Cuando Hacienda reconoce su incapacidad, por Josean

AEAT

A principios de este año, durante un receso del fragor de la inspección de Hacienda que mi compañía está sufriendo, le planteé un problema al inspector jefe:

– Tenemos una nueva actividad en la que no sé cómo vamos a hacer para tributar por el servicio que prestamos, y menos aún, cómo coño van a hacer ustedes para investigarnos.

Le conté al inspector la nueva actividad que estamos desarrollando, un servicio que se abona a través de una plataforma de pago por móvil. Me escuchó atentamente durante unos cinco minutos:

– Ponemos a disposición del usuario esta plataforma y nos llevamos una comisión, un fee sobre la venta por el servicio. Hablamos de un fee que anda en un rango entre diez céntimos y un euro por operación, pero eso sí, hablamos de miles de operaciones a diario. Tengo claro que ese fee tributa con IVA, pero luego tenemos que pagar al propietario de la aplicación, al banco cuya plataforma de pago utilizamos y al suministrador del servicio o producto sobre cuyo precio aplicamos nuestro fee.

Para que no nos perdiéramos (empezando por mí mismo), fui escribiéndolo en mi libreta, utilizando el ejemplo de una transacción de diez céntimos de euro:

AEAT-Libreta– Estamos negociando los acuerdos con todas las partes discutiendo ya el cuarto decimal, la centésima de céntimo de euro, es decir, una mierdecilla, la caspa de las moscas, una ridiculez equivalente a millones de bolívares, en definitiva, una cantidad ínfima. Esto es para el banco, que creo que está exento de IVA, esto es el IVA que ingresaremos cuando lo conozcamos y recibamos, esta es la parte del suministrador principal, que no sé cómo coño tengo que liquidar con él, si es con IVA o no, y por último, la aplicación pertenece a una empresa con sede en la isla de Jersey. Ahí va mi pregunta: ¿cuál es la manera fiscalmente correcta de liquidar estas operaciones? Y sobre todo, ¿de qué manera nos van a rastrear ustedes la pista dentro de unos años, cuando quieran inspeccionarnos?

El inspector, zorro viejo, tras mirarme con unos ojos entre perplejos y cabizbajos, me contestó:

– ¿Sabes qué te digo? Que tengo 62 años y espero que esa inspección le toque al siguiente.

Tenía toda la razón. Con esa frase reconocía no solo su incapacidad, que en el fondo era similar a la mía, sino también la visión pragmática que Hacienda ha tenido que adoptar para adaptarse a los nuevos tiempos. Me he acordado de esta conversación a raíz del Anteproyecto de ley presentado recientemente (23 de octubre) del impuesto sobre determinados servicios digitales.

La Exposición de motivos del anteproyecto comienza hablando de la economía digital y las nuevas formas de hacer negocios que han surgido con la misma. Reconoce que estos negocios no requieren de una presencia física en el país en el que se presta el servicio, lo que entra en conflicto con las normativas fiscales internacionales. Hay una desconexión entre el lugar donde se genera la transacción económica, y el lugar donde las empresas tributan.

Una escultura con el logo del Euro a las afueras del Banco Central Europeo en FráncfortParece evidente que la economía digital plantea importantes retos fiscales a los estados, que ven cómo la economía “real”, por definir de un modo al comercio tradicional, pierde peso frente a “la nube” que mueve millones de euros a diario en transacciones difícilmente controlables. A nivel europeo, se lleva trabajando varios años para evitar o al menos controlar ese traslado de beneficios entre países que al final terminan tributando en aquel con menor tasa impositiva. No solo eso, sino que además no siempre se liquida por los servicios reales prestados ni por el total de los mismos.

Solo por mencionar algunos de los informes elaborados sobre este asunto, tenemos:

  • Proyecto sobre BEPS (Base Erosion Profit Shifting) de la OCDE y el G20, de donde surgen:
    • Informe relativo a la Acción 1 sobre los retos fiscales de la economía digital de 5 de octubre de 2015.
    • Informe intermedio sobre los retos fiscales derivados de la digitalización de 16 de marzo de 2018.
  • Comunicación de la Comisión Europea por “Un sistema impositivo justo y eficaz en la Unión Europea para el Mercado Único Digital”, adoptada el 21 de septiembre de 2017.
  • Paquete de propuestas de Directivas y Recomendación para alcanzar una imposición justa y eficaz de la economía digital presentadas el 21 de marzo de 2018.

AEAT-GAFA

Está claro que hay una preocupación, aunque los avances son lentos debido a la complejidad de determinar qué operaciones estarían sujetas y dónde se generan los beneficios. Parece haber una coincidencia general en que no es de recibo que las empresas denominadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) obtengan suculentos beneficios año tras año y que los impuestos que abonan en los diferentes países en los que operan sean ridículos. Para tratar de combatir o al menos controlar esta carencia del sistema, la Comisión Europea presentó en marzo de 2018 una propuesta de Directiva relativa al sistema común del impuesto sobre los servicios digitales que grava los ingresos procedentes de este tipo de prestaciones.

Al crear un impuesto sobre los ingresos, al margen del ya existente de sociedades, que grava los beneficios, las autoridades fiscales están lanzando el mensaje de que no pueden controlar el lugar en el que se genera el valor, ni el importe del mismo.

En España nos hemos adelantado y de modo unilateral se acaba de presentar el anteproyecto de Ley, que ya prevé la adaptación a la futura norma europea cuando finalmente se apruebe. Sinceramente tengo dudas de su funcionamiento y de su éxito, aunque coincido con la necesidad de hacer algo en este Mercado Único Digital. MUD sería el acrónimo, y me parece apropiado pues “mud” en inglés significa barro, fango. El terreno en el que se van a mover las autoridades fiscales de los distintos países buscando esos céntimos virtuales que circulan a toda velocidad entre países.

Los sujetos pasivos obligados van a ser las grandes empresas con una facturación superior a 750 millones de euros que perciban más de 3 millones de euros en el concepto de prestación de servicios digitales. El tipo impositivo acordado es el 3%, ese mismo tres por ciento que me recuerda tristemente al tres per cent catalán o al impuesto revolucionario de la Gürtel.

La localización de la prestación del servicio se va a realizar conforme a la ubicación de la dirección IP del usuario o, como prevé el anteproyecto, “otros medios de prueba admisibles en derecho, en particular, la utilización de otros instrumentos de geolocalización”. La próxima vez que esté cerca de Algeciras o Tarifa, o de los Pirineos, el pago del impuesto dependerá de dónde se conecte mi móvil, si a Marruecos, a Francia, o seguirán siendo servicios prestados en España. En fin, que lo veo todo como un lío, como decía mi colega inspector.

Según la Memoria de impacto de la aplicación de la norma que acompaña al Anteproyecto, el Ministerio espera recaudar un importe que se mueve en un amplio rango entre los 600 y los 1.258 millones de euros anuales. Vamos, que no tienen ni pajolera idea. La cifra inferior resulta de aplicar el porcentaje del PIB español sobre el europeo (7,5%) a un estudio de la Comisión Europea sobre los posibles impactos de la creación de la tasa, y el importe más alto surge como en tantos otros presupuestos de un ejercicio voluntarista de crecimiento de ingresos por publicidad “con una tasa de actualización de las cifras muy alta”. Cito literalmente el coeficiente de incremento: “muy alta”. Entre los 600 y los 1.258 millones de euros, casi nada.

Si eso es el tres por ciento, significa que hay empresas que prestan servicios digitales por un valor entre los 20.000 y los 41.933 millones de euros, pero a continuación la Memoria indica que según algunas bases de datos de tráfico y servicios de empresas de telefonía, la recaudación del impuesto sería de solo unos 100 millones de euros. Ooops!

Me ratifico en mi idea de que los señores de Hacienda tienen la misma idea que yo y que mi vecina octogenaria de esta nueva economía. Con esa vecina o con un niño de ocho años, podríamos cuestionarnos todo el funcionamiento de la operativa:

¿Funcionará si solo se aplica en España y no en el resto de Europa? ¿No se crearán nuevos “paraísos tributarios” si los tipos impositivos son distintos por países? ¿Dónde tributa ese malayo ubicado en Jersey que ha desarrollado la aplicación que se utiliza en España? ¿Y si esa empresa desvía un porcentaje de mis operaciones y me estafa, la responsabilidad ante Hacienda también es mía? ¿Seguirán escaqueándose las empresas chinas?

El juego de las siete y media

Más dudas que me surgen. ¿Os acordáis del juego de las siete y media? Había que acercarse a esa cifra, pero sin pasarse. Pues este impuesto está definido del mismo modo. Puesto que solo se aplica a empresas con una facturación superior a 750 millones de euros en el ejercicio anterior, me imagino al Director Financiero de una de estas compañías, a medida que se acerca el cierre del año, diciéndole al Director Comercial:

– Oye, contrólate y no vendas más estos dos meses. Sí, ya sé que llega navidad, pero es preferible facturar 749 millones que 751 ó 770, porque nos van a crujir un impuesto de 22 millones de euros como te pases de esa cifra. ¡Relájate, tronco, tómate unas vacaciones, ofrece descuentos del 70-80%!

O bien, ¿las compañías podrán crear un entramado de sociedades más pequeñas para repartir la cifra de negocios por distintas actividades y no alcanzar el límite maldito?

En fin, que me parece bien que se haga algo por controlar a estas empresas, para que dejen de reírse de los gobiernos europeos (caso Starbucks en Montoro miente), pero reconozco mi incapacidad para definir un mecanismo de fiscalización adecuado y efectivo. Se lo dejo al siguiente, como el inspector.

Ah, y una última cosa. Por supuesto y gracias a la corriente populista legislativa, no falla la referencia al impacto de género para concluir que no existe tal impacto. ¿Por qué no? Cuando se repercuta el impuesto a los usuarios, y habida cuenta de que las mujeres utilizan más este tipo de servicios para Instagramear, postear en Facebook o guasapear, ¿hablaremos de un impuesto machista?

AEAT-Impacto

¿Y cuando hablemos de las criptomonedas? ¡Que pase el siguiente, por favor!

 

 

 

 

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La porra del AJD

Subprime

Josean, 03/11/2018

La casa de apuestas T365 (con T de Tribunales y 365 por los días al año en los que estos suelen sorprendernos) ha lanzado su propia porra para que los ciudadanos nos la juguemos sobre la resolución final del Supremo sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados. La porra se cierra este próximo lunes 5 de noviembre a las 9,00 h. de la mañana. En estos momentos los aciertos se pagarían del siguiente modo: Sigue leyendo

La grieta salarial, por Josean

Desigualdad portada

Hoy se cumplen diez años del colapso de Lehman Brothers, y, como no podía ser de otro modo, nos toca hablar de una de las peores consecuencias de la terrible crisis que se originó posteriormente: la grieta salarial. No la brecha salarial entre hombres y mujeres, vergonzosa anomalía que da para otro post completo, sino la grieta salarial creada entre los sueldos altos y el resto de la plantilla.

La palabra “brecha” suena a herida abierta que se trata de cerrar con unos puntos de sutura, si bien los hilos con los que se cose la brecha salarial son tan finos como las normas o disposiciones legales con las que pretenden eliminarse las diferencias de género que existen en las plantillas de las empresas. Sin embargo, al menos en esa brecha aprecio un intento de sutura, de cierre de la misma (aunque siga sin funcionar), mientras que la grieta que explicaré en este texto no para de crecer. Como una grieta en un edificio o en el suelo, que aumenta día a día si no se arregla acometiendo medidas estructurales profundas.

No hay que bucear demasiado en Internet para encontrar noticias sobre esta desigualdad creciente:

Marzo de 2016. Economía digital: La brecha salarial entre directivos y empleados se multiplicó por diez durante la crisis. Según el artículo, durante el período analizado el salario de los directivos creció un 10%, mientras que el incremento para el resto de la plantilla fue de solo el 1%.

No es algo nuevo, desde el principio de la crisis se vio lo que iba a ocurrir:

Junio de 2011. El País: La brecha salarial entre directivos y empleados creció durante lo peor de la crisis.

La EADA (Escuela de Alta Dirección y Administración) publica cada año junto con la consultora ICSA un Informe sobre la Evolución Salarial en España. Se puede encontrar y descargar con facilidad. El último Informe analiza el período 2007-2017 y separa a los trabajadores en tres categorías: directivos, mandos y empleados. Concluye de un modo que creo que no sorprende a nadie: las diferencias no han disminuido, sino que incluso se han incrementado:

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Entre lo positivo del Informe está que al menos el mayor incremento en el último ejercicio se ha producido en el tramo de los considerados “mandos intermedios”, colectivo que con la tímida recuperación ha vivido la reactivación del mercado de trabajo y la mejora de sus expectativas. Los jóvenes, que suelen acaparar los sueldos más bajos, y los empleados con menor cualificación apenas han experimentado cambios en sus condiciones.

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En Estados Unidos, la desigualdad salarial es la mayor que ha habido nunca, según el Pew Research Center. Lleva décadas creciendo como esa fucking grieta de la pared que no se cierra ni disminuye, hasta el punto de que en 2013 la riqueza media de las familias con ingresos más altos multiplicaba casi por siete a las de nivel intermedio, cuando al principio de la crisis y durante los últimos treinta años este baremo se movía entre cuatro y cinco veces:

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El estudio continúa hablando del estancamiento sufrido por las clases medias y bajas en Estados Unidos, la pérdida de puestos de trabajo, y concluye que la mayoría de americanos no están experimentando esa recuperación de la que hablan los medios y algunas estadísticas. Este cuadro es demoledor:

Diapositiva4El deterioro medio de los ingresos por familias no se ha repartido del mismo modo: las clases bajas pierden, la clase media se mantiene y las clases altas, los triunfadores de la gran crisis, arrasan. Algunos premios Nobel llevan años advirtiendo de esta aberración, como Joseph Stiglitz, con El precio de la desigualdad (Ediciones Taurus), en el que explica lo que todos vemos, que la riqueza atrae más riqueza o cómo el 1% de la población cuenta con lo que el 99% necesita. Otro Premio Nobel como Paul Krugman se pasó los peores años de la crisis denunciando esta desigualdad y preguntándose si era necesaria y evitable. La época de mayor crecimiento “en los Estados Unidos se dio durante los años cincuenta y sesenta, a pesar de que los impuestos eran mucho más elevados para quienes disponían de mayores ingresos y la desigualdad era mucho menor en comparación con la época actual”. (Enero de 2016,The New York Times).

Hace más de un año escribí sobre la necesidad de subir el sueldo a los que denominé “estos chicos”. En aquellos meses se hablaba de recuperación y se nos trataba de vender una idea exagerada de la misma, como si de repente nos pudiéramos animar de nuevo a una fiebre consumista o compradora. Por el contrario, somos muchos los que siempre hemos creído que la recuperación solo llegará cuando ese enorme colectivo de jóvenes y no tan jóvenes experimente una mejora real de sus condiciones de vida, comenzando por las salariales, por supuesto.

Necesitamos una clase media con más recursos, unos jóvenes que vean cercano un futuro mejor, y lo cierto es que lo que les ofrecemos es desolador. Y es estúpido, además. Sus efectos están ahí, a la vista. El Servicio de Estudios de la CEOE, en su informe Panorama Económico de septiembre de 2018, señala el frenazo del impulso de la economía española, y entre sus factores destaca “la pérdida de dinamismo del consumo privado”. Hace más de un año el FMI advirtió de que “la desigualdad y los bajos salarios amenazan la recuperación de las economías avanzadas”. Qué raro que la gente con salarios bajos no quiera consumir más, qué insolidarios, ¿no?

Noam ChomskyY si algunos premios Nobel, la CEOE, el FMI y decenas de consultoras y estudios señalan sus peligros, ¿por qué no se hace nada para frenar la desigualdad, la precariedad del trabajo y los salarios bajos? Dentro de no muchos años lamentaremos la imposibilidad de pagar unas pensiones dignas, el envejecimiento de la población, el deterioro de los servicios sociales que no podrán mantenerse por la debilidad de la recaudación tributaria de los estados, y quizás nos preguntemos si no se podía haber hecho algo antes. Mucho antes.

El profesor y activista estadounidense Noam Chomsky, en el libro ¿Quién domina el mundo? (Ediciones B, octubre de 2016) establece un interesante paralelismo entre la situación de la clase obrera en la década de 1920 y la época actual, basándose en un estudio clásico de Norman Ware publicado hace noventa años:

“En muchos sentidos, las condiciones de la clase obrera cuando Ware escribió eran similares a las que vemos hoy, porque la desigualdad ha alcanzado otra vez las cotas enormes de finales de la década de 1920. Para una pequeña minoría, la riqueza se ha acumulado por encima de sus avariciosos sueños. En la pasada década, el 95% del crecimiento ha ido a los bolsillos del 1% de la población, sobre todo a un sector de esta. La media de ingresos reales se sitúa por debajo de la cantidad en la que estaban hace veinticinco años, y la media de ingresos reales de los varones está por debajo de su valor en 1968″.

Joder, claro que sí, los que trabajamos en las áreas financieras de las empresas hemos visto en 2015 salarios de veinte años atrás, cuando los precios y el nivel medio de vida no tenían nada que ver con los actuales. Pero cada vez que se habla de subidas de sueldo en las compañías hay otras prioridades. Siempre. No se frenan determinados excesos, sobre todo en determinados niveles directivos, pero sí se limitan severamente los incrementos para la plantilla. “Pero si te puedo ahorrar el doble en gastos de representación, en viajes inútiles, en tributaciones en especie que se ahorran algunos directivos y le cuestan a la empresa, en familiares de- mantenidos en nómina, en estudios para ofertas que no vas a conseguir, en…”. Nada, que este año tampoco toca. Y mira que los beneficios sociales de tales medidas serían inmediatos sin perjudicar las cuentas de resultados de las empresas.

El estudio de Ware se centra en “la degradación sufrida por el obrero industrial”. Para Ware, el trabajo asalariado se consideró similar a la esclavitud, y solo se superaría cuando “los que trabajaban en las fábricas las poseyeran”. Esa idea da pie a Chomsky para recordar “la idea de que las empresas productivas deberían ser propiedad de los trabajadores, común a mediados del siglo XIX, no solo para Marx y la izquierda, sino también para la figura liberal clásica más destacada del momento, John Stuart Mill. Mill sostenía que “la forma de asociación que debe esperarse que predomine si la humanidad continúa mejorando es (…) la asociación de los trabajadores mismos en términos de igualdad, propietarios colectivamente del capital con el cual llevan a cabo sus operaciones y con directores elegibles y revocables por ellos mismos”. Economía del fraude inocente

Me encanta esa idea, pura quimera. Pero los directivos se han blindado en sus puestos, han reforzado sus salarios, añadido beneficios extras y algunas grandes empresas incluso se traspasan de padres a hijos como si de una propiedad o una corona se tratara. El economista canadiense John Kenneth Galbraith, en el libro La economía del fraude inocente, avisó de lo que él denominaba “el hecho fundamental del siglo XXI: un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el auto-enriquecimiento”.

“El enriquecimiento legal de los directivos a través de remuneraciones millonarias es un fenómeno común, presente en todas las grandes empresas. No resulta sorprendente, puesto que son estos quienes establecen su propia retribución”.

Galbraith murió en 2006 y si hubiera vivido lo que sucedió años después, a buen seguro despotricaría con más fuerza sobre el poder de los ejecutivos de las grandes corporaciones:

“La dirección lo controlaba todo, los propietarios eran irrelevantes; algunos auditores se mostraron dóciles. Las stock options servían para enriquecer a los implicados y ocultar ligeramente el golpe”.

Me cuesta ver la solución, apenas he visto cambios, ni siquiera de mentalidad. La grieta salarial ha aumentado, por desgracia. La opinión que tengo de algunos directivos o de los “genios” de las finanzas ya la he explicado en estas páginas. Han pasado diez años de la caída de Lehman Brothers y desconfío de muchas de aquellas medidas de control que se implantaron y que parecía que evitarían que sucediera un nuevo cataclismo económico mundial. Se rescató la tasa Tobin y se volvió a enterrar, otro clásico de las “posguerras” económicas.

Según JP Morgan, la próxima crisis financiera llegará en 2020, en función del valor de los activos, la desregulación y el grado de apalancamiento de algunos agentes económicos. Al ritmo actual la clase media continuará estancada y seguiremos hablando de mileuristas y de pobres currantes que desearían ser mileuristas.

Mientras todo esto pasa, aquí seguiremos hablando de másteres regalados, de un tipo mediocre fugado a Bruselas y discutiendo sobre si sacamos a un sujeto funesto del mismo sitio en el que lleva cuatro décadas, sepultado (afortunadamente) debajo de una losa de 6 toneladas.

 

 

Los 300

300 Wallpaper

Estamos de celebración, aniversario o como queráis llamarlo. Los cuatro amiguetes del blog celebraremos en una semana los 4 años de esta página que nació con intención perecedera, y sin descanso ni vacaciones nos lanzaremos a por la quinta temporada. Pero sobre todo celebramos el post número 300, ni más, ni menos. Y celebramos además que ese post 300 no se publica en esta web, sino en La Galerna, la página de “Madridismo y sintaxis” a la que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones, una apuesta personal de Jesús Bengoechea que está encontrando un gran respaldo popular:

Un final made in Concha Espina

El texto mencionado representa como pocos de entre esos 300 lo que significa el blog “Cuatro amiguetes y unas jarras”. Se trata de una supuesta conversación entre Jaume Roures, el magnate de Mediapro, y el director neoyorquino Woody Allen, en la que divagan sobre la producción de una película acerca del mundo del fútbol. Con algo de ironía y cachondeo sano, que no falte nunca.

El texto ha sido escrito por Barney (y su madridismo) con la colaboración de Travis para aportar ideas sobre Woody Allen, basándose en un celebrado post de Josean sobre las conversaciones imaginarias entre Artur Mas y Jordi Pujol al inicio del principio del comienzo de la génesis del procès. Por supuesto, con el respeto a las normas lingüísticas y la corrección sintáctica requerida por Lester, el administrador del blog. Espero que os guste, dadle una oportunidad.

Mantener un blog tanto tiempo es un ejercicio de disciplina y constancia, y no está de más reconocer que a veces cuesta. Pero los comentarios que uno lee en esta misma página, o los que te hacen la familia y los amigos, o especialmente los de gente que no te conoce de nada, como los lectores de La Galerna, ayudan a seguir en el empeño:

Comentarios

Como cada vez son más numerosas las publicaciones que han surgido a partir del blog, tantas que hemos abierto una nueva categoría con ese nombre: “Publicaciones”. En ella recogemos los enlaces a los artículos de Barney en diversas webs, el libro de relatos de Lester surgido a partir de un proyecto muy personal, alguna colaboración en revistas y esperamos publicar la historia que Travis se trae entre manos o las dos charlas/conferencias que Josean tiene programadas en otoño. La primera surgió de la serie por capítulos “Grandes errores de las escuelas de negocios”, y la segunda, de su particular visión de la política.

300. Trescientos, como los espartanos de Leónidas, esos tipos inasequibles al desaliento.

300 kilómetros por hora, la velocidad a la que se calcula que se mueven los impulsos nerviosos, los que nos llevan a escribir y opinar desaforadamente sobre algo.

300 segundos, que son 5 minutos, que es lo que la mayoría de las veces lleva leer un post.

300 minutos son 5 horas, que es lo que en ocasiones (y más) cuesta rematar un texto.

Y 300 centilitros es lo que suele tener un botellín de cerveza, pero aquí somos más de jarras de 500, así que ¡a por ese número!

Como sé que a muchos les van los ránking y las clasificaciones, dejo a continuación lo más leído de cada uno de los cuatro personajes del blog.

¡Espero seguir contando mucho tiempo con vosotros, los lectores, gracias!

4amiguetes

Josean

Los lobos de las finanzas

Chomsky, Timsit y la manipulación mediática

La falacia del ebitda

La incompetencia de Competencia (I)

Travis

Everest

Esas comedias francesas

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir

Frases de cine para usar en el trabajo (I)

Barney

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)

Ni valors, ni valores

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)

Lester

En busca de la tranquilidad

Vacaciones solidarias en la India (Rachel)

El maratón de Nueva York (II): …y el glorioso después

El Hogar Teresa de los Andes

 

Excel no viene de Excelencia, por Josean

Excel 2

Cap. V del libro no escrito Grandes errores de las escuelas de negocios

A veces me dan ganas de desinstalar el Excel de todos los ordenadores de la empresa. Pero no voy a hacerlo, es una herramienta fantástica pero que, como tantas otras, como el correo electrónico, el Whatsapp o el Power Point, simplemente sufre las consecuencias de su mal uso. O del abuso, que seguramente ese sea el problema.

La hoja de cálculo de Microsoft que prácticamente todo el mundo conoce Sigue leyendo

Los auditores y la metáfora kafkiana (2ª parte), por Alice y Josean

Voy a permitirme parafrasear y alterar levemente el texto de Torcuato Luca de Tena para decir que “los renglones torcidos de la contabilidad son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces lo consiguen. De aquí que dedique estas páginas a los auditores y demás profesionales que emplean sus vidas en el noble y esforzado servicio de los más desventurados errores de la Contabilidad“. (Los renglones torcidos de Dios, Torcuato Luca de Tena, 1979)

Tras comparar la cucaracha de Kafka con la figura del auditor en la primera parte, Sigue leyendo

Los auditores y la metáfora kafkiana (1ª parte), por Josean

Ya están aquí, ya han llegado. “Han vuelto”, como anunciaron la segunda parte de Poltergeist en su día. Me refiero a esos tipos (y “tipas”) que se acaban de instalar en una sala de reuniones de mi oficina, gente bastante más joven que nosotros cuyo trabajo va a consistir en revisar el nuestro del año anterior a base de pedirnos documentos, facturas, cuadros de Excel y todo tipo de aclaraciones sobre las cuentas de la compañía. No es mi caso, pero seguro que hay gente que siente la misma angustia que la niña de Poltergeist cuando le comunican por teléfono que empieza la auditoría.

Es el sistema, no lo pongo en cuestión. Te quita tiempo de tu jornada diaria, hace que pases varios meses retrasando la vuelta a casa y el día que consigues el Informe de Auditoría con su firma (y limpio de salvedades, incertidumbres y párrafos de énfasis) lo celebras como si tu empresa hubiera conseguido un nuevo contrato. Tu peli es otra, ya no es de terror. Sigue leyendo