Manhattan, por Travis

manhattan

Tal como anunciara Lester en su post American Beauty, me tocaba hablar de Manhattan, la película de Woody Allen que tiene puntos en común con la mencionada por mi amiguete.

Tengo amigos y conocidos que dicen que no aguantan una peli de Woody Allen, porque les parece demasiado aburrido, demasiado “intelectual”. ¿Intelectual?, les digo yo siempre. El gran Woody será muchas cosas, pero “intelectual” lo que se dice intelectual no lo es para mí, por mucha gafapasta que luzca. Woody Allen es un tío tan maniático, cachondo y, sobre todo, salido como cualquiera de nosotros. Sí, sí, salido, en ocasiones hasta un pelín guarrete. Pero con clase. Lo veremos más adelante, primero, como decía Leonard Cohen, tomaremos Manhattan.

Para empezar, una casualidad. American Beauty comienza con el famoso “Me llamo Lester Burnham. Tengo 42 años. En menos de un año estaré muerto, claro que eso no lo sé aún”. Continúa con su célebre y celebrado “mejor momento del día” (post Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir) en la ducha. Recordemos luego el encoñamiento de Lester con Ángela, la amiga de su hija adolescente. Pues bien, al poco de empezar Manhattan, nos confiesa Isaac Davis, el personaje interpretado por Woody Allen, que tiene 42 años y está saliendo con una chica de 17, Tracy (Mariel Hemingway). “Podría ser su padre”, confiesa escandalizado.

manhattan2lester angela

Bien es cierto que no se escandaliza demasiado, todo hay que decirlo, pero sí le sale por momentos, al igual que a Lester, ese padre educador hacia su hija: “deberías ir a la universidad, conocer un buen chico, formar una familia”. Aunque al no ser su hija y estar maciza, el bueno de Woody se la zumba siempre que puede. Como todo intelectual que se precie, como Arthur Miller con Marilyn Monroe, por ejemplo. O como Cristiano Ronaldo con Irina Shayk.

Isaac sabe que la diferencia de edad es relevante y por eso en los momentos de lucidez advierte que esa relación puede que no tenga un futuro demasiado prometedor. Sin embargo, así como Lester se echa para atrás cuando tiene a la virginal Ángela entre los brazos, Woody atraviesa Manhattan corriendo como un poseso para recuperar a Tracy, para decirle que la necesita. Que la vida son dos días, disfrutémosla, que es un poco también la mentalidad de Lester Burnham.

El tema de la edad le da juego a Woody para bromear acerca de sus achaques, “estoy perdiendo pelo, oigo mal por el oído derecho,…”. Aunque jamás confesará, al igual que cualquier macho hispano en el café de su oficina, que lo que de verdad preocupa a un hombre maduro liado con una jovencita es la posibilidad de no estar a la altura. A los 42 años ya no fantaseamos con nuestras grandes hazañas amatorias, sino que utilizamos nuestra mejor arma, el sarcasmo. Por eso Woody bromea con su buen hacer en la cama, como en La última noche de Boris Grushenko, cuando su pareja exhausta le dice que es un gran amante, y él contesta:

Practico mucho cuando estoy solo

(Momento Lester, podríamos decir)

Y es que Woody Allen ya nos dijo en otra de sus grandes frases que no había que criticar la masturbación, porque “es hacer el amor con alguien a quien amas”. En su vida personal, Woody debió pensar de modo similar al protagonista de su película: disfrutemos mientras podamos. En ese contexto, en esa mentalidad, es donde entra su relación con Soon-Yi, la hija adoptiva de la que fue durante años su pareja, Mia Farrow, con la que tuvo un hijo biológico y dos adoptivos. La diferencia de edad entre Woody y Soon-Yi es de 35 años, pero arrancaron en el 92, que se sepa, y hasta hoy. Felizmente casados y con otros dos hijos adoptivos de por medio. Esos hijos adoptivos, por cierto, que son nietos de Mia Farrow. Creo que es algo así, me pierdo un poco en este culebrón tan “woodyallenesco”, comparable sólo a los de la familia de Julio Iglesias.

Volviendo a Manhattan, posiblemente sea la película de Woody Allen que reúne de un modo más claro todas sus neuras: la inseguridad del personaje, la hipocresía de su amigo Yale (otro dardo a los esnobs), la ciudad de Nueva York, la música de Gershwin, la crítica a los pedantes que van de intelectuales, las relaciones afectivas y sexuales, las cenas de amigos,… La búsqueda de la felicidad. El personaje de Isaac es un tipo desorientado en busca de una felicidad que no sabe muy bien qué se la puede proporcionar. Como Lester Burnham. Este prueba con los porros y el ejercicio físico, e Isaac con el vino y sus diatribas intelectuales. Los dos se relajan con menores de edad.

American Beauty termina con los recuerdos de aquellas cosas que le han hecho feliz a Lester Burnham (recuerdos de la infancia, el Firebird de su primo, su hija Jenny, la sonrisa de Carolyn), mientras que Manhattan, cerca de su final, nos presenta a Woody Allen (porque me niego a hablar de Isaac) recostado en su sofá soltando un monólogo sobre las “cosas que hacen que valga la pena vivir”:

Esta frase de Woody Allen para su monólogo final dio pie a una película de Manuel Gómez Pereira con ese título, Cosas que hacen que la vida valga la pena, y ampliaba la relación de Woody a otras muchas cosas que nos enumeraban Gemma Nierga e Iñaki Gabilondo en un programa de radio (entre los 28 segundos y el minuto 10 del vídeo). Todo muy sentimental con una canción perfecta para el momento:

Woody Allen no acabó satisfecho con el resultado de la película. El sistema estadounidense de calificación de películas le puso una “R”, que significa “mayores de 18 años”, precisamente por la relación entre un adulto y una adolescente, demasiado provocador para los setenta. Pero para los críticos es una de las mejores de su filmografía, y en taquilla (actualizando el precio de las entradas) funcionó muy bien, hasta el punto de ser su segunda película de mayor recaudación.

Podría hablar de Woody Allen durante horas y de sus sesudos y “sexudos” debates, dejar aquí varias de sus grandes frases, pero creo que es un tema para otro post completo. Me despido con otra gran frase de Manhattan:

Yo creo que el cerebro es el más sobrevalorado de todos los órganos

Quizás por eso en su relación de “cosas que hacen que valga la pena vivir” no destaca ningún gran aparato tecnológico o innovador, o ninguna gran obra de ingeniería, sino que se decanta por el arte, por el buen gusto y la sensibilidad. Y al final por el sexo.

 

 

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3 thoughts on “Manhattan, por Travis

  1. Una película muy interesante que sin duda si alguien no ha visto debería ver. Hasta hace poco no había visto muchas del señor Woody Allen pero un amigo me recomendó un listado extenso para ver y no me han defraudado. En el final del post mencionas las cosas que hacen que la vida valga la pena vivirla, me ha recordado a una canción de Sabina, “Más de 100 mentiras”, que creo recordar, dedicó a una amiga que intentó suicidarse. Yo la escucho siempre que estoy melancólica o triste jejeje y me anima! http://youtu.be/yf2WGBTpDxk

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    • Gracias por el comentario y por el link, Whalla. He podido ver el vídeo que me adjuntas, y como curiosidad, te indico que en la lista de “más de cien palabras, más de cien mentiras, más de cien motivos para no cortarse de un tajo las venas” aparecen varios temas recurrentes en este blog: Manhattan, gángsters de Coppola, Lolitas, las cosas que valen la pena, ricos miserables (como los que suele atacar Josean), y por supuesto, los bares. Saludos, Travis.

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