Los 100 de Travis

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Me aprovecharé del mítico logo de la Paramount tuneado con motivo de los 100 años de cine para mi aniversario particular. 100 artículos ya con este y mis (magníficos, intrigantes, retorcidos, espeluznantes) guiones del cajón siguen sin encontrar un productor que descubra en ellos el talento que ni mis familiares ni amigos hallan en ellos. Culpa, sin duda, de la falta de talento de mis familiares y amigos, jamás de mi afilada pluma.

El que haya seguido mis textos sobre cine habrá encontrado en mí un espectador más disfrutón que crítico, alguien que trata de pasar un buen rato sin buscar más pegas de las necesarias a lo que vemos en pantalla, pero sobre todo habrá encontrado a alguien apasionado por las historias, por lo que cuentan por encima de cómo está contado. Lo cual no quita para que me deje maravillar por numerosos planos y secuencias espectaculares. Uno de mis primeros artículos, No hagan trampas, señores, iba dedicado a los guionistas y a los directores que pervertían esos guiones para colarnos un gol en toda regla, algo que se me antoja inadmisible como espectador. El post sobre Forrest Gump y Benjamin Button trataba de reflejar cómo un mismo guionista puede hacer que se asemejen tanto dos historias con una premisa de partida bien diferente.

Cuando empecé a escribir críticas de películas me encontré con una dificultad añadida, o con varias, según vi por algunos comentarios de amigos o por los que me dejaban en el propio blog:

– Si hablaba sobre una película reciente, los estrenos y las críticas siempre me ganaban porque todos los medios, blogs, webs, etc. ya habían emitido su opinión.

– Si contaba mucho porque contaba mucho y la chafaba al lector.

– Si contaba poco, que por qué me quedaba tan corto con lo que a mí me gusta destripar una peli y encontrar una comparación con otras.

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Así que la mayoría de las veces me dedicaba a hablar de películas que todo el mundo hubiera visto, clásicos y no necesariamente clásicos.

El guionista frustrado (no, frustrado no, dejémoslo en tardío) comenzaba a aflorar y a imaginar segundas partes alternativas para grandes éxitos. Denis Villeneuve tiró por otra línea argumental para la segunda parte de Blade Runner, pero ahí queda mi idea. Al menos habría sido más divertida.

Con la recuperación de la saga Star Wars en El despertar de la Fuerza aproveché para escribir varios artículos sobre esas películas de las que he sido siempre un seguidor (con su momento de debilidad en la Fuerza tras las precuelas). Y otro tema que empezó a colarse de manera recurrente en este blog: los Óscar, esos premios que nunca nos dejan satisfechos porque no han ganado «los nuestros».

Con el tiempo descubrí que lo que más me gustaba era encontrar temas que abarcaran varias películas, de distintos géneros, épocas y nacionalidades, como los dedicados al suicidio, a los niños estrangulables o a esos bodrios de los ochenta que algunos mitificaron en exceso.

Hacia la mitad de estos cien artículos me encuentro con el primer post dedicado a esa afición tan de moda de censurar lo que no nos gusta, de pretender que con la ocultación o prohibición algo va a desaparecer. Nada más absurdo para mí y mucho más si hablamos de cine, y sin embargo esta corriente ha crecido de manera imparable (manda huevos). El cine es diversión, esparcimiento, otra realidad, y nos lo quieren capar, acotar, cercenar, limitar… un coñazo. Los títulos letales, el homenaje a los taxistas o las frases míticas para usar en la oficina son precisamente lo contrario: evasión hacia otro lugar.

El caso es que esa corriente imparable se disparó tras los Óscar de 2018 y el discurso de Frances McDormand sobre la imposición Rider (aunque creo que la actriz la denominó «inclusión»). El guionista latente que hay en mí trató de imaginar Reservoir dogs o Doce hombre sin piedad con esos parámetros. Imposible, cine del bueno que se iría al garete. Woody Allen y Kevin Spacey fueron víctimas de una corriente censora de otra índole a la que la ausencia de pruebas no le iba a frenar sus ímpetus. Puse su caso en comparación con el de Roman Polanski, muy diferente, en lo que fue la primera colaboración externa de este bloguero.

Con el amiguete Barney comencé a preparar una serie de artículos que se publicaron en La Galerna, ese medio capaz de unir el fútbol con la música, la literatura o el cine de calidad. Y aunque lo que más me atraiga sean los guiones y las buenas historias, quise dejar mi homenaje a los que ponen rostro a esas tramas, a los actores, los buenos, los malos, los protagonistas y esos excepcionales secundarios que merecerían una historia para ellos solos (spin-off, que está todo inventado).

Prohibir Verano Azul, el tabaco, los tacos, libros y películas que no sean suficientemente inclusivas o diversas racial y sexualmente… qué pereza, de verdad. Es cine. «Cine, cine, cine, más cine, por favor», como decía Aute, «que todo en la vida es cine y los sueños, cine son». Pero recuerdo que la canción también hablaba de censura.

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En estos diez artículos me di un paseo por el cine ruso, otro por algunos de los clásicos de final de siglo y una visita a una de mis películas favoritas de siempre: La gran evasión.

En estos últimos artículos tuve un poco de todo: Scorsese en plena forma, más Óscar y más Star Wars, mis caprichos guionizados y mezclados, y una colaboración muy satisfactoria para el que esto escribe sobre el modo de disfrutar de las historias, ya sea en pantalla o en papel con una interlocutora perfecta para ello.

Se trata de disfrutar de una buena historia y aquí me quedan muchas por contar. ¡Espero seguir contando con vosotros, amigos!

Los 100 de Josean

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Tras los 100 de Lester y los 100 de Barney, me toca el turno de recopilar todos esos temas de los que he hablado a lo largo de estos casi seis años. El tiempo te da la perspectiva suficiente para entender cómo pensabas antes y si ha habido una evolución en tu manera de pensar. Sinceramente, no lo sé, que lo digan los lectores: comencé criticando a un gobierno que no era transparente y a unos medios controlados y he terminado… criticando a un gobierno que no es transparente y a unos medios que están controlados.

Me dio por meterme con el funcionamiento de determinados organismos, como la CNMC, o los ayuntamientos, y cabrearme ante decisiones obscenas como la del SAREB. Por otro lado, lo lógico (y quizás lo más sencillo) es siempre criticar al que está en el poder, pero es que hubo semanas verdaderamente horribles. Lo curioso es que aunque parezca difícil, el refranero español vuelve a acertar: «otros vendrán que bueno te harán».

A lo largo de estos años ha habido muchos procesos electorales, quizás demasiados, y un problema en Cataluña que empezaba a ocupar protagonismo en este blog.

Me dio por iniciar una serie de artículos dedicados a temas económicos, a lo que este escribiente considera errores frecuentes que se repiten como mantras: tomar como verdades absolutas lo que no deberían ser más allá que ayudas para la interpretación de algo tan complejo como los datos.

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El Brexit, nuevas elecciones en España y Estados Unidos, y un tema que empezaba a tomar fuerza en este blog: la fiscalidad y esas grandes empresas que siempre nos vendieron como «malas», «culpables», «evasoras».

Cuando escribo sobre temas económicos bajan mucho los lectores del blog, excepto cuando escribo relacionándolo con el mundo del fútbol. Sorprendente lo que puede llegar a mover. Seguí con mi afición a buscar sentencias por las redes y a tratar de interpretarlas con mi (falta de) conocimiento.

Años pidiendo la salida de Rajoy y cuando se produjo no tardé ni un día en lamentar el gobierno que estaba por venir. Más sobre Cataluña, más sobre temas impositivos y más fútbol desde la perspectiva de la pasta que se mueve en ese mundo.

Varios artículos sobre la maraña impositiva que se nos estaba creando y sobre la polarización de la sociedad, que se va a los extremos, los condones sanitarios alrededor de Vox y el totalitarismo de Napoleón Iglesias.

Ministra Montero

Más elecciones generales, otras municipales y dos artículos dedicados a la gran amenaza que tenemos desde hace años y que hemos dejado crecer: China.

Y así hemos llegado al día de hoy. Dediqué otros dos artículos a temas impositivos (se repiten las mismas situaciones que ya se daban con Montoro) y varios artículos más a criticar las absurdas reformas que se estaban implantando aprovechando el estado de alarma. Aquí saco pecho: el post más leído de la historia de este blog se produjo en un momento de vomitar lo que llevaba dentro, soltar toda esa rabia contenida por la situación.

Deuda pública 2020

Me conozco y sé que seguiré criticando al gobierno (sea el que sea), pero también a la oposición, los medios de comunicación, las sentencias que no entienda y los organismos que funcionen de modo partidista y sectario. Lo sé, lo siento si molesta a alguien. Gracias a los lectores, que han sido muy numerosos en este tiempo.

Cara Josean

Los 100 de Barney

Campeones

Esta es la foto que mejor describe lo que han sido estos casi seis años de blog madridista. Un blog que nació unos meses después de la Décima y durante este tiempo hemos presenciado tres Champions y dos Euroligas, con la hazaña de 2018 de lograr ambos títulos continentales con unos días de diferencia.

En realidad, el arriba firmante lleva muchos más de 100 artículos, puesto que a los que voy a ordenar aquí por etapas (vamos a ponernos dignos y llamarlo «etapas de pensamiento»), hay que añadir los más de veinte publicados en La Galerna, el medio de «Madridismo y sintaxis» que mejor ha sabido entender a este personaje de Barney y abrirle sus puertas. Aparte de La Galerna, las webs Meritocracia Blanca y Planeta Fútbol también han publicado algunos de los artículos de este humilde bloguero (tachen lo de «humilde», con tanta veracidad en mis escritos no puedo permitirme ser humilde, ¡já!).

Este blog comenzó con un cierto distanciamiento respecto al fútbol y una afición incondicional al baloncesto:

En los siguientes diez artículos aparecieron otros deportes como la Fórmula 1 y las carreras populares, mucho más amor por el baloncesto y más hastío hacia el fútbol.

ContadorGrandes deportistas como Contador, Rafa Nadal, más baloncesto del bueno y las grandes gestas del atletismo. Me apetecía hablar de muchas otras cosas antes que de un fútbol que me parecía tan falso como el triunfador de ese año 2015.

Al final cedí y terminé hablando de fútbol, para celebrar la llegada de Zidane al banquillo y sobre todo para desenmascarar a los que nos trataban de vender al Barça como los inventores del fútbol o los defensores de la pureza del juego cuando son lo contrario, los grandes inventores del marketing en el deporte.

SuárezDesde pequeño me encantó todo lo relacionado con los Juegos Olímpicos, así que le dediqué varios post a los primeros Juegos de este blog, los de Río de Janeiro en el verano de 2016. Pero reconozco que de diciembre de 2016 a marzo de 2017 no pude más con el victimismo culé, su manipulación de la competición y sobre todo el teatro cutre de la botella de plástico que tumbaba a seis jugadores.

En los siguientes diez post encontré otro estilo, buscando más el humor, el sarcasmo, algo de cachondeo. Llegó la Champions de Cardiff, pero tras el verano el Villarato se lanzó a degüello a por el Madrid y dejé una triste premonición que ha terminado siendo cierta: el VAR (Villar, Arminio, Roures) sería un desastre.

Los siguientes diez post me traerían la enorme satisfacción de ser algo más conocido en foros y recibí la oportunidad para colaborar en La Galerna, donde debuté con un texto sobre el que fuera mi ídolo de chaval, Santillana, el héroe de wéstern.

ChristmasLa vuelta de Llull y la Euroliga de Belgrado. Por otro lado, la Champions de Kiev nos trajo la malísima noticia de la salida de Zidane del banquillo madridista y comenzamos una mala temporada en la que dediqué buena parte de mis esfuerzos a criticar a esa vergonzosa prensa que ha encontrado su filón de ventas en los ataques al Real Madrid. La manipulación del relato de Roures y los suyos.

Después de tres Champions consecutivas nos pareció extraña una final sin el Madrid, pero ahí nos reencontramos con uno que no falla nunca, el mejor deportista de nuestra historia, el gran Rafa Nadal. En julio de 2019 comienzo una serie de artículos que me llevará a conocer a madridistas por todo el mundo: San Petersburgo, Washington, Ecuador y París.

Nadal

Y aquí estamos, otra vez de lleno en plena competición en la que el descaro con el que se ayuda siempre al mismo alcanza sus cotas más exageradas con el Clásico de Barcelona que se aplaza… se aplaza hasta que le viniera bien al equipo de Roures y se pone a sus árbitros favoritos. No es por nada, pero aquí el menda (que no es precisamente adivino) lo predijo más de un mes antes.

Me lo he pasado bien a lo largo de todo este tiempo, espero que vosotros también. Prometo dar mucha cera al horrible periodismo deportivo que tenemos, seguir proclamando el «orgullo blanco», denunciando la falsedad culé y espero cantar muchos éxitos como los que dieron lugar a la foto del inicio. ¡Hasta la próxima!

Cara Barney

 

 

 

 

Los 100 de Lester

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Buenas a todos, amigos lectores.

Con el post de hoy, el «arribafirmante» amiguete Lester alcanza los 100 textos, cifra que alcanzarán en los próximos días los amiguetes Travis, Barney y Josean. Unidos a los 19 post conjuntos (inicios del año, Días del Padre o la Madre, Campeones,…) darán una cifra de 419 textos en unas 304 semanas de vida de este blog, lo que supone publicar 4 artículos cada 3 semanas. No está mal. Durante ese período han salido dos libros de este blog y varias colaboraciones en otros medios, luego el balance solo puede ser positivo.

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Algunos colegas llevan tiempo pidiéndome una manera de localizar textos antiguos, algo que leyeron hace mucho (son ya casi seis años dando la lata desde aquí) y recuerdan y que les gustaría recuperar. Hay un buscador a la derecha de la página que puede ayudar en esa tarea, bajo los últimos textos publicados, pero en cualquier caso, voy a crear una nueva página como índice para poder releer los textos antiguos. Hoy toca pegar un repaso a todos ellos y voy a hacerlo de diez en diez, porque creo que ha habido una evolución en ellos.

Comencé rescatando varios relatos del baúl de los recuerdos, hablando un poco de sentimientos y dejando mi primera crónica maratoniana, la de Berlín 2011:

  1. Turbulencias.
  2. La amabilidad.
  3. Los Caballeros de la Orden de Malta.
  4. Ya estamos todos.
  5. Ese incesante zumbido.
  6. El día que gané a Gebreselassie.
  7. Equilibrio precario.
  8. American Beauty.
  9. La mediocridad de los provocadores.
  10. Onetti, Ibáñez, la dignidad y el genio.

En los siguientes diez fui comentando algunas cosas que me llamaban la atención como la interpretación de los sueños, la magia o las teorías de la conspiración, y seguí dejando varios relatos. Uno de ellos, el de los escoceses, una larga broma para responder a quien me dijo que todos mis relatos resultaban muy tétricos o tristones. Entre estos diez está el texto más leído de Lester, pero que curiosamente empezó a ser muy leído y rescatado dos años después: En busca de la tranquilidad.

En la siguiente decena tenemos la primera entrada dedicada a las estadísticas, cuando los lectores de este blog aún no eran muy numerosos y se acercaba el final de ese primer año, que era la vida estimada inicial de este blog. Renovamos (y no por un año, sino ya por muchos más) para seguir hablando de nuevos viajes, música, algún otro maratón como el de Eindhoven y publicando nuevos relatos.

No sé qué pasó en los siguientes diez, de noviembre de 2015 a junio de 2016, pero le dediqué varios esfuerzos a todas aquellas cosas que me tocaban las pelotas, razón por la cual me vi obligado a dedicar uno a todo lo contrario, a aquello que hacía de la vida algo tan maravilloso:

Los siguientes diez textos incluyeron el primer relato premiado, muchos viajes y la primera colaboración externa, la de mi hija Raquel contando su magnífica experiencia de voluntariado en Uganda y la India.

De enero a octubre de 2017 me volqué en los libros y en un proyecto de voluntariado en Bolivia, y de la mezcla de ambos surgió el libro Relatos de un tiempo fugaz, cuya recaudación se destinó a completar las obras del Pabellón Azul del Hogar Teresa de los Andes.

Bolivia nos marcó. Nos encantó como país, pero no deja de dar lástima que un país con tanta riqueza tenga a su gente pasando tantas penurias. Más relatos y nuevas colaboraciones externas que me enorgullecen, en este caso de mi padre sobre un tema escabroso como son los toros.

Entre junio de 2018 y enero de 2019 algo me pasó que la mayoría de los textos buscaron algo de ironía y buen humor, aunque en el camino se me colaron algunos relatos fieles a mi estilo (o sea, tristones):

Nuevas colaboraciones en los siguientes diez artículos (R. San Telmo) y el proyecto del segundo libro que ha surgido de este blog (Aguafiestas), con nuevos fines solidarios como fue en esta ocasión el proyecto de voluntariado en el valle del Chota (Ecuador).

De noviembre de 2019 al momento actual, en el que no hay maratones de los que hablar, ni más viajes que contar que aquellos que sucedieron en el pasado, puesto que tanto las nuevas carreras como los antiguos viajes quedaron apartados por una buena temporada de confinamiento. Ya queda menos.

Aquí no terminan las ideas, sino que mi libreta está a reventar, así que en muy poco tiempo estaré dando guerra de nuevo. Gracias a todos los lectores (cada día más numerosos) por seguir ahí, interesándoos, al otro lado.

Cara Lester

 

La película de las pelis del desván

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TRAVIS, 31/05/2020

Como la mayoría de vosotros, he dedicado parte de la cuarentena a ordenar cajones, armarios y a tirar muchas, muchas cosas que estaban ahí, al fondo de un cajón o en una estantería desde hacía décadas sin que nadie las mirara. Ese remedo de síndrome de Diógenes que quien más, quien menos, padecemos con un cierto grado. Aparecieron fotos antiguas, análisis médicos, radiografías, papeles con esbozos de guiones o ideas que quizás acaben convertidas en un nuevo post. Y aparecieron muchas cintas de música, cassettes de las antiguas repletas de amor de quien las grabó (o eso contaba Nick Hornby en Alta fidelidad) y decenas de películas en VHS, muchas grabadas directamente de la tele, y muchas otras originales, compradas en aquellos tiempos en que coleccionábamos música, películas o libros. Por estética, por afán acaparador o porque nos parecía imposible que todas esas películas, libros y música pudieran encajar hoy en día en un pendrive del tamaño de un dedo o estuvieran accesibles en una nube.

No tengo muy claro qué hacer con varias de esas «pelis del desván»: tirarlas, lucirlas en una estantería o regalarlas (¿quién iba a querer algo que solo puede verse con una tecnología obsoleta?), pero mientras lo pienso voy a utilizarlas para crear «la película de todas esas pelis del desván», para tratar de inventar una historia imaginaria que uniera todas ellas. Algo así como el universo paralelo que se ha creado Quentin Tarantino en el que encajan o se conectan todas sus películas:

  • La serie sobre el grupo Bella Fuerza Cinco de la que habla Mia Wallace en Pulp Fiction son las chicas de Kill Bill.
  • El señor Rubio de Reservoir dogs (Michael Madsen) es hermano del Vincent Vega de Pulp fiction.
  • La tumba junto a la que aparece Uma Thurman en Kill Bill cuando logra desenterrarse lleva el nombre de Paula Schultz (1823-1898), luego podría ser la mujer del Doctor Schultz de Django unchained.
  • Pete Hicox en Los odiosos ocho (Tim Roth) es el tatarabuelo de Archibald Hicox (Michael Fassbender), el militar aficionado al cine de Malditos bastardos.

Quentin Tarantino

Y muchas más conexiones familiares o de productos, como los cigarrillos Red Apple o las hamburguesas Big Kahuna, que dejo en este enlace para los más aficionados. Como si de un juego se tratara, me pregunto: ¿existe algún tipo de conexión entre las películas del desván? O por volver a mi infancia y a aquellos programas dobles, como cuando fui a ver Papillón y El coloso en llamas de una tacada y jugaba a imaginar que Steve McQueen se convertía en jefe de bomberos en San Francisco tras escapar de la Isla del Diablo, ¿seré capaz de enlazar estas historias que van desde la Guerra de Secesión norteamericana hasta mediados de los noventa?

 

Para ello no me queda otra que utilizar una estructura de episodios como la del mencionado Quentin Tarantino en Pulp Fiction. Vamos allá, a ver qué sale:

Guion Pulp Fiction

Prólogo: Frank, Craig y Richard

La historia trata acerca de tres soldados norteamericanos que coincidieron durante la Segunda Guerra Mundial, primero en el frente del norte de África, bajo las órdenes del general Patton, y posteriormente en la entrada en el frente europeo a través del sur de Italia. Craig es un joven soldado que irrumpe en el campo de concentración cercano a Arezzo en el que los alemanes arrasan todo lo que pueden en una última noche de locura antes de la rendición. Para sorpresa de Craig, en mitad del patio se encuentra a un niño de seis años celebrando la llegada del tanque, un niño llamado Giosué Orefice (La vida es bella).

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El reloj de plata

Craig luce un reloj que ganó en una partida de póker jugada en el campamento aliado de Túnez. Tuvo más habilidad que un incauto y algo alcoholizado inglés llamado Geoffrey Clifton, que le contó no sé qué historia acerca de los cuernos que le acababa de poner su mujer (Kristin Scott Thomas) con un conde húngaro, un cartógrafo llamado Laszlo Almásy (El paciente inglés). El reloj arrastraba una historia curiosa, había cambiado varias veces de mano, no de recto. Al parecer había pertenecido a Tristan Ludlow, el segundo de los tres hijos del coronel Ludlow. Tristan (Brad Pitt en Leyendas de pasión) le contó que ese reloj fue un regalo que le hicieron inicialmente a su hermano pequeño, Samuel, el cual perdió la vida en la Primera Guerra Mundial en el frente europeo, tras una carga desesperada. Pese a lo suicida de la misión, los soldados no quisieron desobedecer órdenes y exponerse a ser juzgados en un consejo de guerra como le había ocurrido a varios soldados franceses unos meses antes (Senderos de gloria).

El reloj fue devuelto junto con todas sus pertenencias a su primer propietario, el coronel Ludlow (Anthony Hopkins), que vivía sus últimos años en su rancho de Montana. Este buen hombre se había hecho conocido en la zona por su defensa a ultranza de los indios y fue uno de los artífices de que en 1914 se aprobara el Acta de Ciudadanía que confería a los nativos americanos los mismos derechos que al resto de la población, entre ellos el derecho a alistarse y a morir en el ejército (hasta 10.000 sioux americanos fallecieron en la Primera Guerra Mundial). El coronel conocía de primera mano a los sioux gracias a su buen amigo John Dunbar (Kevin Costner en Bailando con lobos), quien se integró plenamente en la tribu india y formó familia con Erguida con el puño en alto. 

Para su desgracia, los tres hijos del coronel se enamoraron de la misma mujer (Julia Ormond). El pequeño falleció en el frente, el mayor se casó con ella y el mediano, Tristan, abandonó la región y se pasó varios años recorriendo el mundo en un barco mercante en el que trató de olvidarla mientras se entregaba al alcohol, el juego y las mujeres. En una de esas timbas fue donde perdió el reloj con el inglés Geoffrey.  

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La situación con Charlie

Frank era poco más que un crío cuando se alistó en el ejército norteamericano y participó en la Segunda Guerra Mundial. Hizo carrera en el ejército y fue subiendo en el escalafón hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Participó en la guerra de Vietnam, pero una explosión le dejó ciego y la ceguera le volvió un tipo huraño, amargado y alcoholizado. Frank Slade (Al Pacino en Esencia de mujer) decide pasar unos días en Nueva York antes de suicidarse. Conoce a Charlie Simms (Chris O’Donnell), un joven estudiante de familia humilde que ansía entrar en Harvard, y la amistad que se forja entre ambos hace que cambien totalmente sus perspectivas ante la vida y las dificultades.

Los consejos de Frank acerca de la vida harán que Charlie termine trabajando para el despacho de abogados de Joseph Miller, un prestigioso abogado (Denzel Washington en Philadelphia) especializado en causas perdidas como la de ese americano atrapado en Turquía quince años atrás en un caso de contrabando de drogas (El expreso de medianoche) o en el de un abogado contagiado de SIDA que litigó contra el todopoderoso bufete que le despidió por su enfermedad (Philadelphia).

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Garrett y la esposa de David

Giosué Orefice perdió a sus padres muy pronto, a Guido en el campo de concentración, y a su madre al acabar la guerra, así que como tantos otros italianos emprendió el sueño americano. Se pasó varios años trabajando de camarero en Little Italy y estudiando duramente por las noches. Con el título de ingeniería aeroespacial bajo el brazo, logró entrar en la NASA a principios de los setenta, donde conoció a Garrett (Jack Nicholson en La fuerza del cariño), uno de los afortunados astronautas que participó en misiones espaciales a mediados de esa década.

El ex astronauta Garrett se muda a Nebraska y mantiene una relación con Aurora (Shirley MacLaine), la cual está muy volcada en la enfermedad de su hija Emma (Debra Winger). Cuando finaliza la relación de Garrett con Aurora, este se traslada a Nueva York para comenzar una nueva vida. Incluso se cambia de nombre (Melvin Udal será el nuevo) y se convierte en un maniático escritor repleto de trastornos obsesivos (Mejor… imposible). A estas alturas puede que el lector piense que esta continuidad está cogida con pinzas, pero no me negarán el parecido, ¿verdad?

Un buen día llaman a la puerta de Melvin. Son dos detectives, David Mills y William Somerset (Brad Pitt y Morgan Freeman en Se7en). Están en plena investigación de un caso sobre un tipo que vive en la misma planta. Han llegado a Melvin siguiendo los consejos de un tal Hannibal Lecter (El silencio de los corderos, descendiente del coronel Ludlow, sin duda), recluido en la prisión de máxima seguridad de la cercana ciudad de Baltimore: «codiciamos lo que vemos». Por lo visto, el doctor Lecter siempre da los mismos consejos a los investigadores.

Melvin les contesta que no conoce de nada al tipo del piso del fondo, que no sale mucho de casa, y que solo conoce al vecino de al lado, un artista gay cuyo agente (Cuba Gooding Jr.) va contando por ahí que era un jugador de fútbol americano con mala suerte en la NFL por culpa de su agente, un tal Jerry Maguire, que iba tan por libre que le dejó libre… de equipos.

Antes de que los detectives se vayan, y seguramente con el recuerdo de su relación frustrada con Aurora, Melvin espeta a los agentes:

– Cuiden a sus mujeres antes de que pierdan la cabeza.

William es soltero, pero David le mira mosqueado.

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Epílogo: Robert, Richard, Louise y «El Lobo»

El tercero de los soldados, Robert Johnson, se casó con una italiana, Francesca (Meryl Streep en Los puentes de Madison) antes de volver a los Estados Unidos. Aunque Robert nunca lo supo, Francesca tuvo una aventura en 1965 con un fotógrafo del National Geographic llamado Robert Kincaid (Clint Eastwood). Los hijos de Francesca descubren años después el diario de su madre en el que cuenta el romance con el intrépido aventurero y deciden comenzar su búsqueda para contarle que su madre acaba de fallecer. Dejan el pequeño pueblo de Iowa y tras varias pesquisas por Oklahoma y Arkansas, le encuentran finalmente en Arizona. Vive retirado, pero les cuenta que volvió a la actividad una semana antes tras ver a cuarenta coches de policía pasando cerca de su rancho mientras perseguían a dos mujeres a bordo de un descapotable (Thelma y Louise).

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Robert les cuenta que tuvo la suerte de captar una instantánea casi inverosímil: la del preciso momento en que las dos mujeres se suicidaron arrojándose al vacío del Gran Cañón. «Una hermosa locura», sentencia lacónico.

El oficial de policía que intenta frenar a las mujeres en su huida desesperada, Hal Slocombe (Harvey Keitel), dejará el cuerpo de policía tras su fracaso. Se lamenta por no haber sido capaz de parar esa tragedia: «fui el único que intentó ayudarlas». A partir de ahí, dedicará el resto de su vida a ayudar a todo aquel que se lo pida. Ahora se hace llamar Mr. Wolf o Señor Lobo, y vive en Los Ángeles.

THE (fucking and crazy) END

Película de pelis del desván

Una locura, ¿verdad? Me apetecía escribirla, pero sobre todo me apetecía hacer alguna mención a Clint Eastwood, quien hoy cumple la friolera de 90 años. Me venía bien hablar de todas estas películas para destacar el hecho de que el bueno de Clint ha realizado grandes obras en todos los géneros: wéstern (Sin perdón, El jinete pálido), bélico (Cartas desde Iwo Jima, Banderas de nuestros padres), con el deporte como excusa (Million dollar baby, Invictus), de investigación (Ejecución inminente, Poder absoluto), musicales (Bird, The Jersey Boys), de amistades que nacen o se quiebran (Mystic River, Gran Torino), semi-documentales (Sully, Richard Jewell, 15:17 Tren a París),… de todo y (casi) todo bueno. Y El sargento de hierro, El intercambio, El francotirador,… Abrumador.

Happy birthday, Mr. Clint Eastwood! Por muchos años.

Clint Eastwood - copia

 

 

El top-10 de mis derrotas más dolorosas

Derrota Ramos 3

BARNEY, 24/05/2020

Durante estas largas semanas de cuarentena y ausencia de deporte de élite, estoy reviviendo las míticas finales de los Chicago Bulls en los noventa a través de Michael Jordan y The Last Dance, maravillosa serie documental. En paralelo, varias cadenas de televisión, así como numerosas webs, han aprovechado para repetir partidos históricos de mundiales, eurocopas, finales de Champions o grandes combates del incombustible Rafa Nadal. He vuelto a disfrutar de un fútbol más directo, un fútbol lleno de barro y sudor en el que no se medían los esfuerzos, el fútbol que me gustaba y se muere.

Hubo grandes victorias, pero también derrotas muy dolorosas, seguramente más dolorosas si me pillaron en una época más joven y pasional de mi vida, cuando no relativizaba tanto como ahora algunos fracasos porque la experiencia me ha enseñado que aunque hoy pierda el Madrid una liga o una semifinal de Champions de manera injusta, habrá otras y antes de lo que pensaba en el momento del calentón.

Una vez hecha la selección, compruebo que en su mayoría lo que convierte estas derrotas en algo tan doloroso es el componente asociado de injusticia, de inmerecida. Por ejemplo, no me resulta tan dolorosa alguna derrota en la que mi equipo ha dado el máximo, ha luchado bien y ha perdido porque el rival ha sido aún mejor. Eso es el deporte, toca felicitar a tu oponente y aplaudir su fortaleza, como cuando Nadal perdió la final de Australia tras seis horas batallando contra una roca llamada Novak Djokovic. El dolor de estas derrotas va a asociado en muchos casos a otros factores y la falta de merecimiento es el principal. No hay un orden concreto en este top-10 masoquista y seguro que me olvido de algunas dolorosísimas derrotas, pero esta es mi selección de hoy, ordenada cronológicamente:

  • 21 de diciembre de 1987, Final de Copa del Rey de baloncesto en Valladolid. Real Madrid 83 – F.C. Barcelona 84. La del famoso triple de Solozábal, un triple que te birla un título y se lo da al máximo rival. La mayoría de la gente solo recuerda o solo habrá visto esta última jugada, pero yo recuerdo perfectamente las dos anteriores. El partido tenía que haber muerto treinta segundos antes del tiro del 7 azulgrana, pero ambas jugadas fueronmal pitadas, como si se buscara dar una última oportunidad de tiro al Barça. El Madrid compitió con todo, con un Fernando Martín pletórico, peleando con Audie Norris y haciendo que saltaran chispas en cada choque. En mi post de homenaje a Fernando ya hablé de este partido y subí un vídeo con los momentos finales. Sentí mucha rabia por dos cosas: por perder y porque ni uno solo de los periodistas a los que escuché o leí comentó nada acerca de las dos jugadas previas. El cabreo me duró unos días, como… treinta y dos años y medio.
  • 20 de abril de 1988, vuelta de semifinales de la Copa de Europa en Eindhoven. A decir verdad no fue una derrota, sino un empate a cero goles que supuso la eliminación del Madrid de la Quinta del Buitre de una competición que parecía (esta vez sí) nuestra. El Madrid de esa Quinta fue como el Brasil de España 82, uno de esos equipos que jugaba maravillosamente bien al fútbol, que nos enamoró a muchos, pero a los que la historia les va a recordar por ese «casi», por la ausencia del gran título para el que parecían destinados. Cinco ligas consecutivas apabullando a sus rivales están muy bien, pero aquella temporada 1987-88 el Madrid iba con todo a por el título. Eliminó al campeón de Italia en primera ronda (el Nápoles de Maradona) tras jugar a puerta cerrada en el Bernabéu, luego se deshizo del campeón de Europa, el Oporto, tras jugar la ida en Mestalla, y posteriormente se cargó al subcampeón, el Bayern de Múnich. El PSV parecía un rival menor en comparación con los anteriores, pese a que estaba arrasando en la liga holandesa. Y sin embargo, el Madrid no fue capaz de eliminar a los holandeses, pese a la cantidad de oportunidades marradas en la vuelta. Yo fui de los que cantó gol en la chilena de Hugo Sánchez que salvó van Breukelen, y de los que no entendió el fallo garrafal de Butragueño tras quedarse solo frente al portero. Una pena. El PSV logró la «hazaña» de ser campeón de Europa sin ganar uno solo de los últimos cinco partidos (cuartos con el Girondins, semis con el Madrid, final con el Benfica), todo empates.
  • 25 de mayo de 1989, quinto partido de la final de la ACB. Escenario del atraco: Palau Blaugrana. Barça 96 – Real Madrid 85. La Liga que iba a ser la de Petrovic se convirtió en la de Neyro. El Madrid ganó los dos partidos en los que no pitó el colegiado bigotón y perdió los otros tres. Al quinto y definitivo partido se llegó con un Madrid muy tocado por las lesiones. Fue la serie de la famosa frase de Fernando Martín con su espalda destrozada: «yo no me levanto de la cama para perder». Para sorpresa de los espectadores culés, el Madrid llegó con ventaja al descanso. Pero algo no andaba bien, como recordó Joe Llorente: «…nos fuimos al descanso con una ligera ventaja y jugando bastante bien. En el vestuario empecé a mirar las estadísticas y me fijé en un dato curioso: en la columna de las faltas personales leí 3,3,3,2,3,3….Recuerdo que pensé que en la segunda parte íbamos a sufrir lo indecible. Pero fue más que eso. El concepto clave aquí es el listón que se aplica a la hora de señalar las faltas. Los árbitros pueden colocarlo a una altura u otra, pero lo que no se puede hacer es cambiarlo cuando se trata de zonas del campo opuestas». La estadística final fue demoledora: Barça, 19 faltas. Real Madrid, 40. Expulsados en el Barça: 0. En el Madrid 6. Acabó jugando los últimos minutos con 4 jugadores, dos de ellos juniors. Neyro se la tenía jurada a Petrovic desde un amistoso en un torneo de pretemporada jugado con la Cibona de Zagreb en Puerto Real, el partido del famoso escupitajo de Drazen Petrovic al árbitro. Habían pasado casi tres años pero Neyro se la tenía jurada y se la cobró en la final. En los últimos minutos, cuando se dedica a echar a los jugadores del Madrid por «soplidos» y faltitas, y sobre todo cuando Epi se pone a imitar al inimitable Drazen (solo osó hacerlo cuando jugaba contra cuatro) estuve a punto de tirar mis zapas de basket a la tele. Por cierto, la pareja de Neyro en esos partidos era Francisco Monjas, hoy director del Comité de Árbitros de la ACB. En este enlace podéis «disfrutar» de las faltas personales que nos regaló el dúo arbitral ese día:

Derrotas Mestalla

  • 5 de abril de 1990, Final de Copa del Rey en Mestalla. Barça 2 – Real Madrid 0. De nuevo el Madrid de la Quinta del Buitre, un equipazo que volvería a llevarse la Liga con facilidad, con nueve puntos de ventaja sobre el Valencia y once sobre el Barça cuando las victorias aún valían dos puntos. El entrenador del Barça estaba en la cuerda floja, un tal Johan Cruyff muy cuestionado por entonces. En aquel partido hay una jugada que decide todo: la expulsión de Fernando Hierro al borde del descanso. Realiza una entrada dura en la que llega tarde, pero va al balón claramente. Los jugadores azulgrana realizan el corrillo habitual alrededor de García de Loza (no olviden jamás este nombre) y consiguen su objetivo, la segunda amarilla para el malagueño. El problema es que apenas unos minutos antes el mismo árbitro sitúa el nivel de las tarjetas en un «no pasa nada, sigan, sigan» tras dos agresiones casi consecutivas de Ronald Koeman y Guillermo Amor. He conseguido recuperar ambas entradas. La de Amor habría sido su segunda amarilla y no hay excusa posible para no sacársela puesto que le rompe la media a Martín Vázquez tras entrarle con los tacos al gemelo. Es una entrada criminal que se saldó sin nada. ¿Adivinan quién marca el gol en la segunda parte, cuando el Madrid aguantaba con diez? Sí, el mismo Guillermo Amor. En el descuento, con el Madrid volcado, Julio Salinas anotó el segundo.

  • 7 de junio de 1992. Heliodoro Rodríguez López. Tenerife 3 – Real Madrid 2. La derrota que puso en bandeja la Liga para el Barça. Aquellos fueron los primeros años de Canal Plus y esos años sirvieron para plantar la semilla del vomitivo doble rasero que sufrimos desde entonces. El Madrid tenía que ganar el partido para proclamarse campeón y se puso pronto con ventaja de 0-2. Sin embargo, con 1-2 en el marcador de nuevo un tal Raúl García de Loza decidió convertirse en protagonista. Primero anuló un gol perfectamente legal a Luis Milla, tan legal como que había tres defensas del Tenerife más atrasados que el madridista. Y por si eso no fuera suficiente, decidió después un poco más de protagonismo y expulsó a Villarroya por dos tarjetas totalmente discutibles. Vamos, de acuerdo con su criterio de la final de Copa del 90 ninguna lo era. Al Madrid le entró el nerviosismo y de ahí vinieron las dos cagadas posteriores de Rocha y Paco Buyo. Este vídeo de Hechicero es una joya. Michael Robinson intenta hablar del gol mal anulado y el culé Carlos Martínez, alias «se nos escapa… se le escapa la Liga al Barça», cambia de tema rápido, hasta dos veces: Enlace al gol de Milla.

Derrotas Tenerife

  • 20 de junio de 1993, de nuevo el Heliodoro Rodríguez López, Tenerife 2 – Real Madrid 0. Un año después se vivió una situación similar. El Madrid podía proclamarse campeón de Liga, pero para ello debía vencer de nuevo en Tenerife. Por aquellos años yo escuchaba a José María García, Butanito for ever, periodista aficionado a husmear y sacar trapos sucios donde pudiera, pero mi fe en él comenzó a decaer un año antes, cuando decidió no hablar del lamentable arbitraje de García de Loza, ni de las primas ofrecidas desde Barcelona a jugadores del Tenerife e incluso a alguno del Madrid como Milla. Pasaron tantas cosas raras un año antes (que siempre favorecían al injustamente llamado dream team) que me sorprendió que quedara en nada. La Liga acabó de nuevo en Barcelona y de nuevo el arbitraje fue lamentable, Gracia Redondo. Se tragó dos penaltis, aunque algunos hablan de un tercero que para mí es menos claro. Ambos penaltis son tan exagerados, tan claros, que de verdad que no puedo concebir que no se señalara ninguno, salvo que no fuera un error. Aquel partido, sin embargo, no mereció ganarlo el Madrid, al contrario que el del año anterior. Los jugadores del Madrid estaban fundidos, por el calorazo en Tenerife a finales de junio, pero sobre todo por el sobreesfuerzo realizado apenas cuatro días antes en la semifinal de Copa. ¿Los motivos? Los habituales, jugar más de una hora en el Camp Nou con diez, y sin embargo se ganó 1-2. Fue un cúmulo de desgracias, se estropeó el aire acondicionado del avión que llevó a los jugadores a Tenerife, como recordaba Martín Vázquez en una entrevista reciente, y algunos jugadores perdieron varios kilos. El Madrid encajó dos goles muy pronto y el resto del partido fue un quiero y no puedo de unos jugadores fundidos, por eso lo pasé tan mal ese día. Y si alguna oportunidad hubo de meterse en el partido, el de negro se encargó de quitárnosla.
  • 9 de julio de 1994, Foxborough, Mundial de Estados Unidos. Italia 2 – España 1. Desde pequeño, desde aquellos saltos viendo la goleada a Malta con mi padre, siempre había tenido la ilusión de ver ganar algo a la selección española. Y casi siempre le había tenido una manía especial a los italianos, ya fuera a la selección de fútbol, al Milán, a la Juve, o a la selección de baloncesto de Meneghin que nos derrotó en el Eurobasket del 83 a base de leñazos. O a la selección que ganó en España 82 a mi selección brasileña favorita de todos los tiempos, la de Zico, Sócrates y Falcao. La selección de Clemente nunca estuvo entre mis favoritas, sobre todo por su afición a amontonar centrales y a jugar con Zubimaleta hasta la jubilación, pero siempre fue «mi selección». Tengo mucho cariño a aquel caluroso verano del 94 y a aquel sábado noche en que nos juntamos medio Madrid en Cibeles para celebrar algo de tan poco valor como derrotar a Suiza en octavos de final por tres a cero. Fue el día que unos energúmenos le arrancaron un brazo a la diosa de los triunfos madridistas. El cruce de cuartos, creíamos (ilusos de nosotros) que esa vez nos tocaba pasar. Pero todos sabemos cómo acabó, con la cagada clamorosa de Julio Salinas, la salida ridícula de Zubi y la nariz reventada de Luis Enrique. No lloré como el asturiano, pero perder con los italianos una vez más, me dolió casi lo mismo.

 

  • 22 de junio de 2002, Gwangju, Corea del Sur 0 – España 0. Ese Mundial iba a ser el bueno. Me molaba la selección de Camacho, sobre todo tras los años de cicatería de Clemente. En la porra que habíamos hecho en el trabajo al principio del campeonato había dibujado una final España-Brasil y estaba plenamente convencido. En cuartos nos tocaba enfrentarnos a Italia, pero para nuestra sorpresa los anfitriones se deshicieron de ellos, no sin polémica. «Mucho mejor», pensé, «los italianos, cuanto más lejos, mejor». El partido se jugó a las ocho de la mañana en España y yo había tenido una boda el día anterior, con lo cual llevaba pocas horas de sueño en el cuerpo. El partido tendrá para siempre un sabor amargo a café y pan con aceite, a otro café y unos cereales, a los comentarios resacosos que nos cruzamos mi amigo Charlie y yo (ya recordados en Una mañana de junio). Aquel día llegué a convencerme de que nunca vería a España ganar nada en fútbol. Era nuestro Mundial y un egipcio y sus auxiliares de Uganda y Trinidad y Tobago se empeñaron en amargárnoslo. No fueron solo los dos goles anulados, sino el fuera de juego del final de la prórroga cuando Luis Enrique se quedaba solo. Y luego estuvieron los miedos de algunos veteranos como Nadal y Luis Enrique a lanzar los penaltis, responsabilidad que dejaron a un veinteañero Joaquín que marró y volvió a mandarnos para casa en cuartos de final.
  • 2 de mayo de 2009. Santiago Bernabéu. Real Madrid 2 – Barcelona 6. Marcador para una generación, para aguantar durante mucho, mucho tiempo. En aquella liga el Madrid había remontado seis puntos al Barça en las últimas jornadas, bajando la diferencia de diez a solo cuatro puntos. Y al cuarto de hora se puso por delante tras un golazo de Higuaín a pase de Ramos. El Madrid estaba a un punto del Barça, la Liga era posible. Pero pasó lo que pasó, la debacle, el 1-3 quizás inmerecido al descanso, la tímida esperanza tras el gol de Ramos al principio de la segunda parte y… el caos después. Ramos pudo ser el héroe de la remontada tras marcar un gol y dar otro, pero se comió por su lado los goles de Henry. Ramos en estado puro. La última media hora fue muy triste, de impotencia, y los culés fueron a hacer lo que hay que hacer en esos casos: sangre. He visto partidos del Madrid en que ha podido hacer sangre al Barça y los jugadores han levantado el pie del acelerador, como el famoso partido del pasillo, 4-0 y jugando contra diez, o unas semis con Mou, ganando 0-3 en el Camp Nou, perdonando el cuarto y permitiendo que los culés maquillaran el resultado (1-3). Nada que objetar a las ansias de Piqué.
  • 27 de abril de 2011. Santiago Bernabéu, Real Madrid 0 – Barcelona 2. Aquel fue el día en que la sublimación de las artes escénicas culés promovidas por Guardiola obtuvieron su mayor recompensa. El árbitro alemán Wolfgang Stark picó y expulsó con roja directa a Pepe por un juego peligroso ante Dani Alves en el que no hubo ni contacto. Fue el famoso día de los «¿Por qué?» de Mou a los que ya dediqué un amplio espacio, dos post completos, así que no me extenderé demasiado. El partido fue muy flojo, malísimo, porque Mou jugó a no arriesgar e ir a la vuelta con el marcador igualado, pero la actuación colosal de Alves, que un minuto después correteaba con alegría por el campo, fue decisiva. La rajada de Mou tuvo una continuación en la vuelta, en la que el árbitro pitó peligro en contra del Madrid en dos jugadas clarísimas, una de ellas, la famosa de Higuaín, que acabó en gol. La estadística indica que en los minutos que se jugó once contra once el Madrid habría pasado la eliminatoria, pero eso es un consuelo que sirve de poco.

Derrota Ramos

Hoy es 24 de mayo, día en que los madridistas celebramos la consecución de dos Copas de Europa, o dos Champions, como se llaman ahora, la Octava (3-0 frente al Valencia) y la Décima (4-1, el gol de Ramos en el 92,48). He querido recordar las derrotas más dolorosas porque muchas veces de ellas se saca la motivación o la experiencia para los éxitos que llegarán después. Michael Jordan aprendió a ganar la NBA en las dos series perfidas ante Detroit o en su vuelta cuando cayeron frente a Orlando Magic. El 5-0 que encajó Mou en su debut frente a Guardiola sirvió para ganar unos meses después la final de Copa en Mestalla. Mourinho sacó al equipo del abismo de los octavos para poner las bases de las 4 de 5 que llegarían después, del mismo modo que Fabio Capello cogió a un equipo que no se había clasificado para Europa y formó el equipo campeón que Jupp Heynckes llevaría al triunfo en Europa en el 98. Sergio Ramos aprendió el día del 2-6 que puede ganar un partido con la misma facilidad con la que puede perderlo. La selección española supo que podía ganar la Eurocopa o el Mundial el día que acabó con la maldición de cuartos y con los italianos. Porque lo importante de una derrota es entenderla y saber levantarse.

«He aprendido más de mi única derrota que de todas mis victorias»

(Carlomagno)

Real Madrid v Liverpool - UEFA Champions League Final

Con Animal en el juzgado

Juzgados 0

JOSEAN, 17/05/2020

Esta semana me tocó ir a un juzgado a declarar como testigo de la parte demandada, que no es otra que la empresa que me paga religiosamente mis (por otro lado impagables) servicios. La jornada habría resultado tediosa de no haber mediado la comparecencia del otro testigo, mi compañero Animal, así llamado no precisamente por sus exquisitos y contenidos modales. Excesivo, algo bocazas, mujeriego, pero buen compañero de batallas por encima de todo.

El juicio no era más que una reclamación de cantidades entre otra empresa y la nuestra. Un importe medio, no demasiado elevado, el típico importe que para un particular es una buena jodienda, pero para una empresa es una cantidad apenas perceptible en la cuenta de resultados. En cualquier caso, una cantidad por la que merecía la pena luchar y solucionar las cosas como se debería: batiéndose en duelo al amanecer. Nunca en un juzgado repleto de togados y gente siesa.

El abogado defensor contratado por nuestra empresa nos citó unos días antes para aconsejarnos sobre determinadas pautas de comportamiento que debíamos observar ante sus señorías, la primera de las cuales era fingir que no habíamos preparado el juicio. Más aún, que ni siquiera nos conocíamos.

– ¿Cómo? -preguntamos Animal y servidor al unísono.

– Sí, lo normal, no pasa nada, se supone que no podemos preparar vuestra comparecencia. Ah, y muy importante: un acusado puede mentir, pero un testigo tiene obligación de decir la verdad.

– Vamos a ver si lo he entendido -dijo Animal-, se supone que no te conozco, y si me preguntan si te conozco tengo que decir que no. Y nos has hecho venir aquí, y el día del juicio vamos a tomar un café y entrar juntos, pero luego si me preguntan no puedo mentir.

– Así es.

– ¡Tócate los cojones! -se le escapó a Animal.

– No te preocupes, que no lo preguntarán. Entre bomberos no nos pisamos la manguera.

Y ya está, y con eso se quedó el abogado se quedó tan tranquilo, no así nosotros. Nos explicó que la vista sería grabada, que el escenario es intimidatorio, «un efecto buscado, se trata de que estéis incómodos», en forma de U, con el testigo frente al juez y el secretario, con la defensa a la derecha y los abogados de la parte contraria en el lado izquierdo. Nos anticipó las cuestiones que seguramente saldrían y nos preparó las que entendía que vendrían de la parte contraria. En uno de los momentos nuestro abogado me dijo que uno de mis correos electrónicos de tres años atrás era muy relevante para la resolución del caso. Me eché a temblar, dado que mi incontinencia epistolar suele ser igual de desmedida incluso cuando se trata de correos laborales. A lo largo de todo el expediente había una veintena de correos escritos por mí con sus correspondientes respuestas de la otra parte, y por suerte no encontré en ninguno de ellos mis tradicionales «sois la hostia», «la madre que te parió» o «cagüenmiputacalavera-qué-condiciones-son-estas», frases habituales en toda negociación que se precie.

– Es este correo. Si te parece, en un momento dado, voy a preguntarte por el mismo y tú vas a contestar «no sé, ha pasado mucho tiempo, no lo recuerdo», y entonces yo le pediré permiso a su señoría para mostrarte el expediente, que lo leas en voz alta y que hagas como si recordaras las circunstancias que lo motivaron.

Uno es un currante y no un actor, y entre mis aptitudes laborales no se halla la interpretación, pero, bueno, el deber llamaba a mi puerta y trataría de emular a Henry Fonda o a James Stewart cuando la defensa lo requiriera. Con estos cuatro consejos llegó el día de autos y, café mediante con nuestro «desconocido» abogado, nos presentamos en el juzgado. «Es una jueza, la conozco de hace tiempo, es veterana». Veterana y malencarada, madre mía. Tenía pinta de no haber dormido bien desde antes de ser madre y eso que tenía aspecto de ser ya abuela.

– Que pase el primero de los testigos.

Juzgados 2

«My turn!», y me encaminé hacia la sala, no exento de cierto nerviosismo. Efectivamente y como me había anticipado nuestro picapleitos, el escenario es incómodo, con un «pringao» como el que esto escribe de pie en el centro de la sala y el resto de la sala sentados. Al frente, a ambos lados e incluso detrás de mí. Te miran todos con una cara tan rara que estuve a punto de llevarme la mano a la bragueta por si había cometido el error de… ya saben. El micro estaba sobre una pequeña tarima, pero a la altura de una persona de metro sesenta, con lo que para hablar tenía que encorvarme ligeramente. Miré la base del micro, pero no me atreví a intentar subir su altura, porque iba a cagarla seguro, como esos tipos poco avezados en la televisión que aunque sean físicos nucleares son incapaces de ponerse el micro de manera correcta.

La jueza hizo la típica pregunta de rigor sobre jurar o prometer decir la verdad y luego otra que desconocía hasta este proceso sobre si tenía algún interés personal en el caso:

– Por supuesto, trabajo para esta empresa, no quiero que esos señores me estafen y vengo a defender los intereses de quien me paga.

¡Error! Menos mal que ya me lo había advertido nuestro abogado, así que contesté como me habían aleccionado:

– No, ningún interés -con desidia.

Comenzaron las preguntas del lado amigo y respondí de manera escueta, como me habían aconsejado. Se me ocurrían un montón de improperios que soltar sobre las prácticas extorsionadoras de la contraparte, pero seguí con ese perfil bajo que la situación demandaba. La jueza y la secretaria no dejaron de escribir en ningún momento, a mano, apenas me miraban, y aunque yo trataba de buscar su mirada lo cierto es que la jueza parecía estar escribiendo un testimonio pre-suicidio o la lista de invitados a algún soporífero evento familiar.

Llegamos a nuestro pequeño teatrillo y mi abogado preguntó a la jueza si podía mostrarme el documento número 17 que constaba en el expediente. La jueza asintió con el mismo ánimo con el que un rumiante en la pradera eleva la vista ante un visitante de ciudad y me acercaron el tochaco que contenía el expediente.

– Hace mucho de este correo… espere que refresque la memoria -«joder, mientes peor que Ana Rosa hablando de su libro»-. Ah, sí,… creo recordar que es un correo que dirigí a alguien de la compañía pidiendo aclaración sobre una cláusula del contrato, no sé si al comercial o al director general… -me toqué la nariz, craso error, gesto inequívoco en todos los manuales de «gestos a evitar cuando vas a soltar una trola», me puse algo nervioso, pero fui capaz de recomponerme y leerlo-. «Estimado David, me dirijo a ti…»

Entonces llegó el turno de la abogada de la defensa. Era una chica joven, treintaypocos años, resultona más que guapa, rubia muy rubia sin cumplir uno solo de los tópicos sobre las rubias. Llevaba unas gafas rojas tras las cuales escondía unos ojos que parecían muy bonitos, y… lo cierto es que para mí ahí acababa su encanto porque en cuanto abría la boca… ¡madre mía, chica, respira un poco, que te vas a asfixiar! Comenzó a cuestionar todo, el contrato, las cláusulas, mis correos, las respuestas de sus defendidos, todo. Le faltó cuestionar mi nombre y mi presencia en el juicio. En sus propias preguntas trataba de llevar implícita la que debía ser mi respuesta. Una lianta del trece. «Joder, si no estoy atento, me la lía», así que contesté de una manera aún más escueta, casi con monosílabos, excepto cuando tuve que acudir al mismo correo electrónico leído con anterioridad.

– No, desde luego que no fue así, como puede comprender tras el correo que hemos comentado y la respuesta del director general de su compañía.

Terminó el interrogatorio y pedí permiso para salir de la sala para atender mis quehaceres diarios, bastante importunados ya por ese día. La jueza Alegrías me contestó con una sola palabra:

– Siéntese -quizás fueran tres palabras y añadió «por favor», pero el tono tajante e imperativo hizo que no escuchara nada más.

Llegó el turno de Animal. Me temí lo peor de él, sobre todo al ver el aspecto de la abogada contraria. Prometió decir la verdad y toda la verdad, y a la pregunta sobre su interés en el pleito contestó «ninguno» con la misma apatía o más que si hubiera pronunciado «me la suda», que en su jerga le pega bastante más. Bien, parecía tener la lección bien aprendida. Respondió con soltura y su gracejo habitual a las preguntas de nuestro abogado, con un tono algo informal para lo que a buen seguro se estila en los juzgados a diario. Se le escapó un «no, joder», pero fue capaz de excusarse a continuación y proseguir con la exposición de los hechos. Sonó natural, para nada impostado, como seguro que lo estuve yo por momentos. Algunas de sus respuestas lograron que la jueza levantara la cabeza de sus papeles y de la elaboración de la «lista de invitados», y enarcó las cejas cuando Animal contestó con algún exceso de campechanía:

– Estoy tan seguro como del color de la toga de esta señorita -dijo señalando a la abogada de la defensa.

Lo cierto es que todas las togas de la sala eran negras, pero yo, que le conozco bien, sé que Animal ya se estaba imaginando a la abogada sin la toga. O con la toga y sin nada más debajo.

Comenzó el interrogatorio de la abogada, de «la Rubia». Observé a Animal callado como nunca le había visto en presencia de una mujer, obnubilado por completo. Como me reconoció después, se estaba poniendo cachondo. Sé que el juicio era un tema serio, pero me vino a la mente el recuerdo de una conversación con Animal sobre cierta mujer del ámbito político:

– Joder, tío, yo es que cuando Inés Arrimadas se pone a echar broncas, me pone mogollón. Tiene un morbazo tremendo. Con esos ojazos, con esa labia que… uf, si yo fuera su marido, una discusión con ella solo podía acabar de una manera. De esa manera.

Se me pasó por la cabeza que Animal fuera a contestar con un «mira, guapa», o un «no, cariño». Me di cuenta de que era yo el que estaba entre nervioso y expectante, mucho más que el propio interrogado, y la situación no dejaba de resultar paradójica. Animal contestó de una manera muy profesional… para ser él, ¡estaba flirteando con la abogada, la madre que le parió! Contestaba con cierta condescendencia, me atrevería a decir que con algo de cariño, pero por suerte en ningún momento dijo nada inconveniente para nuestros intereses.

Terminado el interrogatorio, Animal se sentó a mi lado y llegó el turno de las exposiciones finales de los abogados. Ahí fue cuando pude comprobar la locuacidad de los picapleitos. Sabía que la del nuestro era insuperable… hasta que vi a «la Rubia» en acción. Menudo torrente de voz, menuda capacidad de dicción sin atragantarse y sin pestañear, de vocalización precisa y rotunda, «bla, bla, bla, las condiciones eran muy claras, bla, bla, bla, interpretación interesada, bla, bla, bla, mala fe…». Miré a Animal, que estaba embobado escuchándola y le di un codazo en las costillas. De no haber estado en un juzgado, le habría hecho el gesto de recogerle las babas de la boca. Por un instante llegué a pensar que al acabar iba a levantarse a aplaudir, rendirse abiertamente a sus encantos e invitarla a un café, a comer, a unas cañas o a solucionar las diferencias a la manera de una buena «arrimada» a Inés.

La abogada estuvo piando unos quince minutos, impresionante. Lo que más me dolió fue escuchar la tergiversación de mi relato, la interpretación torticera de mis palabras, y uno, que ha visto muchas películas norteamericanas de juicios, estuvo tentado de vociferar un «¡protesto!» en toda regla. Cosas así se habrán visto en muchos juicios, que la tele es mala consejera y todavía me acuerdo de aquel individuo que pidió acogerse a la quinta enmienda.

Terminó la vista y salimos todos por la misma puerta. Me quedé hablando con nuestro abogado, que salía bastante satisfecho, o al menos eso me confesó. La jueza pasó ante nosotros con prisa y se despidió con la misma efusividad con la que un verdugo despide a sus ajusticiados. Quizás el cuello de su toga entendió el «hasta otra» que pronunció. Ojalá no haya otra, pensé para mis adentros.

La abogada de la otra parte, la «Rubia» for ever, abandonó su papel de inquisidora Dominatrix y pasó a ser todo dulzura y simpatía, momento en que se acercó Animal a decirle que lo de la mala fe le había ofendido profundamente.

– ¡Yo no he obrado de mala fe en mi vida!

– Nada, nada, no te molestes, ya sabes cómo es esto, hay que sobreactuar un poco, ja, ja, ja -respondió mostrando una hermosa sonrisa.

Un par de semanas después tuvimos la resolución y fue favorable a nuestros intereses, ¡bien! Cuando comenté la sentencia con Animal, me contó que quedó con la Rubia esa misma tarde-noche del juicio y que no podía contarme nada más «porque no es propio de caballeros». Sé que no hubo nada más porque lo que no es precisamente Animal, es un caballero.

 

 

 

Los Tauro del 70

BARNEY, 09/05/2020

Andre Agassi cumplió 50 años el pasado 29 de abril.

Diego Pablo Simeone cumplió 50 años el pasado 28 de abril.

Luis Enrique Martínez cumplió 50 años el pasado 8 de mayo.

Lo cual significa que estos tres famosos deportistas nacieron en días muy cercanos entre finales de abril y principios de mayo del 70. Para los aficionados a esa cosa extraña del horóscopo, los tres son Tauro. Me parece absurdo que los millones de personas nacidos bajo el mismo signo zodiacal compartan características comunes, pero vamos a jugar a eso. Si miro un poco lo que dice el horóscopo sobre los Tauro (a ver… me meto en páginas raras de estas… gugleo «Tauro»,… qué cosas leo, en fin), nos indica que estos son perseverantes, cabezotas, que les cuesta cambiar de opinión y de trabajo, que son fieles, generosos, con un punto de rebeldía,… ya he leído suficiente. Según el horóscopo chino, los nacidos en 1970 lo hicieron bajo el signo del perro y son leales, valientes, honestos, trabajadores e inteligentes. 

Así que hoy me toca hablar de tres perros viejos, leales a sus ideas y muy perseverantes, vamos a ver qué hay de cierto en ello.

Tauro-AgassiAndre Agassi escribió uno de los mejores libros de memorias que he leído a un deportista, Open. Según Rosa Montero, «una conmovedora historia sobre la tiranía del éxito y del fracaso y sobre las muchas vidas que hay en una vida». Andre Agassi cuenta que odiaba el tenis desde el primer capítulo: «lo odio con toda mi alma, y sin embargo sigo jugando, sigo dándole a la pelota toda la mañana y toda la tarde porque no tengo alternativa. Por más ganas que tenga de parar, no lo hago. Sigo suplicándome a mí mismo parar, y en cambio sigo. Y ese abismo, esa contradicción entre lo que quiero hacer y lo que de hecho hago, es la esencia de mi vida».

Tauro-Agassi Borg

El tenista norteamericano, natural de Las Vegas, no estaba predestinado a hacer una gran carrera en el tenis profesional. No tenía un físico espectacular y carecía del talento de otros jugadores de la época. Sin embargo, gracias a su tesón y su insistencia se labró una gran carrera de veinte años en un deporte tan exigente como el tenis. Ganó ocho Grand Slam (4 Open de Australia, 2 US Open, un Wimbledon y un Roland Garros) y el oro en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Es lo que llaman el Golden Slam, algo que no han logrado ni siquiera Federer y Djokovic. Sí lo ha hecho nuestro incombustible Rafa Nadal.

El libro va desgranando cómo el joven Andre odiaba el tenis y la manera de entrenarle y exigirle que su padre ponía en práctica con él y con sus hermanos a diario en la pista construida en el jardín de su casa. El padre de Agassi, ese chalado iraní ex boxeador rebautizado como Mike, fabricó una máquina lanzapelotas con un viejo cortacésped («el dragón», como lo llamaba Agassi) y les tenía todo el día atizando pelotas o tratando de devolver lo que el dragón escupía por su boca. Su filosofía era clara:

«Mi padre dice que si devuelvo 2.500 pelotas al día, devolveré 17.500 pelotas a la semana, y al acabar el año habré devuelto casi un millón.

Mi padre cree en las matemáticas. Los números, dice, no engañan. Un niño que devuelva un millón de pelotas al año será invencible».

No fue invencible, pero sí un grande de este deporte, muy grande. Un tenista con golpes espectaculares y una tenacidad encomiable en la pista, uno de esos tipos a los que tienes que derrotar varias veces en un mismo partido y asegurarte de que lo has rematado, porque si no, se va a levantar y te va a remontar el encuentro por imposible que parezca. En ese sentido, pertenece a la estirpe de Jimmy Connors, Novak Djokovic o el propio Rafa Nadal.

Tauro-Agassi Nadal

Agassi odiaba el tenis, o eso cuenta, pero había cosas que llevaba aún peor. «Está claro que no entiende el dolor que me causa perder». Y por eso se agarraba de ese modo a la pista. Como dice en el momento previo a un partido contra Michael Chang: «ese hombre es un fenómeno excepcional: un rival que tiene exactamente las mismas ganas de ganar que yo, ni más ni menos. Los dos sabemos desde el primer saque que esto no se decidirá hasta el último momento».

El libro desgrana capítulo a capítulo cómo Andre fue forjando su cuerpo y su mente para alcanzar grandes éxitos, para ocupar el número uno del mundo durante más de cien semanas pese a ser contemporáneo de un fuera de serie como Pete Sampras. En ese camino hacia el éxito contó como entrenador con un tipo duro como Brad Gilbert. Los que le vimos jugar sabemos que Brad era uno de esos jugadores malencarados, antipáticos, que se lo dejaban todo en la pista y lo intentaban de todas las maneras para dar siempre el máximo, pero sobre todo, para conseguir disminuir las prestaciones del rival. Escribió un libro cuyo título lo dice todo: Winning dirty. Ganar sucio.

Andre Agassi fracasó en sus primeras tres finales en torneos de Grand Slam, con 20 y 21 años de edad, pero su perseverancia le llevó a insistir, a seguir peleando y logró sus mayores éxitos muchos años después. Entre mayo de 1999 y enero de 2000, es decir, bordeando la treintena, encadenó el título de Roland Garros, la final en Wimbledon y los triunfos en el US Open y el Open de Australia. Brad Gilbert en el Washington Post declara que su pupilo «tiene un récord de veintisiete partidos a uno en los cuatro últimos torneos de Grand Slam». Solo Rod Laver, Don Budge y Steffi Graf lo superan. En el New York Times Gilbert declara: «la verdad es que creo que no volveremos a ver a Andre dejar de luchar». Estuvo a dos puntos de perder en semifinales contra Pete Sampras, pero logró remontar en el que quizás fuera el momento cumbre de su carrera.

Andre Agassi es un Tauro de manual. Y un perro viejo, según el horóscopo chino o según la puñetera realidad.

Tauro Simeone 2El Cholo Simeone comparte varias de las características que he comentado acerca del tenista norteamericano. No era un jugador talentoso, ni un portento físico, pero sí un tipo generoso en el esfuerzo y que odiaba perder (lo odia aún más a día de hoy). Un perro viejo que va a hacer cuanto esté en su mano para llevarse la victoria, aunque eso suponga tener que enfangar el terreno para que el rival se sienta incómodo. Como jugador era un centrocampista duro, correoso, pero no tenía mal trato con el balón y sobre todo, sobre todas sus condiciones, yo destaco que sabía lo que el equipo y el partido requerían en cada momento. Era uno de esos jugadores que en su Argentina natal definen como «cancheros». Un tipo canchero es un jugador que «tira de experiencia en los momentos difíciles. Los jugadores cancheros saben cómo administrar una ventaja exigua, enlentecer el juego o sacar un beneficio grande de detalles pequeños», según la estupenda definición de Álex Grijelmo.

La primera vez que escribí en este blog sobre Simeone (Los antecedentes del Cholo) comencé destacando su acción en el Mundial de Francia en 1998, un lance en el que con una chorrada, con una pequeña provocación, logró que expulsaran a la estrella rival, el entonces joven David Beckham. Esa expulsión fue clave para que Argentina eliminara a la selección inglesa. El Cholo en estado puro, un tipo inteligente sobre el césped y en los banquillos, un luchador nato con una carrera más que notable, pese a que en los últimos tiempos haya criticado su estilo o su obstinación en hacer que el Atleti juegue feo cuando tiene mimbres para hacer otro cesto. Para algunos ha creado incluso una filosofía, el cholismo, del que decenas de periodistas son fieles seguidores.

Si Agassi vivía con la contradicción entre su amor por la victoria y el odio por el tenis, yo creo que el Cholo vive bajo la contradicción de haber querido ser un artista del juego, un mejor jugador, y sin embargo ha visto que sus mayores logros los alcanzaba embarrando el terreno o confundiendo al rival. Como jugador era buen llegador, con potente remate de cabeza y sabía mover el balón con criterio, pero su punto fuerte siempre fue el juego directo. Intenso, duro cuando era necesario. Como entrenador ha intentado tímidamente cambiar el juego del Atleti, pero ha terminado volviendo a lo que más éxitos le ha procurado, el catenaccio moderno en el que el balón estorba, el «unocerismo» llevado a su máxima expresión. Marcar el primer gol, colgarse todos del larguero y romper el ritmo del rival como sea, lanzando otro balón al campo o perdiendo todo el tiempo del mundo como en la segunda parte de la final de Lisboa.

Simeone es otro Tauro de manual, y otro perro viejo según el calendario chino o según lo que veo cada fin de semana.

Tauro-Luis Enrique BarçaLuis Enrique Martínez era un joven delantero de la etapa gloriosa del Sporting de Gijón, aquellos años a principios de los noventa en los que la escuela de Mareo era una máquina de crear buenos futbolistas como Felipe Miñambres, Manjarín, Abelardo, Ablanedo, Juanele o el propio Lucho. Luis Enrique jugaba en punta y marcó 14 goles en la temporada 1990-91, algunos tan importantes como el que supuso la victoria en Valencia y la clasificación del equipo para la Copa de la UEFA por última vez en su historia. O como el que rompió la racha de imbatibilidad de Abel en el Atlético de Madrid, más de 13 partidos seguidos (el sueño del Cholo de hoy, sin duda).

Al año siguiente fichó por el Real Madrid, donde jugó cinco temporadas. A mí era un jugador que me gustaba, pero en el Madrid nunca le encontraron el puesto idóneo. Era delantero y jugó muchos partidos como interior por la derecha y ocasionalmente por la izquierda. Durante muchos partidos con Benito Floro en el banquillo jugó como lateral izquierdo. Pese a que no eran los puestos en los que mejor se desempeñaba, Luis Enrique era el típico jugador de brega, voluntarioso, luchador, no exento de técnica, y al que se le veía mejorar en el juego, sobre todo con su pierna izquierda, puesto que cada vez jugaba más partidos en esa parte del campo. Participó con la selección española que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92.

Con tanto cambio de puesto y sin haber jugado nunca en su puesto natural, dejó el Madrid con solo 15 goles en las cinco temporadas de Liga que jugó con el Madrid. Alguno tan inolvidable como el cuarto en aquella goleada por 5-0 contra el Barça en la temporada 1994-95. Para muchos entre los que me incluyo, su paso por el Madrid fue un fiasco, esperábamos más.

Recayó en el eterno rival, donde jugó en posiciones más adelantadas y en su primera temporada anotó 17 goles en Liga. Casi nada. En el Barça encontró una confianza especial en el terreno de juego, se le veía más suelto y añadía un plus extra de motivación cuando jugaba frente al Real Madrid. Si había que provocar al rival, lo hacía, Sin complejos, sin miramientos de ningún tipo, siempre se manejó bien en ambientes crispados. Tras ocho temporadas en el F.C. Barcelona, anotó 115 goles entre todas las competiciones.

Tauro-Luis Enrique Messi

Años después sería entrenador durante tres temporadas exitosas, si bien desde el famoso partido de Anoeta en el que «osó» sentar a Messi y Neymar, supo que el que decidía las alineaciones no era él, sino el argentino. Se le veía entrenar igual de apático que durante las ruedas de prensa, quizás sabedor de que no podía con la dictadura del mejor jugador de la historia del Barça. El equipo seguía ganando del mismo modo que el año que estuvo con Tito Vilanova tratándose en Estados Unidos e igualando el récord de 100 puntos del Madrid de Mourinho. Es decir, sin entrenador, con Messi y, cuando hacía falta, con el Tinglao funcionando a pleno rendimiento. Fue honesto y dejó el Barça, pese a que podía haber seguido.

La mejor prueba de su tenacidad está en los retos superados tras retirarse como deportista de élite: un maratón por debajo de tres horas, la participación en el durísimo Marathon des Sables (250 kilómetros en seis días por el Sáhara) y la brutalidad del Ironman. Parece que está en mejor forma física con 50 años que con 30.

¿Su contradicción? Yo creo que un tipo como él llevó mal el peso de Messi en el vestuario, pero aún peor el hecho de no haber logrado triunfar en el Madrid. Como muchos otros que no lo lograron (patéticos los esfuerzos de Morata en este sentido), ha dedicado notables esfuerzos a demostrar su antimadridismo, o a profesar su amor por otros colores, como el día de su cumpleaños con el «siempre culé», o como cuando dijo que «siempre fui del Barça, no me reconocía y hoy sigo sin reconocerme de blanco». Basta rescatar la entrevista de julio de 1991 tras fichar por el Real Madrid para saber que estaba en el club de su vida, al que llegó tras renunciar a parte del fichaje de haberse ido entonces al Barça.

Tauro-Luis Enrique madridista

Dicen que existe «la crisis de los cuarenta», en la que los tíos (o muchos) escogen una de estas tres opciones: se ponen a hacer deporte a lo bestia, se separan, o se compran una moto o un deportivo. A veces las tres cosas. Con los cincuenta años se supone que te alcanza la madurez, la estabilidad emocional, una cierta comprensión de los excesos pasados. A esa edad no intentas ser el más simpático, ni caer bien a todo el mundo, y las críticas te resbalan. Yo lo denomino «el sudapollismo ilustrado«. Sé bien de lo que hablo porque yo también soy un Tauro del 70.

Correr por el placer de correr

VLUU L100, M100  / Samsung L100, M100

LESTER, 02/05/2020

Correr. Tranquilo, suave, ligero, rápido o a tope. Inspirar profundamente, acompasar la respiración al ritmo de tus zancadas, poner una buena selección de música y salir. Daba igual cómo, el caso era salir a trotar. A las seis de la mañana se levantaba la prohibición y a las siete y cuarto yo ya estaba corriendo por las calles de mi barrio.

No es que tuviera mono, como decían tantos runners por los foros o en grupos de amigos, no es eso. Es que salir a correr representa en cierto modo recuperar la libertad. La sensación de libertad que provoca correr sin rumbo fijo aunque sea para volver al mismo sitio, correr por el circuito de siempre o dejarme llevar por sitios nuevos, sin prisas, disfrutando cada bocanada de aire, pero sin pausas, dejando que mis piernas me marquen el ritmo y pidiendo «un poco más de vidilla» a cada nuevo paso.

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La normativa aprobada que nos llevará a esa cosa extraña de «la nueva normalidad» nos permite correr dentro del municipio y ya no sé si con el límite máximo de una hora, así que he hecho un circuito en los alrededores de un poco menos de doce kilómetros con ritmo progresivo. Me gusta correr con sol cuando no pica, o en esos días soleados de invierno, o en días nublados que no terminan de abrir, pero también me encanta correr con lluvia cuando es fina, cuando te acaricia la cara pero no la golpea, cuando te moja pero no te empapa, cuando te dan ganas de extender los brazos para sentir cómo te llega. Me gusta correr de noche, a última hora de la tarde cuando necesitas dejar sobre el asfalto las tensiones de la jornada, pero me gusta aún más correr con las primeras luces del nuevo día que comienza, o con la neblina melancólica de la primera hora, como he hecho hace un rato.

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No voy a decir el tiempo que he hecho porque podría estar reconociendo la comisión de un delito, pero ha sido una gozada. Ya desde las primeras zancadas, mis piernas, a las que lo fío todo ya sea en entrenamientos o en las carreras, me decían que iban cómodas porque no sentían los golpes del fútbol y el baloncesto, ni la inexistente sobrecarga de entrenamientos de los días previos. Sí notaba, en cambio, otros músculos cargados por el exceso de bici estática de estas semanas de confinamiento. Da igual, he corrido por sensaciones, dejándome llevar, apretando en los últimos kilómetros y he finalizado esprintando los últimos doscientos metros. Cuando uno acaba con fuerza un entrenamiento la sonrisa aparece de modo natural. Y después de un buen entrenamiento la ducha sienta mejor ¡y no digamos un desayuno relajado! Igual que en días así sales a correr sin mirar el cronómetro, con el desayuno pasa lo mismo. Y todo sienta bien, aunque te pongas como en el bufé del mejor hotel.

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Yo tenía un plan para el domingo pasado desde hacía varios meses: tenía que estar en la salida del maratón de Madrid. Se suspendió, como todo desde mediados de marzo. Como las comidas familiares, las cervezas con los colegas, las ligas de fútbol o los conciertos. Como el medio maratón de París, donde empezamos a tomar conciencia de que esto iba en serio. Así que he estado siete semanas sin correr, el tiempo más largo que he estado así desde… ¿2003, quizás? Por eso pienso que volver a trotar por las calles representa para los tipos raros como los corredores el inicio de la recuperación de la normalidad. Se han roto muchas cosas que ahora debemos empezar a reconstruir entre todos y esta rutina quizás sea una de las más sencillas.

Correr no es solo un acto de libertad, te aporta la sensación de estar a gusto contigo mismo, con un cuerpo que preparas, entrenas y mejoras, te convence de que todavía puedes, como ese Rocky Balboa cuyas piernas fluyen con mas soltura a medida que avanza el Gonna fly now o el Eye of the tiger. Correr por el placer de correr.

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«Correr sin cronómetro, por placer, descubriendo sitios desconocidos. Correr en Central Park, en las islas Aland, por bosques finlandeses o rodeando el Stanley Park de Vancouver. La recta final de tu primer maratónLa recta final del último. El cachondeo sano de la San Silvestre. Correr sin rumbo fijo mientras tus auriculares reproducen a Lennon y McCartney, y también al George Harrison de While my guitar. A Eric Clapton, Steve Vai, Dire Straits y el Angie de los Rolling«. Este párrafo forma parte de lo que escribí en mi lista de Cosas que hacen que la vida valga la pena hace varios años y lo mantengo.

Hace unos meses escribí mis razones para seguir corriendo después de tantos años, por qué no cuelgo las zapatillas. ¿Por qué corremos los cuarentones?. Pese a todas los motivos que expuse, este año una idea me rondaba la cabeza, tenía la sensación de final de un ciclo. El maratón de Madrid iba a ser mi 18º maratón, «la mayoría de edad maratoniana» recién cumplidos los cincuenta, y me parecía un momento estupendo para dejar de correr estas largas distancias. No porque adquiera una conciencia que nunca he tenido, sino porque cada año me costaba más sacar el tiempo necesario para entrenar bien una carrera tan dura como esta.

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Y sin embargo, como ocurre cuando te arrebatan algo, lo valoras más, te das cuenta de cuánto lo apreciabas y cómo lo echas de menos, y anhelas su vuelta para atraparlo y no dejarlo ir. Así que allí estaré en la nueva fecha del 15 de noviembre en la salida del maratón de Madrid. Empezaré a entrenar a lo bestia en verano, con «la fresca» y daré lo mejor de mis piernas sobre los 42 kilómetros de Madrid.

Y el año que viene… ya estamos pensando en algo.

Todo en un mes… y una semana más

Sanitarios

JOSEAN, 26/04/20

Cuando publiqué el post de la semana pasada sobre todo lo ocurrido en las primeras cinco semanas de confinamiento y estado de alarma, me escribieron varios amigos diciéndome que «también ha ocurrido esto» o «aquello», o «no te olvides de…». Está claro, han pasado muchas más cosas, pero mi interés entonces era el de hablar de las principales medidas adoptadas por el gobierno para afrontar la situación, medidas improvisadas y contradictorias en ocasiones.

En esta segunda parte toca hablar de todo eso que ha pasado promovido por otros grupos o colectivos, o simplemente como consecuencia de las primeras semanas de parón económico:

Estímulos fiscales

(Fuente: Belén Trincado / Cinco Días)

  • La mayor parte de las medidas económicas se centran en una línea de avales de 100.000 millones de euros gestionada por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). El ICO ha rechazado o bloqueado masivamente las ayudas solicitadas por autónomos y empresas. Hasta el pasado 23 de abril se presentaron solicitudes por 40.000 millones de euros, de las que solo se habían aprobado 11.700, un 29% del total. Los numerosos cambios de criterio para su obtención o la petición de documentación o garantías adicionales son la principal causa para el rechazo o retraso en la obtención de la ayuda, según el sindicato ACCAM.
  • El efecto expansivo de la línea de avales ICO, que el gobierno esperaba que llevara el importe total a una cifra entre 150.000 y 200.000 millones de euros, quedará de seguir la tendencia actual en una cifra muy inferior, sobre los 125.000 millones. La financiación privada está moviendo apenas un 22% adicional sobre los fondos cubiertos por la línea.
  • El presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA), Lorenzo Amor, indica que apenas el 4% de los trabajadores autónomos ha recibido el aval solicitado al ICO, aproximadamente un 20 por ciento de las solicitudes.

Lorenzo Amor ATA

  • En mitad de un contexto general de críticas por la mala gestión del gobierno en lo referido a cuestiones económicas y de falta d protección del sector sanitario, el general de la Guardia Civil José Manuel Santiago, preguntado en rueda de prensa sobre la actuación del cuerpo para combatir la desinformación, afirma que se está trabajando en dos líneas de actuación, «por un lado, evitar el estrés social que producen estos bulos, y por otro, minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”. El ministro Marlaska sale inmediatamente al paso para aclarar que se trata de un lapsus y la propia Guardia Civil tiene que publicar en sus redes a qué se refería el general:

Fake news Guardia Civil

Escuché la declaración completa y sinceramente creo en la buena fe del general y su poca experiencia a la hora de explicarse en este tipo de situaciones, pero la frase acojona, máxime leyendo lo que dijo el ministro Marlaska solo una semana antes.

  • En mitad de la crisis más grave en décadas, los partidos nacionalistas más «constructivos» siguen a lo suyo: Esquerra Republicana de Cataluña y EH Bildu presentan una proposición de ley para despenalizar los delitos de injurias a la Corona y ultrajes a España. A río revuelto… El Senado admite a trámite la propuesta el 4 de abril de 2020. La abstención de ambos partidos fue clave para el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente de gobierno en enero de este mismo año.
  • El vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias publica el 14 de abril una serie de tuits sobre la República y menciona la palabra «futuro».
  • La Unión Europea aprueba un plan billonario de reconstrucción europea, si bien se mantienen serias divergencias sobre la forma de desarrollarlo. Algunos de los países más afectados por la crisis como España e Italia plantean la financiación del mismo con un mecanismo de deuda perpetua o deuda mutualizada, a lo que se oponen frontalmente países con cuentas más saneadas como Dinamarca y Alemania. Se calcula que la deuda pública española alcanzará el 115% del PIB en 2021.
  • La Comisión Europea planea modificar el marco normativo para que los estados puedan nacionalizar sus empresas más significativas o estratégicas. Se trata de un cambio radical sobre las políticas anteriores con el que algunos países pretenden salvar a aquellas de sus empresas más emblemáticas de posibles quiebras motivadas por la situación actual.
  • El 29 de abril concluye el plazo para la presentación de enmiendas parciales a la Ley de Educación, la llamada Ley Celaá. El plazo para la presentación de enmiendas a la totalidad finalizó el 24 de abril. No se han paralizado los trámites parlamentarios pese al estado de alarma. La controvertida Disposición Adicional Cuarta supone en la práctica el cierre de los colegios de educación especial. Dejo el comunicado de la Plataforma Educación, Inclusiva Sí, Especial También (Campaña #Nocierresmicole).
  • El vicepresidente del gobierno Pablo Iglesias propone la creación de un «impuesto de solidaridad» a las grandes fortunas para hacer frente a la crisis de la Covid-19. El estudio de la creación de este impuesto ya estaba en el acuerdo de gobierno PSOE-Podemos y se puso de nuevo sobre la mesa al inicio de esta crisis.
  • El mismo Pablo Iglesias critica la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid en la que se condena a la diputada autonómica de Podemos Isa Serra con estas palabras: “Las sentencias se acatan (y en este caso se recurren) pero me invade una enorme sensación de injusticia. En España mucha gente siente que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso”. El Consejo General del Poder Judicial reprocha al vicepresidente su crítica porque «no solo cuestiona una actuación judicial, sino que también propaga una sospecha de falta de imparcialidad de los jueces españoles, que según él otorgarían un trato desigual y privilegiado a unos colectivos que, por su influencia y contactos, serian impunes a la acción de la justicia».
  • La agencia estatal EFE repite las palabras de Pablo Iglesias al publicar que la condena a Isa Serra está motivada por intentar frenar un desahucio, sin embargo la sentencia indica que los 19 meses de cárcel se deben a la comisión de los delitos de atentado contra la autoridad, lesiones leves y daños. La agencia EFE tuvo que rectificar de inmediato.
  • El presidente de gobierno Pedro Sánchez afirma con rotundidad en el Congreso el 22 de abril que «España es uno de los países del mundo que más test realiza a su población», pero la web Newtral, un medio afín por lo general, desmiente categóricamente sus palabras.

Fact check Newtral

«Las peores decisiones en la vida son las que tomamos basándonos en el miedo»

(Sherrilyn Kenyon)