Votaciones infumables

BARNEY, 23/10/2022

Hay muchas cosas del fútbol actual que no entenderé jamás, pero compruebo desesperanzado que estas chorradas cobran más importancia cada año y sin embargo, la pierden los asuntos que para mí son (o deberían ser) más relevantes. Por ejemplo, no entiendo ni comparto los premios individuales en un deporte colectivo como el fútbol. Siempre que se habla de estos temas me viene a la mente la frase de Don Alfredo Di Stéfano:

Sorprende el bombo que se da durante meses a un invento de una revista francesa como el Balón de Oro (el puto Balón de Oro, como dije en su día, en plena rivalidad Messi-Cristiano). No tengo ninguna duda de que hay muchos intereses comerciales detrás de tanta publicidad gratuita durante meses. El interés de Nike o Adidas por mover a sus figuras, por destacar al individuo por encima del colectivo, la necesidad de tantos patrocinadores de crear ídolos que vendan tal o cual marca de coches, perfumes, videojuegos, páginas de apuestas, ropa interior o relojes. Todo es marketing y la gala hortera del Balón de Oro, su colofón.

Me interesa muy poco lo que ocurre cada año con la designación de France Football, pero creo que el Balón de Oro de 2022 no admite discusión y lo celebro con la falta de pasión con la que me informo sobre estas cosas. Un tipo como Karim Benzema que es puro fútbol, que ha sabido evolucionar, cambiar su juego, adaptarse siempre a lo que el equipo necesitaba, sin problemas con rivales en el campo, sin un mal gesto nunca, sin dar la lata año tras año con sus renovaciones, en definitiva, un superclase que ha tenido que esperar el momento de reconocimiento «oficial» cuando los aficionados ya se lo dábamos por sus méritos deportivos desde hacía años. Mi razonamiento es muy similar al que hice en 2018, cuando se lo llevó Luka Modric. Grandes jugadores que representan lo que me gusta del fútbol, sin divismos, sin estridencias, sin nada ajeno que perturbe lo que hay que hacer en el terreno de juego. Como Xabi Alonso, como Iniesta, como Canales, como Puyol, como tantos futbolistas de los ochenta con los que crecí, tan alejados todos ellos de los patrones sobreactuados actuales.

Pero la soplapollez de estos premios es tan grande que uno no sabe ni qué es lo que se premia, ni si los que votan lo hacen de manera desinteresada o atendiendo a sus sponsors, o si se premia una temporada, la calidad del jugador o el momento puntual. El Balón de Oro es un premio que en su momento ganaron Igor Belanov, Cannavaro, Mathias Sammer o Michael Owen, luego está claro que no se elige al mejor futbolista. Y si se elige por los triunfos de sus respectivos equipos o selecciones en el año, como se justificó con los mencionados, podrían haberlo ganado Roberto Carlos (Mundial y Champions en 2002), Varane (Mundial y Champions en 2018), o (aquí risas) Khedira en 2014 y Karembeu en 1998 por idéntico doblete.

Este año Sadio Mané ha quedado en segundo lugar por su temporada con el Liverpool y por haberse llevado la Copa África con Senegal, pero cualquiera que sepa mínimamente de fútbol entenderá que es una broma que el belga Kevin De Bruyne quede por detrás de él. Según entiendo yo el fútbol, solo hay un jugador que haya podido competir con Benzema en cuanto a su importancia para alcanzar los títulos de Liga y Champions: Thibaut Courtois, solo séptimo. O Vinícius, votado en octavo lugar, por detrás de Salah o Mbappé. Todo es una broma que parece dirigida.

En Estados Unidos el deporte profesional está hiper profesionalizado, como todo, y las votaciones para el MVP de la temporada o los playoffs no suelen deparar los desaguisados de cualquier votación que se haga en Europa, donde siempre queda un tufillo de sospecha. Este año, sin ir más lejos, se ha dado un premio como mejor club del año al Manchester City. Y como segundo, al Liverpool. El Real Madrid que se cepilló a ambos (jo, jo, jo) ha quedado (juas, juas, juas) tercero. Lo justificaron con argumentos peregrinos como que se valoraban otros aspectos, incluido el rendimiento de la sección femenina. Claro, claro, quizás olvidaron que también en la Champions femenina el Real Madrid eliminó a las féminas del City.

Luego llegan premios como el Kopa al mejor jugador joven y te enteras de que se lo ha llevado Gavi, el leñero más rápido de Europa. El Kopa del año pasado fue para Pedri. Sin desmerecer el juego de ambos (creo que el canario sí va a resultar en un gran jugador, aunque ahora mismo su fama en la prensa supera su aportación en el terreno de juego), me parece que hay talentos jóvenes que ya han sido más importantes en sus clubes que ambos jugadores del Barça. Jude Bellingham, Musiala, incluso Camavinga fue fundamental para la última Champions, mientras que los dos culés no aportaron gran cosa en un equipo que lleva tiempo bordeando la mediocridad. Pero la mejor prueba del cachondeo de estos premios es que entre los 30 seleccionados estuvo Ansu Fati. Para mí, el mayor talento que ha salido de la cantera del Barça estos últimos años, pero el caso es que estuvo todo el año lesionado, luego insisto, ¿qué se premia aquí? O más bien, ¿quién premia aquí? ¿Tiene algo que ver el patrocinio de socios.com, la empresa que mantiene negocios con el Barça y con Jaume Roures?

Socios.com, uno de los patrocinadores de la gala, celebra los premios a algunos de los clubes con los que colabora, el Barça y el City. Es el cachondeo de las votaciones, aunque el récord se lo lleva esta semana la revista FourFourTwo, que ha seleccionado a Xavi Hernández entre los 15 mejores entrenadores del mundo. Ya saben, Guardiola, Ancelotti, Klopp, Tuchel y también Xavi Hernández, que tiene una marca mucho peor que la de Koeman en sus primeros cincuenta partidos en el banquillo del Barça. Son unos genios del relato. Pero luego se pone el balón en juego y resulta que el equipo que tiene (según estas votaciones) al mejor delantero de Europa, a los dos mejores jóvenes y a uno de los 15 mejores entrenadores del mundo, no es capaz de ganar a los peores Inter y Bayern de los últimos años. Peligra pasar la primera fase de la Champions por segundo año consecutivo, pero, oye, si los expertos nos dicen que son los mejores, pues habremos de creerlo.

En fin, cuánto tiempo perdido en estas chorradas, yo mismo acabo de hacerlo. Por fortuna luego empieza un partido y aparece un tío como Fede Valverde. Inagotable, con capacidad de pase en corto y largo, capaz de romper líneas como pocos y con un disparo letal. ¿A ver cómo quedó en la votación para el Balón de Oro? Mmmmhhh…. no lo encuentro. ¡Coño, dicen «los que saben» que ni entre los treinta primeros!

Pues nada, que sigan a lo suyo, promocionando a los jóvenes de otros equipos y criticando a Vinícius, Rodrygo y Militao, o ignorando a Valverde, Mendy, Tchouaméni y Camavinga. El futuro del Real Madrid pinta muy bien en lo deportivo, que es lo que nos importa a los que nos gusta el fútbol, y no los premios. Solo así, acertando con los jóvenes, se podrá competir con los jeques del City o el Qatar Saint Germain. Por cierto, queda menos de un mes para el arranque de ese vergonzoso Mundial de Catar en mitad de las competiciones nacionales y continentales. La segunda parte de la temporada se prevé más que complicada para todos los equipos. Enhorabuena a los dirigentes de la FIFA por su plan de pensiones. Si entre sus planes está acabar con el fútbol que nos gusta a tantos, van por buen camino.

Populismo tributario (II): Papá Estado

JOSEAN, 15/10/2022

Como comenté en la primera parte, la recaudación tributaria del Estado está superando su propio récord de 2021 y si se cumplen las previsiones, en 2023 la cifra se verá nuevamente incrementada. Sin embargo, se da la nada curiosa circunstancia de que el déficit público no se reduce. Se estima que este año cerrará en cifras cercanas al 5,3% previsto, una décima más según el FMI, o siete décimas menos según el Consejo General de Economistas de España, pero en cualquier caso, muy lejos del tres por ciento marcado en el Pacto de Estabilidad de la Unión Europea:

Como no puede ser de otra manera, la deuda pública continúa su vertiginosa escalada y se sitúa ya en los 1,5 billones de euros, en el entorno del 120% del PIB (Fuente: Expansión):

Que digo yo (y tantos otros) que si el problema no será de contención de gastos, en lugar de seguir incrementando los ingresos por la vía de los impuestos. Siempre que se plantea este debate, surge la respuesta: «quieren recortar en sanidad y educación». Pues no, la verdad es que la sanidad y la educación se deterioran año tras año por desgracia, pero el debate (al menos en mi caso) no va por ahí.

Lo primero que ha hecho este gobierno con el fuerte incremento de la recaudación tributaria ha sido presentar unos Presupuestos Generales para 2023 que prevén una subida de las pensiones del 8,5 por ciento. Tampoco tengo nada que objetar, y eso que el pago de las pensiones supone, con una enorme diferencia, el grueso del reparto del gasto público. Bastante han currado ya los pensionistas a lo largo de toda su carrera como para que se vean afectados ahora por la inflación (está por solucionar la actualización de las pensiones no contributivas, para evitar ese deterioro). En cualquier caso, me temo que la Unión Europea sí tendrá algo que decir con esta subida prevista y a lo mejor es parte de la estrategia del actual gobierno: nosotros subimos las pensiones, pero Europa nos obliga a retocarlas. Recomiendo esta infografía y el enlace de Civio.es para entender mejor en qué se gastan los impuestos:

La Unión Europea lleva años exigiendo tres reformas a España: la laboral, la fiscal y la del sistema de pensiones. La primera se realizó hace unos meses, con un efecto más de maquillaje que de impacto real. La segunda ha ido siempre en la misma línea de subir los impuestos a las empresas y las clases medias por el lado de los ingresos, crear nuevos impuestos y no actuar sobre el gasto. En cuanto a la tercera, ningún gobierno se atreve a actuar sobre las pensiones porque es una patata caliente de difícil resolución. Con la aprobación de los Fondos Next Generation se insistió en la necesidad de esta reforma, más necesaria que nunca como puede apreciarse cada vez que se publican las cifras sobre el envejecimiento de la población (Fuente: Newtral):

Pero ya llegará ese momento. De momento y para contrarrestarlo, el gobierno ha aprobado una nueva subida de las cotizaciones sociales para las empresas, del 8,6% para los tramos más altos, aparte del incremento previsto por el recargo del Mecanismo de Equidad Intergeneracional. Con todas estas medidas, el gobierno prevé obtener 152.075 millones de euros, 11.814 más que en 2022. Más recaudación detraída de las empresas, pero el gasto sigue sin ajustarse. El problema es que las empresas están ya muy tocadas, como se aprecia en numerosas noticias que leemos estos días, como que la cifra de concursos de acreedores alcanza un nuevo récord o que las empresas del Ibex hayan perdido valor por 96.000 millones de euros en estos últimos cinco meses.

Ya sé que en este debate populista, el Ibex representa el Mal con mayúsculas, el gran capital y las empresas explotadoras, pero es un error mayúsculo no contar con un tejido empresarial fuerte y solvente, y en un país en el que más del noventa y nueve por ciento de las empresas son pymes, tampoco es que estas se encuentren en una situación boyante. Eso de que las empresas pueden aguantarlo y reducir sus beneficios es una falacia: la subida de las cotizaciones, la reforma laboral, el incremento del SMI, el impuesto de Sociedades… Más empresas zombis y menos gacelas, como ya comenté hace tiempo. El emprendedor de este país es un héroe. Hay estadísticas que preocupan, como la que leía recientemente que indica que se produce la mayor brecha entre los salarios públicos y los privados de los últimos quince años. O que las nóminas de los empleados públicos hayan crecido un 34% en ese período, mientras que las del resto de asalariados lo ha hecho solo en un 25,9%.

El sistema no es sostenible y aunque haya quien diga que es «el chocolate del loro», hay muchas partidas en las que urge meter las tijeras. En El gran despilfarro ya me harté de criticar el despelote estatal y autonómico, con cientos de diputados, asesores y cargos de confianza que hacían que economistas como José María Gay de Liébana plantearan que era mejor que nos intervinieran ya desde Europa.

Hace poco leí que la ruptura del acuerdo del gobierno catalán entre Esquerra y Junts suponía para estos últimos perder 20 millones de euros para sus 250 cargos relacionados con el Govern. Es una tomadura de pelo cuando ni siquiera es el partido que gobierna en Cataluña, ni el más votado. 250 tíos. Y tías, seamos inclusivos. 20 millones de euros.

Pero ocurre en todos los organismos públicos. El sueldo de muchos de estos cargos es desorbitado y cuesta mucho renunciar a él. Solo así entiendo el aguante de los miembros de Unidas Podemos ante los desplantes continuos por parte de Pedro Sánchez, que sabe que van a tolerarlo todo porque dentro de un año no van a contar con los suculentos salarios de los que disfrutan en la actualidad. Cataluña es solo una de las comunidades autónomas, pero en casi todas ellas el descontrol de gasto es similar. Consejerías de la nada, televisiones deficitarias solo para el autobombo, chiringuitos de todo signo… E insisto, como la recaudación va como un tiro, pues a repartir billetes: se mantiene la gratuidad de los trenes de cercanías para lo que queda de 2022 y todo 2023, se prorroga el bono cultural para los jóvenes, se incrementa el presupuesto del Ministerio de Igualdad por encima de los de Sanidad y Educación (casi un 10%), se incrementan las subvenciones a los sindicatos hasta su nivel más alto en trece años…

Ya sé que son «solo» 13 millones, la nada al lado de los 200.000 millones de las pensiones, pero urge meterle mano a determinado gasto público. Este incremento de la subvención es una compra de silencio igual que la que se ha realizado con diversos medios de comunicación. El sueldo de los empleados públicos subirá un 3,5%, el de Pedro Sánchez y sus ministros un 4% y muchos empresarios sufrirán para subirlos en esas cifras. Pero «el empresario lo aguanta todo» y le piden que ajuste sus salarios a la inflación y no lo traslade al precio de sus servicios y productos.

El Instituto de Estudios Económicos publicó hace unos meses el Informe Por una eficiencia del gasto público en España, en el que afirmaba que nuestro país ocupa el puesto 29 de un total de 37 analizados en lo que a eficiencia del gasto público se refiere.

O lo que resulta más sangrante de su análisis, «se estima que España podría reducir su gasto público en un 14% y seguir ofreciendo el mismo nivel de servicios públicos si lograra mejorar su eficiencia hasta alcanzar niveles similares a los de la media de la OCDE. Ello supondría un ahorro de recursos del orden de unos 60.000 millones de euros, aunque podría ser mayor en la actualidad…». Esa cifra de ahorro teórico de 60 a 70.000 millones de euros la he escuchado en algunas tertulias y sin duda será cuestionable, pero parece obvio que el gasto no está siendo eficiente ni eficaz.

En primer lugar, si uno de sus objetivos era frenar la desigualdad, el debate de «ricos y pobres» del que hablaba en la primera parte, no lo está consiguiendo: la desigualdad está en su peor nivel desde 2016. El 44 por ciento de la población vive al límite, el 21 por ciento no llega a fin de mes y un 27,8 por ciento (me parece una barbaridad, si el dato es cierto) está en riesgo de exclusión.

Y en segundo lugar, si siguen apretando a las empresas, estas van a seguir cayendo o teniendo serias dificultades, más con las inminentes subidas de tipos. O van a tener que renunciar a presentarse a contratos con las Administraciones Públicas, contratos importantes que en otros tiempos habrían resultado de interés. Más de 100 contratos para los que hay fondos europeos del plan Next Generation han quedado desiertos en los últimos meses ante la falta de empresas para ejecutarlos. A ver quién es el valiente que se atreve a contratar en un entorno de subidas de precios de los materiales del 20-50 por ciento, costes laborales, suministros y tipos de interés en el que el Estado te dice además que no va a haber revisión de precios (o que va a ser ridícula).

Es una pena, porque la colaboración público-privada de manera eficiente es fundamental para el progreso de cualquier país, para que la maquinaria no se pare, haya trabajo, crecimiento del PIB y como consecuencia, mejores servicios para todos. El Estado ayuda poco, ahí están organismos como la CNMC, a la que he dedicado tres textos por el daño que causan, o leyes como la de desindexación (aprobada por el gobierno de Mariano Rajoy, que nadie piense que los palos son solo para el gobierno actual). Merece la pena que le dedique un post a este despropósito aprobado en 2015.

Hace tiempo en una conferencia escuché una frase que me pareció brillante (no recuerdo al autor, que me disculpe): «el empresario tiene derecho a no arruinarse». Y estoy de acuerdo. Pero parece que Papá Estado prefiere recaudar y distribuir los fondos a su manera. No quiero concluir sin un dato que considero relevante. Los Presupuestos Generales del Estado 2023 se han realizado con unos ingresos basados en una estimación de crecimiento del 2,1%. El Banco de España ha recortado esa previsión al 1,4 por ciento, y el FMI la ha dejado en el 1,2 por ciento.

Pero no nos preocupemos por las estimaciones, que si bien es muy posible que la de ingresos no se cumpla, tenemos la certeza de que sí lo hará la del gasto.

Populismo tributario (I): hombre rico, hombre pobre

JOSEAN, 02/10/2022

A mediados de los setenta, una serie arrasó en las pantallas de medio mundo, Hombre rico, hombre pobre. La trama giraba alrededor de los hermanos Jordache, Rudy y Tom, interpretados respectivamente por Peter Strauss y Nick Nolte. Ambos tuvieron las mismas oportunidades y mientras uno (Strauss) progresó hasta llegar a ser un ciudadano respetable y fue nombrado alcalde y senador, el segundo (Nolte) se convirtió en un bala perdida, pendenciero, borrachín y antisistema. Y sin embargo, por la razón que fuera resultaba más sencillo empatizar con Tom por su nobleza y humanidad que con el recto, justo y espantosamente aburrido Rudy.

Me ha venido la serie a la cabeza porque no recordaba haber escuchado hablar tanto de «ricos» y «pobres» como en las últimas semanas, en estos tiempos en los que el PSOE y el PP se han lanzado abiertamente a un nuevo desencuentro, en esta ocasión con motivo de las propuestas de reforma fiscal que cada uno plantea.

Pedro Sánchez, durante la clausura del Foro de La Toja, declaró esta misma semana: «esta vez los más pudientes tienen que arrimar el hombro para sacar adelante el país».

La ministra de Hacienda María Jesús Montero calificó de «mal ejercicio de la autonomía fiscal» la supresión del impuesto de patrimonio en Andalucía «a los más ricos».

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, dijo esta misma semana en el Foro Cita con El Mundo que le preocupa que «busquen las dos Españas y hablar de ricos y pobres». Antonio Maestre, por el contrario, soltó una de las perlas típicas de quien tiene un busto de Lenin en su despacho de trabajo y agitó su avispero particular:

Los ex presidentes de gobierno Felipe González y Mariano Rajoy reivindicaron en un encuentro reciente la conocida frase del antiguo primer ministro sueco Olof Palme: «gobernar es acabar con los pobres, no con los ricos».

Mariano y Felipe no son precisamente los ejemplos más adecuados para hablar de estos asuntos con sus roles actuales y pretéritos, pero en cualquier caso el debate debería ser mucho más serio que establecer una diferenciación entre «ricos apoyados por el PP» y «pobres protegidos por el PSOE». Sin embargo, lo que ocurre siempre en este país (y en los medios de incomunicación) es que nos quedamos en la superficie, en lo que diferencia o lo que divide a la sociedad en lugar de hacer una reflexión sobre los datos y las soluciones. Se aplican punto por punto las estrategias de manipulación mediática (simplificación del mensaje, utilización de la parte emocional por encima de la reflexiva, mantener al pueblo en la ignorancia y la mediocridad,…), una pena, puesto que vivimos en un país que cuenta (o contaba al menos) con una clase media pudiente, donde no tenemos (o teníamos) la diferencia tan exagerada que hay entre las élites y los salarios medios, y entre estos y los bajos como ocurre, por ejemplo, en tantos países de Sudamérica.

Lo cierto es que la inflación desbocada ha traído una cifra récord de recaudación para el Estado, tanto por los ingresos generados por el IVA (gracias al aumento de precios) como por el IRPF (la falta de actualización de las tablas), y este punto no admite una discusión populista sobre ricos y pobres. Los menos pudientes se han visto perjudicados por el incremento, de igual modo que la clase media y «los ricos», aunque estos lógicamente lo hayan sobrellevado sin las angustias de los primeros. Este ejercicio 2022 ha superado cada mes las cifras de ingresos de 2021, que ya fue un ejercicio récord en recaudación tributaria (Fuentes: Público y La Razón):

Parece que otro mantra repetido que está calando en la opinión es que el PP rebaja los impuestos, mientras que el PSOE los sube, o que bajar los impuestos es un exceso neoliberal y subirlos resulta progresista. Otra vez los blancos y los negros sin grises ni matices.

El PSOE de Zapatero subió el IVA en 2010 del 16 al 18 por ciento (y el reducido del 7% al 8%), y dicha medida, muy criticada por el PP, fue igualmente aplicada por Rajoy cuando subió este tipo del 18 al 21 (y el reducido del 8% al 10%). Con la inflación desbocada fue el Partido Popular quien propuso que se bajara el IVA de la electricidad y el gas. El IVA está catalogado como impuesto indirecto, si bien va directo al bolsillo del particular y tiene un carácter regresivo para el ciudadano, puesto que grava el consumo, también el de productos básicos.

El gobierno aplicó la bajada del IVA de la electricidad varios meses después de que se planteara la propuesta, pese al amplio margen que había obtenido con la recaudación, y desde el pasado 1 de octubre se aplica también en el gas, aunque con un carácter temporal de tres meses (me juego un brazo a que se ampliarán). El mismo gobierno que critica a los que proponen rebajar los impuestos redujo el Impuesto sobre el Valor de Producción de la Energía Eléctrica (IVPEE) y el Impuesto Especial sobre la Electricidad (IEE) en diciembre de 2021. Por cierto, el IVPEE fue creado en 2012 por el primer gobierno de Mariano Rajoy, uno de tantos inventos recaudatorios que generó inseguridad jurídica en el sector energético. Esta medida de «carácter temporal» fue prorrogada en marzo de 2022 y el plazo se ha ampliado recientemente por tres meses más.

Me cuesta entender los criterios para tomar estas decisiones, y la mayoría de las veces parecen fruto de la improvisación y no de un análisis de las cifras. Durante meses trataron de convencernos de que la Unión Europea no permitía la bajada del IVA de las mascarillas y luego se hizo de la noche a la mañana (Sí se puede. No se podía, pero ahora ya sí se puede). El PP ha presentado recientemente una propuesta para rebajar el IVA de los alimentos básicos, una queja del ciudadano común, también de «los pobres», por emplear el lenguaje, y curiosamente han sido sus teóricos defensores los que han rechazado la medida:

En cuanto al IRPF, una medida directa de apoyo a las familias podía ser la actualización anual de las tablas de Hacienda para el cálculo, pero esta solución transparente, efectiva y directa para las rentas de los asalariados no ha sido utilizada en los últimos años por los gobiernos de Sánchez ni de Rajoy. De Montoro a Montero con numerosos puntos en común en cuanto a política fiscal. Como en todo lo relacionado con el Impuesto de Sociedades. Cristóbal Montoro mentía cuando decía que las grandes empresas pagaban solo un siete por ciento de sus beneficios, se aplicó con esfuerzo en detraer tesorería a las empresas (incluso con un decretazo que fue considerado inconstitucional tres años más tarde) y María Jesús Montero continuó aplicando varias de las peores prácticas de su predecesor al frente del Ministerio (recuerden que Las grandes corporaciones son malas). Ahora plantea un nuevo atraco a la tesorería de las empresas con la limitación a la compensación de bases imponibles en los consolidados fiscales.

El debate es ideológico y no económico, y ese es el principal problema. Hay un exceso de recaudación y el gobierno afirma que lo está devolviendo a los ciudadanos con medidas como los veinte céntimos por litro de gasolina. Es una medida regresiva que sin duda favorece a «los ricos», aquellos que pueden pagar el litro indistintamente a 1,80 euros o a 2,00. Para «los pobres» que no pueden pagar a 1,80 euros el litro, o que tienen que privarse de otros bienes para hacerlo, esta ayuda resulta insuficiente. La «excepción ibérica», el tope al precio del gas, ha supuesto un ahorro de 17 euros de media a las familias, según la ministra, pero aquí juega nuevamente con el efecto distorsionador de las medias aritméticas. Es una medida que ha ahorrado más a los más pudientes.

En ese debate ideológico que ha comenzado, porque no olvidemos que en un año hay elecciones, algunos de los líderes regionales del Partido Popular se han descolgado con la propuesta de la eliminación del Impuesto de Patrimonio, una medida que favorece con claridad a esos «ricos», al 0,2 por ciento más pudiente. La guerra iniciada por Juanma Moreno tiene un impacto económico de unos 93 millones de euros para la Junta de Andalucía millones de euros (Fuente: El País). Lo que ocurre es que Andalucía, al contrario que Madrid, es una comunidad receptora de fondos, no contribuidora, y por tanto, preocuparse por ese 0,2 por ciento con mayores rentas no parece la medida más conveniente en este momento. Además, corremos el riesgo de entrar en una competencia en materia de tributos entre autonomías cuando en toda Europa se plantea una armonización fiscal.

En el Reino Unido la nueva primera ministra Liz Truss ha tenido que recular con su absurdo plan fiscal de rebajas drásticas a los más ricos unidas a un plan de gasto público desorbitado. Menos de una semana ha durado. El Nobel de Economía Paul Krugman dijo hace un año:

«Soy el mayor escéptico frente a los políticos que ven en la reducción de impuestos a los ricos la solución a todos los problemas. De hecho, la afirmación de que las rebajas de impuestos pueden hacer magia es un ejemplo buenísimo de idea zombi, una idea que se mantiene viva, a pesar de las pruebas abrumadoras en su contra, porque su supervivencia redunda en beneficio de los donantes ricos”.

El debate sobre el Impuesto del Patrimonio debería ser nacional, no regional, y no deja de resultar paradójico que lo planteen los partidos nacionalistas catalanes, los primeros impulsores de la autonomía fiscal hace décadas. El impuesto a las grandes fortunas con el que ha respondido el gobierno corre el riesgo de ser declarado inconstitucional, puesto que se trata de un impuesto cuya competencia fue cedida a las comunidades autónomas. En cualquier caso, parecen medidas sueltas e improvisadas, acción-reacción, y no resuelven los problemas de fondo, aparte de las complicaciones que generan. Todo este berenjenal nos trae de cabeza a los particulares, a los asalariados y (mucho) a los que nos deslomamos en los departamentos financieros o fiscales de las empresas.

En este debate ideológico sobre la actualización de las tablas fiscales del IRPF iniciado por el Partido Popular en regiones como Madrid y Andalucía (el País Vasco también, pero ellos siempre van por libre), al PSOE se le han rebelado algunos de sus barones: Ximo Puig en la Comunidad Valenciana y García Page en Castilla-La Mancha, si bien con una fórmula basada en las deducciones y no en la actualización de las tablas. Esta falta de criterio común me parece un despelote. La propuesta de la ministra María Jesús Montero sobre la reforma del IRPF parece incidir en la línea de apoyo a los más desfavorecidos (trabajadores con menos de 21.000 euros anuales de salario), pero no favorece a 12 millones de asalariados, como ha afirmado, sino solo a una tercera parte de los mismos (Fuente: ABC).

Y olvida de nuevo a la clase media, que es la verdadera paganini del IRPF. Centrar el debate en los tramos más altos y más bajos solo crea confusión en el debate, agita, que posiblemente sea lo que se busca. En un momento como el actual, con la recaudación en cifras récord, la duda que me queda es si de verdad se pretende ayudar a esa clase media o hundirla definitivamente.

Patxi López pronunció esta misma semana unas palabras que me asustaron: «“Esto que suele decir la derecha que el dinero donde mejor está es el bolsillo de la gente, es una falacia absoluta». Luego se publicó el sentido completo de la frase en RTVE, sin cortes, y mi estado de ánimo mejoró levemente, no mucho, pero algo. Hasta que escuché al presidente y su explicación. Es difícil no estar de acuerdo con el primer minuto y medio de este vídeo de Pedro Sánchez:

La última parte es la que me asusta y cabrea, la que habla de «las fracasadas recetas que proclaman que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos». Claro, mejor así: Papá Estado recauda, y recauda más que nunca, y Papá Estado distribuirá por ti.

Continuará en Populismo tributario (II): Papá Estado.

Reflexiones a 120 por hora

LESTER, 12/09/2022

Hace años, casi cuatro décadas, viajábamos un par de veces al año con mi padre al volante desde Madrid hasta la Costa del Sol. Casi seiscientos kilómetros. En casa éramos ocho y viajábamos sin aire acondicionado, cinturones de seguridad, por supuesto que sin airbags, ABS, control de tracción o cualquier avance tecnológico en la conducción, sin tablets o móviles para entretenernos y por unas carreteras que en muchos tramos eran nacionales de doble sentido.

Hoy hago un recorrido similar entre tres y cuatro veces al año. Con un coche confortable y seguro, buena música, climatizador y todo el recorrido por autovía. Ha cambiado todo menos una cosa: el límite de velocidad. Los 120 kilómetros por hora son la barrera infranqueable desde tiempos inmemoriales, so pena de multazo, pérdida de puntos y hasta retirada de carnet.

Acabo de volver de unas vacaciones por el centro de Europa. He conducido por Holanda, Bélgica y Alemania, y cada uno tenía una normativa diferente de velocidad. Holanda y Bélgica cambiaban solo en lo relativo a la velocidad en ciudades y algunos tramos interurbanos. Buena parte de las autopistas holandesas tenían un límite de 100 km./h. entre las seis de la mañana y las siete de la tarde, y de 130 km./h. el resto del día. Las autopistas alemanas no tienen límite de velocidad durante muchos kilómetros. Quise pisarle al coche, pero al llegar a 160 me dijo mi mujer (mucho más juiciosa que yo, sin duda) que aflojara, que no era necesario probar el coche. Supo que íbamos a esa velocidad porque lo comenté en voz alta, porque lo cierto es que apenas se notaba la diferencia entre esa punta y los 120-130 a los que habitualmente nos movíamos. El coche de alquiler tenía todo tipo de elementos de seguridad: me corregía la trazada si no había puesto el intermitente, me frenaba el coche cuando iba con el control de crucero si estábamos a menos de cierta distancia del vehículo que nos precedía, avisaba de los coches que venían por ambos laterales con unas luces… “Podría echarme una siesta”, llegué a decir en un momento dado.

La verdad es que no abogo abiertamente por la ampliación del límite de velocidad, quizás porque la DGT nos ha bombardeado durante años con las consecuencias de la velocidad excesiva en la carretera, pero me genera dudas la conveniencia de mantener este límite. Por poner un ejemplo, ahora que hay tantos radares, ya sean visibles o camuflados, tardo casi media hora más en mi coche moderno y ultraseguro que hace veinte años al volante del Citroen BX al que pisaba todo lo que daba el motor. Llegaba con la espalda empapada por el calor, los oídos que me zumbaban por los ratos con la ventanilla bajada y cansancio. Una locura, seguro, no digo que no, pero tardaba media hora menos que en la actualidad. Y media hora menos en la carretera es media hora menos de peligro. Ahora mismo conducir un coche moderno una distancia de más de quinientos o seiscientos kilómetros tiene mucho de piloto automático de los aviones. No sacas una novela para leer durante el camino, pero la ciencia ya trabaja para que sea posible hacerlo en un plazo breve de tiempo.

La duda que tengo desde hace tiempo es: ¿la alta cifra de siniestralidad se debe al exceso de velocidad en las autovías y autopistas? Y creo que la mayoría responderemos que no. Las estadísticas indican que tres de cada cuatro accidentes mortales se dan en vías secundarias. Y ahí sí que influye el exceso de velocidad. Sin embargo, los radares de la Dirección General de Tráfico se concentran en las autovías y las autopistas, luego parece que prima la recaudación sobre la seguridad de los viajeros. Algunos radares son más peligrosos que dejar circular a doscientos por hora, porque obligan a todos los coches a frenar precipitadamente y los conocedores del radar de marras se lo saben y frenan, pero muchos de los que vienen por detrás se comen ese súbito parón. Supongo que eso no preocupa a los directores de la DGT, que, quizás, tengan un bonus por el número de multas que imponen.

Respecto a la preocupación por la seguridad, cada año se actualiza el estudio sobre los puntos negros existentes en las carreteras españolas y sistemáticamente salen los mismos lugares, los mismos cruces con poca visibilidad, tramos mal señalizados, asfaltados o peraltados en los que se concentran las tragedias. Pero leo muchas más noticias sobre la inversión en nuevos radares (de tramos, en helicópteros, móviles, etc…) que sobre las medidas correctoras que se van a implantar en los puntos negros para evitar todos esos accidentes.

Así que insisto: ¿debería revisarse el límite de velocidad en autopistas y autovías? En Alemania me adelantaron varios coches a más de doscientos kilómetros y no tuve sensación de riesgo. En España hay varias carreteras en las que los conductores se ponen muy por encima de la velocidad permitida, como en algunos tramos de autopistas de peaje. Una aberración cuando el resto de conductores circula a la velocidad permitida, o «apenas» 15-20 kilómetros por hora por encima. Lo que ves en Alemania es que los conductores tienen una educación al volante mucho más desarrollada que en España (y mejores carreteras por lo general). Los coches se organizan en función de la velocidad desde los carriles de la derecha hasta el central, que por lo general está vacío. Lo que no ves en estos países es a anormales adelantando por la derecha, la izquierda, cruzándose sin hueco o atravesándose por las carreteras sin la mínima distancia de seguridad.

La educación. Mucho más importante que el efecto coactivo de las sanciones. Igual que las jóvenes generaciones parecen haber aprendido a conducir sin alcohol en el cuerpo, al contrario que la nuestra, en la que se ponía en duda nuestra «masculinidad» por negarnos a conducir con varias copas de más, debería fomentarse la educación vial, la inteligencia al volante, el aprendizaje de determinados valores cuando te pones a los mandos de un artilugio que puede resultar mortal. Quizás de ese modo podría plantearse subir ese «soporífero» límite de velocidad.

Por cierto, recuerdo que el límite de velocidad sí se cambió una vez en épocas recientes. Concretamente, durante el gobierno de Zapatero, en 2011, cuando se rebajó de 120 kilómetros hora a 110 para fomentar el ahorro de combustible durante un período de pocos meses. Siempre pensé que alguien tenía un familiar que se dedicaba a la venta de señales temporales de tráfico. Sorprende que en los tiempos actuales de la «sostenibilidad» a toda costa y los planes de ahorro energético no se haya planteado. Quizás se deba a que en 2011 el precio de la gasolina estaba a un prohibitivo 1,30 euros/litro y la inflación se había desbocado a un insoportable 2,4 por ciento

Cosas que vosotros no creeríais

BARNEY, 18/09/2022

Desde el pasado viernes, desde el preciso instante en el que se señaló el final del partido de semifinales entre España y Alemania del Eurobasket en Berlín, he leído y escuchado varias veces que si España consigue este título será una de las hazañas más impensables de nuestro deporte, o del deporte mundial en general. La verdad es que no estoy de acuerdo, pero vivimos en los tiempos de la hipérbole y la exageración periodística, no sé si como un modo de atraer la atención o por la propia ignorancia de la prensa. Lo cierto es que yo también creía que esta selección iba a tener un campeonato de transición, a caballo entre los «juniors de oro» y sus dos décadas de éxitos y los jóvenes que comienzan a despuntar en categorías inferiores, pero hablamos de un equipo de Sergio Scariolo. De una selección que ya ha dado sobradas muestras de poder competir en cualquier situación. Para mí fue más sorprendente que se hiciera con el Mundial de 2019, por ejemplo. Mundial, con Estados Unidos, Argentina, Australia y todas las potencias europeas. Sin nuestro mejor jugador de siempre, Pau Gasol. Con Víctor Claver en el quinteto titular (jamás pensé que rendiría al nivel que Scariolo fue capaz de sacar de él).

Sergio Scariolo sabe sacar petróleo de sus equipos, da igual las armas con las que cuente que él se adapta. Ya lo hizo con aquella selección de 2019 que apabulló a Argentina en la final tras haber sembrado dudas en la fase previa o haber estado a un tiro libre de la eliminación en semis frente a Australia. También logró sacar el máximo a la plantilla para eliminar a Francia en el Eurobasket disputado en suelo galo en 2015, en la que posiblemente sea la mejor actuación de Pau Gasol de toda su carrera (40 puntazos frente a Gobert y compañía). Aunque para mí Sergio Scariolo siempre estará en mi lista de entrenadores top de baloncesto por la Liga ACB del año 2000, la que se conquistó en el Palau con un equipo que, según comparaba plantillas, me parecía de peor nivel que el Barça. Fue un gran día de Sasha Djordjevic, pero también de Alberto Angulo, Lucio Angulo o jugadores muy normalitos como Struelens o Brent Scott. Ese es Scariolo. Y aquel día se vio también quién era Nacho Rodríguez, un tipo mal deportista, desagradable y maleducado, «valors» suficientes para terminar colocado como delegado de la sección de baloncesto del club azulgrana.

Pero hablábamos de las grandes sorpresas del mundo del deporte, de esas «cosas que vosotros no creeríais» si no os las contaran, pero que ocurrieron, porque el deporte es impredecible y ojalá siga siéndolo, desafiando las predicciones del Big Data como Rafa Nadal o el Real Madrid han hecho en este 2022. En el mundo del fútbol voy a destacar algunos triunfos de los que más me descolocaron en su momento:

  • El triunfo de Grecia en la Eurocopa de 2004. Vi los tres partidos de eliminatorias, saldados por 1-0 frente a Alemania, la República Checa y Portugal, y es inconcebible que los helenos pudieran llevarse aquel torneo con una defensa cerrada y acertando en la única ocasión de la que disponían por encuentro. Pero ocurrió. Hay quien critica que España ganara su único Mundial tras eliminar 1-0 a Portugal, Paraguay, Alemania y Holanda de manera consecutiva, pero España venía de ser campeona de Europa y fue mejor en todos y cada uno de los partidos. Un portero en trance, una muy buena defensa, un centro del campo en el mejor momento de sus carreras y un Villa sobresaliente. Si no hubo más goles fue por el empeño de Del Bosque en jugar con uno menos (Fernando Torres).
  • Dinamarca en la Eurocopa de 1992. Una maravilla. Una de esos sucesos extraños que ocurren muy de vez en cuando y descolocan muchos de los mitos creados alrededor del fútbol, como el de las concentraciones previas a los campeonatos. Dinamarca fue invitada para sustituir a Yugoslavia, apartada por el conflicto de los Balcanes y en apenas una semana se presentó con un equipo destinado a ser comparsa y desaparecer rápido. A la hazaña de Schmeichel, Vilfort, Brian Laudrup y compañía está dedicado el relato El bigote de Kim.
  • Algunos títulos de Champions como el del Oporto de Mourinho en 2004 o el del PSV en 1988 están entre los más sorprendentes de entre los que he visto. El PSV no ganó ni uno de sus partidos de cuartos, semifinales y final, pero logró el título. La semifinal frente al Madrid está en mi listado de las derrotas más dolorosas que recuerdo. Pero aun siendo sorprendentes, creo que pocos títulos lo fueron más que el del Steaua de Bucarest en Sevilla (1986), y quizás más viendo el desarrollo del partido, con el Barça marrando uno tras otro los cuatro penaltis de que dispuso.
  • En un partido puede pasar de todo, pero lo que no resultó ni medio normal fue el título del Leicester en la Premier League 2015-16. Las casas de apuestas pronosticaban un 5.000 a 1 por su victoria, es decir, nadie esperaba que se mantuvieran en lo más alto de la clasificación al finalizar el campeonato. Pero los jugadores de Claudio Ranieri lo hicieron. Muchos de ellos tenían ya muchas vueltas dadas en el mundo del fútbol sin destacar de manera especial (Vardy, Schmeichel Jr., que siguió a su padre en esto de los sorpresones del deporte) y otros fueron estrellas con posterioridad (Mahrez, Kanté), pero se juntaron en la mejor temporada de sus vidas, generaron la confianza necesaria y lograron un título imposible. Seguramente irrepetible en décadas.

Otros deportes como el tenis han vivido momentos fugaces de algunos deportistas, sorpresas inesperadas que los han llevado a grandes triunfos, como el de un Michael Chang de 17 años en Roland Garros. Su único Grand Slam en un cuadro en el que nadie lo conocía al inicio del torneo. Algo parecido al primer título de Mats Wilander, un sorpresón en su momento, con la diferencia de que el sueco consolidó una gran carrera con posterioridad.

Algunas de estas hazañas resultan tan inesperadas que son muy propicias para una película. La victoria de los norteamericanos sobre los «invencibles» jugadores de hockey sobre hielo de la URSS en los Juegos Olímpicos de Lake Placid (1980) dieron lugar a la película Milagro en el hielo (MIracle on ice). El partido se celebró unos meses antes del boicot de los norteamericanos a los Juegos de Moscú, luego a la tensión del partido se añadió la guerra fría latente entre ambos países. Los rusos también tienen una película sobre su particular hazaña frente a los norteamericanos: Tres segundos. Una peli que cuenta la primera derrota de los Estados Unidos en un partido en los Juegos Olímpicos, en Múnich 72, tras un controvertido final que hubo que reanudar. Por tres segundos, los suficientes para que Belov anotara la canasta que cambió buena parte de la historia de este deporte.

Aunque en un post sobre hazañas del deporte que concluye con la gran pantalla, no podía faltar Invictus. Clint Eastwood a los mandos, Morgan Freeman como Nelson Mandela, Matt Damon como el capitán Pienaar y la conjunción de un equipo en busca de un objetivo común: la victoria. Igual que en aquella película el argumento deportivo giraba sobre cómo frenar el terrible poderío rival, con el temible Jonah Lomu al frente, los de Scariolo hoy tendrán que comenzar a trabajar en defensa, como han hecho durante todo el campeonato. Defensa, defensa y defensa. Equipo, equipo y equipo. Como en 2019. Como el Madrid en el Palau. Sin estrellas. Pero con todos sumando para obtener el triunfo. Vamos a por los franceses.

Miramientos de y sobre Marías

LESTER, 14/09/2022

El pasado domingo falleció de manera inesperada el escritor madrileño Javier Marías a los setenta años de edad. Ya se ha glosado su figura de manera conveniente estos días, incluso con obituarios del estilo de los que el propio Marías aborrecía, así que no voy a extenderme mucho más sobre su figura. Más que sus novelas (algunas excelentes, otras me resultaron soporíferas) o sus relatos (me encantan incluso los que reconoce que escribió por encargo), me gustaba su manera de escribir, de razonar o de envolverte en sus pensamientos, lo que se apreciaba de manera especial en muchos de sus artículos y entrevistas. Un tipo con las ideas claras, con muchas de las cuales no coincidía, pero que explicaba con convicción y sin ánimo de que el que lo escuchara fuera a cambiar de opinión. Así pienso, así lo creo y con esa rotundidad lo expreso. Todo ello con una educación exquisita y un manejo del lenguaje impropio de la época actual. Era de esos pocos escritores que podían hablar de lo que quisieran con plena libertad, sin necesidad de rendir cuentas a nadie, sin plegarse a exigencias editoriales o a correcciones políticas que odiaba. Como su amigo Arturo Pérez-Reverte y pocos más en España. Ni que decir tiene que ambos fueron elevados a la categoría de «pollaviejas» por cierta «modernez», palabras estas, las entrecomilladas, que seguro que deleitan a Don Arturo, pero que Don Javier probablemente detestaría.

He rescatado una recopilación de retratos de escritores en lengua hispana titulada Miramientos, en la que Javier Marías se obligaba a escribir sobre una foto de los autores fotografiados con «la única condición que me impuse para la elección de los retratados fue que no entrara gente cuyo aspecto me resultara antipático o desagradable (no me tientan las invectivas, y ya nos caen demasiadas), ni de la que tuviera tan mala opinión personal o literaria que pudiera influirme a la hora de describir y comentar su rostro». «En ningún caso se habla de otra cosa que de eso, de los rostros y actitudes: ni de las vidas ni de las obras».

Con esta premisa, Valle-Inclán «hoy nos recuerda a un rabino con su sombrero blando», Borges «nunca fue joven o esa impresión nos ha quedado» y la mirada de Pablo Neruda «se ve estrábica malamente y no puede ser diáfana, pero es que además denota maquinación y resentimiento». Juan Benet, Eduardo Mendoza, Victoria Ocampo y así hasta quince escritores. Como Guillermo Cabrera Infante de joven, «un joven lo bastante respetuoso para llevar corbata en una década que no apreciaba el respeto, los sesenta, y lo bastante desenfadado para llevarla floja, con el botón alto de la camisa desabrochado». Es inevitable incumplir el requisito de partida, puesto que el conocimiento del escritor retratado por parte de Marías se advierte en la descripción de la fotografía, pero seguramente este hecho enriquece la divagación.

Con todo ello se me ha ocurrido hacer lo más osado que jamás hice en este blog: escribir mi propio Miramiento sobre una foto de Javier Marías. Concretamente utilizaré la de la fotografía empleada en La Galerna en el homenaje Mañana en el partido piensa en mí, escrito por Jesús Bengoechea, un magnífico recuerdo del autor, de su afición al fútbol y al Real Madrid, como demostró en una larga entrevista en la misma web. Allá vamos.

No he querido saber, pero he sabido que el autor fotografiado, cuando ya no era joven y no hacía mucho que había regresado a su despacho de trabajo, puso una nueva cuartilla en su máquina de escribir, releyó las notas manuscritas los días previos, sacó un nuevo cigarrillo y buscó que el fotógrafo hiciera coincidir la punta del mismo con el centro geométrico del retrato. No lo he comprobado, pero estoy seguro de que si trazara las diagonales del marco invisible de la foto, se cruzarían en el extremo del cigarro que parece aún no encendido. Sin duda esta actitud muestra no solo cierta rebeldía por parte del autor al resaltar el proscrito tabaco, como si quisiera lanzar el mensaje de que cuanto más lo prohíban, con más denuedo se dejará mostrar fumando, sino además un refinado gusto por la escenografía y la composición cinematográfica. La foto tiene algo de Kubrick sin tener nada que ver con Kubrick. Líneas rectas, paralelismos, simetrías, profundidad de campo y el personaje en el centro de la acción, incluso cuando no hay acción.

Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con la noticia de la muerte del autor cuyos textos visitaba con frecuencia y que ya no verá más su rostro en medios cuyo nombre recuerda. La frente despejada del escritor, las pronunciadas entradas, denotan una cierta edad difícil de discernir, y en su modo de peinarse hacia atrás se advierte una despreocupada coquetería, como la de quien finge no preocuparse en exceso por su aspecto, pero a la par quiere mostrar la mejor imagen posible. No me arreglo mucho porque no soy ningún galán de época, ni aspiro a nada remotamente parecido, pero por otro lado me agrada agradar, mostrar el rostro de aquel que fue, pero ya no será.

La máquina de escribir en estos tiempos modernos de los ordenadores, las tablets y los móviles abunda en la sensación de rebeldía, desprende un aroma clásico de escritor de época, del que aprendió un único modo de hacer las cosas y no quiso saber de los avances que la tecnología podía procurarle. Lo mismo sucede con los libros, tanto los situados en las estanterías del fondo de la foto como los apilados sobre la mesa. Parecen dispuestos de tal modo para una consulta rápida, breve, algunos de ellos con marcapáginas, quizás para rescatar una frase, un hecho anclado vagamente en la memoria, un artificio literario de algún autor lejano, o quién sabe si el significado preciso de una palabra en otra lengua, detalle propio del trabajo de un traductor. Los matices, la semántica inexacta, el uso correcto de las palabras para cuando llegue el momento de plasmarlas en la cuartilla. Acudir a la fuente y no a un buscador de Internet que podrá dar más respuestas y sin lugar a dudas con mayor rapidez, pero jamás con la precisión requerida por el autor.

La elección del entorno no es fortuita, pues pocas veces una decisión no es deliberada y en mayor medida lo es si de ese escenario escogido dependerán las conclusiones que los lectores extraigan. El retratado escoge lo que quiere mostrar, del mismo modo que un deportista enseñará músculo, un actor su mejor faz o un cantante una postura sensual, salvaje o pasada de vueltas en función del rol que guste desempeñar. Marías escoge el cigarrillo, la mirada tímida, la vieja máquina de escribir y el abrigo de una librería repleta de volúmenes.

La librería de una persona explica mucho sobre esa propia persona, a buen seguro más de lo que sospechamos: gustos, aficiones, la predilección por algunos autores, el orden de los libros, el modo de emparejar las obras, el cariño por ciertos ejemplares valiosos. No puedo leer los títulos de los libros, pero puedo imaginar a Shakespeare en distintas ediciones e idiomas, varios clásicos españoles de más de un siglo, pero también Alejandro Dumas, Julio Verne, Robert Louis Stevenson y mucho autor británico no muy conocido, ejemplares descubiertos en tiendas antiguas de Oxford o Londres, escritores que no pasaron a la historia universal con apellidos extraños como Galsworthy, pero que bien pudieron habitar o incluso proclamarse monarcas del imaginario reino de Redonda.

«Y siempre que muere alguien, una de las cosas que más me chocan y me resultan más incomprensibles es la desaparición repentina, abrupta, de cuanto el vivo recordaba y sabía hasta hacía unos momentos», (Javier Marías, septiembre de 2005). Cuántos proyectos inacabados, cuántos esbozos de novelas, artículos o relatos quedan olvidados, perdidos para siempre, entre las notas del despacho que aparece en el retrato. «Se nos borra sin querer demasiado, para además cancelar los vestigios y ecos de lo que una vez fue presente y tuvo significado».

Todo lo que odio de este fútbol actual

BARNEY, 04/09/2022

Hay determinadas jugadas, acciones o gestos que veo cada vez con mayor frecuencia en los partidos de fútbol, cosas que me molestan como espectador, pero que se han incorporado hasta el punto de haberse convertido en vicios que contaminan el juego, no digamos ya el espectáculo, que en ocasiones, como dicen los comentaristas, «brilla por su ausencia». Muchas de estas acciones se permiten y toleran por parte de tipos que seguramente no han jugado al fútbol en su vida, o lo han hecho poco: árbitros y periodistas. Solo así se entiende que los elementos incluidos en esta «relación de cosas que odio del fútbol moderno» proliferen cada semana. Me crié con el fútbol de finales de los setenta y principios de los ochenta, y como ya escribí en su día, «el fútbol que me gustaba se muere». Lo cual es una pena, porque los jugadores han mejorado mucho física y técnicamente con respecto a aquella época, y los campos son ahora alfombras y no patatales. Vamos con esa relación, a la que animo a los lectores a que sumen sus propuestas:

  • ¿Qué mierda es esa de pitar penalti porque tras un despeje el defensa o el portero choquen con el delantero rival? Ayer mismo se revisó durante un par de minutos un despeje del portero del Girona en el partido frente al Mallorca, ¿de verdad hay que revisar estas cosas? ¿O cuando un defensa mete un patadón siguiendo aquella máxima de «el balón en el área quema» y choca después con el delantero que llega a la carrera?

Recuerdo a esos porteros de los ochenta y noventa como Schumacher o Pfaff, que cuando salían de puños no respetaban ni a rivales ni a compañeros. Ahora se pitan penaltis inverosímiles tras los despejes de un balón, ¡nos estamos volviendo locos! Y escuchas a los periodistas y árbitros retirados opinar sobre lo bien sancionadas que están esas jugadas. No, si ahora el defensa tiene que despejar con cuidado, que una cosa es desviar o dejar un regalito al delantero rival, y otra muy distinta una acción merecedora de penalti. Pero para eso, primero hay que haber jugado un poco a esto. Antes era muy sencillo: el que llega primero al balón y a TPQlo.

  • Los empujoncitos por detrás a los defensas, que se dejan caer. En este fútbol actual en el que los defensas soban el balón mucho más que los delanteros y los centrocampistas, en ocasiones se ven presionados por el delantero rival y no pueden girarse o encontrar una salida fácil al balón, así que optan por sentir el aliento del delantero rival, en ocasiones mucho más pequeño que estos bigardos de metro noventa y se dejan caer. Como el roce suele ser ridículo y el árbitro no suele pitar de primeras, muchos han optado por otra argucia: dejarse caer sobre el balón y retenerlo bajo el cuerpo o atraparlo con las manos. Ahí sí obligan al árbitro a mojarse y este, entre la amarilla al defensa o pitar falta, optan por lo sencillo: jugada nueva, ventaja para el defensor. Lo hacen casi todos, pero para que no se me acuse de partidista, voy a escoger un ejemplo «de los míos»: Sergio Ramos era un experto en esto de dejarse caer, lo cual me desesperaba, joder, con lo cuadrado que estás y «te ha tirado» Messi. O Correa, o Gabriel Jesús, amos, no jodas, Sergio. En los ochenta, un buen defensa no andaba con gilipolleces, y antes de verse en esas, sacaba el balón del estadio de un patadón.
  • Los empujones reales por detrás que no se señalan. Igual que se ha extendido ese empujoncito como algo permitido, los mismos defensas saben que cuentan con otro arma a su favor, que es meter un empujón al delantero que está armando la pierna para el chut o el centro. No puede ser con mucha fuerza, ni con el brazo muy extendido, pero el noventa y mucho por ciento de las veces los árbitros hacen el gesto de «carga legal», y no lo es, cojones. Una carga legal es hombro contra hombro. Rüdiger contra Piatti, bum, y lo mandas al córner, pero un empujón por detrás con el antebrazo sobre el omoplato del delantero debería ser siempre penalti y no se pita casi nunca. Una jugada en la que se especializó Mascherano, el segundo jugador con más penaltis realizados y no señalados que recuerdo (el primero es Piqué).
  • Las pausas de hidratación. ¿Pausas para qué??? ¿Otra interrupción más del juego, con lo que os cuesta a veces poneros en marcha? En estas cuatro primeras jornadas de Liga ha habido pausas de hidratación a los treinta minutos de cada parte, desquiciantes para el espectador. Podría entenderlo para el Mundial de la infamia de Catar si se jugara por encima de los 35 grados, pero ¿en lo que llevamos hasta ahora de Liga? Todavía recuerdo aquel pedazo de Mundial de México en 1986, con partidos a las cuatro de la tarde locales, con temperaturas y humedad asfixiantes, y tíos como Maradona ofreciéndonos los mejores ratos de fútbol que hayan presenciado nuestros ojos.
  • Las pérdidas de tiempo. Están relacionadas con lo anterior, con el dinamismo del juego y el espectáculo para el espectador. Ya incluí jugar con el tiempo parado o cronometrado en mis Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol. porque estoy hasta los mismísimos de ver a esos equipos que tardan dos minutos en poner el balón en juego. El Atleti casi gana una Champions jugando a que no se jugara durante toda la segunda parte de Lisboa 2014. Es desesperante y no es una cuestión del Reglamento, con el actual se puede evitar o minimizar. Que alguien revise los partidos del Osasuna, Granada o Elche el año pasado en el Bernabéu, indignante es poco. El Madrid supo aprovechar esa laxitud de los árbitros en sus prórrogas frente al Chelsea y City en la última y memorable Champions. ¿Cuánto se jugó en aquellas segundas partes de la prórroga, alguien tiene el dato? Como madridista celebré cada saque de puerta o cada falta a favor porque sabía que ahí nos íbamos a comer buena parte del escaso tiempo restante, pero como espectador es un timo. Incluso, se hace otra «trampa» en toda regla en este fútbol moderno: los recogepelotas. Cuando el local tiene urgencias, aparece un nuevo balón al segundo de haber salido el anterior. Cuando el local tiene necesita administrar la ventaja, hay que recurrir al viejo sistema de pedir el balón a la grada. ¡Qué grandes momentos aquellos para el público, qué desesperación para los rivales!
  • Sobre los entrenadores y el fútbol de la posesión infernal. Un entrenador de los ochenta no podría hacerlo hoy en día porque moriría en cada partido de un infarto: ¿se puede saber qué hace el portero dando toquecitos con dos defensas en su área pequeña para sacar de puerta? El Madrid cayó con el City en 2020 por esos fallos en la salida de balón (Varane). El Barça perdió 19 balones en su propio área el día que el Bayern les encalomó ocho chicharros, ¿de verdad que Setién seguía diciendo que había que sacar el balón de ese modo? ¿Y eso de los córners hacia atrás, cuando tienes a tus centrales metidos en el área? Recuerdo haber visto al City sacar lo que toda la vida se ha llamado un «gilicórner» desde la derecha, pasar el balón a un centrocampista más atrasado, y este al al lateral, y a su vez el lateral hacia su portero para volver a comenzar el ataque por el lado izquierdo. ¿Esto qué es? Llévate el balón a tu casa porque has metido tres goles, no porque lo has desgastado con mil pases horizontales o hacia atrás, como España en el Mundial de Rusia 2018. Qué distinta sería la historia si Modric hubiera jugado este córner hacia Isco, que le pedía el balón, ¿no?
  • El VAR. Lo han conseguido, aborrezco esta herramienta que debería haber servido para mejorar la limpieza del fútbol. Han conseguido que ya no celebre los goles, como el de ayer de Vinícius o el de Karim la semana pasada, porque me toca esperar un par de minutos para que confirmen que todo era correcto, lo cual, visto cómo se tiran las rayas en nuestra Liga, no me hace esperar nunca nada bueno. Pero no es solo eso, es el criterio cambiante de las manos, que ya no se sabe cuándo sí o cuándo no, lo que comentaba sobre los despejes y los choques posteriores, la aleatoriedad de las decisiones (PreVARicar, directamente), o cómo se analizan las jugadas y aun con veinte cámaras se toman decisiones erróneas, como el gol anulado a Benzema en la final de la pasada Champions. Una sinvergonzonería que me hace añorar los ochenta y los clásicos «árbitro comprao, pito regalao» o sencillamente «¡árbitro, joputa!!!». La inmundicia actual con ayuda de la tecnología nos lleva a algunos a pensar directamente en conspiraciones.

Y por supuesto, con la maldita prensa como colaboradora.

V de Vendetta (I): la novela gráfica

TRAVIS, 28/08/2022

Verdaderos valientes vislumbrarán la versión de TraVis que versa sobre las venturas vividas por V, el villano para varios, visionario para otros, en la vasta V de Vendetta, vigorosa y nada virtuosa obra en tres volúmenes de Alan Moore. El que para algunos expertos en el mundo del cómic es el mejor creador de historias para novelas gráficas de todos los tiempos ideó una trama retorcida, antisistema y con tintes proanarquistas que fascina a sus lectores desde hace casi cuatro décadas.

Con permiso de esa obra maestra que es Watchmen, V de Vendetta es quizás su obra más reconocida internacionalmente, no solo por las adaptaciones cinematográficas de Zach Snyder (Watchmen: la película) y James McTeague, de la que hablaremos en la segunda parte de este post, sino por la popularidad que ha adquirido la máscara de Guy Fawkes en los últimos tiempos, en protestas multitudinarias o manifestaciones del tipo Rodea el Congreso, Occupy Wall Street o similares.

«Remember, remember, the Fifth of November», Guy Fawkes y la Conspiración de la Pólvora. El intento de voladura del Parlamento inglés en 1605 es el símbolo empleado para mostrar la lucha contra un poder opresor, que es lo que se muestra desde las primeras viñetas de la novela de Moore. En esta ocasión, el dibujante fue el inglés David Lloyd, cuya obra más conocida hasta la fecha era Night Raven. La historia fue encargada por la revista inglesa Warrior, una sucursal para el Reino Unido de Marvel. Todos los capítulos comienzan con la letra V (Valores, La Voz, La Violencia, El Veneno, Valerie, Los Vestigios, Valhalla…) y el primero de ellos, El Villano, nos muestra una Inglaterra bajo toque de queda y una estricta vigilancia del gobierno. La acción se sitúa en 1997 tras una guerra nuclear en la que el Reino Unido no participó. Los desórdenes en las calles provocaron la llegada al poder de un grupo fascista, Fuego Nórdico, que me suena como algunos de los grupos que conocemos: Amanecer Dorado (Grecia), La Liga Norte (Italia) o Agrupación Nacional (Francia).

La atmósfera opresiva y sometida a un ente controlador recuerda de manera no disimulada al 1984 de George Orwell. El poder está organizado con partes del cuerpo humano: los Dedos (la policía), el Oído (el espionaje), la Voz (la propaganda del régimen), los Ojos (los vigilantes), la Nariz (los investigadores),… Cámaras en las calles, una versión oficial única, eslóganes que se repiten o aparecen en anuncios en las calles, el Líder Supremo que quiere «que la población recuerde por qué nos necesita», la supresión de la cultura como la conocemos…

La novela se publicó en su primera parte entre 1982 y 1985, concretamente hasta el capítulo 10 del segundo libro, El Veredicto. Sin embargo, tras el cierre de la revista Warrior, pasó varios años inacabada, sin que se supiera el final de las andanzas de los personajes, hasta que fue DC Comics quien encargó su conclusión en 1988. Consta de tres libros y sorprende que pasara todo este tiempo durante el cual permaneció con la misma fuerza, o que incluso aumentara la crudeza de la misma respecto a cuando fue inicialmente pergeñada. Alan Moore tenía menos de treinta años cuando la concibió y estaba aterrado ante la posibilidad de que Margaret Thatcher se perpetuara en el gobierno.

Años después su discurso no había cambiado, como se aprecia en la Introducción que escribió con motivo de la publicación completa de la obra entre 1988 y 1989.

«Ya es 1988. Margaret Thatcher ha estrenado su tercera legislatura y afirma con rotundidad que los conservadores conservarán el liderazgo hasta el próximo siglo. Mi hija menor tiene siete años y la prensa sensacionalista dice que hay campos de concentración para personas con sida. Los nuevos antidisturbios llevan visores negros, igual que sus caballos, y en el techo de las furgonetas han instalado cámaras de vídeo rotatorias. El gobierno ha expresado su deseo de erradicar la homosexualidad aunque sea como concepto abstracto, y uno no puede más que especular sobre qué minoría será la próxima contra la que se legislará. Me he planteado llevarme a mi familia fuera del país dentro de poco».

Esta es una de mis viñetas favoritas, en la que «el gobierno de Su Majestad» se complace en devolver a los ciudadanos «el derecho a la privacidad». Si Orwell y Moore hubieran sabido entonces de la Patriot Act norteamericana o de tantos programas de ciberespionaje como los que existen en la actualidad, pensarían que se quedaban cortos.

La obra fue concebida e ilustrada inicialmente en blanco y negro, y así se publicó en sus primeras ediciones hasta que quedara suspendida. Fue DC Comics quien pidió que se le añadieran esas paletas de color en la conclusión y reediciones posteriores de la obra, y lo encargó a Steve Whitake y Siobhan Dodds. Por esa razón hay tanto negro en el libro, tanta escena con abuso de las sombras y unos colores poco variados, nada que ver con Watchmen, por ejemplo.

Otra elección de los autores fue que no hubiera onomatopeyas, tan habituales del lenguaje de los cómics, ni bocadillos de pensamiento, lo que hace que toda la acción sea «pronunciada» o «dictada» por algunos de los personajes. Las referencias de la novela son numerosas, van mucho más allá de 1984. Las escaleras de las viñetas que preceden a este párrafo recuerdan los grabados de Escher. Hay diálogos extraídos de Shakespeare o Pynchon, música de los Rolling Stones, Beethoven y David Bowie, películas de James Cagney, escenas que recuerdan a Batman… El autor mencionó en entrevistas a Dick Turpin, Robin Hood y obras que desconozco como ¡Arrepiéntete, Arlequín! o el cuadro Europa después de la lluvia, pintado por Max Ernst poco después de que Hitler alcanzara el poder en Alemania.

En ese Londres distópico y antipático, los libros han sido prohibidos, como las películas, la música o la pintura, lo que convierte a V en una especie de guardián del Arte, de los movimientos culturales creados por el ser humano.

Pensar o razonar es peligroso para el gobernante, mejor acabar con todo ello: Fahrenheit 451. O Goebbels y el nazismo, que se manifiesta también en los campos de concentración o reeducación, con experimentos genéticos y mutaciones hormonales en los prisioneros. Esta parte acerca de un gobierno fascista y manipulador que experimenta de modo salvaje sobre la reeducación de los detenidos puede recordar vagamente a La naranja mecánica de Anthony Burgess. Un gobierno que surge como respuesta al desorden imperante en las calles o que contrata a redomados hijos de puta para mantener el control.

La doctora Delia Surridge, partícipe activa de la reeducación de los presos, que incluye terapias para homosexuales y todo, tiene (para mí al menos) uno de los mejores momentos de toda la obra: ¿puede un asesinato a sangre fría resultar poético? Pues sí, o así lo parece, tanto en el cómic como en la posterior película. V se venga también de la doctora, pero lo hace sin sufrimiento y para ello se vale de una de las rosas que había aprendido a cultivar en el campo. Una variedad que, como todo lo bello, había desaparecido.

La doctora es la única persona que ve la cara de V en toda la novela. Lo conoce, sabe quién es y las aberraciones que cometieron con aquel prisionero de la celda «cinco». O «V». Hay mucho más que una venganza en la motivación del protagonista de la obra. Aunque para algunos estudiosos de la obra sea importante averiguar su identidad, y se han organizado debates sobre si hay pistas en la novela (que si es el padre de Evey, que si es la rea de la celda IV, que si es alguno de los dirigentes en el poder), lo cierto es que carece de relevancia, al menos para mí. A V lo mueve un sentido muy particular de la justicia, una vieja compañera que considera que fue vejada y a la que hay que restablecer. A su manera, claro está, lo cual sitúa al propio V en un escalón diferente del fascismo.

En la segunda parte hablaré de la película producida por las hermanas Wachovski cuando eran hermanos, de las diferencias notables con la novela y de los aciertos o cobardías a la hora de adaptar el cómic de Moore y Lloyd. Hasta entonces, os dejo con otro de mis momentos favoritos, del que ya hablé en Cadena perpetua por lo que me recuerda al mismo: la liberación de Evey bajo la lluvia.

Porque solo cuando lo has perdido todo, eres libre.

Continuará: V de Vendetta (II): la película.

La semana que viene quizás

LESTER, 22/08/2022

– Hola, Miguel.

– Hola.

– ¿Qué tal ha ido la semana?

Debido a su timidez, Miguel no se mostraba muy hablador hasta que su madre se marchaba.

– Vengo en tres horas, cuando termines -le dijo su madre mientras le plantaba un beso en la frente.

– Termino en dos y media, Mamá, pero ven cuando puedas.

– Pero es que no me dejan salir antes, es cuando tengo permiso, vendré en cuanto pueda.

La madre llevaba uniforme de trabajo. Dejó al niño sentado junto a la anciana que le había saludado al entrar, dijo adiós con la mano y se marchó de forma apresurada.

– Me he terminado el último libro que me dejó -indicó Miguel una vez que se cerró la puerta de la sala.

– ¿Qué te ha parecido?

– Me ha gustado mucho, me lo acabé en tres días. Me gustó todo, menos el final. No creo que el capitán Nemo merezca morir después de todo.

– ¿Y cómo sabes que ha muerto? El libro no lo cuenta.

Miguel miró a «la señora de la butaca de al lado» y como cada semana, le pareció que el gris de su mirada se azulaba por momentos, de manera especial cuando hablaban de algún libro, como si un brillo iluminara unos iris cansados y los hiciera recuperar algo de vida.

– Ya, pero se intuye, el Nautilus desaparece en el remolino y se supone que el mar se lo traga con toda la tripulación.

– Pues por eso mismo te he traído esta semana La isla misteriosa. No quiero contarte nada, pero si te ha gustado el capitán Nemo, te gustará saber lo que ocurrió con él y con todos sus compañeros del Nautilus.

Estas conversaciones comenzaron unos dos meses antes, cuando Miguel visitó por primera vez aquella sala gris en la que la mujer y otra serie de «gente mayor» aguantaba unas horas de espera con paciencia. Mejor dicho, con resignación. Miguel quería utilizar el móvil de su madre para pasar el rato, pero la madre lo necesitaba durante la jornada. Protestó porque su madre tampoco le dejó llevar la Play, porque «puedes molestar a las demás personas de la sala».

– Venga, que no será mucho tiempo, se te pasará volando.

En ese momento preciso fue cuando la señora de pelo cano se ofreció a ayudar al chaval, que no tendría más de once años.

– Ten, te puedo dejar este libro. El protagonista se llama como tú.

Miguel miró el libro con extrañeza, «un libro con mi nombre en la portada», luego con escepticismo, pero finalmente accedió a ojearlo porque vio que entre las letras, cada seis u ocho páginas, había como un cómic, unas viñetas que contaban la historia. Le impresionaron unas escenas de peleas a caballo, otras con un sable sobre los ojos del protagonista y se quedó intrigado por saber qué ocurría con los tipos que cruzaban un río en una balsa. Y además, «qué otra cosa podía hacer para matar el tiempo».

– Puedes quedártelo hasta que lo leas y me lo devuelves la próxima vez que coincidamos -la sonrisa de la mujer arrugaba aún más su rostro, pero la hacía más venerable, más cercana-. Era de mi hijo y se lo iba a llevar a mi nieto esta tarde, pero no te preocupes, que le llevo otro. Le encantan y siempre llevo alguno encima.

Una semana después, Miguel confesó haber leído el libro del tirón, al principio solo las viñetas, pero como quería entender la historia, acabó leyéndolo entero. Le contó que su propia madre se sorprendió al verle devorar un libro, algo que llevaba años sin hacer.

– Decía Umberto Eco -dijo la señora-, que el libro pertenece a la misma categoría que el martillo, la rueda o las tijeras: una vez inventado, no se puede mejorar.

Así fue como comenzaron estas conversaciones entre dos personas que apenas se conocían, que no coincidían en casi nada, una mujer que superaba de largo los ochenta años y un preadolescente en un lugar en el que ninguno de los dos quería estar.

– Hay que ser muy fuerte para aguantar como lo hizo Miguel Strogoff, para no contar la verdad ni siquiera a Nadia.

Miguel quedó fascinado por la historia del correo del zar, pero sobre todo por los viajes que Julio Verne planteaba en sus libros, así que en las siguientes semanas, la mujer le dejó Viaje al centro de la Tierra, Cinco semanas en globo, De la Tierra a la Luna, La vuelta al mundo en ochenta días

– ¿Sabe?, llevo varias semanas hablando con usted y todavía no sé su nombre.

– Es cierto, pero como pasaba con Miguel Strogoff, a veces no es necesario contarlo todo. Es más, no voy a decírtelo, sino a plantearte una adivinanza. Es el mismo nombre de una mujer decidida que aparece en una de estas novelas. Te doy una pista: valiente, tenaz, de las que no tiemblan ante las dificultades y persigue su empeño sin rendirse.

Una semana después, Miguel volvió con la respuesta:

– Se llama María, como la hija del capitán Grant.

– Pues si así te parece, a partir de ahora seré María.

Miguel le devolvió el ejemplar con 20 000 leguas de viaje submarino y se quedó contemplando la portada de La isla misteriosa. La conversación sobre Nemo le había dejado con ganas de iniciar la lectura y al igual que las semanas anteriores, el tiempo en la sala se le hacía hasta corto.

– No entiendo el odio del capitán Nemo hacia el mundo, por mucho sufrimiento que le hubieran hecho pasar. Pero aun así, no creo que mereciera morir.

– ¿Y por qué crees que se comporta con esa crueldad con los que no pertenecen a su tripulación, a su reducido mundo?

Miguel se quedó pensativo, dudaba acerca de la respuesta.

– No lo sé, no sé si actúa así por venganza o porque cree que el mundo es injusto.

– Es que no lo es -le dijo María-, y no todo el mundo se comporta de ese modo. El mundo no es justo, claro que no, mira tu situación y dime si es justo que alguien de tu edad tenga que pasar por esto.

El azul de la mirada de la mujer había vuelto a un gris más tristón, como el que solía mostrar justo hasta el momento en el que Miguel entraba cada jueves en la sala. Pero aquel jueves parecía diferente. Entró una enfermera, se acercó a Miguel, miró su reloj, anotó varios datos en el cuaderno y le retiró la vía que tenía puesta en el brazo. Poco después apareció su madre por la puerta.

– Venga, Miguel, nos vamos.

Miguel estaba serio, pensativo. Cogió el libro y se giró para despedirse de María:

– Muchas gracias, y hasta la semana que viene, María, ¡nos vemos!

– Hasta la semana que viene, Miguel. Quizás.

Hace ocho años

Cuanto mayor eres parece que los años pasan más rápido, veloces, sin apenas tiempo para saborearlos, para disfrutarlos, para observar, tomar perspectiva. De repente adviertes que ya estás de nuevo en verano, inicio del curso, navidades, fin de año, cumpleaños… ¿y ya ha pasado otro año?

Hoy se cumplen ocho años desde que arrancó este blog de los «Cuatro amiguetes y unas jarras», ocho años desde aquella Declaración de intenciones en la que se explicaba de qué iba a hablar cada uno de los cuatro. El 99 por ciento de los blogs muere en su primer año de vida, luego llegar a ocho años es una señal de buena salud, de que ha captado el interés de un buen número de lectores, un «me llena de orgullo y satisfacción», que decía el emérito. Por cierto, aunque pueda parecer que los ocho años pasan muy rápido, tanto que nos falta aún perspectiva histórica para valorar ciertos asuntos, nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, cuando nació este blog, el mismo Juan Carlos I acababa de abdicar en favor de su hijo Felipe VI, quien comenzó su reinado (según Barney) con un discurso repleto de referencias futboleras. Juan Carlos I, Mariano Rajoy en la presidencia de gobierno, Angela Merkel en Alemania y Barack Obama en Estados Unidos. Y el Madrid campeón de Europa, porque hay cosas que tampoco cambian demasiado, y está bien que sea así.

Una visita a las hemerotecas del 15 de agosto de 2014 nos puede ayudar para hablar del paso del tiempo en estos ocho años, o para ver lo que siempre permanece ahí, inalterable.

Josean: Vaya, el titular principal podría haber sido escrito la semana pasada. La zona euro en problemas, atascada, con una economía alemana que no carbura, y ya sabemos que si la locomotora sufre, el resto de los 28 lo pasa peor. Cambiamos «Rajoy» por Pedro Sánchez y también seguimos hablando de reformas estructurales que no terminan de concretarse, salvo por la vía del incremento de impuestos. La columna de la derecha hace referencia a un escándalo de corrupción, uno de los temas de los que más se ha hablado en este blog, sin importar el partido del que procediera. La parte inferior de la portada también podría ser, con ciertos matices, de hace apenas unos días:

El interminable procés catalán, en su día con Artur Mas, los centros de acogida de inmigrantes colapsados por las pateras y un nuevo caso de abuso policial en Estados Unidos, con el único cambio de que el presidente en aquel agosto de 2014 era Barack Obama. En el blog vivimos la época pre-POTUS Trump y ya llevamos casi dos años de la posterior. Y «La deuda pública supera ya el billón de euros». Los peligros del endeudamiento excesivo, la recuperación que nunca llega, las medidas equivocadas, el gasto público excesivo o despilfarrado en chorradas, de todo eso se ha hablado en el blog mientras la deuda pública seguía disparándose. Ocho años.

«El mundo está cansado de tanta guerra», decía el Papa Francisco entonces. Y nos parecía que lo de este año con Ucrania, Taiwán, o los conflictos ya medio olvidados en Siria, Somalia o Yemen eran lo excepcional. Nunca hemos dejado de estar en guerra, y nunca hemos dejado de estar cansados de la misma.

Lester: la portada de El Mundo de aquel día hablaba del Canal de Panamá, de los cien años transcurridos desde el arranque a principios del siglo XX. Este blog tuvo la inmensa fortuna de contar en detalle la ampliación del Canal en junio de 2016, con un amplio reportaje desde allí mismo que (si se me perdona la molestia) ya quisiera el propio diario madrileño.

La otra noticia de portada es la del brote de Ébola, aquel virus que venía de África y nos tenía acojonados, ¿quién no recuerda a la enfermera Teresa Romero y el sacrificio de su perro Excalibur? Para mí, lo peor fue comprobar ya entonces cómo se utiliza cualquier suceso para politizar, enmierdar y asustar al personal. Un juego de niños al lado de lo que ocurrió después con la Covid-19, el p… virus al que también hubo que dedicarle mucho tiempo en el blog (Aplauso a una generación de héroes, Casi feliz en casa, Volverán las malditas mascarillas, Las cicatrices del coronavirus, entre muchos otros).

Ver a Michael J. Fox en portada y hablar del paso del tiempo parece inevitable. Nadie como su personaje Marty McFly para mirar hacia atrás y regresar al pasado, o al futuro, o conmemorar que este blog llegaba a la fecha mítica del 21 de octubre de 2015, que como todos los frikis sabemos, es la fecha «futurista» que Robert Zemeckis imaginó durante el rodaje de 1985.

Barney: en cuanto a la parte del deporte, me hace gracia ver en todas las portadas a Luis Suárez, quizás el tipo más sucio que haya visto sobre un terreno de juego. Marrullero, agresivo, faltón, mordedor… en agosto de 2014 era noticia porque llegaba al Barça con una sanción de varios meses tras el bocado que le pegó a Chiellini en el Mundial de Brasil. Pues nada, en el Barcelona encontró ese paraíso de impunidad que tanto he denunciado en el blog. Ocho años sin una sola expulsión (salvo una por doble amarilla en Copa), con un historial de agresiones e insultos brutal, más en su época culé que en la del Atleti. Ocho años después se ha ido de rositas de la Liga española, un caso digno de estudio que no analizará el autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo.

Prefiero irme a las portadas de la prensa deportiva, que entonces nos hablaban de:

Pues sí, razones para soñar. Este blog ha podido disfrutar de las Champions del Madrid en Milán, Cardiff, Kiev y París. Y varias Ligas. Han sido buenos años para los madridistas, qué duda cabe. Hemos vivido las despedidas de Cristiano Ronaldo y de Gareth Bale. E innumerables triunfos de Rafa Nadal, otra constante en estos ocho años. Pero también ha habido muchos huecos para el baloncesto, Pau Gasol, Pablo Laso, el atletismo y los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y de Tokio en 2021.

Travis: se me ha ocurrido mirar la taquilla de aquel agosto de 2014 y lo cierto es que fue un poco para echarse a llorar:

Que no digo que Los guardianes de la galaxia no sean entretenidos, pero es que la colección de «éxitos» cinematográficos de la época no ha pasado a la historia precisamente. No en vano, compruebo que aquel fue:

Y no me extraña, si lo ilustran con una foto de los soporíferos Transformers. ¿De verdad que este es el cine que nos vendrá en próximos años?, me preguntaba. Porque hasta para hacer cine de explosiones y acción hay que tener clase, como en mi debut en el blog: Armageddon y Gravity. Peliculones, sin duda. Obras maestras al lado del top-ten de aquel agosto lejano.

Si me voy al año 2014 completo, fue un gran año para el cine español (al que se ha defendido en este blog, por cierto), con tres películas entre las diez más taquilleras. La estupenda Ocho apellidos vascos, la entretenida El Niño y la última de Torrente. De este listado, la que más se recuerda sin duda es El Lobo de Wall Street, del maestro Scorsese, que ha aparecido varias veces en estos ocho años (Taxi driver, El irlandés, New York).

En fin, que este blog seguirá un año más. Sí, lo siento, somos así de brasas: van 545 post, más un centenar en otros medios, dos libros (Relatos de un tiempo fugaz y Aguafiestas), un tercero que llegará en septiembre y muchas, muchas lecturas. Será un placer seguir contando con vosotros.

Un abrazo.