Liga Retro, Liga Negreira

Los cuatro astronautas de Artemis II regresaron anoche a la Tierra tras completar su largo periplo por la Luna. Eran las 2.07 en España cuando finalmente amerizaron en el Pacífico “en excelente estado de salud y felices de estar de vuelta”, aseguraron las fuentes oficiales de la NASA. “Misión cumplida”, añadió el director de la agencia norteamericana desde la sala de control.

Me he puesto “retro” yo también y por eso he preferido comenzar con la aventura espacial, lunar u orbital, llámenla como quieran, porque hablar de la desventura de la liga española es un infierno para el aficionado. LaLiga tebana tenía esta semana un “aire retro”, una especie de levantamiento de caretas institucional, como si los organizadores del Tinglao añoraran tiempos pretéritos y pretendieran homenajear unos tiempos oscuros de arbitrajes negreiros, o arminios, o “diazveguenses”, antes, durante y después del Villarato.

Pese a las imágenes enviadas por los astronautas en su misión, hay gente que sigue creyendo que la Tierra es plana, del mismo modo que, pese a todas las evidencias, hay tipos que creen que el Barça de verdad pagó por informes, y no por influencia. Y aún peor, nos atreveríamos a decir que hay gente (¡de verdad, existen!) que cree que el Real Madrid controla los medios de comunicación. No os riais de estos tipos, por favor, bastante tienen con lo suyo y con controlar sus esfínteres.

Yo no creo en las coincidencias cuando Javier Tebas anda por medio. Por tanto, que la jornada Retro de LaLiga coincida con el paso del Fútbol Club Barcelona por el juzgado para su declaración como institución investigada en el caso Negreira no puede ser una simple casualidad. Un club investigado por corrupción deportiva declara en el juzgado, por si a alguien no le queda claro. Un caso gravísimo, el más grave que han visto nunca, como expresaron Javier Tebas y Aleksander Ceferin nada más conocerlo. Buscadlo en las portadas de hoy y de ayer, moved la rueda del ratón en sus webs a ver por dónde aparece la noticia. Ni utilizando el mayor telescopio de la NASA para observar los objetos más recónditos de la galaxia lo vais a encontrar. Y aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. LaLiga se sigue celebrando como si aquí no hubiera pasado nada. Como sucedió tras Tenerife en el 92 y el 93, o la final de Copa del 90. ¿No querían un homenaje al pasado, una jornada Retro, un retro-ceso a cuando toda la mugre se inició?

El presidente de ese club investigado del que usted me habla reconoció durante la campaña electoral que había realizado un fraude con las palancas para poder inscribir jugadores, pero aquí no pasa nada. El horario del partido del viernes tampoco cumplía con la norma de las 72 horas entre encuentro y encuentro, pero aquí no pasa nada.

Nos pusieron como árbitro a un tipo como Alberola Rojas que estuvo pagando el coaching al hijo de Negreira porque, según palabras de Estrada Fernández, “era el hijo del que mandaba” y “los colegiados se veían condicionados a contratar sus servicios y pasar por caja”. Pero Alberola se sigue levantando sus 300 boniatos del ala y aquí no pasa nada.

Nos colocaron en el VAR a Trujillo Suárez, un individuo sin calidad para pitar en Primera, sin apenas experiencia, pero que es, casualmente y bajo las órdenes del Ilustrísimo Fernández Borbalán, el que más veces nos ha pitado desde el VAR. Pero aquí no pasa nada. “Misión cumplida”, debió exclamar desde la sala de control del VOR al acabar el partido.

Volvieron a hurtarnos imágenes (y quién sabe si también al VAR), como ya dijeron dos juzgados en su día, ¡pero aquí no pasa nada! En este caso nos referimos a las sangrantes (nunca mejor dicho) imágenes de la frente de Mbappé manando hemoglobina en abundancia. Y sí, por supuesto que somos conscientes de que, en el campo, donde se cuecen las cosas importantes, el equipo no juega a nada. Faltos de ritmo, de confianza en pelear por LaLiga y faltos, sobre todo, de una cosa: motivación. Es imposible motivarse cuando ves lo que ocurre jornada tras jornada. Y más cuando sabes que esos mismos blanqueadores de la corrupción ocultan hechos relevantes como las vergonzosas declaraciones de los representantes culés en los juzgados. O cuando ves que los “opinadores” arbitrales escogidos por el sistema excretan cosas como estas:

Nada que deba extrañarnos a estas alturas, pues ya vimos en su día (2017) que romperle la nariz en el área a Sergio Ramos no era penalti. “La cara de Ramos encontró la bota de Lucas Hernández”, como vomitaron en la radio aquel día (gracias, Richard Dees, por encontrar estas joyas del periogolfismo patrio). Aquel día pitaba Fernández Borbalán, por cierto, actual director del CTA, y por tanto, el jefe de Trujillo y otros piezas del VAR. El CTA sabe lo que hace. En el nuevo comité de designaciones figura un sujeto como Teixeira Vitienes, cuyo nombre, «Teixeira», fue confundido por Laporta en varias de sus respuestas al juzgado. ¿Fue un mero lapsus o nos enteraremos cuando ya haya prescrito todo? El comité sabe lo que hace: Trujillo en el VOR y Alberola en el campo ya le birlaron al Madrid otro penalti tras manotazo en la cara en un partido: Remiro a Jude Bellingham.


Se repiten demasiado estos patrones. Reformulo la frase: se repiten demasiado estos lacayos al servicio de sus patrones. El penalti de ayer ante el Girona fue claro hasta para el tipo que con más vehemencia ha defendido este sistema podrido: Iturralde González. Ayer fue un compendio “retro” de todo lo que ofrece la MLN al aficionado. Gracias a las redes sociales pudimos ver la sangre en la frente de Mbappé, que quedó groggy por momentos. Pero no pudimos ver esas imágenes ayer en directo, cuando Vítor Reis “parece rozar” el rostro de Kylian, ¿no, Pável? “El cuento del francés”, remata un tipo que ha logrado, gracias a su antimadridismo, trabajar en Televisión Española. Eso sí que es vivir del cuento, el cuento de la criada, o el cuento de la lechera, consistente en imaginar que vendes tu dignidad y con ello obtendrás grandes réditos. En el resumen de diez minutos de Movistar no aparece el codazo de Reis a Mbappé, y repito, aquello de lo que no se habla, simplemente, no existe.

El hartazgo de Arbeloa en la rueda de prensa es el nuestro: “Esto es falta aquí y en la Luna”. Nos dicen fuentes tan contrastadas como las de los insiders del Real Madrid que los astronautas de Artemis levantaron su pulgar afirmativamente. Y con ese hartazgo Retro-spectivo del entrenador se transmite nuestra misma idea. Todas las semanas sucede lo mismo y así resulta imposible motivarse. No nos vale como excusa, el Real Madrid debe pelear todos los torneos y todos los partidos, aun cuando se hace muy cuesta arriba. Sabemos que el equipo es capaz de jugar mucho mejor, como vimos si nos Retro-traemos a los dos partidos contra el City, en el del Bayern, o contra el Athletic, Atleti y Barça en esta misma MLN. Pero cuesta jugar con plomo en las botas y la certeza de que un tipo Retró-grado está al silbato, dispuesto a hacernos Retro-ceder en la clasificación.

El sistema se Retro-alimenta de manera bochornosa. Hay muchos estómagos agradecidos en la prensa y las radios que hoy seguirán hablando del mal juego del Madrid, de la fragilidad de su defensa, de la falta de definición en ataque, de la ausencia de liderazgo, etc. Y posiblemente estemos de acuerdo con la mayoría de los argumentos. Lo que sucede es que les daríamos más credibilidad si ellos hablaran del elefante que hay en medio del salón. Un elefante que nunca fue una moda “Retro”, lleva ahí, sentado en nuestro sofá, más de tres décadas.

(Artículo publicado en La Galerna el 11/04/2026)

Puesto que no parece que seamos capaces de cambiar el sistema, lo que tendrá que hacer el equipo, si se puede, es tratar de mejorar el juego y sus prestaciones. De ahí surgió la pregunta: ¿Y si nos olvidamos de Negreira? Este equipo ya ganó en el pasado pese a errores flagrantes en contra, ¿es posible?

Minuto 43 de la final de la Champions de 2022 entre el Real Madrid y el Liverpool. Karim Benzema marca un gol totalmente legal, pues el balón le viene de dos defensas rivales que lo despejan hacia su propia portería y, pese a que se ve perfectamente en las imágenes, los artistas del VAR, tras una revisión de unos tres minutos, deciden anularlo. La “muy madridista” prensa española apoya la decisión con argumentos peregrinos como si el equipo perjudicado perteneciera a la extinta Checoslovaquia. Esto de Marca pasa a mis “anales” particulares de la historia, pues ya imaginan por qué parte del cuerpo me dio esta explicación:

He querido dejar el subtítulo que acompaña a esta excrecencia: “No le hizo falta al Madrid”. Y no le hizo falta porque finalmente ganó el partido, porque fue capaz de sobreponerse al error arbitral y de derrotar a los de Klopp a base de seguridad en defensa, sobriedad y contención en el centro del campo, y la calidad de Vinicius y Courtois, los mejores del mundo en sus puestos. El Real Madrid ganó toda una final de la Copa de Europa y no necesitamos acordarnos del arbitraje.

Una extraña sensación me acompaña desde febrero de 2023, desde que constatamos que los penosos arbitrajes que sufríamos desde hacía dos décadas tenían una motivación económica: los pagos al vicepresidente de los árbitros por parte de un Fútbol Club Barcelona que reventó todas las estadísticas posibles. Al shock por la noticia sucedió la consternación por ver las declaraciones de todos los dirigentes federativos y periodistas afines al Tinglao y comprender que no iba a pasarle nada al club pagador. No solo eso sino que, además, los ejecutores de los designios de los mandamases del CTA, es decir, los árbitros, iban a seguir empleándose con la misma saña, lo que ayudó a que el mediocre Barça de Xavi Hernández se hiciera con aquella Liga.

La temporada siguiente, 2023-24, fue encarada de una manera diferente por los nuestros. Conocedores del pastel, los jugadores se dedicaron a lo que mejor saben hacer: poner su calidad en el campo y ganar los partidos pese a que los “culegiados” siguieran haciendo de las suyas. A algunos árbitros se les vio el plumero en exceso, quizás rabiosos porque la mugre había sido destapada y un club los señalaba abiertamente con el dedo en su calidad de sospechosos. Solo así se entienden decisiones como el gol anulado por Gil Manzano a Jude Bellingham en Mestalla, rematada por una expulsión al jugador por dirigirse en unos términos a los que no se acercaba ni la más suave de las frases de Luis Suárez en sus ocho años campando (agrediendo e insultando) por los campos de España. Y a todas esas jugadas polémicas sucedían los comentarios posteriores de los Pável, Pérez Burrull, Iturralde y Foutos de la vida justificando sus criterios cambiantes o las líneas mal tiradas del VAR como si los del Madrid fuéramos unos quejicas paranoicos. “Bien pitado”, resolvían apretando bien «pá’dentro» para que las risas contenidas no dejaran escapar una ventosidad. O dos, tras la emanada por la boca.

Aun con esos penosos arbitrajes, el Real Madrid culminó una temporada ejemplar, con solo dos derrotas. Tampoco fue casualidad que ambas se produjeran ante el Atlético de Madrid en encuentros dirigidos por el colchonero Cuadra Fernández. Dos partidos repletos de jugadas polémicas resueltas siempre (curiosamente) a favor de los “suyos”. El equipo siguió a lo que debía y, pese al calamitoso nivel del arbitraje nacional, se ganó la Liga y la Supercopa. Y fuera del ecosistema negreiro, la Champions y, tras el verano, Supercopa de Europa e Intercontinental.

Los años pasan y hay momentos en que parece que el caso Negreira se diluye, está cerca de ser enterrado. Pero somos muchos los que mantenemos la herida abierta, una herida que no cicatriza porque nos hurgan con el dedo cada semana. El Barça se repuso en los inicios de la temporada 2024-25 y mejoró notablemente su juego, al tiempo que el nuestro bajaba. Durante esos meses, los centímetros que decidían los goles o su anulación caían siempre del lado culé o en contra del Real Madrid, ¡vaya por Dios!, “puedo ayudaros con el VAR” y Clos Gómez en el recuerdo.

Pero, aun con todos estos elementos en contra, los nuestros fueron capaces de escaparse en la clasificación. Siete puntos de ventaja en febrero. Ahí reventó el sistema. La primera media hora de Munuera Montero en Pamplona es digna de los mejores tiempos de Iturralde González y Enríquez Negreira en sus respectivas etapas de árbitros profesionales. Al atraco en Pamplona siguieron los del Bernabéu frente al Atlético de Madrid y el esperpento perpetrado en Cornellá frente al Espanyol. En solo tres semanas nos habían colocado nuevamente por detrás del Cautelares y Palancas Club.

El club se movió (¡por fin!) y emitió un duro comunicado de cuatro páginas contra el estamento arbitral. Tarde e insuficiente para el que esto escribe, pero un comunicado contundente y de enorme dureza. Muy necesario.

Ese día se unieron todos los demás clubes al corruptor, a un CTA investigado, a esa pléyade de árbitros bajo sospecha, a LaLiga que miró para otro lado y a una Federación que deseaba pasar página, y desde ese día, de tanto pensar en Negreira, a veces pienso que nos hemos olvidado del fútbol. Posiblemente sea uno de los madridistas que más se ha despegado de un deporte que he seguido y practicado desde hace más de medio siglo. Que amaba, que me desvelaba, disfrutaba y, también, me cabreaba. Este año me habré perdido la mitad de los partidos del equipo y cuando lo veo, no reconozco nada. No disfruta prácticamente nada. Cierto es que el fútbol no acompaña en la mayoría de los partidos, pero compruebo que somos muchos los que estamos pendientes de otras cosas.

Cada semana, según se anuncian los trencillas del fin de semana, comienzan los análisis de buena gente a la que aprecio (cabaislois, futbolgate) sobre las “hazañas” previas de estos tipos del silbato para restarnos puntos en el pasado. Real Madrid TV emite sus vídeos con imágenes bochornosas acerca de los sospechosos habituales: Soto Grado, HH, BB, Gil Manzano, Alberola, Díaz de Mera… Y quizás, solo quizás, de tanto pensar solo en los arbitrajes de turno, se nos ha olvidado jugar al fútbol. Sí, lo sé, lo sé. Los aficionados somos una cosa bien distinta a los profesionales que están en el campo, que deberían abstraerse de estas emboscadas y competir dignamente, como se supone que deben hacer unos profesionales. Sobreponerse a un gol erróneamente anulado, como en la final de París con la que comienzo este artículo.

Pero es imposible. Recordad la final de la Copa del Rey de la temporada pasada, cuando la sensación de impunidad de De Burgos Bengoetxea y González Fuertes les animó a amenazar al Real Madrid la tarde anterior al partido. Es imposible que un profesional no salga al campo pensando que va a ser juzgado de una manera distinta a sus rivales. Y luego, al menos ese día, no fue así, quizás por toda la presión que los mismos colegiados echaron sobre sus espaldas. Un lector que haya llegado hasta aquí podría estar pensando ahora mismo: “¿entonces tú, soplagaitas, que has escrito un libro de 372 páginas sobre el caso Negreira, estás pidiendo que nos olvidemos del mismo y nos pongamos a jugar al fútbol como si no pasara nada? ¿Qué “cacho” del cerebro se te ha caído?”.

Yo mismo me lo pregunto muchas veces. No olvido la rebaja de calidad que ha habido en la plantilla con las salidas de Kroos y Modric sin recambios ni fichajes, ni olvido tampoco la plaga de lesiones que merma cualquier posibilidad de continuidad y crecimiento del equipo, factores ambos en los que el club, sin duda, es responsable por una gestión claramente mejorable. Me miro al espejo justo antes de afeitarme y me pregunto muy serio: “¿Y si nos olvidamos de Negreira y los arbitrajes?”.

Y mientras me paso la maquinilla, pienso en esos jugadores a los que veo desbordados. Atenazados, crispados. Haciendo aspavientos al árbitro al menor contratiempo. Solo dan pases de seguridad y los que llegaron en verano son una mala versión de sí mismos, incapaces de revertir su situación. Hay una regresión evidente. Y mi misma figura reflejada en el espejo trata de hacer un análisis racional de la situación, y me contesta: “si para derrotar al Mallorca necesitas marcar cinco goles para que valgan solo dos, ocurre que terminas pidiendo la hora y salvando un empate bajo palos, y la confianza se merma. Si no juegas bien frente al Rayo en Vallecas y encima ves que a Chavarría le permiten hacer dos penaltis escandalosos que se van al limbo, te vuelves a casa pensando que lo que tienes que hacer es mejorar y no protestar, porque eso es lo que te dicen. Si luego vas al campo del Girona y ves cómo una zancadilla a Rodrygo es considerada por todos los expertos como un contacto residual, sin intensidad suficiente, pues regresas con dos puntos menos y ya jugarás mejor el próximo día, que es lo que tienes que hacer. Porque al final acabas quejándote incluso en las victorias claras, como frente al Barça en la primera vuelta, o contra el Alavés, partidos en los que zancadillas escandalosas fueron consideradas piscinazos o que el defensa tenía la pierna antes que tú, o que el centímetro del VAR no falla… Y al final no disfrutas de las victorias y sigues con tu crispación ante los de amarillo”.

—Pero, entonces, subconsciente cabrón, me estás dando la razón.

—Mira a tu máximo rival cuando el partido se le atasca.

Es entonces cuando ves su partido frente al Rayo de la temporada anterior, en el que ganan 1-0 de penalti tras un agarrón leve y cómo un agarrón de tres segundos en el área culé se queda sin señalar. O cómo anulan un gol a De Frutos por un fuera de juego posicional de chiste y respondes a tu reflejo:

—¿Me estás diciendo que ellos se agarran al fútbol y no al arbitraje? Mira lo que ha pasado esta misma temporada, de penalti y sin VAR.

—No, te estoy diciendo que ellos ya saben cuáles son las normas, las suyas propias, y juegan de acuerdo con ellas, mientras que nosotros somos tan torpes que todavía no nos hemos dado cuenta de cómo hacerlo. Y llega un día en que estás espeso, las cosas no salen, como el día del Celta en el Bernabéu, y tus protestas te acaban costando dos rojas innecesarias. Rojas de hartazgo. O tienes al equipo en cuadro, repleto de lesionados, como el lunes pasado frente al Getafe, y tu misma desesperación te hace provocar tres tarjetas que conllevan sanción y tres bajas más (Huijsen, Carreras y Mastantuono). Nos pasamos el día hablando de arbitrajes, incluso los días que ni nos van ni nos vienen, como la semifinal de Copa entre el Malakito y los Negreiros. ¡Ponte a jugar sabiendo las reglas con las que te toca competir en la MLN, como hicisteis en la 2023-24, o en la final de la Champions de 2022, carajo!

Termino de afeitarme, me lavo la cara, me seco con la toalla y ya, totalmente confundido, me digo:

—De acuerdo, hay que pensar en construir en el equipo poco a poco. En recuperar a los lesionados, en buscar automatismos, en generar confianza, poco a poco. En confiar en la calidad de los que no han bajado de nivel, los mismos de París, e ir sumando adeptos a la causa. Partido a partido, aunque suene cholista. ¿Y ya después, nos olvidamos de Negreira?

—A ver, chaval, ¿quién más quiere que te olvides de Negreira?

Ese culé que dirige ahora el CTA y ha puesto al “talismán” Fernández Borbalán al frente del cotarro y a un promocionado por Negreira como Prieto Iglesias dirigiendo el VAR. Ese es el que quiere que lo olvides. Pues bien, no lo olvides nunca, al menos mientras no haya una sanción ejemplar. Lo que tienes que hacer es ignorarlo en el campo y jugar al fútbol lo mejor que puedas mientras puedas y las patadas rivales te lo permitan. Las reglas están muy claras, perfectamente definidas desde antes de esa carta del 2 de febrero de 2025, y aún más claras desde entonces. Sabes que hay árbitros que se han juntado en un sindicato (de millonarios, especie única en el mundo) con el único fin de putearte y de que no acabes con su chiringuito, pues eres el único que quiere cambiarlo. Esas son las reglas, no digo que las aceptes, pero asúmelas y juega con ellas, o contra ellas. Igual que sabes que jugar como visitante es más complicado que hacerlo de local, o que en un campo embarrado es más difícil construir el juego que cuando está perfecto, también sabes que compites en el ecosistema Negreiro. Controla lo que esté en tu mano: la forma física de los jugadores, la actitud, la confianza en el entrenador. Mejora todo aquello en lo que te has equivocado, y recupera la calidad y el físico en la plantilla. Eres mejor que todos ellos juntos, ya lo habéis demostrado muchas veces.

Y sobre todo, no olvidemos que nada les hace más daño que cada uno de nuestros títulos.

(Artículo publicado en La Galerna el 8 de marzo de 2026)

Once contra once

En el transcurso de la rueda de prensa de Pep Guardiola tras la eliminación de su Manchester City ante el Real Madrid en el Etihad, se lamentó hasta ocho veces de no haber podido “jugar once contra once”. No podía discutir la justicia de la expulsión de Bernardo Silva, irrebatible hasta para el entrenador que cuestionaba los aciertos arbitrales (o los análisis de orina, recordad El sexto sinsentido), pero sí quiso dejar un doble mensaje con sus amargas quejas:

  • Minusvalorar al Real Madrid, algo que lleva haciendo desde que ejerce como entrenador y que ha elevado al paroxismo tras la cuarta eliminación en cinco años a manos de los blancos. Del “son atletas” tras el 0-4 de Múnich a la escocida frase “el Madrid no ha sido mi mayor desafío estos años, ha sido Klopp”. Como bien dijo alguien en redes sociales, Klopp será su mayor desafío superado, como acreditan los 6 títulos de Premier del City en los últimos 8 años. Su mayor desafío atragantado y no superado es el Madrid por mucho que le duela, pues solo ha conseguido la Champions en este último lustro en la única ocasión en que logró derrotar a los de Ancelotti y Arbeloa. Pep es un gran entrenador, no cabe duda, pero no resulta nada objetivo cuando habla del equipo por el que se marchó de Barcelona (la Liga de los récords de Mou lo dejó exhausto mentalmente). Nada más ganar la Carabao Cup el pasado fin de semana, volvió a la carga: “El Arsenal es, junto al Bayern de Múnich, y quizás el Barça, el mejor equipo de Europa”. Ni el PSG campeón de Europa que se los ventiló con solvencia en octubre, ni el Real Madrid “mediocre” de Arbeloa que le endosó un 5-1 en la eliminatoria. Como bien explicó el genial Marselle:
  • Su equipo es mucho mejor de lo que pudo demostrar, pero no le dejaron competir en igualdad de condiciones. “Nuestro equipo es extraordinario”, pero “jugar 10 contra 11 es casi imposible”, “la próxima temporada volveremos, seremos campeones. No pudimos jugar un partido como es debido, once contra once para ver qué pasaba”. 1.500 millones de euros invertidos en los últimos años, pero sigue sin competir en igualdad. El Madrid tenía una decena de lesionados y alineó a un chaval que comenzó la temporada en el juvenil, no siquiera en el Castilla. Pep se acerca peligrosamente a sus propios récords de hipocresía, como cuando pronunció aquella hilarante comparación del City “como el Villarreal de la Premier”.

Guardiola es culé de cuna, formación, aprendizaje, carrera como futbolista y, por supuesto, culé nivel supremo como entrenador. Eso significa haber nacido con el convencimiento de que son los mejores del mundo, los inventores del fútbol en un mundo que conspira en su contra, y por ello, cualquier medio vale para triunfar y poder demostrar a todo el universo que, efectivamente, son los mejores. Eso incluye contratar los servicios de Negreira, el dopaje, saltarse las normas de la competición o las 130 irregularidades financieras por las que su club aún no ha sido sancionado. Todo vale porque, al fin y al cabo, el objetivo es lícito: demostrar a ese mundo que conspira en su contra que son superiores.

Lo que me llama la atención de sus declaraciones sobre la importancia de jugar “once contra once” es que parece que se dio cuenta la semana pasada, tras casi una veintena de años como entrenador, de las dificultades que supone competir en inferioridad numérica. En el momento de la expulsión de Bernardo Silva protestó como un energúmeno (solo vio tarjeta amarilla) y con ello hizo ver a su afición que no había nada que hacer. Que en el minuto 20 del partido la suerte de la eliminatoria ya estaba echada. Tan contagioso fue su estado de ánimo al grupo que cuando Haaland empató el partido, ni siquiera lo celebró, casi pareció pedir disculpas al público porque no se podía hacer más.

Y llegado a este punto es donde me apetece recordarle a Guardiola (o a quien quiera leerme) que precisamente jugar en inferioridad numérica es lo que sufrieron durante años los equipos que se enfrentaban a su Barcelona. Sí, el de las grandes figuras y el mismo cuyos presidentes untaban a Negreira y le mejoraban las retribuciones cada año. Helenio Herrera inmortalizó hace años la famosa frase de “se juega mejor con diez que con once”, pero la verdad empírica, estadística y demostrable es que no es así, y menos en un fútbol tan físico como el actual.

Por supuesto que la célebre frase no es cierta. Por eso mismo, hace años que el Madrid aprendió a jugar en inferioridad numérica y contra arbitrajes sibilinos, lo cual forja el carácter, te hace más inasequible al desaliento, más fuerte, y todo ello explica en buena medida por qué la mayoría de jugadores del club se retiran con más títulos internacionales que nacionales. Volvió a demostrarlo el pasado domingo tras la incomprensible expulsión de Fede Valverde a manos de Munuera Montero. Un árbitro que demostró tener criterios bien distintos en un mismo partido (amarilla a Ruggeri, roja para Valverde). O si lo comparamos con actuaciones suyas en el pasado, como en la entrada de Reinildo a Rodrygo, por detrás, sin el balón a distancia de ser jugado, o con la salvaje tijera de Raphinha al jugador del Mallorca Morey. Entradas salvajes que saldó solo con amarilla, mientras que a Valverde le mostró la roja con la misma celeridad que a Bellingham hace un año. Como si el trencilla tuviera prisa por adquirir el protagonismo del choque.

Los diez de Arbeloa podían haberse ido mentalmente del partido o podían haberse ganado varias tarjetas más por las protestas, pero me gustó la actitud del equipo. Una vez pasada la incredulidad (maravillosa la expresión de Tchouaméni), se apretaron los machos como diciendo: “venga, muchachos, es lo de siempre, dejad tranquilo al tipo este, que ha venido a lo que ha venido, igual que en Pamplona hace un año. Ya sabemos lo que toca, cerrar líneas y jugar con inteligencia, con balones largos a Vini y Mbappé para que aguanten el mayor tiempo que puedan allá arriba, y en defensa, sin contemplaciones”. Arbeloa reorganizó a los suyos y realizó algunos cambios. Con el descuento fueron casi veinte minutos de sufrimiento y se logró salvar el resultado, para disgusto de Munuera Montero y de los actuales gestores del CTA.

Son muchas las veces que el Madrid ha ganado el partido con un jugador menos. En muchas ocasiones es una cuestión de carácter y, si uno recuerda algunos de esos partidos, entiende que el Madrid de las 6 Champions en 11 temporadas se forjó en situaciones de inferioridad numérica. Y más lejos aún en el tiempo.

Aún duele a los atléticos aquel 1-4 en el Calderón, en una de las actuaciones más recordadas de Raúl. Corría el minuto 67 cuando Pedja Mijatovic fue expulsado. El montenegrino llevaba todo el partido recibiendo insultos de la que se autoproclama “mejor afición del mundo” (así de tarados están algunos), con alusiones muy desagradables a la enfermedad de su hijo, el cual falleció unos pocos años después, por cierto. Hasta que Pedja se cansó y la tomó con el juez de línea en una de sus protestas. Tarjeta roja, 1-1 en el marcador y todavía recuerdo las carcajadas que se escucharon en el estadio.

Ni por esas. El Madrid no solo ganó en inferioridad numérica, es que goleó, humilló a los que se deshuevaban de la roja. Era el año 1997 y no debe ser casual que un año después se rompiera la sequía de 32 años en la máxima competición europea, la Octava en Ámsterdam.

Guardiola se quejaba de no poder competir once contra once, pero es que ni lo intentó. Quizás su memoria frágil le hizo olvidar que durante varios años de Real Madrid-Barça (me niego a ennoblecer estos partidos y denominar “Clásico” a un encuentro con tanta diferencia de “clase” entre los contendientes) hubo 15 expulsiones en esos partidos. Años negreiros todos ellos, supongo que una casualidad. 14 de esas 15 expulsiones cayeron del lado madridista.

En la primera época de Guardiola como entrenador, en el F.C. Barcelona, obtuvo grandes éxitos como la Champions de 2011, una competición en la que pudo avanzar fases gracias a expulsiones tan surrealistas como la de Van Persie en el Camp Nou (conviene recordar que, a falta de media hora, el Barça estaba eliminado) o la de Pepe por la teatralidad de Dani Alves en semifinales (Por qué, por qué?). Se pasaron todo el partido del Bernabéu fingiendo agresiones, en lo que me llevó a escribir Escuela culé de teatro. Para que vea Guardiola lo importante que es jugar “once contra once”, que asimile que en igualdad de condiciones su equipo habría sido eliminado por el valor doble de los goles en campo contrario (0-0 en el Bernabéu, 1-1 en el Tramp Nou).

Estoy convencido de que todas estas sobreactuaciones venían motivadas por la red con la que jugaban en las competiciones españolas, en las que expulsar a un jugador culé pareció estar fuera del Reglamento durante años. Años negreiros, sí, lo recuerdo de nuevo. El famoso «saldo arbitral» que confesó Alfons Godall, exdirectivo del Barça.

En Europa, numerosos equipos sufrieron también esa desventaja de jugar en inferioridad numérica: el Atleti, el Chelsea… Una de las más famosas fue en 2010: Motta sufrió una expulsión cuando jugaba en el Inter por otra gran sobreactuación de Busquets. Solo había transcurrido media hora de las semifinales y aún quedaba más de una hora por delante por jugar. Por suerte, los de Mourinho supieron apretar los dientes el resto del encuentro y evitaron que el Barça se clasificara para la final de Champions en el Bernabéu. Habría sido un premio terrible para el fingimiento de Busqueta.

Volviendo a la eliminatoria del City, Guardiola podría argumentar que bajó los brazos en el partido contra el Madrid porque la desventaja de goles en la eliminatoria era muy grande. Y yo le recordaría aquel año en que el Real Madrid se jugaba el título de la Supercopa contra aquel gran Valencia de David Silva, Villa, Mata y Joaquín. Con 0-1 en el partido, Iturralde González, otro de los trencillas más negreiros que haya pasado por nuestro campeonato, expulsó a Van der Vaart. Aún era la primera parte, lo que no evitó que el Madrid se rearmara en el descanso y peleara aquel partido. Logró empatarlo al inicio de la segunda mitad. Como Piturralde vio que se le escapaba el partido, expulsó a Van Nistelrooy, y en ese preciso instante fue cuando surgió la locura: con nueve jugadores sobre el campo, el Madrid anotó tres goles en los siguientes quince minutos. ¡Chúpate esa, Negreiro, el título se queda en casa!

El carácter competitivo se forjó durante años en situaciones y partidos así. La primera visita de Zidane como entrenador al Camp Nou coincidió con una de las terribles actuaciones de Hernández Hernández al silbato. Con 1-1 en el marcador, anuló un gol a Bale por ser más alto que Jordi Alba, y poco después expulsó a Sergio Ramos. El equipo podía haberse descentrado de nuevo, pero insistió e insistió, y ganó aquel partido con un gol de Cristiano Ronaldo.

La facilidad con la que reciben roja los blancos contrasta con las agresiones constantes de Luis Suárez en el equipo contrario. Más de dos años sin expulsiones ni penaltis en contra en LaLiga. Ocurre que luego ambos equipos salen a competir en Europa y unos pueden sobreponrse a todo, mientras que otros, sin colchón, se desmoronan en Liverpool, Roma o Múnich. Esta aberración estadística, Pep, es la que hace que tu máximo rival sea tan competitivo:

Es una lección difícil de aprender, pero algunos lo han logrado. Que Modric, Bale, Bellingham o Vinícius tengan muchas más rojas que Suárez, Mascherano o Piqué es absurdo. Pero parece que sirvió para algo.

LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

Tras la primera fase de la Champions de este año, cinco equipos ingleses se han clasificado al top-8 de la Champions, y el sexto, el Newcastle, llegó a estar clasificado por momentos, en función de los resultados globales. Los ocho primeros se completan con un equipo portugués (Sporting de Portugal), un alemán (el siempre presente Bayern de Múnich) y un solo representante de LaLiga española (un Barça aupado por arbitrajes ceferinos). El Real Madrid y el Atleti han quedado fuera de la clasificación, en una temporada en la que ambos no andan finos, pero la mayor constatación del bajo momento de LaLiga de Tebas se aprecia en que equipos como el Athletic de Bilbao o el Villarreal (que marcha tercero en la clasificación) no hayan entrado ni entre los 24 primeros. El Villarreal solo ha arrancado un punto en ocho jornadas.

Se ha clasificado incluso el 14º de la Premier, el Tottenham. Luego la pregunta era obvia: ¿estamos tan lejos de la Premier? ¿Es posible competir con los clubes ingleses? Otro dato para el análisis: de los últimos nueve enfrentamientos entre equipos de ambos campeonatos, los ingleses se han llevado el triunfo en ocho. Puede que sea una cuestión económica, si atendemos a las cifras de ingresos de los diferentes campeonatos, con un distanciamiento cada vez más amplio:

La insostenibilidad financiera y el austericidio de LaLiga ya fueron analizados con anterioridad en este blog, así como las sanciones (que nunca llegan) al Manchester City en la Premier, pero en este post vamos a tratar de ir un poco más allá, a ver si esta “tendencia”, que es mucho más que una tendencia, se puede quebrar o estamos condenados a tener un campeonato secundario frente a la pujanza de los ingleses.

Recientemente se publicó un informe de Deloitte sobre la capacidad de generar ingresos de los principales clubes europeos, el Deloitte Football Money League. Lo primero que llama la atención es que ninguno de los cuatro primeros es un club inglés:

Los seis siguientes puestos están ocupados por el Big Six de la Premier y en la lista de los veinte primeros aparecen otros tres clubes ingleses: Aston Villa, Newcastle y West Ham. Luego de primeras sí podríamos decir que la “clase media” es mucho más potente que la del resto de ligas europeas que, en el mejor de los casos, cuentan con dos o tres equipos potentes con una gran distancia sobre el resto. Si entramos al detalle de las cifras del informe de Deloitte, se pueden extraer otras conclusiones interesantes:

El Real Madrid ha tenido un descenso del 6% en los ingresos por los días de partido, pero el propio informe indica que se debe a una venta de los asientos VIP realizada en 2024, lo que, ajustando los ingresos de ese año, los reducirían hasta 807 millones en total (lo que a Laporta le gusta denominar “palanca”). La masa salarial se mantiene controlada respecto a los ingresos totales, por debajo del 50%, como desde hace años. En el año analizado, los derechos de televisión son muy elevados porque a los nacionales se unen los ingresos por la Champions en un año en el que no solo se logró el título, sino que, además, la baja prestación del resto de equipos españoles hizo que los ingresos por market pool de LaLiga cayeran casi exclusivamente en las arcas del club. La potencia de otros ingresos adicionales, como la venta de camisetas, los ingresos del estadio o los patrocinios se mantienen en cifras muy elevadas, top mundial.

Como trabajo digno de analizar, me queda para otra charla con Kollins tratar de averiguar en qué se le va al Madrid tanta parte de su presupuesto. Con estas cifras de ingresos tan sostenidas y potentes, con una masa salarial controlada y una política de fichajes equilibrada en la última década, ¿por qué no puede competir el Madrid con equipos de la Premier que tienen un 60-70% de sus ingresos y la masa salarial despendolada?

De primeras llama la atención que la columna verde, correspondiente a los ingresos del estadio, experimente un incremento notable cuando el Camp Nou ha estado cerrado. El propio informe indica que se debe a la venta de los asientos VIP, la “palanca” de 70 millones de euros que permitió inscribir a varios jugadores esta temporada. La masa salarial está mucho más controlada y se ha reducido del 81% que llegó a tener al 54%, o el 60% si descontamos el efecto puntual de la palanca. La diferencia con el Real Madrid en la explotación del estadio es llamativa, 335 mill. frente a 243 mill., pero tendrá que equilibrarse una vez que el Camp Nou entre en funcionamiento a pleno rendimiento (algún año de estos).

A un madridista como el que escribe este post le sorprende el nulo daño reputacional que ha sufrido el club en las últimas temporadas, pese al estallido del caso Negreira o la lamentable imagen de su presidente, Joan Laporta. El Barça sigue siendo el segundo equipo del mundo que más camisetas vende, y todo ello se refleja en sus magníficas cifras de ingresos por la explotación comercial de la marca. Por otro lado, estos ingresos no reflejan que el club no va a poder contar durante muchos años con buena parte de los ingresos generados: los primeros 100 millones de euros que genere el estadio se destinarán al pago de la deuda asociada, y de los derechos de televisión, el 25% fueron vendidos a 25 años en el verano de 2022 (palancas 1 y 2 del verano más “palanquero” de Laporta).

Bayern de Múnich y Paris Saint Germain, dos maneras radicalmente distintas de gestionar. Los alemanes, muy eficientes, incluso austeros, con una gestión profesional de los recursos. Los franco-cataríes, con la ventaja de los fondos ilimitados del fondo catarí y una masa salarial que solo ahora parece que empieza a estar controlada.

El precio de las entradas de fútbol es mucho más bajo en Alemania que en el resto de Europa, y de ahí la diferencia de ingresos en este apartado con respecto a LaLiga o la Premier. El Bayern mantiene unos buenos ingresos por los derechos de televisión, tanto por la Bundesliga como por llegar siempre lejos en la Champions, y realiza una muy buena gestión comercial y de marketing, lo que le permite percibir de manera recurrente el doble de ingresos por esta partida que su principal rival, el Borussia Dortmund. En cuanto al PSG, empieza a tener controlada una masa salarial que en algunos años llegó a superar los ingresos completos del club. Las cuantiosas pérdidas económicas del club eran cubiertas por el fondo catarí y las sanciones de la UEFA, que empezaban en cifras bajas, acababan siendo ridículas tras los recursos. El compadreo de Al Khelaifi con Ceferin y la presidencia del primero en la ECA (ahora EFC, European Football Clubs) ya indicaban a las claras que no se iba a actuar contra uno de los financiadores del cotarro.

La mayoría de los clubes ingleses pertenecen a fondos de inversión extranjeros que han apostado fuerte por el fútbol y en especial por la Premier. Ingresos recurrentes de más de 800 millones de euros, apoyados en los fuertes ingresos por derechos de televisión y la gestión de la marca. Se aprecian diferencias entre el Liverpool (perteneciente al fondo americano Fenway Sports Group, propietarios de los Boston Red Sox) y el Manchester City (del fondo Abu Dhabi United Group, del jeque Mansour bin Zayed). El Manchester City tiene unos ingresos por estadio y partidos muy inferiores a los del resto de equipos de la Premier (es un club con menos tradición, pues durante cuatro décadas estuvo lejos de la élite), y cubre esa carencia con los patrocinios ¿fake?, varios de los cuales dieron lugar a las investigaciones de la Premier y a las posibles 130 sanciones (La Premier se pone seria) que ahora están medio aparcadas. Otro dato relevante es que un equipo como el Liverpool, con esta cifra de ingresos, pueda permitirse invertir 500 millones el pasado verano en fichajes. O el City, capaz de gastarse más de 200 millones en los mercados de invierno en jugadores que luego apenas cuentan con minutos.

Los siguientes puestos son ocupados por el Arsenal y el Manchester United, otros dos equipos que llevan años anclados en el topde gasto por fichajes… pero muy lejos del top en los títulos. Sorprende que el Chelsea, con todo lo que ha gastado desde hace dos décadas no esté entre los ocho primeros. El ManU fue el primero que empezó hace un cuarto de siglo con una gestión hiper profesional de los derechos de imagen y los patrocinios del club, y eso le posibilita mantenerse en una cifra muy elevada pese a llevar años lejos de ser un equipo relevante.

De un simple vistazo individual es difícil llegar a una conclusión, así que he agrupado los resultados en este cuadro, añadiendo al Inter de Milán (11º) y al Atlético de Madrid (13º):

Por la altura de las barras, a primera vista podría decirse que, al menos el Real Madrid, el Barça, el Bayern y el PSG pueden competir con los grandes de la Premier. Tienen la misma capacidad de generar ingresos o más, y una masa salarial, que es la que permite convencer a los jugadores para fichar por un equipo u otro, al mismo nivel que los ingleses.

El rango de los ocho primeros clubes se sitúa entre los 400 y los 515 millones de euros, algo más para el PSG. Sin embargo, este análisis resulta incompleto por dos razones:

  • El impacto fiscal: como los jugadores pactan sus salarios en neto, el coste salarial ha sido más elevado en algunos países como España y Alemania que en otros, aunque actualmente empieza a equilibrarse tras la modificación del Decreto Crescita por el gobierno de Giorgia Meloni y el fin paulatino de la excepción fiscal favorable a la que podían acogerse los futbolistas extranjeros en Inglaterra (más detalles en el enlace de El Mundo)
  • El enorme coste destinado a los fichajes entra en el capítulo de los gastos por amortización de derechos de traspaso en cada club. Ahí es donde se establece la gran diferencia entre la Premier y el resto de los equipos.

El saldo neto, la diferencia entre lo invertido en fichajes y las ventas, se distancia cada año más del resto de ligas. Ni siquiera se le acerca la saudí:

La diferencia en los últimos cinco años demuestra que, salvo la Premier y los italiaños, los principales campeonatos están más por la labor de vender que por la de invertir:

En el apartado de Matchday, ingresos por estadio y días de partido, si descontamos el efecto de la venta anticipada de palcos de los clubes españoles, las cifras quedan bastante equilibradas, con la excepción del Manchester City, que obtiene unos ingresos muy inferiores a las de los equipos de su misma Liga. La mitad que su gran rival de Manchester, pese a que la trayectoria deportiva de uno y otro sea muy diferente en los años recientes

La mayor diferencia entre campeonatos se da en los ingresos por derechos de televisión, si bien en este gráfico aparecen los campeonatos nacionales agregados a los internacionales. La Ligue 1 francesa ha renovado con una baja considerable de ingresos, la Bundesliga y la Serie A italiana se mantienen a duras penas, y LaLiga permanece estable o decrece si tenemos en cuenta la inflación acumulada del período (ver post anterior).

Las cifras del Real Madrid son muy elevadas en este cuadro por un año excepcional en lo deportivo (Champions, Supercopa, Intercontinental) y tendrá unos buenos ingresos en 2025, como todos los participantes en el Mundial de clubes.

El contrato firmado por la Premier posibilita que todos los clubes tengan unos ingresos muy elevados, incluso los de la Segunda división (EFC), y pueden acceder a fichajes que, aunque no sean del primerísimo nivel, sí les permita ser competitivos. La brecha entre LaLiga y la Premier crece tras los recientes acuerdos firmados:

La respuesta del presidente de LaLiga es… en fin, como su persona. Populista y poco congruente. Hace dos años dijo que las diferencias eran de 14 millones de abonados en la Premier con poco más de 2 en la española, una cifra que me cuadra bastante más con las audiencias por partido (ver post anterior).

Por último, la parte referida a los acuerdos comerciales y patrocinios tiene a los dos principales clubes españoles como una máquina de generar ingresos. Son dos marcas muy potentes, los dos clubes que más camisetas venden en todo el mundo. Y sí, me sorprende el nulo coste reputacional que ha sufrido el Barça, que no haya habido más patrocinadores que huyeran despavoridos tras salir el caso Negreira, las triquiñuelas de Laporta, el caso Benaiges y tantos otros:

A finales de enero se publicó un estudio de la auditora norteamericana BDO realizado a partir de una serie de encuestas a los directores financieros (CFO) de los clubes ingleses. El estudio resulta interesante por las diferentes conclusiones que deja acerca de la situación del fútbol inglés: las pérdidas, las elevadas cifras de ingresos, la percepción negativa de los CFO acerca de la evolución financiera de los clubes y la relación con los accionistas.

Ya en las primeras páginas deja datos como los 6.700 millones de libras en cuatro años por la venta de los derechos de televisión, pese a los cuales el 90 por ciento de los CFO esperan un resultado negativo antes de impuestos del club que gestionan. Algo tendrá que ver esa otra estratosférica cifra de 3.600 millones de euros de gasto en fichajes solo en la ventana de verano.

El saldo neto negativo se disparó de manera descontrolada tras la pandemia:

La percepción de los CFO acerca de las finanzas de los clubes de la Premier (EPL) y la segunda (EFC) es mayoritariamente negativa y, lo que resulta más llamativo, ha empeorado en el último lustro:

Este dato se complementa con la pregunta acerca del resultado esperado para el ejercicio en curso, con una predominancia del color rojo intenso (pérdidas superiores a 30 millones de libras) y una presencia reducida de un verde muy tenue (resultados positivos entre 2 y 10 millones de libras):

Si la capacidad de generar ingresos de los grandes clubes de Europa no está tan lejos de los de la Premier, PSG aparte, ¿dónde está la principal diferencia? Pues en las aportaciones de los dueños, bien sea por aportaciones de capital o por deuda de los accionistas, en su mayoría fondos de inversión de capital extranjero (saudíes, americanos, cataríes, emiratíes…). En este artículo se explica bien:

Pese a la insostenibilidad financiera del negocio del fútbol, el interés se mantiene porque “sorprendentemente” el valor de los clubes aumenta año tras año. Es como la burbuja de ciertos negocios, que siguen recibiendo aportes de capital pese a que las pérdidas indiquen que a sus inversores les va a costar recuperarlo. Los CFO esperan cubrir sus pérdidas con aportaciones de capital de los dueños, entrada de nuevos accionistas o incrementos de deuda. No parecen confiar en generar la caja suficiente para mantener su desbocado ritmo de gastos:

Pese a las pérdidas, hay más apetito inversor que nunca por parte de fondos extranjeros por invertir en el negocio de la Premier. La respuesta de los CFO acerca de si prevén devolver pasta a sus accionistas es demoledora (y eso que no contempla la opción «ni de coña»):

La gran duda que surge es si este nivel de pérdidas será sostenible durante mucho tiempo. Los clubes de la liga italiana acumulan una pérdida de 4.000 millones de euros en la última década. Los ingleses mucho más, a razón de 1.000 millones de euros anuales en las últimas temporadas. La preocupación del gobierno inglés con este asunto les llevó a promulgar una ley, la Football Governance Act, que entra en vigor ya la temporada próxima.

Pero seamos serios, la entrada de capital extranjero en el país es recibida con los brazos abiertos, ¿acaso creemos que alguien va a tratar de impedir la llegada de esa ingente cantidad de dinero, da igual si viene de satrapías del Golfo Pérsico? No lo veo, me cuesta creerlo. Por eso era importante un proyecto como la Superliga, porque dejaba el control financiero en manos de los clubes. En el preacuerdo firmado la semana pasada entre la UEFA y el Real Madrid se habla en uno de los puntos de la sostenibilidad financiera y el control económico. Y en otro, de las mejoras tecnológicas para explotar el fútbol (¿una plataforma como Unify, de acceso gratuito, quizás?). El fútbol europeo tiene que cambiar muchas cosas, de lo contrario, estamos condenados a ser comparsas de los clubes de la Premier, a no poder competir con ellos. O a cambiar el modelo de negocio, de ahí que tanto el Real Madrid como el Barça estén empezando a moverse en esa línea. ¡Veremos!

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LaLiga frente a la Premier (I): el triunfalismo de Tebas

El presidente de LaLiga, Javier Tebas, se mostró exultante el pasado mes de diciembre durante la presentación del acuerdo de renovación de los derechos de televisión por los próximos cinco años. Comparó la liga española con las principales ligas europeas, que “vienen bajando o no tienen crecimiento” y se felicitó por la mejora del contrato en un diez por ciento. Según el locuaz Tebas, el logro se debe a la lucha contra la piratería (aunque en ocasiones actúa como si usara toneladas de napalm para quemar media hectárea de rastrojo) y a la mejora del producto, en la que afirma trabajar con la ayuda de los clubes.

Bueno, es su opinión. Habría mucho que decir al respecto, aunque debo reconocer que me parece un cierto éxito haber logrado renovar al alza el contrato, si bien con matices. Lo cierto es que los ingresos no alcanzan ese incremento del 10 por ciento, sino que se queda en el 9%, como se ve en las propias cifras presentadas, o en un escaso 6% de mejora para LaLiga de Primera División. A la trampa se le ve el cartón si consideramos la inflación acumulada durante el período anterior 2022-2027, con años del 8,4% (2022) y del 3,5% (2023), lo que llevaría a afirmar que, en realidad, el importe actualizado del acuerdo supone una disminución de ingresos. Si además comparamos el incremento con la inflación existente en el mundo del fútbol (salarios y fichajes, en especial), convendremos en que resultará insuficiente para los clubes españoles de fútbol.

Esta semana ha finalizado la primera fase de la Champions League, este formato absurdo del grupo único y desigual. El Real Madrid y el Atleti se han quedado fuera por sus errores y por la mala temporada que arrastran. Los calamitosos arbitrajes que sufrió el Madrid frente al City y el Benfica difícilmente podrían haber supuesto algún punto extra porque el juego fue inferior al de sus rivales. Otros dos equipos españoles han quedado fuera de los 24 clasificados (Villarreal y Athletic de Bilbao) y solo un equipo de LaLiga ha logrado meterse entre los ocho primeros. Laporta sabe desde hace años de qué va esto y su acercamiento a la UEFA le supuso contar con un sorteo favorable y el favor “Ceferino” arbitral ante el Brujas, Copenhague y Eintracht de Frankfurt (¿es Davide Massa un Ovrebo en potencia?).

Según el ranking UEFA, LaLiga está en tercer lugar en el escalafón europeo, tras la Premier y el Scudetto italiano. La Bundesliga ha recortado distancias en este ranking, al igual que la Ligue1 francesa.

Esta clasificación se realiza en función de los resultados de los equipos en el último lustro y la buena posición del fútbol español se mantiene gracias a los triunfos del Real Madrid en las Champions de 2022 y 2024, la de los héroes inesperados. Si el bajón de este año se repite durante un par de temporadas más, LaLiga podría perder uno o incluso dos de sus cinco representantes en la máxima competición europea.

El dato estadístico de las competiciones europeas refleja la realidad de LaLiga española de manera más precisa que el voluntarista ánimo de Tebas. Y no es solo un dato fiable como los resultados, es también la sensación de hartazgo que hay con la competición, un campeonato en el que hay dos grandes clubes, Real Madrid y Barcelona (me cuesta catalogar de “grande” al cliente único de Negreira), a gran distancia del tercero, el Atleti, y con este separado también de una clase media y baja cuyas aspiraciones se sitúan entre evitar el descenso y, con suerte, aspirar a una plaza en alguna competición europea, aunque sea menor. Al Real Madrid se le critica todo lo que hace, enfrentado como está a todos los organismos y a buena parte de la prensa (Contra todo y contra todos), y esa rabia se transmite a casi todos los campos que visita, donde se le recibe de manera encendida, todo lo contrario que sucedía en los ochenta, cuando la visita del Madrid era una fiesta allá en la mayor parte de los campos de España. Al otro “grande”, bien entrecomillado, se le permite todo desde hace décadas. Juega con media plantilla inscrita de manera fraudulenta o con cautelares de coña, obtiene excepciones que se deniegan a sus rivales, formaliza acuerdos fraudulentos por los que la contraparte, la Juve, ha sido sancionada en Italia, y lo más grave, se permite realizar pagos al vicepresidente arbitral sin que haya sanción alguna. Y ese hartazgo se transmite a muchos aficionados que han dejado de seguir el fútbol o, al menos, de contribuir pagando para sostener la competición podrida de Javier Tebas.

Las cifras actuales de audiencias de televisión no son tan fiables como antaño, cuando, con el fútbol en abierto, las audiencias medias de un partido superaban los cuatro o cinco millones de espectadores con asiduidad. Desde que existen las televisiones de pago los datos no son comparables y estas muestran unos datos muy inferiores, muy por debajo de los dos millones por partido y solo para Real Madrid y Barça:

Javier Tebas sabe que está perdiendo audiencia, en especial entre ese sector del madridismo que ha dejado de seguir el campeonato, y por ello centró su charla en mencionar la mejora de las audiencias “en los cuarenta minutos previos al partido y en los siguientes a la finalización de los partidos”. Tuvo bemoles de decirlo sin pestañear, ¿y qué pasa con los propios partidos en sí, por qué nos interesa cada vez menos ver esta Liga en la que ya no nos creemos casi nada? ¿Una Liga con arbitrajes que huelen cada semana, con periodistas que justifican lo injustificable, con insultos racistas en numerosos estadios? ¿En qué momento comenzamos muchos aficionados a sentir que “se nos echaba” de la liga española? Lo único que se ha disparado de manera estratosférica estos años ha sido el sueldo de Javier Tebas al frente del cotarro:

En cuanto a sus proyectos estrella, aún tardaremos un tiempo en ver si el controvertido acuerdo de LaLiga con CVC sirve para mejorar el rendimiento de los clubes firmantes (todos menos el Real Madrid, el Barça y el Athletic de Bilbao). Por la parte de los fichajes y el dinero que se suponía que iba a generar, parece claro que no: LaLiga sigue perdiendo puestos en la clasificación anual de fichajes (una tendencia de varias temporadas). El verano pasado quedó por detrás incluso de la segunda división inglesa y, por supuesto, de la saudí. A punto de cerrarse el mercado de invierno, nos encontramos con el más pobre en años, con varios clubes desprendiéndose de jugadores al tener dificultades para afrontar sus salarios. Un caso sorprendente es el del Atlético de Madrid, ahora propiedad del fondo norteamericano Apollo, que se ha desprendido de cuatro jugadores (Gallagher, Raspadori, Javi Galán y Carlos Martín), ha incorporado solo tres de menor coste y ha hecho caja.

Otra manera de medir el éxito o estancamiento del campeonato se refleja en la asistencia a los estadios, que se mantienen similares en las últimas temporadas, sin apenas una evolución al alza:

Se supone que el acuerdo con CVC también iba a traer una serie de inversiones de mejora de los estadios, por lo que es pronto para ver su reflejo en el aumento de la asistencia de espectadores. Ojalá haya más equipos con aspiraciones de competir por algo más que sobrevivir. No hace tantos años de las ligas peleadas o ganadas por el Atleti, la Real Sociedad, el Deportivo de La Coruña o el Valencia, equipos ahora, varios de ellos, luchando por no descender o penando incluso en otras categorías.

Cinco equipos de la Premier han entrado entre los ocho primeros de la Champions, los que dan acceso directo a los octavos de final. ¿Es solo una cuestión económica? Según el estudio de la consultora Deloitte, bajo el título Deloitte Football Money League, ninguno de los cuatro clubes europeos con mayor capacidad de generar ingresos es inglés:

LaLiga tiene a las dos marcas más reconocibles en todo el mundo, el Real Madrid y el F.C. Barcelona, pero no parece capaz de sacar más partido de ello, como no lo hizo en los años en los que Cristiano Ronaldo y Leo Messi eran sus principales figuras. Siguen siendo capaces de facturar millones de euros, incluso un Barça al que las tropelías de Laporta no le han rebajado prestigio internacional. Les sigue el Bayern de Múnich, y a continuación, un Paris Saint Germain, o Catar Saint Germain, como ya se ha denominado aquí varias veces más. Los seis siguientes en la lista son el Big Six de la Premier. ¿Es posible competir contra ellos, plantarles cara?

De eso tratará la segunda parte de este post. De momento, concluyo con la comparación de los ingresos por la venta de derechos de emisión que recibe cada uno de los clubes de LaLiga y la Premier:

No hay tanta diferencia en las alturas. La comparación no se sostiene del tercer puesto hacia abajo.

Continuará: LaLiga frente a la Premier (II): ¿es posible competir?

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Los cómplices necesarios

El pasado viernes 12 de diciembre, el presidente del Barça Joan Laporta acudió a declarar al juzgado de Barcelona que instruye el denominado caso Negreira. El máximo dirigente azulgrana estuvo cerca de una hora con un tono evasivo, poco preparado, incluso maleducado, por no dirigirse en castellano nada más que a su abogado, no así al fiscal ni al representante del Real Madrid. Se puede ver su declaración completa en el canal de Ramón Álvarez de Mon (enlace). Estuvo bastante impreciso en sus respuestas, por no decir que mintió abiertamente, como algunos blogueros, youtubers y gente del mundo Twitter (con formación jurídica) han demostrado tras comparar sus respuestas con la documentación conocida o existente en el propio caso.

A la prensa española, por mucho que durante dos años haya tratado de no mojarse demasiado en este lodazal, no le quedó otra que pronunciarse al día siguiente. El diario deportivo con el mayor número de lectores de este país, Marca, escondió la noticia de la declaración en su web durante horas, a veces como la 42ª de mayor importancia y durante apenas un rato, entre la cuarta y la quinta del día. Un viernes, que no había competiciones relevantes a esa hora. Lo peor vino al día siguiente, con su burda manera de enmascarar la noticia en la portada de la edición en papel:

He tenido que ampliar mucho y recortar la imagen para que el lector pudiera ver dónde iba la noticia, ahí, en chiquitito, con una letra de un tamaño tres veces inferior a la destinada para las declaraciones de Juan del Val, fuente relevante de información deportiva. El propio tono de la noticia era desinteresado. «Declaró ayer», sin más, no entraron a hacer lo que corresponde a un periodista: informar. Analizar las contradicciones, estudiar lo que dijo, contrastarlo con la amplia información disponible. Nada de eso, el autoproclamado «Mejor periodismo deportivo del mundo» volvió a escaquearse de un asunto tan grave como este. El diario As sí llevó la noticia a su portada y destacaba varias de las «sorpresas» de la declaración del presidente, como que no conoció a Negreira, pese a que le cuadruplicó el sueldo, que el vicepresidente del CTA era habitual del palco del Camp Nou y que existen vídeos en los que se les ve juntos. Como buenos culés.

Todo el que siga habitualmente este blog, sabrá que le he dedicado mucho tiempo a este escándalo desde que estalló (me hizo unir todas las piezas del puzzle de corrupción que sospechaba desde hacía tiempo, dio sentido a varios artículos previos) y me dio hasta para un libro entero sobre el asunto, de ahí que me cabree el nulo seguimiento de la prensa. Los que no se han dedicado a ignorarlo han sido peores: han desinformado quién sabe con qué intereses. Si de manera altruista (o antimadridista), o bien por pertenecer a los medios generosamente subvencionados por Javier Tebas. LaLiga de Javier Tebas invierte mucho en medios de comunicación, entre 30 y 36 millones de euros anuales, ya roza los 40, algo que no voy a criticar pues entiendo que esa inversión es totalmente necesaria para comercializar y difundir su producto, aunque el modo de hacerlo sea manifiestamente mejorable. Pero, como ocurre con otros líderes caciquiles, y hay numerosos ejemplos en la política actual, el que pone la pasta trata de controlar lo que publican los medios que financia.

El propio Tebas lo ha reconocido en más de una entrevista, que le gusta que se informe de «su» competición de una manera determinada, mostrando lo que entiende que se debe mostrar. El Español, a través de Jorge Calabrés, criticó en varios artículos su modo de hacer las cosas y de controlar lo que se muestra en los medios, y Javier Tebas demandó al periódico, como forma parte de su práctica habitual, pero ha perdido en los juzgados.

El caso es que esos mismos medios que reciben publicidad suelen coincidir con el presidente de LaLiga en no hablar de aquello que incomoda, que «no gusta», como el caso Negreira. Uno de los programas de mayor audiencia de la radio, el Carrusel Deportivo, informó de la declaración de Joan Laporta de este modo tan particular.

Vaya. Con la versión del presidente, con la negación del club y sus anteriores entrenadores acerca de los favores. ¿De verdad? ¿Ni un comentario sobre las incongruencias declaradas o sobre el hecho de que Laporta basara su defensa en unos informes inexistentes, millonarios, que no llegaron a sus destinatarios porque directamente no existían? ¿O que los únicos mostrados por el club eran del hijo, cuyos emolumentos no eran aquellos por los que se le preguntaba, y que tratara de engañar a la jueza diciendo que eran por los que pagaban a Dasnil? ¿De verdad este es el trabajo de un periodista?

Busqué la noticia en medios generalistas, como El País, alojamiento durante décadas de culés de cuna, y su titular no solo era falso, sino que se contradecía con el texto del propio artículo:

No, no dijeron que no los usaban. Leed la noticia: Valverde declaró que “en su época en el Barcelona no supo de su existencia” y Luis Enrique “también negó conocer los informes sobre árbitros para los que supuestamente se contrató a Negreira y su hijo”. Es obvio que no se pagaba por unos informes para una dirección deportiva que no los había solicitado ni los necesitaba, del mismo modo que resulta obvio que no aumentaron los pagos a las empresas de Negreira porque los técnicos requirieran de mayor número de ellos. Hasta por cuatro multiplicó Laporta la retribución a Negreira. Una empresa con un trabajador y una secretaria que factura más de medio millón de euros al año por honorarios profesionales. Pretender que esto cuele es un insulto para todo el que sepa un mínimo de lo que es el trabajo de consultoría (recordad las Finanzas ridiculés).

Tengo mi anécdota particular al respecto. En noviembre presenté mi Anatomía de un Negreirato en Barcelona, en la peña madridista de Belvitge, conjuntamente con la de Hospitalet, en un evento presentado por Javi «Kollins» y el gran Tomás Guasch, periodista de larga trayectoria y uno de los pocos que quedan que llama a las cosas por su nombre. Cuando llegó a la radio ese mismo día, a Tiempo de juego de la Cope, apenas un par de horas después de la presentación del libro, informó en directo del acto, del título del libro y de ese «juicio que no veremos» que lleva por subtítulo. Primero se lo tomaron a cachondeo y apenas unos segundos después se hizo un breve silencio y pasaron a otro tema. Les faltó decir «Tomás, que no vamos a hablar de Negreira, que no nos dejan». He recogido el corte de la radio y lo he unido a las imágenes en este breve vídeo:

La Cope es otro de esos medios que lleva desinformando desde el inicio del caso, dando voz a supuestos especialistas que casualmente siempre dan la visión de que «hay que mirar hacia delante que aquí no ha habido corrupción deportiva». Y además, le da un micro a un tipo maleducado, macarra y fullero como Isaac Fouto, portavoz oficioso del CTA y de LaLiga, un tipo resentido, antimadridista, que insulta a todo el que hable del caso Negreira como lo que es: un puñetero escándalo, una vergüenza.

Una nueva coartada es que el Barça fue engañado, estafado. Te tienes que reír. También le prestan el micro a un tipo inmoral y sin principios como Toni Freixa, un tipejo que perteneció a las directivas de Laporta, Rosell y Bartomeu y, por tanto, vivió de primera mano cómo el club aumentó con generosidad los salarios de Negreira. A este tipo lo invitan a la radio y se permite hablar de ética, valors, criticar al Real Madrid ¡y el resto le ríen sus gracietas! Solo lo escucho a través de los cortes de El Radio, de Richard Dees (impagable trabajo), y me revuelve el estómago.

No puedo más. Entre el espectáculo podrido que vemos cada semana y la manera de comportarse de casi todo el mundo del fútbol, cada día me cuesta más ver un partido. Se me hace bola. Florentino Pérez ha tardado en entrar en esta guerra, pero lo hizo a saco en la copa de Navidad con la prensa de esta misma semana. Tarde, pero era necesario. La lentitud de la justicia va a jugar del lado del Barça y de todos los que quieren que nos callemos con este asunto, pero no lo van a lograr. Sé que vende mucho más hablar mal del Madrid, crear conflictos inexistentes y continuar con sus campañas de desestabilización del equipo, y todo eso hasta puedo entenderlo, pero jamás perdonaré a estos «cómplices necesarios» que no hayan hecho su trabajo. En Italia se investigó y condenó a varios periodistas por cooperadores con la bazofia del Moggigate. Aquí me entra la risa solo de pensarlo.

Todo este desencanto por el corrompido mundo del fútbol me llevó a escribir un artículo para La Galerna titulado Ilusión de indulto, ilusión de castigo. Es una referencia a una frase del psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de Auschwitz, de su libro El hombre en busca de sentido.

“Hay en psiquiatría un estado de ánimo que se conoce como la “ilusión del indulto”, según el cual el condenado a muerte, en el instante antes de su ejecución, concibe la ilusión de que le indultarán en el último segundo. También nosotros nos agarrábamos a los jirones de esperanza y hasta el último momento creímos que no todo sería tan malo”. (Viktor Frankl)

Hay en el madridismo un estado de ánimo en todo lo relacionado con las trampas del Barça que se conoce como la “ilusión del castigo”. Según este estado, los madridistas, en el instante antes de conocer una sanción al club que lo ha corrompido todo, concebimos la ilusión de que los sancionarán en el último segundo. También nosotros nos agarramos a los jirones de esperanza y hasta el último momento creímos que no todo sería tan malo.

Yo perdí la “ilusión del castigo” hace muchos años. Conozco el país en el que vivimos, he visto demasiadas tropelías por parte de los dirigentes del fútbol español y mantuve la ilusión poco más allá de la inexperiencia de la juventud, pero la perdí hace más de un cuarto de siglo, más o menos. Supe que nunca les cerrarían el Camp Nou tras lo de Figo, pese a que estuvieron dos años jugando mientras ignoraban la clausura por dos partidos. Siempre supe que les perdonarían no haberse presentado a un partido de Copa, o que jamás tendrían una descalificación por alineación indebida, ni les darían un partido por perdido aunque no hubieran llegado a la hora convenida. Los que hemos jugado toda la vida al fútbol aficionado sabemos que existen diez minutos de rigor en cualquier liga de medio pelo, pero no en LaLiga de Tebas, que presume de ser de las mejores del mundo.

Sin embargo, tengo amigos veteranos que todavía hoy, o ayer, creían que se iba a hacer justicia con alguna tropelía del Barça. Son tantas que ya no sé si la última fue con los palcos VIP y los inversores fantasma, o con el reconocimiento de la incobrabilidad de las palancas falsas que les permitieron inscribir a media docena de jugadores, o con la inscripción de Joan García, pero sí recuerdo cuando gané una de tantas apuestas por las tropelías “indultadas”. Recordad que a principios de enero parecía que “esta vez sí”, que se les iba a frenar por una vez y que iban a quedarse sin inscribir a Dani Olmo. La cagada del Barça era enorme, un ridículo descomunal. Habían pagado 60 millones de euros por un jugador y más de cuatro meses después quedaba libre. En esta ocasión, al contrario que otras veces, ni LaLiga ni la Federación se saltaron su normativa y denegaron cualquier posibilidad de inscripción fake. Mi colega decía que era imposible revertir la situación, que esta vez sí se habían caído con todo el equipo, albergaba esa “ilusión del castigo” que yo perdí hace mucho, así que le dije tajante:

—Jugará la Supercopa, no tengo ninguna duda. Con otra cautelar, como Gavi, con permiso del Papa, o con algún nuevo resquicio que busquen, pero jugará y al día siguiente todos mirarán al dedo que señala y no al señalado.

—No voy a ser yo el que niegue la posibilidad de que el gobierno cometa una ilegalidad para beneficiarles, pero también es cierto que eso no impediría a los clubes acudir a los tribunales —me contestó.

Los clubes… comenzando por el Real Madrid, que presionó al Consejo Superior de Deportes para facilitar la inscripción. Y ya no hay “caso Olmo” ni cautelarísima que valga. Apenas un mes después, el resto de clubes se alinearon con el Barça para redactar un obsceno comunicado contra el Real Madrid por señalar lo que la Guardia Civil había denominado “corrupción sistémica” de la competición.

Aún recuerdo que aquellos días del “caso Olmo” (así denominado, como cuando hay un escándalo de corrupción), Televisión Española hacía otro de esos ejercicios de condicionamiento e informaba acerca de la situación de “los jugadores damnificados”. Según la RAE, damnificado significa que ha sufrido un grave daño de carácter colectivo. Coño, es puro Orwell, neolengua manipuladora. La maquinaria culé a pleno rendimiento.

El viernes pasado, Joan Laporta declaró en los juzgados por el caso Negreira. Dejó las justificaciones falaces de siempre y muchas preguntas sin contestar. LaLiga, personada en la causa como perjudicada, solo hizo una pregunta, bastante irrelevante, por cierto, acerca de los acompañamientos del hijo de Negreira a los árbitros. Recordemos que el presidente de LaLiga dijo nada más conocer el escándalo de los pagos que “era gravísimo”, pero que todo estaba prescrito. Que siguiéramos con nuestras vidas y olvidáramos la ilusión del castigo porque “su” indulto ya estaba dado. El abogado de la Federación Española de Fútbol, organismo del que dependen los árbitros, no sé si conviene recordarlo, no hizo una sola pregunta a Joan Laporta. Ni una. Qué XXXX vergüenza. Para ellos ya ha pasado todo, nos han vendido que se ha regenerado el Comité Técnico de Árbitros y que conviene mirar hacia delante. El nuevo presidente del CTA, Fran Soto, intervino recientemente en la COPE para animarnos directamente a todos a “olvidar el caso Negreira”.

¿Alguien espera algo del llamado “cuarto poder”, la prensa? ¿De verdad alguien creía que los medios subvencionados iban a presionar para que este escándalo se investigara o, al menos, para criticar como merecen a los organismos que debían velar por la limpieza de la competición y hacen una mísera e irrelevante pregunta al tipo que cuadruplicó los pagos al vicepresidente de los árbitros? El diario deportivo más leído, el poco gallardo Marca, se retrató el sábado pasado, como se puede ver en la portada que dejo al inicio de este post. En letra casi ilegible. Con la mitad de tamaño que la opinión de Juan del Val sobre Xabi Alonso. Esa es la importancia que le dan.

¿Qué nos queda, la UEFA? El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, dijo nada más salir a la luz el escándalo de los pagos del Barça a Negreira que era “lo más grave que había visto nunca en el mundo del fútbol, para la UEFA no ha prescrito”, y a buen seguro que este tipo ha visto muchas cosas en este mundo del fútbol, tan dirigido por golfos y gente de la peor calaña. Pues bien, meses después, tras la visita de Joan Laporta a Eslovenia a ver al máximo dirigente de la UEFA, no sabemos qué pasó o qué “favores” se prometieron (muy a la manera de Vito Corleone, cierto), pero todo cambió. Podemos intuir que la renuncia pública a la Superliga era la moneda de cambio para que a Ceferin se le olvidara “lo más grave que había visto nunca en el mundo del fútbol” y desde entonces se le ha visto muy ufano en el palco del Barça. En un giro nada sorprendente de los acontecimientos, ha permitido que el club cliente de Negreira se saltara la propia norma de la UEFA para el retorno al Camp Nou. Ya tiene el OK “ceferino”.

Solo queda la FIFA. Según parece, la relación de Florentino Pérez con Gianni Infantino es excelente. El Real Madrid ha enviado una serie de informes al máximo organismo del fútbol mundial, ha pedido que la FIFA supervisara nuestra podrida competición (estas últimas jornadas son un muestrario excelente para los informadores) e implora su intervención pues parecen ser los únicos que podrían llegar a sancionar deportivamente, incluso, sin esperar a una resolución en nuestros juzgados, famosos por su proverbial lentitud. Ya lo hicieron con la Juventus de Turín y ese Moggigate o Calciopoli, ridículo en duración y comparación con el caso Barça-Negreira.

Por eso, entiendo que sean muchos los madridistas que aún albergan “la ilusión del castigo”, desilusión en mi caso. Joan Laporta, por su lado, juega como toda su vida lo ha hecho, no con “la ilusión del indulto”, sino con su certeza. A mí me han echado del fútbol, de un deporte que me encantaba y que ahora detesto ver.

¿Crisis? ¿Qué crisis?

Míralo. Ahí, tumbado cómodamente en una hamaca, relajado, sin prisas ni para tomar el refresco con su rodajita de limón, ni con ganas de hojear el periódico que vaya usted a saber qué cuenta. Alrededor, el entorno hostil, desagradable, no deja de soltar humo y polución en un entorno gris y nublado. Miserable. El tipo del bañador contrasta con su luz y color, como esa sombrilla naranja que utiliza de parapeto ante la contaminación externa.

Iba a comenzar diciendo que el hombre tranquilo de la mítica portada de Supertramp es Xabi Alonso, pero no, no lo es, y luego contaré por qué. Soy yo, soy ese aficionado madridista que se relaja de espaldas a la contaminación, ese tipo ajeno que trata de disfrutar y relajarse, sin ganas de leer el periódico, seguramente poblado de patrañas. Y hasta me atrevo a afirmar que la radio bajo la hamaca está apagada. O conectada a Radio Clásica o Radio María, pero desde luego que no a Radioestadio, Carrusel Deportivo o Tiempo de Juego.

El Real Madrid está en crisis. O eso nos han contado en las últimas semanas. El equipo no juega a nada, los jugadores están haciendo la cama al entrenador, ya no creen, no quieren correr, se han rebelado contra sus sistemas, la presión adelantada, las extenuantes sesiones de vídeo de varias horas… Vinícius Jr. ha dicho a Florentino Pérez que, si sigue Alonso, él no renueva la próxima temporada. No soporta no ser el gallito del corral, o ganar bastante menos que Kylian Mbappé. Bellingham está cabreado, Valverde también, Rodrygo está deprimido y la defensa es un coladero.

O no. O nada de esto es cierto. O lo que hay son las rencillas normales en la plantilla de un equipo puntero que, además, se encuentra en pleno proceso de construcción de un nuevo sistema. Pero, para la prensa, los tres tropiezos consecutivos del equipo (Liverpool, Rayo y Elche) han sido una mina. Encima, con el parón de selecciones por medio, para que pudieran rajar más y llenar más programas.

Yo no niego que pueda haber problemas, o que los últimos partidos han dejado mucho que desear, pero prefiero comportarme como el tipo de la portada y relajarme, lo cual incluye no encender la radio ni leer esa prensa sensacionalista ávida de clicks. El autoproclamado “mejor periodismo deportivo del mundo”, vaya colección.

Me gustó el fichaje de Xabi Alonso en su momento y, al contrario que a tantos que dudan, me sigue gustando hoy en día. Su idea de fútbol colectivo, la que mostró en el Bayer Leverkussen, la que intuimos que se podía llegar a formar durante el Mundial de Clubes, es la que parece que se impone en el panorama actual: Paris Saint Germain, Chelsea, Bayern de Múnich, Inter de Milán, Arsenal. También equipos a los que me cuesta reconocer sus méritos, y los tienen, como el Manchester City, Liverpool (no este año, desde luego) o el Barça de Flick, equipos para los que la superioridad física ha sido determinante en su dominio. Cuando sus prestaciones han bajado un punto (o cinco, en el caso del City), ha resultado que el sistema de presión asfixiante no era tan maravilloso.

La gran duda que se plantea en estos debates radica en saber si el Real Madrid es capaz de jugar como esos equipos, como ese colectivo compacto y no como una suma de individualidades. O como un equipo de gladiadores que se fajan en defensa y en el medio para que las superestrellas de arriba decidan los partidos. “Al Madrid no le ha ido nada mal sin jugar a nada y con las individualidades de arriba, 6 Champions en 11 años”, esa es la falacia archirrepetida por esos periodistas simplistas.

Como si un equipo con Kroos, Modric y Casemiro no jugase a nada, con Carvajal, Ramos, Varane y Marcelo atrás como si fueran unos vulgares peloteros, como si Cristiano, Benzema y Bale no diesen un palo al agua hasta que les llegaba el balón, como si Vini hubiera sido determinante en dos finales de Champions por sí solo y sin el apoyo de Valverde, Carvajal, Militao, Rüdiger o Rodrygo (sí, también, ha sido fundamental en un pasado reciente). El Real Madrid ha jugado muy bien al fútbol en los últimos años, por mucho que la prensa lo haya negado en este tiempo. Decir que se han logrado todos estos títulos por destellos puntuales de calidad en punta y por las manoplas de Courtois (y Lunin) es una estupidez más de esas que se escuchan o leen en los medios.

Mi respuesta es que sí, que Xabi Alonso logrará que este equipo juegue bien al fútbol y que los dos de arriba demuestren que son los mejores del mundo (o dos de los cinco mejores del mundo, que nunca me han gustado los calificativos). Que pueden ser complementarios, que pueden combinar entre ellos y desmantelar cualquier defensa, o que con metros por delante son imparables.

Miro a las clasificaciones antes de esta jornada y veo que el equipo en fase de acoplamiento de Xabi marcha líder en LaLiga y quinto en la Champions, incrustado en ese top-8 que parece tan complicado. Esta misma semana, el equipo ha ganado en Atenas, donde no lo había logrado nunca en ninguna de sus nueve visitas, y lo hizo ante un rival que llevaba año y medio sin perder en su estadio. Sí, se jugó bien a ratos y desastrosamente al final, y la defensa fue un coladero, pero habría que ver qué equipo funcionaba bien atrás cuando te faltan cinco defensas (todos los titulares menos Carreras, y los primeros suplentes) y el portero. Prefiero ver la botella medio llena.

Por el contrario, veo al máximo rival, ese Barcelona que “juega como los ángeles” y que tiene al “más mejó” jugador del mundo, y lo veo segundo y 18º en Europa, donde se ha llevado un 3-0 del Chelsea. El Madrid no pudo con el Rayo, es cierto, pero si se hubieran señalado los dos penaltis clarísimos que realizó la defensa vallekana, seguramente hablaríamos de otra cosa. El Barça no pudo tampoco con el Rayo. Es más, necesitó uno de esos penaltis que solo se pitan al equipo cliente de Negreira para poder empatar el encuentro.

Es que hay muchas maneras de contar la historia. En el enfrentamiento cara a cara de hace un mes en el Bernabéu, el Real Madrid fue muy superior al Barça, mucho más de lo que señaló el marcador final de 2-1. Los milímetros de la sala VAR salieron nuevamente cara para los culés y cruz para los blancos, qué casualidad. Con un sistema sobre el que el propio presidente del CTA ha afirmado que son ellos los que deciden el frame correcto en el que se marca el golpeo del balón y, por tanto, la posición de fuera de juego o no del delantero. ¡Ay, las rayas del VAR, aquí denunciadas ya desde hace mucho tiempo!

Podemos fijarnos en el otro gran rival de esta temporada, el Atlético de Madrid, ese equipo que fichó a ocho jugadores en verano y que tiene una temporada más al entrenador mejor pagado del mundo. El más querido por la prensa, sin duda. El Atleti le pegó un repaso al Madrid de Xabi Alonso, sin paliativos. Pero, como sigo mirando la botella medio llena y me mantengo en mi hamaca ajeno a los nubarrones de mi espalda, busco en la clasificación y encuentro a los de Simeone… a ver… terceros en Liga y 12º en Champions, con tres victorias y dos derrotas. Vaya, parece que “ese bloque compacto que sabe a lo que juega” está varios pasos por detrás del “equipo que tiene a media plantilla haciendo la cama al entrenador”.

Por supuesto que sé que hay problemas en el Real Madrid y que no puedo conformarme con lo que hemos visto hasta hoy, pero hay que dejar trabajar a Xabi Alonso. Está tenso, no tiene la alegría de junio, ni el brillo en la mirada de las primeras semanas, por eso decía al inicio que no es el tipo de la tumbona. El cargo de entrenador del Real Madrid debe ser de lo más estresante que existe. Pero hay que apoyarlo y dejarlo tranquilo, que trabaje. Me gustaron algunas cosas que vi el miércoles en Atenas, no ya por los cuatro goles de Mbappé, sino por la frescura de Vinícius, que se escapó una veintena de veces de los defensas, como no hace tanto, la solidez de Tchouaméni, o, espero, la recuperación de Valverde y Mendy, entre otros.

En cuanto a la prensa, que siga a lo suyo, a alabar al presidente de LaLiga, Javier Tebas, que para algo los riega de millones de euros. Esta semana hemos sabido que LaLiga ha perdido la demanda que se presentó al periódico El Español por decir que Tebas regaba de millones a los medios de comunicación: 139 millones de euros en 5 años. Algo que se sabía y que sirve al dictadorzuelo presidente para controlar los medios a su antojo para que, como ha reconocido en alguna emisora, se muestre lo que le interesa y no se hable de lo que no le apetece.

En breve me ocuparé del último “gran éxito” de Tebas, la renovación de los derechos de televisión del fútbol. A la baja, por mucho que lo haya vendido como un grandísimo éxito. ¿Crisis, qué crisis? La de todo lo que maneja Tebas.

Contra todo y contra todos

Joan Laporta es un populista de manual, de esos que saben que habla para gente que cree a pies juntillas todo lo que larga por su bocaza, por estúpida que sea la afirmación. La temporada pasada se atrevió a afirmar que habían ganado la Liga «contra todo y contra todos». Y se quedó tan ancho. Contra La Liga y Javier Tebas sabemos que no fue, pues el presidente de la entidad hizo la vista gorda por tercera temporada consecutiva con las cuentas del club. Todavía tienen que deteriorar más de 200 millones de euros de la participación de Barça Studios, o como se llame ahora, dos palancas que, sin ser nosotros los más listos del lugar y pese a no contar con toda la información, nunca nos creímos. Tampoco tuvo que luchar el presidente del Barça contra la Federación o el CTA, que desde el 15 de febrero de 2023 han mirado el caso Negreira como algo incómodo que les molestaba y que hay que quitar de en medio. «Se hizo y bien hecho está», como han dicho alguna vez, o «poco le pagamos a Negreira», como han dicho otros exdirectivos bocachanclas como Freixa, Perrin o Rosell.

El presidente de la UEFA, Aleksander Ceferin, dijo en un primer momento que los pagos a Negreira eran lo más grave que se había encontrado nunca, pero ha permitido al club catalán que siga compitiendo en Europa y ahora, con el canje de la renuncia a la Superliga, es previsible que su vuelta al redil sea premiada. Por si todo esto no fuera suficiente, el Consejo Superior de Deportes permitió la inscripción de Dani Olmo con una medida cautelarísima, que sucedía a las medidas cautelares que le habían permitido ya al Barça armar una buena plantilla con todo tipo de incumplimientos de las normas financieras que el resto de equipos se ven obligados a cumplir. Hacen lo que les da la gana, me atrevo a decir que siguen con el control del CTA y el VAR, y Laporta todavía se permite decir que luchan contra todo y contra todos esos estamentos que, al igual que la prensa, parece ser que el Madrid, Florentino y el Estado central totalitario controlan en su enferma cabeza.

¿Qué ha hecho el Real Madrid en estos últimos años respecto a los organismos que rigen el fútbol?:

  • Javier Tebas: la guerra abierta entre el presidente de LaLiga y su mejor activo tiene numerosos frentes abiertos: por el acuerdo de CVC, las imágenes previas a los partidos, la venta de derechos de televisión… hasta cien demandas en su día, varias de ellas, resueltas favorablemente al club, lo que hace que a Tebas lo lleven los demonios y despotrique aún más de Florentino Pérez.
  • La UEFA y Ceferin: la guerra abierta a causa de la Superliga puede acabar con una demanda multimillonaria del club y de A22, la empresa organizadora. Fue presentar el proyecto en su día, y en menos de tres días, la UEFA anunció un incremento de premios a los clubes por un importe de más de 1.000 millones de euros. Ceferin tiene en Florentino y el Real Madrid a los enemigos que le pueden cortar su chollo, y no ha tenido reparo alguno en recurrir incluso a jefes de estado contra el proyecto de la Superliga. La reacción de casi todos los clubes y medios fue acojonantemente sorprendente por unánime.
  • Caso Negreira: es el único club que se ha personado en la causa judicial, que es algo que no entenderé jamás. ¿Acaso no fueron perjudicados todos los demás clubes? El Valencia, el Sevilla, el Villarreal, el Espanyol, que se fue a Segunda pese a demostrar en un juzgado que se habían manipulado imágenes en un partido que les perjudicó de manera notable.El Real Madrid ha solicitado cambios en el Comité Técnico de Árbitros, sigue dando cera cada semana con los vídeos que denuncian lo que el juez definió como «corrupción sistémica» de la competición, ¿y qué han hecho los demás clubes?

¿Por qué se oponen los 19 clubes a la postura del Real Madrid y no al Fútbol Club Barcelona? Hay un caso aparte, que es el Atlético de Madrid. Son el Milan del Moggigate, el cómplice necesario, favorecido por el hecho de que, para su afición, el antimadridismo siempre será mucho más popular que la oposición a la corrupción culé de la competición.

De hecho, en todo este tiempo, ni sus directivos, ni su entrenador han hecho una sola declaración sobre el caso Negreira. Sin embargo, Miguel Ángel Gil Marín contó con dos portadas en exclusiva (La Central Lechera, la Caverna Madridista, y todas esas falacias) para despacharse a gusto por una amarilla no sancionada en un Real Madrid-Atleti.

A este señor no le indignaron los pagos del Barça al vicepresidente del CTA, ni el incumplimiento de la normativa financiera de LaLiga, ni las inscripciones fraudulentas vía CSD del Barça, no: le indigna una supuesta amarilla porque el favorecido (en su obsesionada cabeza) era el Real Madrid. Sus odios y sus fantasmas son otros, y más después de Lisboa y Milán. Como cuando Simeone dijo que “la liga estaba peligrosamente preparada para el Madrid”… en una Liga que ganó el Barça. La 2015-16, años negreiros, un solo punto de ventaja para el Barça frente a un Madrid incapaz de ganar en muchos campos de España, pero que sí fue capaz de llevarse la Champions esa misma temporada.

Si aceptamos la rabia atlética como su motivación para callar y transigir, o por ser el plan B del sistema, es decir, arañar las Ligas en las que el Barça está mal, ¿qué ocurre con el resto de clubes? Salvo el Athletic de Bilbao y, puntualmente, el Sevilla y el Espanyol, los demás clubes siguen a pies juntillas las directrices de Javier Tebas, no se salen del guion establecido por este abogado con más rencor que millones. Y no son pocos los millones que se embolsa. Enfrentarse a Javier Tebas trae consecuencias y no todos quieren o pueden afrontarlas. El Athletic de Bilbao osó hacerlo el pasado verano, cuando presionó a LaLiga por el estricto cumplimiento del control financiero sobre el Barça para que no le levantaran a Nico Williams (recordemos esa presión al jugador, seleccionador, Lamine Yamal, las preguntas a Tebas sobre las bondades que traería a la competición su fichaje…) y ganó esa batalla. Este Barça medio quebrado no iba a llevarse a su máxima estrella por la patilla. Ahora se está dando cuenta de cómo castiga Tebas:

Parece como si los demás clubes tuvieran miedo a señalar y denunciar las malas prácticas del Fútbol Club Barcelona, y ni siquiera sé si Tebas tiene algo que ver o no en este modo de comportarse. Por ejemplo, esta misma temporada, con el comunicado de las peñas del Mallorca ante el pésimo arbitraje de la primera jornada en su enfrentamiento con el cliente único de Negreira:

No hay una sola mención al Fútbol Club Barcelona, algo que nunca falta cuando se trata de atacar al Real Madrid. Como hicieron las peñas del Villarreal tras jugar en el Bernabéu en un partido en el que, por cierto, hubo más errores en contra del Real Madrid que a favor:

La redacción es espantosa, pero no hay problema en señalar siempre al club blanco. Mi ejemplo favorito es de la cadena proculé ESPN, cuando quiso mencionar el episodio racista sufrido por Vinicius en el Camp Nou (aquel aficionado pronunciando el “macaco” a cara desscubierta, perfectamente visible, pero que, oh, lástima, no pudo ser identificado). El comunicado no solo puso que había sucedido en el campo del Elche, sino que, cuando se les pidió rectificar, mencionaron dos veces al Madrid y ni una sola al Barça. ¡Es puro Orwell!

Tiene que haber algo más y para mí, como casi siempre, basta con seguir la pista del dinero, ahí encontraremos la solución. ¿Qué pasó en la Liga italiana tras el Moggigate? Recuerdo a los que no conozcan este caso, que la Juventus de Turín fue desposeída de dos títulos (Ligas 2004-05 y 2005-06) y las sanciones definitivas se anunciaron en octubre de 2006. Apenas meses después del inicio de las investigaciones. La celeridad de la justicia italiana contrasta con la de la española, que tiene aún pendiente el inicio del juicio del caso Soule, cuya instrucción comenzó ¡en verano de 2017!

Aquello fue un descrédito importante para la competición italiana, para un campeonato que había sido el más potente de Europa durante los ochenta y buena parte de los noventa. Estadios vacíos, pérdida de derechos de televisión y patrocinios debido a la mala fama de los clubes y directivos, huida de los mejores jugadores, rebaja de salarios… La Liga italiana tardó más de diez años en volver a números positivos, y cuando lo hizo, fue con unas cifras modestas, más propias de campeonatos de segundo nivel, que es en lo que se convirtió durante un largo período. Según el Informe de Deloitte de 2019:

Y en cuanto a los ingresos, casi veinte años después, comienza a acercarse a los de Alemania o España. El Moggigate y tanto directivo mafiosillo pasaron factura al scudetto.

No es solo la corrupción de la competición, también la desigualdad puede hacer que caiga el interés de los operadores. Los derechos de televisión en Francia han sufrido un recorte relevante, debido a la falta de competitividad por el poder exagerado del Qatar Saint Germain, perdón, París Saint Germain.

Yo creo que la posición del resto de clubes de LaLiga española está determinada por este historial de los campeonatos más cercanos. Saben que el Barça merece un castigo ejemplar, pero también son conscientes de que ese descenso de una o dos categorías, unido al desprestigio de la competición, sería un lastre a la hora de negociar los futuros derechos de televisión. Y también saben que no podrían dejar al Real Madrid como único equipo grande, pues esa falta de equilibrio en la competición sería nefasta, como en Francia. Así que prefieren agachar la cabeza y tragar las indigestas píldoras de Tebas.

En el post de hace dos temporadas sobre el declive económico de LaLiga, incluí un cuadro sobre el peso que tienen los derechos de televisión en los ingresos de los clubes de Primera, y marqué en narana y rojo aquellos en los que superaban el 50% o el 70%, respectivamente. Clubes demasiado dependientes de esta fuente de ingresos que controla el equipo de Tebas.

En el primer trimestre de 2026 comienza la negociación de los derechos de emisión para el período 2027-2032, una vez concluya el contrato actual. Hay mucho miedo a una reducción severa de las ofertas. En Tebas y en la mayoría de estos clubes, muchos de los cuales no es que tendrían que ajustar sus plantillas y presupuestos, es que se encontrarían problemas de viabilidad. El actual es un buen contrato, y Javier Tebas está convencido del daño que una sanción al Barça conllevaría para esa renegociación de derechos, de ahí que gaste todos sus esfuerzos en criticar a Florentino por atacar “el Sistema”, la corrupción, la doble vara del CTA, la manipulación del VAR, etc. en lugar de atacar a quien ha comprado el sistema durante más de dos décadas o ha inscrito jugadores con falacias contables.

Y yo creo que es un error. Por eso, como madridista, pero también como amante del deporte, prefiero estar contra todo este sistema y contra todos los que lo mantienen.

Islandia (III): el éxito del deporte en un país poco poblado

¿Éxito? Voy a hablar de un país que apenas ha logrado cuatro medallas en toda la historia de los Juegos Olímpicos, así que me pregunto si éxito es la palabra adecuada para titular este post. Y he decidido mantenerla para tratar de explicarme.

Niza, junio de 2016. Partido de octavos de final de la Eurocopa. Islandia remonta el gol inicial de Wayne Rooney y hace historia al clasificarse por primera vez en su historia a los cuartos de final del torneo continental. Dos años más tarde, hará historia de nuevo al clasificarse para la fase final del Mundial de Rusia. Algunas de las mejores imágenes que dejaron estas proezas son las que nos regalaban sus jugadores al acercarse a la grada de aficionados a celebrar la victoria con los suyos tras los partidos. No creo que una fiesta vikinga tuviera muchas diferencias con esos momentos. Tíos rubios y barbudos dando palmas y profiriendo una mezcla de cánticos de guerra y evocaciones a Odín en un idioma que provoca esguinces de lengua a quien intenta imitarlos. Lo vimos varias veces y lo gozamos con ellos, porque nadie esperaba que ganaran un solo partido en la fase de grupos, mucho menos que se clasificaran para las rondas de eliminación. La celebración se repitió en la capital, de manera igualmente impresionante. Puñetera maravilla de vídeo:

Un año antes habíamos podido ver la no menos sorprendente aparición de la selección islandesa en el Eurobasket de 2015. Dio bastante guerra a Italia, Alemania y Turquía en sus enfrentamientos directos, que perdió por diferencias menores a los 8 puntos. Recuerdo haberlos visto en el partido frente a España, más cómodo para los nuestros, liderados por un Pau Gasol que haría entonces la que puede haber sido la mayor exhibición de un jugador en el baloncesto de selecciones FIBA: sus 40 puntos en las semifinales frente a Francia. Los islandeses practicaban un juego muy dinámico, rápido, de mucho pase y transiciones rápidas, para buscar enseguida un tiro liberado de algún jugador, que siempre encontraban y que solía tener buenos porcentajes.

Tras el Eurobasket de 2015 y la Eurocopa de 2016, recuerdo haberme preguntado cómo era posible que un país que no llega a los 400.000 habitantes censados tuviera equipos nacionales, no diré potentes, pero sí dignos o notables, tanto en fútbol como en baloncesto, y un gran equipo en balonmano, el deporte nacional. ¿Cuánto se invertía en deporte para sacar tantos jugadores de un nivel más que aceptable, suficiente para competir dignamente en los campeonatos europeos?

Al contrario que los equipos de fútbol y baloncesto, la selección de balonmano islandesa nunca fue de “comparsa” en los torneos internacionales. Llegó a la final de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, tras eliminar a los nuestros en semifinales, aunque no pudo derrotar a los franceses y tuvo que conformarse con la plata. Islandia logró ese día el curioso récord de “país con menos población en lograr una medalla olímpica en deportes de equipo”. Fue una fiesta nacional. Se calcula que el 80 por ciento del país presenció la final por televisión y 40.000 personas acudieron a Reikiavik a recibir al equipo tras volver de China. En aquellos momentos en que la crisis financiera había castigado de lleno al país, el equipo de balonmano sirvió como motivo de orgullo para una población islandesa en estado de shock.

No quedaron ahí sus éxitos. Son habituales en las fases finales de los torneos y en 2010 se hicieron con el bronce en el Europeo. Uno de los mejores equipos de la actualidad, el Barça, cuenta con un portero de esa nacionalidad, Halgrimsson. Nunca he sabido de dónde salen, pero lo cierto es que los jugadores islandeses de balonmano brotan como salidos de una erupción volcánica.

Tener tres equipos de nivel, cuando apenas hay cantera de la que elegir, solo puede tener una explicación: el deporte es parte de la cultura de los ciudadanos islandeses y se invierte en estructuras que lo faciliten. Si pasas por cualquier pueblo islandés de más de dos mil, tres mil habitantes, te encontrarás con unas instalaciones deportivas municipales (también las escolares) que en España solo encontrarías en ciudades siete o diez veces más grandes. Todas con piscinas de aguas termales, por cierto, emanadas de los manantiales existentes en el subsuelo. En Egilsstadir, tras bañarme en la estupenda piscina a cuarenta grados, me acerqué a ver el entrenamiento del equipo de baloncesto, que estaba en ese momento jugando con gran intensidad. No era un equipillo de profesionales, pero sus cuerpos, así como la técnica, no eran tampoco los de unos aficionados como los que nos juntamos a nuestras pachangas de fin de semana. De repente miré al entrenador, un tío moreno enorme que distaba de ser rubio vikingo como los demás. Su inglés con acento fuenlabreño lo delataba: solo podía ser español. Como así era: Salvador Guardia, pívot de 2,06 metros, 17 temporadas completas en la ACB, 11 de ellas en el Fuenlabrada. Busqué a continuación el número de habitantes de ese pequeño pueblo al norte del país y me sorprendió al ver que no llegaba a tres mil. Es un ejemplo, una mera referencia menor, pero me llamó la atención ver el nivel del equipo local en un país que no cuenta con una liga profesional.

Debido al clima del país, los deportes que se practiquen bajo techo son los que tienen mayores posibilidades de prosperar. Hay buenos campos de fútbol, siempre verdes, y cada vez hay más campos de césped artificial, pero lo que llama la atención son sus polideportivos cubiertos. El deporte forma parte de la cultura de sus habitantes, es parte de sus vidas. La mejoría que vemos actualmente en los grandes eventos es el resultado de una política gubernamental que comenzó a finales de los noventa, cuando la preocupación por los niveles de consumo de alcohol y cannabis entre los jóvenes llegó a un nivel en el que no quedaba otra que actuar. Se creó el proyecto «Juventud en Islandia» y se introdujeron una serie de medidas legislativas orientadas a prohibir el consumo de alcohol en menores, a concienciarlos acerca del problema de las drogas, por muy ¿blandas? que pudieran ser, y a tratar de reconducir su ocio en un país en el que el clima no ayuda a llevar una vida social, digamos, mediterránea.

Las inversiones en instalaciones deportivas corrieron a cargo de los ayuntamientos, pero a nadie le pareció mal que se realizaran esas inversiones, así como que se dieran ayudas a las familias para el fomento del deporte. Cada familia recibe unos 300 euros anuales para que sus hijos puedan practicar algún tipo de deporte. En un país con un nivel de vida tan elevado, puede no parecer un gran importe, pero les da para una equipación completa o para las cuotas en los equipos de la localidad. Y el deporte es, a veces, el único lugar de encuentro en común con los chavales de la misma edad. Esta estadística refleja en cifras lo que ha supuesto esa inversión en deporte para los más jóvenes:

Las cifras de consumo de alcohol en adolescentes se han reducido de manera considerable, así que esos chicos y chicas, ya no son solo rubios, altos y fuertotes, sino que ahora también son sanos. Han traído a entrenadores de otros países y han invertido en formar entrenadores que a su vez puedan dar una formación a los chavales, no con la idea de crear cracks mundiales o formar un equipo potente, pero sí al menos por los beneficios que el deporte podía traer. El éxito del programa ha levantado el interés de otros países, que se plantean replicar modelos similares, si bien no es sencillo aplicarlo en países con un tamaño muy superior. El deporte sigue siendo, en su mayoría, amateur, por eso me maravilla verlos competir contra potencias muy superiores en recursos.

Su manera de competir en los grandes torneos es la de un aficionado que lo da todo, el fútbol de siempre. La de quien sabe que es inferior, pero que ha venido a dar guerra. Que todas esas horas de entrenamiento en invierno, sin luz en la calle, con un viento del demonio y a cero grados, tienen que servir para que tu rival vea que no te vas a achantar. Por eso, cuando veo a un equipo islandés en una gran competición, cuentan conmigo entre sus seguidores.

Travis – Islandia (I): un plató de rodaje único.

Josean – Islandia (II): caída y recuperación.

Barney – Islandia (III): el éxito del deporte en un país minúsculo.

Lester – Islandia (IV): la Ring Road en autocaravana.

«Anatomía de un Negreirato», ya disponible

(Enlace al vídeo en el canal de Kollins para hablar del libro)

Empezó casi como una broma, fue tomando cuerpo y al final se convirtió en un libro de 372 páginas. Del mal llamado «caso Negreira» se han contado tantas cosas y se han contado tan mal (cuando no han mentido, directamente) que se me ocurrió plantearlo como una especie de juicio de Hollywood, como un desfile de personajes en el que cada uno de los afectados fuera desfilando por el juzgado, ya fuera como testigo o como acusado, y defendiera su postura, por muy indefendible que a muchos nos pudiera parecer.

Con la Anatomía de un asesinato (Otto Preminger, 1959) en la cabeza, con ese juego de fiscal, abogado defensor, juez y jurado, la trama tomó cuerpo rápidamente en esta Anatomía de un Negreirato. Con el subtítulo El juicio que no veremos. La comedia surgió de manera involuntaria, fruto de las declaraciones reales de los Medina Cantalejo, Ángel Mª Villar, Joan Laporta, Iturralde González y muchos más, contestando que todo era normal, que el hecho de que un club pagara más de ocho millones de euros por unos informes inexistentes no influía en la competición, que las anomalías estadísticas no existían, que “aquí no ha pasado nada, circulen, circulen”, y que el Comité Técnico de Árbitros y la Federación Española de Fútbol son los únicos órganos incorruptibles e inmaculados de este país.

El puzle necesitaba completarse para adaptarlo a todo tipo de lectores, no solo a los aficionados al fútbol. Porque esta no es una historia sobre fútbol, ni mucho menos: habla de corrupción. De compras de favores, de ocultación de pruebas, de injerencias políticas en la justicia. De un “Relato” victimista y manipulado según el cual el poder central representado por el Real Madrid había sometido de manera irregular durante décadas al máximo adalid del catalanismo, al “ejército desarmado de Cataluña”, que escribió Manuel Vázquez Montalbán. Por eso se me ocurrió la figura de un juez que no supiera nada de fútbol, un tipo próximo a la jubilación que descubriera la cantidad de mugre que había en todos los estamentos del fútbol español. Y que lo fuera apuntando en su libreta hasta hacerla incomprensible:

La libreta del juez Julián Aguilar (no confundir con el juez instructor del caso, Joaquín Aguirre) fue otro de los puntos que contribuyó a la farsa. Como me dijo un amigo: “tenías que publicar la libreta del juez Aguilar, o venderla como un documento aparte”.

James Stewart se convertiría aquí en el fiscal Jaime Estuardo, George C. Scott en Jorge Carlos Scotto, abogado de la defensa, y Lee Remick en Luisa Ramírez, abogada de la parte personada en el caso, es decir, el Real Madrid. Estos personajes dieron mucho juego y la trama fluyó de manera natural, casi espontánea. Solo había que poner en la sala del juzgado ficticio las frases reales de los protagonistas y dejar que los abogados debatieran y las rebatieran.

Para mi sorpresa, este juego gustó mucho a los lectores. Dicen que el halago debilita, pero a veces nos ocurre que, como decía Richard Gere en Pretty woman, nos gusta que nos hagan la pelota:

¿Cómo animar a los lectores que conocieron la primera parte, ya publicada, a comprar el libro? Pues porque faltaba mucho en esta trama. Faltaban todos los testigos de la acusación, y faltaban personajes importantes como Xavier Estrada Fernández, autor del único libro publicado hasta la fecha sobre el asunto. Y tenía que dejar a los acusados que se defendieran, que argumentaran por qué actuaron de aquel modo durante décadas, y por qué presidentes de un club que no se llevaban bien entre ellos (y que gestionaban de manera muy diferente) estuvieron de acuerdo en mantener unos pagos irregulares a través de empresas pantalla.

Mi versión de este juicio trata de ser justa. Honesta. De permitir que los acusados expongan sus argumentos. Sé que lo que se va a dirimir en el juzgado es muy diferente. Por ejemplo, Joan Laporta no está acusado y sí lo está Óscar Grau, antiguo director ejecutivo del club. Pero el actual presidente era un personaje fundamental para la historia y no sucede lo mismo con el segundo, así que tenía que tomar licencias. Con todo y con ello, el libro pretende mantener un difícil equilibrio y ser riguroso, preciso en los datos y las declaraciones. De ahí que haya doce páginas enteras de referencias a artículos, entrevistas y vídeos con las declaraciones originales que en esta particular sala de “mi” juzgado se cuestionan.

Faltaba el jurado popular. La parte con más ficción de toda la trama y una de las más divertidas de escribir como autor. Busqué cinco hombres y cuatro mujeres de diferentes edades, profesiones, estatus… de profesión liberal, currantes del puerto, jubilados y estudiantes. Y los dejé que discutieran sobre un tema tan polémico como este en el que no hay grises para casi nadie, sino blancos y negros, verdades absolutas. Siempre me gustaron las películas de juicios y también, mucho, las deliberaciones de los jurados de Hollywood. Doce hombres sin piedad, Jurado nº 2, El jurado, Veredicto final, Civil action, Testigo de cargo, Matar a un ruiseñor… En mi cabeza estaban todas ellas. También Algunos hombres buenos o Pulp Fiction, que “colaron” alguna frase en la trama.

Repito: me he divertido mucho escribiendo este libro. El proceso ha durado un año y medio, y ahora toca a los lectores decidir si la diversión no es solo mía. En esta primera semana parece que ha gustado: en Amazon han catalogado la obra en la categoría de “Ensayo”, y ya aparece en el número 7, detrás de esa maravilla que es El infinito en un junco, de Irene Vallejo.

Se encuentra disponible ya en la Fnac, Amazon, Libros CC y, en breve, en El Corte Inglés y La Casa del Libro.

Los beneficios de esta primera edición, y quién sabe si del resto, irán a parar a ese maravilloso proyecto que es el Gratitude Bootcamp en BodhGaya, en la zona nordeste de la India. ¡Muchas gracias a todos los lectores, amics!

El valor de los clubes de fútbol

Esta semana pasada mantuve una nueva charla en el canal de Kollins con Javi, nuevamente sobre asuntos económicos del deporte (dejo el enlace en el inicio del post). En esta ocasión, con la excusa de la publicación del último informe de Football Benchmark sobre el valor teórico de los 32 clubes europeos que engloba en lo que denomina “The European Elite”, los más valiosos. Debido a algunas limitaciones de los criterios utilizados en el informe, añadí en algunos puntos los datos extraídos del último estudio de Deloitte sobre las finanzas del fútbol, Annual Review of Football, y comparé otros con diversa información de Transfermarkt sobre traspasos de jugadores y gasto neto de los clubes.

Como indica el informe en sus primeras páginas, el Real Madrid lidera la clasificación por su excepcional año dentro y fuera de la cancha. Destaca los logros deportivos en Liga y Champions (hablamos de 2024), pero también su buena situación financiera, entre otras razones, por el impacto del renovado estadio (no entra en las críticas que se han hecho al mismo, muchas de ellas merecidas).

El informe recoge el período de los últimos 10 años, de 2016 a 2025, y destaca el enorme crecimiento del mercado en este tiempo, con datos como el incremento de un 146% del valor de los clubes, hasta los 64.700 M. EUR. Los aspectos más destacables para Andrea Sartori, CEO de Football Benchmark, los highlights, son los siguientes:

  • El crecimiento de los ingresos debido a los repartos que realiza la UEFA por premios y comercialización de derechos, y al incremento de los ingresos comerciales de los clubes, la mejor gestión.
  • Pese a ello, el resultado agregado de los 32 clubes sigue siendo negativo.
  • Hace referencia a la implantación de estándares de sostenibilidad financiera, de lo cual, tras las nulas sanciones a PSG, Chelsea, Manchester City o Barça, te tienes que reír.
  • Destaca que los costes de las plantillas crecieron a un ritmo superior al de los ingresos (78% vs 72%).
  • Se está tratando de racionalizar el coste de las plantillas de los clubes, y menciona que el ratio de costes salariales sobre los ingresos se ha controlado tras la pandemia y baja ¡¡¡del 95%!!! en 2023 al 82% en 2025. Sigue siendo una cifra muy elevada e insostenible.

El informe realiza un top-10 de clubes, para lo cual analiza 5 parámetros o KPIs (Key Performance Indicators):

  • Enterprise value, valor de empresa o de compañía. Más adelante explicaré cómo llega a esas cifras.
  • Variación anual del Enterprise Value. Destaca el importante crecimiento de un club como el Arsenal y el 23% del Real Madrid, un porcentaje significativo cuando ya se partía de cifras muy altas.
  • Ingresos totales de la temporada 2023-24. Datos de las cuentas de los clubes, sin cálculos como los del EV.
  • Porcentaje de masa salarial sobre el total de ingresos del club. Solo dos clubes superan el 70% recomendado por la UEFA, el PSG (82%) y el Chelsea (72%). Por eso, y por el enorme gasto en fichajes, me parto cuando escucho hablar del mérito de la Champions del nuevo y «modesto» PSG de Luis Enrique. Tiene mucho mérito, sin duda, ha jugado muy bien esta temporada, pero cuenta con recursos ilimitados para fichar, como hizo en el mercado de invierno, sin ir más lejos.
  • Valor de plantilla a marzo de 2025. Para este cálculo no emplea los datos de Transfermarkt, sino una valoración propia realizada con un algoritmo que tiene en cuenta el valor de mercado téorico de 11.000 jugadores de 24 ligas diferentes,

Respecto a las valoraciones tan «particulares» que realiza Transfermarkt de los futbolistas, algunas muy llamativas, ampliamos la información en este otro vídeo reciente:

Volviendo a Football Benchmark, otro dato interesante que sirve para entender el peso que supone participar o no en la Champions sobre el total de los ingresos de los clubes está en el ranking de los que más han aumentado su valor en el último año: Aston Villa, Real Sociedad, Eintracht de Frankfurt, Arsenal y Milan. Por el contrario, los que más bajan han sido el Ajax, Sevilla, Chelsea y Juventus.

Y una de las comparaciones que me ha parecido de más interés está en este cuadro en el que compara la valoración de estos 32 clubes europeos con otras entidades de otros deportes, como la NBA, la MLS o la Fórmula 1:

Mientras que el valor teórico de empresa (EV) de los clubes europeos se sitúa en un múltiplo aproximado de 6 veces el importe de sus ingresos, las entidades deportivas estadounidenses tienen una valoración más cercana a un múltiplo de 9 o 10 veces, incluso más. Es decir, que los potenciales inversores ven más capacidad futura de generar ingresos o valor en el mercado USA que en el europeo. Si el lector recuerda el post sobre la Superliga, se hablaba del modelo europeo y el modelo americano, mencionados en la propia sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea.

El fútbol no termina de despegar en Estados Unidos, un mercado que la FIFA considera aún por explotar, o por desarrollar en todo su potencial. No hay más que ver los datos de los clubes de la MLS en el cuadro, con un tamaño medio equivalente a lo que sería el Espanyol o el Osasuna en España. Mi gran duda es si el soccer encaja con la mentalidad estadounidense, más acostumbrada a los parones del béisbol o el fútbol americano, momentos que se aprovechan para gastar a espuertas en el estadio.

Del potencial del mercado estadounidense es consciente Florentino Pérez desde hace años, tanto en el mundo empresarial, donde ACS obtiene casi el 60% de sus ingresos de EEUU, como en el mundo del deporte. Muchos de los pasos que ha dado en los últimos años parten de ese «concepto USA» de entender el club como entidad deportiva, pero también financiera: aumento de ingresos por merchandising, incremento de recaudación en los días de partido, rendimiento del estadio durante el resto del año, aumentar el valor de la marca, mayor impacto a nivel mundial… Por eso el interés por una competición como el Mundial de Clubes a la que la mayoría de aficionados no le prestábamos mucha atención, no solo por el impacto económico de los premios (enorme para los finalistas), sino, además, por la expansión de la marca Real Madrid en Estados Unidos.

La evolución del fútbol europeo en los últimos 10 años

El informe de Football Benchmark se centra mayoritariamente en los ingresos y el valor teórico que generan, pero poco en los resultados. Resulta curioso comprobar ese timeline del informe, esa línea del tiempo, para entender qué ha pasado, cómo en 2016 y 2017 los clubes tuvieron un récord de beneficios antes de impuestos, y poco tiempo después, tras el traspaso de Neymar se entró en una espiral inflacionaria para, con la pandemia, pasar a tener serios problemas financieros.

Quizás motivado por esas pérdidas, la UEFA aprobó nuevas normas de sostenibilidad financiera y control de las finanzas de los clubes, unas normas que apenas se cumplen porque no interesa a Ceferin y los suyos. Jamás van a poner limitaciones a que entre el dinero, como se ha visto con las ridículas sanciones al Manchester City, Chelsea y PSG. Los tres clubes tienen su Champions, por cierto, y tendrían más de no haberse enfrentado a los dos casi únicos rivales «tradicionales» que les quedan: el Bayern de Múnich y el Real Madrid.

Por seguir con el timeline, en la temporada 2024-25 se lanza el Mundial de Clubes. El informe menciona el incremento de ingresos que supondrá para los participantes y la importancia a nivel de exposición global de marca, pero advierte también del peligro de sobrecargar el calendario, por la saturación de partidos y las lesiones de los jugadores. Menciona también el conflicto que puede suponer entre competiciones nacionales e internacionales, algo que ya está pasando en el baloncesto con la Euroliga. El próximo año tendrá 38 partidos de fase regular, incluyendo los viajes a Dubai, pufff… más que los 30 de la ACB. Y luego los playoffs. Habrá que aumentar las plantillas, y con ello, los que puedan, el gasto. O reducir los equipos de las ligas nacionales (en este blog ya hablamos hace tiempo de reducir la liga española de fútbol a 16 equipos).

Evolución de las ligas nacionales en este período

El gráfico refleja el valor de los clubes en el período analizado, así como el porcentaje de crecimiento experimentado. No debería extrañar el enorme avance de los petroclubes, pues tanta inversión de capital ajeno al fútbol se tenía que notar, y aunque dinero no garantice títulos, sí ayuda bastante a obtenerlos.

En cuanto a la comparación por ligas nacionales, destaca el despegue de la Premier respecto al resto de campeonatos. LaLiga ha perdido la segunda posición frente a la Bundesliga, si bien España sube de cinco a seis equipos en el análisis del top-32, mientras que Alemania se queda en tres. Francia no es representativo por el peso del PSG sobre el global, que influye notablemente en la media. Italia por su parte sigue muy lejos, pagando aún las consecuencias del Moggigate y de los nefastos inversores que pasaron por algunos clubes como el Inter o la Roma.

Me parece relevante completar esta información con la tabla del Informe de Deloitte que recoge los ingresos totales de los campeonatos, así como el tamaño medio por equipo, y la diferencia es abismal.

El informe de Deloitte recoge el sorpasso de la Bundesliga respecto a LaLiga. Si le preguntan a Javier Tebas por la mala gestión de la venta del campeonato español, lo negará diciendo que los ingresos por derechos de televisión son superiores a los del campeonato alemán (y es verdad, como se puede ver), pero para mí el deterioro se debe a lo mal que se ha vendido el producto en los últimos años como marca reputada: el caso Negreira, la guerra abierta de Tebas con su mejor activo, el Real Madrid, la sensación de manipulación del VAR, los horarios, el control financiero estricto para unos y la laxitud con otro… es la sensación constante de estar viendo un producto corrompido.

Volviendo al informe, este gráfico sorprende por el buen comportamiento del Real Madrid en un contexto de clubes estado (ver el crecimiento del PSG y el City en este período), así como de otros clubes de la Premier con un fondo de inversión detrás, normalmente norteamericano, pero también de capital árabe o iraní. Detrás de todo ello ha habido mucha gestión, operaciones complejas (el estadio, Sixth Street, sponsors, los -de momento-frustrados aparcamientos) y un éxito en el terreno de juego, sobre todo a nivel europeo e internacional, donde ha sido más fácil triunfar que en el entorno «negreiro».

El informe analiza después el enorme crecimiento de los ingresos del fútbol en esta última década y separa los repartos de ingresos de la UEFA, los derechos de televisión, taquilla en días de partido y otros ingresos por comercialización.

Aun con este fuerte crecimiento, conviene destacar que los salarios han crecido más porcentualmente. Los agentes han invadido el mercado y lo han poblado de «nuevas prácticas»: primas de fichaje, primas por renovación o fidelidad, bonus crecientes por logros colectivos, pero también por reconocimientos individuales, y todo ello ha traído una inflación de salarios y traspasos posiblemente insostenible. Los clubes como el PSG o el Manchester City pueden confundirse con los fichajes en una temporada y cambiar a otros tres o cuatro jugadores en el mercado de invierno. El City ha invertido 346 millones de euros en nueve jugadores solo este año. El PSG del que tanto se ha elogiado su éxito en la Champions tiene media docena de fichajes millonarios fallidos solo en los últimos doce meses.

En cuanto al market balance, o balance de mercado, el informe destaca los clubes que mejor han comprado o vendido. Los portugueses siempre han sabido gestionar bien sus activos (Benfica y Oporto), igual que el Ajax, mientras que el gasto descontrolado no garantiza el éxito, como se puede ver en el caso del Manchester United, pero sí ayuda (City y PSG).

He preferido completar este cuadro de los fichajes y traspasos con el cálculo realizado por Maketo Lari con los datos de Transfermarkt:

Clubes «gastones» como el Chelsea, el City o el PSG han logrado sus Champions, pero otros como el Manchester United, el Arsenal, Milan o Juventus llevan años sin acercarse a estos triunfos. Por el contrario, el Real Madrid es el 16º en esta clasificación con el neto de traspasos. Ahí también hay mucha gestión, pero mucho sacrificio, como las ventas (Casemiro, Cristiano, Varane, Di María, Morata, Achraf, Reguilón… y tantos otros) o no cubrir puestos necesarios, como ha sucedido este año con todos los lesionados en la defensa. Siempre hay que tomar estos datos con cierta distancia, porque no todo es transparente en el mundo del fútbol, sino más bien al contrario. A veces no es posible conocer todos los extras que se han pagado por un fichaje, como ocurrió con Neymar, Mbappé o el noruego Haaland.

Con toda esta locura inflacionaria que lleva casi una década, los resultados económicos de los clubes siguen siendo muy negativos: ¿es sostenible mantener esta situación?

Las cifras son tremendas, y habrá más clubes que sufran o desaparezcan en los próximos años, como hemos sabido esta semana que ocurrirá con el Brescia. La crisis del fútbol italiano no termina de cerrarse. Si sus clubes no estaban en los peores puestos entre los más «gastadores» o compradores, sí lo están en la lista de resultados, en la que destaca la buena gestión del Bayern Múnich, Real Madrid y Atalanta:

Esta misma realidad se observa en el Informe de Deloitte, en el que, además, el superávit del fútbol español no es real, pues recoge los datos del Fútbol Club Barcelona en el año de las palancas (las reales y las ficticias):

Criterios con los que se hace el Informe Football Benchmark:

Mi mayor crítica al informe viene porque el cálculo del Enterprise Value (EV, valor de los clubes) se basa más en expectativas que en resultados financieros, más en la teórica capacidad de generar ingresos que en el modo de conseguirlos (gestión sostenible, deuda, capital externo…). Sus autores utilizan una aproximación por un múltiplo de los ingresos porque dice que son menos volátiles que los resultados, más fáciles de comparar y están menos distorsionados por ajustes contables. Este múltiplo se realiza con un algoritmo propio basado en varios criterios que tratan de reflejar esa capacidad de generar ingresos: valor de marca, atractivo de la plantilla, número de seguidores… Las marcas Real Madrid y Barcelona son mundialmente conocidas, y el grupo de Abu Dábi ha hecho un enorme esfuerzo con los clubes satélites para promocionar la imagen del City por el mundo.

El informe reconoce sus limitaciones en el método escogido, como que la capacidad de generar ingresos no suponga que sus directivos sean capaces de hacerlos rentables (hay numerosos ejemplos), o que no refleja la posición de balance del club. Al obviar el peso de las deudas, pone en la misma balanza los que tienen inyecciones de capital ilimitado del petróleo o el gas de Oriente Medio con los que se endeudan por encima de sus posibilidades.

Con estos cinco pilares (rentabilidad, seguidores en redes sociales y aficionados, atractivo de la plantilla, éxitos internacionales, derechos de televisión, gestión de los ingresos del estadio…) establece un rango de máximos y mínimos:

Y finalmente un valor medio:

¿Es un cálculo certero, atinado? Mi percepción como aficionado es que el Manchester United y el Barça deberían estar varios puestos más abajo, en especial los catalanes por el impacto reputacional que debería sufrir por todas sus tropelías «laportianas», pero no parece afectarle. Así que para contestar a mi pregunto, voy a comparar con algunos precios de venta recientes:

  • Valor de venta del Chelsea en mayo de 2022: 4.970 mill. euros. Un 60% más que el informe de Football Benchmark, y aquel fue un dato real.

Mi «yo» aficionado puede pensar muchas cosas respecto a este informe, pero mi «yo» financiero tiene una idea clara: difícilmente invertiría en un club de fútbol.

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