¡Oh capitán, mi capitán!

BARNEY, 01/05/2022

Con el título de Liga obtenido ayer por el Real Madrid de fútbol, el brasileño Marcelo Vieira supera a Don Francisco Gento en cuanto a número de títulos con la camiseta blanca: 24 frente a los 23 de la Galerna del Cantábrico. No soy amigo de estas estadísticas que ponen en el mismo plano una Champions que un Mundial de clubes y comparan épocas diferentes, cuando antes no se disputaban tantos títulos, pero el dato en sí dice mucho de su larga carrera: es el jugador más laureado en el club de fútbol más exitoso del mundo. Me llevé una enorme alegría ayer cuando vi la sonrisa de Marcelo al recoger el trofeo, cuando lo vi disfrutar por el campo o en el abrazo a Modric tras el 1-0 que casi certificaba el título.

Aunque sin duda la foto de ayer, de una jornada memorable en instantáneas, es la que muestra al capitán encaramado a la Cibeles con el rojizo atardecer madrileño de fondo:

Marcelo es puro madridismo, un tío que ha disfrutado todos y cada uno de sus dieciséis años en la primera plantilla y que ha dado siempre muestras de su cariño al club. Ha sido irreprochable en su actitud incluso cuando el físico, como estas últimas temporadas, no le ha acompañado. Los madridistas pensábamos que iba a ser imposible encontrar un reemplazo a Roberto Carlos en el lateral izquierdo y durante una década tuvimos un artista como ha habido pocos sobre un terreno de juego:

En la última Champions del Real Madrid, en 2018, destacó incluso en lo que no era su especialidad: marcó en Turín y Múnich, y anotó en Madrid frente al Paris Saint Germain. La temporada anterior, en el partido de vuelta frente al Bayern (4-2 en el Bernabéu) dio uno de los mayores recitales defensivos y ofensivos que se recuerda en un campo.

Siempre ha estado ahí para lo que el equipo necesitara, ha sabido echarse a un lado cuando otros comenzaban a despuntar en su mismo flanco izquierdo (Mendy, Reguilón, Miguel Gutiérrez, incluso Coentrao durante algunas temporadas) y ha tratado de aportar cuanto ha podido. Para la historia quedará esa prórroga reciente contra el poderoso (físicamente superior) Chelsea, una prórroga que el Madrid afrontó con la defensa más insólita en décadas: Lucas y Marcelo en los laterales, Carvajal y Alaba como centrales. Supo dar la talla, luchar contra sus limitaciones y jugar con la veteranía para sacar el partido adelante. El brazalete de capitán que portaba ayer durante el encuentro es un premio a su trayectoria.

La capitanía en el fútbol añade un componente extra a los valores estrictamente futbolísticos. Significa jerarquía, dominio de la situación, un modelo en el que fijarse los jóvenes, una autoridad sobre rivales e incluso el árbitro a la hora de cuestionar algunos lances del juego. Es el referente emocional del equipo, el que debe transmitir a los demás el ánimo, la prolongación del entrenador cuando los jugadores saltan al campo. Y Marcelo ha sido siempre un diez, aunque no portara el brazalete. Gerrard en el Liverpool, Del Piero en la Juve, Pirlo en la selección azzurra, Carles Puyol en el Barça fueron grandes capitanes, tipos cuyo objetivo era procurar lo mejor para el equipo por encima de egos o individualidades.

Resulta curioso que el Real Madrid haya sido mejor entendido por muchos jugadores extranjeros que por los propios nacionales: Marcelo y Karim Benzema son los dos grandes capitanes este año, como también podrían serlo Luka Modric, Casemiro, Toni Kroos o, en breve, David Alaba. Sergio Ramos tuvo sus años, transmitía personalidad sobre el campo, pero un entorno que lo aconsejaba equivocadamente y su amistad con una prensa nociva hacen (para mí) que no sea el tipo de capitán que me satisface. Como Cristiano Ronaldo.

Sergio Ramos terminó su carrera en el Real Madrid con 22 títulos, y ayer por la tarde dejó un mensaje de felicitación al club en redes sociales. Podía haber estado ahí con Marcelo celebrando el 24º título, pero sus estupideces y malas decisiones lo llevaron a un club en el que apenas ha jugado y en el que ha sido receptor de un buen número de críticas. El capitán de un equipo como el Madrid no puede tratar de conseguir más pasta amenazando con irse al Manchester United, o contando al presidente que se marchaba a China y quería hacerlo gratis, o rechazando una oferta de renovación del club mientras se lesionaba en los bolos con la selección o contaba en los medios afines (que eran muchos) que quería jugar la Euro, los Juegos Olímpicos y el Mundial. Todo ello mientras pedía más pasta al club con los 35 bien cumplidos. El capitán de cualquier club no puede decir que ha tirado un penalti sin ser el designado por el entrenador porque «llevaba pocos goles esta temporada», o que le parecen bien los pitos a un compañero como Gareth Bale, por muchos méritos que pueda hacer (no entiendo lo de ayer, por ejemplo, salvo un pacto con el club).

Un brasileño como Casemiro entiende mucho mejor lo que debe hacer un gran capitán. Es el tipo que pone orden en el terreno de juego. La jerarquía se demuestra en acciones como la que tuvo con Milner en los cuartos de final de Champions la temporada pasada. Los reds salieron a intimidar y durante los primeros minutos realizaron varias entradas de gran dureza, como la de su capitán Milner a Karim. Hasta que Case, el gran Case, puso a cada uno en su sitio: «no nos vais a intimidar, antes te saco yo a patadas del campo». A los compañeros se los defiende.

La prensa pro-Ramos criticó duramente al club por no renovar al central, pero el tiempo termina poniendo a cada uno en su sitio. Entre las soplagaiteces que se dijeron, me llamó la atención una de las más gordas: que el Madrid perdía liderazgo sobre el campo, que no tenía jugadores con la entidad para portar ese brazalete. Aun dejando a un lado a Karim Benzema, que ha dado otro salto superlativo este año, sorprende que sus periodistas feladores olvidaran que el Madrid contaba entre sus filas con el capitán de Croacia, con el de Alemania, o con el que ocasionalmente ejerce las veces en Brasil, al margen de los olvidados Hazard y Bale, que también llevan con asiduidad el brazalete de Bélgica y Gales.

Para mí el gran error de Ramos fue hacer caso a su hermano René (lo conocí en persona y… bueno, me callaré) y a sus amiguitos de la prensa y no blindarse junto a sus compañeros de plantilla. O hacer negocios con Gerard Piqué cuando ya se ha visto cómo las gastaba este a sus espaldas. Piqué es otro caso sintomático: toda su vida en el Barça y qué pocas veces ha ejercido de capitán, porque sus propios compañeros, en votación secreta, preferían a Messi, Iniesta, Busquets y Mascherano. El capitán debe ser ese líder que se va a desvivir por ti, nunca ese otro para el que su imagen es lo que se antepone a todo lo demás, incluso al club.

La plantilla de baloncesto del Real Madrid ha vivido también unos meses convulsos, que parecen haber concluido tras la expulsión de la plantilla de Thomas Heurtel y Trey Thompkins. Al capitán Sergio Llull se le ha machacado en redes sociales por su baja aportación, sus malos números o lo flojo que ha estado en defensa frente a algunos rivales. Pero siempre ha estado ahí, asumiendo la responsabilidad cuando el balón quemaba a los demás, dando la cara para que se la partan mientras otros superclase como Heurtel hacían lo mínimo o salían de copas antes de un partido decisivo en Atenas. Llull ha sido un referente para sus compañeros porque incluso cuando el físico no daba más de sí, lo intentaba, ejercía los galones y se jugaba algunas canastas decisivas como en la final de Copa. Por eso me alegré tanto de sus buenas prestaciones ante el Maccabi en la eliminatoria que ha llevado a los de Laso a una nueva Final Four. «¡Llull, Llull, Llull!», muchas veces más en el Palacio de los Deportes. Como en su día lo fue Felipe Reyes, otro gran capitán. Como puede llegar a serlo Rudy Fernández.

Este año se retira Marcelo, al menos del Madrid, y el «Oh capitán, mi capitán» del título está dirigido a Karim Benzema, un jugador que lleva catorce temporadas en el club, del que no sabemos ni quién es su representante, que ha renovado solo tres veces en este tiempo, que ha sabido adaptarse a lo que requería el equipo (no hay más que ver su papel con CR7 al lado y sin él) y que ahora ejerce un coaching diario y constante con los jóvenes, en especial con Vinícius Jr. Como Modric con Rodrygo Goes. Un apadrinamiento, como lo define mi amigo Pepe Kollins:

Como Benzema está ejerciendo de gran capitán ya ha salido la prensa metemierda a polemizar con el francés diciendo que en el descanso del partido contra el Getafe tiró el brazalete al suelo visiblemente cabreado. Lástima que sea tan fácil de desmontar la patraña una vez más: ese día el capitán era Marcelo.

Si es que… Enhorabuena al Real Madrid por el título, a Marcelo, Ancelotti, Karim y a todos los miembros de la plantilla. Tiene mucho mérito ganar la Liga de Tebas, la de los apaños Geri-Rubi, la de Medina Cantadelejos y el CTA, la de los medios hostiles, la de los criterios financieros cambiantes y los chantajes para firmar con CVC. Enhorabuena y ahora, sin más celebraciones, a por el City y la Champions, que me encantaría ver el careto de Ceferino en París entregando la copa al capitán del Real Madrid.

Las rayas del VAR

BARNEY, 14/03/22

Sospecho que somos muchos los madridistas a los que aún nos dura el subidón por lo vivido durante la última media hora del Real Madrid-Paris Saint Germain de octavos de Champions, ese repaso monumental que compensó los 150 minutos anteriores de dominio total del filial europeo del estado de Catar. Cualquier análisis racional de lo acontecido parecerá corto, carente de argumentos suficientes para explicar el punto de locura que sucedió al primer gol de Karim Benzema, y sin embargo, uno de esos análisis fue el que hicimos muchos espectadores: «en LaLiga española la remontada no habría sido posible». No solo porque los árbitros habrían pitado falta de Karim a Donnarumma, que posiblemente lo era (carga con el hombro, fuera del área pequeña, pero…), sino porque desde el VAR se habrían trazado las líneas del fuera de juego de tal manera que habrían anulado el segundo gol por posición ilegal del francés.

Es así de triste. El VAR, o más bien la perversión del uso que se hace del VAR, me han privado del momento eufórico de las celebraciones de los goles. Cada vez que marca el Madrid en la Liga española tardo cerca de un minuto en poder celebrarlo, porque siempre pienso que va a ser anulado. Una pena, ya no doy un bote del sofá, o no lo canto en el bar con los amigos, porque siempre toca esperar a la confirmación. Benzema estaba en posición legal por los pelos, como pudo verse en la imagen chequeada por el VAR, pero también en la mostrada por Nacho Tellado, la referencia válida en la que me fijo.

El sábado anterior al partido de Champions, al Real Madrid le anularon dos goles frente a la Real Sociedad en el partido de Liga. Ambos por fuera de juego milimétrico, y que conste que puede que estuvieran bien anulados (el segundo parece claro), no me quejo de eso, sino de la manera de tirar las líneas en las imágenes de VAR que nos muestran en las pantallas. En el primer gol parece que Benzema está en línea con el defensa, o ligerísimamente adelantado:

Pero es que el segundo, siendo claro, está pintado con «los renglones torcidos del VAR», como, se aprecia en una ampliación de la imagen mostrada. Una broma en una Liga que presume de ser «la mejor del mundo». ¿Por qué será que nadie se cree el eslógan, por qué Movistar está perdiendo adeptos cada semana?

Dejando a un lado la mala calidad de las imágenes mostradas (ni alta definición, ni nitidez), el momento seleccionado para la imagen del VAR es clave, como ya expliqué en El principio de incertidumbre de Heisenberg, principio de certidumbre del VAR. En un segundo hay por lo general 50 tomas, 50 frames, es decir, que cada frame supone dos centésimas de segundo, tiempo en el que un jugador se puede desplazar unos 13 centímetros (estudio del diario The Mail en la Premier):

¿Por qué será que en las jugadas del Madrid en España el balón sale siempre deformado? Como en el fuera de juego de Rodrygo, o como en el de Mariano en Getafe, que nos supuso dos puntos menos en un campeonato que se decidió por la mínima:

Ese balón había salido ya del pie de MIlitao y por tanto el frame seleccionado es erróneo, como no me canso de repetir. Fue lamentable. Vuelvo a usar el sistema de Nacho Tellado:

Si hubiera sido el único caso podría haber pensado que es un error, pero lo cierto es que el frame erróneo en los partidos del Madrid suele ser la norma. En el último partido de la temporada pasada, frente al Villarreal, se seleccionó esta toma para anular el gol de Benzema:

El balón está otra vez deformado, ha salido ya de la bota del pasador, cuando la norma dice que el momento es el primer contacto. En el partido que pudo decidir el campeonato, el disputado frente al Sevilla, todos nos quedamos con el penalti a Benzema convertido en penalti a favor del Sevilla tras la mano de Militao (aquí lo de los rebotes en el propio cuerpo parece que no se aplicaba), pero es que en el primer minuto de partido hubo un gol anulado a Benzema por un fuera de juego de Odriozola bastante sospechoso. «Sospechoso» porque se decidió en menos de treinta segundos, y sospechoso por las imágenes mostradas:

Fijaos en la raya de banda, tan manipulada que pasa por entre las piernas del árbitro asistente. Pero es que además, si ampliamos la imagen, la pierna de Odriozola (y la bota) parece estirada de una manera artificial:

¿Se manipulan las imágenes del VAR en LaLiga española? Suena un poco heavy decirlo, pero sí afirmo con rotundidad que se elige siempre el frame menos favorable al Real Madrid. Por ejemplo, y para que no haya dudas sobre mis quejas, en el reciente partido Rayo Vallecano-Real Madrid se anuló correctamente un gol a Casemiro. Si no fue fuera de juego, se ayudó con el brazo, luego no discuto la validez del mismo, sino la imagen escogida:

¡Si en esa imagen no se ve el pie de Casemiro! ¿Cómo pueden decir que es fuera de juego y situar ahí la posición si no se ve la ubicación exacta, cómo coño tiran las rayas? Si me dicen que se anuló por mano lo acepto, pero dijeron que fue por fuera de juego. Nuevamente Nacho Tellado puso un poco de cordura y se cuestionaba la toma seleccionada, fácil de mejorar cuando en un campo de Primera hay decenas de cámaras para elegir el mejor tiro:

El VAR en España es un problema muy gordo porque atufa por todos los lados. Es más, hay desconocimiento incluso del Reglamento, como en el fuera de juego señalado a Budimir recientemente en un Granada-Osasuna. ¡Se tiró la raya con el brazo del delantero!

O el año pasado, cuando en un gol del Atleti la línea se tiró desde la punta de la bota de Marcos Llorente, y no desde el balón, que es lo que marca el fuera de juego cuando se trata de saber si el jugador está por delante o por detrás del mismo:

Con esta imagen mostrada, el gol debería haber sido anulado, pero es que así de ridículos son los que manejan el cotarro. Los errores en España son tan graves que dan lugar a situaciones como la ocurrida recientemente en el partido de Copa del Rey entre el Betis y la Real Sociedad, cuando se anuló un gol por fuera de juego de Oyarzábal y en la imagen mostrada en televisión no aparecía en posición incorrecta (observad la distorsión del balón en la primera imagen):

Las protestas realistas, la incredulidad del aficionado o la mala imagen del sistema hicieron que la empresa que gestiona el VAR, Hawk-Eye, publicara un comunicado en el que reconocían su error:

Todo esto sería una broma de mal gusto si los errores se repartieran de modo equitativo, pero es que da la sensación de que no es así, sino que todo forma parte de un sistema, de un «Tinglao» en el que se manipulan las imágenes para favorecer a unos o perjudicar a otros en función de no se sabe bien qué intereses (¿o sí se saben?). Por ejemplo, meter al Barça en Champions. O aún diría más, meterlo en la segunda posición para que vaya a la Supercopa de Arabia Saudí el año que viene. Ahora mismo irían Real Madrid, Sevilla y los finalistas de Copa, Valencia y Betis, un escenario poco glamuroso para los árabes que se han dejado un pastizal en el torneo y ahora ven que Barça y Atleti pueden quedarse fuera.

En el reciente partido Valencia-Barcelona hubo un gol de Aubameyang en el que parecía beneficiarse de una posición adelantada:

Sin embargo, la toma oficial del VAR indicó que la posición era correcta:

Insisto en la manipulación de las imágenes, observad la línea de portería, ¡es doble! Está retocada o alterada, pero es que además, ¿es esta la mejor toma para dilucidar la posición del delantero blaugrana? Nuevamente recurro a Nacho Tellado:

Es fuera de juego claro, como parecía desde la primera toma. Las rayas de VAR de Nacho Tellado son finas, las oficiales se tiran con brocha. El balón distorsionado, es decir, insisto, cuando ya ha salido, se aplica según para quién:

Las posiciones ligeramente adelantadas son validadas tras la revisión, aunque con el rotring y el tiralíneas ocurra lo contrario, como, en estos dos goles del Barça ante el Betis y el Elche:

Llamo la atención de nuevo sobre el ángulo de cámara: si en estas tomas se puede buscar una toma perpendicular a la acción, ¿por qué nos suelen ofrecer una toma con 45 grados de desviación? Pues solo me cabe una explicación posible: la manipulación. PreVARicar, recordad su significado.

En la Supercopa de Arabia de 2020 me llamó la atención precisamente eso, que se elegía siempre la toma más adecuada y de ese modo se anuló un gol al Barça que a mí sinceramente me costaba verlo:

Sin embargo, vuelves a la competición en España y te encuentras que no hay manera de saber si Mendy estaba o no en fuera de juego en el enésimo atraco perpetrado en el Camp Nou, el gol anulado a Bale. No hay toma lateral, no hay momento del golpeo, es una chapuza infecta que apesta por todos lados:

El patrón es obvio y casi siempre en la misma dirección: favorecer al Barça esta temporada. O al Atleti la pasada:

Esta temporada hemos llegado a ver cómo se cambiaba una imagen por otra para convertir en fuera de juego lo que tenía que haber supuesto la expulsión de Araújo contra el Elche:

Tratar de convencernos de que el jugador del Elche está en posición irregular es tan absurdo como intentarlo con las manos de la semana pasada entre los mismos equipos: la del defensor ilicitano sí fue considerada penalti, la de Jordi Alba no.

Y así con todo, en un patrón que se repite con frecuencia, en especial desde que el Barça es dirigido por Xavi Hernández: hay que meterlos arriba como sea. Con penaltis como el pitado contra el Espanyol, con manos que desaparecen (el Barça sigue siendo el único equipo sin penaltis señalados en contra) o con fueras de juego como los aquí mostrados.

En este blog ya dije mucho antes de que el VAR se implantara en España que no iba a funcionar, y no iba a hacerlo porque desde el primer instante ha habido intención de manipularlo, y los artistas encargados de hacerlo provocan sobre todo desconfianza: en su día Sánchez Arminio, ahora Medina Cantadelejos, Clos Gómez, López Nieto, Jaume Roures y el operador estrella de la casa, Óscar Lago. Las imágenes llegan al VAR desde la realización, a cargo de Mediapro, y llama la atención que a nadie le parezca un conflicto de intereses el hecho de que el avalista de la directiva del Barça, Jaume Roures, esté al cargo de las imágenes que llegan al VAR. Alguien se extrañará después de que desaparezcan imágenes, como las de tantos partidos en España (Florentino y sus paranoias) o incluso las del 6-1 entre el Barça y el PSG, otro partido con Óscar Lago al frente de la realización.

Espero que algún día acabe esta estafa al aficionado, aunque lo dudo con los dirigentes que tiene el fútbol en todos los niveles y todas las instituciones. La FIFA ha anunciado recientemente que está estudiando un sistema semiautomatizado (SAOT) para determinar la posición exacta de los jugadores en tiempo real. Ya que no se plantean cambiar el Reglamento, que podría mejorar mucho estas situaciones, al menos la tecnología podría ayudar a disminuir esta sensación de mala fe que nos queda a muchos. Una serie de cámaras monitorizan hasta 18 puntos del cuerpo de los jugadores, y se pretende llegar a 29 (hombro, rodilla, brazos, pies) para que en función de dichas señales se pueda determinar si el jugador está más adelantado que el defensor o si está en posición correcta. Según indica la FIFA, las cámaras controlan hasta 50 veces por segundo la posición real de los jugadores y en unos pocos segundos se podrá tener la confirmación de la validez o no de la misma. Veremos si funciona, ¿o más bien veremos de qué manera le meten mano aquí en España?

El talento frente al Big Data

BARNEY, 06/02/2022

El domingo pasado, tras la impresionante victoria (una más) de Rafa Nadal en la final del Open de Australia, recibí uno de los mejores memes de los últimos años, el que da inicio a este post. «Hola, soy Rafa Nadal y el big data me come los huevos». En esos momentos de partido, el programa de predicción de resultados del Open de Australia daba un 96 por ciento de posibilidades de victoria al ruso Daniil Medvedev y un exiguo 4 por ciento a Nadal. Los programas de las casas de apuestas le daban aún menos posibilidades, apenas un dos por ciento. Medvedev marchaba claramente por delante en el partido: dos sets a cero y 1-0 en el inicio del tercer set, y su ventaja parecía definitiva poco después:

Todos sabemos lo que ocurrió: Nadal salvó esos tres puntos de break, ganó el set, el cuarto, el quinto, el torneo y su 21º Grand Slam. Se agarró a ese cuatro por ciento de posibilidades y le dio la vuelta al partido. El Win Predictor es el resultado de un software desarrollado por Game Insight Group en colaboración con la federación australiana de tenis y la universidad de Victoria. El programa combina decenas de miles de resultados de partidos con estadísticas de los jugadores, los momentos de juego, incluso qué jugadores ganaban los puntos largos o cortos en el partido analizado. Todas las estadísticas estaban a favor de Medvedev y el programa informático se limitaba a contrastar los mismos:

  • Medvedev tenía un 33-0 en partidos de Grand Slam tras llevarse los dos primeros sets.
  • Nadal solo había remontado un 0-2 en sets en dos ocasiones en Grand Slam y de eso hacía muuuucho tiempo: ante Kendrick (Wimbledon, 2006) y ante Youzhny (Wimbledon, 2007). Yo le vi hacerlo otra vez, en el torneo de Madrid ante Ljubicic, una remontada impresionante e impensable tras los dos apabullantes primeros sets.
  • Medvedev estaba dominando los puntos cortos en Melbourne, pero también los largos, los de más de nueve golpes, que suelen ser en los que Nadal cimenta sus triunfos.
  • La edad de los jugadores, diez años más para el balear.
  • Los resultados de los últimos meses: Medvedev fue el único que logró quebrar el año triunfal de Djokovic en 2021, mientras que Nadal acababa de salir de lesión y covid.

¿Falló el programa? En absoluto. Lo normal en esas circunstancias es que Medvedev se hubiera llevado el título, pero el factor humano, la cabeza unida a un inconmensurable talento, desmontaron lo que el big data se obstinaba en predecir. Hay detalles que un algoritmo posiblemente no pueda implementar, como la fortaleza mental. Los algoritmos funcionan y mejoran a medida que se les cargan más resultados y variables, pero hay algunos conceptos difícilmente valorables, como la competitividad del Big Three sobre la Next Gen. En la final de Roland Garros de 2021, Novak Djokovic remontó dos sets al griego Stefanos Tsitsipas. En la final del U.S. Open de 2019, Medvedev empató un partido casi perdido frente a Nadal, remontó dos sets a cero y break en contra, pero no remató. Casi remonta el partido, casi iguala el quinto, que perdía 5-2, pero todo fue «casi». Le faltó el punch final que sí tuvo Rafa. El talento del Big Three Nadal-Federer-Djokovic o Rafa-Roger-Nole sigue siendo superior a la Next Gen, que empieza a no ser tan joven: Medvedev cumple 26 esta semana (un US Open), Thiem tiene 28 y al igual, un US Open, Zverev cumple 25 en abril sin Grand Slams de momento y el griego Tsitsipas cuenta con 23 y una final perdida en Grand Slam.

El análisis masivo de datos, todas esas herramientas de business intelligence, machine learning, big data y demás, tienen gran utilidad para el mundo del deporte, pero por suerte nunca podrán predecir los resultados del deporte, siempre existirá esa «maravillosa impredecibilidad» que nos mantendrá pegados a la pantalla. El talento, al igual que el gen competitivo, es inconmensurable en el sentido estricto de la palabra: que no se puede medir, comprimir en un algoritmo matemático. Me recuerda a la escena de El club de los poetas muertos en la que el profesor Keating obliga a destrozar a los alumnos la página del libro en la que se hablaba de la poesía en términos matemáticos:

¡A la mierda todo eso, dejadme disfrutar del partido! Dejad que me recree en los momentos clave, en la brecha abierta en la ceja de Iván Drago que altera el desequilibrio de un encuentro y lo balancea hacia el extremo opuesto, dejad que las máquinas se vuelvan locas tratando de comprender lo incomprensible.

En las últimas décadas, el estudio del deporte a través de los datos está creciendo de manera exponencial. Existen escuelas de negocios cuyos equipos de análisis de datos trabajan con clubes de fútbol, baloncesto, ciclismo y casi cualquier especialidad profesional. En ocasiones no es necesario conocer bien el deporte, ni haberlo jugado siquiera, sino que a través del estudio riguroso de las estadísticas junto con los profesionales del deporte se pueden comprender mejor determinados aspectos del juego. La película Moneyball (2011, dirigida por Bennett Miller, con Brad Pitt, Jonah Hill y Philip Seymour Hoffman) cuenta la historia del gerente general de los Oakland Athletics de béisbol en 2002, cuando revolucionó este deporte con la ayuda de un friki de los datos sin apenas conocimiento del juego. Las estadísticas fueron utilizadas por Billy Beane (el personaje de Brad Pitt) para formar un equipo low cost que logró batir el récord de victorias consecutivas de la liga americana a base de cambiar algunos paradigmas del juego. El objetivo de algunos bateadores no era lograr la carrera, sino capturar la primera base, por ejemplo, o analizaban como los pitchers contrarios se desgastaban y perdían fuerza en los lanzamientos, por lo que se buscaba forzarlos para que perdieran esa potencia y precisión. Fue un cambio radical para un deporte que se había jugado durante décadas de la misma manera, con los mismos esquemas.

En Estados Unidos, en donde la profesionalización del deporte es exagerada en comparación con el resto del mundo, se analiza todo al detalle y los equipos de la NBA, la NFL o la MLB cuentan con potentes equipos de matemáticos, estadísticos o entrenadores formados en disciplinas relacionadas con el big data. Desde hace varios años, igual que se celebra la Super Bowl, el gran espectáculo del fútbol americano, los analistas del deporte se reúnen en la Big Data Bowl para hablar de los avances en el campo de la estadística aplicada al juego. Se mide todo: entrenamientos, forma física de los jugadores en cada momento concreto de la temporada, potencia y distancia de los lanzamientos, metros recorridos, velocidad de los jugadores, espacio que ocupan en defensa y ataque… Pero siguen buscando algo imposible: desarrollar herramientas predictivas.

En la NBA hay estudios muy interesantes (los programas de Antoni Daimiel son apasionantes cuando tocan estos asuntos) sobre la evolución del juego y los datos van mucho más allá de los tradicionales puntos+rebotes+asistencias:

  • Cómo los jugadores se han ido alejando del aro a medida que aumentaban los porcentajes de tiro.
  • Los cambios en las defensas en función de los jugadores exteriores rivales.
  • Cómo los especialistas en la pintura ya no lanzan más allá de dos-tres metros.
  • Los más/menos con determinado jugador en cancha, que puede medir una excesiva dependencia o todo lo contrario, un jugador muy bueno en lo individual que perjudica al conjunto.
  • O esas otras que a veces lees en los rótulos en mitad de un partido: «2-15 cuando el equipo está con desventaja de 14 o más puntos», que en el caso de otros equipos puede demostrar una fortaleza mental muy superior: «8-12 cuando está abajo +14».
  • Alguna vez he visto el porcentaje específico de tiros libres de un jugador en función de lo ajustado o no del marcador, un dato que puede ser más concluyentes que el simple «porcentaje de acierto».
Fuente: Thierry Aymerich. Master Big Data Deportivo.

Yo personalmente tengo mis dudas al respecto: me interesan los datos como herramienta de análisis, pero no quiero saber de ellos para «manejar» un deporte, para tenerlo bajo control. Por llevarlo al extremo, no me interesa lo que ha ocurrido con el ciclismo o la Fórmula 1, deportes en los que parece que son los ordenadores los que previamente han decidido lo que va a ocurrir en la carrera. Los ciclistas y los pilotos están tan controlados en todos sus parámetros que los directores de equipo se limitan a transmitir por el pinganillo lo que las máquinas indican. Adiós a los arrebatos «a lo Perico Delgado», adiós a la emoción. Hay corrientes de aficionados al ciclismo en contra del uso del pinganillo y a favor de la vuelta al ciclismo tradicional. Ahora se habla más de vatios, potenciómetros y hasta ácido láctico. Yo era más de demarrajes irracionales y tirar hasta donde el cuerpo aguante.

En cuanto al fútbol, el big data se usa desde hace años, si bien en sus primeros pasos en nuestro país se utilizaba casi exclusivamente para el seguimiento de la forma física de los jugadores durante la temporada. Control del peso, mejora de la masa muscular, pérdida de grasa, minutos jugados, análisis de esfuerzo… Algunos entrenadores decidían las alineaciones en función de dichos parámetros y las famosas rotaciones eran resultado de los análisis de un ordenador.

Según El Big Data y el Fútbol, en un partido se analizan unos ocho millones de datos. Repito, ocho millones. Datos que posteriormente se procesan y analizan, pero que nunca serán más fiables que un aficionado con una cerveza en la barra de un bar: «¡ejke no presionamos!». Los alumnos del Máster en Big Data Deportivo, certificado por la UCAM de Murcia y en colaboración con Opta (proveedor de datos de LaLiga), publican ocasionalmente sus informes en un blog de Marca. Suelen ser interesantes, si bien en ocasiones me parece que muchos de los datos son irrelevantes. O demuestran que el conocimiento de la estadística no va parejo con el del juego. Analizar todo esto, con mapa de calor incluido, para decir que Vinícius se desenvuelve mejor por la banda derecha es… en fin, erróneo.

En este enlace se puede acceder al vídeo QlikView y las estadísticas en el fútbol, en el que se dicen cosas interesantes como la enorme utilidad de los datos para el análisis a posteriori, pero sus limitaciones como herramienta de predicción. El fútbol sea quizás más impredecible que ningún otro deporte porque un solo gol puede decidirlo todo. «La sublimación del gol ha frenado el desarrollo de la estadística como herramienta de análisis», se dice en el vídeo. Me suena un poco Xavihernández («nos ganaron 7-0, pero tuvimos la posesión, no pudieron dominarnos»), pero lo cierto es que uno ve las estadísticas del Real Madrid-Sheriff Tiraspol de esta temporada (1-2), el Atlético de Madrid-Liverpool (1-0) o frente al Bayern de Múnich (1-0), o el Real Madrid-Bayern de 2014 (1-0) y resulta imposible prever que aquellos prtidos pudieran acabar con esos marcadores cuando los derrotados fueron superiores en todo lo demás: posesión, pases, acierto en los pases, tiros a puerta, jugadas en el área, ocasiones de gol, saques de esquina… Pero en ocasiones el portero o una gran defensa, o un acierto puntual en ataque revierten todo lo que la estadística indica.

Con el tiempo se avanza en el entendimiento del juego a través de la estadística y algunos talibanes de la posesión tendrán que comenzar a entender que esto consiste en meter goles, a veces de la manera más rápida, y no en sobar la pelota. Este vídeo habla de «Diez estadísticas del fútbol que la gente usa de manera errónea» y coincido con lo que indica acerca de que los datos por sí solos y sin conocimiento del contexto de juego no se utilizan correctamente:

Y luego están los «intangibles», como entender los diferentes criterios arbitrales. O por qué en cada partido la primera tarjeta es siempre para un jugador del Madrid. En el partido de cuartos de final de Copa de hace tres días, la primera falta del Madrid (Toni Kroos) fue sancionada con amarilla. Era clara, nada que objetar, lo que no es normal es que Raúl García llevara dos entradas de amarilla-naranja a esas alturas de partido y que se fuera de rositas del campo:

Como siempre que critico a ese carnicero llamado Raúl García me aparecen sus defensores para criticar a Sergio Ramos, les remito a una de las mejores página de estadísticas, FBREF.com, que tiene incluso la posibilidad de comparar jugadores y competiciones (siempre aparece con el duelo Messi-Cristiano por «el mejor de la historia») y yo he hecho la comparación entre ambos «tipos duros» y el doble rasero arbitral:

Son jugadores con más de diecisiete años en primera división, y mientras Raúl García ha hecho más faltas que Ramos (1050 frente a 962), ha recibido bastantes menos amarillas (142 frente a 175) y una cantidad ridícula de rojas (6+1 en lugar del récord de 21+4 de Ramos). Y eso que los datos no pueden medir la dureza de las entradas de uno y otro. Así que la próxima vez que alguien me hable de Ramos en el apartado disciplinario, le diré que con el big data en la mano, me puede comer los huevos.

Concluyo ya, casi como empezaba: el talento no podrá medirse o parametrizarse jamás. Dejo un vídeo de otro partido que vi en directo y que resultaba imposible predecir que acabaría como acabó: Brasil-Argentina del Mundial de Italia 90. Brasil dominó de principio a fin, tuvo muchas ocasiones claras, tiró tres veces al palo, pero… no pudo controlar una sola vez al genio, a Maradona, y perdió.

La maravillosa imprevisibilidad del deporte. Que siga, que las máquinas no nos limiten la capacidad de sorprendernos.

Medina «Cantadelejos»

BARNEY, 08/01/2022

El pasado mes de noviembre, el Comité Técnico de Árbitros (CTA) cambió a su presidente y el sevillano Luis Medina Cantalejo sustituyó al madrileño Carlos Velasco Carballo. La verdad es que veníamos de una época lamentable que duró varias décadas, la de Victoriano Sánchez Arminio, un tipo que reconoció delante del resto de árbitros de Primera que «el Real Madrid no cae muy bien en este estamento». y algunos ilusos teníamos esperanzas de que con Velasco Carballo se alcanzaría una ecuanimidad en el trato con respecto al resto de clubes de la Primera División, en especial, con los principales aspirantes al título. Por esa razón, para algunos como el que escribe estas líneas, su paso por el CTA ha sido una total decepción. La temporada pasada fue una de las más lamentables que recuerdo (y durante el Villarato hubo muchas que insultan la inteligencia del espectador), con anomalías estadísticas, imágenes ocultadas, manipulación del VAR y un dato revelador: al Madrid, el equipo que más pisa el área rival, los árbitros de campo no le señalaron ni un solo penalti a favor. Solo tres desde la sala VAR. Inconcebible, con algunos tan clamorosos como los que sufrimos durante toda la Liga pasada. Ya hablé mucho en meses anteriores, bajo el formato de una serie con un guion perfectamente escrito desde el inicio de la competición, así que no voy a extenderme más.

Me consta que Velasco, ingeniero industrial de formación y como tal, amante de los principios lógicos e inmutables, era el primer interesado en que hubiera coherencia y transparencia en las decisiones, y en ese sentido su gestión ha sido nefasta y los criterios ilógicos, incoherentes y para colmo, carentes de toda transparencia. Cuando intentó explicar los protocolos, errores o aciertos del VAR resultó aún más confuso y opaco. Una pena, porque no creo que fuera un mal árbitro, ni un tipo tan sectario como los que comentan en el As y el Marca: Andújar Oliver e Iturralde González.

Ahora llega el sevillano Medina Cantalejo y a mí me recorre un escalofrío por el cuerpo. Hay que darle un tiempo, por supuesto, pero para los que tenemos memoria, pertenece a ese grupo de colegiados nefastos y lo que es peor, protagonistas y con ademanes chulescos. De momento, una de sus primeras decisiones (con la que en principio estoy de acuerdo) ha sido dejar el VAR solo para ocasiones flagrantes o errores graves y manifiestos. Eliminar su intervención en muchas de esas jugadas en las que no se ve nada y a cámara lenta se ve que los futbolistas chocan, ya sin el balón en juego, o una vez despejado el mismo, y les da por señalar penalti.

Pero ya hemos visto que ese criterio en la práctica significa la inutilidad del VAR, por cuanto una jugada como el agarrón a Marcelo el domingo pasado, es considerado como una jugada ya vista y arbitrada por el trencilla de campo y, por tanto, no corresponde su revisión. De estos cuatro agarrones leves, solo uno quedó sin señalar como penalti y nos queda por ver (que lo dudo) si el de Marcelo será el nuevo criterio a seguir:

Los propios palmeros/defensores del arbitraje utilizan el mismo lenguaje para una cosa y la contraria:

Veremos qué ocurre en otros casos, porque todo lo que se está haciendo en el mundo arbitral en los últimos años es para dejar más margen a la interpretación: «jugadas grises», «error manifiesto», «sin la suficiente fuerza o intensidad», «ya juzgada sobre el terreno». Medina Cantalejo, quien tras retirarse del arbitraje profesional mamó de los pechos del orondo Sánchez Arminio, era un experto en esa doble vara de interpretar, sabía manejarse muy bien en ese mundillo en el que han prosperado gente como él o como Clos Gómez, ahora director del VAR y colegiado con el que no perdió nunca el Barça en 24 partidos.

Otro de los aspectos en los que está por ver el modo de proceder de Medina Cantalejo es el de la designación de los colegiados para los partidos, un sistema que en la mayoría de ligas se hace por sorteo y en España se sigue haciendo a dedo. Una aberración que conduce a que ciertos árbitros «afines» al sistema terminen pitando los partidos importantes. En Italia se llamó Calciopoli o Moggigate (recomendable el documental de Netflix sobre el asunto) y acabó con el descenso de la Juventus y el Milán. En Portugal, la operación «Pito Dorado» supuso más de veinte procesos judiciales y 144 cargos de corrupción y falsedad contra el expresidente del colegio de árbitros portugués. Pero en España no pasa nada de eso, no. Que tantos partidos relevantes acaben en manos (o el pito) de HH y BB, o Hernández Hernández y De Burgos Bengoetxea, es mera casualidad.

Esta noche HH pitará el Real Madrid-Valencia, pero son tan pocos los árbitros que me parecen poco sospechosos que ya ni lo critico, porque habría criticado igualmente a Melero López, Sánchez Martínez, BB, Soto Grado, Del Cerro Grande o Mateu Lahoz. Ni Undiano, Andújar, Iturralde o Clos Gómez en el pasado. Sánchez Arminio dirigía con puño de hierro el CTA y los árbitros que querían alcanzar la internacionalidad, que supone duplicar los ingresos, sabían lo que tenían que hacer. No me gusta ni Gil Manzano, aunque este suele repartir los errores de un modo más equilibrado. En Valencia se quejaban de este árbitro antes del partido de Mestalla la temporada pasada y tras el esperpéntico arbitraje de los tres penaltis y una sucesión concatenada de errores contra el Madrid callaron. O peor, seguirán con la cantinela de siempre:

En nuestra podrida Liga se disimula tan poco que el año pasado, de todas las decisiones controvertidas que hubo, quizás las más decisivas fueron la mano de Felipe no pitada por HH (la única vez en toda la temporada que no hizo caso al VAR) en el Atleti-Real Madrid, y el penalti a Benzema en el Real Madrid-Sevilla convertido en penalti en contra por mano de Militao, señalado por Martínez Munuera.

Pues bien, en la final de Champions, al final de la temporada pasada, ¿qué árbitros fueron los que el CTA decidió que acompañaran a Mateu Lahoz? Bingo:

Medina Cantalejo es conocido en todo el mundo porque fue el árbitro que «chivó» al principal de la final del Mundial la agresión de Zidane a Materazzi. Nada que objetar, era su papel, aunque entonces él lo vio a través de un monitor, no en directo, y resulta una paradoja que ahora promueva que no se use la tecnología para corregir los errores del árbitro de campo.

De la época de Medina Cantalejo como árbitro en España recuerdo algunas cosas como que fue el árbitro que consintió el bochornoso espectáculo de las gradas del Camp Nou el día de la vuelta de Figo con la camiseta blanca. El partido del cochinillo que tanta gracia sigue haciendo a algunos hoy en día. Si no ocurrió una desgracia fue por suerte o intervención divina, pero Medina «canta de lejos» que estaba totalmente superado. Joan Gaspart, vicepresidente de la Federación, estaba en el palco y no iba a consentir que se suspendiera un partido en su campo porque todo aquello le parecía bien, o que entraba en los límites de lo razonable porque Figo había ido a provocar al sacar los córner. Medina sabía lo que el sistema esperaba y no defraudó. Tan es así que apenas seis años después fue elegido de nuevo para un Barça-Madrid en el mismo escenario y volvió a hacer lo que de él se esperaba: pitó un penalti más que dudoso (Van Bommel ya se está dejando caer antes del contacto) y expulsó a Roberto Carlos en el minuto 25. De chiste. Pero el Madrid, habituado a competir en inferioridad numérica en ese campo, fue capaz de empatar el partido y aun así, Ronaldo protestó un posible penalti que por supuesto Medina Cantalejo no iba a señalar. A mí no me lo parece, pero estaba claro lo que iba a ocurrir en ese campo y con uno de los árbitros de cámara del sistema:

He buscado su historial con el Real Madrid y dirigió 26 encuentros de los blancos, con 15 victorias, 4 empates y 7 derrotas. 7 de 26, un porcentaje muy superior al habitual. Señaló 3 penaltis a favor del Madrid y 5 en contra, y siguió, como no podía ser de otro modo, la norma de los colegiados españoles para alcanzar la internacionalidad: expulsó a 5 jugadores del Madrid por solo 2 de los rivales. Dirigió tres Madrid-Barça, con una victoria culé y dos empates. Los vecinos barceloneses del Barça, los periquitos del Espanyol, lo recuerdan muy bien por el arbitraje de 2008 en Montjuic, cuando los dejó con diez al filo del descanso y en especial, por señalar un penalti que no era en el descuento, que supuso el 1-2.

Lo que no entiendo es que el Madrid haya desistido de ir a la guerra con estos asuntos, como sí hacen el Barça, el Atleti o los hiper llorones Sevilla y Valencia. Y menos aún comprendo algunos comportamientos del club, como que el día que Undiano Mallenco se retiraba del arbitraje se le entregara un obsequio del club y se le hiciera un pequeño homenaje, o que a Medina Cantalejo se le llamara para arbitrar un Corazón Classic Match, un partido de leyendas, como quien invita a un «amigo».

Y a mí que Medina me sigue recordando a Carles Sans, del Tricicle… por eso me cuesta tomármelo en serio. Es pronto para juzgar el papel de Medina Cantalejo al frente del CTA, habrá que darle un margen de confianza, pero confianza es precisamente lo que no me inspira este tipo.

Actualización tras el Real Madrid-Valencia: el cometa Halley pasa cada 75 años, más o menos. Pues bien, que Hernández Hernández pite un penalti a favor del Madrid y con el marcador 0-0 debe ser un suceso igualmente infrecuente. El penalti parece claro, una zancadilla de Alderete, que deja la pierna atrás y traba a Casemiro. No es tan claro como algún otro de los mencionados en este mismo post, pero es. Pues bien, estamos asistiendo en vivo y en directo a la creación del relato:

  • Los medios insisten en que no es penalti y utilizan a todos sus portavoces: GolTV, Maldini, Mister Chip, Andújar Oliver… Sorprendentemente, Iturralde González dice que sí es, pero como justificándose, «en el campo parece más de lo que es», «es de los penaltitos». El community manager del Valencia, que calló este año con el discutible penalti pitado a Gayá tras arrebatarle el balón a Ansu Fati, se pone a hablar de robos y el manido «como siempre».
  • No se habla de que esta semana el agarrón de Mendy sí toca pitarlo. Para mí es penalti claro, pero ya nos dijeron la semana pasada no sé qué pollada sobre «agarrar y no sujetar».
  • Desaparece la mano clara de Piccini dentro del área. Es una jugada que ha desaparecido como siempre en esta manipulación torticera del relato que llevamos años viviendo.
  • Las tarjetas perdonadas a los valencianistas ya no existen.
  • Conclusión: cada vez que un árbitro tenga que pitar un penalti a favor del Madrid, como ha hecho hoy HH, o como hizo Martínez Munuera en el Camp Nou tras el cual sufrió una vergonzosa campaña de acoso, se lo va a pensar varias veces. Y así podemos estar otras 60 jornadas con solo dos penaltis a favor siendo el equipo que más pisa el área contraria. Objetivo cumplido. Es más fácil no pitarlo, que la prensa va a apoyar a ese colegiado.

No mires atrás, no mires arriba…

No hay que mirar hacia atrás a menos que sea para obtener...

05/01/2022

Comenzamos un nuevo año en el blog (¡el octavo ya!) y, como tantos inicios de año, nos encontramos en las agendas con frases sobre dejar atrás lo ya vivido y centrarnos en lo que está por venir, como con cierto reproche:

«Sabes que estás en el camino correcto cuando pierdes el interés por mirar atrás».

«No mires atrás, ya no vas por ese camino».

Luego están esos otros que llevan al extremo aquello de vivir el momento: «Disfruta hoy de la vida, el ayer ya se ha ido y el mañana puede que no llegue».

Lester: Pues… siento discrepar, pero me parece que en este blog no hacemos otra cosa que mirar continuamente al pasado, quizás para entender mejor el presente, para pensar en el futuro o para recordar momentos placenteros, que los hubo y muchos. «Que el objetivo de mirar atrás sea ver recuerdos y no sueños«, o puede que sea por algo como lo indicado por George Washington en la cita de la entrada, para aprovechar la experiencia adquirida.

Sea por la razón que sea, aquí dejamos un resumen de dos minutos de lo que fue el año 2021:

Y varios de los temas mencionados en el vídeo aparecieron en el blog: algún viaje, una realidad convulsa, la memoria y los recuerdos, o mi vuelta a las carreras tras pasar la covid y una lesión de varios meses. Precisamente el post sobre el maratón de Madrid ha sido el texto más leído del año del Amiguete Lester, que no del blog:

  1. Volver al asfalto
  2. Nuestro Nobel de Economía
  3. De ofendiditos y pollaviejas

Travis: El vídeo termina con una reflexión extraída de No mires arriba, la película de la que quizás más se ha hablado durante las últimas semanas. La obra de Adam McKay es una sátira despiadada de la política, los medios de comunicación o las redes sociales norteamericanas, que por extensión podemos pensar que se asemeja mucho a los del resto del mundo. ¿De verdad son/somos tan gilipollas? Pese a sus fallos, es una película muy entretenida y que merece la pena ver.

Por seguir con el asunto del inicio de este post, No mires atrás era otra de esas películas nostálgicas de Edward Burns, un tipo que consigue ser cargante cuando quiere ser demasiado protagonista. El título dice una cosa, pero su protagonista, Lauren Holly, parece empeñada en hacer lo contrario y recuperar un pasado, si es que tal cosa es posible.

¿Es No mires arriba la mejor película del año? Ni de coña. No tengo recuerdos de una gran película del año. Nomadland, la triunfadora de los Óscar, me pareció un plomazo. No he querido ver Dune ni la última de Matrix por lo que he leído de ambas o lo que me han contado los que las han visto. El último duelo, de Ridley Scott, está bastante entretenida, pero si tengo que destacar un cine desinhibido y nada sutil, directo como un puñetazo, quizás lo más interesante que haya visto sea la danesa Otra ronda, de Thomas Vinterberg (esta sí habla del poder de una copa de vino o de varias), y Una joven prometedora (Emerald Fennell). Y lo mejor de lo mejor, La mujer que escapó, de Hong Sang-soo, una obra apabullante y diferente ahora que es muy cool decir que te gusta el cine de Corea del Sur. (La verdad es que no la he visto y no tengo ni idea de si es un truñaco o no, pero es lo que toca decir para ir de entendido en la materia).

Los tres textos más leídos del Amiguete Travis en 2021 fueron escritos en años anteriores, qué le vamos a hacer:

  1. Watchmen (II): la película
  2. Frases de cine para usar en el trabajo (II)
  3. ¡Qué bello es vivir!

Barney: no voy a hacer un extenso resumen del año porque ya está hecho en dos artículos paridos en La Galerna que hablan un poco de este año extraño: Juegos Olímpicos en año impar, los conflictos de la Superliga con la UEFA, los zarpazos de la FIFA y la UEFA a los clubes, la salida de Zidane y sus críticas a la prensa, la marcha de Ramos y Messi de la Liga española, la vergüenza del mundial de Catar o acerca del racismo existente en algunos estadios de fútbol…

Aquí dejo un enlace a ambos artículos, en los que salen muy mal parados los medios:

Compendio de portadas macabras, primera parte

Compendio de portadas macabras, segunda parte

Pero como estamos en la tarde en la que estamos, 5 de enero, prefiero dejar a los lectores un relato escrito recientemente sobre una tarde de Reyes que ocurrió en el Bernabéu hace exactamente diecisiete años. Tarde de Reyes.

Los post más leídos del Amiguete Barney en 2021 fueron los siguientes:

  1. El Real Madrid como cebo
  2. Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (I)
  3. El futbolista coge la pluma (I)

Josean: No mires arriba, no mires atrás, no mires abajo, que decía el funambulista (por distintos motivos a los de Hugh Grant en aquel callejón), no mires a los ojos de la gente, que cantaba Germán Coppini, de Golpes Bajos… ¿Y qué tal si dejamos de decirle a la gente lo que tiene o no tiene que hacer? Y que cada uno mire lo que le salga de las pelotas, que hay un poco de hartazgo ya después de tantos meses. Muchos de los textos de este año han ido sobre toda esa normativa: fiscal, laboral, de conexión o descojonexión digital, de comportamiento incluso en nuestros propios hogares, de residuos, cambio climático, libertad de expresión,… Y la palabra sostenibilidad para todo, hasta cuando no pega ni con cola.

Los artículos más visitados este año fueron estos tres, los dos primeros de años anteriores. Por alguna extraña razón que se me escapa, pero que puede que tenga que ver con el miedo y el rechazo, se ve que los temas tratados interesaban más que tanta normativa imperante e imperativa:

  1. La esquizofrenia del CFO
  2. La falacia del ebitda
  3. El mercado de humos

Vamos a por 2022, muchas gracias a los lectores que nos acompañan (en muy buen número) otro año más.

Matar el fútbol

BARNEY, 26/12/2021

La FIFA sigue adelante con su propuesta de organizar un Mundial de fútbol cada dos años. No solo eso, sino que indican que a partir de 2026 el número de selecciones participantes subirá a 48. La evolución del número de equipos participantes en las últimas décadas ha sido la siguiente:

  • De Inglaterra 1966 a Argentina 1978: 16 selecciones.
  • De España 1982 a Estados Unidos 1994: 24 selecciones.
  • Desde Francia 1998 hasta Rusia 2918: 32 selecciones.

Si ya en varios de estos mundiales hubo partidos aburridos e irrelevantes, con 48 equipos me temo lo peor, en especial en las primeras fases. Por su parte, la UEFA y la CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol) han alcanzado un acuerdo para que las seis mejores selecciones de Sudamérica disputen la UEFA Nations League en el grupo A, y otras cuatro en el B. De este modo, la categoría A pasaría a contar con 22 combinados nacionales y la B con otros B. Se jugaría siempre en Europa, insertando las fases de grupo en mitad de la temporada, y las eliminatorias finales en junio, cuando hayan concluido los campeonatos de clubes nacionales y continentales.

Entre medias se tienen que seguir disputando las clasificaciones para las Eurocopas, Copas América (5 en los últimos 11 años), mundiales y cada cuatro años, los Juegos Olímpicos. La selección española ha jugado este año dos partidazos contra Italia, la final de la Liga de Naciones contra Francia y unos cuartos de la Euro muy entretenidos frente a Croacia, pero para ello ha sido necesario también una serie de partidos que no pasarán precisamente a la historia del deporte: Kosovo, Georgia, Grecia, Lituania y Eslovaquia. Incluyo en los tostones también los partidos frente a Suecia.

«Football is for the fans» y toda esa patraña que nos sueltan. Tanto la FIFA como la UEFA consideran que tienen un filón que pueden explotar y explotar aún más, y para ello van a seguir haciendo cuanto esté en sus manos no por el bien del fútbol, ni por llevarlo a más rincones del planeta, sino por su bolsillo. Los jugadores ni existen en este calendario absurdo que interrumpe las competiciones de clubes. Y ni siquiera he incluido los partidos de los Juegos Olímpicos, un torneo para el que, a pesar de las limitaciones de edad, también se llevan a profesionales que rinden al máximo nivel en sus equipos. Football is for the fans, claro, porque todos estábamos expectantes ante los Corea del Sur-Nueva Zelanda, Japón-Sudáfrica, España-Egipto, Arabia Saudí-Costa de Marfil y varios partidos más que supongo que alguien muy aficionado vería en su casa.

Yo no soy, o no era al menos, enemigo del fútbol de selecciones, pero cada vez que se interrumpe la Liga española o la Premier para un España-Kosovo o un Inglaterra-San Marino, me convierto en uno de los mayores detractores del mismo. Y yo solo soy un aficionado, pero me pongo en la piel de un directivo de club y me subiría por las paredes: «¿o sea, que las fichas millonarias de los futbolistas las pago yo y los beneficios te los llevas tú?». ¿Qué coño es eso de suspender las competiciones en Europa en noviembre de 2022 para llevar el mundial a una dictadura opresora como Catar? ¿Y luego te devuelvo a los futbolistas hechos papilla, como tras cada parón de selecciones?

Sergio Ramos llevaba en el Real Madrid dieciséis temporadas y en plena renovación, con varias lesiones encadenadas, se le ocurrió decir que quería disputar Eurocopa y Juegos Olímpicos en verano. Se lesionó tras un partido intrascendente contra Kosovo, jugó cojo las semifinales de Champions con el Madrid y al final se quedó sin Euro, sin Juegos y sin Real Madrid. El club que le pagaba, y muy bien.

El centrocampista del Real Madrid, Dani Ceballos, se lesionó el tobillo durante los Juegos y según los médicos de la selección, podría jugar infiltrado las semifinales. Por fortuna no se forzó, pero al llegar a Madrid, los servicios médicos del club comprobaron que tenía una lesión mucho más seria que le ha impedido jugar desde entonces (recuerdo que la lesión se produjo ¡en julio!).

El joven jugador del Barça Pedri, que acaba de cumplir 19 años, encadenó las competiciones con el club que le paga con la Eurocopa y los Juegos Olímpicos. Una locura para un chaval en formación que por entonces tenía (como dijeron los comentaristas unos dos millones de veces) «solo 18 años». En total jugó 73 partidos durante la temporada 2020-21, 52 con el Barça y el resto con las selecciones. Esta temporada está pagando las consecuencias de los esfuerzos y solo ha disputado cuatro partidos con su club, dos en Liga y otros dos en Champions.

Las federaciones hacen lo que les da la gana con los futbolistas. En lo más crudo de la temporada pasada, con las semifinales de Champions en ciernes, la selección croata hizo jugar a Luka Modric tres partidos en seis días. Y luego se habla del «virus FIFA», que no es sino un eufemismo para definir la sobrecarga. Pero ya que hablamos de virus en época de pandemias, conviene recordar la insensatez de los distintos organismos del fútbol al juntar a futbolistas que juegan en distintos campeonatos para las interminables fases de clasificación, con viajes de un continente a otro, o con protocolos distintos entre países.

Ya sé que los futbolistas no son unos lumbreras precisamente (como se ve en la foto junto a la barbacoa), pero la gracia que tiene que hacer a sus clubes saber que no van a poder contar con sus jugadores durante tres o cuatro partidos debe de ser inmensa. O los equipos que cuenten con futbolistas africanos en sus filas (la Ligue1 francesa es la que más lo va a notar), puesto que la Copa África comienza en unos días (el 9 de enero) y finalizará el 6 de febrero. El Sevilla, por ejemplo, que está clasificado en segundo lugar en la Liga española, se va a quedar sin su portero titular (Bono), el delantero centro (En Nesyri) y Munir durante varias semanas, convocados por Marruecos. En algún momento se tiene que cortar este sinsentido que altera y pervierte las competiciones.

Toni Kroos es uno de los futbolistas más sensatos que conozco y ya expresó su cansancio en la carta en la que anunciaba su retirada de la selección alemana: «A partir de ahora me permitiré deliberadamente descansos que no existen como jugador nacional desde hace once años. Y además, como esposo y padre, también me gustaría estar allí para mi esposa y mis tres hijos«. Pero creo que no serán los futbolistas los que pongan freno a esta situación, sino los dueños de los clubes. Los que pagan los estratosféricos salarios de los futbolistas y reciben muy poco como compensación a sus cesiones. Esto es lo que recibieron los clubes por sus jugadores durante el pasado Mundial de Rusia 2018:

Clubes cobro Mundial

Aunque parezca un buen ingreso, no deja de ser calderilla si pensamos que los principales clubes de Europa tienen en torno a una docena de internacionales en sus filas. Si los jugadores se lesionan, la FIFA tiene un Programa de Protección de Clubes con un fondo de hasta 80 millones de euros anuales. No es ni el veinte por ciento de la masa salarial del PSG, por poner la cifra en contexto. Es una ayuda, desde luego, pero solo cubre las lesiones superiores a 28 días y la parte fija de los salarios de los futbolistas, no los variables ni los bonus. Además, tiene un importe máximo anual de 7,5 millones de euros por jugador, lo que en muchos casos cubrirá la ficha del futbolista, pero no así en muchos otros. El club pierde si el jugador se lesiona menos de 28 días, si su salario es superior, o simplemente por las sobrecargas generadas. Y luego hay torneos no cubiertos por el seguro, como los Juegos Olímpicos, que en el caso de España es cubierto por la Federación con su propio seguro.

Las cifras que mueven las competiciones de selecciones son enormes, demasiado golosas y poco transparentes. Los derechos de televisión que negocian la FIFA y la UEFA suponen unos ingresos gigantescos para estos organismos, que además no tienen la responsabilidad de gestionar los clubes ni de pagar los caprichos de sus estrellas. Joao Havelange, Joseph Blatter, Michel Platini, Infantino, Ceferin,… vaya colección. Las acusaciones de haber aceptado sobornos y de plegarse al poder de los petrodólares sobrevuelan el mundo del fútbol y lo que menos importa a estos dirigentes es el espectáculo.

Precisamente el fútbol de partidos absurdos de selecciones es el que está haciendo que se pierda a los jóvenes. Y un Reglamento que hay que modificar para dotar al juego de mayor dinamismo, evitar las pérdidas de tiempo y castigar el teatro tanto como el juego sucio. El ejemplo del baloncesto está al alcance de estos gerifaltes del fútbol. El Reglamento se modifica en pro del espectáculo cada año. La Euroliga es una competición muy atractiva en la que los mejores clubes de Europa no ceden a sus jugadores para las selecciones durante las fases de clasificación. Al final de la temporada, y porque los jugadores de baloncesto son de otra pasta, los que pueden con su cuerpo disputan mundiales, eurobasket, Juegos Olímpicos y lo que les echen. Y casi siempre a tope, sin quejas sobre el calendario. Pero durante la temporada regular no. No vamos a quedarnos sin un Real Madrid-CSKA o un Barça-Unics Kazan como los de esta semana por un España-Finlandia de clasificación. La Superliga que proponían Florentino Pérez, Joan Laporta y la familia Agnelli junto con una serie de clubes entre «acojonaos» y untados era la solución: grandes partidos todas las semanas. Los mejores futbolistas a pleno rendimiento, al cien por cien de capacidad y concentración.

Pero la demagogia ha vencido con el mensaje falaz de los ricos y los pobres y el «football is for the fans» Si fuera para los aficionados, se tomaría ejemplo de un día como hoy en Inglaterra: el Boxing Day. Partidos para los más jóvenes, para que los niños vayan con sus padres al fútbol y se enganchen a unos colores, al ambiente del estadio. Aquí el fútbol es tan «for the fans» que se suspende en época de vacaciones escolares y luego se ponen los partidos a las diez de la noche entre semana. Están matando el futbol entre todos.

El futbolista coge la pluma (y III)

BARNEY, 08/11/2021

Por sorprendente que pueda parecer, sigue habiendo episodios de racismo en los terrenos de juego. En un fútbol cada año más multicultural, en el que resulta habitual que un mismo equipo reúna más de una docena de nacionalidades diferentes, etnias de todo tipo, sorprende seguir encontrando situaciones en las que energúmenos en las gradas profieran insultos o gritos simiescos hacia los jugadores rivales.

El francés Lilian Thuram, ex futbolista de la Juventus de Turín y F.C. Barcelona entre otros equipos, ha presentado recientemente un libro titulado El pensamiento blanco, en el que destaca que «la blanquitud no es un color de piel, sino una forma de pensar». Para Thuram, la solución para acabar con el racismo en el fútbol «depende de los jugadores blancos. Corresponde a los jugadores blancos, que son mayoría, negarse a seguir jugando. Entonces, el poder se verá obligado a tomar medidas, porque si no, su negocio se resentirá».

Thuram es una figura controvertida en Francia por sus opiniones, discutido por la crítica continuada a eso que llama «pensamiento blanco», como si existiera un único pensamiento blanco, del mismo modo que una única y exclusiva cultura negra. En 2008 creó la Fundación Lilian Thuram para la lucha contra el racismo y es una de las voces que nunca faltan en los debates acerca del racismo en el mundo del fútbol. Nicolás Sarkozy le ofreció el puesto de ministro de Diversidad, pero el futbolista lo rechazó por sus diferencias ideológicas con el marido de la Bruni. «No se nace blanco, uno se hace blanco», continúa Thuram. «El pensamiento blanco no es el pensamiento de todas las personas blancas, sino un pensamiento del mundo. Es decir, cuando hay dominación, recibes una educación a través de la mirada de quien domina, terminas por asimilar su discurso. Es por eso que digo que el pensamiento blanco es poderoso, educa a las personas no blancas a pensarse inferiores, menos aptas».

Creo que lleva razón en varias de las cosas que dice, como la necesidad de que los jugadores que no han sufrido los insultos racistas paren los partidos y apoyen públicamente a sus compañeros y rivales (cosa que ya se hace mayoritariamente), pero, sinceramente, me parece que no lleva razón en varias de sus afirmaciones, o que se centra demasiado en establecer la línea divisoria entre blancos y negros. Durante el seminario Prevenir el racismo en el deporte / Promover la inclusión desde el deporte, organizado por el ayuntamiento de Bilbao en abril de este mismo año, volvió a insistir en marcar las diferencias entre razas y sorprendió cuando criticó que «en España, llamar a un negro ‘negro’ no es racismo, es algo cultural». Y digo que me sorprende porque su primer libro se tituló Mis estrellas negras, remarcando una vez más la diferencia de color entre las personas. Pero luego no te permitas utilizar la palabra «negro» ni aunque el movimiento se llame Black Lives Matter.

En España, como en el resto del mundo, hay mucha más sensibilidad con este tema y afortunadamente hemos mejorado mucho como sociedad y el público como público. Recuerdo haber estado hace décadas en el Bernabéu y escuchar, en referencia a Wilfred, el portero nigeriano del Rayo Vallecano: «negro, cabrón, recoge el algodón». Del mismo modo que a Míchel y Guti se les dedicaban lindezas de todo tipo sobre su supuesta condición sexual y nadie se planteaba parar un partido. Los clubes miraban para otro lado y el número de espectadores que se unía a estos cánticos aumentaba, alentados, como primates que somos, por el sentimiento de pertenencia al colectivo.

Pero una cosa son los espectadores, entre cuyas decenas de miles siempre hay energúmenos que no deberían salir de sus casas ni para comprar el pan, y otra muy distinta es la responsabilidad de jugadores, entrenadores y directivos. En el año 1997, durante una visita del Real Madrid al Camp Nou se podía leer perfectamente una pancarta dirigida a Roberto Carlos en la que ponía: «Macaco, Copito de Nieve no tiene novia». Durante todo el partido, cada vez que el lateral brasileño cogía el balón, una parte importante del público hacía el sonido del mono y se escuchó perfectamente «puto chimpancé» a varios espectadores grabados por las cámaras. La respuesta de Joan Gaspart y el entonces jugador Pep Guardiola fue igualmente impresentable, negando los hechos y evitando condenar los mismos.

Por suerte, como decía, las cosas han cambiado mucho en estas últimas décadas y los episodios sufridos por Samuel Eto’o, Dani Alves o Iñaki Williams, entre tantos otros, fueron rápidamente condenados por los propios jugadores e investigados por las autoridades. Hasta Guardiola dice que sus hijos van al colegio con «indios y negros, gente normal» (te tienes que reír). Las autoridades tienen que intervenir de manera radical con estas actitudes y la solución no pasa por cerrar un estadio y castigar a decenas de miles de espectadores por una veintena de energúmenos. Cuando ocurrió el caso del plátano lanzado al jugador del Barça Dani Alves en El Madrigal, el Villarreal ayudó a identificar al imbécil, que fue rápidamente detenido y tiene prohibido el acceso a un estadio de fútbol de por vida. Se lanzó una campaña, no sé si afortunada, con el eslógan «Somos todos macacos».

En el caso de los insultos a Iñaki Williams en el estadio de Cornellá, LaLiga interpuso una denuncia ante la Fiscalía de Barcelona y los aficionados fueron localizados (dos adultos y un menor) y juzgados por un delito contra la dignidad de las personas, que se castiga con penas de seis meses a dos años de prisión, más una multa económica. En el Reino Unido, un aficionado acaba de ser condenado a catorce semanas de prisión tras los insultos racistas que publicó en redes sociales en los que atacaba a los jugadores que fallaron los penaltis durante la final de la Eurocopa, casualmente, los tres de raza negra, Marcus Rashford, Jadon Sancho y Bukayo Saka. Este último, que, por cierto, apenas tiene 19 años, cogió la pluma y escribió una carta plena de sentimiento que fue muy difundida:

Se puede encontrar el texto completo en varios enlaces, dejo aquí un extracto: «Para aquellos que han hecho campaña en mi nombre y me han enviado cartas sinceras, me desearon lo mejor a mí y a mi familia, estoy muy agradecido. De eso se trata el fútbol. Pasión, gente de todas las razas, géneros, religiones y orígenes que se unen en una alegría compartida de la montaña rusa del fútbol.

Para las plataformas de redes sociales Instagram, Twitter y Facebook, no quiero que ningún niño o adulto tenga que recibir los mensajes hirientes y llenos de odio que Marcus, Jadon y yo hemos recibido esta semana. Supe instantáneamente el tipo de odio que estaba a punto de recibir y es una triste realidad que sus poderosas plataformas no están haciendo lo suficiente para detener estos mensajes.

No hay lugar para el racismo u odio de ningún tipo en el fútbol o en ningún ámbito de la sociedad y para que la mayoría de las personas se unan para llamar a quienes envían estos mensajes, actúen y denuncien estos comentarios a la policía y expulsen el odio siendo amables unos con otros, ganaremos».

Lo que llevo mal en estos asuntos es la hipocresía, el hacer gestos de cara a la galería y mantener luego actitudes bien diferentes. Los jugadores se dicen de todo en un campo de fútbol, más cuanto más desciendes en las categorías: «negro» al negro, «maricón» porque sí, «zanahorio» al pelirrojo, «hijo de tal», «paquete», «chino»,… Pero creo que los profesionales tienen la madurez suficiente para evadirse de estas cosas y seguir haciendo su trabajo. Cuando se montó el caso Diakhaby y los jugadores del Valencia abandonaron el terreno de juego por el supuesto insulto racista del jugador del Cádiz Juan Cala, todos los medios de comunicación orquestaron una campaña sin precedentes en apoyo del jugador y de la decisión tomada por el Valencia Club de Fútbol. Pese a la abundancia de cámaras y micrófonos en los estadios, la investigación posterior no pudo concluir que tales insultos existieran, como sí logró la Premier británica en su día con Luis Suárez, duramente sancionado, luego debe primar la presunción de inocencia del jugador gaditano.

Sin embargo, hace un par de semanas, durante el Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid celebrado en el Camp Nou, el brasileño Vinícius Jr. fue insultado por un espectador y su hijo, que bajaron varias filas de las gradas corriendo como posesos y la mirada fuera de sí, para espetarle un sonoro «¡macaco!», que repitieron varias veces. No creo que el Barcelona sea un club que haya mirado hacia otro lado en asuntos relacionados con el racismo, como se vio con el caso de Dani Alves o de Bukayo Saka, pero lo cierto es que aún no ha hecho nada en este tiempo para denunciar al espectador y colaborar con su identificación. Ha tenido que ser la propia Liga de Fútbol Profesional la que iniciara la investigación.

Lo que sí creo (y le pasa lo mismo a Guardiola) es que el odio culé a lo blanco es irracional hasta el punto de querer minimizar, ocultar episodios racistas y, si hace falta, manipular para que no parezca que ocurrió lo que realmente ocurrió. Durante el verano pasado, se rumoreó que el jugador de familia guineana Illaix Moriba podía acabar en el Real Madrid y la actitud del club hacia el mismo (18 años de edad, conviene recordarlo) por su postura contraria a la renovación fue calificada por algunos periodistas de mobbing laboral. A las declaraciones de los dirigentes del club siguieron decenas de insultos, muchos de ellos de tinte racista, como leyó el propio jugador ante las cámaras (bien la actitud del club al denunciar estos mensajes).

Ahora bien, resulta sorprendente que ni uno solo de los principales medios deportivos que llevaron a sus portadas el caso de Diakhaby sin pruebas, se haya hecho eco de los insultos probados en el Camp Nou. Creo que no es casual, porque desde hace años nada puede manchar la imagen del Barça en los principales medios, por muchas tropelías que hayan cometido. Como no fue casual la manipulación de imágenes que hizo Movistar en su canal para editar la parte de los insultos del vídeo y reprochar en el programa El Día Después ¡la actitud de Vini, no la del espectador! Es el mundo al revés, los periodistas diciéndole al brasileño que no debería señalar al público y obviando recriminar la actitud del espectador y su hijo. Y no vale la excusa de que no contaban con las imágenes, porque las emitieron en la misma cadena sin manipular unas horas antes.

Tampoco es casual que los sicarios culés para América Latina, la ESPN, falsearan los hechos y dijeran que los insultos habían ocurrido en el campo del Elche. O que cuando corrigieran el error lo hicieran mencionando dos veces al Real Madrid y ni una sola al Barça.

¿Hay miedo a criticar algo mal hecho por el Barça? ¿O en una balanza racismo-antimadridismo pesa más lo segundo? Porque la exigencia de rectificación del Elche también fue de coña marinera. No sucedió en Elche lo que dice que no existió, joder, ¿tanto miedo hay a decir que sí existió, que lo hizo un solo energúmeno con su hijo, pero que ocurrió en el Camp Nou?:

En fin, concluyo este post recomendando la lectura de la carta del jugador del Chelsea Antonio Rüdiger en The Players Tribune: Este artículo no resolverá el racismo en el fútbol. En él habla de los episodios de racismo que sufrió en Italia cuando jugaba para la Roma y cómo los clubes y dirigentes publicaron varios tuits, posts en redes sociales, quejas muy escandalizados, etc., pero no hicieron nada. Ni se investigó nada porque en el fondo todo es postureo, como la exigencia de la UEFA (apoyada por Thuram, por cierto) de arrodillarse antes de los partidos. Sin embargo, Rüdiger agradeció la actitud humana, personal y alejada de las cámaras de su compañero Daniele De Rossi. Nada de venderse hacia fuera, sino preocuparse de manera sincera por el futbolista y lo que podía necesitar en ese momento.

El artículo habla de los episodios de racismo que sufrió en Alemania desde los ocho años, o posteriormente en Italia, y concluye con un argumento de pura lógica: menos postureo en redes sociales y más educación. Todo lo contrario de lo que se hace en este mundo tan superficial e hipócrita que es el fútbol moderno.

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El futbolista coge la pluma (I): Ander Herrera, Tim Sparv y el mundial de Catar 2022.

El futbolista coge la pluma (II): Toni Kroos, Marcus Rashford y Juan Mata, sobre la explotación de la FIFA y el papel de los jugadores como influencers.

El futbolista coge la pluma (II)

BARNEY, 09/10/2021

Retomo las críticas al Mundial de Catar 2022 de la primera parte y comienzo esta segunda con la carta de un futbolista que ha dicho que no va a acudir a esa cita deportiva, el alemán Toni Kroos. Llama la atención que se retire de la selección con apenas 31 años, una edad que, en los tiempos actuales y si el futbolista se ha cuidado bien, permite seguir muchos años más a un alto nivel (ahí están los ejemplos de Cristiano, Messi o Modric, por ejemplo). En la carta de despedida explica claramente sus motivos, si bien yo quiero entender que hay algo de crítica hacia la organización del Mundial en ese país («Tenía claro durante mucho tiempo que no estaría disponible para la Copa del Mundo de 2022 en Catar»). Los motivos que esgrime el centrocampista alemán son más que entendibles: quiere centrarse en sus objetivos con el Real Madrid, pasar más tiempo con su familia (mujer y tres hijos) y sobre todo, disfrutar «deliberadamente descansos que no existen como jugador nacional desde hace once años«.

Un calendario cargado de partidos, viajes de un lado a otro del globo, concentraciones, cada vez más competiciones y más largas (Champions, Confederaciones, Liga de Naciones, clasificaciones infumables contra selecciones de países inexistentes, amistosos más incomprensibles aún,…) y unos futbolistas que no son máquinas que puedan competir todo el año al más alto nivel. En el caso de las selecciones nacionales se produce una situación terriblemente injusta para los clubes, situación que se tolera por culpa de las normas trasnochadas y casi me atrevo a decir que «feudales» de los dirigentes de la UEFA, la FIFA y las federaciones nacionales. Estos organismos, cuyos dirigentes han sido investigados y/o condenados por corrupción en un porcentaje similar al de los dictadores caribeños o africanos, se permiten usufructuar, utilizar de manera casi gratuita, robar, expropiar (elijan Vds. el adjetivo) los mayores activos de los clubes de fútbol: los futbolistas. Y los clubes de fútbol son, salvo excepciones como el Real Madrid, el Barça o el Athletic de Bilbao, grandes empresas, multinacionales propiedad de sus accionistas e inversores que querrán aunar el rendimiento deportivo con el económico. Pues nada, les importa un carajo: partidos contra Kosovo, Islas Féroe o Gibraltar en mitad de las competiciones de liga o Champions. Y luego si los jugadores se lesionan, como ha ocurrido recientemente con Bale, Ceballos y Hazard en el Madrid, que apechuguen los clubes, que se pasen meses y jornadas pagando sueldos estratosféricos sin poder disfrutar de sus jugadores.

Los jugadores no son máquinas y necesitan descansar, como decía Toni Kroos, y resulta habitual que haya un bajón en los rendimientos de las principales figuras durante la temporada posterior a un Mundial. Pero ese problema ya no le atañe a los prebostes del fútbol mundial. El negocio es rentabilísimo para la FIFA, nos ha j… tan rentable que su máximo dirigente, el italiano Gianni Infantino, ha propuesto que el Mundial se celebre cada dos años, en lugar de hacerlo cada cuatro. Dentro de lo poco que nos gusta a algunos esta propuesta, Infantino ha dicho una cosa repleta de sentido común: «se juegan demasiados partidos irrelevantes a lo largo del año».

Sin embargo, sospecho que el interés de los dirigentes de la FIFA, que han aprobado la propuesta por 166 votos a favor y solo 22 en contra, va más por el lado pecuniario que se mueve en las adjudicaciones que por el fomento del deporte y el fútbol como espectáculo de masas. Infantino indica que la propuesta se debe a que «es una manera de promocionar el fútbol. Hay que estudiar qué podemos hacer para estimular el fútbol», pero eso no se arregla con un Mundial de 48 países cada dos años en el que tengamos un Togo-Honduras o un China-Nueva Zelanda (con todo mi respeto para estas selecciones), sino cambiando el Reglamento de un deporte cuyos partidos resultan cada vez más soporíferos y con menor tiempo de juego efectivo (aquí algunas propuestas personales). Los dirigentes del fútbol mundial están perdiendo a los jóvenes y no creo que eso se arregle con un incremento de los partidos internacionales de selecciones, sino con una reflexión profunda sobre el juego en sí, para la cual es básico contar con los jugadores en perfecto estado de salud y forma física.

¿Y los futbolistas, qué tienen que decir de ello? El «sindicato» de futbolistas profesionales, FIFPRO (Federación Internacional de Futbolistas Profesionales), contestó en un comunicado de su portavoz Jonas Baer-Hoffmann que «los jugadores tienen unos límites fisiológicos naturales, y un interés inherente en el avance sostenible del juego: el éxito del deporte depende de su bienestar físico y mental. Lo que decidimos en los altos niveles del juego repercute en miles de profesionales de todo el mundo. Todo plan para extender las competiciones debe integrar su experiencia y opiniones a nivel colectivo».

Recordemos que cuando hace unos pocos meses surgió la propuesta de crear una Superliga de clubes a nivel europeo con el objeto de incrementar el número de partidos de interés entre los mejores clubes (lo que a la larga conllevaría forzosamente la disminución del número de partidos en ligas nacionales), el presidente de la UEFA Aleksander Ceferin y sus secuaces saltaron con aquel mensaje hipócrita del «Football is for the fans». Precisamente los fans a los que desprecian tolerando unas normas diferentes para los clubes-estado frente a los tradicionales (Real Madrid, Bayern de Múnich, Barcelona o Juventus de Turín).

Esta semana hemos conocido la noticia de que el jeque de Arabia Saudí Mohammed Bin Salman ha comprado el Newcastle, lo que convierte al modesto club de la Premier en el equipo que tiene al dueño con la mayor fortuna del mundo, diez veces superior a la de los fondos emiratíes y cataríes propietarios del Manchester City y el PSG, clubes que han asaltado el mundo del fútbol con sus petrodólares. Mohammed Bin Salman es el mismo tipo cuyos agentes estuvieron tras el asesinato del periodista Jamal Kashoggi en la embajada de Estambul y se llevaron sus restos descuartizados en valijas diplomáticas, pero «football is for the fans» y los aficionados del Newcastle corrieron jubilosos al estadio a celebrar que ahora su equipo del alma pertenece a una dictadura en los primeros puestos del ranking internacional de desprecio a los derechos humanos. Como escuché a Richard Dees de manera brillante en El Radio de esta semana: «Football is for the funds».

Cualquiera que siga este blog sabrá que me gusta el fútbol, sobre todo el de antaño, y cada vez menos los futbolistas. Han sido muy pocos los que han levantado la voz en contra del Mundial de Catar, como Tim Sparv, o del dineral que viene de grandes fortunas de Oriente Medio. Al fin y al cabo todos ellos se verán beneficiados del riego de millones sin importar su origen o la desigualdad competitiva que puede crear. Pero los futbolistas son figuras públicas cuyos movimientos pueden tener gran repercusión, como pudo verse hace un año con la carta de Marcus Rashford a los miembros del Parlamento británico solicitando que se mantuviera la ayuda de comedor a las familias sin recursos durante el verano post-pandemia.

Rashford sabía bien de lo que hablaba puesto que en su familia había tenido que criarse recurriendo a esas ayudas públicas: «Mi madre trabajaba todo el día ganando el salario mínimo para asegurarse de que siempre había una comida en la mesa por las noches, pero eso no era suficiente». La difusión masiva de su carta, el apoyo de numerosas personalidades y (por supuesto que sí) el rédito político que podían obtener del debate creado lograron que el gobierno de Boris Johnson rectificara y mantuviera su apoyo financiero para las familias desfavorecidas.

Los futbolistas son (aparte de niñatos millonarios e incultos en un porcentaje muy elevado) tipos de los más influyentes del mundo, influencers con millones de followers, o como se diga ahora, ojalá se aprovecharan sus esfuerzos para promover causas justas y no regímenes totalitarios. Marcus Rashford tiene como compañero en el Manchester United a un gran tipo como Juan Mata, uno de los pocos futbolistas a los que he visto declarar abiertamente que es un privilegiado que gana mucho más dinero del necesario y de lo que podría necesitar. En su famosa carta de agosto de 2017 A common goal hablaba con la pasión de un niño que quería triunfar en el fútbol, un chaval cuya ilusión era seguida por su padre y su abuelo por varias escuelas de formación y equipos, un jugador que ya en el Chelsea y tras recibir un gol en contra en los últimos minutos de una final de Champions contra el Bayern se dirige a Drogba y le dice simplemente que «crea» en la remontada con la ilusión de ese chico de barrio, como ocurrió.

«Pienso en todo lo que el fútbol me ha dado». «Sé lo afortunado que fui por tener las oportunidades que tuve, pero no todo el mundo tiene una familia como la mía». «Quiero asegurarme de que todos los niños puedan tener las oportunidades que yo tuve», para lo cual proponía iniciar un movimiento que cambiara por completo el mundo del fútbol: el proyecto Common Goal. Un fondo que se nutriría con el uno por ciento del salario de todos los futbolistas que se sumaran a la propuesta y que se destinaría a fines sociales gestionados por una serie de ONGs en varios países. Tres años después se habían sumado apenas unos 150 futbolistas (Giorgio Chiellini, Mats Hummels y Kasper Schmeichel, entre los más famosos) y algún club modesto danés, pero el proyecto corre el peligro de ser absorbido por el lavado de cara de los dirigentes del fútbol mundial: Aleksander Ceferin se ha sumado a la propuesta, así como Ronaldo Nazario, abducido por Infantino y la FIFA para promover el Mundial cada dos años.

El mundo del fútbol es tan falso que podemos ver a Ceferin hablando de los derechos humanos o del interés de los fans, a Al-Khelaifi hablando de ética y a Maradona en un partido contra la droga, aunque sabemos en qué equipo.

El futbolista coge la pluma (I)

BARNEY, 11/09/2021

El refranero español nos recuerda aquello de «zapatero, a tus zapatos» para indicarnos que solo deberíamos opinar de lo que sabemos, de aquello que comprendemos, y que quizás no deberíamos hacer eso tan «español» de dar nuestra opinión sobre absolutamente todo, da igual si lo conocemos o lo ignoramos. Me viene a la cabeza este refrán cuando escucho algunas declaraciones de futbolistas sobre temas no relacionados con el deporte que practican (auténticos gañanes muchos de ellos), y sin embargo, soy partidario de que opinen libremente sobre lo que quieran por cuanto el peso que tienen como figuras reconocidas a nivel mundial puede ser muy valioso para dar visibilidad a ciertos asuntos, o para concienciar sobre algún tema concreto, como explicaba Pau Gasol en los recientes Juegos Olímpicos (Tokio 2020 I: la libertad de expresión).

En este post y el siguiente vamos a comentar la opinión de algunos futbolistas cuando se han quitado las botas y han cogido una pluma (o un teclado) para pronunciarse sobre algún tema concreto. En este primer capítulo, hablaremos de las polémicas en torno a la Superliga y el Mundial de Catar, dos asuntos que dan para debatir sobre fútbol, economía, derechos humanos y desigualdades. El jugador español Ander Herrera fue uno de los primeros en escribir abiertamente sus pensamientos acerca de la Superliga:

Qué bonito. el jugador millonario que habla con amor y cariño del fútbol popular, de los aficionados, de luchar de manera noble y humilde contra los poderosos. Pero es que, Ander, juegas en el Paris Saint Germain. Y en 2014 te fichó el Manchester United, que en aquel año era el equipo más rico del mundo. Y no lo critico, ojo, Ander ha ido mejorando como profesional (Zaragoza-Athletic-ManU-PSG) a la par que sus emolumentos se incrementaban, y eso es lo normal en un jugador de fútbol. Lo que no es de recibo es que alguien del Paris Saint Germain, o del Catar Saint Germain, como he leído en algún sitio, venga a dar lecciones de ética y buen comportamiento, o a hablarnos de que los ricos roban el espectáculo a los aficionados.

El PSG fue adquirido por el fondo estatal Qatar Sports Investments en 2011 y desde entonces se calcula que los cataríes han inyectado en el club 1.400 millones de euros para los 50 fichajes realizados y más de 1.800 millones de euros en total. Solo en 2017 invirtieron 222 millones de euros en Neymar Jr. y otros 180 millones en Mbappé. El fair-play financiero saltó hecho añicos en mil pedazos, al igual que con el City de Abu Dabi, pero ese organismo nefasto y corrupto llamado UEFA miró hacia otro lado. Este año el PSG se ha hecho con los servicios de los capitanes del Real Madrid y Barcelona, Ramos y Messi, más el portero titular de Italia, Donnarumma, y el neerlandés Wijnaldum. Por mucho que digan que no se han pagado cifras de traspaso (Achraf y Pereira aparte), entre las primas de fichaje y los estratosféricos salarios a una plantilla de 34 jugadores (lee bien, Ander, 34), la masa salarial se dispara por encima de los 530 millones de euros anuales. Las pérdidas de la última temporada ascienden a 250 millones de euros, que se suman a los 125 millones de la anterior. No pasa nada, se le enchufa un chorro más de millones desde el golfo pérsico y a seguir fichando jugadores. Es lo que tiene haber nacido con el culo sobre un depósito de petróleo.

No es justo que «los ricos roben lo que el pueblo creó», como dice Ander Herrera, porque de ese modo se acaban «las ilusiones de los aficionados de los equipos que no son gigantes de poder ganarse en el campo el competir en las mejores condiciones». El PSG ha ganado 9 Ligas en su historia, 7 de ellas desde que el emir de Catar es el dueño del club, 6 de sus 14 Copas de Francia, y 8 de sus 10 Supercopas. Parece que el dinero cataría ha influido algo para desequilibrar la competición francesa.

La UEFA ha mirado para otro lado y ha permitido a los franceses saltarse el control financiero, exactamente igual que la Ligue 1. El control que se realiza en Francia se hace con la temporada cerrada, no de manera previa, como en España, y eso permite que el PSG «salve» los números de esta temporada con una previsión de venta de jugadores por encima de los 200 millones de euros. Algo que no ha cumplido ni en un treinta por ciento, pese a tener la oferta del Real Madrid por Mbappé sobre la mesa. Están tan podridos de pasta que han podido rechazar una oferta entre los 180 y los 200 millones de euros.

El presidente del PSG, Nasser Al Khelaifi, preside desde abril de este año la asociación de clubes europeos (ECA), y se ha posicionado claramente en contra de la Superliga y a favor de la UEFA, presidida por ese tipo siniestro llamado Aleksander Ceferin. La Superliga pretende alcanzar un formato de competición similar a las norteamericanas (NBA, NFL), con un reparto más equitativo de los ingresos generados y un control económico que mejorara la igualdad de la competición. Evidentemente, nada de esto interesa a los cataríes, que van a seguir en el negocio del fútbol al menos hasta el Mundial de Catar en 2022. Veremos qué ocurre después. En Málaga saben lo que suele pasar cuando algún millonario de estos entra en un club, lo mete en una dinámica de gastos descontrolada y luego desaparece o deja de inyectar artificialmente pasta. El Málaga llegó a cuartos de final de la Champions y ahora pena por la Segunda División, con numerosos problemas económicos. Su máximo accionista, el que fuera presidente en aquellos años, es Abdullah ben Nasser Al Thani, pariente del emir de Catar.

Precisamente sobre el Mundial de Catar en 2022, se ha publicado una carta del capitán de la selección finlandesa de fútbol, Tim Sparv. We need to talk about Qatar. «Necesitamos hablar de Catar». Es muy recomendable.

En su carta, el jugador finés se culpa de haber permanecido ajeno a lo que ocurría en Catar durante los últimos años, cuando además era un país que conocía porque la selección había sido invitada a un campus en dicho país en enero de 2019. Uno de los integrantes de aquella selección, Riku Riski, rechazó hacer el viaje por razones éticas. Cuando el propio Tim Sparv comenzó a investigar sobre los motivos de su rechazo, supo de las condiciones de trabajo de los obreros que estaban participando en la construcción de los estadios de fútbol que albergarán el Mundial de 2022 y se acojonó, como cualquiera que haya ojeado aunque sea mínimamente los informes de Amnistía Internacional o el artículo de The Guardian, que cifraba en 6.500 los fallecimientos durante las obras.

Condiciones precarias, salarios paupérrimos y abonados con retraso, falta de medidas de seguridad, jornadas maratonianas con un clima infernal, trabajos forzosos y en condiciones de semiesclavitud… 6.500 muertos, unos 800 por estadio, lo digo para cuando se jueguen allí los partidos. La mayoría de los fallecidos fueron por «causa natural», según el gobierno catarí. Es decir, morían extenuados o por un golpe de calor, no se les hacía autopsia y se determinaba «causa natural». Al fin y al cabo, son ciudadanos de cuarta en aquel país, puesto que su procedencia era de cinco países: India, Pakistán, Nepal, Bangladesh y Sri Lanka.

Tim Sparv se plantea qué más pueden hacer como deportistas cuyas palabras tienen alcance mundial: denunciarlo, boicotear el Mundial (dice que ahora no procede, con lo que no estoy de acuerdo), exigir mejoras en las condiciones de los trabajadores, hacer campañas… Llevar mensajes de protesta en las camisetas, como han hecho las selecciones de Alemania, Dinamarca o Países Bajos. Pero pone el dedo en la llaga al advertir que la mayoría de las estrellas del fútbol rehúyen este posicionamiento porque podrían perder patrocinios o contratos de publicidad. Pasta al fin y al cabo.

No son los únicos que huyen del enfrentamiento con los poderosos. La propia prensa española ha obviado la carta de Tim Sparv, la ha ignorado. Gugleo cuántos medios del autoproclamado mejor periodismo del mundo se han hecho eco de la noticia y apenas encuentro esto:

Ni una sola referencia en el As y el Marca, y he usado su propio buscador, y apenas en la prensa tradicional. Si criticas a Catar, estás criticando a la FIFA, la UEFA o LaLiga, y los medios ya andan bastante tocados como para arriesgarse a perder contratos de publicidad.

Una pena, un puto drama. Nos comeremos un Mundial en pleno mes de noviembre, alterando todas las competiciones del fútbol de los aficionados de verdad, de los que van a los estadios, para dar satisfacción a los mandamases del golfo pérsico y de la FIFA.

Aprovecho para dejar aquí mi modesta contribución al fútbol de equipos modestos, a los jornaleros del fútbol. Se trata de una entrevista que hice a Ulrik Pedersen, autor del 0-1 del Odense en el Santiago Bernabéu en aquel famoso (y trágico) partido de 1994, y que ha tenido a bien publicarme La Galerna. Le pregunté por la Superliga, por supuesto que sí.

Tokio 2020 (y IV): devaluar una medalla

BARNEY, 22/08/2021

Hace dos semanas ya de la finalización de los Juegos de Tokio y aunque me comprometí a hacer un resumen con lo que a mi juicio había sido lo mejor y lo peor, me parece más interesante hablar de lo que sobra en unos juegos olímpicos, de lo que está de más. Hay demasiadas competiciones, algunas tan chorras que devalúan el valor de obtener una medalla olímpica. También hablaré de lo que más me ha gustado, porque ha habido algunos momentos muy interesantes, pero en general han sido unos juegos raros, lo que se podía esperar de unos juegos sin público, en año impar y no bisiesto. Y sin considerar que a veces lo más interesante ocurría a las cuatro de la mañana.

El medallero ha quedado finalmente de este modo:

113 medallas los norteamericanos, que al final superaron a los chinos en el medallero, que fueron por delante hasta la última jornada. España no aparece en esos primeros puestos y me dan mucha envidia algunos países de nuestro entorno como Italia (¡40 medallas!), Países Bajos (36) o Francia (33). Noruega consiguió la mitad de medallas que la delegación española, pero está en el puesto 20º por el número de oros, algunos tan espectaculares como los dos de atletismo de los que hablaré en «lo mejor».

Se repartieron en total 340 medallas de oro en las 339 especialidades. Hay una más de oro y «solo» 338 de plata, porque el italiano Tamberi y el catarí Barshim decidieron compartir el oro en salto de altura, en lo que para algunos ha sido uno de los momentos mágicos de los Juegos. No para mí, desde luego. Eso de optar por no competir y repartirse el oro con un colega, por muy bonita que fuera la intrahistoria, está en contra del espíritu de la competición y de los valores olímpicos. Se pierde, se felicita al ganador y se entrena más duro para lograr el triunfo a la siguiente. Por cierto, varios medios repitieron que era la primera vez que había un empate por la medalla de oro en 113 años y como mi memoria no me falla y recordaba un empate en natación en Los Ángeles 84, busqué el dato y corroboré que no era cierto. Aún recuerdo aquella final de natación en la que dos nadadoras norteamericanas empataron en tiempo y fue imposible dilucidar quién había sido la ganadora:

Se repartieron dos medallas de oro y ninguna de plata, pero tras una competición intensa en la que ambas nadadoras dieron el máximo. A mí la imagen de los saltadores charlando amigablemente y pactando llevarse el oro me parece un hurto al espectador, devalúa la propia medalla obtenida. Pero tampoco voy a molestarme demasiado. Fue un momento bonito, deportivo, como tantos otros que presenciamos durante los Juegos. Como la reacción de los atletas Isaiah Jewett (EEUU) y Nijel Amos (Botsuana) tras su desgraciada caída en los 800 metros. Lejos de reproches, se ayudaron a levantarse y entraron juntos en meta.


O la holandesa Sifan Hassan, que se cayó en el último paso por meta de la semifinal de 1.500 y tuvo los arrestos de levantarse, pelear y clasificarse para la final ganando la serie. Impresionante. Posteriormente se llevó el oro y nuestra admiración. Vaya zancada, merece la pena ver el vídeo de esa última vuelta:

Lo mejor de los Juegos, lo más recordado, suele ser lo que ocurre en la pista de atletismo. Durante los Juegos de Tokio se han superado tres récords del mundo en el «deporte rey»:

  • El triple salto: la venezolana Yulimar Rojas, con 15,67 metros, acompañada en el podio por nuestra Ana Peleteiro con el bronce al cuello.
  • Las impresionantes finales de 400 m. vallas, en las que, tanto en categoría masculina como femenina, los segundos clasificados también rebajaron las anteriores marcas de la prueba. Para los que recordamos a Kevin Young en Barcelona 92 convirtiéndose en el primer atleta en bajar los 47 segundos, la barbaridad de marca que hicieron el noruego Karsten Warholm (45.94) y el estadounidense Rai Benjamin (46.17) nos dejó blancos a los que tuvimos la suerte de verlo en directo. El propio Warholm no se lo creía. En categoría femenina, Sydney McLaughlin (EEUU) batió su propio récord del mundo y se convirtió en la primera atleta en bajar de los 52 segundos (51.46), pero es que la segunda clasificada, Dalilah Muhammad (EEUU), también lo logró con un tiempo de 51.58.

Reconozco que me han dado envidia los noruegos, tanto por la victoria de Warholm, como por el oro en los 1.500 metros, que se llevó Jakob Ingebritsen con récord olímpico incluido. Salvando las distancias, me recordó a aquellos tiempos lejanos en los que uno de los nuestros, Fermín Cacho, se llevaba el oro por delante del imperio africano en la media y larga distancia.

Atletismo, natación, gimnasia artística… eso significan los Juegos para mí en primer lugar. En segundo, algunos deportes de equipo: baloncesto, balonmano, voleibol (no el soporífero voley playa) y, aunque me aburran soberanamente, hockey hierba y waterpolo. El fútbol sobra en los Juegos, igual que esos inventos del rugby a 7 o el baloncesto 3 x 3. Y el béisbol. Si esta competición de quince días consiste en juntar a los mejores deportistas del mundo de una especialidad, no tiene sentido incorporar torneos como los mencionados, un fútbol light o un remedo del baloncesto callejero. Igual que creo que sobran el tenis y el golf, deportes en los que cualquier torneo tiene más prestigio que el título olímpico. Aparte de lo mal que se organiza, con tres pruebas (individuales, dobles y mixtos) en una semana, lo que provoca situaciones de agotamiento extremo como las de Novak Djokovic.

339 medallas de oro son muchísimas, una aberración tan enorme que incluso desprestigia el valor de una medalla. Sobran pruebas a punta pala. Creo que ni siquiera los más frikis, los que veíamos los resúmenes diarios y muchas competiciones en directo, seríamos capaces de recordar más de ¿50? ¿80 medallistas de oro? Yo sé que hace mucha ilusión a los triunfadores, pero habría que eliminar pruebas, empezando por esa que nos dio un oro y una plata: la coreografía de kárate llamada Kata, en la que Sandra Sánchez y Damián Quintero son dos de los mejores del mundo. Sé que tiene mucho mérito, pero… ¿de verdad tiene que ser un deporte olímpico? ¿Y por qué no la capoeira, que también es una coreografía de peleas?

La kata desaparece del programa de París 2024, y me parece normal, por mucho que se quejen los nuestros. Además, me ocurre que por lo general desconfío de todos los deportes en los que hay jueces que deciden el ganador por sus criterios particulares, que en ocasiones están más cerca de sus santos ovarios o de lo que sus dídimos les dicten. Natación sincronizada, siempre igual. Podrían no lanzarse a la piscina que las puntuaciones iban a ser las mismas. Gimnasia rítmica, katas de kárate (¿gana el que pone más cara de concentración?), gimnasia en trampolín, la cosa esa del monopatín, ufff, mi madre. El podio femenino del skateboarding sumaba 42 años, dos niñas de 13 años y otra de 16 montando en monopatín… ¿oro olímpico?


Yo recortaba unas cuantas disciplinas del programa. Si le dejaran al COB (Comité Olímpico de Barney) analizar todas las pruebas, mantendría algunas o no en función de sus gustos. Con un par. Todas las especialidades con caballo fuera. Sobre todo la doma esa, en la que los jueces votan medio dormidos en función de los pasitos laterales de los caballos. Deportes de lucha: grecorromana, ñé, no sé yo. Venga, vale, pasa el corte. El boxeo lo veo fuera de lugar en su versión descafeinada y amateur. Otra cosa era ver a Muhammad Ali o a Myke Tyson en un ring, pero está claro que esos combates no son propios de unos juegos olímpicos. Judo, taekwondo… vale, pasan el corte. Esgrima sí, desde luego, aunque sea un tostón importante. De todo lo incorporado recientemente, quitaría cosas como el surf, la bici BMX y tendría en estudio la escalada.

En parte es solo un problema de tradiciones o de resistencia a la incorporación de nuevos deportes, porque creo que la dispersión de pruebas y la incorporación de algunas minoritarias devalúan el valor del propio logro de la medalla. Aunque por otro lado, creo que el Comité Olímpico Internacional hace bien en modernizar algunas pruebas, como cuando incorporó el triatlón, por ejemplo. Me pareció perfecto, pero habría que quitar de manera definitiva el pentatlón moderno. Lleva años siendo olímpico y no sabemos una m… del mismo. Recuerdo de niño cuando leí en qué consistía: una combinada de carrera a caballo, campo a través, natación, tiro con pistola y esgrima. Alucinaba y más con la historia de sus orígenes: supuestamente un militar que huía de sus enemigos a caballo, y cuando este fue alcanzado, se defendió con la espada, luego con la pistola, atravesó un río a nado y finalmente huyó campo a través. Qué estrés, parecía el protagonista de 1917. ¿Alguien sabe algo de este deporte en los últimos 80 años? Cero, ¿no? Pues fuera. Como la marcha atlética. Eso de que andan rápido, pero no corren, como si se frenaran, choca frontalmente con el altius, citius, fortius. O que dependa tanto de los jueces, cuando se ve claramente que todos van corriendo, ¿o qué otra cosa puede ser ir a menos de cuatro minutos el kilómetro?

La vela, el remo y el piragüismo, vale, pasan¨, se mantienen. Los deportes de tiro, ya sea con arco, pistola o como en las ferias de los pueblos (tiro al plato), vale. Pocas oportunidades más tienen de aparecer en un telediario o en la portada de un periódico deportivo, como este año con el oro de Fátima Gálvez y Alberto Fernández. Por supuesto que el COB daría un SÍ enorme al ciclismo, tanto en ruta como en pista. Solo digo una cosa: por favor, señores programadores de la tele, ¡pónganlo más! Especialmente las pruebas de pista, que en muchas ocasiones son espectaculares, y no las tenemos tan vistas como el ciclismo de carretera, para el que ya tenemos nuestros buenos Tours, Giros y Vueltas, sean siesteros o no.

Con la halterofilia me pasa a veces como con el ciclismo: me agoto solo de verlo. Con la diferencia de que disfruto del ciclismo. Lo de los halteras… unos tipos (o tipas) levantando dos millones de kilos, ufff… y yo que cada vez que lo veo pienso «¡que te vas a partir la espalda, muchacha!». Pero el COB mantendría la prueba, aunque fuera solo por tradición.

El COB completaría su programa olímpico con los deportes de raqueta, pero no el tenis, como ya he comentado. Bádminton, tenis de mesa y valoraría el pádel y el squash, deportes muy populares en todo el mundo, cuyo «olimpismo» contribuiría a aumentar su visibilidad.

Y aquí termina este especial de los Juegos. Por cierto, cuántas horas de protagonismo para Simone Biles y su extraña historia, y qué pocas para Emma McKeon. Total, solo se ha llevado siete medallas en natación.

Capítulos de esta serie:

Tokio 2020 (I): la libertad de expresión, by Josean.

Tokio 2020 (II): la película de Simone Biles, by Travis.

Tokio 2020 (III): el maratón olímpico, by Lester.

Tokio 2020 (IV): devaluar una medalla, by Barney.