Vacaciones solidarias en la India, por Rachel

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Cuando eres joven te pasas el año esperando que llegue el verano. El verano es maravilloso. Largo, lleno de planes, con tiempo para lo que quieras: piscina, deporte, vacaciones con la familia, salir con los amigos, holgazanear,… ¡cazar pokémons! Hay tiempo para todo, también para estudiar, aprender inglés,… o hacer voluntariado.

Cada año unos 200.000 jóvenes españoles realizan labores de voluntariado en diversos países, principalmente de África, Asia o Sudamérica.  Jóvenes que dejan las comodidades, los planazos de verano o las vacaciones de sol y playa para acudir a echar un cable a una lejana aldea o a un perdido colegio en la otra parte del mundo, esa parte en la que el agua es un lujo y tener wi-fi una quimera, esos lugares apartados en los que falta de todo menos una sonrisa. Admiro a estos jóvenes, me maravilla su actitud y puedo decir sin rubor que siento una sana envidia por las experiencias que han vivido en primera persona.

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Este blog de los cuatro amiguetes ha tenido voces exclusivamente masculinas en sus dos años de vida, y creo que no hay mejor ocasión que esta, ni mejor motivo que el de esta entrada para abrirnos a una voz femenina, la de mi hija Rachel. Rachel ha pasado cuatro semanas en la India con la ONG BodhiTree School Foundation, en Bodhgaya, al norte de la India. El verano anterior lo pasó en Uganda, colaborando con la ONG Kelele África y ayudando en la escuela Kumwenya Eco School . Lo mejor es cederle la voz y que lo cuente ella.

LESTER.- ¿Cómo valoras tu experiencia en la India?

RACHEL.- Mi experiencia en la India ha sido maravillosa. Me he introducido en un país completamente diferente a todo lo que había conocido hasta ahora, con una cultura que al principio choca mucho, pero que acabas admirando y con unas personas que te lo dan todo sin tener nada. Me ha servido para crecer como persona, para reflexionar sobre aspectos de mi vida que me gustaría cambiar y para darme cuenta de que se puede ser infinitamente feliz con muy poco. 

Tú eres estudiante, tienes 19 años, y seguramente careces de conocimientos precisos para desarrollar una labor como la que puede hacer el personal especializado de ONGs tipo Médicos Sin Fronteras o Ayuda en Acción, ¿qué tipo de labor social o de cooperación puedes desempeñar en un lugar como la India?

img-20160802-wa0006Puedes realizar miles de tareas sin necesidad de tener estudios médicos o titulación de profesor. En lugares como la India, la superpoblación y la desigualdad económica hacen muy complicada la posibilidad de evolución y desarrollo. Cualquier labor, por muy pequeña que sea, es de gran ayuda y lo valoran un montón. Ya sea ayudar a pintar un colegio, dar clases de inglés, intentar informar acerca del uso de métodos anticonceptivos, enseñar desde bien pequeños que las niñas y los niños deben de ser tratados igual… Pero sobre todo, lo que más necesitan en muchas ocasiones es que alguien les escuche, les preste atención y les dé el cariño que necesitan. imgp9092

No estuviste en una ONG al uso, orientada a paliar condiciones de extrema pobreza, o atender necesidades médicas de la población, ¿cuáles son las principales diferencias que ves en Bodhi Tree School Foundation?

Bodhi Tree School es un gran campus situado en medio de los campos de arrozales de los alrededores de la ciudad de Bodhgaya al que acuden cada día 400 niños de las aldeas rurales de la zona. Se caracteriza por tener una forma de educar a los niños completamente distinta al resto de colegios de la India. Apuesta por una educación mixta, en la que el profesor es uno más y los niños no tienen miedo a preguntarle cosas o dirigirse a ellos si les pasa algo. Tiene como principales objetivos fomentar el inglés y abrir la mente de los niños con la llegada de voluntarios de todas partes del mundo. img_20160819_135843

Es muy común que en la India, cada vez que ven a un “blanco” se le queden mirando y le pidan una foto como si fuera un famoso, ya que no están acostumbrados a ver gente occidental (nos sacaron en un periódico local y todo). De esta manera, Bodhi Tree quiere acabar con estos comportamientos, normalizar la convivencia con extranjeros y mostrar que todos somos iguales a pesar de nuestro color de piel, y que ninguna raza es superior a otra. 

La gente que visita la India por primera vez suele volver “marcada”, sobre todo en el aspecto emocional, ¿cómo ha sido para ti ese primer impacto?

Ha sido un impacto muy fuerte, ves situaciones muy duras y a menudo piensas que estás en un sueño y que todo lo que estás viviendo no está pasando. Sin embargo, es la realidad y de repente, estás viendo cómo transportan un cadáver para realizar la cremación en el Ganges o cómo un indio ricachón y con sobrepeso va tan tranquilo en su rickshaw mientras el pobre conductor pedalea a duras penas por el infernal tráfico de Delhi.

Ves cosas que te marcan mucho y que sabes que no vas a olvidar nunca. Te hace replantearte tu vida, si eres feliz con lo que haces y te vuelves mucho más tolerante con la gente. 

En las fotos que nos enseñas podemos ver enormes sonrisas en las caras de los niños, ¿qué te parece, cómo lo interpretas?

img-20160802-wa0005Los niños eran muy felices. A pesar de vivir en casas de adobe que a menudo sufrían inundaciones por el monzón, sonreían a todas horas y eran los seres más cariñosos de este planeta. Son niños que no han conocido otro mundo que ese, que apenas han ido a la ciudad un par de veces en su vida y que se contentan con tener su plato de arroz cada día y poder ir al colegio a aprender y jugar. Disfrutaban con los voluntarios,  se sentían especiales al recibir visitas de gente de la otra parte del mundo que venía a dedicarle su tiempo y se maravillaban con los juegos y actividades que les preparábamos. 

Te sucedió algo parecido en Uganda, ¿verdad? ¿Qué crees que diferencia a los niños ugandeses de los que has conocido en la India?

En Uganda la relación con los niños era muy parecida. Les hacía muchísima ilusión que llegasen voluntarios y cuando ibas andando por los caminos de la aldea, todos los niños venían corriendo a tu encuentro para darte un cariñoso abrazo y decirte su frase favorita en inglés: “How are you?” La mayor diferencia que he encontrado entre los niños indios y los ugandeses ha sido la situación de la niña. En Uganda, todos jugaban con todos sin importar que fuesen chicos o chicas y participaban por igual en los juegos y actividades. Por el contrario, en la India, las niñas se ponían siempre juntas, se solían sentar al fondo de la clase y no se ofrecían casi para participar en los juegos. Eran tremendamente tímidas y teníamos que hacer grandes esfuerzos para animarlas a salir a la pizarra a resolver un ejercicio o a correr una carrera en el patio.

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Es verdad que en ambos países los matrimonios de conveniencia son algo usual y es normal que muchas niñas abandonen el colegio para casarse. Esta idea de la mujer como un ser inferior al hombre, a pesar de estar vigente en ambos países, la percibí mucho más potente en la India. Quizás por la religión, por su historia, por la cultura del país… Por ello, Bodhi Tree School hace una enorme labor por paliar estas desigualdades y lleva a cabo iniciativas de empoderamiento de la mujer como el taller de costura que ha construido en el campus.

Más difícil aún, ¿en qué se parecen? ¿Crees que hay algún elemento común en los niños y jóvenes del mundo, sean ugandeses, indios, españoles o bolivianos?

A pesar de pertenecer a países y continentes diferentes, me atrevería a decir que todos los niños del mundo son iguales. La ilusión con la que afrontan su día a día, sus miedos por la noche, su emoción cuando van a realizar algo que desean, sus ganas de aprender y su inocencia son elementos comunes con los que todo niño y joven convive en sus primeros años de edad. Sin embargo y por desgracia, cada uno nace en unas condiciones y familia determinadas que hacen que la infancia de cada uno acabe siendo diferente y configurando su personalidad de distinta manera. 

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La India ofrece contrastes enormes, extrema pobreza junto a zonas lujosas, vacas sagradas, tráfico caótico, diversas religiones, háblanos del país que has conocido.

Es un país que no deja de sorprenderte. Vacas y perros por todas partes, olores de lo más diferentes, mercados de fruta, puestos de comida callejeros, templos preciosos… Una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de personas que había. Creo que no he conocido ningún rincón de la India que no estuviese abarrotado de gente. Consecuentemente, el tráfico es una locura. No hay señales de tráfico ni aceras y los coches se comunican pitando ya que no usan los intermitentes. Se cruzan motos, rickshaws, coches, autobuses, personas, animales… todos adelantándose a todos, girando a derecha e izquierda y sin parar de pitar. La contaminación ambiental y la contaminación acústica son muy fuertes. El ruido constante es algo de lo que no te despegas en tu estancia en la India y la contaminación debido a los coches y aires acondicionados es tremendamente acusada en ciudades como Delhi.

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La higiene es de los mayores problemas de este país. Las calles están abarrotadas de basura ya que no cuentan con un sistema de recogida. El Ganges es para los hindús un río sagrado y acuden a bañarse allí para purificarse. Sin embargo, el río es de lo más antihigiénico del mundo. Lo usan para todo: para lavar a los animales, echar las cenizas de los muertos, tirar los restos de basura, lavarse los dientes…

El hinduismo es una religión con puntos muy extremos como el sistema de castas tan vigente en la India. Tiene aspectos que llaman mucho la atención como la cantidad de peregrinos vestidos de naranja que te encuentras constantemente por el país. Estos peregrinos deben recorrer 100 kilómetros descalzos visitando lugares sagrados con el fin de purificarse y acabar depositando diversas ofrendas y bañándose en el Ganges.

Podría tirarme horas hablando de la India y de las aventuras que allí vivimos. Es un país con unos contrastes muy fuertes y con aspectos muy chocantes pero del que aprendes un montón. 

¿Recomendarías tu experiencia a otros jóvenes? ¿Crees que cualquiera está capacitado para vivir una experiencia como esta?

Considero que visitar un país del tercer mundo como India o Uganda es una experiencia que todo el mundo debería tener una vez en la vida, y si se es joven más aún. Es un viaje que te aporta mucho más que cualquier otro que puedas hacer. Te llena de momentos y sensaciones únicas, te permite superar tus miedos y te abre los ojos a una nueva forma de vida. Sin duda, cuando sales de tu zona de confort es cuando de verdad aprendes de ti mismo.

Pienso que el único requisito para poder vivir una experiencia como esta es viajar con la mente abierta. Tienes que esperarte de todo y esperar nada a la vez. Hay que viajar con la idea de que vas a abandonar tus comodidades por un determinado tiempo y que hay que amoldarse a todo. Vas a vivir en un mundo paralelo y tienes que saber sacar el máximo provecho de cada situación, incluso de las malas. 

Una vez de vuelta a España, ¿pierdes de vista a la gente que has conocido? ¿De qué manera puedes seguir colaborando desde aquí?

La mayoría de gente que he conocido en la India y en Uganda son personas de allí o voluntarios que se quedan todo el año. kelele2

En el caso de Uganda, sigo viendo periódicamente a los otros voluntarios que conocí allí ya que hicimos muy buen grupo, y también a Chelo y Eva, directoras de la ONG Kelele África. Puedes colaborar con ellos apadrinando a algún niño del cole o haciendo algún donativo a través de la web: www.keleleafrica.org.

logo-verde-azulTambién realizan a lo largo del año numerosos mercadillos de artesanía africana, clases de yoga solidaria o talleres de danza africana cuya recaudación es destinada íntegramente al colegio Kumwenya Eco School.

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En el caso de la India, sigo en contacto con Dhirendra Sharma, el increíble director de Bodhi Tree School y con Monika Maas, la maravillosa coordinadora de voluntarios. La mejor forma de colaborar con Bodhi Tree Foundation es a través del grupo de teaming 1+1=11, por el cual donas al mes un euro que se destina a los diferentes proyectos que Bodhi Tree lleva a cabo.

Puedes encontrar los detalles en: https://www.teaming.net/1-1-11

También puedes contactar con Dhirendra a través de la web y hacer algún donativo:

http://www.bodhitreeeducationalfoundation.org/contact-us.html. 

Por último, y no hace falta que me contestes, ¿sabes que estamos orgullosos de ti?

 

De suicidios y escritores malditos, por Travis

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Como dijo algún sabio, “suicidarme sería lo último que haría en la vida”. Y sin embargo, resulta paradójico que siendo el suicidio algo tan feo, casi vulgar y en ocasiones cobarde, en el cine se nos presenta con frecuencia como todo lo contrario, como un acto heroico, lleno de épica.

suicidio1El momento cumbre de Los Miserables, la inmortal obra de Víctor Hugo, es sin duda el suicidio del comisario Javert tras toda una vida persiguiendo y puteando a Jean Valjean. Dentro de una historia tan lograda, en la que la justicia no representa exactamente al Bien, ni el fugitivo al Mal, el mejor momento del libro, de la versión de Billie August (1998), del musical de Tom Hopper (2012), de la serie del 78 o del musical en el teatro (por mencionar las versiones que he visto) se produce cuando Javert se da cuenta de sus errores y se redime arrojándose al Sena. Es una salida digna para un tipo que ha llevado su honor al extremo.

En esta consideración del suicidio como manera de recuperar el honor nos dan mil vueltas los japoneses. Aquí ni siquiera se pide perdón por los errores, a la manera del presidente de Toyota. Lo más que llegamos a oír es: “Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir.” Si cada político pillado in fraganti, tras hacer pública su confesión, se hiciera a continuación el harakiri nos creeríamos ese “no volverá a ocurrir”, pero desgraciadamente ni harakiri, ni perdón, ni humillación, nada.

Uno de mis momentos favoritos de El Padrino II se produce cuando Tom Hagen (Robert Duvall) convence al conspirador Frank Pentangelli (Michael V. Gazzo), antiguo amigo de su padre, de que solo tiene un camino para restituir su honor y hacer que a su familia no le falte nada en el futuro. Le remite a la Historia, a la época de los romanos y le indica qué hacían los traidores en esos casos. En la siguiente escena en la que aparece Pentangelli vemos que este se ha cortado las venas y yace en la bañera.

El cine nos muestra el suicidio en ocasiones como un acto de honor, pero en la mayorías de ellas es fruto de la desesperación. La del tetrapléjico Ramón Sampedro en Mar adentro, quien concluye su hermoso poema del mismo título (“un beso enciende la vida / con un relámpago y un trueno / y en una metamorfosis / mi cuerpo no es ya mi cuerpo”) con un desesperado y desesperanzado:

Pero me despierto siempre,

y siempre quiero estar muerto,

para seguir con mi boca

enredada en tus cabellos.

suicidio2Un final trágico, pero deseado, el del pobre Ramón Sampedro. Un final trágico, fruto del hartazgo, se encuentra en uno de los mejores arranques de una película de los 90, El último boy scout. En ese inicio brutal de la película, un jugador de fútbol americano se descerraja un tiro en la sien tras pronunciar una frase digna de Cioran: “La vida es una mierda”.

El director de esa palabrotera (y divertidísima) película fue Tony Scott, el hermano frenético del parsimonioso a ratos Ridley (Blade Runner, Los duelistas, Marte). En 2012 Tony Scott acabó con su vida arrojándose por un puente en Los Ángeles. Según el parte médico, no padecía cáncer, ni ninguna enfermedad grave o terminal, tal como dijeron algunos medios inicialmente. Se quitó de en medio, al parecer sin más, quizás porque como a su personaje, la vida le parecía una mierda.

Otro que se quitó de en medio fue Robin Williams, el actor que durante décadas nos hizo reir (al menos lo intentó, muchas veces no lo logró). En su caso, parece que estaba deprimido por el Parkinson que le afectaba y que le iba a limitar seriamente el resto de su vida.  “Asfixia por ahorcamiento”, dijo el informe forense. Todo indica que no fue el mismo tipo de ahorcamiento que acabó con la vida de David Carradine en su indefinible intento de búsqueda del placer.

suicidio6ca. 2008 --- Hugh Laurie and Robert Sean Leonard --- Image by © Justin Stephens/Corbis Outline

De Robin Williams y el suicidio recuerdo dos referencias en películas: una que me encantó y otra que detesté. La primera fue toda una sorpresa: El club de los poetas muertos. Animado por el profesor Keating (“¡oh, capitán, mi capitán!”) en la búsqueda de su propio camino, el personaje interpretado por Robert Sean Leonard se pega un tiro al comprobar que sus padres no le van a permitir dedicarse al teatro sino que va a tener que vivir una vida entregada a la medicina. Ya en su día el suicidio me pareció un tanto excesivo, pero quizás el actor había vaticinado un futuro junto al doctor House y por eso prefirió apartarse.

suicidio5La otra referencia está en una de las películas más detestables que he visto en un cine: Más allá de los sueños (1998). Quizás sea la película más pastelona y lamentable que haya visto jamás en una sala, y si no me fui es porque no lo he hecho nunca, ni siquiera con Bailar en la oscuridad, de Lars von Trier. En Más allá de los sueños el personaje interpretado por Williams ha muerto y va a un cielo de tonos pastel en el que se encuentra a su hijo, que también había muerto un tiempo antes, encarnado en el cuerpo de Cuba Gooding Jr., ¡joder, ¿no había otro actor?! Pero la historia se complica porque su mujer (Annabella Sciorra), allá en la Tierra, tras tanta desgracia, se ha suicidado y por tanto va al infierno al que van los suicidas,.. y yo en la sala mirando la hora,… y Robin Williams viaja al infierno para rescatarla de allí y… el cielo es de pinturas celestes, pero el infierno es negro como el sobaco de Denzel Washington, y… THE END, ¡menos mal! ¡Que me devuelvan el precio de la entrada! suicidio7

El suicidio deja un poso amargo a los familiares que sufren de cerca la pérdida (excepto si están en un cielo de acuarelas, como Robin Williams). En Secretos del corazón, de Montxo Armendáriz, un suicidio era ese secreto del corazón que la familia trataba de eludir para continuar con su vida. Peor, mucho peor, terrible como pocos, es el final de Las vírgenes suicidas, la primera película de Sofía Coppola como directora, que por cierto, soltó un spoiler en toda regla en el propio título.

Si alguno quiere un catálogo de suicidios que vea cómo las cinco hermanas de un idílico barrio residencial norteamericano se quitan la vida como único modo de salir de la prisión del hogar. Igual de terrible es la frase de los padres (tremendo James Woods y enorme en todos los sentidos Kathleen Turner) intentando explicar lo inexplicable:

“A mis hijas nunca les faltó amor”.

No me quiero poner trágico, porque en este blog intento siempre todo lo contrario, así que termino la “parte chunga” con un momento que me gusta de una película que no me gusta de modo especial, como es Siete almas, con Will Smith y Rosario Dawson. La película comienza con el punto álgido de la redención de protagonista, cuando Will Smith llama a Emergencias para comunicar que ha habido un suicidio:

– ¿Quién es la víctima?

– Yo mismo.

¡Bien, Will, bien! Aprecio ese humor negro, porque luego la peli es un poco tostón y blanda, sensiblera como suele ser su director (Gabriele Muccino), y buscando en todo momento una lágrima que en mí al menos no consiguió.

suicidio10Aquí en España somos más de comedias, también para hablar del suicidio. Cuando Fernando Trueba ganó el Óscar por Belle Époque (1992), recuerdo que dijo haberse sorprendido por ver que los americanos valoraban una comedia en la que había dos suicidios y un asesinato. Para el que solo recuerde de esta película cómo el hobbit Jorge Sanz se cepillaba a cuatro pedazo de mujeres, le recuerdo que se suicidan el cura republicano (Agustín González) y uno de los guardias civiles del comienzo de la peli tras cargarse a su compañero de ronda.

No debería haberse extrañado tanto Fernando Trueba, sobre todo si pensamos que una de las películas más divertidas y recordadas de su admirado (y mi admirado) Billy Wilder, Con faldas y a lo loco (1959), comienza con la matanza del Día de San Valentín. Varios muertos y muuucha diversión no son incompatibles si el que lo escribe es un genio.

Aunque no venga muy a cuento, dejo aquí un detalle friki por lo hilarante, me refiero al título del libro del detective privado interpretado por Ramón Langa en El otro lado de la cama: Kennedy se suicidó y Marilyn vive en Matalascañas. Jamás lo sospeché, fíjate tú. suicidio9

Me dejo muchos ilustres suicidas en el tintero (las macabras ruletas rusas de El cazador, el amigo de Richard Gere en Oficial y caballero, Carmelo Gómez a su manera en La gran vida, el Escuadrón Suicida, mas homicida que suicida, o el John Doe de Se7en, que en el fondo anhela ese disparo en la sien para completar su obra), pero ya que hablamos de suicidios y de tinteros, el hecho de acabar con la propia vida de modo violento es más propio de escritores que de cineastas.

Ernest Hemingway se pegó un tiro con su escopeta tras una vida de cine llevada al límite. John Kennedy Toole (La conjura de los necios) se suicidó a los 31 años por el método de la muerte dulce: el tubo de escape en el interior del coche. Como uno de los strippers de Full Monty.

Emilio Salgari, Mariano José de Larra, Virginia Woolf, Séneca, David Foster Wallace, Yukio Mishima, Sylvia Plath,… de un modo u otro se quitaron la vida. El japonés, por supuesto, por el método del harakiri. Quizás buscaban la inmortalidad, o dejarnos un mensaje de hartazgo hacia este mundo. O quizás lo abandonaron por aburrimiento, como el actor George Sanders, el cual interpretó el mejor papel de El retrato de Dorian Gray, el de un Lord Henry Wotton repleto de cinismo en la versión clásica de 1945, no en el bodrio kitsch de 2009. La nota de suicidio del actor (sobredosis de barbitúricos en un hotel de Castelldefels) decía:

“Querido mundo: me largo porque estoy aburrido.

Os dejo con vuestros problemas en esta dulce cloaca. Buena suerte”.

Nunca se supo cómo acabó con su vida el escritor Ambrose Bierce, de quien ya hablé en los currículums extraordinarios. Desapareció con el ejército de Pancho Villa, pero se sospecha que pudo haberse suicidado. No en vano dejó dos obras tituladas El mérito en el suicidio, y otra que por su título muy bien podrían aplicarse nuestros principales políticos: El derecho a quitarse de en medio. 

A mí el tema siempre me ha interesado, tanto que hace años me presenté a un concurso de guiones para cortometrajes con la historia de un tipo tan inútil que es incapaz hasta de quitarse la vida. Inútil se titulaba, a lo mejor algún día lo cuelgo aquí por si a alguien le interesa rodarlo.

Me voy a dormir, pero tranquilos, no tomaré más pastillas de la cuenta.

La seguridad jurídica salta por los aires (y II), por Josean

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– Se reanuda la sesión. El demandante alegaba en su anterior intervención que algunas decisiones judiciales ponían en duda el concepto de seguridad jurídica, si bien en su argumentación se limitaba a exponer una confusa mezcla entre normativas nacionales, comunitarias y procedimientos de reclamaciones de índole fiscal. ¿Algo más que añadir?

– Por supuesto, señoría. Mi cuestionamiento va mucho más allá Seguir leyendo

La seguridad jurídica salta por los aires (I), por Josean

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– ¡Protesto, señoría!

– Pero qué sabrá usted, que ni siquiera es abogado.

– ¿Y eso me limita el derecho a protestar, a quejarme ante leyes absurdas, o lo que es peor, ante los abusos que suponen algunas resoluciones judiciales? Estamos llegando a niveles críticos y aunque no sea abogado ni experto en Derecho, considero necesario mencionar algunas normas o resoluciones que hacen que el principio de seguridad jurídica se tambalee. Seguir leyendo

Juegos de Río 2016 (y III): un resumen a mi manera (Barney)

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Acaban los Juegos Olímpicos, comienza la Liga de fútbol. Todo el mismo fin de semana, como si esos superatletas ejemplares cedieran el testigo a esos otros no tan ejemplares.

Con la clausura de los Juegos, nos dejan esos gimnastas, nadadores, luchadores y atletas en genera que se han pasado cuatro años preparándose para su gran cita, para pruebas complicadísimas que en muchos casos duran menos de un minuto, Seguir leyendo

Juegos de Río 2016 (II): nostalgia de México 68 (Barney)

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¿Se puede sentir nostalgia de un tiempo que no has vivido? ¿Se pueden añorar unos momentos épicos que no presenciaste en directo? Pues en mi caso, sí, y si ese sentimiento no es la nostalgia, haría falta un verdadero experto (como decía Woody Allen respecto al dinero y la felicidad) para encontrar la diferencia.

Mi llegada al mundo se produjo en el ciclo olímpico entre México 68 y Múnich 72, así que no vi ni viví uno solo de los minutos de aquellos Juegos que dejaron imágenes imborrables Seguir leyendo

Blog, Año 3

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Lo siento, amigos lectores: hemos renovado. Si este blog dependiera de un jefe o de un experto independiente que decidiera desde fuera, seguramente nos habrían liquidado la página, pero como el único requisito es que los cuatro amiguetes sigan teniendo ganas de tomarse unas jarras de cerveza y contarnos sus cosas (y pagar la cuota anual, claro), el blog va a continuar un tiempo más.

Leí hace tiempo que el 99 por ciento de los blogs suelen morir antes de llegar al año de vida, Seguir leyendo