La lotería de los penaltis no es tal

BARNEY, 18/07/2021

El domingo pasado finalizó la Eurocopa de fútbol con el triunfo de Italia sobre Inglaterra en los penaltis. La misma escuadra azzurra había eliminado a los nuestros en semifinales por penaltis, de igual modo que España eliminó de esta guisa a Suiza, que a su vez había hecho lo propio con Francia desde los once metros. Siempre que un encuentro se decide de este modo, los periodistas recurren a un tópico tan manido como el de “la pena fatídica” o “los Globos de Oro son la antesala de los Óscar” y es que el partido se resolverá en “la lotería de los penaltis”. Y yo creo que, al igual que en el fútbol se entrenan todos los aspectos técnicos, tácticos y físicos, los penaltis son un lance más del juego que se prepara y se entrena, y el resultado final dista mucho de ser una lotería.

En un deporte colectivo como el fútbol, los penaltis son la expresión máxima de la individualidad: el jugador de campo frente al portero. El que tiene todo que perder frente al que puede erigirse como héroe. El que acaba señalado como villano enfrentado al que será el gran triunfador de su país aunque los penaltis se vayan a las nubes. Y en esas circunstancias la cabeza pesa tanto como la habilidad para lanzar los penaltis.

De todos modos y por seguir con el símil, para enfrentarse a una lotería conviene comprar más papeletas o jugar con más números, y hay una serie de reglas que conviene seguir para (al menos) no partir en desventaja:

  • El sorteo para elegir portería y orden de lanzamiento. No tengo datos sobre la importancia de lanzar en la portería en la que están los aficionados de uno u otro equipo, aunque lógicamente todos los equipos quieren lanzar frente a la grada en la que están sus seguidores, pero sí hay numerosos estudios sobre el peso del orden de lanzamiento en el resultado final. El famoso estudio de los profesores Palacios-Huerta (London School of Economics) y José Apesteguia (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona) analizó 2.820 tandas de penaltis entre los años 1970 y 2008, y llegó a unos porcentajes de 60%-40% a favor del primer lanzador, pero no solo eso, sino que realizó un muestreo de los sorteos para concluir que en más del noventa por ciento de los casos el ganador elige lanzar en primer lugar. Por esa razón, el capitán del Real Madrid, Sergio Ramos, se sorprendió y se frotó las manos al ver que Gabi ganaba el sorteo para elegir en la final de Milán de 2016 y escogía lo indicado por el Cholo Simeone: ceder el turno al Madrid. Sabemos todos lo que pasó. La razón psicológica es clara: la presión suele ser mayor para el que lanza en segundo lugar, y el porcentaje aumenta si el rival anota, es decir, si se va por debajo en el marcador. Si el sorteo es tan importante para el resultado final, no puedes mandar a un tipo como Jordi Alba frente a un italiano, y menos si este es Chiellini, doctor en Administración y Dirección de Empresas. Que te vacile después es una consecuencia lógica. Entre los cambios que algunos expertos han propuesto para el reglamento del fútbol está que el orden de lanzamientos sea ABBA, en lugar del tradicional ABAB, para que se produzca un traspaso de presión entre los equipos.
  • Confiar en la experiencia, desconfiar de la juventud. Son muy pocos los jugadores que tiran penaltis a lo largo de una temporada, pues esta es una tarea reservada normalmente para los cracks de cada equipo, así que llegado el momento decisivo lo normal es optar por la veteranía, por jugadores curtidos en mil batallas a los que no les pese la responsabilidad ni la presión de lanzar en un ambiente hostil. En la final de la Euro 2020, por Italia lanzaron los veteranísimos Chiellini (36) y Bonucci (34), y nadie entendió los elegidos por el seleccionador inglés, Gareth Southgate, que dejó la papeleta a tres de los más jóvenes jugadores sobre el campo. Y fallaron los tres. En casa, con un público que nos recordó a los peores tiempos del hooliganismo, con el equipo como favorito y toda la presión sobre sus espaldas, Southgate decidió que Jadon Sancho (21), Marcus Rashford (23) y Bukayo Saka (19) lanzaran. A los dos primeros los sacó en el minuto 120 de partido solo para que cometieran el gambazo que cometieron. En sus enfrentamientos contra Suiza e Italia, Luis Enrique no dejó esa presión a Pedri (18) y creo que todos lo entendimos. En momentos así también se distingue a un entrenador, como cuando Vinicius pidió tirar un penalti en la final de la Supercopa entre el Real Madrid y el Atleti (Arabia Saudí, 2020) y Zidane le dijo que no. Hay jóvenes con mucho más aplomo que algunos veteranos, pero el entrenador debería ser quien dejara los criterios claros mucho antes del partido (días, semanas incluso). Nunca entendí que Camacho escogiera a Joaquín (20 años entonces) para tirar un penalti en aquella fatídica mañana de junio en Gwangju, el día que supimos de la existencia de Al Ghandour, sobre todo porque en el campo había jugadores como Luis Enrique (32) y Miguel Ángel Nadal (35), que se curraron un Bebeto mirando para otro lado y dejando toda la responsabilidad al chavalín.
  • La elección y la preparación del portero. El portero es quien más tiene que ganar y menos que perder en una tanda de penaltis. Salvo que seas De Gea. Luego lo explico. Un portero no puede llegar a la tanda sin haber analizado previamente a sus rivales. Coño, que no es tan difícil, que los jugadores y el cuerpo técnico se pasan horas en una concentración preparando un partido y es bastante probable pensar que se puede resolver por penaltis. ¡Pues prepáralo! Parece algo excepcional cada vez que nos cuentan que un técnico o incluso el portero suplente ha soplado al titular por dónde suelen lanzar los jugadores rivales, cuando es algo que debería estudiarse siempre. El Madrid lanzó sus cinco penaltis de Milán a Oblak por su lado izquierdo. Y también consiguió engañarle en los cinco de la Supercopa de 2020. Porque lo habían estudiado. Van Gaal cambió a su portero titular (Cillessen) por el suplente (Krul) en el último minuto de la prórroga frente a Costa Rica en el Mundial de 2014 y le salió bien, seguramente porque descolocó a sus rivales, cambió el guion y los pilló desprevenidos. Si alguien en la selección española hubiera estudiado los aciertos de David De Gea en los lanzamientos de penalti jamás le habría dejado que se la jugara en la tanda del Mundial de Rusia frente a los locales. Porque no los para ni aunque le tiren a dar. Este año le anotaron once seguidos en la final de la Europa League frente al Villarreal, y para colmo falló el suyo. Lleva desde abril de 2016 sin detener un penalti: 40 lanzamientos desde entonces y 40 goles. Solo hay que tirar a puerta. Cuando vimos que la final de la Euro se decidía entre Donnarumma y Pickford, supimos que Italia partía con mejores papeletas para “la lotería”. Lo mismo que en las semifinales entre Inglaterra y Dinamarca, en las que Schmeichel hijo me hizo pensar que repetiría la hazaña de Schmeichel padre en la Euro del 92 (El bigote de Kim). Hay porteros con esa habilidad y la confianza necesaria para asustar al rival, pero por desgracia, lo que ocurrió es que un piscinazo de Sterling made in City me privó de confirmar mi teoría.
  • Cuidado con los megacracks, es preferible que lancen al principio de la tanda. Mbappé falló por Francia, Cristiano en la final de Champions entre el Manchester y el Chelsea (salvado luego por los errores de Terry y Anelka), Messi en la final de la Copa América frente a Chile, Ronaldo, Kaká y Sergio Ramos en las famosas semis frente al Bayern de 2012, Zico, Sócrates y Platini en los cuartos del 86, Maradona en el partido frente a Yugoslavia del Mundial de Italia 90, Roberto Baggio y Baresi en la final del Mundial USA 94,… y así un largo etcétera de cracks. Algo les pasa que sienten la presión más que sus compañeros, quizás porque nadie espera de ellos lo que les puede ocurrir, igual que al resto. Hay entrenadores que dicen que hay que poner al mejor lanzador en quinta posición y al segundo mejor en la primera. Yo pondría siempre a mi jugador más fiable en primer lugar. Te evitas además que tu estrella se pueda quedar sin tirar, como a Cristiano Ronaldo en las semis contra España en la Euro de 2012, el día del “¡qué inyustisia!”.
  • Raso, fuerte y al palo. Sé que parece fácil, pero si fuera entrenador, lo primero que haría es obligar a mis jugadores a que se dejen de gilipolleces. Si va raso, fuerte y al palo entrará más del noventa por ciento de las veces, por muy bien que se tire el portero rival. Ni paradinhas, ni pasitos, ni carreras absurdas, ni saltitos, ni esperar al último segundo para decidir el lado, ni panenkas, ni a media altura, ni… La de penaltis que se fallan por estupideces. Zaza, Oyarzábal, . Italia tenía la final ganada cuando Jorginho hizo su típico saltito y falló. Lanzamiento flojo, fácil de parar si el portero adivina la trayectoria. Aquí dejo algunos de los penaltis peor tirados de la historia, que incluye al propio Neymar y la tontería que hace siempre antes de lanzar:
  • Y la última, ya que hablamos de confianza: No dejar que lancen jugadores del Atleti. Así es, para qué nos vamos a engañar. Esta no-lotería de los penaltis va sobre la confianza y la historia del Atleti es la de los que se quedan “a punto de”, con la miel en los labios, luego no puedes ir a la tanda de penaltis con los jugadores del Atleti. Lo sabía Southgate y no dejó que Trippier (30) lanzara en la final. Luis Enrique lo sabía y en el partido contra Suiza cambió a Morata y a Koke durante el partido. Griezmann y Juanfran en Milán, Saúl en Arabia, Koke en Rusia 2018, Torres en Munich… su cara antes del lanzamiento lo anticipa (recordad El influjo magnético de la sonrisa sobre los postes). De la Euro 2020 nos privó el fallo de Morata. Sí, ya sé que esta temporada ha jugado en la Juve, pero Morata es atlético de carácter, formas, declaraciones y sobre todo, de confianza. Psicológicamente. En todos los chats de Whatsapp, en todo Twitter, en el bar en el que estaba y en todo el puto mundo, se comentó: “tenemos claro que Morata no puede lanzar un penalti”. Estaba con confianza, había metido el gol del empate y Luis Enrique lo animó, pero es un cenizo de manual. Ni siquiera me extrañó su fallo. Mi mujer me preguntó que cómo lo sabíamos y le dijimos simplemente: “tiene el ADN del Atleti”.

Maldita prensa

BARNEY, 05/06/2021

De todo lo que dice Zidane en la famosa carta publicada en el diario As, lo más doloroso para mí es todo lo referido a la maldita prensa. Todo. Deja varios recados, a cual peor. A todos esos periodistas que no querían hablar de fútbol porque le “hubiera gustado que las preguntas no fueran siempre dirigidas hacia la polémica”, pero a esos ya los conocemos, son lamentables, olisqueadores de morbo y una vergüenza para la profesión. Mucho más grave es lo que señala respecto a los “mensajes filtrados intencionalmente a los medios de comunicación” porque “creaban interferencias negativas con la plantilla”. Lamadreque… nunca quise creerlo, pero parece que era verdad. Tienes una panda de buitres carroñeros merodeando y resulta que desde la directiva se les daba carnaza para aumentar la presión sobre el entrenador. ¡Sobre el Zidane de las tres Copas de Europa! Creo que el hecho de que Zidane elija el puñetero As de Relaño para su carta, el medio del enemigo irreconciliable de Florentino Pérez, no es casual.

¿Tan importante es la prensa para un entrenador? Podemos pensar que no debería ser así, que un técnico del más alto nivel debería tener la capacidad suficiente como para evadirse de la presión que supone tener todo el día a alimañas acechando en las ruedas de prensa, pero se ve que afecta. Y creo que afecta porque sus comentarios crean confianza o desconfianza para poder trabajar. No solo eso, sino que además hay millones de seguidores que van al fútbol con el As o el Marca bajo el brazo creyendo a pies juntillas lo que dicen, y este año no se ha notado mucho por la ausencia de público en los estadios, pero tengo claro que de haber estado el Bernabéu a reventar, Zidane no habría llegado a diciembre tras las derrotas en casa frente al Cádiz, el Alavés o el Shaktar. Claro que influye la prensa para trabajar.

Hay muchos ejemplos cercanos. Al Cholo Simeone no se le critica nada, por ejemplo, pese a ser el entrenador mejor pagado del mundo. Sí, este año ha ganado la Liga “de aquella manera”, pero se ha pasado años practicando un juego horrible y viviendo de la excusa del presupuesto, cuando infrautiliza a jugadores como Joao Félix (125 millones) o Lemar (75 millones). Aprovecho para dejar aquí mi explicación de lo ocurrido este año en LaLiga, un campeonato con un guion escrito desde la primera jornada en el que se sabía que “el malo”, el enemigo de Tebas, no podría hacerse jamás con el título:

La Liga en ocho capítulos

El capítulo octavo

El Cholo tiene tantos “amigos” entre los periodistas que cuando entró en la sala de prensa en Lisboa tras la final de 2014 comenzaron todos a aplaudirle. ¿Por qué? No es solo que olvidaran el lamentable juego y el bochornoso espectáculo de fingimiento y pérdida de tiempo desplegado durante más de una hora, sino que aplaudieron también al tipo que en los últimos minutos de partido saltó al campo como el macarra que siempre fue para agredir a un chaval de 21 años entonces, Raphael Varane. Lo que siempre se critica al entrenador del Real Madrid, sea quien sea, se convierte en aplausos cuando del Cholo se trata.

Otro ejemplo de prensa babosa a su alrededor es Pep Guardiola, que puede gastar más de mil millones de euros en fichajes y no conseguir nada en Europa. Lo sé, habrá quien recuerde sus dos Champions con el Barça (2009 y 2011), pero con ese equipazo se consiguieron también antes (Rijkaard, 2006) y después (Luis Enrique, 2015). El Bayern de Munich logró la Champions antes de Pep (2013) y después de Pep (2020), pero no con Pep, pese a todos los fichajes realizados. La semana pasada se le aplaudió la genialidad de salir a jugar la final de Champions sin medio centro defensivo, lo mismo que se le aplaude hacer que un lateral vaya hacia el centro del campo o que juegue sin delantero centro.

Se le va a aplaudir todo lo que haga (recordad El sexto sinsentido) y si pierde, también será porque él es el responsable de los logros de su rival. Por cierto, el MVP de la final fue el medio centro defensivo del Chelsea, Kanté.

No deja de ser curioso el doble rasero de la prensa para alabar a Simeone, Guardiola, Klopp, Tuchel o incluso Pochettino mientras se critica todo lo que hace Zidane, cuyo palmarés habla por sí solo. ¿Desde cuándo está la prensa detrás de la cabeza de Zidane? En realidad no ha habido entrenador del Madrid que haya escapado de los ataques de la prensa: Del Bosque era un gestor de grupo sin conocimientos tácticos (dos Champions, un Mundial y una Eurocopa, entre otros títulos), Lopetegui por cómo se produjo, Benítez porque no era el perfil, Solari porque pasaba por allí y no daba la talla, Mourinho era un tipo arisco y maleducado que jugaba al contraataque (100 puntos y 121 goles en una sola temporada),… y Zidane es un alineador con flor. Con todo lo que ha tenido que aguantar este año con las lesiones, sin fichajes y con las salidas de jugadores en mitad de la temporada. Tras el descalabro frente al Alcoyano se pidió su cabeza, ya se hablaba de que no tenía margen o la situación era límite:

Recuerdo las desagradables portadas y anuncios del Marca con los nombres de los supuestos entrenadores para cuando se echara a Zidane. Solo pensar que algunos directivos podían tener interés en que se filtraran estas noticias me revuelve el estómago:

Siempre Pochettino, igual que Allegri. ¡Ni que hubiera ganado tres Champions y dos Ligas! Josep Pedrerol, a cuyo programa acudió Florentino Pérez en persona a explicar el proyecto de la Superliga, se pasó varias semanas atacando al técnico madridista. Octubre de 2020:

Apenas hacía tres meses de la consecución del título de Liga, pero la memoria es muy corta y frágil, como comentaba Zidane en otro de los puntos de su carta. Tras caer en agosto con el City volvieron las críticas al entrenador:

Los méritos del entrenador para alzarse con la que quizás sea la Liga más complicada de la historia, tras el parón por el confinamiento y la pandemia, ya se habían olvidado. Si me sigo remontando hacia atrás en el tiempo, compruebo que Zidane nunca dejó de estar cuestionado para la prensa, para toda, también la que algunos llaman madridista. Durante la misma temporada 2019-20 y tras la derrota en Mallorca (qué más darán los penaltis no pitados ese día):

En la pretemporada de ese mismo año 2019, el Real Madrid fue vapuleado 3-7 en Washington. Repito, era un amistoso de pretemporada, pero se volvió a utilizar para cuestionar la idoneidad de Zidane para el puesto de entrenador.

Zidane había vuelto al equipo unos meses antes para tratar de enderezar el desaguisado que habían dejado Lopetegui y Solari, pero tras una mala racha de resultados y apenas tres meses en el cargo era cuestionado de nuevo. Mayo de 2019:

Zidane había abandonado el Real Madrid en mayo de 2018 en lo más alto, tras conquistar su tercera Champions consecutiva eliminando al Paris Saint Germain, el Bayern de Múnich, la Juventus de Turín y derrotando 3-1 al Liverpool que había arrasado la Premier. Nada, tampoco era suficiente. Zidane se fue agotado, un tanto a la manera de Ulises o Aragorn, o como Gladiator y el descanso del guerrero. ese tipo cansado que solo quería volver a casa y reposar tras tanta batalla. Esa misma temporada había sido muy complicada para el técnico tras la eliminación en Copa frente al Leganés y la mala marcha del equipo en Liga:

Lo que no se contaba era por qué el Madrid estaba a 14 puntos del Barça en esos momentos, tras un arranque de campeonato tan vergonzoso como lo ha sido todo este campeonato. Villar estaba en chirona, el Madrid había hecho doblete de Liga y Champions unos meses antes, y había arrasado 1-5 al Barça en la Supercopa pese al calamitoso arbitraje de De Burgos Bengoetxea. El Villarato morirá matando.

Uno podría pensar que tras ese doblete y tras jugar una final de Champions espectacular contra la Juventus en Cardiff (4-1) a Zidane se le reconocerían sus logros como entrenador. Pues resulta que tampoco. El equipo ganaba porque la plantilla era la mejor, nunca por los méritos del entrenador. Junio de 2017:

Lo que hizo Zidane aquel año fue arriesgado, novedoso, innovador… Espectacular. El famoso equipo A y equipo B, que logró tener enchufada a toda la plantilla y alcanzar un doblete que se le escapaba al Madrid desde hacía más de cincuenta años. Pero para la prensa siempre ha quedado esa sensación de que Zidane “pasaba por allí, puso a sus cuatro amigos y tuvo suerte”. Zidane fue nombrado primer entrenador del Real Madrid en enero de 2016 y en marzo de ese mismo año la prensa ya especulaba con su salida (Entrenador nuevo, blanco seguro) y proponía los eternos candidatos:

Otra vez Pochettino, otra vez Allegri. Y de regalo, Ernesto Valverde, entonces entrenador del Athletic de Bilbao. Siempre pensé que eran especulaciones absurdas de la prensa, pero me preocupa pensar que podían ser filtraciones interesadas. Concluyo ya con la famosa crítica de Isaac Fouto, el vendedor de humo de la supuesta infalibilidad del VAR, ya antes de que Zidane tomara posesión de su cargo como entrenador del club:

Este post se titula por algo “Maldita prensa”, porque creo que buena parte del hartazgo de Zidane se debe a la misma y por eso resulta más imperdonable la posibilidad de que la directiva haya estado tras esos mensajes de crítica, como desviando la atención de la responsabilidad del club en algunas de las decisiones tomadas. Tras la marcha de Zizou se han deslizado sobre todo cuatro nombres: Conte, Raúl y los habituales Pochettino y Allegri. Ninguno. De manera sorpresiva se ha elegido a Calo Ancelotti. No sé si me motiva o no, con él al frente el equipo jugó maravillosamente bien durante varios meses, se conquistó la Décima, pero desde luego tiene personalidad y experiencia, aunque no sé si es el adecuado para acometer la drástica renovación que necesita la plantilla. ¿Qué ha hecho la prensa tras su primera rueda de prensa, en la que se habló entre otros de Gareth Bale? Volver a meter mierda, volver a los ataques hacia uno de sus objetivos preferidos:

Otra vez hablando del “golfista”, y buscando una foto de un futbolista en su tiempo libre, qué asco dan. Bale sodomiza periodistas, como dije en su día, y come carne picada de hijos de periodistas, solo así se entiende el odio que le tienen. La noticia es del 4 de junio, y parece que no les importa que hace ya más de una semana el agente del jugador hubiera dicho lo contrario:

La verdad les importa muy poco. Como el análisis riguroso de los datos o la veracidad de la información. Por esta razón, y puesto que es una guerra abierta contra el club, lo último que he escrito para La Galerna son mis propuestas para el contrato del entrenador del Real Madrid, las obligaciones que el club debería cumplir para garantizar que el entrenador pueda trabajar a gusto y sin interferencias:

Desde el mismo día en que firmó me subo al carro de Carletto, ojalá el club lo blinde y ojalá cumpla los tres años de contrato que ha firmado. Será señal de que ha podido trabajar pese a todo ese entorno perjudicial.

Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (II)

19/04/2021

II. Diez propuestas by Barney

He basado mis propuestas en primer lugar en los aspectos que celebro en otros deportes que me gustan, como el baloncesto, el rugby o el balonmano y en segundo lugar, en el rechazo a todo lo que detesto del lodazal infecto de conductas antideportivas en que se ha convertido el fútbol. La inmensa mayoría de jugadores de tenis, baloncesto, atletas, o incluso los aguerridos jugadores de balonmano o rugby, son auténticos caballeros del deporte, mientras que el fútbol debe ser el único deporte en el que el Reglamento premia al tramposo, al que evita de manera intencionada el ataque del rival. Y no solo eso, sino que los medios lo priman: “el fútbol es de los vivos”, “qué listo estuvo”, “una falta táctica”, “logró engañar al árbitro”,…

Así que vamos allá con diez propuestas para mejorar el espectáculo y la limpieza del fútbol:

  • 1. Tiempo cronometrado o parado, en lugar de tiempo corrido. Dos tiempos de treinta minutos. El tenis, los deportes de raqueta, o el voleibol, son deportes en los que no hay límite de tiempo, se pueden pasar horas jugando hasta que alcanzan un marcador determinado (3 sets, 25 puntos, 21 en el tenis de mesa). En el baloncesto, balonmano, fútbol sala y waterpolo se juega a reloj parado. El fútbol es ese caso extraño en el que se pierde tanto tiempo como el que se juega porque no se para nunca y el objetivo ni siquiera consiste en llegar a un marcador determinado. Lo que propongo no es ninguna novedad, la IFAB ya lo ha planteado en varias ocasiones, como en 2017. Hay cosas que los aficionados detestamos en el fútbol y que sorprendentemente tienen premio: el jugador que finge una lesión y se pasa dos minutos en el suelo hasta que se reanuda el juego, los saques de banda o córner del equipo que va en ventaja, el portero que tarda treinta segundos en sacar (el sábado lo hizo Courtois y me cabreó mucho, pese a que íbamos ganando), el ceremonial de los cambios en los que el sustituido se va a la parte más alejada del campo y regresa de manera parsimoniosa hacia el banquillo,… Es desesperante, nunca se descuenta el tiempo que se pierde, luego la norma favorece al infractor, ¡absurdo! La IFAB planteó partidos de sesenta minutos divididos en dos partes de treinta en los que se parara el cronómetro cada vez que había una interrupción. Lo único que yo añadiría es que la última posesión de cada parte se deje concluir, es decir, no se pita el final al llegar al minuto treinta o sesenta, sino cuando el juego se interrumpe. Como el fútbol es un deporte de pillos, el que va en ventaja podría hacer una falta para forzar el final, pero en ese caso no contaría: si quiere que el partido se acabe, tendrá que recuperar el balón y lanzarlo fuera.
  • 2. Cambios sin límite, pero sin parar el juego. La idea es la del balonmano, en cualquier momento. Ya se encargarán sustituto y sustituido de no perder tiempo. Las actuales plantillas tienen veinticinco futbolistas, profesionales bien pagados que se quedan sin jugar durante muchos partidos cada temporada, porque solo juegan once más los cinco cambios. Esta circunstancia, unida a los calendarios cada vez más cargados, convierte a los suplentes en un recurso de lujo que se queda sin utilizar por los clubes. Millones de euros ociosos que además generan tensiones en los vestuarios, apatía en los menos profesionales por ver que apenas cuentan en las rotaciones, incremento de lesiones en los habituales, partidos en los que el cansancio acaba pesando más que el propio talento,… El campo de fútbol es mucho más grande que uno de balonmano, así que se podría poner un banquillo de suplentes en cada banda, con siete integrantes de cada equipo por banquillo. Siete en banda derecha, siete en banda izquierda, once jugando y la plantilla entera sabiendo que puede saltar al campo en cualquier momento en función de las circunstancias y el marcador. Como el tiempo sería cronometrado, no habría pérdida alguna de tiempo, los esfuerzos serían más intensos, aumentaría la velocidad del juego, habría muchas más alternativas para los entrenadores y los partidos no se resolverían por la fatiga de los titulares. La única pega que le veo a esta propuesta es que serían más evidentes las diferencias entre los equipos grandes y los pequeños, porque podrían fichar a jugadores de banquillo que en el resto de equipos contarían con muchos más minutos. Pero eso ya ocurre en la actualidad.
  • 3. Aumentar el tamaño de las porterías. Esta propuesta se la escuché hace años a Don Alfredo Di Stéfano, que de esto sabía un poco. El tamaño reglamentario actual es de 7,32 metros de ancho por 2,44 metros de altura. Con porteros del tamaño de Courtois, Oblak, Neuer, Allison Becker y tantos otros, por encima del 1,90 m. de altura, más la agilidad y potencia que han adquirido en los tiempos recientes, se hace cada vez más difícil meter un gol desde larga distancia. Qué pocas veces vemos ya esos pepinazos desde lejos que se colaban como misiles por las escuadras o las cepas de los postes. El tamaño de estos porteros y su calidad son un factor más para intentar entrar con el balón hasta el fondo, con lo cual se potencian más las defensas cerradas. Es curioso que en el fútbol evolucionen algunas cosas y otras apenas nada, pues las primeras porterías de fútbol tenían unas medidas muy similares a las actuales: 8 yardas de ancho por 8 pies de altura. O lo que es lo mismo, 7,30 metros por 2,34 de altura. En 1996 Josep Blatter, entonces presidente de la FIFA, propuso aumentar el tamaño de las porterías: unos 50 cm. de ancho y 25 cm. de altura, aproximadamente dos balones de anchura y uno de altura. La propuesta fue rechazada de modo unánime, aunque yo creo que habría que rescatarla del cajón e ir más allá: 2-3 metros de ancho y 30-40 cm. de altura. Si uno ve un partido actual, porteros como Oblak o Courtois llegan al larguero con la cabeza y son capaces de alcanzar el poste desde el centro de la portería sin apenas dar un paso. Los porteros actuales son atletas más largos que un partido de la selección española, luego hay que dificultar su trabajo si queremos potenciar el fútbol ofensivo, los tiros de media y larga distancia. En definitiva, los goles.
  • 4. Áreas más pequeñas: hay dos jugadores sobre el campo con una ventaja muy superior sobre los otros veinte, pues pueden usar las manos, ¿de verdad es necesario que puedan ejercer su superioridad en una zona de 665 metros cuadrados? Es demasiada ventaja y aunque se les ha dificultado mucho el uso de las manos en los últimos tiempos cuando el balón viene de un compañero, no estaría de más reducir el área en el que pueden aprovecharse de su ventaja, salir hasta 18 metros para dificultar al atacante su jugada o desplazarse lateralmente 16 metros hacia cada lado para abortar jugadas de peligro. Enlazo esta norma con la siguiente.
  • 5. Dejar el fuera de juego solo para las áreas, trazando una horizontal hasta las bandas, o delimitar una zona cercana al área, como se hace en el fútbol 7. Marco Van Basten proponía suprimirlo por completo, pero creo que sería contraproducente porque podría convertir el fútbol en una acumulación de futbolistas en el área pequeña y balones a la olla, y eso es todavía más feo que el “balonmanismo” del fútbol actual. Al área hay que llegar tocando, combinando, lanzando balones en profundidad, con penetraciones y suprimir totalmente el fuera de juego llevaría a acumular futbolistas en el área, palomeros, chupagoles y todas esas figuras del fútbol de barrio que desvirtuarían el espectáculo. Respecto a las polémicas de los fueras de juego por centímetros, que si el hombro, la rodilla o la punta de la bota, yo propondría que el jugador solo ha entrado en área de fuera de juego cuando ha pisado esa zona, igual que en el baloncesto un jugador no está fuera si ha saltado desde dentro del campo para salvar una bola. Un jugador podría estar en carrera en el momento en que se le lanza el pase, pero si no ha pisado el área de fuera de juego en el momento en que el balón sale de su compañero no estaría en posición irregular. Se reducirían esas perpendiculares absurdas que a veces salen del antebrazo y otras de la clavícula porque la posición la marcarían los pies apoyados sobre el suelo. Y con esta propuesta mantendríamos a los jugadores fuera de las áreas, pero “agrandaríamos” el campo. Hace años se jugó un Barcelona-Real Madrid con esta regla, en un amistoso organizado por Canal Plus bajo el nombre de “El Gran Desafío”. Solo hubo un fuera de juego en todo el partido (Villarroya, quién si no) y para el espectador el partido fue entretenido, con más llegadas, aunque algunos jugadores se quejaron de que el campo era “más largo”. Justo lo que no ocurre ahora: defensas que adelantan las líneas, campos que se acortan y limitan. Con la forma física de los futbolistas actuales, se puede plantear cualquier opción, la de Wenger, la de Van Basten o la del fútbol 7, que siempre serán mejores que la actual. En cuanto a la manipulación de las imágenes para determinar si es posición correcta o no, seguirá existiendo la polémica, como ayer con el gol anulado de manera incorrecta a Mariano, pero se reducirán las posibilidades. Sobre este asunto y el principio de incertidumbre de Heisenberg vs principio de certidumbre del VAR, dejo aquí mi último artículo para La Galerna.

6. Expulsiones temporales a los jugadores. Los diez minutos del rugby quizás sean excesivos, mientras que los veinte segundos del waterpolo se me antojan cortos. Como los partidos se disputarían a tiempo parado, tendría que ser una expulsión temporal de 5-8 minutos. Los motivos para una expulsión temporal serían amplios, como por ejemplo:

* Entrada fuerte y desproporcionada sobre un rival.

* “Falta táctica” para evitar un contraataque.

* Las faltas a un jugador en posición clara de gol dentro de la zona delimitada para el fuera de juego serán sancionadas con penalti y expulsión temporal del infractor.

* El típico pique o calentón entre jugadores.

* Una cosa que me desespera del fútbol es desplazar el balón cuando se ha señalado una falta. Yo aplicaría la norma del balonmano: expulsión temporal si no dejas el balón inmediatamente en el sitio y sales huyendo de allí como si fuera una granada a la que le han quitado la anilla.

* Cortar el balón con la mano de manera intencionada.

* Cualquier protesta al árbitro, por nimia que sea, puesto que al colegiado hay que respetarlo como hacen los maromos del rugby. Incluso a HH y BB.

* Pedir al árbitro que saque tarjeta al rival. Es uno de los gestos que trajeron las modas recientes y que me parece más detestable, de mal compañero.

Un jugador con dos expulsiones temporales no podrá volver al campo, pero sí podrá ser sustituido.

7. Limitación de faltas por cada jugador, como en el baloncesto. Cuatro, cinco como máximo. Sí, puede que en ocasiones se piten faltas que en realidad son roces, pero es igual que en el baloncesto, el jugador que tiene cuatro sabe que tiene que ser menos agresivo en defensa, y si se trata de favorecer el juego de ataque, empecemos por debilitar las defensas agresivas al límite del Reglamento. El jugador que alcance el número de faltas podrá ser sustituido por otro compañero, pero no dejará a su equipo en inferioridad numérica.

La tarjeta roja seguirá existiendo para agresiones a un rival, insultos al árbitro o entradas con el uso excesivo de la fuerza sin intención de jugar el balón, o con ánimo de lesionar al contrario. Y una norma que puede no gustar: roja al jugador del banquillo que salte al campo a protestar, a una tangana, o a algo distinto que jugar al fútbol. Directo al túnel de vestuarios, acabemos de una vez con los shows de los tipos de los banquillos.

8. La mano en el área es penalti siempre que el brazo esté despegado del cuerpo y desvíe la trayectoria del balón, da igual la intencionalidad, si está apoyada en el suelo o no, si viene de rebote, si es una posición natural, si “agranda el espacio ocupado por el defensa”, si tiene influencia en la jugada,… da lo mismo. Mano despegada del cuerpo: penalti. Dejémonos de las surrealistas interpretaciones de Andújar, Iturralde, Fouto y demás palmeros.

9. Cambios en las eliminatorias de los campeonatos: yo me cargaba la fórmula del valor doble de los goles en campo contrario. Debería pasar el que más goles meta en el global de las eliminatorias, es lo más justo. Esta regla hace que el equipo local, el que debería jugar al ataque para obtener la máxima ventaja, suele jugar con bastantes precauciones, sin descuidar la defensa porque un gol en contra puede ser letal. En caso de empate, jugaría una prórroga de diez minutos de tiempo cronometrado con un jugador menos para que haya más huecos y no puedan encerrarse o atrincherarse en sus áreas. Ya sé que los jugadores deberían estar fundidos, pero con la norma de los cambios, pueden aguantar perfectamente. Si tras los diez minutos de prórroga persiste el empate, se juegan otros diez minutos con otro jugador menos. Si aun así persiste el empate, no me convence la opción de los penaltis “shootouts” que proponía Marco Van Basten, y mantendría los tradicionales, pero con el orden de lanzamiento ABBA, como ya se ha probado en algunos campeonatos en categorías inferiores, o como hace el tenis con el cambio de saque en los tie-break para ir alternando las ventajas. Como han demostrado algunos estudios, en el sesenta por ciento de las tandas de penaltis gana el equipo que lanza primero, dato que parecía desconocer el Cholo Simeone en Milán cuando eligió tirar en último lugar. Con el sistema ABBA, la presión o la tranquilidad van cambiando de bando.

Y 10. Un calendario más racional: hay que reducir partidos intrascendentes, como los que acaban de jugar las selecciones nacionales en mitad de la fase clave de los campeonatos de clubes. No soy un enemigo del fútbol de selecciones, pero no es de recibo que Lewandowski no haya jugado con el Bayern de Múnich en cuartos de final ante el PSG, o que Ramos recayera de su lesión con España, que Modric juegue tres partidos en una semana, o que Luis Suárez y Torreira pillen el Covid con su selección cuando su club, que es el que les paga, aplica estrictos protocolos para evitar esos contagios. La Liga española no da para veinte equipos, hay que reducirlo a dieciséis, como mucho, y hay que promover enfrentamientos entre los mejores clubes de Europa todas las semanas, no de manera excepcional. La Euroliga de baloncesto ofrece un calendario extenuante para jugadores, pero gozoso para los aficionados. Treinta y cuatro partidos de fase regular, y las selecciones quedan relegadas solo para las grandes fases finales, no para partidos irrelevantes. Si la UEFA y la FIFA se quieren llevar gratis by the face a los jugadores de los clubes, que les pagan y muy bien, deberían suscribir unos enormes seguros que costeen las fichas de los futbolistas por el tiempo que estos estén parados tras una lesión con su respectiva selección. El hartazgo de los grandes clubes con estos organismos son los que han llevado a la creación de la Superliga por parte de doce grandes clubes europeos, más los que están por sumarse a la propuesta, que sospecho que serán muchos.

Las normas que he incluido son meras propuestas, algunas más estrafalarias que otras, varias de ellas ya han estado sobre la mesa, y en cualquier caso, son simples elucubraciones de un aficionado que ve que el deporte que le gusta no evoluciona. Estoy abierto al debate, sugerencias, críticas…

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (I)

BARNEY, 17/04/2021

I. El contexto

Son entrañables. No suelen defraudar. Cuando algo no les gusta, cuando el resultado no es el que esperaban, la culpa es del Reglamento. Del oficial, no del suyo. Me refiero, cómo no, a los seguidores del Barça y a sus altavoces mediáticos. PERO esta vez voy a darles la razón en parte. El sábado pasado, tras la victoria del Real Madrid frente al eterno rival por dos goles a uno en Valdebebas, los seguidores culés se quejaron de dos cosas: un penalti de chiste de Mendy sobre Braithwaite y el poco descuento que concedió Gil Manzano, apenas cuatro minutos. Ambas protestas fueron amplificadas por los de siempre, el entrenador Ronald Koeman y el voceras mayor del universo, Gerard Piqué.

Al día siguiente, Gol TV, la cadena de Jaume Roures, último avalista del Barça, publicó un mensaje indicando el tiempo perdido, 9 minutos, 50 segundos, y por lo visto (no puedo contrastarlo, porque no veo TeleRoures), en El Golazo le dedicaron parte del programa al tiempo que se perdió durante el encuentro. Sus medios afines, que son casi todos, difundieron por doquier la noticia:

Dejando a un lado que incluyen los más de tres minutos que se pasaron rajando al árbitro (son únicos en esto) y la avería del pinganillo del colegiado, lo cierto es que tienen razón: el descuento fue corto. Podía haber durado un par de minutos más perfectamente. Pero eso es lo que no puede ser, que una decisión tan importante como esa, en un partido de la trascendencia de un Madrid-Barça dependa del criterio subjetivo de un árbitro y no de un Reglamento claro. Todos tenemos nuestros descuentos (o no-descuentos) fatídicos clavados en el alma y la sensación de injusticia que te queda, que es distinta a la de un penalti o un error de apreciación. Lo prolongo o no según me apetezca, y que pase lo que tenga que pasar.

Han cambiado muchas cosas en el mundo del fútbol de unos años a esta parte y el Reglamento apenas lo ha hecho. Muy poco, tan poco que creo que la FIFA puede competir en inmovilismo con la propia Iglesia. En 2016, la IFAB (International Football Association Board) publicó varias novedades que la FIFA trató de vender como la mayor revolución del Reglamento en décadas, pero en realidad lo más destacable fue la incorporación del VAR, cambiar la norma llamada del “triple castigo”(expulsión tras un penalti en ocasión manifiesta de gol) y permitir el saque de centro hacia atrás. No mucho más. En 2019, modificaron la regla del saque de puerta, para el que ya no sería necesario que el balón saliera del área, y a lo largo de estos últimos años han cambiado la norma de la mano considerada como infracción o penalti, hasta el punto de que ahora mismo nadie sabe cuándo una mano es penalti y cuándo no.

Se ha llegado a un punto absurdo en el que parece que cada semana se reinterpreta la norma, voluntaria/involuntaria, separada del cuerpo o no, que ocupa espacio o no, posición natural, influencia,… aunque creo que eso no es culpa del Reglamento, sino de los opinadores, que hacen auténticos ejercicios de trilerismo para justificar lo injustificable:

La polémica va a seguir existiendo siempre, es consustancial al propio fútbol, pero lo que no puede hacer este deporte es convertirse en algo anodino, que es en lo que por desgracia a veces se está convirtiendo. Resulta paradójico que haya mejorado todo, la técnica de los jugadores, la preparación física, la velocidad, el estado del terreno de juego, la calidad de las retransmisiones… y que todo eso haya redundado en partidos más planos, con menos ocasiones, menos goles, sin apenas alternativas o remontadas épicas. Con mucha menos emoción. Hace un par de semanas se jugó la final de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, con victoria de estos últimos por un gol a cero. Vi el último cuarto de hora, en el que los bilbaínos deberían haberse volcado sobre la portería donostiarra y fue soporífero: su única preocupación era no perder el balón. Solo tiraron una vez a puerta y apenas colgaron balones al área, ni siquiera a la desesperada. Fue decepcionante.

O los partidos de clasificación de España, con posesiones del ochenta por ciento y dos remates a portería, ¿es este el fútbol que queremos?

El fútbol que me gustaba se muere, como dije en su día. La mayoría de deportes ha sabido evolucionar a medida que incorporaba ventajas técnicas o físicas. En baloncesto ampliaron las zonas para sacar de ellas a los jugadores grandes, crearon la zona de tres puntos para primar a los tiradores o ampliaron el perímetro cuando comprobaron que la ventaja era excesiva, redujeron las posesiones de 30 a 24 segundos, etc. La evolución es constante y creo que el fútbol puede acabar perder mucho interés si no ofrece alternativas que mejoren el espectáculo.

La FIFA nombró Director de desarrollo técnico al exjugador holandés Marco Van Basten en 2016, y aunque he leído ya varios artículos de sus propuestas, lo cierto es que no ha encontrado todavía el suficiente apoyo para sacarlas adelante. Coincido con él en esa búsqueda de nuevas reglas que hagan más atractivo este deporte, sobre todo ahora que ya sí puede decirse que ha llegado a rincones en los que era minoritario, como China o Estados Unidos. Marco Van Basten planteó lo siguiente:

  • 1. Penaltis shootouts en lugar de prórrogas o la tradicional tanda de penaltis. El jugador arranca a veinticinco metros de la portería y tiene que driblar al portero o chutar antes de llegar al punto de penalti. Todo ello en menos de ocho segundos. En algunos casos, se ha probado con la limitación de tres toques para el delantero. “Es más talento y menos fortuna. Más espectacular para los aficionados e interesante para los jugadores”.
  • 2. Acabar con el fuera de juego. Bien, Marco, por fin alguien lo pone encima de la mesa: “el fútbol se parece cada vez más al balonmano con nueve o diez defensas delante de la portería. Es difícil marcar y crear algo en tan poco espacio”. Se parece al balonmano, o al waterpolo, o al fútbol sala: delanteros pasándose el balón de un lado a otro hasta que aparece un hueco, si aparece. El francés Arsene Wenger, entrenador durante muchos años del Arsenal, propuso por su parte un cambio en la regla del fuera de juego, consistente en que no se considere fuera de juego la posición adelantada de un delantero, siempre y cuando una parte de su cuerpo con la que puede anotar gol esté en línea con el defensa. El propio presidente de la FIFA, Gianni Infantino, afirmó que “queremos que el fútbol sea cada día más ofensivo”. En un estudio realizado en Inglaterra se concluyó que con la norma Wenger los fueras de juego se reducirían en un cincuenta por ciento. Se evitaría la polémica de anular goles por uno o dos centímetros, como ha ocurrido en ocasiones, cuando ni siquiera es posible determinar la posición exacta del delantero en relación con el momento justo de la salida del balón de la bota de su compañero, pero no sé si se eliminaría la controversia por las líneas mal tiradas que tenemos siempre en España.
  • 3. La tarjeta naranja. Lo que plantea el holandés es una expulsión temporal, como en el balonmano o en el waterpolo. Totalmente de acuerdo. La mayoría de las ocasiones se favorece al infractor, al defensa que corta bruscamente un contraataque, o al que directamente busca hacer daño a un rival. Otra alternativa que pone encima de la mesa es limitar el número de faltas por jugador.
  • 4. Jugar a tiempo parado para evitar pérdidas de tiempo. En este punto, que es en el que he empezado, no puedo estar más de acuerdo. Es absurdo, surrealista, me atrevería a decir que estúpido, otorgar al árbitro el poder que tiene ahora para alargar, acortar o permitir las pérdidas de tiempo. El balón está en juego apenas un sesenta por ciento del tiempo total de juego en las ligas europeas en las que menos tiempo se pierde, las del norte de Europa. En España la cifra alcanza un ridículo 53 por ciento, por eso resulta tan desesperante todo el tiempo que se pierde en hacer los cambios, sacar una falta, un saque de portería, las protestas… Hay que acabar con este sinsentido.
  • 5. Ampliar los cambios. Cuando Van Basten propuso esta medida solo estaban permitidos tres cambios. Tras el parón de la pandemia se aprobó de manera transitoria la ampliación a cinco cambios en tres ventanas por equipo, que parece que va a quedarse por un tiempo.

Yo creo que las propuestas de Van Basten son interesantes, pero han pasado cinco años y no ha cambiado nada. Las polémicas continúan, el VAR no ha evitado errores porque en muchas ocasiones no son errores, sino interpretaciones, y el juego cada día tiene menos ocasiones de gol. Lo cual es una pena cuando ves que los jugadores, todos, incluidos ya los porteros, tienen un buen dominio del balón con ambas piernas, una técnica depurada y unas facultades físicas muy superiores a las que tenían apenas dos décadas atrás. O lo cambiamos, o empezamos a primar una especie de combate a los puntos en lo que lo importante sea otra cosa, y no los goles:

Continuamos en II. Diez propuestas by Barney.

¿Qué cojones quieres, Euroliga?

BARNEY, 02/04/2021

Lo siento, estoy muy cabreado. Acaba de terminar el partido y lo de menos es el resultado. Tras la victoria de esta noche frente a Olympiacos (72-63), el Real Madrid de baloncesto todavía puede clasificarse a cuartos de la Euroliga, del mismo modo que caer eliminado. No ha cambiado mucho la situación, seguimos vivos y toca esperar.

El título de este post estaba escrito desde el pasado martes, tras el esperpento sufrido en el WiZink Center de Madrid en el partido que enfrentaba al Real Madrid con el Anadolu Efes de Estambul. Sí, lo sé, el partido acabó con una escandalosa paliza, 83-108, pero cualquiera que presenciara lo que ocurrió en el tercer cuarto sabe que lo que está pasando no es normal y solo se entiende si hay instrucciones en el sentido de perjudicar al Real Madrid. Lo afirmo con todas las letras, como creo que puede corroborarlo cualquier habitual de los partidos de Euroliga de los nuestros.

No quiero excusarme en los árbitros. El Anadolu Efes ganaría un partido como el del martes en nueve de cada diez ocasiones, o en diecinueve de cada veinte, si lo prefieren. Lo único que pedimos los aficionados, igual que Pablo Laso, es un poco de respeto. Poder competir en igualdad de condiciones. Para los que no presenciaran lo ocurrido, el partido estuvo igualado hasta el descanso, 42-41 para los locales. Pero los turcos son un equipazo, repleto de calidad en todas sus líneas y se escaparon en el inicio del tercer cuarto, coincidiendo además con la lesión de Edy Tavares. El esperpento vino cuando el Madrid logró varias buenas defensas (inmenso Usman Garuba) y logró remontar hasta una desventaja de cinco puntos (62-67). Fue entonces cuando el trío arbitral se puso definitivamente la camiseta de los turcos (que hasta entonces estaba a medio poner) y comenzó a señalar faltas de todo tipo a los blancos: en ataque, en defensa, las que eran, pero también las que no, por flopping visitante, una técnica a Rudy, otra a Laso,… Seis tiros libres consecutivos al final del cuarto para dejar unas estadísticas que no había visto en mi vida: 22 tiros libres de los visitantes por solo 2 de los madridistas. En solo diez minutos. Increíble. Y aun así, solo doce puntos de desventaja en ese momento. Ni siquiera en el atraco aquel de Neyro hace mil años.

Consiguieron desquiciar a Laso y a todo el equipo. De verdad creo y soy consciente de que al Madrid actual, con todos los problemas sufridos esta temporada, no le daba para ganar al Efes, pero, coño, que nos dejen competir, si lo normal es que perdamos en las actuales circunstancias y contra un equipo dotado de mayores recursos. Parece que hubiera un interés por parte de los mandamases de la competición por que el Madrid no se clasifique entre los ocho mejores. Hace un mes se produjo otra de esas circunstancias insólitas en el mundo de la canasta y fue en el partido entre el Real Madrid y Zalgiris, concluido con victoria de los blancos por 70-58. Pues bien, en aquel partido, el Real Madrid pese a atacar 40 minutos y tirar a canasta 58 veces, no recibió una sola falta que mereciera un tiro libre, según la consideración de los árbitros. El casillero de tiros libres en blanco no se ve ni en los partidos de mataos de ligas municipales que he jugado durante tantos años. Aquí lo dejo, enmarcado y directamente extraído de la web de la Euroliga:

Es un hecho tan inverosímil que Pablo Laso quiso insistir sobre el mismo a las cámaras con un enfado tan ostensible como el del pasado martes, cuando fue expulsado por protestar ante los turcos, gritando desesperado unas palabras muy similares a las que solté yo en mi casa: “Me da igual, treinta partidos como este. No te preocupes, que me voy. Estoy cansado, todo el año así“. Y es que llevamos todo el año así, treinta partidos, que se dice pronto.

Sin embargo, los de Pablo Laso van a seguir luchando hasta el último minuto de la última jornada, porque, si algo ha demostrado este equipo, es que no se rinde nunca, por mucho que las circunstancias se lo pongan casi imposible. Orgullo blanco. Este año el equipo ha bajado varios niveles respecto al pasado. A los veteranos Carroll, Felipe, Llull, Rudy y Causseur se les nota mucho ese año de más en sus piernas y en sus cuerpos magullados y el equipo se resiente, ha perdido bastante competitividad. En noviembre se nos marchó el Facu Campazzo, que estaba siendo, quizás, el mejor jugador de la competición, y a su baja se sumó poco después la de Anthony Randolph. Ninguna de las bajas fue sustituida en condiciones, porque Alex Tyus no es un suplente de nivel para Toñejo y Laprovittola no ha dado el salto de calidad que cabía esperar de un MVP de la ACB. Sergio Llull y Rudy Fernández han estado casi tanto tiempo parados como jugando, y a estas bajas se han sumado temporalmente las de Thompkins, Taylor, Garuba y Causseur. Y aun así el equipo sigue dando guerra, planteando batalla cuando y como puede, y mostrando la garra de los más jóvenes: Garuba, Alocén, Abalde. Laso ya ha dado confianza en liga a otros jugadores con muy buena pinta como Vukcevic y con todo lo sucedido es un milagro lo que está logrando esta temporada: título de la Supercopa, líderes en ACB con una sola derrota, y aún con posibilidades de clasificación en la Euroliga.

El Real Madrid es el sexto equipo en anotación y el octavo en número de asistencias, pero es el 16º, antepenúltimo en tiros libres lanzados de toda la competición. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué cojones quieres, Euroliga? ¿Echarnos ya, cabrearnos, perpetuar la agonía de cada partido? Se supone que el Real Madrid es uno de los equipos grandes de la competición y sin embargo el trato que recibe es vergonzoso. El pívot más dominante de la competición es Edy Tavares y no hay jugada en la que no recibe dos o tres mandobles en los antebrazos para evitar que suba la bola. Su situación me recuerda a la de Luka Doncic en la NBA: recibe más palos que nadie y como no los pitan, protesta, y eso hace que los árbitros piten aún menos faltas a sus defensores. Lo saben ya todos los equipos y todos los telespectadores.

Hay tipos con el silbato como Lamonica o Christodolou que los madridistas empezamos a conocer tan bien como Hierrezuelo y Peruga en la competición nacional. El griego pitaba soplidos el martes pasado y se tragó el silbato en el final de Moscú, por ejemplo. Puedo entender las diferencias de criterio entre colegiados, pero cuando es el mismo tipo el que pita cosas diferentes en función de la camiseta… no sé, parece sospechoso. Es como lo de Hernández Hernández y sus criterios cambiantes, curiosamente siempre en la misma dirección.

El Real Madrid se proclamó campeón de la Euroliga en 2015 y 2018, los de Laso son un equipo meramente ofensivo y que no se caracteriza por la dureza en defensa de otras escuadras, y sin embargo (creo que fue en 2018, pero no soy capaz de encontrar la estadística) llegó a liderar tres estadísticas sorprendentes: faltas en ataque, antideportivas y técnicas señaladas. Qué casualidad más casual, Jordi.

Me gustaría preguntárselo al CEO de la Euroliga, Jordi Bertomeu, uno de aquellos directivos de la ACB que se pasó una madrugada intentando que aceptaran la apelación del Barça tras el tapón (ilegal) de Vrankovic a Montero en la final del 96 para llevar el título a Barcelona. Su cercanía al Barça es conocida por todo el mundillo del baloncesto, si bien no termino de entender la estrategia, porque a veces dudo de lo que buscan. El Madrid puede quedar fuera y a ello parecen haberse afanado las últimas semanas, pero ahora mismo tiene muchas papeletas para quedar octavo, en cuyo caso se enfrentaría al Barça, líder de la competición.

a) Nos quieren fuera cuanto antes. Un culé siempre querrá al Madrid eliminado y sabe que los nuestros siempre son peligrosos en los enfrentamientos de playoffs. Yo sigo creyendo y confiando SIEMPRE en este equipo, lo ha demostrado ya muchas veces. Alguno sigue teniendo pesadillas con la recuperación de Llull, el alma del equipo, y van a machacarnos en Turquía la semana que viene y luego, si hiciera falta, echarán un cable al Zenit de San Petersburgo en uno de los dos partidos que les quedan. Que por cierto, tiene narices que queden partidos aplazados antes de la última jornada. Nos quieren fuera cuanto antes.

b) ¿Son tan retorcidos para buscar un Barça-Madrid en el que ahora mismo los culés son superiores? Los enfrentamientos directos esta temporada van 1-4 a favor del Barça esta temporada y la dinámica culé es claramente favorable. El Barça ha invertido una millonada que no tiene estas últimas temporadas en Mirotic, Abrines, Davies, Calathes, Higgins, etc., algunos con sueldos NBA, y nada motiva más a sus dirigentes que mojarnos la oreja como hicieron en la final de Copa. Derrotarnos con amplitud les serviría para justificar el pastizal invertido, por encima incluso del título. Por si todo este arsenal no fuera suficiente, han añadido a Pau Gasol a la plantilla, y quiero aprovechar para dejar mi homenaje a este grandísimo jugador, estupendo tipo (publicado esta semana en La Galerna).

Sería el cambio de tendencia claro después de los nueve años de Pablo Laso al frente del banquillo, pero me parece todo muy retorcido. No lo entiendo, pero como está claro que esto se está dirigiendo con una clara intención, solo cabe preguntar: ¿qué cojones quieres, Euroliga?

Los partidos que ya no veré

BARNEY, 27/02/2021

El deporte tiene la virtud de conceder casi siempre una segunda oportunidad, una revancha. Te quedas a las puertas de conseguir algo grande, como un título o derrotar a tu rival más duro, pero sabes que volverás con todas tus fuerzas para lograrlo a la siguiente oportunidad. Precisamente esas derrotas suelen influir en el carácter de un futuro campeón, lo forjan para que mejore y pula sus defectos. Como espectador es una suerte saber que podrás volver a ver ese partido que te ha maravillado, que volverá a haber un Nadal-Federer, o revancha de un Madrid-Barça, un duelo Coe-Ovett, o Carl Lewis-Mike Powell, o que los Lakers de Magic volverían a jugar la final contra los Celtics de Bird. Aquella mítica final de Wimbledon entre Bjorn Borg y John McEnroe se repitió un año después en el mismo escenario y en aquella ocasión la suerte fue esquiva con el sueco y la progresión del norteamericano le llevó al título. La espectacular final España-Estados Unidos de los Juegos de Pekín 2008 se repitió cuatro años después en Londres 2012 con un resultado similar: espectacular.

Por el contrario, hay partidos que me apetecía mucho ver, ocasiones únicas que esperaba expectante, y que por desgracia nunca se celebrarán porque, por la razón que sea, alguno de los dos contendientes se ha quedado en el camino. Me vino la idea viendo el documental La plata de Los Ángeles 84, en el que recuerdan aquel tercer partido de la final de la liga ACB entre el Real Madrid y el Barça, el que nunca se jugó. La ACB se disputaba con el formato de play-off por primera vez en su historia y la final se jugaba al mejor de tres partidos. El Madrid arrasó en el Palau (65-80), pero en un partido muy tenso perdió en la antigua Ciudad Deportiva (79-81). Fue un partido muy bronco, trabado, como lo querían los visitantes, puesto que en aquel momento el Madrid tenía mejor equipo (creo, es mi opinión personal) y la fluidez en el juego nos beneficiaba. Los últimos minutos, tras la expulsión de Iturriaga, Fernando Martín y Mike Davis, fueron tremendos, de una dureza inaudita para jugadores como Corbalán, Epi, Robinson o Chicho Sibilio. El único al que no le temblaba la mano era Juan de la Cruz, que metió los tiros libres decisivos para la victoria de los suyos. El tercer partido, de nuevo en la Ciudad Deportiva, prometía ser épico y muy tenso, con el título en juego, pero no se disputó por la disconformidad del Barcelona con las sanciones a Mike Davis y Martín, y sobre todo con el hecho de que el iniciador de la tangana, Iturriaga, quedara impune, apto para jugar. Quizás comenzara en ese año el afán del Barça por controlar los Comités de Competición, imprescindibles para dejar impunes algunas de sus hazañas de estas últimas décadas.

De eso va este post de hoy, del qué pena, del “me quedo con las ganas”, de los partidos que habría gozado como espectador, pero ya no veré. Una lástima.

  1. Brasil-Alemania en el Mundial 82.

La selección brasileña que vino a España en el Mundial de 1982 es una de las mejores que yo he visto nunca, y desde luego la mejor si hablamos de jogo bonito. Zico, Sócrates, Falcao, Eder, Toninho Cerezo y un lateral izquierdo como Junior, de la estirpe de grandes laterales izquierdos que han salido de Brasil (Branco, Roberto Carlos, Marcelo). Como todo equipo brasileño que se precie, el superequipazo fallaba en dos puestos clave: el portero, Waldir Peres y el delantero centro, un tronco llamado Serginho. Aquella selección de Brasil maravilló a todos los que la vimos jugar en los tres partidos de Sevilla en la fase previa. Animación carioca en las gradas y sobre el césped. Daba igual que el equipo empezara perdiendo porque confiabas en que su enorme calidad revirtiera la situación, como ocurrió con la Unión Soviética (2-1, golazos de Eder y Sócrates) y Escocia (4-1). En la siguiente fase ganaron sin complicaciones a la Argentina de Maradona (3-1).

Por el otro lado del cuadro del torneo había dos selecciones que nos depararon quizás el mejor partido del torneo: la semifinal entre Alemania y Francia. En la selección gala se habían juntado varios artistas repletos de talento como Platini, Giresse, Tigana, Genghini o Bossis. Los alemanes habían tenido un inicio de Mundial complicado, con derrota 1-2 frente a Argelia (en la que jugó Djamel Zidane, que no es el tío de Zidane, señores de Marca, documéntense como no suelen hacerlo), pero, como siempre ocurre con los alemanes, son más peligrosos a medida que avanzan en un campeonato. Se vuelven más sólidos, más compactos y fiables. Contaban también con un equipazo, con Rummenigge, Littbarski, Allofs, Kaltz y “nuestros” Breitner y Stielike. En la prórroga de las semis, los franceses se adelantaron por 3-1 (el partido de la “cafrada” de Schumacher sobre Battiston), pero los alemanes siguieron con su ritmo machacón hasta lograr el empate. Eran una apisonadora, como lo han sido casi siempre.

Yo estaba convencido de que la final del torneo sería un Brasil-Alemania, aunque tampoco le habría hecho ascos a un Brasil-Francia. Los artistas brasileiros frente a la solidez germana. Pero los errores de Brasil ante la cicatera Italia de Paolo Rossi (3-2 en Sarriá) les costaron la eliminación y privaron a aquella selección de un título que, por belleza en el juego, habrían merecido. Y es que el fútbol consiste en que no te metan más goles que los que tú haces, aunque esa filosofía nos haya llevado a partidos planos de control de la posesión y rigor defensivo extremo. Aquella selección brasileña jugaba sin mirar atrás, solo hacia delante, combinando, tocando, practicando esa suerte ya casi extinguida del regate. Su entrenador, Telé Santana, era un firme defensor del talento sobre el campo, como demostró años después con aquel Sao Paulo que ganó dos veces la Copa Libertadores y la Intercontinental, una de ellas, la de 1992, a aquel Barça que se autoproclamaba dream team sin merecimiento.

2. Estados Unidos-Unión Soviética en Los Ángeles 1984

La política nos privó de ver uno de esos partidos míticos que habría adelantado algunos de los momentos que llegaron años después. El equipo que preparó Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de 1984 era uno de esos llamados a ser recordados durante mucho tiempo, porque, pese a contar exclusivamente con jugadores universitarios (así sería hasta Barcelona 92), aglutinaba mucha calidad: Pat Ewing, Chris Mullin, Sam Perkins, Wayman Tisdale, Alvin Robertson y sobre todo, Michael Jordan. Todos ellos dirigidos por “El General” Bobby Knight. España llegó a aquella final tras derrotar en semifinales a Yugoslavia, en un partido perfecto (y milagroso) de los nuestros, una de esas noches que nos pasamos en vela a las tantas y dando botes en el sofá ante lo inaudito de la hazaña. Pero en aquella final tenía que haber estado la selección de la URSS, país que renunció a los Juegos como respuesta al boicot de los norteamericanos a los Juegos de Moscú de 1980.

La Unión Soviética reunió aquel año lo mejor de las repúblicas que componían ese conglomerado “geopolítico”: los rusos Myshkin, Tarakanov, Eremin y Tkachenko, el uzbeko Tijonenko, el letón Valters, el estonio Enden, el ucraniano Belostenny y los lituanos Homicius, Iovaisha, Kurtinaitis y el grandísimo Arvydas Sabonis. Eran los mejores de Europa de largo, como demostraron arrollando a todos sus rivales en el Preolímpico disputado dos meses antes de los Juegos, incluida nuestra selección, que cayó por casi treinta puntos de desventaja.

Con Sabonis siempre he pensado eso que dicen los americanos del “What if…?”, ¿qué habría pasado si la URSS hubiera disputado esos Juegos? ¿Cómo habría sido ese duelo Sabonis-Ewing? ¿Qué carrera habría tenido el bueno de Sabas si no se hubiera destrozado la rodilla apenas dos años después? Si cojo y ya veterano fue capaz de hacer una carrera dignísima en la NBA, ¿qué habría sido este jugador en plena forma, sin lesiones ni dolores? Vlado Divac llegó a decir que “fue mejor jugador que O’Neal, Ewing y Olajuwon”. Bill Walton afirmaba rotundo que “si Sabonis se hubiera ido a la NBA en 1985, Lakers, Pistons y Bulls tendrían unos cuantos anillos menos”. A mí no se me olvidará jamás aquella participación de la mítica selección soviética en el Torneo de Navidad de 1984, y sobre todo los movimientos de ese joven gigantón que se llevaba por delante todo lo que pillara en su camino, ya fueran rivales, compañeros o tableros.

3.a) Real Madrid-F.C. Barcelona en una final de Champions

¿Estaban nuestros corazones preparados para esto? Durante los meses de confinamiento y ausencia de competiciones, algunas cadenas emitieron varios partidos de fútbol históricos, recientes algunos y muy lejanos otros. A ratos he visto las dos finales de Copa del Rey que el Madrid ganó al Barça en Mestalla, y lo primero que pensé es: “joder, no ha pasado tanto tiempo, ¿por qué ya no se juega así, a ese ritmo?”. Los dos partidos fueron impresionantes, como varios más de aquellos años en que Messi y Cristiano Ronaldo estaban en su mejor momento (en la final del famoso gol de Bale no estuvo CR7 por lesión). Tú ves esos partidos ahora y ves un Madrid en el que se habían juntado una serie de talentos como Ozil, Di María, Xabi Alonso, Bale, Ronaldo y los que aún están, pero con varios años más: Modric, Benzema y Marcelo. Pero es que enfrente estaban el mejor Messi, Neymar, Iniesta, Xavi Hernández, Pedro, Cesc Fábregas, el teatrero Dani Alves,… Mucha tela en ambos cuadros.

¿Habríamos aguantado una final de Champions entre ambos equipos? Messi vs Cristiano, Pep vs Mou. Se rozó en varias ocasiones, puesto que el Madrid jugó hasta ocho semifinales de manera consecutiva y el Barça ocho en una década. Entre ambos equipos se llevaron seis Champions de 2011 a 2018, y parecía lógico pensar en una final entre ambos. El año 2012 parecía aquel en el que por fin se iba a disputar el partido de entre todos los partidos. Ambos equipos traían un resultado desfavorable, pero ajustado, del partido de ida de las semifinales: 1-0 el Barça frente al Chelsea, 2-1 el Madrid en campo del Bayern. Los dos equipos tenían encarrilada la eliminatoria con un 2-0 en la primera parte, y además el Barça había logrado su mejor arma en estos partidos: jugaba ya en superioridad numérica. Sin embargo, el Chelsea logró marcar antes del descanso y desniveló la balanza de la eliminatoria hacia su lado. La segunda parte fue un quiero y no puedo de los locales, que llegaron a contar incluso con un penalti que Messi lanzó al larguero. No fueron capaces de marcar más goles y en el descuento Fernando Torres marcó el segundo gol que más he celebrado de su carrera. Al día siguiente en mi oficina nos partíamos la caja con la situación: “¡¡¡Eliminados con un gol de Paquetorres, ja, ja, ja!!!”. Pero hubo uno que dijo: “cuidado con escupir hacia arriba que…”, que luego nos pasa lo que nos pasó. El Madrid ganaba 2-0 al cuarto de hora, pero se echó atrás para tratar de conservar el marcador y un gol del Bayern igualó la eliminatoria. No hubo más movimientos en el marcador el resto de los noventa minutos, ni durante la prórroga, y llegamos a una tanda de penaltis que los madridistas recordaremos como una de las más nefastas de nuestra historia: fallaron Ronaldo y Kaká, y remató Ramos con aquel penalti a las nubes que se hizo tristemente famoso.

Creo sinceramente que aquel Chelsea no era superior al Barça, ni aquel Bayern al Madrid, y que la final de 2012 tenía que haber sido uno de esos grandes partidos de la historia de la competición. Ahora bien, siempre y cuando ganara el Madrid, ¡que no sé cómo habría llevado una derrota de los nuestros!

3.b) El partido que Mou soñaba

Un año antes de ese 2012, Real Madrid y Barça se enfrentaron en las semifinales de la máxima competición. El entrenador madridista, Mourinho, planteó la eliminatoria de una manera peculiar, que a mí no me gusta especialmente: 0-0 en la ida, que no pase nada, y a jugársela en la vuelta en el Camp Nou. Tiene su lógico riesgo, porque esa estrategia supone desperdiciar el factor campo, pero fue muy evidente durante la primera hora de juego en la que no pasó nada. Literalmente. Como en los toros: tarde de expectación, tarde de decepción. Con Pepe en el centro del campo y una táctica ultradefensiva en la que nadie perdía su sitio, Mourinho jugó a que no se jugara, y funcionó hasta que el colegiado alemán Wolfgang Stark sacó su doble vara de medir: el patadón de Mascherano a Pepe en el minuto 57 no recibió el mismo castigo que la plancha de Pepe con teatro incorporado de Alves. Solo en ese momento, con diez en el campo, el Barça encontró los huecos y dejó la eliminatoria prácticamente sentenciada.

Fue el día de los famosos “¿por qué?” del portugués, de su rajada sobre Unicef y determinados arbitrajes, y el día en que ese partido de vuelta que Mou había soñado se desvaneció. Aun así, el Madrid tuvo alguna pequeña oportunidad de meterse de nuevo en la eliminatoria en el Camp Nou, pero ya se vio desde los primeros minutos y con varias decisiones que no iba a ser posible. Una pena. Fue una táctica cicatera, estoy de acuerdo, pero al Cholo Simeone le valió para eliminar de manera milagrosa al Bayern de Múnich en 2016 y al Liverpool en 2020, pese a ser inferior en el juego durante ambas eliminatorias. Lo que a unos se les aplaude, a otros se les critica, y en parte estoy de acuerdo, porque el Madrid no es como el vecino del tercero.

4. España-Brasil en el Mundial de Corea 2002

En junio de 2002 arrancaba un Mundial en el que algunos teníamos puestas muchas esperanzas. Me gustaba la selección de Camacho, habían demostrado una intensidad especial durante los partidos previos y estaba repleta de buenos jugadores en su mejor momento: De Pedro, Valerón, Mendieta, Puyol, Rubén Baraja, Diego Tristán, Nadal, Xavi, Luis Enrique, más todos los del Madrid que acababan de proclamarse campeones de la Champions apenas un mes antes: Hierro, Raúl, Morientes, Iker Casillas y Helguera.

En mi oficina hicimos una porra del campeonato completo y yo lo tuve muy claro desde el principio: España ganaba sus tres partidos de la fase previa, eliminaba a Italia en cuartos, a Alemania en semifinales y nos enfrentábamos contra Brasil en la final. Ese cuadro estuvo puesto durante casi un mes en “el corcho de la macroporra” de mi oficina. Italia y España habían avanzado como primeros de grupo, tal y como había previsto, y nos veríamos las caras en cuartos, donde no tenía ninguna duda de que romperíamos nuestra doble maldición: los italianos y los cuartos de final. Pero un arbitraje bastante sospechoso dejó fuera a los italianos en su duelo de octavos contra los surcoreanos, así que “más fácil” nos lo ponían.

Al partido con los coreanos ya le dediqué una entrada completa, Una mañana de junio, así que solo voy a recordar el equipazo que tenía la selección de Brasil ese año: Cafú, Roberto Carlos, Ronaldinho, Rivaldo, Lucio, Gilberto Silva, Denilson y un desatado Ronaldo, que se llevó el trofeo de máximo goleador del torneo con ocho tantos, y la sensación de que había vuelto, aunque solo al setenta por ciento de su estratosférico nivel previo a los dos años de lesiones.

Por cierto, para los más curiosos, en mi porra España perdía la final 2-1.

5. El quinto partido de Nalbandian

Siempre me cayó bien el argentino David Nalbandian, pero no sé si me apetecía ver el partido del que voy a hablar. Me refiero al que no llegó a disputarse en Mar del Plata en 2008, el hipotético quinto partido de la final de Copa Davis entre Argentina y España. Nalbandian era uno de esos genios de la raqueta capaz de mantener peloteos duros, secos, y de repente acariciar la bola y dejarla muerta al otro lado de la red o abrir ángulos imposibles. No sé si por falta de constancia o de físico no logró un mejor palmarés, o quizás se debió tan solo a haber coincidido con esas bestias voraces que han sido y siguen siendo Rafa Nadal, Novak Djokovic y Roger Federer.

Nalbandian obtuvo su mejor triunfo al lograr algo que parecía imposible: remontar una desventaja de dos sets al mismísimo Roger Federer en uno de sus mejores momentos. Ocurrió en 2005 durante la final del Torneo de Maestros en Shangái. 6-7, 6-7, 6-2, 6-1 y 7-6, en uno de esos partidos en los que no puedes despegarte del asiento. Pues bien, en 2008, en la final de la Copa Davis, Nalbandian parecía el jugador que había llegado más fuerte de ambas selecciones. En la primera jornada se deshizo con enorme comodidad de David Ferrer, aunque la sorprendente victoria de Feliciano López sobre Del Potro igualó el marcador. La Copa Davis es un torneo en el que la cabeza cuenta aún más que durante un campeonato normal, como se vio con Juan Martín del Potro, absolutamente desbordado por el ambiente y la presión. Se mordía el labio con tal fuerza que se lo llegó a cortar durante el partido. Por el contrario, Nalbandian mostraba seguridad, solvencia, convencimiento.

El partido de dobles era decisivo, puesto que parecía claro que Nalbandian se llevaría el suyo en la jornada final frente a Feliciano. Sin embargo, ante la desolación de los locales, España ganó el dobles y Verdasco se impuso a Acasuso, con lo que nunca sabremos cómo habría sido ese quinto partido del artista Nalbandian frente al no menos artista Feli. Mejor para nuestra tensión.

Y como tampoco sabremos cómo habría sido ese quinto partido tres años después, en la final de la Davis de 2011 en Sevilla, puesto que la victoria de Nadal sobre Del Potro puso el 3-1 en el marcador y volvió a dejar al bueno de David sin la oportunidad de disputar el punto que habría podido dar el título a los suyos.

¿Y vosotros, alguien se atreve a decir qué partido habría querido ver y ya no verá?

Historia de un Kobeliever

BARNEY, 03/02/2020

Hoy cedo este espacio a una nueva colaboración, un amigo que quiso participar en el homenaje que mi hijo y yo brindamos a Kobe Bryant hace una semana con motivo del aniversario de su desgraciado fallecimiento. En aquel post en el que incluimos a Kobe en los mejores quintetos de la Historia, realicé dos menciones a otras fuentes:

  • Javier Bógalo, autor de Kobe, un libro en el que nos desgrana la personalidad del jugador angelino: “comprender en profundidad a Kobe es como estudiar un cuadro de El Bosco”. La exigencia permanente, la búsqueda de la excelencia, las ganas de mejorar, la lucha por sobreponerse a lesiones como la que padeció en el talón de Aquiles… la Mamba Mentality.
  • David Mínguez, un gran aficionado al deporte en general, y al Real Madrid y Los Ángeles Lakers en particular. Su acercamiento a la figura de Kobe Bryant es la de un chaval aficionado que comienza a admirar a una figura del deporte hasta que su sombra trasciende los límites de la cancha. El mito, el ídolo, el hombre, el héroe… el recuerdo de la infancia. Por eso me interesa. Ni siquiera hablamos de baloncesto, hablamos de otra cosa, de sentimientos.

Kobe Bryant sigue vivo

DAVID MÍNGUEZ, 03/02/2020

En la fabulosa película de Batman Begins, del año 2005, el archiconocido Liam Neeson afirma que “si consigues ser algo más que un hombre, si te entregas a un ideal, si nadie puede detenerte, te conviertes en algo muy diferente, en una leyenda”.

Descubrí a Kobe Bryant como uno descubre o encuentra muchas cosas que le cambian la vida. Por pura casualidad. Corría el año 2001 y Canal Plus emitía en abierto el fabuloso programa Más Deporte. En el resumen destacaba por encima de todos un jugador con el número 8 y pelo afro que acababa de meter 45 puntos ante los Spurs en el primer partido de la final de conferencia.

Aquella fue la primera vez que vi jugar a Kobe Bryant y como imaginareis, quedé hipnotizado, enamorado. Desde aquel mismo momento, quizá movido intrínsecamente por mi cabezonería, supe que ese siempre sería mi jugador, con el que siempre iría en un partido de baloncesto o en la Play Station, por algo que es difícil de explicar, algo irracional.

El baloncesto, deporte que no me interesaba lo más mínimo debido a unos medios de comunicación tradicionales que monopolizan el futbol en el noventa por ciento de sus intervenciones, pasó a convertirse en mi deporte predilecto. Los Ángeles, ciudad desconocida y que no sabía ni situar en el mapamundi mundial, pasó a significar para mi la ciudad donde jugaba el número 8.

Desde aquel momento, nada más levantarme y lejos de la era Youtube y redes sociales, lo primero que hacía al levantarme era poner el teletexto para ver cuántos puntos había anotado Kobe: 62 puntos a Dallas en 33 minutos, ¡caray! 81 puntos a Toronto, el teletexto se había equivocado, pensé, pero no, era cierto.

Con la llegada de Youtube, ver sus highlights se convirtió en algo parecido a una adicción. Nada más llegar a casa y sin comer, veía vídeos de los highlights de la madrugada anterior, y así un vídeo tras otro durante horas, aderezado con decenas de euros gastados en revistas NBA, en videojuegos para poder “ser él” aunque fuese 15 minutos, con muchas noches sin dormir y teniendo ojeras en el instituto y en la universidad. Muchos viernes y sábado sin salir con los amigos “porque jugaba Kobe”.

(Colección personal de David Mínguez)

Muchos amigos y familiares jamás lo entendieron y pensaron que había perdido completamente la cabeza, pero el que suscribe estas líneas siempre pensó que para ver a uno de los mejores jugadores de la historia (top 3 junto a Magic y Jordan en mi modesta y subjetiva opinión, claro) había que hacer los sacrificios necesarios, incluido perder horas de sueño (y los que me conocen bien saben que dormir es una de las cosas que menos me gusta sacrificar).

Como afirma el gran Guillermo Giménez, reconocido narrador de Movistar: “a la cámara le gustaba Kobe”. Y es que su figura desprendía un magnetismo inigualable y podías sentirlo cerca de él, como tuve la suerte de comprobar en 2012, cuando tuve el privilegio de ver 2 partidos en directo en Barcelona y fotografiarme con él. Esa noche pude comprobar que su grandeza estaba en quien era como persona, y no en cuántos puntos metía, o en la increíble ética de trabajo que tenía, ya que mientras otros jugadores del Team Usa volvían sin pararse con ningún fan, Kobe fue junto a Deron Williams el único jugador del roster que se dignó a atender a los 30-40 fans que estábamos presentes en el Hotel Arts, mostrándose como el tipo más enrollado del mundo, haciendo caso omiso a su propio equipo de seguridad. Ese momento de estar junto a él y poder simplemente tocarle es algo que nada ni nadie podrá quitarme, ni siquiera cincuenta malditos accidentes de helicóptero.

Su retirada en 2016, con 60 puntos, fue para millones de fans como una muerte, al sentir que nunca más ibas a poder a ver a un fuera de serie como él, y fue imposible contener las lágrimas, pero una vez retirado su grandeza siguió fuera de las pistas, ganando un Oscar y transmitiendo su conocimiento a las nuevas generaciones, centrándose en especial en promover el crecimiento del baloncesto femenino.

En el maravilloso documental Senna, basado en la vida del piloto brasileño Ayrton Senna, se puede comprobar la deidad que suponía la figura del malogrado piloto a la edad de 34 años y el tremendo luto nacional que produjo en Brasil, con tres días de luto nacional. Aun así no comprendía las lágrimas de la gente, ya que, por mucha idolatría que hubiese, la gran mayoría seguramente no lo conocía. Desgraciadamente el 26 de Enero de 2020 comprendí la respuesta.

Kobe Bryant fallecido. La noticia fue un shock brutal, costaba verbalizar la frase, los que le amábamos llorábamos y muchos de los que le odiaban por ser el jugador que les derrotaba estaban rotos. Su muerte fue sentida por millones de personas en Los Ángeles como la de un familiar. Es el sentimiento de haber crecido con él, con sus canastas, con sus aciertos y con sus errores. El sentimiento de haberte levantado cientos de veces del asiento.

La noticia de por sí parecía más irreal si uno comprueba que grandes leyendas de la NBA como Bill Russell (86 años), Jerry West (82), Kareem Abdul-Jabbar (73), Bill Walton (68 años), Larry Bird (64) o Magic Johnson (61) siguen todos ellos vivos a pesar de una mayor edad que la del malogrado escolta de Philadelphia (y esperemos que por mucho tiempo).

Kobe fue tan grande, tan universal, tan planetario, y dio alegría a tanta gente alrededor del mundo, que, sin ir más lejos, a mi me proporcionó un sobresaliente en una asignatura de la carrera por mi blog. Su muerte fue como perder una parte de mi infancia, el sentir que siempre había algún truco aguardando, como en el sombrero de un mago, y eso no me lo ha dado nadie.

El mito es una gran verdad transformada, como un relato que se cuenta para atravesar los siglos. Es como una fábula, como una moraleja, pero mucho más profunda. Por eso sobrevive siempre, por eso el mito es inmortal y no se extingue, ni siquiera con la muerte. Por eso Kobe es inmortal.

Descansa en paz.

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

Kobe y los mejores quintetos de la historia

IBRA & BARNEY, 26/01/2021

BARNEY.- Se cumple un año del desgraciado accidente que costó la vida a Kobe Bryant y a ocho personas más. Kobe fue un ídolo dentro y fuera de las canchas, un espectáculo sobre el terreno de juego y un tipo carismático en su vida al margen del baloncesto. Su carta de amor al baloncesto es una maravilla para todos los que amamos el deporte y somos conscientes de que llega un momento en que se acaba, “my mind can handle the grind, but my body knows it’s time to say goodbye”, aquí os la dejo completa. La repercusión que tuvo fue tan amplia que el cortometraje Dear Basketball, basado en la misma, narrada por el propio jugador, se llevó un Óscar.

Tras escribir el reciente post sobre ¿los mejores de la historia?, discutí con el portador de “la opinión más relevante” que considero al hablar de la NBA, mi hijo, con el que ya escribí conjuntamente varios posts sobre los playoffs de la NBA y las Finales. Hablamos de Kobe, de Michael Jordan, de LeBron, de los grandes jugadores de los ochenta y de las inevitables comparaciones entre el baloncesto de Kobe y el de Michael. Hubo como una sucesión natural con la retirada del primero y la irrupción del segundo, un traspaso de testigo de Jordan a Bryant.

Ibra y yo hemos visto recientemente los tres documentales sobre la rivalidad entre los Boston Celtics y Los Ángeles Lakers, Celtics-Lakers, los mejores enemigos, tres estupendas crónicas de finales de los setenta y mediados de los ochenta en los que se mezclan el juego, el racismo, el creciente interés mediático por la NBA y sobre todo dos figuras fundamentales: Magic Johnson y Larry Bird. Su reinado se alargó prácticamente hasta la irrupción de los Bulls de Jordan con el permiso entre medias de los Bad Boys de Detroit. El baloncesto de aquellos años era muy diferente al actual, con jugadores mucho más especializados en determinadas facetas del juego que los actuales. Defensa, tiro exterior, juego interior, fundamentos, lectura del juego… hoy en día los jugadores son mucho más completos que entonces, eso no lo discuto. Y así fue como se nos ocurrió la idea de hablar acerca de los mejores quintetos de la historia. Lógicamente yo me aficioné a la NBA con el baloncesto de los ochenta y los noventa, e Ibra lo ha hecho en este siglo XXI, así que cada uno va a defender “su” quinteto preferido. Al lector le dejamos que elija cuál prefiere. De momento, aquí dejo mi elección:

Base: Magic Johnson. Escolta: Michael Jordan. Alero: Larry Bird. Ala-pívot: Hakeem Olajuwon. Pívot: Kareem Abdul-Jabbar.

Se quedan fuera jugones como Pat Ewing, Julius Erving, Isiah Thomas, Karl Malone o aquellos a los que no he visto jugar, como Bill Russell, Wilt Chamberlain o Jerry West.

IBRA.- Cuando se me propuso hacer este post, pensé que sería fácil componer un quinteto de jugadores del siglo XXI que pueda vencer al cinco ideal del siglo XX. Soy de la opinión de que los jugadores mejoran considerablemente generación tras generación, y por lo tanto los jugadores de la actualidad son mejores y más completos que los de hace 30-40 años. Sin embargo, debo reconocer que no ha sido tarea sencilla. La idea de un tío de 2,06 metros de altura como Magic Johnson jugando de base del equipo rival es un punto muy fuerte y difícil de contrarrestar. Tras darle mucho al coco, se me ocurrieron infinidad de combinaciones y todas son buenas, pero hay dos que destacan en especial para mí. La primera es más tradicional, siguiendo la posición natural de cada jugador; mientras que la segunda opción es más moderna y diferente a lo que estarán acostumbrados los puristas y defensores del baloncesto clásico; aunque en mi opinión, es mejor. Es por ello que propongo ambos quintetos:

Opción 1 – Tradicional. Base: Stephen Curry. Escolta: Kobe Bryant. Alero: LeBron James. Ala-pívot: Tim Duncan. Pívot: Shaquille O’Neal.

Opción 2 – Positionless basketball. Base: LeBron James. Escolta: Kobe Bryant. Alero: Kevin Durant. Ala-pívot: Tim Duncan. Pívot: Shaquille O’Neal.

BARNEY.- Magic se merendaría a Curry en ataque, pero habría una buena competencia en otros puestos. He estado tentado de meter en mi quinteto a Shaquille, que debutó en el 92, y a Kobe, del 96, pero “te los dejo” por razones que luego explicaré.

IBRA.- Como se puede observar, en mis dos quintetos hay cuatro jugadores en común. Jugadores que, en mi opinión, son intocables en el quinteto del recién comenzado siglo XXI. Kobe como escolta es indudable. El segundo mejor jugador de la historia en esta posición, sólo detrás de Michael Jordan. Los únicos competidores que puede tener al puesto serían Dwyane Wade, Allen Iverson y James Harden, pero a todos les falta algo que la Mamba sí tenía. A Wade el tiro, a Iverson la altura y a Harden la capacidad defensiva. Todos se quedan cortos en comparación con el grandísimo Kobe, que en paz descanse. Un jugador cuyo legado sobrepasa los límites de la cancha de baloncesto. Este 26 de enero hará un año de su fallecimiento y su actitud, trabajo duro, esfuerzo; lo que él llamaba la “Mamba Mentality”, siempre estará presente entre nosotros, no solo en su faceta deportiva, sino en todos los ámbitos de la vida.

BARNEY.- Coincido contigo, hay un mundo de distancia entre Kobe y el resto en esa posición. Para mí es, con diferencia, lo más cercano que ha habido nunca a Michael Jordan, no ya por sus capacidades atléticas y técnicas, sino por su mentalidad ganadora y ese carácter que hacía mejores y más competitivos a todos sus compañeros. Por si queda alguien que no haya visto este vídeo se lo recomiendo, es alucinante, si esto no es imitar al más grande hasta rozar su misma excelencia, se queda muy cerca:

IBRA.- Sea en la posición que sea, no se puede discutir la presencia de LeBron James en este quinteto ideal. Su combinación de cuerpo, durabilidad, fuerza, agilidad y visión de juego, le convierten sin duda alguna en el jugador más completo de la historia. Es un jugador redondo con apenas debilidades dentro de la cancha de baloncesto. A lo largo de su carrera ha jugado en la posición de alero pero su mentalidad siempre se ha asimilado más a la de un base. Esta pasada temporada lideró la liga en asistencias por partido a los 35 años de edad, es por ello que prefiero ponerlo de base para que defienda a Magic Johnson ya que por su envergadura, es mucho mejor emparejamiento que Curry.

BARNEY.- Menudo duelo sería ese. Para mí, Magic es como su apelativo: magia, showtime, velocidad endiablada y una visión del juego que hacía crecer muchos enteros a sus compañeros. Reconozco que LeBron me gusta cada año más, es increíble su progresión año tras año, de tipo tosco/fuerza de la naturaleza de sus orígenes al jugador completísimo que es ahora, en defensa, entrando a canasta, lanzando de lejos o asistiendo a sus compañeros.

IBRA.- En el juego interior, la dupla que forman Tim Duncan y Shaquille O’Neal me parece insuperable, aunque existen otras buenas opciones. El juego del alemán Dirk Nowitzki es mucho más atractivo para la posición de 4, pero su capacidad defensiva deja mucho que desear al lado de la de Duncan. Kevin Garnett o Pau Gasol tampoco son malas opciones, pero el de San Antonio les supera en títulos tanto a nivel individual con sus 2 MVPs, como a nivel colectivo con sus 5 anillos. En cuanto a Shaq, no hay nadie que se le acerque. Dwight Howard es el jugador que más podría disputarle el puesto, pero incluso a él lo situaría a años luz de O’Neal. Es verdad que debutó drafteado en 1992/1993 y fue All-Star 6 veces en la década de los 90, pero tanto sus 4 títulos, como su MVP fueron en los años 2000, donde se consolidó como la fuerza más dominante de la liga gracias a su combinación única de fuerza y agilidad. A pesar de sus 2.16 metros de altura y sus más de 130 kg de peso.

BARNEY.- Yo creo que entre Duncan y Hakeem Olajuwon sí habría una seria competencia. No sé si ha habido un jugador alto con el juego de pies del africano. Yo siempre lo he preferido a Duncan, que me parece más soft, como dicen los americanos. En cuanto al duelo Kareem-Shaquille, no hay duda de la fortaleza física de Shaq frente a Kareem, pero es que el Abdul-Jabbar que yo conocí era ese jugador entre los 35 y los 42 años mucho más fibroso y delgado que los pívots actuales. Sin embargo, su importancia para el crecimiento de la NBA fue descomunal ya desde su primera etapa en los Bucks. Si tienes un rato largo, te recomiendo este artículo de Javier Bógalo, Alegato por Kareem. Plantea con todo tipo de datos y razonamientos que en la tradicional pelea por “The Goat” merece la pena considerar a un tercer candidato: Kareem. 6 veces MVP de la liga, ahí es nada. Como bien dices, los mejores años de Shaq vinieron en este siglo XXI, así que me quedo con el que en sus principios se llamaba Lew Alcindor. Además, ya sabes que siempre me gustó el cine, y me quedo mil veces antes con Aterriza como puedas que con Ganar de cualquier manera o Kazaam.

IBRA.- Por lo tanto, el último puesto en mi cinco ideal quedaría a disputarse entre Kevin Durant y Stephen Curry. Siendo estrictos con las posiciones deberíamos ir con Curry de base y LeBron de alero; no obstante, a lo largo de este nuevo siglo se va a desarrollar un baloncesto diferente. El llamado “positionless basketball”, cuya traducción literal es baloncesto sin posiciones. Ya lo hemos visto desarrollarse durante la segunda mitad de la década pasada con jugadores como Nikola Jokic, LeBron James o Luka Doncic. Jugadores que juegan como bases aunque su estatura dicte que deberían ser más aleros o incluso pívots. Es por ello que creo que un quinteto con LeBron de base y Durant de alero funcionaría mejor, especialmente en defensa. Sus casi 2,10 metros de altura y su velocidad y agilidad propias de un jugador exterior, hacen de Durant una pesadilla para sus rivales tanto en ataque como en defensa. Curry también es un jugador increíble y por eso le hago mención especial, pero me parece que el talento puro y la versatilidad de Durant no se pueden discutir y por eso debe estar presente en este quinteto ideal.

BARNEY.- Pues sí, creo que mi alero, Larry Bird, tendría serios problemas para defender a un tío como Durant, un gran anotador, atlético, rápido, muy completo. Bird, que por cierto, es el único jugador blanco entre los once que hemos mencionado, es sin embargo uno de los jugadores más listos que han pisado nunca una cancha. Tenía una gran visión de juego, un entendimiento de lo que necesitaba cada partido en cada momento y una calma absoluta para ejecutar tiros letales en los últimos minutos de partido. Lo que ocurre es que hoy en día resulta complicado imaginar a algún jugador con ese físico. Te reconozco que la velocidad ahora es otra. Pero puesto que esto va de duelos entre uno y otro siglo, te sugiero que me dejes a la Mamba para ese hipotético enfrentamiento. Puedes jugar con dos Hardens si quieres. Kobe era muy especial, único, como dice David, un amigo mío: “imposible calcular las horas de sueño que me robaste por poder verte jugar. Imposible calcular también todo lo que me hiciste disfrutar”. ¡Gracias, Kobe!

Estadísticas para las comparaciones (en azul, los mejores en cada categoría). Está claro que la mayoría de jugadores del quinteto de la parte inferior mejorará todavía bastante sus prestaciones, pero ahí dejo un argumento más a favor de mis cinco del siglo XX:

El año que nos encerramos cautelosamente

El año que vivimos peligrosamente es una película de Peter Weir de 1982 ambientada en las revueltas de Indonesia a mediados de los sesenta. Inicialmente me pareció un buen título para definir lo que había sido 2020, pero una vez que analizas que todo lo que tenías que hacer era confinarte, reducir tu actividad al mínimo y no hacer nada me pareció que quedaba un tanto exagerado. De ahí el título escogido.

Un año como el que acaba de terminar no podía hacerlo de una manera más adecuada que como lo ha hecho: mal, penoso, lamentable. No lo digo por el vestido de la Pedroche, no. Ni lo digo solo por “regalarnos” una de esas sobreactuaciones a las que Nacho Cano nos tiene acostumbrados (ahí queda su particular intervención en el homenaje a Miguel Ángel Blanco), sino sobre todo por una nueva polémica y división acerca de la bandera de España en la Puerta del Sol: el artículo de Ignacio Escolar, los insultos habituales en redes sociales, Televisión Española tapando la bandera con medio metro de flores,… en fin, la polarización de la sociedad una vez más y la manipulación de todo desde los medios y la clase política. Que una bandera de 1785 utilizada durante siglos (también por la Primera República) sea “un problema” tan grande me hace pensar que estamos perdidos como sociedad.

Como dice la letra de la canción de Nacho Cano, en este momento del año “hacemos el balance de lo bueno y malo”, aunque sea un par de días después y no “cinco minutos antes de la cuenta atrás”, y de eso va este primer post del año, o último de 2020, según se mire. Si vamos a las cifras de este blog de los Cuatro amiguetes y unas jarras (aunque cada vez haya menos jarras que tomar con amigos), el número de lectores se ha triplicado en comparación con el año 2019, que ya había sido el mejor de largo, algo tan espectacular como sorprendente. 60 artículos en total publicados en este blog, 15 en otros medios, más otros 23 firmados de manera apócrifa en sitios inconfesables, y la edición de Aguafiestas en un año muy completo. Solo en este blog hemos llegado a las 70.000 lecturas, pero si añadimos las de LinkedIn, La Galerna y Planeta Fútbol seguramente hayamos superado los 100.000 lectores en todo el año, congrats! Y gracias a todos por el interés.

Esas son las estadísticas, que pueden decir mucho o no contar nada, pero de lo que hoy se trata es de hablar de las tendencias que han marcado el año, de qué temas se han ocupado los cuatro amiguetes en estos doce meses en los que nuestro modo de vida saltó por los aires. Y el comentario sobre el vestido de la Pedroche o la bandera solo eran excusas para comentar uno de los temas que más nos preocupan y que ya estaban en el primer post del año (Despropósitos de Año Nuevo): la polarización de la sociedad. Cristina Pedroche es una mujer “empoderada” o “cosificada” en ese nuevo lenguaje, según pertenezcas a un bando o al otro (y ya me preocupa hablar de bandos), en ese discurso de rojos y fachas que todo lo contamina, no digamos la bandera. La utilización partidista de todas las herramientas al alcance de la clase política ha servido para desunir aún más a una población sorprendida por la pandemia que necesitaba la unión de esfuerzos y la coordinación de administraciones, y su actuación ha vuelto a poner de manifiesto que no están a la altura de los ciudadanos, que en su mayor parte han tenido un comportamiento ejemplar, solidario y responsable. Las cicatrices del coronavirus necesitarán años para cerrarse.

El Amiguete Josean ha dedicado buena parte del año y de sus esfuerzos a explicar las reformas fiscales que se anunciaron a principios de año (Las grandes corporaciones son malas, un tema complejo que dio para dos partes) y todos los cambios legislativos que se implementaron con el estado de alarma (Y todo en un mes), con mucha precipitación y rectificaciones constantes que no trajeron los resultados deseados. A veces hay que fiarse más de criterios técnicos que ideológicos cuando se van a tratar determinados asuntos, como los Presupuestos Generales del Estado, que pecan de una serie de errores, como ingresos erróneamente calculados y gastos infravalorados. El peaje también de tener que contar con algunos socios que no son los mejores compañeros de paseo (Sí se puede. No se podía, pero ahora ya sí se puede). No quería dejar el tema de la ideología en cuestiones de dinero público, porque uno de los textos más celebrados de este blog es aquel sobre el estudio del impacto de género en un túnel. Sí, con un par: La M-30 es machista.

El Amiguete completó su año con los capítulos VI y VII del libro no publicado Grandes errores de las escuelas de negocios (ahí lo dejo por si algún editor se siente interesado por la idea), en esta ocasión dedicada al modo de confeccionar presupuestos en una empresa. La esquizofrenia del CFO es la que le anima a escribir este tipo de artículos, así como un relato casi verídico sobre una visita a declarar en los juzgados (Con Animal en el juzgado).

La Covid-19 lo ha impregnado todo este año, también los temas recurrentes en este blog: el deporte, el cine, algún viaje o voluntariado, los maratones,… El Amiguete Lester se ha quedado sin correr un maratón por primera vez desde 2003, así que este año no hemos tenido crónica maratoniana desde algún lugar lejano (o cercano, pues tenía inscripción para Madrid en abril). Pero nos ha contado el placer de correr por el placer de correr, cuando no hay un plan exigente de entrenamientos detrás, y sobre todo, cuando has estado casi dos meses encerrado en tu casa sin salir. El placer de salir a la calle y trotar al aire libre, algo que creíamos que no nos faltaría nunca y en este 2020 desapareció de nuestras vidas como tantas otras cosas. Lester reconoció haber estado (casi) feliz en casa disfrutando con la familia y el tiempo en común, incorporando nuevas aficiones, y el “casi” sería completo de no ser por todo ese sufrimiento cercano que a todos nos ha llegado de un modo u otro. Cae la felicidad en los índices que miden estas cosas intangibles y el relato El oso gris nos trasladó a un futuro cercano que podría ser aún peor que este año de aislamiento y distancia social que hemos vivido. Otro relato extraño, Espectros sobre la pared, y una primera incursión en la poesía, Volverán las malditas mascarillas, completan el año de Lester.

El cine no ha escapado a la pandemia, y el cierre de las salas, así como el bajo nivel de los estrenos, ha llevado al Amiguete Travis a refugiarse en temas atemporales, como si es mejor el libro o la peli, en una larga conversación con Reggie que se alargó en dos partes muy interesantes por las aportaciones de ese gran fichaje del blog. La ausencia de estrenos hizo que Travis repasara algún clásico, como en Mi cita anual con Ben-Hur, se equivocara en los Óscar de Parasite, tratara las manías de algunos directores (Los cigarrillos Red Apple y el Imperio Austro-húngaro) y el modo que tiene Hollywood de tratar la figura de sus presidentes, ya sean ficticios o reales. El confinamiento también dejó huella en algunos posts, como en Ensayos de un futuro distópico, sobre el modo de tratar este tipo de catástrofes en el cine, o en la peli surrealista que podría escribirse juntando una buena colección de pelis que aparecieron en los reordenamientos de casas que todos hicimos durante el encierro. Un año tan raro como 2020 ha visto los estrenos de dos de los directores más exitosos e interesantes del panorama actual: Christopher Nolan y David Fincher. Ambos pasaron por el análisis de Travis, tanto Nolan con Tenet, en la parte del elogio (sin spoilers) y en la crítica furibunda (destripando el argumento), como Fincher con su visión de la escritura del guion de Ciudadano Kane en Mank (Citizen Mank, Ciudadano Fincher). Un formato que se va a repetir a buen seguro es el de destripar una novela gráfica o cómic y posteriormente su versión cinematográfica. Este año ha sido el de Watchmen, la novela gráfica y la versión de Zach Snyder. En 2021 toca V de Vendetta.

En cuanto a Barney y sus diatribas futboleras, 2020 ha sido un año en el que el deporte no ha escapado a la drástica alteración que ha supuesto la pandemia para todo nuestro mundo conocido. La Liga se suspendió durante tres meses, la NBA se disputó en agosto, Roland Garros en octubre, nos quedamos sin Juegos Olímpicos ni Eurocopa de fútbol, en fin, todo muy raro. El mejor resumen de Barney lo podréis encontrar en La Galerna, en modo Carta a un 2020 muy, muy perro.

En este blog comenzamos con la Supercopa y las nulas críticas al Cholo y acabamos con el primer relato de Barney, Lituriaga, ambientado en el Torneo de Navidad de baloncesto allá por los ochenta. Entre medias hubo tiempo para hablar de esta temporada tan extraña (Déjà vu de la 2016-17), la vergonzosa exigencia de algunos acerca de la Liga inconclusa (La solución belga, el sueño húmedo culé), los incomprensibles olvidos o la desmemoria de la prensa (La mano no era de Dios) y el triunfo final de los de Zidane en el campeonato. El parón en la competición sirvió para encontrar los lazos en común entre los Tauro del 70 (André Agassi, Luis Enrique y Simeone) o para hablar de las derrotas más dolorosas, las que nos siguen revolviendo el estómago tanto tiempo después. El blog dedicó cinco extensos artículos a la vuelta de la NBA y la victoria de los Lakers con el mejor especialista de la materia en España (aquí, guiño): Barney Jr. La muerte de Maradona sirvió como excusa para hablar de los mejores de todos los tiempos en varios deportes y por último, Barney no pudo evitar su tradicional crítica a la penosa prensa deportiva de este país.

Ha sido un año productivo, sin duda. Es lo que tiene pasar tanto tiempo encerrados. El blog ha cumplido seis años y goza de muy buena salud. Los ingresos generados (muy bajos de momento, por “el odio a monetizar”) han servido para apoyar una serie de proyectos solidarios en Perú (con Gam-Tepeyac) y de Ayuda en Acción de apoyo a familias desfavorecidas por la Covid. Como resumen de lo que han sido estos seis años cada Amiguete agrupó su centenar de textos en un recopilatorio que sirve de índice para lectores recientes:

Muy orgullosos de lo logrado, cómo no. Este blog solo busca entretener y aportar información, y lo que no va a descuidarse en ningún momento es el lado humano. El título del documental estrenado recientemente sobre las personas que han estado en la guerra cruenta contra el virus (y sobre los que lo han padecido) me sirve para hablar de la mayor enseñanza que nos deja 2020, aunque haya sido arrojándonosla a la cara: olvídate de egoísmos, preocúpate del que tienes al lado, deja de lamentarte de gilipolleces, quiere a tu familia, llama a tus amigos,… Esta situación la revertiremos entre todos, y cuanto más unidos estemos y menos divididos, como empezaba este artículo, será mucho mejor. Más sencillo, más efectivo. La mitad de las lecturas de este año aciago han sido para un texto que hablaba de todo esto y de reconciliación, de las lecciones de vida que nos dejaron nuestros padres, los más castigados por el virus: Aplauso a una generación de héroes. Muy grandes, a ver si aprendemos.

¡Feliz 2021, amigos!

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

El Torneo de Navidad

La mítica foto de Fernando Laura en el momento en que Sabonis destroza el tablero de la Ciudad Deportiva del Real Madrid

BARNEY, 25/12/2020

Cada uno asocia las navidades a una serie de planes, personas con las que se reúne, tradiciones o acontecimientos. Habrá quien lo asocie a ver belenes, ir a la Plaza Mayor, recibir en casa a los abuelos, tragarse el espectáculo de Cortylandia con los niños, la cabalgata de Reyes, el especial de Martes y Trece o los cenorrios y comilonas como si no hubiera un mañana. En mi caso lo asociaba también al famoso Torneo de Navidad del Real Madrid de baloncesto. Un torneo que se estuvo celebrando desde 1966 hasta 2006, con una serie de ediciones espectaculares en los ochenta y una lenta decadencia desde la segunda mitad de los noventa hasta su desaparicion definitiva en 2006, cuando ni siquiera se disputó en las fechas navideñas, sino como un torneo de pretemporada en septiembre a partido único.

Los años buenos para mí, los que veía en casa todas las navidades, fueron los ochenta. El torneo se jugaba en tres días y participaban cuatro equipos bajo el formato de liguilla, todos contra todos. Lo normal era que se jugara del 23 al 25 de diciembre, o del 24 al 26 de diciembre a media tarde, así que, mientras en casa nuestra abnegada madre preparaba la cena para toda la tropa, nosotros veíamos los partidos del Real Madrid contra quien tocara ese día: un combinado exótico americano llamado Marlboro All Stars o New York All Stars, la selección de Brasil o Cuba, o las potentísimas (y ya extintas) Unión Soviética y Yugoslavia.

Era una gozada ver esos partidos porque participaban equipos a los que no se podía ver habitualmente, como las selecciones mencionadas o los equipos creados para la ocasión con aroma de Globetrotters (aún recuerdo los Cheiw All Atars) y porque al ser un torneo amistoso se jugaba sin la presión del marcador, solo por ofrecer un buen espectáculo de baloncesto justo antes de la cena de Nochebuena. En 2016 la web Endesa Basket Lover publicó tres artículos sobre el mítico torneo titulados Navidades Blancas y me han servido para leer a gente que sentía lo mismo que nosotros ante esos partidos:

Comentaba el periodista Fernando Ruiz hace unos días en su cuenta de Twitter, “Parecerá una tontería. Pero para mí estas fechas son diferentes desde que desapareció el Torneo de Navidad del Real Madrid”. 

Aquellos partidos servían para descubrir jugadores que podían terminar recalando en el Madrid, como Petrovic, Sabonis o Bodiroga, o los que nunca llegaron como Óscar Schmidt o Toni Kukoc, o para ver un modo diferente de entender el baloncesto, como cuando llegó la Universidad de North Carolina con sus cambios múltiples de cuatro o cinco jugadores, algo impensable en el baloncesto europeo de entonces, donde el quinteto titular apenas era sustituido para descansar unos minutos.

El Torneo fue una idea de Raimundo Saporta, directivo histórico del Real Madrid desde 1952, y tuvo el nombre de su creador, Torneo de Navidad – Trofeo Raimundo Saporta, hasta que se le añadió Memorial Fernando Martín en 1989, cuando sucedió la terrible desgracia del fallecimiento del pívot. Aquella tristísima edición contó con un cartel de lujo: la Jugoplastika de Split, el Aris de Salónica, el Maccabi de Tel Aviv y el Real Madrid, una pequeña Copa de Europa con los mejores equipos del continente. Por desgracia, las fechas, los calendarios cada vez más apretados y la mayor profesionalización del deporte fueron relegando este torneo hasta su desaparición.

Por todo lo dicho, cuando La Galerna convocó recientemente un Certamen de relatos “navideños y madridistas” no fui capaz de pensar en algo distinto a este torneo y a la imagen que todos los aficionados al baloncesto de mi generación recordamos: la rotura de tablero de Sabonis. 26 de diciembre de 1984. Aquella selección de la Unión Soviética era una salvajada: Sabonis, Iovaisha, Homicius, Kurtinaitis, Valters, Tarakanov, Tkachenko… Ganó el Preolímpico a nuestra selección por más de treinta puntos de ventaja, pero el boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles nos privó del que hubiera sido uno de los partidos más recordados de la historia: el que les habría enfrentado frente al combinado USA de Michael Jordan, Pat Ewing, Chris Mullin y Sam Perkins.

Mi relato no ha resultado ganador, pero sí uno de los finalistas seleccionados para su publicación. Recomiendo leer el relato vencedor, El póster de Zamora, de Mari Carmen Alarcón, sobre el ritual de volver unidos padre e hijo a los estadios de fútbol tras otra época convulsa de nuestra historia. Podéis encontrar mi relato directamente en la web, en este enlace bajo el título de Lituriaga, o aquí mismo, junto a otra de mis tradiciones de cada Navidad: las palmeras de chocolate de La Mallorquina, en pleno centro de Madrid.

No es un relato sobre baloncesto, sino sobre los nietos y su abuelo, y las tradiciones navideñas. Aquí os lo dejo:

  • Vale, entonces quédate aquí, Fer, pero no te muevas, por favor, no vayas a hacerme una de tus trastadas, ¿eh?

Aquellas palabras las pronunció mi abuelo con su firmeza habitual, severo, pero no exento de cariño. Que me quedara quieto frente al escaparate de aquella tienda de televisores de la que era imposible separarme mientras él se iba a comprar unas palmeras de chocolate a La Mallorquina con mi hermano pequeño Juan. Juanito para mi Abuelo, como ese futbolista que tanto le gustaba. Aquellas palmeras suponían el mejor final posible al paseo que dábamos todos los años con mi abuelo por el centro de Madrid, un paseo que Juan y yo esperábamos con ilusión y que comenzaba con el viaje en Metro.

– ¡Veinte mil leguas de viajes de subterráneo!

Así anunciaba siempre mi abuelo la llegada del Metro, con ese aire aventurero que casi nos trasladaba a una novela de Julio Verne, “y ahora, ¡viaje al centro de la plaza!”. Recuerdo muchas de las frases de mi abuelo con precisión, hasta viendo su cara y sus gestos, con la precisión con la que grabas las cosas en la memoria cuando tienes nueve años. Salíamos del Metro corriendo, cogíamos una de las octavillas que nos ofrecían, hacíamos una pelota y nos íbamos raudos a la papelera más cercana:

– ¡Canasta de Fernando Martín!

Mi hermano me imitaba como en casi todo y lanzó su bola de papel con alguno de los nombres que le sonaban ahora que empezaba a leer y a ser capaz de identificar esas letras que veía en las espaldas de los jugadores:

– ¡Lanza Lituriaga…!

Pero Lituriaga falló, así que yo cogí el rebote, me giré sobre mis pies y…

– ¡Fernando Martín machaca la canasta rival!

Juanito empezó a protestar cuando mi abuelo, siempre el abuelo presto al rescate para calmar su incipiente rabieta, le dio otra octavilla de papel convertida en improvisada pelota de baloncesto:

– Toma, Juanito, demuéstrale lo que sabes hacer.

Del Metro nos dirigíamos a la Plaza Mayor, veíamos algunos belenes, la iluminación, entregábamos la carta a los Reyes Magos y nos divertíamos con los disfraces de la gente que nos ofrecía globos. El pequeño Juan y yo estábamos fascinados, aquel momento era la Navidad, representaba la Navidad con mayúsculas y con todas las letras. Porque la Navidad solo comenzaba cuando el abuelo venía a casa a pasar esos días con nosotros. Le recuerdo con su abrigo negro, ese abrigo al que nos agarrábamos para no caernos en el vagón del Metro, y con un sombrero que le daba un aire de actor de Hollywood de los cincuenta.

No sé quién disfrutaba más en aquellas tardes del frío diciembre madrileño, si él o nosotros. “Huy, frío, frío es lo que tenemos en Burgos, ¡o en Siberia!”. Mi abuelo tenía muchas virtudes y entre ellas recuerdo cómo era capaz de contarnos cada año alguna anécdota nueva de los belenes que nos llevaba a visitar, pequeñas historias o chascarrillos que escuchábamos con atención y con los ojos aún más abiertos que los oídos. Siempre nos compraba una figura en alguno de los puestos para llevar al belén de casa, una figura por la que casi siempre discutíamos Juan y yo, prefiero la pastorcita, no, que tú elegiste el año pasado, quiero esa oveja, o mejor un paje… Mi abuelo zanjaba siempre la discusión con un argumento que nos convencía o al menos tranquilizaba a ambos.

Tras el paseo y según empezábamos a quejarnos del frío, volvíamos hacia el Metro para regresar a casa a tiempo para la cena, no sin antes pasar por La Mallorquina para saborear una suculenta palmera o una napolitana de chocolate. Pero aquella tarde yo me quedé delante de un escaparate repleto de televisiones en las que se podía ver el final de un partido de baloncesto del Torneo de Navidad del Real Madrid. El abuelo quiso que le acompañara a por la palmera, pero enseguida entendió que no iba a lograr moverme de allí hasta que acabara el partido, así que optó por las palabras con las que comencé este relato.

A los pocos minutos regresaron ambos con las palmeras, la mía sujeta en una servilleta por donde la agarré sin apartar los ojos de la pantalla.

– ¿Cuánto queda? -me preguntó algo nervioso por la hora de llegada a casa.

– Solo tres minutos, no queda nada.

– ¡Tres minutos! Eso es un mundo en el baloncesto, pueden quedar tres días todavía -respondió con una media sonrisa.

Mi hermano empezó a leer el marcador con esa manera de leer de principiante y su característica dificultad para pronunciar la erre fuerte:

– Real Madrid, u, ere, ese, ese. ¿Quiénes son esos, abuelo?

– Los rusos -me adelanté a contestar.

– ¿La ere es de “Rusos”, abuelo?

– Por supuesto que sí -contestó este con euforia-. ¡Unión de Rusos… con Súper Salto!

El pequeño Juan alucinaba y yo miré al abuelo, que me guiñó un ojo de modo cómplice.

– Abuelo -le pregunté, con esa insistencia en desgastar su nombre de tanto usarlo-, ¿sabes que este año si metes canasta desde esa línea del suelo vale tres puntos?

– Por supuesto que sí, ¿y a que tú no sabes que si la metes desde tu campo vale cuatro?

– ¿En serio?

– Claro, por eso al final de los partidos siempre tiran desde muy lejos.

El partido había estado igualado, pero en esos últimos minutos los rusos que no eran rusos se habían escapado a catorce puntos.

– Abuelo, ¿sabes que los rusos tienen a un tío de dos metros veinte?

– Qué tío, a saber qué le daban de comer en casa. ¿Cómo se llama, Grandovski, Gigantov o algo así, no?

– ¡Tachenko! -dijo Juan, que me había escuchado muchas veces en casa.

– No, Tachenko es otro. Este año tienen a un chico joven que se llama Sabonis, que lleva veintidós puntos. Dicen que es buenísimo, que se lo quieren llevar a la NBA.

– ¡Los americanos!

Aunque mi abuelo no sabía mucho de baloncesto, se quedaba con lo que yo le contaba y pronunció “los americanos” con ese tono berlanguiano que imprimía a muchas de sus expresiones, “Siberia, Di Stéfano, ¡los americanos!”.

En los monitores vimos una canasta de Wayne Robinson tras una buena circulación entre Corbalán y Martín. Vamos, dije, mientras soñaba con una remontada épica tirando de cuatro puntos. En la jugada siguiente, el ruso alto que no era ruso, pero sí muy alto, recibió de espaldas, se giró y la clavó hacia abajo con fuerza. De repente el tablero cambió de color, se oscureció. Al principio pensé que era un reflejo de la luz, pero cuando acercaron la cámara desde atrás pudimos ver que lo había destrozado, que estaba hecho añicos.

– ¡Se lo ha cargado, Abuelo, se lo ha cargado!

Repitieron la jugada varias veces. Sabonis se daba la vuelta y atacaba con virulencia el aro, mientras del Corral intentaba taponarlo, pero desistía de la locura de jugarse el brazo en el último instante.

– ¿Y ahora qué va a pasar, Abuelo? ¿Cómo termina el partido?

– Ahora se lo llevarán detenido, para que lo pague.

– ¿De verdad?

– Claro, ¿qué pasaría si tú rompieras este escaparate? Pues lo mismo.

Quiso la casualidad que en ese momento un coche de policía pasara por la calle Mayor con la sirena puesta.

– ¿Ves? Ya van a por él al Palacio de los Deportes.

Aquello me dejó impactado, en un estado de shock que mantuve mientras volvíamos a casa. Juan tenía restos de chocolate en la comisura de los labios y mientras, yo seguía preguntando al Abuelo por lo sucedido, por qué no terminan los dos minutos de partido que quedaban, ¿no hay tableros de repuesto?, en mi cole hay tableros así, por qué no van a cogerlos… No callaba.

– Me da pena lo de Sabonis, Abuelo, ¿no podía ficharlo el Madrid para que no lo detengan?

– Si es de los buenos, como dices, terminará jugando en el Madrid. ¡Y con los americanos también!

– Abuelo, ¿y crees que Fernando Martín también acabará jugando en la NBA?

– Seguro, es tu favorito, ¿no?, ese que dices que es tan bueno. Pues si es tan bueno, Fer, seguro que sí. Además, se llama como tú y como yo, y con ese nombre nada puede frenarte en la vida.

Pueblo Nuevo, Ciudad Lineal, Suanzes… Ya estábamos cerca de nuestra parada.

– Fer, ¿te gustaría ir el año que viene al Torneo de Navidad? Yo te llevo.

Mis ojos se abrieron como nunca en mi vida lo habían hecho, aquello era un sueño, el mejor regalo que jamás podría recibir. Porque todo lo que decía mi abuelo se cumplía, pero por desgracia, no todo lo que me dijo mi abuelo aquella tarde sucedió.