El conflicto del secundario, por Travis

 

Billy Wilder

«¿Qué sentirá el tipo que se mete en la cama cuando se van los amantes?»

Según cuenta el propio Billy Wilder en el libro de Cameron Crowe Conversaciones con Billy Wilder, así se gestó una de las películas que siempre figura entre las mejores de la historia: El apartamento. Tras preguntarle Cameron Crowe sobre diversos rumores que circulaban por Hollywood acerca de la génesis de esta historia de un oficinista gris y tristón que cede el apartamento a sus superiores para lograr ascensos en la empresa, el director confiesa:

El origen de El apartamento se remonta a cuando vi la magnífica película de David Lean Breve encuentro (1945). Era la historia de un hombre que tiene una aventura con una mujer casada y va en tren a Londres. Van al apartamento de un amigo de él. Vi la película y dije: «¿Y qué ocurre con el tipo que tiene que meterse después en esa cama tibia?» Es un personaje interesante.

Reconozco que se me escapó una sonrisa cuando leí este párrafo. Solo a este genial director de origen austríaco se le ocurre pensar durante una película romántica como Breve encuentro en «el tipo de la cama tibia». Y de un personaje secundario como ese tipo surge la idea, pero necesita algo más. Un problema, una dificultad añadida, un dilema. «Una persona que despierta compasión», dice Wilder. «Para que saliera bien, hacía falta que fuera un poco tímido. Era un detalle importante, el problema que debíamos resolver; teníamos que encontrar la forma perfecta de transmitir ese mensaje. Lo hace todo cargado de ingenuidad». Y una vez logrado, la historia se escribe sola, la obra maestra fluye de modo natural.

El apartamento Billy Wilder

En cierto modo, de eso va el post de hoy, de secundarios con tanto interés o más que el papel principal, o de cómo rodear al personaje de reparto con un conflicto, un pasado convulso o un dilema moral para que su figura crezca en pantalla. De personajes secundarios bien construidos cuyo desarrollo puede protagonizar una película entera. Como todo está inventado, y todo tiene su nombre anglosajón, es lo que se conoce como spin-off. Dar total protagonismo a un rol nacido para ser secundario.

Así surgió por ejemplo U.S. Marshals, con el comisario Gerard extraído directamente de lo mejor de El fugitivo, un tipo implacable interpretado por Tommy Lee Jones que le comía todo el protagonismo a Harrison Ford en cada escena. O El gato con botas, que se ganó la simpatía del público en las secuelas de Shrek, hasta el punto de ganarse un largometraje completo con todas las estrellas: Antonio Banderas, Salma Hayek, Chris Miller en la dirección y Guillermo del Toro en la producción.

Son secundarios que molan, que atraen la atención del respetable, o pueden ser papeles no secundarios en una historia coral, pero que destacan de tal modo que se merecen su propia película. Como Lobezno y sus cuchillas entre los numerosos X-Men, hasta el punto de haber generado su propia saga. O como Frasier, el psiquiatra eternamente acodado en la barra del bar de Cheers que llegó a protagonizar once temporadas de éxito en la NBC. En España tuvimos a nuestra Carmen Machi protagonizando Aída, y demostrando cómo se podía hacer una espantosa serie a partir de un glorioso personaje de la celebrada Siete vidas.

Cuando se anunció la venta de la saga Star Wars a Disney para producir nuevas películas, se buscaron nuevas historias en planetas ya creados en este universo galáctico (en su día ya se produjo la infumable La batalla en el planeta de los Ewoks), o se plantearon nuevas tramas a distintos personajes. Se buceó en sus pasados, los guionistas desarrollaron sus inicios o su futuro, y así fue como se anunció para 2020 la película de Boba Fett, el cazarrecompensas de la primera trilogía que cuenta con miles de seguidores en las redes. A mí este tipo nunca me gustó demasiado, así que tampoco lamenté cuando anunciaron la cancelación de la producción. Yo creo que no daba para tanto y ya sabemos suficiente de sus orígenes gracias a El ataque de los clones. Como spin-off se han sugerido diversas historias de entre las cuales finalmente se realizaron Rogue One y Solo, sobre cómo el contrabandista Han Solo se volvió tan cínico y desencantado como le conocimos hace décadas.

Pero se trata de algo distinto, a mí lo que de verdad me gustaría es que en ocasiones cogieran a un personaje, con el mismo actor, le crearan un trauma o un conflicto, que le dieran cien vueltas de guion y nos lo soltaran en pelotas en medio de una trama compleja. Con algunos personajes que me han encantado lo veo difícilmente posible, pues parece que su desarrollo ha llegado ya a su fin.

Por ejemplo, Sarah Connor, la madre guerrera de la saga Terminator. Ya hemos visto su evolución de camarera tímida en la primera a guerrillera asesina e implacable de la segunda. Creo que los años que median entre ambas pelis podrían haber dado para una peli interesante (no Las crónicas de Sarah Connor), para una especie de Narcos con una Sarah devorando a todos aquellos hombres despiadados de los que pudiera aprender algo salvaje que le sirviera el día de mañana con su hijo John. Pero tenía que haber sido con Linda Hamilton, no veo a otra actriz, y me temo que ya no será posible.

El teniente Dan, o teniente Daaaan de Forrest Gump, también era un personaje secundario que bien podría haber merecido su spin-off. Pero creo que su evolución ya pasó durante el metraje, cuando deja de ser ese veterano tullido malhablado, pendenciero y alcoholizado que «tenía que haber muerto en el campo de batalla» y aparece con piernas y casado con una vietnamita. Su conflicto se resolvió durante la tormenta subido al mástil del barco de gambas, cuando, como dice Forrest, «creo que hizo las paces con Dios».

Uno de los mejores secundarios que he visto en años es el coronel de las SS Hans Landa de Malditos bastardos, el peliculón de Quentin Tarantino ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Es un redomado hijo de puta de lo más simpático y siniestro a la vez, uno de esos tipos que da más miedo cuando sonríe que cuando está serio, y sabe ser hijo de puta en francés, alemán, inglés o italiano. Una pena que Aldo Raine/Brad Pitt le grabe una esvástica en plena frente, porque habría tenido gracia ver a este psicópata incorporado a la vida normal en plena posguerra. Me lo imagino en el típico barrio residencial de Los Ángeles interrogando al lechero o al repartidor de periódicos.

Así que, puesto que no veo que se vaya a sacar más partido de Sarah Connor, del teniente Dan o del coronel Hans Landa, me voy a atrever a dejar tres ideas absurdas siguiendo la frase de Billy Wilder «¿y qué ocurre con…?», ideas que en su día me rondaron la cabeza tras ver por enésima vez las obras originales en las que aparecen estos grandiosos secundarios.

Héctor Elizondo Pretty WomanEl gerente del hotel de Pretty woman

El mejor papel de esta peli que no han puesto NUNCA en la tele es para mí sin duda el interpretado por Héctor Elizondo, el gerente del hotel en el que se alojan Richard Gere y su amiguita de 2.000 dólares Julia Roberts. Profesional impecable, elegante, siempre comedido y con la frase exacta, el gerente se merecía su propia película. Los productores lo sabían y cuando trataron de repetir el éxito con Novia a la fuga, no solo contrataron a Gere y a la Roberts, sino también a Elizondo, aunque fuera para un papel chorra. Un tipo que dice con aire de lord inglés «cuesta desprenderse de algo tan bello» mientras devuelve un collar de diamantes, pero devora con la mirada a Julia Roberts, ¡joder, productores, olvidaos del vainas del Richard Gere, el tipo interesante es este!!!

Podían haberle desarrollado un guion en el que, después de una vida entera dedicada al hotel y a tapar los trapos sucios de la gente de bien, le anuncian su prejubilación. De modo perro y miserable, racaneándole la pasta. Eso coincide con la llegada de otro tipejo como el Gere de la primera, un tiburón de los que compran por igual empresas y prostitutas, que luego desprecian del mismo modo que a los trabajadores de esas empresas recién adquiridas.

En mi película, el bueno de Barney, que así se llama en Pretty woman, decide vengarse y pasar a la acción. Por si hubiera pocos ingredientes, el millonetis ha traído a una fulana al hotel y le ha dejado un pastón por pagar. Barney, que lleva años tragando la falta de ética de los hombres de negocios, casi tantos como los que lleva sin tocar a una mujer, decide que ya ha desperdiciado demasiado su vida. Va a pasar al ataque. Los poderosos hombres de negocios pueden echarse a temblar. Creo que sería mucho más interesante que una hipotética y almibarada Pretty Woman 2 que espero que nunca se ruede.

Señor Lobo Harvey KeitelEl señor Lobo de Pulp Fiction

Otro profesional intachable, míster «soluciono problemas». Creemos que el Lobo es un tipo acostumbrado a lidiar con gente de la peor calaña, mafiosos, asesinos, extorsionadores, políticos corruptos,… Es un individuo aparentemente sin escrúpulos, sin sentimientos, que lo mismo te limpia un coche de sesos de yonqui que te organiza una fiesta privada para mafiosos y congresistas. El profesional adecuado al que acudir cuando «los negocios» se tuercen. Me habría encantado una película suya enterrando los cadáveres de otros y cobrando una buena pasta por ello.

¿Y qué haría con su inmensa fortuna? Ese sería el núcleo del filme, el motor de todas sus acciones. En realidad mi señor Lobo sería un tipo atormentado por los asesinatos que cometió en Vietnam drogado hasta las trancas, y desde que volvió a Estados Unidos ha estado manteniendo a una familia de ocho niños a los que dejó huérfanos hace décadas. Detesta a la gente para la que trabaja, pero los generosos emolumentos que recibe son los que le permiten pagar la educación y la subsistencia de una familia entera de campesinos, uno de los cuales se ha hecho mayor y viaja a Los Ángeles para trabajar como ayudante del señor Lobo. Ese Harvey Keitel daba para todo lo que Tarantino le hubiera planteado.

El profesor Rupert de La soga

¿Qué ocurre después de la trepidante hora y media de La soga de Hitchcock? ¿Qué pasa por la cabeza de James Stewart, Rupert Cadell o Profesor Sarcasmo, esa fuente de inspiración para el asesinato que cometen sus alumnos más aventajados.

James Stewart La soga

«El homicidio resolvería tantas cosas.

Desempleo, pobreza, las colas para comprar entradas en el teatro,…»

«Un pollo es tan buena razón para matar como una rubia, un colchón lleno de billetes o cualquiera de las prosaicas razones corrientes».

Tantas bromas sobre los seres superiores y cómo los inferiores merecen la muerte que al final quienes le escucharon y creyeron lo llevaron a la práctica. Ese inolvidable profesor Rupert no puede desaparecer cuando se cierra el telón. O va al trullo como inductor del asesinato o decide hacer como sus alumnos y llevar a término sus estrafalarias teorías, contradiciendo sus propias frases:

«Algo profundo, en lo más íntimo de ti te llevó a hacer esto. Pero hay algo dentro de mí que no me habría dejado hacerlo y no me dejaría jamás participar en ello. Me has avergonzado esta noche de toda idea mía de seres «superiores» o «inferiores». Pero te agradezco esa vergüenza».

A lo mejor en ese momento salía del armario como los dos jóvenes asesinos, dos homosexuales cuya relación afectiva ocultó la censura. «Estos tíos han hecho lo que yo nunca me atreví». Estoy por borrar esta frase, guardo tan buenos recuerdos de James Stewart que no me lo imagino en plan gay psicópata.

Es lo que tiene forzar algunas situaciones, que la línea que separa lo interesante del ridículo es muy fina, y de ello podía darse cuenta Ridley Scott, que ha anunciado un Gladiator 2. ¡Por favor, que alguien lo pare! Sin Máximo Décimo Meridio, sin Cómodo ni ninguno de los actores que nos maravillaron hace 20 años, alguien tiene que pararlo. Solo leer el argumento que tenía pensado da más pena que los que yo he planteado:

«Puedo traerle de vuelta. Sé cómo hacerlo. Usando el cuerpo de un guerrero moribundo como un portal que puede traer a alguien de vuelta».

No, por favor, que la nueva censura lo frene. ¡Larga vida al secundario, muerte a Gladiator 2!

A (bored) man on the moon, by Travis

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Una película sobre la conquista del espacio puede ser buena, mala, realista o inverosímil, pero lo que no puede ser nunca es aburrida. Cualquier posibilidad, trama o historia que se plantee o sitúe en ese espacio más allá de la atmósfera terrestre tiene que ser forzosamente entretenida, angustiosa y repleta de dificultades, y por esa razón suelo ver todas aquellas películas que se desarrollan en ese ámbito, ya sean de ciencia ficción o basadas en hechos reales. Sigue leyendo

Con C de Caballé

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El pasado sábado falleció Montserrat Caballé a los 85 años, la gran soprano y no digo «nuestra» gran soprano porque cada uno de los Cuatro amiguetes tiene una opinión diferente acerca de su modo de entender el bel Canto. Nuestros respetos hacia ella y Condolencias a la familia.

Cara BarneyCon C de Castafiore.

Lo mío no es la ópera, no me gusta, no la entiendo y me carga tanto como un partido de tiki-taka con mil pases en horizontal y hacia atrás. He cometido el «error» de confesar en público mis Carencias Culturales y mi preferencia por Freddie Mercury, en un artículo en el que osaba hacer una comparación con los estilos contrapuestos de Montserrat Caballé y Freddie Mercury, el Barça y el Madrid. A alguien más le ha gustado, como a los amigos de La Galerna que lo han publicado:

La Galerna. Choque de estilos. 

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No quiero dar a entender con el artículo que la Caballé me recordara a BiancaCaballé3 Castafiore, la espantosa Cantante de ópera que atormentaba al Capitán Haddock en los libros de Tintín, lo que he pretendido decir es que en mí provocaba un rechazo similar al que lograba en el Capitán. El problema es mío, lo sé. Y además reconozco que me gustaban mucho Freddie Mercury, Queen y sus míticas Canciones. Un sacrilegio, lo sé.

Cara JoseanCon C de Cataluña.

Es una pena que la situación en Cataluña se haya enrarecido y enquistado tanto que ya ni se respetan los funerales por una persona como Montserrat Caballé, Catalana y española universal que recorrió el mundo como una gran embajadora de ambos. Mojándose, sin establecer distinciones, y eso a algunos hoy les parece intolerable. Como a Josep Carreras, qué pena. Solo se le ocurrió decir tras la Ceremonia que echó en falta que «hubiera un poco más de Catalán«, ya que se ofició íntegramente en Castellano.

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Nada nuevo, por otra parte, el procès está sacando lo peor de innumerables Catalanes indepes. Estos días se ha recordado cómo Montserrat Caballé se levantó de la mesa que compartía con el gens honorable Jordi Pujol, cuando este, siendo presidente de la Generalitat de Cataluña, le reprochó haberse casado con «un extranjero». Tan extranjero como que era aragonés.

Por otro lado, y aunque tras un fallecimiento solo se recuerdan los aspectos positivos de la biografía de los fallecidos, en este blog siempre he criticado a los evasores fiscales, así que no puedo dejar de mencionar la Condena de seis meses de Cárcel a la Caballé por escaquear medio millón de euros al fisco.

Cara TravisCon C de Cine.

Las salas de Cine se han convertido en los últimos años en un lugar privilegiado para disfrutar de los grandes montajes internacionales de ópera. Quizás sea una burrada lo que voy a decir, pero creo que el sonido y la imagen desmerecen poco de lo que puede ser una ópera en vivo y en directo. En el caso de la imagen es indiscutible: no se puede comparar lo que se ve desde una fila 3 de un anfiteatro que con las imágenes en pantalla gigante de un Cine. Pero supongo que los puristas dirán que no tiene nada que ver, algo así como lo que decía Lester sobre el disfrute del Arte pegándote con japoneses o a través de un ordenador.

Caballé5La ópera no ha tenido en el Cine el buen encaje que sí han tenido otros géneros como los musicales. La última película que vi relacionada con el género es Florence Foster Jenkins, sobre una millonaria sin ningún talento interpretada por Meryl Streep. ¿Puede haber algo más horrible que las arias de ópera mal cantadas? Repetir los fallos hasta la extenuación en los ensayos, supongo. Quizás una aguja punzante entrando por el oído haga menos daño.

Me parece que hay mucho esnobismo entre los Críticos, y que ese esnobismo se incrementa cuando se trata de géneros como la ópera. Hay una escena maravillosa en Ciudadano Kane que cuenta mucho, lo cuenta todo en realidad. Cuando el personaje de Charles Foster Kane intenta lanzar al estrellato de la ópera a su amante y la vemos debutar sobre el escenario, la cámara asciende lentamente. Vemos el telón, el andamiaje sobre el mismo y a dos tramoyistas, gente que se supone poco formada para la ópera, pero que sin embargo saben casi tanto como cualquier Crítico avezado. Apesta.

Ese esnobismo de la Crítica es el que ensalza a determinados artistas y se ceba por el contrario con otros, a veces con una inquina que parece moverles un asunto personal. Por otro lado, creo que nunca leí una mala Crítica de Montserrat Caballé, ni siquiera cuando destrozó con su versión alguna Canción moderna. Y eso dice mucho de ella, qué duda cabe. Descanse en paz.

Cara LesterCon C de Carisma.

Desde que debutara en el Carnegie Hall en 1965, la figura de Montserrat Caballé no dejó de crecer, hasta el punto de que algunos, llegada su muerte, la sitúan directamente como «la mejor soprano del siglo XX», por encima de María Callas. Supongo que mi madre tendrá algo que decir ante tamaña afirmación.

Yo no puedo opinar sobre eso, soy un analfabeto total en materia operística. Pero sí puedo opinar sobre la participación de la Caballé en dos Campañas de publicidad. La última, la más reciente, fue definida por la propia Cantante, como espantosa. Me refiero, cómo no, al terrorífico anuncio de la Lotería de Navidad de hace dos o tres años, con Raphael y varios artistas más que parecían sacados de la noche de Halloween.

 

El otro anuncio es mucho más antiguo y lo recuerdo porque denota cierta superioridad intelectual de los que son capaces de disfrutar de la ópera. Era una Colección por fascículos y CD’s (me niego a poner «cedés», aunque lo recomiende la RAE) de las mejores óperas de la historia y Montserrat Caballé nos animaba a su compra diciendo:

«La voz es el instrumento más perfecto, y donde mejor suena, es en la ópera». Y le faltaba añadir: «Y quien mejor la canta, soy yo». Un poco pagada de sí misma sí era la barcelonesa, como toda diva de la ópera. Y como tal, un tanto sobreactuada, como cuando acudió a las ruinas del Liceo a hacerse las fotos y el vídeo para pedir fondos para su reconstrucción.

Lo siento, Mamá, me cuesta disfrutar tres horas seguidas de una ópera, prefiero un punteo de guitarra de Mark Knopfler. Descanse en paz, Montserrat Caballé, no dudo que fuera una de las más grandes. Así me lo han contado.

Groucho inmortal, por Travis

Groucho 1

“Pienso vivir para siempre o morir en el intento”.

Esta primera semana de octubre se conmemora el nacimiento de Groucho Marx, uno de los tipos más brillantes que ha pisado este mundo del que decía querer apearse, todo un artista del uso y abuso de la lengua y la ironía. Nació el 2 de octubre de 1890, hace ahora 128 años, y si el título de este post alude a su inmortalidad es porque su legado así me lo parece.

“Debo confesar que nací a una edad muy temprana”.

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Los actores (II): el ganado, por Travis

Cary Grant

El director británico Alfred Hitchcock fue inquirido en una ocasión por aquella frase en la que afirmó que los actores son como el ganado, y su manera de aclararlo fue mejor aún:

«Lo que dije es que deberían ser tratados como ganado»

Puede que se refiriera a Sigue leyendo

Los actores (I): la veracidad, por Travis

Robert de Niro

En la escena final de Monuments Men, el personaje de George Clooney se acerca a ver la Madonna de Miguel Ángel treinta años después de los acontecimientos narrados a lo largo de las dos horas anteriores. Lógicamente el papel lo interpreta otro actor, no se quiso usar a George Clooney con maquillaje. La cara, los gestos y la sonrisa Sigue leyendo

Solo, otra película de Star Wars

Solo1

Travis, 12 de agosto de 2018. Sin spoilers hasta casi el final.

Podía hacer algún chiste fácil, quitar la coma y decir que es «solo otra película de Star Wars«, o mejor aún, que «No es Solo otra película de Star Wars» y jugar con el doble sentido, pero me voy a limitar a afirmar lo que dice el título de esta entrada: que Solo, la última de la saga, aunque esté al margen de las trilogías clásicas que van por el Episodio VIII, es otra película de Star Wars. Con todas las letras, porque lo cierto es que en estos últimos años en que se han recuperado las historias de la galaxia ideada por George Lucas, algunas de las mejores y más entretenidas películas han venido por donde no se las esperaba, como ocurrió con Rogue One. Sigue leyendo

Los 300

300 Wallpaper

Estamos de celebración, aniversario o como queráis llamarlo. Los cuatro amiguetes del blog celebraremos en una semana los 4 años de esta página que nació con intención perecedera, y sin descanso ni vacaciones nos lanzaremos a por la quinta temporada. Pero sobre todo celebramos el post número 300, ni más, ni menos. Y celebramos además que ese post 300 no se publica en esta web, sino en La Galerna, la página de «Madridismo y sintaxis» a la que ya hemos hecho referencia en otras ocasiones, una apuesta personal de Jesús Bengoechea que está encontrando un gran respaldo popular:

Un final made in Concha Espina

El texto mencionado representa como pocos de entre esos 300 lo que significa el blog «Cuatro amiguetes y unas jarras». Se trata de una supuesta conversación entre Jaume Roures, el magnate de Mediapro, y el director neoyorquino Woody Allen, en la que divagan sobre la producción de una película acerca del mundo del fútbol. Con algo de ironía y cachondeo sano, que no falte nunca.

El texto ha sido escrito por Barney (y su madridismo) con la colaboración de Travis para aportar ideas sobre Woody Allen, basándose en un celebrado post de Josean sobre las conversaciones imaginarias entre Artur Mas y Jordi Pujol al inicio del principio del comienzo de la génesis del procès. Por supuesto, con el respeto a las normas lingüísticas y la corrección sintáctica requerida por Lester, el administrador del blog. Espero que os guste, dadle una oportunidad.

Mantener un blog tanto tiempo es un ejercicio de disciplina y constancia, y no está de más reconocer que a veces cuesta. Pero los comentarios que uno lee en esta misma página, o los que te hacen la familia y los amigos, o especialmente los de gente que no te conoce de nada, como los lectores de La Galerna, ayudan a seguir en el empeño:

Comentarios

Como cada vez son más numerosas las publicaciones que han surgido a partir del blog, tantas que hemos abierto una nueva categoría con ese nombre: «Publicaciones». En ella recogemos los enlaces a los artículos de Barney en diversas webs, el libro de relatos de Lester surgido a partir de un proyecto muy personal, alguna colaboración en revistas y esperamos publicar la historia que Travis se trae entre manos o las dos charlas/conferencias que Josean tiene programadas en otoño. La primera surgió de la serie por capítulos «Grandes errores de las escuelas de negocios», y la segunda, de su particular visión de la política.

300. Trescientos, como los espartanos de Leónidas, esos tipos inasequibles al desaliento.

300 kilómetros por hora, la velocidad a la que se calcula que se mueven los impulsos nerviosos, los que nos llevan a escribir y opinar desaforadamente sobre algo.

300 segundos, que son 5 minutos, que es lo que la mayoría de las veces lleva leer un post.

300 minutos son 5 horas, que es lo que en ocasiones (y más) cuesta rematar un texto.

Y 300 centilitros es lo que suele tener un botellín de cerveza, pero aquí somos más de jarras de 500, así que ¡a por ese número!

Como sé que a muchos les van los ránking y las clasificaciones, dejo a continuación lo más leído de cada uno de los cuatro personajes del blog.

¡Espero seguir contando mucho tiempo con vosotros, los lectores, gracias!

4amiguetes

Josean

Los lobos de las finanzas

Chomsky, Timsit y la manipulación mediática

La falacia del ebitda

La incompetencia de Competencia (I)

Travis

Everest

Esas comedias francesas

Lester Burnham no es el mejor ejemplo a seguir

Frases de cine para usar en el trabajo (I)

Barney

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 3)

Ni valors, ni valores

Historias de la Historia que los culés no quieren oír (Cap. 2)

Lester

En busca de la tranquilidad

Vacaciones solidarias en la India (Rachel)

El maratón de Nueva York (II): …y el glorioso después

El Hogar Teresa de los Andes

 

Disaster movies, por Travis

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He tenido la oportunidad de ver recientemente la película The disaster artist, escrita, producida y protagonizada por James Franco, sobre el rodaje de una infame historia filmada por Tommy Wiseau, The room, una de las consideradas peores películas de la historia del cine. Las escenas finales, poniendo imágenes de la original junto a la réplica de Franco, despertaron mi curiosidad por ver la «famosa» The room, que se puede encontrar fácilmente en YouTube (aquí dejo un enlace a la misma).

Cuando veía The disaster artist pensaba que era imposible que la original The room fuera tan penosa, sobreactuada y con un guion tan absurdo como el que cuenta James Franco, pero parece que no lo es: es aún peor. Es tan mala que no fui capaz de verla entera, sino que tuve que ir dando saltos para buscar las escenas que James Franco representa en su peli.

La producción de The room, del año 2003, costó unos 6 millones de dólares y no llegó ni a los 2.000 dólares de recaudación. Un desastre absoluto que fue sufragado íntegramente por el tal Wiseau, del que no se sabe mucho de su vida, ni de dónde sacó el dinero para financiarla, ni cuál es su pasado como para lanzarse a una aventura así. Uno de los rumores que circulan por Hollywood afirma que Wiseau sufrió un accidente de tráfico con un productor que conducía borracho, el cual le prometió que le financiaría una película a cambio de que no le denunciara. Eso podría explicar las cicatrices de su rostro y el desconocimiento de lo más elemental sobre el mundo del cine.

La película de Franco ganó la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y el propio actor recibió el Globo de Oro por su interpretación (más que meritoria, viendo el pollo al que calcaba), pero su meteórica carrera hacia el Óscar fue frenada por una serie de denuncias no juzgadas en tribunales, muchas de ellas anónimas, y sobre todo por las hordas de la represión preventiva. Pero hoy no toca hablar de eso, sino de las películas más desastrosas de la historia, esas que son un auténtico despropósito sin nada salvable, pese a que algunos quieran convertirlas en obras de culto.

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The disaster artist recuerda de inmediato a esa maravilla de Tim Burton que fue Ed Wood, sobre el considerado «peor director del siglo XX». Así como no he sido capaz de ver del tirón The room, sí que pude ver entera en VHS la célebre Plan 9 from outer space (Ed Wood, 1959), votada siempre en todos estos rankings como una de «las películas peor filmadas de la historia». Y la verdad es que es mala como un cólico, pero al menos te ríes mientras la ves tratando de imaginar las escenas que no pudieron rodar o qué pretendían contar en otros momentos absurdos de la trama. Las películas de Ed Wood tenían que luchar contra las limitaciones de su presupuesto, lo que convierte en perdonables muchas de sus carencias: decorados de chiste, efectos especiales caseros, interpretaciones de aficionado ebrio,… En el caso de Tommy Wiseau y The room el presupuesto no fue el problema, sino la falta absoluta de talento, ideas e imaginación.

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Seis millones de dólares no es un presupuesto elevado, pero tampoco es bajo. Con un presupuesto similar, 6,5 millones, y curiosamente con el mismo título, The room, el director Lenny Abrahamson rodó en 2015 una película enorme, muy interesante, sobre una mujer (Brie Larson) secuestrada durante siete años y encerrada en una minúscula cabaña en la que tiene un hijo con su captor. La protagonista ganó el Globo de Oro y el Óscar por su acongojante interpretación.

El cine está repleto de casos de películas de bajo presupuesto en las que la imaginación del equipo suple esas limitaciones. Por alguna extraña razón, el género de terror es el más socorrido para este tipo de cine, quizás porque la poca pasta suele ir asociada a imágenes oscuras, mala iluminación y efectos que en realidad no muestran nada, sino que sugieren, y para eso no hay nada mejor que el suspense o el terror:

  • Paranormal activity (2007), 15.000 dólares de presupuesto y 190 millones de recaudación.
  • La matanza de Texas (1974), 140.000 dólares de presupuesto y 30 millones de dólares en taquilla.
  • Posesión infernal, la peli de Sam Raimi de 1981, costó apenas 375.000 dólares y recaudó algo más de 2 millones de dólares, pero demostró que las ganas de rodar superan al dinero. En 2013 se rodó una nueva versión en cuya producción participó el propio Sam Raimi, pero a pesar de contar con 15 millones de dólares el resultado para el espectador es mucho peor, más aburrida y menos aterradora. O a lo mejor soy yo el que ha cambiado en esos 32 años, tanto como mi modo de ver cine.
  • El proyecto de la bruja de Blair (1999) costó apenas 22.500 dólares y recaudó 450 millones de dólares en todo el mundo. En números está cerca de la más rentable de la historia, que seguro que sorprenderá al lector: Garganta profunda, la peli porno de 1972 de Gerardo Damiani interpretada por Linda Lovelace. 22.500 dólares de producción y 600 millones en taquilla, ¡guarretes, morbosos!

Uno de los ejemplos que se suele utilizar a la hora de hablar de la pasión por rodar, incluso con presupuestos ridículos es El mariachi (1992), del texano Robert Rodríguez. No llegó a los 6.000 dólares de presupuesto, que juntó participando como cobaya humana, vendiendo su sangre y leyendas urbanas por el estilo. El esfuerzo le sirvió para alcanzar la fama a los 24 años y gestionar desde entonces grandes presupuestos, en muchas ocasiones para hacer películas infames (todas las Spy Kids menos la primera, Planet terror). La propia versión de El mariachi rodada en 1995 con 7 millones de dólares, Desperado, con Antonio Banderas y Salma Hayek, es un despropósito de postureos y tiros que hace buena a su antecesora rodada con cuatro duros.

Volviendo al tema principal de este post, las disaster movies, hay varios motivos que para mí las convierten en espantosos atentados al gusto y no es solo la falta de presupuesto, sino en ocasiones que sean pretenciosas, ampulosas, como queriendo resultar o parecer trascendentes. Dos de las películas que tengo en peor estima en años están entre las favoritas de la crítica: Bailando en la oscuridad, de Lars von Trier y El árbol de la vida, de Terrence Malick. Ambas Palma de Oro en Cannes, cómo no.

 

Por el contrario, reconozco haber disfrutado dos películas absolutamente exentas de pretensiones, pero terriblemente divertidas, aunque no lo sean para la crítica: Re-animator (1985) y El vengador tóxico (1984). Son películas de codazo en las costillas y «jojojo» con los colegas. Ambas se han convertido en películas de culto por distintas razones, tuvieron secuelas (entre ellas Beyond Re-animator, con Elsa Pataky y Santiago Segura) y mantienen multitud de seguidores por el mundo, como Lester Burnham y su vecino Ricky Fitts (American Beauty) recordando mi escena favorita. También la de mis colegas:

La segunda, El vengador tóxico, es la obra maestra de la productora de serie B, Troma, especializada en cine gore, violencia extrema, guasa total y sexo patético. Son muy divertidas, pero no las recomiendo a todo el mundo, porque algunos dudarían de mi raciocinio. Y desde luego de mi buen gusto.

Con todos estos ingredientes, voy a elegir mi top-5 de auténticas disaster movies que yo he visto en mi vida, esas que dan pena porque ves los esfuerzos de un montón de gente para terminar componiendo un truño de proporciones épicas. Tengo que descartar de antemano varias de esas parodias de géneros tipo Scary movie, Epic movie, Casi 300 o Disaster movie, porque he sido incapaz de verlas completas. No aguanto más de cinco minutos de ese género que denomino «comedia sin ni-puta-gracia».

Top-5 de Disaster movies by Travis:

1985 - Soviet la respuesta - Odinochnoye plavanye tt0089721 - Español

En el número 5 elijo una cosa llamada Soviet, que trajo mi hermano del videoclub cuando yo tenía unos quince años. La carátula la vendía como una especie de Rambo ruso, un tipo que luego ni siquiera salía, y los efectos especiales eran lamentables. Con decir que en una de las escenas cumbre lanzaban un cohete contra un yate y en un segundo veíamos la explosión de un petardo minúsculo y una pobre chica a la que dos miembros del rodaje lanzaban por la borda para simular el efecto de la onda expansiva. No he sido capaz de encontrarla, pero creedme, era tan penosa que no merece la pena que me esfuerce en buscarla.

El 4,… pues para Supermán IV (1987), todavía con Christopher Reeve. Joder, ese malo poniendo cara de malo, Nuclear man, es el personaje más ridículo que recuerdo desde Howard el Pato, de la misma época.

 

El número 3 en mi caso sería para El quinto elemento (1997), de Luc Besson. En su día, con 80 millones de dólares, la película europea más cara de la historia.

 

 

Infumable, con una historia absurda y sin interés, con actores como Bruce Willis y Gary Oldman en los peores papeles de sus carreras, un odioso Chris Tucker, exterminable desde el primer segundo, unos malos tan torpes como inútiles y, sobre todo, unos efectos especiales que serían inadmisibles incluso para la Loca historia de las galaxias de Mel Brooks. Tan dolorosa de ver como una patada en los testículos.

En el número 2, ese engendro parido por Jordi Mollá sobre un telepredicador y su reality show. Encima recuerdo al actor metido a director recorriendo las radios y las televisiones intentando convencernos de lo arriesgado y tremendamente intelectual de su propuesta. ¡Al paredón con él!

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Y no puedo dejar de recomendar el número uno, el top de los top del truñaco fílmico: Fotos, de Elio Quiroga. Lo tiene todo, es pretenciosa, está mal rodada, sobreactuada y tiene un guion delirante. Una joya que no pude dejar de ver hasta el final, y que dicen que le gustó a Tarantino en un Festival de Sitges (supongo que fue aquella época de adicción a las sustancias alucinógenas).

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Como no creo que ninguno vayáis a buscarla y verla os cuento de qué va y el glorioso final: «una chica tiene aversión al sexo y es maltratada verbalmente por su novio, que la abandona. La chica, medio deprimida, conoce a un artista, Gustavo Salmerón, que está como una jodida cabra puesta de speed. No recuerdo mucho más de la trama central, pero al final, el artista se amputa el pene para tratar de gustar a la chica o convencerla de que no la quiere por el sexo, y esta cuando lo ve, coge el pene y se va corriendo al hospital para que se lo implanten a ella y poder vivir su historia de amor. FIN».

Una locura que vi en Versión española, con el debate posterior entre Elio Quiroga y una Cayetana Guillén Cuervo que no sabía si estaba ante un genio o si debía llamar al frenopático, haciendo comparaciones con Buñuel y los grandes clásicos del cine.

Me despido ya, os recomiendo todos los títulos mencionados o ninguno, porque queda claro que sobre gustos no hay nada escrito.

 

 

 

Si los futbolistas fueran actores, por Travis

 

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Me hallaba profundamente sumido en el estudio del cine de Burkina Faso para la ardua tarea de escritura del próximo post, cuando los amiguetes me pidieron que hablara sobre algo de más actualidad (y sin duda más lecturas) como es el Mundial de Rusia. Así que aprovecho el primer parón del campeonato, el primer día sin fútbol desde hace dos semanas, para escribir sobre esos tipos que mueven millones por los cinco continentes, cuya imagen es mundialmente conocida, individuos que levantan pasiones allá donde van, reciben toda la atención de los medios, portadas en revistas, millones de tuits y retuits, y horas y horas de debate sobre algo tan banal como es el fútbol. O el cine, por cierto, pues todo lo dicho resulta igualmente aplicable para las celebrities del mundo del espectáculo.

Apenas noventa minutos de partido, o ciento veinte, dan para alcanzar esta relevancia internacional. Curiosamente, una duración similar a la de una película, salvo que seas David Lean o Peter Jackson. Ese cierto paralelismo entre el fútbol y el cine me ha dado la idea de escribir este texto con la idea de proponer los que serían los alter ego cinematográficos de algunos conocidos futbolistas. Ojo, que serán los míos y no dudo de que serán puestos en cuestión, como todo lo que se refiere al deporte y en buena medida al cine. Mis filias y fobias saldrán a relucir, y el que no esté de acuerdo pues que proponga los suyos, que cine y fútbol no dejan de ser aficiones con las que pasar el rato sin llegar a las manos, salvo que sueltes gilipolleces, como que odias Star Wars o El señor de los anillos, o que amas y devoras las pelis de Lars von Trier. «¡O que eres del Barça!», añade Barney.

La idea es buscar similitudes en la personalidad o en lo que representan los futbolistas como icono, pero antes de comenzar no puedo evitar algunas comparaciones recientes que se han hecho famosas por el parecido físico, como la de Karius con Chris Thor Hemsworth, o con nuestro manos de mantequilla, De Gea:

 

El primer goleador de la final de Champions que «catapultó» a la fama a Karius fue el insulso Karim Benzema, el cual tiene un parecido más que razonable con el no menos insulso Shia LeBeouf:

Benzemá-Shia LeBeouf

Pero el que me dejó anonadado fue ese alemán de ojos de huevo que llegó al Real Madrid hace unos años, Mesut Ozil. «Joder, tiene mirada de actor de cine mudo. ¡De Buster Keaton! Y se comporta como el Cara de Palo en el campo»:

Ozil

O el brasileño David Luiz con el actor secundario Bob, de Los Simpsons:

David-Luiz-Side show Bob

Hay muchas listas por Internet, dejo aquí alguna que he encontrado, con algunos sorprendentemente parecidos y otros cogidos con las pinzas de quitarse el entrecejo de Julia Roberts. ¿Aimar y Frodo?, amos, no jodas:

Aimar y Frodo

Me lanzo ya a divagar sobre quiénes serían en el mundo del cine los divos del fútbol por lo que representan y lo haré cebándome de modo especial en los que están disputando el Mundial de Rusia 2018.

  • Luis Suárez: de primeras me pareció sencillo, pues siempre ha hecho de villano, en todos los sitios por los que ha pasado. Se ha hecho tan famoso por su habilidad goleadora como por ir soltando dentelladas a diestro y siniestro, así que inmediatamente pensé en Christopher Lee. Pero reconozco que tengo mis dudas, pues el actor tiene un currículum espectacular en todos los sentidos, también en el intelectual, mientras que el uruguayo, en palabras de su representante, «tiene problemas psíquicos, suma con los dedos».
  • Cristiano Ronaldo: el portugués está enamorado de sí mismo y de su figura, eso es innegable. Controla todo lo relativo a su aspecto: los cortecitos de pelo, los guiños a la cámara, el color de piel, ¿dónde está mi cámara?, pues toma abdominales,… Pero te guste o lo detestes, hay que reconocer que el tipo sigue cumpliendo años sin que se le note y haciendo muy bien su trabajo. Si fuera actor, no tengo ninguna duda de que sería Tom Cruise.
  • Neymar Jr.: el amiguete Barney acaba de dedicarle un post entero hace apenas unos días, así que me lo ha puesto fácil. Sobreactuado, exagerado, resultaría cómico si no fuera cargante. Excesivo en todo lo que hace, con una infancia repleta de carencias, y una vida personal convulsa, se convierte en un genio cuando es capaz de controlarse. Si fuera actor, sería Jim Carrey, cuyo mejor papel, El show de Truman, reflejaba una inmensa farsa, un mundo de fantasía por el que el actor se movía con libertad. Como la mejor actuación de Neymar, que se produjo en el Aytekinazo.
  • Maradona: las penosas imágenes del argentino en el palco de invitados, borracho o drogado hasta las cejas, han sido por desgracia de las más vistas de todo el Mundial de Rusia. Los que le vimos jugar en el Barça, el Nápoles o la selección argentina, sentimos al ver a esa ballena maleducada y sudorosa lo mismo que en algunas películas de Marlon Brando: «¡qué pena, fuiste el más grande y ahora no provocas ni lástima!»
  • Leo Messi: difícil, por qué no decirlo. He tenido que darle muchas vueltas. Es más valorado fuera de su país que en su patria de nacimiento. Es muy bueno en lo suyo, de los mejores, eso es innegable, y los premios que ha recibido han sido justos. En más de una ocasión tiene pinta de necesitar una buena ducha. Lo que está claro es que lo suyo es el fútbol y cada vez que abre la boca, por lo general, la caga. Nos cae mejor su mujer que él mismo, así que solo se me ocurre pensar en Javier Bardem, quien por cierto, también tuvo problemas con Hacienda. Ah, y cada vez que hablan el padre de Messi o la madre de Bardem nos terminamos llevando la mano a la frente diciendo: «madre mía, madre mía…»
  • Luka Modric: tan simpático como feo, con una narizota prominente tan característica como su estilo poco ortodoxo, hay que reconocer que cada vez hace mejor las cosas, como Owen Wilson, quien ha llegado a trabajar con el mismísimo Woody Allen en una de sus mejores pelis de los últimos tiempos, Midnight in Paris.

Modric

Mañana se la juega nuestra selección contra los anfitriones, y yo me imagino al Presidente ruso Vladimir Putin como uno de los malos de James Bond, controlando el VAR desde el Kremlin para asegurarse de que pasen los suyos, como han publicado algunos memes esta semana.

Nuestro equipo jugará con los Iron’s Eleven, que no los Ocean’s Eleven, que supongo que serán los de siempre:

  • David de Gea: Karius 2, Thor o el único portero al que he visto currarse varios Matrix para evitar el balón, como contra Marruecos el lunes pasado.
  • Carvajal: el luchador barbudo, el tipo aguerrido, el espartano Gerard Butler de 300.
  • Sergio Ramos: a veces no sabes si es un genio o está como una puta cabra, y te sueles inclinar más por lo segundo que por lo primero. Entre eso, sus tatuajes y su afición a los sombreros imposibles, Ramos solo puede ser Johnny Depp.
  • Gerard Piqué: a mí este tipo me recuerda a Macaulay Culkin. Nunca me gustó demasiado, con su pelito rubio y repitiendo las mismas chorradas, pero tenía su público. Ahora bien, a medida que vas cumpliendo años y te sigues comportando como el niñato del instituto, hasta los tuyos te dicen que «ya te vale».
  • Jordi Alba: uf, qué pereza de tío. Tim Roth, quizás, ese actor pequeñín en lo físico, pero grande en la actuación, más recordado por papeles de tipo vil y rastrero a los que abrirías la cabeza sin ningún tipo de remordimiento.
  • Sergio Busquets: el actor secundario por excelencia, un tipo ejemplar en su cometido, que siempre hace bien su trabajo. Como Steve Buscemi, alguien que mejora el reparto de cualquier película. Ahora bien, ¿a alguien se le ocurriría producir un filme con Buscemi de protagonista? Pues lo mismo vale para Busquets.
  • Andrés Iniesta: déjalo ya, de verdad, tus mejores actuaciones fueron hace mucho tiempo, no necesitas arrastrarte por los terrenos de juego. Tienes nuestro respeto y admiración, realizaste gestas memorables, pero ya no merece la pena que sigas, Al Pacino.
  • David Silva: con Silva me pasa como con Michael Keaton, que nunca estuvo entre mis favoritos, pero que a medida que ha ido perdiendo pelo, me resulta más irrelevante e innecesario. En algunos partidos le he visto tan despistado como a Keaton en Birdman.
  • Isco: el mejor hasta ahora, el crack. Físicamente es clavado al actor Miguel Ángel Muñoz, pero por lo que aporta en el terreno de juego, por su presencia y lo que transmite, ahora mismo es nuestro Brad Pitt.

Isco.jpg

  • Diego Costa: discutido, polémico, no deseado por muchos, aporta la sensibilidad y el buen gusto de una coz de Steven Seagal.

El undécimo puede ser Asensio, Lucas Vázquez o Koke, y os animo a encontrar su pareja cinematográfica, porque a mí del que me interesa hablar es del entrenador Fernando Hierro, aterrizado en el equipo dos días antes del inicio del campeonato para sustituir a Julen Lopetegui. Como Christopher Plummer sustituyendo a Kevin Spacey en todos los planos de Todo el dinero del mundo tras los supuestos escándalos sexuales del actor de American Beauty.

El mundo de los entrenadores también daría para un post entero, pero reconozco que dejo el fútbol y sus pasiones para otros. Para mí, Ancelotti sería el perfecto e impersonal Steven Soderbergh y el Cholo Simeone como John Avildsen, el mejor director para una peli de mamporros. Guardiola sería Wim Wenders y Mourinho, Quentin Tarantino. Y como en todo, habrá aficionados de un estilo y de otro.

¿Y qué me dices de Zidane? Pues nada, no tengo nada que añadir al homenaje cinematográfico en forma de Gladiator que recientemente hizo Barney. El fútbol tiene mucho de épica, pero donde mejor se ha representado siempre es en las pantallas de cine. Suerte para España en el Mundial.