El consenso imposible, por Josean

 

Consenso partidos-1

Hoy se cumplen 40 años de la aprobación de la Constitución en referéndum por una amplia mayoría de los ciudadanos que acudieron a votar. Por diversas razones de todo tipo, y cada uno tendrá las suyas, parece cuestionada como pocas veces lo ha estado en las cuatro décadas anteriores. En buena parte, esa crítica viene de personas que ni siquiera habían nacido cuando se redactó o aprobó, o que parecen desconocer cómo se gestó, en una época tremendamente difícil cuando apenas hacía tres años del fallecimiento de Franco.

Ese momento me pilló con apenas ocho años de edad, y no soy ningún experto en la materia, si bien creo que hemos vivido cuarenta años de innegable crecimiento y modernización del país, lo cual no quita para que haya que plantearse reformar lo que haya que reformar, o modificar todo aquello que haya quedado obsoleto o anticuado.

Hoy, cuando todo está a un clic de distancia, voy a hacer todo lo contrario: acudir a la vieja prensa de papel, a ese recopilatorio de portadas del diario El País del que ya he hablado en alguna otra ocasión (Conde, Pujol, Rato, Otegui y Beatrix Kiddo), para publicar las portadas relacionadas con este asunto que más me ha interesado leer un día como hoy.

Finalmente esa abstención fue del 33 por ciento, promovida por partidos como el PNV o ERC. Como estos días se leen muchas chorradas, como que fue una constitución promovida por la extrema derecha, o como ha dicho hoy mismo Alberto Garzón, sin “consideración al movimiento obrero, al PCE y a la lucha antifranquista”, hay que recordar el amplio consenso generado, con el 88,5 por ciento de los votos ciudadanos a favor, y con el refrendo en el Congreso y el Senado de 551 de los 598 representantes de los grupos. La posición de los partidos políticos y distintos grupos fue a favor en el caso de PSOE, UCD, Alianza Popular, y, ¡Alberto!, Partido Comunista de España, UGT y Comisiones Obreras. Hicieron campaña por el NO a esta Constitución: los batasunos, ERC (se abstuvieron en el Congreso y votaron en contra en el referéndum) y, ¡Alberto, escucha, pisha!, la extrema derecha de Falange Española de las JONS y Fuerza Nueva.

Ese amplio consenso se generó desde mucho tiempo antes. Era una necesidad imperiosa, salir de todo aquello que pudiera representar la dictadura franquista e iniciar una nueva etapa.

El 17 de marzo de 1978 finalizaron los trabajos de la ponencia constitucional. Los llamados “padres de la Constitución” reunían un poco de todo ese maremágnum que era la política en esos años de la transición, desde ministros franquistas como Fraga a representantes del PCE (Jordi Solé Tura) o el PSOE (Gregorio Peces-Barba), pasando por la Minoría Catalana (CDC, UDC, ERC) representada por Miquel Roca y la UCD (Gabriel Cisneros, Miguel Herrero de Miñón y José Pedro Pérez-Llorca).

El papel de la Corona

Me resulta difícil justificar una monarquía hoy en día, en pleno siglo XXI, mantener unos privilegios desde la cuna y heredados por vía directa de la unión del espermatozoide y el óvulo, y no por méritos o elección de los ciudadanos, pero estoy tan harto de nuestra clase política que ahora mismo me atrevo a manifestar que me molesta menos la Corona que la república que algunos anhelan.

Cito textualmente de El País, 23 de julio de 1977:

Con la frase La democracia ha comenzado, el Jefe del Estado reafirmó su intención de tránsito de una Monarquía impuesta por un régimen dictatorial a una Monarquía constitucional y democrática.

La izquierda recelaba del papel del Rey que en su discurso destacaba “la función integradora de la Corona y su poder arbitral, que cobran un especial relieve en sus relaciones con las Cortes”. El talante negociador y dialogante de Adolfo Suárez fue fundamental para el desbloqueo de la situación:

No fueron meses fáciles. A medida que paso portadas veo un gran número de asesinatos de la banda terrorista ETA y de los GRAPO, también activos por aquella época. El Ejército y la Iglesia católica también recelaban de la redacción de la nueva Constitución.

Las autonomías

Para que el proyecto saliera adelante con esa amplia mayoría que la situación demandaba, había que buscar un encaje con el que se pudieran sentir cómodos los que nunca están cómodos, pues de la eterna queja hacen virtud: los nacionalismos. Primero se restablecieron las instituciones catalanas, septiembre de 1977:

Y a continuación, Suárez en persona inició el proceso de negociación del Estatuto vasco de autonomía, culminado en julio de 1979:

Evidentemente, los verdaderos antisistema de siempre, los batasunos en sus distintas formas, aquellos que según Pablo Iglesias mejor entendieron que no era posible conseguir lo que uno quiere dentro de este marco constitucional (¡!), no aceptaron el Estatuto, ni se presentaron a la formación de ese primer Parlamento vasco (1 de abril de 1980), aunque bien que cobraron los honorarios que el Estado español represor les deparaba.

Calificaron al órgano legislativo vasco de “institución de la reforma” marcado por “las limitaciones y encorsetamientos emanados de la reaccionaria Constitución española”, que no era capaz de dar solución a las “reivindicaciones mínimas democráticas del País Vasco”. Mejor el democrático tiro en la nuca o el coche bomba reivindicativo.

Por si estos ataques terroristas de una banda de ultraizquierda no fueran suficientes, los grupos de extrema derecha también hicieron de las suyas esos años. El ataque al despacho de los abogados laboralistas de Atocha, donde la actual alcaldesa de Madrid Manuel Carmena salvó su vida, el asesinato de Yolanda González o los nostálgicos del antiguo Régimen en la Guardia Civil y el Ejército, con la frustrada Operación Galaxia:

Y por supuesto, el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981:

En aquellos días, los ciudadanos dieron una vez más un ejemplo de superación, una voluntad de mirar hacia adelante y cambiar este país. Yo creo que la mayoría ni sabía lo que había votado con la Constitución, pero para ellos representaba una puerta hacia el futuro y cerrar la del pasado. ¿Que había que mejorar cosas? Por supuesto, no debió de ser nada fácil, con la crisis económica brutal, la extorsión etarra, la devaluación de la moneda o la corrupción, sin pertenecer aún a la Unión Europea (o Comunidad Económica Europea por entonces), pero se logró:

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No soy nada optimista ante la situación actual, no veo eso que se llama “sentido de Estado” en la mayoría de los líderes actuales de los partidos. La mayoría de ellos ni había nacido en 1978, y a algunos les da pie a decir que no tienen por qué seguir esa Constitución que califican de “franquista”, con un par.

Cualquier posibilidad de consenso necesario para cualquier objetivo parece imposible, porque hoy parece vetado coincidir con el rival, acordar una posición común. Se busca dividir, confrontar, trazar de nuevo una raya que nos separe en bandos. Lo último ha sido ver manifestaciones y quema de contenedores para protestar por unos resultados electorales. No sé qué será lo siguiente. ¿La crisis de los 40?

Cara Josean

 

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4 comentarios en “El consenso imposible, por Josean

  1. Me resulta difícil justificar una monarquía hoy en día, en pleno siglo XXI, mantener unos privilegios desde la cuna y heredados por vía directa de la unión del espermatozoide y el óvulo, y no por méritos o elección de los ciudadanos, pero estoy tan harto de nuestra clase política que ahora mismo me atrevo a manifestar que me molesta menos la Corona que la república que algunos anhelan.

    Quizá la “gracia” de la Corona es que no depende de ningún vaivén político. Y eso, en España, es una garantía, por mucho que joda a la casta de mandarines que soportamos. Eso de tener a alguien que está “por encima de ellos”… ¡Vamos! Además, a monarquías como la inglesa o la danesa no parece irles tan mal, digo yo. Y por último, recordar que la experiencia republicana (más moderada la primera, más comunista la segunda) se ha saldado con dos sonoros fracasos. Así que de momento, estamos bien como estamos y la Corona mejor dejarla en paz.

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    • Así es, estoy de acuerdo, mejor dejar la Corona en paz. El Rey Felipe VI es un hombre preparado para esas funciones de mediador y representación que tiene encomendadas, esperemos que no sea como el padre en lo relativo a los negocios. Pero insisto en que me resulta difícil justificar esa ausencia de meritocracia en la monarquía: es el hijo de – y por tanto el Rey, y punto. Fíjate si el debate se sostiene haciendo equilibrios imposibles que ni siquiera es el primogénito de la familia, sino que las arcaicas leyes de sucesión se han saltado (¡y menos mal!) a sus hermanas.

      Cada vez que veo cuestionar la Corona por los partidos independentistas o por Podemos, compruebas que son los mismos que anhelan el bienestar de los países nórdicos, curiosamente casi todos ellos (Noruega, Suecia y Dinamarca) monarquías. También lo son los británicos, o Bélgica y Países Bajos. Pero Alemania y Francia son repúblicas, luego no es tanto una cuestión de monarquía sí o no, sino de calidad y preparación de la clase política dirigente y de sus votantes. Como desconfío totalmente de nuestros dirigentes, coincido en que mejor dejar tranquila a la Corona, que como bien dices, al menos es una garantía que no depende de ningún vaivén político. Saludos.

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  2. Justamente ese factor hay que tenerlo en cuenta: la monarquía también tiene una legitimidad “interna”. No sé si es un buen ejemplo, pero fíjate en el cine estadounidense: ser “hijo de” puede abrirte algunas puertas; pero si no eres bueno en eso, una de dos: o te vas tú, o te expulsa la taquilla. Y por ahora, Felipe VI está en su papel, con un mérito añadido: entró a reinar en el momento más bajo de popularidad de la institución monárquica (¿te acuerdas del “lo siento-me he equivocado-no volverá a ocurrir” de Campechano I?). Ha dado la vuelta a la tendencia y desde su discurso del 3 de octubre de 2017 vuelve a valorársele como merece. Saludos.

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  3. -Mejor monarquía porque republica suena a guerra y libertinaje.
    -Mejor monarquía porque lo tienen los nórdicos.
    -Mejor monarquía porque alguien nos tiene que representar en el exterior y los politicos no saben.
    -Mejor monarquia porque mas vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

    Ya casi estoy convencido. Pero propongo una monarquía en la cual por votación elijamos a nuestro rey o reina cada ocho o diez años y que por consiguiente los hijos e hijas de estos, por el mero hecho de serlo, no tengan mas derechos y mejor vida que los nuestros.

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