Llanto por el poliéster caído en desgracia, por Lester

Ignoro si la nostalgia es el sentimiento que me invade pasada cada Navidad tras la repetición de una conversación con «mi santa esposa» que se produce con la misma periodicidad que el concierto de Año Nuevo:

– Con todo lo que te han traído los Reyes este año, tendrás que tirar algo, ¿no?

– ¿Eh, tirar?

– Bueno, donar, llevar a un punto limpio,… tendrás que deshacerte de un montón de ropa antigua, empezando por esas camisetas de deporte, o por todas esas zapatillas que pusiste junto al árbol de Navidad, a ver si Papá Noel o los Reyes te traían más cosas, ¡graciosete!

Cómo hacer ver a mi amantísima mujer que un sentimiento rayano en la tristeza, o una angustia aparejada a esa especie de síndrome de Diógenes del deportista, me invade cuando me veo en la obligación, asaz indeseada, de deshacerme de esas prendas a las que tanto cariño profeso. Cariño emanado, sin duda alguna, por estar asociadas en su larga trayectoria a batallas deportivas, carreras épicas o partidos a cara de perro (o a cara de hermano, que en aquestas cosas del deporte nadie peor para entrar en feroz lid que aquel que lleva media vida viviendo bajo el mismo techo).

– ¡Si no tengo tantas!

La facilona respuesta, una negación de la evidencia con tal tradición y raigambre como los saltos de esquí de Garmisch, se ve rápidamente superada por la realidad de hallar sobre tu cama las mencionadas camisetas de poliéster.

«Pues va a ser que sí tienes unas cuantas», pronuncia cariacontecida la bella damisela al contemplar todas ellas ordenadas en número hasta 48, cifra que podría incrementar en vano con las ingentes camisetas de algodón, compra frecuente de quien, como este escribiente, osa viajar por destinos remotos y traer una al menos para recordar durante los años venideros que un día disfrutó por aquellos parajes.

Decía al inicio que desconozco si es apropiado denominar nostalgia o cariño al sentimiento que invade al afligido individuo que se halla sometido a tamaña tesitura de descartar entre tanto recuerdo, ya que, sabido es que al margen de su utilidad estas camisetas ocupan ante todo un espacio en la memoria infinita del aficionado deportista. Memoria capaz de transportar a su poseedor a una cancha de fútbol en Mijas, a un establo reconvertido en pista de baloncesto en Becerril de la Sierra o a las calles del barrio madrileño de Vallekas durante la celebración de una carrera popular.

Mas la pertinaz mirada de mi fiel compañera me obliga a hacerlo, pese a que intente evadir tal tarea con ardides evocadores de alguna hazaña «en un pabellón de Las Matas de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que competimos en buena lid contra las huestes malvadas que… ya lo hago, cariño». Pero en el intento de comenzar la penosa tarea del descarte, los dorsales en la espalda me retrotraen a aquella época lejana en que mis piernas eran veloces cual galgo y jugaba en la banda derecha con el número 8, a la par que Michel dejando un surco en el Bernabéu con sus correrías arriba y abajo.

De aquellos días nace el relato Remontada, el único episodio verdaderamente autobiográfico del libro del que muchos me habéis preguntado cuánto de real y cuánto de ficticio hay en él, cuánto fue hallado en huecos recónditos de mi memoria y cuánto pergeñado por una mente febril. Mas no quisiera desviar el relato de los acontecimientos acaecidos, y decía que los dorsales me ubicaban en el tiempo y la edad, y el 10 me lleva a rememorar que una vez perdida la velocidad para la banda, gané en experiencia para situarme en el centro del campo y ocupar mayores espacios dosificando los esfuerzos con la astucia de un zorro veterano. «Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!»

Esa afición al a veces innoble arte del balompié me llevó a elegir para siempre el que había de ser mi número en el retorno tardío al deporte de la canasta: el 14, homenaje al buen hacer de Xabi Alonso, no al del gran Johan Cruyff. «Muchos años después, frente a la línea de tiros libres, el escolta Lester había de recordar aquella tarde remota en que su equipo lo llevó a conocer el hielo…» necesario para mantener la frialdad cuando una contienda se decide en dos lanzamientos desde menos de cinco metros.

Con tanta evocación de un pasado que solo fue glorioso para quien escribe estas líneas, los minutos transcurrían y la selección de los descartes no llegaba, así que pensé que sería más sencillo hacerlo con las camisetas de cortesía que acompañan a cada carrera popular, si bien tal faena se vuelve nuevamente ardua cuando quien tiene la obligación de acometerla es un sujeto cuya memoria tiene por condena. ¡Cómo desprenderme de alguna de esas camisetas cuyo poliéster impregné de sudor en el fragor de una carrera de 10, 21 ó 42 kilómetros! ¿Cómo abandonar en un impersonal punto limpio alguna de aquellas casacas que me acompañaron cual armadura protectora en algunas ocasiones durante más de cuatro horas?

Allí estaban las seis camisetas ganadas a pulso en los sufridos seis maratones de Madrid que mis piernas poco raudas han disputado hasta la extenuación.

En aquella colección topéme con las camisetas conmemorativas de los maratones de Berlín (aquel día que gané a Gebreselassie), jubón que por cierto usaría años después en Eindhoven (el maratón número 13), o la de Praga, que me acompañó serigrafiada con las letras de este blog en el penoso y glorioso maratón de Nueva York, o las de Copenhague y Budapest, prendas todas ellas que sirven ahora al veterano hidalgo en su adiestramiento matutino en pos de una mejora de la marca personal.

«No puedo desprenderme de ellas», intenté compadecer a mi simpar Dulcinea, aun a sabiendas de que la sapiencia femenina supera con creces la estulticia masculina, sobre todo cuando esta es acompañada de una edad avanzada largamente más allá de los nueve lustros y un frikismo inusitado de coleccionista de reliquias deportivas y antiguallas otrora empapadas en sudor.

– ¿Y estas dos? -inquirióme la hermosa dama.

¡Oh, supremo sacrilegio! ¡Ay, mísero de mí, ay, infelice! Apurar, cielos, pretendo, ya que las tratáis así, ¿qué delito cometieron contra vosotros naciendo? ¡El Real Madrid y la selección española!

La elástica negra me acompañó además durante cerca de cuatro horas en un maratón de Madrid celebrado al día siguiente de la heroica victoria por 1-2 del Madrid de Mou frente al Barça de Guardiola (en igualdad numérica por una vez, amigo Barney), y así quedó inmortalizada en varias fotos del paso por la Puerta del Sol y la meta en el histórico Paseo de Coches del Retiro. La segunda, la de Sergio Ramos, fue una réplica comprada a toda prisa en quizás las únicas tierras en las que el fútbol se vive con más pasión que en nuestro país, Italia, lugar en el que nos hallábamos a pocas horas del inicio de la final de la Eurocopa 2008, el épico día en que cambió nuestra historia tras derrotar a las tropas germanas. 

La persistente evocación de recuerdos hizo que finalmente me deshiciera de solo tres camisetas, centrándome en las de peor calidad, esas cuyo cuello y axilas de poliéster estaban grabadas por el sudor reconcentrado del esfuerzo. Aproveché la ocasión para desprenderme de un pantalón de fútbol cuyas rayas emulaban las azulgrana de los infieles de tierras norteñas, y un par de medias que conservaban el agujero en el tobillo que una entrada criminal me provocó años ha.

Una vez terminada la penosa labor, a buen seguro inferior a las expectativas de mi querida compañera, reflexioné sobre los años transcurridos en campos de fútbol y canchas de baloncesto, los kilómetros recorridos sobre asfalto y tierra, «puedo escribir los versos más tristes esta noche», concluí que hace ya mucho que disputé mis mejores contiendas, y que otros alicientes debían acompañarme en estas últimas temporadas de práctica deportiva.

El olor de la retirada me persigue de un tiempo a esta parte, mas aún no me da caza. Fui afortunado con las lesiones, que siempre me respetaron a pesar de la dureza de algunas batallas, y tanta suerte tuve, tanto aguante tuvo mi carrocería, que ahora me permiten gozar del deleite que supone jugar junto a mi propio hijo y admirar la lozanía y fogosidad de una juventud que mucho me recuerda a mi propio ímpetu tres décadas atrás:

 

 

La magia de la sala oscura (I), por Travis

«En mi pueblo, cuando éramos niños, mi madre nos preguntaba a mi hermano y a mí si preferíamos ir al cine o a comer con una frase festiva: «¿cine o sardina?»

Nunca escogimos la sardina. La vida se puede concebir sin sardinas, nunca sin el cine».

Así explicaba el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante el título de uno de sus deliciosos libros sobre el llamado Séptimo Arte, Cine o sardina, toda una lección de amor por el celuloide y las salas oscuras de proyección. Sigue leyendo

Ahora más que nunca

Primer post del año. Sobrevivimos a la Navidad, a las comilonas familiares, las cenas de empresa, amigos o equipos de fútbol de colegas, a las cabalgatas, los paseos por el centro y los codazos en los centros comerciales,… y solo hemos engordado unos 22 kilos de media, bien. En las tradicionales jarras que dan título a los «Cuatro amiguetes y unas jarras» tocaba hacer balance del año 2017 y pensar en los planes de Año Nuevo.

Este blog nació, como ya explicamos alguna vez, para durar 12 meses y cumplirá 4 años en este 2018. Para que tenga continuidad a veces no basta con mantener el buen rollo y las ganas de contar cosas. Un cuarteto de amiguetes de Liverpool terminó disolviéndose por los planes individuales y los egos de algunos de sus miembros. Curiosamente, su canción de despedida, el célebre y celebrado Let it be, alcanzó el número 1 en las listas la misma semana que nacía uno de los cuatro amiguetes blogueros. Hago un paréntesis aquí para recomendar un curioso ejercicio, probadlo:

¿Qué canción era la número 1 en las listas el día que naciste?

No creo que vaya a haber un problema de egos en este caso, pero sí toca replantearse algunas cosas. El año se cierra con las mejores cifras de la corta historia del blog, con más de 30.000 lectores a lo largo del año pasado, lo cual es un éxito en este mundo digital de las lecturas rápidas y tan breves como un tuit. Los lectores se han estabilizado entre los 2.000 y los 3.000 mensuales, con puntas de más de 5.000 gracias a la web Meritocracia Blanca, y esto ya no se puede parar. Sin embargo, resulta curioso el reparto, el top ten de lecturas del año 2017:

  1. Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol (Barney).
  2. Los «lobos» de las finanzas (Josean). Un texto que se escribió en 2015, y sorprendentemente se sigue leyendo con bastante asiduidad.
  3. «¿Por qué? ¿Por qué?», o cuando Mou se transmutó en Barney.
  4. El Atleti es ese vecino del tercero (Barney).
  5. El Pabellón Azul (Lester).
  6. A ver cómo le explico el 6-1 al chino (Barney).
  7. El Hogar Teresa de los Andes (Lester).
  8. Ya va siendo hora de subir el sueldo a estos chicos (Josean).
  9. El VAR no funcionará (Barney).
  10. En un mundo perfecto (Josean).

Mucho fútbol, algo de economía y política, y dos textos sobre el proyecto de Lester en Bolivia. El texto más leído de la historia del blog sigue siendo En busca de la tranquilidad, la declaración de objetivos al inicio de 2015.

El Amiguete Barney corre el riesgo de volar por libre, pues ha recibido una propuesta para colaborar en otra web y quizás el John Lennon que lleva dentro (me parto con esta comparación) le anime a hacerlo.

– Pero no os abandonaré -ha prometido.

Travis y sus frikadas cinéfilas no aparecen entre los diez destacados este año. Y sin embargo mantiene un público fiel que lee sus artículos con cierta asiduidad, con constancia, que se cree sus textos hasta cuando cuenta una milonga. También Travis ha recibido una oferta para colaborar en una web de cine, una página especializada en el asunto y con muchos más seguidores que esta. Se lo está pensando, aunque jarra en mano prometiera:

– Prefiero entrar en un podcast de esos de dos o tres horas con treintañeros barbudos para destripar una peli de vez en cuando. Y a la hora de escribir, y ya que es sin cobrar, prefiero seguir con vosotros.

Josean advierte ya que va a tener un año complicado de viajes y trabajo, pero que intentará mantener su nivel.

– Tu nivel de cantidad, porque de calidad sabemos que no das más de sí.

Exacto. El blog nació para entretener y tratar de aportar una información diferente, con algo de mala leche y mucho rigor, incluso por parte del Amiguete Barney y sus proclamas futboleras. Hubiera muchos lectores o pocos. Y en ocasiones las obligaciones han sido muchas y costaba sacar tiempo para mantenerlo vivo, pero ahora más que nunca, y de ahí el título de esta entrada, llegamos a la conclusión de que el blog debe continuar, the show must go on. Frase esta, por cierto, de otro cuarteto británico, la banda Queen, que sobrevivió incluso al fallecimiento de su estrella, Freddie Mercury.

Y the show must go on, el blog debe continuar, entre otras cosas porque por primera vez en su corta historia, ha conseguido ese palabro tan detestable que es «monetizar» sus contenidos, obtener un rendimiento económico del mismo a través de la publicación del libro de relatos de Lester por una causa solidaria. La solidaridad cala entre los lectores cuando apelas a ella, y los resultados de la movilización en favor del Hogar Teresa de los Andes (Cotoca, Dpto. de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) han merecido la pena. Puede que no sea el último libro que surja de esta web.

Solo por eso (y por los numerosos comentarios de amigos y familiares) merece la pena continuar un año más. Va a ser complicado, queda dicho. Mucho trabajo, obligaciones familiares, aficiones personales, viajes, entrenar algún maratón, y sobre todo, muchas lecturas pendientes. Estos son los tres primeros libros que cada amiguete va a leer este año:

Travis: «ya he comenzado el libro de Star Wars y la filosofía, y me sorprendo al entender por primera vez en mi vida a Kierkegaard o Nietzsche. Bastaba con que en el colegio me lo hubieran explicado con caballeros Jedis o Sith».

Barney: este año toca Mundial de fútbol, y como no podía ser de otra manera, hay que volver al clásico Mortadelo y Filemón, del siempre genial Ibáñez. Grande entre los grandes.

Josean: «confío en seguir indignándome ante lo que veo, y por supuesto, trataré de entender quién mueve los hilos, quién dirige nuestros pasos de modo tan absurdo».

Lester: «a mí me toca leer libros de amigos, todos los años lo hago con un par de ellos, y un año más, me propongo intentarlo de nuevo con El Quijote».

Aprovecho para dejar aquí la lista de «100 libros que deberías leer antes de morir» que la amiga Beilegs me envió recientemente. De la lista llevo 22, alguno infumable como la Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, y dos más que sé que nunca acabaré: La Regenta y el Ulises de Joyce. La vida es corta, como dice el último cartel que mi hija ha colocado en casa.

En lo que coinciden los cuatro amiguetes de este blog es en que hay que leer más, mucho más de lo que lo hacemos, y para eso, para sacar tiempo, debemos desengancharnos de las pantallas de los móviles de los coj… Ese será el gran objetivo del año. Esas mismas pantallas que hacen que las generaciones jóvenes cada vez lean menos, pero algo más sorprendente, ¡que tengan menos interés por el sexo! Si cuando yo digo que los móviles nos están volviendo gilipollas…

Feliz año a todos, amigos lectores, espero que sigáis ahí un año más, al otro lado, leyendo, compartiendo, comentando,… y que si alguno de los Lennon o McCartneys de este blog se independiza, que le sigáis igualmente. ¡Un abrazo!

El salar de Uyuni, por Lester

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Quería despedir el año hablando del lugar más alucinante e irreal en el que haya estado nunca, un paraje que parece de otro planeta hasta el punto de haber sido elegido como escenario para el planeta Crait en la última de Star Wars, Los últimos Jedi. Me refiero al salar de Uyuni, un planeta de una galaxia muy, muy lejana en Bolivia. Sigue leyendo

Star Wars, Ep. VIII: Los últimos Jedi (Travis)

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Amigo lector, tranquilo si no has podido verla todavía porque avisaré cuando vaya a soltar spoilers a saco, uno detrás de otro, porque no concibo hablar de una peli de Star Wars sin mencionar su argumento, el uso de la Fuerza o las batallas espaciales.

Fuimos un montón de gente a verla, Sigue leyendo

El Clásico desde el palco, por Barney

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Y 8, desde el palco, hasta arriba de cervezas y con jamón del bueno. Quedamos tres cuartos de hora antes del partido. Nos recibe un tipo bien trajeado, otros dos nos saludan, otro más nos lleva en ascensor a nuestra planta, y por supuesto, como no podía ser de otro modo en este mundo machista del fútbol, un bellezón de azafata se encarga de nuestros abrigos y nos lleva a nuestras localidades. No dejaría de estar pendiente de nosotros en toda la tarde. Sigue leyendo

8 modos de ver el Clásico, por Barney

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Hoy voy a ver el Madrid-Barça de un modo nuevo, como no lo había hecho nunca anteriormente: estaré en uno de los palcos VIP megapijos del Bernabéu. Oseatelojuro, hartándome de jamón serrano del bueno, con unas camareras espectaculares, bebiendo varias cervezas (con alcohol, por supuesto, porque en la zona noble sí está permitido) y tratando de que mis anfitriones me permitan disfrutar del partido y no me quieran dar la brasa con el balón en juego. Sigue leyendo

¿Qué pasó con la tasa Tobin?, por Josean

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Pues que se la cepillaron, la redujeron, la ridiculizaron y le quitaron todo el sentido que tenía para enterrarla de modo casi definitivo en el mismo olvido que la tasa Tobin original.

La tasa Tobin era una propuesta del economista estadounidense James Tobin a principios de los setenta para gravar las operaciones de divisas con un porcentaje pequeño, entre el 0,1 y el 0,5 por ciento del volumen de la transacción, pero suficiente para desalentar los movimientos especulativos. Con el importe recaudado se pretendían cubrir necesidades básicas de la población, principal víctima en la mayoría de las ocasiones de la especulación financiera. La tasa Robin Hood, como la denominaron, una lástima no haberla visto.

La propuesta no venía de un don nadie, sino de un economista de reconocido prestigio, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1981. La idea fue criticada, atacada y vilipendiada desde numerosos sectores, hasta el punto de que su propio autor terminó renegando de ella.

Con la nueva crisis que se inicia en 2008 (de la que no terminamos de salir, por mucho que nos vendan otra cosa), se vuelve a hablar de la posible implantación de dicha tasa, si bien en esta ocasión, en forma de impuesto a las transacciones financieras especulativas. En ese contexto de burbuja de deuda inflada por especuladores y sostenida por mangantes en la que participaron bancos, fondos de inversión, agencias de rating, autoridades reguladoras y medios de comunicación, nada tenía más sentido que su implantación. Sobre todo, una vez que se vio que las consecuencias de la crisis las pagaba principalmente la población.

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La tasa Tobin de la que se habló al principio de la crisis no es, como dice Carlos Rodríguez Braun, ni una tasa, ni es de Tobin, ni se aplica a los movimientos de compraventa de divisas. La idea fue recogida y transformada por el periodista español afincado en Francia Ignacio Ramonet, en un editorial publicado en Le Monde Diplomatique en diciembre de 1997:

«Se trata de gravar, de forma módica, todas las transacciones sobre los mercados de cambios para estabilizarlos y al mismo tiempo para procurar ingresos a la comunidad internacional. Con un nivel del 0,1%, la tasa Tobin lograría anualmente unos 166 mil millones de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extremada de aquí al comienzo del próximo siglo.
Numerosos expertos han señalado que la puesta en práctica de esta tasa no presentaría ninguna dificultad técnica.» 

Proponía a continuación la creación de una asociación que tuviera como objetivo la implantación de dicha tasa a nivel global:

¿Por qué no crear (a escala planetaria) la Organización No Gubernamental Acción por una Tasa Tobin de ayuda a los ciudadanos (ATTAC)?

Finalmente en 1998 se creó ATTAC como Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras Internacionales y por la Acción Ciudadana. Supongo que serían tachados de «rojos peligrosos, reaccionarios, utópicos soñadores de un mundo proteccionista y una economía intervenida». TASA-TOBIN3.jpg

A mediados de esta larga crisis, entre 2010 y 2012, recopilé una serie de artículos sobre las causas, sus consecuencias y la fallida implantación de un impuesto sobre las transacciones financieras. Como no podía ser de otro modo en economía, todo está relacionado.

El crecimiento del mercado de «humo» (derivados, CDS, futuros, bonos basura,…) se vio favorecido por la mejora de los sistemas informáticos, que permitían cerrar operaciones con una velocidad inusitada. La economía ficticia de los mercados financieros se alejaba cada día más de las magnitudes en las que se situaba la economía real. Cerca del sesenta por ciento de las operaciones financieras eran cerradas por máquinas, sin más intervención humana que la programación de las mismas. Los temibles HFT, high frequency traders. Operadores virtuales sin control cerrando operaciones en segundos y jugando con márgenes mínimos, incluso el segundo decimal. Titular de mayo de 2010: Las máquinas se apoderan de Wall Street y provocan el pánico en el mercado.

El factor humano no paliaba el problema. Al fin y al cabo, los HFT son programados por el hombre, pero además, los brókers de cualquier parte del mundo eran animados con suculentos bonus de sus respectivas empresas para lanzarse a engordar ese mercado. Sin importar los riesgos que asumieran. El juicio de Jerome Kerviel, el bróker de 27 años que dejó un agujero de 4.900 millones de euros en Societe Generale, destapó un buen ejemplo. El banco ya había sido condenado en 2008 por la ausencia de control interno, pero como dijo Kerviel en el juicio, sus superiores les animaban a cerrar todas las operaciones diarias que pudieran, con unos objetivos difíciles de cumplir y sin control de riesgo alguno, hasta el punto de que este «chaval» que no había cumplido la treintena llegó a mover algunos días volúmenes superiores a la propia valoración bursátil del banco.

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El sistema colapsó y empezaron a cerrar empresas, subió el paro, la gente perdió sus ahorros, se redujeron los presupuestos de los distintos gobiernos para sanidad, educación y pensiones, se bajaron los salarios y se propusieron todas esas medidas «mágicas» y atroces para salir de esta crisis, y fue entonces cuando algunos economistas rescataron la tasa Tobin o la necesidad de implantar un impuesto a las transacciones financieras (ITF). La Comisión Europea planteó una propuesta de estudio en septiembre de 2011, con un calendario que llevaría a adaptar la legislación de los distintos países a finales de 2013 para que pudiera entrar en vigor en 2015. (Informe del Banco de España).

Para que nos hagamos una idea de las cifras que se podrían haber obtenido con la tasa Tobin a principios de los setenta, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo calculó la misma en 720.000 millones de dólares. Con el diez por ciento de ese importe, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se proporcionaría asistencia sanitaria y agua potable a todos los habitantes del planeta, y se reducirían de modo drástico los problemas de malnutrición.

Con un ITF mínimo, del 0,1% sobre la compra y venta de acciones y bonos, y otro ¡0,01%! sobre los derivados, se estima que los distintos países de la Unión Europea recaudarían entre 30 y 35.000 millones de euros, unos 5.000 para España. Hubiera llovido menos en algunos hogares.

El lobby financiero se lanzó a degüello para tumbar cualquier propuesta en este sentido (Lobbying to kill off Robin Hood, marzo de 2012). La tasa Tobin no es la solución, como leí en su momento en este artículo de enero de 2012, en el que solo opinaban expertos del sector bancario. Algunos argumentos que se dieron y se siguen dando a día de hoy resultan irrisorios, como las razones técnicas. Si a los mismos bancos se les propusiera implantar una comisión del 0,1 por ciento para cualquier operación tardarían nanosegundos en ponerla en funcionamiento. Desaparecerían las «dificultades de control» del impuesto de inmediato.

Por el contrario, el catedrático de Economía Aplicada, Carlos Berzosa, veía el ITF como vital para la salida de la crisis (enero de 2012) y desmontaba los argumentos de la banca en su contra (Audio muy recomendable). El único argumento que resulta válido es que debe implantarse en todos los mercados, fundamental en una economía global y con movimiento de capitales por todo el planeta en cuestión de segundos. De nada vale que solo diez países de la Unión Europea se planteen su implantación (por supuesto, Reino Unido y Luxemburgo se opusieron desde el primer día).

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La realidad es que, como en el casino, la banca siempre gana y la tasa Tobin, o el ITF, está a punto de morir. En febrero de este mismo año, la Comisión Europea planteó aplazar una vez más su estudio hasta concluir la negociación del Brexit y las elecciones en Alemania y Francia. Seis años más tarde no se ha avanzado prácticamente nada. Como dijo el ministro de Economía, Luis de Guindos (con el que creo que coincido por primera y única vez): «España respalda totalmente la propuesta, pero al final lo importante es la voluntad política y, si no la hay, no podemos seguir debatiendo el proyecto eternamente”.

La mal llamada tasa Tobin, el ITF, se saca del baúl en momentos de crisis, pero no termina nunca de arrancar por las dificultades que encuentra en su camino, y ahora que estamos más cerca de salir de esta recesión, la gran banca ha puesto el martillo y los clavos en manos de nuestros representantes en los distintos organismos para que la devuelvan de nuevo al baúl y le claven bien fuerte la tapa.

Cara Josean

 

 

 

 

 

El doble rasero, por Barney

Dani Carvajal ha sido sancionado por la UEFA con dos partidos de suspensión por forzar una tarjeta amarilla. Algo que no solo está permitido por el Reglamento, sino que además lo llevan haciendo jugadores de numerosos equipos desde hace años. Como Piqué, por ejemplo, el hombre de las bulas infinitas, en un partido del año pasado contra el Arsenal.  Es tan evidente que Carvajal estaba perdiendo tiempo como que Luis Enrique y Unzué le piden a Piqué que fuerce la tarjeta nada más marcar el Barça. Y el central obtiene su «premio» haciendo una entrada muy dura que podía haber lesionado al rival.

Sin embargo, parece que este descaro solo es sancionable en el caso del Real Madrid. Ya hace años multaron al entrenador José Mourinho por provocar las tarjetas de Xabi Alonso y Sergio Ramos en un partido que el Madrid iba ganando 0-4 en Ámsterdam. Es verdad que lo hicieron muy mal, con mucho descaro, con toda esa pantomima Mou-Dudek-Casillas-Ramos-Alonso, pero el caso es que esa misma temporada Andrés Iniesta forzó una amarilla en el partido de cuartos ante el Shaktar Donetsk y no pasó nada. Lo hizo con algo menos descaro que los madridistas o Piqué, poniéndose delante del balón al saque de una falta y con las risitas cómplices de Guardiola en el banquillo. Curiosamente, con el mismo árbitro de aquel Ájax-Real Madrid, el escocés Thomson. Entonces, ¿se castiga el descaro del Madrid o se premia el teatro culé?

También lo hizo Messi en la Liga adulterada de Tebas y no pasó nada. Se llama «picardía» cuando lo hacen otros y «antideportividad» cuando lo hace el Madrid.

La impresión que me da es que hay un doble rasero a la hora de juzgar al Madrid, y se da en todos los ámbitos, como pretendo explicar en este post. Quizás sea porque el Madrid es el equipo más laureado de la historia del fútbol, y por tanto, el equipo a batir, el rival más envidiado y, para algunos, el enemigo más odiado. Esa sensación quizás sea la que trató de explicar José Mourinho cuando habló de la felicidad que embargaba a muchos cada vez que el Madrid es derrotado:

No soy un gran tuitero, seguramente porque no soy hábil en un medio que requiere concisión, pero la semana pasada puse un tuit durante los últimos minutos del Athletic de Bilbao-Real Madrid, nada más recibir Sergio Ramos la segunda tarjeta, justo cuando el Madrid más presionaba y más cerca se veía el gol:

«Que Ramos reciba dos tarjetas y Raúl García ni una es una anomalía que solo se entiende en esta liga del Villarminiato«.

Para mi sorpresa, no debo de ser el único que cree en ese doble rasero a la hora de juzgar al Madrid y la frase se retuiteó varias veces hasta llegar a las 80.000 lecturas, una cifra impensable para este bloguero nada tuitero. Al día siguiente un tuitero de éxito, Maketo Lari (@MaketoLari) publicó las estadísticas de faltas y tarjetas de estos dos jugadores, sin opiniones, solo datos. De acuerdo en que los dos jugadores entran con todo, son duros y juegan con una tensión a veces excesiva, pero resulta un insulto comprobar cómo el madridista ve una roja cada 37 faltas, mientras que el carnicero Raúl García puede hacer hasta 228 para que la vea. Y algunas son criminales, como la que le hizo a Nacho hace un año en San Mamés.

Maketo Lari publicó otro dato curioso: Sergio Ramos no fue nunca expulsado con el Sevilla, ni lo ha sido con la selección española, y sin embargo, lleva ya 24 con el Madrid. Y desde luego con la selección juega con la misma intensidad y dureza. Entonces, ¿hay un doble rasero a la hora de juzgar al central dependiendo de qué camiseta vista?

No tengo ninguna duda. Hay otro caso paradigmático, que es el del delantero uruguayo Luis Suárez. Quizás desde Javi Navarro y Pablo Alfaro no se había visto un tipo tan desagradable en el mundo del fútbol, un sujeto que insulta a todo bicho viviente que tenga cerca, árbitros y asistentes incluidos, un delantero que agrede y lesiona mucho más que los defensas que lo cubren, y que sin embargo ha encontrado en el Barça la inmunidad que su carrera profesional requería. En sus anteriores equipos, Ajax y Liverpool, había sufrido 35 partidos de sanción por sus continuas agresiones y bocados, además de los seis meses de sanción por el mordisco a Chiellini, y desde que está en España solo ha sido expulsado una vez (en Copa), pese a que el nivel de sus agresiones se ha multiplicado de modo exponencial. 

Podemos pensar que la prensa denunciará estos distintos tratos de favor. Pues no, parece mentira que sean los aficionados del Twitter y los blogs aficionados los que están desvelando el doble rasero a la hora de tratar a unos y otros. El As está en guerra con el madridismo desde que su director Alfredo Relaño comenzara la suya con Florentino Pérez. Y el Marca ha blanqueado esta misma semana la figura de Luis Suárez concediéndole la portada y una entrevista en la que no se le ha preguntado lo que todo lector madridista querría:

¿Por qué cree que en España puede agredir, insultar y escupir a rivales y árbitros sin que le expulsen?

El doble rasero para juzgar al Madrid que utiliza la prensa va mucho más allá del trato arbitral y de ese «los grandes no se pueden quejar», pese a que ya se ha demostrado en numerosas ocasiones el trato dispar que reciben Barça y Madrid. Este año a los periodistas les ha dado por atizar a Benzema. Sí, es cierto, su indolencia puede  desesperar a veces, pero no puedes dudar jamás de su calidad y sin embargo, partido tras partido leemos a casi todos los periodistas atacarle, criticarle, menospreciar al octavo máximo goleador de la historia del Madrid, no lo olvidemos. Pocos habréis leído que Luis Suárez ha pasado los seis partidos de fase de grupos de la Champions sin anotar ni un solo tanto, mientras que Karim ha hecho dos en cuatro partidos.

Se aprovecha el mal momento de Benzema para cargar contra el entrenador y el presidente del club. Todo vale en el ataque. El domingo pasado, un programa mítico que tan buenas noches nos hizo pasar hace décadas, Estudio Estadio (Teledeporte) planteaba una consulta a los espectadores:

«¿Está agotando Zidane su ciclo en el Real Madrid?»

Acojonante. El bueno de Zizou lleva menos de dos años en el Madrid, tiempo en el que ha ganado dos Champions, una Liga, un Mundial de clubes, dos Supercopas de Europa y una española (enchufándole un 5-1 al Barça y a Sánchez Arminio), y la pregunta es si tiene que irse. Mientras tanto, el entrenador del vecino «del tercero», ese tipo tan idolatrado por la prensa que es el Cholo Simeone, no consigue clasificar al Atleti para los octavos de la Champions y nadie se plantea un debate similar en la televisión pública.

Y ni siquiera le va a valer esta vez la excusa tradicional del presupuesto o la falta de plantilla:

Se ataca a sus jugadores, se ataca al entrenador, y por supuesto, habrá que machacar al presidente. Cualquiera que siga este blog sabrá que no soy un gran defensor de Florentino Pérez (en los peores momentos llegué a escribir Un equipo irreconocible), pero hombre, que lo critiquen y tachen de lo peor de lo peor, el que mueve los hilos, mafioso, etc., los culés, con todos sus presidentes imputados y dos de ellos con largos pasos por prisión, suena a coña marinera. Que lo hagan los del Atleti de Cerezo y Jesús Gil, es un chiste de mal gusto. Los del Valencia de Francisco Roig y Juan Soler, o los del Sevilla del reo Del Nido, o los del Betis de Lopera, el Depor de Lendoiro,… Mejor escondemos la mano antes de lanzar la piedra.

Todo vale para atacar al Madrid porque es el enemigo a batir, y los madridistas nos reiríamos de esta situación si no fuera porque a veces nos da vergüenza leer y escuchar algunas cosas. Hasta las desgracias en forma de lesiones sirven para atacar al club, como ocurre con el galés Gareth Bale. Cualquier madridista de bien quiere poder contar siempre con un jugador que ha costado casi cien millones de euros, pero que nadie olvide que en sus cuatros años en el club se han ganado tres Champions y que el galés fue decisivo marcando el 2-1 en las finales de Copa y Champions de Lisboa. La prensa no deja de machacarle a la vez que se suceden las muestras de cariño hacia Rafinha Alcántara o Santi Cazorla por sus continuas y desgraciadas lesiones.

Y el último ejemplo, el lamentable y nada venerable anciano Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Comité de Árbitros. El hombre que apenas habla en los medios desde hace años. De hecho, yo solo le recuerdo dos:

  • Tras el error grosero de Muñiz Fernández en Elche, cuando pitó erróneamente un penalti a favor del Madrid, y se despachó contra el árbitro y su vida privada.
  • Tras el error de Iglesias Villanueva en el Valencia-F.C. Barcelona de hace dos jornadas, cuando concedió varias entrevistas en radio para hablar de estos errores y de la implantación del VAR. Y dijo cosas curiosas como que el árbitro fue informado de su error en el descanso y el periodista no le preguntó si quizás por eso no se atrevió a pitar el claro penalti de Umtiti.

No, solo se habla cuando un error favorece al Madrid o perjudica al Barça. El doble rasero. Ahora sí interesa el VAR, ese VAR de Villar-Arminio-Roures que, sospecho, no funcionará. Por cierto, por si alguno cree que es una paranoia de algunos forofos madridistas, os dejo la última manipulación de los amigos de Roures y BeIn Sports, que padecimos el miércoles en el momento en el que congelan la imagen del pase del segundo gol del Borussia para que no parezca que era fuera de juego lo que sí era, y muy claro, porque hay un taconazo entre medias:

En mis tertulias cerveceras con colegas, me tomo todo esto con cierta ironía, adquiriendo ese papel de Director de Respuestas Sarcásticas que propuse hace tiempo al club, para descojonarnos de la aplicación vil y rastrera del doble rasero a la hora de hablar del Madrid.

¡Hala Madrid!

Cara Barney

 

Una furgoneta del siglo XIII, por Travis

Reconozco que tengo una sensación agridulce tras mi última entrada (Libros de atrezzo). Una sonrisa de oreja a oreja porque pude comprobar que soy capaz de inventar cosas con convicción, lo cual puede ser muy útil (y peligroso) en la vida diaria, y una ligera sensación de fastidio al saber que hubo gente que se creyó todo lo que contaba, pese a que me despedía con un «disculpadme la broma, amigos». Por si no quedó clara la cosa, todo lo referido al «libro intruso» era mentira, pura ficción, no así las imágenes de contenido sexual en películas de Disney.

Quizás lo único cierto en mi ficción sea que Sigue leyendo