¿Qué pasó con la tasa Tobin?, por Josean

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Pues que se la cepillaron, la redujeron, la ridiculizaron y le quitaron todo el sentido que tenía para enterrarla de modo casi definitivo en el mismo olvido que la tasa Tobin original.

La tasa Tobin era una propuesta del economista estadounidense James Tobin a principios de los setenta para gravar las operaciones de divisas con un porcentaje pequeño, entre el 0,1 y el 0,5 por ciento del volumen de la transacción, pero suficiente para desalentar los movimientos especulativos. Con el importe recaudado se pretendían cubrir necesidades básicas de la población, principal víctima en la mayoría de las ocasiones de la especulación financiera. La tasa Robin Hood, como la denominaron, una lástima no haberla visto.

La propuesta no venía de un don nadie, sino de un economista de reconocido prestigio, galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1981. La idea fue criticada, atacada y vilipendiada desde numerosos sectores, hasta el punto de que su propio autor terminó renegando de ella.

Con la nueva crisis que se inicia en 2008 (de la que no terminamos de salir, por mucho que nos vendan otra cosa), se vuelve a hablar de la posible implantación de dicha tasa, si bien en esta ocasión, en forma de impuesto a las transacciones financieras especulativas. En ese contexto de burbuja de deuda inflada por especuladores y sostenida por mangantes en la que participaron bancos, fondos de inversión, agencias de rating, autoridades reguladoras y medios de comunicación, nada tenía más sentido que su implantación. Sobre todo, una vez que se vio que las consecuencias de la crisis las pagaba principalmente la población.

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La tasa Tobin de la que se habló al principio de la crisis no es, como dice Carlos Rodríguez Braun, ni una tasa, ni es de Tobin, ni se aplica a los movimientos de compraventa de divisas. La idea fue recogida y transformada por el periodista español afincado en Francia Ignacio Ramonet, en un editorial publicado en Le Monde Diplomatique en diciembre de 1997:

«Se trata de gravar, de forma módica, todas las transacciones sobre los mercados de cambios para estabilizarlos y al mismo tiempo para procurar ingresos a la comunidad internacional. Con un nivel del 0,1%, la tasa Tobin lograría anualmente unos 166 mil millones de dólares, dos veces más que la suma anual necesaria para erradicar la pobreza extremada de aquí al comienzo del próximo siglo.
Numerosos expertos han señalado que la puesta en práctica de esta tasa no presentaría ninguna dificultad técnica.» 

Proponía a continuación la creación de una asociación que tuviera como objetivo la implantación de dicha tasa a nivel global:

¿Por qué no crear (a escala planetaria) la Organización No Gubernamental Acción por una Tasa Tobin de ayuda a los ciudadanos (ATTAC)?

Finalmente en 1998 se creó ATTAC como Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras Internacionales y por la Acción Ciudadana. Supongo que serían tachados de «rojos peligrosos, reaccionarios, utópicos soñadores de un mundo proteccionista y una economía intervenida». TASA-TOBIN3.jpg

A mediados de esta larga crisis, entre 2010 y 2012, recopilé una serie de artículos sobre las causas, sus consecuencias y la fallida implantación de un impuesto sobre las transacciones financieras. Como no podía ser de otro modo en economía, todo está relacionado.

El crecimiento del mercado de «humo» (derivados, CDS, futuros, bonos basura,…) se vio favorecido por la mejora de los sistemas informáticos, que permitían cerrar operaciones con una velocidad inusitada. La economía ficticia de los mercados financieros se alejaba cada día más de las magnitudes en las que se situaba la economía real. Cerca del sesenta por ciento de las operaciones financieras eran cerradas por máquinas, sin más intervención humana que la programación de las mismas. Los temibles HFT, high frequency traders. Operadores virtuales sin control cerrando operaciones en segundos y jugando con márgenes mínimos, incluso el segundo decimal. Titular de mayo de 2010: Las máquinas se apoderan de Wall Street y provocan el pánico en el mercado.

El factor humano no paliaba el problema. Al fin y al cabo, los HFT son programados por el hombre, pero además, los brókers de cualquier parte del mundo eran animados con suculentos bonus de sus respectivas empresas para lanzarse a engordar ese mercado. Sin importar los riesgos que asumieran. El juicio de Jerome Kerviel, el bróker de 27 años que dejó un agujero de 4.900 millones de euros en Societe Generale, destapó un buen ejemplo. El banco ya había sido condenado en 2008 por la ausencia de control interno, pero como dijo Kerviel en el juicio, sus superiores les animaban a cerrar todas las operaciones diarias que pudieran, con unos objetivos difíciles de cumplir y sin control de riesgo alguno, hasta el punto de que este «chaval» que no había cumplido la treintena llegó a mover algunos días volúmenes superiores a la propia valoración bursátil del banco.

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El sistema colapsó y empezaron a cerrar empresas, subió el paro, la gente perdió sus ahorros, se redujeron los presupuestos de los distintos gobiernos para sanidad, educación y pensiones, se bajaron los salarios y se propusieron todas esas medidas «mágicas» y atroces para salir de esta crisis, y fue entonces cuando algunos economistas rescataron la tasa Tobin o la necesidad de implantar un impuesto a las transacciones financieras (ITF). La Comisión Europea planteó una propuesta de estudio en septiembre de 2011, con un calendario que llevaría a adaptar la legislación de los distintos países a finales de 2013 para que pudiera entrar en vigor en 2015. (Informe del Banco de España).

Para que nos hagamos una idea de las cifras que se podrían haber obtenido con la tasa Tobin a principios de los setenta, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo calculó la misma en 720.000 millones de dólares. Con el diez por ciento de ese importe, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, se proporcionaría asistencia sanitaria y agua potable a todos los habitantes del planeta, y se reducirían de modo drástico los problemas de malnutrición.

Con un ITF mínimo, del 0,1% sobre la compra y venta de acciones y bonos, y otro ¡0,01%! sobre los derivados, se estima que los distintos países de la Unión Europea recaudarían entre 30 y 35.000 millones de euros, unos 5.000 para España. Hubiera llovido menos en algunos hogares.

El lobby financiero se lanzó a degüello para tumbar cualquier propuesta en este sentido (Lobbying to kill off Robin Hood, marzo de 2012). La tasa Tobin no es la solución, como leí en su momento en este artículo de enero de 2012, en el que solo opinaban expertos del sector bancario. Algunos argumentos que se dieron y se siguen dando a día de hoy resultan irrisorios, como las razones técnicas. Si a los mismos bancos se les propusiera implantar una comisión del 0,1 por ciento para cualquier operación tardarían nanosegundos en ponerla en funcionamiento. Desaparecerían las «dificultades de control» del impuesto de inmediato.

Por el contrario, el catedrático de Economía Aplicada, Carlos Berzosa, veía el ITF como vital para la salida de la crisis (enero de 2012) y desmontaba los argumentos de la banca en su contra (Audio muy recomendable). El único argumento que resulta válido es que debe implantarse en todos los mercados, fundamental en una economía global y con movimiento de capitales por todo el planeta en cuestión de segundos. De nada vale que solo diez países de la Unión Europea se planteen su implantación (por supuesto, Reino Unido y Luxemburgo se opusieron desde el primer día).

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La realidad es que, como en el casino, la banca siempre gana y la tasa Tobin, o el ITF, está a punto de morir. En febrero de este mismo año, la Comisión Europea planteó aplazar una vez más su estudio hasta concluir la negociación del Brexit y las elecciones en Alemania y Francia. Seis años más tarde no se ha avanzado prácticamente nada. Como dijo el ministro de Economía, Luis de Guindos (con el que creo que coincido por primera y única vez): «España respalda totalmente la propuesta, pero al final lo importante es la voluntad política y, si no la hay, no podemos seguir debatiendo el proyecto eternamente”.

La mal llamada tasa Tobin, el ITF, se saca del baúl en momentos de crisis, pero no termina nunca de arrancar por las dificultades que encuentra en su camino, y ahora que estamos más cerca de salir de esta recesión, la gran banca ha puesto el martillo y los clavos en manos de nuestros representantes en los distintos organismos para que la devuelvan de nuevo al baúl y le claven bien fuerte la tapa.

Cara Josean

 

 

 

 

 

Vacaciones en entredicho, por Josean

Con la crisis o debido a las consecuencias de la misma, los trabajadores hemos llegado a dar por buenas algunas medidas que nos hubieran parecido impensables hace apenas una década. Hemos aceptado que los sueldos no se incrementen, incluso los infrasueldos, hemos asumido que difícilmente nos va a llegar para una pensión digna el día de mañana, que no será a los 65 palos, nos han convencido (o pretendido) de que era positivo que se abaratara el despido o acabar con la negociación colectiva, y por supuesto, si alguno creyó en la implantación de la jornada de 35 horas, podemos darla por enterrada. Sigue leyendo

Una mirada financiera al Madrid-Juve (II), por Josean

El fútbol cada vez tiene menos de ocio y más de negocio, como vimos en la primera parte. Y donde hay negocio, donde se mueve el dinero, hay corrupción. Lo curioso es que el fanatismo de los aficionados hace que en el caso del fútbol toleren determinadas conductas que no admiten en otros órdenes de la vida, como la política o el mundo empresarial. Nos encontramos de ese modo a seguidores que aplauden la visita a los juzgados de condenados por delitos fiscales, o que discuten sobre si en un palco se hacen más negocios que en el otro, en función de sus colores. Sigue leyendo

Una mirada financiera al Madrid-Juve (I), por Josean

Afortunadamente, el deporte es solo deporte, y lo que sucede en el terreno de juego no está sujeto a la lógica matemática, mucho menos a la financiera, sino que depende de la calidad, del trabajo, del destello de las figuras, del azar o de la estrategia. Y a veces del arbitraje, desgraciadamente. Si los resultados de fútbol dependieran únicamente del poderío económico, ni siquiera sería necesario jugar los partidos. No habría posibles «rebeliones de los modestos».

El análisis futbolero se lo dejo al amiguete Barney, que seguro que tiene una visión «imparcial» del próximo Madrid-Juve como las que acostumbra a dejar en este blog, pero yo me voy a limitar a dar un repaso a las finanzas de ambos clubes, de la propia UEFA y de su torneo estrella, la Champions. Y por supuesto, no podré dejar al margen a sus dirigentes. Intentaré ser aséptico (no sé si lo conseguiré, porque el color blanco me tira) para dejar la visión ultra madridista al forofo Barney. Sigue leyendo

La morrosidad nacional (II): las propuestas, por Josean

Morosidad: ciudad sin ley

Como comentaba en la primera parte y una vez salvada la duda creada sobre el pacto en contrario, la Ley era clara: las administraciones públicas debían pagar sus facturas en un plazo de 30 días (60 en la práctica con la trampa introducida en la aprobación), mientras que las empresas debían hacerlo a 60 desde la fecha de factura. En caso de no hacerlo, Sigue leyendo

La morrosidad nacional (I): situación actual, por Josean

 

«En España inventamos el helicóptero, el submarino y el confirming». Con estas palabras se daba por clausurada la IV Cumbre Político-Empresarial contra la Morosidad. El autor de las mismas fue Antoni Cañete, presidente de la Plataforma Multisectorial contra la Morosidad, quien fue muy crítico a lo largo de toda la jornada con la actitud de las grandes empresas y con la herramienta del confirming, verdadero invento para aplazar los pagos y dejar en manos del proveedor o subcontratista la decisión de cobrar en plazo. Eso sí, asumiendo el coste financiero.

Tuve la oportunidad de asistir recientemente a la Cumbre, Sigue leyendo

Ya va siendo hora de subir el sueldo a estos chicos, por Josean

Yo lo tengo claro, meridiano: no va a haber recuperación ni salida de la crisis mientras no subamos el sueldo a estos chicos. Repito el título del post y lo divido en tres partes:

«Ya va siendo hora (b) de subir el sueldo (c) a estos chicos (a)»

(a) A estos chicos

«Estos chicos» están entre los veintipocos y los treinta recién cumplidos, y desgraciadamente pasan los años y algunos empiezan a acercarse a los cuarenta. Aquellos a los que les gusta etiquetarlo todo los denominan millennials, jóvenes (y no tan jóvenes) nacidos entre 1982 y 1995 aproximadamente.

Buena parte de estos jóvenes estudiaron la carrera o accedieron a sus primeros trabajos en mitad de la crisis. Están muy bien preparados, con una titulación o dos y un máster, con un nivel de inglés muy superior al nuestro, y Sigue leyendo

Montoro miente, por Josean

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Montoro miente, y miente bastante. Miente con tal desparpajo que ha conseguido una extraña unanimidad de contribuyentes, autónomos, empresas grandes, empresas pequeñas, comunidades autónomas, oposición e incluso compañeros de su propio partido: no le aguanta nadie. Sigue leyendo

La diversificación del riesgo, por Josean

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Cap. IV del libro no escrito Grandes errores de las escuelas de negocios

Hace tiempo escuché al Director Financiero de una gran compañía una frase que incorporé desde entonces a mi repertorio particular: «diversificar riesgos no significa perder dinero en varios sitios». Me la apunté y no dejo de soltarla en reuniones cuando oigo a alguien plantear una inversión compleja y de dudoso éxito, cuando veo las incertidumbres que me provoca y «ese alguien» solo es capaz de justificar la rentabilidad de la misma como «un modo de diversificar el riesgo».

El concepto «diversificación de riesgos» se asociaba tradicionalmente al ahorro y a los distintos productos en los que invertir ese excedente. «No pongas todo en acciones de tal compañía, por si la cotización se va al garete», o «no lo metas todo en bonos de tal país, o en dólares, porque el ciclo económico se presenta complicado y puedes acabar perdiendo parte de tus ahorros».

En cierto modo, repartir los huevos en varias cestas, o los ahorros en varios productos financieros supone asumir un pequeño grado de ignorancia o nuestro desconocimiento/desconfianza del mercado: «reparto mi pasta en diez sitios, porque aunque sea por probabilidades acertaré en la mayoría». O bien: «sé que la voy a cagar en algún sitio, y que alguno de estos productos derivados posiblemente sea una estafa, pero… malo será que lo sean todos. Así que lo reparto entre una inversión inmobiliaria en Levante, o en acciones de esa promotora que tanto construye, esa caja de ahorros de más de cien años de vida, un derivado financiero del que no entiendo nada pero el tipo que lo cuenta parece un frikigenio brillante, esas acciones preferentes y un nuevo producto complejo basado en índices absurdos». Para eso, pon tu pasta en el casino. O vente al club de los amarrateguis.

Pero a mí realmente de lo que me interesaba hablar hoy es de la diversificación del riesgo desde el punto de vista de las compañías que con la crisis se han visto obligadas a cambiar su estrategia empresarial. Y no sé si por desconocimiento o porque «hay que hacer algo», se han volcado en salir al exterior. «Hay que internacionalizarse». En ocasiones, de cualquier manera, «porque tenemos una actividad muy concentrada en España y así diversificamos el riesgo en varias zonas geográficas». O porque nuestros competidores lo han hecho.

Si levantas la mano en esas reuniones y dices «sí, pero recuerda que ellos abrieron oficina en Perú hace seis años» o que «han tardado cuatro años en tener su primer contrato en Costa Rica», así que «yo no pondría nada en el plan estratégico en los próximos tres años».

– Ya está el aguafiestas. Hay que ponerlo porque hay que ponerlo, porque lo piden los accionistas, ¡que nos vamos a internacionalizar!, así que venga, pon 2 millones en 2017 y 3 en 2018. ¿Te parece mucho poner 5 en 2019?

– Bueno, ya puestos -contesto-, y con esas tasas de crecimiento previstas, pon 10. O mejor, 20. Pon que contratamos la reconstrucción de Haití o la retirada de escombros de Siria, que si es por poner, yo tengo mucha imaginación.

A veces tengo la sensación de que lo que realmente se pretende es justificar el sostenimiento de algunas estructuras en grandes empresas: oficinas centrales sobredimensionadas, salarios de jefes a los que se reconvierte en Directores de Internacional aunque no hablen ni papa de inglés, o departamentos de Ofertas que tienen que seguir dándole a la máquina de licitar con la misma dedicación que el churrero de la furgoneta de la esquina.

Es cierto que la licitación pública en España se ha ido al garete, con un desplome aproximado del 80% respecto a los niveles previos a la crisis, y ante esa situación las empresas pueden optar por ajustarse a esa realidad nacional, por ampliar su cartera de productos o servicios, o por salir al exterior. Pensando en una inversión a largo plazo,… o sin criterio, como están haciendo tantas. Porque el error no es «diversificar el riesgo», o «internacionalizarse», sino pretender que funcione a corto plazo cuando es una estrategia de muy largo plazo. Sembrar ahora, cambiar de sector, de actividad, invertir en varios países de los que además se desconoce la legislación, la fiscalidad, el modo de contratar (y los peajes que pagar), y pretender recoger los frutos en el corto plazo es el error. A veces se desconocen hasta las limitaciones para la repatriación de beneficios. ¿Dónde quedó el «zapatero, a tus zapatos»? riesgos-2

Pero la rueda sigue girando, algunos justifican sus puestos de trabajo porque están trabajando en una oferta para una acojoinstalación en Omán y a otros se les envía a abrir una oficina comercial en Colombia con la esperanza de que contrate «algo». Automáticamente se les reconvierte en country managers, y si la empresa matriz pone la suficiente pasta lo que pillan no son contratos sino enfermedades venéreas.

He tenido algunas experiencias profesionales que tacharía de «hilarantes» si no fuera porque derrochar dinero me cabrea tanto como si fuera mío. Ya digo de antemano que «no hay nada que un ingeniero no pueda hacer», como he oído decir más de una vez a destacados miembros de este colectivo (también oí a otro muy simpático que decía que «no hay nada que un ingeniero no sea capaz de estropear»). Así que recuerdo una vez que un concurso en un país de Oriente Medio se había repartido en 10 lotes megamillonarios. En plena fase de estudio del concurso tuvimos una reunión con esos intermediarios que siempre aparecen en estas ocasiones (todos son o conocen al primo del Rey, del emir o del primer ministro). Te dicen que el Rey tiene un millón de hermanos y primos y te lo crees porque los «enlaces comerciales» con acceso directo a un primo del sultán o del Rey proliferan como las setas en época de setas.

En un momento dado de la reunión, el intermediario preguntó:

– ¿A cuántos lotes pensáis presentaros?

– A todos -dijo con seguridad nuestro Director.

Al intermediario se le escapó una visible carcajada. Ninguna empresa, ni las alemanas o americanas más potentes, tenían recursos humanos ni financieros para presentarse a más de dos o con suerte tres lotes, pero allí estábamos nosotros, sin apenas experiencia internacional, poniendo nuestros huevos encima de la mesa y diciendo que íbamos a por todo. A nuestro Director le faltó decir «yo soy español, español, español, e ingeniero, ¡puedo con todo!»

En otras ocasiones me ha tocado analizar modelos financieros que no han tenido en cuenta «pequeños detalles» como el tipo de cambio en un contrato a 25 años en un país con una reserva débil y pagos fijos en euros todos los años. Recuerdo otro modelo de negocio cuyo principal ingreso estaba vinculado al precio de venta del petróleo y a mi pregunta:

– ¿Cómo habéis considerado el precio del barril? ¿Con futuros, o con opciones de compra? ¿Algún seguro?

– No, está puesto fijo. riesgos-4

– ¿Los diez años? ¿Sin variación?

– Sí, pero no te preocupes que nos hemos cubierto, está considerado a 75 dólares el barril.

¡Que no me preocupe, dice! Menos mal que el proyecto no salió adelante, porque de eso hace tres años y el barril de petróleo ni se ha acercado a esos precios. Es que «eres un aguafiestas, el modelo tiene una TIR del 22%». Pá ti, te la regalo, amigo ingeniero.

Con estos ejemplos pretendo contar que en ocasiones «no tenemos (me incluyo) ni pajolera idea» pero en las direcciones de las empresas quieren hacernos creer que podemos con todo. Que hoy podemos ser fabricantes de conos de helado en Valencia y mañana vendedores de palomitas en Rumanía. Que podemos desmontar el chiringuito de la noche a la mañana y abrirlo en la otra parte del mundo, siendo rentables desde el primer día. Y no es cierto.

La internacionalización de las empresas españolas parece que es un éxito, al menos para las que empezaron hace ocho o más años. Pero si os fijáis en las noticias, las cifras que aparecen son siempre de cartera o facturación, pocas veces de resultados. Y cuando aparecen resultados son problemáticos, muy negativos, como el canal de Panamá o el AVE a La Meca. Llevo años haciendo la misma pregunta a amigos y colegas de mi mismo gremio:

– Pero, ¿vosotros ganáis dinero fuera?

Respuestas típicas: «Bueno», «en algún país sí», «en la mayoría es un desastre», «en Mordor nos estafa el socio», «nuestro country manager de Minas Tirith se lo llevaba crudo y nos engañaba con las cifras», «en Hobbiton se gana mucho pero no nos dejan sacarlo del país».

Hace meses estuve en dos conferencias muy interesantes. La primera, sobre apoyo a las empresas españolas en la internacionalización y casos de éxito. La directora financiera de una empresa con filiales en 8 países confesó los años y años que les había llevado tener una situación medianamente estable y solvente en la mayoría de esos sitios. En otros habían abandonado con grandes pérdidas. Los pasos eran lentos, primero como socios minoritarios, luego con joint ventures, más tarde como sucursal en el país. Y casi siempre con comisionistas de por medio, y aprendizajes a base de batacazos.

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La segunda conferencia era de Apple y en ella contaron un hecho que desconocía por completo, pero que era todo lo contrario a la diversificación de riesgo. Hace unos quince años Apple vendía 212 productos diferentes. La cotización bursátil estaba plana y Steve Jobs y los suyos decidieron dar un giro completo. Descartaron la mayoría de los productos y se concentraron en apenas cinco. Eso sí, tratarían de ser los mejores cinco productos del mercado, cada uno en lo suyo. La gráfica de la evolución de la compañía es brutal desde entonces. Y la historia de éxito continúa.

Todo el post de hoy es para decir que si sabemos hacer algo, y en ese algo somos punteros, y conocemos además nuestro mercado, los esfuerzos deben centrarse en mejorar nuestra eficiencia, en ser más competitivos para ser capaces de mantener o incrementar nuestra cuota de mercado. Pienso que eso será más útil que meterse en aventuras repletas de incertidumbres en países de los que desconoces el nombre de su capital, el idioma o si son una democracia.

Cara Josean

Cap. I. La falacia del ebitda

Cap. II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Cap. III. El jodido desapalancamiento.

«Hacer un Neymar» en la oficina, por Josean

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Los futbolistas de élite no deberían ser ejemplo de nada, ni para nadie, y mucho menos para los niños. Sin embargo, por alguna inexplicable razón, todos los años por estas fechas y en prácticamente todas las empresas por las que he pasado, pienso en los comportamientos «futboleros» de algunos compañeros y jefes de la oficina. Vamos allá con ellos, que rulen y que alguno intente sacarme los colores por sacárselos yo a él:

Hacer un Neymar: consiste en volver uno o dos días más tarde de las vacaciones previstas y autorizadas, cual futbolista brasileño al que «se le ha complicado la vuelta». Reservado para grandes jefes.

– ¿Cuándo viene Mariano? Que me tiene que firmar unos papeles.
– Mañana -dice su secretaria, pasando unos evidentes apuros que hacen que se ruborice hasta extremos que te hacen pensar que se está asfixiando.

No preguntes dónde está porque a su secretaria se le aflojan los esfínteres y esa conversación solo puede acabar en drama. El problema viene cuando al día siguiente se repite un diálogo más propio de José Mota:

– ¿Pero no venía hoy?

– Hoy no, ¡ma-ña-na!

Ocurre que como es el jefe, al igual que Neymar es la estrellita, el resto no tiene más remedio que aguantarse. Tiene una frase hilarante, que es: «no, como a mí me queda un montón de días de vacaciones». ¡Ja, ja, ja,…! Aquí carcajadas, ¡yo quiero ese convenio!

El problema se agrava porque, al igual que Neymar publica en redes sociales las fotos y vídeos de sus últimas juergas en playas y discotecas, estos Neymar de oficina, en lugar de ser discretos, le cuentan a todo el mundo su esquí en Austria o su viaje a Punta Cana. Por alguna razón, «mi» Neymar ya no me enseña sus putas fotos.cassano-gordo

Currarse un Cassano: Cassano era ese futbolista del Madrid poco profesional que estaba siempre en pésimas condiciones para la vuelta al trabajo. «Currarse un Cassano» lo practican esos compañeros que tardan un mes en recuperar el ritmo normal de trabajo tras las vacaciones de agosto o las de diciembre.

Es que esos «vicios malsanos» de acostumbrarse a trabajar media jornada (porque en diciembre también hacen «jornada de verano» by the face) y luego tener que currar el día completo se les hace muy largo, así que lo sobrellevan a base de desayunos inacabables y repetidos cual hobbit, cafés a todas horas, conversaciones irrelevantes de todo tipo,… y reuniones sospechosas por las tardes.

Los Cassanos de oficina contaminan al resto de la plantilla, igual que el italiano. El eufemismo «trabaja al margen del grupo» no nació en un equipo de fútbol sino en una oficina.

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Marcarse un Coentrao: el eterno suplente, el tipo que lamenta que no se le dan oportunidades porque siempre hay otro compañero en mejores condiciones de jugar. Es verdad que no tiene buena fama, porque resuelve poco, fuma mucho y no hace equipo, solo se queja, pero lo que distingue de verdad al Coentrao de oficina es que a veces le llega la oportunidad… y justo, justo ese día no puede. Tiene médico, o está de baja con una gripe, o en un funeral (perdimos la cuenta de sus familiares) o casualmente él, que nunca viaja, no puede ir a la reunión importantísima porque está en Barcelona.

david-albeldaUn Albelda: Barney tiene identificados a unos cuantos jugadores a los que define como «jugadores anchoa», cuyo máximo exponente es David Albelda, el jugador ya retirado del Valencia. La teoría de Barney es la siguiente: «tú te tomas una pizza y por grande que sea, tamaño XXL Familiar, le pones tres anchoas y toda la puta pizza sabe a anchoa. En el fútbol eso mismo pasa con Albelda. Da igual que el resto de jugadores sean jugones que el partido entero se engorrina, se ensucia, se vuelve como Albelda«.

En las oficinas, un Albelda es ese tío que llega a la cafetería o a una reunión, y automáticamente todo se vuelve más áspero porque no le aguanta nadie. Si dice algo es para tocar los cojones, y como tiene tantos enemigos creados, lo normal es que el resto se ponga a su nivel barriobajero. Yo me cargaba a todos los Albeldas de oficina, porque, siguiendo el símil, España solo empezó a jugar bien y como equipo el día que él desapareció. parejo-disco

Cagarla a lo Parejo: muy propio de esta época navideña y de los excesos etílicos en las cenas de empresa. En una empresa en dificultades, con serios problemas, hacer un Parejo consiste en beber más de la cuenta y ponerse a decir gilipolleces sobre el director general, al que terminan llegando los comentarios porque hoy en día todo el mundo va con un móvil dispuesto a grabar tus momentos de «euforia».

javier-clemente Trabajarse un Clemente: es el comportamiento de esos tipos que van buscando de modo poco profesional que les abonen una cuantiosa indemnización.

La estrategia de los Clemente consiste en llegar a los sitios, pegar cuatro voces para hacer creer que va a cambiar las cosas, y al poco tiempo enemistarse con el departamento, con los clientes y los jefes, no hacer ni el huevo salvo declaraciones incendiarias y, eso sí, esperar pacientemente que le llegue el finiquito, del cual regatea hasta el último céntimo. «Toma y lárgate». Lo he visto varias veces en mi carrera profesional y me subo por las paredes.

makelele-galacticosPringar como un Makelele: en el Madrid «galáctico» de hace unos años había un tipo oscuro (no es solo una licencia metafórica) que trabajaba a destajo en la sombra para que los cracks mediáticos se apuntaran los éxitos del equipo.

Los grandes jefes valoran solo a las estrellitas y les suben el sueldo varios múltiplos por encima del de los Makeleles, hasta que llega un buen día en que estos currantes estajanovistas se cansan y dicen «señores, me largo, estoy hasta las pelotas de tapar sus vergüenzas«. Luego vienen las lamentaciones, se ficha a gente pagando más para cubrir ese hueco y se lamentan de la ausencia del Makelele de turno: «¡jo, aquel sí que resolvía, no como este Gravesen!«

romario-y-luis-aragonesHay muchos otros comportamientos «futboleros» en nuestros trabajos, como esos que se trajinan un Romario en toda regla y se quedan dormidos en mitad de las reuniones o en sus puestos de trabajo, porque «¡coño! esto de trasnochar es muy duro».

Seguro que hay muchos más, y os animo a que me los indiquéis. Yo de momento me voy a currar un Lucas Vázquez, que consiste en comportarme como un profesional, tratar de hacer siempre bien mi trabajo y estar disponible para lo que se me requiera, aunque el Presi prefiera confiar en esos Neymar poco profesionales, preocupados exclusivamente por su situación fiscal personal.