La biodiversidad animal en el gimnasio, por Lester

GYM3Menos mal que se acabó enero. Y digo “menos mal” porque enero es el mes en el que el gimnasio está a reventar de gente, producto sin duda de todos esos propósitos de principios de año que antes de que empiece febrero ya se han enterrado en el baúl de los recuerdos. El que suscribe es usuario habitual, constante y sobre todo silencioso de gimnasios de todo tipo desde hace unos catorce años, desde los cutres en los que se rompen los aparatos mientras haces ejercicios o tienen colchonetas con más lamparones que el vestido de Mónica Lewinsky hasta los megapijos en los que todo huele a colonia y perfumes de lavanda, luego me siento tan capacitado para hablar de sus especímenes como lo estaba Féliz Rodríguez de la Fuente para disertar sobre la fauna ibérica. Que en el fondo es un poco lo que hay en ese pequeño ecosistema que es el gym, un espacio en el que cambian sus criaturas según sean rapaces diurnas, hervíboros de mediodía o depredadores nocturnos.

Yo pertenezco al grupo de los madrugadores, esos tarados que se caen de la cama y entran en el gimnasio poco después de las siete de la mañana, y por sorprendente que pueda parecer dado lo intempestivo del horario, durante todo el mes de enero he tenido problemas para encontrar una cinta libre pese a haber doce disponibles. Bueno, miento, hay diez, porque una lleva estropeada… no sé,… poco tiempo,… como unos dieciocho meses, y otra con el cartel de “NO FUNCIONA” que va rotando de cinta en cinta, yo creo que por joder.

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Luego están las preferencias: los corredores, como animales de costumbres que somos, tenemos nuestra cinta habitual, nuestro hueco predilecto en el que soltar las piernas por las mañanas. En mi caso no es una cinta concreta, sino siempre la más alejada de Nubetóxica. Nubetóxica es una señora de poco más de cincuenta tacos con evidentes problemas de sobrepeso que lleva una camiseta por trimestre. De verdad, es totalmente verídico. No se la cambia nunca la muy cerda, salvo con el cambio de estación. Ahora está en fase roja Cullera 1991, igual que en otoño fue azul Caja Rural de Ahorros o blanca en verano (de Supermercados Condis), lo que provoca un hedor vomitivo a su alrededor que de verdad que no sé cómo la gente aguanta. Yo veo a Nubetóxica en segunda fila a la derecha y me voy a la izquierda de la primera fila. La veo en primera fila en el medio, y me voy a la trasera a uno de los extremos. Si solo queda una cinta libre a su lado,… ese día hago spinning o me voy a correr a la calle aunque estemos bajo cero. La primera vez que se puso a mi lado, la onda expansiva del olor estuvo a punto de hacerme caer del aparato. Otro día se dejó la toalla con la que se limpia el sudor y se activó el protocolo antirradiactivo. Es insoportable.

Luego te llegan los típicos colegas en la oficina, eh, guarrete, seguro que te pones en la segunda fila del gimnasio para verle el culo a las pericas de la primera, ¿eh?, todo ello mientras te dan con el codo y se sonríen de oreja a oreja. No, chavalín, los mejores culos del gimnasio nunca están a las siete de la mañana. Son mucho mejores los del mediodía, pero sobre todo los de la noche, si bien en algunos casos son cuerpos tan artificiales y siliconados que echan para atrás, unos senos turgentes con menos movimiento que yo en una pista de baile. En ocasiones se trata de culos de chonis que van maquilladas al gimnasio como si salieran de una peli de vampiros. O como si fueran la propia vampiresa anhelando ser cazada por los Van Helsing que las acechan. Estoy seguro de que, para ponerse esas mallas apretadas que lucen, utilizan un aparato de envasado al vacío, un extractor del aire que queda entre sus cachas y la lycra, de tal modo que si se les escapa un pedo (y doy fe de que se les escapan, es lo que tiene la alimentación vegana) se puede ver el paso de la burbuja de aire desde sus rectos hasta el tobillo.

Estas superheroínas Marvel tienen su grupo de admiradores, un par de chavales que se miran entre ellos, sueltan las mancuernas, se dan codazos de complicidad y se sonríen mientras con el mentón las señalan y profieren un gruñido gutural extraído del fondo de la garganta del primate que nunca dejaron de ser. El gruñido febril del macho hispano pasa a bramido propio de la berrea de los cérvidos cuando la chica Marvel está trabajando en aparatos que requieren que su cuerpo quede extendido boca abajo con el culo en pompa. O cuando se emplean con fuerza trabajando los abductores y abriendo las piernas todo lo que sus caderas admiten sin llegar al descoyuntamiento.

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Estos chavales que están más pendientes de las féminas que de ejercitar su musculatura (y posiblemente hagan bien) no aguantan mucho en el gimnasio, suelen ser de los que pagan la cuota solo en enero y septiembre. Por el contrario, los tíos que están todo el año machacando su físico cumplen en muchos casos la máxima que leí hace poco:

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Les ves haciendo pesas frente al espejo y contemplando henchidos de orgullo cómo todos los músculos de sus brazos se ponen en tensión. Brazos tatuados con dragones, letras chinas, crucifijos, rosarios, vírgenes o tíos barbudos. O a veces todo junto. Pero sobre todo se les distingue por el ruido que hacen: gimen cada vez que alzan la mancuerna como si un toro bravo les embistiera por detrás, y que cada uno interprete esta frase como quiera. Gimen y gritan para que todo el resto del gimnasio seamos conscientes del esfuerzo tan inhumano que están realizando. Claro que luego les ves coger la toalla con el mismo esfuerzo y gemidos, como si pesara ciento veinte kilos, uuuaaarghh, y se desmitifican ellos solos, aparte de que se secan el sudor compungidos como si se estuvieran pasando una lija en lugar de una toalla.

A las siete de la mañana la edad media de los moradores del gimnasio es elevada, supongo que gente que no puede dormir por su mala conciencia, como las dos brujas charlatanas que me sacan de mi ensimismamiento mañanero. Son dos cotorras de avanzada edad que acuden al gimnasio a andar en la cinta y a hablar a gritos como si estuvieran en la carnicería. Joder, con lo cerca que está el Retiro, con lo agradable que debe ser un paseo con el rocío del amanecer… pues no, les mola ponerse cerca de mí cuando estoy concentrado haciendo series. Se saben la vida de todo el vecindario y de sus familias hasta el decimoquinto grado de parentesco y lo que desconocen se lo inventan. Se las entiende todo pese a la música ambiente del gimnasio, que no se emite a pocos decibelios precisamente. Son terribles. Así que cada vez que esto ocurre me veo obligado a subir el volumen de mi aparato para no oírlas, pero me avisa el móvil de que escuchar con el volumen elevado durante un tiempo prolongado puede ser perjudicial para mis oídos. ¡Joder, lo sé, pero escuchar a las cotorras puede ser demoledor para mi cerebro! Así que he elegido ser sordo antes que acabar imbécil.

Hubo un día en que me puse estratégicamente en una cinta de las que suelen utilizar las brujas. No había más libres en todo el gimnasio, salvo las de mis lados. “Jejejejeje”, pensé, iluso de mí, “hoy no os toca piar sobre el bombo de la hija de Pepita, ni sobre el vividor de Ramón, ni sobre el niño de la Paqui”. Pues me equivoqué, se pusieron a rajar a mi derecha y a mi izquierda, ¡en estéreo!, levantaban la cabeza y hablaban como por encima de mí, como si las muy lerdas pensaran que sus palabras iban a dibujar una parábola perfecta sobre mi cabeza para llegar grácilmente a oídos de su compañera. Joder, fue horrible, estuve por poner una denuncia al Tribunal de La Haya. Además hablaban con ese tono de abuelita cascarrabias que cree que no las escuchas, pero en el fondo desean que lo hagas:

– ¡Huy, Mari, cómo suda este chico!

– Le va a dar algo, Puri.

– A mí me ha salpicado una gota, es que no es normal, le voy a decir algo.

“¡¡Jodeeeer!! Lo que no es normal es el olor a laca que despedís, coño, y que vengáis aquí a andar con lo maravilloso que es un paseo por el parque. Y sí, ¡sudo, sudo muchísimo! Sudo como un pollo al horno, como un finlandés en una sauna o como Pedro Duque en rueda de prensa, porque aquí venimos a hacer ejercicio, a correr, a machacarnos y dejarnos las preocupaciones, no para poner a caldo a todo lo que se menea en vuestro entorno, ¡que un día os vais a morder la lengua y a envenenaros!” Ese día solté los brazos de modo exagerado, para que el sudor salpicara con más fuerza, a mayor distancia, para que les llegara hasta el careto, “huy, Mari, que me ha saltado hasta el ojo, pero este chico…” Una sonrisa se dibujó en mi rostro, ja, ja, ja, ja, ¿se nota lo relajado que salgo del gimnasio?

Al acabar mis ejercicios me pego una buena ducha, momento que me sirve para comprobar que quizás sea el único de todo el vestuario que no lleva tatuajes por el cuerpo. De hecho creo que en los gimnasios de tipo medio hay mayor número de tatuajes  por centímetro cuadrado de piel que en el módulo de reincidentes de una cárcel. De una cárcel común, no de una repleta de ciudadanos “ilustres” como la de Soto del Real.

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En el vestuario comienza también el intercambio de pastillas y recomendaciones sobre las mejores para el engorde de la musculatura. Es acojonante, les ves meterse unos pildorazos de esos que más que pastillas son canicas de claras de huevo reconcentradas. Y batidos de proteínas, y arroz con pollo con unos polvos que no sé de qué son, pero huelen a rayos. He visto a tipos que cambiaban completamente de físico en apenas seis meses. Se hinchan el tronco superior, los pectorales, espaldas, bíceps, cuello, pero por el contrario se quedan con unas piernitas de etíope. “El tipo croiassant sobre alambres”, como definió una amiga mía.

Tras la ducha me visto, me pongo la corbata y me dispongo a iniciar una nueva jornada de trabajo. Salgo del gimnasio, me despido de Hormigatómica, una chica de metro cuarenta súper cachas con unos bíceps que para mí quisiera, de Kirdúglas, el ancianete escuálido sin un gramo de grasa, y de Ligón Podemita, el tipo simpático de la coleta que no viene a hacer deporte, sino a flirtear con la monitora o con alguna joven desprevenida. Sonrío. He liberado endorfinas, he dejado mis preocupaciones atrás empapadas en sudor y he tratado de abstraerme durante una hora escuchando podcasts frikis o las noticias, ¿puede haber algo mejor para comenzar el día?

Creo sinceramente que el CIS no necesita hacer 2.500 llamadas aleatorias para sus encuestas de intención de voto. La biodiversidad humana del gimnasio es una muestra mucho más rica y diversa, bastante más fiel y representativa, de la sociedad. Y total, ¡los resultados iban a ser igual de fiables que los del CIS de Tezanos!

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Pequeñas diferencias

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En una de las escenas más recordadas de Pulp Fiction, Vincent Vega (John Travolta) conversa con Jules (Samuel L. Jackson) sobre las “pequeñas diferencias” que hay entre Europa y Estados Unidos, aspectos totalmente relevantes como la cerveza en los cines, la mayonesa en las patatas fritas o el nombre de los productos en el McDonald’s.

Me he acordado de las “pequeñas diferencias” con la recopilación de frases motivadoras que suele acompañar a cada inicio de año con los calendarios y agendas que retiro y con los nuevos que incorporo. A veces  le damos mucha trascendencia al cambio de año, como si de repente, solo por un cambio de página, fuéramos a ser capaces de lanzarnos a hacer todo lo que no hemos hecho en los 12, 24 ó 360 meses anteriores, y de ahí surgen los grandes propósitos universales de principio de año: ir al gimnasio, dejar de fumar, aprender inglés o desconectar de las redes sociales.

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Por el contrario, yo creo que conviene introducir “pequeñas diferencias” en nuestro modo de hacer las cosas, en nuestra vida diaria, incorporar pequeñas rutinas, al principio forzadas, que a la larga redundarán en un gran cambio.

“La actitud es una pequeña cosa que hace una gran diferencia”

(Winston Churchill)

También este blog debe incorporar “pequeñas diferencias” en su modo de hacer las cosas, y no porque los números hayan ido mal, todo lo contrario, sino porque conviene pulir algunos detalles.

“Las fortalezas están en nuestras diferencias, no en nuestras similitudes.”

(Stephen Covey)

En 2018 abrimos una nueva sección (Publicaciones) y nos animamos con varias colaboraciones en algunos artículos (Alice, Móni, Manolester o los compañeros del Water Van Project), gente interesante con mucho que aportar, aunque tratamos de que fueran aún más. Barney ha conseguido colocar varios artículos en La Galerna, Meritocracia BlancaPlaneta Fútbol, y los textos de Josean tienen bastante seguimiento en LinkedIn. Pero hay que mejorar, incorporar pequeñas diferencias para tratar de llegar aún más lejos. Todo se andará.

“No dejes pasar ni un solo día sin que tenga impacto en el mundo que te rodea. Lo que haces marca la diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer.”

(Jane Goodall)

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Otra vez las grandes citas hablando de cambiar el mundo, o al menos nuestro entorno.

“Una persona puede hacer la diferencia, así que todos deberían intentarlo”

(John Fitzgerald Kennedy)

El 4 de enero comenzamos a preparar este post, y resulta que ese día se conmemoraba el fallecimiento de varios premios Nobel de Literatura, Henri Bergson en 1941, Albert Camus en 1960 y T. S. Eliott en 1965. Nuestro Benito Pérez Galdós mereció el premio como pocos (¿quién recuerda a José de Echagaray?) y también falleció un 4 de enero, concretamente en 1920, así que los cuatro amiguetes nos dedicamos a buscar nuestra frase de cada uno de ellos y este fue el resultado.

Josean escogió a T. S. Eliott. Podía haber elegido aquella cita que encaja con estos impulsos de principios de año y que dice que “solo aquellos que se arriesgan a ir demasiado lejos pueden descubrir hasta dónde se puede llegar”, pero el mismo Eliott se resignaba como todos llegado diciembre, y asumía que “si no tienes fuerza para imponer tus propias condiciones a la vida, debes aceptar las que ella te ofrece”, así que se decantó por la siguiente:

“La mayor parte de los problemas del mundo se deben a la gente que quiere ser importante.”

En 2019 tendrá mucho trabajo con la irrupción de Vox, las elecciones municipales, el juicio del procès y, según su pronóstico, elecciones generales antes de final de año.

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Barney lo tenía fácil porque la frase de Albert Camus, portero de fútbol en sus años mozos, ya ha aparecido aquí en alguna otra ocasión:

“Todo cuanto sé sobre la moral y las obligaciones de los hombres

se lo debo al fútbol.”

El 22 de febrero de este año se cumplirán 1.000 días del Real Madrid como campeón de Europa, y a eso trata de agarrarse Barney, al respeto que merece el equipo, un respeto que brilla por su ausencia entre periodistas, árbitros y aficionados. También pseudomadridistas. Puede ser un año complicado para Barney,… y todo lo contrario, porque este equipo ha demostrado tener mil vidas.

Travis eligió a Henri Bergson, autor de un tratado titulado La risa, que ha despertado mi interés. En ocasiones nos ponemos trascendentes hablando de cine, cuando lo que debe ser es puro entretenimiento. Que nos haga reflexionar, por supuesto, y en ocasiones sufrir con las historias que nos cuenta, pero sobre todo que nos haga disfrutar. Se le puede permitir todo menos el aburrimiento.

“La única curación contra la vanidad es la risa.”

“La comedia es un juego, pero un juego que imita la vida.”

“La risa necesita un eco.”

Este año cumplirán 20 años varias de las películas favoritas de los cuatro amiguetes (American Beauty, Matrix, El club de la lucha), un cuarto de siglo para la que encabeza este post, Pulp Fiction, alcanzaremos el mes y el año en el que se desarrollaba el original  Blade Runner, habrá Episodio IX de Star Wars,… Mucho por contar.

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Para Lester queda nuestro Benito Pérez Galdós, canario de nacimiento, como el bloguero. “¿Acaso hemos nacido para trabajar como los animales?”, pues parece que sí, pero dentro de ese extenuante trabajo, seguiremos sacando tiempo para escribir. Quedan muchos proyectos por completar, relatos por escribir, maratones que contar, voluntariados que realizar, y tratar de narrarlo todo con sencillez:

“Hay una virtud que es la más preciosa y la madre de todas, la humildad, una virtud por la cual gozamos extraordinariamente”

Para finalizar, os dejo este resumen de lo que ha sido el 2018, con muy buenas cifras de lecturas. Se nota la mano de Travis en el inicio, a modo de tráiler de peli o serie de ficción:

“Nuestra risa es siempre la risa de otros”

(Henri Bergson)

Las fotos que acompañan a este texto son obras del artista grafitero Banksy, cuya exposición (no autorizada según la publicidad) estuve visitando la semana pasada. Hice una foto a este texto cuya conclusión en cierto modo comparto para el blog.

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Esperamos contar con vosotros un nuevo año, ¡un abrazo de parte de los cuatro amiguetes del blog!

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The Water Van Project

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Durante nueve meses del año 2016 cuatro jóvenes estuvieron recorriendo ocho países de Centro y Sur de América para desarrollar la idea que habían tenido unos meses antes. Una idea sencilla en la teoría, pero compleja en su puesta en práctica, que consistía en distribuir filtros potabilizadores de agua por pequeñas aldeas y comunidades para las que el acceso al agua potable era una dificultad añadida en su día a día repleto de carencias.

Conocí a Edu, uno de los cuatro ideólogos del proyecto (o uno de los cuatro voluntarios solidarios, o valientes aventureros, o chicos con ganas de cambiar una parte del mundo), en unas jornadas de voluntariado de Ayuda en Acción, a la vuelta de nuestra maravillosa experiencia en el Hogar Teresa de los Andes (Cotoca, Bolivia).

 

De inmediato me enamoré de este proyecto, y desde el instante en que Edu lo contó con vídeos, imágenes y una explicación directa y sencilla, supe que en algún momento de mi vida participaría en una expedición de este tipo. Una furgoneta del agua, lanzarme con la familia a la aventura en nuestro propio Water Van.

El trabajo del voluntario no consiste exclusivamente en entregar los filtros a las comunidades, sino en formar a los beneficiarios sobre su uso y lo más importante, sobre el mantenimiento, para que pueda durar según lo previsto, entre 8 y 10 años. La parte final del proyecto consiste en su difusión, en darlo a conocer, comunicar los objetivos y los logros alcanzados, y por supuesto concienciar sobre los problemas del agua en el mundo.

Como decía Edu en su presentación, cada año mueren más de 100.000 personas en América Latina por el consumo de agua contaminada o no apta para el consumo humano. Es increíble, pero más increíble aún resulta comprobar el coste ridículo de los filtros que pueden mejorar la vida de estas personas:

  • 320 dólares para un filtro comunitario, para escuelas, hospitales o centros de formación.
  • 50 dólares para una familia media de 4 a 8 personas.

Durante los 9 meses de 2016 que dedicaron al proyecto sobre el terreno, Edu, Jorge, Chechu y Diego recorrieron 8 países (México, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, Ecuador y Perú) y entregaron 900 filtros que cubrirían las necesidades de acceso al agua potable de unas 15.000 personas. Asombroso, me quedé sin palabras. Y como las imágenes valen más que mil palabras, os dejo este vídeo de apenas 5 minutos que cuenta el proyecto:

Pedí el teléfono a Edu y comenzamos a hablar conjuntamente con la ONG Ayuda en Acción para tratar de organizar un TWVP con Sacyr, la empresa para la que trabajo y a la que también conseguimos implicar un año atrás para la reforma del Pabellón Azul del Hogar para niños con capacidades especiales en Bolivia. Fruto de esta colaboración a varias bandas, pudimos enviar nuestro propio TWVP a Colombia con un grupo de cuatro voluntarios formado por empleados de Sacyr: Marta, Daniel y Esther desde España, y Johanna, colombiana.

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Esther ha ejercido las labores de comunicación del proyecto, me leí su diario, he visto las fotos que hizo y he podido compartir algunas estupendas charlas con ella, igual que con Marta y Daniel. Derrochan vitalidad, ganas y buen rollo, y Esther afirma convincente que repetirá.

El voluntariado se desarrolló en el valle del Cauca, en el departamento de Ginebra, y los cuatro voluntarios se alojaban en el IMCA, Instituto Mayor Campesino, de los jesuitas. Para atreverse a un voluntariado de este estilo en un país que no hace tanto ha sufrido el problema de la guerrilla es imprescindible contar con el apoyo local en el terreno. Hacerlo de otro modo sería una temeridad, igual que lo sería distribuir los filtros sin realizar un análisis previo de las aguas que llegan a estas aldeas, pues los mismos eliminan bacterias y determinados microorganismos, pero no metales pesados, que en algunas zonas abundan.

Tras recibir la formación necesaria, Marta, Johanna, Daniel y Esther comenzaron a distribuir los filtros en la vereda Campoalegre. Los paisajes que se ven en todas las fotos son espectaculares, naturaleza salvaje, selva y en mitad de todo ello, pequeñas aldeas y comunidades locales en las que los escasos habitantes tienen verdaderos problemas para acceder a agua potable.

El primer día nuestras voluntarias ya recibieron una propuesta de matrimonio, que incluía casa y manutención, por supuesto. Allí mismo debieron de sufrir su primera experiencia traumática sorpresa, pues los voluntarios llegaron a beber pis de perro y caballo, convenientemente filtrados y sin bacterias, eso sí, pero todo fue porque los lugareños no se lo quisieron contar antes de que lo hubieran bebido. Creo que una vez que pasas esa prueba el resto está chupado.

Los voluntarios pudieron conocer las dificultades de acceso a muchos de estos lugares, “montañismo extremo”, como lo define Esther, y todo ello portando unas maletas con el estilo de turismo occidental, que por supuesto no es el más adecuado para estos terrenos. En las veredas Cocuyos y Lomagorda entregaron nuevos filtros, realizaron la formación insistiendo de modo especial en el mantenimiento, y probaron la gastronomía local: sancocho, yuca, plátano con salsas y atollado, y una trucha de impresión. A mi modo de ver, otra de las partes más interesantes de realizar un voluntariado sobre el terreno es poder conocer un país al margen de los circuitos turísticos, con sus habitantes, sus costumbres, su gastronomía y sus inquietudes. Y por supuesto conocer su modo de disfrutar del ocio y el tiempo libre. Esther habla de discotecas, billares, y un sorprendente bar de heavy metal en San Antonio.

Es una inmersión a fondo, como se deduce de sus textos. Tienes que tener la mente bien abierta para todo lo que se te va a poner por delante, como ducharte con agua tibia, cuando no directamente gélida, comer lo que se te ofrece y a veces saltarte determinadas normas de seguridad que serían impensables en nuestra avanzada Europa: montar tres en una moto y sin casco, o subir a una aldea a más de 2.500 metros en un jeep ocupado por veinte personas, varias de ellas colgando directamente por fuera. Y todo ello por carreteras que no son tales, sino caminos o sendas forestales repletas de socavones y barro. Aunque tenga su punto de locura, todo vale.

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Ginebra, Buga, Salento, valle del Cocora, vereda Cascada, vereda Moravia,… El trabajo de distribución continúa por toda la región, con diferente recepción por parte de los campesinos, pero casi siempre con la máxima atención y agradecimiento. Los voluntarios destacan cómo los campesinos se volcaron en atender del mejor modo a sus ilustres visitantes. Y lo mejor, los niños como siempre. La gente agradecida y abierta, sin nuestros corsés mentales.

En ocasiones encuentras gente con una visión excepcional de las necesidades de la población, como en la vereda de Costa Rica, donde llevan tiempo trabajando en la construcción de acueductos para evitar la privatización del agua. Con todas sus carencias y deficiencias, pero el agua es fundamental para ellos y no desean que se convierta en un negocio privado especulativo. En esa región conocieron también el trabajo de otras cuatro personas para desarrollar un centro de reciclaje en el que llevan ocho años trabajando, sensibilizando a la población, reciclando el plástico, cartón y material orgánico que convierten en abono. Resulta impresionante.

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Tan sencilla la idea, como decía al principio, y tan útil y compleja a la vez. Fueron apenas dos semanas de voluntariado en Colombia, Sacyr financió unos 600 filtros y con el trabajo de distribución de los voluntarios se logrará que unas 3.600 personas tengan acceso a agua potable durante los próximos ocho a diez años. Sencillo, pero impresionante. ¡Enhorabuena a todos, congrats! Este es uno de los vídeos corporativos que narra la experiencia:

El año pasado dediqué el último artículo del año a Bolivia, ese país maravilloso que descubrí con mi familia, y este año tenía que acabar en Colombia, aunque mi visita para conocer a fondo el país (solo estuve en Bogotá) sigue pendiente. El año que viene haré lo posible por apuntarme a un Water Van Project, ya sea en Colombia, en Ecuador, Perú ¡o en África! Donde podamos vivir una experiencia inolvidable como la que han vivido mis compañeros.

¡Feliz año a todos, lectores, y espero seguir contando con vosotros en 2019!

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Lester, 31 de diciembre de 2018

Cara Lester

Barra libre, por Lester

Fiesta de empresa

Tras casi diez minutos de paciente espera, cuando por fin encontré el hueco para pedir un par de cañas y la camarera estaba sirviendo de modo diligente las mismas, se me acercó una atractiva compañera de Recursos Humanos y me dijo “ya que estás, pídeme otra, por favor”, frase acompañada de una agradable sonrisa, a lo cual por supuesto que me presté, “otra, por favor”, pues nada resulta más persuasivo que una sonrisa femenina, así somos algunos de simples; mas siempre ocurre que el imbécil de la oficina técnica al que no soportas, aquel cuya fama de caradura le precede, se arrima a tu oído y te escupe “ah, Lester, y para mí, un tinto y un blanco”, “¡ah, y ya que estás ahí, una sin alcohol!”, y no contento, se gira hacia sus ya casi borrachos compañeros y les anima “¿queréis algo vosotros, os falta algo por ahí?”, peticiones que atiendes por educación, no por ganas, mientras reprimes esa fuerza interior que te impele a mandarle a tomar por donde le introducirías un poste de madera astillada del cableado eléctrico.

Sí, amigos, la copa de empresa en formato cóctel con canapés, jamoncito, bandejas de pinchos sofisticados y, por supuesto, barra libre de cerveza, vino y refrescos. Un formato con ventajas evidentes a la hora de departir con un mayor número de compañeros y evitar así el tradicional problema de las comidas alrededor de una mesa: “que no me toque con el jefe”, o con el cenizo, o con el plomo, o el triste, o con la loba, o con el del mal olor (¿se admite “halitóxico”?), o con el que siempre la lía o con los que te hacen sentir vergüenza ajena por el tono impropio de sus supuestas gracietas, proferidas con un volumen que no utilizarían ni en las gradas de un estadio de fútbol.

Cada vez que te acercas a por una cerveza ves que hay algunos compañeros, por supuesto tíos, que se mimetizan con la barra, no pierden nunca su sitio y seguramente por eso siempre tienen el vaso lleno, vaso que no marean, sino que degluten con prisas pues saben que hay un límite (de hora) para pedir sin límite (de birras). Y los tíos con una cerveza en la mano somos muy peligrosos. Barra libre de comentarios. De todo tipo. Poniendo a caldo a la empresa, al jefe, criticando al que ha elegido el sitio, o despotricando del jamón o del catering mientras se les escapa el bigotillo del langostino entre los dientes. Si el lugar es modesto, porque es modesto, y si el lugar es cojonudo, pues porque la empresa se gasta un pastizal en estas cosas en lugar de subirle el sueldo ¡a él!, “que soy el que más dinero hace ganar” a los jefes. Trato de huir de los tipos del doble-pegado-a-la-mano como de la peste, pero en estos eventos de tantas horas de duración es inevitable cruzar un par de frases con ellos, sobre todo porque te llaman la atención con un primer gruñido como el que utilizan los pastores para el ganado:

– ¡¡Heeeey, hey, Lester!! ¡¡Yeejeey, aquí!! (ante tu fingido despiste) ¿Tú sabes cuánto se han gastado por cabeza en este sitio?

Es una pregunta retórica, pues ante tu indiferencia y sea cual sea tu respuesta, “no sé”, “no me interesa”, “treinta euros”, “está todo cojonudo” o directamente “me la suda”, ellos te lo sueltan con todo tipo de apreciaciones, interpretaciones y por supuesto, críticas. A medida que avanza la jornada, aumenta el número de felipones que sueltan por la boca, una mezcla pastosa de cerveza y carne mechada que salta de sus resquicios interdentales directamente a la pechera de tu chaqueta. Tratas de limpiártelo como puedes, sobre todo para ver si se dan cuenta o se disculpan, hechos que por supuesto no se producen, y en cuanto puedes te largas de allí, pues sabido es que de permanecer en esa conversación tu camisa acabaría con tantos churretones como la cúpula de Barceló para la ONU.

En esos días de exaltación colectiva de la amistad, no podía faltar la barra libre de comentarios machistas. No me voy a escandalizar siguiendo las normas de la moral políticamente correcta que nos tratan de imponer, ni mucho menos mentiré diciendo “yo no los hago, los demás son chicos malos”, porque la realidad es que prácticamente todos los hacemos o al menos los consentimos. Esta misma semana se ha disculpado incluso el “macho alfa” Pablo Iglesias por su comentario de hace años sobre Mariló Montero y ciertos azotes excesivos, pero en el fondo lo que ha dicho no deja de ser cierto: cuántas de estas bromitas soltadas en grupos de WhatsApp y únicamente para amigotes y kolegas nos avergonzarían si salieran a la luz pública, o si por un casual se publicaran en la Intranet de la compañía.

Lo que sí tengo muy clara es la línea invisible entre la broma y el mal gusto, y así como tolero con agrado lo primero, detesto lo segundo. Y no está de más alabar la elegancia y belleza de nuestras compañeras de curro (por trasladar de un modo legible lo de “la azotaría hasta sangrar”), pero odio los comentarios soeces sobre las mismas y las prácticas sexuales que determinados compañeros imaginan con ellas, “la empotraría contra la pared”. Vas listo. Ante tu mirada indiferente, te sueltan:

– Vamos, Lester, no pongas esa cara, no me digas que tú no la empotrarías contra la pared.

– La chica está para lo que tú quieras, para empotrarla contra la pared, claro que sí, pero es muy distinto si te digo que yo, yo personalmente, no la empotraría contra la pared, no tengo ningún interés.

Es el momento de todas las copas de empresa en el que alguien suelta el célebre refrán sobre la olla y dónde no introducir los atributos masculinos. ¡Chupito para el primero que la suelta! No es por eso, les digo, sino porque estoy felizmente casado y no voy a hacer el payaso con chicas veinte años menores que yo. Además, tengo un truco infalible que aprendí hace años para salir con elegancia de estos momentos:

– Siempre recuerdo lo que decía Lord Chesterfield: “el placer efímero, la postura ridícula y el precio escandaloso”.

Jojojojo, se ríen, aunque alguno no ha entendido la frase, sueltan otros tres perdigones y entonces es cuando otro de esos compañeros casados te cuenta su truco:

– Yo me pongo frente al espejo como Travolta en Pulp Fiction y me repito su frase: “ahora te vas a tu casa y te haces una buena paja”.

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Es así, son los grandes clásicos de la copa de empresa o la cena de navidad. Decía que los tíos con una cerveza en la mano son muy peligrosos, pero más lo son aquellos con una cerveza en la mano y media docena en el cuerpo. Algunos rajan más de la cuenta y hablan con total desconocimiento de los compañeros, y sobre todo, de las compañeras. Hace poco leí la diferencia entre ligar y acosar: si eres guapo, ligas. Si eres feo, estás acosando.

En mi primera cena de empresa, hace ya unos 25 años y recién incorporado a la misma, estuve hablando con una chica diez o doce años mayor que yo, llamémosla Elena, por ejemplo. Una conversación agradable, sin ningún interés afectivo o sexual por ambas partes. Pues se me acercó un tío y me soltó:

– Bah, no tienes nada que hacer, Elena es lesbiana.

Pero apenas unos minutos después se me acercó otra chica, esta vez de mi departamento, y me dijo:

– Ya he visto cómo se ha lanzado la loba de Elena a por ti, le molan los yogurines.

“¿Cómo?” Con el tiempo descubrí que la tal Elena tenía novio de los de toda la vida y que solo hablaba conmigo porque sí, por su simpatía innata, con naturalidad, pero para los tíos era lesbiana porque le habían tirado los tejos y había pasado de ellos, y para las chicas era un putón porque se llevaba bien con los que acabábamos de entrar. Pues muy bien, será que el pueblo nunca salió de algunos.

Como el tema no me va, procuro moverme bastante para hablar con cuanta más gente mejor, pero sin quererlo, me encuentro con “Mantodemierda”, el mismo tipo que se ha pasado las últimas dos semanas con la copla de todos los años, “no pienso ir”, “no me apetece encontrarme con determinadas personas”, “no estoy de humor”, “que no, que no voy”, frases que te espeta aunque no le hayas preguntado, ni mucho menos insistido.

– Hola, Lester, al final he venido.

– ¡No jodas! No me había dado cuenta, pensé que eras un holograma.

– Cachondo, todos los años la misma gracieta.

– ¿Me repito? ¿Yo?

En fin, le dedicas dos minutos, escuchas sus quejas, y antes de que te amargue lo que queda de evento, le dices que te vas a por otra cerveza. Así transcurren las horas, hablando con unos, con otras, divirtiéndome, escuchando de todo, relajándome del estrés laboral, comiendo lo que se puede, bebiendo más de lo que debieras, y cuando miras el reloj compruebas con asombro que llevas seis horas en el sitio. Me doy cuenta de lo insultantemente jóvenes que son mis compañeros, y de lo mayor que empiezo a resultar para estos eventos, así que empiezo a recogerme para retornar a mi humilde morada.

Que quede claro por mucho que haya largado que me lo paso siempre de pelotas. Tengo numerosos compañeros a los que considero amigos, en los que confío un huevo y me lo paso bien con ellos, y sí, la becaria está de miedo, ¡qué pasa!

Y ahora, barra libre para las críticas, amigos.

Cara Lester

 

Siniestro tOTal, por Lester

 

Tanto gilipollas

Ya voy teniendo unos añitos, creía que había visto mundo, que tenía cierta experiencia en “las cosas de la vida” y sin embargo, compruebo atónito que mi capacidad de sorpresa no solo no disminuye, sino que aumenta semana tras semana. Uno de los debates estrella de los últimos días, a la altura de los presupuestos del Estado o el procès catalán, ha sido la polémica sobre el empleo de la palabra “mariconez” en una canción de Mecano de hace tres décadas. Para el que pueda vivir felizmente ajeno a estos sesudos debates psicosociales, le cuento que se ve que unos jovencitos imberbes de OT, que no deben de superar la veintena, sienten que tal palabra es ofensiva y denigrante para el colectivo LGTBIQ (¿me falta alguna letra?) y debería ser suprimida y cambiada de inmediato. “Censurada” es la palabra, chicos.

Por supuesto, la cosa no ha terminado ahí, y la negativa del autor de la canción, José María Cano, a permitir la sustitución por otra le convierte de inmediato en homófobo, carca y supongo que facha, que es el calificativo que se regala hoy en día a todo el que ose ir contra la corriente dominante.

Estoy aburrido de tanta gilipollez, así que no voy a entrar demasiado a explicar las circunstancias de España a principios de los ochenta: cuarenta años de dictadura, una Constitución que se aprueba en 1978, el ruido de sables que acaba en el golpe de Estado de 1981, y una sociedad deseando pasar página. Totalmente. Tras años de represión, surgió la célebre movida madrileña y fue como una explosión de libertad salvaje. Hasta el alcalde de Madrid, el profesor Enrique Tierno Galván pronunció su recordada (y desafortunada) frase:

“Rockeros, el que no esté colocado, que se coloque”.

Todo valía. Y todo, incluía todo, lo bueno y lo malo. Por supuesto, ser soez, palabrotero y decir tacos en Televisión Española era lo más suave que hicieron algunos de estos rockeros a mediados de los ochenta. Igual que los últimos años del franquismo vivieron su destape particular, en los ochenta necesitábamos nuestro despelote general.

Y ahí, en ese preciso momento de nuestras vidas, que a mí me pilló en la adolescencia,  entraron los grupos de pop y rock españoles con sus letras transgresoras en busca de que te sangraran los oídos ante la aberración que acababas de escuchar. Mecano no pertenecía a estos grupos salvajes, sino al lado más light e incluso correcto (y aunque no venga a cuento, aprovecho para decir que yo detestaba su música entonces y ahora). En fin, Mi agüita amarilla, Te mataré con mis zapatos de claqué, Soy un macarra, soy un hortera, voy a toda hostia por la carretera, Lo estás haciendo muy bien, muy bien, muy bien,…

Alaska confesaba en otra canción cómo “loca de celos, decidió, tras apuntar la dirección” atropellar a su pareja porque “¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?” ¡Y no pasaba nada! Nos reíamos, nos dábamos codazos como diciendo “¡joer, mira lo que ha dicho este!” y todos felices. No había por qué escandalizarse, porque se podía decir lo que se quisiera con total libertad. Bueno, con Las Vulpes y su inolvidable (y espantosa) Quiero ser una zorra en La2 de Televisión Española se pasó el Rubicón de lo permitido.

Pues ahora, treinta años después, parece que no, que vuelve la censura. La atroz, intolerante y salvaje dictadura de lo políticamente correcto. Ya está en el lenguaje llamado inclusivo que nos intentan imponer con total ignorancia y desconocimiento, ya lo hemos visto en programas de televisión, se pretende obligar en el cine con la terrible censura de la inclusión Rider, y por supuesto no iba a ser menos con la música. Lo que más me ha sorprendido es que la nueva censura llegara del lado supuestamente progresista. De los mismos, además, a los que les parece intolerable la condena al rapero Valtonyc por sus canciones en las que animaba a disparar al Borbón, o a poner bombas en los cuarteles de la Guardia Civil. Flipo, alucino, me mofo, o como se diga ahora, la censura de lo políticamente correcto y “modelno” supera a todas las demás en intransigencia.

No voy a tratar de convencer a nadie, y menos a nadie que no alcance los veinte años de edad, como esta misma semana cuando conversaba con mi hija y sus amigas, así que me voy a subir al carro ganador y voy a hacer eso que tanto les gusta a los chicos de OT, “revisionismo histórico”, o “acomodación del pasado a las nuevas tendencias”, para lo cual, creo que no hay un grupo mejor en esos ochenta homófobos, racistas, machistas y… ah, y fachas (jajaja) que Siniestro Total, el grupo gallego de Julián Hernández, Germán Coppini y otros que no recuerdo. Los nombres no importan, serían también unos fachas. Como Joan Manuel Serrat, que también lo he escuchado en estos tiempos convulsos.

 

No puedo imaginarme a los profesores de OT diciendo: “A ver, chicos, esta semana toca preparar la canción Matar jipis en las Cíes”. Por supuesto, tras un par de soponcios en los concursantes y un escándalo que convertiría a los gallegos en trending topic nacional, los chicos deciden que la canción sobre asesinar a unos hippies en las Cíes debe convertirse en una bonita historia de amor homosexual, todo un canto fraternal de amor y convivencia plena en la Naturaleza. Aquí podemos comparar ambas letras:

Diapositiva1

El éxito de la versión sería tal que probarían a repetir con otra versión del mismo grupo. “Genial, chicos, vamos a hacerlo más difícil con esta otra, Hoy voy a asesinarte“. Por supuesto que hoy esa canción estaría prohibida, censurada, quiero decir, y se montarían debates sobre que es una incitación a la violencia de género y la cantidad de mujeres que han fallecido en estas décadas tras escuchar sus maridos esta (horrible para mi gusto) canción. Los chicos de OT reescribirían totalmente la letra, harían unos arreglos new age y la canción se transformaría en una bonita oda de amor en la que el hombre reconoce que es un machista impenitente educado en el heteropatriarcado más conservador:

 

“¡Estupendo!, las cifras de audiencia avalan nuestra propuesta por un revisionismo feliz, así que esta semana nos vamos a atrever con Ayatollah, no me toques la pirola“. El problema es que hay un concursante musulmán en el grupo y se considera que la canción es islamófoba y atenta contra el Islam, así que sería reescrita por los propios chavales en una versión que ensalzaría las bondades de esta religión. Además, es la moda, ¿no? El cristianismo es facha, y el Islam es progre:

 

Como decían los propios Siniestro Total en otro de sus discos, Ante todo mucha calma. Dejo ya de estrujar mis neuronas para recomponer unas letras que hoy en día pueden escandalizar a almas cándidas, pero a las que no movería ni una coma. Eran otros tiempos. Hace un par de años, en un programa de televisión recordaban un sketch de Martes y Trece que en su día tuvo mucho éxito: “Mi marido me pega”. Era terrible. Aparecía Millán Salcedo disfrazado de mujer con un ojo morado y repitiendo varias veces la famosa frase “mi marido me pega” acompañada por “¡sufro bucho!”. Le ponían el vídeo al Millán de hoy en día y su respuesta fue la lógica: “Estoy horrorizado”. Pero como él mismo recordaba, en aquellos años la gente le paraba por la calle, le decían lo que se habían reído y le pedían que lo repitiera. Y el sketch visto hoy en día no tiene ni puta gracia. Pero no lo vamos a cambiar. Ni vamos a quitar la escena del bofetón de Glenn Ford a Gilda, como pidió alguno esta semana. Ni vamos a censurar Lolita de Nabokov, ni ya puestos Romeo y Julieta, porque cada obra tiene su época, su tiempo y su contexto. Y las jóvenes brigadas censoras harían bien en comprenderlo.

Si os habéis reído de las letras, un saludo, ¡fachas!

Cara Lester

 

Con C de Caballé

Caballé1

El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo “nuestra” gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el “error” de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

Caballé2

No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que “hubiera un poco más de Catalán, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con “un extranjero”. Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como “la mejor soprano del siglo XX”, por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner “cedés”, aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

“La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera”. Y le faltaba añadir: “Y quien mejor la canta, soy yo”. Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

El Louvre de Abu Dhabi y otro modo de disfrutar el Arte

Louvre Abu Dabi4

Lester, 7/10/18

El pasado mes de agosto disfrutamos durante cuatro días del calor arrasador de Abu Dhabi, o Abu Dabi según recomienda la Fundeu, y de entre las muchas cosas interesantes que vimos, sin duda me quedo con el Museo del Louvre de Abu Dabi, inaugurado hace menos de un año, allá por noviembre de 2017.

Entrada Louvre Abu Dhabi

Como ocurre con tantas cosas en Abu Dabi y Dubái, el edificio suponía un reto casi imposible de realizar para los ingenieros que lo diseñaron. Lo primero de todo es el emplazamiento elegido, ubicado directamente sobre el mar, en la isla Saadiyat. Esta isla, cuyo nombre significa “isla de la Felicidad”, pertenece al distrito cultural de la ciudad y las autoridades pretenden convertirla en un polo de atracción para el turismo mundial. Llegará un día en que el petróleo se acabe, los ingresos del país caerán de modo drástico y los Emiratos pretenden construir un futuro que en unos años reciba millones de visitantes atraídos por el turismo. Tengo dudas de que lo consigan porque el clima no es nada benigno, sobre todo en los meses de verano, durante los cuales hace casi tanto calor como en Sevilla (a juzgar por las palabras de los sevillanos).

 

El Museo del Louvre de Abu Dabi fue diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel, autor entre otros de la Torre Agbar de Barcelona y el Hotel Puerta de América de Madrid. Su construcción ha llevado la friolera de diez años. Lo que llama la atención según te acercas a visitarlo es su inmensa cúpula metálica, como el enorme caparazón de una tortuga, o como un platillo volante que se hubiera posado sobre las 55 salas del museo. 180 metros de diámetro, casi nada, como dos campos de fútbol que es la unidad de medida que todos entendemos. La estructura metálica pesa 7.500 toneladas, más que la Torre Eiffel de París, y llama la atención porque parece estar levitando sobre el museo, flotando sin puntos de apoyo visibles.

La forma de las piezas que lo componen, unas estrellas geométricas que se encajan entre sí de modo que se sustentan mutuamente, consigue un doble efecto: el juego de luz natural que pasa a través de las mismas y dibuja curiosas formas sobre el patio del museo, y el paso del aire. Resulta sorprendente que, con 45 grados en el exterior, la temperatura sea bastante agradable en el patio interior del museo, y no es por el aire acondicionado, sino por las corrientes de aire natural que circulan por él.

Louvre Abu Dabi2

El museo tiene 24.000 metros cuadrados de superficie y no tengo claro el coste de construcción del mismo porque he leído cifras dispares según la página consultada, pero parece que hay un cierto consenso que lo sitúa entre los 500 y los 650 millones de dólares. A este importe hay que añadir los 400 millones de dólares que el gobierno de Abu Dabi pagará a Francia por el uso del nombre Louvre durante los próximos 30 años, y otra serie de cantidades por la cesión de obras, la realización de exposiciones temporales y el patrocinio de una sala en el Louvre de París por otros 25 millones de dólares anuales. Se habla de un proyecto de más de 1.000 millones de dólares. Será por dinero.

Louvre Abu Dabi3

El Louvre de Abu Dabi no puede competir con los principales museos del mundo en cuanto a número y calidad de obras artísticas. Para hacernos una idea, el museo tiene apenas 630 piezas entre pinturas y esculturas, un número ridículo en comparación con las más de 35.000 del Museo del Prado o del Louvre original de París (más de 440.000 contando las obras almacenadas). Sin embargo, la visita guiada se organiza de un modo muy inteligente para contarnos la historia de la Humanidad a través del arte. Amena, didáctica, pasando de “caja” en “caja”, o de sala en sala bajo esa cubierta aterrizada de otra galaxia.

Distintas épocas de la historia, diferentes culturas, encontrando curiosos paralelismos entre máscaras de Persia, China y Túnez, o entre pinturas realizadas en Europa, Jordania o Japón. Como contaba nuestra guía, una joven jordana, se pretende contar la historia universal destacando las influencias entre culturas de países muy alejados entre sí, lo que demuestra que en algún momento concreto a lo largo de los siglos sus caminos se cruzaron.

El museo muestra piezas tan antiguas como la Estatua de dos cabezas encontrada en Jordania y situada en el 6500 a.C., o tan modernas como la (espantosa) Fuente de luz del artista chino (artista maldito en su país) Ai Weiwei, de 2016. Leonardo da Vinci, Tiziano, Picasso, Delacroix, la madre de Whistler, o incluso un emborronado Pollock, perdón por la redundancia, en una muestra escueta, pero completa. Si algo no parecía arte, sino una vulgar provocación, nuestra guía no tenía problema en mencionarlo. Todo ello a lo largo de un recorrido repleto de referencias a movimientos migratorios, desplazamientos de poblaciones, y con ello de culturas, hasta finalizar en la sala del siglo XXI con el concepto de “aldea global”.

 

La cesión de obras por parte del museo del Louvre de París trajo una oleada de críticas en Francia, quejas de ciudadanos indignados por la cesión de sus dirigentes a los millones de dólares de los jeques. Pues yo lo disfruté como pocas veces he podido disfrutar en un museo. Sobre todo porque pude admirar las obras con calma, con tiempo, sin agobios, con explicaciones directas de una guía con la que podíamos conversar tranquilamente.

He ido tres veces a París y nunca he intentado ir al Louvre. Por las colas, las aglomeraciones y porque no sé si es el mejor modo de disfrutar una obra de arte. Sé de gente que se ha pasado horas para ver la Mona Lisa y luego ha salido decepcionada. Un cuadrito pequeño, que ni siquiera es especialmente atractivo, y dándote codazos para tratar de apreciar durante unos segundos la genialidad de Leonardo Da Vinci. Sí he estado en la Capilla Sixtina, un sitio que debiera haber sido para mí una experiencia sublime y fue infernal, pues recibí más empujones por la espalda en quince minutos que en veinte años pegándome en la zona de una cancha de baloncesto. Los agobios de gente mirando al techo y sacando sus absurdas tablets me hicieron recordar la genial frase de Frank Drebin en una de las pelis de la saga Agárralo como puedas:

“Ojalá llegue algún día en que podamos visitar los museos de nuestro país sin encontrarnos un solo japonés”.

Hay algo de fetichista o de esnob en ese modo de disfrutar del Arte. “He visto la Mona Lisa original, ¡oooh!” Durante unos segundos mientras un tipo te plantaba un móvil en la cara. Por internet podemos encontrar documentales espectaculares sobre la Capilla Sixtina, o aplicaciones para ver cada detalle de la obra maestra de Miguel Ángel. Con todo lujo de detalles, con una iluminación perfecta, con la explicación de todo, incluso de esas cosas que jamás se te habría ocurrido preguntar. Y sin japoneses atizándote en las costillas. Guggenheim Abu Dhabi

Abu Dabi, Dubái y los Emiratos en su totalidad ya están pensando en un mañana sin petróleo, y el Arte puede ser un foco de atracción del turismo tan importante como los parques temáticos que se han construido en la zona. En la misma isla de Saadiyat se está finalizando el museo Guggenheim y existía un proyecto para abrir una sucursal del British Museum que finalmente se ha cancelado.

Para mí, la visita fue una maravilla por todo, el edificio, el emplazamiento, la muestra en sí, la visita guiada y por haber podido disfrutar como pocas veces de la contemplación de una o varias obras de arte.