Rusia 2018 (I): las cifras

Estadio Luzhniki

Josean, 14/07/2018

A punto de terminar el Mundial de Rusia 2018 y ya que los amiguetes han dejado diferentes análisis futboleros, ya sea en modo deportivo (Barney y el odio a Neymar  o a las modas absurdas), actoral (Travis y su manía a los estrellitas) o en forma de relato (Lester para Historias de fútbol), no podíamos dejar de lado los análisis económicos ni geopolíticos (para la segunda parte).

Afortunadamente, como ya dije en la final Real Madrid-Juventus, esto es fútbol y no matemáticas,
y el valor económico de una plantilla o los ingresos de un club no siempre garantizan el éxito. De tratarse de una competición financiera, Francia ganaría por goleada, y sin embargo somos muchos los que nos hemos enfundado con esperanzas la camiseta de Croacia.

Según la web transfermarkt.es, que para este tipo de estudios suele ser la más fiable, el valor de mercado de la plantilla de Francia es tres veces superior al de Croacia:

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Con ese equipo valorado en “apenas” 364 millones de euros, los croatas han logrado superar a equipos teóricamente superiores, como aquellos de las principales ligas europeas (Alemania, España, Inglaterra) o los pentacampeones brasileños que abarrotan Europa con sus jugadores. Pero eso es en parte lo bonito del fútbol, la imprevisibilidad, que la ilusión pueda más que los millones, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en la historia de este deporte.

Si miramos al resto del cuadro de 32 selecciones veremos que sí hay cierta correlación entre los equipos modestos y sus prestaciones deportivas. Las primeras selecciones en caer eliminadas coinciden con las últimas de la lista: Panamá, Arabia Saudí, Perú o Costa Rica. En cambio, otras como Japón, Suecia o Rusia supieron vencer esa teórica inferioridad y derrotaron o pusieron en apuros a los más poderosos. Llamo la atención sobre los suecos (su gen vikingo, sin duda), que se clasificaron para el Mundial tras derrotar en la previa y en la repesca a las dos selecciones ausentes con una plantilla de mayor valor de mercado: Italia y Países Bajos.

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Con esto se viene a demostrar lo que decía Di Stéfano y es que “ningún jugador es mejor que todos juntos”. Las grandes estrellas se han quedado lejos de la gran final. Ni Messi, ni Cristiano Ronaldo, ni Neymar, los eternos Balones de Oro y finalistas (puro marketing hortera), están en las últimas rondas. Según la web periodistadigital.com, en enero de este año (antes, por tanto, del flamante fichaje de Ronaldo por la Juve y de la renovación megamillonaria de Griezmann por el “modesto” Atleti), los jugadores mejor pagados del mundo eran los siguientes:

  • 1. Leo Messi (Barcelona): 46 millones
  • 2. Carlos Tévez (Shanghai Shenhua): 38 millones
  • 3. Neymar (PSG): 36 millones
  • 4. Óscar (Shanghai Sipg): 24 millones
  • 5. Lavezzi (Hebei Fortune): 23 millones
  • 6. Cristiano Ronaldo: 21 millones
  • 7. Hulk (Shanghai Sipg): 20 millones
  • 8. Mbappé (PSG): 18 millones
  • 9. Pogba (Manchester United): 17,5 millones
  • 10. Graziano Pellé (Shandong Luneng): 17 millones

Por si esto no nos pareciera suficiente aberración, las cifras corresponden solo al salario neto de los jugadores, al margen de impuestos y sin contar con los ingresos por derechos de imagen y publicidad. Una semana de ingresos de estos jugadores iguala el valor total de la plantilla de Panamá.

La lista de transfermarkt está elaborada en función de algo tan etéreo e indefinible como el valor teórico de mercado de los jugadores, tasados así como mercancía. De lujo exótico, pero mercancía al fin y al cabo que se traspasa en un mercado libre y sin referencias en el que un club o un jeque millonario puede pagar lo que quiera por un capricho. En cierto modo, me recuerda al mercado del arte. ¿Valía Neymar 222 millones, como pagó el PSG el año pasado? ¿Y 100 millones “solo” por Cristiano con todo lo que mueve a su alrededor? ¿Valía (perdón por las risas) Dembelé los 140 que pagó por él el Barça? Los valores de los jugadores, como las acciones o las materias primas, se aprecian o deprecian en función de diversas circunstancias, como los resultados deportivos o el número de seguidores en Twitter en un país asiático determinado. Los valores empleados para el estudio sobre el Mundial son:

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Me llama la atención el valor total de mercado de las 32 selecciones participantes según esta web: 10.430 millones de euros. Por contextualizar, es una cifra equivalente al PIB total de Bahamas, Sierra Leona o Montenegro, según la lista del FMI, y superior a todo el PIB de un país de casi 6 millones de habitantes como Eritrea.

A los que trabajamos en el mundo de las finanzas de una empresa, nos llama la atención la anomalía que se produce durante las competiciones de selecciones por el hecho de que los clubes, que no dejan de ser una empresa, ceden sus mejores activos para que otros, las Federaciones, las televisiones o la FIFA, se hinchen a ganar pasta a su costa.

Los premios que reciben los distintos participantes en el Mundial oscilan en función de la fase que alcanzan, así por ejemplo:

  • Campeón: 33 millones de euros.
  • Subcampeón: 25 mill.
  • Semifinalistas: 21 y 19 mill.
  • Cuartofinalistas: 15 mill.
  • Octavos de final: 11 mill.
  • Eliminados en fase de grupos: 8 mill.

El reparto de premios ha ascendido un 37% respecto al Mundial de Brasil en 2014, que a su vez superaba en un 35% al de Sudáfrica 2010. Según El Economista se repartirán en total 668 millones de euros, o 791 millones de dólares:

mundial-2018-premios-statista

Estos importes acaban en las arcas de las federaciones nacionales, verdaderos nidos de corrupción en algunos casos. Pese al incremento, a mí me sigue pareciendo una tomadura de pelo en comparación con las cifras irrisorias que perciben los clubes que ceden a sus estrellas y que ven cómo las mismas corren el riesgo de lesionarse o quedar tocados para buena parte de la temporada. Y no olvidemos que son los clubes los que abonan esos cuantiosos salarios antes mencionados. Los clubes que más dinero van a percibir en Rusia 2018 por ceder a sus jugadores son, según Marca:

Clubes cobro Mundial

4 millones de euros, media semana de Messi o Ronaldo, los que más. Las cifras que mueve un Mundial de fútbol son enormes. Se calcula que los anfitriones han gastado unos 10.000 millones de euros durante la preparación y desarrollo del campeonato. Lejos aún de los 12.000 millones de Brasil 2014, y seguramente más lejos aún de la barbaridad (si es que algún día se sabe la cifra) de lo que va a suponer Catar en 2022.

Para compensar estas inversiones, o gastos en el caso de los estadios de usar y derruir de Catar, los organizadores manejan enormes cifras de ingresos, provenientes en su mayor parte de patrocinadores, publicidad y los derechos de emisión para las televisiones de todo el mundo. En el caso de Rusia o de Brasil, el apoyo estatal ha sido fundamental para poder levantar ambos proyectos. Los beneficios para el país organizador suele ser más de imagen que económicos, pues difícilmente se rentabilizarán algunos dispendios.

Desconozco las cifras totales a nivel mundial en ingresos por derechos de emisión, porque son negociaciones país por país, pero sin duda son muy elevadas. Mediaset adquirió los derechos para España por una cifra estimada alrededor de los 40 millones. La puja por los derechos en Rusia se calculó en torno a los 120 millones de euros. Es un proceso poco claro y transparente, como la propia adjudicación de los Mundiales. Todo dirigido por esos tipos de la FIFA, muchos de los cuales están siendo investigados por corrupción o soborno en una macrooperación dirigida por la fiscalía de Estados Unidos.

Y si existe tanta corrupción entre los dirigentes de la FIFA, en los presidentes de los clubes de fútbol, en ese mundillo de intermediarios y agentes que además buscan el escaqueo fiscal de sus representados, ¿por qué nos gusta tanto el fútbol? Pues en mi caso porque este deporte es tan grande que permite que un tipo feúcho y enclenque. cuyo fichaje no está entre los cincuenta más caros de la historia, tenga en su mente la perfección del juego, el dominio del espacio y la virtud de la sencillez como sinónimo de efectividad. Me refiero, por supuesto, a Don Luka Modric. No sé ni lo que cobra ni las camisetas que vende, pero el número que lleva a la espalda define lo que hace sobre el césped.

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Foto del principio: Estadio Luzhniki, Moscú. Dimitri Serebryakov (AFP)

 

 

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