El bar malo, por Josean

casa paco

Un bar no puede quebrar, eso es evidente. Y como es evidente, pues no hace falta ni explicarlo. Basta con acudir al miedo ciudadano, decir que “el tejido social se resquebrajaría, porque una sociedad sin bares no puede subsistir”, “el consumo de cañas se resentiría y tendría efectos letales en la economía”, “numerosos sectores asociados se verían arrastrados en su caída”,… ¡el Apocalipsis! Así que, para qué vamos a molestarnos en dar una explicación, ¿verdad?

Tanto habían aflorado los bares en la época en la que en España nos creíamos ricos, que llegó a producirse una verdadera saturación. Los ciudadanos siempre estábamos dispuestos a una caña más, aunque el mercado empezaba a dar signos de no encontrar consumidores dispuestos a incrementar su ración semanal de cerveza. Pero daba igual, se seguían abriendo bares, en las playas, en la montaña, en páramos desérticos y en núcleos urbanos, junto a otros bares que no tenían gran éxito de clientela.

cañas

Se vivía en la creencia de que siempre habría ciudadanos dispuestos a consumir esas cañas frescas que se servían en todos los bares de este país. Numerosos propietarios de bares, cantinas y chiringuitos hicieron fortuna vendiendo cañas y poniendo pinchitos.

Pero ocurrió que ese mundo maravilloso de millonarios propietarios de bares y consumidores felices de cerveza no estaba preparado para la crisis. Y claro, con la crisis vino el paro, y con la pérdida de puestos de trabajo, la reducción del consumo. En buena lógica, esa disminución de las raciones semanales y mensuales de cerveza, trajo consigo grandes quebraderos de cabeza para los antaño felices propietarios de bares, que de la noche a la mañana empezaron a tener problemas para atender sus pagos y mantener las nóminas de sus empleados.

parlamento rajoy

Como hemos dicho al principio, los bares no pueden quebrar (recordad que es evidente), así que los lumbreras de Europa ordenaron a nuestros lumbreras de aquí que nacionalizaran esos bares ruinosos. Numerosos locales seguían siendo productivos y dando beneficios, y así debían seguir, pero los otros bares eran un problema, así que se instó al Gobierno (y este no puso objeciones de ningún tipo) a crear una sociedad gestora de bares ruinosos. El nombre daba igual, aunque había que intentar que no sonara a lo que era, una estafa legalizada. Buscaron un nombre con resonancias arábigas y lo denominaron el BARHEB, ese Bar que Algunos Redomados Hijosdeputa nos Encalomaron por el Bulla.

Para dirigirlo nombraron a una persona sin experiencia alguna en el sector de la hostelería, que contaba como principal aval con su amistad con el Ministro de Economía. Era una sociedad en crisis, medio quebrada, que iba a gestionar lo peor de lo peor de nuestros bares, así que para qué escatimar en gastos si se le podía asignar a esta dirigente un sueldo cercano al medio millón de euros. Y así se hizo, y de la noche a la mañana numerosos propietarios de bares enchufaron al Estado todo aquello que les generaba problemas en sus cuentas. Sin auditoría previa sobre qué bazofia nos soltaban, sin el mínimo análisis, sin rigor alguno, en apenas unas semanas nos encontramos los ciudadanos con que éramos propietarios (sin quererlo, sin saberlo, y sobre todo, sin poder disfrutarlo) de miles de bares repartidos por la geografía patria. Unos estaban bien, y te podías tomar allí unas cañas si querías, otros tenían el negocio arrendado a terceros, luego se cedía “con bicho”, otros estaban construidos, pero ni siquiera estaban abiertos al público, y otros no eran más que un esbozo de tugurio, con la estructura de hormigón y poco más. Algunos ni eso, no eran más que un proyecto sobre un plano a construir sobre un erial.

paco

Pero el proceso trajo otras incongruencias igual de sangrantes, como por ejemplo, quién o quiénes podían encalomarnos por el bulla esos bares ruinosos. Por ejemplo, los bancos que se quedaron con los bares que no sobrevivieron, o que nunca se iban a construir, sí podían enchufárselos al Estado. Pero, ¿podía Paco, el propietario de Casa Paco de toda la vida, colocarnos su bar ahora que se veía con el agua al cuello? Años pagando impuestos, dando empleo a una pequeña plantilla, reformando el local para cumplir la cambiante normativa,… La respuesta fue NO. Paco tenía que dejar que le embargaran el bar o malvenderlo a un gran propietario, y ese banco o ese gran empresario sí podían endosárnoslo. El BARHEB se diseñó para quedarse con los bares ruinosos de los grandes propietarios, cadenas de restauración cuyos dirigentes se habían forrado durante las vacas gordas y ahora, en plena crisis, pedían el auxilio del Estado al que habían intentado engañar rebajando todo lo posible su factura fiscal. Con cobros en B, principalmente. Con B de bar, de banco o de Bárcenas. Algunas de esas cadenas pertenecían a grupos empresariales con actividades en múltiples sectores, no sólo la restauración, pero no nos cedieron ninguna de sus actividades rentables, sino sólo la mierda que ahora les hedía sus zapatos de lujo.

Podían haberlo hecho de otra manera, digo yo. Aquellos propietarios con bares ruinosos que encasquetaron al BARHEB podían haber cedido también para su nacionalización los bares rentables que funcionaban bien, y compensar de ese modo la mierda que soltaron, pero no fue así, porque el sistema capitalista advierte que las empresas tienen que ganar dinero. Y si lo pierden, hay que ayudarles entre todos, aunque sus propietarios se hayan llevado indemnizaciones millonarias justo antes de cantar la quiebra de la sociedad que gestionaban. Algunos de esos empresarios, con la fortuna ganada y convenientemente escondida del fisco, estaban en menos de dos años montando burbujas similares en otros países, como Brasil.

¿Y el pobre Paco? Pues Paco está condenado a morir civilmente y a seguir liquidando sus deudas, pero el banco que se lo embargó o el millonetis que se lo adquirió a precio de risa no podían perder. Para eso se creó el BARHEB.

de guindoshannibal

El ministro quiso tranquilizarnos diciéndonos dos cosas:

1. Que la mayor parte del capital del BARHEB era privado, no público. Lo que no contó es que esos socios privados sólo pusieron el 2% de la mierda adquirida, y el resto se financió con una emisión de deuda garantizada por el Estado.

2. Que los bares cedidos llevaban un generoso descuento en su valoración. Lo cierto es que si ese precio fuera tan bueno y tan bajo, en los dos años que llevamos desde su creación el BARHEB se hubiera quitado de encima varias de estas joyas, y lo cierto es que no ha sido así. Han creado una especie de carroña reclamo para que buitres de todo el mundo vengan a España a adquirir esos bares a un precio más bajo todavía.

El proceso de gestación, nacimiento y desarrollo del BARHEB se hizo a toda pastilla, con un análisis mínimo encargado a dos consultoras cercanas al Ministro (veremos dónde trabaja en el futuro), con bastante opacidad, y absoluta falta de previsión. Como el dinero público “no es de nadie”, Carmen Calvo dixit, el BARHEB se puso un amplio objetivo de 15 años para recuperar el dinero invertido. Contaban con el futuro como aval, ese futuro que más allá de 4 años no interesa a la clase política. Nadie había previsto que durante esos 15 años los bares tenían que seguir pagando unos gastos de comunidad, IBI, IAE, agua, luz,… Y que desde junio de 2013 una normativa obligaba a realizar una auditoría energética de los bares antes de poder traspasarlos. Otro dineral imprevisto que no importaba, porque, como hemos dicho, el dinero público no es de nadie. Y la tierra pertenece al viento.

Dentro de este capítulo de despilfarros, sí se tuvo en cuenta que era imposible traspasar una parte de los bares, por su ubicación o su pésimo estado de conservación tras varios años de crisis, y se dotó una partida de 100 millones de euros para demolerlos. 100 millones de euros para tirar abajo lo que otros habían empezado.

demolición

Evidentemente estoy hablando de lo que estoy hablando, así que, a modo de conclusión, ¿se ha cumplido el objetivo para el que se creó el Sareb?

Según el Ministro y el Presi, el hecho de poder quitar del balance los activos tóxicos haría que los bancos sanearan sus cuentas y pudieran reactivar de nuevo el crédito, en un mundo maravilloso de banqueros solidarios poniéndonos pasta en la mano. A los hechos me remito.

sareb

Y una propuesta. ¿Cuántos pisos nos han colocado? ¿500.000? ¿600.000? Ni siquiera ellos lo saben. Digamos, unos 800.000. Bien. Multiplicado por 52 semanas al año, eso significa 41 millones 600.000 semanas al año libres en pisos, chalets y apartamentos. Casualmente casi una semana al año por español. Así que utilicen el Sareb como agencia de viajes social, y repartan una semana gratuita por persona al año. De esa manera, una familia con dos niños podría elegir cada año sus cuatro semanas de estancia gratuita en casas que, no olvidemos, estaremos pagando entre todos. Una semana en un apartamento en la playa, otra en una casita en la montaña, una escapada a una ciudad del norte o de la meseta y otra, donde se pueda, al gusto de cada cual. Y como también nos vamos a comer el terreno, dígannos dónde podemos ir los fines de semana, ya sea a jugar al fútbol con los niños, o para hacer paellas múltiples. Las vacaciones serían mucho más baratas para el personal, y al no tener que dejarse el dinero en hoteles o apartamentos, podrían gastárselo en restaurantes, compras o en los parques temáticos (por cierto, varios de ellos, auténticas ruinas financiadas con dinero público). Puede que el sector turístico se vea afectado, pero los más pudientes siempre van a preferir los hoteles y resorts, con lo que tampoco van a perder toda su clientela. La Agencia de Viajes Sareb terminaría operando casi con seguridad para las rentas más bajas, que son las que peor están sobreviviendo a esta crisis, y al menos no nos dolería tanto como la solución actual.

Cara Josean

 

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