El Hogar Teresa de los Andes, por Lester

Existe un lugar admirable en Cotoca, en el área metropolitana de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Se trata del Hogar Teresa de los Andes para niños con habilidades especiales, o por qué no decirlo, para niños con diversas discapacidades físicas o intelectuales, un lugar gestionado por Ayuda en Acción en el que estos niños encuentran una familia, una atención adecuada, un presente y se les forma para que puedan tener un futuro.

Hasta la promulgación en Bolivia de la Ley de la persona con discapacidad, el 15 de diciembre de 1995, los discapacitados no contaban con los mismos derechos que el resto de la población, entre ellos el derecho a la educación, al trabajo o a la propia vida, lo cual, unido a la estigmatización que sufrían sus familias, hacía que numerosas personas en esa situación fueran abandonadas en las calles. Es terrible, pero así era hasta esa fecha, y después de la promulgación de la Ley la situación ha mejorado algo, pero no lo que debiera por la falta de medios en Bolivia, un país con uno de los índices más bajos de desarrollo de Latinoamérica. Hablo de 1995, ¡finales del siglo XX!, fecha en la que el Estado boliviano reconoció a estas personas:

Artículo 6°.- Los derechos y beneficios reconocidos a favor de las personas discapacitadas son irrenunciables, siendo los principales:

  1. El derecho a la vida, desde la concepción hasta la muerte, bajo la protección y asistencia de la familia, de la sociedad y del Estado
  2. A vivir en el seno de su familia o en un hogar que las sustituya, en caso de no contar con ésta.
  3. A gozar de las prestaciones integrales de salud y otros beneficios sociales de la misma calidad, eficiencia y oportunidad que rigen para los demás habitantes del país.
  4. A su rehabilitación en centros especializados públicos y privados, con prestaciones especiales de salud, de acuerdo al tipo y grado de impedimento o discapacidad.
  5. A participar en las decisiones sobre su tratamiento, dentro de sus posibilidades y medios.
  6. A ser habilitados y rehabilitados profesional y ocupacionalmente.
  7. A recibir educación en todos los ciclos o niveles, sin ninguna discriminación, en establecimientos públicos y privados, de acuerdo al tipo y grado de discapacidad.
  8. Al trabajo remunerado, en el marco de los dispuesto en la Ley General del Trabajo.
    1. A ser protegidos contra toda explotación, trato abusivo o degradante, bajo sanciones proporcionales al grado de discapacidad del damnificado.
  9. A recibir las facilidades otorgadas por el Estado y las instituciones privadas para su libre movilización y desplazamiento, en las vías públicas, en recintos públicos y privados, en áreas de trabajo, deportivas y de esparcimiento, eliminando las barreras sociales, culturales, comunicacionales y arquitectónicas.

El problema es que la ayuda del Estado llega con cuentagotas, por eso digo que el Hogar Teresa de los Andes es un lugar admirable, una verdadera casa de acogida en el que Ayuda en Acción se ocupa de unos 120 niños y niñas con diversos grados de discapacidad física o intelectual. Cuenta con un equipo multidisciplinar especializado, capaz de gestionar la residencia, el hospital, la escuela, el comedor, el centro de día y toda la logística asociada, y de dar toda la asistencia que los chavales requieren.

Llevo colaborando con Ayuda en Acción desde 1994, prácticamente desde que percibí mi primera nómina. El modo habitual de trabajo de esta ONG es diferente al del Hogar Teresa de los Andes, más orientado hacia el desarrollo de las comunidades locales a través de programas de apoyo a la producción y comercialización agrícola, programas de alfabetización y formación profesional, mejora de la salud y el acceso al agua potable. En estos años de colaboración (solo económica hasta la fecha) hemos visto abrir y felizmente cerrar varios proyectos, y la felicidad de saber que se cierra un programa se produce al saber que esa aldea o esa pequeña comunidad es autosuficiente o está cerca de lograrlo.

Lo que me gustó de Ayuda en Acción, y me sigue gustando, es que te facilita poner rostro a tu ayuda por medio del apadrinamiento de niños en cada comunidad. Por aquello de la protección de la privacidad no voy a poner sus fotos reales, pero todos los dibujos que acompañan a este texto han sido realizados por esos apadrinados que he tenido estos años en Ecuador (Cayambe, Cusubamba, Pucayacu-Guasaganda, Chota-Mira, Cotacachi,…). Sus nombres suenan exóticos, lejanos y cercanos a la vez: Rosa Marlene, Melany Estefanía, Widinson Lizandro, Ángel Flavio, María Julia,… y uno de ellos, verídico, que se llama Luis Stalin.

Los seguidores habituales del blog tuvieron la oportunidad de leer hace un año la experiencia como voluntaria en terreno de mi hija Rachel en la India y en Uganda. Por supuesto tengo que manifestar el orgullo que sentí y siento, y ha sido su empuje, sus ganas de ayudar, su extraordinaria motivación libre de prejuicios y miedos la que nos ha movido este año a seguir sus pasos. Toda la familia. Parece mentira que tengan que ser nuestros hijos los que nos saquen del área de confort de la que precisamente no queremos que ellos salgan. Así que preparaos, lectores, que este verano leeréis las andanzas de Lester y familia en el Hogar Teresa de los Andes, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia.

Al no tratarse de un proyecto al uso de Ayuda en Acción, de desarrollo de las comunidades locales, sino de carácter básicamente asistencial, el centro precisa voluntarios especializados, profesionales sanitarios, como médicos, odontólogos o nutricionistas, pero siempre es bien recibido el voluntario no profesional, porque como nos contó Carlos, coordinador de proyecto hace dos veranos, “hay tanto por hacer”.

Durante estos 23 años de colaboración, me he limitado egoístamente a ayudar con lo que me podía sobrar, ayuda económica, difusión en las redes, poco más. Quizás “un lavado de conciencia”, como me dijo un amigo una vez. No estamos forrados, pero si comparamos con nuestro entorno, creo que en este país somos en buena parte unos privilegiados y nos sobra por todos lados, tenemos mucho más de lo que necesitamos. Considero que este verano sí vamos a hacer una colaboración altruista de verdad, porque vamos a entregar a los demás lo que no tengo, lo que no nos sobra: tiempo. Quince días de nuestras vidas.

Nos alojaremos en la propia residencia del centro y nos ocuparemos de lo que nos digan: colaborar en el mantenimiento del centro, o mejorar y reformar lo que haga falta, ayudar en las tareas de limpieza, organización, lavandería, educación, entretenimiento de los chavales, talleres,… “La panadería es impresionante”, “los niños te dan mucho más de lo que tú les das a ellos”, “el trabajo que se hace allí es impagable”, son palabras de Carlos e Inma, nuestros contactos en la ONG.

Tengo mucha ilusión, pero también algo de miedo, por qué no decirlo. Miedo de que nos supere, miedo de no dar la talla. Mi mujer es una fuera de serie con los niños, con formación y experiencia en educación infantil, y tiene muchísimo que aportar. Rachel está hecha a todo y es una veterana en estas lides, y el resto somos muy lanzados, pero tendremos que vernos allí sobre el terreno. Ahora estamos con las vacunas, los permisos, conociendo la zona y las precauciones que vamos a tener que tomar con las comidas y el agua. 

Estoy en plena labor de “marketing” o difusión, dando a conocer el proyecto, animando a compañeros y amigos, moviendo al departamento de Responsabilidad Social Corporativa de mi empresa para promover proyectos similares de voluntariado, y en poco tiempo tendréis (espero) nuevas noticias al respecto.

Va a ser una aventura, la mayor aventura que hemos vivido hasta ahora y una experiencia que seguro nos va a cambiar.

Actualización del 5 de agosto de 2017: la Fundación Sacyr entra en el Hogar a través de la financiación del proyecto para la reforma del pabellón Azul. Trataremos de cubrir el resto del presupuesto con la venta de libros y nuestra aportación particular. De momento, ya hemos podido hacer un primer ingreso, la cosa va bien encaminada, ¡gracias a todos, amigos!

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7 comentarios en “El Hogar Teresa de los Andes, por Lester

  1. La verdad es que es de admirar la GRAN labor que seguro vais a prestar. Cuando cada un@ de nosotr@s estamos pensando en nuestros días de vacaciones de verano, en descansar y desconectar, vosotr@s os lanzáis en este proyecto tan admirable.
    Para quitarse el sombrero!!! 👏🏼👏🏼👏🏼

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  2. Mucha suerte. No dudo de que será ua gran experiencia. Tampioco dudo de que estará bien documentada y ayudará a que los demás nos animemos a dejarnos de lavados de conciencia y pasemos a la acción. Simplemente que os hayais animado merece ya de por si la enhorabuena.

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