Con C de Caballé

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El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo “nuestra” gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el “error” de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

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No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que “hubiera un poco más de Catalán, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con “un extranjero”. Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como “la mejor soprano del siglo XX”, por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner “cedés”, aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

“La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera”. Y le faltaba añadir: “Y quien mejor la canta, soy yo”. Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

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Groucho inmortal, por Travis

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“Pienso vivir para siempre o morir en el intento”.

Esta primera semana de octubre se conmemora el nacimiento de Groucho Marx, uno de los tipos más brillantes que ha pisado este mundo del que decía querer apearse, todo un artista del uso y abuso de la lengua y la ironía. Nació el 2 de octubre de 1890, hace ahora 128 años, y si el título de este post alude a su inmortalidad es porque su legado así me lo parece.

“Debo confesar que nací a una edad muy temprana”.

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Los actores (I): la veracidad, por Travis

Robert de Niro

En la escena final de Monuments Men, el personaje de George Clooney se acerca a ver la Madonna de Miguel Ángel treinta años después de los acontecimientos narrados a lo largo de las dos horas anteriores. Lógicamente el papel lo interpreta otro actor, no se quiso usar a George Clooney con maquillaje. La cara, los gestos y la sonrisa Sigue leyendo

Solo, otra película de Star Wars

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Travis, 12 de agosto de 2018. Sin spoilers hasta casi el final.

Podía hacer algún chiste fácil, quitar la coma y decir que es “solo otra película de Star Wars“, o mejor aún, que “No es Solo otra película de Star Wars” y jugar con el doble sentido, pero me voy a limitar a afirmar lo que dice el título de esta entrada: que Solo, la última de la saga, aunque esté al margen de las trilogías clásicas que van por el Episodio VIII, es otra película de Star Wars. Con todas las letras, porque lo cierto es que en estos últimos años en que se han recuperado las historias de la galaxia ideada por George Lucas, algunas de las mejores y más entretenidas películas han venido por donde no se las esperaba, como ocurrió con Rogue One. Sigue leyendo

Los 300

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Estamos de celebración, aniversario o como queráis llamarlo. Los cuatro amiguetes del blog celebraremos en una semana los 4 años de esta página que nació con intención perecedera, y sin descanso ni vacaciones nos lanzaremos a por la quinta temporada. Pero sobre todo celebramos el post número 300, ni más, ni menos. Y celebramos además que ese post 300 no se publica en esta web, sino en La Galerna, la página de “Madridismo y sintaxis” a la que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones, una apuesta personal de Jesús Bengoechea que está encontrando un gran respaldo popular:

Un final made in Concha Espina

El texto mencionado representa como pocos de entre esos 300 lo que significa el blog “Cuatro amiguetes y unas jarras”. Se trata de una supuesta conversación entre Jaume Roures, el magnate de Mediapro, y el director neoyorquino Woody Allen, en la que divagan sobre la producción de una película acerca del mundo del fútbol. Con algo de ironía y cachondeo sano, que no falte nunca.

El texto ha sido escrito por Barney (y su madridismo) con la colaboración de Travis para aportar ideas sobre Woody Allen, basándose en un celebrado post de Josean sobre las conversaciones imaginarias entre Artur Mas y Jordi Pujol al inicio del principio del comienzo de la génesis del procès. Por supuesto, con el respeto a las normas lingüísticas y la corrección sintáctica requerida por Lester, el administrador del blog. Espero que os guste, dadle una oportunidad.

Mantener un blog tanto tiempo es un ejercicio de disciplina y constancia, y no está de más reconocer que a veces cuesta. Pero los comentarios que uno lee en esta misma página, o los que te hacen la familia y los amigos, o especialmente los de gente que no te conoce de nada, como los lectores de La Galerna, ayudan a seguir en el empeño:

Comentarios

Como cada vez son más numerosas las publicaciones que han surgido a partir del blog, tantas que hemos abierto una nueva categoría con ese nombre: “Publicaciones”. En ella recogemos los enlaces a los artículos de Barney en diversas webs, el libro de relatos de Lester surgido a partir de un proyecto muy personal, alguna colaboración en revistas y esperamos publicar la historia que Travis se trae entre manos o las dos charlas/conferencias que Josean tiene programadas en otoño. La primera surgió de la serie por capítulos “Grandes errores de las escuelas de negocios”, y la segunda, de su particular visión de la política.

300. Trescientos, como los espartanos de Leónidas, esos tipos inasequibles al desaliento.

300 kilómetros por hora, la velocidad a la que se calcula que se mueven los impulsos nerviosos, los que nos llevan a escribir y opinar desaforadamente sobre algo.

300 segundos, que son 5 minutos, que es lo que la mayoría de las veces lleva leer un post.

300 minutos son 5 horas, que es lo que en ocasiones (y más) cuesta rematar un texto.

Y 300 centilitros es lo que suele tener un botellín de cerveza, pero aquí somos más de jarras de 500, así que ¡a por ese número!

Como sé que a muchos les van los ránking y las clasificaciones, dejo a continuación lo más leído de cada uno de los cuatro personajes del blog.

¡Espero seguir contando mucho tiempo con vosotros, los lectores, gracias!

4amiguetes

Josean

Los lobos de las finanzas

Chomsky, Timsit y la manipulación mediática

La falacia del ebitda

La incompetencia de Competencia (I)

Travis

Everest

Esas comedias francesas

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir

Frases de cine para usar en el trabajo (I)

Barney

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)

Ni valors, ni valores

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)

Lester

En busca de la tranquilidad

Vacaciones solidarias en la India (Rachel)

El maratón de Nueva York (II): …y el glorioso después

El Hogar Teresa de los Andes

 

Disaster movies, por Travis

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He tenido la oportunidad de ver recientemente la película The disaster artist, escrita, producida y protagonizada por James Franco, sobre el rodaje de una infame historia filmada por Tommy Wiseau, The room, una de las consideradas peores películas de la historia del cine. Las escenas finales, poniendo imágenes de la original junto a la réplica de Franco, despertaron mi curiosidad por ver la “famosa” The room, que se puede encontrar fácilmente en YouTube (aquí dejo un enlace a la misma).

Cuando veía The disaster artist pensaba que era imposible que la original The room fuera tan penosa, sobreactuada y con un guion tan absurdo como el que cuenta James Franco, pero parece que no lo es: es aún peor. Es tan mala que no fui capaz de verla entera, sino que tuve que ir dando saltos para buscar las escenas que James Franco representa en su peli.

La producción de The room, del año 2003, costó unos 6 millones de dólares y no llegó ni a los 2.000 dólares de recaudación. Un desastre absoluto que fue sufragado íntegramente por el tal Wiseau, del que no se sabe mucho de su vida, ni de dónde sacó el dinero para financiarla, ni cuál es su pasado como para lanzarse a una aventura así. Uno de los rumores que circulan por Hollywood afirma que Wiseau sufrió un accidente de tráfico con un productor que conducía borracho, el cual le prometió que le financiaría una película a cambio de que no le denunciara. Eso podría explicar las cicatrices de su rostro y el desconocimiento de lo más elemental sobre el mundo del cine.

La película de Franco ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y el propio actor recibió el Globo de Oro por su interpretación (más que meritoria, viendo el pollo al que calcaba), pero su meteórica carrera hacia el Óscar fue frenada por una serie de denuncias no juzgadas en tribunales, muchas de ellas anónimas, y sobre todo por las hordas de la represión preventiva. Pero hoy no toca hablar de eso, sino de las películas más desastrosas de la historia, esas que son un auténtico despropósito sin nada salvable, pese a que algunos quieran convertirlas en obras de culto.

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The disaster artist recuerda de inmediato a esa maravilla de Tim Burton que fue Ed Wood, sobre el considerado “peor director del siglo XX”. Así como no he sido capaz de ver del tirón The room, sí que pude ver entera en VHS la célebre Plan 9 from outer space (Ed Wood, 1959), votada siempre en todos estos rankings como una de “las películas peor filmadas de la historia”. Y la verdad es que es mala como un cólico, pero al menos te ríes mientras la ves tratando de imaginar las escenas que no pudieron rodar o qué pretendían contar en otros momentos absurdos de la trama. Las películas de Ed Wood tenían que luchar contra las limitaciones de su presupuesto, lo que convierte en perdonables muchas de sus carencias: decorados de chiste, efectos especiales caseros, interpretaciones de aficionado ebrio,… En el caso de Tommy Wiseau y The room el presupuesto no fue el problema, sino la falta absoluta de talento, ideas e imaginación.

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Seis millones de dólares no es un presupuesto elevado, pero tampoco es bajo. Con un presupuesto similar, 6,5 millones, y curiosamente con el mismo título, The room, el director Lenny Abrahamson rodó en 2015 una película enorme, muy interesante, sobre una mujer (Brie Larson) secuestrada durante siete años y encerrada en una minúscula cabaña en la que tiene un hijo con su captor. La protagonista ganó el Globo de Oro y el Óscar por su acongojante interpretación.

El cine está repleto de casos de películas de bajo presupuesto en las que la imaginación del equipo suple esas limitaciones. Por alguna extraña razón, el género de terror es el más socorrido para este tipo de cine, quizás porque la poca pasta suele ir asociada a imágenes oscuras, mala iluminación y efectos que en realidad no muestran nada, sino que sugieren, y para eso no hay nada mejor que el suspense o el terror:

  • Paranormal activity (2007), 15.000 dólares de presupuesto y 190 millones de recaudación.
  • La matanza de Texas (1974), 140.000 dólares de presupuesto y 30 millones de dólares en taquilla.
  • Posesión infernal, la peli de Sam Raimi de 1981, costó apenas 375.000 dólares y recaudó algo más de 2 millones de dólares, pero demostró que las ganas de rodar superan al dinero. En 2013 se rodó una nueva versión en cuya producción participó el propio Sam Raimi, pero a pesar de contar con 15 millones de dólares el resultado para el espectador es mucho peor, más aburrida y menos aterradora. O a lo mejor soy yo el que ha cambiado en esos 32 años, tanto como mi modo de ver cine.
  • El proyecto de la bruja de Blair (1999) costó apenas 22.500 dólares y recaudó 450 millones de dólares en todo el mundo. En números está cerca de la más rentable de la historia, que seguro que sorprenderá al lector: Garganta profunda, la peli porno de 1972 de Gerardo Damiani interpretada por Linda Lovelace. 22.500 dólares de producción y 600 millones en taquilla, ¡guarretes, morbosos!

Uno de los ejemplos que se suele utilizar a la hora de hablar de la pasión por rodar, incluso con presupuestos ridículos es El mariachi (1992), del texano Robert Rodríguez. No llegó a los 6.000 dólares de presupuesto, que juntó participando como cobaya humana, vendiendo su sangre y leyendas urbanas por el estilo. El esfuerzo le sirvió para alcanzar la fama a los 24 años y gestionar desde entonces grandes presupuestos, en muchas ocasiones para hacer películas infames (todas las Spy Kids menos la primera, Planet terror). La propia ver

sión de El mariachi rodada en 1995 con 7 millones de dólares, Desperado, con Antonio Banderas y Salma Hayek, es un despropósito de postureos y tiros que hace buena a su antecesora rodada con cuatro duros.

Volviendo al tema principal de este post, las disaster movies, hay varios motivos que para mí las convierten en espantosos atentados al gusto y no es solo la falta de presupuesto, sino en ocasiones que sean pretenciosas, ampulosas, como queriendo resultar o parecer trascendentes. Dos de las películas que tengo en peor estima en años están entre las favoritas de la crítica: Bailando en la oscuridad, de Lars von Trier y El árbol de la vida, de Terrence Malick. Ambas Palma de Oro en Cannes, cómo no.

 

Por el contrario, reconozco haber disfrutado dos películas absolutamente exentas de pretensiones, pero terriblemente divertidas, aunque no lo sean para la crítica: Re-animator (1985) y El vengador tóxico (1984). Son películas de codazo en las costillas y “jojojo” con los colegas. Ambas se han convertido en películas de culto por distintas razones, tuvieron secuelas (entre ellas Beyond Re-animator, con Elsa Pataky y Santiago Segura) y mantienen multitud de seguidores por el mundo, como Lester Burnham y su vecino Ricky Fitts (American Beauty) recordando mi escena favorita. También la de mis colegas:

La segunda, El vengador tóxico, es la obra maestra de la productora de serie B, Troma, especializada en cine gore, violencia extrema, guasa total y sexo patético. Son muy divertidas, pero no las recomiendo a todo el mundo, porque algunos dudarían de mi raciocinio. Y desde luego de mi buen gusto.

Con todos estos ingredientes, voy a elegir mi top-5 de auténticas disaster movies que yo he visto en mi vida, esas que dan pena porque ves los esfuerzos de un montón de gente para terminar componiendo un truño de proporciones épicas. Tengo que descartar de antemano varias de esas parodias de géneros tipo Scary movie, Epic movie, Casi 300 o Disaster movie, porque he sido incapaz de verlas completas. No aguanto más de cinco minutos de ese género que denomino “comedia sin ni-puta-gracia”.

Top-5 de Disaster movies by Travis:

1985 - Soviet la respuesta - Odinochnoye plavanye tt0089721 - Español

En el número 5 elijo una cosa llamada Soviet, que trajo mi hermano del videoclub cuando yo tenía unos quince años. La carátula la vendía como una especie de Rambo ruso, un tipo que luego ni siquiera salía, y los efectos especiales eran lamentables. Con decir que en una de las escenas cumbre lanzaban un cohete contra un yate y en un segundo veíamos la explosión de un petardo minúsculo y una pobre chica a la que dos miembros del rodaje lanzaban por la borda para simular el efecto de la onda expansiva. No he sido capaz de encontrarla, pero creedme, era tan penosa que no merece la pena que me esfuerce en buscarla.

El 4,… pues para Supermán IV (1987), todavía con Christopher Reeve. Joder, ese malo poniendo cara de malo, Nuclear man, es el personaje más ridículo que recuerdo desde Howard el Pato, de la misma época.

 

El número 3 en mi caso sería para El quinto elemento (1997), de Luc Besson. En su día, con 80 millones de dólares, la película europea más cara de la historia.

 

 

Infumable, con una historia absurda y sin interés, con actores como Bruce Willis y Gary Oldman en los peores papeles de sus carreras, un odioso Chris Tucker, exterminable desde el primer segundo, unos malos tan torpes como inútiles y, sobre todo, unos efectos especiales que serían inadmisibles incluso para la Loca historia de las galaxias de Mel Brooks. Tan dolorosa de ver como una patada en los testículos.

En el número 2, ese engendro parido por Jordi Mollá sobre un telepredicador y su reality show. Encima recuerdo al actor metido a director recorriendo las radios y las televisiones intentando convencernos de lo arriesgado y tremendamente intelectual de su propuesta. ¡Al paredón con él!

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Y no puedo dejar de recomendar el número uno, el top de los top del truñaco fílmico: Fotos, de Elio Quiroga. Lo tiene todo, es pretenciosa, está mal rodada, sobreactuada y tiene un guion delirante. Una joya que no pude dejar de ver hasta el final, y que dicen que le gustó a Tarantino en un Festival de Sitges (supongo que fue aquella época de adicción a las sustancias alucinógenas).

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Como no creo que ninguno vayáis a buscarla y verla os cuento de qué va y el glorioso final: “una chica tiene aversión al sexo y es maltratada verbalmente por su novio, que la abandona. La chica, medio deprimida, conoce a un artista, Gustavo Salmerón, que está como una jodida cabra puesta de speed. No recuerdo mucho más de la trama central, pero al final, el artista se amputa el pene para tratar de gustar a la chica o convencerla de que no la quiere por el sexo, y esta cuando lo ve, coge el pene y se va corriendo al hospital para que se lo implanten a ella y poder vivir su historia de amor. FIN”.

Una locura que vi en Versión española, con el debate posterior entre Elio Quiroga y una Cayetana Guillén Cuervo que no sabía si estaba ante un genio o si debía llamar al frenopático, haciendo comparaciones con Buñuel y los grandes clásicos del cine.

Me despido ya, os recomiendo todos los títulos mencionados o ninguno, porque queda claro que sobre gustos no hay nada escrito.