Barra libre, por Lester

Fiesta de empresa

Tras casi diez minutos de paciente espera, cuando por fin encontré el hueco para pedir un par de cañas y la camarera estaba sirviendo de modo diligente las mismas, se me acercó una atractiva compañera de Recursos Humanos y me dijo “ya que estás, pídeme otra, por favor”, frase acompañada de una agradable sonrisa, a lo cual por supuesto que me presté, “otra, por favor”, pues nada resulta más persuasivo que una sonrisa femenina, así somos algunos de simples; mas siempre ocurre que el imbécil de la oficina técnica al que no soportas, aquel cuya fama de caradura le precede, se arrima a tu oído y te escupe “ah, Lester, y para mí, un tinto y un blanco”, “¡ah, y ya que estás ahí, una sin alcohol!”, y no contento, se gira hacia sus ya casi borrachos compañeros y les anima “¿queréis algo vosotros, os falta algo por ahí?”, peticiones que atiendes por educación, no por ganas, mientras reprimes esa fuerza interior que te impele a mandarle a tomar por donde le introducirías un poste de madera astillada del cableado eléctrico.

Sí, amigos, la copa de empresa en formato cóctel con canapés, jamoncito, bandejas de pinchos sofisticados y, por supuesto, barra libre de cerveza, vino y refrescos. Un formato con ventajas evidentes a la hora de departir con un mayor número de compañeros y evitar así el tradicional problema de las comidas alrededor de una mesa: “que no me toque con el jefe”, o con el cenizo, o con el plomo, o el triste, o con la loba, o con el del mal olor (¿se admite “halitóxico”?), o con el que siempre la lía o con los que te hacen sentir vergüenza ajena por el tono impropio de sus supuestas gracietas, proferidas con un volumen que no utilizarían ni en las gradas de un estadio de fútbol.

Cada vez que te acercas a por una cerveza ves que hay algunos compañeros, por supuesto tíos, que se mimetizan con la barra, no pierden nunca su sitio y seguramente por eso siempre tienen el vaso lleno, vaso que no marean, sino que degluten con prisas pues saben que hay un límite (de hora) para pedir sin límite (de birras). Y los tíos con una cerveza en la mano somos muy peligrosos. Barra libre de comentarios. De todo tipo. Poniendo a caldo a la empresa, al jefe, criticando al que ha elegido el sitio, o despotricando del jamón o del catering mientras se les escapa el bigotillo del langostino entre los dientes. Si el lugar es modesto, porque es modesto, y si el lugar es cojonudo, pues porque la empresa se gasta un pastizal en estas cosas en lugar de subirle el sueldo ¡a él!, “que soy el que más dinero hace ganar” a los jefes. Trato de huir de los tipos del doble-pegado-a-la-mano como de la peste, pero en estos eventos de tantas horas de duración es inevitable cruzar un par de frases con ellos, sobre todo porque te llaman la atención con un primer gruñido como el que utilizan los pastores para el ganado:

– ¡¡Heeeey, hey, Lester!! ¡¡Yeejeey, aquí!! (ante tu fingido despiste) ¿Tú sabes cuánto se han gastado por cabeza en este sitio?

Es una pregunta retórica, pues ante tu indiferencia y sea cual sea tu respuesta, “no sé”, “no me interesa”, “treinta euros”, “está todo cojonudo” o directamente “me la suda”, ellos te lo sueltan con todo tipo de apreciaciones, interpretaciones y por supuesto, críticas. A medida que avanza la jornada, aumenta el número de felipones que sueltan por la boca, una mezcla pastosa de cerveza y carne mechada que salta de sus resquicios interdentales directamente a la pechera de tu chaqueta. Tratas de limpiártelo como puedes, sobre todo para ver si se dan cuenta o se disculpan, hechos que por supuesto no se producen, y en cuanto puedes te largas de allí, pues sabido es que de permanecer en esa conversación tu camisa acabaría con tantos churretones como la cúpula de Barceló para la ONU.

En esos días de exaltación colectiva de la amistad, no podía faltar la barra libre de comentarios machistas. No me voy a escandalizar siguiendo las normas de la moral políticamente correcta que nos tratan de imponer, ni mucho menos mentiré diciendo “yo no los hago, los demás son chicos malos”, porque la realidad es que prácticamente todos los hacemos o al menos los consentimos. Esta misma semana se ha disculpado incluso el “macho alfa” Pablo Iglesias por su comentario de hace años sobre Mariló Montero y ciertos azotes excesivos, pero en el fondo lo que ha dicho no deja de ser cierto: cuántas de estas bromitas soltadas en grupos de WhatsApp y únicamente para amigotes y kolegas nos avergonzarían si salieran a la luz pública, o si por un casual se publicaran en la Intranet de la compañía.

Lo que sí tengo muy clara es la línea invisible entre la broma y el mal gusto, y así como tolero con agrado lo primero, detesto lo segundo. Y no está de más alabar la elegancia y belleza de nuestras compañeras de curro (por trasladar de un modo legible lo de “la azotaría hasta sangrar”), pero odio los comentarios soeces sobre las mismas y las prácticas sexuales que determinados compañeros imaginan con ellas, “la empotraría contra la pared”. Vas listo. Ante tu mirada indiferente, te sueltan:

– Vamos, Lester, no pongas esa cara, no me digas que tú no la empotrarías contra la pared.

– La chica está para lo que tú quieras, para empotrarla contra la pared, claro que sí, pero es muy distinto si te digo que yo, yo personalmente, no la empotraría contra la pared, no tengo ningún interés.

Es el momento de todas las copas de empresa en el que alguien suelta el célebre refrán sobre la olla y dónde no introducir los atributos masculinos. ¡Chupito para el primero que la suelta! No es por eso, les digo, sino porque estoy felizmente casado y no voy a hacer el payaso con chicas veinte años menores que yo. Además, tengo un truco infalible que aprendí hace años para salir con elegancia de estos momentos:

– Siempre recuerdo lo que decía Lord Chesterfield: “el placer efímero, la postura ridícula y el precio escandaloso”.

Jojojojo, se ríen, aunque alguno no ha entendido la frase, sueltan otros tres perdigones y entonces es cuando otro de esos compañeros casados te cuenta su truco:

– Yo me pongo frente al espejo como Travolta en Pulp Fiction y me repito su frase: “ahora te vas a tu casa y te haces una buena paja”.

cóctel-empresa

Es así, son los grandes clásicos de la copa de empresa o la cena de navidad. Decía que los tíos con una cerveza en la mano son muy peligrosos, pero más lo son aquellos con una cerveza en la mano y media docena en el cuerpo. Algunos rajan más de la cuenta y hablan con total desconocimiento de los compañeros, y sobre todo, de las compañeras. Hace poco leí la diferencia entre ligar y acosar: si eres guapo, ligas. Si eres feo, estás acosando.

En mi primera cena de empresa, hace ya unos 25 años y recién incorporado a la misma, estuve hablando con una chica diez o doce años mayor que yo, llamémosla Elena, por ejemplo. Una conversación agradable, sin ningún interés afectivo o sexual por ambas partes. Pues se me acercó un tío y me soltó:

– Bah, no tienes nada que hacer, Elena es lesbiana.

Pero apenas unos minutos después se me acercó otra chica, esta vez de mi departamento, y me dijo:

– Ya he visto cómo se ha lanzado la loba de Elena a por ti, le molan los yogurines.

“¿Cómo?” Con el tiempo descubrí que la tal Elena tenía novio de los de toda la vida y que solo hablaba conmigo porque sí, por su simpatía innata, con naturalidad, pero para los tíos era lesbiana porque le habían tirado los tejos y había pasado de ellos, y para las chicas era un putón porque se llevaba bien con los que acabábamos de entrar. Pues muy bien, será que el pueblo nunca salió de algunos.

Como el tema no me va, procuro moverme bastante para hablar con cuanta más gente mejor, pero sin quererlo, me encuentro con “Mantodemierda”, el mismo tipo que se ha pasado las últimas dos semanas con la copla de todos los años, “no pienso ir”, “no me apetece encontrarme con determinadas personas”, “no estoy de humor”, “que no, que no voy”, frases que te espeta aunque no le hayas preguntado, ni mucho menos insistido.

– Hola, Lester, al final he venido.

– ¡No jodas! No me había dado cuenta, pensé que eras un holograma.

– Cachondo, todos los años la misma gracieta.

– ¿Me repito? ¿Yo?

En fin, le dedicas dos minutos, escuchas sus quejas, y antes de que te amargue lo que queda de evento, le dices que te vas a por otra cerveza. Así transcurren las horas, hablando con unos, con otras, divirtiéndome, escuchando de todo, relajándome del estrés laboral, comiendo lo que se puede, bebiendo más de lo que debieras, y cuando miras el reloj compruebas con asombro que llevas seis horas en el sitio. Me doy cuenta de lo insultantemente jóvenes que son mis compañeros, y de lo mayor que empiezo a resultar para estos eventos, así que empiezo a recogerme para retornar a mi humilde morada.

Que quede claro por mucho que haya largado que me lo paso siempre de pelotas. Tengo numerosos compañeros a los que considero amigos, en los que confío un huevo y me lo paso bien con ellos, y sí, la becaria está de miedo, ¡qué pasa!

Y ahora, barra libre para las críticas, amigos.

Cara Lester

 

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Siniestro tOTal, por Lester

 

Tanto gilipollas

Ya voy teniendo unos añitos, creía que había visto mundo, que tenía cierta experiencia en “las cosas de la vida” y sin embargo, compruebo atónito que mi capacidad de sorpresa no solo no disminuye, sino que aumenta semana tras semana. Uno de los debates estrella de los últimos días, a la altura de los presupuestos del Estado o el procès catalán, ha sido la polémica sobre el empleo de la palabra “mariconez” en una canción de Mecano de hace tres décadas. Para el que pueda vivir felizmente ajeno a estos sesudos debates psicosociales, le cuento que se ve que unos jovencitos imberbes de OT, que no deben de superar la veintena, sienten que tal palabra es ofensiva y denigrante para el colectivo LGTBIQ (¿me falta alguna letra?) y debería ser suprimida y cambiada de inmediato. “Censurada” es la palabra, chicos.

Por supuesto, la cosa no ha terminado ahí, y la negativa del autor de la canción, José María Cano, a permitir la sustitución por otra le convierte de inmediato en homófobo, carca y supongo que facha, que es el calificativo que se regala hoy en día a todo el que ose ir contra la corriente dominante.

Estoy aburrido de tanta gilipollez, así que no voy a entrar demasiado a explicar las circunstancias de España a principios de los ochenta: cuarenta años de dictadura, una Constitución que se aprueba en 1978, el ruido de sables que acaba en el golpe de Estado de 1981, y una sociedad deseando pasar página. Totalmente. Tras años de represión, surgió la célebre movida madrileña y fue como una explosión de libertad salvaje. Hasta el alcalde de Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván pronunció su recordada (y desafortunada) frase:

“Rockeros, el que no esté colocado, que se coloque”.

Todo valía. Y todo, incluía todo, lo bueno y lo malo. Por supuesto, ser soez, palabrotero y decir tacos en Televisión Española era lo más suave que hicieron algunos de estos rockeros a mediados de los ochenta. Igual que los últimos años del franquismo vivieron su destape particular, en los ochenta necesitábamos nuestro despelote general.

Y ahí, en ese preciso momento de nuestras vidas, que a mí me pilló en la adolescencia,  entraron los grupos de pop y rock españoles con sus letras transgresoras en busca de que te sangraran los oídos ante la aberración que acababas de escuchar. Mecano no pertenecía a estos grupos salvajes, sino al lado más light e incluso correcto (y aunque no venga a cuento, aprovecho para decir que yo detestaba su música entonces y ahora). En fin, Mi agüita amarilla, Te mataré con mis zapatos de claqué, Soy un macarra, soy un hortera, voy a toda hostia por la carretera, Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien,…

Alaska confesaba en otra canción cómo “loca de celos, decidió, tras apuntar la dirección” atropellar a su pareja porque “¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?” ¡Y no pasaba nada! Nos reíamos, nos dábamos codazos como diciendo “¡joer, mira lo que ha dicho este!” y todos felices. No había por qué escandalizarse, porque se podía decir lo que se quisiera con total libertad. Bueno, con Las Vulpes y su inolvidable (y espantosa) Quiero ser una zorra en La2 de Televisión Española se pasó el Rubicón de lo permitido.

Pues ahora, treinta años después, parece que no, que vuelve la censura. La atroz, intolerante y salvaje dictadura de lo políticamente correcto. Ya está en el lenguaje llamado inclusivo que nos intentan imponer con total ignorancia y desconocimiento, ya lo hemos visto en programas de televisión, se pretende obligar en el cine con la terrible censura de la inclusión Rider, y por supuesto no iba a ser menos con la música. Lo que más me ha sorprendido es que la nueva censura llegara del lado supuestamente progresista. De los mismos, además, a los que les parece intolerable la condena al rapero Valtonyc por sus canciones en las que animaba a disparar al Borbón, o a poner bombas en los cuarteles de la Guardia Civil. Flipo, alucino, me mofo, o como se diga ahora, la censura de lo políticamente correcto y “modelno” supera a todas las demás en intransigencia.

No voy a tratar de convencer a nadie, y menos a nadie que no alcance los veinte años de edad, como esta misma semana cuando conversaba con mi hija y sus amigas, así que me voy a subir al carro ganador y voy a hacer eso que tanto les gusta a los chicos de OT, “revisionismo histórico”, o “acomodación del pasado a las nuevas tendencias”, para lo cual, creo que no hay un grupo mejor en esos ochenta homófobos, racistas, machistas y… ah, y fachas (jajaja) que Siniestro Total, el grupo gallego de Julián Hernández, Germán Coppini y otros que no recuerdo. Los nombres no importan, serían también unos fachas. Como Joan Manuel Serrat, que también lo he escuchado en estos tiempos convulsos.

 

No puedo imaginarme a los profesores de OT diciendo: “A ver, chicos, esta semana toca preparar la canción Matar jipis en las Cíes”. Por supuesto, tras un par de soponcios en los concursantes y un escándalo que convertiría a los gallegos en trending topic nacional, los chicos deciden que la canción sobre asesinar a unos hippies en las Cíes debe convertirse en una bonita historia de amor homosexual, todo un canto fraternal de amor y convivencia plena en la Naturaleza. Aquí podemos comparar ambas letras:

Diapositiva1

El éxito de la versión sería tal que probarían a repetir con otra versión del mismo grupo. “Genial, chicos, vamos a hacerlo más difícil con esta otra, Hoy voy a asesinarte“. Por supuesto que hoy esa canción estaría prohibida, censurada, quiero decir, y se montarían debates sobre que es una incitación a la violencia de género y la cantidad de mujeres que han fallecido en estas décadas tras escuchar sus maridos esta (horrible para mi gusto) canción. Los chicos de OT reescribirían totalmente la letra, harían unos arreglos new age y la canción se transformaría en una bonita oda de amor en la que el hombre reconoce que es un machista impenitente educado en el heteropatriarcado más conservador:

 

“¡Estupendo!, las cifras de audiencia avalan nuestra propuesta por un revisionismo feliz, así que esta semana nos vamos a atrever con Ayatollah, no me toques la pirola“. El problema es que hay un concursante musulmán en el grupo y se considera que la canción es islamófoba y atenta contra el Islam, así que sería reescrita por los propios chavales en una versión que ensalzaría las bondades de esta religión. Además, es la moda, ¿no? El cristianismo es facha, y el Islam es progre:

 

Como decían los propios Siniestro Total en otro de sus discos, Ante todo mucha calma. Dejo ya de estrujar mis neuronas para recomponer unas letras que hoy en día pueden escandalizar a almas cándidas, pero a las que no movería ni una coma. Eran otros tiempos. Hace un par de años, en un programa de televisión recordaban un sketch de Martes y Trece que en su día tuvo mucho éxito: “Mi marido me pega”. Era terrible. Aparecía Millán Salcedo disfrazado de mujer con un ojo morado y repitiendo varias veces la famosa frase “mi marido me pega” acompañada por “¡sufro bucho!”. Le ponían el vídeo al Millán de hoy en día y su respuesta fue la lógica: “Estoy horrorizado”. Pero como él mismo recordaba, en aquellos años la gente le paraba por la calle, le decían lo que se habían reído y le pedían que lo repitiera. Y el sketch visto hoy en día no tiene ni puta gracia. Pero no lo vamos a cambiar. Ni vamos a quitar la escena del bofetón de Glenn Ford a Gilda, como pidió alguno esta semana. Ni vamos a censurar Lolita de Nabokov, ni ya puestos Romeo y Julieta, porque cada obra tiene su época, su tiempo y su contexto. Y las jóvenes brigadas censoras harían bien en comprenderlo.

Si os habéis reído de las letras, un saludo, ¡fachas!

Cara Lester

 

Con C de Caballé

Caballé1

El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo “nuestra” gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el “error” de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

Caballé2

No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que “hubiera un poco más de Catalán, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con “un extranjero”. Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como “la mejor soprano del siglo XX”, por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner “cedés”, aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

“La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera”. Y le faltaba añadir: “Y quien mejor la canta, soy yo”. Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

El Louvre de Abu Dhabi y otro modo de disfrutar el Arte

Louvre Abu Dabi4

Lester, 7/10/18

El pasado mes de agosto disfrutamos durante cuatro días del calor arrasador de Abu Dhabi, o Abu Dabi según recomienda la Fundeu, y de entre las muchas cosas interesantes que vimos, sin duda me quedo con el Museo del Louvre de Abu Dabi, inaugurado hace menos de un año, allá por noviembre de 2017.

Entrada Louvre Abu Dhabi

Como ocurre con tantas cosas en Abu Dabi y Dubái, el edificio suponía un reto casi imposible de realizar para los ingenieros que lo diseñaron. Lo primero de todo es el emplazamiento elegido, ubicado directamente sobre el mar, en la isla Saadiyat. Esta isla, cuyo nombre significa “isla de la Felicidad”, pertenece al distrito cultural de la ciudad y las autoridades pretenden convertirla en un polo de atracción para el turismo mundial. Llegará un día en que el petróleo se acabe, los ingresos del país caerán de modo drástico y los Emiratos pretenden construir un futuro que en unos años reciba millones de visitantes atraídos por el turismo. Tengo dudas de que lo consigan porque el clima no es nada benigno, sobre todo en los meses de verano, durante los cuales hace casi tanto calor como en Sevilla (a juzgar por las palabras de los sevillanos).

 

El Museo del Louvre de Abu Dabi fue diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel, autor entre otros de la Torre Agbar de Barcelona y el Hotel Puerta de América de Madrid. Su construcción ha llevado la friolera de diez años. Lo que llama la atención según te acercas a visitarlo es su inmensa cúpula metálica, como el enorme caparazón de una tortuga, o como un platillo volante que se hubiera posado sobre las 55 salas del museo. 180 metros de diámetro, casi nada, como dos campos de fútbol que es la unidad de medida que todos entendemos. La estructura metálica pesa 7.500 toneladas, más que la Torre Eiffel de París, y llama la atención porque parece estar levitando sobre el museo, flotando sin puntos de apoyo visibles.

La forma de las piezas que lo componen, unas estrellas geométricas que se encajan entre sí de modo que se sustentan mutuamente, consigue un doble efecto: el juego de luz natural que pasa a través de las mismas y dibuja curiosas formas sobre el patio del museo, y el paso del aire. Resulta sorprendente que, con 45 grados en el exterior, la temperatura sea bastante agradable en el patio interior del museo, y no es por el aire acondicionado, sino por las corrientes de aire natural que circulan por él.

Louvre Abu Dabi2

El museo tiene 24.000 metros cuadrados de superficie y no tengo claro el coste de construcción del mismo porque he leído cifras dispares según la página consultada, pero parece que hay un cierto consenso que lo sitúa entre los 500 y los 650 millones de dólares. A este importe hay que añadir los 400 millones de dólares que el gobierno de Abu Dabi pagará a Francia por el uso del nombre Louvre durante los próximos 30 años, y otra serie de cantidades por la cesión de obras, la realización de exposiciones temporales y el patrocinio de una sala en el Louvre de París por otros 25 millones de dólares anuales. Se habla de un proyecto de más de 1.000 millones de dólares. Será por dinero.

Louvre Abu Dabi3

El Louvre de Abu Dabi no puede competir con los principales museos del mundo en cuanto a número y calidad de obras artísticas. Para hacernos una idea, el museo tiene apenas 630 piezas entre pinturas y esculturas, un número ridículo en comparación con las más de 35.000 del Museo del Prado o del Louvre original de París (más de 440.000 contando las obras almacenadas). Sin embargo, la visita guiada se organiza de un modo muy inteligente para contarnos la historia de la Humanidad a través del arte. Amena, didáctica, pasando de “caja” en “caja”, o de sala en sala bajo esa cubierta aterrizada de otra galaxia.

Distintas épocas de la historia, diferentes culturas, encontrando curiosos paralelismos entre máscaras de Persia, China y Túnez, o entre pinturas realizadas en Europa, Jordania o Japón. Como contaba nuestra guía, una joven jordana, se pretende contar la historia universal destacando las influencias entre culturas de países muy alejados entre sí, lo que demuestra que en algún momento concreto a lo largo de los siglos sus caminos se cruzaron.

El museo muestra piezas tan antiguas como la Estatua de dos cabezas encontrada en Jordania y situada en el 6500 a.C., o tan modernas como la (espantosa) Fuente de luz del artista chino (artista maldito en su país) Ai Weiwei, de 2016. Leonardo da Vinci, Tiziano, Picasso, Delacroix, la madre de Whistler, o incluso un emborronado Pollock, perdón por la redundancia, en una muestra escueta, pero completa. Si algo no parecía arte, sino una vulgar provocación, nuestra guía no tenía problema en mencionarlo. Todo ello a lo largo de un recorrido repleto de referencias a movimientos migratorios, desplazamientos de poblaciones, y con ello de culturas, hasta finalizar en la sala del siglo XXI con el concepto de “aldea global”.

 

La cesión de obras por parte del museo del Louvre de París trajo una oleada de críticas en Francia, quejas de ciudadanos indignados por la cesión de sus dirigentes a los millones de dólares de los jeques. Pues yo lo disfruté como pocas veces he podido disfrutar en un museo. Sobre todo porque pude admirar las obras con calma, con tiempo, sin agobios, con explicaciones directas de una guía con la que podíamos conversar tranquilamente.

He ido tres veces a París y nunca he intentado ir al Louvre. Por las colas, las aglomeraciones y porque no sé si es el mejor modo de disfrutar una obra de arte. Sé de gente que se ha pasado horas para ver la Mona Lisa y luego ha salido decepcionada. Un cuadrito pequeño, que ni siquiera es especialmente atractivo, y dándote codazos para tratar de apreciar durante unos segundos la genialidad de Leonardo Da Vinci. Sí he estado en la Capilla Sixtina, un sitio que debiera haber sido para mí una experiencia sublime y fue infernal, pues recibí más empujones por la espalda en quince minutos que en veinte años pegándome en la zona de una cancha de baloncesto. Los agobios de gente mirando al techo y sacando sus absurdas tablets me hicieron recordar la genial frase de Frank Drebin en una de las pelis de la saga Agárralo como puedas:

“Ojalá llegue algún día en que podamos visitar los museos de nuestro país sin encontrarnos un solo japonés”.

Hay algo de fetichista o de esnob en ese modo de disfrutar del Arte. “He visto la Mona Lisa original, ¡oooh!” Durante unos segundos mientras un tipo te plantaba un móvil en la cara. Por internet podemos encontrar documentales espectaculares sobre la Capilla Sixtina, o aplicaciones para ver cada detalle de la obra maestra de Miguel Ángel. Con todo lujo de detalles, con una iluminación perfecta, con la explicación de todo, incluso de esas cosas que jamás se te habría ocurrido preguntar. Y sin japoneses atizándote en las costillas. Guggenheim Abu Dhabi

Abu Dabi, Dubái y los Emiratos en su totalidad ya están pensando en un mañana sin petróleo, y el Arte puede ser un foco de atracción del turismo tan importante como los parques temáticos que se han construido en la zona. En la misma isla de Saadiyat se está finalizando el museo Guggenheim y existía un proyecto para abrir una sucursal del British Museum que finalmente se ha cancelado.

Para mí, la visita fue una maravilla por todo, el edificio, el emplazamiento, la muestra en sí, la visita guiada y por haber podido disfrutar como pocas veces de la contemplación de una o varias obras de arte.

 

 

El duende cabrón, por Lester

 

 

Sunshine Coast logo

  • Pensabas que me había quedado dormido, ¿eh?

Pues no, no lo pensaba. No sé si es verde y tiene las orejas puntiagudas, o si va de rojo o de negro y tiene la cara llena de verrugas. Lo que sí sé es que el duende que se me posa en el hombro derecho es un cabrón. Simpático, pero cabrón, y como es parte de mí, lo aguanto y hasta le aprecio. Como a un “cuñao”. Menos mal que el duende cabrón solo se me aparece cada vez que participo en un maratón. Sigue leyendo

Los avisos que da el cuerpo, por Lester

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Pues aquí estoy de nuevo, a menos de 12 horas del inicio de un nuevo maratón (¡el decimosexto ya!), y como siempre repleto de dudas. Supongo que ahora me acostaré, intentaré dormir, empezaré a darle vueltas al coco y me vendrán las mil preguntas habituales de siempre:

  • ¿Irá todo bien?
  • ¿Conseguiré acabar sin lesiones?
  • ¿Cogeré o no una pájara? (Me doy cuenta de que esta frase para un argentino puede tener un sentido completamente distinto).
  • ¿Acabaré? Hasta ahora lo he hecho siempre, incluso cuando peor he estado, pero la duda me abruma como las quince veces anteriores.

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Los 300

300 Wallpaper

Estamos de celebración, aniversario o como queráis llamarlo. Los cuatro amiguetes del blog celebraremos en una semana los 4 años de esta página que nació con intención perecedera, y sin descanso ni vacaciones nos lanzaremos a por la quinta temporada. Pero sobre todo celebramos el post número 300, ni más, ni menos. Y celebramos además que ese post 300 no se publica en esta web, sino en La Galerna, la página de “Madridismo y sintaxis” a la que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones, una apuesta personal de Jesús Bengoechea que está encontrando un gran respaldo popular:

Un final made in Concha Espina

El texto mencionado representa como pocos de entre esos 300 lo que significa el blog “Cuatro amiguetes y unas jarras”. Se trata de una supuesta conversación entre Jaume Roures, el magnate de Mediapro, y el director neoyorquino Woody Allen, en la que divagan sobre la producción de una película acerca del mundo del fútbol. Con algo de ironía y cachondeo sano, que no falte nunca.

El texto ha sido escrito por Barney (y su madridismo) con la colaboración de Travis para aportar ideas sobre Woody Allen, basándose en un celebrado post de Josean sobre las conversaciones imaginarias entre Artur Mas y Jordi Pujol al inicio del principio del comienzo de la génesis del procès. Por supuesto, con el respeto a las normas lingüísticas y la corrección sintáctica requerida por Lester, el administrador del blog. Espero que os guste, dadle una oportunidad.

Mantener un blog tanto tiempo es un ejercicio de disciplina y constancia, y no está de más reconocer que a veces cuesta. Pero los comentarios que uno lee en esta misma página, o los que te hacen la familia y los amigos, o especialmente los de gente que no te conoce de nada, como los lectores de La Galerna, ayudan a seguir en el empeño:

Comentarios

Como cada vez son más numerosas las publicaciones que han surgido a partir del blog, tantas que hemos abierto una nueva categoría con ese nombre: “Publicaciones”. En ella recogemos los enlaces a los artículos de Barney en diversas webs, el libro de relatos de Lester surgido a partir de un proyecto muy personal, alguna colaboración en revistas y esperamos publicar la historia que Travis se trae entre manos o las dos charlas/conferencias que Josean tiene programadas en otoño. La primera surgió de la serie por capítulos “Grandes errores de las escuelas de negocios”, y la segunda, de su particular visión de la política.

300. Trescientos, como los espartanos de Leónidas, esos tipos inasequibles al desaliento.

300 kilómetros por hora, la velocidad a la que se calcula que se mueven los impulsos nerviosos, los que nos llevan a escribir y opinar desaforadamente sobre algo.

300 segundos, que son 5 minutos, que es lo que la mayoría de las veces lleva leer un post.

300 minutos son 5 horas, que es lo que en ocasiones (y más) cuesta rematar un texto.

Y 300 centilitros es lo que suele tener un botellín de cerveza, pero aquí somos más de jarras de 500, así que ¡a por ese número!

Como sé que a muchos les van los ránking y las clasificaciones, dejo a continuación lo más leído de cada uno de los cuatro personajes del blog.

¡Espero seguir contando mucho tiempo con vosotros, los lectores, gracias!

4amiguetes

Josean

Los lobos de las finanzas

Chomsky, Timsit y la manipulación mediática

La falacia del ebitda

La incompetencia de Competencia (I)

Travis

Everest

Esas comedias francesas

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir

Frases de cine para usar en el trabajo (I)

Barney

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)

Ni valors, ni valores

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)

Lester

En busca de la tranquilidad

Vacaciones solidarias en la India (Rachel)

El maratón de Nueva York (II): …y el glorioso después

El Hogar Teresa de los Andes