La gran siesta de la democracia (y II), por Josean

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Durante décadas escuchamos o leímos cómo se utilizaba la cursilería esa de “la gran fiesta de la democracia” para referirse a la ilusión que provocaba ir a votar, al menos las primeras veces, creer que podíamos decidir sobre algo tan importante como la elección de nuestros dirigentes para los siguientes cuatro años. Tras cambiarlo por “siesta” para referirme a la modorra que nos provocaba la repetición de este proceso dada la inutilidad de las anteriores, uno de los lectores me dejó en los comentarios una mención a que llevábamos cuarenta años de siesta, y que “cuando despertemos, el dinosaurio todavía estará allí”.

Pues sí, le doy toda la razón. Ese dinosaurio es el nacionalismo, que no solo seguirá allí, sino que habrá crecido, engordado y reproducido. Posiblemente no haya nada más prehistórico que el sentimiento de pertenencia a una tribu que hermana a todos los nacionalismos/regionalismos, esta es mi tribu, mi grupo, tenemos unas características comunes y nos juntamos para defendernos de las tribus vecinas. Lo peor es que hemos alimentado a ese dinosaurio y lo hemos cebado pensando que podríamos dominarlo, pero ahora es un voraz tiranosaurio desbocado.

Uno analiza los resultados de las elecciones del pasado domingo y comprueba que tropezamos en la misma piedra de siempre, la anomalía de este “magnífico” sistema que nos condena a depender de los nacionalismos para formar gobierno. Igual que hace un año. El mismo motivo que hizo que no se aprobaran los presupuestos hace doce meses y que provocó las elecciones del 28-A. Las mismas razones por las cuales los partidos que podían hacer de bisagra que uniera el bipartidismo, ya fueran Ciudadanos y Más País ahora (con reservas), o UPyD en el pasado, estén condenados a su infravaloración y con ello a la irrelevancia y, por qué no, a la desaparición.

Ya sé que esto se ha explicado mil veces, pero no está de más verlo de nuevo con las cifras definitivas extraídas de los resultados del 10-N. Dejando al margen los cuatros partidos con mayor número de votantes, PSOE, PP, Podemos con sus diferentes marcas y Vox, he agrupado a la mayoría del resto de partidos en dos bloques:

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O explicado de un modo más gráfico, que esto del Excel bien utilizado te lo hace en un momento:

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Es absurdo, es surrealista, pero sobre todo es suicida. Al final la gobernabilidad de toda la nación depende de los localismos, sean rupturistas o no, moderados o violentos, secesionistas o cooperadores, me da igual, todos van a tender a lo mismo: anteponer el interés particular de su región, conseguir las mayores ventajas para los miembros de su tribu o aldea, si se me permite el símil del principio. Que en el fondo es lo mismo que han hecho los dos principales partidos, los que podían haber cambiado este sistema, los únicos que llevan gobernándonos desde 1982: anteponer el interés particular de todos “los suyos” al general, preocuparse de todos aquellos a los que han ido colocando durante décadas en puestos remunerados en la administración pública (y después en las grandes empresas privadas). Si para mantenerse tenían que pactar con Pujol o Arzallus, lo hacían, ya fuera González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Sánchez.

El libro ¿Por qué fracasan los países? de los economistas Daron Acemoglu y James Robinson resulta visionario en ese sentido. Distingue entre países que fomentan unas élites extractivas frente a otros que promueven instituciones inclusivas. Las élites extractivas “tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a un subconjunto distinto”, mientras que los segundos “crean mercados donde las personas no solo tienen libertad para ejercer la profesión que mejor se adapta a su talento, sino que también proporcionan la oportunidad de que sea así”. PSOE y PP han funcionado como élites extractivas, pero además con su actitud han fomentado la aparición de las élites extractivas nacionalistas, de mayor voracidad.

Tanto el PSOE como Unidas Podemos han perdido un importante número de apoyos, 730.000 votos los primeros y 630.000 los de Iglesias. Le han visto las orejas al lobo y van a hacer cuanto puedan para agarrar el poder y mantenerse ahí cuatro años. Resulta hilarante escuchar las palabras de Pedro Sánchez hace apenas dos semanas acerca de lo difícil que iba a ser para él conciliar el sueño teniendo a Pablo Iglesias y a los suyos en el Consejo de Ministros y ver ahora a ambos dándose abrazos y alterando los términos que utilizan para aparentar una confianza y un entendimiento que no tienen ni de lejos. Son esclavos de sus palabras y dicen mucho de la categoría de todos ellos (no excluyo a casi nadie) sus continuos cambios de opinión sobre el problema catalán, los impuestos, la normativa laboral, el concepto de nación, la independencia del poder judicial y por supuesto, acerca de sus rivales y ahora aliados.

Durante esta semana he visto y escuchado a gente muy preocupada por lo que está por venir. Determinados medios asustados por los 52 diputados de “¡la extrema derecha!” y no por los de Bildu, la CUP o los CDR, digo, ERC. Otros medios, por el contrario, hablando de la ruptura de España, los Balcanes 2.0, los bolivarianos, ¡Venezuela! El miedo de algunos recuerda a 2015, cuando “los antisistema”, como los denominaron entonces, se hicieron con el control de los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia.

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Lo que de verdad me preocupa no es tanto este pacto como la cantidad inagotable de cesiones que van a tener que hacer a toda esa maraña de partidos que suma 39 escaños para lograr su apoyo o abstención.

Algún día habrá que acabar con la anomalía de que un voto valga muy distinto dependiendo de la provincia en la que haya sido depositado, porque nos estamos poniendo una pistola en la sien. Se generan además otros peligros, como se ha visto con el escaño obtenido in extremis por el PP en Vizcaya, por 61 votos de diferencia, el centenar de sufragios que ha impedido la entrada del partido Islamista Coalición por Melilla en el Congreso o el peso de los centenares de votos anulados a Vox en Navarra. Se amplifica el poder del voto en algunas provincias y con ello se prima la posibilidad de manipulación.

Apenas veinticuatro horas después de las elecciones, socialistas y comunistas alcanzaron un pacto por una mayoría autodenominada hasta la saciedad “progresista”. Publicaron los diez puntos en los que se basará el acuerdo de gobierno, y en los mismos se puede encontrar un poco de todo, intenciones universales con las que es imposible estar en desacuerdo al menos hasta que se lea la letra pequeña y gasto público, mucho gasto que se pretende cubrir de algún modo según se desprende de las últimas dos palabras: equilibrio presupuestario.

1. “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo: combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad”. Pocas veces los gobiernos de las naciones crean puestos de trabajo, salvo los del propio partido o el personal público, que con las limitaciones presupuestarias de estos últimos años ha sido escaso. “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo” cuando las cifras dicen todo lo contrario suena a broma de mal gusto. La EPA publicada justo un día después del debate anunciaba la mayor destrucción de empleo en siete años, y la Unión Europea anunció esta semana una rebaja de las expectativas de crecimiento para 2020. Hay que arrancar ya, de una vez.

2. Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción. La sentencia de los ERE se va a conocer a lo largo de la próxima semana y ya hay quien ha dicho que si Pedro Sánchez llegó al gobierno tras la moción de censura para desalojar a Rajoy por la sentencia de la Gürtel debería ser coherente y marcharse a su casa. No lo hará porque su respuesta será que él no estaba en el PSOE andaluz ni era el líder del partido durante esos años. Y a otra cosa.

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3.- Lucha contra el cambio climático. Pues vale, y la paz mundial.

4.- Fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y a los/as autónomos/as. “Impulsar la reindustrialización y el sector primario. Facilitar desde la Administración las bases para la creación de riqueza, bienestar y empleo, así como el impulso digital”. Las instituciones inclusivas según Acemoglu y Robinson. Sin embargo, el modelo de Podemos es una economía fuertemente intervenida. Veremos.

5.- “Aprobación de nuevos derechos que profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas como el derecho a una muerte digna, a la eutanasia, la salvaguarda de la diversidad y asegurar España como país de memoria y dignidad”. Aquí empezamos a entrar en temas que requieren la aprobación de leyes en el Congreso y sobre todo un amplio consenso que ahora mismo no existe. Respecto a la memoria, solo pido un imposible: que no sirva para dividir y polarizar aún más a la sociedad como lo ha hecho en estos últimos quince años.

6.- Asegurar la cultura como derecho y combatir la precariedad en el sector. En el real decreto sobre un tema totalmente distinto como el registro de jornada ya se colaron algunos artículos sobre el estatus de los artistas. Y claro que la cultura es un derecho, pero ¿qué significa esta frase? “¡Más subvenciones para los actores, para los de la ceja!”, pronostican algunos. Veremos.

7.- “Políticas feministas: garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres a través de la lucha decidida contra la violencia machista, la igualdad retributiva, el establecimiento de permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles, el fin de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la elaboración de una Ley de igualdad laboral”. Se aprobó un real decreto que recogía la mayoría de estos aspectos en marzo y aquí ya le dediqué dos posts completos, así que no voy a dar más la brasa con el tema.

8.- Revertir la despoblación: “apoyo decidido a la llamada España vaciada”. Nada que objetar. A ver cómo lo plantean, a ver si encuentran la fórmula milagrosa.

9.- Garantizar la convivencia en Cataluña: “el Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución. También se fortalecerá el Estado de las autonomías para asegurar la prestación adecuada de los derechos y servicios de su competencia. Garantizaremos la igualdad entre todos los españoles”. Diálogo, pero siempre dentro de la Constitución. ¿Lo habrán entendido los Junqueras, Torras y los abrazaCDRs? Espero que no se traspasen dererminadas líneas, y no estoy seguro de la firmeza del PSOE o de Sánchez llegado a cierto punto de la negociación. Enfrente habrá tipos como Torra o Pere Aragonés a quien esta misma semana escuché decir que el corte de carreteras o todo el vandalismo reciente forma parte del legítimo derecho de manifestación de los ciudadanos que la Generalitat debería proteger. Con dos cojones. Respecto al fortalecimiento de las autonomías, creo que va en el sentido contrario al que debería ir, de ahorro de gasto, pero claro, necesitan el apoyo de todos esos partidos regionales. De nuevo el problema del sistema.

10.- Justicia fiscal y equilibrio presupuestario. “La evaluación y el control del gasto público es esencial para el sostenimiento de un Estado del bienestar sólido y duradero. El Gobierno impulsará políticas sociales y nuevos derechos con arreglo a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa, gracias a una reforma fiscal justa y progresiva que nos acerque a Europa y en la que se eliminen privilegios fiscales”. Subida de impuestos, sin duda, como si con eso y no con un férreo control del gasto se pudiera alcanzar el equilibrio presupuestario. Podemos ya planteó el impuesto a la banca hace un año y por justicia fiscal entienden que es crujir a las grandes empresas. El argumentario habitual. Supongo que desde Europa pondrán coto a presupuestos inverosímiles.

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En estas estamos, repletos de incertidumbres que se resolverán en las próximas semanas. Si el PSOE cede mucho tendremos un gobierno con la mochila repleta de compromisos inasumibles. Y si no, ¿elecciones de nuevo en abril?

Qué pereza, ahora sí que me voy a echar la siesta.

Cara Josean

La gran siesta de la democracia, por Josean

Elecciones 4

Hace mucho tiempo que la cursilada esa de “llega la gran fiesta de la democracia” no cala entre nosotros, los votantes. Y no lo hace por la sencilla razón de que estamos hasta las pelotas de este sistema que nos lleva siempre al mismo callejón sin salida, pero mucho más hasta las pelotas estamos de los dirigentes que permanecen mirándose el ombligo, atacando cuando no insultando al rival, mintiendo, poniendo líneas rojas y empujándonos sin pudor al callejón.

Llevo toda la semana pensando de qué manera plantear este post acerca de las elecciones de hoy, las cuartas en cuatro años, y no lo he tenido nada claro en ningún momento. Para que os hagáis una idea, estas son las ideas que comencé a escribir:

  • Hartazgo electoral: cambiando la primera palabra del título por empacho, tedio o hastío. En este blog en el que tanto he renegado del bipartidismo, al final voy a acabar anhelando su vuelta. La fiesta se ha transformado en una siesta, y cuando uno se despierta de la siesta tiene tal modorra que no le apetece hacer nada. ¿Ir a votar? Pffff, qué pereza, casi prefiero la infumable peli alemana esa de después de comer.
  • El debate y la del bate: cierto es que el título recordaba a obras infames de nuestro cine, como El ete y el oto, parodia de E.T. perpetrada por los Hermanos Calatrava, o El potro, la potra y el que las empotra, la peli porno de Poli Díaz, pero quería referirme al bajísimo nivel del debate del pasado lunes, soporífero, maleducado y falto de propuestas, en contraposición con esa Inés Arrimadas que cuando saca el bate y se pone a repartir cera está hablando nuestro mismo lenguaje. Cabreada, indignada y repleta de razones. A partir de mañana, supongo que sustituirá a Albert Elecciones 3Rivera al frente de Ciudadanos. El debate del lunes, el que tenía que habernos ayudado a los millones de indecisos, solo se hizo llevadero con las bromas de amigos, o viendo en Twitter que vivimos en un país con tal hartazgo de la situación que en los trending topic se colaron Doraemon, Adoquín y mamadas. Esas eran nuestras preocupaciones mientras veíamos a los líderes de los cinco principales partidos tirarse los trastos a la cabeza.

Cada vez que llegaban las elecciones (y no solo las generales) en este blog me he mojado sobre su importancia, la necesidad de ir a votar o incluso lo que me disgustaba de algunos, o lo que me disgustaba aún más de sus competidores. Releo lo que he publicado en estos cinco años de blog y me sale que yo también soy un puñetero brasas rajando de este tema, tanto que os voy a provocar esa misma siesta de la democracia que tanto critico:

Mayo de 2015. Habrá que ir a votar, ¿no?: aunque sea un voto en blanco o nulo, como hago desde hace años para el Senado. La diferencia entre uno u otro es relevante en el reparto proporcional final.

Diciembre de 2015. A quién votamos (I): donde me quejaba de que no nos dejan elegir a los que de verdad marcarán la política económica de los próximos cuatro años, esos tipos de Bruselas que han convertido la Unión Europea en un ente absurdo más que mantener. La teoría de las élites extractivas en el sentido de Acemoglu y Robinson, una clase política que ha creado “…un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”.

Diciembre de 2015. A quién votamos (y II): por si no hubiera dado suficiente la matraca, dando mis razones de aquellos a los que no pensaba votar.

Junio de 2016. Sin miedo a votar: la vergonzosa repetición de las elecciones generales (tan lamentable como la de hoy) se juntó con la votación del Brexit, para concluir peligrosamente que “a ver si lo mejor no va a ser dejar la elección de los temas importantes a la mayoría”.

Febrero de 2019. Nuevas elecciones, antiguo sistema: tenemos que modificar este sistema que ya se ha visto que nos condena al bloqueo. Es muy posible que esta noche nos encontremos una situación muy similar a la existente desde mayo. ¿Tendrán Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias y Abascal los santos cojones de permitir que sigamos en las mismas con presupuestos requeteprorrogados y sin consensos para aprobar todas las medidas pendientes?

Mayo de 2019. Las encuestas, el CIS de Tezanos y mis grupos de Whatsapp: el aparato de Tezanos, con todo su presupuesto (otra muestra del funcionamiento de las élites extractivas), no fue mucho más eficiente que las encuestas de andar por casa.

Os he dado la brasa con todos estos asuntos y más. Tenía claro que quería una salida de Mariano Rajoy (Mariano y el cambio de hora), pero más claro aún que no quería que lo echaran con una moción de censura como la que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia de gobierno (¿Qué han hecho con mi país, tío?). La Rebelión en la granja podemita y la ruptura que se preveía en el partido de Iglesias. Los “condones sanitarios” a Vox para que su opinión ni se escuchara. El enorme consenso que se logró para aprobar la Constitución, en donde primó ese “sentido de Estado” que ahora echamos en falta. El nacionalismo vasco y el catalán.

Elecciones 1

El caso es que esta vez estoy tan apático como la mayoría de los votantes. Al final voy a creer que el texto más lúcido que he escrito en este blog es aquel sobre el imposible funcionamiento “democrático” de una junta de vecinos, y cómo el mejor sistema es aquel en el que me dan todos los poderes para convertirme en su dictador. Algo así como la democracia rusa de Putin, en la que decidir quién puede votar(me) y quién puede o no presentarse.

Elecciones 2

Como decía ElRoto, “no sé con quién equivocarme”, pero ya que nos han demostrado la inutilidad de este sistema que solo sirve para perpetuar las élites extractivas y chupópteras, al menos podían tener la decencia de tomar una medida como la que se ha aprobado en Italia esta semana: la reducción de 230 diputados y 115 senadores.

Joder, lo que me faltaba por escribir, Italia como ejemplo.

El registro de jornada, 2ª parte: el chip subcutáneo

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JOSEAN, 06/10/19

1ª parte: las prisas

Según la opinión que manifesté en la primera parte, el real decreto para el registro y control de la jornada de trabajo se aprobó de manera rápida, en un momento que no era ni de lejos el adecuado, y sobre todo y más importante, carecía del consenso necesario entre todas las partes afectadas.

Guía MinisterioEl real decreto tal como se aprobó tenía lagunas importantes que sembraron varias dudas en las empresas respecto a su aplicación y la adaptación requerida, así que, aunque la obligación entraba en vigor el 12 de mayo, el Ministerio esperó al día 13 para publicar la Guía que trataba de aclarar estas dudas. Vuelvo a recordar que entre medias tuvimos unas elecciones generales en abril.

El real decreto no especifica cómo debe llevarse ese registro de jornada, por ejemplo, si necesariamente debe ser un sistema informatizado de fichaje o bastaría con unas hojas de registro manuscritas. La Guía del Ministerio indica que:

Así, será válido cualquier sistema o medio, en soporte papel o telemático, apto para  cumplir el objetivo legal, esto es, proporcionar información fiable, inmodificable y no manipulable a posteriori, ya sea por el empresario o por el propio trabajador. Para ello, la información de la jornada debe documentarse en algún tipo de instrumento escrito o digital, o sistemas mixtos, en su caso, que garanticen la trazabilidad y rastreo fidedigno e invariable de la jornada diaria una vez de registrada.

– Firma aquí, Curro.

– Pero ahí pone que he trabajado 8 horas, señor, y han sido 11 y media con la parada del bocadillo.

– ¡Que firmes, hombre!

Ya está, el tramposo seguirá haciendo trampas como siempre. Otra crítica al real decreto ha sido la referida al bajo importe de las sanciones por incumplimiento.

  • El incumplimiento de la obligación de poner a disposición de los trabajadores el informe sobre el control de horas será considerado “infracción leve” y sancionada con una multa entre 60 y 625 euros.
  • El incumplimiento de la obligatoriedad del registro de la jornada de los empleados será considerado como “infracción grave” y penada con una sanción entre 626 y 6.250 euros.

¿Eso es todo?, pensará algún empresario explotador. ¿Me merece la pena incumplir la norma y seguir obligando a los trabajadores a hacer horas de más? En ese caso, si se detectara un incremento de horas extras no remuneradas, la infracción sería considerada “muy grave” y multada con hasta 187.515 euros. Pero sin registro del delito no hay pruebas.

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La Guía del Ministerio dejó otras novedades que no figuran en el real decreto 8/2019, como la no aplicación del registro de jornada al personal de alta dirección. ¿Pero cómo que no?, pensé, ¡si a muchos de esos directivos es precisamente a los que hay que obligar a que registren y se larguen a casa! ¡Si algunos de ellos son los aficionados al presentismo por encima del trabajo productivo y de calidad! Pero además, la Guía deja abierta otra peligrosa puerta al añadir:

“Distinto del anterior es el supuesto de trabajadores que, no siendo estrictamente personal de alta dirección (mandos intermedios, cargos de confianza o con ejercicio de especiales responsabilidades) tienen pactado un régimen de libre disponibilidad del tiempo de trabajo o forma parte de sus obligaciones contractuales su plena disposición horaria para el cabal cumplimiento de su actividad profesional. Con carácter general, bajo la premisa de que tras estas modalidades no se ocultan situaciones de abuso de derecho, la jornada diaria de estos trabajadores deberá ser objeto de registro, sin perjuicio de la acreditación de su tiempo de trabajo mediante el pacto de disponibilidad horaria, interpretándose que la retribución obtenida por el trabajador ya compensa de manera proporcionada esa mayor exigencia de tiempo de trabajo.”

El párrafo no tiene desperdicio, ya veremos las sentencias de los juzgados de lo social cuando empiecen a resolver disputas entre empresas y trabajadores por este asunto.

– Señor juez, yo no era personal de confianza, solo era la secretaria del Director.

– ¡Un puesto de la máxima responsabilidad! -diría el abogado defensor de la empresa-. Sin sus funciones el Director no atendería sus compromisos a tiempo, no encontraría los archivos, ni los contratos, ni podría asistir a reuniones en sus viajes internacionales, es lógico que la empresa le obligara a una disponibilidad horaria absoluta.

O sobre el encargado de reprografía:

– ¡Fundamental! Todas las ofertas que se presentan pasan por sus manos y sin ofertas no hay contratación, y sin contratación no hay trabajo, y sin trabajo cerramos el chiringuito. Y además es documentación confidencial, luego requiere personal de la máxima confianza, ¡se le podían exigir jornadas de 18 horas!

Obviamente es una exageración, pero son solo ejemplos de algunos puntos que no se han definido con claridad. Como los referidos a los trabajadores desplazados o empleados que por su trabajo pasan la mayor parte de su tiempo en la carretera. No es que la Guía sea poco clara, es que deja el tema abierto:

“…en relación con los trabajadores desplazados fuera del centro habitual de trabajo, con o sin pernocta, el registro diario de jornada no altera la aplicación de las reglas estatutarias generales, debiéndose registrar el tiempo de trabajo efectivo”.

¿Computa como tiempo de trabajo cuando estás volando o cuando estás en un hotel en una convención de varios días aguantando a compañeros plomizos? Pues nos dicen que no:

“Por ello, este registro no incluirá intervalos de puesta a disposición de la empresa, sin perjuicio de su compensación mediante dietas o suplidos. Sin embargo, es conveniente en estos casos que el registro, a efectos de prueba de la separación entre ambos elementos temporales, deje constancia expresa de su cómputo, siendo adecuada la declaración documentada del trabajador, al margen de la capacidad de control y ejercicio de poderes directivos por parte de la empresa para verificar la realidad de esa manifestación”.

Vamos, que hay que registrar igualmente la jornada aunque no haya medios para ello, separando el tiempo de desplazamientos o alojamiento, y que todo ello pueda ser controlable por el empresario. Lo de toda la vida, o sea nada, pero apuntándolo en algún sitio. Viene a ser algo parecido a lo referido a las pausas, que habrá que controlarlo aunque no se pueda controlar:

“…la autorregulación convencional, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, se muestra como el modelo idóneo”.

¿Y qué dice la Guía de ese concepto tan manido últimamente que es el teletrabajo, esa aspiración que tenemos cada día más currantes?

“…en el caso de trabajo a distancia, incluido el teletrabajo, existen fórmulas asequibles que aseguran el registro de la jornada diaria, incluidas las especificidades o flexibilidad para su cómputo, a través de registros telemáticos o similares. En todo caso, si existe autorregulación convencional al respecto, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, o si el empresario da por buena la firma por el trabajador de hojas o instrumentos similares de autogestión del tiempo de trabajo del teletrabajador o trabajador a distancia, tales serán instrumentos válidos para dar cumplimiento a la obligación legal”.

La geolocalización, por ejemplo. Pero no nos gusta. O la implantación de sistemas en los móviles para activar al inicio de la jornada y a su finalización. Que se desactiven cuando el trabajador esté en el guasap o navegando por páginas no relacionadas con el trabajo, pero tampoco nos gustan. El correo electrónico permite hoy en día saber qué trabajador está conectado y cuál no, con un simple semáforo, e incluso conocer los minutos exactos y las horas que el trabajador lleva desconectado de su puesto de trabajo. Pero (y no debería sorprendernos) cada vez son más los trabajadores que desconectan esa opción, gente a la que no le interesa que sus superiores tengan acceso a esa información. Aparte está la inviolabilidad del correo electrónico y la imposibilidad de que la empresa controle que el trabajador al que se le ha puesto un ordenador o un móvil realmente lo está usando con fines laborales y no personales. Y claro, todo se vuelve a complicar: hay que controlar al trabajador y al empresario, pero sin que el trabajador se sienta controlado o atacado en sus derechos fundamentales.

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Gente dispuesta a dar a Google, Facebook o diversas apps toda la información de su vida (está en las condiciones que se aceptan en muchas de estas aplicaciones), pero que se siente observada cuando está solucionando en el trabajo temas del colegio de sus hijos o la comunidad de vecinos, y es que, claro, eso no puede ser. No me gusta que se metan en mi vida, salvo si le doy permiso a Google para que acceda a todas mis fotos, vídeos personales, ubicación exacta en cada momento y comentarios personales.

Nos encontraremos sentencias de todo tipo sobre la interpretación del registro de jornada, el tiempo de trabajo efectivo o los medios electrónicos a disposición del empleado, y los juzgados de lo social fallan tradicionalmente a favor del trabajador. Para completar el pastel, la jornada a la carta va a traer otro elemento de controversia:

“…la empresa, ante la solicitud de adaptación de jornada, abrirá un proceso de negociación con la persona trabajadora durante un periodo máximo de treinta días. Finalizado el mismo, la empresa, por escrito, comunicará la aceptación de la petición, planteará una propuesta alternativa que posibilite las necesidades de conciliación de la persona trabajadora o bien manifestará la negativa a su ejercicio. En este último caso, se indicarán las razones objetivas en las que se sustenta la decisión”.

“Las discrepancias surgidas entre la dirección de la empresa y la persona trabajadora serán resueltas por la jurisdicción social a través del procedimiento establecido en el artículo 139…”

Ya están llegando las primeras sentencias al respecto, con resultados dispares, supongo que dependiendo del juzgado en el que caigan o del momento “político-conflictivo-laboral” en que nos encontremos.

 

En fin, entiendo que no resulta sencillo conjugar los intereses del empleado explotador con los del trabajador sobrecargado de curro que se merece poder conciliar su vida familiar y laboral, mezclados con los del empresario honesto que lucha por sacar su negocio adelante pese a las pocas ayudas gubernamentales y con los del “Escaqueator” de turno que tanto abunda en las empresas de cualquier tamaño.

Así que lo mejor es dejarse de medias tintas, aprovechar lo que decía Pedro Sánchez en Naciones Unidas la semana pasada acerca de “las nuevas tecnologías”, el Internet de las cosas o el Big Data, y adoptar una medida radical, pero justa, ecuánime como ninguna otra con el megacurrante y el tramposo: el chip subcutáneo.

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Se injertará un chip bajo la piel a cada trabajador con un sistema que se activaría al paso de cada puerta o al estar en el entorno de su puesto de trabajo. Que el trabajador baja a fumar, se desactiva el chip que registra la jornada de trabajo. Que los hay que van al baño siete veces al día y a veces quince minutos porque aprovechan para guasapear, ningún problema, queda registrado. Se evitarían así los agravios comparativos con los que ponen su vejiga a prueba durante horas. El chip contaría con un sistema homologado y único para todas las empresas de este país, un sistema que permita al trabajador cambiar de curro con facilidad sin necesidad de taladrarle el brazo para reinsertarle el chip de la nueva compañía.

En un experimento realizado en Fakeland (Estados Unidos), el chip se situó en la garganta de los trabajadores de una empresa de 200 trabajadores y los resultados fueron sorprendentes. Al estar ubicado junto a la tráquea, el chip recogía información sobre cafés, tabaco, donuts o conversaciones irrelevantes, y permitía segregar los datos en función de la edad, raza, sexo o categoría laboral. Resultó que un 25 por ciento de la plantilla trabajaba menos de seis horas diarias, un 12 por ciento no hablaba, ni fumaba, apenas bebía y se comía los marrones del resto de la plantilla. El 14 por ciento tenía serios indicios de obesidad solo por lo que injería en la oficina, un 4 por ciento veía porno en el baño, los jefazos de categorías superiores fumaban en sus despachos y tenían la garganta seca por hablar más que una portera, y a un 2 por ciento de los empleados le fueron encontrados restos de semen. El experimento se abandonó en la primera de las cuatro semanas previstas.

Evidentemente, el chip subcutáneo no existe, aunque todo se andará. Del mismo modo que creo que en muy poco tiempo, entre la sustitución de algunos puestos por robots y todas estas controversias sobre el presentismo y la sustitución por el teletrabajo, el trabajo fijo en una empresa acabará siendo sustituido por prestaciones reales que el currito realizará en remoto y facturará desde su casa, como un autónomo o falso autónomo. Con todos los peligros que eso conlleva, pues perderá como siempre el eslabón más débil de la cadena.

Luego está la opción de aquellos empresarios que consideran que un trabajador satisfecho es una mina (igual que pienso yo), y basan su relación con el empleado en la confianza y el respeto mutuo: “haz lo que quieras, cuando quieras y desde donde quieras, pero cumple, obtén resultados”. No es un tema de horas, sino de dedicación, esfuerzo y sobre todo responsabilidad.

Kike Sarasola ha vuelto a ir contracorriente y anunció recientemente que todos los empleados de su cadena de hoteles Room Mate contarán con una semana más de vacaciones, un día libre en la semana de su cumpleaños y un mes adicional de baja de maternidad y paternidad. Me parece una opción cojonuda y estoy seguro de que sus empleados le devolverán con creces y resultados ese tiempo extra que les ha sido otorgado. Así que no creo que sea tanto un problema de registro de jornada, sino de saber crear esas relaciones de confianza empleado-empleador.

Y una vez que he soltado todas estas parrafadas sobre este complejo asunto, una duda que me embarga desde el primer minuto: ¿piensan aplicar la norma de registro obligatorio a los chinos, o van a seguir gozando de barra libre laboral y fiscal?

Cara Josean

El registro de jornada, 1ª parte: las prisas

Buster Keaton fichando

JOSEAN, 4/10/19 

El gobierno provisional anterior al gobierno en funciones actual que será sustituido tras el 10-N por un nuevo gobierno provisional en funciones aprobó en marzo pasado el Real Decreto-ley 8/2019 de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo. El momento escogido para la aprobación del real decreto no fue casual, aquel 8 de marzo pasado de la huelga feminista, pero no por el 8-M, sino sobre todo porque se produjo cuando ya sabíamos que nos íbamos a nuevas elecciones el 28 de abril.

Este decreto se unía a otro igualmente electoralista aprobado el viernes anterior, el 1 de marzo, el Real Decreto-ley 6/2019 de medidas urgentes para garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación. No discuto la conveniencia de efectuar reformas en el mercado laboral, pero sí el oportunismo de estos reales decretos, la urgencia interesada de su aprobación y las chapuzas contenidas en los mismos. De hecho, el propio RD 8/2019 indicaba que se nombraría un “grupo expertos y expertas” antes del 30 de junio de 2019 para elaborar un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Un asunto de esta magnitud no puede organizarse ni decidirse con un proceso electoral de por medio. Hace falta un consenso de todas las partes afectadas, del mayor número de partidos, empresas y agentes sociales, y un proyecto de Ley en condiciones, lo que obviamente era imposible que ocurriera entre marzo y junio de este año.

La aprobación de normas a toda prisa y corriendo amparándose en reales decretos por la “extremada urgencia” y necesidad de los mismos es un vicio en el que ha caído el gobierno actual todavía con mayor frecuencia que el anterior de Rajoy.  “Es evidente que la crisis económica de estos últimos tiempos está generando en los poderes públicos una reacción errática, convulsa y, a veces, atropellada e improvisada,” decía el Abogado del Estado Jesús López-Medel en su recomendable artículo Lamento por la seguridad jurídica.

Los temas tratados en ambos decretos son de tal calado que resultan inabarcables para un post, así que me centraré en dos de los aspectos más controvertidos de los mismos:

  • El registro obligatorio de la jornada de trabajo (RD 8/2019).
  • La “jornada a la carta” (RD 6/2019)

Antes de comenzar y dado que los asuntos laborales son siempre complejos, me gustaría plasmar algunas de mis creencias en este asunto, que no tienen por qué ser ciertas:

  • Ningún gobierno con ninguna reforma laboral ha creado nunca empleo. La del 97, por ejemplo, pudo fomentar la contratación indefinida al ofrecer cuantiosos ahorros en los costes sociales por trabajador, pero fue el boom de la economía (sobre todo el sector privado) lo que posibilitó esa mayor contratación o conversión de contratos a fijos.
  • Cuando la economía crece, en España el empleo crece a tasas superiores. Cuando la economía se contrae, en España se destruye empleo a mayor velocidad. Ocurrió en la crisis de 2008, a principios de los noventa y a finales de los setenta.
  • Abaratar el despido no crea empleo. Encarecerlo o tener un sistema rígido tampoco ayuda al empresario.
  • Empresario-malo / sindicalista-bueno, es una simpleza que además no es cierta en muchísimas ocasiones.
  • Empresario-explotador / currante-esclavizado. Conviene recordar que el 95% de las empresas españolas tienen menos de 10 empleados y a todas ellas también les afecta esta normativa.
  • El absentismo es directamente proporcional a la creación de empleo, o inversamente proporcional a su destrucción. La tasa de absentismo disminuyó con el inicio de la crisis hasta alcanzar su mínimo en 2013 y ha repuntado progresivamente en los últimos ejercicios a medida que la economía se ha recuperado levemente.

El Real Decreto 8/2019 tiene 26 páginas, 14 de las cuales contienen la Exposición de motivos, que no era otra cosa que el inicio de la campaña electoral de Pedro Sánchez y su equipo:

“Se trata de medidas que responden a la inequívoca voluntad política de este Gobierno de volver a situar el Estado de Bienestar como eje central de nuestro modelo de crecimiento económico”.

Una vez más (y lo hacen todos los gobiernos) se utiliza a un Ministerio para hacer campaña de un partido con otro nuevo mensaje simplista: “el PP ataca el Estado de Bienestar, el PSOE lo reconstruye”. Continúa la Exposición de motivos:

“Y ello con objeto de reducir las desigualdades sociales que aún subsisten en la sociedad española, no superadas a pesar de haberse recuperado un crecimiento robusto de la economía y una intensa creación de empleo”.

¿Crecimiento robusto de la economía e intensa creación de empleo? Para que no me tachen de partidista, remito al post Oh, bendita recuperación en el que cuestionaba el autobombo del gobierno de Rajoy sobre los supuestos grandes logros en materia económica.

La Exposición de motivos dedica unos párrafos a lo habitual en precampaña (pensionistas, actores, algo de pasta para inmigrantes), y continúa glosando alguno de los “éxitos” en materia laboral, como el incremento del Salario Mínimo Interprofesional:

“La entrada en vigor del Real Decreto-ley 28/2018, de 28 de diciembre, para la revalorización de las pensiones públicas y otras medidas urgentes en materia social, laboral y de empleo, ha supuesto para el año 2019 un incremento en dicha base de alrededor de un 22 por ciento respecto de la cuantía que tenía en el año 2018, debido al aumento de las bases mínimas de cotización en el porcentaje experimentado para el año 2019 por el salario mínimo interprofesional”.

No voy a cuestionar el acierto o desacierto de tal medida, sobre todo cuando desde estas mismas páginas abogábamos por una subida de los salarios más bajos, pero no debería olvidar el gobierno las consecuencias directas que el crecimiento de costes salariales tiene sobre la competitividad de las empresas españolas, en sus resultados y por tanto en la recaudación tributaria.

Y llegamos a los párrafos dedicados a la jornada de trabajo (los subrayados son míos):

“La realización de un tiempo de trabajo superior a la jornada laboral legal o convencionalmente establecida incide de manera sustancial en la precarización del mercado de trabajo, al afectar a dos elementos esenciales de la relación laboral, el tiempo de trabajo, con relevante influencia en la vida personal de la persona trabajadora al dificultar la conciliación familiar, y el salario. Y también incide en las cotizaciones de Seguridad Social, mermadas al no cotizarse por el salario que correspondería a la jornada realizada”.

El presentismo y los bajos salarios, dos factores que se repiten desde siempre. Según esta estadística de Eurostat, España es “solo” el 18º país de Europa en número de horas trabajadas. Se trata de un estudio realizado en función de la jornada semanal a tiempo completo:

Eurostat horas de jornada

Tenemos una jornada media a tiempo completo superior a la de daneses y franceses, pero inferior a la mayoría de países de la Unión Europea. En cuanto a cómputo de horas anuales, estamos por encima de alemanes, daneses o franceses, pero por debajo de la media de la OCDE:

Jornada anual horasComo nos gusta estar al frente de estadísticas chungas, somos los terceros en peores condiciones laborales según el Job Quality Index:European Job Quality Index

Solo por delante de Grecia y Rumanía en una estadística realizada en la que se tenían en cuenta los salarios, las horas de trabajo, las condiciones laborales o las formas de empleo. Pero hay una estadística que sí lideramos: la del país que tiene un control horario más estricto sobre la jornada de sus trabajadores. En sentido contrario a países como Alemania o Reino Unido, que no establecen ninguna obligación de fichar, o Francia y Bélgica que solo lo exigen en algunos sectores.

Continúa el RD 8/2019:

“De acuerdo con la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2018, más del 50 por ciento de los asalariados declararon tener jornadas semanales superiores a las 40 horas y un gran volumen de trabajadores a tiempo parcial indicó que la jornada de trabajo efectiva no se correspondía con la declarada”.

Todos conocemos a algunos de los pertenecientes a ese “gran volumen de trabajadores a tiempo parcial” a los que obligan a trabajar a jornada completa y cobran la diferencia en B. O tenemos amigos a los que la subida del Salario Mínimo Interprofesional ha obligado a firmar irregularidades en sus contratos para cobrar lo mismo que antes pero figurando con un menor número de horas trabajadas. Estos son aspectos en los que tiene que cebarse la Inspección de Trabajo, igual que con los falsos autónomos de alguna nueva economía “startupera”. Pero ese es tema para un post completo.

Dejando al margen el tema de la sinvergonzonería de algunos empresarios, uno de los primeros problemas a los que uno se enfrenta cuando trata estos temas es el del tiempo real de trabajo. Hay gente en las oficinas que desayuna más veces que un hobbit, que lee la prensa deportiva, que fuma y mucho, guasapea con los amigos, resuelve temas personales en horario laboral (¡todos lo hacemos, a veces no hay más remedio!), come en dos horas o más y luego, eso sí, sale tarde, o no necesariamente, y dice que “está más de 40 horas semanales en el curro”. Pero no ha trabajado más de ocho horas. En algunos casos ni cuatro, como la empresa en la que tuve mi primer trabajo como becario. Nunca jamás estuve en tertulias políticas o futboleras más largas, yo quería trabajar y los veteranos me decían: “¡tranquilo, no vayas a acabar todo el trabajo hoy!”

Smoking Room

Según este estudio de la web de empleo Jobatus, el “cigarrito” le cuesta a las empresas españolas la friolera de 26.000 millones de euros anuales. Unido a los 68.000 millones de euros que cuesta el absentismo, según el estudio de Cinco Días, el control de la jornada se convierte en algo tan importante para el empresario como para el trabajador. 

Así que el primer problema puede ser definir el cómputo de tiempo efectivo de trabajo. La Guía del Ministerio de Trabajoeditada para aclarar las numerosas dudas que surgen tras la lectura del real decreto, no establece una regla clara:

“Es conveniente igualmente que sea objeto de llevanza todo aquello que forme parte de la misma, en especial lo relativo a pausas diarias obligatorias legal o convencionalmente previstas, o voluntarias, para permitir eludir la presunción de que todo el tiempo que media entre el inicio y finalización de jornada registrada constituye tiempo de trabajo efectivo”.

Es decir, deja caer que recomienda también que se registren, aunque lo deja abierto después a la negociación colectiva. Tremendo error, ¿negociar con el comité de empresa los tiempos de café y fumeteo? ¿Y por qué no el guasap, el Marca, la Bolsa o la compra?

“Utilizando otros datos de la Encuesta de Población Activa, cada semana del año 2017 se hicieron en nuestro país una media de 5,8 millones de horas extraordinarias a la semana. Lejos de constituir un hecho puntual, la realización de horas extraordinarias se incrementó en 2018. Así, los datos revelan que, como media, cada semana de 2018 se realizaron 6,4 millones de horas extraordinarias en España”.

“Junto a lo anterior, ha de destacarse que un 48 por ciento de las personas trabajadoras que declaran realizar horas extraordinarias también manifiestan que no les son abonadas ni, por tanto, se cotiza por ellas a la Seguridad Social. Ello supone un perjuicio grave para esas personas y para el sistema de Seguridad Social”.

6 millones de horas extraordinarias sobre una población activa de 18 millones… Me salen incluso pocas horas extras de presencia en el trabajo, que repito, no significa tiempo efectivo de trabajo. Así que tenemos en el cóctel empresarios explotadores, trabajadores que se escaquean, fumadores empedernidos y una bolsa de horas extras no remuneradas disponible en grandes empresas. Un tira y afloja entre los que se desloman y los que se aprovechan.

El propio Gobierno reconoció las dificultades de implantación de la norma (en vigor desde mayo de 2019) y propuso agrupar todas esas pausas durante la jornada de trabajo en horas que no se paguen y que tampoco coticen. Esto empieza a complicarse aún más. Y como este gobierno y su afición a los reales decretos de los viernes sociales es infinita, el Real Decreto 6/2019 aprobó la siguiente modificacion del artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores:

«8. Las personas trabajadoras tienen derecho a solicitar las adaptaciones de la duración y distribución de la jornada de trabajo, en la ordenación del tiempo de trabajo y en la forma de prestación, incluida la prestación de su trabajo a distancia, para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral. Dichas adaptaciones deberán ser razonables y proporcionadas en relación con las necesidades de la persona trabajadora y con las necesidades organizativas o productivas de la empresa”.

Ahí lo llevas, empresario, ahora apáñatelas para cumplir con todo lo legislado. En la segunda parte plantearemos la solución:

El registro de jornada, 2ª parte: el chip subcutáneo.

Permanezcan atentos. A ser posible, fuera de su tiempo de trabajo efectivo.

Cara Josean

La Diada y el Delorean, por Josean

Puig de Monty McFly resopló nervioso. El flequillo apenas se le movió, pues el sudor de la frente, esa pátina brillante que se había convertido en una de sus señas de identidad,  evitaba el movimiento del pelo lliure, independiente.

– Doc, ¿me estás diciendo que este Delorean que has comprado desviando fondos a través de Roures es en realidad una máquina del tiempo?

Doc Tardá trató de contener la emoción, pero no podía, tartamudeaba al hablar igual que cuando tenía que expresarse en esa lengua castellana que le imponían desde el Estado central totalitario. Ardía en deseos de contar al MHPE (Molt Honorable President en el Exilio) todas las claves del funcionamiento del aparato que a buen seguro ayudaría al poble de Catalunya a lograr su objetivo final.

– ¿Ve esto, President? -dijo abriendo el motor-. Ocho cilindros en V, como la V de la Diada de 2014. Y una cadena de distribución tan potente como la cadena humana de la Diada de 2013.

– Oh, qué cadena, qué éxito. Hasta Hollywood nos lo copió para la película Nosotros.

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– Aquella era una película de terror, President -masculló entre dientes.

A continuación le mostró el habitáculo interior y siguió hablando:

– La energía de millones de catalanes lliures será canalizada por este conducto a través del condensador de lazos amarillos.

Monty McFy no cabía en sí de satisfacción y mostraba una sonrisa amplia, sincera, nada que ver con la fingida el 1-O de 2017 mientras se montaba la mundial en los colegios electorales en los que cientos de miles de catalanes ejercían su derecho al voto con tal convicción democrática que algunos lo hacían tres, cuatro o incluso catorce veces.

– ¿Podemos probarlo? -preguntó Monty.

– ¡Claro! ¿Alguna fecha concreta? ¿Qué tal el 11 de septiembre de 2018?

Algo se revolvió en las tripas de Monty McFly.

– En 2018 pasé mi primera Diada fuera de nuestra tierra, en Waterloo, no es algo que me agrade recordar. “Fem la República Catalana”, era nuestro eslógan.

– Cierto, cierto, y el compañero Junqueras en una prisión injusta sufriendo un trato degradante que no se recuerda igual en la historia de la humanidad. Retrocedamos un poco más, a la Diada de 2017.

Doc Tardá tecleó la fecha en el panel de mandos y aceleró el Delorean hasta los 171,4 kilómetros por hora, la velocidad indicada en el ingenio que marcaba el inicio de todo, el principio de los tiempos, el Alfa y Omega. Estaba el nacimiento de Jesucristo para los cristianos, la Hégira de Mahoma para los musulmanes y el 11 de septiembre de 1714 para el pueblo más perseguido de la historia, para el pueblo de los elegidos.

Para no llamar la atención en exceso, el Delorean aterrizó en una terraza que daba a la Diagonal. Los dos prohombres de la patria salieron del coche y divisaron la manifestación desde la azotea.

– Mira qué hermosura, el eslógan “La Diada del Sí”, esa estelada gigante,… -dijo Monty-. Los Jordis en primera fila, pancartas por el derecho a votar el 1-O, dos millones de personas en las calles.

– Ejem, ejem, Monty, según la Guardia Urbana fue un millón, y según la delegación de gobierno, 350.000 personas.

– ¡Admirapla en cualquier caso!

– Dime una cosa, President, ¿en aquel momento ya estabas pensando en echarte para atrás, no?

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Como queriendo cambiar de tema, Monty quiso retroceder un poco más, a la Diada de 2016, “A punt”, 2015, “Vía Lliure”, y se preguntó qué hacía él en aquellos momentos en que el líder catalán de entonces, Artur Mas, estaba en plena campaña electoral del 27-S mientras promovía un nuevo referéndum, el del 9-N, con el que tratar de tapar todos los casos de corrupción que comenzaban a cercar su partido. Monty era alcalde de Gerona,  “solo” número 3 de Junts Pel Sí por Gerona y recordó que vivía mucho más tranquilo con su mujer, Marcela Topor. “Aunque por entonces ella no se levantaba 6.000 euros mensuales de un medio subvencionado con dinero público”, pensó.

Leyó en un periódico las cifras de asistencia a la Diada y eran mayores cuanto más retrocedía en el tiempo. Volvieron a poner en marcha el Delorean.

2014: “Ara es l’hora”. Monty tuvo que hacer esfuerzos por contener las lágrimas. 1.800.000 asistentes según la Guardia Urbana, 550.000 según la delegación de gobierno.

2013: “Vía catalana cap a la Independència”.

2012: “Catalunya, Nou Estat d’Europa”. Dos millones de personas en las calles durante la primera Diada claramente proindependentista. 620.000 personas según la delegación de gobierno.

– ¡2012! -se sorprendió Monty-. Ya hablábamos de un nuevo estado europeo hace siete años. ¿Tanto tiempo llevamos metidos en el procès?

En todas esas manifestaciones aparecía en la primera fila un chico joven con aires de matón de patio de colegio, de la familia de los Tannen. A medida que retrocedían en el tiempo, igual que engordaban las manifestaciones, adelgazaba el matón de los Tannen, el pequeño Rufián.

– ¿Qué tal si retrocedemos al inicio de todo, a junio de 2010 y la sentencia del Constitucional? -sugirió Monty.

– ¿De verdad crees que ese fue el principio de todo? -respondió Doc Tardá, visiblemente contrariado.

– Por supuesto, porque supuso negar al poble de Catalunya su derecho a decidir sobre los propios asuntos de la naciò.

Tardá permaneció en silencio y puso rumbo a junio de 2010. En realidad lo que vieron fue que el independentismo encontró su excusa para iniciar la deriva en la que estaban inmersos desde entonces. La sentencia anuló dos temas fiscales de menor importancia, indicó que la palabra “nación” del preámbulo carecía de valor jurídico y sobre todo evitó la creación de un poder judicial paralelo.

– Era nuestro Estatut -sollozó Monty-. El que habíamos aprobado y decidido todos los catalanes.

Con gesto circunspecto y sin avisar, Tardá retrocedió hasta el 18 de junio de 2006, el día del referéndum sobre el Estatuto de Cataluña.

– Aquí lo tienes, Doc, la mayoría del poble aprobó un nou Estatut para Catalunya, un pacto aprobado por todos los catalanes que luego nos recortaron en Madrit.

– Mira, Monty, nuestro partido, Esquerra, pidió el “No” al Estatut. El porcentaje de participación en el referéndum no llegó al cincuenta por ciento, y de ese cincuenta por ciento, ni siquiera se llegó a tres cuartas partes porque es un tema que a muchos catalanes, sinceramente y aunque nos duela, les interesaba más bien poco. En 2006 los de tu partit no eran independentistas como nosotros, no apostabais por la secesión como ahora.

– ¿Ah, no? Pensaba que solo era el PP el que se oponía al Estatut.

El PP se opuso a la aprobación del Estatut porque entendía que vulneraba competencias de las instituciones nacionales, y ERC se manifestó en contra de una redacción que previamente había aprobado porque consideró que el Estatut se quedaba corto en sus aspiraciones secesionistas.

Siguieron retrocediendo hasta la Diada de 2005. Monty se sorprendió al ver a políticos del PP, el PSC y Ciutadans en la ofrenda floral a Rafael Casanova, aquel insigne patriota español.

– ¿Recuerda? -inquirió Doc al MHPE-. ¿Recuerda cuando se decía que la Diada era una fiesta de todos los catalanes? Es más, vamos a retroceder a 1980, a la reinstauración de la Diada tras los años de dictadura franquista.

El Delorean aterrizó en una azotea sobre Las Ramblas. Doc bajó a la calle y compró un ejemplar de La Vanguardia, que entregó a Monty. Ni rastro de esteladas, ni rastro del sentimiento de odio que se respira desde 2007 al menos. Monty leyó el periódico estupefacto. Por un momento pareció salir del ensimismamiento indepe en el que lleva desde que se cayó en la marmita de lazos amarillos. Trataba de entender qué ocurría.

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El Delorean se trasladó a la Diada de 1976, cuando seguía sin ser una fiesta autorizada, pero se convocó una concentración de miles de personas bajo el lema: “Llibertat, Amnistia y Estatut d’Autonomia”.

–  Con qué poco nos conformábamos, ¿eh? -pareció entender Monty.

– Vosotros queríais el poder y más autogobierno, no dudo que al principio con intenciones loables, con la vuelta de Tarradellas y el restablecimiento de la autonomía. Pero luego con Pujol se vio que los que mandaban de entre los tuyos, con el clan Pujol a la cabeza, solo querían mangonear con impunidad.

Monty se quedó cabizbajo. Pensó si no había sido un títere en manos de otros mucho más listos que él, antiguos líderes de su partido que seguían viviendo en Cataluña cómodamente instalados en sus casoplones y disfrutando de la riqueza acumulada durante los años de expolio.

– Oye, Doc, ya que esto es una máquina del tiempo… ¿podemos viajar también en el tiempo hacia el futuro?

– No te va a gustar, President -respondió Doc.

– ¿Pero ya lo has hecho? ¿Podemos hacerlo?

Doc Tardá suspiró profundamente:

– Hazme caso, McFly, no te va a gustar.

Notas del Autor:

(1) Disculpas por mi pésimo nivel de Photo Editor.
(2) Este artículo está programado para su publicación a las 12.00 h. del 11 de septiembre, coincidiendo con la celebración del Acto “Por los derechos y las libertades, absolución”. Con dos cojones.

Cara Josean

La democracia rusa, por Josean

Rusia 1

Hace un par de años en la universidad Carlos III un profesor de Política comparada planteó a sus alumnos esta pregunta:

¿Es Rusia una verdadera democracia?

Podían optar por el plan B, la misma pregunta referida a Venezuela, pero creo que es un tema tan manido que me pareció mucho más interesante la cuestión acerca de Rusia, el país más extenso del mundo y una de las grandes potencias económicas de la actualidad y de las décadas precedentes, como Unión Soviética.

Hace un año, nada más finalizar el Mundial de Rusia 2018, hice referencia a un artículo del ex campeón del mundo de ajedrez Garry Kaspárov sobre lo que denominaba abiertamente la dictadura de Vladimir Putin porque “es la única descripción adecuada cuando un hombre mantiene el poder total sin oposición durante 18 años”. El profesor de la Carlos III trataba de que sus alumnos debatieran sobre si la democracia rusa lo era solo en apariencia o realmente se había consolidado después de un cuarto de siglo.

Lo cierto es que los estudiantes se podían lucir en sus respuestas, pues tenían muchos factores a los que referirse para contestar que la democracia en Rusia se daba solo en apariencia, en las formas. Que los ciudadanos puedan votar no significa nada. También se votaba en la Cuba de Castro o en la España franquista. En la actual también se vota y cada día sirve para menos, pero esa es otra historia.

La Constitución rusa vigente hoy en día conforma una democracia en sus formas, pero todo en el país queda supeditado al presidente de la República, Vladimir Putin, quien retuerce la interpretación de la Carta Magna para evitar cualquier forma de oposición o para que no exista una efectiva separación de poderes. “Tanto el Gobierno como el Parlamento y la Justicia están supeditados directamente al presidente, pese a que sobre el papel cada uno de ellos es independiente”, según este artículo de ABC.

Putin obtuvo más del 76 por ciento de los votos en las elecciones de 2018, lo que supone una mayoría desconocida en cualquier otro país europeo, salvo la Rumanía de los mejores tiempos de Ceausescu o la democracia interna de Pablo Iglesias. Las leyes aprobadas por Putin y el gobierno de su fiel servidor Medvedev han dificultado a lo largo de estos casi veinte años de mandato la creación de una oposición fuerte y con capacidad suficiente para plantear una alternativa.

Según la Ley Federal Central, cada candidato a las elecciones presidenciales debe pertenecer a un partido que tenga representación parlamentaria o presentar al menos dos millones de firmas para poder concurrir al proceso. Es en esta fase del proceso cuando la Comisión Electoral Central, controlada también por el Kremlin, comprueba, valida o anula las firmas presentadas para poder aceptar o rechazar a los posibles opositores. Con este sistema fue con el que se justificó la exclusión del liberal Grigori Yavlinski de las elecciones de 2012, al invalidar más de la cuarta parte de las firmas presentadas. “Vladímir Putin y las autoridades temen el voto de los ciudadanos hartos del robo, la mentira y la corrupción”, dijo Yavlinski nada más conocer la decisión.

Rusia 5

En otros casos, la oposición ha sido desmantelada iniciando alguna causa judicial contra alguno de los candidatos, como ocurrió con el bloguero Alexéi Navalni, habitual denunciante de la corrupción del sistema, en las elecciones de 2018. Hace apenas una semana, el bloguero se ponía al frente de una manifestación en Moscú reivindicando elecciones libres tras el descarte de 57 candidatos a los comicios locales, la mayoría opositores, por parte de la Comisión Electoral Central. El simple hecho de lograr reunir a unos veinte mil manifestantes como hizo Navalni resulta un éxito, pues los derechos de reunión y manifestación también han sido recortados. Hay que pedir permiso a las autoridades con antelación suficiente, intuir el número de participantes y aun con todo, contar con que ese día las autoridades locales decidan facilitar y no impedir el desarrollo de la protesta.

¿Y qué dice la prensa de todo esto? Pues las principales cadenas de televisión y agencias de noticias también están controladas por Putin y su partido, o son afines a los mismos. Las únicas imágenes que pueden verse de los líderes opositores están relacionadas con sus procesos judiciales. Algunos periodistas contrarios al régimen han sido encarcelados o han sufrido accidentes sospechosos. El periodista Maxim Borodin falleció al caer por el balcón de su casa un día después de haber avisado a un compañero de profesión de los distintos ataques que estaba sufriendo. Al coche de Yulia Zavyalova le cortaron los frenos y Pyotr Verzilov, cofundador de la web Mediazona, fue envenenado. Media docena de periodistas permanecen en prisión acusados de diversos cargos, o como dice Reporteros Sin Fronteras, condenados por realizar su trabajo.

El informe anual de Reporteros Sin Fronteras sitúa a Rusia en el puesto 148 de 180 países analizados en la clasificación mundial de libertad de prensa. Todo ello conforma un país con reminiscencias orwellianas en el que se espía y silencia a los opositores, se repite y difunde la versión única del “Ministerio de la Verdad” y se fomenta el culto al líder, a la figura única, autoritaria y todopoderosa de Vladimir Putin. Los sondeos también dependen del control del Kremlin y se manipulan de un modo que convierten a Tezanos en un aprendiz.

Por todo lo expuesto, el profesor de Ciencias Políticas de la universidad de Quebec David Mandel habla de la democracia rusa como una “democracia dirigida”, en la que el apoyo popular a Putin se explica por una serie de razones, y no todas relacionadas con la represión ejercida desde y por el estado: “…el control de las principales cadenas de televisión, severa restricciones a las manifestaciones públicas, diversas presiones ilícitas ejercidas sobre los empleados del sector público, y, cuando es necesario, la manipulación de los resultados electorales”.

Pero además de todas ellas el profesor destaca un factor muy relevante, de modo especial para los más jóvenes, que es el económico. La depresión de principios de los noventa ocurrida durante el gobierno de Boris Yeltsin, con el empobrecimiento de las clases medias, altas tasas de desempleo, hiperinflación y control de la mafia de los principales sectores de la economía, dio paso a un siglo XXI en el que la recuperación de los precios del petróleo y el gas supusieron una mejoría general de la situación económica del país. Si bien es cierto que ha habido un estancamiento, la evolución de la economía ha sido favorable para la sociedad en general, los oligarcas y las mafias han sido controladas y la esperanza de vida ha aumentado de los 65 del año 2000 hasta los 72 actuales. Todo ello ha servido para reforzar la figura de Putin, aunque posiblemente nada lo haya hecho tanto como la reafirmación de la soberanía rusa frente a occidente, incluyendo la anexión de Crimea.

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¿Y cómo llegó Putin al poder? Un ex agente del KGB del que apenas se sabía nada. Emmanuel Carrère lo explicaba así en el libro Limónov, en 2013:

Cuando el segundo mandato de Yeltsin se acerca a su fin, los oligarcas le buscan un sucesor igualmente complaciente, y el más astuto de todos, Berezovski, tiene una idea: un chequista totalmente desconocido del público: Vladímir Putin. Ex oficial de información en la Alemania del Este, se vio reducido a una gran inactividad tras la caída del Muro, luego se hizo un hueco en el FSB, que dirige desde hace un año sin gran brillantez. En sus diferentes puestos da prueba de una lealtad sin fisuras a sus superiores, y es esta cualidad preciosa la que Berezovski destaca ante sus camaradas: “No es un águila” dice, “pero comerá en nuestra mano”. Comisionado por su grupo, Berezovski embarca en su avión privado y aterriza en el aeródromo de Biarritz, donde Putin pasa sus vacaciones con su mujer y sus hijos, en un hotel de categoría mediana. Cuando el oligarca le propone el empleo, dice modestamente que no está seguro de reunir las aptitudes necesarias.

– Vamos, vamos, Vladímir Vladímirovich, cuando se quiere se puede. Y además no se preocupe: estaremos allí para ayudarle.

Berezovski, tan orgulloso de su maquiavelismo, acaba de hacer la peor jugada de su carrera. Como en una película de Mankiewicz, el oficial anodino y obsequioso va a revelarse como una implacable máquina de guerra y a deshacerse uno tras otro de los que le han encumbrado. Tres años después de la entrevista de Biarritz Berezovski y Gusinski se verán obligados a exiliarse. (…) Los demás están avisados, han comprendido quien es el que manda.

“Democracia dirigida”, “autocracia”, “democracia virtual”, el propio título de este post parece un oxímoron. ¿En algún momento Rusia fue una verdadera democracia? Los analistas ya hablaban de la democracia imperfecta de Boris Yeltsin, o de la fallida transición iniciada por Mijail Gorbachov, pero a mí el análisis que me interesa es de nuevo el de Garry Kaspárov, quien afirmaba que los rusos forman un pueblo que no está preparado para la democracia y ni siquiera la considera entre sus anhelos, desde la época de los zares, Stalin, el PCUS o ahora con Putin a los mandos.

Y si buena parte de la población no tiene esas demandas o no considera dichas exigencias como prioritarias, no resulta extraño ver cómo Rusia ha caído en los últimos años a puestos de regímenes autoritarios, por debajo de Cuba, Afganistán y Kazajistán en el Economic Democracy Index de 2018, en el puesto 144 de los 167 países analizados. Justo por encima de Djibouti.

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Creo que los estudiantes tuvieron un examen sencillo de responder.

Especial Rusia

El cine ruso y los rusos en el cine

Madridistas por el mundo (I): San Petersburgo

San Petersburgo (II): el desenlace del maratón y alguna lección de historia

San Petersburgo (I): cómo no entrenar un maratón

 

Las encuestas, el CIS de Tezanos y mis grupos de Whatsapp

Elecciones

JOSEAN.- 28/04/2019

Llegó el gran día de las votaciones, la “fiesta de la democracia” y todas esas cosas, y existe una sensación generalizada de que puede pasar cualquier cosa, desde los inverosímiles 130 diputados de Pedro Sánchez a los no menos sorprendentes 50 escaños de Vox. Esas cosas hemos leído estos días. Estas elecciones resultan trascendentes porque todo hace indicar que en un margen muy escaso va a estar la diferencia entre que se repita el pacto de gobierno “Frankenstein”, como lo denominaron sus detractores, o que gane “el trío de derechas” o la “derecha trifálica”, impagable aportación de la ministra Dolores Delgado.

En lo que sí parecen coincidir todas las encuestas es en que la opción mayoritaria ahora mismo, o hasta ayer al menos, son los indecisos. Y con un cuarenta por ciento de votantes que todavía no han decidido quién es el que menos le disgusta, cualquier análisis que se pretenda hacer resulta muy sesgado, arriesgado. Pero lo voy a intentar. Igual que jugamos a la porra del AJD, vamos a hacer nuestra apuesta basándonos en toda la información que tenemos a mano, que es mucha.

Las encuestas

Tenemos una ley electoral manifiestamente mejorable, con un sistema de reparto de votos absurdo en función de los escaños asignados por provincias, y con sinsentidos como la prohibición de publicar encuestas en los cinco días previos a la votación, lo que nos impide saber la influencia real que han tenido los debates sobre la intención de voto. Así que estos resultados de encuestas que resume El Periódico recogen el posible reparto de escaños en función de la intención de voto a diez días vista o más de las elecciones:

Encuestas

Según la fuente consultada, parece que la mayoría absoluta del bloque de izquierdas está a un tiro en muchos casos. Según El Español, la suma de PSOE y Podemos alcanzaría los 172 diputados, a los que fácilmente se sumarían en ese caso los de Esquerra o PNV. El mero hecho de ver a los nacionalistas en un pacto de gobierno me asusta como pocas cosas, pero tengo que racionalizar mis miedos y pensar que lo llevan haciendo toda la vida, con gobiernos del PSOE, pero también del PP, y sacando tajada siempre.

Otras encuestas como las de OKDiario o eldiario.es ponen prácticamente en situación de empate a los bloques PSOE-Podemos y PP-C’s-Vox, luego una vez más el voto de los nacionalistas será decisivo. Recuerdo cómo durante años, cuando el domingo por la noche salían todos los máximos responsables de cada partido explicando a su manera que habían ganado las elecciones y por qué (aunque el peso de sus partidos fuera irrelevante), yo siempre pensaba que el ganador no salía nunca: Jordi Pujol, bañándose en su piscina de billetes como el Tío Gilito.

Las encuestas fallan en sus pronósticos, porque es científicamente imposible que todas acierten, pero en lo que suelen acertar es en las tendencias. Una semana antes, este mismo panel reflejaba estos pronósticos:

Encuestas 2

Y el mismo panel nos daba estos resultados si nos vamos a dos meses o más atrás:

Encuestas 3

El PSOE ha subido de modo considerable en estos dos meses y Ciudadanos, Podemos e incluso Vox en algunas han bajado, lo cual me extraña bastante porque yo creo que si algún partido ha salido debilitado tras estos dos meses (pese al giro de LaSexta y otros medios afines) ha sido precisamente la formación de Pedro Sánchez. El País publicó el pasado 22 de abril una gráfica con los promedios de todas estas encuestas, y las tendencias resultan muy interesantes visualmente:

Encuestas 4Pues esto es lo que sale de las opiniones de los ciudadanos encuestados, aunque mi olfato me indique otra cosa. Y aunque está prohibido publicar encuestas, hay una página que sí ha recogido el impacto de los dos (terribles) debates de esta semana, que es la web Electomanía. Oh, vaya, perdón, que dicen sus responsables que ellos no hablan de partidos, sino de mercados de frutas o verduras. Vale, pues seguiremos el juego de su emojiPanel, actualizado hasta el 26 de abril:

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La Rosa está bajando en el mercado de flores, el Brócoli se ha estabilizado en un 12 por ciento, la Gota de agua recupera algo de terreno, y la Berenjena mejora en sus resultados hasta el punto de arrebatar el tercer puesto en la clasificación a la Naranja. Estos resultados se obtienen a partir de 11.000 encuestas realizadas siempre a los mismos ciudadanos, que responden según sus particulares intereses en ese momento por comprar rosas o berenjenas, o elegir entre agua y brócoli. Dicho así suena a coña, pero no tanta como la respuesta de la portavoz de Pacma, Silvia Barquero, hablando del “eterno dilema entre tu madre y tu perro”.

En fin. Con los resultados del último emojiPanel, saldría este reparto en el “mercado”:

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La estimación de votos del PSOE baja de modo importante si lo comparamos con las rosas de esta estimación, que es tan válida como cualquier CIS de Tezanos:

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El CIS de Tezanos

El hecho de que el nombre del responsable de las encuestas del CIS se haya hecho tan popular ya es representativo de que algo huele en las mismas. “La cocina de Tezanos”, como la denominan numerosos medios. Pues bien, el CIS de Tezanos daba en su último barómetro unos resultados muy favorables al PSOE, que podría alcanzar la mayoría absoluta con Podemos o con Ciudadanos, o con Podemos más algún apoyo puntual de esos nacionalistas que ya se lo han ofrecido:

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Hubo tanto cachondeo como indignación con estos resultados, que desde luego parecen cocinados hasta tal punto que el propio José Félix Tezanos tuvo que salir recientemente en varios medios diciendo que a él mismo también le extrañaban los repartos resultantes. Han modificado la metodología en cada ocasión y han hecho que el CIS pierda el poco crédito que le quedaba. En el fondo Tezanos ha terminado dando la razón a los que cuestionaban su nombramiento en julio de 2018:

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Pues el organismo tiene un coste muy elevado como para que se pierda su utilidad. Y aunque quizás me esté adelantando, en las elecciones andaluzas ya se vio lo desatinado de sus pronósticos. Calcularon, o cocinaron, que el PSOE obtendría entre 45 y 47 escaños y Vox solamente uno. La realidad fue que el PSOE cayó estrepitosamente y obtuvo solo 33, mientras que Vox emergió hasta lograr 12 diputados. Creo que no era difícil mejorar los pronósticos del CIS de Tezanos, que algo olía a raro e inverosímil desde el principio.

Mis grupos de Whatsapp

Puesto que todo el mundo elabora sus pronósticos en función de unos criterios más o menos científicos a los que luego aplica su particular cocina, yo voy a hacer lo mismo empleando lo que tengo más a mano: mis grupos de amigos de Whatsapp o mi olfato. Y en mis grupos de Whatsapp en los que hace unos pocos años recibía muchos artículos atacando al bipartidismo y la vergüenza de algunas medidas tomadas tras la crisis, ahora compruebo que ha subido como la espuma de una cerveza mal tirada la formación de Santiago Abascal. Vox, el Brócoli o el partido al que han tratado de cercar con condones sanitarios de todo tipo.

Mi olfato me dice que las primarias de PSOE y PP han debilitado la lealtad de sus votantes, sin duda los más fieles de las últimas cuatro décadas. El PP se dividió entre los partidarios de Soraya y los de MariCospe, y como resultado de ese enfrentamiento salió ganador la figura de Pablo Casado, que era el tercero en discordia. Desconozco si el frente “sorayista” va a mantener su apoyo al PP, pero creo que muchos votantes se han pasado a un lado o al otro de la formación conservadora. Y esos son muchos votantes, muchísimos.

Algo parecido le pasó al PSOE con las primarias que ganó Pedro Sánchez con el 50,2 por ciento de los votos frente al 39,9% que obtuvo Susana Díaz. ¿Mantienen su apoyo a Pedro Sánchez todos esos votantes que optaron por las opciones de Susana Díaz o de Patxi López?

Cocinando todos estos resultados de encuestas, CIS cocinado, brócolis, rosas, mis grupos de Whatsapp y lo que me dice la intuición, me voy a mojar con los resultados, que además están condicionados por los cientos de miles de votos que se van a perder en las provincias de menos de 5 escaños:

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Me confundiré en muchas cosas, porque no tengo la herramienta adecuada para repartir por provincias, pero ahí lo dejo. Esta noche actualizaré y compararé mis errores y aciertos. Tengo amigos que pronostican a Vox mucho más de 50 diputados. Veremos.

Mi apuesta es que después de estas elecciones… vamos a tener otras porque no va a haber acuerdos de gobierno suficientes para lograr la mayoría. Qué pena.

Actualización de las 17.00 horas

Vale, amigos, me habéis braseado el Whatsapp diciendo que si me quedo corto, que si largo de este o del otro, o que no he tenido en cuenta tal o cual factor. Si os hiciera caso debería reflejar algo así como que:

  • ¿Cómo es posible que el PSOE haya subido con los meses de gobierno que lleva? Es cierto, cayó a 90 diputados en 2015, y todavía más, a 84, en 2016. Sorprende ver que se recupere por encima de los 100, pero tengo en cuenta que mucho votante desencantado con Napoleón, el del chalet de Galapagar, tiene miedo de la vuelta de la derecha, que además ahora estaría más a la derecha aún, y puede que haya preferido votar lo que consideran un mal menor. Por otro lado, el granero de votos del PSOE que era Andalucía ya demostró en las autonómicas que se estaba vaciando y creo que en Cataluña pasará algo parecido, así que les rebajaré un poco y subiré los escaños a Podemos.
  • “Te confundes con Vox, puede llegar a 70 ó más”. Muy bien, acepto lo que me dices, pero mis grupos son mayoritariamente de Madrid, Andalucía o Castilla-León, y el peso de Vox en otras regiones es muy inferior. Pero venga, os tendré en consideración.
  • “Si estuviera Arrimadas en lugar de Rivera…”. Pues sí, pero mientras tanto Rivera seguirá sin cubrir el hueco que el desencanto ha dejado en los votantes.

Como veréis, soy tan voluble como el CIS de Tezanos, así que voy a hacer caso a mis grupos de Whatsapp para dejar este nuevo pronóstico:

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Esta noche completo el cuadro y empezaremos a sorprendernos de las palabras de unos y otros, preparando ya el camino post-electoral de los pactos.

Resultado final y comparaciones

Pues parece evidente que el CIS de Tezanos recoge una muestra más representativa que mis grupos de Whatsapp, ja, ja, ja, ¡como no podía ser de otra manera! Sin embargo, el PSOE y el PP se quedan en la parte baja de una franja muy amplia que el señor Tezanos se había reservado (las desviaciones están hechas en comparación con la media de escaños de la franja), con Ciudadanos y Podemos se confunde más que yo, y tampoco fue capaz de predecir que Vox iba a quedar muy lejos de lo que los pronósticos decían.

Otra conclusión que extraigo es que tenía muchos amigos de derechas mandando guasaps, lo mismo que hace tres años los tenía de izquierdas. Me he dejado llevar en mis pronósticos por el ruido.

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Me voy a dormir, a partir de mañana empieza otro juego. No es ventajista ahora decir que no me gusta el sistema electoral que tenemos. Lo llevo diciendo casi desde que comencé este blog hace años y nuevamente el 28 de febrero: Nuevas elecciones, antiguo sistema. Dejo este resumen de los datos de la noche electoral:

Curioso, ¿no? Buenas noches.