Y todo en un mes

Especial Informativo - Rueda de prensa del presidente del Gobierno ...

JOSEAN, 18/04/2020

De verdad que en el post de hoy voy a intentar no meterme en berenjenales políticos. No merece la pena entrar en el debate actual sobre si estás en un bando o en el otro, que es donde acaban todas las discusiones se hable de lo que se hable (El calibrador de fachas y rojos). El propio lenguaje que observo acerca de «los dos bandos» en redes sociales, con una violencia verbal inusitada, me daba mucha pena al principio. Ahora empieza a darme miedo. Así que voy a limitarme a escribir lo que ha ocurrido en el último mes, desde la declaración del estado de alarma el 14 de marzo pasado.

Disminución recaudación

Deuda pública 2020

Hasta aquí son simplemente datos económicos que ponen los pelos de punta, cifras que se repiten en todos los países y en todas las economías del mundo con mayor o menor impacto. Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, China, Rusia o los países de nuestro entorno van a sufrir impactos importantes en sus cuentas públicas por la pandemia, por esta emergencia sanitaria que va a terminar en una crisis económica brutal. El gobierno de Pedro Sánchez erró gravemente a la hora de enfrentarse al coronavirus igual que tantos otros líderes mundiales como Donald Trump, Macron o Boris Johnson.

Ahora vamos a ver las medidas que se han tomado en el mes y cuatro días que han transcurrido desde la declaración del estado de alarma:

  • El gobierno anuncia un plan de movilización de 200.000 millones de euros para combatir los efectos económicos del Covid-19. Un análisis posterior del real decreto sirvió para ver que en realidad eran 117.000 millones de dinero público, de los cuales 100.000 en realidad se gestionaban a través de una línea de avales y no de liquidez, y 2.800 millones consistían en una transferencia a las comunidades autónomas por una cifra similar a la que adeudaba a las mismas a finales de 2019. Las medidas se publican en el Real Decreto 8/2020 del 17 de marzo, un real decreto de 46 páginas definido como de «medidas urgentes extraordinarias» que incluye una extraña disposición final en la página 41, que ni es económica, ni es urgente, ni mucho menos extraordinaria, para dar entrada a un Vicepresidente del Gobierno en el CNI (Centro Nacional de Inteligencia):

RD 8-2020 1

RD 8-2020 2

  • El Real Decreto 11/2020 aprobado el 31 de marzo aprueba nuevas medidas económicas y corrige varias de las medidas del 8/2020. Se aprueban moratorias de pago de hipotecas, recibos de luz y agua, suspensión de los desahucios y se cuelan 15 millones de euros de apoyo a las televisiones públicas. Para el que no termine de creérselo, aquí está el texto:

RD 11-2020 1

  • El decreto modifica varios de los artículos introducidos en el 8/2020, es decir, aprobados dos semanas antes. Afectan a todas aquellas empresas que trabajan con la administración pública, es decir, una parte muy importante del sector empresarial del país, que a su vez afecta a cientos de miles de trabajadores y  a subcontratistas de las primeras. Dicen que rectificar es de sabios, pero interpretar es de locos a veces:

RD 11-2020 2

  • La declaración del estado de alarma paralizaba los recursos administrativos y las resoluciones, y limitaba la actividad de los juzgados, pero el 20 de marzo se aprueba una resolución del Ministerio de Justicia sobre esa figura tan extraña (y ciertamente dudosa) del indulto:

Resolución 20-03-20

  • Ante la avalancha de Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, se aprueba el Real Decreto 9/2020 de 27 de marzo que corrige de nuevo parte de lo aprobado el día 17 y además limita la aplicación de los ERTEs.
  • El gobierno aprueba un permiso retribuido obligatorio de ocho días para trabajadores de los servicios considerados no esenciales. El decreto y la lista de dichos servicios se publica el domingo 29 de marzo a las once de la noche, con lo cual cientos de miles de trabajadores estuvieron pendientes de saber hasta esas horas si podían o debían ir a sus puestos de trabajo a la mañana siguiente. Todos a sus casas durante dos semanas

RD 10-2020 Laborales

A esas horas del domingo, a alguien le traiciona ya el subconsciente y publica por error el «caos». No me extraña que pasara desapercibido porque encaja perfectamente con la frase, pero sobre todo con la situación:

RD 10-2020 Laborales 2

  • El gobierno anuncia a finales de marzo que unos 9.000 test rápidos de detección del Covid-19 son defectuosos. Unos días después descubrimos que son 58.000 y finalmente reconocen que la cifra alcanza los 640.000. El gobierno anuncia posteriormente la realización de 62.000 test rápidos para elaborar un muestreo de la expansión de la pandemia. Ayer, 18 de abril, Pedro Sánchez anunció de nuevo que dichos test empezarán en las próximas semanas. La población de España está en unos 47 millones de habitantes.
  • La descoordinación entre el Estado y las comunidades autónomas se pone de manifiesto con la compra de mascarillas, respiradores, geles y test rápidos. De esta gestión se encarga el Ministerio de Sanidad durante unos días, pero tras el desabastecimiento que sufren las consejerías de sanidad autonómicas la competencia vuelve a las mismas.
  • El Centro de Investigaciones Sociológicas no deja de prestar sus servicios esenciales y publica varios sondeos que aprueban la gestión del gobierno durante la crisis. En el publicado esta semana incluye la famosa pregunta 6 sobre la opinión del ciudadano acerca de limitar la difusión de noticias e informaciones:

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  • El Ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska niega la existencia de censura, pero sí el control de la información que circula por redes sociales:

Censura-monitorización

La sobredosis de información y cambios legislativos en estas cinco semanas ha sido brutal, de tal tamaño que esto es solo un pequeño resumen de lo que he sido capaz de captar. El Covid-19 ha generado mucha intranquilidad en la sociedad, no solo por los más de 20.000 muertos oficiales (a falta de la coordinación de los distintos criterios de recuento), sino por la situación económica en que va a quedar el país.

Naomi Klein en La doctrina del shock afirmaba que cuanto mayor es el impacto sufrido por una población, debido a una catástrofe o desastres de cualquier tipo, más fácil resulta la implantación de determinadas medidas, medidas que en circunstancias normales jamás habríamos aceptado. Me ha venido a la mente muchas veces durante estas cinco semanas. No duermo tranquilo, pero creo que no soy el único:

El 95% de los españoles ya no podrá dormir

Mi cita anual con Ben-Hur, por Travis

Cuando el actor de 'Ben-Hur' Charlton Heston visitó Huelva en ...

No es que todos los años por estas fechas vea Ben-Hur del primer minuto al último, pero no hay año que no vea al menos un buen rato de la mítica película de William Wyler. Son 212 minutos de duración, más de tres horas y media, así que se puede escoger fácilmente tu «ratito» de 90 minutos, tu película convencional dentro de esta película de dimensiones colosales. Algo así es lo que me viene pasando los últimos años en Semana Santa, que me apoltrono en el sofá y disfruto un rato laaaaargo del peliculón, aunque desde hace años nunca la veo completa por desgracia porque resulta casi imposible disponer de tanto tiempo después de comer. Y digo esto porque Ben-Hur es una película para ver después de comer, como cuando la vi por primera vez en el cine, con trece o catorce años, cuando teníamos la suerte de que los cines emitieran películas clásicas (así vi también Lawrence de Arabia, por ejemplo, otras casi cuatro horas).

Ben-Hur es tan enorme desde el punto de vista de duración como de calidad y puedes elegir tu historia o tu episodio favorito (si esto fuera una serie) dentro de todo el metraje:

  • La primera parte, cuando cuentan la llegada de los romanos a Judea en tiempos de Jesucristo, aproximadamente el año 30 d.C. Nos muestra la antigua amistad entre el romano Mesala, ahora hombre fuerte del ejército romano, y Judá Ben-Hur, un rico comerciante judío. Un accidente fortuito provocado por Tirzah, hermana de Ben-Hur, provoca la caída en desgracia de toda la familia. Judá es enviado a galeras y su madre y su hermana a unas infectas mazmorras. Durante el trayecto de Ben-Hur como prisionero para cumplir su pena en galeras, tiene un encuentro fugaz con Jesús de Nazaret, un encuentro que tendrá su importancia más adelante.

Ben-Hur" no difamará la figura de Jesús | Noticias de cine ...

  • La parte central, impresionante, con todas las escenas de las galeras, la admiración de Quinto Arrio por ese esclavo judío con un físico descomunal y una capacidad de supervivencia sin igual. El combate con los macedonios, que acaba con las galeras romanas hundidas, y el rescate de Ben-Hur y Quinto Arrio, que lo acoge como hijo adoptivo y se lo lleva a Roma. Pero Ben-Hur no aguanta mucho en Roma porque necesita encontrar a su madre y su hermana. Conoce a unos árabes que se dedican a las carreras de caballos y a las apuestas, y decide quedarse con ellos para entrenar y competir en las carreras de cuadrigas, donde también participa Mesala.

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  • La última parte, desde las carreras de cuadrigas (la parte que veo inexcusablemente casi todos los años) hasta el final. La muerte de Mesala, que no desperdicia su último aliento para infligirle más dolor al que fuera su amigo. El calvario de Jesucristo camino de la crucifixión, la ayuda que Ben-Hur trata de prestarle y devolverle, y la búsqueda de su madre y su hermana en el Valle de los Leprosos.

Documentalium: El rodaje de la carrera de cuadrigas de Ben-Hur

Cuando acaba la película (si encuentras el hueco para verla del tirón), tienes un cansancio físico similar al del protagonista tras haber sufrido todas esas penurias. Pero también la satisfacción que supone haber disfrutado una gran película.

Esta historia de un judío contemporáneo de Jesucristo fue escrita por Lew Wallace en 1880 y fue el libro más vendido en Estados Unidos hasta la publicación de Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, en 1936. La novela tuvo una primera adaptación en 1925, dirigida por Fred Niblo y con el actor mexicano Ramón Novarro interpretando a Ben-Hur. Se puede ver de modo legal en el siguiente enlace:

Enlace a Ben-Hur, de Fred Niblo

Está bastante bien, aunque este Mesala está muy sobreactuado, por aquellas cosas que tenía el cine mudo con la ausencia de diálogos. La escena de la carrera de cuadrigas es una maravilla, rodada en aquellos años en que los medios no eran los de los cincuenta, ni mucho menos la digitalización actual. Durante esa escena falleció uno de los extras tras un atropello, aunque dicha muerte se ha atribuido erróneamente a la película de Wyler.

Me quedo sin dudarlo con la versión de 1959. El rodaje se prolongó de mayo de 1958 a enero de 1959, tras cinco años de preparaciones, construcciones de decorados y preproducción. Hasta 300 decorados se construyeron, la mayoría en los estudios Cinecittá de Roma, incluyendo el decorado más grande jamás realizado hasta la fecha, el estadio romano en el que se celebra la espectacular carrera. 15.000 extras cuyo único requisito era tener barba. En total fueron 15 millones de dólares de presupuesto y otros 15 para la promoción que dejaron a la Metro Goldwyn Mayer tan tiesa que necesitaba que fuera un gran éxito para no acabar en bancarrota. Y lo consiguió, 147 millones de dólares en pocas semanas, una cifra solo superada… otra vez por Lo que el viento se llevó. Gran éxito de público, pero también de crítica. Acaparó numerosos premios, entre ellos los once Óscar que siguen convirtiendo a Ben-Hur en la película con más galardones de la historia, empatada muchos años después por Titanic (1997) y El retorno del Rey (2003).

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William Wyler no mostró mucho interés por el proyecto cuando se lo presentaron, entre otras cosas porque ya había trabajado como ayudante de dirección en la versión de 1925 de Fred Niblo. Decidió hacerse cargo del mismo por volver a Roma, donde había rodado Vacaciones en Roma con Gregory Peck y Audrey Hepburn, y como respuesta a su gran rival de entonces, Cecil B. De Mille, que había rodado Los diez mandamientos en 1956, otra de esas cintas que nunca faltan en la programación de Semana Santa.

En cuanto al reparto, resulta curioso ver cómo para diferenciar los acentos de romanos y judíos se escogieron actores británicos para interpretar a los primeros (Stephen Boyd, Jack Hawkins, Frank Thring) y norteamericanos para los segundos (Charlton Heston, Sam Jaffe, Martha Scott, Cathy O’Donnell). Charlton Heston no fue la primera elección para el papel principal, sino que llegó al mismo tras el rechazo de varios de los principales actores de Hollywood. Marlon Brando no quería volver a las películas de romanos tras haber hecho Julio César. Kirk Douglas sí mostró interés por el papel, pero para su sorpresa le ofrecieron hacer de Mesala, no de Ben-Hur, razón por la que descartó su participación. A Burt Lancaster no le gustó el guion que le ofrecieron y a Rock Hudson no le dejó participar la productora Universal, con la que tenía contrato. Así que finalmente el papel cayó en manos de Charlton Heston y a día de hoy no nos imaginamos a otro actor para el protagonista.

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En cuanto al guion, los títulos de crédito se lo atribuyen a Karl Thunberg, pero a lo largo de sus múltiples versiones pasó por varias manos, como las de Maxwell Anderson y S.N. Behrman, pero la mayoría de diálogos fueron reescritos por el escritor estadounidense Gore Vidal. El propio Vidal se encargó de contar en el documental El celuloide oculto (1995) que fue suya la idea de añadir una subtrama homosexual entre los personajes de Mesala y Ben-Hur, subtrama de la que ya hablé en su día (El celuloide oculto en el armario) y que no encuentro que aporte nada de interés a la historia. Aparte de que la veo tan subliminal como Charlton Heston, que ni se enteró durante el rodaje de que los compinchados Wyler, Vidal y Stephen Mesala Boyd estaban jugando a este juego.

Una película tan épica solo podía contar con una banda sonora a la altura. De su composición se encargó el húngaro Miklos Rózsa, que ya había participado, entre muchas otras, en películas como El ladrón de Bagdad, Perdición, La jungla de asfalto, Julio César y Los caballeros del Rey Arturo. La banda sonora acompaña a la perfección a la trama. Habrá quien la recuerde ampulosa o la considere demasiado enfática, como muy de «peli de romanos», ¿pero acaso cabía otra posibilidad? Tras Ben-Hur, Rózsa mantendría su estilo en películas de similares tintes épicos como Sodoma y Gomorra, El Cid y Rey de Reyes, otro imprescindible de esta época del año.

Hoy es viernes santo, igual me animo a mi sesión anual de Ben-Hur, esta vez completa a ser posible. ¿Es mi película favorita de la Semana Santa? Pues la respuesta es no, es una gran película, pero ocupa el segundo puesto en mi pódium. El primero es para Espartaco (Stanley Kubrick, 1960), que aunque no sea una historia religiosa siempre la emiten en esta época y al igual que con Ben-Hur, la disfruto durante un largo rato. ¿En qué puesto pongo a La vida de Brian? Quizás sea la peli más divertida e irreverente de la historia, pero, ¿entra en esta categoría?

Extra – Curiosidades

  • La primera galera que se construyó para el rodaje fue encargada a un experto en ingeniería romana. La galera se hundió según la botaron. Para la película tuvieron que ser menos fieles a los diseños originales, pero más ajustados a la flotabilidad.

tira la tarde: Mitos y leyendas de las galeras

  • En 2016 se rodó una nueva versión de Ben-Hur, dirigida por el cineasta ruso Timur Bekmambetov. No he tenido ningún interés en verla, del mismo modo que no lo tendría por un remake de El Padrino o de Indiana Jones, por ejemplo. Me han dicho que no está mal, pero, ¿de verdad necesito saberlo?

CON EL CINE Y LA MÚSICA A OTRA PARTE: CRÍTICA: BEN-HUR (2016)

  • La carrera de cuadrigas necesitó cinco semanas de rodaje a lo largo de tres meses, y los actores principales son realmente los que protagonizan la acción. Un especialista estuvo a punto de morir en el momento en que su cuadriga da un salto por encima de otra, un momento espectacular que se dejó en la película.

Documentalium: El rodaje de la carrera de cuadrigas de Ben-Hur

  • ¿Recordáis Una furgoneta del siglo XIII? Un post sobre «cosas que no deberían estar allí». Pues tendría que añadir que dos de los caballos árabes de Ben-Hur se llaman Al-Tair y Al-Deberan, estrellas que fueron descubiertas ocho siglos más tarde.

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  • El león de la Metro no rugió por primera vez en su historia al inicio de la película por petición expresa de William Wyler, al que el rugido no le parecía adecuado para el comienzo del filme.

Pizza, cerveza, pantalla gigante, buen sonido. Comienza Ben-Hur.

La solución belga, el sueño húmedo culé

Campeón As 1BARNEY, 05/04/20

¡Qué tiempos aquellos en los que teníamos fútbol cada semana y gozábamos o sufríamos con las victorias o derrotas de nuestros equipos! ¡Qué tiempos tan lejanos aquellos en los que nuestra mayor preocupación era encontrar la imagen hurtada por la realización o cabrearnos con el jugador con el que la tenemos tomada desde tiempos inmemoriales!

Parece tan lejano aquel gol de Mariano con el tobillo en el descuento del Clásico como el desastroso partido del Villamarín. Todo aquello sucedió hace eones, cuando vivíamos en un mundo más accesible, de dimensiones mucho más grandes que el salón de nuestra casa. Todas esas grandes alegrías o decepciones que el fútbol nos suele deparar quedaron relegadas a un segundo plano ante la magnitud de la tragedia que nos rodea. Una pandemia que ha alterado nuestro modo de vida y que cambiará la manera que tenemos de comportarnos y sobre todo de movernos por el mundo en los próximos meses o quizás años. Ahora mismo todos nuestros esfuerzos se centran en combatir el virus y nuestras preocupaciones se enfocan en los familiares o amigos que lo están pasando mal en estos momentos.

Por tanto, el fútbol ha dejado de ser «la cosa más importante de las cosas menos importantes», como dijo Arrigo Sacchi, ¿o fue Jorge Valdano?  Y sin embargo, aun siendo el fútbol algo totalmente secundario y prescindible en estos momentos, para que la vida continúe y podamos mirar por fin hacia delante, debemos plantearnos de qué modo resolver los campeonatos que estaban en marcha, tanto la Liga como las competiciones internacionales. La Liga belga ha decidido dar por finalizado su campeonato ante las incertidumbres generadas y ha proclamado campeón al Brujas, que en el momento de la suspensión marchaba primero. Poco han tardado algunos palmeros culés del régimen en solicitar una resolución similar para el campeonato español. Por supuesto, el hecho de que el Barça fuera primero es «una mera coincidencia» a la hora de lanzar sus peticiones.

La reclamación que viene desde Barcelona no es algo que haya surgido de modo espontáneo esta semana a raíz de que se empiece a hablar de reanudar las competiciones o de los ajustes necesarios en un calendario muy apretado de fechas. Si viajamos un poco hacia atrás en el tiempo, a la aprobación del estado de alarma a mediados de marzo, el panfleto Sport comenzó una serie de artículos como este:

Campeón Sport

Esta portada es sin duda firme aspirante al título de «portada más vomitiva de la historia». Lo tiene todo: «España en estado de shock por el coronavirus», y tres dedos más abajo, «el Barça reclamará LaLiga». Habrá quien piense que esto parte de los medios catalanes y no del club, pero los artículos en esa línea siguieron durante unas semanas (¡reclamaban incluso la ACB!) y no hubo un solo desmentido del club, que suele usar sus medios afines cuando quiere que sus proclamas lleguen al aficionado.

No solo es una portada de una banalidad extrema, sino que resulta además obscena cuando las cifras de muertos y contagiados comenzaban a poblar los telediarios y a acojonarnos hasta el punto de recluirnos en nuestras casas. El diario antimadridista As no se quedó muy atrás y su portada de ese mismo día es la que encabeza este post: «¿Quién debe ser el campeón?». Vamos a ver, señores, que nos las suda quién tiene que ser el campeón, que hay cosas mucho más importantes en juego. Les traiciona el subconsciente (o quizás lo hagan repletos de intenciones), pues la mano que muestra la foto recogiendo el trofeo engalanado con los colores del Barça es la de Leo Messi. ¿Quién debe ser o quién queremos que sea?

Liga belga

En estas tres semanas que llevamos del estado de alarma y del confinamiento total en nuestras casas he leído varios artículos sobre la conclusión del campeonato en los que indicaban que la Premier se planteaba designar campeón al Liverpool en Inglaterra. Lo suelen poner en el titular como para dejar caer la idea, como esa lluvia fina del mal periodismo para lograr que cale una idea, quizás con el objetivo de que el día que se plantee seriamente en LaLiga o la Lliga de Tebas y su socio Roures sea una opción asumida y asumible para muchos.

Campeón Liverpool Premier

No quiero perder mucho tiempo en mostrar mi opinión contraria a tal injusticia, simplemente voy a dejar caer algún dato:

  • El Brujas en la liga belga tiene 70 puntos, 15 más que el segundo clasificado, el Gante. Queda por disputar una jornada de la fase regular, y luego se celebraría el play-off por el título.
  • El Liverpool tiene 25 puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, el Manchester City, que lleva un partido menos. Quedan 9 jornadas por disputarse, 27 puntos.
  • El F.C. Barcelona lleva dos puntos de ventaja sobre el Real Madrid. Quedan 11 jornadas, 33 puntos en juego. Una semana antes el líder era el Real Madrid.

Espero que se pueda terminar el campeonato, sobre todo porque será señal de que vamos recuperando la normalidad. Si no se puede concluir, lo normal sería dejarla desierta por causas extraordinarias de fuerza mayor, pero yo propongo que se la den ya mismo al Barça o VARça tras la aprobación de una propuesta del Real Madrid que indique su conformidad con la misma siempre y cuando se cumplan la siguientes condiciones:

  • Que se levante el estado de alarma y libre movilidad solo para que los aficionados puedan ir a Canaletas.
  • Que se haga una entrega del trofeo en el Camp Nou en la que los jugadores hagan pasillo a los grandes artífices del éxito: Javier Tebas, Hernández Hernández, Óscar Lago, Jaume Roures, De Burgos Bengoetxea, Sánchez Martínez y todos los palmeros del régimen tanto en radios como en prensa y televisiones. Pocos periodistas quedarían sin asistir.
  • Que el trofeo lo recojan los trabajadores del F.C. Barcelona que están sufriendo un ERTE en estos momentos, mientras leen en prensa que el club planea fichar este verano a Lautaro o a Neymar Jr., o incluso a ambos, manejando cifras escandalosas.
  • Que los jugadores den la vuelta al estadio con el trofeo mientras se emiten por la pantalla las jugadas que «el VAR no vio» esta temporada: los agarrones de varios segundos a Brahim en Mallorca y a Varane en el Camp Nou, los tacos en el muslo de Varane, las manos de Levante o de Feddal en el Bernabéu, el penalti de Jordi Alba a Vinícius que solo se vio en China, los penaltis a Rodrygo en Valladolid y Valencia, las expulsiones de Fekkir o Germán Sánchez ante el Barça, la de Modric en la primera jornada,…
  • Que esta ceremonia de la infamia se retransmita en abierto y en horario de máxima audiencia.

Evidentemente es coña, pero como escribí hace unas semanas esta temporada tengo un déjà vu de la 2016-17, aquella en la que el Madrid fue mejor que el Barça durante todo el campeonato, pero los culés fueron llevados con vida hasta la última jornada, en la que, por si hiciera falta, Hernández al cuadrado se inventó dos penaltis y una expulsión para rematar su gran año. El Barça de esta temporada ha tenido partidos desastrosos, horribles, con un juego tan penoso y protestado de tal modo por los aficionados que le costó el puesto a Ernesto Valverde.

El Madrid tuvo un principio de temporada flojo y unas últimas cinco jornadas horribles, pero aun así y con todos los puntos tangados, pese al partido espantoso ante el Betis, sería líder de no ser por una sola jugada que es la que define el campeonato: la que le da la victoria al Barça frente a la Real Sociedad. No suelo ver los partidos del Barça porque me cabreo mucho por el doble criterio que se utiliza, tanto del árbitro como de los comentaristas, pero aquel sábado lo vi. Para empezar, se jugó en sábado por capricho de Tebas, para echarle un cable a los de su amigo Roures puesto que la Real Sociedad jugó la semifinal de Copa el miércoles y no había compromisos europeos la siguiente semana. Messi recibió una amarilla en la primera parte por una entrada criminal y le perdonaron otra por un pisotón a Diego Llorente.

En la segunda parte, con la Real Sociedad dominando con claridad y marrando ocasión tras ocasión, llega el minuto 80, la jugada decisiva. Monreal acaba de fallar un contraataque en la portería de Ter Stegen y el árbitro es avisado desde el VAR para que vaya a revisar una jugada de casi un minuto antes. Recordad que en su día trataron de convencernos de que esta otra jugada con Griezmann de protagonista, que acabó en penalti y gol del Barça, no se revisaba porque era «anterior», del principio de la acción, como si fuera otra diferente:

Griezmann fuera de juego

Bueno, pues el día de la Real sí tocaba revisar en el VAR. Penalti por una mano que según el protocolo de esa semana sí era, gol de Messi y tres puntitos para la saca blaugrana. Solo con que esa jugada hubiera tenido un desenlace diferente el Madrid seguiría siendo líder y en Barcelona no darían la brasa para proclamar campeones a los suyos con tanta celeridad. Por eso quiero que les den la Liga, porque sería escandaloso, no mucho más escandaloso que alguna otra temporada, pero me encantaría que todo el mundo viera ese gol como la culminación de la gran obra del Calciopoli de Tebas, del «Rouragate» español, una obra maestra del golpe perfecto resumible en una frase:

«El Barça gana la Liga con un gol de penalti marcado por un Messi que tenía que estar expulsado tras una revisión de una jugada rebuscada por Óscar Lago«.

A Roures se le relajarían por fin los esfínteres y brindaría con Bartomeu deshuevándose en alguno de sus casoplones, mientras Javier Tebas mascullaría: «te jodes, Florentino».

Que vuelva la normalidad, por favor. Cuídense mucho en sus casas.

Ensayos de un futuro distópico, por Travis

1 Soy leyenda

Creo que somos muchos los que hemos comentado en estas últimas semanas de confinamiento y aislamiento que tenemos la sensación de estar viviendo una película. Una película sobre un futuro apocalíptico o una peli de serie B de catástrofes, como queramos, pero en cualquier caso una película de bajo presupuesto en la que los ciudadanos se pelean por el papel higiénico y los médicos carecen del material básico de protección.

El cine lleva casi desde los primeros años de su historia jugando a imaginar cómo será el futuro que nos espera y en ocasiones resulta tremendamente acertado en sus predicciones, del mismo modo que en otras tanto el cine como la literatura de ciencia ficción han sido incapaces de adivinar lo que estaría por llegar. Mucho mostrarnos coches que vuelan, rayos láser, viajes a otras galaxias, visitantes de sitios recónditos,  replicantes exactos, pero no fueron/fuimos capaces ni siquiera de intuir el desarrollo de Internet o los teléfonos móviles que nos permitirían tener todo el conocimiento imaginable en la palma de la mano.

Veo tan lejanos algunos inventos del cine que lo que de verdad me gusta analizar son los cambios en nuestro día a día, las cosas más simples y primarias y ver cómo han sido explicadas por el cine. No quiero escribir demasiado sobre pandemias ni virus letales, que estamos ya sobresaturados. El que quiera películas de este tipo que busque las listas que hay por Internet y se enchufe La amenaza de Andrómeda, Estallido, Contagio y Virus, por ejemplo. Solo el tráiler de Contagio (Steven Soderbergh, 2011) da miedo si lo comparamos con el panorama que tenemos a diario estos días.

Esta pandemia va a cambiar muchas cosas, pero sobre todo a nivel personal, social y humano. El cine ya nos ha mostrado cosas insólitas para el ritmo de vida que llevábamos antes de esta crisis del coronavirus, como una ciudad vacía, desierta, sin coches ni gente. Londres, por ejemplo, en 28 días después (2002), en la mejor secuencia de toda la película:

Por supuesto que Nueva York, donde ocurren todas las desgracias según nos ha enseñado históricamente el cine. Soy leyenda (2008). Por cierto, Will Smith va con su perro a todos lados, quizás, como aquí, para que le dejen salir a la calle:

Y por supuesto nuestra Gran Vía, vista con los ojos de Eduardo Noriega y Alejandro Amenábar en Abre los ojos (1997):

También hemos visto a la población arrasando los supermercados como si fueran a encerrarse en su refugio nuclear durante meses, Guerra mundial Z (2013) por ejemplo, una escena mejorada con el cambio de música que algún genio hizo en este montaje:

La gente lanzándose como posesos a por el papel higiénico, ¿acaso no lo habrá el día de mañana? El cine se ha encargado de contarnos cosas tan mundanas como el acto de limpiarse el culo en el futuro con las célebres tres conchas de Demolition man, hábilmente sustituidas por Sylvester Stallone:

Los Doce monos de Terry Gilliam (1995) nos contaban la historia de una sociedad que vive recluida bajo tierra por culpa de un virus letal, si bien en la historia de Gilliam el virus era creado por terroristas biológicos y el de hoy… quiero creer que es uno de los 1,5 millones de posibles virus de tipo «natural» que explicaba el documental Explained: The next pandemic. O de los que hablaba Bill Gates en su charla Ted que se ha hecho viral en estos días, puesto que nos avisaba del peligro actual en 2015:

Puede que la Tierra nos esté mandando un aviso, como dicen algunos mensajes que circulan estos días: debemos parar nuestro ritmo de vida descontrolado, acelerado, el consumo excesivo, la contaminación desbocada, la agresión diaria al medio ambiente. Y yo añadiría que nos avisa de más cosas: del peligro de la soledad, del descuido por nuestros mayores, de la falta de cuidado por el que tenemos al lado. Quién ha pasado por aquí o quién va a pasar después de mí, dónde toso y suelto mis felipones porque mi salud afecta al de al lado, como la higiene, o mejor dicho, la falta de higiene.

Son muchos los patrones de conducta diaria que van a cambiar después de este encierro. La sociedad ha parado en seco, el país y las industrias han frenado su ritmo de producción, y como consecuencia han bajado la contaminación y la generación de residuos. Pero han bajado también nuestra vida social, las relaciones personales, los abrazos, los besos, el contacto humano que tanto necesitamos. Y hemos dejado solos a nuestros mayores. Solos ante el peligro, como Gary Cooper.

En La fuga de Logan (Michael Anderson, 1976), la sociedad vive solo para el placer y el disfrute de sus habitantes en un futuro situado en el año 2274, pero bajo una premisa inquietante: no se les permitía vivir más allá de los treinta años. Tenían que someterse a una ceremonia de «purificación» en la que se les hacía creer que tras su muerte se reencarnaban en otro recién nacido.

Por eso la mayor sorpresa de los protagonistas se produce cuando conocen a un anciano (Peter Ustinov), algo insólito para ellos, tan raro como lo sería para nosotros un alienígena. Ese paraíso irreal de gente joven dedicada solo al ocio es controlado por poderosas máquinas, algo así como si Matrix mostrara solo su cara más amable.

Contaminación, falta de contacto y comunicación entre personas, soledad, máquinas sofisticadas que lo controlan todo,… hay una película que hablaba de todo esto de una manera brillante: Wall-E, esa gozada de Pixar estrenada en 2008. La trama nos sitúa en un futuro 2815 en el que la humanidad vive en naves espaciales lejos de la Tierra, que ha quedado convertida en un inmenso vertedero.

4 Wall E

Algo parecido a la premisa de partida de Interstellar (Christopher Nolan 2014), la búsqueda de nuevos planetas habitables porque el nuestro va a dejar de serlo. En Wall-E Los humanos apenas hablan entre ellos y se comunican exclusivamente a través de pantallas táctiles. Muy real, demasiado cercano.

5 Interstellar

Si algo nos está dejando a muchos esta pandemia es un enorme deseo de lanzar la puta pantalla al fondo del río más profundo y otro deseo aún más grande de hablar cara a cara con las personas que nos rodean, con amigos, familiares, con los colegas de toda la vida, incluso añoro discutir con ese gilipollas que me toca las narices a diario.

Esta pandemia nos lleva a rechazar el contacto físico, a huir de él por los peligros que encierra, los besos y el sexo incluidos, que quedan proscritos. La propia palabra «cuarentena» se asocia con frecuencia a la ausencia prolongada de relaciones sexuales. El cine también se ha ocupado de esta faceta que esperemos que no se imponga jamás, porque entonces ese sí será desde luego un futuro distópico de una tristeza infinita. Resulta interesante el planteamiento de Ex machina (Alex Garland, 2015) acerca de un programador que busca que el robot AVA desarrolle su inteligencia artificial para la seducción y el placer, pero tanto el placer humano como el de la propia máquina.

6 Ex Machina

La perturbadora Her (Spike Jonze, 2013) lleva el argumento al terreno del enamoramiento del protagonista (Joaquin Phoenix) de una inteligencia artificial. Y si las relaciones personales empiezan a ser peligrosas por los contagios, quién sabe si el futuro nos deparará aparatos preparados para ser sensibles, divertidos e inteligentes con la voz sensual de Scarlett Johansson. La versión más banal de estas máquinas preparadas para el sexo sería el Orgasmatrón de Woody Allen, y la más pervertida, el Engendro mecánico  de Donald Cammell (1977), un ordenador que encierra, viola y deja embaradaza a Julie Christie.

Steven Spielberg llevó el desarrollo de la inteligencia artificial a un inquietante futuro en el que las familias podían tener un robot-niño, igual de aspecto que un niño real, y diseñado para tener emociones o desarrollar la capacidad de amar y ser amado. A.I., Artificial Intelligence, de 2001, una película con conceptos muy interesantes y un desarrollo potente que sin embargo (a mi modo de ver) pierde interés en la última media hora.

8 Artificial Intelligence

Las máquinas, la inteligencia artificial, el análisis de datos a velocidad de vértigo. Vivimos enganchados a las pantallas, como el futuro inminente de Terminator: Génesis, ciudadanos tan atontolinados ante los estímulos visuales que no ven cómo una gran amenaza se cierne sobre ellos. Y todas esas pantallas son el instrumento perfecto para controlar a una población idiotizada, como si al final todos viviéramos en un Show de Truman permanente (Peter Weir, 1998). Las imágenes que hemos visto de las autoridades chinas, con el control facial de los ciudadanos, sus mediciones de temperaturas a distancia y el rastreo de movimientos, son de hoy mismo, no de una película de ciencia ficción. El sueño del Gran Hermano de 1984 (gran novela de Orwell, floja peli de Michael Radford), o del Arquitecto de Matrix Revolutions. Una población controlada por una autoridad omnipotente es lo que nos muestra V de Vendetta (James MacTeigue, 2006), en un Reino Unido en el que además fue el propio gobierno dictatorial el que generó el miedo en la población tras una serie de atentados bacteriológicos. Y como Orwell decía (y como cualquier dictador sabe), una sociedad que vive con miedo es más fácil de someter.

Así estamos ahora mismo. Asustados, encerrados con nuestras pantallas, viviendo en soledad. Estamos más conectados que nunca y parece que nunca estuvimos más solos. La soledad es uno de los grandes temas de Solaris (Andréi Tarkovsky, 1972), el plúmbeo plomazo sobre el efecto de la soledad en el cerebro de las personas, pero el que leyera la crítica que hice del filme sabrá que no la recomiendo ni para estos tiempos de cuarentena y largas horas en casa.

8 La llegada Villeneuve

Termino ya con una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos años, al menos para mí: La llegada, de Denis Villeneuve. Muy reciente, de 2016. El argumento trata sobre todo del lenguaje y la comunicación, eso que tanto echamos en falta ahora mismo. Y nos explica cómo el lenguaje y la estructura del mismo pueden alterar nuestro modo de pensar, que es una idea que ya estaba en la neolengua de Orwell de 1984. Pero contiene otras grandes ideas como la percepción del tiempo o el concepto del amor, un concepto generoso sabiendo que el amor lleva asociada la idea de que habrá dolor.

«Había olvidado cuánto me gusta que me abraces»

Esta frase que pronuncia la protagonista, Amy Adams, resulta de la máxima actualidad. La importancia del abrazo, del contacto físico, de la relación personal. Y lo vital que resulta para este mundo actual la comunicación entre todos los países, la cooperación de las principales potencias para combatir un enemigo común que pone en peligro la existencia misma de la humanidad.

La idea no es ciencia ficción, es lo que ya han dicho numerosos pensadores en las últimas décadas. El último de los cuales al que he leído, Luigi Ferrajoli, hablaba de un «constitucionalismo planetario» que garantizara agua, fármacos y alimentos a toda la humanidad. Por desgracia, mi escepticismo me lleva a creer que su puesta en práctica sí es ciencia ficción de la buena.

Aprovechen la cuarentena para disfrutar del buen cine y de la evasión que nos ofrece.

 

Aplauso a una generación de héroes

Manos

La gente de mi generación, los que estamos entre los 45 y los 55 años, somos los hijos del baby boom, los más numerosos, la parte central de esa pirámide de población que se terminará convirtiendo en una seta si no se revierte la tendencia. Mis padres, los de mi mujer, los de mis amigos y compañeros de carrera y andanzas nacieron en plena guerra civil o en los durísimos años de la posguerra. No lo tuvieron fácil y salieron adelante en esa España de los cuarenta, cincuenta y sesenta que sabemos que no fue precisamente boyante.

No solo eso, sino que estudiaron (los que pudieron), trabajaron como mulos, se casaron (la mayoría) y tuvieron cuatro, seis, ocho o incluso más niños entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Y nos dieron una formación, unos valores y unos principios que nos han acompañado toda la vida. Claro que fueron estrictos con nosotros, claro que nos insistían con la importancia de estudiar y convertirnos en «hombres y mujeres de provecho». Se comieron los últimos años de Franco, vivieron la Transición y durante esos años fueron capaces de enseñarnos a mirar hacia delante, de cerrar el pasado y no crear en nuestra generación los dos bandos que sus padres sí vivieron y que tanto daño causaron. Entre mis compañeros de colegio o entre mis hermanos podíamos pensar de una manera u otra, ser más de izquierdas o más de derechas, porque sobre todo nos enseñaron a ser tolerantes y comprensivos con el de al lado.

Pirámide población España en 2020

(Fuente: Enterat.com)

El país mejoró enormemente mientras nosotros abarrotábamos las universidades,  entramos en lo que se llamaba la Comunidad Económica Europea y nos modernizamos en todos los aspectos, y cuando empezaron a jubilarse, después de más de cuarenta años trabajando, muchos de ellos en la misma empresa, sin apenas cambiar de trabajo y sin quejarse jamás, nos dejaron un país cojonudo en el que la maquinaria estaba muy bien engrasada. Con sus defectos, seguro, pero un país sólido, una economía entre las principales potencias y uno de los mejores lugares del mundo para vivir. España funcionaba tan bien que parecía que nuestras máximas preocupaciones eran el lenguaje inclusivo y sacar el cadáver de Franco de debajo de una losa de 6.000 kilos. A mí, a mis amigos más cercanos, a mis hermanos y compañeros de trabajo, lo cierto es que lo que ocurriera con Franco nos la traía floja.  

Ahora le toca el turno a los de mi generación. Los que mandamos en las empresas, los que ocupamos los mejores puestos y los que están en el gobierno y la oposición. Pedro Sánchez y Santiago Abascal son de nuestra quinta. Casado, Iglesias e Inés Arrimadas, un poco más jóvenes. Y lo que escuchan nuestros mayores desde hace años es que son un problema para la sociedad porque son muchos, viven más que antes y no vamos a poder seguir pagándoles esas pensiones que en muchos casos son ridículas. Nos han visto crecer sanos, vivir con mucho más de lo que tuvieron ellos, tener pocos hijos o ninguno porque, claro, queríamos vivir la vida, viajar por el mundo y salir siempre como si tuviéramos veinte años.

Nuestros padres apenas pudieron salir de España durante años porque tenían que sacar adelante una familia numerosa mientras nosotros mandamos a nuestros hijos a estudiar a sitios lejanos o nos vamos de vacaciones a la otra parte del mundo. Y nos escuchan decir que no va a haber dinero para las pensiones mientras le compramos el último móvil a nuestros hijos, hijos para los que por supuesto estas cosas carecen de valor porque en muchas familias se les hace creer que es así. Me imagino a muchos de nuestros padres escuchando las noticias y pensando: «no, si yo ya sé que molesto, intentaré irme pronto y sin hacer ruido». Con su humildad de siempre.

Ahora llega esta terrible pandemia y nos da un sopapo en nuestros morros complacientes. Nos pilla desprevenidos, en pelotas, mirándonos el ombligo o lo que es peor, la pelusa del ombligo del vecino. Para criticarlo. Los mayores de 70 años, nuestros padres, suegros, padres de amigos y compañeros son los que se están llevando las peores consecuencias del virus. Más de 1.400 muertos mientras escribo esto y nosotros preocupados por cómo pasar el encierro entretenidos inventando juegos para nuestros hijos. Les decimos a nuestros padres que se queden en casa, que no podemos ir a verlos, que no podemos darles un abrazo ni despedirnos de ellos, y a veces pienso que es una metáfora cruel del destino para que nos sentemos a reflexionar sobre todo lo que han hecho nuestros padres por nosotros y de qué modo se lo estamos devolviendo. Te quiero, Papá, te quiero, Mamá, sed fuertes y aguantad que os queremos muchos años más a nuestro lado.

Sueño con el momento en que toda esta pesadilla pase y nos pongamos las pilas para estar preparados para la siguiente emergencia, con los medios suficientes para atender a nuestros mayores. Que nos dejemos de guerras estúpidas y nos centremos en devolverles una ínfima parte de lo que ellos nos dieron, que dejemos de derrochar en lo superfluo y de hablar de las pensiones o el gasto médico de la tercera edad como el problema nacional, el marrón irresoluble.

Pero sueño sobre todo con daros un abrazo cuanto antes y sin miedo, sin preocupación, con una sonrisa. Y daros las gracias. Gracias por todo. Porque vivimos muy bien y vuestros nietos también. Y quiero compartirlo con vosotros muchos años más. Por eso esta tarde, a las ocho, cuando salga a la ventana, aplaudiré no solo a los médicos, enfermeros, policía, guardia civil y todos los que se están dejando la piel por nosotros, sino que aplaudiré con fuerza a esa generación de héroes que nos lo dieron todo.

La utilización partidista

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JOSEAN, 13/03/2020

«Ha habido un atentado de ETA», comentó un asesor del concejal, «parece que hay un muerto». En el instante anterior a la interrupción yo estaba hablando con ese concejal de unos temas de trabajo. Ocurrió a finales de los noventa y el concejal era de Izquierda Unida, pero creo que el tiempo y la afiliación no son importantes en este caso. En ese mismo ayuntamiento había habido un asesinato un año antes, de un concejal del Partido Popular, es decir, de un compañero aunque no compartiera las mismas ideas. En ese momento la mirada del concejal cambió, su cerebro empezó a maquinar algo. Algunos recordarán que por entonces Izquierda Unida había firmado esa cosa vergonzosa llamada Pacto de Lizarra, o de Estella. El concejal le dijo a su asesor que tenían que preparar un comunicado de repulsa, pero que a la vez aprovecharían para hacer mención a la solución política de su partido al «conflicto vasco», que PP y PSOE se estaban equivocando, y que la negociación o el diálogo de la manera en que ellos lo entendían era la única alternativa viable. Me dio mucho asco escucharle, me pareció repulsiva esa actitud. En medio de una desgracia tenía que meter la cuña política para sacar lo-que-coño-quisiera sacar de aquello.

Todo vale en la guerra contra el rival político, incluso las desgracias, o sobre todo las desgracias. Todo vale para atacar, criticar, crispar y sacar tajada de una situación, por dramática que esta pueda ser. La obligación de nuestros dirigentes debería ser trabajar por un objetivo común y positivo para la sociedad, pero sin embargo vemos que emplean sus fuerzas en destrozar al adversario con la creencia (estúpida, me parece) de que esos ataques les reportarán votos. A muchos de ellos solo les veo inteligencia para oler la sangre, jamás para resolver problemas generales o tomar decisiones atinadas.

Comencé a escribir este post hace dos días, el 11-M dieciséis años después de aquel 11-M que nos cambió como sociedad y como país. Creo que todos recordamos cómo aquellos días, con los cadáveres aún calientes y miles de heridos en los hospitales, nuestros dirigentes se dedicaron a manipular la información que conocían y manejaban para arrojársela a su adversario político. Había elecciones tres días después y no podían desaprovechar lo que consideraban «su oportunidad».

Esa es la creencia que tienen, la baja consideración de los votantes, la estúpida creencia de que, como decía uno de los asesores de Aznar, «si ha sido ETA, barremos; si son los yihadistas ganará el PSOE». Votantes volubles, manipulables, cachos de carne con ojos a los que poder dirigir (y no digo que no tengan razón en creerlo en un buen porcentaje). Manipularon todos, el PP ocultando la información que desde el mismo día 11 apuntaba a una facción de Al Qaeda, y el PSOE movilizando a sus medios afines e inventando historias como la de los terroristas suicidas con tres capas de ropa. No me sorprendería saber que algunos manipularon pruebas o que incluso crearan falsas pistas de las que han quedado sin resolver después de tantos años. Me dio mucho asco, la verdad, no voté a ninguno de ellos.

La última vez que recuerdo unidad de acción de los principales partidos ante una tragedia fue con el «espíritu de Ermua», tras la burrada que fue el asesinato con día y hora del concejal del PP Miguel Ángel Blanco (por cierto, su padre falleció ayer) en julio de 1997. Duró poco. Desde entonces, o desde el 11-M, el comportamiento de los líderes del PP y PSOE resulta más lamentable ante cada crisis o emergencia. El Yak-42 fue un desastre mayúsculo provocado precisamente por la urgencia del ministro Trillo por hacerse la foto con los familiares y (literalmente) echar tierra encima de los militares fallecidos cuanto antes. El PSOE se cebó durante meses para sacar tajada, pero luego actuaron de un modo similar cuando les ocurrió la tragedia del Cougar, deprisa y corriendo para que pasáramos a otro tema cuanto antes. La tragedia de Angrois, el incendio de Guadalajara, el vertido de Aznalcóllar, el terremoto de Lorca, el atentado de la T-4 o el de Las Ramblas,… cualquier desgracia vale para atacar al rival político.

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Esa es la terrible realidad de la clase política que nos dirige y lo estamos comprobando estos días con la crisis del coronavirus. En lugar de ponerse todos a trabajar para dar una respuesta consensuada a una pandemia de la que todavía no se conocen sus consecuencias inmediatas, dedican sus esfuerzos a reprocharse la mala gestión o a ocultar la información de la que disponen. La irresponsabilidad de este gobierno al permitir y encabezar la manifestación del 8-M debería costar algunas cabezas, pero dudo mucho que lo haga. Transmitieron un mensaje de tranquilidad y mundo de fantasía que no era real, ¡que sabían ya que el peligro era cierto!, y apenas veinticuatro horas después nos contaban otro escenario radicalmente distinto, un simulacro del apocalipsis zombi. No iban a permitir que nada les jodiera su manifestación del 8-M, suya, de la izquierda y de nadie más. Una irresponsabilidad absoluta.

No son conscientes de que si escupes hacia el cielo te vas a terminar tragando tu propio gargajo. A Vox y a Ortega Smith le dijeron de todo cuando anunció que había dado positivo por coronavirus tras el congreso multitudinario del partido, pero ahora han tenido que callar y tragar cuando se ha sabido que Irene Montero también lo ha dado. La diferencia es que el primero pertenece al tercer partido en número de votos y no ejerce responsabilidad pública alguna, mientras que la segunda es ministra y fue acompañada por varias ministras más y por la mujer del presidente de gobierno, aparentando una tranquilidad que los hechos han demostrado infundada.

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Deberían ser más responsables y no tan bocazas con los reproches, con más motivo aún en este estado en el que las competencias de sanidad están troceadas en diecisiete consejerías autonómicas. Las palabras de Pedro Sánchez sobre Rajoy y su gestión del Ébola se han vuelto ahora en su contra tras la pésima información dada sobre un problema mucho más gordo como el del coronavirus. Ha actuado tarde y mal, sin previsión alguna y sobre todo con el objetivo partidista de preservar el 8-M por encima de cualquier otro asunto.

Pero siguen jugando a lo mismo. Ayer por la tarde Televisión Española entrevistaba a un profesional sanitario, Guillén del Barrio, quien después de informar brevemente de la situación de los hospitales de la Comunidad de Madrid lanzaba todo un mítin político sobre la importancia de la sanidad pública frente a la privada, y el número de profesionales sanitarios que habían recortado las autoridades desde 2008.

Horas después supimos que el enfermero casualmente elegido para la entrevista había sido candidato de Podemos y (casualmente también) la misma televisión tuvo que desmentir las cifras que había dado acerca del recorte del número de camas y profesionales sanitarios. Claro que lo hizo en medios con mucha menor repercusión. La carta de Isabel Díaz Ayuso a la directora de RTVE, Rosa María Mateo, no se hizo esperar.

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A eso siguen jugando nuestros dirigentes. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó uno de «sus medios» para publicar a toda plana que su partido ya había avisado al Gobierno de la emergencia diez días antes y que no se le hizo caso. No cita fuente alguna, ni presenta documentos, algo similar a las comparecencias de nuestro presidente de gobierno y las supuestas medidas que lleva semanas tomando.

El mundo

Pero el caso es que tampoco es cierto lo que dice Isabel Díaz Ayuso, porque los que vivimos en Madrid sabemos que el mensaje que nos transmitían era de normalidad y tranquilidad absoluta, que no había motivos para dejarse llevar por el miedo.

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Sé que es mucho pedir que PSOE y PP se pongan a trabajar juntos para dar una respuesta global a los ciudadanos y proponer la adopción de medidas para paliar los efectos del COVID-19, pero para eso se les elige. Para que trabajen el Gobierno, el Consejo de Ministros, el Ministerio de Sanidad y todas las Consejerías autonómicas unidas y coordinadas para hacer frente a esta crisis global. Tras la rueda de prensa de Pedro Sánchez hace una hora decretando el estado de alarma, el PP ha apoyado el mismo y ha dicho que prestará sus votos para prorrogarlo cuanto sea necesario. Quizás sea un primer paso para el consenso y el trabajo en común. Presumo que durará muy poco.

 

 

La mano no era de Dios, por Barney

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Uno de los goles que más he celebrado en mi vida fue el llamado «Tamudazo», aquel gol de Raúl Tamudo en el último minuto simultáneo al de Van Nistelrooy en La Romareda. Ocurrió en junio de 2007 y lo celebré tanto porque prácticamente supuso una Liga para el Madrid, pero sobre todo por lo que tuvo de «justicia divina». De no haberse producido el Tamudazo, el Barça habría ganado ese partido gracias a un gol anotado claramente con la mano por Leo Messi y con la victoria se habría llevado la Liga.

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El gol fue muy similar al de Maradona, ese otro crack zurdo argentino con el que han comparado siempre la carrera de Messi. «La mano de Dios», comentó con gracia Diego Armando Maradona tras su gol a los ingleses en México 86. El problema es que si Dios jugara al fútbol, o si simplemente interviniera en los resultados, estos serían siempre justos, o al menos no vendrían marcados por decisiones injustas o por errores arbitrales. Quizás Dios sí quiso enmendar el error de dar por válido aquel primer gol de Maradona contra los ingleses y se convirtió durante nueve segundos en la zurda del argentino, «la zurda de Dios».

Comento esa mano concreta de Messi para hacer ver que los errores arbitrales sí pueden decidir campeonatos, al contrario de lo que suelen comentar algunos pagafantas del periodismo deportivo patrio, «el mejor del mundo» en sus propias palabras. Lo normal es que un campeonato tan largo lo gane el mejor equipo, el que ha sido más sólido y consistente durante las treinta y ocho jornadas, y lo deseable sería que los errores arbitrales se repartieran de modo equitativo, de tal manera que el conocido mantra periodístico «unas veces te dan, otras te lo quitan» fuera cierto. El problema es que desde hace muchas temporadas esto no ocurre. En estas últimas once temporadas en las que el Madrid solo se ha llevado dos ligas frente a ocho del Barcelona, el Barcelona ha sido mejor en la mayoría de ellas, pero no en todas. Y en las dos que venció el Madrid tuvo que ser no solo el mejor equipo, sino mantenerse a un nivel altísimo hasta el final porque al Barça le fueron llevando en volandas hasta las últimas jornadas.

Durante el partido de ayer que enfrentó al Barça con la Real Sociedad, los donostiarras estaban siendo mucho mejores que los locales, dominaban el juego y tenían las mejores ocasiones, y de repente tras el fallo en una de ellas (creo que de Monreal), el árbitro fue llamado para revisar una jugada que había sucedido casi un minuto antes. En cuanto vi la repetición, sin que Martínez Munuera hubiera llegado al monitor, supe que iba a pitar penalti. El Barça estaba en dificultades y quedaban poco más de diez minutos. ¿Era penalti? Pues con la nueva circular que dice que todas las manos en el área son sancionadas con penalti, la respuesta solo puede ser que sí. El problema es que en su día nos dijeron que esta otra de Arturo Vidal no lo era por no sé qué razón sobre la intención o la posición natural, o lo que tocara inventarse esa semana.

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Jugadas calcadas, resultados diferentes. Y creo que el problema no es el árbitro, que se sabe el reglamento, sino su manera de interpretarlo. En un partido del Granada el mismo árbitro tuvo que decidir sobre esta otra mano y no sancionó nada.

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Hace dos semanas el Madrid perdió con el Levante tras un mal partido. En aquel encuentro hubo dos manos de jugadores locales en el área, manos tontas y fortuitas, no intencionadas, pero que según este nuevo protocolo deberían haber sido revisadas y sancionadas. ¿Que el Madrid no estaba jugando bien? De acuerdo. ¿Que no merecía la victoria? Vale, te lo admito. Pero a unos les meten en el partido y a otros les sacan. El árbitro de ese partido era el ínclito Alejandro Hernández Hernández. No quiso acercarse al monitor del VAR ni a veinte metros, como si fuera un foco de Coronavirus.

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Sin embargo este mismo árbitro no tuvo ningún problema ayer en el Wanda en acercarse dos veces al monitor para comprobar dos jugadas mucho menos claras y concluir que ambas eran penaltis. Jugadas dudosísimas, no como las del Levante, que no dejaban margen a la interpretación.

El problema está en esos cambios semanales de interpretación. Al principio de Liga nos dijeron que todos los pisotones serían sancionados con tarjeta roja, como el de Modric en la primera jornada, pero esa norma se fue al limbo como se ha visto a lo largo del campeonato, incluso ayer mismo con el pisotón de Messi a Llorente.

Creo sinceramente (aunque no lo tengo cien por cien claro) que el Madrid ganará este campeonato porque ha sido mejor equipo que el Barça. Si solo tiene un punto de ventaja es porque van a seguir empujando hasta el final al Barça, o VARça, como les llamo desde hace un par de años en foros. Si tienen un partido complicado, como contra el Granada o el Betis, se expulsa a un jugador rival.

Si las jugadas se producen en el área culé, se mirará a otro lado, como hicieron durante el Barça-Madrid de diciembre, el del aplazamiento infame por la kulé borroka. Oh, casualidad, el árbitro de aquel partido era el mismo Hernández Hernández, secundado por el fiel escudero De Burgos Bengoetxea. Parece fácil criticar ahora el VAR y lo incomprensible que resulta su aplicación, pero es que el problema no es ese. Es una herramienta que puede ser cojonuda, pero que, como dijimos en este mismo blog antes de su puesta en funcionamiento, jamás funcionaría mientras perviviera el sistema arbitral de designaciones y puntuaciones. Y mientras el poder establecido contara con el arma de la manipulación de las imágenes. La semana pasada hubo un penalti de Jordi Alba a Vinicius en el Madrid-Barça del Bernabéu. No me refiero al posible pisotón, dudoso, sino a otro que ni siquiera se repitió y que pasó desapercibido para la mayoría de espectadores. ¡Porque nos lo volvieron a ocultar!

Enlace al vídeo

Penalti Alba

Gracias a que Rafa_NMJ lo ha subido pudimos verlo y LaGalerna le dedicaba un artículo completo varios días después, bajo el esclarecedor título El secuestro de un penalti. El árbitro del VAR ese día, el que miró hacia otro lado, fue José Luis González González. Hoy pitará el Betis-Real Madrid y probablemente terminará el trabajo que ayer comenzó en el Camp Nou su compañero. Nada es casual en esta Liga.

Por desgracia estos medios no tienen la repercusión mediática de todo el aparato de Roures y sus afines, colocados en las principales radios y periódicos. Alguno de ellos se las da de experto en VAR y su protocolo, pero lo cierto es que cambia de opinión casi cada semana y muchas veces dependiendo del color de la camiseta. Defender que estas manos de Feddal y Piqué no son penaltis, pero que la de ayer sí… es un ejercicio de equilibrista muy complicado.

O que esta de Ramos sí era penalti claro:

Mano Ramos Supercopa

O que el VAR no entra en jugadas que no son claras o manifiestas:

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Decir que el árbitro no puede ir a revisar el inicio de una jugada, como no se hizo en este fuera de juego de Griezmann con el Levante que acabó en penalti y gol, y hacerlo ayer un minuto después… parece raro. Más que raro, una tomadura de pelo.

Griezmann fuera de juego

Vamos a ganar esta Liga. Será un acto de justicia, llámenla divina o humana, pero no puede ganar la Liga este VARça que está jugando tan lamentablemente mal. Ya ganó la pasada jugando horrible, pero no tengo nada que objetar porque el Madrid fue mucho peor. No será la mano de Dios la que ayude al Madrid a levantar el título, pero sí espero que la mano que acaricia el gato, maneja las imágenes y financia a Tebas deje de echar esa misma mano a los suyos. ¡Iluso de mí!

El coronavirus mató la cordura, por Lester

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Vaya por delante que no entiendo mucho de estas cosas. A decir verdad, no entiendo nada de virus, coronavirus, pandemias, peligros ni medidas para evitar los contagios, así que supongo que caeré en todos y cada uno de los errores del cuñao metido a opinador. Qué se le va a hacer, uno lee las noticias oficiales desde hace años con cierto escepticismo, pero trata de seguir las normas que se le indican, por absurdas que puedan parecer. «Por algo serán», suelo pensar.

Sin embargo, un mínimo análisis de lo que se solicita al ciudadano afectado por las medidas puede resultar incongruente con otras prácticas permitidas por las mismas autoridades sanitarias o gubernamentales. Recuerdo que pensé lo mismo hace años con alguna de estas enfermedades que iba a a acabar con todos nosotros, creo que fue la fiebre aftosa o la porcina que venía del Reino Unido. Me encontraba de viaje con unos amigos por la isla de Brexitlandia y nos hicieron pasar decenas de veces por unas alfombras empapadas de algún líquido supuestamente milagroso para prevenir la difusión de la enfermedad. Teníamos que pasar las ruedas del coche y las suelas de nuestros zapatos. Y así un día y otro durante la semana que estuvimos por allí. «¿Y los zapatos que llevo en la maleta?», pensaba. Si ahora me quito estos «descontagiosos» y me pongo las zapas de la maleta, ¿pondré en riesgo la existencia de todos los cerdos del Reino Unido?

Me viene a la cabeza todo esto por la psicosis que se está generando a cuenta del coronavirus. Yo no cuestiono la peligrosidad del mismo, ni las advertencias acerca de sus peligros, pero reconozco que me cuesta entender muchas de las medidas que se están tomando. Algunas son voluntarias, como la de tantos trabajadores de atención al público que portan la incómoda mascarilla porque atienden a la cara a miles de personas a diario, pero, ¿suspender el Mobile World Congress? ¿O como me ha ocurrido este mismo finde, el medio maratón de París? ¿Los Juegos de Tokio serán la próxima víctima? «Sí, sin duda», me contestará alguien, «era necesario para evitar el contagio entre tantas personas que iban a asistir a ambos eventos». ¿Pero dejamos el Metro abierto, o los aeropuertos? ¿Suspendemos una carrera al aire libre con unos 35.000 corredores, pero dejamos que se juegue el partido entre el PSG y el Dijon con 50.000 personas en las gradas todas juntitas compartiendo efluvios corporales? Pues ambas cosas ocurrieron ayer 29 de febrero con un intervalo de un par de horas.

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Para venir a París tomé un vuelo en la T4 de Barajas, rodeado de cientos de viajeros que iban y venían de mil sitios diferentes, algunos con mascarilla semiprofesional con filtro, otros con un inútil papelillo y dos gomas, y la mayoría, entre los cuales se incluye este escribiente, sin nada, tosiendo (o no), estornudando (o no) y haciendo algo tan peligroso como respirar. Ayer tomé varias veces el atestado Metro de París, entré en varios lugares turísticos hasta arriba de gente como yo y no había limitación alguna, todo estaba abierto y pudimos hacer vida normal. Pero de camino a la Feria del Corredor para recoger los dorsales nos enteramos de manera oficiosa de la suspensión del maratón.

¿Habían cerrado la Feria del Corredor? ¡Qué va! Ahí estábamos un buen montón de atletas frustrados, muchos llegados de sitios lejanos, escuchando lo que nos decían los voluntarios sobre la anulación todavía no oficial. Nos lo decían exhalando su aliento sobre nosotros mientras nos entregaban el dorsal y manoseaban la camiseta que nos entregaban. Menuda fuente de infección peligrosa la carrera del domingo y no esa entrega de dorsales y camisetas en una feria atiborrada de corredores cabreados.

No escribo esto por mi cabreo ante la situación (el humor español, ese que bromea de todo, desgracias incluidas, me ayuda a sobrellevarlo), sino porque no entiendo nada. Si el coronavirus es tan contagioso y peligroso, prohíban el tránsito por los aeropuertos del mundo, no los eventos en destino para esos viajeros que ya se han desplazado. Cierren el Metro, prohíban el uso de autobuses y trenes de cercanías, aplacen el Clásico del Bernabéu de esta noche (80.000 almas juntas), cierren los conciertos y teatros, impidan la entrada a los cines, restaurantes y centros comerciales, y cualquier forma de aglomeración masiva, pero déjense de tomar medidas parciales e inútiles, pero llamativas y visibles. Ah, que a lo mejor se trata de eso, de que sean visibles para todos afectando solo a unos pocos. Puede ser. El efecto placebo, tan placebo como las mascarillas que veo en tanta gente, algunas como la de la viajera que llevaba al lado en el avión, con una máscara que le cubría la boca y una oreja, pero no la nariz, quizás porque respiraba mejor con el apéndice auditivo.

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O puede que obedezcan a un interés económico, como también propagan algunos, empresas vendedoras de máscaras que están haciendo su agosto como lo hicieron los de las señales de 110 kilómetros por hora que durante tres meses sustituyeron a las de 120… para reducir la contaminación. Nos toman por imbéciles tantas veces que todo es posible. Quizás muchos recuerden la gripe A y el esfuerzo del gobierno por decir que se habían comprado millones de vacunas para tranquilizar a la población, vacuna que por supuesto no me puse. Lo que a lo mejor no recuerda tanta gente es que solo en España se destruyeron 6 millones de vacunas de los 13 que se compraron. 40 millones de euros por el sumidero del despilfarro (uno más) en plena crisis.

Ojalá esta crisis del coronavirus sea tan pasajera como la gripe A, la gripe aviar, la fiebre aftosa, el efecto 2000 o el malware asesino de ordenadores (no dejo de pensar cuánta pasta movieron todos), ojalá sea así y no tan contagiosa como pronostican otros porque en ese caso las medidas serán insuficientes, ojalá recuperemos pronto la cordura y podamos fijarnos en las cifras mortales que otras enfermedades dejan en la población de países más desfavorecidos, esos países siempre olvidados que nunca salen en las noticias. 5.000 muertos por un brote de sarampión en diciembre de 2019, a la vez que comenzaba la historia del coronavirus. Claro que eso ocurrió en la República Democrática del Congo.

El calibrador de rojos y fachas, por Lester

Garrotazos

Opinar empieza a ser un ejercicio de riesgo. Decir lo que piensas en un grupo de Whatsapp de amigos o conocidos puede llevar a que inmediatamente te cuelguen una etiqueta que seguramente será equivocada o al menos de modo parcial. No digamos en esa jungla llamada Twitter si se te ocurre opinar sobre determinadas noticias porque hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo, te convierte en rojo o en facha. El término medio, la equidistancia o la moderación están en vías de extinción, y no para el que opina, sino para el entorno que juzga la opinión.

– Creo que Rajoy tenía que haberse ido mucho antes de que lo echaran, «¡rojo!», pero no me gusta nada este gobierno de Sánchez pactando con comunistas e indepes. «¡Facha!»

– Menuda vergüenza la Gürtel, la Púnica, Rodrigo Rato, Bárcenas, los sobres B, «¡¡¡calla, rojo!!!», el mismo asco que los EREs de Andalucía, los fraudes de los cursos de formación, Griñán, Ábalos, las colocaciones a dedo en puestos relevantes, «¿qué dices, facha?»

Intento no opinar sobre política en grupos de Whatsapp porque la gente se calienta mucho, pero sobre todo porque cada vez hay gente más encendida que solo ve la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, o que siempre encuentra un motivo para justificar que «no es lo mismo» o «¡no compares!». Tenemos un grupo de Whatsapp de sesenta amigos, solo tíos al borde de los cincuenta, antiguos compañeros del colegio, y cada vez que alguno ha dejado un comentario político o una noticia partidista e interesada, los otros cincuenta y nueve hemos permanecido en silencio. Una pena, pero creo que es lo más inteligente.

Hemos llegado a una situación en la que no nos sentimos libres para opinar (cosa que, por cierto, no hemos dejado de hacer los cuatro amiguetes de este blog desde hace años) y no se puede opinar porque los juicios o las valoraciones se han radicalizado, las posturas se han polarizado muchísimo y para todo. Hables de lo que hables.

  • Me niego a utilizar el lenguaje inclusivo, «eso es muy facha porque la RAE es carca y facha», pero es que no me gustan los toros, «eso es propio de rojos».
  • Las grandes empresas y las grandes fortunas deberían pagar más impuestos, unos impuestos más justos y equitativos, «ya está el comunista», pero huyo como de la peste de la sobreintervención de la economía que pretenden los de Pablo Iglesias y Sánchez, «claro, ultraliberalismo descontrolado a tope, muy de derechas».
  • El otro día viendo a Ana Pastor en LaSexta…, «yo no tengo sintonizada esa cadena de rojos, ni veo a esa tía», el caso es que sacaron un programa de lo más manipulador acerca de… «cómo os gusta a los fachas decir que LaSexta manipula».
  • Soy seguidor del Real Madrid, «claro, como todos los fachas, una institución franquista«, o del Atlético de Madrid, «el equipo del pueblo, los valores de la izquierda».
  • No tengo ningún problema con la bandera de España, la rojigualda, de hecho la suelo lucir en los maratones que corro por ahí, «muy, muy facha», pero habría afrontado el problema de Cataluña de un modo distinto a como lo hizo el Partido Popular, «claro, cediendo al independentismo, como los socialistas catalanes, regalando España».
  • Me gusta el cine español, sigo bastante sus películas, «claro, los de la ceja, sois todos unos rojos», pero me molesta mucho toda la politización que lo rodea, el rojerío de los Goya, la eterna petición de subvenciones, «¡en Francia sí saben fomentar su cultura, aquí los fachas preferís atacarla!»
  • Qué bien me cae Antonio Banderas, o he visto toda la filmografía de Almodóvar, «vaya estómago tenéis los rojos», pero qué mal me cae Javier Bardem y qué bien Arturo Fernández, «os pasa a todos los fachas».
  • Me preocupa y mucho la islamización de Europa, «veo que te estás haciendo de Vox», y qué mal lo ha hecho la Iglesia católica durante décadas ocultando los casos de pederastia en su seno, «no me toques a la iglesia, podemita, ¿qué quieres, volver al 36?».

Muchos de estos mensajes son ridículos, pero es que a esa ridiculez estamos llevando cualquier asunto. Ser vegano es progre, comer carne perpetúa un sistema capitalista y de derechas. Es una visión simplista, infantil, reducida a blanco o negro. Todo esto ya estaba en las diez estrategias de manipulación de Chomsky (que no eran de Chomsky, sino de Timsit): dirigirse al público como si fueran niños y ser complaciente con la ignorancia y la estupidez.

Escritores que no son fachas ni de lejos, como Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, han recibido este calificativo en varias de estas polémicas a causa de sus artículos de opinión. Me deshuevo, Marías y Pérez-Reverte, fachas. En uno de los artículos de Don Arturo de hace un par de años, Ahora le toca a la lengua española, comentaba que hemos llegado al absurdo de considerar hablar bien y con un acertado uso del lenguaje como «de derechas», mientras que «a cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda». Tócate los cojones, como diría el mismo escritor ante algunas de las gilipolleces que nos toca leer o escuchar de vez en cuando.

Con todo, lo peor para mí es la polarización de la sociedad, la diferencia tan grande que se está creando entre «los dos bloques», arrasando con todo lo que intenta situarse en el medio. En política, el PP ha virado más hacia la derecha acercándose a Vox, como contrapeso al posicionamiento del PSOE junto a Podemos y los más radicales de la izquierda. Todo lo que intentó situarse en el medio, Ciudadanos o UPyD en su día, ha sido arrasado, vuelven las dos Españas. Y con las dos Españas se rescata a Franco para que se hable del franquismo más de lo que se hacía en los ochenta y los noventa. Me parece sorprendente escuchar a compañeros de trabajo nacidos después del 85 hablando todo el día de Franco, y los jueces franquistas, y los restos del dictador, y las instituciones heredadas del franquismo, y tal y tal. Nunca se habló tanto de Franco como en estos últimos años.

Al principio me hacía gracia ver cómo me tachaban de facha o rojo en distintos grupos, o según las opiniones que dejaba en este blog, pero lo cierto es que ahora no me gusta nada lo que está quedando, lo que veo. Me da mucha pena ver estas discusiones, me da rabia ver que no puede haber ya un debate sosegado y sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo que me cabrea enormemente es comprobar cómo estamos perdiendo progresivamente (o cómo nos estamos limitando) nuestra libertad para opinar.

Déjà vu de la 2016-17, por Barney

El domingo pasado al acabar la jornada de Liga tuve una sensación muy extraña, como un eco de algo ya vivido. Un “déjà vu” o “deyaví”, por eso de no saber poner bien los acentos del francés. La jornada se cerró con un arbitraje que perjudicó severamente al Betis en su partido frente al Fútbol Club Barcelona (2-3), mientras que unas horas antes el Real Madrid sacó adelante su partido con solvencia frente al Osasuna (1-4), pese al nefasto arbitraje de Gil Manzano.

Fue una pena, porque el Madrid podía haber obtenido un mayor premio de una jornada complicada para ambos contendientes al título, y sin embargo, pese a los distintos merecimientos de uno y otro, las cosas seguían igual, con el Madrid manteniendo una exigua ventaja de tres puntos sobre los culés. Me recordó a la temporada 2016-17, aquella en la que Zidane deslumbró al mundo del fútbol con su arriesgada estrategia de jugar con dos equipos muy diferentes jornada tras jornada, la Liga del famoso “equipo B” que anotó más goles como visitante (58) que como local (48).

Aquella liga el Madrid fue el mejor equipo del campeonato de largo, mientras que el Barça tuvo una temporada complicada, también en Europa, donde cayó 4-0 en París (salvado por el Aytekinazo) y 3-0 en Turín. Sin embargo, la Liga se mantuvo viva hasta la última jornada. De modo artificial, de manera forzada. Si por merecimientos fuera, el Madrid tenía que haber sentenciado con varias jornadas de antelación, y en su lugar se encontró con que no podía fallar en dos visitas complicadas en cuatro días a Vigo y Málaga. Después de todo lo que había hecho, tenía que vencer en ambos campos a dos equipos peleones y en aquel entonces con muy buen fútbol. Para que nada fallara en el chiringo de Roures y Tebas, dos nombres que siempre se repiten: al Madrid le pitó De Burgos Bengoetxea y al Barça Hernández Hernández. Como el partido del Barça frente al Éibar se complicó, HH sacó su mejor arsenal para inventar dos penaltis, uno de ellos el famoso Penalba por patada al suelo.

Penalba

Se ganó la Liga con justicia, se ganó la Champions y la prensa calló ante lo que fue una temporada escandalosa jugada con otro Reglamento. Luego dicen que si “2 de 11”, que si el Madrid no compite las Ligas, pero lo cierto es que ganar dos ligas en este entramado podrido y perfectamente engranado es una heroicidad. Solo por recordar cómo se lograron:

  • La liga 2011-12, con Mourinho en el banquillo, es la llamada Liga de los récords. El Madrid tuvo que irse al récord de puntuación y goles para superar al Barça de Guardiola.
  • La liga 2016-17, la mencionada, con 93 puntos, con un magnífico equipo A y un B que no desmerecía en absoluto, y luchando entre otras cosas contra los penaltis no señalados en el Camp Nou y en el Bernabéu “por ser demasiado pronto”.

Este año es similar. Al Madrid ya le tangaron en la primera vuelta en el Camp Nou desde la designación de árbitros, el aplazamiento interesado y el día extra de descanso, y continuó en el campo: penaltis al limbo, un gol dudoso anulado y unas imágenes que ¡oh, casualidad!, nunca aparecen. Es tan previsible que el comentario que escribí semanas antes se cumplió casi punto por punto: Hernández Hernández en el campo y De Burgos Berngoetxea en el VAR:

Comentario La Galerna

En breve se repetirá la situación en el partido del Bernabéu, con un Madrid que podría sentenciar la Liga… si le dejan. En la 2016-17 el árbitro se comió un penalti de Umtiti nada más empezar (una vieja tradición) y el Madrid jugó con uno menos (otra no menos vieja) la última media hora. Se perdió injustamente 2-3 en la última jugada del partido y tocó sufrir el resto de partidos para llevarse el título.

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La maquinaria de lo que algunos definen acertadamente como #TheTinglao se ha puesto a funcionar a tope desde principios de temporada, pero ha intensificado su fuerza tras la eliminación copera del Barcelona frente al Athletic de Bilbao. Ya han empezado a decir que las audiencias se van a resentir por la caída del Madrid y el Barça, y tienen que mantener el interés por LaLiga como sea.

Por repasar de modo somero lo que ocurrió el pasado domingo en el Villamarín:

  • Con 1-1 Sergi Roberto realiza una entrada criminal con ambas piernas a Aleñá. Ya tenía una amarilla, y no había excusa para no mostrarle la segunda. Nada.

Sergi Roberto

  • Con 1-1 y también en la primera parte, Sergio Busquets realiza otra entrada de amarilla, que hubiera supuesto su segunda. Además protestó de modo ostensible al árbitro y le hizo este gesto de desprecio. Nada.
  • El 2-3 del Barça llega en una clara falta en ataque de Lenglet, que carga y empuja al defensa verdiblanco. Gol legal para Sánchez Martínez. Nada que revisar en el VAR, cuando en cada gol del Madrid nos toca esperar un par de minutos antes de poder celebrarlo.

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  • En la segunda parte, ya con 2-3, el mejor de los locales, Fekkir, realiza una entrada a destiempo a Lenglet. Amarilla, se aleja enfadado del árbitro, ¡¡¡que le persigue!!!, y el marroquí hace un gesto familiar. Segunda amarilla, en cinco segundos. Acojonante el doble rasero. (Vía @Hechi9248).
  • En el minuto 92, en la última jugada del partido, el árbitro deja sin señalar un claro penalti a Messi.

¿Qué había ocurrido en Pamplona unas horas antes?

  • Fede Valverde y Lucas Vázquez siguen andando de milagro, porque las entradas de Nacho Vidal y David García fueron salvajes. En el caso de este último era la segunda amarilla.
  • El penalti a Modric, al limbo.
  • El Osasuna casi empata a 2 tras una falta clara sobre Isco y un “sigan, sigan” escandaloso de Gil Manzano.

Pues bien, ¿qué destacó toda la prensa afín, es decir, de qué habló todo el TheTinglao al unísono? Sobre todo de dos jugadas, una, el penalti sobre Messi (intrascendente) no señalado, y dos, que Ramos tenía que haber sido expulsado por una jugada ¡que no fue ni falta! Se llevó el balón al llegar antes que el jugador navarro y posteriormente impactaron ambos jugadores. Es fácil comparar la imagen fija que ha utilizado toda la prensa esta semana y la que da origen a la jugada. Qué distinto se ve todo, ¿verdad?

Como muchísimo y siendo generoso, una amarilla por juego peligroso. Pues nada, tres días hablando de la permisividad con Ramos. Radios, periódicos y, por supuesto, Culevisión Española. TVE, «la de todos» (será la de todos los antimadridistas), mostró la jugada de Ramos cortando el momento en el que se lleva el balón, poniendo solo el final. Así es como se manipulan las cosas, y así es como fácilmente se lleva a la gente a creer que al Madrid le favorecieron en un partido con un arbitraje horrendo, sobre todo tras el 1-2 de los blancos. Pareció como si Gil Manzano fuera a cobrar un bonus por lograr el empate. Lo digo totalmente en serio y eso que es, quizás, el mejor árbitro de España, el único con categoría élite para la FIFA. Sin embargo, no pita nunca los Madrid-Barça. ¿Por qué? Solo lo hizo una vez y no ha repetido. ¿Tendrá que ver el hecho de que es el único árbitro que ha pitado un penalti contra el Barça en los Clásicos en estos últimos años?

El debate de esta semana ha sido si los árbitros son permisivos con Ramos. Vamos a ver, es un debate que no aguanta dos segundos con las estadísticas en la mano. Sergio Ramos es el jugador con mayor número de expulsiones en la historia de La Liga. Sin embargo, no ha sido expulsado nunca con la selección en 168 partidos, donde tiene mejores estadísticas que Piqué. «¿Insinúas que tiene distinto trato con árbitros españoles que con internacionales?». No lo insinúo, lo afirmo. Sus estadísticas en Liga indican que es expulsado cada 22 partidos, mientras que en Champions lo es cada 44.

Permisividad es la que existe con Luis Suárez, sancionado por juego violento y conductas antideportivas con el Liverpool, el Ajax y la selección uruguaya, mientras vive un sueño de impunidad en Barcelona. Permisividad es la que existe con Sergio Busquets, al que no expulsan ni aunque le saquen dos amarillas en el mismo partido. Ah, ¿que no me creéis?

Al Madrid ya le han perjudicado este año en Mallorca, Valencia, Valladolid (aunque ganó), Camp Nou y en el Bernabéu frente al Betis, y sin embargo sigue líder. A ver por cuánto tiempo. En el escándalo que ocurrió en Italia hace unos años, el Moggigate, se destapó que no solo la Juventus manipulaba la designación de árbitros para poner los que le resultaban más afines, sino que la prensa era cómplice del amaño. Unos medios de comunicación que defendían la limpieza del sistema y de la competición.

Si uno sigue LaLiga (o La Lliga) de cerca, como intento hacer yo aunque a veces me provoque arcadas, encontrará mil pruebas más que evidentes de la manipulación de la competición. Si por el contrario uno ve solo los resúmenes de dos minutos que ofrecen los de Tebas, pensará que esto es un paraíso de limpieza en el que de vez en cuando se ayuda al Madrid.

Voy a poner otro ejemplo que puede parecer menor, aunque para mí no lo es: el jugador ghanés del Alavés Wakaso. En el partido contra el Madrid se pasó 70 minutos haciendo un entradón tras otro y protestando cada vez que le señalaban falta. Fue vergonzoso, pero se fue sin tarjeta. Una semana después fue expulsado por doble amarilla con la mitad de faltas. Pero lo mejor estaba por llegar. Cómo no, en el Camp Nou. Allí vio amarilla por recibir un plantillazo de Umtiti. Pero no quedó ahí la cosa. Si uno observa la secuencia completa, es Wakaso el que llega antes al balón y el que recibe el doble golpe de Umtiti (con los tacos y con la rodilla en la espalda). El árbitro resuelve la jugada con balón para el Barça que acaba en… golazo de Messi. Gracias a @rafa_rnmj por subir el vídeo completo:

https://streamable.com/3p1db

La maquinaria de adulteración se está perfeccionando. El arranque de la temporada siguiente a la 2016-17 fue tremendo. El Madrid venía de ganar Liga y Champions y de arrasar 1-5 en la Supercopa al Barcelona, ganando con diez en el Camp Nou, luchando contra el penalti inventado tras piscinazo de Suárez y con De Burgos Bengoetxea al silbato. Un Villarato moribundo dejó al Madrid fuera del título en las diez primeras jornadas de Liga con decisiones incomprensibles a favor de unos y en contra de otros.

Fue demasiado evidente, así que la temporada siguiente igualaron algunas diferencias, como los penaltis. Con la pequeña diferencia de que al Madrid no le pitaron ninguno a favor en la primera vuelta y sí en la segunda, cuando ya estaba descartado para el título. Con el Barça ocurrió justo lo contrario. ¿Casualidad? No lo creo. Con la Liga ya decidida los números se compensaron. Hay verdaderos estudiosos de la estadística como Maketo Lari o Juanpa Frutos realizando los trabajos de análisis que no realizan los periodistas, y lo que encuentran son anomalías estadísticas demasiado exageradas desde 2004, casualmente desde el año en que Laporta apoyó a Villar para su permanencia al frente de la Federación (El saldo arbitral).

Creo que el Madrid acabará ganando esta Liga, pero estoy convencido de que la va a tener que pelear hasta el final, aunque sea superior al Barça de Messi, Ter Stegen y el #TheTinglao. Estoy viviendo un déjà vu permanente. Temo lo que está por venir el 1 de marzo, pero espero que al final de la temporada el sufrimiento haya merecido la pena.