Recordando a Dire Straits, por Lester

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Tardaba poco más de un Sultans of Swing, versión del Alchemy por supuesto, en llegar de casa de mi novia a la mía. Hablo de un tiempo pasado, lejano más de veinte años en el recuerdo, en el que nada más ver entrar a “Mi bella dama” en el portal de su casa, comenzaba mi ritual. Enchufaba la cinta de Dire Straits, quemada ya de tanto escucharla, la adelantaba hasta el final de Private Investigations, subía el volumen y tras el “Thankyooouuu!” volvía a toda pastilla a casa. La impresionante versión del Sultans of Swing, grabada durante un concierto en Londres en 1983, tenía una duración de diez minutos y cincuenta y cuatro segundos, casi el tiempo justo para llegar a mi barrio.

Me recuerdo por la carretera de Barcelona flipando por el punteo de guitarra de Mark Knopfler, deseando que no se acabara la canción, chapurreando en mi inglés macarrónico las frases que era capaz de entender: “An old guitar is all he can afford”, “You feel alright when you hear that music ring” o “Goodnight, now it´s time to go home”.

Y por supuesto: “We are the sultans, we are the sultans of swing”.

Hubo una etapa posterior en mi vida en la que sustituí este ritual por el del Tunnel of Love, otros catorce vibrantes minutos (si le añadimos el preludio de Carousel Waltz) grabados en el mismo concierto: “Like a Spanish city to me, when we were kids”,…

Si alguien me preguntara qué cosas no he hecho en la vida que me encantaría hacer, se me ocurrirían cientos, algunas inconfesables, otras muchas asociadas a deportes de riesgo en parajes incomparables. Pero como uno es un padre responsable (al menos eso se supone) de familia, se tiene que conformar con soñar con placeres menos arriesgados, como jugar un día una pachanga con los colegas en el Bernabéu, pelotear con Rafa Nadal o por supuesto, asistir a un concierto de Dire Straits, cosas que, salvo sorpresa, jamás se producirán.

El grupo se disolvió definitivamente en 1995, aunque ya llevaba varios años sin sacar ningún disco al mercado y el último, On Every Street (1991), distaba mucho de los anteriores en calidad. Mark Knopfler continúa actuando en vivo y sacando discos, pero para mí, siendo muy bueno, no es lo mismo. He sido y soy tan forofo del bueno de Knopfler que tengo algunos de sus discos en solitario, junto con su experimento al frente de los Notting Hillbillies y las bandas sonoras de Local Hero y La princesa prometida. “Los viejos rockeros nunca mueren”, dice la expresión, y yo añadiría: “Sus seguidores sí mueren, pero se mantienen fieles hasta el final”.20150516_220247

La semana pasada tocaba en Madrid, en la Sala Arena concretamente, un grupo asturiano formado por siete músicos llamado The Real Straits. En la publicidad dejaban bien a las claras que su actuación pretendía ser un tributo, un sentido homenaje a la mítica banda británica. En la publicidad del concierto, junto a la foto de la guitarra del Brothers in Arms, aparece una frase supuestamente pronunciada por Terry Williams, batería de los auténticos Dire Straits:

“Cuando escuché vuestro Expresso Love, cerré los ojos y llegué a creer que era alguna grabación nuestra de aquellos años”. No podía dejar de acudir a aquel concierto, así que compré las entradas y para allá que me fui con “Mi bella dama”, convertida muchos años después en mi mujer, compañera, amiga y madre de mis hijos. RealStraits

Calculo que en la Sala estaríamos unas trescientas personas, no creo que más. La media de edad era elevada, mayoría de hombres, varios cráneos despejados, muchas canas, y alguna sexagenaria con collar de perlas. Al principio del concierto estábamos un poco expectantes, pero quizás algo fríos. Yo creo que en el fondo desconfiábamos un poco de lo que nos íbamos a encontrar: “unos tipos que se atreven a imitar a nuestros Dire Straits”. Yo personalmente tenía un recelo especial después de una infame versión del So far away que presencié en un granero durante las fiestas de Villahoz. Sería la Orquesta Topacio, Xanadú o Flashdance, o Alegría o Melodía, o como se llaman estas bandas que tocan por los pueblos. El típico grupo que te toca una de Camela, de Los Secretos, Paquito el chocolatero, o… So far away.

El caso es que volviendo a los Real Straits, desde el primer minuto le dije a mi mujer: “¡qué bien suenan!”, y me dejé llevar por lo que oía, por esas canciones que me sé de memoria, por esas melodías fantásticas. La acústica del local era bastante aceptable, al contrario que muchos de estos locales donde he ido a ver a grupos de amigos y he salido un tanto perjudicado.

A la tercera canción yo creo que nos rendimos todos los que allí estábamos. Fue con Your latest trick, que para los no tan aficionados les diré que es la que empieza con un espectacular solo de saxo, en el original tocado por Michael Brecker (lo he tenido que buscar, creí que era Mel Collins, el del Alchemy), y la pasada noche interpretado por Juan Flores, de los Ilegales. Brutal.

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“Mira”, le dije a mi mujer, “la carne de gallina”. A partir de ahí, nos tenían ganados, y como ganado, como reses entregadas, nos comportamos los trescientos. Pidiendo más, Money for nothing, Romeo and Juliet, Walk of life,…

El solista y guitarra, el respetuoso alter ego de Mark Knopfler, presentó a la banda, las canciones, la magnífica colección de guitarras que acompañaban los temas, todo ello realizado con mucho gusto. Con admiración hacia nuestro grupo, con humildad y sin sentirse nada más que un intérprete de esas fabulosas melodías. Como dijo en un momento dado: “con sinceridad”.

realst2En un momento del concierto me fui a pedir algo de beber y volví con un mini de cerveza en vaso de plástico, otro momento ochentero total para mí. Aquellos fueron unos instantes mágicos: un mini de cerveza en vaso de plástico junto a “Mi bella dama”, más guapa que nunca, escuchando a Dire Straits. Se me caían unos lagrimones…

Deseé varias veces que el concierto no terminara, y eso que duró dos horas y cuarto. Me encantó todo, aunque reconozco que la versión del Brothers in arms fue la que menos. Era la canción más lenta de todo el concierto, y fue una de las últimas, así que a lo mejor fue porque estábamos muy arriba y nos supuso un pequeño bajón. Tenía cierta curiosidad por ver cómo defendían el punteo de guitarra de Mark Knopfler en Sultans of swing, el que me acompañaba por la carretera de Barcelona, o el saxofón de Two young lovers, y lo que hicieron los artistas fueron algunas pequeñas variaciones, algunos arreglos, pero los originales seguían siendo reconocibles. Y de regalo final, el tema principal de Local hero.

Algún purista dirá que es un crimen comparar a los originales con esta banda, y seguramente es así, pero cuando uno desea algo, como yo deseaba recordar en directo a la banda británica, y se entrega a la música, como los trescientos espectadores, o como The Real Straits sobre el escenario, el milagro se produce. Hace años, viendo el musical We will rock you, basado en las canciones del grupo Queen, recuerdo un par de momentos brutales de guitarras eléctricas y pensé algo parecido: “jooooder, no es Brian May, pero qué pedazo de músico es este tipo”.

El cantante, que por lo visto se llama Ángel Miguel y tiene 39 años, despidió el concierto agradeciéndonos las ovaciones y aplausos, y diciendo que, para ser su primera vez en Madrid, estaban encantados con el recibimiento, y que a buen seguro repetirán. Habló con modestia, con respeto absoluto a las figuras de Dire Straits, y diciendo que para él representaban “la banda sonora de su vida”. Por eso me emocionaron tanto, porque yo siento lo mismo. Los Dire Straits son la parte fundamental de la banda sonora de mi vida, de mi vida en común con “Mi bella dama”.

Goodnight, now it’s time to go home

Cara Lester

 

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Un comentario en “Recordando a Dire Straits, por Lester

  1. Pues si, Lester, yo también tuve la suerte de asistir a ese cooncierto homenaje a los grandes Dire Straits y aunque no me reconozco entre las sexagenarias con collar de perlas si que reconozco haber tenido, como tu, la carne de gallina en numerosos momentos del mismo.

    Superaron mis expectativas con creces y me hicieron revivir momentos inolvidables pasados con mi gran caballero.

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