El club de los currelas muertos (I)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Comenzamos proponiendo el documental de Netflix, FIFA Uncovered, o Los entresijos de la FIFA, un relato implacable que muestra la corrupción endémica desde hace décadas en la organización que rige los destinos del fútbol. El documental se remonta a los tiempos de la presidencia del brasileño Joao Havelange, un tipo siniestro que sacaba tajada de cada adjudicación, evento o contrato. Sepp Blatter progresó a su sombra desde finales de los setenta hasta alcanzar la presidencia.

Hay un momento significativo en FIFA Uncovered y es el que muestra los discursos de Blatter y el candidato a la presidencia Lennart Johansson en 1998. El sueco comenta que hay que cambiar el funcionamiento del organismo, sembrando las dudas sobre la honestidad de sus dirigentes, e indica que no quiere ofrecer prebendas a los países ni a los dirigentes de cada federación, sino que prefere promocionar el fútbol a nivel mundial, tratando de alcanzar más países y seguidores. El discurso de Blatter es muy diferente: la FIFA es una gran organización a nivel mundial, ha crecido mucho en los últimos años y debe seguir en esa línea. Con eso lo ha dicho todo. Muchos de los países que habían prometido su apoyo a Johansson, especialmente los africanos, cambiaron el sentido de su voto en las semanas previas a la elección.

Hay otra palabra que aparece de manera recurrente en el documental: sportwashing. El lavado de imagen de dirigentes corruptos o de regímenes dictatoriales con la excusa del deporte. Las imágenes nos muestran las fotos de Havelange con el general Videla durante el Mundial de Argentina 78 y establece una comparación con Hitler y los Juegos Olímpicos de 1936. Catar es un eslabón más en esta cadena y las declaraciones bochornosas de ayer mismo del actual presidente de la FIFA, Gianni Infantino, forman parte del mismo montaje putrefacto. No les preocupa el fútbol lo más mínimo, solo sus prebendas y salarios millonarios. El poder. Ser recibido por los principales líderes mundiales y moverse con la sensación de impunidad de siempre.

Por si el lector no tiene Netflix, puede escuchar la interesante conversación entre Pepe Kollins (Javier Alberdi, antiguo editor jefe de La Galerna) y prácticamente el único periodista español que lleva una década denunciando la adjudicación del Mundial a favor de Catar.

Sí, la FIFA es homologable a una organización criminal. Algún amigo me ha hecho ver que sí seguí la Supercopa de España en Arabia y su régimen es igual de deleznable o peor en materia de derechos humanos. La designación del Mundial de Rusia 2018 tuvo las mismas denuncias de corrupción que la de Catar y no solo lo seguí, sino que le dediqué un especial con varios post en aquel verano.

Todo ello es cierto. Critiqué la Supercopa de Arabia y el Mundial de Rusia en su día por lo mismo que ahora: el poder del dinero para corromperlo todo, incluso el deporte. Pero en Catar se ha unido el escándalo de los 6.500 trabajadores (o esclavos) muertos durante la construcción de los estadios, las ridículas normas que deben seguir los visitantes del país y un cierto desapego por el fútbol, de manera especial con una selección que dirige Luis Enrique y tiene a Jordi Alba como capitán. No veré este mundial (con minúsculas), pero claro que voy con España, a distancia, pero con ellos, para los que duden de mis filias. Como leí a Juan Carlos Guerrero en La Galerna el pasado viernes, «la selección es la Nochebuena del fútbol», «es la familia que te toca, aunque la elija Luis Enrique».

Votaciones infumables

BARNEY, 23/10/2022

Hay muchas cosas del fútbol actual que no entenderé jamás, pero compruebo desesperanzado que estas chorradas cobran más importancia cada año y sin embargo, la pierden los asuntos que para mí son (o deberían ser) más relevantes. Por ejemplo, no entiendo ni comparto los premios individuales en un deporte colectivo como el fútbol. Siempre que se habla de estos temas me viene a la mente la frase de Don Alfredo Di Stéfano:

Sorprende el bombo que se da durante meses a un invento de una revista francesa como el Balón de Oro (el puto Balón de Oro, como dije en su día, en plena rivalidad Messi-Cristiano). No tengo ninguna duda de que hay muchos intereses comerciales detrás de tanta publicidad gratuita durante meses. El interés de Nike o Adidas por mover a sus figuras, por destacar al individuo por encima del colectivo, la necesidad de tantos patrocinadores de crear ídolos que vendan tal o cual marca de coches, perfumes, videojuegos, páginas de apuestas, ropa interior o relojes. Todo es marketing y la gala hortera del Balón de Oro, su colofón.

Me interesa muy poco lo que ocurre cada año con la designación de France Football, pero creo que el Balón de Oro de 2022 no admite discusión y lo celebro con la falta de pasión con la que me informo sobre estas cosas. Un tipo como Karim Benzema que es puro fútbol, que ha sabido evolucionar, cambiar su juego, adaptarse siempre a lo que el equipo necesitaba, sin problemas con rivales en el campo, sin un mal gesto nunca, sin dar la lata año tras año con sus renovaciones, en definitiva, un superclase que ha tenido que esperar el momento de reconocimiento «oficial» cuando los aficionados ya se lo dábamos por sus méritos deportivos desde hacía años. Mi razonamiento es muy similar al que hice en 2018, cuando se lo llevó Luka Modric. Grandes jugadores que representan lo que me gusta del fútbol, sin divismos, sin estridencias, sin nada ajeno que perturbe lo que hay que hacer en el terreno de juego. Como Xabi Alonso, como Iniesta, como Canales, como Puyol, como tantos futbolistas de los ochenta con los que crecí, tan alejados todos ellos de los patrones sobreactuados actuales.

Pero la soplapollez de estos premios es tan grande que uno no sabe ni qué es lo que se premia, ni si los que votan lo hacen de manera desinteresada o atendiendo a sus sponsors, o si se premia una temporada, la calidad del jugador o el momento puntual. El Balón de Oro es un premio que en su momento ganaron Igor Belanov, Cannavaro, Mathias Sammer o Michael Owen, luego está claro que no se elige al mejor futbolista. Y si se elige por los triunfos de sus respectivos equipos o selecciones en el año, como se justificó con los mencionados, podrían haberlo ganado Roberto Carlos (Mundial y Champions en 2002), Varane (Mundial y Champions en 2018), o (aquí risas) Khedira en 2014 y Karembeu en 1998 por idéntico doblete.

Este año Sadio Mané ha quedado en segundo lugar por su temporada con el Liverpool y por haberse llevado la Copa África con Senegal, pero cualquiera que sepa mínimamente de fútbol entenderá que es una broma que el belga Kevin De Bruyne quede por detrás de él. Según entiendo yo el fútbol, solo hay un jugador que haya podido competir con Benzema en cuanto a su importancia para alcanzar los títulos de Liga y Champions: Thibaut Courtois, solo séptimo. O Vinícius, votado en octavo lugar, por detrás de Salah o Mbappé. Todo es una broma que parece dirigida.

En Estados Unidos el deporte profesional está hiper profesionalizado, como todo, y las votaciones para el MVP de la temporada o los playoffs no suelen deparar los desaguisados de cualquier votación que se haga en Europa, donde siempre queda un tufillo de sospecha. Este año, sin ir más lejos, se ha dado un premio como mejor club del año al Manchester City. Y como segundo, al Liverpool. El Real Madrid que se cepilló a ambos (jo, jo, jo) ha quedado (juas, juas, juas) tercero. Lo justificaron con argumentos peregrinos como que se valoraban otros aspectos, incluido el rendimiento de la sección femenina. Claro, claro, quizás olvidaron que también en la Champions femenina el Real Madrid eliminó a las féminas del City.

Luego llegan premios como el Kopa al mejor jugador joven y te enteras de que se lo ha llevado Gavi, el leñero más rápido de Europa. El Kopa del año pasado fue para Pedri. Sin desmerecer el juego de ambos (creo que el canario sí va a resultar en un gran jugador, aunque ahora mismo su fama en la prensa supera su aportación en el terreno de juego), me parece que hay talentos jóvenes que ya han sido más importantes en sus clubes que ambos jugadores del Barça. Jude Bellingham, Musiala, incluso Camavinga fue fundamental para la última Champions, mientras que los dos culés no aportaron gran cosa en un equipo que lleva tiempo bordeando la mediocridad. Pero la mejor prueba del cachondeo de estos premios es que entre los 30 seleccionados estuvo Ansu Fati. Para mí, el mayor talento que ha salido de la cantera del Barça estos últimos años, pero el caso es que estuvo todo el año lesionado, luego insisto, ¿qué se premia aquí? O más bien, ¿quién premia aquí? ¿Tiene algo que ver el patrocinio de socios.com, la empresa que mantiene negocios con el Barça y con Jaume Roures?

Socios.com, uno de los patrocinadores de la gala, celebra los premios a algunos de los clubes con los que colabora, el Barça y el City. Es el cachondeo de las votaciones, aunque el récord se lo lleva esta semana la revista FourFourTwo, que ha seleccionado a Xavi Hernández entre los 15 mejores entrenadores del mundo. Ya saben, Guardiola, Ancelotti, Klopp, Tuchel y también Xavi Hernández, que tiene una marca mucho peor que la de Koeman en sus primeros cincuenta partidos en el banquillo del Barça. Son unos genios del relato. Pero luego se pone el balón en juego y resulta que el equipo que tiene (según estas votaciones) al mejor delantero de Europa, a los dos mejores jóvenes y a uno de los 15 mejores entrenadores del mundo, no es capaz de ganar a los peores Inter y Bayern de los últimos años. Peligra pasar la primera fase de la Champions por segundo año consecutivo, pero, oye, si los expertos nos dicen que son los mejores, pues habremos de creerlo.

En fin, cuánto tiempo perdido en estas chorradas, yo mismo acabo de hacerlo. Por fortuna luego empieza un partido y aparece un tío como Fede Valverde. Inagotable, con capacidad de pase en corto y largo, capaz de romper líneas como pocos y con un disparo letal. ¿A ver cómo quedó en la votación para el Balón de Oro? Mmmmhhh…. no lo encuentro. ¡Coño, dicen «los que saben» que ni entre los treinta primeros!

Pues nada, que sigan a lo suyo, promocionando a los jóvenes de otros equipos y criticando a Vinícius, Rodrygo y Militao, o ignorando a Valverde, Mendy, Tchouaméni y Camavinga. El futuro del Real Madrid pinta muy bien en lo deportivo, que es lo que nos importa a los que nos gusta el fútbol, y no los premios. Solo así, acertando con los jóvenes, se podrá competir con los jeques del City o el Qatar Saint Germain. Por cierto, queda menos de un mes para el arranque de ese vergonzoso Mundial de Catar en mitad de las competiciones nacionales y continentales. La segunda parte de la temporada se prevé más que complicada para todos los equipos. Enhorabuena a los dirigentes de la FIFA por su plan de pensiones. Si entre sus planes está acabar con el fútbol que nos gusta a tantos, van por buen camino.

Cosas que vosotros no creeríais

BARNEY, 18/09/2022

Desde el pasado viernes, desde el preciso instante en el que se señaló el final del partido de semifinales entre España y Alemania del Eurobasket en Berlín, he leído y escuchado varias veces que si España consigue este título será una de las hazañas más impensables de nuestro deporte, o del deporte mundial en general. La verdad es que no estoy de acuerdo, pero vivimos en los tiempos de la hipérbole y la exageración periodística, no sé si como un modo de atraer la atención o por la propia ignorancia de la prensa. Lo cierto es que yo también creía que esta selección iba a tener un campeonato de transición, a caballo entre los «juniors de oro» y sus dos décadas de éxitos y los jóvenes que comienzan a despuntar en categorías inferiores, pero hablamos de un equipo de Sergio Scariolo. De una selección que ya ha dado sobradas muestras de poder competir en cualquier situación. Para mí fue más sorprendente que se hiciera con el Mundial de 2019, por ejemplo. Mundial, con Estados Unidos, Argentina, Australia y todas las potencias europeas. Sin nuestro mejor jugador de siempre, Pau Gasol. Con Víctor Claver en el quinteto titular (jamás pensé que rendiría al nivel que Scariolo fue capaz de sacar de él).

Sergio Scariolo sabe sacar petróleo de sus equipos, da igual las armas con las que cuente que él se adapta. Ya lo hizo con aquella selección de 2019 que apabulló a Argentina en la final tras haber sembrado dudas en la fase previa o haber estado a un tiro libre de la eliminación en semis frente a Australia. También logró sacar el máximo a la plantilla para eliminar a Francia en el Eurobasket disputado en suelo galo en 2015, en la que posiblemente sea la mejor actuación de Pau Gasol de toda su carrera (40 puntazos frente a Gobert y compañía). Aunque para mí Sergio Scariolo siempre estará en mi lista de entrenadores top de baloncesto por la Liga ACB del año 2000, la que se conquistó en el Palau con un equipo que, según comparaba plantillas, me parecía de peor nivel que el Barça. Fue un gran día de Sasha Djordjevic, pero también de Alberto Angulo, Lucio Angulo o jugadores muy normalitos como Struelens o Brent Scott. Ese es Scariolo. Y aquel día se vio también quién era Nacho Rodríguez, un tipo mal deportista, desagradable y maleducado, «valors» suficientes para terminar colocado como delegado de la sección de baloncesto del club azulgrana.

Pero hablábamos de las grandes sorpresas del mundo del deporte, de esas «cosas que vosotros no creeríais» si no os las contaran, pero que ocurrieron, porque el deporte es impredecible y ojalá siga siéndolo, desafiando las predicciones del Big Data como Rafa Nadal o el Real Madrid han hecho en este 2022. En el mundo del fútbol voy a destacar algunos triunfos de los que más me descolocaron en su momento:

  • El triunfo de Grecia en la Eurocopa de 2004. Vi los tres partidos de eliminatorias, saldados por 1-0 frente a Alemania, la República Checa y Portugal, y es inconcebible que los helenos pudieran llevarse aquel torneo con una defensa cerrada y acertando en la única ocasión de la que disponían por encuentro. Pero ocurrió. Hay quien critica que España ganara su único Mundial tras eliminar 1-0 a Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda de manera consecutiva, pero España venía de ser campeona de Europa y fue mejor en todos y cada uno de los partidos. Un portero en trance, una muy buena defensa, un centro del campo en el mejor momento de sus carreras y un Villa sobresaliente. Si no hubo más goles fue por el empeño de Del Bosque en jugar con uno menos (Fernando Torres).
  • Dinamarca en la Eurocopa de 1992. Una maravilla. Una de esos sucesos extraños que ocurren muy de vez en cuando y descolocan muchos de los mitos creados alrededor del fútbol, como el de las concentraciones previas a los campeonatos. Dinamarca fue invitada para sustituir a Yugoslavia, apartada por el conflicto de los Balcanes y en apenas una semana se presentó con un equipo destinado a ser comparsa y desaparecer rápido. A la hazaña de Schmeichel, Vilfort, Brian Laudrup y compañía está dedicado el relato El bigote de Kim.
  • Algunos títulos de Champions como el del Oporto de Mourinho en 2004 o el del PSV en 1988 están entre los más sorprendentes de entre los que he visto. El PSV no ganó ni uno de sus partidos de cuartos, semifinales y final, pero logró el título. La semifinal frente al Madrid está en mi listado de las derrotas más dolorosas que recuerdo. Pero aun siendo sorprendentes, creo que pocos títulos lo fueron más que el del Steaua de Bucarest en Sevilla (1986), y quizás más viendo el desarrollo del partido, con el Barça marrando uno tras otro los cuatro penaltis de que dispuso.
  • En un partido puede pasar de todo, pero lo que no resultó ni medio normal fue el título del Leicester en la Premier League 2015-16. Las casas de apuestas pronosticaban un 5.000 a 1 por su victoria, es decir, nadie esperaba que se mantuvieran en lo más alto de la clasificación al finalizar el campeonato. Pero los jugadores de Claudio Ranieri lo hicieron. Muchos de ellos tenían ya muchas vueltas dadas en el mundo del fútbol sin destacar de manera especial (Vardy, Schmeichel Jr., que siguió a su padre en esto de los sorpresones del deporte) y otros fueron estrellas con posterioridad (Mahrez, Kanté), pero se juntaron en la mejor temporada de sus vidas, generaron la confianza necesaria y lograron un título imposible. Seguramente irrepetible en décadas.

Otros deportes como el tenis han vivido momentos fugaces de algunos deportistas, sorpresas inesperadas que los han llevado a grandes triunfos, como el de un Michael Chang de 17 años en Roland Garros. Su único Grand Slam en un cuadro en el que nadie lo conocía al inicio del torneo. Algo parecido al primer título de Mats Wilander, un sorpresón en su momento, con la diferencia de que el sueco consolidó una gran carrera con posterioridad.

Algunas de estas hazañas resultan tan inesperadas que son muy propicias para una película. La victoria de los norteamericanos sobre los «invencibles» jugadores de hockey sobre hielo de la URSS en los Juegos Olímpicos de Lake Placid (1980) dieron lugar a la película Milagro en el hielo (MIracle on ice). El partido se celebró unos meses antes del boicot de los norteamericanos a los Juegos de Moscú, luego a la tensión del partido se añadió la guerra fría latente entre ambos países. Los rusos también tienen una película sobre su particular hazaña frente a los norteamericanos: Tres segundos. Una peli que cuenta la primera derrota de los Estados Unidos en un partido en los Juegos Olímpicos, en Múnich 72, tras un controvertido final que hubo que reanudar. Por tres segundos, los suficientes para que Belov anotara la canasta que cambió buena parte de la historia de este deporte.

Aunque en un post sobre hazañas del deporte que concluye con la gran pantalla, no podía faltar Invictus. Clint Eastwood a los mandos, Morgan Freeman como Nelson Mandela, Matt Damon como el capitán Pienaar y la conjunción de un equipo en busca de un objetivo común: la victoria. Igual que en aquella película el argumento deportivo giraba sobre cómo frenar el terrible poderío rival, con el temible Jonah Lomu al frente, los de Scariolo hoy tendrán que comenzar a trabajar en defensa, como han hecho durante todo el campeonato. Defensa, defensa y defensa. Equipo, equipo y equipo. Como en 2019. Como el Madrid en el Palau. Sin estrellas. Pero con todos sumando para obtener el triunfo. Vamos a por los franceses.

Todo lo que odio de este fútbol actual

BARNEY, 04/09/2022

Hay determinadas jugadas, acciones o gestos que veo cada vez con mayor frecuencia en los partidos de fútbol, cosas que me molestan como espectador, pero que se han incorporado hasta el punto de haberse convertido en vicios que contaminan el juego, no digamos ya el espectáculo, que en ocasiones, como dicen los comentaristas, «brilla por su ausencia». Muchas de estas acciones se permiten y toleran por parte de tipos que seguramente no han jugado al fútbol en su vida, o lo han hecho poco: árbitros y periodistas. Solo así se entiende que los elementos incluidos en esta «relación de cosas que odio del fútbol moderno» proliferen cada semana. Me crié con el fútbol de finales de los setenta y principios de los ochenta, y como ya escribí en su día, «el fútbol que me gustaba se muere». Lo cual es una pena, porque los jugadores han mejorado mucho física y técnicamente con respecto a aquella época, y los campos son ahora alfombras y no patatales. Vamos con esa relación, a la que animo a los lectores a que sumen sus propuestas:

  • ¿Qué mierda es esa de pitar penalti porque tras un despeje el defensa o el portero choquen con el delantero rival? Ayer mismo se revisó durante un par de minutos un despeje del portero del Girona en el partido frente al Mallorca, ¿de verdad hay que revisar estas cosas? ¿O cuando un defensa mete un patadón siguiendo aquella máxima de «el balón en el área quema» y choca después con el delantero que llega a la carrera?

Recuerdo a esos porteros de los ochenta y noventa como Schumacher o Pfaff, que cuando salían de puños no respetaban ni a rivales ni a compañeros. Ahora se pitan penaltis inverosímiles tras los despejes de un balón, ¡nos estamos volviendo locos! Y escuchas a los periodistas y árbitros retirados opinar sobre lo bien sancionadas que están esas jugadas. No, si ahora el defensa tiene que despejar con cuidado, que una cosa es desviar o dejar un regalito al delantero rival, y otra muy distinta una acción merecedora de penalti. Pero para eso, primero hay que haber jugado un poco a esto. Antes era muy sencillo: el que llega primero al balón y a TPQlo.

  • Los empujoncitos por detrás a los defensas, que se dejan caer. En este fútbol actual en el que los defensas soban el balón mucho más que los delanteros y los centrocampistas, en ocasiones se ven presionados por el delantero rival y no pueden girarse o encontrar una salida fácil al balón, así que optan por sentir el aliento del delantero rival, en ocasiones mucho más pequeño que estos bigardos de metro noventa y se dejan caer. Como el roce suele ser ridículo y el árbitro no suele pitar de primeras, muchos han optado por otra argucia: dejarse caer sobre el balón y retenerlo bajo el cuerpo o atraparlo con las manos. Ahí sí obligan al árbitro a mojarse y este, entre la amarilla al defensa o pitar falta, optan por lo sencillo: jugada nueva, ventaja para el defensor. Lo hacen casi todos, pero para que no se me acuse de partidista, voy a escoger un ejemplo «de los míos»: Sergio Ramos era un experto en esto de dejarse caer, lo cual me desesperaba, joder, con lo cuadrado que estás y «te ha tirado» Messi. O Correa, o Gabriel Jesús, amos, no jodas, Sergio. En los ochenta, un buen defensa no andaba con gilipolleces, y antes de verse en esas, sacaba el balón del estadio de un patadón.
  • Los empujones reales por detrás que no se señalan. Igual que se ha extendido ese empujoncito como algo permitido, los mismos defensas saben que cuentan con otro arma a su favor, que es meter un empujón al delantero que está armando la pierna para el chut o el centro. No puede ser con mucha fuerza, ni con el brazo muy extendido, pero el noventa y mucho por ciento de las veces los árbitros hacen el gesto de «carga legal», y no lo es, cojones. Una carga legal es hombro contra hombro. Rüdiger contra Piatti, bum, y lo mandas al córner, pero un empujón por detrás con el antebrazo sobre el omoplato del delantero debería ser siempre penalti y no se pita casi nunca. Una jugada en la que se especializó Mascherano, el segundo jugador con más penaltis realizados y no señalados que recuerdo (el primero es Piqué).
  • Las pausas de hidratación. ¿Pausas para qué??? ¿Otra interrupción más del juego, con lo que os cuesta a veces poneros en marcha? En estas cuatro primeras jornadas de Liga ha habido pausas de hidratación a los treinta minutos de cada parte, desquiciantes para el espectador. Podría entenderlo para el Mundial de la infamia de Catar si se jugara por encima de los 35 grados, pero ¿en lo que llevamos hasta ahora de Liga? Todavía recuerdo aquel pedazo de Mundial de México en 1986, con partidos a las cuatro de la tarde locales, con temperaturas y humedad asfixiantes, y tíos como Maradona ofreciéndonos los mejores ratos de fútbol que hayan presenciado nuestros ojos.
  • Las pérdidas de tiempo. Están relacionadas con lo anterior, con el dinamismo del juego y el espectáculo para el espectador. Ya incluí jugar con el tiempo parado o cronometrado en mis Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol. porque estoy hasta los mismísimos de ver a esos equipos que tardan dos minutos en poner el balón en juego. El Atleti casi gana una Champions jugando a que no se jugara durante toda la segunda parte de Lisboa 2014. Es desesperante y no es una cuestión del Reglamento, con el actual se puede evitar o minimizar. Que alguien revise los partidos del Osasuna, Granada o Elche el año pasado en el Bernabéu, indignante es poco. El Madrid supo aprovechar esa laxitud de los árbitros en sus prórrogas frente al Chelsea y City en la última y memorable Champions. ¿Cuánto se jugó en aquellas segundas partes de la prórroga, alguien tiene el dato? Como madridista celebré cada saque de puerta o cada falta a favor porque sabía que ahí nos íbamos a comer buena parte del escaso tiempo restante, pero como espectador es un timo. Incluso, se hace otra «trampa» en toda regla en este fútbol moderno: los recogepelotas. Cuando el local tiene urgencias, aparece un nuevo balón al segundo de haber salido el anterior. Cuando el local tiene necesita administrar la ventaja, hay que recurrir al viejo sistema de pedir el balón a la grada. ¡Qué grandes momentos aquellos para el público, qué desesperación para los rivales!
  • Sobre los entrenadores y el fútbol de la posesión infernal. Un entrenador de los ochenta no podría hacerlo hoy en día porque moriría en cada partido de un infarto: ¿se puede saber qué hace el portero dando toquecitos con dos defensas en su área pequeña para sacar de puerta? El Madrid cayó con el City en 2020 por esos fallos en la salida de balón (Varane). El Barça perdió 19 balones en su propio área el día que el Bayern les encalomó ocho chicharros, ¿de verdad que Setién seguía diciendo que había que sacar el balón de ese modo? ¿Y eso de los córners hacia atrás, cuando tienes a tus centrales metidos en el área? Recuerdo haber visto al City sacar lo que toda la vida se ha llamado un «gilicórner» desde la derecha, pasar el balón a un centrocampista más atrasado, y este al al lateral, y a su vez el lateral hacia su portero para volver a comenzar el ataque por el lado izquierdo. ¿Esto qué es? Llévate el balón a tu casa porque has metido tres goles, no porque lo has desgastado con mil pases horizontales o hacia atrás, como España en el Mundial de Rusia 2018. Qué distinta sería la historia si Modric hubiera jugado este córner hacia Isco, que le pedía el balón, ¿no?
  • El VAR. Lo han conseguido, aborrezco esta herramienta que debería haber servido para mejorar la limpieza del fútbol. Han conseguido que ya no celebre los goles, como el de ayer de Vinícius o el de Karim la semana pasada, porque me toca esperar un par de minutos para que confirmen que todo era correcto, lo cual, visto cómo se tiran las rayas en nuestra Liga, no me hace esperar nunca nada bueno. Pero no es solo eso, es el criterio cambiante de las manos, que ya no se sabe cuándo sí o cuándo no, lo que comentaba sobre los despejes y los choques posteriores, la aleatoriedad de las decisiones (PreVARicar, directamente), o cómo se analizan las jugadas y aun con veinte cámaras se toman decisiones erróneas, como el gol anulado a Benzema en la final de la pasada Champions. Una sinvergonzonería que me hace añorar los ochenta y los clásicos «árbitro comprao, pito regalao» o sencillamente «¡árbitro, joputa!!!». La inmundicia actual con ayuda de la tecnología nos lleva a algunos a pensar directamente en conspiraciones.

Y por supuesto, con la maldita prensa como colaboradora.

Hace ocho años

Cuanto mayor eres parece que los años pasan más rápido, veloces, sin apenas tiempo para saborearlos, para disfrutarlos, para observar, tomar perspectiva. De repente adviertes que ya estás de nuevo en verano, inicio del curso, navidades, fin de año, cumpleaños… ¿y ya ha pasado otro año?

Hoy se cumplen ocho años desde que arrancó este blog de los «Cuatro amiguetes y unas jarras», ocho años desde aquella Declaración de intenciones en la que se explicaba de qué iba a hablar cada uno de los cuatro. El 99 por ciento de los blogs muere en su primer año de vida, luego llegar a ocho años es una señal de buena salud, de que ha captado el interés de un buen número de lectores, un «me llena de orgullo y satisfacción», que decía el emérito. Por cierto, aunque pueda parecer que los ocho años pasan muy rápido, tanto que nos falta aún perspectiva histórica para valorar ciertos asuntos, nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, cuando nació este blog, el mismo Juan Carlos I acababa de abdicar en favor de su hijo Felipe VI, quien comenzó su reinado (según Barney) con un discurso repleto de referencias futboleras. Juan Carlos I, Mariano Rajoy en la presidencia de gobierno, Angela Merkel en Alemania y Barack Obama en Estados Unidos. Y el Madrid campeón de Europa, porque hay cosas que tampoco cambian demasiado, y está bien que sea así.

Una visita a las hemerotecas del 15 de agosto de 2014 nos puede ayudar para hablar del paso del tiempo en estos ocho años, o para ver lo que siempre permanece ahí, inalterable.

Josean: Vaya, el titular principal podría haber sido escrito la semana pasada. La zona euro en problemas, atascada, con una economía alemana que no carbura, y ya sabemos que si la locomotora sufre, el resto de los 28 lo pasa peor. Cambiamos «Rajoy» por Pedro Sánchez y también seguimos hablando de reformas estructurales que no terminan de concretarse, salvo por la vía del incremento de impuestos. La columna de la derecha hace referencia a un escándalo de corrupción, uno de los temas de los que más se ha hablado en este blog, sin importar el partido del que procediera. La parte inferior de la portada también podría ser, con ciertos matices, de hace apenas unos días:

El interminable procés catalán, en su día con Artur Mas, los centros de acogida de inmigrantes colapsados por las pateras y un nuevo caso de abuso policial en Estados Unidos, con el único cambio de que el presidente en aquel agosto de 2014 era Barack Obama. En el blog vivimos la época pre-POTUS Trump y ya llevamos casi dos años de la posterior. Y «La deuda pública supera ya el billón de euros». Los peligros del endeudamiento excesivo, la recuperación que nunca llega, las medidas equivocadas, el gasto público excesivo o despilfarrado en chorradas, de todo eso se ha hablado en el blog mientras la deuda pública seguía disparándose. Ocho años.

«El mundo está cansado de tanta guerra», decía el Papa Francisco entonces. Y nos parecía que lo de este año con Ucrania, Taiwán, o los conflictos ya medio olvidados en Siria, Somalia o Yemen eran lo excepcional. Nunca hemos dejado de estar en guerra, y nunca hemos dejado de estar cansados de la misma.

Lester: la portada de El Mundo de aquel día hablaba del Canal de Panamá, de los cien años transcurridos desde el arranque a principios del siglo XX. Este blog tuvo la inmensa fortuna de contar en detalle la ampliación del Canal en junio de 2016, con un amplio reportaje desde allí mismo que (si se me perdona la molestia) ya quisiera el propio diario madrileño.

La otra noticia de portada es la del brote de Ébola, aquel virus que venía de África y nos tenía acojonados, ¿quién no recuerda a la enfermera Teresa Romero y el sacrificio de su perro Excalibur? Para mí, lo peor fue comprobar ya entonces cómo se utiliza cualquier suceso para politizar, enmierdar y asustar al personal. Un juego de niños al lado de lo que ocurrió después con la Covid-19, el p… virus al que también hubo que dedicarle mucho tiempo en el blog (Aplauso a una generación de héroes, Casi feliz en casa, Volverán las malditas mascarillas, Las cicatrices del coronavirus, entre muchos otros).

Ver a Michael J. Fox en portada y hablar del paso del tiempo parece inevitable. Nadie como su personaje Marty McFly para mirar hacia atrás y regresar al pasado, o al futuro, o conmemorar que este blog llegaba a la fecha mítica del 21 de octubre de 2015, que como todos los frikis sabemos, es la fecha «futurista» que Robert Zemeckis imaginó durante el rodaje de 1985.

Barney: en cuanto a la parte del deporte, me hace gracia ver en todas las portadas a Luis Suárez, quizás el tipo más sucio que haya visto sobre un terreno de juego. Marrullero, agresivo, faltón, mordedor… en agosto de 2014 era noticia porque llegaba al Barça con una sanción de varios meses tras el bocado que le pegó a Chiellini en el Mundial de Brasil. Pues nada, en el Barcelona encontró ese paraíso de impunidad que tanto he denunciado en el blog. Ocho años sin una sola expulsión (salvo una por doble amarilla en Copa), con un historial de agresiones e insultos brutal, más en su época culé que en la del Atleti. Ocho años después se ha ido de rositas de la Liga española, un caso digno de estudio que no analizará el autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo.

Prefiero irme a las portadas de la prensa deportiva, que entonces nos hablaban de:

Pues sí, razones para soñar. Este blog ha podido disfrutar de las Champions del Madrid en Milán, Cardiff, Kiev y París. Y varias Ligas. Han sido buenos años para los madridistas, qué duda cabe. Hemos vivido las despedidas de Cristiano Ronaldo y de Gareth Bale. E innumerables triunfos de Rafa Nadal, otra constante en estos ocho años. Pero también ha habido muchos huecos para el baloncesto, Pau Gasol, Pablo Laso, el atletismo y los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y de Tokio en 2021.

Travis: se me ha ocurrido mirar la taquilla de aquel agosto de 2014 y lo cierto es que fue un poco para echarse a llorar:

Que no digo que Los guardianes de la galaxia no sean entretenidos, pero es que la colección de «éxitos» cinematográficos de la época no ha pasado a la historia precisamente. No en vano, compruebo que aquel fue:

Y no me extraña, si lo ilustran con una foto de los soporíferos Transformers. ¿De verdad que este es el cine que nos vendrá en próximos años?, me preguntaba. Porque hasta para hacer cine de explosiones y acción hay que tener clase, como en mi debut en el blog: Armageddon y Gravity. Peliculones, sin duda. Obras maestras al lado del top-ten de aquel agosto lejano.

Si me voy al año 2014 completo, fue un gran año para el cine español (al que se ha defendido en este blog, por cierto), con tres películas entre las diez más taquilleras. La estupenda Ocho apellidos vascos, la entretenida El Niño y la última de Torrente. De este listado, la que más se recuerda sin duda es El Lobo de Wall Street, del maestro Scorsese, que ha aparecido varias veces en estos ocho años (Taxi driver, El irlandés, New York).

En fin, que este blog seguirá un año más. Sí, lo siento, somos así de brasas: van 545 post, más un centenar en otros medios, dos libros (Relatos de un tiempo fugaz y Aguafiestas), un tercero que llegará en septiembre y muchas, muchas lecturas. Será un placer seguir contando con vosotros.

Un abrazo.

Malos tiempos para LaLiga

BARNEY, 12/08/2022

Esta noche comienza el campeonato de Liga 2022-23 y no resulta especialmente atractivo, o al menos eso me parece a mí. No sé si es por el calor del verano, la pereza que me produce ver de nuevo a Tebas o por saber que se va a parar todo en noviembre para jugar el Mundial de la infamia en Catar, pero el caso es que este campeonato no me motiva de manera especial. Quizás sea porque no veo el nivel de equipos y plantillas que en años precedentes. O quizás sea porque el producto no se ha vendido bien.

Como todo aficionado sabe, el campeón de la última Liga fue el Real Madrid, que ganó con cuatro jornadas de antelación, ni más, ni menos. No fue un Madrid tan espectacular como el de la Liga de los récords de Mourinho (2011-12), con tan buen juego como el de la Quinta del Buitre, ni se ganó con la épica de la Liga de la cofradía del clavo ardiendo (Fabio Capello, 2006-07), pero fue un equipo muy sólido, bien armado en defensa y que contó con el año espectacular de Benzema y Vinícius en punta.

Los de Ancelotti, tan criticado durante meses como cualquier entrenador que pise el banquillo blanco, vencieron con una solvencia apabullante, con el único momento de duda en toda la temporada de la derrota en casa por 0-4 con el Barça. El Real Madrid fue el campeón de Europa en la final de Saint Denis en mayo, tras superar al PSG, Chelsea, Manchester City y Liverpool, luego no hay nada que objetar ante el que fuera el mejor conjunto de Europa. Dejando a un lado las situaciones irracionales que vivimos en las eliminatorias de Champions, los títulos son los que deciden, y si bien el juego o la plantilla no hacían prever este éxito, la temporada fue irreprochable (Supercopa, Liga y Champions): el mejor equipo, el mejor jugador (Karim), el mejor portero (Courtois) y el mejor jugador joven (Vinícius). Y las cuentas más saneadas.

Habrá quien diga que no hubo rival en la competición doméstica, pero son los mismos que en los primeros meses de competición proclamaron que el Atleti tenía de largo la mejor plantilla de España. O los mismos que alabaron el juego de los de Xavi Hernández sin considerar cómo se los aupó por parte del colectivo arbitral para que entraran en Champions y plantearan algo de batalla. Cuando uno escucha los audios entre Gerard Piqué y el presidente de la Federación, Luis Rubiales, en el que desvelan que el acuerdo con los árabes maneja unas cantidades muy diferentes si no están Madrid y Barça en la Supercopa, le entran ciertos pensamientos sobre la falta de higiene en la competición. Pensamientos que llevo soltando en este blog casi desde sus orígenes (Reglamento de la Federación Culé, El Villarato morirá matando, PreVARicar). Las primeras jornadas con Xavi Hernández en el banquillo fueron un escándalo tras otro (el 1-0 al Espanyol, las manos de Piqué en Villarreal, de Busquets en Pamplona, la diferencia de criterio con las manos en Elche…) y preveo que este año va a ocurrir exactamente lo mismo durante el inicio del campeonato. Resulta todo tan obsceno que se me hace inevitable recordar el arranque de la temporada 2017-18: el Madrid venía de ganar la Liga y la Champions, había derrotado con comodidad al Barça en la Supercopa por 1-5 (contra un De Burgos Bengoetxea de vergüenza) y en menos de dos meses estaba a diez puntos de los culés en Liga.

Hoy empieza LaLiga y varios equipos de Primera están teniendo dificultades financieras para inscribir a los jugadores. Equipos tradicionalmente de la parte alta se ven obligados a vender a sus mejores jugadores para poder superar el control económico del estamento. El Valencia ha tenido que vender a Gonçalo Guedes al Wolverhampton por 30 millones, cuando lo fichó hace cinco años por 40. Estuvo a punto de regalar a Carlos Soler para cuadrar el presupuesto y no tengo la certeza de que no vaya a hacerlo en algún momento. El Sevilla ha traspasado a Diego Carlos por unos 33 millones al Aston Villa para poder equilibrar sus números, pero como seguía sin ser suficiente, ha vendido a Koundé al Barça por 50+5 millones, cuando hace un año pedía 80 por el mismo jugador (cifra que mantiene si el que pregunta es el Real Madrid).

El Betis no ha podido inscribir aún a Claudio Bravo, Willian José, Luiz Felipe, Luis Henrique Guardado, Joaquín y Dani Martín, y tendrá que vender algún jugador de la plantilla para aligerar su masa salarial, mejorar sus cifras y contar con los jugadores.

El Atleti ha querido deshacerse de varios jugadores con ficha alta en el mercado (Morata, Saúl, Lemar, salió Suárez), pero no ha podido porque los competidores tampoco andan demasiado sobrados. Que esa es otra cuestión para analizar la situación del mundo del fútbol en España: qué cantidad de jugadores arriesgaron la temporada pasada al no renovar con sus equipos, esperando una suculenta prima de fichaje al llegar gratis a otros clubes, y ahora están sin equipo o aceptando rebajas considerables sobre sus anteriores emolumentos. Como Dembélé en el Barça, por ejemplo, que aguantó insultos, ultimátums, mobbing y al final ha tenido que aceptar la rebaja del cuarenta por ciento. Como Isco, sin equipo hasta hace dos días. La ficha del Sevilla, según dicen, es de un millón de euros por temporada, cuando en el Madrid ganaba seis o siete veces más (que tampoco está mal para un exfutbolista). Marcelo, Cavani, Mertens, Juan Mata, Tello, Nolito, Januzaj, Cheryshev… jugadores importantes en su momento, algunos veteranos ya, pero otros en una edad que los convierte en valores todavía muy aprovechables.

Sorprenden las dificultades económicas de los clubes cuando hace un año el presidente de LaLiga, el ínclito Javier Tebas, se presentó como el salvador de los clubes con un acuerdo con el fondo CVC bajo el brazo. Un acuerdo al que se adhirieron todos menos el Real Madrid, el Barça y el Athletic de Bilbao. Qué mal se ha vendido un producto como LaLiga, desde luego. Y habrá quien diga que no se puede competir contra la pujanza de la Premier, pero no estoy nada de acuerdo. Durante un lustro completo, los campeones de los torneos europeos fueron los siguientes:

Qué mal se vendió este producto durante años. Para los que hablan con cierta inferioridad de LaLiga española, habría que recordarles que el Villarreal alcanzó este año las semifinales de la Champions tras eliminar al Bayern de Múnich (diez Bundesligas consecutivas) y a la Juventus (gran dominador del Scudetto en la última década). En los últimos tiempos, el Sevilla ha ganado cinco veces la Europa League, el Atleti otras tres y el Villarreal la de 2020-21, con otros equipos finalistas como el Athletic de Bilbao (2012) o el Espanyol (2007). El Madrid domina la Champions de largo con cinco títulos en las últimas nueve temporadas, más la del Barça en 2015, más las finales del Atleti, ¿de verdad LaLiga no resulta atractiva como para atraer más espectadores? Pues sí. Me pasa a mí mismo. Cada año que pasa me repugna más esta competición.

Cada vez que habla su presidente es para atacar al equipo con mayor número de seguidores, al que más interés atrae por la competición, el Real Madrid. Actuaciones suyas en campeonatos como el de la pandemia (un calendario adulterado), o contra los clubes de la Superliga, mintiendo de manera descarada, o en épocas de crisis económica como la actual, haciendo la vista gorda con las cuentas del Barça mientras se desciende o se echa de las competiciones europeas a otros clubes con menor peso, o se deniega lo que a otros se permite, me hace rechazar lo que venga del campeonato nacional. Pese a lo cual sigo viéndolo siempre que puedo y sin pagar el dineral que cuestan las plataformas (repletas de antimadridistas, por cierto). Masoquismo, lo reconozco.

Otros estamentos como el arbitral tampoco invitan al optimismo. LaLiga 2020-21, la que concluyó con el título del Atlético de Madrid, es la más vergonzosa que recuerdo en años, lo cual es difícil cuando tienes algunas como la de los 19 penaltis a favor del Barça. Mientras la Premier ha planteado que se puedan escuchar los audios entre los árbitros de VAR y los de campo, el presidente del Comité Nacional de Árbitros, Medina «Cantadelejos», ha añadido más «zonas grises» de interpretación, menos claridad, mayor subjetividad a unas normas cuyos cambios de criterio ya sufríamos cada semana.

Todo ello en un campeonato en el que las líneas del VAR se trazan con un despelote rayano con la tomadura de pelo (Las rayas del VAR).

La Federación Española de Fútbol mantiene a Luis Rubiales, un presidente con varias investigaciones abiertas, un tipo siniestro que hace negocios con Gerard Piqué sin que los periodistas deportivos lo encuentren como problemático, o como un conflicto de intereses. Exactamente igual que ocurre con Javier Tebas, que patrocina algunos de los proyectos de la empresa del mismo Piqué. Y por detrás de todo ello, los tentáculos de Jaume Roures: proveedor de imágenes, gestor de los derechos de televisión, avalista de Laporta y desde esta mañana, «financiador» del Barça para que pueda inscribir a sus fichajes.

Una empresa con 3 millones de euros de capital que afirma que pone 100 millones de euros para comprar el 24,5% de Barça Studios, una empresa que facturó 30 millones en 2021 (al 100%, ojo). Que la podrida Liga de Tebas acepte este contrato es clave para que el Barça pueda inscribir a Lewandowski, Raphinha, Koundé, etcétera. Que se cierren contratos de 100 millones de euros en dos tardes resulta poco creíble. El Barça tenía varias salidas: no fichar como el que más en el mundo, no renovar a Dembélé (¿con Ferrán Torres y Raphinha recién fichados?), vender a Pedri, Gavi, Araújo o Ansu Fati, ceder en lo que pretende cobrar por los traspasos de DeJong o Depay (y arreglar las diferencias salariales con los jugadores), vender antes de debutar a Christensen o Kessié (como hizo con Junior Firpo hace un año), no mantener 30 fichas… Aparte de asuntos éticos como no lanzar a la prensa contra Braithwaite, Umtiti (como a Dembélé hace apenas unos meses), o despedir sin indemnización a Mattheus. Podían no haber permitido las trampas en el pasado como los diferimientos de salarios de los capitanes o los trueques/amaños Neto-Cillessen, Arthur-Pjanic. En lugar de eso, critican a Tebas por haberlo permitido y ahora por no dejar que se lo permitan de nuevo. Son increíbles:

Pretenden jugar con otras reglas, como siempre, pese a lo cual se les dejará hacer, como han hecho toda la vida. Porque tengo claro que al «sistema» le interesa un Barça fuerte y competitivo. Y a Florentino Pérez también, que está echando un cable a Laporta en cuanto tiene ocasión. Solo me lo explico con la Superliga en el horizonte.

Todo esto es politiqueo y finanzas, y a mí en el fondo me gusta el fútbol, pero es que el deporte como tal, me parece más aburrido cada temporada. O mejoran el Reglamento (aquí dejé mis propuestas), o volvemos a un fútbol más directo y menos teatralizado como el de antaño, o seguirán perdiendo espectadores y con ello, ingresos. Más clubes van a pasarlo mal. El mío no. Y como buena parte de ese resto son antimadridistas, que se j… junto con Tebas. Lo siento por un campeonato que he seguido y querido toda mi vida… hasta que he madurado, si es que alguna vez lo hice.

Trilogía del Odio:

Valencia

Sevilla

Osasuna

Cine y tenis (II)

TRAVIS, 10/07/2022

Continuación de Cine y tenis (I)

Lo normal es que las películas sobre deportes como el tenis hablen del talento unido al esfuerzo, al sacrificio de los entrenamientos y las renuncias a todo aquello que pueda despistar del objetivo final, pero Woody Allen reflejó en el arranque de Match Point otro de los factores en ocasiones fundamentales que no se pueden desdeñar: la suerte.

«Aquel que dijo más vale tener suerte que talento conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte, le asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control».

El primer break de Djokovic en la final de Wimbledon de hoy ha sido con una bola que ha golpeado la cinta y ha caído muerta en la pista de Kyrgios. Ese momento en el que la pelota puede caer de un lado o del otro, llevar al triunfo o a la derrota, es una metáfora de la vida que Woody Allen utilizará para la trama de su película sobre un exjugador profesional, un trepa, arribista, un tipo sin escrúpulos interpretado por Jonathan Rhys-Meyers. El tenis es solo la excusa para entrar en el mundo de los ricachones de Londres y apenas aparecerá después a lo largo del metraje, pero el momento cumbre de la película se resolverá con genialidad de un modo similar a este golpeo de la pelota en la cinta del primer minuto, cámara lenta incluida.

No es la primera vez que Woody Allen introduce el tenis en algún punto de sus guiones. Supongo que los que vimos Annie Hall lo recordamos vestido con su inconfundible estilo y un porte un tanto escuchimizado, o por las secuencias con Diane Keaton con la raqueta o sobre la cancha:

Con otra raqueta diferente, la de squash, apareció en Manhattan, y entre su lista de Cosas que hacen que la vida valga la pena de la misma película coló a Jimmy Connors. ¡Jimmy Connors junto a La educación sentimental de Flaubert, o Groucho Marx, ja, ja, ja, qué grande! La relación de Woody Allen con el deporte viene de lejos, como contó en una entrevista en L’Equipe a principios de este siglo. O cómo pasar de aspirar a tenista a hacerse cultureta:

“A los 30 años me aficioné al tenis. Creo que el tenis y el golf son buenos sitios para ligar. De joven leía periódicos deportivos, pero cuando empezaron a interesarme las chicas, descubrí que ellas hablaban de cosas como la literatura, de las que yo no tenía la más mínima idea. Por eso comencé a leer libros».

Woody Allen

Tanto Manhattan como Annie Hall son películas de los setenta, y durante esos años se celebró un partido de tenis de exhibición/reivindicación que dio lugar en 2017 a una película completa: el que disputaron la número uno de entonces, Billie Jean King, con el tenista retirado Bobby Riggs, La batalla de los sexos. La película fue dirigida por los mismos creadores de Pequeña Miss Sunshine, Jonathan Dayton y Valerie Faris, y vista hoy en día, sorprende que varias de las frases del fanfarrón Bobby (que no dudo que se pronunciaran de ese modo) serían impensables medio siglo después. No me imagino una rueda de prensa con medio centenar de periodistas en la que un tipo se autoproclamara «cerdo machista» y dijera que «claro que le gustan las mujeres: en la cocina y en la cama». Todo eso bajo las risas de los periodistas, aficionados e incluso de su rival femenina. Muy bien Emma Stone y Steve Carell (¿algo paródico, quizás?) en una película que prometía más, pero abre tantos frentes (la homosexualidad oculta, la presión de los patrocinadores, el nacimiento de la WTA, el machismo del mundo del deporte y los premios) que se queda en entretenida, para pasar un buen rato. No conocía la historia, pero a lo largo del metraje se pronuncian tal cantidad de frases de carga machista que sabía que solo podía concluir con la victoria de Billie Jean.

Por cierto, qué cascada se veía a Billie Jean King este año durante la archirrepetida entrega del trofeo a Rafa Nadal como ganador de Roland Garros:

El deporte de élite no es sano y mucho me temo que Nadal dentro de treinta años puede estar igual de cascado o más. Me lo imagino con bastón para sujetarse porque las rodillas ya no lo hacen, una bota ortopédica para el pie, tiritas en las manos, corsé y faja para las lesiones de costillas y abdomen. Y sin que los brazos le alcancen para sacarse los calzoncillos del culo. Qué grande es, si fuera americano ya tendría una película sobre su locura competitiva.

Retrocedo hasta los sesenta, ¿una raqueta como escurridor de espaguetis? No lo veo, Jack Lemmon, Billy Wilder, puede que sea lo único que no funciona en El apartamento (1960).

Si seguimos retrocediendo en el tiempo, llegamos a los cincuenta, en donde aparece la mismísima Katharine Hepburn demostrando sus habilidades deportivas en La impetuosa, Pat and Mike en el original, dirigida por George Cukor en 1952. La actriz no necesitó que la doblara ningún especialista en las escenas de golf o tenis, puesto que había desarrollado un buen nivel en ambos deportes durante su juventud, al igual que en la natación. Como supimos por el documental All about me, Miss Hepburn siguió jugando al tenis hasta pasados los ochenta.

Y en el golf logró varios títulos regionales antes de cumplir los veinte años. Según parece, esta escena, en la que Hepburn golpea nueve bolas seguidas, se grabó del tirón:

Un partido de tenis puede generar una enorme tensión, y eso lo sabía bien el mago del suspense, el británico Alfred Hitchcock, quien llevó la resolución de su trama al desarrollo de un partido en Extraños en el tren (Strangers in the train, 1951). Ese final es inverosímil, como tantos de Hitchcock, pues nadie se cree que las gafas estén en el mismo sitio del asesinato días después del mismo, pero el director convierte esa anécdota (un MacGuffin, quizás) en la clave que hace que el personaje de Farley Granger tenga que resolver por la vía rápida un partido de tenis, lo cual resulta imposible porque, como sabe todo el que haya jugado a este deporte, cuanta más prisa tienes por acabar un encuentro, más posibilidades hay de que lo pierdas o juegues peor.

Hitchcock era un exquisito inventor de trucos visuales, y de esta película me quedo con el de este vídeo en concreto, el del personaje de Robert Walker entre el público, con la mirada fija y sin moverse al compás de sus compañeros de graderío. Muy potente:

Como decía en la primera parte, el tenis es un deporte poco cinematográfico en calidad y en cantidad, cuando creo que de él se podrían sacar historias interesantes. Aquí dejo otras dos propuestas: la puñalada a Mónica Seles y el mundo del tenis en esos años convulsos en la antigua Yugoslavia (1993) y la vida de Boris Becker, durante su carrera profesional, pero de manera especial, después. Y poco más para completar este post doble, simplemente una referencia a lo atractivas que suelen quedar las actrices con los uniformes de tenistas.

  1. Catherine Deneuve, en Belle de Jour.
  2. Kirsten Dunst, en Wimbledon.
  3. Dominique Swain, en la Lolita de 1997, no la de Kubrick.
  4. El jardín de los Finzi-Contini.

Los tíos no tenemos esa suerte, y si no, que se revise el look desastrado y a lo Borg trasnochado del mayor de Los Tenenbaums, un tenista retirado de manera prematura, como su ídolo:

O por supuesto, la escena del partido de tenis más patético de la historia del cine, aquel de El otro lado de la cama en el que dirimen sus disputas de pareja Ernesto Alterio y Willy Toledo cuando era un actor con una tremenda vis cómica y no un tipo cabreado con el mundo:

Punto, set y partido. Game over.

Cine y tenis (I)

TRAVIS, 02/07/2022

Estos días se disputa el torneo de tenis más famoso del mundo, el de Wimbledon, el que se disputa sobre la hierba del megapijo All England Tennis Club, y me ha dado por pensar en lo poco cinematográfico que ha resultado ser el deporte de la raqueta, en las pocas películas que ha habido en comparación con otros como el béisbol, el boxeo o incluso el baloncesto (tramas que siempre acaban con un tiro en los últimos segundos del equipo que va perdiendo por un punto). Y creo que en este mundo del tenis siempre pueden encontrarse historias de interés, ya sean de ficción, como basadas en casos reales (ahí dejé mi propuesta sobre Djokovic y los Juegos de Tokio). Por lo general, los tenistas tienen tal cúmulo de manías, éxitos o fracasos, alegrías o decepciones, o historias personales tan curiosas a sus espaldas que sorprende que no se hayan producido más películas basadas en sus andanzas.

Quizás una de las razones esté en lo difícil que es encontrar actores que sepan jugar al tenis, no basta con coger una raqueta, sino aparentar que se tiene un conocimiento mínimo del juego. Mi padre, cada vez que veía alguna escena en una película con un partido de tenis, decía: «ese no ha cogido una raqueta en su vida». Brazos encogidos, la raqueta que sale del pecho como si jugaran a las palas de playa, golpeos frontales, movimientos laterales absurdos… La diferencia entre un actor que sabe jugar al tenis y uno que no tiene ni idea es la que hay entre Kevin Costner y Anthony Quinn en la escena de Revenge (Tony Scott).

Una de las películas destacadas de los Óscar de este año tenía el tenis como motor principal de la acción. King Richard, que como todo el mundo sabe, se traduce en español como El método Williams. La película trata la obsesión de Richard Williams por convertir a sus hijas Venus y Serena en dos estrellas del tenis, algo que lograron con los años al completar unas carreras repletas de éxitos (Venus tiene 7 Grand Slam individuales, mientras que Serena alcanzó la cifra de 23, un récord que todavía podría aumentar, pues no se ha retirado, aunque se prodigue poco por las canchas).

Como suele ocurrir en Hollywood, la figura del padre obsesivo e hipercontrolador es tratada de un modo positivo, halagüeño, por momentos como si fuera un visionario con una misión divina que cumplir. El trasfondo del racismo en un «deporte para blancos» da juego a la trama, así como las comparaciones con Jennifer Capriati, aquel juguete roto que empezó a despuntar muy joven (oro en Barcelona 92 con 16 años, tres Grand Slam posteriormente) y que acabó con problemas legales por posesión de drogas y acusada por robar en una joyería. Richard Williams, interpretado por Will Smith en un papel tan al gusto de la Academia que le supuso el primer Óscar de su carrera, representa a ese héroe americano ultracompetitivo, convencido del trabajo hasta la extenuación, incluso con niñas de poco más de diez años, un personaje que en la vida real resultaba polémico por sus formas y exigencias, así como por aplicar a rajatabla su método (las 78 páginas de su libreto infalible), por mucho que entrenadores profesionales aconsejaran otras técnicas.

Las escenas de tenis están bien rodadas, especialmente el debut como profesional de Venus en un partido frente a nuestra Arantxa Sánchez-Vicario, y las actrices que interpretan a las hermanas Williams, las desconocidas (para mí) Saniyya Sidney y Demi Singleton salen airosas de la complicada papeleta.

Las figuras de los padres obsesionados por el dinero que mueve el circuito del tenis profesional podrían ser de gran interés para otras películas y me vienen a la cabeza los de Steffi Graf (alcohólico, adicto a los medicamentos, condenado a más de tres años de cárcel por fraude fiscal) y André Agassi, uno de esos incombustibles Tauro del 70. Ambos tenistas son curiosamente pareja desde hace años y en uno de los capítulos de Open, la divertida biografía del tenista de Las Vegas, hablan de sus respectivos padres y del convencimiento que tenían ambos acerca del futuro que habían elegido para sus hijos, una infancia, adolescencia y juventud dedicadas enteramente a las raquetas y a perseguir pelotas por una cancha.

La vida de Agassi tendrá que ser llevada al cine en algún momento, porque lo tiene todo, desde la figura del antihéroe, el rebelde con talento que no quiere seguir el camino marcado por su padre y comete auténticas barrabasadas para que lo echen de la Academia de Nick Bolletieri, su aspecto llamativo en el peinado y la vestimenta, hasta el self-made man que se convierte en un ídolo para el país, se liga a «la novia de América», Brooke Shields, y completa el Grand Slam tras ganar Wimbledon vestido de riguroso blanco y con la frente despejada tras asumir su incipiente y temprana calvicie.

Ya que menciono Wimbledon, hay una película sobre el partido que fuera definido en su momento como «el mejor de la historia», la final que disputaron el sueco Bjorn Borg y el neoyorquino (aunque nacido en Weisbaden) John McEnroe en 1980. La película se titula Borg McEnroe sin más, se rodó en 2017 y fue dirigida por el danés Janus Metz Pedersen. Se centra más en el duelo psicológico de ambos tenistas que en el propio partido en sí, para contarnos que la visión externa que teníamos de ellos (el témpano de hielo sueco Iceborg frente al volcánico norteamericano) estaba alejada en realidad de lo que ambos eran, pues se parecían mucho más de lo que podíamos suponer: Borg era puro nervio que controlaba su rabia interior reprimiendo de raíz cualquier atisbo de emoción, mientras que McEnroe era un tipo mucho más calmado por dentro que necesitaba soltar su rabia hacia fuera para encontrar la concentración.

La película se puede encontrar en YouTube y las escenas de tenis están muy logradas. Cierto es que era otro tenis, más de artistas que de fuerza y la manera de jugar con la Donnay de Borg y la Dunlop de madera de McEnroe son muy diferentes a las actuales. Shia LaBeouf consigue un McEnroe convincente incluso cuando tiene que forzar el extraño saque del jugador zurdo, mientras que el sueco Sverrir Gudnasson se transmuta en Borg por momentos.

La épica final de 1980, con el mítico tie-break del cuarto set que acabó 18-16 y la victoria en el quinto de Borg por 8-6, se repitió un año después, con victoria esta vez para McEnroe. Durante muchos años fue considerado el mejor partido de la historia del tenis, título que para muchos ostenta ahora el triunfo de Rafa Nadal sobre Roger Federer en el mismo escenario en 2008. Nadal había perdido las dos finales anteriores ante el suizo, aunque cada año recortaba un poco la distancia que le sacaba el suizo sobre la hierba del All England Club. La final de 2008, que acabó con un marcador de 6-4/6-4/6-7/6-7 y 9-7 tras casi cinco horas de juego, merecería su propia película. Hay un libro de John Carlin que cuenta todas las peculiaridades de la progresión en el juego del manacorí hasta llegar a ese momento cumbre de su carrera. Y en 2018 se estrenó un magnífico documental dirigido por Andrew Douglas sobre el denominado «partido del siglo». Strokes of genius en el original.

Fue todo un duelo al sol… que acabó casi sin sol. Hubo dos interrupciones por la lluvia y el partido estuvo cerca de tener que suspenderse por falta de luz natural. De hecho, en el documental se aprecia perfectamente cómo había caído la luz, y de haberse prolongado un poco más, los espectadores podíamos habernos perdido la conclusión de uno de los grandes momentos de la historia del deporte. Aquí lo dejo para los aficionados. Muy recomendable:

Habrá más para la segunda parte de este post. De momento, espero que se me admitan mis comentarios sobre la calidad tenística y no interpretativa de los actores, pese a que mi especialidad sea más bien el cine. En el fondo, no soy muy distinto de Torrente aconsejando a Carlos Moyá sobre su revés:

Continuará: Cine y tenis (II)

Temporadón. A pensar en la siguiente

BARNEY, 21/06/2022

Si nos atenemos a lo que decían los «expertos» al principio de la temporada, la 2021-22 no pintaba bien para el Real Madrid, ni en fútbol, ni en baloncesto. Las plantillas estaban envejecidas y no se habían renovado de manera adecuada, los entrenadores Carletto y Laso eran cuestionados (¿y cuándo no lo han estado?) y el club no invertía más porque todo se centraba en la renovación del estadio. Ambos equipos podían competir por los trofeos nacionales, pero «no les daba» para Europa.

En los momentos complicados que suelen pasar todos los equipos a lo largo de un año, los más cautos comentan/comentamos que «las notas se ponen al final de la temporada», cuando las competiciones han concluido y se puede valorar el éxito o fracaso de los equipos. Este domingo pasado concluyó la Liga ACB de baloncesto con el brillante triunfo del Real Madrid sobre el F.C. Barcelona por 3-1. La Liga número 36:

Esta es la foto que subió el Real Madrid a sus redes sociales, en la que se muestra la plantilla que ha logrado ganar la Liga y la Supercopa de España, y que perdió en los últimos segundos la Copa del Rey y la Euroliga. En los meses de febrero y marzo, cuando el equipo acumuló una racha de 15 derrotas en 20 partidos, nadie daba un duro por este final de temporada. Si observamos la foto, en ella aparecen 16 jugadores: dos fueron apartados por Laso tras la juerga de Atenas (Trey Thompkins y Thomas Heurtel) y otros tres han sufrido lesiones de gravedad que los han apartado de la final (Randolph) o de varios meses de competición (Alocén y Williams-Goss). Para colmo de males, el entrenador Pablo Laso sufrió un infarto hace tres semanas, lo que hizo que el equipo fuera dirigido durante toda la final por su segundo, Chus Mateo. Alberto Abalde apenas ha podido disputar unos minutos durante la final por una lesión y Llull jugó tocado tras perderse el primer partido.

La capacidad de supervivencia y de reinventarse de este equipo es infinita. Esta temporada nos ofrecieron otro de esos momentos únicos del deporte, de los imprescindibles aunque finalmente no tuviera repercusión por la anulación de los resultados contra los equipos rusos. Me refiero al partido frente al CSKA de Moscú que la Euroliga no quiso cancelar por el positivo en covid de ocho jugadores del primer equipo. Aquel partido se jugó con cinco seniors (Tavares, Llull, Rudy, Williams-Goss y Taylor) y varios juniors en pista (Klavzar, Garuba, Vukcevic y Baba Miller). Y se ganó al todopoderoso equipo ruso de Shved, Kurbanov, Clyburn, Shengelia… El ejercicio de unidad frente a la adversidad de este equipo no tiene parangón (Orgullo blanco).

Con el triunfo en la Liga, Pablo Laso conquista su 22º título como entrenador, y lo hace a lo grande, tras derrotar con claridad a un Barça que llevaba un parcial de 11-3 con Saras Jasikevicius al frente, justo antes de la Final Four. En los cinco partidos posteriores, cuatro victorias para los de Laso y una sola para los culés, la del pasado miércoles, que contó con uno de esos arbitrajes de vergüenza en el que se vieron cosas inéditas, como que un bofetón a Causeur se saldara con triple y técnica a favor del Barça, o que se pitara personal en la jugada decisiva cuando el Madrid había capturado el rebote, no cuando teóricamente se había cometido. Vistas las imágenes varias veces y desde diferentes ángulos, no se aprecia contacto alguno. Cosas que pasan en ese «clásico» error de los últimos segundos en el Clásico del baloncesto.

La nota de la temporada solo puede ser un sobresaliente y no se alcanza la matrícula por los errores del último minuto en la final de la Euroliga. Una auténtica pena. Pocas veces he visto tan clara la posibilidad de ganar este título tan complicado (que se lo digan a Mirotic). Apenas ha acabado la temporada y las celebraciones por los éxitos y ya toca pensar en la próxima, en la que Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez llevan tiempo trabajando:

  • Jeffery Taylor: todo indica que no continuará en el equipo después de siete temporadas. Nunca estuvo entre mis jugadores favoritos, pero hay que reconocer lo mucho que aporta en defensa, así como con su famoso triple desde la esquina. Su exhibición en defensa en el tercer partido fue brutal y acabó exhausto. Un gran aplauso por sus años aquí, es uno de esos imprescindibles en una plantilla campeona, un jugador de equipo, que siempre aporta.
  • Fabien Causeur: no ha renovado todavía y es algo que espero que el club solucione pronto, porque, como se vio el domingo en el partido decisivo de la serie, pocos jugadores tienen su sangre fría para decidir en el tramo final. Cumplió 35 años durante la final de la ACB y a mí me encantaría que siguiera.
  • Llull y Rudy: durante muchos tramos de la temporada, multitud de aficionados madridistas han pedido que se les corte ya, que dejen paso a jugadores más jóvenes porque las piernas no les dan para competir al máximo nivel. Yo seguiría con ellos al menos un año más porque aportan mucho a la plantilla en cuanto a experiencia y saber enfrentar determinadas situaciones, ejercer de capitanes y líderes, no solo organizar barbacoas. Rudy (37 años) siempre ofrece un extra en defensa, es de los jugadores más inteligentes que existen para predecir por dónde va a ir el balón, y Llull (34) es el termómetro anímico del equipo. ¡Llull, Llull, Llull, Llull! Nunca le tiembla la mano para asumir responsabilidades. Junto con Causeur, los viejos rockeros que se resisten a dar su último concierto.
  • Heurtel y Thompkins: tendrán que salir y son dos jugadorazos. Lo del francés no extraña a nadie, puesto que ya salió mal de Vitoria y Barcelona, pero lo del norteamericano sorprende, en especial tras el cariño que mostró Laso con él y su situación personal en 2018.
  • Randolph: sinceramente no creo que vuelva. Tras superar la rotura del tendón de Aquiles y un año entero de baja, parecía haber vuelto a un nivel aceptable, aunque nunca el que mostró antes de la lesión. Ahora, tras la rotura completa del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y a punto de cumplir 33 años parece difícil que regrese a un buen nivel. Habrá que planificar sin contar con el bueno de Toñejo.
  • Adam Hanga: reconozco que su fichaje hace un año no me produjo una ilusión especial, pero los entrenadores saben mucho más que nosotros, los simples aficionados con ínfulas, y el húngaro ha sido fundamental para el título, para suplir todas las ausencias en el puesto de base. Parecía que en el intercambio Laprovittola-Hanga había salido ganando el Barça y sin embargo, en la final, el madridista ha sido claramente superior al argentino en todas las facetas del juego. Que siga, claro que sí, otro veterano (33 palos).
  • Tavares, Poirier, Gaby Deck, Yabusele, Abalde: con estos cinco al fin del mundo. Intensidad en defensa, calidad en ataque, edades idóneas que aúnan juventud y experiencia, y hambre, mucha hambre de títulos.
  • Alocén y Williams-Goss: una de las grandes dudas para la próxima temporada está en el puesto de base. El zaragozano es joven y tiene mucho que aportar, pero habrá que ver cómo vuelve de su grave lesión. El norteamericano no me convence, aunque Laso haya sabido sacar partido de su juego en momentos puntuales. Habría que empezar a dar minutos a Juan Núñez (18 recién cumplidos), quien ya ha demostrado tener calidad de sobra en los pocos minutos con los que ha contado.
  • Altas: se comenta que el Madrid ya tiene atados a Mario Hezonja y Dzanan Musa para la próxima temporada. Si así fuera, son dos grandísimos fichajes que complementarían una plantilla que tiene que iniciar otra renovación, la enésima. Musa tiene solo 23 años y ha sido el MVP de la pasada Liga ACB con el Breogán, pero eso no significa nada cuando entras en una plantilla como la del Real Madrid. Laprovittola también fue MVP con el Joventut y le costó mucho ganarse minutos con Laso. En cualquier caso, dos muy buenos fichajes. En cuanto al puesto de base, todo parece indicar que el Madrid puede tener cerrado al Chacho Rodríguez, una de mis debilidades de la etapa anterior de Laso, pero acaba de cumplir 36 tacos y no sé si es lo que la «renovación» de la plantilla requiere. Por otro lado, parece que el Madrid espera un gesto del Facu Campazzo para volver a Europa y a sus 31 años, tras haber sido el mejor base de Europa y con la experiencia de dos años en Denver, sería el base perfecto para completar una plantilla brutal. Veremos qué fichajes se concretan de estos cuatro, y si hay hueco y minutos para los prometedores jóvenes que ya han debutado con el primer equipo: Vukcevic (cedido al Partizan de Belgrado), Klavzar (solo le he visto en el partido del CSKA y me pareció otro gran proyecto de jugador), Garuba y Spagnolo.

Ancelotti y el equipo de fútbol

Que «el tiempo pone a cada uno en su sitio» es una frase que encaja como pocas en lo que viene siendo el Real Madrid y la opinión que del club tienen los periodistas deportivos patrios, los autoproclamados mejores del mundo. Que al Barça le iba a costar digerir la salida de Messi lo sabíamos cualquiera. También se sabía que contaba con muy poco margen de maniobra, dado que, entre el estratosférico salario del argentino, el del resto de capitanes y veteranos (Piqué, Sergio Roberto, Busquets, Ter Stegen y Jordi Alba) y los fichajes equivocados de los últimos años tenía la caja más esquilmada que cualquier equipo de Primera o Segunda descendido por deudas (Reus, Elche), así que los medios se volcaron con la cantinela de decir que el Atlético de Madrid tenía la mejor plantilla de España.

Que el Madrid no se había renovado de manera adecuada, que había apostado todo a Mbappé y se había quedado sin fichar (a mí me encantan Álaba y Camavinga) y que Carlo Ancelotti era un entrenador jubilado que venía a Madrid a disfrutar de un plácido retiro. El Barça empezó a pinchar, como se esperaba, pero ese súper Atlético de la mejor plantilla, también, así que los periodistas cambiaron casi al unísono a otro de sus mantras: «al Madrid le da para competir en España por lo mal que están Barça y Atleti, pero en cuanto salga a Europa tiene muy poco recorrido, si hasta el Sheriff Tiraspol los ha humillado en el Bernabéu». Ahí están las hemerotecas y los audios de Richard Dees. Decenas de minutos de radio dedicadas a menospreciar al trabajo de uno de los entrenadores más laureados de la historia. Que si tiene ideas antiguas, que no rota a los jugadores y en febrero se le va a caer el equipo, que la temporada es muy larga y no va a llegar, que lleva de segundo a su hijo en un caso claro de nepotismo…

No escuché nada similar de Xavi Hernández cuando se trajo a Barcelona a su hermano como parte de su equipo técnico. O del Cholo Simeone cuando convocó a su hijo Giuliano y lo hizo debutar. Si no hay ningún problema cuando hay calidad o trabajo, el problema es el doble rasero de la prensa. Siempre.

El Real Madrid ganó la Supercopa tras derrotar al Barça y al Athletic, se llevó la Liga de calle, con cuatro jornadas de antelación pese a competir con la todopoderosa plantilla del Atleti (a 15 puntos) y se llevó la Champions más inverosímil y disfrutable que hayamos visto nunca. La quinta desde 2014, una animalada. Para este escribidor/espectador que tardó 28 años en ver su primera Copa de Europa, y que había llegado a pensar que quizás no la disfrutaría nunca, esta Orejona, la octava que he presenciado, ha sido quizás la más gozosa, junto con la de Ámsterdam en el 98.

En el año en el que Ceferin y su colega Al Khelaifi quisieron expulsar al Madrid de la competición, en el que los clubes-estado se convencieron de que podían campar a sus anchas (las sanciones al PSG y al City quedaron en nada), cuando nos contaban que la mejor competición posible era la Premier y que su poderío físico y técnico iba a destrozar a este Madrid avejentado, en ese escenario improbable, el Madrid resultó vencedor en una serie de remontadas memorables. Llevándose por delante al Catar Saint Germain y a lo más granado de la Premier: Chelsea, Manchester City y Liverpool.

El Madrid ha ganado con aroma a fútbol de los de antes, sin tanta especulación ni análisis de datos sobre ocupación de espacios y porcentajes, y de camino al éxito le ha hecho un gran favor a la propia UEFA, pues ha logrado la mejor publicidad posible a su competición. Aparte de la enésima demostración de que el dinero no lo es todo, y menos en el deporte. Las notas a final de temporada y con tres títulos logrados de los cuatro en juego, forzosamente tiene que ser una matrícula de honor.

Pero este equipo no descansa y ya está pensando en la siguiente temporada. Una vez que el emir de Catar se pasó por España repartiendo inversiones y siendo agasajado por ministros y empresarios, ah, perdón, que esto es un artículo de fútbol… una vez que los petrodólares cataríes consiguieron convencer a Mbappé de que no fichara por el Madrid (el PSG anuncia pérdidas cercanas a los 300 millones de euros en la temporada 2021-22 sin contar con los nuevos emolumentos de Kylian), el club blanco anunció los fichajes del alemán Antonio Rüdiger y del francés Aurélien Tchouaméni. El primero con la carta de libertad y el segundo tras desembolsar 80 millones de euros. Para los periolistos que se han atrevido a comparar este desembolso con el de los clubes-estado por un centrocampista de 22 años, habría que enseñarles un poco de cultura económica en primer lugar, y ya después, recordarles que son periodistas supuestamente imparciales que deberían quitarse el palillo antimadridista de entre los dientes antes de esputar aberraciones.

El Real Madrid está en el puesto 25 en el desembolso neto (fichajes menos ventas) en las últimas diez temporadas. Su masa salarial está ajustada a sus ingresos y no desbordada como en el caso del PSG o el Barcelona, y para hacer hueco a estos jugadores ha sabido dejar salir antes a otros. Esta temporada libera los (elevados) salarios de Isco, Bale y Marcelo. Siento la salida de este último (aunque era lo mejor), siento mucho que no se haya podido recuperar el rendimiento del galés, al que me harté de defender en este y otros foros, y no siento nada la marcha del malagueño. Lo mismo que no sentí las de Ramos y Varane (¿alguien se ha acordado de ellos este año?) o de igual modo que no sentiría las de Dani Ceballos o Marco Asensio, para mí, uno de los bluffs de esta plantilla. Me desespera, lo siento.

Con Modric, Casemiro, Kroos, Valverde, Tchouaméni y Camavinga tenemos un centro del campo potentísimo al que se pueden sumar Álaba e incluso Lucas Vázquez de manera ocasional. En defensa tenemos un muro con Militao, Rüdiger, Álaba, Mendy y Nacho, que siempre acaba siendo fundamental. El lateral derecho es el que más flojeaba, pero Carvajal ha tenido un último tercio como no se le veía desde hace años. Ojalá se mantenga sin lesiones, porque la alternativa, Odriozola, si finalmente vuelve de la cesión, tiene carencias defensivas y no convence.

Los expertos dijeron hace un año que Courtois no estaba ni entre los diez mejores porteros del mundo. Pues bueno, si esos son los expertos, yo soy un entendido en botánica y me parece perfecto que esa gilipollez la siga creyendo el resto del mundo. Yo no recuerdo un portero igual en mi vida, y lo dije ya cuando jugaba en el Atleti.

Así que la plantilla tiene muy buena pinta a falta de ver qué ocurre con la delantera: Karim Benzema, Vinícius Jr., Rodrygo y ¿Hazard? Con lo que me gustaba el futbolista belga, no sé si seguir esperando su resurgir. Son muchos años ya, casi tantos como los que pasé esperando que Gareth Bale volviera a ser el Gareth Bale de las primeras cinco temporadas. Parece que Jovic saldrá cedido y Mariano no se va ni con agua caliente (nunca entenderé a los jugadores con edad de disfrutar de minutos y juego que se acomodan). Quizás no vendría mal otro delantero goleador puro, pero creo que no hay nada por menos de 100-150 millones de euros, y Florentino ya ha dicho que no va a haber más fichajes (¿y si hubiera salidas con buenas ventas, como Asensio o Jovic?). Lo que parece claro es que no vas a traer a nadie por ese importe para tenerlo de suplente, así que sería el momento de confiar en la cantera: Latasa. Lo prefiero mil veces a opciones que han sonado como Gabriel Jesús o recuperar a Cristiano Ronaldo para una temporada. Mi gran duda es: ¿aguantará Karim a ese nivel? Yo digo que no, que mejorará, como hace año tras año.

Aquí lo dejo. Este aficionado está muy satisfecho, tanto con la temporada que finaliza como con la que está por venir, tan contento que me he puesto a jugar a director deportivo. Lo mismo que cualquiera de esos expertos que, vistas las hemerotecas, no creo que sepan mucho más que la mayoría de nosotros.

Los viejos rockeros

BARNEY, 05/06/2022

Los Rolling Stones han ofrecido un conciertazo esta semana en el Wanda, y he vuelto a escuchar, como la última docena de veces al menos, que «quizás sea el último que dan», o «puede que esta sea la última vez que los Stones se van de gira». No estuve en el concierto, pero sí he visto imágenes de la actuación y he leído alguna crónica, y parece que The Rolling Stones volvieron a estar enormes sobre el escenario. Lo dieron todo y mostraron una energía más que envidiable para gente de cualquier edad. Esas bandas aburridas y funcionales que abundan en los escenarios deberían ponerse en bucle los vídeos de Mick Jagger (78), Keith Richards (78) y Ronnie Wood (75) actuando como si no hubiera un mañana. Porque puede que no lo haya.

No voy a caer en el tópico de «los viejos rockeros nunca mueren», porque precisamente uno de ellos, el batería Charlie Watts, demostró hace un año lo contrario, pero sí voy a incidir en la excepcional maravilla que es contemplar a un viejo rockero dándolo todo. Dejándose la piel. Haciendo cosas impropias de su edad cuando, además, no tiene esa necesidad de demostrar nada. Como Rafa Nadal. Como Luka Modric. En una de las crónicas sobre el concierto del Wanda leí «qué manera de moverse y qué manera de tocar», frases que encajan como un guante a los dos deportistas mencionados.

Rafa Nadal disputa hoy su 14ª final de Roland Garros. Desde 2005 apenas ha fallado a una cita que suele coincidir con la semana de su cumpleaños, con la semana en que el calendario le recuerda que quizás sea el último título, quizás la última participación en una final. Pero ahí está, de nuevo. El viernes cumplió 36 años y se enfrentó al alemán Alexander Zverev en una semifinal que estaba siendo épica, espectacular, un duelo de cañonazos entre uno de los jóvenes elegidos y «el viejo rockero» que no da su brazo a torcer. Tres horas y trece minutos y aún no había finalizado el segundo set. Si el físico de algún tenista tenía que decir «basta», lo lógico sería pensar que lo hubiese hecho el del manacorí, que acumula un cuadro de lesiones y dolencias que asusta.

He visto muy bien a Rafa Nadal en los partidos que he podido ver esta semana. No creo que otro tenista hubiera aguantado el repertorio de cañonazos a las líneas de Sasha Zverev, quizás solo Djokovic habría sido capaz de no perderle la cara a este partido. Zverev jugó uno de los sets de su vida, tuvo cuatro bolas de set y sin embargo, se sentó en la silla tras el tie-break del primero para contemplar atónito que iba por debajo en el marcador. Ya en su día titulé Incombustible Rafa para definir al de Manacor. Cada año aporta nuevos golpes a su repertorio o mejora algunos de los que tiene. Ahora arriesga más en algunos momentos para no alargar innecesariamente los puntos, sabedor de que las piernas no muestran la misma exuberancia que diez o quince años atrás.

Lo que no dan las piernas, lo aporta ahora la experiencia. 36 años tiene también Luka Modric. Otro que parece haber hecho un pacto con el Diablo. Si los Rolling Stones se autoproclamaron Sus Satánicas Majestades, o cantaron por todo el mundo Sympathy for the Devil, debemos creer que algo de cierto habrá en ello. Cuando ya muchos lo daban por retirado, no apto para la velocidad de juego del fútbol actual, nos ha regalado una temporada espectacular, repleta de momentos épicos, maravillosos, de golpeos que nos hacen recordar con tristeza que «quizás sea el último», la última temporada. Todos tenemos en mente el excepcional pase con el exterior a Rodrygo que nos devolvió a la vida frente al Chelsea (minuto 80, casi nada), pero para mí la jugada de la Champions es esta otra en la que el croata recupera un balón, corre cuarenta metros perseguido por esos fortachones centrocampistas del fútbol moderno, da un gran pase en profundidad a Vinicius Jr. y culmina la jugada con una asistencia con caño incluido para que Benzema iguale la eliminatoria:

Modric ha disfrutado esta temporada como pocas otras. Y se ve con fuerzas para seguir un año más. Rafa Nadal ha hecho varias declaraciones en los últimos meses sobre lo que le cuesta seguir adelante, pelear cada punto y cada trofeo. Con dolor en todo el cuerpo, con molestias para caminar y llevar una vida normal. Pero ahí está. Comenzó la temporada ganando el Open de Australia con una remontada espectacular a Daniil Medvédev, desafiando toda la lógica y pasándose por el forro lo que la estadística pronosticaba. El talento desafía a la lógica, al Big Data.

Hace un año, Novak Djokovic eliminó a Rafa Nadal en su pista favorita, en la Philippe Chatrier de París. Hace un año también, el Chelsea demostró al Real Madrid que no podía competir con el fútbol inglés con ese centro del campo envejecido (Casemiro-Kroos-Modric). Pero los viejos rockeros han demostrado tener aún una marcha más, han sido capaces de progresar, de mejorar sus prestaciones. El miércoles pasado, Rafa Nadal eliminó a Nole en cuatro sets y otro partido memorable. El Real Madrid se ha llevado por delante a lo mejor del fútbol inglés sin cambiar apenas nada de su centro del campo. Chelsea, Manchester City y Liverpool. Lo mejor de la Premier. Quizás lo mejor de Europa. Y cuando muchos decían que Modric no aguantaría la prórroga frente al Chelsea de Kanté, Kovacic o Mason Mount, el croata ofreció otra clase maestra de temple, posicionamiento y saber estar.

Quizás una de las ventajas que da la edad en el deporte es la madurez, la experiencia para saber distinguir los momentos y no ponerse nervioso en situaciones que invitan a ello. Cuando uno ha estado al borde del abismo, cuando ha mirado hacia abajo varias veces, como Nadal, o como el Real Madrid en esta temporada histórica, sabe que puede pasear por su filo sin miedo, mirar al rival a los ojos y decirle: «ven, vas a tener que empujarme, y a lo mejor en el intento, el que cae eres tú». PSG, Chelsea, City, Liverpool. Medvédev, Djokovic, Zverev.

Otra de las anomalías estadísticas que hemos visto es la octava victoria del Real Madrid en sus últimas ocho finales de Champions. No es normal. El Madrid ha perdido alguna final de Copa del Rey reciente (contra el Atleti) o Supercopas de Europa y de España, pero cuando llega su torneo, se transforma. Ocho de ocho. Como Nadal en Roland Garros, trece de trece. Espero no gafarlo para hoy. Puede que sea su última final, puede ser la última temporada de Rafa perfectamente. Y aunque muchos ya esperaban la irrupción de Carlos Alcaraz en el lugar del viejo rockero, el murciano aún tendrá que esperar un poco. Lo mismo que Fede Valverde, Camavinga, Vinícius o Rodrygo. A los viejos rockeros Modric, Casemiro, Kroos o Benzema aún les queda cuerda.

Suerte para Rafa Nadal, aunque no la necesita. Lo tiene todo en su cabeza, mucho más que en las piernas.

Actualización a las 17.45 h.: por supuesto, ganó el viejo rockero. 14 de 14. Conoce los secretos de la arcilla parisina como nadie.