Villanos I: psicópatas y sociópatas

TRAVIS, 07/02/2021

Lo prometido es deuda. Hoy toca hablar de mi selección particular de villanos y malos malísimos de la muerte, un tema interesante que ya salió en el post dedicado al que siempre suele aparecer en lo más alto del top de malvados, Darth Vader.

Una buena película tiene que tener un malo a la altura, un tipo frío, inteligente, retorcido y a ser posible con una motivación detrás, que no tenga solo la faceta de malvado, sino que, además, tenga trasfondo. Si te llamas Doctor Maligno, Maléfica, Doomsday o Doctor No ya estás dando muchas pistas acerca de tus intenciones. No suelen ser buenas películas esas en las que los malos son torpes, feos, tontos y simples tipejos malencarados, en contraposición a unos buenos guapos, listos, bondadosos, con principios,… y que se llevan a la chica guapa al final. Estereotipos del cine. Son tantos los topicazos que, con un Internet aún primitivo, allá por 1994, un grupo de aficionados al cine publicó The Evil Overlord List, una colección de cosas que jamás harían si fueran villanos:

  • No contar los planes al héroe, muy propio de los malos malísimos de James Bond.
  • No construir la fortaleza de tal modo que se pueda acceder por los conductos de aire o por un túnel.
  • Jamás decir al bueno: “antes de morir, debes saber…”, ni retrasar el modo de cargárselo cuando lo has atrapado, ni mucho menos dejarlo morir en un sitio desértico. Siempre será preferible dispararlo directamente.
  • La sala de control principal no tendrá un cartel anunciándolo en la puerta y el Plan de Aniquilación Mundial no estará en una carpeta con ese título encima de la mesa, sino que pondrá algo sin interés como “Sistema de aguas residuales”.
  • Todas las labores de mantenimiento se harán con la propia plantilla de empleados. Si alguien se presenta a la fortaleza diciendo que es de mantenimiento, se le disparará directamente.
  • Nada de celebraciones en el interior de la fortaleza, ni ensayos con público del acojo-arma letal, nada de mostrarse en público en grandes eventos, sino solo como un holograma, etc. Y así hasta un centenar de topicazos en los que caen los malos para que sus planes puedan ser desmontados a tiempo. Yo añadiría evitar los grandes marcadores con cuenta atrás en números rojos enormes junto a la bomba letal, para no dar pistas al héroe cuando se va a poner a desactivarla.

Este es un resumen que extraje de varias listas que publicaban algunas webs con los mejores malvados del cine:

En estos listados, como podéis ver, el Joker le pelea el puesto de cabeza a Darth Vader, pero en ese punto tengo claras dos cosas: una, mi preferencia por Darth Vader, y dos, que los Joker de Heath Ledger y Joaquin Phoenix sí merecen estar en este top, pero no así los que interpretan Jack Nicholson y Jared Leto (Escuadrón suicida). Demasiado histriónicos para mi gusto. Hay varios personajes más que yo eliminaría del listado, pese a que me gustan mucho, como Terminator, Alien o Tiburón. El Terminator es una máquina concebida para matar, para exterminar a John Connor y a los humanos que se interponen en su camino, luego no tiene el concepto de maldad en su programación. Destruir es el único fin para el que fue creado. Acojona, claro que sí, como cada vez que el T-1000 recompone su forma, pero no es un villano. Como tampoco me parece que lo sean el tiburón blanco de la película de Spielberg o el Alien de Ridley Scott y James Cameron. Son criaturas haciendo lo que su instinto les indica, alimentarse en el caso del primero, y defenderse de una invasión alienígena/humana el segundo. Creo que para ser malvado es necesario tener claros los conceptos del Bien y del Mal, aunque ambos peleen dentro de la cabeza de la misma persona, como el Gollum de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001) o Norman Bates (Anthony Perkins) en Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960). Luego ya, el personaje puede despreciar lo que es correcto, transgredir cualquier norma o llevarse por delante a cualquier persona que se interponga en sus fines, porque en el fondo ningún semejante le importa lo más mínimo.

Por esas razones, tampoco pondría en mi lista a toda esa colección de asesinos de las películas de terror por mucho que en estas pelis, muy flojas la mayoría, me resultan más simpáticos que sus víctimas: Freddy Krueger (Pesadilla en Elm Street), Jason (Viernes XIII), Michael Meyers (Halloween) o Jigsaw (Saw). No hay trasfondo, no hay explicación a su psicopatía, no hay casi nada relevante que contar sobre su personalidad, aunque reconozco que algunas de sus salvajadas me arrancan una sonrisa igualmente psicópata. Son personajes mononeuronales e irreales, y quizás por eso no me parecen tan perturbadores como puede ser alguien que te podrías encontrar en la vida real.

Sí dejaré en mi lista a alguno como Amon Goeth, el oficial nazi que interpreta Ralph Fiennes en La lista de Schindler (Steven Spielberg, 1993), no solo por lo criminal que resulta desde que se levanta por la mañana, sino por la debilidad que muestra en diversas escenas de la película, como cuando ensaya la manera de perdonar, o cuando se desmonta ante la criada judía que mantiene en su residencia.

Hubo un momento a finales de los ochenta y principios de los noventa en que el cine de psicópatas adquirió una buena fama, gozaba de las simpatías del gran público. Según la psicoanalista Teodora Liébana, autora de El cine en el diván: “en el espectador normal, lo que hay es una represión de los impulsos en la realidad, pero en la ficción, hay un levantamiento de esa represión que hace posible el disfrute”. Los psicópatas transmiten “una sensación de poder y de dominio que no tiene el resto de los mortales, llegando a ser considerados como héroes y despertando la simpatía y admiración del espectador”. “Se produce una identificación con el personaje que hace que el espectador se divierta con cosas que en la realidad le espantarían”.

Copycat (Jon Amiel, 1995), Mickey y Mallory de Asesinos Natos (Oliver Stone, 1994), Max Cady en El cabo del miedo (Martin Scorsese, 1991), Funny games (Michael Haneke, 1997), el muñeco diabólico Chucky (Tom Holland, 1988), o Henry, retrato de un asesino (John McNaughton, 1986), película de serie B algo sobrevalorada por la crítica de entonces (genial la crítica de Nanni Moretti en Caro Diario, ahí lo dejo). Obviamente el mejor personaje psicópata creado en esa época fue Hannibal Lecter en la piel de Anthony Hopkins para El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). Un tipo culto, refinado, de exquisitos modales, capaz de pintar de memoria la catedral de Santa Maria de Fiore, de Florencia, o de deleitarse con las variaciones Goldberg de Bach mientras asesina a los policías que lo custodiaban. Directo a mi top-10 particular.

De la misma época hay otros dos personajes que también incluiré en mi listado, ambos interpretados por uno de los mejores actores de las últimas décadas, Kevin Spacey. El primero, obviamente, es el asesino John Doe de Se7en, el peliculón de David Fincher de 1995. Un tipo retorcido, con una concepción personal y muy particular del Bien y del Mal, un “elegido” que se atribuye el mandato divino de eliminar de la sociedad a aquellos pecadores que no merecen seguir viviendo en este mundo. Una obra redonda, con un final que intentaron cambiar los productores por lo desasosegante del mismo. Menos mal que no lo lograron, habría sido un error imperdonable.

El otro gran personaje de Kevin Spacey de 1995 es el que interpreta en Sospechosos habituales (Bryan Singer), una película con algunas de las mejores frases sobre el mal y el terror que inspira:

“Lo vi. Era Keyser Söze, el Diablo en persona. ¿Cómo se le dispara al diablo por la espalda?”.

“El mejor truco realizado por el Diablo fue convencer al mundo de que no existía y así… desaparecer”.

“Keaton siempre decía: “Yo no creo en Dios y sin embargo le temo”. Pues yo creo en Dios, y la única cosa que me asusta es Keyser Söze”.

Lo paradójico de ambos personajes interpretados por Kevin Spacey es que parecen parte de su aprendizaje hacia el gran psicópata con mayúsculas, el que compuso a lo largo de seis temporadas como Frank Underwood en House of cards. Un psicópata en la Casa Blanca, claro que sí.

Aquellos locos noventa de fascinación por el género de psicópatas nos dejaron una divertida novela de Bret Easton Ellis, American Psycho (1991). Sí, no se me ocurre mejor adjetivo que “divertida” para la ida de olla que tuvo su autor, una descripción de la banalidad y el modo de vida desenfrenado de los brokers de Wall Street y una compleja descripción pormenorizada de los asesinatos que comete el personaje principal, Patrick Bateman. La película basada en dicha novela (Mary Harron, 2000) tiene algunos momentos destacables, una ambientación bastante lograda, pero en general me interesó mucho menos que el libro. Hollywood siempre tiende a suavizar, no puede contar con toda crudeza las salvajadas del libro.

Sin salir de la década de los noventa, voy a destacar a alguno de esos “malos molones” del director que quizás mejores “malos molones” nos ha regalado: Quentin Tarantino. El señor Rubio de Reservoir dogs, interpretado por Michael Madsen, merece pasar sin duda al listado por su particular receta de oreja a la plancha bajo los compases de Stuck in the middle with you. Al igual que casi cualquier personaje de Pulp Fiction (1994): un Vincent Vega (John Travolta) colocado que mata sin remordimientos, el Jules que compone Samuel L. Jackson que decide cambiar de vida, los tarados del sótano, el boxeador asesino Butch (Bruce Willis) y el que meteré en mi top-ten, Marsellus Wallace (Ving Rhames). Por su presencia, por su sensibilidad para con su chica, por el modo en que lleva los donuts a su compañero… y por frases como las que deja en algunas escenas:

“Estoy a mil jodidas millas de estar bien”.

“Voy a enviar a un par de negros empapados en crack. Quiero que disequen a este tío con un soplete y unos alicates. ¡Practicaremos el medievo con su culo!”.

Tarantino siempre ha tenido un don especial para crear malos de época. Uno de los mejores personajes de su carrera es el oficial alemán Hans Landa (Malditos bastardos, 2009), el cazador de judíos, papelón que interpreta Christoph Waltz, un redomado hijo de puta en cuatro idiomas y uno de los mejores papeles secundarios de la historia del cine. Tiene esa extraña virtud de dar miedo con una simple sonrisa. Como el Calvin Candie de Django desencadenado (2012) con la cara de tarado de Leonardo di Caprio, o el Bill de Kill Bill (2004), interpretado por David Carradine. Tarantino ha creado malos de ficción tan potentes que sorprendió creando un Charles Manson tirando a tarado blandengue en Érase una vez… en Hollywood (2019).

(Continuará en Villanos II: traidores, villanas y el vecino de al lado).

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

Woody, Roman y Kevin

Móni Money y Travis, abril de 2018

Travis: El aluvión de denuncias tras los escándalos de abusos sexuales del productor Harvey Weinstein puede provocar otras víctimas. Lo hemos visto en los recientes Óscar, en los que se ha ignorado la película y la interpretación de James Franco en The Disaster Artist, con la que obtuvo un Globo de Oro apenas dos días antes de que tres actrices le acusaran de abusos sexuales. Ni rastro de él pese a que no haya habido condena, ni juicio, y ni siquiera investigación.

Se ha llegado a decir que es posible que no se estrene la última del gran Woody Allen, porque a raíz de esta marea de denuncias, Dylan Farrow, la hija de su ex pareja Mia Farrow, ha decidido desempolvar los supuestos abusos sexuales que sufrió a manos del director cuando apenas tenía siete años de edad. Kevin Spacey, hasta hoy, o hasta ayer, uno de mis actores favoritos, puede haber terminado su exitosa carrera en Hollywood de modo prematuro. Su papel en Todo el dinero del mundo fue rodado de nuevo por Ridley Scott, sustituyendo al actor caído en desgracia por el insulso Christopher Plummer. Y su personaje de más éxito en estos últimos años, el manipulador Frank Underwood de House of cards, desaparece de la serie de modo definitivo. Estoy seguro de que no habrá otro a su altura. Sigue leyendo

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir, por Travis

lester b

El reciente post de Lester sobre su tocayo Burnham, el protagonista de American Beauty, me obliga a recordarle cuatro cosas acerca de su “admirado” personaje:

1. Su obsesión por Ángela, de 16 años, a la que está a punto de calzarse, está muy cerca de lo que nuestro Código Penal define como abuso sexual a un menor. Con pena de prisión de 2 a 6 años. Por meses no entra en esa categoría. Es verdad que en el último momento le sale la vena paternalista y le dice que se vista. “¿Te preparo un sandwich?”. ¿Qué pasa por su cabeza en ese momento? Posiblemente el hecho de enterarse de que Ángela es virgen rompe su idealización de una comehombres voraz, Sigue leyendo

American Beauty, por Lester

american beauty

Ya sé que el cine es la especialidad de Travis, pero como ha mencionado en dos ocasiones MI película, American Beauty, me siento en la obligación de opinar. De esta película, por cierto, es de la que cogí mi nombre para el blog (ver “Declaración de intenciones”), por ese gran personaje que es Lester Burnham, interpretado por Kevin Spacey.

lester

American Beauty es una película de 1999, uno de esos años magníficos para el cine, porque de ese mismo año son otras dos películas muy recordadas y de gran influencia en los años posteriores, como fueron Matrix y El club de la lucha. Sigue leyendo