Amigas del Reciclaje en Piura

Quizás no haya mejor semana que la actual, con la Cumbre del Cambio Climático en Madrid, para ceder este blog a una nueva colaboradora con una historia emocionante que contar. La autora de este texto, Sara Marín, es Licenciada en Ciencias Ambientales, con un Máster en Gestión sostenible de los residuos, y actualmente trabaja como Jefa de Producción en Valoriza Servicios Medioambientales. Todo su conocimiento y su amplia experiencia, al igual que sus ganas, fueron de gran utilidad en un país como Perú en el que la gestión de los residuos es totalmente diferente. 

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Después de dieciséis horas de vuelo, llegamos a Piura, una ciudad al norte de Lima. Era de noche y la diferencia horaria respecto a España ya se hacía notar. A pesar del cansancio, las cuatro estábamos ilusionadas porque por fin había llegado nuestro ansiado viaje y allí estábamos, frente a la representante de Ayuda en Acción, hablando de nuestras futuras semanas de trabajo en Perú.

El 27 de marzo de 2017, Piura quedó totalmente inundada por el fenómeno del Niño, agravado por el efecto del Cambio Climático, lo que produjo que el río de la ciudad con el mismo nombre se desbordara, arrasando cada calle, cada casa, escuelas, comercios e incluso vidas humanas.

El distrito de Cura Mori, donde se centra nuestro proyecto, fue de los más castigados por este fenómeno. Uno de los motivos por los que los canales del río no pudieron hacer frente a las grandes lluvias, se debió a la gran cantidad de residuos depositados en él, haciendo que en varios puntos se obstaculizaran parte de estos canales. Cuando el nivel de alerta establecido llegó al máximo, numerosas familias fueron desplazadas a zonas seguras.

Gracias a las fundaciones Proyecto Peruanos, Centro de Estudios y Prevención de Desastres-Predes, Ayuda en Acción y la Universidad de Piura, se crearon albergues temporales para la población afectada, dando comienzo al proyecto “Reconstruyendo vidas: Nuevo comienzo de familias desplazadas en Cura Mori”, el cual cuenta con el apoyo de la Unión Europea.

Actualmente, Ayuda en Acción colabora con estos ciudadanos asesorándoles para la producción y comercialización de sus productos locales, permitiendo ingresos económicos para sus familias y favoreciendo una economía local. De este modo, existe un vivero, poseen ganados y cultivos de banano, además de un tanque de agua potable, letrinas ecológicas e incluso un pequeño molino de viento para generar energía eólica.

Tras varios días de conocer cada uno de los proyectos en los que trabaja esta ONG, a nosotras solo nos quedaba resolver una pregunta: ¿Cuál sería nuestra labor como voluntarias? Y aquí comenzó nuestra experiencia…

Los primeros días nos reunimos con la Municipalidad de Cura Mori, que en España sería lo equivalente a un Ayuntamiento. Tras varias reuniones, conocimos a sus tenientes municipales, sus líderes comunales y algunos de sus ciudadanos. Escuchamos sus historias, sus opiniones sobre la situación en Cura Mori después del desastre y nos comentaron los avances que se habían realizado. A pesar de ello, el distrito seguía rebosante de todo tipo de residuos por sus alrededores y parte de ellos se vertían en la zona del río o eran quemados, originando gases tóxicos. Parecía que nadie era consciente de que la situación que provocó que hace unos años numerosas familias tuvieran que desplazarse, siguiese vigente en ese momento, porque seguían ensuciando su apreciado distrito y contaminándolo.

Sin embargo, el día que las conocimos, nos dimos cuenta que no todo estaba perdido. Nuestras protagonistas son seis mujeres, que actualmente, siguen luchando por mejorar la situación en Cura Mori. Sus nombres son Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita. Recuerdo el día que las conocimos. Estaban muy calladas y tímidas, pero con el paso de los días nos demostraron que son unas personas maravillosas, cariñosas y muy amables, con un corazón enorme y lo más importante de todo, mujeres valientes por querer cambiar las cosas.

Cada día, estas mujeres se levantan muy temprano para realizar las tareas de la casa y cuidar de sus familiares. Cuando terminan se visten con sus uniformes y salen a la calle con una sonrisa para comenzar a recolectar los residuos de sus vecinos. La Municipalidad ha creado un sistema de recolecta donde puede colaborar cualquier ciudadano. Por tanto, el hogar que quiera colaborar está señalado con una pegatina en la puerta. Cada familia debe almacenar sus residuos hasta el día de la entrega a nuestras seis mujeres. Finalmente, las personas que participan en este sistema de recolecta son premiados por parte de la Municipalidad con un incentivo. El problema que existe es que se premia igual a una familia que haya recaudado una gran cantidad de residuos, como a otra que simplemente haya recaudado, por ejemplo, una lata. Igualmente, mediante esta práctica, los ciudadanos no están concienciados, ya que muchos de ellos nos comentaron que reciclan porque les recompensan con el incentivo.

Para recolectar, nuestras mujeres se dirigen andando a aquellas casas que tengan la pegatina, haga frío o calor, con una bolsa de grandes dimensiones que utilizan para guardar cada uno de los residuos. Las bolsas se llenan de residuos de todo tipo (latas de conservas de comida y botellas donde se almacena lejía, aceite o agua, entre otros) y cargan en todo momento con ellas a la espalda. Una vez que están llenas, las cierran con sus propias manos, con trozos de tela de ropa vieja, teniendo cuidado de no lastimarse puesto que hay residuos cortantes y oxidados.

A través del esfuerzo de estas mujeres, se reciclan gran cantidad de elementos y se evita que estos lleguen al vertedero o sean depositados en las calles o a las afueras de los municipios. Posteriormente, las bolsas son llevadas en vehículos pequeños a una nave de la Municipalidad. Cuando hay un gran número de bolsas almacenadas, estas mujeres arrojan los residuos al suelo y con sus manos desprotegidas comienzan a separar cada elemento por tipo de material. De esta forma, cada bolsa contendrá un tipo de residuo que posteriormente será vendido al reciclador. Un porcentaje de la venta le corresponderá a la Municipalidad y otro a las mujeres.

A nosotras nos sorprendió que no les proporcionaran guantes, mascarilla o botas para realizar todas estas tareas. Muchos de los residuos contenían líquidos peligrosos y lixiviados o incluso, cuando los vertían sobre el suelo, emanaban ciertos gases debido a la descomposición de los mismos. También sorprendía la gran cantidad de residuos plásticos que se generan, siendo un distrito que se caracteriza por su ganadería y donde el compost podría ser un producto local a vender.

Después de analizar todas las cosas positivas y negativas tras una semana de trabajo, nos pusimos a trabajar en las oficinas de Ayuda en Acción en Piura y junto con la ayuda de nuestros compañeros, las cuatro comenzamos a organizar un Plan de Comunicación. Este Plan promueve al máximo el reciclaje y la reutilización, incluyendo objetivos sociales, económicos y ambientales.

Por tanto, los objetivos específicos son ocho, a través de los cuales se establecen unas acciones en función de sus características. Los principales objetivos consisten en realizar una caracterización de los residuos generados en Cura Mori y un estudio de mercado para conocer las alternativas ante empresas compradoras de residuos. En este proceso se debe involucrar a las mujeres y a través de la ONG, enseñar los conocimientos adecuados para que tengan una formación empresarial y un poder de negociación. Además, es importante que tengan un nombre profesional y que se integren en las acciones de la Municipalidad para reforzar su prestigio en la Comunidad. El nombre elegido ha sido “Agente Ambiental” y la asociación se ha denominado “AMAR” (Asociación de Mujeres Amigas del Reciclaje). También creamos un logo, el cual se incorporaría en la ropa que constituye el uniforme de estas trabajadoras. Todas estas acciones son útiles para devolver la dignidad a unas mujeres cuya autoestima se encuentra un tanto afectada, tanto por su condición de mujeres en una sociedad en la que no lo tienen sencillo como por dedicar su tiempo a recolectar y tratar los residuos de sus vecinos.

Otro de los objetivos a tener en cuenta es la reorganización del sistema de incentivos, de tal forma que se haga mediante incentivos graduales y el establecimiento de un mínimo de residuos a entregar. Del mismo modo, se impondrán sanciones en función de diferentes aspectos ambientales, es decir, ruido, depósito de residuos en el suelo o quemas de los mismos perjudicando la calidad del aire, etc.

Después de ver las condiciones en las que trabajaban nuestras seis mujeres, sería necesario que les proporcionaran equipamientos de protección individual adaptado a las necesidades del trabajo y mesas adecuadas para realizar la separación de los residuos, e incluso, una báscula para pesar las bolsas llenas antes de entregarlas al reciclador.

Finalmente, de cara a un futuro, es muy importante que no solo la Municipalidad reconozca el trabajo de estas seis mujeres, sino que sus propios vecinos y ciudadanos de otros distritos conozcan el esfuerzo que requiere su trabajo y las ganas que tienen para seguir luchando por mejorar la situación de Cura Mori. Por este motivo, se decidió que sería buena idea crear un concurso en el que se premie el barrio más limpio y aquel que más residuos reciclables proporcionase a las Agentes Ambientales. También se decidió crear talleres educativos, donde se realizasen juegos para niños y jóvenes destinados al cuidado del Medio ambiente. En el transcurso de estos concursos, se aprovecharía para generar espacios de diálogo con sus vecinos, hacer publicidad de su labor como Agentes Ambientales y captar nuevas asociadas.

Durante nuestro último día en Cura Mori, tuvimos una reunión con la Municipalidad, las mujeres y Ayuda en Acción, donde les transmitimos todos los objetivos nombrados anteriormente, y les mostramos imágenes de cada día de trabajo junto a ellas. Sé que hicimos un buen trabajo, porque cada miembro de la Municipalidad nos agradeció enormemente todo el esfuerzo realizado en tan solo unas semanas. Ahora sí que estaban concienciados para que la situación en Cura Mori cambiase y estaban dispuestos a ayudar a estas mujeres en todo momento.

La noche de antes de coger el avión para iniciar nuestro retorno a España, las cuatro comenzamos a preguntamos si realmente había servido nuestro trabajo como voluntarias. Siempre sientes que es muy poco lo que se ha hecho, bien porque la estancia en el país ha sido corta o porque hay tantas cosas que cambiar que se requieren años para ver los resultados. El día de la despedida nos dimos cuenta que todo lo que habíamos hecho tenía su recompensa. Entre lágrimas en los ojos y con una sonrisa en sus mejillas, Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita nos comentaron que gracias a nosotras habían vuelto a sentir confianza en ellas mismas y les habíamos dado las fuerzas que necesitaban para seguir adelante. Nadie en tan poco tiempo les había dado tanto cariño, y a nosotras nadie nos había dado tanto amor en tan solo unas semanas. Lo mismo ocurrió con nuestros compañeros de Ayuda en Acción y con los tres voluntarios que conocimos durante nuestra estancia. No solo conoces a personas, sino que creas un vínculo tan fuerte con ellas que sientes que formas parte de una familia. Clara, Flor, Jesús, Xavier, gracias por todos los momentos compartidos, un trocito de nosotras está en Piura y estoy segura de que nuestros caminos se volverán a cruzar. Maider, Ruth y Alex, muchas gracias por conseguir que este proyecto siguiera adelante, esperamos encontraros en otro voluntariado donde volver a trabajar juntos.

A día de hoy, seguimos recibiendo vídeos y fotos sobre el avance del proyecto. Han mejorado mucho las cosas gracias al apoyo de Ayuda en Acción. Las mujeres tienen uniformes nuevos, una báscula para pesar los residuos y conocimientos para saber negociar con los recicladores. Los talleres educativos fueron un éxito, los niños estaban encantados participando y jugando, y se han realizado dos concursos entre Comunidades.

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Es muy bonito saber que has formado parte de algo y que, gracias a tu decisión de dedicar unas vacaciones y un dinero a un proyecto de voluntariado, se ayuda a personas que lo necesitan. No solo se les ayuda durante tu estancia en el lugar del proyecto, sino en compartir momentos con ellas, hacerles ver que te importan y que has recorrido kilómetros de distancia solo para estar a su lado. Disfrutar de conocerlas y que, a la vez, esas personas te ayuden a ti, cambiando tu mentalidad y viendo qué cosas realmente son importantes en la vida.

Las cuatro sabemos que nos llevamos un regalo enorme y ese regalo son todos los recuerdos que hemos vivido, en un país diferente, con personas diferentes, en una cultura diferente, pero con objetivos comunes, luchar para cambiar todo aquello que sea necesario y conlleve una mejora.

Porque….

“Mucha gente pequeña,

en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas,

puede cambiar el mundo”

(Eduardo Galeano)

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Equipo de voluntarias de Ayuda en Acción en el proyecto de Piura: María Santillán O’Shea, Inmaculada Bonvehi Baro, Sara Marín Martínez y Marina Fernández Estacio.

Vínculos solidarios

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MABÚ, 08/11/19

Cuando escuché por primera vez la expresión “Vínculos Solidarios” en una de las reuniones de formación previas a nuestro viaje como cooperantes a Ecuador, pensé que era una expresión más de ese lenguaje políticamente correcto que escuchamos constantemente de boca de políticos (valga la redundancia), formadores, periodistas y profesionales de los medios. Una de estas frases comodín que encajan bien en cualquier contexto y en las que cabe todo lo que te puedas imaginar y más.

Poco después descubrí que el proyecto educativo en el que había elegido participar como voluntaria, formaba parte de ese entramado de actividades que se incluían bajo el paraguas de “Vínculos Solidarios”. Pero lo mejor vino casi dos meses después cuando, ya sobre el terreno,  pude comprobar de primera mano la razón por la que el proyecto educativo que Ayuda en Acción realiza junto con el socio local FEPP (Fondo Ecuatoriano Populorum Progresio) merece llevar la etiqueta con mayúsculas de Creador y Sostenedor de Vínculos solidarios a lo largo y ancho del valle del Chota.

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LA ESCUELA DE DERECHOS HUMANOS

Para empezar, sorprende que todo el programa se estructure a través de la Escuela Permanente de formación de Derechos Humanos desde donde se elaboran distintas propuestas sobre diversidad, identidad, educación, sociedad, cultura y escuela para padres. Estas propuestas se presentan posteriormente a las autoridades de las distintas comunidades para obtener su apoyo.

La escuela cuenta con la participación de 85 jóvenes voluntarios, así como de un grupo de  defensores comunitarios, y una red de jóvenes que participan en diversas actividades de formación. Todos ellos pertenecen a las 34 comunidades de la zona y el proyecto cuenta con apoyo y avales académicos e institucionales.

 

Los grupos de vecinos de la zona constituyen las Defensorías Comunitarias de Salinas, Carpuela, Ambuquí y Cuajara, elaborando las propuestas de Ordenanza Municipal de Pueblos y Nacionalidades que luego presentan a los concejales y al alcalde del Cantón Ibarra para su aprobación. Esta ordenanza permite mayor protección de los derechos de las minorías afro e indígenas.

Además se realizan campañas de difusión del rol del Concejo Cantonal de Protección de Derechos y las Defensorías Comunitarias en las comunidades del territorio, para que las personas conozcan donde pueden acudir para restituir derechos vulnerados. De esta forma todos estos conocimientos contribuyen a evitar maltrato, abusos y defender los derechos de los niños, niñas y adolescentes.

Los jóvenes voluntarios se reúnen semanalmente durante el curso, en diferentes puntos de encuentro. Allí reciben formación, realizan exposiciones, socializan y comparten experiencias. Analizan la convivencia en sus comunidades y estudian las rutas y protocolos de atención en caso de vulneración de derechos.

En nuestra estancia como cooperantes tuvimos la oportunidad de asistir al Encuentro de jóvenes que tuvo lugar un fin de semana de Agosto en la ciudad de Ibarra. Jóvenes provenientes de las distintas comunidades se reunieron para reflexionar sobre derechos y convivir en una acampada en la que la diversión, la música y el trabajo fueron los principales ingredientes. Las dinámicas de equipos y charlas sobre temas como la sexualidad o liderazgo que tenían lugar durante el día, daban paso a veladas de juegos de grupo en los que valores y derechos eran el común denominador. La importancia de vivir en comunidad, la protección del más débil, la igualdad de género, y el respeto a las diferencias y a las minorías, se podían experimentar con juegos como el de proteger tu globo como si fuera tu vida.  Juego en el que la clave de supervivencia está en no aislarte y huir con tu globo, sino unirte al grupo para tratar de protegerse los unos a los otros frente al equipo al que toca pinchar globos.

 

Las tiendas de campaña, la música, la hoguera y el baile hasta la madrugada, sin duda unen y nutren estos encuentros de jóvenes con alegría, energía y buenas intenciones para seguir con su labor en la tan necesaria Escuela de Derechos. Me gustaría destacar también la labor de nuestra compañera Rosa Lara, que con su esfuerzo y dedicación se encarga de la coordinación del trabajo de los distintos miembros integrantes de esta red de jóvenes y no tan jóvenes.

LOS CAMPAMENTOS VACACIONALES

De forma paralela se trabaja con los más pequeños: 635 niños, niñas y adolescentes de 13 comunidades que participan en campamentos vacacionales y clubes recreativos, donde conocen sus derechos, obligaciones y valores por medio del juego.

Participar y colaborar en estos campamentos vacacionales fue nuestra principal función como cooperantes. Allí pudimos comprobar cómo se está dando prioridad a los derechos del Agua, Alimentación, Salud, Participación y Recreación.

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Derechos escritos con mayúsculas a propósito por su especial importancia en una zona donde el Agua potable no llega a los grifos de la mayoría de las familias, donde aún hay casos de niños en situación de malnutrición y donde algunos niños no pueden participar en actividades de juego y esparcimiento por tener que colaborar en casa ayudando a sus familias con diversas tareas domésticas y del campo.

Mi experiencia con Isabel Folleco, encargada de gestionar, coordinar, visitar e impartir todos estos campamentos y clubes de actividades recreativas y de formación en las diferentes comunidades de la zona, fue fantástica. Es admirable conseguir que estas actividades tengan lugar en un área tan dispersa geográficamente. Sin embargo, cuando descubres lo necesarias que son para la vida de los pequeños, entiendes que los kilómetros de distancia que cada mañana hay que recorrer para llegar hasta ellos han merecido la pena.

Isabel nos recoge bien temprano en su camioneta, hoy toca visitar dos comunidades lejanas, en el asiento del copiloto está su mochila negra, rotuladores, cartulinas y materiales diversos, “¿qué jueguito haremos hoy?” La verdad es que no importa mucho. Lo fundamental es que hoy dejaremos una huella en el corazón de un grupo de niños que estará esperando en la plaza de su comunidad a que lleguemos y propongamos algo diferente que hacer. Una canción, un juego de palmas, en parejas, la zapatilla por detrás, jugar a tulipán o hacer volar nuestro paracaídas multicolor. Por grupos proponemos crear un mural y cada grupo se encarga de exponer algún tema, la importancia de la familia, por qué vamos a la escuela, cómo podemos aprovechar y no desperdiciar agua…. Y para terminar y antes de despedirnos compartimos un refrigerio saludable, una banana, un pepino dulce….

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El conjunto de nuestra visita semanal, o quizás quincenal en esa comunidad lejana, deja huella en cada pequeño; desde el polvo levantado por nuestra camioneta al llegar, hasta el aroma del pepino dulce antes de la despedida. Isabel va dejando huella en su camino, pisa fuerte donde va, y busca aliados, vecinos que reúnan a los niños y repliquen sus actividades cuando ella no está. En algunas comunidades ya se han constituidos clubes de derechos y deberes de los niños donde vecinos voluntarios y jóvenes siguen las directrices de Isabel, sobre todo en periodos vacacionales en los que los niños están más ociosos.

En la comunidad de Ambuquí acudimos a la clausura del Campamento Vacacional que se celebró la primera quincena de Agosto.  Las autoridades de la comunidad estuvieron presentes en los juegos organizados para los niños y aplaudieron su participación haciéndoles sentir importantes dentro de la comunidad.

En el barrio de Dos Acequias y en Mascarilla existe el “Club de Derechos y Medio Ambiente”, y en las comunidades de Cuajara, San Luis y Santa Ana se creó el “Club Jugando y Aprendiendo mis Derechos”.

En la bonita comunidad de Monte Olivo asistimos a varios talleres y charlas donde los pequeños hacen manualidades, aprenden a usar un ordenador y por supuesto reciben formación sobre derechos, deberes y obligaciones de los niños.

 

Incluso en Salinas se enseña a jóvenes y niños a bailar la danza típica de la zona, “La bomba”, dentro de las actividades de un “Club de Derechos y Danza”.

Está claro que la distancia no es obstáculo cuando el premio es la gratitud y sonrisa de los niños ante estas visitas llenas de buenas intenciones. Y está claro que las huellas que deja Isabel con sus visitas son las que alimentan la creación de esos clubes y asociaciones que buscan perpetuarlas en cada comunidad.

Pero lo que de verdad está claro es que tanto el trabajo de Rosa como el de Isabel merece llevar con mayúsculas la etiqueta de CREADOR Y SOSTENEDOR DE VÍNCULOS SOLIDARIOS.

 

LESTER:

Este texto de Mabú, siendo magnífico, no es sino una pequeña parte de lo que vimos y vivimos en terreno, pueblos acogedores, niños educados y cariñosos, jóvenes comprometidos. Vínculos solidarios es uno de los capítulos del libro Aguafiestas que estamos a punto de publicar, tal como prometimos a los colaboradores de la campaña de recaudación de fondos para financiar los filtros potabilizadores de agua que distribuimos por el valle de Chota Mira. Ya queda menos, paciencia, que volvemos a nuestros quehaceres diarios y nos absorbe el tiempo, la rutina, las obligaciones,… Pero llegará, justo a tiempo para el que quiera hacer un regalo de navidad solidario.

La primera vez, por Lester

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Para todo hay una primera vez, sin duda la que más cuesta, pero también la que más se recuerda. Luego podrá haber una segunda, tercera y cientos o miles de veces más, pero la primera es especial. Para todo.

Nadie olvida la primera vez que “lo hizo”, que mantuvo relaciones sexuales, ya fuera gloriosa o desastrosa, en el asiento trasero de un coche, en un hotelazo o de modo furtivo aprovechando que sus padres no estaban en casa. Cuesta mucho esa primera vez, hay que superar muchas dudas, barreras mentales, pero la segunda es más sencilla, y la tercera más aún, y la cuarta, etc. y las demás ya llegan rodadas, al menos hasta que se alcanza cierta edad en que vuelve a costar de nuevo, pero esa es otra historia de la que no he venido a hablar hoy.

Hace tiempo hablaba con un colega de trabajo sobre el hartazgo que teníamos debido a la corrupción, por los chorizos que nos dirigían y nos rodeaban. Hablábamos de los chorizos que salen en la tele, dirigiendo en ayuntamientos o metidos a diputados, pero sobre todo de algunos sinvergüenzas a los que habíamos pillado en nuestra empresa. “¿Cómo se puede llegar a esto?”, sobre todo cuando tienes un buen puesto, con un salario alto y un cierto reconocimiento profesional, “¿qué es lo que mueve a esta chusma?”. Decía mi compañero que “meter la mano en la caja debe ser como poner los cuernos a tu mujer: hay una raya que cuesta muchísimo atravesar por primera vez, pero una vez que lo has hecho, y si encima ves que no te pasa nada, que no hay consecuencias, repites”.

Porque lo ven fácil, porque anhelan lo que hay al otro lado de la raya, ya sea la pasta o una mujer espectacular, o porque su ausencia de moral les impide tener el más mínimo remordimiento o pensar en las consecuencias de sus actos. Supongo que tras la primera vez estos tipos buscan la autojustificación, como la vimos en aquellos caraduras a los que pillamos robando, “la empresa me había prometido tal cosa”, “era para tal historia” o como harán los de los cuernos, “estoy pasando un mal momento”, “mi mujer no me hace caso”. En muchos de estos casos, además, los autores se sienten impunes, he robado o me he acostado con tal o cual mujer, y no ha pasado nada, así que nada me impide hacerlo de nuevo. Y esa falta de consecuencias o represalias lleva a una segunda vez, mucho más fácil, y la tercera lleva a la cuarta, y tras esta pasan a incorporarlo a sus rutinas.

Esa raya invisible tan difícil de traspasar (imposible en mi caso) existe para otras muchas cosas en esta vida, como para matar a alguien o para lanzar adoquines a la policía. ¿De qué manera consiguió ETA que tantos jóvenes terminaran empuñando una pistola para pegar tiros en la nuca a policías, guardias civiles o concejales? ¿De qué manera les lavó el cerebro para que veinteañeros cambiaran los hobbies propios de su edad como el deporte, salir de noche o las chicas, por incendiar autobuses o poner coches bomba?

Reflexionaba sobre este tema hace unos días al ver las imágenes salvajes de las algaradas callejeras en Barcelona. La kale borroka exportada del País Vasco, qué pena. Vi a esos comandos perfectamente organizados del tsunami violento incendiando contenedores, destrozando bordillos y cargando los adoquines en carritos del supermercado para lanzarlos a continuación a la policía. No debe ser fácil lanzar una piedra a la policía, la primera. Pero ya vimos en directo y en prime time que lanzar doscientas es sencillo.

“¿Cómo se ha llegado a esto?”, comentábamos mi mujer y yo. La estrategia de la gradualidad, de ir poco a poco metiendo el veneno en la cabeza de esos chicos, primero en la escuela, luego en la universidad, ahora firma este manifiesto, ahora vamos a protestar a esta plaza, hoy cortamos esta carretera, mañana impedimos que abran los comercios. Sé que fueron cientos de miles los manifestantes, igual que en su día lo eran en el País Vasco, y que los violentos constituyen un porcentaje menor, pero el veneno está ahí. Los más frágiles de mente o los más manipulables son los que se convierten en los tontos útiles, en “los chicos de la gasolina” de Arzallus o en los violentos CDR del independentismo radical. A unos les convencieron de disparar un arma y tras la primera vez se convirtieron en asesinos multi-reincidentes. A los otros les han convencido de que atentar contra la autoridad estaba bien, que destrozar una ciudad que era una maravilla  es lo mejor para su proceso de “construcción nacional”. Que montar explosivos con cloratita es parte del mismo. A ver quién suelta el primero, porque luego vendrán más.

¿Cómo se ha llegado a esto? En Vencedores o vencidos, la gran película de Stanley Kramer sobre los juicios de Nuremberg, el alegato final del juez nazi Ernst Jannings, papelón interpretado por Burt Lancaster, es estremecedor, desgranando las tropelías del régimen mientras ellos miraban hacia otro lado. Un pueblo culto como el alemán, preparado, formado, toleró lo que estaba ocurriendo:

Pero igual de estremecedor resulta su breve diálogo con Spencer Tracy, confesando su culpa y mala conciencia. La respuesta de Tracy es demoledora:

– Señor Jannings, se llegó a eso la primera vez que usted condenó a muerte a un hombre sabiendo que era inocente.

 

 

Agua o fútbol, por Lester

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Cuando organizas un viaje como el que estamos haciendo estos días por Ecuador, planificas los pocos días que te quedan después del voluntariado para ver qué zonas visitar o qué merece la pena recorrer, pero no buscas demasiada información sobre la zona en la que se va a desarrollar el proyecto, entre otras cosas porque, al no ser una zona turística, no hay demasiada. Te interesas por formarte sobre los filtros, por cómo afrontar el trabajo de explicación y difusión, por el crowdfunding, por visitar a la niña que tenemos apadrinada en la zona si fuera posible (¡y ha sido posible!), pero no sabíamos del valle de Chota Mira más que los informes periódicos que nos manda Ayuda en Acción.

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El valle de Chota Mira está al norte de Ecuador, en la provincia de Imbabura, que tiene el mismo nombre del impresionante volcán que se divisa casi desde cualquier punto de este área. Este país se organiza en cantones, parroquias y comunidades, que vienen a ser como nuestras mancomunidades y pueblos. Hay 34 comunidades dispersas por el valle de Chota Mira, que tiene unos 45 kilómetros de largo, por solo 4 de ancho en su parte más amplia, todo ello entre impresionantes montañas de la cordillera andina. El paisaje es muy variado, seco en algunas zonas y un vergel impresionante en otras, con el río Mira atravesándolo del sudeste al noroeste de la región.

Nuestro trabajo consiste en visitar estas comunidades y desarrollar ambos proyectos, el de las escuelas y el de la distribución de filtros. Los trabajos están perfectamente organizados por el equipo de Ayuda en Acción y el FEPP (Fondo Ecuatoriano Populorum Progresio) en Mascarilla, perteneciente a Mira. Salimos temprano por la mañana y visitamos las comunidades que tenemos en la planificación: Cuajara, Monteolivo, Ambuquí, La Victoria, San Vicente,… La ONG local ha organizado las visitas previamente con cada comunidad para reunir al mayor número de familias o representantes de las mismas en algún local en el que podamos explicar la importancia del consumo de agua segura, limpia y purificada, en lugar del agua de grifo (“agua de llave” que dicen aquí) de mala calidad y contaminada que reciben en muchos de estos lugares. 

Llegamos, descargamos nuestros filtros y nos reciben primero con expectación, luego con cierto aburrimiento mientras explicamos el sistema, para dar paso a la sorpresa al ver el cambio del color del agua en los vasos, y en algunos casos la ilusión por ver y entender que esta sencilla solución puede mejorar de modo considerable sus condiciones de vida. No es sencillo explicar las cosas aquí y a veces el idioma, aunque parezca una paradoja, juega en contra de nuestras intenciones. Las palabras no son las mismas y aunque creamos que nos han entendido todo, “ustedes los españoles hablan muy rápido” y no hay que dar las cosas por hechas, así que repetimos pacientemente y hasta de modo individual las explicaciones para asegurarnos de que la persona que recibe el filtro va a saber utilizarlo para que le dure los diez años que aproximadamente tienen de vida útil.

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El trabajo de organizaciones como Ayuda en Acción y el FEPP es encomiable, actuando en varios campos para promover la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, un tanto abandonados por las autoridades gubernamentales. En el tiempo que nos queda tras acabar nuestros trabajos, visitamos varios proyectos de emprendimiento local que cuentan con el apoyo de ambas organizaciones, como plantaciones de mangos o aguacates, una piscifactoría de tilapias, una asociación de criadores de cabras reconvertidos a nuevos productores de leche y queso de cabra, una empresa de turismo de aventura que nos permitió hacer canopy (una tirolina espectacular a sesenta metros de altura), o una pequeña artesanía local que intenta recuperar las máscaras africanas, origen del que son los ancestros de la mayoría de los habitantes de esta zona.

Una de mis primeras sorpresas al llegar a algunas comunidades es que parecían imágenes de gente y barrios de África, origen del que empiezan a mostrar el orgullo en canciones como las de algunos grupos locales que hemos tenido la suerte de escuchar estos días.

El otro ámbito en el que se trabaja con especial empeño desde las ONG es en el de los derechos de sus ciudadanos. Se trabaja y se insiste de un modo que nos sorprendió inicialmente en temas de igualdad y solidaridad, pues su población ha sufrido una doble discriminación, por la raza y por el sexo. Muchas mujeres quedan embarazadas antes de los dieciocho años, o son abuelas antes de los cuarenta y se ven a cargo de todas las labores de la familia con varios niños a su cargo, pues además son abandonadas en muchos casos por los padres de las criaturas. Cada vez que entregamos un filtro o preguntamos a los niños por sus padres, nos encontramos con este tipo de historias. Padres que no conocen o que viven en Quito, en Ibarra o incluso en Madrid o Barcelona, padres de los que no saben nada en muchos casos. Espero que las compañeras del otro proyecto nos cuenten sus vivencias en este mismo blog en breve.

El círculo de acción de la ONG se cierra con los vínculos solidarios con España, con los apadrinamientos o auspiciamientos de los 1.800 niños de estas comunidades que tienen un padrino en España, como es nuestro caso, que nos permite poner cara a la ayuda y propician los fondos para el desarrollo de todas estas actividades. Todos estos proyectos piensan en el medio y largo plazo porque inciden de pleno en lograr un cambio de mentalidad de la población. Hay que pensar en el mañana, no solo en las necesidades básicas de hoy, hay que mejorar la economía local hoy para que vuestros hijos vivan mejor mañana, hay que pensar en el agua limpia y en la educación para tener una población más sana y formada. Tan simple, tan complicado.

Dentro de las mil sorpresas que te encuentras cuando visitas una zona tan lejana del mundo (y de mi mundo) como esta, una de ellas fue la actuación de las autoridades estatales por paliar el analfabetismo o el acceso a agua potable en estas comunidades. Si hay un interés real por mejorar las condiciones de vida de la población, lo cierto es que no se ve mucho. La solución de los filtros potabilizadores que estamos entregando es un parche, una medida coyuntural que no puede dar solución a un problema estructural. Hace falta construir plantas potabilizadoras o depuradoras de agua como la que visitamos en la comunidad de San Vicente.

Es una pequeña planta muy sencilla, de tecnología muy básica, que abastece de agua de calidad a 400 familias. Su coste fue de 110.000 dólares, financiado por Ayuda en Acción y el FEPP en un veinte por ciento aproximadamente, en un cincuenta por ciento por autoridades locales y el resto entre asociaciones locales y comunidades de regantes. Es un coste elevado para las economías locales y al principio pensé que no era accesible a la mayoría de las parroquias y comunidades. Sin embargo, no ha habido pueblo o aldea que visitáramos que no contara con una espectacular cancha de fútbol artificial de las que no vemos en muchos sitios de Madrid.

Cuando vi la primera, y la segunda, y la tercera, y pregunté por ello, me contestaron: “había elecciones municipales y esto es lo que daba votos”. He tenido la suerte de jugar en dos de estas pistas y son magníficas, qué duda cabe, y el deporte será importante para sus habitantes, sobre todo para los más jóvenes. El problema lo encuentras cuando ves el coste de construcción de alguna de ellas, como he visto hoy en San Vicente de Pusir: 189.325 dólares. Las comparaciones son odiosas, pero está claro que entre el agua y el fútbol hay un claro ganador.

¡Un abrazo a todos, seguiremos informando!

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Cumpleaños feliz, por Lester

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¿Cumpleaños? ¿De quién? Pues de los Cuatro Amiguetes de este blog. Hoy, 15 de agosto, el día que menos gente trabaja en España, este blog celebra su quinto cumpleaños. Casi nada en este mundo de los blogs, y nada hace prever que vayamos a dejarlo aquí, en el mejor momento. Y es un cumpleaños feliz, como dice el título, porque el arriba firmante está disfrutando con la familia de la experiencia de voluntariado en el área de Chota Mira (Ecuador) que os comentaba recientemente.

Gracias a lo ocurrido estos cinco años, el blog ha servido para dar rienda suelta a los pensamientos y frikadas de los autores, para publicar en diversos medios y sobre todo, para darle utilidad, como hace dos años con el libro de relatos, o como pude comprobar en la reciente campaña de crowdfunding para financiar los filtros potabilizadores que hemos venido a distribuir en esta zona perdida del mundo.

El valle de Chota Mira es una zona entre montañas cuya población es mayoritariamente de raza negra, afro, como dicen por aquí, descendientes de los esclavos traídos de África hace siglos. La situación económica del país, Ecuador, le da para cubrir las necesidades básicas en las ciudades importantes, Quito, Guayaquil, Cuenca, pero no le llega para ocuparse de importantes núcleos de población, como los que estamos conociendo estos días, o como los de Cayambe, Cotacachi, Pucayacu o la zona de la Amazonía. El acceso a agua potable en condiciones, a la educación, a una sanidad de calidad, son objetivos y no realidades.

Nuestros proyectos de voluntariado se dividen en dos:

  • Uno que realizan cuatro voluntarias (Mabú, Miriam, Bea y Belén), sobre formación en escuelas, apoyo a campamentos de vacaciones, más lo que aquí llaman “clubes de derechos”, en los que se trata de concienciar a los más jóvenes sobre derechos, obligaciones y sobre todo valores en los que formarse.
  • Nuestro proyecto (Rachel, Marcos, Lester Jr. y el plasta que escribe) sobre distribución de filtros potabilizadores de agua en las comunidades de este sorprendente valle.

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Llevamos dos días conociendo las comunidades, jugando con los más jóvenes, interesándonos por sus motivaciones y necesidades, visitando proyectos locales de emprendimiento promovidos por Ayuda en Acción para tratar de (iba a decir reflotar, como si algún día hubiera sido próspera) mejorar la economía de la zona y proveerla de recursos que algún día puedan hacerla autosuficiente. Hoy hemos montado uno a uno los 75 filtros potabilizadores que distribuiremos estos próximos días, 75 filtros de los que se beneficiará ese mismo número de familias, que dado el tamaño de las mismas podrán alcanzar a unas 500 personas. Porque como ocurre en tantas zonas pobres del planeta, la tasa de natalidad es inversa a la riqueza económica.

Hemos trabajado duro, nos hemos dejado los dedos, hemos sudado lo nuestro bajo un calor infernal, con el fenomenal equipo de Ayuda en Acción y la FEPP, y con el gran equipo de voluntarios del que me siento tan orgulloso. Ha sido un trabajo duro, pero me siento feliz, de ahí el título de este post. En próximos días contaré cómo se desarrollan ambos proyectos, de momento, por las fotos que podéis ver, solo puedo contar cosas buenas. Gracias a todos los que habéis colaborado con la captación de fondos, os iré enviando fotos del destino de vuestras aportaciones. Os daría un abrazo como todos los que hemos recibido estos días de los chicos afrochoteños.

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“Un lustro de éxitos” es el otro título que manejaba para este post, pero eso supondría cargar el peso y la importancia en el blog y no en los chicos del valle de Chota Mira, los protagonistas. Aun así, dejad que proclame lo de Un lustro de éxitos como hicieron los Toreros Muertos en su primer disco, titulado de un modo no exento de ironía, Grandes Éxitos, con jeroglífico guarrete incluido, o como esos grupos que llevan 15 años separados y sacan un recopilatorio tipo “30 años de éxitos”. Pues los Cuatro Amiguetes lo mismo.

Y al igual que en los otros aniversarios, voy a dejar el top-10 de textos más leídos de la historia de este blog, para los que les gustan este tipo de estadísticas:

  1. En busca de la tranquilidad.
  2. Los “lobos” de las finanzas.
  3. Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol.
  4. La manipulación del relato.
  5. Historias de la Historia que los culés no quieren oír (II).
  6. La Liga se transforma en la Lliga.
  7. Everest.
  8. Ni valors, ni valores.
  9. Esas comedias francesas.
  10. Vacaciones solidarias en la India.

Gracias por seguir ahí un año más, ¡y mil gracias por el apoyo!

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Otra gota de agua (Lester)

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Los lectores más veteranos de este blog recordarán aquel post titulado Una gota de agua, en el que iniciamos una campaña de recaudación para completar los fondos necesarios para acondicionar el Pabellón Azul del Hogar Teresa de los Andes (Cotoca, Bolivia). Allí pasamos dos intensas semanas de voluntariado con los chicos del Hogar, dos semanas que nos marcaron y que no vamos a olvidar jamás. Aquella campaña fue un éxito (cerca de 200 libros de MIS relatos así me lo parece), así como conseguir el apoyo de la Fundación Sacyr para la reforma de las instalaciones.

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Fue “una gota de agua en el mar”, como decía la madre Teresa de Calcuta, “pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. La metáfora de la gota es la mejor posible para la campaña de captación de donaciones (crowdfunding se llama hoy en día a esto) que vamos a iniciar desde este 1 de agosto, puesto que la aventura en la que nos vamos a zambullir este verano consiste en un proyecto para la distribución de filtros potabilizadores de agua en pequeñas aldeas y comunidades locales de la región de Chota-Mira, al norte de Ecuador.

Es un proyecto modesto si hablamos de cifras económicas, pero tremendamente efectivo en sus resultados. Para que os hagáis una idea, el proyecto realizado en 2018 por Ayuda en Acción conjuntamente con la Fundación Sacyr distribuyó más de 600 filtros y alcanzó a unas 3.600 personas (para el que quiera conocer los detalles, dejo el enlace sobre The Water Van Project). 3.600 personas que verán mejorar sus condiciones de vida al poder acceder a agua filtrada, depurada y purificada.

Son cifras interesantes para un problema enorme de magnitud mundial. Se calcula que cada año mueren más de 100.000 personas en Latinoamérica por consumir agua contaminada. Aproximadamente un diez por ciento de la población mundial tiene dificultades para acceder a agua potable, más de 700 millones de personas. Unos 60 millones de ellos en Latinoamérica.

Este verano la Fundación Sacyr enviará un equipo a Perú junto con Ayuda en Acción, y nosotros (hasta 8 voluntarios en dos proyectos diferentes) iremos a Ecuador a desarrollar esta labor tan necesaria. Para contribuir con la ONG a la financiación de los filtros hemos iniciado una campaña de crowfunding a la que podéis acceder en el siguiente enlace: Campaña para el suministro de filtros potabilizadores de agua.

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Es muy sencillo y en apenas dos minutos podéis aportar una gota, dos, un vaso de chupito o uno de tubo, una botella de medio litro o un garrafón completo. Cualquier gota de agua es bienvenida. Para ofrecer un aliciente más a todos los colaboradores, el equipo R3M Chota Mira, que es como nos hemos autodenominado, enviará lo siguiente a todos los amigos donantes:

  • De 1 a 39,99 euros: una foto de la familia o centro comunitario con la entrega del filtro que haya contribuido a financiar. A cada filtro potabilizador pondremos un adhesivo con el nombre de los patrocinadores del mismo, salvo que estos nos indiquen lo contrario.

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  • 40 euros o importes superiores: este importe viene a ser el coste de un equipo completo de potabilización, de modo que a esos amigos que contribuyan con este importe o superior, le haremos llegar la misma foto de la familia con el filtro entregado y financiado íntegramente por el colaborador, más un ejemplar del libro Aguafiestas que publicaremos a finales de septiembre con la experiencia, detalles y alguna que otra colaboración inesperada.

Vista la buena acogida de la campaña anterior, y sabiendo que entre los lectores de este blog abunda la buena gente, no tengo ninguna duda de que alcanzaremos el objetivo. La campaña va a estar activa solo durante 10 días y desde ya os animo a participar. El correo electrónico de contacto para todo el que quiera contarnos lo que sea relativo a este proyecto es el mismo del blog: joseanp77@gmail.com.

Muchas gracias por ayudarnos a llevar esa gota de agua a Ecuador.

 

 

San Petersburgo (II): el desenlace del maratón y alguna lección de historia

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LESTER, 03/07/2019

“Los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”, dice la célebre frase atribuida a Napoleón, a Karl Marx o a Jorge de Santayana, o a “proverbio árabe”, que vale para todo. Para este post la adaptaré a mi manera para decir que “aquellos maratonianos que no recuerdan sus errores están condenados a cagarla de nuevo”, que fue exactamente lo que me pasó el domingo.

San Petersburgo debe su nombre al patrón de la ciudad, San Pedro, no a su fundador, Pedro I el Grande, como se ha atribuido erróneamente en ocasiones. Fue fundada en 1705 y la religión mayoritaria de Rusia es la ortodoxa.

Si Pedro I el Grande puso la primera piedra de la ciudad y San Pedro representa la primera piedra de la iglesia, para obtener un buen resultado en el maratón la primera piedra se basa en una buena preparación y cualquiera que leyera la previa a la carrera estará conmigo en que la mía no fue la más ortodoxa. Puede que no la más acertada, eso no lo negaré. Ni una, ni dos, ni tres veces, pero quizás así fuera más llevadera.

Frente al impresionante museo del Hermitage, al otro lado del río Neva, se encuentra la Fortaleza de Pedro y Pablo, lugar donde dio inicio la revolución bolchevique en 1917. El cañonazo lanzado desde el crucero Aurora fue la señal para el levantamiento. La fortaleza se encuentra sobre una isla que en su día era conocida como Isla de las liebres.

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La carrera arrancó a las ocho de la mañana junto al palacio-museo del Hermitage, en una plaza que siempre figura en la lista de las más bonitas, hermosas, sobrecogedoras o alucinantes del mundo. Durante los primeros kilómetros atravesamos el río Neva para rodear la isla de la Fortaleza y en el kilómetro 6 pasamos junto al crucero Aurora. Salí ligero, a buen ritmo, y me uní a una buena liebre, una rusa que marcaba el paso de las tres horas y media a la que seguíamos un grupo de unos cincuenta corredores. La chica no pesaba ni cincuenta kilos, tenía los brazos completamente tatuados y marcaba un ritmo estajanovista perfecto para la prueba, constante, intenso, mecánico. Robótica. Cinco minutos el kilómetro, clavados. La definición de “impertérrita” está en el rostro de esta liebre de nombre desconocido. No cambiaba la expresión en ningún momento, así le comunicaran la muerte de su madre o tuviera el orgasmo más placentero de su vida.

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Atravesamos varias veces el río y llegamos al medio maratón. Fui algo más lento que hace un año en la Sunshine Coast, pero si tengo en cuenta que justo antes hice la primera parada con mi grupo de admiradoras (formado por una sola persona, maravillosa, eso sí) y que además tuve que vaciar mi atiborrada vejiga en el 20, el tiempo marcado de 1h. 47 min. entraba dentro de lo previsto.

El metro de San Petersburgo es el más profundo del mundo, con estaciones a más de 80 metros de profundidad, si bien, según bajas por esas escaleras infinitas al final de las cuales te espera una rusa más ancha que alta y con gorra roja pseudomilitar en una garita, por momentos piensas que te están bajando a un refugio nuclear o a la sala de interrogatorios del KGB. El metro de San Petersburgo, al igual que el de Moscú, tiene estaciones profusamente decoradas, algunas con un lujo inusual para un transporte que se distingue ante todo por su funcionalidad, pero es una de las herencias de la época soviética, consistente en mostrar al pueblo el poderío que el Partido Comunista creía poder ofrecer.

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A partir del kilómetro 25 empecé a notar que las piernas no iban todo lo fluidas que me gustaría, pero las 2h. 07 min. de paso me hacían estar tranquilo. Quizás no fuera a hacer marca personal, pero el bajón tendría que ser tan profundo como la estación de Admiralteskáia para no hacer una buena marca para mí. La carrera bordea durante varios kilómetros el principal canal de la ciudad, el Fontanka, con palacios e iglesias a ambos lados.

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Karl Gustávovich Fabergé fue un famoso joyero ruso nacido en San Petersburgo en 1846. Con motivo de la Pascua ortodoxa, el zar Alejandro III le encargó un huevo de Pascua para su esposa María Fiodoróvna en 1885 y quedó tan encantado con el resultado que a partir de ese año ordenó que todos los años le fabricara una de sus piezas únicas.

En el kilómetro 28 pasamos junto al museo Fabergé y en ese momento supe que acabar por debajo de las cuatro horas sería una cuestión de huevos. Las piernas habían perdido su fluidez, la cadencia y todavía no había llegado al muro. Demasiado cansancio, demasiados fallos en la preparación. Inmediatamente le di la vuelta al título del libro de Chema Martínez que comenté en la primera parte. El No pienses, corre más pasó a ser un Piensa más, corre menos. Cabeza, huevos, lo que sea, porque todavía quedaba lo peor del recorrido.

La iglesia del Salvador de la sangre derramada se erigió en el lugar exacto en el que fue herido mortalmente el zar Alejandro II en 1881. El asesor y “médico” personal del último de los Romanov, Rasputín, fue asesinado en 1916, pero no lo mataron ni el veneno ni los disparos, sino que murió ahogado cuando arrojaron su cuerpo al canal Fontanka, donde apareció días después.

La sangre derramada delata a los corredores novatos a estas alturas de la carrera. Nos acercábamos al kilómetro 30, junto al lugar en el que nos contó la guía que apareció el cadáver de Rasputín. A lo lejos se divisaban las cúpulas multicolores de la iglesia de San Salvador, y a lo mejor tanto pensar en cosas truculentas fue lo que me llevó a sentir el primer latigazo en el gemelo derecho. “No pasa nada, 2h. 36 min., cabeza, cabeza, cabeza”. Una mujer menuda con aspecto de haber llegado directamente desde la estepa nos animaba con una sola palabra “Go!” que repetía rítmicamente espaciando con una sonora palmada proveniente de unas manos gordas que bien podían estar amasando tortas de harina congelada en una tienda de piel de yak en Mongolia. Me puse a trotar antes de que me atizara con esas manazas por no atender a su frenético “Go!”

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El río Neva es el más ancho de todas las ciudades europeas. Tiene un promedio superior a los 500 metros y en su parte más ancha, entre el Hermitage y la Fortaleza de Pedro y Pablo, alcanza los 1,2 kilómetros. Los vientos del Báltico se notan especialmente en esa zona tan abierta de la ciudad.

Mal que bien conseguí llegar al kilómetro 35. Quedaba enfrentarme al viento en contra. El día anterior había mirado la estimación de rachas de viento y Google la situaba entre los 22 y los 36 kilómetros por hora. En el momento que atravesamos esa zona se me hizo imposible avanzar. Por cada zancada parecía retroceder dos metros. Uno de los avituallamientos ofrecía unos vasos de tamaño mínimo de agua y tuve que preguntar si de verdad lo era, porque no entendía el ridículo aspecto de chupito. “¿Seguro que no es vodka?”, le pregunté. El voluntario me miró perplejo. Los siguientes kilómetros consistieron en luchar contra el viento y esquivar los vasos y botellas vacías de agua que venían hacia los corredores. Una pena.

Una de las audioguías nos contó que San Petersburgo fue la primera ciudad del mundo en contar con un servicio de ambulancias para la población civil. Es una información que no he podido contrastar, pero que situaba en 1799.

En el kilómetro 39 y medio me quedé tieso en el sitio. La pierna izquierda se me quedó tan rígida como a Torres en la final del Mundial de 2010 en la prórroga contra Holanda. No pude ni tirarme al suelo para estirar. Por primera vez en diecisiete maratones me tuvo que atender el servicio médico de la organización. No fue nada serio, estuve dos o tres minutos atendido, me ayudaron a estirar, me masajearon un poco, entendí el significado del “no siento las piernas” y seguí adelante. Mi mujer me esperaba apenas a quinientos metros y la meta estaba ahí, a menos de dos kilómetros, así que acabaría aunque fuera andando. Aparte de su paciencia, pude comprobar lo buena fotógrafa que es porque en las fotos que me hizo aparezco con buen aspecto, como si lo que estuviera haciendo fuera algo parecido a correr. Solo quedaba ya un objetivo: llegar a meta por debajo de las cuatro horas, antes del cañonazo de las doce, un sonoro disparo desde la Fortaleza de Pedro y Pablo que retumba en toda la ciudad.

Pues tampoco, con el estruendoso cañonazo casi se me saltan los empastes, las lentillas que no llevo y tuve que sujetarme el corazón para que no me saliera por la boca. “Se nota que Putin es de aquí”, pensé. Llegué en cuatro horas y dos minutos tras haber pasado unos últimos kilómetros muy duros, casi habría preferido el interrogatorio en el Gulag. La medalla me pesaba una tonelada y volví a preguntar si esos vasitos de chupito eran realmente de agua y no de vodka.

 

El Palacio de Peterhof es una residencia de los zares a 35 kilometros de San Petersburgo. Tiene hectáreas de jardines versallescos, fuentes, estatuas doradas, palacios, palacetes y estanques de todo tipo. Puro lujo y ostentación. Fue destruido durante la invasión nazi y algunas fotos muestran el estado en el que acabó. Apenas un día después de finalizada la guerra los rusos comenzaron su reconstrucción hasta recuperar el magnífico aspecto que luce hoy en día.

 

Apenas un día después de terminado el maratón de las Noches Blancas y pese al lamentable estado en el que acabé, ya estoy pensando en el siguiente, y sobre todo, en corregir los errores. ¡Nasdrovia, lectores!

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“Tus errores están escritos, hijo mío. Ve y enmiéndalos, idiota”