Juegos de Río 2016 (y III): un resumen a mi manera (Barney)

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Acaban los Juegos Olímpicos, comienza la Liga de fútbol. Todo el mismo fin de semana, como si esos superatletas ejemplares cedieran el testigo a esos otros no tan ejemplares.

Con la clausura de los Juegos, nos dejan esos gimnastas, nadadores, luchadores y atletas en genera que se han pasado cuatro años preparándose para su gran cita, para pruebas complicadísimas que en muchos casos duran menos de un minuto, y en su lugar pasan a ocupar nuestro espacio de información deportiva esos futbolistas de los que en muchos casos se habla más por sus líos extradeportivos, fiscales, galas horteras como la del Balón de Oro, o por lo más imperdonable que le puede ocurrir a un deportista: estar fuera de forma.

JJOO36La última jornada de los Juegos vivimos entre otras cosas la magnífica medalla del equipo español de gimnasia rítmica. Aunque yo no sea muy aficionado a los deportes con jueces y jurado de por medio (la natación sincronizada ha quedado finalmente como se preveía, cero sorpresas como siempre), reconozco que lo de estas jóvenes gimnastas es impresionante por su precisión y por su coordinación. Se trataba de un ejercicio 4.000 veces repetido, ensayado 90 veces a la semana durante el último año. Esa perfección apenas ocupó medio minuto de las noticias, pero luego te llega un futbolista que centra mal uno de cada cuatro saques de esquina y recibe el triple de atención. Cada semana.

Pero es que el fútbol lo invade todo y algunos han querido meter su zarpa en los Juegos, y por supuesto este hecho va a influir en este resumen. Estoy abandonando el espíritu de concordia olímpico para enfangarme de nuevo en la batalla de la Liga. El Barça nos regaló su penúltima dosis de humor el mismo día de la clausura de los Juegos:

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¿8 medallas de color azulgrana? Espera, que todavía no me he recuperado del ataque de risa, “¿que han proyectado el club al mundo?” Supongo que entre esos ocho estará Neymar, el artista del balón hijo del multiplicador de contratos paralelos, el mismo Neymar que montó líos antes de los Juegos, durante, como esa fiesta repleta de prostitutas para celebrar el empate con Sudáfrica o con Irán (ni lo recuerdo, ni me interesa), y justo al acabar la final, como en esa pelea barriobajera con un aficionado.

JJOO342016 Rio Olympics - Soccer - Final - Men's Football Tournament Gold Medal Match Brazil vs Germany - Maracana - Rio de Janeiro, Brazil - 20/08/2016. Robert Bauer (GER) of Germany reacts at the end of the gold medal match. REUTERS/Marcos Brindicci FOR EDITORIAL USE ONLY. NOT FOR SALE FOR MARKETING OR ADVERTISING CAMPAIGNS.

Yo, que no sigo el fútbol de los Juegos, reconozco que vi en directo la tanda de penaltis de la final y me cabreé conmigo mismo por desear tan fervientemente que Neymar fallara el último y decisivo. Más aún después de ver su show previo al lanzamiento y por supuesto más aún al ver la parafernalia posterior que organizó. Como el fútbol lo invade todo, incluso los Juegos, me quedo con la imagen del alemán Bauer recordando ciertas semis recientes a la grada de Maracaná. Repito lo que dije al principio de los Juegos: el fútbol sobra en este evento. Los Juegos son para todas esas especialidades que reciben menos atención durante el año (con la excepción de baloncesto y tenis).

JJOO38En tenis tuvimos varias buenas noticias, como el oro de Marc López y Rafa Nadal en dobles, la competitividad que mostró de nuevo Nadal (por cierto, para los señores del Barça, un madridista que “proyecta el club al mundo”), la vuelta de Del Potro (de los poquísimos que pueden echar a Nole a raquetazos de una pista) y por supuesto, que Djokovic no ganara el único trofeo que le falta (ya ha conseguido Roland Garros y la Copa Davis, que deje algo para los demás). JJOO39

En baloncesto tuvimos plata en categoría femenina y un sufridísimo bronce en la masculina. Me he aficionado al baloncesto femenino durante los Juegos, al menos a los partidos de España y alguno de Estados Unidos. He podido comprobar que al no ser un deporte tan físico como el masculino, al no jugar por encima del aro ni meter tantos kilos en la pintura, las chicas juegan de un modo mucho más técnico, con muy buenos fundamentos individuales y de equipo. Hacía tiempo que no veía tantos bloqueos ciegos, puertas atrás y jugadas de pick and roll como en los partidos femeninos. Es muy entretenido, pero creo que tras los Juegos termina mi “romance”. No es lo mismo un España-USA en la final de los Juegos que un Perfumerías Avenida-Embutidos Pajariel, con todos mis respetos (para el que no lo sepa, son dos equipos reales, no inventados).

Supongo que Pau Gasol no es uno de los ocho medallistas que se apunta el Barça en sus cuentas, porque lleva 16 años fuera del club, pero todo es posible, como considerar canterano a todo el que visita La Masía. Cómo vamos a echar de menos a Gasol el día que se retire. Tocado del gemelo, visiblemente agotado a sus 36 tacos y dando una lección en cada partido, especialmente en los clave: 23 puntos contra Estados Unidos y 31 contra Australia. Su hermano Marc es un pedazo de jugador, pero la falta lo fundamental: el carácter de Pau. Por cierto, en este equipazo de bronce estaban los madridistas Sergio Rodríguez, Felipe Reyes, Sergio Llull, Rudy Fernández y Willy Hernangómez “proyectando el club al mundo” y esas chorradas.

JJOO40Los Juegos de Río 2016 traerán la despedida de dos de los más grandes: posiblemente, el mejor nadador, Michael Phelps, y el mejor velocista de todos los tiempos, Usain Bolt. El tiburón de Baltimore se retira con 23 medallas de oro, las mismas que ha conseguido en toda su historia un país como Jamaica. O una más que Etiopía. Casi nada.

JJOO41Usain Bolt ha dominado los 100, 200 y con sus compañeros el relevo 4 x 100 durante tres Juegos consecutivos. Y encima con una sonrisa, con alegría y algo de cachondeo sano. Por cierto, Usain Bolt es un confesado admirador del Madrid que gusta de “proyectar el club al mundo”.

Al igual que en Londres 2012, la representación española se retira con mayor número de medallas para las mujeres que para los hombres. Bravo por ellas, que además suelen recibir mucha menor atención de los medios. Bravo por Mireia Belmonte, Maialen Chourraut y especialmente por su constancia a Ruth Beitia. Yo siempre he sido seguidor de Blanka Vlasic (menudo bailecito se marcó tras lograr el bronce), pero me alegro por la cántabra, que ha aguantado al máximo nivel hasta los 37 años.

Un bravo enorme a Carolina Marín por ser la mejor en lo suyo, el bádminton, un deporte al que apenas se juega en España y en Europa. Era la favorita y ha cumplido, no como otros deportistas que no quiero mencionar, cuyas excusas me han recordado a las de los futbolistas: “es que hacía mucho calor”, “es que la humedad”,… ¡Joder, que desde hace siete años sabías que se iba a celebrar en Río de Janeiro!

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Enhorabuena a los piragüistas Saúl Craviotto, Cristian Toro y Marcus Cooper, a los taekwondistas Eva Calvo y Joel González, y por supuesto a la inmensa Lydia Valentín, la haltera cuyo caso es único en la historia del olimpismo, pues ha ganado medallas en tres Juegos distintos en apenas un mes: le acaban de confirmar la plata ¡de Pekín 2008!, que se suma al oro reciente de Londres 2012 y a su bronce en Río 2016.

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Me encantó ver la plata de Orlando Ortega en los 110 metros vallas, pero no lo incluyo en el lote de los anteriores, porque con los atletas nacionalizados tengo ciertas reservas. Le doy la enhorabuena como deportista, pero es una medalla más cubana que nacional. Igual que Niurka Montalvo en su día. O el alemán Johann Muehlegg, “Juanito” para algunos antes de que se destapara el dopaje. Cristian Toro, venezolano hijo de españoles, está en la frontera (algún diario venezolano se apuntó la medalla). No es igual el caso de Marcus Cooper Walz, criado en Mallorca desde pequeño, al estilo de otro de los grandes de los Juegos: Mo Farah, somalí criado en Reino Unido.

Como ya ha arrancado la temporada de fútbol, han comenzado las gilipolleces de Piqué. Dejo para él la celebración del último medallista, el enorme Carlos Coloma en mountain bike. Para ti, Piqué, pasecito torero y…

Acabaron los Juegos. Empieza la Liga. Vuelve el hooligan.

      

 

 

Juegos de Río 2016 (II): nostalgia de México 68 (Barney)

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¿Se puede sentir nostalgia de un tiempo que no has vivido? ¿Se pueden añorar unos momentos épicos que no presenciaste en directo? Pues en mi caso, sí, y si ese sentimiento no es la nostalgia, haría falta un verdadero experto (como decía Woody Allen respecto al dinero y la felicidad) para encontrar la diferencia.

Mi llegada al mundo se produjo en el ciclo olímpico entre México 68 y Múnich 72, así que no vi ni viví uno solo de los minutos de aquellos Juegos que dejaron imágenes imborrables Seguir leyendo

Blog, Año 3

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Lo siento, amigos lectores: hemos renovado. Si este blog dependiera de un jefe o de un experto independiente que decidiera desde fuera, seguramente nos habrían liquidado la página, pero como el único requisito es que los cuatro amiguetes sigan teniendo ganas de tomarse unas jarras de cerveza y contarnos sus cosas (y pagar la cuota anual, claro), el blog va a continuar un tiempo más.

Leí hace tiempo que el 99 por ciento de los blogs suelen morir antes de llegar al año de vida, por diversas razones: falta de motivación del autor, falta de seguidores, estancamiento,… Así que en ese sentido, puesto que vamos a por el tercer año de vida, podemos decir que estamos de enhorabuena. Falta de motivación no hay, desde luego. Josean no se ha cargado a Rajoy, ni Barney a Florentino, Travis no ha colocado uno de sus guiones, y yo, Lester, sigo sin acabar (ni empezar) mi gran novela, la que me catapultará al low-ten de los worst sellers. Pero seguimos disfrutando como el primer día.

Seguidores tampoco faltan, aunque son impredecibles y nunca se sabe qué va a gustar más o qué va a espantar al lector. Este blog tuvo unas 13.500 visitas en su primer año de vida, en el que se publicaron ni más ni menos que 114 posts. Algunos colegas me llegaron a decir: “¡escribís más rápido de lo que yo leo!”

blog2Este segundo año hemos publicado 65 entradas y el número de visitas ha superado las 19.400. Menor número no significa menos trabajo, ni mucho menos, porque algunos de los textos (y me consta) tienen varias horas de trabajo, estudio, análisis, redacción y revisión. Numerosas revisiones para intentar no caer en los errores en los que tan comúnmente caen algunos medios.

Otros colegas nos dijeron: “algunos textos son muy largos”. Pues nada, amiguete, como dijimos el primer día, en la Declaración de intenciones, será que lo tuyo es el Twitter. No pasa nada, seguimos siendo amigos.

Lo que no terminamos de entender, como supongo que no entiende nadie porque nadie tiene la llave del éxito, es qué funciona y qué no. Por qué dos de los textos más leídos de 2016 fueron escritos en años anteriores y se siguen leyendo, o por qué varios centenares de personas leen la primera parte de un texto, pero no la segunda. O a la inversa, que también ha ocurrido y parece más extraño aún. Será cosa de los algoritmos de internet, que no hay quien los entienda.

Para los recién llegados al blog, y como sé que a mucha gente le gustan los rankings, esta es la clasificación de lo más leído de la historia de este blog:

  1. En busca de la tranquilidad
  2. Everest
  3. Ni valors, ni valores
  4. Fair play financiero, ¿quién se lo cree?
  5. Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)
  6. Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)
  7. Chomsky, Timsit y la manipulación mediática
  8. A quién votamos (I)
  9. Que pierdan los dos
  10. No en el Bernabéu, not in my house!
  11. Torres más altas han caído
  12. Un equipo irreconocible
  13. La incompetencia de Competencia (1 de 2)
  14. ¡Enhorabuena, culés!
  15. Me cae bien Varoufakis
  16. Yo también fui Pilarista
  17. Iker no se merece este trato
  18. Carta de amor de un cinéfago desentrenado y desenfrenado
  19. Conversaciones imaginarias entre Mas y Pujol
  20. Esas comedias francesas

afición9Barney sigue dominando claramente con sus soflamas partidistas y tendenciosas, 10 textos entre los 20 más leídos, pero parece haber moderado su discurso. Quizás se deba a esa última Copa de Europa del equipo de fútbol (a añadir a la de la sección de baloncesto), la primera en la corta vida de este blog, en la que ni siquiera se cebó en exceso con nuestros amiguetes colegas conocidos del Atleti.

Cada día escribe más en contra del fútbol y a favor de otros deportes, como hizo recientemente al hablar de los Juegos Olímpicos o cagándose en el Balón de Oro. Después de cuarentaymuchos años podemos decir que “está madurando”.

everest1Travis se ha colado sorprendentemente en el número 2 de la clasificación con Everest, pero por el contrario sus escritos suelen ser los que menos visitas reciben en los últimos tiempos. Hay mucha competencia en el mundo de los blogs, los podcasts y los programas especializados, casi todos ellos realizados por gente muy buena. Y muy muy friki.

SW19 A mí personalmente me gusta más cuando en lugar de hablar de una peli concreta, coge un tema como las trampas de guion o los personajes gay (gais, según la RAE) ocultos en las películas. O esos recientes niños exterminables, que no solo existen en las películas, sino en la vida real. Y muchos, en las vacaciones los encuentras a patadas: en las playas, en los restaurantes, en la piscina de la urbanización, el hijo del jefe que está de paso por la oficina,…

Josean dijo en una de nuestras quedadas que quería sacar un libro de consultoría anti-consultores, ampliando esos “Grandes errores de las escuelas de negocios” de los que ya ha hablado aquí, pero que no veía claro el mercado porque estos artistas son mucho más sabios que él en el arte de vender humo. Sigue sin entender a los millones de personas que han votado al PP o al PSOE, y sus convicciones democráticas se resquebrajan a veces, sobre todo cuando ve la manipulación que rodea cualquier proceso electoral, pero… entiende que solo hay un sistema mejor: “que todos me elijan a mí como Presidente plenipotenciario, y a Barney como seleccionador nacional”. No caerá esa breva, amiguete.

Lester sacará antes o después su libro de relatos, como me propuso recientemente El Economista Salvaje, otro amiguete que se ha sumado recientemente a este apasionante mundo de los blogs. Solo os pido una cosa: 33.000 lectores es un número que está bien, pero os animo a que dejéis comentarios. Es muy importante para el que escribe saber la opinión del lector, y las opiniones críticas ayudan más a mejorar que los halagos. Pero somos humanos, y los elogios se agradecen.

Gracias por estar ahí, al otro lado. Un año más.

 

Juegos de Río 2016 (I): para esto quería una Smart TV (Barney)

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Más de diez mil atletas y en apenas dieciséis días se habrán acabado los Juegos. Visto y no visto. Al contrario que el fútbol, de cuyos partidos “clave” (y parece que todos lo son) se habla desde la semana anterior hasta la posterior, con los Juegos tienes que estar pendiente porque en apenas unas horas ves una medalla en natación, un ciclista que queda cuarto por un puñado de segundos, una gimnasta que cae de la barra y echa por tierra el trabajo de años de sacrificio, o te cabreas con la última decepción de uno de tus equipos.

Juegos de Río2Lo más divertido de los Juegos es la diversidad. Diversidad de países, de atletas y de deportes. Diversidad de estilos desde la ceremonia de inauguración, con una mezcla de culturas como pocas veces puedes ver. Desde el exitoso abanderado de Tonga, directamente extraído de una película de gladiadores hasta los “animosos” españoles (“animosos” para el comentarista, para mí que algunos llevan una copa de más), pasando por tribus africanas de todo tipo, cataríes con aspecto de jeques o jamaicanos fumetas.

Es lo que siempre me ha gustado, esa diversidad. Bueno, eso, y quedarme embobado contemplando deportes que apenas tienes oportunidad de ver en los cuatro años siguientes, absorbidos como estamos por el acaparador fútbol. Estos dieciséis días hacen que en mi caso adquiera el look Juegos Olímpicos, consistente en unas ojeras más pronunciadas cada jornada y una tripita cervecera con un pequeño hueco en la parte izquierda del abdomen sospechosamente parecido al mando a distancia.

Juegos de Río 3Si los Juegos se celebran en la otra parte del mundo, como Seúl, Pekín, Atlanta o ahora Río de Janeiro, el “esfuerzo” físico que me supone seguir los Juegos es mayor. Pero lo hago con gusto. Por culpa de, o más bien “gracias a” los Juegos, me he levantado a las cinco de la mañana para ver a Jesús Carballo conseguir una medalla (a cambio vimos su desgraciada caída de la barra fija), he dormido apenas cuatro horas antes de ir a trabajar por ver a Michael Johnson en directo reventando el récord de los 200 metros lisos, o me he levantado temprano para ver a Ben Johnson, a Rafa Nadal o a la selección de baloncesto. Reconozco que alguna vez he dicho en el trabajo que “me he quedado dormido” por no decir que me había quedado a ver el final de un partido o de una carrera de 400 metros lisos.

Después de años viendo “lo que echaban” este año estoy disfrutando de mi flamante Smart TV y la posibilidad que ofrece TVE de elegir entre 16 deportes diferentes. Se me saltaban las lágrimas, lo que siempre quise tener, el poder de decidir qué quiero ver en mis manos.

Juegos de Río 6Juegos de Río 5B

Hay deportes que solo se conciben en unos Juegos Olímpicos, que convierten a sus figuras en héroes por unos pocos días. De repente sabemos de su vida, sus sufrimientos, los obstáculos que han tenido que derribar,…  y luego desaparecen de los medios para no saber más. Los primeros días son sobre todo los de la natación y la gimnasia artística.

Juegos de Río 4La natación es soporífera, para qué vamos a engañarnos, y si la vemos es solo en unos Juegos y cuando participa uno de los nuestros (¡grande Mireia!) o porque tenemos un interés morboso en que pierda alguien. En mi caso, por ejemplo, celebraba las victorias del alemán Michael Gross sobre los americanos en Los Ángeles 1984, quería que se ahogaran todos los chinos en Pekín 2008, o animaba a los rivales de Michael Phelps para que no superara las siete medallas de oro de Mark Spitz. A día de hoy sigo sin entender cómo ganó a Milorad Cavic aquella carrera de los 100 metros mariposa en la que yo ya estaba celebrando (estúpidamente, lo sé) la derrota del gigante de Baltimore. En esta foto se ve muy bien, Phelps es el de la izquierda.

La gimnasia artística es espectacular, con esos cuerpos deformados a base de horas y horas de entrenamiento: tipos bajitos con espaldas y bíceps inmensos, niñas minúsculas que pesan poco más de 30 kilos y hacen dobles mortales con más facilidad que nosotros una voltereta. Me encanta ver estas competiciones cada cuatro años, pero tengo el mismo problema que con todos los deportes que dependen de un jurado: que desconfío. Los favoritos siempre reciben mejor trato que el resto de competidores. En la gimnasia artística es menos evidente, pero los saltos de trampolín, la chorrada esa de la doma de caballos (puto coñazo, con perdón), la gimnasia rítmica y sobre todo la natación sincronizada adolecen de ese problema. Recuerdo en los Juegos de Pekín 2008 o en unos Mundiales de Barcelona 2013. Las favoritas eran las rusas y luego las españolas y las chinas,  turnándose entre competición y competición, y exactamente del modo previsto iban cayendo las medallas, sin emoción alguna. Tenían que ganar las rusas y ganaban. Podía irse el jurado de copas, volver borrachos y otorgar las medallas en el orden previsto y a nadie le hubiera extrañado.

Los Juegos nos ofrecen también la posibilidad de ver “deportes que dan pereza” (título de un más que posible post):

   – El waterpolo, consistente en intentar marcar goles mientras un tío que te está metiendo un pie en el culo por debajo del bañador disimula que te hace aguadillas.

Juegos de Río 5   – El balonmano, en el que unos armarios de 2 x 2 intentan marcar goles mientras otros armarios de 2 x 2 les agarran, empujan, muerden y tiran al suelo con rabia. Cada vez que veo un partido de balonmano acabo con cansancio físico, no quiero ni pensar cómo se sentirán los jugadores, que, por cierto, juegan seis o siete partidos en diez días sin quejarse de los golpes ni del cansancio. Otra lección para los futbolistas.

   – El hockey hierba hace que me duelan los riñones solo de verlo.

   – La halterofilia: ¿alguien de verdad es seguidor de este deporte? ¿Alguien de verdad es capaz de tragarse una competición completa?

   – La vela: hace años dijo un medallista español (¿Luis Doreste?) que era una pena que no se televisaran en directo las regatas, o sea. Con todo el respeto, amigos regatistas, la vela pertenece a esa clase de deportes que solo son entretenidos para el que lo practica.

   – Los deportes de lucha: el judo, unos tíos o tías agarrándose el kimono. Aburrido, pero me tragué el combate por el bronce de María Bernabéu. El taekwondo, la grecorromana, en los próximos Juegos el kárate,… pesadotes, solo me interesan si hay representación española. El boxeo está fuera de lugar, su hábitat natural es el Caesar’s Palace o las películas de mafiosos. La esgrima,… la esgrima es Scaramouche, esto es solo para entendidos.

Luego hay muchos deportes que está muy bien ver cada cuatro años, en directo o en los resúmenes: el piragüismo, sobre todo el de aguas bravas (¡grande Maialen!), el ciclismo de pista, el de montaña y el de ruta, el triatlón, el tenis de mesa, el recién incorporado rugby (aunque esté descafeinado en su modalidad a 7), el bádminton,…

Tengo una discusión con mis amigos acerca del vóley playa. Yo siempre digo que el voleibol de pista, el tradicional, es infinitamente más entretenido, y ellos siempre me dicen: Juegos de Río 8

   – Ya, pero hay unas tías…

Hombre, hay millones de páginas para ver tías buenas con menos ropa aún, pero hablamos de deporte, y el vóley playa es muy aburrido, tremendamente repetitivo.

El tenis y el ba-lon-ces-to no cansan nunca. El golf sobra. Genial el análisis de Gerardo TC sobre los deportes de los Juegos:

“Personalmente yo dejaría la competición en 4 pruebas. Una de correr mucho. El que más corre, gana. Punto. Tome su medalla, señor que corre mucho. Otra de nadar. El que nade más rápido gana. Punto. Y como mucho un par de pruebas más con pelota por eso de hacer entretenida la cosa. Una de pelota con la mano (baloncesto) y otra de pelota con el pie (fútbol). Fin. The End, C’est fini”.

El atletismo es el deporte rey de los Juegos. Sin discusión. El que nos da los mejores momentos, los más recordados. Otro ejemplo para los futbolistas, dopaje al margen. Atletas que se pasan años preparándose para pruebas que duran segundos, que se la juegan sin margen de error, que nunca tienen 100 gramos de sobrepeso. Hablaré de ellos al acabar los Juegos.

Juegos de Río 7Curiosamente lo que menos me interesa de los Juegos es el deporte del que más suelo hablar, como todo hijo de vecino: el fútbol. Creo que nunca he visto un partido de fútbol en unos Juegos Olímpicos. Lo más que he llegado a ver ha sido media hora de las finales de Barcelona 1992 y Sidney 2000, en las que jugaba España. No he visto nada en los últimos 3 ó 4 Juegos. Es un deporte que sobra, que se juega con un formato extraño, con equipos de menores de 23 años y algunas estrellas. Al final resulta un torneo aburrido, soso, que no interesa lo más mínimo a los habituales seguidores.

Pero, ¿veis? Es hablar de fútbol y me sale el hooligan. Recuerdo lo que hoy sería impensable, un Camp Nou repleto de banderas de España en Barcelona 1992, y recuerdo también que uno de los campeones de aquel equipo fue un madridista de entonces, Luis Enrique, el cual dijo recientemente no recordar dónde estaba aquel año. También recuerdo que en la final perdida en 2000 contra Camerún el fallo decisivo en la tanda de penaltis fue… sí, de Amaya. De un jugador del Atleti. ¿A quién se le ocurre?

Veremos qué dan de sí estos Juegos de Río, los que pudieron ser de Madrid 2016. Se celebran en un Brasil azotado por la corrupción, con un presidente provisional, sin gobierno, pero la gente está feliz en las playas porque las mujeres son espectaculares. Qué distintos si hubieran sido aquí, ¿no?

Niños exterminables, por Travis

Niños exterminables 1 - Cuatro amiguetes

“¿Dónde habré puesto el Magnum 44?”, pronuncio mientras busco en algún cajón el revólver que no tengo. Esta frase me viene a la cabeza cada vez que veo en la tele al niño insoportable de Indiana Jones y el templo maldito (1984), el Tapón de las pelotas. Me volvió a pasar la semana pasada, una vez más, y con los años es peor. Este niñato me echa de la peli cada vez que aparece y eso que las tres primeras del gran Indy están entre mis favoritas de todos los tiempos del género de aventuras.

Haciendo una analogía con el nombre del personaje, este chico no es el tapón de la botella de gaseosa que cierra herméticamente el tarro de las esencias, sino el tapón saltarín/cabrón de la botella de champán que hace que el preciado elemento se derroche. Qué cargante resulta por momentos, sobre todo hacia el final, cuando se pone a dar pataditas, seguramente porque todo charlie sabe algo de kárate (otro topicazo peliculero), y derriba a tres tíos de un solo golpe con un palo, o cuando empieza con el “no mucho divertido, Indy” o el “tú hace trampas”.

Niños exterminables 4 - Cuatro amiguetesSi el Mola Ram le hubiera arrancado el corazón en algún momento, o si el maharajá le hubiera sajado el abdomen con la daga de Shiva, hubiéramos aplaudido a rabiar, y sería un momento mítico de la película, impactante. Los malos nos caerían bien, pasarían a ser de los nuestros, pero ya sabemos que no te puedes cargar a un niño en pantalla ni aunque lo merezca, como es este caso. La censura, la autocensura, el miedo al fracaso en taquilla o a la calificación de la película lo impiden. Chicho Ibáñez Serrador lo sabía bien y tituló su aterradora película ¿Quién puede matar a un niño? (1976), y mira que los niños de esa película tenían algo más que una patada en la boca.

El niño tiene que caer bien a la fuerza y el que diga lo contrario es un psicópata peligroso (apúntenme en la lista). Es como esos programas de nuevos talentos en los que aparecen artistas que llevan años ensayando su número (y algunos son fantásticos) junto a “niños con grasia”. Pues bien, para mi cabreo, los “niños con grasia” se suelen llevar los mayores aplausos y elogios, porque a ver quién tiene el valor de echar a un niño de seis años de un programa de estos.

Y yo detesto a Tapón, qué quieren que les diga, y a muchos niños que aparecen en películas. A Anne Paquin, cuando era una insoportable niña de 11 años le dieron un Óscar por interpretar… a una insoportable niña de 11 años en El piano (otro para la lista de Óscar que me tocan).

Niños exterminables 2 - Cuatro amiguetesEl tal Tapón, que responde al nombre de Ke Huy Quan, tuvo cierto éxito en aquella época y fue contratado al año siguiente para otra película mítica de los ochenta, Los goonies (1985). Yo nunca fui muy fan de esa película, me hubiera cargado a varios chavales de la pandilla, pero en lo que se refiere a Tapón no debí ser el único, porque buscando en su filmografía veo que apenas hizo nada después. ¡Bien, señores del casting, bien! Por fin han entendido que los niños que pudieron tener su gracia de críos son realmente insoportables del todo cuando crecen (Miley Cyrus, no va por ti, qué va). Lo último que se sabe de Tapón es que trabajó como coreógrafo en escenas de acción de los X-Men. Lobezno, es tu turno, remátalo por el bien de la Humanidad.

W WHEATON,PHOENIX,J O'CONNELL STAND BY ME COLUMBIA 01/05/1986 CTM41716No odio todo el género infantil, ni mucho menos, hay películas que me gustan. De esa época tan dada a la nostalgia es la estupenda Stand by me (1986), aquí titulada Cuenta conmigo, en la que repetía uno de los goonies, Corey Feldman, el zumbao de gafas. De esta peli solo me hubiera cargado a Jerry O’Connell, el gordito, porque reúne todos los tópicos cargantes sobre los niños y las películas. El resto del reparto está perfecto en su papel, con mención especial para el malogrado River Phoenix, cuyo personaje ya tenía ese aura trágico que le persiguió en su corta vida. El mismo River interpretó, y vuelvo al principio con esta coincidencia, al joven Indiana Jones en La última cruzada.

Niños exterminables 5 - Cuatro amiguetesSteven Spielberg, director de Indiana Jones y productor de Los goonies, es uno de esos creadores a los que no solo no les importa, sino que parecen anhelar trabajar con niños. Estuvo detrás de E.T. y… bueno, salvaré de la quema a Elliott por los pelos. El mundo sería mejor si se hubiera ido en la nave espacial, pero tampoco fue tan grave que se quedara. Me atrevo a salvar también de las balas a Drew Barrymore, porque bastante sufrió ya esa niña antes de los doce años como para ahondar su desgracia.

No pensé lo mismo tras ver El imperio del Sol, con la cargante voz de Christian Bale como púber insoportable, candidato directo a la categoría de “Niño exterminable”. Estando en un campo de prisioneros no hubiera sido necesario forzar demasiado el guion para buscar un motivo. Y reconozco que me equivoqué con él, porque Christian Bale ha tenido una madurez muy interesante, con papeles como el de Patrick Bateman (American Psycho), El maquinista, John Connor (Terminator Salvation) o el mejor Bruce Wayne que se recuerda (los Batman de Nolan).

Niños exterminables 6 - Cuatro amiguetesSpielberg vuelve a regalarnos otra niña exterminable en Mi amigo el gigante, una pena de película pues tenía numerosos ingredientes para resultar muy entretenida: basada en un cuento de Roald Dahl, con guion de Melissa Mathison (E.T.), banda sonora de John Williams, buenos efectos especiales como siempre con Spielberg,… Pero un tostón de peli, sin ritmo, sin gracia, sin interés,… y con una niña cargante, la tal Ruby Barnhill en el papel de Sofía. Recuerda a Matilda (otro cuento de Roald Dahl), pero como si le hubieran aplicado un sedante de caballo.

A mi modo de ver, creo que a muchos directores hay que explicarles que lo que hace cargante o salvable a un niño en una película no es la bondad o la maldad de su personaje, sino la finísima línea entre la gracia de un chaval talentoso y el supuesto (e infame) encanto de un chaval redicho, que además parece más maduro y sabio que cualquier adulto. Hay niños malos que me encantan, y niños “adorables” que me hacen buscar el Magnum.

Como hay tantos niños que aparecen en películas, y como tantos aficionados al cine son amantes de las listas, voy a concluir esta entrada con tres listas, clasificando a estos nobles e innobles infantes en función de las sensaciones que me producen (animo al lector a aportar nombres que seguro se me pasan en este repaso):

1. Niños que se salvan de la quema, la patada en la boca, el Magnum 44 y la daga de Shiva:

El Totó de Cinema Paradiso.

Los sufridores niños de Slumdog millionaire y los chicos de las favelas de Trash.

Niños exterminables 7 - Cuatro amiguetesLa Natalie Portman de León, el Profesional y Beautiful Girls. Gran adolescencia, juventud y madurez la suya. Encantadora en todos los sentidos.

El Haley Joel Osment de El sexto sentido y Forrest Gump. Y enamorado de Jenny, cómo no.

El Bola.

Los de El orfanato y Los otros.

El pequeño Nicolás, pero el de la comedia francesa, lógicamente, no el arribista que engañó a los tontos más tontos de este país.

Los niños de Pixar, en especial Andy, la niña de Toy Story 3, Los increíbles y la Riley de Inside Out. Niños exterminables 8 - Cuatro amiguetes

Y por supuesto, los de las películas de miedo: la niña de El exorcista, las gemelas de El resplandor, el psicópata de Toy Story, los niños de El pueblo de los malditos, de Poltergeist,…

Y Chencho, ¡Chenchoooo!

2. Niños que se quedan en la zona neutra, ni frío, ni calor. Por momentos los odio, pero luego ves lo mal que lo están pasando, te apiadas y hasta acabas cogiéndoles cariño. No mucho, como a una cobaya, más o menos:

El Giosué de La vida es bella.

Los niños de El niño con el pijama de rayas.

Hugo, el de La invención de Hugo. Niños exterminables 9 - Cuatro amiguetes

El Haley Joel Osment de Inteligencia Artificial (otra vez Spielberg).

La pequeña Miss Sunshine.

La Dorothy de El mago de Oz, aunque Judy Garland, con sus 17 tacos, no colaba como niña de 12. Asesinaría a su dobladora, eso sí.

3. Más niños claramente exterminables. Echan por tierra la teoría darwinista sobre la evolución de la especie:

Anakin Skywalker. De crío, de menos crío y de adolescente. Un sable láser a tiempo…

Niños exterminables 10B - Cuatro amiguetesNiños exterminables 10 - Cuatro amiguetesNiños exterminables 11 - Cuatro amiguetes

Solo en casa. Mención especial del Jurado. El director de esta película, Chris Columbus, guionista de Los Goonies por cierto, consiguió lanzar al estrellato a Macaulay “Mazo-en-la-jeta” Culkin, pero tiene el dudosísimo mérito de crear un personaje todavía más odioso: uno de los hermanos pequeños, el gafotas que se meaba encima, interpretado por Kieran Culkin. Sí, hermano del anterior. Vaya par. Niños exterminables 13 - Cuatro amiguetes

Este chico es un demonio, nunca un título estuvo mejor puesto.

Daniel el Travieso, (1993). Viendo al abominable Mason Gamble, y viendo que Walter Matthau no se lo cargaba, supe que estaba acabado como actor. Qué lástima, uno de los cabrones más simpáticos de todos los tiempos aguantando a este payaso al que le hubiera quitado los dientes con alicates. De uno en uno.

Niños exterminables 12 - Cuatro amiguetesAtreyu (Noah Hathaway) en La historia interminable. Y ya que estamos, eliminamos también a Bastian y a la Hija de la Luna.

El amigo pelirrojo del “crío” Tom Hanks en Big.

Los chicos de Zathura, Jumanji, Mary Poppins, y cómo no, nuestra aportación patria: Zipi y Zape, y los Parchís.

Niños exterminables 14 - Cuatro amiguetesCualquier papel de Freddie Highmore, ya sea en Charlie y la fábrica de chocolate, Descubriendo Nunca Jamás, o Las Crónicas de Spiderwick. Pobrecito ¡bang, bang!

(TEXTO CALIFICADO POR EL MINISTERIO COMO NO APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS)

¡Hasta la próxima, vigilad a esos diablillos y no los llevéis nunca a un casting!

Todo el proceso, por Lester

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A veces lo improvisado es lo que mejor resulta, como el gag de la empanadilla de Móstoles, por ejemplo, o el famoso “Lo sé” de Harrison Ford antes de ser crionizado en carbonita. Lo elaborado y archiensayado carece en ocasiones de esa frescura, de esa veracidad. Los niños improvisan todo el tiempo y Seguir leyendo

“Todo”, por Lester

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Así que quiere saberlo todo, aunque la verdad duela, aunque le vaya a hacer un daño del que no se reponga. Pues bien, se lo voy a contar, claro que sí, pero por favor le pido que no vuelva a pegarme. La violencia es innecesaria, su uso gratuito y no le va a ayudar a encontrar consuelo en su desgracia.

Sí, no voy a negarlo, estoy “liado” con su mujer, como usted dice. Liado es una palabra que detesto, parece que lo nuestro ha sido casual, fortuito, como un lío de faldas, expresión que también se utiliza y que a mí personalmente me resulta espantosa.

Lo mío con su mujer, lo nuestro, es mucho más que una locura temporal. Es sincero, es real, va mucho más allá de la relación física o sexual, sé que no quiere oírlo, pero hay amor. Y es mutuo. Y tampoco quiere escucharlo, pero usted es el culpable.

Le contaré todo desde el principio. Conocí a su mujer hace apenas seis meses en el club de tenis y pádel del que son abonados. Acudo allí con bastante frecuencia, pues soy un asiduo jugador y, aunque pueda sonar presuntuoso, tengo un nivel bastante aceptable. Aquel sábado usted no llegó al partido. Yo acababa de terminar el mío con unos amigos en una pista cercana y presencié la discusión de su mujer con usted por teléfono: “siempre me haces lo mismo, siempre tu trabajo, me prometiste que hoy no fallarías”.

Conozco a la otra pareja pues alguna vez había jugado contra ellos y me pidieron el favor, “si no le importa, si  no tiene usted otros planes”. Fue tal la amabilidad, y sobre todo, fue tal la angustia que veía en el rostro de su mujer que no pude negarme. Resulta irónico, pero fue la primera vez que le sustituí, la primera vez que jugué a ser pareja de su mujer.

Ese mismo día, tras la ducha, me encontré con su mujer en el club social. Yo estaba en la barra disfrutando una merecida cerveza cuando ella se acercó. Sonrió, aunque su mueca era amarga. “Qué apuro”, comenzó. Y no dejó de hablarme de usted. De su trabajo, sus incumplimientos, de sus ausencias, sus viajes,… Ahí había un matrimonio que hacía mucho que no lo era.

Su mujer tiene un enorme atractivo, seguro que ni se ha dado cuenta. Aquel día necesitaba alguien que escuchara sus lamentos. Fue la segunda vez que suplí su ausencia. Nos dimos dos besos de despedida. Fueron corteses, formales, meros signos de educación, si bien en el roce de rostros ambos supimos que era cuestión de tiempo que acabáramos llevando esa relación más allá. “Liados”, como usted dice.

Por supuesto que volvimos a coincidir poco después en el club, apenas una semana. El rostro de su mujer dibujaba una sonrisa que esta vez no era amarga. Tampoco alegre, yo diría que curiosa, expectante. Coqueta. Al finalizar el partido, la ducha, la cerveza y la conversación, esta vez sin usted como centro de la misma, terminamos en mi cama. Su mujer estaba muy nerviosa, “es la primera vez que hago esto”. Calló como si fuera a añadir algo, pero a buen entendedor, ya sabe el refrán.

Me entregué al acto como quien sabe que tiene ante sí a la mujer de su vida. Ella por el contrario estaba temerosa, insegura, quizás por la conciencia, tal vez por pensar en usted, pues al finalizar lloró. “Lo siento”, me dijo, “no es por ti”. Lo necesitaba, había gozado, pero en su interior le angustiaba una duda: “¿qué voy a hacer ahora?”

Vivir. Esa fue mi respuesta. Reír, disfrutar, compartir. Vivir. Y a eso nos entregamos. Su mujer y yo hemos vivido unos maravillosos meses de relación furtiva, huyendo de sus ambientes sociales de gente estirada y vacía. Hemos cenado en lugares que usted consideraría infames, pero están repletos de veracidad. Hemos ido al cine a ver comedias que usted detestaría, pero que en su mujer han provocado estruendosas carcajadas de un tipo que no recordaba ser capaz de proferir. Pero usted ni se ha enterado, ha estado tan ausente que ella ni siquiera tenía que fingir.

¿Recuerda aquel fin de semana en que usted tenía su convención anual de Directivos del año? Nosotros pasamos dos inolvidables días en una casa rural de Albarracín. Modesta para sus gustos, lo sé, pero tan real como el crujido de la rústica madera bajo el peso de nuestros cuerpos. Allí tomamos la decisión. Yo lo tenía claro desde el principio, pero su mujer me dijo que daría el paso, que hablaría con usted.

Y aquí estamos los dos. Tenga claro que no queremos nada de su fortuna, queremos vivir, solo eso. Así que por favor, le ruego de nuevo que guarde esa pistola y que deje de apuntarme.

Con esta historia recientemente he sido finalista de un concurso cuya condición casi única era que los relatos ocuparan menos de una página. “¡Bien, enhorabuena, monstruo!”, me digo a mí mismo para animarme. Lo de menos es el premio en sí, simbólico, lo importante para mí es el reconocimiento, porque te anima a seguir. Porque entre varios centenares de relatos alguien se ha fijado en el tuyo, o porque alguien valora lo que haces, aunque, como en este caso, no sea tu relato preferido, ni aquel del que te sientes más orgulloso.

Este relato es, además, y de largo, el que menos tiempo me ha requerido, y solo por eso merece la pena hablar de lo que es el proceso de escritura.

Cara Lester