Los adjetivos del nuevo capitalismo

JOSEAN, 23/01/2021

La tendencia no es de ahora, pero sí tengo la sensación de que se ha incrementado mucho en el último año, de manera especial tras el estallido de esta pandemia. Me refiero a la tendencia a adjetivar todo lo que rodea al mundo financiero, económico, fiscal o al sistema capitalista en el que vivimos. A raíz de la expansión del virus por el mundo y de las alteraciones que provocó en nuestro modo de vida, llevándonos a extremos de confinamiento y reclusión que jamás sospechamos, se publicaron numerosos artículos en el sentido de venganza de la Naturaleza, respuesta del planeta por la pérdida de biodiversidad o, como dijo Inger Andersen, director ejecutivo del programa de medio ambiente de la ONU: “la Naturaleza nos está mandando un mensaje“. La recuperación de la calidad del aire o de las aguas, la disminución de toneladas de residuos y de emisiones de gases a la atmósfera, o la invasión de especies del centro de las ciudades, fueron vistas como la victoria de la Tierra ante nuestro desaforado afán consumista. La ONU sentenció en mayo: El coronavirus: la advertencia del planeta de que la humanidad debe cambiar.

Pero la tendencia viene de muchos años atrás. La carta que el CEO de BlackRock, Larry Fink, envía a sus inversores al inicio de cada año pareció premonitoria allá por enero de 2020. Hablaba de Un cambio estructural de las finanzas, poniendo el foco en la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático por “el impacto significativo y duradero que tendrá en el crecimiento económico y en la prosperidad – un riesgo que, a la fecha, los mercados han sido lentos en reflejar”. El nuevo estándar de BlackRock para invertir pasaría a ser la sostenibilidad, unido a la mitigación de riesgos ESG (environmental, social and governance), la transparencia y la exigencia de la medición de la huella de carbono a todas las empresas con las que el fondo colaborara o trabajara. Es un paso más en una tendencia iniciada hace una década y, ya sea como declaración de intenciones interesada o como voluntad decidida por el cuidado del medio ambiente, es un paso en la buena dirección. Al menos la web del fondo deja clara su apuesta por “lo verde”:

Se ha escrito mucho en los últimos años acerca de estos asuntos, y de manera especial tras el Acuerdo de París por el clima firmado en 2015 y la aprobación en la ONU de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030. Resulta sintomático que una de las primeras declaraciones de Joe Biden al acceder a la presidencia de Estados Unidos haya sido para volver al Acuerdo de París del que se desvinculó el país durante la presidencia de Donald Trump: “Queremos liderar, no con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo”.

En esa línea, la Comisión Europea aprobó en 2018 su Plan de acción para una economía más limpia, poniendo especial énfasis en lo que se denominó “Finanzas Sostenibles”. Se trata de un ambicioso plan para clasificar las actividades de las empresas en “verdes” o “no verdes”, y primar de algún modo las consideradas “sostenibles”. Como el capitalismo entiende por encima de cualquier otra cosa de sus propios intereses, el Plan prevé incentivar este tipo de actividades con una financiación más barata, mayor facilidad de acceso de las empresas a proyectos públicos de inversión y la exigencia de certificaciones para poder acceder a fondos europeos. Parece que cobra importancia real la Información No Financiera de las empresas, esa parte de las cuentas anuales que se rellenaba de una manera genérica y bienintencionada, pero poco concreta. Algo que contrastaba con la detalladísima Información Financiera, en donde no escapaba un euro al control de los administradores de las compañías, ni de los auditores.

Finanzas sostenibles, economía circular, fiscalidad justa, empresas socialmente responsables, transición ecológica, transformación digital,… son cada vez más los adjetivos que se incorporan a la redefinición de nuestro sistema. Fondos de “impacto”, o fondos de inversión solidarios, una figura mucho más extendida en el mercado anglosajón, que son “inversiones que buscan una rentabilidad financiera y también un impacto social o medioambiental positivo“, en palabras de Arturo Benito, de Impact Bridge AM. Estos productos mueven ya más de 633.000 millones de euros, y se han especializado en sectores como la salud, la alimentación o el acceso a la energía y la vivienda. La CNMV tiene registrados 19 fondos de inversión solidarios y 44 fondos ESG que basan sus inversiones en criterios sociales y medioambientales.

Dentro de esa tendencia a adjetivar (y cambiar la cultura empresarial y financiera), me encontré hace tiempo con otro artículo que hablaba de El gurú del buen capitalismo. Hablaba de Paul Polman, exconsejero delegado de Unilever, que defendía que “la opinión pública está castigando a las empresas que se comportan de forma irresponsable”. Pero lo que me llamó la atención es que si se hablaba de “buen capitalismo” es porque el articulista entendía que había un “mal capitalismo”. O un capitalismo voraz, salvaje e irresponsable que se preocupaba únicamente del beneficio del accionista y no del impacto en la sociedad. Quizás la pandemia haya acelerado muchos de los cambios que se llevaban años anunciando.

“El cisne verde” es un concepto creado por el Bank of International Settlements (BIS), del que comenzamos a escuchar a principios de febrero de 2020, justo cuando el virus y sus consecuencias estaban a punto de reventarnos en la cara. El cisne verde hace referencia a una crisis financiera motivada u originada por desastres climáticos o medioambientales: los incendios en California y Australia, las inundaciones en el sudeste asiático o el centro de Europa, los huracanes en Centroamérica, o lo que nadie preveía, el impacto del virus SARS-COV-2 en las economías de todo el mundo. La destrucción de centros de producción, el hundimiento de economías de países enteros o la destrucción de empleos y empresas son algunas de las consecuencias de esos cisnes verdes. También los llamados “riesgos de transición”, como son los cambios regulatorios que pueden llevar a desincentivar unos sectores (materias primas, combustibles fósiles) en beneficio de otros (energías renovables). Los riesgos definidos por el Foro Económico de Davos en su informe de 2020 son muy numerosos:

En términos de probabilidad e impacto:

El propio Manifiesto de Davos de 2019 hablaba de esa necesaria “refundación” o “transformación” del capitalismo, basada en tres principios:

  • Las empresas no funcionan únicamente para sus accionistas, sino también para las comunidades locales y la sociedad en general, y deben involucrar a empleados, clientes y proveedores.
  • Las empresas no son solo unidades generadoras de riqueza, sino que atienden a las necesidades de toda la sociedad. En este punto hace mención a la importancia de los ejecutivos de las empresas y las desigualdades (La grieta salarial).
  • Una multinacional es en sí misma un grupo de interés al servicio del futuro global.

Sea por un interés altruista o por un interés propio de las empresas, el caso es que los pasos son firmes y se ha avanzado muchos en estos temas. Los fondos europeos para la reconstrucción (Next Generation-EU), de 750.000 millones de euros, se concentrarán en todos los aspectos mencionados y serán una gran oportunidad para avanzar en algunos campos. Solo espero que se gestionen bien. La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha dicho recientemente que “El objetivo último es conseguir una España más verde, más digital, más cohesionada social y territorialmente y también más igualitaria en términos de género. Por razones de equidad social pero también de racionalidad económica; para lograr un crecimiento robusto y sostenible desde el punto de vista económico-financiero, pero también medioambiental y social“. Espero que haya una colaboración público-privada eficiente, en proyectos sólidos y necesarios, que se fiscalicen adecuadamente y que no se nos vaya el dinero en estudios chorras, sino en atender las necesidades reales de la sociedad.

Verde, digital, justa, sostenible, solidario, social, responsable… todos estos adjetivos me parecen perfectos. Ahora bien, me resulta extraño conjugar la “transformación digital”, pasar de “un país de camareros” a ser productores de tecnología, con un plan educativo en el que se pueda obtener el bachillerato con suspensos, o en el que no se fomente abiertamente la excelencia o el esfuerzo. Y a nivel mundial, creo que todos estos esfuerzos no funcionarán si no se frena a un país al que le importa tres cojones ser ecofriendly, un país como China, que no se define como capitalista precisamente, al que le importa muy poco la gestión medioambiental, los derechos humanos, la transparencia, la justicia fiscal y la propiedad intelectual. Entonces sí que vamos a saber lo que significa otro adjetivo de moda: ser “resiliente”. Saber adaptarse a las circunstancias adversas.

Hoy se cumple un año del inicio del confinamiento en Wuhan, y mientras China ha tenido un crecimiento del 2,3% en un año crítico, las economías occidentales han experimentado caídas de entre el 5% y el 12%. Insostenible.

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El año que nos encerramos cautelosamente

El año que vivimos peligrosamente es una película de Peter Weir de 1982 ambientada en las revueltas de Indonesia a mediados de los sesenta. Inicialmente me pareció un buen título para definir lo que había sido 2020, pero una vez que analizas que todo lo que tenías que hacer era confinarte, reducir tu actividad al mínimo y no hacer nada me pareció que quedaba un tanto exagerado. De ahí el título escogido.

Un año como el que acaba de terminar no podía hacerlo de una manera más adecuada que como lo ha hecho: mal, penoso, lamentable. No lo digo por el vestido de la Pedroche, no. Ni lo digo solo por “regalarnos” una de esas sobreactuaciones a las que Nacho Cano nos tiene acostumbrados (ahí queda su particular intervención en el homenaje a Miguel Ángel Blanco), sino sobre todo por una nueva polémica y división acerca de la bandera de España en la Puerta del Sol: el artículo de Ignacio Escolar, los insultos habituales en redes sociales, Televisión Española tapando la bandera con medio metro de flores,… en fin, la polarización de la sociedad una vez más y la manipulación de todo desde los medios y la clase política. Que una bandera de 1785 utilizada durante siglos (también por la Primera República) sea “un problema” tan grande me hace pensar que estamos perdidos como sociedad.

Como dice la letra de la canción de Nacho Cano, en este momento del año “hacemos el balance de lo bueno y malo”, aunque sea un par de días después y no “cinco minutos antes de la cuenta atrás”, y de eso va este primer post del año, o último de 2020, según se mire. Si vamos a las cifras de este blog de los Cuatro amiguetes y unas jarras (aunque cada vez haya menos jarras que tomar con amigos), el número de lectores se ha triplicado en comparación con el año 2019, que ya había sido el mejor de largo, algo tan espectacular como sorprendente. 60 artículos en total publicados en este blog, 15 en otros medios, más otros 23 firmados de manera apócrifa en sitios inconfesables, y la edición de Aguafiestas en un año muy completo. Solo en este blog hemos llegado a las 70.000 lecturas, pero si añadimos las de LinkedIn, La Galerna y Planeta Fútbol seguramente hayamos superado los 100.000 lectores en todo el año, congrats! Y gracias a todos por el interés.

Esas son las estadísticas, que pueden decir mucho o no contar nada, pero de lo que hoy se trata es de hablar de las tendencias que han marcado el año, de qué temas se han ocupado los cuatro amiguetes en estos doce meses en los que nuestro modo de vida saltó por los aires. Y el comentario sobre el vestido de la Pedroche o la bandera solo eran excusas para comentar uno de los temas que más nos preocupan y que ya estaban en el primer post del año (Despropósitos de Año Nuevo): la polarización de la sociedad. Cristina Pedroche es una mujer “empoderada” o “cosificada” en ese nuevo lenguaje, según pertenezcas a un bando o al otro (y ya me preocupa hablar de bandos), en ese discurso de rojos y fachas que todo lo contamina, no digamos la bandera. La utilización partidista de todas las herramientas al alcance de la clase política ha servido para desunir aún más a una población sorprendida por la pandemia que necesitaba la unión de esfuerzos y la coordinación de administraciones, y su actuación ha vuelto a poner de manifiesto que no están a la altura de los ciudadanos, que en su mayor parte han tenido un comportamiento ejemplar, solidario y responsable. Las cicatrices del coronavirus necesitarán años para cerrarse.

El Amiguete Josean ha dedicado buena parte del año y de sus esfuerzos a explicar las reformas fiscales que se anunciaron a principios de año (Las grandes corporaciones son malas, un tema complejo que dio para dos partes) y todos los cambios legislativos que se implementaron con el estado de alarma (Y todo en un mes), con mucha precipitación y rectificaciones constantes que no trajeron los resultados deseados. A veces hay que fiarse más de criterios técnicos que ideológicos cuando se van a tratar determinados asuntos, como los Presupuestos Generales del Estado, que pecan de una serie de errores, como ingresos erróneamente calculados y gastos infravalorados. El peaje también de tener que contar con algunos socios que no son los mejores compañeros de paseo (Sí se puede. No se podía, pero ahora ya sí se puede). No quería dejar el tema de la ideología en cuestiones de dinero público, porque uno de los textos más celebrados de este blog es aquel sobre el estudio del impacto de género en un túnel. Sí, con un par: La M-30 es machista.

El Amiguete completó su año con los capítulos VI y VII del libro no publicado Grandes errores de las escuelas de negocios (ahí lo dejo por si algún editor se siente interesado por la idea), en esta ocasión dedicada al modo de confeccionar presupuestos en una empresa. La esquizofrenia del CFO es la que le anima a escribir este tipo de artículos, así como un relato casi verídico sobre una visita a declarar en los juzgados (Con Animal en el juzgado).

La Covid-19 lo ha impregnado todo este año, también los temas recurrentes en este blog: el deporte, el cine, algún viaje o voluntariado, los maratones,… El Amiguete Lester se ha quedado sin correr un maratón por primera vez desde 2003, así que este año no hemos tenido crónica maratoniana desde algún lugar lejano (o cercano, pues tenía inscripción para Madrid en abril). Pero nos ha contado el placer de correr por el placer de correr, cuando no hay un plan exigente de entrenamientos detrás, y sobre todo, cuando has estado casi dos meses encerrado en tu casa sin salir. El placer de salir a la calle y trotar al aire libre, algo que creíamos que no nos faltaría nunca y en este 2020 desapareció de nuestras vidas como tantas otras cosas. Lester reconoció haber estado (casi) feliz en casa disfrutando con la familia y el tiempo en común, incorporando nuevas aficiones, y el “casi” sería completo de no ser por todo ese sufrimiento cercano que a todos nos ha llegado de un modo u otro. Cae la felicidad en los índices que miden estas cosas intangibles y el relato El oso gris nos trasladó a un futuro cercano que podría ser aún peor que este año de aislamiento y distancia social que hemos vivido. Otro relato extraño, Espectros sobre la pared, y una primera incursión en la poesía, Volverán las malditas mascarillas, completan el año de Lester.

El cine no ha escapado a la pandemia, y el cierre de las salas, así como el bajo nivel de los estrenos, ha llevado al Amiguete Travis a refugiarse en temas atemporales, como si es mejor el libro o la peli, en una larga conversación con Reggie que se alargó en dos partes muy interesantes por las aportaciones de ese gran fichaje del blog. La ausencia de estrenos hizo que Travis repasara algún clásico, como en Mi cita anual con Ben-Hur, se equivocara en los Óscar de Parasite, tratara las manías de algunos directores (Los cigarrillos Red Apple y el Imperio Austro-húngaro) y el modo que tiene Hollywood de tratar la figura de sus presidentes, ya sean ficticios o reales. El confinamiento también dejó huella en algunos posts, como en Ensayos de un futuro distópico, sobre el modo de tratar este tipo de catástrofes en el cine, o en la peli surrealista que podría escribirse juntando una buena colección de pelis que aparecieron en los reordenamientos de casas que todos hicimos durante el encierro. Un año tan raro como 2020 ha visto los estrenos de dos de los directores más exitosos e interesantes del panorama actual: Christopher Nolan y David Fincher. Ambos pasaron por el análisis de Travis, tanto Nolan con Tenet, en la parte del elogio (sin spoilers) y en la crítica furibunda (destripando el argumento), como Fincher con su visión de la escritura del guion de Ciudadano Kane en Mank (Citizen Mank, Ciudadano Fincher). Un formato que se va a repetir a buen seguro es el de destripar una novela gráfica o cómic y posteriormente su versión cinematográfica. Este año ha sido el de Watchmen, la novela gráfica y la versión de Zach Snyder. En 2021 toca V de Vendetta.

En cuanto a Barney y sus diatribas futboleras, 2020 ha sido un año en el que el deporte no ha escapado a la drástica alteración que ha supuesto la pandemia para todo nuestro mundo conocido. La Liga se suspendió durante tres meses, la NBA se disputó en agosto, Roland Garros en octubre, nos quedamos sin Juegos Olímpicos ni Eurocopa de fútbol, en fin, todo muy raro. El mejor resumen de Barney lo podréis encontrar en La Galerna, en modo Carta a un 2020 muy, muy perro.

En este blog comenzamos con la Supercopa y las nulas críticas al Cholo y acabamos con el primer relato de Barney, Lituriaga, ambientado en el Torneo de Navidad de baloncesto allá por los ochenta. Entre medias hubo tiempo para hablar de esta temporada tan extraña (Déjà vu de la 2016-17), la vergonzosa exigencia de algunos acerca de la Liga inconclusa (La solución belga, el sueño húmedo culé), los incomprensibles olvidos o la desmemoria de la prensa (La mano no era de Dios) y el triunfo final de los de Zidane en el campeonato. El parón en la competición sirvió para encontrar los lazos en común entre los Tauro del 70 (André Agassi, Luis Enrique y Simeone) o para hablar de las derrotas más dolorosas, las que nos siguen revolviendo el estómago tanto tiempo después. El blog dedicó cinco extensos artículos a la vuelta de la NBA y la victoria de los Lakers con el mejor especialista de la materia en España (aquí, guiño): Barney Jr. La muerte de Maradona sirvió como excusa para hablar de los mejores de todos los tiempos en varios deportes y por último, Barney no pudo evitar su tradicional crítica a la penosa prensa deportiva de este país.

Ha sido un año productivo, sin duda. Es lo que tiene pasar tanto tiempo encerrados. El blog ha cumplido seis años y goza de muy buena salud. Los ingresos generados (muy bajos de momento, por “el odio a monetizar”) han servido para apoyar una serie de proyectos solidarios en Perú (con Gam-Tepeyac) y de Ayuda en Acción de apoyo a familias desfavorecidas por la Covid. Como resumen de lo que han sido estos seis años cada Amiguete agrupó su centenar de textos en un recopilatorio que sirve de índice para lectores recientes:

Muy orgullosos de lo logrado, cómo no. Este blog solo busca entretener y aportar información, y lo que no va a descuidarse en ningún momento es el lado humano. El título del documental estrenado recientemente sobre las personas que han estado en la guerra cruenta contra el virus (y sobre los que lo han padecido) me sirve para hablar de la mayor enseñanza que nos deja 2020, aunque haya sido arrojándonosla a la cara: olvídate de egoísmos, preocúpate del que tienes al lado, deja de lamentarte de gilipolleces, quiere a tu familia, llama a tus amigos,… Esta situación la revertiremos entre todos, y cuanto más unidos estemos y menos divididos, como empezaba este artículo, será mucho mejor. Más sencillo, más efectivo. La mitad de las lecturas de este año aciago han sido para un texto que hablaba de todo esto y de reconciliación, de las lecciones de vida que nos dejaron nuestros padres, los más castigados por el virus: Aplauso a una generación de héroes. Muy grandes, a ver si aprendemos.

¡Feliz 2021, amigos!

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Presupuestos 2021 (II): infravalorar los gastos

JOSEAN, 12/12/2020

Un error bastante común que se suele cometer a la hora de realizar presupuestos es el de estimar de manera errónea los gastos, infravalorándolos, y “ajustar” luego a martillazos los ingresos para que cuadren con el objetivo que se pretende mostrar (que no alcanzar). Como expliqué en la primera parte (y siempre según mi opinión), los ingresos previstos en los Presupuestos Generales del Estado para 2021 parecen claramente sobrevalorados o sobreestimados, luego mi duda radica en saber si se inflaron intencionadamente para justificar el incremento de gastos que se prevé realizar durante el ejercicio 2021. Y sería una pena, porque tras la terrible pandemia que hemos sufrido, no solo en España, sino a nivel global, los PGE-2021 tienen que ser más estrictos y rigurosos que nunca para poder convertirse en la herramienta que canalice la recuperación por la doble vía del impulso de la inversión pública y de los fondos europeos del Plan Next Generation.

Toca ser rigurosos, lo que no está reñido con la austeridad. Austeridad no en el sentido peyorativo de la palabra que la crisis financiera nos dejó, sino en el sentido de la RAE: severo, sobrio, sin excesos. Puesto que van a venir 140.000 millones de euros de la Unión Europea en los próximos años, que no son un regalo, toca gestionarlos con sobriedad, sin excesos ni derroches en partidas superfluas. Sin planes E improductivos, para que se me entienda, sino que se aprovechen para eso que tantas veces hemos escuchado: un cambio en nuestro modelo productivo.

La principal premisa en la que se basan estos presupuestos aparece en las primeras páginas del Proyecto de Ley: la suspensión de los objetivos de estabilidad presupuestaria y deuda pública, con lo que “se autoriza de esta forma incurrir excepcionalmente en déficit estructural con la finalidad de permitir la adopción de las medidas necesarias a fin de mitigar los efectos adversos de la pandemia a nivel socioeconómico y abordar un programa de recuperación coherente con el proyecto de la Unión Europea”. Pero esta medida es excepcional y no debe considerarse en ningún caso como recurrente, por lo que convendría que algunos miembros del gobierno rebajaran sus ilusiones respecto a una barra libre de gasto, cuando ya nos vamos a situar en los peores puestos de Europa en deuda y déficit públicos. Europa no lo va a permitir, y una mala gestión de los fondos en estos primeros años puede terminar afectando a los siguientes ejercicios.

(Cuadro extraído del Informe de Valoración de los Presupuestos de la CEOE)

La acumulación de errores para elaborar un cálculo aparentemente mucho más sencillo, como es el recuento de los fallecidos en la pandemia (un 60% más, según cálculos del INE, lo que podría llevar los 47.000 oficiales a una cifra superior a los 75.000) me hace desconfiar de algunos de los cálculos presentados en los PGE-2021. El profesor de la Universidad de Oxford Tim Vlandas ha desarrollado un índice tristemente interesante, el Pandemic Misery Index, que mide los efectos combinados del exceso de mortalidad y de los incrementos de desempleo en los distintos países, y nuestra posición (por desgracia) aparece en los puestos de cola:

Se gestionó mal la crisis sanitaria (como en casi todo el mundo, esto no es un tema de gobiernos de derechas o de izquierdas) y las medidas de apoyo económico no fueron suficientes para crear muros de contención de tal robustez que frenaran la caída de la economía. Según un estudio del Banco Central Europeo, las medidas económicas aprobadas por el gobierno (fundamentalmente la prolongación de los ERTEs, los aplazamientos fiscales y los avales del ICO) evitaron el cierre del 36% de las empresas españolas, y alerta de lo que puede ocurrir cuando se retiren las medidas de apoyo económico. De ahí las sucesivas prórrogas de los ERTEs y de la devolución de los créditos del ICO, lo que en el corto plazo resulta necesario, pero en el medio y largo es insostenible, puesto que se termina sosteniendo a empresas que no son viables.

Si nos centramos en la estimación de gastos previstos para 2021, se aprecia un elevado incremento en todas las partidas, lo cual es posible por el adelanto previsto de 26.634 millones de euros de la Unión Europea que no van a llegar a lo largo de este ejercicio, sino en 2022. El total de gastos asciende a 383.543 millones de euros, de los cuales, como ocurre siempre, las mayores partidas son las pensiones y las transferencias a otras Administraciones Públicas (comunidades autónomas y Seguridad Social).

Ya antes de la aprobación de los presupuestos, sorprendió el anuncio del gobierno del incremento de las pensiones y los salarios de los empleados públicos un 0,9 por ciento, sobre todo cuando el IPC interanual se mantiene en tasas negativas (-0,8 en noviembre) y corremos el riesgo de caer en una deflación sostenida. Se calcula que esta medida tendrá un impacto de unos 3.000 millones de euros, repartidos entre todas las administraciones. No voy a criticar la medida porque ambos colectivos han sido tradicionalmente los más castigados en anteriores crisis, pero me entra la duda de la conveniencia de la misma en este preciso instante (la reposición del cien por cien del personal funcionario, por ejemplo), así como una duda más grande aún sobre los cálculos que han llevado a ese porcentaje, que será el doble para las pensiones no contributivas. Sobre todo porque la reforma del sistema de pensiones en España fue una de las principales demandas de la Unión Europea a nuestro país en las negociaciones para la percepción de las ayudas comunitarias.

Evidentemente no soy un experto en contabilidad pública como para meterme partida por partida en las estimaciones de gasto, pero una de ellas sí llama la atención y es la destinada al pago del desempleo, 25.012 millones de euros, como resultado de la estimación (muy optimista) de las tasas de desempleo en el 16,3 por ciento para 2021. Las previsiones del Banco de España sitúan la tasa de desempleo del próximo ejercicio en un rango entre el 19,4 y el 21 por ciento, y la propia estimación de gasto del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) prevé liquidar este ejercicio un importe de 35.083 millones de euros en esta misma partida. Veremos qué ocurre a partir del 31 de enero (fecha de finalización de los ERTEs) y sobre todo con la esperada recuperación de la actividad a lo largo de todo el ejercicio, pero a priori parece que el cálculo es muy corto.

España tiene un mercado laboral muy dependiente del turismo y los servicios, y las medidas de protección del empleo aprobadas supusieron una protección del trabajador “estable”, pero volvió a dejar a su suerte a los trabajadores precarios. Durante este ejercicio 2020 hemos padecido una disminución del 86’6 por ciento del número de turistas extranjeros y una reducción del 90 por ciento de dichos ingresos, y la recuperación de este sector, que aporta un 12 por ciento del PIB, es prioritaria. La hostelería es otro sector fuertemente afectado y cuya recuperación se prevé complicada. Esta semana escuché un debate en la radio sobre si “se debía rescatar la hostelería” a la manera en que se hizo con “el ladrillo” en manos de la banca. Bueno, aquí ya hicimos ese ejercicio, aunque fuera en plan irónico, hablando del “bar malo”, un organismo ficticio llamado BARHEB. Me pareció interesante la solución planteada en Alemania consistente en apoyar económicamente a los bares y restaurantes con un ingreso equivalente al 75 por ciento de su facturación en el año anterior. Si aquí se adoptara una medida similar, tendría “gracia” saber cuántos empresarios de la hostelería iban a lamentar llevar esa caja B de ingresos, por desgracia tan extendida, y de qué manera iban a tratar de obtener la compensación.

Los fondos del plan Next Generation son una gran oportunidad para cambiar ese modelo productivo para evolucionar del “país de camareros” a una economía mucho más moderna y todas esas palabras que se añaden ahora a todo: digital, integradora, inclusiva y resiliente. Bromas aparte, los programas de la Unión Europea deben destinarse a infraestructuras productivas el día de mañana (vuelvo a decir que no más planes E), centradas en los sectores destacados indicados en el propio Plan: eficiencia energética, sostenibilidad, economía circular, digitalización de las empresas y las administraciones públicas, y todo ello apostando por la innovación y (por fin) el I+D+i. Es una oportunidad que no puede desaprovecharse y será necesaria la mayor colaboración público-privada de una manera eficiente para gestionar y canalizar todos los fondos que llegarán en próximos años si no hacemos el canelo.

Y llegados al punto del aprovechamiento de los fondos, es donde aparecen los “socios” de gobierno en esta aprobación de presupuestos, esos socios que ya han dicho por activa y por pasiva que no les importa la vertebración de España, sino “qué hay de lo mío”. Nada más aprobarse los presupuestos, me heló la sangre la imagen de los representantes de EH-Bildu y ERC, Mertxe Aizpurua y Gabriel Rufián, exigiendo su peaje independentista. Mal empezamos, no habían transcurrido ni veinticuatro horas desde la aprobación de los presupuestos por parte de los que el PSOE definió como “patriotas y valientes”.

La lista de peticiones para el apoyo a los presupuestos incluye medidas relacionadas con la educación y el uso del español, los indultos, la cesión de competencias, el incremento de los fondos para sus comunidades en detrimento de otras y una supuesta armonización fiscal que no toque el cupo vasco. Ayer supimos que el gobierno va a retirar a la Generalitat catalana la supervisión económica sobre sus finanzas, “estupendo”. Insisto, mal empezamos si cada una de las comunidades va a la guerra por su cuenta para manejar su parte de la tarta sin tener en cuenta el proyecto global, ¿no tuvo ese objeto la cumbre de presidentes de comunidades el pasado mes de julio?

Hace años había un chiste que decía que cómo podíamos vivir en un país en el que la ministra de Sanidad se llamaba Mato, el yate del Rey era Bribón, el principal banquero era Botín y la alcaldesa que debía evitar las macrofiestas era Botella. Ahora parece que nos queda otro país totalmente distinto, en el que el responsable de las finanzas del socio (investigado) de gobierno se llama Monedero, la portavoz del partido del gobierno Lastra todo lo que toca y el socio imprescindible para todo es Rufián. Ojalá no desaprovechemos la oportunidad de salir de esta. No sé quién es el autor de este chiste gráfico, pero representa lo que muchos sentimos:

Hasta la próxima, sed buenos, inclusivos y resilientes, signifique lo que signifique eso.

Presupuestos 2021 (I): sobredimensionar los ingresos

JOSEAN, 05/12/2020

Hace apenas dos meses, en el capítulo VII de los Grandes errores de las escuelas de negocios, concluí que los mayores errores que nos solemos encontrar al analizar presupuestos (budgets), de negocios o filiales son dos:

  • Ingresos sobredimensionados.
  • Costes infravalorados.

Lo que una familia o una empresa puede enmendar de diferentes maneras, normalmente recortando gastos, apretándose el cinturón o desprendiéndose de algún activo, en lo referido a las cuentas de la administración pública termina convirtiéndose en déficit público, o en un déficit superior al presupuestado. Y el déficit sostenido en el tiempo y no corregido, en deuda. Y la deuda, en lastre. La evolución de la deuda pública española es preocupante desde hace muchos años. Según los datos del Banco de España, la deuda pública se ha triplicado desde 2004 y en términos del PIB puede llegar a alcanzar el 130% a lo largo del próximo ejercicio:

El Congreso de los Diputados ha aprobado esta semana los Presupuestos Generales del Estado para 2021 con los votos favorables de PSOE, Unidas Podemos, Más País-Equo, Compromís, Teruel Existe, Nueva Canarias, el Partido Regionalista de Cantabria y aquellos con los que el mismo presidente Sánchez dijo que no se pactaría nunca: Esquerra Republicana, PNV, EH-Bildu y el PDeCAT. 189 votos a favor de 11 formaciones diferentes, lo cual tiene un indudable mérito, pero encierra también algunos peligros, como es el hecho de que cada una de esas formaciones va a exigir “lo suyo”, el peaje a pagar por su apoyo.

Los Presupuestos de 2021, como el propio preámbulo del anteproyecto de Ley indica, se hallan “indefectiblemente condicionados por los efectos de la emergencia de salud pública provocada por la pandemia del COVID-19 y la consiguiente perturbación de la economía, de alcance global”. Precisamente por esa perturbación de la economía global llama la atención que los presupuestos prevean un incremento de los ingresos del Estado, cuando parece indudable que la recaudación por el impuesto de Sociedades se verá lastrada por el deterioro de los resultados de las compañías, el IVA por la caída del consumo y el IRPF por las pérdidas de empleo generalizadas cuando muchos de los ERTEs se conviertan en EREs. Según El Economista, la caída de ingresos tributarios hasta agosto era superior al diez por ciento, y solo por el impuesto de sociedades, cercana al 47%:

En el mismo período de tiempo, la caída en la recaudación del IVA se sitúa en el quince por ciento, mientras que los ingresos por IRPF se han mantenido con un pequeño recorte gracias a las prórrogas de los ERTEs.

Se calcula que la recaudación fiscal del ejercicio 2020 caerá entre 40.000 y 48.000 millones de euros al finalizar el ejercicio. Por esa razón, en este contexto económico tan incierto y complejo, sorprende que el Informe Económico y Financiero que acompaña a los PGE-21 presente un incremento tan importante de los ingresos, tanto de índole tributaria como no tributaria:

Se prevé un repunte de los ingresos por Sociedades, IRPF, IVA, Hidrocarburos y en todos los impuestos en general, pero no ya comparado con 2020 (que sería normal dado el año que hemos pasado), ¡sino respecto a 2019! Suben también los impuestos a la cerveza, ¡gobierno dimisión!

Resulta inverosímil un crecimiento de los ingresos en mitad de una caída del PIB sin precedentes, cifrada por el propio gobierno en un 11,2% para 2020 (11,6% para la OCDE). La recuperación en 2021 será del 7,6% según las previsiones del gobierno, si bien la OCDE ha rebajado estas expectativas al 5,4%. Con este panorama, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha cifrado el error en el cálculo de los ingresos incluidos en los Presupuestos entre 9.000 y 18.000 millones de euros. El PIB no recuperará en 2021 los niveles previos a la Covid-19, por lo que el incremento de la recaudación solo se explica por dos razones (la tercera, el sobredimensionamiento interesado y voluntarista de los ingresos es opinión y por tanto, me la guardo):

  1. Los ingresos de unos 6.800 millones de euros de los fondos europeos (mecanismo React-EU) para la recuperación. En gastos se prevén otros 27.000 millones a cuenta de los futuros fondos europeos, pero se han incluido como un adelanto para el propio ejercicio 2021, es decir, antes de recibirlos de Europa.
  2. La subida de impuestos. Y aquí es donde por desgracia desaparecen los técnicos del Ministerio de Hacienda y entran ideologías, intereses de los distintos partidos y prejuicios. Aparte de la “madrileñofobia”, que es una de las mayores rarezas que parece que nos va a dejar esta crisis.

La subida de impuestos

En el Impuesto de Sociedades se han aprobado una serie de medidas para la tributación de los dividendos, reduciendo el límite de la exención al 95% y modificando el método de cálculo de los límites para la deducibilidad de los gastos financieros. A estas medidas, que ya se anticiparon a principios de año, le dediqué dos artículos bajo el título Las grandes corporaciones son malas, un título no exento de ironía en el que intentaba explicar que, ya desde los tiempos de Cristóbal Montoro, se están rompiendo los principios de neutralidad fiscal que deben regir en cualquier sistema tributario. Se trata de incrementar la recaudación por este impuesto en grandes grupos empresariales con filiales en el extranjero (aunque también afecta a grupos nacionales), pero a costa de incurrir en doble imposición, es decir, gravando resultados que ya habían tributado en el país de origen.

Por otro lado, en julio de este año se produjo una noticia relevante en materia fiscal como fue la declaración del “Montorazo” como inconstitucional, es decir, aquel anticipo del impuesto establecido en el RD 2/2016 para incrementar la recaudación en el pago a cuenta del impuesto de Sociedades, porque vulneraba los principios de neutralidad y capacidad económica de las empresas (la sentencia es demoledora, muy dura en algunas frases). En aquel año se aprobó también el RD 3/2016 que recogía una serie de medidas tendentes a incrementar la recaudación, medidas tales como limitaciones a las compensaciones de bases imponibles negativas de ejercicios anteriores o a ciertas deducciones, y la obligación de revertir determinados deterioros que habían sido deducibles hasta 2013. Montero ha seguido las pautas de Montoro y vuelve a cargar sobre las grandes empresas, pero su proyecto de presupuestos sufriría un severo revés si el Tribunal Constitucional declarara que dichas medidas del RD 3/2016 son inconstitucionales.

En cuanto al IRPF, se aumentan los tipos máximos a la base liquidable general (a partir de 300.000 euros) y a la del ahorro (superior a 200.000 euros). Nada que objetar, nada que no hubieran hecho anteriores gobiernos en épocas de crisis, ya fuera con carácter permanente o temporal. Lo más llamativo es la fijación de ciertos socios de gobierno con los planes de pensiones privados, que van a ser más necesarios que nunca en años venideros, habida cuenta del deterioro de “la hucha” de las pensiones. Quizás convenga recordar a sus detractores que no son un asunto exclusivo de “ricos”, puesto que en España se calcula que existen unos 8 millones de planes de pensiones privados. Quizás por esa razón el retoque haya sido menor: se reducen los incentivos fiscales a los mismos rebajando el límite deducible de 8.000 euros anuales a 2.000, lo que se calcula que afecta solo al 8% de los planes privados existentes y que no tendrá un efecto relevante en la recaudación.

El IVA no va a subir finalmente, como hizo el gobierno de Zapatero en 2010 y el de Rajoy en 2012, pero se eleva el impuesto a las bebidas azucaradas al 21%, pero se mantiene al 10% cuando el consumo se realice en un bar, restaurante o servicio de restauración, lo cual no deja de ser curioso.

Se incorporan otros impuestos de los que ya hemos hablado en anteriores post, como el de transacciones financieras, pero excluyendo finalmente los derivados, y el impuesto sobre determinados servicios digitales, pero ambos se aprueban de manera unilateral y saliéndose de los criterios unificados o armonizados que están planteando la propia Comisión Europea y la OCDE. Con tipos impositivos más elevados y una expectativa de recaudación dudosa.

Pese a que a algunos se les llene la boca hablando de “subir los impuestos a los ricos” (y en esa línea parece que entra el incremento de un punto porcentual del impuesto de transmisiones de títulos nobiliarios, una “preocupación” que teníamos todos los españoles), no parece que sean solo los ricos los que nos vayamos a ver afectados por la subida de los impuestos sobre las primas de seguros del 6% al 8%. Están previstos además otros incrementos de tasas, algún retoque al impuesto de Hidrocarburos o el impuesto de Actividades Económicas.

La sensación que tengo de los incrementos previstos en los ingresos de los PGE-21 es que no se van a obtener, fundamentalmente por la situación económica general y por el efecto negativo de algunas de estas medidas en unas empresas ya muy tocadas. La política fiscal de las administraciones públicas debería ser un asunto tan “del interés general” como para no dejarlo en manos de algunos políticos sin conocimientos en la materia y obsesionados por repetir unos mantras que no son ciertos: “los ricos son malos y evasores, los pobres son víctimas de los ricos malos y evasores”. O la gilipollez supina de decir que Madrid es un paraíso fiscal. A los políticos que dicen estas cosas o que promueven el aumento de la presión fiscal en tiempos de pandemias, no les voy a recomendar que estudien lo que han hecho la mayoría de gobiernos en el resto de Europa. Solo les voy a pedir que analicen el caso de un gobierno de corte similar en lo ideológico al suyo: el de Portugal.

Continuará en: Presupuestos 2021 (II): infravalorar los gastos.

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El presupuesto (II)

JOSEAN, 26/09/2020

Continuación de El presupuesto (I).

Decía Albert Camus que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. Me voy a atrever a parafrasearlo y a decir que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los ingenieros se lo debo a las revisiones de presupuestos”.

Si en la primera parte me centré en (A) la elaboración del forecast o los errores de los planes estratégicos, en esta segunda parte hablaremos de (B) las personas que elaboran esos presupuestos y (C) del budget.

B – Los artistas

Después de muchos años reuniéndome con gente de todo perfil y pelaje, voy a atreverme a hacer unas descripciones de los personajes que gestionan proyectos. Normalmente suelen venir en pareja, antitética en muchas ocasiones, como Jack Lemmon y Walther Matthau. O como un ingeniero y un financiero, como suele ser el caso. Vamos con ellos:

El Esputador. No se ha estudiado en detalle los números, pero se ha aprendido cuatro cosas del presupuesto y además me juego un brazo a que lo ha hecho en la media hora previa a la reunión. Luego esputa esas cuatro cosas en un tono exageradamente alto, incluso acompañadas de felipones que vuelan de un lado a otro de la mesa. Su tono de voz, y por tanto los salivazos, aumentan a medida que le cuestionas las premisas en las que se basa, y como no se lo sabe, grita más alto con el falso convencimiento que tiene tanto tertuliano televisivo de que la razón la lleva el que más potencia de voz muestra. Con el Esputador celebro la obligación del uso de mascarillas. Proverbio para la ocasión: “No alces la voz, mejora tus argumentos”. Y si aún no funciona, recuérdale que ha quedado demostrado que cuanto más aúllan los primates, más pequeños tienen los testículos. Os aseguro que esa táctica es efectiva. Al menos durante unos segundos.

El Anécdotas. La habilidad de este individuo es que resulta simpático. No se conoce los grandes números de su presupuesto, pero la reunión va a ser amena porque te va a contar las cosas más sorprendentes del cliente. Se conoce todos los coches que tienen sus clientes, si son tartanas o deportivos, porque eso le da una idea de la salud financiera de los mismos. Ni registros de impagos, ni informes de rating. Su olfato sobre bugas. Y sobre mujeres o vicios ajenos. “Iré a hablar con la directora, que es una jaca curiosa, ¡jaca, jaca!, ya me entiendes, mantecona, que lleva siempre unas sandalias con los dedos por fuera porque no le caben, y se pinta las uñas de negro que un día pensé que se las había pillado con la puerta”, o bien: “para que me aprueben la revisión de contrato tengo que subir el gasto en cigalas, que ya sabes que este sin cigalas no mueve un papel, recuerdo una vez que…”. Reírte te vas a reír, otra cosa será que entiendas sus números. Aunque se programen reuniones de un par de horas, con el Anécdotas te vas a una mañana entera. Por eso hay que ponérselas por la tarde, que viene con la lengua menos suelta cuando se le pasan los efectos de las cuatro cañas y los dos vinos.

El Analista de irrelevancias. Se trata de un sujeto que parece que busca algún error menor en sus propios números, o espera a que le preguntes por alguna cifra que no encaja demasiado, para echar una mirada asesina al administrativo de turno, que es el que se ha currado el presupuesto, y soltarle: “esto no puede ser, lo tenemos que revisar”. Te pelotea todo lo que puede para que seas indulgente y repite una y otra vez “tienes razón, cómo se nos ha podido pasar”, por mucho que le digas que es un asunto menor que supone un error inferior al 0,1% del número final. “No, pero es que no nos podemos permitir estos errores, lo revisamos y volvemos otro día”. ¡Y una leche! No dejes que se escape, es que no se lo sabe y a la siguiente que le pillas, vuelve a mirar al pobre administrativo, que parece un sabio de la NASA de Apolo XIII enterrado en un mar de carpetas y números, y vuelve a soltar: “si es que no me fío ya de lo que hemos traído, Arturo, necesitamos revisarlo todo otra vez, la hemos cagado”. Es una táctica no solo para ganar tiempo, sino para medir por dónde van las exigencias del grupo y del plan estratégico, si ese año el grupo va mal y son muy rígidas o si por el contrario ha sido un buen año y son más laxas. Por ese motivo hay que exprimirle en esa primera visita en la que monta el paripé, ¡no dejes que huya por dos chorradas!

El Esparcidor de obviedades. Primo hermano del “Maestro de lo evidente” del que hablaba Dilbert en su libro: “para aumentar los beneficios tenemos que elevar los ingresos y rebajar los costes”. Nobel de Economía para él. Pues aunque parezca una coña, hay tíos con su carrera y todo, que te defienden su presupuesto con frases de ese estilo:

  • Tendremos que renovar los contratos para no perder cifra de negocio.
  • La competencia es muy dura.
  • Es difícil prever la evolución de los precios.
  • Mientras no suban los tipos, creo que podremos contener los costes financieros.
  • El absentismo y los impagos nos hacen polvo.

Suelta obviedades una detrás de otra, pero nunca una sola propuesta. Podría ganarse la vida como consultor.

Colchonetti. Este simpático cabroncete siempre va holgado. No sabes muy bien cómo o de qué manera, pero por mucho que le aprietes y le cuelgues de los tobillos para sacarle todas las morcillas que lleva guardadas en distintos sitios, cumple siempre el objetivo que se le marque. Aunque se le caiga un cliente importante, aunque le hayan subido los costes de las materias primas o del personal, este tío es un genio ante el que solo queda descubrirse.

El lector ilustrado. Suele ser otro de esos pájaros que ha dejado toda la preparación de los números en manos de su financiero o controller de turno, que es el que defiende los mismos por la mitad de sueldo que él. Como la mayoría de revisiones de presupuestos se hacen compartiendo una pantalla grande en una sala de reuniones, el lector ilustrado, desconocedor de las tripas del presupuesto, suele querer intervenir recalcando algún dato que todos podemos ver en la pantalla:

  • Los costes de mantenimiento han crecido un doce por ciento (“lo sé, ya lo veo”).
  • El beneficio se reduce en cincuenta mil euros de un año a otro (“sabes restar, amigo”).
  • Los gastos suben porcentualmente más que los ingresos (“gracias, si no es por ti, no sabría para qué está la columna de porcentajes”).

En cierto modo es como el Esparcidor de obviedades, solo que en este caso la defensa del presupuesto que hace el controller suele ser brillante, así que con sus frases trata de hacer creer que ha participado en el mismo. Justificar el sueldo básicamente.

Malasombra. Pobrecito, el mundo entero conspira en su contra. Con las ideas tan fantásticas que tiene en la cabeza, siempre hay un factor externo, totalmente ajeno a su inteligencia preclara, que hace que fracase y se quede lejos del objetivo. Un tipo que conocía le definió acertadamente así: “suele acertar el resultado, pero se confunde siempre con el signo”. Malasombra suele defender sus presupuestos remontándose a la prehistoria hasta llegar al que le precedió en el proyecto y te cuenta lo mal que estaba todo cuando él llegó con sus planes de reestructuración, planes ambiciosos y creativo-futuristas que no han conseguido detener todavía la hemorragia, pero “por mala suerte”. Por el barril brent, la crisis de deuda, la devaluación del yuan, o por un accidente. Pero no porque el plan no fuera excepcional. Y así un año tras otro.

Hay tantos tipos como personas que hacen presupuestos, pero no voy a extenderme más. El Ebitdófilo (aquel al que no le interesa nada por debajo del ebitda y comete auténticas tropelías), el Caracemento (el tío perfecto para jugar al póker, al que en la revisión puedes criticar o felicitar que no va a mostrar emociones) y el Repelente (el que cumple con todo, se lo sabe todo, te lo da en fecha, con el formato requerido y si le fuerzas para un extra, te lo da con una sonrisa de dieciocho piezas dentales). Y muchos profesionales. Y muchas profesionalas, que ahora toca ser políticamente correcto.

C- El budget

El budget es la estimación del presupuesto asignado para los gastos de un ejercicio anual completo. Creo que no es necesario saber de economía para entender el concepto porque todo el mundo sabe o estima cuál es su presupuesto de gastos y trata de ajustarse a él: un responsable de departamento o delegación, un ayuntamiento y sus responsables de distritos, las comunidades autónomas y sus consejeros de área, un club de fútbol como el Madrid o el Barça, una madre controlando la economía familiar o una junta de vecinos por caótica que pueda ser.

Algo que parece tan sencillo como ajustarse a ese presupuesto y mantenerlo equilibrado choca con dos “pequeños” problemas de base:

  • Los ingresos suelen estar sobredimensionados.
  • Los gastos no se calculan adecuadamente.

Los responsables de departamentos suelen elevar sus estimaciones de un año a otro (“ah, pero… ¿tienes idea de subir el sueldo a los yogurines?”), pero sistemáticamente se les niegan esos incrementos, así como cualquier extra propuesto, con lo que se las ven y se las desean para ajustarse al presupuesto marcado. Y cuando llega un imprevisto, comienza el sufrimiento. Toca recortar de alguna partida.

Pasa en las mejores familias y en todas las empresas, aunque a mí lo que me preocupa de manera especial es el Presupuesto General del Estado, que peca de estos mismos errores: ingresos mal calculados (la recaudación fiscal va a caer en unos 40.000 millones de euros este año) y unos costes calculados con poca racionalidad y mucho ánimo de gastar cada uno en “su negociado”. Va a tocar recortar y mucho. El problema es que la negociación de ese presupuesto empeora si la negociación se realiza con grupos que solo se preocupan de seguir gastando la parte que les afecta a su terruño y les importa poco el conjunto.

La diferencia entre ingresos y gastos del budget es una pérdida para las empresas, pero déficit público cuando se trata del Estado o las comunidades autónomas, y así como una empresa no puede gastar más de lo que ingresa, las administraciones públicas sí lo hacen endeudándose y dando una patada a seguir al problema. “Que lo arregle el siguiente”.

Índice del libro no escrito:

Capítulo I. La falacia del ebitda.

Capítulo II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Capítulo III. El jodido desapalancamiento.

Capítulo IV. La diversificación del riesgo.

Capítulo V. Excel no viene de Excelencia.

Capítulo VI. El presupuesto (I). Forecast.

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El presupuesto (I)

JOSEAN, 20/09/2020

Cap. VI del libro no escrito Grandes errores de las escuelas de negocios

Final de año. Como prometí recientemente, toca hablar de cómo confeccionar un presupuesto, pero quizás esa sea una tarea un tanto ambiciosa, así que lo voy a dejar más bien en una explicación de qué es y los errores que se suelen cometer durante su preparación.

A punto de comenzar el último trimestre, todas las empresas e instituciones, da igual el tamaño o el sector, están revisando el cumplimiento de su presupuesto del año y planificando el siguiente ejercicio. Presupuesto es una palabra que se utiliza para muchas cosas, casi todas ellas relacionadas con la previsión económica de los ingresos y gastos durante un tiempo determinado, normalmente el año natural. Pero el término también puede referirse al importe máximo con el que cuentas para cubrir tus gastos: “este es tu presupuesto, no puedes salirte un céntimo de él”.

“Te pedí un forecast y me has mandado el budget”. Sí, sufrí esta frase en mis propias carnes. Entendí que la controller me pedía nuestra estimación de gastos de los servicios centrales (Budget) y en realidad me estaba pidiendo la previsión (forecast) de ingresos, gastos, resultado y deuda del ejercicio siguiente. Nada que ver, amiga R., ya lo siento, ya sabes que evito el inglés si puedo.

Etimología

La verdad es que la palabra da su juego, porque el “pre-supuesto” puede significar eso: pre-parar un informe que refleje lo que ya he supuesto previamente, aunque ese supuesto tenga poca ciencia y muchas veces se base en intuiciones, ideas preconcebidas, extrapolaciones del ejercicio anterior o análisis voluntaristas. Pero también he visto algún que otro “pre-su-puesto”: tipos pre-ocupados por mantener su-puesto de trabajo y que, por tanto, lo elaboran en función de lo que su superior anhela ver. Una patada a seguir, una manera de ganar tiempo esperando que las cosas vengan mejor dadas.

A – El plan estratégico o planes de negocios (forecast)

Scott Adams explica en El principio de Dilbert que “en alguna parte entre las alucinaciones de la dirección ejecutiva de la empresa y la fría realidad del mercado, se encuentra algo llamado plan de negocios”. Coincido plenamente con esta afirmación y sin embargo, tener un presupuesto para los siguientes ejercicios es una guía fundamental que debe existir en cada compañía, una referencia que en muchos casos será lejana e imposible de cumplir, pero que al menos indicará hacia dónde se pretende ir.

Para preparar el presupuesto de una unidad de negocio, ya sea una delegación, un proyecto o una filial de un gran grupo, hay que responderse primero: ¿cuáles son las líneas estratégicas marcadas por la dirección de la empresa? Pues ya está, eso es lo que quieren ver y eso es por tanto lo que hay que enviar. Aunque a veces sea imposible de realizar, como “contratar un proyecto en Perú o en Oriente Medio en el próximo año”, “crecer a dos dígitos sin invertir un euro” o “mejorar la rentabilidad del negocio más de un veinte por ciento porque sí”. Hay que conocer bien el negocio, vestirlo de manera adecuada a la dirección estratégica de la compañía y guardarse un as en la manga o una reserva para esos objetivos “estratégicos” imposibles de cumplir. Y es que según el propio Dilbert, “para crear un plan de negocios solo hay que dar dos grandes pasos: reunir información e ignorarla”.

Una vez que se aprueba ese presupuesto para el ejercicio siguiente, o el plan estratégico para varios años, es básico tenerlo siempre encima de la mesa y poner todos los esfuerzos en lograr su cumplimiento, aunque uno sepa la falta de consistencia de muchas de sus premisas, pero tan importante (¡o más!) como conocerlo y trabajar en su consecución es saber justificar por qué no se llega al mismo. Hay verdaderos artistas que siempre tienen una razón a mano, preferiblemente una que sirva para retrasar, pero no enterrar, el cumplimiento del plan: “la incertidumbre de los procesos electorales ha retrasado todos los grandes proyectos”, “los permisos para la oficina de Brasil se han retrasado seis meses por la situación del país”, “la reestructuración bancaria ha frenado el crédito y paralizado las inversiones”, y por supuesto el motivo que veremos que se utilizará durante mucho tiempo: “la Covid-19”. Algunos “artistas” de la empresa, auténticos supervivientes que uno no entiende cómo se mantienen, llevan cuatro o cinco años recurriendo a todas estas razones externas y alguna más (“¡los chinos han entrado en el sector y han tirado abajo los precios!”) para justificar que no alcanzan los objetivos que se les han marcado. Por el contrario, si se supera el presupuesto previsto y los beneficios mejoran de manera considerable, no habrá que preocuparse por dos razones:

a) La empresa aprovechará para provisionarse riesgos futuros o marrones pasados que llevaban años sin traspasar a la cuenta de resultados, y así el resultado final se parecerá bastante al presupuestado.

b) El éxito tiene muchos padres, que se apropiarán rápidamente del logro aunque este pueda venir, como ocurre tantas veces, de la resolución favorable de un litigio que se inició cinco o seis años antes.

Dos fuerzas opuestas

En la elaboración de todo presupuesto compiten dos fuerzas de carácter opuesto que interactúan y chocan entre ellas hasta llegar a un punto medio que es “el presupuesto aprobado”. No voy a utilizar términos anglosajones que tanto gustan en el sector financiero, sino algo mucho más gráfico:

1.- La morcilla, de carácter ascendente. Toda aquella persona que elabora presupuestos se guarda algo para ir holgado o para algún imprevisto, es decir, calcula del mejor modo posible sus ingresos y gastos, pero luego le mete una morcilla para cubrirse las espaldas. Los jefes de sección meten sus morcillas al Jefe de departamento, que a su vez igual que el resto de de departamentos añaden sus morcillas al delegado, y estos se cubren ante el Director, que cuando recibe el agregado de los presupuestos se lleva las manos a la cabeza pensando la mierda de empresa sin futuro en la que está metido. Entonces actúa la segunda fuerza en sentido inverso.

2.- Agarrar por los tobillos y sacudir, de carácter descendente. El director no se cree el presupuesto de los delegados, les hace pasar a capítulo, les agarra por los tobillos y les fuerza para que saquen todo el resultado posible a su área de competencia y ya de paso, un poco más de regalo. “¡No, es imposible!”, gimen como ese niño al que cuelgan boca abajo para sacarle todo lo que lleva en los bolsillos. Pero luego los delegados agarran de los tobillos y sacuden a los jefes de departamento, y estos a su vez a los jefes de sección hasta que entre todos se realiza una segunda estimación que suele ser más acertada que la primera. Se llama “revisión del plan estratégico” y su resultado es un número que viene de la fórmula:

PE = K x nM

En donde el Plan Estratégico es un coeficiente K (entre 0,3 y 0,5) multiplicado por el número de Morcillas que traía la primera versión. El coeficiente K se ajustará a la futura realidad en función del número de revisiones que se realicen.

La herramienta

Por muchas herramientas de Business Intelligence y aplicaciones de sensorización/monitorización/análisis de metadatos que ofrezca el mercado (pronúnciese un “¡oooh!” de admiración tras cada una de las palabras empleadas), la herramienta universal de presupuestación es el Excel, al que ya le dediqué un capítulo completo. Aunque pueda parecer que todo este texto es una broma, de verdad que estoy hablando mucho más en serio de lo que algunos creerán, y aún más en serio cuando afirmo que lo que distingue a un buen director de uno como los del libro de Dilbert (libro sobre la incompetencia, no lo olviden), es el olfato para aplicar coeficientes reductores o multiplicadores a las cifras que los distintos responsables de departamento o delegación le muestran cuando defienden su presupuesto para el siguiente ejercicio:

– Hay comerciales que no tienen los pies en la tierra a los que conviene rebajar sus expectativas de ventas entre un veinte y un treinta por ciento.

– Gerentes tradicionalmente “amarrateguis” a los que se les puede exigir sin pudor un diez o veinte por ciento más porque lo tienen guardado.

– Ingenieros muy buenos técnicamente con nula formación financiera: la revisión de su presupuesto es una tarea ardua en la que el olfato se convierte en fundamental. Un consejo: incremente los costes previstos con un margen de seguridad de entre un diez o un quince por ciento. Suelen olvidar costes fundamentales, como los de prevención de riesgos laborales, tributos o todo lo relativo a la financiación del proyecto.

– Novatos voluntariosos y faltos de experiencia a los que hay que ajustar siempre los plazos de ejecución en un plazo casi nunca inferior a los seis meses.

Resultan sorprendentemente útiles las Leyes universales sobre los métodos de cálculo para ingenieros de La Ley de Murphy, de Arthur Bloch.

El papel del CFO como aglutinador de todos los presupuestos previamente revisados por el controller y los directores de turno no es sencillo, pero creo que no me equivoco cuando afirmo que todos sin excepción utilizan el Teorema del Sumatorio Erróneo:

“La suma de todos los presupuestos individuales de la organización no es igual al presupuesto total presentado como definitivo.”

Es la morcilla que se guarda el CFO, pero que jamás reconocerá, sino que lo esconderá bajo un eufemismo de compleja explicación: “ajustes de consolidación”.

Continuará en El presupuesto (II).

Índice del libro no escrito:

Capítulo I. La falacia del ebitda.

Capítulo II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Capítulo III. El jodido desapalancamiento.

Capítulo IV. La diversificación del riesgo.

Capítulo V. Excel no viene de Excelencia.

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

La esquizofrenia del CFO

Cabeza CFO

JOSEAN, 10/08/2020

La figura del Director Financiero en las empresas se ha visto alterada de manera considerable en los últimos años. Hasta su propio nombre ha cambiado y lo que era un Director Financiero a la vieja usanza (“Director”, de dirigir, y “Financiero”, relativo a las Finanzas) es ahora un Chief Financial Officer. Y es que nos hemos vuelto todos muy internacionales. Muy modernos, en un mundo “globalizado e interconectado”.

Anteriormente el Director Financiero era un profesional que sabía un poco (o un “mucho”) de todo:

  • Finanzas: obviamente, porque entre sus cometidos estaba la negociación de condiciones con las entidades financieras.
  • Contabilidad: porque tenía que saber elaborar los cierres, preparar unas cuentas, interpretar y explicar de manera conveniente un balance para discutirlo con los auditores externos y obtener su firma y validación.
  • Fiscal: sin ser un especialista, necesitaba conocer los riesgos de una mala praxis en materia fiscal y llevar correctamente todo lo relacionado con el impuesto de sociedades, el IVA, el IRPF o los impuestos específicos de cada sector o comunidad autónoma.
  • Presupuestos: era el responsable de la planificación económica de una compañía, de poner en negro sobre blanco los objetivos, la estrategia de medio y largo plazo, prever las inversiones necesarias y realizar el seguimiento posterior.

A esto había que añadir conocimientos sobre Consolidación, Recursos Humanos o asuntos jurídicos, y estar alineado con los objetivos de la compañía para tratar de plasmar unos estados financieros que permitieran a la Dirección (si el negocio funcionaba de modo correcto) percibir sus bonus.

No sé si es solo una sensación personal, pero a veces pienso que esto tan “sencillo” saltó por los aires hace tiempo. Puede que el cambio se produjera con la implantación de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) desde principios de este siglo, así que voy a tomar esa fecha como punto de partida de la paulatina transformación de la contabilidad hasta el punto de llegar a ser lo que es hoy en día, algo completamente incomprensible en algunos apartados.

Las NIIF (o IFRS en inglés, International Financial Reporting Standards) son establecidas por el IASB (International Accounting Standards Board), una organización privada con sede en Londres. Siempre me imagino a sus miembros como un grupo de sabios experimentados que hace décadas que no cierran unas cuentas anuales de una compañía, unos cerebrines que se reúnen durante largas jornadas, intentan homogeneizar las normas estadounidenses, europeas y asiáticas, terminan dejándolo por imposible y al final se van a cenar, se toman cuatro copas y terminan diciendo cosas como:

  • ¿A que no hay huevos de decir que los alquileres no son un coste, sino un activo?
  • Agárrame el cubata. ¿Y a que tú no te atreves a inventar algo para que lo que facturan las empresas no sea un ingreso sino el cobro de una cuenta a largo plazo?
  • Ja, ja, ja, ya verás.

Al cuarto gin-tonic se inventan la norma de valoración de los instrumentos financieros o la de los derivados (Los derivados y el clembuterol), o el ebitda ya no es el ebitda, o el endeudamiento se llama apalancamiento, o según se contabilicen los ingresos una empresa puede ganar dinero y repartir dividendos o parecer medio quebrada.

Cuentas IASB

Una de las últimas propuestas es la modificación de las bases de presentación de los estados financieros de las compañías para hacerlos “más transparentes y comparables”. Y siempre que han dicho eso la información se ha ido haciendo más compleja y menos clara. Además, el IASB propone crear una nueva definición de ingresos y gastos “inusuales” que deberán ser explicados en una nota aparte. Es decir, aquellos ingresos y gastos de carácter excepcional que por su importe o naturaleza no se vayan a repetir en ejercicios posteriores. ¡Lo que toda la vida habían sido los ingresos y gastos “extraordinarios” que nos explicaron que ya no lo eran! Ahora tendrán que informarse de una manera separada para que su efecto no altere la comprensión de las cuentas del ejercicio. Claro, y todo en aras de la transparencia y la comparabilidad, aunque esas partidas “inusuales” puedan contener millones de euros.

En esa búsqueda de la transparencia y la claridad en las cuentas, uno entiende mal el elevado peso que tienen unos conceptos etéreos y totalmente subjetivos como son “el valor razonable” o “las pérdidas esperadas”. O mantener en los libros algunas partidas de acuerdo con los cálculos de modelos financieros interesados y dirigidos o unos descuentos de flujos de caja aleatorios.

El problema es que no solo han cambiado la contabilidad y las normas de valoración. Ha cambiado todo. La normativa fiscal española es un infierno de complejidad tras las sucesivas reformas de los distintos gobiernos para aumentar la recaudación en épocas de crisis. Aquí ya le hemos dedicado varios artículos, como los dos de principios de este año (Las grandes corporaciones son malas) o los dedicados al gran iniciador de las reformas tramposas, el ex ministro Montoro (Montoro miente). Aprovecho para dejar copia de la reciente resolución del Tribunal Constitucional (que para mi sorpresa ha pasado un tanto desapercibida) que sentenció que el impuestazo que Montoro se sacó de la manga en septiembre de 2016 era inconstitucional porque afectaba a los derechos y libertades de los ciudadanos. Los principios de “neutralidad y justicia fiscal” importaban poco entonces porque lo relevante para Hacienda era sacar esos 8.000 millones de euros de las cajas de las empresas.

No hace tanto tiempo te sentabas con los auditores y podías entenderte con ellos sobre unas bases y unos números comprensibles para todos, mientras que ahora buscas su cooperación para que el gazpacho resultante sea válido tanto para el CFO como para los auditores, que también tienen que cubrir su papel. Pues algo parecido ocurre si la inspección de Hacienda llama a tu puerta: que buscas su colaboración (y ellos la tuya, Cuando Hacienda reconoce su incapacidad) para llegar a un acuerdo como el del chiste del dentista y el paciente que le tiene agarrado por las pelotas:

  • ¿No nos haremos daño, verdad?

A esto hay que añadirle la creación de nuevos impuestos, como el impuesto a las transacciones financieras, a las empresas de servicios digitales o el que se anuncia desde las cumbres de la Unión Europea para financiar el macrofondo de rescate de la recuperación post-Covid. Y todo ello con una carga ideológica de fondo (Populismo legislativo) o con las dudas sobre la inseguridad jurídica que introducen determinadas sentencias judiciales. Si además nuestra empresa ha iniciado el camino de internacionalización, la complejidad en materia fiscal lleva a que solo sea posible afrontarla con la contratación de expertos en el país de destino.

El mundo de las finanzas no ha sido menos y también ha experimentado numerosos cambios, sobre todo a raíz de la crisis de 2008, que comenzó como una burbuja de deuda y productos opacos. El mercado ha pasado de financiar cualquier proyecto que se le pusiera por delante a no financiar aquellos que no llevaran una garantía por triplicado. Han aparecido “los chicos del waiver” y los financieros que desconocen el negocio pero vienen de la mano de unos fondos de inversión que manejan cantidades ingentes de dinero. En algunas de estas reuniones nos han hecho preguntas que solo nuestras habilidades actorales han logrado disimular la perplejidad que nos provocaban. “¿De verdad han dejado en tus manos la posibilidad de decidir sobre una inversión de chorrocientos millones?”.

Por si el panorama no fuera suficientemente complicado, aparecen ahora las finanzas asociadas a otro nuevo concepto: la sostenibilidad. La declaración de “emergencia climática” del Parlamento Europeo del 28 de noviembre de 2019 se traduce en una serie de iniciativas orientadas a la definición de una Estrategia renovada de Finanzas sostenibles en la Unión Europea. No sé muy bien qué quiere decir eso, para mí tradicionalmente cualquier financiación debía ser sostenible por sí misma, por su propio negocio o los flujos resultantes del mismo, pero ahora se han colado las palabras de moda en el borrador puesto a consulta: “…the critical need to strengthen the sustainability and resilience of our societies and the ways in which our economies function”.

Con todo lo comentado con anterioridad, más la responsabilidad añadida sobre digitalización o compliance, confeccionar un presupuesto o un plan estratégico se ha convertido en una tarea a medio camino entre la agregación de múltiples datos mediante herramientas de business intelligence (aquí un emoticono de sorpresa) y la bola de cristal de Rappel. Creo que merece la pena que le dedique un post en breve.

Hace apenas unos meses tuve una reunión con un Director Financiero de otro sector (perdón, un CFO), de una importante compañía. Un tipo veterano de mil batallas, reputado en nuestro gremio. Hablamos de varios de estos cambios y me dijo que la mayoría le provocaban una enorme pereza, que se negaba a aprender más (en verdad no lo hacía), que todo esto nos obligaba a ponernos en manos de jóvenes de treinta años hiper especializados en un tema concreto (precios de transferencia, valoración de activos financieros, fiscalistas en Latam o Middle East, modelos financieros,…), pero a los que veía que les faltaba la visión global del negocio. “Da igual todo, somos meras participaciones financieras, y si te viene un fondo chino con la pasta por delante… da lo mismo lo que sepas de la compañía, será una cuestión de tiempo”. Me confesó que él, por si acaso se quedaba obsoleto, jugaba al Euromillón todas las semanas.

La esquizofrenia es una enfermedad crónica de la mente que genera alucinaciones, fantasías sin base real. Uno ve cosas que no existen o interpreta de manera irracional los estímulos que recibe. Otro síntoma es el pensamiento desorganizado, que se traduce en un discurso inconexo. Como cuando se explica un balance.

Las cicatrices del coronavirus

Sánchez critica a los partidos que vinculan feminismo y Covid-19 ...

JOSEAN, 11/07/2020

Desde que comenzó la crisis del coronavirus, las comparecencias del gobierno vienen acompañadas por una serie de carteles con diversos eslóganes como “Un día más. Un día menos”, “Este virus lo paramos unidos” y otro que me llamó la atención desde el principio: “Salimos más fuertes”.

Como declaración voluntarista de ánimo a la población me parece bien. De una u otra manera las empresas en las que trabajamos o nosotros mismos hemos enviado mensajes similares de apoyo a nuestros conocidos, pero por otro lado me quedaba pensando: “¿de verdad salimos más fuertes?”. Yo creo que la Covid-19 ha abierto una brecha enorme en la población, o mejor dicho, ha abierto numerosas brechas: educativa, digital, en el tejido empresarial, en la cohesión social,… Y cuando una brecha se abre (y solo si logras cerrarla), te deja una cicatriz, una marca, una señal. Un recuerdo de la herida, que en unos casos será un arañazo o un rasguño, y en otros será un socavón.

La cicatriz en la sociedad

La Covid-19 ha sido otro motivo más de división para una sociedad que por desgracia se encuentra cada vez más polarizada, más dividida en el discurso entre fachas y rojos que tanto daño ha hecho. Lo que he visto en algunos grupos de Whatsapp con amigos o lo que he leído en redes sociales no se diferencia mucho de lo que hemos contemplado en el Congreso: un discurso del odio, del enfrentamiento, de “los dos bandos”. El sufrimiento de tantas familias ha generado sensaciones que teníamos olvidadas: angustia, temor a lo imprevisto o a que las cosas no sucedan como esperamos, miedo al futuro, miedo al vecino, miedo al contacto, miedo a salir a la calle. Y como dijo aquel sabio de orejas puntiagudas y conocimientos milenarios:

Miedo ira odio Yoda

Y con ello cerramos el círculo. Necesitábamos una sociedad más unida y salimos partidos por la mitad, como se ha visto en muchas de las concentraciones o caceroladas, o en los escraches nada espontáneos de Galapagar. El problema aumenta cuando la clase política que tenía que poner cordura a esta situación fomenta el discurso del miedo, la ira y el odio porque le interesa, cuando abandona la jungla de las redes sociales y se traslada al Congreso. O a la irresponsabilidad de un vicepresidente del gobierno que exclama sin parpadear: “España se quitará de en medio la inmundicia a la que ustedes representan”.

Iglesias odio inmundicia

Creo que Pablo Iglesias todavía no se ha dado cuenta de que ya no es un activista que puede llamar a la movilización en las calles, sino que ahora tiene una responsabilidad de gobierno y sus palabras sobre Vox, el PP, los jueces, la monarquía o los periodistas que no le son afines atacan directamente las instituciones o el orden constitucional que se supone que representa.

La herida abierta va a tardar en cicatrizar, espero que menos de lo que ocurrió con nuestros padres, aquella generación de héroes que nos enseñó a mirar hacia delante.

Las cicatrices económicas

Será difícil salir más fuertes de esta crisis cuando según el FMI la caída del PIB se prevé en el 12,8%, la mayor de las economías occidentales junto con Italia. El mismo organismo prevé que la deuda pública española se dispare hasta el 123,8% del PIB. En torno al cuarenta por ciento de las empresas realizarán ajustes en sus plantillas, el paro puede superar la cifra del veinticinco por ciento y los salarios “poscovid” se congelarán o reducirán, según el estudio de Willis Towers Watson. Exactamente igual que en la crisis de 2008, las “recetas” no cambian. Es pronto para saber si la “grieta salarial” entre directivos y trabajadores crecerá como entonces, pues según un estudio de la consultora KPMG la reducción de salarios afectará por igual a todos los niveles, si bien los cuadros directivos y mandos intermedios verán reducida su retribución variable ante la imposibilidad de lograr los objetivos del ejercicio.

Poscovid

Con una demanda débil y un país endeudado, no cabe duda de que la salida será más complicada. La avalancha de concursos de acreedores será enorme porque muchos negocios no han podido superar el cierre. Si en 2019 fueron 7.000 las empresas que acudieron al concurso de acreedores, para este ejercicio y el siguiente algunas fuentes prevén hasta 50.000.

Con este panorama desolador, la Unión Europea debate la respuesta adecuada a una emergencia que comenzó siendo sanitaria y ahora es también económica. La Comisión presentó el 27 de mayo su propuesta de recuperación, un amplio plan de medidas cuyo  solo nombre ya da una idea de lo largo que va a ser este proceso: Next Generation EU. El plan cuenta con un presupuesto de 750.000 millones de euros y como anuncia la nota de prensa, se trata de “invertir en la próxima generación” (¿y qué pasa con esta?), apoyar las transiciones ecológica y digital, ampliar los recursos del presupuesto comunitario de 2021 a 2027, y reembolsar los fondos destinados “no antes de 2028, ni después de 2058”. Casi nada.

Los fondos del plan Next Generation EU se invertirán en tres grandes grupos:

  1. Apoyo a los Estados miembros en sus inversiones y reformas: dotado con 560.000 millones de euros, 310.000 a través de un mecanismo de subvenciones y 250.000 en préstamos. Además se complementarán los Programas de políticas de Cohesión (55.000 mill.), el Fondo de Transición Justa (40.000 mill.) y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (15.000 mill.).
  2. Relanzar la economía de la Unión Europea incentivando las inversiones privadas: se pretende movilizar recursos privados a través de un Instrumento de Apoyo a la Solvencia, del Invest EU (un programa de inversiones ya existente) y la creación de un nuevo Instrumento de Inversiones Estratégicas. La dotación del presupuesto de Next Generation será de unos 60.000 millones, con los que se tratará de atraer recursos privador por encima de los 500.000 millones de euros.
  3. Aplicar las lecciones de la crisis: bajo este titular tan publicitario se movilizarán recursos por unos 130.000 millones adicionales para reforzar la sanidad, la protección civil, la investigación y la acción exterior, incluyendo la ayuda humanitaria.

Veremos si todos estos recursos movilizados son suficientes para tapar el boquete. Ahora bien, falta resolver de dónde salen todos estos fondos y cómo se distribuyen entre los distintos estados. Y ambas cuestiones son el campo de batalla actual.

En cuanto a la captación de recursos, la UE plantea varias propuestas que no suenan a nuevas, como un plan de acción contra el fraude y toda una batería de impuestos “verdes”, como un impuesto sobre el carbón, sobre los derechos de emisión, los envases y los plásticos de un solo uso. Por supuesto, el impuesto “digital” vuelve al primer plano y se plantea una medida interesante que veremos el recorrido que tiene: un impuesto a las grandes operaciones y empresas, como un fee de acceso por beneficiarse del mercado interior, con millones de clientes potenciales y una divisa única. Las grandes patronales solicitan exactamente lo contrario, un plan de alivio impositivo para la reconstrucción, flexibilizando los impuestos y ampliando los aplazamientos para garantizar la liquidez de las empresas. En los dos post publicados a principios de este año sobre el impuesto de sociedades que tenemos en España traté de explicar que el objetivo de la Agencia Tributaria camina precisamente en sentido contrario: anticipar la recaudación en detrimento de los ejercicios posteriores. El rompecabezas que queda es bastante complejo.

Condicionalidad fondo Europeo

En cuanto a la distribución de los fondos entre los distintos países y la fórmula utilizada, si préstamo o transferencia directa, parece claro que no puede ser una barra libre de gasto, sino que de algún modo la Unión Europea tendrá que controlar dónde se invierte esa ingente cantidad de dinero recibida. Y ahí es donde vuelven a surgir las diferencias entre los dos partidos de gobierno. La condicionalidad de dichos fondos europeos va asociada, al igual que en la crisis de 2008, a un control de las políticas internas de cada país, a la pérdida de soberanía y sobre todo, a la necesidad de acometer reformas estructurales de calado. Las palabras “austeridad” y “recortes” vuelven a flotar en el ambiente, aunque no debería ser así. Está por ver hasta qué punto será un rescate encubierto, pero que tiene que haber un control comunitario de los fondos parece lógico, dada la excepcionalidad de la situación.

La situación será incierta durante un tiempo bastante largo y la herida abierta necesita muchos puntos de sutura antes de cerrarse y empezar a cicatrizar.

BBC cifra de muertes

Las cicatrices en las familias

Parece claro que no vamos a saber nunca la cifra real de fallecidos por esta pandemia, si serán los veintiocho mil oficiales, o los más de cincuenta mil que indican algunas fuentes basándose en Cifra de muerteslos registros de mortalidad en comparación con los de 2019 (en la imagen, estudio de la BBC). Lo que sí está claro que la herida en esas familias no va a cicatrizar nunca, sobre todo por el modo de producirse, por la impredecibilidad, la ausencia de duelo, por la soledad en que se ha producido. Y a esa cifra hay que añadir los miles de afortunados que salieron de la enfermedad, pero que han quedado muy tocados en los pulmones, en el bolsillo, o en el cerebro. El miedo en los mayores, pero también en muchos niños y jóvenes, no va a desaparecer en el corto plazo, y menos con las noticias de rebrotes que estamos viendo en las últimas semanas.

Por todas estas razones, más las que no he comentado y que seguro que los lectores tienen en mente, creo que el eslogan del gobierno es irreal. No vamos a salir más fuertes de esta crisis. No encuentro la palabra precisa para definirlo: saldremos más duros, más cínicos, más desencantados,… O mi propuesta: SALIMOS MÁS CURTIDOS.

Strong men

Los 100 de Josean

100 2

Tras los 100 de Lester y los 100 de Barney, me toca el turno de recopilar todos esos temas de los que he hablado a lo largo de estos casi seis años. El tiempo te da la perspectiva suficiente para entender cómo pensabas antes y si ha habido una evolución en tu manera de pensar. Sinceramente, no lo sé, que lo digan los lectores: comencé criticando a un gobierno que no era transparente y a unos medios controlados y he terminado… criticando a un gobierno que no es transparente y a unos medios que están controlados.

Me dio por meterme con el funcionamiento de determinados organismos, como la CNMC, o los ayuntamientos, y cabrearme ante decisiones obscenas como la del SAREB. Por otro lado, lo lógico (y quizás lo más sencillo) es siempre criticar al que está en el poder, pero es que hubo semanas verdaderamente horribles. Lo curioso es que aunque parezca difícil, el refranero español vuelve a acertar: “otros vendrán que bueno te harán”.

A lo largo de estos años ha habido muchos procesos electorales, quizás demasiados, y un problema en Cataluña que empezaba a ocupar protagonismo en este blog.

Me dio por iniciar una serie de artículos dedicados a temas económicos, a lo que este escribiente considera errores frecuentes que se repiten como mantras: tomar como verdades absolutas lo que no deberían ser más allá que ayudas para la interpretación de algo tan complejo como los datos.

100 USD

El Brexit, nuevas elecciones en España y Estados Unidos, y un tema que empezaba a tomar fuerza en este blog: la fiscalidad y esas grandes empresas que siempre nos vendieron como “malas”, “culpables”, “evasoras”.

Cuando escribo sobre temas económicos bajan mucho los lectores del blog, excepto cuando escribo relacionándolo con el mundo del fútbol. Sorprendente lo que puede llegar a mover. Seguí con mi afición a buscar sentencias por las redes y a tratar de interpretarlas con mi (falta de) conocimiento.

Años pidiendo la salida de Rajoy y cuando se produjo no tardé ni un día en lamentar el gobierno que estaba por venir. Más sobre Cataluña, más sobre temas impositivos y más fútbol desde la perspectiva de la pasta que se mueve en ese mundo.

Varios artículos sobre la maraña impositiva que se nos estaba creando y sobre la polarización de la sociedad, que se va a los extremos, los condones sanitarios alrededor de Vox y el totalitarismo de Napoleón Iglesias.

Ministra Montero

Más elecciones generales, otras municipales y dos artículos dedicados a la gran amenaza que tenemos desde hace años y que hemos dejado crecer: China.

Y así hemos llegado al día de hoy. Dediqué otros dos artículos a temas impositivos (se repiten las mismas situaciones que ya se daban con Montoro) y varios artículos más a criticar las absurdas reformas que se estaban implantando aprovechando el estado de alarma. Aquí saco pecho: el post más leído de la historia de este blog se produjo en un momento de vomitar lo que llevaba dentro, soltar toda esa rabia contenida por la situación.

Deuda pública 2020

Me conozco y sé que seguiré criticando al gobierno (sea el que sea), pero también a la oposición, los medios de comunicación, las sentencias que no entienda y los organismos que funcionen de modo partidista y sectario. Lo sé, lo siento si molesta a alguien. Gracias a los lectores, que han sido muy numerosos en este tiempo.

Cara Josean

Todo en un mes… y una semana más

Sanitarios

JOSEAN, 26/04/20

Cuando publiqué el post de la semana pasada sobre todo lo ocurrido en las primeras cinco semanas de confinamiento y estado de alarma, me escribieron varios amigos diciéndome que “también ha ocurrido esto” o “aquello”, o “no te olvides de…”. Está claro, han pasado muchas más cosas, pero mi interés entonces era el de hablar de las principales medidas adoptadas por el gobierno para afrontar la situación, medidas improvisadas y contradictorias en ocasiones.

En esta segunda parte toca hablar de todo eso que ha pasado promovido por otros grupos o colectivos, o simplemente como consecuencia de las primeras semanas de parón económico:

Estímulos fiscales

(Fuente: Belén Trincado / Cinco Días)

  • La mayor parte de las medidas económicas se centran en una línea de avales de 100.000 millones de euros gestionada por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). El ICO ha rechazado o bloqueado masivamente las ayudas solicitadas por autónomos y empresas. Hasta el pasado 23 de abril se presentaron solicitudes por 40.000 millones de euros, de las que solo se habían aprobado 11.700, un 29% del total. Los numerosos cambios de criterio para su obtención o la petición de documentación o garantías adicionales son la principal causa para el rechazo o retraso en la obtención de la ayuda, según el sindicato ACCAM.
  • El efecto expansivo de la línea de avales ICO, que el gobierno esperaba que llevara el importe total a una cifra entre 150.000 y 200.000 millones de euros, quedará de seguir la tendencia actual en una cifra muy inferior, sobre los 125.000 millones. La financiación privada está moviendo apenas un 22% adicional sobre los fondos cubiertos por la línea.
  • El presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor, indica que apenas el 4% de los trabajadores autónomos ha recibido el aval solicitado al ICO, aproximadamente un 20 por ciento de las solicitudes.

Lorenzo Amor ATA

  • En mitad de un contexto general de críticas por la mala gestión del gobierno en lo referido a cuestiones económicas y de falta d protección del sector sanitario, el general de la Guardia Civil José Manuel Santiago, preguntado en rueda de prensa sobre la actuación del cuerpo para combatir la desinformación, afirma que se está trabajando en dos líneas de actuación, “por un lado, evitar el estrés social que producen estos bulos, y por otro, minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”. El ministro Marlaska sale inmediatamente al paso para aclarar que se trata de un lapsus y la propia Guardia Civil tiene que publicar en sus redes a qué se refería el general:

Fake news Guardia Civil

Escuché la declaración completa y sinceramente creo en la buena fe del general y su poca experiencia a la hora de explicarse en este tipo de situaciones, pero la frase acojona, máxime leyendo lo que dijo el ministro Marlaska solo una semana antes.

  • En mitad de la crisis más grave en décadas, los partidos nacionalistas más “constructivos” siguen a lo suyo: Esquerra Republicana de Cataluña y EH Bildu presentan una proposición de ley para despenalizar los delitos de injurias a la Corona y ultrajes a España. A río revuelto… El Senado admite a trámite la propuesta el 4 de abril de 2020. La abstención de ambos partidos fue clave para el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente de gobierno en enero de este mismo año.
  • El vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias publica el 14 de abril una serie de tuits sobre la República y menciona la palabra “futuro”.

  • La Unión Europea aprueba un plan billonario de reconstrucción europea, si bien se mantienen serias divergencias sobre la forma de desarrollarlo. Algunos de los países más afectados por la crisis como España e Italia plantean la financiación del mismo con un mecanismo de deuda perpetua o deuda mutualizada, a lo que se oponen frontalmente países con cuentas más saneadas como Dinamarca y Alemania. Se calcula que la deuda pública española alcanzará el 115% del PIB en 2021.
  • La Comisión Europea planea modificar el marco normativo para que los estados puedan nacionalizar sus empresas más significativas o estratégicas. Se trata de un cambio radical sobre las políticas anteriores con el que algunos países pretenden salvar a aquellas de sus empresas más emblemáticas de posibles quiebras motivadas por la situación actual.
  • El 29 de abril concluye el plazo para la presentación de enmiendas parciales a la Ley de Educación, la llamada Ley Celaá. El plazo para la presentación de enmiendas a la totalidad finalizó el 24 de abril. No se han paralizado los trámites parlamentarios pese al estado de alarma. La controvertida Disposición Adicional Cuarta supone en la práctica el cierre de los colegios de educación especial. Dejo el comunicado de la Plataforma Educación, Inclusiva Sí, Especial También (Campaña #Nocierresmicole).
  • El vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias propone la creación de un “impuesto de solidaridad” a las grandes fortunas para hacer frente a la crisis de la Covid-19. El estudio de la creación de este impuesto ya estaba en el acuerdo de gobierno PSOE-Podemos y se puso de nuevo sobre la mesa al inicio de esta crisis.
  • El mismo Pablo Iglesias critica la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en la que se condena a la diputada autonómica de Podemos Isa Serra con estas palabras: “Las sentencias se acatan (y en este caso se recurren) pero me invade una enorme sensación de injusticia. En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso”. El Consejo General del Poder Judicial reprocha al vicepresidente su crítica porque “no solo cuestiona una actuación judicial, sino que también propaga una sospecha de falta de imparcialidad de los jueces españoles, que según él otorgarían un trato desigual y privilegiado a unos colectivos que, por su influencia y contactos, serian impunes a la acción de la justicia”.

  • La agencia estatal EFE repite las palabras de Pablo Iglesias al publicar que la condena a Isa Serra está motivada por intentar frenar un desahucio, sin embargo la sentencia indica que los 19 meses de cárcel se deben a la comisión de los delitos de atentado contra la autoridad, lesiones leves y daños. La agencia EFE tuvo que rectificar de inmediato.
  • El presidente de gobierno Pedro Sánchez afirma con rotundidad en el Congreso el 22 de abril que “España es uno de los países del mundo que más test realiza a su población”, pero la web Newtral, un medio afín por lo general, desmiente categóricamente sus palabras.

Fact check Newtral

“Las peores decisiones en la vida son las que tomamos basándonos en el miedo”

(Sherrilyn Kenyon)