Ya va siendo hora de subir el sueldo a estos chicos, por Josean

Yo lo tengo claro, meridiano: no va a haber recuperación ni salida de la crisis mientras no subamos el sueldo a estos chicos. Repito el título del post y lo divido en tres partes:

“Ya va siendo hora (b) de subir el sueldo (c) a estos chicos (a)”

(a) A estos chicos

“Estos chicos” están entre los veintipocos y los treinta recién cumplidos, y desgraciadamente pasan los años y algunos empiezan a acercarse a los cuarenta. Aquellos a los que les gusta etiquetarlo todo los denominan millennials, jóvenes (y no tan jóvenes) nacidos entre 1982 y 1995 aproximadamente.

Buena parte de estos jóvenes estudiaron la carrera o accedieron a sus primeros trabajos en mitad de la crisis. Están muy bien preparados, con una titulación o dos y un máster, con un nivel de inglés muy superior al nuestro, y una adaptación a las nuevas tecnologías que hará que nos pasen por la derecha (y por la izquierda) en cualquier momento. Saben que aquel viejo sueño de un trabajo fijo en una buena empresa para los próximos cuarenta años no existe. Y no les intranquiliza.

Llegaron a un mercado laboral marcado por las políticas de austeridad y las incertidumbres del día de mañana, con unos salarios inamovibles que a mí me cuesta entender, y un horizonte incierto. El contrato puede durar tres meses o un año, y el finiquito será ridículo. Todo eso se traduce en que sus planes de vida son muy diferentes a los nuestros, a los que tenemos una veintena de años más que ellos. No solo son muy diferentes, es que son mucho más cortoplacistas porque han tenido que adaptarse a las circunstancias que les estamos dejando.

Viven en casas de alquiler compartidas y no tienen coche en muchos casos, ni planean comprarlo. Lo mismo que no tienen niños, ni se lo pueden plantear. Son artistas del ahorro y el descuento a través de aplicaciones móviles, se traen la comida de casa o del Deliveroo de turno, y viven la vida sin nuestra preocupación de la hipoteca, la avería del coche o el colegio de los niños.

“Nosotros”, los nacidos durante el baby boom español (entre 1965 y 1975 aproximadamente), la Generación X según las etiquetas, empezamos a trabajar a principios de los noventa y copamos (si la vida nos ha tratado bien, nuestros esfuerzos han sido los adecuados y hemos tomado decisiones profesionales acertadas) los puestos importantes en las empresas. No hablo de esos grandes jefazos que están entre los cincuenta y los sesenta, los baby boomers para los etiquetadores, sino de los que estamos en ese territorio incierto entre los felices cuarentay- y los cincuenta palos. Territorio incierto por cuanto somos unos privilegiados hoy y podemos ser unos desgraciados mañana con enormes dificultades para colocarnos de nuevo en el mercado laboral.

Nuestros salarios están bien, para qué negarlo, porque vivimos aquella época lejana en la que se subía el sueldo todos los años, y en ocasiones, dos dígitos. Heredamos de nuestros mayores el convencimiento de la necesidad de tener una casa en propiedad, y la enseñanza del ahorro para comprarte un coche o pagar unas buenas vacaciones. Hay una brecha salarial importante con respecto a “estos chicos” y no solo eso, sino que nuestros contratos son anteriores a las reformas laborales y estamos más protegidos.

He hecho muchas entrevistas a “estos chicos”, y reconozco que me gusta ver cómo visten sus currículum, por muy vacíos de experiencia que puedan estar, cómo engordan sus pequeños logros o sus trabajos de verano, exactamente igual que hacía yo. Me asombran sus maneras de buscarse la vida, lo maduros que son para algunas cosas y lo verdes que están para otras. Pero hay una cosa que no soporto: cuando veo que el salario que les ofrecemos está muy cerca del que percibíamos “nosotros” hace veinte años. No tiene nombre, y si lo tiene, es desvergüenza.

(b) Ya va siendo hora

Bien, llegó la crisis. Después de convencernos durante años de la necesidad de endeudarnos a lo bestia, nos dijeron de repente que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades, que debíamos un montón de dinero, y que había que cambiarlo todo porque el sistema se iba al garete. Pero… si me he limitado a cumplir con todos los pagos, a endeudarme lo necesario, a juntar un pequeño patrimonio que con la burbuja crecía año tras año.

Nada, la teoría económica oficial nos dijo: no se puede devaluar la moneda, así que habrá que bajar los salarios, reducir los lujosos servicios sociales de que disponemos y cambiarlo todo (Constitución incluida) para afrontar la enorme deuda que tenemos. Algunos no somos grandes expertos en macroeconomía, pero pensamos que devaluar los salarios era un error y encontramos el reflejo de nuestros pensamientos en artículos como 2010, el año del “crash”, de Santiago Niño Becerra (que conservo en papel amarillento desde febrero de 2010):

“El consumo se derrumbará… Rentas decrecientes por congelaciones salariales y por reducción de los beneficios empresariales, y rentas medias a la baja debido al aumento del desempleo y a la caída de la actividad económica… la capacidad de consumo descenderá, y, a la vez, lo hará la recaudación de los Estados,… la propia capacidad de endeudamiento de los Estados ha llegado a su fin… los Estados deberán ir realizando aquellos ajustes presupuestarios más imperativos,…”

Todas las medidas que se estaban tomando, empezando por los despidos en las empresas y las congelaciones o reducciones de salarios estaban aumentando el problema. Todo ello mientras seguíamos leyendo las indemnizaciones millonarias de directores de cajas, bancos y empresas privadas, sufragadas en buena parte con dinero público. ¿De verdad alguien se extrañó de que entre “estos chicos” surgieran movimientos como el 15-M, Occupy Wall Street o Toma la plaza?

Grecia fue un laboratorio, un banco de pruebas, en el que se pudo comprobar con vidas humanas (recortes salvajes de pensiones, reducciones de salarios y un número de suicidios que dejó de publicarse cuando superaba los tres mil) hasta dónde podían llevar las políticas de la troika. Pese a todo, tenemos que seguir oyendo a los responsables del FMI el mismo mantra: “reducir los salarios, subir el IVA y abaratar el despido”. Recordemos, por si alguien lo ha olvidado, que los últimos responsables del FMI son el depredador sexual Strauss-Kahn, el crack de las black y el catacrack de Bankia, Rodrigo Rato, y la estirada Lagarde, esa generosa mujer que perdonó con dinero público una baratija de 400 millones de euros a su amiguete Bernard Tapie.

Estos y otros artistas son los que insisten en que tenemos que seguir por esta senda de reducción de salarios, abaratamiento del despido, incrementos de impuestos y empeoramiento de los servicios esenciales. Pues yo digo que no. Ya sé que no soy nadie, pero con toda mi modestia, con toda mi incultura económica, me atrevo a decir que están equivocados, que la han cagado a base de bien, y que ya va siendo hora de que cambiemos esas políticas que se han demostrado ineficaces y equivocadas, por mucho que nos vendan una recuperación en la que yo personalmente no creo (el artículo de Niño Becerra hacía referencia a cómo nos querían convencer a finales de 2009 de que lo peor ya había pasado).

(c) De subir el sueldo

“¡Pero qué barbaridad está diciendo este tío! ¡La inflación, los beneficios empresariales, la prima de riesgo, el caos!”, gritarán los sabios de la doctrina oficial. A lo largo de estos años nadie lo ha explicado mejor que El Roto en sus viñetas.

En economía está casi todo dicho o escrito. Para explicar una cosa y la contraria. Y a mí me suelen valer más los argumentos de una madre gestionando la economía familiar que los de un supuesto gurú conocedor de todas las teorías económicas. Y para soportar mi “revolucionaria” teoría de que hay que subir ya los salarios, me voy a apoyar en los magníficos resúmenes de clásicos de la economía que El Economista Salvaje está dejando en su blog desde hace unos meses.

Ya en 1776 decía Adam Smith en La riqueza de las naciones que “Los patronos están siempre y en todo lugar en una especie de acuerdo (…) para no elevar los salarios. Violar este concierto es en todo lugar el acto más impopular, y expone al patrono que lo comete al reproche entre sus vecinos y sus pares“. Menos mal que tenía claro que “Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable”.

Joder, casi dos siglos y medio después, tenemos las mismas certezas y seguimos igual. Y mira que ya nos estaba dando una pista de hacia dónde debíamos apuntar. Más aún cuando el mismo libro nos distinguía entre el efecto que producían los salarios o los beneficios del capital en la riqueza de un país:

“Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los altos salarios (…). Nada dicen de los efectos dañinos de los beneficios elevados.”

Comerciantes, patronos, empresarios, el gran capital,… Fue ese villano llamado David Ricardo quien desarrolló en sus Principios de economía política y tributación (1817) una teoría sobre los salarios según la cual, y cito al bloguero, “el valor del trabajo (salarios) estaba determinado por el número de horas dedicadas a la producción de bienes de subsistencia, es decir, aquellos que mantenían vivos al trabajador y a su familia. El salario real (determinado por la ley de la oferta y la demanda) giraría alrededor de este salario de subsistencia”. “Se deberían dejar los salarios a la libre competencia en el mercado y nunca deberían ser controlados ni intervenidos por la legislatura”. Barra libre para el empresario.

“Su propuesta fue, no obstante, profética: un mundo plagado de fábricas donde la población trabajaría al nivel de subsistencia para no morir de inanición. Por supuesto, sin sanidad y sin educación. Y en lo alto de la pirámide, la burguesía capitalista.”

Yo ya he dicho más de una vez en este blog que no soy un gran experto en teorías económicas, pese a lo cual me atrevo a criticar los grandes dogmas de las escuelas de negocios y las doctrinas oficiales. Se me ocurre hacer el ejercicio inverso a lo expuesto por Santiago Niño Becerra en su artículo: subamos los salarios (más IRPF, más cotizaciones a la Seguridad Social). Podrá aumentar el consumo (más IVA), cerrarán menos empresas, menos gente al paro (menores prestaciones por desempleo), “estos chicos” podrán plantearse tener hijos (las futuras pensiones) o comprarse una casa, si la quisieran (liberarían parte del enorme parque inmobiliario sobrante, más ITP). Aumentaría la recaudación de los Estados y podrían rebajar su endeudamiento y mejorar los servicios sociales.

Narnia, Hobbiton, Oz y Mundo Fantasía todo en uno. Ya vendrán los aguafiestas con la inflación o los beneficios de las empresas. Por supuesto, y llevan razón. Pero es que no podemos subir el salario a todos los trabajadores, ni repercutir en precios esos incrementos salariales (la recién desarrollada Ley de Desindexación va en esa línea). Llevo muchos años trabajando en puestos de Dirección Financiera y cercanos como para saber algo de esto.

Esta entrada se titula Ya va siendo hora de subir el sueldo a “estos chicos”. No a los que les preceden, entre los que me incluyo, y mucho menos a los que dirigen en la cúspide. Hay que empezar a cerrar esa brecha salarial que tanto nos separa.

John Kenneth Galbraith publicó poco antes de su muerte el libro La economía del fraude inocente (2004), su testamento intelectual. En este libro, el economista mostraba su preocupación por el capitalismo salvaje y sin control (el que defendía David Ricardo), en especial por las diferencias sociales que provocaba:

“He aquí el hecho fundamental del siglo XXI: un sistema corporativo basado en un poder ilimitado para el auto-enriquecimiento”.

“El enriquecimiento legal de los directivos a través de remuneraciones millonarias es un fenómeno común, presente en todas las grandes empresas. No resulta sorprendente, puesto que son éstos quienes establecen su propia retribución”.

“Son los directivos, y no los poseedores de capital, quienes detentan el verdadero poder en la empresa moderna”.

El lector habitual de este blog sabrá la opinión que los cuatro amiguetes tenemos acerca de buena parte de los directivos (afortunadamente no todos) que hemos tratado, y no es precisamente buena. Gente maleducada que habla a gritos y no tolera opiniones discordantes, paletos venidos a más que no saben comportarse en un restaurante, que se escaquean (hacer un Neymar, lo llamamos), que se creyeron la falacia del ebitda o que había que salir al extranjero aunque no tuvieran ni puñetera idea de cómo o para qué. Gente blindada en sus poltronas que se protegen entre ellos.

Ahí es donde hay que meter la tijera, porque da vergüenza ajena. Parafraseando al replicante de Blade Runner:

“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He trabajado en compañías en las que los directivos se han llevado en un año la subida de sueldo de cinco mil trabajadores. He estado en reuniones en los que el primer punto del orden del día era el cierre de una oficina y el despido de varios trabajadores, y el segundo trataba sobre la renovación de los vehículos de directivos. He visto cómo se frotaban las manos mientras elegían un Phaeton o un Cayenne, y luego decían que las cosas estaban muy mal.

He visto facturas de comidas o invitaciones al fútbol que suponían la subida anual de varios empleados de mi departamento. He visto viajes innecesarios, regalos a amigos que no son clientes, obras particulares en casas de jerifaltes, todo ello mientras te denegaban propuestas de revisión salarial,…

Todos esos momentos se perderán (espero) como lágrimas en la lluvia (O en la hoguera).

Es hora de subir el sueldo a estos chicos”

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5 thoughts on “Ya va siendo hora de subir el sueldo a estos chicos, por Josean

  1. ¡Qué bueno! Este blog es toda una filosofía valiente sobre cómo debe ser la sociedad, la economía, la empresa, etc. Profundo, realista, sabio, justiciero, justificado, oportuno, …. magnífico. Muy bien, Josean.

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  2. ¡Enhorabuena Josean! Una entrada comprometida y alejada de los tópicos del liberalismo a ultranza. Primera idea sorprendente: el Roto es el mejor economista del país. Segunda idea: por supuesto que si los más jóvenes ganan más se beneficiará toda la economía. Yo tuve la inmensa suerte de ganar bastante al comenzar y ese dinero fluyó a la sociedad beneficiando a camareros (por mis gastos en restaurantes), azafatas (por mis viajes), empleados de banca (por mi hipoteca), etc. Tercera idea: Adam Smith, que es considerado el paradigma del liberalismo, era realmente un profesor de ética que entendía las desventajas que supone dejar a una élite que dirija el país/la economía bajo la excusa del libre mercado. Cuarta idea: asusta ver que vas cumpliendo años y que, por alguna razón, tus cargas (familia, hipoteca) son altas y el riesgo de ser despedido y que no te quiera nadie es correlativamente alto. Esta idea es tenebrosa. Creo que todo el mundo debería cubrir esta eventualidad en la medida de lo posible (amortización anticipada de hipoteca, seguro de despido, fomento del ahorro mensual). Por supuesto, esto no siempre es posible. Quinta idea: me ha encantado el blog de El Economista Salvaje… Se ve que es un tipo listo!!

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  3. Creo que es un artículo tremendamente acertado, pero que deja un poco de lado el hecho de que la precarización y desmantelamiento no es una consecuencia inesperada de decisiones que, vistas en perspectiva, resultaron ser equivocadas. En realidad, y aunque parezca conspiranoico, hay gente que no sólo no ha renegado del Neoliberalismo tras ver los desastres que provoca sino que ha decidido que ése es el camino correcto y que hay que porfiar en ese avance todo lo que se pueda. Y quien se caiga por el camino, ajo y agua.

    De hecho, hoy he encontrado una entrevista a uno de esos teóricos, Francis Fukuyama, que se cierra con una de esas frases que daría escalofríos a cualquier demócrata convencido: “Quizá las democracias no funcionan sin el control de las élites”. Ello, dicho respecto al alza populista generada como respuesta a la frustración y desconfianza en las instituciones que la crisis y su gestión han tenido. Traducido a román paladino, “la democracia sólo es buena si vota a favor de lo que las élites quieren”.

    Así que no descartemos que ése sea el siguiente campo de batalla: ¿Por qué el voto de cualquier amiguete tiene que valer lo mismo que el de Florentino Pérez, por ejemplo?

    https://www.esglobal.org/entrevista-fukuyama-quiza-las-democracias-no-funcionan-sin-control-las-elites/

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  4. Totalmente de acuerdo con el artículo. Aunque sólo sea por intereses económicos (continuar con esta sociedad consumista, nótese la ironía…) y no sociales, los sueldos deberían ser más altos.¿Pero realmente qué podemos esperar? En mi empresa por ejemplo llevamos sin subida del IPC desde hace más de 8 años… Pero ves subidas salariales a altos cargos y gastos totalmente prescindibles que son como poco inmorales…Quizás el apoyo y la denuncia de vosotros la Generación X, mejor situada en la escalera laboral. y la continuación de esa denuncia por parte de nosotros los jóvenes, que como bien decías hemos renunciado a hipotecas, coches y demás, sea lo único que podemos hacer de momento. Nosotros los jóvenes sabemos la precariedad del mercado laboral pero también somos conscientes de nuestras habilidades, esfuerzo, estudios y/o experiencia y por supuesto de nuestro entusiasmo. Por mi parte ningún miedo. Nunca.
    «El único veredicto es venganza; vendetta, como voto, y no en vano, pues la valia y veracidad de esta un día vindicara al vigilante y al virtuoso.»

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  5. Muy bien el artículo, coincido plenamente con las conclusiones, y con la cita final del replicante -por más que no hayas ni olido lo buena que es esa peli 😉 -.

    Pero para encontrar las causas de esta situación tan lamentable que describes en cuanto a los salarios de los jóvenes, y entender cuáles serían los remedios, hay que irse a los fundamentales, entender el por qué está pasando esto. En mi opinión, es una situación compleja que depende de muchos factores, pero básicamente describiría cuatro, quizá no en orden de importancia pero seguro que muy influyentes:

    1) Acomodamiento de los que deciden.

    Actualmente quienes podrían influir en estas cosas para bien y hacer lo que tienen que hacer, saben que, si lo hacen, sus horas están contadas. Y normalmente, para quienes tienen ya una situación familiar y personal estable esto acabará pesando más que el lanzarse al vacío y arriesgarse al despido y sobre todo a su propio descalabro económico y social, que éstá prácticamente asegurado por ir “contracorriente” de la mala praxis que es mayoría entre los directivos actuales. Además, siempre habrá una legión de “siguecorrientistas” y psicópatas dispuestos a apuñalar a compañeros o familiares, aplastar a cualquier subordinado y lamer el culo de quien sea necesario, con tal de recoger el testigo, el megasalario y el estatus social de quien decida irse por “la rama de lo correcto¨. No hay casi nadie dispuesto a “hacerse un Jerry Maguire”, y quien lo esté sabe que se lo cepillarán rápidamente. Salvo que seas dueño de tu empresa, o no tengas nada que perder, será difícil ver a algún directivo -no digamos ya a un político- con verdaderas ganas de hacer cosas buenas. E incluso los actos, opiniones o buenas prácticas de gente como Marcos de Quinto, por poner un ejemplo, serán públicamente “cagadas” por sus enemigos a la mínima ocasión.

    2) Premio a los peores

    Entre los peores distinguiría a dos tipos de personas, que son igualmente recompensadas: en primer lugar, se premia exageradamente -cuando en mi opinión habría que echarlos a patadas- a los trepas, a los chupap***, a los chivatos y a los esquiroles -y ojo con esta palabra, no quiero confundir su uso con el que le dan los apestosos sindicatos españoles de hoy día, plagados y sembrados hasta la náusea de este tipo de gente-. Toda esta escoria que sólo busca su propio beneficio personal, aún sabiendo que a menudo tomarán decisiones que perjudiquen al conjunto de personas en la organización de la que forman parte, son un cáncer que habría que extirpar de cuajo. Y sin embargo, es muy frustrante ver cómo se recompensan a diario este tipo de conductas movidas siempre por los peores instintos del ser humano: el egoísmo, la envidia, la insolidaridad, el desprecio a los demás.

    En segundo lugar, se recompensa sin mirar el detalle y consecuencias de lo que hacen a los psicópatas del beneficio económico máximo. Y tengo que resaltar lo de “económico”, porque el resto de beneficios que puede aportar una empresa u organización a la sociedad es de muchos otros tipos: beneficios tecnológicos, beneficios sociales, conciencias de grupo o familia, responsabilidad social corporativa (RSC) pero de verdad, etc. Pero para los estándares actuales que rigen las direcciones empresariales, y que además van marcando el ritmo porque es precisamente lo que se seuele enseñar en las escuelas de negocios, másteres y demás, lo único que importa es el beneficio máximo y al más corto plazo posible. No importa si a largo plazo ese proceder acabará con la empresa, no importa si hay que despedir a la mitad de la plantilla, no importa si es justo que el presidente de una empresa cobre 800 veces más que un administrativo de bajo nivel: si para aumentar el Ebitda -ya tienes otras buenas entradas hablando de esto- hay que rebajar 100 euros al mes el salario de los currelas, vender una fábrica para hacer chalets en sus terrenos y llevarse la producción a China, o mandar a su casa a todos los que ya tienen más de 50 años para poder contratar a estos millenials mileuristas, se hace!!! El premio que aguarda a los que llevan a cabo estas acciones es grande, es legal y, lo peor de todo: ahora es también legítimo. A nadie le van a decir que es inmoral hacerlo, y al que lo haga le llamarán rojo, perroflauta, pringao, progre o cualquier otro calificativo, aunque no tenga nada que ver -como todos esos- con la conciencia personal de, sencillamente, intentar ser justo.

    3) Proliferación de parásitos

    Las dirección actual de la mayoría de empresas enfocada hacia el beneficio máximo financiero y cortoplacista hace que, por un lado, el aumento de productividad general y la generación de capital en el mínimo plazo posible, y por otra parte el empeoramiento del reparto, con disminución de salarios y precarización generalizada del empleo, está siendo en buena parte aprovechada, a la vez que provocada, por una nube de empresas parásitas que aportan poco, empeoran mucho, y dilapidan millones de las cuentas de las empresas. Me refiero a toda esa pléyade de consultoras, auditoras, advisors, consejeros “independientes”, hedge funds tipo “killer”, fondos buitre, administradores concursales que actúan como “terminators”, y un largo etcétera de personas u organizaciones que detraen rentas productivas, frutos del trabajo, para aumentar la riqueza y bienestar de la cúspide dirigente y de las clases parásitas, que no produce nada pero gastan infinitos recursos en pasárselo bomba a costa de que los demás se partan el lomo.

    Obviamente no estoy diciendo que me parezca mal que la gente gane dinero, Dios me libre de defender ningún tipo de comunismo o socialismo que como ya se ha visto repetidas veces sólo llevan al desastre. Estoy hablando de que, como bien dices en tu entrada, se apliquen criterios más justos a la hora de repartir las rentas producidas por el trabajo y la colaboración de un grupo de personas. El 95% de las políticas que estas organizaciones parásitas recomiendan, ayudan a implantar o directamente implantan en las empresas, son dañinas para el 95% de personas que trabajan en esa organización. Me dejo ese 5%, y soy generoso, de buenas ideas que a veces sí se exportan o importan entre sectores económicos diversos, que realmente acaban siendo productivas y beneficiosas en general.

    Pero entonces, si esas políticas recomendadas son tan malas y perjudiciales, ¿por qué se siguen? Pues porque ese 5% tiene en su mano hacerlo, y además, el hacerlo les reportará también beneficios económicos y personales, aunque nunca serán tan grandes como la enorme tajada que levanta toda esa caterva de personajes dedicados a parasitar la verdadera producción de riqueza.

    Como efecto perverso que podemos contemplar de todo este asunto, creo que todas estas organizaciones (consultoras, auditoras, etc.) que venden powerpoints carísimos y llenos de trolas tienen claro que perpetuarse en el negocio es su única manera de seguir adelante, y tienen claro que no van a conseguir hacerlo con cuatro mataos cobrando mil euros… así que se van a las universidades o escuelas de negocios a fichar a los mejores, les ofrecen buenos sueldos, y al poco tiempo ya les han metido en la dinámica de trabajar para recomendar… ¡¡bajadas generalizadas de salarios!! Así pues, las organizaciones que fichan a los mejores, recomendarán bajar, contener o directamente eliminar los salarios de quienes realmente producen la riqueza. De coña, ¿verdad?

    Por último, sobre estas organizaciones parásitas, habría que hacer otro apartado diferente sobre todas aquellas empresas, corporaciones, “asesores” u organismos chupópteros que maman directamente de la teta de las arcas públicas. En este caso, los intereses son totalmente diferentes, pero igualmente dañinos, pues nos empobrecen a todos. Aquí se trata de colocar a los parientes y amigos, mantener redes clientelares y/o votos cautivos, o directamente robar de las arcas públicas, montando organizaciones paralelas para desviar fondos. Hablaría un buen rato de lo muchísimo que pienso que debería endurecerse el código penal para extirpar y castigar estas prácticas, pero ahora no es el caso y esta entrada iba de otra cosa. El caso es que, para mantener todos estos chiringuitos y tinglados extractores de renta, hay que machacarnos a impuestos, lo cual incide directamente en los salarios que se pueden pagar. Y en consecuencia, el propio afectado acaba sorprendiéndose de cómo de su ya exiguo salario bruto le acaban quitando una buena tajada en impuestos, y es otra razón por la que muchos deciden optar al círculo del “salario fijo” que supone entrar en el mundo funcionarial, buscando unas oposiciones y pensando “para qué esforzarme más si alguien que no soy yo es quien más se va a aprovechar de mi esfuerzo”. Otro círculo vicioso de difícil solución.

    4) Docilidad de los afectados

    No voy a decir que los jóvenes que llegan ahora al mercado tienen toda la culpa de lo que les pasa. Pero sí pienso que deberían luchar más por que no les pase. Porque nadie lo va a hacer por ellos. Y creo que la docilidad actual de los jóvenes está yendo a más. Me resulta tristísimo contemplar esas estadísticas recurrentes que salen cada cierto tiempo donde el 70% de los jóvenes españoles piensan que su mejor expectativa laboral es sacarse una oposición y hacerse funcionario con idea del “salario de toda la vida y ya me puedo tocar las pelotas”. Doblemente triste, primero por la carencia de expectaticas, y segundo por pensar que, aunque te toques las pelotas en un trabajo, no te van a echar ni de coña (esto es algo que habría que cambiar también pero desde la misma Constitución).

    Desde luego los que ya estamos en una posición más acomodada, como Josean o yo, no vamos a ayudarles a mejorar su entrada en el mercado de trabajo si para ello nos obligan a empeorar la nuestra (ver punto 1 de mi rollo), y desde luego un desgarramantas como Pablo Iglesias o cualquier otro vendemotos de ese estilo tampoco. Este es un tema tantas veces trillado en la Historia que no lo voy a comentar una vez más, en un simple comentario de una entrada de un blog -que al final me está quedando más largo que la propia entrada-. No sabría decirle ahora mismo a un chaval de 25 años qué es lo que tendría que hacer ahora para tratar de mejorar sus condiciones iniciales en su trabajo. Lo que sí podría decirle es que se mueva todas las veces que haya que moverse, que se forme lo máximo posible, que aprenda inglés aparte de otros idiomas, que viaje, que no se encierre en un círculo de hastío o de fantasías como los que tantos vendemotos ofrecen actualmente (“paraíso podemita”, “paraíso de la nación independiente”, “paraíso del MHYV”, etc.), y sobre todo que trate de buscar verdaderas opiniones independientes y libres, para tratar de hacerse una composición de lugar más o menos realista de lo que nos rodea. Ahora que tenemos tantos medios para leer opiniones diferentes, tanto mercenarias e interesadas como independientes, es cuando más empanaos se encuentran los que tienen energías para cambiar las cosas. Es tanta la oferta actual de mentiras, y tan pocas las ocasiones en que alguien habla con rectitud, sentido de justicia o principios morales, que todas las luchas que deberían emprender los jóvenes se terminan ahogando en peleas triviales por un equipo de fútbol, una serie de la tele o personajillos aprovechados con ínfulas de extremistas que no tienen un ánimo real de hacer cosas buenas, como los pablemos o los lepenes.

    Lo tenéis chungo los chavales. Pero si estáis leyendo blogs como este, u opiniones como esta, es que realmente os importa. Así que buscad, encontrad y pelead.

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