latente y condescendiente (aunque el término se ha pervertido hasta el punto de ser usado para verdaderas gilipolleces), creo que tendría sentido el concepto “microrracismos”.

Si nos hicieran “un Villarejo” y nos hubieran plantado un micrófono en muchas de esas comidas en las que a algunos se les calienta la lengua, encontraríamos micro y macro racismos de todo tipo. Muchos de ellos vergonzosos, tanto si se sacan de contexto como si no. Y los que no nos consideramos racistas, o menos en una hipotética e imposible clasificación, reímos la broma o la amplificamos.

A veces intento analizar mi racismo y lo primero que me cuestiono es la palabra en sí.

¿Pienso que mi raza, nuestra raza, es superior a las demás?

¿Tengo algún tipo de aversión o manía a algún grupo étnico, o a toda aquella raza que no sea la mía?

¿Creo que no deberíamos tener todos los mismos derechos o que sería normal discriminar a alguno de estos grupos?

Y me digo a mí mismo que no. A las tres preguntas. Y me recuerdo que he tenido una relación excelente con amigos negros o afroamericanos en Estados Unidos, que por mis hijos he tenido durmiendo en casa a un marroquí, un iraní, un judío, una hindú y una china, que tengo buenos amigos “sudacas”, que me encanta conocer otras culturas y que el color de la piel me resulta irrelevante (el de Halle Berry me encanta, si se me permite el micromachismo microrracista).

¿Entonces? Pues entonces no será un problema de raza o de pertenencia a un grupo étnico u otro. Será otra cosa.

– Los gitanos inventaron el triatlón, porque van corriendo a la piscina y vuelven en bici.

Racismo 2Ja, ja, ja, me puedo reír a mandíbula batiente porque este chiste se lo escuché contar en directo a un gitano, el humorista vallisoletano Vaquero. El hecho de ser gitano y presumir de su condición le permitió hacer un monólogo en el que satirizar sobre otros colectivos como los chinos. O decir frases que me doblaron de la risa como:

– Voy a cambiarme de barrio, que este está muy mal. Se está llenando de rumanos.

Y utilizo ese chiste para atreverme a confesar en público que no me gustaría que la barriada cercana se llenara de gitanos. Soy consciente de que en el concepto racista de “gitanos” metemos a muchos que no lo son. Criticamos sus costumbres, su aspecto, su modo de vida. Sí, muy simpáticos y lo que quieras, veo por las cifras de audiencia que convertimos en programas de éxito los Gipsy Kings y Mi gran boda gitana, pero mejor que vivan en otro sitio.

¿Mi problema es entonces con ciertas clases económicas menos pudientes? Eso sería clasismo, no racismo, pero creo que tampoco. Siento verdadera lástima por todos esos pobres inmigrantes que llegan a nuestras costas en busca de una vida mejor, y me encantaría que en Europa hiciéramos mucho más por ellos de lo que lo hacemos, que suele ser mirar para otro lado, pasarnos por el forro la Directiva sobre Protección Temporal o el Convenio Europeo de Derechos Humanos, organizar reuniones multilaterales en Bruselas para nada, y detener a activistas que intentan echar un cable y evitar muertes en el Mediterráneo. Y mientras, las mafias sacando provecho de la situación.

Racismo 3

Me hice socio de Acnur al principio de toda esta crisis que comenzó con la guerra de Siria, trato de informarme de lo que se hace con nuestras donaciones, y de lo que no se hace desde las instituciones, pero, francamente, soy muy escéptico y no le veo la solución. Llevamos décadas con los problemas de Ceuta, Melilla y el paso del Estrecho, sin apenas avances. Me he mojado con muchos temas desde que escribo en este blog, pero no he sido capaz de hacerlo con la inmigración, porque no tengo ni idea de cómo afrontarlo o cuál es el tratamiento adecuado. Mucho menos la (im)posible solución. Y dentro de esa inmigración pobre que llega a Europa, mi racismo distingue entre el aprecio a los senegaleses y el miedo a cierto tipo de rumanos que ves por el centro o en los semáforos.

Creo que lo mío no es clasismo porque al igual que siento lástima por esos subsaharianos que han llegado a nuestras ciudades, manifiesto mi frontal oposición a determinadas costumbres del Islam más radical que nos han llegado a Europa y pretenden que normalicemos. Y como vienen podridos de petrodólares se les abren muchas puertas, pero yo no quiero el burka ni el niqab en Europa. Ni el chador. Aunque habrá quien le suene excesivo, deberían prohibirse, como han hecho en Dinamarca, Francia, Austria o Bélgica. He estado en algunas calles de Londres que me han hecho sentir como si caminara por Irán. Me cabreo cuando alguien me dice que es su cultura y debemos respetarla, o que lo llevan de modo voluntario. No, me niego, ¿con cuarenta grados en la calle y es voluntario? ¿Debemos respetar el sometimiento de la mujer al hombre, a su dueño? No, desde luego que no, por mucho dinero que se dejen en nuestros comercios.

Racismo 4

No entiendo que los máximos defensores del niqab provengan de la progresía de izquierda, porque “está en su cultura y deberían tener derecho a vestir como quisieran”. Hay muchos aspectos de otras culturas que deben ser erradicados incluso en sus propios países, pero ya que eso no podemos lograrlo, no permitamos al menos que lleguen a Europa. Como la ablación del clítoris o los matrimonios concertados, a veces con menores. Ha habido casos de ambos en España.

Ya que me pongo a hacer confesiones, diré que no me gusta que los chinos estén acaparando los negocios y los locales de mi barrio, ciudad, centro o país. Su cultura no es la nuestra, la cual, por supuesto, tengo en mucha mayor estima y entonces me planteo si lo que me incomoda es eso, que tema que su cultura termine imponiéndose sobre la nuestra. Entonces lo que padezco no es racismo, sino xenofobia, rechazo o aversión a esa cultura o persona llegada de fuera.

Pero lo analizo y creo que no es racismo ni xenofobia, sino algo mucho más racional. Lo que me molesta de verdad es que por culpa de esos Hiper Asia y restaurantes están cerrando los comercios y bares tradicionales de gente de aquí. De “nosotros”, de los nuestros. Me molesta de modo especial porque creo que no compiten con las mismas reglas que el resto: tienen a ocho personas trabajando doce horas diarias los siete días de la semana, nunca jamás me han dado una factura y tengo dudas acerca de si pasarían inspecciones de trabajo, sanidad o Hacienda. En mi familia tengo vetados los chinos cercanos, salvo caso de extrema necesidad (pan o cerveza a las once de la noche).

Gitanos, rumanos, musulmanes y chinos, y seguro que el lector tendrá los suyos. Me digo a mí mismo que yo no soy racista, pero he dejado aquí un buen catálogo, y me permito decir en público que deberíamos frenar el avance de los chinos, que se están quedando con todo, y que sobre todo deberíamos impedir ya (y ya llegamos tarde) el avance del islamismo. Es la guerra santa, idiotas, escribió Arturo Pérez-Reverte en agosto de 2014. “Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez”.

A veces me cabreo conmigo por pensar así y me planteo a qué distancia estoy de los supremacistas o de Donald Trump y su famoso muro para frenar a los “espaldas mojadas”. Me contesto que a una distancia sideral, pero luego veo los problemas que hay en numerosas ciudades europeas con los musulmanes, como en París, Bruselas, Colonia, Estocolmo y tantos otros, y me sorprendo diciendo a mi mujer en voz alta: “no me extraña que estén surgiendo tantos movimientos de extrema derecha en Europa”.

Racismo 5

¿Qué he dicho? ¿Estoy justificando a Matteo Salvini, Víktor Orbán o a los líderes de ultraderecha de Alemania o Suecia? Y aunque diga que no, que nosotros no somos así, me vuelven a la mente las palabras de la canción:

“Creo que todos somos algo racistas”, con el agravante de que ese “algo” ha crecido desde aquella vez que vi Avenue Q hace apenas cinco o seis años.

 

La Patria de Aramburu, por Josean

 

Patria1

Reconozco que el novelón de Fernando Aramburu Patria me echaba para atrás. 640 páginas sobre esa desgracia que ha sido convivir con la banda terrorista ETA suponían dedicar mucho tiempo a recordar el sufrimiento de miles de personas en el País Vasco y fuera de su territorio. Y francamente, a veces uno prefiere pasar página o mirar para otro lado Sigue leyendo