¡Oh, bendita recuperación!, por Josean

rajoy

¡Oh, bendita recuperación, oh, glorioso este momento de nuestras vidas en el que los españoles volvemos a ser millonarios y podemos aspirar a todo aquello que creímos nos pertenecía hace menos de una década! ¡Oh, bendita recuperación, que nos devolverá la posibilidad de adquirir un coche nuevo, un apartamento en la playa, dinero para salir a cenar, las vacaciones, un colegio en el extranjero para nuestros hijos,…! Bienaventurados los gestores de estos momentos de zozobra pues sin ellos esta bonanza que ahora vivimos no hubiera sido posible. Y bienaventurados nosotros, sus lacayos, pues hemos sido testigos de la salida de la crisis, el control del déficit, el endeudamiento, la recuperación del empleo y el poder adquisitivo.

Cierto es que la desigualdad ha aumentado enormemente durante la crisis y que 13 millones de españoles siguen en riesgo de exclusión social por falta de ingresos, pero sin duda eso son minucias, debemos confiar en el buen hacer de los nuestros. Las cifras de crecimiento están fuera de toda duda, un 2,6% para 2016, más del doble que Alemania y Francia, somos impresionantes, ¡somos los mejores!

Es verdad que las estadísticas cuentan una verdad distorsionada y si yo consigo mojar todos los días del año (ya quisiera) y mis vecinos del B y el C están a dos velas, el dato dirá que “los españoles hacemos el amor una media de 120 días al año”. Pero no debemos entrar en ese juego, el camino de la recuperación es firme, el dato incontestable y conviene valorar lo que se está logrando, sin importar el cómo.

Gracias por sacarnos de la crisis, oh, sabios de la política económica a cuyos pies se ha rendido un tercio de los españoles. Gracias, gurús mundiales de la recuperación, porque encontrasteis un modo de sacar al país de lo más profundo del abismo y llevarlo de nuevo a la senda del crecimiento y la redistribución justa y ordenada de la riqueza.

Ese buen hacer nos llevó al control del déficit que nos vendieron antes de las elecciones del 20-D en un mantra repetido hasta la saciedad y que casi nos llegamos a creer. Es verdad que en marzo supimos que el control del déficit resultó no ser tal y que lo sobrepasamos en más de un punto, hasta el 5,16%. Es verdad que se ha activado el régimen sancionador de la Unión Europea (por primera vez) para castigarnos por ese incumplimiento. Es verdad que fueron 10.000 millones de euros de exceso de nada, justo la misma cantidad que Bruselas nos ha exigido recortar esta misma semana. Y también es verdad que nuestros gurús de las finanzas sabían que iba a ser necesario este nuevo recorte, aunque no nos lo contaran durante la campaña del 26-J. Esa inmensa suerte sí la tuvo Jean-Claude Juncker, el cual pudo conocer mediante carta el firme compromiso de nuestro presidente en funciones de acometer esos tijeretazos necesarios aquí y allá. Pero después de las elecciones.

Hace cuatro años hubo que recortar esta misma cantidad en una fecha similar y salió de los presupuestos de sanidad y educación, pues todos sabemos que el sostenimiento del sistema bancario es prioritario y la base del funcionamiento del Estado.

Debemos quedarnos con los datos, con la relevancia de lo obtenido. El paro ha bajado de los cuatro millones y debemos felicitarnos por ello, y felicitar sobre todo a sus artífices. Que el 91,7% de los contratos firmados sean temporales importa poco, y que los salarios sean ridículos, menos aún, pues el no menos glorioso Banco de España ha respaldado dicha disminución de salarios, ya que ha propiciado la mejora de la competencia, de la exportación, de la inversión, del empleo y del consumo.

La hostelería, el turismo y el comercio han tirado del carro, beneficiados por desgracias como las sucedidas en países tradicionalmente competidores. Estos sectores son, casualmente, los que más han bajado los costes salariales por hora de trabajo. Pero es solo una casualidad, debemos alegrarnos pues ya no somos “un país de camareros y albañiles”, el cambio de modelo productivo está ahí, a la vuelta de la esquina, y ya somos camareros y vendedores.

El FMI nos ha reprochado recientemente que la inversión en I+D apenas alcance el 0,1% del PIB, lo que nos coloca en un puesto indigno para ser como pretendemos (o como nos cuentan) “el motor del crecimiento europeo”. Que nuestros mejores investigadores hayan tenido que emigrar, así como nuestros mejores estudiantes, es un indicador más de la calidad de nuestros profesionales.

Hemos bajado de los cuatro millones de parados según el INEM, ya estamos a solo 1,7 millones de las cifras en las que estábamos en 2006, y por tanto debemos seguir de celebración. Igual que debemos celebrar que el número de afiliados a la Seguridad Social haya subido a los 17,7 millones, las mismas cifras que en 2009. Ya estamos a solo 1,6 millones de alcanzar el número de 2007. Vamos bien, sigamos repitiendo el mantra de la recuperación.

Recuperación1

A principios de junio supimos que la protección contra el desempleo había caído al 53%, nuevo récord histórico, que había ya 3,3 millones de desempleados que no percibían prestaciones de ningún tipo. Está en la hoja de ruta del Banco de España, no debemos preocuparnos. Lo penúltimo que nos dijeron es que había que reducir la protección para los empleos fijos o indefinidos y abaratar los costes de despido, pues está científicamente probado que así aumentarán los contratos indefinidos y se reducirán los temporales. 8 frente a 92, los datos son pertinaces. Menos mal que Juan Rosell, presidente de la CEOE, nos recordó que “el empleo fijo, estable y con derechos, es una antigualla del siglo XIX”.

Menor número de cotizantes, menores salarios, menor protección,… ¿no nos traerá problemas el día de mañana, sobre todo para garantizar el pago de las pensiones? ¿Qué digo el día de mañana, el de hoy? No seamos aguafiestas y creemos alarma social, podemos meterle mano a otros 8.700 millones de la hucha de las pensiones, que para eso está. Si lo hacemos un sábado de julio, puede pasar más desapercibido y no afectar al clima de paz social que respiramos.

Debemos estar tranquilos pues nuestros dirigentes han dado lecciones sobradas de gestión que nos permitirán mirar esperanzados al futuro. Con un endeudamiento desbocado, por primera vez por encima del 100% del PIB, pero optimistas. El país hipotecado para varias generaciones, pero felices.

Poco importa que el FMI haya rebajado nuestras expectativas de crecimiento en dos décimas, hasta el 2,1% en 2017, pues al fin y al cabo es culpa exclusiva de los hijos de la Gran Bretaña y su afán emancipador, nada que pudiera ser controlado por nuestros genios patrios de la administración de lo público.

Hemos vuelto a votar seis meses después y hemos reforzado en su posición a estos genios de las finanzas, lo que me lleva a pensar en las propuestas y la capacidad de sus rivales en la carrera. La corrupción tampoco pasa factura en las urnas, como llevamos años viendo en Madrid y Valencia, pero también en Cataluña y Andalucía. Nuestros dirigentes están tranquilos, pues podrán seguir exigiendo austeridad, aprobar recortes y mientras, apoyar a los golfos de su propio partido, sean del que sean.

El populismo ha ganado, lo tengo claro, pero el del refranero: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer” o “Virgencita, Virgencita, que me quede como estoy”.

Cara Josean

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