Especial USA (y IV): el New York real de Travis


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Hace casi tres décadas me compré un póster de Nueva York en el mirador del World Trade Center, que creo que estaba en la planta 107. Lo mantuve expuesto en mi habitación mientras viví en casa de mis padres y me sabía de memoria todos sus detalles. Representaba no tanto lo que me gustaba como lo que hacía especial esta ciudad. El follón, el trasiego continuo de gente, muchos de ellos comiendo por la calle, el caos de taxis, bicis, ciclistas, coches de bomberos,… Y cómo no, Woody Allen.

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Este póster muestra el New York real con asombrosa precisión, con un hiperrealismo quizás exagerado, muy diferente al New York imaginado de los cientos de películas del que hablaba recientemente, una Nueva York abarrotada de carteles publicitarios y repleta de pequeñas historias, razas, lujo y pobreza apenas separados por unos pocos metros. En la parte superior del póster, un título, un lema, una especie de resumen de nuestro sentimiento frente al caos, un “a pesar de todo”: “…And I love New York”.

He buscado en Internet y he sabido ahora que el dibujo es de 1982 y fue realizado por un tal Michel Kichka, un israelí de origen belga que trabaja habitualmente en Francia, país en el que recibió la Orden de Caballero de las Artes y las Letras. Esa multiculturalidad del autor es también parte esencial de la ciudad de Nueva York.

Pero he hecho una cosa mejor, que ha sido buscar en el baúl de los recuerdos y rescatar el póster, con el que he preparado este vídeo corto para que podáis apreciar algunos detalles (con música de película de Woody Allen, por supuesto, Stardust memories o Recuerdos, que para algunos era complicado traducir stardust):

Me encanta, pero como decía hace poco, mi Nueva York, my New York, solo existe en las películas. Por no existir, ya no existe ni siquiera ese World Trade Center en el que adquirí el póster. La realidad supera a la ficción y ni siquiera en la cabeza de los guionistas más retorcidos de Hollywood podía imaginarse algo similar a lo que allí ocurrió el 11-S. El atentado y posterior colapso de las torres dio lugar a varias películas, algunas bastante tostón, como las 11 historias colectivas de 11’09”01, o aquella de Oliver Stone que se centra en un equipo de bomberos capitaneado por Nicolas Cage, World Trade Center. Otras resultaron muy entretenidas, como United 93, centrada en el vuelo que, tras un motín de los pasajeros, terminó estrellándose en un campo en Pennsylvannia.

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O derribado por un misil del ejército, porque los sucesos del 11-S dan lugar a todo tipo de teorías de la conspiración. Y a un apasionante (y acongojante) documental de Michael Moore, Fahrenheit 9/11, sobre algunos sucesos incomprensibles ocurridos los días previos y posteriores al 11-S, el 9/11 americano.

Hoy no toca hablar de esas teorías de la conspiración, pero no puedo dejar de pasar por alto algunas escenas ¿casuales? de Hollywood anteriores al 9/11 con esa referencia, como Terminator 2 (1991), Gremlins 2 (1990), Matrix (1999) o Godzilla (1998), incluidas en el vídeo del post del amiguete Lester.

ny-real8Como decía, la ciudad ha cambiado mucho. La Nueva York de principios de los ochenta se caracterizaba entre otras cosas por la inseguridad, algo que define el póster en varias escenas. La situación ha mejorado mucho y ahora mismo se puede recorrer la mayoría de sus zonas sin mayores problemas que la aglomeración. No es la Nueva York de las películas, no es ya afortunadamente el Distrito apache: el Bronx (1981) que traía a Paul Newman por la calle de la amargura.

No existe el World Trade Center, pero es que apenas existe tampoco Little Italy, engullida por el creciente Chinatown, con su espantosa estética de tiendas y restaurantes de chop suey. La invasión silenciosa de China en pleno corazón de Manhattan es una metáfora de lo que ha ocurrido en el mundo en las últimas dos décadas. Sin apenas hacer ruido, sin llamar demasiado la atención, van comprando locales, devorando poco a poco las ciudades y extendiendo una manera de hacer las cosas que chirría con nuestro modo occidental.

new-york-20Nueva York es hoy una ciudad volcada al turismo. Es imposible andar por la calle sin tropezar con los vendedores de tours en autobuses de dos pisos, ofertas de alguna tienda o restaurante, personajes que no salen en las películas afortunadamente. Y si salieran, para mí se merecerían una escena como la inicial de Aterriza como puedas, la del piloto que se va liando a guantazos con todo aquel que se acerca ofreciéndole flores o folletos de todo tipo.

Los taxistas no son italoamericanos como los de Scorsese, sino paquistaníes o indios. Hoy en día nadie se creería un Travis Bickle con la cara de Robert de Niro. Los porteros uniformados ya no parecen de Harlem, sino de Nigeria o de Ecuador. El Hotel Plaza ya no es de Donald Trump, y el Rockefeller Center no es visto como las oficinas de un holding millonario, sino como un lugar turístico que no te puedes perder, con el mejor mirador de la ciudad, la pista de hielo, la figura dorada y el Radio City Music Hall. Tampoco puedes tocar con los pies el piano de Tom Hanks en Big porque la tienda FAO’s Schwartz ha cerrado, seguramente porque no podía competir con los precios de los juguetes importados de China a precio de saldo.

new-york-22¿Y los restaurantes? Es muy difícil tener una conversación tranquila en uno a la manera de los guiones de Woody Allen, porque están todos a reventar de gente. Lo normal es que no encuentres mesa o que el ruido te impida hablar de la última exposición del MoMa. Pero puedes encontrar al propio Woody Allen y verle tocar el clarinete los lunes en el café Carlyle. Si tienes ganas de soltar 165 dólares por barba, claro. Otros folletos turísticos te animan a sentarte en la mesa de Sally en la que finge el orgasmo con Harry (Cuando Harry encontró a Sally), o a tomar un café en la cafetería de Tienes un e-mail (¿alguien recuerda de modo especial esa peli o esa escena?).

La Isla de Ellis ya no es el centro de acogida o clasificación de inmigrantes, sino un curioso Museo de la Inmigración que huele a cuero rancio de maleta. La Estatua de la Libertad ya no es el símbolo de la nueva esperanza que encontraban esos irlandeses e italianos que llegaban a Estados Unidos con lo puesto, sino el punto inevitable de visita de turistas japoneses, chinos o españoles. Los barcos turísticos y los taxi boats surcan el Hudson y el East River, transformando el paisaje tanto como los megacruceros que arriban casi a diario al puerto. El espacio aéreo junto a Battery Park concentra media decena de helicópteros con turistas que pagan 250 dólares por 15 minutos (igual que Josean recomendó una escena de El dictador, yo recomiendo el humor negro negrísimo de la escena del paseo en helicóptero).

El Intrepid ya no parece ese portaviones que pasó por Vietnam y la Segunda Guerra Mundial del que se bajan los marineros de Un día en Nueva York (Gene, Frank, ¿y el tercero?), sino que es el Museo del Aire y el Espacio, con un Concorde y un transbordador espacial que no pegan nada en sus pistas.

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Y más que va a cambiar la ciudad. Uno de los símbolos de la ciudad, el Empire State, será engullido en los próximos años por la construcción de 37 rascacielos, 6 de ellos de mayor altura que el mítico asidero de King Kong. Este skyline tan famoso, tantas veces visto en el cine, va a desaparecer en poco más de un lustro.

ny-real12Sí, el mítico New York pertenece al mundo del cine,…

Y menos mal, porque no he visto una ciudad con cuya destrucción disfruten más los cineastas. Al pobre John McClane le tienen danzando por la ciudad buscando bombas en Die Hard 3 (otra gran traducción, con La jungla de cristal 3, al menos clavaron el número). Tiene varias escenas míticas e inverosímiles, como la de los adelantamientos en coche en plena hora punta, la de las garrafas en Central Park o la del destrozo en la estación de metro. Aunque para destrozo que casi me hace llorar, la destrucción del puente de Brooklyn en Yo soy leyenda.

ny-real13Por supuesto, Nueva York es una de las ciudades elegidas para la llegada de los extraterrestres de Independence Day, o por los terroristas de Estado de sitio. Los ladrones de Daylight no tienen otra idea que hundir el túnel Holland bajo el Hudson. Y como no podía ser menos (habría que ver qué dicen los cálculos de probabilidades), los meteoritos de Deep Impact y Armageddon revientan varias zonas de la ciudad y provocan el caos, tanto como los sucesivos King Kong o Godzilla que han paseado por sus avenidas. La mejor escena de Deep Impact es la de la ola gigante que arrasa la ciudad. También vimos la ciudad inundada en El día de mañana, en la que los neoyorquinos que pueden huir tienen que refugiarse del frío en la Biblioteca pública de la Quinta Avenida.

Pero si hay lago que simboliza la destrucción de Nueva York es la Estatua de la Libertad. La hemos visto helada, decapitada, con Jackie Chan saliendo por sus narices, con los X-Men peleando en su corona, volando por los aires con Superman o en El planeta de los simios, como símbolo de la destrucción de nuestro modo de vida.

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Esa es la ciudad de Nueva York, my New York de las películas, una ciudad que renace de sus propias cenizas. Para mal o para bien, muy diferente a la real. Hasta Woody Allen ha sucumbido a los encantos de la china.

 

Especial USA (III): el New York imaginado de Travis

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“New York, New York, it’s a wonderful town! The Bronx is up and the Battery’s down.”

Así empieza la animadísima canción de Un día en Nueva York, interpretada, como todos recordaréis por Gene Kelly, Frank Sinatra ¿y?…, ¿y?,… nadie se acuerda del pobre Jules Munshin. Todo el que va por primera vez a Nueva York dice que cree reconocer muchos sitios de la ciudad porque los ha visto mil veces en las películas y en las series de televisión. Como todos los lugares típicos que nos enseñan los marineros de la película mencionada en un tour turístico muy recomendable de Seguir leyendo

Especial USA (II): POTUS Trump, por Josean

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Por sorprendente que pudiera parecer hace apenas diez días, Donald Trump será, como nos hemos hartado de oír, “the next President Of The United States”. Igual que en los días previos a las elecciones solo se hablaba de lo nefasto que era este maleducado millonario, desde entonces se han sucedido los análisis de todo tipo intentando explicar las causas de su victoria. Desde Europa, o desde España al menos, no dejaba de sorprendernos que un tipo racista, misógino, defraudador, enemigo de la prensa que no es de su cuerda, empresario sin escrúpulos y muchas más cosas, todas ellas terribles, pudiera tener opciones de Seguir leyendo

Especial USA (I): el deporte, por Barney

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En el fondo siento cierta envidia por la manera que tienen los estadounidenses de disfrutar del deporte. A raíz de la reciente visita de Lester a los Estados Unidos con motivo del maratón de Nueva York, estuvimos comentando lo que fue para él ver un partido de la NBA. Un partido intrascendente, como fue el Brooklyn Nets-Charlotte Hornets.

hot-dog_baseballDecía Lester que le llamó la atención el tamaño del estadio, pero no tanto por las gradas sino por la parafernalia que lo rodeaba: tiendas de merchandising de todo tipo relacionado con el equipo local o con la NBA, puestos de comida rápida (comida basura a precio gourmet), salas VIP, zona de recreativos, otra con grandes pantallas para seguir el partido como si estuvieras en un bar de copas,… Y le sorprendía también que mientras el partido estaba en juego había mucha gente en todos estos sitios, y bastantes huecos en las gradas. Ya en la segunda parte había mucha más animación en las gradas, gritos de “D-fens!”, decibelios de música durante el juego, continuas interrupciones para los bailes de las cheerleaders, acróbatas o saltimbanquis,… básicamente showtime!

En cierto modo, esa es la manera de disfrutar el deporte de los estadounidenses. Esto es espectáculo, entretenimiento. No se insulta a los árbitros, no se insulta a los rivales, y si pierde el equipo local, como cuenta Lester que pasó ese día, ¡no pasa nada! Esto es un juego, celebremos la parte lúdica del mismo, no concibamos el deporte como una cuestión de vida o muerte que pueda hacer que nos vayamos eufóricos o cabreados a la cama. Y la vida sigue al día siguiente, no como ocurre con nuestros “partidos del siglo” de fútbol, que duran por lo menos dos semanas: la previa y la posterior al choque.basket

Algo sé del deporte en Estados Unidos por los tres veranos que pasé allí hace casi treinta años. Fui a varios partidos de béisbol, jugué al baloncesto en una high school y en canchas callejeras (nada heroico, son iguales que en España, pero con cadenas en lugar de redes), al tenis en una pista rapidísima donde mis saques parecían los de McEnroe, participé en un torneo de fútbol (del nuestro) y vi mucho boxeo en la tele y algo de fútbol americano.

Me interesa hoy hablar de los deportes de equipo y de cómo se toman los americanos los mismos. En Estados Unidos se siguen de modo especial tres deportes de equipo: el baloncesto, el fútbol americano y el béisbol. basket2

1. Baloncesto vs fútbol

De baloncesto sabemos bastante en Europa, y en los últimos años las normas de uno y otro lado del Atlántico, y en parte el nivel, se han acercado bastante. Los responsables de la NBA y la FIBA no tienen miedo a cambiar las normas en su búsqueda del espectáculo, todo lo contrario a lo que ocurre con los dirigentes de la FIFA y el fútbol. Nos pretendieron vender como revolucionarios los cambios implantados en el reglamento a partir de la Eurocopa de Francia, pero son una chorrada en su gran mayoría (sacar de centro hacia atrás, eso es lo más relevante, qué nivelazo). Se siguen permitiendo las faltas reiteradas, las pérdidas de tiempo, solo tres cambios por equipo y durante el partido, sin parar el tiempo, y se matiza el fuera de juego (los escandalosos goles en fuera de juego del Barça contra el Valencia y el Sevilla han motivado una nueva reinterpretación de nuestro Comité de Árbitros, “norma Suárez” la llaman).

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El fútbol, nuestro fútbol, su soccer, ha crecido mucho en popularidad en Estados Unidos, pero sigue a años luz de lo que representan los otros tres deportes mencionados. Siguen sin entender que en ocasiones gana el que juega peor, o que se puede amasar la pelota durante horas sin intentar lograr el objetivo del juego, el gol. Curiosamente, en inglés, gol y objetivo se definen con la misma palabra, goal. A veces veo a la selección española o al Barça, y me pongo en la piel de un americano que intentara entender este deporte: “¿y si consiste en marcar gol, por qué no intentan chutar?” No me siento capaz de explicar lo que vi hace un par de semanas durante el City-Barça: un córner del City que se saca en corto y el balón va hacia atrás, y hacia atrás, y más atrás, hasta que termina en los pies de Willy Cavallero. La mano de Guardiola, sin duda, dónde se ha visto que un equipo inglés desaproveche un córner.

soccerHace más de dos décadas intentaron popularizar en Estados Unidos un tipo de fútbol que ellos consideraban más espectacular: el recinto era cerrado, indoor, y se podía jugar con las paredes, a la manera del hockey, el campo era más pequeño, por supuesto no había fuera de juego,… y los partidos terminaban 10-8, 7-11, 9-6, resultados impensables para el fútbol que concebimos en Europa. Era un tostón, lo reconozco, un correcalles en el que se metían pelotazos hacia arriba, contra las paredes y a veces ganaba el que tenía más reflejos para enchufar todos los rebotes que se producían. Era una locura de juego, muy dinámico eso sí, pero ganaba el más burro, no el más técnico. No tuvo éxito.

El baloncesto se vive en los USA de modo apasionado, como vemos con las celebraciones que suceden a cada título de campeonato, pero no existe esa exigencia que tenemos en Europa de ganarlo todo todos los años. Un equipo puede ganar la liga o jugar varias finales, y en apenas cinco años ser uno de los peores de la competición, y no pasa nada. Los aficionados saben que mejorarán, que los intercambios de jugadores pueden ser muy provechosos y que el draft igualará la competición. Celebran y aprecian la igualdad de la competición, mientras que en el fútbol europeo se tiende a todo lo contrario, tanto en las ligas nacionales como en la Champions. Nuestra desigualdad (creciente además) no sería tolerada en la NBA, que hasta tiene creado un comité para frenar traspasos que puedan considerar perjudiciales para el equilibrio de la competición.

Supongo que algo tendrá que ver el que un aficionado lo es al equipo de su ciudad, no hay una tradición de un siglo atrás. como pueda haber con el Madrid, el Barça o la Juventus de Turín. Los Grizzlies hoy son de Memphis, pero ayer eran de Vancouver. Los “del lago”, los Lakers, hoy son de Los Ángeles, pero hace unas décadas eran de Minneápolis. El Calor de Miami, el Jazz de Utah, los Supersónicos de Seattle o los Soles de Phoenix. A mí el nombre de equipo que me gusta es el de Milwaukee Bucks. ¿Qué es un “buck“? Pues un paquete de cervezas. ¿Cómo no voy a disfrutar, gane o pierda, de un equipo con esta declaración de principios?

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2. El fútbol americano

A mí me parece un tostón, qué quieren que les diga. Una vez me tragué una Super Bowl con unos colegas y me tuve que inyectar el café en vena para no dormirme. Cuatro horas de partido, uf, se hace muy duro. Lo mejor estuvo en los números musicales del descanso, manda huevos.

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El deporte en sí no puede ser más simple. Un grupo de armarios empotrados intenta hacer un muro de contención para que los bulldozer contrarios no derriben al que lleva la bola, perdón, el melón, el quarterback, que intenta lanzarla a toda prisa a los más ágiles y rápidos del terreno de juego, los receivers. Estos tienen que traspasar la línea de fondo del equipo rival antes de ser cazados. Avanzan yarda a yarda, a veces nada, otras veces veinte o cuarenta del tirón. Y no hay más, y así durante horas.

Pero este deporte tiene una cosa que encanta a los americanos: muchos momentos muertos, intrascendentes. Perfectos para dar una vuelta por el estadio y comprar una gorra del equipo, una cerveza, unos nachos con queso o una foto con algún trofeo. O comprarlo todo en una tarde. Al fútbol americano va uno a divertirse. En el fondo lo de menos es si ganan los Delfines de Miami, las Águilas de Filadelfia o los Pieles Rojas de Washington. Y si en el intermedio nos montan un numerito con el pezón de Janet Jackson, ya hay algo de lo que hablar al día siguiente, porque el juego en sí…

panueloHay una norma del fútbol americano que me parece impensable aplicar en nuestro fútbol europeo tan dado al drama y la protesta. Consiste en esas jugadas dudosas que el árbitro deja seguir (antes lanzaba un pañuelo amarillo, no sé si se sigue haciendo) y una vez que el juego se ha parado, revisa la jugada en el video marcador del estadio o en una pantalla junto a la mesa de control, y valida o anula la jugada. No me imagino algo similar en nuestro fútbol, en el que, a pesar de tener una treintena de cámaras para algunos partidos, los aficionados y periodistas (auténticos hooligans) pueden estar discutiendo durante horas sin ponerse jamás de acuerdo sobre un penalti o un fuera de juego. Ese es el nivel de dramatismo con el que seguimos el juego (y me incluyo).

3. El béisbol

El pasatiempo norteamericano por excelencia. Quizás el único deporte en el que podemos ver a jugadores con unos barrigones mayores que los de los espectadores.

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¡162 intrascendentes partidos de fase regular! En ocasiones juegan los mismos equipos entre ellos durante cinco o seis días consecutivos. Si el duelo es un tostón, pues ahí lo tienes, seis tazas. Y luego los playoffs o series mundiales. La competición es tan larga y repetitiva como un culebrón venezolano, pero los aficionados disfrutan con el juego y van a los estadios. Y lo pasan bien.

beisbol4Yo fui varias veces y conseguí entender el juego. Tampoco es tan complicado, lo que pasa es que como casi nunca ocurre nada, tienes que esperar a que haya una jugada reseñable para que te expliquen lo sucedido. Recuerdo un partido que acabó 2-0 y duró apenas dos horas y cuarto. Corto, pero soso porque no pasó nada. Los dos lanzadores (pitchers) eran unas malas bestias que eliminaban uno tras otro a todos los bateadores.

Pero a los pocos días estuve en otro partido que duró ¡tres horas y media! Para un marcador corto, 4-3, o algo así. Como el juego era soporífero me dediqué a observar a los aficionados, que no dejaban de pedir perritos, cacahuetes, coca-colas big size, dar vueltas por el estadio,… Lo mismo que hice yo. Si el espectador está en medio de una fila de asientos, el perrito o las patatas van de mano en mano hasta que llegan a su destinatario, al igual que el dinero recorriendo el camino inverso.

beisbol5La gente lo pasa bien, pero en muchas ocasiones por todo lo ajeno al juego. Los animadores son unos profesionales de lo suyo y buscan animar al espectador o preparan juegos: la Kiss camera, el espectador del día, un sorteo, vídeos cómicos o de recuerdos de alguna jugada de otro año, canciones que la mascota del equipo obliga a bailar,… buscan a familias entre el público y las ponen en las pantallas gigantes. Todo por el entretenimiento que el béisbol no consigue.

Durante buena parte de los partidos los espectadores ni miran el juego, lo cual entiendo perfectamente. Un buen bateador tiene un ratio de acierto por encima de 0.3, es decir, consigue golpear e impactar la bola apenas una de cada tres veces que sale al campo. Y eso si es uno de los buenos, los flojos apenas la huelen. Strike 1, strike 2, strike 3, fuera. La mayoría de los jugadores del equipo que defiende no se mueven durante minutos, se pasan el tiempo mascando tabaco o cambiando el pie de apoyo. Quizás solo haya visto un deporte con menos actividad: la pesca.

Pero los americanos lo disfrutan, lo viven a su manera. Por todo eso decía al principio que siento cierta envidia. Es un juego, y se quedan con la parte lúdica del mismo, no con el drama con el que tanto nos gusta envolvernos aquí. Antes de los partidos suena el himno americano y se escucha con devoción, a nadie se le ocurriría montar los shows de las finales Barça-Athletic de Bilbao. A nadie se le ocurriría politizar las gradas, como tanto gusta hacer el equipo de “los valors”. Es solo un deporte, es un juego, no hay política ni malos rollos.

Quizás por eso no tengan los problemas de violencia que tenemos en el fútbol FIFA con las aficiones. El problema en Argentina, Polonia, Serbia, Turquía o Rusia, por citar solo algunos países, es tremendo y empieza a acercarse (no hay más que recordar la Eurocopa pasada) a los niveles previos a Heysel. No recuerdo nada similar en Estados Unidos.

Y no es un problema de falta de competitividad o de pasotismo de los deportistas que se contagia a las aficiones. Todo lo contrario, a competitivos no les gana nadie, como vemos continuamente en el atletismo o en los Juegos Olímpicos. Nada hay peor para un estadounidense que ser tachado de loser, de perdedor. Los jugadores lo dan todo en el campo, se dejan los cuernos en los entrenamientos y sobre todo lo que noto es que mejoran año tras año, que difícilmente se estancan. Al contrario de lo que ocurre aquí, donde la falta de confianza que se da a los jugadores hace que muchos estén acabados a los veintipocos años.

Por todas estas razones comentadas, la búsqueda del espectáculo, la igualdad entre equipos, el respeto al árbitro y al rival, la política cero en las gradas, la celebración de la victoria, la ausencia de drama en las derrotas, y por el modo de disfrutar de las aficiones, es por lo que siento una sana envidia de los norteamericanos. Deporte, sana competencia, showtime, ¡que todo se limite a saber si ganan los Pelícanos o los Acereros de Pittsburgh!

Cara Barney

Maratón de Nueva York (II),… y el glorioso después, by Lester

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“Congrats!”, “You got it!”, “Great job!”, emociona oír frases así cuando terminas una carrera tan dura como esta. Y puedes seguir oyéndolas a lo largo de todo el día, porque una de las tradiciones del maratón de Nueva York es pasear las horas y los días posteriores con la medalla de finisher al cuello. Anoche Times Square estaba lleno de corredores con su medalla al cuello, haciéndose fotos y escuchando los elogios de la gente con la que te cruzabas. Te emocionas, te creces, te congratulas, sobre todo si lo has tenido que pelear o sufrir a lo bestia. Seguir leyendo

Maratón de Nueva York (I), antes… por Lester

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En apenas diez horas estaré en ese grupo de más de cincuenta mil corredores chiflados que se lanzan a recorrer 42 kilómetros en el maratón más famoso del mundo, el de Nueva York. Todos los años vemos esas espectaculares  imágenes por televisión de la salida por el puente Verrazano y supongo que muchos, como yo, le decían a su mujer o amigos: “ahí voy a estar yo algún día”. El primer post del año ya dejaba alguna pista de mis intenciones.

Pues bien, el día ha llegado. Seguir leyendo

Mariano y el cambio de hora, por Josean

Spain's Prime Minister Mariano Rajoy looks on before delivering his speech to present a new reform program during a session at Parliament in Madrid May 8, 2013. REUTERS/Sergio Perez (SPAIN - Tags: POLITICS BUSINESS) SPAIN-REFORMS/

Pues ya está, ya lo ha conseguido. Casi un año después Mariano Rajoy será investido presidente, y lo mejor de todo (para él) es que no ha tenido que mover un solo dedo. Me parece una metáfora interesante que la sesión de investidura que le ha votado como presidente se haya celebrado el mismo día que se cambia la hora. Hacia atrás.

Volvemos hacia atrás, como el reloj, Seguir leyendo