Segundas partes que nunca se rodarán (II), por Travis

¿Qué tal, amiguetes? Pues vamos con la segunda parte de las segundas partes que nunca se rodarán. En mi anterior entrada mencioné un posible Blade Runner Returns, y justo una semana después leí que están preparando la continuación de esta soporífera película. Señores guionistas y productores de Hollywood, aquí les dejo mis propuestas.

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Otra proposición indecente

Veinte años después, Demi Moore y Woody Harrelson siguen siendo pobres porque hay que recordar que al final de la primera se gastaron el millón de dólares en comprarse un hipopótamo. Con grandes dificultades consiguieron meterlo en su pequeño piso de las afueras. Enseguida tuvieron problemas con los vecinos, y no por los golpes o el ruido, porque el anterior inquilino era el típico obeso norteamericano de 325 kilos que no cabe por las puertas, sino por el olor y porque la pareja se pasaba el día recogiendo restos de comida en los contenedores del vecindario para poder alimentar a la bestia.

Así que finalmente se mudan a un rancho abandonado en Luisiana. Tienen serios problemas para introducir al hipopótamo en su pequeño utilitario, pero finalmente lo consiguen y la familia “feliz” se muda. Woody se pone peluca para parecer más joven, encuentra trabajo de detective y consigue alejarse de las drogas que le habían consumido en los últimos años.

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Demi, por su parte, intenta ocuparse del rancho y del hipopótamo. Pero es una carga demasiado pesada. En sentido metafórico y real. Intenta venderlo al zoo de la ciudad, pero le dicen que ya tienen uno. Luego se lo intentan colocar a varios circos de paso por el estado, pero les contestan que es mayor para enseñarle a hacer equilibrios sobre una pelota o a tumbarse sobre una joven sin aplastarla.

En una noche estrellada el hipopótamo se escapa del rancho, se mete en la autopista y provoca un accidente en el que hay varios muertos. La policía comienza sus averiguaciones y en cuestión de horas localiza a la pareja porque, al fin y al cabo, “¿quién podía tener un hipopótamo en medio de Luisiana?”. Son detenidos, echan a Woody del trabajo y les acusan de varios cargos que pueden dar con sus huesos en la cárcel.

En su mansión de California, el millonario Robert Redford observa en las noticias lo sucedido y algo se ilumina en su rostro. No puede sonreir demasiado porque con tanto estiramiento de piel se le podrían saltar los puntos del cogote. Se presenta en Luisiana en su jet privado, habla con la policía y con el juez, y consigue sacar a la (ya no tan) joven pareja. “Esta noche os invito a cenar. Yo me encargaré de este asunto. No tenéis de qué preocuparos. Tengo contactos”. Lo dice con un tono que ni Correa y el pequeño Nicolás juntos en sus mejores momentos.

Durante la cena en un lujoso restaurante en la azotea de un hotel, el millonario les hace su proposición:

– Vuestros problemas con la justicia desaparecerán, y os daré además un millón de euros para que desaparezcan también vuestros problemas financieros. Ah, y me encargaré también del hipopótamo, siempre quise tener compañía en mi piscina de Malibú.

– ¿Y a cambio, qué? -pregunta Demi-. ¿Otra vez tengo que acostarme con usted?

– No -responde el millonario-, tú sólo mirarás. A mi edad el sexo es como intentar jugar al billar con una cuerda. Las pastillas azules ya no me hacen efecto y ahora disfruto el sexo de otro modo. Woody, el millón de dólares es a cambio de tener sexo contigo. Y no te preocupes, que yo seré maquinista y tú el vagón de cola.

La pareja se mira y tras unos brevísimos segundos de duda, acepta. Pasan la noche desenfrenada y en la siguiente escena vemos a la pareja disfrutando en su dormitorio bajo una lluvia de billetes de 1.000 dólares.

– Ya nada será lo mismo -exclama Demi.

Y que lo digas. En los días posteriores, vemos a la pareja gastando el dinero a lo bestia. Demi se arregla los labios, el pecho, se estira la piel, se quita cartucheras,… se pone estupenda. Woody comienza a comprarse ropa ajustada y de colores vivos, y va al gimnasio a mazarse. Una noche le dice a Demi que va a salir un rato. Lleva la ropa muy ceñida, las cejas depiladas, se ha dejado una crestita púrpura y se ha perfilado los ojos. Demi se mosquea, le sigue, y se queda boquiabierta cuando descubre que entra en la mansión del millonario Robert Redford.

– Tenemos que hablar -le dice Demi cuando este vuelve a casa.

– Estoy de acuerdo. Tenemos que hablar. Estoy sintiendo cosas que no había sentido nunca. Y no tiene que ver con el dinero, reconozco que ahora es por placer. Te dejo, me voy con él. Puedes quedarte con el millón.

Demi se hunde moralmente, no puede soportar que la abandonen por un septuagenario pasado de rosca, así que luchará por recuperar a su varonil Woody. Para intentar darle celos se lía con hombres mucho más jóvenes que ella, y comienza una relación seria con un tipo majete interpretado por Ashton Kutcher. 2as partes3

Woody, por su lado, está cada día más descocado, más mazas, con ropa cada vez con menos tela y cambiando de peluca casi a diario.

Pero las dos nuevas parejas tienen problemas y rompen. Ashton abandona a Demi cuando le pide tener hijos, y ellas se echa una carcajada.

– ¡Pero si tengo 52 años!

Por su parte Woody llega un día a la mansión y el mayordomo le dice que el señor no puede recibirle. “¿Cómo que no?”, lo aparta a un lado y se presenta en el dormitorio. Allí yace su amado Robert con otro anciano, el capitán von Trapp, interpretado por Christopher Plummer (ahora Christopher Pluma). Se queda descolocado. “¿Usted?”

Los dos ancianos se ponen un batín de seda y se lo explican con un whisky en la mano:2as partes7

Christopher.- No aguantaba a los niños, todo el puto día con el “Do es trato de varón, Re, selvático animal”. Y no digamos de Julie tarareando Edelweiss desde que se despertaba. Me estaba volviendo loco, y al final acabé ¡loca!

Robert.- Así que me llamó. Somos viejos amigos y ambos pertenecemos a las S.S.A.

Woody.- ¿Querrás decir las S.S.?

Robert.- No, hombre, no, las S.S. no, aunque reconozco que me gusta cuando el capitán se pone su uniforme nazi. La S.S.A. es la asociación de Septuagenarios que Salieron del Armario. La creó este otro amigo nuestro (le enseña una foto). 2as partes8

Woody.-  Se parece a Gandalf.

Woody abandona la mansión y vuelve al rancho. Demi está sentada en el porche llorando sus penas. Se sienta a su lado.2as partes5

– Estás estupenda -se pone romántico.- Vaya par de melones te has puesto.

– Tú tampoco estás nada mal -responde mientras le acaricia sus bien marcados músculos-. Pero quítate ese pelucón, por favor. Y antes de que te lleve a la cama para recuperar tu condición hetero, dime que no has vuelto por el dinero.

– Claro que no, cariño. Y para demostrártelo…2as partes6

Entra en la casa, saca los fajos de billetes, los rocía de gasolina y les prende fuego.

– ¡¿Pero tú estás idiota?! -le grita Demi intentando salvar alguno.

– Lo he hecho por ti, amor mío.

Al igual que en la primera, parece que a ninguno le importa perder un millón de dólares. Se besan, hacen el amor, y aunque Woody intenta varias veces que Demi se gire y se de la vuelta, esta le demuestra que algún día fue la Teniente O’Neil, y no lo consigue.
2as partes2

Cara Travis

 

 

 

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