Objetos de culto (y IV): objetos molones

TRAVIS, 18/04/2022

Completamos ya este largo repaso a:

1. MacGuffins,

2. Armas de Chéjov,

3. Arenques rojos y guiños frikis,

con auténticos objetos de culto. Insisto en que cualquier ayuda es bienvenida para rellenar huecos del listado.

U. (Continuación del MacGuffin Uranio de Encadenados) Los diferentes montajes de Blade Runner pudieron hacer que lo que fue concebido como un arma de Chéjov se quedara finalmente en arenque rojo, o viceversa. Me refiero al pasaje del Unicornio. En un momento de la película, el personaje de Deckard (Harrison Ford) tiene un extraño sueño en el que se le aparece un unicornio.

Nunca entendí la referencia, si era un plano preciosista que le apetecía rodar a Ridley Scott (metió los unicornios en Legend un par de años después) o si tenía un significado profundo. El caso es que en uno de los primeros montajes (creo que el inicial) no había más referencias al unicornio, luego podría ser una pista falsa, un arenque rojo. Sin embargo, en el llamado Director’s Cut, el personaje de Gaff (Edward James Olmos) deja un origami con forma de unicornio en el apartamento de Deckard.

Debido a esta escena, la interpretación más habitual indica que debemos deducir que el propio Deckard es un replicante y que Gaff conoce su secreto, puesto que sabe que sueña con unicornios. Pero para ese momento de la película estoy tan aburrido que en mi caso no tengo claro cómo interpretarlo. En especial, si el anterior origami de Gaff es un hombre con una erección, figura a la que nunca supe qué interpretación dar, ni he encontrado un crítico que me lo aclare.

V. Luis García Berlanga nos dejó varias comedias con su particular sello, y en una de ellas utilizó una Vaquilla para hablarnos de la estupidez de una guerra civil, de los dos bandos que se enfrentan sin saber muy bien por qué principios. Me refiero, cómo no, a La vaquilla, enorme metáfora animal de la idiosincrasia española, de las dos Españas o del “antes muerta que del otro”.

El elemento que actúa como arma de Chéjov en Vértigo es el propio Vértigo del protagonista. Aparece en la primera escena y nos olvidamos del mismo hasta la escena de la escalera en la torre. Pero para ilustrar esta letra, voy a mencionar un “arma de Chéjov” reciente que me dio mucha rabia no entender de inicio: la Vaca muerta de El poder del perro. Estaba tan aburrido que no supe ver a cuento de qué venía esa escena en la que el chaval se pone los guantes de látex y corta una tira de la piel del animal. El “arenque rojo” de la supuesta relación homosexual en ciernes me hizo despistarme de lo que en realidad se estaba cociendo en la trama.

Y aquí voy a dejar otro de esos detalles frikis que suelen pasar desapercibidos. En El show de Truman descubrimos que todo el mundo en el que vive el personaje interpretado por Jim Carrey no es más que un inmenso decorado con un cielo artificial bajo una enorme cúpula. ¿De qué modo recibiría entonces su protagonista la necesaria Vitamina D? Pues hasta eso habían previsto los guionistas, como puede verse en una de las escenas.

Y otro guiño muy, muy friki que solo los auténticos frikardos que todo lo analizan son capaces de ver. El Vestuario que utiliza el personaje de Wayne Night en Parque Jurásico-, película dirigida por Steven Spielberg en 1993, coincide sospechosamente con el de los personajes de Los goonies. Película producida por el propio Spielberg en 1985. No creo que sea una coincidencia, ¿no?

W. ¿Creíais que no se me iba a ocurrir nada para esta letra? Pues está en los propios títulos: Winchester 73 y Un pez llamado Wanda. El robo del Winchester 73, el mejor rifle del mundo, es la excusa para toda la trama en la que James Stewart anda en su búsqueda. En cuanto a Wanda, no es un MacGuffin, aunque todos anden detrás de ella, ni un arma de Chéjov, aunque el pez del mismo nombre albergue la llave del tesoro. Pero es un peliculón (y un pedazo de mujer) que me apetecía recordar.

X. No se me ocurren MacGuffins con esta letra, aunque un taXi puede dar mucho juego para una trama. Ya he hablado mucho en otros post sobre este colectivo de simpáticos cabroncetes, o sobre el uso de un taxi como metáfora de la soledad y espectador de una sociedad que repudia (Taxi driver), así que voy a limitarme a dejar un detalle friki cinéfilo: en los títulos de 20th Century Fox al inicio de las películas de la saga X-Men, la X de Fox permanece iluminada un rato más que el resto de letras, fijaos en el detalle la próxima vez que la veáis. Detalles que me alucinan y que pasan desapercibidos casi siempre.

Y. No se me ocurre nada que contar que comience con esta letra, pero voy a utilizar una película con uno de los guiones más retorcidos de los noventa para hablar de MacGuffins, arenques rojos y Chéjov: Sospechosos habituales. ¿Y por qué en esta letra? Pues por su director, BrYan Singer, o por sus actores principales, Kevin SpaceY y Gabriel BYrne. O por lo que desvelaré a continuación. El gran robo que se investiga desde el inicio de la trama sería el MacGuffin de la trama, porque ni siquiera es lo relevante, sino la respuesta a “¿quién es KeYser Söze?”.

Uno de los villanos favoritos de mi lista, por cierto. Y como podremos comprobar al final del guion, casi todo en el mismo son “arenques rojos”, pistas para despistarnos: la discapacidad de Spacey, el aspecto físico del temible Keyser, o el nombre que vemos en la taza del inspector de policía: KobaYashi. No deberíamos dar nada por hecho, sino fiarnos de algunas frases que estaban en nuestras narices: “El mayor truco que hizo el diablo fue convencer al mundo de que no existía“. “Y así, (se sopla en los dedos) desaparecer”.

Z. Los Zombis son como un enorme MacGuffin de los que se habla mucho a lo largo de una película, pero luego, lo cierto es que aparecen muy poco tiempo en pantalla. Representan una amenaza del exterior, un peligro latente que aparecerá en cualquier momento y provocan el pánico en los perseguidos. Pese a que se muevan a cámara lenta, como en las primeras películas del género, con George A. Romero a la cabeza (La noche de los muertos vivientes, 1968). Pero en el fondo son películas de personajes encerrados que se enfrentan a sus miedos en una situación extrema en la que saben que posiblemente vayan a morir. Como en Amanecer Zulú, Las cuatro plumas o cualquier versión de El Álamo.

Podría utilizar los Zapatos de cualquier película del fetichista Tarantino para hablar de este objeto como «arma de Chéjov» puesto en mitad de la trama, pero me quedo con la mejor escena de Jojo Rabbit: los Zapatos de Scarlett Johansson. Esos detalles iniciales no podían ser casuales, tenían un objeto.

Y una vez terminado este amplio repaso, voy a dejar aquí esa colección de objetos “molones”, cosas que he visto en películas y que no me importaría tener, aunque solo sea como detalle friki de coleccionista:

Andúril. La espada de Aragorn. Mira que en España tenemos la Tizona y la Colada, o las armas de los conquistadores de América, pero uno se da una vuelta por Toledo y lo que más le sorprende de los escaparates del “acero castellano” son las réplicas de armas de películas, como Andúril de El Señor de los anillos, o la espada de Conan, el Bárbaro.

BMF. Estas tres iniciales están en la cartera de Vincent, el personaje de Samuel L. Jackson en Pulp Fiction. En la traducción española dice: “¿ves una cartera que pone “hijoputa peligroso”? En el original decía Bad Mother Fucker y fue tal la demanda de carteras (que no existían) que una compañía las puso a la venta.

Cazadora de Tyler Durden. El club de la lucha. Pero hay que tener la percha de Brad Pitt para poder llevarla.

Delorean. “Si vas a hacer una máquina del tiempo, hazla con estilo”. Sí, tengo un Delorean en mi lugar de trabajo. Con su condensador de fluzo y todo.

Endor. Bien sea el planeta de El retorno del Jedi o bien, el territorio de El señor de los anillos, que como ya hemos comentado por aquí, tienen varios puntos en común. Pero eso es un lugar y no un objeto, así que como ahora se viene algún otro avión, escojo el Espíritu de San Luis, el avión de Charles Lindbergh en la vida real y en El héroe solitario (Billy Wilder).

F-14 Tomcat, de Top Gun. Pedazo de avión, con sus alas plegables. O de El final de la cuenta atrás. De chaval hice una maqueta de este avión, y de mayor me hice una foto con uno en el hangar del Museo Smithsonian del Aire y el Espacio junto al aeropuerto de Washington. Impresionante.

Gafas de Matrix. ¿No me doy un aire a Neo con ellas?

Helicóptero. Ya sea un Black Hawk, El trueno azul o el que transporta a Forrest Gump y Bubba, pero nada supera a los helicópteros del ejército filipino utilizados con la Cabalgata de las Walkirias a todo meter en Apocalypse Now. Pero a la misma altura, si no a una superior, sitúo el mítico Halcón Milenario.

Isla. ¿Cuál, la del tesoro, la misteriosa, la de los Robinsones de los mares del Sur, la carnívora de La vida de Pi, la del Náufrago Tom Hanks? ¿La repleta de nativas tahitianas de muy buen ver de El motín de la Bounty? Os las regalo todas, yo me quedo con la isla tailandesa de La playa, con sus particulares plantaciones, pero sin tanto pirado suelto.

Johnny B. Goode. Gran descubrimiento de Marty McFly, de nuevo en Regreso al futuro.

Katana de Hatori Hanzo. Como dijimos en su momento, es un objeto que parece adquirir vida propia.

Látigo de Indiana Jones. Tan propia del personaje como la capa para Superman.

Magnum 44. “El mejor revólver del mundo, capaz de volarte los sesos de un tiro…”. Y si Harry el Sucio dice tal cosa, quién soy yo para llevarle la contraria.

Nave de Darth Vader. O la de Matt Damon en Marte, The Martian.

Ñ. BaÑador de Halle Berry en Muere otro día. O el de Ursula Andress en la primera de Agente 007, contra el Doctor No. No hace falta añadir nada.

O. Mmmhhh… ¿la Orgía de Eyes Wide Shut? No, la verdad es que no. Mejor me quedo con varios de los Ovnis que nos ha regalado el cine: el de Encuentros en la tercera fase, el de la familia de E.T. o el impactante desde el punto de vista visual de La Llegada.

Pósters de Cadena Perpetua. No solo porque tapen el túnel de la huida, sino porque el paso de las décadas se aprecia en las mujeres de los pósters: Rita Hayworth, Marilyn Monroe y Raquel Welch.

Q. Help!

Hay Relojes de película que se convirtieron en joyas de coleccionista, como el de Top Gun, el de Michael Douglas en Wall Street o varios de 007, pero creo que ninguno tiene tanta vida como el Reloj de oro de Bruce Willis en Pulp Fiction. O como los cigarrillos Red Apple de su director.

S. Sable Láser de Star Wars. Sinceramente creo que en los inicios de la saga, el propio George Lucas no era consciente de la mística con la que iba a envolver este arma Jedi.

T. Terminator, pero no un T-1000, ni una Terminatrix como la de la tercera parte, ni nada surgido con posterioridad, sino un Schwarzie que envejece e intenta sonreír.

U. Ulifante de El señor de los anillos. Si bien el aspecto estético está muy logrado, decepciona un tanto al ver su utilidad como arma de combate.

V. Podría hablar de la colección de Vello púbico del Marqués de las Marismas en La escopeta nacional de Berlanga, pero molarme, me mola más bien poco, me da algo de asquito, así que me quedaré con el Vehículo espacial de Interstellar.

W. Wall-E. Un robot para recoger y separar la basura. Será imprescindible en un plazo muy breve, seguro.

X. Xenomorfo de Alien. Si has parido una criatura como esta y le has sacado poco partido en la primera parte, en la que el terror o la angustia se genera por su ausencia, nada mejor que una segunda parte poblada de xenomorfos para acogotar a los marines. Aunque casi preferiría tener en casa un X-Wing como el de Luke Skywalker.

Y. Yate. Casi que me vale cualquiera, ya sea el de un villano de peli de James Bond, el de El lobo de Wall Street (Leonardo di Caprio), o el de Sator (Kenneth Branagh) en Tenet. Pero solo el Yate del millonario Osgood ha tenido el privilegio de contar con Marilyn Monroe en su interior (Con faldas y a lo loco).

Z. Las Zapatillas Nike de Marty McFly en Regreso al futuro. El marketing logró que me comprara unas en mi primer viaje a Estados Unidos, allá a finales de los ochenta.

Objetos de culto (III): arenques rojos y guiños frikis

TRAVIS, 11/04/2022

Tras las dos primeras partes, se está quedando una lista de objetos/situaciones bastante completa, una lista que no sé si seré capaz de llevar hasta la Z. Se me ocurren varios MacGuffins que coinciden en la inicial, así como armas de Chéjov, pero me fallan algunas otras, luego dejaré la lista con huecos para que los amables lectores me ayuden a completarla. Podríamos complicar el post con otra herramienta común para los guionistas, el llamado arenque rojo, que no es más que una pista falsa, algo que te distrae del asunto de fondo del guion y lleva la atención a otro punto, pero sin ocultar información al espectador. Como el revólver en la guantera de la mujer de Lester en American Beauty o algunos detalles sobre la dualidad de Tyler Durden en El club de la lucha.

El director y guionista de origen indio M. Night Shyamalan es un artista del arenque rojo, de llevarnos por un lado de la trama y contarnos en el giro final de guion que lo teníamos todo en nuestros caretos y no nos hemos dado cuenta. El sexto sentido y El protegido son únicas en el manejo de esta técnica. Del mismo modo que me congracié con el final de El poder del perro (Jane Campion) tras haberme pasado la primera hora y media bastante aburrido. ¡Lo tenía delante de mí y no lo percibí hasta las últimas escenas! Las pistas falsas o los datos para despistar al espectador son habituales de las novelas de Agatha Christie, y aunque al final se explican y resuelven, son una pequeña trampa que contribuye a que el misterio no se desvele antes de tiempo. No hay que confundir con pequeñas bromas que deja algún «artista» en escena, bien sea el guionista, o bien el director o el encargado del atrezzo. Aquí lo llamaré «guiños frikis».

De todos modos, este post podría ser interminable y algo tedioso si junto MacGuffins, pistolas de Chéjov, arenques rojos y guiños al mismo tiempo, así que voy a limitarme a completar la lista de los primeros y segundos, y añadir en el capítulo IV (y final) una colección de objetos «molones», artilugios, prendas, armas o vehículos que he visto en alguna peli y me han parecido bien chulos, que molan. «Molones».

O. El Oro. Igual que las Joyas, los Lingotes o los Diamantes, el oro es la base de una buena colección de películas basadas en los buscadores del preciado mineral. El jinete pálido, La balada de Buster Scruggs o ese divertidísimo musical que es La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint your Wagon, traducción «casi» literal). El oro es la excusa para una comedia musical con un triángulo amoroso magnífico (Clint Eastwood, Lee Marvin y Jean Seberg), un final apoteósico y trufada de canciones inolvidables. Como Gold Fever, precisamente el MacGuffin que mueve toda la trama.

Una Octavilla a la que luego se le saca partido sería el arma de Chéjov escogido para esta vocal. Un recurso muy socorrido que vemos por ejemplo en Regreso al futuro o en El día de la bestia.

P. No se me ocurría ningún MacGuffin, así que voy a aprovechar esta letra para soltar un guiño muy friki que solo he conocido a través de podcast de gente muy, pero que muy especializada. P de Pino. Concretamente del pino o pinos de Regreso al futuro. ¿Sabéis por qué al inicio de la película el centro comercial se llama Twin Pines Mall y cuando Marty McFly regresa, el nombre ha cambiado al Pino Solitario?

Me encantan estas cosas. Pues porque cuando Marty escapa de los terroristas libios y viaja de 1985 a 1955 se lleva por delante un árbol con el Delorean. Uno de los dos que se encuentra y por eso, cuando regresa a 1985, aquel centro comercial se construyó junto a un pino solitario. ¡Había cambiado el futuro, o el presente, qué sé yo, en aquel viaje al pasado! Este tipo de guiños, de detalles, me parecen excepcionales.

Pero quería utilizar la P para volver a Chéjov y hablar de una de las escenas míticas del cine. En El Padrino, el productor de cine Jack Woltz le explica a Tom Hagen (Robert Duvall) con todo lujo de detalles lo que piensa hacer con el Purasangre que tiene en su cuadra de caballos, que si no lo va a hacer correr, que quiere cuidarlo, que lo utilizará como semental, etc. Y como decía Chéjov, tú no muestras un arma cargada si no vas a utilizarla, y del mismo modo, no das tantas explicaciones sobre un caballo si luego no vas a hacer una escena tan tremenda como la que verás unos minutos después.

Q. Complicado, ¿es Quasimodo el MacGuffin para toda la retorcida trama pergeñada por Víctor Hugo sobre el poder, las clases humildes y la marginación de los diferentes? Porque los personajes principales son el archidiácono Frollo y la gitana Esmeralda, no el chepudo que da nombre a la novela y a sus versiones cinematográficas.

R. Creo que sin ningún género de dudas, el MacGuffin más famoso de la historia es el Rosebud de Ciudadano Kane. Las palabras pronunciadas por Charles Foster Kane en su lecho de muerte dan origen a la búsqueda de su significado por un periodista, que se dedica a recomponer la vida del magnate interpretado por Orson Welles. «El señor Kane fue un hombre que tuvo todo cuanto quiso, y que lo perdió. Tal vez Rosebud fue algo que no pudo conseguir o algo que perdió». La última imagen de la película nos muestra por qué ese tipo que lo tuvo todo se acordaba en el momento de morir de ese objeto tan valioso para él. Las bromas sobre el significado real de «rosebud» para William Randolph Hearst, el millonario en el que se basó la película, sirvieron de aliciente para otras obras como Mank y RKO 281.

He querido juntar la Q y la R para meter mi Chéjov particular y otros detalles de esos que suelen pasar desapercibidos en las películas. Hablo del Queso y de Ratatouille. ¿Por qué al temible crítico Anton Ego le retrotrae a su infancia el plato de Ratatouille que le cocinan en el momento clave de la película? Pues ahí va el truco: porque Ego se crió en la misma casa en la que vivía la rata Remy antes de emigrar a la ciudad. ¿Cómo lo sabemos, qué pistas nos han dejado los guionistas o los dibujantes? Pues algunos detalles en los muebles de la cocina durante la huida de la rata por la ventana, ¡que son los mismos que vemos en la casa del niño Anton Ego cuando su memoria le devuelve a la infancia! La receta le recuerda a su madre porque Remy la ha aprendido de su propia madre, convertida en venerable anciana en las primerasescenas. Es una genialidad que pasa desapercibida (vía Urbanian) por muchas veces que veas la película:

S. De nuevo un MacGuffin en el título: La soga. La Soga que rodea toda la trama de la película/experimento/reto de Alfred Hitchcock no es más que un arma (y no de Chéjov, precisamente) para dar rienda suelta a las fantasías depravadas y supremacistas de dos tipos que malinterpretaron a su profesor, el veterano Rupert Cadell interpretado por James Stewart (El conflicto del secundario). O quizás no lo malinterpretaron, quizás cuando decía que el homicidio “resolvería muchas cosas: el desempleo, la pobreza, las colas para conseguir entradas” estaba hablando en serio. En cualquier caso, La soga es una magnífica película cuyo título español es un poco spoiler. “Ahorcaría a todo incompetente”, continúa Cadell, “¡hay demasiados en el mundo!”.

Podían haber traducido Rope como La cuerda, pero entonces no tendría el significado justiciero de una soga como la de los ahorcados. Mucho mejor título en cualquier caso que el argentino: Festín diabólico. Suena a serie B de zombis.

En cuanto al amigo Chéjov, hay un par de objetos que circulan por cierto bar de Casablanca durante la Segunda Guerra Mundial: los Salvoconductos. No son propiamente un arma de Chéjov, pero sí los documentos que aparecen de modo casual al inicio de la trama y que permiten a Rick redimirse de sus “pecados” al final, o quién sabe, quedarse exactamente donde quería y con quien le apetecía (El celuloide oculto en el armario).

Y un guiño friki, muy friki, que no he sido capaz de comprobar: según parece, en cada plano de El club de la lucha aparece al menos un vaso de Starbucks. Me cuesta creerlo, pero lo he visto ya en varios sitios, y tiene visos de credibilidad, como una crítica más de David Fincher al consumismo de la sociedad.

T. Ponga un Tren en una buena trama y ya tendrá un escenario sin escapatoria, cerrado, en el que todo lo que ocurra tendrá que resolverse en su interior. Asesinato en el Orient Express, Tren al infierno, El expreso de Chicago o La dama del expreso, asesinatos, desapariciones de cadáveres o de pasajeros, y un tiempo límite para resolverlo. Sin embargo, de todas las películas de trenes yo destaco (y con mucho) dos: El maquinista de la General y El tren. Buster Keaton en acción en la primera, y Burt Lancaster con más acción aún en la segunda. Vibrante de principio a fin, un intento desesperado de rescatar el verdadero MacGuffin de la película: los cuadros expoliados por los nazis que viajan en el interior del tren.

Para Chéjov elijo una Tarántula. Si muestras una tarántula en una película ocurrirá como lo que comentábamos de los acuarios: en algún momento tendrá que actuar, no va a quedarse inmóvil en su urna. Solo en casa tenía un guion bien trabajado: todo lo que aparece al inicio de la película tendrá su sentido cuando los ladrones intenten entrar en la casa de la familia de Macaulay Culkin. La tarántula aparecerá en el momento cumbre, justo cuando el mocoso está a punto de ser atrapado.

U. De nuevo Hitchcock, el gran aficionado a los MacGuffin. El Uranio de Encadenados, ¿acaso alguien recuerda que tras la historia entre Ingrid Bergman y Cary Grant, con Claude Rains como espía nazi, había una trama sobre el uranio para fabricar bombas atómicas? Al primero que no le interesaba esa historia era al propio director, y a mí, la verdad, me interesó bien poco toda la película.

Continuará en: Objetos de culto (y IV): objetos molones

Diccionario de chorrading

LESTER, 02/04/2022

A ningún lector habitual de este blog debería extrañarle el post de hoy, puesto que en ocasiones anteriores ya me he reconocido públicamente como poco amigo de los «horryfing palabros» inventados por la modernidad, alguien «too old for this shit», entendiendo por «shit» la manía de vestir con un término normalmente acabado en ing lo que en realidad es una moda forzada en la mayoría de las circunstancias por las condiciones económicas o las modas, y no por un deseo natural. El texto de hoy tiene como objetivo procurarme a mí mismo (y quizás a algunos de mi quinta) una guía de qué quieren decir algunas soplapolleces que a veces leemos o escuchamos. Perdón, no son soplapolleces, son tendencias de vanguardia que no concibe mi mente de «pollavieja». De verdad, discúlpenme.

Coliving: los jóvenes de hoy reciben unos salarios tan bajos que no pueden independizarse o formar lo que era una familia en el sentido tradicional de la misma, así que se juntan con otros colegas para compartir piso como si fueran estudiantes, aunque puedan estar con la treintena bien avanzada. No os preocupéis, podéis ser eternamente jóvenes y encontrar artículos que os hablarán de las bondades del sistema.

Staycation: ¿que este año tampoco te suben el sueldo mientras se disparan todos los gastos de luz, comida, gasolina, alquiler, etc.? No pasa nada, quédate en casa (stay) a disfrutar de las vacaciones (vacation). Pese a que soy un encendido defensor de la lectura, el cine o si me apuran, la soledad, coño, las vacaciones y los viajes son parte fundamental de la vida, pero si se practica el staycation, todo serán ventajas: económicas, emocionales, por comodidad y, cómo no, de sostenibilidad.

Batch cooking: este es uno de mis favoritos, sin duda. Consiste en cocinar los domingos, guardar la comida en tápers o «tapergüers» y sacar uno distinto cada día de la semana, bien sea para llevarlo al trabajo o bien para un almuerzo o cena rápida en casa. Una de las consecuencias de los salarios bajos en los jóvenes ha sido su renuncia a los «menús del día», esas combinaciones contundentes en las que por diez o doce euros te apretabas dos platos, postre, pan, un vino peleón, agua y a veces hasta un café incluido en el pack. Genios de la gastronomía y la economía cuyos negocios están sufriendo por el batch cooking y la dieta sana de la juventud.

Mamá, que sepas que el táper repleto de croquetas se llama a partir de ahora batch cooking.

Trash cooking: el nombre resulta cualquier cosas menos motivante, suena a cocinar algo que rescatas de la basura, si bien el artículo (nuevamente de El País) habla de darle una oportunidad a los restos que tienes en casa. Vamos, lo que nuestras madres ¡y nosotros mismos! llevamos haciendo toda la vida sin sonar tan cool.

Friganismo: ¿os creíais que no existía una palabra para coger comida de la basura? Lo que toda la vida se ha llamado «pobreza» hoy tiene un nombre posmoderno. La palabra en cuestión viene del inglés freeganism, que promueve un estilo de vida anticonsumista, sano y teóricamente vegano, aunque me temo que más por necesidad que por convicción. «Lo de comer directamente de la basura, además de salvar el planeta, tiene varias ventajas». «Rebuscar en la basura no es de pobres, es de mileuristas». Cosas así se pueden encontrar en este elogio de la búsqueda del tesoro entre los desperdicios de un contenedor: dumpster dive, bucear en la basura.

Uno es partidario de conformarse con lo que tiene, pero esto de vivir con colegas hasta los cuarenta, quedarme sin vacaciones y coger comida de la basura no es algo que me motive en exceso. Desde luego que no es fácil plantearse tener hijos con ese panorama, pero también para eso existen palabras.

DINK / DINKY: las parejas DINK son aquellas en las que trabajan ambos, pero no se plantean tener hijos. Double Income, No Kids. Algunos, para mantener su espacio o su libertad, poder viajar sin ataduras o lo que sea, o simplemente porque las circunstancias lo ponen muy difícil. Por su parte, las parejas Dinky son las que se lo plantean, pero no terminan de encontrar el momento: Double Income, No Kids Yet.

Parece que tener niños se ha convertido en una proeza. Habrá que ver qué piensan los padres de nuestra generación, en la que era extraño ver una familia con menos de cuatro chavales. Quizás por eso se han popularizado unos eventos que en su día no tenían nada de extraordinario, como el siguiente:

Baby shower: una baby shower es una fiesta para celebrar que la llegada del bebé es inminente y suele celebrarse a partir de los siete meses de embarazo. Nunca he estado en ninguna, ni me apetece lo más mínimo porque me imagino que será una fiesta muy «cuqui», llena de regalos con lazos, colores rosas y azules en chaquetitas o bodis infantiles, jabones y olor a Nenuco. Los norteamericanos son muy aparatosos para todo, pero aquí somos más supersticiosos o de «no vender la piel del oso antes de haberlo cazado», que adaptado a esta caso sería algo así como «no regalar colonias de bebé antes de que el alien haya emergido».

La mayoría de estas palabras nos llega por modas guiris. Igual que importamos Halloween, Papá Noel, el Black Friday o llamamos hiking al senderismo, running al footing, que en realidad era «salir a correr», bullying al acoso que practican los hijoputas en el colegio o casual Friday a quitarse la corbata los viernes, la tecnología nos está trayendo nuevos inventos lingüísticos.

FOMO: Fear Of Missing Out. En este mundo de las redes sociales, la sobreinformación, la necesidad de reconocimiento y la sobreexposición, el síndrome del FOMO es el miedo a perderse algo, como una experiencia maravillosa que otros están disfrutando, ya sea un concierto, una fiesta o el último vídeo de moda. Pero lo preocupante del FOMO es el temor que crea sobre todo en los jóvenes a no recibir el reconocimiento por la vida que uno vive (la dictadura de los likes), o la angustia que les genera creer que no disfrutan una vida tan «plena» como la de sus amigos. El FOMO está muy relacionado con la frustración de la juventud. La aceptación o no aceptación del grupo, lo que ha pasado toda la vida, pero ahora aumentado por el uso abusivo de los móviles y las redes.

Nomofobia: es el miedo a salir de casa sin el móvil. O a quedarse sin batería o sin cobertura. O a no tener datos y buscar como un poseso una wifi disponible con desesperación, que todos lo hemos visto alguna vez en nuestros hijos. La palabra no está reconocida todavía por la RAE, pero llegará en breve. Viene del inglés nomophobia: no, mo por mobile phone y phobia, el miedo o aversión a algo. Los que tuvimos nuestro primer móvil cerca de la treintena agradecemos esos momentos ocasionales sin el móvil, esos días en los que levantas la cabeza de la puñetera pantallita y te das cuenta de la belleza que puede haber en el entorno.

Phubbing: se llama mala educación, sin más. Consiste en usar el teléfono móvil (phone) delante de alguien que te está hablando, o en una comida o cena con más gente, lo que supone una forma de desprecio (snubbing), mala educación y falta de respeto acojonante. Se solucionaría con un bofetón a mano abierta, o mejor, llamémoslo openhanding.

Como vemos, la falta de recursos económicos y la tecnología están creando nuevos vocablos en los últimos tiempos, pero si hablamos de inventarnos el lenguaje, de pervertirlo con finalidades «orwellianas», ningún sector ha parido tantos palabros como el del feminismo/machismo progre actual. Ya no hablo de heteropatriarcados, despatologizaciones, adres, personas gestantes o violaciones inversas, sino de otros debates que me dejan boquiabierto. ¿Qué es micromachismo? ¿Y yo me lo pregunto? ¡Micromachismo soy yo!

Mansplaining: el término es una mezcla de hombre (man) y dar explicaciones (explaining), algo insoportable, como podrán comprender, y que rezuma machismo por todos los poros, ya sea tu padre, un amigo que da una opinión, o tu marido, ese ser que por el hecho de haber nacido con un sexo concreto ya es machista, posesivo, dominador y un violador en potencia. El mansplaining tiene una palabra española mucho más bonita, que sí puede estar relacionado con una forma de machismo: condescendencia. La que muestran algunos hombres con las mujeres por la supuesta superioridad intelectual o moral que manifiestan o creen tener. No es casual que todos estos términos se propaguen en el diario oficial de la autoproclamada progresía.

Manspreading: en una definición extraída, «es el nombre que recibe la costumbre de muchos hombres de sentarse con las piernas bien abiertas, ocupando más espacio, casi como si estuvieran marcando su territorio». Que una cosa es ir «espatarrao» en el Metro, lo cual es de muy mala educación, y otra muy diferente es montarse unas pajas mentales sobre el ansia «machirula» de mostrar la dominación del espacio, la autoafirmación de los atributos masculinos y el ofrecimiento del género a las hembras cercanas.

No exagero, he leído teorías detalladas sobre esto hasta el punto de que, en mi afán constante por no molestar a nadie, cada vez que me siento en un sitio público me parezco a Sheldon Cooper.

Cada día se me hace más complicado todo. Lo reconozco, estoy mayor, lo he dicho desde el inicio de este post, pero es que algunos debates me superan: 

La belleza, la amabilidad, la cordura, la educación, la sensibilidad, la risa… son nombres femeninos. El caos, el hartazgo, el agobio, el suicidio, el homicidio, el estupro, el bofetón… son palabras masculinas. Pero esto sería entrar en uno de los debates más gilipollescos que se me ocurren, ¿»el mundo fálico, de violencia»???? Datacutting para ellos, que me acabo de inventar. O cortarles los datos para que no expandan su diccionario de chorrading.

Objetos de culto (II): las armas de Chéjov

TRAVIS, 26/03/2022

(Continuación de la primera parte, iniciada con los MacGuffins)

H. Para esta letra muda, un MacGuffin en el que se habla mucho y que figura en el propio título de la película: El Halcón Maltés. Se supone que se trata de una pieza de incalculable valor arqueológico, pero lo cierto es que la misma importa más bien poco a lo largo de todo el metraje. No es más que un elemento para una trama compleja de cine negro clásico, con un Humphrey Bogart sentando cátedra sobre lo que es un detective del género, con todos los clichés habituales en su atinada interpretación del mismísimo Philip Marlowe. Este MacGuffin se emplea de modo habitual en cursos de guion porque el propio Marlowe resta importancia al objeto, al MacGuffin, la excusa, la soplagaitez que ha tenido a los personajes en vilo, cuando hacia el final de la película y nada más cerrarse la trama, le preguntan:

– ¿Qué pájaro es ese halcón que todo el mundo quiere apoderarse de él? ¿De qué está hecho?

Y Bogart/Marlowe contesta:

– Del material con el que se forjan los sueños.

Que es como decir “y qué más dará, te has pasado hora y media siguiendo mis andanzas, qué importará esta figura fea como el demonio».

I. No es un MacGuffin, sino una broma que utilizó Robert Zemeckis para dar más trascendencia a la vida de su personaje más famoso: Forrest Gump, la historia de ese chaval aparentemente limitado que logra triunfar en la vida. Y lo hace de tal modo que visita hasta tres veces la Casa Blanca para recibir el reconocimiento de tres presidentes de Estados Unidos y la Insignia que le distingue por sus méritos:

  • John Fitzgerald Kennedy lo condecora por ser uno de los mejores jugadores jóvenes de fútbol del país.
  • Lyndon B. Johnson le entrega el distintivo de héroe de guerra tras su herida en Vietnam «en el pompis».
  • Richard Nixon lo felicita por su éxito en un campeonato de tenis de mesa en China y lo invita a alojarse en un hotel cercano al edificio Watergate. Vaya ojo.

Las insignias o las visitas a la Casa Blanca son parte fundamental de las bromas de la película sobre la decisiva participación de Forrest en la historia americana, como la inversión en Apple, las camisetas con el Smiley o los movimientos de cadera de Elvis Presley.

J. Las Joyas son un MacGuffin en cualquier película de robos, como en la D de Diamantes o en la L de Lingotes, pero ahora quiero hablar de otra herramienta propia de los guionistas: el arma de Chéjov. En una carta que el escritor ruso Antón Chéjov remitió a su amigo Aleksandr Lazarev a finales del siglo XIX, le explicó su teoría sobre qué tipo de elementos debían figurar en un relato:

“Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería ser puesto ahí”.

Hay que eliminar lo superfluo, lo que no aporte o no se vaya a utilizar en la historia, y se puede observar este “arma de Chéjov” con mayor frecuencia en los guiones que en las novelas, en muchas de las cuales abundan los elementos, incluso capítulos enteros, que aportan poco a la trama. Si en una película aparece un acuario enorme, descuida, que está ahí para ser reventado. Recuerdo acuarios saltando en pedazos en Misión imposible, Arma Letal 2, Octopussy, Gigoló o Eraser, y seguro que hay muchos más. Si en otra película te explican el valor de un Jarrón de la dinastía Ming que un milloneti tiene en su salón, descuida que ese jarrón va a acabar destrozado, como en la comedia francesa Jour J, aquí traducida como La wedding planner, extraña traducción al inglés del francés. La escena se mantiene en su versión española Hasta que la boda nos separe. Es como el cristal que dos operarios transportan por las calles de San Francisco en What’s up, Doc? (¿Qué me pasa, Doctor?) durante la escena de la persecución. Aunque la escena dure dos minutos y parezca que han salvado la integridad del mismo, todos sabemos cómo va a acabar, lo que ignoramos es el cómo:

Como ya vamos por esta letra, actualizo la lista con algunos ejemplos de «pistolas de Chéjov», o «rifles de Chéjov», que según la fuente consultada puede ser una u otra:

A. El Acuario mencionado, pero también las Aspirinas que se compra John MacClane en La jungla 3, puesto que le darán la clave para atrapar al malvado que interpreta Jeremy Irons.

B. Bolígrafo de la senadora que Hannibal Lecter observa en El silencio de los corderos. Está ahí para que el psicópata gourmet pueda escaparse, aunque su obtención sea una trampa que los guionistas no debían haber permitido jamás. Ni el director.

C. El susodicho Cristal de What´s up, Doc?

D. Otra saga que deja varias armas de Chéjov sembradas por el camino es El señor de los anillos, que aparecerá varias veces en este listado. Dardo es el nombre de la Daga que recibe Hobbit de su tío Bilbo, una daga que se ilumina cuando hay orcos cerca, como veremos varias veces a lo largo de la trilogía.

E. El Exoesqueleto que utiliza la teniente Ripley al principio de Aliens. Esa escena está ahí, metida aparentemente con calzador, para que tenga sentido en la pelea final.

F. A veces una Frase es ese arma de Chéjov, funciona a modo de advertencia o premonición. ¿Por qué tanta insistencia en la diseñadora de trajes de superhéroes de Los increíbles acerca de los problemas de llevar capa? Pues por lo que ocurrirá al final con Síndrome. Los guiones de Pixar no suelen dejar nada al azar.

G. Cualquiera de los Gadgets que Q enseña a James Bond. Ya puede ser un boli, un reloj o un botón en el coche, da lo mismo: el artilugio será utilizado en el momento más chungo de 007.

H. Otra película que está repleta de pistas, de «armas de Chéjov» que serán utilizadas más adelante es Regreso al futuro. La Hoja en la que Marty apunta el teléfono de su novia es en realidad una octavilla sobre una campaña para restaurar el reloj del edificio del juzgado de Hill Valley, paralizado por un rayo. Y precisamente un rayo será lo que necesite en su visita a 1955 cuando trate de volver al presente.

I. En la tercera entrega de Regreso al futuro, Marty contempla una escena de Clint Eastwood en Por un puñado de dólares. Nada es casual, por supuesto, y las Imágenes escogidas por Zemeckis tampoco, puesto que Marty utilizará el mismo truco de Eastwood en su duelo de revólver con el malvado Buford Tannen.

J. Los Jarrones de película. Es un placer verlos hechos pedazos, y mayor es el placer cuanto mayor es el valor.

Bien, y una vez al día con estos mecanismos de guion (en la tercera parte incorporaré otro), simultanearé MacGuffins y Armas de Chéjov.

K. El gorila gigante de King Kong no es propiamente un MacGuffin, pero en ocasiones lo parece, sobre todo si tenemos en cuenta que tarda más de media hora de metraje en aparecer en escena. El gorila es una excusa para hablar de muchas otras cosas: de la desesperación de algunas personas tras la crisis de 1929, de la ambición de determinados hombres de negocios, de su falta de escrúpulos, y sobre todo, es una actualización de la leyenda de la bella y la bestia. De hecho, en cada nueva versión (De Laurentiis en 1976 y Peter Jackson en 2005) ha aumentado la importancia del gorila en detrimento del resto de historias, y con ello la película ha salido perdiendo. Por cierto, no podía dejar de poner este chiste aquí:

Chéjov hablaba de armas que cuelgan de la pared, y ese excepcional guionista que es Quentin Tarantino dejó otra mítica, también sobre la pared y lista para ser descolgada: la Katana de Hatori Hanzo. La primera vez que aparece la katana en las obras de Tarantino es en Pulp Fiction, pero su fascinación por el cine oriental de samuráis hizo que le diera un papel casi protagonista en Kill Bill.

L. Igual que las joyas o los diamantes, los Lingotes de oro son otro MacGuffin muy socorrido para las películas de robos. Los violentos de Kelly emplean la excusa de ese cargamento para una divertida comedia bélica en plena Segunda Guerra Mundial. Y los lingotes de la Reserva Federal norteamericana son el MacGuffin tras el caos que siembran los terroristas en La Jungla 3, o el objeto de deseo de los ladrones en The Italian Job. Minutos y minutos de persecuciones en los que los lingotes apenas ocupan unos pocos segundos.

Y si Galadriel le da a Frodo un frasco con «la Luz de Eärendil«, no hay que ser un experto en guiones para saber que tendrá que utilizarla en algún momento de su periplo, en este caso, en la cueva de Ella-Laraña.

M. Un Maletín. Da igual el contenido, no tenemos ni por qué verlo. O un Microfilm. Dará igual la información que albergue. Son los MacGuffins por excelencia, objetos portadores de algo muy valioso por lo que todos los personajes de la trama están dispuestos a asesinar:

– El de Marsellus Wallace en Pulp Fiction, que despertó varias teorías imaginativas acerca de si contenía el alma del propio Marsellus porque se abría con la combinación 666.

– El que persigue el personaje de Bardem en No es país para viejos, una excusa para ir cepillándose gente por el camino.

– El maletín que agentes rusos y un grupo de mercenarios persiguen en Ronin, una de las últimas películas de ese artista de las persecuciones que era John Frankenheimer. Parece que contiene un arma secreta, pero no se llega a saber en ningún momento, ni nos importa.

Vuelvo a Chéjov y a El señor de los anillos para dejar otro elemento que recibe Frodo en algún momento de su viaje: Mithril, la armadura que le protegerá de las peores heridas, como la que está a punto de provocarle un troll en las cuevas de Moria. Como puede comprobarse, todo lo que recibe Frodo será utilizado en algún momento, que a veces parece que lleva la bolsa más cargada que el bolsillo de Doraemon. Aunque para buen uso de un elemento que aparece al principio de la película, el Martillo de gemas aparentemente inocente que utilizará Andy Dufresne para su huida en Cadena Perpetua.

N. Si me atengo a la visión de Hitchcock acerca de los MacGuffins como simple excusa para iniciar una epopeya, pocos ejemplos mejores que el de una de mis novelas favoritas de la adolescencia: Miguel Strogoff, de Julio Verne, que además ha tenido varias versiones cinematográficas. El correo del zar tiene que recorrer casi 5.000 kilómetros, de Moscú a Irkutsk, portando una Nota secreta del zar para su hermano. Que digo yo que después de varios meses de recorrido, el contenido del mensaje no sería tan importante, pero el hermano la recibe, la lee y por arte de magia la guerra con los tártaros da un vuelco. Algo parecido ocurre con otra Nota, la que dos soldados deben entregar tras atravesar las filas enemigas en 1917. La resolución es simple en comparación con todo lo vivido por los protagonistas: se entrega la nota, se lee y el coronel paraliza el ataque.

Por su parte, como arma de Chéjov me vienen a la mente todas esas películas en las que los protagonistas están viendo un Noticiario, o lo escuchan de fondo en las noticias. Oye, qué puñetera casualidad que lo que cuentan siempre está relacionado con el que lo escucha: Clint Eastwood en Poder absoluto o Álex Angulo en El día de la bestia, pero mi selección para la N volverá a ser Regreso al futuro. Gracias a que Marty escucha en «el presente» que Goldie Wilson se presenta a la reelección como alcalde, podrá utilizarlo en «el pasado» cuando conozca al Goldie Wilson veinteañero como camarero.

Ñ. … puño, muñeco (Chucky), muñeca (Tamaño natural, de Berlanga), caña, mañana,… coño, no se me ocurre nada. Es un buen momento para dejarlo aquí, llevamos una buena lista.

(Continuará…)

Objetos de culto (I): MacGuffins

TRAVIS, 21/03/2022

El director británico Alfred Hitchcock explicaba en el libro El cine según Hitchcock (surgido de largas horas de conversaciones con François Truffaut) una idea que luego utilizó en muchas de sus películas: el MacGuffin. Cuenta la conocida historia de dos tipos que coinciden en un compartimento de tren y uno le pregunta al otro sobre el contenido de la maleta que tiene sobre su cabeza:

– Ah, es mi MacGuffin.

El otro individuo le mira extrañado y pregunta:

– ¿Y qué es un MacGuffin?

– Un aparato para cazar leones en las Highlands escocesas.

El primer individuo sigue sin salir de su asombro, y le inquiere nuevamente:

– ¡Pero si no hay leones en las Highlands escocesas!

– Entonces, evidentemente, no es un MacGuffin.

Con esta anécdota, Hitchcock trataba de explicar lo que para él suponía el cine: lo de menos es la anécdota que da lugar a la acción, lo importante era la propia acción. «No me importa el tema, no me importa la interpretación; lo que me importa son los pedazos de película y la fotografía, y la banda sonora, y todos los ingredientes técnicos que hacen que la gente grite». Lo aplicaba a rajatabla en muchas de sus películas, hasta el punto de que seguíamos la acción enganchados a la misma cuando cualquier análisis racional del argumento desmontaba la trama: Vértigo no se sostendría tras una autopsia del cadáver, las gafas de Extraños en un tren jamás habrían estado allí, Con la muerte en los talones se sustenta en escenas totalmente gratuitas, el colmo de las cuales es la de la avioneta, Los pájaros

El recurso del MacGuffin ha sido utilizado en numerosas películas y la mayoría de las veces es un objeto que hace que todos los personajes y toda la trama giren en torno al mismo, aunque el objeto en cuestión nos resulte totalmente irrelevante. Voy a utilizar la idea del Rosco alfabético de Pasapalabra para hablar de algunos de esos objetos de culto. No todos serán MacGuffin, e incluso algunos de ellos aparecen en listas de MacGuffins famosos, pero sí son objetos que para mí tienen un especial significado en las películas que aparecen.

A. Podría acudir a dos objetos de tal importancia que incluso aparecen en el título, En busca del arca perdida y El señor de los anillos, pero optaré por un tercero. El arca de la Alianza es la excusa para la que quizás sea mi película de aventuras preferida. La desea Hitler, la buscan los americanos, es abierta por un arqueólogo francés y se guarda en un almacén de objetos que no se abrirán jamás. Nos da igual, lo que nos encanta es ver a Indiana Jones tratando de hacerse con ella. Del mismo modo que el celebérrimo anillo de poder, «un anillo para gobernarlos a todos», no es más que el motor de esa historia universal que es el viaje del héroe, con sus doce pasos, protagonizado en esta ocasión por un grupo de hobbits.

Pero para la A elijo la Alfombra meada por unos mafiosos en El Gran Lebowski, la locura filmada por los hermanos Coen en 1998. El error de los mafiosos al equivocarse de Lebowski es el punto de partida y continuación de la trama. The Dude, el Notas en la versión española, solicita ser compensado por el Lebowski millonario y de sus acciones posteriores surge toda la trama. «¿Le gusta el sexo, señor Lebowski? El sexo, el coito, el acto físico del amor». «Yo le estaba hablando de mi alfombra».

B. Podría ser la Bolsa de American Beauty. No es un MacGuffin, pero sí el momento poético por excelencia de una película con escenas oníricas de lo más-turbador. La excusa que desencadena toda la acción irrefrenable de La jungla de cristal es la que provocan los bonos al portador guardados en la caja fuerte del edificio Nakatomi Plaza. Todo lo demás, el secuestro, la rebeldía de John McClane, la estupidez del FBI y la policía de Los Angeles, el sensacionalismo rastrero del periodista, el matrimonio a punto de quebrarse de John y Holly, todo ello es una trama vertiginosa en la que lo menos importa es lo que se roba. ¿De verdad alguien recuerda lo que se robaba en la peli?

Pero sin duda alguna, el MacGuffin que elijo para la B es la Bicicleta de Antonio Ricci (Lamberto Maggiorani) en Ladrón de Bicicletas (1948), la obra maestra de Vittorio de Sica. La bicicleta robada que es mucho más que un medio de transporte para el desgraciado personaje de Antonio, es la herramienta que le permitía ganarse la vida y llevar un bocado a casa en aquella Italia hambrienta de la posguerra. La desesperación por la falta de ayuda, el agobio por el robo y la angustia al ver que no podrá llevar nada a su familia esa noche, todo eso se condensa en la bicicleta perdida. Es tal la desesperación que siente, que Antonio trata de robar otra bici y con ese intento de delito comprende que no solo ha perdido la bici, el sustento o el medio para ganarse la vida, sino también su dignidad.

C. En ocasiones leo artículos que hablan de MacGuffins que, al menos para mí, no lo son. Como la caja que un chino enseña a Catherine Deneuve en Belle de Jour, la retorcida película de Luis Buñuel sobre una mujer adinerada que decide ejercer la prostitución por curiosidad, placer o masoquismo, una mezcla de todo. Nunca vemos el contenido de la caja, pero sí escuchamos un sonido como de un insecto, lo que ha dado lugar a todo tipo de conjeturas cinéfilas que me interesan más bien poco. No creo que sea un MacGuffin porque no es un objeto que haga avanzar la historia, ni alrededor de la cual se muevan las voluntades de los personajes. Es una idea perversa más de Buñuel, tan acorde con la trama que a mí me da por pensar hasta en la formicofilia (atracción sexual de algunas personas por los insectos).

Que sí, que puede dar lugar a muchos debates y a que algunos críticos se monten una película absurda alrededor del contenido de la caja, «el cofre del tesoro del deseo», «nuestro subconsciente o inconsciente, lo que queramos», en palabras de Jean-Claude Carrière, guionista de la película, pero que es una jugada buñueliana sin más, de las que no pueden ser explicadas porque no necesitan serlo. Como yo soy más aficionado a otro tipo de cine y ya que hablamos de cajas, para mí la caja más famosa de la historia del cine (de la que tampoco vemos su contenido) es la que aparece al final de Seven, una de las obras maestras de David Fincher. Eso sí que es tener humor retorcido y desde luego, con cabeza.

D. Los Diamantes de Reservoir dogs. ¿Acaso alguien recuerda que la ópera prima de Quentin Tarantino trataba sobre el robo de unos diamantes? Como el propio Hitchcock explicaba sobre los MacGuffins: «En las historias de bribones siempre es un collar y en las de espías, los documentos”. Es decir, todo aquello por cuya obtención merece la pena dejarse la vida o llevarse por delante la de otros. Algunas películas de robos dan demasiadas explicaciones sobre el objeto de deseo de los atracadores (Ocean’s Twelve, Ocean’s 8, Un plan brillante, por ejemplo), cuando lo que realmente queremos ver es el plan perfecto de los atracadores para salirse con la suya, porque esa es otra máxima de las películas de atracos: siempre queremos que ganen los ladrones. Un golpe maestro, El golpe, Plan oculto, The Italian Job, Un golpe con estilo, Ahora me ves, El gran golpe… Curioso comprobar la imaginación de los tituladores con la palabra «golpe».

E. La Estrella de la Muerte, o más concretamente, los planos de la Estrella de la Muerte, la mortífera arma creada por el Imperio para dominar la galaxia, o cientos de galaxias en un universo muy, muy lejano. La trilogía inicial de Star Wars comienza con la princesa Leia huyendo de Darth Vader y sus secuaces tras robar los planos de la Estrella de la Muerte. MacGuffin hitchcockiano de manual. El robot en el que los aloja (en aquellos tiempos en los que no había pendrives del tamaño de una uña) es R2-D2, y de ahí surgirá todo lo demás: el encuentro con Luke y Obi-Wan Kenobi, el mensaje, la necesidad de contratar a Han Solo, la historia de los Jedi y los Rebeldes de la República… Todo por los planos, también en El retorno del Jedi y en esa réplica muchos años después que sería El despertar de la Fuerza. Los planos de la Estrella de la Muerte tenían tal entidad para que toda la acción girara alrededor de su obtención que la hazaña tuvo incluso su propia película con un elenco completo de nuevos personajes en interesantísimos planetas: Rogue One. Algo así como un episodio tres y medio, o tres ochenta, que nos lleva al momento anterior a la persecución de las tropas de Vader a la nave de Leia.

F. Ya que este post va dedicado a Alfred Hitchcock, una Frase constituye uno de sus MacGuffins más famosos: la que un moribundo pronuncia al inicio de 39 escalones. Esa frase da comienzo a una historia inverosímil de espías y huidas con un desenlace no menos creíble (y para mí, algo flojo). En ocasiones no merece la pena desvelar qué había detrás del MacGuffin. Los 39 escalones no son una organización de contraespionaje, ni un rebuscado plan de invasión, sino una información almacenada en la cabeza de Mister Memory sobre un sistema para silenciar el motor de los aviones de guerra. Ya. Y pensaba contar el funcionamiento de memoria, con palabras. Muy bien, Sir Alfred, como ejemplo de vaciedad supeditada a la acción es perfecto.

G. En ocasiones los guionistas escriben sobre la propia dificultad de escribir, sobre el miedo al folio en blanco o la incapacidad para plasmar en negro sobre blanco una buena historia que anida en algún lugar de la cabeza. El propio Guion dentro del guion de la película se convierte en el MacGuffin. Como el guion que Barton Fink no logra escribir ni terminar nunca en la película de los hermanos Coen del mismo título. O como el guion que fuerza a escribir en Cautivos del mal un productor medio psicópata interpretado por Kirk Douglas. Aunque ningún guion consigue una historia tan brillante como el que la estrella retirada Norma Desmond (Gloria Swanson) encarga al arribista Joe Gillis (William Holden) en Sunset Boulevard. El crepúsculo de los dioses, otra obra maestra de Billy Wilder.

Para la selección de esta primera parte del post me quedaré con el guion que John Cusack escribe a medias con el matón mafioso Chazz Palminteri en Balas sobre Broadway, de Woody Allen. El giro de guion que le da el mafioso a la historia, a lo que convierte en «su historia», es el mismo que nos da Woody Allen a los espectadores y nos transforma por completo una historia de gángsters en una comedia de egos, romance y despecho.

(Continuará…)

Las rayas del VAR

BARNEY, 14/03/22

Sospecho que somos muchos los madridistas a los que aún nos dura el subidón por lo vivido durante la última media hora del Real Madrid-Paris Saint Germain de octavos de Champions, ese repaso monumental que compensó los 150 minutos anteriores de dominio total del filial europeo del estado de Catar. Cualquier análisis racional de lo acontecido parecerá corto, carente de argumentos suficientes para explicar el punto de locura que sucedió al primer gol de Karim Benzema, y sin embargo, uno de esos análisis fue el que hicimos muchos espectadores: «en LaLiga española la remontada no habría sido posible». No solo porque los árbitros habrían pitado falta de Karim a Donnarumma, que posiblemente lo era (carga con el hombro, fuera del área pequeña, pero…), sino porque desde el VAR se habrían trazado las líneas del fuera de juego de tal manera que habrían anulado el segundo gol por posición ilegal del francés.

Es así de triste. El VAR, o más bien la perversión del uso que se hace del VAR, me han privado del momento eufórico de las celebraciones de los goles. Cada vez que marca el Madrid en la Liga española tardo cerca de un minuto en poder celebrarlo, porque siempre pienso que va a ser anulado. Una pena, ya no doy un bote del sofá, o no lo canto en el bar con los amigos, porque siempre toca esperar a la confirmación. Benzema estaba en posición legal por los pelos, como pudo verse en la imagen chequeada por el VAR, pero también en la mostrada por Nacho Tellado, la referencia válida en la que me fijo.

El sábado anterior al partido de Champions, al Real Madrid le anularon dos goles frente a la Real Sociedad en el partido de Liga. Ambos por fuera de juego milimétrico, y que conste que puede que estuvieran bien anulados (el segundo parece claro), no me quejo de eso, sino de la manera de tirar las líneas en las imágenes de VAR que nos muestran en las pantallas. En el primer gol parece que Benzema está en línea con el defensa, o ligerísimamente adelantado:

Pero es que el segundo, siendo claro, está pintado con «los renglones torcidos del VAR», como, se aprecia en una ampliación de la imagen mostrada. Una broma en una Liga que presume de ser «la mejor del mundo». ¿Por qué será que nadie se cree el eslógan, por qué Movistar está perdiendo adeptos cada semana?

Dejando a un lado la mala calidad de las imágenes mostradas (ni alta definición, ni nitidez), el momento seleccionado para la imagen del VAR es clave, como ya expliqué en El principio de incertidumbre de Heisenberg, principio de certidumbre del VAR. En un segundo hay por lo general 50 tomas, 50 frames, es decir, que cada frame supone dos centésimas de segundo, tiempo en el que un jugador se puede desplazar unos 13 centímetros (estudio del diario The Mail en la Premier):

¿Por qué será que en las jugadas del Madrid en España el balón sale siempre deformado? Como en el fuera de juego de Rodrygo, o como en el de Mariano en Getafe, que nos supuso dos puntos menos en un campeonato que se decidió por la mínima:

Ese balón había salido ya del pie de MIlitao y por tanto el frame seleccionado es erróneo, como no me canso de repetir. Fue lamentable. Vuelvo a usar el sistema de Nacho Tellado:

Si hubiera sido el único caso podría haber pensado que es un error, pero lo cierto es que el frame erróneo en los partidos del Madrid suele ser la norma. En el último partido de la temporada pasada, frente al Villarreal, se seleccionó esta toma para anular el gol de Benzema:

El balón está otra vez deformado, ha salido ya de la bota del pasador, cuando la norma dice que el momento es el primer contacto. En el partido que pudo decidir el campeonato, el disputado frente al Sevilla, todos nos quedamos con el penalti a Benzema convertido en penalti a favor del Sevilla tras la mano de Militao (aquí lo de los rebotes en el propio cuerpo parece que no se aplicaba), pero es que en el primer minuto de partido hubo un gol anulado a Benzema por un fuera de juego de Odriozola bastante sospechoso. «Sospechoso» porque se decidió en menos de treinta segundos, y sospechoso por las imágenes mostradas:

Fijaos en la raya de banda, tan manipulada que pasa por entre las piernas del árbitro asistente. Pero es que además, si ampliamos la imagen, la pierna de Odriozola (y la bota) parece estirada de una manera artificial:

¿Se manipulan las imágenes del VAR en LaLiga española? Suena un poco heavy decirlo, pero sí afirmo con rotundidad que se elige siempre el frame menos favorable al Real Madrid. Por ejemplo, y para que no haya dudas sobre mis quejas, en el reciente partido Rayo Vallecano-Real Madrid se anuló correctamente un gol a Casemiro. Si no fue fuera de juego, se ayudó con el brazo, luego no discuto la validez del mismo, sino la imagen escogida:

¡Si en esa imagen no se ve el pie de Casemiro! ¿Cómo pueden decir que es fuera de juego y situar ahí la posición si no se ve la ubicación exacta, cómo coño tiran las rayas? Si me dicen que se anuló por mano lo acepto, pero dijeron que fue por fuera de juego. Nuevamente Nacho Tellado puso un poco de cordura y se cuestionaba la toma seleccionada, fácil de mejorar cuando en un campo de Primera hay decenas de cámaras para elegir el mejor tiro:

El VAR en España es un problema muy gordo porque atufa por todos los lados. Es más, hay desconocimiento incluso del Reglamento, como en el fuera de juego señalado a Budimir recientemente en un Granada-Osasuna. ¡Se tiró la raya con el brazo del delantero!

O el año pasado, cuando en un gol del Atleti la línea se tiró desde la punta de la bota de Marcos Llorente, y no desde el balón, que es lo que marca el fuera de juego cuando se trata de saber si el jugador está por delante o por detrás del mismo:

Con esta imagen mostrada, el gol debería haber sido anulado, pero es que así de ridículos son los que manejan el cotarro. Los errores en España son tan graves que dan lugar a situaciones como la ocurrida recientemente en el partido de Copa del Rey entre el Betis y la Real Sociedad, cuando se anuló un gol por fuera de juego de Oyarzábal y en la imagen mostrada en televisión no aparecía en posición incorrecta (observad la distorsión del balón en la primera imagen):

Las protestas realistas, la incredulidad del aficionado o la mala imagen del sistema hicieron que la empresa que gestiona el VAR, Hawk-Eye, publicara un comunicado en el que reconocían su error:

Todo esto sería una broma de mal gusto si los errores se repartieran de modo equitativo, pero es que da la sensación de que no es así, sino que todo forma parte de un sistema, de un «Tinglao» en el que se manipulan las imágenes para favorecer a unos o perjudicar a otros en función de no se sabe bien qué intereses (¿o sí se saben?). Por ejemplo, meter al Barça en Champions. O aún diría más, meterlo en la segunda posición para que vaya a la Supercopa de Arabia Saudí el año que viene. Ahora mismo irían Real Madrid, Sevilla y los finalistas de Copa, Valencia y Betis, un escenario poco glamuroso para los árabes que se han dejado un pastizal en el torneo y ahora ven que Barça y Atleti pueden quedarse fuera.

En el reciente partido Valencia-Barcelona hubo un gol de Aubameyang en el que parecía beneficiarse de una posición adelantada:

Sin embargo, la toma oficial del VAR indicó que la posición era correcta:

Insisto en la manipulación de las imágenes, observad la línea de portería, ¡es doble! Está retocada o alterada, pero es que además, ¿es esta la mejor toma para dilucidar la posición del delantero blaugrana? Nuevamente recurro a Nacho Tellado:

Es fuera de juego claro, como parecía desde la primera toma. Las rayas de VAR de Nacho Tellado son finas, las oficiales se tiran con brocha. El balón distorsionado, es decir, insisto, cuando ya ha salido, se aplica según para quién:

Las posiciones ligeramente adelantadas son validadas tras la revisión, aunque con el rotring y el tiralíneas ocurra lo contrario, como, en estos dos goles del Barça ante el Betis y el Elche:

Llamo la atención de nuevo sobre el ángulo de cámara: si en estas tomas se puede buscar una toma perpendicular a la acción, ¿por qué nos suelen ofrecer una toma con 45 grados de desviación? Pues solo me cabe una explicación posible: la manipulación. PreVARicar, recordad su significado.

En la Supercopa de Arabia de 2020 me llamó la atención precisamente eso, que se elegía siempre la toma más adecuada y de ese modo se anuló un gol al Barça que a mí sinceramente me costaba verlo:

Sin embargo, vuelves a la competición en España y te encuentras que no hay manera de saber si Mendy estaba o no en fuera de juego en el enésimo atraco perpetrado en el Camp Nou, el gol anulado a Bale. No hay toma lateral, no hay momento del golpeo, es una chapuza infecta que apesta por todos lados:

El patrón es obvio y casi siempre en la misma dirección: favorecer al Barça esta temporada. O al Atleti la pasada:

Esta temporada hemos llegado a ver cómo se cambiaba una imagen por otra para convertir en fuera de juego lo que tenía que haber supuesto la expulsión de Araújo contra el Elche:

Tratar de convencernos de que el jugador del Elche está en posición irregular es tan absurdo como intentarlo con las manos de la semana pasada entre los mismos equipos: la del defensor ilicitano sí fue considerada penalti, la de Jordi Alba no.

Y así con todo, en un patrón que se repite con frecuencia, en especial desde que el Barça es dirigido por Xavi Hernández: hay que meterlos arriba como sea. Con penaltis como el pitado contra el Espanyol, con manos que desaparecen (el Barça sigue siendo el único equipo sin penaltis señalados en contra) o con fueras de juego como los aquí mostrados.

En este blog ya dije mucho antes de que el VAR se implantara en España que no iba a funcionar, y no iba a hacerlo porque desde el primer instante ha habido intención de manipularlo, y los artistas encargados de hacerlo provocan sobre todo desconfianza: en su día Sánchez Arminio, ahora Medina Cantadelejos, Clos Gómez, López Nieto, Jaume Roures y el operador estrella de la casa, Óscar Lago. Las imágenes llegan al VAR desde la realización, a cargo de Mediapro, y llama la atención que a nadie le parezca un conflicto de intereses el hecho de que el avalista de la directiva del Barça, Jaume Roures, esté al cargo de las imágenes que llegan al VAR. Alguien se extrañará después de que desaparezcan imágenes, como las de tantos partidos en España (Florentino y sus paranoias) o incluso las del 6-1 entre el Barça y el PSG, otro partido con Óscar Lago al frente de la realización.

Espero que algún día acabe esta estafa al aficionado, aunque lo dudo con los dirigentes que tiene el fútbol en todos los niveles y todas las instituciones. La FIFA ha anunciado recientemente que está estudiando un sistema semiautomatizado (SAOT) para determinar la posición exacta de los jugadores en tiempo real. Ya que no se plantean cambiar el Reglamento, que podría mejorar mucho estas situaciones, al menos la tecnología podría ayudar a disminuir esta sensación de mala fe que nos queda a muchos. Una serie de cámaras monitorizan hasta 18 puntos del cuerpo de los jugadores, y se pretende llegar a 29 (hombro, rodilla, brazos, pies) para que en función de dichas señales se pueda determinar si el jugador está más adelantado que el defensor o si está en posición correcta. Según indica la FIFA, las cámaras controlan hasta 50 veces por segundo la posición real de los jugadores y en unos pocos segundos se podrá tener la confirmación de la validez o no de la misma. Veremos si funciona, ¿o más bien veremos de qué manera le meten mano aquí en España?

SOS-ten-habilidad (II)

JOSEAN, 06/03/2022

Acabé la primera parte de este post diciendo que, aunque los avances en materia de sostenibilidad habían ido hasta la fecha más por la vía del marketing que por la del impacto real, quería creer que estamos en el buen camino, en la dirección correcta. Todas las exigencias relacionadas con los objetivos ESG van a obligar a acometer importantes cambios en todos los niveles, y en esta segunda parte hablaré de los mismos y de su aprendizaje.

Empresas: la sostenibilidad transformará el modelo de gestión de las empresas, que deberán integrarla en sus estrategias y planes de medio y largo plazo. Ahora toca aterrizar este concepto tan vago e implementar cambios reales, como renunciar a determinadas actividades que puedan conllevar riesgos sociales o medioambientales, o transformar el modo de producir bienes y servicios de las compañías. Pero también se tratará de combatir la práctica tan habitual de llevarse la actividad a otros países en los que se produce del modo que no queremos ver en occidente. La subcontratación con la venda puesta en los ojos.

La Comisión Europea acaba de aprobar una Directiva para que las empresas incorporen medidas efectivas y controles internos para producir de manera sostenible y cumpliendo las normativas laborales y de derechos humanos en toda su cadena de valor.

Como indica el propio documento, se pasa la barrera de la voluntariedad de las compañías y las medidas se convierten en obligatorias porque “cuando las empresas adoptan medidas voluntarias, se centran en el primer eslabón de las cadenas de suministro, cuando en realidad los daños a los derechos humanos y al medio ambiente se producen a menudo más abajo en la cadena de valor». Según Patricia Reverter, socia de Sostenibilidad de KPMG, «las iniciativas sostenibles generan ventajas competitivas desde el punto de vista de negocio, atracción de talento y acceso a financiación«. Tengo claro que ese es el futuro, pero no tanto que esa sea la realidad actual:

  • Acceso a la financiación: será más barata para las actividades incluidas en la taxonomía desarrollada por la Unión Europea, pero ahora mismo la diferencia es apenas perceptible.
  • Atracción de talento: sí es cierto que las nuevas generaciones se fijan más en empresas comprometidas de manera responsable y será un punto a favor de aquellas que se impliquen de manera adecuada.
  • Negocio: aquí es donde más dudas tengo, por cuanto el dragón chino anda suelto frotándose las manos con los debates que mantenemos en Europa sobre estos asuntos, que pueden lastrar la competitividad de las empresas.

Directivos: aunque los directivos de las empresas manifiestan su preocupación por el cambio climático y su firme compromiso con la sostenibilidad, el reciente estudio Changing the climate in the boardroom (realizado por Heidrick & Struggles e Insead) indicaba que existe una brecha amplia entre lo que decían y lo que hacían sus empresas. Aunque el 72 por ciento de los encuestados afirmaba estar seguro de que su empresa alcanzaría los objetivos climáticos, un 43 por ciento reconocía que no tenían fijada una cifra concreta de reducción de la huella de carbono. Además, la mayoría de los directivos consultados tenía sus objetivos sobre emisiones fijados exclusivamente en los alcances 1 (emisiones directas – de fábricas o vehículos propios) y 2 (indirectas – energía consumida), y solo el 16 por ciento tenía objetivos sobre el alcance 3 (indirectas relacionadas con los proveedores o los subcontratistas). Los objetivos de los directivos suelen ser cuantificables en lo económico y cualitativos (e inconcretos) en materia de sostenibilidad. Y en este punto además, se centran en algo tan complicado de medir y sobre el que actuar como las emisiones de CO2, cuando los aspectos medioambientales son mucho más amplios (residuos generados, uso de plásticos, reducción o sustitución del papel, cuidado de la biodiversidad).

Taxonomía de la Unión Europea de finanzas sostenibles: este asunto es lo suficientemente complejo como para varios post completos, así que tomo la palabra de José Lindo (Chief Climate Officer en Climate Trade) y solo voy a comentar el cortoplacismo de la misma, centrado casi en exclusiva en el cambio climático. La taxonomía es una clasificación de actividades que indicará a los inversores y financiadores qué se considera verde y qué no, y la inclusión del gas y la energía nuclear como «sostenibles» demuestran que la Unión Europea apuesta por el corto plazo y la descarbonización en lugar de una apuesta decidida por las inversiones renovables en el largo (objetivos de 2050). «La taxonomía verde, a fecha de hoy, sólo incluye dos de los seis objetivos que persigue -mitigación y adaptación-, los otros cuatro son agua, economía circular, contaminación y biodiversidad«, indica la consultora N-World/Azentúa. Si solo nos ocupamos de la mitigación y adaptación del cambio climático, es evidente que la energía nuclear no emite CO2, pero genera otros problemas medioambientales muy serios como su peligrosidad, la conservación de los residuos y el impacto en los entornos. La consideración de la misma como «sostenible», unida a los problemas del elevado coste de la energía en estos últimos años, harán que buena parte de los fondos se desvíen hacia la misma, en lugar de hacerlo hacia otros asuntos, como las energías renovables, el cuidado del agua o la pérdida de la biodiversidad.

El coste de la sostenibilidad para los ciudadanos: todos los cambios de modelo productivo, transición hacia otras fuentes de energía, investigación en nuevos materiales, reducción y eliminación de residuos, infraestructuras para mejorar el acceso y la calidad del agua o conservación de la biodiversidad tienen un coste elevado. La consultora McKinsey cifra en 3,1 billones de euros anuales la cantidad necesaria para poner en marcha la llamada transición energética. O lo que es lo mismo, la mitad de los beneficios empresariales globales en 2020. Otro estudio, de la aseguradora Swiss Re, calculaba en un 14 por ciento el impacto sobre la producción global hasta 2050. Es decir, habrá que invertir más para crecer menos.

Los efectos sobre la pérdida de empleo se compensarán en parte con los nuevos puestos y necesidades que se crearán, según la misma consultora McKinsey, si bien estima que se crearán 185 millones de empleos, mientras que se destruirán cerca de 200 millones. Siempre creo que hay que coger con pinzas estos números a tan largo plazo y con carácter global, por todo lo que puede pasar en innovación tecnológica, demografía o geopolítica, pero el impacto en el empleo habla de 15 millones de puestos de trabajo destruidos:

Pero con lo que tendremos que aprender a convivir (y la primera fase ya nos está costando) es con el incremento de costes asociados a la energía, que va mucho más allá del generado por las tensiones geopolíticas o las guerras por el control del gas y el petróleo. Isabel Schnable, responsable de Operaciones de Mercado del Banco Central Europeo, fue la primera en utilizar la palabra «greenflation» o «inflación verde» para referirse al incremento de precios provocado por la transición ecológica o el cambio de modelo productivo. La inflación en España alcanzó durante 2021 el 6,1 por ciento, impulsada en buena parte por el incremento del precio de la electricidad de un 46 por ciento y de los hidrocarburos en torno a un 25 por ciento. El IPC medio de la zona euro estuvo alrededor del 5 por ciento, mientras que Estados Unidos se situó en su nivel más alto en cuatro décadas, el 7,5 por ciento. Y se habla de la implantación de nuevos impuestos medioambientales.

Como ya comenté en El mercado de humos, algo más de la cuarta parte del incremento del precio se debe al desorbitado crecimiento del coste de los derechos de emisión de CO2, que se han multiplicado por diez en los últimos tres años y amenazan con hacerlo aún más para poder alcanzar los compromisos del Acuerdo de París. Para controlar este incremento descontrolado y con fuertes componentes especulativos, Peter Liese, legislador del Parlamento Europeo, ha propuesto que la Unión Europea cree un mecanismo que permita «liberar» derechos de emisión, eufemismo que significa «permitir» la emisión de más gases contaminantes mediante subastas que ayudarán a controlar los precios.

Está por ver que los ciudadanos entendamos y aceptemos el sobrecoste de ser sostenibles, o que nos hayan animado a comprar vehículos eléctricos justo cuando (mañana, 7 de marzo) el precio medio del megavatio hora superará los 400 euros. Sobre todo, cuando encuestas como Navigating the Energy Transition Customer, de EY, afirma que la mitad de los españoles no entendemos el concepto. Similar porcentaje al de los directivos que reconocen lo mismo:

Para que lo entendamos, y para que los directivos puedan incorporarlo de manera convincente a la actividad empresarial será básico el desarrollo de unas métricas ESG estandarizadas, claras y sobre todo, útiles. Que sirvan para medir el compromiso de las empresas, aunque sea a costa de aumentar (¡otra vez!) la esquizofrenia del CFO.

Pero eso quedará para otro post, igual que el plan de la Unión Europea para reducir las emisiones, ese plan con nombre de oferta de gimnasios: Fit for 55.

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JOSEAN, 27/02/2022

Sostenibilidad por aquí, sostenibilidad por allá, sostenibilidad en cualquier presentación de resultados, incluso de compañías petroleras, pero sostenibilidad también cuando vas a hacer la compra o cuando abres un nuevo bote de pasta de dientes.

La sostenibilidad llegó justo antes de la pandemia, se sentó en nuestro sofá y se está fumando un puro mientras nos devanamos los sesos para meter la palabra en cada operación que realicemos. He visto algunas presentaciones de resultados o de operaciones financieras que llevarían a la carcajada si no fuera porque en realidad lo que me producen es lástima. Y rabia. Lástima, porque es necesaria una implicación sincera de las compañías y de las personas por el compromiso y a algunos CEOs se los ve incómodos cuando tienen que meter con calzador la palabra. Y rabia, porque esto se ha convertido en una carrera por “justificar” que se asumen retos en materia de sostenibilidad cuando lo que se hace es vender de otra manera las mismas actividades de siempre. El temido greenwashing, el lavado de cara para atraer más inversores o para conseguir una financiación más barata.

Por poner algunos ejemplos:

El grupo audiovisual Atresmedia vendió por radios y televisiones esta operación como «la primera financiación sostenible de un grupo de comunicación en Europa», así que me dio por pensar: «¿emplearán vehículos eléctricos para sus unidades móviles a partir de ahora?, ¿utilizarán maquillaje ecofriendly para sus presentadores?». Lo cierto es que los ratios de sostenibilidad consisten en poner subtítulos accesibles en la programación, ceder espacios publicitarios sin coste a alguna ONG (entre el horóscopo y la teletienda de madrugada, supongo) y firmar el compromiso con el Carbon Disclosure Project.

También he visto empresas de renting de equipos informáticos que te cuentan que cambiar de ordenador cada tres años es más sostenible y mejor para el medio ambiente que mantenerlos durante cinco, seis u ocho, sin que expliquen en ningún caso por qué. Esta misma semana escuché en la radio que la ampliación de una autovía (no conseguí escuchar cuál) se había hecho con criterios de sostenibilidad, para lo cual se había trabajado con proveedores de la zona y se había procurado que los trabajadores vivieran en un radio cercano para evitar desplazamientos y por tanto, emisiones. Vamos, lo que se ha hecho toda la vida para ahorrar costes, pero ahora es «sostenible».

Uno de los directores de Iberia contaba en otra presentación que sus aviones utilizaban «combustibles de origen sostenible» y tras repetir varias veces la palabra sostenibilidad, otro decía que desde 2016. Vamos a ver, que parece que no comprenden ni el concepto, pero es que además, según la propia compañía, el primer vuelo de estas características se realizó en noviembre de 2021.

Queremos meter la palabra de cualquier manera y todavía muchos directivos no lo hacen de manera correcta. Dicho lo cual, me parecen muy interesantes las propuestas que están estudiando en el sector de la aviación para descarbonizar el transporte aéreo con la utilización de biocombustibles generados a partir de «residuos, aceites usados reciclados u otras materias primas de origen vegetal», como el reciente acuerdo firmado entre Iberia y Cepsa. El compromiso consiste en la implantación de este tipo de vehículos en sus flotas hasta alcanzar un 63 por ciento en el año 2050. Menos palabras y más acción, compromisos claros como la iniciativa «RefuelUE Aviation».

El Financial Times cuestionaba algunas de estas prácticas en un artículo de noviembre de 2021 y dudaba sobre la autenticidad de numerosos «bonos verdes» en materia de cumplimiento de criterios ESG (medioambientales, sociales y de buen gobierno).

El artículo habla del escepticismo en el mercado acerca de la «sostenibilidad» de la deuda de países como China, Arabia Saudí o Rusia, cuyos cumplimientos en materia de derechos humanos y compromiso con el medio ambiente dejan mucho que desear. «Los principios ESG a veces parecen demasiado flexibles», sentencia el autor.

Voy a hacer un mal chiste etimológico y afirmo que, gracias a haber visto tantas presentaciones de resultados «sostenibles», he entendido por fin de dónde viene la palabra: todo comenzó con un S.O.S. por la «emergencia climática», «el no retorno» del planeta y la «massive destruction» (recordad El Día de la Marmota del cambio climático) y ahora consiste en «tener la habilidad» necesaria para que aparezca la sostenibilidad aunque la empresa haya cambiado poco su manera de producir.

El mundo de la empresa funciona por la maximización del beneficio, entendido como beneficio económico, no social o medioambiental, y no es una crítica. La sostenibilidad debería consistir quizás en renunciar a parte de ese beneficio económico para aportar una mejora a la sociedad y el medio ambiente, y sin embargo, se mueve exclusivamente por el menor coste de la financiación asociada a la palabra sostenibilidad. Si de verdad se hace así, bienvenidos sean los criterios, pero que sean reales, no maquillajes.

Es evidente la respuesta a la pregunta que hacía el Financial Times (vía Expansión) en un reciente artículo:

La emisión de deuda sostenible o asociada a criterios ESG ha crecido de manera exponencial, hasta 1,6 billones de dólares en 2021, más del doble que en 2020 (Fuente: El Periódico de la Energía).

Lo que me cuesta encontrar siempre en estas noticias (y nunca lo logro) es el peso de los ratios de sostenibilidad sobre el coste de las operaciones. Si una operación financiera de deuda «sostenible» puede tener fácilmente un coste entre los 300 y los 500 puntos básicos, el coste de la operación se mide en términos económicos (endeudamiento, ebitda, liquidez, cobertura de intereses,…) en un 98-99 por ciento, y el restante 1-2 por ciento es el que se liga a los criterios ESG. Porque al prestamista le sigue interesando la solvencia del receptor de los fondos y no tanto sus compromisos con la sostenibilidad, o por decirlo de otro modo, al acreedor de Atresmedia le interesa más saber si los números de la empresa van bien que si cede dos horas semanales o tres a una ONG. Sin embargo, el peso de los criterios ESG sobre el coste total de la deuda es inversamente proporcional al espacio que ocupa la sostenibilidad en las noticias sobre la misma.

Pese a que este post pueda parecer una crítica, me parece que se ha avanzado mucho y por el buen camino, quiero creer que hacia un compromiso real. Algunos artículos ya hablan de que la sostenibilidad transforma el modelo de gestión de las empresas y esa es la línea a seguir. Queda mucho por hacer porque nos estamos adaptando todos: empresas, banca, clientes, administraciones públicas, directivos y agencias de calificación. Estamos aprendiendo cada día (recomiendo este artículo de Frances Schwartzkoptff en Social Investor sobre el necesario reciclaje de los analistas).

Pero todo eso quedará para la segunda parte. Ruego a los lectores que no impriman este artículo, todo sea por la sostenibilidad.

Perdido en el metaverso

LESTER, 20/02/2022

Desde la presentación que realizó Mark Zuckerberg en octubre sobre su «mundo virtual» llamado Metaverso, he leído numerosos artículos acerca del futuro que plantea, así como de las incógnitas por resolver en ese universo alternativo creado en «la nube», o en los servidores que almacenan millones de gigas de información en algún lugar lejano. No es que el asunto me apasione, pero los expertos hablan de esto como «el futuro que tendremos» y se calcula que puede ser un mercado que llegará a mover 800.000 millones de dólares en 2024 (fuente: Bloomberg Intelligence).

Si alguien quiere entender algo más de qué pretenden vendernos Zuckerberg y su equipo de ingenieros/creadores de mundos virtuales, el vídeo es fácilmente accesible en YouTube. Ojo, una hora y diecisiete minutos, lo advierto:

Reconozco que intenté verlo entero, pero a los veinte minutos ya me había parecido tan poco excitante que empecé a darle con la barra para ver qué nuevas posibilidades ofrecía «el metaverso». La idea básicamente consiste en un universo virtual en el que nuestras casas, trabajos, amigos, hobbies o relaciones sociales puedan desarrollarse en el mundo que Zuckerberg y otros cuantos tipos han diseñado para nosotros. En ese mundo nos moveríamos a través de nuestros «avatares», gemelos virtuales, una idea nada novedosa que ya ha aparecido en numerosas películas.

A mí ya me echa un poco para atrás que el propio Zuckerberg parezca un avatar en su imagen real, sin arrugas, artificial, es más, me resulta más creíble su criatura virtual que la real que ejerce de maestro de ceremonias en el vídeo:

Facebook lleva años acumulando beneficios a la par que los datos personales y de consumo de millones de ciudadanos. Casi 3.000 millones de usuarios de Facebook en el mundo, no hay una red igual. La enorme tesorería generada estos años pasados le permitió comprar empresas exitosas como WhatsApp o Instagram, y en 2014 adquirió Oculus, una compañía especializada en las gafas de realidad virtual que serán necesarias para moverse por el metaverso.

Según la Fundación para la Educación Económica, el metaverso «tendrá prácticamente innumerables beneficios, ya que proporcionará a las personas nuevas oportunidades y capacidades como nada que hayan conocido hasta ahora». Entre ellas cita tres: experiencias más asequibles (ocio, reuniones de trabajo, prácticas saludables), nuevas posibilidades (de aprendizaje, formación práctica «real» y no teórica) y sostenibilidad (porque ya no se puede mover un euro que no incluya esta palabra y por la eliminación de desplazamientos o la reducción de bienes de consumo como la ropa).

Las gafas de realidad aumentada (que no de realidad virtual) tienen aplicaciones de sumo interés ya hoy mismo, no es nada del futuro, como los gemelos digitales o como ayuda para personas con discapacidad. Pero en lugar de ir por ese campo, Zuckerberg tira por el del universo virtual que él y los suyos «crearán» para los que quieran entrar en él. Da la impresión de verse a sí mismo como el Christof de El Show de Truman, el personaje que interpretó Ed Harris, como ese creador de un mundo perfecto sin fisuras que no entiende que otros no aprecien su creación. A mí particularmente, el vídeo del fundador de Facebook me resulta de un infantil que «tira pa’trás». A los veinte minutos ya está hablando de su principal aplicación: el gaming, los juegos en red. Con amigos, con desconocidos, pero en versión mejorada en 3D y en un mundo paralelo. Vamos, como un Fortnite o un juego de esos de comandos a los que nunca he jugado porque me interesan menos aún que First Dates o mierdas del estilo. Supongo que a muchos nos vendrán a la mente películas como Ready Player One, Avatar, los arquitectos de Origen, o salvando una enorme distancia, Matrix, pero es que a principios de los ochenta, Tron ya nos hablaba de meternos en un videojuego. Lo que no me estimuló en los ochenta o los noventa dudo que vaya a lograrlo ahora.

Por otro lado, cuando Zuckerberg habla de su aplicación en el mundo del trabajo lo limita casi exclusivamente a reuniones virtuales en la que cada uno puede hacer su avatar más atractivo, más cool, en lo que interpreto como un avance más hacia la infantilización social y laboral que algunos gurús como este pretenden. Lo que Zuckerberg define en el vídeo como «experiencias más ricas» son en realidad más falsas. Son irreales, por mucho que las gafas y los avatares de nuestros amigos estén muy logrados. Podemos quitarnos arrugas, ponernos pelo, estilizar nuestra figura, embellecer nuestra imagen virtual, elegir ropa que no tenemos… y yo pregunto, ¿y toda esa gilipollez, para qué?

Uno de los aspectos que deja caer Zuckerberg en el vídeo es que será un mundo sin un organismo regulador claro o una autoridad competente. No es el caso de este post, pero me parece que se abre un melón interesante con los aspectos legales que pueden darse en los negocios del metaverso que se trasladen al mundo real (recomiendo leer este artículo de KPMG: El metaverso: implicaciones legales). La propiedad intelectual, la protección de datos, asegurar la identidad digital de las personas para que no pueda suplantarse a otro individuo, esa cosa incomprensible para mí de los NFTs… Y también, aunque el artículo no lo mencione, qué ocurre con los delitos cometidos en el mundo virtual.

Zuckerberg nos cuenta su metaverso como un entorno de colegas repleto de bondad y relaciones sociales plenas (sin contacto, claro), pero quizás con ello eluda las mayores ventajas que para algunos podría tener su mundo: dar rienda suelta a los impulsos reprimidos. Decía Ortega y Gasset que «muchos hombres, como los niños, quieren una cosa, pero no sus consecuencias». El metaverso podría permitir a las personas disfrutar esa cosa y eludir sus consecuencias. Hacer deportes de riesgo si eres algo cobardón, o tirarte en paracaídas aunque tengas miedo a las alturas. O ser infiel, aunque esta vez sea más que nunca sin saber con quién (ni de qué sexo en el mundo real). O crear un avatar hijo de puta, por ejemplo. ¿Podrá un psicópata sin valor en el mundo real asesinar avatares por placer en el metaverso? ¿Se juzgarán esos crímenes? O podrás crearte varias identidades digitales para distintas ocasiones, igual que hoy en día muchos aficionados a las redes sociales tienen varios perfiles en Twitter, Instagram o Facebook.

Por volver al cine, Desafío total planteaba «tomarte unas vacaciones de ti mismo» y viajar como playboy millonario o espía interplanetario a Marte. Ya que vamos a jugar, Zuckerberg, hazlo bien, coño. En Días extraños los protagonistas podían vivir las experiencias intersensoriales al límite que hubieran vivido otras personas, pero experiencias «de verdad» como robar un banco, huir de la policía por las azoteas o tener sexo con un pibón impresionante.

A mí la verdad me interesa bien poco este metaverso, salvo por lo que plantea el vídeo: la pérdida de contacto con las personas, por mucho que nos venda lo contrario. Y eso sí que es un drama más de las redes sociales y no un juego. Como la búsqueda de notoriedad medida en likes, tan importante para tantos chavales. ¿Seguirán los jóvenes teniendo algunos de los traumas actuales por esa «falsa aceptación» del entorno? ¿O por la búsqueda de la «perfección» a base de filtros o de mostrar una imagen exterior radiante, aunque estén destrozados por dentro? ¿Seguirán los acosadores acosando en el metaverso? ¿Aliviará en algo las tasas de suicidio entre los jóvenes o contribuirá a su incremento?

El documental de Netflix El dilema de las redes sociales habla de los peligros del mundo virtual que llevamos años creando entre todos (polarización, pérdida de atención, desequilibrios emocionales). Y eso que se trata de algo mucho menos potente que el metaverso de Zuckerberg. Para mí al menos, el mundo real no tiene comparación, no es un juego y no todo es un maravilloso camino de rosas, pero intento disfrutar en él y acumular experiencias (y no objetos) en mi vida, todas las que pueda. Dudo que el metaverso pueda hacerme sentir el hormigueo de un vuelo sin motor o de un descenso de barrancos, que me haga sentir la adrenalina de una escalada en pared o de bajar un puerto de montaña en bici a ochenta kilómetros por hora. Que me ponga la piel de gallina como en la recta final de un maratón. Jamás podrá hacerme sentir la satisfacción ni el dolor de los partidos de fútbol o de baloncesto con los colegas de verdad, con patadas y codazos reales y una cerveza al terminar. No creo que me haga sentir la aventura como en Uyuni o Quilotoa, ni creo que pueda clonar el olor del ombligo de una mujer, ni que vaya a sustituir todas aquellas «cosas que hacen que la vida valga la pena». El propio Mark tiene en su casa objetos reales mucho más apetecibles, como una bici o una tabla de surf, para luego contar que se iría a hacer surf al metaverso:

Y además, Marsúquerber, las máquinas jamás podrán competir con el ingenio humano. Como el de ese tío que nos descubrió que el logo de los Chicago Bulls al revés es un robot leyendo un libro. Chúpate esa, Metaverso:

El absentismo en los carnavales de Cádiz

JOSEAN, 13/02/2022

Suena a tópico, a broma de mal gusto, pero lo he escuchado tantas veces que he tratado de ver qué hay de realidad y qué de falso mito: ¿es cierto que el absentismo laboral se multiplica durante los carnavales de Cádiz? ¿Que numerosos trabajadores «se cogen la baja» durante una o dos semanas para poder disfrutar de esos días por todo lo alto? La propia expresión «cogerse la baja» hace que parezca una decisión voluntaria del trabajador, como si fuera una excedencia, cuando tiene que haber una baja médica firmada para obtener tal dispensa.

Como sé que siempre que se critica a alguien se interpreta como una crítica a todo un colectivo, en este caso a los gaditanos, voy a aclarar algo desde el principio: no, no critico a los gaditanos, critico a los absentistas profesionales (que los hay) de cualquier provincia o localidad. Solo a esos y a los que los apoyan. He trabajado dos años en Cádiz, y he trabajado mucho, como la mayoría de mis compañeros, así que del tópico del andaluz vago no he visto nada de nada, sino más bien al contrario. Conozco Jerez de la Frontera, San Fernando, El Puerto de Santa María, la Tacita de Plata, esa maravilla que es Vejer de la Frontera o el casco histórico de Tarifa, las fenomenales playas de Bolonia y Zahara de los Atunes, he jugado al fútbol en Algeciras, al baloncesto en Los Barrios y he tenido barbacoas en San Roque y Barbate, he comido algunos de los mejores pescados de mi vida en Palmones (junto a La Línea de la Concepción) y en Getares (Algeciras), he recorrido varias veces la Ruta del Toro… tengo numerosos amigos en aquella provincia, ¿podré hablar sin que se me ataque? Lo intentaré, pero seguro que alguien se ofende tras el intento.

La provincia de Cádiz suele andar en los primeros lugares de absentismo laboral en España, y buscando estadísticas, encuentro que ya en 2008 era la provincia con la tasa más elevada no solo de nuestro país, sino de Europa:

Conviene distinguir entre el absentismo real, provocado por bajas médicas como consecuencia de enfermedades o accidentes, que podría estar relacionado con un tipo de trabajo con alto grado de penosidad (industria, minería, construcción), y el absentismo por la cara, entendido en el sentido de la RAE:

Si parte del absentismo se debe a esa abstención «deliberada» de asistir al puesto de trabajo, podría ocurrir que el mismo subiera o bajara en función de otras circunstancias, como el mayor control del empleador sobre el trabajador en función de la situación económica, por ejemplo. Tras ese año 2008, con la crisis, el cierre de negocios, los despidos y la dificultad para encontrar un empleo, el absentismo se redujo de manera considerable. Como dice acertadamente este artículo de La Voz de Cádiz: «No hay que olvidar que durante los años de la crisis se cerraron en la provincia unos 10.000 negocios y la tasa de paro llegó hasta el 42% de su población activa. La caída del absentismo fue fruto del miedo a perder el empleo. Quien tenía un trabajo tenía un tesoro».

Con la recuperación económica volvió a incrementarse el absentismo y sin embargo, al cierre de 2021, la tasa de absentismo en Andalucía se mantiene entre las más bajas de España:

Y por terminar con la foto global de la situación, la provincia de Cádiz tiene la mayor tasa de desempleo de toda España (fuente: Statista.com):

El 25,6 por ciento de la población, una aberración que se mantiene desde hace décadas. Aquí es donde comienza la picaresca, y seguramente por la falta de empleo se ha perpetuado en Cádiz la figura de esos «artistas» que la chirigota de los carnavales con la que empieza este post describió durante el concurso de 2019: «los busca pagas». A esos es a los que critico, no solo yo, sino la mayor parte de los gaditanos. A esos y a los que tienen trabajo fijo (a ser posible en una empresa pública o relacionada con la Administración), pero se escaquean de acudir a sus puestos de trabajo. Un trabajador del ayuntamiento de Cádiz se hizo «famoso» por estar catorce años cobrando sin acudir a su puesto de trabajo. Su historia no tiene desperdicio.

El periodista de El Diario de Cádiz Fernando Santiago describió varios de estos casos hace años en un artículo titulado Cobazos, un artículo que ha sido borrado de la web del periódico, pero que he podido encontrar. En él y en posteriores artículos, como el escrito en El País titulado Delphi dramatis personae, contaba lo ocurrido con el cierre de las fábricas de Delphi en la provincia, allá por 2007. La multinacional norteamericana tenía 30 fábricas repartidas por el mundo y las tres de Cádiz presentaban los mayores índices de absentismo, sobre el 16 por ciento. La cuarta era la de Sant Cugat del Vallés, con el 8 por ciento. «El capitalismo funciona así: hace 25 años Delphi llegó a Cádiz porque los costes salariales eran bajos. Ahora no les salen las cuentas y se llevan la producción a otro lado», decía el periodista. Sus artículos no sentaron nada bien en la provincia:

Aparte del absentismo, luego están las pensiones por incapacidades permanentes, o cómo seguir cobrando sin trabajar. Según este otro artículo más reciente, de El Español de 2018, «desde 2008, año de la irrupción de la crisis en España, hasta el 1 enero de 2018, Cádiz es la provincia española donde más pensiones por incapacidades absolutas se han concedido de todo el país. En la última década, según el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), una de cada cuatro personas que han empezado a recibir una paga vitalicia por no poder trabajar era gaditana«. El artículo trata varios de los casos de fraude que se detectaron en su día: mecánicos mancos, pacientes que no pueden mover las muñecas, pero conducen motos, «incapacitados» que van al gimnasio o abren el maletero del coche con el brazo que no pueden mover…

La picaresca, la búsqueda de la paga, llegó a crear incluso una trama con los accidentes de tráfico: el llamado «cuponazo cervical». Fingir lesiones para cobrar una indemnización. Una historia a la que el programa de La Sexta Equipo de Investigación le dedicó un programa.

Afortunadamente, los tribunales, aunque sea de manera lenta y con retraso, van poniendo coto a los desmanes provocados por un grupo de jetas:

O los famosos sordos de Astilleros Españoles, hasta 800 personas que obtuvieron una incapacidad permanente, si bien se sabía de varios casos de ellos que no lo eran y actuaban en comparsas ¡o daban clases de música!

«Nadie puede creerse que en Cádiz haya casi 800 sordos por Astilleros que en los años 90 tuvieron el visto bueno del Gobierno para prejubilarse y cobrar una pensión. Conozco a algunos de los de «verdad»…». «Si en aquella ocasión hubiese existido la operación Karlos a más de uno que en su día apoyó esta reconversión le temblaría el pulso si ahora revisaran esos informes médicos que el Gobierno dio por válidos».

Según José Blas Fernández, presidente del Consejo de graduados sociales de Andalucía, y residente en Cádiz, durante los últimos años del franquismo se fomentó la intervención pública en la provincia, con los astilleros o la antigua tabacalera, y la ciudad se llenó de funcionarios. «Con la posterior integración en la UE, se limitó mucho lo público y se empezó a eliminar puestos de trabajo y empresas que iban de la mano del Estado. Para que no hubiese un trauma social, se buscó la fórmula de jubilar a la gente de una manera encubierta. Se optó por concederles una invalidez permanente absoluta, que no cotiza ni da cuentas a Hacienda, a diferencia de la pensión de jubilación«.

De acuerdo, pero todo eso ya pasó, quiero creer, casi todo lo contado tiene más de diez años de antigüedad, aunque es cierto que se creó una cultura nociva en parte de la población. Ahora mismo, como figura en la estadística mostrada, la cifra de absentismo es inferior a otras regiones sin esta fama, como Asturias y el País Vasco. Y el drama del paro sigue siendo la mayor preocupación de los gaditanos, muy por encima de la Covid:

La preocupación de la gente de bien, de los currantes, de sus hijos y familiares, de los valientes que se atreven a emprender, de los sacrificados que tratan de sacar sus negocios adelante. De la buena gente que hay por allí, no de los «busca pagas» de la chirigota. Por cierto, la chirigota no fue bien recibida por el auditorio, porque el asunto no tiene ni puta gracia.