Gladiator y el descanso de Zizou, por Barney

Gladiator 1

En ocasiones no hay nada mejor que una escena de ficción de una película o de un libro para entender una realidad que se nos antoja incomprensible, y es que han pasado tantas cosas en el mundo del fútbol que incluso este post ya está superado.

Los últimos minutos de Gladiator (Ridley Scott, 2000) muestran la apoteosis del luchador infatigable llamado Máximo Décimo Meridio, apodado el Hispano, enfrentado al emperador Cómodo y a su entorno de secuaces y palmeros. El escenario es el Coliseo rival, en el que el emperador se encuentra arropado por su propio ejército. Mantiene al senado comiendo de su mano y al pueblo sometido a una feliz ignorancia.

Cómodo sabe que usurpa un trono que no le corresponde, como reconoció a su padre:

“Una vez me escribiste enumerando las cuatro grandes virtudes: sabiduría, justicia, fortaleza y templanza. Constaté que no tenía ninguna de ellas, sin embargo, poseo otras. Ambición… se convierte en virtud si nos conduce al éxito. (…)

Lo único que siempre quise fue estar a tu altura”.

Gladiator 2B

Aun teniéndolo todo de su lado, necesita el reconocimiento que sí recibe Máximo, cuyas victorias en Germania, en el norte de África o sobre los enemigos de Roma le han granjeado la admiración de ese gran público que asiste a los juegos.

“Conquista a la multitud, y conquistarás tu libertad”.

Máximo, el general, es un líder nato, un referente. Mira a los suyos a los ojos, de frente y sabe que sus tropas le seguirán hasta el fin del mundo.

“Fuerza y honor”. “A mi señal, ira y fuego”.

Resulta magnánimo con los derrotados y no muestra el sometimiento debido al emperador, lo que enfurece a Cómodo. Ha preparado ciento cincuenta días de juegos para su mayor gloria, pero necesita derrotar al Hispano para lograr el reconocimiento pleno del pueblo.

Gladiator 2

C.- ¿Y qué podría ser más glorioso que desafiar al mismísimo emperador en la gran arena?

M.- ¿Pelearías conmigo?

C.- ¿Por qué no? ¿Crees que tengo miedo?

M.- Creo que has tenido miedo toda tu vida.

C.- ¿A diferencia de Máximo el invencible, que no conoce miedo alguno?

Cómodo no está seguro, pero necesita esa victoria. Por supuesto que hay miedo en su rostro. Necesita derrotar al idolatrado Máximo, el Hispano, delante de su público. Necesita verle morder el polvo porque solo así sus éxitos serán valorados.

El combate no es limpio, nace con trampas consentidas por aquel que ostenta, mejor dicho, detenta el poder. Cómodo hiere gravemente a Máximo con una daga de quince centímetros. Le debilita, necesita mermar sus fuerzas. Se rodea por un pasillo formado exclusivamente por los suyos, y sitúa a los soldados bien cerca porque sabe que los va a necesitar.

Gladiator 3

Pero una vez más, Máximo Décimo Meridio no se pliega al destino que para él tenían preparado. Se resiste a caer, a rendir pleitesía al emperador. Vence en la arena, en el campo de batalla, en el cuerpo a cuerpo. Y con su victoria se derrumba el imperio de Cómodo.

“Cincuenta mil personas siguiendo cada movimiento de tu espada. Esperando que des el golpe mortal. El silencio antes de que lo asestes y el bullicio posterior crece… crece como… una tormenta. Como si tú fueras el mismísimo dios del trueno.”

A diferencia del emperador, Máximo no necesita la victoria para obtener el reconocimiento. La victoria es el fin, no un medio. Está cansado de luchar contra todo y contra todos, y solo quiere volver con su familia, como anunciaba desde el principio del metraje. Máximo el campesino, el individuo sencillo:

“Dentro de tres semanas yo estaré recogiendo mis cosechas. Imaginad dónde querréis estar y se hará realidad”.

Exhausto, se imagina regresando a la paz del hogar, cual Ulises volviendo a Ítaca donde le espera Penélope. Aragorn volviendo a Gondor junto a Arwen.

Gladiator 4

Han pasado muchas cosas en este final de temporada que no soy capaz de explicar si no es utilizando la ficción. Por supuesto que el Barça es ese rival que usurpa el trono, se siente Cómodo en el manejo de las instituciones, coloca a los que dictan las reglas y dispone de los medios que glorifican sus éxitos. Su doblete era un gran logro, pero no lo suficiente si el Madrid se llevaba la Champions. Necesitaba derrotarle y humillarle en el Clásico del pajipasillo (genial el texto de Fred Gwynne). Los quince puntos con los que arteramente arrancó el campeonato le daban una clara ventaja, pero el reconocimiento solo sería total con la derrota del Madrid del general Zizou. Solo así se entiende la desmedida agresividad que mostraron durante todo el partido. Había rabia en sus rostros. Y miedo, mucho miedo. No por lo que pasara en Barcelona, sino por el futuro cercano en Kiev.

Pero el Madrid volvió a ganar. Máximo triunfador en Ligas y Champions, Décimo Tercer trofeo en las vitrinas y Meridio, que supongo que querrá decir que proviene de un país meridional de Europa.

El Barça se sintió derrotado. El imperio de Villar y Sánchez Arminio cayó poco después, y el de Roures se tambalea.

Zizou y los suyos volvieron a sonreír. Pero el guerrero necesita descansar, volver a casa. Tomarse un tiempo. Alejarse del campo de batalla, de sus enemigos.

Como dice el esclavo Juba en las últimas palabras de la película (papel interpretado por Djimon Hounsou, ese actor de piel cuyo color le emparenta de modo lejano con Casemiro o Marcelo), mirando al vacío que deja el líder:

“Volveremos a vernos, pero aún no. Aún no.”

***

Aquí terminaba lo que tenía escrito desde hace unos días, pero estaba pendiente de rematar. Gladiator para poder explicar la salida de Zidane que nos dejó a todo el madridismo desconcertado. El barcelonismo se sentía derrotado tras su gran temporada, el VillARminiato desaparecía. Pero con la salida de Zizou nos quedamos desolados.

Sin embargo, el vodevil de la Federación Española de Fútbol con la destitución de Lopetegui dos días antes del Mundial lo supera todo. Por fichar por el Madrid. Tengo claro que de haberlo hecho por cualquier otro equipo español o extranjero no habría habido problema alguno. El comunicado de la RFEF del martes decía que Lopetegui dejaría su cargo como seleccionador al acabar el Mundial, pero hoy miércoles Rubiales se ha comportado como ese emperador romano mirando de soslayo al populacho (Cope, SER, Onda Cero, Rebaño y compañía) para saber por sus aullidos si debía cargarse a Julen o no. Y todos sabemos qué ha ocurrido. De coña. Alea jacta est.

Gladiator 5

 

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Fue bonito soñar con la tercera consecutiva

Kiev 2018

Pues ya sabemos todos cómo acabó. Añado una actualización del día 27 al final del post. ¡Tremendo! Lo de antes del partido era un contragafe de manual (que funcionó).

Barney, 26 de mayo de 2018

Fue bonito mientras duró. Fue hermoso pensar que podríamos igualar al Ajax y al Bayern de los setenta o, salvando las distancias, al Madrid de los orígenes de este torneo. Fue una gozada pensar que podríamos tener la cuarta en cinco años, o que lograríamos el hecho insólito de dominar en Europa tanto en fútbol como en baloncesto. Sigue leyendo

Barney en La Galerna

Santillana Inter

“Me llena de orgullo y satisfacción”, que decía el Rey emérito, anunciar mi primer artículo para La Galerna, quizás el mejor medio madridista que podemos encontrar hoy en día.

“Pertenezco a ese grupo cada vez más numeroso de madridistas que no se sienten identificados con la prensa actual, volcada en sus ataques al Real Madrid como equipo, club e institución con las mismas ansias que se desviven en alabanzas hacia el eterno rival, el Barça. La hipocresía de prácticamente todos los medios de comunicación actuales es tremenda, y lo que me parece más preocupante, creciente. Fingen una imparcialidad que sus palabras desmienten a diario”. Este párrafo fue escrito casi un mes antes de lo sucedido en el último Madrid-Juve, con el claro penalti de Benatia a Lucas que ha servido para destapar a toda esa panda de antimadridistas sufridores ante la clasificación de los nuestros. Sigue leyendo

Los campeones de Javier Fesser

Travis, 27 de abril

Con su película Campeones, Javier Fesser ha vuelto a lograr algo tan complicado como poner de acuerdo a crítica y público con esta historia sobre un entrenador de baloncesto de élite que se ve obligado a prestar servicios sociales entrenando a un grupo de discapacitados intelectuales en un centro de Vallecas.

Tres semanas seguidas como número uno en taquilla, desbancando al mismísimo Spielberg y su Ready Player One, y una buena acogida por la mayor parte de críticos de este país, Carlos Boyero incluido. Reconozco que tenía ciertos reparos a la hora de ver esta peli porque al tratar un tema como la discapacidad intelectual podía caer en la sensiblería o en lo peor de las historias bienintencionadas, cuya trama se suele diluir en situaciones forzadamente tiernas.

Sin embargo, pasé dos horas estupendas, riéndome cuando las situaciones lo buscaban (y lo lograban), y valorando la parte más íntima y personal de los protagonistas. El actor que sostiene la película, Javier Gutiérrez, está enorme en todas las facetas (pese a su estatura), algo que ya no sorprende a nadie a estas alturas (pese a su estatura) de su carrera. Sabe ser cabrón, cruel, cobarde, simpático, tierno, inteligente o agresivo según sea el momento, y en todas las facetas se crece (pese a…) y lo clava cual triple de los protagonistas. Protagonistas, por cierto, que no eran actores, sino auténticas personas con discapacidades intelectuales de algún tipo que hicieron un trabajo sorprendente y espléndido.

Solo es posible encontrar algunos diálogos como el de la primera sesión de entrenamiento en el universo particular de su director, Javier Fesser, hermano del periodista Guillermo, la mitad de Gomaespuma, otro de los pocos “lechones” existentes en este mundo capaces de entender este universo tan particular de diálogos surrealistas, tortazos de cómic, dientes sucios y gafas de culo de vaso. He visto prácticamente todo lo que ha hecho Javier Fesser (me falta Camino) y desde luego tiene en mí a uno de sus fieles seguidores, alguien que se ha visto incluso la recopilación de los cortos de Javi y Lucy y los anuncios de las Películas Pendelton, por supuesto Aquel ritmillo y El sedcleto de la tlompeta, sus versiones de Mortadelo y Filemón y una de las obras maestras del cine español: El milagro de P. Tinto, que consiguió el milagro de que viera a P. Tinto dos veces en menos de 24 horas en aquellos tiempos lejanos del videoclub. Para mí es una obra redonda, aunque será una castaña absurda para todo el que no entre, como decía, en ese universo tan particular.

Recomiendo Campeones, de la que no quiero contar mucho para no destriparla. Pasaréis un buen rato con una historia repleta de cariño hacia sus personajes. Y divertida, cercana, humana y que sabe mostrar las debilidades de todos los personajes, discapacitados y de los que antes de imbuirse en la historia se consideran a sí mismos “normales”.

Para aficionados al baloncesto y al cine, Campeones entra directa en el top-10 de películas del subgénero, que ni siquiera sé si llega a 10, pues se salvan muy pocas: Hoosiers, Entrenador Carter, Ganar de cualquier manera, One on One, Space Jam (sí, Space Jam, con Michael Jordan y Bugs Bunny, ¿quién quiere más?),… y en la que no entran Una tribu en la cancha, Los blancos no saben meterla, Teen Wolf o esa cosa llamada Air Bud y secuelas.

Barney, 30 de abril

No he visto la película, porque normalmente los deportes, salvo los no habituales para nuestros ojos, como el béisbol o el boxeo, no suelen quedar bien en pantalla. La chilena de Pelé en Evasión o victoria es lo más verosímil de una película en la que nos chirría tanto ver a Stallone de portero parando un penalti como a Michael Caine avanzando majestuoso con su tripita por el campo.

Según me cuenta Travis, en un momento de la película se recuerda de pasada uno de los momentos más bochornosos de la historia de nuestro deporte: la descalificación del equipo de baloncesto de discapacitados intelectuales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000. Los medios pasaron de refilón por el asunto, pero se trata de una de esas manchas que nos deberían avergonzar durante años y años. Nosotros, que hemos disfrutado tanto con algunas victorias de los nuestros y entonamos orgullosos el “¡¡yo soy español, español, español!!”, deberíamos de sentir ganas de no aparecer en estos eventos si no es para lamentar en público los comportamientos antideportivos alentados por algunos de nuestros dirigentes. 

Para el que no sepa la historia, lo que ocurrió fue que España presentó una selección en la que solo dos de los doce jugadores del equipo tenían una discapacidad intelectual. Y ganaron el oro, cómo no. De verdad que como amante del deporte no puedo entender qué coño pasaba por la cabeza de estos tipos que se prestaron al engaño.

Supongo que la pasta que ingresaba la Federación por la medalla de oro tuvo mucho que ver en el asunto (140.000 euros), pero es que algunos de nuestros dirigentes resultan repugnantes por su apego al puesto, equiparable a su desapego al deporte, y por los tejemanejes económicos (por ejemplo, José Luis Sáez en el baloncesto, Escañuela en el tenis, y cómo no, el instaurador del Villarato en el fútbol).

Recuerdo lo lamentable que me pareció en su día el que tuvo la idea de “españolizar” al esquiador alemán Johann Muehlegg, porque en ningún otro país se atrevían a contar con su médico y sus métodos. “Juanito” le llamaban cuando ganó las tres medallas de oro en Salt Lake City en 2002, y volvió a ser el alemán Johann en cuanto se destapó el pastel.

Un episodio tan penoso como el de los que trataron de ocultar y destruir pruebas de la Operación Puerto, que en un principio intentaron que fuera archivada y cuyas primeras sanciones tuvieron que llegar del extranjero (Valverde, Ullrich, Iván Basso). También se trató de ayudar a los implicados en la Operación Galgo, con nuestra (ex) mejor atleta de la historia Marta Domínguez, a la cabeza porque, supongo que pensarían, ¿cómo nos íbamos a quedar sin nuestra mejor atleta y sin la pasta que arrastraba?

Celebro que Campeones esté teniendo un éxito sin duda merecido, porque nos devuelve a la esencia del deporte: el afán de superación y de mejorar día a día a base de esfuerzo y trabajo.

Lester, 22 de abril

Fui a ver Campeones en cuanto pude, pocos días después del estreno y además con mujer, hijos, sobrinos, cuñaos, a los que “forcé” a que me acompañaran porque supe que nos iba a tocar de un modo muy personal. Como los lectores habituales de este blog sabrán, el verano pasado la familia al completo tuvimos una experiencia muy intensa en el voluntariado que realizamos en el Hogar Teresa de los Andes de Bolivia, en un centro de acogida para chicos con habilidades especiales.

Trabajamos echando un cable con todas las necesidades del centro, que eran infinitas, promovimos y logramos la reforma del Pabellón Azul y sobre todo disfrutamos entrenando a los chicos para las Olimpiadas especiales que se celebraron en los últimos días de agosto.

Al ver la película de Javier Fesser, recordamos a algunos de estos chicos que dejamos en la otra punta del mundo y revivimos momentos inolvidables, situaciones únicas que me gustaría compartir:

Pasamos por muchas fases similares a las de Javier Gutiérrez en la película: el miedo y rechazo inicial, más motivado por el desconocimiento que otra cosa, la satisfacción de los primeros logros, la entrega absoluta de todos nosotros y el enorme orgullo al contemplar el resultado final. Todos eran vencedores, todos resultaron ser unos campeones incomparables.

Josean, 30 de abril

Reconozco que no he ido a ver la película de Javier Fesser porque el cine que me gusta está poblado de villanos, especialmente en el mundo de las finanzas: lobos de Wall Street, defraudadores como los de La gran apuesta o Gold, especuladores tipo Margin Call o Inside job, y tipejos sin escrúpulos como los de Enron o Entre pillos anda el juego. Campeones huele a buenos sentimientos, a solidaridad, compañerismo y entrega desinteresada, y, francamente, huyo de ese tipo de argumentos porque suelen caer en lo autocomplaciente, en lo que nos haga sentir bien. Y yo estoy rodeado en muchas ocasiones de villanos, así que a la hora de ir al cine prefiero integrarme en su mundo y conocerlos.

Para mí lo interesante de Campeones está en que su producción fue financiada por Triodos Bank, la llamada banca ética especializada en financiar proyectos sostenibles o con unos marcados objetivos sociales o medioambientales. Ya que en este blog he criticado tantas veces el papel de la banca durante la crisis, vamos a hablar bien del gremio por una vez (y casi seguro, sin que sirva de precedente).

La idea de este banco nació en los Países Bajos en 1980 y lleva funcionando en España unos quince años. No cotizan en Bolsa, tienen objetivos sociales, medioambientales o culturales claramente definidos y no invierten en proyectos que no se adecúen a los mismos. Pese a sus limitaciones en la captación de fondos y en el tipo de proyectos que financian, son competitivos en precios, aunque no puedan acometer proyectos de gran volumen y riesgos de nivel medio-alto. La oleada de indignación ciudadana que siguió a la crisis financiera ayudó a que sus clientes se multiplicaran por seis en el período 2010-2015.

Aunque solo he trabajado con ellos una vez la verdad es que me pareció una experiencia interesante. Al análisis financiero del proyecto se unía una auditoría medioambiental, pues en nuestro caso se trataba de financiar unos vehículos eléctricos y tuvimos que justificar los resultados del proyecto.

“Triodos Bank desempeña un papel fundamental en la producción cinematográfica en España. Es una de las entidades que ha financiado más producciones pequeñas y medianas incluso en los momentos más duros, cuando nadie daba un préstamo”, declara Ignasi Estapé, uno de los socios de la productora Arcadia Motion Pictures. “El cine es uno de los mejores medios para transmitir mensajes sociales, ya que permite vivir la realidad que se quiere mostrar”. Gracias al apoyo de Triodos, la productora pudo sacar adelante en 2014 el documental El hombre que empezó a correr, cuyo objetivo era concienciar y procurar la financiación de unos pozos de agua potable para 125 familias en Muketori (Etiopía).

La Federación Madrileña de Deportistas con Discapacidad Intelectual (FEMADDI) celebra el éxito de la película de Javier Fesser por lo que supone de sensibilización hacia el colectivo, formado por unas 60.000 personas, que sufren cierta desatención por parte de las instituciones. Para FEMADDI, Campeones servirá de “carta de presentación cuando tengamos que acercarnos a las instituciones y a las empresas en busca de apoyos para organizar una competición larga, un torneo de fin de semana o para patrocinar a un equipo. Necesitamos empresas colaboradoras. Además, hay incentivos fiscales que les benefician de manera sustancial”.

Por muchas razones, amigos lectores, y sea cual sea la vuestra, id a ver Campeones.

 

¡¡¡Llull, Llull, Llull, Llull!!!

Llull 1

Barney, 26/04/2018

El retorno del guerrero Sergio Llull a las canchas de juego no fue como esperábamos. Fue peor, y a la vez fue infinitamente mejor. Estoy seguro de que ni siquiera él mismo lo había imaginado de ese modo. Pese a que el miércoles había partido de semifinales de Champions en Múnich, mi prioridad en esos momentos estaba en el baloncesto y en contemplar in situ el regreso de este menorquín que tantas veces nos ha levantado de los asientos.

Mi hijo y yo teníamos claro que no queríamos perdernos ni el calentamiento del 23, ni mucho menos la presentación del jugador por megafonía, con el Palacio en penumbra apenas iluminado por bengalas y luces de diseño. La expectación era máxima y el ambiente en las gradas crecía en intensidad aumentado por el speaker y el movimiento acompasado de esas manos gigantes que nos dieron a los espectadores con la leyenda “Vuelve Llull” y la cara del jugador con el grito característico de rabia que suele acompañar sus mayores proezas.

Sergio Llull se lesionó el 9 de agosto de 2017 durante un partido de preparación con la selección española. Rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Seis, siete, ocho, nueve meses de baja, quién sabe. La temporada casi completa. En aquel momento hablé con amigos aficionados al baloncesto, con mi hijo, que sabe de la NBA más que la mayoría de periodistas deportivos, y a todos les transmití el mensaje que publiqué en Twitter: “Mucho ánimo. Llegarás a tiempo de darnos la Liga”. En enero subí mi apuesta: “¡Y también la Euroliga!”

Llull4

A este estado de ánimo y euforia no contenida ayudó el seguimiento que muchos fuimos haciendo de la evolución de la recuperación de la lesión que Sergio Llull publicaba periódicamente en redes sociales en forma de pequeños vídeos. Sudor, esfuerzo, sacrificio, concentración,… Rocky Balboa pensando en Apollo Creed. Los dientes apretados, la seguridad en la mirada, el pelo empapado en sudor,… la imagen de un tipo que iba a triunfar en su empeño.

Creo que éramos muchos los que anhelábamos el regreso del bueno de Sergio y los que deseábamos que desde el primer minuto todo le fuera de cara. Que anotara su primer tiro, un triplón cayéndose a un lado, que robara un balón, que hiciera uno de los espectaculares mates made in “El increíble Llull”,… nada de eso sucedió. Creo que la ansiedad por lograr esa primera canasta, acrecentada por el aliento de todos los que estábamos en la grada, le hizo tomar varias malas decisiones que le llevaron a marrar sus primeros tiros. Nada de eso nos desanimó, y mucho menos iba a hacerlo con él, el tipo de los huevos de hormigón armado que agradecía al público cada muestra de cariño. Menudo ambiente vivimos, enormes como siempre los Berserkers.

En el descanso me encontré en las gradas con Fer, un amigo de la infancia famoso en el colegio por su tiro lateral de tres y cuatro metros, y hablamos del ansiado “momento Llull” que tanto esperábamos. “Tiene que llegar”, asentimos.

Los equipos griegos son muy perros, admirables, pero muy perros. O el símil debería de ser más bien con los gatos, por la cantidad de vidas que tienen. El Madrid amenazó con romper el partido varias veces, ocho puntos, remontaban los griegos, siete puntos, volvían a igualar, trece de ventaja al inicio del tercer cuarto, y en un suspiro estábamos de nuevo empatados. ¿Quieres huir del estrés del trabajo? No vengas al baloncesto salvo que estés buscando una terapia de choque.

Todo quedaba por decidir al inicio del último cuarto y Pablo Laso se la jugó con Llull en cancha, pese a que no estaba fino. Hasta cinco triples llegó a fallar “el aeroplano de Mahón” y un tiro de dos, sin estrenar su casillero, lo que le ponía en un desolador 0 de 6 en tiros de campo que no era el re-debut soñado por todos nosotros. En un día en el que el Madrid se jugaba tanto, la apuesta de Laso era cuando menos arriesgada. Pero “el momento Llull” llegó cuando quedaban poco más de cinco minutos y el marcador señalaba una ventaja mínima de los nuestros, 62-61. Sergio pidió el balón y se fue directo a canasta pese a la defensa de Rivers y la ayuda de Gist. La dejó en lo más alto del tablero y el balón cayó suavemente dentro. El griterío fue ensordecedor. A la importancia de la canasta se unió la satisfacción de ver cumplido el retorno del infatigable Llull. 

Pero ahí no terminó la cosa. Como los griegos siguieron peleando de modo encomiable hasta el final, con 64-63 y a falta de menos de cuatro minutos, Llull se jugó dos triples demenciales para cualquiera, no digamos para alguien con el escaso acierto que llevaba el menorquín hasta el momento. ¡Chof, chof! El silencio del balón en el aire reventó con la locura que estalló en el pabellón, ¿pero qué has hecho, Sergio? Los pelos como escarpias, ¡vaya momentazo! Y Llull gritando de nuevo en el centro de la cancha, como en los mejores tiempos. Un grito contagioso, un aullido que te anima a unirte a la locura.

Sergio Llull tiene el gen madridista al que ya me he referido aquí en varias ocasiones, el de Petrovic, Sabonis, Fernando Martín o el Chapu, el mismo que mostró Felipe Reyes en el segundo partido de la serie en Atenas, cuando más complicado parecía todo. Es ese gen que lleva a un tío de 37 años que lo ha ganado todo a dejar en pañales a los pívots rivales o a sus propios compañeros, como ese Eddy Tavares que es más alto, más joven y más fuerte, pero que carece del tesón y la fuerza mental del capitán o de Llull.

Los dos triples pusieron el 70-63 en el marcador, pero un minuto después los griegos volvieron a demostrar lo que decía acerca de sus mil vidas y empataron el partido (tremendos Calathes y Mike James). Pero no podíamos perder en un día así y un triple final de Carroll (tras asistencia de Llull) nos dio la tranquilidad que nuestros corazones demandaban.

Ha vuelto Llull, el marciano capaz de cascar 5 triples sin fallo en un cuarto de la final de Liga al Barça, el mismo que le anota tres triples en el último segundo de tres cuartos a los Oklahoma City Thunder o hace un mate con la zurda entrando en la zona rival como un obús. Si alguno tiene dudas de las razones de nuestra admiración por este jugador, le dejo este vídeo. Aquí está la canasta ganadora de la Copa del Rey contra el Barça, la del Fuenla, Baskonia, y por supuesto, la de Valencia, la que mejor define el espíritu competitivo de este crack al que no le va a frenar ni siquiera una canasta rival a falta de un segundo:

Ha vuelto Llull. La temporada pasada llegó fundido a la final de la Liga y a la Final Four. Se nos ha escapado la Copa del Rey por muy poco (y algún palo que otro). Este año está fresco y con los colmillos afilados. La mejor noticia posible cuando queda lo más importante de la temporada.

P.D.: ah, sí, el Madrid de fútbol ganó 1-2 en Múnich, pero eso empieza a pertenecer a lo rutinario.

El Mapoma, mi Mapoma, por Lester

El Maratón Popular de Madrid, el célebre Mapoma, celebra su 41ª edición este domingo, 22 de abril de 2018. El Mapoma es para mí como una antigua novia a la que le dediqué mucho tiempo e ingentes esfuerzos, a la que le tengo un enorme cariño pese a lo mucho que me hizo sufrir, y a la que vuelvo cada cierto tiempo porque los buenos recuerdos, como en el amor o las relaciones de pareja, superan con creces el dolor.

Este año ha cambiado su recorrido y Sigue leyendo

¿Y qué más da si fue penalti o no?

Barney, viernes 13 de abril de 2018

No tenía ninguna intención de hablar de la jugada de marras, porque el tema cansa, pero ha sido tal el cúmulo de reacciones encendidas vía puto guasap y las peticiones al respecto, cuando no exigencias (“escribe algo, Barney, que solo hablas de los árbitros cuando ayudan al Barça”), que no me habéis dejado más remedio.

Y en el fondo pregunto: ¿qué más da si fue penalti o no? Porque podría serlo, como podría no haberlo sido, o la jugada podría haber acabado con un remate franco de Lucas Vázquez y el consiguiente gol, pero entonces no tengo ninguna duda de que la cantinela sería otra:

  • ¿Hay falta de Cristiano Ronaldo en el salto de cabeza?
  • ¿Por qué el árbitro dio 3 minutos de descuento si no se habían producido los 6 cambios?

Porque el antimadridismo (normal la respuesta culé, sorprendente la reacción de los atléticos), que ya tenía los memes preparados para reírse del Madrid si nos hubieran eliminado y les pilló con el paso cambiado, en el fondo estaba esperando y deseando esto, una decisión controvertida que pudieran poner en tela de juicio para vomitar su discurso victimista de siempre, así que da igual si fue penalti o no, porque están encantados por haber encontrado la oportunidad para tapar la derrota del Barça ante la Roma, la eliminación del Atleti en el grupo del Qarabag, para vociferar y soltar sus proclamas. Anhelaban esa oportunidad que no encontraron en la final de Cardiff en la que, al no haber ni una sola jugada comprometedora, se limitaron a desprestigiar de modo absurdo y ridículo a la Juventus que solo dos meses antes había dejado a cero al todopoderosísimo Fútbol Club Barcelona durante 180 minutos de eliminatoria.

Ni siquiera quiero entrar a discutir la jugada entre Lucas y Benatia, el real o supuesto empujón por detrás a un jugador libre con todo a favor para rematar con el portero fuera de su sitio. Es penalti en opinión del Marca, de Alfredo Relaño, L’Equipe, Lineker, Del Piero, Abidal, Sonny Anderson, Pedrerol, el setenta por ciento de votantes de la encuesta de La Gazzetta dello Sport, o el sorprendente esta vez Hristo Stoichkov. No lo es para Iturralde y Andújar (lo habitual en estos dos ex árbitros que miran el color de la camiseta antes de emitir sus opiniones), GolTV, Juanma Castaño, Manolo Lama, Cristóbal Soria y el pseudodiario Sport. También era penalti para el redactor Manuel Bruña del Mundo Deportivo… a las 23,04 horas. Dos horas después ya era “un penalti más que polémico” en lo que debe interpretarse como un ataque bochornoso a la libertad de expresión que debería hacer que más de un medio se replanteara este modo de hacer “periogolfismo”.

Para este humilde bloguero forofo no fue penalti, claro que no. El hecho de que Lucas Vázquez con los dos pies quietos sobre la línea del área pequeña y todo a favor se encuentre una décima de segundo después desplazado casi dos metros se debe a la típica posesión diabólica que sufren todos los madridistas del mundo mundial en el área, esa que les lleva a tener convulsiones similares a las de Linda Blair en su cama de El exorcista. Es el Diablo el que se apodera del cuerpo de Lucas porque como saben “todos” los aficionados del mundo no hay jugador madridista que no esté poseído por el mismo demonio de la chulería, el egocentrismo, la falta de deportividad y la marrullería.

En cualquier caso seamos serios, que es lo que no están siendo muchos que se hacen llamar periodistas. Sea penalti o no, es una de las dos jugadas polémicas de todo el partido, y la otra, el gol anulado a  Isco, del que apenas se habla, se pudo acreditar 24 horas después trazando las líneas y tirando los puntos de fuga que estuvo mal anulado.

Chiringuito

Da lo miiiiiismo, la jugada del penalti dio pie para que algunos titularan en letras enormes “El robo del siglo”. Curiosamente los mismos que un año atrás titularon “Sois leyenda” un partido con una decena de decisiones equivocadas resueltas todas hacia el mismo bando (la célebre Robontada que solo fui capaz de describir dando tres vueltas al calibrador de sarcasmo).

La decisión del árbitro inglés Michael Oliver ha servido también para que Juanma Castaño (Cope) se retrate de tal modo que ha logrado lo que nadie había conseguido antes: que algunos jugadores se rebelen y digan “basta ya”, como han hecho hoy Isco y Carvajal comparando sus comentarios tras el partido del miércoles con la Juve con los del vergonzoso Aytekinazo de hace un año, hartos del doble rasero de la prensa.

Así que en el fondo, insisto en que da lo mismo si era penalti o no porque los antis iban a soltar su bilis (el síndrome del vecino del tercero de los atléticos ha sido terrible) y hablar de atracos y ayudas aunque Benatia hubiera sacado una navaja y le hubiera metido diecisiete puñaladas por la espalda a Lucas. Puedo hasta imaginármelos porque los he visto comportarse en otras ocasiones:

“No lo veo claro, se aprecia cómo la espalda de Lucas busca desesperadamente la hoja de la navaja del defensor, y no una, sino hasta diecisiete veces, por más que Benatia la intente apartar hacia atrás a la defensiva, es más, si lo miras con atención, habría que ver si la acción de Lucas no es merecedora de amarilla por sobreactuación o por el intento de engañar al colegiado”.

Escuché a Buffon nada más acabar el partido, y con toda su indignación de veterano no discutía si era penalti o no, sino que merecían llegar a la prórroga y que el árbitro tenía que haber tenido corazón en lugar de un cubo de basura, y por tanto no haberlo pitado. Lo más que llegó a decir fue “una décima parte de penalti”, como si no supiéramos que un penalti lo es o no lo es, como un asesinato o un embarazo. No puedes matar un poco a una persona, como no puede una mujer estar un diez por ciento embarazada. O sí o no, pero no un poquito.

Discutía sobre todo el momento en que se pitó, sumándose al club de Valdano y el famoso “es demasiado pronto para pitar penalti en un Clásico”, quizás pidiendo que el reglamento los prohíba al inicio o en el descuento, o que el árbitro piense en la veteranía del portero o la emoción del momento antes de señalarlo o no. Quizás Buffon haya olvidado ya lo que un país entero como Australia pudo sentir en el Mundial de 2006 cuando el colegiado señaló este cinco por ciento de penalti en el minuto 93 en su partido frente a… ¡coño, Italia, con Buffon bajo palos!

Pues sí, duele perder de penalti en el descuento, como ha dicho Valverde hoy mismo, es para estar enfadado. Igual que es una satisfacción ganar así, como bien saben tanto el entrenador como los jugadores del Barça, que ganaron en Mestalla de ese modo la temporada pasada, en el día de la botella bomba que pudo causar la muerte de seis jugadores azulgrana en aquella mezcla de tragedia griega y ópera bufa que supuso la sublimación de las artes escénicas culés. Pero era penalti y se pitó, como debe hacer un árbitro sea el minuto que sea. Y se llame como se llame el jugador que los cometa, ya sea Benatia, Umtiti o Mascherano, habituados a que en La Liga los empujones por detrás queden sin sanción en esa particular interpretación del Reglamento que vivimos en tiempos del Villarato.

Para dos cosas ha servido el penalti señalado en el minuto 93 del Madrid-Juve:

  1. Para que algunos periodistas que van de imparciales se quiten la careta definitivamente, o queden desenmascarados por aficionados o jugadores.
  2. Para demostrar que el VAR no va a funcionar, va a ser un completo desastre. Llevamos dos días completos con cientos de imágenes y las posiciones cada vez son más radicales: no hay acuerdo posible sobre la jugada porque las bufandas vencen siempre al análisis racional. Los veinte clubes de la Premier han votado hoy en contra de su implantación. Para cuando funcione en España, el Barça nos llevará varios cuerpos de ventaja, pues ya se han colocado al frente del invento Sánchez Arminio, López Nieto, Puentes Leira y el ínclito Roures.

Y no fue penalti, joder, Lucas tropieza con el bajorrelieve de la línea del área mientras el bueno de Benatia intenta sostenerle con el muslo a la altura del pecho para que no se estampe de morros, que a veces parece que no entendéis de fútbol, hombre. El poder mediático del enemigo es muy grande, sobre todo en España, pero espero que la imagen que quede de esta eliminatoria sea esta: