Woody, Roman y Kevin

Móni Money y Travis, abril de 2018

Travis: El aluvión de denuncias tras los escándalos de abusos sexuales del productor Harvey Weinstein puede provocar otras víctimas. Lo hemos visto en los recientes Óscar, en los que se ha ignorado la película y la interpretación de James Franco en The Disaster Artist, con la que obtuvo un Globo de Oro apenas dos días antes de que tres actrices le acusaran de abusos sexuales. Ni rastro de él pese a que no haya habido condena, ni juicio, y ni siquiera investigación.

Se ha llegado a decir que es posible que no se estrene la última del gran Woody Allen, porque a raíz de esta marea de denuncias, Dylan Farrow, la hija de su ex pareja Mia Farrow, ha decidido desempolvar los supuestos abusos sexuales que sufrió a manos del director cuando apenas tenía siete años de edad. Kevin Spacey, hasta hoy, o hasta ayer, uno de mis actores favoritos, puede haber terminado su exitosa carrera en Hollywood de modo prematuro. Su papel en Todo el dinero del mundo fue rodado de nuevo por Ridley Scott, sustituyendo al actor caído en desgracia por el insulso Christopher Plummer. Y su personaje de más éxito en estos últimos años, el manipulador Frank Underwood de House of cards, desaparece de la serie de modo definitivo. Estoy seguro de que no habrá otro a su altura.

¿Me estoy lamentando? ¿Crees que debería seguir actuando sin problemas, como James Franco, o Woody dirigiendo? Tampoco estoy diciendo eso. Los culpables de delitos tan asquerosos no merecen ni un ápice de conmiseración, pero ojo, los culpables, cuando así haya quedado acreditado.

¿Y ha cambiado tu modo de ver sus películas? Pues no con los mencionados. Afortunadamente, los momentos de deleite viendo pelis de Woody Allen o las retorcidas interpretaciones de Kevin Spacey están muy grabados en mi mente, hasta tal punto que ya no se pueden modificar. Otra cosa bien distinta serán los nuevos recuerdos, qué ocurrirá la próxima vez que me siente a ver sus obras. ¿Estaré condicionado por las acusaciones, infundadas o no?

Hace poco compartí con mi amiga Móni Money (una bloguera interesante con una mirada propia divertida) este artículo de Claire Dederer titulado ¿Qué hacer con el arte de hombres monstruosos?

La autora se ceba de modo especial con Woody Allen, pero lo que me parece más cuestionable es que discute incluso la idoneidad de películas que han sido consideradas obras maestras, como Manhattan. El filme tiene casi 40 años y no ha cambiado un solo fotograma, entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué debemos repudiarla ahora?

Móni Money:  Efectivamente como bien dices la película tiene casi 40 años y se ha considerado una de las obras maestras del cineasta neoyorquino, pero no hay que olvidar que ya nació con polémica incluida, ya que las “malas lenguas” afirman que Allen de 42 años se basó en su propia historia personal al reflejar su relación con la joven actriz de 17 años Stacy Nelkin. Si a esto añadimos que el sistema de censura de la época la calificó para “mayores de 18 años”, pues no, no creo que haya cambiado mucho. Quizás ahora seamos más conscientes de que algunos comportamientos son más reprobables o quizás nos hemos vuelto más sensibles a determinados temas, lo cual me parece bien, siempre que no caigamos en el sentimentalismo exacerbado.

Y es que, para ser sinceros, no creo que me resultara agradable que mi sobrina de 17 años flirteara con un hombre de 42. Siempre he pensado que el adulto, sea hombre o mujer, es el que tiene que poner límites ya que el menor es más fácilmente manipulable. Pero si además de mis principios éticos, del de los espectadores o de los de Claire Dederer, tenemos en cuenta todo lo que ha sucedido fuera del plató, las denuncias y escándalos por abusos sexuales que se han denunciado en Hollywood, puede que esa idoneidad de la que hablábamos antes, sí pueda ser cuestionada. ¿Y es que el monstruo es siempre monstruo? ¿El monstruo puede crear belleza? Y ya desde un punto de vista personal, ¿puedo sentirme cómoda y valorar objetivamente la obra de un monstruo?

Cuando desde el blog Cuatro amiguetes y unas jarras me propusieron escribir esta entrada me resultó totalmente inevitable no remontarme a determinados hechos pasados que ocurrieron en mi vida. Me he debatido entre hacerlos públicos y finalmente al hablarlo con mi hermana, también implicada, he decidido que sí, que quería hacerlo y denunciarlo aquí, porque al igual que muchas víctimas de abusos sexuales, he callado y he silenciado los hechos por culpabilidad y vergüenza.  Durante nuestra infancia y adolescencia un familiar abusó de mi hermana y de mí. Afortunadamente, si es que se puede emplear esta palabra, no llegamos a ser violadas pero sí durante años tuvimos que lidiar con miradas, comentarios obscenos y tocamientos. Es por esto que puedo ponerme en lugar de las víctimas. Saber que en innumerables ocasiones quieres decírselo a alguien pero no encuentras el valor. Pero lo peor de todo es el sentimiento de vergüenza y de culpabilidad, creer que tú eres la causante de tales actos es algo que no se lo deseo a nadie. Mucha gente se pregunta el por qué de no denunciarlo en su momento sino años después. Yo sólo puedo hablar desde mi experiencia. Después de años de sufrir lo mismo, mi hermana y yo tuvimos el valor de confesarlo la una a la otra, y después de otros muchos años, más de 10, tuve el valor de hablarlo con mi madre. Con mi padre ni siquiera hoy en día he sido capaz. Así que sí señores, entiendo perfectamente que una chica o chico denuncie los hechos 10, 15 ó 20 años después. Si os preguntáis que pasó con aquel familiar, falleció hace muchos años, y mi hermana y yo “descansamos” pensando que ya no podría volver a hacerle esto a ninguna niña más. Hoy en día creo que he perdonado, mi hermana me dice que ella no, y lo entiendo. No sé el por qué de lo que me sucedió y si esto me ha condicionado de alguna manera.  Sólo se me platean preguntas y ninguna respuesta.

Travis: he tenido que dejar pasar unos días para ver si quería seguir hablando de este tema, o si querías tú, pero ya me has dicho en persona que sí. Es tu decisión, me parece de una gran generosidad, y aplaudo tu valentía. Yo sí entiendo a esas víctimas que callan durante años, no las voy a cuestionar como se ha hecho en algunos medios, ¿por qué ahora, por qué no en su momento? Pues por todo lo que explicas a la perfección. Por vergüenza, por culpabilidad, por miedo al rechazo.

No quiero entrar en debates sobre lo reprobable de tales actitudes, porque están fuera de toda duda, pero sí me parece interesante hablar sobre el boicot a los señalados, hubiera pruebas o no. Y si debemos juzgar de modo distinto sus obras por lo que hemos sabido de los autores después.

Creo que en algunos aspectos hemos mejorado como sociedad, y uno de ellos está muy claro: las mujeres han perdido el miedo a denunciar, y todos lo celebramos. Pero en otros asuntos hemos ido a peor. Me refiero al castigo preventivo reclamado por esas hordas exaltadas a las que no te puedes enfrentar porque quieren linchar a alguien, sea culpable o no. Me recuerdan a esos grupos de gente exaltada que vemos en las películas, con sus antorchas en alto, con horcas y sogas, rodeando la comisaría del sheriff reclamando “¡Justicia!” a gritos. “Su” justicia, sin juicio ni nada, porque ellos ya han condenado de antemano.

La autora del artículo se ceba con Woody Allen, al que considera el peor de todos. No solo manipula la historia con Soon-Yi, o da por válidas las denuncias de Dylan Farrow, sino que llega al punto de reinterpretar las películas de Woody Allen, buscando ese punto vicioso o perturbado en el director y guionista neoyorquino.

Creo que en el caso de Woody Allen es importante saber que el caso de Dylan se sobreseyó hace 25 años, que el director se sometió al detector de mentiras mientras Mia Farrow se negaba, o que un hermano de Dylan afirmó años después que fue su madre la que le metió toda esa mierda inventada en la cabeza a la niña (¡de solo siete años!), justo en aquella época en que la actriz se sentía despechada por el abandono de Woody, que la dejaba además por su hijastra. También hay que recordar, porque algunos no lo hacen, que el apellido de Soon-Yi es Previn, porque es hija adoptiva de Mia Farrow y de André Previn, no de Allen. Ni era menor de edad, como también se ha dicho. A día de hoy Woody Allen y Soon-Yi llevan 25 años de feliz matrimonio (que se sepa), lo que no parece concordar con la idea de la autora del artículo sobre su inhumanidad. No tengo ninguna duda de que Dylan Farrow ha visto el cielo de la credibilidad abierto con las recientes denuncias de otros casos.

Sin embargo, hay casos que a mí me han escandalizado toda la vida y no se les ha perseguido del mismo modo. La novela Lolita, de Vladimir Nabokov, me ha provocado siempre mucho rechazo, sentí asco la primera vez que la leí, pero siempre ha tenido una gran consideración entre la crítica. Leí la semana pasada que las editoriales se han planteado ahora cambiar el cartel, y sustituir a esa niña de mirada lasciva, chuperreteando un helado, por otra que haga referencia al sufrimiento padecido con su padrastro Humbert Humbert.

Y si nos vamos al cine, el caso más paradigmático del cambio de los tiempos es el de Roman Polanski. Él sí fue juzgado y condenado por violación a una niña de 13 años, pero ni siquiera cumplió la pena, se fugó de Estados Unidos hace cuarenta años y ha podido llevar una carrera exitosa. Con Óscar y todo, como el de El pianista. Creo que en algunas de sus películas se aprecia su sentimiento, no sé si de arrepentimiento o de auto exculpación, como el Ben Kingsley de La muerte y la doncella, aparentemente una buena persona, aunque luego descubrimos que en el pasado pudo ser un torturador y violador. No voy a cuestionar jamás sus obras (me encanta Chinatown, por ejemplo), pero sí la laxitud que ha habido siempre con el director polaco. Nunca la entendí. A lo mejor sí era un tipejo que tenía que haber visto cercenada su carrera, y sin embargo, nos cuestionamos las de Allen o James Franco sin juicios ni condenas, basándonos solo en comentarios amplificados en redes sociales. No sé, es lo sorprendente del asunto para mí.

Móni Money: Gracias, Travis, por compartir y también difundir en tu blog la denuncia personal que he hecho pública en este escrito.

Volviendo al cine, que es el tema que nos atañe, lo que me parece incomprensible, como bien mencionas, es el castigo preventivo, servirse únicamente de las denuncias realizadas para boicotear las películas de los actores o directores denunciados y pisotear su honor. No me parece que esto sea la solución al problema y sí otro conflicto más. En España existe el derecho a la presunción de inocencia recogido en el Art. 24.2 de la Constitución Española por el cual se supone que toda persona a la que se le impute un hecho es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad a través de un juicio que contenga todas las garantías establecidas por la ley. Desconozco si en EEUU existe esta figura legal, supongo que sí, y si los denunciados que demuestren su inocencia podrán recuperar de alguna manera el honor perdido. Y es que no todo vale. “Tirar la piedra y esconder la mano” tiene que tener unas consecuencias, máxime si se está hablando del honor y la reputación de personas.

Pero me gustaría volver a las preguntas que me hice en mi primera intervención: ¿El monstruo (verdaderamente culpable) es siempre monstruo? ¿El monstruo puede crear belleza? ¿Puedo sentirme cómoda y valorar objetivamente la obra de un monstruo? ¡A veces se hace tan insostenible deslindar tanta repugnancia y maldad que existe en el mundo…! Pero respondiendo a mi primera pregunta creo que no existe la maldad absoluta y que el monstruo no es siempre monstruo, que puede cambiar y que puede crear belleza. En cuanto a si me siento cómoda, viendo por ejemplo una película del juzgado y condenado Polanski, no puedo aseverar tajantemente ni que sí ni que no. Supongo que dependerá de la obra y del tema que trata.

Y es que después de meditar sobre la maldad, cosa que sigo haciendo, he llegado a entender que en toda persona existen luces y sombras, y que sólo cuando abrazas a ambas te puedes liberar, puedes entender al ser humano y ver que lo que está en otro también está en ti, aunque nunca llegues a cometer tales actos, por supuesto. Los culpables tendrán que sufrir las consecuencias de sus delitos cumpliendo sus penas y al resto sólo nos quedará aportar nuestro granito de arena para que el mundo sea un lugar mucho mejor.

Travis: en eso estoy muy de acuerdo, esta semana he escuchado a Pepa Bueno decir que “la verdad está en los grises, pero vivimos en un mundo de blancos y negros”. Tú y yo hemos hablado alguna vez de Crash, ese peliculón de Paul Haggis (Óscar en 2004) que juega a llevarnos de un punto al opuesto, de la bondad a la maldad, o a la inversa. Los buenos tienen su lado oscuro, igual que creo que los malos tienen que tener algo bueno en su fondo, o por lo menos algo que les haga parecer buenos para los más cercanos, aunque puedan ser unos villanos con el resto de la humanidad. A la manera de Vito Corleone. O quizás lo que busco es saber qué ocurrió en el pasado de ese individuo para convertirse en un malvado, qué circunstancias le llevaron a ese punto para saber si es posible revertir esa situación.

Y una vez hemos filosofado sobre la bondad y la maldad, y la belleza que un monstruo puede crear, ¿qué hacemos con Kevin Spacey? Reconozco que hace poco volví a ver American Beauty y sin querer, veía el inmortal personaje de Lester Burnham con otros ojos. El tipo tiene 42 años (como Allen en Manhattan) y no solo babea por la joven menor de Ángela, sino que ya hasta pienso que le pone ojitos al vecino Ricky Fitts, el que le pasa la hierba.

Pero si hablamos del boicot de Hollywood a sus carreras, nadie ha denunciado oficialmente a Kevin Spacey salvo Anthony Rapp, por un suceso ocurrido cuando tenía 14 años, acusación de la que salió al paso rápidamente el actor. Después se ha sabido que una veintena de trabajadores de House of cards le han acusado, pero todos de modo anónimo y ninguno en un juzgado. ¿Este tipo de denuncias son suficientes para cargarse la carrera de actores como Kevin Spacey o James Franco? ¿No estamos dando pie a una nueva caza de brujas?

Móni Money: ¡Espero que no! Dejadnos tranquilas a las brujas, jajaja. Y ya en serio, volviendo al tema, Samantha Geimer, la niña que sufrió la violación de Polanski, escribió en 2003 un artículo que resume lo que hemos estado hablando: “Juzguen la película, no al hombre”.

Travis: pues nada, Móni, ha sido un placer departir contigo y confrontar nuestros puntos de vista. Aplaudo de nuevo tu valentía y tu generosidad, y estoy seguro de que colaboraremos de nuevo en algún tema en el que tengamos opiniones totalmente contrapuestas, je, je, je. 

Móni Money: igualmente, ya repetiremos, pero para discutir, sobre reggaetón o cosas por el estilo en las que seguro que no coincidimos.

Apéndice: Roman Polanski rodó en 1968 La semilla del diablo, o Rosemary’s Baby en el original. La Rosemary que recibe la semilla del diablo es Mia Farrow, pareja durante doce años de Woody Allen (1980-1992). ¿Se transmitieron entre ellos ese gen perverso? Woody Allen ha trabajado con casi todo Hollywood, pero sin embargo, nunca lo hizo con Kevin Spacey, con el que confesó en 2014 que le hubiera encantado contar para alguna de sus historias. Con quien sí trabajó Kevin Spacey fue curiosamente con su actual compañero en una clínica de desintoxicación por su adicción al sexo, Harvey Weinstein. Ambos produjeron Fanboys en 2009,  película sobre unos chalados de Star Wars que viajan a California con la absurda y maravillosa idea de asaltar el rancho de George Lucas para robar una copia del Episodio I y poder disfrutarlo antes que nadie. Se decepcionarían, sin duda, como muchos con los mencionados en este post.

Artículo publicado en www.escribemlo.com

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Un comentario en “Woody, Roman y Kevin

  1. Piel de gallina se me ha quedado!!! Tienes “un par de óvulos” Móni Money!!!

    Se os nota a los dos que habéis hecho vuestras explicaciones muy meditadas y con serenidad. Ojalá y pudiera tener ese temple, porque mi opinión sobre todos estos “artistas” (no se si será condicionada porque tengo niños pequeños, o porque mi escala de valores y aficiones es demasiado pueblerina) es que serian muy aprovechables en el “noble arte” de la caza.

    Hay tantas películas y libros por leer y que no leeremos por falta de tiempo que mejor no perderlo con estos “genios”.

    Gran película “Crash” de las 5 primeras en mi lista de las 10 o 12 que he visto en cine en los últimos 30 años.

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