Hace ocho años

Cuanto mayor eres parece que los años pasan más rápido, veloces, sin apenas tiempo para saborearlos, para disfrutarlos, para observar, tomar perspectiva. De repente adviertes que ya estás de nuevo en verano, inicio del curso, navidades, fin de año, cumpleaños… ¿y ya ha pasado otro año?

Hoy se cumplen ocho años desde que arrancó este blog de los «Cuatro amiguetes y unas jarras», ocho años desde aquella Declaración de intenciones en la que se explicaba de qué iba a hablar cada uno de los cuatro. El 99 por ciento de los blogs muere en su primer año de vida, luego llegar a ocho años es una señal de buena salud, de que ha captado el interés de un buen número de lectores, un «me llena de orgullo y satisfacción», que decía el emérito. Por cierto, aunque pueda parecer que los ocho años pasan muy rápido, tanto que nos falta aún perspectiva histórica para valorar ciertos asuntos, nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, cuando nació este blog, el mismo Juan Carlos I acababa de abdicar en favor de su hijo Felipe VI, quien comenzó su reinado (según Barney) con un discurso repleto de referencias futboleras. Juan Carlos I, Mariano Rajoy en la presidencia de gobierno, Angela Merkel en Alemania y Barack Obama en Estados Unidos. Y el Madrid campeón de Europa, porque hay cosas que tampoco cambian demasiado, y está bien que sea así.

Una visita a las hemerotecas del 15 de agosto de 2014 nos puede ayudar para hablar del paso del tiempo en estos ocho años, o para ver lo que siempre permanece ahí, inalterable.

Josean: Vaya, el titular principal podría haber sido escrito la semana pasada. La zona euro en problemas, atascada, con una economía alemana que no carbura, y ya sabemos que si la locomotora sufre, el resto de los 28 lo pasa peor. Cambiamos «Rajoy» por Pedro Sánchez y también seguimos hablando de reformas estructurales que no terminan de concretarse, salvo por la vía del incremento de impuestos. La columna de la derecha hace referencia a un escándalo de corrupción, uno de los temas de los que más se ha hablado en este blog, sin importar el partido del que procediera. La parte inferior de la portada también podría ser, con ciertos matices, de hace apenas unos días:

El interminable procés catalán, en su día con Artur Mas, los centros de acogida de inmigrantes colapsados por las pateras y un nuevo caso de abuso policial en Estados Unidos, con el único cambio de que el presidente en aquel agosto de 2014 era Barack Obama. En el blog vivimos la época pre-POTUS Trump y ya llevamos casi dos años de la posterior. Y «La deuda pública supera ya el billón de euros». Los peligros del endeudamiento excesivo, la recuperación que nunca llega, las medidas equivocadas, el gasto público excesivo o despilfarrado en chorradas, de todo eso se ha hablado en el blog mientras la deuda pública seguía disparándose. Ocho años.

«El mundo está cansado de tanta guerra», decía el Papa Francisco entonces. Y nos parecía que lo de este año con Ucrania, Taiwán, o los conflictos ya medio olvidados en Siria, Somalia o Yemen eran lo excepcional. Nunca hemos dejado de estar en guerra, y nunca hemos dejado de estar cansados de la misma.

Lester: la portada de El Mundo de aquel día hablaba del Canal de Panamá, de los cien años transcurridos desde el arranque a principios del siglo XX. Este blog tuvo la inmensa fortuna de contar en detalle la ampliación del Canal en junio de 2016, con un amplio reportaje desde allí mismo que (si se me perdona la molestia) ya quisiera el propio diario madrileño.

La otra noticia de portada es la del brote de Ébola, aquel virus que venía de África y nos tenía acojonados, ¿quién no recuerda a la enfermera Teresa Romero y el sacrificio de su perro Excalibur? Para mí, lo peor fue comprobar ya entonces cómo se utiliza cualquier suceso para politizar, enmierdar y asustar al personal. Un juego de niños al lado de lo que ocurrió después con la Covid-19, el p… virus al que también hubo que dedicarle mucho tiempo en el blog (Aplauso a una generación de héroes, Casi feliz en casa, Volverán las malditas mascarillas, Las cicatrices del coronavirus, entre muchos otros).

Ver a Michael J. Fox en portada y hablar del paso del tiempo parece inevitable. Nadie como su personaje Marty McFly para mirar hacia atrás y regresar al pasado, o al futuro, o conmemorar que este blog llegaba a la fecha mítica del 21 de octubre de 2015, que como todos los frikis sabemos, es la fecha «futurista» que Robert Zemeckis imaginó durante el rodaje de 1985.

Barney: en cuanto a la parte del deporte, me hace gracia ver en todas las portadas a Luis Suárez, quizás el tipo más sucio que haya visto sobre un terreno de juego. Marrullero, agresivo, faltón, mordedor… en agosto de 2014 era noticia porque llegaba al Barça con una sanción de varios meses tras el bocado que le pegó a Chiellini en el Mundial de Brasil. Pues nada, en el Barcelona encontró ese paraíso de impunidad que tanto he denunciado en el blog. Ocho años sin una sola expulsión (salvo una por doble amarilla en Copa), con un historial de agresiones e insultos brutal, más en su época culé que en la del Atleti. Ocho años después se ha ido de rositas de la Liga española, un caso digno de estudio que no analizará el autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo.

Prefiero irme a las portadas de la prensa deportiva, que entonces nos hablaban de:

Pues sí, razones para soñar. Este blog ha podido disfrutar de las Champions del Madrid en Milán, Cardiff, Kiev y París. Y varias Ligas. Han sido buenos años para los madridistas, qué duda cabe. Hemos vivido las despedidas de Cristiano Ronaldo y de Gareth Bale. E innumerables triunfos de Rafa Nadal, otra constante en estos ocho años. Pero también ha habido muchos huecos para el baloncesto, Pau Gasol, Pablo Laso, el atletismo y los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y de Tokio en 2021.

Travis: se me ha ocurrido mirar la taquilla de aquel agosto de 2014 y lo cierto es que fue un poco para echarse a llorar:

Que no digo que Los guardianes de la galaxia no sean entretenidos, pero es que la colección de «éxitos» cinematográficos de la época no ha pasado a la historia precisamente. No en vano, compruebo que aquel fue:

Y no me extraña, si lo ilustran con una foto de los soporíferos Transformers. ¿De verdad que este es el cine que nos vendrá en próximos años?, me preguntaba. Porque hasta para hacer cine de explosiones y acción hay que tener clase, como en mi debut en el blog: Armageddon y Gravity. Peliculones, sin duda. Obras maestras al lado del top-ten de aquel agosto lejano.

Si me voy al año 2014 completo, fue un gran año para el cine español (al que se ha defendido en este blog, por cierto), con tres películas entre las diez más taquilleras. La estupenda Ocho apellidos vascos, la entretenida El Niño y la última de Torrente. De este listado, la que más se recuerda sin duda es El Lobo de Wall Street, del maestro Scorsese, que ha aparecido varias veces en estos ocho años (Taxi driver, El irlandés, New York).

En fin, que este blog seguirá un año más. Sí, lo siento, somos así de brasas: van 545 post, más un centenar en otros medios, dos libros (Relatos de un tiempo fugaz y Aguafiestas), un tercero que llegará en septiembre y muchas, muchas lecturas. Será un placer seguir contando con vosotros.

Un abrazo.

Malos tiempos para LaLiga

BARNEY, 12/08/2022

Esta noche comienza el campeonato de Liga 2022-23 y no resulta especialmente atractivo, o al menos eso me parece a mí. No sé si es por el calor del verano, la pereza que me produce ver de nuevo a Tebas o por saber que se va a parar todo en noviembre para jugar el Mundial de la infamia en Catar, pero el caso es que este campeonato no me motiva de manera especial. Quizás sea porque no veo el nivel de equipos y plantillas que en años precedentes. O quizás sea porque el producto no se ha vendido bien.

Como todo aficionado sabe, el campeón de la última Liga fue el Real Madrid, que ganó con cuatro jornadas de antelación, ni más, ni menos. No fue un Madrid tan espectacular como el de la Liga de los récords de Mourinho (2011-12), con tan buen juego como el de la Quinta del Buitre, ni se ganó con la épica de la Liga de la cofradía del clavo ardiendo (Fabio Capello, 2006-07), pero fue un equipo muy sólido, bien armado en defensa y que contó con el año espectacular de Benzema y Vinícius en punta.

Los de Ancelotti, tan criticado durante meses como cualquier entrenador que pise el banquillo blanco, vencieron con una solvencia apabullante, con el único momento de duda en toda la temporada de la derrota en casa por 0-4 con el Barça. El Real Madrid fue el campeón de Europa en la final de Saint Denis en mayo, tras superar al PSG, Chelsea, Manchester City y Liverpool, luego no hay nada que objetar ante el que fuera el mejor conjunto de Europa. Dejando a un lado las situaciones irracionales que vivimos en las eliminatorias de Champions, los títulos son los que deciden, y si bien el juego o la plantilla no hacían prever este éxito, la temporada fue irreprochable (Supercopa, Liga y Champions): el mejor equipo, el mejor jugador (Karim), el mejor portero (Courtois) y el mejor jugador joven (Vinícius). Y las cuentas más saneadas.

Habrá quien diga que no hubo rival en la competición doméstica, pero son los mismos que en los primeros meses de competición proclamaron que el Atleti tenía de largo la mejor plantilla de España. O los mismos que alabaron el juego de los de Xavi Hernández sin considerar cómo se los aupó por parte del colectivo arbitral para que entraran en Champions y plantearan algo de batalla. Cuando uno escucha los audios entre Gerard Piqué y el presidente de la Federación, Luis Rubiales, en el que desvelan que el acuerdo con los árabes maneja unas cantidades muy diferentes si no están Madrid y Barça en la Supercopa, le entran ciertos pensamientos sobre la falta de higiene en la competición. Pensamientos que llevo soltando en este blog casi desde sus orígenes (Reglamento de la Federación Culé, El Villarato morirá matando, PreVARicar). Las primeras jornadas con Xavi Hernández en el banquillo fueron un escándalo tras otro (el 1-0 al Espanyol, las manos de Piqué en Villarreal, de Busquets en Pamplona, la diferencia de criterio con las manos en Elche…) y preveo que este año va a ocurrir exactamente lo mismo durante el inicio del campeonato. Resulta todo tan obsceno que se me hace inevitable recordar el arranque de la temporada 2017-18: el Madrid venía de ganar la Liga y la Champions, había derrotado con comodidad al Barça en la Supercopa por 1-5 (contra un De Burgos Bengoetxea de vergüenza) y en menos de dos meses estaba a diez puntos de los culés en Liga.

Hoy empieza LaLiga y varios equipos de Primera están teniendo dificultades financieras para inscribir a los jugadores. Equipos tradicionalmente de la parte alta se ven obligados a vender a sus mejores jugadores para poder superar el control económico del estamento. El Valencia ha tenido que vender a Gonçalo Guedes al Wolverhampton por 30 millones, cuando lo fichó hace cinco años por 40. Estuvo a punto de regalar a Carlos Soler para cuadrar el presupuesto y no tengo la certeza de que no vaya a hacerlo en algún momento. El Sevilla ha traspasado a Diego Carlos por unos 33 millones al Aston Villa para poder equilibrar sus números, pero como seguía sin ser suficiente, ha vendido a Koundé al Barça por 50+5 millones, cuando hace un año pedía 80 por el mismo jugador (cifra que mantiene si el que pregunta es el Real Madrid).

El Betis no ha podido inscribir aún a Claudio Bravo, Willian José, Luiz Felipe, Luis Henrique Guardado, Joaquín y Dani Martín, y tendrá que vender algún jugador de la plantilla para aligerar su masa salarial, mejorar sus cifras y contar con los jugadores.

El Atleti ha querido deshacerse de varios jugadores con ficha alta en el mercado (Morata, Saúl, Lemar, salió Suárez), pero no ha podido porque los competidores tampoco andan demasiado sobrados. Que esa es otra cuestión para analizar la situación del mundo del fútbol en España: qué cantidad de jugadores arriesgaron la temporada pasada al no renovar con sus equipos, esperando una suculenta prima de fichaje al llegar gratis a otros clubes, y ahora están sin equipo o aceptando rebajas considerables sobre sus anteriores emolumentos. Como Dembélé en el Barça, por ejemplo, que aguantó insultos, ultimátums, mobbing y al final ha tenido que aceptar la rebaja del cuarenta por ciento. Como Isco, sin equipo hasta hace dos días. La ficha del Sevilla, según dicen, es de un millón de euros por temporada, cuando en el Madrid ganaba seis o siete veces más (que tampoco está mal para un exfutbolista). Marcelo, Cavani, Mertens, Juan Mata, Tello, Nolito, Januzaj, Cheryshev… jugadores importantes en su momento, algunos veteranos ya, pero otros en una edad que los convierte en valores todavía muy aprovechables.

Sorprenden las dificultades económicas de los clubes cuando hace un año el presidente de LaLiga, el ínclito Javier Tebas, se presentó como el salvador de los clubes con un acuerdo con el fondo CVC bajo el brazo. Un acuerdo al que se adhirieron todos menos el Real Madrid, el Barça y el Athletic de Bilbao. Qué mal se ha vendido un producto como LaLiga, desde luego. Y habrá quien diga que no se puede competir contra la pujanza de la Premier, pero no estoy nada de acuerdo. Durante un lustro completo, los campeones de los torneos europeos fueron los siguientes:

Qué mal se vendió este producto durante años. Para los que hablan con cierta inferioridad de LaLiga española, habría que recordarles que el Villarreal alcanzó este año las semifinales de la Champions tras eliminar al Bayern de Múnich (diez Bundesligas consecutivas) y a la Juventus (gran dominador del Scudetto en la última década). En los últimos tiempos, el Sevilla ha ganado cinco veces la Europa League, el Atleti otras tres y el Villarreal la de 2020-21, con otros equipos finalistas como el Athletic de Bilbao (2012) o el Espanyol (2007). El Madrid domina la Champions de largo con cinco títulos en las últimas nueve temporadas, más la del Barça en 2015, más las finales del Atleti, ¿de verdad LaLiga no resulta atractiva como para atraer más espectadores? Pues sí. Me pasa a mí mismo. Cada año que pasa me repugna más esta competición.

Cada vez que habla su presidente es para atacar al equipo con mayor número de seguidores, al que más interés atrae por la competición, el Real Madrid. Actuaciones suyas en campeonatos como el de la pandemia (un calendario adulterado), o contra los clubes de la Superliga, mintiendo de manera descarada, o en épocas de crisis económica como la actual, haciendo la vista gorda con las cuentas del Barça mientras se desciende o se echa de las competiciones europeas a otros clubes con menor peso, o se deniega lo que a otros se permite, me hace rechazar lo que venga del campeonato nacional. Pese a lo cual sigo viéndolo siempre que puedo y sin pagar el dineral que cuestan las plataformas (repletas de antimadridistas, por cierto). Masoquismo, lo reconozco.

Otros estamentos como el arbitral tampoco invitan al optimismo. LaLiga 2020-21, la que concluyó con el título del Atlético de Madrid, es la más vergonzosa que recuerdo en años, lo cual es difícil cuando tienes algunas como la de los 19 penaltis a favor del Barça. Mientras la Premier ha planteado que se puedan escuchar los audios entre los árbitros de VAR y los de campo, el presidente del Comité Nacional de Árbitros, Medina «Cantadelejos», ha añadido más «zonas grises» de interpretación, menos claridad, mayor subjetividad a unas normas cuyos cambios de criterio ya sufríamos cada semana.

Todo ello en un campeonato en el que las líneas del VAR se trazan con un despelote rayano con la tomadura de pelo (Las rayas del VAR).

La Federación Española de Fútbol mantiene a Luis Rubiales, un presidente con varias investigaciones abiertas, un tipo siniestro que hace negocios con Gerard Piqué sin que los periodistas deportivos lo encuentren como problemático, o como un conflicto de intereses. Exactamente igual que ocurre con Javier Tebas, que patrocina algunos de los proyectos de la empresa del mismo Piqué. Y por detrás de todo ello, los tentáculos de Jaume Roures: proveedor de imágenes, gestor de los derechos de televisión, avalista de Laporta y desde esta mañana, «financiador» del Barça para que pueda inscribir a sus fichajes.

Una empresa con 3 millones de euros de capital que afirma que pone 100 millones de euros para comprar el 24,5% de Barça Studios, una empresa que facturó 30 millones en 2021 (al 100%, ojo). Que la podrida Liga de Tebas acepte este contrato es clave para que el Barça pueda inscribir a Lewandowski, Raphinha, Koundé, etcétera. Que se cierren contratos de 100 millones de euros en dos tardes resulta poco creíble. El Barça tenía varias salidas: no fichar como el que más en el mundo, no renovar a Dembélé (¿con Ferrán Torres y Raphinha recién fichados?), vender a Pedri, Gavi, Araújo o Ansu Fati, ceder en lo que pretende cobrar por los traspasos de DeJong o Depay (y arreglar las diferencias salariales con los jugadores), vender antes de debutar a Christensen o Kessié (como hizo con Junior Firpo hace un año), no mantener 30 fichas… Aparte de asuntos éticos como no lanzar a la prensa contra Braithwaite, Umtiti (como a Dembélé hace apenas unos meses), o despedir sin indemnización a Mattheus. Podían no haber permitido las trampas en el pasado como los diferimientos de salarios de los capitanes o los trueques/amaños Neto-Cillessen, Arthur-Pjanic. En lugar de eso, critican a Tebas por haberlo permitido y ahora por no dejar que se lo permitan de nuevo. Son increíbles:

Pretenden jugar con otras reglas, como siempre, pese a lo cual se les dejará hacer, como han hecho toda la vida. Porque tengo claro que al «sistema» le interesa un Barça fuerte y competitivo. Y a Florentino Pérez también, que está echando un cable a Laporta en cuanto tiene ocasión. Solo me lo explico con la Superliga en el horizonte.

Todo esto es politiqueo y finanzas, y a mí en el fondo me gusta el fútbol, pero es que el deporte como tal, me parece más aburrido cada temporada. O mejoran el Reglamento (aquí dejé mis propuestas), o volvemos a un fútbol más directo y menos teatralizado como el de antaño, o seguirán perdiendo espectadores y con ello, ingresos. Más clubes van a pasarlo mal. El mío no. Y como buena parte de ese resto son antimadridistas, que se j… junto con Tebas. Lo siento por un campeonato que he seguido y querido toda mi vida… hasta que he madurado, si es que alguna vez lo hice.

Trilogía del Odio:

Valencia

Sevilla

Osasuna

Cine y tenis (II)

TRAVIS, 10/07/2022

Continuación de Cine y tenis (I)

Lo normal es que las películas sobre deportes como el tenis hablen del talento unido al esfuerzo, al sacrificio de los entrenamientos y las renuncias a todo aquello que pueda despistar del objetivo final, pero Woody Allen reflejó en el arranque de Match Point otro de los factores en ocasiones fundamentales que no se pueden desdeñar: la suerte.

«Aquel que dijo más vale tener suerte que talento conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, le asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control».

El primer break de Djokovic en la final de Wimbledon de hoy ha sido con una bola que ha golpeado la cinta y ha caído muerta en la pista de Kyrgios. Ese momento en el que la pelota puede caer de un lado o del otro, llevar al triunfo o a la derrota, es una metáfora de la vida que Woody Allen utilizará para la trama de su película sobre un exjugador profesional, un trepa, arribista, un tipo sin escrúpulos interpretado por Jonathan Rhys-Meyers. El tenis es solo la excusa para entrar en el mundo de los ricachones de Londres y apenas aparecerá después a lo largo del metraje, pero el momento cumbre de la película se resolverá con genialidad de un modo similar a este golpeo de la pelota en la cinta del primer minuto, cámara lenta incluida.

No es la primera vez que Woody Allen introduce el tenis en algún punto de sus guiones. Supongo que los que vimos Annie Hall lo recordamos vestido con su inconfundible estilo y un porte un tanto escuchimizado, o por las secuencias con Diane Keaton con la raqueta o sobre la cancha:

Con otra raqueta diferente, la de squash, apareció en Manhattan, y entre su lista de Cosas que hacen que la vida valga la pena de la misma película coló a Jimmy Connors. ¡Jimmy Connors junto a La educación sentimental de Flaubert, o Groucho Marx, ja, ja, ja, qué grande! La relación de Woody Allen con el deporte viene de lejos, como contó en una entrevista en L’Equipe a principios de este siglo. O cómo pasar de aspirar a tenista a hacerse cultureta:

“A los 30 años me aficioné al tenis. Creo que el tenis y el golf son buenos sitios para ligar. De joven leía periódicos deportivos, pero cuando empezaron a interesarme las chicas, descubrí que ellas hablaban de cosas como la literatura, de las que yo no tenía la más mínima idea. Por eso comencé a leer libros».

Woody Allen

Tanto Manhattan como Annie Hall son películas de los setenta, y durante esos años se celebró un partido de tenis de exhibición/reivindicación que dio lugar en 2017 a una película completa: el que disputaron la número uno de entonces, Billie Jean King, con el tenista retirado Bobby Riggs, La batalla de los sexos. La película fue dirigida por los mismos creadores de Pequeña Miss Sunshine, Jonathan Dayton y Valerie Faris, y vista hoy en día, sorprende que varias de las frases del fanfarrón Bobby (que no dudo que se pronunciaran de ese modo) serían impensables medio siglo después. No me imagino una rueda de prensa con medio centenar de periodistas en la que un tipo se autoproclamara «cerdo machista» y dijera que «claro que le gustan las mujeres: en la cocina y en la cama». Todo eso bajo las risas de los periodistas, aficionados e incluso de su rival femenina. Muy bien Emma Stone y Steve Carell (¿algo paródico, quizás?) en una película que prometía más, pero abre tantos frentes (la homosexualidad oculta, la presión de los patrocinadores, el nacimiento de la WTA, el machismo del mundo del deporte y los premios) que se queda en entretenida, para pasar un buen rato. No conocía la historia, pero a lo largo del metraje se pronuncian tal cantidad de frases de carga machista que sabía que solo podía concluir con la victoria de Billie Jean.

Por cierto, qué cascada se veía a Billie Jean King este año durante la archirrepetida entrega del trofeo a Rafa Nadal como ganador de Roland Garros:

El deporte de élite no es sano y mucho me temo que Nadal dentro de treinta años puede estar igual de cascado o más. Me lo imagino con bastón para sujetarse porque las rodillas ya no lo hacen, una bota ortopédica para el pie, tiritas en las manos, corsé y faja para las lesiones de costillas y abdomen. Y sin que los brazos le alcancen para sacarse los calzoncillos del culo. Qué grande es, si fuera americano ya tendría una película sobre su locura competitiva.

Retrocedo hasta los sesenta, ¿una raqueta como escurridor de espaguetis? No lo veo, Jack Lemmon, Billy Wilder, puede que sea lo único que no funciona en El apartamento (1960).

Si seguimos retrocediendo en el tiempo, llegamos a los cincuenta, en donde aparece la mismísima Katharine Hepburn demostrando sus habilidades deportivas en La impetuosa, Pat and Mike en el original, dirigida por George Cukor en 1952. La actriz no necesitó que la doblara ningún especialista en las escenas de golf o tenis, puesto que había desarrollado un buen nivel en ambos deportes durante su juventud, al igual que en la natación. Como supimos por el documental All about me, Miss Hepburn siguió jugando al tenis hasta pasados los ochenta.

Y en el golf logró varios títulos regionales antes de cumplir los veinte años. Según parece, esta escena, en la que Hepburn golpea nueve bolas seguidas, se grabó del tirón:

Un partido de tenis puede generar una enorme tensión, y eso lo sabía bien el mago del suspense, el británico Alfred Hitchcock, quien llevó la resolución de su trama al desarrollo de un partido en Extraños en el tren (Strangers in the train, 1951). Ese final es inverosímil, como tantos de Hitchcock, pues nadie se cree que las gafas estén en el mismo sitio del asesinato días después del mismo, pero el director convierte esa anécdota (un MacGuffin, quizás) en la clave que hace que el personaje de Farley Granger tenga que resolver por la vía rápida un partido de tenis, lo cual resulta imposible porque, como sabe todo el que haya jugado a este deporte, cuanta más prisa tienes por acabar un encuentro, más posibilidades hay de que lo pierdas o juegues peor.

Hitchcock era un exquisito inventor de trucos visuales, y de esta película me quedo con el de este vídeo en concreto, el del personaje de Robert Walker entre el público, con la mirada fija y sin moverse al compás de sus compañeros de graderío. Muy potente:

Como decía en la primera parte, el tenis es un deporte poco cinematográfico en calidad y en cantidad, cuando creo que de él se podrían sacar historias interesantes. Aquí dejo otras dos propuestas: la puñalada a Mónica Seles y el mundo del tenis en esos años convulsos en la antigua Yugoslavia (1993) y la vida de Boris Becker, durante su carrera profesional, pero de manera especial, después. Y poco más para completar este post doble, simplemente una referencia a lo atractivas que suelen quedar las actrices con los uniformes de tenistas.

  1. Catherine Deneuve, en Belle de Jour.
  2. Kirsten Dunst, en Wimbledon.
  3. Dominique Swain, en la Lolita de 1997, no la de Kubrick.
  4. El jardín de los Finzi-Contini.

Los tíos no tenemos esa suerte, y si no, que se revise el look desastrado y a lo Borg trasnochado del mayor de Los Tenenbaums, un tenista retirado de manera prematura, como su ídolo:

O por supuesto, la escena del partido de tenis más patético de la historia del cine, aquel de El otro lado de la cama en el que dirimen sus disputas de pareja Ernesto Alterio y Willy Toledo cuando era un actor con una tremenda vis cómica y no un tipo cabreado con el mundo:

Punto, set y partido. Game over.

Cine y tenis (I)

TRAVIS, 02/07/2022

Estos días se disputa el torneo de tenis más famoso del mundo, el de Wimbledon, el que se disputa sobre la hierba del megapijo All England Tennis Club, y me ha dado por pensar en lo poco cinematográfico que ha resultado ser el deporte de la raqueta, en las pocas películas que ha habido en comparación con otros como el béisbol, el boxeo o incluso el baloncesto (tramas que siempre acaban con un tiro en los últimos segundos del equipo que va perdiendo por un punto). Y creo que en este mundo del tenis siempre pueden encontrarse historias de interés, ya sean de ficción, como basadas en casos reales (ahí dejé mi propuesta sobre Djokovic y los Juegos de Tokio). Por lo general, los tenistas tienen tal cúmulo de manías, éxitos o fracasos, alegrías o decepciones, o historias personales tan curiosas a sus espaldas que sorprende que no se hayan producido más películas basadas en sus andanzas.

Quizás una de las razones esté en lo difícil que es encontrar actores que sepan jugar al tenis, no basta con coger una raqueta, sino aparentar que se tiene un conocimiento mínimo del juego. Mi padre, cada vez que veía alguna escena en una película con un partido de tenis, decía: «ese no ha cogido una raqueta en su vida». Brazos encogidos, la raqueta que sale del pecho como si jugaran a las palas de playa, golpeos frontales, movimientos laterales absurdos… La diferencia entre un actor que sabe jugar al tenis y uno que no tiene ni idea es la que hay entre Kevin Costner y Anthony Quinn en la escena de Revenge (Tony Scott).

Una de las películas destacadas de los Óscar de este año tenía el tenis como motor principal de la acción. King Richard, que como todo el mundo sabe, se traduce en español como El método Williams. La película trata la obsesión de Richard Williams por convertir a sus hijas Venus y Serena en dos estrellas del tenis, algo que lograron con los años al completar unas carreras repletas de éxitos (Venus tiene 7 Grand Slam individuales, mientras que Serena alcanzó la cifra de 23, un récord que todavía podría aumentar, pues no se ha retirado, aunque se prodigue poco por las canchas).

Como suele ocurrir en Hollywood, la figura del padre obsesivo e hipercontrolador es tratada de un modo positivo, halagüeño, por momentos como si fuera un visionario con una misión divina que cumplir. El trasfondo del racismo en un «deporte para blancos» da juego a la trama, así como las comparaciones con Jennifer Capriati, aquel juguete roto que empezó a despuntar muy joven (oro en Barcelona 92 con 16 años, tres Grand Slam posteriormente) y que acabó con problemas legales por posesión de drogas y acusada por robar en una joyería. Richard Williams, interpretado por Will Smith en un papel tan al gusto de la Academia que le supuso el primer Óscar de su carrera, representa a ese héroe americano ultracompetitivo, convencido del trabajo hasta la extenuación, incluso con niñas de poco más de diez años, un personaje que en la vida real resultaba polémico por sus formas y exigencias, así como por aplicar a rajatabla su método (las 78 páginas de su libreto infalible), por mucho que entrenadores profesionales aconsejaran otras técnicas.

Las escenas de tenis están bien rodadas, especialmente el debut como profesional de Venus en un partido frente a nuestra Arantxa Sánchez-Vicario, y las actrices que interpretan a las hermanas Williams, las desconocidas (para mí) Saniyya Sidney y Demi Singleton salen airosas de la complicada papeleta.

Las figuras de los padres obsesionados por el dinero que mueve el circuito del tenis profesional podrían ser de gran interés para otras películas y me vienen a la cabeza los de Steffi Graf (alcohólico, adicto a los medicamentos, condenado a más de tres años de cárcel por fraude fiscal) y André Agassi, uno de esos incombustibles Tauro del 70. Ambos tenistas son curiosamente pareja desde hace años y en uno de los capítulos de Open, la divertida biografía del tenista de Las Vegas, hablan de sus respectivos padres y del convencimiento que tenían ambos acerca del futuro que habían elegido para sus hijos, una infancia, adolescencia y juventud dedicadas enteramente a las raquetas y a perseguir pelotas por una cancha.

La vida de Agassi tendrá que ser llevada al cine en algún momento, porque lo tiene todo, desde la figura del antihéroe, el rebelde con talento que no quiere seguir el camino marcado por su padre y comete auténticas barrabasadas para que lo echen de la Academia de Nick Bolletieri, su aspecto llamativo en el peinado y la vestimenta, hasta el self-made man que se convierte en un ídolo para el país, se liga a «la novia de América», Brooke Shields, y completa el Grand Slam tras ganar Wimbledon vestido de riguroso blanco y con la frente despejada tras asumir su incipiente y temprana calvicie.

Ya que menciono Wimbledon, hay una película sobre el partido que fuera definido en su momento como «el mejor de la historia», la final que disputaron el sueco Bjorn Borg y el neoyorquino (aunque nacido en Weisbaden) John McEnroe en 1980. La película se titula Borg McEnroe sin más, se rodó en 2017 y fue dirigida por el danés Janus Metz Pedersen. Se centra más en el duelo psicológico de ambos tenistas que en el propio partido en sí, para contarnos que la visión externa que teníamos de ellos (el témpano de hielo sueco Iceborg frente al volcánico norteamericano) estaba alejada en realidad de lo que ambos eran, pues se parecían mucho más de lo que podíamos suponer: Borg era puro nervio que controlaba su rabia interior reprimiendo de raíz cualquier atisbo de emoción, mientras que McEnroe era un tipo mucho más calmado por dentro que necesitaba soltar su rabia hacia fuera para encontrar la concentración.

La película se puede encontrar en YouTube y las escenas de tenis están muy logradas. Cierto es que era otro tenis, más de artistas que de fuerza y la manera de jugar con la Donnay de Borg y la Dunlop de madera de McEnroe son muy diferentes a las actuales. Shia LaBeouf consigue un McEnroe convincente incluso cuando tiene que forzar el extraño saque del jugador zurdo, mientras que el sueco Sverrir Gudnasson se transmuta en Borg por momentos.

La épica final de 1980, con el mítico tie-break del cuarto set que acabó 18-16 y la victoria en el quinto de Borg por 8-6, se repitió un año después, con victoria esta vez para McEnroe. Durante muchos años fue considerado el mejor partido de la historia del tenis, título que para muchos ostenta ahora el triunfo de Rafa Nadal sobre Roger Federer en el mismo escenario en 2008. Nadal había perdido las dos finales anteriores ante el suizo, aunque cada año recortaba un poco la distancia que le sacaba el suizo sobre la hierba del All England Club. La final de 2008, que acabó con un marcador de 6-4/6-4/6-7/6-7 y 9-7 tras casi cinco horas de juego, merecería su propia película. Hay un libro de John Carlin que cuenta todas las peculiaridades de la progresión en el juego del manacorí hasta llegar a ese momento cumbre de su carrera. Y en 2018 se estrenó un magnífico documental dirigido por Andrew Douglas sobre el denominado «partido del siglo». Strokes of genius en el original.

Fue todo un duelo al sol… que acabó casi sin sol. Hubo dos interrupciones por la lluvia y el partido estuvo cerca de tener que suspenderse por falta de luz natural. De hecho, en el documental se aprecia perfectamente cómo había caído la luz, y de haberse prolongado un poco más, los espectadores podíamos habernos perdido la conclusión de uno de los grandes momentos de la historia del deporte. Aquí lo dejo para los aficionados. Muy recomendable:

Habrá más para la segunda parte de este post. De momento, espero que se me admitan mis comentarios sobre la calidad tenística y no interpretativa de los actores, pese a que mi especialidad sea más bien el cine. En el fondo, no soy muy distinto de Torrente aconsejando a Carlos Moyá sobre su revés:

Continuará: Cine y tenis (II)

Temporadón. A pensar en la siguiente

BARNEY, 21/06/2022

Si nos atenemos a lo que decían los «expertos» al principio de la temporada, la 2021-22 no pintaba bien para el Real Madrid, ni en fútbol, ni en baloncesto. Las plantillas estaban envejecidas y no se habían renovado de manera adecuada, los entrenadores Carletto y Laso eran cuestionados (¿y cuándo no lo han estado?) y el club no invertía más porque todo se centraba en la renovación del estadio. Ambos equipos podían competir por los trofeos nacionales, pero «no les daba» para Europa.

En los momentos complicados que suelen pasar todos los equipos a lo largo de un año, los más cautos comentan/comentamos que «las notas se ponen al final de la temporada», cuando las competiciones han concluido y se puede valorar el éxito o fracaso de los equipos. Este domingo pasado concluyó la Liga ACB de baloncesto con el brillante triunfo del Real Madrid sobre el F.C. Barcelona por 3-1. La Liga número 36:

Esta es la foto que subió el Real Madrid a sus redes sociales, en la que se muestra la plantilla que ha logrado ganar la Liga y la Supercopa de España, y que perdió en los últimos segundos la Copa del Rey y la Euroliga. En los meses de febrero y marzo, cuando el equipo acumuló una racha de 15 derrotas en 20 partidos, nadie daba un duro por este final de temporada. Si observamos la foto, en ella aparecen 16 jugadores: dos fueron apartados por Laso tras la juerga de Atenas (Trey Thompkins y Thomas Heurtel) y otros tres han sufrido lesiones de gravedad que los han apartado de la final (Randolph) o de varios meses de competición (Alocén y Williams-Goss). Para colmo de males, el entrenador Pablo Laso sufrió un infarto hace tres semanas, lo que hizo que el equipo fuera dirigido durante toda la final por su segundo, Chus Mateo. Alberto Abalde apenas ha podido disputar unos minutos durante la final por una lesión y Llull jugó tocado tras perderse el primer partido.

La capacidad de supervivencia y de reinventarse de este equipo es infinita. Esta temporada nos ofrecieron otro de esos momentos únicos del deporte, de los imprescindibles aunque finalmente no tuviera repercusión por la anulación de los resultados contra los equipos rusos. Me refiero al partido frente al CSKA de Moscú que la Euroliga no quiso cancelar por el positivo en covid de ocho jugadores del primer equipo. Aquel partido se jugó con cinco seniors (Tavares, Llull, Rudy, Williams-Goss y Taylor) y varios juniors en pista (Klavzar, Garuba, Vukcevic y Baba Miller). Y se ganó al todopoderoso equipo ruso de Shved, Kurbanov, Clyburn, Shengelia… El ejercicio de unidad frente a la adversidad de este equipo no tiene parangón (Orgullo blanco).

Con el triunfo en la Liga, Pablo Laso conquista su 22º título como entrenador, y lo hace a lo grande, tras derrotar con claridad a un Barça que llevaba un parcial de 11-3 con Saras Jasikevicius al frente, justo antes de la Final Four. En los cinco partidos posteriores, cuatro victorias para los de Laso y una sola para los culés, la del pasado miércoles, que contó con uno de esos arbitrajes de vergüenza en el que se vieron cosas inéditas, como que un bofetón a Causeur se saldara con triple y técnica a favor del Barça, o que se pitara personal en la jugada decisiva cuando el Madrid había capturado el rebote, no cuando teóricamente se había cometido. Vistas las imágenes varias veces y desde diferentes ángulos, no se aprecia contacto alguno. Cosas que pasan en ese «clásico» error de los últimos segundos en el Clásico del baloncesto.

La nota de la temporada solo puede ser un sobresaliente y no se alcanza la matrícula por los errores del último minuto en la final de la Euroliga. Una auténtica pena. Pocas veces he visto tan clara la posibilidad de ganar este título tan complicado (que se lo digan a Mirotic). Apenas ha acabado la temporada y las celebraciones por los éxitos y ya toca pensar en la próxima, en la que Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez llevan tiempo trabajando:

  • Jeffery Taylor: todo indica que no continuará en el equipo después de siete temporadas. Nunca estuvo entre mis jugadores favoritos, pero hay que reconocer lo mucho que aporta en defensa, así como con su famoso triple desde la esquina. Su exhibición en defensa en el tercer partido fue brutal y acabó exhausto. Un gran aplauso por sus años aquí, es uno de esos imprescindibles en una plantilla campeona, un jugador de equipo, que siempre aporta.
  • Fabien Causeur: no ha renovado todavía y es algo que espero que el club solucione pronto, porque, como se vio el domingo en el partido decisivo de la serie, pocos jugadores tienen su sangre fría para decidir en el tramo final. Cumplió 35 años durante la final de la ACB y a mí me encantaría que siguiera.
  • Llull y Rudy: durante muchos tramos de la temporada, multitud de aficionados madridistas han pedido que se les corte ya, que dejen paso a jugadores más jóvenes porque las piernas no les dan para competir al máximo nivel. Yo seguiría con ellos al menos un año más porque aportan mucho a la plantilla en cuanto a experiencia y saber enfrentar determinadas situaciones, ejercer de capitanes y líderes, no solo organizar barbacoas. Rudy (37 años) siempre ofrece un extra en defensa, es de los jugadores más inteligentes que existen para predecir por dónde va a ir el balón, y Llull (34) es el termómetro anímico del equipo. ¡Llull, Llull, Llull, Llull! Nunca le tiembla la mano para asumir responsabilidades. Junto con Causeur, los viejos rockeros que se resisten a dar su último concierto.
  • Heurtel y Thompkins: tendrán que salir y son dos jugadorazos. Lo del francés no extraña a nadie, puesto que ya salió mal de Vitoria y Barcelona, pero lo del norteamericano sorprende, en especial tras el cariño que mostró Laso con él y su situación personal en 2018.
  • Randolph: sinceramente no creo que vuelva. Tras superar la rotura del tendón de Aquiles y un año entero de baja, parecía haber vuelto a un nivel aceptable, aunque nunca el que mostró antes de la lesión. Ahora, tras la rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y a punto de cumplir 33 años parece difícil que regrese a un buen nivel. Habrá que planificar sin contar con el bueno de Toñejo.
  • Adam Hanga: reconozco que su fichaje hace un año no me produjo una ilusión especial, pero los entrenadores saben mucho más que nosotros, los simples aficionados con ínfulas, y el húngaro ha sido fundamental para el título, para suplir todas las ausencias en el puesto de base. Parecía que en el intercambio Laprovittola-Hanga había salido ganando el Barça y sin embargo, en la final, el madridista ha sido claramente superior al argentino en todas las facetas del juego. Que siga, claro que sí, otro veterano (33 palos).
  • Tavares, Poirier, Gaby Deck, Yabusele, Abalde: con estos cinco al fin del mundo. Intensidad en defensa, calidad en ataque, edades idóneas que aúnan juventud y experiencia, y hambre, mucha hambre de títulos.
  • Alocén y Williams-Goss: una de las grandes dudas para la próxima temporada está en el puesto de base. El zaragozano es joven y tiene mucho que aportar, pero habrá que ver cómo vuelve de su grave lesión. El norteamericano no me convence, aunque Laso haya sabido sacar partido de su juego en momentos puntuales. Habría que empezar a dar minutos a Juan Núñez (18 recién cumplidos), quien ya ha demostrado tener calidad de sobra en los pocos minutos con los que ha contado.
  • Altas: se comenta que el Madrid ya tiene atados a Mario Hezonja y Dzanan Musa para la próxima temporada. Si así fuera, son dos grandísimos fichajes que complementarían una plantilla que tiene que iniciar otra renovación, la enésima. Musa tiene solo 23 años y ha sido el MVP de la pasada Liga ACB con el Breogán, pero eso no significa nada cuando entras en una plantilla como la del Real Madrid. Laprovittola también fue MVP con el Joventut y le costó mucho ganarse minutos con Laso. En cualquier caso, dos muy buenos fichajes. En cuanto al puesto de base, todo parece indicar que el Madrid puede tener cerrado al Chacho Rodríguez, una de mis debilidades de la etapa anterior de Laso, pero acaba de cumplir 36 tacos y no sé si es lo que la «renovación» de la plantilla requiere. Por otro lado, parece que el Madrid espera un gesto del Facu Campazzo para volver a Europa y a sus 31 años, tras haber sido el mejor base de Europa y con la experiencia de dos años en Denver, sería el base perfecto para completar una plantilla brutal. Veremos qué fichajes se concretan de estos cuatro, y si hay hueco y minutos para los prometedores jóvenes que ya han debutado con el primer equipo: Vukcevic (cedido al Partizan de Belgrado), Klavzar (solo le he visto en el partido del CSKA y me pareció otro gran proyecto de jugador), Garuba y Spagnolo.

Ancelotti y el equipo de fútbol

Que «el tiempo pone a cada uno en su sitio» es una frase que encaja como pocas en lo que viene siendo el Real Madrid y la opinión que del club tienen los periodistas deportivos patrios, los autoproclamados mejores del mundo. Que al Barça le iba a costar digerir la salida de Messi lo sabíamos cualquiera. También se sabía que contaba con muy poco margen de maniobra, dado que, entre el estratosférico salario del argentino, el del resto de capitanes y veteranos (Piqué, Sergio Roberto, Busquets, Ter Stegen y Jordi Alba) y los fichajes equivocados de los últimos años tenía la caja más esquilmada que cualquier equipo de Primera o Segunda descendido por deudas (Reus, Elche), así que los medios se volcaron con la cantinela de decir que el Atlético de Madrid tenía la mejor plantilla de España.

Que el Madrid no se había renovado de manera adecuada, que había apostado todo a Mbappé y se había quedado sin fichar (a mí me encantan Álaba y Camavinga) y que Carlo Ancelotti era un entrenador jubilado que venía a Madrid a disfrutar de un plácido retiro. El Barça empezó a pinchar, como se esperaba, pero ese súper Atlético de la mejor plantilla, también, así que los periodistas cambiaron casi al unísono a otro de sus mantras: «al Madrid le da para competir en España por lo mal que están Barça y Atleti, pero en cuanto salga a Europa tiene muy poco recorrido, si hasta el Sheriff Tiraspol los ha humillado en el Bernabéu». Ahí están las hemerotecas y los audios de Richard Dees. Decenas de minutos de radio dedicadas a menospreciar al trabajo de uno de los entrenadores más laureados de la historia. Que si tiene ideas antiguas, que no rota a los jugadores y en febrero se le va a caer el equipo, que la temporada es muy larga y no va a llegar, que lleva de segundo a su hijo en un caso claro de nepotismo…

No escuché nada similar de Xavi Hernández cuando se trajo a Barcelona a su hermano como parte de su equipo técnico. O del Cholo Simeone cuando convocó a su hijo Giuliano y lo hizo debutar. Si no hay ningún problema cuando hay calidad o trabajo, el problema es el doble rasero de la prensa. Siempre.

El Real Madrid ganó la Supercopa tras derrotar al Barça y al Athletic, se llevó la Liga de calle, con cuatro jornadas de antelación pese a competir con la todopoderosa plantilla del Atleti (a 15 puntos) y se llevó la Champions más inverosímil y disfrutable que hayamos visto nunca. La quinta desde 2014, una animalada. Para este escribidor/espectador que tardó 28 años en ver su primera Copa de Europa, y que había llegado a pensar que quizás no la disfrutaría nunca, esta Orejona, la octava que he presenciado, ha sido quizás la más gozosa, junto con la de Ámsterdam en el 98.

En el año en el que Ceferin y su colega Al Khelaifi quisieron expulsar al Madrid de la competición, en el que los clubes-estado se convencieron de que podían campar a sus anchas (las sanciones al PSG y al City quedaron en nada), cuando nos contaban que la mejor competición posible era la Premier y que su poderío físico y técnico iba a destrozar a este Madrid avejentado, en ese escenario improbable, el Madrid resultó vencedor en una serie de remontadas memorables. Llevándose por delante al Catar Saint Germain y a lo más granado de la Premier: Chelsea, Manchester City y Liverpool.

El Madrid ha ganado con aroma a fútbol de los de antes, sin tanta especulación ni análisis de datos sobre ocupación de espacios y porcentajes, y de camino al éxito le ha hecho un gran favor a la propia UEFA, pues ha logrado la mejor publicidad posible a su competición. Aparte de la enésima demostración de que el dinero no lo es todo, y menos en el deporte. Las notas a final de temporada y con tres títulos logrados de los cuatro en juego, forzosamente tiene que ser una matrícula de honor.

Pero este equipo no descansa y ya está pensando en la siguiente temporada. Una vez que el emir de Catar se pasó por España repartiendo inversiones y siendo agasajado por ministros y empresarios, ah, perdón, que esto es un artículo de fútbol… una vez que los petrodólares cataríes consiguieron convencer a Mbappé de que no fichara por el Madrid (el PSG anuncia pérdidas cercanas a los 300 millones de euros en la temporada 2021-22 sin contar con los nuevos emolumentos de Kylian), el club blanco anunció los fichajes del alemán Antonio Rüdiger y del francés Aurélien Tchouaméni. El primero con la carta de libertad y el segundo tras desembolsar 80 millones de euros. Para los periolistos que se han atrevido a comparar este desembolso con el de los clubes-estado por un centrocampista de 22 años, habría que enseñarles un poco de cultura económica en primer lugar, y ya después, recordarles que son periodistas supuestamente imparciales que deberían quitarse el palillo antimadridista de entre los dientes antes de esputar aberraciones.

El Real Madrid está en el puesto 25 en el desembolso neto (fichajes menos ventas) en las últimas diez temporadas. Su masa salarial está ajustada a sus ingresos y no desbordada como en el caso del PSG o el Barcelona, y para hacer hueco a estos jugadores ha sabido dejar salir antes a otros. Esta temporada libera los (elevados) salarios de Isco, Bale y Marcelo. Siento la salida de este último (aunque era lo mejor), siento mucho que no se haya podido recuperar el rendimiento del galés, al que me harté de defender en este y otros foros, y no siento nada la marcha del malagueño. Lo mismo que no sentí las de Ramos y Varane (¿alguien se ha acordado de ellos este año?) o de igual modo que no sentiría las de Dani Ceballos o Marco Asensio, para mí, uno de los bluffs de esta plantilla. Me desespera, lo siento.

Con Modric, Casemiro, Kroos, Valverde, Tchouaméni y Camavinga tenemos un centro del campo potentísimo al que se pueden sumar Álaba e incluso Lucas Vázquez de manera ocasional. En defensa tenemos un muro con Militao, Rüdiger, Álaba, Mendy y Nacho, que siempre acaba siendo fundamental. El lateral derecho es el que más flojeaba, pero Carvajal ha tenido un último tercio como no se le veía desde hace años. Ojalá se mantenga sin lesiones, porque la alternativa, Odriozola, si finalmente vuelve de la cesión, tiene carencias defensivas y no convence.

Los expertos dijeron hace un año que Courtois no estaba ni entre los diez mejores porteros del mundo. Pues bueno, si esos son los expertos, yo soy un entendido en botánica y me parece perfecto que esa gilipollez la siga creyendo el resto del mundo. Yo no recuerdo un portero igual en mi vida, y lo dije ya cuando jugaba en el Atleti.

Así que la plantilla tiene muy buena pinta a falta de ver qué ocurre con la delantera: Karim Benzema, Vinícius Jr., Rodrygo y ¿Hazard? Con lo que me gustaba el futbolista belga, no sé si seguir esperando su resurgir. Son muchos años ya, casi tantos como los que pasé esperando que Gareth Bale volviera a ser el Gareth Bale de las primeras cinco temporadas. Parece que Jovic saldrá cedido y Mariano no se va ni con agua caliente (nunca entenderé a los jugadores con edad de disfrutar de minutos y juego que se acomodan). Quizás no vendría mal otro delantero goleador puro, pero creo que no hay nada por menos de 100-150 millones de euros, y Florentino ya ha dicho que no va a haber más fichajes (¿y si hubiera salidas con buenas ventas, como Asensio o Jovic?). Lo que parece claro es que no vas a traer a nadie por ese importe para tenerlo de suplente, así que sería el momento de confiar en la cantera: Latasa. Lo prefiero mil veces a opciones que han sonado como Gabriel Jesús o recuperar a Cristiano Ronaldo para una temporada. Mi gran duda es: ¿aguantará Karim a ese nivel? Yo digo que no, que mejorará, como hace año tras año.

Aquí lo dejo. Este aficionado está muy satisfecho, tanto con la temporada que finaliza como con la que está por venir, tan contento que me he puesto a jugar a director deportivo. Lo mismo que cualquiera de esos expertos que, vistas las hemerotecas, no creo que sepan mucho más que la mayoría de nosotros.

Los viejos rockeros

BARNEY, 05/06/2022

Los Rolling Stones han ofrecido un conciertazo esta semana en el Wanda, y he vuelto a escuchar, como la última docena de veces al menos, que «quizás sea el último que dan», o «puede que esta sea la última vez que los Stones se van de gira». No estuve en el concierto, pero sí he visto imágenes de la actuación y he leído alguna crónica, y parece que The Rolling Stones volvieron a estar enormes sobre el escenario. Lo dieron todo y mostraron una energía más que envidiable para gente de cualquier edad. Esas bandas aburridas y funcionales que abundan en los escenarios deberían ponerse en bucle los vídeos de Mick Jagger (78), Keith Richards (78) y Ronnie Wood (75) actuando como si no hubiera un mañana. Porque puede que no lo haya.

No voy a caer en el tópico de «los viejos rockeros nunca mueren», porque precisamente uno de ellos, el batería Charlie Watts, demostró hace un año lo contrario, pero sí voy a incidir en la excepcional maravilla que es contemplar a un viejo rockero dándolo todo. Dejándose la piel. Haciendo cosas impropias de su edad cuando, además, no tiene esa necesidad de demostrar nada. Como Rafa Nadal. Como Luka Modric. En una de las crónicas sobre el concierto del Wanda leí «qué manera de moverse y qué manera de tocar», frases que encajan como un guante a los dos deportistas mencionados.

Rafa Nadal disputa hoy su 14ª final de Roland Garros. Desde 2005 apenas ha fallado a una cita que suele coincidir con la semana de su cumpleaños, con la semana en que el calendario le recuerda que quizás sea el último título, quizás la última participación en una final. Pero ahí está, de nuevo. El viernes cumplió 36 años y se enfrentó al alemán Alexander Zverev en una semifinal que estaba siendo épica, espectacular, un duelo de cañonazos entre uno de los jóvenes elegidos y «el viejo rockero» que no da su brazo a torcer. Tres horas y trece minutos y aún no había finalizado el segundo set. Si el físico de algún tenista tenía que decir «basta», lo lógico sería pensar que lo hubiese hecho el del manacorí, que acumula un cuadro de lesiones y dolencias que asusta.

He visto muy bien a Rafa Nadal en los partidos que he podido ver esta semana. No creo que otro tenista hubiera aguantado el repertorio de cañonazos a las líneas de Sasha Zverev, quizás solo Djokovic habría sido capaz de no perderle la cara a este partido. Zverev jugó uno de los sets de su vida, tuvo cuatro bolas de set y sin embargo, se sentó en la silla tras el tie-break del primero para contemplar atónito que iba por debajo en el marcador. Ya en su día titulé Incombustible Rafa para definir al de Manacor. Cada año aporta nuevos golpes a su repertorio o mejora algunos de los que tiene. Ahora arriesga más en algunos momentos para no alargar innecesariamente los puntos, sabedor de que las piernas no muestran la misma exuberancia que diez o quince años atrás.

Lo que no dan las piernas, lo aporta ahora la experiencia. 36 años tiene también Luka Modric. Otro que parece haber hecho un pacto con el Diablo. Si los Rolling Stones se autoproclamaron Sus Satánicas Majestades, o cantaron por todo el mundo Sympathy for the Devil, debemos creer que algo de cierto habrá en ello. Cuando ya muchos lo daban por retirado, no apto para la velocidad de juego del fútbol actual, nos ha regalado una temporada espectacular, repleta de momentos épicos, maravillosos, de golpeos que nos hacen recordar con tristeza que «quizás sea el último», la última temporada. Todos tenemos en mente el excepcional pase con el exterior a Rodrygo que nos devolvió a la vida frente al Chelsea (minuto 80, casi nada), pero para mí la jugada de la Champions es esta otra en la que el croata recupera un balón, corre cuarenta metros perseguido por esos fortachones centrocampistas del fútbol moderno, da un gran pase en profundidad a Vinicius Jr. y culmina la jugada con una asistencia con caño incluido para que Benzema iguale la eliminatoria:

Modric ha disfrutado esta temporada como pocas otras. Y se ve con fuerzas para seguir un año más. Rafa Nadal ha hecho varias declaraciones en los últimos meses sobre lo que le cuesta seguir adelante, pelear cada punto y cada trofeo. Con dolor en todo el cuerpo, con molestias para caminar y llevar una vida normal. Pero ahí está. Comenzó la temporada ganando el Open de Australia con una remontada espectacular a Daniil Medvédev, desafiando toda la lógica y pasándose por el forro lo que la estadística pronosticaba. El talento desafía a la lógica, al Big Data.

Hace un año, Novak Djokovic eliminó a Rafa Nadal en su pista favorita, en la Philippe Chatrier de París. Hace un año también, el Chelsea demostró al Real Madrid que no podía competir con el fútbol inglés con ese centro del campo envejecido (Casemiro-Kroos-Modric). Pero los viejos rockeros han demostrado tener aún una marcha más, han sido capaces de progresar, de mejorar sus prestaciones. El miércoles pasado, Rafa Nadal eliminó a Nole en cuatro sets y otro partido memorable. El Real Madrid se ha llevado por delante a lo mejor del fútbol inglés sin cambiar apenas nada de su centro del campo. Chelsea, Manchester City y Liverpool. Lo mejor de la Premier. Quizás lo mejor de Europa. Y cuando muchos decían que Modric no aguantaría la prórroga frente al Chelsea de Kanté, Kovacic o Mason Mount, el croata ofreció otra clase maestra de temple, posicionamiento y saber estar.

Quizás una de las ventajas que da la edad en el deporte es la madurez, la experiencia para saber distinguir los momentos y no ponerse nervioso en situaciones que invitan a ello. Cuando uno ha estado al borde del abismo, cuando ha mirado hacia abajo varias veces, como Nadal, o como el Real Madrid en esta temporada histórica, sabe que puede pasear por su filo sin miedo, mirar al rival a los ojos y decirle: «ven, vas a tener que empujarme, y a lo mejor en el intento, el que cae eres tú». PSG, Chelsea, City, Liverpool. Medvédev, Djokovic, Zverev.

Otra de las anomalías estadísticas que hemos visto es la octava victoria del Real Madrid en sus últimas ocho finales de Champions. No es normal. El Madrid ha perdido alguna final de Copa del Rey reciente (contra el Atleti) o Supercopas de Europa y de España, pero cuando llega su torneo, se transforma. Ocho de ocho. Como Nadal en Roland Garros, trece de trece. Espero no gafarlo para hoy. Puede que sea su última final, puede ser la última temporada de Rafa perfectamente. Y aunque muchos ya esperaban la irrupción de Carlos Alcaraz en el lugar del viejo rockero, el murciano aún tendrá que esperar un poco. Lo mismo que Fede Valverde, Camavinga, Vinícius o Rodrygo. A los viejos rockeros Modric, Casemiro, Kroos o Benzema aún les queda cuerda.

Suerte para Rafa Nadal, aunque no la necesita. Lo tiene todo en su cabeza, mucho más que en las piernas.

Actualización a las 17.45 h.: por supuesto, ganó el viejo rockero. 14 de 14. Conoce los secretos de la arcilla parisina como nadie.

La bofetada a Catar

BARNEY, 22/05/2022

Sábado por la tarde, quedaba menos de una hora para el inicio de la final de la Euroliga y los grupos de Whatsapp se me empezaron a llenar de mensajes de insultos a Kylian Mbappé y a la madre que lo parió. A todos ellos les fui contestando lo mismo: «me da igual ahora mismo Mbappé. Tenemos una final de Copa de Europa en una hora y otra el sábado que viene, ¿qué más me dará?». Solo me interesaba el baloncesto y en unos días el fútbol, es decir, el deporte, todo lo demás es tan superficial como el cotilleo o los inventos de la prensa, y de tan mal gusto como hablar de dinero. He escuchado y leído tantas chorradas estos días, de periodistas desinformados y amigos que lo propagaban todo, que se ha olvidado lo que de verdad importa: el propio deporte en sí, el juego, el espectáculo de dos rivales en una cancha de juego. Que si lo renuevan por 600 millones en tres años, que si Ceferin ha dicho al entorno de Mbappé que la UEFA va a expulsar al Madrid cinco años de la competición por lo de la Superliga, que si la Cope había dicho que Florentino había bajado al vestuario el viernes para decírselo a la plantilla, ¡cuando el presidente estaba en Belgrado!,… no saben nada, pero les permite llenar horas de programación y hojas y hojas de los periódicos. A mí estos shows me la refanfinflan.

Tras el anuncio oficial de renovación del francés por el Qatar Saint Germain, los insultos se acrecentaron, las redes sociales empezaron a echar humo y cundió el desánimo, como si todo fuera una mierda, la plantilla se quedaba coja, Florentino tenía que dimitir, etc. Estaba claro, esto es el fútbol moderno. «Los objetivos eran Haaland y Mbappé», me dijo otro, y han acabado donde más pasta había: el primero con los Emiratos, que ya llevan más de 1.500 millones invertidos en el City y el segundo donde los petrodólares cataríes. Pues no, el objetivo era ganar la Liga y la Champions, y ya se ha conseguido la primera y estamos en la final del torneo más importante, así que no voy a lamentarme ni un segundo.

El 31 de agosto pasado el Real Madrid ofreció 180 millones de euros a los cataríes (algunas fuentes hablan de 200) y estos lo rechazaron. Esa misma tarde, con el ahorro generado, el Madrid compró a Camavinga, un espectáculo de futbolista de solo 19 años de edad. Camavinga, o Cachominga, ha sido fundamental en la locura de temporada del Madrid en Europa y jugará en una semana la final de Champions en la misma casa de Mbappé, ¿voy a estar triste o desanimado ahora? En absoluto.

Si algo me dolió anoche fue la derrota del Madrid ante los turcos del Anadolu Efes por un solo punto (57-58). Una pena, los chicos de Laso volvieron a demostrar su casta y su calidad, la manera de pelear de estos veteranos y estuvieron cerca de derrotar a los todopoderosos turcos en la Turkish Euroleague. Larkin y Micic fueron fundamentales en el triunfo, dos cracks, dos de los tres jugadores mejor pagados de Europa. Un aplauso enorme al Real Madrid de Llull, Yabusele, Tavares, Rudy, Poirier, Abalde, etc. por darlo todo hasta el último segundo, por eliminar en semis a ese Barça que lleva años subido a la inflación de salarios del baloncesto (tres jugadores en el top-ten), si bien este año se habían ajustado bastante y su presupuesto era similar al de los blancos. Según el diario As:

Ahora, ya en frío, sin competición hasta dentro de siete días, analizo lo ocurrido y lo reconozco: sí, me da rabia la renovación de Mbappé. Rabia, no pena. Pero no porque no venga al Madrid (hubo muchos antes que él y los seguirá habiendo), sino porque quitar a los cataríes a su máxima estrella era la bofetada que alguien tenía que dar a Catar, y el Madrid ha estado muy cerca de atizársela. Yo creí hasta ayer que se la íbamos a propinar. Porque todos hemos visto las fotos de Mbappé de niño en una habitación rodeada de fotos del Madrid, porque hemos leído lo que contó en su famoso cómic, porque hemos querido creer que la ilusión de un niño podía derrotar al poder de los petrodólares y yo sinceramente me lo creí. Que había jugadores que venían al club en el que siempre soñaron jugar de pequeños y para los que el dinero no era tan importante. Iluso de mí.

El club parisino ha reconocido pérdidas de 400 millones en los últimos dos años, lo cual no le ha impedido juntar a los antiguos capitanes del Madrid y el Barça con Kylian, Neymar, Di María, Verratti, Donnarumma, Keylor y un largo etcétera de figuras, y aun con todo, acaba de ofrecer el mejor contrato de la historia del deporte a un jugador que ya era suyo. Todo sea por frenar el ataque de cuernos que Al Khelaifi y Leonardo tenían desde hace meses tras las negativas de renovación del 7 francés. ¿Cómo era aquello que decía Ander Herrera sobre el fútbol de la gente humilde?

Esa es la oportunidad perdida, pararle los pies a esta gente que ha venido y lo va a arrasar todo. El fútbol que me gustaba se muere, dije en su día. Los cataríes lo solucionan todo poniendo un billete encima de otro hasta que aceptas, y les da lo mismo comprar votos para el Mundial, soltar pasta hasta que la FIFA y compañía acepten parar todas las competiciones en noviembre, construir estadios sobre los cadáveres de 6.500 muertos… Tras la eliminación en Champions frente al Real Madrid, Leonardo y Al Khelaifi bajaron al vestuario a buscar al árbitro y montaron un espectáculo bastante lamentable, con empujones a los asistentes, vergonzoso, antideportivo, de matón de bar. La UEFA dijo que los iba a expedientar. ¿Se ha sabido algo de aquello? ¿Va a sancionar Ceferin a su amigo con el que aparece en todos los saraos posibles? ¿Recordáis que también sancionaron al City con dos años fuera de las competiciones por incumplir el fair play financiero? ¿Alguien se lo creyó? Alegaron un defecto formal, un error en las fechas, aceptaron unos contratos fraudulentos, y a otra cosa, que los clubes-estado mueven mucha pasta y no se puede renunciar a ella.

El espectáculo de dimes y diretes del entorno de Mbappé (menudo personaje ha resultado ser la madre, cómo celebro que no venga), las declaraciones de Al Khelaifi y Leonardo, las amenazas de Ceferin al Madrid durante toda la temporada… todo ha sido lamentable, pero no me quita el sueño. Lo que de verdad me fastidia es que será inevitable que en unos pocos años la final de la Champions sea un QSG-Abu Dhabi City, y en los banquillos veremos jugadores que serían titulares en cualquier otro equipo puntero. Ese es el futuro próximo y Mbappé ha sido la oportunidad perdida para frenarlo. Tenía un ejemplo muy cerca de cómo mandar al traste una carrera prometedora: Neymar Jr. Enterrado en su jaula de oro, coleccionando ligas francesas y viendo pasar su carrera como un futbolista más, cuando estaba en el mejor Barça de su historia.

Una oportunidad perdida, sí, pero el Madrid tiene otra y donde mejor se maneja: en el terreno de juego. Esta temporada promete ser mítica. Nos hemos cargado al megamillonario París Saint Germain tras un amaño de sorteo del que muy poco se habló. Luego a los campeones de Europa, el no menos megamillonario Chelsea financiado con el gas ruso y la pasta de Abramovich. En semis al todopoderoso City, subcampeón de la anterior edición y coleccionista de Premiers desde la llegada de la pasta de Abu Dábi (cuarenta años sin ganarla y pueden lograr su quinta en diez años). El partido de vuelta tuvo un momento sintomático del nuevo fútbol: el City sacó a Jack Grealish en el minuto 70 de la segunda parte, un jugador por el que habían pagado 120 millones de euros el verano pasado. El Madrid sacó a Vallejo al final de la prórroga para defender.

Las remontadas han sido inverosímiles, de cabeza, coraje, de una mezcla de veteranos con mucha calidad y jóvenes con enormes ganas de triunfar en el Bernabéu. Una victoria del fútbol de siempre frente al poder de la lógica y la pasta. Irracional. Esto solo se mejora ganando al Liverpool el sábado que viene en el mismo París, esto solo puede concluir con la entrega del trofeo de manos de Ceferin al Madrid. Que lo vea bien Mbappé desde su mansión cercana y se pregunte el resto de su vida si acertó al cambiar la posibilidad de jugar en el club más importante de la historia por los billetes de Oriente Medio.

Que el trofeo lo recoja Benzema, que ayer mismo subió una foto del rapero Tupac con el amigo que lo traicionó. O Marcelo, nuestro capitán (¡Oh capitán, mi capitán!), ese jugador del que no sabemos ni quién es su representante y lleva dieciséis temporadas, ni cuántas veces ha renovado por el Madrid, ni qué ofertas recibió en el pasado, porque siempre tuvo claro que quería retirarse con los blancos y que el dinero no iba a ser un problema. Como Luka Modric, otro ejemplo a seguir. Como Toni Kroos, al que el club le ha ofrecido una renovación de dos años y ha dicho que solo uno porque tendrá que ver cómo está su físico antes de aceptar. Un tío con una cabeza inusual en el mundo de estrellitas de hoy en día. Como Alaba, que tras ganarlo todo en el Bayern de Múnich está disfrutando como nunca en su carrera. Como los jóvenes Vinícius, Rodrygo, Valverde y Camavinga, sobre los que se construye desde ya el equipo que se enfrentará en los próximos años a los clubes-estado. El Madrid ha conseguido salvar la pandemia con beneficios, reducidos, pero beneficios, el único club entre los grandes. Para ello ha tenido que vender a Varane (40 M.), Odegaard (40 M.), Achraf (40 M.), Reguilón (30 M.), no renovar a Ramos y mantener una escala salarial ajustada que con la llegada de Mbappé corría el riesgo de quebrarse. Pues eso que ganamos también. El Barça está en la ruina y acabará siendo otro club-estado o en manos de un gran fondo de inversión, entre otras cosas, por intentar competir con sueldos estratosféricos (no solo los 555 millones de Messi, sino el resto) y con fichajes fuera de su alcance como las millonadas pagadas por Coutinho y Dembélé.

El Bayern y el Madrid, me temo que solo van a quedar ambos clubes para competir contra ellos. O la Superliga, una competición organizada por los propios clubes con las mismas reglas para todos y no por una banda de golfos corruptos. El Bayern privó al PSG de su gran oportunidad de llevarse la Champions en 2020. La paradoja fue que aquel triunfo por 1-0 vino de un gol marcado por Coman, un jugador que salió de la cantera del mismísimo PSG repleto de figuras. Me descojono.

A ganar el sábado, no pienso en otra cosa.

¡Oh capitán, mi capitán!

BARNEY, 01/05/2022

Con el título de Liga obtenido ayer por el Real Madrid de fútbol, el brasileño Marcelo Vieira supera a Don Francisco Gento en cuanto a número de títulos con la camiseta blanca: 24 frente a los 23 de la Galerna del Cantábrico. No soy amigo de estas estadísticas que ponen en el mismo plano una Champions que un Mundial de clubes y comparan épocas diferentes, cuando antes no se disputaban tantos títulos, pero el dato en sí dice mucho de su larga carrera: es el jugador más laureado en el club de fútbol más exitoso del mundo. Me llevé una enorme alegría ayer cuando vi la sonrisa de Marcelo al recoger el trofeo, cuando lo vi disfrutar por el campo o en el abrazo a Modric tras el 1-0 que casi certificaba el título.

Aunque sin duda la foto de ayer, de una jornada memorable en instantáneas, es la que muestra al capitán encaramado a la Cibeles con el rojizo atardecer madrileño de fondo:

Marcelo es puro madridismo, un tío que ha disfrutado todos y cada uno de sus dieciséis años en la primera plantilla y que ha dado siempre muestras de su cariño al club. Ha sido irreprochable en su actitud incluso cuando el físico, como estas últimas temporadas, no le ha acompañado. Los madridistas pensábamos que iba a ser imposible encontrar un reemplazo a Roberto Carlos en el lateral izquierdo y durante una década tuvimos un artista como ha habido pocos sobre un terreno de juego:

En la última Champions del Real Madrid, en 2018, destacó incluso en lo que no era su especialidad: marcó en Turín y Múnich, y anotó en Madrid frente al Paris Saint Germain. La temporada anterior, en el partido de vuelta frente al Bayern (4-2 en el Bernabéu) dio uno de los mayores recitales defensivos y ofensivos que se recuerda en un campo.

Siempre ha estado ahí para lo que el equipo necesitara, ha sabido echarse a un lado cuando otros comenzaban a despuntar en su mismo flanco izquierdo (Mendy, Reguilón, Miguel Gutiérrez, incluso Coentrao durante algunas temporadas) y ha tratado de aportar cuanto ha podido. Para la historia quedará esa prórroga reciente contra el poderoso (físicamente superior) Chelsea, una prórroga que el Madrid afrontó con la defensa más insólita en décadas: Lucas y Marcelo en los laterales, Carvajal y Alaba como centrales. Supo dar la talla, luchar contra sus limitaciones y jugar con la veteranía para sacar el partido adelante. El brazalete de capitán que portaba ayer durante el encuentro es un premio a su trayectoria.

La capitanía en el fútbol añade un componente extra a los valores estrictamente futbolísticos. Significa jerarquía, dominio de la situación, un modelo en el que fijarse los jóvenes, una autoridad sobre rivales e incluso el árbitro a la hora de cuestionar algunos lances del juego. Es el referente emocional del equipo, el que debe transmitir a los demás el ánimo, la prolongación del entrenador cuando los jugadores saltan al campo. Y Marcelo ha sido siempre un diez, aunque no portara el brazalete. Gerrard en el Liverpool, Del Piero en la Juve, Pirlo en la selección azzurra, Carles Puyol en el Barça fueron grandes capitanes, tipos cuyo objetivo era procurar lo mejor para el equipo por encima de egos o individualidades.

Resulta curioso que el Real Madrid haya sido mejor entendido por muchos jugadores extranjeros que por los propios nacionales: Marcelo y Karim Benzema son los dos grandes capitanes este año, como también podrían serlo Luka Modric, Casemiro, Toni Kroos o, en breve, David Alaba. Sergio Ramos tuvo sus años, transmitía personalidad sobre el campo, pero un entorno que lo aconsejaba equivocadamente y su amistad con una prensa nociva hacen (para mí) que no sea el tipo de capitán que me satisface. Como Cristiano Ronaldo.

Sergio Ramos terminó su carrera en el Real Madrid con 22 títulos, y ayer por la tarde dejó un mensaje de felicitación al club en redes sociales. Podía haber estado ahí con Marcelo celebrando el 24º título, pero sus estupideces y malas decisiones lo llevaron a un club en el que apenas ha jugado y en el que ha sido receptor de un buen número de críticas. El capitán de un equipo como el Madrid no puede tratar de conseguir más pasta amenazando con irse al Manchester United, o contando al presidente que se marchaba a China y quería hacerlo gratis, o rechazando una oferta de renovación del club mientras se lesionaba en los bolos con la selección o contaba en los medios afines (que eran muchos) que quería jugar la Euro, los Juegos Olímpicos y el Mundial. Todo ello mientras pedía más pasta al club con los 35 bien cumplidos. El capitán de cualquier club no puede decir que ha tirado un penalti sin ser el designado por el entrenador porque «llevaba pocos goles esta temporada», o que le parecen bien los pitos a un compañero como Gareth Bale, por muchos méritos que pueda hacer (no entiendo lo de ayer, por ejemplo, salvo un pacto con el club).

Un brasileño como Casemiro entiende mucho mejor lo que debe hacer un gran capitán. Es el tipo que pone orden en el terreno de juego. La jerarquía se demuestra en acciones como la que tuvo con Milner en los cuartos de final de Champions la temporada pasada. Los reds salieron a intimidar y durante los primeros minutos realizaron varias entradas de gran dureza, como la de su capitán Milner a Karim. Hasta que Case, el gran Case, puso a cada uno en su sitio: «no nos vais a intimidar, antes te saco yo a patadas del campo». A los compañeros se los defiende.

La prensa pro-Ramos criticó duramente al club por no renovar al central, pero el tiempo termina poniendo a cada uno en su sitio. Entre las soplagaiteces que se dijeron, me llamó la atención una de las más gordas: que el Madrid perdía liderazgo sobre el campo, que no tenía jugadores con la entidad para portar ese brazalete. Aun dejando a un lado a Karim Benzema, que ha dado otro salto superlativo este año, sorprende que sus periodistas feladores olvidaran que el Madrid contaba entre sus filas con el capitán de Croacia, con el de Alemania, o con el que ocasionalmente ejerce las veces en Brasil, al margen de los olvidados Hazard y Bale, que también llevan con asiduidad el brazalete de Bélgica y Gales.

Para mí el gran error de Ramos fue hacer caso a su hermano René (lo conocí en persona y… bueno, me callaré) y a sus amiguitos de la prensa y no blindarse junto a sus compañeros de plantilla. O hacer negocios con Gerard Piqué cuando ya se ha visto cómo las gastaba este a sus espaldas. Piqué es otro caso sintomático: toda su vida en el Barça y qué pocas veces ha ejercido de capitán, porque sus propios compañeros, en votación secreta, preferían a Messi, Iniesta, Busquets y Mascherano. El capitán debe ser ese líder que se va a desvivir por ti, nunca ese otro para el que su imagen es lo que se antepone a todo lo demás, incluso al club.

La plantilla de baloncesto del Real Madrid ha vivido también unos meses convulsos, que parecen haber concluido tras la expulsión de la plantilla de Thomas Heurtel y Trey Thompkins. Al capitán Sergio Llull se le ha machacado en redes sociales por su baja aportación, sus malos números o lo flojo que ha estado en defensa frente a algunos rivales. Pero siempre ha estado ahí, asumiendo la responsabilidad cuando el balón quemaba a los demás, dando la cara para que se la partan mientras otros superclase como Heurtel hacían lo mínimo o salían de copas antes de un partido decisivo en Atenas. Llull ha sido un referente para sus compañeros porque incluso cuando el físico no daba más de sí, lo intentaba, ejercía los galones y se jugaba algunas canastas decisivas como en la final de Copa. Por eso me alegré tanto de sus buenas prestaciones ante el Maccabi en la eliminatoria que ha llevado a los de Laso a una nueva Final Four. «¡Llull, Llull, Llull!», muchas veces más en el Palacio de los Deportes. Como en su día lo fue Felipe Reyes, otro gran capitán. Como puede llegar a serlo Rudy Fernández.

Este año se retira Marcelo, al menos del Madrid, y el «Oh capitán, mi capitán» del título está dirigido a Karim Benzema, un jugador que lleva catorce temporadas en el club, del que no sabemos ni quién es su representante, que ha renovado solo tres veces en este tiempo, que ha sabido adaptarse a lo que requería el equipo (no hay más que ver su papel con CR7 al lado y sin él) y que ahora ejerce un coaching diario y constante con los jóvenes, en especial con Vinícius Jr. Como Modric con Rodrygo Goes. Un apadrinamiento, como lo define mi amigo Pepe Kollins:

Como Benzema está ejerciendo de gran capitán ya ha salido la prensa metemierda a polemizar con el francés diciendo que en el descanso del partido contra el Getafe tiró el brazalete al suelo visiblemente cabreado. Lástima que sea tan fácil de desmontar la patraña una vez más: ese día el capitán era Marcelo.

Si es que… Enhorabuena al Real Madrid por el título, a Marcelo, Ancelotti, Karim y a todos los miembros de la plantilla. Tiene mucho mérito ganar la Liga de Tebas, la de los apaños Geri-Rubi, la de Medina Cantadelejos y el CTA, la de los medios hostiles, la de los criterios financieros cambiantes y los chantajes para firmar con CVC. Enhorabuena y ahora, sin más celebraciones, a por el City y la Champions, que me encantaría ver el careto de Ceferino en París entregando la copa al capitán del Real Madrid.

Las rayas del VAR

BARNEY, 14/03/22

Sospecho que somos muchos los madridistas a los que aún nos dura el subidón por lo vivido durante la última media hora del Real Madrid-Paris Saint Germain de octavos de Champions, ese repaso monumental que compensó los 150 minutos anteriores de dominio total del filial europeo del estado de Catar. Cualquier análisis racional de lo acontecido parecerá corto, carente de argumentos suficientes para explicar el punto de locura que sucedió al primer gol de Karim Benzema, y sin embargo, uno de esos análisis fue el que hicimos muchos espectadores: «en LaLiga española la remontada no habría sido posible». No solo porque los árbitros habrían pitado falta de Karim a Donnarumma, que posiblemente lo era (carga con el hombro, fuera del área pequeña, pero…), sino porque desde el VAR se habrían trazado las líneas del fuera de juego de tal manera que habrían anulado el segundo gol por posición ilegal del francés.

Es así de triste. El VAR, o más bien la perversión del uso que se hace del VAR, me han privado del momento eufórico de las celebraciones de los goles. Cada vez que marca el Madrid en la Liga española tardo cerca de un minuto en poder celebrarlo, porque siempre pienso que va a ser anulado. Una pena, ya no doy un bote del sofá, o no lo canto en el bar con los amigos, porque siempre toca esperar a la confirmación. Benzema estaba en posición legal por los pelos, como pudo verse en la imagen chequeada por el VAR, pero también en la mostrada por Nacho Tellado, la referencia válida en la que me fijo.

El sábado anterior al partido de Champions, al Real Madrid le anularon dos goles frente a la Real Sociedad en el partido de Liga. Ambos por fuera de juego milimétrico, y que conste que puede que estuvieran bien anulados (el segundo parece claro), no me quejo de eso, sino de la manera de tirar las líneas en las imágenes de VAR que nos muestran en las pantallas. En el primer gol parece que Benzema está en línea con el defensa, o ligerísimamente adelantado:

Pero es que el segundo, siendo claro, está pintado con «los renglones torcidos del VAR», como, se aprecia en una ampliación de la imagen mostrada. Una broma en una Liga que presume de ser «la mejor del mundo». ¿Por qué será que nadie se cree el eslógan, por qué Movistar está perdiendo adeptos cada semana?

Dejando a un lado la mala calidad de las imágenes mostradas (ni alta definición, ni nitidez), el momento seleccionado para la imagen del VAR es clave, como ya expliqué en El principio de incertidumbre de Heisenberg, principio de certidumbre del VAR. En un segundo hay por lo general 50 tomas, 50 frames, es decir, que cada frame supone dos centésimas de segundo, tiempo en el que un jugador se puede desplazar unos 13 centímetros (estudio del diario The Mail en la Premier):

¿Por qué será que en las jugadas del Madrid en España el balón sale siempre deformado? Como en el fuera de juego de Rodrygo, o como en el de Mariano en Getafe, que nos supuso dos puntos menos en un campeonato que se decidió por la mínima:

Ese balón había salido ya del pie de MIlitao y por tanto el frame seleccionado es erróneo, como no me canso de repetir. Fue lamentable. Vuelvo a usar el sistema de Nacho Tellado:

Si hubiera sido el único caso podría haber pensado que es un error, pero lo cierto es que el frame erróneo en los partidos del Madrid suele ser la norma. En el último partido de la temporada pasada, frente al Villarreal, se seleccionó esta toma para anular el gol de Benzema:

El balón está otra vez deformado, ha salido ya de la bota del pasador, cuando la norma dice que el momento es el primer contacto. En el partido que pudo decidir el campeonato, el disputado frente al Sevilla, todos nos quedamos con el penalti a Benzema convertido en penalti a favor del Sevilla tras la mano de Militao (aquí lo de los rebotes en el propio cuerpo parece que no se aplicaba), pero es que en el primer minuto de partido hubo un gol anulado a Benzema por un fuera de juego de Odriozola bastante sospechoso. «Sospechoso» porque se decidió en menos de treinta segundos, y sospechoso por las imágenes mostradas:

Fijaos en la raya de banda, tan manipulada que pasa por entre las piernas del árbitro asistente. Pero es que además, si ampliamos la imagen, la pierna de Odriozola (y la bota) parece estirada de una manera artificial:

¿Se manipulan las imágenes del VAR en LaLiga española? Suena un poco heavy decirlo, pero sí afirmo con rotundidad que se elige siempre el frame menos favorable al Real Madrid. Por ejemplo, y para que no haya dudas sobre mis quejas, en el reciente partido Rayo Vallecano-Real Madrid se anuló correctamente un gol a Casemiro. Si no fue fuera de juego, se ayudó con el brazo, luego no discuto la validez del mismo, sino la imagen escogida:

¡Si en esa imagen no se ve el pie de Casemiro! ¿Cómo pueden decir que es fuera de juego y situar ahí la posición si no se ve la ubicación exacta, cómo coño tiran las rayas? Si me dicen que se anuló por mano lo acepto, pero dijeron que fue por fuera de juego. Nuevamente Nacho Tellado puso un poco de cordura y se cuestionaba la toma seleccionada, fácil de mejorar cuando en un campo de Primera hay decenas de cámaras para elegir el mejor tiro:

El VAR en España es un problema muy gordo porque atufa por todos los lados. Es más, hay desconocimiento incluso del Reglamento, como en el fuera de juego señalado a Budimir recientemente en un Granada-Osasuna. ¡Se tiró la raya con el brazo del delantero!

O el año pasado, cuando en un gol del Atleti la línea se tiró desde la punta de la bota de Marcos Llorente, y no desde el balón, que es lo que marca el fuera de juego cuando se trata de saber si el jugador está por delante o por detrás del mismo:

Con esta imagen mostrada, el gol debería haber sido anulado, pero es que así de ridículos son los que manejan el cotarro. Los errores en España son tan graves que dan lugar a situaciones como la ocurrida recientemente en el partido de Copa del Rey entre el Betis y la Real Sociedad, cuando se anuló un gol por fuera de juego de Oyarzábal y en la imagen mostrada en televisión no aparecía en posición incorrecta (observad la distorsión del balón en la primera imagen):

Las protestas realistas, la incredulidad del aficionado o la mala imagen del sistema hicieron que la empresa que gestiona el VAR, Hawk-Eye, publicara un comunicado en el que reconocían su error:

Todo esto sería una broma de mal gusto si los errores se repartieran de modo equitativo, pero es que da la sensación de que no es así, sino que todo forma parte de un sistema, de un «Tinglao» en el que se manipulan las imágenes para favorecer a unos o perjudicar a otros en función de no se sabe bien qué intereses (¿o sí se saben?). Por ejemplo, meter al Barça en Champions. O aún diría más, meterlo en la segunda posición para que vaya a la Supercopa de Arabia Saudí el año que viene. Ahora mismo irían Real Madrid, Sevilla y los finalistas de Copa, Valencia y Betis, un escenario poco glamuroso para los árabes que se han dejado un pastizal en el torneo y ahora ven que Barça y Atleti pueden quedarse fuera.

En el reciente partido Valencia-Barcelona hubo un gol de Aubameyang en el que parecía beneficiarse de una posición adelantada:

Sin embargo, la toma oficial del VAR indicó que la posición era correcta:

Insisto en la manipulación de las imágenes, observad la línea de portería, ¡es doble! Está retocada o alterada, pero es que además, ¿es esta la mejor toma para dilucidar la posición del delantero blaugrana? Nuevamente recurro a Nacho Tellado:

Es fuera de juego claro, como parecía desde la primera toma. Las rayas de VAR de Nacho Tellado son finas, las oficiales se tiran con brocha. El balón distorsionado, es decir, insisto, cuando ya ha salido, se aplica según para quién:

Las posiciones ligeramente adelantadas son validadas tras la revisión, aunque con el rotring y el tiralíneas ocurra lo contrario, como, en estos dos goles del Barça ante el Betis y el Elche:

Llamo la atención de nuevo sobre el ángulo de cámara: si en estas tomas se puede buscar una toma perpendicular a la acción, ¿por qué nos suelen ofrecer una toma con 45 grados de desviación? Pues solo me cabe una explicación posible: la manipulación. PreVARicar, recordad su significado.

En la Supercopa de Arabia de 2020 me llamó la atención precisamente eso, que se elegía siempre la toma más adecuada y de ese modo se anuló un gol al Barça que a mí sinceramente me costaba verlo:

Sin embargo, vuelves a la competición en España y te encuentras que no hay manera de saber si Mendy estaba o no en fuera de juego en el enésimo atraco perpetrado en el Camp Nou, el gol anulado a Bale. No hay toma lateral, no hay momento del golpeo, es una chapuza infecta que apesta por todos lados:

El patrón es obvio y casi siempre en la misma dirección: favorecer al Barça esta temporada. O al Atleti la pasada:

Esta temporada hemos llegado a ver cómo se cambiaba una imagen por otra para convertir en fuera de juego lo que tenía que haber supuesto la expulsión de Araújo contra el Elche:

Tratar de convencernos de que el jugador del Elche está en posición irregular es tan absurdo como intentarlo con las manos de la semana pasada entre los mismos equipos: la del defensor ilicitano sí fue considerada penalti, la de Jordi Alba no.

Y así con todo, en un patrón que se repite con frecuencia, en especial desde que el Barça es dirigido por Xavi Hernández: hay que meterlos arriba como sea. Con penaltis como el pitado contra el Espanyol, con manos que desaparecen (el Barça sigue siendo el único equipo sin penaltis señalados en contra) o con fueras de juego como los aquí mostrados.

En este blog ya dije mucho antes de que el VAR se implantara en España que no iba a funcionar, y no iba a hacerlo porque desde el primer instante ha habido intención de manipularlo, y los artistas encargados de hacerlo provocan sobre todo desconfianza: en su día Sánchez Arminio, ahora Medina Cantadelejos, Clos Gómez, López Nieto, Jaume Roures y el operador estrella de la casa, Óscar Lago. Las imágenes llegan al VAR desde la realización, a cargo de Mediapro, y llama la atención que a nadie le parezca un conflicto de intereses el hecho de que el avalista de la directiva del Barça, Jaume Roures, esté al cargo de las imágenes que llegan al VAR. Alguien se extrañará después de que desaparezcan imágenes, como las de tantos partidos en España (Florentino y sus paranoias) o incluso las del 6-1 entre el Barça y el PSG, otro partido con Óscar Lago al frente de la realización.

Espero que algún día acabe esta estafa al aficionado, aunque lo dudo con los dirigentes que tiene el fútbol en todos los niveles y todas las instituciones. La FIFA ha anunciado recientemente que está estudiando un sistema semiautomatizado (SAOT) para determinar la posición exacta de los jugadores en tiempo real. Ya que no se plantean cambiar el Reglamento, que podría mejorar mucho estas situaciones, al menos la tecnología podría ayudar a disminuir esta sensación de mala fe que nos queda a muchos. Una serie de cámaras monitorizan hasta 18 puntos del cuerpo de los jugadores, y se pretende llegar a 29 (hombro, rodilla, brazos, pies) para que en función de dichas señales se pueda determinar si el jugador está más adelantado que el defensor o si está en posición correcta. Según indica la FIFA, las cámaras controlan hasta 50 veces por segundo la posición real de los jugadores y en unos pocos segundos se podrá tener la confirmación de la validez o no de la misma. Veremos si funciona, ¿o más bien veremos de qué manera le meten mano aquí en España?

El talento frente al Big Data

BARNEY, 06/02/2022

El domingo pasado, tras la impresionante victoria (una más) de Rafa Nadal en la final del Open de Australia, recibí uno de los mejores memes de los últimos años, el que da inicio a este post. «Hola, soy Rafa Nadal y el big data me come los huevos». En esos momentos de partido, el programa de predicción de resultados del Open de Australia daba un 96 por ciento de posibilidades de victoria al ruso Daniil Medvedev y un exiguo 4 por ciento a Nadal. Los programas de las casas de apuestas le daban aún menos posibilidades, apenas un dos por ciento. Medvedev marchaba claramente por delante en el partido: dos sets a cero y 1-0 en el inicio del tercer set, y su ventaja parecía definitiva poco después:

Todos sabemos lo que ocurrió: Nadal salvó esos tres puntos de break, ganó el set, el cuarto, el quinto, el torneo y su 21º Grand Slam. Se agarró a ese cuatro por ciento de posibilidades y le dio la vuelta al partido. El Win Predictor es el resultado de un software desarrollado por Game Insight Group en colaboración con la federación australiana de tenis y la universidad de Victoria. El programa combina decenas de miles de resultados de partidos con estadísticas de los jugadores, los momentos de juego, incluso qué jugadores ganaban los puntos largos o cortos en el partido analizado. Todas las estadísticas estaban a favor de Medvedev y el programa informático se limitaba a contrastar los mismos:

  • Medvedev tenía un 33-0 en partidos de Grand Slam tras llevarse los dos primeros sets.
  • Nadal solo había remontado un 0-2 en sets en dos ocasiones en Grand Slam y de eso hacía muuuucho tiempo: ante Kendrick (Wimbledon, 2006) y ante Youzhny (Wimbledon, 2007). Yo le vi hacerlo otra vez, en el torneo de Madrid ante Ljubicic, una remontada impresionante e impensable tras los dos apabullantes primeros sets.
  • Medvedev estaba dominando los puntos cortos en Melbourne, pero también los largos, los de más de nueve golpes, que suelen ser en los que Nadal cimenta sus triunfos.
  • La edad de los jugadores, diez años más para el balear.
  • Los resultados de los últimos meses: Medvedev fue el único que logró quebrar el año triunfal de Djokovic en 2021, mientras que Nadal acababa de salir de lesión y covid.

¿Falló el programa? En absoluto. Lo normal en esas circunstancias es que Medvedev se hubiera llevado el título, pero el factor humano, la cabeza unida a un inconmensurable talento, desmontaron lo que el big data se obstinaba en predecir. Hay detalles que un algoritmo posiblemente no pueda implementar, como la fortaleza mental. Los algoritmos funcionan y mejoran a medida que se les cargan más resultados y variables, pero hay algunos conceptos difícilmente valorables, como la competitividad del Big Three sobre la Next Gen. En la final de Roland Garros de 2021, Novak Djokovic remontó dos sets al griego Stefanos Tsitsipas. En la final del U.S. Open de 2019, Medvedev empató un partido casi perdido frente a Nadal, remontó dos sets a cero y break en contra, pero no remató. Casi remonta el partido, casi iguala el quinto, que perdía 5-2, pero todo fue «casi». Le faltó el punch final que sí tuvo Rafa. El talento del Big Three Nadal-Federer-Djokovic o Rafa-Roger-Nole sigue siendo superior a la Next Gen, que empieza a no ser tan joven: Medvedev cumple 26 esta semana (un US Open), Thiem tiene 28 y al igual, un US Open, Zverev cumple 25 en abril sin Grand Slams de momento y el griego Tsitsipas cuenta con 23 y una final perdida en Grand Slam.

El análisis masivo de datos, todas esas herramientas de business intelligence, machine learning, big data y demás, tienen gran utilidad para el mundo del deporte, pero por suerte nunca podrán predecir los resultados del deporte, siempre existirá esa «maravillosa impredecibilidad» que nos mantendrá pegados a la pantalla. El talento, al igual que el gen competitivo, es inconmensurable en el sentido estricto de la palabra: que no se puede medir, comprimir en un algoritmo matemático. Me recuerda a la escena de El club de los poetas muertos en la que el profesor Keating obliga a destrozar a los alumnos la página del libro en la que se hablaba de la poesía en términos matemáticos:

¡A la mierda todo eso, dejadme disfrutar del partido! Dejad que me recree en los momentos clave, en la brecha abierta en la ceja de Iván Drago que altera el desequilibrio de un encuentro y lo balancea hacia el extremo opuesto, dejad que las máquinas se vuelvan locas tratando de comprender lo incomprensible.

En las últimas décadas, el estudio del deporte a través de los datos está creciendo de manera exponencial. Existen escuelas de negocios cuyos equipos de análisis de datos trabajan con clubes de fútbol, baloncesto, ciclismo y casi cualquier especialidad profesional. En ocasiones no es necesario conocer bien el deporte, ni haberlo jugado siquiera, sino que a través del estudio riguroso de las estadísticas junto con los profesionales del deporte se pueden comprender mejor determinados aspectos del juego. La película Moneyball (2011, dirigida por Bennett Miller, con Brad Pitt, Jonah Hill y Philip Seymour Hoffman) cuenta la historia del gerente general de los Oakland Athletics de béisbol en 2002, cuando revolucionó este deporte con la ayuda de un friki de los datos sin apenas conocimiento del juego. Las estadísticas fueron utilizadas por Billy Beane (el personaje de Brad Pitt) para formar un equipo low cost que logró batir el récord de victorias consecutivas de la liga americana a base de cambiar algunos paradigmas del juego. El objetivo de algunos bateadores no era lograr la carrera, sino capturar la primera base, por ejemplo, o analizaban como los pitchers contrarios se desgastaban y perdían fuerza en los lanzamientos, por lo que se buscaba forzarlos para que perdieran esa potencia y precisión. Fue un cambio radical para un deporte que se había jugado durante décadas de la misma manera, con los mismos esquemas.

En Estados Unidos, en donde la profesionalización del deporte es exagerada en comparación con el resto del mundo, se analiza todo al detalle y los equipos de la NBA, la NFL o la MLB cuentan con potentes equipos de matemáticos, estadísticos o entrenadores formados en disciplinas relacionadas con el big data. Desde hace varios años, igual que se celebra la Super Bowl, el gran espectáculo del fútbol americano, los analistas del deporte se reúnen en la Big Data Bowl para hablar de los avances en el campo de la estadística aplicada al juego. Se mide todo: entrenamientos, forma física de los jugadores en cada momento concreto de la temporada, potencia y distancia de los lanzamientos, metros recorridos, velocidad de los jugadores, espacio que ocupan en defensa y ataque… Pero siguen buscando algo imposible: desarrollar herramientas predictivas.

En la NBA hay estudios muy interesantes (los programas de Antoni Daimiel son apasionantes cuando tocan estos asuntos) sobre la evolución del juego y los datos van mucho más allá de los tradicionales puntos+rebotes+asistencias:

  • Cómo los jugadores se han ido alejando del aro a medida que aumentaban los porcentajes de tiro.
  • Los cambios en las defensas en función de los jugadores exteriores rivales.
  • Cómo los especialistas en la pintura ya no lanzan más allá de dos-tres metros.
  • Los más/menos con determinado jugador en cancha, que puede medir una excesiva dependencia o todo lo contrario, un jugador muy bueno en lo individual que perjudica al conjunto.
  • O esas otras que a veces lees en los rótulos en mitad de un partido: «2-15 cuando el equipo está con desventaja de 14 o más puntos», que en el caso de otros equipos puede demostrar una fortaleza mental muy superior: «8-12 cuando está abajo +14».
  • Alguna vez he visto el porcentaje específico de tiros libres de un jugador en función de lo ajustado o no del marcador, un dato que puede ser más concluyentes que el simple «porcentaje de acierto».
Fuente: Thierry Aymerich. Master Big Data Deportivo.

Yo personalmente tengo mis dudas al respecto: me interesan los datos como herramienta de análisis, pero no quiero saber de ellos para «manejar» un deporte, para tenerlo bajo control. Por llevarlo al extremo, no me interesa lo que ha ocurrido con el ciclismo o la Fórmula 1, deportes en los que parece que son los ordenadores los que previamente han decidido lo que va a ocurrir en la carrera. Los ciclistas y los pilotos están tan controlados en todos sus parámetros que los directores de equipo se limitan a transmitir por el pinganillo lo que las máquinas indican. Adiós a los arrebatos «a lo Perico Delgado», adiós a la emoción. Hay corrientes de aficionados al ciclismo en contra del uso del pinganillo y a favor de la vuelta al ciclismo tradicional. Ahora se habla más de vatios, potenciómetros y hasta ácido láctico. Yo era más de demarrajes irracionales y tirar hasta donde el cuerpo aguante.

En cuanto al fútbol, el big data se usa desde hace años, si bien en sus primeros pasos en nuestro país se utilizaba casi exclusivamente para el seguimiento de la forma física de los jugadores durante la temporada. Control del peso, mejora de la masa muscular, pérdida de grasa, minutos jugados, análisis de esfuerzo… Algunos entrenadores decidían las alineaciones en función de dichos parámetros y las famosas rotaciones eran resultado de los análisis de un ordenador.

Según El Big Data y el Fútbol, en un partido se analizan unos ocho millones de datos. Repito, ocho millones. Datos que posteriormente se procesan y analizan, pero que nunca serán más fiables que un aficionado con una cerveza en la barra de un bar: «¡ejke no presionamos!». Los alumnos del Máster en Big Data Deportivo, certificado por la UCAM de Murcia y en colaboración con Opta (proveedor de datos de LaLiga), publican ocasionalmente sus informes en un blog de Marca. Suelen ser interesantes, si bien en ocasiones me parece que muchos de los datos son irrelevantes. O demuestran que el conocimiento de la estadística no va parejo con el del juego. Analizar todo esto, con mapa de calor incluido, para decir que Vinícius se desenvuelve mejor por la banda derecha es… en fin, erróneo.

En este enlace se puede acceder al vídeo QlikView y las estadísticas en el fútbol, en el que se dicen cosas interesantes como la enorme utilidad de los datos para el análisis a posteriori, pero sus limitaciones como herramienta de predicción. El fútbol sea quizás más impredecible que ningún otro deporte porque un solo gol puede decidirlo todo. «La sublimación del gol ha frenado el desarrollo de la estadística como herramienta de análisis», se dice en el vídeo. Me suena un poco Xavihernández («nos ganaron 7-0, pero tuvimos la posesión, no pudieron dominarnos»), pero lo cierto es que uno ve las estadísticas del Real Madrid-Sheriff Tiraspol de esta temporada (1-2), el Atlético de Madrid-Liverpool (1-0) o frente al Bayern de Múnich (1-0), o el Real Madrid-Bayern de 2014 (1-0) y resulta imposible prever que aquellos prtidos pudieran acabar con esos marcadores cuando los derrotados fueron superiores en todo lo demás: posesión, pases, acierto en los pases, tiros a puerta, jugadas en el área, ocasiones de gol, saques de esquina… Pero en ocasiones el portero o una gran defensa, o un acierto puntual en ataque revierten todo lo que la estadística indica.

Con el tiempo se avanza en el entendimiento del juego a través de la estadística y algunos talibanes de la posesión tendrán que comenzar a entender que esto consiste en meter goles, a veces de la manera más rápida, y no en sobar la pelota. Este vídeo habla de «Diez estadísticas del fútbol que la gente usa de manera errónea» y coincido con lo que indica acerca de que los datos por sí solos y sin conocimiento del contexto de juego no se utilizan correctamente:

Y luego están los «intangibles», como entender los diferentes criterios arbitrales. O por qué en cada partido la primera tarjeta es siempre para un jugador del Madrid. En el partido de cuartos de final de Copa de hace tres días, la primera falta del Madrid (Toni Kroos) fue sancionada con amarilla. Era clara, nada que objetar, lo que no es normal es que Raúl García llevara dos entradas de amarilla-naranja a esas alturas de partido y que se fuera de rositas del campo:

Como siempre que critico a ese carnicero llamado Raúl García me aparecen sus defensores para criticar a Sergio Ramos, les remito a una de las mejores página de estadísticas, FBREF.com, que tiene incluso la posibilidad de comparar jugadores y competiciones (siempre aparece con el duelo Messi-Cristiano por «el mejor de la historia») y yo he hecho la comparación entre ambos «tipos duros» y el doble rasero arbitral:

Son jugadores con más de diecisiete años en primera división, y mientras Raúl García ha hecho más faltas que Ramos (1050 frente a 962), ha recibido bastantes menos amarillas (142 frente a 175) y una cantidad ridícula de rojas (6+1 en lugar del récord de 21+4 de Ramos). Y eso que los datos no pueden medir la dureza de las entradas de uno y otro. Así que la próxima vez que alguien me hable de Ramos en el apartado disciplinario, le diré que con el big data en la mano, me puede comer los huevos.

Concluyo ya, casi como empezaba: el talento no podrá medirse o parametrizarse jamás. Dejo un vídeo de otro partido que vi en directo y que resultaba imposible predecir que acabaría como acabó: Brasil-Argentina del Mundial de Italia 90. Brasil dominó de principio a fin, tuvo muchas ocasiones claras, tiró tres veces al palo, pero… no pudo controlar una sola vez al genio, a Maradona, y perdió.

La maravillosa imprevisibilidad del deporte. Que siga, que las máquinas no nos limiten la capacidad de sorprendernos.