Analista de Bolsa, por Josean

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Por esas casualidades del destino que a veces se producen, haciendo limpieza de archivos digitales, encontré recientemente un texto que escribí en 2002 y que voy a reproducir de modo casi íntegro por dos razones. La primera, porque algunas de las ideas reflejadas que aparecen en el mismo no han envejecido mal. La segunda, porque tras comentar la idea principal del texto con los amiguetes, la misma ha sido rescatada por uno de ellos para darle un nuevo desarrollo, como podréis leer al final. Apenas voy a cambiar nada y los pocos cambios se deben a empresas que a los más jóvenes ni les sonarán, como Terra, o por personas que hoy en día apenas tienen fama alguna.

13/09/2002

Cuando alguien me preguntaba por qué quería ser economista, le respondía que no tenía ni idea, que quizás era por no ser ingeniero, como se me presionaba desde mi familia, o abogado, por no convertirme en un tipo detestable. O quizás porque no era una carrera a priori demasiado complicada. O vete a saber, a lo mejor porque tenía muchas salidas, lo cual era de agradecer para alguien tan salido como yo. El caso es que no era por vocación.

Han pasado unos cuantos años y ahora he descubierto lo que quería ser en realidad: analista bursátil, especialista en Bolsa, comentarista del parqué, cronista del mercado financiero, gurú del ahorrador medio, azote de brokers, llámenlo como quieran.

Y sólo hay una razón para anhelar tal trabajo: la impunidad. Ya puedo decir las sandeces que me vengan en gana, que si me vendo bien seré premiado con el prestigio profesional y el reconocimiento de los medios. Y así es en realidad. A un analista de Bolsa se le permite lo que a nadie en ninguna otra profesión se le permitiría, es decir, el error y la equivocación más absoluta en todas y cada una de sus predicciones. Sólo hay que coger un periódico de información económica, de esos que dicen color sepia o salmón, y observarlo. Por cierto, ¿alguien ha comparado en algún restaurante el color de la sepia y del salmón? Háganlo, se llevarían una sorpresa.

Veamos lo que dice el supuesto genio de las finanzas hablando de la cotización de una empresa determinada, digamos, Ibertrola o Teleafónica: “Ha llegado a 20 y puede subir a 22-23 euros. Si fracasa, podría bajar a 18-17, o incluso a 16”. Genial, ¿no? Para empezar, el cabrón se da un margen de error del treinta y cinco por ciento. Casi nada. Y ni aun así acierta.

¿Se ha parado alguien a pensar qué pasaría si se tolerase esta falta de seriedad en otras profesiones? Por ejemplo, ¿qué pasaría si un periodista deportivo hiciera lo mismo? “El Madrid puede ganar dos o tres a cero, pero si el contrario marca primero, podría perder por uno o dos goles de diferencia, o incluso por cuatro”.

¿Y  un futurólogo? “Cariño, a tu marido le veo bien de salud, parece que correrá el maratón en menos de tres horas. Eso si no le tienen que operar antes de apendicitis o incluso de un tumor cerebral ”.

¿Y un cronista de la prensa rosa? “Se comenta que Brad Pitt está muy cerca del corazón de Charlize Theron. Pero si no es así, más bien podría tratarse de un bulo y estar liado con la Pantoja o incluso si me apuran con Belén Esteban”. Es triste que hasta el mínimo de credibilidad que ofrece la prensa del corazón no se le exija a aquellos que manejan y nos asesoran con el fruto de nuestros ahorros.

En el fondo les perdonamos por lo mismo que perdonamos a los charlatanes sinvergüenzas que nos toman el pelo en las ferias y mercadillos: porque, a pesar de que nos han engañado, la culpa no deja de ser nuestra. Por pardillos y creerles. ¿Que esta camisa tan barata no encoge? ¿Que este valor va a subir el cincuenta por ciento en un mes? ¿Que estos pantalones son auténticos? ¿Que mis acciones no pueden bajar más y me recomienda mantenerlas otros seis meses? Ellos nunca se confunden, igual que el del mercadillo jamás dirá que te ha vendido un producto defectuoso. Los buenos analistas siempre tienen una excusa a mano para justificar sus errores. Por ejemplo:

  • La crisis de las bolsas asiáticas: es evidente, las pérdidas del banco de mi esquina se deben al petardazo de la Bolsa de Singapur. Te meten lo del mundo globalizado y resuelto.
  • La publicación de alguna estadística inverosímil, como el descenso en los bienes de consumo. O sea, que el hecho de que la Mari compre menos yogures influye en la bajada de las acciones de una empresa dedicada a la venta de software informático. Muy lógico. Será que los programadores informáticos se alimentan de productos lácteos.
  • Los tipos de interés: siempre son demasiado altos o demasiado bajos, o, en cualquier caso, distintos a lo que el mercado esperaba.

En fin, lo más grave es que nadie tiene ni la más remota idea de lo que ocurre en ese ente imaginario que es el mercado. Y a algo tenemos que agarrarnos cuando la fe flaquea. Así que si te viene un memo de estos y te dice que las cotizaciones se van a disparar, pues tienes que creerle, qué le vas a hacer. Luego, cuando te hayas dejado en seis meses los ahorros de varios años podrás fardar con tus amigos: “Yo es que juego a la Bolsa”. Joder, menos dinero se pierde en el Casino y no está tan bien visto socialmente.

Lo dicho, señores del Cinco Tías, La Gaceta de los Necios o Expulsión: busco trabajo como analista bursátil. Años de experiencia con menos resultados que con la Primitiva. Prometo la máxima credibilidad con el mínimo de aciertos. Excusas garantizadas. 

Hasta ahí lo que escribí en aquel lejano año 2002. Tras el 11-S y las caídas de las tecnológicas que vendieron humo (y que fueron mayoría durante esos tiempos), algunos analistas seguían diciendo que tal o cual acción tenía que recuperar buena parte de todo el valor perdido. El caso extremo era el de Terra, la filial de Telefónica. Una página web que llegó a tener mayor valoración bursátil que la Caixa. El gran bluff de Villalonga.

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“Recuperar el valor perdido”, decían. ¿No sería más bien que alcanzaban su cotización real? Leías sesudos análisis de algunos expertos, que si los fundamentales, los distintos suelos marcados, el volumen de negocio y pensabas: “seré yo el equivocado, el que no tiene ni idea”. Hasta que llegaba uno de los sabios y te decía: “Terra está muy cerca de lograr ebitda positivo”, y el valor de las acciones subía un diez o veinte por ciento en cuatro días para luego perderlo en uno. La gran falacia del ebitda en empresas cuyos principales costes son amortizaciones y financieros. Quizás fuera en esos momentos en los que pensaba que todos esos comentarios errados y erráticos formaban parte de un plan para el enriquecimiento de unos pocos.

Con los años y las mayores facilidades de acceso a las cotizaciones en tiempo real por parte del populacho, había que sofisticar las herramientas y surgieron los contratos de futuros, las opciones y los temibles derivados. Estuve en un par de cursos para entender eso de las PUT y las CALL, y en ambos los tipos que las daban se movían mucho, estaban nerviosos y nos trataban de convencer de las ingentes cantidades de dinero que se podía ganar en estos mercados.

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A uno de ellos le sudaban las axilas más que a Camacho en el mundial de Corea e iba tan acelerado que abrió tres botellines de agua diferentes en menos de cinco minutos. Estaba fuera de sí, como si cada nanosegundo con nosotros estuviera perdiendo una oportunidad de negocio jugando con el segundo decimal de una opción: “¡CALLa, PUTo chalado, calla de una vez!” Si aquel tipo representaba al inversor que se había forrado en bolsa y por algún momento en mi vida tuve la idea de hacerme millonario de ese modo, se me quitó tras los cincuenta minutos de nefasto speech.

Como ya he comentado alguna vez, no me fío de casi nadie en este mundillo y mis inversiones siguen criterios tan conservadores como los de Warren Buffet, aunque desde luego no tan atinados. En el fondo solo quiero tranquilidad para mis ahorros, ¿es eso posible?

Todo el rollo de hoy venia porque el amiguete Barney ha recuperado la idea del comentarista deportivo-bursátil de 2002 y ha escrito todo un análisis de las últimas temporadas futbolísticas del Madrid desde el prisma de un analista de Bolsa. ¿Figura hombro-cabeza-hombro o prefieres un análisis por fundamentales? Puedes encontrarlo en este enlace a La Galerna:

https://www.lagalerna.com/analisis-bursatil-volatilidad-madridista-y-blue-chips-azulgrana/

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Saludos, y recordad que podéis confiarme vuestros ahorros.

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Una gran muralla a China (II), por Josean

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Concluí la primera parte con esa reflexión “trumpiana” acerca de poner una Gran Muralla arancelaria a China y frenar su invasión, algo que parece preocupar al presidente norteamericano tanto como la entrada por tierra de sus vecinos del sur. Intento racionalizar mis temores ante esta invasión y me pregunto qué es lo que no me gusta de este new order. El libro La imparable conquista china (Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, Crítica, Editorial Planeta) me ha dejado con mal cuerpo tras cada uno de sus capítulos, pero, ¿por qué?

Chino de china 2El primer capítulo nos cuenta la guerra por los recursos naturales tomando Groenlandia como escenario de batalla. El gobierno chino lleva años tratando de hacerse con el control de la producción y distribución mundial de las llamadas tierras raras, que en realidad son un grupo de metales básicos para la industria tecnológica (pantallas LED, baterías de coches eléctricos, teléfonos móviles, fibra óptica,…). “China, de hecho, monopoliza el 97% de la producción mundial y el 100% de las más pesadas. Ello es consecuencia tanto del uso intensivo de mano de obra barata que requiere su producción como del elevado impacto medioambiental de sus procesos”. Estados Unidos, Europa y Japón abandonaron su producción, lo que “se confirmó como un error estratégico a partir de 2009”.

La respuesta del gobierno chino a los aranceles norteamericanos ha sido amenazar con reducir o cortar directamente el suministro de tierras raras a Estados Unidos, que importa de China alrededor del ochenta por ciento de estos materiales imprescindibles para el desarrollo de su industria tecnológica y de energías renovables.

La expansión china en África se debe al mismo interés: invertir en desarrollo e infraestructuras en el país a cambio de que los gobiernos africanos le cedan el control de las reservas naturales. El interés chino en Groenlandia se centra no solo en la explotación minera, que traería graves daños medioambientales, sino también en aprovechar el deshielo del Ártico para abrir nuevas rutas marítimas “…que supondrían una alternativa más atractiva en términos de ahorro de tiempo y costes a los canales de Panamá y Suez”.

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El segundo capítulo nos cuenta las estrategias de los millonarios chinos para sacar sus fortunas del país, primero con esos paraísos del blanqueo que son Macao y Hong Kong, y después “colonizando” países a base de pasta, países como Canadá y Australia que invitaban a conseguir la nacionalidad a aquellos inversores que adquirieran propiedades o demostraran tener un patrimonio determinado. Con motivo de la crisis fueron muchos los países que vieron en el poderío económico chino una posibilidad de atraer capital a sus maltrechas economías y hasta una treintena de ellos, muchos de ellos europeos, crearon programas similares para obtener la ciudadanía o la residencia fiscal a cambio de inversiones de tamaño medio-alto.

Malta puso encima de la mesa su particular propuesta: “650.000 euros a cambio de ciudadanía de la Unión Europea a todos los efectos”. El Parlamento Europeo se opuso a esta medida con el 89 por ciento de los votos. Por su parte, Canadá tuvo que cortar su programa en 2014 ante “la avalancha de emigrantes financieros”. En Australia se calcula que unos 200.000 chinos están entrando en el país cada año a través de diversos programas, lo cual supondrá una transformación total en unos pocos años dado que la población apenas supera los 25 millones de habitantes.

El libro fue publicado en 2015 y su lectura me ha parecido más actual e interesante de lo que quizás habría sido en el momento de su publicación. El tercer capítulo, titulado Diplomacia, comienza hablando de la Revolución en Hong Kong, los primeros movimientos de lo que ha terminado desencadenando en las protestas actuales. Los estudiantes empezaron a organizar sus movilizaciones en 2014 por “su percepción de que el proceso de integración de Hong Kong en China está poco a poco socavando sus libertades y modo de vida”. El detonante para la movilización ciudadana fue la presentación por parte del Gobierno de Pekín del Libro Blanco sobre Hong Kong, que dejaba claro quién mandaba y el grado de autonomía de la isla. Con su interpretación restrictiva del artículo 45 de la Ley Básica, algo así como un remedo de Constitución para Hong Kong, se derogaba básicamente el sufragio universal, que estaba previsto inicialmente para 2017.

Los dos millones de ciudadanos manifestándose en las calles la semana pasada ante la ley de extradición a China no son fruto de un movimiento casual u ocasional. Y si los hongkoneses esperaban una reacción por parte de Occidente, ya han comprobado que no van a poder contar con ese apoyo. El silencio de Londres ante la situación de la que fue durante siglo y medio colonia británica demostró el temor a las represalias del gobierno chino.

En el Reino Unido saben cómo las gastan cuando se “ofende” a las máximas autoridades del gobierno chino, como ocurrió en 2012 cuando el Primer Ministro David Cameron y su segundo, Nick Clegg, “osaron” recibir al Dalai Lama en Londres. Pese a que se le intentó dar una apariencia de visita no oficial y apenas se hizo pública, pese a que se celebró en la cripta de la catedral de Saint Paul y duró únicamente 36 minutos, para el gobierno chino resultó ser una afrenta. Y la afrenta tuvo un castigo en modo de reducción de inversiones en la City que duró año y medio.

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Francia sufrió represalias similares cuando Nicolás Sarkozy mencionó la represión en el Tibet, o Noruega, tras la concesión del Nobel de la Paz al disidente chino Liu Xiaobo, condenado a once años de prisión por un delito de opinión. El asunto de los derechos humanos me lleva al capítulo sexto, dedicado a las represalias que sufren los contrarios o los críticos al régimen. La activista pekinesa Cao Shunli tenía previsto participar en un seminario sobre derechos humanos en Ginebra en septiembre de 2013, para a continuación, un mes después, asistir a la revisión del estado de los derechos humanos en China, revisión que se realizaría en la ONU en octubre. Cao Shunli nunca cogió el vuelo a Ginebra y murió bajo custodia policial china en marzo de 2014, con evidencias de tortura y tras serle denegado el tratamiento médico. Las UPR (Revisiones Periódicas Universales) realizadas a China en febrero de 2009 y octubre de 2013 no pasan de ser unas recomendaciones para una mejoría que se produce con pasmosa lentitud, pese a que algunos de los estados afines al régimen chino destaquen los “espectaculares avances” del país en esta materia.

El séptimo capítulo está dedicado al espionaje a gran escala, al cabreo de los americanos ante el espectacular e inconcebible avance de la tecnología china, el cual no parece posible sin el saqueo directo de los servidores de las principales compañías norteamericanas. La detención de la directora financiera de Huawei es parte de esa guerra que ya ha tenido episodios como el ataque chino a los servidores de Google. El exconsejero de la NSA, Joel Brenner, va más allá al afirmar que fue “un ataque coordinado contra la propiedad intelectual de varios cientos de compañías en Estados Unidos y Europa” y que los piratas informáticos obedecen órdenes del Gobierno chino o “trabajan directamente con el Ejército de Liberación Popular con el objetivo de robar propiedad intelectual a Occidente”.

El octavo y último capítulo está dedicado al aprovechamiento que han realizado los chinos de la crisis en Europa, a su modo de captar los principales activos de estados quebrados como el griego o llevarse a golpe de talonario empresas españolas, francesas o incluso norteamericanas. A la inversa no sería posible por las leyes proteccionistas chinas, pero el (deseable) liberalismo occidental les ha permitido controlar la mayor parte de activos estratégicos y de la deuda de las principales economías.

Parece que detrás de todo lo expuesto hay un plan de conquista similar al de los peores malvados de Spectra en cualquier peli de James Bond, pero si miramos un poco nuestro ombligo lo cierto es que el patrón chino ha replicado modelos ya conocidos en la historia. Si hablamos de colonización o expolio de los recursos naturales, los países europeos y Estados Unidos no están como para dar lecciones acerca de su presencia durante décadas en África, Oriente Medio o Sudamérica. Si había que cambiar a un dictador para mantener el control del petróleo se hacía, fuera cual fuese el precio en vidas humanas.

En cuanto al respeto por el medio ambiente, China ha copiado el modelo occidental de crecimiento y ahora es cuando se le ha exigido la responsabilidad que los gobiernos occidentales no tuvieron durante años. No se permitió la entrada de vehículos chinos en Europa entre otras cosas por las emisiones de gases, pero luego detectamos que Volkswagen llevaba años falseando los test de contaminación de sus motores.

Millonarios evadiendo sus fortunas a paraísos fiscales los ha habido siempre, y desgraciadamente seguirán existiendo. En cuanto a las peticiones de democracia en Hong Kong resultan graciosas si tenemos en cuenta que durante ciento cincuenta años los británicos no tuvieron ningún interés en desarrollarla.

Si hablamos de derechos humanos, parece evidente que los del bando de “los buenos” estamos varios cuerpos por delante de China, pero los Guantánamos o Abu Ghraibs, o las denuncias de tortura no investigadas en diversos países, o la censura en sus diversas formas, no permiten que Occidente lance la primera piedra con total libertad.

El capítulo referido al espionaje menciona la paradoja de que justo cuando Obama se reunía con el presidente chino Xi Jinping en junio de 2013 para hablar del saqueo salvaje sufrido por empresas norteamericanas saltó el caso Snowden, el inmenso espionaje masivo a sus ciudadanos y empresas realizado por la NSA, la Agencia de Seguridad Nacional norteamericana.

En cuanto a aprovechar las crisis para comprar barato y beneficiarse de las desgracias ajenas es algo tan viejo como el propio mundo y está en la esencia misma del capitalismo.

¿Entonces, por qué sigue incomodándome esta invasión china? Pues no lo sé, pero lo logra. Quizás se debe a que preferíamos estar en el lado de los poderosos y llevamos mal que ahora sean otros los que llevan la voz cantante e imponen sus criterios. O quizás sea algo tan tonto como que en el fondo anhelamos/anhelo el american way of life, tener una pequeña casa con jardín, una familia perfecta, deportista y consumista que ve pelis y series americanas, viste con prendas de marca y estudia en las mejores y más caras universidades mientras uno compite por el mejor trabajo posible en el que dejar horas y horas para llevar un sueldo decente a casa. Puede que ese modelo nos guste, mientras que por el contrario nos repele el tópico del chino encerrado en su tienda dieciocho horas diarias, con toda la familia volcada en el trabajo, y malviviendo en una ciudad contaminada bajo un régimen opresor que coarta sus libertades.

O a lo mejor es eso, solo eso y sobre todo “eso”: un problema de libertad o de su ausencia.

 

Una gran muralla a China (I), por Josean

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Hace unas pocas semanas estuve en El Puerto de Santa María, junto al paseo marítimo de la playa de Valdegrana, donde veraneé hace veintimuchos años. Me apeteció pasar por el lugar en el que cenamos muchas veces, el típico sitio con una carta de pescaíto frito y… pescaíto frito. Simple, riquísimo todo. En su lugar había un Hiper Asia.

En la zona en la que vivo en Madrid he visto desaparecer muchos comercios y restaurantes, pequeños empresarios que iniciaban sus negocios con ilusión y después de varios años de infructuosa lucha terminaban echando el cierre. Pero hay un restaurante chino abierto desde hace más de quince años con el local más grande de toda la zona, lo cual no me molestaría si no fuera porque nunca he visto entrar a nadie en el mismo.

En el Bazar Asia (no digo cuál porque todos tenéis uno cerca, seguro) abren de nueve de la mañana a once de la noche los siete días de la semana. Pese a que lo tengo vetado en mi familia, alguna vez me ha tocado ir a por algo a última hora y siempre hay cinco, seis o siete tíos trabajando, varios de ellos menores. Le pido ticket siempre y en la vida me ha dado una factura, sino el rollo de la calculadora o, cuando le pido factura, como mucho me da un papel en el que pone:

Art. 1 _____ 1,00

Art. 2 _____ 0,70

El IVA se estila tanto como en la provincia de Cádiz. Los adolescentes de la zona compran ahí sus bebidas y se van al parque que tienen enfrente porque “el chino no pide carné”, como dicen mis hijos.

La broma con la que empiezo este post vale para Usera tanto como para amplias zonas de Madrid, Barcelona, Vancouver (donde su influencia se siente incluso en los ascensores y las supersticiones chinas), Melbourne o Nueva York. Atravesad la calle Leganitos y pasad por su peluquería china, masaje chino, restaurante chino, fundas de móviles chinos, fideos chinos, inmobiliaria china y parafarmacia china. Menos mal que no les dieron permiso para cambiar la fachada del Edificio España en la cercana Plaza de España, porque veía que acabábamos permitiendo un Edificio Hong Kong con dragones en la recién denominada Plaza de Beijing.

En lo profesional he tenido pocas experiencia con empresas chinas, pero tuve una con el Bank of China de la que salí bastante cabreado. El ICBC (Industrial and Commercial Bank of China) tiene su sede para España en pleno Recoletos, en una de las zonas más caras de Madrid. Entramos en la oficina y tuvimos una reunión cordial de algo más de una hora, pero en lugar de ofrecernos financiación de la manera en la que la banca suele hacerlo, nos dijeron que su modo de trabajo era diferente. Nos solicitaron toda la información técnica de nuestros productos, o que incluso les cediéramos una de nuestras máquinas para ofrecérnosla a mejor precio, fabricada en China y, entonces ya sí, financiada por el ICBC. Nos negamos, por supuesto, les hablamos de la propiedad industrial, el know how y todas esas cosas que no creo que les sonaran a chino.

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Un par de años después detuvieron al director general del banco y a otros cuatro directivos en una operación de lucha contra el blanqueo de capitales relacionada con la operación Snake, en la que se investigó a otras 47 personas que trabajaban en una red de tráfico internacional de mercancías eludiendo el pago de impuestos. Se les imputaban otros delitos contra la Hacienda Pública, contra los derechos de los trabajadores, contrabando, pertenencia a organización criminal y falsedad documental. Casi nada.

Venga, me olvido de todas estas cosas que hacen aflorar mi lado xenófobo que tanto me incomoda y me pongo a ver el fútbol. Ah, pues va a ser que no, porque el Madrid juega a un horario infame, una hora impropia para el fútbol, pero que LaLiga de Tebas acepta para que el partido se pueda ver en China, ese mercado de creciente interés porque parece que va a ser el que ponga la pasta en los próximos años. Ya han empezado a llevarse a jugadores de primer nivel ofreciendo salarios imposibles de igualar en Europa.

Pues voy a ver una peli, aunque si es moderna por supuesto tiene que tener un personaje chino en el bando de los buenos, porque el mercado chino es básico para Hollywood. Hay chinos ya hasta “en una galaxia muy, muy lejana”, y si Hollywood se deja arrastrar por la imposición Rider, perdón, la inclusión Rider, esto será obligatorio aunque haya que forzar los guiones de modo salvaje.

Si todo esto no es una invasión silenciosa y consentida en toda regla, que venga alguien y me lo explique, por favor. Que trabajan mucho, que son austeros, que dedican su vida al trabajo, todo lo que queramos decir será cierto y contra eso no tengo nada que objetar, pero mi indignación no viene por eso sino porque no compiten con las mismas reglas. Hasta ahora he hablado de pequeñas anécdotas de la microeconomía, pero el asunto de fondo macroeconómico es mucho más serio. La inversión china en España creció un 162% en 2018 y seguirá aumentando si las empresas españolas ven que la solución a sus problemas financieros pasa, como está ocurriendo, por abrirse al capital chino.

Acabo de finalizar el libro La imparable conquista china, continuación de La silenciosa conquista china, de los periodistas Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo, y el panorama que presentan es desolador. Como bromeaba alguien hace tiempo, “tenemos que empezar a decidir qué tipo de país es el que queremos dejar a los chinos”.

A lo largo de sus capítulos los autores nos desgranan toda una trama organizada y dirigida por el gobierno chino para hacerse con el control de los recursos naturales, los activos estratégicos occidentales y la tecnología. Lo preocupante no es eso, sino que al igual que en los pequeños ejemplos que comentaba al principio, la adquisición de esos activos no se hace compitiendo limpiamente con las mismas reglas de mercado que se nos han marcado a todos. Y se llevan por delante lo que haga falta.

Por esta razón, estoy expectante ante la resolución del conflicto comercial entre Estados Unidos y China. Después de un año de guerra comercial, el gobierno norteamericano aprobó una subida del 10 al 25 por ciento de los aranceles a productos chinos importados por un valor cercano a los 200.000 millones de dólares, y amenazó con subidas similares a otros 300.000 millones adicionales. El déficit comercial de Estados Unidos con China se redujo un 14 por ciento.

No voy a poner a Donald Trump de ejemplo de nada, pero por lo menos se ha atrevido a frenar la invasión china. A su manera, eso sí, pero ha conseguido que las inversiones chinas en Estados Unidos cayeran un 83 por ciento en 2018. La falta de acuerdo se debe principalmente a la negativa del régimen chino a introducir reformas legislativas que protejan la propiedad intelectual y por asuntos derivados con la cesión forzosa de tecnología.

No es que las empresas europeas y norteamericanas hayan sido un dechado de virtudes allá donde han invertido, ni un ejemplo a seguir en muchos casos, pero por muchas razones me preocupa el poderío de la economía china. Por su opacidad, por la falta de transparencia, las trampas, por todas esas cosas de las que hablaré en la segunda parte.

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Este mes se han cumplido treinta años de la matanza en la plaza de Tiananmen. Los amagos de parte de la población, estudiantes en su mayoría, reclamando mayores libertades fueron atajados a golpe de tanque. Algunos cálculos hablan de diez mil muertos, pero treinta años después continúa el silencio oficial acerca de lo ocurrido esos días. Y sin embargo seguimos abriendo las puertas de Occidente a este régimen que ignora los derechos humanos fundamentales y aprovecha lo peor del capitalismo amparado por la dictadura del Partido Comunista.

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El éxito de su economía, cuyo PIB es veinte veces superior al de 1989, ha servido para sacar de la pobreza a buena parte de la población y esta ha respondido aceptando esa carencia de libertades. Según un estudio del Asian Barometer Survey, de Taiwán, el 63 por ciento de los chinos apoya el régimen político actual y son pocos los que ansían la democracia en el país. Seguro que no piensan del mismo modo en Hong Kong, donde dos millones de personas se han manifestado en contra de la ley que permitiría extraditar a China a sus ciudadanos.

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Los tiempos cambian. La Gran Muralla china se construyó hace más de dos mil años para frenar la invasión del país por potencias extranjeras. Quizás Donald Trump, el amante de los muros de contención, haya sido el primero en animarse a construir algo que empieza a parecer tan necesario como poner una Gran Muralla a China.

(Continuará)

Los derivados y el clembuterol, por Josean

Derivados

El clembuterol es un compuesto químico utilizado para incrementar de modo artificial la masa muscular.

Un derivado es un instrumento financiero cuyo precio o cuya rentabilidad depende o se “deriva” en función del valor o la cotización de otros activos. Este activo se denomina subyacente.

Lo más lógico del mundo, como todo el que intente asemejarlo a productos tangibles podrá comprender. El valor del tomate no es el del tomate en sí, sino que dependerá del que se establezca para los plátanos, o de las expectativas que creemos y creamos alrededor del valor futuro de los plátanos. Y aunque la cosa empiece a complicarse, eso sería hasta cierto punto comprensible para el común de los ciudadanos, así que vamos a inventar algo más complejo: las normas de valoración de los derivados. Se utilizan básicamente dos:

  • La NIC 39 (aquí dejo un enlace con sus 69 páginas, por si alguno tiene insomnio), totalmente lógica e intuitiva pues nos cuenta que “un derivado implícito es un componente de un instrumento financiero híbrido (combinado) que también incluye un contrato principal no derivado, cuyo efecto es que algunos de los flujos de efectivo del instrumento varían de forma similar al derivado, considerado de forma independiente”. O con frases propias de los Hermanos Marx, como esta que extraigo directamente de la Enciclopedia de la Economía: “Un swap de tipo de interés es un acuerdo entre dos partes para comprometerse a una serie de cambios de pagos de interés sobre el mismo principal nocional denominados en la misma divisa. En la forma más sencilla, una parte contratante paga un tipo de interés fijo y la otra parte contratante paga un tipo de interés flotante. El tipo fijo se denomina cupón de swap y el tipo flotante se denomina tipo de referencia”. ¿No ha quedado claro? Podemos repetir: “La parte contratante de la primera parte…”

Hermanos Marx Derivados

  • La NIIF 9, de valoración de los instrumentos financieros, con un alcance mayor que la NIC 39 (Resumen). Obliga a reconocer en balance el posible deterioro del valor del derivado, pero no en Pérdidas y Ganancias, sino en Patrimonio, lo que reduce el valor en libros de las compañías, como una especie de pérdida latente.

A buen seguro que estas normas nos aclararán mucho el problema y nos dirán que el valor de nuestro derivado se establecerá, no en función de la cobertura asegurada, sino de la comparación con otros productos del mercado, todo ello en aras a establecer el “valor razonable” del activo. Es decir, que el precio de mi Seat Arona dependerá del valor razonable de mercado de un Volkswagen Golf. O de un piso en Torrevieja.

Como no me gusta perder lectores por aburrimiento, voy a dejar aquí un breve vídeo de la película de Michael Moore Capitalism: A love story, en el que un experto en derivados de Wall Street (ingeniero, no economista) trata de explicar al cineasta lo que es un derivado:

El careto de Michael Moore es similar al mío y al de todo el que se enfrenta a los derivados por primera vez. Bueno, y por segunda, tercera y decimoquinta. Está claro que el cineasta busca la confusión y disfruta cuando el experto de Wall Street se traba en sus explicaciones, pero si los derivados fueran algo menos complejo, o si dependieran simplemente de un problema matemático o de un valor cierto que se pudiera consultar en una pantalla como el precio de unas acciones en el Dow Jones, no habrían generado los problemas que se han dado. Y han sido muchos, causados entre otras razones, por las mismas del ganado, es decir, por el engorde artificial y acelerado de su tamaño.

La ecuación de Black-Scholes, creada en 1973, fue algo así como el clembuterol. Definida por algunos como “la ecuación matemática que causó el derrumbe del sector financiero“, permitió el crecimiento descontrolado del mercado de opciones y derivados.

Ecuación Black Scholes

En este blog intento siempre ser como esas pelis blandengues de sobremesa, “apto para todos los públicos”, así que lo siento por los expertos, pero creo que tengo que dar estas explicaciones previas.

  • Hay activos reales, tangibles, como las materias primas o el oro, cuyo precio se establece en los mercados en función de una serie de parámetros, no solo de la oferta y la demanda.

Valor oro

  • Luego hay otra serie de activos financieros, como las acciones, cuyo precio no depende solo de los fundamentales de una compañía, de sus resultados, su deuda o el valor de sus contratos, sino de algo tan etéreo como las expectativas futuras o las valoraciones de unos analistas que, en muchos casos, juegan con márgenes de un 30-40%: “si rompe el techo de 10, puede subir a 11 o incluso a 12, pero si pierde el soporte del 9,30 caerá hasta 8,50 al menos, y si falla este suelo, podría llegar a situarse por debajo de 8”. Es evidente que hay especulación en los mercados financieros, y humo, mucho humo alimentado con fuelles interesados. Recordemos que una página web como Terra llegó a tener una valoración bursátil superior a la de todo un banco histórico como el BBVA, con todas sus oficinas y participaciones empresariales incluidas.

Pantalla IBEX

  • Los derivados pertenecen a otra categoría que no sabría si definir como el humo basado en el destino imaginado de otro humo, Existen derivados de cobertura de tipos de interés, de tipos de cambio, de futuros, swaps,… con la característica adicional de que permiten hacer inversiones de forma apalancada, es decir, invirtiendo más dinero del que uno está desembolsando en la realidad. ¿Se puede perder más de lo invertido? Pues sí, y varias veces. Es una apuesta, y como en los casinos, te dan el crédito para que te juegues lo que no tienes. Esto puede crear una situación tan absurda como la actual, en la que el importe global de los derivados supera en varias veces el PIB mundial agregado. Cuesta encontrar datos actualizados, pero este artículo de 2013 ya hablaba de los problemas de un solo banco, el Deutsche Bank, cuya exposición de riesgo en derivados ascendía a casi 20 veces el PIB de Alemania. Este otro, de 2016, cifraba el importe mundial del mercado de derivados en 600 billones de dólares (y no el billion americano), unas 126 veces el dinero en circulación.

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No todos los derivados son humo, ni una estafa, aunque no tengo ninguna duda de que en un buen porcentaje sí lo son. Tiene sentido un derivado de cobertura para una operación en divisas o para cubrir eventuales cambios de tipos de interés, si bien la valoración de acuerdo con las normas contables es tan surrealista que me he visto en reuniones donde dos expertos hacían cálculos y daban explicaciones de sus criterios, y, aun siendo comprensibles para un zote como el que esto escribe, sus valoraciones diferían en casi un millón de euros. Y por un millón de euros, y por su décima parte, yo me peleo si hace falta a puñetazos, o nos batimos en duelo al amanecer. Se trataba de una operación de un tamaño pequeño, así que no digamos el impacto en grandes operaciones como las que habitualmente aparecen en la prensa.

La crisis de 2008, que se originó con el colapso de Lehman Brothers, tuvo su acelerador particular con los derivados, los CDS (Credit Default Swaps), los CDO (Collateralized Debt Obligation) y todas esas patrañas inventadas y casi totalmente desreguladas. Fueron napalm para el incendio que se originaba. Pese a que llevo un cuarto de siglo trabajando en asuntos relacionados de un modo u otro con el proceloso mundo de las finanzas, creo firmemente en la sencillez de la economía tradicional, “la cuenta de la vieja” y por tanto, los fundamentales de las compañías, sin artificios contables ni ingeniería financiera. Cualquiera que haya seguido los capítulos anteriores de los Grandes errores de las escuelas de negocios sabrá a qué me refiero. Por eso, para este asunto de los derivados, voy a recurrir al que creo que más sabe de nuestro oficio, Warren Buffett:

“Los derivados son armas de destrucción masiva para el sistema financiero. Como las personas que los crearon y las personas que los utilizan no conocen muy bien su funcionamiento, son una amenaza. Tienen el poder de endeudar a todo el sistema financiero en su conjunto y magnificar los efectos de una crisis”.

Pues ya que contribuyen a magnificar los efectos de una crisis, que tienen un alto componente especulativo y que han alcanzado un volumen absurdo, se entiende mal que los derivados estén exentos del prometido impuesto sobre las transacciones financieras, la mal llamada Tasa Tobin. No lo entiendo, salvo que se deba a la dificultad de perseguirlo, y en ese caso lo entendería todavía menos.

Exención ITF Derivados

Pero aún hay más. Para completar la tormenta perfecta, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (la CNMC que en este blog no apreciamos en exceso) ha sancionado con 91 millones de euros a Caixa Bank, BBVA, Santander y Sabadell por lo que considera “la existencia de posibles acuerdos anticompetitivos entre las entidades para la fijación de precios y el intercambio de información comercial sensible en relación con la contratación de derivados de tipos de interés utilizados como instrumentos de cobertura del riesgo de préstamos sindicados”. Y recuerden que, según las normas de valoración, el valor del derivado se establecerá en función del “valor razonable” fijado en comparación con otros productos del mercado.

CNMC Derivados

El cártel de los derivados, como lo han definido en algunos medios. Los cuatro bancos anunciaron que recurrirían la sanción, pues afirmaban que su modo de actuar era el mismo que realizan las entidades financieras en cualquier país del mundo a la hora de acordar las condiciones de cobertura aplicadas a las financiaciones de proyecto o a los créditos sindicados. Para la CNMC, el mecanismo creado por los bancos era similar al utilizado en su día para la manipulación del LIBOR y el Euribor: las entidades financieras reportaban valores falsos sobre las operaciones interbancarias que se utilizaban para la elaboración de los índices, manipulando de este modo el resultado.

Se puede consultar la resolución completa en este enlace, que recoge conversaciones entre las distintas entidades, según las cuales la CNMC concluye que las entidades acordaron “incrementar los puntos básicos aplicables” y “pusieron en común sus cotizaciones, para acordar ofertar al cliente”.

Cártel derivados acuerdos

Después de cierto tiempo, he entendido por qué a estos productos se les denomina “derivados”: por la deriva a la que llevan a las empresas, o más bien, por dejarlas a la deriva de sus arbitrariedades.

Los efectos secundarios del clembuterol son, entre otros:

  1. Aumento de la frecuencia cardíaca.
  2. Respiración rápida.
  3. Dolor de pecho.
  4. Temblores.
  5. Ansiedad.

Me encajan perfectamente para el texto.

Cara Josean

Cuando Hacienda reconoce su incapacidad, por Josean

AEAT

A principios de este año, durante un receso del fragor de la inspección de Hacienda que mi compañía está sufriendo, le planteé un problema al inspector jefe:

– Tenemos una nueva actividad en la que no sé cómo vamos a hacer para tributar por el servicio que prestamos, y menos aún, cómo coño van a hacer ustedes para investigarnos.

Le conté al inspector la nueva actividad que estamos desarrollando, un servicio que se abona a través de una plataforma de pago por móvil. Me escuchó atentamente durante unos cinco minutos:

– Ponemos a disposición del usuario esta plataforma y nos llevamos una comisión, un fee sobre la venta por el servicio. Hablamos de un fee que anda en un rango entre diez céntimos y un euro por operación, pero eso sí, hablamos de miles de operaciones a diario. Tengo claro que ese fee tributa con IVA, pero luego tenemos que pagar al propietario de la aplicación, al banco cuya plataforma de pago utilizamos y al suministrador del servicio o producto sobre cuyo precio aplicamos nuestro fee.

Para que no nos perdiéramos (empezando por mí mismo), fui escribiéndolo en mi libreta, utilizando el ejemplo de una transacción de diez céntimos de euro:

AEAT-Libreta– Estamos negociando los acuerdos con todas las partes discutiendo ya el cuarto decimal, la centésima de céntimo de euro, es decir, una mierdecilla, la caspa de las moscas, una ridiculez equivalente a millones de bolívares, en definitiva, una cantidad ínfima. Esto es para el banco, que creo que está exento de IVA, esto es el IVA que ingresaremos cuando lo conozcamos y recibamos, esta es la parte del suministrador principal, que no sé cómo coño tengo que liquidar con él, si es con IVA o no, y por último, la aplicación pertenece a una empresa con sede en la isla de Jersey. Ahí va mi pregunta: ¿cuál es la manera fiscalmente correcta de liquidar estas operaciones? Y sobre todo, ¿de qué manera nos van a rastrear ustedes la pista dentro de unos años, cuando quieran inspeccionarnos?

El inspector, zorro viejo, tras mirarme con unos ojos entre perplejos y cabizbajos, me contestó:

– ¿Sabes qué te digo? Que tengo 62 años y espero que esa inspección le toque al siguiente.

Tenía toda la razón. Con esa frase reconocía no solo su incapacidad, que en el fondo era similar a la mía, sino también la visión pragmática que Hacienda ha tenido que adoptar para adaptarse a los nuevos tiempos. Me he acordado de esta conversación a raíz del Anteproyecto de ley presentado recientemente (23 de octubre) del impuesto sobre determinados servicios digitales.

La Exposición de motivos del anteproyecto comienza hablando de la economía digital y las nuevas formas de hacer negocios que han surgido con la misma. Reconoce que estos negocios no requieren de una presencia física en el país en el que se presta el servicio, lo que entra en conflicto con las normativas fiscales internacionales. Hay una desconexión entre el lugar donde se genera la transacción económica, y el lugar donde las empresas tributan.

Una escultura con el logo del Euro a las afueras del Banco Central Europeo en FráncfortParece evidente que la economía digital plantea importantes retos fiscales a los estados, que ven cómo la economía “real”, por definir de un modo al comercio tradicional, pierde peso frente a “la nube” que mueve millones de euros a diario en transacciones difícilmente controlables. A nivel europeo, se lleva trabajando varios años para evitar o al menos controlar ese traslado de beneficios entre países que al final terminan tributando en aquel con menor tasa impositiva. No solo eso, sino que además no siempre se liquida por los servicios reales prestados ni por el total de los mismos.

Solo por mencionar algunos de los informes elaborados sobre este asunto, tenemos:

  • Proyecto sobre BEPS (Base Erosion Profit Shifting) de la OCDE y el G20, de donde surgen:
    • Informe relativo a la Acción 1 sobre los retos fiscales de la economía digital de 5 de octubre de 2015.
    • Informe intermedio sobre los retos fiscales derivados de la digitalización de 16 de marzo de 2018.
  • Comunicación de la Comisión Europea por “Un sistema impositivo justo y eficaz en la Unión Europea para el Mercado Único Digital”, adoptada el 21 de septiembre de 2017.
  • Paquete de propuestas de Directivas y Recomendación para alcanzar una imposición justa y eficaz de la economía digital presentadas el 21 de marzo de 2018.

AEAT-GAFA

Está claro que hay una preocupación, aunque los avances son lentos debido a la complejidad de determinar qué operaciones estarían sujetas y dónde se generan los beneficios. Parece haber una coincidencia general en que no es de recibo que las empresas denominadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) obtengan suculentos beneficios año tras año y que los impuestos que abonan en los diferentes países en los que operan sean ridículos. Para tratar de combatir o al menos controlar esta carencia del sistema, la Comisión Europea presentó en marzo de 2018 una propuesta de Directiva relativa al sistema común del impuesto sobre los servicios digitales que grava los ingresos procedentes de este tipo de prestaciones.

Al crear un impuesto sobre los ingresos, al margen del ya existente de sociedades, que grava los beneficios, las autoridades fiscales están lanzando el mensaje de que no pueden controlar el lugar en el que se genera el valor, ni el importe del mismo.

En España nos hemos adelantado y de modo unilateral se acaba de presentar el anteproyecto de Ley, que ya prevé la adaptación a la futura norma europea cuando finalmente se apruebe. Sinceramente tengo dudas de su funcionamiento y de su éxito, aunque coincido con la necesidad de hacer algo en este Mercado Único Digital. MUD sería el acrónimo, y me parece apropiado pues “mud” en inglés significa barro, fango. El terreno en el que se van a mover las autoridades fiscales de los distintos países buscando esos céntimos virtuales que circulan a toda velocidad entre países.

Los sujetos pasivos obligados van a ser las grandes empresas con una facturación superior a 750 millones de euros que perciban más de 3 millones de euros en el concepto de prestación de servicios digitales. El tipo impositivo acordado es el 3%, ese mismo tres por ciento que me recuerda tristemente al tres per cent catalán o al impuesto revolucionario de la Gürtel.

La localización de la prestación del servicio se va a realizar conforme a la ubicación de la dirección IP del usuario o, como prevé el anteproyecto, “otros medios de prueba admisibles en derecho, en particular, la utilización de otros instrumentos de geolocalización”. La próxima vez que esté cerca de Algeciras o Tarifa, o de los Pirineos, el pago del impuesto dependerá de dónde se conecte mi móvil, si a Marruecos, a Francia, o seguirán siendo servicios prestados en España. En fin, que lo veo todo como un lío, como decía mi colega inspector.

Según la Memoria de impacto de la aplicación de la norma que acompaña al Anteproyecto, el Ministerio espera recaudar un importe que se mueve en un amplio rango entre los 600 y los 1.258 millones de euros anuales. Vamos, que no tienen ni pajolera idea. La cifra inferior resulta de aplicar el porcentaje del PIB español sobre el europeo (7,5%) a un estudio de la Comisión Europea sobre los posibles impactos de la creación de la tasa, y el importe más alto surge como en tantos otros presupuestos de un ejercicio voluntarista de crecimiento de ingresos por publicidad “con una tasa de actualización de las cifras muy alta”. Cito literalmente el coeficiente de incremento: “muy alta”. Entre los 600 y los 1.258 millones de euros, casi nada.

Si eso es el tres por ciento, significa que hay empresas que prestan servicios digitales por un valor entre los 20.000 y los 41.933 millones de euros, pero a continuación la Memoria indica que según algunas bases de datos de tráfico y servicios de empresas de telefonía, la recaudación del impuesto sería de solo unos 100 millones de euros. Ooops!

Me ratifico en mi idea de que los señores de Hacienda tienen la misma idea que yo y que mi vecina octogenaria de esta nueva economía. Con esa vecina o con un niño de ocho años, podríamos cuestionarnos todo el funcionamiento de la operativa:

¿Funcionará si solo se aplica en España y no en el resto de Europa? ¿No se crearán nuevos “paraísos tributarios” si los tipos impositivos son distintos por países? ¿Dónde tributa ese malayo ubicado en Jersey que ha desarrollado la aplicación que se utiliza en España? ¿Y si esa empresa desvía un porcentaje de mis operaciones y me estafa, la responsabilidad ante Hacienda también es mía? ¿Seguirán escaqueándose las empresas chinas?

El juego de las siete y media

Más dudas que me surgen. ¿Os acordáis del juego de las siete y media? Había que acercarse a esa cifra, pero sin pasarse. Pues este impuesto está definido del mismo modo. Puesto que solo se aplica a empresas con una facturación superior a 750 millones de euros en el ejercicio anterior, me imagino al Director Financiero de una de estas compañías, a medida que se acerca el cierre del año, diciéndole al Director Comercial:

– Oye, contrólate y no vendas más estos dos meses. Sí, ya sé que llega navidad, pero es preferible facturar 749 millones que 751 ó 770, porque nos van a crujir un impuesto de 22 millones de euros como te pases de esa cifra. ¡Relájate, tronco, tómate unas vacaciones, ofrece descuentos del 70-80%!

O bien, ¿las compañías podrán crear un entramado de sociedades más pequeñas para repartir la cifra de negocios por distintas actividades y no alcanzar el límite maldito?

En fin, que me parece bien que se haga algo por controlar a estas empresas, para que dejen de reírse de los gobiernos europeos (caso Starbucks en Montoro miente), pero reconozco mi incapacidad para definir un mecanismo de fiscalización adecuado y efectivo. Se lo dejo al siguiente, como el inspector.

Ah, y una última cosa. Por supuesto y gracias a la corriente populista legislativa, no falla la referencia al impacto de género para concluir que no existe tal impacto. ¿Por qué no? Cuando se repercuta el impuesto a los usuarios, y habida cuenta de que las mujeres utilizan más este tipo de servicios para Instagramear, postear en Facebook o guasapear, ¿hablaremos de un impuesto machista?

AEAT-Impacto

¿Y cuando hablemos de las criptomonedas? ¡Que pase el siguiente, por favor!

 

 

 

 

La porra del AJD

Subprime

Josean, 03/11/2018

La casa de apuestas T365 (con T de Tribunales y 365 por los días al año en los que estos suelen sorprendernos) ha lanzado su propia porra para que los ciudadanos nos la juguemos sobre la resolución final del Supremo sobre el impuesto de Actos Jurídicos Documentados. La porra se cierra este próximo lunes 5 de noviembre a las 9,00 h. de la mañana. En estos momentos los aciertos se pagarían del siguiente modo: Sigue leyendo

La grieta salarial, por Josean

Desigualdad portada

Hoy se cumplen diez años del colapso de Lehman Brothers, y, como no podía ser de otro modo, nos toca hablar de una de las peores consecuencias de la terrible crisis que se originó posteriormente: la grieta salarial. No la brecha salarial entre hombres y mujeres, vergonzosa anomalía que da para otro post completo, sino la grieta salarial creada entre los sueldos altos y el resto de la plantilla.

La palabra “brecha” suena a herida abierta que se trata de cerrar con unos puntos de sutura, si bien los hilos con los que se cose la brecha salarial son tan finos como las normas o disposiciones legales con las que pretenden eliminarse las diferencias de género que existen en las plantillas de las empresas. Sin embargo, al menos en esa brecha aprecio un intento de sutura, de cierre de la misma (aunque siga sin funcionar), mientras que la grieta que explicaré en este texto no para de crecer. Como una grieta en un edificio o en el suelo, que aumenta día a día si no se arregla acometiendo medidas estructurales profundas.

No hay que bucear demasiado en Internet para encontrar noticias sobre esta desigualdad creciente:

Marzo de 2016. Economía digital: La brecha salarial entre directivos y empleados se multiplicó por diez durante la crisis. Según el artículo, durante el período analizado el salario de los directivos creció un 10%, mientras que el incremento para el resto de la plantilla fue de solo el 1%.

No es algo nuevo, desde el principio de la crisis se vio lo que iba a ocurrir:

Junio de 2011. El País: La brecha salarial entre directivos y empleados creció durante lo peor de la crisis.

La EADA (Escuela de Alta Dirección y Administración) publica cada año junto con la consultora ICSA un Informe sobre la Evolución Salarial en España. Se puede encontrar y descargar con facilidad. El último Informe analiza el período 2007-2017 y separa a los trabajadores en tres categorías: directivos, mandos y empleados. Concluye de un modo que creo que no sorprende a nadie: las diferencias no han disminuido, sino que incluso se han incrementado:

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Entre lo positivo del Informe está que al menos el mayor incremento en el último ejercicio se ha producido en el tramo de los considerados “mandos intermedios”, colectivo que con la tímida recuperación ha vivido la reactivación del mercado de trabajo y la mejora de sus expectativas. Los jóvenes, que suelen acaparar los sueldos más bajos, y los empleados con menor cualificación apenas han experimentado cambios en sus condiciones.

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En Estados Unidos, la desigualdad salarial es la mayor que ha habido nunca, según el Pew Research Center. Lleva décadas creciendo como esa fucking grieta de la pared que no se cierra ni disminuye, hasta el punto de que en 2013 la riqueza media de las familias con ingresos más altos multiplicaba casi por siete a las de nivel intermedio, cuando al principio de la crisis y durante los últimos treinta años este baremo se movía entre cuatro y cinco veces:

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El estudio continúa hablando del estancamiento sufrido por las clases medias y bajas en Estados Unidos, la pérdida de puestos de trabajo, y concluye que la mayoría de americanos no están experimentando esa recuperación de la que hablan los medios y algunas estadísticas. Este cuadro es demoledor:

Diapositiva4El deterioro medio de los ingresos por familias no se ha repartido del mismo modo: las clases bajas pierden, la clase media se mantiene y las clases altas, los triunfadores de la gran crisis, arrasan. Algunos premios Nobel llevan años advirtiendo de esta aberración, como Joseph Stiglitz, con El precio de la desigualdad (Ediciones Taurus), en el que explica lo que todos vemos, que la riqueza atrae más riqueza o cómo el 1% de la población cuenta con lo que el 99% necesita. Otro Premio Nobel como Paul Krugman se pasó los peores años de la crisis denunciando esta desigualdad y preguntándose si era necesaria y evitable. La época de mayor crecimiento “en los Estados Unidos se dio durante los años cincuenta y sesenta, a pesar de que los impuestos eran mucho más elevados para quienes disponían de mayores ingresos y la desigualdad era mucho menor en comparación con la época actual”. (Enero de 2016,The New York Times).

Hace más de un año escribí sobre la necesidad de subir el sueldo a los que denominé “estos chicos”. En aquellos meses se hablaba de recuperación y se nos trataba de vender una idea exagerada de la misma, como si de repente nos pudiéramos animar de nuevo a una fiebre consumista o compradora. Por el contrario, somos muchos los que siempre hemos creído que la recuperación solo llegará cuando ese enorme colectivo de jóvenes y no tan jóvenes experimente una mejora real de sus condiciones de vida, comenzando por las salariales, por supuesto.

Necesitamos una clase media con más recursos, unos jóvenes que vean cercano un futuro mejor, y lo cierto es que lo que les ofrecemos es desolador. Y es estúpido, además. Sus efectos están ahí, a la vista. El Servicio de Estudios de la CEOE, en su informe Panorama Económico de septiembre de 2018, señala el frenazo del impulso de la economía española, y entre sus factores destaca “la pérdida de dinamismo del consumo privado”. Hace más de un año el FMI advirtió de que “la desigualdad y los bajos salarios amenazan la recuperación de las economías avanzadas”. Qué raro que la gente con salarios bajos no quiera consumir más, qué insolidarios, ¿no?

Noam ChomskyY si algunos premios Nobel, la CEOE, el FMI y decenas de consultoras y estudios señalan sus peligros, ¿por qué no se hace nada para frenar la desigualdad, la precariedad del trabajo y los salarios bajos? Dentro de no muchos años lamentaremos la imposibilidad de pagar unas pensiones dignas, el envejecimiento de la población, el deterioro de los servicios sociales que no podrán mantenerse por la debilidad de la recaudación tributaria de los estados, y quizás nos preguntemos si no se podía haber hecho algo antes. Mucho antes.

El profesor y activista estadounidense Noam Chomsky, en el libro ¿Quién domina el mundo? (Ediciones B, octubre de 2016) establece un interesante paralelismo entre la situación de la clase obrera en la década de 1920 y la época actual, basándose en un estudio clásico de Norman Ware publicado hace noventa años:

“En muchos sentidos, las condiciones de la clase obrera cuando Ware escribió eran similares a las que vemos hoy, porque la desigualdad ha alcanzado otra vez las cotas enormes de finales de la década de 1920. Para una pequeña minoría, la riqueza se ha acumulado por encima de sus avariciosos sueños. En la pasada década, el 95% del crecimiento ha ido a los bolsillos del 1% de la población, sobre todo a un sector de esta. La media de ingresos reales se sitúa por debajo de la cantidad en la que estaban hace veinticinco años, y la media de ingresos reales de los varones está por debajo de su valor en 1968″.

Joder, claro que sí, los que trabajamos en las áreas financieras de las empresas hemos visto en 2015 salarios de veinte años atrás, cuando los precios y el nivel medio de vida no tenían nada que ver con los actuales. Pero cada vez que se habla de subidas de sueldo en las compañías hay otras prioridades. Siempre. No se frenan determinados excesos, sobre todo en determinados niveles directivos, pero sí se limitan severamente los incrementos para la plantilla. “Pero si te puedo ahorrar el doble en gastos de representación, en viajes inútiles, en tributaciones en especie que se ahorran algunos directivos y le cuestan a la empresa, en familiares de- mantenidos en nómina, en estudios para ofertas que no vas a conseguir, en…”. Nada, que este año tampoco toca. Y mira que los beneficios sociales de tales medidas serían inmediatos sin perjudicar las cuentas de resultados de las empresas.

El estudio de Ware se centra en “la degradación sufrida por el obrero industrial”. Para Ware, el trabajo asalariado se consideró similar a la esclavitud, y solo se superaría cuando “los que trabajaban en las fábricas las poseyeran”. Esa idea da pie a Chomsky para recordar “la idea de que las empresas productivas deberían ser propiedad de los trabajadores, común a mediados del siglo XIX, no solo para Marx y la izquierda, sino también para la figura liberal clásica más destacada del momento, John Stuart Mill. Mill sostenía que “la forma de asociación que debe esperarse que predomine si la humanidad continúa mejorando es (…) la asociación de los trabajadores mismos en términos de igualdad, propietarios colectivamente del capital con el cual llevan a cabo sus operaciones y con directores elegibles y revocables por ellos mismos”. Economía del fraude inocente

Me encanta esa idea, pura quimera. Pero los directivos se han blindado en sus puestos, han reforzado sus salarios, añadido beneficios extras y algunas grandes empresas incluso se traspasan de padres a hijos como si de una propiedad o una corona se tratara. El economista canadiense John Kenneth Galbraith, en el libro La economía del fraude inocente, avisó de lo que él denominaba “el hecho fundamental del siglo XXI: un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el auto-enriquecimiento”.

“El enriquecimiento legal de los directivos a través de remuneraciones millonarias es un fenómeno común, presente en todas las grandes empresas. No resulta sorprendente, puesto que son estos quienes establecen su propia retribución”.

Galbraith murió en 2006 y si hubiera vivido lo que sucedió años después, a buen seguro despotricaría con más fuerza sobre el poder de los ejecutivos de las grandes corporaciones:

“La dirección lo controlaba todo, los propietarios eran irrelevantes; algunos auditores se mostraron dóciles. Las stock options servían para enriquecer a los implicados y ocultar ligeramente el golpe”.

Me cuesta ver la solución, apenas he visto cambios, ni siquiera de mentalidad. La grieta salarial ha aumentado, por desgracia. La opinión que tengo de algunos directivos o de los “genios” de las finanzas ya la he explicado en estas páginas. Han pasado diez años de la caída de Lehman Brothers y desconfío de muchas de aquellas medidas de control que se implantaron y que parecía que evitarían que sucediera un nuevo cataclismo económico mundial. Se rescató la tasa Tobin y se volvió a enterrar, otro clásico de las “posguerras” económicas.

Según JP Morgan, la próxima crisis financiera llegará en 2020, en función del valor de los activos, la desregulación y el grado de apalancamiento de algunos agentes económicos. Al ritmo actual la clase media continuará estancada y seguiremos hablando de mileuristas y de pobres currantes que desearían ser mileuristas.

Mientras todo esto pasa, aquí seguiremos hablando de másteres regalados, de un tipo mediocre fugado a Bruselas y discutiendo sobre si sacamos a un sujeto funesto del mismo sitio en el que lleva cuatro décadas, sepultado (afortunadamente) debajo de una losa de 6 toneladas.