Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto
Ahí estás. Orgulloso de dejar tu carro bajo la señal de prohibido. Que sí, que “solo es un polideportivo, no un hospital”, que llegabas tarde a la clase de natación de la niña, o a tu partidito de baloncesto o pádel con los colegas, los mismos que te decían “tío, no aparques ahí, que se lo lleva la grúa”, y tú les contestabas “bah, nunca lo hacen, no pasa nada”. Total, que lo dejaste ahí dos horas y claro que no “pasa nada”, solo que ahí está prohibido aparcar porque es el inicio de la curva que separa las plazas de aparcamiento del acceso, con lo cual, durante tus dos putas horas todos los que pasaron por allí tuvieron que maniobrar, esquivar tu coche, casi rozarse, esperar a que pasaran otros vehículos… en definitiva, los incomodaste. Nos tocaste las pelotas. Pero a ti te daba igual porque estarías pegando unos bolazos con tus amigos o leyendo tus mierdas en el móvil mientras tu hija hacía largos en la piscina. Molestaste a no menos de medio centenar de personas, pero eso te da igual porque de lo que se trataba era de llegar a tiempo aunque hubieras llegado tarde. Y que se jodan los que vengan detrás, que “el mundo es de los vivos”.
A veces cambia tu cara, pero eres el mismo imbécil que deja abierta la puerta de la taquilla en el gimnasio cuando ya has terminado de recoger tus mierdas, y te da lo mismo que otros estemos sentados en el banco o de espaldas a ti, que no te veamos y que al levantarnos o girarnos nos demos con la puerta de la taquilla en la cara o en la cabeza, o que pensemos “casi me saco un ojo con la esquina de la puerta” al ponerme en pie. Porque la has dejado abierta a medio metro de mi cabeza, niñato malcriado, del mismo modo que otra media docena de niñatos malcriados han dejado abiertas las taquillas, con sus esquinas puntiagudas hacia fuera. No sé si te da igual o no, porque ni siquiera eres consciente, igual que no eras consciente de la cantidad de gente a la que molestaste con tu manera de aparcar porque no miras a los demás, no piensas en los demás, quizás porque no piensas ni que haya “demás” al margen de tu reducido mundo.
Eres el mismo imbécil que encuentra publicidad en el parabrisas del coche y la tiras al suelo, porque “no me interesan estas mierdas, que no me las hubieran puesto ahí, sí, ya sé que ensucio el suelo, pero para eso están los servicios de limpieza”, el mismo niñato malcriado al que le dan una octavilla a la salida del Metro y la tira donde caiga en cuanto ve que no hay un cupón de descuento o una oferta inmediata que le interese. Eres el mismo tipo que no se quita para dejarnos salir del vagón, no ya a mí, que puedo mirarte a los ojos, sino a esa señora mayor que necesita espacio porque tiene menos agilidad. Pero qué digo de mirarte a los ojos, si llevas la mirada perdida mientras escuchas tus mierdas en tus auriculares inalámbricos a un volumen que hasta yo lo escucho a medio metro de ti. Y vaya mierdas escuchas, niñato malcriado. Las mismas que cuando vas con un altavoz por la calle, ¡un puto altavoz atronador!, o una de esas mochilas con altavoz, perdona, una speaker backpack con bluetooth para que todos apreciemos esa caja repetitiva de ritmos a la que a veces se une una voz gangosa de la que no se entiende una palabra. Pero que nos tenemos que tragar porque tú has decidido con tus santos cojonazos que tenemos que escucharla.
A veces te transfiguras en mujer, en esa anormal que me ve en el parking dejando pasar a un coche que daba marcha atrás y aprovecha para acelerar y ocupar mi lugar en la cola para salir. Sí, hazte la despistada, que ibas mirando al móvil, pero sé perfectamente que tienes tus mierdas súper importantes que hacer, por eso has pitado al que estaba delante, junto a la barrera teniendo problemas con el ticket. Tus mierdas son tan importantes que, no contenta con pitar y causar una estruendosa incomodidad en un sitio cerrado, has bajado la ventanilla para proferir cuatro insultos barriobajeros al tipo de delante. Torpe, sí, pero ese señor mayor no merecía tu mala educación. Eres la misma que aparca tu coche en doble fila junto a un hueco porque no te apetece maniobrar y así conviertes una calle de doble sentido en una de sentido único en la que se forma un pequeño follón durante unos segundos. No tengo duda de que las mierdas que tenías que comprar en el chino eran vitales en tu vida, y de una urgencia tal que no podías dedicar treinta segundos de valiosa vida a aparcar correctamente el coche.
Eres el mismo que escupe en la calle, que no recoge las mierdas del perro, la misma que se hace la despistada y trata de colarse en el supermercado, el mismo cerdo que deja un baño público convertido en un lodazal «y que lo limpie el siguiente». Lo que hace que la mayoría no seamos como vosotros se llama civismo y nos ayuda a que este mundo, país, ciudad o barrio sea más habitable. Más vivible, más amable. Por eso me gustó la teoría de los carritos de los supermercados.
Antes, en la mayoría de los supermercados había que meter un euro en el carrito para asegurarse de que la gente los devolvía a su sitio. Entre los protocolos Covid y que la gente cada vez usa menos el efectivo, se quitó lo del euro y por tanto, desapareció esa «recompensa» por el trabajo de llevarlo al punto de recogida. Así que proliferan los imbéciles que lo abandonan donde caiga una vez vacían sus contenidos en el maletero del coche. ¿Que ocupa una plaza de parking, un lugar de acceso, que no te deja abrir la puerta de tu coche, que incomoda a los siguientes usuarios? Les da absolutamente igual. Hace unos meses se hizo viral una teoría sobre este asunto. Llevar el carrito de la compra a su sitio o no, «sabiendo que no hay una gratificación o un castigo por hacerlo (o no hacerlo), puede colocarte del lado de los que hacen lo correcto en la vida y los que no». «El carrito de la compra es la última prueba de fuego para saber si una persona es capaz de gobernarse a sí misma», añadió su autora.
Y estoy de acuerdo. Es muy simple, es una mera cuestión de educación. Y «tus mierdas» han hecho que se te olvidaran las nociones mínimas de educación, niñato malcriado (por si no lo he dicho suficientes veces). Y niñata malcriada, que para esto sí uso el lenguaje inclusivo.
Debido al seguimiento que tuvo la primera parte, centrada en las chapuzas contables del Barça y en la huida hacia delante en la que el club lleva años inmerso, Javier «Kollins» Alberdi me pidió que mantuviéramos otra charla, en esta ocasión sobre los litigios que mantiene el «mès que un club» con la Agencia Tributaria.
El vídeo lleva 12.000 visitas en su primer día y por los comentarios que dejaron los seguidores del canal se ve que algunos de los asuntos tratados, fundamentalmente los de los años noventa, eran desconocidos para el gran público, seguramente porque esa parte fundamental del «Tinglao», la prensa, «la mejor del mundo», no se enteraba de nada o era untada para no difundirlo y dar esa imagen bucólica-idealizada del Barça.
La pillada del «Barçagate» o el «caso Negreira»
En el escandalazo del que llevamos hablando el último mes, al Barça lo pillan por un delito fiscal. Como a Al Capone. Había indicios de criminalidad en muchas de sus actuaciones, pero no podía probarse nada. La «omertá», la cercanía con el poder, el retorcimiento de la contabilidad, las disputas entre famiglias… veo muchos paralelismos. La Fiscalía acusa al Barça por corrupción continuada en los negocios y administración desleal (Rosell y Bartomeu), pero también por falsedad documental.
La denuncia de la Fiscalía concluye que el Barça se había deducido facturas por servicios no prestados. Cada excusa que da el club es peor que la anterior: que si había vídeos, que si asesoramiento verbal, que si coaching con los árbitros, que si informes de jugadores de divisiones inferiores… Todo mentira. El propio club firmó un acta de conformidad tras la inspección de Hacienda en el que reconoce que no podía acreditar los servicios pagados a la empresa de Enríquez Negreira, y por tanto, tuvo que devolver el IVA que había deducido y ajustar el gasto en el Impuesto de Sociedades de los ejercicios objeto de la inspección. Para que un no experto en materia fiscal lo entienda, voy a utilizar la medida del «Negreira», es decir, una factura de 40.000 euros más IVA por los servicios de lobby arbitral, por utilizar un eufemismo:
Y así muchas facturas y muchos euros por servicios no prestados de los que trataban de recuperar el IVA y la deducibilidad del gasto. Según el artículo de El Confidencial, solo en los ejercicios inspeccionados, de 2016 a 2018, la propuesta de regularización del Impuesto de Sociedades es de 404.249 euros, más 52.324 euros por intereses de demora. En cuanto al IVA, la inspección regularizó 473.050 euros, con sus correspondientes 84.991 euros de intereses. Si hacemos la cuenta en «Negreiras», tendremos la realidad de los pagos totales realizados a favor del vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros solo en tres años.
Con la regularización de Hacienda, «las facturas perdieron la presunción de validez», según indica la Fiscalía en su querella. En mayo de 2022, y la fecha es importante, ante los indicios de delito por los pagos no justificados, el expediente de la Agencia Tributaria fue enviado a la Fiscalía. Mayo de 2022, repito. La Ley del Deporte se cambia en diciembre, perpetrada por, entre otros, Albert Soler, director general del Consejo Superior de Deportes hasta enero de 2023 y directivo del Fútbol Club Barcelona entre 2014 y mayo de 2021. La Ley del Deporte amplió los plazos de prescripción de los delitos deportivos, pero solo de los leves y graves, y mantuvo la de los muy graves en la ridiculez de los tres años. Qué puñetera casualidad.
El Barça podía haber ajustado el gasto en el impuesto de sociedades (considerarlo no deducible) y a lo mejor hoy no tendríamos constancia del caso. Por poner un ejemplo, el Barça sí puede deducirse el gasto y el IVA de los pagos a detectives, periodistas y medios de comunicación, porque quedó acreditado que habían prestado un servicio. Se puede cuestionar su ética o no, su conveniencia o no, pero no la deducibilidad fiscal. Son los socios del club los que podrían denunciar a sus dirigentes por administración desleal o quebranto patrimonial, pero con Hacienda no habría problema alguno.
Hacienda investiga el destino de esos fondos
Como ya dije en este blog desde el primer día, aquí falta gente por salir, «faltan los peces gordos». Negreira era posiblemente solo un nexo de unión. Según la investigación de la Agencia Tributaria, el ex árbitro, ex vicepresidente y «lobbista», no ha tenido un incremento importante en su patrimonio. El dinero era retirado «en efectivo o mediante cheques al portador que cobraban terceras personas por encargo del árbitro». Hoy se ha sabido por El Confidencial que el dinero era retirado por la secretaria de Negreira y un empleado de la sociedad pantalla. Solo durante el período de 2016 a 2019 fueron 550.000 euros en efectivo. Y seguramente fue mucho más en los años anteriores. Pero si no hay un incremento sustancial del patrimonio de Negreira, si sus gastos de desplazamiento y dietas eran asumidos por la Federación Española de Fútbol durante los años del villarato, ¿dónde fueron a parar esos fondos, hay más implicados? ¿Podría ser un desvío de fondos con Josep Contreras, como algunos han tratado de justificar ya?
Por otro lado, la tenencia de dinero en efectivo no es prueba suficiente para acreditar la corrupción. En el vídeo recuerdo el caso Ciempozuelos, a cuya sorprendente sentencia dediqué un post (Coño, es un pato, 2ª parte). Falta por acreditar que los fondos fueron pagados para comprar los favores del estamento arbitral, que es lo que en el Moggigate se pudo demostrar con las horas ty horas de grabaciones de los directivos de la Juventus. En la sentencia del caso Ciempozuelos, pese a los cientos de miles de euros que ingresaron los ex alcaldes del municipio en Andorra, pese a los 800.000 euros que tenía uno en su caja fuerte, y pese a los acreditados intentos de soborno de un promotor inmobiliario, el juez consideró que “no puede descartarse que el dinero que llega al ANDBANC sea un dinero, “negro”, si se quiere, oculto a la Hacienda Pública, pero lícitamente ganado, (o incluso ilícitamente ganado pero no en razón de los hechos objeto de acusación)”.
Hay una parte peligrosa de aquella sentencia que me hace pensar en lo que podría llegar a ocurrir en este Barçagate o en el caso Soule, y es que la investigación se lleve mal de manera interesada. Ya sabemos que es muy complicado meterse con «el ejército de un país desarmado» y con la propia Cataluña o sus símbolos (recomiendo leer el artículo de Joaquín Manso Barça: ejército simbólico y corrupto). La carta del victimismo frente al Estado opresor ya ha empezado a jugarse en algunos medios. En aquella sentencia se decía que «Existían en la causa indicios de delito. El hecho de que la investigación haya sido incompleta o mal orientada y no permita, incluso pese al claro esfuerzo del Ministerio Fiscal, imputaciones suficientemente precisas, no significa que los hechos no revistieran indicios de presuntos delitos».
Y ahí se quedó, en indicios, y los investigados, absueltos de todas las acusaciones. Habrá que acreditar la compra de favores y aunque no será fácil sin grabaciones, la propia declaración de Negreira, su famoso burofax o la advertencia sobre cómo podía controlar el VAR podrían ayudar a alcanzar dicha conclusión. Respecto a la defensa del Barça como víctima de una estafa continuada, no soy jurista, pero si lo que se pretende argumentar es que entre Negreira y Contreras saquearon al Barça por servicios que el vicepresidente del CTA no podía dar, eso no eximiría al Barça del delito de corrupción continuada en los negocios, puesto que el destino de los fondos tenía un objetivo claro, según la Fiscalía: influir en la competición, en la designación de los árbitros y en presionarlos a base de decidir ascensos, descensos o promociones a internacionalidades.
Las actas de Hacienda de los noventa
Durante la revisión que hice de las cuentas del Barça para la primera charla (Finanzas ridiculés), pude remontarme hasta el ejercicio 2003-04. En el informe de auditoría se hace referencia a las actas de inspección de los ejercicios 1990 al 93 y 1996 al 99, por las que la Agencia Tributaria reclamó al club 22,3 y 30,5 millones respectivamente.
Lo sorprendente es saber a qué se debían dichas actas de inspección. El Barça había ideado un sistema para pagar las fichas de sus futbolistas mediante el cual pagaba una parte del salario de manera oficial, y los derechos de imagen suponían más del cincuenta por ciento del salario de los futbolistas, que tenían una tributación menor. De esta norma se beneficiaron la mayoría de clubes, el Real Madrid también, por supuesto. El «problema» radica en que los derechos de imagen de los jugadores del Barça (de fútbol, baloncesto y balonmano) eran abonados directamente por TV3 en sociedades radicadas en los Países Bajos.
El responsable de la sección de Deportes de TV3 en aquellos años era el que siempre aparece en estos temas: Jaume Roures. El problema es que aquí no ejercía de presidente de una empresa privada, sino que era un gestor de dinero público, de todos los catalanes, los culés y los del Espanyol, el Sabadella, el Nástic o el Girona. Fue un escándalo mayúsculo que pasó bastante desapercibido, sin mucho ruido mediático. Josep María Minguella ha presumido en varias ocasiones de cómo se fraguaron algunos fichajes de estrellas por el Barça… sin coste para el Barça. Con dinero público. Y de nuevo Jaume Roures y Tatxo Benet como hacedores o intermediarios.
El Barça terminó de liquidar las actas de Hacienda entre finales de 2009 y principios de 2010, y con los intereses la deuda se disparó hasta los 60 millones de euros. Casi veinte años para liquidar una herencia de Josep Lluís Núñez. «El club borra un pasado oscuro en el que ha habido deudas con Hacienda…», jajajaja, me deshuevo, «borra», dice.
Y ya que hablamos del Barça, de Hacienda y aparece el nombre de Núñez, es inevitable recordar que el ex presidente del Fútbol Club Barcelona estuvo dos años y medio en prisión por sobornar a inspectores de Hacienda. El delito fue cometido en sus negocios particulares, pero si un tipo sin escrúpulos fue capaz de sobornar a inspectores de Hacienda, y además era un redomado hooligan culé, sabemos que era capaz de cualquier cosa. Además del soborno, fue condenado por cohecho, por lo que tuvo que pagar 1,5 millones de euros. ¿Hay algún delito en el que no hayan incurrido los presidentes del Barça?
Y tras Núñez llegó Joan Gaspart, quien a la presidencia del Barça añadió los cargos de vicepresidente de la Federación Española de Fútbol y representante del Comité de competiciones de la UEFA. Pero estoy seguro de que se comportó de manera honesta y honrada durante todos estos años y en todos sus cargos. Claro que sí, wapis. Lástima de años perdidos, de ¿por qués? sin responder que prescribieron y desaparecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia, penaltis de Mascherano o agresiones de Suárez.
Llega un año más la ceremonia de los Óscar y me pasa algo parecido al año pasado, que no me motivaba de manera especial porque no había visto las favoritas o porque estas (CODA, El poder del perro) no me llamaban demasiado la atención. Los Óscar se han convertido en una ceremonia que premia lo políticamente correcto o ajustado a determinados cánones marcados no sé si por determinados lobbies o por quienes hagan la mejor campaña de promoción. Así que el post de hoy consistirá en dejar ocho anécdotas sobre los Óscar de otros años, con el aliciente de que una de las ocho no es cierta. El lunes a las 12 de la noche publicaré en la parte de Comentarios de cuál se trata, y se admiten apuestas.
La venganza de Jack Warner y la revancha de Bette Davis
A principios de los años treinta, la actriz llevaba dos años contratada por Warner Brothers y no estaba demasiado satisfecha de los papeles que se le ofrecían. La RKO le ofreció protagonizar Cautivos del deseo, pero a Jack Warner no le gustaba ceder a sus estrellas a la competencia. Finalmente, ante la insistencia de la actriz, el productor aceptó su participación, convencido de que iba a ser un fracaso: «Anda, ve y entiérrate a ti misma».
Pero la película fue un gran éxito, lo que enfadó enormemente a Warner. Un año después, la productora Columbia estaba buscando actriz para Sucedió una noche. La Davis, entusiasmada con el guion y con el proyecto, puesto que además anhelaba trabajar con Frank Capra, volvió a solicitar a Warner que le dejara participar, a lo cual este se negó de manera reiterada. Finalmente, Columbia contrató a Claudette Colbert, la película fue un éxito y su actriz obtuvo el Óscar por su interpretación.
La «revancha» de Bette Davis no llegaría hasta 1950, cuando Leo Mankiewicz estaba preparando Eva al desnudo, película para la cual contaba con Claudette Colbert como actriz principal. Sin embargo, esta se lesionó la espalda mientras esquiaba y tuvo que ser sustituida pocos días antes del rodaje. Bette Davis se hizo con el papel y la película fue un gran éxito, con seis candidaturas para los Óscar, si bien Bette Davis no lo logró, ni tampoco su compañera de reparto, Anne Baxter. En aquel año, el premio fue para Judy Holliday por su interpretación en Nacida ayer, de George Cukor.
Sunset Boulevard: la osadía de Billy Wilder
En Hollywood no suelen gustar las historias poco complacientes con la fauna que habita «sus junglas». Eva al desnudo es del mismo año que otro tortazo al mundo de guionistas, estrellas y productores detrás de las cámaras: Sunset Boulevard. El crepúsculo de los dioses en la «traducción libre» española. En el preestreno, uno de los hombres más poderosos de Hollywood de aquel entonces, el productor Louis B. Mayer, visiblemente indignado, exclamó a voz en grito desde el propio vestíbulo del cine:
– ¡Deberíamos enviar a este Billy Wilder de regreso a Alemania! ¡Muerde la mano que le da de comer!
Wilder lo escuchó y replicó sin pestañear:
– Yo soy el señor Wilder, ¿y por qué no se va usted a la mierda?
Finalmente, el talentazo que hay tras Sunset Boulevard se vio recompensado en los Óscar de aquel año, aunque solo logró tres de los once a los que aspiraba: dirección artística, banda sonora original de película no musical, y por supuesto, mejor guion original. Para Charles Brackett, D.M. Marschman Jr. y el osado Billy Wilder.
El pique de Herman Mankiewicz y Orson Welles
Jack Warner y Louis B. Mayer aparecen de manera fugaz, pero importante en Mank, de David Fincher. En la entrada dedicada a esta película, Citizen Mank, Ciudadano Fincher, la escritura del guion de Ciudadano Kane fue un verdadero tour de force entre el guionista Mank, totalmente alcoholizado, y el por entonces jovencísimo director Orson Welles. De las nueve candidaturas de la película, solo se llevaron precisamente el del guion, pero ninguno de los dos acudió a recogerlo. Welles estaba en Río de Janeiro preparando su siguiente película, y Mankiewicz recibió la estatuilla en su casa, donde soltó el hipotético discurso que habría dado de haberse presentado en la ceremonia:
– Estoy muy feliz de recoger este premio en ausencia de Orson Welles, que es como se escribió este guion: en ausencia de Orson Welles.
Los cuchillos entre ambos siguieron volando durante años. La siguiente vez en que coincidieron ambos artistas, en una fiesta privada de un productor en Los Ángeles, Mankiewicz estaba en pleno proceso para dejar el alcohol (ooootra vez), hecho que Welles conocía. Así que se presentó con una botella del whisky favorito de Mank, un Jack Daniels Gran Reserva, y en cuanto se encontró de frente con el guionista, soltó la bomba que tenía preparada:
– Estoy muy feliz de poder disfrutar de esta botella en presencia de Herman Mankiewicz, que es como se disfruta el buen whisky. Repito, en presencia de Herman Mankiewicz.
Pese a que la mujer de Mank intentó frenarlo, el guionista trincó la botella y se pilló una cogorza monumental. Ya no dejaría el alcohol hasta el final de sus días.
Desde el más allá
La muerte de Herman J. Mankiewicz fue prematura, en 1953, a los 55 años de edad y como consecuencia de su adicción al alcohol. Una muerte mucho más prematura y sorpresiva fue la de James Dean en 1955, con apenas 24 años de edad. Aun así, James Dean fue candidato al Óscar por Al este del edén. Esta situación excepcional se repetiría un año más tarde, cuando fue nominado para el Óscar por su cargante interpretación en Gigante.
Parece que a Hollywood le gustan estos Óscar o estas designaciones a título póstumo. Los más cercanos son los de Heath Ledger, Óscar por su Joker de El caballero oscuro, y Chadwick Boseman, nominado por Black Panther, candidatura que, estoy seguro, no se habría producido de no haberse cruzado la muerte en su camino.
El primer caso fue el de Jeanne Eagles en 1929 por La carta, y otros muy recordados son el Óscar a Peter Finch por Network (1977), que no pudo retirar obviamente, y las nominaciones a Spencer Tracy por Adivina quién viene a cenar esta noche (1967) y Massimo Troisi por El cartero (y Pablo Neruda), de 1996.
¿Óscar a un animal?
En Hollywood son muy dados a la excentricidad, de manera especial para promocionar a alguna de sus estrellas. Igual que se han concedido estatuillas a personajes fallecidos, es conocido el caso del intento de candidatura a Robin Williams por su papel en la película animada de Disney Aladdin. Solo por la voz, como reconocimiento a su trabajo. No coló, como tampoco los intentos de promocionar a un animal a un Óscar por su interpretación, que quedaron, como no podía ser de otro modo, en bromas o frases de admiración hacia los animales por sus habilidades interpretativas. Lassie, Rin-tin-tín, la mona Chita o la mula Francis, si bien ningún animal despertó tanta expectación como el caballo de Gringo viejo.
La American Humane Association quedó muy impresionada por los disparos que recibía el caballo del general Arroyo (Jimmy Smits), la caída del caballo y su posterior muerte. Como habían leído que ningún animal había sufrido daños durante el rodaje se pusieron en contacto con Gregory Peck, quien había estado en el rodaje de la escena. Peck les aseguró que el caballo «actuó» a la perfección y teatralizó la caída. Ante la incredulidad e insistencia de la asociación, el bueno de Peck los animó a visitar al caballo, de nombre Twister, que vivía en un rancho de California. Allí le hicieron repetir la caída varias veces e incluso concluyeron con un examen médico del animal, tras el cual pudieron comprobar que tenía un perfecto estado de salud.
Psicosis y el misterio sobre la asesina de la ducha
Gregory Peck parecía uno de esos actores condenados a aparecer en la ceremonia de los Óscar e irse de vacío. Hasta cuatro veces apareció en la ronda final y se fue a casa sin acariciar la figura del eunuco dorado. Por fin, en 1963, se alzó con el premio por su inolvidable interpretación de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor. El que no tuvo nunca esa «suerte» con Hollywood, o nunca cayó suficientemente en gracia, fue el británico Alfred Hitchcock, candidato a mejor director hasta en cinco ocasiones. Su olvido es todo un descrédito para la Academia.
En 1960, estuvo entre los favoritos por Psicosis, película que también recibió las nominaciones a mejor actriz (Janet Leigh), mejor fotografía y mejor dirección artística. Todos se fueron de vacío a casa. El director francés François Truffaut le preguntó en una de las horas y horas de sesiones de grabación algo que siempre le había intrigado: ¿quién apuñalaba a Janet Leigh en el rodaje de la escena? «¿El propio Anthony Perkins con una peluca?, ¿una mujer?, ¿una doble, un bailarín? Si se recuerda que el asesinato está filmado a contraluz (…) todas estas eventualidades eran plausibles».
«Hitchcock me respondió que se trataba de una mujer joven con peluca, pero que había tenido que rodar la escena dos veces porque aunque la única iluminación fue situada detrás de la mujer, se distinguía demasiado claramente su rostro en las primeras tomas. (…) También había necesitado, la segunda vez, ensombrecer el rostro de la doble para conseguir al fin el efecto de una silueta ensombrecida en la pantalla, ensombrecida y no identificable».
La verdad es que nunca lo había pensado, siempre «vi» a una mujer, aunque esa era la trampa de Hitchcock.
Un gran guion repleto de fallos
Hitchcock era un «tramposo», quizás el mejor, y todo Hollywood suele ser una gran mentira, sobre todo si tiene que rodar alguna historia real. Y a veces ocurre que ajustarse a la realidad no resulta verosímil, como contaba William Goldman sobre la edad del general Gavin en Un puente lejano. William Goldman ganó dos Óscar como guionista a lo largo de su carrera, en 1977 por Todos los hombres del presidente, y en 1969 por Dos hombres y un destino, otra «traducción libre» de Butch Cassidy and The Sundance Kid.
Goldman disfrutó con la preparación y elaboración del guion. Se documentó durante meses, trató de conocer no solo las circunstancias personales de los dos bandidos, sino lo que denomina «el Salvaje Oeste», que fue «en realidad muy breve. Empezó a finales de la Guerra Civil y acabó con el inicio de siglo. Un total aproximado de treinta y cinco años». Fue una de las mejores experiencias de Goldman en Hollywood y como él mismo afirmaba en los noventa, «con la perspectiva de un cuarto de siglo, pienso lo mismo que pensaba entonces: es una espléndida obra narrativa, original y emocionante». Y sin embargo, él mismo reconoce que compuso un guion repleto de debilidades:
«Hay exceso de diálogo demasiado ingenioso.
Hay demasiadas «fintas», es decir, demasiadas sorpresas o sucesos inesperados.
Con demasiada frecuencia el conjunto se resiente por exceso de astucias.
Algunas de las secuencias sencillamente no te las crees.
No trata de lo que yo quería que tratara».
Para rematar diciendo que la escena mejor escrita no apareció en pantalla, «ahí quedó eso, como un gigantesco coprolito». Pero es una puñetera obra maestra, rodada con los dos actores más envidiados del mundo por entonces, Robert Redford y Paul Newman.
La envidia pasajera de Billy Wilder
Y ya que menciono la envidia, terminamos con ella. En Hollywood, es costumbre que algunos directores americanos inviten a comer a los directores candidatos de las películas en lengua no inglesa. A la comida de 1994, en la que estaba Fernando Trueba como director de Belle Epoque, junto con sus «rivales» Ang Lee o Chen Caige, acudieron veteranos como Stanley Donen y Billy Wilder, Paul Mazursky y jóvenes como Martha Coolidg y Andrew Davis.
En un momento de la animada conversación durante la comida, los directores off-Hollywood comentaron lo afortunados que eran por poder realizar sus películas de una manera totalmente libre, independiente, dejándose llevar por sus sentimientos o intuiciones personales. Varios de los directores norteamericanos insistieron en la envidia que les producía esa manera de trabajar, sin las ataduras de las productoras, sin las exigencias de los representantes de los actores. En ese momento, Billy Wilder preguntó a Trueba, Ang Lee y al resto de candidatos, si podían decirlo, cuánto habían cobrado por los respectivos trabajos que los habían llevado hasta aquella ceremonia. Conviene recordar que las nacionalidades de los cinco eran España, Hong Kong, Taiwan, Vietnam y Gales. En el momento que contestaron, a todos los directores americanos se les pasó la envidia y la conversación marchó por otros derroteros bien diferentes.
Solo una puntualización: Trueba cita esta anécdota como sucedida en 1994. Sin embargo, su Óscar fue en 1993.
Bibliografía:
Bette Davis y la venganza de Jack Warner. Del libro Secretos y mentiras de Hollywood, de los hermanos Payán.
Sunset Boulevard: la osadía de Billy Wilder. Conversaciones con Billy Wilder, de Cameron Crowe.
El pique de Herman Mankiewicz y Orson Welles. De la web de cine Off cameras.
Desde el más allá. Volumen 8 de Los Óscar, y Cinemanía.
¿Óscar a un animal? En uno de los maravillosos hilos de anécdotas de César Bardés en Twitter.
Psicosis y el misterio sobre la asesina de la ducha. De El cine según Hitchcock, de François Truffaut.
Un gran guion repleto de debilidades. Extraído de Las aventuras de un guionista en Hollywood, de William Goldman.
La envidia pasajera de Billy Wilder. Extraída del Diccionario de cine, de Fernando Trueba.
Y ahora os toca a vosotros, ¿cuál de las ocho es falsa? En veinticuatro horas, la respuesta.
Más de ocho mil visitas en tres días, me tiene sorprendido. El canal de Kollins de YouTube ha publicado esta semana la charla que mantuvimos acerca de determinadas prácticas contables y financieras del Fútbol Club Barcelona, del cual dejo copia en este post. El canal de Kollins (Javier Alberdi, antiguo editor de La Galerna) huye del «ruido» habitual de la prensa deportiva, de las exageraciones «chiringuiteras», de la desinformación o el desconocimiento de los asuntos y de la manipulación del «autoproclamado mejor periodismo deportivo del mundo». Lo recomiendo, no solo a madridistas. De hecho, esta semana me han dicho en privado algunos amigos del Atleti que se sorprendieron al ver que estaban de acuerdo conmigo. En este vídeo al menos, ya sé que en la mayoría de temas no coincidiremos jamás.
Como tocamos muchos palos en el vídeo y en algunos de ellos solo dimos pinceladas o puede que no quedaran suficientemente claros, y como he visto interés en estos temas, quería ampliar la información facilitada con este post.
El Barça, «víctima»
Por desgracia, y lo estamos viendo desde el primer día, el Barça se va a ir de rositas de este escándalo. Que haya pagado 7 millones de euros al vicepresidente de los árbitros, que cinco presidentes hayan mantenido estos pagos justo hasta el instante en que el susodicho Negreira dejó el cargo, no significa nada, según parece. La versión que circula es que el Barça ha sido estafado por un señor que vendía unos servicios que no podía dar (como los corruptos, en el Barça prefieren quedar como gilipollas que como golfos), o que los pagos eran para garantizar neutralidad arbitral, o que no se sabía muy bien qué se pagaba porque eran cantidades irrelevantes o menores para un gran club con un presupuesto cercano a los mil millones de euros. «Es que el Barça tiene más de 300 proveedores», he llegado a escuchar a un indocumentado periodista, como si ese número fuera elevado.
A ver, una gran empresa tiene mecanismos de control interno para evitar el fraude o para garantizar que se prestan servicios reales y no «comisiones» a cambio de favores. Los pagos a proveedores por importes de medio millón de euros (los Negreira llegaron a cobrar más de 700.000 euros en algunos ejercicios) tienen que superar una serie de controles rigurosos para comprobar que se ajustan a la legalidad, que presentan un precio competitivo, que no hay riesgo para los que lo contratan, que no hay connivencia o fraude con los firmantes, etc. En el caso del Barça, como explicó Carles Tusquets, presidente de la comisión económica del club entre octubre de 2020 y marzo de 2021, estos pagos «no constaban en los presupuestos, ni tampoco en la auditoría». Lo cual implica saltarse sus propios procedimientos de control interno, o peor aún, que se hacía de manera deliberada, directamente desde la presidencia.
Los que hemos trabajado con informes de consultores de más de 300.000 euros sabemos el trabajo que hay detrás y el soporte que existe para esas tareas en el caso de que Hacienda, la auditoría externa o la interna solicitaran la justificación de los servicios prestados. Son informes muy exhaustivos realizados por un ejército de abogados o consultores con unas tarifas hora elevadas, con una documentación de megas y megas de contratos y archivos revisados hasta la última coma, con reuniones constantes durante meses, con soportes muy profesionales que demuestran el análisis realizado. Los Negreira facturaban importes superiores a los mencionados entre el padre y el hijo, y la justificación de sus «informes» no aparece por ningún lado: entrenadores como Ernesto Valverde o el Tata Martino dicen que no los vieron nunca, y el vicepresidente deportivo del club desde 2014 hasta 2019, Jordi Mestre, afirma que los recibía, pero que pidió que dejaran de enviárselos. Indicó que se los entregaba Josep Contreras, responsable de la Comisión deportiva, un tipo juzgado por corrupción, pero que falleció de manera conveniente para la trama en diciembre.
Será muy complicado demostrar que esos pagos tuvieron incidencia real en los arbitrajes, por muchas anomalías de las que ya hemos hablado sobradamente en este blog, pero aunque solo fuera por el intento de controlar el Comité Técnico de Árbitros la sanción debería ser ejemplar. El bochornoso show de Medina «Cantadelejos» el pasado jueves ya indicó por dónde van los tiros: los árbitros han sido honestos, nunca jamás se equivocaron a favor del Barça y Negreira no pintaba nada. Curioso, cuando el propio Negreira estaba en las designaciones arbitrales como la del propio Medina (para el Clásico del cochinillo, por ejemplo) o en las comisiones que decidían los ascensos y descensos. Las hemerotecas le dejan en pelotas:
La situación financiera del club
Hablamos a continuación de «las palancas» y los balances del Barça, de si realmente estaban tan mal o no como contaban algunos medios, y la realidad es que están peor. Que nadie olvide que el apalancamiento es un eufemismo de endeudamiento (Lección 2 de los Grandes errores de las escuelas de negocios). El año del covid terminó de rematar la mala gestión que se venía arrastrando desde hacía años. Esta es la parte del balance que comenté brevemente de palabra. Las columnas con cifras corresponden a los cierres de junio de 2020 (las del lado izquierdo) y junio de 2019 (a la derecha).
Para los no entendidos, el activo corriente refleja los saldos a corto plazo (12 meses) existentes en tesorería o pendientes de cobrar, es decir, aquellos activos que pueden hacerse líquidos de manera relativamente rápida. El pasivo corriente recoge las deudas que hay que afrontar en los siguientes doce meses. El Barça ya tenía el balance desequilibrado en 2019 (687 millones de deudas frente a 402 millones «disponibles»), pero este desequilibrio se disparó en solo un año: 970 frente a 368 mill. Llaman la atención algunas partidas, como los 164 millones pendientes de abonar al «Personal deportivo» (los famosos aplazamientos de salarios), o los 126 millones adeudados a otras entidades deportivas (pagos de fichajes aplazados, fundamentalmente).
Con esta situación, llamó mucho la atención que el Barça fichara de manera compulsiva el pasado verano, o que cerrara varias «palancas» en cuestión de días. No tengo nada que decir sobre la venta de los derechos de televisión por 25 años a través de Sixth Street, una operación que se venía negociando desde meses atrás, pero sí sorprendieron las operaciones finales con Barça Studios y Socios.com y Orpheus Media. Jaume Roures en el horizonte, como siempre. Quizás trate de buscar información en las cuentas del club en próximos ejercicios, porque ahora mismo no he podido encontrar muchos detalles. Lo que ha hecho el Barça con la venta de los derechos de televisión por los próximos 25 años no ha sido otra cosa que anticipar el 25% de los ingresos de uno de sus mejores activos futuros. Si en próximos ejercicios tiene menos dinero para fichar, será por estos anticipos, pero las urgencias de Joan Laporta por montar un equipo competitivo eran muchas, y de ahí el destrozo que le ha supuesto caer en la Champions y en la Europa League a las primeras de cambio.
En cuanto a la deuda con entidades financieras, comentamos que la situación del F.C. Barcelona le ha llevado a incumplir todos los ratios a los que se había comprometido, entre ellos, el del préstamo de 90 millones de euros para arrancar ese Espai Barça que no parece arrancar nunca. El club consiguió aplazar el plazo para ampliar el cumplimiento de las mismas, y la última noticia publicada hace referencia a la entrada de nuevos posibles bancos financiadores para (¿quizás?) cancelar los préstamos actuales y acometer uno de mayor importe. Se habla de 1.500 millones de euros.
Los bancos americanos analizan con detalle los riesgos reputacionales de las compañías a las que financian, y en el Barça se está gestionando con JP Morgan y Goldman Sachs, luego el Barçagate o Caso Negreira les viene en un momento muy malo. A los que digan que esto aparece ahora de manera interesada, se les podría contestar que ha habido casi veinte años para investigar y frenar este escándalo, así que cualquier momento es bueno, aunque llega con muchísimo retraso.
Las chapuzas contables
El siguiente punto que tratamos fue el de los apaños contables del Barça con los trueques de jugadores. En el vídeo explicamos en qué consistían los intercambios Neto-Cillessen y Pjanic-Arthur. Los dos porteros, sin ser de primer nivel, están entre los 10 traspasos de porteros más caros de la historia, luego son precios inflados, no hay gran cosa que analizar. Con la plusvalía ficticia contabilizada (de unos 25 millones de euros), el club esquivó los números rojos y sus directivos evitaron tener que avalar las pérdidas con su patrimonio:
El intercambio Arthur-Pjanic con la Juventus se hizo por unos importes aún mayores, de unos 70 millones de euros. Precisamente este traspaso, considerado fraudulento por las autoridades italianas, es el que ha motivado la sanción de pérdida de 20 puntos para la Juventus. En el país origen de la mafia se sanciona a los infractores. En España no ha pasado nada. Y la omertá impuesta es la envidia de la Camorra.
Dejamos otros temas en el tintero, como los apaños que toleró LaLiga para que el Barça pudiera inscribir a sus fichajes el pasado verano. El Barça tenía que rebajar su masa salarial para ajustarse a los parámetros económicos de LaLiga y de ahí su empeño por quitarse a jugadores con sueldos altos, como Frenkie De Jong o Piqué. El Barça había llegado a acuerdos para diferir los salarios de los futbolistas y en algunos casos, sus sueldos eran crecientes como el del neerlandés. Pero este no quiso aceptar el traspaso propuesto y el Barça tuvo que buscar otras fórmulas de dudosa legalidad. El despido sin indemnización de Mattheus le permitió quitarse de golpe una ficha, aunque no se entiende que LaLiga admitiera ese movimiento, porque apenas cuatro meses después, como era de esperar, la Justicia dio la razón al jugador. O que se rebaje de la masa salarial la cesión de Umtiti al Lecce cuando la ficha sigue corriendo íntegramente por cuenta del Barça.
Pero Tebas tragó con todo y aceptó que el Barça inscribiera a todos los jugadores, si bien los culés rescataron su papel favorito: el de víctima perseguida por el sistema.
Las guerras internas entre clanes
A los que menos entiendo en todas estas historias es a los socios del Barça. Entre Laporta, Bartomeu, Rosell, Gaspart y Núñez están arruinando el club y terminarán en manos de un fondo extranjero, pero parece no importarles. Casi todo lo que sale del Barça es fruto de filtraciones internas o de ataques del otro «bando». En este segundo mandato, Joan Laporta encargó una due diligence sobre la gestión de Bartomeu y lo acusó de «administración desleal, apropiación indebida, alteración contable y simulación contractual», así como de haber causado un agujero injustificado de 30 millones de euros.
En su día fue Sandro Rosell quien realizó una due diligence sobre el primer mandato de Laporta y detectó pagos muy extraños, como entradas para conciertos de U2, jets privados o gastos excesivos asociados con una final de Champions. Luego todo se tapó porque seguramente de ahí no podía salir nada «bonito». Una vez visto lo que ha ocurrido con los Negreira, nos podemos temer cualquier cosa, por desgracia.
Hay una última historia que nunca he podido entender de manera completa y es la que llevó a Rosell a quitar la presidencia de Honor del Barça a una figura indiscutible en el barcelonismo como Johan Cruyff. Joan Laporta tenía negocios con Johan Cruyff en su despacho privado y firmó una sociedad en la que la pasta la pone el de siempre: Jaume Roures. Un socio culé, abogado para más señas, presentó una demanda contra el presidente y solicitó que se investigara si había habido administración desleal, falsedad documental y apropiación indebida, ¿les suena?
El artículo de opinión de hoy mismo de Salvador Sostres en el que acusa veladamente a Joan Laporta de cocainómano y de estar llevándose dinero de la comisión del fichaje de Lewandowski o de las futuras obras con la constructora Limak son un capítulo más de esta crónica sobre unas finanzas chapuceras, lindantes con el delito y que llevarán al club a convertirse en una sociedad anónima en manos de un fondo norteamericano. O catarí.
Quedan varios capítulos por escribir de esta historia, quizás para un siguiente vídeo. El escándalo de la compra de favores quedará en nada, para vergüenza de nuestra competición, pero la prensa no dirá nada. Está adormecida. Por cierto, el Barça pagó más de 7 millones de euros a medios de comunicación solo durante la era Bartomeu.
«Que el ritmo no pare», como dice la publicidad junto a la foto del incombustible profesor. Quién nos iba a decir a aquel grupo de estudiantes de Estructura Económica de la Autónoma de Madrid a principios de los noventa que nuestro ya entonces veterano profesor Ramón Tamames sería noticia de portada tres décadas después. Lo veo en los medios o en los telediarios como cabeza visible de la moción de censura presentada por los de Santiago Abascal y pienso para mis adentros, como tanta gente, “Ramón, profesor, quién le ha visto y quién le ve”.
Con el paso de los años tengo que reconocer que tuve suerte, que tuvimos mucha suerte con los profesores que nos tocaron en aquellos años en la universidad pública (1988-93, en mi caso), aunque cuando tienes veinte años tu preocupación se reparte entre si los árbitros de Tenerife estaban comprados o si algún día tendríamos secuela de Star Wars. Por mucho que estuviéramos matriculados allí, la economía no estaba en nuestras conversaciones en el césped de la universidad.
Tamames nos dio clase en tercero de su especialidad de siempre, Estructura Económica. En el último año, en quinto, en aquellos años en los que la carrera era de cinco años, tuvimos a Emilio Ontiveros, fallecido hace unos meses, una cara mediática bien visible en esto de la economía, y una voz habitual en los medios del grupo Prisa, tanto escritos como hablados. También tuvimos a José Manuel Revuelta, director de Cinco Días y años después presidente de Navantia. Mis compañeros de Empresariales tuvieron a Cristóbal Montoro antes de ser el ministro Montoro que ha protagonizado un par de post a lo largo de la historia de este blog (Premios Montoro a la mala gestión y Montoro miente).
Don Ramón Tamames era y es un economista con un bagaje cultural indiscutible, con un conocimiento apabullante de numerosas materias. Con muchos tiros metafóricos pegados en el pasado, muchas batallas a sus espaldas y un inconformismo fuera de toda duda, como acredita su detención en 1956 en la primera huelga de estudiantes durante el franquismo, su paso por el Partido Comunista, la Federación Progresista, su trabajo en la fundación de Izquierda Unida, el paso por el Centro Democrático y Social de Suárez, y su sorprendente fichaje por Vox para una moción sin recorrido.
Sus clases no tenían un guion previo, o quizás su virtud era que no parecían tenerlo, pero el caso es que enganchaba un tema y comenzaba a disertar una hora entera sobre el asunto en cuestión, yéndose a otras historias, ligándolo a asuntos diversos de toda índole, comparando con situaciones previas o soluciones dadas en otros países… Recuerdo que la pizarra acababa las clases repleta de siglas, o de letras que no eran siglas, sino abreviaturas en la cabeza del profesor. PDM podían ser los “Pactos de la Moncloa”, CM era un “Consejo de Ministros” y a veces los alumnos nos preguntábamos qué quería decir eso de “CDP”. ¿Era el Carbon Disclosure Project? ¿O era un Comité de Profesionales, o solo “una Casa de Putas”, como me respondió mi amigo Carlos?
En algunas de sus clases dejaba caer sus participaciones en algunos de los hechos históricos recientes de nuestro país, o cómo algunos políticos de postín habían demandado su asesoramiento para la configuración de esta nación en los años de la transición. Como ya salí del anonimato hace unos meses, no me importa decir que Ramón Tamames y Emilio Ontiveros aparecen en el libro sobre la universidad que publiqué en Temas de Hoy en 1995, en la colección de narrativa de humor El Papagayo.
Pero para hablar hoy de la aparición de Tamames en mi libro, tengo que hablar primero de Emilio Ontiveros. En aquellos años de gobierno socialista, él era el economista que aparecía en numerosos medios afines, el mismo del que nunca olvidaremos aquella clase en que nos dijo categóricamente: “tras las dos primeras devaluaciones de la peseta (del 5% y el 6%) y los ajustes realizados por el gobierno, no hay ninguna razón para una nueva devaluación de la moneda”. No había internet y nuestras clases eran por las tardes, pero nunca olvidaré que fue llegar a casa y ver en el telediario que la peseta se devaluaba un ocho por ciento. ¡Un ocho por ciento adicional! Desde entonces, marcarse un Ontiveros era para nuestro grupo de amigos de la universidad hacer una predicción económica errónea. Y «jugar a Tamames» es una broma exclusiva de nuestro reducido grupo de guasap. Ojo, que Don Emilio era brillante explicando el pasado y las causas de lo que sucedía en el día a día, pero pocas veces vimos que acertara en los pronósticos. Este es el perfil resumido que dibujé de Ontiveros en 1993:
Míster “Pez Gordo”
El “pez gordo” es ese sujeto de reconocido prestigio en su campo que da clases en la universidad como cuarta ocupación profesional y que tiene la vanidad como principal característica. Trabaja en un despacho propio, escribe artículos en algún periódico o revista especializada, es catedrático, participa en debates o programas de radio y alguna vez de televisión (no en La batalla de las estrellas) y está enamorado de su figura. (…)
Alaba sus propios trabajos, sus intervenciones en radio y televisión, sus artículos (de obligada lectura) y, por supuesto, su libro es el mejor y es también el que se sigue para la asignatura. Es el prototipo de profesor al que la tarima le viene enana y necesitaría más altura para separarse de la chusma de sus alumnos, a quienes en su mayoría desprecia.
Su dedo es el más temido a la hora de las preguntas, porque, sea cual sea la respuesta, intentará ridiculizar al alumno. (…) ¿Intentan vengarse de alguna tortura psicológica sufrida en su más tierna infancia? (…) Por supuesto, este “pez gordo” no hace revisiones de examen. Faltaría más, deberíamos estar contentos de que se digne a darnos clase. Además, su opinión va a misa y no tiene por qué aguantar estupideces de sus alumnos”.
En la vida de los que estudiamos con Don Emilio hay un antes y un después de sus clases. Antes de ellas, en los periódicos solo leíamos los deportes, la programación de cine y el humor gráfico. Después de un añito con él, nos tocó interesarnos sobre economía y política. Y lo logró. Hay una frase suya que nunca olvidaré sobre los economistas que aparecían en los medios: “En este país nadie escribe bien. Bueno, yo sí”.
Guardo un mejor recuerdo de Don Ramón Tamames, quien ya parecía octogenario en los noventa, y de él escribí lo siguiente (no olvidemos que tenía menor peso en los medios):
Míster “Pececito Gordo”
Así llamado por tratarse también de un profesor de cierto prestigio, colaborador habitual de prensa y televisión, pero a quien se concede menos importancia que al sujeto anterior. Esto es algo que difícilmente soporta y su reacción consiste en dar un relieve desmesurado a todos sus actos mediante la táctica de restarles trascendencia, de mal disimular modestia, de decir las cosas como sin querer. Sus frases favoritas son:
“Perdonad el retraso, Vengo ahora mismo del puente aéreo Barcelona-Madrid”. (Sin duda, habrá forzado ese retraso para poder contarlo).
“Como decía ayer en Antena 3…”.
“Mañana no habrá clase porque tengo que dar una conferencia sobre…”. (Descuida, sabiendo que no hay clase no interesan los motivos).
De vez en cuando, como revancha ante el “pez gordo” por restarle protagonismo, lanzará tímidos ataques subliminales contra el mismo con expresiones del tipo:
“No puedo estar muy de acuerdo con la opinión de “pez gordo” sobre…”.
“Me cuesta creer que así se pueda frenar la inflación, porque…”.
“Que me perdone mi querido colega, pero no puedo darle la razón respecto a…”.
La falsedad con la que pronuncia “mi querido colega” solo puede equipararse a las recreaciones de un asesinato en un reality show.
M. “Pececito gordo” se enorgullece de que su libro vaya por la vigesimosegunda edición, aunque quizás debería tener en cuenta que lleva veinticinco años utilizándolo como libro de texto.
La editorial Temas de Hoy encargó al ilustrador Luis Miguel Pérez González que acompañara mis textos con una serie de dibujos y el diseño de la portada, y aunque nunca lo conocí en persona, me pareció un crack. Un fuera de serie que captó la esencia de cachondeo que había en el libro. Con Don Ramón Tamames lo clavó:
Estaré pendiente de la moción de censura, o mejor dicho, del discurso de Tamames en el que nos hablará de los problemas de la nación, de la deriva de este país, de la ruptura de la HDPC por la RN y SD, de la TIU con Bildu, o de los intentos de DNE. Con el profesor siempre se aprende.
Para curiosos:
HDPC: Histórica Declaración del Partido Comunista.
RN y SD: Reconciliación Nacional y Solución Democrática.
TIU: Traición de Izquierda Unida.
DNE: Destrucción de la nación española.
Ah, y por suerte, mi libro está descatalogado: no soportaría los controles de censura actuales.
Era demasiado evidente que algo ocurría en el estamento arbitral, demasiadas anomalías estadísticas como para considerarlas normales, parte del juego, pero lo que está saliendo es algo mucho más chapucero de lo que esperábamos. Cutre, mal montado, poco inteligente. Lo más gracioso, si es que este asunto puede tener algo de gracioso, es comprobar la cortedad de mente de los que están tratando de justificar lo injustificable, así como la coordinación que muestran en sus acciones. Por ejemplo, en solo dos días han conseguido que no se hable del «Barçagate», sino del «caso Negreira», que así pronunciado, suena más a una operación contra un cártel de la droga que a un escandalazo de proporciones mucho mayores al Moggigate, el caso que llevó a la Juventus a la segunda división italiana y a una fuerte sanción al Milan, que lo privó de jugar en Europa una temporada.
Se están retratando numerosos periodistas (otros, los menos, me han sorprendido gratamente), directivos del fútbol, ex árbitros y la cúpula del barcelonismo, tanto su presidente Laporta, como el entrenador actual, Xavi Hernández. No se dan cuenta de que con el Barçagate va a ocurrir como con la corrupción política: que cuanto más lo intentes encubrir o desmarcarte, mayor va a ser el chapapote corrupto que te impregne. Entre las líneas de defensa que se manejan hay dos, a cuál más absurda:
Todo es un intento organizado desde Madrid para desestabilizar al club, ahora que marcha destacado en LaLiga. El argumento cae por su propio peso en el momento en que compruebas que todo se origina por una investigación de Hacienda que arrancó en enero de 2021 y prorrogada en octubre del año pasado, así que no cuela. El Madrid no es responsable de que el Barça haya pagado al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros durante veinte años.
Enríquez Negreira no era nadie en el CTA, no pintaba nada, era poco más que un bedel, luego en el fondo no es más que un estafador que se ha lucrado a costa del Barça. Pobrecillos, si ya sabía yo que al final el Barça acababa como víctima de todo este bochorno.
El presidente de LaLiga, Javier Tebas, abogado de profesión, no lo olvidemos, tardó unas horas en salir a la palestra para afirmar con rotundidad el daño que causaba este caso a la credibilidad del fútbol español, pero a la vez indicó claramente que no se iba a desposeer al Barça de ninguno de sus títulos porque los presuntos delitos estaban prescritos. Llega tarde, con varios años de retraso, puesto que éramos muchos los que creíamos que la credibilidad de la competición llevaba varios años en entredicho. Llama la atención que se uniera a esa corriente según la cual, todo un vicepresidente durante 24 largos años, no era nadie.
El actual presidente del CTA, el sevillano Medina Cantalejo (en este blog convenientemente rebautizado en su momento como «Cantadelejos»), afirmó el jueves que Enríquez Negreira tenía un papel testimonial en el organismo, que apenas le veía un par de veces al año y que no tenía poder ejecutivo alguno. Vamos, que se estuvo embolsando entre 150 y 500 mil euros anuales del Fútbol Club Barcelona por unos asesoramientos por los que el resto de clubes de Primera pagan unas diez veces menos. Pero es que además, a ningún otro club (que sepamos) se le ocurre contratar directamente a un directivo del Comité de Árbitros.
Es la misma versión que han defendido ex colegiados como Iturralde González (el opinador arbitral antimadridista de As), y Jesús López Nieto, quien estuvo durante 15 años en el opaco Comité de Designación de Árbitros.
«Mandaba menos que el conserje de Valladolid o de Málaga», soltó de manera contundente. Otro ex árbitro antimadridista, Andújar Oliver, quien durante años opinó con su doble vara de medir en el Marca, comentó esta semana que el hijo de Enríquez Negreira asesoraba a los árbitros en sus partidos del Camp Nou, los recogía en el hotel, los llevaba al estadio y ejercía de coach y psicólogo de los mismos. Mister Rabillo Andújar nunca fue el más listo de la clase, pero si con estas declaraciones pretendía echar un cable al estamento o asegurar que los Negreira cobraban por un servicio real, lo cierto es que ha sembrado más dudas. «Iba a todas las reuniones del Comité Técnico con todos los árbitros. Iba a dar instrucciones a todos los colegiados. Hasta el 2018 ha sido ‘coach’ de ellos, es decir, los árbitros le han dado a este señor toda su información y pensamientos mientras él les tenía en sus manos».
Uno de los periodistas palmeros del sistema, Juanfe Sanz, lanzaba el otro día esta pregunta en Twitter:
Se supone que son periodistas, pero su pereza es infinita, no han investigado nada en años y no iban a hacerlo ahora. En Italia, durante la investigación del Moggigate, o el Calciopoli, quedó demostrado que numerosos periodistas formaban parte de la corrupción del sistema. Hay una línea de investigación muy clara que espero que alguien esté siguiendo: el sistema de ascensos y descensos de los árbitros. Cómo se hacía, quién decidía, de qué factores dependía, y sobre todo, si Enríquez Negreira pintaba algo en ello. La figura clave en el Comité Técnico de Árbitros ha sido Victoriano Sánchez Arminio, presidente durante más dos décadas, aquel que en una charla ante el resto de árbitros de primera y segunda división se despachó diciendo:
Sánchez Arminio dirigía el Comité con puño de hierro y con los años logró rodearse de un grupo de fieles acólitos que siguieran sus directrices casi al pie de la letra. Cuando escribí que el VAR no funcionaría en España (en 2017, un año antes de su implantación), colgué la carta de apoyo a Sánchez Arminio que todos los árbitros firmaron. Resultaba obscena y vomitiva entonces, y hoy es muy indicativa de lo que ha sido el CTA durante estos años:
«No queremos hacer un escrito de agradecimiento sino de reconocimiento y apoyo a tu trabajo […] creando un grupo unido y sin fisuras con una cabeza visible que eres tú».
«Presidente, estamos contigo. Estamos orgullosos de tu trabajo, de cómo diriges el colectivo arbitral y de cómo nos tratas a todos y cada uno de nosotros. Has llevado el arbitraje hasta un nivel al que cuando tomaste tú el mando ni se sospechaba que pudiera ser alcanzado. El listón está muy alto y sigue creciendo gracias a ti».
«Sabemos que estamos en un momento difícil para todos y, como ya dijimos en el mes de julio, las dificultades se superan trabajando y estando juntos. Créenos, nosotros lo estamos, contigo siempre a la cabeza. Victoriano, TE QUEREMOS».
¿Se puede influir en los árbitros? Pues no tengo ninguna duda. Alfonso Pino Zamorano dejó el arbitraje asqueado del sistema y dejó esta entrevista en 2017 en la que se despachaba a gusto contra Sánchez Arminio y Ángel María Villar. En ella habla de la «fidelidad» requerida de los mandamases, y del índice corrector, que no es otra cosa que la puntuación que se da a los colegiados tras cada partido y que decide al final de cada temporada quién desciende, quién promociona o quién es ascendido a internacional. Entre los árbitros, este índice nada transparente ni objetivo, que no se quiere hacer público, era conocido como «el dedo índice corrector» de Sánchez Arminio. Pino Zamorano denuncia que los árbitros que se negaban a firmar escritos de apoyo o repulsa contra quien les indicaba el sistema veían automáticamente rebajada su posición en el ránking: «Cuando acabó la temporada, Pérez Lasa, que iba a ser árbitro internacional, dejó de serlo y metieron a Velasco Carballo. Y Arturo Daudén Ibáñez, que era top class y podía pitar una final de Champions, lo bajaron a Segunda. Eso lo he vivido yo, que no me lo ha contado nadie. O estás conmigo o estás contra mí».
Recuerdo las desafortunadas declaraciones de Sánchez Arminio sobre el árbitro Muñiz Fernández tras el error de este al señalar un penalti en Elche a favor del Real Madrid, aquel sobre Pepe en el último minuto del partido: «No sé si Muñiz Fernández ha tenido algún problema familiar, alguna cosa que le provocara, a lo mejor, no estar en el momento propicio». Jamás le escuché ninguna declaración similar cuando el error se dio a favor del Fútbol Club Barcelona, y ha habido numerosos «errores» groseros durante muchas temporadas.
Paradas Romero presentó su renuncia al arbitraje tras las críticas del CTA por no expulsar a Mourinho en un partido frente al Rayo. Precisamente él, que fue el único árbitro que expulsó al portugués en su paso por la Liga española. Juan Manuel Brito Arceo fue en su día el árbitro más joven de Primera (24 años), pero su meteórica carrera se vio marcada, como la de Guruceta, el día que pitó un penalti fuera del área en contra del Barça en el Camp Nou. Llonch Andreu dejó el arbitraje en 2001, harto de las presiones del colectivo arbitral y despotricó de sus dirigentes. Entre sus «delitos», como señalaba el As, que el Madrid no había perdido en siete partidos con él al silbato.
Por el contrario, el sistema premiaba sistemáticamente a los que cometían errores a favor del Barça o en contra del Real Madrid. Ya he escrito mucho sobre HH y BB, Hernández Hernández y De Burgos Bengoetxea, pero para mí es digno de destacar el día que HH acudió a un plató de Movistar al final de la temporada para lamentar un error que había cometido. Solo comentó uno de los que tuvo en toda la temporada. Era junio y se acordó de manera lastimera de aquel gol que no concedió en el Betis-Barcelona jugado en febrero. Fue un error grave que le costó dos puntos al Barça, sin duda. Pero apenas una semana antes, el mismo HH había pitado el Penalba, uno de los muchos penaltis vergonzosos que se han visto en estas ultimas temporadas. Y no dijo nada. Ni se lamentó de todos los errores que cometió en ese partido en contra del Éibar. Ni se ha lamentado nunca después de todos aquellos que han perjudicado al Real Madrid, entre ellos, la mano de Felipe en el Atleti-Real Madrid de la temporada 2020-21. Por cierto, la única vez de 18 que no atendió lo que le indicaron desde el VAR:
Buscaba el perdón del establishment. Sabía cómo funcionaban las cosas en el CTA de Sánchez Arminio. Clos Gómez, hoy director de este VAR que es otra vergüenza más de esta Liga, con el que nunca había perdido el Barça en sus 22 partidos pitados, fue premiado con la final de Copa frente al Alavés de 2017. Y Hernández Hernández como cuarto árbitro, como quien tiene un refuerzo en el banquillo. Hay designaciones que no parecen casuales, como los dos árbitros de campo que acompañarían a Mateu Lahoz en la final de Champions de 2021. «Casualmente», e insisto en la casualidad, fueron los dos árbitros cuyas controvertidas decisiones posibilitaron que el Real Madrid no se hiciera con la Liga de esa misma temporada: Hernández Hernández (la mano de Felipe, flagrante) y Martínez Munuera (la mano de Militao, el gol anulado a Benzema, el penalti a Casemiro no concedido). Como dije en su momento:
Y esto no es de ahora. Si nos remontamos un poco más, podemos ver «errores» de designación como el ocurrido tras el Tamudazo de 2007. O mejor dicho, tras el gol con la mano de Leo Messi en la penúltima jornada de la Liga 2006-07 frente al Espanyol. Aquel partido acabó 2-2, pero que nadie olvide que en aquella Liga, Real Madrid y Barça acabaron empatados a puntos, y que de no haber sido por el gol de Tamudo, el Barça habría salido campeón del torneo. El árbitro que cometió el error fue Rodríguez Santiago. Pues bien, a los diez días, fue premiado para pitar la final de Copa.
Los árbitros son influenciables, por supuesto que sí. Ocurrió en Italia, en Portugal y en Alemania, y aquí ha salido el colectivo a defender su honorabilidad con argumentos que se caen por su propia inconsistencia. Un árbitro de Primera cobra 12.500 euros mensuales fijos, más 4.200 euros por partido, y 2.000 por estar en la sala VAR. Si además llegan a internacionales, cada partido les supone 7.000 euros. Entre unas cosas y otras, oscilan entre los 200.000 euros y los 300.000 euros anuales de los internacionales. Sin embargo, un árbitro de Segunda cobra la mitad, unos 100.000 euros. La diferencia entre tener satisfechos a los jefes o no tenerlos, entre ser bien puntuado por el índice corrector que no se publica o no serlo, es grande. Y los árbitros de categoría «élite» europea, Mateu Lahoz y Gil Manzano, no descienden, luego son menos manipulables. Quizás por eso llamara tanto la atención los pocos Real Madrid-Barça que han pitado en comparación con otros colegiados de la categoría. Y que conste que son dos árbitros que me gustan entre poco y nada, sobre todo por su afán de protagonismo.
Pretender que Enríquez Negreira era un estafador sin cargo real en el CTA parece una broma, un insulto. Investiguen por ahí, señores periodistas. Ya han empezado a salir algunas conversaciones.
Vaya, vaya, vaya, esto se anima. Según la emisora, el mismo Enríquez Negreira era el controller de Sánchez Arminio, el mismo cuyo hijo «asesoraba» a los árbitros antes de los encuentros, el mismo propietario de de una empresa en la que el 95 por ciento de los ingresos provenían del Barça, el mismo que «estafó» sucesivamente a Gaspart, Laporta, Rosell y Bartomeu. El dueño de una empresa con grandes salidas de efectivo, según la Agencia Tributaria, el mismo que amenazó al Barça por burofax con destapar las irregularidades (¿qué irregularidades, si no hubo nada?), el receptor de unos pagos que no figuraban en los presupuestos ni en las auditorías del Barça, según Carles Tusquets, anterior presidente de la comisión económica del club.
Van a tratar de cargarle toda la culpa, pero ahí falta mucho por seguir investigando. Si todo esto se hizo a espaldas de Sánchez Arminio y Ángel María Villar, y de Joan Gaspart, vicepresidente de la Federación, me quito el sombrero, menudo crack.
La primera parte de este post trataba acerca de la creación del impuesto sobre el depósito de residuos en vertedero, la incineración y la coincineración de residuos. Como se indica en el propio Preámbulo de la Ley, «el uso de este instrumento económico es un mecanismo clave para avanzar en economía circular y en la consecución de los objetivos (…) supone un desincentivo para las opciones menos favorables (…), favoreciendo el desvío de los residuos hacia opciones más favorables desde el punto de vista ambiental, que puedan contribuir a reintroducir los materiales contenidos en los residuos en la economía, como, por ejemplo, el reciclado«. En esa primera parte identifiqué los problemas que se pretendían combatir con la Ley y sus medidas fiscales:
El envío de residuos a vertederos: reducir el porcentaje actual, superior al 50 por ciento, y acercarse de ese modo a los objetivos marcados por la Unión Europea.
Acabar con el «turismo de residuos» entre las comunidades que ya tenían establecida esta tasa y las que no, o las que tenían una tasa inferior.
El sujeto pasivo, en este caso, el agente contaminante, que debe ser quien soporte el impuesto.
El déficit de instalaciones de residuos en España.
Las medidas fiscales mejorarán la situación existente, sin duda, pero como indicaba en aquel primer post, son insuficientes y pueden generar nuevos problemas, entre ellos, la dificultad de gestionar las plantas de tratamiento de residuos y los propios vertederos.
El punto 1 está claro: el impuesto es una medida directa, será más caro desprenderse del residuo y por ese motivo la Ley también incide en una serie de medidas para la mejora de diseño de los productos, la reducción de envases o la recogida selectiva para incrementar la separación en origen. Pero resulta insuficiente. El productor, el fabricante, el comercio, el empaquetador o los distribuidores tendrán que adaptarse y aun así, siempre habrá un volumen elevado de generación de residuos (¡los paquetes de Amazon!) que depositar en las instalaciones para su tratamiento y mientras no haya mejoras en las tecnologías, ni alternativas al vertedero, los residuos seguirán llegando a los mismos en un porcentaje (por desgracia) elevado.
La Ley incide en varios puntos sobre la «prevención», es decir, la reducción de los residuos en origen, en los diseños de fabricación o en las cantidades producidas.
El artículo 18.1.d) no habla de otra cosa que lo que se ha hecho toda la vida hasta hace unos años: reparar las cosas. Arreglar un televisor, una nevera, un pequeño aparato casero o la ropa, en lugar de ceder a la tentación del «es más caro arreglarlo que comprar uno nuevo». Combatir la obsolescencia programada de los aparatos.
Los talleres de reparación funcionan en algunos países del norte de Europa con resultados razonables, pero no son más que una ínfima parte de la solución a la cantidad de residuos generados, como los Vinted y Wallapop de turno para una segunda vida a determinados productos. Echo en falta las medidas de creación de un «arancel verde», como ya se ha planteado varias veces en la Unión Europea, para penalizar los productos que vienen de países con normativas medioambientales mucho más laxas, como China o Estados Unidos. El arancel que finalmente se creó en diciembre solo afectará a productos intensivos en emisiones de CO2, pero no a todos aquellos productos que van en contra de casi todo lo referido en esta Ley (plásticos de un solo uso, envases, empleo de ciertos materiales, textil…).
En resumidas cuentas, me refiero a todos esos productos de baja calidad que acaban tras un ciclo de uso rápido en el vertedero, y que son precisamente la mayor parte de aquellos en los que pone foco la Ley (art 18):
El punto 2, el transporte de residuos entre comunidades, puede corregirse en el corto plazo, pero la Ley ha dejado abierta una puerta a la competencia entre comunidades autónomas, puesto que lo que establece es un tipo mínimo del impuesto, pero permite que cada comunidad fije su propio tipo por encima de los 40 euros o de los 30 que comentábamos en la primera parte. Antes de la entrada en vigor había nueve regiones con algún tipo de tasa de vertido: Castilla y León, Andalucía, la Comunidad Valenciana, Baleares, Cantabria, Extremadura, Cataluña, La Rioja y Murcia. Pero con grandes diferencias entre ellas, que oscilaban entre los 20 euros de algunas comunidades y los 80 de otras. La tasa existente hasta la fecha tenía una relación directa con el tratamiento de residuos propio de cada comunidad, luego está por ver si las comunidades mantienen los 40 euros marcados por la Ley (y el resto de tipos impositivos fijados) o cada una se desmarca con un incremento sobre la misma.
El punto 3 no debería generar ningún tipo de problema, pues la Ley es clara respecto a la necesidad de que los ayuntamientos creen y establezcan un impuesto sobre la gestión de sus residuos, que incluya además la recogida selectiva en origen, el transporte a instalaciones especializadas y el depósito final. El artículo 11 indica:
Bajo esta premisa, no se entiende la explicación que da la Agencia Tributaria en su documento de Preguntas y respuestas acerca del sujeto pasivo del impuesto:
Posteriormente se indica que los residuos recibidos en las plantas tienen un tratamiento que los convierte en un nuevo producto y, por tanto, un nuevo residuo de otro tipo. Esta consideración es totalmente errónea y va a generar nuevos problemas en el corto plazo.
Los gestores de las plantas intermedias (empresas privadas en la mayoría de los casos) son meros intermediarios de todo el proceso, pero según la redacción, tendrán que ser quienes abonen el impuesto del depósito en vertedero. Como estas plantas se gestionan bajo contratos sujetos a la Ley de Contratos del Sector Público, con tarifas fijadas y pactadas de acuerdo a unos pliegos y ofertas, los gestores de las instalaciones tendrán que resarcirse del sobrecoste y tratar de repercutirlo a las entidades locales que han trasladado los residuos a sus instalaciones para su tratamiento. Pero el primer problema es que ese mecanismo de repercusión de costes no es automático para las empresas, pues la propia Ley limita su capacidad de actuación. Se viene una oleada de reclamaciones y contenciosos, y esta problemática daría para un post entero de carácter jurídico, pero lo dejo para los expertos en la materia.
Y ahora viene el nuevo problema: si los ayuntamientos entregan 100.000 toneladas (por poner un ejemplo) y se recuperan y reciclan aproximadamente 48.000 (datos del Ministerio), las restantes 52.000 van al vertedero. ¿De qué manera repercuten los gestores el impuesto a las entidades? ¿Porcentualmente, a cada uno un 52% de las toneladas que llevó a la planta? No será justo, puesto que habrá ayuntamientos con una mejor separación de residuos, o que tienen implantados sistemas de recogida selectiva más efectivos que los de sus vecinos, luego, ¿es justo que se haga tabla rasa?
La Ley obliga a que se pueda hacer una trazabilidad de los residuos que llegan a las plantas, así como de la separación de las distintas fracciones. ¿Servirá esa información para repercutir a cada ayuntamiento lo que teóricamente le corresponde? Y si finalmente no queda otra que repartir proporcionalmente a todos los ayuntamientos: ¿no se desincentivará a los que tengan implantadas medidas de separación en origen, en sus propios municipios, más caras, y se sientan penalizados por las prácticas de sus vecinos? Solo faltaba eso, que los que gestionan mejor se vean perjudicados por sus esfuerzos.
Y llegamos así al punto 4 del tratamiento de los residuos: la falta de inversiones. ¿Se utilizará la recaudación de este impuesto para la tan necesaria mejora de instalaciones de tratamiento de residuos? Según la única cuantificación del impuesto, de 2020, se espera recaudar 861 millones de euros, ¿se emplearán en innovación tecnológica, mejora de los procesos, automatización de las plantas, en incrementar la recuperación de materiales, que es uno de los objetivos de la Ley? La FAMP (Federación Andaluza de Municipios y Provincias) critica que el impuesto va a ser pagado “a pulmón” por los ayuntamientos, unos 120 millones en el caso de los municipios andaluces, y solicita que el gobierno de la Junta de Andalucía realice inversiones equivalentes en los ayuntamientos. ¿Pero quién financia las plantas en ese caso? El alcalde de Vigo, Abel Caballero, ha criticado que sean los ayuntamientos los que pagan este impuesto, cuando entiende que se trata de una competencia autonómica. La consejera de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Paloma Martín, ha contestado que tampoco es un impuesto autonómico, sino estatal. Y así sigue el impuesto circulando de un lado a otro mientras nadie se atreve, en año electoral, a decirle a los ciudadanos que les van a enchufar un nuevo impuesto. Y las plantas siguen obsoletas. Los proyectos incluidos en los Fondos Next Generation siguen sin llegar.
Al menos (y “me extraña”) esta Ley no ha perdido recursos ni tiempo en entrar en estudios de identidad de género de los distintos tipos de residuos, como sí se hizo en el soterramiento de la M-30 o en las medidas contra el cambio climático con perspectiva degenero. Pero queda mucho por pulir en esta materia.
Con motivo de la entrada en vigor de las medidas fiscales contenidas en la Ley 7/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular, hoy toca hablar de residuos municipales. De la ingente cantidad de basura que generamos en nuestros hogares, de lo que ocurre con dichos restos una vez salen por la puerta y del modelo productivo lineal existente que nos lleva a enterrar o incinerar los residuos en lugar de buscar un mayor aprovechamiento de los mismos. Dichas medidas fiscales contemplan, entre otras, la creación de dos nuevos impuestos:
Impuesto especial sobre los envases de plástico no reutilizables.
Impuesto sobre el depósito de residuos en vertederos, la incineración y la coincineración de residuos.
Dejaremos el primero de ambos impuestos para un posterior análisis (si la cabeza y las ganas permiten afrontarlo), y atacaremos hoy el segundo. El impuesto sobre el depósito de residuos en vertederos pretende desincentivar la falta de gestión de los residuos y su transporte a vertederos sin apenas tratamiento o recuperación. En dichos vertederos los residuos se enterrarán, cubrirán bajo capas de tierra y se convertirán en una nueva colina que añadir al paisaje. Una montaña de basura que tendrá que ser mantenida y tratada durante treinta años por las empresas gestoras de la instalación.
Parto de la base de que ambos impuestos pretenden dar solución a unos problemas existentes de cuya resolución tenían que haberse encargado las administraciones públicas muchos años antes, pero los impuestos son solo una parte de la solución, seguramente la más sencilla de afrontar y la primera medida que suele acometer la administración, pero es insuficiente y genera a su vez otros nuevos problemas.
Resulta paradójico que en la gestión fiscal sí se logra un modelo circular:
Problema 1. El envío de residuos a vertederos
Como comenté en el post dedicado a los residuos, según datos del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, más de la mitad de los residuos sólidos urbanos producidos en España termina en un vertedero. Esto supone unos 12 de los 23 millones de toneladas que se generan en nuestro país. Otros 2,5 millones de toneladas acaban incineradas.
El dato que un ciudadano puede entender mejor es el resultante de dividir estos 23 millones de desperdicios entre los 46-47 millones de habitantes del país: cada uno de nosotros genera 500 kilos de residuos al año. O lo que es lo mismo, 1,3 kilos diarios. Pues bien, de esos 500 kilos, la mitad, 250, terminan enterrados bajo tierra y otros 50 son quemados. Y este es el dato referido únicamente a los residuos sólidos urbanos, pues se estima el total de residuos generados en España en unos 132 millones de toneladas (la industria acapara el 32%, la agricultura y la gestión del agua otro 25%, y los residuos de construcción y demolición, el 26% restante), de los cuales el 60 por ciento termina en vertederos. 70 millones de toneladas en total.
El panorama puede ser más desolador si añadimos los vertederos ilegales y descontrolados aún existentes, uno de los principales motivos por los que la Unión Europea multa de manera sistemática a España desde hace años:
Hay que atajar este problema. Y mientras resulte más barato enterrar la basura que tratarla no van a cambiar mucho las cosas. Por mucho que las directivas europeas en la materia obliguen a los países miembros a alcanzar unas tasas de reciclaje y recuperación determinadas. Ahora mismo están fijadas las siguientes:
2025: recuperación de al menos el 55% de los residuos.
2030: el porcentaje debe incrementarse hasta el 60%.
2035: se pretende alcanzar el 65% de recuperación.
El objetivo del paquete legislativo europeo sobre economía circular es “…acabar con el modelo lineal que no tiene en cuenta todo el ciclo de vida del diseño y la producción de productos, basado en la premisa de «usar y tirar». Esto representa una demanda de materiales y energía baratos y de fácil acceso muy elevada, intensiva, ineficiente e insostenible. Para darle fin, se propone el modelo circular que implica, entre otras medidas, acabar con la obsolescencia programada, reducir, reutilizar y reciclar para un aprovechamiento óptimo de los recursos utilizados y de los bienes y servicios generados a lo largo de toda su vida útil”.
Problema 2. Las distintas tasas de vertido entre comunidades
Algunas comunidades autónomas, pero no todas, ya tenían establecido un impuesto o una tasa por el envío de residuos a un vertedero, pero era muy desigual entre comunidades a veces vecinas, lo que producía el despropósito del trasiego de camiones que transportaban residuos de una comunidad a otra para ahorrar ese coste. Es otro de los problemas que se espera atajar con esta Ley. El “turismo de residuos”, como lo definió Alicia García-Franco, directora general de la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER).
La misma fuente, Cinco Días, informaba recientemente sobre lo que denominaba «dumping» de residuos entre regiones, o por qué resultaba «económico» transportar camiones repletos de basura de Castilla-León a Madrid:
El impuesto es de carácter estatal, pero se cede su gestión a las comunidades autónomas. Se ha establecido un impuesto común a todos los territorios en función de los distintos tipos de residuos que llegan al vertedero. Parte de los 40 euros por tonelada de residuo municipal y 30 euros por rechazo de un residuo municipal, y varía en función del tipo de residuo de que se trate:
Problema 3. El sujeto pasivo
“Quien contamina paga” es el principio general que subyace en este impuesto. Y si hablamos de residuos municipales, o residuos sólidos urbanos, el productor de residuos es el ciudadano. El particular. Tal como se ha definido el impuesto, los sujetos pasivos del mismo son las entidades locales, es decir, los propios ayuntamientos o consorcios, que son quienes deben abonar el impuesto, o resarcir a las empresas concesionarias a las que tengan delegadas la gestión de los residuos y su transporte al vertedero correspondiente. En la segunda parte de este post hablaré de los problemas que ha generado la consideración del sujeto pasivo y las erróneas interpretaciones de la Agencia Tributaria en su documento de Preguntas y respuestas acerca de esta nueva figura fiscal.
Haciendo una cuenta rápida (e inexacta), cada ayuntamiento debería repercutir aproximadamente unos 10 euros por habitante y año a sus contribuyentes, para compensar esos 250 kilos por persona que decíamos que acaban anualmente en un vertedero. Aparte de lo que deberían repercutir por el propio tratamiento y reciclaje. Pero en un año con elecciones municipales, no parece probable una subida de impuestos (o sí, pero después de mayo), luego el dinero tendrá que salir de algún otro sitio.
Problema 4. Déficit de inversiones
Para mejorar la gestión de los residuos y reducir el depósito de los mismos en vertederos, o lo que es lo mismo, para acercarse a los objetivos indicados por la Unión Europea, la solución pasa por invertir en instalaciones, en tecnología más eficaz para la separación de los residuos y el aprovechamiento de los materiales recuperados. Las empresas del sector calculan que hay un déficit de inversiones en España de unos 8.300 millones de euros. Existen numerosas innovaciones en el ámbito de la gestión de los residuos que permitirían disminuir el actual porcentaje ridículo de recuperación, pero muchas de estas empresas, españolas para más inri, están implantando las mismas en el extranjero.
Sacyr gestiona una planta de compostaje en Melbourne (Australia) a través de su filial Valoriza. FCC explota una planta de reciclaje en Dallas (Estados Unidos) y Urbaser, una de valorización energética en Gloucestershire (Reino Unido). Pero la situación de las plantas de residuos en España sigue estancada desde hace una década: siguen faltando inversiones y no terminan de licitarse y arrancar los proyectos presentados a través de los Fondos Next Generation.
Recaudación esperada con la creación del impuesto
Mientras se espera el arranque de las necesarias inversiones, el gobierno ha optado por la creación de los impuestos mencionados. No hay una cifra clara de la recaudación estimada y la única cifra de la que se dispone es la estimación que el propio Ejecutivo dio en diciembre de 2020, en la que calculó el mismo en 861 millones de euros.
Esta cifra no ha sido actualizada desde entonces, o al menos no ha sido publicada en una Memoria económica, y en los próximos meses se verá lo ajustado de dicha estimación, así como los efectos de la creación del nuevo impuesto.
Continuará: Un nuevo impuesto para cada problema, un nuevo problema tras cada impuesto (2ª parte).
Esta semana se han dado a conocer las candidaturas a los Óscar de Hollywood y, como en los últimos años, no parece haber una dominadora clara, o un favorito destacado para las categorías de mejor película o director, pero sí para los premios de interpretación. Se habla de Austin Butler y Ana de Armas como los mejor posicionados (con el permiso de Brendan Fraser y Cate Blanchett) por sus papeles de Elvis Presley y Marilyn Monroe. Austin Butler ya se impuso en los Globos de Oro a Fraser (The whale), mientras que Ana de Armas cedió ante Cate Blanchett (Tár), si bien la australiana ya se ha llevado dos veces la estatuilla y esas cosas se tienen en cuenta en este mundillo de los premios.
He visto las películas de ambos actores, Elvis y Blonde, y no voy a criticar los papelones que realizan, que se dejan literalmente la piel, están intensos, dramáticos, histriónicos cuando había que estarlo (las actuaciones de Elvis) o sufrientes (en especial esa Marilyn sometida y dominada por los hombres), pero sí voy a cuestionar qué es lo que parece premiar Hollywood en este tipo de interpretaciones. ¿Premian la capacidad del actor de meterse en el papel de un personaje real o realmente premian la caracterización? ¿Se premian la voz, los gestos, la réplica exacta de los movimientos y las poses, o el maquillaje y vestuario?
Ambas películas tienen muchos puntos en común. Tratan la vida convulsa de dos mitos del cine y la música del siglo XX que murieron de manera prematura y en circunstancias trágicas. La música y la visión explotadora de la industria cultural juegan un papel importante en la trama, así como las circunstancias familiares y personales de ambos personajes. Pero además, ambas cuentan con dos directores que son la antítesis de lo que era John Ford. El clasicismo. John Ford era un maestro del encuadre, ponía la cámara en el sitio idóneo y luego narraba del mejor modo posible lo que sucedía en ese «marco», hasta el punto de resultar un maestro logrando que pareciera que no había dirección. Sin embargo, los grandes directores de la historia del cine lo han mencionado siempre como su referente a la hora de rodar, como el mejor de todos los tiempos, el ejemplo a seguir. Por el contrario, Baz Luhrmann en Elvis y Andrew Dominik en Blonde se empeñan en que el espectador perciba que tras cada plano hay un director, un virtuoso de la cámara. Parece que le dijeran al espectador: «eh. mira, que te he cambiado del color al blanco y negro, o al sepia, ¿has visto este travelling, qué te parece cómo muevo la cámara?, y ahora unas letras enormes, o cambio la paleta de colores para que sepas que hay un director detrás, y ahora te meto una voz en off o pongo una cámara que salga de la entrepierna de Marilyn». Me interesaron tanto como me agotaron.
De ambas películas, o de la dirección de las mismas, leí críticas parecidas, como que eran frenéticas, estimulantes, brillantes, un caos controlado, pero también (y me alineo más con estos) histriónicas o exageradas. Excesivas. A Baz Luhrmann lo conocía de Moulin Rouge o Romeo y Julieta, pero no recuerdo haber visto nada de Andrew Dominik. En lo que coincidían todas las críticas era en alabar las interpretaciones de Austin Butler y Ana de Armas. Como vi que se aplaudía este mismo año el papel de Kristen Stewart como Lady Di en Spencer, una película sencillamente espantosa. Muy mala. Son papeles muy del gusto de la crítica especializada y del espectador, quizás porque encuentra en pantalla un referente conocido, mil veces visto en informativos, documentales o revistas, y de repente lo «ve» en pantalla en su vida diaria, sin el glamour de la vida pública: en la cocina, en el baño, discutiendo con sus parejas o sufriendo. Y el sufrimiento «mola» a la crítica y a los votantes en estos premios. Elvis y Marilyn sufren todo tipo de penurias personales, y si a ello unimos que las caracterizaciones son buenas, para el Hollywood de los premios, el sufrimiento y el parecido son valores «oscarizables».
Un repaso a los Óscar de los últimos años nos muestra lo siguiente:
2022: Will Smith por King Richard, el papá de Venus y Selena Williams (Cine y tenis).
2021: se lo llevó Jessica Chastain, en dura competencia con Nicole Kidman, por transmutarse en Lucile Ball (Being the Ricardos) y con la mencionada Kristen Stewart por Spencer.
2019: Renée Zellweger por Judy (Judy Garland).
2018: Rami Malek (Bohemian Rhapsody), por su papel como Freddie Mercury. Aunque muy bien podría haberlo ganado Christian Bale por su transformación en Dick Cheney para Vice.
2017: Gary Oldman (El instante más oscuro), por mimetizarse con alguien con quien no se parecía nada como Winston Churchill.
2014: Eddie Redmayne en La teoría del todo, por ser capaz de hacernos ver al mismísimo Stephen Hawking.
2012: Daniel Day Lewis, por Lincoln.
2011: Meryl Streep por hacer de Margaret Thatcher en La dama de hierro.
Y muchos más, si nos remontamos un poco más: Colin Firth como Jorge VI en El discurso del rey, Forest Whitakker como Idi Amin (El último rey de Escocia), Philip Seymour Hoffman por Capote, Jamie Foxx por Ray (Ray Charles), Marion Cottillard como Edith Piaf en La vida en rosa, Helen Mirren por The Queen,… Todos ellos se llevaron el Óscar de interpretación. Y se quedaron muchos otros «a punto de», esperando su momento, como Morgan Freeman haciendo de Nelson Mandela (Invictus), Will Smith por Muhammad Ali, Leonardo di Caprio por J. Edgar Hoover, o Denzel Washington por Malcolm X.
Parece una moda reciente, con mayoría de premios en las últimas dos décadas para actores que luego en la mayoría de casos apenas han vuelto a aparecer en las nominaciones, pero siempre han sido del gusto de Hollywood. Ben Kingsley tiene múltiples papelones a sus espaldas, pero solo logró la estatuilla en 1982 al convertirse gracias a una lograda caracterización en Gandhi. Me parece interesante el caso de George C. Scott, otro gran actor, tipo duro y rudo, quien logró su único Óscar por Patton, en 1971, pero lo rechazó porque consideraba que las interpretaciones eran únicas y no podían compararse. Que la comparación a la que obligan estos premios carecía de sentido. «La ceremonia de los Óscar es un desfile de carne».
Lo habitual cuando se otorga un premio por estas «creaciones» es que vayan acompañadas de las candidaturas a mejor maquillaje y peluquería, pues se convierten en parte fundamental del papel del actor. Por eso afirmo que se premia el «todo», no solo la interpretación, sino la recreación corpórea de un personaje archiconocido. Y hay varios ejemplos asombrosos. Si uno piensa por ejemplo en Dick Cheney le vendría a la cabeza cualquier actor antes que el cachas Christian Bale de Batman o American Psycho. Pues ahí está el milagro de las producciones de Hollywood.
O voy a hacer otra pregunta: ¿en qué se parecen Pablo Picasso, C.S. Lewis, Richard Nixon, Benedicto XVI, Alfred Hitchcock?
Pues en que personas tan diferentes fueron interpretadas por Anthony Hopkins.
Josh Brolin y Sam Rockwell no se parecen físicamente en nada, pero dieron la pega como George W. Bush.
Con todo lo dicho no quiero criticar las caracterizaciones, peinados, maquillajes o vestuario de los actores. Son fundamentales, le dan credibilidad al personaje real que ha sido transportado a la pantalla. Me ha pasado con las distintas temporadas de The Crown. He conocido a tres Reinas Isabel II y no tengo ninguna pega con ellas, pese a lo distintas que resultan. De la atractiva Claire Foy a la agotada Olivia Colman, o la tristona Imelda Staunton.
Tampoco tengo problemas con los jóvenes Carlos y Lady Di de las temporadas tercera y cuarta, pero sí en esta última temporada con los actores seleccionados para estos papeles, que no me han convencido nada, me «sacaban» de la serie. Él, Dominic West, porque no me recordaba al príncipe Carlos, y ella, Elizabeth Debicki, porque era demasiado alta y desgarbada para el papel.
En España nos atrevemos menos con los personajes históricos recientes que los americanos con sus presidentes, quién sabe si por los complejos de nuestro propio cine o por el pudor a la hora de hablar de la Familia Real. Pero sí recuerdo interpretaciones premiadas como las de Pedro Casablanc haciendo de Luis Bárcenas (B, la película), tremenda composición, hasta el punto de que el propio actor parezca indeseable, Carlos Santos como Luis Roldán en El hombre de las mil caras, o Javier Bardem como Ramón Sampedro en Mar adentro.
La película se llevó el Óscar a mejor película en lengua no inglesa, y Bardem el Goya a mejor actor. A mí me parece que en este caso se premió el hecho de que un tiarrón como el madrileño se convirtiera en el tetrapléjico gallego, porque lo cierto es que vocalizaba como el orto y me tuve que poner subtítulos para entenderlo.
La subjetividad de los premios, veremos qué ocurre con los Óscar. Sus principales rivales son papeles extremos en lo físico (Brendan Fraser) o en lo psicológico (Cate Blanchett), las otras características que más gustan en la Academia. Pero lo de engordar, adelgazar, mostrar una discapacidad o tener alguna tara mental da para otro post completo.
El sportswashing es el término inglés utilizado para denominar la práctica de aquellos países o regímenes dictatoriales que utilizan el deporte para lavar su imagen (whitewashing). Con unos años de retraso sobre los cataríes, Arabia Saudí se ha lanzado a tumba abierta (u opaca, en el caso de los trabajadores fallecidos en régimen de semiesclavitud) a mejorar su imagen internacional con la organización de grandes eventos deportivos.
La firma con los organizadores del Dakar por diez años (15 millones de euros anuales), la celebración de un Gran Premio de Fórmula-1 en Jeddah durante los próximos diez (se habla de un monto global de 650 millones), el circuito de golf con premios multimillonarios para atraer a los mejores profesionales, la celebración de veladas de boxeo con varios de los mejores púgiles del mundo y bolsas estratosféricas, la compra del Newcastle, las Supercopas de España e Italia y como colofón, el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Al Nasr por un salario anual de 200 millones de euros, todo forma parte de la promoción del país y su Saudi Vision 2030. Una agenda de eventos y promoción internacional que pretende atraer el turismo al país y de paso, mejorar su imagen en el exterior. El objetivo final es la organización de un Mundial (han presentado la candidatura de 2030 junto con Egipto y Grecia) o unos Juegos Olímpicos en 2036.
Utilizar el deporte para vender la imagen de tu país es algo tan antiguo como el propio deporte como fenómeno de masas. Los dirigentes deportivos nunca se han llevado mal con dictadores o jefes de estado de todo tipo y moral, y si nos remontamos en el tiempo, llegamos al menos hasta Hitler y los Juegos de Berlín en 1936 como escaparate internacional para la difusión de la idea de la raza aria como superior. Pero realmente me pregunto siempre: un estado totalitario, o una dictadura en los índices más bajos en materia de derechos humanos, ¿de verdad consigue lavar su imagen al atraer a los mejores deportistas del mundo?
Acabamos de tener la prueba más reciente con el mundial de la infamia y la vergüenza en Catar. Por mucho empeño que pusiera el presidente de la FIFA Gianni Infantino en elogiar los avances del país, millones de espectadores han podido saber qué dicen las leyes acerca del papel de la mujer, el colectivo gay, los derechos de los trabajadores inmigrantes o las libertades más fundamentales como la de expresión, de prensa o de asociación. Lejos de blanquear la dictadura catarí, el que ha querido conocer la realidad del país ha podido hacerlo de numerosas maneras, con reportajes durísimos, documentales estremecedores o leyendo el Informe de Amnistía Internacional al que aquí nos referimos durante el propio mundial del que nos negamos a hablar.
Arabia Saudí pretende abrirse al mundo y mostrar sus maravillas naturales (que no dudo de que las tendrá) del mismo modo que se abrió a recibir turistas hace apenas tres años, pero a lo que sus dirigentes parecen reacios es modificar sus políticas en materia de derechos humanos. A mí, y supongo que debería ocurrir con toda persona de bien, el hecho de que Cristiano Ronaldo vaya a jugar allí los próximos dos años, o que ahora vayan los «deseados» Messi, Modric, Sergio Ramos o Di María, no me va a cambiar la opinión sobre el país. Dejo estos ejemplos extraídos de la página de Amnistía Internacional:
Se calcula que han muerto unas 233.000 personas en la guerra de Yemen, en la que Arabia Saudí encabeza una de las coaliciones internacionales en conflicto. la UEFA y la FIFA expulsaron a Rusia de inmediato de todas las competiciones internacionales tras la invasión de Ucrania, pero Arabia Saudí lleva años participando con regularidad en cualquier torneo, mundial incluido.
No hay libertad de expresión y se siguen dando casos como la condena a Shalma al-Shebab a 34 años de cárcel por tuitear a favor de los derechos de las mujeres en el país. Sus blanqueadores occidentales dicen que se ha avanzado mucho en este campo en los últimos años. Claro, ahora ya pueden conducir, algo insólito vedado hasta hace un lustro, «gran avance». Pero sigue rigiendo el derecho de tutela del varón (padre o marido) sobre la mujer, y se alcanza la locura más desesperante con el hecho de que una mujer que sufre violencia de género necesita el consentimiento de su marido para poder solicitar acogida en un centro.
En 2022 se ejecutó a 128 personas, pese a que los dirigentes habían prometido derogar la pena de muerte para determinados delitos de opinión o narcotráfico. Los juicios siguen sin contar con todas las garantías necesarias para los acusados.
Arabia Saudí no ha firmado el tratado internacional contra la tortura y la sigue practicando contra los presos. El defensor de los derechos LGTBI Mohamed al-Bokari fue condenado a recibir 500 latigazos acusado de violar la moral pública.
Figura en el país 127 de un total de 142 en materia de igualdad de género.
Los trabajadores inmigrantes siguen sometidos al régimen de la kafala (igual que en Catar), lo que los convierte en mano de obra barata, sin apenas derechos. Pasan a ser «propiedad» de sus empleadores que los obligan a trabajar en condiciones precarias. Da igual el calor que haga.
No hay libertad de prensa, ni de asociación, por lo que no hay oposición a los dirigentes, ni mediática, ni política. En la actualidad hay al menos 26 periodistas detenidos por ser críticos con el régimen. Según Reporteros Sin Fronteras, Arabia Saudí ocupa el puesto 166 sobre un total de 180 en libertad de prensa.
El nuevo dueño del Newcastle no es otro que el príncipe heredero saudí Mohamed Bin Salman, el mismo que ordenó el envío de agentes a Estambul para detener al periodista Jamal Khashoggi, que fue torturado durante horas, asesinado y su cuerpo descuartizado y sacado del país en valijas diplomáticas. Cuando el Newcastle fue vendido al fondo soberano saudí en 2021, hubo una concentración de aficionados del club inglés en la sede del club. Pensé que estaban protestando el hecho de caer bajo las garras de la satrapía saudí, y sin embargo, estaban de celebración: habían sido adquiridos por una fortuna diez veces mayor que la del fondo de Abu Dábi que compró el Manchester City.
¿Se puede hacer algo para frenar el empuje de los países del golfo en Europa? Seguro que sí, al menos en el deporte, aunque poderoso caballero es don dinero, y dudo mucho que algo vaya a cambiar. Durante los setenta y los ochenta, cualquier deportista profesional que participara en un evento deportivo en Sudáfrica era vetado y sancionado para cualquier competición internacional. Las sanciones a Sudáfrica por su política de apartheid podrían muy bien replicarse para aislar «deportivamente» a Catar o Arabia. Pero no se hará, sino todo lo contrario, irá cada vez a más.
En la rueda de prensa previa al mundial de Catar, Gianni Infantino dijo que en Europa o en occidente éramos unos hipócritas con un largo historial de abusos a nuestras espaldas. Y puede que fuera lo único en lo que estuve de acuerdo con él, aunque fuera por motivos bien distintos a su intento de blanqueamiento de los cataríes.
Claro que es hipócrita acusar al país de violaciones de derechos humanos, pero luego abrirse de nalgas ante ellos para conseguir el contrato del AVE a La Meca, o el pastizal de la Supercopa de España (lamentable que se haya privado de este espectáculo a los aficionados de los clubes españoles), o los contratos de los astilleros de Navantia para la venta de buques de guerra. Los países que más armas venden a Arabia Saudí son, por este orden: Estados Unidos, Reino Unido, Francia y España. Y renunciar a estos fondos es renunciar a muchos puestos de trabajo. Recomiendo el programa Salvados de Jordi Évole y su conversación con el alcalde de Cádiz, el popular Kichi, sobre este asunto en particular (enlace). Las cancillerías occidentales lavan su conciencia obligando a firmar un acuerdo con los compradores de armas para que estas no se utilicen en revueltas civiles internas o contra la población de un país enemigo con el que se está en guerra. Pero una vez vendidas las armas… el silencio, la falta de control sobre su uso.
Y claro que Europa es hipócrita, como lo fue en su día con Gaddafi, con Teodoro Obiang, con Pinochet, con el general Noriega o con cualquier otro líder de un país con reservas naturales o infraestructuras estratégicas básicas. La frase de Franklin Delano Roosevelt sobre el dictador Somoza define a la perfección la política mundial: «es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta».
A mí no dejan de sorprenderme las genuflexiones de los líderes occidentales cada vez que viene un jeque con sus cargamentos de petrodólares y los contratos bajo el brazo. Yo, que ya estaba casi convencido de ser un potencial violador y un maltratador por el mero hecho de haber nacido hombre, o que era racista por ser blanco, homófobo por ser hetero y no comulgar con alguno de los postulados del colectivo LGTBI, tránsfobo por criticar aspectos de la ley trans, o que tenía que pedir perdón por ser español y hace cuatrocientos años nuestros ancestros cruzaron el charco para llevar su civilización, ya lo tengo claro: tendría que declararme saudí, aunque eso sea imposible. Así podría ser bien recibido en todas partes pese a no respetar ninguno de los derechos básicos de la mayor parte de la ciudadanía, y no se me tildaría de nada porque estaría en mi cultura y habría que respetarla.
El fondo catarí QSI, propietario del Paris Saint Germain, está negociando la entrada en la Premier y la compra de un club inglés. Según parece, entraría en la puja por el Liverpool. 16 de los 20 clubes de la Premier están en manos extranjeras: fondos americanos (Arsenal, Chelsea, Manchester United, Leeds, Crystal Palace), de Abu Dábi (Manchester City), Irán (Nottingham Forest) o Arabia Saudí (Newcastle ¿y…?). La Superliga promovida por el Real Madrid, el Barça o la Juventus no será el problema de las ligas nacionales en los próximos años. El problema va a ser la Premier, que se lo está llevando todo del resto de ligas pagando unas cifras estratosféricos con fondos provenientes en muchos casos de dictaduras, y la UEFA va a ser cómplice de todo este proceso. Sobre este asunto va el último vídeo grabado en el canal de Kollins: