Fue bonito soñar con la tercera consecutiva

Kiev 2018

Pues ya sabemos todos cómo acabó. Añado una actualización del día 27 al final del post. ¡Tremendo! Lo de antes del partido era un contragafe de manual (que funcionó).

Barney, 26 de mayo de 2018

Fue bonito mientras duró. Fue hermoso pensar que podríamos igualar al Ajax y al Bayern de los setenta o, salvando las distancias, al Madrid de los orígenes de este torneo. Fue una gozada pensar que podríamos tener la cuarta en cinco años, o que lograríamos el hecho insólito de dominar en Europa tanto en fútbol como en baloncesto. Sigue leyendo

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¡¡¡Llull, Llull, Llull, Llull!!!

Llull 1

Barney, 26/04/2018

El retorno del guerrero Sergio Llull a las canchas de juego no fue como esperábamos. Fue peor, y a la vez fue infinitamente mejor. Estoy seguro de que ni siquiera él mismo lo había imaginado de ese modo. Pese a que el miércoles había partido de semifinales de Champions en Múnich, mi prioridad en esos momentos estaba en el baloncesto y en contemplar in situ el regreso de este menorquín que tantas veces nos ha levantado de los asientos.

Mi hijo y yo teníamos claro que no queríamos perdernos ni el calentamiento del 23, ni mucho menos la presentación del jugador por megafonía, con el Palacio en penumbra apenas iluminado por bengalas y luces de diseño. La expectación era máxima y el ambiente en las gradas crecía en intensidad aumentado por el speaker y el movimiento acompasado de esas manos gigantes que nos dieron a los espectadores con la leyenda “Vuelve Llull” y la cara del jugador con el grito característico de rabia que suele acompañar sus mayores proezas.

Sergio Llull se lesionó el 9 de agosto de 2017 durante un partido de preparación con la selección española. Rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Seis, siete, ocho, nueve meses de baja, quién sabe. La temporada casi completa. En aquel momento hablé con amigos aficionados al baloncesto, con mi hijo, que sabe de la NBA más que la mayoría de periodistas deportivos, y a todos les transmití el mensaje que publiqué en Twitter: “Mucho ánimo. Llegarás a tiempo de darnos la Liga”. En enero subí mi apuesta: “¡Y también la Euroliga!”

Llull4

A este estado de ánimo y euforia no contenida ayudó el seguimiento que muchos fuimos haciendo de la evolución de la recuperación de la lesión que Sergio Llull publicaba periódicamente en redes sociales en forma de pequeños vídeos. Sudor, esfuerzo, sacrificio, concentración,… Rocky Balboa pensando en Apollo Creed. Los dientes apretados, la seguridad en la mirada, el pelo empapado en sudor,… la imagen de un tipo que iba a triunfar en su empeño.

Creo que éramos muchos los que anhelábamos el regreso del bueno de Sergio y los que deseábamos que desde el primer minuto todo le fuera de cara. Que anotara su primer tiro, un triplón cayéndose a un lado, que robara un balón, que hiciera uno de los espectaculares mates made in “El increíble Llull”,… nada de eso sucedió. Creo que la ansiedad por lograr esa primera canasta, acrecentada por el aliento de todos los que estábamos en la grada, le hizo tomar varias malas decisiones que le llevaron a marrar sus primeros tiros. Nada de eso nos desanimó, y mucho menos iba a hacerlo con él, el tipo de los huevos de hormigón armado que agradecía al público cada muestra de cariño. Menudo ambiente vivimos, enormes como siempre los Berserkers.

En el descanso me encontré en las gradas con Fer, un amigo de la infancia famoso en el colegio por su tiro lateral de tres y cuatro metros, y hablamos del ansiado “momento Llull” que tanto esperábamos. “Tiene que llegar”, asentimos.

Los equipos griegos son muy perros, admirables, pero muy perros. O el símil debería de ser más bien con los gatos, por la cantidad de vidas que tienen. El Madrid amenazó con romper el partido varias veces, ocho puntos, remontaban los griegos, siete puntos, volvían a igualar, trece de ventaja al inicio del tercer cuarto, y en un suspiro estábamos de nuevo empatados. ¿Quieres huir del estrés del trabajo? No vengas al baloncesto salvo que estés buscando una terapia de choque.

Todo quedaba por decidir al inicio del último cuarto y Pablo Laso se la jugó con Llull en cancha, pese a que no estaba fino. Hasta cinco triples llegó a fallar “el aeroplano de Mahón” y un tiro de dos, sin estrenar su casillero, lo que le ponía en un desolador 0 de 6 en tiros de campo que no era el re-debut soñado por todos nosotros. En un día en el que el Madrid se jugaba tanto, la apuesta de Laso era cuando menos arriesgada. Pero “el momento Llull” llegó cuando quedaban poco más de cinco minutos y el marcador señalaba una ventaja mínima de los nuestros, 62-61. Sergio pidió el balón y se fue directo a canasta pese a la defensa de Rivers y la ayuda de Gist. La dejó en lo más alto del tablero y el balón cayó suavemente dentro. El griterío fue ensordecedor. A la importancia de la canasta se unió la satisfacción de ver cumplido el retorno del infatigable Llull. 

Pero ahí no terminó la cosa. Como los griegos siguieron peleando de modo encomiable hasta el final, con 64-63 y a falta de menos de cuatro minutos, Llull se jugó dos triples demenciales para cualquiera, no digamos para alguien con el escaso acierto que llevaba el menorquín hasta el momento. ¡Chof, chof! El silencio del balón en el aire reventó con la locura que estalló en el pabellón, ¿pero qué has hecho, Sergio? Los pelos como escarpias, ¡vaya momentazo! Y Llull gritando de nuevo en el centro de la cancha, como en los mejores tiempos. Un grito contagioso, un aullido que te anima a unirte a la locura.

Sergio Llull tiene el gen madridista al que ya me he referido aquí en varias ocasiones, el de Petrovic, Sabonis, Fernando Martín o el Chapu, el mismo que mostró Felipe Reyes en el segundo partido de la serie en Atenas, cuando más complicado parecía todo. Es ese gen que lleva a un tío de 37 años que lo ha ganado todo a dejar en pañales a los pívots rivales o a sus propios compañeros, como ese Eddy Tavares que es más alto, más joven y más fuerte, pero que carece del tesón y la fuerza mental del capitán o de Llull.

Los dos triples pusieron el 70-63 en el marcador, pero un minuto después los griegos volvieron a demostrar lo que decía acerca de sus mil vidas y empataron el partido (tremendos Calathes y Mike James). Pero no podíamos perder en un día así y un triple final de Carroll (tras asistencia de Llull) nos dio la tranquilidad que nuestros corazones demandaban.

Ha vuelto Llull, el marciano capaz de cascar 5 triples sin fallo en un cuarto de la final de Liga al Barça, el mismo que le anota tres triples en el último segundo de tres cuartos a los Oklahoma City Thunder o hace un mate con la zurda entrando en la zona rival como un obús. Si alguno tiene dudas de las razones de nuestra admiración por este jugador, le dejo este vídeo. Aquí está la canasta ganadora de la Copa del Rey contra el Barça, la del Fuenla, Baskonia, y por supuesto, la de Valencia, la que mejor define el espíritu competitivo de este crack al que no le va a frenar ni siquiera una canasta rival a falta de un segundo:

Ha vuelto Llull. La temporada pasada llegó fundido a la final de la Liga y a la Final Four. Se nos ha escapado la Copa del Rey por muy poco (y algún palo que otro). Este año está fresco y con los colmillos afilados. La mejor noticia posible cuando queda lo más importante de la temporada.

P.D.: ah, sí, el Madrid de fútbol ganó 1-2 en Múnich, pero eso empieza a pertenecer a lo rutinario.

¿Y qué más da si fue penalti o no?

Barney, viernes 13 de abril de 2018

No tenía ninguna intención de hablar de la jugada de marras, porque el tema cansa, pero ha sido tal el cúmulo de reacciones encendidas vía puto guasap y las peticiones al respecto, cuando no exigencias (“escribe algo, Barney, que solo hablas de los árbitros cuando ayudan al Barça”), que no me habéis dejado más remedio.

Y en el fondo pregunto: ¿qué más da si fue penalti o no? Porque podría serlo, como podría no haberlo sido, o la jugada podría haber acabado con un remate franco de Lucas Vázquez y el consiguiente gol, pero entonces no tengo ninguna duda de que la cantinela sería otra:

  • ¿Hay falta de Cristiano Ronaldo en el salto de cabeza?
  • ¿Por qué el árbitro dio 3 minutos de descuento si no se habían producido los 6 cambios?

Porque el antimadridismo (normal la respuesta culé, sorprendente la reacción de los atléticos), que ya tenía los memes preparados para reírse del Madrid si nos hubieran eliminado y les pilló con el paso cambiado, en el fondo estaba esperando y deseando esto, una decisión controvertida que pudieran poner en tela de juicio para vomitar su discurso victimista de siempre, así que da igual si fue penalti o no, porque están encantados por haber encontrado la oportunidad para tapar la derrota del Barça ante la Roma, la eliminación del Atleti en el grupo del Qarabag, para vociferar y soltar sus proclamas. Anhelaban esa oportunidad que no encontraron en la final de Cardiff en la que, al no haber ni una sola jugada comprometedora, se limitaron a desprestigiar de modo absurdo y ridículo a la Juventus que solo dos meses antes había dejado a cero al todopoderosísimo Fútbol Club Barcelona durante 180 minutos de eliminatoria.

Ni siquiera quiero entrar a discutir la jugada entre Lucas y Benatia, el real o supuesto empujón por detrás a un jugador libre con todo a favor para rematar con el portero fuera de su sitio. Es penalti en opinión del Marca, de Alfredo Relaño, L’Equipe, Lineker, Del Piero, Abidal, Sonny Anderson, Pedrerol, el setenta por ciento de votantes de la encuesta de La Gazzetta dello Sport, o el sorprendente esta vez Hristo Stoichkov. No lo es para Iturralde y Andújar (lo habitual en estos dos ex árbitros que miran el color de la camiseta antes de emitir sus opiniones), GolTV, Juanma Castaño, Manolo Lama, Cristóbal Soria y el pseudodiario Sport. También era penalti para el redactor Manuel Bruña del Mundo Deportivo… a las 23,04 horas. Dos horas después ya era “un penalti más que polémico” en lo que debe interpretarse como un ataque bochornoso a la libertad de expresión que debería hacer que más de un medio se replanteara este modo de hacer “periogolfismo”.

Para este humilde bloguero forofo no fue penalti, claro que no. El hecho de que Lucas Vázquez con los dos pies quietos sobre la línea del área pequeña y todo a favor se encuentre una décima de segundo después desplazado casi dos metros se debe a la típica posesión diabólica que sufren todos los madridistas del mundo mundial en el área, esa que les lleva a tener convulsiones similares a las de Linda Blair en su cama de El exorcista. Es el Diablo el que se apodera del cuerpo de Lucas porque como saben “todos” los aficionados del mundo no hay jugador madridista que no esté poseído por el mismo demonio de la chulería, el egocentrismo, la falta de deportividad y la marrullería.

En cualquier caso seamos serios, que es lo que no están siendo muchos que se hacen llamar periodistas. Sea penalti o no, es una de las dos jugadas polémicas de todo el partido, y la otra, el gol anulado a  Isco, del que apenas se habla, se pudo acreditar 24 horas después trazando las líneas y tirando los puntos de fuga que estuvo mal anulado.

Chiringuito

Da lo miiiiiismo, la jugada del penalti dio pie para que algunos titularan en letras enormes “El robo del siglo”. Curiosamente los mismos que un año atrás titularon “Sois leyenda” un partido con una decena de decisiones equivocadas resueltas todas hacia el mismo bando (la célebre Robontada que solo fui capaz de describir dando tres vueltas al calibrador de sarcasmo).

La decisión del árbitro inglés Michael Oliver ha servido también para que Juanma Castaño (Cope) se retrate de tal modo que ha logrado lo que nadie había conseguido antes: que algunos jugadores se rebelen y digan “basta ya”, como han hecho hoy Isco y Carvajal comparando sus comentarios tras el partido del miércoles con la Juve con los del vergonzoso Aytekinazo de hace un año, hartos del doble rasero de la prensa.

Así que en el fondo, insisto en que da lo mismo si era penalti o no porque los antis iban a soltar su bilis (el síndrome del vecino del tercero de los atléticos ha sido terrible) y hablar de atracos y ayudas aunque Benatia hubiera sacado una navaja y le hubiera metido diecisiete puñaladas por la espalda a Lucas. Puedo hasta imaginármelos porque los he visto comportarse en otras ocasiones:

“No lo veo claro, se aprecia cómo la espalda de Lucas busca desesperadamente la hoja de la navaja del defensor, y no una, sino hasta diecisiete veces, por más que Benatia la intente apartar hacia atrás a la defensiva, es más, si lo miras con atención, habría que ver si la acción de Lucas no es merecedora de amarilla por sobreactuación o por el intento de engañar al colegiado”.

Escuché a Buffon nada más acabar el partido, y con toda su indignación de veterano no discutía si era penalti o no, sino que merecían llegar a la prórroga y que el árbitro tenía que haber tenido corazón en lugar de un cubo de basura, y por tanto no haberlo pitado. Lo más que llegó a decir fue “una décima parte de penalti”, como si no supiéramos que un penalti lo es o no lo es, como un asesinato o un embarazo. No puedes matar un poco a una persona, como no puede una mujer estar un diez por ciento embarazada. O sí o no, pero no un poquito.

Discutía sobre todo el momento en que se pitó, sumándose al club de Valdano y el famoso “es demasiado pronto para pitar penalti en un Clásico”, quizás pidiendo que el reglamento los prohíba al inicio o en el descuento, o que el árbitro piense en la veteranía del portero o la emoción del momento antes de señalarlo o no. Quizás Buffon haya olvidado ya lo que un país entero como Australia pudo sentir en el Mundial de 2006 cuando el colegiado señaló este cinco por ciento de penalti en el minuto 93 en su partido frente a… ¡coño, Italia, con Buffon bajo palos!

Pues sí, duele perder de penalti en el descuento, como ha dicho Valverde hoy mismo, es para estar enfadado. Igual que es una satisfacción ganar así, como bien saben tanto el entrenador como los jugadores del Barça, que ganaron en Mestalla de ese modo la temporada pasada, en el día de la botella bomba que pudo causar la muerte de seis jugadores azulgrana en aquella mezcla de tragedia griega y ópera bufa que supuso la sublimación de las artes escénicas culés. Pero era penalti y se pitó, como debe hacer un árbitro sea el minuto que sea. Y se llame como se llame el jugador que los cometa, ya sea Benatia, Umtiti o Mascherano, habituados a que en La Liga los empujones por detrás queden sin sanción en esa particular interpretación del Reglamento que vivimos en tiempos del Villarato.

Para dos cosas ha servido el penalti señalado en el minuto 93 del Madrid-Juve:

  1. Para que algunos periodistas que van de imparciales se quiten la careta definitivamente, o queden desenmascarados por aficionados o jugadores.
  2. Para demostrar que el VAR no va a funcionar, va a ser un completo desastre. Llevamos dos días completos con cientos de imágenes y las posiciones cada vez son más radicales: no hay acuerdo posible sobre la jugada porque las bufandas vencen siempre al análisis racional. Los veinte clubes de la Premier han votado hoy en contra de su implantación. Para cuando funcione en España, el Barça nos llevará varios cuerpos de ventaja, pues ya se han colocado al frente del invento Sánchez Arminio, López Nieto, Puentes Leira y el ínclito Roures.

Y no fue penalti, joder, Lucas tropieza con el bajorrelieve de la línea del área mientras el bueno de Benatia intenta sostenerle con el muslo a la altura del pecho para que no se estampe de morros, que a veces parece que no entendéis de fútbol, hombre. El poder mediático del enemigo es muy grande, sobre todo en España, pero espero que la imagen que quede de esta eliminatoria sea esta:

 

 

El tapón de Vrankovic, el palo de Claver y el triple de Solozábal, por Barney

El inicio de Match Point, de Woody Allen, nos regala un discurso sobre el azar y la vida, la importancia del talento o el poco valor que atribuimos a algo tan fundamental como la suerte. La bola tropieza con la cinta de la red y puede caer a un lado y ganas, o quedarse en el tuyo, y pierdes. A veces la vida, como los partidos, se va en esos pequeños golpes de suerte.

Hablando de vida y deporte, yo no sé cuántos años de vida pierdo después de algunos partidos de baloncesto. Sobre todo con los finales igualados, ¿pero es que acaso hay partidos decisivos que no lo tengan? La final de la Copa del Rey 2018, celebrada el domingo pasado entre el Real Madrid y el Barcelona, volvió a ser uno de esos días en que si llevara pulsómetro, lo reventaría. Sigue leyendo

El Clásico desde el palco, por Barney

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Y 8, desde el palco, hasta arriba de cervezas y con jamón del bueno. Quedamos tres cuartos de hora antes del partido. Nos recibe un tipo bien trajeado, otros dos nos saludan, otro más nos lleva en ascensor a nuestra planta, y por supuesto, como no podía ser de otro modo en este mundo machista del fútbol, un bellezón de azafata se encarga de nuestros abrigos y nos lleva a nuestras localidades. No dejaría de estar pendiente de nosotros en toda la tarde. Sigue leyendo

8 modos de ver el Clásico, por Barney

Madrid Barça

Hoy voy a ver el Madrid-Barça de un modo nuevo, como no lo había hecho nunca anteriormente: estaré en uno de los palcos VIP megapijos del Bernabéu. Oseatelojuro, hartándome de jamón serrano del bueno, con unas camareras espectaculares, bebiendo varias cervezas (con alcohol, por supuesto, porque en la zona noble sí está permitido) y tratando de que mis anfitriones me permitan disfrutar del partido y no me quieran dar la brasa con el balón en juego. Sigue leyendo

Mou y Pep (II): sus logros, por Barney

En el momento en que empiezo a escribir esta entrada, el ManU de Mou acaba de vencer 2 a 0 al City de Guardiola. Es un partido amistoso de pretemporada que a nadie debería interesar demasiado, y sin embargo, uno lee las redes y parece que jugaran el Madrid y el Barça, tal es la devoción y rechazo que despiertan sus entrenadores. Para sus detractores, uno siempre será Llourinho o Cagourinho por sus quejas y sus estrategias amarrateguis, y el otro será eternamente Guartrolas o Guardrolona, por su falsedad y sus coqueteos con sustancias prohibidas. Sigue leyendo