Desigualdades

JOSEAN, 14/03/2021

Hace apenas una semana se presentaban las cifras de empleo de febrero y con ellas, la evolución de los últimos doce meses. El pre-Covid y el «on-Covid», sin que veamos todavía el post-Covid que estamos deseando comenzar de una vez. Desde marzo de 2020, cuando estalló la pandemia y se decretó el estado de alarma, la situación económica es dramática, tanto para empresas como para autónomos y familias. El paro supera de nuevo los cuatro millones, cifra que no se superaba desde abril de 2016. A esa cifra habría que añadir las 900.000 personas que se encuentran actualmente en ERTEs y los 510.000 autónomos que permanecen en situación de cese de actividad.

El panorama es desolador, y con el aumento del paro lógicamente crece la desigualdad. Según un reciente informe de Oxfam, la tasa de pobreza severa en España (considerando como tales a aquellas personas que viven con menos de 16 euros al día) ha aumentado del 9,2% de la población al 10,86%, lo que supone añadir 790.000 personas a ese triste grupo de gente que malvive por debajo del nivel de subsistencia. Casi 800.000 nuevos pobres.

Los datos del paro se pueden analizar desde diversos puntos de vista. Llama la atención el sexo de los parados, puesto que 2.304.779 mujeres están en situación de desempleo, mientras que los hombres se quedan en una cifra lejana: 1.704.010, «apenas» el 42,5%. Estos datos sitúan la tasa de desempleo femenino en el 19,3%, mientras que la masculina está en el 14,1% (Datos del Informe de la Fundación Adecco). Desigualdades de todo tipo, por sexo, por comunidades y por edad.

Se incide mucho en la tasa de paro de los jóvenes menores de 25 años, cercana al 50%, un dato cuatro veces por encima del existente en países como México o Corea del Sur. Según los datos del último INE, de los cuatro millones de parados, 366.403 tienen menos de 25 años. En muchos casos se trata de jóvenes recién salidos de la formación profesional o de la universidad, con idiomas o másteres diversos, que no encuentran su hueco en el mercado. Buena parte de ellos emigrará, otros cuantos opositarán, y muchos caerán en el desánimo. No es consuelo, pero muchos de ellos seguirán viviendo de (y con) sus padres más tiempo del que les gustaría, a la espera de que lleguen tiempos mejores.

Hay otro grupo de edad al que se presta menos atención, que es el de los mayores de 50 años. Hablamos de 936.200 personas, es decir, cerca de la cuarta parte de los parados actuales. En su caso la situación se agrava puesto que la mayoría tiene cargas familiares y un horizonte incierto por delante, con la jubilación aún lejos de su alcance. Y desde luego las posibilidades de lograr un contrato disminuyen enormemente tras pasar la barrera psicológica de los cincuenta. La Organización Mundial de la Salud identifica la discriminación por razón de edad al mismo nivel que la discriminación por sexo o raza, y en el caso de la edad el problema aumenta a medida que pasa el tiempo o cuanto mayor sea la edad. Más del 70 por ciento de los parados mayores de 55 años son desempleados de larga duración, es decir, llevan más de un año sin encontrar trabajo. Surgen así nuevas desigualdades, que se acrecientan si añadimos el factor sexo a los datos. Según el mencionado Informe de Adecco, el 57 por ciento de los desempleados de larga duración son mujeres y en el tramo superior a los 55 años suponen casi dos tercios del total:

En este blog ya dediqué una entrada a la brecha salarial y otra a esa enorme diferencia (que además se ha incrementado) entre directivos y empleados, una auténtica grieta salarial creciente relacionada con el momento en que cada generación se incorporó al mercado de trabajo y comenzó a ocupar los puestos de responsabilidad. En el mencionado tramo de edad por encima de los 50 años van a convivir los trabajadores con el sueldo normalmente más alto de las compañías y los desempleados de larga duración cuya pensión se va a reducir de manera considerable.

No voy a extenderme más en estos asuntos porque lo que me interesaba era resaltar algunas diferencias que se están produciendo y aumentando en el sistema. La propia Covid-19 se ha cebado de modo distinto entre hombres y mujeres. Según el Informe del INE, el número de hombres fallecidos por Covid-19 es superior en todos los tramos de edad por debajo de los 85 años, y solo es superado por encima de esta barrera, fundamentalmente porque hay el triple de mujeres que de hombres en esos rangos de edad.

Buceando en los datos del INE se pueden encontrar esas estadísticas que aparecen de manera excepcional en las noticias, como son las cifras (escalofriantes por otro lado) de suicidios en España. En una consulta rápida obtengo los siguientes resultados:

El suicidio es la primera causa externa de muerte en España, por encima de los accidentes de tráfico. No podemos entrar a averiguar las causas que motivaron estas tragedias, pero llama la atención que se repita la proporción de uno a tres entre mujeres y hombres a lo largo de toda la serie temporal. Las cifras son terribles, suponen más de diez suicidios diarios, motivo por el que numerosas voces llevan años reclamando un Plan Nacional para la prevención del suicidio, considerado por la Organización Mundial de la Salud como un grave problema de salud pública.

Sigo la evolución de esa estadística desde hace tiempo y siempre me ha sorprendido la «estabilidad» de las cifras, la anomalía que suponen en un país en el que (creo) se vive tan bien. Como también me asusta la estadística de los accidentes laborales, otra lacra que, pese a haberse reducido en los últimos años, sigue en unas cifras escalofriantes. En 2020, y pese al parón de actividad, fallecieron 708 trabajadores, 595 de ellos en accidentes durante la jornada de trabajo y 113 durante los trayectos de ida y vuelta al centro de trabajo, los llamados «in itínere».

Entrando en el detalle de esas cifras se advierte una diferencia importante por el sexo de los fallecidos, 565 de los cuales eran hombres y 30 mujeres. Quizás se deba al peso mayoritario de los hombres en sectores como la construcción, la industria o el transporte, donde apenas hay presencia de mujeres, pero no deja de resultar llamativo. Los partidos en el poder presentaron una norma seguramente inconstitucional para promover la presencia de mujeres en las llamadas carreras STEM (ciencias, tecnológicas, ingeniería y matemáticas), pero evidentemente no les interesó forzar un cambio de paradigma en estas otras profesiones en las que las mujeres están infrarrepresentadas.

Finalmente retiraron la propuesta e hicieron bien, porque vistas las explicaciones que daban algunas sobre esta medida, caían en actitudes machistas que teníamos ya olvidadas. Los porcentajes tan desiguales en la estadística de los accidentes laborales son similares, pero a la inversa, a los porcentajes de los fallecimientos (llamémoslos asesinatos) por violencia de género o violencia doméstica. Una auténtica lacra que por desgracia no reduce sus cifras año tras año.

Todas las estadísticas nos llevan a conclusiones evidentes: aumentan las desigualdades de todo tipo. Entre ricos y pobres, entre contratos fijos e indefinidos, salariales, generacionales, por razón de sexo,… La pandemia lo ha agravado todo y solucionarlo requiere de políticas activas de diversos ministerios: Empleo, Hacienda, Economía, Sanidad, Inclusión, Seguridad Social,… En España estamos tan convencidos de corregir las desigualdades que hasta tenemos un Ministerio para luchar contra todas ellas desde «una perspectiva de género». Los resultados saltan a la vista:

Evidentemente, la evolución de estos datos económicos no depende del Ministerio de Igualdad, cuya agenda ha estado marcada por otros asuntos, como los intentos de aprobación de la Ley de Libertad Sexual y el Proyecto de Ley para la Igualdad Plena y Efectiva de las personas Trans. ¿Entonces, la Ley de Igualdad de Trato y No Discriminación no ha sido parida en ese Ministerio? Pues tampoco, puesto que fue aprobada en el Consejo de Ministros a iniciativa del PSOE y con la abstención de Podemos, pese a contar con toda una ministra de Igualdad de dicho partido en el gobierno. Las diferencias entre los dos partidos de gobierno son evidentes en numerosos asuntos de esta índole, pero quizás la titular del Ministerio de Igualdad, Irene Montero, ha estado del lado de las asociaciones feministas y todo se debe a una persecución constante de su actividad por parte del «heteropatriarcado» más rancio y caduco. Lo cual me cuadra mal con el hecho de que un centenar de asociaciones y colectivos feministas hayan reprobado su primer año de gestión por considerar que está cayendo en una «deriva antifeminista». O a mi modo de ver, en una pelea absurda entre mujeres y hombres.

El presupuesto del Ministerio de Igualdad o «igual da» se ha incrementado hasta los 451 millones de euros para 2021. Suponemos que la ministra en cuestión es una persona preparada para gestionar estos fondos, más los que tienen que llegar de Europa, porque pensar que ha llegado al puesto por sus relaciones personales sería de un machismo insoportable. Sería algo parecido a lo que se dijo de Ana Botella, que pese a ser licenciada en Derecho, haber obtenido la oposición al Cuerpo de Técnicos de la Administración Civil del Estado y tener amplia experiencia en diversas Administraciones Públicas, se le acusó de llegar al cargo por ser «la mujer de» o «elegida a dedo por», lo cual, visto cómo se cuecen las cosas en política, puede tener mucho de cierto. A mí personalmente, Ana Botella nunca me gustó y me incomodaba su modo de explicarse, pero el machista insoportable que pronunció aquellas palabras fue Pablo Iglesias.

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Gacelas, zombis, buitres y otras metáforas sobre la empresa

JOSEAN, 15/02/2021

Para el que no esté familiarizado con el término, se llama empresas gacela a aquellas empresas de crecimiento rápido, constante y muy por encima de la media. Según la OCDE, son empresas que logran crecimientos superiores al 20 por ciento durante tres años consecutivos. Suelen tener una plantilla reducida, buenas cifras de crecimiento en facturación y empleo, y una rentabilidad por encima del 15 por ciento. Según la web 123emprende, en España había unas 30.000 empresas gacela a principios de este año, localizadas fundamentalmente en Madrid y Cataluña. El sector de mayor crecimiento de este tipo de empresas en Europa es el de las tecnologías de la información, según el ranking Europe’s 500 seguido del inmobiliario y la construcción. Los sectores en España son, según el estudio de Iberinform, Crédito y Caución, los siguientes:

Son empresas que representan al pequeño emprendedor que arriesga y tiene éxito en su empeño, fundamentales en un país en el que más del 99 por ciento de las empresas son PYMEs. Resulta dramático leer que España ha perdido el 54 por ciento de sus empresas gacela durante este 2020 que ha sido tan trágico para todos.

En otra parte del tejido empresarial están las llamadas empresas zombis, aquellas cuyos ingresos no dan ni para cubrir sus gastos financieros. No solo no están en condiciones de devolver sus deudas, sino que a duras penas logran cubrir sus gastos. Caminan como los zombis de The Walking Dead, sin un sentido claro, despacio, arrasando todo lo sano que encuentran a su paso. Unas 220.000 empresas pueden estar en esta situación, el 6,2 por ciento según el INE, el porcentaje más alto de toda la Unión Europea.

Muchas de ellas siguen cotizando en Bolsa, como Pescanova, Adolfo Domínguez, varias aerolíneas, constructoras como OHL,… Se benefician del crédito barato y casi ilimitado, de los estímulos públicos y de las preferencias de los bancos por refinanciar una y otra vez sus créditos en lugar de exigirlos y darlos por fallidos, lo que empeoraría también la situación del sector financiero. Con la paralización de la actividad motivada por el estado de alarma, el confinamiento y los cierres parciales de determinadas actividades que han sucedido durante los meses posteriores a marzo de 2020 (y llevamos casi un año), era lógico que numerosas empresas se vieran abocadas al cierre. Los estímulos públicos en forma de ERTEs y sus sucesivas prórrogas, las refinanciaciones de deuda con los avales del ICO y la moratoria concursal hasta el 14 de marzo llevan de modo inexorable a una “zombificación” de numerosas empresas.

Los estímulos fiscales directos nos sitúan a la cola de Europa en cuanto al impacto presupuestario que suponen, según un informe reciente del Banco Central Europeo:

Lo cual no es muy esperanzador si tenemos en cuenta que también nos situamos a la cola en el triste ránking de evolución del PIB:

La economía española es altamente dependiente del turismo y la hostelería, sectores en los que por desgracia no se prevé una recuperación en el corto y medio plazo. El turismo se ahoga en sus deudas, como decía ayer este titular de El País.

Nulas ayudas directas, al contrario que otros países, en un sector que representaba el 12,4% del PIB. No existe un plan concreto, no se aprecia un horizonte claro mientras las principales compañías ponen sus activos inmobiliarios y hoteles a la venta.

Los estímulos para las empresas hasta la fecha se han centrado únicamente en la “patada a seguir”: prorrogar los ERTEs, posponer vencimientos de deudas, ampliar créditos con aval del ICO o retrasar las solicitudes de concurso. No voy a criticar tales medidas, ni mucho menos, pero es obvio que no se pueden mantener indefinidamente. Puede que el error esté en creer que la situación crítica de estas empresas se debía a un problema de liquidez y no de insolvencia, como si al retrasar los problemas estos fueran a desaparecer con el reinicio de las actividades, y ya estamos viendo que no es así. El problema de muchas de estas empresas es que no van a ser solventes ni rentables y están abocadas a la quiebra.

En diciembre de 2020 se destruyeron 3.003 empresas, a una media de 97 al día, un 10,4 por ciento más que en 2019. Unas 68.000 empresas en todo el año, de las cuales el 99,7 por ciento contaba con menos de 50 trabajadores. Y esto no ha hecho más que empezar, las cifras no reflejan la realidad de la situación. En la actualidad existen 740.000 trabajadores en situación de ERTE, ahora mismo prorrogados hasta el 31 de mayo, ¿qué va a ocurrir a partir de esa fecha? ¿O del 14 de marzo? Lo que parece claro es que la economía de un país no puede sostenerse a base de subsidios o moratorias a empresas que antes o después van a ser declaradas insolventes. De hecho, puede terminar perjudicando al propio sistema y dificultando la supervivencia de aquellas que sí son viables o cuyo problema es de liquidez temporal, no de falta de actividad.

Hoy precisamente, 15 de febrero, los ministros de Economía del Eurogrupo se reunían para debatir sobre los riesgos de las insolvencias empresariales. En Bruselas preocupa el elevado endeudamiento de las empresas y el retraso en la reactivación de la economía, lo que puede acabar con una oleada de quiebras una vez que desaparezcan los estímulos, la «respiración asistida» de las empresas. La Comisión Europea recomienda que dicha retirada sea paulatina y que los países aceleren en el arranque de los proyectos incluidos en los Fondos de Recuperación y el Plan Next Generation.

Otra fecha importante a tener en consideración es la del 17 de junio, día en el que expira el plazo para la transposición de la directiva europea sobre reestructuración e insolvencia. El Registro de Economistas Forenses (Refor) propone la creación de un sistema de alertas tempranas ante posibles riesgos de insolvencia y la profesionalización del sistema de refinanciación. En España los procesos de concurso empresarial concluyen con la liquidación de las compañías en un 90 por ciento de los casos, una ratio que en Europa se sitúa entre el 65 y el 70 por ciento. Según el Refor, muchas de las refinanciaciones en casos de indicios de insolvencia se podrían salvar con una gestión profesionalizada y proponen incluir en la norma la figura de un mecanismo llamado Pre-pack, consistente en el asesoramiento de un profesional para que la compañía pueda enajenar todos los activos de interés antes de llegar a la situación de concurso, cuando ya casi todo se liquida a precio de saldo. Ya que estamos con los símiles, se corre el riesgo de la proliferación de los fondos buitre o los buitres a secas, que se hacen con activos interesantes a precios inferiores al valor teórico de mercado.

En un país en el que empiezan a desaparecer las gacelas y proliferan los zombis y buitres, la situación pinta mal. Muy mal. La metáfora que más me gusta para hablar del funcionamiento de una empresa o de la economía de un país es la del tren de mercancías. El tren necesita una distancia muy larga para frenarse, cerca de un kilómetro si circula a 100 kilómetros por hora. Igual que las empresas, que muchas veces avanzan por inercia, frenando con lentitud hasta que se detienen por completo. Ponerlas en marcha de nuevo, al igual que un tren de mercancías, requieren una cantidad enorme de energía. Creo que el tren no se ha detenido todavía y que va a requerir toneladas de carbón, más madera, que diría Groucho, para ponerlo de nuevo en marcha.

O también puede ocurrir que las gacelas, los zombis e incluso los buitres sean devorados por el dragón chino, que avanza implacable por todas partes imponiendo su modo de hacer las cosas. Sanciones del Banco Mundial por prácticas fraudulentas y colusorias en Congo, Zambia, Paquistán o Filipinas, denuncias por incumplimiento de la normativa laboral en varios países de Latinoamérica, casos de corrupción en Ecuador, Malasia o Guinea Ecuatorial, daños medioambientales en Sri Lanka, Montenegro o Ecuador, espionaje industrial en Estados Unidos, etc. Ya se vio su papel activo en la crisis de Grecia a la hora de quedarse con los mejores activos del país, así que todo pinta “fenomenal”.

Una empresa española de toda la vida, Urbaser, vendida por Florentino Pérez y el grupo ACS a un fondo de inversión chino hace tres años, acaba de sufrir el robo de información de contratos públicos en pleno proceso de venta. Los hackers solicitan una contraprestación para no hacer pública la información “secuestrada”. En una empresa de 35.000 trabajadores. Muy “divertido” todo, sí, señor.

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Nuestro Nobel de Economía

LESTER, 30/01/2021

Tras el post del amiguete Josean sobre las Finanzas Sostenibles y la responsabilidad social la semana pasada, me he acordado de algunos estudios y artículos que leí en su momento sobre la influencia o la interacción entre la economía y algunos de los grandes problemas del mundo, como el cambio climático o la desigualdad. Algunos muy ambiciosos, como el Green New Deal Global del economista y sociólogo Jeremy Rifkin, que habla de una economía totalmente descarbonizada, apoyada en energías renovables y unas infraestructuras verdes, y con un nivel de digitalización global que llevará a importantes cambios en la sociedad. «Ambicioso» porque, aunque se están dando muchos pasos, parece que no se ha avanzado mucho desde que publicó La Tercera Revolución Industrial (The Third Industrial Revolution: How Lateral Power Is Transforming Energy, the Economy, and the World) allá por 2011, hace ya diez años.

El premio Nobel de Economía en 2018 fue a parar a los estadounidenses William D. Nordhaus y a Paul Romer por sus aportaciones en el campo de la innovación, el cambio climático y el crecimiento económico. Nordhaus, profesor de la universidad de Yale, fue el primer economista en crear un modelo cuantitativo que describía la interacción entre la economía y el clima. Transcribo a mi amigo El economista salvaje:

«A mediados de los noventa, se convirtió en la primera persona en crear un modelo sobre el cambio climático que incluía la población, cómo se concentra el dióxido de carbono, cómo afecta a la temperatura global, los efectos de respuestas con distintas políticas como el impuesto al carbono y la evolución del daño causado y sus consecuencias negativas para la economía».

Cada vez que he metido un poco las narices en el cálculo de la huella de carbono o en el mercado de compraventa de derechos de emisión me ha parecido un gazpacho de una enorme complejidad, seguramente intencionada, así que me quedo con algo más cercano, como son los estudios que desarrollaron sus sucesores en el premio de la Academia sueca. En 2019, el Premio Nobel de Economía fue a parar a los economistas Abhijit Banerjee, nacido en Bombay en 1961, Esther Duflo, natural de París, de 1972 y el estadounidense Michael Kremer, de 1964, por sus estudios en busca de una “aproximación experimental al alivio de la pobreza global”. Como indica la nota de la Academia Sueca en la que explica los motivos de su decisión:

“A pesar de la mejora en los estándares de vida, más de 700 millones de personas subsisten con unos ingresos extremadamente bajos. Cada año, unos cinco millones de niños menores de cinco años fallecen por enfermedades que podrían a menudo ser prevenidas o curadas con tratamientos que no son caros. La mitad de los niños del mundo todavía abandona la escuela con unas capacidades básicas de lectura y aritmética”.

Los estudios de estos tres economistas se centraron a lo largo de los años en los efectos de incidir en algún problema concreto, pequeño, en lugar de hacerlo sobre los grandes programas de ayuda para países desfavorecidos. Es lo que se denomina “economía del desarrollo”. Como dijo la propia Esther Duflo en su discurso al recibir el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales en 2015:

“Nuestro objetivo es asegurarnos de que la lucha contra la pobreza está basada en la evidencia científica”.

En términos económicos, sus análisis se centraron en la microeconomía en lugar de estudiar el impacto macroeconómico de las grandes políticas de desarrollo, millonarias ayudas internacionales que lograban muy poco, y comprobaron empíricamente cómo la solución de los pequeños problemas lograba efectos mayores a gran escala. Me vuelve de nuevo a la mente la frase de Eduardo Galeano:

Vuelvo a acudir al blog de mi amigo savage para mencionar algunos de los estudios de este trío de economistas:

Educación: los estudios desarrollados en unas escuelas de Kenia con rendimientos escolares muy pobres sirvieron para demostrar la ineficacia de las medidas que incidían en la pobreza de las familias y de los colegios como principal causa del problema. Dar libros y comida gratis a los alumnos no mejoró en nada el rendimiento. La base del problema estaba en los bajos salarios de los profesores, que se traducían en poca motivación. Al destinar el dinero a incentivar a los profesores, a ofrecer programas a los estudiantes y a ofrecer una atención más personalizada a los alumnos con mayores necesidades, los índices de rendimiento se dispararon. Sus propuestas se han implantado en más de 100.000 escuelas en la India, beneficiando a unos cinco millones de estudiantes.

Sanidad: sus estudios se centraron en analizar las causas de la baja eficacia de los centros de vacunación fija, y detectaron que se debía a que la mayoría de las familias no se desplazaba para vacunar a sus hijos. Además, estos centros fijos eran más caros que los centros de vacunación móviles, así que los economistas plantearon realizar campañas de vacunación directamente en las aldeas, desplazando los equipos y poniendo las vacunas prácticamente en la puerta de las casas de las familias. Con esta medida, la tasa de vacunación se incrementó del 6% al 31%.

Innovación tecnológica: los habitantes de países en desarrollo suelen ser reacios a aplicar nuevas técnicas y sus estudios se centraron de modo especial en la agricultura de países pobres. Comprobaron que los agricultores rechazaban o retrasaban la inversión en fertilizantes, pero más por coste que por desconocimiento, porque no tenían problemas para usarlos cuando se les suministraba directamente en sus aldeas. Los resultados mejoraron de modo espectacular.

Agua limpia: estos tres economistas certificaron a través de diversos modelos que hay pocas inversiones más rentables para los países en desarrollo que la ampliación del acceso a agua potable entre sus habitantes. Que era preferible saltarse la burocracia de muchos países e ir directamente buscando casa por casa a los posibles beneficiarios del suministro de agua limpia y segura, sin necesidad de esperar a programas gubernamentales.

 “Sí, queremos el crecimiento económico y es lo más importante a largo plazo, no hay duda. Pero, mientras tanto, la gente se muere porque no tiene acceso a agua limpia”. 

Las grandes inversiones en infraestructuras para llevar el agua potable a todos los ciudadanos de un país en vías de desarrollo no llegan o avanzan con lentitud, luego la distribución de filtros potabilizadores es capaz de lograr un efecto inmediato de mejora en la calidad de vida de las familias que lo reciben (The Water Van Project). Es evidente que no puede ser una solución definitiva, pero sí una enorme ayuda inmediata para grandes núcleos de población alejados de los centros urbanos. Como saben los asiduos a este blog, en verano de 2019 estuvimos colaborando con Ayuda en Acción y el FEPP en la distribución de filtros en comunidades del valle de Chota Mira (Ecuador). Las depuradoras de agua que vimos en algunas de las comunidades de Ecuador no funcionaban o no evitaban que el agua se contaminara, algo parecido a lo que demostraron los estudios de Michael Kremer en Kenia, así que la solución local, familiar, micro, resultó ser mucho más efectiva.

Por eso, cuando en octubre de ese mismo año concedieron el Nobel de Economía a Banerjee, Duflo y Kremer, sentimos que todos nosotros habíamos ganado también, sin saberlo, un pedazo del (y de) premio.

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Los adjetivos del nuevo capitalismo

JOSEAN, 23/01/2021

La tendencia no es de ahora, pero sí tengo la sensación de que se ha incrementado mucho en el último año, de manera especial tras el estallido de esta pandemia. Me refiero a la tendencia a adjetivar todo lo que rodea al mundo financiero, económico, fiscal o al sistema capitalista en el que vivimos. A raíz de la expansión del virus por el mundo y de las alteraciones que provocó en nuestro modo de vida, llevándonos a extremos de confinamiento y reclusión que jamás sospechamos, se publicaron numerosos artículos en el sentido de venganza de la Naturaleza, respuesta del planeta por la pérdida de biodiversidad o, como dijo Inger Andersen, director ejecutivo del programa de medio ambiente de la ONU: «la Naturaleza nos está mandando un mensaje«. La recuperación de la calidad del aire o de las aguas, la disminución de toneladas de residuos y de emisiones de gases a la atmósfera, o la invasión de especies del centro de las ciudades, fueron vistas como la victoria de la Tierra ante nuestro desaforado afán consumista. La ONU sentenció en mayo: El coronavirus: la advertencia del planeta de que la humanidad debe cambiar.

Pero la tendencia viene de muchos años atrás. La carta que el CEO de BlackRock, Larry Fink, envía a sus inversores al inicio de cada año pareció premonitoria allá por enero de 2020. Hablaba de Un cambio estructural de las finanzas, poniendo el foco en la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático por «el impacto significativo y duradero que tendrá en el crecimiento económico y en la prosperidad – un riesgo que, a la fecha, los mercados han sido lentos en reflejar». El nuevo estándar de BlackRock para invertir pasaría a ser la sostenibilidad, unido a la mitigación de riesgos ESG (environmental, social and governance), la transparencia y la exigencia de la medición de la huella de carbono a todas las empresas con las que el fondo colaborara o trabajara. Es un paso más en una tendencia iniciada hace una década y, ya sea como declaración de intenciones interesada o como voluntad decidida por el cuidado del medio ambiente, es un paso en la buena dirección. Al menos la web del fondo deja clara su apuesta por «lo verde»:

Se ha escrito mucho en los últimos años acerca de estos asuntos, y de manera especial tras el Acuerdo de París por el clima firmado en 2015 y la aprobación en la ONU de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030. Resulta sintomático que una de las primeras declaraciones de Joe Biden al acceder a la presidencia de Estados Unidos haya sido para volver al Acuerdo de París del que se desvinculó el país durante la presidencia de Donald Trump: «Queremos liderar, no con el ejemplo de nuestro poder, sino con el poder de nuestro ejemplo».

En esa línea, la Comisión Europea aprobó en 2018 su Plan de acción para una economía más limpia, poniendo especial énfasis en lo que se denominó «Finanzas Sostenibles». Se trata de un ambicioso plan para clasificar las actividades de las empresas en «verdes» o «no verdes», y primar de algún modo las consideradas «sostenibles». Como el capitalismo entiende por encima de cualquier otra cosa de sus propios intereses, el Plan prevé incentivar este tipo de actividades con una financiación más barata, mayor facilidad de acceso de las empresas a proyectos públicos de inversión y la exigencia de certificaciones para poder acceder a fondos europeos. Parece que cobra importancia real la Información No Financiera de las empresas, esa parte de las cuentas anuales que se rellenaba de una manera genérica y bienintencionada, pero poco concreta. Algo que contrastaba con la detalladísima Información Financiera, en donde no escapaba un euro al control de los administradores de las compañías, ni de los auditores.

Finanzas sostenibles, economía circular, fiscalidad justa, empresas socialmente responsables, transición ecológica, transformación digital,… son cada vez más los adjetivos que se incorporan a la redefinición de nuestro sistema. Fondos de «impacto», o fondos de inversión solidarios, una figura mucho más extendida en el mercado anglosajón, que son «inversiones que buscan una rentabilidad financiera y también un impacto social o medioambiental positivo«, en palabras de Arturo Benito, de Impact Bridge AM. Estos productos mueven ya más de 633.000 millones de euros, y se han especializado en sectores como la salud, la alimentación o el acceso a la energía y la vivienda. La CNMV tiene registrados 19 fondos de inversión solidarios y 44 fondos ESG que basan sus inversiones en criterios sociales y medioambientales.

Dentro de esa tendencia a adjetivar (y cambiar la cultura empresarial y financiera), me encontré hace tiempo con otro artículo que hablaba de El gurú del buen capitalismo. Hablaba de Paul Polman, exconsejero delegado de Unilever, que defendía que «la opinión pública está castigando a las empresas que se comportan de forma irresponsable». Pero lo que me llamó la atención es que si se hablaba de «buen capitalismo» es porque el articulista entendía que había un «mal capitalismo». O un capitalismo voraz, salvaje e irresponsable que se preocupaba únicamente del beneficio del accionista y no del impacto en la sociedad. Quizás la pandemia haya acelerado muchos de los cambios que se llevaban años anunciando.

«El cisne verde» es un concepto creado por el Bank of International Settlements (BIS), del que comenzamos a escuchar a principios de febrero de 2020, justo cuando el virus y sus consecuencias estaban a punto de reventarnos en la cara. El cisne verde hace referencia a una crisis financiera motivada u originada por desastres climáticos o medioambientales: los incendios en California y Australia, las inundaciones en el sudeste asiático o el centro de Europa, los huracanes en Centroamérica, o lo que nadie preveía, el impacto del virus SARS-COV-2 en las economías de todo el mundo. La destrucción de centros de producción, el hundimiento de economías de países enteros o la destrucción de empleos y empresas son algunas de las consecuencias de esos cisnes verdes. También los llamados «riesgos de transición», como son los cambios regulatorios que pueden llevar a desincentivar unos sectores (materias primas, combustibles fósiles) en beneficio de otros (energías renovables). Los riesgos definidos por el Foro Económico de Davos en su informe de 2020 son muy numerosos:

En términos de probabilidad e impacto:

El propio Manifiesto de Davos de 2019 hablaba de esa necesaria «refundación» o «transformación» del capitalismo, basada en tres principios:

  • Las empresas no funcionan únicamente para sus accionistas, sino también para las comunidades locales y la sociedad en general, y deben involucrar a empleados, clientes y proveedores.
  • Las empresas no son solo unidades generadoras de riqueza, sino que atienden a las necesidades de toda la sociedad. En este punto hace mención a la importancia de los ejecutivos de las empresas y las desigualdades (La grieta salarial).
  • Una multinacional es en sí misma un grupo de interés al servicio del futuro global.

Sea por un interés altruista o por un interés propio de las empresas, el caso es que los pasos son firmes y se ha avanzado muchos en estos temas. Los fondos europeos para la reconstrucción (Next Generation-EU), de 750.000 millones de euros, se concentrarán en todos los aspectos mencionados y serán una gran oportunidad para avanzar en algunos campos. Solo espero que se gestionen bien. La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha dicho recientemente que «El objetivo último es conseguir una España más verde, más digital, más cohesionada social y territorialmente y también más igualitaria en términos de género. Por razones de equidad social pero también de racionalidad económica; para lograr un crecimiento robusto y sostenible desde el punto de vista económico-financiero, pero también medioambiental y social«. Espero que haya una colaboración público-privada eficiente, en proyectos sólidos y necesarios, que se fiscalicen adecuadamente y que no se nos vaya el dinero en estudios chorras, sino en atender las necesidades reales de la sociedad.

Verde, digital, justa, sostenible, solidario, social, responsable… todos estos adjetivos me parecen perfectos. Ahora bien, me resulta extraño conjugar la «transformación digital», pasar de «un país de camareros» a ser productores de tecnología, con un plan educativo en el que se pueda obtener el bachillerato con suspensos, o en el que no se fomente abiertamente la excelencia o el esfuerzo. Y a nivel mundial, creo que todos estos esfuerzos no funcionarán si no se frena a un país al que le importa tres cojones ser ecofriendly, un país como China, que no se define como capitalista precisamente, al que le importa muy poco la gestión medioambiental, los derechos humanos, la transparencia, la justicia fiscal y la propiedad intelectual. Entonces sí que vamos a saber lo que significa otro adjetivo de moda: ser «resiliente». Saber adaptarse a las circunstancias adversas.

Hoy se cumple un año del inicio del confinamiento en Wuhan, y mientras China ha tenido un crecimiento del 2,3% en un año crítico, las economías occidentales han experimentado caídas de entre el 5% y el 12%. Insostenible.

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El año que nos encerramos cautelosamente

El año que vivimos peligrosamente es una película de Peter Weir de 1982 ambientada en las revueltas de Indonesia a mediados de los sesenta. Inicialmente me pareció un buen título para definir lo que había sido 2020, pero una vez que analizas que todo lo que tenías que hacer era confinarte, reducir tu actividad al mínimo y no hacer nada me pareció que quedaba un tanto exagerado. De ahí el título escogido.

Un año como el que acaba de terminar no podía hacerlo de una manera más adecuada que como lo ha hecho: mal, penoso, lamentable. No lo digo por el vestido de la Pedroche, no. Ni lo digo solo por «regalarnos» una de esas sobreactuaciones a las que Nacho Cano nos tiene acostumbrados (ahí queda su particular intervención en el homenaje a Miguel Ángel Blanco), sino sobre todo por una nueva polémica y división acerca de la bandera de España en la Puerta del Sol: el artículo de Ignacio Escolar, los insultos habituales en redes sociales, Televisión Española tapando la bandera con medio metro de flores,… en fin, la polarización de la sociedad una vez más y la manipulación de todo desde los medios y la clase política. Que una bandera de 1785 utilizada durante siglos (también por la Primera República) sea «un problema» tan grande me hace pensar que estamos perdidos como sociedad.

Como dice la letra de la canción de Nacho Cano, en este momento del año «hacemos el balance de lo bueno y malo», aunque sea un par de días después y no «cinco minutos antes de la cuenta atrás», y de eso va este primer post del año, o último de 2020, según se mire. Si vamos a las cifras de este blog de los Cuatro amiguetes y unas jarras (aunque cada vez haya menos jarras que tomar con amigos), el número de lectores se ha triplicado en comparación con el año 2019, que ya había sido el mejor de largo, algo tan espectacular como sorprendente. 60 artículos en total publicados en este blog, 15 en otros medios, más otros 23 firmados de manera apócrifa en sitios inconfesables, y la edición de Aguafiestas en un año muy completo. Solo en este blog hemos llegado a las 70.000 lecturas, pero si añadimos las de LinkedIn, La Galerna y Planeta Fútbol seguramente hayamos superado los 100.000 lectores en todo el año, congrats! Y gracias a todos por el interés.

Esas son las estadísticas, que pueden decir mucho o no contar nada, pero de lo que hoy se trata es de hablar de las tendencias que han marcado el año, de qué temas se han ocupado los cuatro amiguetes en estos doce meses en los que nuestro modo de vida saltó por los aires. Y el comentario sobre el vestido de la Pedroche o la bandera solo eran excusas para comentar uno de los temas que más nos preocupan y que ya estaban en el primer post del año (Despropósitos de Año Nuevo): la polarización de la sociedad. Cristina Pedroche es una mujer «empoderada» o «cosificada» en ese nuevo lenguaje, según pertenezcas a un bando o al otro (y ya me preocupa hablar de bandos), en ese discurso de rojos y fachas que todo lo contamina, no digamos la bandera. La utilización partidista de todas las herramientas al alcance de la clase política ha servido para desunir aún más a una población sorprendida por la pandemia que necesitaba la unión de esfuerzos y la coordinación de administraciones, y su actuación ha vuelto a poner de manifiesto que no están a la altura de los ciudadanos, que en su mayor parte han tenido un comportamiento ejemplar, solidario y responsable. Las cicatrices del coronavirus necesitarán años para cerrarse.

El Amiguete Josean ha dedicado buena parte del año y de sus esfuerzos a explicar las reformas fiscales que se anunciaron a principios de año (Las grandes corporaciones son malas, un tema complejo que dio para dos partes) y todos los cambios legislativos que se implementaron con el estado de alarma (Y todo en un mes), con mucha precipitación y rectificaciones constantes que no trajeron los resultados deseados. A veces hay que fiarse más de criterios técnicos que ideológicos cuando se van a tratar determinados asuntos, como los Presupuestos Generales del Estado, que pecan de una serie de errores, como ingresos erróneamente calculados y gastos infravalorados. El peaje también de tener que contar con algunos socios que no son los mejores compañeros de paseo (Sí se puede. No se podía, pero ahora ya sí se puede). No quería dejar el tema de la ideología en cuestiones de dinero público, porque uno de los textos más celebrados de este blog es aquel sobre el estudio del impacto de género en un túnel. Sí, con un par: La M-30 es machista.

El Amiguete completó su año con los capítulos VI y VII del libro no publicado Grandes errores de las escuelas de negocios (ahí lo dejo por si algún editor se siente interesado por la idea), en esta ocasión dedicada al modo de confeccionar presupuestos en una empresa. La esquizofrenia del CFO es la que le anima a escribir este tipo de artículos, así como un relato casi verídico sobre una visita a declarar en los juzgados (Con Animal en el juzgado).

La Covid-19 lo ha impregnado todo este año, también los temas recurrentes en este blog: el deporte, el cine, algún viaje o voluntariado, los maratones,… El Amiguete Lester se ha quedado sin correr un maratón por primera vez desde 2003, así que este año no hemos tenido crónica maratoniana desde algún lugar lejano (o cercano, pues tenía inscripción para Madrid en abril). Pero nos ha contado el placer de correr por el placer de correr, cuando no hay un plan exigente de entrenamientos detrás, y sobre todo, cuando has estado casi dos meses encerrado en tu casa sin salir. El placer de salir a la calle y trotar al aire libre, algo que creíamos que no nos faltaría nunca y en este 2020 desapareció de nuestras vidas como tantas otras cosas. Lester reconoció haber estado (casi) feliz en casa disfrutando con la familia y el tiempo en común, incorporando nuevas aficiones, y el «casi» sería completo de no ser por todo ese sufrimiento cercano que a todos nos ha llegado de un modo u otro. Cae la felicidad en los índices que miden estas cosas intangibles y el relato El oso gris nos trasladó a un futuro cercano que podría ser aún peor que este año de aislamiento y distancia social que hemos vivido. Otro relato extraño, Espectros sobre la pared, y una primera incursión en la poesía, Volverán las malditas mascarillas, completan el año de Lester.

El cine no ha escapado a la pandemia, y el cierre de las salas, así como el bajo nivel de los estrenos, ha llevado al Amiguete Travis a refugiarse en temas atemporales, como si es mejor el libro o la peli, en una larga conversación con Reggie que se alargó en dos partes muy interesantes por las aportaciones de ese gran fichaje del blog. La ausencia de estrenos hizo que Travis repasara algún clásico, como en Mi cita anual con Ben-Hur, se equivocara en los Óscar de Parasite, tratara las manías de algunos directores (Los cigarrillos Red Apple y el Imperio Austro-húngaro) y el modo que tiene Hollywood de tratar la figura de sus presidentes, ya sean ficticios o reales. El confinamiento también dejó huella en algunos posts, como en Ensayos de un futuro distópico, sobre el modo de tratar este tipo de catástrofes en el cine, o en la peli surrealista que podría escribirse juntando una buena colección de pelis que aparecieron en los reordenamientos de casas que todos hicimos durante el encierro. Un año tan raro como 2020 ha visto los estrenos de dos de los directores más exitosos e interesantes del panorama actual: Christopher Nolan y David Fincher. Ambos pasaron por el análisis de Travis, tanto Nolan con Tenet, en la parte del elogio (sin spoilers) y en la crítica furibunda (destripando el argumento), como Fincher con su visión de la escritura del guion de Ciudadano Kane en Mank (Citizen Mank, Ciudadano Fincher). Un formato que se va a repetir a buen seguro es el de destripar una novela gráfica o cómic y posteriormente su versión cinematográfica. Este año ha sido el de Watchmen, la novela gráfica y la versión de Zach Snyder. En 2021 toca V de Vendetta.

En cuanto a Barney y sus diatribas futboleras, 2020 ha sido un año en el que el deporte no ha escapado a la drástica alteración que ha supuesto la pandemia para todo nuestro mundo conocido. La Liga se suspendió durante tres meses, la NBA se disputó en agosto, Roland Garros en octubre, nos quedamos sin Juegos Olímpicos ni Eurocopa de fútbol, en fin, todo muy raro. El mejor resumen de Barney lo podréis encontrar en La Galerna, en modo Carta a un 2020 muy, muy perro.

En este blog comenzamos con la Supercopa y las nulas críticas al Cholo y acabamos con el primer relato de Barney, Lituriaga, ambientado en el Torneo de Navidad de baloncesto allá por los ochenta. Entre medias hubo tiempo para hablar de esta temporada tan extraña (Déjà vu de la 2016-17), la vergonzosa exigencia de algunos acerca de la Liga inconclusa (La solución belga, el sueño húmedo culé), los incomprensibles olvidos o la desmemoria de la prensa (La mano no era de Dios) y el triunfo final de los de Zidane en el campeonato. El parón en la competición sirvió para encontrar los lazos en común entre los Tauro del 70 (André Agassi, Luis Enrique y Simeone) o para hablar de las derrotas más dolorosas, las que nos siguen revolviendo el estómago tanto tiempo después. El blog dedicó cinco extensos artículos a la vuelta de la NBA y la victoria de los Lakers con el mejor especialista de la materia en España (aquí, guiño): Barney Jr. La muerte de Maradona sirvió como excusa para hablar de los mejores de todos los tiempos en varios deportes y por último, Barney no pudo evitar su tradicional crítica a la penosa prensa deportiva de este país.

Ha sido un año productivo, sin duda. Es lo que tiene pasar tanto tiempo encerrados. El blog ha cumplido seis años y goza de muy buena salud. Los ingresos generados (muy bajos de momento, por «el odio a monetizar») han servido para apoyar una serie de proyectos solidarios en Perú (con Gam-Tepeyac) y de Ayuda en Acción de apoyo a familias desfavorecidas por la Covid. Como resumen de lo que han sido estos seis años cada Amiguete agrupó su centenar de textos en un recopilatorio que sirve de índice para lectores recientes:

Muy orgullosos de lo logrado, cómo no. Este blog solo busca entretener y aportar información, y lo que no va a descuidarse en ningún momento es el lado humano. El título del documental estrenado recientemente sobre las personas que han estado en la guerra cruenta contra el virus (y sobre los que lo han padecido) me sirve para hablar de la mayor enseñanza que nos deja 2020, aunque haya sido arrojándonosla a la cara: olvídate de egoísmos, preocúpate del que tienes al lado, deja de lamentarte de gilipolleces, quiere a tu familia, llama a tus amigos,… Esta situación la revertiremos entre todos, y cuanto más unidos estemos y menos divididos, como empezaba este artículo, será mucho mejor. Más sencillo, más efectivo. La mitad de las lecturas de este año aciago han sido para un texto que hablaba de todo esto y de reconciliación, de las lecciones de vida que nos dejaron nuestros padres, los más castigados por el virus: Aplauso a una generación de héroes. Muy grandes, a ver si aprendemos.

¡Feliz 2021, amigos!

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

Presupuestos 2021 (II): infravalorar los gastos

JOSEAN, 12/12/2020

Un error bastante común que se suele cometer a la hora de realizar presupuestos es el de estimar de manera errónea los gastos, infravalorándolos, y «ajustar» luego a martillazos los ingresos para que cuadren con el objetivo que se pretende mostrar (que no alcanzar). Como expliqué en la primera parte (y siempre según mi opinión), los ingresos previstos en los Presupuestos Generales del Estado para 2021 parecen claramente sobrevalorados o sobreestimados, luego mi duda radica en saber si se inflaron intencionadamente para justificar el incremento de gastos que se prevé realizar durante el ejercicio 2021. Y sería una pena, porque tras la terrible pandemia que hemos sufrido, no solo en España, sino a nivel global, los PGE-2021 tienen que ser más estrictos y rigurosos que nunca para poder convertirse en la herramienta que canalice la recuperación por la doble vía del impulso de la inversión pública y de los fondos europeos del Plan Next Generation.

Toca ser rigurosos, lo que no está reñido con la austeridad. Austeridad no en el sentido peyorativo de la palabra que la crisis financiera nos dejó, sino en el sentido de la RAE: severo, sobrio, sin excesos. Puesto que van a venir 140.000 millones de euros de la Unión Europea en los próximos años, que no son un regalo, toca gestionarlos con sobriedad, sin excesos ni derroches en partidas superfluas. Sin planes E improductivos, para que se me entienda, sino que se aprovechen para eso que tantas veces hemos escuchado: un cambio en nuestro modelo productivo.

La principal premisa en la que se basan estos presupuestos aparece en las primeras páginas del Proyecto de Ley: la suspensión de los objetivos de estabilidad presupuestaria y deuda pública, con lo que «se autoriza de esta forma incurrir excepcionalmente en déficit estructural con la finalidad de permitir la adopción de las medidas necesarias a fin de mitigar los efectos adversos de la pandemia a nivel socioeconómico y abordar un programa de recuperación coherente con el proyecto de la Unión Europea». Pero esta medida es excepcional y no debe considerarse en ningún caso como recurrente, por lo que convendría que algunos miembros del gobierno rebajaran sus ilusiones respecto a una barra libre de gasto, cuando ya nos vamos a situar en los peores puestos de Europa en deuda y déficit públicos. Europa no lo va a permitir, y una mala gestión de los fondos en estos primeros años puede terminar afectando a los siguientes ejercicios.

(Cuadro extraído del Informe de Valoración de los Presupuestos de la CEOE)

La acumulación de errores para elaborar un cálculo aparentemente mucho más sencillo, como es el recuento de los fallecidos en la pandemia (un 60% más, según cálculos del INE, lo que podría llevar los 47.000 oficiales a una cifra superior a los 75.000) me hace desconfiar de algunos de los cálculos presentados en los PGE-2021. El profesor de la Universidad de Oxford Tim Vlandas ha desarrollado un índice tristemente interesante, el Pandemic Misery Index, que mide los efectos combinados del exceso de mortalidad y de los incrementos de desempleo en los distintos países, y nuestra posición (por desgracia) aparece en los puestos de cola:

Se gestionó mal la crisis sanitaria (como en casi todo el mundo, esto no es un tema de gobiernos de derechas o de izquierdas) y las medidas de apoyo económico no fueron suficientes para crear muros de contención de tal robustez que frenaran la caída de la economía. Según un estudio del Banco Central Europeo, las medidas económicas aprobadas por el gobierno (fundamentalmente la prolongación de los ERTEs, los aplazamientos fiscales y los avales del ICO) evitaron el cierre del 36% de las empresas españolas, y alerta de lo que puede ocurrir cuando se retiren las medidas de apoyo económico. De ahí las sucesivas prórrogas de los ERTEs y de la devolución de los créditos del ICO, lo que en el corto plazo resulta necesario, pero en el medio y largo es insostenible, puesto que se termina sosteniendo a empresas que no son viables.

Si nos centramos en la estimación de gastos previstos para 2021, se aprecia un elevado incremento en todas las partidas, lo cual es posible por el adelanto previsto de 26.634 millones de euros de la Unión Europea que no van a llegar a lo largo de este ejercicio, sino en 2022. El total de gastos asciende a 383.543 millones de euros, de los cuales, como ocurre siempre, las mayores partidas son las pensiones y las transferencias a otras Administraciones Públicas (comunidades autónomas y Seguridad Social).

Ya antes de la aprobación de los presupuestos, sorprendió el anuncio del gobierno del incremento de las pensiones y los salarios de los empleados públicos un 0,9 por ciento, sobre todo cuando el IPC interanual se mantiene en tasas negativas (-0,8 en noviembre) y corremos el riesgo de caer en una deflación sostenida. Se calcula que esta medida tendrá un impacto de unos 3.000 millones de euros, repartidos entre todas las administraciones. No voy a criticar la medida porque ambos colectivos han sido tradicionalmente los más castigados en anteriores crisis, pero me entra la duda de la conveniencia de la misma en este preciso instante (la reposición del cien por cien del personal funcionario, por ejemplo), así como una duda más grande aún sobre los cálculos que han llevado a ese porcentaje, que será el doble para las pensiones no contributivas. Sobre todo porque la reforma del sistema de pensiones en España fue una de las principales demandas de la Unión Europea a nuestro país en las negociaciones para la percepción de las ayudas comunitarias.

Evidentemente no soy un experto en contabilidad pública como para meterme partida por partida en las estimaciones de gasto, pero una de ellas sí llama la atención y es la destinada al pago del desempleo, 25.012 millones de euros, como resultado de la estimación (muy optimista) de las tasas de desempleo en el 16,3 por ciento para 2021. Las previsiones del Banco de España sitúan la tasa de desempleo del próximo ejercicio en un rango entre el 19,4 y el 21 por ciento, y la propia estimación de gasto del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) prevé liquidar este ejercicio un importe de 35.083 millones de euros en esta misma partida. Veremos qué ocurre a partir del 31 de enero (fecha de finalización de los ERTEs) y sobre todo con la esperada recuperación de la actividad a lo largo de todo el ejercicio, pero a priori parece que el cálculo es muy corto.

España tiene un mercado laboral muy dependiente del turismo y los servicios, y las medidas de protección del empleo aprobadas supusieron una protección del trabajador «estable», pero volvió a dejar a su suerte a los trabajadores precarios. Durante este ejercicio 2020 hemos padecido una disminución del 86’6 por ciento del número de turistas extranjeros y una reducción del 90 por ciento de dichos ingresos, y la recuperación de este sector, que aporta un 12 por ciento del PIB, es prioritaria. La hostelería es otro sector fuertemente afectado y cuya recuperación se prevé complicada. Esta semana escuché un debate en la radio sobre si «se debía rescatar la hostelería» a la manera en que se hizo con «el ladrillo» en manos de la banca. Bueno, aquí ya hicimos ese ejercicio, aunque fuera en plan irónico, hablando del «bar malo», un organismo ficticio llamado BARHEB. Me pareció interesante la solución planteada en Alemania consistente en apoyar económicamente a los bares y restaurantes con un ingreso equivalente al 75 por ciento de su facturación en el año anterior. Si aquí se adoptara una medida similar, tendría «gracia» saber cuántos empresarios de la hostelería iban a lamentar llevar esa caja B de ingresos, por desgracia tan extendida, y de qué manera iban a tratar de obtener la compensación.

Los fondos del plan Next Generation son una gran oportunidad para cambiar ese modelo productivo para evolucionar del «país de camareros» a una economía mucho más moderna y todas esas palabras que se añaden ahora a todo: digital, integradora, inclusiva y resiliente. Bromas aparte, los programas de la Unión Europea deben destinarse a infraestructuras productivas el día de mañana (vuelvo a decir que no más planes E), centradas en los sectores destacados indicados en el propio Plan: eficiencia energética, sostenibilidad, economía circular, digitalización de las empresas y las administraciones públicas, y todo ello apostando por la innovación y (por fin) el I+D+i. Es una oportunidad que no puede desaprovecharse y será necesaria la mayor colaboración público-privada de una manera eficiente para gestionar y canalizar todos los fondos que llegarán en próximos años si no hacemos el canelo.

Y llegados al punto del aprovechamiento de los fondos, es donde aparecen los «socios» de gobierno en esta aprobación de presupuestos, esos socios que ya han dicho por activa y por pasiva que no les importa la vertebración de España, sino «qué hay de lo mío». Nada más aprobarse los presupuestos, me heló la sangre la imagen de los representantes de EH-Bildu y ERC, Mertxe Aizpurua y Gabriel Rufián, exigiendo su peaje independentista. Mal empezamos, no habían transcurrido ni veinticuatro horas desde la aprobación de los presupuestos por parte de los que el PSOE definió como «patriotas y valientes».

La lista de peticiones para el apoyo a los presupuestos incluye medidas relacionadas con la educación y el uso del español, los indultos, la cesión de competencias, el incremento de los fondos para sus comunidades en detrimento de otras y una supuesta armonización fiscal que no toque el cupo vasco. Ayer supimos que el gobierno va a retirar a la Generalitat catalana la supervisión económica sobre sus finanzas, «estupendo». Insisto, mal empezamos si cada una de las comunidades va a la guerra por su cuenta para manejar su parte de la tarta sin tener en cuenta el proyecto global, ¿no tuvo ese objeto la cumbre de presidentes de comunidades el pasado mes de julio?

Hace años había un chiste que decía que cómo podíamos vivir en un país en el que la ministra de Sanidad se llamaba Mato, el yate del Rey era Bribón, el principal banquero era Botín y la alcaldesa que debía evitar las macrofiestas era Botella. Ahora parece que nos queda otro país totalmente distinto, en el que el responsable de las finanzas del socio (investigado) de gobierno se llama Monedero, la portavoz del partido del gobierno Lastra todo lo que toca y el socio imprescindible para todo es Rufián. Ojalá no desaprovechemos la oportunidad de salir de esta. No sé quién es el autor de este chiste gráfico, pero representa lo que muchos sentimos:

Hasta la próxima, sed buenos, inclusivos y resilientes, signifique lo que signifique eso.

Presupuestos 2021 (I): sobredimensionar los ingresos

JOSEAN, 05/12/2020

Hace apenas dos meses, en el capítulo VII de los Grandes errores de las escuelas de negocios, concluí que los mayores errores que nos solemos encontrar al analizar presupuestos (budgets), de negocios o filiales son dos:

  • Ingresos sobredimensionados.
  • Costes infravalorados.

Lo que una familia o una empresa puede enmendar de diferentes maneras, normalmente recortando gastos, apretándose el cinturón o desprendiéndose de algún activo, en lo referido a las cuentas de la administración pública termina convirtiéndose en déficit público, o en un déficit superior al presupuestado. Y el déficit sostenido en el tiempo y no corregido, en deuda. Y la deuda, en lastre. La evolución de la deuda pública española es preocupante desde hace muchos años. Según los datos del Banco de España, la deuda pública se ha triplicado desde 2004 y en términos del PIB puede llegar a alcanzar el 130% a lo largo del próximo ejercicio:

El Congreso de los Diputados ha aprobado esta semana los Presupuestos Generales del Estado para 2021 con los votos favorables de PSOE, Unidas Podemos, Más País-Equo, Compromís, Teruel Existe, Nueva Canarias, el Partido Regionalista de Cantabria y aquellos con los que el mismo presidente Sánchez dijo que no se pactaría nunca: Esquerra Republicana, PNV, EH-Bildu y el PDeCAT. 189 votos a favor de 11 formaciones diferentes, lo cual tiene un indudable mérito, pero encierra también algunos peligros, como es el hecho de que cada una de esas formaciones va a exigir «lo suyo», el peaje a pagar por su apoyo.

Los Presupuestos de 2021, como el propio preámbulo del anteproyecto de Ley indica, se hallan «indefectiblemente condicionados por los efectos de la emergencia de salud pública provocada por la pandemia del COVID-19 y la consiguiente perturbación de la economía, de alcance global». Precisamente por esa perturbación de la economía global llama la atención que los presupuestos prevean un incremento de los ingresos del Estado, cuando parece indudable que la recaudación por el impuesto de Sociedades se verá lastrada por el deterioro de los resultados de las compañías, el IVA por la caída del consumo y el IRPF por las pérdidas de empleo generalizadas cuando muchos de los ERTEs se conviertan en EREs. Según El Economista, la caída de ingresos tributarios hasta agosto era superior al diez por ciento, y solo por el impuesto de sociedades, cercana al 47%:

En el mismo período de tiempo, la caída en la recaudación del IVA se sitúa en el quince por ciento, mientras que los ingresos por IRPF se han mantenido con un pequeño recorte gracias a las prórrogas de los ERTEs.

Se calcula que la recaudación fiscal del ejercicio 2020 caerá entre 40.000 y 48.000 millones de euros al finalizar el ejercicio. Por esa razón, en este contexto económico tan incierto y complejo, sorprende que el Informe Económico y Financiero que acompaña a los PGE-21 presente un incremento tan importante de los ingresos, tanto de índole tributaria como no tributaria:

Se prevé un repunte de los ingresos por Sociedades, IRPF, IVA, Hidrocarburos y en todos los impuestos en general, pero no ya comparado con 2020 (que sería normal dado el año que hemos pasado), ¡sino respecto a 2019! Suben también los impuestos a la cerveza, ¡gobierno dimisión!

Resulta inverosímil un crecimiento de los ingresos en mitad de una caída del PIB sin precedentes, cifrada por el propio gobierno en un 11,2% para 2020 (11,6% para la OCDE). La recuperación en 2021 será del 7,6% según las previsiones del gobierno, si bien la OCDE ha rebajado estas expectativas al 5,4%. Con este panorama, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha cifrado el error en el cálculo de los ingresos incluidos en los Presupuestos entre 9.000 y 18.000 millones de euros. El PIB no recuperará en 2021 los niveles previos a la Covid-19, por lo que el incremento de la recaudación solo se explica por dos razones (la tercera, el sobredimensionamiento interesado y voluntarista de los ingresos es opinión y por tanto, me la guardo):

  1. Los ingresos de unos 6.800 millones de euros de los fondos europeos (mecanismo React-EU) para la recuperación. En gastos se prevén otros 27.000 millones a cuenta de los futuros fondos europeos, pero se han incluido como un adelanto para el propio ejercicio 2021, es decir, antes de recibirlos de Europa.
  2. La subida de impuestos. Y aquí es donde por desgracia desaparecen los técnicos del Ministerio de Hacienda y entran ideologías, intereses de los distintos partidos y prejuicios. Aparte de la «madrileñofobia», que es una de las mayores rarezas que parece que nos va a dejar esta crisis.

La subida de impuestos

En el Impuesto de Sociedades se han aprobado una serie de medidas para la tributación de los dividendos, reduciendo el límite de la exención al 95% y modificando el método de cálculo de los límites para la deducibilidad de los gastos financieros. A estas medidas, que ya se anticiparon a principios de año, le dediqué dos artículos bajo el título Las grandes corporaciones son malas, un título no exento de ironía en el que intentaba explicar que, ya desde los tiempos de Cristóbal Montoro, se están rompiendo los principios de neutralidad fiscal que deben regir en cualquier sistema tributario. Se trata de incrementar la recaudación por este impuesto en grandes grupos empresariales con filiales en el extranjero (aunque también afecta a grupos nacionales), pero a costa de incurrir en doble imposición, es decir, gravando resultados que ya habían tributado en el país de origen.

Por otro lado, en julio de este año se produjo una noticia relevante en materia fiscal como fue la declaración del «Montorazo» como inconstitucional, es decir, aquel anticipo del impuesto establecido en el RD 2/2016 para incrementar la recaudación en el pago a cuenta del impuesto de Sociedades, porque vulneraba los principios de neutralidad y capacidad económica de las empresas (la sentencia es demoledora, muy dura en algunas frases). En aquel año se aprobó también el RD 3/2016 que recogía una serie de medidas tendentes a incrementar la recaudación, medidas tales como limitaciones a las compensaciones de bases imponibles negativas de ejercicios anteriores o a ciertas deducciones, y la obligación de revertir determinados deterioros que habían sido deducibles hasta 2013. Montero ha seguido las pautas de Montoro y vuelve a cargar sobre las grandes empresas, pero su proyecto de presupuestos sufriría un severo revés si el Tribunal Constitucional declarara que dichas medidas del RD 3/2016 son inconstitucionales.

En cuanto al IRPF, se aumentan los tipos máximos a la base liquidable general (a partir de 300.000 euros) y a la del ahorro (superior a 200.000 euros). Nada que objetar, nada que no hubieran hecho anteriores gobiernos en épocas de crisis, ya fuera con carácter permanente o temporal. Lo más llamativo es la fijación de ciertos socios de gobierno con los planes de pensiones privados, que van a ser más necesarios que nunca en años venideros, habida cuenta del deterioro de «la hucha» de las pensiones. Quizás convenga recordar a sus detractores que no son un asunto exclusivo de «ricos», puesto que en España se calcula que existen unos 8 millones de planes de pensiones privados. Quizás por esa razón el retoque haya sido menor: se reducen los incentivos fiscales a los mismos rebajando el límite deducible de 8.000 euros anuales a 2.000, lo que se calcula que afecta solo al 8% de los planes privados existentes y que no tendrá un efecto relevante en la recaudación.

El IVA no va a subir finalmente, como hizo el gobierno de Zapatero en 2010 y el de Rajoy en 2012, pero se eleva el impuesto a las bebidas azucaradas al 21%, pero se mantiene al 10% cuando el consumo se realice en un bar, restaurante o servicio de restauración, lo cual no deja de ser curioso.

Se incorporan otros impuestos de los que ya hemos hablado en anteriores post, como el de transacciones financieras, pero excluyendo finalmente los derivados, y el impuesto sobre determinados servicios digitales, pero ambos se aprueban de manera unilateral y saliéndose de los criterios unificados o armonizados que están planteando la propia Comisión Europea y la OCDE. Con tipos impositivos más elevados y una expectativa de recaudación dudosa.

Pese a que a algunos se les llene la boca hablando de «subir los impuestos a los ricos» (y en esa línea parece que entra el incremento de un punto porcentual del impuesto de transmisiones de títulos nobiliarios, una «preocupación» que teníamos todos los españoles), no parece que sean solo los ricos los que nos vayamos a ver afectados por la subida de los impuestos sobre las primas de seguros del 6% al 8%. Están previstos además otros incrementos de tasas, algún retoque al impuesto de Hidrocarburos o el impuesto de Actividades Económicas.

La sensación que tengo de los incrementos previstos en los ingresos de los PGE-21 es que no se van a obtener, fundamentalmente por la situación económica general y por el efecto negativo de algunas de estas medidas en unas empresas ya muy tocadas. La política fiscal de las administraciones públicas debería ser un asunto tan «del interés general» como para no dejarlo en manos de algunos políticos sin conocimientos en la materia y obsesionados por repetir unos mantras que no son ciertos: «los ricos son malos y evasores, los pobres son víctimas de los ricos malos y evasores». O la gilipollez supina de decir que Madrid es un paraíso fiscal. A los políticos que dicen estas cosas o que promueven el aumento de la presión fiscal en tiempos de pandemias, no les voy a recomendar que estudien lo que han hecho la mayoría de gobiernos en el resto de Europa. Solo les voy a pedir que analicen el caso de un gobierno de corte similar en lo ideológico al suyo: el de Portugal.

Continuará en: Presupuestos 2021 (II): infravalorar los gastos.

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El presupuesto (II)

JOSEAN, 26/09/2020

Continuación de El presupuesto (I).

Decía Albert Camus que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. Me voy a atrever a parafrasearlo y a decir que “todo cuanto sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los ingenieros se lo debo a las revisiones de presupuestos”.

Si en la primera parte me centré en (A) la elaboración del forecast o los errores de los planes estratégicos, en esta segunda parte hablaremos de (B) las personas que elaboran esos presupuestos y (C) del budget.

B – Los artistas

Después de muchos años reuniéndome con gente de todo perfil y pelaje, voy a atreverme a hacer unas descripciones de los personajes que gestionan proyectos. Normalmente suelen venir en pareja, antitética en muchas ocasiones, como Jack Lemmon y Walther Matthau. O como un ingeniero y un financiero, como suele ser el caso. Vamos con ellos:

El Esputador. No se ha estudiado en detalle los números, pero se ha aprendido cuatro cosas del presupuesto y además me juego un brazo a que lo ha hecho en la media hora previa a la reunión. Luego esputa esas cuatro cosas en un tono exageradamente alto, incluso acompañadas de felipones que vuelan de un lado a otro de la mesa. Su tono de voz, y por tanto los salivazos, aumentan a medida que le cuestionas las premisas en las que se basa, y como no se lo sabe, grita más alto con el falso convencimiento que tiene tanto tertuliano televisivo de que la razón la lleva el que más potencia de voz muestra. Con el Esputador celebro la obligación del uso de mascarillas. Proverbio para la ocasión: “No alces la voz, mejora tus argumentos”. Y si aún no funciona, recuérdale que ha quedado demostrado que cuanto más aúllan los primates, más pequeños tienen los testículos. Os aseguro que esa táctica es efectiva. Al menos durante unos segundos.

El Anécdotas. La habilidad de este individuo es que resulta simpático. No se conoce los grandes números de su presupuesto, pero la reunión va a ser amena porque te va a contar las cosas más sorprendentes del cliente. Se conoce todos los coches que tienen sus clientes, si son tartanas o deportivos, porque eso le da una idea de la salud financiera de los mismos. Ni registros de impagos, ni informes de rating. Su olfato sobre bugas. Y sobre mujeres o vicios ajenos. “Iré a hablar con la directora, que es una jaca curiosa, ¡jaca, jaca!, ya me entiendes, mantecona, que lleva siempre unas sandalias con los dedos por fuera porque no le caben, y se pinta las uñas de negro que un día pensé que se las había pillado con la puerta”, o bien: “para que me aprueben la revisión de contrato tengo que subir el gasto en cigalas, que ya sabes que este sin cigalas no mueve un papel, recuerdo una vez que…”. Reírte te vas a reír, otra cosa será que entiendas sus números. Aunque se programen reuniones de un par de horas, con el Anécdotas te vas a una mañana entera. Por eso hay que ponérselas por la tarde, que viene con la lengua menos suelta cuando se le pasan los efectos de las cuatro cañas y los dos vinos.

El Analista de irrelevancias. Se trata de un sujeto que parece que busca algún error menor en sus propios números, o espera a que le preguntes por alguna cifra que no encaja demasiado, para echar una mirada asesina al administrativo de turno, que es el que se ha currado el presupuesto, y soltarle: “esto no puede ser, lo tenemos que revisar”. Te pelotea todo lo que puede para que seas indulgente y repite una y otra vez “tienes razón, cómo se nos ha podido pasar”, por mucho que le digas que es un asunto menor que supone un error inferior al 0,1% del número final. “No, pero es que no nos podemos permitir estos errores, lo revisamos y volvemos otro día”. ¡Y una leche! No dejes que se escape, es que no se lo sabe y a la siguiente que le pillas, vuelve a mirar al pobre administrativo, que parece un sabio de la NASA de Apolo XIII enterrado en un mar de carpetas y números, y vuelve a soltar: “si es que no me fío ya de lo que hemos traído, Arturo, necesitamos revisarlo todo otra vez, la hemos cagado”. Es una táctica no solo para ganar tiempo, sino para medir por dónde van las exigencias del grupo y del plan estratégico, si ese año el grupo va mal y son muy rígidas o si por el contrario ha sido un buen año y son más laxas. Por ese motivo hay que exprimirle en esa primera visita en la que monta el paripé, ¡no dejes que huya por dos chorradas!

El Esparcidor de obviedades. Primo hermano del «Maestro de lo evidente» del que hablaba Dilbert en su libro: «para aumentar los beneficios tenemos que elevar los ingresos y rebajar los costes». Nobel de Economía para él. Pues aunque parezca una coña, hay tíos con su carrera y todo, que te defienden su presupuesto con frases de ese estilo:

  • Tendremos que renovar los contratos para no perder cifra de negocio.
  • La competencia es muy dura.
  • Es difícil prever la evolución de los precios.
  • Mientras no suban los tipos, creo que podremos contener los costes financieros.
  • El absentismo y los impagos nos hacen polvo.

Suelta obviedades una detrás de otra, pero nunca una sola propuesta. Podría ganarse la vida como consultor.

Colchonetti. Este simpático cabroncete siempre va holgado. No sabes muy bien cómo o de qué manera, pero por mucho que le aprietes y le cuelgues de los tobillos para sacarle todas las morcillas que lleva guardadas en distintos sitios, cumple siempre el objetivo que se le marque. Aunque se le caiga un cliente importante, aunque le hayan subido los costes de las materias primas o del personal, este tío es un genio ante el que solo queda descubrirse.

El lector ilustrado. Suele ser otro de esos pájaros que ha dejado toda la preparación de los números en manos de su financiero o controller de turno, que es el que defiende los mismos por la mitad de sueldo que él. Como la mayoría de revisiones de presupuestos se hacen compartiendo una pantalla grande en una sala de reuniones, el lector ilustrado, desconocedor de las tripas del presupuesto, suele querer intervenir recalcando algún dato que todos podemos ver en la pantalla:

  • Los costes de mantenimiento han crecido un doce por ciento («lo sé, ya lo veo»).
  • El beneficio se reduce en cincuenta mil euros de un año a otro («sabes restar, amigo»).
  • Los gastos suben porcentualmente más que los ingresos («gracias, si no es por ti, no sabría para qué está la columna de porcentajes»).

En cierto modo es como el Esparcidor de obviedades, solo que en este caso la defensa del presupuesto que hace el controller suele ser brillante, así que con sus frases trata de hacer creer que ha participado en el mismo. Justificar el sueldo básicamente.

Malasombra. Pobrecito, el mundo entero conspira en su contra. Con las ideas tan fantásticas que tiene en la cabeza, siempre hay un factor externo, totalmente ajeno a su inteligencia preclara, que hace que fracase y se quede lejos del objetivo. Un tipo que conocía le definió acertadamente así: «suele acertar el resultado, pero se confunde siempre con el signo». Malasombra suele defender sus presupuestos remontándose a la prehistoria hasta llegar al que le precedió en el proyecto y te cuenta lo mal que estaba todo cuando él llegó con sus planes de reestructuración, planes ambiciosos y creativo-futuristas que no han conseguido detener todavía la hemorragia, pero «por mala suerte». Por el barril brent, la crisis de deuda, la devaluación del yuan, o por un accidente. Pero no porque el plan no fuera excepcional. Y así un año tras otro.

Hay tantos tipos como personas que hacen presupuestos, pero no voy a extenderme más. El Ebitdófilo (aquel al que no le interesa nada por debajo del ebitda y comete auténticas tropelías), el Caracemento (el tío perfecto para jugar al póker, al que en la revisión puedes criticar o felicitar que no va a mostrar emociones) y el Repelente (el que cumple con todo, se lo sabe todo, te lo da en fecha, con el formato requerido y si le fuerzas para un extra, te lo da con una sonrisa de dieciocho piezas dentales). Y muchos profesionales. Y muchas profesionalas, que ahora toca ser políticamente correcto.

C- El budget

El budget es la estimación del presupuesto asignado para los gastos de un ejercicio anual completo. Creo que no es necesario saber de economía para entender el concepto porque todo el mundo sabe o estima cuál es su presupuesto de gastos y trata de ajustarse a él: un responsable de departamento o delegación, un ayuntamiento y sus responsables de distritos, las comunidades autónomas y sus consejeros de área, un club de fútbol como el Madrid o el Barça, una madre controlando la economía familiar o una junta de vecinos por caótica que pueda ser.

Algo que parece tan sencillo como ajustarse a ese presupuesto y mantenerlo equilibrado choca con dos «pequeños» problemas de base:

  • Los ingresos suelen estar sobredimensionados.
  • Los gastos no se calculan adecuadamente.

Los responsables de departamentos suelen elevar sus estimaciones de un año a otro («ah, pero… ¿tienes idea de subir el sueldo a los yogurines?»), pero sistemáticamente se les niegan esos incrementos, así como cualquier extra propuesto, con lo que se las ven y se las desean para ajustarse al presupuesto marcado. Y cuando llega un imprevisto, comienza el sufrimiento. Toca recortar de alguna partida.

Pasa en las mejores familias y en todas las empresas, aunque a mí lo que me preocupa de manera especial es el Presupuesto General del Estado, que peca de estos mismos errores: ingresos mal calculados (la recaudación fiscal va a caer en unos 40.000 millones de euros este año) y unos costes calculados con poca racionalidad y mucho ánimo de gastar cada uno en «su negociado». Va a tocar recortar y mucho. El problema es que la negociación de ese presupuesto empeora si la negociación se realiza con grupos que solo se preocupan de seguir gastando la parte que les afecta a su terruño y les importa poco el conjunto.

La diferencia entre ingresos y gastos del budget es una pérdida para las empresas, pero déficit público cuando se trata del Estado o las comunidades autónomas, y así como una empresa no puede gastar más de lo que ingresa, las administraciones públicas sí lo hacen endeudándose y dando una patada a seguir al problema. «Que lo arregle el siguiente».

Índice del libro no escrito:

Capítulo I. La falacia del ebitda.

Capítulo II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Capítulo III. El jodido desapalancamiento.

Capítulo IV. La diversificación del riesgo.

Capítulo V. Excel no viene de Excelencia.

Capítulo VI. El presupuesto (I). Forecast.

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El presupuesto (I)

JOSEAN, 20/09/2020

Cap. VI del libro no escrito Grandes errores de las escuelas de negocios

Final de año. Como prometí recientemente, toca hablar de cómo confeccionar un presupuesto, pero quizás esa sea una tarea un tanto ambiciosa, así que lo voy a dejar más bien en una explicación de qué es y los errores que se suelen cometer durante su preparación.

A punto de comenzar el último trimestre, todas las empresas e instituciones, da igual el tamaño o el sector, están revisando el cumplimiento de su presupuesto del año y planificando el siguiente ejercicio. Presupuesto es una palabra que se utiliza para muchas cosas, casi todas ellas relacionadas con la previsión económica de los ingresos y gastos durante un tiempo determinado, normalmente el año natural. Pero el término también puede referirse al importe máximo con el que cuentas para cubrir tus gastos: “este es tu presupuesto, no puedes salirte un céntimo de él”.

“Te pedí un forecast y me has mandado el budget”. Sí, sufrí esta frase en mis propias carnes. Entendí que la controller me pedía nuestra estimación de gastos de los servicios centrales (Budget) y en realidad me estaba pidiendo la previsión (forecast) de ingresos, gastos, resultado y deuda del ejercicio siguiente. Nada que ver, amiga R., ya lo siento, ya sabes que evito el inglés si puedo.

Etimología

La verdad es que la palabra da su juego, porque el “pre-supuesto” puede significar eso: pre-parar un informe que refleje lo que ya he supuesto previamente, aunque ese supuesto tenga poca ciencia y muchas veces se base en intuiciones, ideas preconcebidas, extrapolaciones del ejercicio anterior o análisis voluntaristas. Pero también he visto algún que otro “pre-su-puesto”: tipos pre-ocupados por mantener su-puesto de trabajo y que, por tanto, lo elaboran en función de lo que su superior anhela ver. Una patada a seguir, una manera de ganar tiempo esperando que las cosas vengan mejor dadas.

A – El plan estratégico o planes de negocios (forecast)

Scott Adams explica en El principio de Dilbert que «en alguna parte entre las alucinaciones de la dirección ejecutiva de la empresa y la fría realidad del mercado, se encuentra algo llamado plan de negocios». Coincido plenamente con esta afirmación y sin embargo, tener un presupuesto para los siguientes ejercicios es una guía fundamental que debe existir en cada compañía, una referencia que en muchos casos será lejana e imposible de cumplir, pero que al menos indicará hacia dónde se pretende ir.

Para preparar el presupuesto de una unidad de negocio, ya sea una delegación, un proyecto o una filial de un gran grupo, hay que responderse primero: ¿cuáles son las líneas estratégicas marcadas por la dirección de la empresa? Pues ya está, eso es lo que quieren ver y eso es por tanto lo que hay que enviar. Aunque a veces sea imposible de realizar, como «contratar un proyecto en Perú o en Oriente Medio en el próximo año», «crecer a dos dígitos sin invertir un euro» o «mejorar la rentabilidad del negocio más de un veinte por ciento porque sí». Hay que conocer bien el negocio, vestirlo de manera adecuada a la dirección estratégica de la compañía y guardarse un as en la manga o una reserva para esos objetivos «estratégicos» imposibles de cumplir. Y es que según el propio Dilbert, «para crear un plan de negocios solo hay que dar dos grandes pasos: reunir información e ignorarla».

Una vez que se aprueba ese presupuesto para el ejercicio siguiente, o el plan estratégico para varios años, es básico tenerlo siempre encima de la mesa y poner todos los esfuerzos en lograr su cumplimiento, aunque uno sepa la falta de consistencia de muchas de sus premisas, pero tan importante (¡o más!) como conocerlo y trabajar en su consecución es saber justificar por qué no se llega al mismo. Hay verdaderos artistas que siempre tienen una razón a mano, preferiblemente una que sirva para retrasar, pero no enterrar, el cumplimiento del plan: «la incertidumbre de los procesos electorales ha retrasado todos los grandes proyectos», «los permisos para la oficina de Brasil se han retrasado seis meses por la situación del país», «la reestructuración bancaria ha frenado el crédito y paralizado las inversiones», y por supuesto el motivo que veremos que se utilizará durante mucho tiempo: «la Covid-19». Algunos «artistas» de la empresa, auténticos supervivientes que uno no entiende cómo se mantienen, llevan cuatro o cinco años recurriendo a todas estas razones externas y alguna más («¡los chinos han entrado en el sector y han tirado abajo los precios!») para justificar que no alcanzan los objetivos que se les han marcado. Por el contrario, si se supera el presupuesto previsto y los beneficios mejoran de manera considerable, no habrá que preocuparse por dos razones:

a) La empresa aprovechará para provisionarse riesgos futuros o marrones pasados que llevaban años sin traspasar a la cuenta de resultados, y así el resultado final se parecerá bastante al presupuestado.

b) El éxito tiene muchos padres, que se apropiarán rápidamente del logro aunque este pueda venir, como ocurre tantas veces, de la resolución favorable de un litigio que se inició cinco o seis años antes.

Dos fuerzas opuestas

En la elaboración de todo presupuesto compiten dos fuerzas de carácter opuesto que interactúan y chocan entre ellas hasta llegar a un punto medio que es «el presupuesto aprobado». No voy a utilizar términos anglosajones que tanto gustan en el sector financiero, sino algo mucho más gráfico:

1.- La morcilla, de carácter ascendente. Toda aquella persona que elabora presupuestos se guarda algo para ir holgado o para algún imprevisto, es decir, calcula del mejor modo posible sus ingresos y gastos, pero luego le mete una morcilla para cubrirse las espaldas. Los jefes de sección meten sus morcillas al Jefe de departamento, que a su vez igual que el resto de de departamentos añaden sus morcillas al delegado, y estos se cubren ante el Director, que cuando recibe el agregado de los presupuestos se lleva las manos a la cabeza pensando la mierda de empresa sin futuro en la que está metido. Entonces actúa la segunda fuerza en sentido inverso.

2.- Agarrar por los tobillos y sacudir, de carácter descendente. El director no se cree el presupuesto de los delegados, les hace pasar a capítulo, les agarra por los tobillos y les fuerza para que saquen todo el resultado posible a su área de competencia y ya de paso, un poco más de regalo. «¡No, es imposible!», gimen como ese niño al que cuelgan boca abajo para sacarle todo lo que lleva en los bolsillos. Pero luego los delegados agarran de los tobillos y sacuden a los jefes de departamento, y estos a su vez a los jefes de sección hasta que entre todos se realiza una segunda estimación que suele ser más acertada que la primera. Se llama «revisión del plan estratégico» y su resultado es un número que viene de la fórmula:

PE = K x nM

En donde el Plan Estratégico es un coeficiente K (entre 0,3 y 0,5) multiplicado por el número de Morcillas que traía la primera versión. El coeficiente K se ajustará a la futura realidad en función del número de revisiones que se realicen.

La herramienta

Por muchas herramientas de Business Intelligence y aplicaciones de sensorización/monitorización/análisis de metadatos que ofrezca el mercado (pronúnciese un «¡oooh!» de admiración tras cada una de las palabras empleadas), la herramienta universal de presupuestación es el Excel, al que ya le dediqué un capítulo completo. Aunque pueda parecer que todo este texto es una broma, de verdad que estoy hablando mucho más en serio de lo que algunos creerán, y aún más en serio cuando afirmo que lo que distingue a un buen director de uno como los del libro de Dilbert (libro sobre la incompetencia, no lo olviden), es el olfato para aplicar coeficientes reductores o multiplicadores a las cifras que los distintos responsables de departamento o delegación le muestran cuando defienden su presupuesto para el siguiente ejercicio:

– Hay comerciales que no tienen los pies en la tierra a los que conviene rebajar sus expectativas de ventas entre un veinte y un treinta por ciento.

– Gerentes tradicionalmente «amarrateguis» a los que se les puede exigir sin pudor un diez o veinte por ciento más porque lo tienen guardado.

– Ingenieros muy buenos técnicamente con nula formación financiera: la revisión de su presupuesto es una tarea ardua en la que el olfato se convierte en fundamental. Un consejo: incremente los costes previstos con un margen de seguridad de entre un diez o un quince por ciento. Suelen olvidar costes fundamentales, como los de prevención de riesgos laborales, tributos o todo lo relativo a la financiación del proyecto.

– Novatos voluntariosos y faltos de experiencia a los que hay que ajustar siempre los plazos de ejecución en un plazo casi nunca inferior a los seis meses.

Resultan sorprendentemente útiles las Leyes universales sobre los métodos de cálculo para ingenieros de La Ley de Murphy, de Arthur Bloch.

El papel del CFO como aglutinador de todos los presupuestos previamente revisados por el controller y los directores de turno no es sencillo, pero creo que no me equivoco cuando afirmo que todos sin excepción utilizan el Teorema del Sumatorio Erróneo:

«La suma de todos los presupuestos individuales de la organización no es igual al presupuesto total presentado como definitivo.»

Es la morcilla que se guarda el CFO, pero que jamás reconocerá, sino que lo esconderá bajo un eufemismo de compleja explicación: «ajustes de consolidación».

Continuará en El presupuesto (II).

Índice del libro no escrito:

Capítulo I. La falacia del ebitda.

Capítulo II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Capítulo III. El jodido desapalancamiento.

Capítulo IV. La diversificación del riesgo.

Capítulo V. Excel no viene de Excelencia.

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

La esquizofrenia del CFO

Cabeza CFO

JOSEAN, 10/08/2020

La figura del Director Financiero en las empresas se ha visto alterada de manera considerable en los últimos años. Hasta su propio nombre ha cambiado y lo que era un Director Financiero a la vieja usanza (“Director”, de dirigir, y “Financiero”, relativo a las Finanzas) es ahora un Chief Financial Officer. Y es que nos hemos vuelto todos muy internacionales. Muy modernos, en un mundo “globalizado e interconectado”.

Anteriormente el Director Financiero era un profesional que sabía un poco (o un “mucho”) de todo:

  • Finanzas: obviamente, porque entre sus cometidos estaba la negociación de condiciones con las entidades financieras.
  • Contabilidad: porque tenía que saber elaborar los cierres, preparar unas cuentas, interpretar y explicar de manera conveniente un balance para discutirlo con los auditores externos y obtener su firma y validación.
  • Fiscal: sin ser un especialista, necesitaba conocer los riesgos de una mala praxis en materia fiscal y llevar correctamente todo lo relacionado con el impuesto de sociedades, el IVA, el IRPF o los impuestos específicos de cada sector o comunidad autónoma.
  • Presupuestos: era el responsable de la planificación económica de una compañía, de poner en negro sobre blanco los objetivos, la estrategia de medio y largo plazo, prever las inversiones necesarias y realizar el seguimiento posterior.

A esto había que añadir conocimientos sobre Consolidación, Recursos Humanos o asuntos jurídicos, y estar alineado con los objetivos de la compañía para tratar de plasmar unos estados financieros que permitieran a la Dirección (si el negocio funcionaba de modo correcto) percibir sus bonus.

No sé si es solo una sensación personal, pero a veces pienso que esto tan “sencillo” saltó por los aires hace tiempo. Puede que el cambio se produjera con la implantación de las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF) desde principios de este siglo, así que voy a tomar esa fecha como punto de partida de la paulatina transformación de la contabilidad hasta el punto de llegar a ser lo que es hoy en día, algo completamente incomprensible en algunos apartados.

Las NIIF (o IFRS en inglés, International Financial Reporting Standards) son establecidas por el IASB (International Accounting Standards Board), una organización privada con sede en Londres. Siempre me imagino a sus miembros como un grupo de sabios experimentados que hace décadas que no cierran unas cuentas anuales de una compañía, unos cerebrines que se reúnen durante largas jornadas, intentan homogeneizar las normas estadounidenses, europeas y asiáticas, terminan dejándolo por imposible y al final se van a cenar, se toman cuatro copas y terminan diciendo cosas como:

  • ¿A que no hay huevos de decir que los alquileres no son un coste, sino un activo?
  • Agárrame el cubata. ¿Y a que tú no te atreves a inventar algo para que lo que facturan las empresas no sea un ingreso sino el cobro de una cuenta a largo plazo?
  • Ja, ja, ja, ya verás.

Al cuarto gin-tonic se inventan la norma de valoración de los instrumentos financieros o la de los derivados (Los derivados y el clembuterol), o el ebitda ya no es el ebitda, o el endeudamiento se llama apalancamiento, o según se contabilicen los ingresos una empresa puede ganar dinero y repartir dividendos o parecer medio quebrada.

Cuentas IASB

Una de las últimas propuestas es la modificación de las bases de presentación de los estados financieros de las compañías para hacerlos “más transparentes y comparables”. Y siempre que han dicho eso la información se ha ido haciendo más compleja y menos clara. Además, el IASB propone crear una nueva definición de ingresos y gastos “inusuales” que deberán ser explicados en una nota aparte. Es decir, aquellos ingresos y gastos de carácter excepcional que por su importe o naturaleza no se vayan a repetir en ejercicios posteriores. ¡Lo que toda la vida habían sido los ingresos y gastos “extraordinarios” que nos explicaron que ya no lo eran! Ahora tendrán que informarse de una manera separada para que su efecto no altere la comprensión de las cuentas del ejercicio. Claro, y todo en aras de la transparencia y la comparabilidad, aunque esas partidas “inusuales” puedan contener millones de euros.

En esa búsqueda de la transparencia y la claridad en las cuentas, uno entiende mal el elevado peso que tienen unos conceptos etéreos y totalmente subjetivos como son “el valor razonable” o “las pérdidas esperadas”. O mantener en los libros algunas partidas de acuerdo con los cálculos de modelos financieros interesados y dirigidos o unos descuentos de flujos de caja aleatorios.

El problema es que no solo han cambiado la contabilidad y las normas de valoración. Ha cambiado todo. La normativa fiscal española es un infierno de complejidad tras las sucesivas reformas de los distintos gobiernos para aumentar la recaudación en épocas de crisis. Aquí ya le hemos dedicado varios artículos, como los dos de principios de este año (Las grandes corporaciones son malas) o los dedicados al gran iniciador de las reformas tramposas, el ex ministro Montoro (Montoro miente). Aprovecho para dejar copia de la reciente resolución del Tribunal Constitucional (que para mi sorpresa ha pasado un tanto desapercibida) que sentenció que el impuestazo que Montoro se sacó de la manga en septiembre de 2016 era inconstitucional porque afectaba a los derechos y libertades de los ciudadanos. Los principios de “neutralidad y justicia fiscal” importaban poco entonces porque lo relevante para Hacienda era sacar esos 8.000 millones de euros de las cajas de las empresas.

No hace tanto tiempo te sentabas con los auditores y podías entenderte con ellos sobre unas bases y unos números comprensibles para todos, mientras que ahora buscas su cooperación para que el gazpacho resultante sea válido tanto para el CFO como para los auditores, que también tienen que cubrir su papel. Pues algo parecido ocurre si la inspección de Hacienda llama a tu puerta: que buscas su colaboración (y ellos la tuya, Cuando Hacienda reconoce su incapacidad) para llegar a un acuerdo como el del chiste del dentista y el paciente que le tiene agarrado por las pelotas:

  • ¿No nos haremos daño, verdad?

A esto hay que añadirle la creación de nuevos impuestos, como el impuesto a las transacciones financieras, a las empresas de servicios digitales o el que se anuncia desde las cumbres de la Unión Europea para financiar el macrofondo de rescate de la recuperación post-Covid. Y todo ello con una carga ideológica de fondo (Populismo legislativo) o con las dudas sobre la inseguridad jurídica que introducen determinadas sentencias judiciales. Si además nuestra empresa ha iniciado el camino de internacionalización, la complejidad en materia fiscal lleva a que solo sea posible afrontarla con la contratación de expertos en el país de destino.

El mundo de las finanzas no ha sido menos y también ha experimentado numerosos cambios, sobre todo a raíz de la crisis de 2008, que comenzó como una burbuja de deuda y productos opacos. El mercado ha pasado de financiar cualquier proyecto que se le pusiera por delante a no financiar aquellos que no llevaran una garantía por triplicado. Han aparecido “los chicos del waiver” y los financieros que desconocen el negocio pero vienen de la mano de unos fondos de inversión que manejan cantidades ingentes de dinero. En algunas de estas reuniones nos han hecho preguntas que solo nuestras habilidades actorales han logrado disimular la perplejidad que nos provocaban. “¿De verdad han dejado en tus manos la posibilidad de decidir sobre una inversión de chorrocientos millones?”.

Por si el panorama no fuera suficientemente complicado, aparecen ahora las finanzas asociadas a otro nuevo concepto: la sostenibilidad. La declaración de “emergencia climática” del Parlamento Europeo del 28 de noviembre de 2019 se traduce en una serie de iniciativas orientadas a la definición de una Estrategia renovada de Finanzas sostenibles en la Unión Europea. No sé muy bien qué quiere decir eso, para mí tradicionalmente cualquier financiación debía ser sostenible por sí misma, por su propio negocio o los flujos resultantes del mismo, pero ahora se han colado las palabras de moda en el borrador puesto a consulta: “…the critical need to strengthen the sustainability and resilience of our societies and the ways in which our economies function”.

Con todo lo comentado con anterioridad, más la responsabilidad añadida sobre digitalización o compliance, confeccionar un presupuesto o un plan estratégico se ha convertido en una tarea a medio camino entre la agregación de múltiples datos mediante herramientas de business intelligence (aquí un emoticono de sorpresa) y la bola de cristal de Rappel. Creo que merece la pena que le dedique un post en breve.

Hace apenas unos meses tuve una reunión con un Director Financiero de otro sector (perdón, un CFO), de una importante compañía. Un tipo veterano de mil batallas, reputado en nuestro gremio. Hablamos de varios de estos cambios y me dijo que la mayoría le provocaban una enorme pereza, que se negaba a aprender más (en verdad no lo hacía), que todo esto nos obligaba a ponernos en manos de jóvenes de treinta años hiper especializados en un tema concreto (precios de transferencia, valoración de activos financieros, fiscalistas en Latam o Middle East, modelos financieros,…), pero a los que veía que les faltaba la visión global del negocio. «Da igual todo, somos meras participaciones financieras, y si te viene un fondo chino con la pasta por delante… da lo mismo lo que sepas de la compañía, será una cuestión de tiempo». Me confesó que él, por si acaso se quedaba obsoleto, jugaba al Euromillón todas las semanas.

La esquizofrenia es una enfermedad crónica de la mente que genera alucinaciones, fantasías sin base real. Uno ve cosas que no existen o interpreta de manera irracional los estímulos que recibe. Otro síntoma es el pensamiento desorganizado, que se traduce en un discurso inconexo. Como cuando se explica un balance.