Aplauso a una generación de héroes

Manos

La gente de mi generación, los que estamos entre los 45 y los 55 años, somos los hijos del baby boom, los más numerosos, la parte central de esa pirámide de población que se terminará convirtiendo en una seta si no se revierte la tendencia. Mis padres, los de mi mujer, los de mis amigos y compañeros de carrera y andanzas nacieron en plena guerra civil o en los durísimos años de la posguerra. No lo tuvieron fácil y salieron adelante en esa España de los cuarenta, cincuenta y sesenta que sabemos que no fue precisamente boyante.

No solo eso, sino que estudiaron (los que pudieron), trabajaron como mulos, se casaron (la mayoría) y tuvieron cuatro, seis, ocho o incluso más niños entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Y nos dieron una formación, unos valores y unos principios que nos han acompañado toda la vida. Claro que fueron estrictos con nosotros, claro que nos insistían con la importancia de estudiar y convertirnos en “hombres y mujeres de provecho”. Se comieron los últimos años de Franco, vivieron la Transición y durante esos años fueron capaces de enseñarnos a mirar hacia delante, de cerrar el pasado y no crear en nuestra generación los dos bandos que sus padres sí vivieron y que tanto daño causaron. Entre mis compañeros de colegio o entre mis hermanos podíamos pensar de una manera u otra, ser más de izquierdas o más de derechas, porque sobre todo nos enseñaron a ser tolerantes y comprensivos con el de al lado.

Pirámide población España en 2020

(Fuente: Enterat.com)

El país mejoró enormemente mientras nosotros abarrotábamos las universidades,  entramos en lo que se llamaba la Comunidad Económica Europea y nos modernizamos en todos los aspectos, y cuando empezaron a jubilarse, después de más de cuarenta años trabajando, muchos de ellos en la misma empresa, sin apenas cambiar de trabajo y sin quejarse jamás, nos dejaron un país cojonudo en el que la maquinaria estaba muy bien engrasada. Con sus defectos, seguro, pero un país sólido, una economía entre las principales potencias y uno de los mejores lugares del mundo para vivir. España funcionaba tan bien que parecía que nuestras máximas preocupaciones eran el lenguaje inclusivo y sacar el cadáver de Franco de debajo de una losa de 6.000 kilos. A mí, a mis amigos más cercanos, a mis hermanos y compañeros de trabajo, lo cierto es que lo que ocurriera con Franco nos la traía floja.  

Ahora le toca el turno a los de mi generación. Los que mandamos en las empresas, los que ocupamos los mejores puestos y los que están en el gobierno y la oposición. Pedro Sánchez y Santiago Abascal son de nuestra quinta. Casado, Iglesias e Inés Arrimadas, un poco más jóvenes. Y lo que escuchan nuestros mayores desde hace años es que son un problema para la sociedad porque son muchos, viven más que antes y no vamos a poder seguir pagándoles esas pensiones que en muchos casos son ridículas. Nos han visto crecer sanos, vivir con mucho más de lo que tuvieron ellos, tener pocos hijos o ninguno porque, claro, queríamos vivir la vida, viajar por el mundo y salir siempre como si tuviéramos veinte años.

Nuestros padres apenas pudieron salir de España durante años porque tenían que sacar adelante una familia numerosa mientras nosotros mandamos a nuestros hijos a estudiar a sitios lejanos o nos vamos de vacaciones a la otra parte del mundo. Y nos escuchan decir que no va a haber dinero para las pensiones mientras le compramos el último móvil a nuestros hijos, hijos para los que por supuesto estas cosas carecen de valor porque en muchas familias se les hace creer que es así. Me imagino a muchos de nuestros padres escuchando las noticias y pensando: “no, si yo ya sé que molesto, intentaré irme pronto y sin hacer ruido”. Con su humildad de siempre.

Ahora llega esta terrible pandemia y nos da un sopapo en nuestros morros complacientes. Nos pilla desprevenidos, en pelotas, mirándonos el ombligo o lo que es peor, la pelusa del ombligo del vecino. Para criticarlo. Los mayores de 70 años, nuestros padres, suegros, padres de amigos y compañeros son los que se están llevando las peores consecuencias del virus. Más de 1.400 muertos mientras escribo esto y nosotros preocupados por cómo pasar el encierro entretenidos inventando juegos para nuestros hijos. Les decimos a nuestros padres que se queden en casa, que no podemos ir a verlos, que no podemos darles un abrazo ni despedirnos de ellos, y a veces pienso que es una metáfora cruel del destino para que nos sentemos a reflexionar sobre todo lo que han hecho nuestros padres por nosotros y de qué modo se lo estamos devolviendo. Te quiero, Papá, te quiero, Mamá, sed fuertes y aguantad que os queremos muchos años más a nuestro lado.

Sueño con el momento en que toda esta pesadilla pase y nos pongamos las pilas para estar preparados para la siguiente emergencia, con los medios suficientes para atender a nuestros mayores. Que nos dejemos de guerras estúpidas y nos centremos en devolverles una ínfima parte de lo que ellos nos dieron, que dejemos de derrochar en lo superfluo y de hablar de las pensiones o el gasto médico de la tercera edad como el problema nacional, el marrón irresoluble.

Pero sueño sobre todo con daros un abrazo cuanto antes y sin miedo, sin preocupación, con una sonrisa. Y daros las gracias. Gracias por todo. Porque vivimos muy bien y vuestros nietos también. Y quiero compartirlo con vosotros muchos años más. Por eso esta tarde, a las ocho, cuando salga a la ventana, aplaudiré no solo a los médicos, enfermeros, policía, guardia civil y todos los que se están dejando la piel por nosotros, sino que aplaudiré con fuerza a esa generación de héroes que nos lo dieron todo.

La utilización partidista

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JOSEAN, 13/03/2020

“Ha habido un atentado de ETA”, comentó un asesor del concejal, “parece que hay un muerto”. En el instante anterior a la interrupción yo estaba hablando con ese concejal de unos temas de trabajo. Ocurrió a finales de los noventa y el concejal era de Izquierda Unida, pero creo que el tiempo y la afiliación no son importantes en este caso. En ese mismo ayuntamiento había habido un asesinato un año antes, de un concejal del Partido Popular, es decir, de un compañero aunque no compartiera las mismas ideas. En ese momento la mirada del concejal cambió, su cerebro empezó a maquinar algo. Algunos recordarán que por entonces Izquierda Unida había firmado esa cosa vergonzosa llamada Pacto de Lizarra, o de Estella. El concejal le dijo a su asesor que tenían que preparar un comunicado de repulsa, pero que a la vez aprovecharían para hacer mención a la solución política de su partido al “conflicto vasco”, que PP y PSOE se estaban equivocando, y que la negociación o el diálogo de la manera en que ellos lo entendían era la única alternativa viable. Me dio mucho asco escucharle, me pareció repulsiva esa actitud. En medio de una desgracia tenía que meter la cuña política para sacar lo-que-coño-quisiera sacar de aquello.

Todo vale en la guerra contra el rival político, incluso las desgracias, o sobre todo las desgracias. Todo vale para atacar, criticar, crispar y sacar tajada de una situación, por dramática que esta pueda ser. La obligación de nuestros dirigentes debería ser trabajar por un objetivo común y positivo para la sociedad, pero sin embargo vemos que emplean sus fuerzas en destrozar al adversario con la creencia (estúpida, me parece) de que esos ataques les reportarán votos. A muchos de ellos solo les veo inteligencia para oler la sangre, jamás para resolver problemas generales o tomar decisiones atinadas.

Comencé a escribir este post hace dos días, el 11-M dieciséis años después de aquel 11-M que nos cambió como sociedad y como país. Creo que todos recordamos cómo aquellos días, con los cadáveres aún calientes y miles de heridos en los hospitales, nuestros dirigentes se dedicaron a manipular la información que conocían y manejaban para arrojársela a su adversario político. Había elecciones tres días después y no podían desaprovechar lo que consideraban “su oportunidad”.

Esa es la creencia que tienen, la baja consideración de los votantes, la estúpida creencia de que, como decía uno de los asesores de Aznar, “si ha sido ETA, barremos; si son los yihadistas ganará el PSOE”. Votantes volubles, manipulables, cachos de carne con ojos a los que poder dirigir (y no digo que no tengan razón en creerlo en un buen porcentaje). Manipularon todos, el PP ocultando la información que desde el mismo día 11 apuntaba a una facción de Al Qaeda, y el PSOE movilizando a sus medios afines e inventando historias como la de los terroristas suicidas con tres capas de ropa. No me sorprendería saber que algunos manipularon pruebas o que incluso crearan falsas pistas de las que han quedado sin resolver después de tantos años. Me dio mucho asco, la verdad, no voté a ninguno de ellos.

La última vez que recuerdo unidad de acción de los principales partidos ante una tragedia fue con el “espíritu de Ermua”, tras la burrada que fue el asesinato con día y hora del concejal del PP Miguel Ángel Blanco (por cierto, su padre falleció ayer) en julio de 1997. Duró poco. Desde entonces, o desde el 11-M, el comportamiento de los líderes del PP y PSOE resulta más lamentable ante cada crisis o emergencia. El Yak-42 fue un desastre mayúsculo provocado precisamente por la urgencia del ministro Trillo por hacerse la foto con los familiares y (literalmente) echar tierra encima de los militares fallecidos cuanto antes. El PSOE se cebó durante meses para sacar tajada, pero luego actuaron de un modo similar cuando les ocurrió la tragedia del Cougar, deprisa y corriendo para que pasáramos a otro tema cuanto antes. La tragedia de Angrois, el incendio de Guadalajara, el vertido de Aznalcóllar, el terremoto de Lorca, el atentado de la T-4 o el de Las Ramblas,… cualquier desgracia vale para atacar al rival político.

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Esa es la terrible realidad de la clase política que nos dirige y lo estamos comprobando estos días con la crisis del coronavirus. En lugar de ponerse todos a trabajar para dar una respuesta consensuada a una pandemia de la que todavía no se conocen sus consecuencias inmediatas, dedican sus esfuerzos a reprocharse la mala gestión o a ocultar la información de la que disponen. La irresponsabilidad de este gobierno al permitir y encabezar la manifestación del 8-M debería costar algunas cabezas, pero dudo mucho que lo haga. Transmitieron un mensaje de tranquilidad y mundo de fantasía que no era real, ¡que sabían ya que el peligro era cierto!, y apenas veinticuatro horas después nos contaban otro escenario radicalmente distinto, un simulacro del apocalipsis zombi. No iban a permitir que nada les jodiera su manifestación del 8-M, suya, de la izquierda y de nadie más. Una irresponsabilidad absoluta.

No son conscientes de que si escupes hacia el cielo te vas a terminar tragando tu propio gargajo. A Vox y a Ortega Smith le dijeron de todo cuando anunció que había dado positivo por coronavirus tras el congreso multitudinario del partido, pero ahora han tenido que callar y tragar cuando se ha sabido que Irene Montero también lo ha dado. La diferencia es que el primero pertenece al tercer partido en número de votos y no ejerce responsabilidad pública alguna, mientras que la segunda es ministra y fue acompañada por varias ministras más y por la mujer del presidente de gobierno, aparentando una tranquilidad que los hechos han demostrado infundada.

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Deberían ser más responsables y no tan bocazas con los reproches, con más motivo aún en este estado en el que las competencias de sanidad están troceadas en diecisiete consejerías autonómicas. Las palabras de Pedro Sánchez sobre Rajoy y su gestión del Ébola se han vuelto ahora en su contra tras la pésima información dada sobre un problema mucho más gordo como el del coronavirus. Ha actuado tarde y mal, sin previsión alguna y sobre todo con el objetivo partidista de preservar el 8-M por encima de cualquier otro asunto.

Pero siguen jugando a lo mismo. Ayer por la tarde Televisión Española entrevistaba a un profesional sanitario, Guillén del Barrio, quien después de informar brevemente de la situación de los hospitales de la Comunidad de Madrid lanzaba todo un mítin político sobre la importancia de la sanidad pública frente a la privada, y el número de profesionales sanitarios que habían recortado las autoridades desde 2008.

Horas después supimos que el enfermero casualmente elegido para la entrevista había sido candidato de Podemos y (casualmente también) la misma televisión tuvo que desmentir las cifras que había dado acerca del recorte del número de camas y profesionales sanitarios. Claro que lo hizo en medios con mucha menor repercusión. La carta de Isabel Díaz Ayuso a la directora de RTVE, Rosa María Mateo, no se hizo esperar.

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A eso siguen jugando nuestros dirigentes. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó uno de “sus medios” para publicar a toda plana que su partido ya había avisado al Gobierno de la emergencia diez días antes y que no se le hizo caso. No cita fuente alguna, ni presenta documentos, algo similar a las comparecencias de nuestro presidente de gobierno y las supuestas medidas que lleva semanas tomando.

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Pero el caso es que tampoco es cierto lo que dice Isabel Díaz Ayuso, porque los que vivimos en Madrid sabemos que el mensaje que nos transmitían era de normalidad y tranquilidad absoluta, que no había motivos para dejarse llevar por el miedo.

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Sé que es mucho pedir que PSOE y PP se pongan a trabajar juntos para dar una respuesta global a los ciudadanos y proponer la adopción de medidas para paliar los efectos del COVID-19, pero para eso se les elige. Para que trabajen el Gobierno, el Consejo de Ministros, el Ministerio de Sanidad y todas las Consejerías autonómicas unidas y coordinadas para hacer frente a esta crisis global. Tras la rueda de prensa de Pedro Sánchez hace una hora decretando el estado de alarma, el PP ha apoyado el mismo y ha dicho que prestará sus votos para prorrogarlo cuanto sea necesario. Quizás sea un primer paso para el consenso y el trabajo en común. Presumo que durará muy poco.

 

 

El calibrador de rojos y fachas, por Lester

Garrotazos

Opinar empieza a ser un ejercicio de riesgo. Decir lo que piensas en un grupo de Whatsapp de amigos o conocidos puede llevar a que inmediatamente te cuelguen una etiqueta que seguramente será equivocada o al menos de modo parcial. No digamos en esa jungla llamada Twitter si se te ocurre opinar sobre determinadas noticias porque hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo, te convierte en rojo o en facha. El término medio, la equidistancia o la moderación están en vías de extinción, y no para el que opina, sino para el entorno que juzga la opinión.

– Creo que Rajoy tenía que haberse ido mucho antes de que lo echaran, “¡rojo!”, pero no me gusta nada este gobierno de Sánchez pactando con comunistas e indepes. ¡Facha!”

– Menuda vergüenza la Gürtel, la Púnica, Rodrigo Rato, Bárcenas, los sobres B, “¡¡¡calla, rojo!!!”, el mismo asco que los EREs de Andalucía, los fraudes de los cursos de formación, Griñán, Ábalos, las colocaciones a dedo en puestos relevantes, “¿qué dices, facha?”

Intento no opinar sobre política en grupos de Whatsapp porque la gente se calienta mucho, pero sobre todo porque cada vez hay gente más encendida que solo ve la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, o que siempre encuentra un motivo para justificar que “no es lo mismo” o “¡no compares!”. Tenemos un grupo de Whatsapp de sesenta amigos, solo tíos al borde de los cincuenta, antiguos compañeros del colegio, y cada vez que alguno ha dejado un comentario político o una noticia partidista e interesada, los otros cincuenta y nueve hemos permanecido en silencio. Una pena, pero creo que es lo más inteligente.

Hemos llegado a una situación en la que no nos sentimos libres para opinar (cosa que, por cierto, no hemos dejado de hacer los cuatro amiguetes de este blog desde hace años) y no se puede opinar porque los juicios o las valoraciones se han radicalizado, las posturas se han polarizado muchísimo y para todo. Hables de lo que hables.

  • Me niego a utilizar el lenguaje inclusivo, “eso es muy facha porque la RAE es carca y facha”, pero es que no me gustan los toros, “eso es propio de rojos”.
  • Las grandes empresas y las grandes fortunas deberían pagar más impuestos, unos impuestos más justos y equitativos, “ya está el comunista”, pero huyo como de la peste de la sobreintervención de la economía que pretenden los de Pablo Iglesias y Sánchez, “claro, ultraliberalismo descontrolado a tope, muy de derechas”.
  • El otro día viendo a Ana Pastor en LaSexta…, “yo no tengo sintonizada esa cadena de rojos, ni veo a esa tía”, el caso es que sacaron un programa de lo más manipulador acerca de… “cómo os gusta a los fachas decir que LaSexta manipula”.
  • Soy seguidor del Real Madrid, “claro, como todos los fachas, una institución franquista, o del Atlético de Madrid, “el equipo del pueblo, los valores de la izquierda”.
  • No tengo ningún problema con la bandera de España, la rojigualda, de hecho la suelo lucir en los maratones que corro por ahí, “muy, muy facha”, pero habría afrontado el problema de Cataluña de un modo distinto a como lo hizo el Partido Popular, “claro, cediendo al independentismo, como los socialistas catalanes, regalando España”.
  • Me gusta el cine español, sigo bastante sus películas, “claro, los de la ceja, sois todos unos rojos”, pero me molesta mucho toda la politización que lo rodea, el rojerío de los Goya, la eterna petición de subvenciones, “¡en Francia sí saben fomentar su cultura, aquí los fachas preferís atacarla!”
  • Qué bien me cae Antonio Banderas, o he visto toda la filmografía de Almodóvar, “vaya estómago tenéis los rojos”, pero qué mal me cae Javier Bardem y qué bien Arturo Fernández, “os pasa a todos los fachas”.
  • Me preocupa y mucho la islamización de Europa, “veo que te estás haciendo de Vox”, y qué mal lo ha hecho la Iglesia católica durante décadas ocultando los casos de pederastia en su seno, “no me toques a la iglesia, podemita, ¿qué quieres, volver al 36?”.

Muchos de estos mensajes son ridículos, pero es que a esa ridiculez estamos llevando cualquier asunto. Ser vegano es progre, comer carne perpetúa un sistema capitalista y de derechas. Es una visión simplista, infantil, reducida a blanco o negro. Todo esto ya estaba en las diez estrategias de manipulación de Chomsky (que no eran de Chomsky, sino de Timsit): dirigirse al público como si fueran niños y ser complaciente con la ignorancia y la estupidez.

Escritores que no son fachas ni de lejos, como Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, han recibido este calificativo en varias de estas polémicas a causa de sus artículos de opinión. Me deshuevo, Marías y Pérez-Reverte, fachas. En uno de los artículos de Don Arturo de hace un par de años, Ahora le toca a la lengua española, comentaba que hemos llegado al absurdo de considerar hablar bien y con un acertado uso del lenguaje como “de derechas”, mientras que “a cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda”. Tócate los cojones, como diría el mismo escritor ante algunas de las gilipolleces que nos toca leer o escuchar de vez en cuando.

Con todo, lo peor para mí es la polarización de la sociedad, la diferencia tan grande que se está creando entre “los dos bloques”, arrasando con todo lo que intenta situarse en el medio. En política, el PP ha virado más hacia la derecha acercándose a Vox, como contrapeso al posicionamiento del PSOE junto a Podemos y los más radicales de la izquierda. Todo lo que intentó situarse en el medio, Ciudadanos o UPyD en su día, ha sido arrasado, vuelven las dos Españas. Y con las dos Españas se rescata a Franco para que se hable del franquismo más de lo que se hacía en los ochenta y los noventa. Me parece sorprendente escuchar a compañeros de trabajo nacidos después del 85 hablando todo el día de Franco, y los jueces franquistas, y los restos del dictador, y las instituciones heredadas del franquismo, y tal y tal. Nunca se habló tanto de Franco como en estos últimos años.

Al principio me hacía gracia ver cómo me tachaban de facha o rojo en distintos grupos, o según las opiniones que dejaba en este blog, pero lo cierto es que ahora no me gusta nada lo que está quedando, lo que veo. Me da mucha pena ver estas discusiones, me da rabia ver que no puede haber ya un debate sosegado y sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo que me cabrea enormemente es comprobar cómo estamos perdiendo progresivamente (o cómo nos estamos limitando) nuestra libertad para opinar.

Despropósitos de Año Nuevo

 

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Año nuevo, vida nueva. Y costumbres antiguas, como dar la brasa desde este blog, o púlpito virtual, o como quieran considerarlo. Arrancamos con fuerza, con la misma con la que finalizamos 2019, con la publicación del libro Aguafiestas, editado por Lester y escrito a varias manos, y con la elección del artículo de Barney como el mejor del año por los lectores de La Galerna.

Ha sido un año fructífero, con una notable producción de 62 artículos propios, otros 3 fruto de colaboraciones (Mabú, Sara y R. San Telmo) y 13 más publicados en otros medios (LaGalerna, El Asterisco, Planeta Fútbol y Pilaristas). El blog está al borde de los 400 artículos desde sus inicios, lo cual celebraremos… pues escribiendo. Aquí va el resumen de la amplia cosecha de 2019, incluyendo el corte del programa de El Radio de Richard Dees dedicando un elogioso comentario al artículo de Barney sobre La neolengua de Orwell y el mundo del fútbol español:

El cambio de calendario no debería significar nada, o al menos nada más que un paso de hoja de diciembre a enero. Sin embargo, quien más y quien menos, solemos utilizar esa barrera invisible del cambio de año para recapitular sobre lo conseguido o sobre lo que no se ha hecho bien, y para plantear nuevos objetivos que en muchos casos se habrán olvidado antes de que acabe enero. Los típicos propósitos de inicio de año que aparecen en todas las listas son los de dejar de fumar, dejar de beber, perder peso, comer sano o comer más fruta y verdura, ir al gimnasio o hacer deporte, aprender inglés, leer más, pasar más tiempo con la familia y amigos, desconectar de las redes sociales, ser puntual, olvidar las ganas de reventarle la cabeza a alguno en el trabajo,…

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En este primer post del año vamos a jugar a todo lo contrario, a darle la vuelta a esos propósitos y proponernos hacer lo contrario:

Barney.- Mi objetivo será leer menos. Sí, así de claro lo digo, dejaré de leer prensa deportiva porque veo que buena parte de mis posts (por desgracia los más exitosos) se han dedicado a desmentir las falacias de la misma. Qué pena, trataré de disfrutar del deporte en sí, si es que logro hacerlo. Es año olímpico y con Eurocopa, así que podré centrarme en cosas que no sean exclusivamente el tinglado que tienen montado en LaLiga española. Ah, y como me han dicho algunos amigos del Atleti y alguno que aún me queda del Barça, este año dejaré de fumar… las sustancias alucinógenas que se supone que me fumo antes de escribir.

Lester.- El objetivo no es ir al gimnasio, sino salir de él, ir menos, correr en la calle, en los parques o en mi zona, respirando aire “puro”, el Forrest Gump de Las Rozas. Aquí ya expliqué el tipo de fauna que te encuentras en uno de estos sitios, pero la razón de ir menos al gimnasio es otra: este año alcanzaré los 50 palos, y como dije hace poco, esto de correr es una carrera contra el tiempo y el envejecimiento, así que me planteo, o bien lanzarme al triatlón, o bien correr dos maratones este año: uno para disfrutar y otro para hacer buena marca. Cracovia en abril y Valencia en diciembre, por ejemplo. O Madrid en abril, donde todo empezó, donde alcanzaré la mayoría de edad maratoniana, y alguna ciudad chula en el extranjero en octubre o noviembre. Los 50 me van a obligar a pasar una revisión a fondo, no sé si es la de los 100.000 kilómetros o en mi caso la de los 300.000, pero está en los objetivos hacer algo más que “chapa y pintura”.

Travis.- Me gustaría aprender inglés, mejorarlo, aunque con un objetivo distinto al de la mayoría: poder disfrutar del cine en versión original. Ya conseguí entender bastante bien incluso a Al Pacino en El irlandés. Pero ese sería el propósito, pese a la tímida defensa que hice del doblaje, y el despropósito será conectarme más a las redes sociales. Soy el único que no ha conseguido colocar un artículo entre los diez más leídos del año, así que me toca ganar peso, aunque sea metafóricamente hablando. Aquí en este blog triunfan las polémicas sobre fútbol o política, y las historias cercanas de los voluntariados o las crónicas maratonianas de Lester, y no tanto el cine, así que me propongo decir que sí a algunas de las colaboraciones o ideas que me surgieron hace un tiempo, de gente especializada, pero con su público. Informaré debidamente, como siempre. Como segundo despropósito del año me planteo no ser puntual, quiero decir, no serlo con los estrenos de cine, que para eso ya hay especialistas y mis amigos me dicen a veces que no me leen porque no han visto la película, y pasados tres meses me dicen que no me leen porque ya han leído demasiado. Panda de cabr…

Josean.- Me gustaría desconectar de las redes sociales, porque se está quedando un panorama desolador. Hace unos días era trending topic la posible tercera guerra mundial con los enfrentamientos Estados Unidos-Irán y enseguida aparecieron algunos diciendo: “esperad, que primero nos toca montar nuestra guerra civil.” Que no nos falte el sentido del humor, aunque veo que las opiniones están cada vez más polarizadas y enfrentadas, una pena. Pero el despropósito planteado tendrá que ser otro: no será el de comer sano o beber menos, sino el contrario, me explico. Voy a tratar de recuperar esas comidas o cenas con grupos de amigos, con gente que siempre está/estamos “muy liados”, porque antes eran cada dos meses, luego cada tres, ¡a veces pasan hasta seis sin vernos! Mucho mandar el anuncio de Rúa Vieja y luego no hay manera de quedar con la peña. El caso es que en esas comidas se bebe siempre más de la cuenta y se relaja uno en sus hábitos alimenticios, pero siendo algo puntual, merecerá la pena. Va a ser un año muy movido, estresante incluso por la tensión generada, así que mejor estar cerca de los amigos y la familia. Y aunque discrepemos muchas veces en las opiniones, deberíamos centrarnos mucho más en lo que nos une que en lo que nos separa.

Dejo ya para los amantes de las estadísticas (entre los cuales me incluyo) los 10 artículos más leídos en 2019:

  1. El autoproclamado “mejor periodismo deportivo del mundo”. Barney.
  2. Rebelión en la granja podemita. Josean.
  3. La Liga se transforma en La Lliga. Barney.
  4. La manipulación del relato. Barney.
  5. Otra gota de agua. Lester.
  6. PreVARicar. Barney.
  7. La “kulé borroka” recibe premio. Barney.
  8. Agua o fútbol. Lester.
  9. El once más aterrador de la historia del fútbol. Barney.
  10. San Petersburgo (II): el desenlace del maratón y alguna lección de historia. Lester.

Muchas gracias por seguir ahí un año más.

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La gran siesta de la democracia (y II), por Josean

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Durante décadas escuchamos o leímos cómo se utilizaba la cursilería esa de “la gran fiesta de la democracia” para referirse a la ilusión que provocaba ir a votar, al menos las primeras veces, creer que podíamos decidir sobre algo tan importante como la elección de nuestros dirigentes para los siguientes cuatro años. Tras cambiarlo por “siesta” para referirme a la modorra que nos provocaba la repetición de este proceso dada la inutilidad de las anteriores, uno de los lectores me dejó en los comentarios una mención a que llevábamos cuarenta años de siesta, y que “cuando despertemos, el dinosaurio todavía estará allí”.

Pues sí, le doy toda la razón. Ese dinosaurio es el nacionalismo, que no solo seguirá allí, sino que habrá crecido, engordado y reproducido. Posiblemente no haya nada más prehistórico que el sentimiento de pertenencia a una tribu que hermana a todos los nacionalismos/regionalismos, esta es mi tribu, mi grupo, tenemos unas características comunes y nos juntamos para defendernos de las tribus vecinas. Lo peor es que hemos alimentado a ese dinosaurio y lo hemos cebado pensando que podríamos dominarlo, pero ahora es un voraz tiranosaurio desbocado.

Uno analiza los resultados de las elecciones del pasado domingo y comprueba que tropezamos en la misma piedra de siempre, la anomalía de este “magnífico” sistema que nos condena a depender de los nacionalismos para formar gobierno. Igual que hace un año. El mismo motivo que hizo que no se aprobaran los presupuestos hace doce meses y que provocó las elecciones del 28-A. Las mismas razones por las cuales los partidos que podían hacer de bisagra que uniera el bipartidismo, ya fueran Ciudadanos y Más País ahora (con reservas), o UPyD en el pasado, estén condenados a su infravaloración y con ello a la irrelevancia y, por qué no, a la desaparición.

Ya sé que esto se ha explicado mil veces, pero no está de más verlo de nuevo con las cifras definitivas extraídas de los resultados del 10-N. Dejando al margen los cuatros partidos con mayor número de votantes, PSOE, PP, Podemos con sus diferentes marcas y Vox, he agrupado a la mayoría del resto de partidos en dos bloques:

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O explicado de un modo más gráfico, que esto del Excel bien utilizado te lo hace en un momento:

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Es absurdo, es surrealista, pero sobre todo es suicida. Al final la gobernabilidad de toda la nación depende de los localismos, sean rupturistas o no, moderados o violentos, secesionistas o cooperadores, me da igual, todos van a tender a lo mismo: anteponer el interés particular de su región, conseguir las mayores ventajas para los miembros de su tribu o aldea, si se me permite el símil del principio. Que en el fondo es lo mismo que han hecho los dos principales partidos, los que podían haber cambiado este sistema, los únicos que llevan gobernándonos desde 1982: anteponer el interés particular de todos “los suyos” al general, preocuparse de todos aquellos a los que han ido colocando durante décadas en puestos remunerados en la administración pública (y después en las grandes empresas privadas). Si para mantenerse tenían que pactar con Pujol o Arzallus, lo hacían, ya fuera González, Aznar, Zapatero, Rajoy o Sánchez.

El libro ¿Por qué fracasan los países? de los economistas Daron Acemoglu y James Robinson resulta visionario en ese sentido. Distingue entre países que fomentan unas élites extractivas frente a otros que promueven instituciones inclusivas. Las élites extractivas “tienen como objetivo extraer rentas y riqueza de un subconjunto de la sociedad para beneficiar a un subconjunto distinto”, mientras que los segundos “crean mercados donde las personas no solo tienen libertad para ejercer la profesión que mejor se adapta a su talento, sino que también proporcionan la oportunidad de que sea así”. PSOE y PP han funcionado como élites extractivas, pero además con su actitud han fomentado la aparición de las élites extractivas nacionalistas, de mayor voracidad.

Tanto el PSOE como Unidas Podemos han perdido un importante número de apoyos, 730.000 votos los primeros y 630.000 los de Iglesias. Le han visto las orejas al lobo y van a hacer cuanto puedan para agarrar el poder y mantenerse ahí cuatro años. Resulta hilarante escuchar las palabras de Pedro Sánchez hace apenas dos semanas acerca de lo difícil que iba a ser para él conciliar el sueño teniendo a Pablo Iglesias y a los suyos en el Consejo de Ministros y ver ahora a ambos dándose abrazos y alterando los términos que utilizan para aparentar una confianza y un entendimiento que no tienen ni de lejos. Son esclavos de sus palabras y dicen mucho de la categoría de todos ellos (no excluyo a casi nadie) sus continuos cambios de opinión sobre el problema catalán, los impuestos, la normativa laboral, el concepto de nación, la independencia del poder judicial y por supuesto, acerca de sus rivales y ahora aliados.

Durante esta semana he visto y escuchado a gente muy preocupada por lo que está por venir. Determinados medios asustados por los 52 diputados de “¡la extrema derecha!” y no por los de Bildu, la CUP o los CDR, digo, ERC. Otros medios, por el contrario, hablando de la ruptura de España, los Balcanes 2.0, los bolivarianos, ¡Venezuela! El miedo de algunos recuerda a 2015, cuando “los antisistema”, como los denominaron entonces, se hicieron con el control de los ayuntamientos de Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia.

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Lo que de verdad me preocupa no es tanto este pacto como la cantidad inagotable de cesiones que van a tener que hacer a toda esa maraña de partidos que suma 39 escaños para lograr su apoyo o abstención.

Algún día habrá que acabar con la anomalía de que un voto valga muy distinto dependiendo de la provincia en la que haya sido depositado, porque nos estamos poniendo una pistola en la sien. Se generan además otros peligros, como se ha visto con el escaño obtenido in extremis por el PP en Vizcaya, por 61 votos de diferencia, el centenar de sufragios que ha impedido la entrada del partido Islamista Coalición por Melilla en el Congreso o el peso de los centenares de votos anulados a Vox en Navarra. Se amplifica el poder del voto en algunas provincias y con ello se prima la posibilidad de manipulación.

Apenas veinticuatro horas después de las elecciones, socialistas y comunistas alcanzaron un pacto por una mayoría autodenominada hasta la saciedad “progresista”. Publicaron los diez puntos en los que se basará el acuerdo de gobierno, y en los mismos se puede encontrar un poco de todo, intenciones universales con las que es imposible estar en desacuerdo al menos hasta que se lea la letra pequeña y gasto público, mucho gasto que se pretende cubrir de algún modo según se desprende de las últimas dos palabras: equilibrio presupuestario.

1. “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo: combatir la precariedad del mercado laboral y garantizar trabajo digno, estable y de calidad”. Pocas veces los gobiernos de las naciones crean puestos de trabajo, salvo los del propio partido o el personal público, que con las limitaciones presupuestarias de estos últimos años ha sido escaso. “Consolidar el crecimiento y la creación de empleo” cuando las cifras dicen todo lo contrario suena a broma de mal gusto. La EPA publicada justo un día después del debate anunciaba la mayor destrucción de empleo en siete años, y la Unión Europea anunció esta semana una rebaja de las expectativas de crecimiento para 2020. Hay que arrancar ya, de una vez.

2. Trabajar por la regeneración y luchar contra la corrupción. La sentencia de los ERE se va a conocer a lo largo de la próxima semana y ya hay quien ha dicho que si Pedro Sánchez llegó al gobierno tras la moción de censura para desalojar a Rajoy por la sentencia de la Gürtel debería ser coherente y marcharse a su casa. No lo hará porque su respuesta será que él no estaba en el PSOE andaluz ni era el líder del partido durante esos años. Y a otra cosa.

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3.- Lucha contra el cambio climático. Pues vale, y la paz mundial.

4.- Fortalecer a las pequeñas y medianas empresas y a los/as autónomos/as. “Impulsar la reindustrialización y el sector primario. Facilitar desde la Administración las bases para la creación de riqueza, bienestar y empleo, así como el impulso digital”. Las instituciones inclusivas según Acemoglu y Robinson. Sin embargo, el modelo de Podemos es una economía fuertemente intervenida. Veremos.

5.- “Aprobación de nuevos derechos que profundicen el reconocimiento de la dignidad de las personas como el derecho a una muerte digna, a la eutanasia, la salvaguarda de la diversidad y asegurar España como país de memoria y dignidad”. Aquí empezamos a entrar en temas que requieren la aprobación de leyes en el Congreso y sobre todo un amplio consenso que ahora mismo no existe. Respecto a la memoria, solo pido un imposible: que no sirva para dividir y polarizar aún más a la sociedad como lo ha hecho en estos últimos quince años.

6.- Asegurar la cultura como derecho y combatir la precariedad en el sector. En el real decreto sobre un tema totalmente distinto como el registro de jornada ya se colaron algunos artículos sobre el estatus de los artistas. Y claro que la cultura es un derecho, pero ¿qué significa esta frase? “¡Más subvenciones para los actores, para los de la ceja!”, pronostican algunos. Veremos.

7.- “Políticas feministas: garantizar la seguridad, la independencia y la libertad de las mujeres a través de la lucha decidida contra la violencia machista, la igualdad retributiva, el establecimiento de permisos de paternidad y maternidad iguales e intransferibles, el fin de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual y la elaboración de una Ley de igualdad laboral”. Se aprobó un real decreto que recogía la mayoría de estos aspectos en marzo y aquí ya le dediqué dos posts completos, así que no voy a dar más la brasa con el tema.

8.- Revertir la despoblación: “apoyo decidido a la llamada España vaciada”. Nada que objetar. A ver cómo lo plantean, a ver si encuentran la fórmula milagrosa.

9.- Garantizar la convivencia en Cataluña: “el Gobierno de España tendrá como prioridad garantizar la convivencia en Cataluña y la normalización de la vida política. Con ese fin, se fomentará el diálogo en Cataluña, buscando fórmulas de entendimiento y encuentro, siempre dentro de la Constitución. También se fortalecerá el Estado de las autonomías para asegurar la prestación adecuada de los derechos y servicios de su competencia. Garantizaremos la igualdad entre todos los españoles”. Diálogo, pero siempre dentro de la Constitución. ¿Lo habrán entendido los Junqueras, Torras y los abrazaCDRs? Espero que no se traspasen dererminadas líneas, y no estoy seguro de la firmeza del PSOE o de Sánchez llegado a cierto punto de la negociación. Enfrente habrá tipos como Torra o Pere Aragonés a quien esta misma semana escuché decir que el corte de carreteras o todo el vandalismo reciente forma parte del legítimo derecho de manifestación de los ciudadanos que la Generalitat debería proteger. Con dos cojones. Respecto al fortalecimiento de las autonomías, creo que va en el sentido contrario al que debería ir, de ahorro de gasto, pero claro, necesitan el apoyo de todos esos partidos regionales. De nuevo el problema del sistema.

10.- Justicia fiscal y equilibrio presupuestario. “La evaluación y el control del gasto público es esencial para el sostenimiento de un Estado del bienestar sólido y duradero. El Gobierno impulsará políticas sociales y nuevos derechos con arreglo a los acuerdos de responsabilidad fiscal de España con Europa, gracias a una reforma fiscal justa y progresiva que nos acerque a Europa y en la que se eliminen privilegios fiscales”. Subida de impuestos, sin duda, como si con eso y no con un férreo control del gasto se pudiera alcanzar el equilibrio presupuestario. Podemos ya planteó el impuesto a la banca hace un año y por justicia fiscal entienden que es crujir a las grandes empresas. El argumentario habitual. Supongo que desde Europa pondrán coto a presupuestos inverosímiles.

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En estas estamos, repletos de incertidumbres que se resolverán en las próximas semanas. Si el PSOE cede mucho tendremos un gobierno con la mochila repleta de compromisos inasumibles. Y si no, ¿elecciones de nuevo en abril?

Qué pereza, ahora sí que me voy a echar la siesta.

Cara Josean

La gran siesta de la democracia, por Josean

Elecciones 4

Hace mucho tiempo que la cursilada esa de “llega la gran fiesta de la democracia” no cala entre nosotros, los votantes. Y no lo hace por la sencilla razón de que estamos hasta las pelotas de este sistema que nos lleva siempre al mismo callejón sin salida, pero mucho más hasta las pelotas estamos de los dirigentes que permanecen mirándose el ombligo, atacando cuando no insultando al rival, mintiendo, poniendo líneas rojas y empujándonos sin pudor al callejón.

Llevo toda la semana pensando de qué manera plantear este post acerca de las elecciones de hoy, las cuartas en cuatro años, y no lo he tenido nada claro en ningún momento. Para que os hagáis una idea, estas son las ideas que comencé a escribir:

  • Hartazgo electoral: cambiando la primera palabra del título por empacho, tedio o hastío. En este blog en el que tanto he renegado del bipartidismo, al final voy a acabar anhelando su vuelta. La fiesta se ha transformado en una siesta, y cuando uno se despierta de la siesta tiene tal modorra que no le apetece hacer nada. ¿Ir a votar? Pffff, qué pereza, casi prefiero la infumable peli alemana esa de después de comer.
  • El debate y la del bate: cierto es que el título recordaba a obras infames de nuestro cine, como El ete y el oto, parodia de E.T. perpetrada por los Hermanos Calatrava, o El potro, la potra y el que las empotra, la peli porno de Poli Díaz, pero quería referirme al bajísimo nivel del debate del pasado lunes, soporífero, maleducado y falto de propuestas, en contraposición con esa Inés Arrimadas que cuando saca el bate y se pone a repartir cera está hablando nuestro mismo lenguaje. Cabreada, indignada y repleta de razones. A partir de mañana, supongo que sustituirá a Albert Elecciones 3Rivera al frente de Ciudadanos. El debate del lunes, el que tenía que habernos ayudado a los millones de indecisos, solo se hizo llevadero con las bromas de amigos, o viendo en Twitter que vivimos en un país con tal hartazgo de la situación que en los trending topic se colaron Doraemon, Adoquín y mamadas. Esas eran nuestras preocupaciones mientras veíamos a los líderes de los cinco principales partidos tirarse los trastos a la cabeza.

Cada vez que llegaban las elecciones (y no solo las generales) en este blog me he mojado sobre su importancia, la necesidad de ir a votar o incluso lo que me disgustaba de algunos, o lo que me disgustaba aún más de sus competidores. Releo lo que he publicado en estos cinco años de blog y me sale que yo también soy un puñetero brasas rajando de este tema, tanto que os voy a provocar esa misma siesta de la democracia que tanto critico:

Mayo de 2015. Habrá que ir a votar, ¿no?: aunque sea un voto en blanco o nulo, como hago desde hace años para el Senado. La diferencia entre uno u otro es relevante en el reparto proporcional final.

Diciembre de 2015. A quién votamos (I): donde me quejaba de que no nos dejan elegir a los que de verdad marcarán la política económica de los próximos cuatro años, esos tipos de Bruselas que han convertido la Unión Europea en un ente absurdo más que mantener. La teoría de las élites extractivas en el sentido de Acemoglu y Robinson, una clase política que ha creado “…un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio”.

Diciembre de 2015. A quién votamos (y II): por si no hubiera dado suficiente la matraca, dando mis razones de aquellos a los que no pensaba votar.

Junio de 2016. Sin miedo a votar: la vergonzosa repetición de las elecciones generales (tan lamentable como la de hoy) se juntó con la votación del Brexit, para concluir peligrosamente que “a ver si lo mejor no va a ser dejar la elección de los temas importantes a la mayoría”.

Febrero de 2019. Nuevas elecciones, antiguo sistema: tenemos que modificar este sistema que ya se ha visto que nos condena al bloqueo. Es muy posible que esta noche nos encontremos una situación muy similar a la existente desde mayo. ¿Tendrán Sánchez, Casado, Rivera, Iglesias y Abascal los santos cojones de permitir que sigamos en las mismas con presupuestos requeteprorrogados y sin consensos para aprobar todas las medidas pendientes?

Mayo de 2019. Las encuestas, el CIS de Tezanos y mis grupos de Whatsapp: el aparato de Tezanos, con todo su presupuesto (otra muestra del funcionamiento de las élites extractivas), no fue mucho más eficiente que las encuestas de andar por casa.

Os he dado la brasa con todos estos asuntos y más. Tenía claro que quería una salida de Mariano Rajoy (Mariano y el cambio de hora), pero más claro aún que no quería que lo echaran con una moción de censura como la que aupó a Pedro Sánchez a la presidencia de gobierno (¿Qué han hecho con mi país, tío?). La Rebelión en la granja podemita y la ruptura que se preveía en el partido de Iglesias. Los “condones sanitarios” a Vox para que su opinión ni se escuchara. El enorme consenso que se logró para aprobar la Constitución, en donde primó ese “sentido de Estado” que ahora echamos en falta. El nacionalismo vasco y el catalán.

Elecciones 1

El caso es que esta vez estoy tan apático como la mayoría de los votantes. Al final voy a creer que el texto más lúcido que he escrito en este blog es aquel sobre el imposible funcionamiento “democrático” de una junta de vecinos, y cómo el mejor sistema es aquel en el que me dan todos los poderes para convertirme en su dictador. Algo así como la democracia rusa de Putin, en la que decidir quién puede votar(me) y quién puede o no presentarse.

Elecciones 2

Como decía ElRoto, “no sé con quién equivocarme”, pero ya que nos han demostrado la inutilidad de este sistema que solo sirve para perpetuar las élites extractivas y chupópteras, al menos podían tener la decencia de tomar una medida como la que se ha aprobado en Italia esta semana: la reducción de 230 diputados y 115 senadores.

Joder, lo que me faltaba por escribir, Italia como ejemplo.

El registro de jornada, 2ª parte: el chip subcutáneo

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JOSEAN, 06/10/19

1ª parte: las prisas

Según la opinión que manifesté en la primera parte, el real decreto para el registro y control de la jornada de trabajo se aprobó de manera rápida, en un momento que no era ni de lejos el adecuado, y sobre todo y más importante, carecía del consenso necesario entre todas las partes afectadas.

Guía MinisterioEl real decreto tal como se aprobó tenía lagunas importantes que sembraron varias dudas en las empresas respecto a su aplicación y la adaptación requerida, así que, aunque la obligación entraba en vigor el 12 de mayo, el Ministerio esperó al día 13 para publicar la Guía que trataba de aclarar estas dudas. Vuelvo a recordar que entre medias tuvimos unas elecciones generales en abril.

El real decreto no especifica cómo debe llevarse ese registro de jornada, por ejemplo, si necesariamente debe ser un sistema informatizado de fichaje o bastaría con unas hojas de registro manuscritas. La Guía del Ministerio indica que:

Así, será válido cualquier sistema o medio, en soporte papel o telemático, apto para  cumplir el objetivo legal, esto es, proporcionar información fiable, inmodificable y no manipulable a posteriori, ya sea por el empresario o por el propio trabajador. Para ello, la información de la jornada debe documentarse en algún tipo de instrumento escrito o digital, o sistemas mixtos, en su caso, que garanticen la trazabilidad y rastreo fidedigno e invariable de la jornada diaria una vez de registrada.

– Firma aquí, Curro.

– Pero ahí pone que he trabajado 8 horas, señor, y han sido 11 y media con la parada del bocadillo.

– ¡Que firmes, hombre!

Ya está, el tramposo seguirá haciendo trampas como siempre. Otra crítica al real decreto ha sido la referida al bajo importe de las sanciones por incumplimiento.

  • El incumplimiento de la obligación de poner a disposición de los trabajadores el informe sobre el control de horas será considerado “infracción leve” y sancionada con una multa entre 60 y 625 euros.
  • El incumplimiento de la obligatoriedad del registro de la jornada de los empleados será considerado como “infracción grave” y penada con una sanción entre 626 y 6.250 euros.

¿Eso es todo?, pensará algún empresario explotador. ¿Me merece la pena incumplir la norma y seguir obligando a los trabajadores a hacer horas de más? En ese caso, si se detectara un incremento de horas extras no remuneradas, la infracción sería considerada “muy grave” y multada con hasta 187.515 euros. Pero sin registro del delito no hay pruebas.

Jornada 5

La Guía del Ministerio dejó otras novedades que no figuran en el real decreto 8/2019, como la no aplicación del registro de jornada al personal de alta dirección. ¿Pero cómo que no?, pensé, ¡si a muchos de esos directivos es precisamente a los que hay que obligar a que registren y se larguen a casa! ¡Si algunos de ellos son los aficionados al presentismo por encima del trabajo productivo y de calidad! Pero además, la Guía deja abierta otra peligrosa puerta al añadir:

“Distinto del anterior es el supuesto de trabajadores que, no siendo estrictamente personal de alta dirección (mandos intermedios, cargos de confianza o con ejercicio de especiales responsabilidades) tienen pactado un régimen de libre disponibilidad del tiempo de trabajo o forma parte de sus obligaciones contractuales su plena disposición horaria para el cabal cumplimiento de su actividad profesional. Con carácter general, bajo la premisa de que tras estas modalidades no se ocultan situaciones de abuso de derecho, la jornada diaria de estos trabajadores deberá ser objeto de registro, sin perjuicio de la acreditación de su tiempo de trabajo mediante el pacto de disponibilidad horaria, interpretándose que la retribución obtenida por el trabajador ya compensa de manera proporcionada esa mayor exigencia de tiempo de trabajo.”

El párrafo no tiene desperdicio, ya veremos las sentencias de los juzgados de lo social cuando empiecen a resolver disputas entre empresas y trabajadores por este asunto.

– Señor juez, yo no era personal de confianza, solo era la secretaria del Director.

– ¡Un puesto de la máxima responsabilidad! -diría el abogado defensor de la empresa-. Sin sus funciones el Director no atendería sus compromisos a tiempo, no encontraría los archivos, ni los contratos, ni podría asistir a reuniones en sus viajes internacionales, es lógico que la empresa le obligara a una disponibilidad horaria absoluta.

O sobre el encargado de reprografía:

– ¡Fundamental! Todas las ofertas que se presentan pasan por sus manos y sin ofertas no hay contratación, y sin contratación no hay trabajo, y sin trabajo cerramos el chiringuito. Y además es documentación confidencial, luego requiere personal de la máxima confianza, ¡se le podían exigir jornadas de 18 horas!

Obviamente es una exageración, pero son solo ejemplos de algunos puntos que no se han definido con claridad. Como los referidos a los trabajadores desplazados o empleados que por su trabajo pasan la mayor parte de su tiempo en la carretera. No es que la Guía sea poco clara, es que deja el tema abierto:

“…en relación con los trabajadores desplazados fuera del centro habitual de trabajo, con o sin pernocta, el registro diario de jornada no altera la aplicación de las reglas estatutarias generales, debiéndose registrar el tiempo de trabajo efectivo”.

¿Computa como tiempo de trabajo cuando estás volando o cuando estás en un hotel en una convención de varios días aguantando a compañeros plomizos? Pues nos dicen que no:

“Por ello, este registro no incluirá intervalos de puesta a disposición de la empresa, sin perjuicio de su compensación mediante dietas o suplidos. Sin embargo, es conveniente en estos casos que el registro, a efectos de prueba de la separación entre ambos elementos temporales, deje constancia expresa de su cómputo, siendo adecuada la declaración documentada del trabajador, al margen de la capacidad de control y ejercicio de poderes directivos por parte de la empresa para verificar la realidad de esa manifestación”.

Vamos, que hay que registrar igualmente la jornada aunque no haya medios para ello, separando el tiempo de desplazamientos o alojamiento, y que todo ello pueda ser controlable por el empresario. Lo de toda la vida, o sea nada, pero apuntándolo en algún sitio. Viene a ser algo parecido a lo referido a las pausas, que habrá que controlarlo aunque no se pueda controlar:

“…la autorregulación convencional, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, se muestra como el modelo idóneo”.

¿Y qué dice la Guía de ese concepto tan manido últimamente que es el teletrabajo, esa aspiración que tenemos cada día más currantes?

“…en el caso de trabajo a distancia, incluido el teletrabajo, existen fórmulas asequibles que aseguran el registro de la jornada diaria, incluidas las especificidades o flexibilidad para su cómputo, a través de registros telemáticos o similares. En todo caso, si existe autorregulación convencional al respecto, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, o si el empresario da por buena la firma por el trabajador de hojas o instrumentos similares de autogestión del tiempo de trabajo del teletrabajador o trabajador a distancia, tales serán instrumentos válidos para dar cumplimiento a la obligación legal”.

La geolocalización, por ejemplo. Pero no nos gusta. O la implantación de sistemas en los móviles para activar al inicio de la jornada y a su finalización. Que se desactiven cuando el trabajador esté en el guasap o navegando por páginas no relacionadas con el trabajo, pero tampoco nos gustan. El correo electrónico permite hoy en día saber qué trabajador está conectado y cuál no, con un simple semáforo, e incluso conocer los minutos exactos y las horas que el trabajador lleva desconectado de su puesto de trabajo. Pero (y no debería sorprendernos) cada vez son más los trabajadores que desconectan esa opción, gente a la que no le interesa que sus superiores tengan acceso a esa información. Aparte está la inviolabilidad del correo electrónico y la imposibilidad de que la empresa controle que el trabajador al que se le ha puesto un ordenador o un móvil realmente lo está usando con fines laborales y no personales. Y claro, todo se vuelve a complicar: hay que controlar al trabajador y al empresario, pero sin que el trabajador se sienta controlado o atacado en sus derechos fundamentales.

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Gente dispuesta a dar a Google, Facebook o diversas apps toda la información de su vida (está en las condiciones que se aceptan en muchas de estas aplicaciones), pero que se siente observada cuando está solucionando en el trabajo temas del colegio de sus hijos o la comunidad de vecinos, y es que, claro, eso no puede ser. No me gusta que se metan en mi vida, salvo si le doy permiso a Google para que acceda a todas mis fotos, vídeos personales, ubicación exacta en cada momento y comentarios personales.

Nos encontraremos sentencias de todo tipo sobre la interpretación del registro de jornada, el tiempo de trabajo efectivo o los medios electrónicos a disposición del empleado, y los juzgados de lo social fallan tradicionalmente a favor del trabajador. Para completar el pastel, la jornada a la carta va a traer otro elemento de controversia:

“…la empresa, ante la solicitud de adaptación de jornada, abrirá un proceso de negociación con la persona trabajadora durante un periodo máximo de treinta días. Finalizado el mismo, la empresa, por escrito, comunicará la aceptación de la petición, planteará una propuesta alternativa que posibilite las necesidades de conciliación de la persona trabajadora o bien manifestará la negativa a su ejercicio. En este último caso, se indicarán las razones objetivas en las que se sustenta la decisión”.

“Las discrepancias surgidas entre la dirección de la empresa y la persona trabajadora serán resueltas por la jurisdicción social a través del procedimiento establecido en el artículo 139…”

Ya están llegando las primeras sentencias al respecto, con resultados dispares, supongo que dependiendo del juzgado en el que caigan o del momento “político-conflictivo-laboral” en que nos encontremos.

 

En fin, entiendo que no resulta sencillo conjugar los intereses del empleado explotador con los del trabajador sobrecargado de curro que se merece poder conciliar su vida familiar y laboral, mezclados con los del empresario honesto que lucha por sacar su negocio adelante pese a las pocas ayudas gubernamentales y con los del “Escaqueator” de turno que tanto abunda en las empresas de cualquier tamaño.

Así que lo mejor es dejarse de medias tintas, aprovechar lo que decía Pedro Sánchez en Naciones Unidas la semana pasada acerca de “las nuevas tecnologías”, el Internet de las cosas o el Big Data, y adoptar una medida radical, pero justa, ecuánime como ninguna otra con el megacurrante y el tramposo: el chip subcutáneo.

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Se injertará un chip bajo la piel a cada trabajador con un sistema que se activaría al paso de cada puerta o al estar en el entorno de su puesto de trabajo. Que el trabajador baja a fumar, se desactiva el chip que registra la jornada de trabajo. Que los hay que van al baño siete veces al día y a veces quince minutos porque aprovechan para guasapear, ningún problema, queda registrado. Se evitarían así los agravios comparativos con los que ponen su vejiga a prueba durante horas. El chip contaría con un sistema homologado y único para todas las empresas de este país, un sistema que permita al trabajador cambiar de curro con facilidad sin necesidad de taladrarle el brazo para reinsertarle el chip de la nueva compañía.

En un experimento realizado en Fakeland (Estados Unidos), el chip se situó en la garganta de los trabajadores de una empresa de 200 trabajadores y los resultados fueron sorprendentes. Al estar ubicado junto a la tráquea, el chip recogía información sobre cafés, tabaco, donuts o conversaciones irrelevantes, y permitía segregar los datos en función de la edad, raza, sexo o categoría laboral. Resultó que un 25 por ciento de la plantilla trabajaba menos de seis horas diarias, un 12 por ciento no hablaba, ni fumaba, apenas bebía y se comía los marrones del resto de la plantilla. El 14 por ciento tenía serios indicios de obesidad solo por lo que injería en la oficina, un 4 por ciento veía porno en el baño, los jefazos de categorías superiores fumaban en sus despachos y tenían la garganta seca por hablar más que una portera, y a un 2 por ciento de los empleados le fueron encontrados restos de semen. El experimento se abandonó en la primera de las cuatro semanas previstas.

Evidentemente, el chip subcutáneo no existe, aunque todo se andará. Del mismo modo que creo que en muy poco tiempo, entre la sustitución de algunos puestos por robots y todas estas controversias sobre el presentismo y la sustitución por el teletrabajo, el trabajo fijo en una empresa acabará siendo sustituido por prestaciones reales que el currito realizará en remoto y facturará desde su casa, como un autónomo o falso autónomo. Con todos los peligros que eso conlleva, pues perderá como siempre el eslabón más débil de la cadena.

Luego está la opción de aquellos empresarios que consideran que un trabajador satisfecho es una mina (igual que pienso yo), y basan su relación con el empleado en la confianza y el respeto mutuo: “haz lo que quieras, cuando quieras y desde donde quieras, pero cumple, obtén resultados”. No es un tema de horas, sino de dedicación, esfuerzo y sobre todo responsabilidad.

Kike Sarasola ha vuelto a ir contracorriente y anunció recientemente que todos los empleados de su cadena de hoteles Room Mate contarán con una semana más de vacaciones, un día libre en la semana de su cumpleaños y un mes adicional de baja de maternidad y paternidad. Me parece una opción cojonuda y estoy seguro de que sus empleados le devolverán con creces y resultados ese tiempo extra que les ha sido otorgado. Así que no creo que sea tanto un problema de registro de jornada, sino de saber crear esas relaciones de confianza empleado-empleador.

Y una vez que he soltado todas estas parrafadas sobre este complejo asunto, una duda que me embarga desde el primer minuto: ¿piensan aplicar la norma de registro obligatorio a los chinos, o van a seguir gozando de barra libre laboral y fiscal?

Cara Josean