Crímenes musicales contra la Humanidad (Vol. II), por Lester

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Para desenmascarar un plagio, decía el guardia civil magistralmente interpretado por Saza en Amanece, que no es poco que “¿no podía usted haber plagiado a otro?”, y que cómo se le podía ocurrir copiar a Faulkner con la devoción que se sentía por él en ese escondido páramo de la Sierra del Segura. Aquello era una coña marinera, sin duda, pero a lo que sí somos verdaderos aficionados en este país es a versionar canciones, grandes clásicos de nuestra música o de la foránea. crimen2

En el post anterior hablé brevemente de Pitingo y sus espantosas versiones del Killing Me Softly de Roberta Flack (realmente era de Lori Lieberman) y el Ain’t No Mountain High Enough, de Marvin Gaye, pero por algunos comentarios que he recibido las tiene mucho peores, por increíble que pueda parecer. Una amiga me recomendó que no dejara de hablar de su penosa versión del éxito de Nirvana Smells like teen spirit, que de haber sido publicada antes de 1994 podría ayudar a desentrañar los motivos del suicidio de Kurt Cobain. Algo tiene esta canción que los nuestros se dedican en cuerpo y alma a destrozarla, como hizo Bebe poco después que el onubense, o como hizo Ainhoa Arteta en una versión más respetuosa en 2014.

Pero sin duda alguna, la versión de Pitingo que más hace retumbar mis tímpanos, y hasta los empastes, es la que hizo del No woman, no cry de Bob Marley. “No woman, no cry, no llores, mujer”, ¿pero cómo no va a llorar, alma de cántaro? ¿De verdad era necesario?

Del mismo modo lloraría la Angie de los Rolling Stones si escuchara la versión de Melendi:

Anyi, (porque, ¿para qué vamos a intentar pronunciar mejor, verdad?)

Las negras nubes nooo se van,

Anyi, Aaaaanyi, no sé queeeeé sucederá…

Sucederá que si algún día te encuentro en un avión no voy a dejar que sea la tripulación la que te saque a patadas, sino que te vamos a lanzar nosotros por la ventana cuando estemos a diez mil metros de altura. Y a buen seguro el resto de pasajeros aplaudirá.

Por la razón que sea en este país nos mola hacer versiones, y si el original es en inglés, aunque no se tenga ni pajolera idea del idioma, también. Todos esos programas de La voz, Operación triunfo, La parodia nacional, Tu cara me suena, están repletos de tipos con el nivel de inglés de Sergio Ramos que se lanzan al escenario con un par, hala, a mejorar a los clásicos.

Gomaespuma estuvo emitiendo durante años la versión de Raphael del The age of Aquarius, del musical Hair, pero no olvidemos que era un programa de humor. ¿Se iba a cortar el de Linares por tener que pronunciar “Harmony and understanding, simpathy and trust abounding”? Qué va, si este hombre no se ha cortado en la vida, se le añade un grito indio al inicio, unos “uouououooooohh” al final de “Aquarius” y listo, si con ese vozarrón se atreve con todo.

Me cae bien pese al destrozo, pese al verdadero crimen contra la Humanidad que es su versión. Creo que con los años y la edad Raphael se ha convertido en un imitador del Millán de Martes y Trece… cuando imitaba a Raphael, es decir, en una parodia exagerada de sí mismo. Pero ahí sigue, y se atreve con otro histriónico como Enrique Bunbury, del cual versionó Maldito Duende hace mil años. crimen3

A veces las versiones de los humoristas son tan buenas que luego me cuesta escuchar el original sin tararear la letra del imitador. Me pasa por ejemplo con La culpa fue de la chacha, o del cha-cha-chá, que ya no recuerdo bien si era de Gabinete Caligari o de Gabinete Cagalera. Millán hizo una parodia genial, como aquella otra con Josema del All my loving de Los Beatles, que se convirtió en “En Baqueira, se fueron a esquiar”.

Quería traer el tema de Los Beatles a colación porque su versión rumbera interpretada por Los Manolos se convirtió en una de esas exitosas exportaciones patrias a nivel mundial. Ni más ni menos que nos permitimos mostrarla al mundo en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Toma ya, Marca España, ¿por eso lloraba y moqueaba la Infanta Elena?

Sí, lo sentimos, el departamento de documentación de este blog ha encontrado el vídeo, abstenerse estómagos sensibles:

Cualquiera que lea este texto puede concluir que no soy aficionado a las versiones, por aquello del respeto a los clásicos, el cariño a los temas de siempre, etc., y se confunde. Me gustan mucho algunas versiones, de hecho, prefiero algunas al original. Como el Girl, you’ll be a woman soon, popularizado tras Pulp Fiction en su versión de Urge Overkill. Según mi modesta contribución, más interesante que el original de Neil Diamond, otro pedazo de canción.

Me encanta la versión de no sé qué rapero del Every breath you take de The Police, uno de nuestros himnos ochenteros. Por cierto, convenientemente destrozado en una versión para un anuncio de Schweppes, “sabes escoger tu naranja Schweppes”, ¿recordáis?

Por gustarme, hasta recuerdo con mucho cariño la versión del Let it be, de Los Beatles, versión Barrio Sésamo. A mí personalmente me parece genial este Letra B:

O ese otro tema que despierta tu lado “moña” que es el Somewhere over the rainbow, pero en la versión del hawaiano de media tonelada Israel Kamakawiwo’ole, en lugar de la edulcorada de Judy Garland para El mago de Oz. Por cierto, una de las canciones más versionadas de la historia, con al menos 161 reconocidas en la Wikipedia.

Parece que ahora están de moda las versiones lentas de clásicos y te las encuentras con frecuencia en el hilo musical de bares o restaurantes, o como fondo en programas de televisión tipo el de Bertín Osborne. Algunas son realmente agradables de escuchar, pero otras chirrían, como me pasó hace poco con el Roxanne de The Police. O con la de Ainhoa Arteta en el disco que comentaba al principio y que (sí, lo reconozco) tengo y escucho de vez en cuando. Algunas están bien como el Don’t give up, pero otras suenan a niña pija en un karaoke interpretando a un malote, como la versión de Por el bulevar de los sueños rotos, de Sabina.

Me estoy yendo del tema y se trataba de hablar de destrozos musicales, categoría versiones, el todo-vale hispano. Ese “todo vale” hizo que algún ¿avispado? productor encontrara un filón en juntar a varios concursantes de realities de todo tipo y pelaje, granhermanos, restos de Crónicas Marcianas o Supervivientes, zorronas de Hotel Glamour o como se llamara eso, gente cuya efímera fama había caído en desgracia, y juntarlos, decía, para versionar una canción simplona de Luis Aguilé con un título que todos compartimos: Es una lata el trabajar. Gracias a Dios, a la SGAE, a Telecinco o a las musas del canto, alguien debió hacer desaparecer todas las imágenes relacionadas, así que solo he podido encontrar la ¿música?

Concluyo ya con el mayor crimen de la Historia de la música, y creo que no soy el único que piensa así. Elvis no está vivo. Eso es seguro cien por cien, porque de estarlo, se habría presentado en varios platós de televisión dispuesto a ametrallar o pasar bajo el lanzallamas a los autores de algunas versiones de sus canciones. Podemos salvar el Suspicious Minds de Fine Young Cannibals, pero la versión del Always on my Mind de los Pet Shop Boys ya empieza a ser fronteriza con el delito.

Sin embargo, lo que no tiene perdón bajo ningún concepto, ni hay atenuante que valga, es la versión del Príncipe Gitano del In the ghetto. No perdáis la ocasión de comprobar el nivel de inglés y, por favor, tratad de averiguar lo que pretendía decir:

Extra Canción del verano:

Después de la primera parte de los Crímenes musicales contra la humanidad recibí varios comentarios de amigos con canciones del verano que no había incluido, como la Boooomba, o algún otro que me pidió que incluyera el vídeo de La salchipapa de Leticia Sabater, pero me he negado porque este blog tiene un cierto prestigio (mínimo, todo hay que decirlo) que mantener y los cuatro amiguetes huimos de la zafiedad y el mal gusto de las lorzas en movimiento (sí, con esta declaración estoy reconociendo que visualicé unos treinta segundos el espantoso vídeo de la oxigenada tiparraca de visión bifurcada). 3 millones de visitas, ahora sé que no saldremos nunca de la crisis.

 

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