Star Wars, Ep. IX: El ascenso (y caída) de Skywalker

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TRAVIS, 29/12/2019

1ª parte: sin spoilers

Decía Óscar Wilde que “la primera impresión es siempre la buena, sobre todo cuando es mala”. Pero esta frase, perfectamente válida para las personas, la comida o para la mayoría de las películas, no lo es por alguna razón para las de Star Wars. Y menos para las de esta última trilogía. Fuimos al cine con toda la sobrinada y la cara de los chicos al terminar era de pura satisfacción, salían comentando escenas, con una sonrisa en la cara y sin el más mínimo gesto de aburrimiento tras haber pasado 142 minutos sin moverse de la butaca.

Seguramente esa tenga que ser la actitud ante “otra de Star Wars“, la de un chaval que va al cine simplemente a pasar un rato entretenido, no a ver una disquisición filosófica entre el Bien y el Mal, el poder que todo lo corrompe o ¡la igualdad de género!

EL7MuhbWsAAwbcn.jpegCuando George Lucas estrenó Una nueva esperanza, La guerra de las galaxias de toda la vida, allá por el final de los años 70, el cine estaba asociado a un concepto de intelectualidad profunda, personajes con traumas complejos y diálogos muy trabajados, excesivamente literarios. En pleno apogeo de Coppola, Cimino y Scorsese, aparecieron George Lucas y Steven Spielberg y reventaron las taquillas al proponer un cine de puro entretenimiento para todos los públicos, un espectáculo visual que atrajo a la chavalería (y no solo a la chavalería) de todo el mundo a las salas de cine. Ocurre que los chavales que hace cuarenta años mirábamos embobados la pantalla con el Halcón Milenario o viendo a Han, Leia y Luke haciendo de las suyas, ahora con la madurez buscamos una coherencia, un sentido argumental que vertebre estas historias, ¡exigimos verosimilitud! Y creo que es un error, estas historias no van de eso. O no las vas a disfrutar igual si lo que pretendes es hallar respuestas a cualesquiera que sean tus preguntas.

El tercer episodio de esta nueva trilogía volvió a las manos de J. J. Abrams (El despertar de la Fuerza), tras el paso fugaz de Rian Johnson (Los últimos Jedi) por este universo. Johnson se dedicó denodadamente en el Episodio VIII a acabar con varias de las propuestas de Abrams para los nuevos personajes de esta última trilogía (que veremos si es definitivamente la última). “Es hora de dejar morir todo lo viejo”, decía Kylo Ren en la propuesta de Johnson, claramente una declaración de principios de lo que pretendía llevar a cabo: cargarse casi todo lo anterior, incluso lo considerado canon, para proponer nuevos escenarios, villanos o tramas. Quizás no gustaron sus planteamientos en Disney, sintieron toda “una perturbación en la Fuerza”, y ahora parece que Abrams ha pretendido “traer el orden a la galaxia” y rematar la trilogía de trilogías. Pero no era tarea sencilla ni ha sido capaz de ordenar lo que se hacía y deshacía en las dos entregas precedentes.

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Quizás si algo tenga que reprocharle a esta nueva trilogía es la falta de continuidad argumental entre las tres películas, pero en el fondo… ¿quién coño soy yo para reprocharle nada a nadie? ¿A unos tipos, sean quienes sean, que me han llevado durante varias décadas al cine o que me han hecho disfrutar cada vez que veía las pelis de nuevo en la tele? Por los comentarios que leo o por algunas opiniones que escucho en podcasts de gente totalmente respetable, le estamos dando a Star Wars una pátina de seriedad o de profundidad que ni siquiera tenía en sus orígenes, y remarco especialmente lo de “en sus orígenes”, en las que más nos gustaron porque las vimos de adolescentes. Vuelvo al comentario del “todopoderoso” Arturo González-Campos tras el estreno del Episodio VIII:

Depende de ti asumir lo que hay de nuevo y seguir disfrutando de Star Wars o bajarte del tren y no seguir viendo estas películas. Nada va a cambiar con tu actitud, las películas seguirán saliendo, llegando a nuevas generaciones que no tienen tus prejuicios, que aceptarán lo nuevo con naturalidad.

Protestaste porque en el VII no te contaban nada nuevo, protestas ahora porque todo ha cambiado. A lo mejor es que esa es tu forma de disfrutar de la saga, protestar porque no han hecho la película como tú querías.

Star Wars ya no es lo que fue y eso no implica que vaya a ser peor. (…) Puedes quedarte con tu razón, yo seguiré disfrutando esta historia.

Pues sí, así es, por eso comenzaba diciendo que “la primera impresión es siempre la buena”, y si salimos del cine con una sonrisa disfrutona en el rostro, no dejemos que nuestros análisis posteriores nos la quiten. Releo lo que escribí tras El despertar de la Fuerza y veo que tras la emoción inicial la gran trampa de Abrams estuvo en recuperarnos todos los elementos de La guerra de las galaxias original, personajes, paisajes, Estrella de la Muerte y argumento. ¿Era eso lo que queríamos, una vuelta al principio de todo? Ya dijo el mismo Wilde que tengas “cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad”.

Al parecer algunos seguidores querían novedades, cambios en la saga. Tras Los últimos Jedi ya dije que no me gustaban algunas licencias acerca del uso de la Fuerza o tramas puntuales que no aportaban nada al conjunto la historia. Pensé que la línea argumental tiraría por esos jóvenes barrenderos del final que escuchaban historias acerca de los Jedi y sus poderes, o que se recuperaría al traicionero personaje de Benicio del Toro del mismo modo que a Lando Calrissian tras El imperio contraataca. Pero no ha habido nada de eso y Abrams se ha decantado por otras opciones. Me parece perfecto. “Y en cuanto a creer en las cosas”, última cita de Óscar Wilde, “las creo todas con tal de que sean increíbles”.

Pulgar hacia arriba, con peros, pero pulgar hacia arriba. Claramente. Lo pasamos bien, es justo decirlo. 275 millones de dólares invertidos en acción que disimulara el despelote de guion se tenían que notar. Para escribir el guion, J. J. Abrams contó con la ayuda de Chris Terrio, Óscar al guion adaptado por Argo, pero responsable también de ese despiporre de guion que fue Batman v. Superman. Y… y no puedo seguir sin entrar a saco a desvelar la trama. En cuanto a las quejas de algunos fans que se creen con derecho a algo, no dejo de recordar aquel chiste que decía que vivimos en los tiempos en que si un personaje en una peli de romanos suelta “¡Ave, César!, los que van a morir te saludan”, alguien en su butaca protestaría: “¡joder, menudo spoiler acaba de soltar!”. 

2ª parte: spoilers a saco

Cuando acabó la película y me preguntaron mi opinión, me sentí un tanto abrumado, “tengo que asimilar muchas cosas, esperad”. Desde luego que había disfrutado la acción, unos personajes cada vez más asentados, algunas escenas de acción, los clásicos ataques de las naves y las no menos clásicas peleas con los sables láser. Por supuesto que me puso la carne de gallina la música de John Williams, potente, brillante, muy inspirado. Quizás el único junto a Anthony Daniels (C3PO) que ha participado en las nueve entregas. Pero por otro lado, ya en el propio cine se me escaparon varios “anda ya” o “no, hombre, no”.

En esta nueva trilogía hemos visto morir a Han Solo (Ep. VII), Luke (Ep. VIII) y ahora le tocaba caer a Leia (Ep. IX), cuyo papel tuvo que ser forzosamente menor tras la muerte de Carrie Fisher en 2016. La actriz no fue recreada digitalmente, sino que se reutilizaron planos grabados en los anteriores episodios, cambiando el fondo y al resto de personajes, y doblando de nuevo los diálogos. Por unos momentos y al poco de comenzar la película creímos perder también a Chewbacca, ¿qué va a ser después, Lando Calrissian, el Halcón Milenario, R2D2? Al único que seguramente no habría lamentado perder es a C3PO, percibo una perturbación en mis entrañas cada vez que veo una de las pelis de la primera trilogía. Me echa un poco, “jarjarbinxiza” la escena siempre.

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Los aciertos del Episodio IX

Igual que los mayores errores están en los agujeros de guion, creo modestamente que los grandes aciertos están en la dirección. Los personajes de Rey y Kylo Ren tienen cada vez más peso y fuerza en esta trilogía, tanto en su crecimiento como en el aspecto físico que muestran en pantalla. A mí siguen sin gustarme en exceso Finn, ni Poe Dameron, pero se compensa con los clásicos algo cascados, Leia, Chewie, las fugaces apariciones de Han Solo, Lando y Luke, y sobre todo la recuperación del Emperador Palpatine. Se suponía que había muerto en El retorno del Jedi, entonces, ¿se puede saber dónde ha estado escondido estas cuatro décadas?

En cuanto a nuevos escenarios, no aporta grandes novedades como las pudo haber en la trilogía de precuelas o en Rogue One. La mayor parte se rodó en Jordania, en un desierto mil veces visto, salvo por esas arenas movedizas asfixiantes que luego resultan no ser asfixiantes. Passana, el nombre del planeta, celebra una fiesta que solo se da cada 42 años, uno más de los autohomenajes en toda regla que ofrece la historia. Esos 42 años equivalen al tiempo transcurrido desde la primera película de la saga en 1977. Como escenarios interesantes presenta un planeta bastante curioso como Exogol, hueco por el interior, extraño en su concepción, y una vibrante escena sobre los restos de la Estrella de la Muerte entre olas gigantescas. La escena final, en un decorado que parece extraído de Underworld o de la cueva del ejército de los muertos de El retorno del Rey me parece menos original, pero también moooola, como se le escapó a uno de mis sobrinos.

La película tiene buen ritmo, empieza de un modo frenético y apenas descansa, quizás para que no percibamos que está repleta de vacíos por rellenar. O quizás porque al menos Abrams tuvo la astucia de ver que las tramas algo más elaboradas, como las guerras comerciales o los aranceles de las precuelas, resultaban soporíferas. Algunas escenas son potentes desde el punto de vista visual, como el salto hacia atrás de Rey destrozando el caza de Kylo, pero tan absurda como aquella en la que parece inspirarse: la de la avioneta de Con la muerte en los talones. ¿Qué coño pretendía Kylo, cargársela sin disparar, peinarla con raya en medio, atraparla como al ganado?

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En sus intentos por cerrar las tres trilogías no deja prácticamente nada fuera, ni siquiera a los ewoks o los porgs. Solo deja fuera a Jar Jar Binks y a los de su especie, por fortuna. Para los más curiosos, aquí dejo este artículo con 41 referencias a las anteriores entregas, muchas de ellas nos pasaron desapercibidas

La última escena en Tatooine, donde todo comenzó “hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana”, deja un poso de final definitivo de la saga de Star Wars. Pero esto es una máquina de hacer billetes, veremos lo que decide Disney al respecto.

El queso gruyére del guion

Lo sé, lo sé, lo sé, no puedo pedir verosimilitud a estas películas, pero sí al menos algo de coherencia, de continuidad, ¿no? Sinceramente no creo que nadie en la producción al inicio de esta nueva trilogía tuviera pensado que el gran villano fuera a ser de nuevo el Emperador Palpatine, y mucho menos que Rey fuera su nieta. ¿En qué momento sospechamos que el sith Palpatine tuviera mujer, familia, un hijo, mucho menos, nietos? WTF? ¿En algún momento de las dos películas precedentes pudimos sospechar que la fuerza mental de Rey no venía de un ascendiente Jedi, sino del “reverso tenebroso” de la Fuerza? Todas las pajas mentales que nos hacíamos acerca de si era hija de Luke o de alguna otra rama Jedi se van al traste en esta entrega. ¿Dónde ha estado Palpatine todos estos años y por qué ha vivido escondido, recopilando fuerzas o juntando nuevas tropas? Parece evidente que el cabreo de J. J. Abrams con Rian Johnson al cargarse al Líder Supremo Snoke en la anterior le hizo proponer un nuevo malvado, pero no había nuevas pelis para desarrollar un nuevo malo-malísimo de la muerte, así que tuvieron la idea (buena, aunque inexplicada) de devolver de nuevo a la vida al Emperador. Y de paso Abrams ajusta cuentas con Johnson quitándose de en medio a ese general Hux que en la anterior entrega resultaba de un patetismo extremo.

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Por otro lado, la Fuerza ya vale para todo. Antes era un poder de la mente para mover objetos, intuir la presencia de alguien o de algún peligro, influir en la mente de otros seres, desarrollar una gran habilidad y rapidez con el sable láser, ahora vale para todo: para sanar heridas (¿por qué no la usó Luke para curar a Anakin entonces?, ¿o Rey para la herida mortal de Han Solo?), para teletransportar objetos, para detener naves con todos los motores en marcha, para transfigurarse a kilómetros o planetas de distancia, para vagar libremente como un espíritu tras morir,… Vale, esto último ya estaba en todos los episodios desde el primero de todos (Obi-Wan Kenobi), ¡¡¡pero es que aquí Luke puede hasta agarrar objetos reales, como hace con el sable que arroja Rey!!! No sé, me parece excesivo. Y otra cosa, ¿solo los Jedi muertos pueden volver como espíritus o “seres de luz” al presente? ¿Y qué pintan Leia y sobre todo, Han Solo? ¿Se han hecho caballeros Jedi entre episodio y episodio?

La épica de la batalla final a dos planos, el alocado de cientos de naves rebeldes y destructores por un lado, y el más calmado combate entre el Emperador y Rey, por el otro, está muy bien, en línea con los episodios de siempre y con El retorno del Rey de El señor de los anillos, pero… ¿de verdad era necesario poner caballos sobre la superficie de un destructor? “¡Amos, no jodas!”, se me escapó en el cine. ¿Y ese Kylo que muere atravesado y es resucitado, muere de nuevo herido y al caer al abismo y vuelve de entre los muertos, de qué modo muere definitivamente? ¡Con un beso, con un beso mortal que debe ser que le extrae todas las fuerzas que le quedan para que sobreviva Rey! ¿Y un beso a cuento de qué? ¿En qué momento de la trama de estas ocho horas de trilogía estos dos personajes han sentido algo distinto al odio o la rivalidad?

“Mátame y mi espíritu pasará a ti, y habré vencido”, le dice el Emperador, pero Rey se niega inicialmente. Lo hace a la segunda y no pasa nada. Seguramente eso es lo más fácil de explicar en el Departamento de Continuidad de Star Wars, porque nos contarán que el Emperador muere con sus propios rayos maléficos rebotados o algo así, y no fruto de un ataque de sable láser Jedi, pero ya en ese momento me daba todo igual. Por último, qué manía en toda la saga con cargarse a nuestros antepasados, ¿no? Luke a Darth Anakin Vader, Kylo Ren a Han Solo, ahora Rey al abuelete politoxicómano,… Edipo Rey en versión galáctica.

Con la muerte de Kylo cae el último de los Skywalker, pero en la emotiva escena final en Tatooine escuchamos a Rey desprenderse de su origen oscuro Palpatine y asumir el lado luminoso de los Skywalker (habrá más episodios, seguro). Estupendo plano final con los dos soles de Tatooine, Luke y Rey en el desierto, música de John Williams, cabellos erizados.

En fin, supongo que cuando la vuelva a ver encontraré más fallos, y seguro que los expertos en la saga habrán encontrado muchos más, pero, ¿voy a dejar de ir al cine a disfrutar estas historias, voy a ir con el meñique enhiesto a criticar todo lo que vea? Pues no, simplemente trataré de volver a ser ese niño que se tragaba todo lo que veía con los ojos como platos.

Heroínas, por Travis

H1 capitana Marvel

“Yo he crecido viendo a mi género representado (especialmente en películas de acción) a través de personajes que se limitaban a sufrir al otro lado del teléfono, mientras su pareja desataba guerras, se enfrentaba a monstruos o desactivaba artefactos. Ellas: en el mejor de los casos, a buen recaudo, en casa con los hijos”. “Ha llegado un punto en el que me he dado cuenta de que ya no veo series ni leo libros que normalicen mínimamente el machismo.”

Me he acordado de estas palabras tras la segunda parte del artículo de Lester sobre el 8-M y los movimientos en favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Quien las pronuncia es la conocida activista Barbijaputa en un artículo titulado Vikingas, publicado en eldiario.es. La conocida bloguera cuenta con más de trescientos  mil seguidores en redes sociales, dos libros publicados sobre su particular visión del feminismo y varios artículos en los que despotrica de series, películas y libros que no se ajustan a sus cánones. Allá ella y sus seguidores. O seguidoras. Y seguidoros.

Vivimos en tiempos de exageraciones y, por tanto, no me extraña que alguien inventara algo tan discutible como “el test de Bechdel”, un método para descubrir si una película, serie o libro cumple con unos estándares mínimos para evitar la brecha de género. Su creadora, la dibujante Alison Bechdel, planteaba en una tira cómica de 1985 un diálogo entre dos mujeres a las puertas de un cine decidiendo la película y su conclusión era que solo verían aquella que cumpliera estos tres requisitos:

  • Que tenga al menos dos personajes femeninos.
  • Que compartan al menos una escena en la que haya una conversación entre ambas mujeres.
  • Que la conversación no trate acerca de hombres.

Alison Bechdel. “The Rule” (en “Dykes to Watch Out For”), 1985.Ya hay un cine en Francia que solo proyecta películas que aprueben este test. Según estos cánones, no podríamos o no deberíamos ver ninguna película de la trilogía original de Star Wars, Top Gun, El Padrino, El show de Truman, Reservoir dogs, Cuando Harry encontró a Sally, Toy Story, District 9, Gladiator, ¡la saga completa de El señor de los anillos!,… Llamadme machista, pero me niego a renunciar a una parte tan importante de mi vida.

El precedente de este test se encontraba ya hace tiempo en el ensayo de la escritora británica Virginia Woolf, quien en Una habitación propia (1929) destacaba que la presencia de mujeres en obras de ficción se debía únicamente a su relación con hombres:

“Ellas son ahora, y lo fueron entonces, madres e hijas. Casi sin excepción se les muestra debido a la relación que tienen con los hombres. Era extraño pensar que todas las grandes mujeres de ficción fueran, hasta el día de Jane Austen, vistas no sólo desde el otro sexo, sino también únicamente en su relación con el otro sexo”.

No me voy a poner a pasar el calibrador de Bechdel a varias de mis películas favoritas, pero al menos estas reflexiones me han dado la idea de dedicar este post a algunas de las grandes heroínas del cine, a todas esas mujeres que no se dedican a ser sujetos pasivos de la trama, sino protagonistas activas y principales.

Precisamente (y no por casualidad) el 8 de marzo pasado se estrenaba la última de Marvel, Capitana Marvel, protagonizada por Brie Larson, y en algunos foros nos la vendieron como una nueva victoria del feminismo en un mundo tradicional de machos y tipos duros. Capitana Marvel. ¿feminismo o márketing?, se titulaba este otro artículo. Hay un poco de todo, como cuando nos vendieron Black Panther como la primera película con un superhéroe protagonista que fuera negro. O afroamericano, si “negro” es un término que no se debe aplicar en los tiempos de lo políticamente correcto ni aunque el término original lo contenga.

H2 gal Gadot Wonder woman

Lo cierto es que Capitana Marvel no es la primera, ni mucho menos. Antes que ella tuvimos a Gal Gadot como Wonder Woman, que se ganó el derecho a su propia película tras ser lo mejor y más salvable de Superman v. Batman, de DC Cómics. O a Halle Berry haciendo una espantosa Catwoman y una fardona Tormenta en los X-Men. Son muchas las actrices de prestigio que han querido poner una superheroína en su carrera, como Scarlett Johansson haciendo de Viuda negra en Los vengadores, Michelle Pfeiffer interpretando a una Catwoman que más bien parecía la loca de los gatos, Jennifer Garner con la soporífera Elektra, o Jessica Alba como la Mujer Invisible de Los cuatro fantásticos.

H4 Barbarella

Todas ellas tuvieron un precedente muy lejano en el tiempo, aquella Barbarella de modelos sensuales interpretada por Jane Fonda en 1968. Mi favorita es Elastic Girl de la maravilla de Pixar Los increíbles. Así que heroínas de acción ha habido siempre, aunque nos lo vendan como una preocupación reciente de las productoras por desarrollar personajes femeninos poderosos.

H3 Los increíbles

Lara Croft en Tomb Raider (interpretada por las oscarizadas Angelina Jolie y Alicia Vikander), Alice Abernathy en Resident Evil, Selene en Underworld, Beatrice en Divergente, Katniss (Jennifer Lawrence) en Los juegos del hambre,… Las mujeres saben dar mamporros, saltar edificios y disparar un arma con la misma soltura que sus compañeros masculinos de reparto, así que recomiendo a la bloguera Barbijaputa que vaya de vez en cuando al cine para comprobarlo con sus propios ojos y liberada de prejuicios. Advertirá, además, que no solo son capaces de hacer todo eso, sino que resultan infinitamente sexis embutidas en esas mallas a las que parece que se les aplica luego un aparato de extracción de aire y envasado al vacío.

Aprovecho la excusa para dejar mi lista de favoritas, que no son superheroínas con poderes, sino mujeres con un par de ovarios que se han convertido en grandes heroínas de acción:

H3 Ripley

  • La teniente Ripley, de la saga Alien. Interpretada por Sigourney Weaver en una saga que comenzó de manera estupenda con las dos primeras entregas (1979 y 1986), y que ha ido decayendo con los años hasta lograr que las nuevas películas no interesen nada. La teniente Ripley es inteligente, dura, guerrera y capaz de mostrar la serenidad suficiente para deshacerse del peligroso alien de diversas formas. Y en la segunda, Aliens, el regreso, habla con la niña a la que rescata, y no habla sobre hombres, sino sobre una fuga, así que supongo que aprobará el test de Bechdel, valiente chorrada.

H5 Beatrix Kiddo

  • Beatrix Kiddo, la Mamba Negra, la Novia de Kill Bill, Vol. I y II, los peliculones de Quentin Tarantino sobre una venganza consumada. Su chándal amarillo con rayas negras se ha convertido en un icono tan reconocible como los trajes de cualquier superhéroe o superheroína. Protagoniza varias escenas memorables, aunque la mas recordada sea la más inverosímil de todas, aquella contra los ochenta y ocho maníacos (¿o eran trescientos?) samuráis. Una locura de sangre como solo Tarantino y Uma Thurman podían filmar.

H6 Sarah COnnor

  • Sarah Connor (Linda Hamilton), a la que vemos evolucionar de camarera choni a guerrillera implacable en las dos primeras entregas de Terminator, de madre futura e ignorante a salvadora de la humanidad. Su personaje merecía más en las posteriores entregas, en las que desapareció a mi modo de ver erróneamente.

H5B Trinity

  • Trinity, interpretada por Carrie Ann Moss en Matrix, la mítica película que cumple ahora sus veinte años de vida. Sensual, poderosa, ágil como pocas, capaz de mostrar que es posible dar “la patada del escorpión”, al menos en ese mundo virtual tan agobiante que muestra la trilogía.
  • La princesa Leia, la deslenguada Carrie Fisher en la vida real y en las películas de Star Wars. ¿Que no cumple los cánones del test de Bechdel? ¡Y a mí qué! Está en el centro de toda la acción desde el inicio. Su captura y posterior rescate dan inicio a la trilogía clásica, y ya entonces vimos cómo las gastaba con un arma en la mano, ¡la princesa! Y con la lengua no era un dechado de virtudes reales propias de palacio, sino de una mujer de mundo con varias galaxias recorridas a sus espaldas. Lideró la Alianza Rebelde, rescató a Han Solo y no a la inversa, y estranguló a Jabba el Hutt con sus propias manos. Como para que digan algunas que las mujeres en las películas de acción se limitan a quedarse en casa con los niños. En la última trilogía perdió su fuerza como guerrera, pero ganó en respeto como generala de las fuerzas rebeldes. Estoy expectante por ver cómo la “matan” en la ficción para el Episodio IX, una vez que Carrie Fisher falleció poco después del Episodio VIII, Los últimos Jedi.

H7 Rey

  • Rey, la nueva heroína de la última trilogía de Star Wars, interpretada por Daisy Ridley. Desde su primera aparición en El despertar de la Fuerza sentí que J. J. Abrams y los urdidores de las nuevas tramas habían acertado. Otro personaje femenino “pasivo”: pilota el Halcón Milenario, maneja cualquier tipo de arma, se enfrenta a la Nueva Orden, escala por el interior de la Estrella de la Muerte, se defiende con un sable láser,… Lo que le echen encima. También estoy expectante por saber sus orígenes en la próxima entrega, de inminente estreno a finales de este año.

Y hay muchas, muchas más, en el cine reciente y en el clásico. La teniente O’Neal, Elizabeth Swann en los Piratas del Caribe, Clarice Sterling en El silencio de los corderos, Eowyn y Galadriel en El señor de los anillos, ¡Thelma y Louise!, dos mujeres capaces de lograr que Harvey Keitel y Michael Madsen parezcan blandos.

Pero la palabra “heroína” tiene un doble significado, el que he utilizado para este post y el de la temida droga que tantos estragos ha causado durante años. Heroína es el título de una película de Gerardo Herrero que jugaba con ese doble sentido para contarnos la historia real de una heroína interpretada por Adriana Ozores que se enfrentó a los narcotraficantes gallegos que se lucraban con la venta de esa mierda que se inyectaron miles de jóvenes en las venas.

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Ese tipo de heroínas, para mí, son mucho más valientes que la mayoría de mujeres de las que he hablado hoy. Porque nada otorga más valor a una madre que eso que menospreciaba Barbijaputa en su artículo: cuidar y defender a sus hijos. Como Erin Brockovich (Julia Roberts), como la Belén Rueda de El orfanato o la Frances McDormand de Tres anuncios en las afueras (pese a su alocada petición en la gala de los Óscar por la temible “Inclusión Rider”), como Jodie Foster en La habitación del pánico, como María Bennett (Naomi Watts) en Lo imposible, o como la madre de Forrest Gump, nuestra Sally Field, personaje fundamental de la historia, heroína como pocas en el cine:

“Nunca dejes que nadie te diga que es mejor que tú”

Cara Travis

Star Wars, Ep. VIII: Los últimos Jedi (Travis)

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Amigo lector, tranquilo si no has podido verla todavía porque avisaré cuando vaya a soltar spoilers a saco, uno detrás de otro, porque no concibo hablar de una peli de Star Wars sin mencionar su argumento, el uso de la Fuerza o las batallas espaciales.

Fuimos un montón de gente a verla, Sigue leyendo

Una furgoneta del siglo XIII, por Travis

Reconozco que tengo una sensación agridulce tras mi última entrada (Libros de atrezzo). Una sonrisa de oreja a oreja porque pude comprobar que soy capaz de inventar cosas con convicción, lo cual puede ser muy útil (y peligroso) en la vida diaria, y una ligera sensación de fastidio al saber que hubo gente que se creyó todo lo que contaba, pese a que me despedía con un “disculpadme la broma, amigos”. Por si no quedó clara la cosa, todo lo referido al “libro intruso” era mentira, pura ficción, no así las imágenes de contenido sexual en películas de Disney.

Quizás lo único cierto en mi ficción sea que Sigue leyendo

Tostones ochenteros, por Travis

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Desde hace un tiempo, tengo la sensación de que se idealiza todo lo hecho en los años 80, especialmente en el mundo del cine o la música, como si todo lo anterior o sobre todo lo posterior no tuviera el mismo valor artístico, o como si en esa década se hubiera vivido un boom cultural único en la Historia. Sigue leyendo

De suicidios, sacrificios e inmolaciones, por Travis

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Finalizo aquí mi particular trilogía sobre el escabroso tema del suicidio, comenzada con De suicidios y escritores malditos, y continuada con el guion veinteañero Inútil. Cuando estaba redactando la primera parte me vinieron a la mente varios personajes que provocan o fuerzan su muerte, si bien casi siempre hay una buena causa detrás.

Vales más muerto que vivo“,  Sigue leyendo

El despertar de la Fuerza. Jedis, hobbits y otras historias, por Travis

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Pulgar hacia arriba, claro que sí. Veredicto favorable, aplausos, sonrisa de oreja a oreja a la salida del cine. Aunque no nos volvamos locos, reposemos un poco la peli, lo que hemos visto y tratemos de ser justos con este Episodio VII, El despertar de la Fuerza.

Aquí cierro la trilogía de entradas dedicada a Star Wars, y para el que haya seguido las anteriores (los míticos Episodios IV a VI y los tediosos Episodios I a III), dejo para la segunda parte de este post lo que prometí sobre las referencias más interesantes utilizadas por George Lucas para su universo galáctico, con especial atención a El Señor de los anillos. Sigue leyendo