Tokio 2020 (II): la película de Simone Biles

TRAVIS, 06/08/2021

La sala de los productores de la Metro Goldwyn Mayer echaba humo en sentido metafórico, pero también en el real, pues a pesar de la prohibición de fumar en espacios cerrados, el mandamás de la compañía, Brian Winner, seguía devorando sus enormes habanos delante de los productores ejecutivos que venían a ofrecerle proyectos. Apenas una semana antes había propuesto un reto a tres de sus hombres más capacitados:

BRIAN WINNER: Quiero una película sobre los Juegos. Pero sobre estos, los de Tokio 2020 ó 2021, como queráis, los del covid, la ausencia de público y los atletas que llevan cinco años esperando este momento. No quiero historias sobre tíos a los que no recuerda nadie, por mucha musiquita naninonaninoo que le pongáis (Carros de fuego), ni sobre Jesse Owens (El héroe de Berlín), por Dios, que esa historia del negro que desafía a Hitler ya se ha contado muchas veces. Y nada de atentados terroristas, como en Munich (Steven Spielberg) o Richard Jewell (Clint Eastwood), porque al final se habla de todo menos de deporte, de superación, que es lo que me interesa en estos tiempos. Y os recuerdo que ya no hay telón de acero, que aquello de Milagro sobre hielo o Tres segundos no estuvo mal, pero quiero otra cosa, por arquetípico que resulte: la historia del deportista que triunfa a pesar de todo lo que se pone en su contra.

Los periódicos sobre la mesa de Mr. Winner aparecieron al día siguiente con la foto de Simone Biles en la que anunciaba su retirada de la competición, así que tenía claro sobre qué iban a tratar los tres proyectos que se le presentaran. Ahí había una buena película que contar, sin duda.

El primero en anunciar su proyecto fue Chris Goodman. Los productores contaban con tres minutos de tiempo para convencer al Gran Jefe de la validez de su proyecto, lo cual distaba mucho de ser un aprobado, pero al menos el pulgar hacia arriba permitía alargar la vida de las ideas, estirarlas, contratar guionistas para darle forma y «mover billetes», que en el mundo de los productores era más importante que el propio resultado final. Y por supuesto se salvaban de la papelera y las archiconocidas reprimendas que en más de un caso habían terminado en despido.

CHRIS GOODMAN: Tenemos la historia de una niña abandonada por sus padres a los tres años. Los padres son drogadictos, están hasta las trancas de crack y la niña no es más que un estorbo que pulula por una casa repleta de suciedad y malos tratos. La niña es educada en un orfanato y sus abuelos se ocuparán parcialmente de ella. Pese a lo trágico de este comienzo, la historia estará contada con humor, y por eso creemos que el director adecuado para rodarla será Robert Zemeckis, que ya hizo maravillas contando de manera divertida las tragedias de Forrest Gump. Los abuelos de Simone le contarán las cosas de una manera particular, en especial desde que entre en un gimnasio de Ohio a la edad de seis años, con frases como «La vida es como un ejercicio de suelo: complicada, difícil, pero por muchas vueltas que des, siempre acabas cayendo de pie».

Ella es muy buena y sobre todo, muy trabajadora. Las horas de entrenamiento le evitan enfrentarse a los dramas de su vida personal. Su hermano, cuatro años mayor que ella, terminará en prisión acusado de un triple homicidio. Pero ella seguirá trabajando y cosechando éxitos, uno detrás de otro. En una historia como esta tienen que aparecer forzosamente las drogas, los abusos sexuales y la violencia, pero lo harán con la elegancia de Forrest Gump, casi como parte de esa gran comedia que a veces puede ser la vida.

La trama nos llevará a Tokio 2020. La gimnasta ha superado los casos de abusos, la situación judicial de su hermano y el aplazamiento de los Juegos durante un año, y se la ve con ganas de cumplir todas las expectativas creadas. Pero Simone necesita al público y le invade una enorme tristeza cuando ve el escenario vacío. Siente como nunca las miradas sobre ella y se derrumba tras el primer ejercicio. Le dice a su entrenador que no puede con tanta presión y llama a su abuela para que le dé una de sus famosas píldoras, «la vida es como la salida de las barras asimétricas, tienes que saber plantarte», pero está en el hospital con su tía Nellie, que se halla gravemente enferma. Pese a todo, es capaz de recomponerse y competir el último día sobre la barra fija, aparato en el que queda tercera. La tía Nellie ha muerto y a ella le dedicará su éxito. La película termina con la música de Alan Silvestri durante el reencuentro de Biles con su familia.

Mr. Winner exhaló una humareda y se quedó mirando cómo el humo se deshacía en su camino hacia los altos techos del despacho. No dijo nada y simplemente señaló con un dedo al siguiente productor.

PETER YELLOW: con todos los respetos, Chris, esa es la historia previsible, la que creo que todo el mundo espera y más o menos conoce, y no quiero hacerte de menos, pero a mí se me ocurre darle un planteamiento más arriesgado, nada luminoso. Para darle a la historia la oscuridad que yo creo que requiere, nadie mejor que Oliver Stone como director. La historia comenzaría del siguiente modo: Interior del centro olímpico de gimnasia. Delegación USA. Día.

Minutos antes del concurso de Simone Biles en el potro, un delegado del equipo americano le pasa a otro un informe con una palabra bien grande: “Positivo”. Revuelo, nerviosismo, gente hablando mientras corre por los pasillos, y el delegado se lo transmite al seleccionador: «es un test de la Federación norteamericana, no del COI, que lo desconoce». El seleccionador se queda cabizbajo y pensativo, y tras unos segundos se lo dice a Biles justo antes del salto. Al acabar la prueba, deciden que Simone Biles se retire de la competición. La delegación blinda un escudo de seguridad a su alrededor y el responsable de comunicación prepara la versión oficial acerca del estrés emocional sufrido. Lo cierto es que las supuestas penurias contrastan con la imagen de la gimnasta apoyando en días posteriores a sus compañeras. Un veterano periodista se pone a investigar la historia porque algo no le cuadra. Él fue clave en el caso del médico que abusaba de las gimnastas y uno de los más críticos con las pocas cabezas que rodaron tras el escándalo. Y además es un patriota al que le cabrea ver cómo la ausencia de Biles ha sido clave para que el equipo estadounidense pierda el oro en la final por equipos “¡ante los rusos!”.

La película giraría alrededor de la investigación de este periodista y se entremezclaría con imágenes en blanco y negro del pasado de Biles: su primer contacto con las pastillas para superar una depresión, el año sabático tras los Juegos de Río, la vuelta a la competición, las lesiones y cómo se deja guiar por los médicos del equipo para un tratamiento severo de las mismas, pero no permitido por las organizaciones antidopaje… La gimnasta desconoce casi todo lo que se cuece a su alrededor, porque no es más que una marioneta en manos de unos tipos sin escrúpulos que la explotan en todos los sentidos.

La gimnasta se repite las pruebas unos días después y da negativo, tras lo cual anuncia que vuelve a la competición, gana un bronce en barra fija y queda como una heroína para su país y ante los medios. Pero su mirada en el podio es triste y se cruzará con la mirada del periodista que ha detectado las incongruencias en todo lo contado por la delegación. Oliver Stone es único para dejar una duda en el espectador, recuerda JFK, Nixon o W. y pretendemos que esa duda sea lo que queda al final de todo.

El Gran Jefe seguía pensativo mientras se disponía a encender un nuevo habano, «este va por Oliver Stone», dijo, y dio paso a la tercera propuesta.

DICK BOATHEAD: me vais a disculpar, pero yo no concibo el cine sin una historia de buenos y malos, y en el caso de Simone Biles y Tokio 2020, no puede ser de otro modo. A un lado tenemos a Simone, la buena: mujer, negra, perdón, afroamericana, y víctima de abusos durante su adolescencia. En el lado contrario pondremos al villano: hombre, blanco, hetero, un triunfador para el gran público. Novak Djokovic. Pretendemos que sea una peli con ritmo y estética de videoclip, para lo cual no hay nadie mejor que James Gunn, el de Los guardianes de la galaxia o El escuadrón suicida.

La película girará en torno al estrés de la competición y los dramas de cada uno de los deportistas. Simone Biles será una mujer agobiada, con un pasado repleto de traumas, que explota en un momento dado de la competición porque no puede más. Ella es católica e iba a misa con su abuela y su tía todos los domingos, y su tía fallece durante la competición de Tokio, lo que no hace sino aumentar la tristeza y la sensación de soledad que la invade. Se arropa con sus compañeras, con el cariño del entrenador y todo el equipo norteamericano en Tokio.

Por otro lado, en la Villa Olímpica veremos el modo de actuar de un fanfarrón como Nole, un tipo que más que bromear, chulea a todo el mundo: recogepelotas, árbitros, rivales… Cuando le preguntan por la presión y el modo de manejarla, contesta con altanería: “la presión es un privilegio. Sin ella no hay deporte profesional, es necesaria y nos hace mejorar…”. Montaremos un vídeo con los llantos de Biles al ver que no es capaz de romper su bloqueo mental mezclado con las risas de Djokovic al ir superando a rivales, tanto en los partidos individuales como en los dobles mixtos con su compañera Nina Stojanovic.

La competición avanza de tal modo que parece que el serbio se irá con dos medallas y Biles con la plata ganada por sus compañeras en una prueba en la que ella apenas ha participado. Pero en todas las películas tienen que ganar los buenos, así que Biles se recuperará y se hará con un bronce tras un ejercicio fantástico en la barra fija, mientras que Djokovic perderá las semifinales de tenis y luego el partido por el bronce. En ese encuentro contra el español ese, ¿Carreño?, destrozará su raqueta, se desquiciará delante de todo el mundo y escucharemos en off sus palabras sobre el manejo de la presión. La película terminará con la imagen de Biles recibiendo la medalla de bronce con un gran gesto de satisfacción, y la rueda de prensa de Djokovic en la que anuncia que se retira del dobles mixto dejando a su compañera en la estacada. Una está radiante, el otro está hundido.

Quizás el lector esperaba que el relato terminara de otra manera, pero prefiero dejar que cada uno se monte su película particular en este caso, y no voy a hacer que Mr. Winner elija una u otra propuesta porque podría interpretarse que esa es mi postura particular. Y quizás no lo sea.

THE END

Capítulos de esta serie:

Tokio 2020 (I): la libertad de expresión, by Josean.

Tokio 2020 (II): la película de Simone Biles, by Travis.

Tokio 2020 (III): el maratón olímpico, by Lester.

Tokio 2020 (IV): el resumen de los Juegos, by Barney.

Tokio 2020 (I): la libertad de expresión

Nos lanzamos a la piscina con esta maravillosa y espectacular foto (desconozco su autor, pero un 10 para él) y vamos a publicar cuatro artículos sobre los Juegos, con cuatro puntos de vista muy diferentes, uno por amiguete.

JOSEAN, 03/08/2021

El Comité Olímpico Internacional flexibilizó la norma 50.2 pocas semanas antes del inicio de los Juegos de Tokio para tratar de contentar a los demandantes de mayor libertad de expresión para los deportistas durante los Juegos. La norma 50.2 es una variación de la 50, que pretende preservar la neutralidad de los Juegos y evitar cualquier tipo de propaganda política, religiosa o racial. La variación consiste en que el COI permitirá las declaraciones de cualquier tipo de los deportistas en ruedas de prensa, en las zonas mixtas o en sus redes sociales (¡faltaría más!), animando a que además se hagan con respeto a otras culturas o formas de pensamiento, pero mantendrá la prohibición en los podios, durante las competiciones y en las ceremonias previas y posteriores al evento deportivo.

Una de las organizaciones que se ha mostrado más crítica con el COI ha sido EU Athletes, que representa a unos 25.000 atletas de 17 países, cuya secretaria general, Paulina Tomczyk, afirmó que la prohibición de manifestar públicamente las opiniones “no es compatible con los derechos humanos internacionalmente reconocidos, como el derecho a la libertad de expresión. Aunque la libertad de expresión no es un derecho absoluto y puede ser sometido a ciertas condiciones o restricciones, una organización deportiva no tiene competencia en esta materia». Según dijo a Ctxt: «Invocar la cuestión de la neutralidad del deporte no es correcto. Los derechos humanos, la igualdad y la tolerancia no son asuntos políticos. EU Athletes cree que las organizaciones deportivas tienen que comprometerse realmente con los derechos humanos, y no solo cuando es conveniente o para mejorar su imagen».

Me parece complicado marcar la raya, la línea que separe lo que debe y lo que no debe hacerse. En este blog, el Amiguete Barney se pronunció abiertamente en su día en contra de politizar el deporte y habló de los peligros de usar las banderas en los estadios para promover los odios nacionalistas. El problema de lo que algunos llaman «libertad de expresión» es que se corre el riesgo de caer en promover «alguna libertad de expresión», la mía, cuando esa libertad consiste precisamente en permitir, fomentar y habilitar que se expresen las opiniones que son contrarias a la mía. El deporte podría caer en una deriva poco sana, o en discusiones ideológicas y no deportivas. Algo tan simple como el brazalete de capitán del portero de la selección alemana durante la pasada Eurocopa con los colores arco iris ya fue objeto de debate, un debate que zanjó la UEFA prohibiendo su exhibición o los mismos colores en el estadio de Múnich. No sé, me pareció excesivo, pero, ¿dónde se marca el límite? Me genera muchas dudas, tantas como el hecho de que organizaciones tan corruptas como la UEFA o el COI se erijan en garantes de la pureza del deporte.

La misma UEFA sancionó a Hungría porque en uno de los partidos de la Euro celebrado en Budapest se pudo leer una pancarta en contra del adoctrinamiento LGTBI, no en contra del colectivo LGTBI. El controvertido presidente húngaro, Viktor Orbán, explicó sus razones, con las que se puede o no estar de acuerdo, pero que son bajo las que se ampara para ejercer lo que considera «su» libertad de expresión:

  • Que fue elegido democráticamente por una mayoría de húngaros para hacer exactamente lo que pretende hacer.
  • Que no está en contra del movimiento LGTBI, al que dice haber ayudado o protegido más que durante los años de dictadura prosoviética, sino en contra del adoctrinamiento en espacios públicos y en especial, en colegios, de acuerdo con lo que indica el propio artículo 14 de la Constitución Europea:

El límite de la libertad de expresión es difuso, y la propia web de Amnistía Internacional dice lo siguiente sobre las restricciones:

Por ejemplo, ¿querríamos que los deportistas cubanos y chinos, grandes deportistas por otro lado, hagan apología de sus respectivos sistemas políticos? ¿Que los deportistas de algún país musulmán de los más intolerantes se manifestara en contra del deporte femenino o de las vestimentas occidentales? ¿Que algún medallista catalán proindepe exhibiera una estelada o que se bajara del podio al ver la bandera española? Entiendo que no, y si bajamos al barro de la competición, ¿se tolerará a una atleta que opine que determinadas deportistas trans no son mujeres, como ha ocurrido con Laurel Hubbard? ¿O que se dude sobre la condición femenina de alguna otra, como en su día Semenya o ahora Mboma?

Por suerte los deportistas suelen estar muy por encima de la altura de los dirigentes del deporte. Siempre. Como es un tema escabroso en el que me cuesta opinar sobre el límite, mejor voy a dejarlo en manos de uno de los tíos más sensatos que he visto nunca en el mundo del deporte: Pau Gasol. En una carta publicada en la red profesional LinkedIn ha escrito lo siguiente:

“El COI quiere que los atletas tengan voz, ya que conoce bien la gran influencia social que pueden alcanzar, así como la responsabilidad que tienen hacia sus seguidores. Pero les pide que no utilicen los momentos estrechamente ligados a la competición para fines extradeportivos. Les ruega, además, que si realizan alguna manifestación en los espacios y momentos permitidos, estas sean consistentes con los principios del olimpismo: que no atenten contra la dignidad de personas, países u organizaciones, que no interfieran contra la preparación de otros atletas, etc. La discriminación, la hostilidad y la violencia están, como es lógico, prohibidas en los Juegos, así como cualquier actuación que ponga en riesgo la reputación de otros o el orden público”.

Es decir, la libertad de expresión de los deportistas figura claramente indicada en la Declaración de derechos y responsabilidades de los atletas, y como tal debe respetarse. Pero los deportistas tienen que aprovechar su estatus social o su responsabilidad como ídolos de masas para promover determinadas causas (en eso Pau es un verdadero crack), y a la vez ser capaces de dejar los terrenos deportivos para lo estrictamente deportivo. Y me parece bien. Lo que ocurre es que el postureo vende mucho más que la implicación sincera del deportista. Las labores de la Fundación de los hermanos Gasol ocupan muy poco espacio en los medios, o la propuesta que hizo Juan Mata en la Premier League para que los jugadores donaran solo el uno por ciento de sus salarios. Un mísero 1% para ellos, un fortunón para causas sociales. No fueron muchos los que siguieron su proyecto Common Goal, quizás porque “no vende” en los medios como los lacitos, los brazaletes o los gestos que son más de marketing que otra cosa.

Como desapercibida pasó la actitud de Anna Muzychuk, campeona del mundo de ajedrez, que se negó a participar en el Mundial de Arabia Saudí porque estaba obligada a cubrirse completamente y a ir acompañada por un hombre en cualquier salida que hiciera del hotel.

Ya ha habido los primeros conflictos relacionados con algunos gestos de los atletas, como la X que formó la lanzadora Raven Saunders en el podio al recibir la medalla de plata. Según parece, es una muestra de apoyo a todos los colectivos oprimidos del planeta y se dice que podría costarle la medalla.

No lo harán, seguro. Puede que lo siguiente sea que otro atleta repita el gesto, y después otro, y otro, y que en poco tiempo se exija a todos los atletas que lo hagan, como ha ocurrido con el postureo de arrodillarse ante el racismo. Un gesto espontáneo que nació en una comisaría de (creo) Miami y que se convirtió luego en muestra obligatoria de sumisión al Black Lives Matters (“o te arrodillas, o te apalizo”). Un gesto que se politizó y extendió de tal manera que las selecciones de Inglaterra e Italia lo llevaron a cabo en la previa de la final de la Euro 2020. Pura fachada. Los ingleses, uno de los pueblos más racistas sobre la faz de la Tierra, como se vio al acabar el partido con los comentarios vertidos sobre los tres jugadores que fallaron los penaltis, casualmente los tres de raza negra.

O con la velocista bielorrusa Krystsina Tsimanouskaya, que cometió el delito de opinar y criticar a la Federación de su país y ahora corre el peligro de sufrir las represalias del régimen de Lukashenko, otro que utiliza la “libertad de expresión” a su manera: los deportistas bielorrusos no ganan más medallas, al contrario que los africanos, “porque no pasan hambre. ¿Pero por qué los resultados son tan diferentes? Porque saben: si ganan en las Olimpiadas, en un Mundial, significa que tendrán todo. Si no ganan, tendrán que deambular por ahí y buscarse su pan». La falsedad del COI al hablar de respeto y abandonar a su suerte a Tsimanouskaya indica que solo les preocupan las formas, lo que escapa a su control, no el fondo, ni la integridad de los atletas.

Dejemos estos asuntos al margen del deporte, no intenten politizar a los deportistas, aunque sé que es mucho pedir. Juan Carlos Monedero ya lo ha hecho esta misma semana tras la medalla de la saltadora Ana Peleteiro en triple salto:

A lo mejor el racista es el que destaca el color de piel en un país en el que Joan Lino, Niurka Montalvo o Chicho Sibilio (¡¡¡allá en 1984, Sr. Monedero!!!) han sido medallistas olímpicos en el pasado sin que nadie intentara crear confrontación o sacar réditos políticos de sus éxitos.

Como anécdota divertida, dejo lo que el presidente del Comité Organizador de los Juegos de Tokio, Yoshiro Mori, dijo acerca de que las mujeres hablan mucho en las reuniones y que había que restringir su tiempo. ¿Acaso no dijo algo que algunos estudios han demostrado como cierto? Me refiero a la primera frase, no a la validez de su propuesta. Pues para él no hubo libertad de expresión y fue obligado a dimitir en febrero. Por si alguien albergaba dudas, su puesto fue cubierto por una mujer, Seiko Hashimoto.

Lo que no sabemos es si las reuniones del Comité Organizador de los Juegos son ahora más largas, si se me perdona la broma. Todo sea en aras del respeto a la libertad de expresión.

Siguientes capítulos:

Tokio 2020 (II): la película de Simone Biles, by Travis.

Tokio 2020 (III): el maratón olímpico, by Lester.

Tokio 2020 (IV): el resumen de los Juegos, by Barney.

La lotería de los penaltis no es tal

BARNEY, 18/07/2021

El domingo pasado finalizó la Eurocopa de fútbol con el triunfo de Italia sobre Inglaterra en los penaltis. La misma escuadra azzurra había eliminado a los nuestros en semifinales por penaltis, de igual modo que España eliminó de esta guisa a Suiza, que a su vez había hecho lo propio con Francia desde los once metros. Siempre que un encuentro se decide de este modo, los periodistas recurren a un tópico tan manido como el de «la pena fatídica» o «los Globos de Oro son la antesala de los Óscar» y es que el partido se resolverá en «la lotería de los penaltis». Y yo creo que, al igual que en el fútbol se entrenan todos los aspectos técnicos, tácticos y físicos, los penaltis son un lance más del juego que se prepara y se entrena, y el resultado final dista mucho de ser una lotería.

En un deporte colectivo como el fútbol, los penaltis son la expresión máxima de la individualidad: el jugador de campo frente al portero. El que tiene todo que perder frente al que puede erigirse como héroe. El que acaba señalado como villano enfrentado al que será el gran triunfador de su país aunque los penaltis se vayan a las nubes. Y en esas circunstancias la cabeza pesa tanto como la habilidad para lanzar los penaltis.

De todos modos y por seguir con el símil, para enfrentarse a una lotería conviene comprar más papeletas o jugar con más números, y hay una serie de reglas que conviene seguir para (al menos) no partir en desventaja:

  • El sorteo para elegir portería y orden de lanzamiento. No tengo datos sobre la importancia de lanzar en la portería en la que están los aficionados de uno u otro equipo, aunque lógicamente todos los equipos quieren lanzar frente a la grada en la que están sus seguidores, pero sí hay numerosos estudios sobre el peso del orden de lanzamiento en el resultado final. El famoso estudio de los profesores Palacios-Huerta (London School of Economics) y José Apesteguia (Universidad Pompeu Fabra, Barcelona) analizó 2.820 tandas de penaltis entre los años 1970 y 2008, y llegó a unos porcentajes de 60%-40% a favor del primer lanzador, pero no solo eso, sino que realizó un muestreo de los sorteos para concluir que en más del noventa por ciento de los casos el ganador elige lanzar en primer lugar. Por esa razón, el capitán del Real Madrid, Sergio Ramos, se sorprendió y se frotó las manos al ver que Gabi ganaba el sorteo para elegir en la final de Milán de 2016 y escogía lo indicado por el Cholo Simeone: ceder el turno al Madrid. Sabemos todos lo que pasó. La razón psicológica es clara: la presión suele ser mayor para el que lanza en segundo lugar, y el porcentaje aumenta si el rival anota, es decir, si se va por debajo en el marcador. Si el sorteo es tan importante para el resultado final, no puedes mandar a un tipo como Jordi Alba frente a un italiano, y menos si este es Chiellini, doctor en Administración y Dirección de Empresas. Que te vacile después es una consecuencia lógica. Entre los cambios que algunos expertos han propuesto para el reglamento del fútbol está que el orden de lanzamientos sea ABBA, en lugar del tradicional ABAB, para que se produzca un traspaso de presión entre los equipos.
  • Confiar en la experiencia, desconfiar de la juventud. Son muy pocos los jugadores que tiran penaltis a lo largo de una temporada, pues esta es una tarea reservada normalmente para los cracks de cada equipo, así que llegado el momento decisivo lo normal es optar por la veteranía, por jugadores curtidos en mil batallas a los que no les pese la responsabilidad ni la presión de lanzar en un ambiente hostil. En la final de la Euro 2020, por Italia lanzaron los veteranísimos Chiellini (36) y Bonucci (34), y nadie entendió los elegidos por el seleccionador inglés, Gareth Southgate, que dejó la papeleta a tres de los más jóvenes jugadores sobre el campo. Y fallaron los tres. En casa, con un público que nos recordó a los peores tiempos del hooliganismo, con el equipo como favorito y toda la presión sobre sus espaldas, Southgate decidió que Jadon Sancho (21), Marcus Rashford (23) y Bukayo Saka (19) lanzaran. A los dos primeros los sacó en el minuto 120 de partido solo para que cometieran el gambazo que cometieron. En sus enfrentamientos contra Suiza e Italia, Luis Enrique no dejó esa presión a Pedri (18) y creo que todos lo entendimos. En momentos así también se distingue a un entrenador, como cuando Vinicius pidió tirar un penalti en la final de la Supercopa entre el Real Madrid y el Atleti (Arabia Saudí, 2020) y Zidane le dijo que no. Hay jóvenes con mucho más aplomo que algunos veteranos, pero el entrenador debería ser quien dejara los criterios claros mucho antes del partido (días, semanas incluso). Nunca entendí que Camacho escogiera a Joaquín (20 años entonces) para tirar un penalti en aquella fatídica mañana de junio en Gwangju, el día que supimos de la existencia de Al Ghandour, sobre todo porque en el campo había jugadores como Luis Enrique (32) y Miguel Ángel Nadal (35), que se curraron un Bebeto mirando para otro lado y dejando toda la responsabilidad al chavalín.
  • La elección y la preparación del portero. El portero es quien más tiene que ganar y menos que perder en una tanda de penaltis. Salvo que seas De Gea. Luego lo explico. Un portero no puede llegar a la tanda sin haber analizado previamente a sus rivales. Coño, que no es tan difícil, que los jugadores y el cuerpo técnico se pasan horas en una concentración preparando un partido y es bastante probable pensar que se puede resolver por penaltis. ¡Pues prepáralo! Parece algo excepcional cada vez que nos cuentan que un técnico o incluso el portero suplente ha soplado al titular por dónde suelen lanzar los jugadores rivales, cuando es algo que debería estudiarse siempre. El Madrid lanzó sus cinco penaltis de Milán a Oblak por su lado izquierdo. Y también consiguió engañarle en los cinco de la Supercopa de 2020. Porque lo habían estudiado. Van Gaal cambió a su portero titular (Cillessen) por el suplente (Krul) en el último minuto de la prórroga frente a Costa Rica en el Mundial de 2014 y le salió bien, seguramente porque descolocó a sus rivales, cambió el guion y los pilló desprevenidos. Si alguien en la selección española hubiera estudiado los aciertos de David De Gea en los lanzamientos de penalti jamás le habría dejado que se la jugara en la tanda del Mundial de Rusia frente a los locales. Porque no los para ni aunque le tiren a dar. Este año le anotaron once seguidos en la final de la Europa League frente al Villarreal, y para colmo falló el suyo. Lleva desde abril de 2016 sin detener un penalti: 40 lanzamientos desde entonces y 40 goles. Solo hay que tirar a puerta. Cuando vimos que la final de la Euro se decidía entre Donnarumma y Pickford, supimos que Italia partía con mejores papeletas para «la lotería». Lo mismo que en las semifinales entre Inglaterra y Dinamarca, en las que Schmeichel hijo me hizo pensar que repetiría la hazaña de Schmeichel padre en la Euro del 92 (El bigote de Kim). Hay porteros con esa habilidad y la confianza necesaria para asustar al rival, pero por desgracia, lo que ocurrió es que un piscinazo de Sterling made in City me privó de confirmar mi teoría.
  • Cuidado con los megacracks, es preferible que lancen al principio de la tanda. Mbappé falló por Francia, Cristiano en la final de Champions entre el Manchester y el Chelsea (salvado luego por los errores de Terry y Anelka), Messi en la final de la Copa América frente a Chile, Ronaldo, Kaká y Sergio Ramos en las famosas semis frente al Bayern de 2012, Zico, Sócrates y Platini en los cuartos del 86, Maradona en el partido frente a Yugoslavia del Mundial de Italia 90, Roberto Baggio y Baresi en la final del Mundial USA 94,… y así un largo etcétera de cracks. Algo les pasa que sienten la presión más que sus compañeros, quizás porque nadie espera de ellos lo que les puede ocurrir, igual que al resto. Hay entrenadores que dicen que hay que poner al mejor lanzador en quinta posición y al segundo mejor en la primera. Yo pondría siempre a mi jugador más fiable en primer lugar. Te evitas además que tu estrella se pueda quedar sin tirar, como a Cristiano Ronaldo en las semis contra España en la Euro de 2012, el día del «¡qué inyustisia!».
  • Raso, fuerte y al palo. Sé que parece fácil, pero si fuera entrenador, lo primero que haría es obligar a mis jugadores a que se dejen de gilipolleces. Si va raso, fuerte y al palo entrará más del noventa por ciento de las veces, por muy bien que se tire el portero rival. Ni paradinhas, ni pasitos, ni carreras absurdas, ni saltitos, ni esperar al último segundo para decidir el lado, ni panenkas, ni a media altura, ni… La de penaltis que se fallan por estupideces. Zaza, Oyarzábal, . Italia tenía la final ganada cuando Jorginho hizo su típico saltito y falló. Lanzamiento flojo, fácil de parar si el portero adivina la trayectoria. Aquí dejo algunos de los penaltis peor tirados de la historia, que incluye al propio Neymar y la tontería que hace siempre antes de lanzar:
  • Y la última, ya que hablamos de confianza: No dejar que lancen jugadores del Atleti. Así es, para qué nos vamos a engañar. Esta no-lotería de los penaltis va sobre la confianza y la historia del Atleti es la de los que se quedan «a punto de», con la miel en los labios, luego no puedes ir a la tanda de penaltis con los jugadores del Atleti. Lo sabía Southgate y no dejó que Trippier (30) lanzara en la final. Luis Enrique lo sabía y en el partido contra Suiza cambió a Morata y a Koke durante el partido. Griezmann y Juanfran en Milán, Saúl en Arabia, Koke en Rusia 2018, Torres en Munich… su cara antes del lanzamiento lo anticipa (recordad El influjo magnético de la sonrisa sobre los postes). De la Euro 2020 nos privó el fallo de Morata. Sí, ya sé que esta temporada ha jugado en la Juve, pero Morata es atlético de carácter, formas, declaraciones y sobre todo, de confianza. Psicológicamente. En todos los chats de Whatsapp, en todo Twitter, en el bar en el que estaba y en todo el puto mundo, se comentó: «tenemos claro que Morata no puede lanzar un penalti». Estaba con confianza, había metido el gol del empate y Luis Enrique lo animó, pero es un cenizo de manual. Ni siquiera me extrañó su fallo. Mi mujer me preguntó que cómo lo sabíamos y le dijimos simplemente: «tiene el ADN del Atleti».

Maldita prensa

BARNEY, 05/06/2021

De todo lo que dice Zidane en la famosa carta publicada en el diario As, lo más doloroso para mí es todo lo referido a la maldita prensa. Todo. Deja varios recados, a cual peor. A todos esos periodistas que no querían hablar de fútbol porque le «hubiera gustado que las preguntas no fueran siempre dirigidas hacia la polémica», pero a esos ya los conocemos, son lamentables, olisqueadores de morbo y una vergüenza para la profesión. Mucho más grave es lo que señala respecto a los «mensajes filtrados intencionalmente a los medios de comunicación» porque «creaban interferencias negativas con la plantilla». Lamadreque… nunca quise creerlo, pero parece que era verdad. Tienes una panda de buitres carroñeros merodeando y resulta que desde la directiva se les daba carnaza para aumentar la presión sobre el entrenador. ¡Sobre el Zidane de las tres Copas de Europa! Creo que el hecho de que Zidane elija el puñetero As de Relaño para su carta, el medio del enemigo irreconciliable de Florentino Pérez, no es casual.

¿Tan importante es la prensa para un entrenador? Podemos pensar que no debería ser así, que un técnico del más alto nivel debería tener la capacidad suficiente como para evadirse de la presión que supone tener todo el día a alimañas acechando en las ruedas de prensa, pero se ve que afecta. Y creo que afecta porque sus comentarios crean confianza o desconfianza para poder trabajar. No solo eso, sino que además hay millones de seguidores que van al fútbol con el As o el Marca bajo el brazo creyendo a pies juntillas lo que dicen, y este año no se ha notado mucho por la ausencia de público en los estadios, pero tengo claro que de haber estado el Bernabéu a reventar, Zidane no habría llegado a diciembre tras las derrotas en casa frente al Cádiz, el Alavés o el Shaktar. Claro que influye la prensa para trabajar.

Hay muchos ejemplos cercanos. Al Cholo Simeone no se le critica nada, por ejemplo, pese a ser el entrenador mejor pagado del mundo. Sí, este año ha ganado la Liga «de aquella manera», pero se ha pasado años practicando un juego horrible y viviendo de la excusa del presupuesto, cuando infrautiliza a jugadores como Joao Félix (125 millones) o Lemar (75 millones). Aprovecho para dejar aquí mi explicación de lo ocurrido este año en LaLiga, un campeonato con un guion escrito desde la primera jornada en el que se sabía que «el malo», el enemigo de Tebas, no podría hacerse jamás con el título:

La Liga en ocho capítulos

El capítulo octavo

El Cholo tiene tantos «amigos» entre los periodistas que cuando entró en la sala de prensa en Lisboa tras la final de 2014 comenzaron todos a aplaudirle. ¿Por qué? No es solo que olvidaran el lamentable juego y el bochornoso espectáculo de fingimiento y pérdida de tiempo desplegado durante más de una hora, sino que aplaudieron también al tipo que en los últimos minutos de partido saltó al campo como el macarra que siempre fue para agredir a un chaval de 21 años entonces, Raphael Varane. Lo que siempre se critica al entrenador del Real Madrid, sea quien sea, se convierte en aplausos cuando del Cholo se trata.

Otro ejemplo de prensa babosa a su alrededor es Pep Guardiola, que puede gastar más de mil millones de euros en fichajes y no conseguir nada en Europa. Lo sé, habrá quien recuerde sus dos Champions con el Barça (2009 y 2011), pero con ese equipazo se consiguieron también antes (Rijkaard, 2006) y después (Luis Enrique, 2015). El Bayern de Munich logró la Champions antes de Pep (2013) y después de Pep (2020), pero no con Pep, pese a todos los fichajes realizados. La semana pasada se le aplaudió la genialidad de salir a jugar la final de Champions sin medio centro defensivo, lo mismo que se le aplaude hacer que un lateral vaya hacia el centro del campo o que juegue sin delantero centro.

Se le va a aplaudir todo lo que haga (recordad El sexto sinsentido) y si pierde, también será porque él es el responsable de los logros de su rival. Por cierto, el MVP de la final fue el medio centro defensivo del Chelsea, Kanté.

No deja de ser curioso el doble rasero de la prensa para alabar a Simeone, Guardiola, Klopp, Tuchel o incluso Pochettino mientras se critica todo lo que hace Zidane, cuyo palmarés habla por sí solo. ¿Desde cuándo está la prensa detrás de la cabeza de Zidane? En realidad no ha habido entrenador del Madrid que haya escapado de los ataques de la prensa: Del Bosque era un gestor de grupo sin conocimientos tácticos (dos Champions, un Mundial y una Eurocopa, entre otros títulos), Lopetegui por cómo se produjo, Benítez porque no era el perfil, Solari porque pasaba por allí y no daba la talla, Mourinho era un tipo arisco y maleducado que jugaba al contraataque (100 puntos y 121 goles en una sola temporada),… y Zidane es un alineador con flor. Con todo lo que ha tenido que aguantar este año con las lesiones, sin fichajes y con las salidas de jugadores en mitad de la temporada. Tras el descalabro frente al Alcoyano se pidió su cabeza, ya se hablaba de que no tenía margen o la situación era límite:

Recuerdo las desagradables portadas y anuncios del Marca con los nombres de los supuestos entrenadores para cuando se echara a Zidane. Solo pensar que algunos directivos podían tener interés en que se filtraran estas noticias me revuelve el estómago:

Siempre Pochettino, igual que Allegri. ¡Ni que hubiera ganado tres Champions y dos Ligas! Josep Pedrerol, a cuyo programa acudió Florentino Pérez en persona a explicar el proyecto de la Superliga, se pasó varias semanas atacando al técnico madridista. Octubre de 2020:

Apenas hacía tres meses de la consecución del título de Liga, pero la memoria es muy corta y frágil, como comentaba Zidane en otro de los puntos de su carta. Tras caer en agosto con el City volvieron las críticas al entrenador:

Los méritos del entrenador para alzarse con la que quizás sea la Liga más complicada de la historia, tras el parón por el confinamiento y la pandemia, ya se habían olvidado. Si me sigo remontando hacia atrás en el tiempo, compruebo que Zidane nunca dejó de estar cuestionado para la prensa, para toda, también la que algunos llaman madridista. Durante la misma temporada 2019-20 y tras la derrota en Mallorca (qué más darán los penaltis no pitados ese día):

En la pretemporada de ese mismo año 2019, el Real Madrid fue vapuleado 3-7 en Washington. Repito, era un amistoso de pretemporada, pero se volvió a utilizar para cuestionar la idoneidad de Zidane para el puesto de entrenador.

Zidane había vuelto al equipo unos meses antes para tratar de enderezar el desaguisado que habían dejado Lopetegui y Solari, pero tras una mala racha de resultados y apenas tres meses en el cargo era cuestionado de nuevo. Mayo de 2019:

Zidane había abandonado el Real Madrid en mayo de 2018 en lo más alto, tras conquistar su tercera Champions consecutiva eliminando al Paris Saint Germain, el Bayern de Múnich, la Juventus de Turín y derrotando 3-1 al Liverpool que había arrasado la Premier. Nada, tampoco era suficiente. Zidane se fue agotado, un tanto a la manera de Ulises o Aragorn, o como Gladiator y el descanso del guerrero. ese tipo cansado que solo quería volver a casa y reposar tras tanta batalla. Esa misma temporada había sido muy complicada para el técnico tras la eliminación en Copa frente al Leganés y la mala marcha del equipo en Liga:

Lo que no se contaba era por qué el Madrid estaba a 14 puntos del Barça en esos momentos, tras un arranque de campeonato tan vergonzoso como lo ha sido todo este campeonato. Villar estaba en chirona, el Madrid había hecho doblete de Liga y Champions unos meses antes, y había arrasado 1-5 al Barça en la Supercopa pese al calamitoso arbitraje de De Burgos Bengoetxea. El Villarato morirá matando.

Uno podría pensar que tras ese doblete y tras jugar una final de Champions espectacular contra la Juventus en Cardiff (4-1) a Zidane se le reconocerían sus logros como entrenador. Pues resulta que tampoco. El equipo ganaba porque la plantilla era la mejor, nunca por los méritos del entrenador. Junio de 2017:

Lo que hizo Zidane aquel año fue arriesgado, novedoso, innovador… Espectacular. El famoso equipo A y equipo B, que logró tener enchufada a toda la plantilla y alcanzar un doblete que se le escapaba al Madrid desde hacía más de cincuenta años. Pero para la prensa siempre ha quedado esa sensación de que Zidane «pasaba por allí, puso a sus cuatro amigos y tuvo suerte». Zidane fue nombrado primer entrenador del Real Madrid en enero de 2016 y en marzo de ese mismo año la prensa ya especulaba con su salida (Entrenador nuevo, blanco seguro) y proponía los eternos candidatos:

Otra vez Pochettino, otra vez Allegri. Y de regalo, Ernesto Valverde, entonces entrenador del Athletic de Bilbao. Siempre pensé que eran especulaciones absurdas de la prensa, pero me preocupa pensar que podían ser filtraciones interesadas. Concluyo ya con la famosa crítica de Isaac Fouto, el vendedor de humo de la supuesta infalibilidad del VAR, ya antes de que Zidane tomara posesión de su cargo como entrenador del club:

Este post se titula por algo «Maldita prensa», porque creo que buena parte del hartazgo de Zidane se debe a la misma y por eso resulta más imperdonable la posibilidad de que la directiva haya estado tras esos mensajes de crítica, como desviando la atención de la responsabilidad del club en algunas de las decisiones tomadas. Tras la marcha de Zizou se han deslizado sobre todo cuatro nombres: Conte, Raúl y los habituales Pochettino y Allegri. Ninguno. De manera sorpresiva se ha elegido a Calo Ancelotti. No sé si me motiva o no, con él al frente el equipo jugó maravillosamente bien durante varios meses, se conquistó la Décima, pero desde luego tiene personalidad y experiencia, aunque no sé si es el adecuado para acometer la drástica renovación que necesita la plantilla. ¿Qué ha hecho la prensa tras su primera rueda de prensa, en la que se habló entre otros de Gareth Bale? Volver a meter mierda, volver a los ataques hacia uno de sus objetivos preferidos:

Otra vez hablando del «golfista», y buscando una foto de un futbolista en su tiempo libre, qué asco dan. Bale sodomiza periodistas, como dije en su día, y come carne picada de hijos de periodistas, solo así se entiende el odio que le tienen. La noticia es del 4 de junio, y parece que no les importa que hace ya más de una semana el agente del jugador hubiera dicho lo contrario:

La verdad les importa muy poco. Como el análisis riguroso de los datos o la veracidad de la información. Por esta razón, y puesto que es una guerra abierta contra el club, lo último que he escrito para La Galerna son mis propuestas para el contrato del entrenador del Real Madrid, las obligaciones que el club debería cumplir para garantizar que el entrenador pueda trabajar a gusto y sin interferencias:

Desde el mismo día en que firmó me subo al carro de Carletto, ojalá el club lo blinde y ojalá cumpla los tres años de contrato que ha firmado. Será señal de que ha podido trabajar pese a todo ese entorno perjudicial.

Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (II)

19/04/2021

II. Diez propuestas by Barney

He basado mis propuestas en primer lugar en los aspectos que celebro en otros deportes que me gustan, como el baloncesto, el rugby o el balonmano y en segundo lugar, en el rechazo a todo lo que detesto del lodazal infecto de conductas antideportivas en que se ha convertido el fútbol. La inmensa mayoría de jugadores de tenis, baloncesto, atletas, o incluso los aguerridos jugadores de balonmano o rugby, son auténticos caballeros del deporte, mientras que el fútbol debe ser el único deporte en el que el Reglamento premia al tramposo, al que evita de manera intencionada el ataque del rival. Y no solo eso, sino que los medios lo priman: «el fútbol es de los vivos», «qué listo estuvo», «una falta táctica», «logró engañar al árbitro»,…

Así que vamos allá con diez propuestas para mejorar el espectáculo y la limpieza del fútbol:

  • 1. Tiempo cronometrado o parado, en lugar de tiempo corrido. Dos tiempos de treinta minutos. El tenis, los deportes de raqueta, o el voleibol, son deportes en los que no hay límite de tiempo, se pueden pasar horas jugando hasta que alcanzan un marcador determinado (3 sets, 25 puntos, 21 en el tenis de mesa). En el baloncesto, balonmano, fútbol sala y waterpolo se juega a reloj parado. El fútbol es ese caso extraño en el que se pierde tanto tiempo como el que se juega porque no se para nunca y el objetivo ni siquiera consiste en llegar a un marcador determinado. Lo que propongo no es ninguna novedad, la IFAB ya lo ha planteado en varias ocasiones, como en 2017. Hay cosas que los aficionados detestamos en el fútbol y que sorprendentemente tienen premio: el jugador que finge una lesión y se pasa dos minutos en el suelo hasta que se reanuda el juego, los saques de banda o córner del equipo que va en ventaja, el portero que tarda treinta segundos en sacar (el sábado lo hizo Courtois y me cabreó mucho, pese a que íbamos ganando), el ceremonial de los cambios en los que el sustituido se va a la parte más alejada del campo y regresa de manera parsimoniosa hacia el banquillo,… Es desesperante, nunca se descuenta el tiempo que se pierde, luego la norma favorece al infractor, ¡absurdo! La IFAB planteó partidos de sesenta minutos divididos en dos partes de treinta en los que se parara el cronómetro cada vez que había una interrupción. Lo único que yo añadiría es que la última posesión de cada parte se deje concluir, es decir, no se pita el final al llegar al minuto treinta o sesenta, sino cuando el juego se interrumpe. Como el fútbol es un deporte de pillos, el que va en ventaja podría hacer una falta para forzar el final, pero en ese caso no contaría: si quiere que el partido se acabe, tendrá que recuperar el balón y lanzarlo fuera.
  • 2. Cambios sin límite, pero sin parar el juego. La idea es la del balonmano, en cualquier momento. Ya se encargarán sustituto y sustituido de no perder tiempo. Las actuales plantillas tienen veinticinco futbolistas, profesionales bien pagados que se quedan sin jugar durante muchos partidos cada temporada, porque solo juegan once más los cinco cambios. Esta circunstancia, unida a los calendarios cada vez más cargados, convierte a los suplentes en un recurso de lujo que se queda sin utilizar por los clubes. Millones de euros ociosos que además generan tensiones en los vestuarios, apatía en los menos profesionales por ver que apenas cuentan en las rotaciones, incremento de lesiones en los habituales, partidos en los que el cansancio acaba pesando más que el propio talento,… El campo de fútbol es mucho más grande que uno de balonmano, así que se podría poner un banquillo de suplentes en cada banda, con siete integrantes de cada equipo por banquillo. Siete en banda derecha, siete en banda izquierda, once jugando y la plantilla entera sabiendo que puede saltar al campo en cualquier momento en función de las circunstancias y el marcador. Como el tiempo sería cronometrado, no habría pérdida alguna de tiempo, los esfuerzos serían más intensos, aumentaría la velocidad del juego, habría muchas más alternativas para los entrenadores y los partidos no se resolverían por la fatiga de los titulares. La única pega que le veo a esta propuesta es que serían más evidentes las diferencias entre los equipos grandes y los pequeños, porque podrían fichar a jugadores de banquillo que en el resto de equipos contarían con muchos más minutos. Pero eso ya ocurre en la actualidad.
  • 3. Aumentar el tamaño de las porterías. Esta propuesta se la escuché hace años a Don Alfredo Di Stéfano, que de esto sabía un poco. El tamaño reglamentario actual es de 7,32 metros de ancho por 2,44 metros de altura. Con porteros del tamaño de Courtois, Oblak, Neuer, Allison Becker y tantos otros, por encima del 1,90 m. de altura, más la agilidad y potencia que han adquirido en los tiempos recientes, se hace cada vez más difícil meter un gol desde larga distancia. Qué pocas veces vemos ya esos pepinazos desde lejos que se colaban como misiles por las escuadras o las cepas de los postes. El tamaño de estos porteros y su calidad son un factor más para intentar entrar con el balón hasta el fondo, con lo cual se potencian más las defensas cerradas. Es curioso que en el fútbol evolucionen algunas cosas y otras apenas nada, pues las primeras porterías de fútbol tenían unas medidas muy similares a las actuales: 8 yardas de ancho por 8 pies de altura. O lo que es lo mismo, 7,30 metros por 2,34 de altura. En 1996 Josep Blatter, entonces presidente de la FIFA, propuso aumentar el tamaño de las porterías: unos 50 cm. de ancho y 25 cm. de altura, aproximadamente dos balones de anchura y uno de altura. La propuesta fue rechazada de modo unánime, aunque yo creo que habría que rescatarla del cajón e ir más allá: 2-3 metros de ancho y 30-40 cm. de altura. Si uno ve un partido actual, porteros como Oblak o Courtois llegan al larguero con la cabeza y son capaces de alcanzar el poste desde el centro de la portería sin apenas dar un paso. Los porteros actuales son atletas más largos que un partido de la selección española, luego hay que dificultar su trabajo si queremos potenciar el fútbol ofensivo, los tiros de media y larga distancia. En definitiva, los goles.
  • 4. Áreas más pequeñas: hay dos jugadores sobre el campo con una ventaja muy superior sobre los otros veinte, pues pueden usar las manos, ¿de verdad es necesario que puedan ejercer su superioridad en una zona de 665 metros cuadrados? Es demasiada ventaja y aunque se les ha dificultado mucho el uso de las manos en los últimos tiempos cuando el balón viene de un compañero, no estaría de más reducir el área en el que pueden aprovecharse de su ventaja, salir hasta 18 metros para dificultar al atacante su jugada o desplazarse lateralmente 16 metros hacia cada lado para abortar jugadas de peligro. Enlazo esta norma con la siguiente.
  • 5. Dejar el fuera de juego solo para las áreas, trazando una horizontal hasta las bandas, o delimitar una zona cercana al área, como se hace en el fútbol 7. Marco Van Basten proponía suprimirlo por completo, pero creo que sería contraproducente porque podría convertir el fútbol en una acumulación de futbolistas en el área pequeña y balones a la olla, y eso es todavía más feo que el «balonmanismo» del fútbol actual. Al área hay que llegar tocando, combinando, lanzando balones en profundidad, con penetraciones y suprimir totalmente el fuera de juego llevaría a acumular futbolistas en el área, palomeros, chupagoles y todas esas figuras del fútbol de barrio que desvirtuarían el espectáculo. Respecto a las polémicas de los fueras de juego por centímetros, que si el hombro, la rodilla o la punta de la bota, yo propondría que el jugador solo ha entrado en área de fuera de juego cuando ha pisado esa zona, igual que en el baloncesto un jugador no está fuera si ha saltado desde dentro del campo para salvar una bola. Un jugador podría estar en carrera en el momento en que se le lanza el pase, pero si no ha pisado el área de fuera de juego en el momento en que el balón sale de su compañero no estaría en posición irregular. Se reducirían esas perpendiculares absurdas que a veces salen del antebrazo y otras de la clavícula porque la posición la marcarían los pies apoyados sobre el suelo. Y con esta propuesta mantendríamos a los jugadores fuera de las áreas, pero «agrandaríamos» el campo. Hace años se jugó un Barcelona-Real Madrid con esta regla, en un amistoso organizado por Canal Plus bajo el nombre de «El Gran Desafío». Solo hubo un fuera de juego en todo el partido (Villarroya, quién si no) y para el espectador el partido fue entretenido, con más llegadas, aunque algunos jugadores se quejaron de que el campo era «más largo». Justo lo que no ocurre ahora: defensas que adelantan las líneas, campos que se acortan y limitan. Con la forma física de los futbolistas actuales, se puede plantear cualquier opción, la de Wenger, la de Van Basten o la del fútbol 7, que siempre serán mejores que la actual. En cuanto a la manipulación de las imágenes para determinar si es posición correcta o no, seguirá existiendo la polémica, como ayer con el gol anulado de manera incorrecta a Mariano, pero se reducirán las posibilidades. Sobre este asunto y el principio de incertidumbre de Heisenberg vs principio de certidumbre del VAR, dejo aquí mi último artículo para La Galerna.

6. Expulsiones temporales a los jugadores. Los diez minutos del rugby quizás sean excesivos, mientras que los veinte segundos del waterpolo se me antojan cortos. Como los partidos se disputarían a tiempo parado, tendría que ser una expulsión temporal de 5-8 minutos. Los motivos para una expulsión temporal serían amplios, como por ejemplo:

* Entrada fuerte y desproporcionada sobre un rival.

* “Falta táctica” para evitar un contraataque.

* Las faltas a un jugador en posición clara de gol dentro de la zona delimitada para el fuera de juego serán sancionadas con penalti y expulsión temporal del infractor.

* El típico pique o calentón entre jugadores.

* Una cosa que me desespera del fútbol es desplazar el balón cuando se ha señalado una falta. Yo aplicaría la norma del balonmano: expulsión temporal si no dejas el balón inmediatamente en el sitio y sales huyendo de allí como si fuera una granada a la que le han quitado la anilla.

* Cortar el balón con la mano de manera intencionada.

* Cualquier protesta al árbitro, por nimia que sea, puesto que al colegiado hay que respetarlo como hacen los maromos del rugby. Incluso a HH y BB.

* Pedir al árbitro que saque tarjeta al rival. Es uno de los gestos que trajeron las modas recientes y que me parece más detestable, de mal compañero.

Un jugador con dos expulsiones temporales no podrá volver al campo, pero sí podrá ser sustituido.

7. Limitación de faltas por cada jugador, como en el baloncesto. Cuatro, cinco como máximo. Sí, puede que en ocasiones se piten faltas que en realidad son roces, pero es igual que en el baloncesto, el jugador que tiene cuatro sabe que tiene que ser menos agresivo en defensa, y si se trata de favorecer el juego de ataque, empecemos por debilitar las defensas agresivas al límite del Reglamento. El jugador que alcance el número de faltas podrá ser sustituido por otro compañero, pero no dejará a su equipo en inferioridad numérica.

La tarjeta roja seguirá existiendo para agresiones a un rival, insultos al árbitro o entradas con el uso excesivo de la fuerza sin intención de jugar el balón, o con ánimo de lesionar al contrario. Y una norma que puede no gustar: roja al jugador del banquillo que salte al campo a protestar, a una tangana, o a algo distinto que jugar al fútbol. Directo al túnel de vestuarios, acabemos de una vez con los shows de los tipos de los banquillos.

8. La mano en el área es penalti siempre que el brazo esté despegado del cuerpo y desvíe la trayectoria del balón, da igual la intencionalidad, si está apoyada en el suelo o no, si viene de rebote, si es una posición natural, si “agranda el espacio ocupado por el defensa”, si tiene influencia en la jugada,… da lo mismo. Mano despegada del cuerpo: penalti. Dejémonos de las surrealistas interpretaciones de Andújar, Iturralde, Fouto y demás palmeros.

9. Cambios en las eliminatorias de los campeonatos: yo me cargaba la fórmula del valor doble de los goles en campo contrario. Debería pasar el que más goles meta en el global de las eliminatorias, es lo más justo. Esta regla hace que el equipo local, el que debería jugar al ataque para obtener la máxima ventaja, suele jugar con bastantes precauciones, sin descuidar la defensa porque un gol en contra puede ser letal. En caso de empate, jugaría una prórroga de diez minutos de tiempo cronometrado con un jugador menos para que haya más huecos y no puedan encerrarse o atrincherarse en sus áreas. Ya sé que los jugadores deberían estar fundidos, pero con la norma de los cambios, pueden aguantar perfectamente. Si tras los diez minutos de prórroga persiste el empate, se juegan otros diez minutos con otro jugador menos. Si aun así persiste el empate, no me convence la opción de los penaltis «shootouts» que proponía Marco Van Basten, y mantendría los tradicionales, pero con el orden de lanzamiento ABBA, como ya se ha probado en algunos campeonatos en categorías inferiores, o como hace el tenis con el cambio de saque en los tie-break para ir alternando las ventajas. Como han demostrado algunos estudios, en el sesenta por ciento de las tandas de penaltis gana el equipo que lanza primero, dato que parecía desconocer el Cholo Simeone en Milán cuando eligió tirar en último lugar. Con el sistema ABBA, la presión o la tranquilidad van cambiando de bando.

Y 10. Un calendario más racional: hay que reducir partidos intrascendentes, como los que acaban de jugar las selecciones nacionales en mitad de la fase clave de los campeonatos de clubes. No soy un enemigo del fútbol de selecciones, pero no es de recibo que Lewandowski no haya jugado con el Bayern de Múnich en cuartos de final ante el PSG, o que Ramos recayera de su lesión con España, que Modric juegue tres partidos en una semana, o que Luis Suárez y Torreira pillen el Covid con su selección cuando su club, que es el que les paga, aplica estrictos protocolos para evitar esos contagios. La Liga española no da para veinte equipos, hay que reducirlo a dieciséis, como mucho, y hay que promover enfrentamientos entre los mejores clubes de Europa todas las semanas, no de manera excepcional. La Euroliga de baloncesto ofrece un calendario extenuante para jugadores, pero gozoso para los aficionados. Treinta y cuatro partidos de fase regular, y las selecciones quedan relegadas solo para las grandes fases finales, no para partidos irrelevantes. Si la UEFA y la FIFA se quieren llevar gratis by the face a los jugadores de los clubes, que les pagan y muy bien, deberían suscribir unos enormes seguros que costeen las fichas de los futbolistas por el tiempo que estos estén parados tras una lesión con su respectiva selección. El hartazgo de los grandes clubes con estos organismos son los que han llevado a la creación de la Superliga por parte de doce grandes clubes europeos, más los que están por sumarse a la propuesta, que sospecho que serán muchos.

Las normas que he incluido son meras propuestas, algunas más estrafalarias que otras, varias de ellas ya han estado sobre la mesa, y en cualquier caso, son simples elucubraciones de un aficionado que ve que el deporte que le gusta no evoluciona. Estoy abierto al debate, sugerencias, críticas…

Como todos los lectores asiduos de este blog sabéis, si queréis colaborar por una buena causa a través de una ONG contrastada, es posible hacerlo mediante microdonaciones en este enlace: Ayuda en Acción/colabora

Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (I)

BARNEY, 17/04/2021

I. El contexto

Son entrañables. No suelen defraudar. Cuando algo no les gusta, cuando el resultado no es el que esperaban, la culpa es del Reglamento. Del oficial, no del suyo. Me refiero, cómo no, a los seguidores del Barça y a sus altavoces mediáticos. PERO esta vez voy a darles la razón en parte. El sábado pasado, tras la victoria del Real Madrid frente al eterno rival por dos goles a uno en Valdebebas, los seguidores culés se quejaron de dos cosas: un penalti de chiste de Mendy sobre Braithwaite y el poco descuento que concedió Gil Manzano, apenas cuatro minutos. Ambas protestas fueron amplificadas por los de siempre, el entrenador Ronald Koeman y el voceras mayor del universo, Gerard Piqué.

Al día siguiente, Gol TV, la cadena de Jaume Roures, último avalista del Barça, publicó un mensaje indicando el tiempo perdido, 9 minutos, 50 segundos, y por lo visto (no puedo contrastarlo, porque no veo TeleRoures), en El Golazo le dedicaron parte del programa al tiempo que se perdió durante el encuentro. Sus medios afines, que son casi todos, difundieron por doquier la noticia:

Dejando a un lado que incluyen los más de tres minutos que se pasaron rajando al árbitro (son únicos en esto) y la avería del pinganillo del colegiado, lo cierto es que tienen razón: el descuento fue corto. Podía haber durado un par de minutos más perfectamente. Pero eso es lo que no puede ser, que una decisión tan importante como esa, en un partido de la trascendencia de un Madrid-Barça dependa del criterio subjetivo de un árbitro y no de un Reglamento claro. Todos tenemos nuestros descuentos (o no-descuentos) fatídicos clavados en el alma y la sensación de injusticia que te queda, que es distinta a la de un penalti o un error de apreciación. Lo prolongo o no según me apetezca, y que pase lo que tenga que pasar.

Han cambiado muchas cosas en el mundo del fútbol de unos años a esta parte y el Reglamento apenas lo ha hecho. Muy poco, tan poco que creo que la FIFA puede competir en inmovilismo con la propia Iglesia. En 2016, la IFAB (International Football Association Board) publicó varias novedades que la FIFA trató de vender como la mayor revolución del Reglamento en décadas, pero en realidad lo más destacable fue la incorporación del VAR, cambiar la norma llamada del «triple castigo»(expulsión tras un penalti en ocasión manifiesta de gol) y permitir el saque de centro hacia atrás. No mucho más. En 2019, modificaron la regla del saque de puerta, para el que ya no sería necesario que el balón saliera del área, y a lo largo de estos últimos años han cambiado la norma de la mano considerada como infracción o penalti, hasta el punto de que ahora mismo nadie sabe cuándo una mano es penalti y cuándo no.

Se ha llegado a un punto absurdo en el que parece que cada semana se reinterpreta la norma, voluntaria/involuntaria, separada del cuerpo o no, que ocupa espacio o no, posición natural, influencia,… aunque creo que eso no es culpa del Reglamento, sino de los opinadores, que hacen auténticos ejercicios de trilerismo para justificar lo injustificable:

La polémica va a seguir existiendo siempre, es consustancial al propio fútbol, pero lo que no puede hacer este deporte es convertirse en algo anodino, que es en lo que por desgracia a veces se está convirtiendo. Resulta paradójico que haya mejorado todo, la técnica de los jugadores, la preparación física, la velocidad, el estado del terreno de juego, la calidad de las retransmisiones… y que todo eso haya redundado en partidos más planos, con menos ocasiones, menos goles, sin apenas alternativas o remontadas épicas. Con mucha menos emoción. Hace un par de semanas se jugó la final de Copa del Rey entre el Athletic de Bilbao y la Real Sociedad, con victoria de estos últimos por un gol a cero. Vi el último cuarto de hora, en el que los bilbaínos deberían haberse volcado sobre la portería donostiarra y fue soporífero: su única preocupación era no perder el balón. Solo tiraron una vez a puerta y apenas colgaron balones al área, ni siquiera a la desesperada. Fue decepcionante.

O los partidos de clasificación de España, con posesiones del ochenta por ciento y dos remates a portería, ¿es este el fútbol que queremos?

El fútbol que me gustaba se muere, como dije en su día. La mayoría de deportes ha sabido evolucionar a medida que incorporaba ventajas técnicas o físicas. En baloncesto ampliaron las zonas para sacar de ellas a los jugadores grandes, crearon la zona de tres puntos para primar a los tiradores o ampliaron el perímetro cuando comprobaron que la ventaja era excesiva, redujeron las posesiones de 30 a 24 segundos, etc. La evolución es constante y creo que el fútbol puede acabar perder mucho interés si no ofrece alternativas que mejoren el espectáculo.

La FIFA nombró Director de desarrollo técnico al exjugador holandés Marco Van Basten en 2016, y aunque he leído ya varios artículos de sus propuestas, lo cierto es que no ha encontrado todavía el suficiente apoyo para sacarlas adelante. Coincido con él en esa búsqueda de nuevas reglas que hagan más atractivo este deporte, sobre todo ahora que ya sí puede decirse que ha llegado a rincones en los que era minoritario, como China o Estados Unidos. Marco Van Basten planteó lo siguiente:

  • 1. Penaltis shootouts en lugar de prórrogas o la tradicional tanda de penaltis. El jugador arranca a veinticinco metros de la portería y tiene que driblar al portero o chutar antes de llegar al punto de penalti. Todo ello en menos de ocho segundos. En algunos casos, se ha probado con la limitación de tres toques para el delantero. «Es más talento y menos fortuna. Más espectacular para los aficionados e interesante para los jugadores».
  • 2. Acabar con el fuera de juego. Bien, Marco, por fin alguien lo pone encima de la mesa: «el fútbol se parece cada vez más al balonmano con nueve o diez defensas delante de la portería. Es difícil marcar y crear algo en tan poco espacio». Se parece al balonmano, o al waterpolo, o al fútbol sala: delanteros pasándose el balón de un lado a otro hasta que aparece un hueco, si aparece. El francés Arsene Wenger, entrenador durante muchos años del Arsenal, propuso por su parte un cambio en la regla del fuera de juego, consistente en que no se considere fuera de juego la posición adelantada de un delantero, siempre y cuando una parte de su cuerpo con la que puede anotar gol esté en línea con el defensa. El propio presidente de la FIFA, Gianni Infantino, afirmó que «queremos que el fútbol sea cada día más ofensivo». En un estudio realizado en Inglaterra se concluyó que con la norma Wenger los fueras de juego se reducirían en un cincuenta por ciento. Se evitaría la polémica de anular goles por uno o dos centímetros, como ha ocurrido en ocasiones, cuando ni siquiera es posible determinar la posición exacta del delantero en relación con el momento justo de la salida del balón de la bota de su compañero, pero no sé si se eliminaría la controversia por las líneas mal tiradas que tenemos siempre en España.
  • 3. La tarjeta naranja. Lo que plantea el holandés es una expulsión temporal, como en el balonmano o en el waterpolo. Totalmente de acuerdo. La mayoría de las ocasiones se favorece al infractor, al defensa que corta bruscamente un contraataque, o al que directamente busca hacer daño a un rival. Otra alternativa que pone encima de la mesa es limitar el número de faltas por jugador.
  • 4. Jugar a tiempo parado para evitar pérdidas de tiempo. En este punto, que es en el que he empezado, no puedo estar más de acuerdo. Es absurdo, surrealista, me atrevería a decir que estúpido, otorgar al árbitro el poder que tiene ahora para alargar, acortar o permitir las pérdidas de tiempo. El balón está en juego apenas un sesenta por ciento del tiempo total de juego en las ligas europeas en las que menos tiempo se pierde, las del norte de Europa. En España la cifra alcanza un ridículo 53 por ciento, por eso resulta tan desesperante todo el tiempo que se pierde en hacer los cambios, sacar una falta, un saque de portería, las protestas… Hay que acabar con este sinsentido.
  • 5. Ampliar los cambios. Cuando Van Basten propuso esta medida solo estaban permitidos tres cambios. Tras el parón de la pandemia se aprobó de manera transitoria la ampliación a cinco cambios en tres ventanas por equipo, que parece que va a quedarse por un tiempo.

Yo creo que las propuestas de Van Basten son interesantes, pero han pasado cinco años y no ha cambiado nada. Las polémicas continúan, el VAR no ha evitado errores porque en muchas ocasiones no son errores, sino interpretaciones, y el juego cada día tiene menos ocasiones de gol. Lo cual es una pena cuando ves que los jugadores, todos, incluidos ya los porteros, tienen un buen dominio del balón con ambas piernas, una técnica depurada y unas facultades físicas muy superiores a las que tenían apenas dos décadas atrás. O lo cambiamos, o empezamos a primar una especie de combate a los puntos en lo que lo importante sea otra cosa, y no los goles:

Continuamos en II. Diez propuestas by Barney.

¿Qué cojones quieres, Euroliga?

BARNEY, 02/04/2021

Lo siento, estoy muy cabreado. Acaba de terminar el partido y lo de menos es el resultado. Tras la victoria de esta noche frente a Olympiacos (72-63), el Real Madrid de baloncesto todavía puede clasificarse a cuartos de la Euroliga, del mismo modo que caer eliminado. No ha cambiado mucho la situación, seguimos vivos y toca esperar.

El título de este post estaba escrito desde el pasado martes, tras el esperpento sufrido en el WiZink Center de Madrid en el partido que enfrentaba al Real Madrid con el Anadolu Efes de Estambul. Sí, lo sé, el partido acabó con una escandalosa paliza, 83-108, pero cualquiera que presenciara lo que ocurrió en el tercer cuarto sabe que lo que está pasando no es normal y solo se entiende si hay instrucciones en el sentido de perjudicar al Real Madrid. Lo afirmo con todas las letras, como creo que puede corroborarlo cualquier habitual de los partidos de Euroliga de los nuestros.

No quiero excusarme en los árbitros. El Anadolu Efes ganaría un partido como el del martes en nueve de cada diez ocasiones, o en diecinueve de cada veinte, si lo prefieren. Lo único que pedimos los aficionados, igual que Pablo Laso, es un poco de respeto. Poder competir en igualdad de condiciones. Para los que no presenciaran lo ocurrido, el partido estuvo igualado hasta el descanso, 42-41 para los locales. Pero los turcos son un equipazo, repleto de calidad en todas sus líneas y se escaparon en el inicio del tercer cuarto, coincidiendo además con la lesión de Edy Tavares. El esperpento vino cuando el Madrid logró varias buenas defensas (inmenso Usman Garuba) y logró remontar hasta una desventaja de cinco puntos (62-67). Fue entonces cuando el trío arbitral se puso definitivamente la camiseta de los turcos (que hasta entonces estaba a medio poner) y comenzó a señalar faltas de todo tipo a los blancos: en ataque, en defensa, las que eran, pero también las que no, por flopping visitante, una técnica a Rudy, otra a Laso,… Seis tiros libres consecutivos al final del cuarto para dejar unas estadísticas que no había visto en mi vida: 22 tiros libres de los visitantes por solo 2 de los madridistas. En solo diez minutos. Increíble. Y aun así, solo doce puntos de desventaja en ese momento. Ni siquiera en el atraco aquel de Neyro hace mil años.

Consiguieron desquiciar a Laso y a todo el equipo. De verdad creo y soy consciente de que al Madrid actual, con todos los problemas sufridos esta temporada, no le daba para ganar al Efes, pero, coño, que nos dejen competir, si lo normal es que perdamos en las actuales circunstancias y contra un equipo dotado de mayores recursos. Parece que hubiera un interés por parte de los mandamases de la competición por que el Madrid no se clasifique entre los ocho mejores. Hace un mes se produjo otra de esas circunstancias insólitas en el mundo de la canasta y fue en el partido entre el Real Madrid y Zalgiris, concluido con victoria de los blancos por 70-58. Pues bien, en aquel partido, el Real Madrid pese a atacar 40 minutos y tirar a canasta 58 veces, no recibió una sola falta que mereciera un tiro libre, según la consideración de los árbitros. El casillero de tiros libres en blanco no se ve ni en los partidos de mataos de ligas municipales que he jugado durante tantos años. Aquí lo dejo, enmarcado y directamente extraído de la web de la Euroliga:

Es un hecho tan inverosímil que Pablo Laso quiso insistir sobre el mismo a las cámaras con un enfado tan ostensible como el del pasado martes, cuando fue expulsado por protestar ante los turcos, gritando desesperado unas palabras muy similares a las que solté yo en mi casa: «Me da igual, treinta partidos como este. No te preocupes, que me voy. Estoy cansado, todo el año así«. Y es que llevamos todo el año así, treinta partidos, que se dice pronto.

Sin embargo, los de Pablo Laso van a seguir luchando hasta el último minuto de la última jornada, porque, si algo ha demostrado este equipo, es que no se rinde nunca, por mucho que las circunstancias se lo pongan casi imposible. Orgullo blanco. Este año el equipo ha bajado varios niveles respecto al pasado. A los veteranos Carroll, Felipe, Llull, Rudy y Causseur se les nota mucho ese año de más en sus piernas y en sus cuerpos magullados y el equipo se resiente, ha perdido bastante competitividad. En noviembre se nos marchó el Facu Campazzo, que estaba siendo, quizás, el mejor jugador de la competición, y a su baja se sumó poco después la de Anthony Randolph. Ninguna de las bajas fue sustituida en condiciones, porque Alex Tyus no es un suplente de nivel para Toñejo y Laprovittola no ha dado el salto de calidad que cabía esperar de un MVP de la ACB. Sergio Llull y Rudy Fernández han estado casi tanto tiempo parados como jugando, y a estas bajas se han sumado temporalmente las de Thompkins, Taylor, Garuba y Causseur. Y aun así el equipo sigue dando guerra, planteando batalla cuando y como puede, y mostrando la garra de los más jóvenes: Garuba, Alocén, Abalde. Laso ya ha dado confianza en liga a otros jugadores con muy buena pinta como Vukcevic y con todo lo sucedido es un milagro lo que está logrando esta temporada: título de la Supercopa, líderes en ACB con una sola derrota, y aún con posibilidades de clasificación en la Euroliga.

El Real Madrid es el sexto equipo en anotación y el octavo en número de asistencias, pero es el 16º, antepenúltimo en tiros libres lanzados de toda la competición. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué cojones quieres, Euroliga? ¿Echarnos ya, cabrearnos, perpetuar la agonía de cada partido? Se supone que el Real Madrid es uno de los equipos grandes de la competición y sin embargo el trato que recibe es vergonzoso. El pívot más dominante de la competición es Edy Tavares y no hay jugada en la que no recibe dos o tres mandobles en los antebrazos para evitar que suba la bola. Su situación me recuerda a la de Luka Doncic en la NBA: recibe más palos que nadie y como no los pitan, protesta, y eso hace que los árbitros piten aún menos faltas a sus defensores. Lo saben ya todos los equipos y todos los telespectadores.

Hay tipos con el silbato como Lamonica o Christodolou que los madridistas empezamos a conocer tan bien como Hierrezuelo y Peruga en la competición nacional. El griego pitaba soplidos el martes pasado y se tragó el silbato en el final de Moscú, por ejemplo. Puedo entender las diferencias de criterio entre colegiados, pero cuando es el mismo tipo el que pita cosas diferentes en función de la camiseta… no sé, parece sospechoso. Es como lo de Hernández Hernández y sus criterios cambiantes, curiosamente siempre en la misma dirección.

El Real Madrid se proclamó campeón de la Euroliga en 2015 y 2018, los de Laso son un equipo meramente ofensivo y que no se caracteriza por la dureza en defensa de otras escuadras, y sin embargo (creo que fue en 2018, pero no soy capaz de encontrar la estadística) llegó a liderar tres estadísticas sorprendentes: faltas en ataque, antideportivas y técnicas señaladas. Qué casualidad más casual, Jordi.

Me gustaría preguntárselo al CEO de la Euroliga, Jordi Bertomeu, uno de aquellos directivos de la ACB que se pasó una madrugada intentando que aceptaran la apelación del Barça tras el tapón (ilegal) de Vrankovic a Montero en la final del 96 para llevar el título a Barcelona. Su cercanía al Barça es conocida por todo el mundillo del baloncesto, si bien no termino de entender la estrategia, porque a veces dudo de lo que buscan. El Madrid puede quedar fuera y a ello parecen haberse afanado las últimas semanas, pero ahora mismo tiene muchas papeletas para quedar octavo, en cuyo caso se enfrentaría al Barça, líder de la competición.

a) Nos quieren fuera cuanto antes. Un culé siempre querrá al Madrid eliminado y sabe que los nuestros siempre son peligrosos en los enfrentamientos de playoffs. Yo sigo creyendo y confiando SIEMPRE en este equipo, lo ha demostrado ya muchas veces. Alguno sigue teniendo pesadillas con la recuperación de Llull, el alma del equipo, y van a machacarnos en Turquía la semana que viene y luego, si hiciera falta, echarán un cable al Zenit de San Petersburgo en uno de los dos partidos que les quedan. Que por cierto, tiene narices que queden partidos aplazados antes de la última jornada. Nos quieren fuera cuanto antes.

b) ¿Son tan retorcidos para buscar un Barça-Madrid en el que ahora mismo los culés son superiores? Los enfrentamientos directos esta temporada van 1-4 a favor del Barça esta temporada y la dinámica culé es claramente favorable. El Barça ha invertido una millonada que no tiene estas últimas temporadas en Mirotic, Abrines, Davies, Calathes, Higgins, etc., algunos con sueldos NBA, y nada motiva más a sus dirigentes que mojarnos la oreja como hicieron en la final de Copa. Derrotarnos con amplitud les serviría para justificar el pastizal invertido, por encima incluso del título. Por si todo este arsenal no fuera suficiente, han añadido a Pau Gasol a la plantilla, y quiero aprovechar para dejar mi homenaje a este grandísimo jugador, estupendo tipo (publicado esta semana en La Galerna).

Sería el cambio de tendencia claro después de los nueve años de Pablo Laso al frente del banquillo, pero me parece todo muy retorcido. No lo entiendo, pero como está claro que esto se está dirigiendo con una clara intención, solo cabe preguntar: ¿qué cojones quieres, Euroliga?

Los partidos que ya no veré

BARNEY, 27/02/2021

El deporte tiene la virtud de conceder casi siempre una segunda oportunidad, una revancha. Te quedas a las puertas de conseguir algo grande, como un título o derrotar a tu rival más duro, pero sabes que volverás con todas tus fuerzas para lograrlo a la siguiente oportunidad. Precisamente esas derrotas suelen influir en el carácter de un futuro campeón, lo forjan para que mejore y pula sus defectos. Como espectador es una suerte saber que podrás volver a ver ese partido que te ha maravillado, que volverá a haber un Nadal-Federer, o revancha de un Madrid-Barça, un duelo Coe-Ovett, o Carl Lewis-Mike Powell, o que los Lakers de Magic volverían a jugar la final contra los Celtics de Bird. Aquella mítica final de Wimbledon entre Bjorn Borg y John McEnroe se repitió un año después en el mismo escenario y en aquella ocasión la suerte fue esquiva con el sueco y la progresión del norteamericano le llevó al título. La espectacular final España-Estados Unidos de los Juegos de Pekín 2008 se repitió cuatro años después en Londres 2012 con un resultado similar: espectacular.

Por el contrario, hay partidos que me apetecía mucho ver, ocasiones únicas que esperaba expectante, y que por desgracia nunca se celebrarán porque, por la razón que sea, alguno de los dos contendientes se ha quedado en el camino. Me vino la idea viendo el documental La plata de Los Ángeles 84, en el que recuerdan aquel tercer partido de la final de la liga ACB entre el Real Madrid y el Barça, el que nunca se jugó. La ACB se disputaba con el formato de play-off por primera vez en su historia y la final se jugaba al mejor de tres partidos. El Madrid arrasó en el Palau (65-80), pero en un partido muy tenso perdió en la antigua Ciudad Deportiva (79-81). Fue un partido muy bronco, trabado, como lo querían los visitantes, puesto que en aquel momento el Madrid tenía mejor equipo (creo, es mi opinión personal) y la fluidez en el juego nos beneficiaba. Los últimos minutos, tras la expulsión de Iturriaga, Fernando Martín y Mike Davis, fueron tremendos, de una dureza inaudita para jugadores como Corbalán, Epi, Robinson o Chicho Sibilio. El único al que no le temblaba la mano era Juan de la Cruz, que metió los tiros libres decisivos para la victoria de los suyos. El tercer partido, de nuevo en la Ciudad Deportiva, prometía ser épico y muy tenso, con el título en juego, pero no se disputó por la disconformidad del Barcelona con las sanciones a Mike Davis y Martín, y sobre todo con el hecho de que el iniciador de la tangana, Iturriaga, quedara impune, apto para jugar. Quizás comenzara en ese año el afán del Barça por controlar los Comités de Competición, imprescindibles para dejar impunes algunas de sus hazañas de estas últimas décadas.

De eso va este post de hoy, del qué pena, del «me quedo con las ganas», de los partidos que habría gozado como espectador, pero ya no veré. Una lástima.

  1. Brasil-Alemania en el Mundial 82.

La selección brasileña que vino a España en el Mundial de 1982 es una de las mejores que yo he visto nunca, y desde luego la mejor si hablamos de jogo bonito. Zico, Sócrates, Falcao, Eder, Toninho Cerezo y un lateral izquierdo como Junior, de la estirpe de grandes laterales izquierdos que han salido de Brasil (Branco, Roberto Carlos, Marcelo). Como todo equipo brasileño que se precie, el superequipazo fallaba en dos puestos clave: el portero, Waldir Peres y el delantero centro, un tronco llamado Serginho. Aquella selección de Brasil maravilló a todos los que la vimos jugar en los tres partidos de Sevilla en la fase previa. Animación carioca en las gradas y sobre el césped. Daba igual que el equipo empezara perdiendo porque confiabas en que su enorme calidad revirtiera la situación, como ocurrió con la Unión Soviética (2-1, golazos de Eder y Sócrates) y Escocia (4-1). En la siguiente fase ganaron sin complicaciones a la Argentina de Maradona (3-1).

Por el otro lado del cuadro del torneo había dos selecciones que nos depararon quizás el mejor partido del torneo: la semifinal entre Alemania y Francia. En la selección gala se habían juntado varios artistas repletos de talento como Platini, Giresse, Tigana, Genghini o Bossis. Los alemanes habían tenido un inicio de Mundial complicado, con derrota 1-2 frente a Argelia (en la que jugó Djamel Zidane, que no es el tío de Zidane, señores de Marca, documéntense como no suelen hacerlo), pero, como siempre ocurre con los alemanes, son más peligrosos a medida que avanzan en un campeonato. Se vuelven más sólidos, más compactos y fiables. Contaban también con un equipazo, con Rummenigge, Littbarski, Allofs, Kaltz y «nuestros» Breitner y Stielike. En la prórroga de las semis, los franceses se adelantaron por 3-1 (el partido de la «cafrada» de Schumacher sobre Battiston), pero los alemanes siguieron con su ritmo machacón hasta lograr el empate. Eran una apisonadora, como lo han sido casi siempre.

Yo estaba convencido de que la final del torneo sería un Brasil-Alemania, aunque tampoco le habría hecho ascos a un Brasil-Francia. Los artistas brasileiros frente a la solidez germana. Pero los errores de Brasil ante la cicatera Italia de Paolo Rossi (3-2 en Sarriá) les costaron la eliminación y privaron a aquella selección de un título que, por belleza en el juego, habrían merecido. Y es que el fútbol consiste en que no te metan más goles que los que tú haces, aunque esa filosofía nos haya llevado a partidos planos de control de la posesión y rigor defensivo extremo. Aquella selección brasileña jugaba sin mirar atrás, solo hacia delante, combinando, tocando, practicando esa suerte ya casi extinguida del regate. Su entrenador, Telé Santana, era un firme defensor del talento sobre el campo, como demostró años después con aquel Sao Paulo que ganó dos veces la Copa Libertadores y la Intercontinental, una de ellas, la de 1992, a aquel Barça que se autoproclamaba dream team sin merecimiento.

2. Estados Unidos-Unión Soviética en Los Ángeles 1984

La política nos privó de ver uno de esos partidos míticos que habría adelantado algunos de los momentos que llegaron años después. El equipo que preparó Estados Unidos para los Juegos Olímpicos de 1984 era uno de esos llamados a ser recordados durante mucho tiempo, porque, pese a contar exclusivamente con jugadores universitarios (así sería hasta Barcelona 92), aglutinaba mucha calidad: Pat Ewing, Chris Mullin, Sam Perkins, Wayman Tisdale, Alvin Robertson y sobre todo, Michael Jordan. Todos ellos dirigidos por «El General» Bobby Knight. España llegó a aquella final tras derrotar en semifinales a Yugoslavia, en un partido perfecto (y milagroso) de los nuestros, una de esas noches que nos pasamos en vela a las tantas y dando botes en el sofá ante lo inaudito de la hazaña. Pero en aquella final tenía que haber estado la selección de la URSS, país que renunció a los Juegos como respuesta al boicot de los norteamericanos a los Juegos de Moscú de 1980.

La Unión Soviética reunió aquel año lo mejor de las repúblicas que componían ese conglomerado «geopolítico»: los rusos Myshkin, Tarakanov, Eremin y Tkachenko, el uzbeko Tijonenko, el letón Valters, el estonio Enden, el ucraniano Belostenny y los lituanos Homicius, Iovaisha, Kurtinaitis y el grandísimo Arvydas Sabonis. Eran los mejores de Europa de largo, como demostraron arrollando a todos sus rivales en el Preolímpico disputado dos meses antes de los Juegos, incluida nuestra selección, que cayó por casi treinta puntos de desventaja.

Con Sabonis siempre he pensado eso que dicen los americanos del «What if…?», ¿qué habría pasado si la URSS hubiera disputado esos Juegos? ¿Cómo habría sido ese duelo Sabonis-Ewing? ¿Qué carrera habría tenido el bueno de Sabas si no se hubiera destrozado la rodilla apenas dos años después? Si cojo y ya veterano fue capaz de hacer una carrera dignísima en la NBA, ¿qué habría sido este jugador en plena forma, sin lesiones ni dolores? Vlado Divac llegó a decir que «fue mejor jugador que O’Neal, Ewing y Olajuwon». Bill Walton afirmaba rotundo que «si Sabonis se hubiera ido a la NBA en 1985, Lakers, Pistons y Bulls tendrían unos cuantos anillos menos». A mí no se me olvidará jamás aquella participación de la mítica selección soviética en el Torneo de Navidad de 1984, y sobre todo los movimientos de ese joven gigantón que se llevaba por delante todo lo que pillara en su camino, ya fueran rivales, compañeros o tableros.

3.a) Real Madrid-F.C. Barcelona en una final de Champions

¿Estaban nuestros corazones preparados para esto? Durante los meses de confinamiento y ausencia de competiciones, algunas cadenas emitieron varios partidos de fútbol históricos, recientes algunos y muy lejanos otros. A ratos he visto las dos finales de Copa del Rey que el Madrid ganó al Barça en Mestalla, y lo primero que pensé es: «joder, no ha pasado tanto tiempo, ¿por qué ya no se juega así, a ese ritmo?». Los dos partidos fueron impresionantes, como varios más de aquellos años en que Messi y Cristiano Ronaldo estaban en su mejor momento (en la final del famoso gol de Bale no estuvo CR7 por lesión). Tú ves esos partidos ahora y ves un Madrid en el que se habían juntado una serie de talentos como Ozil, Di María, Xabi Alonso, Bale, Ronaldo y los que aún están, pero con varios años más: Modric, Benzema y Marcelo. Pero es que enfrente estaban el mejor Messi, Neymar, Iniesta, Xavi Hernández, Pedro, Cesc Fábregas, el teatrero Dani Alves,… Mucha tela en ambos cuadros.

¿Habríamos aguantado una final de Champions entre ambos equipos? Messi vs Cristiano, Pep vs Mou. Se rozó en varias ocasiones, puesto que el Madrid jugó hasta ocho semifinales de manera consecutiva y el Barça ocho en una década. Entre ambos equipos se llevaron seis Champions de 2011 a 2018, y parecía lógico pensar en una final entre ambos. El año 2012 parecía aquel en el que por fin se iba a disputar el partido de entre todos los partidos. Ambos equipos traían un resultado desfavorable, pero ajustado, del partido de ida de las semifinales: 1-0 el Barça frente al Chelsea, 2-1 el Madrid en campo del Bayern. Los dos equipos tenían encarrilada la eliminatoria con un 2-0 en la primera parte, y además el Barça había logrado su mejor arma en estos partidos: jugaba ya en superioridad numérica. Sin embargo, el Chelsea logró marcar antes del descanso y desniveló la balanza de la eliminatoria hacia su lado. La segunda parte fue un quiero y no puedo de los locales, que llegaron a contar incluso con un penalti que Messi lanzó al larguero. No fueron capaces de marcar más goles y en el descuento Fernando Torres marcó el segundo gol que más he celebrado de su carrera. Al día siguiente en mi oficina nos partíamos la caja con la situación: «¡¡¡Eliminados con un gol de Paquetorres, ja, ja, ja!!!». Pero hubo uno que dijo: «cuidado con escupir hacia arriba que…», que luego nos pasa lo que nos pasó. El Madrid ganaba 2-0 al cuarto de hora, pero se echó atrás para tratar de conservar el marcador y un gol del Bayern igualó la eliminatoria. No hubo más movimientos en el marcador el resto de los noventa minutos, ni durante la prórroga, y llegamos a una tanda de penaltis que los madridistas recordaremos como una de las más nefastas de nuestra historia: fallaron Ronaldo y Kaká, y remató Ramos con aquel penalti a las nubes que se hizo tristemente famoso.

Creo sinceramente que aquel Chelsea no era superior al Barça, ni aquel Bayern al Madrid, y que la final de 2012 tenía que haber sido uno de esos grandes partidos de la historia de la competición. Ahora bien, siempre y cuando ganara el Madrid, ¡que no sé cómo habría llevado una derrota de los nuestros!

3.b) El partido que Mou soñaba

Un año antes de ese 2012, Real Madrid y Barça se enfrentaron en las semifinales de la máxima competición. El entrenador madridista, Mourinho, planteó la eliminatoria de una manera peculiar, que a mí no me gusta especialmente: 0-0 en la ida, que no pase nada, y a jugársela en la vuelta en el Camp Nou. Tiene su lógico riesgo, porque esa estrategia supone desperdiciar el factor campo, pero fue muy evidente durante la primera hora de juego en la que no pasó nada. Literalmente. Como en los toros: tarde de expectación, tarde de decepción. Con Pepe en el centro del campo y una táctica ultradefensiva en la que nadie perdía su sitio, Mourinho jugó a que no se jugara, y funcionó hasta que el colegiado alemán Wolfgang Stark sacó su doble vara de medir: el patadón de Mascherano a Pepe en el minuto 57 no recibió el mismo castigo que la plancha de Pepe con teatro incorporado de Alves. Solo en ese momento, con diez en el campo, el Barça encontró los huecos y dejó la eliminatoria prácticamente sentenciada.

Fue el día de los famosos «¿por qué?» del portugués, de su rajada sobre Unicef y determinados arbitrajes, y el día en que ese partido de vuelta que Mou había soñado se desvaneció. Aun así, el Madrid tuvo alguna pequeña oportunidad de meterse de nuevo en la eliminatoria en el Camp Nou, pero ya se vio desde los primeros minutos y con varias decisiones que no iba a ser posible. Una pena. Fue una táctica cicatera, estoy de acuerdo, pero al Cholo Simeone le valió para eliminar de manera milagrosa al Bayern de Múnich en 2016 y al Liverpool en 2020, pese a ser inferior en el juego durante ambas eliminatorias. Lo que a unos se les aplaude, a otros se les critica, y en parte estoy de acuerdo, porque el Madrid no es como el vecino del tercero.

4. España-Brasil en el Mundial de Corea 2002

En junio de 2002 arrancaba un Mundial en el que algunos teníamos puestas muchas esperanzas. Me gustaba la selección de Camacho, habían demostrado una intensidad especial durante los partidos previos y estaba repleta de buenos jugadores en su mejor momento: De Pedro, Valerón, Mendieta, Puyol, Rubén Baraja, Diego Tristán, Nadal, Xavi, Luis Enrique, más todos los del Madrid que acababan de proclamarse campeones de la Champions apenas un mes antes: Hierro, Raúl, Morientes, Iker Casillas y Helguera.

En mi oficina hicimos una porra del campeonato completo y yo lo tuve muy claro desde el principio: España ganaba sus tres partidos de la fase previa, eliminaba a Italia en cuartos, a Alemania en semifinales y nos enfrentábamos contra Brasil en la final. Ese cuadro estuvo puesto durante casi un mes en «el corcho de la macroporra» de mi oficina. Italia y España habían avanzado como primeros de grupo, tal y como había previsto, y nos veríamos las caras en cuartos, donde no tenía ninguna duda de que romperíamos nuestra doble maldición: los italianos y los cuartos de final. Pero un arbitraje bastante sospechoso dejó fuera a los italianos en su duelo de octavos contra los surcoreanos, así que «más fácil» nos lo ponían.

Al partido con los coreanos ya le dediqué una entrada completa, Una mañana de junio, así que solo voy a recordar el equipazo que tenía la selección de Brasil ese año: Cafú, Roberto Carlos, Ronaldinho, Rivaldo, Lucio, Gilberto Silva, Denilson y un desatado Ronaldo, que se llevó el trofeo de máximo goleador del torneo con ocho tantos, y la sensación de que había vuelto, aunque solo al setenta por ciento de su estratosférico nivel previo a los dos años de lesiones.

Por cierto, para los más curiosos, en mi porra España perdía la final 2-1.

5. El quinto partido de Nalbandian

Siempre me cayó bien el argentino David Nalbandian, pero no sé si me apetecía ver el partido del que voy a hablar. Me refiero al que no llegó a disputarse en Mar del Plata en 2008, el hipotético quinto partido de la final de Copa Davis entre Argentina y España. Nalbandian era uno de esos genios de la raqueta capaz de mantener peloteos duros, secos, y de repente acariciar la bola y dejarla muerta al otro lado de la red o abrir ángulos imposibles. No sé si por falta de constancia o de físico no logró un mejor palmarés, o quizás se debió tan solo a haber coincidido con esas bestias voraces que han sido y siguen siendo Rafa Nadal, Novak Djokovic y Roger Federer.

Nalbandian obtuvo su mejor triunfo al lograr algo que parecía imposible: remontar una desventaja de dos sets al mismísimo Roger Federer en uno de sus mejores momentos. Ocurrió en 2005 durante la final del Torneo de Maestros en Shangái. 6-7, 6-7, 6-2, 6-1 y 7-6, en uno de esos partidos en los que no puedes despegarte del asiento. Pues bien, en 2008, en la final de la Copa Davis, Nalbandian parecía el jugador que había llegado más fuerte de ambas selecciones. En la primera jornada se deshizo con enorme comodidad de David Ferrer, aunque la sorprendente victoria de Feliciano López sobre Del Potro igualó el marcador. La Copa Davis es un torneo en el que la cabeza cuenta aún más que durante un campeonato normal, como se vio con Juan Martín del Potro, absolutamente desbordado por el ambiente y la presión. Se mordía el labio con tal fuerza que se lo llegó a cortar durante el partido. Por el contrario, Nalbandian mostraba seguridad, solvencia, convencimiento.

El partido de dobles era decisivo, puesto que parecía claro que Nalbandian se llevaría el suyo en la jornada final frente a Feliciano. Sin embargo, ante la desolación de los locales, España ganó el dobles y Verdasco se impuso a Acasuso, con lo que nunca sabremos cómo habría sido ese quinto partido del artista Nalbandian frente al no menos artista Feli. Mejor para nuestra tensión.

Y como tampoco sabremos cómo habría sido ese quinto partido tres años después, en la final de la Davis de 2011 en Sevilla, puesto que la victoria de Nadal sobre Del Potro puso el 3-1 en el marcador y volvió a dejar al bueno de David sin la oportunidad de disputar el punto que habría podido dar el título a los suyos.

¿Y vosotros, alguien se atreve a decir qué partido habría querido ver y ya no verá?

Historia de un Kobeliever

BARNEY, 03/02/2020

Hoy cedo este espacio a una nueva colaboración, un amigo que quiso participar en el homenaje que mi hijo y yo brindamos a Kobe Bryant hace una semana con motivo del aniversario de su desgraciado fallecimiento. En aquel post en el que incluimos a Kobe en los mejores quintetos de la Historia, realicé dos menciones a otras fuentes:

  • Javier Bógalo, autor de Kobe, un libro en el que nos desgrana la personalidad del jugador angelino: «comprender en profundidad a Kobe es como estudiar un cuadro de El Bosco». La exigencia permanente, la búsqueda de la excelencia, las ganas de mejorar, la lucha por sobreponerse a lesiones como la que padeció en el talón de Aquiles… la Mamba Mentality.
  • David Mínguez, un gran aficionado al deporte en general, y al Real Madrid y Los Ángeles Lakers en particular. Su acercamiento a la figura de Kobe Bryant es la de un chaval aficionado que comienza a admirar a una figura del deporte hasta que su sombra trasciende los límites de la cancha. El mito, el ídolo, el hombre, el héroe… el recuerdo de la infancia. Por eso me interesa. Ni siquiera hablamos de baloncesto, hablamos de otra cosa, de sentimientos.

Kobe Bryant sigue vivo

DAVID MÍNGUEZ, 03/02/2020

En la fabulosa película de Batman Begins, del año 2005, el archiconocido Liam Neeson afirma que “si consigues ser algo más que un hombre, si te entregas a un ideal, si nadie puede detenerte, te conviertes en algo muy diferente, en una leyenda”.

Descubrí a Kobe Bryant como uno descubre o encuentra muchas cosas que le cambian la vida. Por pura casualidad. Corría el año 2001 y Canal Plus emitía en abierto el fabuloso programa Más Deporte. En el resumen destacaba por encima de todos un jugador con el número 8 y pelo afro que acababa de meter 45 puntos ante los Spurs en el primer partido de la final de conferencia.

Aquella fue la primera vez que vi jugar a Kobe Bryant y como imaginareis, quedé hipnotizado, enamorado. Desde aquel mismo momento, quizá movido intrínsecamente por mi cabezonería, supe que ese siempre sería mi jugador, con el que siempre iría en un partido de baloncesto o en la Play Station, por algo que es difícil de explicar, algo irracional.

El baloncesto, deporte que no me interesaba lo más mínimo debido a unos medios de comunicación tradicionales que monopolizan el futbol en el noventa por ciento de sus intervenciones, pasó a convertirse en mi deporte predilecto. Los Ángeles, ciudad desconocida y que no sabía ni situar en el mapamundi mundial, pasó a significar para mi la ciudad donde jugaba el número 8.

Desde aquel momento, nada más levantarme y lejos de la era Youtube y redes sociales, lo primero que hacía al levantarme era poner el teletexto para ver cuántos puntos había anotado Kobe: 62 puntos a Dallas en 33 minutos, ¡caray! 81 puntos a Toronto, el teletexto se había equivocado, pensé, pero no, era cierto.

Con la llegada de Youtube, ver sus highlights se convirtió en algo parecido a una adicción. Nada más llegar a casa y sin comer, veía vídeos de los highlights de la madrugada anterior, y así un vídeo tras otro durante horas, aderezado con decenas de euros gastados en revistas NBA, en videojuegos para poder “ser él” aunque fuese 15 minutos, con muchas noches sin dormir y teniendo ojeras en el instituto y en la universidad. Muchos viernes y sábado sin salir con los amigos “porque jugaba Kobe”.

(Colección personal de David Mínguez)

Muchos amigos y familiares jamás lo entendieron y pensaron que había perdido completamente la cabeza, pero el que suscribe estas líneas siempre pensó que para ver a uno de los mejores jugadores de la historia (top 3 junto a Magic y Jordan en mi modesta y subjetiva opinión, claro) había que hacer los sacrificios necesarios, incluido perder horas de sueño (y los que me conocen bien saben que dormir es una de las cosas que menos me gusta sacrificar).

Como afirma el gran Guillermo Giménez, reconocido narrador de Movistar: “a la cámara le gustaba Kobe”. Y es que su figura desprendía un magnetismo inigualable y podías sentirlo cerca de él, como tuve la suerte de comprobar en 2012, cuando tuve el privilegio de ver 2 partidos en directo en Barcelona y fotografiarme con él. Esa noche pude comprobar que su grandeza estaba en quien era como persona, y no en cuántos puntos metía, o en la increíble ética de trabajo que tenía, ya que mientras otros jugadores del Team Usa volvían sin pararse con ningún fan, Kobe fue junto a Deron Williams el único jugador del roster que se dignó a atender a los 30-40 fans que estábamos presentes en el Hotel Arts, mostrándose como el tipo más enrollado del mundo, haciendo caso omiso a su propio equipo de seguridad. Ese momento de estar junto a él y poder simplemente tocarle es algo que nada ni nadie podrá quitarme, ni siquiera cincuenta malditos accidentes de helicóptero.

Su retirada en 2016, con 60 puntos, fue para millones de fans como una muerte, al sentir que nunca más ibas a poder a ver a un fuera de serie como él, y fue imposible contener las lágrimas, pero una vez retirado su grandeza siguió fuera de las pistas, ganando un Oscar y transmitiendo su conocimiento a las nuevas generaciones, centrándose en especial en promover el crecimiento del baloncesto femenino.

En el maravilloso documental Senna, basado en la vida del piloto brasileño Ayrton Senna, se puede comprobar la deidad que suponía la figura del malogrado piloto a la edad de 34 años y el tremendo luto nacional que produjo en Brasil, con tres días de luto nacional. Aun así no comprendía las lágrimas de la gente, ya que, por mucha idolatría que hubiese, la gran mayoría seguramente no lo conocía. Desgraciadamente el 26 de Enero de 2020 comprendí la respuesta.

Kobe Bryant fallecido. La noticia fue un shock brutal, costaba verbalizar la frase, los que le amábamos llorábamos y muchos de los que le odiaban por ser el jugador que les derrotaba estaban rotos. Su muerte fue sentida por millones de personas en Los Ángeles como la de un familiar. Es el sentimiento de haber crecido con él, con sus canastas, con sus aciertos y con sus errores. El sentimiento de haberte levantado cientos de veces del asiento.

La noticia de por sí parecía más irreal si uno comprueba que grandes leyendas de la NBA como Bill Russell (86 años), Jerry West (82), Kareem Abdul-Jabbar (73), Bill Walton (68 años), Larry Bird (64) o Magic Johnson (61) siguen todos ellos vivos a pesar de una mayor edad que la del malogrado escolta de Philadelphia (y esperemos que por mucho tiempo).

Kobe fue tan grande, tan universal, tan planetario, y dio alegría a tanta gente alrededor del mundo, que, sin ir más lejos, a mi me proporcionó un sobresaliente en una asignatura de la carrera por mi blog. Su muerte fue como perder una parte de mi infancia, el sentir que siempre había algún truco aguardando, como en el sombrero de un mago, y eso no me lo ha dado nadie.

El mito es una gran verdad transformada, como un relato que se cuenta para atravesar los siglos. Es como una fábula, como una moraleja, pero mucho más profunda. Por eso sobrevive siempre, por eso el mito es inmortal y no se extingue, ni siquiera con la muerte. Por eso Kobe es inmortal.

Descansa en paz.

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Kobe y los mejores quintetos de la historia

IBRA & BARNEY, 26/01/2021

BARNEY.- Se cumple un año del desgraciado accidente que costó la vida a Kobe Bryant y a ocho personas más. Kobe fue un ídolo dentro y fuera de las canchas, un espectáculo sobre el terreno de juego y un tipo carismático en su vida al margen del baloncesto. Su carta de amor al baloncesto es una maravilla para todos los que amamos el deporte y somos conscientes de que llega un momento en que se acaba, «my mind can handle the grind, but my body knows it’s time to say goodbye», aquí os la dejo completa. La repercusión que tuvo fue tan amplia que el cortometraje Dear Basketball, basado en la misma, narrada por el propio jugador, se llevó un Óscar.

Tras escribir el reciente post sobre ¿los mejores de la historia?, discutí con el portador de “la opinión más relevante” que considero al hablar de la NBA, mi hijo, con el que ya escribí conjuntamente varios posts sobre los playoffs de la NBA y las Finales. Hablamos de Kobe, de Michael Jordan, de LeBron, de los grandes jugadores de los ochenta y de las inevitables comparaciones entre el baloncesto de Kobe y el de Michael. Hubo como una sucesión natural con la retirada del primero y la irrupción del segundo, un traspaso de testigo de Jordan a Bryant.

Ibra y yo hemos visto recientemente los tres documentales sobre la rivalidad entre los Boston Celtics y Los Ángeles Lakers, Celtics-Lakers, los mejores enemigos, tres estupendas crónicas de finales de los setenta y mediados de los ochenta en los que se mezclan el juego, el racismo, el creciente interés mediático por la NBA y sobre todo dos figuras fundamentales: Magic Johnson y Larry Bird. Su reinado se alargó prácticamente hasta la irrupción de los Bulls de Jordan con el permiso entre medias de los Bad Boys de Detroit. El baloncesto de aquellos años era muy diferente al actual, con jugadores mucho más especializados en determinadas facetas del juego que los actuales. Defensa, tiro exterior, juego interior, fundamentos, lectura del juego… hoy en día los jugadores son mucho más completos que entonces, eso no lo discuto. Y así fue como se nos ocurrió la idea de hablar acerca de los mejores quintetos de la historia. Lógicamente yo me aficioné a la NBA con el baloncesto de los ochenta y los noventa, e Ibra lo ha hecho en este siglo XXI, así que cada uno va a defender “su” quinteto preferido. Al lector le dejamos que elija cuál prefiere. De momento, aquí dejo mi elección:

Base: Magic Johnson. Escolta: Michael Jordan. Alero: Larry Bird. Ala-pívot: Hakeem Olajuwon. Pívot: Kareem Abdul-Jabbar.

Se quedan fuera jugones como Pat Ewing, Julius Erving, Isiah Thomas, Karl Malone o aquellos a los que no he visto jugar, como Bill Russell, Wilt Chamberlain o Jerry West.

IBRA.- Cuando se me propuso hacer este post, pensé que sería fácil componer un quinteto de jugadores del siglo XXI que pueda vencer al cinco ideal del siglo XX. Soy de la opinión de que los jugadores mejoran considerablemente generación tras generación, y por lo tanto los jugadores de la actualidad son mejores y más completos que los de hace 30-40 años. Sin embargo, debo reconocer que no ha sido tarea sencilla. La idea de un tío de 2,06 metros de altura como Magic Johnson jugando de base del equipo rival es un punto muy fuerte y difícil de contrarrestar. Tras darle mucho al coco, se me ocurrieron infinidad de combinaciones y todas son buenas, pero hay dos que destacan en especial para mí. La primera es más tradicional, siguiendo la posición natural de cada jugador; mientras que la segunda opción es más moderna y diferente a lo que estarán acostumbrados los puristas y defensores del baloncesto clásico; aunque en mi opinión, es mejor. Es por ello que propongo ambos quintetos:

Opción 1 – Tradicional. Base: Stephen Curry. Escolta: Kobe Bryant. Alero: LeBron James. Ala-pívot: Tim Duncan. Pívot: Shaquille O’Neal.

Opción 2 – Positionless basketball. Base: LeBron James. Escolta: Kobe Bryant. Alero: Kevin Durant. Ala-pívot: Tim Duncan. Pívot: Shaquille O’Neal.

BARNEY.- Magic se merendaría a Curry en ataque, pero habría una buena competencia en otros puestos. He estado tentado de meter en mi quinteto a Shaquille, que debutó en el 92, y a Kobe, del 96, pero “te los dejo” por razones que luego explicaré.

IBRA.- Como se puede observar, en mis dos quintetos hay cuatro jugadores en común. Jugadores que, en mi opinión, son intocables en el quinteto del recién comenzado siglo XXI. Kobe como escolta es indudable. El segundo mejor jugador de la historia en esta posición, sólo detrás de Michael Jordan. Los únicos competidores que puede tener al puesto serían Dwyane Wade, Allen Iverson y James Harden, pero a todos les falta algo que la Mamba sí tenía. A Wade el tiro, a Iverson la altura y a Harden la capacidad defensiva. Todos se quedan cortos en comparación con el grandísimo Kobe, que en paz descanse. Un jugador cuyo legado sobrepasa los límites de la cancha de baloncesto. Este 26 de enero hará un año de su fallecimiento y su actitud, trabajo duro, esfuerzo; lo que él llamaba la “Mamba Mentality”, siempre estará presente entre nosotros, no solo en su faceta deportiva, sino en todos los ámbitos de la vida.

BARNEY.- Coincido contigo, hay un mundo de distancia entre Kobe y el resto en esa posición. Para mí es, con diferencia, lo más cercano que ha habido nunca a Michael Jordan, no ya por sus capacidades atléticas y técnicas, sino por su mentalidad ganadora y ese carácter que hacía mejores y más competitivos a todos sus compañeros. Por si queda alguien que no haya visto este vídeo se lo recomiendo, es alucinante, si esto no es imitar al más grande hasta rozar su misma excelencia, se queda muy cerca:

IBRA.- Sea en la posición que sea, no se puede discutir la presencia de LeBron James en este quinteto ideal. Su combinación de cuerpo, durabilidad, fuerza, agilidad y visión de juego, le convierten sin duda alguna en el jugador más completo de la historia. Es un jugador redondo con apenas debilidades dentro de la cancha de baloncesto. A lo largo de su carrera ha jugado en la posición de alero pero su mentalidad siempre se ha asimilado más a la de un base. Esta pasada temporada lideró la liga en asistencias por partido a los 35 años de edad, es por ello que prefiero ponerlo de base para que defienda a Magic Johnson ya que por su envergadura, es mucho mejor emparejamiento que Curry.

BARNEY.- Menudo duelo sería ese. Para mí, Magic es como su apelativo: magia, showtime, velocidad endiablada y una visión del juego que hacía crecer muchos enteros a sus compañeros. Reconozco que LeBron me gusta cada año más, es increíble su progresión año tras año, de tipo tosco/fuerza de la naturaleza de sus orígenes al jugador completísimo que es ahora, en defensa, entrando a canasta, lanzando de lejos o asistiendo a sus compañeros.

IBRA.- En el juego interior, la dupla que forman Tim Duncan y Shaquille O’Neal me parece insuperable, aunque existen otras buenas opciones. El juego del alemán Dirk Nowitzki es mucho más atractivo para la posición de 4, pero su capacidad defensiva deja mucho que desear al lado de la de Duncan. Kevin Garnett o Pau Gasol tampoco son malas opciones, pero el de San Antonio les supera en títulos tanto a nivel individual con sus 2 MVPs, como a nivel colectivo con sus 5 anillos. En cuanto a Shaq, no hay nadie que se le acerque. Dwight Howard es el jugador que más podría disputarle el puesto, pero incluso a él lo situaría a años luz de O’Neal. Es verdad que debutó drafteado en 1992/1993 y fue All-Star 6 veces en la década de los 90, pero tanto sus 4 títulos, como su MVP fueron en los años 2000, donde se consolidó como la fuerza más dominante de la liga gracias a su combinación única de fuerza y agilidad. A pesar de sus 2.16 metros de altura y sus más de 130 kg de peso.

BARNEY.- Yo creo que entre Duncan y Hakeem Olajuwon sí habría una seria competencia. No sé si ha habido un jugador alto con el juego de pies del africano. Yo siempre lo he preferido a Duncan, que me parece más soft, como dicen los americanos. En cuanto al duelo Kareem-Shaquille, no hay duda de la fortaleza física de Shaq frente a Kareem, pero es que el Abdul-Jabbar que yo conocí era ese jugador entre los 35 y los 42 años mucho más fibroso y delgado que los pívots actuales. Sin embargo, su importancia para el crecimiento de la NBA fue descomunal ya desde su primera etapa en los Bucks. Si tienes un rato largo, te recomiendo este artículo de Javier Bógalo, Alegato por Kareem. Plantea con todo tipo de datos y razonamientos que en la tradicional pelea por «The Goat» merece la pena considerar a un tercer candidato: Kareem. 6 veces MVP de la liga, ahí es nada. Como bien dices, los mejores años de Shaq vinieron en este siglo XXI, así que me quedo con el que en sus principios se llamaba Lew Alcindor. Además, ya sabes que siempre me gustó el cine, y me quedo mil veces antes con Aterriza como puedas que con Ganar de cualquier manera o Kazaam.

IBRA.- Por lo tanto, el último puesto en mi cinco ideal quedaría a disputarse entre Kevin Durant y Stephen Curry. Siendo estrictos con las posiciones deberíamos ir con Curry de base y LeBron de alero; no obstante, a lo largo de este nuevo siglo se va a desarrollar un baloncesto diferente. El llamado “positionless basketball”, cuya traducción literal es baloncesto sin posiciones. Ya lo hemos visto desarrollarse durante la segunda mitad de la década pasada con jugadores como Nikola Jokic, LeBron James o Luka Doncic. Jugadores que juegan como bases aunque su estatura dicte que deberían ser más aleros o incluso pívots. Es por ello que creo que un quinteto con LeBron de base y Durant de alero funcionaría mejor, especialmente en defensa. Sus casi 2,10 metros de altura y su velocidad y agilidad propias de un jugador exterior, hacen de Durant una pesadilla para sus rivales tanto en ataque como en defensa. Curry también es un jugador increíble y por eso le hago mención especial, pero me parece que el talento puro y la versatilidad de Durant no se pueden discutir y por eso debe estar presente en este quinteto ideal.

BARNEY.- Pues sí, creo que mi alero, Larry Bird, tendría serios problemas para defender a un tío como Durant, un gran anotador, atlético, rápido, muy completo. Bird, que por cierto, es el único jugador blanco entre los once que hemos mencionado, es sin embargo uno de los jugadores más listos que han pisado nunca una cancha. Tenía una gran visión de juego, un entendimiento de lo que necesitaba cada partido en cada momento y una calma absoluta para ejecutar tiros letales en los últimos minutos de partido. Lo que ocurre es que hoy en día resulta complicado imaginar a algún jugador con ese físico. Te reconozco que la velocidad ahora es otra. Pero puesto que esto va de duelos entre uno y otro siglo, te sugiero que me dejes a la Mamba para ese hipotético enfrentamiento. Puedes jugar con dos Hardens si quieres. Kobe era muy especial, único, como dice David, un amigo mío: «imposible calcular las horas de sueño que me robaste por poder verte jugar. Imposible calcular también todo lo que me hiciste disfrutar». ¡Gracias, Kobe!

Estadísticas para las comparaciones (en azul, los mejores en cada categoría). Está claro que la mayoría de jugadores del quinteto de la parte inferior mejorará todavía bastante sus prestaciones, pero ahí dejo un argumento más a favor de mis cinco del siglo XX: