Veinte años de Matrix, by Tr4v1s

Matrix balas

«En la ignorancia está la felicidad».

Toda una declaración de principios de Cypher, el personaje interpretado por Joe Pantoliano en Matrix, el traidor del grupo de rebeldes que resiste en su lucha frente a las máquinas. Cypher la pronuncia justo antes de ingerir la pastilla roja y tras saborear un bistec de aspecto exquisito. Irreal, pero sabroso. La pastilla roja será su pasaporte al mundo virtual e impostado, su medio para abandonar de modo definitivo esta realidad  sucia, devastada y tétrica en la que se mueven los humanos que han logrado escapar de la inmensa colmena en la que yacen como meras pilas para abastecer de energía a las máquinas.

duracell_matrix

Han pasado veinte años del estreno de Matrix, así que poco nuevo voy a poder aportar, pocas interpretaciones que no se hayan hecho ya. La película resultó revolucionaria en su día, un «WTF?» en toda regla a medida que pasaban los minutos, «¿qué es esto, qué estoy viendo?», pensabas embobado. Salías del cine desconcertado, y a la vez encantado de haber pasado un par de horas emocionantes que con la calma o la lectura de revistas de cine intentabas desentrañar. Es más, nada más salir te planteabas volver a entrar a verla para recrearte en determinados detalles y explicaciones de los protagonistas como Morpheo o el Oráculo. Una obra maestra absoluta para mí, con la virtud de las grandes películas, que no solo no envejecen, sino que ganan con cada visionado.

«Verá, los mamíferos logran un equilibrio perfecto entre ellos y el hábitat que les rodea. Pero los humanos van a un hábitat y se multiplican hasta que ya no quedan más recursos y tienen que marcharse a otra zona. Hay un organismo que hace exactamente lo mismo que el humano. ¿Sabe cuál es? Un virus. Sí, los humanos son un virus, son el cáncer de este planeta y nosotros somos su cura.»

(Agente Smith)

Ni me imagino lo que debieron pensar los directivos de la Warner la primera vez que dos novatos como los (entonces) Andy y Larry Wachowski les presentaron el guion y la idea de Matrix en 1995. Les dijeron que sin experiencia no podían darles la responsabilidad de dirigir una obra tan arriesgada como la que planteaban, así que se lanzaron a rodar Lazos ardientes (1996), una interesante película con escenas eróticas y violentas a partes iguales, y volvieron a pedir financiación para la producción. Se habla de una cifra de unos 10 millones de dólares, muy lejana a los 85 que decían necesitar. Los Wachowski rodaron entonces los primeros diez minutos de película gastando la mayor parte del presupuesto y volvieron al estudio a pedir más dinero.

Cuando los productores vieron lo que habían rodado se quedaron (supongo) con la misma cara de asombro que mis sobrinos la primera vez que les puse la película, especialmente con la escena en la que Keanu Reeves se queda sin boca, sin poder hablar. Lograron que les ampliaran el presupuesto hasta los 63 millones y se pusieron ya manos a la obra, rodando en Sidney para abaratar costes.

Matrix Neo Mouth

Esos diez primeros minutos incluyen la espectacular patada de Carrie-Anne Moss a un agente de policía utilizando la técnica llamada bullet time, como si el tiempo se congelara, una técnica en la que se rueda con decenas de cámaras y desde todos los ángulos.

Lo cierto es que al margen de sus efectos especiales, lo que nos encantó de Matrix fue la historia en sí, un guion que mezcla diversos elementos de la filosofía (el mito de la caverna de Platón), la religión (el Elegido que salvará a la humanidad, que se entrega, muere y resucita), la literatura («sigue al Conejo Blanco», de Alicia), los videojuegos, las artes marciales o el terror de las distopías futuristas ante el avance de las máquinas. Tiene similitudes con Terminator, Ghost in the shell o con el libro 1984 de Orwell.

«La guerra es la paz.

La libertad es la esclavitud.

La ignorancia es la fuerza.»

Las tres consignas escritas en la fachada del Ministerio de la Verdad de 1984, en ese país ficticio llamado Oceanía, otro mundo en el que la realidad no es otra que la que cuenta la versión oficial. En estos veinte años hemos asumido y repetido la frase «viven en Matrix» como para hacer referencia a esa gente que vive en un mundo irreal totalmente alejado de la mugre o la podredumbre, y viven en ese mundo porque posiblemente, como decía Cypher, se es más feliz siendo ignorante que conociendo la triste realidad.

Matrix tuvo dos secuelas (Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, ambas de 2003) que, siendo entretenidas y me gustan, las disfruto y tal, están a años luz de la primera. Eran innecesarias, pues la original resultaba redonda desde su inicio hasta la conclusión. Las secuelas demostraron que no hay mejores «efectos especiales» para el público que la imaginación o que un buen guion:

Captura

Aunque los lectores ya sabrán mil cosas acerca de esta película, voy a dejar tres o cuatro curiosidades que a mí me llamaron la atención:

  • Keanu Reeves no era el Elegido inicialmente para el papel, sino que se pensó en otros como Johnny Depp, Ewan McGregor (que lo descartó por el papel de Obi-Wan Kenobi en Star Wars), ¡Nicholas Cage!, o Leonardo di Caprio. Sinceramente, Keanu Reeves podrá gustar más o menos, pero yo ya no puedo imaginar a un Neo alternativo.
  • La habitación de Neo es la número 101, como la terrible habitación del Ministerio del Amor (en realidad, de la tortura) que se utiliza en 1984.
  • El pasaporte de Neo caduca el ¡11 de septiembre de 2001! Esta y otras coincidencias acerca de esta fecha ya fueron tratadas por el amiguete Lester en otro post acerca de las teorías de la conspiración.

Matrix cartel

  • El guion inicial era conocido en la Warner como «ese guion que no entiende nadie».
  • La película ganó cuatro Óscar en los apartados técnicos: mejor montaje, mejor sonido, mejores efectos visuales y mejores efectos de sonido.
  • Andy y Larry Wachowski son hoy las directoras Lilly y Lana Wachowski.
  • Una tal Sophie Stewart acusó a Matrix de plagio y reclamó a la Warner la módica cifra de 1.000 millones de dólares, porque aseguraba que la trama era muy similar a un libro de la autora escrito en 1981 bajo el poco sugerente título de El tercer ojo. También demandó a James Cameron por Terminator, porque también era una copia de su tercer ojo, y supongo que también demandaría a alguna productora de porno por utilizar el tercer ojo en otros argumentos. La demanda fue desestimada al no haber evidencias suficientes y el guion, para curiosos, se puede encontrar fácilmente por internet.
  • El filósofo Baudrillard fue otra de las referencias de los autores para su obra. De hecho, suya es la teoría que Morfeo explica a Neo sobre el futuro de la humanidad como pilas no recargables. Cuando los Wachowski le pidieron ayuda para el guion de las secuelas, el filósofo les mandó al carajo por haber hecho «la película que las propias máquinas hubiesen producido».

El año 1999 fue sin duda uno de los mejores de la historia del cine, al menos de la reciente. No sé si los creadores se pusieron a terminar sus obras a toda pastilla por temor al «efecto 2000», la venganza de las máquinas que nos habían anunciado como el Apocalipsis, pero el caso es que ese año se estrenaron La milla verde, Huracán Carter, Eyes wide shut, Magnolia, El gigante de hierro, Todo sobre mi madre, Cómo ser John Malkovich, Tarzán, Toy Story 2 o Sleepy Hollow. Pero sobre todo 1999 fue el año de peliculones como Matrix,  El sexto sentido (El sexto sinsentido, según Barney), American Beauty y El club de la lucha. Casi nada. Como dice un buen amigo, American Beauty, El club de la lucha y Matrix son tres películas sobre la rebeldía frente al sistema establecido. Muy necesarias, imprescindibles.

El amiguete Barney ha recopilado y «futbolizado» varias de estas películas en este entretenido artículo para LaGalerna, que espero que disfrutéis:

Pelis de 1999

«Libera tu mente. ¿Acaso crees que lo que respiras es aire?»

(Morfeo)

 

El anticonceptivo Netflix, por Josean

Netflix

¿Pero qué os está pasando, jóvenes? ¿Es cierto lo que dice el estudio General Social Survey, que los millennials tienen menos interés por el sexo que cualquiera de las generaciones anteriores? ¿Que el 23 por ciento de los jóvenes no ha tenido una sola relación sexual en el último año? Con todo, lo peor no es que el porcentaje sea el doble que en 2008, sino la tendencia.

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Algunos estudios indican que los millennials en realidad no han perdido el interés por el sexo, sino por mantener relaciones sexuales. Por alguna extraña razón, en los tiempos del Tinder y las aplicaciones que les facilitan el acceso al sexo, ocasional o perdurable, el interés decae. Quizás sea que la facilidad precisamente les desmotiva, pero por otro lado ha subido el porcentaje de jóvenes que reconocen abiertamente que se masturban con regularidad y que consumen porno, y se ha disparado la venta de vibradores.

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La profesora de Psicología de la universidad de San Diego Jean Twenge afirma que los jóvenes de ahora son menos propensos a mantener relaciones estables, y que al final, «en esas circunstancias, va a haber menos sexo». Y dice otra cosa que a mí al menos me parece preocupante, «hay muchas más cosas que hacer ahora a las diez de la noche que hace veinte años», en alusión a las redes sociales, el ocio tecnológico y las series de televisión. Estamos agilipollados.

La semana pasada una chica joven se acercó a sacar un café de la máquina en mi oficina. Se agachó a recoger las vueltas y entre el grupo de «maduros» que lo presenciamos hubo las típicas miradas que recuerdan al emoticono de los ojos gigantes. La chica está muy bien, no pasa nada por decirlo. Uno de mis colegas incluso alzó las cejas y resopló. El grupo de jóvenes que teníamos cerca ni se fijó, porque estaban muy entretenidos enseñándose un vídeo de coña en el móvil.

«Nos extinguimos», como dice una frase muy repetida en redes sociales ante el comportamiento de algunos jóvenes (y «jóvenas»), o cuando uno ve First Dates aunque sea cinco segundos. No es posible que algunas de las personas que cuelgan orgullosas sus vídeos en redes sociales sean de verdad, me niego a creerlo. ¿De esos dependen nuestras pensiones?

El libro Superfreakonomics, de Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, tiene un interesante capítulo dedicado a los diversos programas del gobierno indio para controlar la natalidad, prevenir los embarazos no deseados y las enfermedades de transmisión sexual. Otras medidas intentaban luchar contra la desigualdad en los ámbitos rurales, acabar con las dotes y sobre todo con los abortos selectivos. Todos aquellos programas fallaron.

Sin embargo, en paralelo se produjo un abaratamiento del precio de las televisiones y la distribución, así como de los canales por cable. «Entre 2001 y 2006, unos 150 millones de indios recibieron televisión por cable por primera vez, y sus aldeas crepitaban con los últimos concursos y series, noticiarios y seguimientos policiales, emitidos desde las grandes ciudades y del extranjero.» Pero no todas las aldeas pasaron a tener televisión por cable al mismo tiempo, luego la India se convirtió en un banco de pruebas estupendo para realizar estudios estadísticos, que fue lo que hicieron los norteamericanos Emily Oster y Robert Jensen, los cuales «encontraron evidencias convincentes de un auténtico cambio. Las familias rurales indias que tenían televisión por cable empezaron a tener una tasa de natalidad más baja que las familias sin televisión.»

Que tener televisión en el dormitorio es el mejor invento contra la libido es algo que ya ha quedado demostrado por diversos estudios, pero ahora mismo, con las tablets, los smartphones, o directamente llevándote el ordenador a la cama para seguir tu serie favorita, muchas parejas están disminuyendo a pasos agigantados su vida sexual. El pico de consumo de internet en Estados Unidos se produce entre las diez y las once de la noche, que hace apenas unas décadas era la hora preferida para mantener relaciones. ¿Juego de Tronos está matando tu vida sexual?, titula este artículo, que hace referencia a un estudio de la universidad de Delaware según el cual cada vez más teleadictos manifiestan su preferencia por sustitutos electrónicos frente a la compañía humana. Repito, nos extinguimos.

Se me ha ocurrido «guglear» lo siguiente y no sé si definir el resultado como sorprendente:

Netflix reduce vida sexual

¡362.000 resultados! Uno de los artículos hace referencia a un estudio de la universidad de Lancaster que demuestra que se han alterado los ritmos de consumo de energía eléctrica y tráfico de internet con la aparición de las nuevas tecnologías. El estudio concluye que muchos de esos hogares analizados han cambiado su vida sexual por vivir pegados a la pantalla. Otro estudio de la universidad de Cambridge en 2016 concluyó que ha habido un cambio de convivencia en las parejas: menos sexo, pero más tiempo consumiendo series juntos en plataformas como Netflix. Y mira que Netflix tiene varios capítulos de Black Mirror advirtiendo del peligro del abuso de las nuevas tecnologías.

Involución humana

Tendrá que venir un nuevo Darwin a escribirnos la teoría de la Involución humana. Sea por placer o sea con fines reproductivos, el sexo es importante y cuesta entender esa apatía actual. Pero mientras tanto, algunos datos son preocupantes. España está a la cola de Europa en tasas de fertilidad, mientras estamos en el top-5 mundial en esperanza de vida, tras Japón, Suiza y Singapur. Por cierto, en Japón, donde más de un millón de chavales no sale nunca de casa enganchados a los videojuegos en red, ¡Darwin!

Tasa de fertilidad.PNG

Es una bomba demográfica. Cuando se habla de la pirámide de población recuerdo lo que escuché hace meses en una conferencia: «no es una pirámide, sino una seta». «Un suicidio demográfico». Una seta insostenible que al ritmo actual de nacimientos y mientras se mantenga o aumente la esperanza de vida nos va a llevar a que tenga la forma de un hongo atómico, con unas consecuencias igualmente devastadoras.

Seta población

Entonces, ¿promovemos programas de natalidad o prohibimos Netflix?

La avería, por Lester

Atasco

¿Cuántas veces os habéis encontrado un coche averiado en un punto crítico de la ciudad, en el típico sitio clave en «donde se cruzan los caminos» a la manera de Sabina? ¿Os habéis parado a pensar, luego de compadeceros del pobre conductor al que se le ve con cara de estreñimiento, en el atascón que llega a formar ese vehículo solitario? Un coche sin gasolina en mitad del típico cruce de incorporación a la M-30 con la salida de una de las nacionales, por donde además finaliza una de las principales calles del centro de Madrid, un coche averiado a las siete de la mañana que va a joder el inicio del día a ¿diez mil, cincuenta  mil personas? Pones la radio y escuchas: «retenciones de ocho kilómetros entre el nudo sur y Manoteras por un vehículo averiado en mitad de la vía», o bien, «mañana complicada de tráfico en Madrid por un coche parado en el carril izquierdo de la M-30 a la altura de Ventas».

Pues bien, ese pobre estreñío del coche en el cruce crítico el pasado martes era yo. El lugar elegido fue la salida del túnel de María de Molina hacia la Avenida de América. Llego al semáforo del cruce con Velázquez y el coche que decidió «morir», al menos todo lo eléctrico. El ordenador de a bordo resultó ser más fallón que el HAL-9000 y tan cabrón como el androide Ash de Alien. Tanta tecnología inútil que te dice hasta la temperatura del aceite, dato sin el que, sin duda, soy incapaz de conducir, y luego falla en lo básico. Empezó a parpadear el cuadro de mandos, Carlos Alsina pasó a tartamudear y ¡plof! Muerto, todo apagado, todo dejó de funcionar. El contacto no hacía nada, ni siquiera el sonido gripado de los coches de antaño.

Coche parado

«¡La madre que me parió!», pensé, «la que voy a montar». Se me pasó por la cabeza lo que podía ocurrir en los próximos minutos: el túnel de María de Molina se iba a bloquear por mi culpa, el atasco llegaría a la Castellana, los que venían de José Abascal no iban a poder pasar, luego se atascaría la Castellana también en el sentido de bajada,… Medio Madrid llegando tarde a su trabajo por mi culpa. «Bueno, nunca tanta gente se había cagado en mí desde cierta gracieta en el colegio». Pero de aquello hace mucho tiempo y no vamos a hablar de esas cosas.

Me salvó que eran las siete y diez de la mañana. Llamé por teléfono a los de asistencia en carretera y les insistí en que vinieran rápido, que estaba en un sitio horrible para pararme, «en el peor sitio de Madrid». Les lloré como los oficiales de Vietnam en las pelis americanas cuando piden a gritos por un teléfono de campaña que llegue la aviación de refuerzo, «¡¡envíenlo ya, es una emergencia, nos van a freír, mayday, mayday!!» En mi caso «marchday, marchday» (este chiste es tan malo que seguramente lo borre en posteriores revisiones)

«La grúa tardará una media hora», me contestaron. «Buffff, se va a montar la mundial». Por si todo esto no fuera suficiente, amanece justo por el lado contrario, por la Avenida de América, y el sol cegaba a todos los conductores a la salida del túnel. De hecho, la mayoría de coches se paraban detrás del mío esperando que arrancara y yo tenía que decirles desde fuera, con mi chaleco amarillo y poniendo cara de lástima, «que no, que no va». Nunca en mi vida como ese día eché tanto en falta un sable láser como los de Star Wars.

– ¿Y no puedes echarlo a un lado? Es que apenas se ve desde el túnel.

Gracias por su inestimable colaboración, amable conductor, ahora arranque y váyase a tomar por culo un ratito, que llega tarde. Otro más agradable bajó la ventanilla y me dijo que con el sol no se veía el triángulo de emergencia que había puesto unos veinte metros más atrás, al principio de la salida del túnel. «Muchas gracias, ahora lo cambio».

Me bajé con mucho cuidado, me metí en el túnel y puse el triángulo varios metros antes. Miré hacia mi coche, «jooooder», el sol estaba más alto, «no se ve el coche, como para ver el triangulito». Efectivamente. El primer coche lo esquivó en el último segundo. El siguiente dio un volantazo tras ver lo que había hecho el primero. El tercero se lo llevó directamente por delante. Al llegar a mi coche la conductora se paró detrás y se puso a hacer lo que la mayoría de conductores en un semáforo: guasapear. Juro que era conductora y no estoy haciendo chistes machistas sobre «mujer tenía que ser» ni nada por el estilo.

– Señora, que está parado, pase por aquí, por favor.

– Ay, es que no se ve nada.

– Ya, ya me he dado cuenta, se ha llevado por delante el triángulo de emergencia.

– Huy, perdona, el caso es que he oído algo.

– Sí, claro, lo ha hecho trizas, lo ha dejado hecho añicos, eso es lo que ha escuchado -¡Y mis improperios!

La verdad es que no tengo quejas del comportamiento de la gente, sino todo lo contrario. En lugar de despotricar y pitarme, me miraban con cara de lástima. Un chaval joven que venía andando por la calle, de unos veintitantos, se ofreció a empujar el coche, «podemos moverlo ahí a un lado, porque estás en un sitio horrible».

«Muchas gracias», le dije, y como de la nada surgieron otras tres personas dispuestas a ayudarnos. Pero las cosas no podían ser tan fáciles, porque resulta que estos coches modernos no tienen un freno de mano tradicional, de palanca que levantas y listo, sino ooooootro gadget electrónico que se bloquea cuando falla el sistema eléctrico. Los pobres trataron de empujar el coche, pero fue imposible. Me bajé, les agradecí el esfuerzo y la amabilidad, y les dije que solo me quedaba cruzar los dedos para que no pasara una desgracia.

Afortunadamente a los veinte minutos llegaron unos agentes de movilidad, esos chicos simpáticos que aprendieron a hablar todos en la escuela de los «ejkes». Tíos majos, kolegas:

– Joer, tronko, vaya sitio para pararse, ¿no? Como no venga pronto la grúa… en diez minutos hemos atajkado toda esta zona. ¿Y no has puesto los triángulos?

– Sí, mira, son esos trocitos machacados de ahí abajo.

Agentes movilidad

Nos entró la risa, porque mejor eso que el llanto inútil. Metieron la furgoneta en el túnel para señalizar bien la emergencia. Debían de ser las ocho menos veinte y el tráfico comenzaba a crecer. Al pasar de dos carriles a uno se generaban pequeñas retenciones, pero afortunadamente todavía no eran gran cosa.

Por fin llegó la grúa. El tipo que la llevaba, de esos que hablan castellano en dialecto mecánico, me dijo según me vio:

– La batería, ¿no? Eje estos coches modernos… tanta electrónica y no sirven ni pá’tomar por culo, me paso los días recogiéndolos tiraos en la M-30.

Pues vale, ya tenía hasta el diagnóstico. Terminamos la operación sobre las ocho menos diez y por minutos no llegamos a montar el atasco del mes. Los agentes de movilidad dirigieron el tráfico y recuperaron los dos carriles en un instante. Buena gente, «hala, que no sea nada», me dijeron al despedirse.

Le dije al de la grúa que el coche tenía solo año y medio, que no creía que fuera solo la batería, que era un Volkswagen y tal, una marca tan fiable como la medición de sus emisiones.

– Tienes el sistema Start-Stop, ¿verdad? Pues es la batería, casi seguro. Todas las semanas recogemos a varios coches por lo mismo.

En el taller también fueron muy amables, me atendieron rápido y me cogieron el coche.

– No, no puede ser la batería, por el tiempo que tiene el coche ha tenido que fallar algo más.

Pues era la puta batería. Un año y medio, se para y te deja más tirado que una colilla. Tanto control de climatización, sonido, avisos de mantenimiento, estadísticas de consumo, y luego te quedas tirado por una batería que en los coches de antes podía durar años. Muchos años.

Alguien tendría que replantearse si eso de que se bloquee el freno de mano y cualquier posible movimiento del coche no debería estar prohibido. Es un peligro. No pasó nada porque era muy temprano, pero en otras circunstancias podía haber ocurrido una desgracia. Si alguno me vio el martes ya sabe cómo es mi rostro desencajado.

Y por cierto, me lo tomé con resignación e incluso cierto cachondeo. Sin acritud, pero ahora, cada vez que me subo al coche, desactivo el puto Start-Stop de los mismísimos cojones del ingeniero psicópata que lo parió.

El fútbol que me gustaba se muere, por Barney

Fútbol 0

«Yo he visto cosas que vosotros no creeríais.

Atacar siete tíos con los ojos en llamas más allá de Bergomi y Morten Olsen.

He visto a Santillana brillar en la oscuridad del área cerca de la portería del Moenchengladbach.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Por desgracia es hora de que ese fútbol muera».

Añoro otro tipo de fútbol, qué quieren que les diga. Y cada vez veo menos de este fútbol de hoy en día, cada temporada más profesionalizado, con atletas mazados que no solo han mejorado en el físico, sino también en la técnica, jugadores maquillados y recién pasados por la pelu, con entrenadores estrella que hablan como si se creyeran catedráticos de Historia, partidos en horarios infames y comentaristas lamentables, con dirigentes millonarios derrochando fortunas de dudoso origen y árbitros con aspecto chulesco y sin personalidad que lo fían todo a las órdenes superiores de una Federación y un VAR totalmente manipulados. No me gusta este fútbol moderno que ha perdido cuanto tenía de barrio y descontrol para quedarse en la superficialidad de las formas, en los aspectos externos cuidados hasta el detalle por FIFA, UEFA, Liga o televisiones, narrado por periodistas con poco fútbol en sus botas y abundante sectarismo en su pluma. Más mediático, menos sincero.

Fútbol 1

Apenas veinticuatro horas antes de la final de Champions en Kiev, en Real Madrid TV emitieron la mítica final del 98, la de Ámsterdam, la primera victoria en la Copa de Europa que vi con mis ojos (y tenía ya 28 tacos). La del gol de Mijatovic que supuso el único gol del Madrid frente a la Juventus de Turín. Estuve viendo la repetición del partido con mi hijo, que se quedó sorprendido del modo de jugar de entonces, mucho más directo, sin tanto pase atrás ni horizontal, y sobre todo, con unos leñazos y unos entradones que hoy no vemos porque automáticamente se convierten en tarjeta amarilla. O roja si la entrada se hace en LaLiga de Tebas a Messi o a Busquets.

fútbol 2

En la Juve jugaban varios tipos duros como Paolo Montero, Di Livio o Deschamps, y terroristas sobre unas botas con tacos como Torricelli. En el Madrid contábamos con jugadores que no se quedaban cortos (¡ni mancos!) como Fernando Hierro o Redondo, y en el centro del campo saltaban chispas cada vez que a un balón dividido llegaban los holandeses Seedorf o Edgar Davids. Tremendo, pero el juego no se paraba y apenas había tarjetas. Y me gustaba más. Mi hijo miraba alucinado, pero con una sonrisa de oreja a oreja:

– ¡Este fútbol mola mucho más! -se le escapó al pequeño Barney.

Era un partido del año 98, pero si nos remontamos un poco más en el tiempo encontraríamos a jugadores todavía menos preparados en lo físico, pero infinitamente más generosos en el esfuerzo. Camacho, Gordillo, Migueli, Bergomi, Asensi, Pichi Alonso, Stielike, Falcao, Toninho Cerezo, Rummenigge, Matthaus,… los había por decenas, en cada equipo y en cada selección. Los jugadores terminaban los partidos hasta arriba de barro, sucios, desastrados, despeinados,… te quedabas con la sensación de haber visto una batalla de la que tardarían semanas en recuperarse. Por estas razones, cuando La Galerna me pidió un artículo por primera vez tuve claro a quién y a qué se lo dedicaría: a Santillana y al fútbol de barrio.

Por el contrario hoy en día al acabar un partido contemplamos el espectáculo (para algunos) de tíos cuadrados quitándose la camiseta para lucir su musculatura y mostrar a las cámaras sus tatuajes. La raya del pelo no se les ha movido ni un milímetro, porque la laca y la gomina han sustituido hoy al linimento del ayer. Su equipo va perdiendo y los tíos cachas siguen tocando y tocando la bola en horizontal y hacia atrás, «¡no vayamos a perderla!», y cuando el árbitro pita el final de la contienda buscan su cámara para lucir pectorales y mostrar un nuevo tatuaje con letras chinas o hebreas (me gusta imaginar que, desconocedores del idioma, se han tatuado la palabra «berberecho» o «periostio»). La sensación que da es que el resultado se la suda, a la mayoría no se les ve ni mosqueados, ni agotados, ni despeinados. Al día siguiente seguirán cobrando su pastizal.

Fútbol 3

Por eso no me extraña cuando ves a algunos aficionados reprochándoles lo muchísimo que ganan y lo poco que parece que se esfuerzan en ocasiones: «¡peseteros!», «¡sinvergüenzas!», «¡con lo que ganáis, ya podíais correr un poco!» Algunos jugadores han hecho alarde de su falta de profesionalidad o de cómo le han hecho la cama al entrenador, como Pogba en el Manchester United. Otros se han grabado un vídeo siguiéndose a sí mismos durante meses, como Griezmann, contando sus «desventuras» acerca de irse al Barça a precio de oro, o quedarse en el Atleti a precio de platino.

El día que escuché a Cristiano Ronaldo decir «estoy triste» pensé que se podía ir directamente a tomar por saco. ¡2012! Estás en el Madrid, lo tienes todo para triunfar y «no celebro los goles y en el club saben por qué». Son unos niñatos malcriados. Al final se ha ido por dinero, porque quería que le pagaran la multa de Hacienda como a Messi en el Barça, o porque su propio ego no le permitía ganar tropocientos millones mientras había otros que ganaban el doble de tropocientos. Ganas una final de Champions y te pones a hablar de ti mismo. Lamentable.

Fútbol 4

Messi es un caso aparte porque ha conseguido poner un club entero a su servicio. Le permiten cambiar jugadores, le consultan por los entrenadores y percibe un salario que puede poner en peligro al mismo club. De momento la UEFA ha mirado a otro lado con la masa salarial del Barça y el fair play financiero, pero va a superar el límite en cualquier momento, si no lo ha hecho ya por la trampa de considerar como ingreso recurrente lo que es extraordinario. Luego llega la eliminatoria clave de cuartos de final de Champions y a Messi le da por no correr, o por moverse lo mismo que el portero, menos de siete kilómetros, como contra la Roma o contra el Atleti.

El caso es que ahora hay estadísticas de todo y las mismas demuestran que los jugadores actuales corren bastante más que los de hace unos años, pero la generosidad en el esfuerzo es muy diferente. Ahora se cubren los espacios mejor, se cierran los huecos, pero rara vez se ataca un balón como si fuera el último. Y cuando se mete la pierna o el cuerpo ves a esos tíos cachas caerse desplomados como si les hubiera atropellado un camión, ¡bah! Tipos mazados de gimnasio que caen fulminados por francotiradores inexistentes en su intento de engañar al árbitro.

No estoy diciendo que añore las carnicerías que se veían hace décadas en el fútbol, pero sí echo de menos la nobleza que había en muchos jugadores y en casi todos los lances, una nobleza que emparejaba a este deporte con el rugby, que refleja infinitamente mejor las esencias del juego en equipo. Ahora los jugadores marcan un gol y comienzan sus rituales de autoexaltación, se señalan la camiseta con su nombre, se besan el tatuaje con el nombre de su hijo (o con la palabra «berberecho»), piden espacio a sus compañeros para que las cámaras le enfoquen en solitario,… mucha pereza, demasiada teatralidad. Todo en su búsqueda de méritos para esas galas horteras de la FIFA o el  puto Balón de Oro.

No tengo ídolos en el fútbol moderno, como sí los tuve en mi época de chaval que soñaba con llegar lejos. Si acaso tipos como Luka Modric, generosos en el esfuerzo, silenciosos ante la prensa, pasotas en el aspecto externo, grandiosos en el conocimiento del juego.

Caso aparte son los periodistas. A veces tengo la sensación de que han visto muy poco fútbol. Y escuchándolos tengo la certeza de que no lo han jugado nunca. Parece como si este deporte no hubiera existido antes de Messi y Cristiano. Que sí, que la vaselina de Messi al Betis fue un golazo, pero, ¿de verdad no habían visto nunca una vaselina? Un periodista llegó a decir que podía rivalizar por ser ¡el mejor gol de la historia de La Liga! Las felaciones a Messi tras cada gol provocan el estupor en los aficionados que llevan viendo fútbol bastante más allá de la última década. En menos de veinticuatro horas algunos aficionados subieron vídeos de vaselinas de Suker, Maradona, Mágico González, Raúl, incluso una espectacular de Raúl Bravo.

Fútbol 5

«El mejor de la historia del fútbol», como no se cansan de decir sus seguidores. De verdad que siempre he tenido curiosidad por saber qué habría sido de Messi con un marcaje como el que Gentile hizo a Maradona en el Mundial de España. Messi es buenísimo, pero en España juega con el colchón protector que Guardiola solicitó para él hace años. Es intocable y le he visto hacer cosas que no hacía nadie, como pararse en una jugada y solicitar al árbitro que pitara la falta porque le habían agarrado levemente. Es acojonante la permisividad que tiene en su entorno.

Maradona fue un fuera de serie en otra época, en unos años en los que el fútbol era mucho más difícil para los jugadores con talento. Ganó la liga italiana con un equipo recién ascendido como el Nápoles y ganó el Mundial de México con una selección que no creo que resistiera la comparación con la actual albiceleste. Para mí sigue estando un peldaño por encima porque lo demostró en un fútbol posiblemente más difícil que el actual.

Goikoetxea, Benito, Gentile, Butcher, Arteche, Juanma López, Martagón o Schumacher no finalizarían hoy en día ni un partido. Salvo que llevaran el 9 del Barça y su club hubiera firmado un acuerdo con LaLiga para que los árbitros miraran hacia otro lado tras cada agresión. Porque al final el fútbol moderno mueve mucha pasta, y donde hay dinero, siempre hay corrupción. Se habla de la creación de una nueva SúperLiga europea con más pasta para repartir, con horarios para que los partidos se vean en China, Japón o Estados Unidos, con estadios repletos de turistas y no de aficionados locales, y con jugadores mercenarios que prestarán sus servicios allá donde les paguen más, y sin meter la pierna salvo para forzar una tarjeta que les permita descansar o poder asistir al cumpleaños de su hermana.

Me quedo con el fútbol de antaño, lo tengo claro.

 

 

 

 

Heroínas, por Travis

H1 capitana Marvel

“Yo he crecido viendo a mi género representado (especialmente en películas de acción) a través de personajes que se limitaban a sufrir al otro lado del teléfono, mientras su pareja desataba guerras, se enfrentaba a monstruos o desactivaba artefactos. Ellas: en el mejor de los casos, a buen recaudo, en casa con los hijos”. «Ha llegado un punto en el que me he dado cuenta de que ya no veo series ni leo libros que normalicen mínimamente el machismo.»

Me he acordado de estas palabras tras la segunda parte del artículo de Lester sobre el 8-M y los movimientos en favor de la igualdad entre hombres y mujeres. Quien las pronuncia es la conocida activista Barbijaputa en un artículo titulado Vikingas, publicado en eldiario.es. La conocida bloguera cuenta con más de trescientos  mil seguidores en redes sociales, dos libros publicados sobre su particular visión del feminismo y varios artículos en los que despotrica de series, películas y libros que no se ajustan a sus cánones. Allá ella y sus seguidores. O seguidoras. Y seguidoros.

Vivimos en tiempos de exageraciones y, por tanto, no me extraña que alguien inventara algo tan discutible como «el test de Bechdel», un método para descubrir si una película, serie o libro cumple con unos estándares mínimos para evitar la brecha de género. Su creadora, la dibujante Alison Bechdel, planteaba en una tira cómica de 1985 un diálogo entre dos mujeres a las puertas de un cine decidiendo la película y su conclusión era que solo verían aquella que cumpliera estos tres requisitos:

  • Que tenga al menos dos personajes femeninos.
  • Que compartan al menos una escena en la que haya una conversación entre ambas mujeres.
  • Que la conversación no trate acerca de hombres.

Alison Bechdel. “The Rule” (en “Dykes to Watch Out For”), 1985.Ya hay un cine en Francia que solo proyecta películas que aprueben este test. Según estos cánones, no podríamos o no deberíamos ver ninguna película de la trilogía original de Star Wars, Top Gun, El Padrino, El show de Truman, Reservoir dogs, Cuando Harry encontró a Sally, Toy Story, District 9, Gladiator, ¡la saga completa de El señor de los anillos!,… Llamadme machista, pero me niego a renunciar a una parte tan importante de mi vida.

El precedente de este test se encontraba ya hace tiempo en el ensayo de la escritora británica Virginia Woolf, quien en Una habitación propia (1929) destacaba que la presencia de mujeres en obras de ficción se debía únicamente a su relación con hombres:

«Ellas son ahora, y lo fueron entonces, madres e hijas. Casi sin excepción se les muestra debido a la relación que tienen con los hombres. Era extraño pensar que todas las grandes mujeres de ficción fueran, hasta el día de Jane Austen, vistas no sólo desde el otro sexo, sino también únicamente en su relación con el otro sexo».

No me voy a poner a pasar el calibrador de Bechdel a varias de mis películas favoritas, pero al menos estas reflexiones me han dado la idea de dedicar este post a algunas de las grandes heroínas del cine, a todas esas mujeres que no se dedican a ser sujetos pasivos de la trama, sino protagonistas activas y principales.

Precisamente (y no por casualidad) el 8 de marzo pasado se estrenaba la última de Marvel, Capitana Marvel, protagonizada por Brie Larson, y en algunos foros nos la vendieron como una nueva victoria del feminismo en un mundo tradicional de machos y tipos duros. Capitana Marvel. ¿feminismo o márketing?, se titulaba este otro artículo. Hay un poco de todo, como cuando nos vendieron Black Panther como la primera película con un superhéroe protagonista que fuera negro. O afroamericano, si «negro» es un término que no se debe aplicar en los tiempos de lo políticamente correcto ni aunque el término original lo contenga.

H2 gal Gadot Wonder woman

Lo cierto es que Capitana Marvel no es la primera, ni mucho menos. Antes que ella tuvimos a Gal Gadot como Wonder Woman, que se ganó el derecho a su propia película tras ser lo mejor y más salvable de Superman v. Batman, de DC Cómics. O a Halle Berry haciendo una espantosa Catwoman y una fardona Tormenta en los X-Men. Son muchas las actrices de prestigio que han querido poner una superheroína en su carrera, como Scarlett Johansson haciendo de Viuda negra en Los vengadores, Michelle Pfeiffer interpretando a una Catwoman que más bien parecía la loca de los gatos, Jennifer Garner con la soporífera Elektra, o Jessica Alba como la Mujer Invisible de Los cuatro fantásticos.

H4 Barbarella

Todas ellas tuvieron un precedente muy lejano en el tiempo, aquella Barbarella de modelos sensuales interpretada por Jane Fonda en 1968. Mi favorita es Elastic Girl de la maravilla de Pixar Los increíbles. Así que heroínas de acción ha habido siempre, aunque nos lo vendan como una preocupación reciente de las productoras por desarrollar personajes femeninos poderosos.

H3 Los increíbles

Lara Croft en Tomb Raider (interpretada por las oscarizadas Angelina Jolie y Alicia Vikander), Alice Abernathy en Resident Evil, Selene en Underworld, Beatrice en Divergente, Katniss (Jennifer Lawrence) en Los juegos del hambre,… Las mujeres saben dar mamporros, saltar edificios y disparar un arma con la misma soltura que sus compañeros masculinos de reparto, así que recomiendo a la bloguera Barbijaputa que vaya de vez en cuando al cine para comprobarlo con sus propios ojos y liberada de prejuicios. Advertirá, además, que no solo son capaces de hacer todo eso, sino que resultan infinitamente sexis embutidas en esas mallas a las que parece que se les aplica luego un aparato de extracción de aire y envasado al vacío.

Aprovecho la excusa para dejar mi lista de favoritas, que no son superheroínas con poderes, sino mujeres con un par de ovarios que se han convertido en grandes heroínas de acción:

H3 Ripley

  • La teniente Ripley, de la saga Alien. Interpretada por Sigourney Weaver en una saga que comenzó de manera estupenda con las dos primeras entregas (1979 y 1986), y que ha ido decayendo con los años hasta lograr que las nuevas películas no interesen nada. La teniente Ripley es inteligente, dura, guerrera y capaz de mostrar la serenidad suficiente para deshacerse del peligroso alien de diversas formas. Y en la segunda, Aliens, el regreso, habla con la niña a la que rescata, y no habla sobre hombres, sino sobre una fuga, así que supongo que aprobará el test de Bechdel, valiente chorrada.

H5 Beatrix Kiddo

  • Beatrix Kiddo, la Mamba Negra, la Novia de Kill Bill, Vol. I y II, los peliculones de Quentin Tarantino sobre una venganza consumada. Su chándal amarillo con rayas negras se ha convertido en un icono tan reconocible como los trajes de cualquier superhéroe o superheroína. Protagoniza varias escenas memorables, aunque la mas recordada sea la más inverosímil de todas, aquella contra los ochenta y ocho maníacos (¿o eran trescientos?) samuráis. Una locura de sangre como solo Tarantino y Uma Thurman podían filmar.

H6 Sarah COnnor

  • Sarah Connor (Linda Hamilton), a la que vemos evolucionar de camarera choni a guerrillera implacable en las dos primeras entregas de Terminator, de madre futura e ignorante a salvadora de la humanidad. Su personaje merecía más en las posteriores entregas, en las que desapareció a mi modo de ver erróneamente.

H5B Trinity

  • Trinity, interpretada por Carrie Ann Moss en Matrix, la mítica película que cumple ahora sus veinte años de vida. Sensual, poderosa, ágil como pocas, capaz de mostrar que es posible dar «la patada del escorpión», al menos en ese mundo virtual tan agobiante que muestra la trilogía.
  • La princesa Leia, la deslenguada Carrie Fisher en la vida real y en las películas de Star Wars. ¿Que no cumple los cánones del test de Bechdel? ¡Y a mí qué! Está en el centro de toda la acción desde el inicio. Su captura y posterior rescate dan inicio a la trilogía clásica, y ya entonces vimos cómo las gastaba con un arma en la mano, ¡la princesa! Y con la lengua no era un dechado de virtudes reales propias de palacio, sino de una mujer de mundo con varias galaxias recorridas a sus espaldas. Lideró la Alianza Rebelde, rescató a Han Solo y no a la inversa, y estranguló a Jabba el Hutt con sus propias manos. Como para que digan algunas que las mujeres en las películas de acción se limitan a quedarse en casa con los niños. En la última trilogía perdió su fuerza como guerrera, pero ganó en respeto como generala de las fuerzas rebeldes. Estoy expectante por ver cómo la «matan» en la ficción para el Episodio IX, una vez que Carrie Fisher falleció poco después del Episodio VIII, Los últimos Jedi.

H7 Rey

  • Rey, la nueva heroína de la última trilogía de Star Wars, interpretada por Daisy Ridley. Desde su primera aparición en El despertar de la Fuerza sentí que J. J. Abrams y los urdidores de las nuevas tramas habían acertado. Otro personaje femenino «pasivo»: pilota el Halcón Milenario, maneja cualquier tipo de arma, se enfrenta a la Nueva Orden, escala por el interior de la Estrella de la Muerte, se defiende con un sable láser,… Lo que le echen encima. También estoy expectante por saber sus orígenes en la próxima entrega, de inminente estreno a finales de este año.

Y hay muchas, muchas más, en el cine reciente y en el clásico. La teniente O’Neal, Elizabeth Swann en los Piratas del Caribe, Clarice Sterling en El silencio de los corderos, Eowyn y Galadriel en El señor de los anillos, ¡Thelma y Louise!, dos mujeres capaces de lograr que Harvey Keitel y Michael Madsen parezcan blandos.

Pero la palabra «heroína» tiene un doble significado, el que he utilizado para este post y el de la temida droga que tantos estragos ha causado durante años. Heroína es el título de una película de Gerardo Herrero que jugaba con ese doble sentido para contarnos la historia real de una heroína interpretada por Adriana Ozores que se enfrentó a los narcotraficantes gallegos que se lucraban con la venta de esa mierda que se inyectaron miles de jóvenes en las venas.

H8 forrest_gump_Sally_Field

Ese tipo de heroínas, para mí, son mucho más valientes que la mayoría de mujeres de las que he hablado hoy. Porque nada otorga más valor a una madre que eso que menospreciaba Barbijaputa en su artículo: cuidar y defender a sus hijos. Como Erin Brockovich (Julia Roberts), como la Belén Rueda de El orfanato o la Frances McDormand de Tres anuncios en las afueras (pese a su alocada petición en la gala de los Óscar por la temible «Inclusión Rider»), como Jodie Foster en La habitación del pánico, como María Bennett (Naomi Watts) en Lo imposible, o como la madre de Forrest Gump, nuestra Sally Field, personaje fundamental de la historia, heroína como pocas en el cine:

«Nunca dejes que nadie te diga que es mejor que tú»

Cara Travis

8-M: Con M de Mujeres (II)

8M Igualdad

(Continuación de 8-M: Con M de Mujeres)

Agradezco enormemente a R. San Telmo su colaboración, por aportarnos un punto de vista jurídico respecto a la Ley de violencia de género, y continúo con otros asuntos de los que se ha hablado estos días a cuenta del 8-M y el movimiento feminista en favor de una igualdad plena.

Decíamos que si las leyes ya regulan esa igualdad de derecho en el plano legal, si no se consigue la igualdad real es por determinados patrones sociales, costumbres arraigadas desde hace décadas. Podemos confiar en que las nuevas generaciones corregirán poco a poco esas desigualdades, como ya ha ocurrido en otros ámbitos, pero quizás debamos promover que se acelere esa reducción de la desigualdad.

Hay varios ejemplos de situaciones que debemos corregir cuanto antes. La precariedad laboral, por ejemplo, sigue afectando más a mujeres que a hombres. Las posibilidades de promoción profesional se ven condicionadas por la maternidad, y no es un asunto que pertenezca al plano legal, sino que existe por determinadas conductas que perviven en los que toman las decisiones (ojo, no solo hombres).

Otra anomalía: según el Observatorio Social de La Caixa, las mujeres tienen un 30 por ciento menos de posibilidades de ser llamadas a una entrevista de trabajo con el mismo currículum, de acuerdo con una simulación que hicieron con perfiles exactos en los que cambiaban exclusivamente el género del candidato. Por no hablar de la brecha salarial, que según algunos estudios tardará un siglo en corregirse al ritmo actual.

Aceleremos ese ritmo tan lento, si es posible. Cuando era adolescente apenas había mujeres en puestos de poder o responsabilidad, ministras, consejeras, o presidiendo una empresa importante, un banco o un gobierno, y ahora es de lo más normal. Margaret Thatcher quizás fuera la única, y precisamente su modo de actuar era, como dice la destacada activista feminista Mary Beard, masculinizándose, copiando el estilo de los hombres y agravando su voz. “La Dama de Hierro” la llamaban.

Tradicionalmente el reparto de roles era así y la figura del hombre estaba más asociada al poder, o a una creencia en que sus capacidades prevalecían sobre las de la mujer, pero creo sinceramente que ese modelo se superó y lo que quedan son rescoldos, al menos en el mundo occidental. Por supuesto que quedan “cavernícolas” que quieren mantener la división tradicional entre el hombre “cazador” que provee el sustento a la familia y la mujer “recolectora” que se queda en la cueva manteniendo el hogar y a los hijos, pero quiero creer que son cada vez menos, y los que quedan son vistos como en el monólogo de Nancho Novo, como auténticos cavernícolas de los que reírnos o avergonzarnos, como ya hemos hecho en este blog en alguna ocasión.

8M Mujeres directivas

Hoy en día es normal que veas una Ángela Merkel, Theresa May, Hillary Clinton, Inés Arrimadas, Irene Montero, Michelle Bachelet, Ana Patricia Botín, Pilar López, o a tantas otras con voz propia en puestos de responsabilidad. No todo está tan mal, ayer leía que España es el tercer país europeo con más mujeres en puestos de responsabilidad, aunque el porcentaje sigue siendo bajo (21% en consejos de administración, 16% en empresas del Ibex 35). Y muchas más que están por llegar, porque ya no se cuestiona su valía ni su capacidad, como sí ocurría hace treinta años. Luego es más un tema de cambio de mentalidad de algunos que de necesidad de afrontar cambios legales o establecer cuotas.

Aun así, me parecerá bien aprobar los cambios que sean necesarios, si bien se trata de un tema lo suficientemente importante como para tratar de consensuar una postura al respecto entre los principales partidos, que es lo que no ha ocurrido una vez más, por desgracia. Otra vez con prisas, otra vez sin consenso, de nuevo alentado por el populismo legislativo que mueve al gobierno saliente, el 1 de marzo se aprobó el Real Decreto-ley 6/2019 de medidas urgentes para garantía de la igualdad de trato y de oportunidades entre mujeres y hombres en el empleo y la ocupación, cuya entrada en vigor se anunció (no por casualidad) para el 8 de marzo.

Como indica en la exposición de motivos, «no se ha realizado el trámite de consulta pública, ni el trámite de audiencia e información públicas», pero se justifica su necesidad porque «la mitad de la población está sufriendo una fuerte discriminación y está viendo afectados sus derechos fundamentales», lo cual «exige una actuación urgente y necesaria por parte del Estado», «en tanto persisten unas desigualdades intolerables en las condiciones laborales de mujeres y hombres, al menos si una sociedad aspira a ser plenamente democrática». Obviando el error que supone la tramitación acelerada y sin consenso del Real Decreto, tras leer un breve resumen de la consultora Deloitte, aprecio buenas intenciones en esa búsqueda de la igualdad efectiva:

  • Se equiparan los permisos de paternidad y maternidad.
  • Se reconoce el permiso de lactancia a ambos progenitores y se aumenta el mismo de 9 a 12 meses cuando lo disfruten ambos en las mismas condiciones de duración y régimen.
  • Aumentan los períodos de reserva de puesto por excedencia por cuidado de hijos cuando el reparto se hace igual entre ambos progenitores.
  • Se obliga a las empresas a implantar Planes de Igualdad. Yo insisto, y no es que esté en desacuerdo, ni mucho menos, pero creo que esa igualdad plena no se consigue con una Ley o una obligación difícil de auditar, sino con educación y concienciación.

Vector illustration of Difference in salary

Pero por otro lado veo que algunas de las medidas propuestas serán muy complicadas de llevar a la práctica. Por ejemplo, se crea el concepto de “trabajo de igual valor” y reconoce el derecho a la igualdad retributiva. Perfecto, nada que objetar, pero en algunas empresas que trabajan en múltiples sectores, pueden tener 60, 70, 80 o más convenios laborales en vigor, y algunas categorías son similares, tipo auxiliar administrativo, oficial o encargado, y sin embargo las diferencias salariales entre convenios pueden superar el treinta por ciento del salario bruto. La norma obliga también a la realización de auditorías salariales entre hombres y mujeres, y se podrá sancionar a las empresas cuando se detecten diferencias. Pero si en un centro de trabajo con un convenio determinado hay más hombres que en otro con un convenio peor en el que puede haber más mujeres, ¿sancionamos a la empresa por esa desigualdad salarial, pese a que se estaría cumpliendo la normativa laboral y el convenio?

Puede ser una locura, pero como en todo las empresas nos iremos adaptando, tanto hombres como mujeres. Y las auditorías determinarán que no hay una brecha salarial organizada como tal, en virtud de una desigualdad de género, sino que se provoca con los años y las carreras profesionales, en las que tradicionalmente han promocionado antes hombres que mujeres. Por costumbre, o porque los hombres se han empleado mayoritariamente en carreras técnicas, por la maternidad y el cuidado de los hijos, y por machismo en algunos casos, claro que sí, lo he visto con mis propios ojos. Cada vez menos, espero.

El informe de la CEOE sobre la brecha salarial recoge entre los factores:

  • La desigual distribución de las responsabilidades familiares y domésticas entre hombres y mujeres.
  • Las diferencias en los rasgos psicológicos y habilidades no cognitivas (como la propensión a asumir riesgos o las capacidades de negociación) que pueden tener efecto en los salarios.

Sé que voy a resultar pesado, pero en las familias y en los colegios debemos educar en una igualdad real, que creo que se hace, basada en el respeto mutuo, en el reparto de tareas en casa, etc… pero luego hombres y mujeres tiraremos cada uno por nuestro lado. Cuando leo las campañas por los juguetes no sexistas… vamos a ver, somos diferentes, con distintos gustos, aficiones e intereses. Esa diferencia se nota en hechos como que los hombres se decantan más por las carreras técnicas y las mujeres por la rama sanitaria. Son hechos, estadísticas, y no sé hasta qué punto son fruto de la educación que les hemos transmitido o de los patrones que hemos/han asumido.

Tampoco se va a arreglar nada forzando el uso del lenguaje inclusivo que no solo es incómodo, sino ridículo por momentos. La ministra portavoz (o «miembra portavoza») del gobierno, Isabel Celaá, estuvo cerca del colapso al tratar de aplicarlo a «ustedes».

Mucho menos se va a corregir prohibiendo libros o películas de hace décadas o siglos, como han propuesto también algunas feministas muy activas en redes, por considerar que mantienen los estereotipos «machistas» clásicos. Por diferente razón, como es el supuesto racismo, en Estados Unidos han prohibido clásicos como Las aventuras de Huckleberry Finn o Matar a un ruiseñor, y como aquí lo copiamos todo, no dudo que llegará el día en que alguien proponga prohibir El Quijote o el Don Juan Tenorio por machistas.

Una cosa es que tengamos igualdad de derechos, y otra muy distinta que seamos iguales, que yo no creo que sea el objeto del debate. Hasta este punto, un texto largo sobre lo que R. San Telmo y servidor interpretábamos que podemos hablar sin entrar demasiado en el terreno de la ideología y la politización. Educación y legislación, como dijimos en la primera parte. Pero obviamente no puedo dejar de lado la utilización partidaria de este asunto.

8M Manifiesto

El movimiento del 8-M y el manifiesto

Por desgracia todo se politiza y cualquier debate se pervierte. Todos los partidos intentan llevar a su terreno cualquier asunto, sea primordial o banal. La izquierda más allá del PSOE consiguió hábilmente movilizar a muchas mujeres hace un año y ha repetido estrategia este año. El resto de partidos ha tratado de sumarse a su manera, o al menos mostrar su sensibilidad hacia lo que el movimiento feminista supone, pero les resulta imposible adherirse al manifiesto del 8-M. Y no me extraña.

Bajo este movimiento supuestamente en favor de la igualdad entre mujeres y hombres (con el que resulta imposible no estar de acuerdo) se han colado toda una serie de reivindicaciones sobre temas que no tienen nada que ver, o que no son exclusivos de las mujeres y que darían cada uno de ellos para un post completo: la inmigración, las guerras, la vivienda, la «soberanía alimentaria» (¿?), el derecho a decidir sobre el propio cuerpo (excepto si se trata de la gestación subrogada), la educación afectivo-sexual en las escuelas «libre de estereotipos LGTBIfóbicos» (sic), ¡¡¡contra el capitalismo y las empresas transnacionales!!!,…

No nos interesaban estas polémicas.

Conclusión

El mensaje de fondo que para mí debería ser el único en esta reivindicación del 8-M es que las mujeres tienen que alcanzar la igualdad plena no solo de derechos, sino efectiva, para lo cual muchos tendrán/tendremos que cambiar algunos de nuestros esquemas mentales. Como maratoniano que soy, concluyo con una maravilla de vídeo que nos sirve de metáfora de todo lo hablado. Es la historia de Kathrine Switzer, una mujer que se saltó la norma que prohibía a las mujeres participar en el maratón de Boston. Los jueces de la carrera intentaron impedir su participación cuando se dieron cuenta de que ¡se les había colado una tía en un reducto de machos!

Ya pasó hace 50 años en el maratón de Boston, y no es tan difícil: las mujeres tienen derecho a participar en terrenos acotados hasta la fecha solo para nosotros. Desde luego que tienen esa capacidad, tendrán que desafiar algunas reglas establecidas y para lograrlo será necesario el apoyo de otros hombres y que le demos un buen empujón, como el del vídeo, para alcanzar el objetivo final.

8-M. Con M de Mujeres (I)

Resultado de imagen de 8-M día internacional mujer (Ilustración: Universidad de Córdoba)

Hace un año por estas fechas me planteé escribir sobre el movimiento feminista hoy en día, o mejor aún, sobre el papel de la mujer en la sociedad, por no poner etiquetas. Hablar sin tapujos, en todos sus aspectos, y pensé que la huelga del 8-M era una ocasión fantástica, posiblemente única. Sin embargo, creo que habría quedado mejor si quien pone la voz no es un hombre hablando con su visión masculina, sino una mujer implicada en el asunto.

Por esa razón, un año después, le he pedido a mi amiga R. San Telmo que colabore con este blog y nos aporte su visión. Me parece la compañera perfecta para esta tarea porque es una mujer de otra generación, mucho más joven que yo, abogada en ejercicio, de pluma fácil y fluida, muy implicada en el 8-M.

Cuando hablamos de mantener este diálogo, pensé inicialmente en hablar de educación y legislación. Educación, pero no entendida exclusivamente como la enseñanza reglada, sino como un concepto más general, educación como sociedad para sensibilizar sobre determinados asuntos. Y legislación, porque habrá que acometer los cambios necesarios (si es que hacen falta) para lograr una igualdad plena.

Pero vamos a dejar que el diálogo fluya, sin un guion previo. Comenzamos con la lacra de la violencia de género, y veremos dónde terminamos.

Violencia de género

LESTER.- Hemos mejorado mucho como sociedad, pero sigue habiendo entre 60 y 70 mujeres asesinadas al año. Una barbaridad, una aberración. Una lacra a la que unir el número de mujeres maltratadas que malviven su situación en silencio y/o aterrorizadas. Parece mentira, pero hasta 1963 el hombre tenía el derecho de matar a su mujer adúltera. Yo soy uno de esos tipos cercanos a la cincuentena que tuvo una educación y vivió una sociedad (la de los ochenta) en la que normalizamos ciertas conductas que hoy nos parecerían impensables. El mejor ejemplo de lo que quiero decir está en este vídeo de Millán Salcedo y su famoso sketch “Mi marido me pega”:

Hoy no solo nos parece impensable, sino que no le encontramos la puta gracia por ningún lado. Y reconozco que entonces nos partíamos de risa, o como dice el propio Millán, la gente se lo pedía por la calle, incluso muchas mujeres. Afortunadamente hemos evolucionado y tratamos de corregir estas conductas, pero parece que es insuficiente.

R.- Lo cierto es que en España, todavía no es lo mismo nacer mujer que nacer hombre. Nuestra incorporación al mundo laboral e independencia económica es reciente, sigue existiendo la obligación social de que las mujeres hagamos frente a la mayor parte de las tareas domésticas, somos las más agraviadas por la falta de medidas de conciliación, nos enfrentamos constantemente a tabús y prejuicios sociales enormemente arraigados en nuestra sociedad. Estas son algunas de las circunstancias que sitúan a las mujeres en un escenario incierto y precario, y aunque hayamos logrado un gran número de conquistas sociales, sigue existiendo una más que evidente desigualdad entre hombres y mujeres.

En este sentido, en nuestra actualidad legislativa y política, han sido aprobadas una serie de medidas de discriminación positiva encaminadas a alcanzar la igualdad real entre hombres y mujeres, esto es, acciones positivas en favor de las mujeres para corregir situaciones patentes de desigualdad de hecho respecto de los hombres. Una de esas medidas desde el punto de vista legislativo, ha sido la aprobación de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

La Ley de violencia contra la mujer actualmente en vigor, fue aprobada para proporcionar una respuesta global a la desalmada violencia que se ejerce sobre las mujeres, por el mero hecho de serlo. A lo largo de todo su articulado, la Ley se centra en recoger una serie de medidas preventivas, educativas, asistenciales y de atención posterior a las víctimas (entre otras), a fin de evitar situaciones de violencia contra las mujeres manifestada en todas sus vertientes, en el ámbito familiar, laboral y social.

Asimismo, la Ley introduce normas de naturaleza penal, las más criticadas en mi opinión por quienes se oponen a esta Ley, mediante las que se pretende incluir, dentro de los tipos agravados de lesiones, uno específico que incremente la sanción penal cuando la lesión se produzca contra quien sea o haya sido la esposa del autor, o mujer que esté o haya estado ligada a él por una análoga relación de afectividad, aun sin convivencia.

Pues bien, no cabe duda del gran avance que supone la aprobación de la Ley de Violencia de Género para comenzar a abordar esta profunda injusticia social. Sin embargo, el balance de esta Ley tras más de catorce años en vigor, nos lleva a la conclusión de que hemos conseguido muy poco.

Su carácter generalista conlleva la necesidad de ofrecerle un acompañamiento a través de políticas públicas, de presupuestos que den una respuesta inmediata a estas situaciones de vulnerabilidad, por ejemplo, ofrecer a las víctimas una vivienda pública provisional, pues aunque esta medida ya se encuentra contemplada, su aplicación no es inmediata, y ello conlleva enormes riesgos. La gran mayoría de mujeres asesinadas no ha interpuesto una denuncia previa, y esto se debe en cierta medida al miedo de las víctimas a no recibir amparo urgente.

Por otro lado, estoy de acuerdo con los tipos agravados como medida disuasoria para los maltratadores, aunque también la experiencia nos ha demostrado que no es suficiente. Hay que abordar estas conductas machistas desde la raíz, y por tanto y como todo, desde la educación. Creo firmemente que deben implantarse en nuestro sistema educativo asignaturas donde se trate esta problemática, que niños y niñas sean conscientes desde pequeños de la igualdad que debe existir entre hombres y mujeres. Asimismo, cada vez soy más consciente de la importancia de orientar a los niños y a las niñas en la gestión de sus emociones. La inteligencia emocional no puede ser exclusivamente una cuestión femenina, y qué mejor forma de entenderlo que expresándolo en las aulas.

Por tanto, mi balance sobre la Ley de Violencia de Género es en ciertos puntos positivo pero no suficiente, máxime cuando casos como el de Diana Quer o Laura Luelmo no se contabilizan como víctimas de violencia de género, pues no mantenían una relación sentimental con sus asesinos confesos. Por ello, considero que también los jueces tienen parte de responsabilidad en este asunto, y deben realizar interpretaciones jurídicas sobre esta norma, para poder calificar estos asesinatos y homicidios como violencia de género, a pesar de producirse fuera del ámbito de la pareja. La educación en igualdad de género en el ámbito jurídico resulta urgente.

LESTER.- Estarás “contenta” con la propuesta de Vox de derogar la Ley.

ROCÍO.- En cuanto al tema Vox. Independientemente de la ideología abanderada por cualquier partido político (con el que pueda estar más o menos de acuerdo), creo que el ánimo que debe movilizar a estas entidades debe consistir en ponerse manos a la obra, diagnosticar los problemas más crudos del país en el que vivimos y combatirlos, proponiendo e implementando medidas encaminadas a mejorar nuestra sociedad. Sorprende que la primera reivindicación de Vox en su llegada a la vida política, sea acabar con una Ley que justamente pretende hacer frente al símbolo más cruel de la desigualdad entre hombres y mujeres.

Sin embargo, este antifeminismo exacerbado no es nuevo. Estamos dejando atrás el patriarcado e iniciando una profunda transformación en nuestra sociedad en materia de igualdad. Las mujeres comenzamos a ocupar espacios donde antes no se nos esperaba, y existe un malestar masculino, donde algunos hombres ya no saben cuál es su papel en el mundo. 

Acabar con estos fantasmas no es solo una cuestión de mujeres. Si bien es cierto que somos las protagonistas de este movimiento, el feminismo persigue alcanzar una sociedad plenamente justa e igualitaria, y por ello los hombres deben plantearse en qué tipo de sociedad quieren vivir.

LESTER.- Estoy de acuerdo contigo en lo fundamental, no es solo una cuestión de mujeres. Por eso creo que el debate se envenena cuando en ocasiones parece que se plantea como una cuestión de mujeres contra todos los hombres, contra el “heteropatriarcado machista y retrógrado”. Es una lucha contra los hijos de puta, no contra los hombres, que tenemos que ser vuestros cómplices, amigos, defensores, lo que necesitéis de nosotros.

Por supuesto coincido contigo en que hay que trabajar mucho más en pro de la igualdad en la educación, en los colegios, en las familias y en todos los ámbitos que puedan servir para acabar con determinados estereotipos y conductas. Lo que no tengo nada claro es que la actual Ley sea el mejor modo de luchar contra la violencia de género. ¿Debemos corregir una desigualdad generando otra? La vía punitiva se ha demostrado que no es eficiente para acabar con los problemas. El fraude fiscal ha seguido existiendo por mucho que las condenas se hayan endurecido. Igual que los asesinatos de mujeres.

Se me ocurre una comparación con lo ocurrido con las leyes sobre la conducción y las muertes por accidente de tráfico. Por mucho que hayan endurecido las penas por conducción temeraria, o por conducir bajo los efectos del alcohol, lo que ha conseguido que se rebaje de modo ostensible el número de muertos no han sido las sanciones o el aumento de condenas, sino la concienciación ciudadana. Se ha hecho un trabajo estupendo durante años, más de dos décadas, y ha resultado muy efectivo especialmente entre los jóvenes, mucho más que entre los que aprendimos a conducir y a comportarnos al volante de una manera irracional.

Confío siempre en las nuevas generaciones, en que con una buena educación y formación no harán algunas de las barbaridades que hacíamos nosotros. Que no cogerán un coche alcoholizados y que asumirán una igualdad plena de la mujer en todos los ámbitos. Por eso me cabrea tanto cuando leo que el machismo está alcanzando cotas preocupantes entre los jóvenes, que ven normal controlar a su pareja, sus llamadas, su whatsapp, sus movimientos en redes sociales. Y no digamos los que salen por las noches como si no hubiera un mañana, como si en ese despelote “valiera todo”.

Por cierto, ya que mencionamos a Vox, la propuesta de modificación y derogación de la Ley de Violencia ya la presentó Ciudadanos en 2015 y tuvo que retirarla de su programa tras el debate y las reacciones enfrentadas que se encontró. Al igual que tú, creo que hay que mejorar la Ley para incluir casos como los que dices de Diana Quer o Laura Luelmo, pero pregunto, ¿solo a ellas? El Informe del CGPJ sobre las sentencias dictadas en 2016 por homicidios y asesinatos entre los miembros de la pareja indica que el 79% de las condenas han sido por la muerte de mujeres, un porcentaje muy alto y significativo, pero también ha habido un 21% de hombres asesinados por sus parejas.

Termino ya con dos ejemplos de problemas generados por la Ley:

  1. El caso de Juana Rivas: el hecho era el mismo, Juana y su pareja se insultaron mutuamente y fueron condenados en aplicación del artículo 153.2 y 3 del Código Penal, que castiga las acciones leves que no causan lesiones (un empujón o un insulto, como parece que fue el caso). Lo que ocurrió es que en el caso del italiano la falta leve pasó a ser delito al encuadrarse en la ley de violencia de género. Lo explicó María José Bultó, abogada especialista en Derecho de Familia, Penal y Menores. El mismo hecho tiene diferente consideración y eso es lo que me llena de dudas.
  2. El segundo caso parece surrealista y digno de una peli de Almodóvar. Es el caso de un bombero que se cambió de sexo durante un proceso judicial de maltrato psicológico sobre su pareja. Al tratarse de una violencia ejercida por una mujer contra otra, el caso no está contemplado en el Código Penal, ni se le puede aplicar la agravante de violencia de género. El mismo hecho.

Para concluir, claro que la cifra es asimétrica, y hay que proteger más a las mujeres al estar más expuestas, pero perdona mi insistencia, ¿hay que agravar las condenas por un mismo hecho? Supongamos que la Ley fuera así para discriminar entre negros y blancos, o entre católicos y musulmanes, nos parecería una salvajada. Por eso en mi modesta opinión insisto en que no es tanto un problema de aumento de condenas, sino que hay que trabajar la base, invertir en programas de sensibilización y concienciación, trabajar en las escuelas, mejorar el apoyo inmediato a las (y los) denunciantes de violencia o maltrato. Darles una solución mucho más rápida y ágil cuando hay evidencias de maltrato.

R.- Veo entonces que lo que no termina de convencerte de este debate es la circunstancia agravante de género.  

Antes comentaba la modificación realizada por la Ley de Violencia de Género dentro de los tipos agravados de lesiones. Ahora me centraré en la agravante de género en otras formas delictivas, como el delito contra la vida, que en su día no fue objeto de modificación.

El artículo 22 del Código Penal enumera las circunstancias que agravan la responsabilidad criminal, y en su apartado 4º establece: “Cometer el delito por motivos racistas, antisemitas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza o nación a la que pertenezca, su sexo, orientación o identidad sexual, razones de género, la enfermedad que padezca o su discapacidad.

Comprobamos cómo este artículo también recoge como circunstancia agravante que la comisión del delito haya sido por motivos de raza, etnia, ideología, religión. Sin embargo, estas cuestiones no son objeto de debate público, y sí lo es la cuestión de género. Que esto nos haga reflexionar.

Por otro lado, conviene destacar que esta circunstancia agravante por razones de género fue introducida por la LO 1/2015, de 30 de marzo, por la que se modifica el Código Penal, sustituyendo la redacción original “(…) por razones de sexo” por la actual “(…) por razones de género”.

En este sentido, el legislador, con un ánimo ejemplarizante, recoge las agravantes del artículo 22.4 del CP por el mayor reproche social y penal que implica la comisión de un delito por motivos discriminatorios y ejerciendo un abuso de superioridad, y en el caso de la agravante por razón de género, por el mayor reproche que merece la violencia contra la mujer por el mero hecho de serlo. El Tribunal Supremo acaba de reconocer por primera vez la agravante por razón de género.

Por tanto creo que si vamos a comparar violencia de género con otras cuestiones, que sea con aquellas amparadas por el mayor reproche social que merecen.

Asimismo, frente a estos delitos siempre es preciso que se acredite la intención de cometer el delito contra la mujer por el mero hecho de serlo, y ejerciendo, como decimos, un acto de superioridad. Es decir, la pena siempre la va a determinar un Juez, y será necesario emitir un juicio en el que valore y pondere estas circunstancias, pues la aplicación de la circunstancia agravante no es automática.

Y todo esto no lo digo yo, lo recogen numerosas Sentencias de nuestros Tribunales, donde la tónica habitual es aplicar estas agravantes solamente en los casos de violencia de género, aunque también encontramos doctrina que confronta al respecto.

La aplicación de todas y cada una de las leyes puede generar, en algún punto, una situación de injusticia, que por supuesto condeno firmemente, pero cada caso es único y particular, sujeto a juicios y a interpretaciones de la Ley. Por tanto creo que no debemos perder el norte y no desvirtuar todos los esfuerzos dirigidos a que esta lacra desaparezca.

LESTER.- ¡No puedo protestar, señoría! Estamos de acuerdo en lo fundamental y sobre todo en lo que indicas al final, que cualquier esfuerzo es válido si contribuye a acabar con esta lacra. Habrá que trabajar más y mejor contra la violencia de género desde las instituciones, dotar de los recursos necesarios para hacerlo y que se gestionen bien, con profesionales de la materia, con apoyo inmediato a las víctimas.

8-M

(Ilustración de Margalida Vinyes Domínguez)

Pero quizás estamos centrando demasiado el debate en la violencia de género, y las razones que hay detrás del movimiento del 8-M van mucho más allá. Es un movimiento que se vertebra en todos los ámbitos, en busca de una sociedad en la que haya una igualdad plena. Cambiar las leyes necesarias fue un primer paso. El derecho de voto en 1933, la atrocidad comentada sobre el asesinato de la mujer adúltera en el 63, el derecho a la patria potestad sobre sus hijos en el 81… Hasta 1973 las mujeres no podían abrir una cuenta corriente o una empresa sin el permiso de su padre o de su marido. Es acojonante, ¡yo ya había nacido entonces y me parece la prehistoria! Corrígeme si me equivoco, pero no creo que queden leyes con privilegios para los hombres frente a las mujeres, salvo, quizás, la que regula los derechos de sucesión a la Corona.

Entonces, y es a donde pretendo llegar, si las leyes ya regulan esa igualdad de derecho en el plano legal, si no se consigue la igualdad real es por determinados patrones sociales, costumbres arraigadas desde hace décadas. En este sentido, como en tantos otros, creo que las nuevas generaciones corregirán poco a poco esas desigualdades, y a lo mejor lo que tenemos que promover es que se acelere esa reducción de la desigualdad.

(Continuará)

El traje nuevo y la mentalidad «gramofónica»

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Seguro que todos recordamos el cuento de Hans Christian Andersen El traje nuevo del emperador, un relato corto sobre una mentira bien contada, una falacia que se extiende hasta convertirse en la verdad oficial, porque las telas del traje «poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o fuera irremediablemente estúpida». Y claro, a ver quién osaba decir que no veía el maravilloso traje del emperador, con sus hermosos colores y bordados.

Compruebo con tristeza que ese modo de actuar, sin cuestionarse las «verdades» que nos cuentan, se extiende sin apenas oposición. Por ignorancia, por pudor, por temor a contradecir la versión oficial, o por algo más simple como es carecer de pensamiento crítico. Varias de las estrategias de manipulación mediática de Timsit (atribuidas a Noam Chomsky) insisten en esa idea: dirigirse al público como criaturas de poca edad, utilizar el aspecto emocional antes que la reflexión, mantener al público en la ignorancia y la mediocridad, y estimularlo para que sea cómplice con esa mediocridad. Ante la ausencia de pensamiento crítico, la mentira, o la verdad oficial, se termina imponiendo.

El Diccionario Oxford elige todos los años una palabra como la más destacada del curso, y me llamó la atención que la elegida en 2016 fuese «posverdad», post-truth en el inglés original. Una palabra que hemos adoptado con asombrosa normalidad, cuando su significado «denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal». Es decir, una mentira que tu parte emocional se puede tragar porque quiere creérsela, o porque es la que la mayoría considera que es cierta. Como se dice en el cuento de Andersen, «no tiene por qué ser verdad lo que todo el mundo piensa que es verdad».

El prólogo de Rebelión en la granja (George Orwell) se titula La libertad de prensa, y es un lúcido análisis sobre la cobardía intelectual de la prensa británica, en sus palabras, el mayor enemigo de la libertad de expresión. Según Orwell, los directores de periódicos eludían ciertos temas no por miedo a una denuncia, sino «porque le temen a la opinión pública». «Porque existe un acuerdo general y tácito sobre ciertos hechos que no deben mencionarse». «Y cualquiera que ose desafiar aquella ortodoxia se encontrará silenciado con sorprendente eficacia».

Son los tiempos que corren y se aprecia en diversos campos. Por eso este post de hoy no lo firma ninguno de los cuatro amiguetes del blog: porque de una u otra manera aplica a todos ellos.

Barney ha llevado el mundo de la posverdad «futbolera» a la distopía de Oceanía en el 1984 de George Orwell. Un artículo acerca de cómo un mensaje falso pero repetido de modo sostenido en el tiempo y a través de todos sus altavoces mediáticos termina calando entre los aficionados. El libro de Orwell es, una vez más, premonitorio, y la web La Galerna ha tenido a bien publicarlo:

La neolengua de Orwell

1984 Orwell

Josean también ha tenido la suerte de ver publicado su artículo acerca de otra gran manipulación, la de Pablo Iglesias y Podemos, relacionada con el mencionado libro de Orwell Rebelión en la granja. La publicación ha sido en la web El Asterisco, una interesante propuesta de pensamiento crítico acerca de temas políticos, sociales y culturales.

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El amiguete Travis escribió en su día sobre ese intento de imponer criterios de raza, género y orientación sexual en los repartos de las películas, la tremenda y equivocada Inclusión Rider, que logró numerosos adeptos y quién sabe si será el futuro (y el final) del cine. O sobre el modo de actuar de la crítica cinematográfica, de cómo la opinión de tres o cuatro críticos termina convirtiéndose en dogma de fe que te convierte en poco menos que un analfabeto si te atreves a opinar en sentido contrario (Un japo en Cannes).

Image result for bailar en la oscuridadLo curioso es que en el caso del cine o de la literatura coexisten dos corrientes de pensamiento totalitario y opuestas: la de los críticos, que no se atreven a decir que tal o cual película es un tostón, tipo El árbol de la vida, Underground o Bailando en la oscuridad, por miedo a perder el respeto de sus colegas de profesión, pero también la de los aficionados: «a ver cómo digo a mis amigos que me ha gustado la última de Star Wars«, o peor aún, que «me ha encantado Roma sin que me llamen putofriki cuando ni uno solo de ellos ha sido capaz de pasar del minuto 15″.

Lester ha criticado en algunos textos determinadas imposiciones como la del lenguaje inclusivo, o los intentos de censura sobre canciones de hace décadas. Pareces un cafre machista si te niegas a usar determinados términos (y determinadas términas) o si insistes en rescatar aquel disco de Loquillo con La mataré entre sus canciones. «Cuando en estos momentos se pide libertad de expresión», continúa Orwell en su prólogo, «de hecho no se pide auténtica libertad». «Como dice Rosa Luxemburgo, es libertad para los demás. Idéntico principio contienen las palabras de Voltaire: detesto lo que dices, pero defendería hasta la muerte tu derecho a decirlo».

Ninguna de estas modas que vienen a imponer una manera de hacer o decir las cosas de modo políticamente correctas supone una mejoría sobre lo existente, ni mucho menos van a corregir el problema de fondo que pudiera haber detrás, porque «cambiar una ortodoxia por otra no supone necesariamente un progreso, porque el verdadero enemigo está en la creación de una mentalidad «gramofónica» repetitiva, tanto si se está como si no de acuerdo con el disco que suena en aquel momento». La verdad es que es un prólogo inmejorable.

Se persigue una mentalidad gramofónica, no la libertad de expresión, ni mucho menos el progreso, y a veces estamos tan idiotizados que necesitamos a ese niño que nos grite que el emperador «¡está desnudo!»

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Nuevas elecciones, antiguo sistema

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En apenas dos meses volveremos a votar en elecciones generales tras el breve gobierno de Pedro Sánchez, un gobierno que ya desde su formación generó más que dudas en este votante que llevaba años deseando la salida de Mariano Rajoy de la presidencia (¿Qué han hecho con mi país, tío?). Y me generó dudas por muchas razones, pero sobre todo por contar únicamente con el respaldo de sus 84 diputados y por los socios que le iban a acompañar en ese camino. Dejando al margen las elecciones municipales, autonómicas y europeas, será la tercera vez que votemos en apenas 859 días, tras el 20-D de 2015 y el 26-J de 2016.

Me cansan los procesos electorales, tener que escuchar una y otra vez machaconamente los mismos mensajes ya conocidos de los mismos tipos en todos los medios, me cuesta ignorar su careto en carteles y farolas, y sufro por el consumo excesivo de papel al ver cómo te rellenan el buzón con panfletos con sus falsas sonrisas y esos mensajes de vendedor de crecepelo que acabarán en la papelera. Pero no me preocupa votar de nuevo, no soy de los que, como tantos amigos y compañeros de trabajo, y además en proporción creciente, manifiestan su hastío y proclaman que no piensan ir a votar.

La abstención está subiendo en los últimos procesos y seguro que mucho ha tenido que ver el cansancio que supone elegir a unos representantes para comprobar lo que luego hacen con tu voto. Según fuentes del propio Ministerio de Interior, en su Informe Las elecciones generales en España 1977-2016«la participación en las elecciones generales en España está descendiendo, aunque moderadamente, algo que no debe sorprendernos, pues también está ocurriendo en otros países europeos en las últimas décadas».

Elecciones generales

Del 80% de las generales del 82, las de Felipe, al 66% de las últimas, las de la repetición de Rajoy, con picos del 77% en el 96, con la llegada de Aznar, o el 76% en las de ZP de 2004 y tras el 11-M que movilizó a buena parte del electorado. Como se aprecia en el gráfico, la tendencia general es de acusado descenso.

Estoy convencido de que el sistema tiene que cambiar, no solo para hacerlo más atractivo al votante, o al menos más representativo de la voluntad general, sino porque el actual resulta profundamente injusto. «Un hombre, un voto», o una mujer, un voto. Pero no es así, ni mucho menos. No vale lo mismo el voto de un guipuzcoano que el de un soriano, ni el de un murciano que el de un madrileño o un gerundense. Y si hablamos de elecciones generales, es decir, al Congreso y al Senado, elecciones por tanto nacionales, no pueden ponderar de distinta manera los votos según la provincia en la que fueron depositados.

Se da la circunstancia de que los partidos minoritarios favorecidos por este sistema electoral son los que más han hecho por cuestionar la estructura del estado: los nacionalistas catalanes y vascos, Amaiur o batasunos incluidos. El problema no es la mal llamada «Ley D’Hondt», como dicen algunos, sino que el sistema electoral español se basa en un reparto de escaños por provincias en lugar de hacerlo en una circunscripción única de todo el estado. Además, en cada una de las provincias, los partidos que obtienen menos de un tres por ciento de los votos no entran en el reparto según la fórmula del matemático belga Víctor D’Hondt, y con ello todos los votos de los partidos minoritarios repartidos en varias provincias se pierden, mientras que se favorece a los que concentran los suyos en un menor número de circunscripciones.

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Según un estudio de eldiario.es, si el sistema se basara en la circunscripción única, los partidos beneficiados por el actual sistema aparecen sobre el eje del gráfico, mientras que los perjudicados son los que quedan por debajo. El resultado en 2008 habría sido muy diferente, con el claro perjuicio causado a Izquierda Unida y UPyD, y el beneficio de PSOE, PP y nacionalistas vascos:

Desviación 2008

En 2011 el sistema propinó el tiro de gracia a Izquierda Unida y UPyD, mientras que favoreció sobre todo al PP y a continuación, a PSOE y nacionalistas vascos y catalanes:

Desviaciòn 2011

Así que la situación actual nos la hemos ganado a pulso permitiendo este sistema. Tras las últimas elecciones del 26-J, los resultados también habrían sido diferentes, con 18 escaños menos para el PP, 3 menos para el PSOE, 5 más para Unidos Podemos (con sus confluencias) ¡y 15 más! para Ciudadanos. Perderían algo de peso los nacionalismos, y PACMA habría entrado con 4 diputados en el Congreso. Los mismos que el PNV, por cierto, porque aunque los animalistas estén dispersos, sus votos deberían valer lo mismo que los del resto.

A finales de mayo de 2018, Mariano Rajoy creyó haber asegurado la legislatura hasta junio de 2020 tras llegar a un acuerdo sobre los presupuestos con el PNV. Es lo que tiene confiar en la lealtad de estos partidos. Como todos recordamos, apenas una semana después el PNV pactaba su apoyo al PSOE en la moción de censura para cargarse a Rajoy, moción a la que se unían otros partidos con más representación que sus votos reales en proporción: los filoetarras y los que han convertido los últimos años de vida política en un puñetero y cansino aburrimiento, los independentistas catalanes. Y todo para que, apenas ocho meses después, Pedro Sánchez tenga que convocar de nuevo elecciones al no conseguir el apoyo para los Presupuestos Generales de los mismos socios que le auparon a la presidencia.

Cuando veo esta situación, que dura ya décadas, me acuerdo de una pancarta que leí en una manifestación islamista yihadista en pleno centro de Londres: «utilizaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia». ¡Es exactamente lo que estamos consintiendo! ¿Y por qué los dos grandes partidos no proponen cambiar este sistema pernicioso y absurdo? Pues por la sencilla razón de que el sistema hasta ahora favorecía también a ambos. Les ha servido durante décadas para cargarse a posibles partidos de oposición, como Izquierda Unida y UPyD, o para reducir el peso de otros como Ciudadanos, pero al final han sido víctimas del propio sistema.

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Cuando se parió el absurdo sistema (intencionado y no tan absurdo) allá por 1977 se hizo a conciencia para evitar la fragmentación del parlamento en varios pequeños partidos, como ocurrió durante la última etapa democrática de la que se tenía recuerdo en ese momento, la II República. Se trató de primar a los partidos mayoritarios  para fomentar la estabilidad de los diferentes gobiernos, aunque fuera en detrimento de opciones minoritarias. Cuanto más proporcional es el sistema, más posibilidades hay de que entren nuevos partidos al parlamento. La circunscripción única y con reparto proporcional es el sistema que se utiliza en las elecciones europeas, por ejemplo, y creo que no se discute. Son los representantes de España en el Parlamento Europeo, y no los de Soria, Tarragona o Almería.

La distribución de escaños actual se realiza del siguiente modo:

  • 98 escaños en provincias que aportan hasta 5 diputados.
  • 125 en provincias que eligen entre 5 y 10.
  • 127 se reparten en provincias que cuentan con más de 10 escaños.

Es decir, que 223 escaños, cerca de dos tercios de la cámara, se reparten en provincias con menos de 10 diputados, que son precisamente aquellas en las que resultan más favorecidas las opciones mayoritarias. Va a ser curioso lo que ocurra este 28-A con el nuevo actor en juego, Vox, el partido de los «condones sanitarios». El crecimiento de este partido se debe a varios motivos, pero no tengo ninguna duda de que uno de los principales es el hartazgo ante el problema catalán. Y cuanto más les han atacado, mejores resultados han obtenido, como la mayoría de partidos del mismo corte en otros países (Francia, Brasil, Hungría, Alemania, Suecia).

Y decía que va a ser curioso porque puede darse la paradoja de que el PSOE reduzca su número de votos, pero incremente el número de escaños al verse favorecido por la fragmentación del voto de derechas entre PP y Vox en ese número de provincias que aportan 10 diputados o menos. El efecto del trasvase de votos del PP a Vox puede ser demoledor en el Senado, dado el sistema de reparto de senadores, aún más absurdo que el del Congreso.

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Por no hablar de las listas cerradas en las que votas al partido y no al sujeto, lo cual me puede parecer mejor o peor, pero lo que roza la estafa es que si luego ese tipo decide irse con su escaño al grupo mixto o votar con la oposición, como votante no te queda otra que aguantarte y sentirte engañado. Los miles de votos que llevaron a ese señor o señora allí servirán para lo que el tipo quiera, no para el partido al que has votado. En las elecciones municipales estos tránsfugas saben que tienen un arma de enriquecimiento masivo en sus manos, y por desgracia son muchos los que lo usan.

Insisto, hay que cambiar el sistema, seguro que hay mejores alternativas. No digo que el americano sea mejor, ni mucho menos. Parece una broma de mal gusto que un tío con tres millones de votos menos que su rival sea presidente, dependiendo de los estados en los que los consiga. En Grecia se premia al partido más votado con 50 diputados extra. Puede ser demasiado premio cuando la diferencia es exigua, pero evita eso que algunos definen como «pacto de perdedores». En otros países como Francia o Colombia se acude a una segunda vuelta entre los dos candidatos más votados, y de ese modo se «obliga» al votante que no desea a ninguno de ellos a mojarse entre el que le da cien patadas o el que le da doscientas.

El sistema alemán es el preferido por muchos politólogos, aunque pueda resultar complejo. El votante elige dos veces: un candidato directo y un partido, que no tiene por qué ser el de su candidato. Los candidatos más votados obtienen su escaño y el resto del parlamento se reparte de modo proporcional aplicando la regla de Saint-Lagué en lugar de la fórmula de D’Hondt. Parece el sistema más justo si entendemos por tal al más proporcional, pero no lo es para aquellos partidos que no alcanzan el cinco por ciento a nivel federal. Es una idea.

Falta algo, cambien algo, por favor, mejoren el sistema. Casi todos los partidos proponían cambiarlo en 2015. Podemos propuso que las circunscripciones fueran autonómicas en lugar de provinciales. Izquierda Unida propuso reducir un escaño por provincia, sin contar las ciudades autónomas, y repartir esos 50 de modo totalmente proporcional, aparte de las listas abiertas. El PSOE propuso 9 cambios que no se concretaban en nada, como las listas desbloqueadas, «revisar el procedimiento electoral» o «mejorar la proporcionalidad».  Qué curioso que el PP no propusiera ningún cambio.

Los dos grandes partidos son incapaces de llegar a acuerdos en cualquier aspecto relevante para el interés general, ya sea la educación, la sanidad, las autonomías o la revalorización de las pensiones, pero sospechosamente sí coinciden cuando se trata del interés particular común, como el reparto de los cargos de las principales instituciones del país, sus sueldos, las (no) comparecencias de sus líderes sobre sus estudios y máster, y por supuesto, el sistema electoral.

Cara Josean

 

 

 

 

 

El futuro ya está aquí, por Travis

Luna Meliés

En 1989 se estrenó la segunda parte de Regreso al futuro, una entretenidísima película en la que los protagonistas se trasladan al 21 de octubre de 2015. Supongo que durante la preproducción el director Robert Zemeckis, el productor Steven Spielberg y el coguionista Bob Gale se devanarían los sesos a la hora de imaginar ese futuro 2015, un futuro que sabían que alcanzarían a ver con sus propios ojos, y que no podía ser ni demasiado parecido, ni radicalmente distinto. En el blog dedicamos un post entero a esa fecha, justo ese día, y sirvió para sorprendernos con todo lo que había cambiado, pero más aún para asustarnos con lo que permanecía igual.

La tecnología no ha avanzado tanto como la peli predijo en algunos campos, pero en otros la ha superado ampliamente. Nike lanzó una tirada de las míticas zapatillas con robocordones y Lexus diseñó un aeropatín como el de Marty McFly, pero solo funcionaba sobre superficies metálicas ya que se basaba en el uso del magnetismo. No tenemos coches voladores que funcionan con basura, pero todo se andará (espero).

Regreso al futuro

Algunos inventos que predijo la película y que allá por 1989 nos parecían muy lejanos se han incorporado a nuestro día a día con asombrosa normalidad: las pantallas planas de televisión, las videoconferencias, el cine en 3D, los drones, las gafas de realidad virtual o el control biométrico de identidad. Pero ni olió el desarrollo de Internet, un avance para la humanidad que va mucho más allá de lo que los guionistas llegaron a imaginar, absorbe nuestras neuronas e invade muchos minutos y horas de nuestras vidas. Al menos la película acertó en el agilipollamiento que el abuso de la tecnología provoca en los hijos de Marty McFly.

Una de las grandes posibilidades que ofrecen el cine y la literatura es imaginar un futuro que en el momento presente puede parecer lejano, irreal o absurdo. Utópico o indeseable. O distópico, palabra que parece obligatorio usar para referirse a estos asuntos. El cine permite además representarlo, mostrar ese futuro, y han sido numerosos los cineastas que se han enfrascado en la tarea casi desde que el cine es cine. George Meliès imaginó en 1902 su particular Viaje a la Luna basado en la novela de Julio Verne De la Tierra a la Luna. La tecnología espacial no puede ser más simple: un enorme cañón disparado al ojo de la Luna. Una Luna poblada por selenitas con malas pulgas en una atmósfera respirable.

El hombre alcanzaría la Luna 67 años después con ingenios mucho más sofisticados, con el uso de toda la tecnología que el hombre ha sido capaz de desarrollar, pero aun así el cuarto de hora de película de Meliès, con toda su sencillez, resulta fascinante. Mucho más entretenido que el soporífero alunizaje del impávido Armstrong de Ryan Gosling y Damien Chazelle en First Man (2018). Será que preferimos la ilusión a la realidad.

En 1968, el año anterior a la llegada del hombre a la Luna, se estrenó una película con fecha en su título: 2001, Una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. El hombre todavía no había pisado la superficie lunar y los cineastas ya estaban imaginando misiones tripuladas a la órbita de Júpiter. La meticulosidad de Kubrick para la preparación del filme fue tal, su asesoramiento fue tan exhaustivo, que pese a que hayan pasado cincuenta años desde su estreno nada chirría en exceso, ninguna tecnología parece especialmente obsoleta, salvo quizás la calidad de imagen de las pantallas, o los botones y clavijas del cuadro de mando. Nada táctil ni digital como cualquier aparato que dejamos hoy en manos de niños de dos años.

Hal 9000

Uno de los grandes hallazgos del filme de Kubrick en lo que a tecnología se refiere se encuentra en la inteligencia artificial de HAL 9000, el ordenador que todo lo ve y todo lo escucha, capaz de tomar decisiones no programadas como asesinar a uno de los astronautas. Parece que el desarrollo de la inteligencia artificial hoy en día no ha llegado a este nivel, ni al del humor programado de los TARS y CASE de Interstellar, pero estoy seguro de que llegará. De hecho, hoy en día ya se programa a estos superequipos de inteligencia artificial para que elijan entre matar a un peatón o al conductor del coche autónomo que dirigen. Y se han desarrollado ordenadores, algoritmos y programas capaces de pintar un Rembrandt, escribir una novela o finalizar la Sinfonía inacabada de Schubert. Me falta por ver si es programable el humor de Leo Harlem o el de Les Luthiers.

La inteligencia artificial ha dado mucho juego en el cine, ya desde aquella lejana Juegos de guerra (1983) que nos advertía del peligro de los superordenadores con capacidad autónoma para tomar decisiones en el terreno militar, sin intervención humana, decisiones capaces de desencadenar la tercera guerra mundial. De modo recurrente nos encontramos artículos que provocan cierto desasosiego, por no decir angustia, que nos informan del uso de la inteligencia artificial como desencadenante de una posible guerra mundial. Como dijo Elon Musk, «puede que no la inicien los líderes nacionales, sino una de las inteligencias artificiales, si deciden que un ataque preventivo es el camino más probable a la victoria».

terminator 2

Da miedo, pero al menos sobrevivimos al 29 de agosto de 1997, la fecha del Juicio Final según Terminator II, el día en que Skynet y las máquinas adquieren conciencia del peligro que son para el hombre y se rebelan contra este cuando los programadores intentan desactivarlas, provocando un holocausto nuclear en todo el planeta. Una escena que sigue poniendo la carne de gallina.

La última entrega de la saga hasta la fecha, Terminator: Génesis (2015), desarrolla una parte de la trama en 2017, en un futuro inmediato al rodaje en el que toda la sociedad vive idiotizada alrededor de una pantalla, ya sea de móvil, reloj, ordenador o tablet, pantallas controladas por una inteligencia artificial que todo lo domina y controla. Una especie de Gran Hermano orwelliano, como el 1984 que describiera el británico en su libro (escrito en 1948). Se adelantó un poco en las fechas, pero ese futuro que imaginó en el que se manipula la información, se reescribe la historia, se controla el pensamiento y se rebaja y simplifica el lenguaje como herramienta para el sometimiento de la población, en parte ya está aquí.

Es el problema de poner fechas en un título, que al final llega ese año y te quedas corto… o te pasas siete pueblos. 1984, 2001: Una odisea en el espacio, y sus continuaciones 2010: Odisea dos y 2061: Odisea tres. Como sus profecías seguían incumpliéndose, algún productor o el propio Arthur C. Clarke, pensó: «esto no me vuelve a pasar», y tituló su siguiente obra: 3001: Odisea final. A tomar por saco.

Veremos dentro de tres décadas qué ocurre con el futuro real y Blade Runner 2049, la plúmbea continuación de Dennis Villeneuve (2017) de la soporífera original de Ridley Scott (1982). Los aficionados a esta película de culto se encuentran de celebración este año, puesto que la historia de Deckard, Gaff y Roy Batty se desarrolla en Los Ángeles durante el mes de noviembre de 2019. En apenas unos meses habremos llegado a ese futuro que Ridley Scott diseñó e imaginó hace 37 años. Puede que acertara a la hora de mostrarnos esa gran ciudad decadente, exageradamente iluminada y poblada de seres individualistas, como Tokio, Shanghái o tantas otras. Y con severos problemas de contaminación, como cualquier ciudad occidental, aunque sin llegar al extremo de la lluvia ácida del filme de Ridley Scott. Por el lado contrario, seguimos sin tener coches voladores circulando de modo masivo por los cielos de nuestras ciudades, algo que parece obligado en cualquier película futurista, y la manipulación genética dista mucho de lo que Blade Runner o Gattaca (1997) mostraron como futurible. La oveja Dolly no ha tenido continuación en un espectacular Parque Jurásico (1993) repleto de dinosaurios, pero veremos con qué nos sorprenden los científicos en próximos años (y no muy lejanos).

Aunque no esté entre mis favoritas, lo que sí reconozco es el impacto que Blade Runner tuvo sobre la ciencia ficción y la estética de este tipo de películas:

Con lo que no tuvo fortuna fue con las marcas escogidas para los carteles de neón de ese hipotético futuro. Se mantiene la Coca-cola, pero el resto de marcas vivieron algo así como una maldición de Blade Runner que las llevó a la quiebra o a su desaparición: Atari, RCA, Pan-Am, Bell Systems, TDK,… Los diseñadores de producción buscaron logotipos representativos de marcas duraderas, que sobrevivirían en el tiempo, y las diferentes crisis se llevaron a casi todas por delante.

«El futuro ya está aquí», cantaba Radio Futura en los ochenta, «enamorado de la moda juvenil». A buen seguro nadie predijo que la estética cyberpunk que en aquellos años parecía vanguardista hoy en día se antoja todo lo contrario, retro o vintage. Desfasada. A veces esos detalles accesorios son lo que peor envejece de estas películas. Como los aparatos para comunicarse de Star Wars, que como alguien dijo en su día parecen maquinillas de afeitar, totalmente obsoletas en la era de los «acojo-smartphones». O los temidos rayos Láser de los setenta, que parecían letales y hoy en día se usan para corregir la miopía o para depilarse las ingles.

Como no soy un gran aficionado a la tecnología ni a los gadgets, a veces mi mayor interés en las pelis de ciencia ficción está en lo que las mismas plantean en torno a problemas comunes. Reales, cotidianos. Cercanos. Por ejemplo, dos de los que mencionaba acerca de Blade Runner: la contaminación y la incomunicación. Esa maravilla de Pixar titulada Wall-E (2008) nos presenta una humanidad que ha tenido que huir de la Tierra tras convertir la misma en un inmenso vertedero en la que no queda rastro de vida. Los humanos viven en una inmensa nave y apenas se relacionan si no es a través de pantallas de ordenador. Tampoco se mueven salvo en sus ingenios motorizados y por tanto han desarrollado una obesidad que les impide incluso caminar. El argumento sitúa la acción en 2815, aunque la huida por el inmenso lodazal en que se ha convertido el planeta se genera en el año 2115. Creo que estamos acortando los plazos.

Wall E

Y ya que hablamos de futuro, o de futuro inmediato, ha terminado por salir el asunto robots. ¿De qué manera van a cambiar nuestra sociedad? ¿Cuántos puestos de trabajo van a dejar de existir? ¿De qué modo van a subsistir todos esos trabajadores, más o menos cualificados, cuyas labores van a ser sustituidas por robots más rápidos y eficientes? Y sin más absentismo que el provocado por las labores de mantenimiento.

¿Se creará esa utópica sociedad del entretenimiento de la que tanto se escribe y tan lejana parece? Los robots del cine se enfrentan a otro tipo de problemas (Yo, robot, El hombre bicentenario, Chappie, Robocop, Cortocircuito, Metrópolis,…), provenientes en muchos casos de la toma de conciencia «artificial», pero incluso se han rodado películas en las que se plantea que los robots desarrollen ese ocio para los humanos, como el Acero puro (2011) y sus engendros boxeadores. O que sirvan para el sexo, como en Ex machina (2015), o como lo era la replicante (no robot) Pris, interpretada por Daryl Hannah en Blade Runner. ¿Ni siquiera nos va a quedar el disfrute del sexo en el futuro? Me refiero al normal, al calor humano, al olor corporal, al disfrute de los sentidos, no me vale el Orgasmatrón de Woody Allen en Todo lo que siempre quiso saber sobre el sexo, pero nunca se atrevió a preguntar, o el Vir-Sex, el simulador virtual de sexo en Demolition man. Ambientada en 2032, cuidado que no falta tanto.

Dejo ya el asunto del futuro inminente con el último problema que se nos ha planteado en algunas pelis de ciencia ficción, un problema que acabará creando importantes conflictos y que ya está aquí: la inmigración, vestida de llegada de alienígenas o extraterrestres. La premisa de District 9 (2009) es sumamente interesante, pero tremenda y tremendista, similar a la de Alien Nation (1988): ¿qué hacer con esas criaturas llegadas, más pobres que los habitantes de esa tierra? ¿Las integramos en la sociedad, les damos cobijo? ¿Las expulsamos, las recluimos en guetos inmundos?

District 9

La solución nos la dio la mítica serie V a mediados de los ochenta: dejemos que los aliens se conviertan en presidentes de los Estados Unidos de América.

V - Trump

¡Sayonara, baby!