La M-30 es machista

JOSEAN, 23/10/2020

Uno de estos días en que atravesaba los interminables túneles de la M-30 por la zona del Madrid Río, recordé que en su momento me comprometí a analizar esta obra para entender el por qué de su más que posible machismo. Fue en el post dedicado al Populismo legislativo, y la hipótesis, que para algunos puede sonar surrealista, estaba incluida en un informe sobre el soterramiento de la M-30 analizado con el punto de vista de la perspectiva de género. Fue encargado por el ayuntamiento de Madrid durante los años de Manuela Carmena como alcaldesa. 52.000 euros de dinero público de los que me comprometí a verificar su necesidad o a valorar sus conclusiones.

La M-30 es machista, sin duda, sobre todo los túneles. Mi primer pensamiento me llevó a la escena final de Con la muerte en los talones, de Alfred Hitchcock, con el beso de Cary Grant y Eva Marie Saint en el compartimento del tren, concatenado con dicho tren penetrando en un túnel (¿hace falta ser más explícito?). Cada vez que cojo uno de los túneles de la M-30, lo estoy cogiendo en el sentido argentino de la palabra, mas no iban por ahí los tiros del informe.

El informe se puede encontrar en el siguiente enlace, fue realizado por la empresa CambiaMo-Changing Mobility y lleva el título INFORME FINAL: Estudio de caso. Impactos del proyecto de soterramiento de Calle 30. Ahí me llevé mi primera “decepción”: los 142 folios del informe no se dedicaban exclusivamente al análisis en clave feminista de la obra por la que transitamos a diario miles de hombres y mujeres de la capital y alrededores. El análisis realiza un estudio del impacto medioambiental, social y de género, pero también del económico, si bien creo que para ello hay departamentos adecuados dentro del propio ayuntamiento o en el Tribunal de Cuentas.

El análisis de impacto de género ocupa diez páginas del informe, prácticamente las mismas que la repercusión económica. Sinceramente, a mí como ciudadano, más que la perspectiva de género de una obra pública me interesa saber si la obra se licitó y ejecutó correctamente, si el dinero público se invirtió de manera adecuada, la medición en términos de retorno de la descomunal inversión, si hubo o no mordidas… Pero, bueno, quizás yo esté contaminado por mi visión de economista y hombre nacido en los últimos años del franquismo, así que abrí mi mente para leer e interpretar las conclusiones del estudio.

En las primeras páginas del informe, donde se explican las necesidades de realizar este estudio, se indica de manera explícita que la obra se aprobó y ejecutó con fines electoralistas, no tanto por necesidades de la población (pág. 18): “El soterramiento de la M-30 se aparenta a la construcción de Metro Sur, una infraestructura orientada a conquistar el electorado el cinturón rojo de la comunidad de Madrid (Mejía Dorantes, 2011)”. Puede que sea una conclusión aventurada, pero además se contradice porque, apenas dos párrafos después, afirma que el proceso recibió numerosas críticas: “Partidos políticos de la oposición, vecinos y vecinas o actores de la sociedad civil como Ecologistas en Acción denunciaron la actuación”. Luego difícilmente puede tener fines electoralistas una obra que enfrenta a su promotor con el vecindario.

Pese a las críticas por la ausencia de estudio de impacto ambiental, el Informe reconoce (pág. 16) que “Es interesante señalar que a lo largo de 2016 se puso en marcha el Plan de naturalización del río Manzanares a su paso por la ciudad de Madrid, diseñado por Ecologistas en Acción, y que ha conseguido transformar el río con islas y meandros, recuperando especies de plantas, árboles, aves, reptiles y anfibios que han llenado de vida este ecosistema”. Concluye el Informe (y coincido plenamente) que “…el soterramiento de la M-30 y la construcción de Madrid Río siguen siendo actuaciones apreciadas por los/as residentes colindantes que lo ven como una mejora de su calidad de vida”, pág. 19.

Vamos a la chicha, al impacto de género del soterramiento, página 95.

La parte referida al motivo de los desplazamientos es quizás una de las más discutibles de todo el informe, puesto que afirma que el 40% de los mismos se realiza por lo que denomina “motivos de cuidado” (llevar a los niños al colegio, a los mayores al centro de salud o hacer la compra) y que dichas tareas son realizadas mayoritariamente por mujeres. Habla de número de desplazamientos, no del tiempo empleado en los mismos. La fuente que se cita en estos datos y conclusiones es un estudio de Di Ciommo de 2017 y otro de 2018.

Di Ciommo es Floridea Di Ciommo, Codirectora de CambiaMo, ¡la empresa que realiza el propio Informe!, luego se trata de una autocita en toda regla. Recicla unas estadísticas que tenía almacenadas en algún cajón, o saca unos datos que tenía para otro trabajo y los plasma como si fueran una fuente contrastada. Es como si yo dijera ahora: “el 45,4% de desplazamientos en los túneles de la M-30 se producen en traslados a y desde el centro de trabajo y, durante el período de estudio, otro 8,2% es para ver los partidos del Atleti en el Calderón”, (Fuente: Cuatro Amiguetes y unas jarras, 2020).

A continuación se extiende en una serie de consideraciones sobre el uso de los espacios verdes de la ciudad, se va por las ramas, se sube a la parra o se tira al monte, si se me permiten expresiones que cobran todo su sentido en este caso. Sorprende que no tenga mejores ejemplos que un estudio realizado sobre dos ciudades chilenas “en los que se señala que el género y la edad son dos variables mucho más significativas que los ingresos para explicar los diferentes niveles de accesibilidad que existe entre hombres y mujeres al espacio verde tal y como se destaca en el mapa puesto a continuación”, Pág. 96.

Con todos mis respetos, creo que el comportamiento de la sociedad chilena de la ciudad de Temuco (220.000 habitantes) en lo relativo a sus zonas verdes no es el mejor ejemplo para hablar del impacto del soterramiento en una ciudad como Madrid. No sé muy bien qué relación puede tener con el tema, pero emite juicios de valor gratuitos como el párrafo que acompaña al mapa, que, por cierto, no aporta absolutamente nada. A continuación, el estudio liga la percepción de inseguridad de una mujer en un parque de una ciudad de Chile con el uso del transporte público (55% mujeres, 45% hombres) para concluir que “…el soterramiento de la M-30 ha sido una actuación poco orientada a las necesidades de las mujeres que, en los barrios colindantes de la M-30, utilizan mayoritariamente el transporte público”, pág. 99.

¿Mi opinión? Un copia/pega de manual, me ha recordado a los informes falsos que preparaba el Instituto Nóos de Urdangarín para justificar las morteradas que se llevaba. Pegaba cuatro cuadros de otros estudios, escribía un texto que le diera una apariencia formal adecuada y lo empaquetaba con la esperanza de que nadie lo leyera. A cincuenta o cien mil euros el informe. Este de la M-30 parece diseñado para llegar a la conclusión que se pretendía, como, por otro lado, ocurre con la inmensa mayoría de los estudios que se realizan: dicen lo que el pagador quiere que digan. Página 100:

La M-30 es machista, sin duda: “el impacto positivo del soterramiento de la M-30 sobre la movilidad de las mujeres es definitivamente reducido”. La parte dedicada a Seguridad y barreras podría resultar más interesante, pero no lo es. Aparte de volver a autocitar los estudios de Di Ciommo, utiliza una fuente que me dejó anonadado:

¡Una suposición del posible pensamiento de una mujer, una ficción novelada de 1970! ¿Pero qué tipo de análisis sociológico o científico es este? ¿Y esa redacción? “A testigo de lo que las mujeres puedan resentir…”, iba a quemarlo directamente, pero en su lugar, cuando lo leí, decidí a unirme a la propuesta: falta añadir los pensamientos del hombre que ve a esa mujer.

“Por la calle se me acerca una locaza que lleva un jersey de cuello alto de cachemira y un pañuelo escocés de lana. Me agacho, como si fuera a coger el maletín, pero debido a que estoy en la sombra, no me ve sacar el cuchillo, el más afilado, con la hoja de sierra. (…) Es innecesario decir que la chica no vivió para matricularse de segundo. Aquel invierno, encontraron su cuerpo en el río, decapitado, con…”, (American Psycho, Bret Easton Ellis, 1993).

Seamos serios, por favor, que estábamos hablando del soterramiento de la M-30, y todo ese párrafo es para decir que las mujeres van a Madrid Río menos que los hombres, especialmente en las zonas poco iluminadas. 52.000 euros de dinero público, repito. En el fondo (y en la superficie), de esto es de lo que quería hablar: del uso que se hace del dinero público. El estudio de la M-30 está parido con la intención o la creencia de que nadie va a leerlo. Es un informe del que desconozco su licitación y de qué manera se seleccionó a la empresa (sus miembros son profesionales con carrera y formación ad hoc, y seguro que están sobradamente cualificados para trabajos mejores que este), pero estoy convencido de que forma parte de la estrategia a medio y largo plazo de Podemos y todas sus confluencias para mantener determinados debates siempre abiertos y crear puestos para seguir cobrando de la administración.

Me acordé del vídeo de Íñigo Errejón en el que reconocía claramente que, para “cuando perdamos las elecciones”, “para cuando se acaben los ayuntamientos del cambio”, tendrían que crear instituciones “donde refugiarse cuando gobierne el adversario”.

Elegir un tema con el que sea imposible estar en desacuerdo y vivir de él, de crear comités, grupos de “expertos”, consultoras especializadas en drenar recursos públicos. Cada partido tiene su manera de hacerlo y los lectores más veteranos de este blog ya saben que aquí he hablado de la corrupción del PPSOE y de las élites extractivas, que es en lo que se han convertido la mayor parte de los partidos que nos dirigen y gobiernan. Unidas Podemos ha elegido su manera de vivir del Estado, y si alguien piensa que exagero, recuerdo que en los últimos meses, con la que llevamos encima, hemos hablado de temas tan importantes como si las señales de tráfico eran machistas, si había que cambiar la redacción de la Constitución para que incluyera el lenguaje inclusivo, o el machismo de los algoritmos de los buscadores de Internet.

Pero todo eso no serían más que chorradas si no hubiera detrás un movimiento mucho más serio en la línea de lo que decía Íñigo Errejón. En mitad de esta crisis tan brutal que tenemos, con una caída del PIB del veinte por ciento, han ocurrido algunas cosas sorprendentes como el nombramiento de una Embajadora en Misión Especial con no sé sabe muy bien qué funciones y contenido:

Hemos escuchado también a la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, decir que “se acabó que un hombre y una mujer puedan cobrar retribuciones diferentes”. Quizás desconocía que, al menos legalmente, ya existía esa igualdad desde hace décadas. O que la Ley Orgánica 3/2007, promulgada por sus socios de gobierno, establece en su artículo 46 una serie de medidas para la igualdad efectiva de hombres y mujeres en todo tipo de organizaciones. “El objetivo es alcanzar la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres y a eliminar la discriminación por razón de sexo”, decía aquella ley. La novedad ahora va a ser la introducción obligatoria de Planes de Igualdad en las empresas (ya hay consultoras especializadas para ello) y auditorías para la comprobación de su cumplimiento. Lo siguiente es la distribución de distintivos de igualdad en las empresas. Suma y sigue.

Estar a favor de la igualdad salarial, como estoy, o en contra de cualquier tipo de violencia sobre las mujeres, no es incompatible con estar en contra de toda esta red tejida para vivir del sistema. Y ahora, abro el paraguas.

2 comentarios en “La M-30 es machista

    • Encantado de tenerte por aquí, Carlos. En cuanto a lo de “persona cabal, culta y sensata”, ya te irás desengañando, je, je, je. La sensatez es lo poco que me queda y a veces pienso que la estoy perdiendo. Saludos.

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