El Mundial más grande de la Historia (II): población y calidad

La locura «infantiniana» de ampliar la Copa del Mundo a 48 selecciones trajo a varios debutantes bastante curiosos. Curazao se ha convertido en el país más pequeño del mundo en participar en un Mundial y, de forma involuntaria, en protagonista del hit de las redes sociales durante el evento: ¿Dónde cojones está Curazao?

Apenas cuenta con 160.000 habitantes y ni siquiera antes de su clasificación sabíamos si contaba como país o no. De hecho, parece que es más una especie de territorio libre asociado a los Países Bajos más que una nación independiente, pero la FIFA y la UEFA van por una vía extraña a la hora de permitir que compitan territorios en sus campeonatos. Gibraltar, Islas Feroe, Palestina, Islas Caimán, Islas Cook, Kosovo, naciones sin el reconocimiento de numerosas federaciones, entre ellos la española… a este paso, ¿por qué no las selecciones de regiones, como están pidiendo algunos desde hace años? Todo se mueve por la pasta en la FIFA y la UEFA, así que llegará un momento en que se plantee en serio. Naciones Unidas tiene reconocidos 193 estados como miembros de su organización, mientras que la FIFA mantiene 211 federaciones adscritas bajo su control mafioso. Para el Mundial de 2030 han anunciado 64 países participantes, una estupidez supina en mi opinión.

Cabo Verde, con poco más de 500.000 habitantes, se ha convertido en el país de menor tamaño que pasaba a la segunda fase. El gol anotado por Sidny Lopes Cabral en la prórroga frente a Argentina ha sido elegido el mejor de todo el Mundial: orden desde el inicio, pases, paredes, aperturas, salida de presión y un pepinazo a la escuadra. Brillante. A Cabo Verde le quedará para su historia haberse convertido en el único país que no cayó derrotado por España en todo el campeonato y también podría presumir de no haberlo hecho en los 90 minutos de rigor frente al otro finalista, Argentina.

Sorprende que países tan pequeños sean capaces de reunir a futbolistas del nivel necesario para clasificarse para un Mundial. Pero a veces es un tema cultural, de predominio de un deporte o interés por el mismo en una zona, como Eslovenia, cuna de grandes ciclistas y jugadores de baloncesto con apenas dos millones de habitantes, o motivado por la existencia de infraestructuras deportivas y una cultura nacional, como el caso ya tratado en este blog de Islandia.

No es el caso de la República Democrática del Congo, un país sin presencia mundialista previa (salvo como Zaire en 1966), pero que tiene donde elegir al contar con una población oficial de 116 millones de habitantes. La mayoría de sus jugadores participan en campeonatos europeos y a las capacidades físicas naturales unen el talento aprendido en las calles (como los brasileños) y ahora, el rigor táctico europeo. Con el crecimiento esperado de su población en próximas décadas, habrá que ver hasta dónde llegan en futuras ediciones… si los medios o el apoyo en forma de infraestructuras llega.

Porque población y nivel deportivo no van de la mano. Precisamente durante este Mundial me encontré un artículo bastante interesante en el que el autor, Tej Parikh, se preguntaba: ¿por qué China y la India son tan malas en el fútbol? Una población gigantesca debería ser un granero de talento, como dice el autor, y sin embargo, China solo ha participado en un Mundial (2002) y la India no ha estado nunca. Ni parece que sus situaciones vayan a cambiar en el corto plazo.

El gobierno de Beijing aprobó un plan en 2015 para convertir a China en una superpotencia futbolística en el año 2050. Y deberíamos tomarnos a los chinos en serio cuando algo se les mete entre ceja y ceja. El artículo recuerda el intento de crear una Superliga china en 2004 y lo que sucedió durante los años siguientes: grandes inversiones en estadios, fichajes millonarios y una enorme burbuja que acabó con corrupción. Mucha corrupción. Amaño de partidos, escándalos con las apuestas, sospechas en los resultados y un debilitamiento del interés de los aficionados. Me suena a lo que ocurrió en Italia tras el Moggigate y aquí en España con el Negreirato o con el Villarato. La disciplina china para los deportes individuales ha quedado acreditada en los últimos Juegos Olímpicos y la financiación pública de los programas de desarrollo de sus atletas, gimnastas o nadadores nunca ha faltado, pero de momento el fútbol quedó aparcado tras esta primera experiencia.

El caso de India es distinto. El interés de esa población tan multitudinaria está centrado en el cricket, donde son una potencia mundial. El intento de crear una liga potente en 2013 chocó con la falta de asistencia a los estadios (quizás las gradas fueran el único sitio del país sin masas enormes de gente) y con la baja financiación de los clubes. La carencia de instalaciones adecuadas para entrenamiento imposibilita que el talento emerja, que encuentre su hueco entre los niños o que se cree una cultura futbolística en el país. La pobreza general de la sociedad impide que los padres de familia orienten a sus hijos hacia un deporte minoritario sin futuro (de momento).

No podía concluir estas disquisiciones demográficas sin mencionar un punto relevante en lo que podía ser un “trasvase” de talento: la inmigración. En este Mundial ha habido casi trescientos jugadores que han participado por un país distinto del que los vio nacer, como se ve en el cuadro adjunto. Algunos hermanos, como los Williams, incluso han jugado con camisetas diferentes (Nico con España, Iñaki con Ghana). En el partido de octavos de final de Marruecos se dio la circunstancia de que alineó un once compuesto exclusivamente por jugadores que no habían nacido en el país al que representaban. Eso no los hacía menos marroquíes, aunque hubieran nacido en Getafe (Achraf) o Málaga (Brahim Díaz), por seguir con la polémica creada por Mariano Rajoy y su poco afortunado “Francia juega sin franceses”.

Relacionados con el Mundial 2026:

El primer Mundial sin Ibáñez

Relato “Aquella mañana de junio”

El lapo: consideraciones fisiológicas, deportivas y sociológicas del gargajo

El Mundial ha sido tan largo que me ha dado tiempo a escribir sobre mis adaptaciones favoritas de novelas al cine, sobre las omisiones imperdonables, leer La Odisea de Homero (se viene post en breve) y hasta ver la peli de Nolan, como decía aquel chiste sobre la duración del descanso de la final. Ya que el monotema del último mes y medio ha sido el Mundial, me dio por ver dos películas que trataban sobre la locura que deben ser las concentraciones de las selecciones de fútbol:

  • El bus: documental sobre la rebelión de los futbolistas franceses en el Mundial de 2010, en Sudáfrica. Si te toca un seleccionador que está como un cencerro (Raymond Domenech), una estrellita sin nada en el cerebro (Anelka) y los egos desmedidos de varios futbolistas, te puedes encontrar con lo que sucedió: una selección repleta de talento, eliminada en primera ronda.
  • Saipan: trata el enfrentamiento del jugador irlandés Roy Keane con el seleccionador Mick MacCarthy y con la mayoría de los compañeros de la plantilla durante el Mundial de 2002 en Japón y Corea. No es una gran película, pero si trataba de rehabilitar la figura de Keane o vestir de competitividad su cabreo con el mundo, no lo logra. Roy Keane aparece retratado como el capullo integral, mal bicho y pésimo compañero que siempre fue. Por cierto, incluido en el once de los futbolistas más guarros de la historia para este blog.

Si algún día se rueda alguna película sobre este Mundial tan grande, yo me inclinaría por lo contrario, por las pequeñas historias, por la vida de jugadores cuyas biografías nos han interesado. Aquí dejo mis sugerencias:

  • Ferran Torres: denostado, enviado al banquillo y muy criticado por la prensa y los aficionados (yo el primero). Su cara de desesperación en el gol que le anulan frente a Arabia Saudí era la de un tipo desquiciado. Hundido mentalmente. El gol no servía de nada (habría sido el quinto), pero el tipo lo necesitaba para recuperar su autoestima… y no subió al marcador. Se lo anularon. Sin embargo, Luis de la Fuente siguió confiando en él y el destino le tenía reservado el gol más importante de todo el torneo, el que pasará a la historia.
  • Yan Diomandé: un jugador de Costa de Marfil que sale de su país con 15 años, es rechazado por las canteras del Chelsea, Rangers, Bournemouth y Olympiacos, y de repente acaba en el Leganés. Tras una decena de partidos salta a la Bundesliga, ahí explota como jugador y apenas un año después tiene a todos los grandes de Europa detrás de su fichaje (parece que acabará en el Real Madrid). Sin embargo, justo en los primeros días del Mundial su hermana es asesinada en su país natal. La persona que más lo había apoyado y acompañado fallece cuando por fin le llega su gran momento. Diomandé solo tiene 19 años, pero en la carta que escribió a su hermana el pasado 17 de junio parecía haber vivido ya más vidas que cualquiera de nosotros.
  • Jayden Adams, el jugador sudafricano de origne colombiano que falleció el pasado 15 de julio. Sus imágenes en el fondo del vestuario mientras la plantilla al completo celebra la clasificación a segunda ronda han reabierto el debate sobre la salud mental de los futbolistas, las depresiones y la manera de gestionar la presión. El suicidio no se ha descartado, ya que el chico, de apenas 25 años, atravesaba una depresión tras el fallecimiento de su abuela.

Si te gusta el fútbol bueno-bueno, lo normal es que lo busques en el fútbol de clubes, donde los jugadores entrenan conjuntamente todo el año, se crean automatismos, los entrenadores cambian y ajustan sistemas, y hay un orden, una coordinación en la presión, la defensa o el ataque. El fútbol de selecciones es otra cosa, desde luego menos profesional.

Desde chaval siempre me gustó ver los Mundiales porque eran la oportunidad de ver a jugadores que no conocías más que por los cromos, porque, en aquellos tiempos sin Internet, no había manera de ver jugar a los equipos sudamericanos, asiáticos, no digamos a los africanos, pero es que tampoco era muy habitual ver a los italianos o los alemanes. Hablo de finales de los setenta y principios de los ochenta. Debí ver unos 40-45 partidos de los 52 del Mundial de España y durante años me sabía todos los resultados de memoria (también los de México 86).

Me gustaba ver a esos caóticos equipos africanos, a los siempre vistosos brasileños, a los graníticos alemanes o a los “cancheros” argentinos. En este Mundial se confirma que casi todos los equipos juegan igual. Y es más aburrido. Mucho toque horizontal y hacia atrás, muchos porteros convertidos en los pasadores más habituales de cada combinado, pocas ocasiones de gol, mucho sopor. Tampoco nos sorprenden ya las revelaciones venidas de otros continentes porque casi todos juegan ya en Europa. Entre esta pobreza de juego y la corrupción que rodea al fútbol, me ha interesado más bien poco lo sucedido. En España, el Negreirato me echó hace años, la FIFA de Infantino está rematando la tarea. La AFA argentina está siendo investigada por el FBI y todo pinta a que es otro nido podrido que apesta. El fútbol que me gustaba se muere.

Sí, ha ganado España, la mejor selección de largo del campeonato, pero, pregunta seria: ¿de verdad a alguien le gustan los partidos de España? Doce tiros en contra en ocho partidos, eso es lo que han producido los demás en contra del marco de Unai Simón. España ha ganado con un equipo con Baena y Oyarzábal en el once titular, con un Laporte que hasta hace nada estaba medio retirado en Arabia Saudí, con unos Gavi y Pedri que por fortuna desaparecieron, con un Lamine Yamal muy lejos del nivel que tuvo en la Eurocopa de hace dos años, y sin embargo se ha ganado el torneo sin pasar grandes apuros. ¿De verdad no había equipos de más nivel? ¿Mejor conjuntados? ¿Con más calidad?

Si se pretende vender el fútbol en Estados Unidos, puede que no haya peor idea que mostrar los partidos de España, el ritmo cansino, y contar a los yanquis que ese es el mejor equipo. O ponerles la primera parte de la semifinal Argentina-Inglaterra, para que no parezca que hablo solo de España. Qué horror. Qué sopor.

En los últimos torneos de fútbol de selecciones parece que basta con ordenar a los jugadores en el campo y con tener la suerte de que lleguen más frescos que los rivales. El talento luce solo de manera individual, son pequeños chispazos de genialidad como los que hemos visto a Mbappé, Messi, Bellingham, Olisé, Harry Kane o Haaland. Puede que solo Olmo en España haya tenido esos fogonazos. Que Rodri sea el Balón de Oro es la mejor muestra de lo que ha sido el Mundial. Y no digo que no lo merezca, que para mí es un sí rotundo, sino que es el tipo de jugador correcto en este fútbol moderno hiper estratégico de los entrenadores, en el que casi nadie sale del guion parido en las pizarras, el jugador que nunca sale en los highlights post-partido. Puede que no sea el jugador por el que un espectador norteamericano (o yo mismo) esté dispuesto a pagar 500 dólares de entrada.

La falta de trabajo habitual de los seleccionadores con sus equipos da lugar a errores groseros, más impropios del fútbol de clubes, en el que las plantillas entrenan de manera conjunta durante cerca de diez meses al año. Incluso en unas semifinales. El penalti que comete Digné sobre Lamine Yamal o el más gordo de todos: los ocho ingleses en paralelo al borde de su área pequeña mientras dejaban totalmente solo a Enzo Fernández en la frontal. Inconcebible, Tuchel.

Para concluir, este Mundial nos está dejando el nacimiento de dos falacias que (guarden el post) se mantendrán en el tiempo y algunos mencionarán en los próximos años:

  • Los argentinos fueron robados o chantajeados, o abducidos, o drogados, pero no ganaron porque no les dejaron. Lo de Vincic anulando el 1-0 a toda pastilla para que no entrara el VAR desmonta su absurda teoría, pero es que no hay día en que no me encuentre una noticia y una nueva teoría de la conspiración sobre por qué no le dejaron ganar el Mundial a Argentina.
  • El Mundial lo ganó el Barça. Ya lo hicieron con el de 2010, pero es que la campaña comenzó el mismo día de la final por la noche. De nada servirán los datos (tres culés en el once titular), ni las explicaciones (no tiene nada que ver el juego de De la Fuente con el de Flick), ni tratar de razonar con los que largan la gilipollez, ya lo verán. Lo hicieron tras el triunfo de Sudáfrica y nadie va a frenar su relato. Son los mejores en esto. 

El Mundial más grande de la Historia (I): solo en cifras

Que sea el más grande no significa que sea el mejor, al menos en lo deportivo. Pero si la FIFA trata de extender su negocio por todo el mundo y convertirlo en un deporte tan popular en Estados Unidos como el baloncesto, el béisbol o el fútbol americano, entonces sí que podría hablarse de un éxito como promoción y organización. Otra cosa será lo que suceda a continuación, pues los Estados Unidos ya organizaron otro Mundial en 1994, han mejorado mucho los ingresos de su competición, la MLS (Major League Soccer), pero siguen sin lograr que arraigue en el público local.

El Mundial como negocio global

La ampliación a 48 selecciones (muy criticada en este mismo blog), 104 partidos y 16 sedes repartidas entre Estados Unidos, México y Canadá ha puesto el show (y el show business) a disposición de un mayor número de televisiones, patrocinadores y anunciantes, así como a nuevas plataformas de explotación publicitaria. Las ciudades anfitrionas y los operadores turísticos han “hecho su agosto” en julio con la importante fuente de ingresos obtenida. El “football is for the fans” pareció queda aparcado con el elevado precio de las entradas, pero las cifras de asistencia a los estadios indican que no fue un impedimento para lograr llenos casi absolutos en cada uno de los encuentros. 99,7% de asistencia y más de 6 millones de espectadores. Para mí, a falta de un gran juego en el campo, lo mejor del torneo ha sido el aspecto de los estadios, el colorido de las aficiones, las imágenes de los minutos previos a cada partido. Lo que no me gusta es que acudir al fútbol, como a casi cualquier evento, se está convirtiendo en una experiencia de lujo, carísima, no apta para todos los bolsillos, incrementada, además, por ese modelo tan americano de las experiencias Premium, los recuerdos conmemorativos únicos (recordad lo que ya comenté del Maratón de Nueva York) y la hostelería a precios de estrella Michelín y vino gran reserva, aunque se trate de una hamburguesa y una cerveza en vaso de plástico.

Los precios de las entradas para la final darían para no menos de cuarenta mil historias de gente empeñándose varios meses o años por un asiento, solicitando créditos al banco o buscando amigos con patrocinadores del evento para poder asistir. Una locura en la que sé que nunca me veré inmerso.

Las cifras de audiencia televisiva también marcan un importante crecimiento del interés en Estados Unidos. El partido de octavos de final entre Estados Unidos y Bélgica rompió la barrera psicológica de los 50 millones de espectadores, seguido de cerca por los 46,7 millones del Inglaterra-México. Según este artículo, los eventos deportivos no vinculados a la NFL más vistos en el país desde 1994. Si el fútbol logra mantener este interés en el mercado norteamericano, los derechos audiovisuales podrían aumentar hasta los 2.000 millones de dólares para las ediciones de 2030 y 2034. Además, los operadores televisivos tendrán que considerar de manera permanente que el fútbol no habla inglés, o no se vende exclusivamente en inglés, como han podido comprobar por las cifras de seguimiento en streaming. El fútbol habla un español tan variado como el de los dos finalistas.

¿Puede el éxito de una selección influir en la Bolsa?

No es la primera vez que me encuentro artículos que mencionan la influencia de los éxitos deportivos en los mercados financieros.

Este artículo menciona un estudio que AJ Bell realiza desde 1994 en el que concluye que sí puede existir esa conexión, si bien no parece tan clara. De hecho, son las Bolsas de los países finalistas las que han experimentado un mayor crecimiento en los cuatro años posteriores a un Mundial. La conclusión habla de un 59% para el país campeón, pero un 61% para el finalista. Y apenas un 27% para el país organizador. Es posible que el éxito deportivo pueda generar un sentimiento de optimismo, o que mejore la visibilidad internacional de las compañías de un determinado país, pero el dinero es cobarde por lo general, o al menos cauto, y este impacto no creo que vaya mucho más allá del corto plazo. De hecho, el propio artículo habla de un efecto curioso que ya estudió el Banco Central Europeo en 2012: la distracción de los inversores. Según este informe, las transacciones en el mercado caían un 45% cuando jugaba la selección nacional del país analizado, y los volúmenes bajaban hasta un 55%. Menos pantallas de Bloomberg y más pantallas en el bar o en el VAR. Supongo que el estudio no podrá concluir si los inversores más futboleros invertían con mayor alegría tras el triunfo de su selección o no, pero ya os digo lo que me ocurriría a mí si fuera el gestor de esos fondos tras el gol de Puyol a Alemania.

Dudo mucho que el triunfo español en el Mundial de 2010 sea una buena referencia de la evolución bursátil del Ibex en los próximos meses. Durante el Mundial de Sudáfrica, el Ibex subió un 5% y otro 5% adicional en las tres semanas posteriores al triunfo del 11 de julio, si bien después sufrió el bajón de la crisis del euro que asolaba a las principales economías europeas. Este mes de julio, el Ibex ha alcanzado sus máximos históricos y, con los problemas actuales de España (sin presupuestos, sin posibilidad de legislar, sin capacidad para emplear los fondos europeos), y aun así en mejor situación que los socios europeos, desconfío bastante acerca de que el título mundial pueda ayudar a la economía.

Ni siquiera creo que vaya a mejorar un cierto sentimiento de “unidad nacional”, esa especie de tregua que el fútbol parecía haber dado a los nacionalismos más radicales. Las agresiones de Berriozar, Vitoria y Bilbao, las pintadas en Cataluña o la vandalización del mural de Ferran Torres indican que los imbéciles de siempre siguen sueltos. E igual de imbéciles, intolerantes y radicales.

Me quedaré con el optimismo de los artículos que dicen que el triunfo puede acarrear una subida de medio punto en el PIB del país. Bueno, me lo «creeré».

El Mundial de las cerveceras

De los muchos artículos que se publicaron durante el Mundial, me llamó la atención este de Expansión sobre el consumo de cervezas por países en función de los resultados de su selección. Por ejemplo, la eliminación antes de tiempo de Estados Unidos y Brasil llevó a Morgan Stanley a rebajar sus expectativas de crecimiento del volumen de cerveza consumido, de los 24 puntos básicos inicialmente considerados a 17, que tampoco está mal.

Anheuser Busch InBev (AB InBev), propietaria de varias marcas con numerosos seguidores en estos países, bajó un 3% en Bolsa durante el mes del Mundial, mientras que la danesa Carlsberg ha subido un 10%. Según los analistas, grandes “capitanes a posteriori”, la subida se debe al notable desempeño de las selecciones del norte y oeste de Europa, países como Francia, Suiza, Noruega e Inglaterra, en los que la compañía tiene una importante cuota de mercado. El artículo no habla de las marcas españolas y la ingente cantidad de consumo de Estrella Galicia, Damm, Cruzcampo, Mahou o el Águila durante las quedadas de aficionados para presenciar los partidos de la selección de Luis de la Fuente.

El Mundial de los datos y la tecnología

El Mundial 2026 también ha servido para implementar nuevas tecnologías al deporte. Mucho sensor, mucho análisis de datos, pero la materia gris sigue (afortunadamente) derrotando a las máquinas. Recordad el talento frente al Big Data). El nuevo balón Trionda incorpora sensores que registran y almacenan datos hasta 500 veces por segundo, entre otros, el momento exacto del golpeo de balón, lo que debería ayudar para evitar los errores del VAR y acelerar la toma de decisiones del fuera de juego semiautomático (SAOT). La realidad del campeonato no ha ayudado a disipar las dudas que siempre existen, más cuando hay una FIFA o un CTA untado detrás del control del aparato.

Lo que no se ha suprimido es el alto componente de subjetividad que se le concede al árbitro para interpretar cuando un pisotón es accidental, fortuito, previo a la jugada o no, suficiente para anular un gol o mantenerlo. Este Mundial ha incorporado las cámaras subjetivas en los árbitros para que el espectador vea lo mismo que ellos, pero lo que se supone que aporta una transparencia necesaria en la narración, ya hemos visto que ha servido de poco: las polémicas continúan. Las sospechas sobre la alargada sombra de Infantino permanecen. La intervención de un analfabeto futbolístico como Donald Trump para retirar la tarjeta a un jugador entra para siempre en la categoría de sucesos más esperpénticos de la historia de los mundiales, al nivel del jeque kuwaití bajando al campo en el Mundial de España para pedir que anularan un gol.

Quizás las polémicas sean necesarias para que se hable más de fútbol y aumenten las interacciones en redes sociales. Quizás el valor de los datos esté en acumularlos para saber qué es lo que más hierve la sangre de los aficionados, no tanto para usarlos con criterio y en beneficio del fair-play. Y si algo ha demostrado este Mundial es que el fútbol hace poco que dejó de ser un deporte, o solo un deporte: el negocio lo ha fagocitado.

En la segunda parte hablaremos de otras dimensiones del torneo, como la social (Lester), cinematográfica (Travis) o meramente deportiva (Barney, pero muy superficial). Ha ganado España, pero aunque no lo hubiera hecho, hay alguien que siempre lo hace. Y debemos alegrarnos de ello.

El lapo: consideraciones fisiológicas, deportivas y sociológicas del gargajo

Ah, el Mundial de fútbol. Esa concentración de deportistas de élite de países variados, culturas diferentes y filosofías de juego enfrentadas en una maravillosa disputa en torno al balón de fútbol… y el escupitajo. Algo tiene el deporte del balón y los veintidós tíos en calzoncillos que une a la comunidad de sus practicantes, que por momentos parece obligar a los que lo ejercen a nivel profesional a expeler sus restos salivales con una fuerza inusitada, algo exagerada e, inopinadamente al menos para mí, de un modo teatral. Algunos cámaras de televisión parecen encontrarlo atractivo, pues suelen recrearse con un fulgor incomprensible en el desmenuzamiento por el aire del salivazo expulsado por el jugador que acaba de completar su acción.

No puedo con los lapos, lo reconozco. Me repelen, me dan asco, me descomponer verlos en esos primeros planos, no digamos ya cuando los emiten a cámara lenta. O con la súper lenta, que también lo han hecho en alguna ocasión, quizás para que podamos encontrar más matices, colores, densidades y miasmas en la disociación del esputo.

¿Hay alguna razón fisiológica detrás de este acto tan repulsivo?

Un estudio del Instituto Regional de Medicina del Deporte de Caen (Francia) de hace años concluía que la estimulación cardíaca producida por el ejercicio físico intenso hacía que «la composición de la saliva varía para producir una sustancia mucho más viscosa y pegajosa», un gargajo, en términos poco técnicos, que podían molestar al futbolista, que solo podía aliviar escupiendo como una llama peruana. ¡Y un cuerno!

He corrido 22 maratones sin haber escupido una sola vez, he jugado décadas enteras al fútbol sin escupir sobre el terreno de juego (¡coño, chavales, que luego nos caemos ahí!). No es necesario. Otra explicación, o quizás justificación de los defensores del escupitajo, habla del «enjuague de carbohidratos», de cómo los jugadores ingieren grandes cantidades de líquidos, se enjuagan la boca para evitar la sequedad, y luego la escupen, la sueltan de manera aparatosa. El nutricionista deportivo Guillermo Gómez afirma que las botellas que dan a los futbolistas (se ve mucho en este Mundial en las pausas de hidratación) contienen una solución que mezcla el agua con carbohidratos: «Actúa como un enjuague bucal. Se llenan la boca, hacen ese enjuague durante 10 segundos y la escupen». Según este especialista, la boca tiene unos receptores de carbohidratos que hacen que lleguen unas señales al cerebro sin necesidad de ingerir el líquido. Que es mejor escupirla para no correr con la panza llena de líquido. Tampoco me vale esta explicación: todos nos hemos enjuagado la boca junto a la fuente del campo de fútbol, en el descanso o en un punto de avituallamiento de una carrera. Yo no hablo de esa expulsión de la bebida, sea isotónica o no. Yo hablo, insisto, del putrefacto gargajo.

Consideraciones deportivas: ¿Es el escupitajo un elemento exclusivamente futbolístico, tan propio de este deporte como las botas de tacos o las espinilleras?

Los argumentos fisiológicos se desmontan fácilmente. ¿Por qué no escupen los jugadores de baloncesto? ¿O de balonmano? ¿Y los tenistas? Reconozco que sería bastante asqueroso e impropio de caballeros ver a los tenistas hacerlo sobre las verdes pistas de Wimbledon, o sobre la arcilla de Roland Garros, y no creo que en el polvo parisino no se genere algún tipo de sustancia en las gargantas de los tenistas, que pasan horas sobre la pista, por cierto. Los deportes que se juegan sobre parquet suponen un esfuerzo concentrado de mayor intensidad que el fútbol y no vemos a un solo jugador escupiendo sobre la cancha. Si ya el sudor es molesto y peligroso, y obliga a los operarios a secarlo repetidas veces durante los encuentros, solo nos faltaba ver a los jugadores expulsando sus mucosas con la alegría de un futbolista.

El escupitajo televisado en descomposición es un producto (más bien un residuo) estrictamente futbolístico. En Reino Unido surgió hace tiempo el movimiento Keep Britain Tidy (Mantengamos Gran Bretaña limpia), en el que se instaba a los futbolistas a que dejaran de escupir porque creaban un mal ejemplo para los niños. La inmensa mayoría de futbolistas escupen al acabar una jugada, quizás como si supieran que la cámara los enfocaba en ese momento y es impropio de un futbolista no hacerlo. Son pocos los que fallan. ¿Con esto estoy diciendo que los futbolistas son unos cerdos guarros y maleducados? Mmmmhhh… no me preguntéis una segunda vez.

Pero es que, además, en el fútbol se concita otra circunstancia impropia de otros deportes: el lapo al rival para forzar una agresión y una tarjeta roja. Di María, Totti, Messi, Chilavert, Thuram… recuerdo a muchos grandes jugadores cometiendo una acción tan rastrera como esta para provocar al rival. Otro hecho que me demuestra que el gapo es casi exclusivamente propio de lo más macarra del fútbol es la puntería de sus «actores». Aunque ninguno tan certero como Franz Rijkaard y sus salivazos sobre los rizos de Rudy Vöeller. Vi aquel partido en directo y sentí un asco inmenso por un jugador que admiraba.

Y voy a dejar un dato más que demuestra hasta qué punto el escupitajo futbolero es gratuito e innecesario. ¿Qué pasa con los entrenadores? ¿Qué necesidad tienen de escupir si ellos no están jugando? ¿Por qué cada vez que enfocan a Guardiola tiene un minisalivazo que expele en riguroso directo? Y no lo hace solo Guardiola (Zidane también es «un gran escupidor»), aunque él quizás sea el paradigma de la teatralidad del lapo.

¿Algún tipo de consideración geográfica o sociológica del escupitajo?

El escupitajo es algo cultural, y como tal, el fútbol es un punto importante de la cultura europea y sudamericana. Igual que hay países en los que el escupitajo está bastante normalizado, como en China, o en la India, mezclado con un tabaco rojo que aumenta el asco y espesor que provoca el gargajo, hay otros en los que se imponen fuertes multas por escupir en lugares públicos, como Japón o Singapur. Incluso se puede encarcelar a una persona por reiteración o en función del lugar en el que se ha dejado el «regalo». Yo haría algo parecido con el fútbol: multa económica importante a la primera, 50 latigazos a la segunda y el resto de la temporada sin jugar a la tercera. Sanción de cinco años con suspensión de empleo y sueldo a todo aquel que escupa a un rival.

Es asqueroso, por si mi opinión no ha quedado clara tras todo lo expuesto. Me molesta tanto que lo incluí en aquella larga lista de Cosas que odio que publiqué hace tiempo. Como casi siempre, la parodia explica la realidad de las cosas mucho mejor que tanta palabra: el escupitajo, como tocarse las partes, pertenece a los códigos propios que algunos consideran en el deporte. A su lenguaje o filosofía, por absurda que pueda ser. En el caso de los guiris, llevado al béisbol y al tabaco de mascar:

Pues hala, ya lo he soltado. Me ha subido del esófago a la tráquea, lleva tiempo haciéndose bola en la garganta y finalmente lo he escupido, ahí lo dejo.

Los Negreira boys (y III): la prensa

En todo lo relacionado con el caso Barça/Negreira, hay una tercera pata fundamental para que esto haya durado dos décadas al menos (a mí me salen tres), una tercera pata sin la cual nada de esto habría sido posible, al igual que en Italia: la prensa. Una prensa cómplice que mira hacia otro lado, cuando no se dedica a manipular, blanquear o tratar de tapar. Lo hicieron desde el primer día y más ahora, justo cuando parece que el asunto se agita de nuevo con la entrada a saco de Florentino Pérez.

El diario más leído en este país, no solo de prensa deportiva, el Marca de Juancho Gallardo, publicaba la semana pasada lo que denomina el Informe Negreira, un análisis exhaustivo repleto de datos, estadísticas globales de penaltis y tarjetas, e individuales sobre árbitros, tendencias… y unas conclusiones bochornosamente equidistantes. No sé por qué lo sacan ahora, tres años y tres meses después de que saltara el escándalo, salvo que se deba a que empiezan a prever una posible sanción de la UEFA y comiencen una campaña de presión o de blanqueamiento. El Real Madrid es otra entidad que también va tarde en esta denuncia ante la UEFA: Florentino Pérez lleva toda la campaña electoral anunciando el famoso dossier de 500 páginas que va a presentar al organismo europeo, un dossier tardío y seguramente insuficiente, que se uniría a la denuncia presentada por los miembros de negreiragate.com, mucho más extensa y seguramente completa que el dossier que el club no termina de presentar. 

El Informe Negreira comienza con unos párrafos del director del medio que anuncian la línea editorial que va a seguir a continuación: “Hasta el momento, nada se ha podido demostrar en cuanto a una posible actuación tendenciosa, orquestada o parcial (en todo caso delictiva) de los árbitros en favor del Barcelona o en contra de sus principales rivales”. Con un par. Tenemos a un vicepresidente de los árbitros untado hasta las cejas (acreditado) por un solo club (acreditado), con mando en plaza para decidir sobre designaciones (acreditado), ascensos (acreditado) y descensos (acreditado), dotado de un índice corrector (acreditado) para cambiar las puntuaciones de los colegiados (acreditado) y viene este tipo a soltarnos que no se ha podido demostrar nada sobre una actuación delictiva.

El director de uno de los medios que más se ha pronunciado en favor de Riquelme presume de haber hecho “el análisis exhaustivo, completo y detallado que aún no se había hecho tras destaparse el caso Negreira”. Cabe preguntar por qué motivo un medio que había hecho poco más que ponerse de perfil durante más de tres años se lanza ahora con un trabajo aparentemente riguroso. Y ya se moja sobre la resolución que debería tomar el caso cuando afirma que “mientras el caso se dirime en los juzgados y queda descartada la sanción deportiva por prescripción de un posible (e indemostrado) delito…”. Demasiadas precauciones, ¡demasiado condón, Juancho! ¿Hay temor a que la publicidad de Tebas se reduzca en el medio?

El informe está dirigido a una pregunta que, según entendemos muchos, no es la relevante, aunque también lo sea: “¿Se demuestra que ayudaron los árbitros al Barça?”. Yo pagué a un sicario para que asesinara a mi jefe, pero este no remató el encargo. ¿Mi delito depende de si se consumó el asesinato o no? Y una vez que el informe se centra en avalar o negar esa hipótesis, se lanza a publicar toda una serie de estadísticas que, en el fondo, importan poco. Y aun no siendo lo relevante del caso juzgado, el ánimo blanqueador queda patente en muchas de las afirmaciones vertidas:

Hay un párrafo en el que podían haberse extendido más, que es en el que se refiere a los árbitros en los que mayor diferencia en puntos había según pitaban al Real Madrid o al Barcelona. “Pero, al mismo tiempo, hay una segunda forma de leer estos mismos datos. No comparando al Barça con el Madrid, sino mirando sólo al Barcelona. Y ahí el paisaje cambia. Con 40 árbitros habituales, el Barça superó sus propias medias de victorias, derrotas y puntos con 15 de ellos. Hasta ahí, nada llamativo. Lo que sí lo es es que con cinco de esos 15 árbitros -Undiano, Mateu, Ayza, Sánchez Martínez y De Burgos- el Madrid obtuvo al mismo tiempo resultados por debajo de sus propias medias”. ¡Coño, pues podían haber insistido por ahí! O podían haber incidido en el hecho de que los mencionados alcanzaran la internacionalidad (es decir, promocionaran y fueran bien puntuados, entre otros o principalmente, por Enríquez Negreira) debido, quizás y solo hipotéticamente, a esta anomalía estadística. Sin tanto dato, solo con actuaciones en temporadas puntuales, varios de estos árbitros aparecieron en mi particular Anatomía de un Negreirato, esa explicación de todas estas anomalías en formato comedia, el único posible para explicar el fútbol español.

Sin embargo, el informe prefiere tirar por otros derroteros, solo por la estadística, sin apenas entrar en lo que esos datos pueden significar. No habla de errores groseros, como muchos de los que se produjeron en lo peor del Negreirato, ni de cómo esos árbitros fueron promocionados, descendidos o designados para las finales de Copa en función de a quién beneficiaban o perjudicaban. En definitiva, la línea editorial, o pastoral, si lo prefieren, de los lacayos de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira.

Podían haber incidido en la carrera de estos colegiados, por ejemplo, en cómo Undiano Mallenco fue tan importante para que el Barça se llevara la Liga 2013-14, por ejemplo, pero apenas lo hacen. «El análisis estadístico no detecta una diferencia significativa entre la frecuencia de asignación de los árbitros favorables al Barça y la de los neutrales o desfavorables: los ‘pro Barça’ pitaban de media 19,4 partidos al equipo catalán, los ‘pro Madrid 18,9. La diferencia es mínima en el global». La siguiente frase sí podía haber sido un filón del que tirar, pero no lo explota, pese a que ha quedado acreditado durante las investigaciones que Negreira tenía influencia sobre las designaciones de los colegiados. «Cuando se acota al grupo de los cinco árbitros con el patrón más consistente -los que simultáneamente tienen al Barça arriba y al Madrid abajo en las tres métricas- la frecuencia de designación sube de forma notable. Si el CTA controlaba quién pitaba a quién, y si ese control buscaba algún efecto, esos números sugieren dónde habría que mirar». Habría que mirar, pero hazlo tú, que a mí me da la risa. De hecho, el informe no habla en ningún momento de errores puntuales, salvo en un caso, en uno de Mateu Lahoz que perjudicó, oh, casualidad, al Fútbol Club Barcelona. ¿No es demasiado evidente lo que pretende este informe supuestamente tan riguroso?

«Mateu Lahoz es el más difícil de encajar» porque siempre fue un verso libre en el CTA, un tipo que hizo carrera pese a no ser de la cuerda de los capos en un organismo definido por varios de sus exmiembros como «una famiglia» o «una mafia». Que conste que a mí nunca me gustó como árbitro, por su afán de protagonismo, por ir de «bienqueda» con todos, y por lo imprevisible de sus decisiones, muchas de ellas totalmente incomprensibles.

El informe continúa con sus datos estadísticos, sin querer entrar en ningún momento en los errores garrafales de los Iturralde, Hernández Hernández o Clos Gómez de siempre, errores que eran recompensados, por cierto. Los señores de Marca pecan siempre, siempre, en cada frase, en cada matiz, en pro de una imposible equidistancia entre un equipo que pagó más de 8 millones de euros a «la mano derecha de Sánchez Arminio» y otro que padeció los arbitrajes de esa época.

El ejercicio de equilibrismo es demasiado obsceno hasta para el medio que más fondos recibe de Javier Tebas todos los años. Estuve a punto de dejar de leerlo y tirar el ordenador por la ventana cuando vi que publicaban una cosa llamada «Índice de Favoritismo» arbitral, en el que, ¡por supuesto!, Real Madrid y Barça empatan. Podéis iros a esparragar:

Es un análisis en el que no entran a valorar los criterios de designación para los partidos clave de la temporada, siempre opacos, paridos en los que curiosamente solían aparecer con demasiada frecuencia los Hernández Hernández, De Burgos Bengoetxea o Sánchez Martínez. Tampoco explica cómo las estadísticas se maquillaban en los partidos a priori más sencillos de cada temporada o en las jornadas finales, cuando «su trabajo» ya había sido realizado. E insisto una vez más, nunca se han explicado los dudosos criterios con los que los colegiados eran promocionados a la categoría internacional, donde sus emolumentos aumentaban de manera considerable, o cómo eran descendidos. El famoso índice corrector o corruptor que aparece en el informe de la Guardia Civil sobre el caso.

Las conclusiones de este Informe Negreira que tantos datos iba a aflorar no pueden resultar más decepcionantes: de nuevo la equidistancia más absoluta. Trata de dar cabida al discurso de madridistas y barcelonistas, y eso, con tantas evidencias afloradas por la Guardia Civil, la Agencia Tributaria o los informes de Juan P. Frutos y Maketo Lari, no es posible, señores de Marca. Como diría Michael Corleone: «es un insulto a mi inteligencia».

No, Marca, los tribunales no están intentando determinar «lo que hizo ese dinero dentro de los partidos de fútbol». Llevar el caso a actuaciones concretas, a un penalti o fuera de juego mal señalado, es el argumento que los directivo culés intentan poner en el centro del debate. Un club de fútbol no puede pagar a un dirigente de los árbitros por nada, ni por informes, ni mucho menos por influencia. No es necesario acreditar la compra de partidos o de colegiados, me duelen los dedos de tanto aporrear el teclado para escribirlo.

Si algún interesado quiere ver análisis estadísticos más serios, se puede pasar por la web de negreiragate.com. A mí me encantaría poder acceder a un documento del que hemos sabido esta semana, titulado El retorno de la parcialidad arbitral. Cuantificación del beneficio competitivo obtenido por el Barça (2001-2018). Según el artículo de The Objective, «el análisis ha sido elaborado en base a un índice compuesto de anomalía arbitral (ICA). Se identifica una anomalía severa y sistemática a favor del FC Barcelona […] La modelización contrafactual estima un beneficio competitivo neto para el club que oscila entre los 6,8 y los 11,6 puntos por temporada, con un escenario central de 9,2 puntos de media«.  

La prensa no se hace eco de este informe, tampoco la deportiva. Ellos están a lo suyo, al blanqueamiento de todo lo sucedido, al «aquí no ha pasado nada, no me toques al Barça, que empieza el Mundial». Hace dos semanas pudimos ver el mejor ejemplo de cómo una información falsa se difunde rápidamente. Sergio Yebra, uno de los miembros más activos de negreiragate.com publicó un artículo titulado El equipo de blanqueamiento sincronizado del caso Barça-Negreira:

No ha habido ninguna novedad por parte de la Agencia Tributaria desde su informe de marzo de 2022, que es el que determina que las facturas de las empresas de Enríquez Negreira podían «estar encubriendo servicios ilícitos» y lo pasa a la Fiscalía para que lo investigue.

Pues bien, como explica el autor del artículo, hace dos semanas se pone la maquinaria a funcionar para decir que un nuevo informe de la Agencia Tributaria descarta que se hubieran comprado árbitros, una información errónea que parte de ese Miguel Galán que va por ahí escribiendo monografías del caso Negreira sin haber leído los informes existentes, por lo que se deduce de sus escritos. Y los «sospechosos habituales» se ponen a difundir el discurso hasta con las mismas palabras: la Cope, Mundo Deportivo, elNacional.cat, el As (que lo retiró rápidamente), el blanqueador oficioso del CTA, Pável Fernández…

Repito: no ha habido ningún nuevo informe de la Agencia Tributaria en mayo de 2026, es la misma información que da origen a las investigaciones de la Fiscalía y la Guardia Civil. Y si puedo entender (mal) a los medios que reciben fondos de Tebas, me parece inadmisible que Televisión Española entrara en este mismo juego de propagación de mentiras:

Las dos imágenes de la izquierda son de mayo de 2026. Teledeporte o Televisión Española no pueden decir que desconocieran el informe de Hacienda pues ya habían dado cuenta del mismo en cuanto saltó el escándalo, a principios de 2023, como bien destapó Helena (@HdeHelena_RM, una de las personas más importantes tras la cuenta negreiragate.com) y como puede verse en la imagen de la derecha. Es lo que tiene haber dejado la sección de deportes en Sant Cugat, que se dedican al blanqueamiento por devoción, no por «subvención tebana».

Esa es la prensa que tenemos. Y ya que aparece Enrique Riquelme por aquí, daría para varios post adicionales el papelón que han hecho el diario Marca, la Cope, El Mundo y El Confidencial durante la campaña a la presidencia del Real Madrid. Bochornosos. Lamentables. Así nos va.

Los Negreira boys (II): las 7 Ligas robadas

Aparte del índice corrector del que hablé en la primera parte y de los «Negreira boys» que pronunció en LaSexta, Florentino Pérez soltó en la rueda de prensa del pasado martes una frase que sonó inicialmente como una bravuconada, un calentón de barra de bar: “hemos ganado 7 Ligas y nos han robado otras 7”. Claro que, si uno analiza bien al Florentino calculador, al ingeniero que preside una de las mayores empresas concesionarias de infraestructuras del mundo, le da por pensar: ¿por qué dijo 7 y no 5, u 8? No pareció un número lanzado al tuntún, en especial, porque segundos después completó su afirmación con otra frase lapidaria: “solo este año nos han robado 16 ó 18 puntos”. Ahí me cercioré del todo. Para el Florentino que mide sus pasos, esas 7 Ligas robadas no eran una boutade, una cifra lanzada alegremente al aire, sino algo que llevaba clavado en las costillas del mismo modo que tantos aficionados cargamos con las ligas de Tenerife, la final de Copa del 90 o el teatro de Dani Alves en el Bernabéu.

(Artículo publicado en La Galerna el 15 de mayo de 2026)

Creo que el cálculo de Florentino va por el hecho de que, durante el período investigado (2001-2018), el Fútbol Club Barcelona se llevó 9 Ligas, pero dos de ellas no corresponden al mandato de Florentino, y de ahí salen las 7, pero a mí me rondó la idea de comprobar si, como dice el título de este artículo, de verdad nos han robado 7 Ligas. Es un ejercicio que posiblemente carezca de sentido, como tratar de calcular cuánto correría Armstrong sin ir dopado hasta las cejas, pero quise hacerlo para esos que dicen que «es que el Barça jugaba muy bien al fútbol». Pues vamos con ello:

  1. 2020-2021

Para mí hay una Liga clarísimamente escamoteada y su vencedor no fue el cliente único de Negreira. Me refiero a la temporada post-pandemia, posiblemente la más bochornosa que recuerdo en mi vida. Tanto que escribí dos artículos en esta misma web como si toda la temporada hubiera sido una serie de ficción con un guion establecido de antemano:

La Liga en ocho capítulos, puesto que el personaje principal flojeaba, el Barça, el sistema puso todos los huevos en la cesta del secundario, el Atleti, con ayudas sistemáticas desde el inicio.

El capítulo octavo, la resolución de este lamentable culebrón. El Real Madrid completó un campeonato con una anomalía estadística (una más): ni un solo penalti pitado en toda la liga por los árbitros de campo. Los tres que se señalaron a favor de los blancos eran tan groseros que a los “artistas” del VAR no les quedó más remedio que señalarlos. Fue la liga del gol anulado a Mariano en Getafe, la única vez que HH no atendió la corrección del VAR (en el Atleti-Real Madrid), la del tiempo muerto del Cholo, la orden de ir a jugar a Pamplona en un campo helado, la del esperpento del Madrid-Sevilla en Valdebebas… releo los artículos y me sorprende ver que llegamos con opciones a la última jornada.

  • 2015-16

Fue la primera (media) temporada de Zidane en el banquillo blanco, y aunque cogió al equipo muy alejado en la clasificación, terminó a un solo punto. Esa temporada quedará marcada por el récord histórico de 19 penaltis a favor del Barça, algunos tan inverosímiles como el despeje de puños de Adán, portero del Betis, varios piscinazos de Neymar (escandaloso el que pitó Sánchez Martínez en Villarreal en su camino a la internacionalidad), o dos de los tres pitados en contra del Sporting de Gijón en poco más de diez minutos (¡Clos Gómez, again!).

El Negreirato en estado puro, con un Barça que podía hacer de todo en su área (un penalti en contra en dos ligas y media) y cuyos desplomes en área rival eran señalados como si los culegiados sintieran una descarga del propio Negreira en su brazo. Pero es que no solo fue eso, sino que el Barça anotó entre 8 y 12 goles en fuera de juego.

Estaba claro que a los de Zizou les iba a resultar una tarea casi imposible lograr el campeonato, como se vio en la victoria en el Camp Nou en la que se ganó con diez y en la que HH (de nuevo) anuló el famoso gol de cabeza de Bale por una falta muy clara. Una falta de centímetros de Jordi Alba, quiero decir.

  • 2024-25

Solo 4 puntos separaron al Madrid del Barça en la clasificación. Reconozco que no tengo claro si para mí es una de esas 7 Ligas tangadas por el pobre juego del equipo y porque el Barça de Flick iba con una marcha más, pero sí tengo muy claro que hubo una orden clara en el Tinglao (llámenlo CTA, Federación, Liga o, directamente, Clos Gómez a los mandos del VAR) para que el Madrid perdiera los 7 puntos de ventaja con los que llegó a contar en febrero. Los arbitrajes consecutivos contra Osasuna, Atlético de Madrid y Espanyol entran directamente en el top de escándalos (larguísimo) que ojalá algún día se investiguen. A ser posible, antes de que prescriban. Motivaron la carta de protesta del club, cuatro páginas muy duras en las que se mencionaba la “corrupción sistémica” de la competición, quizás la única queja institucional en todas estas décadas de tortura arbitral.

Si a todo ello añadimos que el milímetro ajustado desde el VAR cayó siempre en contra del Real Madrid y a favor de la defensa adelantada de los de Flick (recomiendo el artículo de William Pogue sobre la materia), podremos concluir que el pobre juego no debería justificar que no seamos merecedores de arbitrajes justos.

  • 2013-14

Florentino Pérez repartió algún palo en la rueda de prensa para el Atlético de Madrid, o más bien a los periodistas que nunca lo atacan: “Los periodistas que quieren quitarle el prestigio al Madrid supongo que serán del Atleti”. Lo cierto es que la prensa suele callar ante los desmanes de Cerezo y Gil Marín, con los acuerdos/regalos del ayuntamiento de Madrid, ofrece portadas a sus directivos para que ataquen de manera salvaje al Real Madrid, ensalza al Cholo o a su público (poblado por un grupo ultra de la peor especie) de una manera sonrojante… y celebra cuando este equipo recoge las migajas que le deja el Barcelona.

El Atleti calla contra el Barça porque sabe que de vez en cuando le dejan ganar alguna Liga, Copa o Supercopa. Me hace gracia porque siempre se destaca el error de Mateu Lahoz en el último partido de Liga, el que enfrentó a Barça y Atleti por el campeonato en el Camp Nou, pero nadie del Tinglao se acuerda nunca del verdadero héroe decisivo: Undiano Mallenco. Masacró al Real Madrid en Barcelona en la primera vuelta, y tuvo el mérito de conseguir que Ancelotti se quejara públicamente de su actuación:

El Negreirato, fiel a su estilo, lo colocó en el partido del Bernabéu de la segunda vuelta, en el que él solito fue capaz de desquiciar a los locales y lograr la remontada del Barça (del 3-2 al 3-4 tras todo un recital):

A mí me gustó más el Florentino agresivo con los arbitrajes y con el Barça del pasado martes, mucho más que el que ha permitido el silencio durante tantos años, los ataques de AESAF o las amenazas de González Fuertes antes de la final de Copa. Y el presidente tenía que haberse ahorrado fotos en el pasado o tener algún detalle como el que tuvo con gente como Undiano Mallenco el día de su despedida, cuando le entregó un recuerdo por sus (terribles) años como culegiado.

  • 2025-26

Miro los once puntos de desventaja en la clasificación y me cuesta incluir este campeonato entre los siete señalados por el presidente. Sin embargo, lo cierto es que tuve la sensación de que tampoco nos iban a dejar competir esta Liga desde el principio del campeonato, desde aquel día en que hubo que marcar cinco goles al Mallorca para que al menos dos subieran al marcador.

Ya no es solo que al Madrid le hayan podido quitar “entre 16 y 18 puntos de una manera descarada” en palabras de Florentino. El penalti a Rodrygo en Girona, los penaltis de Chavarría en Vallecas, los codazos a Mbappé y Bellingham, los partidos de Pamplona, Mallorca y el Villamarín,… Y los intentos que quedaron solo en conatos, como la expulsión de Huijsen en Anoeta, la roja a Valverde en el derbi, el penalti no señalado sobre Vini en Vitoria o los goles anulados ante el Barça y el Mallorca. Todas las decisiones caían siempre del lado contrario.

Y en ese lado contrario estaba el equipo favorito de Fran Soto, al que, casualmente, le salía siempre cara: el VAR que no funciona en Vallecas, el incumplimiento del protocolo en el Metropolitano para retirar la roja a Gerard Martín, la roja perdonada a Cubarsí en San Mamés, los penaltitos ante el Sevilla, los centímetros del VAR siempre a su favor… menos una vez por temporada, que es la que Flick y todo el aparato mediático culé saltan a recordar.

Real Madrid TV emitió recientemente un vídeo con esos 16 puntos que volaron, un vídeo que, según el diario As, forma parte de la documentación que el club va a enviar a la UEFA (llevan tres años y no han enviado nada todavía, es lo que peor llevo).

  • 2017-18

Sé que habrá quien me ponga a caldo por incluir esta Liga, en la que el Madrid acabó a 17 puntos del F.C. Barcelona, pero quería incluirla por una razón que todos los lectores entenderán: este es el claro ejemplo de “es que el Madrid no compite las ligas”.

En el arranque de esa temporada sucedieron muchas cosas. El Real Madrid había ganado la Champions de 2017 con el mejor juego que jamás se haya desplegado en una final (4-1 sobre la Juventus). Ganó LaLiga con aquella salvajada de Zizou del “equipo A” para los partidos del Bernabéu y el “equipo B” para los de fuera, un equipazo de suplentes que marcó más goles que los teóricos titulares. En ese verano, Villar fue enchironado dos semanas junto con su hijo en el inicio de la “operación Soule” y, casi al mismo tiempo, el Madrid arrasaba al Barça en la Supercopa de España (5-1 en el global), pese a los denodados esfuerzos de De Burgos Bengoetxea por cambiar el rumbo de los acontecimientos.

Un sistema moribundo como el Villarato no iba a permitir otra temporada como la anterior, así que los esfuerzos se centraron en no dejar competir al Madrid desde la primera jornada, en la que ya de por sí no podría contar con Cristiano Ronaldo por la expulsión de la Supercopa (¡cinco partidos de sanción!).

Las primeras diez jornadas de ese campeonato, la última temporada de Negreira como vicepresidente del CTA, deberían ser estudiadas en las principales academias de corrupción arbitral. El Barça anotó el 1-0 de manera ilegal en las jornadas 1, 3, 5 y 9, frente al Betis, Espanyol, Éibar y Málaga, los goles que abren la lata y dan confianza.

Además, vendrían las manos no señaladas a Piqué (¿ah, que Piqué no podía jugar con las manos?) ante Alavés y Getafe, lo que, unido a la cadena de errores en contra de los blancos, hicieron que el título estuviera decidido antes de Navidad.

Esa temporada el Real Madrid mantenía un equipazo, como se vio en una Champions en la que eliminó sucesivamente al PSG, Juventus, Bayern con victorias en París, Turín y Múnich, antes de derrotar con claridad al Liverpool en la final de Kiev. Pero desistió de competir la liga ante la dificultad de ganar en campos mucho más complicados como Girona, Vigo o el Sánchez Pizjuán.

  • Dudas

No incluyo las Ligas de Tenerife porque no pertenecen al período de Florentino como presidente. Respecto al resto, tengo muchas dudas sobre qué otras ligas nos han sido tangadas de manera tan exagerada como las que he puesto. Tengo muchas en el radar, pero en todas ellas hay matices relacionados con la asunción por parte de los nuestros de que no se podía competir al no jugar en igualdad de condiciones. Por ejemplo, la temporada 2022-23, la que se llevó ese Barça pobrísimo dirigido por Xavi Hernández.

¿Era mejor equipo ese Barça que el Madrid de Ancelotti, que venía de ganar Liga y Champions la temporada anterior? Tengo muy claro que no, como se vio en Europa. El Real Madrid llegó a las semifinales de la Champions, mientras que ese Barça mediocre cayó a la Europa League tras una primera fase muy pobre, y en esta competición menor no fue capaz de superar los octavos de final de una competición que finalmente se llevó el Sevilla. ¿No éramos capaces, ni aun con el sistema en contra, de haber competido mejor ese campeonato? Yo creo que sí.

Si me remonto más en la historia, me da por recordar algunos campeonatos en los que me quedó la duda del hollywoodiense What if? ¿Y si al menos hubiéramos intentado competir hasta el final algunos años? La que se llevó el Deportivo de La Coruña en el año 2000, por ejemplo.

El Real Madrid acabó quinto, es cierto, pero no lo es menos que se dejó ir en las últimas jornadas, en las que cayó derrotado en el Bernabéu ante Racing de Santander, Alavés y Valladolid en los últimos tres partidos como local. En esas últimas jornadas, el Real Madrid estaba inmerso en la conquista de la Octava en París (semis frente al Bayern, final contra el Valencia) y si las matemáticas no engañan, esas tres victorias aparentemente previsibles, le habrían dado el título a los blancos. Es una Liga competida durante el mandato de Lorenzo Sanz, por cierto, no de Florentino.

¿Pero fue una “liga robada”? Yo creo que el Depor también sufrió arbitrajes severos en contra, como reconoció el árbitro Panadero Martín, arbitrajes que favorecían a quien ya entonces pagaba al vicepresidente del CTA.

El Madrid se había descolgado del campeonato en los primeros meses. En octubre de 1999, en la primera vuelta, sufrimos uno de los mayores latrocinios que se recuerda, cómo no, en el Camp Nou. Fue aquel día en que Raúl silenció el estadio en los últimos minutos, un partido que no se perdió de milagro, pese a que se tenía que haber resuelto mucho antes, cuando, a la media hora, Sergi Barjuán hizo un penalti que vio todo el estadio, incluido el propio Díaz Vega, fiel lacayo de Sánchez Arminio y Enríquez Negreira. Con un jugador menos y ventaja en el marcador, no habría sido necesario esperar a los últimos minutos para evitar la derrota.

Y si… no hubiéramos estado tan descolgados en Liga, a lo mejor no se habrían tirado los últimos tres partidos del Bernabéu, pero sinceramente creo que el Depor fue justo campeón aquel año.

Seguro que me dejo muchas jugadas en el camino, muchos errores que cayeron siempre del mismo lado (ahí está el “Rosco del clásico atraco”), lo que, 8,4 millones después, nos hace saber que no fueron errores, sino la manera de que los trencillas se quedaran en Primera o ascendieran a internacionales. Los “Negreira boys” se mantienen en sus puestos, los neutrales fueron descendidos y los que no valían, pero eran fieles… ¡permanecen en el VAR!

Fumiguen esto, por favor.

Los Negreira boys (I): el índice corrector

Florentino Pérez regaló muchos titulares la semana pasada en sus dos comparecencias. Sin entrar en las formas algo atropelladas de su discurso, quería centrarme en lo relacionado con ese asunto del que llevo ocupándome ya bastante tiempo (ahí está Anatomía de un Negreirato para corroborarlo): el mayor escándalo de corrupción deportiva y federativa que hemos visto en España, por encima incluso de la Operación Puerto. El caso Barça-Negreira es un fraude a la competición que entre todas las instituciones deportivas y políticas están intentando tapar, diluir o dejar que muera como terminará sucediendo con el caso Soule.

Este post va a ser largo y se centra en dos aspectos que mencionó Florentino, dos asuntos en los que se incide menos de lo que quizás se debería:

  • Los “Negreira boys” que siguen pitando en los terrenos de juego o ejecutando, perdón, ejerciendo, desde el VAR. Ascendieron o se mantuvieron gracias al llamado “índice corrector”.
  • Las 7 Ligas que supuestamente ha perdido el Madrid en esos años, o “nos han robado”, como soltó ese Florentino desatado que vimos el martes.

Puesto que nadie, ni siquiera el Real Madrid ha hecho lo suficiente para que se sancione al club pagador, el Barça, ni para que se cambie el sistema corrompido del Comité Técnico de Árbitros, o para que, al menos, se aparte a los árbitros que puedan estar bajo sospecha por haber ascendido con Negreira o por haber pagado el coaching de su hijo (ambos investigados, que es un dato suficiente para haberlos apartado de sus funciones), un grupo de personas comandado por el abogado Juan Luis Martín de Genis y por Ricardo Ramos Neira nos pusimos manos a la obra para juntar toda la documentación existente y hacérsela llegar a la UEFA, la FIFA y diversos medios internacionales.

Así nació negreiragate.com, una página en la que se pueden encontrar las denuncias presentadas, informes de la Guardia Civil y de la Fiscalía, la Agencia Tributaria, las declaraciones en el juzgado de los testigos e investigados, con traducciones al inglés y francés… Un trabajazo que no han hecho ni los periodistas de este país, ni los clubes afectados por este caso. Que no es solo el Real Madrid, por cierto, que son todos los demás, los mismos que firmaron una carta en contra del Real Madrid (Contra todo y contra todos) por mencionar las palabras del auto del juez, que aquí había indicios de “corrupción sistémica” de la competición.

En la web se puede encontrar y descargar abundante información, mucha más que las 500 páginas de las que habló Florentino como parte del dossier que algún día presentará a la UEFA. Nunca he entendido que el Real Madrid dejara pasar tanto tiempo, lo que, unido a las palabras del presidente “necesitamos un Barça fuerte” le perseguirán todo su mandato.

Por cierto, resulta curioso que solo OK diario se haya hecho eco de la creación de esta web, pese a que contiene numerosa documentación que ayuda a entender el caso, unos informes oficiales que la inmensa mayoría de periodistas han evitado tratar en sus medios. El autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo.

El índice corrector

El sistema lo teníamos muy claro desde el principio. Así lo escribí en el mismo mes de febrero de 2023, a los dos días de que supiéramos del caso Negreira: Faltan piezas por salir, faltan los peces gordos. Varios años antes, en 2017, ya sabíamos de ese índice corrector que hacía que unos árbitros ascendieran, promocionaran a internacionales o que otros descendieran de categoría, con la consiguiente reducción de sus emolumentos. Ese índice nunca fue transparente y siempre hubo sospechas de manipulación, lo que hizo que algunos árbitros lo denominaran el “dedo índice corrector” y otros, más atrevidos, el “índice corruptor”.

Sin embargo, nuestras sospechas no son suficientes cuando un caso se judicializa, así que corresponderá a los investigadores comprobar si Enríquez Negreira, convenientemente untado mediante el pago de facturas falsas (acreditado por la Agencia Tributaria y firmado en conformidad por el propio Fútbol Club Barcelona), tenía la capacidad de decidir sobre el futuro de los colegiados y, por tanto, sobre su salario.

El informe ampliatorio de la Guardia Civil así lo constata en sus Conclusiones (pág. 166):

Tengo muy claro que los numerosos periodistas que llevan tres años difundiendo las patrañas de que Negreira no pintaba nada o que queda acreditada la inexistencia de la compra de árbitros no se han leído nada del caso: ni el informe de la Agencia Tributaria, ni los de la Guardia Civil o la Fiscalía. Aparte de tratarse de prensa convenientemente dirigida (cuando no comprada por “El Tinglao” para difundir la versión oficial), no sé si es mayor su antimadridismo, su inutilidad o su complacencia con un sistema acreditadamente corrupto.

“Este señor (por Negreira) ejercía funciones relevantes en el seno del Comité Técnico de Árbitros (CTA)… reuniones semanales o quincenales en el CTA y/o puntuación a los árbitros, así como las previsibles consecuencias que esta labor traería consigo a la hora de suponer su ascenso o descenso…”. Luego pintaba y mucho, según la Guardia Civil, o según el libro La verdad del caso Negreira, del excolegiado Xavier Estrada Fernández.

Esos mismos periodistas han defendido de manera vehemente que ni un solo árbitro ha declarado haber sido comprado, presionado o coaccionado para pitar de una manera u otra. Y estoy de acuerdo, coño, porque, como todos hemos dicho desde el principio, al pagar a la figura clave se compraba el sistema. De ahí que se hable de “corrupción sistémica”, que es como lo denomina el juez Aguirre. Pero es que, además, tras las testificales tomadas al colectivo arbitral (se puede leer en el escrito de Conclusiones de la Guardia Civil), se infiere que “recaía en Negreira la participación directa como comunicador a los árbitros, no solo de las clasificaciones provisionales, comunicadas en las reuniones físico-técnicas de mitad de temporada, sino la comunicación telefónica a los árbitros de los ascensos cosechados, tanto a la Primera como a la Segunda División”.

Solo había que unir las numerosas piezas que estaban ahí desde hacía años, muchas de las cuales ya han salido en este blog y en Anatomía de un Negreirato. Qué árbitros eran promocionados a internacionales o se les daban los partidos importantes (finales de Copa, Supercopa), es decir, ingresos extra, y cuáles eran descendidos o represaliados por el Arminiato/Negreirato.

Por supuesto que ningún árbitro va a confesar que se dejó corromper, pero eso no significa que no haya un posible delito de corrupción deportiva. De hecho, a todos esos periodistas que están replicando ahora de manera sesgada (en mayo de 2026) una parte del informe de la Agencia Tributaria para decir que ni un solo árbitro fue comprado, a todos ellos, tan sincronizados en sus opiniones, se les olvida mencionar el resto del punto 21 del informe de la Guardia Civil:

Este párrafo coincide también con lo explicado en su libro por Estrada Fernández acerca de la importancia de contratar al hijo de Negreira para ascender en la carrera dentro del CTA:

“- Xavi, me dice el hijo de Enríquez Negreira que tu progresión como colegiado va así -extendió la mano en una situación horizontal, levemente inclinada hacia arriba-. Si haces coaching con él, volarías.

Y acompañó sus palabras subiendo el brazo y haciendo el ruido de un avión”.

El dedo índice corrector funcionaba de un modo bastante conocido: los árbitros que se confundían a favor del Barcelona o en contra del Real Madrid permanecían en Primera y eran propuestos para internacionales (A). Los que cometían errores a favor del Madrid o en contra del Barça eran castigados y descendidos (B).

En el capítulo «Puedo ayudaros con el VAR», describo la «fenomenal» trayectoria de uno de los Negreira boys favoritos, Clos Gómez, quien, tras dejar el arbitraje por edad, pasó a dirigir el VAR con la misma pésima mano que cuando era árbitro de campo. Fue el árbitro preferido del Barça durante años, con el que solo perdió una vez y en un partido de vuelta intrascendente de Copa del Rey, y por tanto, reunía los méritos necesarios para mantenerse en el sistema parido por Sánchez Arminio y Enríquez Negreira.

El sistema sigue muy vivo, como se comprueba al ver que el Director actual del CTA es David Fernández Borbalán, un árbitro que Sport catalogó como talismán del Barça. Y el nuevo director de ese VAR en el que nadie cree es Eduardo Prieto Iglesias, un árbitro que fue ascendido a Primera por el propio Enríquez Negreira cuando sus calificaciones no daban para ello. A esto se refería Florentino Pérez cuando protestaba porque todos los artistas del Negreirato se mantenían en activo o dirigiendo desde la sede de Las Rozas:

En los capítulos 9 y 10, hablo de los primeros (A): los «errores» que los llevaron a la internacionalidad y quién les comunicó los ascensos.

En el capítulo 11 menciono a los del segundo grupo (B), los damnificados:

  • Paradas Romero: que abandonó el arbitraje tras las presiones de Díaz Vega (otro mal bicho del sistema) por no expulsar a Mourinho en un partido.
  • Muñiz Fernández: de ser considerado el mejor árbitro a ser enviado a la nevera y posteriormente descendido. Su pecado: el penalti a Pepe en Elche.
  • Llonch Andreu.
  • Brito Arceo: de árbitro más joven de España hasta el descenso que le comunica el propio Negreira. Su carrera se torció el día que pitó un penalti fuera del área en contra del Barça.
  • Pérez Lasa.
  • Pino Zamorano: quien mejor explicó el funcionamiento del dedo índice corrector.

Hay numerosos casos de ambos como para considerarlo un patrón. Por si todo esto fuera poco, la Guardia Civil deja párrafos demoledores, que concluyen lo que todos, incluidos los culés más recalcitrantes, sabemos:

Y un último punto decisivo: si es tan importante la contratación de una figura que realice informes sobre el colectivo arbitral, algo que prácticamente todos los equipos tienen en su organigrama, y dado que esta tarea la realiza actualmente una persona que cobra 49.000 euros brutos por temporada en el Barça, ¿de verdad la gente de este club sigue diciendo o pensando que los honorarios de 400, 500 o 720 mil euros anuales que pagaban a Negreira era por realizar esas mismas funciones? ¿No se pagaba un extra por influencia?

Continuará: Las 7 Ligas robadas

Liga Retro, Liga Negreira

Los cuatro astronautas de Artemis II regresaron anoche a la Tierra tras completar su largo periplo por la Luna. Eran las 2.07 en España cuando finalmente amerizaron en el Pacífico “en excelente estado de salud y felices de estar de vuelta”, aseguraron las fuentes oficiales de la NASA. “Misión cumplida”, añadió el director de la agencia norteamericana desde la sala de control.

Me he puesto “retro” yo también y por eso he preferido comenzar con la aventura espacial, lunar u orbital, llámenla como quieran, porque hablar de la desventura de la liga española es un infierno para el aficionado. LaLiga tebana tenía esta semana un “aire retro”, una especie de levantamiento de caretas institucional, como si los organizadores del Tinglao añoraran tiempos pretéritos y pretendieran homenajear unos tiempos oscuros de arbitrajes negreiros, o arminios, o “diazveguenses”, antes, durante y después del Villarato.

Pese a las imágenes enviadas por los astronautas en su misión, hay gente que sigue creyendo que la Tierra es plana, del mismo modo que, pese a todas las evidencias, hay tipos que creen que el Barça de verdad pagó por informes, y no por influencia. Y aún peor, nos atreveríamos a decir que hay gente (¡de verdad, existen!) que cree que el Real Madrid controla los medios de comunicación. No os riais de estos tipos, por favor, bastante tienen con lo suyo y con controlar sus esfínteres.

Yo no creo en las coincidencias cuando Javier Tebas anda por medio. Por tanto, que la jornada Retro de LaLiga coincida con el paso del Fútbol Club Barcelona por el juzgado para su declaración como institución investigada en el caso Negreira no puede ser una simple casualidad. Un club investigado por corrupción deportiva declara en el juzgado, por si a alguien no le queda claro. Un caso gravísimo, el más grave que han visto nunca, como expresaron Javier Tebas y Aleksander Ceferin nada más conocerlo. Buscadlo en las portadas de hoy y de ayer, moved la rueda del ratón en sus webs a ver por dónde aparece la noticia. Ni utilizando el mayor telescopio de la NASA para observar los objetos más recónditos de la galaxia lo vais a encontrar. Y aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. LaLiga se sigue celebrando como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió tras Tenerife en el 92 y el 93, o la final de Copa del 90. ¿No querían un homenaje al pasado, una jornada Retro, un retro-ceso a cuando toda la mugre se inició?

El presidente de ese club investigado del que usted me habla reconoció durante la campaña electoral que había realizado un fraude con las palancas para poder inscribir jugadores, pero aquí no pasa nada. El horario del partido del viernes tampoco cumplía con la norma de las 72 horas entre encuentro y encuentro, pero aquí no pasa nada.

Nos pusieron como árbitro a un tipo como Alberola Rojas que estuvo pagando el coaching al hijo de Negreira porque, según palabras de Estrada Fernández, “era el hijo del que mandaba” y “los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja”. Pero Alberola se sigue levantando sus 300 boniatos del ala y aquí no pasa nada.

Nos colocaron en el VAR a Trujillo Suárez, un individuo sin calidad para pitar en Primera, sin apenas experiencia, pero que es, casualmente y bajo las órdenes del Ilustrísimo Fernández Borbalán, el que más veces nos ha pitado desde el VAR. Pero aquí no pasa nada. “Misión cumplida”, debió exclamar desde la sala de control del VOR al acabar el partido.

Volvieron a hurtarnos imágenes (y quién sabe si también al VAR), como ya dijeron dos juzgados en su día, ¡pero aquí no pasa nada! En este caso nos referimos a las sangrantes (nunca mejor dicho) imágenes de la frente de Mbappé manando hemoglobina en abundancia. Y sí, por supuesto que somos conscientes de que, en el campo, donde se cuecen las cosas importantes, el equipo no juega a nada. Faltos de ritmo, de confianza en pelear por LaLiga y faltos, sobre todo, de una cosa: motivación. Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. O cuando ves que los “opinadores” arbitrales escogidos por el sistema excretan cosas como estas:

Nada que deba extrañarnos a estas alturas, pues ya vimos en su día (2017) que romperle la nariz en el área a Sergio Ramos no era penalti. “La cara de Ramos encontró la bota de Lucas Hernández”, como vomitaron en la radio aquel día (gracias, Richard Dees, por encontrar estas joyas del periogolfismo patrio). Aquel día pitaba Fernández Borbalán, por cierto, actual director del CTA, y por tanto, el jefe de Trujillo y otros piezas del VAR. El CTA sabe lo que hace. En el nuevo comité de designaciones figura un sujeto como Teixeira Vitienes, cuyo nombre, «Teixeira», fue confundido por Laporta en varias de sus respuestas al juzgado. ¿Fue un mero lapsus o nos enteraremos cuando ya haya prescrito todo? El comité sabe lo que hace: Trujillo en el VOR y Alberola en el campo ya le birlaron al Madrid otro penalti tras manotazo en la cara en un partido: Remiro a Jude Bellingham.


Se repiten demasiado estos patrones. Reformulo la frase: se repiten demasiado estos lacayos al servicio de sus patrones. El penalti de ayer ante el Girona fue claro hasta para el tipo que con más vehemencia ha defendido este sistema podrido: Iturralde González. Ayer fue un compendio “retro” de todo lo que ofrece la MLN al aficionado. Gracias a las redes sociales pudimos ver la sangre en la frente de Mbappé, que quedó groggy por momentos. Pero no pudimos ver esas imágenes ayer en directo, cuando Vítor Reis “parece rozar” el rostro de Kylian, ¿no, Pável? “El cuento del francés”, remata un tipo que ha logrado, gracias a su antimadridismo, trabajar en Televisión Española. Eso sí que es vivir del cuento, el cuento de la criada, o el cuento de la lechera, consistente en imaginar que vendes tu dignidad y con ello obtendrás grandes réditos. En el resumen de diez minutos de Movistar no aparece el codazo de Reis a Mbappé, y repito, aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

El hartazgo de Arbeloa en la rueda de prensa es el nuestro: “Esto es falta aquí y en la Luna”. Nos dicen fuentes tan contrastadas como las de los insiders del Real Madrid que los astronautas de Artemis levantaron su pulgar afirmativamente. Y con ese hartazgo Retro-spectivo del entrenador se transmite nuestra misma idea. Todas las semanas sucede lo mismo y así resulta imposible motivarse. No nos vale como excusa, el Real Madrid debe pelear todos los torneos y todos los partidos, aun cuando se hace muy cuesta arriba. Sabemos que el equipo es capaz de jugar mucho mejor, como vimos si nos Retro-traemos a los dos partidos contra el City, en el del Bayern, o contra el Athletic, Atleti y Barça en esta misma MLN. Pero cuesta jugar con plomo en las botas y la certeza de que un tipo Retró-grado está al silbato, dispuesto a hacernos Retro-ceder en la clasificación.

El sistema se Retro-alimenta de manera bochornosa. Hay muchos estómagos agradecidos en la prensa y las radios que hoy seguirán hablando del mal juego del Madrid, de la fragilidad de su defensa, de la falta de definición en ataque, de la ausencia de liderazgo, etc. Y posiblemente estemos de acuerdo con la mayoría de los argumentos. Lo que sucede es que les daríamos más credibilidad si ellos hablaran del elefante que hay en medio del salón. Un elefante que nunca fue una moda “Retro”, lleva ahí, sentado en nuestro sofá, más de tres décadas.

(Artículo publicado en La Galerna el 11/04/2026)

Puesto que no parece que seamos capaces de cambiar el sistema, lo que tendrá que hacer el equipo, si se puede, es tratar de mejorar el juego y sus prestaciones. De ahí surgió la pregunta: ¿Y si nos olvidamos de Negreira? Este equipo ya ganó en el pasado pese a errores flagrantes en contra, ¿es posible?

Minuto 43 de la final de la Champions de 2022 entre el Real Madrid y el Liverpool. Karim Benzema marca un gol totalmente legal, pues el balón le viene de dos defensas rivales que lo despejan hacia su propia portería y, pese a que se ve perfectamente en las imágenes, los artistas del VAR, tras una revisión de unos tres minutos, deciden anularlo. La “muy madridista” prensa española apoya la decisión con argumentos peregrinos como si el equipo perjudicado perteneciera a la extinta Checoslovaquia. Esto de Marca pasa a mis “anales” particulares de la historia, pues ya imaginan por qué parte del cuerpo me dio esta explicación:

He querido dejar el subtítulo que acompaña a esta excrecencia: “No le hizo falta al Madrid”. Y no le hizo falta porque finalmente ganó el partido, porque fue capaz de sobreponerse al error arbitral y de derrotar a los de Klopp a base de seguridad en defensa, sobriedad y contención en el centro del campo, y la calidad de Vinicius y Courtois, los mejores del mundo en sus puestos. El Real Madrid ganó toda una final de la Copa de Europa y no necesitamos acordarnos del arbitraje.

Una extraña sensación me acompaña desde febrero de 2023, desde que constatamos que los penosos arbitrajes que sufríamos desde hacía dos décadas tenían una motivación económica: los pagos al vicepresidente de los árbitros por parte de un Fútbol Club Barcelona que reventó todas las estadísticas posibles. Al shock por la noticia sucedió la consternación por ver las declaraciones de todos los dirigentes federativos y periodistas afines al Tinglao y comprender que no iba a pasarle nada al club pagador. No solo eso sino que, además, los ejecutores de los designios de los mandamases del CTA, es decir, los árbitros, iban a seguir empleándose con la misma saña, lo que ayudó a que el mediocre Barça de Xavi Hernández se hiciera con aquella Liga.

La temporada siguiente, 2023-24, fue encarada de una manera diferente por los nuestros. Conocedores del pastel, los jugadores se dedicaron a lo que mejor saben hacer: poner su calidad en el campo y ganar los partidos pese a que los “culegiados” siguieran haciendo de las suyas. A algunos árbitros se les vio el plumero en exceso, quizás rabiosos porque la mugre había sido destapada y un club los señalaba abiertamente con el dedo en su calidad de sospechosos. Solo así se entienden decisiones como el gol anulado por Gil Manzano a Jude Bellingham en Mestalla, rematada por una expulsión al jugador por dirigirse en unos términos a los que no se acercaba ni la más suave de las frases de Luis Suárez en sus ocho años campando (agrediendo e insultando) por los campos de España. Y a todas esas jugadas polémicas sucedían los comentarios posteriores de los Pável, Pérez Burrull, Iturralde y Foutos de la vida justificando sus criterios cambiantes o las líneas mal tiradas del VAR como si los del Madrid fuéramos unos quejicas paranoicos. “Bien pitado”, resolvían apretando bien «pá’dentro» para que las risas contenidas no dejaran escapar una ventosidad. O dos, tras la emanada por la boca.

Aun con esos penosos arbitrajes, el Real Madrid culminó una temporada ejemplar, con solo dos derrotas. Tampoco fue casualidad que ambas se produjeran ante el Atlético de Madrid en encuentros dirigidos por el colchonero Cuadra Fernández. Dos partidos repletos de jugadas polémicas resueltas siempre (curiosamente) a favor de los “suyos”. El equipo siguió a lo que debía y, pese al calamitoso nivel del arbitraje nacional, se ganó la Liga y la Supercopa. Y fuera del ecosistema negreiro, la Champions y, tras el verano, Supercopa de Europa e Intercontinental.

Los años pasan y hay momentos en que parece que el caso Negreira se diluye, está cerca de ser enterrado. Pero somos muchos los que mantenemos la herida abierta, una herida que no cicatriza porque nos hurgan con el dedo cada semana. El Barça se repuso en los inicios de la temporada 2024-25 y mejoró notablemente su juego, al tiempo que el nuestro bajaba. Durante esos meses, los centímetros que decidían los goles o su anulación caían siempre del lado culé o en contra del Real Madrid, ¡vaya por Dios!, “puedo ayudaros con el VAR” y Clos Gómez en el recuerdo.

Pero, aun con todos estos elementos en contra, los nuestros fueron capaces de escaparse en la clasificación. Siete puntos de ventaja en febrero. Ahí reventó el sistema. La primera media hora de Munuera Montero en Pamplona es digna de los mejores tiempos de Iturralde González y Enríquez Negreira en sus respectivas etapas de árbitros profesionales. Al atraco en Pamplona siguieron los del Bernabéu frente al Atlético de Madrid y el esperpento perpetrado en Cornellá frente al Espanyol. En solo tres semanas nos habían colocado nuevamente por detrás del Cautelares y Palancas Club.

El club se movió (¡por fin!) y emitió un duro comunicado de cuatro páginas contra el estamento arbitral. Tarde e insuficiente para el que esto escribe, pero un comunicado contundente y de enorme dureza. Muy necesario.

Ese día se unieron todos los demás clubes al corruptor, a un CTA investigado, a esa pléyade de árbitros bajo sospecha, a LaLiga que miró para otro lado y a una Federación que deseaba pasar página, y desde ese día, de tanto pensar en Negreira, a veces pienso que nos hemos olvidado del fútbol. Posiblemente sea uno de los madridistas que más se ha despegado de un deporte que he seguido y practicado desde hace más de medio siglo. Que amaba, que me desvelaba, disfrutaba y, también, me cabreaba. Este año me habré perdido la mitad de los partidos del equipo y cuando lo veo, no reconozco nada. No disfruta prácticamente nada. Cierto es que el fútbol no acompaña en la mayoría de los partidos, pero compruebo que somos muchos los que estamos pendientes de otras cosas.

Cada semana, según se anuncian los trencillas del fin de semana, comienzan los análisis de buena gente a la que aprecio (cabaislois, futbolgate) sobre las “hazañas” previas de estos tipos del silbato para restarnos puntos en el pasado. Real Madrid TV emite sus vídeos con imágenes bochornosas acerca de los sospechosos habituales: Soto Grado, HH, BB, Gil Manzano, Alberola, Díaz de Mera… Y quizás, solo quizás, de tanto pensar solo en los arbitrajes de turno, se nos ha olvidado jugar al fútbol. Sí, lo sé, lo sé. Los aficionados somos una cosa bien distinta a los profesionales que están en el campo, que deberían abstraerse de estas emboscadas y competir dignamente, como se supone que deben hacer unos profesionales. Sobreponerse a un gol erróneamente anulado, como en la final de París con la que comienzo este artículo.

Pero es imposible. Recordad la final de la Copa del Rey de la temporada pasada, cuando la sensación de impunidad de De Burgos Bengoetxea y González Fuertes les animó a amenazar al Real Madrid la tarde anterior al partido. Es imposible que un profesional no salga al campo pensando que va a ser juzgado de una manera distinta a sus rivales. Y luego, al menos ese día, no fue así, quizás por toda la presión que los mismos colegiados echaron sobre sus espaldas. Un lector que haya llegado hasta aquí podría estar pensando ahora mismo: “¿entonces tú, soplagaitas, que has escrito un libro de 372 páginas sobre el caso Negreira, estás pidiendo que nos olvidemos del mismo y nos pongamos a jugar al fútbol como si no pasara nada? ¿Qué “cacho” del cerebro se te ha caído?”.

Yo mismo me lo pregunto muchas veces. No olvido la rebaja de calidad que ha habido en la plantilla con las salidas de Kroos y Modric sin recambios ni fichajes, ni olvido tampoco la plaga de lesiones que merma cualquier posibilidad de continuidad y crecimiento del equipo, factores ambos en los que el club, sin duda, es responsable por una gestión claramente mejorable. Me miro al espejo justo antes de afeitarme y me pregunto muy serio: “¿Y si nos olvidamos de Negreira y los arbitrajes?”.

Y mientras me paso la maquinilla, pienso en esos jugadores a los que veo desbordados. Atenazados, crispados. Haciendo aspavientos al árbitro al menor contratiempo. Solo dan pases de seguridad y los que llegaron en verano son una mala versión de sí mismos, incapaces de revertir su situación. Hay una regresión evidente. Y mi misma figura reflejada en el espejo trata de hacer un análisis racional de la situación, y me contesta: “si para derrotar al Mallorca necesitas marcar cinco goles para que valgan solo dos, ocurre que terminas pidiendo la hora y salvando un empate bajo palos, y la confianza se merma. Si no juegas bien frente al Rayo en Vallecas y encima ves que a Chavarría le permiten hacer dos penaltis escandalosos que se van al limbo, te vuelves a casa pensando que lo que tienes que hacer es mejorar y no protestar, porque eso es lo que te dicen. Si luego vas al campo del Girona y ves cómo una zancadilla a Rodrygo es considerada por todos los expertos como un contacto residual, sin intensidad suficiente, pues regresas con dos puntos menos y ya jugarás mejor el próximo día, que es lo que tienes que hacer. Porque al final acabas quejándote incluso en las victorias claras, como frente al Barça en la primera vuelta, o contra el Alavés, partidos en los que zancadillas escandalosas fueron consideradas piscinazos o que el defensa tenía la pierna antes que tú, o que el centímetro del VAR no falla… Y al final no disfrutas de las victorias y sigues con tu crispación ante los de amarillo”.

—Pero, entonces, subconsciente cabrón, me estás dando la razón.

—Mira a tu máximo rival cuando el partido se le atasca.

Es entonces cuando ves su partido frente al Rayo de la temporada anterior, en el que ganan 1-0 de penalti tras un agarrón leve y cómo un agarrón de tres segundos en el área culé se queda sin señalar. O cómo anulan un gol a De Frutos por un fuera de juego posicional de chiste y respondes a tu reflejo:

—¿Me estás diciendo que ellos se agarran al fútbol y no al arbitraje? Mira lo que ha pasado esta misma temporada, de penalti y sin VAR.

—No, te estoy diciendo que ellos ya saben cuáles son las normas, las suyas propias, y juegan de acuerdo con ellas, mientras que nosotros somos tan torpes que todavía no nos hemos dado cuenta de cómo hacerlo. Y llega un día en que estás espeso, las cosas no salen, como el día del Celta en el Bernabéu, y tus protestas te acaban costando dos rojas innecesarias. Rojas de hartazgo. O tienes al equipo en cuadro, repleto de lesionados, como el lunes pasado frente al Getafe, y tu misma desesperación te hace provocar tres tarjetas que conllevan sanción y tres bajas más (Huijsen, Carreras y Mastantuono). Nos pasamos el día hablando de arbitrajes, incluso los días que ni nos van ni nos vienen, como la semifinal de Copa entre el Malakito y los Negreiros. ¡Ponte a jugar sabiendo las reglas con las que te toca competir en la MLN, como hicisteis en la 2023-24, o en la final de la Champions de 2022, carajo!

Termino de afeitarme, me lavo la cara, me seco con la toalla y ya, totalmente confundido, me digo:

—De acuerdo, hay que pensar en construir en el equipo poco a poco. En recuperar a los lesionados, en buscar automatismos, en generar confianza, poco a poco. En confiar en la calidad de los que no han bajado de nivel, los mismos de París, e ir sumando adeptos a la causa. Partido a partido, aunque suene cholista. ¿Y ya después, nos olvidamos de Negreira?

—A ver, chaval, ¿quién más quiere que te olvides de Negreira?

Ese culé que dirige ahora el CTA y ha puesto al “talismán” Fernández Borbalán al frente del cotarro y a un promocionado por Negreira como Prieto Iglesias dirigiendo el VAR. Ese es el que quiere que lo olvides. Pues bien, no lo olvides nunca, al menos mientras no haya una sanción ejemplar. Lo que tienes que hacer es ignorarlo en el campo y jugar al fútbol lo mejor que puedas mientras puedas y las patadas rivales te lo permitan. Las reglas están muy claras, perfectamente definidas desde antes de esa carta del 2 de febrero de 2025, y aún más claras desde entonces. Sabes que hay árbitros que se han juntado en un sindicato (de millonarios, especie única en el mundo) con el único fin de putearte y de que no acabes con su chiringuito, pues eres el único que quiere cambiarlo. Esas son las reglas, no digo que las aceptes, pero asúmelas y juega con ellas, o contra ellas. Igual que sabes que jugar como visitante es más complicado que hacerlo de local, o que en un campo embarrado es más difícil construir el juego que cuando está perfecto, también sabes que compites en el ecosistema Negreiro. Controla lo que esté en tu mano: la forma física de los jugadores, la actitud, la confianza en el entrenador. Mejora todo aquello en lo que te has equivocado, y recupera la calidad y el físico en la plantilla. Eres mejor que todos ellos juntos, ya lo habéis demostrado muchas veces.

Y sobre todo, no olvidemos que nada les hace más daño que cada uno de nuestros títulos.

(Artículo publicado en La Galerna el 8 de marzo de 2026)

Once contra once

En el transcurso de la rueda de prensa de Pep Guardiola tras la eliminación de su Manchester City ante el Real Madrid en el Etihad, se lamentó hasta ocho veces de no haber podido “jugar once contra once”. No podía discutir la justicia de la expulsión de Bernardo Silva, irrebatible hasta para el entrenador que cuestionaba los aciertos arbitrales (o los análisis de orina, recordad El sexto sinsentido), pero sí quiso dejar un doble mensaje con sus amargas quejas:

  • Minusvalorar al Real Madrid, algo que lleva haciendo desde que ejerce como entrenador y que ha elevado al paroxismo tras la cuarta eliminación en cinco años a manos de los blancos. Del “son atletas” tras el 0-4 de Múnich a la escocida frase “el Madrid no ha sido mi mayor desafío estos años, ha sido Klopp”. Como bien dijo alguien en redes sociales, Klopp será su mayor desafío superado, como acreditan los 6 títulos de Premier del City en los últimos 8 años. Su mayor desafío atragantado y no superado es el Madrid por mucho que le duela, pues solo ha conseguido la Champions en este último lustro en la única ocasión en que logró derrotar a los de Ancelotti y Arbeloa. Pep es un gran entrenador, no cabe duda, pero no resulta nada objetivo cuando habla del equipo por el que se marchó de Barcelona (la Liga de los récords de Mou lo dejó exhausto mentalmente). Nada más ganar la Carabao Cup el pasado fin de semana, volvió a la carga: “El Arsenal es, junto al Bayern de Múnich, y quizás el Barça, el mejor equipo de Europa”. Ni el PSG campeón de Europa que se los ventiló con solvencia en octubre, ni el Real Madrid “mediocre” de Arbeloa que le endosó un 5-1 en la eliminatoria. Como bien explicó el genial Marselle:
  • Su equipo es mucho mejor de lo que pudo demostrar, pero no le dejaron competir en igualdad de condiciones. “Nuestro equipo es extraordinario”, pero “jugar 10 contra 11 es casi imposible”, “la próxima temporada volveremos, seremos campeones. No pudimos jugar un partido como es debido, once contra once para ver qué pasaba”. 1.500 millones de euros invertidos en los últimos años, pero sigue sin competir en igualdad. El Madrid tenía una decena de lesionados y alineó a un chaval que comenzó la temporada en el juvenil, no siquiera en el Castilla. Pep se acerca peligrosamente a sus propios récords de hipocresía, como cuando pronunció aquella hilarante comparación del City “como el Villarreal de la Premier”.

Guardiola es culé de cuna, formación, aprendizaje, carrera como futbolista y, por supuesto, culé nivel supremo como entrenador. Eso significa haber nacido con el convencimiento de que son los mejores del mundo, los inventores del fútbol en un mundo que conspira en su contra, y por ello, cualquier medio vale para triunfar y poder demostrar a todo el universo que, efectivamente, son los mejores. Eso incluye contratar los servicios de Negreira, el dopaje, saltarse las normas de la competición o las 130 irregularidades financieras por las que su club aún no ha sido sancionado. Todo vale porque, al fin y al cabo, el objetivo es lícito: demostrar a ese mundo que conspira en su contra que son superiores.

Lo que me llama la atención de sus declaraciones sobre la importancia de jugar “once contra once” es que parece que se dio cuenta la semana pasada, tras casi una veintena de años como entrenador, de las dificultades que supone competir en inferioridad numérica. En el momento de la expulsión de Bernardo Silva protestó como un energúmeno (solo vio tarjeta amarilla) y con ello hizo ver a su afición que no había nada que hacer. Que en el minuto 20 del partido la suerte de la eliminatoria ya estaba echada. Tan contagioso fue su estado de ánimo al grupo que cuando Haaland empató el partido, ni siquiera lo celebró, casi pareció pedir disculpas al público porque no se podía hacer más.

Y llegado a este punto es donde me apetece recordarle a Guardiola (o a quien quiera leerme) que precisamente jugar en inferioridad numérica es lo que sufrieron durante años los equipos que se enfrentaban a su Barcelona. Sí, el de las grandes figuras y el mismo cuyos presidentes untaban a Negreira y le mejoraban las retribuciones cada año. Helenio Herrera inmortalizó hace años la famosa frase de “se juega mejor con diez que con once”, pero la verdad empírica, estadística y demostrable es que no es así, y menos en un fútbol tan físico como el actual.

Por supuesto que la célebre frase no es cierta. Por eso mismo, hace años que el Madrid aprendió a jugar en inferioridad numérica y contra arbitrajes sibilinos, lo cual forja el carácter, te hace más inasequible al desaliento, más fuerte, y todo ello explica en buena medida por qué la mayoría de jugadores del club se retiran con más títulos internacionales que nacionales. Volvió a demostrarlo el pasado domingo tras la incomprensible expulsión de Fede Valverde a manos de Munuera Montero. Un árbitro que demostró tener criterios bien distintos en un mismo partido (amarilla a Ruggeri, roja para Valverde). O si lo comparamos con actuaciones suyas en el pasado, como en la entrada de Reinildo a Rodrygo, por detrás, sin el balón a distancia de ser jugado, o con la salvaje tijera de Raphinha al jugador del Mallorca Morey. Entradas salvajes que saldó solo con amarilla, mientras que a Valverde le mostró la roja con la misma celeridad que a Bellingham hace un año. Como si el trencilla tuviera prisa por adquirir el protagonismo del choque.

Los diez de Arbeloa podían haberse ido mentalmente del partido o podían haberse ganado varias tarjetas más por las protestas, pero me gustó la actitud del equipo. Una vez pasada la incredulidad (maravillosa la expresión de Tchouaméni), se apretaron los machos como diciendo: “venga, muchachos, es lo de siempre, dejad tranquilo al tipo este, que ha venido a lo que ha venido, igual que en Pamplona hace un año. Ya sabemos lo que toca, cerrar líneas y jugar con inteligencia, con balones largos a Vini y Mbappé para que aguanten el mayor tiempo que puedan allá arriba, y en defensa, sin contemplaciones”. Arbeloa reorganizó a los suyos y realizó algunos cambios. Con el descuento fueron casi veinte minutos de sufrimiento y se logró salvar el resultado, para disgusto de Munuera Montero y de los actuales gestores del CTA.

Son muchas las veces que el Madrid ha ganado el partido con un jugador menos. En muchas ocasiones es una cuestión de carácter y, si uno recuerda algunos de esos partidos, entiende que el Madrid de las 6 Champions en 11 temporadas se forjó en situaciones de inferioridad numérica. Y más lejos aún en el tiempo.

Aún duele a los atléticos aquel 1-4 en el Calderón, en una de las actuaciones más recordadas de Raúl. Corría el minuto 67 cuando Pedja Mijatovic fue expulsado. El montenegrino llevaba todo el partido recibiendo insultos de la que se autoproclama “mejor afición del mundo” (así de tarados están algunos), con alusiones muy desagradables a la enfermedad de su hijo, el cual falleció unos pocos años después, por cierto. Hasta que Pedja se cansó y la tomó con el juez de línea en una de sus protestas. Tarjeta roja, 1-1 en el marcador y todavía recuerdo las carcajadas que se escucharon en el estadio.

Ni por esas. El Madrid no solo ganó en inferioridad numérica, es que goleó, humilló a los que se deshuevaban de la roja. Era el año 1997 y no debe ser casual que un año después se rompiera la sequía de 32 años en la máxima competición europea, la Octava en Ámsterdam.

Guardiola se quejaba de no poder competir once contra once, pero es que ni lo intentó. Quizás su memoria frágil le hizo olvidar que durante varios años de Real Madrid-Barça (me niego a ennoblecer estos partidos y denominar “Clásico” a un encuentro con tanta diferencia de “clase” entre los contendientes) hubo 15 expulsiones en esos partidos. Años negreiros todos ellos, supongo que una casualidad. 14 de esas 15 expulsiones cayeron del lado madridista.

En la primera época de Guardiola como entrenador, en el F.C. Barcelona, obtuvo grandes éxitos como la Champions de 2011, una competición en la que pudo avanzar fases gracias a expulsiones tan surrealistas como la de Van Persie en el Camp Nou (conviene recordar que, a falta de media hora, el Barça estaba eliminado) o la de Pepe por la teatralidad de Dani Alves en semifinales (Por qué, por qué?). Se pasaron todo el partido del Bernabéu fingiendo agresiones, en lo que me llevó a escribir Escuela culé de teatro. Para que vea Guardiola lo importante que es jugar “once contra once”, que asimile que en igualdad de condiciones su equipo habría sido eliminado por el valor doble de los goles en campo contrario (0-0 en el Bernabéu, 1-1 en el Tramp Nou).

Estoy convencido de que todas estas sobreactuaciones venían motivadas por la red con la que jugaban en las competiciones españolas, en las que expulsar a un jugador culé pareció estar fuera del Reglamento durante años. Años negreiros, sí, lo recuerdo de nuevo. El famoso «saldo arbitral» que confesó Alfons Godall, exdirectivo del Barça.

En Europa, numerosos equipos sufrieron también esa desventaja de jugar en inferioridad numérica: el Atleti, el Chelsea… Una de las más famosas fue en 2010: Motta sufrió una expulsión cuando jugaba en el Inter por otra gran sobreactuación de Busquets. Solo había transcurrido media hora de las semifinales y aún quedaba más de una hora por delante por jugar. Por suerte, los de Mourinho supieron apretar los dientes el resto del encuentro y evitaron que el Barça se clasificara para la final de Champions en el Bernabéu. Habría sido un premio terrible para el fingimiento de Busqueta.

Volviendo a la eliminatoria del City, Guardiola podría argumentar que bajó los brazos en el partido contra el Madrid porque la desventaja de goles en la eliminatoria era muy grande. Y yo le recordaría aquel año en que el Real Madrid se jugaba el título de la Supercopa contra aquel gran Valencia de David Silva, Villa, Mata y Joaquín. Con 0-1 en el partido, Iturralde González, otro de los trencillas más negreiros que haya pasado por nuestro campeonato, expulsó a Van der Vaart. Aún era la primera parte, lo que no evitó que el Madrid se rearmara en el descanso y peleara aquel partido. Logró empatarlo al inicio de la segunda mitad. Como Piturralde vio que se le escapaba el partido, expulsó a Van Nistelrooy, y en ese preciso instante fue cuando surgió la locura: con nueve jugadores sobre el campo, el Madrid anotó tres goles en los siguientes quince minutos. ¡Chúpate esa, Negreiro, el título se queda en casa!

El carácter competitivo se forjó durante años en situaciones y partidos así. La primera visita de Zidane como entrenador al Camp Nou coincidió con una de las terribles actuaciones de Hernández Hernández al silbato. Con 1-1 en el marcador, anuló un gol a Bale por ser más alto que Jordi Alba, y poco después expulsó a Sergio Ramos. El equipo podía haberse descentrado de nuevo, pero insistió e insistió, y ganó aquel partido con un gol de Cristiano Ronaldo.

La facilidad con la que reciben roja los blancos contrasta con las agresiones constantes de Luis Suárez en el equipo contrario. Más de dos años sin expulsiones ni penaltis en contra en LaLiga. Ocurre que luego ambos equipos salen a competir en Europa y unos pueden sobreponrse a todo, mientras que otros, sin colchón, se desmoronan en Liverpool, Roma o Múnich. Esta aberración estadística, Pep, es la que hace que tu máximo rival sea tan competitivo:

Es una lección difícil de aprender, pero algunos lo han logrado. Que Modric, Bale, Bellingham o Vinícius tengan muchas más rojas que Suárez, Mascherano o Piqué es absurdo. Pero parece que sirvió para algo.

LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

Tras la primera fase de la Champions de este año, cinco equipos ingleses se han clasificado al top-8 de la Champions, y el sexto, el Newcastle, llegó a estar clasificado por momentos, en función de los resultados globales. Los ocho primeros se completan con un equipo portugués (Sporting de Portugal), un alemán (el siempre presente Bayern de Múnich) y un solo representante de LaLiga española (un Barça aupado por arbitrajes ceferinos). El Real Madrid y el Atleti han quedado fuera de la clasificación, en una temporada en la que ambos no andan finos, pero la mayor constatación del bajo momento de LaLiga de Tebas se aprecia en que equipos como el Athletic de Bilbao o el Villarreal (que marcha tercero en la clasificación) no hayan entrado ni entre los 24 primeros. El Villarreal solo ha arrancado un punto en ocho jornadas.

Se ha clasificado incluso el 14º de la Premier, el Tottenham. Luego la pregunta era obvia: ¿estamos tan lejos de la Premier? ¿Es posible competir con los clubes ingleses? Otro dato para el análisis: de los últimos nueve enfrentamientos entre equipos de ambos campeonatos, los ingleses se han llevado el triunfo en ocho. Puede que sea una cuestión económica, si atendemos a las cifras de ingresos de los diferentes campeonatos, con un distanciamiento cada vez más amplio:

La insostenibilidad financiera y el austericidio de LaLiga ya fueron analizados con anterioridad en este blog, así como las sanciones (que nunca llegan) al Manchester City en la Premier, pero en este post vamos a tratar de ir un poco más allá, a ver si esta “tendencia”, que es mucho más que una tendencia, se puede quebrar o estamos condenados a tener un campeonato secundario frente a la pujanza de los ingleses.

Recientemente se publicó un informe de Deloitte sobre la capacidad de generar ingresos de los principales clubes europeos, el Deloitte Football Money League. Lo primero que llama la atención es que ninguno de los cuatro primeros es un club inglés:

Los seis siguientes puestos están ocupados por el Big Six de la Premier y en la lista de los veinte primeros aparecen otros tres clubes ingleses: Aston Villa, Newcastle y West Ham. Luego de primeras sí podríamos decir que la “clase media” es mucho más potente que la del resto de ligas europeas que, en el mejor de los casos, cuentan con dos o tres equipos potentes con una gran distancia sobre el resto. Si entramos al detalle de las cifras del informe de Deloitte, se pueden extraer otras conclusiones interesantes:

El Real Madrid ha tenido un descenso del 6% en los ingresos por los días de partido, pero el propio informe indica que se debe a una venta de los asientos VIP realizada en 2024, lo que, ajustando los ingresos de ese año, los reducirían hasta 807 millones en total (lo que a Laporta le gusta denominar “palanca”). La masa salarial se mantiene controlada respecto a los ingresos totales, por debajo del 50%, como desde hace años. En el año analizado, los derechos de televisión son muy elevados porque a los nacionales se unen los ingresos por la Champions en un año en el que no solo se logró el título, sino que, además, la baja prestación del resto de equipos españoles hizo que los ingresos por market pool de LaLiga cayeran casi exclusivamente en las arcas del club. La potencia de otros ingresos adicionales, como la venta de camisetas, los ingresos del estadio o los patrocinios se mantienen en cifras muy elevadas, top mundial.

Como trabajo digno de analizar, me queda para otra charla con Kollins tratar de averiguar en qué se le va al Madrid tanta parte de su presupuesto. Con estas cifras de ingresos tan sostenidas y potentes, con una masa salarial controlada y una política de fichajes equilibrada en la última década, ¿por qué no puede competir el Madrid con equipos de la Premier que tienen un 60-70% de sus ingresos y la masa salarial despendolada?

De primeras llama la atención que la columna verde, correspondiente a los ingresos del estadio, experimente un incremento notable cuando el Camp Nou ha estado cerrado. El propio informe indica que se debe a la venta de los asientos VIP, la “palanca” de 70 millones de euros que permitió inscribir a varios jugadores esta temporada. La masa salarial está mucho más controlada y se ha reducido del 81% que llegó a tener al 54%, o el 60% si descontamos el efecto puntual de la palanca. La diferencia con el Real Madrid en la explotación del estadio es llamativa, 335 mill. frente a 243 mill., pero tendrá que equilibrarse una vez que el Camp Nou entre en funcionamiento a pleno rendimiento (algún año de estos).

A un madridista como el que escribe este post le sorprende el nulo daño reputacional que ha sufrido el club en las últimas temporadas, pese al estallido del caso Negreira o la lamentable imagen de su presidente, Joan Laporta. El Barça sigue siendo el segundo equipo del mundo que más camisetas vende, y todo ello se refleja en sus magníficas cifras de ingresos por la explotación comercial de la marca. Por otro lado, estos ingresos no reflejan que el club no va a poder contar durante muchos años con buena parte de los ingresos generados: los primeros 100 millones de euros que genere el estadio se destinarán al pago de la deuda asociada, y de los derechos de televisión, el 25% fueron vendidos a 25 años en el verano de 2022 (palancas 1 y 2 del verano más “palanquero” de Laporta).

Bayern de Múnich y Paris Saint Germain, dos maneras radicalmente distintas de gestionar. Los alemanes, muy eficientes, incluso austeros, con una gestión profesional de los recursos. Los franco-cataríes, con la ventaja de los fondos ilimitados del fondo catarí y una masa salarial que solo ahora parece que empieza a estar controlada.

El precio de las entradas de fútbol es mucho más bajo en Alemania que en el resto de Europa, y de ahí la diferencia de ingresos en este apartado con respecto a LaLiga o la Premier. El Bayern mantiene unos buenos ingresos por los derechos de televisión, tanto por la Bundesliga como por llegar siempre lejos en la Champions, y realiza una muy buena gestión comercial y de marketing, lo que le permite percibir de manera recurrente el doble de ingresos por esta partida que su principal rival, el Borussia Dortmund. En cuanto al PSG, empieza a tener controlada una masa salarial que en algunos años llegó a superar los ingresos completos del club. Las cuantiosas pérdidas económicas del club eran cubiertas por el fondo catarí y las sanciones de la UEFA, que empezaban en cifras bajas, acababan siendo ridículas tras los recursos. El compadreo de Al Khelaifi con Ceferin y la presidencia del primero en la ECA (ahora EFC, European Football Clubs) ya indicaban a las claras que no se iba a actuar contra uno de los financiadores del cotarro.

La mayoría de los clubes ingleses pertenecen a fondos de inversión extranjeros que han apostado fuerte por el fútbol y en especial por la Premier. Ingresos recurrentes de más de 800 millones de euros, apoyados en los fuertes ingresos por derechos de televisión y la gestión de la marca. Se aprecian diferencias entre el Liverpool (perteneciente al fondo americano Fenway Sports Group, propietarios de los Boston Red Sox) y el Manchester City (del fondo Abu Dhabi United Group, del jeque Mansour bin Zayed). El Manchester City tiene unos ingresos por estadio y partidos muy inferiores a los del resto de equipos de la Premier (es un club con menos tradición, pues durante cuatro décadas estuvo lejos de la élite), y cubre esa carencia con los patrocinios ¿fake?, varios de los cuales dieron lugar a las investigaciones de la Premier y a las posibles 130 sanciones (La Premier se pone seria) que ahora están medio aparcadas. Otro dato relevante es que un equipo como el Liverpool, con esta cifra de ingresos, pueda permitirse invertir 500 millones el pasado verano en fichajes. O el City, capaz de gastarse más de 200 millones en los mercados de invierno en jugadores que luego apenas cuentan con minutos.

Los siguientes puestos son ocupados por el Arsenal y el Manchester United, otros dos equipos que llevan años anclados en el topde gasto por fichajes… pero muy lejos del top en los títulos. Sorprende que el Chelsea, con todo lo que ha gastado desde hace dos décadas no esté entre los ocho primeros. El ManU fue el primero que empezó hace un cuarto de siglo con una gestión hiper profesional de los derechos de imagen y los patrocinios del club, y eso le posibilita mantenerse en una cifra muy elevada pese a llevar años lejos de ser un equipo relevante.

De un simple vistazo individual es difícil llegar a una conclusión, así que he agrupado los resultados en este cuadro, añadiendo al Inter de Milán (11º) y al Atlético de Madrid (13º):

Por la altura de las barras, a primera vista podría decirse que, al menos el Real Madrid, el Barça, el Bayern y el PSG pueden competir con los grandes de la Premier. Tienen la misma capacidad de generar ingresos o más, y una masa salarial, que es la que permite convencer a los jugadores para fichar por un equipo u otro, al mismo nivel que los ingleses.

El rango de los ocho primeros clubes se sitúa entre los 400 y los 515 millones de euros, algo más para el PSG. Sin embargo, este análisis resulta incompleto por dos razones:

  • El impacto fiscal: como los jugadores pactan sus salarios en neto, el coste salarial ha sido más elevado en algunos países como España y Alemania que en otros, aunque actualmente empieza a equilibrarse tras la modificación del Decreto Crescita por el gobierno de Giorgia Meloni y el fin paulatino de la excepción fiscal favorable a la que podían acogerse los futbolistas extranjeros en Inglaterra (más detalles en el enlace de El Mundo)
  • El enorme coste destinado a los fichajes entra en el capítulo de los gastos por amortización de derechos de traspaso en cada club. Ahí es donde se establece la gran diferencia entre la Premier y el resto de los equipos.

El saldo neto, la diferencia entre lo invertido en fichajes y las ventas, se distancia cada año más del resto de ligas. Ni siquiera se le acerca la saudí:

La diferencia en los últimos cinco años demuestra que, salvo la Premier y los italiaños, los principales campeonatos están más por la labor de vender que por la de invertir:

En el apartado de Matchday, ingresos por estadio y días de partido, si descontamos el efecto de la venta anticipada de palcos de los clubes españoles, las cifras quedan bastante equilibradas, con la excepción del Manchester City, que obtiene unos ingresos muy inferiores a las de los equipos de su misma Liga. La mitad que su gran rival de Manchester, pese a que la trayectoria deportiva de uno y otro sea muy diferente en los años recientes

La mayor diferencia entre campeonatos se da en los ingresos por derechos de televisión, si bien en este gráfico aparecen los campeonatos nacionales agregados a los internacionales. La Ligue 1 francesa ha renovado con una baja considerable de ingresos, la Bundesliga y la Serie A italiana se mantienen a duras penas, y LaLiga permanece estable o decrece si tenemos en cuenta la inflación acumulada del período (ver post anterior).

Las cifras del Real Madrid son muy elevadas en este cuadro por un año excepcional en lo deportivo (Champions, Supercopa, Intercontinental) y tendrá unos buenos ingresos en 2025, como todos los participantes en el Mundial de clubes.

El contrato firmado por la Premier posibilita que todos los clubes tengan unos ingresos muy elevados, incluso los de la Segunda división (EFC), y pueden acceder a fichajes que, aunque no sean del primerísimo nivel, sí les permita ser competitivos. La brecha entre LaLiga y la Premier crece tras los recientes acuerdos firmados:

La respuesta del presidente de LaLiga es… en fin, como su persona. Populista y poco congruente. Hace dos años dijo que las diferencias eran de 14 millones de abonados en la Premier con poco más de 2 en la española, una cifra que me cuadra bastante más con las audiencias por partido (ver post anterior).

Por último, la parte referida a los acuerdos comerciales y patrocinios tiene a los dos principales clubes españoles como una máquina de generar ingresos. Son dos marcas muy potentes, los dos clubes que más camisetas venden en todo el mundo. Y sí, me sorprende el nulo coste reputacional que ha sufrido el Barça, que no haya habido más patrocinadores que huyeran despavoridos tras salir el caso Negreira, las triquiñuelas de Laporta, el caso Benaiges y tantos otros:

A finales de enero se publicó un estudio de la auditora norteamericana BDO realizado a partir de una serie de encuestas a los directores financieros (CFO) de los clubes ingleses. El estudio resulta interesante por las diferentes conclusiones que deja acerca de la situación del fútbol inglés: las pérdidas, las elevadas cifras de ingresos, la percepción negativa de los CFO acerca de la evolución financiera de los clubes y la relación con los accionistas.

Ya en las primeras páginas deja datos como los 6.700 millones de libras en cuatro años por la venta de los derechos de televisión, pese a los cuales el 90 por ciento de los CFO esperan un resultado negativo antes de impuestos del club que gestionan. Algo tendrá que ver esa otra estratosférica cifra de 3.600 millones de euros de gasto en fichajes solo en la ventana de verano.

El saldo neto negativo se disparó de manera descontrolada tras la pandemia:

La percepción de los CFO acerca de las finanzas de los clubes de la Premier (EPL) y la segunda (EFC) es mayoritariamente negativa y, lo que resulta más llamativo, ha empeorado en el último lustro:

Este dato se complementa con la pregunta acerca del resultado esperado para el ejercicio en curso, con una predominancia del color rojo intenso (pérdidas superiores a 30 millones de libras) y una presencia reducida de un verde muy tenue (resultados positivos entre 2 y 10 millones de libras):

Si la capacidad de generar ingresos de los grandes clubes de Europa no está tan lejos de los de la Premier, PSG aparte, ¿dónde está la principal diferencia? Pues en las aportaciones de los dueños, bien sea por aportaciones de capital o por deuda de los accionistas, en su mayoría fondos de inversión de capital extranjero (saudíes, americanos, cataríes, emiratíes…). En este artículo se explica bien:

Pese a la insostenibilidad financiera del negocio del fútbol, el interés se mantiene porque “sorprendentemente” el valor de los clubes aumenta año tras año. Es como la burbuja de ciertos negocios, que siguen recibiendo aportes de capital pese a que las pérdidas indiquen que a sus inversores les va a costar recuperarlo. Los CFO esperan cubrir sus pérdidas con aportaciones de capital de los dueños, entrada de nuevos accionistas o incrementos de deuda. No parecen confiar en generar la caja suficiente para mantener su desbocado ritmo de gastos:

Pese a las pérdidas, hay más apetito inversor que nunca por parte de fondos extranjeros por invertir en el negocio de la Premier. La respuesta de los CFO acerca de si prevén devolver pasta a sus accionistas es demoledora (y eso que no contempla la opción «ni de coña»):

La gran duda que surge es si este nivel de pérdidas será sostenible durante mucho tiempo. Los clubes de la liga italiana acumulan una pérdida de 4.000 millones de euros en la última década. Los ingleses mucho más, a razón de 1.000 millones de euros anuales en las últimas temporadas. La preocupación del gobierno inglés con este asunto les llevó a promulgar una ley, la Football Governance Act, que entra en vigor ya la temporada próxima.

Pero seamos serios, la entrada de capital extranjero en el país es recibida con los brazos abiertos, ¿acaso creemos que alguien va a tratar de impedir la llegada de esa ingente cantidad de dinero, da igual si viene de satrapías del Golfo Pérsico? No lo veo, me cuesta creerlo. Por eso era importante un proyecto como la Superliga, porque dejaba el control financiero en manos de los clubes. En el preacuerdo firmado la semana pasada entre la UEFA y el Real Madrid se habla en uno de los puntos de la sostenibilidad financiera y el control económico. Y en otro, de las mejoras tecnológicas para explotar el fútbol (¿una plataforma como Unify, de acceso gratuito, quizás?). El fútbol europeo tiene que cambiar muchas cosas, de lo contrario, estamos condenados a ser comparsas de los clubes de la Premier, a no poder competir con ellos. O a cambiar el modelo de negocio, de ahí que tanto el Real Madrid como el Barça estén empezando a moverse en esa línea. ¡Veremos!

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LaLiga frente a la Premier (I): el triunfalismo de Tebas

El presidente de LaLiga, Javier Tebas, se mostró exultante el pasado mes de diciembre durante la presentación del acuerdo de renovación de los derechos de televisión por los próximos cinco años. Comparó la liga española con las principales ligas europeas, que “vienen bajando o no tienen crecimiento” y se felicitó por la mejora del contrato en un diez por ciento. Según el locuaz Tebas, el logro se debe a la lucha contra la piratería (aunque en ocasiones actúa como si usara toneladas de napalm para quemar media hectárea de rastrojo) y a la mejora del producto, en la que afirma trabajar con la ayuda de los clubes.

Bueno, es su opinión. Habría mucho que decir al respecto, aunque debo reconocer que me parece un cierto éxito haber logrado renovar al alza el contrato, si bien con matices. Lo cierto es que los ingresos no alcanzan ese incremento del 10 por ciento, sino que se queda en el 9%, como se ve en las propias cifras presentadas, o en un escaso 6% de mejora para LaLiga de Primera División. A la trampa se le ve el cartón si consideramos la inflación acumulada durante el período anterior 2022-2027, con años del 8,4% (2022) y del 3,5% (2023), lo que llevaría a afirmar que, en realidad, el importe actualizado del acuerdo supone una disminución de ingresos. Si además comparamos el incremento con la inflación existente en el mundo del fútbol (salarios y fichajes, en especial), convendremos en que resultará insuficiente para los clubes españoles de fútbol.

Esta semana ha finalizado la primera fase de la Champions League, este formato absurdo del grupo único y desigual. El Real Madrid y el Atleti se han quedado fuera por sus errores y por la mala temporada que arrastran. Los calamitosos arbitrajes que sufrió el Madrid frente al City y el Benfica difícilmente podrían haber supuesto algún punto extra porque el juego fue inferior al de sus rivales. Otros dos equipos españoles han quedado fuera de los 24 clasificados (Villarreal y Athletic de Bilbao) y solo un equipo de LaLiga ha logrado meterse entre los ocho primeros. Laporta sabe desde hace años de qué va esto y su acercamiento a la UEFA le supuso contar con un sorteo favorable y el favor “Ceferino” arbitral ante el Brujas, Copenhague y Eintracht de Frankfurt (¿es Davide Massa un Ovrebo en potencia?).

Según el ranking UEFA, LaLiga está en tercer lugar en el escalafón europeo, tras la Premier y el Scudetto italiano. La Bundesliga ha recortado distancias en este ranking, al igual que la Ligue1 francesa.

Esta clasificación se realiza en función de los resultados de los equipos en el último lustro y la buena posición del fútbol español se mantiene gracias a los triunfos del Real Madrid en las Champions de 2022 y 2024, la de los héroes inesperados. Si el bajón de este año se repite durante un par de temporadas más, LaLiga podría perder uno o incluso dos de sus cinco representantes en la máxima competición europea.

El dato estadístico de las competiciones europeas refleja la realidad de LaLiga española de manera más precisa que el voluntarista ánimo de Tebas. Y no es solo un dato fiable como los resultados, es también la sensación de hartazgo que hay con la competición, un campeonato en el que hay dos grandes clubes, Real Madrid y Barcelona (me cuesta catalogar de “grande” al cliente único de Negreira), a gran distancia del tercero, el Atleti, y con este separado también de una clase media y baja cuyas aspiraciones se sitúan entre evitar el descenso y, con suerte, aspirar a una plaza en alguna competición europea, aunque sea menor. Al Real Madrid se le critica todo lo que hace, enfrentado como está a todos los organismos y a buena parte de la prensa (Contra todo y contra todos), y esa rabia se transmite a casi todos los campos que visita, donde se le recibe de manera encendida, todo lo contrario que sucedía en los ochenta, cuando la visita del Madrid era una fiesta allá en la mayor parte de los campos de España. Al otro “grande”, bien entrecomillado, se le permite todo desde hace décadas. Juega con media plantilla inscrita de manera fraudulenta o con cautelares de coña, obtiene excepciones que se deniegan a sus rivales, formaliza acuerdos fraudulentos por los que la contraparte, la Juve, ha sido sancionada en Italia, y lo más grave, se permite realizar pagos al vicepresidente arbitral sin que haya sanción alguna. Y ese hartazgo se transmite a muchos aficionados que han dejado de seguir el fútbol o, al menos, de contribuir pagando para sostener la competición podrida de Javier Tebas.

Las cifras actuales de audiencias de televisión no son tan fiables como antaño, cuando, con el fútbol en abierto, las audiencias medias de un partido superaban los cuatro o cinco millones de espectadores con asiduidad. Desde que existen las televisiones de pago los datos no son comparables y estas muestran unos datos muy inferiores, muy por debajo de los dos millones por partido y solo para Real Madrid y Barça:

Javier Tebas sabe que está perdiendo audiencia, en especial entre ese sector del madridismo que ha dejado de seguir el campeonato, y por ello centró su charla en mencionar la mejora de las audiencias “en los cuarenta minutos previos al partido y en los siguientes a la finalización de los partidos”. Tuvo bemoles de decirlo sin pestañear, ¿y qué pasa con los propios partidos en sí, por qué nos interesa cada vez menos ver esta Liga en la que ya no nos creemos casi nada? ¿Una Liga con arbitrajes que huelen cada semana, con periodistas que justifican lo injustificable, con insultos racistas en numerosos estadios? ¿En qué momento comenzamos muchos aficionados a sentir que “se nos echaba” de la liga española? Lo único que se ha disparado de manera estratosférica estos años ha sido el sueldo de Javier Tebas al frente del cotarro:

En cuanto a sus proyectos estrella, aún tardaremos un tiempo en ver si el controvertido acuerdo de LaLiga con CVC sirve para mejorar el rendimiento de los clubes firmantes (todos menos el Real Madrid, el Barça y el Athletic de Bilbao). Por la parte de los fichajes y el dinero que se suponía que iba a generar, parece claro que no: LaLiga sigue perdiendo puestos en la clasificación anual de fichajes (una tendencia de varias temporadas). El verano pasado quedó por detrás incluso de la segunda división inglesa y, por supuesto, de la saudí. A punto de cerrarse el mercado de invierno, nos encontramos con el más pobre en años, con varios clubes desprendiéndose de jugadores al tener dificultades para afrontar sus salarios. Un caso sorprendente es el del Atlético de Madrid, ahora propiedad del fondo norteamericano Apollo, que se ha desprendido de cuatro jugadores (Gallagher, Raspadori, Javi Galán y Carlos Martín), ha incorporado solo tres de menor coste y ha hecho caja.

Otra manera de medir el éxito o estancamiento del campeonato se refleja en la asistencia a los estadios, que se mantienen similares en las últimas temporadas, sin apenas una evolución al alza:

Se supone que el acuerdo con CVC también iba a traer una serie de inversiones de mejora de los estadios, por lo que es pronto para ver su reflejo en el aumento de la asistencia de espectadores. Ojalá haya más equipos con aspiraciones de competir por algo más que sobrevivir. No hace tantos años de las ligas peleadas o ganadas por el Atleti, la Real Sociedad, el Deportivo de La Coruña o el Valencia, equipos ahora, varios de ellos, luchando por no descender o penando incluso en otras categorías.

Cinco equipos de la Premier han entrado entre los ocho primeros de la Champions, los que dan acceso directo a los octavos de final. ¿Es solo una cuestión económica? Según el estudio de la consultora Deloitte, bajo el título Deloitte Football Money League, ninguno de los cuatro clubes europeos con mayor capacidad de generar ingresos es inglés:

LaLiga tiene a las dos marcas más reconocibles en todo el mundo, el Real Madrid y el F.C. Barcelona, pero no parece capaz de sacar más partido de ello, como no lo hizo en los años en los que Cristiano Ronaldo y Leo Messi eran sus principales figuras. Siguen siendo capaces de facturar millones de euros, incluso un Barça al que las tropelías de Laporta no le han rebajado prestigio internacional. Les sigue el Bayern de Múnich, y a continuación, un Paris Saint Germain, o Catar Saint Germain, como ya se ha denominado aquí varias veces más. Los seis siguientes en la lista son el Big Six de la Premier. ¿Es posible competir contra ellos, plantarles cara?

De eso tratará la segunda parte de este post. De momento, concluyo con la comparación de los ingresos por la venta de derechos de emisión que recibe cada uno de los clubes de LaLiga y la Premier:

No hay tanta diferencia en las alturas. La comparación no se sostiene del tercer puesto hacia abajo.

Continuará: LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

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