La manipulación del relato, por Barney

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Si no hay pruebas, no hay delito. Si no hay registros de un hecho, a la larga parecerá que ese hecho nunca existió. Durante el régimen de Stalin en la extinta Unión Soviética llegó a resultar habitual que se trucaran las fotos que podían resultar incómodas para el líder. Se suprimía a los opositores o se manipulaban fotos del pasado en las que Stalin aparecía con altos cargos del régimen a los que se había depurado en las tristemente célebres purgas estalinistas.

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Es famosa la “desaparición” de Trotski junto a Lenin en el discurso frente al Bolshoi, cuando el primero había caído en desgracia en el aparato (recordad Rebelión en la granja podemita). Con esa reescritura del pasado, con esa burda manipulación del relato, los ejecutados morían dos veces: en la vida real y en la memoria histórica.

Salvando totalmente las distancias, en un mundo como el actual, repleto de imágenes y fotografías, de cámaras por todas partes, de vídeos que registran casi cada respiración de un ciudadano, sorprende la facilidad con la que se juega de nuevo a la manipulación del relato a partir de la ocultación de las imágenes. Y sorprende más que esta alteración intencionada de relato, esta reescritura del pasado reciente, la perversión de la realidad, se esté realizando en un mundo tan controlado, grabado y fotografiado como la Liga de Fútbol Profesional.

Detrás de este montaje, que tacharía de burdo si no fuera porque compruebo asombrado que funciona ante algunos de mis más cercanos, figura todo un aparato de propaganda al frente del cual dirige un tipo siniestro como Jaume Roures, el administrador de Mediapro. El empresario catalán, nacido como Jaime Robles Lobo según la Wikipedia, reconocía en una entrevista en 2016 que seguía siendo tan trotskista como cuando se unió a la Liga Comunista Revolucionaria a finales de los sesenta. Extraña conjunción la de trotskista y millonario, pero dejando al lado una más de las contradicciones del personaje, lo relevante para mí es que nadie mejor que un buen conocedor de Trotski para comprender la importancia del relato, lo vital que resulta manejar la versión que se va a contar. O más importante, cómo lo no contado terminará por resultar irrelevante.

Esta misma semana, La Galerna ha publicado un extenso artículo de Antonio Valderrama sobre la figura, o más bien, sobre el figura de Jaume Roures. Es un artículo abrumador. Brillante en la forma y demoledor en el contenido. Y para el que no lleve años siguiendo la carrera de este individuo será todo un descubrimiento y le costará entender cómo un tipo detenido varias veces en su vida, una de ellas por colaboración con banda armada (con ETA y no durante el franquismo, sino en 1983), cómo un sujeto tan sospechoso puede manejar los derechos del fútbol español, que suponen más del cuarenta por ciento de los ingresos de los clubes profesionales.

Jaume Roures trabajó varios años en TV3, la cadena de adoctrinamiento catalana, denunciada varias veces por manipulación informativa, una herramienta fundamental del procès catalán. Por esta y por otras razones, Roures conoce mejor que nadie la importancia del relato “oficial”, “el que se cuenta”, que termina siendo en la mayoría de los casos “el que queda”. Lo ha hecho toda su vida y lo va a seguir haciendo. Fue idea suya la instalación en la sede de Mediapro del International Press and Broadcasting Center, ese centro de prensa afín que informaba (y por tanto desinformaba) durante los días previos a la triste jornada del mal llamado referéndum del 1-O. Llevó varios días desmontar la campaña de manipulación y difusión a nivel internacional: imágenes de agresiones de otras manifestaciones, incluso obra de los propios Mossos, falsos heridos a los que se daba todo tipo de credibilidad, resultados absurdos del referéndum, estadísticas inverosímiles de hospitalizados que no se correspondían con los ingresos reales en centros de atención,…

Llevo mucho tiempo diciendo que la maquinaria de manipulación mediática del nacionalismo indepe es la misma que la del Barça, un sistema creado en el que los que más se saltan la ley terminan apareciendo como víctimas, en un acojonante proceso en el que una idiotizada parte de la sociedad se traga el discurso.

Con todo este historial, si uno creía que Roures (socio del Barça desde hace tres décadas) y su empresa iban a informar limpiamente sobre el mundo del fútbol o que no iban a jugar a la manipulación del relato a partir de la ocultación de imágenes, es que es un iluso. El aparato de propaganda es enorme y funciona muy bien, con infiltrados en prácticamente todas las emisoras de radio, periódicos y cadenas de televisión. La doble vara de medir de Bein, Movistar o GolTV es tremenda, hasta el punto de que cada vez somos más los que buscamos el sonido en emisoras extranjeras:

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La influencia del aparato del régimen llega incluso a la BBC. ¿Por qué la BBC ha incurrido en los “errores” groseros en los que lo ha hecho en los últimos meses desinformando sobre la historia del Real Madrid? Por el reportero habitual para el fútbol español, Andy West, cuyo currículum es fácil de encontrar en LinkedIn:

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Lo vimos perfectamente el año pasado, tras el pase del Madrid a semifinales con el penalti de Benatia a Lucas Vázquez (que lo era, reconocido hasta por el Mundo Deportivo horas antes de que forzaran al redactor a cambiar lo escrito). La versión oficial de varias cadenas quiso narrar aquello como “el mayor escándalo del fútbol mundial en décadas”. ¿En serio?

¿Y lo dicen los que callaron ante el Aytekinazo, la mayor sucesión de “errores” que se recuerda en un partido en toda la historia de la Champions? Me pareció especialmente llamativo de aquel partido que las imágenes del penalti de Mascherano a Di María no se vieran en España, o que no las viéramos hasta unos días después y gracias a que algunos aficionados colgaron en las redes los vídeos que pudieron ver en otros países.

Tampoco pudimos ver una sola toma buena de la agresión de Sergi Roberto a Marcelo en el Clásico del final de la temporada pasada, o las amenazas de Messi a Hernández Hernández en el túnel de vestuarios, o la posición de Dembelé en el 1-0 frente al Villarreal pese a que las encontramos con la tecnología 360 grados, es decir, con una treintena de cámaras apuntando al lugar adecuado. El periodista mamporrero que hace de intermediario con el VAR, Isaac Fouto, reconoció que en la sala del VAR no disponían de las imágenes que se vieron un día después y que por eso el gol no se anuló.

Lo mismo ocurrió con las imágenes frontales de la plancha de Suárez al Pichu Cuéllar en el reciente Barça-Leganés, que vimos veinticuatro horas después gracias a una televisión mexicana. Casualmente todas estas imágenes hurtadas apuntan siempre en la misma dirección. El brazo ejecutor de Roures se llama Óscar Lago, reconocido culé y auténtico trilero del vídeo. Incluso Julio Maldonado, Maldini, el felador de Messi, tuvo que reconocerlo al día siguiente, tras haber dicho en directo que “no hay nada” y algo peor, que “Suárez intenta apartar la pierna”. Como si los tacos en el antebrazo y el rodillazo en la cara no fueran suficientes para saber que eso era falta aquí y en Honolulú.

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“Jugada muy fronteriza”. Recordad que lo que no se ve no existe. Y lo que se muestra se manipula, como ocurrió con muchas de las líneas trazadas para el fuera de juego. “Errores” groseros. Nacho Tellado demostró con su programa que se estaban cometiendo “errores” de bulto, casualmente también, apuntando siempre en la misma dirección. Su denuncia supuso que dejara de asistir al Chirincirco de Atresmedia.

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Ha vuelto la censura, como con Stalin o Franco, o como ocurre con todos aquellos aficionados que osan colgar vídeos con repeticiones de LaLiga en Twitter o Facebook para que se vea la manipulación. Sus perfiles se cierran o bloquean con premura.

El aparato está teniendo fisuras porque es imposible mantener la mentira durante tanto tiempo. Tras varias jornadas en las que se cortaban jugadas de gol del Madrid para evitar que el VAR pudiera validarlas, Isaac Fouto volvió a decir que no era error del protocolo y se sacó una norma de la manga que rápidamente fue rebatida:

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“Un camino despejado”, nada de “muchos metros” por recorrer. Además, no hay más que ver en qué momento el asistente levanta el banderín. En la segunda imagen (gracias, Rafa NMJ), porque en la superior el banderín del asistente todavía está abajo. Es un escándalo que ese día no costó puntos, pero sí en otras jornadas.

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Esta misma semana ha habido un Barça-Madrid, con menos polémica que otras veces, pero con un arbitraje difícil, como siempre en ese campo en el que lo habitual es salir con la misma cara de aquel que acaba de sufrir las habilidades de un carterista en el Metro. Hay una jugada dudosa que apenas se vio en directo, un agarrón de Jordi Alba a Vinicius. No digo que sea un penalti escandaloso, aunque sí tengo claro que en el área contraria se habría pitado porque Luis Suárez se habría dejado caer girando cuatro veces sobre su propio tronco antes de besar el suelo. El joven brasileño, noble e inexperto aún, se mantuvo en pie y ni siquiera protestó.

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Lo relevante es lo que ocurrió con la realización. No hay más imágenes que esta foto y no hay más vídeos que la imagen lejana en directo, lo que llevó a que algunos periodistas preguntaran ¡por fin! que dónde estaban las imágenes escamoteadas. Lo hizo Josep Pedrerol, culé confeso, en El Chiringuito, y lo hizo para mi sorpresa el As de Relaño (La televisión ocultó un posible penalti de Jordi Alba a Vinicius).

Cuarenta y tres años después de la muerte de Franco, la censura ha vuelto. Se ve lo que decide Roures con su amigo Tebas. Al menos han tenido el valor de reconocerlo, como dijo recientemente el presidente de la Liga de Fútbol Profesional: “Los realizadores tienen que evitar que se vean las imágenes que no aportan cosas positivas al fútbol”. Admiten que ellos deciden lo que se ve y lo que no, con un curioso criterio. No se ven imágenes de la pelea barriobajera entre los jugadores del Valencia y el Getafe al finalizar la vuelta de cuartos de la Copa, o se toman planos cortos de Mendizorroza para ocultar las gradas vacías en señal de protesta de los aficionados por los horarios.

Y ya puestos, deben pensar Roures y Óscar Lago, ocultemos todo aquello que ensucie la imagen bucólico-pastoril creada alrededor de su Barça (recordad la definición de PreVARicar). Las agresiones e insultos de Suárez, o la enésima actuación de la escuela culé de teatro, protagonizada en esta ocasión por el secundario Cillesen y el actor principal Sergio Busquets, ambos cayendo desplomados en coordinada armonía tras recibir un soplido, imágenes omitidas que no llegaron a las cadenas. Se hurtaron al espectador medio y todo aquel que la subía a las redes sociales pudo comprobar con estupor la velocidad de bloqueo y censura de los chicos de Roures.

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Pero, sin embargo, la realización sí ha mostrado en primeros planos y a todo el mundo las proclamas políticas que suelen lucir en el Camp Nou, en lo que a mi modo de ver incumple de modo flagrante lo indicado en el Reglamento de prevención de la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte:

Art. 20. …las causas que impiden el acceso al recinto deportivo o la permanencia en el mismo, incorporando expresamente, como mínimo, las siguientes:

f) Introducir, exhibir o elaborar pancartas, banderas, símbolos u otras señales con mensajes que inciten a la violencia o al terrorismo, o en cuya virtud una persona o grupo de ellas sea amenazada, insultada o vejada por razón de su origen racial o étnico, religión o convicciones, discapacidad, edad, sexo u orientación sexual.

Creo que somos muchos los que nos sentimos insultados cuando proclaman la falta de democracia de nuestro país o tildan al gobierno de dictadura.

La última anomalía de esta vergüenza de Liga ha sido dejar en manos de Mediapro el control del VAR. En aquel momento, la mayoría de madridistas supimos que no iba a funcionar, como no lo había hecho en Alemania, por ejemplo. Qué casualidad que hayan pedido aclaraciones sobre su funcionamiento el Valladolid, el Getafe, el Atleti, el Madrid, el Celta y tantos otros, pero que sin embargo guste tanto a uno de los diarios oficiales del barcelonismo:

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El Barça, o VARça, por cierto, que acabó la primera vuelta encantado con su implantación (y sin penaltis en contra), fue sin embargo el club que marcó el punto de inflexión para el VAR tras la expulsión de Lenglet en la quinta jornada. Así recordó Jaume Roures las encendidas protestas de los culés tras la decisión:

Roures Florentino

¡Pero si el Madrid no ha abierto la boca! ¡Si los madridistas nos cabreamos con el silencio cómplice del club, con la media sonrisa totalmente insuficiente de Butragueño ante los medios cuando se están riendo en nuestra cara! De nuevo el mundo al revés, los que se pasan por el forro todas las normativas son las víctimas, y los agraviados, los verdugos. La misma maquinaria del independentismo. Nos atracan dos veces: en el campo y en la crónica posterior. Como en las ligas de Tenerife, con arbitrajes sibilinos de García de Loza y Gracia Redondo, y con el silencio cómplice de los medios.

No sé si para compensar, pero este fin de semana se ha abusado del VAR en el derbi Atlético de Madrid-Real Madrid. Creo que está para eso, para que se utilice, pero me da la impresión de que no han acertado ni una: deberían haber anulado el gol del Atleti, dudo mucho en el penalti a Vinicius (¿dónde está el huevo de Giménez que traba al brasileño?), y el gol de Morata es legal según el programa de Nacho Tellado, el más fiable hasta que se demuestre lo contrario. El VAR ha terminado por ser mayor desastre de lo que pronosticábamos, y sigue sin usarse adecuadamente para sancionar agresiones o entradas asesinas como las del sábado:

Mientras tanto, Jaume Roures se frota las manos. En medio del descrédito de la competición puede ayudar a los suyos sin disimulo porque todo es una pocilga. Cobra una pasta por el VAR, cobra por Real Madrid TV, manipula a su antojo las imágenes que cede a los medios, ficha a Miguel Cardenal para que le ayude a lograr los derechos del Mundial de fútbol, intenta llevar la orgía indepe del Girona-Barça a Miami,… Construye un relato falaz y manipulado porque sabe que hay muchas posibilidades de que prospere, de que el discurso fácil llegue a la mayoría. Como estas otras milongas que desde el culerío indepe se han contado durante décadas y han permanecido en la memoria de muchos:

  • El Madrid era el equipo de Franco: sin embargo, ayer 12 de febrero de 2019 el Barça le retira todas las condecoraciones al Caudillo por sus inestimables ayudas al club. Pretenden cambiar la historia, pero les dejo el Capítulo 2 de las Historias de la Historia que los culés no quieren oír.
  • El apelativo de dream team para un buen equipo que no fue ni de lejos el mejor en España (el Madrid de la Quinta del Buitre), ni en Europa (el Milan de Sacchi y Capello).
  • Las bolas calientes en los sorteos para favorecer al Madrid. El año pasado, PSG, Juve y Bayern, unas bolas tan calientes como mis pelotas cuando les escucho. Capítulo 3 de las Historias de la Historia.

Y la cachondada de siempre llegado este momento de la competición: el Madrid gana porque sus rivales son débiles, son muy malos aunque sean finalistas o semifinalistas de Champions. Ya ha empezado Maldini infravalorando al Ajax:

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Menos mal que Fred Gwynne ha recopilado esta colección de titulares del mismo Maldini sobre los rivales del Madrid. Parece cachondeo, pero es real, y para muchos aficionados Julio Maldonado es un periodista creíble:

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Increíble, pero cierto. Por eso, cuando veo la grosera manipulación del relato narrado, es cuando me acojono pensando en la figura del “relator” para la negociación entre el Gobierno y la Generalitat, la figura del que pretendían que nos contara la historia. ¿A que alguno tenía los santos cojones de proponer a Roures?

Cara Barney

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