My favourite driver, por Travis

Lo último que he ido a ver al cine este verano ha sido la inclasificable Baby driver, una entretenida película de atracos, persecuciones y personajes tarados, con una agradable historia de amor en su trama entre el baby driver del título y la camarera del típico café mugriento norteamericano. Escrita y dirigida por Edgar Wright, está protagonizada por los desconocidos Ansel Elgort y Lily James, y cuenta con unos secundarios de lujo: Jamie Foxx, Jon Hamm y el siempre estupendo Kevin Spacey.

No voy a hacer spoiler, pero según mi modo de ver el cine, Baby driver falla donde tantas pelis americanas recientes: en la necesidad de matar catorce veces al malo. Atropellado, golpeado, disparado, arrojado al vacío, sangrando, con ocho costillas rotas y la cabeza abierta,… Quizás solo el T-1000 sea más resistente a la muerte.

Después de ver esta ensalada de acelerones y tiros, solo podía plantearme escribir sobre dos cosas: las mejores bandas sonoras de películas o los mejores conductores del cine. Y como no me gustan las listas con su ranking o clasificación ascendente, descarto hablar de las bandas sonoras, que darían para escribir varias entradas seguidas, distinguiendo entre las que aportan temas nuevos, piezas clásicas o las que, como Baby driver, recogen una enorme y magnífica recopilación de temazos de varias décadas (Pulp Fiction, Casino, Forrest Gump,…). La música juega un papel fundamental en los atracos y está perfectamente encajada en la trama: Queen, Blur, Simon and Garfunkel, The Commodores, T-Rex, Beck, Sam & Dave, ¡The Beach Boys!,… La recomiendo.

Así que en lugar de hablar de la música, voy a tratar de localizar a my favourite driver del mundo del cine. Por su pericia, destreza y sabia elección de la música, Baby driver estaría en la relación de los mejores, pero hay muchos más. En esa lista no voy a considerar a los plomizos de Fast and Furious (Vin Diesel y el malogrado Paul Walker, entre muchos otros), ni al Nicholas Cage de 60 segundos, ni al mejor repartidor en todos los sentidos, Jason Transporter Statham, porque estas películas me aburren soberanamente y para entrar en mi lista de conductores favoritos, hay que tener otro tipo de virtudes. Con ellos al volante sé que sería cuestión de tiempo que me estampara contra un muro o contra un tren de mercancías.

Para virtudes al volante las de Travis Bickle, por ejemplo, el conductor tranquilo de Taxi driver al que he usurpado el nombre. Un tipo educado con la clientela, paciente, que sabe escuchar,… hasta que se le cruzan los cables y decide hacer de justiciero de la noche. Pero lo cierto es que destaca más por su improvisación frente al espejo o sus discursos sobre la lluvia purificadora que por su habilidad al volante, y yo estoy buscando a un conductor de pelotas, de los que te agarran al sofá y no te dejan levantarte ni aunque en tu vejiga se concentren veinte atmósferas de presión.

Como Steve McQueen, por ejemplo. No solo era un gran actor, con papeles como el inolvidable Hilts de la “neverra” de La gran evasión, sino un notable piloto tanto de motos como de coches. Representó a Estados Unidos en carreras de Enduro y fue segundo en la general de las 12 horas de Sebring, en coches. Le encantaba conducir y quizás por eso en un momento dado de su carrera se prodigó en personajes que tenían que ponerse tras el volante o el manillar de una moto: La huida, Le Mans o El caso de Thomas Crown. Su persecución de Bullitt por las calles y las cuestas de San Francisco al volante de un Ford Mustang del 68 es tan mítica como los saltos en moto de La gran evasión. Que se frustrara su huida es el momento que más lamento de toda la película de John Sturges.

Steve McQueen no fue el único gran actor metido a piloto en sus horas libres. James Garner llegó a participar en las 500 Millas de Indianápolis, lo que sin duda le vino muy bien para su papel en Grand Prix. Paul Newman estuvo más de 30 años compitiendo en carreras de todo tipo, logrando meritorios puestos como el segundo en las 24 Horas de Le Mans o la victoria junto a su equipo (¡a los 70 años de edad!) en las 24 Horas de Daytona.

En esa misma carrera compitió Gene Hackman, aunque no recuerdo su habilidad al volante en el cine mucho más allá de las escenas de French Connection, película dirigida por un artista de las persecuciones de coches por mitad de la ciudad, John Frankenheimer. Este mismo director filmó años después otras grandes secuencias de persecuciones en Ronin, con un tipo sospechosamente parecido a un envejecido Travis Bickle, un tal Sam interpretado por Robert de Niro con cara de estreñido en cada curva forzada.

Recordemos que en todas estas escenas de películas es fundamental que los coches en un momento dado se suban a la acera, tiren un puesto de flores o de fruta, estén a punto de atropellar a varios peatones y sí o sí, tienen que evitar un autobús o un camión que sin embargo no podrán evitar los coches de policía que les persiguen con la sirena a todo meter.

Me he ido un poco del tema al hablar de actores que se metían a pilotos, pero si hablamos de pilotos interpretados por actores, tengo que reconocer que me gusta más el talento natural de James Hunt/Chris Hemsworth (y su atractivo para las mujeres) que la meticulosidad obsesiva de Niki Lauda/Daniel Brühl en Rush. Aunque si hablamos de profesionales de la Fórmula 1, mi favorito siempre fue el brasileño Ayrton Senna (muy recomendable el documental Senna, en el que se aprecia cómo la FIA lo intentaba todo para que Alain Prost lograra el título en los mundiales).

Entonces, tras todo este rollo, ¿en qué quedamos, cuál es my favourite driver? Hay dos que no tuvieron nombre en sus respectivas películas, y en los títulos de crédito aparecieron como tal: Driver, conductor. Me refiero a Ryan O’Neal en Driver y a Ryan Gosling en Drive. Los dos conducen de cojones por sitios terriblemente complicados, pero el primer Ryan me hartó bastante con la cursilería de Love Story, y con el segundo tengo un problema: es buen actor, con presencia y buenos papeles casi siempre, pero es taaan guapo, tiene esos planos taaaan favorecedores, que el tío lo sabe y trata de lucirse en cada fotograma, “mira qué sensual soy, qué miraditas echo, cómo me muerdo el labio”. Me volvió a pasar con La La Land, y eso que la película me encantó.

 

¿En manos de quién me pondría para que me sacara de un apuro o me llevara a algún sitio fuera de peligro? Cualquiera de los Bond James Bond, 007 con licencia para matar podría valer, igual que un figura similar en versión actualizada como es Jason Bourne, que conduce un Mini Cooper como casi nadie por las calles de París. Pero casi prefiero ponerme en manos de Arnold Schwarzenegger en plan Terminator, que lo mismo te lleva en moto, que en coche, camión, furgón policial o en helicóptero, y todo ello mientras no deja de disparar tiros a diestro y siniestro. Y te suelta las frases justas, ni una más. “Hasta luego, baby”, aquí traducida como “Sayonara, baby”. 

Claro que si busco la compañía ideal para un largo viaje, y antes de que el colectivo femenista se me eche al cuello por no haber incluido mujeres en esta lista, les diré que he dejado lo mejor, ¡a ellas!, para el final. De ahí que el título de esta entrada no quisiera dar pistas y hablara en todo momento del favourite driver, y no de la conductora favorita en cuyas manos me pondría sin dudarlo (en todos los sentidos).

Podía pensar en las chicas de Death Proof, pero me aburrí tanto con la peli de Tarantino (un lunar casi irrelevante en estos 25 años de carrera) que ni siquiera su habilidad al volante o su conocimiento de los coches sesenteros me animarían. Quizás sus juegos suicidas sobre el capó,… no, definitivamente no.

Quizás la Sandra Bullock conductora de autobuses en Speed, pero como dije ya en la primera entrada de cine de este blog, la Bullock estaría sin duda en mi lista de actrices odiosas cuyo personaje quiero que muera durante el metraje, así que tampoco. Me encanta la estupenda Linda Hamilton, Sarah Connor forever, durísima superviviente en las dos primeras entregas de Terminator, una bestia parda que muestra tanta habilidad al volante como en el manejo de armas, pero sigo queriendo algo más.

A ese “algo más” se acerca Angelina Jolie, por su sensualidad y su modo de conducir, no tanto en 60 segundos ni en la ridícula Sr. & Sra. Smith, sino en ese disparate que es por momentos Wanted (Se busca). La escena de la Jolie embutida en un vestido blanco disparando boca abajo sobre el capó de un Víper rojo es una fantasmada muy divertida de principio a fin. ¡Quién quiere verosimilitud cuando se puede contemplar esa simbiosis de curvas tan perfecta!

Se acerca, pero no llega a la ganadora del título de My favourite driver, el título del post. Hasta aquí he hablado de todo un poco, de curvas, de coches rojos, de pericia y derrapes, de habilidad al volante, de la sensualidad y el Mini Cooper,… Charlize Theron, no podía ser otra. The Italian Job:

Incluso tengo su número de teléfono en esa película. Habrá quien le cueste creerlo, pero es el mismo de Lester Burnham en American Beauty. Comprobadlo. ¿Que por qué lo sé? Por sus innumerables mensajes a la manera de El Lobo de Pulp Fiction, otro experto conductor:

– Estoy a media hora de tu casa. Llegaré en diez minutos.

Título letal, por Travis

  • ¿Y cómo dices que se titula esta película?
  • Curdled. Hace referencia a algo así como “Coagulada”.
  • Qué asco, no es comercial, recuerda a una compresa, ¿de qué va?
  • De una mujer obsesionada con la muerte y los asesinatos, que se pone a trabajar en una empresa que se dedica a limpiar de sangre y restos los escenarios del crimen.
  • ¡Lo tengo, tío! ¡Tú asesina, que nosotras limpiamos la sangre!
  • ¡Lo petamos, tronko!

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Taxistas, esos incomprendidos cabroncetes en vías de extinción, por Travis

La semana pasada estuve en el cine viendo El caso Sloane, interesantísima película sobre el mundo de los lobbys estadounidenses y la corrupción profesionalizada de la clase política de ese país. Fantástica Jessica Chastain, diálogos afilados y certeros (demasiado perfectos en ocasiones para sonar “reales”), grandes secundarios en una trama con juicio y subtramas paralelas,… en definitiva, muy recomendable.

Pero me cuesta hablar de una película reciente sin destripar demasiado su argumento, así que me centraré en un aspecto menor de la misma que me llamó la atención. La protagonista, que no conduce ni tiene coche propio, se maneja utilizando (aunque no lo cuente de modo explícito) la plataforma Uber. Sigue leyendo

Escenas de cine “semanasantero” que no son las que esperabas encontrar, por Travis

No sé si son los guionistas o los productores americanos, pero alguien debería decirles que conviene que se asesoren antes de cometer tropelías como la de Misión imposible 2, en cuyo inicio, durante la Semana Santa sevillana, Anthony Hopkins y Tom Cruise contemplan con estupor esa mezcla de procesiones y fallas, con gente vestida de sanfermines entre el público, y el primero pronuncia una frase que pertenece a la antología del disparate cinematográfico: Sigue leyendo

El guardián invisible y los guardianes (visibles) de la moral, por Travis

En las últimas semanas he recibido por distintos lados un mensaje para boicotear la película El guardián invisible, estrenada el pasado 3 de marzo. Supongo que todos estáis al tanto de la polémica, pero aun así extraigo un corte del mensaje: Sigue leyendo

La La La porra de los Óscar 2017 (Travis)

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Seguramente a muchos ni les va ni les viene, y la mayoría apenas habrá visto un par de películas candidatas, pero es tal la promoción que hace el cine americano de sus obras y sus premios que cuando llegan los Óscar nos encanta hacer nuestra apuesta, nuestras quinielas particulares o un grupo de WhatsApp llamado “La Porra de los Óscar”. Pues aquí no íbamos a ser menos, separando la apuesta “racional” (la que los periódicos nos dicen que tiene todas las papeletas) de la emocional, audaz o sin sentido. La denominaré “la apuesta chorra”. Sigue leyendo

Tostones ochenteros, por Travis

oda-a-los-80

Desde hace un tiempo, tengo la sensación de que se idealiza todo lo hecho en los años 80, especialmente en el mundo del cine o la música, como si todo lo anterior o sobre todo lo posterior no tuviera el mismo valor artístico, o como si en esa década se hubiera vivido un boom cultural único en la Historia. Sigue leyendo