El doble rasero para el Madrid, por Barney

Dani Carvajal ha sido sancionado por la UEFA con dos partidos de suspensión por forzar una tarjeta amarilla. Algo que no solo está permitido por el Reglamento, sino que además lo llevan haciendo jugadores de numerosos equipos desde hace años. Como Piqué, por ejemplo, el hombre de las bulas infinitas, en un partido del año pasado contra el Arsenal.  Es tan evidente que Carvajal estaba perdiendo tiempo como que Luis Enrique y Unzué le piden a Piqué que fuerce la tarjeta nada más marcar el Barça. Y el central obtiene su “premio” haciendo una entrada muy dura que podía haber lesionado al rival.

Sin embargo, parece que este descaro solo es sancionable en el caso del Real Madrid. Ya hace años multaron al entrenador José Mourinho por provocar las tarjetas de Xabi Alonso y Sergio Ramos en un partido que el Madrid iba ganando 0-4 en Ámsterdam. Es verdad que lo hicieron muy mal, con mucho descaro, con toda esa pantomima Mou-Dudek-Casillas-Ramos-Alonso, pero el caso es que esa misma temporada Andrés Iniesta forzó una amarilla en el partido de cuartos ante el Shaktar Donetsk y no pasó nada. Lo hizo con algo menos descaro que los madridistas o Piqué, poniéndose delante del balón al saque de una falta y con las risitas cómplices de Guardiola en el banquillo. Curiosamente, con el mismo árbitro de aquel Ájax-Real Madrid, el escocés Thomson. Entonces, ¿se castiga el descaro del Madrid o se premia el teatro culé?

La impresión que me da es que hay un doble rasero a la hora de juzgar al Madrid, y se da en todos los ámbitos, como pretendo explicar en este post. Quizás sea porque el Madrid es el equipo más laureado de la historia del fútbol, y por tanto, el equipo a batir, el rival más envidiado y, para algunos, el enemigo más odiado. Esa sensación quizás sea la que trató de explicar José Mourinho cuando habló de la felicidad que embargaba a muchos cada vez que el Madrid es derrotado:

No soy un gran tuitero, seguramente porque no soy hábil en un medio que requiere concisión, pero la semana pasada puse un tuit durante los últimos minutos del Athletic de Bilbao-Real Madrid, nada más recibir Sergio Ramos la segunda tarjeta, justo cuando el Madrid más presionaba y más cerca se veía el gol:

“Que Ramos reciba dos tarjetas y Raúl García ni una es una anomalía que solo se entiende en esta liga del Villarminiato“.

Para mi sorpresa, no debo de ser el único que cree en ese doble rasero a la hora de juzgar al Madrid y la frase se retuiteó varias veces hasta llegar a las 80.000 lecturas, una cifra impensable para este bloguero nada tuitero. Al día siguiente un tuitero de éxito, Maketo Lari (@MaketoLari) publicó las estadísticas de faltas y tarjetas de estos dos jugadores, sin opiniones, solo datos. De acuerdo en que los dos jugadores entran con todo, son duros y juegan con una tensión a veces excesiva, pero resulta un insulto comprobar cómo el madridista ve una roja cada 37 faltas, mientras que el carnicero Raúl García puede hacer hasta 228 para que la vea. Y algunas son criminales, como la que le hizo a Nacho hace un año en San Mamés.

Maketo Lari publicó otro dato curioso: Sergio Ramos no fue nunca expulsado con el Sevilla, ni lo ha sido con la selección española, y sin embargo, lleva ya 24 con el Madrid. Y desde luego con la selección juega con la misma intensidad y dureza. Entonces, ¿hay un doble rasero a la hora de juzgar al central dependiendo de qué camiseta vista?

No tengo ninguna duda. Hay otro caso paradigmático, que es el del delantero uruguayo Luis Suárez. Quizás desde Javi Navarro y Pablo Alfaro no se había visto un tipo tan desagradable en el mundo del fútbol, un sujeto que insulta a todo bicho viviente que tenga cerca, árbitros y asistentes incluidos, un delantero que agrede y lesiona mucho más que los defensas que lo cubren, y que sin embargo ha encontrado en el Barça la inmunidad que su carrera profesional requería. En sus anteriores equipos, Ajax y Liverpool, había sufrido 35 partidos de sanción por sus continuas agresiones y bocados, además de los seis meses de sanción por el mordisco a Chiellini, y desde que está en España solo ha sido expulsado una vez (en Copa), pese a que el nivel de sus agresiones se ha multiplicado de modo exponencial. 

Podemos pensar que la prensa denunciará estos distintos tratos de favor. Pues no, parece mentira que sean los aficionados del Twitter y los blogs aficionados los que están desvelando el doble rasero a la hora de tratar a unos y otros. El As está en guerra con el madridismo desde que su director Alfredo Relaño comenzara la suya con Florentino Pérez. Y el Marca ha blanqueado esta misma semana la figura de Luis Suárez concediéndole la portada y una entrevista en la que no se le ha preguntado lo que todo lector madridista querría:

¿Por qué cree que en España puede agredir, insultar y escupir a rivales y árbitros sin que le expulsen?

El doble rasero para juzgar al Madrid que utiliza la prensa va mucho más allá del trato arbitral y de ese “los grandes no se pueden quejar”, pese a que ya se ha demostrado en numerosas ocasiones el trato dispar que reciben Barça y Madrid. Este año a los periodistas les ha dado por atizar a Benzema. Sí, es cierto, a mí también me desespera a veces, pero partido tras partido leemos a casi todos los periodistas atacarle, criticarle, menospreciar al octavo máximo goleador de la historia del Madrid, no lo olvidemos. Pocos habréis leído que Luis Suárez ha pasado los seis partidos de fase de grupos de la Champions sin anotar ni un solo tanto, mientras que Karim ha hecho dos en cuatro partidos.

Se aprovecha el mal momento de Benzema para cargar contra el entrenador y el presidente del club. Todo vale en el ataque. El domingo pasado, un programa mítico que tan buenas noches nos hizo pasar hace décadas, Estudio Estadio (Teledeporte) planteaba una consulta a los espectadores:

“¿Está agotando Zidane su ciclo en el Real Madrid?”

Acojonante. El bueno de Zizou lleva menos de dos años en el Madrid, tiempo en el que ha ganado dos Champions, una Liga, un Mundial de clubes, dos Supercopas de Europa y una española (enchufándole un 5-1 al Barça y a Sánchez Arminio), y la pregunta es si tiene que irse. Mientras tanto, el entrenador del vecino “del tercero”, ese tipo tan idolatrado por la prensa que es el Cholo Simeone, no consigue clasificar al Atleti para los octavos de la Champions y nadie se plantea un debate similar en la televisión pública.

Y ni siquiera le va a valer esta vez la excusa tradicional del presupuesto o la falta de plantilla:

Se ataca a sus jugadores, se ataca al entrenador, y por supuesto, habrá que machacar al presidente. Cualquiera que siga este blog sabrá que no soy un gran defensor de Florentino Pérez (en los peores momentos llegué a escribir Un equipo irreconocible), pero hombre, que lo critiquen y tachen de lo peor de lo peor, el que mueve los hilos, mafioso, etc., los culés, con todos sus presidentes imputados y dos de ellos con largos pasos por prisión, suena a coña marinera. Que lo hagan los del Atleti de Cerezo y Jesús Gil, es un chiste de mal gusto. Los del Valencia de Francisco Roig y Juan Soler, o los del Sevilla del reo Del Nido, o los del Betis de Lopera, el Depor de Lendoiro,… Mejor escondemos la mano antes de lanzar la piedra.

Todo vale para atacar al Madrid porque es el enemigo a batir, y los madridistas nos reiríamos de esta situación si no fuera porque a veces nos da vergüenza leer y escuchar algunas cosas. Hasta las desgracias en forma de lesiones sirven para atacar al club, como ocurre con el galés Gareth Bale. Cualquier madridista de bien quiere poder contar siempre con un jugador que ha costado casi cien millones de euros, pero que nadie olvide que en sus cuatros años en el club se han ganado tres Champions y que el galés fue decisivo marcando el 2-1 en las finales de Copa y Champions de Lisboa. La prensa no deja de machacarle a la vez que se suceden las muestras de cariño hacia Rafinha Alcántara o Santi Cazorla por sus continuas y desgraciadas lesiones.

Y el último ejemplo, el lamentable y nada venerable anciano Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Comité de Árbitros. El hombre que apenas habla en los medios desde hace años. De hecho, yo solo le recuerdo dos:

  • Tras el error grosero de Muñiz Fernández en Elche, cuando pitó erróneamente un penalti a favor del Madrid, y se despachó contra el árbitro y su vida privada.
  • Tras el error de Iglesias Villanueva en el Valencia-F.C. Barcelona de hace dos jornadas, cuando concedió varias entrevistas en radio para hablar de estos errores y de la implantación del VAR. Y dijo cosas curiosas como que el árbitro fue informado de su error en el descanso y el periodista no le preguntó si quizás por eso no se atrevió a pitar el claro penalti de Umtiti.

No, solo se habla cuando un error favorece al Madrid o perjudica al Barça. El doble rasero. Ahora sí interesa el VAR, ese VAR de Villar-Arminio-Roures que, sospecho, no funcionará. Por cierto, por si alguno cree que es una paranoia de algunos forofos madridistas, os dejo la última manipulación de los amigos de Roures y BeIn Sports, que padecimos el miércoles en el momento en el que congelan la imagen del pase del segundo gol del Borussia para que no parezca que era fuera de juego lo que sí era, y muy claro, porque hay un taconazo entre medias:

En mis tertulias cerveceras con colegas, me tomo todo esto con cierta ironía, adquiriendo ese papel de Director de Respuestas Sarcásticas que propuse hace tiempo al club, para descojonarnos de la aplicación vil y rastrera del doble rasero a la hora de hablar del Madrid.

¡Hala Madrid!

 

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El VAR no funcionará, por Barney

El VAR no funcionará como ese sistema infalible que muchos esperan, no es la panacea que va a solucionar el problemón de los “errores” arbitrales del fútbol español. Esa es la opinión que tengo y que ya dejé en el post dedicado a los terribles tiempos del Villarato moribundo. La capacidad de los árbitros de influir en el resultado de un partido, y por acumulación, sobre los títulos, va mucho más allá de lo que se decide en unos pocos segundos a través de una pantalla y una serie de imágenes tomadas desde distintos ángulos.

Será una casualidad, pero VAR, que significa Video Assistant Referee, tiene las mismas iniciales de Villarato, Arminio y Roures, los tres grandes pilares sobre los que se han basado los triunfos culés en los últimos años en España. Sería injusto dejar esta frase así, el gran pilar ha sido Messi, como lo han sido en menor medida Xavi, Iniesta, Suárez o el falsísimo Pep, pero de lo que no cabe duda, y ningún culé puede negarlo, es del gran peso que ha tenido el terrible trío del VAR.

Comenzaré el análisis del VAR, una vez conteste a la típica cantinela de BAR que dice que “los madridistas, igual que el Barça, no os podéis quejar de los árbitros, que a los grandes os favorecen siempre”. Los dos grandes situados en un mismo plano que no hay análisis estadístico que lo soporte. Supongo que por eso de ser tratados “por igual” el Madrid lleva un penalti a favor en los últimos 26 partidos, mientras que el Barça lleva uno en contra en los últimos 95. Porque “nos tratan igual”, como se ve en los análisis de ilustres aficionados que cuelgan en las redes los estudios que no realizan los medios. Como el de Juan P. Frutos sobre el saldo arbitral desde 2004, o los de Maketo Lari:

Que el Madrid, siendo un equipo dominante y ofensivo, tenga un saldo negativo entre tarjetas rojas propias y rivales (-9) es un insulto a la inteligencia del aficionado. Y ya la comparación resulta obscena cuando compruebas que el saldo del Barça en ese apartado es de +70. Que la comparación con el Atleti también sea claramente desfavorable debería llevar a algún periodista a analizar cómo es posible ese hecho cuando los colchoneros tienen 500 faltas más que los madridistas (y ya no hablo de la dureza).

Desde hace casi treinta años, nada es casual en el fútbol español. Que ese supuesto favoritismo arbitral hacia “los grandes” se traduzca en los penaltis no pitados a favor del Madrid en sus partidos contra Atleti, Valencia, Alavés o Levante, o en los cuatro partidos en que el Barça ha empezado con un gol ilegal, deben de ser sin duda “hechos menores” que no pueden enturbiar la teoría antimadridista que tanto gusta en las televisiones nacionales.

El arbitraje va mucho más allá de lo que se puede decidir en segundos, bien directamente o bien a través del uso del VAR. La manipulación del arbitraje comienza con la designación de los colegiados que van a pitar cada partido, territorio exclusivo de Sánchez Arminio, el hombre de confianza de Villar, continúa con los comportamientos sibilinos y nada objetivos de algunos trencillas, y finaliza con el rearbitraje que se realiza en medios y tertulias futbolísticas. Estos medios, por lo general, omiten jugadas, ofrecen imágenes parciales, no muestran todos los ángulos y emiten opiniones que en muchas ocasiones resultan poco menos que ridículas, pero que sirven para extender la opinión de que “al Madrid se le ayuda”, o bien, “sí, ha sido un error a favor del Barça, pero es que ya se sabe que los grandes siempre parten con ventaja”.

Con V de Villarato

Lo que han demostrado las grabaciones del caso Soule es que Villar manejaba la Federación Española de Fútbol como su cortijo particular, comprando y pagando favores a los que le mantenían en el cargo. Con su fiel sirviente Juan Padrón como brazo ejecutor hasta su ruptura y con su hijo Gorka medrando para sucederle en el futuro.

No me sorprendió que Villar se opusiera hace algo más de un año a la implantación del VAR. A buen seguro temía que los arbitrajes tendenciosos y dirigidos quedaran al descubierto en numerosas ocasiones y perjudicaran a aquellos a los que les debe su puesto. Tampoco creo que el vicepresidente de la Federación, el ecuánime Joan Gaspart, el hombre que dijo sin que le temblara la voz que “perjudicaré deportivamente al Real Madrid hasta que me muera”, fuera un firme defensor de la implantación de este sistema, cuando con el actual los suyos podían disfrutar de una temporada con 19 penaltis a favor y otras dos y media con apenas uno en contra.

Mientras las grandes ligas europeas lo demandaban y se ponía en funcionamiento, en España padecíamos los penaltis nunca pitados en los Clásicos (por esa nueva norma que dice que “es demasiado pronto para pitarlos”), o nos descojonábamos abiertamente con los que sí se pitaban en desplomes de Neymar o tropezones de Jordi Alba con el césped.

La primera vez que vimos funcionar el VAR en este país, durante el amistoso Francia-España, quedamos todos maravillados al ver cómo se rearbitraban dos jugadas con un resultado desfavorable para los locales: se anuló un gol francés que había subido al marcador, y se dio por válido el gol de Deulofeu que previamente había sido anulado.

“¡Qué maravilla!”, comentamos sobre el VAR en nuestra tertulia de auténticos expertos en todo, realizada, cómo no, en el BAR. Y sin embargo, una vez superada la expectación inicial, preveo que evitará algunas situaciones que actualmente se dan (por ejemplo, el gol del Barça contra el Málaga cuando el balón ha salido medio metro), pero en otras ocasiones va a ser fuente de más conflictos porque hay muchas jugadas no objetivas, en las que hay un amplio margen para la interpretación. No hay más que ver lo ocurrido hace un par de semanas con la jugada entre Casemiro e Inui. El jugador japonés del Éibar reconoció que no fue penalti, al igual que su entrenador, Mendilíbar, y sin embargo, una serie de medios mantenían que las imágenes eran claras: penalti y tarjeta para el madridista. Pues esto ocurrirá en los estadios, y todo ello mientras los aficionados revisarán las imágenes en sus móviles esperando que el árbitro valide o invalide una jugada a través de la pantalla. Y todos sabemos que los aficionados no somos objetivos. Ninguno. Que no se enciendan los ánimos en esos dos o tres minutos de indecisión (hasta seis llegaron a tardar en Italia).

Con A de Arminiato

Nada es casual, como decía. La propia designación de los árbitros para cada partido apesta. No hay disimulo.

– ¿Con qué árbitro no ha perdido nunca el Barça?

– Con Clos Gómez.

– Pues a la final de Copa.

– ¿Y si se lesiona?

– Pues de sustituto, al que está tomando su testigo, Hernández Hernández.

– ¿Quién se inventó dos penaltis de chiste en la última jornada contra el Éibar?

– El mismo Hernández al cuadrado.

– Pues que vuelva a pitar el mismo partido cuanto antes -por cierto, volvió a regalar un penalti a los blaugrana.

– Y ya de paso, que pite y perjudique al Madrid dos veces en las primeras 10 jornadas de liga (Levante y Girona).

“¡Pero es que a los grandes siempre les ayudan!”, continúan algunos con su cansino mantra.

– ¿Con qué árbitro tiene el Madrid sus peores porcentajes de victorias? 

–  Con Fernández Borbalán.

– Pues el derby contra el Atleti puede ser un partido perfecto para él.

– ¡Qué gran idea! Además, ya les jodió contra el Valencia y le echó un cable al Barça en Getafe.

Algún día nos daremos cuenta de lo meritorio que fue ganar la Liga la temporada pasada. Villar y su fiel lacayo Sánchez Arminio, el hombre que reconoce que “el Madrid no cae muy bien en este estamento”, debían estar que se subían por las paredes en mayo pasado, así que decidieron ir a saco desde el principio, quizás pensando en que las grabaciones del caso Soule iban a acabar con sus “brillantes” carreras, y tenían que poner toda la carne podrida en el asador. Las malas sensaciones que tuve para esta temporada comenzaron en el intento de atraco de la Supercopa. Y se han confirmado en las primeras jornadas de Liga, que además han coincidido con un pésimo momento de juego del equipo, y una bajísima forma de varios jugadores (Cristiano, Benzema, Marcelo, Carvajal).

El VAR podrá utilizarse en cuatro casos:

1. Goles: para anular o dar por válido algún gol en el que se haya podido cometer una infracción. Servirá para dar por válidos algunos como el del Barça al Betis en el Villamarín, o para anular otros como el de este año al Málaga, o el de Suárez en fuera de juego en el Clásico robo de la temporada pasada.

2. Penaltis: para decidir si se pita o no la falta (reglamento culé aparte). En algunos partidos puede haber media docena de jugadas dudosas. Y seamos sinceros, habría que mirar cada córner o cada balón colgado al área para ver esos abrazos de los defensas a los delanteros que, como dicen algunos comentaristas, “es penalti, pero yo no lo pitaría porque entonces habría que pitar seis o siete en cada partido”.

3. Tarjetas rojas: los árbitros podrán revisar algunas jugadas para ver la gravedad de las entradas y calibrar la posible sanción o el color de la tarjeta. Si el sistema se utiliza de modo conveniente, Luis Suárez no llega al descanso en ningún partido. Aprovecho para recordar que el cXXXX uruguayo no ha sido expulsado ni una sola vez en la Liga española. En la holandesa, la inglesa y la selección sí lo ha sido, y posteriormente sancionado gravemente, pero aquí parece haber encontrado la impunidad que su carrera necesitaba.

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4. Confusión de identidades de jugadores: para evitar jugadas como la del famoso “Rafa, no me jodas”.

Salvo el punto número 4, en los tres anteriores la subjetividad va a seguir siendo importante. Y como se ha sabido por las grabaciones de los últimos meses o por las declaraciones de ex árbitros como Pino Zamorano o Daudén Ibáñez, Sánchez Arminio decidía todo en el mundo del arbitraje: quién subía de categoría, quién descendía cada año, a quién se nombraba internacional,… Al índice corrector que puntuaba a los árbitros se le aplicaba luego lo que era conocido como “el dedo corrector” de Sánchez Arminio. Y los árbitros no eran puntuados del mismo modo según se confundieran en un sentido u otro. Muñiz Fernández fue castigado sin pitar varias semanas por su famoso error en Elche a favor del Madrid, pero no por el olvidado error en el Camp Nou a favor del Barça contra el Sevilla por las mismas fechas.

¿Será por esta razón que Hernández Hernández, tras su error en el Villamarín que perjudicó al Barça, se ha pasado descaradamente tres pueblos en sus intentos por demostrar que es un árbitro parcial y totalmente afín al régimen imperante? Al acabar la temporada 2016-17, el árbitro participó en un debate en Movistar con otros árbitros y ex árbitros, y se mostró muy apenado por aquel famoso error que había tenido lugar cinco meses atrás, pero sin embargo, no se mostró contrariado por los dos penaltis que regaló al Barça frente al Éibar apenas dos semanas antes. Tampoco le preguntó ningún periodista.

El Arminiato es un sistema controlado con puño de hierro, y solo así se entiende la vomitiva carta de apoyo que firmó todo el estamento arbitral a este dictadorzuelo de 75 años que ha conseguido rodearse de una cohorte de fieles que saben que le deben buena parte de su posición:

“Estamos orgullosos de tu trabajo, de cómo diriges al colectivo arbitral y de cómo nos tratas a todos y cada uno de nosotros. (…) El listón está muy alto (aquí risas, como vieron en la repesca del Italia-Suecia), y sigue creciendo gracias a ti.” Y concluye con un baboso: “Victoriano, TE QUEREMOS”.

No recordaba un ejercicio de cinismo y lameculismo igual desde la canción que Víctor Manuel le dedicó al Caudillo en 1966, aquella de “Gracias le doy al gran hombre que supo alejar esa invasión que la senda venía a cambiar”, y “No han de ocultar, hacia el hombre que trajo esta paz, su admiración”.

 

Las diferencias de criterio son enormes en ocasiones. Todos vimos el patadón de Lucas a Sergio Ramos en el derby, que acabó con este sustituido y la nariz reventada. Pues bien, ni siquiera en los medios otrora madridistas tenían clara la influencia del árbitro en el resultado del partido. Para Andújar Oliver (Marca) no hubo nada. Para Iturralde (¡As!), Borbalán no estuvo mal, aunque podía haber estado mejor. Vamos, que influyó en el resultado, pero que tampoco es para tanto. Los peores árbitros copan los medios de comunicación.

También nos asustamos con la tremenda entrada de Savic a Kroos. Esto es lo que escribió cierto árbitro en un acta tras una entrada similar:

“En el minuto 86 el jugador (17) XXXX fue expulsado por el siguiente motivo: entrar con el pie en forma de plancha a la altura del tobillo de un contrario sin opción de jugar el balón, derribándole.”

Una jugada calcada a la del sábado, si bien el agredido en aquella ocasión fue Messi y eso lo cambia todo. Roja, sin VAR o con él. No es casual que el árbitro que expulsó a Ujfalusi en esa jugada y redactó este acta fuera el mismo Fernández Borbalán, el cual no tiene el mismo criterio cuando el que saca los tacos a pasear es Savic y el que recibe es uno del Madrid. El mismo Fernández Borbalán que expulsó a Bale la temporada pasada por un empujón leve a un rival.

Si alguien duda de que los criterios son diferentes para medir a los dos grandes del fútbol español, que compare el trato arbitral que recibe el criminal vestido de 9 Luis Suárez.

 

Con R de Roures

El tercer vértice del triángulo infernal del VAR es Jaume Roures, el exitoso empresario que controla los derechos del fútbol mientras compatibiliza sin problemas ser trotskista, millonario, independentista, íntimo de los dirigentes de la Federación Española, socio del Barça, patrocinador de Tebas, y lo más preocupante, dueño de la empresa que implantará el VAR en España.

Había dos empresas con interés por realizar la implantación del sistema en España: Mediapro y la portuguesa Hawk-Eye. La decisión fue tomada por LaLiga y la Federación. Supongo que el inmenso dineral aportado a La Liga por los socios de Roures en concepto de derechos de televisión unido a los intereses federativos de Villar, Gaspart y cía. hicieron que la decisión fuera sencilla de tomar.

El adoctrinamiento, perdón, la formación del VAR se realizará en Barcelona, en el edificio Imagina desde el que Mediapro recibe todas las señales de los partidos. Posteriormente se trasladará la central del VAR a las instalaciones de la Federación Española de Fútbol en Las Rozas. El Comité de Árbitros (Arminio) ha insistido en que es fundamental que todo el proceso esté controlado por la Federación (Villar), aunque las imágenes pasen previamente por Mediapro Barcelona (Roures).

Todo queda en casa. El comité de árbitros designado para estudiar el funcionamiento del VAR en otros países no puede ser más sospechoso: los ex árbitros López Nieto y Puentes Leira, los mismos que en su día se encargaban de la designación de árbitros para los partidos. Los mismos que en su día debieron echar una apuesta en el bar:

– No hay huevos de volver a poner a Iturralde en un Clásico.

– ¿Que no? Ahí lo tienes.

López Nieto era peor que un cólico, malo, muy malo. Puentes Leira tuvo una carrera nefasta como árbitro, si bien menos gente recuerda el daño que nos hizo antes cuando servidor todavía creía en la justicia en el deporte: fue el juez de línea en una de las ligas perdidas (o robadas) en Tenerife. Sí, el mismo que señaló fuera de juego en el gol de Milla (hubiera sido el 1-3), un fuera de juego que no era por dos metros, y entre él, García de Loza y las cagadas de Rocha, Buyo y Sanchís se nos escapó una liga que se había ganado justamente en el campo.

¿Tanto efecto pueden tener las imágenes? Sin ninguna duda. Depende mucho del ángulo de las cámaras que una jugada parezca fuera de juego o no. En algunos programas han tirado de arquitectos, puntos de fuga, líneas que se cruzan, etc,… para determinar que un fuera de juego lo era o no por 16 centímetros. Hace poco leía un titular que decía que “los operadores deberán ser neutrales”. Joder, pues claro, ¿acaso lo dudaba alguien?

Pues yo sí, como se vio en el Aytekinazo de la Champions, cuando no fue posible ver otras tomas de algunas jugadas. ¿Ocurrirá esto con el VAR si las imágenes son filtradas por realizadores como Óscar Lago?

Oscar Lago

Lo vimos también durante el Real Madrid-Betis de la temporada pasada o durante el Villarreal-Real Madrid. Las imágenes del choque entre Keylor Navas y Brassanac, o la mano que supuso un penalti a favor del Madrid en Villarreal, fueron repetidas tres millones de veces, mientras que no vimos ni una sola del gol del Betis en fuera de juego posicional, el penalti a Morata, un fuera de juego mal señalado a Ronaldo, los dos goles claramente ilegales del Villarreal o los dos posibles penaltis no pitados a favor del Madrid en el Estadio de la Cerámica. Pequeños matices que se pueden obviar desde el centro de control del VAR. Ojalá me equivoque, pero de momento en Alemania ya han tenido que destituir al responsable del VAR por sus “errores” a favor de su equipo del alma, el Schalke 04.

Nada es por casualidad. Que el Girona, equipo del que Roures es socio, gane al Madrid con un gol en fuera de juego en un partido arbitrado por Hernández al cuadrado, tampoco.

Hace poco he tenido una pesadilla. Soñaba con un Madrid-Barça decisivo y en el último minuto había una jugada dudosa. Messi controla con la mano y se la cede a Luis Suárez, que se luce con un piscinazo infame según pisa el área. El árbitro, Hernández Hernández, pita penalti. En las protestas madridistas saca varias tarjetas, la típica roja a Ramos, y consulta a través del pinganillo. Durante el barullo, Óscar Lago en la realización busca la imagen con el ángulo más dudoso, aquel desde el que no se vea bien que se ha tirado con las mejores artes aprendidas en la escuela culé de teatro. López Nieto y García de Loza, desde la sala de control del VAR, ratifican entre sonrisas la decisión del colegiado: es penalti. Iturralde y Andújar Oliver lo corroboran en las radios y medios digitales. Messi marca el penalti y el Barça gana el partido. Villar y Sánchez Arminio brindan con cava. Roures se entrelaza las manos sobre la panza y comienza a descojonarse de risa.

 

 

El Villarato morirá matando, por Barney

A Villar le quedan dos telediarios al frente de la Federación Española de Futbol, o eso esperamos algunos, los que creímos finiquitada esa época terrible denominada Villarato. Nosotros, ilusos que soñamos que no iba a volver a pisar el despacho de la Federación tras su paso por la prisión de Soto del Real este verano. Nosotros, crédulos esperanzados que pensamos que tras los 12 días en prisión (sin fianza, según decretó inicialmente el juez Pedraz ante la gravedad de las acusaciones) el dirigente vasco dimitiría o sería cesado de modo fulminante para dar paso a una nueva etapa, más transparente, en la RFEF. Nosotros, madridistas en su mayoría, que sonreímos con amargura en los meses de julio y agosto al escuchar las grabaciones que confirmaban lo que veníamos diciendo desde hacía años: que la red clientelar creada por Villar se dedicaba a ganar y pagar favores como si de Don Corleone en la boda de su hija se tratara.

Y sin embargo el moribundo presidente del “fúrbo”, cual toro de lidia herido de muerte, recula en tablas y embiste con peligro antes de que le den la puntilla. El Villarato está herido, pero no muerto, y todo hace indicar que morirá matando.

Esta Liga es del Barça, no tenemos nada que hacer. Cuanto antes lo asumamos los madridistas, mejor. Empecé a decir esto a mis conocidos ya en la segunda jornada, si bien las primeras señales de alarma vinieron en el partido de ida de la Supercopa, en el enésimo intento de atraco en el Camp Nou. Los clásicos del Clásico: penalti de chiste a favor del Barça y expulsión injusta de un jugador del Madrid. Aun así el Madrid venció en la Supercopa 5-1 y el Villarato, o VillARminiato, como prefiero denominarlo, se dio cuenta de que había que redoblar los esfuerzos a favor de los que le apoyaron en los últimos lustros:

  • Cinco partidos de sanción al portugués, mientras Luis Suárez podía seguir agrediendo a rivales e insultando a árbitros.
  • Designación de colegiados afines para los partidos de Madrid y Barça.
  • Por si fuera insuficiente, todos los “errores” caerían siempre del mismo lado.

Fue un milagro que se ganara la Liga pasada, y pese a que el Madrid fue de largo mejor equipo que el Barça, tuvo que esperar hasta la última jornada para proclamarse campeón. Solo con un arbitraje neutral en los dos duelos directos la Liga se habría decidido antes del partido de Málaga. A lo mejor algún periodista podía haber lanzado la pregunta o haber investigado por qué al Madrid le ha costado menos triunfar en la Champions que en la competición nacional.

Sí, lo sé, la Liga es la competición de la regularidad, mientras que la Champions se puede decidir por instantes puntuales de fortuna o momentos de forma de algunos jugadores. Pero es que la regularidad de los errores arbitrales, así como los irregulares saldos de penaltis, tarjetas y expulsiones, han caído de modo regular hacia el mismo lado en las últimas temporadas. Concretamente y de modo más acentuado desde 2004, desde el apoyo a Villar en las elecciones que tenía perdidas frente a Gerardo González, y nadie lo ha explicado mejor que el propio vicepresidente del Barça Alfons Godall:

Habrá quien haya llegado hasta aquí y comience con lo típico: “¡un madridista quejándose de los árbitros, con lo que les ayudan!” Y no es así, voy a tratar de dar datos y no opiniones. Fallaré en el intento, pero les aseguro que los datos son reales. Ese saldo arbitral que definió perfectamente el señor Godall tiene sus máximos exponentes estadísticos en los penaltis a favor y en contra, y en las tarjetas rojas de jugadores propios y del rival. Por la red puedes encontrar a aficionados que realizan unos análisis bastante buenos de estos datos, como Maketo Lari, Juanpa Frutos o Rafa NMJ. Este cuadro está hecho con datos hasta febrero, pero podemos decir sin miedo a equivocarnos que la desventaja ha aumentado.

Que el Barça tenga el saldo de rojas a favor y en contra es un dato hasta cierto punto normal (pese a contar con Luis Suárez en sus filas). Que el Atlético de Madrid y el Sevilla lo tengan positivo, aunque sean equipos “intensos” y duros, puede serlo también. Pero lo que no es normal y solo se entiende por la persecución de hooligans de amarillo como Iturralde o Clos Gómez, es que el Madrid haya sufrido muchas más expulsiones de jugadores propios que de rivales.

Podemos tomar a Sergio Ramos como referencia. Al capitán del Real Madrid le han expulsado 23 veces en sus 530 partidos con la camiseta del Madrid, 18 de ellas en liga. Habrá quien diga que es un jugador guarro o agresivo, pero en ese caso, ¿es normal que en 147 partidos con la selección no  haya sido expulsado ni una sola vez? ¿O es que se le mide con distinto rasero según juegue en su club o con la Roja? Tengo claro que hay un doble rasero, o triple con efecto multiplicador, si tenemos en cuenta que le han sacado la tarjeta roja 6 veces en sus partidos contra el Fútbol Club Barcelona.

Los penaltis

El Barça está batiendo todos los récords: los de penaltis a favor (19 hace dos temporadas), en contra, los piscinazos señalados y los agarrones y manos escamoteadas. Todos los récords habidos y por haber.

Al Barça le han pitado un penalti en contra en las últimas 91 jornadas de Liga, como viene recordando Maketo Lari semana tras semana. Eso es regularidad y lo demás son tonterías. Un penalti en 91 jornadas al equipo de Mascherano, Piqué y Umtiti.

El viernes pasado tuvo lugar una curiosa efeméride de la que se hicieron eco en La Galerna con varios artículos hilarantes (me quedo con el de Mario De Las Heras y su genial Todos esos penaltis se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia): se cumplieron cinco años, ¡cinco! del último penalti de Mascherano. ¿Cinco años sin hacer un penalti? Nooo, sin que se lo piten, porque en ese período ha hecho varias decenas, no solo en España. Normal en una competición regida por el Reglamento emanado de la Federación Culé de Balompié. En esos cinco años, mientras el argentino se dedicaba a agarrar o empujar a delanteros rivales, cuando no a pisotearlos o zancadillearlos directamente, he tenido tiempo para ver nacer a varios sobrinos, cambiar dos veces de coche e ir a bodas de amigos que se han divorciado antes de que al Jefecito le piten un nuevo penalti.

Los intangibles

Luego hay otros intangibles, o datos que pasan más desapercibidos, como el doble rasero a la hora de sancionar con tarjeta amarilla a los jugadores. Tocas a Messi y es amarilla, pero, no sé, pongamos un ejemplo al azar, el último Getafe-Real Madrid:

Acojonante. No es casualidad. Como tampoco lo fue que el Getafe empatara con un gol claramente en fuera de juego. Se ve que Jorge Molina está adelantado toda la jugada, se ve con mucha claridad, no es el típico lance que se resuelve por centímetros. Pero es que,… menuda temporada nos espera. Nuestro Director de Respuestas Sarcásticas diría que cómo es Florentino y que cómo son los hilos del palco del Bernabéu, que todo lo controlan pero son incapaces de lograr que le piten un penalti o una expulsión al Barça.

El comienzo de esta Liga 2017-18 ha sido heavy metal del duro. Ya con las designaciones de árbitros se ha visto que el VillARminiato va a por todas. En las primeras jornadas los grandes suelen tener un poco más de dificultades para solventar sus partidos que con la Liga más avanzada. Cuestión de pretemporadas, afinar el equipo, la forma física de los jugadores,… Claro que si te echan un cable en la mitad de los partidos todo se vuelve mucho más sencillo:

Jornada 1: F.C. Barcelona – Betis. El 1-0 viene tras un fuera de juego claro de Suárez.

Jornada 3: F.C. Barcelona – Español. El 1-0 viene tras un fuera de juego claro de Messi.

Jornada 5: F.C. Barcelona –  Éibar. El 1-0 viene de un penalti de risa, reconocido ¡incluso por Iturralde! Uno más contra el Éibar, otro día más en la oficina, una muesca más que añadir en el silbato de Hernández Hernández.

Jornada 9: F.C. Barcelona – Málaga. Solo hay dos personas en todo el estadio que no vieron que el balón había salido: el árbitro y el asistente. Este es de los errores que cabrean, porque no parece un error, sino un acto deliberado y consciente.

Añadamos a estas ayudas para abrir la lata los penaltis no pitados a Piqué (ah, pero, ¿se pueden pitar penaltis de Piqué?) contra el Alavés y el Getafe, su enésima mano. Van a saco, por eso Hernández Hernández ya ha pitado dos veces a sus amigos culés, y con la de este próximo fin de semana en Girona, habrá dirigido otros dos encuentros del Real Madrid.

¿Hizo algo especial en su anterior partido? Sí, cómo no, se comió un penalti clarísimo a Theo Hernández, que para tirar a un toro como el francés hay que darle fuerte. Pero tampoco quiero andar haciendo una lista exhaustiva de todos los errores a favor y en contra que hemos visto ya en tan pocas jornadas.

Un sistema viciado

Me interesa la tendencia, la dirección que ha marcado el VillARminiato a sus colegiados hasta el final de la temporada. Que ahora salgan esas declaraciones del Presidente del Comité de Árbitros diciendo que “El Real Madrid no cae bien en este estamento” no sorprenden a nadie. Se unen a las grabaciones de Juan Padrón, vicepresidente de la RFEF: “Si los árbitros no hacen lo que yo digo, los quito“. O a todas las referidas a las presiones de Villar y su hijo sobre miembros de las federaciones territoriales para perpetuarse en el poder. Hasta un tipo que tanto se benefició del sistema, como el inefable Iturralde González, ahora comentarista antimadridista, escribió un artículo en el que criticaba que los árbitros votaran en las elecciones a presidente de la Federación:

“Es necesario que el arbitraje sea independiente… Luego le pedimos peras al olmo, y que no se ponga en duda nuestra honestidad y profesionalidad,… Es lo que se entiende como un sistema clientelar, un círculo de favores donde…

“Los árbitros también se equivocan a favor del Madrid, ¡acuérdate del penalti de Elche!” Siempre igual, los amigotes de otros equipos, especialmente del Atleti, te recuerdan una jugada que ocurrió hace cuatro años. Fue un error grosero a favor del Madrid en el último minuto, lo reconozco. La actuación del señor jefe de los árbitros Sánchez Arminio fue muy significativa en aquella ocasión. En lugar de salir a defender al colegiado, Muñiz Fernández, comenzó una serie de ataque personales:

“No sé cómo se encuentra, si ha tenido algún problema familiar, alguna cosa que le provocara, a lo mejor, no estar en el momento propicio”. “No estuvo acertado”. “Cuando uno no está bien en el campo, luego va una cosa detrás de la otra”.

Y después de los ataques por su error, le dejó sin pitar varios meses. Así funcionaban las cosas en la Federación y en el Comité de Árbitros. Apenas dos semanas antes del error de Elche, Muñiz Fernández anuló un gol del Sevilla en el Camp Nou, en un partido que acabó 3-2. Apenas se recuerda. Entonces no se oyó nada por boca de Sánchez Arminio, ni mucho menos se castigó a Muñiz por su error. Y es que no es lo mismo confundirse en un sentido que en otro.

Últimamente me acuerdo mucho del caso Moggi, porque parece imposible que en el fútbol del más alto nivel ocurran algunas cosas tan dejémoslo en raras. En aquel caso, que supuso el descenso ni más ni menos que de la Juventus a la Segunda División, además de Fiorentina y Lazio, las grabaciones demostraron que los directivos de la vecchia signora amañaron la designación de árbitros favorables para determinados partidos. Un escándalo que no sé por qué pensamos que aquí no existe. Más aún tras haber escuchado algunas grabaciones del caso Soule.

En España la prensa cómplice no investiga nada, no huele la fetidez, ni siquiera se pregunta por qué para la final de Copa se designó al árbitro con el que nunca perdieron los culés: Clos Gómez. Pero es que tampoco se investiga por qué estaba todo tan atado y bien atado que si este se lesionaba, el suplente era, ¡oh, casualidades de la vida! Hernández Hernández.

¿Se arreglarían estos desaguisados con otro sistema de designación de árbitros para cada partido? Mejoraría, sin duda, es difícil hacerlo peor. ¿El VAR evitaría la influencia que han tenido los árbitros en tantos campeonatos recientes? En primer lugar, Villar no quería implantar el VAR. Y en segundo lugar, tengo muchas dudas sobre el VAR, pero eso lo explicaré otro día.

Decía al inicio que esta Liga es del Barça, no tenemos nada que hacer, y que cuanto antes lo asumamos los madridistas, mejor. El Villarato está herido de muerte, pero va a pelear hasta el final para defender a los suyos (ni siquiera he mencionado al ultra Gaspart, esa anomalía en forma de vicepresidente de la RFEF). Y si voy a seguir viendo la Liga y cabreándome jornada a jornada, es porque entre los valores del madridismo está enfrentarse a todas las adversidades y no rendirse nunca. Y si no nos rendimos jamás, no íbamos a hacerlo ahora ante tipos tan mediocres como Villar y Sánchez Arminio.

 

Las hordas de runners invaden Budapest (II), por Lester

¡Qué mejor sitio para empezar y terminar el maratón de Budapest que la Plaza de los Héroes! Una columna de 30 metros de altura, rígida como mis piernas en los últimos kilómetros, de mármol pétreo como mis gemelos al acabar la carrera, y en la parte baja las figuras de varios héroes de la revolución magiar. Tengo afición a las estatuas y por alguna extraña razón mi cerebro las asocia a figuras del cine. Será cosa mía, pero a mí estos héroes húngaros me recuerdan a un Théoden rejuvenecido, a Gandalf, con su vara mágica y todo, y el tercero se da un aire a Gimli, con ese bigote y esa cara de no haber dormido bien en meses.

Por seguir con las comparaciones, una vez acabado el maratón, yo soy como Aragorn regresando del campo de batalla. Exhausto, pero feliz. Derrengado, pero no derrotado. Victorioso tras haber atravesado Rivendel (Buda), el bosque de Fangorn (Isla Margarita) y Rohan (Pest), cruzado el río Anduin (el Danubio) y haber rodeado el Monte del Destino (Gellert). No hubo un Mordor en el que sucumbir, pues toda la carrera fue espectacular.

Llego al punto de encuentro con mi dulce Arwen, mi supporter particular y fotógrafa de excepción, portando mi trofeo colgando del cuello, una medalla que luzco con ilusión, pese a que, todo hay que decirlo, sea espantosa.          

Pocas sensaciones hay tan gratificantes como las que pasan por tu cabeza, tras 42 kilómetros, en los 195 metros finales. Tienes el cuerpo dolorido pero vas con una sonrisa de oreja a oreja. Con el corazón latiendo a toda pastilla. Con la carne de gallina al ver tanto público animando y aplaudiendo a los esforzados atletas populares dando sus últimas zancadas. La música por los altavoces completa ese momento mágico, más si, como en mi caso, entras en meta al son de Thunderstruck, de los AC/DC.

La carrera

Hay una serie de rituales que repito cada mañana de carrera y que todos los que alguna vez hayan corrido una larga distancia conocen: beber agua desde bien temprano, vaselina, tiritas, el dorsal, ponerse con mimo los calcetines, un buen desayuno pero sin pasarse, echar un par (o tres) de troncos al aserradero,… Y luego comienza la divertida marcha hacia la salida, con un metro lleno de runners como tú, con la bolsa en la que llevamos la ropa que nos pondremos nada más acabar la carrera.

La salida de los maratones suele estar muy animada, con las bromas de los corredores de última hora, las fotos con la familia y equipo de supporters, la sonrisita nerviosa, los estiramientos nerviosos, las meadas nerviosas, las colas de meones nerviosos,… “Eres el único con pantalones blancos y largos”. Sí, muy largos, de basket, del equipo de amiguetes. Soy incapaz de correr con esos pantaloncitos cortos que llevan algunos, y menos aún con esos otros ceñidos y apretados que te comprimen los testículos. Cuestión de gustos, si bien en esto de las carreras desmitifico un poco todo lo relacionado con las marcas y la ropa técnica supuestamente fundamental. Más aún después de leer sobre los indios tarahumara, sus marcas y la ausencia de lesiones pese a que corren con alpargatas.

El maratón de Budapest se celebra junto con varias pruebas más: carrera de 10 kilómetros, media maratón, 30 kilómetros (se incorporaban con nosotros en el 12) y una competición de relevos. Según la organización, unos 27.000 corredores en total, de los que apenas un tercio intentamos el maratón completo.

En el maratón de Praga también me encontré la prueba de relevos y la verdad es que es todo un acierto. Gente que no puede lanzarse a los 42, pero quiere participar en la fiesta que supone correr por una ciudad y un recorrido tan espectacular como el de Budapest. En los puntos de los relevos, cada 10,5 kilómetros, se agolpaban miles de corredores esperando a sus compañeros de postas, y dispuestos a lanzarse a hacer la mejor marca posible en su tramo. Nos miraban, nos aplaudían, nos animaban,… Se percibe esa solidaridad del runner de la que ya he hablado alguna otra vez.

En mi caso particular, en la carrera del domingo, me lancé con ambición a por la marca de 3 horas, 30 minutos, lo que viene a ser acabar a una media de 5 minutos el kilómetro. Sabía que era difícil, pero si me quedaba cerca estaría superando mi marca personal (3h. 36m. Copenhague, 2014). En mi historial de maratoniano aficionado clasifico los que he corrido en dos tipos:

  • Los que acabo como una moto pensando que podía haber hecho mejor marca si hubiera forzado un poco más desde el principio.
  • Los que finalizo hecho “unaputabraga”.

Son muchos más los del segundo tipo que los del primero (Copenhague 2014, Praga 2013, Zaragoza 2008). El domingo salí muy bien, rápido, fluido, con buenas sensaciones, y pasé el kilómetro 10 en 49 m. 20 s., a 4:56 el kilómetro. La media maratón clavaba los tiempos previstos: 1h. 45m. 55 s. Hasta el kilómetro 28 mantuve esa media de 5 minutos el kilómetro, si bien las piernas ya empezaban a avisar en ese punto de que no iban tan fluidas.

Quizás debí haber descansado más la noche previa a la carrera en lugar de quedarme blogueando.

En el kilómetro 30 supe que no bajaría de las 3h. 30m., pese a que seguía a muy buen ritmo: 2h. 30m. 31s. El ritmo no iba a mejorar, sino todo lo contrario, así que pasé al segundo objetivo: marca personal.

Quizás me faltaron las tres semanas de entrenamiento de Bolivia o algunos rodajes largos, pero bajé el ritmo de modo sensible.

Aunque en la previa de la carrera confesé que olvidé cortarme las uñas (y de hecho voy a perder un par de ellas), no fueron estas las que me dieron problemas, sino las plantas de los pies. El empedrado o adoquinado de algunas zonas me molestaba enormemente, así que corrí los metros que pude por el césped colindante, esquivando rubias eslavas despampanantes y… bueno, en realidad hay un poco de mito en eso, esquivando barbudos y rubias carapán.

Quizás me sobraba algún kilo. Quizás empezaba a darle vueltas al hecho de que necesito casi tres meses de entrenamiento para bajar tres kilos de peso, y solo un fin de semana con la familia política en una casa rural en Aranda de Duero para recuperar dos.

En el kilómetro 36 me esperaba de nuevo la hermosa Arwen, que me pasó un gel de esos reconcentrados con cafeína que solo toman los corredores de largas distancias, un brebaje infecto de druida galo que jamás te tomarías en tu vida normal.

El caso es que me ayudó a sobrellevar los calambres que empezaban a atacarme y, con algún que otro parón para estirar los gemelos, llegué a meta en un tiempo de 3 horas, 40 minutos. Muy bien para mí, mi segunda mejor marca, y 35 minutos mejor que hace un año en Nueva York. Permitidme que saque pecho, sobre todo cuando tanta gente leyó mi patética crónica de un tipo arrastrándose por Central Park incapaz de portar la bandera de España.

Acabé muy satisfecho, para qué negarlo. Sé que la marca de 3h. 30 m. está a la vuelta de la esquina, que soy “joven” para progresar. Solo tengo que cambiar ciertos hábitos (que no pienso hacerlo), entrenar más (que seguramente no lo haré) y ponerme unos pantalones que me aprieten los huevecillos (que eso sí que no lo voy a hacer bajo ningún concepto).

Después de la carrera

Si algunas teorías dicen que la cerveza hidrata, mucha cerveza hidratará más, ¿no? Y en cuanto a reponer fuerzas, toda la vida he querido zamparme un jabalí entero, al modo de la última viñeta de los cómics de Astérix y Obélix, pero a falta de una aldea en la que prepararlo, nos conformamos con unas suculentas hamburguesas de 400 gramos de carne que me supieron a tres estrellas Michelín.

Por la tarde nos fuimos a los famosos baños Szechenyi, un balneario de aguas termales cerca de la Plaza de los Héroes. Me temo que fueron muchos los maratonianos que tuvieron la misma idea, porque he visto piscinas chinas repletas de chinos, con menos gente que los baños Szechenyi el domingo pasado. Allí por fin, entre miles de personas, me relajé y descansé después de otro intenso pero gozoso maratón. Ya habrá tiempo para pensar en el siguiente.

“Y cariño, tú dirás lo que quieras, que es arte moderno y tal, pero para mí esto es un huevo de Alien en plena eclosión”.

Las hordas de runners invaden Budapest (I), por Lester

Buda y Pest son dos ciudades unidas y separadas por el Danubio que a lo largo de su historia han vivido invasiones de todo tipo: los romanos, los tártaros, Atila, los otomanos, austriacos, polacos, los nazis en el 44,… por último, vivieron la ocupación ruso-soviética hasta el año 90. Desde hace 32 años, un domingo de octubre, Budapest vive la invasión de miles de corredores venidos de todas partes del mundo.

Este año me uno a las hordas de animosos corredores y en unas pocas horas estaré en la salida del maratón de Budapest, el decimoquinto en mi historial de corredor aficionado. El recorrido empieza en un lugar tan espectacular como la Plaza de los Héroes en Pest, pasa a Buda al otro lado del Danubio hacia el kilómetro 4, vuelve a Pest, nos lleva a atravesar la Isla Margarita, oootra vez a Buda, y ooootra vez a Pest cuando no nos lleguen las fuerzas, para acabar recorriendo el resto de kilómetros antes de entrar triunfales (espero) en el mismo paseo de la salida.

No sé cuántos maratones más le quedan a mis piernas, o a mis ánimos, quizás no muchos, así que quiero disfrutarlo como lo suelo hacer. A ser posible, sin sufrimientos. Suena cachondo, 42 kilómetros y quiero llegar fresco como una lechuga, con la sonrisa de quien sale del cine tras ver una de Woody Allen.

En uno de los capítulos del libro Nacidos para correr, el doctor Bramble, un estudioso del cuerpo humano y especialmente de la morfología de los corredores, comenta sus investigaciones acerca del funcionamiento y la resistencia de nuestro organismo, y resultan sorprendentes. El estudio parte de la edad de 19 años y, según sus resultados, el pico de velocidad se alcanza a los 27. A partir de esa edad el cuerpo humano va perdiendo velocidad y explosividad, pero de un modo mucho más lento de lo que nos creemos. Según el doctor Bramble, con entrenamientos constantes y sin lesiones de consideración, la regresión de las marcas es tan lenta que la curva indica que el nivel de los 19 años se vuelve a alcanzar ¡a la edad de 64!

Me animé al leerlo, porque eso significa que quizás pueda seguir con este ritmo de un maratón al año por mucho tiempo. Nada de quejarme de la edad y los achaques, a correr como cuando eras un crío. Martín Fiz acaba de demostrar esa longevidad del cuerpo y esa lenta regresión venciendo en la categoría de mayores de 50 en el maratón de Chicago a sus 54 palos, con una marca de 2 horas y 28 minutos. Una animalada incluso para jovenzuelos. Es su quinta victoria en los seis majors en los últimos dos años.

En mi caso, logré mi mejor marca personal en Copenhague, en el año 2014, con 3 horas y 36 minutos, a la tierna edad de 44 años. Unos 53 minutos mejor que la marca de mi debut con 34, cuando cometí la locura de correr un maratón sin haber pasado nunca de 15 kilómetros del tirón. Lo importante es que se puede mejorar, todavía puedo progresar. Todo en el running, como casi todo en la vida, es entrenamiento.

Para este maratón he podido entrenar bastante bien, con el parón de las tres semanas en Bolivia. 3 semanas en un planning de 16 quizás sea mucho y me falten algunos kilómetros de rodaje, pero a cambio me he metido en el cuerpo las últimas cinco semanas más intensas y con más carga de entrenamiento de todos los maratones que he corrido hasta la fecha. 

No he descansado ni un solo día de estos 35 y el cuerpo y la salud me han respetado. Corría 5 días a la semana y los otros 2 me iba al gimnasio a fortalecer la musculatura de piernas, las lumbares y mis abdominales, tan característicos como los de Cristiano Ronaldo. Según mi cuentakilómetros particular, he entrenado 364 kilómetros en estas 5 semanas, ¿qué puede salir mal?

Pues muchas cosas, como el cansancio propio del turismo en días previos, como me pasó en Nueva York o en Berlín (aquel día que gané a Gebreselassie), o un poco estos días. O la mala alimentación o la falta de hidratación. He tratado de prevenirlo a mi manera, con pasta, mucha agua y un litro de cerveza de diario (incorporamos la Dreher a la lista de cervezas que me he pimplado por ahí).

La noche anterior, como ahora mismo, me pongo nervioso, me faltará algo, no me quedaré dormido, descansaré suficiente, tengo las piernas cargadas, haré bien de vientre,… Todo eso se me pasa en la línea de salida, cuando te ves allí rodeado de ese ambiente y se dispara la adrenalina.

Mi único fallo esta vez es que olvidé algo tan fundamental como cortarme las uñas de los pies. Que nadie se ría, he visto a tíos abandonar por unos pies ensangrentados. Claro que tenían unas garras que ni los orcos, ni los uruk-hai. Ni siquiera mi hermano Dagos.

Puesto que mis amigos graciosetes saben que me he ido de finde romántico y me preguntan siempre por el sexo y el maratón, les recordaré tres cosas:

1. A los futbolistas les concentran varios días antes para que “no se dispersen”.

2. El entrenador de Rocky Balboa siempre decía que “las mujeres debilitan las piernas”.

3. Uno es un caballero y nunca habla de estos asuntos, si bien conviene recordar que Rocky es una película poco creíble y los futbolistas son unas nenazas que se quejan por jugar dos partidos a la semana.

¡Deseadme suerte mañana!

 

 

Sin debate sobre Piqué y la selección: FUERA YA, por Barney

Ha vuelto a ocurrir. Otra convocatoria de la selección y en lugar de hablar de la importancia de los partidos, de la cercanía a la clasificación para el Mundial o de la búsqueda de un estilo de juego para el equipo de Lopetegui, se habla del central del Barça, Gerard Piqué, y la esperada pitada en el Bernabéu. Una pitada más, como la que hubo en León, como la de Alicante, o como la de casi todos los campos que visita el 3 del Barça siempre que viste la Roja. Sigue leyendo

Mou y Pep (II): sus logros, por Barney

En el momento en que empiezo a escribir esta entrada, el ManU de Mou acaba de vencer 2 a 0 al City de Guardiola. Es un partido amistoso de pretemporada que a nadie debería interesar demasiado, y sin embargo, uno lee las redes y parece que jugaran el Madrid y el Barça, tal es la devoción y rechazo que despiertan sus entrenadores. Para sus detractores, uno siempre será Llourinho o Cagourinho por sus quejas y sus estrategias amarrateguis, y el otro será eternamente Guartrolas o Guardrolona, por su falsedad y sus coqueteos con sustancias prohibidas. Sigue leyendo