El tapón de Vrankovic, el palo de Claver y el triple de Solozábal, por Barney

El inicio de Match Point, de Woody Allen, nos regala un discurso sobre el azar y la vida, la importancia del talento o el poco valor que atribuimos a algo tan fundamental como la suerte. La bola tropieza con la cinta de la red y puede caer a un lado y ganas, o quedarse en el tuyo, y pierdes. A veces la vida, como los partidos, se va en esos pequeños golpes de suerte.

Hablando de vida y deporte, yo no sé cuántos años de vida pierdo después de algunos partidos de baloncesto. Sobre todo con los finales igualados, ¿pero es que acaso hay partidos decisivos que no lo tengan? La final de la Copa del Rey 2018, celebrada el domingo pasado entre el Real Madrid y el Barcelona, volvió a ser uno de esos días en que si llevara pulsómetro, lo reventaría. Sigue leyendo

La rebelión de los modestos, por Barney

La leyenda de David y Goliat, la historia del humilde campesino que derrota al invencible gigante, es tan vieja como la humanidad. Con sus distintas actualizaciones en el cine, la realidad o la ficción, como el McFly senior derribando a Biff Tannen en Regreso al futuro, o el joven abogado recién licenciado que derrota al todopoderoso bufete de los libros de John Grisham, o en la versión patria, representada por ese Paco Martínez Soria (esta vez sin boina) que se sale con la suya en el pleito contra un banco por conseguir la devolución de la enorme cantidad de 257 pesetas (Don erre que erre, 1970, ¿no la habréis olvidado?).

El mito de David derrotando a Goliat es muy socorrido para el poco imaginativo periodismo deportivo que padecemos. Cada vez que se enfrenta uno de los poderosos contra un equipo económicamente modesto lo sacan a relucir, y ningún territorio como la Copa del Rey para encontrar enfrentamientos de este tipo. Será por solidaridad, será una cierta compasión o un deseo de justicia como en el caso de Don erre que erre, el caso es que en los enfrentamientos deportivos David vs Goliat me pongo siempre del lado del débil. Excepto cuando juega el Madrid, claro.

Pero incluso en el caso en que “los míos” compiten en el terreno de juego, soy capaz de reconocer y alabar (no digo celebrar) el triunfo del rival, sobre todo cuando hay una diferencia importante de medios o presupuestos. En aquellos años en que los grandes pasaban de la Copa, el Barça cayó frente al Figueres, la Gramanet o el Novelda, mientras que el Madrid fue eliminado por el Toledo, el Real Unión de Irún, el Alcorcón y un Alavés de Segunda División (1998). Uno nunca sabrá el efecto que tuvo esa eliminación temprana en la victoria posterior del Madrid en la Champions de esa misma temporada frente a la Juventus de Turín. Cosas que pasan en el mundo del fútbol, el campeón de Europa derrotado por un “segunda”.

Recuerdo también con dolor la final de Copa del Rey de 2004 entre el Madrid de Figo, Zidane y Beckham (nunca me gustó lo de “Galácticos”) y el Zaragoza, partido jugado en Montjuic (¿por qué no se intentó en el Camp Nou?). El Madrid era favorito claro y a los 20 minutos ya íbamos por delante en el marcador, tras un zapatazo de Beckham. Pero el “modesto” se revolvió frente al grande y armado de ilusión y ganas, fue capaz de doblegar a ese Madrid con un gol de Galletti en la prórroga.

Más dolorosa fue la derrota en la Copa del Rey de 2002, el célebre (y celebrado por tantos en Cataluña) “centenariazo”. Todo estaba preparado para que el Madrid se diera un festín. Se había fijado el Bernabéu de antemano para la final (cosa que no se hace ahora y trae los problemas de siempre con el equipo que siempre quiere venir a donde sabe que no es bien recibido), y se adaptó el calendario de la temporada para que la final coincidiera con el 100º aniversario de la fundación del Real Madrid. Al equipo blanco le perdonaron incluso una ronda de eliminatorias, cosa que no sentó bien en Barcelona, donde en cambio sí les pareció bien no presentarse a una semifinal en el año 2000, o que les perdonaran la sanción posterior de un año sin jugar el trofeo. O ignorar durante dos años la clausura del campo por el lamentable comportamiento de los seguidores. La doble vara de siempre.

En fin, aquel 6 de marzo de 2002 se preparó todo como un homenaje al elegido como “mejor equipo del siglo XX”… y el Madrid pinchó. O mejor dicho, el Deportivo de La Coruña, el Super Depor de aquellos años, estuvo mucho más acertado. Posiblemente la presión pudo con los madridistas, que estuvieron muy mal, como atenazados, sin frescura alguna en las piernas. Un partido horrible, todo lo contrario de lo que se vio en los deportivistas, que corrían como aquel que no tiene nada que temer, “total, si me he colado en esta fiesta, ¿no?”

El nombre de “centenariazo” rendía homenaje a otra derrota de un Goliat de época, la todopoderosa selección de Brasil de 1950, en el partido decisivo del Mundial frente a Uruguay. El histórico “Maracanazo” provocó profundas depresiones en el país, algunos hablaban de suicidios, “nuestro Hiroshima”, como lo llamó el dramaturgo Nelson Rodrígues. Cuentan las crónicas de la época que lo más sorprendente fue el silencio de los casi 200 000 espectadores que por aquel entonces tenían cabida en el estadio.

Nunca me he visto en esas, pero supongo que será la presión, la exigencia o la obligación de tener que ganar, la que hace que a los jugadores les tiemblen las piernas cuando las cosas no salen como se supone que tenían que salir: 3-0 a la media hora, y el resto del partido vamos a disfrutar y a no hacernos daño. Y la presión sin duda es mayor cuando juegas como local, delante de todos los tuyos. Le pasó a Portugal en la final de la Euro 2004 perdida ante los griegos, y le pasó a Francia en la edición de 2016 frente a los portugueses, los cuales pudieron desquitarse, por fin, de su mal sueño.

El Barça también tuvo su “Maracanazo” en la final de la Copa de Europa de 1986 disputada en Sevilla. Todo estaba preparado para que el Fútbol Club Barcelona levantara su primera Copa de Europa: el escenario, el rival, el ambiente,… Sin embargo, los que presenciamos aquel partido vimos cómo a medida que transcurrían los minutos sin que el marcador se moviera, los jugadores del Barça comenzaban a ponerse nerviosos, porque ¡ese desenlace no era el que esperaban!, y terminaron hechos unos auténticos flanes cuando llegaron a la tanda de penaltis. ¡Fallaron los 4! No acertaron ni uno. Los tiraron flojitos y mal colocados, y el portero Duckadam los detuvo incrédulo.

En aquella época la rivalidad Madrid-Barça no estaba tan encendida como hoy en día. En el 86 se había producido un hecho inédito y es que las tres finales de los torneos europeos contaban con un representante español: el Atleti en la final de la Recopa y el Madrid de la Quinta del Buitre en la UEFA. Se suponía que teníamos que ir todos con el Barça por aquello del exitazo del fútbol español, pero no me cuesta nada reconocer que según empezaron a tirar y fallar los jugadores culés, se me escapaba una sonrisa cada vez más grande, sonrisa que terminó en enorme carcajada, claramente audible en todo el vecindario.

En una final puede pasar cualquier cosa, esto es deporte y a veces la ilusión puede al talento. Para mí lo verdaderamente meritorio fue la obtención por parte del Leicester de la Premier League 2015-16, porque no fue un día excepcional, sino el triunfo tras 38 jornadas y muchos meses de competición de un equipo formado por jugadores cuyo historial echaba para atrás. Eran como los Doce del patíbulo en una misión imposible en la Alemania de los nazis.

Final de Copa del Rey: F.C. Barcelona – Deportivo Alavés

Ni que decir tiene que voy con los vascos. El Alavés es un equipo recién ascendido a Primera División cuyo presupuesto se cubre solo con el fichaje de André Gómes. No hay comparación posible entre las cifras de uno y otro equipo. Los gastos de personal de toda la plantilla y el equipo técnico no llegan ni a lo que perciben Leo Messi o Neymar en una sola temporada. Ese infraperiodismo del Diario Sport ya ha dado la final por ganada para el Barça, así que habría que preguntar a los jugadores del Alavés que para qué se molestan en presentarse al partido.

Y sin embargo, seguro que en lo que a ilusión se refiere los vitorianos ganan por goleada, así que, ¿por qué no creer en la victoria de David frente a Goliat?

La Grecia de 2004, el Zaragoza o la selección uruguaya visten de blanco y azul, así que repito: ¿por qué no? El Super Depor del centenariazo o el Oporto que conquistó la Champions en 2004 lucían rayas blanquiazules, ¿por qué no van a poder ganar al Goliat azulgrana?

Una de las finales europeas más bonitas y emotivas de la historia tuvo al Deportivo Alavés como protagonista. La Historia le debe un gran triunfo. Ocurrió en 2001 en aquella inolvidable final de la UEFA en la que cayó el modesto Alavés por 5-4 frente a uno de los grandes de Europa, el Liverpool, un equipo que apenas cuatro años después lograría la Champions. Uno de los 20 mejores partidos de la historia para el Diario Telegraph. Las ganas de los alavesistas hicieron que el partido llegara vivo hasta el último minuto. Fue una pena. En este tipo de partidos algo mágico flota en el ambiente si los jugadores creen en el milagro de la victoria, y esa magia es contagiosa. Refuerza a los tuyos y debilita las piernas del rival. Pueden darse sucesos como que jugadores torpes y toscos como Javi Moreno hasta parezcan buenos (dos goles en la final), tan bueno que lo fichó el Milán. Lo soltó al poco tiempo al comprobar su verdadera valía y acabó en el Atleti, ¡coño, como pasó con Torres!

Supongo que este sábado ganará el Barça, tras el enésimo show independentista (esteladas incluidas) en el que Iniesta, el capitán, mirará hacia otro lado como si no fuera con él. En el último enfrentamiento entre ambos equipos los culés arrasaron en Vitoria venciendo 0-6, pero yo me quedo con la heroica victoria del Alavés por 1-2 en el Camp Nou a principios de la temporada. Tiene un buen equipo, que ha mantenido la categoría sin problemas y cuenta con buenos jugadores, dos de ellos (Theo Hernández y Marcos Llorente) con más que posible futuro madridista. El entrenador Mauricio Pellegrino ha hecho un excelente trabajo acoplando jugadores de varios equipos, cedidos o descartados, y ha formado un bloque sólido y competitivo.

Sabe lo que le espera, ya lo vio en las semifinales en las que el Barça saqueó vilmente al Atleti, y la RFEF ha puesto lo mejor que tiene para una final plácida: Clos Gómez. 18 victorias y 4 empates ha tenido el Barça con el árbitro aragonés. Me cae bien Pellegrino, porque esta semana su voz se ha oído entre el silencio cómplice de la prensa que ha pasado de puntillas por encima de los dos penaltis pitados a favor del Barça y en contra del Éibar en la última jornada, una jornada que, no lo olvidemos, podía haber decidido una Liga. Ha dicho el técnico del Alavés:

“Contra el Barça hubiera estado más tranquilo con el VAR”.

¡Vamos, Alavés, a por ellos, a la yugular! Sueño con una final decidida por penaltis en la que emulan Sevilla 86, marcan Llorente y Theo Hernández, y fallan Messi, Neymar, Busquets y Piqué. ¿Dónde hay que firmar?

No en el Bernabéu, not in my house!, por Barney

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Imaginemos un departamento comercial en el que varios trabajadores luchan arduamente por conseguir las mejores cifras al final de la campaña. Imaginemos que tú, como número 1 del equipo, ves cómo el número 2 ha sido mejor durante esos últimos meses y ha ganado el premio al vendedor del año. Te olvidas incluso de las malas artes que haya podido emplear para alcanzar sus objetivos. Le reconoces sus méritos y ya está. Imaginemos que el premio al mejor comercial del año consiste en un prestigioso premio que se entrega tras una fiesta a la que toda la compañía está invitada. Imaginemos, por último, que tu gran rival puede elegir el lugar de celebración y que, como no le basta haber quedado por encima de ti, y quizás debido a su tradicional complejo de segundón, pronuncia bien alto, para que toda la compañía se entere: “quiero que la fiesta sea en tu casa”.

Por si esto fuera poco, de todos es conocida la animadversión del segundón hacia el veterano Presidente de la compañía, desprecio que además no oculta y manifiesta siempre que le ponen un altavoz delante. Le da igual que la fiesta se realice en homenaje al Presidente, un señor mayor que lo ha hecho lo mejor que ha podido y que ahora le delega la patata caliente a su hijo, un conocido amante del fútbol.

Evidentemente, sabe que le vas a decir que no, pero quiere esa polémica, vive feliz en esa eterna comparación, quiere ir a tu propia casa a insultarte y a decir que ha sido mejor que tú. Lo necesita, en todas sus pequeñas o grandes victorias necesita regalarte una buena colección de insultos.

Es la tercera vez en los últimos seis años que se reabre el cansino debate sobre la celebración de la final de Copa del Rey entre el Barça y el Athletic de Bilbao en el Bernabéu. Y no olvidemos una más: en la temporada 2009-10 el Barça se pasó media temporada fantaseando con la posibilidad de ganar la Champions en el Bernabéu. Estaban tan convencidos de que ese hecho se iba a producir que se olvidaron de que primero tenían que derrotar en semifinales al Inter de Mourinho. Por cierto, el Inter ¿vestía de azul y negro o de blanco con ribetes dorados?

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Aquella semifinal es la que todo el mundo del fútbol recuerda porque el Barça jugó 60 minutos contra diez jugadores, tras la gran actuación teatral de Sergio Busquets, parodiada y ridiculizada en las redes sociales:

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En Inglaterra un jugador así tendría que pedir disculpas o a lo mejor recibía incluso una sanción. Dani Alves también la merecía tras su gran actuación en la semifinal contra el Madrid al año siguiente.

En fin, que los aficionados no queremos que la final se juegue en el Bernabéu y sin pensar mucho se me ocurren al menos 20 razones:

1. Porque si el Barça quiere una fiesta, que la monte en su casa, no en la nuestra.pitada4

2. Porque si el Athletic de Bilbao quiere una fiesta, que juegue al fútbol, no como las dos últimas finales, y que intente competir. Como no lo va a hacer, si quiere regalar el partido, que lo haga en San Mamés, en el Nou Camp o en Mestalla.

3. Porque si la excusa del Barça es que necesitan el campo más grande posible, este no es el Bernabéu, es el Nou Camp.

4. Porque si la excusa es facilitar el viaje a los aficionados, Barcelona vuelve a ser la mejor opción.

5. Porque si quieren montar otro festival independentista, la capital del Reino no es el sitio adecuado.

6. Porque si el torneo se llama Copa del Rey y no respetan a Su Majestad, el Madrid no tiene por qué respetar el deseo de culés y bilbaínos de jugar en el Bernabéu.

7. Siendo el Madrid un equipo que lleva con orgullo el título de Real, como el Espanyol o la Real Sociedad, no puede permitir un nuevo agravio al Rey en su casa.

8. Porque si la fiesta del fútbol se va a convertir en un nuevo acto de ultraje a los símbolos nacionales, la bandera y el himno, no podemos ponerles facilidades. Y sabemos que no hay que mezclar política y deporte, pero son ellos los que lo hacen y vienen de casa con los pitos, las esteladas y las ofensivas banderas del Euskal Presoak. Como no saben de modales, que aprendan antes de salir del pueblo. Que aprendan por ejemplo del respeto al himno inglés durante un Irlanda-Inglaterra en Dublín en el Seis Naciones, y entre esas naciones sí saben lo que es un verdadero conflicto.

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9. Porque no queremos los vómitos de Messi en nuestro césped.

10. Porque si Messi quiere pegar un balonazo al público, sabiendo que no le van a sancionar, que lo haga con los suyos en su casa.

11. Porque no queremos ver cómo ensucian otra vez nuestro estadio, como la última vez que ganó el Athletic, en 1984. La tangana que montaron gentuza como Maradona y Schuster, o Goiko y Clos fue lamentable:

12. Porque ya les hemos cedido el estadio en otras ocasiones, aparte de la bochornosa de 1984, y han demostrado no saber estar a la altura. Como en el 88 cuando devolvieron 9.500 de las 13.000 entradas, porque entonces decían que no se sentían cómodos en territorio hostil, o como en la final de 1997. ¿Qué hacías ahí, Gaspart, querías la foto, eh?

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13. Porque el Madrid ya ha demostrado su señorío dejando el estadio otras veces para que nos derrotaran el Depor el día del Centenariazo o el Atleti, hasta en 3 ocasiones. Incluso le dejamos al Cholo que montara su numerito en el césped. Pero al Barça, NO.

14. Porque sería ceder a una provocación, mientras que el Madrid ha tenido que jugar sus finales en La Romareda, Mestalla o Montjuic, porque ni se plantea provocar al rival de ese modo con declaraciones continuas de jugadores, directivos y aficionados diciendo: “quiero jugar en el Nou Camp”.

15. Porque apenas a 500 metros del Bernabéu está la sede de Grandes Contribuyentes de la Agencia Tributaria, y no sería bien recibido ovacionar a los defraudadores Messi, Rosell, Bartomeu, Piqué o el padre de Neymar.

16. Porque no queremos ver a Busquets, Alves o Pedrito revolcándose de nuevo de falso dolor por nuestro césped, que cuesta una pasta mantenerlo.

17. Porque no queremos ver a los aficionados culés ni bilbaínos meando en nuestro estadio. O peor, destrozándolos, como en la final del 97.

18. Porque el Barça es un club que tiene institucionalizado el comportamiento anti español de los miembros de su plantilla, incluso extranjeros y nacionales no catalanes. ¿Ejemplos? Durante la celebración del Mundial 2010, los jugadores del Barça llevaban las banderas de sus respectivas comunidades autónomas, nunca la española. ¿Está mal visto en Cataluña que Pedro, Villa o Iniesta lleven una bandera española? Otro, en la pasada final de Copa del Rey de basket, el quinteto inicial del Barça, formado por 5 jugadores extranjeros evitó el más mínimo gesto de aplauso al himno. Comparad el comportamiento de Ante Tomic durante el himno cuando jugaba en el Madrid y este año en el Barça, es un ejercicio curioso.

19. Porque el Athletic de Bilbao no es mucho mejor en este sentido. No llega a la “españolofobia” de la Real Sociedad, en la que durante 35 años (de 1967 a 2002) jugaron nigerianos, finlandeses, galeses o rusos, pero no podía jugar un tío de Murcia o de Zamora, pero se acerca peligrosamente. En los últimos años se han expandido por La Rioja (por Navarra siempre), ahora se plantean buscar en América jugadores con antecedentes vascos (el mexicano Aguirre o el uruguayo Arruabarrena).

Y 20. Porque no nos sale de los cojones, como ya han dicho los aficionados en alguno de los montajes que circulan por ahí:

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Así que, señores directivos del Barça y del Athletic de Bilbao, les vamos a recordar lo que decía el pívot de la NBA, Dikembe Mutombo, moviendo el índice hacia los lados, cuando algún rival intentaba profanar su canasta: NOT IN MY HOUSE!!!

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Busquen otro estadio, ofrezcan San Mamés o el Nou Camp y monten ahí su particular show. Y señores de Televisión Española, manipulen las imágenes y el sonido igual que hicieron hace seis años, cuando fueron capaces de localizar al único aficionado que no se sumó a la protesta:

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Ja, ja, ja, qué crack el realizador. La única vez en la que los televidentes permitimos la manipulación mediáticaCara Barney