Con lo malos que somos, por Barney

Campeones mundo baloncesto

Sinceramente, aún hoy no sé cómo pudimos ganar el Mundial de baloncesto celebrado en China. Nos presentamos con el equipo más flojo de los últimos 15 ó 20 años, con Víctor Claver en el quinteto titular, con un Marc Gasol que venía fuera de forma después de ganar la final de la NBA con Toronto Raptors, con los hermanos Hernangómez más preocupados de lucir sus nuevos tatuajes que del juego en sí, con Llull que nunca fue el mismo desde su terrible lesión y dejando la dirección del juego a uno de los tíos más sobrevalorados de la historia reciente del basket, el base Ricky Rubio, el moñitos. Añadamos a Oriola en las rotaciones, ¡Oriola!, un tío que destaca por su antimadridismo más que por su juego, tres tipos voluntariosos que sin duda se preguntaban qué hacían ahí, como Beirán, Rabaseda y Quino Colom, y para rematar, Gominolo dirigiendo desde el banquillo de un modo histriónico y por momentos errático.

Rafa Nadal US Open

Del mismo modo, no logro entender cómo Rafa Nadal pudo ganar el Open de Estados Unidos una semana antes. Un pasabolas hipermusculado cuya carrera iba a ser muy corta, una carrera en la que solo iba a ganar títulos en tierra batida porque es donde mejor encajaba su juego soporífero, un tenista sin apenas saque ni golpes ganadores relevantes, totalmente cascado, porque a nadie se le olvide que el bueno de Rafa es un tipo eternamente lesionado, acabado y con un desgaste físico que le pasa factura año a año. Sin embargo, se hizo con su decimonoveno Grand Slam, cuatro de ellos en Estados Unidos (igual que McEnroe, por ejemplo) y dos en Wimbledon (los mismos que otra leyenda como Jimmy Connors). Con lo mediocre que es como tenista no se entiende que haya logrado tantos éxitos, posiblemente se deban a las lesiones de sus rivales, la suerte en el cuadro o un momento de forma puntual.

El deporte tiene estas cosas maravillosas que hacen que resulte impredecible y por tanto incomprensible desde un punto de vista racional. Lo que me parece casi tan incomprensible como algunos de estos resultados es la manía que tenemos en España de ensalzar lo de fuera y criticar lo de dentro. Si nos atuviéramos a lo que dicen los “expertos” de barra de bar, foros de Internet o analistas tuiteros, algunos de ellos periodistas por cierto, Jokic, Donovan Mitchell y Antetokounmpo estarían en el quinteto ideal del Mundial, la final se habría disputado entre Serbia y Estados Unidos y el Open USA lo habrían ganado Federer, Zverev o algún joven de la nueva hornada. España no habría pasado de la primera fase en baloncesto y Nadal se habría retirado hace años con un palmarés escueto. Es un fenómeno recurrente.

Champions final

Leyendo a estos sabios del deporte que jamás se calzaron unas botas de fútbol o empuñaron una raqueta, no se entiende que el Real Madrid ganara tres Champions consecutivas con un entrenador que no le ganó a La Roda, un técnico sin conocimientos tácticos que llegó ahí de rebote y que se limitó a ejercer de mero alineador, de gestor de egos. No se entiende que el Madrid ganara cuatro Champions en cinco años jugando sin portero (el terrible año de Casillas, más los tres de Keylor Navas, al que se empeñaban en buscar sustituto, que si De Gea, Oblak o Courtois, cuando ahora intentan convencernos de que el bueno era Keylor y Thibaut es “transparente”). Que lo hiciera también sin defensa, con un Ramos sobreprotegido por su prensa de palmeros, con dos laterales como Carvajal y Marcelo, que son muy buenos como extremos, pero que defienden pésimamente, y un Varane que ha perdido la velocidad y fiabilidad que le caracterizaba. Sumemos un centro del campo que no es de primer nivel, porque Casemiro no sería titular en ningún otro equipo de Champions, Modric aporta menos que Song, Erikssen o De Las Cuevas en sus respectivos equipos, y Kroos jugó sus mejores partidos hace años en Alemania. Para colmo de males, en la delantera el Madrid contaba con un gato que no hacía goles como Karim, un golfista con tendencia a lesionarse como Bale y Cristiano Penaldo, un egocéntrico goleador con poco fútbol en sus botas.

¡Y se ganó! No una, ni dos, ni tres, sino hasta cuatro veces en cinco años prácticamente con el mismo equipo. La flor de Zidane, ganar sin proponer, sin estilo, la fortuna, los arbitrajes (inciso para mencionar el doble rasero de la prensa que solo destacó los posibles errores a favor del Madrid y nunca los más numerosos que fueron en contra), los rivales débiles, gordos, pesados, viejos y lentos, siempre había un pero. Cualquier cosa antes que destacar las virtudes propias.

Cuando se logran algunos de estos trofeos como el Mundial de baloncesto y oigo a los jugadores cantar el “Yo soy español, español, español” con fervor, pienso en lo que significa realmente ese cántico. Ese cántico representa el orgullo de pertenecer a una nación, sí, pero es también el sentimiento espontáneo del que no estaba llamado a esa gran gesta que sin embargo ha logrado, y ese autoconvencimiento de que no estaba llamado a la gloria se produce tanto por el sentimiento de inferioridad que nos acompañó durante décadas como por los dardos y críticas sistemáticas que reciben los nuestros cada vez que acuden a un campeonato.

Salto de Pau y Marc

Las frases que he empleado para describir a Nadal, el Madrid de las Champions o la selección de baloncesto las he leído o escuchado a muchos de estos expertos, incluso algunas las he dicho yo (las que están en naranja). Luego llega la realidad y Marc Gasol y Ricky Rubio se convierten en dos de los mejores jugadores del campeonato, Llull recupera su confianza, Claver juega los partidos de su vida y Scariolo da una lección de estrategia tras otra a sus rivales. Pero qué sabrán los entrenadores y periodistas que llevan toda la vida metidos en esto al lado de la brigada tuitera. Qué sabrán los seleccionadores nacionales y los capitanes de los equipos cuando otorgan el Balón de Oro a Luka Modric si existe un tipo como Maldini que ha dicho que no es futbolista para el Madrid. Un tipo que no acertaría los resultados ni aun teniendo el almanaque deportivo de Regreso al futuro en sus manos. Nadal nos tiene a miles de aficionados despiertos hasta las tres y media de la mañana luchando contra un ruso de dos metros y te viene un imbécil (porque no tiene otro nombre) a criticar su juego, sus formas o su ejercicio de españolidad. O te vienen los imbéciles supremacistas a decir que el Mundial de baloncesto lo ha ganado esa cosa inventada de los Paisos Catalans.

Nació Digital

Por eso el “yo soy español, español, español” para mí representa un “aquí están mis cojones para demostraros que estabais equivocados, soplapollas, que valgo tanto o más que mis rivales a los que idolatráis y destacáis a diario”. Porque supongo que a alguien como Paquito Fernández Ochoa le dirían que dónde vas tú con tus esquís a competir en unos Juegos Olímpicos contra esos monstruos americanos y nórdicos. O como le dirían a Severiano Ballesteros cuando no había campos de golf en España y se presentó con 19 años a competir ni más ni menos que por el Open Británico. Supongo que a Carolina Marín le dirían en su Huelva natal que eso de la raquetita y la plumilla está muy bien, pero que dónde pretendía llegar en un deporte en el que las otras siete cuartofinalistas de los Juegos eran de donde se juega de verdad ese deporte, del Sudeste asiático. Afortunadamente tenemos un enorme grupo de deportistas sin complejos que se van de Sant Boi para triunfar en la NBA, de Asturias a la Fórmula 1, de un pueblo navarro de diez mil habitantes como Villava a arrasar en el Tour y establecer los conceptos del ciclismo moderno, o de Fuentealbilla, Camas, Pobla de Segur o Móstoles para traernos el sueño impensable de un Mundial de fútbol.

Porque “yo soy español, español, español”, y no conocemos fuerza motriz mayor que escuchar “no vas a poder”, “no eres capaz” o “jamás lo lograrás”. Burros, cabezones, empeñados en demostrar a los demás su error, por eso somos capaces de vencer pese a que nos recuerdan constantemente lo malos que somos.

Madridistas por el mundo (II): Washington DC

BARNEY, 23/07/2019

Segundo capítulo de mis charlas con representantes de Peñas Madridistas por el mundo. Después de varios días en Estados Unidos rechazando infames Coronitas, probando cervezas como la Bud (no es la mía), o distintas Pale Ale de sabor amargo, fue un placer departir con buen producto nacional, patrocinador de la Peña La Casa Blanca.

 

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El resultado de esta conversación, en La Galerna de hoy, justo el día que el Madrid juega en DC frente al Arsenal.

Artículo: La Casa Blanca junto a la Casa Blanca.

Gracias por todo, Fady y Rafael.

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Madridistas por el mundo (I): San Petersburgo.

Madridistas por el mundo (I): San Petersburgo

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BARNEY, 14/07/2019

Siempre me ha llamado la atención la afición que el deporte despierta en cualquier lugar del mundo, por alejado que esté de los que puedan ser tus orígenes o tu lugar de residencia y adopción. Lo habitual era que uno se sintiera identificado con el equipo de su ciudad, por pequeña que fuera, y que entre los aficionados, como cavernícolas que somos, se generara ese sentimiento tribal de pertenencia a un grupo, a “los míos”, a los que viven en mi entorno. Incluso en los deportes individuales, las victorias de “los nuestros”, como las de Rafa Nadal, Marc Márquez, Garbiñe Muguruza, los Gasol en la NBA, Alberto Contador, Mireia Belmonte o Carolina Marín, se reciben de un modo especial, aunque tu atleta favorito pueda ser de otra nacionalidad, ya sea Usain Bolt o Roger Federer.

Uno ve algunos vídeos de celebración de los triunfos del Madrid en las últimas Champions en otros lugares del mundo, y se queda sorprendido de la euforia que se genera en Miami, Filipinas, Rabat o Abu Dhabi. Simplemente alucinante. Es cierto que quizás en algunos de esos lugares no tengan un equipo o deportista de talla mundial capaz de lograr grandes proezas, pero, ¿ese grado de exaltación?

Yo era seguidor de los Lakers de Magic Johnson o los Chicago Bulls de Michael Jordan, por ejemplo, pero jamás he sentido la fiebre o la euforia de estos aficionados por un equipo que me resulta totalmente ajeno en lo personal o en el sentimiento tribal al que hacía referencia. Con el Madrid es distinto, y lo siento como algo cercano por mil razones, por ser mi ciudad o porque desde pequeño tenía un póster del mítico equipo de Camacho, Santillana y Stielike junto al cabecero de la cama. Me cabreaba cuando perdíamos y disfrutaba como un enano en las victorias.

En los próximos meses voy a tener que realizar una serie de viajes por diversos motivos, de ocio y de negocio, y se me ocurrió la idea de intentar conocer a esos madridistas por el mundo, que los hay por millones. En redes sociales el Real Madrid tiene más de 32 millones de seguidores en Twitter, y en Facebook logró ser la primera entidad deportiva del mundo en alcanzar los 100 millones de seguidores. El club es una marca con un valor enorme, tanto en lo económico como en lo sentimental.

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En cuanto al número de peñas por el mundo, el Real Madrid es el equipo que cuenta con mayor número. Según el diario As, son 2.311 las peñas madridistas por el mundo, 2.158 de las cuales se encuentran en España. Son datos no actualizados, pues según el Informe Anual del propio club solo en España suman 2.199. Siendo un número elevado, a mí me llama la atención el resto, esas peñas de Venezuela, Siria, Bahrein o Liberia.

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El trabajo de la Fundación Real Madrid se desarrolla en 75 países con más de 36.000 beneficiarios y realizan una función de formación admirable, no solo en temas deportivas.

Fundación Real Madrid

Propuse a Jesús Bengoechea, editor de La Galerna, realizar unos artículos sobre estos aficionados, sobre los que podamos llegar a conocer entre unos y otros aprovechando nuestros viajes, y la idea fue muy bien recibida, así que me lancé a realizar el primer reportaje aprovechando que estábamos un grupo de españoles por Rusia acompañando al amiguete Lester en su maratón. Así fue como contacté con la peña Fondo Ruso, con la que tuve una reunión cervecera de lo más amena, y de la cual nació este artículo:

Link: Noches blancas en San Petersburgo.

La peña Fondo Ruso acaba de cumplir 20 años y me sorprendió su afición, el conocimiento del club y la pasión que ponen en todo lo que hacen. Las matrioshkas que preparan con cariño y tratan de hacer llegar a los jugadores, la información que traducen y reenvían a los peñistas, la organización de los viajes, su ilusión,…

Habrá más artículos de este tipo. Ojalá sean muchos.

 

Orgullo blanco, por Barney

Real Madrid 1

El Real Madrid logró ayer su 35ª Liga de baloncesto al imponerse al Barça Lassa en el Palau en el cuarto partido de la final. Según entrábamos en los últimos dos minutos y viendo que la distancia no se reducía, sino que incluso aumentaba, se me aflojó la enorme tensión que llevaba por cuarto partido consecutivo, me entró una gran bocanada de aire y por fin me bajaron las pulsaciones.

Me pongo muy tenso viendo los partidos de baloncesto del Madrid contra el Barça, o los de la Final Four de estos últimos y gloriosos años. Anoche respiré una enorme bocanada de aire de satisfacción, de alegría. De orgullo por mi equipo y por el grupo humano formado por Pablo Laso. Era como el teniente coronel Bill Kilgore (Robert Duvall) en Apocalypse Now, cuando rememora el napalm y aquella colina conquistada que “olía a victoria”.

Quizás el napalm no sea el mejor símil para partidos como los de esta serie, pues si a algún equipo hemos visto querer arrasar a su rival como el mortífero compuesto químico ha sido sin duda al Barcelona Lassa de Pesic. El primer partido de la final fue claramente favorable para el Real Madrid, 87-67, y el entrenador serbio lo vio tan claro como nosotros los espectadores: cada vez que el balón circulaba con fluidez y los ataques eran superiores a las defensas el Madrid se escapaba, y sin embargo el Barça remontaba cada vez que el juego se atascaba, se enmarañaba, cuando se volvía bronco e incómodo.

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Así que el resto de la serie ha sido un festival de defensa kárate press como en los peores tiempos de Aíto. El baloncesto tuvo unos años en los que mi interés decayó ligeramente. Fueron los años de éxito de Maljkovic, Aíto, Obradovic, Messina, Ivkovic o el propio Pesic. Años de defensas que no bordeaban la legalidad, sino que la sobrepasaban directamente con una permisividad arbitral sospechosa. “No se pueden pitar todas las faltas”, dicen a veces los comentaristas. Y no lo pedimos, podríamos contestar los aficionados. Lo que ocurre es que si ves que un jugador recibe tres golpes en la misma jugada, o acaba en el suelo, o con una brecha en la ceja, podían de vez en cuando pitar algo, ¡joder! No permitas que ese juego marrullero se apropie del espectáculo porque entonces el mismo se resiente. Que es lo que pasó durante aquellos años de baloncesto feo y partidos a sesenta o setenta puntos.

En pleno apogeo del baloncesto feo de manotazos en defensa y empujones en cada metro del campo, Pablo Laso fue elegido entrenador del Real Madrid y desde el principio hizo una declaración de amor por el juego ofensivo que trajo de vuelta a muchos aficionados. Una bendición. Un público que llena semana tras semana el Palacio de los Deportes animando a los nuestros a no desfallecer. Como en el segundo partido. Ese juego de ataque sin complejos fue el que, junto con el aliento del público, permitió remontar siete puntos en el último minuto con tres triples incluidos.

Mi mujer casi nos echa de casa a Barney Jr. y a mí según volaba el balón de Carroll por el aire con destino a la canasta. Pegamos un grito cavernícola de exaltación similar al proferido tras el palmeo de Thompkins en Belgrado un año atrás. Sabíamos que ese 2-0 nos daba media Liga. Brutal, grandioso. Al día siguiente vas a trabajar con una sonrisa diferente.

La ACB no quería permitir que la final acabara tan pronto y puesto que Peruga no fue suficiente en el segundo, sacó el mayor arsenal para el tercero: Hierrezuelo. No olvidemos que el Director Técnico de los Árbitros de la ACB es desde 2013 Francisco Monjas, el que perpetrara junto a Neyro la mayor venganza que se ha visto nunca en un terreno de juego, la del canario contra Petrovic en la final de 1989. Real Madrid 40, Barcelona 19. Esas fueron las faltas personales señaladas, el Madrid acabó con cuatro jugadores y el Barça ganó una Liga de vergüenza que la prensa cómplice disimuló como “heroica”.

Volviendo a la final de este año, que el Barça repartidor de leñazos finalizara el tercer partido con solo 16 faltas es un insulto al aficionado. Se ve que el apellido Lassa que acompaña al Barça significa Los Árbitros Sicarios, S.A. El Madrid tuvo una última posesión, pero no podía forzar la falta porque los locales ni siquiera estaban en bonus. Es una broma pesada, algo inconcebible después de nueve minutos y medio de palos. Aun así se pudo ganar el partido y este equipo no perdió la cara en ningún momento, compitió hasta el último segundo.

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Con estos antecedentes llegamos al partido de ayer. Una derrota de los nuestros podía haber cambiado el estado de ánimo de ambos equipos de cara a un hipotético quinto encuentro. Pero los de Laso siguieron a lo suyo, a jugar, jugar y jugar, y sobre todo, a no entrar en las provocaciones o en la tentación de devolver los golpes que iban recibiendo de los locales. Lo bueno de este equipo es que cuenta con muchos recursos y cada día el protagonista puede ser diferente. Un día puede ser Randolph, Taylor o Llull, como en el primero, o Carroll y Rudy, como en el segundo, Thompkins en el tercero, o Causseur y Tavarez en el cuarto, y siempre, siempre, el omnipresente Facu Campazzo, el enorme base que no llega al metro ochenta, el argentino que demuestra que en el baloncesto la inteligencia o la lectura del juego son más importantes que el físico. Lo que importa es el conjunto.

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Es un equipo del que sentirse orgulloso, y así lo demuestran los jugadores con ese buen rollo entre todos ellos, con esa sensación de ser un grupo de colegas reunidos para hacer lo que mejor saben hacer, jugar al baloncesto y, además, hacerlo bonito. El equipo de Laso conquista con esta su quinta liga en ocho temporadas, otro título que sumar a las dos Euroligas, cinco Copas del Rey y cuatro Supercopas. Casi nada, viniendo de unas temporadas en las que el Barça era el claro dominador de las competiciones.

Hay detalles que demuestran que el grupo supera a los individuos, como que haya sabido sobreponerse a las salidas de Luka Doncic, Sergio Rodríguez o Nikola Mirotic en los últimos años, o como las muestras de afecto de tantos jugadores una vez han dejado la plantilla. Lo de Marcus Slaughter en el césped de Múnich tras el 0-4 del equipo de fútbol fue maravilloso. O las emotivas palabras del Chapu Nocioni al irse y cada vez que tiene ocasión de hacerlo.

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El esloveno Doncic, mientras se jugaba ser elegido rookie del año en la NBA y daba muestras de su calidad noche tras noche, no perdía la oportunidad de enviar un mensaje de ánimo a sus ex compañeros desde donde estuviera, o manifestaba en directo su indignación con el arbitraje padecido por el Real Madrid en la semifinal de la Final Four de Vitoria frente al CSKA de Moscú. Ahí se nos escapó la Euroliga de este año, una pena.

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Nada más acabar la final de la Euroliga de la temporada pasada, con el trofeo recién recogido, las primeras palabras de Trey Thompkins fueron para el entrenador Pablo Laso y su comprensión ante los problemas familiares que había padecido durante la temporada. Estuvo dos meses en Estados Unidos atendiendo a su madre, volvió a tiempo de meter la canasta decisiva en Belgrado y en lugar de reclamar protagonismo quiso agradecérselo a Laso delante de todo el mundo.

Son muchos detalles los que me hacen sentir orgulloso de este equipo. Creo que reúne las virtudes que tanto echo en falta en el mundo del fútbol. Recordad cómo nada más acabar la final de la Champions en Kiev, Ronaldo y Bale reclamaron egoístamente su gloria, su pasta o más minutos, qué sé yo. O el esperpento de Ramos hace un mes con esa supuesta oferta de China que… que… que no, Presi, que yo me quiero retirar aquí.

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A Laso se le critican muchas cosas, la mala gestión de los finales de partido, las rotaciones, los pocos minutos de Carroll o Reyes, algunos cambios sorprendentes, pero lo que es indudable es el éxito de su apuesta y la gestión de egos de un grupo ambicioso y veterano como este. Solo queda felicitarle y animarle a que siga muchos años. Y a Florentino Pérez, que se fije en las claves del éxito de este equipo para trasladarlas a la sección de fútbol.

¡¡¡¡CAMPEOOOOOONES!!!!

Incombustible Rafa, por Barney

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Nadal ha vuelto a hacerlo una vez más y van doce. 12, ¡12 triunfos en Roland Garros en los últimos 15 años! Llega el mes de junio, afina su figura, fortalece las piernas, olvida las dudas y pone esa mirada de ganador que asusta a sus rivales desde los primeros puntos.

Da igual las dudas que acumule durante los torneos previos, las derrotas que haya podido sufrir, incluso ante rivales con los que no solía caer nunca, parece indiferente, inalterable. Nadal cumple años durante la segunda semana del torneo (3 de junio) y no solo no comienza su declive, sino que parece que cada temporada juega mejor. Este año ha estado muy sólido, sin apenas fallos, bien al saque, al resto, desde el fondo y tremendo desde la red.

Dominic Thiem es un jugador espectacular, quizás el mejor sobre tierra batida de los jóvenes que están por suceder al trío que se lo ha llevado casi todo en los últimos quince años. Le incluimos en el grupo de los “jóvenes” porque los “veteranos” Rafa, Nole y Roger Federer siguen dominando el circuito y los grandes títulos, pero en septiembre cumplirá 26 años. A los 26 años Nadal ya había ganado 10 Grand Slam, Federer 11 y Djokovic 6. Entre los tres han ganado 53 torneos grandes, es decir, lo que vendría a ser más de 13 temporadas completas. Una burrada, espectacular.

Durante estos años ha habido tenistas inmensos cuyo palmarés parece menor, pero es que el trío de abusones apenas han dejado que mojaran Wawrinka (un Roland Garros, un Abierto de Australia y otro de Estados Unidos), Andy Murray (dos Wimbledon y un Abierto de Estados Unidos), el argentino Juan Martín del Potro y el croata Marin Cilic (un Estados Unidos cada uno).

El partido de hoy ha sido impresionante, sobre todo en los dos primeros sets. El primero ha durado 56 minutos y justo cuando Nadal ha perdido su saque (2-3) ha dado sus mejores golpes y ha sacado lo mejor de sí mismo para doblegar al austriaco. No sé qué pasa por su cabeza (excepto, a veces, cuando juega contra Nole), pero el tío es capaz de sobreponerse a los peores momentos, a los break points adversos, y doblegar al rival. No solo les gana esos puntos, les come la moral, les hunde mentalmente. Hoy he visto a Thiem desquiciado por momentos, pensando en tirar la toalla como he visto en finales del pasado a Federer, Wawrinka, Ferrer y al propio Djokovic en la espectacular final de 2014.

El segundo set se ha ido hasta los 51 minutos y los últimos juegos han sido de lo mejor que se ha visto en mucho tiempo. Se lo ha llevado Thiem como se lo podía haber llevado Rafa, pero parece que el 5-7 adverso ha servido al manacorí para meterle todavía un par de marchas más a su juego y arrasar a su rival por 6-1 y 6-1. No creo que ese palizón final se deba solo al cansancio de Thiem, que tuvo que acabar el sábado su terrible semifinal contra Djokovic (que llevaba 26 partidos seguidos de Grand Slam sin perder), sino que mucho ha tenido que ver el nivel de Nadal. Se me acaban los calificativos, bestial, brutal, genio, puta máquina, inconmensurable, invencible. El gesto de Thiem al acabar el partido es el de un tío desesperado contando las temporadas hasta que se retire ese mamonazo que las devuelve todas y cada vez más fuertes y profundas.

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Nadal acaba de cumplir 33 años. 18 grandes a sus espaldas. En este blog escribí en mayo de 2015 sobre el gran Rafa Nadal, cuando algunos lo daban por muerto y acabado, y el propio Rafa se disculpaba con el público de Madrid por su mal partido en la final contra Murray. Ni muerto ni acabado. Ya le han enterrado muchas veces y siempre ha resurgido con más fuerza. El adjetivo que me queda es incombustible.

Una final de Champions sin el Madrid

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BARNEY, 02/06/19

“Tarde de expectación, tarde de decepción”, como dicen en los toros. Esperábamos mucho de esta final y resultó un partido feo, trabado, incluso soso para lo que suelen ser los equipos ingleses. Actualizo la información al final de lo escrito ayer. Casi acierto la porra, pero Alisson demostró tener muy buenas manos, no como las de su predecesor.

Final Champions 10

BARNEY, 01/06/19

Voy a comenzar de prepotente sobrao (con la única intención de que trinen los antimadridistas) afirmando con convicción que se me hace raro una final de Champions en la que no esté el Madrid. Hasta ese nivel nos habíamos acostumbrado, se jugara bien o mal a lo largo del resto de la temporada. La última vez que se dio esta circunstancia fue el 6 de junio de 2015, hace casi cuatro años, cuando el Barça derrotó a una Juventus que entonces no era “un equipo de viejos”.

Se me hace más raro aún presenciar esta final de Champions en mi ciudad, con autobuses y marquesinas engalanadas para la ocasión, con una Orejona enorme frente al Palacio Real, y pensar que la desastrosa temporada de los blancos nos ha privado de asistir una vez más al partido más importante del año.

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Se me va a hacer raro que el Madrid no sea campeón de Europa después de 1.099 días. Hasta ahí hemos llegado, un período tan largo como los que solo Bayern Múnich (1974-76), Ájax de Ámsterdam (1971-73) y Real Madrid (1956-60) habían gozado en la historia de este torneo.

Pero sin duda para rareza la de los seguidores del Atleti cuando vean una Champions en su estadio, en un Wanda Metropolitano al que acceder por el bulevar de los sueños rotos, sueños destrozados en el minuto 93 o estrellados directamente contra el palo. Los atléticos podrán verla, visitarla, fotografiarse junto a ella,… pero solo por unas horas. Es una bonita metáfora de la historia de ese club, tan cerca que puedes rozarla con los dedos, pero nunca alcanzarla.

Por mi parte veré la final tranquilo y será la primera vez en los últimos cinco años que se de tal circunstancia. Me da igual quien la gane, no tengo filias ni fobias especiales hacia ninguno de los dos equipos, y según parece por el silencio de la prensa no hay deudas que pagar a nadie en esta ocasión. Lo digo abiertamente, me gustan ambos finalistas, me agrada su concepción del juego un tanto a la vieja usanza y el modo que tienen ambos entrenadores de plantear los partidos.

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Ocurre que en esto del fútbol la emoción aumenta si tomas partido por uno de los contendientes, como ocurrió con el pasado Boca-River o con los partidos del Mundial que vi en directo, ya fueran un Dinamarca-Francia (con los rivales de los bleus, por supuesto) o un Nigeria-Islandia (con las islandesas, claro que sí). Así que pregunto: ¿con qué equipo voy esta noche?

Argumentos a favor del Liverpool:

Desde pequeño el Liverpool fue uno de esos segundos equipos que todos tenemos, como para mí eran el Ínter de Milán o la selección danesa. Una de las primeras finales que vi en directo fue la de 1984, aquella en la que derrotaron a los locales de la Roma en la tanda de penaltis. Por aquel entonces los reds tenían un equipo que cumplían la máxima del monólogo de Leo Harlem según la cual las marcas de ginebra escogen su nombre añadiendo una “s” a un jugador del Liverpool: Grobelaar, Grobelaar’s, la ginebra de moda, Whelan, pues Whelan’s, la ginebra joven, Neal, Neal’s, la más cool, etc, y así podríamos seguir hasta MacManaman y la ginebra más chic, la inventada MacManaman’s.

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Solo dejé de ir con ellos en aquella terrible noche de Heysel en 1985, y aun así, era tal mi manía a los equipos italianos que mi subconsciente a veces prefería que ganaran los ingleses. Volví a vibrar con el Liverpool aquella noche de 2005 en Estambul cuando levantaron tres goles al Milán en una segunda parte memorable, con Xabi Alonso y Gerrard tirando del carro. Tiene a su favor una afición envidiable, con un himno mítico, el You’ll never walk alone, y este año (y ya es triste) nos ha regalado quizás la mayor alegría de la temporada, al menos la que mejores chistes nos ha traído: el 4-0 al Barça.

El Barça del mejor jugador de la historia de todas las civilizaciones y las galaxias interestelares, acompañado del mejor portero, el mejor central, el mejor lateral, el 9 estratosférico,… que se volatilizan cuando el conjunto cae derrotado con estrépito:

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Argumentos a favor del Tottenham:

La cosa pintaba muy chunga para los madridistas tras la eliminación a primeros de marzo. Si ganaba el Barça andando, como había hecho toda la temporada, teníamos cachondeo asegurado. Si ganaba la Juventus, tendríamos que escuchar a Ronaldo decir que el Madrid era él y nada más que él, y tras su marcha el abismo. Pero si hubiera ganado el City del “inventor del fúpbol”, nos habría tocado escuchar de nuevo todas esas cantinelas sobre la reinvención del juego, la verdad absoluta sobre el único estilo posible y su profeta Pep, el semidiós todopoderoso (entiéndase por “todopoderoso” contar con 1.400 millones de inversión).

Así que le debemos al Tottenham que se ventilara al City y a esos muchachotes rubios del Ájax que juegan tan bien al fútbol y que nos bajaron del pedestal tres años después. Son muchos puntos a su favor. Este artículo del As que intentaba echar mierda de nuevo sobre el Madrid me empezó a dar la pista sobre a quién apoyar:

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Resulta que lo que intentaban vender sobre que “gracias a que el Tottenham se deshizo de lastres millonarios que se llevó el Madrid, el equipo pudo crecer”, se convierte en un artículo que elogia casi punto por punto lo que ha hecho el Real Madrid en su gestión deportiva en los últimos ejercicios: vender bien para invertir en talento joven, reforzar algunos puestos con la cantera e invertir en un nuevo estadio. ¿Verdad que el artículo podía haberse titulado de un modo completamente distinto? “Un exitoso modelo de gestión similar al del Madrid”, por ejemplo. Pero claro, hablo del As de Relaño, o de su émulo Vicente Jiménez, qué se puede esperar.

El Tottenham ha estado fuera y casi eliminado varias veces a lo largo de la competición:

  • Pasó la primera fase debido a su empate en el minuto 85 en el Camp Nou y sobre todo, gracias a que el Inter no fue capaz de ganar en San Siro en la última jornada al PSV Eindhoven.
  • Contra el City estuvo eliminado en el minuto 94 durante unos segundos, justo los que tardó el VAR en anular el gol de los locales y dejar a Pep con el mismo careto que con la declaración frustrada de independencia.
  • Contra el Ájax necesitó esperar al minuto 95 para completar su heroica remontada con el hat-trick de Lucas Moura. Tremendo.

Cuando un equipo ha tenido tantas veces el agua al cuello, está preparado para enfrentarse a cualquier reto.

Los entrenadores:

Me caen bien los dos, me parece que lo que han conseguido tiene un mérito acojonante. Final Champions 4Será la tercera final de Klopp, una con el Dortmund y la segunda consecutiva con el Liverpool. Su sonrisa transmite hambre y confianza a toda la plantilla, jugadores que corren como posesos, presionan y salen a la carrera sin pensar en especular con el balón en los pies. Pero Jurgen Klopp se pasó meses diciendo muchas tonterías acerca de la desgraciada lesión de Salah en la final de Kiev, y cayó en el ridículo al mantener la estupidez de la conmoción cerebral del portero Karius, el hombre de las manos de mantequilla que fue rápidamente enviado a Turquía para seguir con su carrera de errores.

Por el otro lado, el argentino Mauricio Pochettino está llamado a dirigir en un futuro no muy lejano al Real Madrid. Un tipo muy correcto, estudioso del fútbol, ex jugador y entrenador del Español, madridista, como no se cansa de repetir, y que nos regaló aquella genial frase acerca de si entrenaría al Barça en algún momento de su vida.

Definitivamente voy con el Tottenham, pero soy tan cenizo que ganará el Liverpool 2-1. Ganará el fútbol en cualquier caso, disfrutémoslo.

Actualización tras la final

Fue un partido feo, una final que me recordó a algunas de los ochenta y noventa cuando el que marcaba el primer gol se llevaba el título. Todo estuvo condicionado muy pronto por lo sucedido en el primer minuto, un penalti que yo sigo sin ver (¿no decía Valdano que no se podían pitar penaltis tan pronto?), aunque quizás con el Reglamento a aplicar desde la próxima temporada sí lo sea:

Por momentos pareció que el partido iba a finalizar 1-0 con un penalti que no era. Como la final de Heysel en 1985, cuando, una vez retirados los cadáveres (aun hoy sigo estupefacto con aquello), se decidió con un penalti fuera del área a Boniek transformado por Platini. En aquellos años decíamos que en televisión se veía clarísimo, que esto había que cambiarlo. Pues nada, ayer teníamos VAR, decenas de cámaras y que el árbitro se niegue a consultar la pantalla es uno de esos sinsentidos que no podremos comprender jamás. 

Hubo mucho miedo en ambos equipos, sorprendente en ambos entrenadores, y lo más imperdonable es ese miedo cerval a perder la posesión del balón. Van a tener que prohibir ceder el balón a los porteros o el campo atrás, porque ralentiza el juego, lo vuelve soporífero por momentos. No es ninguna barbaridad, igual que se aprobó la norma hace años para que los porteros no pudieran jugar con las manos en las cesiones de sus compañeros. Algo que mejore el juego.

El Liverpool no quería perder su ventaja y el Tottenham no quería exponerse demasiado en defensa ante un equipo con puntas tan veloces como los reds. Así que tuvimos un tostón de partido. El Liverpool se encomendó a Van Dijk en defensa y al buen hacer de Alisson en la portería. Klopp dijo muchas tonterías hace un año sobre la conmoción de Karius, pero bien que se gastó 75 millones de euros en fichar a un porterazo de manos recias como el brasileño, el crack que estuvo “el día de Manolas” y “el día del córner más Origi-nal del mundo”.

Los Hotspurs no tiraron a puerta hasta el minuto 70, cuando Dele Alli lo intentó con la fuerza de mi hija. De mi niña cuando tenía cuatro años. Me parece un jugador muy sobrevalorado, como Eriksen o Pogba, dos que suenan para reforzar al Madrid. El Tottenham mejoró mucho con la salida de Lucas Moura, que no sé por qué no estuvo en el once inicial.

Ayer surgió un debate en algunos foros sobre si había sido la peor final de la historia de la Champions, y yo creo que no, me he tragado bodrios mucho peores que el de ayer, por flojo que fuera el partido.

  • 1988: PSV Eindhoven 0 – Benfica 0.
  • 1990: Milán 1 – Benfica 0.
  • 1991: Estrella Roja 0 – Olimpique de Marsella 0.
  • 2003: Milán 0 – Juventus 0.

Y hubo otra final aburridísima, disputada en Sevilla en 1986, pero cuyo hilarante desenlace nos dejó una sonrisa de oreja a oreja: Steaua de Bucarest 0 – Barcelona 0.

Fin de la temporada futbolística, a ver qué nos depara la próxima. Esperamos grandes cosas, o al menos una mejoría. El suelo está muy bajo.

Un recuerdo para José Antonio Reyes, una pena su fallecimiento en el día de ayer. Muy bonito el homenaje de su antiguo compañero Alberto Moreno.

Final Champions 11

DEP.

La Champions le debía una, por Barney

Champions 0

Los aficionados al fútbol, especialmente los madridistas, nos hemos hartado de escuchar en los últimos años que “la Champions le debe una” a alguien, a un club, un jugador, un entrenador,… casualmente se la debía a cualquiera que compitiera contra el Madrid.

Tiene cojones que esas “deudas del juego” solo eran vistas por la prensa española, esa lamentable prensa deportiva que algunos tachan de madridista, lo cual me causa una enorme perplejidad. Suelo contestar a mis amigos antimadridistas (algunos me quedan) que será madridista por el tiempo que le dedican, desde luego que no por los elogios de los comentarios. Hasta cuando no juega el Madrid, como esta deliciosa semana de semifinales de Champions, se acuerdan del club más laureado del mundo.

“La Champions le debe una al Atlético de Madrid”, dijeron antes de la final de Milán (2016). ¿Puedo saber por qué? ¿Por qué le debe una a un equipo ramplón que estuvo a punto de ganar un partido con media ocasión y un autobús durante más de una hora? ¿Por qué se merece ganar una Champions un equipo que se dedicó el resto del tiempo tras el gol a perderlo con un descaro vergonzoso? ¿Porque les empataron en el tercer minuto de descuento de una segunda parte en la que se perdieron seis, por eso? ¿El mundo del fútbol le debe algo al Cholo Simeone, aparte de reconocerle el mérito de haber llevado a este equipo y con ese estilo a dos finales de Champions y a la conquista de una Liga en la que competían Messi y Cristiano Ronaldo?

“La Champions le debe una a Buffon”, dijeron antes de la final Madrid-Juventus en Cardiff (2017). Volvieron a decirlo en la eliminatoria de la temporada pasada entre ambos equipos, la del famoso penalti de Benatia a Lucas Vázquez, que recordemos que a juzgar por algunas crónicas no fue mas que un tropezón con la línea del área pequeña. Este año nuestros periolistos se olvidaron de que la Champions le debía una a Buffon, igual que se olvidaron de mencionar lo duro que resulta que te señalen un penalti en el descuento cuando está bien pitado, como le ocurrió al portero contra el Manchester en la jugada que dejó fuera al PSG.

Durante los días previos a la final de 2018 en Kiev, el mantra que repetía la prensa era otro: es una final indigna, descafeinada, entre “el tercero de la Liga española y el cuarto de la Premier”, como escuché en la Cope (vía El Radio de Richard Dees, of course). Podían haber mencionado que se juntaban 17 Champions/Copas de Europa sobre el terreno de juego, o que el Liverpool se había cargado al City de su idolatrado Guardiola y a la Roma que se cepilló a su no menos adorado Barcelona. Muchas críticas a la temporada del Madrid, a su juego, su entrenador, lo de siempre, y pocas menciones al hecho de que el equipo de Zizou había vencido en París, Turín y Múnich, derrotando a rivales sin importancia como el campeón de Francia 5 de esos 6 años, al campeón de Italia sin interrupción desde 2012 y al campeón de la Bundesliga 5 años consecutivos.

Pero era una final “descafeinada”, por supuesto, y si a alguien le debía la Champions el trofeo era sin duda a Jürgen Klopp, responsable de montar un equipazo en Liverpool o en Dortmund, con aquel enorme Borussia capaz de romper el monopolio del Bayern en la Bundesliga y de alcanzar la final de la Champions en 2013.

De la final “indigna” del año pasado hemos pasado por arte de magia a la mejor Champions de todos los tiempos. Con un par, sin pestañear.

Champions 2

El Tottenham, que lleva sin ganar la Premier desde el año 61 y un torneo europeo desde el 84, frente al Liverpool, otro equipo con una larga sequía en la Premier, donde no triunfa desde 1990. Pero es la mejor de todos los tiempos, pues vale. Es lo que tiene que no juegue el triunfador en una de cada cinco ediciones, que automáticamente revaloriza cualquier título.

Entonces, insisto en mi pregunta: ¿a quién le debe la Champions un título?

Pues según uno de los feladores habituales de Pep Guardiola, el éxito de los equipos ingleses se debe a la presencia de este entrenador en Inglaterra. Curioso, igual que sucedió en el Mundial, donde ya daban por seguro el triunfo de su selección por el aura mágica del noi de Santpedor.

Champions 4

A los periodistas les da igual que el Liverpool de Klopp y el Tottenham de Pocchettino jueguen de un modo totalmente opuesto a los equipos de Pep Guardiola, las semifinales han sido una oda al juego directo y sin contemplaciones, a la velocidad de circulación de balón y si el momento lo requería, como en la segunda parte de Ámsterdam, a los balones largos áereos, les da lo mismo: es un triunfo de Guardiola.

Lo de siempre con este entrenador y con el malo malísimo de Mourinho, el único capaz de romper en los últimos cinco años esta hegemonía de los equipos españoles en Champions, Europa League, Supercopa de Europa y Mundial de clubes (manteniendo tal consideración para el que se ha convertido en bandera del independentismo catalán):

Pues no, no se la debe a Guardiola, ni mucho menos a Messi, el que iba a ganar “esta Copa tan linda” porque este año se lo había propuesto. Debe ser que los anteriores no le apetecía, ¿no le motivaba acaso?

Champions 7

Mi respuesta sería que esta Champions es una gozosa vuelta al fútbol que me gusta, a la brega, a la lucha noble, al juego de equipo en el que el conjunto prevalece sobre las estrellas, como ocurrió en un Liverpool sin Salah, Firmino ni Keita, o en un Tottenham sin Harry Kane. Y pocos estilos como el inglés se acercan a ese tipo de fútbol que me gusta desde hace décadas.

Champions 5

Tengo clara mi respuesta:

  • El 8 de mayo se clasificaba el Tottenham con un gol en el minuto 95.
  • El 7 de mayo pasaba el Liverpool aprovechando el despiste de los jugadores culés, un descuido provocado por su manía de protestar al árbitro tras cada falta o córner, algo que sabía Klopp según este artículo del The Telegraph y que manejó con picardía.
  • El 6 de mayo se cumplían 10 años de lo que algunos llamaron “el Iniestazo”, el famoso gol del manchego en el descuento en Stamford Bridge, pero que para la mayoría fue realmente el “Ovrebazo”, el tan acojonante como sospechoso arbitraje del noruego Tom Ovrebo, el más lamentable que recuerdan los aficionados antes de la irrupción del Aytekinazo.

Desde aquel día la Champions le debía una al fútbol inglés y era de justicia que esa deuda se la cobrara al Barça. Eso sí, limpiamente.

Cara Barney