A quién votamos (I), por Josean

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No tengo claro a quién votamos el próximo 20-D. Sí, ya sé que son elecciones generales al Congreso de los Diputados (ah, y a esa cosa llamada Senado), y por tanto, decidiremos quién será nuestro Presidente de Gobierno, pero sinceramente no creo que en estas elecciones democráticas (y recalco la palabra) vayamos a elegir a los que de verdad van a dirigirnos los próximos cuatro años.

Puede que sean “las elecciones más importantes de la historia de la democracia”, como pretenden algunos, quizás los más catastrofistas, y por esta razón voy a dedicarle dos entradas. La de hoy, dedicada al sistema electoral en sí, que no me gusta nada, por cierto, y a quién votamos en realidad. En la segunda parte, que espero colgar en un par de días, hablaré no tanto de a quién votaré como de aquellos a los que tengo claro que no votaré. Pero votaré, aunque nuestros políticos nos lo pongan tan difícil.

¿Votamos a nuestros dirigentes?

Creo que si algo nos han enseñado estos años de crisis es que las decisiones relevantes que afectan a nuestro modo de vida no se toman en los parlamentos nacionales, sino en Bruselas, Berlín o Fránkfurt.

No podemos votar al Presidente del Banco Central Europeo ni a sus sicarios, por ejemplo, y será ese organismo el que marque la política monetaria de los países de la zona euro. Y de sus decisiones dependerá que sea expansiva o restrictiva, o expansiva para la banca y restrictiva para los ciudadanos.

No podemos votar a esos funcionarios y políticos europeos que negocian en la sombra desde hace meses (y años) el Tratado de Libre Comercio e Inversión (TTIP), pese a que en este Tratado se vayan a acordar cosas como la creación de un organismo regulador independiente de los Estados, lo que Gregorio Abascal, firme opositor al acuerdo, definió como “el ataque más directo del poder… contra la línea de flotación de la Democracia”.

No podemos elegir a los oscuros representantes de la troika, esos hombres de negro, desconocidos para la mayoría, que indicarán al presidente del país de turno (una marioneta en sus manos, pero un líder elegido democráticamente) las medidas que tendrá que adoptar, los impuestos que deberá aumentar y los recortes a los servicios sociales que habrá de afrontar, pese a que los habitantes de ese país hayan designado a un dirigente al que seguramente auparon al poder con la promesa de llevar a cabo una política radicalmente opuesta.

En definitiva, este domingo desgraciadamente no elegiremos a los tipos que de verdad van a seguir llevándonos por este camino que, entre otras cosas, ha supuesto que estemos en los mayores niveles de desigualdad que existen desde que se elaboran estas mediciones.

Europa tiene un déficit democrático enorme. En palabras del Catedrático de Sociología Ignacio Sotelo, “tanto en la participación ciudadana, como en el control democrático de las instituciones comunitarias la Unión deja mucho que desear“.

Europa: Grecia, Francia, Italia

Todos tenemos en mente lo ocurrido en Grecia: años de gobiernos conservadores y socialistas saqueando un país, un desastre de nación en casi todos los sentidos, un endeudamiento excesivo amparado y fomentado por la banca de inversión alemana y francesa, y un sentimiento brutal de indignación entre los ciudadanos que acabó llevando a Alexis Tsipras al poder en unas elecciones democráticas. Recordamos también al ya ex Ministro Yanis Varoufakis intentando poner un poco de cordura a los planes europeos, a Tsipras haciendo algo tan peligroso como convocar un referéndum,… conocemos el final. Europa no podía consentir el inicio de una revolución, así que fueron a cuchillo a por sus dirigentes. La opinión mayoritaria de los griegos daba igual, no importaba lo que votaran en las urnas.

Al final tenemos un país más pobre, con unos beneficios sociales castrados y un fondo privado que se va a quedar con las mejores infraestructuras griegas. Los verdaderos triunfadores de la crisis.

Pero Grecia no es un caso aislado, aunque sí un país con el que la troika se ha cebado especialmente a modo de aviso para navegantes. Françoise Hollande ganó las elecciones en Francia en 2012 con un programa que leído en perspectiva, tres años y medio después, nos puede provocar estupor. Transcribo aquí las líneas básicas del programa electoral con el que Hollande ganó las elecciones (extraídas del blog de Ignacio Escolar):

Hollande¿Cuántas de estas medidas pudo aplicar? ¿Bajó la edad de jubilación, subió el salario mínimo, aumentó el gasto en sanidad, educación o vivienda social, derogó la subida del IVA, estableció un impuesto a la banca? No pudo hacer prácticamente nada de lo prometido porque desde Europa se le marcó un recorte tan salvaje que en poco tiempo se convirtió en el Presidente con los índices de popularidad más bajos de la historia de Francia.

En Italia los últimos nombramientos de Primeros Ministros podrían denominarse de mil maneras, pero no “normales” o democráticos. Silvio Berlusconi dimitió en 2011 y dio paso a un llamado “gobierno de tecnócratas” al frente del cual se colocó Mario Monti, otro hombre de Goldman Sachs. Su nombramiento fue tan democrático como el de otro Goldman Sachs, Mario Draghi, al frente del BCE.

En 2013, Matteo Renzi sustituyó en el poder a su compañero de partido Enrico Letta, el cual presentó su dimisión por las presiones fundamentalmente de los empresarios a través de la patronal Confindustria. Como bien dice este artículo de La Vanguardia: “Renzi tiene la legitimidad de haber ganado las primarias del Partido Demócrata, pero no lo han votado los italianos en una competición general y abierta”.

El caso de España

Me hace gracia cuando veo los debates y tanto el PP como el PSOE destacan sus logros o critican los recortes del contrario, como si los méritos o deméritos les pertenecieran en exclusiva. Jamás les he oído decir: “si ya lo sé, si cuando Europa crece, nosotros también lo hacemos y a mejor ritmo, y cuando se contrae, caemos a mayor velocidad”.

O bien: “sí, si tiene usted razón, si meter un tijeretazo a las pensiones, o a la sanidad, o a la educación, es una barbaridad, pero fui a Europa, me dieron más palos que a una estera y me dieron este manual de instrucciones”.

Sin olvidar: “sé que a mis electores les dije que no iba a subir el IVA, pero ya ve, me sentaron la Merkel y el Schauble en una sala a media luz, sacaron una porra y… el resto ya lo conoce: tres puntos más de IVA”.

Zapatero negó la crisis en todos los foros y se resistió a tomar medidas impopulares hasta que le pusieron la pistola en la sien. 12 de mayo de 2010. Tarde, muy tarde. A Rajoy le obligaron a recortar 10.000 millones adicionales de sus presupuestos recién aprobados por el Congreso en 2012, y el recorte fue a parar a sanidad y educación.

PP y PSOE solo se pusieron de acuerdo para modificar el famoso artículo 135 de la Constitución, y no lo hicieron por gusto, sino para aumentar el control al que nos someten desde Europa esos a los que no elegimos cada cuatro años:

Art. 135:

Punto 2. El Estado y las Comunidades Autónomas no podrán incurrir en un déficit estructural que supere los márgenes establecidos, en su caso, por la Unión Europea para sus Estados Miembros.

Nuestros políticos (no todos) son responsables del saqueo de las arcas desde hace varias décadas, y ahora solo tenemos el margen de maniobra que nos quieran conceder desde Europa. Por eso digo que no sé a quién votamos. Posiblemente nos quede elegir entre el títere más fiel o el rebelde que más batalla presente.

Nuestro sistema electoral 20D

El economista César Molinas es autor de un libro titulado Qué hacer con España (2013), que no he tenido la suerte de leer, pero sí el capítulo titulado Una teoría de la clase política española. Y me  parece un análisis bastante lúcido de nuestra clase política, de esos políticos sin clase. Recupera la teoría de las “élites extractivas”, en el sentido de Acemoglu y Robinson, que se caracterizan por  “tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio“. ¡Toma ya!, qué buena definición, y me parece que vale también para un porcentaje muy elevado de nuestros europarlamentarios.

Según este capítulo del libro:

“Los políticos españoles son los principales responsables de la burbuja inmobiliaria, del colapso de las cajas de ahorro, de la burbuja de las energías renovables y de la burbuja de las infraestructuras innecesarias. Estos procesos han llevado a España a los rescates europeos, resistidos de forma numantina por nuestra clase política porque obligan a hacer reformas que erosionan su interés particular”.

En su análisis, César Molinas destaca las cuatro principales causas que nos han llevado a la tristísima situación actual de nuestro sistema:

  1. El sistema electoral proporcional, con listas cerradas y bloqueadas. Esto lleva a que los partidos políticos no elijan a los mejores sino que valoren “el exclusivo mérito de fidelidad a las cúpulas”. La política se ha convertido en una forma de vida.
  2. La descentralización del Estado fue mucho más allá de lo previsto cuando se aprobó la Constitución y supuso un exagerado crecimiento de las Administraciones Públicas. Ineficiencias en muchos casos, sobrecostes, cargos de confianza colocados a dedo, una nueva forma de nepotismo.
  3. Una sorpresa: la descentralización del poder dentro de los propios partidos políticos. El PP y el PSOE son rehenes de sus “barones territoriales”. Estos adquirieron un inmenso poder en su propio partido y en su territorio particular, llegando al nivel máximo cuando pasaron a controlar y supervisar (aquí risas) las Cajas de Ahorros.
  4. La clase política se ha dedicado a controlar todos los ámbitos, incluso los que no le corresponden, como “…el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia,…

El capítulo termina con un párrafo en el que propone cambiar el sistema electoral. Nuestro actual sistema de listas cerradas “…da un poder inmenso a los dirigentes de los partidos y ha acabado produciendo una clase política disfuncional“.

En mayo, cuando hablé de las elecciones municipales y autonómicas, me referí al hecho de “conocer de verdad” a tu representante, de saber realmente a quién confiabas tu voto, algo que no ocurre en las generales. Yo podría votar a un PP como el de Francisco de la Torre (Málaga), pero jamás a uno como el de Baltasar Santos (Navalcarnero), por citar dos ejemplos de lo que quiero decir. O a una Izquierda Unida como la de Julio Anguita, pero no a una como la de Tania Sánchez. Es necesario  pasar a un sistema de listas abiertas en el que tu representante rinda cuentas ante sus electores, no ante los dirigentes de su propio partido.

Y por supuesto un sistema proporcional y proporcionado, no como el absurdo actual en el que UPyD conseguía 5 diputados con 1,14 millones de votos y Amaiur lograba 7 con poco más de 300.000. Absurdo, surrealista. En un Parlamento nacional, los votos de los radicales independentistas valían cinco veces más que los de un partido que defendía la unidad territorial y la eliminación de desigualdades entre comunidades.

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Claro que este sistema no solo favorece a los partidos nacionalistas, sino también, como todos sabemos bien, a las “élites extractivas” del PP y el PSOE. Y mucho vamos a tener que remar para conseguir cambiar ese sistema. Para este domingo, todos los partidos nacionales menos el PP presentan una propuesta de reforma del sistema electoral.

El año pasado finalizó con un insólito discurso de Mariano Rajoy defendiendo el bipartidismo, como si quisiera lanzar un aviso a sus “colegas” hasta ayer del PSOE de que se les acababa el chollo. Una vez más utilizaba la estrategia del miedo, “cuidado con esos partidos nuevos que podemos acabar como Venezuela”, en lugar de ofrecer algo mejor que su gestión.

¿A quién votamos? No tengo ni idea. En un par de días, como Tip y Coll, “hablaremos del Gobierno”.

Cara Josean

 

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3 thoughts on “A quién votamos (I), por Josean

  1. Lo más frustrante de todo esto…. Ver como la ceguera de tus semejantes impide cambiar el orden establecido por las elites. Cada vez estamos más lejos de sacudirnos su opresión, cada vez somos más ciegos y condicionados.

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    • Pues nada, ya se ha visto cómo ha acabado la cosa, el bipartidismo se tambalea, pero no se hunde como en otros países. Se abre una época interesante en la que espero (pero no confío nada en nuestra clase política) que pongan la cordura que muchas veces no han mostrado. Se demuestra que el sistema que tenemos es una castaña y que podría darse el caso de que una coalición PSOE-Podemos-Independentistas alcanzara la mayoría absoluta. Los independentistas de ERC y DL (marca blanca para disimular la podredumbre de Convergencia) cuadruplican en representación a partidos como IU-UP que han obtenido un 50% más de votos. Absurdo, surrealista. Los 597 mil de ERC y los 564 mil de DL suman 17 escaños, mientras los 917 mil de IU-UP se quedan con solo 2. Pues nada, vamos a seguir con este sistema, que nos irá cojonudamente bien.

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