Conversaciones incómodas, por Lester

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Tengo una extensa relación de “temas a evitar” durante las comidas, y especialmente durante las comidas de trabajo, por el hastío que me provocan (las más de las veces) o por la incomodidad que me supone hablar de ciertos temas con gentuza. Sobre todo si el tema en cuestión acapara y monopoliza la conversación más tiempo del necesario.

Se da otra curiosa circunstancia y es que, cuanto mayor es el cargo o la responsabilidad de los otros comensales, más coñazo e incómoda se vuelve para mí la conversación. En mi caso, como debo ser un poco raro, se produce una relación inversa entre el interés que despierta en mí y la supuesta educación de esa otra u otras personas. Me explico. He disfrutado estupendas comidas con gente “menos estudiada” o con compañeros y mandos intermedios, y a la vez comidas insoportables con gente high level muy, muy high, cercanos al top of the world. Paradójicamente algunos de estos tipos son los que demuestran tener menos educación. Recuerdo una vez a un pez gordo en un reservado de a 150 el cubierto cómo se sacaba con el dedo la carne que se le había quedado entre los dientes, además mientras hablaba el tío guarro. Es lo que tiene ser mano derecha del tito Flo.

Para que el lector se haga una idea, he tenido la suerte (no necesariamente buena) de haber comido con un vicepresidente de Florentino Pérez, otro de Jesús Gil en sus tiempos del “Alieti”, con altos cargos y directores de algunas empresas del Ibex, con varios concejales y algún alcalde,… y he tenido que soportar memeces de todo tipo. Lo que más me cabrea de todo es comprobar la enorme distancia que hay entre estas personas y el mundo real.

Esta gente habla sin pudor de las frivolidades que les preocupan, o de dinero, como si trescientos euros fueran lo mismo para ellos que para el resto de los mortales, y a veces convierten las conversaciones y las comidas en insoportables. Por esas razones y porque además no suelo compartir ninguna de sus aficiones o preocupaciones, aquí dejo mi lista de temas a evitar:

liar1. La caza: jamás voy a pegar tiros al campo, y no digo que esté en contra (ni a favor), pero es un auténtico coñazo cuando dos cazadores se ponen a rajar de armas, de sitios para cazar o de las piezas que han cobrado. Y no hablo de unas perdices cazadas en una finca de tropecientas hectáreas de un amigo milloneti, sino del oso en Estonia o el ciervo en Quintocoñodelmonte. Además, si prestas atención a sus soliloquios (que no suelo hacerlo), te das cuenta de que estos grandes líderes empresariales son todos tan hábiles con la escopeta o el rifle como el John Wayne de Río Bravo. Tan hábiles que me recuerdan a una frase que leí en Escocia (donde nació El clan de los MacArrash) sobre los aficionados a la pesca: “¿Son todos los pescadores unos mentirosos? ¿O solo los mentirosos pescan?”

2. El golf: hoy en día mucha gente practica este deporte que tiene más de social que de pelea deportiva en el sentido en el que yo lo interpreto (duelo al alba, dos entran, uno sale) y sus precios son asequibles, pero es que esta gente a la que me refiero juega en otra división. Hace años mi empresa tenía un director general que ponía las reuniones a la una de la tarde, porque las primeras horas del día tenía que jugar sus 18 hoyos, y no contento con eso y con que la empresa le pagara las partidas, luego había que irse a comer con él y escucharle presumir: “que si El Prat, que si la Zagaleta, que si El Saler,…” Y eso cuando no le daba por hablar de los grandes campos del mundo mundial, que si en Escocia, que si en Nevada, que si en Pebble Beach,… A los que teníamos que escuchar sus grandes hazañas con el putt, a veces nos preguntaba que dónde jugábamos nosotros: “¿Yo? Solo juego al fútbol con mis colegas, pero presumo de haber ganado en Vallecas, en San Blas y en la Cala de Mijas, chúpate esta”.

3. Los hoteles: tiene gracia que estos tipos a los que tu vida no les interesa una mierda, se enteran a veces durante la comida de que vas a hacer un viaje a algún sitio. El típico viaje que llevas tiempo planificando con tu mujer, buscando ofertas, pillando algún chollo… Y su única pregunta es:

– ¿A qué hotel vas? Porque te recomiendo el Jilton Gromenauer, aunque es verdad que es un poco caro. Pero tiene un buffet espectacular y las habitaciones son amplísimas, y a última hora de la tarde te puedes tomar un gin-tonic en el bar que tienen, que…

Te dan ganas de decirle: “no, mira, te lo agradezco, pero es que por tu precio de una noche nos vamos cuatro días mi mujer y yo, y seguramente cenaremos por el precio de tu puto gin-tonic, ¡que yo juego otra liga, capullo!” conversaciones2

Y así son estos tíos con todos los temas de conversación: un coñazo. Si se habla de coches o motos de gran cilindrada, no pueden entender que tú te manejes con un Citroën Xsara o un Corsa, y no lo pueden entender porque ellos han conseguido que la empresa les ponga un Audi A6 o un Phaeton. Porque esa es otra. Muchos de estos jefazos luego son unos ratas de cuidado que se pasan el día intentando que la empresa o el cliente les pague sus caprichos. No tengo ninguna duda de que así nacieron las tarjetas black.

Pero hay un tema que reconozco que me incomoda especialmente hablar en estas comidas de bajo postín en sitios caros con gente que no me interesa: el sexo. Porque al igual que ocurría con la caza, estos tipejos presumen de ser unos fuera de serie en la cama. Vamos, tú les oyes y Casanova a su lado era un bujarrón de cuidado. Miran a las camareras o a las mujeres de otras mesas con descaro, para que se note lo “machos” que son. Resultan soeces, groseros, maleducados, las frases que voy a escribir son totalmente ciertas.

– Lo difícil no es follar mucho, es hacerlo siempre con la misma persona. Vamos, follar con tu pareja durante veinte años, eso es lo que tiene mérito, jojojo… (el pollo era Director General).

– Pues yo llevo veinte años felizmente casado.

– Eso es que follas poco, jojojo… O que no te gusta como nos gusta a otros, jojojo…

conversaciones3Ese es el nivel intelectual de alguna de estas conversaciones. Sin olvidar el tono de voz con el que hablan estos individuos (recordad las Cosas que odio) o que nunca escuchan a sus interlocutores, seguramente porque los mortales no tenemos nada interesante que ofrecerles.

Otra vez me presentaron a un gilipollas integral al que tenía que aguantar porque era el tipo importante en la empresa de nuestro cliente, el tío que firmaba y al que todos tenían que lamerle el culo descaradamente. Nos presentaron, nos dimos la mano y su primera frase fue:

– Joer, qué delgado estás, eso es que tú follas poco.

Me quedé aturdido y reconozco que tardé en encajar el golpe. No supe responder. Podría haberle hablado de la cantidad de calorías que se consumen en el coito y haberme inventado una historia sobre mis capacidades amatorias que motivaban mi envidiable delgadez. “Envidiable sobre todo a los ojos de una foca sudorosa como usted, que seguramente tiene que pagar para poder disfrutar de algo parecido a una relación sexual, relación que imagino será breve habida cuenta del estado de sus arterias, atiborradas a base de las cigalas con las que habitualmente le obsequia nuestra empresa, hijodeputa”.

Pero nunca tienes la respuesta adecuada, y además debes callar lo que piensas. Un jefe que tuve hace años me decía que era muy transparente, que se me veía lo que pensaba y que a veces convenía disimular. En alguna comida me pisaba bajo la mesa cuando me estaba extralimitando en los comentarios. “No vayamos a ofender a este gilipollas”.

Otra perla que escuché una vez por boca de un tío a escasos metros de su mujer, en un momento en el que la conversación entre cuatro de nosotros giró por no sé qué extraña razón al asunto de la inapetencia sexual femenina:

– Si nuestras mujeres supieran lo fácil que es para nosotros hacerlo con cualquiera.

¡Qué puto crack! En una frase tan breve aunaba la prepotencia, el desprecio al género femenino (a nuestras mujeres y al resto), la chulería, la soberbia,… Pero era un tipo importante que venía de cerrar un contrato en Alemania y supongo que ya ese hecho le facultaba para poder zumbarse a cualquier mujer que le apeteciera. ¡Bastardo fantasmón!

Recuerdo a otro que contaba sin pudor cómo el Director General de su compañía, durante un viaje de negocios, se quiso llevar al hotel a una prostituta eslava de cuerpo escultural. Cuando el gerente del hotel le dijo que en ese hotel no eran partidarios de que los clientes,… ya sabe,… el Director General se pasó un cuarto de hora tratando de convencer al gerente de que se había enamorado de la prostituta y que la iba a sacar de la calle y pensaba casarse con ella. Un prettywoman en toda regla.

– ¡Y al final se salió con la suya, jojojo, se pasó toda la noche con la puta, jojojo, y al día siguiente, si te he visto no me acuerdo, jojojo!

En fin, que me cansan, me incomodan, me aburren. Jamás hablaré de mis relaciones sexuales y menos con gente a la que no aprecio. Hombre, si acaso algo de cachondeo:

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¡Hasta la próxima, amiguetes!

Cara Lester

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12 comentarios en “Conversaciones incómodas, por Lester

  1. Mi estimado Lester,

    Me he sentido muy aliviada (¡ y agradecida ! ) al verme y saberme fuera de esta obligación soporifera, vacía y nada edificante de las conversaciones incómodas. Porque no se trata de no tener charletas frívolas ( es más, me divierto mucho con conversaciones absurdas , al más puro estilo Millás ) … se trata de esa inmersión en la vulgaridad, zafiedad, soberbia, egoismo, prepotencia y bochornoso espectáculo gestual y verbal que destilan los protagonistas de estas comidas forzadas… A mi no me cabrea como a ti comprobar la enorme distancia que hay entre estas personas y el mundo real , a mi me entristece mucho comprobar lo fácil que resulta encontrar a hombres tan cerca del reino animal.
    Puro instinto.

    En estas “conversaciones” el silencio es muy elocuente. Es la mejor herramienta de defensa.

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    • Así es, Betania, el silencio, pero además el gesto, la mueca, la ausencia de expresión. Yo ya ni me inmuto con cada gilipollez, me mantengo impávido. Me molesta ver a compañeros a los que sé que les repatean estas conversaciones, pero sin embargo se ríen o fingen que se ríen cada vez que el jefazo de turno suelta la perla machista o el chiste sin gracia. Y ese gesto o ese no gesto mío es una de esas actitudes que me ha reprochado algún compañero, “tío, se te nota un montón que no te hace ni pizca de gracia”. Lo sé, de eso se trata. Esto tiene que acabar.

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    • Yo hago lo mismo, Carlos, pero no siempre puedo escaquearme de esas infumables e interminables comidas (sí de más de la mitad afortunadamente). Comidas, por cierto, que a veces llevan tres horas o más de tiempo, con copa y puro a los que nunca me apunto. Prefiero comer rápido y con amigos o buenos compañeros que con estos pájaros, por muy caro que sea el restaurante. O como el dicho indica: “mejor solo que mal acompañado”.

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  2. Yo he padecido muchas comidas terribles, pero ninguna tan patética como la que sufrí con el cheriff de un renombrado grupo empresarial… Hasta Donald Trump se habría sonrojado con ese tipejo… Lo bueno es contarlo con los amiguetes en veladas más distendidas…

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  3. He coincidido en alguna que otra comida de trabajo en la que todos los comensales son hombres a excepción de una única mujer. Sale el tema estrella: el sexo. Y todos como auténticos “borricos” riéndose de las patochadas que dice uno de ellos. Son tan patéticos que no les importa que haya una mujer escuchando sus soeces comentarios.
    Me encantaría grabarlos y enviárselo a sus mujeres…seguro que la risa ya no sería la misma que cuando hablan de ello.

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  4. ¡Sexo y caza! Por fin en este blog asuntos al nivel de mi delicada sensibilidad y cultura.

    Me presento: Soy Director General de la empresa con mas empleados de la Península Ibérica (le he cogido prestado el nick a mi fiel empleado Tulaytulah), ahora ya no ejerzo pero me mantienen el cargo honoríficamente por los servicios prestados.

    Decirte Lester que nada de fanfarronerías o mentiras en lo que oyes por las reuniones de empresa. Es el día a día de los que somos Seres Superiores y lo hacemos, en contra de nuestra voluntad, para seguir consiguiendo proyectos que os den de comer a las personas de “vida normal”. A mi, por ejemplo, cuando mi empresa estaba en lo mas hondo de la crisis, me sucedió que para cerrar unos contratillos en el extranjero tuve que ir de safari por África con unos gerifaltes y (siempre en contra de mi voluntad) tuve que liarme a tiros con elefantes y búfalos. Después, por la noche tras las copas (yo casi no bebo) me tenían preparada una rubia alemana. Enseguida me di cuenta de que además de teutona era espía y la seduje para sacarla todo lo que sabía sobre secretos de Estado. Mas tarde, entre las copas de la cena y las vueltas del baile de la conga con ella en la habitación (yo solo sé bailar en mi barco con el oleaje) me caí y me rompí la pierna. Aquí es donde siempre subrayo que es importante contar con unos empleados comprensivos con nuestra ingrata labor diaria. Salí, de frente a ellos, con dos cojones y les dije: “Lo siento mucho, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. Ellos (y mi sufrida esposa) entendieron que era todo por su bien y hasta me pagaron de su bolsillo la operación de la pierna. Ahora ya jubilado, hago una vida totalmente diferente y vivo a cuerpo de rey…

    Si os contamos estas cosas en los recesos de las reuniones es para que no monopolicéis las conversaciones con vuestros futboles machistas, vuestras competiciones domingueras de héroes de familia, vuestras críticas a las pequeñas imperfecciones del Estado del Bienestar, etc. A la vez puede que aprendáis algo por si algún día sois tocados con la varita mágica y ascendéis de casta.

    Moraleja: “Jefe fanfarrón, poco follaor”

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    • Muy bueno, Majestad, muy bueno. No olvide que en su empresa nos colocó a sus dos yernos, uno con extrañas adicciones a las sustancias psicotrópicas y a la ropa de diseñador gay, y el otro, golfo, medio lelo y del Barça. Pero para tranquilizarnos a nosotros, los mortales, tuvo usted la nobleza de echarse a un lado y dejar el cargo a su hijo mayor, ¡no iba a dejar a las niñas! Totalmente de acuerdo con la moraleja, señor, pero evidentemente no habla de usted ni de sus predecesores. Saludos.

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  5. Lester, yo soy un caballero humilde y un tío campechano que os va salvando la vida cada vez que tenéis golpes de Estado.

    Los asuntillos de las niñas no tienen importancia. Ni siquiera ellas tienen importancia. Ya lo pone en una de las normas de la empresa: “A las mujeres solo se las tendrá en cuenta para el caso en que no haya varón que ocupe el cargo de alta dirección”. Por eso tampoco puse mucho esfuerzo cuando las “fabriqué”. Recuerdo que fue en los tiempos cuando volvía a casa cansado de salvar motoristas tirados por las cunetas y gasolineras.

    Sin embargo a Él… Después del trabajo que me costó hacerle tan perfecto, todavía recuerdo el día que me preguntó cenando sobre lo que me parecía la presentadora del Telediario… que la iba a ungir con la varita mágica… Ya podíamos haber tenido puesto Antena 3 con la morena de los ojos grandes o la de los trajes apretados del tiempo. Y todavía tengo que darle las gracias que no se fijó en María Escario (aunque en simpatía supera a todas). ¡Mi amigo Iker Casillas si que sabe!

    Bueno, me voy ya, que dejé al bueno de Tulaytulah escribiendo el mensaje de Navidad de este año y al final se dará cuenta que estoy enredando con su ordenador.

    Moraleja 2: Dime de que presumes…
    aa

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