Los cigarrillos Red Apple y el Imperio Austro-húngaro

 

TRAVIS, 29/08/2020

La simetría en los planos de Kubrick, las virguerías de Fincher, la cámara fija y en el punto exacto de John Ford, el montaje frenético de Scorsese y la ruptura de la cuarta pared, los planos picados de Wes Anderson, los largos diálogos caminando por Nueva York de Woody Allen,… Son muchos los directores que han conseguido conjugar un estilo propio que sus aficionados encuentran (y demandan) en todas sus películas.

Y hay otros directores que logran crear una complicidad con su público, la llevan un poco más allá y plasman sus bromas o supersticiones en la gran pantalla en todas sus películas. Son lo que se suele llamar “guiños” al espectador, pequeños gags que pueden despistar la atención sobre la acción, pero que logran una sonrisa en esos aficionados cada vez que lo descubren, como si pensaran: “ahí está, lo ha hecho para nosotros”.

Me refiero, por ejemplo, a las apariciones de Alfred Hitchcock en casi todas sus películas. En el estupendo libro de François Truffaut El cine según Hitchcock, el director británico explica que en su primera película, The Lodger (1927), salió en pantalla porque hacía falta un figurante para rellenar la escena. Fue algo “estrictamente utilitario, había que amueblar la pantalla. Más tarde se convirtió en una superstición y luego en un gag. Pero ahora es un gag bastante embarazoso y para permitir que la gente vea el film con tranquilidad, tengo cuidado de mostrarme ostensiblemente durante los cinco primeros minutos”. Así ocurre en la mayoría de las películas, en las que aprovechaba los planos iniciales en los que se presentaba la ciudad, el escenario, para hacer su aparición: saliendo de la tienda de mascotas en Los pájaros, perdiendo el autobús en Con la muerte en los talones, o cruzando la calle en Vértigo o Yo confieso.

El problema, ciertamente, es que esa aparición, y sobre todo el hecho de que el espectador se pasara el metraje buscándolo, no solo despistaba al espectador de la trama, sino que además le hacía consciente de que estaba ante una película en la que todo es impostado, medido al milímetro. Y si el filme buscaba el suspense, este juego no podía aparecer nunca en los momentos importantes de la película. En Náufragos, cuya intriga se desarrolla en un bote salvavidas entre ocho personajes, se las arregló para aparecer como un anuncio de un periódico haciendo una broma sobre su gordura, lo cual restaba tensión a la situación. En Crimen perfecto apareció de modo disimulado en una foto de grupo, y por culpa de estas cosas, o debido al conocimiento de las mismas, me pasé todo el metraje de La soga buscando la rechoncha figura del director en las fotos de las paredes del único escenario en el que se desarrolla toda la trama en lugar de disfrutar de los afilados diálogos, ¡porque no aparece en ningún momento! Porque al contrario de lo que la mayoría de la gente cree, Hitchcock no salió en todas sus películas, “solo” en 39 de las 51 que dirigió. Aquí dejo un enlace con las escenas, por si alguien tiene interés en recordarlas o en localizar estos cameos la próxima vez.

A lo largo de la historia del cine han sido numerosos directores los que han hecho este tipo de cameos en sus películas: Sydney Pollack, M. Night Shyamalan, Quentin Tarantino, Martin Scorsese y su papel enfermizo en Taxi driver,… Y luego hay otros que han “colocado” su fetiche en todas sus películas, como Sam Raimi con el Oldsmobile Delta 88 modelo de 1973, el coche que le regaló su padre cuando el director empezaba a conducir. Para su primera película, Posesión infernal, uno de esos divertidos filmes de horror, bajo presupuesto y muchas ganas, necesitaba un coche y puso el suyo a disposición, algo que ha repetido a lo largo de toda su carrera. Es el coche del protagonista de El ejército de las tinieblas, el del Tío Ben de Spiderman, y un figurante de lujo en Darkman, Premonición y Un plan sencillo.

 

Y luego existen otros directores que tienen todo lo mencionado y veinte guiños más al espectador, como ese cinéfago llamado Quentin Tarantino. Tiene su estilo propio de fucks y todos sus derivados, violencia divertida, planos oblicuos, bandas sonoras perfectamente engarzadas con la historia, homenajes a clásicos y algo más que cameos del propio director. Entre los planos favoritos que nunca faltan en sus películas hay dos que forman parte de su estilo particular:

  • Los pies. Femeninos, por supuesto. Como sabe ya todo aficionado, Quentin Tarantino es un auténtico fetichista de los pies (v. Pulp Fiction cumple un cuarto de siglo).
  • El plano del maletero. Desde dentro del maletero, quiero decir. No me extrañaría que en cada casting Tarantino preguntara a los actores si estaban dispuestos a pasar un rato en el maletero de un coche.

A veces creo que intenta meter demasiadas cosas en sus películas, sin plantearse meterle un tijeretazo a sus particulares frikadas dirigidas al espectador más avezado. Tarantino ha logrado crear un universo propio en el que sus personajes están conectados (Vincent Vega de Pulp Fiction y el señor Rubio de Reservoir dogs, las chicas del Grupo Bella Fuerza Cinco con las protagonistas de Kill Bill, la tumba de Kill Bill con el doctor Schulz de Django,…) y en el que consumen los mismos productos, como las hamburguesas Big Kahuna y los cigarrillos Red Apple, marcas inexistentes por supuesto.

En España tenemos a uno de nuestros más grandes directores con el famoso gag que nunca falta en sus películas: Don Luis García Berlanga y el Imperio Austro-húngaro. Don Luis era muy distinto a Tarantino, pero tenía también su estilo propio de rodar, la voz en off a la manera de Frank Capra cuando hacía falta, el alboroto constante de personajes, su fijación por los culos (exclusivamente de mujeres, “algo muy serio a lo que no se le da su justa importancia en el mundo”) y las miserias de unos personajes que solo intentan solucionar su problema o satisfacer su obsesión (colección de vellos púbicos femeninos incluida) del modo más rápido posible. “Tengo una gran sensibilidad femenina, por eso me defino siempre como homosexual-lésbico”. Y por supuesto que no falte la mención al Imperio Austro-húngaro.

El director comentó hace años que había metido esa referencia en sus dos primeras películas (Esa pareja feliz y ¡Bienvenido, Mister Marshall!) sin darse cuenta, y habrá que creerle, y que como no le fue mal, siguió haciéndolo de manera supersticiosa hasta que se convirtió en un juego de complicidad con el espectador.

¿Y a qué ha venido contar hoy todas estas historias de todos estos directores? Pues a que por fin, después de varios meses de confinamientos y cierres de todo, voy a reencontrarme con la magia de la sala oscura del cine. El director que me va a hacer volver a las salas es Christopher Nolan y su esperadísima película Tenet.

Tenet

Y la obsesión que ha mostrado el director a lo largo de toda su filmografía es el tiempo, que lo retuerce (Origen), lo desordena (Memento, Insomnia), lo pliega sobre sí mismo (Interstellar), juega con él en diferentes planos (Dunkerque),… No he querido leer mucho sobre Tenet, pero al parecer el tiempo es fundamental en la historia. El propio título es un palíndromo, como el tiempo circular de Hannah en La llegada, otro palíndromo en una historia en la que se confunden pasado, presente y futuro, como Otto y Ana, Los amantes del Círculo Polar de Julio Medem. El tiempo que no es lineal, sino circular, representado en la esfera de reloj que se funde y confunde con el universo de ese relojero llamado Jon Osterman antes de ser el Doctor Manhattan (Watchmen). Tiene muy buena pinta, no sé si iré a verla hoy, mañana o realmente fui ayer.

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

 

Watchmen (II): la película

Watchmen Peli 1

TRAVIS, 19/07/2020

La novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons se publicó entre 1986 y 1987 y era cuestión de tiempo que algún valiente se lanzara a producir su adaptación. El propio cómic tenía viñetas que parecían planos cinematográficos: picados, contrapicados, juegos de luces y sombras, panorámicas, zooms,… (Watchmen I: la novela gráfica). Un story-board completo al que faltaba lo más complicado: elaborar un guion que pudiera captar toda la profundidad de la novela, contar todas las tramas y subtramas, mostrar a tanto personaje “vivo”, de carne y hueso, y un director con capacidad visual suficiente para trasladar una historia así a la pantalla. Esa era mi opinión según leía el original, pero qué sabré yo si el propio urdidor de la historia, Alan Moore, explicó en su día que: “La gente dice, oh, sí, Watchmen es muy cinematográfica, cuando en realidad no lo es. Es prácticamente lo opuesto a ser cinematográfica”. “La escribí pensando en las cosas que los cómics pueden hacer y que ni el cine ni la literatura pueden”.

Desde luego que no era tarea fácil y el proyecto pasó por muchas manos durante años. Sonaron los nombres de Terry Gilliam y Darren Aronofsky para encargarse de la adaptación, y aunque sean dos directores con una visión interesante y muy personal de sus proyectos, no me imagino lo que habría salido de sus manos, algo quizás excesivamente desmadrado con el primero y muy negro con el segundo. En todos estos procesos de preproducción de un filme siempre suenan nombres que con la visión de hoy chocan bastante: Arnold Schwarzenegger para el Doctor Manhattan (WTF?!!), Kevin Costner para Dan Dreiberg, Jamie Lee Curtis para Espectro de Seda (supongo que sería la madura, no la joven potente) y ¡atención! Robin Williams y David Bowie para el personaje de Rorschach. Menos mal que estos dos showmen, muy buenos en lo suyo por cierto, permanecieron muy lejos del proyecto definitivo porque además, si hay un acierto brutal de casting en la adaptación, es precisamente el del personaje de Rorschach/Walter Kovacs con la elección de Jackie Earle Haley, desconocido para mí.

Finalmente el proyecto acabó en 2006 en las manos del director Zach Snyder, quien ya había demostrado sus dotes visuales en Amanecer de los muertos y 300. Podrá gustar más o menos esta última adaptación del cómic de Frank Miller (a mí personalmente me parece que se pasa siete pueblos con tanto efecto de cámara lenta, colores pastel en los cielos y planos exagerados), pero lo que está fuera de toda duda es la capacidad visual y estética del director para trasladar una historia como la que manejaba con el cómic de Alan Moore y Dave Gibbons.

El dilema surge entonces con el modo de adaptar una obra tan compleja y ahí es donde la elección de Snyder se decanta por la espectacularidad, por hacer unos superhéroes de verdad, visualmente molones, poderosos físicamente y con trajes “modernos”, como los que surgieron tras los Batman de Nolan. Y esa es una de las grandes críticas que se le hace a la adaptación porque los Watchmen de Moore son precisamente lo contrario: unos tipos decadentes, fofos, pasados de vueltas y con una moralidad en algunos casos bastante discutible. El Comediante y Rorschach son despreciables en el cómic, aunque este último personaje se suaviza levemente en la película, no resulta tan psicópata, misógino y hasta homófobo.

Sin embargo, como ya he comentado otras veces en este blog, una adaptación es precisamente eso: tratar de llevar una historia concebida en un formato, ya sea novela o cómic, a otro completamente diferente en el que las reglas no son las mismas, ni el ritmo, ni el tempo escogido, ni mucho menos el tiempo del lector o el espectador para recrearse en los detalles. Desde luego nunca va a ser “lo mismo”, nunca va a dejar satisfecho a todos.

Aun con todo, uno se sienta a ver la película de Snyder y el videoclip inicial con el The times they are a-changing de Bob Dylan te pone la carne de gallina. Te absorbe y engancha desde el inicio y cuando te estás recuperando, llega el entierro del Comediante con el The sound of silence de Simon y Garfunkel y ya estás entregado a lo que venga después. Que sí, que no dejan de ser unos videoclips fabulosos que distraen de la negrura de la trama, pero hay que reconocer que son muy potentes desde el punto de vista estético y musical.

En cualquier adaptación hay que tomar decisiones y elegir, como decía, y para mí el casting es un acierto en casi todos los personajes por el simple hecho de ser actores semidesconocidos, sin grandes papeles a sus espaldas por entonces ni después: Patrick Wilson (Dan Dreiberg, Búho Nocturno), el mencionado pelirrojo Haley en la piel de Rorschach, Jeffrey Dean Morgan como El Comediante, Billy Crudup como el Doctor Manhattan, la sueca Malin Akerman como Espectro de Seda, Carla Gugino como su madre y la primera Espectro de Seda, y Matthew Goode como Ozymandias/Adrian Veidt. Este último era el actor más conocido para mí por su participación en Match Point, de Woody Allen, y sin embargo es el que menos me gustó.

Recomiendo la versión original porque algunas voces, en especial las de Rorschach y el Doctor Manhattan, son otra vez grandes aciertos, impresionantes, encajan como un guante hasta el punto de que yo ya no soy capaz de releer el cómic sin emplear el tono de voz de ambos personajes: la voz rasgada de Rorschach y la atiplada, pausada, monótona e insensible de ese tipo de azul que por momentos me quema, cabrea y desespera.

Comienzo con los spoilers a manta

Si digo que no me gustó el personaje de Matthew Goode fue porque desde el inicio se ve que no es trigo limpio, o a lo mejor me traicionó el subconsciente por haber leído la novela. Se supone que el Adrian Veidt original es un tipo embaucador, atractivo para cualquier ser humano sobre la faz de la Tierra por su inteligencia, ingenio, belleza física, cultura, aficiones personales,… y sin embargo yo tuve la sensación desde el inicio de que era un tipo siniestro con una cara oculta. Hay muchas cosas que no da tiempo a contar en una película (aunque dure 160 minutos como la que se estrenó en salas comerciales), pero por ejemplo el cómic nos deja detalles como las explicaciones de Veidt sobre las nuevas tecnologías limpias, o el uso de la mente y la concentración para ser capaz de hazañas como detener una bala. Algo asombroso, imposible para cualquiera que no sea él, “el tipo más inteligente del mundo”. Cuando lo vemos en la película parece una chorrada sin importancia, propia del superhéroe que es.

Porque esa es la segunda elección más criticada de la adaptación de Snyder: sus Watchmen son verdaderos sujetos con superpoderes, tipos que dan saltos imposibles como los de Rorschach o el Búho Nocturno, que rompen paredes a puñetazos como El Comediante y Ozymandias, o destrozan huesos de manera rutinaria como Espectro de Seda o un Dan Dreiberg fuera de forma física. La huida de la cárcel tiene dosis de espectacularidad que no existen en el cómic, ¡pero mola un huevo!, con el uso de la cámara lenta y el modo de recrearse en los golpes y las cabriolas de los personajes, como si fueran Neo y Trinity en el vestíbulo de Matrix. Esa manera impostada de rodar, tan de Snyder, es la que ha chocado y chirriado a los defensores de la obra original de Moore ¡y al propio Moore!

Posiblemente lo que menos gustó a los fans de los Watchmen de Moore es el cambio del final de la novela. Para los que no la hayan leído, el personaje de Ozymandias trata de evitar una guerra mundial haciendo creer a la Humanidad en una invasión alienígena que extermina a tres millones de personas en Nueva York (¿dónde si no?). Ayudado por unos científicos especializados en genética crea una especie de pulpo asesino (con unos tentáculos que no sé cómo habrían resultado en pantalla) que siembra el caos en la ciudad y logra provocar que las potencias enfrentadas unan sus fuerzas para luchar contra la invasión. En el cómic se puede ver que uno de los cines destruidos emitía Ultimátum a la Tierra, la estupenda película de los cincuenta en la que un extraterrestre trae un mensaje pacifista al planeta.

La película centra el plan de Ozymandias en hacer creer al mundo que la hecatombe nuclear que sufren varias ciudades (Moscú, Nueva York, Hong Kong) ha sido provocada por el todopoderoso (e “inhumano”) Doctor Manhattan, y que esa salvaje destrucción debe hacer reflexionar a la Humanidad sobre el poder de las armas nucleares para unir esfuerzos y frenar la escalada bélica. Lo cierto es que no me pareció una mala idea cuando la vi en pantalla, encajaba perfectamente con la amenaza nuclear que se percibe a lo largo de todas las páginas de la novela. Y con la figura impávida del Doctor Manhattan. A lo largo de las páginas, igual que en todo el metraje, me vino a la mente varias veces la paradoja de Epicuro. No sé si es lo que pretendía Alan Moore, pero desde luego creó un ser todopoderoso y aparentemente bueno, pero con una visión determinista del universo, hasta tal punto que decide no intervenir aun cuando con sus poderes podría evitar el sufrimiento en el mundo.

¿Es que Dios quiere prevenir el mal, pero no es capaz? Entonces no es omnipotente.

¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces es malévolo.

¿Es capaz y desea hacerlo? ¿Entonces de dónde surge el mal?

¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?

(Epicuro, siglo III A.C.)

A mí personalmente la película me gustó y mucho, quizás sea mi favorita del género de superhéroes, si es que cabe considerarla en esa lista. Me consta que hay una versión extendida, un Director’s Cut, de 210 minutos de duración, estrenada a los diez años de la original, en 2019. No he sido capaz de encontrarla porque según tengo entendido no ha salido a la venta en España. Aparte de algunas escenas que sin duda eché en falta, incluye los Relatos del navío negro, el cómic de piratas dentro del cómic original, narrados con la voz de Gerard Butler. Ojalá algún día la encuentre y sea tan fabulosa como para escribir una tercera parte de este homenaje a los Watchmen de Moore, Gibbons y Snyder que de momento será solo doble.

Para el que quiera ver una crítica muy interesante de la adaptación, que vea este vídeo de Loulogio que cuenta de manera espléndida por qué la de Snyder “es una mala adaptación” de la obra original.

Loulogio sabe mucho más que yo de aquí a la isla misteriosa de Ozymandias, pero mi consejo es que lean la novela en primer lugar, vean luego la película de Snyder, y disfruten ambas sin el meñique erguido en busca de errores o desviaciones sobre el original.

 

 

 

 

Watchmen (I): la novela gráfica

Cubierta libro

TRAVIS, 04/07/2020

“No luches contra monstruos, a no ser que te conviertas en monstruo,

y si miras al abismo, el abismo devuelve la mirada”.

Friedrich Wilhelm Nietzsche

Cada uno de los doce capítulos de Watchmen termina con una cita relacionada con lo que nos ha contado previamente: Bob Dylan, Albert Einstein, el Génesis, Elvis Costello, Carl Gustav Jung,… Una cita que encaja a la perfección. Nombres ilustres que preceden a los apéndices que completan la biografía o la personalidad de los personajes que nos va describiendo en cada capítulo: el informe médico-psiquiátrico de Rorschach, un artículo de una revista científica sobre el doctor Manhattan, la correspondencia de Adrian Veidt o los estupendos capítulos extraídos del libro Bajo la capucha. 

Todo es magnífico en la novela gráfica de Alan Moore (guionista) y Dave Gibbons (dibujante). Cada vez que terminaba un capítulo se me escapaba un “joder, qué bueno es esto”. Me sentía abrumado por los infinitos detalles, la calidad de los dibujos, una trama perfectamente enlazada y por toda la información que creaba ese mundo paralelo. Aquí al lado, “mi amiga” me miraba con gesto de extrañeza y más de una vez me preguntó: “¿qué haces leyendo un cómic de superhéroes?”. Y ahí radica el error, porque Watchmen no es solo un cómic y desde luego no es una historia de superhéroes. Va mucho más allá de ese mundo de Marvel o DC puesto que sus protagonistas, para empezar, son gente normal sin poderes extraordinarios.

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Para los que no hayan tenido la suerte de tropezar con Watchmen y para que se hagan una idea de la calidad de la historia, fue elegida por la revista Time entre las 100 mejores novelas publicadas en inglés entre 1923 y 2005. En esa lista aparecen Lolita, Lo que el viento se llevó, El señor de los anillos, El guardián entre el centeno, Rebelión en la granja, El señor de las moscas, Luz de agosto, varios Nobel como Hemingway, William Golding, Faulkner, John Steinbeck,… y entre todas esas obras aparecen los Watchmen de Moore. Fue también la primera novela gráfica en llevarse el prestigioso premio Hugo, otorgado por la Convención Mundial de Ciencia Ficción.

¿Qué es lo que hace tan interesante Watchmen, por qué los “etiquetadores” profesionales lo han definido como el mejor cómic de la historia? En mi opinión, para todo buen amante de las historias, lo importante es la historia per se, el conflicto que narra o la intrahistoria de sus protagonistas. Es independiente del formato elegido, ya sea película, novela, canción o novela gráfica, como es el caso. Desde las primeras viñetas estás viendo una panorámica de una calle de Nueva York que se aleja de un smiley manchado de sangre. Un plano picado, una panorámica, juegos de sombras y luces… Cada viñeta parece el story board de una película y supongo que estaba cantado desde su publicación que algún día terminaría trasladándose al cine, como ocurrió en 2009.

La novela comenzó a publicarse por entregas en 1986 por DC Comics. Alan Moore y Dave Gibbons plantearon a la editorial una historia en la que utilizarían a varios de los superhéroes tradicionales de la misma y les darían una nueva vida, unas historias más oscuras que las que se asociaban normalmente a este género. Los editores no quedaron muy convencidos y les propusieron que crearan nuevos personajes, y quizás por ello algunos de los protagonistas pueden recordar vagamente a Batman, el Capitán América o Wonder Woman. Sinceramente, prefiero la opción elegida.

Watchmen sitúa la trama en un 1985 alternativo, con Richard Nixon de presidente y un mundo diferente al que conocimos, pero no tanto: la invasión soviética de Afganistán, la guerra fría entre las dos superpotencias, la investigación genética y la amenaza cercana de un holocausto nuclear. Curiosamente, mis capítulos preferidos son los primeros, me gustan más que el final, del que no voy a desvelar mucho.

El capítulo I, A medianoche, todos los agentes, nos presenta a los personajes a través de las investigaciones que está realizando uno de ellos, Rorschach. El tipo de la máscara cambiante (que luego sabremos por qué) trata de averiguar quién ha asesinado a Edward Blake, el Comediante, uno de los antiguos justicieros, un tipo despreciable sin moral alguna que trabajaba para el gobierno. Pese a que podía tener muchos enemigos que desearan su muerte, Rorschach cree que hay algo más en ese asesinato y se pone en contacto con los que fueran sus viejos compañeros de batalla antes de que la Ley Keene los ilegalizara en 1977. La historia engancha desde el inicio y sorprende lo logrado que está ese ambiente decadente de tipos entrados en años y kilos cuyo mejor momento ya pasó.

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El capítulo II, Amigos ausentes, reúne a la mayoría de personajes en el funeral del Comediante. La historia se cuenta a través de flashbacks y viajes al pasado en los que aparecen los Kennedy, la guerra de Vietnam, la edad de oro de los Minutemen, precursores de los Watchmen entre finales de los treinta y los cincuenta y la bomba de Hiroshima. El Comediante era un redomado hijo de puta, como veremos por sus “hazañas” en Vietnam y en la propia Nueva York, y el descontrol de personajes como él será el que lleve a la prohibición de los enmascarados. Como dice la contraportada del cómic: “¿Quién vigila a los vigilantes?”, frase extraída por Moore directamente de las Sátiras de Juvenal, siglo I en la antigua Roma.

Las memorias de Hollis Mason, primer Búho Nocturno, ponen de relieve el contexto moral en el que se mueve la novela:

“Cuando el abismo que separaba el mundo de la ciudad y el mundo que mi abuelo me había presentado como justo y bueno se volvió demasiado grande…

…era un mundo de valores absolutos, donde lo que era bueno nunca estaba bajo la menor sombra de duda y donde el mal inevitablemente sufría un castigo adecuado.”

Buena parte de la trama se cuenta a través del diario de Rorschach, un sociópata de manual. El capítulo III, El juez de toda la Tierra, comienza a contarnos en paralelo una historia de piratas y zombies (Relatos del Buque Negro) que mantiene paralelismos con el 1985 sucio y deprimente de la trama principal. Este capítulo se centra en la figura del Doctor Manhattan, Jon Osterman, el único superhéroe de verdad de toda la novela, pues los demás son solo justicieros encapuchados o enmascarados. Eso sí, reúne tal cantidad de poderes que es como un dios: puede fundir metal con el pensamiento, teletransportarse o mover objetos y personas, conoce el futuro,… Pero no hará nada para cambiarlo, ¿o quizás sí?

El capítulo IV, Maestro relojero, es una puñetera maravilla que narra cómo ese chico llamado Jon es convencido o más bien forzado por su padre a abandonar su afición por los relojes para volcarse en los estudios de ingeniería y física nuclear. La perfección de los relojes, del universo, un cierto destino irreversible, el tiempo,… son muchos los temas que toca y a cual más interesante. En uno de sus experimentos sufrirá el accidente que le convierte en lo que es, deja de ser el hombre para convertirse en un ser casi todopoderoso. “El superhombre existe y es americano”, frase atribuida erróneamente al propio personaje y que él se encarga de aclarar. Su impacto es tal al ser presentado en sociedad que su participación en la guerra de Vietnam decantará la victoria hacia el lado estadounidense. Y por añadidura servirá para contener a los soviéticos durante esos años de guerra fría.

El capítulo V, Temible simetría, tiene un desarrollo simétrico de las viñetas desde el principio al final, o del final al principio y se juntan en el medio de la historia. Se centra en la figura de Adrian Veidt, quien fuera Ozymandias, considerado “el hombre más inteligente de la Tierra” (aunque nunca entendí cómo puede medirse tal cosa).

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El capítulo VI, El abismo devuelve la mirada, es quizás mi favorito junto con el IV. Nos cuenta quién es ese Walter Kovacs que se oculta tras la máscara de Rorschach, y lo hace a través de las entrevistas con el psiquiatra de la prisión. Su memoria solo recuerda sufrimiento, una madre que se prostituía, peleas callejeras, el tipo que asesinó a una niña y al que ajustició,… es todo sórdido y salvaje de principio a fin. El psiquiatra verá alterada su existencia tras estas charlas con este tipo sin sentimientos, misógino, asalvajado, alguien que solo entiende de blancos y negros, sin matices ni tonalidades.

Watchmen 5A partir del capítulo VII, Hermano de los dragones, los Watchmen vuelven a la acción. Más gordos, menos ágiles, pero más experimentados. El capítulo se centra en Laurie Juspeczyk, la nueva Espectro de Seda, una mujer voluptuosa y cañón como solo las mujeres de cómic pueden serlo. Su relación sentimental y sexual con el nuevo Búho Nocturno, Dan Dreiberg, nos regala alguno de los escasos momentos de humor de la historia. Bueno, si no consideramos humor algunas de las sentencias de Rorschach, puro humor negro como las más negras viñetas de la historia.

No quiero contar más de la trama, sino animar al que no lo haya hecho a que se lance. Si alguien espera una historia de acción y peleas, que busque en otro universo, en Marvel o en clásicos DC. Pero si busca profundidad, dilemas morales, melancolía, dolor, detalles escondidos en las pintadas de las calles y en los titulares de los periódicos, en cada esquina de la viñeta y cada letrero de Nueva York, que se sumerja a fondo igual que lo hace la nave del Búho Nocturno en las aguas del Hudson. No hay desperdicio tampoco en la segunda mitad:

  • Capítulo VIII: Viejos fantasmas.
  • Capítulo IX: La oscuridad de vivir.
  • Capítulo X: Dos jinetes se acercaban.
  • Capítulo XI: Contemplad mis obras, poderosos.
  • Capítulo XII: Un mundo más fuerte y feliz.

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El final de la película de Zach Snyder es diferente al del cómic, quizás lo menos convincente para mí de toda la obra, excepto por la angustiosa (y maravillosa a la vez) respuesta del Doctor Manhattan: “Nada termina nunca”. El dios todopoderoso que no puede intervenir ni cambiar el destino de los que fueron sus congéneres.

El que lo haya leído lo entenderá. La primera vez que te embarcas en Watchmen tratas de analizar el complejo plan y su ejecución, y no encuentro una conclusión clara acerca de qué final alternativo podría tener una historia como esta. Antonio Runa, director del mejor podcast “frikicomicpeliculero” que conozco, La Órbita de Endor, afirma que Watchmen juega en una liga distinta al resto de cómics o novelas gráficas de superhéroes o justicieros, y estoy completamente de acuerdo.

Para Alan Moore y Dave Gibbons se trata de una obra completa, con principio y final, y por esa razón reniegan de los productos que surgieron después como Before Watchmen o W de Watchmen. Respecto a la película… ¡lo dejo para la segunda parte!

“Por lo que podemos discernir, el único propósito de la existencia humana es encender una luz de significado en la oscuridad de vivir”.

Carl Gustav Jung

Cara Travis

Los 100 de Travis

100

Me aprovecharé del mítico logo de la Paramount tuneado con motivo de los 100 años de cine para mi aniversario particular. 100 artículos ya con este y mis (magníficos, intrigantes, retorcidos, espeluznantes) guiones del cajón siguen sin encontrar un productor que descubra en ellos el talento que ni mis familiares ni amigos hallan en ellos. Culpa, sin duda, de la falta de talento de mis familiares y amigos, jamás de mi afilada pluma.

El que haya seguido mis textos sobre cine habrá encontrado en mí un espectador más disfrutón que crítico, alguien que trata de pasar un buen rato sin buscar más pegas de las necesarias a lo que vemos en pantalla, pero sobre todo habrá encontrado a alguien apasionado por las historias, por lo que cuentan por encima de cómo está contado. Lo cual no quita para que me deje maravillar por numerosos planos y secuencias espectaculares. Uno de mis primeros artículos, No hagan trampas, señores, iba dedicado a los guionistas y a los directores que pervertían esos guiones para colarnos un gol en toda regla, algo que se me antoja inadmisible como espectador. El post sobre Forrest Gump y Benjamin Button trataba de reflejar cómo un mismo guionista puede hacer que se asemejen tanto dos historias con una premisa de partida bien diferente.

Cuando empecé a escribir críticas de películas me encontré con una dificultad añadida, o con varias, según vi por algunos comentarios de amigos o por los que me dejaban en el propio blog:

– Si hablaba sobre una película reciente, los estrenos y las críticas siempre me ganaban porque todos los medios, blogs, webs, etc. ya habían emitido su opinión.

– Si contaba mucho porque contaba mucho y la chafaba al lector.

– Si contaba poco, que por qué me quedaba tan corto con lo que a mí me gusta destripar una peli y encontrar una comparación con otras.

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Así que la mayoría de las veces me dedicaba a hablar de películas que todo el mundo hubiera visto, clásicos y no necesariamente clásicos.

El guionista frustrado (no, frustrado no, dejémoslo en tardío) comenzaba a aflorar y a imaginar segundas partes alternativas para grandes éxitos. Denis Villeneuve tiró por otra línea argumental para la segunda parte de Blade Runner, pero ahí queda mi idea. Al menos habría sido más divertida.

Con la recuperación de la saga Star Wars en El despertar de la Fuerza aproveché para escribir varios artículos sobre esas películas de las que he sido siempre un seguidor (con su momento de debilidad en la Fuerza tras las precuelas). Y otro tema que empezó a colarse de manera recurrente en este blog: los Óscar, esos premios que nunca nos dejan satisfechos porque no han ganado “los nuestros”.

Con el tiempo descubrí que lo que más me gustaba era encontrar temas que abarcaran varias películas, de distintos géneros, épocas y nacionalidades, como los dedicados al suicidio, a los niños estrangulables o a esos bodrios de los ochenta que algunos mitificaron en exceso.

Hacia la mitad de estos cien artículos me encuentro con el primer post dedicado a esa afición tan de moda de censurar lo que no nos gusta, de pretender que con la ocultación o prohibición algo va a desaparecer. Nada más absurdo para mí y mucho más si hablamos de cine, y sin embargo esta corriente ha crecido de manera imparable (manda huevos). El cine es diversión, esparcimiento, otra realidad, y nos lo quieren capar, acotar, cercenar, limitar… un coñazo. Los títulos letales, el homenaje a los taxistas o las frases míticas para usar en la oficina son precisamente lo contrario: evasión hacia otro lugar.

El caso es que esa corriente imparable se disparó tras los Óscar de 2018 y el discurso de Frances McDormand sobre la imposición Rider (aunque creo que la actriz la denominó “inclusión”). El guionista latente que hay en mí trató de imaginar Reservoir dogs o Doce hombre sin piedad con esos parámetros. Imposible, cine del bueno que se iría al garete. Woody Allen y Kevin Spacey fueron víctimas de una corriente censora de otra índole a la que la ausencia de pruebas no le iba a frenar sus ímpetus. Puse su caso en comparación con el de Roman Polanski, muy diferente, en lo que fue la primera colaboración externa de este bloguero.

Con el amiguete Barney comencé a preparar una serie de artículos que se publicaron en La Galerna, ese medio capaz de unir el fútbol con la música, la literatura o el cine de calidad. Y aunque lo que más me atraiga sean los guiones y las buenas historias, quise dejar mi homenaje a los que ponen rostro a esas tramas, a los actores, los buenos, los malos, los protagonistas y esos excepcionales secundarios que merecerían una historia para ellos solos (spin-off, que está todo inventado).

Prohibir Verano Azul, el tabaco, los tacos, libros y películas que no sean suficientemente inclusivas o diversas racial y sexualmente… qué pereza, de verdad. Es cine. “Cine, cine, cine, más cine, por favor”, como decía Aute, “que todo en la vida es cine y los sueños, cine son”. Pero recuerdo que la canción también hablaba de censura.

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En estos diez artículos me di un paseo por el cine ruso, otro por algunos de los clásicos de final de siglo y una visita a una de mis películas favoritas de siempre: La gran evasión.

En estos últimos artículos tuve un poco de todo: Scorsese en plena forma, más Óscar y más Star Wars, mis caprichos guionizados y mezclados, y una colaboración muy satisfactoria para el que esto escribe sobre el modo de disfrutar de las historias, ya sea en pantalla o en papel con una interlocutora perfecta para ello.

Se trata de disfrutar de una buena historia y aquí me quedan muchas por contar. ¡Espero seguir contando con vosotros, amigos!

La película de las pelis del desván

Clint Eastwood 2

TRAVIS, 31/05/2020

Como la mayoría de vosotros, he dedicado parte de la cuarentena a ordenar cajones, armarios y a tirar muchas, muchas cosas que estaban ahí, al fondo de un cajón o en una estantería desde hacía décadas sin que nadie las mirara. Ese remedo de síndrome de Diógenes que quien más, quien menos, padecemos con un cierto grado. Aparecieron fotos antiguas, análisis médicos, radiografías, papeles con esbozos de guiones o ideas que quizás acaben convertidas en un nuevo post. Y aparecieron muchas cintas de música, cassettes de las antiguas repletas de amor de quien las grabó (o eso contaba Nick Hornby en Alta fidelidad) y decenas de películas en VHS, muchas grabadas directamente de la tele, y muchas otras originales, compradas en aquellos tiempos en que coleccionábamos música, películas o libros. Por estética, por afán acaparador o porque nos parecía imposible que todas esas películas, libros y música pudieran encajar hoy en día en un pendrive del tamaño de un dedo o estuvieran accesibles en una nube.

No tengo muy claro qué hacer con varias de esas “pelis del desván”: tirarlas, lucirlas en una estantería o regalarlas (¿quién iba a querer algo que solo puede verse con una tecnología obsoleta?), pero mientras lo pienso voy a utilizarlas para crear “la película de todas esas pelis del desván”, para tratar de inventar una historia imaginaria que uniera todas ellas. Algo así como el universo paralelo que se ha creado Quentin Tarantino en el que encajan o se conectan todas sus películas:

  • La serie sobre el grupo Bella Fuerza Cinco de la que habla Mia Wallace en Pulp Fiction son las chicas de Kill Bill.
  • El señor Rubio de Reservoir dogs (Michael Madsen) es hermano del Vincent Vega de Pulp fiction.
  • La tumba junto a la que aparece Uma Thurman en Kill Bill cuando logra desenterrarse lleva el nombre de Paula Schultz (1823-1898), luego podría ser la mujer del Doctor Schultz de Django unchained.
  • Pete Hicox en Los odiosos ocho (Tim Roth) es el tatarabuelo de Archibald Hicox (Michael Fassbender), el militar aficionado al cine de Malditos bastardos.

Quentin Tarantino

Y muchas más conexiones familiares o de productos, como los cigarrillos Red Apple o las hamburguesas Big Kahuna, que dejo en este enlace para los más aficionados. Como si de un juego se tratara, me pregunto: ¿existe algún tipo de conexión entre las películas del desván? O por volver a mi infancia y a aquellos programas dobles, como cuando fui a ver Papillón y El coloso en llamas de una tacada y jugaba a imaginar que Steve McQueen se convertía en jefe de bomberos en San Francisco tras escapar de la Isla del Diablo, ¿seré capaz de enlazar estas historias que van desde la Guerra de Secesión norteamericana hasta mediados de los noventa?

 

Para ello no me queda otra que utilizar una estructura de episodios como la del mencionado Quentin Tarantino en Pulp Fiction. Vamos allá, a ver qué sale:

Guion Pulp Fiction

Prólogo: Frank, Craig y Richard

La historia trata acerca de tres soldados norteamericanos que coincidieron durante la Segunda Guerra Mundial, primero en el frente del norte de África, bajo las órdenes del general Patton, y posteriormente en la entrada en el frente europeo a través del sur de Italia. Craig es un joven soldado que irrumpe en el campo de concentración cercano a Arezzo en el que los alemanes arrasan todo lo que pueden en una última noche de locura antes de la rendición. Para sorpresa de Craig, en mitad del patio se encuentra a un niño de seis años celebrando la llegada del tanque, un niño llamado Giosué Orefice (La vida es bella).

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El reloj de plata

Craig luce un reloj que ganó en una partida de póker jugada en el campamento aliado de Túnez. Tuvo más habilidad que un incauto y algo alcoholizado inglés llamado Geoffrey Clifton, que le contó no sé qué historia acerca de los cuernos que le acababa de poner su mujer (Kristin Scott Thomas) con un conde húngaro, un cartógrafo llamado Laszlo Almásy (El paciente inglés). El reloj arrastraba una historia curiosa, había cambiado varias veces de mano, no de recto. Al parecer había pertenecido a Tristan Ludlow, el segundo de los tres hijos del coronel Ludlow. Tristan (Brad Pitt en Leyendas de pasión) le contó que ese reloj fue un regalo que le hicieron inicialmente a su hermano pequeño, Samuel, el cual perdió la vida en la Primera Guerra Mundial en el frente europeo, tras una carga desesperada. Pese a lo suicida de la misión, los soldados no quisieron desobedecer órdenes y exponerse a ser juzgados en un consejo de guerra como le había ocurrido a varios soldados franceses unos meses antes (Senderos de gloria).

El reloj fue devuelto junto con todas sus pertenencias a su primer propietario, el coronel Ludlow (Anthony Hopkins), que vivía sus últimos años en su rancho de Montana. Este buen hombre se había hecho conocido en la zona por su defensa a ultranza de los indios y fue uno de los artífices de que en 1914 se aprobara el Acta de Ciudadanía que confería a los nativos americanos los mismos derechos que al resto de la población, entre ellos el derecho a alistarse y a morir en el ejército (hasta 10.000 sioux americanos fallecieron en la Primera Guerra Mundial). El coronel conocía de primera mano a los sioux gracias a su buen amigo John Dunbar (Kevin Costner en Bailando con lobos), quien se integró plenamente en la tribu india y formó familia con Erguida con el puño en alto. 

Para su desgracia, los tres hijos del coronel se enamoraron de la misma mujer (Julia Ormond). El pequeño falleció en el frente, el mayor se casó con ella y el mediano, Tristan, abandonó la región y se pasó varios años recorriendo el mundo en un barco mercante en el que trató de olvidarla mientras se entregaba al alcohol, el juego y las mujeres. En una de esas timbas fue donde perdió el reloj con el inglés Geoffrey.  

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La situación con Charlie

Frank era poco más que un crío cuando se alistó en el ejército norteamericano y participó en la Segunda Guerra Mundial. Hizo carrera en el ejército y fue subiendo en el escalafón hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Participó en la guerra de Vietnam, pero una explosión le dejó ciego y la ceguera le volvió un tipo huraño, amargado y alcoholizado. Frank Slade (Al Pacino en Esencia de mujer) decide pasar unos días en Nueva York antes de suicidarse. Conoce a Charlie Simms (Chris O’Donnell), un joven estudiante de familia humilde que ansía entrar en Harvard, y la amistad que se forja entre ambos hace que cambien totalmente sus perspectivas ante la vida y las dificultades.

Los consejos de Frank acerca de la vida harán que Charlie termine trabajando para el despacho de abogados de Joseph Miller, un prestigioso abogado (Denzel Washington en Philadelphia) especializado en causas perdidas como la de ese americano atrapado en Turquía quince años atrás en un caso de contrabando de drogas (El expreso de medianoche) o en el de un abogado contagiado de SIDA que litigó contra el todopoderoso bufete que le despidió por su enfermedad (Philadelphia).

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Garrett y la esposa de David

Giosué Orefice perdió a sus padres muy pronto, a Guido en el campo de concentración, y a su madre al acabar la guerra, así que como tantos otros italianos emprendió el sueño americano. Se pasó varios años trabajando de camarero en Little Italy y estudiando duramente por las noches. Con el título de ingeniería aeroespacial bajo el brazo, logró entrar en la NASA a principios de los setenta, donde conoció a Garrett (Jack Nicholson en La fuerza del cariño), uno de los afortunados astronautas que participó en misiones espaciales a mediados de esa década.

El ex astronauta Garrett se muda a Nebraska y mantiene una relación con Aurora (Shirley MacLaine), la cual está muy volcada en la enfermedad de su hija Emma (Debra Winger). Cuando finaliza la relación de Garrett con Aurora, este se traslada a Nueva York para comenzar una nueva vida. Incluso se cambia de nombre (Melvin Udal será el nuevo) y se convierte en un maniático escritor repleto de trastornos obsesivos (Mejor… imposible). A estas alturas puede que el lector piense que esta continuidad está cogida con pinzas, pero no me negarán el parecido, ¿verdad?

Un buen día llaman a la puerta de Melvin. Son dos detectives, David Mills y William Somerset (Brad Pitt y Morgan Freeman en Se7en). Están en plena investigación de un caso sobre un tipo que vive en la misma planta. Han llegado a Melvin siguiendo los consejos de un tal Hannibal Lecter (El silencio de los corderos, descendiente del coronel Ludlow, sin duda), recluido en la prisión de máxima seguridad de la cercana ciudad de Baltimore: “codiciamos lo que vemos”. Por lo visto, el doctor Lecter siempre da los mismos consejos a los investigadores.

Melvin les contesta que no conoce de nada al tipo del piso del fondo, que no sale mucho de casa, y que solo conoce al vecino de al lado, un artista gay cuyo agente (Cuba Gooding Jr.) va contando por ahí que era un jugador de fútbol americano con mala suerte en la NFL por culpa de su agente, un tal Jerry Maguire, que iba tan por libre que le dejó libre… de equipos.

Antes de que los detectives se vayan, y seguramente con el recuerdo de su relación frustrada con Aurora, Melvin espeta a los agentes:

– Cuiden a sus mujeres antes de que pierdan la cabeza.

William es soltero, pero David le mira mosqueado.

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Epílogo: Robert, Richard, Louise y “El Lobo”

El tercero de los soldados, Robert Johnson, se casó con una italiana, Francesca (Meryl Streep en Los puentes de Madison) antes de volver a los Estados Unidos. Aunque Robert nunca lo supo, Francesca tuvo una aventura en 1965 con un fotógrafo del National Geographic llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood). Los hijos de Francesca descubren años después el diario de su madre en el que cuenta el romance con el intrépido aventurero y deciden comenzar su búsqueda para contarle que su madre acaba de fallecer. Dejan el pequeño pueblo de Iowa y tras varias pesquisas por Oklahoma y Arkansas, le encuentran finalmente en Arizona. Vive retirado, pero les cuenta que volvió a la actividad una semana antes tras ver a cuarenta coches de policía pasando cerca de su rancho mientras perseguían a dos mujeres a bordo de un descapotable (Thelma y Louise).

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Robert les cuenta que tuvo la suerte de captar una instantánea casi inverosímil: la del preciso momento en que las dos mujeres se suicidaron arrojándose al vacío del Gran Cañón. “Una hermosa locura”, sentencia lacónico.

El oficial de policía que intenta frenar a las mujeres en su huida desesperada, Hal Slocombe (Harvey Keitel), dejará el cuerpo de policía tras su fracaso. Se lamenta por no haber sido capaz de parar esa tragedia: “fui el único que intentó ayudarlas”. A partir de ahí, dedicará el resto de su vida a ayudar a todo aquel que se lo pida. Ahora se hace llamar Mr. Wolf o Señor Lobo, y vive en Los Ángeles.

THE (fucking and crazy) END

Película de pelis del desván

Una locura, ¿verdad? Me apetecía escribirla, pero sobre todo me apetecía hacer alguna mención a Clint Eastwood, quien hoy cumple la friolera de 90 años. Me venía bien hablar de todas estas películas para destacar el hecho de que el bueno de Clint ha realizado grandes obras en todos los géneros: wéstern (Sin perdón, El jinete pálido), bélico (Cartas desde Iwo Jima, Banderas de nuestros padres), con el deporte como excusa (Million dollar baby, Invictus), de investigación (Ejecución inminente, Poder absoluto), musicales (Bird, The Jersey Boys), de amistades que nacen o se quiebran (Mystic River, Gran Torino), semi-documentales (Sully, Richard Jewell, 15:17 Tren a París),… de todo y (casi) todo bueno. Y El sargento de hierro, El intercambio, El francotirador,… Abrumador.

Happy birthday, Mr. Clint Eastwood! Por muchos años.

Clint Eastwood - copia

 

 

Mi cita anual con Ben-Hur, por Travis

Cuando el actor de 'Ben-Hur' Charlton Heston visitó Huelva en ...

No es que todos los años por estas fechas vea Ben-Hur del primer minuto al último, pero no hay año que no vea al menos un buen rato de la mítica película de William Wyler. Son 212 minutos de duración, más de tres horas y media, así que se puede escoger fácilmente tu “ratito” de 90 minutos, tu película convencional dentro de esta película de dimensiones colosales. Algo así es lo que me viene pasando los últimos años en Semana Santa, que me apoltrono en el sofá y disfruto un rato laaaaargo del peliculón, aunque desde hace años nunca la veo completa por desgracia porque resulta casi imposible disponer de tanto tiempo después de comer. Y digo esto porque Ben-Hur es una película para ver después de comer, como cuando la vi por primera vez en el cine, con trece o catorce años, cuando teníamos la suerte de que los cines emitieran películas clásicas (así vi también Lawrence de Arabia, por ejemplo, otras casi cuatro horas).

Ben-Hur es tan enorme desde el punto de vista de duración como de calidad y puedes elegir tu historia o tu episodio favorito (si esto fuera una serie) dentro de todo el metraje:

  • La primera parte, cuando cuentan la llegada de los romanos a Judea en tiempos de Jesucristo, aproximadamente el año 30 d.C. Nos muestra la antigua amistad entre el romano Mesala, ahora hombre fuerte del ejército romano, y Judá Ben-Hur, un rico comerciante judío. Un accidente fortuito provocado por Tirzah, hermana de Ben-Hur, provoca la caída en desgracia de toda la familia. Judá es enviado a galeras y su madre y su hermana a unas infectas mazmorras. Durante el trayecto de Ben-Hur como prisionero para cumplir su pena en galeras, tiene un encuentro fugaz con Jesús de Nazaret, un encuentro que tendrá su importancia más adelante.

Ben-Hur" no difamará la figura de Jesús | Noticias de cine ...

  • La parte central, impresionante, con todas las escenas de las galeras, la admiración de Quinto Arrio por ese esclavo judío con un físico descomunal y una capacidad de supervivencia sin igual. El combate con los macedonios, que acaba con las galeras romanas hundidas, y el rescate de Ben-Hur y Quinto Arrio, que lo acoge como hijo adoptivo y se lo lleva a Roma. Pero Ben-Hur no aguanta mucho en Roma porque necesita encontrar a su madre y su hermana. Conoce a unos árabes que se dedican a las carreras de caballos y a las apuestas, y decide quedarse con ellos para entrenar y competir en las carreras de cuadrigas, donde también participa Mesala.

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  • La última parte, desde las carreras de cuadrigas (la parte que veo inexcusablemente casi todos los años) hasta el final. La muerte de Mesala, que no desperdicia su último aliento para infligirle más dolor al que fuera su amigo. El calvario de Jesucristo camino de la crucifixión, la ayuda que Ben-Hur trata de prestarle y devolverle, y la búsqueda de su madre y su hermana en el Valle de los Leprosos.

Documentalium: El rodaje de la carrera de cuadrigas de Ben-Hur

Cuando acaba la película (si encuentras el hueco para verla del tirón), tienes un cansancio físico similar al del protagonista tras haber sufrido todas esas penurias. Pero también la satisfacción que supone haber disfrutado una gran película.

Esta historia de un judío contemporáneo de Jesucristo fue escrita por Lew Wallace en 1880 y fue el libro más vendido en Estados Unidos hasta la publicación de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, en 1936. La novela tuvo una primera adaptación en 1925, dirigida por Fred Niblo y con el actor mexicano Ramón Novarro interpretando a Ben-Hur. Se puede ver de modo legal en el siguiente enlace:

Enlace a Ben-Hur, de Fred Niblo

Está bastante bien, aunque este Mesala está muy sobreactuado, por aquellas cosas que tenía el cine mudo con la ausencia de diálogos. La escena de la carrera de cuadrigas es una maravilla, rodada en aquellos años en que los medios no eran los de los cincuenta, ni mucho menos la digitalización actual. Durante esa escena falleció uno de los extras tras un atropello, aunque dicha muerte se ha atribuido erróneamente a la película de Wyler.

Me quedo sin dudarlo con la versión de 1959. El rodaje se prolongó de mayo de 1958 a enero de 1959, tras cinco años de preparaciones, construcciones de decorados y preproducción. Hasta 300 decorados se construyeron, la mayoría en los estudios Cinecittá de Roma, incluyendo el decorado más grande jamás realizado hasta la fecha, el estadio romano en el que se celebra la espectacular carrera. 15.000 extras cuyo único requisito era tener barba. En total fueron 15 millones de dólares de presupuesto y otros 15 para la promoción que dejaron a la Metro Goldwyn Mayer tan tiesa que necesitaba que fuera un gran éxito para no acabar en bancarrota. Y lo consiguió, 147 millones de dólares en pocas semanas, una cifra solo superada… otra vez por Lo que el viento se llevó. Gran éxito de público, pero también de crítica. Acaparó numerosos premios, entre ellos los once Óscar que siguen convirtiendo a Ben-Hur en la película con más galardones de la historia, empatada muchos años después por Titanic (1997) y El retorno del Rey (2003).

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William Wyler no mostró mucho interés por el proyecto cuando se lo presentaron, entre otras cosas porque ya había trabajado como ayudante de dirección en la versión de 1925 de Fred Niblo. Decidió hacerse cargo del mismo por volver a Roma, donde había rodado Vacaciones en Roma con Gregory Peck y Audrey Hepburn, y como respuesta a su gran rival de entonces, Cecil B. De Mille, que había rodado Los diez mandamientos en 1956, otra de esas cintas que nunca faltan en la programación de Semana Santa.

En cuanto al reparto, resulta curioso ver cómo para diferenciar los acentos de romanos y judíos se escogieron actores británicos para interpretar a los primeros (Stephen Boyd, Jack Hawkins, Frank Thring) y norteamericanos para los segundos (Charlton Heston, Sam Jaffe, Martha Scott, Cathy O’Donnell). Charlton Heston no fue la primera elección para el papel principal, sino que llegó al mismo tras el rechazo de varios de los principales actores de Hollywood. Marlon Brando no quería volver a las películas de romanos tras haber hecho Julio César. Kirk Douglas sí mostró interés por el papel, pero para su sorpresa le ofrecieron hacer de Mesala, no de Ben-Hur, razón por la que descartó su participación. A Burt Lancaster no le gustó el guion que le ofrecieron y a Rock Hudson no le dejó participar la productora Universal, con la que tenía contrato. Así que finalmente el papel cayó en manos de Charlton Heston y a día de hoy no nos imaginamos a otro actor para el protagonista.

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En cuanto al guion, los títulos de crédito se lo atribuyen a Karl Thunberg, pero a lo largo de sus múltiples versiones pasó por varias manos, como las de Maxwell Anderson y S.N. Behrman, pero la mayoría de diálogos fueron reescritos por el escritor estadounidense Gore Vidal. El propio Vidal se encargó de contar en el documental El celuloide oculto (1995) que fue suya la idea de añadir una subtrama homosexual entre los personajes de Mesala y Ben-Hur, subtrama de la que ya hablé en su día (El celuloide oculto en el armario) y que no encuentro que aporte nada de interés a la historia. Aparte de que la veo tan subliminal como Charlton Heston, que ni se enteró durante el rodaje de que los compinchados Wyler, Vidal y Stephen Mesala Boyd estaban jugando a este juego.

Una película tan épica solo podía contar con una banda sonora a la altura. De su composición se encargó el húngaro Miklos Rózsa, que ya había participado, entre muchas otras, en películas como El ladrón de Bagdad, Perdición, La jungla de asfalto, Julio César y Los caballeros del Rey Arturo. La banda sonora acompaña a la perfección a la trama. Habrá quien la recuerde ampulosa o la considere demasiado enfática, como muy de “peli de romanos”, ¿pero acaso cabía otra posibilidad? Tras Ben-Hur, Rózsa mantendría su estilo en películas de similares tintes épicos como Sodoma y Gomorra, El Cid y Rey de Reyes, otro imprescindible de esta época del año.

Hoy es viernes santo, igual me animo a mi sesión anual de Ben-Hur, esta vez completa a ser posible. ¿Es mi película favorita de la Semana Santa? Pues la respuesta es no, es una gran película, pero ocupa el segundo puesto en mi pódium. El primero es para Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), que aunque no sea una historia religiosa siempre la emiten en esta época y al igual que con Ben-Hur, la disfruto durante un largo rato. ¿En qué puesto pongo a La vida de Brian? Quizás sea la peli más divertida e irreverente de la historia, pero, ¿entra en esta categoría?

Extra – Curiosidades

  • La primera galera que se construyó para el rodaje fue encargada a un experto en ingeniería romana. La galera se hundió según la botaron. Para la película tuvieron que ser menos fieles a los diseños originales, pero más ajustados a la flotabilidad.

tira la tarde: Mitos y leyendas de las galeras

  • En 2016 se rodó una nueva versión de Ben-Hur, dirigida por el cineasta ruso Timur Bekmambetov. No he tenido ningún interés en verla, del mismo modo que no lo tendría por un remake de El Padrino o de Indiana Jones, por ejemplo. Me han dicho que no está mal, pero, ¿de verdad necesito saberlo?

CON EL CINE Y LA MÚSICA A OTRA PARTE: CRÍTICA: BEN-HUR (2016)

  • La carrera de cuadrigas necesitó cinco semanas de rodaje a lo largo de tres meses, y los actores principales son realmente los que protagonizan la acción. Un especialista estuvo a punto de morir en el momento en que su cuadriga da un salto por encima de otra, un momento espectacular que se dejó en la película.

Documentalium: El rodaje de la carrera de cuadrigas de Ben-Hur

  • ¿Recordáis Una furgoneta del siglo XIII? Un post sobre “cosas que no deberían estar allí”. Pues tendría que añadir que dos de los caballos árabes de Ben-Hur se llaman Al-Tair y Al-Deberan, estrellas que fueron descubiertas ocho siglos más tarde.

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  • El león de la Metro no rugió por primera vez en su historia al inicio de la película por petición expresa de William Wyler, al que el rugido no le parecía adecuado para el comienzo del filme.

Pizza, cerveza, pantalla gigante, buen sonido. Comienza Ben-Hur.

Ensayos de un futuro distópico, por Travis

1 Soy leyenda

Creo que somos muchos los que hemos comentado en estas últimas semanas de confinamiento y aislamiento que tenemos la sensación de estar viviendo una película. Una película sobre un futuro apocalíptico o una peli de serie B de catástrofes, como queramos, pero en cualquier caso una película de bajo presupuesto en la que los ciudadanos se pelean por el papel higiénico y los médicos carecen del material básico de protección.

El cine lleva casi desde los primeros años de su historia jugando a imaginar cómo será el futuro que nos espera y en ocasiones resulta tremendamente acertado en sus predicciones, del mismo modo que en otras tanto el cine como la literatura de ciencia ficción han sido incapaces de adivinar lo que estaría por llegar. Mucho mostrarnos coches que vuelan, rayos láser, viajes a otras galaxias, visitantes de sitios recónditos,  replicantes exactos, pero no fueron/fuimos capaces ni siquiera de intuir el desarrollo de Internet o los teléfonos móviles que nos permitirían tener todo el conocimiento imaginable en la palma de la mano.

Veo tan lejanos algunos inventos del cine que lo que de verdad me gusta analizar son los cambios en nuestro día a día, las cosas más simples y primarias y ver cómo han sido explicadas por el cine. No quiero escribir demasiado sobre pandemias ni virus letales, que estamos ya sobresaturados. El que quiera películas de este tipo que busque las listas que hay por Internet y se enchufe La amenaza de Andrómeda, Estallido, Contagio y Virus, por ejemplo. Solo el tráiler de Contagio (Steven Soderbergh, 2011) da miedo si lo comparamos con el panorama que tenemos a diario estos días.

Esta pandemia va a cambiar muchas cosas, pero sobre todo a nivel personal, social y humano. El cine ya nos ha mostrado cosas insólitas para el ritmo de vida que llevábamos antes de esta crisis del coronavirus, como una ciudad vacía, desierta, sin coches ni gente. Londres, por ejemplo, en 28 días después (2002), en la mejor secuencia de toda la película:

Por supuesto que Nueva York, donde ocurren todas las desgracias según nos ha enseñado históricamente el cine. Soy leyenda (2008). Por cierto, Will Smith va con su perro a todos lados, quizás, como aquí, para que le dejen salir a la calle:

Y por supuesto nuestra Gran Vía, vista con los ojos de Eduardo Noriega y Alejandro Amenábar en Abre los ojos (1997):

También hemos visto a la población arrasando los supermercados como si fueran a encerrarse en su refugio nuclear durante meses, Guerra mundial Z (2013) por ejemplo, una escena mejorada con el cambio de música que algún genio hizo en este montaje:

La gente lanzándose como posesos a por el papel higiénico, ¿acaso no lo habrá el día de mañana? El cine se ha encargado de contarnos cosas tan mundanas como el acto de limpiarse el culo en el futuro con las célebres tres conchas de Demolition man, hábilmente sustituidas por Sylvester Stallone:

Los Doce monos de Terry Gilliam (1995) nos contaban la historia de una sociedad que vive recluida bajo tierra por culpa de un virus letal, si bien en la historia de Gilliam el virus era creado por terroristas biológicos y el de hoy… quiero creer que es uno de los 1,5 millones de posibles virus de tipo “natural” que explicaba el documental Explained: The next pandemic. O de los que hablaba Bill Gates en su charla Ted que se ha hecho viral en estos días, puesto que nos avisaba del peligro actual en 2015:

Puede que la Tierra nos esté mandando un aviso, como dicen algunos mensajes que circulan estos días: debemos parar nuestro ritmo de vida descontrolado, acelerado, el consumo excesivo, la contaminación desbocada, la agresión diaria al medio ambiente. Y yo añadiría que nos avisa de más cosas: del peligro de la soledad, del descuido por nuestros mayores, de la falta de cuidado por el que tenemos al lado. Quién ha pasado por aquí o quién va a pasar después de mí, dónde toso y suelto mis felipones porque mi salud afecta al de al lado, como la higiene, o mejor dicho, la falta de higiene.

Son muchos los patrones de conducta diaria que van a cambiar después de este encierro. La sociedad ha parado en seco, el país y las industrias han frenado su ritmo de producción, y como consecuencia han bajado la contaminación y la generación de residuos. Pero han bajado también nuestra vida social, las relaciones personales, los abrazos, los besos, el contacto humano que tanto necesitamos. Y hemos dejado solos a nuestros mayores. Solos ante el peligro, como Gary Cooper.

En La fuga de Logan (Michael Anderson, 1976), la sociedad vive solo para el placer y el disfrute de sus habitantes en un futuro situado en el año 2274, pero bajo una premisa inquietante: no se les permitía vivir más allá de los treinta años. Tenían que someterse a una ceremonia de “purificación” en la que se les hacía creer que tras su muerte se reencarnaban en otro recién nacido.

Por eso la mayor sorpresa de los protagonistas se produce cuando conocen a un anciano (Peter Ustinov), algo insólito para ellos, tan raro como lo sería para nosotros un alienígena. Ese paraíso irreal de gente joven dedicada solo al ocio es controlado por poderosas máquinas, algo así como si Matrix mostrara solo su cara más amable.

Contaminación, falta de contacto y comunicación entre personas, soledad, máquinas sofisticadas que lo controlan todo,… hay una película que hablaba de todo esto de una manera brillante: Wall-E, esa gozada de Pixar estrenada en 2008. La trama nos sitúa en un futuro 2815 en el que la humanidad vive en naves espaciales lejos de la Tierra, que ha quedado convertida en un inmenso vertedero.

4 Wall E

Algo parecido a la premisa de partida de Interstellar (Christopher Nolan 2014), la búsqueda de nuevos planetas habitables porque el nuestro va a dejar de serlo. En Wall-E Los humanos apenas hablan entre ellos y se comunican exclusivamente a través de pantallas táctiles. Muy real, demasiado cercano.

5 Interstellar

Si algo nos está dejando a muchos esta pandemia es un enorme deseo de lanzar la puta pantalla al fondo del río más profundo y otro deseo aún más grande de hablar cara a cara con las personas que nos rodean, con amigos, familiares, con los colegas de toda la vida, incluso añoro discutir con ese gilipollas que me toca las narices a diario.

Esta pandemia nos lleva a rechazar el contacto físico, a huir de él por los peligros que encierra, los besos y el sexo incluidos, que quedan proscritos. La propia palabra “cuarentena” se asocia con frecuencia a la ausencia prolongada de relaciones sexuales. El cine también se ha ocupado de esta faceta que esperemos que no se imponga jamás, porque entonces ese sí será desde luego un futuro distópico de una tristeza infinita. Resulta interesante el planteamiento de Ex machina (Alex Garland, 2015) acerca de un programador que busca que el robot AVA desarrolle su inteligencia artificial para la seducción y el placer, pero tanto el placer humano como el de la propia máquina.

6 Ex Machina

La perturbadora Her (Spike Jonze, 2013) lleva el argumento al terreno del enamoramiento del protagonista (Joaquin Phoenix) de una inteligencia artificial. Y si las relaciones personales empiezan a ser peligrosas por los contagios, quién sabe si el futuro nos deparará aparatos preparados para ser sensibles, divertidos e inteligentes con la voz sensual de Scarlett Johansson. La versión más banal de estas máquinas preparadas para el sexo sería el Orgasmatrón de Woody Allen, y la más pervertida, el Engendro mecánico  de Donald Cammell (1977), un ordenador que encierra, viola y deja embaradaza a Julie Christie.

Steven Spielberg llevó el desarrollo de la inteligencia artificial a un inquietante futuro en el que las familias podían tener un robot-niño, igual de aspecto que un niño real, y diseñado para tener emociones o desarrollar la capacidad de amar y ser amado. A.I., Artificial Intelligence, de 2001, una película con conceptos muy interesantes y un desarrollo potente que sin embargo (a mi modo de ver) pierde interés en la última media hora.

8 Artificial Intelligence

Las máquinas, la inteligencia artificial, el análisis de datos a velocidad de vértigo. Vivimos enganchados a las pantallas, como el futuro inminente de Terminator: Génesis, ciudadanos tan atontolinados ante los estímulos visuales que no ven cómo una gran amenaza se cierne sobre ellos. Y todas esas pantallas son el instrumento perfecto para controlar a una población idiotizada, como si al final todos viviéramos en un Show de Truman permanente (Peter Weir, 1998). Las imágenes que hemos visto de las autoridades chinas, con el control facial de los ciudadanos, sus mediciones de temperaturas a distancia y el rastreo de movimientos, son de hoy mismo, no de una película de ciencia ficción. El sueño del Gran Hermano de 1984 (gran novela de Orwell, floja peli de Michael Radford), o del Arquitecto de Matrix Revolutions. Una población controlada por una autoridad omnipotente es lo que nos muestra V de Vendetta (James MacTeigue, 2006), en un Reino Unido en el que además fue el propio gobierno dictatorial el que generó el miedo en la población tras una serie de atentados bacteriológicos. Y como Orwell decía (y como cualquier dictador sabe), una sociedad que vive con miedo es más fácil de someter.

Así estamos ahora mismo. Asustados, encerrados con nuestras pantallas, viviendo en soledad. Estamos más conectados que nunca y parece que nunca estuvimos más solos. La soledad es uno de los grandes temas de Solaris (Andréi Tarkovsky, 1972), el plúmbeo plomazo sobre el efecto de la soledad en el cerebro de las personas, pero el que leyera la crítica que hice del filme sabrá que no la recomiendo ni para estos tiempos de cuarentena y largas horas en casa.

8 La llegada Villeneuve

Termino ya con una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos años, al menos para mí: La llegada, de Denis Villeneuve. Muy reciente, de 2016. El argumento trata sobre todo del lenguaje y la comunicación, eso que tanto echamos en falta ahora mismo. Y nos explica cómo el lenguaje y la estructura del mismo pueden alterar nuestro modo de pensar, que es una idea que ya estaba en la neolengua de Orwell de 1984. Pero contiene otras grandes ideas como la percepción del tiempo o el concepto del amor, un concepto generoso sabiendo que el amor lleva asociada la idea de que habrá dolor.

“Había olvidado cuánto me gusta que me abraces”

Esta frase que pronuncia la protagonista, Amy Adams, resulta de la máxima actualidad. La importancia del abrazo, del contacto físico, de la relación personal. Y lo vital que resulta para este mundo actual la comunicación entre todos los países, la cooperación de las principales potencias para combatir un enemigo común que pone en peligro la existencia misma de la humanidad.

La idea no es ciencia ficción, es lo que ya han dicho numerosos pensadores en las últimas décadas. El último de los cuales al que he leído, Luigi Ferrajoli, hablaba de un “constitucionalismo planetario” que garantizara agua, fármacos y alimentos a toda la humanidad. Por desgracia, mi escepticismo me lleva a creer que su puesta en práctica sí es ciencia ficción de la buena.

Aprovechen la cuarentena para disfrutar del buen cine y de la evasión que nos ofrece.

 

La porra de los Óscar 2020

Películas Óscar 2020

TRAVIS, 09/02/2020

Creo que ningún año había visto tantas películas de las favoritas y candidatas a los Óscar como este año 2020, que además nos ha dejado una buena colección de obras notables. Se debe sin duda al estreno prácticamente simultáneo en cines de todo el mundo o en plataformas como Netflix, no como antaño, cuando tenías que esperar varios meses para el estreno de las películas premiadas en los Óscar, Globos de Oro, BAFTA y demás premios internacionales.

He visto siete de las nueve candidatas a mejor película (se me han escapado Mujercitas y Le Mans 66), aparte de otras con nominaciones en diversos apartados (Puñales por la espalda, Los dos papas, Star Wars: El ascenso de Skywalker, Dolor y gloria, El Rey León, Richard Jewell), así que me siento capacitado para dejar la tradicional apuesta/porra de los premios de la ceremonia de esta noche. Tengo claro que en los Óscar se premia no solo la calidad de la película, sino otras muchas cosas como la moda imperante, lo políticamente correcto, lo conveniente, el pasado de los candidatos, si ya han sido premiados o no, y sobre todo la ola mediática que acompaña a cada candidatura. Tiene que ganar tal o cual porque es la que los medios han empujado desde hace meses, pues vale, ha ocurrido en el pasado y seguirá ocurriendo, así que en esta “mi porra” (a la que invito a amigos y lectores a participar), voy a distinguir entre el que más me ha gustado a mí (en verde) y el que creo que va a ganar (en amarillo). Iré actualizando la porra a lo largo de la jornada con las apuestas que me vayan llegando. Vamos allá:

Película ÓscarMejor película

Aunque Joker es la que cuenta con mayor número de nominaciones, con 11, y sonó durante meses como firme candidata, la del Óscar es una carrera de larga distancia en la que la película de Todd Phillips arrancó demasiado pronto, en agosto. Se llevó el León de Oro de Venecia y multitud de elogios en la prensa, pero creo que no será la ganadora. A veces me parece que cuando una parte de la prensa eleva a los altares a una película, al poco tiempo surge la tendencia contraria que dice que “no es para tanto”. Y lo cierto es que Joker es una película notable, incómoda, que te hace empatizar con el trastornado protagonista interpretado por Joaquin Phoenix, pero no creo que sea la mejor del año.

Algunas películas se han colado en la lista sin entender muy bien por qué, como Jo Jo Rabbit, una comedia satírica sobre las juventudes hitlerianas que se desinfla a medida que avanza el metraje, y sin embargo no entró Puñales por la espalda, en la que sucede todo lo contrario. La surcoreana Parasite, o Parásitos, me pareció una puñetera maravilla, me encantó, pero supongo que se llevará el Óscar de mejor película de habla no inglesa. Érase una vez en… Hollywood no está entre lo mejor de Quentin Tarantino, al menos para el que esto escribe, pero en las últimas semanas he leído varias críticas o escuchado algún podcast que la reivindica como un futuro clásico.

Creo que ganará 1917, la película de Sam Mendes sobre las trincheras en la primera guerra mundial, rodada como un falso plano secuencia, al igual que la también oscarizada Birdman (Óscar a mejor película y dirección en 2015). Es la típica película del gusto de la Academia de Hollywood: épica, histórica, una gran producción, exquisita en lo formal y avalada por la crítica. Mi película del año sigue siendo El irlandés, un peliculón con mayúsculas, pero es cierto que sus 210 minutos de metraje echan un poco para atrás. Si hoy domingo por la tarde tuviera la opción de ver 1917 o El irlandés, creo que elegiría la primera, porque la de Scorsese requiere una liturgia previa: tiempo por delante, tranquilidad, comodidad, un baño cerca,…

Óscar directorMejor director

No creo que gane el coreano Bong Joon Ho, que realiza un trabajo acongojante, angustioso por momentos, aunque Hollywood se ha acostumbrado en los últimos años a que el premio a la mejor dirección se lo lleven directores extranjeros, como los mexicanos Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, británicos como Tom Hooper (El discurso del Rey) o Danny Boyle (Slumdog millionaire), un taiwanés como Ang Lee (La vida de Pi y Brokeback mountain) o un francés como Michael Hazanavicius (The artist).

Cuando escribí sobre El irlandés y Érase una vez en… Hollywood, ya indiqué que algo de tijera habría mejorado el resultado final. Scorsese ya se llevó su premio por Infiltrados (tras una carrera repleta de títulos que bien lo merecían) y no creo que gane esta vez. El Tarantino director me gustó más que el Tarantino guionista de su última película, pero parece claro (y así lo indican todas las apuestas) que ganará de nuevo un extranjero en Hollywood: el británico Sam Mendes, por su enorme trabajo de planificación, coordinación y técnica en 1917. Será su segundo Óscar tras el que se llevó por esa patada en el estómago que fue su debut en el cine en 1999, American Beauty.

Óscar actorMejor actor

Desde el estreno de Joker ha sonado el nombre de Joaquin Phoenix como seguro ganador de la estatuilla y todos los premios posteriores han ido confirmándolo, así que parece que habrá poca sorpresa en este apartado. Es un papel desgarrado, desasosegante, poco agradable para el espectador, pero único para el lucimiento de un actor. Es el “pie izquierdo” o el Forrest Gump que casi todos los años aparece para llevarse el premio.

Me alegra ver a Antonio Banderas entre los candidatos después de tantos años, pero creo que no tiene nada que hacer. Su papel haciendo de Almodóvar en la peli de Almodóvar demuestra que todavía tiene mucho que dar y ojalá algún día logre el reconocimiento de la Academia que sí lograron otros menos dotados. Adam Driver me parece un actorazo, cada día me gusta más, y siento una enorme lástima por su personaje en Historia de un matrimonio. Papelón, pero no está entre los favoritos.

La película de Los dos papas me pareció correcta, sin más, y aunque Jonathan Pryce y Anthony Hopkins hagan unos acertados Francisco y Benedicto XVI, o Bergoglio y Ratzinger, no creo que sean papeles de Óscar. El que hace un papel acojonante es Leonardo Di Caprio, que cambia de registro varias veces en la película de Tarantino, a veces en la misma escena, para parecer soberbio, inseguro, atormentado o pasota, según convenga a cada momento. Es el que más me ha gustado, pero después del Óscar por The Revenant no creo que se lo lleve.

Óscar actrizMejor actriz

Todavía no he podido ver a Renée Zellweger interpretando a Judy Garland en Judy, pero al igual que el Óscar a mejor actor, este premio parece claro, de esos otorgados casi antes de comenzar la ceremonia. La operación que se hizo hace unos pocos años desfigurando esa carita de Bridget Jones que tenía, unido a la caracterización para el papel, hacen que esté irreconocible, pero según he leído realiza una gran interpretación, además en un biopic muy del gusto de estos premios.

A mí la que me enamoró (una vez más) fue Scarlett Johansson en Historia de un matrimonio. También en Jo Jo Rabbit, aunque su papel sea menor. En Historia de un matrimonio me pongo en la piel de Adam Driver y me niego a aceptar esa situación en la que se van metiendo los protagonistas. Me cabreo, “joder, salvad ese matrimonio”, no dejéis que los picapleitos lo destrocen definitivamente, no dejes que Scarlett Johansson se vaya, haz que se enamore de ti como al principio, como tú sigues enamorado de ella.

Óscar actor repartoMejor actor de reparto

No sé si algún año ha habido tanto nivel en esta categoría. Todos los actores menos Brad Pitt tienen su correspondiente Óscar, incluso más de uno en sus vitrinas, como Tom Hanks. Creo que ganará Brad Pitt por su papel en la de Tarantino, porque nadie se quita la camiseta con su estilo, chulea a Bruce Lee o da palizas a una mujer con una lata de comida para perros de la manera en que él lo hace. Tiene muchos rasgos de algunos de sus papeles más característicos, pero es un actorazo desde hace décadas y quizás le haya llegado el momento de recibir su premio.

Los secundarios de El irlandés están enormes, y tanto Al Pacino como Joe Pesci componen grandes personajes en la peli de Scorsese. A mí me gustó de modo especial el papel de Joe Pesci, quien con sus silencios resulta mucho más expresivo que en todos sus excesos verbales de papeles anteriores (Goodfellas, Casino, Solo en casa, Mi primo Vinny).

Óscar actriz repartoMejor actriz de reparto

¡Qué raro, un año sin Meryl Streep! El papel de Scarlett Johansson en Jo Jo Rabbit tiene poco peso, pues toda la película se apoya en los jóvenes y en ese Hitler paródico, pero aun así es una actriz que cada año luce mejor.

El papel de Kathy Bates en Richard Jewell es… bueno, muy de Kathy Bates. Bien, siempre está bien, pero creo que un premio tiene que tener un plus, algo más. Creo que ganará Laura Dern por su papel de abogada sin escrúpulos en Historia de un matrimonio, donde aparte de resultar manipuladora, fría y cercana a la vez, está más atractiva que veinte años atrás.

Óscar guion originalMejor guion original

Érase una vez en.. Hollywood se llevó el Globo de Oro a mejor guion y ha cosechado un cerro de premios más, pero sinceramente creo que le falta tijera. Quentin Tarantino, en su afán por meter todas las cosas de su particular mundo interior, se pasa, está desmedido por momentos, pero no me extrañará nada si gana.

El guion de 1917 es lo que menos me gustó de la película, que está muy bien, todo hay que decirlo. Pero los protagonistas no dejan de tomar decisiones erróneas, una detrás de otra. Toda la trama gira en torno a una carrera contra el reloj y en ese sentido no va de otra cosa, no aporta más, ni desarrolla demasiado a los personajes. No creo que gane.

El guion de Puñales por la espalda sí es el típico guion trabajado, medido al milímetro, con diálogos certeros, escenas adecuadas y metidas en su momento exacto, sin fisuras. Puede que gane, para mí es mejor que el de Tarantino. Sin embargo, por lo sorprendente que me resultó, por el trasfondo social que tiene, y por su final (o finales, según se quiera), mi preferido es el de la coreana Parásitos.

Óscar guion adaptado

Mejor guion adaptado

No he visto Mujercitas, pero es una historia ya trasladada a la pantalla en varias ocasiones, y no sé si aporta algo diferente a las anteriores versiones de la novela de Louise May Alcott. Quizás tenga opciones por aquello de “lo políticamente correcto” que tanto se ha llevado en Hollywood estos últimos años.

Aunque mi favorita siga siendo El irlandés, no me extrañaría que ganara Joker, aunque tengo dudas de que realmente sea un guion adaptado. El guion de Todd Phillips y Scott Silver se basó inicialmente en Batman: La broma asesina, pero lo que realmente hicieron los guionistas fue tomar el personaje del Joker, cambiarlo por completo, añadirle los aspectos psicópatas-enfermizos de Taxi driver y meterlo en un ambiente opresivo, con un clima de revueltas sociales. Para mí no es realmente una adaptación de una obra del superhéroe. De hecho, la película podría funcionar sin las referencias al pequeño Bruce Wayne.

Óscar película habla no inglesaMejor película de habla no inglesa

Almodóvar, con Dolor y gloria has vuelto a hacer una película interesante tras el tostonazo de Los amantes pasajeros, pero no tienes nada que hacer ante el coreano Bong Joon Ho.

No tengo ninguna duda de que ganará Parásitos, una de las sorpresas de la temporada. La vi en versión original, como no podía ser de otro modo (menudo idioma el coreano), y me sorprendió porque aun siendo sus personajes y el entorno tan distantes al occidente en el que vivimos, muchas de sus situaciones nos llegan a resultar cercanas. La diferencia de clases sociales, la mentira, la manipulación, el saber buscarse la vida,… Recomendable.

Óscar banda sonoraMejor banda sonora

No se puede incluir la fenomenal selección que realiza Scorsese para El irlandés, sino que se trata de premiar a las mejores partituras originales, y aunque John Williams vuelve a estar sembrado en El ascenso de Skywalker, creo que ganará la chelista islandesa Hildur Guonadóttir.

Parece que me he marcado un exceso cinéfilo esnob, de esos de coger un nombre nórdico o indio y dárselas de entendido. Ni mucho menos, lo que he querido decir es que ganará la banda sonora de Joker, porque es perfecta para mostrar la angustia del personaje. Muy buena, inconfundible, de esas músicas que no concibes sin las imágenes que la acompañan.

Óscar película animaciónMejor película de animación

En un año en el que la película de Pixar ha sido más floja que en anteriores ediciones (Toy Story 4 está a años luz de la maravilla que fue la tercera), la categoría está más abierta que nunca. Y ahí es donde puede pescar un premio importantísimo la española Klaus, película escrita y dirigida por Sergio Pablos.

Que se llevara el Óscar dejaría con el culo al aire a nuestra Academia al haberle negado el Goya en la pasada edición, en favor de Buñuel en el laberinto de las tortugas. Mucha suerte a los nuestros.

Resto de categorías

En los apartados técnicos creo que habrá varios premios para Disney y la espectacular recreación de El Rey León con animales ¿reales? Algún premio de consolación para Le Mans 66 (montaje o edición de sonido) y seguro, seguro, alguna puya de los premiados a la Academia por las pocas opciones de minorías étnicas, diversidad sexual, veganos, crudívoros y negacionistas del cambio climático.

Que haya suerte para todos. Estas son las apuestas de los kolegas que se han animado a participar:

Porra 2020

Resultados finales

Pues ha habido sorpresón final. Los cuatro actores fueron los esperados, pero ya había indicios de que podía saltar la campanada, sobre todo cuando Parásitos se llevó el Óscar al mejor guion en lugar del favorito, Tarantino. No hubo suerte para Klaus, ni para Almodóvar ni Banderas.

El premio gordo se lo llevó la surcoreana Parásitos y su director Bong Joon Ho se une a la larga lista de directores extranjeros que se lleva el premio en los últimos años. En nuestra apuesta de amigos (en naranja los aciertos), nos arrasó Móni, que hoy me ha confesado no haber visto Parásitos, su gran apuesta. Paradojas de estos premios.

Porra resultados

And the Oscar goes to… next year!

Mucho mejor la peli (II)

Libros-pelis

“Si mis libros fueran peores, no me habrían llamado de Hollywood,

y si fueran mejores yo no habría venido”

(Raymond Chandler)

REGGIE Y TRAVIS, 16/01/2020

(Continuación de la primera parte)

TRAVIS.- A veces una adaptación se convierte en una obra que, sin ser totalmente nueva, le aporta matices muy diferentes al llevar la historia a un entorno completamente distinto. Es lo contrario de la típica “adaptación fiel”. Hecha con respeto, con conocimiento de la original, puede ser tan interesante como el libro. Me pasó con Apocalypse Now, que traslada a la guerra de Vietnam la novela de Joseph Conrad El corazón de las tinieblas, situada a finales del siglo XIX durante las guerras coloniales en el Congo. La locura de Vietnam me resultó más cercana que la del Congo.

REGGIE.- Estoy completamente de acuerdo, muchas veces una adaptación evoluciona en una obra con matices que la hacen completamente diferente de la inspiración original. Otras veces no se puede llamar adaptación per se pero existe una clara inspiración en una obra. Esto sucede mucho con los grandes clásicos de la literatura: El rey león se puede decir que es Hamlet de Shakespeare con “filtro Disney” o El diario de Bridget Jones es Orgullo y prejuicio de Jane Austen versión siglo XX. Es frecuente que la línea entre adaptación de una obra y tomar inspiración de ella para crear contenido nuevo sea difusa, ¿dónde crees que termina la adaptación y se convierte en inspiración?

TRAVIS.- Interesante cuestión, hace poco escuché en un podcast algo así como que la diferencia entre una adaptación y una obra inspirada en un libro está en que el segundo no tiene que pagar derechos de autor. Pero bromas aparte, creo que para responder a tu pregunta hay que pensar en historias universales que pueden darse en un contexto o en otro radicalmente distinto de aquel para el que fueron concebidos. Hamlet o El rey león son historias de traiciones y asesinatos para hacerse con el poder y pueden desarrollarse de modo similar en Dinamarca, en China o en la sabana africana. Los siete samuráis pueden ser Los siete fantásticos o los insectos de Bichos, pero la historia de los agricultores sometidos y los mercenarios es universal.

Y luego hay otro punto. A veces estás viendo una película o leyendo un libro, lo estás disfrutando, y piensas que de ser tú el autor llevarías la historia por otro lado, con otra intención. A lo mejor eso es lo que te inspira como creador y te hace desmarcarte de la obra original, ¿nunca has pensado “pues yo habría terminado la peli o el libro de este otro modo”?

REGGIE.- ¡Bufff! Cambiaría los finales de muchísimas películas, sin ir más lejos El Padrino parte 3 y a las películas altamente pastelosas les metería más mala leche a los personajes y la pareja nunca acabaría junta comiendo perdices.

TRAVIS.- Estoy de acuerdo contigo, y hace tiempo dije que las películas pastelonas se pueden arreglar con un suicidio a tiempo: Pretty woman, Una proposición indecente, Un paseo por las nubes, Ghost, Shakespeare in love,… ¡Ganarían mucho, te dejarían un poso bien distinto!

La revista Fotogramas publicó hace unos pocos años esta relación de 30 películas que considera mejores que los libros en los que se basaron. Algunos han salido en nuestra conversación, pero me gustaría saber tu opinión de algún otro, si has leído la obra original o consideras que es un error incluirla en la lista. Aquí dejo el enlace:

  1. Psicosis
  2. Desayuno con diamantes
  3. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú
  4. El graduado
  5. La naranja mecánica
  6. El padrino
  7. Tiburón
  8. El resplandor
  9. El cartero siempre llama dos veces
  10. Blade Runner
  11. Cuenta conmigo
  12. Memorias de África
  13. La jungla de cristal
  14. El silencio de los corderos
  15. Parque jurásico
  16. Forrest Gump
  17. Jackie Brown
  18. L.A. Confidential
  19. El club de la lucha
  20. El ladrón de orquídeas
  21. El diario de Noa
  22. Chicas malas
  23. El diablo viste de Prada
  24. No es país para viejos
  25. La piel que habito
  26. Un monstruo viene a verme
  27. El muñeco de nieve
  28. La seducción
  29. Ready player one
  30. Call me by your name

REGGIE.- Hay muchos de los títulos que no he leído. Los que he leído y estoy de acuerdo: Psicosis, Desayuno con diamantes, El graduado, El Padrino, El silencio de los corderos (aquí sé que discrepamos) y El diario de Noa. No estoy de acuerdo con El resplandor, La naranja mecánica y con El muñeco de nieve, del resto no puedo opinar.

TRAVIS.- Yo ya te digo que no estoy de acuerdo con El silencio de los corderos, con La naranja mecánica y aunque no salga en esta lista, con una que aparece con cierta frecuencia, Lolita. ¡Los libros son muy buenos! Lo mismo pasa con Parque Jurásico, de Michael Chrichton, pero cuesta competir con los dinosaurios reales de Spielberg. Y revisar esta lista me ha hecho despertar de nuevo el interés por el libro de Chuck Palahniuk El club de la lucha, aunque me cuesta creer que sea mejor que el peliculón de David Fincher.

¿Y te atreves a decirme algún libro que te gustó mucho en su día, que luego viste su adaptación y saliste satisfecha?

REGGIE.- Salí satisfecha de Las crónicas de Narnia: el león, la bruja y el armario. Sigo quedándome con los libros, que me entusiasmaron de pequeña, pero no salí del cine pensando “son mucho mejores los libros”.

TRAVIS.- A mí me gustó mucho Chacal, de Frederick Forsythe y la adaptación que hizo Fred Zinnemann en los setenta. El nombre de la rosa, de Jean Jacques Annaud, es excelente, como el libro de Umberto Eco (excepto los capítulos que se pone a describir los tapices, por ejemplo). O Los santos inocentes, una gran adaptación del libro de Delibes, pero es que el libro también está genial. Y luego recuerdo adaptaciones bastante fieles, buenas, de libros que no me entusiasmaron de modo especial, como Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina, o El Código Da Vinci, basada en el entretenido y absurdo despropósito de Dan Brown.

Y por el contrario, ¿alguna adaptación al cine en la que piensas que al director, productor y actores tenían que llevarles a la horca directamente y sin juicio previo?

REGGIE.- Sin juicio previo: a todos los involucrados en El retrato de Dorian Gray, La brújula dorada y Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton. Los dos primeros simplemente no transmiten lo que los libros transmiten y de Tim Burton estoy ya un poco aburrida, últimamente da la impresión va sacando títulos de películas nuevas pero que estas viéndo lo mismo.

No los llevaría a la horca pero sí les daría bien con el látigo a: Joe Wright en Orgullo y Prejuicio por dejar pasar la oportunidad de plasmar la ironía de Jane Austen y a la BBC por no ponerle un poco más de esfuerzo a la adaptación (miniserie) de Norte y Sur de Elisabeth Gaskell.

TRAVIS.- Nada, nada, horca, no te apiades de ellos si han desaprovechado una gran oportunidad. Supongo que te refieres a la adaptación moderna de El retrato de Dorian Gray, infumable, pero hay una bastante buena de 1945, con George Sanders. Desde luego bastante más fiel al libro. Yo llevaría al paredón a los perpetradores de la versión moderna de Chacal, la adaptación libre del libro de Forsythe con Bruce Willis y Richard Gere, para matarlos a todos. Y a Agustín Díaz Yanes por desaprovechar las historias del Capitán Alatriste de Pérez-Reverte y parir esa cosa en la que metía todos los libros y a la vez ninguno, una cosa mal parida, una pena. Creo que Don Arturo no ha tenido suerte en sus adaptaciones al cine, quizás se salven Territorio comanche o El maestro de esgrima, sin ser grandes peliculones. Espero que algún día logren llevar sus historias a la gran pantalla con acierto.

Y rematamos ya esta conversación, ¿tienes algún libro especial, de esos que están entre tus favoritos, que estés deseando que se lleve en algún momento al cine?

REGGIE.- La verdad es que los libros que son más especiales para mí no me provocan que quiera ver una película de ellos, no quiero que me “emborronen” el recuerdo. Por ahí circula alguna adaptación de El viejo y el mar que es uno de los libros que más me han marcado y ni se me ocurriría verla, tampoco creo que pudieran hacer una nueva versión que pueda plasmar todas las metáforas y la profundidad que éstas le dan al libro. El único libro que figura entre mis favoritos que no me importaría ver en una buena adaptación sería Momo de Michael Ende. Así que realmente no hay ningún libro que “esté impaciente” por que lleven a la gran pantalla. ¿Tú tienes alguno?

TRAVIS.- Pues hay una película que nunca se hará, pero de la que habla Billy Wilder en su libro de Conversaciones con Cameron Crowe, El guardián entre el centeno, de J.D. Salinger.

“Un libro maravilloso. Me encantó. Lo perseguí. (…) Es un libro magnífico. (…) Habría respetado sus propias palabras. Pero nunca llegó a ese punto la cosa. Habría protegido su visión. Era totalmente extraordinario. Su forma de exponer las historias que le sucedían a esa familia (la familia Glass)… Maravilloso. Me conmovió mucho. Cuando uno tiene un libro así, que engloba el mundo, por así decir, hay que ser muy precavido. Porque habrían llegado sin cesar cartas para decir: ¿Por qué no ha incluido esta escena, o aquella?”.

Nunca lo veremos, por desgracia. Un genio como Wilder preocupado porque cada uno tiene su visión de los libros. Y luego Salinger, que se apartó de este mundo para vivir medio recluido, con su proverbial mal humor cada vez que se acercaba alguien que medio oliera a Hollywood.

Volviendo a Pérez-Reverte, hay un relato largo o novela corta, que me encantaría que se adaptara al cine: La sombra del águila. Trata acerca de un pelotón de soldados españoles, enrolados a la fuerza en las tropas napoleónicas, que intenta desertar en plena campaña en Rusia, en 1812. Entretenido, hilarante por momentos, y basado en un sorprendente hecho real. Ahí dejo la idea para productores avezados.

En fin, un placer, Reggie, que sigas leyendo y disfrutando de ese modo libros y pelis, pelis y libros, tanto monta…

 

 

Mucho mejor la peli (I)

Libros-películas 1

REGGIE Y TRAVIS, 12/01/2020

Todos tenemos algún amigo repelente, incluso nosotros mismos hemos sido a veces ese amigo repelente, que al acabar una peli sale del cine y delante de los colegas suelta con aire de superioridad:

– Está bien, pero es mucho mejor el libro.

Eso cuando no nos da por decir en plan pedante: “¡menuda basura, vaya destrozo que han hecho con el libro!”.

A lo largo de la historia del cine ha habido grandes adaptaciones, mediocridades varias y bodrios infumables destrozando grandes clásicos que merecerían directamente la hoguera de todos los que en ella hayan participado, pero puesto que en este blog somos amantes del cine y la literatura hoy vamos a intentar buscar lo contrario: esos casos en los que salimos del cine queriendo leer el libro y saber más de la historia de los protagonistas y terminamos por el contrario defraudados, o pensando que el artista que hay tras la dirección o la producción supera claramente al escritor que parió la historia.

No me he leído La dama de Shangai, pero es famosa la anécdota de Orson Welles llamando desde un aeropuerto al productor Harry Cohn para conseguir financiación para un proyecto que ni siquiera tenía. Cuando el productor le preguntó por el título, Welles le soltó el de una novela barata que vio en el quiosco y que ni siquiera había leído. Hoy en día nadie recuerda la novela de Sherwood King y sin embargo la película es todo un clásico del cine. Como en cuestión de gustos siempre hay opiniones de todo tipo, mejor contrastar mis ideas con una aficionada tan apasionada de los libros como de las películas, mi amiga Regina Lampert, Reggie para acortar, ¿les suena ese nombre?

TRAVIS.- Venga, Reggie, yo voy a empezar fuerte, soltando un primer título de libro que, no voy a decir que no me gustara: El Padrino, pero el libro de Mario Puzo me parece muy inferior a El Padrino de Francis Ford Coppola. Los personajes son casi los mismos, así como buena parte de la trama, incluso la parte italiana referida a los orígenes de Vito Corleone (o Andolini) que luego salía en El Padrino II, pero aparte de que no tiene la música de Nino Rota, ni la belleza de las imágenes de Coppola y Gordon Willis, hay una parte del libro muy pesada, que no aporta nada a la trama, toda la referida a Lucy Mancini, la amante de Sonny Corleone, que se va a Las Vegas, se lía con un médico que le opera sus partes… Un coñazo, literal.

REGGIE.- Me gusta el debate que planteas, Travis. Las novelas suelen darnos un entendimiento más profundo de la trama y personajes, lo que suele hacer que nos sintamos más “conectados” con la historia. El cine, por otra parte, tiene recursos más variados para transmitirla, por ejemplo: la música. La música de El Padrino es inconfundible, te mete en situación completamente y muchas veces consigue transmitirte sensaciones totalmente distintas usando la misma melodía con diferente tempo. Una película con la que me quedo antes que con el libro es Desayuno con diamantes. Aquí también la música es una de las razones que más pesan para que sea una película que enamora y es que Desayuno con diamantes sin Moon River no tendría ni la mitad del encanto que tiene.

Moon River

TRAVIS.- Quizás sea como dices y el cine cuenta con más herramientas, con recursos variados y potentes como la música, la fotografía y los efectos especiales. No he leído la novela de Truman Capote, pero coincido contigo en que es imposible que un libro transmita la imagen de Audrey Hepburn cantando Moon River en la escalera de su apartamento. Hace un par de semanas, mientras pensaba en este post, emitieron en televisión El planeta de los simios, la versión clásica de 1968, y es otro ejemplo sumamente ilustrativo de lo que estamos hablando. El mítico plano final sobre la playa del planeta es un icono de la historia del cine, mucho mejor que el final que plantea la novela, de Pierre Boulle. Me compré el libro hace años con gran ilusión y me encontré una novela muy distinta. Los personajes tienen los mismos nombres y los simios están clasificados por especies y funciones, gorilas soldados, orangutanes profesores y jueces, chimpancés científicos, pero tiene un doble final mucho más flojo. El giro que da la película, en el sentido de que los astronautas no han salido nunca de la Tierra es una puñetera genialidad.

El planeta de los simios

REGGIE.- Tengo que reconocer (y probablemente me juzgues por ello) que a mí El planeta de los simios es una película que, salvo el giro del final que resaltas, siempre me deja un poco fría.

¿Te ha pasado con alguna película que te gusta más la peli pero que si hubieras leído el libro antes de verla dirías que el libro es tu favorito? A mí me pasa con El silencio de los corderos. Es un peliculón, una de mis pelis favoritas. Cuando la vi enseguida fui a comprarme el libro y, aunque me encantó, no me enganché tanto como sé que me habría enganchado si no hubiera visto primero la peli. Ya te digo, si el orden hubiera sido inverso probablemente me inclinaría más por Thomas Harris pero hoy en día me quedo con Anthony Hopkins.

TRAVIS.- Pues… puede que sí, aunque no tanto como para decir que sea mi favorito. Por ejemplo, me gustó mucho la peli Marte (The Martian), tanto que compré y devoré el libro de inmediato. El libro aporta muchos datos técnicos y un sentido del humor peculiar, mientras que la peli aporta la belleza de Marte en imágenes. Es lo que tienen los libros, que pueden extenderse sin problemas en los detalles, mientras que el cine tiene que concretar más, aunque sea a costa de perder información.

Pero no quería dejar de hablar de El silencio de los corderos, ya que lo mencionas. Es una gran película y una muy buena adaptación, pero para mí personalmente es mejor el libro, sobre todo porque no incurre en los errores de la película: uno, que no te cuenta cómo Hannibal Lecter consigue coger el boli de la senadora (¡eso es trampa!), y dos, cuando nos hace creer que el FBI está en la puerta del chalé de Buffalo Bill y es un engaño para el espectador. En cuanto a los otros libros sobre el gran personaje interpretado por Anthony Hopkins, El dragón rojo y Hannibal, me quedo con los libros, aunque ese momento de los sesos de Ray Liotta, con un buen Chianti… tiene su punto.

REGGIE.- Un buen Chianti… ¡serás morboso, Travis! Ya sé que no perdonas los errores de El silencio de los corderos pero a mí la actuación de Hopkins hace que obvie un poco esas “trampas de guion”. El primer día que nos conocimos estuvimos hablando de Hitchcock y me suena que a él le acusabas de ser un poquito “tramposo” en alguno de sus guiones. A mí Hitchcock me encanta. Además de las técnicas, encuadres y montajes característicos de él, me gusta mucho ver la “historia del cine” evolucionar conforme avanzas en su filmografía: empezamos con películas mudas y acabamos con películas sonoras y en color.

De Hitchcock también tengo un título del cual me quedo con la película y ese es Psicosis. Por cierto, con relación al libro ya sabes que hay un famoso rumor que dice que, para evitar “spoilers” sobre el giro final, Hitchcock intentó comprar todas las copias posibles del libro de Bloch.

Psicosis ducha

TRAVIS.- ¡Psicosis! Me encanta, aunque no he leído el libro, algún día me explicarás esas diferencias. No creo que el libro pueda ofrecer algo tan acongojante como la escena de la ducha o el final con la madre. Y sí, siempre pensé que Hitchcock era mejor director que guionista. Un ejemplo muy claro lo tienes en la famosa escena de la avioneta y el campo de trigo en Con la muerte en los talonesCon la muerte en los talonesAnda que no hay maneras más sencillas de cargarse al personaje de Cary Grant. Y más después de saber que la avioneta tenía ametralladoras, pero apenas las usa en dos de las cuatro o cinco pasadas que hace. Podían enviar a dos matones en coche y fin del problema, y sin embargo, Hitchcock consiguió uno de los planos más icónicos de la historia del cine.

Pero me estoy yendo del tema, así que volveré a los libros. A veces se hace una muy buena adaptación que no es mejor que el libro, pero que puede mejorar alguna parte. Me pasa por ejemplo con la trilogía de El señor de los anillos. Se toma algunas licencias, sobre todo entre el segundo y tercer libro, pero me gusta más todo el inicio de la película que el del libro, tanto la historia del descubrimiento del anillo como que suprimieran la parte del hombre-sauce o el capítulo entero de Tom Bombadil. Un gran acierto de Peter Jackson.

REGGIE.- ¿Te puedes creer que no me he leído El señor de los anillos? Me leí El Hobbit muy pequeña y me pareció de aquellas tan tostón que nunca sentí curiosidad por leer nada más de Tolkien (por esta declaración más de uno pediría mi cabeza…). Pero bueno, no quita que las películas me parecen muy buenas películas.

Sobre el tomarse licencias o no al adaptarse libros al formato del cine, es imposible meter un libro en dos horas de película, siempre se pierden información y matices por el camino y muchas veces los directores tienen que tomar algún “atajo” como el que mencionas de El señor de los anillos o, por ejemplo, en el final de Atonement. Con ésta última me quedo también con la película por dos motivos: el vestuario (y no sólo por el famoso vestido verde) y el plano secuencia en Dunkerque que es brutal.

TRAVIS.- Atonement, o Expiación como yo la vi, es una película que inmediatamente me provocó ganas de leer el libro, y más cuando supe que era de Ian McEwan, aunque luego no llegué a hacerlo. Una muy buena película, y en la que se aprecia el trasfondo de los personajes, que seguro que se desarrollan más en el libro. El plano secuencia que mencionas es genial, una maravilla que dura cinco o seis minutos.

(Hay tantos libros y películas de las que hablar que “Continuará” en una segunda parte)