Una gota de agua, por Lester

La madre Teresa de Calcuta definía del siguiente modo la labor que prestaban en la India: “a veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”. Esta frase me la recordó varias veces mi hija Rachel a su vuelta de la India y esa misma frase me ronda ante nuestro inminente viaje de voluntariado a Bolivia.

Un libro con un fin solidario

En esa línea de intentar ayudar, no solo con nuestros brazos y nuestra mejor sonrisa, sino también económicamente, estoy poniendo todos mis empeños en tratar de lograr alguna financiación adicional para la reforma de uno de los pabellones del Hogar Teresa de los Andes, en Santa Cruz de la Sierra. Tengo medio convencida a mi empresa, gracias al Departamento de Responsabilidad Social Corporativa, y he puesto en marcha otra iniciativa a raíz de algunos comentarios de buenos amigos aficionados a leer mis textos: “saca una recopilación de tus mejores relatos”.

¿Los mejores? Podría sacar varias recopilaciones con los peores, esos que nunca saldrán del cajón o de la última carpeta del disco duro, pero al tratarse de una buena causa, me he animado y puedo anunciar con ilusión que ya está disponible en Amazon el libro Relatos de un tiempo fugaz (Enlace).

He dejado mi pudor y me he atrevido a editar este libro, que nace con la sana intención de recaudar lo máximo posible para el proyecto de Ayuda En Acción en el que vamos a colaborar este verano. Allí donde encontremos una necesidad a nuestro alcance, allí (espero) llegarán los beneficios de este libro. El Hogar Teresa de los Andes es una casa de acogida en la que la ONG atiende y mantiene a unos 120 niños abandonados, muchos de ellos con discapacidades psíquicas, o mejor dicho, con habilidades especiales. “Un hogar admirable” en palabras de los coordinadores del proyecto en el que se atiende, alimenta, educa y se proporciona una vida diferente a todos esos chavales.

Las experiencias de voluntariado de nuestra hija Rachel en Uganda y la India nos animaron a hacer algo similar. Abandonar nuestras comodidades de Occidente y, aunque solo sea por unos días, ayudar a los demás, hacer algo útil y visitar un lugar en el que, como nos transmitieron desde la ONG, “hay tanto por hacer”. Una gota de agua, pero esa gota de agua es bienvenida. Al final de los relatos del libro he dejado la entrevista a Rachel que los seguidores de este blog conocen y en la que cuenta todo lo que un voluntario puede hacer en esos lugares apartados del mundo.

Mi objetivo es recaudar la máxima cantidad posible, lo digo con todas las letras. Los que me conocen bien saben que no me voy a quedar un euro, y con esta buena intención os pido que compréis el libro, pero también que lo compartáis, que lo regaléis, que le deis difusión, y ojalá, que lo leáis y lo disfrutéis.

El título

El tiempo es fugaz, tempus fugit, se nos va, se nos escapa entre los dedos y sin darnos cuenta bordeamos los cincuenta cuando hace nada cumplíamos treinta. La foto de portada, al igual que el cartel con el texto o los dibujos de los cuatro amiguetes, fueron realizados por mi hija pequeña, la que hace nada era un bebé que sujetaba entre mis brazos y hoy es toda una artista. Carpe diem, aprovecha el día, vive el momento. Y pese a que lo intento, pese a que le robo horas al sueño y trato de estirar el tiempo como el chicle más elástico del mundo, no dejo de pensar en la fugacidad del mismo, en lo rápido que pasa todo.

Tempus fugit, carpe diem, encima metiendo latinajos. Yo, que lo único que entiendo del latín es la memorable escena de Top Secret con el cura: “quid pro quo lapsus linguae, habeas corpus coitus interruptus, veni, vidi, vici,…”

Los relatos y los sentimientos

De todo lo que he escrito a lo largo de mi vida, y ha sido mucho, sin duda lo que más me cuesta dejar leer son los relatos, incluso a los más cercanos, a las personas de más confianza. No me importa escribir textos de coña, o posts gamberros como algunos del blog y enviárselos a cualquiera, pero los relatos son mucho más íntimos, más personales, y quizás indirectamente cuenten demasiado de mí, así que siento cierto pudor a la hora de pedirle a algún amigo que se los lea y me dé su opinión sincera (que pocas veces lo es).

Por esa razón muchos de los relatos han estado durmiendo tanto tiempo en el disco duro de un pendrive, un lugar tan repleto de historias como el Cementerio de los Libros Olvidados de La sombra del viento. En esta recopilación he rescatado un relato inédito, escrito hace casi dos décadas, un texto que ni siquiera ha visto la luz en el blog. ¿No se da el contrasentido en los grupos de música de incluir temas inéditos en discos de grandes éxitos? Pues yo no iba a ser menos.

Hacia la mitad del libro he dejado un texto sobre el proceso de escribir relatos: cómo nace la idea, cómo la desarrollas, cómo la plasmas, le das forma y cómo con dolor, la podas para que mejore. Al contrario de lo que suelo escribir, en donde el humor tiene un protagonismo importante, los relatos son más duros, tristones, o como me dijo un amigo, “con una sensibilidad que pensé que tú, descerebrado, no tenías”.

No recuerdo quién dijo una vez en la radio que las canciones de amor en el fondo son de desamor, de desgracias por amores no correspondidos, porque son mucho más fáciles de escribir. Pues algo parecido pasa con los relatos, que lo trágico es más sencillo que lo cómico, o así me lo parece. Mis relatos son tan amargos en ocasiones que me propusieron el reto de escribir un relato divertido, y os aseguro que fue el que más me costó sacar adelante.

Una cadena

Que no se rompa la cadena. Una cadena de esas que tanto odio, pero una cadena que voy a iniciar yo de la siguiente manera. Yo compraré los primeros 50 ejemplares de esta recopilación de relatos (¡hoy los he recibido!) y los regalaré a los más cercanos, a amigos, familiares, gente especial y gentuza de mal vivir a los que tengo cariño. El compromiso es que ellos a su vez tienen que comprar otro libro y regalárselo a alguien, y ese alguien a su vez a otros, y estos otros a su vez,…

Repito: con lo que yo odio las cadenas, a ver qué éxito tengo en mi empeño.

Ojalá sea mucho. Ojalá sean varias gotas de agua.

 

El Hogar Teresa de los Andes, por Lester

Existe un lugar admirable en Cotoca, en el área metropolitana de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Se trata del Hogar Teresa de los Andes para niños con habilidades especiales, o por qué no decirlo, para niños con diversas discapacidades físicas o intelectuales, un lugar gestionado por Ayuda en Acción en el que estos niños encuentran una familia, una atención adecuada, un presente y se les forma para que puedan tener un futuro. Sigue leyendo

Una noche con la Filarmónica de Londres, por Lester

– Cariño, estás guapísima.

– ¿Tú crees? ¿No voy demasiado arreglada?

Estaba estupenda, como siempre. A mí en el fondo me da igual lo que se ponga, porque bien sabe que me pone con cualquier trapo, y sin ellos, más. Pero su preocupación era porque íbamos a uno de esos lugares a los que no estamos muy acostumbrados a ir, el Auditorio Nacional, y quería ir bien, a tono con la solemnidad del sitio. Por momentos recordé ese párrafo de Groucho Marx con el que comienzan sus Memorias de un amante sarnoso: Sigue leyendo

La vuelta al mundo en 80 libros (y III), por Lester

Tercera y última parte de esta vuelta literaria al mundo. Para el paciente lector que haya seguido este recorrido o para el que quiera iniciarla, le indico que la primera parte trató de rememorar el recorrido de Phileas Fogg a través de los libros de aventuras del siglo XIX, mientras que la segunda hizo el trayecto en sentido más o menos inverso por medio de libros de un siglo XX mucho más oscuro y cruento.

Si ya he recorrido dos veces el globo terráqueo, ¿qué me queda por visitar? Pues mucho, muchísimo aún. Sobre todo porque desde que existe la literatura, Sigue leyendo

La vuelta al mundo en 80 libros (II), por Lester

La primera parte de esta vuelta literaria al mundo comenzó como un elogio de la lectura por placer, representada de la mejor manera posible en los libros de Julio Verne y siguió con una recopilación de libros y viajes por el mundo, libros escritos en su mayoría en el siglo XIX por autores que buscaban narrar aventuras o mundos nuevos. Nada de complicadas virguerías literarias ni estructuras gramaticales imposibles a lo largo de cientos de infumables páginas.

Sin embargo, parece que conforme nos hacemos mayores nos obligamos a dejar de leer libros por el mero placer de hacerlo para tratar de digerir libros “imprescindibles” que en algunos casos pueden llegar a ser infumables. Sigue leyendo

La vuelta al mundo en 80 libros (I), por Lester

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Recientemente mi hija ha tenido que leer La vuelta al mundo en 80 días y preparar un trabajo sobre el libro y sobre Julio Verne. Cuando me lo dijo, visiblemente agobiada por la longitud del trabajo, me ofrecí a ayudarle de modo más que interesado:

– Me encanta ese libro, era uno de mis favoritos, ya verás qué divertido es. Me lo voy a volver a leer Sigue leyendo

Mario Mola. Y el triatlón también (Lester)

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Esta semana he tenido la suerte de charlar cerca de una hora con Mario Mola, campeón del mundo de triatlón, con Carolina Routier, triatleta olímpica, y con altos cargos de este deporte, como José Hidalgo, presidente de la Federación Española y Marisol Casado, presidente (o “presidenta”) de la Internacional. Ha sido una conversación muy amena para un amante del deporte, como el que esto escribe, y una vez más, clarificadora de las diferencias que hay entre casi cualquier deporte y el fútbol.  Sigue leyendo