Regreso al futuro que ya está aquí

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21 de octubre de 2015, 4 horas, 29 minutos de la tarde en Hill Valley, California. Una y media de la madrugada del día 22 en España, el día ha llegado. Por alguna extraña razón esta fecha de Regreso al futuro se ha convertido en mítica para cientos de miles de personas. Debe ser porque los cuarentones de ahora, los adolescentes de los ochenta que manejamos buena parte del cotarro en la actualidad, llevamos años reivindicando esa década de mil formas, como si no hubiera habido otra mejor.

El éxito de los libros y la web Yo fui a EGB, de espectáculos teatrales como Espinete no existe o Maldito Naranjito, los conciertos revival de Kiss, Spandau Ballet, Hombres G o Los Secretos, el reestreno en salas de Los Goonies, las nuevas versiones en cine de Mad Max, Jurassic Park o Terminator, reivindicar programas como La bola de cristal como si no hubiera habido nada mejor,… todo parece formar parte de esa idealización de los ochenta que nos rodea.

El caso es que este blog se suma hoy al revival ochentero con motivo de la mítica fecha con la que comienza esta entrada y cada uno en lo suyo va a tratar de contar qué ocurría hace treinta años y qué ha cambiado al llegar a este presente que en aquel pasado lejano nos parecía un utópico futuro por descubrir.

Cara TravisEl cine de Travis

Pues sí, 21 de octubre de 2015, una de tantas fechas en el futuro que aparecen en las películas. A lo mejor ha alcanzado ese reconocimiento por ser una fecha claramente visible en el salpicadero del Delorean, por trasladarnos a un destino en el que parecía que todo iba a ser como en los sesenta pero con inventos que facilitarían nuestras vidas y nuestro rutinario quehacer. El cine y la literatura han dejado otras fechas en el futuro igualmente significativas que no siempre han alcanzado la popularidad de la de la peli de Robert Zemeckis. Y casi siempre pintaban un futuro incómodo y distópico. Por ejemplo, el 1984 de George Orwell, publicado en 1949 y claramente superado en la realidad de 2015, pero quizás un poco adelantada a su tiempo. Hoy en día sí creo que estamos cerca de ese control absoluto de las masas por parte de un Big Brother controlador y omnipresente.

29 de agosto de 1997, la fecha del holocausto nuclear anunciado en Terminator II: el día del juicio final. Magnífica escena y sin embargo no hicimos ninguna celebración especial cuando llegó la fecha. Blade Sopor Runner discurre en noviembre de 2019 y seguro que va a haber miles de seguidores que plantearán un homenaje a la serie.

En 1981 John Carpenter rodó 1997: Rescate en Nueva York, en la que dibujaba una futurista y apocalíptica ciudad que luego no ha sido tal. Sí es cierto que está poblada de delincuentes y malhechores, empezando por sus dirigentes, pero es una ciudad muy diferente a la imaginada por Carpenter. Quizás por esa razón en 1996 rodó una nueva versión titulada 2013: Rescate en Los Ángeles, en la que está prohibido fumar, comer carne roja o ser musulmán. Mmmmhh, no estamos tan lejos, aunque está claro que las fechas (ni las bandas sonoras de sintetizador) no son la especialidad de Carpenter.

Las películas de Regreso al futuro presentaban un futuro mucho más optimista. Luminoso. Pertenecen a toda una generación, junto con las de Indiana Jones, Star Wars o el inicio de la saga Terminator. Las dos primeras de Marty McFly y Doc son tremendamente divertidas, y la verosimilitud nos daba igual. Yo creo que fue la primera vez que oí hablar de líneas temporales y las paradojas que se dan al cambiar el pasado desde el futuro. La tercera de la saga es entretenida, pero muy inferior y la salvamos porque nos encantan las dos primeras y los westerns, y juega a mezclar como puede ambas historias y escenarios.

Ya ha habido numerosas páginas que se han dedicado a contar lo que se ha cumplido de la película (cine en 3D, Google Glass, videoconferencias, pantallas planas, identificación biométrica) y lo que no (coches voladores, aeropatines, ropa ajustable, drones para pasear perros), así que no voy a insistir en el asunto. Mejor recordaré que ese 1985 se estrenó otra película adolescente de pura diversión y aventuras, Los Goonies.

Hubo una cosecha curiosa y variada en el 85. Sylvester Stallone nos ofrecía dos secuelas de las series que le hicieron famoso: Rambo II, la de los ciento y pico muertos, y Rocky IV, la de los aplausos del falso Gorbachov y la brecha en la ceja de Ivan Drago. Películas del Oeste como Silverado y El jinete pálido, fantásticas como Lady Halcón y Legend, y romanticonas clásicas como Memorias de África. Puede que fuera en esta película cuando empezó mi manía a Meryl Streep. Otra más para la lista.

Cara BarneyEl deporte que recuerdo (Barney)

Hoy en día miramos con envidia las gradas de los estadios ingleses, repletas de aficionados que cantan y animan sin parar a sus equipos, que celebran cada victoria propia como una final, pero saben reconocer la calidad del rival y aplaudirle su esfuerzo. Pero no siempre fue así. De hecho, el 29 de mayo de 1985, en el estadio Heysel de Bruselas, 39 aficionados morían en los minutos previos a la final de la Copa de Europa entre la Juventus de Turín y el Liverpool. Los hooligans ingleses, temidos en todas partes hace 30 años, causaban una avalancha en la que morían aplastados 32 italianos, cuatro belgas, dos franceses y un británico, además de provocar 600 heridos. El partido se jugó pese a todo, lo que hoy nos parecería inconcebible, y recuerdo perfectamente que ganó la Juve tras un penalti a Boniek que no fue tal, porque la zancadilla fue un par de metros fuera del área. El gol lo marcó Michel Platini, tan de moda hoy en día por temas completamente al margen del deporte.

1985 no comenzó como un buen año para los madridistas, porque fue el de la victoria en Liga del Barça de Venables, pero sin embargo fue el del inicio de aquel equipo al que mejor fútbol hemos visto nunca, el de la Quinta del Buitre. Bueno, uno de los mejores, años luz por encima de aquel falso dream team de Bakero y Julio Salinas.

Ese Madrid ganó la UEFA en el 85 tras las épicas remontadas ante el Anderlecht, Borussia e Inter. Ganó cinco ligas consecutivas con enorme ventaja sobre sus rivales, con muchos más goles que el Barça de Cruyff, con el mejor juego de banda que se recuerda, Michel y Gordillo, con un killer en el área como ha habido pocos, Hugo Sánchez, y con estilistas en todas las zonas del campo como Martín Vázquez, Gallego, Jankovic o Butragueño. En el fondo ese equipo tiene la misma carencia que el Brasil de 1982, el de Zico, Sócrates, Falcao y Eder, el mejor equipo que se recuerda que nunca ganó el Mundial. El Madrid de la Quinta del Buitre puede que sea el mejor equipo que se recuerda que nunca ganó la Copa de Europa.

En aquel año Sergei Bubka se convirtió en el primer hombre que superaba el listón situado a seis metros en salto con pértiga, y aun hoy, treinta años después, esta altura suele bastar para vencer en unos Juegos Olímpicos o Mundiales.

Garry Kasparov se convertía en el ajedrecista más joven del mundo en ganar el Mundial de Ajedrez, con solo 22 años, tras aquellos memorables duelos con Anatoly Karpov que seguíamos en las crónicas de Leontxo García, crónicas grandiosas incluso para quien no sepa de ajedrez.

Si pudiera volver al pasado no lo haría a este año del 85, sino a aquel 2000 en que el Barça fichó al mejor niño de Argentina a cambio de costearle el tratamiento hormonal de crecimiento. Allí comenzó la mejor época de la historia del Barça, y nos está costando que acabe.

Cara JoseanNo todo sigue igual (Josean)

En 1985 celebramos la adhesión de España y Portugal al Tratado de la Comunidad Económica Europea, quizás porque estábamos convencidos de sus bondades y de que solo podían traernos cosas buenas. Sin embargo, si en ese momento hubiéramos sabido que estábamos apostando por una Europa insolidaria que cerraba puertas a los refugiados y permitía la quiebra de países enteros como Grecia, hubiéramos contenido la euforia. Si hubiéramos sabido de antemano que los lobbys iban a copar Bruselas y a imponernos normas injustas en beneficio de determinados sectores, o a permitir la brutal especulación financiera, o a meternos por el recto del Sareb todo el ladrillo sobrante, o a tratar de cerrar acuerdos en la más absoluta opacidad como el TTIP, nos hubiéramos opuesto a la entrada con más fiereza de la que algunos ciudadanos mostraron hacia la OTAN.

20150913_133345Pero ahí seguimos, en manos de no se sabe muy bien quiénes, y tratando de sobrevivir bajo esa normativa infumable impuesta desde Europa. En eso sí han cambiado nuestras vidas. Repaso un poco lo que ocurrió esos años y veo que un Castro gobernaba en Cuba, un Kim-Jong en Corea del Norte y un Al-Asad en Siria, luego para algunos pueblos esa ausencia de cambio es todavía peor. Ah, y según esta portada, los israelíes presentaban un plan de paz para Oriente Próximo (que me perdonen la ironía).

En España la corrupción, como el amor de la canción, is in the air. Debe ser cierto que está en nuestra naturaleza, y que somos uno de los países más ricos del mundo, como dicen algunos, porque vivimos bastante bien para tanto como se ha robado en estas décadas. Ya hablé hace unas semanas del “molt honorable” Jordi Pujol agitando el fantasma del independentismo cuando le llegaron las acusaciones de corrupción. Tuvo un gran alumno en Don Artur. No añoro ese pasado, pero reconozco que en temas de política y economía, este 2015 no me gusta nada.

Cara LesterLa perversión del invento (Lester)

Como decía Travis, estos días se han hecho varias referencias a los inventos de la película que sí han prosperado, pero no he oído a nadie mencionar una circunstancia de la que sí se habla en Regreso al futuro y que me parece que va a ser muy relevante en próximas décadas: el atontamiento ante las nuevas tecnologías. Cuando el hijo de Marty McFly llega a casa, se planta frente a su pantallón y pide varios canales, “el 4, el 32, el 29, el 68 y el metereológico” (solo tengo claro este último). En la cena cada miembro de la familia está con su aparatito y la interacción entre los miembros de la familia es poca. Por los putos aparatos electrónicos, digámoslo claro.

El atontamiento del Whatsapp, el desvío de la mirada por el pitido de un nuevo mensaje de correo electrónico, los ojos fijos en la tablet o el Applewatch que mide tus pasos y las calorías consumidas (como si me importara), los palitos selfies de los cojones en cualquier sitio, la incapacidad de tantas personas de disfrutar del momento porque tienen que registrarlo, fotografiarlo, distribuirlo y subirlo a alguna red social de esas que tienen toda nuestra información en algún servidor. La tecnología es maravillosa. Su uso nos vuelve en ocasiones gilipollas.

back2Ya me está saliendo el genio de nuevo. Con la de cosas que quería contar. 1985 fue el año del Brothers in arms de Dire Straits, disco mítico para los de mi generación. El año del We are the world, we are the children, los principales cantantes del mundo unidos para recaudar fondos por una buena causa. A veces hace falta la foto de un niño para estremecer conciencias. Este año lo hemos visto con la foto del pobre Aylan en la playa de Turquía. En el 85 nos pasó con esa niña llamada Omayra Sánchez, a la que nadie pudo ayudar, pero sí en cambio le prestamos cámaras, micrófonos y toda la atención mediática. Lo que decía al principio, el mal uso de la tecnología. El signo de los tiempos.

La 1,29 de la mañana en España. Las 4,29 de la tarde del 21 de octubre de 2015 en Hill Valley, California. El futuro ha llegado.

 

 

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