Matar el fútbol

BARNEY, 26/12/2021

La FIFA sigue adelante con su propuesta de organizar un Mundial de fútbol cada dos años. No solo eso, sino que indican que a partir de 2026 el número de selecciones participantes subirá a 48. La evolución del número de equipos participantes en las últimas décadas ha sido la siguiente:

  • De Inglaterra 1966 a Argentina 1978: 16 selecciones.
  • De España 1982 a Estados Unidos 1994: 24 selecciones.
  • Desde Francia 1998 hasta Rusia 2918: 32 selecciones.

Si ya en varios de estos mundiales hubo partidos aburridos e irrelevantes, con 48 equipos me temo lo peor, en especial en las primeras fases. Por su parte, la UEFA y la CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol) han alcanzado un acuerdo para que las seis mejores selecciones de Sudamérica disputen la UEFA Nations League en el grupo A, y otras cuatro en el B. De este modo, la categoría A pasaría a contar con 22 combinados nacionales y la B con otros B. Se jugaría siempre en Europa, insertando las fases de grupo en mitad de la temporada, y las eliminatorias finales en junio, cuando hayan concluido los campeonatos de clubes nacionales y continentales.

Entre medias se tienen que seguir disputando las clasificaciones para las Eurocopas, Copas América (5 en los últimos 11 años), mundiales y cada cuatro años, los Juegos Olímpicos. La selección española ha jugado este año dos partidazos contra Italia, la final de la Liga de Naciones contra Francia y unos cuartos de la Euro muy entretenidos frente a Croacia, pero para ello ha sido necesario también una serie de partidos que no pasarán precisamente a la historia del deporte: Kosovo, Georgia, Grecia, Lituania y Eslovaquia. Incluyo en los tostones también los partidos frente a Suecia.

«Football is for the fans» y toda esa patraña que nos sueltan. Tanto la FIFA como la UEFA consideran que tienen un filón que pueden explotar y explotar aún más, y para ello van a seguir haciendo cuanto esté en sus manos no por el bien del fútbol, ni por llevarlo a más rincones del planeta, sino por su bolsillo. Los jugadores ni existen en este calendario absurdo que interrumpe las competiciones de clubes. Y ni siquiera he incluido los partidos de los Juegos Olímpicos, un torneo para el que, a pesar de las limitaciones de edad, también se llevan a profesionales que rinden al máximo nivel en sus equipos. Football is for the fans, claro, porque todos estábamos expectantes ante los Corea del Sur-Nueva Zelanda, Japón-Sudáfrica, España-Egipto, Arabia Saudí-Costa de Marfil y varios partidos más que supongo que alguien muy aficionado vería en su casa.

Yo no soy, o no era al menos, enemigo del fútbol de selecciones, pero cada vez que se interrumpe la Liga española o la Premier para un España-Kosovo o un Inglaterra-San Marino, me convierto en uno de los mayores detractores del mismo. Y yo solo soy un aficionado, pero me pongo en la piel de un directivo de club y me subiría por las paredes: «¿o sea, que las fichas millonarias de los futbolistas las pago yo y los beneficios te los llevas tú?». ¿Qué coño es eso de suspender las competiciones en Europa en noviembre de 2022 para llevar el mundial a una dictadura opresora como Catar? ¿Y luego te devuelvo a los futbolistas hechos papilla, como tras cada parón de selecciones?

Sergio Ramos llevaba en el Real Madrid dieciséis temporadas y en plena renovación, con varias lesiones encadenadas, se le ocurrió decir que quería disputar Eurocopa y Juegos Olímpicos en verano. Se lesionó tras un partido intrascendente contra Kosovo, jugó cojo las semifinales de Champions con el Madrid y al final se quedó sin Euro, sin Juegos y sin Real Madrid. El club que le pagaba, y muy bien.

El centrocampista del Real Madrid, Dani Ceballos, se lesionó el tobillo durante los Juegos y según los médicos de la selección, podría jugar infiltrado las semifinales. Por fortuna no se forzó, pero al llegar a Madrid, los servicios médicos del club comprobaron que tenía una lesión mucho más seria que le ha impedido jugar desde entonces (recuerdo que la lesión se produjo ¡en julio!).

El joven jugador del Barça Pedri, que acaba de cumplir 19 años, encadenó las competiciones con el club que le paga con la Eurocopa y los Juegos Olímpicos. Una locura para un chaval en formación que por entonces tenía (como dijeron los comentaristas unos dos millones de veces) «solo 18 años». En total jugó 73 partidos durante la temporada 2020-21, 52 con el Barça y el resto con las selecciones. Esta temporada está pagando las consecuencias de los esfuerzos y solo ha disputado cuatro partidos con su club, dos en Liga y otros dos en Champions.

Las federaciones hacen lo que les da la gana con los futbolistas. En lo más crudo de la temporada pasada, con las semifinales de Champions en ciernes, la selección croata hizo jugar a Luka Modric tres partidos en seis días. Y luego se habla del «virus FIFA», que no es sino un eufemismo para definir la sobrecarga. Pero ya que hablamos de virus en época de pandemias, conviene recordar la insensatez de los distintos organismos del fútbol al juntar a futbolistas que juegan en distintos campeonatos para las interminables fases de clasificación, con viajes de un continente a otro, o con protocolos distintos entre países.

Ya sé que los futbolistas no son unos lumbreras precisamente (como se ve en la foto junto a la barbacoa), pero la gracia que tiene que hacer a sus clubes saber que no van a poder contar con sus jugadores durante tres o cuatro partidos debe de ser inmensa. O los equipos que cuenten con futbolistas africanos en sus filas (la Ligue1 francesa es la que más lo va a notar), puesto que la Copa África comienza en unos días (el 9 de enero) y finalizará el 6 de febrero. El Sevilla, por ejemplo, que está clasificado en segundo lugar en la Liga española, se va a quedar sin su portero titular (Bono), el delantero centro (En Nesyri) y Munir durante varias semanas, convocados por Marruecos. En algún momento se tiene que cortar este sinsentido que altera y pervierte las competiciones.

Toni Kroos es uno de los futbolistas más sensatos que conozco y ya expresó su cansancio en la carta en la que anunciaba su retirada de la selección alemana: «A partir de ahora me permitiré deliberadamente descansos que no existen como jugador nacional desde hace once años. Y además, como esposo y padre, también me gustaría estar allí para mi esposa y mis tres hijos«. Pero creo que no serán los futbolistas los que pongan freno a esta situación, sino los dueños de los clubes. Los que pagan los estratosféricos salarios de los futbolistas y reciben muy poco como compensación a sus cesiones. Esto es lo que recibieron los clubes por sus jugadores durante el pasado Mundial de Rusia 2018:

Clubes cobro Mundial

Aunque parezca un buen ingreso, no deja de ser calderilla si pensamos que los principales clubes de Europa tienen en torno a una docena de internacionales en sus filas. Si los jugadores se lesionan, la FIFA tiene un Programa de Protección de Clubes con un fondo de hasta 80 millones de euros anuales. No es ni el veinte por ciento de la masa salarial del PSG, por poner la cifra en contexto. Es una ayuda, desde luego, pero solo cubre las lesiones superiores a 28 días y la parte fija de los salarios de los futbolistas, no los variables ni los bonus. Además, tiene un importe máximo anual de 7,5 millones de euros por jugador, lo que en muchos casos cubrirá la ficha del futbolista, pero no así en muchos otros. El club pierde si el jugador se lesiona menos de 28 días, si su salario es superior, o simplemente por las sobrecargas generadas. Y luego hay torneos no cubiertos por el seguro, como los Juegos Olímpicos, que en el caso de España es cubierto por la Federación con su propio seguro.

Las cifras que mueven las competiciones de selecciones son enormes, demasiado golosas y poco transparentes. Los derechos de televisión que negocian la FIFA y la UEFA suponen unos ingresos gigantescos para estos organismos, que además no tienen la responsabilidad de gestionar los clubes ni de pagar los caprichos de sus estrellas. Joao Havelange, Joseph Blatter, Michel Platini, Infantino, Ceferin,… vaya colección. Las acusaciones de haber aceptado sobornos y de plegarse al poder de los petrodólares sobrevuelan el mundo del fútbol y lo que menos importa a estos dirigentes es el espectáculo.

Precisamente el fútbol de partidos absurdos de selecciones es el que está haciendo que se pierda a los jóvenes. Y un Reglamento que hay que modificar para dotar al juego de mayor dinamismo, evitar las pérdidas de tiempo y castigar el teatro tanto como el juego sucio. El ejemplo del baloncesto está al alcance de estos gerifaltes del fútbol. El Reglamento se modifica en pro del espectáculo cada año. La Euroliga es una competición muy atractiva en la que los mejores clubes de Europa no ceden a sus jugadores para las selecciones durante las fases de clasificación. Al final de la temporada, y porque los jugadores de baloncesto son de otra pasta, los que pueden con su cuerpo disputan mundiales, eurobasket, Juegos Olímpicos y lo que les echen. Y casi siempre a tope, sin quejas sobre el calendario. Pero durante la temporada regular no. No vamos a quedarnos sin un Real Madrid-CSKA o un Barça-Unics Kazan como los de esta semana por un España-Finlandia de clasificación. La Superliga que proponían Florentino Pérez, Joan Laporta y la familia Agnelli junto con una serie de clubes entre «acojonaos» y untados era la solución: grandes partidos todas las semanas. Los mejores futbolistas a pleno rendimiento, al cien por cien de capacidad y concentración.

Pero la demagogia ha vencido con el mensaje falaz de los ricos y los pobres y el «football is for the fans» Si fuera para los aficionados, se tomaría ejemplo de un día como hoy en Inglaterra: el Boxing Day. Partidos para los más jóvenes, para que los niños vayan con sus padres al fútbol y se enganchen a unos colores, al ambiente del estadio. Aquí el fútbol es tan «for the fans» que se suspende en época de vacaciones escolares y luego se ponen los partidos a las diez de la noche entre semana. Están matando el futbol entre todos.

Propuestas para cambiar el Reglamento del fútbol (II)

19/04/2021

II. Diez propuestas by Barney

He basado mis propuestas en primer lugar en los aspectos que celebro en otros deportes que me gustan, como el baloncesto, el rugby o el balonmano y en segundo lugar, en el rechazo a todo lo que detesto del lodazal infecto de conductas antideportivas en que se ha convertido el fútbol. La inmensa mayoría de jugadores de tenis, baloncesto, atletas, o incluso los aguerridos jugadores de balonmano o rugby, son auténticos caballeros del deporte, mientras que el fútbol debe ser el único deporte en el que el Reglamento premia al tramposo, al que evita de manera intencionada el ataque del rival. Y no solo eso, sino que los medios lo priman: «el fútbol es de los vivos», «qué listo estuvo», «una falta táctica», «logró engañar al árbitro»,…

Así que vamos allá con diez propuestas para mejorar el espectáculo y la limpieza del fútbol:

  • 1. Tiempo cronometrado o parado, en lugar de tiempo corrido. Dos tiempos de treinta minutos. El tenis, los deportes de raqueta, o el voleibol, son deportes en los que no hay límite de tiempo, se pueden pasar horas jugando hasta que alcanzan un marcador determinado (3 sets, 25 puntos, 21 en el tenis de mesa). En el baloncesto, balonmano, fútbol sala y waterpolo se juega a reloj parado. El fútbol es ese caso extraño en el que se pierde tanto tiempo como el que se juega porque no se para nunca y el objetivo ni siquiera consiste en llegar a un marcador determinado. Lo que propongo no es ninguna novedad, la IFAB ya lo ha planteado en varias ocasiones, como en 2017. Hay cosas que los aficionados detestamos en el fútbol y que sorprendentemente tienen premio: el jugador que finge una lesión y se pasa dos minutos en el suelo hasta que se reanuda el juego, los saques de banda o córner del equipo que va en ventaja, el portero que tarda treinta segundos en sacar (el sábado lo hizo Courtois y me cabreó mucho, pese a que íbamos ganando), el ceremonial de los cambios en los que el sustituido se va a la parte más alejada del campo y regresa de manera parsimoniosa hacia el banquillo,… Es desesperante, nunca se descuenta el tiempo que se pierde, luego la norma favorece al infractor, ¡absurdo! La IFAB planteó partidos de sesenta minutos divididos en dos partes de treinta en los que se parara el cronómetro cada vez que había una interrupción. Lo único que yo añadiría es que la última posesión de cada parte se deje concluir, es decir, no se pita el final al llegar al minuto treinta o sesenta, sino cuando el juego se interrumpe. Como el fútbol es un deporte de pillos, el que va en ventaja podría hacer una falta para forzar el final, pero en ese caso no contaría: si quiere que el partido se acabe, tendrá que recuperar el balón y lanzarlo fuera.
  • 2. Cambios sin límite, pero sin parar el juego. La idea es la del balonmano, en cualquier momento. Ya se encargarán sustituto y sustituido de no perder tiempo. Las actuales plantillas tienen veinticinco futbolistas, profesionales bien pagados que se quedan sin jugar durante muchos partidos cada temporada, porque solo juegan once más los cinco cambios. Esta circunstancia, unida a los calendarios cada vez más cargados, convierte a los suplentes en un recurso de lujo que se queda sin utilizar por los clubes. Millones de euros ociosos que además generan tensiones en los vestuarios, apatía en los menos profesionales por ver que apenas cuentan en las rotaciones, incremento de lesiones en los habituales, partidos en los que el cansancio acaba pesando más que el propio talento,… El campo de fútbol es mucho más grande que uno de balonmano, así que se podría poner un banquillo de suplentes en cada banda, con siete integrantes de cada equipo por banquillo. Siete en banda derecha, siete en banda izquierda, once jugando y la plantilla entera sabiendo que puede saltar al campo en cualquier momento en función de las circunstancias y el marcador. Como el tiempo sería cronometrado, no habría pérdida alguna de tiempo, los esfuerzos serían más intensos, aumentaría la velocidad del juego, habría muchas más alternativas para los entrenadores y los partidos no se resolverían por la fatiga de los titulares. La única pega que le veo a esta propuesta es que serían más evidentes las diferencias entre los equipos grandes y los pequeños, porque podrían fichar a jugadores de banquillo que en el resto de equipos contarían con muchos más minutos. Pero eso ya ocurre en la actualidad.
  • 3. Aumentar el tamaño de las porterías. Esta propuesta se la escuché hace años a Don Alfredo Di Stéfano, que de esto sabía un poco. El tamaño reglamentario actual es de 7,32 metros de ancho por 2,44 metros de altura. Con porteros del tamaño de Courtois, Oblak, Neuer, Allison Becker y tantos otros, por encima del 1,90 m. de altura, más la agilidad y potencia que han adquirido en los tiempos recientes, se hace cada vez más difícil meter un gol desde larga distancia. Qué pocas veces vemos ya esos pepinazos desde lejos que se colaban como misiles por las escuadras o las cepas de los postes. El tamaño de estos porteros y su calidad son un factor más para intentar entrar con el balón hasta el fondo, con lo cual se potencian más las defensas cerradas. Es curioso que en el fútbol evolucionen algunas cosas y otras apenas nada, pues las primeras porterías de fútbol tenían unas medidas muy similares a las actuales: 8 yardas de ancho por 8 pies de altura. O lo que es lo mismo, 7,30 metros por 2,34 de altura. En 1996 Josep Blatter, entonces presidente de la FIFA, propuso aumentar el tamaño de las porterías: unos 50 cm. de ancho y 25 cm. de altura, aproximadamente dos balones de anchura y uno de altura. La propuesta fue rechazada de modo unánime, aunque yo creo que habría que rescatarla del cajón e ir más allá: 2-3 metros de ancho y 30-40 cm. de altura. Si uno ve un partido actual, porteros como Oblak o Courtois llegan al larguero con la cabeza y son capaces de alcanzar el poste desde el centro de la portería sin apenas dar un paso. Los porteros actuales son atletas más largos que un partido de la selección española, luego hay que dificultar su trabajo si queremos potenciar el fútbol ofensivo, los tiros de media y larga distancia. En definitiva, los goles.
  • 4. Áreas más pequeñas: hay dos jugadores sobre el campo con una ventaja muy superior sobre los otros veinte, pues pueden usar las manos, ¿de verdad es necesario que puedan ejercer su superioridad en una zona de 665 metros cuadrados? Es demasiada ventaja y aunque se les ha dificultado mucho el uso de las manos en los últimos tiempos cuando el balón viene de un compañero, no estaría de más reducir el área en el que pueden aprovecharse de su ventaja, salir hasta 18 metros para dificultar al atacante su jugada o desplazarse lateralmente 16 metros hacia cada lado para abortar jugadas de peligro. Enlazo esta norma con la siguiente.
  • 5. Dejar el fuera de juego solo para las áreas, trazando una horizontal hasta las bandas, o delimitar una zona cercana al área, como se hace en el fútbol 7. Marco Van Basten proponía suprimirlo por completo, pero creo que sería contraproducente porque podría convertir el fútbol en una acumulación de futbolistas en el área pequeña y balones a la olla, y eso es todavía más feo que el «balonmanismo» del fútbol actual. Al área hay que llegar tocando, combinando, lanzando balones en profundidad, con penetraciones y suprimir totalmente el fuera de juego llevaría a acumular futbolistas en el área, palomeros, chupagoles y todas esas figuras del fútbol de barrio que desvirtuarían el espectáculo. Respecto a las polémicas de los fueras de juego por centímetros, que si el hombro, la rodilla o la punta de la bota, yo propondría que el jugador solo ha entrado en área de fuera de juego cuando ha pisado esa zona, igual que en el baloncesto un jugador no está fuera si ha saltado desde dentro del campo para salvar una bola. Un jugador podría estar en carrera en el momento en que se le lanza el pase, pero si no ha pisado el área de fuera de juego en el momento en que el balón sale de su compañero no estaría en posición irregular. Se reducirían esas perpendiculares absurdas que a veces salen del antebrazo y otras de la clavícula porque la posición la marcarían los pies apoyados sobre el suelo. Y con esta propuesta mantendríamos a los jugadores fuera de las áreas, pero «agrandaríamos» el campo. Hace años se jugó un Barcelona-Real Madrid con esta regla, en un amistoso organizado por Canal Plus bajo el nombre de «El Gran Desafío». Solo hubo un fuera de juego en todo el partido (Villarroya, quién si no) y para el espectador el partido fue entretenido, con más llegadas, aunque algunos jugadores se quejaron de que el campo era «más largo». Justo lo que no ocurre ahora: defensas que adelantan las líneas, campos que se acortan y limitan. Con la forma física de los futbolistas actuales, se puede plantear cualquier opción, la de Wenger, la de Van Basten o la del fútbol 7, que siempre serán mejores que la actual. En cuanto a la manipulación de las imágenes para determinar si es posición correcta o no, seguirá existiendo la polémica, como ayer con el gol anulado de manera incorrecta a Mariano, pero se reducirán las posibilidades. Sobre este asunto y el principio de incertidumbre de Heisenberg vs principio de certidumbre del VAR, dejo aquí mi último artículo para La Galerna.

6. Expulsiones temporales a los jugadores. Los diez minutos del rugby quizás sean excesivos, mientras que los veinte segundos del waterpolo se me antojan cortos. Como los partidos se disputarían a tiempo parado, tendría que ser una expulsión temporal de 5-8 minutos. Los motivos para una expulsión temporal serían amplios, como por ejemplo:

* Entrada fuerte y desproporcionada sobre un rival.

* “Falta táctica” para evitar un contraataque.

* Las faltas a un jugador en posición clara de gol dentro de la zona delimitada para el fuera de juego serán sancionadas con penalti y expulsión temporal del infractor.

* El típico pique o calentón entre jugadores.

* Una cosa que me desespera del fútbol es desplazar el balón cuando se ha señalado una falta. Yo aplicaría la norma del balonmano: expulsión temporal si no dejas el balón inmediatamente en el sitio y sales huyendo de allí como si fuera una granada a la que le han quitado la anilla.

* Cortar el balón con la mano de manera intencionada.

* Cualquier protesta al árbitro, por nimia que sea, puesto que al colegiado hay que respetarlo como hacen los maromos del rugby. Incluso a HH y BB.

* Pedir al árbitro que saque tarjeta al rival. Es uno de los gestos que trajeron las modas recientes y que me parece más detestable, de mal compañero.

Un jugador con dos expulsiones temporales no podrá volver al campo, pero sí podrá ser sustituido.

7. Limitación de faltas por cada jugador, como en el baloncesto. Cuatro, cinco como máximo. Sí, puede que en ocasiones se piten faltas que en realidad son roces, pero es igual que en el baloncesto, el jugador que tiene cuatro sabe que tiene que ser menos agresivo en defensa, y si se trata de favorecer el juego de ataque, empecemos por debilitar las defensas agresivas al límite del Reglamento. El jugador que alcance el número de faltas podrá ser sustituido por otro compañero, pero no dejará a su equipo en inferioridad numérica.

La tarjeta roja seguirá existiendo para agresiones a un rival, insultos al árbitro o entradas con el uso excesivo de la fuerza sin intención de jugar el balón, o con ánimo de lesionar al contrario. Y una norma que puede no gustar: roja al jugador del banquillo que salte al campo a protestar, a una tangana, o a algo distinto que jugar al fútbol. Directo al túnel de vestuarios, acabemos de una vez con los shows de los tipos de los banquillos.

8. La mano en el área es penalti siempre que el brazo esté despegado del cuerpo y desvíe la trayectoria del balón, da igual la intencionalidad, si está apoyada en el suelo o no, si viene de rebote, si es una posición natural, si “agranda el espacio ocupado por el defensa”, si tiene influencia en la jugada,… da lo mismo. Mano despegada del cuerpo: penalti. Dejémonos de las surrealistas interpretaciones de Andújar, Iturralde, Fouto y demás palmeros.

9. Cambios en las eliminatorias de los campeonatos: yo me cargaba la fórmula del valor doble de los goles en campo contrario. Debería pasar el que más goles meta en el global de las eliminatorias, es lo más justo. Esta regla hace que el equipo local, el que debería jugar al ataque para obtener la máxima ventaja, suele jugar con bastantes precauciones, sin descuidar la defensa porque un gol en contra puede ser letal. En caso de empate, jugaría una prórroga de diez minutos de tiempo cronometrado con un jugador menos para que haya más huecos y no puedan encerrarse o atrincherarse en sus áreas. Ya sé que los jugadores deberían estar fundidos, pero con la norma de los cambios, pueden aguantar perfectamente. Si tras los diez minutos de prórroga persiste el empate, se juegan otros diez minutos con otro jugador menos. Si aun así persiste el empate, no me convence la opción de los penaltis «shootouts» que proponía Marco Van Basten, y mantendría los tradicionales, pero con el orden de lanzamiento ABBA, como ya se ha probado en algunos campeonatos en categorías inferiores, o como hace el tenis con el cambio de saque en los tie-break para ir alternando las ventajas. Como han demostrado algunos estudios, en el sesenta por ciento de las tandas de penaltis gana el equipo que lanza primero, dato que parecía desconocer el Cholo Simeone en Milán cuando eligió tirar en último lugar. Con el sistema ABBA, la presión o la tranquilidad van cambiando de bando.

Y 10. Un calendario más racional: hay que reducir partidos intrascendentes, como los que acaban de jugar las selecciones nacionales en mitad de la fase clave de los campeonatos de clubes. No soy un enemigo del fútbol de selecciones, pero no es de recibo que Lewandowski no haya jugado con el Bayern de Múnich en cuartos de final ante el PSG, o que Ramos recayera de su lesión con España, que Modric juegue tres partidos en una semana, o que Luis Suárez y Torreira pillen el Covid con su selección cuando su club, que es el que les paga, aplica estrictos protocolos para evitar esos contagios. La Liga española no da para veinte equipos, hay que reducirlo a dieciséis, como mucho, y hay que promover enfrentamientos entre los mejores clubes de Europa todas las semanas, no de manera excepcional. La Euroliga de baloncesto ofrece un calendario extenuante para jugadores, pero gozoso para los aficionados. Treinta y cuatro partidos de fase regular, y las selecciones quedan relegadas solo para las grandes fases finales, no para partidos irrelevantes. Si la UEFA y la FIFA se quieren llevar gratis by the face a los jugadores de los clubes, que les pagan y muy bien, deberían suscribir unos enormes seguros que costeen las fichas de los futbolistas por el tiempo que estos estén parados tras una lesión con su respectiva selección. El hartazgo de los grandes clubes con estos organismos son los que han llevado a la creación de la Superliga por parte de doce grandes clubes europeos, más los que están por sumarse a la propuesta, que sospecho que serán muchos.

Las normas que he incluido son meras propuestas, algunas más estrafalarias que otras, varias de ellas ya han estado sobre la mesa, y en cualquier caso, son simples elucubraciones de un aficionado que ve que el deporte que le gusta no evoluciona. Estoy abierto al debate, sugerencias, críticas…

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