Los avisos que da el cuerpo, por Lester

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Pues aquí estoy de nuevo, a menos de 12 horas del inicio de un nuevo maratón (¡el decimosexto ya!), y como siempre repleto de dudas. Supongo que ahora me acostaré, intentaré dormir, empezaré a darle vueltas al coco y me vendrán las mil preguntas habituales de siempre:

  • ¿Irá todo bien?
  • ¿Conseguiré acabar sin lesiones?
  • ¿Cogeré o no una pájara? (Me doy cuenta de que esta frase para un argentino puede tener un sentido completamente distinto).
  • ¿Acabaré? Hasta ahora lo he hecho siempre, incluso cuando peor he estado, pero la duda me abruma como las quince veces anteriores.

Y sobre todo, la principal pregunta:

  • ¿Por qué coño lo hago?

Tengo los cincuenta tacos a la vuelta de la esquina y lo peor no es que vaya a someter a mi cuerpo a un esfuerzo extremo para terminar de un tirón los 42 kilómetros del recorrido. Como dice un amigo cada vez que me oye: “No he corrido tanto en toda mi vida, Hulio”. Lo peor no es el día de las mil dudas y la prueba en sí, sino los tres meses previos, racaneando tiempo de donde puedes, buscando el mínimo hueco en la apretada agenda para correr tus diez, doce o puede que más kilómetros de entrenamiento, diciéndole a tu mujer que te calzas las zapatillas para salir a trotar un rato.

A veces me ve algún vecino corriendo a las seis de la mañana (cuando “no han puesto ni las calles”), y me saluda como diciendo “hola”, pero sé que en el fondo piensa “puto zumbao”, o a veces observo la cara de algún compañero de trabajo cuando le digo que no puedo ir a comer con ellos “porque tengo que correr doce kilómetros” y veo que piensan: “lo que siempre dije, como una puta cabra”. Este año además, en los meses de junio, julio y agosto.

En el diálogo que establezco con mi cuerpo, este me va lanzando mensajes que yo trato de responder:

  • ¿No estás un poco mayor para estas cosas? Porque sabes que la curva de rendimiento es descendente desde hace ya un tiempo.
  • ¿No te das cuenta de que ya no puedes jugar tres partidos de fútbol en una semana y tratar de entrenar entre medias? ¡¡¡Que tienes cuarenta y muchos!!!
  • ¿No te has parado a pensar que esas molestias en el talón no van a desaparecer si no frenas unos días?

La mayoría de las veces solo encuentro respuesta en mi cabezonería. Este año el cuerpo me ha dado algunos avisos en forma de molestias en el talón, en el gemelo derecho, y sobre todo en el piramidal, que para el que no lo sepa viene a ser ese pellizco en la nalga (pellizco que no me dan las becarias de mi oficina, que no se me malinterprete) que te puede pinzar un nervio y dejarte la pierna medio dormida. Por su culpa no pude correr un solo kilómetro en la semana 8. Y hablo de un plan de entrenamiento de 14 semanas, así que me vinieron nuevas dudas.

Hace años leí a alguno de nuestros ilustres maratonianos, Martín Fiz o Chema Martínez, que cuando empiezan a tener mala cara es que están preparados, y eso es lo que yo hago, tratar de tener mal aspecto, delgado, enfermizo, me dejo una barba asquerosilla,… Cuando empiezo a tener aspecto de homeless, sé que estoy a punto para la batalla.

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Mi cuerpo me ha dicho este año que no piensa perder ni un solo kilo de peso, que por mucho que corra y entrene, tanta cena, cervezas con los amigos, barbacoas de fines de semana y los caprichos típicos del verano se me van a quedar alrededor de la cintura. El cuerpo me ha dicho que necesita reservas, así que voy a correr con 78 kilos de peso, unos 3 más de lo que debiera, o del peso en el que tendría que haberme puesto con lo que he entrenado.

SSC1Así que le he dicho a mi cuerpo que se prepare, que aunque no le haga gracia mañana toca palizón. Me ha recordado que hace diez días salí de Madrid y que si fuera futbolista diría que es imposible estar bien físicamente porque he hecho más de 18.000 kilómetros en avión, y unos 2.000 en coche, aparte de las decenas de kilómetros que he recorrido pateándome las calles de Melbourne, Canberra y Sídney, antes de acabar en la Sunshine Coast. “Y además este año la carrera es a las 6 de la mañana, cabronazo”, me reprocha, “las 10 de la noche en España”. Me levantaré a las 4 de la mañana de la madrugada del sábado, cuando no han salido ni el de la basura ni el panadero y solo quedan los jóvenes que salen de copas.

Pero no soy futbolista, sino un aficionado a todos los deportes que sigue encontrando maravilloso este vicio extraño de correr y sufrir, así que le digo a mi cuerpo por qué voy a hacerlo:

  1. Porque me gusta cómo me siento cuando mi cuerpo va adquiriendo el punto adecuado de forma, y veo que las piernas fluyen incluso haciendo series (no tendré aire, pero las piernas parece que aguantan), cuando compruebo que los tobillos se perfilan y van adquiriendo su mejor figura (había puesto “estilizada figura”, pero lo he corregido en la revisión, no he tenido unos tobillos estilizados en mi vida).

2. Porque me encanta el ambiente que rodea a la prueba mítica del maratón, las dudas previas de todos los corredores, las sonrisas nerviosas en la salida, el ambiente festivo, la expectación del público entre el que esperas encontrar a familia y amigos. Este año además me acompañarán mis hijos durante la primera media maratón, ¿quién querría perderse esa experiencia?

3. Porque me encanta sentirme ligero durante esos 25 a 30 kilómetros que mi cuerpo disfruta realmente sobre el asfalto.

4. Porque nada me ayuda más que la sonrisa de mi mujer cuando las piernas empiezan a flaquear, o una palmada en la chepa de un desconocido, o el aliento de un chaval que te anima a seguir.

5. Porque me encanta correr por el interior de esas ciudades fantásticas que han cortado sus calles para nosotros, “los putos zumbaos”, y decir que he corrido por la Fontana di Trevi, el Puente Verrazzano, la Puerta de Brandeburgo, el puente de Carlos en Praga o el Parlamento de Budapest.

6. Porque sigo emocionándome cada vez que paso el cartel con el kilómetro 41, y se me sigue poniendo la carne de gallina cada vez que entro en meta.

7. Fundamental, muy importante, como “el chiste del tipo de la isla desierta en la que está a solas con Charlize Theron, sexo salvaje y tal, y aun así no es plenamente feliz”: porque me gusta contarlo, vacilar en un blog narrando lo pasado y sufrido, escribiendo que he logrado otra vez superar los avisos que me va dando el cuerpo.

¡Deseadme suerte, ya os contaré!

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Solo, otra película de Star Wars

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Travis, 12 de agosto de 2018. Sin spoilers hasta casi el final.

Podía hacer algún chiste fácil, quitar la coma y decir que es “solo otra película de Star Wars“, o mejor aún, que “No es Solo otra película de Star Wars” y jugar con el doble sentido, pero me voy a limitar a afirmar lo que dice el título de esta entrada: que Solo, la última de la saga, aunque esté al margen de las trilogías clásicas que van por el Episodio VIII, es otra película de Star Wars. Con todas las letras, porque lo cierto es que en estos últimos años en que se han recuperado las historias de la galaxia ideada por George Lucas, algunas de las mejores y más entretenidas películas han venido por donde no se las esperaba, como ocurrió con Rogue One.

Tenía muchas dudas con esta última entrega, y de ahí que haya tardado más de dos meses desde su estreno en acudir a las salas a verla (me tuvo que llevar el mayor experto que conozco, mi sobrino de 10 años). Lo que leía meses antes del estreno sobre los problemas de producción no presagiaban nada bueno. Los directores Phil Lord y Chris Miller fueron despedidos y el material rodado se tuvo que rehacer en una buena parte del metraje. Según parece, el tono de comedia que estaban utilizando encajaba tan poco como Steven Seagal en un papel dramático. A última hora se contrató al veterano Ron Howard para que dirigiera y rehiciera lo que creyera conveniente, y a los guionistas Lawrence y Jon Kasdan para tratar de enderezar la película.

Las primeras críticas no fueron ni de lejos las mejores, aunque cada vez hago menos caso a esos tipos, y las cifras de taquilla tampoco, aunque a esto le haga menos caso aún. A medida que aumenta la recaudación de los superhéroes de Marvel decrece mi interés, por ejemplo.

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El caso es que tenía un poco de miedo a esta película porque desde bien pequeño, desde los diez o doce años, Han Solo era mi personaje favorito de la saga. Fanfarrón, malote, chulangas, pendenciero, todo lo que queramos decir de él, pero sabíamos que al final iba a salvar la galaxia y quedarse con la chica. No era como Luke, el otro personaje con el que nos podíamos identificar de críos: profundo, con cara de niño bueno, místico, atormentado,… Sabías que aunque Leia le da su primer pico a él, no tenía nada que hacer (¡y menos después de ver la relación real entre ambos!). No hubo un beso tan frío y carente de feeling hasta los de Michael Keaton y Kim Basinger en Batman.

Entonces, ¿pulgar hacia arriba o pedimos la decapitación del director Ron Howard? Pues será que estoy muy blando, pensarán los más fans de la serie, pero pulgar hacia arriba. Claramente. Pasé un buen rato, muy entretenido por momentos, quizás porque mis expectativas (o el hype que dicen ahora) no eran muy elevadas, y si a mi sobri de 10 años le encantó, ¡quién soy yo para decir que la historia no reúne la suficiente calidad para ganarse el derecho a ser “otra película de Star Wars”!

Solo, una historia de Star Wars es un wéstern situado en el universo de Lucas. Ya en su día Han Solo era un pistolero que andaba con chaleco y pistola al cinto, así que la decisión de traer todos esos elementos del Oeste me cuadraron a la perfección: tiene un asalto al tren, partidas de cartas en tugurios infectos repletos de maleantes, un fuego de campamento en el que los nuevos compañeros se cuentan sus proyectos, y por supuesto un duelo al sol.

La historia arranca bastante bien en los suburbios de Corellia, y va dejando pequeños elementos que definen la personalidad de Han Solo. Su relación con Chewbacca funciona desde el primer minuto (excepto esos absurdos gruñidos de Solo en wookie) y la sensación de ver a ambos pilotando el Halcón Milenario pasó la prueba del algodón. El asalto al tren es todo un momentazo, para mí sin duda lo mejor de la película.

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Algunos secundarios como Woody Harrelson (Taylor Beckett) y Thandie Newton (Val), unos Bonnie and Clyde interestelares, me gustaron mucho. Por el contrario, creo que lo que más falló fue la elección de los actores principales. El tal Alden Ehrenreich que interpreta a Han Solo está correcto, pero carece del carisma de Harrison Ford (y es que… ¿de verdad alguien podría hacer este papel?). Sabías que el Solo de Ford era un timador, pero a este chico se le ven los faroles antes que a Lando Calrisian, interpretado por Donald Glover, otro tipo un tanto sobreactuado. En cuanto a la chica en el epicentro de toda la historia, Qi’ra, uf, no me convence, no me gusta, no hay química con este Han Solo. Algo tiene esta Emilia Clarke, que pese a haber tenido la suerte de hacer los papelazos de la Reina de los Dragones en Juego de tronos, Sarah Connor en la última de Terminator y ahora la chica del alma de Han Solo, no me termina de convencer, parece casi siempre que la trama no va con ella.

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Alerta – Spoilers

Sin duda lo mejor de la peli está en cómo los guionistas han estudiado la trilogía clásica y han ido dejando pequeñas píldoras de cómo Han Solo llega a ser el que es en el Episodio IV:

  • Le vemos ganar el Halcón Milenario en una partida de sabacc.
  • Vemos cómo encuentra un atajo en el mítico Corredor de Kessel y completa el mismo en 12 parseks.
  • Suelta el conocidísimo “Lo sé” similar al de El imperio contraataca en el instante anterior a ser congelado en carbonita. Todo hay que decirlo, aquí lo suelta sin venir a cuento y sin gracia alguna.
  • Referencias a Tatooine y Coruscant.
  • El Halcón Milenario pierde el frontal que albergaba una cápsula de escape tratando de huir de la flota imperial, y esa pérdida supondrá que la nave adopte el aspecto que siempre hemos recordado y que no tiene al inicio de la película.
  • Y por supuesto, vemos a Han Solo acabar de una vez con la polémica sobre quién disparó primero, polémica que no existía en 1978 y que se encargó de avivar George Lucas con la reedición de los noventa en la que incorporaba un disparo previo de Greddo. Por supuesto, y por mal que nos pueda parecer, Han Solo disparó primero, si bien para arreglarlo, vemos al director meter un diálogo sin sentido cuando estás a punto de palmar: “has hecho bien, pensaba dispararte”. Los tiempos de los políticamente correcto.
  • La aparición de Darth Maul en los instantes finales. Tuvo que ser mi sobri el que me explicara qué pintaba ahí, porque en las guerras clon y tal y cual… prometo dejarle un día este espacio para que lo escriba él directamente.

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Entonces, sobri, ¿qué te ha parecido?

  • Mooola, mola mucho.

Pues a mí me vale. A lo mejor me he vuelto conformista y no quiero ahorcar a nadie, como en la trilogía de precuelas, pero sin ser una gran obra, me gustó. Era eso, sin más, solo una película de Star Wars.

 

Los 300

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Estamos de celebración, aniversario o como queráis llamarlo. Los cuatro amiguetes del blog celebraremos en una semana los 4 años de esta página que nació con intención perecedera, y sin descanso ni vacaciones nos lanzaremos a por la quinta temporada. Pero sobre todo celebramos el post número 300, ni más, ni menos. Y celebramos además que ese post 300 no se publica en esta web, sino en La Galerna, la página de “Madridismo y sintaxis” a la que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones, una apuesta personal de Jesús Bengoechea que está encontrando un gran respaldo popular:

Un final made in Concha Espina

El texto mencionado representa como pocos de entre esos 300 lo que significa el blog “Cuatro amiguetes y unas jarras”. Se trata de una supuesta conversación entre Jaume Roures, el magnate de Mediapro, y el director neoyorquino Woody Allen, en la que divagan sobre la producción de una película acerca del mundo del fútbol. Con algo de ironía y cachondeo sano, que no falte nunca.

El texto ha sido escrito por Barney (y su madridismo) con la colaboración de Travis para aportar ideas sobre Woody Allen, basándose en un celebrado post de Josean sobre las conversaciones imaginarias entre Artur Mas y Jordi Pujol al inicio del principio del comienzo de la génesis del procès. Por supuesto, con el respeto a las normas lingüísticas y la corrección sintáctica requerida por Lester, el administrador del blog. Espero que os guste, dadle una oportunidad.

Mantener un blog tanto tiempo es un ejercicio de disciplina y constancia, y no está de más reconocer que a veces cuesta. Pero los comentarios que uno lee en esta misma página, o los que te hacen la familia y los amigos, o especialmente los de gente que no te conoce de nada, como los lectores de La Galerna, ayudan a seguir en el empeño:

Comentarios

Como cada vez son más numerosas las publicaciones que han surgido a partir del blog, tantas que hemos abierto una nueva categoría con ese nombre: “Publicaciones”. En ella recogemos los enlaces a los artículos de Barney en diversas webs, el libro de relatos de Lester surgido a partir de un proyecto muy personal, alguna colaboración en revistas y esperamos publicar la historia que Travis se trae entre manos o las dos charlas/conferencias que Josean tiene programadas en otoño. La primera surgió de la serie por capítulos “Grandes errores de las escuelas de negocios”, y la segunda, de su particular visión de la política.

300. Trescientos, como los espartanos de Leónidas, esos tipos inasequibles al desaliento.

300 kilómetros por hora, la velocidad a la que se calcula que se mueven los impulsos nerviosos, los que nos llevan a escribir y opinar desaforadamente sobre algo.

300 segundos, que son 5 minutos, que es lo que la mayoría de las veces lleva leer un post.

300 minutos son 5 horas, que es lo que en ocasiones (y más) cuesta rematar un texto.

Y 300 centilitros es lo que suele tener un botellín de cerveza, pero aquí somos más de jarras de 500, así que ¡a por ese número!

Como sé que a muchos les van los ránking y las clasificaciones, dejo a continuación lo más leído de cada uno de los cuatro personajes del blog.

¡Espero seguir contando mucho tiempo con vosotros, los lectores, gracias!

4amiguetes

Josean

Los lobos de las finanzas

Chomsky, Timsit y la manipulación mediática

La falacia del ebitda

La incompetencia de Competencia (I)

Travis

Everest

Esas comedias francesas

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir

Frases de cine para usar en el trabajo (I)

Barney

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)

Ni valors, ni valores

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)

Lester

En busca de la tranquilidad

Vacaciones solidarias en la India (Rachel)

Yo también fui Pilarista

El Hogar Teresa de los Andes

Disaster movies, por Travis

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He tenido la oportunidad de ver recientemente la película The disaster artist, escrita, producida y protagonizada por James Franco, sobre el rodaje de una infame historia filmada por Tommy Wiseau, The room, una de las consideradas peores películas de la historia del cine. Las escenas finales, poniendo imágenes de la original junto a la réplica de Franco, despertaron mi curiosidad por ver la “famosa” The room, que se puede encontrar fácilmente en YouTube (aquí dejo un enlace a la misma).

Cuando veía The disaster artist pensaba que era imposible que la original The room fuera tan penosa, sobreactuada y con un guion tan absurdo como el que cuenta James Franco, pero parece que no lo es: es aún peor. Es tan mala que no fui capaz de verla entera, sino que tuve que ir dando saltos para buscar las escenas que James Franco representa en su peli.

La producción de The room, del año 2003, costó unos 6 millones de dólares y no llegó ni a los 2.000 dólares de recaudación. Un desastre absoluto que fue sufragado íntegramente por el tal Wiseau, del que no se sabe mucho de su vida, ni de dónde sacó el dinero para financiarla, ni cuál es su pasado como para lanzarse a una aventura así. Uno de los rumores que circulan por Hollywood afirma que Wiseau sufrió un accidente de tráfico con un productor que conducía borracho, el cual le prometió que le financiaría una película a cambio de que no le denunciara. Eso podría explicar las cicatrices de su rostro y el desconocimiento de lo más elemental sobre el mundo del cine.

La película de Franco ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y el propio actor recibió el Globo de Oro por su interpretación (más que meritoria, viendo el pollo al que calcaba), pero su meteórica carrera hacia el Óscar fue frenada por una serie de denuncias no juzgadas en tribunales, muchas de ellas anónimas, y sobre todo por las hordas de la represión preventiva. Pero hoy no toca hablar de eso, sino de las películas más desastrosas de la historia, esas que son un auténtico despropósito sin nada salvable, pese a que algunos quieran convertirlas en obras de culto.

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The disaster artist recuerda de inmediato a esa maravilla de Tim Burton que fue Ed Wood, sobre el considerado “peor director del siglo XX”. Así como no he sido capaz de ver del tirón The room, sí que pude ver entera en VHS la célebre Plan 9 from outer space (Ed Wood, 1959), votada siempre en todos estos rankings como una de “las películas peor filmadas de la historia”. Y la verdad es que es mala como un cólico, pero al menos te ríes mientras la ves tratando de imaginar las escenas que no pudieron rodar o qué pretendían contar en otros momentos absurdos de la trama. Las películas de Ed Wood tenían que luchar contra las limitaciones de su presupuesto, lo que convierte en perdonables muchas de sus carencias: decorados de chiste, efectos especiales caseros, interpretaciones de aficionado ebrio,… En el caso de Tommy Wiseau y The room el presupuesto no fue el problema, sino la falta absoluta de talento, ideas e imaginación.

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Seis millones de dólares no es un presupuesto elevado, pero tampoco es bajo. Con un presupuesto similar, 6,5 millones, y curiosamente con el mismo título, The room, el director Lenny Abrahamson rodó en 2015 una película enorme, muy interesante, sobre una mujer (Brie Larson) secuestrada durante siete años y encerrada en una minúscula cabaña en la que tiene un hijo con su captor. La protagonista ganó el Globo de Oro y el Óscar por su acongojante interpretación.

El cine está repleto de casos de películas de bajo presupuesto en las que la imaginación del equipo suple esas limitaciones. Por alguna extraña razón, el género de terror es el más socorrido para este tipo de cine, quizás porque la poca pasta suele ir asociada a imágenes oscuras, mala iluminación y efectos que en realidad no muestran nada, sino que sugieren, y para eso no hay nada mejor que el suspense o el terror:

  • Paranormal activity (2007), 15.000 dólares de presupuesto y 190 millones de recaudación.
  • La matanza de Texas (1974), 140.000 dólares de presupuesto y 30 millones de dólares en taquilla.
  • Posesión infernal, la peli de Sam Raimi de 1981, costó apenas 375.000 dólares y recaudó algo más de 2 millones de dólares, pero demostró que las ganas de rodar superan al dinero. En 2013 se rodó una nueva versión en cuya producción participó el propio Sam Raimi, pero a pesar de contar con 15 millones de dólares el resultado para el espectador es mucho peor, más aburrida y menos aterradora. O a lo mejor soy yo el que ha cambiado en esos 32 años, tanto como mi modo de ver cine.
  • El proyecto de la bruja de Blair (1999) costó apenas 22.500 dólares y recaudó 450 millones de dólares en todo el mundo. En números está cerca de la más rentable de la historia, que seguro que sorprenderá al lector: Garganta profunda, la peli porno de 1972 de Gerardo Damiani interpretada por Linda Lovelace. 22.500 dólares de producción y 600 millones en taquilla, ¡guarretes, morbosos!

Uno de los ejemplos que se suele utilizar a la hora de hablar de la pasión por rodar, incluso con presupuestos ridículos es El mariachi (1992), del texano Robert Rodríguez. No llegó a los 6.000 dólares de presupuesto, que juntó participando como cobaya humana, vendiendo su sangre y leyendas urbanas por el estilo. El esfuerzo le sirvió para alcanzar la fama a los 24 años y gestionar desde entonces grandes presupuestos, en muchas ocasiones para hacer películas infames (todas las Spy Kids menos la primera, Planet terror). La propia ver

sión de El mariachi rodada en 1995 con 7 millones de dólares, Desperado, con Antonio Banderas y Salma Hayek, es un despropósito de postureos y tiros que hace buena a su antecesora rodada con cuatro duros.

Volviendo al tema principal de este post, las disaster movies, hay varios motivos que para mí las convierten en espantosos atentados al gusto y no es solo la falta de presupuesto, sino en ocasiones que sean pretenciosas, ampulosas, como queriendo resultar o parecer trascendentes. Dos de las películas que tengo en peor estima en años están entre las favoritas de la crítica: Bailando en la oscuridad, de Lars von Trier y El árbol de la vida, de Terrence Malick. Ambas Palma de Oro en Cannes, cómo no.

 

Por el contrario, reconozco haber disfrutado dos películas absolutamente exentas de pretensiones, pero terriblemente divertidas, aunque no lo sean para la crítica: Re-animator (1985) y El vengador tóxico (1984). Son películas de codazo en las costillas y “jojojo” con los colegas. Ambas se han convertido en películas de culto por distintas razones, tuvieron secuelas (entre ellas Beyond Re-animator, con Elsa Pataky y Santiago Segura) y mantienen multitud de seguidores por el mundo, como Lester Burnham y su vecino Ricky Fitts (American Beauty) recordando mi escena favorita. También la de mis colegas:

La segunda, El vengador tóxico, es la obra maestra de la productora de serie B, Troma, especializada en cine gore, violencia extrema, guasa total y sexo patético. Son muy divertidas, pero no las recomiendo a todo el mundo, porque algunos dudarían de mi raciocinio. Y desde luego de mi buen gusto.

Con todos estos ingredientes, voy a elegir mi top-5 de auténticas disaster movies que yo he visto en mi vida, esas que dan pena porque ves los esfuerzos de un montón de gente para terminar componiendo un truño de proporciones épicas. Tengo que descartar de antemano varias de esas parodias de géneros tipo Scary movie, Epic movie, Casi 300 o Disaster movie, porque he sido incapaz de verlas completas. No aguanto más de cinco minutos de ese género que denomino “comedia sin ni-puta-gracia”.

Top-5 de Disaster movies by Travis:

1985 - Soviet la respuesta - Odinochnoye plavanye tt0089721 - Español

En el número 5 elijo una cosa llamada Soviet, que trajo mi hermano del videoclub cuando yo tenía unos quince años. La carátula la vendía como una especie de Rambo ruso, un tipo que luego ni siquiera salía, y los efectos especiales eran lamentables. Con decir que en una de las escenas cumbre lanzaban un cohete contra un yate y en un segundo veíamos la explosión de un petardo minúsculo y una pobre chica a la que dos miembros del rodaje lanzaban por la borda para simular el efecto de la onda expansiva. No he sido capaz de encontrarla, pero creedme, era tan penosa que no merece la pena que me esfuerce en buscarla.

El 4,… pues para Supermán IV (1987), todavía con Christopher Reeve. Joder, ese malo poniendo cara de malo, Nuclear man, es el personaje más ridículo que recuerdo desde Howard el Pato, de la misma época.

 

El número 3 en mi caso sería para El quinto elemento (1997), de Luc Besson. En su día, con 80 millones de dólares, la película europea más cara de la historia.

 

 

Infumable, con una historia absurda y sin interés, con actores como Bruce Willis y Gary Oldman en los peores papeles de sus carreras, un odioso Chris Tucker, exterminable desde el primer segundo, unos malos tan torpes como inútiles y, sobre todo, unos efectos especiales que serían inadmisibles incluso para la Loca historia de las galaxias de Mel Brooks. Tan dolorosa de ver como una patada en los testículos.

En el número 2, ese engendro parido por Jordi Mollá sobre un telepredicador y su reality show. Encima recuerdo al actor metido a director recorriendo las radios y las televisiones intentando convencernos de lo arriesgado y tremendamente intelectual de su propuesta. ¡Al paredón con él!

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Y no puedo dejar de recomendar el número uno, el top de los top del truñaco fílmico: Fotos, de Elio Quiroga. Lo tiene todo, es pretenciosa, está mal rodada, sobreactuada y tiene un guion delirante. Una joya que no pude dejar de ver hasta el final, y que dicen que le gustó a Tarantino en un Festival de Sitges (supongo que fue aquella época de adicción a las sustancias alucinógenas).

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Como no creo que ninguno vayáis a buscarla y verla os cuento de qué va y el glorioso final: “una chica tiene aversión al sexo y es maltratada verbalmente por su novio, que la abandona. La chica, medio deprimida, conoce a un artista, Gustavo Salmerón, que está como una jodida cabra puesta de speed. No recuerdo mucho más de la trama central, pero al final, el artista se amputa el pene para tratar de gustar a la chica o convencerla de que no la quiere por el sexo, y esta cuando lo ve, coge el pene y se va corriendo al hospital para que se lo implanten a ella y poder vivir su historia de amor. FIN”.

Una locura que vi en Versión española, con el debate posterior entre Elio Quiroga y una Cayetana Guillén Cuervo que no sabía si estaba ante un genio o si debía llamar al frenopático, haciendo comparaciones con Buñuel y los grandes clásicos del cine.

Me despido ya, os recomiendo todos los títulos mencionados o ninguno, porque queda claro que sobre gustos no hay nada escrito.

 

 

 

Un trabajo en equipo (2ª parte), por Lester

Trabajo en equipo

(Continuación. Para volver a la primera parte, pulsa aquí)

Durante hora y media los cinco empleados estuvieron soltando ideas de todo tipo, en ocasiones lo primero que se les venía a la cabeza:

FERNANDO.- Yo contrataría a unos sicarios, son fáciles de encontrar. Conozco a un tío que conoce a otro que da palizas de encargo, que seguro que podría llevarnos a…

DIEGO.- Lo secuestramos, lo llevamos encapuchado y lo soltamos en mitad de la Cañada Real con su Armani y el reloj de seis mil pavos.

Pero en otros momentos de más lucidez algunos de los asistentes plantearon ideas que al menos en apariencia podían resultar coherentes:

ARANCHA.- No tenemos ni idea de cómo se planifica un asesinato, pero puesto que esto consiste en un ejercicio solo teórico (miró a Álex para asegurarse de que sus palabras eran ciertas), podíamos plantearlo como aquel juego del Cluedo en el que había que averiguar el lugar del crimen, el arma homicida y descubrir al asesino.

A todos les pareció un punto de partida excelente, y así fue como en menos de quince minutos la propia Arancha se encontraba escribiendo en la pizarra lo que sus compañeros le decían:

  LUGAR                                            ARMA                                         QUIÉN                

Casa de Don Marcelino           Escopeta de caza de Diego                Diego

Despacho                                   Caída por el hueco del ascensor      Arancha

A la salida del trabajo             Matones a sueldo                                Fernando

Gimnasio al que acude           Objeto contundente / pesa                José Antonio

Restaurante habitual              Envenenamiento                                Luisa

Como por arte de magia, de repente todos aportaban ideas y las compartían sin rubor, sugerencias que Arancha apuntaba de modo eficiente. Incluso asentían con interés a lo que alguno de sus compañeros proponía, aunque llevaran años sin hablarse.

JOSÉ ANTONIO.- Diego, tú sabes cómo funciona el ascensor, has estado varias veces con los de mantenimiento. Sé que a cualquiera de nosotros nos costaría asesinarlo a sangre fría, pero dejarlo inconsciente de un buen golpe no nos supondría tanto problema. Es así, Fernando, tú que eres tan impulsivo lo sabes. Una vez inconsciente sería relativamente sencillo llevarlo al hueco y soltarlo por allí. Podría parecer un accidente, no sería la primera vez que ocurriera en edificios de oficinas, y hablamos de cinco plantas, así que los golpes durante la caída sin duda disimularían el nuestro.

LUISA.- ¿Y dejarlo inconsciente con pastillas? ¿Sedado?

DIEGO.- Lo detectarían los análisis posteriores durante la autopsia.

LUISA.- Es cierto. ¿Y otras opciones, como envenenarlo? Todos los martes come en el O’Faro do Lugo, y los jueves en Casa Paco. No es descabellado pensar que pueda sufrir una intoxicación letal por consumir algún producto en mal estado. O un agente químico que nunca debiera haber estado allí. Ahora que estamos negociando con una empresa rusa, las sospechas caerían sobre ellos de inmediato.

FERNANDO.- Ja, ja, ja, los rusos. Yo les dejaba a deber varias facturas y les escribiría una carta como si fuera Don Marcelino hablándoles de que su producto era una mierda y no pensaba pagarles.

ARANCHA.- Pero dejarías muchas pistas, y eso no te garantiza que los rusos se lo fueran a cargar, como mucho le darían un buen escarmiento. Aparte de que creo que no todos los rusos son unos matones.

FERNANDO.- Te garantizo que estos con los que se mezcla Marcelino sí lo son.

Se centraron sobre todo en el mejor lugar para hacerlo sin ser pillados y en cuál sería el mejor sistema y el arma, porque ninguno se atrevía a hablar del ejecutor. Los cinco tenían un brillo especial en la mirada, pero sin duda alguna el que mayor brillo mostraba en los ojos era el propio consultor, Álex, que disimulaba una sonrisa de satisfacción.

ÁLEX.- Bien, señores, les quedan apenas veinte minutos, pero todos sus planes, aun siendo interesantes, contienen grandes errores. Es obvio que no se puede usar la escopeta de caza de Diego porque sería localizado de inmediato por las pruebas de balística. El hueco del ascensor me parece una idea fascinante, pero abriría una investigación en la compañía y no creo que la hipótesis del accidente resultara muy convincente. El envenenamiento o los matones rusos implican utilizar cómplices que dificultarían el logro, aparte de que no sería válido de acuerdo con las reglas que les marqué.

ARANCHA.- Un Farruquito.

No solo sus cuatro compañeros se quedaron mirándola, sino que el propio Álex dilató sus pupilas, aguzó el oído y observó atentamente a la mujer.

ARANCHA.- Planteemos un Farruquito. Un atropello mortal en la vía pública y luego el conductor se daría a la fuga.

LUISA.- Hay un sitio perfecto cerca de mi casa. Salgo a correr tres días por semana al pinar cercano al polideportivo de Pozuelo, y allí me he encontrado en varias ocasiones a Don Marcelino, que debe vivir cerca. Saca de paseo a su perro cerca de las nueve de la noche, cuando yo vuelvo, y cruza siempre por el mismo sitio, por mitad de una calle sin paso de cebra ni demasiada iluminación. Ni demasiado transitada a esas horas.

FERNANDO.- Suena bien, apúntalo, Arancha. Podría parecer un accidente fortuito en el que el conductor, acojonado, se da a la fuga. El problema de ese tipo de atropellos es que siempre acaban pillando a los responsables por los desperfectos que sufre el coche. Aunque pasen varios meses, como con Farruquito, al final los acaban pillando por algún resto del vehículo o por los talleres de chapa y pintura.

DIEGO.- Creo que hasta en eso tendríamos suerte. Ahora mismo tenemos abajo en el taller una de las furgonetas de reparto para reparar. Hace una semana tuvo un golpe con el frontal contra otro coche en mitad de una autovía. La típica colisión múltiple en cadena. Puesto que en unos días nos llega la pieza, se podría preparar el atropello con la furgoneta sin arreglar, y a continuación, de inmediato, volver a montar el frontal.

FERNANDO.- Joder, sé que es un juego, pero me estoy emocionando viendo que sería posible. Habría que tener cuidado con las cámaras que hay por todas partes en una ciudad, en cualquier sitio.

LUISA.- En la zona que os digo solo hay un cajero automático al exterior, justo antes de la curva. Y esas son las primeras cámaras en las que la policía busca pistas siempre. Puede que identificara la matrícula de la furgoneta, pero no lo veo probable.

JOSÉ ANTONIO.- Sé que lo que voy a decir no es muy correcto, pero Diego y yo sabemos cómo doblar unas placas de matrícula porque tuvimos que hacerlo hace varios años.

DIEGO.- No me lo recuerdes, joder, qué tiempos aquellos. Pero sí, claro que es posible. Y te digo más, yo buscaría doblar una matrícula de alguna furgoneta similar ya retirada de circulación. En el desguace del Rubio sería sencillo localizarla y si algún día se llega a sospechar, la policía pensaría que el asesinato lo cometió alguien con un vehículo teóricamente retirado de la circulación, delincuentes de poca monta. Algo casual, no premeditado.

El consultor llevaba varios minutos en silencio contemplando a los cinco urdidores del asesinato y tratando de disimular su sonrisa, pero decidió intervenir al ver que se hacía una pausa, como si el objetivo ya estuviera cumplido:

ÁLEX.- Muy bien, señores, veo que son capaces de todo, incluso de cargarse a alguien, o de hacer algo más complicado en su caso, como es trabajar en equipo. ¿Pero no creen que se les olvida algo más?

ARANCHA.- Los móviles. Estamos hartos de ver esos programas de investigación de asesinatos en los que te cuentan cómo la policía ha dado con los delincuentes, y veo que casi siempre está relacionado con el seguimiento de los móviles y su posición. Una vez que investigan quiénes podrían ser los sospechosos, aunque apenas haya indicios, se ponen a rastrear sus móviles durante el día del crimen y los días anteriores y posteriores. En ocasiones es como un libro abierto, los asesinos están diciendo a las claras a la policía: “sí, agente, estuve allí el día del crimen. Y el anterior para planificarlo, y el siguiente para destruir pruebas”.

JOSÉ ANTONIO.- Joder, pues claro, el supuesto ejecutor no podría llevar el móvil encima.

ÁLEX.- Ahí es donde quería llevarles yo. Y no me refiero a su teoría, Arancha, que me parece perfecta y una reflexión muy acertada, sino que quería llevarles a la figura del ejecutor, esa que ustedes han esquivado desde el principio de este juego.

Se hizo el silencio durante unos segundos. Los cinco se cruzaron las miradas sin decir nada, pero estaba claro que todos buscaban al compañero más adecuado al que señalar.

ARANCHA.- Tendría que ser alguien sin un motivo aparente, sin un móvil, alguien que no se beneficiara de la muerte de Don Marcelino.

LUISA.- Yo no podría ser, puesto que no tengo carné de conducir. Pero ayudaría encantada en el resto de tareas.

JOSÉ ANTONIO.- Yo tampoco podría ser, pero prefiero no contar mis razones. En mi caso, habría un móvil claro.

FERNANDO.- ¡Pero vamos a ver, José Antonio, aquí no hay secretos, que nos estamos jugando nuestros puestos de trabajo! Si no lo haces tú, lo voy a contar yo y que…

JOSÉ ANTONIO.- ¡No se te ocurra decir ni una palabra, hijo de puta!

ÁLEX.- ¡Eh, eh, eh, señor Pérez, le llamo al orden, modere su vocabulario! Y le recuerdo lo que se juegan ustedes hoy. Aquí, en esta mesa, en los próximos minutos. Si usted renuncia ya a su puesto de trabajo, puede levantarse y marcharse, nada se lo impide. Me ahorrará parte de mi ingrato trabajo y en unas horas, mañana mismo, recibirá su finiquito.

José Antonio agachó la cabeza, sabedor de lo que estaba por venir.

ÁLEX.- Continúe, por favor (señalando a Fernando con el mentón).

FERNANDO.- El presidente de la compañía, Don Agustín, tiene dos hijos: Don Marcelino, al que ya ha visto usted cómo nos gustaría atropellarlo, dispararlo o lanzarlo por el hueco del ascensor, y un joven que está apartado de la familia, de nombre Emilio, que se convertiría en el heredero único de Don Agustín. Emilio es…

JOSÉ ANTONIO.- Mi marido. Desde hace cuatro años.

“No jodas” fue la frase que más se oyó sobre la mesa.

LUISA.- ¡Lo sabía! Bueno, no que estuvieras liado con Emilio, sino que eras “diferente”, “especial”. Siempre lo sospeché.

DIEGO.- Joder, qué de cosas estamos aprendiendo hoy. Bueno, pues eso nos deja solos a Arancha, a Fernando y a mí.

ARANCHA.- En mi caso, yo tampoco debería ser, puesto que podría haber una ligera sospecha hacia mí, ya que… hace años… (se le quebró la voz). ¿Recordáis aquella baja de tres meses que tuve hará cosa de un par de años? Pues bien, no fue una baja sino una suspensión de empleo y sueldo por… (se le escapó una lágrima)… fue como represalia por una denuncia que interpuse contra Don Marcelino. Y de verdad que preferiría ahorrarme los detalles. Me tragué mi orgullo, retiré la denuncia y volví al trabajo. No podía perder el sueldo, es lo único que tenía. Ahora bien, con este juego macabro que se ha inventado usted, señor, no dejo de pensar en si hablamos de solo un juego o sería posible llegar más allá.

FERNANDO.- Joder, Arancha, yo lo haría por ti. Además, bastante tiene Diego con conseguir la furgoneta, desmontar el parachoques, volverlo a montar, conseguir las placas,… Yo lo haría. Además, hace años atropellé a un perro por accidente y me sentí fatal, pero fui capaz de seguir con mi vida. A los pocos días se me había pasado.

DIEGO.- No compares, estamos hablando de cargarnos a un tío, ¡a Don Marcelino!

FERNANDO.- Lo sé, y con más razón lo digo. Siento por los animales un cariño y un afecto que evidentemente no siento por ese hijo de la gran puta que tenemos por jefe.

Se hizo un nuevo silencio. Álex miró su cronómetro y dijo en voz alta:

ÁLEX.- Perfecto, se cumplen ya las dos horas. Señores, señoras, debo felicitarles por su gran trabajo, me han sido de gran ayuda.

En ese preciso instante llamaron a la puerta. Sin esperar respuesta, la misma persona la abrió. Era Doña Matilde, la octogenaria secretaria del presidente de la compañía.

DOÑA MATILDE.- Sr. Schwartz, el presidente le recibirá en estos momentos y le comunicará la decisión del Consejo.

ÁLEX.- Muchas gracias, Matilde, voy para allá. (Se levantó, recogió sus notas y se dirigió a los presentes). Acostúmbrense a mi cara, porque sospecho que me van a ver mucho por aquí.

Salió con gesto satisfecho. Los cinco compañeros, la cuadrilla de la muerte, los cómplices de planificación de asesinato, se quedaron perplejos.

FERNANDO.- ¿Qué coño está pasando aquí?

La puerta se abrió de nuevo, pero esta vez no hubo llamada previa. Se abrió con fuerza, con violencia. Era Don Marcelino.

DON MARCELINO.- ¡La reputa madre que os parió, por fin os encuentro! ¡Llevo dos putas horas buscándoos por todas partes y nadie sabe decirme dónde cojones os habíais metido! Con la de cosas que tenemos que hacer, con la de pedidos y llamadas que estamos teniendo, me gustaría saber qué hostias estáis pensando aquí todos juntitos, ¡venga, moved el culo, rápido!

Acostumbrados como estaban a las reprimendas de Don Marcelino, se levantaron de un salto y mientras abandonaban la sala, solo Diego se atrevió a decir:

DIEGO.- Pero fue Álex Schwartz quien nos dijo que usted…

DON MARCELINO.- ¿Y quién coño es Álex Schwartz? Venga, a ponerse al día ahora mismo, y hoy no salís de aquí hasta que recuperéis todo el trabajo atrasado, ¡¿está claro?!

Los cinco recuperaron su rutina habitual y un ritmo de trabajo algo más apresurado de lo que era costumbre en ellos, pero en cuanto Don Marcelino entró en su despacho, se cruzaron las miradas, unas miradas de las cuales emanaba un brillo especial, un reflejo fugaz y luminoso, desconocido apenas dos horas antes.

 

Rusia 2018 (y II): ganó la Unión Europea

Francia África

Josean, 20/07/2018

¿Afirmación o pregunta? Ganó la Unión Europea, o ¿ganó la Unión Europea?

Durante la segunda de las semifinales del Mundial de Rusia, disputada entre Croacia e Inglaterra, recibí una imagen publicada en Twitter por el periodista Jon Erlichman que recordaba todas aquellas marcas o productos que no existían la última vez que Inglaterra había llegado a unas semifinales de Mundial, allá por el lejano 1990:

Erlichman

Y el bitcoin, Tesla, Whatsapp, Airbnb, Uber, la Wikipedia, los emoticonos,… Podemos, JuntsxCat o el Movimiento Cinco Estrellas. Hoy en día no concebimos la vida sin estas marcas y sus productos, pero como muchos tuiteros recordaron al periodista, en 1990 tampoco existía… Croacia. La pequeña república de los Balcanes declaró su independencia en 1991 y desde el principio de su nueva existencia dejó claro su afán por apartarse de la antigua órbita soviética e integrarse en la Europa de la Unión. Solicitó su ingreso en 2003 y se convirtió en el 28º estado miembro de la Unión Europea en 2013.

Por esta razón (y por muchas otras, pero del ámbito futbolero y no político) celebré que Croacia le diera una patada en el culo a los ingleses y los mandara a su casa. ¿No queríais Brexit? Pues venga, de vuelta a vuestras islas del Reino Unido, a seguir dándole vueltas a esa salida blanda o dura de la Unión Europea, que con todos sus defectos, burocracia y limitaciones, seguramente será preferible a lo que supone la separación. Un país de 4 millones de habitantes que está haciendo serios esfuerzos de modernización se impuso a una potencia industrial y económica consolidada como Inglaterra. De castigo, a los ingleses les tocó lidiar con Bélgica para mejorar su posición final, pero tampoco les fue bien. Si todo esto era una metáfora, la verdad es que salió cojonudamente bien.

48344_1_Belgistan300Los belgas son una especie aparte, un país extraño, o dos países extraños bajo un mismo nombre, como tan bien explicara el periodista Jacobo de Regoyos en el libro Belgistán. Que las sedes de las principales instituciones de la Unión Europea estén en un país que se desintegra, desunido y con unas crisis institucionales que ríete de las españolas o las italianas no deja de ser otra enorme paradoja.

Los Mundiales de fútbol tienen muchos momentos fascinantes, y entre ellos están los minutos previos al partido, con los himnos nacionales. Puede que digan mucho acerca de cada país y cómo viven su nacionalidad. Tienes que ser más frío que Putin bañándose en un glaciar para no emocionarte con el himno de México, Colombia o con La Marsellesa. De los belgas solo cantaba la mitad de los jugadores, no sé si los flamencos o los francófonos. Pero funcionaron muy bien como selección, igual que lo hacen (aparentemente) como país. En España tenemos de todo, como siempre, a Ramos buscándose la rabadilla con la nuca y a Piqué mirando al suelo con cara de cabreo, mientras nuestros seguidores se suman al jolgorio con el “lolololo”.

El Mundial se lo llevó Francia. La figura emergente en los últimos tiempos en la Unión Europea ha sido sin duda el presidente galo, Emmanuel Macron. “Ante los grandes trastornos del mundo“, dijo en su discurso de abril de 2018 en el Parlamento europeo, “necesitamos una soberanía mayor que la nuestra, complementaria, una soberanía europea“. En época de nacionalismos exacerbados y ansias de mayor poder local, sorprende un discurso como el suyo, basado en la cesión de soberanía a las instituciones europeas.

Francia Mundial 2018

Otra parte relevante de su discurso se centró en la necesidad de controlar e integrar los movimientos migratorios. Si quería mandar un mensaje al mundo sobre las bondades de la integración, la selección nacional de Francia es el mejor escaparate posible: 14 de los 23 jugadores seleccionados nacieron en África o son descendientes directos de africanos (el chiste gráfico de Topete GLZ es magnífico como descripción). Kylian Mbappé es hijo de camerunés y argelina, Pogbá es de origen guineano y los padres de Dembelé son de Mali y Senegal. De Mali también son los ascendientes del “genocida del oxígeno” Kanté y de Sidibé, y los de Mendy son senegaleses. Los de Rami son marroquíes y los de Fekir, argelinos. El padre de Kimpembe es natural de la República Democrática del Congo, al igual que el de Nzonzi. La madre de Tolisso es de Togo y el puzle se completa con otros continentes: el padre de Varane es de Martinica y Lemar nació en Guadalupe. Pues ahí ha estado el mérito de la selección francesa, en hacer que orígenes tan dispares lucharan por un interés común superior.

La lista

¿Qué pasó con los alemanes, los que “mandaban” en el fútbol y dirigían los designios de la Unión Europea? Pues quizás los sobrevaloramos, como hemos hecho siempre. Que si son muy currantes, hiper profesionales, meticulosos, que no hacen trampas,… pues con el caso Volkswagen creo que se nos han caído varios mitos. En el Mundial se los cepillaron los surcoreanos, esos a los que miraban con aire de superioridad germana. Sí, sí, los mismos de Hyundai, menudo bajón de autoestima.

Peor ha sido lo de Italia, cuya selección anda tan perdida como el país tratando de formar gobierno. No sabe si tirar hacia el juego de toque a lo Prandelli o volver al catenaccio que siempre le funcionó. No sabe si dejarse llevar por el Movimiento Cinco Estrellas o por la Liga Norte. Cambian de presidente con más frecuencia que de seleccionador, y así andan, despistados.

Pese a que las potencias europeas tradicionales no han competido al nivel esperado, el Mundial ha sido dominado por los equipos europeos: los cuatro semifinalistas y seis de los ocho cuartofinalistas. Las potencias emergentes no terminan de arrancar, como ha ocurrido una vez más con África. Brasil, el gran país emergente de Sudamérica del que tanto se esperaba, ha vuelto a ser un bluff. Su figura, Neymar, ha resultado ser como Lula, amado y denostado a partes iguales. Se esperaba mucho de ambos, pero han terminado juzgados y condenados por corrupción, económica la de uno, antideportiva la del otro.

Putin

Como todos los eventos deportivos de nivel internacional, el Mundial ha sido una magnífica publicidad para el organizador, la Rusia de Vladimir Putin, esa dictadura vestida de democracia. El ex campeón del mundo de ajedrez Garry Kaspárov lleva años escribiendo artículos enormemente duros con el presidente ruso. En World Cup 2018 and the ugly side of the beautiful game señala que dictadura “es la única descripción adecuada cuando un hombre mantiene el poder total sin oposición durante 18 años”.

El artículo es muy crítico con el uso que hace Putin del Mundial o de los Juegos de Sochi hace cuatro años, los más caros de la historia, cuando Rusia es un país sin mucho dinero para sus clases medias. Recuerda Kaspárov que mientras los oligarcas rusos compran equipos de fútbol en Inglaterra o propiedades inmobiliarias en Miami, una mayoría de rusos vive con menos de 500 dólares al mes. El gasto público para construir los estadios y mejorar las infraestructuras hoteleras ha sido tremendo, pero ha servido para que los aficionados nos quedemos con las imágenes espectaculares, no con lo que indica el ajedrecista: “es una colorida distracción para cumplir el mandato cleptocrático: privatizar los beneficios, nacionalizar los costes”.

Estadios

Sin embargo, el económico es solo uno de los numerosos inconvenientes que llevan al autor a destacar el “lado feo” del Mundial. El uso de prisioneros para la construcción de los estadios o de inmigrantes en condiciones laborales precarias, la restricción de derechos y libertades, los niveles de corrupción, que se unen a los habituales en la FIFA, el escándalo de dopaje de los atletas rusos, son otros de los problemas mencionados en el artículo, que concluye con una frase que comparto plenamente:

“We can support the beautiful game without supporting the world’s ugliest regimes”.

“Podemos apoyar este hermoso juego sin necesidad de apoyar a los regímenes más horribles del mundo”.

Catar en 2022 será la siguiente parada de esta dicotomía entre lo que amamos del juego y lo que detestamos de su entorno, de los millones que mueve y la vileza de sus dirigentes.

presidenta-croacia-mundial

Termino ya con algo menos serio. No sé qué ideología tendrá, ni si es o no una buena dirigente, pero para mi país quiero una presidenta tan cariñosa y simpática como la de Croacia.

Cara Josean

 

 

 

 

Rusia 2018 (I): las cifras

Estadio Luzhniki

Josean, 14/07/2018

A punto de terminar el Mundial de Rusia 2018 y ya que los amiguetes han dejado diferentes análisis futboleros, ya sea en modo deportivo (Barney y el odio a Neymar  o a las modas absurdas), actoral (Travis y su manía a los estrellitas) o en forma de relato (Lester para Historias de fútbol), no podíamos dejar de lado los análisis económicos ni geopolíticos (para la segunda parte).

Afortunadamente, como ya dije en la final Real Madrid-Juventus, esto es fútbol y no matemáticas, Sigue leyendo