El club de los currelas muertos (XIII)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

El director norteamericano Woody Allen cumplió ayer 87 años y como plan de viernes, no se me ocurre nada mejor que una de sus películas. De las que no son de su éppca bergmaniana de mediados de los ochenta, sino de las brillantes comedias de los noventa, de sus caminatas charlatanas de los setenta o de casi cualquiera de sus obras. Propongo Balas sobre Broadway, por ejemplo. O una menos conocida, como Magia a la luz de la luna. O Annie Hall o Manhattan. Casi todas son perfectas para una noche de viernes de pizza, vino y una peli de hora y media.

Y si no les apetece una peli, también pueden coger alguno de sus libros de historias surrealistas como Pura anarquía o Cómo acabar de una vez por todas con la cultura. O su «pliego de descargos» en forma de memorias, como fue A propósito de nada. Ya entré en su día en la polémica con Mia Farrow y la acusación reabierta treinta años después. Desde luego, el bueno de Woody, que lleva más de 25 años con su pareja, Soon Yi, no encaja para mí en el prototipo de depredador sexual. Y me encanta su sarcasmo, que me recuerda mucho a Groucho sin tener mucho en común con Groucho Marx. Su último libro está dedicado a:

«Para Soon-Yi, la mejor.

La tenía comiendo de la mano y de pronto noté que me faltaba el brazo».

El club de los currelas muertos (XII)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar

Pepe Kollins es el nick de Twitter, o el seudónimo bajo el que se escondía Javier Alberdi, quien fuera editor de La Galerna durante los años de crecimiento y profesionalización de la página. Javi/Pepe lleva años en el mundo del periodismo, escribiendo (muy bien) y como editor de esta web (impresionante labor) hasta que nos dejó en marzo de 2021 para emprender nuevos proyectos. En aquella pieza coral que escribimos en su despedida (bajo el título Gracias, Kollins), dije sobre él:

De Javi aprecié su precisión, no solo en el lenguaje, sino en el uso de las imágenes para evitar polémicas innecesarias, para que nuestros textos fueran irrebatibles, para no ser tendenciosos dentro de un medio cuyo madridismo ya nos hace serlo. Pero en algunas ocasiones, muy pocas, me corrigió sobre alguna jugada: «esta imagen no es exactamente la misma jugada que esta otra», «este ejemplo de fuera de juego mal pitado tiene un matiz diferente con este otro que sí fue validado». Uno que no es profesional de esto y puede hablar con ligereza de polémicas aprecia que le hagan ver otro punto de vista, que no todo es blanco o negro, madridista o antimadridista. Me marcó una línea que siempre respeté y fueron muy pocas las veces que discrepó con mis artículos, o me instó a que modificara algo.

Ayer charlamos amigablemente en su canal de YouTube, un proyecto joven, recién iniciado hace pocos meses, y que aspira a ofrecer reflexiones, opiniones calmadas alejadas de chirincircos y gente con algo interesante que contar. Eso intenté ayer, durante nuestra media hora de vídeo bajo el título Relatos y fantasmas. Y aunque el tema era criticar «el relato» culé con motivo de la publicación del libro Reial Madrid, l’equip de Franco, al final conversamos sobre el uso no fortuito del lenguaje, el modo de crear opinión por parte de algunos medios y la génesis de ese relato. De Vázquez Montalbán y la creación del victimismo culé, o del modo tan diferente de hablar sobre los jugadores jóvenes que comienzan a despuntar. La neolengua de Orwell, tan del gusto del periodismo deportivo tan penoso que tenemos en España. Aquí dejo la charla, para quien le interese:

Ah, sí, también hablé de mi libro, que ya sé que soy un poco pesado.

El club de los currelas muertos (XI)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar

Se acaba el día y no he cumplido con mi rutina habitual reciente, un post diario, una reflexión, un plan que ofrecer. Demasiado follón, demasiadas obligaciones, demasiadas historias por hacer que me lo han impedido. En uno de los millones de correos que recibo al día, me he parado en uno que estaba leyendo en diagonal (el boletín de salud de la empresa) y mi curiosidad me ha llevado a leer un artículo sobre el journaling. Consiste en «una estrategia de autoconocimiento activo sobre prácticas reflexivas. Se trata de auto examinarse, analizando lo vivido para mejorar y potenciar el desarrollo a nivel personal y profesional«. Básicamente se trata de algo tan sencillo como coger una libreta en blanco y escribir cada día una idea, una reflexión, un pensamiento acerca de lo vivido o experimentado en el día.

Quizás no se diferencie mucho de lo que hago desde hace un tiempo, igual yo hacía journaling y no me había dado cuenta. Mi reflexión de hoy iría para la cantidad de cosas que se pueden meter en un solo día, pero no todos los días. Hoy, por ejemplo:

  • He hecho el test de los 2 x 6000 que suelo hacer diez días antes de correr un maratón. Los diez días que me quedan para Málaga. Eso ha sido a las siete de la mañana y he hecho unos tiempos similares a los de 2017, cuando corrí en Budapest. Estoy muy satisfecho.
  • He trabajado desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, con un descanso entre las dos y media y las cuatro.
  • Durante esa jornada de trabajo he tenido varias reuniones productivas y un par de ellas de coña, hilarantes, de las que posiblemente darán para un post estilo Lester. Una reunión de dos horas en inglés entre españoles, un indio, una egipcia, un alemán y un par de British de acento indeterminado ha sido por momentos surrealista.
  • En ese hueco de mediodía, he hecho mi debut en un canal de YouTube (¡madre mía, qué apuro!). Mañana lo colgaré aquí.
  • Cena con la familia y un capítulo de The crown. Ni un minuto del mundial. Como todos los días, por cierto. Me enorgullezco de ello.

El día no me da para hacer journaling, reflexiones sobre lo que vaya más allá de decir que «qué día más largo». Me voy a dormir, estoy fundido.

Por cierto, el journaling tiene su propia bibliografía: el libro de Meera Lee Patel, Todo empieza aquí: Un diario para conocerte mejor.

Doce menos tres minutos. He cumplido, buenas noches.

El club de los currelas muertos (X)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar

En la foto vemos al actor y director estadounidense Ben Affleck pasando por delante de un mural del Ayatolá Jomeini. Corresponde, obviamente, a un fotograma de la película Argo, de 2012, galardonada con los Óscar a mejor película, mejor montaje y mejor guion adaptado.

No sé por qué hoy precisamente me he acordado de esta película sobre el enfrentamiento USA-Irán como consecuencia de la crisis de los rehenes de la embajada de Teherán. La retención de los diplomáticos norteamericanos se produjo a finales de los setenta y concluyó en enero de 1981 tras 444 días de cautiverio. Me pareció una película muy entretenida que por momentos me resultaba inverosímil (¿una producción norteamericana de ciencia ficción en ese ambiente explosivo?), pero sí tuvo bastantes visos de veracidad. Menos que licencias artísticas, por supuesto, como suele ocurrir en Hollywood.

Fue la propia CIA la que se encargó de desmentir algunas de estas licencias que se tomaron los guionistas y productores hollywoodienses en un hilo de Twitter con el título «Real vs Reel», algo así como «Realidad frente a Rollo (de película)».

La película minusvaloraba el papel de Canadá, donde se refugiaron seis de los trabajadores norteamericanos que lograron huir a tiempo de la embajada, e insinuaba la falta de auxilio de Reino Unido y Nueva Zelanda, lo cual, según parece, dista mucho de ser cierto. Y por supuesto, lo que nunca me creí durante la película: el clímax final en el aeropuerto, la persecución por las pistas y toda esa parafernalia tan de película para crear tensión. Al parecer, según la CIA, la salida fue de lo más normal, incluso con un retraso por una pequeña avería. Nada tan espectacular como lo que nos contaron Affleck y los suyos.

Que la realidad no te estropee una buena historia, una de las máximas de los guionistas y creadores de todo el mundo.

En resumidas cuentas, Argo es una buena peli, entretenida. Pero mi favorita sobre los tiempos convulsos de la revolución iraní es Persépolis, la película francesa de 2007 basada en los cómic de Marjane Satrapi.

La única vez hasta hoy que se enfrentaron Estados Unidos e Irán en un Mundial ocurrió en 1998, con victoria de los asiáticos por dos goles a uno. Según se rumoreó entonces, los jugadores habían sido amenazados de muerte si perdían el partido.

El club de los currelas muertos (IX)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Acaba de finalizar la Semana Europea para la Reducción de Residuos (del 19 al 27 de noviembre), centrada en este año en la industria textil, una de las más contaminantes. No solo es una de las que más perjuicios causan al medio ambiente por la enorme cantidad de residuos que genera, sino también por el consumo de agua y productos químicos. Se estima que hacen falta unos 7.000 litros de agua para producir unos vaqueros y aproximadamente 2.700 litros para una camiseta, prendas que en muchos casos acaban en poco tiempo en un vertedero. El bajo coste de algunas prendas (camisetas a tres euros producidas en Bangladés, por ejemplo), las modas imperantes y cada vez más fugaces, y las dificultades para reciclar los materiales empleados provocan que cerca del noventa por ciento de los productos de la industria textil acaben en los vertederos. Un millón de toneladas al año.

Los residuos suponen otro más de los problemas no resueltos y de lentísimos avances en esta lucha que teórica y «marketinianamente» tenemos por la sostenibilidad. Si se avanza poco o con exasperante lentitud en las Cumbres del Clima (El Día de la Marmota del cambio climático), con los residuos puede estar pasando algo parecido. Hace un año por estas mismas fechas dedicamos un post entero al asunto: Reducir, reusar, reciclar… residuos, ¿recursos?. En este año no se han licitado los proyectos de tratamiento de residuos tan necesarios, los países no se han puesto de acuerdo en fijar aranceles verdes para los productos que vienen de fuera de la Unión Europea y que no cumplen los criterios medioambientales mínimos y solo se ha avanzado en la creación de nuevos impuestos: sobre el plástico y sobre el depósito de residuos en vertedero. Está bien eso de hacer pagar más por los residuos no tratados, pero no invertir en instalaciones necesarias para el reciclaje.

Como este es un club que se autodefine de lectura, cine y documentales, hoy proponemos un fabuloso mediometraje de Javier Fesser ambientado en un vertedero de Filipinas. El monstruo invisible, o cómo crear belleza en un vertedero putrefacto y con unos niños que carecen de lo más elemental.

Sobrecogedor. Maravilloso. Con la sensibilidad de Javier Fesser. 39 premios internacionales desde su estreno en septiembre de 2019. Tuve la suerte de ver un pase privado con uno de los productores de la película. La piel de gallina todavía.

El club de los currelas muertos (VIII)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

¿Hay algún plan mejor que salir a la montaña en una soleada mañana de domingo?

Me recuerda al camino que toman los hobbits para salir de la Comarca, pero es el Puerto de Canencia. Espectacular.

Bocata de tortilla, frutos secos, agua y buena compañía, ¿quién quiere más?

Y unas cañas al bajar a Miraflores de la Sierra. Pocos planes pueden igualar a este.

El club de los currelas muertos (VII)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Ayer se cumplieron dos años de la muerte de Diego Armando Maradona a la edad de sesenta años, una muerte prematura sin duda, pero que a nadie extrañó dada la vida de excesos que había llevado. En todos los sentidos. De lo más alto, de la idolatría de un país y una ciudad entera, al descenso a los infiernos de las drogas, las denuncias por fraude fiscal, la convulsa vida familiar y las broncas constantes con buena parte del mundo. Dejó grandes frases, pero destaco esta que define lo que representó:

«Cuando llegué a Nápoles, me recibieron 85 000 personas. Cuando me fui, estaba completamente solo».

Para muchos aficionados al fútbol, fue el jugador más grande de todos los tiempos, THE GOAT, como gusta decir ahora. En este blog ya tuve ese mismo debate y dejé mis opiniones sobre un asunto que me atrae bien poco. Hablar acerca de quién fue el mejor de la Historia cuando las épocas resultan incomparables, los rivales y compañeros, el estilo de juego, incluso los materiales y el Reglamento, me parece banal. Las opiniones siempre resultarán subjetivas y la objetividad de los datos nunca permitirá alcanzar un resultado concluyente. Capdevila tiene más mundiales que Messi, y Mariano tiene en su palmarés más Champions que Ronaldo Nazario, ¿y?

Maradona fue excesivo en todo. En calidad, en polémicas, en carisma, en ganas, en bocazas, en capacidad para soportar la violencia de los rivales, pero también en su propia agresividad. Hoy propongo el documental Diego Maradona, estrenado por HBO, del cual os dejo el enlace. En Barcelona fue cazado por Andoni Goikoetxea y en su paso por España demostró cómo era capaz de gastarlas cuando el partido se volvía barriobajero (recordad el vergonzoso final de Copa del Rey frente al Athlétic). Fue en Italia donde desplegó su mejor juego y en México 86 donde concentró todo el fútbol del mundo en su bota izquierda.

En Italia tuvo que lidiar con defensas que se comportaban contra él con una dureza que no vemos hoy en ningún campo, pero logró que un recién ascendido como el Nápoles se proclamara campeón del Scudetto y de la Copa de la UEFA. No soy muy fan de la película de Paolo Sorrentino Fue la mano de Dios, pero sí me gustó toda lo que cuenta acerca de lo que representó la llegada del argentino a la ciudad napolitana. Una muestra de orgullo para sus ciudadanos, que pasaron a sentir que podían enfrentarse al Norte rico que los miraba con desdén, un boom para el comercio y los visitantes, un impulso para toda la ciudad. Fue como poner a Nápoles en el mapa del mundo.

La historia de Maradona en los Mundiales fue como un resumen de su vida moviéndose en los extremos:

  • España 82: tras una buena primera fase, sufre un marcaje criminal de Gentile en el partido contra Italia y acaba expulsado por una agresión en el partido frente a Brasil.
  • México 86: para mí personalmente, la mejor actuación individual en unos mundiales. Diego fue capaz de llevar a su selección con actuaciones memorables frente a Inglaterra y Bélgica, y un poco menos en la final frente a los alemanes. Para la historia quedarán sus dos goles frente a los ingleses, con el recuerdo reciente de la guerra de las Malvinas en el corazón de todos los argentinos. El gol de pillería y el proclamado «mejor gol de la historia de los Mundiales». El gol del siglo. O los goles del siglo, que el fútbol es indisociable de la picaresca.
  • Italia 90: su calidad sirvió para derrotar a Brasil y eliminar a Italia, en aquel famoso partido en el que se le ve enfrentado a una afición que lo había idolatrado. Llegar a la final fue mucho más de lo que se esperaba de aquella selección.
  • Estados Unidos 94: expulsado del Mundial tras su positivo por consumo de estimulantes:  efedrina, norefedrina, pseudoefedrina, norpseudoefedrina y metaefedrina.

Ya había dado positivo por cocaína en 1991 y lo daría posteriormente en su vuelta a Boca en 1997. Su descenso definitivo a los infiernos tuvo episodios curiosos como sus años como entrenador en Sinaloa. Aquí dejo el documental que os comentaba, pero también podéis buscar la miniserie Maradona en Sinaloa. En Sinaloa, ni más ni menos.

El club de los currelas muertos (VI)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

El viernes es un día para ir al cine. Corrijo, es EL DÍA del cine. Los sábados sueles hacer más planes con amigos o familia, o te vas el fin de semana a algún lado, o lo pasas fuera desde por la mañana y por la noche solo quieres plan de manta y peli. Pero los viernes son para mí, para nosotros, el día de ir al cine. Es cierto que en ocasiones no hay un gran estreno que llevemos meses esperando, pero raro será el día que no encontremos una propuesta interesante, y por «interesante» no entiendo los blockbusters de acción que me aburren soberanamente.

Sé que hay muchas alternativas para ver una buena película en casa, ya sea Netflix, Movistar, HBO, Amazon Prime o la propia programación a la carta de las cadenas tradicionales, pero ir al cine es otra cosa, como comenté en La magia de la sala oscura. Estudias la programación, te interesas por lo que vas a ver, te desplazas y compras una entrada. Se crea un «compromiso» en el sentido en el que Quentin Tarantino nos explicaba en su momento con los videoclubes:

«Incluso si estás suscrito a todos los canales de televisión por cable, accedes a la guía, desciendes por la lista y… ves algo o lo grabas, y quizá nunca te sientes a verlo, o lo ves y quizá a los diez o veinte minutos empiezas a hacer otra cosa, y piensas: ‘Nah, realmente no me interesa’. Hemos caído un poco en esto.

Sin embargo, había una naturaleza diferente en el videoclub. Mirabas a tu alrededor, elegías cajas, leías las cajas por detrás. Tomabas una decisión, y quizá hablabas con el tío detrás del mostrador, y te recomendaba algo, (…) Y el asunto es que invertías en algo, de un modo en el que no estás invirtiendo con la tecnología electrónica cuando se refiere al cine. Había un mayor compromiso. (…)

Quizá es algo que ha atrapado tu mirada, no sabías nada al respecto, y te la juegas. La alquilabas, sinceramente querías probar y ver algo hasta cierto punto. Y eso es lo que de verdad se ha perdido, extrañamente, se ha perdido el compromiso».

Cuando voy al cine estoy plenamente comprometido. Llego puntual, no quiero perderme ni los tráilers, no llevo comida ni bebida, pongo el móvil en modo avión, meo antes de salir de casa y me concentro en la pantalla. Me desespero con los que encienden sus móviles para consultar el guasap en mitad de la proyección. Casi tanto como con los ruidosos. Pero el público es necesario, es parte de ese entretenimiento que tanto me gusta. Compartir las risas o las lágrimas a flor de piel en una sala repleta de gente. Como decía Christopher Nolan, «es esa combinación mágica de la emoción visual y la experiencia grupal que se vive en una sala de cine, donde todo el mundo está experimentando lo mismo, lo que me fascina. Creo firmemente en esa capacidad del cine de hacerte vivir experiencias que jamás podrías vivir de otro modo«.

Pues eso, que miro la cartelera y… veo que se acaba de estrenar una nueva película del detective Benoit Blanc, el que interpretara Daniel Craig en la entretenidísima Puñales por la espalda, con guion y dirección de Rian Johnson. La propia película se titula Puñales por la espalda: El misterio de Glass Onion. De nuevo un reparto repleto de rostros conocidos: Edward Norton, Daniel Craig, Kate Hudson, Ethan Hawke… Repite Rian Johnson como guionista y director.

Actores ingleses y norteamericanos. En mi caso, preferibles al Inglaterra-Estados Unidos de esta noche. Lo tengo claro.

El club de los currelas muertos (V)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Leo por aquí que hoy es el Día Internacional del Vino Tinto, que de todo tiene que haber un Día, y esta ocasión merece sin duda una buena celebración. Así que el plan propuesto para hoy es una cata de vinos. No soy ningún experto en vinos, apenas recuerdo haber estado en cuatro catas (Burdeos, Logroño, Madrid y La Vid, que con ese nombre era inevitable), pero me atrae todo ese halo cultural creado alrededor del disfrute del vino. A mí me gustan o no me gustan, pero no controlo añadas, calidades, aromas a tomillo, ni olores a barrica. En ocasiones he preferido un crianza a un reserva, pero siempre, siempre he disfrutado esas catas. Buenos vinos, un poco de embutido y a veces queso, si bien tengo entendido que el queso es tramposo pues oculta aromas o tergiversa el sabor natural del vino en el paladar. De ahí la expresión popular, «que no te las den con queso».

El vino está asociado a nuestra cultura y tradiciones más arraigadas, y me encanta ver la pasión con la que los expertos hablan del mismo (sin que yo entienda nada). Está en la literatura, en el cine, en el Producto Interior Bruto y en cualquier ocio que se precie. Como decía el final de No mires arriba con el que despedimos 2021, que el mundo se derrumbe a nuestro alrededor mientras podamos disfrutar una copa de vino con los más queridos alrededor.

Esta tarde os recomendamos acudir a una buena cata de vinos o abrir una botella de un Ribera del Duero y disfrutar de una cena con los amigos o la familia. Claro que no podrás hacerlo si estás en Catar.

El club de los currelas muertos (IV)

Planes propuestos por el club de lectura, cine y documentales El club de los currelas muertos para no ver el mundial de la infamia de Catar.

Si uno quiere emplear la hora y media que dura el partido de España de hoy para leer una historia de terror, puede entrar en el siguiente post de Amnistía Internacional e ir pinchando en los distintos enlaces que llevan a documentos e informes que tratan acerca del desprecio del gobierno catarí por los derechos fundamentales.

Esas seis cosas que debes conocer sobre los anfitriones del mundial de la vergüenza son:

  1. La inexistencia de libertad de expresión y de libertad de prensa en el país. No está permitido manifestarse de manera crítica con el gobierno y con la familia Al-Thani, como queda documentado por Amnistía en numerosos casos, pero tampoco existen medios de comunicación independientes que puedan ofrecer una postura diferente a la oficial.
  2. No hay libertad de asociación ni de reunión. La representación de los trabajadores llega apenas al dos por ciento del total de trabajadores del país, y no se toleran las protestas, ni siquiera por las condiciones laborales o por los impagos de salarios.
  3. Juicios injustos. Esta práctica tan occidental de contar con un abogado o un intérprete en un interrogatorio no es lo habitual en Catar, mientras las confesiones obtenidas mediante coacción son una práctica común.
  4. Los derechos de las mujeres, ¿los derechos de las mujeres? Las mujeres necesitan el permiso de su tutor varón para salir del país, ejercer empleos públicos o contraer matrimonio. Están desprotegidas frente a la violencia ejercida por su varón tutor sobre ellas y para acceder al divorcio.
  5. La discriminación del colectivo gay. Por mucho que el presidente de la FIFA; Gianni Infantino, dijera la estupidez esa de que se sentía gay o inmigrante, y que a él también lo discriminaban en el colegio por ser pelirrojo, lo cierto es que el Código Penal castiga las prácticas homosexuales (art. 296.3 y 296.4). Los brazaletes arcoiris que varias selecciones anunciaron que iban a lucir en sus partidos se quedaron en la taquilla. Muy valientes. Que aprendan de la rebeldía mostrada por los jugadores iraníes.
  6. Las penosas condiciones laborales de los trabajadores migrantes. Los trabajadores adquieren una deuda con el empleador al acceder al puesto de trabajo (la kafala fue supuestamente abolida, pero sigue funcionando como una visa), lo que en la práctica convierte el sistema en algo similar a la esclavitud. Por otro lado, la mano de obra barata y poco cualificada trabaja en condiciones precarias, con jornadas de más de 14 horas bajo condiciones inhumanas. Se estima en 6.500 el número de trabajadores muertos durante la construcción de los estadios del mundial. Las autoridades alegaron «muerte natural» en la mayoría de los casos. Y no mentían: si trabajas 14 horas con más de 35 grados de temperatura, lo natural es que te mueras.

Un ascazo. Todo. La FIFA y este mundial. La selección española, igual que la Federación, no ha abierto la boca. Claro que Rubiales, después de llevar la Supercopa a un lugar todavía peor considerado en materia de derechos humanos, Arabia Saudí, no está para pronunciarse sobre nada.