Stephen Hawking era del Madrid, por Barney

Sí, amigos lectores, como pueden leer en este blog, Stephen Hawking era madridista. Y de los buenos, aunque quizás ni él mismo lo sabía, ni era consciente de su condición de tal. Pero lo cierto es que hay tantos rasgos en su personalidad que lo delatan, tantos detalles en su biografía de luchador inasequible al desaliento, que todos ellos nos conducen indefectiblemente a la conclusión de que el científico británico era un madridista de pura cepa. De cuna.

Me voy a permitir parafrasear a Don Mario de las Heras (La Galerna) para afirmar con convicción que “aquí aspiramos sólo a reflejar a los maestros y no nos importa quedarnos por el camino”. De una apropiación espero que no indebida va este homenaje de hoy, sincero y respetuoso, a la admirada figura de Stephen Hawking.

Brillante como ninguno de su generación, lo que siempre distinguió al científico fue una mente preclara unida a un espíritu infatigable, su afán de superación, la capacidad que siempre tuvo para lograr lo que para todos los demás resultaba imposible. Por muchas trabas que la vida le fuera poniendo en el camino. Dedicó sus esfuerzos y años de estudio al espacio-tiempo, a la vida misma, el cosmos, la existencia. El universo que aloja todos los planetas, el tiempo infinito.

“La vida en sí misma no es más que un partido de fútbol”, que decía Sir Water Scott. El espacio verde en el que ruedan el balón y los sueños, escrutando los confines de la portería en el tiempo que todo lo abarca. Desde el inicio hasta el pitido final, que al contrario que en la ciencia de Hawking, en esto del fútbol sí hay un límite, aunque el madridismo lo conozca mejor que ninguno.

Nadie como Hawking supo popularizar la astrofísica y llevarla a todos los rincones del mundo, difundir su sabiduría a todo aquel que quisiera admirarla, del mismo modo que el fútbol como espectáculo mundial sería otro muy distinto si las hazañas del Madrid no se hubieran propagado allende los mares desde hace más de medio siglo, llegando a los lugares más remotos, creando aficionados en cualquier nación, territorio perdido o islote, sea cual sea la cultura, religión o lengua de sus habitantes.

Stephen Hawking tuvo que reinventarse varias veces a lo largo de su vida, redoblar sus esfuerzos, vencer a todos aquellos que le decían que ya estaba bien con lo logrado, que ya era suficiente. Como cuando la vida le puso una nueva prueba en el camino privándolo de la movilidad, y luego de la voz. Esas carencias, todas esas dificultades, fueron un acicate en su vida y no le impidieron difundir su conocimiento si acaso con más fuerza, como queriendo acallar todas esas voces que pronosticaban el final de su exitosa carrera. Y todo ello mostrando una sonrisa envidiable, la mueca satisfecha del que se sabe triunfador.

Luis Alberto de Cuenca decía recientemente en La Galerna que “el Barça sería Proust”, “un autor muy coñazo”. “En busca del tiempo perdido es un libro que no hay quien aguante”, igual que el juego de posesión estéril. En busca del tiempo perdido manoseando de lado a lado el balón sin buscar la portería rival.

Stephen-Hawking-Breve-historia-del-tiempo-1

En contraposición y hablando del mismo elemento, el libro del madridismo sería esa Breve historia del tiempo de Hawking, ese tiempo fugaz que transcurre en un suspiro de un área a la contraria, el contraataque al galope desatado de las huestes blancas, uno, dos, tres, cuatro segundos,… gol. El gol es todo en el fútbol, pero sobre todo destino, y La teoría del todo nos habla del origen, pero sobre todo del destino del universo.

Hay otros detalles más en la vida del genial astrofísico, como aquel comentario suyo previo al Mundial de Brasil de 2014, cuando dijo que “los árbitros europeos son más empáticos con el juego inglés y menos comprensivos con bailarinas como el delantero uruguayo del Liverpool Luis Suárez. Solo esa frase es una declaración de principios del madridismo: el fútbol nació en Inglaterra y se forjó en sus campos, con la brega noble de aguerridos jugadores. No hay lugar para los farsantes, para los teatreros, para las bailarinas, por muy afiladas que sean sus dentaduras. De algún modo Hawking estaba siendo de nuevo visionario y preconizaba el destino que el uruguayo alcanzaría pocos meses después con la zamarra azulgrana.

Stephen Hawking dedicó buena parte de su vida al estudio de los agujeros negros, incomprensibles anomalías de la naturaleza que absorbe la materia, singularidades del espacio-tiempo en las que dejan de regir las leyes de la física. Quizás de haber tenido más libertad de movimientos podría haber estudiado los agujeros negros en el área del Fútbol Club Barcelona, incomprensible anomalía de la estadística en la que las manos desaparecen, los empujones se volatilizan y dejan de regir las leyes de la física según las cuales tras un impacto sucede un derribo, y a este, un penalti.

Descanse en paz, Stephen Hawking, genio, científico, intelectual, brillante pensador. Y madridista, seguro que sí.

P.D.: reinterpretación de algunas de sus mejores frases.

“La gente que se jacta de su coeficiente intelectual son perdedores”. Aquellos que presumen de ser los poseedores únicos de las esencias del buen fútbol son unos perdedores.

“Mientras más examinamos el universo (el fútbol, diría yo), descubrimos que (la ausencia de penaltis y expulsiones en contra del Barça) de ninguna manera es arbitrario, sino que obedece a ciertas leyes bien definidas que funcionan en diferentes campos”. Y estamentos federativos, añadiría.

“Un esquema 4-3-3 en lugar de un 4-4-2 es mejor para Inglaterra”. Desde que dijo esta frase, unos meses antes del Mundial de Brasil, el Madrid ha ganado tres Champions, curiosamente con esa configuración.

“La vida es una cosa maravillosa y hay tantas cosas por hacer”. El fútbol es maravilloso, disfrutémoslo. Que nadie se me ofenda por la broma.

Por alusiones, el editor de La Galerna, Jesús Bengoechea, me remitió este mensaje:

 

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3 comentarios en “Stephen Hawking era del Madrid, por Barney

  1. Muy bueno. Veo otra bonita analogía entre el Madrid y lo que indicas sobre la pérdida de la movilidad y la voz. Privándolo de la movilidad (arbitral, federación…) y la voz (medios de comunicación). Lo que sirvió de acicate y no le impidió llegar a su mejor ciclo deportivo.

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  2. Lo infinito, por su propia naturaleza, no se puede medir, ni cuantificar. Como el Universo. Como el Madridismo, que goza, en cierta forma, de cualidades de las que carecen el resto de equipos o asociaciones deportivas: su inconmensurabilidad y su universalidad, trascendiendo lo físico y tangible.

    En el ámbito deportivo, esa similitud natural, esa simbiosis podríamos decir, con conceptos y personajes universales, sólo puede predicarse desde el Madridismo y del Madridismo. Por eso, decir que Stephen Hawking era del Madrid, no sólo no es irrespetuoso, sino que es un homenaje a ambas Instituciones (persona y entidad). Porque, si bien cuando se habla de equipos se mencionan a jugadores y estilos de juego, del Madrid se habla de Épica, de Honor, de Señorío, de Pundonor, de Poesía, de Victoria, de Grandeza…

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