Despropósitos de Año Nuevo

 

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Año nuevo, vida nueva. Y costumbres antiguas, como dar la brasa desde este blog, o púlpito virtual, o como quieran considerarlo. Arrancamos con fuerza, con la misma con la que finalizamos 2019, con la publicación del libro Aguafiestas, editado por Lester y escrito a varias manos, y con la elección del artículo de Barney como el mejor del año por los lectores de La Galerna.

Ha sido un año fructífero, con una notable producción de 62 artículos propios, otros 3 fruto de colaboraciones (Mabú, Sara y R. San Telmo) y 13 más publicados en otros medios (LaGalerna, El Asterisco, Planeta Fútbol y Pilaristas). El blog está al borde de los 400 artículos desde sus inicios, lo cual celebraremos… pues escribiendo. Aquí va el resumen de la amplia cosecha de 2019, incluyendo el corte del programa de El Radio de Richard Dees dedicando un elogioso comentario al artículo de Barney sobre La neolengua de Orwell y el mundo del fútbol español:

El cambio de calendario no debería significar nada, o al menos nada más que un paso de hoja de diciembre a enero. Sin embargo, quien más y quien menos, solemos utilizar esa barrera invisible del cambio de año para recapitular sobre lo conseguido o sobre lo que no se ha hecho bien, y para plantear nuevos objetivos que en muchos casos se habrán olvidado antes de que acabe enero. Los típicos propósitos de inicio de año que aparecen en todas las listas son los de dejar de fumar, dejar de beber, perder peso, comer sano o comer más fruta y verdura, ir al gimnasio o hacer deporte, aprender inglés, leer más, pasar más tiempo con la familia y amigos, desconectar de las redes sociales, ser puntual, olvidar las ganas de reventarle la cabeza a alguno en el trabajo,…

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En este primer post del año vamos a jugar a todo lo contrario, a darle la vuelta a esos propósitos y proponernos hacer lo contrario:

Barney.- Mi objetivo será leer menos. Sí, así de claro lo digo, dejaré de leer prensa deportiva porque veo que buena parte de mis posts (por desgracia los más exitosos) se han dedicado a desmentir las falacias de la misma. Qué pena, trataré de disfrutar del deporte en sí, si es que logro hacerlo. Es año olímpico y con Eurocopa, así que podré centrarme en cosas que no sean exclusivamente el tinglado que tienen montado en LaLiga española. Ah, y como me han dicho algunos amigos del Atleti y alguno que aún me queda del Barça, este año dejaré de fumar… las sustancias alucinógenas que se supone que me fumo antes de escribir.

Lester.- El objetivo no es ir al gimnasio, sino salir de él, ir menos, correr en la calle, en los parques o en mi zona, respirando aire “puro”, el Forrest Gump de Las Rozas. Aquí ya expliqué el tipo de fauna que te encuentras en uno de estos sitios, pero la razón de ir menos al gimnasio es otra: este año alcanzaré los 50 palos, y como dije hace poco, esto de correr es una carrera contra el tiempo y el envejecimiento, así que me planteo, o bien lanzarme al triatlón, o bien correr dos maratones este año: uno para disfrutar y otro para hacer buena marca. Cracovia en abril y Valencia en diciembre, por ejemplo. O Madrid en abril, donde todo empezó, donde alcanzaré la mayoría de edad maratoniana, y alguna ciudad chula en el extranjero en octubre o noviembre. Los 50 me van a obligar a pasar una revisión a fondo, no sé si es la de los 100.000 kilómetros o en mi caso la de los 300.000, pero está en los objetivos hacer algo más que “chapa y pintura”.

Travis.- Me gustaría aprender inglés, mejorarlo, aunque con un objetivo distinto al de la mayoría: poder disfrutar del cine en versión original. Ya conseguí entender bastante bien incluso a Al Pacino en El irlandés. Pero ese sería el propósito, pese a la tímida defensa que hice del doblaje, y el despropósito será conectarme más a las redes sociales. Soy el único que no ha conseguido colocar un artículo entre los diez más leídos del año, así que me toca ganar peso, aunque sea metafóricamente hablando. Aquí en este blog triunfan las polémicas sobre fútbol o política, y las historias cercanas de los voluntariados o las crónicas maratonianas de Lester, y no tanto el cine, así que me propongo decir que sí a algunas de las colaboraciones o ideas que me surgieron hace un tiempo, de gente especializada, pero con su público. Informaré debidamente, como siempre. Como segundo despropósito del año me planteo no ser puntual, quiero decir, no serlo con los estrenos de cine, que para eso ya hay especialistas y mis amigos me dicen a veces que no me leen porque no han visto la película, y pasados tres meses me dicen que no me leen porque ya han leído demasiado. Panda de cabr…

Josean.- Me gustaría desconectar de las redes sociales, porque se está quedando un panorama desolador. Hace unos días era trending topic la posible tercera guerra mundial con los enfrentamientos Estados Unidos-Irán y enseguida aparecieron algunos diciendo: “esperad, que primero nos toca montar nuestra guerra civil.” Que no nos falte el sentido del humor, aunque veo que las opiniones están cada vez más polarizadas y enfrentadas, una pena. Pero el despropósito planteado tendrá que ser otro: no será el de comer sano o beber menos, sino el contrario, me explico. Voy a tratar de recuperar esas comidas o cenas con grupos de amigos, con gente que siempre está/estamos “muy liados”, porque antes eran cada dos meses, luego cada tres, ¡a veces pasan hasta seis sin vernos! Mucho mandar el anuncio de Rúa Vieja y luego no hay manera de quedar con la peña. El caso es que en esas comidas se bebe siempre más de la cuenta y se relaja uno en sus hábitos alimenticios, pero siendo algo puntual, merecerá la pena. Va a ser un año muy movido, estresante incluso por la tensión generada, así que mejor estar cerca de los amigos y la familia. Y aunque discrepemos muchas veces en las opiniones, deberíamos centrarnos mucho más en lo que nos une que en lo que nos separa.

Dejo ya para los amantes de las estadísticas (entre los cuales me incluyo) los 10 artículos más leídos en 2019:

  1. El autoproclamado “mejor periodismo deportivo del mundo”. Barney.
  2. Rebelión en la granja podemita. Josean.
  3. La Liga se transforma en La Lliga. Barney.
  4. La manipulación del relato. Barney.
  5. Otra gota de agua. Lester.
  6. PreVARicar. Barney.
  7. La “kulé borroka” recibe premio. Barney.
  8. Agua o fútbol. Lester.
  9. El once más aterrador de la historia del fútbol. Barney.
  10. San Petersburgo (II): el desenlace del maratón y alguna lección de historia. Lester.

Muchas gracias por seguir ahí un año más.

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Aguafiestas, por Lester

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Como en los dos años precedentes, no quería cerrar el año sin dedicárselo a alguno de los proyectos solidarios o de voluntariado en los que nos hemos embarcado: Bolivia (2017), Colombia (2018) y Ecuador (2019). Como los más asiduos al blog recordaréis, el equipo de voluntarios del área de Chota-Mira realizamos una campaña de crowdfunding para recaudar los fondos necesarios para la compra y distribución de filtros potabilizadores en las comunidades del valle en las que trabajamos el verano pasado. La campaña fue todo un éxito y en apenas diez días recaudamos 2.000 dólares que sirvieron para financiar una buena parte de los filtros.

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A todos esos amigos, generosos donantes, les enviamos una foto con la familia receptora del filtro en el que colaboraron. Cara a cara, mensaje a mensaje, nombre a nombre, fui enviando a todos los que pude localizar (lo siento por los anónimos a los que no pude identificar) las palabras de agradecimiento y los nombres de las familias receptoras.

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Fue una experiencia maravillosa, tengo que reconocerlo. El voluntariado en familia es una experiencia de lo más recomendable y ver el crecimiento de tus propios hijos en madurez en apenas dos semanas es impagable. Prometí igualmente a los donantes que contribuyeran con cierta cantidad que les enviaríamos un libro titulado Aguafiestas, realizado por el equipo de voluntarios de Chota-Mira (¡sí, he conseguido que mis hijos escriban sus experiencias!), y desde ayer ese libro está por fin disponible en Amazon. Recibiré los ejemplares en una semana y con la misma paciencia que tuve para el envío de fotos, os los iré entregando a cada uno. Mil gracias. De mi parte y de parte de todas las familias que recibieron los filtros.

Hemos querido hacer un libro sobre el voluntariado en general, sobre nuestra huida del peligroso “volunturismo”, sobre el proyecto de vínculos solidarios en escuelas de derechos y sobre el de filtros potabilizadores, y hemos contado con la colaboración de Sara para contarnos su proyecto de gestión de residuos en Piura (Perú), y con otras voluntarias de otros proyectos de filtros como Esther y Nuria. Algún capítulo con más sentido del humor, otros dedicados a las personas y al gran equipo de Ayuda en Acción y el FEPP en Ecuador, y otro sobre el Premio Nobel de Economía, que gracias a un buen amigo he sabido que este año también es “un poco nuestro”.

He tratado de organizar los capítulos para que el libro resultara ameno, nada repetitivo, entretenido y que sirva para lanzarse a los que quieran animarse a una aventura similar. Merece la pena. Termina un buen año (¿acaso no lo son todos?), pero ya estamos pensando en el siguiente, en la barrera de los 50, en un nuevo viaje, un posible voluntariado, algún maratón en ciernes y nuevas colaboraciones para este blog que no deja de crecer en número de lectores y seguidores.

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Hemos recibido un premio de final de año y es que los lectores de La Galerna (muchos de ellos buenos amigos, voluntarios y compañeros ecuatorianos) han votado el artículo dedicado al valle del Chota como el mejor de todo el ejercicio, de entre los 1.400 publicados. En una web en la que escribe gente de mucho nivel, algunos periodistas, autores con varios libros publicados y gente que escribe estupendamente bien, con un uso de la ironía que fue lo que más me atrajo, ya solo el hecho de que me consideren “de los suyos” tiene para mí su mérito. Además de eso, ver el nombre de los cuatro amiguetes del blog junto al de Joe Llorente o Corbalán,… un grandioso broche de fin de año.

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Feliz año a todos los lectores, espero seguir contando con todos vosotros (y con nuevos lectores) en 2020. Un abrazo.

 

 

¿Por qué corremos los cuarentones?

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LESTER, 22/12/19

Correr se ha puesto de moda desde hace unos años, o debiera de decir para adaptarme a las modas que el running es trendy. Pero, ¿por qué? No hay fin de semana que no se celebre una carrera por el centro o alrededores con cualquier excusa y motivo, de 10, 21 ó 42 kilómetros, ¡algunas de 100!, con obstáculos, en triatlón, solidaria o sencillamente porque sí. Y lo que sin duda llamará la atención del espectador que presencie esa salida de corredores a tempranas horas de la mañana es el elevado número de cuarentones entregados al esfuerzo y el sudor. Yo soy uno de ellos.

Corrí mi primer maratón en 2004, con 34 años recién cumplidos. El maratón de Madrid, el Mapoma de toda la vida. Llevaba una camiseta de algodón, pantalones de fútbol y unas zapatillas de correr normalitas. Nunca había corrido más de 15 kilómetros seguidos, así que confieso que aquello fue una temeridad. 4 horas y 29 minutos, “¡no he corrido tanto en mi vida, Hulio!”. Exhausto, derrengado, con agujetas hasta en las pestañas y ganas de descansar varios meses seguidos. “Ya está hecho, lo pongo en el currículum, y nunca más”.

Un año después volvía a estar en la línea de salida. Y el siguiente, y el siguiente,… y luego me animé a correr en el extranjero, y después comencé a picarme con los tiempos. Desde aquel debut he participado en otros 16 maratones, y reconozco que cada día me gusta más. ¿Pero por qué los cuarentones (y cincuentones) nos hemos puesto como posesos a correr como jamás hicimos cuando teníamos veinte años?

 

Porque no se trata solo del día de la carrera, sino de los tres o cuatro meses previos, racaneando tiempo de donde puedes, buscando el mínimo hueco en la apretada agenda para correr tus diez, doce o puede que más kilómetros de entrenamiento, o llegando a casa y “hola, cariño, me pongo las zapas y voy a trotar un rato”, mientras contemplas su cara de resignación.

Son los meses del héroe solitario, del Rocky Balboa que nos hacemos creer que llevamos dentro. A veces me ve algún vecino corriendo a las seis de la mañana y me saluda como diciendo “hola”, pero sé que en el fondo piensa “puto zumbao”. Me da igual, por debajo de las legañas dibujo una sonrisa de satisfacción. Hay días que suena el despertador y me cruje la espalda al salir de la cama, o me duele el talón, o tengo el gemelo más cargado que un Peugeot 605 marroquí haciendo el Paso del Estrecho. Algún otro día me cuesta arrancar porque tengo el recuerdo del cenorrio de la noche anterior y varias copas de vino en el estómago. Sin embargo, me calzo las zapatillas, salgo a la calle, y si logro superar el primer kilómetro, el dolor desaparece.

Entonces, ¿por qué lo hacemos? ¿Qué motivos hay para que los de mi quinta nos hayamos lanzado a esas carreras? ¿Nos creemos que corremos contra la edad, contra el envejecimiento? Cada uno tendrá las suyas, pero allá van las mías:

1. Porque a medida que afinas tu cuerpo, vas adquiriendo el punto adecuado de forma y te desprendes de ese neumático que se nos instala en la cintura, te sientes una apisonadora humana, un superhéroe de Marvel. Más activo, de mejor humor, con la sensación de poder con todo, no en vano has liberado más endorfinas que los tristes de tus compañeros en toda su carrera profesional. “¡Martínez, deje de hacer flexiones en la oficina!”. No te miras al espejo buscando abdominales como Cristiano Ronaldo, pero te quedas a un paso.

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2. Porque es un deporte agradecido si te sabes cuidar, toda la comida te sienta bien, aunque sea en grandes cantidades, y las cervezas nunca fueron más placenteras. Los falsos mitos sobre el poder hidratante de la cerveza me la traen al pairo, nosotros los repetimos por sistema mientras nos apretamos unas jarras. Es agradecido además porque tus marcas mejoran al principio con mucha rapidez, y luego se pueden mantener muchos años. Después de los 45 años me he estabilizado en una marca entre 44 y 53 minutos mejor que aquel terrible debut. Según el libro Nacidos para correr, el declive del cuerpo es tan lento que podrías seguir perfectamente en tiempos similares hasta los 55 ó 59 años.

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3. Porque me encanta el reto del maratón, porque no es otra cosa que eso, un reto que te pones a ti mismo, a tus limitaciones. Igual que me encanta el ambiente que rodea a la mítica de los 42.195 metros, las dudas previas de todos los corredores, las sonrisas nerviosas en la salida, el ambiente festivo, la extraña solidaridad del runner, la expectación del público entre el que esperas encontrar a familia y amigos.

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4. Porque me encanta sentirme ligero durante esos 25 a 35 kilómetros que mi cuerpo disfruta realmente sobre el asfalto, guardando cada detalle, respirando al ritmo de las zancadas, observando cada calle, monumento, espectador o cartel de ánimo: “Run now, Rum later”, como leí en Nueva York. “Demasiado esfuerzo para obtener un plátano gratis”.

 

5. Porque me encanta correr por el interior de esas ciudades fantásticas que han cortado sus calles para nosotros, “los putos zumbaos” de las seis de la mañana. Presumo de haber disfrutado momentos emocionantes corriendo junto al Coliseo de Roma y la Fontana di Trevi, por Central Park y el Bronx, he atravesado la Puerta de Brandeburgo en Berlín y el puente de Carlos en Praga, he tenido tiempo de admirar el Parlamento de Budapest, el Hermitage de San Petersburgo, la sirenita escuchimizada de Copenhague, las callejuelas de Eindhoven o las playas de Sunshine Coast, y por supuesto, me he dejado llevar por mis piernas desde la mítica ciudad de Maratón al estadio olímpico de Panathinaikos en Atenas.

 

6. Porque sigo emocionándome cada vez que paso el cartel con el kilómetro 41, por donde suelo pasar más castigado que tras una reunión tediosa de varias horas, o más perjudicado que cuando sales de una larga cena de Navidad de empresa. Se me sigue poniendo la carne de gallina, y a veces hasta se me han saltado las lágrimas, cada vez que entro en meta, con el Highway to hell, el Sweet Child O’ Mine o el Satisfaction de los Rolling, que esas cosas pasan en estas grandes carreras.

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7. Fundamental, muy importante. ¿Recordáis aquel chiste del tipo que está en una isla desierta con Charlize Theron? No le falta nada: pasión, sexo salvaje y tal, pero el tipo no es feliz porque no tiene a quién contárselo. Pues eso es lo que nos pasa a todos los maratonianos, que solo estamos contentos si lo subimos a redes sociales, publicamos nuestras marcas y fotos, y esperamos el “ooh” de admiración (que nunca llega) de las jóvenes de nuestra oficina. Somos unos brasas, lo reconozco, y como tenemos más de cuarenta palos, ahora somos los puñeteros abuelos batallitas del maratón o el triatlón. Antes decía que no había comida más aburrida que aquella en la que se juntaban dos cazadores. Pues bien, ese hueco ahora lo han copado los corredores de fondo. Mis disculpas.

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8. Última y más importante. Porque liberas tensiones, te relaja en esas estresantes jornadas de trabajo, y es bueno para tu salud mental, tanto que a veces pienso que si no fuera por el running estaría pendiente de juicio por asesinato con premeditación.

¡Os dejo, me voy a correr un rato!

Nota del autor: este artículo, sin un par de actualizaciones, fue publicado en la revista Pilaristas del mes de septiembre de 2019.

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Amigas del Reciclaje en Piura

Quizás no haya mejor semana que la actual, con la Cumbre del Cambio Climático en Madrid, para ceder este blog a una nueva colaboradora con una historia emocionante que contar. La autora de este texto, Sara Marín, es Licenciada en Ciencias Ambientales, con un Máster en Gestión sostenible de los residuos, y actualmente trabaja como Jefa de Producción en Valoriza Servicios Medioambientales. Todo su conocimiento y su amplia experiencia, al igual que sus ganas, fueron de gran utilidad en un país como Perú en el que la gestión de los residuos es totalmente diferente. 

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Después de dieciséis horas de vuelo, llegamos a Piura, una ciudad al norte de Lima. Era de noche y la diferencia horaria respecto a España ya se hacía notar. A pesar del cansancio, las cuatro estábamos ilusionadas porque por fin había llegado nuestro ansiado viaje y allí estábamos, frente a la representante de Ayuda en Acción, hablando de nuestras futuras semanas de trabajo en Perú.

El 27 de marzo de 2017, Piura quedó totalmente inundada por el fenómeno del Niño, agravado por el efecto del Cambio Climático, lo que produjo que el río de la ciudad con el mismo nombre se desbordara, arrasando cada calle, cada casa, escuelas, comercios e incluso vidas humanas.

El distrito de Cura Mori, donde se centra nuestro proyecto, fue de los más castigados por este fenómeno. Uno de los motivos por los que los canales del río no pudieron hacer frente a las grandes lluvias, se debió a la gran cantidad de residuos depositados en él, haciendo que en varios puntos se obstaculizaran parte de estos canales. Cuando el nivel de alerta establecido llegó al máximo, numerosas familias fueron desplazadas a zonas seguras.

Gracias a las fundaciones Proyecto Peruanos, Centro de Estudios y Prevención de Desastres-Predes, Ayuda en Acción y la Universidad de Piura, se crearon albergues temporales para la población afectada, dando comienzo al proyecto “Reconstruyendo vidas: Nuevo comienzo de familias desplazadas en Cura Mori”, el cual cuenta con el apoyo de la Unión Europea.

Actualmente, Ayuda en Acción colabora con estos ciudadanos asesorándoles para la producción y comercialización de sus productos locales, permitiendo ingresos económicos para sus familias y favoreciendo una economía local. De este modo, existe un vivero, poseen ganados y cultivos de banano, además de un tanque de agua potable, letrinas ecológicas e incluso un pequeño molino de viento para generar energía eólica.

Tras varios días de conocer cada uno de los proyectos en los que trabaja esta ONG, a nosotras solo nos quedaba resolver una pregunta: ¿Cuál sería nuestra labor como voluntarias? Y aquí comenzó nuestra experiencia…

Los primeros días nos reunimos con la Municipalidad de Cura Mori, que en España sería lo equivalente a un Ayuntamiento. Tras varias reuniones, conocimos a sus tenientes municipales, sus líderes comunales y algunos de sus ciudadanos. Escuchamos sus historias, sus opiniones sobre la situación en Cura Mori después del desastre y nos comentaron los avances que se habían realizado. A pesar de ello, el distrito seguía rebosante de todo tipo de residuos por sus alrededores y parte de ellos se vertían en la zona del río o eran quemados, originando gases tóxicos. Parecía que nadie era consciente de que la situación que provocó que hace unos años numerosas familias tuvieran que desplazarse, siguiese vigente en ese momento, porque seguían ensuciando su apreciado distrito y contaminándolo.

Sin embargo, el día que las conocimos, nos dimos cuenta que no todo estaba perdido. Nuestras protagonistas son seis mujeres, que actualmente, siguen luchando por mejorar la situación en Cura Mori. Sus nombres son Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita. Recuerdo el día que las conocimos. Estaban muy calladas y tímidas, pero con el paso de los días nos demostraron que son unas personas maravillosas, cariñosas y muy amables, con un corazón enorme y lo más importante de todo, mujeres valientes por querer cambiar las cosas.

Cada día, estas mujeres se levantan muy temprano para realizar las tareas de la casa y cuidar de sus familiares. Cuando terminan se visten con sus uniformes y salen a la calle con una sonrisa para comenzar a recolectar los residuos de sus vecinos. La Municipalidad ha creado un sistema de recolecta donde puede colaborar cualquier ciudadano. Por tanto, el hogar que quiera colaborar está señalado con una pegatina en la puerta. Cada familia debe almacenar sus residuos hasta el día de la entrega a nuestras seis mujeres. Finalmente, las personas que participan en este sistema de recolecta son premiados por parte de la Municipalidad con un incentivo. El problema que existe es que se premia igual a una familia que haya recaudado una gran cantidad de residuos, como a otra que simplemente haya recaudado, por ejemplo, una lata. Igualmente, mediante esta práctica, los ciudadanos no están concienciados, ya que muchos de ellos nos comentaron que reciclan porque les recompensan con el incentivo.

Para recolectar, nuestras mujeres se dirigen andando a aquellas casas que tengan la pegatina, haga frío o calor, con una bolsa de grandes dimensiones que utilizan para guardar cada uno de los residuos. Las bolsas se llenan de residuos de todo tipo (latas de conservas de comida y botellas donde se almacena lejía, aceite o agua, entre otros) y cargan en todo momento con ellas a la espalda. Una vez que están llenas, las cierran con sus propias manos, con trozos de tela de ropa vieja, teniendo cuidado de no lastimarse puesto que hay residuos cortantes y oxidados.

A través del esfuerzo de estas mujeres, se reciclan gran cantidad de elementos y se evita que estos lleguen al vertedero o sean depositados en las calles o a las afueras de los municipios. Posteriormente, las bolsas son llevadas en vehículos pequeños a una nave de la Municipalidad. Cuando hay un gran número de bolsas almacenadas, estas mujeres arrojan los residuos al suelo y con sus manos desprotegidas comienzan a separar cada elemento por tipo de material. De esta forma, cada bolsa contendrá un tipo de residuo que posteriormente será vendido al reciclador. Un porcentaje de la venta le corresponderá a la Municipalidad y otro a las mujeres.

A nosotras nos sorprendió que no les proporcionaran guantes, mascarilla o botas para realizar todas estas tareas. Muchos de los residuos contenían líquidos peligrosos y lixiviados o incluso, cuando los vertían sobre el suelo, emanaban ciertos gases debido a la descomposición de los mismos. También sorprendía la gran cantidad de residuos plásticos que se generan, siendo un distrito que se caracteriza por su ganadería y donde el compost podría ser un producto local a vender.

Después de analizar todas las cosas positivas y negativas tras una semana de trabajo, nos pusimos a trabajar en las oficinas de Ayuda en Acción en Piura y junto con la ayuda de nuestros compañeros, las cuatro comenzamos a organizar un Plan de Comunicación. Este Plan promueve al máximo el reciclaje y la reutilización, incluyendo objetivos sociales, económicos y ambientales.

Por tanto, los objetivos específicos son ocho, a través de los cuales se establecen unas acciones en función de sus características. Los principales objetivos consisten en realizar una caracterización de los residuos generados en Cura Mori y un estudio de mercado para conocer las alternativas ante empresas compradoras de residuos. En este proceso se debe involucrar a las mujeres y a través de la ONG, enseñar los conocimientos adecuados para que tengan una formación empresarial y un poder de negociación. Además, es importante que tengan un nombre profesional y que se integren en las acciones de la Municipalidad para reforzar su prestigio en la Comunidad. El nombre elegido ha sido “Agente Ambiental” y la asociación se ha denominado “AMAR” (Asociación de Mujeres Amigas del Reciclaje). También creamos un logo, el cual se incorporaría en la ropa que constituye el uniforme de estas trabajadoras. Todas estas acciones son útiles para devolver la dignidad a unas mujeres cuya autoestima se encuentra un tanto afectada, tanto por su condición de mujeres en una sociedad en la que no lo tienen sencillo como por dedicar su tiempo a recolectar y tratar los residuos de sus vecinos.

Otro de los objetivos a tener en cuenta es la reorganización del sistema de incentivos, de tal forma que se haga mediante incentivos graduales y el establecimiento de un mínimo de residuos a entregar. Del mismo modo, se impondrán sanciones en función de diferentes aspectos ambientales, es decir, ruido, depósito de residuos en el suelo o quemas de los mismos perjudicando la calidad del aire, etc.

Después de ver las condiciones en las que trabajaban nuestras seis mujeres, sería necesario que les proporcionaran equipamientos de protección individual adaptado a las necesidades del trabajo y mesas adecuadas para realizar la separación de los residuos, e incluso, una báscula para pesar las bolsas llenas antes de entregarlas al reciclador.

Finalmente, de cara a un futuro, es muy importante que no solo la Municipalidad reconozca el trabajo de estas seis mujeres, sino que sus propios vecinos y ciudadanos de otros distritos conozcan el esfuerzo que requiere su trabajo y las ganas que tienen para seguir luchando por mejorar la situación de Cura Mori. Por este motivo, se decidió que sería buena idea crear un concurso en el que se premie el barrio más limpio y aquel que más residuos reciclables proporcionase a las Agentes Ambientales. También se decidió crear talleres educativos, donde se realizasen juegos para niños y jóvenes destinados al cuidado del Medio ambiente. En el transcurso de estos concursos, se aprovecharía para generar espacios de diálogo con sus vecinos, hacer publicidad de su labor como Agentes Ambientales y captar nuevas asociadas.

Durante nuestro último día en Cura Mori, tuvimos una reunión con la Municipalidad, las mujeres y Ayuda en Acción, donde les transmitimos todos los objetivos nombrados anteriormente, y les mostramos imágenes de cada día de trabajo junto a ellas. Sé que hicimos un buen trabajo, porque cada miembro de la Municipalidad nos agradeció enormemente todo el esfuerzo realizado en tan solo unas semanas. Ahora sí que estaban concienciados para que la situación en Cura Mori cambiase y estaban dispuestos a ayudar a estas mujeres en todo momento.

La noche de antes de coger el avión para iniciar nuestro retorno a España, las cuatro comenzamos a preguntamos si realmente había servido nuestro trabajo como voluntarias. Siempre sientes que es muy poco lo que se ha hecho, bien porque la estancia en el país ha sido corta o porque hay tantas cosas que cambiar que se requieren años para ver los resultados. El día de la despedida nos dimos cuenta que todo lo que habíamos hecho tenía su recompensa. Entre lágrimas en los ojos y con una sonrisa en sus mejillas, Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita nos comentaron que gracias a nosotras habían vuelto a sentir confianza en ellas mismas y les habíamos dado las fuerzas que necesitaban para seguir adelante. Nadie en tan poco tiempo les había dado tanto cariño, y a nosotras nadie nos había dado tanto amor en tan solo unas semanas. Lo mismo ocurrió con nuestros compañeros de Ayuda en Acción y con los tres voluntarios que conocimos durante nuestra estancia. No solo conoces a personas, sino que creas un vínculo tan fuerte con ellas que sientes que formas parte de una familia. Clara, Flor, Jesús, Xavier, gracias por todos los momentos compartidos, un trocito de nosotras está en Piura y estoy segura de que nuestros caminos se volverán a cruzar. Maider, Ruth y Alex, muchas gracias por conseguir que este proyecto siguiera adelante, esperamos encontraros en otro voluntariado donde volver a trabajar juntos.

A día de hoy, seguimos recibiendo vídeos y fotos sobre el avance del proyecto. Han mejorado mucho las cosas gracias al apoyo de Ayuda en Acción. Las mujeres tienen uniformes nuevos, una báscula para pesar los residuos y conocimientos para saber negociar con los recicladores. Los talleres educativos fueron un éxito, los niños estaban encantados participando y jugando, y se han realizado dos concursos entre Comunidades.

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Es muy bonito saber que has formado parte de algo y que, gracias a tu decisión de dedicar unas vacaciones y un dinero a un proyecto de voluntariado, se ayuda a personas que lo necesitan. No solo se les ayuda durante tu estancia en el lugar del proyecto, sino en compartir momentos con ellas, hacerles ver que te importan y que has recorrido kilómetros de distancia solo para estar a su lado. Disfrutar de conocerlas y que, a la vez, esas personas te ayuden a ti, cambiando tu mentalidad y viendo qué cosas realmente son importantes en la vida.

Las cuatro sabemos que nos llevamos un regalo enorme y ese regalo son todos los recuerdos que hemos vivido, en un país diferente, con personas diferentes, en una cultura diferente, pero con objetivos comunes, luchar para cambiar todo aquello que sea necesario y conlleve una mejora.

Porque….

“Mucha gente pequeña,

en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas,

puede cambiar el mundo”

(Eduardo Galeano)

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Equipo de voluntarias de Ayuda en Acción en el proyecto de Piura: María Santillán O’Shea, Inmaculada Bonvehi Baro, Sara Marín Martínez y Marina Fernández Estacio.

Vínculos solidarios

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MABÚ, 08/11/19

Cuando escuché por primera vez la expresión “Vínculos Solidarios” en una de las reuniones de formación previas a nuestro viaje como cooperantes a Ecuador, pensé que era una expresión más de ese lenguaje políticamente correcto que escuchamos constantemente de boca de políticos (valga la redundancia), formadores, periodistas y profesionales de los medios. Una de estas frases comodín que encajan bien en cualquier contexto y en las que cabe todo lo que te puedas imaginar y más.

Poco después descubrí que el proyecto educativo en el que había elegido participar como voluntaria, formaba parte de ese entramado de actividades que se incluían bajo el paraguas de “Vínculos Solidarios”. Pero lo mejor vino casi dos meses después cuando, ya sobre el terreno,  pude comprobar de primera mano la razón por la que el proyecto educativo que Ayuda en Acción realiza junto con el socio local FEPP (Fondo Ecuatoriano Populorum Progresio) merece llevar la etiqueta con mayúsculas de Creador y Sostenedor de Vínculos solidarios a lo largo y ancho del valle del Chota.

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LA ESCUELA DE DERECHOS HUMANOS

Para empezar, sorprende que todo el programa se estructure a través de la Escuela Permanente de formación de Derechos Humanos desde donde se elaboran distintas propuestas sobre diversidad, identidad, educación, sociedad, cultura y escuela para padres. Estas propuestas se presentan posteriormente a las autoridades de las distintas comunidades para obtener su apoyo.

La escuela cuenta con la participación de 85 jóvenes voluntarios, así como de un grupo de  defensores comunitarios, y una red de jóvenes que participan en diversas actividades de formación. Todos ellos pertenecen a las 34 comunidades de la zona y el proyecto cuenta con apoyo y avales académicos e institucionales.

 

Los grupos de vecinos de la zona constituyen las Defensorías Comunitarias de Salinas, Carpuela, Ambuquí y Cuajara, elaborando las propuestas de Ordenanza Municipal de Pueblos y Nacionalidades que luego presentan a los concejales y al alcalde del Cantón Ibarra para su aprobación. Esta ordenanza permite mayor protección de los derechos de las minorías afro e indígenas.

Además se realizan campañas de difusión del rol del Concejo Cantonal de Protección de Derechos y las Defensorías Comunitarias en las comunidades del territorio, para que las personas conozcan donde pueden acudir para restituir derechos vulnerados. De esta forma todos estos conocimientos contribuyen a evitar maltrato, abusos y defender los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Los jóvenes voluntarios se reúnen semanalmente durante el curso, en diferentes puntos de encuentro. Allí reciben formación, realizan exposiciones, socializan y comparten experiencias. Analizan la convivencia en sus comunidades y estudian las rutas y protocolos de atención en caso de vulneración de derechos.

En nuestra estancia como cooperantes tuvimos la oportunidad de asistir al Encuentro de jóvenes que tuvo lugar un fin de semana de Agosto en la ciudad de Ibarra. Jóvenes provenientes de las distintas comunidades se reunieron para reflexionar sobre derechos y convivir en una acampada en la que la diversión, la música y el trabajo fueron los principales ingredientes. Las dinámicas de equipos y charlas sobre temas como la sexualidad o liderazgo que tenían lugar durante el día, daban paso a veladas de juegos de grupo en los que valores y derechos eran el común denominador. La importancia de vivir en comunidad, la protección del más débil, la igualdad de género, y el respeto a las diferencias y a las minorías, se podían experimentar con juegos como el de proteger tu globo como si fuera tu vida.  Juego en el que la clave de supervivencia está en no aislarte y huir con tu globo, sino unirte al grupo para tratar de protegerse los unos a los otros frente al equipo al que toca pinchar globos.

 

Las tiendas de campaña, la música, la hoguera y el baile hasta la madrugada, sin duda unen y nutren estos encuentros de jóvenes con alegría, energía y buenas intenciones para seguir con su labor en la tan necesaria Escuela de Derechos. Me gustaría destacar también la labor de nuestra compañera Rosa Lara, que con su esfuerzo y dedicación se encarga de la coordinación del trabajo de los distintos miembros integrantes de esta red de jóvenes y no tan jóvenes.

LOS CAMPAMENTOS VACACIONALES

De forma paralela se trabaja con los más pequeños: 635 niños, niñas y adolescentes de 13 comunidades que participan en campamentos vacacionales y clubes recreativos, donde conocen sus derechos, obligaciones y valores por medio del juego.

Participar y colaborar en estos campamentos vacacionales fue nuestra principal función como cooperantes. Allí pudimos comprobar cómo se está dando prioridad a los derechos del Agua, Alimentación, Salud, Participación y Recreación.

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Derechos escritos con mayúsculas a propósito por su especial importancia en una zona donde el Agua potable no llega a los grifos de la mayoría de las familias, donde aún hay casos de niños en situación de malnutrición y donde algunos niños no pueden participar en actividades de juego y esparcimiento por tener que colaborar en casa ayudando a sus familias con diversas tareas domésticas y del campo.

Mi experiencia con Isabel Folleco, encargada de gestionar, coordinar, visitar e impartir todos estos campamentos y clubes de actividades recreativas y de formación en las diferentes comunidades de la zona, fue fantástica. Es admirable conseguir que estas actividades tengan lugar en un área tan dispersa geográficamente. Sin embargo, cuando descubres lo necesarias que son para la vida de los pequeños, entiendes que los kilómetros de distancia que cada mañana hay que recorrer para llegar hasta ellos han merecido la pena.

Isabel nos recoge bien temprano en su camioneta, hoy toca visitar dos comunidades lejanas, en el asiento del copiloto está su mochila negra, rotuladores, cartulinas y materiales diversos, “¿qué jueguito haremos hoy?” La verdad es que no importa mucho. Lo fundamental es que hoy dejaremos una huella en el corazón de un grupo de niños que estará esperando en la plaza de su comunidad a que lleguemos y propongamos algo diferente que hacer. Una canción, un juego de palmas, en parejas, la zapatilla por detrás, jugar a tulipán o hacer volar nuestro paracaídas multicolor. Por grupos proponemos crear un mural y cada grupo se encarga de exponer algún tema, la importancia de la familia, por qué vamos a la escuela, cómo podemos aprovechar y no desperdiciar agua…. Y para terminar y antes de despedirnos compartimos un refrigerio saludable, una banana, un pepino dulce….

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El conjunto de nuestra visita semanal, o quizás quincenal en esa comunidad lejana, deja huella en cada pequeño; desde el polvo levantado por nuestra camioneta al llegar, hasta el aroma del pepino dulce antes de la despedida. Isabel va dejando huella en su camino, pisa fuerte donde va, y busca aliados, vecinos que reúnan a los niños y repliquen sus actividades cuando ella no está. En algunas comunidades ya se han constituidos clubes de derechos y deberes de los niños donde vecinos voluntarios y jóvenes siguen las directrices de Isabel, sobre todo en periodos vacacionales en los que los niños están más ociosos.

En la comunidad de Ambuquí acudimos a la clausura del Campamento Vacacional que se celebró la primera quincena de Agosto.  Las autoridades de la comunidad estuvieron presentes en los juegos organizados para los niños y aplaudieron su participación haciéndoles sentir importantes dentro de la comunidad.

En el barrio de Dos Acequias y en Mascarilla existe el “Club de Derechos y Medio Ambiente”, y en las comunidades de Cuajara, San Luis y Santa Ana se creó el “Club Jugando y Aprendiendo mis Derechos”.

En la bonita comunidad de Monte Olivo asistimos a varios talleres y charlas donde los pequeños hacen manualidades, aprenden a usar un ordenador y por supuesto reciben formación sobre derechos, deberes y obligaciones de los niños.

 

Incluso en Salinas se enseña a jóvenes y niños a bailar la danza típica de la zona, “La bomba”, dentro de las actividades de un “Club de Derechos y Danza”.

Está claro que la distancia no es obstáculo cuando el premio es la gratitud y sonrisa de los niños ante estas visitas llenas de buenas intenciones. Y está claro que las huellas que deja Isabel con sus visitas son las que alimentan la creación de esos clubes y asociaciones que buscan perpetuarlas en cada comunidad.

Pero lo que de verdad está claro es que tanto el trabajo de Rosa como el de Isabel merece llevar con mayúsculas la etiqueta de CREADOR Y SOSTENEDOR DE VÍNCULOS SOLIDARIOS.

 

LESTER:

Este texto de Mabú, siendo magnífico, no es sino una pequeña parte de lo que vimos y vivimos en terreno, pueblos acogedores, niños educados y cariñosos, jóvenes comprometidos. Vínculos solidarios es uno de los capítulos del libro Aguafiestas que estamos a punto de publicar, tal como prometimos a los colaboradores de la campaña de recaudación de fondos para financiar los filtros potabilizadores de agua que distribuimos por el valle de Chota Mira. Ya queda menos, paciencia, que volvemos a nuestros quehaceres diarios y nos absorbe el tiempo, la rutina, las obligaciones,… Pero llegará, justo a tiempo para el que quiera hacer un regalo de navidad solidario.

La primera vez, por Lester

Primera-vez

Para todo hay una primera vez, sin duda la que más cuesta, pero también la que más se recuerda. Luego podrá haber una segunda, tercera y cientos o miles de veces más, pero la primera es especial. Para todo.

Nadie olvida la primera vez que “lo hizo”, que mantuvo relaciones sexuales, ya fuera gloriosa o desastrosa, en el asiento trasero de un coche, en un hotelazo o de modo furtivo aprovechando que sus padres no estaban en casa. Cuesta mucho esa primera vez, hay que superar muchas dudas, barreras mentales, pero la segunda es más sencilla, y la tercera más aún, y la cuarta, etc. y las demás ya llegan rodadas, al menos hasta que se alcanza cierta edad en que vuelve a costar de nuevo, pero esa es otra historia de la que no he venido a hablar hoy.

Hace tiempo hablaba con un colega de trabajo sobre el hartazgo que teníamos debido a la corrupción, por los chorizos que nos dirigían y nos rodeaban. Hablábamos de los chorizos que salen en la tele, dirigiendo en ayuntamientos o metidos a diputados, pero sobre todo de algunos sinvergüenzas a los que habíamos pillado en nuestra empresa. “¿Cómo se puede llegar a esto?”, sobre todo cuando tienes un buen puesto, con un salario alto y un cierto reconocimiento profesional, “¿qué es lo que mueve a esta chusma?”. Decía mi compañero que “meter la mano en la caja debe ser como poner los cuernos a tu mujer: hay una raya que cuesta muchísimo atravesar por primera vez, pero una vez que lo has hecho, y si encima ves que no te pasa nada, que no hay consecuencias, repites”.

Porque lo ven fácil, porque anhelan lo que hay al otro lado de la raya, ya sea la pasta o una mujer espectacular, o porque su ausencia de moral les impide tener el más mínimo remordimiento o pensar en las consecuencias de sus actos. Supongo que tras la primera vez estos tipos buscan la autojustificación, como la vimos en aquellos caraduras a los que pillamos robando, “la empresa me había prometido tal cosa”, “era para tal historia” o como harán los de los cuernos, “estoy pasando un mal momento”, “mi mujer no me hace caso”. En muchos de estos casos, además, los autores se sienten impunes, he robado o me he acostado con tal o cual mujer, y no ha pasado nada, así que nada me impide hacerlo de nuevo. Y esa falta de consecuencias o represalias lleva a una segunda vez, mucho más fácil, y la tercera lleva a la cuarta, y tras esta pasan a incorporarlo a sus rutinas.

Esa raya invisible tan difícil de traspasar (imposible en mi caso) existe para otras muchas cosas en esta vida, como para matar a alguien o para lanzar adoquines a la policía. ¿De qué manera consiguió ETA que tantos jóvenes terminaran empuñando una pistola para pegar tiros en la nuca a policías, guardias civiles o concejales? ¿De qué manera les lavó el cerebro para que veinteañeros cambiaran los hobbies propios de su edad como el deporte, salir de noche o las chicas, por incendiar autobuses o poner coches bomba?

Reflexionaba sobre este tema hace unos días al ver las imágenes salvajes de las algaradas callejeras en Barcelona. La kale borroka exportada del País Vasco, qué pena. Vi a esos comandos perfectamente organizados del tsunami violento incendiando contenedores, destrozando bordillos y cargando los adoquines en carritos del supermercado para lanzarlos a continuación a la policía. No debe ser fácil lanzar una piedra a la policía, la primera. Pero ya vimos en directo y en prime time que lanzar doscientas es sencillo.

“¿Cómo se ha llegado a esto?”, comentábamos mi mujer y yo. La estrategia de la gradualidad, de ir poco a poco metiendo el veneno en la cabeza de esos chicos, primero en la escuela, luego en la universidad, ahora firma este manifiesto, ahora vamos a protestar a esta plaza, hoy cortamos esta carretera, mañana impedimos que abran los comercios. Sé que fueron cientos de miles los manifestantes, igual que en su día lo eran en el País Vasco, y que los violentos constituyen un porcentaje menor, pero el veneno está ahí. Los más frágiles de mente o los más manipulables son los que se convierten en los tontos útiles, en “los chicos de la gasolina” de Arzallus o en los violentos CDR del independentismo radical. A unos les convencieron de disparar un arma y tras la primera vez se convirtieron en asesinos multi-reincidentes. A los otros les han convencido de que atentar contra la autoridad estaba bien, que destrozar una ciudad que era una maravilla  es lo mejor para su proceso de “construcción nacional”. Que montar explosivos con cloratita es parte del mismo. A ver quién suelta el primero, porque luego vendrán más.

¿Cómo se ha llegado a esto? En Vencedores o vencidos, la gran película de Stanley Kramer sobre los juicios de Nuremberg, el alegato final del juez nazi Ernst Jannings, papelón interpretado por Burt Lancaster, es estremecedor, desgranando las tropelías del régimen mientras ellos miraban hacia otro lado. Un pueblo culto como el alemán, preparado, formado, toleró lo que estaba ocurriendo:

Pero igual de estremecedor resulta su breve diálogo con Spencer Tracy, confesando su culpa y mala conciencia. La respuesta de Tracy es demoledora:

– Señor Jannings, se llegó a eso la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre sabiendo que era inocente.

 

 

Agua o fútbol, por Lester

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Cuando organizas un viaje como el que estamos haciendo estos días por Ecuador, planificas los pocos días que te quedan después del voluntariado para ver qué zonas visitar o qué merece la pena recorrer, pero no buscas demasiada información sobre la zona en la que se va a desarrollar el proyecto, entre otras cosas porque, al no ser una zona turística, no hay demasiada. Te interesas por formarte sobre los filtros, por cómo afrontar el trabajo de explicación y difusión, por el crowdfunding, por visitar a la niña que tenemos apadrinada en la zona si fuera posible (¡y ha sido posible!), pero no sabíamos del valle de Chota Mira más que los informes periódicos que nos manda Ayuda en Acción.

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El valle de Chota Mira está al norte de Ecuador, en la provincia de Imbabura, que tiene el mismo nombre del impresionante volcán que se divisa casi desde cualquier punto de este área. Este país se organiza en cantones, parroquias y comunidades, que vienen a ser como nuestras mancomunidades y pueblos. Hay 34 comunidades dispersas por el valle de Chota Mira, que tiene unos 45 kilómetros de largo, por solo 4 de ancho en su parte más amplia, todo ello entre impresionantes montañas de la cordillera andina. El paisaje es muy variado, seco en algunas zonas y un vergel impresionante en otras, con el río Mira atravesándolo del sudeste al noroeste de la región.

Nuestro trabajo consiste en visitar estas comunidades y desarrollar ambos proyectos, el de las escuelas y el de la distribución de filtros. Los trabajos están perfectamente organizados por el equipo de Ayuda en Acción y el FEPP (Fondo Ecuatoriano Populorum Progresio) en Mascarilla, perteneciente a Mira. Salimos temprano por la mañana y visitamos las comunidades que tenemos en la planificación: Cuajara, Monteolivo, Ambuquí, La Victoria, San Vicente,… La ONG local ha organizado las visitas previamente con cada comunidad para reunir al mayor número de familias o representantes de las mismas en algún local en el que podamos explicar la importancia del consumo de agua segura, limpia y purificada, en lugar del agua de grifo (“agua de llave” que dicen aquí) de mala calidad y contaminada que reciben en muchos de estos lugares. 

Llegamos, descargamos nuestros filtros y nos reciben primero con expectación, luego con cierto aburrimiento mientras explicamos el sistema, para dar paso a la sorpresa al ver el cambio del color del agua en los vasos, y en algunos casos la ilusión por ver y entender que esta sencilla solución puede mejorar de modo considerable sus condiciones de vida. No es sencillo explicar las cosas aquí y a veces el idioma, aunque parezca una paradoja, juega en contra de nuestras intenciones. Las palabras no son las mismas y aunque creamos que nos han entendido todo, “ustedes los españoles hablan muy rápido” y no hay que dar las cosas por hechas, así que repetimos pacientemente y hasta de modo individual las explicaciones para asegurarnos de que la persona que recibe el filtro va a saber utilizarlo para que le dure los diez años que aproximadamente tienen de vida útil.

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El trabajo de organizaciones como Ayuda en Acción y el FEPP es encomiable, actuando en varios campos para promover la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, un tanto abandonados por las autoridades gubernamentales. En el tiempo que nos queda tras acabar nuestros trabajos, visitamos varios proyectos de emprendimiento local que cuentan con el apoyo de ambas organizaciones, como plantaciones de mangos o aguacates, una piscifactoría de tilapias, una asociación de criadores de cabras reconvertidos a nuevos productores de leche y queso de cabra, una empresa de turismo de aventura que nos permitió hacer canopy (una tirolina espectacular a sesenta metros de altura), o una pequeña artesanía local que intenta recuperar las máscaras africanas, origen del que son los ancestros de la mayoría de los habitantes de esta zona.

Una de mis primeras sorpresas al llegar a algunas comunidades es que parecían imágenes de gente y barrios de África, origen del que empiezan a mostrar el orgullo en canciones como las de algunos grupos locales que hemos tenido la suerte de escuchar estos días.

El otro ámbito en el que se trabaja con especial empeño desde las ONG es en el de los derechos de sus ciudadanos. Se trabaja y se insiste de un modo que nos sorprendió inicialmente en temas de igualdad y solidaridad, pues su población ha sufrido una doble discriminación, por la raza y por el sexo. Muchas mujeres quedan embarazadas antes de los dieciocho años, o son abuelas antes de los cuarenta y se ven a cargo de todas las labores de la familia con varios niños a su cargo, pues además son abandonadas en muchos casos por los padres de las criaturas. Cada vez que entregamos un filtro o preguntamos a los niños por sus padres, nos encontramos con este tipo de historias. Padres que no conocen o que viven en Quito, en Ibarra o incluso en Madrid o Barcelona, padres de los que no saben nada en muchos casos. Espero que las compañeras del otro proyecto nos cuenten sus vivencias en este mismo blog en breve.

El círculo de acción de la ONG se cierra con los vínculos solidarios con España, con los apadrinamientos o auspiciamientos de los 1.800 niños de estas comunidades que tienen un padrino en España, como es nuestro caso, que nos permite poner cara a la ayuda y propician los fondos para el desarrollo de todas estas actividades. Todos estos proyectos piensan en el medio y largo plazo porque inciden de pleno en lograr un cambio de mentalidad de la población. Hay que pensar en el mañana, no solo en las necesidades básicas de hoy, hay que mejorar la economía local hoy para que vuestros hijos vivan mejor mañana, hay que pensar en el agua limpia y en la educación para tener una población más sana y formada. Tan simple, tan complicado.

Dentro de las mil sorpresas que te encuentras cuando visitas una zona tan lejana del mundo (y de mi mundo) como esta, una de ellas fue la actuación de las autoridades estatales por paliar el analfabetismo o el acceso a agua potable en estas comunidades. Si hay un interés real por mejorar las condiciones de vida de la población, lo cierto es que no se ve mucho. La solución de los filtros potabilizadores que estamos entregando es un parche, una medida coyuntural que no puede dar solución a un problema estructural. Hace falta construir plantas potabilizadoras o depuradoras de agua como la que visitamos en la comunidad de San Vicente.

Es una pequeña planta muy sencilla, de tecnología muy básica, que abastece de agua de calidad a 400 familias. Su coste fue de 110.000 dólares, financiado por Ayuda en Acción y el FEPP en un veinte por ciento aproximadamente, en un cincuenta por ciento por autoridades locales y el resto entre asociaciones locales y comunidades de regantes. Es un coste elevado para las economías locales y al principio pensé que no era accesible a la mayoría de las parroquias y comunidades. Sin embargo, no ha habido pueblo o aldea que visitáramos que no contara con una espectacular cancha de fútbol artificial de las que no vemos en muchos sitios de Madrid.

Cuando vi la primera, y la segunda, y la tercera, y pregunté por ello, me contestaron: “había elecciones municipales y esto es lo que daba votos”. He tenido la suerte de jugar en dos de estas pistas y son magníficas, qué duda cabe, y el deporte será importante para sus habitantes, sobre todo para los más jóvenes. El problema lo encuentras cuando ves el coste de construcción de alguna de ellas, como he visto hoy en San Vicente de Pusir: 189.325 dólares. Las comparaciones son odiosas, pero está claro que entre el agua y el fútbol hay un claro ganador.

¡Un abrazo a todos, seguiremos informando!

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