El registro de jornada, 2ª parte: el chip subcutáneo

Registro 0

JOSEAN, 06/10/19

1ª parte: las prisas

Según la opinión que manifesté en la primera parte, el real decreto para el registro y control de la jornada de trabajo se aprobó de manera rápida, en un momento que no era ni de lejos el adecuado, y sobre todo y más importante, carecía del consenso necesario entre todas las partes afectadas.

Guía MinisterioEl real decreto tal como se aprobó tenía lagunas importantes que sembraron varias dudas en las empresas respecto a su aplicación y la adaptación requerida, así que, aunque la obligación entraba en vigor el 12 de mayo, el Ministerio esperó al día 13 para publicar la Guía que trataba de aclarar estas dudas. Vuelvo a recordar que entre medias tuvimos unas elecciones generales en abril.

El real decreto no especifica cómo debe llevarse ese registro de jornada, por ejemplo, si necesariamente debe ser un sistema informatizado de fichaje o bastaría con unas hojas de registro manuscritas. La Guía del Ministerio indica que:

Así, será válido cualquier sistema o medio, en soporte papel o telemático, apto para  cumplir el objetivo legal, esto es, proporcionar información fiable, inmodificable y no manipulable a posteriori, ya sea por el empresario o por el propio trabajador. Para ello, la información de la jornada debe documentarse en algún tipo de instrumento escrito o digital, o sistemas mixtos, en su caso, que garanticen la trazabilidad y rastreo fidedigno e invariable de la jornada diaria una vez de registrada.

– Firma aquí, Curro.

– Pero ahí pone que he trabajado 8 horas, señor, y han sido 11 y media con la parada del bocadillo.

– ¡Que firmes, hombre!

Ya está, el tramposo seguirá haciendo trampas como siempre. Otra crítica al real decreto ha sido la referida al bajo importe de las sanciones por incumplimiento.

  • El incumplimiento de la obligación de poner a disposición de los trabajadores el informe sobre el control de horas será considerado “infracción leve” y sancionada con una multa entre 60 y 625 euros.
  • El incumplimiento de la obligatoriedad del registro de la jornada de los empleados será considerado como “infracción grave” y penada con una sanción entre 626 y 6.250 euros.

¿Eso es todo?, pensará algún empresario explotador. ¿Me merece la pena incumplir la norma y seguir obligando a los trabajadores a hacer horas de más? En ese caso, si se detectara un incremento de horas extras no remuneradas, la infracción sería considerada “muy grave” y multada con hasta 187.515 euros. Pero sin registro del delito no hay pruebas.

Jornada 5

La Guía del Ministerio dejó otras novedades que no figuran en el real decreto 8/2019, como la no aplicación del registro de jornada al personal de alta dirección. ¿Pero cómo que no?, pensé, ¡si a muchos de esos directivos es precisamente a los que hay que obligar a que registren y se larguen a casa! ¡Si algunos de ellos son los aficionados al presentismo por encima del trabajo productivo y de calidad! Pero además, la Guía deja abierta otra peligrosa puerta al añadir:

“Distinto del anterior es el supuesto de trabajadores que, no siendo estrictamente personal de alta dirección (mandos intermedios, cargos de confianza o con ejercicio de especiales responsabilidades) tienen pactado un régimen de libre disponibilidad del tiempo de trabajo o forma parte de sus obligaciones contractuales su plena disposición horaria para el cabal cumplimiento de su actividad profesional. Con carácter general, bajo la premisa de que tras estas modalidades no se ocultan situaciones de abuso de derecho, la jornada diaria de estos trabajadores deberá ser objeto de registro, sin perjuicio de la acreditación de su tiempo de trabajo mediante el pacto de disponibilidad horaria, interpretándose que la retribución obtenida por el trabajador ya compensa de manera proporcionada esa mayor exigencia de tiempo de trabajo.”

El párrafo no tiene desperdicio, ya veremos las sentencias de los juzgados de lo social cuando empiecen a resolver disputas entre empresas y trabajadores por este asunto.

– Señor juez, yo no era personal de confianza, solo era la secretaria del Director.

– ¡Un puesto de la máxima responsabilidad! -diría el abogado defensor de la empresa-. Sin sus funciones el Director no atendería sus compromisos a tiempo, no encontraría los archivos, ni los contratos, ni podría asistir a reuniones en sus viajes internacionales, es lógico que la empresa le obligara a una disponibilidad horaria absoluta.

O sobre el encargado de reprografía:

– ¡Fundamental! Todas las ofertas que se presentan pasan por sus manos y sin ofertas no hay contratación, y sin contratación no hay trabajo, y sin trabajo cerramos el chiringuito. Y además es documentación confidencial, luego requiere personal de la máxima confianza, ¡se le podían exigir jornadas de 18 horas!

Obviamente es una exageración, pero son solo ejemplos de algunos puntos que no se han definido con claridad. Como los referidos a los trabajadores desplazados o empleados que por su trabajo pasan la mayor parte de su tiempo en la carretera. No es que la Guía sea poco clara, es que deja el tema abierto:

“…en relación con los trabajadores desplazados fuera del centro habitual de trabajo, con o sin pernocta, el registro diario de jornada no altera la aplicación de las reglas estatutarias generales, debiéndose registrar el tiempo de trabajo efectivo”.

¿Computa como tiempo de trabajo cuando estás volando o cuando estás en un hotel en una convención de varios días aguantando a compañeros plomizos? Pues nos dicen que no:

“Por ello, este registro no incluirá intervalos de puesta a disposición de la empresa, sin perjuicio de su compensación mediante dietas o suplidos. Sin embargo, es conveniente en estos casos que el registro, a efectos de prueba de la separación entre ambos elementos temporales, deje constancia expresa de su cómputo, siendo adecuada la declaración documentada del trabajador, al margen de la capacidad de control y ejercicio de poderes directivos por parte de la empresa para verificar la realidad de esa manifestación”.

Vamos, que hay que registrar igualmente la jornada aunque no haya medios para ello, separando el tiempo de desplazamientos o alojamiento, y que todo ello pueda ser controlable por el empresario. Lo de toda la vida, o sea nada, pero apuntándolo en algún sitio. Viene a ser algo parecido a lo referido a las pausas, que habrá que controlarlo aunque no se pueda controlar:

“…la autorregulación convencional, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, se muestra como el modelo idóneo”.

¿Y qué dice la Guía de ese concepto tan manido últimamente que es el teletrabajo, esa aspiración que tenemos cada día más currantes?

“…en el caso de trabajo a distancia, incluido el teletrabajo, existen fórmulas asequibles que aseguran el registro de la jornada diaria, incluidas las especificidades o flexibilidad para su cómputo, a través de registros telemáticos o similares. En todo caso, si existe autorregulación convencional al respecto, mediante la negociación colectiva o el acuerdo de empresa, o si el empresario da por buena la firma por el trabajador de hojas o instrumentos similares de autogestión del tiempo de trabajo del teletrabajador o trabajador a distancia, tales serán instrumentos válidos para dar cumplimiento a la obligación legal”.

La geolocalización, por ejemplo. Pero no nos gusta. O la implantación de sistemas en los móviles para activar al inicio de la jornada y a su finalización. Que se desactiven cuando el trabajador esté en el guasap o navegando por páginas no relacionadas con el trabajo, pero tampoco nos gustan. El correo electrónico permite hoy en día saber qué trabajador está conectado y cuál no, con un simple semáforo, e incluso conocer los minutos exactos y las horas que el trabajador lleva desconectado de su puesto de trabajo. Pero (y no debería sorprendernos) cada vez son más los trabajadores que desconectan esa opción, gente a la que no le interesa que sus superiores tengan acceso a esa información. Aparte está la inviolabilidad del correo electrónico y la imposibilidad de que la empresa controle que el trabajador al que se le ha puesto un ordenador o un móvil realmente lo está usando con fines laborales y no personales. Y claro, todo se vuelve a complicar: hay que controlar al trabajador y al empresario, pero sin que el trabajador se sienta controlado o atacado en sus derechos fundamentales.

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Gente dispuesta a dar a Google, Facebook o diversas apps toda la información de su vida (está en las condiciones que se aceptan en muchas de estas aplicaciones), pero que se siente observada cuando está solucionando en el trabajo temas del colegio de sus hijos o la comunidad de vecinos, y es que, claro, eso no puede ser. No me gusta que se metan en mi vida, salvo si le doy permiso a Google para que acceda a todas mis fotos, vídeos personales, ubicación exacta en cada momento y comentarios personales.

Nos encontraremos sentencias de todo tipo sobre la interpretación del registro de jornada, el tiempo de trabajo efectivo o los medios electrónicos a disposición del empleado, y los juzgados de lo social fallan tradicionalmente a favor del trabajador. Para completar el pastel, la jornada a la carta va a traer otro elemento de controversia:

“…la empresa, ante la solicitud de adaptación de jornada, abrirá un proceso de negociación con la persona trabajadora durante un periodo máximo de treinta días. Finalizado el mismo, la empresa, por escrito, comunicará la aceptación de la petición, planteará una propuesta alternativa que posibilite las necesidades de conciliación de la persona trabajadora o bien manifestará la negativa a su ejercicio. En este último caso, se indicarán las razones objetivas en las que se sustenta la decisión”.

“Las discrepancias surgidas entre la dirección de la empresa y la persona trabajadora serán resueltas por la jurisdicción social a través del procedimiento establecido en el artículo 139…”

Ya están llegando las primeras sentencias al respecto, con resultados dispares, supongo que dependiendo del juzgado en el que caigan o del momento “político-conflictivo-laboral” en que nos encontremos.

 

En fin, entiendo que no resulta sencillo conjugar los intereses del empleado explotador con los del trabajador sobrecargado de curro que se merece poder conciliar su vida familiar y laboral, mezclados con los del empresario honesto que lucha por sacar su negocio adelante pese a las pocas ayudas gubernamentales y con los del “Escaqueator” de turno que tanto abunda en las empresas de cualquier tamaño.

Así que lo mejor es dejarse de medias tintas, aprovechar lo que decía Pedro Sánchez en Naciones Unidas la semana pasada acerca de “las nuevas tecnologías”, el Internet de las cosas o el Big Data, y adoptar una medida radical, pero justa, ecuánime como ninguna otra con el megacurrante y el tramposo: el chip subcutáneo.

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Se injertará un chip bajo la piel a cada trabajador con un sistema que se activaría al paso de cada puerta o al estar en el entorno de su puesto de trabajo. Que el trabajador baja a fumar, se desactiva el chip que registra la jornada de trabajo. Que los hay que van al baño siete veces al día y a veces quince minutos porque aprovechan para guasapear, ningún problema, queda registrado. Se evitarían así los agravios comparativos con los que ponen su vejiga a prueba durante horas. El chip contaría con un sistema homologado y único para todas las empresas de este país, un sistema que permita al trabajador cambiar de curro con facilidad sin necesidad de taladrarle el brazo para reinsertarle el chip de la nueva compañía.

En un experimento realizado en Fakeland (Estados Unidos), el chip se situó en la garganta de los trabajadores de una empresa de 200 trabajadores y los resultados fueron sorprendentes. Al estar ubicado junto a la tráquea, el chip recogía información sobre cafés, tabaco, donuts o conversaciones irrelevantes, y permitía segregar los datos en función de la edad, raza, sexo o categoría laboral. Resultó que un 25 por ciento de la plantilla trabajaba menos de seis horas diarias, un 12 por ciento no hablaba, ni fumaba, apenas bebía y se comía los marrones del resto de la plantilla. El 14 por ciento tenía serios indicios de obesidad solo por lo que injería en la oficina, un 4 por ciento veía porno en el baño, los jefazos de categorías superiores fumaban en sus despachos y tenían la garganta seca por hablar más que una portera, y a un 2 por ciento de los empleados le fueron encontrados restos de semen. El experimento se abandonó en la primera de las cuatro semanas previstas.

Evidentemente, el chip subcutáneo no existe, aunque todo se andará. Del mismo modo que creo que en muy poco tiempo, entre la sustitución de algunos puestos por robots y todas estas controversias sobre el presentismo y la sustitución por el teletrabajo, el trabajo fijo en una empresa acabará siendo sustituido por prestaciones reales que el currito realizará en remoto y facturará desde su casa, como un autónomo o falso autónomo. Con todos los peligros que eso conlleva, pues perderá como siempre el eslabón más débil de la cadena.

Luego está la opción de aquellos empresarios que consideran que un trabajador satisfecho es una mina (igual que pienso yo), y basan su relación con el empleado en la confianza y el respeto mutuo: “haz lo que quieras, cuando quieras y desde donde quieras, pero cumple, obtén resultados”. No es un tema de horas, sino de dedicación, esfuerzo y sobre todo responsabilidad.

Kike Sarasola ha vuelto a ir contracorriente y anunció recientemente que todos los empleados de su cadena de hoteles Room Mate contarán con una semana más de vacaciones, un día libre en la semana de su cumpleaños y un mes adicional de baja de maternidad y paternidad. Me parece una opción cojonuda y estoy seguro de que sus empleados le devolverán con creces y resultados ese tiempo extra que les ha sido otorgado. Así que no creo que sea tanto un problema de registro de jornada, sino de saber crear esas relaciones de confianza empleado-empleador.

Y una vez que he soltado todas estas parrafadas sobre este complejo asunto, una duda que me embarga desde el primer minuto: ¿piensan aplicar la norma de registro obligatorio a los chinos, o van a seguir gozando de barra libre laboral y fiscal?

Cara Josean

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El registro de jornada, 1ª parte: las prisas

Buster Keaton fichando

JOSEAN, 4/10/19 

El gobierno provisional anterior al gobierno en funciones actual que será sustituido tras el 10-N por un nuevo gobierno provisional en funciones aprobó en marzo pasado el Real Decreto-ley 8/2019 de medidas urgentes de protección social y de lucha contra la precariedad laboral en la jornada de trabajo. El momento escogido para la aprobación del real decreto no fue casual, aquel 8 de marzo pasado de la huelga feminista, pero no por el 8-M, sino sobre todo porque se produjo cuando ya sabíamos que nos íbamos a nuevas elecciones el 28 de abril.

Este decreto se unía a otro igualmente electoralista aprobado el viernes anterior, el 1 de marzo, el Real Decreto-ley 6/2019 de medidas urgentes para garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación. No discuto la conveniencia de efectuar reformas en el mercado laboral, pero sí el oportunismo de estos reales decretos, la urgencia interesada de su aprobación y las chapuzas contenidas en los mismos. De hecho, el propio RD 8/2019 indicaba que se nombraría un “grupo expertos y expertas” antes del 30 de junio de 2019 para elaborar un nuevo Estatuto de los Trabajadores. Un asunto de esta magnitud no puede organizarse ni decidirse con un proceso electoral de por medio. Hace falta un consenso de todas las partes afectadas, del mayor número de partidos, empresas y agentes sociales, y un proyecto de Ley en condiciones, lo que obviamente era imposible que ocurriera entre marzo y junio de este año.

La aprobación de normas a toda prisa y corriendo amparándose en reales decretos por la “extremada urgencia” y necesidad de los mismos es un vicio en el que ha caído el gobierno actual todavía con mayor frecuencia que el anterior de Rajoy.  “Es evidente que la crisis económica de estos últimos tiempos está generando en los poderes públicos una reacción errática, convulsa y, a veces, atropellada e improvisada,” decía el Abogado del Estado Jesús López-Medel en su recomendable artículo Lamento por la seguridad jurídica.

Los temas tratados en ambos decretos son de tal calado que resultan inabarcables para un post, así que me centraré en dos de los aspectos más controvertidos de los mismos:

  • El registro obligatorio de la jornada de trabajo (RD 8/2019).
  • La “jornada a la carta” (RD 6/2019)

Antes de comenzar y dado que los asuntos laborales son siempre complejos, me gustaría plasmar algunas de mis creencias en este asunto, que no tienen por qué ser ciertas:

  • Ningún gobierno con ninguna reforma laboral ha creado nunca empleo. La del 97, por ejemplo, pudo fomentar la contratación indefinida al ofrecer cuantiosos ahorros en los costes sociales por trabajador, pero fue el boom de la economía (sobre todo el sector privado) lo que posibilitó esa mayor contratación o conversión de contratos a fijos.
  • Cuando la economía crece, en España el empleo crece a tasas superiores. Cuando la economía se contrae, en España se destruye empleo a mayor velocidad. Ocurrió en la crisis de 2008, a principios de los noventa y a finales de los setenta.
  • Abaratar el despido no crea empleo. Encarecerlo o tener un sistema rígido tampoco ayuda al empresario.
  • Empresario-malo / sindicalista-bueno, es una simpleza que además no es cierta en muchísimas ocasiones.
  • Empresario-explotador / currante-esclavizado. Conviene recordar que el 95% de las empresas españolas tienen menos de 10 empleados y a todas ellas también les afecta esta normativa.
  • El absentismo es directamente proporcional a la creación de empleo, o inversamente proporcional a su destrucción. La tasa de absentismo disminuyó con el inicio de la crisis hasta alcanzar su mínimo en 2013 y ha repuntado progresivamente en los últimos ejercicios a medida que la economía se ha recuperado levemente.

El Real Decreto 8/2019 tiene 26 páginas, 14 de las cuales contienen la Exposición de motivos, que no era otra cosa que el inicio de la campaña electoral de Pedro Sánchez y su equipo:

“Se trata de medidas que responden a la inequívoca voluntad política de este Gobierno de volver a situar el Estado de Bienestar como eje central de nuestro modelo de crecimiento económico”.

Una vez más (y lo hacen todos los gobiernos) se utiliza a un Ministerio para hacer campaña de un partido con otro nuevo mensaje simplista: “el PP ataca el Estado de Bienestar, el PSOE lo reconstruye”. Continúa la Exposición de motivos:

“Y ello con objeto de reducir las desigualdades sociales que aún subsisten en la sociedad española, no superadas a pesar de haberse recuperado un crecimiento robusto de la economía y una intensa creación de empleo”.

¿Crecimiento robusto de la economía e intensa creación de empleo? Para que no me tachen de partidista, remito al post Oh, bendita recuperación en el que cuestionaba el autobombo del gobierno de Rajoy sobre los supuestos grandes logros en materia económica.

La Exposición de motivos dedica unos párrafos a lo habitual en precampaña (pensionistas, actores, algo de pasta para inmigrantes), y continúa glosando alguno de los “éxitos” en materia laboral, como el incremento del Salario Mínimo Interprofesional:

“La entrada en vigor del Real Decreto-ley 28/2018, de 28 de diciembre, para la revalorización de las pensiones públicas y otras medidas urgentes en materia social, laboral y de empleo, ha supuesto para el año 2019 un incremento en dicha base de alrededor de un 22 por ciento respecto de la cuantía que tenía en el año 2018, debido al aumento de las bases mínimas de cotización en el porcentaje experimentado para el año 2019 por el salario mínimo interprofesional”.

No voy a cuestionar el acierto o desacierto de tal medida, sobre todo cuando desde estas mismas páginas abogábamos por una subida de los salarios más bajos, pero no debería olvidar el gobierno las consecuencias directas que el crecimiento de costes salariales tiene sobre la competitividad de las empresas españolas, en sus resultados y por tanto en la recaudación tributaria.

Y llegamos a los párrafos dedicados a la jornada de trabajo (los subrayados son míos):

“La realización de un tiempo de trabajo superior a la jornada laboral legal o convencionalmente establecida incide de manera sustancial en la precarización del mercado de trabajo, al afectar a dos elementos esenciales de la relación laboral, el tiempo de trabajo, con relevante influencia en la vida personal de la persona trabajadora al dificultar la conciliación familiar, y el salario. Y también incide en las cotizaciones de Seguridad Social, mermadas al no cotizarse por el salario que correspondería a la jornada realizada”.

El presentismo y los bajos salarios, dos factores que se repiten desde siempre. Según esta estadística de Eurostat, España es “solo” el 18º país de Europa en número de horas trabajadas. Se trata de un estudio realizado en función de la jornada semanal a tiempo completo:

Eurostat horas de jornada

Tenemos una jornada media a tiempo completo superior a la de daneses y franceses, pero inferior a la mayoría de países de la Unión Europea. En cuanto a cómputo de horas anuales, estamos por encima de alemanes, daneses o franceses, pero por debajo de la media de la OCDE:

Jornada anual horasComo nos gusta estar al frente de estadísticas chungas, somos los terceros en peores condiciones laborales según el Job Quality Index:European Job Quality Index

Solo por delante de Grecia y Rumanía en una estadística realizada en la que se tenían en cuenta los salarios, las horas de trabajo, las condiciones laborales o las formas de empleo. Pero hay una estadística que sí lideramos: la del país que tiene un control horario más estricto sobre la jornada de sus trabajadores. En sentido contrario a países como Alemania o Reino Unido, que no establecen ninguna obligación de fichar, o Francia y Bélgica que solo lo exigen en algunos sectores.

Continúa el RD 8/2019:

“De acuerdo con la Encuesta de Población Activa del cuarto trimestre de 2018, más del 50 por ciento de los asalariados declararon tener jornadas semanales superiores a las 40 horas y un gran volumen de trabajadores a tiempo parcial indicó que la jornada de trabajo efectiva no se correspondía con la declarada”.

Todos conocemos a algunos de los pertenecientes a ese “gran volumen de trabajadores a tiempo parcial” a los que obligan a trabajar a jornada completa y cobran la diferencia en B. O tenemos amigos a los que la subida del Salario Mínimo Interprofesional ha obligado a firmar irregularidades en sus contratos para cobrar lo mismo que antes pero figurando con un menor número de horas trabajadas. Estos son aspectos en los que tiene que cebarse la Inspección de Trabajo, igual que con los falsos autónomos de alguna nueva economía “startupera”. Pero ese es tema para un post completo.

Dejando al margen el tema de la sinvergonzonería de algunos empresarios, uno de los primeros problemas a los que uno se enfrenta cuando trata estos temas es el del tiempo real de trabajo. Hay gente en las oficinas que desayuna más veces que un hobbit, que lee la prensa deportiva, que fuma y mucho, guasapea con los amigos, resuelve temas personales en horario laboral (¡todos lo hacemos, a veces no hay más remedio!), come en dos horas o más y luego, eso sí, sale tarde, o no necesariamente, y dice que “está más de 40 horas semanales en el curro”. Pero no ha trabajado más de ocho horas. En algunos casos ni cuatro, como la empresa en la que tuve mi primer trabajo como becario. Nunca jamás estuve en tertulias políticas o futboleras más largas, yo quería trabajar y los veteranos me decían: “¡tranquilo, no vayas a acabar todo el trabajo hoy!”

Smoking Room

Según este estudio de la web de empleo Jobatus, el “cigarrito” le cuesta a las empresas españolas la friolera de 26.000 millones de euros anuales. Unido a los 68.000 millones de euros que cuesta el absentismo, según el estudio de Cinco Días, el control de la jornada se convierte en algo tan importante para el empresario como para el trabajador. 

Así que el primer problema puede ser definir el cómputo de tiempo efectivo de trabajo. La Guía del Ministerio de Trabajoeditada para aclarar las numerosas dudas que surgen tras la lectura del real decreto, no establece una regla clara:

“Es conveniente igualmente que sea objeto de llevanza todo aquello que forme parte de la misma, en especial lo relativo a pausas diarias obligatorias legal o convencionalmente previstas, o voluntarias, para permitir eludir la presunción de que todo el tiempo que media entre el inicio y finalización de jornada registrada constituye tiempo de trabajo efectivo”.

Es decir, deja caer que recomienda también que se registren, aunque lo deja abierto después a la negociación colectiva. Tremendo error, ¿negociar con el comité de empresa los tiempos de café y fumeteo? ¿Y por qué no el guasap, el Marca, la Bolsa o la compra?

“Utilizando otros datos de la Encuesta de Población Activa, cada semana del año 2017 se hicieron en nuestro país una media de 5,8 millones de horas extraordinarias a la semana. Lejos de constituir un hecho puntual, la realización de horas extraordinarias se incrementó en 2018. Así, los datos revelan que, como media, cada semana de 2018 se realizaron 6,4 millones de horas extraordinarias en España”.

“Junto a lo anterior, ha de destacarse que un 48 por ciento de las personas trabajadoras que declaran realizar horas extraordinarias también manifiestan que no les son abonadas ni, por tanto, se cotiza por ellas a la Seguridad Social. Ello supone un perjuicio grave para esas personas y para el sistema de Seguridad Social”.

6 millones de horas extraordinarias sobre una población activa de 18 millones… Me salen incluso pocas horas extras de presencia en el trabajo, que repito, no significa tiempo efectivo de trabajo. Así que tenemos en el cóctel empresarios explotadores, trabajadores que se escaquean, fumadores empedernidos y una bolsa de horas extras no remuneradas disponible en grandes empresas. Un tira y afloja entre los que se desloman y los que se aprovechan.

El propio Gobierno reconoció las dificultades de implantación de la norma (en vigor desde mayo de 2019) y propuso agrupar todas esas pausas durante la jornada de trabajo en horas que no se paguen y que tampoco coticen. Esto empieza a complicarse aún más. Y como este gobierno y su afición a los reales decretos de los viernes sociales es infinita, el Real Decreto 6/2019 aprobó la siguiente modificacion del artículo 34 del Estatuto de los Trabajadores:

«8. Las personas trabajadoras tienen derecho a solicitar las adaptaciones de la duración y distribución de la jornada de trabajo, en la ordenación del tiempo de trabajo y en la forma de prestación, incluida la prestación de su trabajo a distancia, para hacer efectivo su derecho a la conciliación de la vida familiar y laboral. Dichas adaptaciones deberán ser razonables y proporcionadas en relación con las necesidades de la persona trabajadora y con las necesidades organizativas o productivas de la empresa”.

Ahí lo llevas, empresario, ahora apáñatelas para cumplir con todo lo legislado. En la segunda parte plantearemos la solución:

El registro de jornada, 2ª parte: el chip subcutáneo.

Permanezcan atentos. A ser posible, fuera de su tiempo de trabajo efectivo.

Cara Josean

Analista de Bolsa, por Josean

Análisis de bolsa 1

Por esas casualidades del destino que a veces se producen, haciendo limpieza de archivos digitales, encontré recientemente un texto que escribí en 2002 y que voy a reproducir de modo casi íntegro por dos razones. La primera, porque algunas de las ideas reflejadas que aparecen en el mismo no han envejecido mal. La segunda, porque tras comentar la idea principal del texto con los amiguetes, la misma ha sido rescatada por uno de ellos para darle un nuevo desarrollo, como podréis leer al final. Apenas voy a cambiar nada y los pocos cambios se deben a empresas que a los más jóvenes ni les sonarán, como Terra, o por personas que hoy en día apenas tienen fama alguna.

13/09/2002

Cuando alguien me preguntaba por qué quería ser economista, le respondía que no tenía ni idea, que quizás era por no ser ingeniero, como se me presionaba desde mi familia, o abogado, por no convertirme en un tipo detestable. O quizás porque no era una carrera a priori demasiado complicada. O vete a saber, a lo mejor porque tenía muchas salidas, lo cual era de agradecer para alguien tan salido como yo. El caso es que no era por vocación.

Han pasado unos cuantos años y ahora he descubierto lo que quería ser en realidad: analista bursátil, especialista en Bolsa, comentarista del parqué, cronista del mercado financiero, gurú del ahorrador medio, azote de brokers, llámenlo como quieran.

Y sólo hay una razón para anhelar tal trabajo: la impunidad. Ya puedo decir las sandeces que me vengan en gana, que si me vendo bien seré premiado con el prestigio profesional y el reconocimiento de los medios. Y así es en realidad. A un analista de Bolsa se le permite lo que a nadie en ninguna otra profesión se le permitiría, es decir, el error y la equivocación más absoluta en todas y cada una de sus predicciones. Sólo hay que coger un periódico de información económica, de esos que dicen color sepia o salmón, y observarlo. Por cierto, ¿alguien ha comparado en algún restaurante el color de la sepia y del salmón? Háganlo, se llevarían una sorpresa.

Veamos lo que dice el supuesto genio de las finanzas hablando de la cotización de una empresa determinada, digamos, Ibertrola o Teleafónica: “Ha llegado a 20 y puede subir a 22-23 euros. Si fracasa, podría bajar a 18-17, o incluso a 16”. Genial, ¿no? Para empezar, el cabrón se da un margen de error del treinta y cinco por ciento. Casi nada. Y ni aun así acierta.

¿Se ha parado alguien a pensar qué pasaría si se tolerase esta falta de seriedad en otras profesiones? Por ejemplo, ¿qué pasaría si un periodista deportivo hiciera lo mismo? “El Madrid puede ganar dos o tres a cero, pero si el contrario marca primero, podría perder por uno o dos goles de diferencia, o incluso por cuatro”.

¿Y  un futurólogo? “Cariño, a tu marido le veo bien de salud, parece que correrá el maratón en menos de tres horas. Eso si no le tienen que operar antes de apendicitis o incluso de un tumor cerebral ”.

¿Y un cronista de la prensa rosa? “Se comenta que Brad Pitt está muy cerca del corazón de Charlize Theron. Pero si no es así, más bien podría tratarse de un bulo y estar liado con la Pantoja o incluso si me apuran con Belén Esteban”. Es triste que hasta el mínimo de credibilidad que ofrece la prensa del corazón no se le exija a aquellos que manejan y nos asesoran con el fruto de nuestros ahorros.

En el fondo les perdonamos por lo mismo que perdonamos a los charlatanes sinvergüenzas que nos toman el pelo en las ferias y mercadillos: porque, a pesar de que nos han engañado, la culpa no deja de ser nuestra. Por pardillos y creerles. ¿Que esta camisa tan barata no encoge? ¿Que este valor va a subir el cincuenta por ciento en un mes? ¿Que estos pantalones son auténticos? ¿Que mis acciones no pueden bajar más y me recomienda mantenerlas otros seis meses? Ellos nunca se confunden, igual que el del mercadillo jamás dirá que te ha vendido un producto defectuoso. Los buenos analistas siempre tienen una excusa a mano para justificar sus errores. Por ejemplo:

  • La crisis de las bolsas asiáticas: es evidente, las pérdidas del banco de mi esquina se deben al petardazo de la Bolsa de Singapur. Te meten lo del mundo globalizado y resuelto.
  • La publicación de alguna estadística inverosímil, como el descenso en los bienes de consumo. O sea, que el hecho de que la Mari compre menos yogures influye en la bajada de las acciones de una empresa dedicada a la venta de software informático. Muy lógico. Será que los programadores informáticos se alimentan de productos lácteos.
  • Los tipos de interés: siempre son demasiado altos o demasiado bajos, o, en cualquier caso, distintos a lo que el mercado esperaba.

En fin, lo más grave es que nadie tiene ni la más remota idea de lo que ocurre en ese ente imaginario que es el mercado. Y a algo tenemos que agarrarnos cuando la fe flaquea. Así que si te viene un memo de estos y te dice que las cotizaciones se van a disparar, pues tienes que creerle, qué le vas a hacer. Luego, cuando te hayas dejado en seis meses los ahorros de varios años podrás fardar con tus amigos: “Yo es que juego a la Bolsa”. Joder, menos dinero se pierde en el Casino y no está tan bien visto socialmente.

Lo dicho, señores del Cinco Tías, La Gaceta de los Necios o Expulsión: busco trabajo como analista bursátil. Años de experiencia con menos resultados que con la Primitiva. Prometo la máxima credibilidad con el mínimo de aciertos. Excusas garantizadas. 

Hasta ahí lo que escribí en aquel lejano año 2002. Tras el 11-S y las caídas de las tecnológicas que vendieron humo (y que fueron mayoría durante esos tiempos), algunos analistas seguían diciendo que tal o cual acción tenía que recuperar buena parte de todo el valor perdido. El caso extremo era el de Terra, la filial de Telefónica. Una página web que llegó a tener mayor valoración bursátil que la Caixa. El gran bluff de Villalonga.

Análisis de bolsa 2

“Recuperar el valor perdido”, decían. ¿No sería más bien que alcanzaban su cotización real? Leías sesudos análisis de algunos expertos, que si los fundamentales, los distintos suelos marcados, el volumen de negocio y pensabas: “seré yo el equivocado, el que no tiene ni idea”. Hasta que llegaba uno de los sabios y te decía: “Terra está muy cerca de lograr ebitda positivo”, y el valor de las acciones subía un diez o veinte por ciento en cuatro días para luego perderlo en uno. La gran falacia del ebitda en empresas cuyos principales costes son amortizaciones y financieros. Quizás fuera en esos momentos en los que pensaba que todos esos comentarios errados y erráticos formaban parte de un plan para el enriquecimiento de unos pocos.

Con los años y las mayores facilidades de acceso a las cotizaciones en tiempo real por parte del populacho, había que sofisticar las herramientas y surgieron los contratos de futuros, las opciones y los temibles derivados. Estuve en un par de cursos para entender eso de las PUT y las CALL, y en ambos los tipos que las daban se movían mucho, estaban nerviosos y nos trataban de convencer de las ingentes cantidades de dinero que se podía ganar en estos mercados.

Análisis de bolsa 3

A uno de ellos le sudaban las axilas más que a Camacho en el mundial de Corea e iba tan acelerado que abrió tres botellines de agua diferentes en menos de cinco minutos. Estaba fuera de sí, como si cada nanosegundo con nosotros estuviera perdiendo una oportunidad de negocio jugando con el segundo decimal de una opción: “¡CALLa, PUTo chalado, calla de una vez!” Si aquel tipo representaba al inversor que se había forrado en bolsa y por algún momento en mi vida tuve la idea de hacerme millonario de ese modo, se me quitó tras los cincuenta minutos de nefasto speech.

Como ya he comentado alguna vez, no me fío de casi nadie en este mundillo y mis inversiones siguen criterios tan conservadores como los de Warren Buffet, aunque desde luego no tan atinados. En el fondo solo quiero tranquilidad para mis ahorros, ¿es eso posible?

Todo el rollo de hoy venia porque el amiguete Barney ha recuperado la idea del comentarista deportivo-bursátil de 2002 y ha escrito todo un análisis de las últimas temporadas futbolísticas del Madrid desde el prisma de un analista de Bolsa. ¿Figura hombro-cabeza-hombro o prefieres un análisis por fundamentales? Puedes encontrarlo en este enlace a La Galerna:

https://www.lagalerna.com/analisis-bursatil-volatilidad-madridista-y-blue-chips-azulgrana/

Analista de Bolsa

Saludos, y recordad que podéis confiarme vuestros ahorros.

Una gran muralla a China (II), por Josean

Chino sinograma crisis

Concluí la primera parte con esa reflexión “trumpiana” acerca de poner una Gran Muralla arancelaria a China y frenar su invasión, algo que parece preocupar al presidente norteamericano tanto como la entrada por tierra de sus vecinos del sur. Intento racionalizar mis temores ante esta invasión y me pregunto qué es lo que no me gusta de este new order. El libro La imparable conquista china (Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, Crítica, Editorial Planeta) me ha dejado con mal cuerpo tras cada uno de sus capítulos, pero, ¿por qué?

Chino de china 2El primer capítulo nos cuenta la guerra por los recursos naturales tomando Groenlandia como escenario de batalla. El gobierno chino lleva años tratando de hacerse con el control de la producción y distribución mundial de las llamadas tierras raras, que en realidad son un grupo de metales básicos para la industria tecnológica (pantallas LED, baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles, fibra óptica,…). “China, de hecho, monopoliza el 97% de la producción mundial y el 100% de las más pesadas. Ello es consecuencia tanto del uso intensivo de mano de obra barata que requiere su producción como del elevado impacto medioambiental de sus procesos”. Estados Unidos, Europa y Japón abandonaron su producción, lo que “se confirmó como un error estratégico a partir de 2009”.

La respuesta del gobierno chino a los aranceles norteamericanos ha sido amenazar con reducir o cortar directamente el suministro de tierras raras a Estados Unidos, que importa de China alrededor del ochenta por ciento de estos materiales imprescindibles para el desarrollo de su industria tecnológica y de energías renovables.

La expansión china en África se debe al mismo interés: invertir en desarrollo e infraestructuras en el país a cambio de que los gobiernos africanos le cedan el control de las reservas naturales. El interés chino en Groenlandia se centra no solo en la explotación minera, que traería graves daños medioambientales, sino también en aprovechar el deshielo del Ártico para abrir nuevas rutas marítimas “…que supondrían una alternativa más atractiva en términos de ahorro de tiempo y costes a los canales de Panamá y Suez”.

China exportaciones 2

El segundo capítulo nos cuenta las estrategias de los millonarios chinos para sacar sus fortunas del país, primero con esos paraísos del blanqueo que son Macao y Hong Kong, y después “colonizando” países a base de pasta, países como Canadá y Australia que invitaban a conseguir la nacionalidad a aquellos inversores que adquirieran propiedades o demostraran tener un patrimonio determinado. Con motivo de la crisis fueron muchos los países que vieron en el poderío económico chino una posibilidad de atraer capital a sus maltrechas economías y hasta una treintena de ellos, muchos de ellos europeos, crearon programas similares para obtener la ciudadanía o la residencia fiscal a cambio de inversiones de tamaño medio-alto.

Malta puso encima de la mesa su particular propuesta: “650.000 euros a cambio de ciudadanía de la Unión Europea a todos los efectos”. El Parlamento Europeo se opuso a esta medida con el 89 por ciento de los votos. Por su parte, Canadá tuvo que cortar su programa en 2014 ante “la avalancha de emigrantes financieros”. En Australia se calcula que unos 200.000 chinos están entrando en el país cada año a través de diversos programas, lo cual supondrá una transformación total en unos pocos años dado que la población apenas supera los 25 millones de habitantes.

El libro fue publicado en 2015 y su lectura me ha parecido más actual e interesante de lo que quizás habría sido en el momento de su publicación. El tercer capítulo, titulado Diplomacia, comienza hablando de la Revolución en Hong Kong, los primeros movimientos de lo que ha terminado desencadenando en las protestas actuales. Los estudiantes empezaron a organizar sus movilizaciones en 2014 por “su percepción de que el proceso de integración de Hong Kong en China está poco a poco socavando sus libertades y modo de vida”. El detonante para la movilización ciudadana fue la presentación por parte del Gobierno de Pekín del Libro Blanco sobre Hong Kong, que dejaba claro quién mandaba y el grado de autonomía de la isla. Con su interpretación restrictiva del artículo 45 de la Ley Básica, algo así como un remedo de Constitución para Hong Kong, se derogaba básicamente el sufragio universal, que estaba previsto inicialmente para 2017.

Los dos millones de ciudadanos manifestándose en las calles la semana pasada ante la ley de extradición a China no son fruto de un movimiento casual u ocasional. Y si los hongkoneses esperaban una reacción por parte de Occidente, ya han comprobado que no van a poder contar con ese apoyo. El silencio de Londres ante la situación de la que fue durante siglo y medio colonia británica demostró el temor a las represalias del gobierno chino.

En el Reino Unido saben cómo las gastan cuando se “ofende” a las máximas autoridades del gobierno chino, como ocurrió en 2012 cuando el Primer Ministro David Cameron y su segundo, Nick Clegg, “osaron” recibir al Dalai Lama en Londres. Pese a que se le intentó dar una apariencia de visita no oficial y apenas se hizo pública, pese a que se celebró en la cripta de la catedral de Saint Paul y duró únicamente 36 minutos, para el gobierno chino resultó ser una afrenta. Y la afrenta tuvo un castigo en modo de reducción de inversiones en la City que duró año y medio.

China 3

Francia sufrió represalias similares cuando Nicolás Sarkozy mencionó la represión en el Tibet, o Noruega, tras la concesión del Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, condenado a once años de prisión por un delito de opinión. El asunto de los derechos humanos me lleva al capítulo sexto, dedicado a las represalias que sufren los contrarios o los críticos al régimen. La activista pekinesa Cao Shunli tenía previsto participar en un seminario sobre derechos humanos en Ginebra en septiembre de 2013, para a continuación, un mes después, asistir a la revisión del estado de los derechos humanos en China, revisión que se realizaría en la ONU en octubre. Cao Shunli nunca cogió el vuelo a Ginebra y murió bajo custodia policial china en marzo de 2014, con evidencias de tortura y tras serle denegado el tratamiento médico. Las UPR (Revisiones Periódicas Universales) realizadas a China en febrero de 2009 y octubre de 2013 no pasan de ser unas recomendaciones para una mejoría que se produce con pasmosa lentitud, pese a que algunos de los estados afines al régimen chino destaquen los “espectaculares avances” del país en esta materia.

El séptimo capítulo está dedicado al espionaje a gran escala, al cabreo de los americanos ante el espectacular e inconcebible avance de la tecnología china, el cual no parece posible sin el saqueo directo de los servidores de las principales compañías norteamericanas. La detención de la directora financiera de Huawei es parte de esa guerra que ya ha tenido episodios como el ataque chino a los servidores de Google. El exconsejero de la NSA, Joel Brenner, va más allá al afirmar que fue “un ataque coordinado contra la propiedad intelectual de varios cientos de compañías en Estados Unidos y Europa” y que los piratas informáticos obedecen órdenes del Gobierno chino o “trabajan directamente con el Ejército de Liberación Popular con el objetivo de robar propiedad intelectual a Occidente”.

El octavo y último capítulo está dedicado al aprovechamiento que han realizado los chinos de la crisis en Europa, a su modo de captar los principales activos de estados quebrados como el griego o llevarse a golpe de talonario empresas españolas, francesas o incluso norteamericanas. A la inversa no sería posible por las leyes proteccionistas chinas, pero el (deseable) liberalismo occidental les ha permitido controlar la mayor parte de activos estratégicos y de la deuda de las principales economías.

Parece que detrás de todo lo expuesto hay un plan de conquista similar al de los peores malvados de Spectra en cualquier peli de James Bond, pero si miramos un poco nuestro ombligo lo cierto es que el patrón chino ha replicado modelos ya conocidos en la historia. Si hablamos de colonización o expolio de los recursos naturales, los países europeos y Estados Unidos no están como para dar lecciones acerca de su presencia durante décadas en África, Oriente Medio o Sudamérica. Si había que cambiar a un dictador para mantener el control del petróleo se hacía, fuera cual fuese el precio en vidas humanas.

En cuanto al respeto por el medio ambiente, China ha copiado el modelo occidental de crecimiento y ahora es cuando se le ha exigido la responsabilidad que los gobiernos occidentales no tuvieron durante años. No se permitió la entrada de vehículos chinos en Europa entre otras cosas por las emisiones de gases, pero luego detectamos que Volkswagen llevaba años falseando los test de contaminación de sus motores.

Millonarios evadiendo sus fortunas a paraísos fiscales los ha habido siempre, y desgraciadamente seguirán existiendo. En cuanto a las peticiones de democracia en Hong Kong resultan graciosas si tenemos en cuenta que durante ciento cincuenta años los británicos no tuvieron ningún interés en desarrollarla.

Si hablamos de derechos humanos, parece evidente que los del bando de “los buenos” estamos varios cuerpos por delante de China, pero los Guantánamos o Abu Ghraibs, o las denuncias de tortura no investigadas en diversos países, o la censura en sus diversas formas, no permiten que Occidente lance la primera piedra con total libertad.

El capítulo referido al espionaje menciona la paradoja de que justo cuando Obama se reunía con el presidente chino Xi Jinping en junio de 2013 para hablar del saqueo salvaje sufrido por empresas norteamericanas saltó el caso Snowden, el inmenso espionaje masivo a sus ciudadanos y empresas realizado por la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana.

En cuanto a aprovechar las crisis para comprar barato y beneficiarse de las desgracias ajenas es algo tan viejo como el propio mundo y está en la esencia misma del capitalismo.

¿Entonces, por qué sigue incomodándome esta invasión china? Pues no lo sé, pero lo logra. Quizás se debe a que preferíamos estar en el lado de los poderosos y llevamos mal que ahora sean otros los que llevan la voz cantante e imponen sus criterios. O quizás sea algo tan tonto como que en el fondo anhelamos/anhelo el american way of life, tener una pequeña casa con jardín, una familia perfecta, deportista y consumista que ve pelis y series americanas, viste con prendas de marca y estudia en las mejores y más caras universidades mientras uno compite por el mejor trabajo posible en el que dejar horas y horas para llevar un sueldo decente a casa. Puede que ese modelo nos guste, mientras que por el contrario nos repele el tópico del chino encerrado en su tienda dieciocho horas diarias, con toda la familia volcada en el trabajo, y malviviendo en una ciudad contaminada bajo un régimen opresor que coarta sus libertades.

O a lo mejor es eso, solo eso y sobre todo “eso”: un problema de libertad o de su ausencia.

 

Una gran muralla a China (I), por Josean

Chino de china 1

Hace unas pocas semanas estuve en El Puerto de Santa María, junto al paseo marítimo de la playa de Valdegrana, donde veraneé hace veintimuchos años. Me apeteció pasar por el lugar en el que cenamos muchas veces, el típico sitio con una carta de pescaíto frito y… pescaíto frito. Simple, riquísimo todo. En su lugar había un Hiper Asia.

En la zona en la que vivo en Madrid he visto desaparecer muchos comercios y restaurantes, pequeños empresarios que iniciaban sus negocios con ilusión y después de varios años de infructuosa lucha terminaban echando el cierre. Pero hay un restaurante chino abierto desde hace más de quince años con el local más grande de toda la zona, lo cual no me molestaría si no fuera porque nunca he visto entrar a nadie en el mismo.

En el Bazar Asia (no digo cuál porque todos tenéis uno cerca, seguro) abren de nueve de la mañana a once de la noche los siete días de la semana. Pese a que lo tengo vetado en mi familia, alguna vez me ha tocado ir a por algo a última hora y siempre hay cinco, seis o siete tíos trabajando, varios de ellos menores. Le pido ticket siempre y en la vida me ha dado una factura, sino el rollo de la calculadora o, cuando le pido factura, como mucho me da un papel en el que pone:

Art. 1 _____ 1,00

Art. 2 _____ 0,70

El IVA se estila tanto como en la provincia de Cádiz. Los adolescentes de la zona compran ahí sus bebidas y se van al parque que tienen enfrente porque “el chino no pide carné”, como dicen mis hijos.

La broma con la que empiezo este post vale para Usera tanto como para amplias zonas de Madrid, Barcelona, Vancouver (donde su influencia se siente incluso en los ascensores y las supersticiones chinas), Melbourne o Nueva York. Atravesad la calle Leganitos y pasad por su peluquería china, masaje chino, restaurante chino, fundas de móviles chinos, fideos chinos, inmobiliaria china y parafarmacia china. Menos mal que no les dieron permiso para cambiar la fachada del Edificio España en la cercana Plaza de España, porque veía que acabábamos permitiendo un Edificio Hong Kong con dragones en la recién denominada Plaza de Beijing.

En lo profesional he tenido pocas experiencia con empresas chinas, pero tuve una con el Bank of China de la que salí bastante cabreado. El ICBC (Industrial and Commercial Bank of China) tiene su sede para España en pleno Recoletos, en una de las zonas más caras de Madrid. Entramos en la oficina y tuvimos una reunión cordial de algo más de una hora, pero en lugar de ofrecernos financiación de la manera en la que la banca suele hacerlo, nos dijeron que su modo de trabajo era diferente. Nos solicitaron toda la información técnica de nuestros productos, o que incluso les cediéramos una de nuestras máquinas para ofrecérnosla a mejor precio, fabricada en China y, entonces ya sí, financiada por el ICBC. Nos negamos, por supuesto, les hablamos de la propiedad industrial, el know how y todas esas cosas que no creo que les sonaran a chino.

chino de china 7

Un par de años después detuvieron al director general del banco y a otros cuatro directivos en una operación de lucha contra el blanqueo de capitales relacionada con la operación Snake, en la que se investigó a otras 47 personas que trabajaban en una red de tráfico internacional de mercancías eludiendo el pago de impuestos. Se les imputaban otros delitos contra la Hacienda Pública, contra los derechos de los trabajadores, contrabando, pertenencia a organización criminal y falsedad documental. Casi nada.

Venga, me olvido de todas estas cosas que hacen aflorar mi lado xenófobo que tanto me incomoda y me pongo a ver el fútbol. Ah, pues va a ser que no, porque el Madrid juega a un horario infame, una hora impropia para el fútbol, pero que LaLiga de Tebas acepta para que el partido se pueda ver en China, ese mercado de creciente interés porque parece que va a ser el que ponga la pasta en los próximos años. Ya han empezado a llevarse a jugadores de primer nivel ofreciendo salarios imposibles de igualar en Europa.

Pues voy a ver una peli, aunque si es moderna por supuesto tiene que tener un personaje chino en el bando de los buenos, porque el mercado chino es básico para Hollywood. Hay chinos ya hasta “en una galaxia muy, muy lejana”, y si Hollywood se deja arrastrar por la imposición Rider, perdón, la inclusión Rider, esto será obligatorio aunque haya que forzar los guiones de modo salvaje.

Si todo esto no es una invasión silenciosa y consentida en toda regla, que venga alguien y me lo explique, por favor. Que trabajan mucho, que son austeros, que dedican su vida al trabajo, todo lo que queramos decir será cierto y contra eso no tengo nada que objetar, pero mi indignación no viene por eso sino porque no compiten con las mismas reglas. Hasta ahora he hablado de pequeñas anécdotas de la microeconomía, pero el asunto de fondo macroeconómico es mucho más serio. La inversión china en España creció un 162% en 2018 y seguirá aumentando si las empresas españolas ven que la solución a sus problemas financieros pasa, como está ocurriendo, por abrirse al capital chino.

Acabo de finalizar el libro La imparable conquista china, continuación de La silenciosa conquista china, de los periodistas Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, y el panorama que presentan es desolador. Como bromeaba alguien hace tiempo, “tenemos que empezar a decidir qué tipo de país es el que queremos dejar a los chinos”.

A lo largo de sus capítulos los autores nos desgranan toda una trama organizada y dirigida por el gobierno chino para hacerse con el control de los recursos naturales, los activos estratégicos occidentales y la tecnología. Lo preocupante no es eso, sino que al igual que en los pequeños ejemplos que comentaba al principio, la adquisición de esos activos no se hace compitiendo limpiamente con las mismas reglas de mercado que se nos han marcado a todos. Y se llevan por delante lo que haga falta.

Por esta razón, estoy expectante ante la resolución del conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Después de un año de guerra comercial, el gobierno norteamericano aprobó una subida del 10 al 25 por ciento de los aranceles a productos chinos importados por un valor cercano a los 200.000 millones de dólares, y amenazó con subidas similares a otros 300.000 millones adicionales. El déficit comercial de Estados Unidos con China se redujo un 14 por ciento.

No voy a poner a Donald Trump de ejemplo de nada, pero por lo menos se ha atrevido a frenar la invasión china. A su manera, eso sí, pero ha conseguido que las inversiones chinas en Estados Unidos cayeran un 83 por ciento en 2018. La falta de acuerdo se debe principalmente a la negativa del régimen chino a introducir reformas legislativas que protejan la propiedad intelectual y por asuntos derivados con la cesión forzosa de tecnología.

No es que las empresas europeas y norteamericanas hayan sido un dechado de virtudes allá donde han invertido, ni un ejemplo a seguir en muchos casos, pero por muchas razones me preocupa el poderío de la economía china. Por su opacidad, por la falta de transparencia, las trampas, por todas esas cosas de las que hablaré en la segunda parte.

Chino de china 4

Este mes se han cumplido treinta años de la matanza en la plaza de Tiananmen. Los amagos de parte de la población, estudiantes en su mayoría, reclamando mayores libertades fueron atajados a golpe de tanque. Algunos cálculos hablan de diez mil muertos, pero treinta años después continúa el silencio oficial acerca de lo ocurrido esos días. Y sin embargo seguimos abriendo las puertas de Occidente a este régimen que ignora los derechos humanos fundamentales y aprovecha lo peor del capitalismo amparado por la dictadura del Partido Comunista.

Chino de china 5

El éxito de su economía, cuyo PIB es veinte veces superior al de 1989, ha servido para sacar de la pobreza a buena parte de la población y esta ha respondido aceptando esa carencia de libertades. Según un estudio del Asian Barometer Survey, de Taiwán, el 63 por ciento de los chinos apoya el régimen político actual y son pocos los que ansían la democracia en el país. Seguro que no piensan del mismo modo en Hong Kong, donde dos millones de personas se han manifestado en contra de la ley que permitiría extraditar a China a sus ciudadanos.

chino de china 6

Los tiempos cambian. La Gran Muralla china se construyó hace más de dos mil años para frenar la invasión del país por potencias extranjeras. Quizás Donald Trump, el amante de los muros de contención, haya sido el primero en animarse a construir algo que empieza a parecer tan necesario como poner una Gran Muralla a China.

(Continuará)

Los derivados y el clembuterol, por Josean

Derivados

El clembuterol es un compuesto químico utilizado para incrementar de modo artificial la masa muscular.

Un derivado es un instrumento financiero cuyo precio o cuya rentabilidad depende o se “deriva” en función del valor o la cotización de otros activos. Este activo se denomina subyacente.

Lo más lógico del mundo, como todo el que intente asemejarlo a productos tangibles podrá comprender. El valor del tomate no es el del tomate en sí, sino que dependerá del que se establezca para los plátanos, o de las expectativas que creemos y creamos alrededor del valor futuro de los plátanos. Y aunque la cosa empiece a complicarse, eso sería hasta cierto punto comprensible para el común de los ciudadanos, así que vamos a inventar algo más complejo: las normas de valoración de los derivados. Se utilizan básicamente dos:

  • La NIC 39 (aquí dejo un enlace con sus 69 páginas, por si alguno tiene insomnio), totalmente lógica e intuitiva pues nos cuenta que “un derivado implícito es un componente de un instrumento financiero híbrido (combinado) que también incluye un contrato principal no derivado, cuyo efecto es que algunos de los flujos de efectivo del instrumento varían de forma similar al derivado, considerado de forma independiente”. O con frases propias de los Hermanos Marx, como esta que extraigo directamente de la Enciclopedia de la Economía: “Un swap de tipo de interés es un acuerdo entre dos partes para comprometerse a una serie de cambios de pagos de interés sobre el mismo principal nocional denominados en la misma divisa. En la forma más sencilla, una parte contratante paga un tipo de interés fijo y la otra parte contratante paga un tipo de interés flotante. El tipo fijo se denomina cupón de swap y el tipo flotante se denomina tipo de referencia”. ¿No ha quedado claro? Podemos repetir: “La parte contratante de la primera parte…”

Hermanos Marx Derivados

  • La NIIF 9, de valoración de los instrumentos financieros, con un alcance mayor que la NIC 39 (Resumen). Obliga a reconocer en balance el posible deterioro del valor del derivado, pero no en Pérdidas y Ganancias, sino en Patrimonio, lo que reduce el valor en libros de las compañías, como una especie de pérdida latente.

A buen seguro que estas normas nos aclararán mucho el problema y nos dirán que el valor de nuestro derivado se establecerá, no en función de la cobertura asegurada, sino de la comparación con otros productos del mercado, todo ello en aras a establecer el “valor razonable” del activo. Es decir, que el precio de mi Seat Arona dependerá del valor razonable de mercado de un Volkswagen Golf. O de un piso en Torrevieja.

Como no me gusta perder lectores por aburrimiento, voy a dejar aquí un breve vídeo de la película de Michael Moore Capitalism: A love story, en el que un experto en derivados de Wall Street (ingeniero, no economista) trata de explicar al cineasta lo que es un derivado:

El careto de Michael Moore es similar al mío y al de todo el que se enfrenta a los derivados por primera vez. Bueno, y por segunda, tercera y decimoquinta. Está claro que el cineasta busca la confusión y disfruta cuando el experto de Wall Street se traba en sus explicaciones, pero si los derivados fueran algo menos complejo, o si dependieran simplemente de un problema matemático o de un valor cierto que se pudiera consultar en una pantalla como el precio de unas acciones en el Dow Jones, no habrían generado los problemas que se han dado. Y han sido muchos, causados entre otras razones, por las mismas del ganado, es decir, por el engorde artificial y acelerado de su tamaño.

La ecuación de Black-Scholes, creada en 1973, fue algo así como el clembuterol. Definida por algunos como “la ecuación matemática que causó el derrumbe del sector financiero“, permitió el crecimiento descontrolado del mercado de opciones y derivados.

Ecuación Black Scholes

En este blog intento siempre ser como esas pelis blandengues de sobremesa, “apto para todos los públicos”, así que lo siento por los expertos, pero creo que tengo que dar estas explicaciones previas.

  • Hay activos reales, tangibles, como las materias primas o el oro, cuyo precio se establece en los mercados en función de una serie de parámetros, no solo de la oferta y la demanda.

Valor oro

  • Luego hay otra serie de activos financieros, como las acciones, cuyo precio no depende solo de los fundamentales de una compañía, de sus resultados, su deuda o el valor de sus contratos, sino de algo tan etéreo como las expectativas futuras o las valoraciones de unos analistas que, en muchos casos, juegan con márgenes de un 30-40%: “si rompe el techo de 10, puede subir a 11 o incluso a 12, pero si pierde el soporte del 9,30 caerá hasta 8,50 al menos, y si falla este suelo, podría llegar a situarse por debajo de 8”. Es evidente que hay especulación en los mercados financieros, y humo, mucho humo alimentado con fuelles interesados. Recordemos que una página web como Terra llegó a tener una valoración bursátil superior a la de todo un banco histórico como el BBVA, con todas sus oficinas y participaciones empresariales incluidas.

Pantalla IBEX

  • Los derivados pertenecen a otra categoría que no sabría si definir como el humo basado en el destino imaginado de otro humo, Existen derivados de cobertura de tipos de interés, de tipos de cambio, de futuros, swaps,… con la característica adicional de que permiten hacer inversiones de forma apalancada, es decir, invirtiendo más dinero del que uno está desembolsando en la realidad. ¿Se puede perder más de lo invertido? Pues sí, y varias veces. Es una apuesta, y como en los casinos, te dan el crédito para que te juegues lo que no tienes. Esto puede crear una situación tan absurda como la actual, en la que el importe global de los derivados supera en varias veces el PIB mundial agregado. Cuesta encontrar datos actualizados, pero este artículo de 2013 ya hablaba de los problemas de un solo banco, el Deutsche Bank, cuya exposición de riesgo en derivados ascendía a casi 20 veces el PIB de Alemania. Este otro, de 2016, cifraba el importe mundial del mercado de derivados en 600 billones de dólares (y no el billion americano), unas 126 veces el dinero en circulación.

Futures_contract_l

No todos los derivados son humo, ni una estafa, aunque no tengo ninguna duda de que en un buen porcentaje sí lo son. Tiene sentido un derivado de cobertura para una operación en divisas o para cubrir eventuales cambios de tipos de interés, si bien la valoración de acuerdo con las normas contables es tan surrealista que me he visto en reuniones donde dos expertos hacían cálculos y daban explicaciones de sus criterios, y, aun siendo comprensibles para un zote como el que esto escribe, sus valoraciones diferían en casi un millón de euros. Y por un millón de euros, y por su décima parte, yo me peleo si hace falta a puñetazos, o nos batimos en duelo al amanecer. Se trataba de una operación de un tamaño pequeño, así que no digamos el impacto en grandes operaciones como las que habitualmente aparecen en la prensa.

La crisis de 2008, que se originó con el colapso de Lehman Brothers, tuvo su acelerador particular con los derivados, los CDS (Credit Default Swaps), los CDO (Collateralized Debt Obligation) y todas esas patrañas inventadas y casi totalmente desreguladas. Fueron napalm para el incendio que se originaba. Pese a que llevo un cuarto de siglo trabajando en asuntos relacionados de un modo u otro con el proceloso mundo de las finanzas, creo firmemente en la sencillez de la economía tradicional, “la cuenta de la vieja” y por tanto, los fundamentales de las compañías, sin artificios contables ni ingeniería financiera. Cualquiera que haya seguido los capítulos anteriores de los Grandes errores de las escuelas de negocios sabrá a qué me refiero. Por eso, para este asunto de los derivados, voy a recurrir al que creo que más sabe de nuestro oficio, Warren Buffett:

“Los derivados son armas de destrucción masiva para el sistema financiero. Como las personas que los crearon y las personas que los utilizan no conocen muy bien su funcionamiento, son una amenaza. Tienen el poder de endeudar a todo el sistema financiero en su conjunto y magnificar los efectos de una crisis”.

Pues ya que contribuyen a magnificar los efectos de una crisis, que tienen un alto componente especulativo y que han alcanzado un volumen absurdo, se entiende mal que los derivados estén exentos del prometido impuesto sobre las transacciones financieras, la mal llamada Tasa Tobin. No lo entiendo, salvo que se deba a la dificultad de perseguirlo, y en ese caso lo entendería todavía menos.

Exención ITF Derivados

Pero aún hay más. Para completar la tormenta perfecta, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (la CNMC que en este blog no apreciamos en exceso) ha sancionado con 91 millones de euros a Caixa Bank, BBVA, Santander y Sabadell por lo que considera “la existencia de posibles acuerdos anticompetitivos entre las entidades para la fijación de precios y el intercambio de información comercial sensible en relación con la contratación de derivados de tipos de interés utilizados como instrumentos de cobertura del riesgo de préstamos sindicados”. Y recuerden que, según las normas de valoración, el valor del derivado se establecerá en función del “valor razonable” fijado en comparación con otros productos del mercado.

CNMC Derivados

El cártel de los derivados, como lo han definido en algunos medios. Los cuatro bancos anunciaron que recurrirían la sanción, pues afirmaban que su modo de actuar era el mismo que realizan las entidades financieras en cualquier país del mundo a la hora de acordar las condiciones de cobertura aplicadas a las financiaciones de proyecto o a los créditos sindicados. Para la CNMC, el mecanismo creado por los bancos era similar al utilizado en su día para la manipulación del LIBOR y el Euribor: las entidades financieras reportaban valores falsos sobre las operaciones interbancarias que se utilizaban para la elaboración de los índices, manipulando de este modo el resultado.

Se puede consultar la resolución completa en este enlace, que recoge conversaciones entre las distintas entidades, según las cuales la CNMC concluye que las entidades acordaron “incrementar los puntos básicos aplicables” y “pusieron en común sus cotizaciones, para acordar ofertar al cliente”.

Cártel derivados acuerdos

Después de cierto tiempo, he entendido por qué a estos productos se les denomina “derivados”: por la deriva a la que llevan a las empresas, o más bien, por dejarlas a la deriva de sus arbitrariedades.

Los efectos secundarios del clembuterol son, entre otros:

  1. Aumento de la frecuencia cardíaca.
  2. Respiración rápida.
  3. Dolor de pecho.
  4. Temblores.
  5. Ansiedad.

Me encajan perfectamente para el texto.

Cara Josean

Cuando Hacienda reconoce su incapacidad, por Josean

AEAT

A principios de este año, durante un receso del fragor de la inspección de Hacienda que mi compañía está sufriendo, le planteé un problema al inspector jefe:

– Tenemos una nueva actividad en la que no sé cómo vamos a hacer para tributar por el servicio que prestamos, y menos aún, cómo coño van a hacer ustedes para investigarnos.

Le conté al inspector la nueva actividad que estamos desarrollando, un servicio que se abona a través de una plataforma de pago por móvil. Me escuchó atentamente durante unos cinco minutos:

– Ponemos a disposición del usuario esta plataforma y nos llevamos una comisión, un fee sobre la venta por el servicio. Hablamos de un fee que anda en un rango entre diez céntimos y un euro por operación, pero eso sí, hablamos de miles de operaciones a diario. Tengo claro que ese fee tributa con IVA, pero luego tenemos que pagar al propietario de la aplicación, al banco cuya plataforma de pago utilizamos y al suministrador del servicio o producto sobre cuyo precio aplicamos nuestro fee.

Para que no nos perdiéramos (empezando por mí mismo), fui escribiéndolo en mi libreta, utilizando el ejemplo de una transacción de diez céntimos de euro:

AEAT-Libreta– Estamos negociando los acuerdos con todas las partes discutiendo ya el cuarto decimal, la centésima de céntimo de euro, es decir, una mierdecilla, la caspa de las moscas, una ridiculez equivalente a millones de bolívares, en definitiva, una cantidad ínfima. Esto es para el banco, que creo que está exento de IVA, esto es el IVA que ingresaremos cuando lo conozcamos y recibamos, esta es la parte del suministrador principal, que no sé cómo coño tengo que liquidar con él, si es con IVA o no, y por último, la aplicación pertenece a una empresa con sede en la isla de Jersey. Ahí va mi pregunta: ¿cuál es la manera fiscalmente correcta de liquidar estas operaciones? Y sobre todo, ¿de qué manera nos van a rastrear ustedes la pista dentro de unos años, cuando quieran inspeccionarnos?

El inspector, zorro viejo, tras mirarme con unos ojos entre perplejos y cabizbajos, me contestó:

– ¿Sabes qué te digo? Que tengo 62 años y espero que esa inspección le toque al siguiente.

Tenía toda la razón. Con esa frase reconocía no solo su incapacidad, que en el fondo era similar a la mía, sino también la visión pragmática que Hacienda ha tenido que adoptar para adaptarse a los nuevos tiempos. Me he acordado de esta conversación a raíz del Anteproyecto de ley presentado recientemente (23 de octubre) del impuesto sobre determinados servicios digitales.

La Exposición de motivos del anteproyecto comienza hablando de la economía digital y las nuevas formas de hacer negocios que han surgido con la misma. Reconoce que estos negocios no requieren de una presencia física en el país en el que se presta el servicio, lo que entra en conflicto con las normativas fiscales internacionales. Hay una desconexión entre el lugar donde se genera la transacción económica, y el lugar donde las empresas tributan.

Una escultura con el logo del Euro a las afueras del Banco Central Europeo en FráncfortParece evidente que la economía digital plantea importantes retos fiscales a los estados, que ven cómo la economía “real”, por definir de un modo al comercio tradicional, pierde peso frente a “la nube” que mueve millones de euros a diario en transacciones difícilmente controlables. A nivel europeo, se lleva trabajando varios años para evitar o al menos controlar ese traslado de beneficios entre países que al final terminan tributando en aquel con menor tasa impositiva. No solo eso, sino que además no siempre se liquida por los servicios reales prestados ni por el total de los mismos.

Solo por mencionar algunos de los informes elaborados sobre este asunto, tenemos:

  • Proyecto sobre BEPS (Base Erosion Profit Shifting) de la OCDE y el G20, de donde surgen:
    • Informe relativo a la Acción 1 sobre los retos fiscales de la economía digital de 5 de octubre de 2015.
    • Informe intermedio sobre los retos fiscales derivados de la digitalización de 16 de marzo de 2018.
  • Comunicación de la Comisión Europea por “Un sistema impositivo justo y eficaz en la Unión Europea para el Mercado Único Digital”, adoptada el 21 de septiembre de 2017.
  • Paquete de propuestas de Directivas y Recomendación para alcanzar una imposición justa y eficaz de la economía digital presentadas el 21 de marzo de 2018.

AEAT-GAFA

Está claro que hay una preocupación, aunque los avances son lentos debido a la complejidad de determinar qué operaciones estarían sujetas y dónde se generan los beneficios. Parece haber una coincidencia general en que no es de recibo que las empresas denominadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) obtengan suculentos beneficios año tras año y que los impuestos que abonan en los diferentes países en los que operan sean ridículos. Para tratar de combatir o al menos controlar esta carencia del sistema, la Comisión Europea presentó en marzo de 2018 una propuesta de Directiva relativa al sistema común del impuesto sobre los servicios digitales que grava los ingresos procedentes de este tipo de prestaciones.

Al crear un impuesto sobre los ingresos, al margen del ya existente de sociedades, que grava los beneficios, las autoridades fiscales están lanzando el mensaje de que no pueden controlar el lugar en el que se genera el valor, ni el importe del mismo.

En España nos hemos adelantado y de modo unilateral se acaba de presentar el anteproyecto de Ley, que ya prevé la adaptación a la futura norma europea cuando finalmente se apruebe. Sinceramente tengo dudas de su funcionamiento y de su éxito, aunque coincido con la necesidad de hacer algo en este Mercado Único Digital. MUD sería el acrónimo, y me parece apropiado pues “mud” en inglés significa barro, fango. El terreno en el que se van a mover las autoridades fiscales de los distintos países buscando esos céntimos virtuales que circulan a toda velocidad entre países.

Los sujetos pasivos obligados van a ser las grandes empresas con una facturación superior a 750 millones de euros que perciban más de 3 millones de euros en el concepto de prestación de servicios digitales. El tipo impositivo acordado es el 3%, ese mismo tres por ciento que me recuerda tristemente al tres per cent catalán o al impuesto revolucionario de la Gürtel.

La localización de la prestación del servicio se va a realizar conforme a la ubicación de la dirección IP del usuario o, como prevé el anteproyecto, “otros medios de prueba admisibles en derecho, en particular, la utilización de otros instrumentos de geolocalización”. La próxima vez que esté cerca de Algeciras o Tarifa, o de los Pirineos, el pago del impuesto dependerá de dónde se conecte mi móvil, si a Marruecos, a Francia, o seguirán siendo servicios prestados en España. En fin, que lo veo todo como un lío, como decía mi colega inspector.

Según la Memoria de impacto de la aplicación de la norma que acompaña al Anteproyecto, el Ministerio espera recaudar un importe que se mueve en un amplio rango entre los 600 y los 1.258 millones de euros anuales. Vamos, que no tienen ni pajolera idea. La cifra inferior resulta de aplicar el porcentaje del PIB español sobre el europeo (7,5%) a un estudio de la Comisión Europea sobre los posibles impactos de la creación de la tasa, y el importe más alto surge como en tantos otros presupuestos de un ejercicio voluntarista de crecimiento de ingresos por publicidad “con una tasa de actualización de las cifras muy alta”. Cito literalmente el coeficiente de incremento: “muy alta”. Entre los 600 y los 1.258 millones de euros, casi nada.

Si eso es el tres por ciento, significa que hay empresas que prestan servicios digitales por un valor entre los 20.000 y los 41.933 millones de euros, pero a continuación la Memoria indica que según algunas bases de datos de tráfico y servicios de empresas de telefonía, la recaudación del impuesto sería de solo unos 100 millones de euros. Ooops!

Me ratifico en mi idea de que los señores de Hacienda tienen la misma idea que yo y que mi vecina octogenaria de esta nueva economía. Con esa vecina o con un niño de ocho años, podríamos cuestionarnos todo el funcionamiento de la operativa:

¿Funcionará si solo se aplica en España y no en el resto de Europa? ¿No se crearán nuevos “paraísos tributarios” si los tipos impositivos son distintos por países? ¿Dónde tributa ese malayo ubicado en Jersey que ha desarrollado la aplicación que se utiliza en España? ¿Y si esa empresa desvía un porcentaje de mis operaciones y me estafa, la responsabilidad ante Hacienda también es mía? ¿Seguirán escaqueándose las empresas chinas?

El juego de las siete y media

Más dudas que me surgen. ¿Os acordáis del juego de las siete y media? Había que acercarse a esa cifra, pero sin pasarse. Pues este impuesto está definido del mismo modo. Puesto que solo se aplica a empresas con una facturación superior a 750 millones de euros en el ejercicio anterior, me imagino al Director Financiero de una de estas compañías, a medida que se acerca el cierre del año, diciéndole al Director Comercial:

– Oye, contrólate y no vendas más estos dos meses. Sí, ya sé que llega navidad, pero es preferible facturar 749 millones que 751 ó 770, porque nos van a crujir un impuesto de 22 millones de euros como te pases de esa cifra. ¡Relájate, tronco, tómate unas vacaciones, ofrece descuentos del 70-80%!

O bien, ¿las compañías podrán crear un entramado de sociedades más pequeñas para repartir la cifra de negocios por distintas actividades y no alcanzar el límite maldito?

En fin, que me parece bien que se haga algo por controlar a estas empresas, para que dejen de reírse de los gobiernos europeos (caso Starbucks en Montoro miente), pero reconozco mi incapacidad para definir un mecanismo de fiscalización adecuado y efectivo. Se lo dejo al siguiente, como el inspector.

Ah, y una última cosa. Por supuesto y gracias a la corriente populista legislativa, no falla la referencia al impacto de género para concluir que no existe tal impacto. ¿Por qué no? Cuando se repercuta el impuesto a los usuarios, y habida cuenta de que las mujeres utilizan más este tipo de servicios para Instagramear, postear en Facebook o guasapear, ¿hablaremos de un impuesto machista?

AEAT-Impacto

¿Y cuando hablemos de las criptomonedas? ¡Que pase el siguiente, por favor!