San Petersburgo (I): cómo no entrenar un maratón

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LESTER, 29/06/2019

“El día que corras una maratón pensando solo en cómo poner un pie y luego el otro el mínimo tiempo posible en el suelo y nada más, bajarás de 3h:30 seguro. Pero no te sabrá igual de bien que esta, ni tendrás estos detalles e historias para contarnos”. Este es el comentario a modo de consejo que me dejó el amigo Tulaytulah, una bestia del maratón con varias marcas por debajo de las 3 horas y cuarto. Un tipo ante cuyas marcas ni siquiera puedo rebatir con el socorrido “es que eres mucho más joven que yo”, puesto que ambos entraremos en la cincuentena en unos meses con apenas quince días de diferencia.

Cada vez que me pongo a preparar un maratón suelo comprar un libro relacionado con el asunto, para ir cogiendo motivación, ambiente, sabios consejos que no seguiré, etc. y esta vez el título que encontré en la librería me trajo directamente al comentario de Tulaytulah.

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“No pienses, corre más”, de nuestto africano de Vallekas, Chema Martínez. Lo repetí varias veces como un mantra. “No pienses, corre más. No pienses, corre más”. Lo tengo, es eso y solo eso, correr, como Forrest Gump. “¡No, joder, ya estás pensando en películas!”  Concéntrate en dar un paso más, en hacer un kilómetro más rápido que el día previo durante los largos meses de entrenamiento que se avecinan. “Eso, voy a preparar una selección de temazos cañeros para corredores, o mejor dicho, la playlist top for runners, por estar a la moda anglochorra”. Me habría dado un collejón de haber tenido la flexibilidad necesaria para hacerlo. Estaba claro que iba a seguir pensando más y corriendo menos, así que para qué esforzarse en concentrar todos los esfuerzos en los entrenamientos, trataría al menos de disfrutarlos.

Y aquí estoy un año más, fiel a mi cita con el maratón, el decimoséptimo desde 2004, a menos de 12 horas de salir al asfalto a dejarme la piel, la última gota de sudor y el último gramo de fuerza.

He tenido amigos nada aficionados a esto de las carreras y los maratones que sin embargo suelen leer (y dicen que hasta disfrutar) mis crónicas y alguna vez me han dicho que me anime a escribir un libro. “Además, podría ayudar a gente que está empezando a correr o que se plantea cómo terminar una prueba tan larga”.

Ah, no, amigos, hay verdaderos expertos en este asunto, gente muy sabia y experimentada que te puede ayudar a preparar y finalizar un maratón. O a mejorar tu marca, o a evitar lesiones, o hacerlo más llevadero, pero si yo algún día me lanzara a esa aventura el título sería precisamente el contrario: Cómo no entrenar un maratón. Y de subtítulo: Y disfrutarlo pese a que las piernas me recuerden los errores cometidos.

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Mientras leía el libro de Chema Martínez iba anotando todas esas cosas que hago mal:

– Descansar: dice el bueno de Chema que hay que dormir ocho horas mínimo y si es posible diez. Creo que no decía diarias, porque eso sería de todo punto imposible, así que lo he reinterpretado a mi manera y he tratado de dormir diez horas cada dos días. En mi calendario de entrenamientos añadí este año dos nuevas filas, la primera de las cuales indicaría mediante un sistema de semáforo las horas de sueño. Más de 7 horas, luz verde. De 6 a 7, luz amarilla. Menos de 6, luz roja. Y mi plan de entrenamientos está tan repleto de luces rojas que prefiero no hacerlo público. Y solo dos luces verdes en cuatro meses.

– No entrenar en ayunas: y dejar que pasen dos horas del desayuno antes de meterse en faena, eso dice Chema, pero a veces salgo a unas horas en las que solo están los chicos de la recogida de basura (o la basura que se está recogiendo), así que lo he tenido que hacer varias veces.

– El alcohol, la cerveza: hay que reducirlo o suprimirlo directamente. Aunque hay teorías sobre las bondades de la hidratación que proporciona la cerveza, lo cierto es que son mayoría los que no aconsejan su ingesta. La segunda fila que añadí a mi calendario fue para apuntar las cervezas consumidas en estos meses. Un emoticono de una jarra por cada tercio de litro, y era tal el número de jarras que aparecían en el cuadro en los dos primeros meses que acabé por hacer una firme promesa: aparcamos la cerveza hasta después del maratón. El propósito duró menos de una semana, y ha habido tal cúmulo de eventos sociales en este mes de junio que… que… que sí, que voy a llegar bien hidratado.

– No entrenar en cinta: igual que lo de las ayunas, no me queda otro remedio, así que la mitad de mis entrenamientos ha sido en cinta. Me viene bien sobre todo para las series, porque pongo la máquina a tope de revoluciones y eso solo se para con la mano o dejándome caer y empotrándome contra la pared del fondo, y mi terquedad suele vencer al miedo a la caída, así que aguanto ahí a tope esparciendo el sudor a las locas del gimnasio.

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– Descansar los días previos: yo no quería andar mucho los días previos, pero el nuevo aeropuerto de Moscú es tan inmenso que creo que me hice medio maratón en la escala, lamadrequemep… Era como la T4, o les sobraba hormigón, o alguien se llevaba comisión por cada metro cuadrado. Luego llegas a una ciudad espectacular como San Petersburgo y no te vas a ir al hotel a descansar, así que nos la hemos pateado a conciencia. Mientras esperaba el barco para descansar, he aprovechado para estirar los gemelos.

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Mirad el detalle del folleto: San Petersburgo en 5 días, jajajaja, ¡si me lo he recorrido en dos!

– Alimentación: nada de probar cosas nuevas, ni mezclar. Bueno, pues ahora mismo tengo en mi estómago pasta, jamón, queso, una sopa de pollo, una barrita de cereales, otra de proteínas que me han dado en la Feria, más pasta, un capuccino, un plátano, dos mandarinas y una cerveza calentorra y sin alcohol que también me han dado en la Feria.

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La añadiré a mi lista de cervezas espantosas que me he pimplado por ahí. Me la ha ofrecido una rusa guapísima que me ha recordado al gran Groucho Marx: “vaya rollo de fiesta, la cerveza caliente y las mujeres frías”. Para compensar me he tomado una buena cerveza al mediodía, más mezcla para el estómago. La rubia es la mía, mi ” no rubia” se ha tomado la negra belga.

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– No practicar otros deportes mientras preparas un maratón: no puedo, no. Me niego. Llevo años jugando con mis colegas y no puedo dejarles, me gusta mucho más que algo tan solitario como entrenar un maratón. El 2 de junio jugué mi último partido, pero en los 3 meses previos jugué 13 partidos de fútbol y 11 de baloncesto.

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A veces me duele todo el cuerpo cuando voy a entrenar, el cuerpo no recupera ya los golpes en 24 horas, a veces ni en 72, pero sigo disfrutándolo. Hay quien dice que corro riesgos de lesionarme, pero la naturaleza o la genética, o la herencia de mis padres, no me dio un talento innato para el fútbol, ni una gran estatura, ni una velocidad envidiable, pero me dio un esqueleto de Terminator, casi indestructible bajo una apariencia humana. Al acabar el maratón pierdo incluso la apariencia humana y estoy más rígido que Robocop. Pero sonrío. Siempre.

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A ver qué tal se me da la carrera mañana. El recorrido es estupendo, muy agradable para la vista, muy llano, unos veinte grados de temperatura. El único problema va a ser el viento, que se prevé que sea como hoy, entre 22 y 35 kilómetros por hora. Mirad las banderas de la foto. Si se mantiene la dirección de hoy, los últimos 6 van a ser terribles, ojalá cambie, me venga de cola y mueva ese hermoso pandero hacia la meta. Una meta que, por cierto, va a ser de las más bonitas que he atravesado nunca, si no la que más, junto al impresionante Hermitage.

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A ver si consigo despistar al duende cabrón. ¡Deseadme suerte!

 

2 comentarios en “San Petersburgo (I): cómo no entrenar un maratón

  1. Hola Lester,

    Ante todo muchas gracias por el piropo, aunque no quieras darte cuenta de lo cerca que estás de hacer marcas como las mías, que por otro lado no son nada del otro mundo si las miras fríamente (sin saber lo mucho que cuesta encontrar tiempo para entrenar estos jueguecitos).

    Antes de contestar he buscado tus tiempos de carrera y solo aparece la media maratón (1h:44 =perfecto) y el final. No la pongo aquí para no “espoliar” la gran crónica que vaticino y esperamos tod@s. ¡La hostia contra el muro esta vez debe haber sido de órdago! ¡¡A ver si no te ha tenido que hacer el “boca-boca” algún ruso con mostacho!

    Salvo lo de la cerveza creo que sigues teniendo razón. Haces (casi) todo lo que no hay que hacer para conseguir bajar marca. Peeeeeerooooooo: ¡Que te quiten lo bailao! Maratones viajando con la familia, ciudades y países nuevos, sabes contar lo vivido etc. Y las endorfinas generadas son las mismas si haces media hora arriba o abajo.

    Esperamos la 2ª parte del post para ya mismo. Un abrazo y gracias de nuevo.

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  2. Amigo Lester,

    Iba a leer la crónica de la maratón, cuando me he encontrado con este preludio (Linkedin hay veces que no avisa), así que he dicho, vamos por partes…

    ¡Cómo me he reído! Los que no tenemos la suerte de poder entrenar cuando queramos, sino cuando podemos, sabemos todo lo que habría que hacer para mejorar marcas, peeeeero como bien sabes, maratones, triatlones…el simple hecho de cruzar una meta, en las mejores condiciones posibles, y con el ritmo de vida que llevamos…¡bien vale una medalla de oro!

    PD: yo también INTENTO dejar la cerveza los días previos al gran objetivo… 🙂

    ¡A por la segunda crónica!

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