Freddie Mercury y Lady Gaga, por Travis

 

Dos estupendas películas alrededor de la música rock y el mundo de los conciertos coinciden estos días en las carteleras: Bohemian Rhapsody y Ha nacido una estrella. Tienen algunos puntos en común y a la vez son muy diferentes entre sí. La cantante Lady Gaga interpreta a un personaje de ficción, mientras que Freddie Mercury revive en la piel de un actor que no canta, Rami Malek.

Ambas películas cuentan historias conocidas en mayor o menor grado por los espectadores (la creación de la banda británica Queen y una nueva versión de Ha nacido una estrella), y sin embargo se ven con agrado, se disfrutan mientras uno no se da cuenta de que está llevando el ritmo con las piernas o tarareando todas las canciones de Queen.

Ha nacido una estrella

Se trata de la cuarta versión de esta historia, tras las de William Wellman (1937), George Cukor (1954) y Frank Pearson (1976). En el fondo es un argumento bastante socorrido en el mundo del cine, pero no por ello menos fascinante: un personaje en la cima que se siente atraído por una desconocida a la que anima y ayuda a llegar a lo más alto, para comprobar con el tiempo cómo el discípulo comienza a superarle mientras la estrella inicia el declive. Las estupendas Eva al desnudo y The artist se basan igualmente en esta historia. De un modo tangencial, es la historia de Obi-Wan viendo que ya no puede controlar a su padawan Anakin, el cual le supera y además pervierte las enseñanzas del maestro, abandona el lado luminoso de la Fuerza.

La versión actual supone el debut en la dirección del actor Bradley Cooper, y cualquiera que vea Ha nacido una estrella pensaría que lleva decenas de películas a sus espaldas. Se maneja de modo espectacular en las escenas de masas, en esos conciertos con miles de fans pendientes del artista, está inmenso moviéndose entre tramoyistas y equipo técnico tras el telón, en el recorrido que va de una copa de whisky en la caravana a pisar con firmeza el escenario, y a la vez resulta sobrio y acertado en los momentos de intimidad de la pareja, cuando estos aparecen desnudos de toda la parafernalia que rodea a las estrellas.

La estrella de vuelta de todo es Jackson Maine (Bradley Cooper), que en pleno deterioro físico y creativo conoce a Ally (Lady Gaga), una cantante aficionada que trabaja de día en un supermercado y actúa por las noches en un bar infame al que acude Cooper en busca de un último trago. La química entre ambos es evidente desde el primer instante y de ese buen rollo personal, afectivo, musical y creador se nutre toda la trama. Ambos son mejores cuando unen sus talentos.

Lady Gaga - Bradely Cooper - Ha Nacido Una Estrella

La fuerza de la música en pantalla es de tal intensidad que el primer acorde de guitarra de Bradley Cooper es suficiente para engancharte a la película. Y no ha pasado ni un minuto de metraje. Las canciones que escuchamos y la banda sonora al completo componen otro de los enormes aciertos de la película. El director se pasó cuatro años estudiando el personaje, contrastando opiniones con productores musicales y buscando el sonido que la película demandaba. Acertó. Cada canción encaja perfectamente en el momento que vemos en pantalla: los grandes temas de rock para los conciertos, las baladas intimistas, las suaves melodías que escribe Ally y que Cooper ayuda a potenciar, la espantosa canción comercial de Lady Gaga (no es Ally en ese momento), y por supuesto, la impresionante versión de La vie en rose (Edith Piaf) que nos regala la protagonista.

Ocho de los temas aparecen firmados por Lukas Nelson, en cuyo aspecto parece haberse fijado Bradley Cooper para la composición de su personaje. Para mi gusto, son los mejores temas de la película, junto con el impresionante Shallow de Ally. El personaje de la joven crece en cada aparición en pantalla, y aunque trata de mantener su estilo y el sonido que la hace especial, se ve inmersa en un mundo que todo lo devora y arrasa, empezando por su arte. Me recuerda a esas jóvenes desconocidas arrastradas por la vorágine de la música moderna y comercial que las transforma en “otra cosa”, un producto artificial en el que prima la imagen, el peinado, el vestuario y el físico. Desaparece el artista y toman protagonismo los productores y los agentes. Ally se convierte en Lady Gaga y pierde totalmente su encanto.

Bradley Cooper no es músico ni cantante, pero hace un gran papel. Lady Gaga no es actriz, pero compone una Ally deslumbrante. Se habla de ella como la gran favorita para el Óscar a mejor actriz. En definitiva, una película muy recomendable para amantes de los conciertos y la música rock.

Bohemian Rhapsody

Is this the real life?

Is this just fantasy?

Las dos primeras frases del temazo Bohemian Rhapsody son perfectas para hablar de la película del mismo título basada en el éxito del grupo británico Queen,  desde su formación hasta el concierto Live Aid en 1985. Adelanto que salí del cine con una sonrisa de oreja a oreja, el ritmo (que no tengo) en el cuerpo y cantando varios de los grandes éxitos del grupo, así que no seré objetivo, o lo seré desde mi subjetividad de aficionado a la música de los 70 y 80, repleta de grandes grupos y entre ellos, el cuarteto Queen.

Freddie Mercury

Is this the real life?

Es lo que parece durante buena parte del metraje, y especialmente cuando ves en pantalla a Rami Malek y Gwilym Lee transformándose en Freddie Mercury y Brian May. También están muy ajustados a sus papeles Ben Hardy como Roger Taylor y Joseph Mazzello como John Deacon. La película comienza como casi todo biopic, exaltando la genialidad del protagonista sin necesidad de explicar nada acerca de su formación musical: un tal Farrokh Bulsara, de familia parsi, se pone a cantar, tiene un chorro de voz inigualable y como es un puto genio convence a sus futuros compañeros en mitad de la calle, de ahí salta al escenario de un pequeño local, y como es un fucking genius, de ahí a un gran disco todo parece un camino casi de rosas.

Brian May

La personalidad arrolladora de Freddie Mercury es el motor de la película, que sin embargo nos muestra el contraste entre su histrionismo en los escenarios y la timidez en las relaciones personales, ya sea con su compañera de toda la vida, Mary Austin, o con los distintos hombres con los que mantuvo relaciones. El proyecto para la película se comenzó a gestar en 2010 y en su origen se pensó en el exageradísimo / divertidísimo / incorrectísimo Sacha Baron Cohen para interpretar a Freddie Mercury. Sinceramente, me alegro de que el proyecto pasara al actor de origen egipcio Rami Malek, que literalmente clava el papel.

El director elegido fue Bryan Singer, un habitual de los X-Men, perpetrador de cosas como Superman returns, y uno de esos directores cuya mejor película fue la primera, aquellos tramposos Sospechosos habituales rodados en estado de gracia. No pudo terminar el rodaje de Bohemian Rhapsody, que abandonó por una enfermedad de su padre, aunque se haya hablado de desavenencias con la productora, la Fox, y en su lugar la terminó el director inglés Dexter Fletcher.

La película es larga, dos horas y cuarto, pero se pasan en un suspiro. Te das cuenta de la cantidad de canciones que conoces prácticamente enteras y de cómo son piezas creadas por y para el público, para que disfrute sus ritmos por igual en un concierto, en un musical (lo único salvable de We Will Rock you! son las canciones), o en partidos de baloncesto o fútbol (de nuevo We Will Rock you! y por supuesto el We are the Champions). Desconozco por qué se elige 1985 y el concierto de Wembley para finalizar la historia, pero si la idea es completar hasta el año de la muerte de Freddie Mercury, en 1991, por mi parte perfecto. Iré a verla, seguro.

Los trabajos de ambientación y caracterización de los personajes son fantásticos, y los más aficionados pueden disfrutar de vídeos que comparan el clímax final de la película con la actuación real en el Live Aid. Una gozada:

Is this just fantasy?

La voz que escuchamos en los ensayos y las grabaciones no es de Rami Malek, ni mucho menos de Freddie Mercury, sino de Marc Martel, un músico canadiense que tiene varios vídeos en YouTube clavando la voz del cantante de Queen.

Pero la voz no es la única fantasía de la película. Había visto ya el documental Days of our lives antes de Bohemian, y después de verla, apenas un día después, me tragué el otro gran monográfico sobre su carrera,  Freddie Mercury: The Great Pretender. Ambos muy recomendables. Sin embargo, te das cuenta de que, como hace siempre Hollywood, se cambiaron algunos detalles de la biografía de Freddie Mercury y del grupo, seguramente para aumentar el interés de la historia o para rebajar la calificación y poder acceder a todos los públicos.

La película no omite las orgías en casa de Freddie, ni los excesos del artista, aunque suaviza la mayoría de los detalles. Tampoco elude sus meses de escapada por los antros neoyorquinos gays, ni su promiscuidad en aquellos años en que el SIDA se extendió como la pólvora. Algunos detalles son menores, como el momento en que fueron grabadas algunas canciones, o el directivo de EMI que nunca existió, pero otros resultan bastante cuestionables.

La pareja del cantante, Jim Hutton, no era camarero, sino peluquero, y por supuesto que no lo presentó a sus padres el mismo día del concierto Live Aid, en ese momento que la película nos cuenta como una búsqueda de la aceptación por parte de su conservadora familia. Llevaban ya varios años de convivencia.

El grupo no llevaba más de dos años separado, como nos cuentan en la película, sino que habían rodado otro disco apenas un año antes del concierto. Esa inexistente separación sirve a los guionistas para crear el conflicto y la reunificación de la banda, cuando lo cierto es que habían actuado juntos apenas un par de meses antes del concierto de Wembley.

Y lo que me parece más discutible es que se date en 1985 el contagio con el VIH de Freddie Mercury, cuando según parece, no tuvo constancia hasta 1987 ó 1988. Sirve a la historia para darle mayor dramatismo, pero falsea los momentos que suceden tras conocer el diagnóstico. Creo que se le perdona, como todo a la historia que cuenta.

Nothing really matters

Anyone can see

En The Great Pretender se habla sin tapujos de su enfermedad, de la época loca del cantante y de la maravillosa historia que tuvo de entendimiento creativo con Montserrat Caballé (recientemente homenajeada por Barney en La Galerna).

Repito lo dicho con anterioridad, si el corte en 1985 es para rodar una segunda parte, hay material suficiente, y vistos los resultados en taquilla, interés del respetable.

Cara Travis

 

 

 

 

 

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El conflicto del secundario, por Travis

 

Billy Wilder

“¿Qué sentirá el tipo que se mete en la cama cuando se van los amantes?”

Según cuenta el propio Billy Wilder en el libro de Cameron Crowe Conversaciones con Billy Wilder, así se gestó una de las películas que siempre figura entre las mejores de la historia: El apartamento. Tras preguntarle Cameron Crowe sobre diversos rumores que circulaban por Hollywood acerca de la génesis de esta historia de un oficinista gris y tristón que cede el apartamento a sus superiores para lograr ascensos en la empresa, el director confiesa:

El origen de El apartamento se remonta a cuando vi la magnífica película de David Lean Breve encuentro (1945). Era la historia de un hombre que tiene una aventura con una mujer casada y va en tren a Londres. Van al apartamento de un amigo de él. Vi la película y dije: “¿Y qué ocurre con el tipo que tiene que meterse después en esa cama tibia?” Es un personaje interesante.

Reconozco que se me escapó una sonrisa cuando leí este párrafo. Solo a este genial director de origen austríaco se le ocurre pensar durante una película romántica como Breve encuentro en “el tipo de la cama tibia”. Y de un personaje secundario como ese tipo surge la idea, pero necesita algo más. Un problema, una dificultad añadida, un dilema. “Una persona que despierta compasión”, dice Wilder. “Para que saliera bien, hacía falta que fuera un poco tímido. Era un detalle importante, el problema que debíamos resolver; teníamos que encontrar la forma perfecta de transmitir ese mensaje. Lo hace todo cargado de ingenuidad”. Y una vez logrado, la historia se escribe sola, la obra maestra fluye de modo natural.

El apartamento Billy Wilder

En cierto modo, de eso va el post de hoy, de secundarios con tanto interés o más que el papel principal, o de cómo rodear al personaje de reparto con un conflicto, un pasado convulso o un dilema moral para que su figura crezca en pantalla. De personajes secundarios bien construidos cuyo desarrollo puede protagonizar una película entera. Como todo está inventado, y todo tiene su nombre anglosajón, es lo que se conoce como spin-off. Dar total protagonismo a un rol nacido para ser secundario.

Así surgió por ejemplo U.S. Marshals, con el comisario Gerard extraído directamente de lo mejor de El fugitivo, un tipo implacable interpretado por Tommy Lee Jones que le comía todo el protagonismo a Harrison Ford en cada escena. O El gato con botas, que se ganó la simpatía del público en las secuelas de Shrek, hasta el punto de ganarse un largometraje completo con todas las estrellas: Antonio Banderas, Salma Hayek, Chris Miller en la dirección y Guillermo del Toro en la producción.

Son secundarios que molan, que atraen la atención del respetable, o pueden ser papeles no secundarios en una historia coral, pero que destacan de tal modo que se merecen su propia película. Como Lobezno y sus cuchillas entre los numerosos X-Men, hasta el punto de haber generado su propia saga. O como Frasier, el psiquiatra eternamente acodado en la barra del bar de Cheers que llegó a protagonizar once temporadas de éxito en la NBC. En España tuvimos a nuestra Carmen Machi protagonizando Aída, y demostrando cómo se podía hacer una espantosa serie a partir de un glorioso personaje de la celebrada Siete vidas.

Cuando se anunció la venta de la saga Star Wars a Disney para producir nuevas películas, se buscaron nuevas historias en planetas ya creados en este universo galáctico (en su día ya se produjo la infumable La batalla en el planeta de los Ewoks), o se plantearon nuevas tramas a distintos personajes. Se buceó en sus pasados, los guionistas desarrollaron sus inicios o su futuro, y así fue como se anunció para 2020 la película de Boba Fett, el cazarrecompensas de la primera trilogía que cuenta con miles de seguidores en las redes. A mí este tipo nunca me gustó demasiado, así que tampoco lamenté cuando anunciaron la cancelación de la producción. Yo creo que no daba para tanto y ya sabemos suficiente de sus orígenes gracias a El ataque de los clones. Como spin-off se han sugerido diversas historias de entre las cuales finalmente se realizaron Rogue One y Solo, sobre cómo el contrabandista Han Solo se volvió tan cínico y desencantado como le conocimos hace décadas.

Pero se trata de algo distinto, a mí lo que de verdad me gustaría es que en ocasiones cogieran a un personaje, con el mismo actor, le crearan un trauma o un conflicto, que le dieran cien vueltas de guion y nos lo soltaran en pelotas en medio de una trama compleja. Con algunos personajes que me han encantado lo veo difícilmente posible, pues parece que su desarrollo ha llegado ya a su fin.

Por ejemplo, Sarah Connor, la madre guerrera de la saga Terminator. Ya hemos visto su evolución de camarera tímida en la primera a guerrillera asesina e implacable de la segunda. Creo que los años que median entre ambas pelis podrían haber dado para una peli interesante (no Las crónicas de Sarah Connor), para una especie de Narcos con una Sarah devorando a todos aquellos hombres despiadados de los que pudiera aprender algo salvaje que le sirviera el día de mañana con su hijo John. Pero tenía que haber sido con Linda Hamilton, no veo a otra actriz, y me temo que ya no será posible.

El teniente Dan, o teniente Daaaan de Forrest Gump, también era un personaje secundario que bien podría haber merecido su spin-off. Pero creo que su evolución ya pasó durante el metraje, cuando deja de ser ese veterano tullido malhablado, pendenciero y alcoholizado que “tenía que haber muerto en el campo de batalla” y aparece con piernas y casado con una vietnamita. Su conflicto se resolvió durante la tormenta subido al mástil del barco de gambas, cuando, como dice Forrest, “creo que hizo las paces con Dios”.

Uno de los mejores secundarios que he visto en años es el coronel de las SS Hans Landa de Malditos bastardos, el peliculón de Quentin Tarantino ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Es un redomado hijo de puta de lo más simpático y siniestro a la vez, uno de esos tipos que da más miedo cuando sonríe que cuando está serio, y sabe ser hijo de puta en francés, alemán, inglés o italiano. Una pena que Aldo Raine/Brad Pitt le grabe una esvástica en plena frente, porque habría tenido gracia ver a este psicópata incorporado a la vida normal en plena posguerra. Me lo imagino en el típico barrio residencial de Los Ángeles interrogando al lechero o al repartidor de periódicos.

Así que, puesto que no veo que se vaya a sacar más partido de Sarah Connor, del teniente Dan o del coronel Hans Landa, me voy a atrever a dejar tres ideas absurdas siguiendo la frase de Billy Wilder “¿y qué ocurre con…?”, ideas que en su día me rondaron la cabeza tras ver por enésima vez las obras originales en las que aparecen estos grandiosos secundarios.

Héctor Elizondo Pretty WomanEl gerente del hotel de Pretty woman

El mejor papel de esta peli que no han puesto NUNCA en la tele es para mí sin duda el interpretado por Héctor Elizondo, el gerente del hotel en el que se alojan Richard Gere y su amiguita de 2.000 dólares Julia Roberts. Profesional impecable, elegante, siempre comedido y con la frase exacta, el gerente se merecía su propia película. Los productores lo sabían y cuando trataron de repetir el éxito con Novia a la fuga, no solo contrataron a Gere y a la Roberts, sino también a Elizondo, aunque fuera para un papel chorra. Un tipo que dice con aire de lord inglés “cuesta desprenderse de algo tan bello” mientras devuelve un collar de diamantes, pero devora con la mirada a Julia Roberts, ¡joder, productores, olvidaos del vainas del Richard Gere, el tipo interesante es este!!!

Podían haberle desarrollado un guion en el que, después de una vida entera dedicada al hotel y a tapar los trapos sucios de la gente de bien, le anuncian su prejubilación. De modo perro y miserable, racaneándole la pasta. Eso coincide con la llegada de otro tipejo como el Gere de la primera, un tiburón de los que compran por igual empresas y prostitutas, que luego desprecian del mismo modo que a los trabajadores de esas empresas recién adquiridas.

En mi película, el bueno de Barney, que así se llama en Pretty woman, decide vengarse y pasar a la acción. Por si hubiera pocos ingredientes, el millonetis ha traído a una fulana al hotel y le ha dejado un pastón por pagar. Barney, que lleva años tragando la falta de ética de los hombres de negocios, casi tantos como los que lleva sin tocar a una mujer, decide que ya ha desperdiciado demasiado su vida. Va a pasar al ataque. Los poderosos hombres de negocios pueden echarse a temblar. Creo que sería mucho más interesante que una hipotética y almibarada Pretty Woman 2 que espero que nunca se ruede.

Señor Lobo Harvey KeitelEl señor Lobo de Pulp Fiction

Otro profesional intachable, míster “soluciono problemas”. Creemos que el Lobo es un tipo acostumbrado a lidiar con gente de la peor calaña, mafiosos, asesinos, extorsionadores, políticos corruptos,… Es un individuo aparentemente sin escrúpulos, sin sentimientos, que lo mismo te limpia un coche de sesos de yonqui que te organiza una fiesta privada para mafiosos y congresistas. El profesional adecuado al que acudir cuando “los negocios” se tuercen. Me habría encantado una película suya enterrando los cadáveres de otros y cobrando una buena pasta por ello.

¿Y qué haría con su inmensa fortuna? Ese sería el núcleo del filme, el motor de todas sus acciones. En realidad mi señor Lobo sería un tipo atormentado por los asesinatos que cometió en Vietnam drogado hasta las trancas, y desde que volvió a Estados Unidos ha estado manteniendo a una familia de ocho niños a los que dejó huérfanos hace décadas. Detesta a la gente para la que trabaja, pero los generosos emolumentos que recibe son los que le permiten pagar la educación y la subsistencia de una familia entera de campesinos, uno de los cuales se ha hecho mayor y viaja a Los Ángeles para trabajar como ayudante del señor Lobo. Ese Harvey Keitel daba para todo lo que Tarantino le hubiera planteado.

El profesor Rupert de La soga

¿Qué ocurre después de la trepidante hora y media de La soga de Hitchcock? ¿Qué pasa por la cabeza de James Stewart, Rupert Cadell o Profesor Sarcasmo, esa fuente de inspiración para el asesinato que cometen sus alumnos más aventajados.

James Stewart La soga

“El homicidio resolvería tantas cosas.

Desempleo, pobreza, las colas para comprar entradas en el teatro,…”

“Un pollo es tan buena razón para matar como una rubia, un colchón lleno de billetes o cualquiera de las prosaicas razones corrientes”.

Tantas bromas sobre los seres superiores y cómo los inferiores merecen la muerte que al final quienes le escucharon y creyeron lo llevaron a la práctica. Ese inolvidable profesor Rupert no puede desaparecer cuando se cierra el telón. O va al trullo como inductor del asesinato o decide hacer como sus alumnos y llevar a término sus estrafalarias teorías, contradiciendo sus propias frases:

“Algo profundo, en lo más íntimo de ti te llevó a hacer esto. Pero hay algo dentro de mí que no me habría dejado hacerlo y no me dejaría jamás participar en ello. Me has avergonzado esta noche de toda idea mía de seres “superiores” o “inferiores”. Pero te agradezco esa vergüenza”.

A lo mejor en ese momento salía del armario como los dos jóvenes asesinos, dos homosexuales cuya relación afectiva ocultó la censura. “Estos tíos han hecho lo que yo nunca me atreví”. Estoy por borrar esta frase, guardo tan buenos recuerdos de James Stewart que no me lo imagino en plan gay psicópata.

Es lo que tiene forzar algunas situaciones, que la línea que separa lo interesante del ridículo es muy fina, y de ello podía darse cuenta Ridley Scott, que ha anunciado un Gladiator 2. ¡Por favor, que alguien lo pare! Sin Máximo Décimo Meridio, sin Cómodo ni ninguno de los actores que nos maravillaron hace 20 años, alguien tiene que pararlo. Solo leer el argumento que tenía pensado da más pena que los que yo he planteado:

“Puedo traerle de vuelta. Sé cómo hacerlo. Usando el cuerpo de un guerrero moribundo como un portal que puede traer a alguien de vuelta”.

No, por favor, que la nueva censura lo frene. ¡Larga vida al secundario, muerte a Gladiator 2!

A (bored) man on the moon, by Travis

Diapositiva1

Una película sobre la conquista del espacio puede ser buena, mala, realista o inverosímil, pero lo que no puede ser nunca es aburrida. Cualquier posibilidad, trama o historia que se plantee o sitúe en ese espacio más allá de la atmósfera terrestre tiene que ser forzosamente entretenida, angustiosa y repleta de dificultades, y por esa razón suelo ver todas aquellas películas que se desarrollan en ese ámbito, ya sean de ciencia ficción o basadas en hechos reales. Sigue leyendo

Con C de Caballé

Caballé1

El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo “nuestra” gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el “error” de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

Caballé2

No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que “hubiera un poco más de Catalán, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con “un extranjero”. Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como “la mejor soprano del siglo XX”, por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner “cedés”, aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

“La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera”. Y le faltaba añadir: “Y quien mejor la canta, soy yo”. Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

Groucho inmortal, por Travis

Groucho 1

“Pienso vivir para siempre o morir en el intento”.

Esta primera semana de octubre se conmemora el nacimiento de Groucho Marx, uno de los tipos más brillantes que ha pisado este mundo del que decía querer apearse, todo un artista del uso y abuso de la lengua y la ironía. Nació el 2 de octubre de 1890, hace ahora 128 años, y si el título de este post alude a su inmortalidad es porque su legado así me lo parece.

“Debo confesar que nací a una edad muy temprana”.

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Los actores (I): la veracidad, por Travis

Robert de Niro

En la escena final de Monuments Men, el personaje de George Clooney se acerca a ver la Madonna de Miguel Ángel treinta años después de los acontecimientos narrados a lo largo de las dos horas anteriores. Lógicamente el papel lo interpreta otro actor, no se quiso usar a George Clooney con maquillaje. La cara, los gestos y la sonrisa Sigue leyendo