V de Vendetta (I): la novela gráfica

TRAVIS, 28/08/2022

Verdaderos valientes vislumbrarán la versión de TraVis que versa sobre las venturas vividas por V, el villano para varios, visionario para otros, en la vasta V de Vendetta, vigorosa y nada virtuosa obra en tres volúmenes de Alan Moore. El que para algunos expertos en el mundo del cómic es el mejor creador de historias para novelas gráficas de todos los tiempos ideó una trama retorcida, antisistema y con tintes proanarquistas que fascina a sus lectores desde hace casi cuatro décadas.

Con permiso de esa obra maestra que es Watchmen, V de Vendetta es quizás su obra más reconocida internacionalmente, no solo por las adaptaciones cinematográficas de Zach Snyder (Watchmen: la película) y James McTeague, de la que hablaremos en la segunda parte de este post, sino por la popularidad que ha adquirido la máscara de Guy Fawkes en los últimos tiempos, en protestas multitudinarias o manifestaciones del tipo Rodea el Congreso, Occupy Wall Street o similares.

«Remember, remember, the Fifth of November», Guy Fawkes y la Conspiración de la Pólvora. El intento de voladura del Parlamento inglés en 1605 es el símbolo empleado para mostrar la lucha contra un poder opresor, que es lo que se muestra desde las primeras viñetas de la novela de Moore. En esta ocasión, el dibujante fue el inglés David Lloyd, cuya obra más conocida hasta la fecha era Night Raven. La historia fue encargada por la revista inglesa Warrior, una sucursal para el Reino Unido de Marvel. Todos los capítulos comienzan con la letra V (Valores, La Voz, La Violencia, El Veneno, Valerie, Los Vestigios, Valhalla…) y el primero de ellos, El Villano, nos muestra una Inglaterra bajo toque de queda y una estricta vigilancia del gobierno. La acción se sitúa en 1997 tras una guerra nuclear en la que el Reino Unido no participó. Los desórdenes en las calles provocaron la llegada al poder de un grupo fascista, Fuego Nórdico, que me suena como algunos de los grupos que conocemos: Amanecer Dorado (Grecia), La Liga Norte (Italia) o Agrupación Nacional (Francia).

La atmósfera opresiva y sometida a un ente controlador recuerda de manera no disimulada al 1984 de George Orwell. El poder está organizado con partes del cuerpo humano: los Dedos (la policía), el Oído (el espionaje), la Voz (la propaganda del régimen), los Ojos (los vigilantes), la Nariz (los investigadores),… Cámaras en las calles, una versión oficial única, eslóganes que se repiten o aparecen en anuncios en las calles, el Líder Supremo que quiere «que la población recuerde por qué nos necesita», la supresión de la cultura como la conocemos…

La novela se publicó en su primera parte entre 1982 y 1985, concretamente hasta el capítulo 10 del segundo libro, El Veredicto. Sin embargo, tras el cierre de la revista Warrior, pasó varios años inacabada, sin que se supiera el final de las andanzas de los personajes, hasta que fue DC Comics quien encargó su conclusión en 1988. Consta de tres libros y sorprende que pasara todo este tiempo durante el cual permaneció con la misma fuerza, o que incluso aumentara la crudeza de la misma respecto a cuando fue inicialmente pergeñada. Alan Moore tenía menos de treinta años cuando la concibió y estaba aterrado ante la posibilidad de que Margaret Thatcher se perpetuara en el gobierno.

Años después su discurso no había cambiado, como se aprecia en la Introducción que escribió con motivo de la publicación completa de la obra entre 1988 y 1989.

«Ya es 1988. Margaret Thatcher ha estrenado su tercera legislatura y afirma con rotundidad que los conservadores conservarán el liderazgo hasta el próximo siglo. Mi hija menor tiene siete años y la prensa sensacionalista dice que hay campos de concentración para personas con sida. Los nuevos antidisturbios llevan visores negros, igual que sus caballos, y en el techo de las furgonetas han instalado cámaras de vídeo rotatorias. El gobierno ha expresado su deseo de erradicar la homosexualidad aunque sea como concepto abstracto, y uno no puede más que especular sobre qué minoría será la próxima contra la que se legislará. Me he planteado llevarme a mi familia fuera del país dentro de poco».

Esta es una de mis viñetas favoritas, en la que «el gobierno de Su Majestad» se complace en devolver a los ciudadanos «el derecho a la privacidad». Si Orwell y Moore hubieran sabido entonces de la Patriot Act norteamericana o de tantos programas de ciberespionaje como los que existen en la actualidad, pensarían que se quedaban cortos.

La obra fue concebida e ilustrada inicialmente en blanco y negro, y así se publicó en sus primeras ediciones hasta que quedara suspendida. Fue DC Comics quien pidió que se le añadieran esas paletas de color en la conclusión y reediciones posteriores de la obra, y lo encargó a Steve Whitake y Siobhan Dodds. Por esa razón hay tanto negro en el libro, tanta escena con abuso de las sombras y unos colores poco variados, nada que ver con Watchmen, por ejemplo.

Otra elección de los autores fue que no hubiera onomatopeyas, tan habituales del lenguaje de los cómics, ni bocadillos de pensamiento, lo que hace que toda la acción sea «pronunciada» o «dictada» por algunos de los personajes. Las referencias de la novela son numerosas, van mucho más allá de 1984. Las escaleras de las viñetas que preceden a este párrafo recuerdan los grabados de Escher. Hay diálogos extraídos de Shakespeare o Pynchon, música de los Rolling Stones, Beethoven y David Bowie, películas de James Cagney, escenas que recuerdan a Batman… El autor mencionó en entrevistas a Dick Turpin, Robin Hood y obras que desconozco como ¡Arrepiéntete, Arlequín! o el cuadro Europa después de la lluvia, pintado por Max Ernst poco después de que Hitler alcanzara el poder en Alemania.

En ese Londres distópico y antipático, los libros han sido prohibidos, como las películas, la música o la pintura, lo que convierte a V en una especie de guardián del Arte, de los movimientos culturales creados por el ser humano.

Pensar o razonar es peligroso para el gobernante, mejor acabar con todo ello: Fahrenheit 451. O Goebbels y el nazismo, que se manifiesta también en los campos de concentración o reeducación, con experimentos genéticos y mutaciones hormonales en los prisioneros. Esta parte acerca de un gobierno fascista y manipulador que experimenta de modo salvaje sobre la reeducación de los detenidos puede recordar vagamente a La naranja mecánica de Anthony Burgess. Un gobierno que surge como respuesta al desorden imperante en las calles o que contrata a redomados hijos de puta para mantener el control.

La doctora Delia Surridge, partícipe activa de la reeducación de los presos, que incluye terapias para homosexuales y todo, tiene (para mí al menos) uno de los mejores momentos de toda la obra: ¿puede un asesinato a sangre fría resultar poético? Pues sí, o así lo parece, tanto en el cómic como en la posterior película. V se venga también de la doctora, pero lo hace sin sufrimiento y para ello se vale de una de las rosas que había aprendido a cultivar en el campo. Una variedad que, como todo lo bello, había desaparecido.

La doctora es la única persona que ve la cara de V en toda la novela. Lo conoce, sabe quién es y las aberraciones que cometieron con aquel prisionero de la celda «cinco». O «V». Hay mucho más que una venganza en la motivación del protagonista de la obra. Aunque para algunos estudiosos de la obra sea importante averiguar su identidad, y se han organizado debates sobre si hay pistas en la novela (que si es el padre de Evey, que si es la rea de la celda IV, que si es alguno de los dirigentes en el poder), lo cierto es que carece de relevancia, al menos para mí. A V lo mueve un sentido muy particular de la justicia, una vieja compañera que considera que fue vejada y a la que hay que restablecer. A su manera, claro está, lo cual sitúa al propio V en un escalón diferente del fascismo.

En la segunda parte hablaré de la película producida por las hermanas Wachovski cuando eran hermanos, de las diferencias notables con la novela y de los aciertos o cobardías a la hora de adaptar el cómic de Moore y Lloyd. Hasta entonces, os dejo con otro de mis momentos favoritos, del que ya hablé en Cadena perpetua por lo que me recuerda al mismo: la liberación de Evey bajo la lluvia.

Porque solo cuando lo has perdido todo, eres libre.

Continuará: V de Vendetta (II): la película.

Ensayos de un futuro distópico, por Travis

1 Soy leyenda

Creo que somos muchos los que hemos comentado en estas últimas semanas de confinamiento y aislamiento que tenemos la sensación de estar viviendo una película. Una película sobre un futuro apocalíptico o una peli de serie B de catástrofes, como queramos, pero en cualquier caso una película de bajo presupuesto en la que los ciudadanos se pelean por el papel higiénico y los médicos carecen del material básico de protección.

El cine lleva casi desde los primeros años de su historia jugando a imaginar cómo será el futuro que nos espera y en ocasiones resulta tremendamente acertado en sus predicciones, del mismo modo que en otras tanto el cine como la literatura de ciencia ficción han sido incapaces de adivinar lo que estaría por llegar. Mucho mostrarnos coches que vuelan, rayos láser, viajes a otras galaxias, visitantes de sitios recónditos,  replicantes exactos, pero no fueron/fuimos capaces ni siquiera de intuir el desarrollo de Internet o los teléfonos móviles que nos permitirían tener todo el conocimiento imaginable en la palma de la mano.

Veo tan lejanos algunos inventos del cine que lo que de verdad me gusta analizar son los cambios en nuestro día a día, las cosas más simples y primarias y ver cómo han sido explicadas por el cine. No quiero escribir demasiado sobre pandemias ni virus letales, que estamos ya sobresaturados. El que quiera películas de este tipo que busque las listas que hay por Internet y se enchufe La amenaza de Andrómeda, Estallido, Contagio y Virus, por ejemplo. Solo el tráiler de Contagio (Steven Soderbergh, 2011) da miedo si lo comparamos con el panorama que tenemos a diario estos días.

Esta pandemia va a cambiar muchas cosas, pero sobre todo a nivel personal, social y humano. El cine ya nos ha mostrado cosas insólitas para el ritmo de vida que llevábamos antes de esta crisis del coronavirus, como una ciudad vacía, desierta, sin coches ni gente. Londres, por ejemplo, en 28 días después (2002), en la mejor secuencia de toda la película:

Por supuesto que Nueva York, donde ocurren todas las desgracias según nos ha enseñado históricamente el cine. Soy leyenda (2008). Por cierto, Will Smith va con su perro a todos lados, quizás, como aquí, para que le dejen salir a la calle:

Y por supuesto nuestra Gran Vía, vista con los ojos de Eduardo Noriega y Alejandro Amenábar en Abre los ojos (1997):

También hemos visto a la población arrasando los supermercados como si fueran a encerrarse en su refugio nuclear durante meses, Guerra mundial Z (2013) por ejemplo, una escena mejorada con el cambio de música que algún genio hizo en este montaje:

La gente lanzándose como posesos a por el papel higiénico, ¿acaso no lo habrá el día de mañana? El cine se ha encargado de contarnos cosas tan mundanas como el acto de limpiarse el culo en el futuro con las célebres tres conchas de Demolition man, hábilmente sustituidas por Sylvester Stallone:

Los Doce monos de Terry Gilliam (1995) nos contaban la historia de una sociedad que vive recluida bajo tierra por culpa de un virus letal, si bien en la historia de Gilliam el virus era creado por terroristas biológicos y el de hoy… quiero creer que es uno de los 1,5 millones de posibles virus de tipo «natural» que explicaba el documental Explained: The next pandemic. O de los que hablaba Bill Gates en su charla Ted que se ha hecho viral en estos días, puesto que nos avisaba del peligro actual en 2015:

Puede que la Tierra nos esté mandando un aviso, como dicen algunos mensajes que circulan estos días: debemos parar nuestro ritmo de vida descontrolado, acelerado, el consumo excesivo, la contaminación desbocada, la agresión diaria al medio ambiente. Y yo añadiría que nos avisa de más cosas: del peligro de la soledad, del descuido por nuestros mayores, de la falta de cuidado por el que tenemos al lado. Quién ha pasado por aquí o quién va a pasar después de mí, dónde toso y suelto mis felipones porque mi salud afecta al de al lado, como la higiene, o mejor dicho, la falta de higiene.

Son muchos los patrones de conducta diaria que van a cambiar después de este encierro. La sociedad ha parado en seco, el país y las industrias han frenado su ritmo de producción, y como consecuencia han bajado la contaminación y la generación de residuos. Pero han bajado también nuestra vida social, las relaciones personales, los abrazos, los besos, el contacto humano que tanto necesitamos. Y hemos dejado solos a nuestros mayores. Solos ante el peligro, como Gary Cooper.

En La fuga de Logan (Michael Anderson, 1976), la sociedad vive solo para el placer y el disfrute de sus habitantes en un futuro situado en el año 2274, pero bajo una premisa inquietante: no se les permitía vivir más allá de los treinta años. Tenían que someterse a una ceremonia de «purificación» en la que se les hacía creer que tras su muerte se reencarnaban en otro recién nacido.

Por eso la mayor sorpresa de los protagonistas se produce cuando conocen a un anciano (Peter Ustinov), algo insólito para ellos, tan raro como lo sería para nosotros un alienígena. Ese paraíso irreal de gente joven dedicada solo al ocio es controlado por poderosas máquinas, algo así como si Matrix mostrara solo su cara más amable.

Contaminación, falta de contacto y comunicación entre personas, soledad, máquinas sofisticadas que lo controlan todo,… hay una película que hablaba de todo esto de una manera brillante: Wall-E, esa gozada de Pixar estrenada en 2008. La trama nos sitúa en un futuro 2815 en el que la humanidad vive en naves espaciales lejos de la Tierra, que ha quedado convertida en un inmenso vertedero.

4 Wall E

Algo parecido a la premisa de partida de Interstellar (Christopher Nolan 2014), la búsqueda de nuevos planetas habitables porque el nuestro va a dejar de serlo. En Wall-E Los humanos apenas hablan entre ellos y se comunican exclusivamente a través de pantallas táctiles. Muy real, demasiado cercano.

5 Interstellar

Si algo nos está dejando a muchos esta pandemia es un enorme deseo de lanzar la puta pantalla al fondo del río más profundo y otro deseo aún más grande de hablar cara a cara con las personas que nos rodean, con amigos, familiares, con los colegas de toda la vida, incluso añoro discutir con ese gilipollas que me toca las narices a diario.

Esta pandemia nos lleva a rechazar el contacto físico, a huir de él por los peligros que encierra, los besos y el sexo incluidos, que quedan proscritos. La propia palabra «cuarentena» se asocia con frecuencia a la ausencia prolongada de relaciones sexuales. El cine también se ha ocupado de esta faceta que esperemos que no se imponga jamás, porque entonces ese sí será desde luego un futuro distópico de una tristeza infinita. Resulta interesante el planteamiento de Ex machina (Alex Garland, 2015) acerca de un programador que busca que el robot AVA desarrolle su inteligencia artificial para la seducción y el placer, pero tanto el placer humano como el de la propia máquina.

6 Ex Machina

La perturbadora Her (Spike Jonze, 2013) lleva el argumento al terreno del enamoramiento del protagonista (Joaquin Phoenix) de una inteligencia artificial. Y si las relaciones personales empiezan a ser peligrosas por los contagios, quién sabe si el futuro nos deparará aparatos preparados para ser sensibles, divertidos e inteligentes con la voz sensual de Scarlett Johansson. La versión más banal de estas máquinas preparadas para el sexo sería el Orgasmatrón de Woody Allen, y la más pervertida, el Engendro mecánico  de Donald Cammell (1977), un ordenador que encierra, viola y deja embaradaza a Julie Christie.

Steven Spielberg llevó el desarrollo de la inteligencia artificial a un inquietante futuro en el que las familias podían tener un robot-niño, igual de aspecto que un niño real, y diseñado para tener emociones o desarrollar la capacidad de amar y ser amado. A.I., Artificial Intelligence, de 2001, una película con conceptos muy interesantes y un desarrollo potente que sin embargo (a mi modo de ver) pierde interés en la última media hora.

8 Artificial Intelligence

Las máquinas, la inteligencia artificial, el análisis de datos a velocidad de vértigo. Vivimos enganchados a las pantallas, como el futuro inminente de Terminator: Génesis, ciudadanos tan atontolinados ante los estímulos visuales que no ven cómo una gran amenaza se cierne sobre ellos. Y todas esas pantallas son el instrumento perfecto para controlar a una población idiotizada, como si al final todos viviéramos en un Show de Truman permanente (Peter Weir, 1998). Las imágenes que hemos visto de las autoridades chinas, con el control facial de los ciudadanos, sus mediciones de temperaturas a distancia y el rastreo de movimientos, son de hoy mismo, no de una película de ciencia ficción. El sueño del Gran Hermano de 1984 (gran novela de Orwell, floja peli de Michael Radford), o del Arquitecto de Matrix Revolutions. Una población controlada por una autoridad omnipotente es lo que nos muestra V de Vendetta (James MacTeigue, 2006), en un Reino Unido en el que además fue el propio gobierno dictatorial el que generó el miedo en la población tras una serie de atentados bacteriológicos. Y como Orwell decía (y como cualquier dictador sabe), una sociedad que vive con miedo es más fácil de someter.

Así estamos ahora mismo. Asustados, encerrados con nuestras pantallas, viviendo en soledad. Estamos más conectados que nunca y parece que nunca estuvimos más solos. La soledad es uno de los grandes temas de Solaris (Andréi Tarkovsky, 1972), el plúmbeo plomazo sobre el efecto de la soledad en el cerebro de las personas, pero el que leyera la crítica que hice del filme sabrá que no la recomiendo ni para estos tiempos de cuarentena y largas horas en casa.

8 La llegada Villeneuve

Termino ya con una de las mejores películas de ciencia ficción de los últimos años, al menos para mí: La llegada, de Denis Villeneuve. Muy reciente, de 2016. El argumento trata sobre todo del lenguaje y la comunicación, eso que tanto echamos en falta ahora mismo. Y nos explica cómo el lenguaje y la estructura del mismo pueden alterar nuestro modo de pensar, que es una idea que ya estaba en la neolengua de Orwell de 1984. Pero contiene otras grandes ideas como la percepción del tiempo o el concepto del amor, un concepto generoso sabiendo que el amor lleva asociada la idea de que habrá dolor.

«Había olvidado cuánto me gusta que me abraces»

Esta frase que pronuncia la protagonista, Amy Adams, resulta de la máxima actualidad. La importancia del abrazo, del contacto físico, de la relación personal. Y lo vital que resulta para este mundo actual la comunicación entre todos los países, la cooperación de las principales potencias para combatir un enemigo común que pone en peligro la existencia misma de la humanidad.

La idea no es ciencia ficción, es lo que ya han dicho numerosos pensadores en las últimas décadas. El último de los cuales al que he leído, Luigi Ferrajoli, hablaba de un «constitucionalismo planetario» que garantizara agua, fármacos y alimentos a toda la humanidad. Por desgracia, mi escepticismo me lleva a creer que su puesta en práctica sí es ciencia ficción de la buena.

Aprovechen la cuarentena para disfrutar del buen cine y de la evasión que nos ofrece.

 

Lágrimas en la lluvia, por Travis

images-7

“Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia”.

Así terminaba el discurso del replicante Rutger Batty Hauer al final de Blade Runner, tras una ralentizada proclama sobre la puerta de Tannhäuser, los rayos C en Orión y la madre que lo trajo, proclama narrada con el mismo entusiasmo de Iniesta después de un título importante. Para algunos, este es un momento cumbre de la historia del cine, lleno de poesía, lirismo y sentido metafórico acerca de la fugacidad de la vida. Para mí, como sabe el que leyera mi entrada sobre esta película, es un momento tostón más dentro de una película lenta y a ratos soporífera. Sigue leyendo