Aguafiestas, por Lester

Aguafiestas 2

Como en los dos años precedentes, no quería cerrar el año sin dedicárselo a alguno de los proyectos solidarios o de voluntariado en los que nos hemos embarcado: Bolivia (2017), Colombia (2018) y Ecuador (2019). Como los más asiduos al blog recordaréis, el equipo de voluntarios del área de Chota-Mira realizamos una campaña de crowdfunding para recaudar los fondos necesarios para la compra y distribución de filtros potabilizadores en las comunidades del valle en las que trabajamos el verano pasado. La campaña fue todo un éxito y en apenas diez días recaudamos 2.000 dólares que sirvieron para financiar una buena parte de los filtros.

Aguafiestas 4

A todos esos amigos, generosos donantes, les enviamos una foto con la familia receptora del filtro en el que colaboraron. Cara a cara, mensaje a mensaje, nombre a nombre, fui enviando a todos los que pude localizar (lo siento por los anónimos a los que no pude identificar) las palabras de agradecimiento y los nombres de las familias receptoras.

Aguafiestas 3

Fue una experiencia maravillosa, tengo que reconocerlo. El voluntariado en familia es una experiencia de lo más recomendable y ver el crecimiento de tus propios hijos en madurez en apenas dos semanas es impagable. Prometí igualmente a los donantes que contribuyeran con cierta cantidad que les enviaríamos un libro titulado Aguafiestas, realizado por el equipo de voluntarios de Chota-Mira (¡sí, he conseguido que mis hijos escriban sus experiencias!), y desde ayer ese libro está por fin disponible en Amazon. Recibiré los ejemplares en una semana y con la misma paciencia que tuve para el envío de fotos, os los iré entregando a cada uno. Mil gracias. De mi parte y de parte de todas las familias que recibieron los filtros.

Hemos querido hacer un libro sobre el voluntariado en general, sobre nuestra huida del peligroso «volunturismo», sobre el proyecto de vínculos solidarios en escuelas de derechos y sobre el de filtros potabilizadores, y hemos contado con la colaboración de Sara para contarnos su proyecto de gestión de residuos en Piura (Perú), y con otras voluntarias de otros proyectos de filtros como Esther y Nuria. Algún capítulo con más sentido del humor, otros dedicados a las personas y al gran equipo de Ayuda en Acción y el FEPP en Ecuador, y otro sobre el Premio Nobel de Economía, que gracias a un buen amigo he sabido que este año también es «un poco nuestro».

He tratado de organizar los capítulos para que el libro resultara ameno, nada repetitivo, entretenido y que sirva para lanzarse a los que quieran animarse a una aventura similar. Merece la pena. Termina un buen año (¿acaso no lo son todos?), pero ya estamos pensando en el siguiente, en la barrera de los 50, en un nuevo viaje, un posible voluntariado, algún maratón en ciernes y nuevas colaboraciones para este blog que no deja de crecer en número de lectores y seguidores.

Aguafiestas índice

Hemos recibido un premio de final de año y es que los lectores de La Galerna (muchos de ellos buenos amigos, voluntarios y compañeros ecuatorianos) han votado el artículo dedicado al valle del Chota como el mejor de todo el ejercicio, de entre los 1.400 publicados. En una web en la que escribe gente de mucho nivel, algunos periodistas, autores con varios libros publicados y gente que escribe estupendamente bien, con un uso de la ironía que fue lo que más me atrajo, ya solo el hecho de que me consideren «de los suyos» tiene para mí su mérito. Además de eso, ver el nombre de los cuatro amiguetes del blog junto al de Joe Llorente o Corbalán,… un grandioso broche de fin de año.

Aguafiestas Mejor artículo

Feliz año a todos los lectores, espero seguir contando con todos vosotros (y con nuevos lectores) en 2020. Un abrazo.

 

 

Star Wars, Ep. IX: El ascenso (y caída) de Skywalker

Star Wars 1

TRAVIS, 29/12/2019

1ª parte: sin spoilers

Decía Óscar Wilde que «la primera impresión es siempre la buena, sobre todo cuando es mala». Pero esta frase, perfectamente válida para las personas, la comida o para la mayoría de las películas, no lo es por alguna razón para las de Star Wars. Y menos para las de esta última trilogía. Fuimos al cine con toda la sobrinada y la cara de los chicos al terminar era de pura satisfacción, salían comentando escenas, con una sonrisa en la cara y sin el más mínimo gesto de aburrimiento tras haber pasado 142 minutos sin moverse de la butaca.

Seguramente esa tenga que ser la actitud ante «otra de Star Wars«, la de un chaval que va al cine simplemente a pasar un rato entretenido, no a ver una disquisición filosófica entre el Bien y el Mal, el poder que todo lo corrompe o ¡la igualdad de género!

EL7MuhbWsAAwbcn.jpegCuando George Lucas estrenó Una nueva esperanza, La guerra de las galaxias de toda la vida, allá por el final de los años 70, el cine estaba asociado a un concepto de intelectualidad profunda, personajes con traumas complejos y diálogos muy trabajados, excesivamente literarios. En pleno apogeo de Coppola, Cimino y Scorsese, aparecieron George Lucas y Steven Spielberg y reventaron las taquillas al proponer un cine de puro entretenimiento para todos los públicos, un espectáculo visual que atrajo a la chavalería (y no solo a la chavalería) de todo el mundo a las salas de cine. Ocurre que los chavales que hace cuarenta años mirábamos embobados la pantalla con el Halcón Milenario o viendo a Han, Leia y Luke haciendo de las suyas, ahora con la madurez buscamos una coherencia, un sentido argumental que vertebre estas historias, ¡exigimos verosimilitud! Y creo que es un error, estas historias no van de eso. O no las vas a disfrutar igual si lo que pretendes es hallar respuestas a cualesquiera que sean tus preguntas.

El tercer episodio de esta nueva trilogía volvió a las manos de J. J. Abrams (El despertar de la Fuerza), tras el paso fugaz de Rian Johnson (Los últimos Jedi) por este universo. Johnson se dedicó denodadamente en el Episodio VIII a acabar con varias de las propuestas de Abrams para los nuevos personajes de esta última trilogía (que veremos si es definitivamente la última). «Es hora de dejar morir todo lo viejo», decía Kylo Ren en la propuesta de Johnson, claramente una declaración de principios de lo que pretendía llevar a cabo: cargarse casi todo lo anterior, incluso lo considerado canon, para proponer nuevos escenarios, villanos o tramas. Quizás no gustaron sus planteamientos en Disney, sintieron toda «una perturbación en la Fuerza», y ahora parece que Abrams ha pretendido «traer el orden a la galaxia» y rematar la trilogía de trilogías. Pero no era tarea sencilla ni ha sido capaz de ordenar lo que se hacía y deshacía en las dos entregas precedentes.

Star Wars 2

 

Quizás si algo tenga que reprocharle a esta nueva trilogía es la falta de continuidad argumental entre las tres películas, pero en el fondo… ¿quién coño soy yo para reprocharle nada a nadie? ¿A unos tipos, sean quienes sean, que me han llevado durante varias décadas al cine o que me han hecho disfrutar cada vez que veía las pelis de nuevo en la tele? Por los comentarios que leo o por algunas opiniones que escucho en podcasts de gente totalmente respetable, le estamos dando a Star Wars una pátina de seriedad o de profundidad que ni siquiera tenía en sus orígenes, y remarco especialmente lo de «en sus orígenes», en las que más nos gustaron porque las vimos de adolescentes. Vuelvo al comentario del «todopoderoso» Arturo González-Campos tras el estreno del Episodio VIII:

Depende de ti asumir lo que hay de nuevo y seguir disfrutando de Star Wars o bajarte del tren y no seguir viendo estas películas. Nada va a cambiar con tu actitud, las películas seguirán saliendo, llegando a nuevas generaciones que no tienen tus prejuicios, que aceptarán lo nuevo con naturalidad.

Protestaste porque en el VII no te contaban nada nuevo, protestas ahora porque todo ha cambiado. A lo mejor es que esa es tu forma de disfrutar de la saga, protestar porque no han hecho la película como tú querías.

Star Wars ya no es lo que fue y eso no implica que vaya a ser peor. (…) Puedes quedarte con tu razón, yo seguiré disfrutando esta historia.

Pues sí, así es, por eso comenzaba diciendo que «la primera impresión es siempre la buena», y si salimos del cine con una sonrisa disfrutona en el rostro, no dejemos que nuestros análisis posteriores nos la quiten. Releo lo que escribí tras El despertar de la Fuerza y veo que tras la emoción inicial la gran trampa de Abrams estuvo en recuperarnos todos los elementos de La guerra de las galaxias original, personajes, paisajes, Estrella de la Muerte y argumento. ¿Era eso lo que queríamos, una vuelta al principio de todo? Ya dijo el mismo Wilde que tengas «cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad».

Al parecer algunos seguidores querían novedades, cambios en la saga. Tras Los últimos Jedi ya dije que no me gustaban algunas licencias acerca del uso de la Fuerza o tramas puntuales que no aportaban nada al conjunto la historia. Pensé que la línea argumental tiraría por esos jóvenes barrenderos del final que escuchaban historias acerca de los Jedi y sus poderes, o que se recuperaría al traicionero personaje de Benicio del Toro del mismo modo que a Lando Calrissian tras El imperio contraataca. Pero no ha habido nada de eso y Abrams se ha decantado por otras opciones. Me parece perfecto. «Y en cuanto a creer en las cosas», última cita de Óscar Wilde, «las creo todas con tal de que sean increíbles».

Pulgar hacia arriba, con peros, pero pulgar hacia arriba. Claramente. Lo pasamos bien, es justo decirlo. 275 millones de dólares invertidos en acción que disimulara el despelote de guion se tenían que notar. Para escribir el guion, J. J. Abrams contó con la ayuda de Chris Terrio, Óscar al guion adaptado por Argo, pero responsable también de ese despiporre de guion que fue Batman v. Superman. Y… y no puedo seguir sin entrar a saco a desvelar la trama. En cuanto a las quejas de algunos fans que se creen con derecho a algo, no dejo de recordar aquel chiste que decía que vivimos en los tiempos en que si un personaje en una peli de romanos suelta «¡Ave, César!, los que van a morir te saludan», alguien en su butaca protestaría: «¡joder, menudo spoiler acaba de soltar!». 

2ª parte: spoilers a saco

Cuando acabó la película y me preguntaron mi opinión, me sentí un tanto abrumado, «tengo que asimilar muchas cosas, esperad». Desde luego que había disfrutado la acción, unos personajes cada vez más asentados, algunas escenas de acción, los clásicos ataques de las naves y las no menos clásicas peleas con los sables láser. Por supuesto que me puso la carne de gallina la música de John Williams, potente, brillante, muy inspirado. Quizás el único junto a Anthony Daniels (C3PO) que ha participado en las nueve entregas. Pero por otro lado, ya en el propio cine se me escaparon varios «anda ya» o «no, hombre, no».

En esta nueva trilogía hemos visto morir a Han Solo (Ep. VII), Luke (Ep. VIII) y ahora le tocaba caer a Leia (Ep. IX), cuyo papel tuvo que ser forzosamente menor tras la muerte de Carrie Fisher en 2016. La actriz no fue recreada digitalmente, sino que se reutilizaron planos grabados en los anteriores episodios, cambiando el fondo y al resto de personajes, y doblando de nuevo los diálogos. Por unos momentos y al poco de comenzar la película creímos perder también a Chewbacca, ¿qué va a ser después, Lando Calrissian, el Halcón Milenario, R2D2? Al único que seguramente no habría lamentado perder es a C3PO, percibo una perturbación en mis entrañas cada vez que veo una de las pelis de la primera trilogía. Me echa un poco, «jarjarbinxiza» la escena siempre.

Star Wars 7

Los aciertos del Episodio IX

Igual que los mayores errores están en los agujeros de guion, creo modestamente que los grandes aciertos están en la dirección. Los personajes de Rey y Kylo Ren tienen cada vez más peso y fuerza en esta trilogía, tanto en su crecimiento como en el aspecto físico que muestran en pantalla. A mí siguen sin gustarme en exceso Finn, ni Poe Dameron, pero se compensa con los clásicos algo cascados, Leia, Chewie, las fugaces apariciones de Han Solo, Lando y Luke, y sobre todo la recuperación del Emperador Palpatine. Se suponía que había muerto en El retorno del Jedi, entonces, ¿se puede saber dónde ha estado escondido estas cuatro décadas?

En cuanto a nuevos escenarios, no aporta grandes novedades como las pudo haber en la trilogía de precuelas o en Rogue One. La mayor parte se rodó en Jordania, en un desierto mil veces visto, salvo por esas arenas movedizas asfixiantes que luego resultan no ser asfixiantes. Passana, el nombre del planeta, celebra una fiesta que solo se da cada 42 años, uno más de los autohomenajes en toda regla que ofrece la historia. Esos 42 años equivalen al tiempo transcurrido desde la primera película de la saga en 1977. Como escenarios interesantes presenta un planeta bastante curioso como Exogol, hueco por el interior, extraño en su concepción, y una vibrante escena sobre los restos de la Estrella de la Muerte entre olas gigantescas. La escena final, en un decorado que parece extraído de Underworld o de la cueva del ejército de los muertos de El retorno del Rey me parece menos original, pero también moooola, como se le escapó a uno de mis sobrinos.

La película tiene buen ritmo, empieza de un modo frenético y apenas descansa, quizás para que no percibamos que está repleta de vacíos por rellenar. O quizás porque al menos Abrams tuvo la astucia de ver que las tramas algo más elaboradas, como las guerras comerciales o los aranceles de las precuelas, resultaban soporíferas. Algunas escenas son potentes desde el punto de vista visual, como el salto hacia atrás de Rey destrozando el caza de Kylo, pero tan absurda como aquella en la que parece inspirarse: la de la avioneta de Con la muerte en los talones. ¿Qué coño pretendía Kylo, cargársela sin disparar, peinarla con raya en medio, atraparla como al ganado?

Star Wars 5

En sus intentos por cerrar las tres trilogías no deja prácticamente nada fuera, ni siquiera a los ewoks o los porgs. Solo deja fuera a Jar Jar Binks y a los de su especie, por fortuna. Para los más curiosos, aquí dejo este artículo con 41 referencias a las anteriores entregas, muchas de ellas nos pasaron desapercibidas

La última escena en Tatooine, donde todo comenzó «hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana», deja un poso de final definitivo de la saga de Star Wars. Pero esto es una máquina de hacer billetes, veremos lo que decide Disney al respecto.

El queso gruyére del guion

Lo sé, lo sé, lo sé, no puedo pedir verosimilitud a estas películas, pero sí al menos algo de coherencia, de continuidad, ¿no? Sinceramente no creo que nadie en la producción al inicio de esta nueva trilogía tuviera pensado que el gran villano fuera a ser de nuevo el Emperador Palpatine, y mucho menos que Rey fuera su nieta. ¿En qué momento sospechamos que el sith Palpatine tuviera mujer, familia, un hijo, mucho menos, nietos? WTF? ¿En algún momento de las dos películas precedentes pudimos sospechar que la fuerza mental de Rey no venía de un ascendiente Jedi, sino del «reverso tenebroso» de la Fuerza? Todas las pajas mentales que nos hacíamos acerca de si era hija de Luke o de alguna otra rama Jedi se van al traste en esta entrega. ¿Dónde ha estado Palpatine todos estos años y por qué ha vivido escondido, recopilando fuerzas o juntando nuevas tropas? Parece evidente que el cabreo de J. J. Abrams con Rian Johnson al cargarse al Líder Supremo Snoke en la anterior le hizo proponer un nuevo malvado, pero no había nuevas pelis para desarrollar un nuevo malo-malísimo de la muerte, así que tuvieron la idea (buena, aunque inexplicada) de devolver de nuevo a la vida al Emperador. Y de paso Abrams ajusta cuentas con Johnson quitándose de en medio a ese general Hux que en la anterior entrega resultaba de un patetismo extremo.

Star Wars 9

Por otro lado, la Fuerza ya vale para todo. Antes era un poder de la mente para mover objetos, intuir la presencia de alguien o de algún peligro, influir en la mente de otros seres, desarrollar una gran habilidad y rapidez con el sable láser, ahora vale para todo: para sanar heridas (¿por qué no la usó Luke para curar a Anakin entonces?, ¿o Rey para la herida mortal de Han Solo?), para teletransportar objetos, para detener naves con todos los motores en marcha, para transfigurarse a kilómetros o planetas de distancia, para vagar libremente como un espíritu tras morir,… Vale, esto último ya estaba en todos los episodios desde el primero de todos (Obi-Wan Kenobi), ¡¡¡pero es que aquí Luke puede hasta agarrar objetos reales, como hace con el sable que arroja Rey!!! No sé, me parece excesivo. Y otra cosa, ¿solo los Jedi muertos pueden volver como espíritus o «seres de luz» al presente? ¿Y qué pintan Leia y sobre todo, Han Solo? ¿Se han hecho caballeros Jedi entre episodio y episodio?

La épica de la batalla final a dos planos, el alocado de cientos de naves rebeldes y destructores por un lado, y el más calmado combate entre el Emperador y Rey, por el otro, está muy bien, en línea con los episodios de siempre y con El retorno del Rey de El señor de los anillos, pero… ¿de verdad era necesario poner caballos sobre la superficie de un destructor? «¡Amos, no jodas!», se me escapó en el cine. ¿Y ese Kylo que muere atravesado y es resucitado, muere de nuevo herido y al caer al abismo y vuelve de entre los muertos, de qué modo muere definitivamente? ¡Con un beso, con un beso mortal que debe ser que le extrae todas las fuerzas que le quedan para que sobreviva Rey! ¿Y un beso a cuento de qué? ¿En qué momento de la trama de estas ocho horas de trilogía estos dos personajes han sentido algo distinto al odio o la rivalidad?

«Mátame y mi espíritu pasará a ti, y habré vencido», le dice el Emperador, pero Rey se niega inicialmente. Lo hace a la segunda y no pasa nada. Seguramente eso es lo más fácil de explicar en el Departamento de Continuidad de Star Wars, porque nos contarán que el Emperador muere con sus propios rayos maléficos rebotados o algo así, y no fruto de un ataque de sable láser Jedi, pero ya en ese momento me daba todo igual. Por último, qué manía en toda la saga con cargarse a nuestros antepasados, ¿no? Luke a Darth Anakin Vader, Kylo Ren a Han Solo, ahora Rey al abuelete politoxicómano,… Edipo Rey en versión galáctica.

Con la muerte de Kylo cae el último de los Skywalker, pero en la emotiva escena final en Tatooine escuchamos a Rey desprenderse de su origen oscuro Palpatine y asumir el lado luminoso de los Skywalker (habrá más episodios, seguro). Estupendo plano final con los dos soles de Tatooine, Luke y Rey en el desierto, música de John Williams, cabellos erizados.

En fin, supongo que cuando la vuelva a ver encontraré más fallos, y seguro que los expertos en la saga habrán encontrado muchos más, pero, ¿voy a dejar de ir al cine a disfrutar estas historias, voy a ir con el meñique enhiesto a criticar todo lo que vea? Pues no, simplemente trataré de volver a ser ese niño que se tragaba todo lo que veía con los ojos como platos.

¿Por qué corremos los cuarentones?

Maratón 2

LESTER, 22/12/19

Correr se ha puesto de moda desde hace unos años, o debiera de decir para adaptarme a las modas que el running es trendy. Pero, ¿por qué? No hay fin de semana que no se celebre una carrera por el centro o alrededores con cualquier excusa y motivo, de 10, 21 ó 42 kilómetros, ¡algunas de 100!, con obstáculos, en triatlón, solidaria o sencillamente porque sí. Y lo que sin duda llamará la atención del espectador que presencie esa salida de corredores a tempranas horas de la mañana es el elevado número de cuarentones entregados al esfuerzo y el sudor. Yo soy uno de ellos.

Corrí mi primer maratón en 2004, con 34 años recién cumplidos. El maratón de Madrid, el Mapoma de toda la vida. Llevaba una camiseta de algodón, pantalones de fútbol y unas zapatillas de correr normalitas. Nunca había corrido más de 15 kilómetros seguidos, así que confieso que aquello fue una temeridad. 4 horas y 29 minutos, “¡no he corrido tanto en mi vida, Hulio!”. Exhausto, derrengado, con agujetas hasta en las pestañas y ganas de descansar varios meses seguidos. “Ya está hecho, lo pongo en el currículum, y nunca más”.

Un año después volvía a estar en la línea de salida. Y el siguiente, y el siguiente,… y luego me animé a correr en el extranjero, y después comencé a picarme con los tiempos. Desde aquel debut he participado en otros 16 maratones, y reconozco que cada día me gusta más. ¿Pero por qué los cuarentones (y cincuentones) nos hemos puesto como posesos a correr como jamás hicimos cuando teníamos veinte años?

 

Porque no se trata solo del día de la carrera, sino de los tres o cuatro meses previos, racaneando tiempo de donde puedes, buscando el mínimo hueco en la apretada agenda para correr tus diez, doce o puede que más kilómetros de entrenamiento, o llegando a casa y “hola, cariño, me pongo las zapas y voy a trotar un rato”, mientras contemplas su cara de resignación.

Son los meses del héroe solitario, del Rocky Balboa que nos hacemos creer que llevamos dentro. A veces me ve algún vecino corriendo a las seis de la mañana y me saluda como diciendo “hola”, pero sé que en el fondo piensa “puto zumbao”. Me da igual, por debajo de las legañas dibujo una sonrisa de satisfacción. Hay días que suena el despertador y me cruje la espalda al salir de la cama, o me duele el talón, o tengo el gemelo más cargado que un Peugeot 605 marroquí haciendo el Paso del Estrecho. Algún otro día me cuesta arrancar porque tengo el recuerdo del cenorrio de la noche anterior y varias copas de vino en el estómago. Sin embargo, me calzo las zapatillas, salgo a la calle, y si logro superar el primer kilómetro, el dolor desaparece.

Entonces, ¿por qué lo hacemos? ¿Qué motivos hay para que los de mi quinta nos hayamos lanzado a esas carreras? ¿Nos creemos que corremos contra la edad, contra el envejecimiento? Cada uno tendrá las suyas, pero allá van las mías:

1. Porque a medida que afinas tu cuerpo, vas adquiriendo el punto adecuado de forma y te desprendes de ese neumático que se nos instala en la cintura, te sientes una apisonadora humana, un superhéroe de Marvel. Más activo, de mejor humor, con la sensación de poder con todo, no en vano has liberado más endorfinas que los tristes de tus compañeros en toda su carrera profesional. “¡Martínez, deje de hacer flexiones en la oficina!”. No te miras al espejo buscando abdominales como Cristiano Ronaldo, pero te quedas a un paso.

20171015_101549

2. Porque es un deporte agradecido si te sabes cuidar, toda la comida te sienta bien, aunque sea en grandes cantidades, y las cervezas nunca fueron más placenteras. Los falsos mitos sobre el poder hidratante de la cerveza me la traen al pairo, nosotros los repetimos por sistema mientras nos apretamos unas jarras. Es agradecido además porque tus marcas mejoran al principio con mucha rapidez, y luego se pueden mantener muchos años. Después de los 45 años me he estabilizado en una marca entre 44 y 53 minutos mejor que aquel terrible debut. Según el libro Nacidos para correr, el declive del cuerpo es tan lento que podrías seguir perfectamente en tiempos similares hasta los 55 ó 59 años.

CIMG2445

3. Porque me encanta el reto del maratón, porque no es otra cosa que eso, un reto que te pones a ti mismo, a tus limitaciones. Igual que me encanta el ambiente que rodea a la mítica de los 42.195 metros, las dudas previas de todos los corredores, las sonrisas nerviosas en la salida, el ambiente festivo, la extraña solidaridad del runner, la expectación del público entre el que esperas encontrar a familia y amigos.

dig

4. Porque me encanta sentirme ligero durante esos 25 a 35 kilómetros que mi cuerpo disfruta realmente sobre el asfalto, guardando cada detalle, respirando al ritmo de las zancadas, observando cada calle, monumento, espectador o cartel de ánimo: “Run now, Rum later”, como leí en Nueva York. “Demasiado esfuerzo para obtener un plátano gratis”.

 

5. Porque me encanta correr por el interior de esas ciudades fantásticas que han cortado sus calles para nosotros, “los putos zumbaos” de las seis de la mañana. Presumo de haber disfrutado momentos emocionantes corriendo junto al Coliseo de Roma y la Fontana di Trevi, por Central Park y el Bronx, he atravesado la Puerta de Brandeburgo en Berlín y el puente de Carlos en Praga, he tenido tiempo de admirar el Parlamento de Budapest, el Hermitage de San Petersburgo, la sirenita escuchimizada de Copenhague, las callejuelas de Eindhoven o las playas de Sunshine Coast, y por supuesto, me he dejado llevar por mis piernas desde la mítica ciudad de Maratón al estadio olímpico de Panathinaikos en Atenas.

 

6. Porque sigo emocionándome cada vez que paso el cartel con el kilómetro 41, por donde suelo pasar más castigado que tras una reunión tediosa de varias horas, o más perjudicado que cuando sales de una larga cena de Navidad de empresa. Se me sigue poniendo la carne de gallina, y a veces hasta se me han saltado las lágrimas, cada vez que entro en meta, con el Highway to hell, el Sweet Child O’ Mine o el Satisfaction de los Rolling, que esas cosas pasan en estas grandes carreras.

IMGP8430

7. Fundamental, muy importante. ¿Recordáis aquel chiste del tipo que está en una isla desierta con Charlize Theron? No le falta nada: pasión, sexo salvaje y tal, pero el tipo no es feliz porque no tiene a quién contárselo. Pues eso es lo que nos pasa a todos los maratonianos, que solo estamos contentos si lo subimos a redes sociales, publicamos nuestras marcas y fotos, y esperamos el “ooh” de admiración (que nunca llega) de las jóvenes de nuestra oficina. Somos unos brasas, lo reconozco, y como tenemos más de cuarenta palos, ahora somos los puñeteros abuelos batallitas del maratón o el triatlón. Antes decía que no había comida más aburrida que aquella en la que se juntaban dos cazadores. Pues bien, ese hueco ahora lo han copado los corredores de fondo. Mis disculpas.

25092011200

8. Última y más importante. Porque liberas tensiones, te relaja en esas estresantes jornadas de trabajo, y es bueno para tu salud mental, tanto que a veces pienso que si no fuera por el running estaría pendiente de juicio por asesinato con premeditación.

¡Os dejo, me voy a correr un rato!

Nota del autor: este artículo, sin un par de actualizaciones, fue publicado en la revista Pilaristas del mes de septiembre de 2019.

Maratón 1

El irlandés, por Travis

Irlandés 0

The Irishman, by Martin Scorsese. Descomunal y desmesurada. Enérgica y reposada a la vez. De ritmo frenético y de ritmos pausados. Magnífica, talentosa, brutal. Magistral, aunque quizás no sea la obra maestra de la que algunos hablan.

La duración

El irlandés, la última gran película de Martin Scorsese (y esperemos que no sea su última gran película), asusta de inicio con sus 209 minutos de metraje. Uno sabe que va a enfrentarse a una obra mayúscula, igual que si subiera a un ring de boxeo dispuesto a que le noqueen, y tiene que llevar la mentalidad necesaria para no sucumbir, para dar lo mejor y disfrutar los grandes momentos que el genio de Scorsese nos regala. Y son muchos.

Hay quien no puede con las películas largas, por encima de las tres horas, pero yo no tengo ningún problema con ellas si logran engancharme por mis partes desde el principio. El Padrino duraba 200 minutos, Érase una vez en América alcanzaba los 225 y varias de mis películas favoritas están en duraciones cercanas o superiores a esa barrera invisible (e inabordable para algunos) de las tres horas: El Padrino II, Espartaco, la trilogía de El señor de los anillos, Ben-Hur, Apocalypse Now, La gran evasión, El cazador…  En cambio, me parecen una eternidad los 182 minutos de la última de los Vengadores y una tortura inacabable en varias vidas cualquier cosa de los Transformers, así dure dos horas y media o solo cuarenta y cinco minutos.

Como hay gente que no se ve con los arrestos suficientes para enfrentarse a una obra de este tamaño, pues vivimos en los tiempos de lo efímero, los tuits y los guasaps en lugar de los libros, y las series con capítulos de 50 minutos en lugar de los peliculómetros de larga duración, un periodista sueco llamado Alexander Dunerfors se ha hecho famoso con su célebre propuesta para ver El irlandés como si se tratara de una miniserie de cuatro capítulos, indicando los momentos exactos de corte:

Irishman Dunerfors

Sea cual sea tu manera, del tirón o en píldoras anticonceptivas (perdón por la broma), si tienes oportunidad, no dejes de verla. Aunque evidentemente no seré yo quien recomiende seguir las pautas de Dunerfors.

La producción

El proyecto comenzó en 2004 cuando Martin Scorsese buscaba realizar una película sobre la mafia, pero no una película más, sino con un tono crepuscular, más reflexivo y maduro. No sé si buscaba lo que Sin perdón representó para el wéstern, pero así lo interpreto por lo que he leído. Martin Scorsese se fía mucho del criterio de Robert De Niro, no en vano le muestra todos sus guiones aunque no participe en las películas posteriores, y fue el propio actor el que dio con el libro de Frank Sheeran en el que se basa la película. La producción era compleja porque abarcaba varias décadas y a ello se unió el coste del rejuvenecimiento digital de los actores, lo que fue disparando el presupuesto hasta los 159 millones de dólares que se calcula costó la producción.

Sorprendentemente los grandes estudios no entraron en el proyecto, ni siquiera antes de añadir el elevado coste de los efectos digitales, y al final ha sido Netflix, una cadena sobre todo de distribución de contenidos online, la que ha afrontado una película tan cara, la de mayor presupuesto de toda la carrera de Scorsese. Sinceramente yo no entiendo cómo piensan rentabilizar una producción que apenas ha estado quince días en salas comerciales y por la que los usuarios de Netflix no van a pagar un precio extra, ni una suscripción Premium, ni cosas por el estilo. Pero oye, bienvenida sea la idea de Netflix o de quien sea por invertir en proyectos arriesgados y de autor. Decían los agoreros hace unos años que Netflix y otras plataformas de emisión en streaming se iban a cargar el cine, y resulta que la gran triunfadora de la temporada pasada, Roma, de Alfonso Cuarón, y El irlandés deben su existencia a la valentía de los gestores de Netflix por apostar por un producto de calidad.

El argumento

El libro en el que se basa la película se tituló originalmente I heard you paint houses, genial “broma” que nos resuelven a qué se debe nada más comenzar, y su autor fue Charles Brandt. En España el libro se publicó con un título con spoiler, explicando ya uno de los puntos principales de la trama: Jimmy Hoffa: caso cerrado.

La película cuenta la vida de Frank Sheeran a lo largo de varias décadas, desde sus orígenes como camionero hasta su entrada en el clan de Russell Buffalino y la posterior amistad con Jimmy Hoffa. Está contada como un inmenso flashback desde el punto de vista de un anciano Sheeran (Robert De Niro) en la residencia de ancianos en la que está ingresado. Solo. Muy solo.

No elude muchos de los principales asuntos de la política norteamericana a lo largo de esos años: la crisis de los misiles de Cuba, el peso de los sindicatos de camioneros, la financiación de la campaña presidencial de Kennedy, su posterior asesinato, Nixon, la prisión y muerte de Hoffa…

Los actores:

Desde el plano secuencia inicial en el asilo en el que Frank Sheeran, el protagonista interpretado por Robert De Niro, pasa sus últimos días, sabemos que va a ser una película de recuerdos, de momentos pasados a lo largo de décadas que van a llevar a su personaje principal a esa silla de ruedas desde la que desgrana con tristeza (y rompiendo la cuarta pared) su vida y hazañas. Uno de los primeros retos a los que se enfrentaron Scorsese y De Niro fue al de hacer creíble a un personaje al que vemos desde sus veintipocos años en la Segunda Guerra Mundial, hasta los 82 años que muestra en sus últimos días en el asilo. El actor tenía 76 años cuando rodó esta película, así que a la caracterización y el maquillaje necesario se unió esta vez el rejuvenecimiento digital de su cara, que, aunque pueda estar logrado, no encaja con la lentitud de movimientos de Robert De Niro. Es una pena, pero cuando De Niro interpreta a un hombre de cuarenta y tantos parece un tío de 76 con varios lifting encima. No se mueve con agilidad, con el poderío físico que se supone que debería mostrar, más aún si tenemos en cuenta que se trata de un matón a sueldo de la mafia. Aun con todo, hacía años que no recordaba a un Robert De Niro tan inspirado, con tantas ganas de meterse en un papel y dar lo mejor de sí en cada plano.

Irishman De Niro

Más que el maquillaje digital, lo que de verdad me chirría es su mirada azul, puesto que al interpretar a un irlandés, el actor italoamericano lleva durante toda la película unas lentillas que le cambian la expresión a esa mirada profunda que conocemos de tantas películas (nueve de ellas, ni más ni menos, con Martin Scorsese). No digo que esté mal, solo que me chirría por la costumbre, porque además creo que no hay actores que miren mejor “al pasado” que Robert De Niro (ya lo hacía en Érase una vez en América o en Uno de los nuestros).

Irishman Pacino

Pese a que pensemos que De Niro y Scorsese llevan toda la vida trabajando juntos, lo cierto es que no se encontraban en una producción desde Casino (1995), hace veinticuatro años. El otro gran papel de la película corresponde a Al Pacino, debutante con Scorsese, quien interpreta al líder del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa. Vi la película en versión original, porque no quería perderme los vozarrones de estos protagonistas, y puedo decir con una mezcla de “orgullo y satisfacción” (ha quedado borbónico) que es la primera vez que entiendo a Al Pacino cuando habla. Está brillante, muestra carisma, transmite con eficacia, con poderío, y tiene su enorme presencia habitual (tamaño físico aparte). Quizás el hecho de no tener que interpretar un personaje de la habitual “intensidad” que a veces le gusta es lo que logre esa claridad en su modo de expresarse. Me encantó verle y me encantaron sus muchas escenas con De Niro, por la camaradería y lealtad mutua que se profesan, actores y protagonistas, que de eso va también el argumento.

Joe Pesci estaba retirado del cine desde 2010 con Love Ranch y fue la insistencia de Scorsese la que logró que volviera a situarse delante de una cámara. Nunca le tuve entre mis favoritos, de hecho en Uno de los nuestros me cargaba bastante, pero hay quien dice que es el mejor de los tres en El irlandés. No lo sé, no me gusta clasificar, pero desde luego, quien espere ver al histriónico de Goodfellas o Mi primo Vinny no lo va a encontrar, y precisamente en su comedimiento está el gran acierto de Pesci. Sus miradas lo dicen todo, resulta persuasivo con muy poco y nunca sabes lo que pasa por su cabeza, salvo que lo que decida será lo que finalmente se haga.

Irishman Pesci

Harvey Keitel vuelve a trabajar con Scorsese (Malas calles, Alicia ya no vive aquí, Taxi driver), pero tiene un papel menor. Los numerosos secundarios mafiosos resultan… pues eso, numerosos secundarios mafiosos, con cara de secundarios mafiosos y de los cuales nos cuentan su final nada más presentárnoslos:

Como ocurre en general en el cine de Scorsese, hay mucha testosterona y pocos papeles femeninos (¡lo siento, Frances MacDormand!), pero el de Anna Paquin, que interpreta a Peggy, la hija mayor de Sheeran, es fundamental para la última parte de la trama. Apenas habla la boca, pero igual que cuando el papel de Peggy lo interpreta una niña en sus primeros años, sus silencios y miradas son más elocuentes que sus palabras. Muestra incredulidad, rabia, desprecio, miedo y cualquier sentimiento negativo que podamos pensar. También el asco.

Irlandés Anna Paquin

La dirección

He leído en algunos medios que El irlandés es el gran testamento cinematográfico de Martin Scorsese, ¡no, por favor!, como si tras esta magna película fuera a retirarse de modo definitivo. El director tiene 77 años, pero por lo que se ve en esta película, se mantiene en plena forma. Es cierto que parece un compendio de todo lo anterior que ha hecho, y al igual que me pasó con Érase una vez en… Hollywood, la última de Tarantino, parece como si hubiera querido meterlo todo sin mesura en una sola cinta: la mafia, la amistad, la lealtad, la religión, el envejecimiento, la familia, la soledad, la comida, toda la música del mundo, la culpa y la búsqueda de la redención,… Pero lo hace de una manera absorbente, como ha hecho a lo largo de toda su carrera.

Sigue ofreciendo momentos memorables, como el miedo de la mujer de Hoffa al arrancar el coche, la llamada de teléfono de Sheeran o la bandera a media asta (o sin medias) de Hoffa, por citar solo algunos. O el desmantelamiento de la huelga de taxis, o todo ese final en busca de perdón o comprensión. O… no quiero desvelar nada.

No he encontrado todavía datos del número de planos que utiliza, pero serán muy numerosos. Según el estudioso y teórico del cine David Bordwell, Infiltrados es la película de Scorsese con los planos más veloces: 2,7 segundos de media. Le siguen El aviador, con 3,6 segundos, Uno de los nuestros y Gangs of New York con 6,7 segundos y Taxi driver con 7,3. El irlandés está repleta de planos perfectamente encadenados, fundidos o congelados, pero donde Scorsese sigue siendo un maestro es en los planos secuencia, como el del principio o el asesinato en la barbería que ni siquiera llegamos a ver.

El resultado

Al final he tardado un poco más de lo esperado en escribir este post, y durante estas dos semanas me ha dado tiempo a leer calificativos de «obra maestra» y algunos de «aburrida» o «decepcionante». Y comparaciones con algunas de las otras grandes películas del año. Leí una encuesta entre lectores en la que animaban a votar entre el Joker de Todd Philips, Érase de Tarantino y la de Scorsese. Aunque a la cabeza de la encuesta iba en ese momento el Joker, para mí El irlandés es la mejor de las tres, un peliculón enorme, aunque no sé si la gran película del año porque me quedan otras por ver (Parasites), o bien me han parecido por debajo (A marriage story).

Respecto a las comparaciones con las otras grandes obras de Scorsese sobre la mafia, he leído algunas opiniones que la situaban junto a Goodfellas (Uno de los nuestros), y por encima de Casino o Malas calles. Mi favorita sigue siendo Casino, tres horas de puro Scorsese con una de las mejores bandas sonoras de la historia, y El irlandés iría a continuación, por encima de Goodfellas, porque creo que Ray Liotta y la exageración de Pesci la sitúan por debajo de las dos anteriores (aunque el nivel siga siendo altisimo).

¿Qué quiero decir con todo este rollo? Que la veáis si tenéis oportunidad, por supuesto que sí. Puro Scorsese.

 

Bale sodomiza periodistas, por Barney

Gareth Bale golf

Puede sonar fuerte, pero así es, el galés Gareth Bale ha sodomizado al ochenta por ciento de los periodistas deportivos españoles y se ha acostado con las mujeres del veinte por ciento restante. Además, desayuna cada día pastel de carne picada realizada con los restos de los hijos de esos mismos periodistas y acosa de modo inmisericorde a la puerta de los colegios a los que han escapado con vida a sus instintos antropófagos.

Evidentemente, todo lo que estoy diciendo es falso, pero me he limitado a usar su misma estrategia, una patraña tras un titular clickbait de manual porque, ¿acaso importa la verdad cuando hablamos de periodistas deportivos? Les vemos mentir a diario impunemente y sin consecuencias, así que no veo por qué no iba a hacerlo yo sobre ellos. Lo que ocurre en España con Gareth Bale es digno de estudio en las escuelas de Periodismo, un máster exclusivo que podría titularse El uso de la manipulación y las mentiras repetidas para crear una realidad paralela.

Lo sorprendente es que a esta persecución no escapa casi ningún medio. La semana pasada sin ir más lejos, la Televisión Española, ¡la pública, la de todos!, o Culevisión Española desde que tiene el centro de emisión de deportes en Sant Cugat, dio dos noticias que uno se pregunta si merecen salir en un telediario:

  • Sobre unas supuestas declaraciones de Bale a un medio inglés, subtitulaban: «En el Bernabéu sí que saben pitar».
  • Tras la victoria del sábado frente al Espanyol, casi tanto tiempo como el propio partido lo ocupó «Gareth Bale se marcha del Bernabéu 10 minutos antes de acabar el partido».

¿De verdad no había noticias más destacables, otros partidos de primera, la victoria de la selección femenina de balonmano, la Euroliga de baloncesto, la NBA, Carolina Marín y su nueva victoria? ¿De verdad es importante saber que Bale hizo algo que está autorizado por el club que le paga y que han hecho cientos de jugadores desde el inicio de los tiempos, como reconoció el propio Zidane en rueda de prensa? Respecto a la entrevista al medio inglés me fui como siempre a la fuente, porque no me fío desde hace años de la mierda de periodismo y traducciones interesadas que se hacen aquí. ¿De verdad estando las cosas tan calientes con una parte de la afición Bale había dicho que en el Bernabéu le pitan porque sí o porque es un público que solo sabe hacer eso?

Gareth Bale chilena Kiev

Marca dio la noticia con su correspondiente versión manipulada: «He aprendido a manejar los pitos, ahora cuando pasa me encojo de hombros». Vamos, daban a entender que el Madrid se la suda, que un artículo se hace con una frase e inventando el resto, o seleccionando la frase ambigua y reinterpretándola. Esta es una transcripción de sus palabras:

«The first time it happened, it was a bit of a shock. I didn’t really know how to deal with it but, as I’ve got older and it’s happened one or two more times, you understand how to deal with it. Now, I just shrug it off. In a way, it’s a kind of respect to show that the best players get whistled if they don’t perform, which I understand. I just have to keep working hard, keep proving again to the fans what I can do and eventually the whistles do stop and you get on with your career like normal».

«La primera vez que ocurrió (los pitos) fue un poco shock. Realmente no sabía cómo manejarlo, pero a medida que cumples años, y te pasa una o dos veces más, entiendes cómo manejarlo. Ahora solo me encojo de hombros. De algún modo hay un cierto respeto al mostrar que los mejores jugadores son pitados si no tienen una buena actuación, lo comprendo. Yo solo tengo que seguir trabajando duro, seguir demostrando a los aficionados lo que puedo hacer y eventualmente los pitos pararán y tú puedes seguir con tu carrera de modo normal». Creo que no hay nada escandaloso, no ya como para que todos los medios se hagan eco de estas declaraciones, sino para que esto no sea ni noticia.

Lo que ocurre es que la prensa deportiva ha iniciado hace años una deriva insoportable hacia lo rosa, el cotilleo y el Sálvame, y el rigor que muestran los (supuestos) periodistas más escuchados o leídos es mínimo. Otra de las noticias recientes ha sido la cena de Navidad de la plantilla del Real Madrid. Marca se apresuró a decir en su portada (tras el chiste habitual del «En ese orden») que a la cena «no faltó ni Bale», dando por hecho como escribía en el interior que, puesto que llevan años contándonos que no se integra con el resto de la plantilla, no había ido nunca.

Marca 0512

Cena de Navidad

El Mundo, al que tenía por un periódico más serio, también cayó en el mismo error, dando por hecho que fue un error sin mala intención, lo cual no me creo en absoluto:

WhatsApp Image 2019-12-06 at 00.33.16

Con la falta de rigor que les caracteriza, la Cope y la SER dijeron en antena que era la primera vez en siete años en la plantilla del Madrid que Bale acudía a esta cena de Navidad, como gesto de reconciliación con el resto de sus compañeros. Creo que no escucho un programa de estos desde principios de los noventa, pero El Radio de Richard Dees puso los cortes de las barbaridades que se dijeron en esos programas (programa número 1738: enlace) y de las películas que se montaron posteriormente: «es la primera vez que va a la cena de Navidad porque nunca se ha integrado con sus compañeros»,  falta de compromiso, desapego, que sigue sin hablar español, que solo piensa en el golf,…

No van a dejar que la realidad les desmonte la película que se han montado, pero el caso es que en apenas dos minutos en Google puedes encontrar fotos como esta, de la cena de 2016, y el tipo de la izquierda se parece sospechosamente al galés:

WhatsApp Image 2019-12-06 at 00.20.42

Algunos aficionados (no periodistas, no profesionales) fueron más allá y publicaron enlaces a los vídeos de las siete cenas de Navidad desde que Bale está en la plantilla del Madrid y en todas ellas estaba el bueno de Gareth:

Vídeos Cena de Navidad

Y así con todo. El ridículo de la prensa deportiva española llega a tal nivel que en Gales se ríen abiertamente de sus mentiras. El viernes antes del partido de la selección galesa frente a Azerbaiján me tragué los diez minutos de comparecencia del jugador en rueda de prensa. En ella se ríe de los comentarios de Mijatovic, seguidos por otros medios, según los cuales Bale solo piensa en Gales, golf y el Madrid, en este orden. Bale se ríe y hace una broma acerca de aquella portada del As que titulan de manera vomitiva: Triple bogey. Bale se ríe abiertamente y dice «ponedme un albatros, no he hecho un triple bogey en mi vida». Los periodistas galeses se descojonan abiertamente. Una de las mejores cosas que tiene Internet es la posibilidad de acceder a casi toda la información de primera mano, sin manipulación:

A partir de esta rueda de prensa y hasta la clasificación de Gales cuatro días después, los aficionados de ese país comienzan con el cántico de coña que luego plasman en la famosa bandera:

WhatsApp Image 2019-11-20 at 00.11.10

Se estaban descojonando del As y el Marca abiertamente, de Mijatovic, de Castaña, Carroña, Miró y no vio, y el largo etcétera de chusma periogolfística nacional. ¿Cuál fue la respuesta de los medios? Darle la vuelta y decir que Bale se mofaba del Madrid, que «troleaba al Madrid»:

Si esto no es una persecución, que me explique alguien qué coño es esto de dar tanta relevancia a un jugador de una selección como Gales, un jugador que solo ha sido decisivo en las cuatro Champions que ha ganado el Real Madrid en sus años de permanencia en el club. Una de las teorías que he escuchado es que su problema es que no da entrevistas a los medios españoles porque no habla nuestro idioma. ¡Coño, otra falacia! A no ser que se le haya olvidado en estos últimos cuatro años, que todo es muy fácil de contrastar:

Entonces, ¿por qué esta persecución? «¡Ejke se lesiona mucho!», dicen otros. Pues eso es una desgracia para un futbolista, algo que debería provocar lástima o que nos compadeciéramos de su desgracia, y no que llevara al odio a aficionados o periodistas. De todos modos, hasta el modo de tratar las lesiones de Bale por la prensa es cuestionable. Esta temporada lleva 2 lesiones y 39 días de baja. Parecen muchos, ¿no? Sobre todo cuando la prensa lo recuerda a diario. Pero es que Marcelo ya ha tenido 4 lesiones y 52 días de baja, Modric 3 y 47, Lucas Vázquez 2 y 44, Hazard 2 y 40, más los que le quedan, Brahim 2 y 93, James 4 y 72. Menos mal que tenemos a ese portento físico que es Mendy: 2 lesiones y 65 días de baja.

Cuando ya se decía que se lesionaba mucho, en las primeras tres o cuatro temporadas había dos compañeros de plantilla que se habían perdido muchos más partidos que el galés, ¿alguno lo adivina? Seguro que no, porque la prensa no ha hablado lo mismo de ellos. Son Varane y Carvajal.

Aquí están los datos actuales de Gareth Bale: 19 lesiones, 371 días de baja y 75 partidos perdidos. Una pena.

Lesiones Gareth Bale

Varane: 16 lesiones, 421 días de baja y 63 partidos perdidos.

Carvajal: 15 lesiones, 388 días de baja y 61 partidos perdidos.

«Pero ejke Bale costó una pasta». Sí, y Hazard, y James: 23 lesiones, 408 días de baja y 63 partidos perdidos. ¿Y Dembelé? ¿Acaso se ha cebado la prensa con él, con su falta de profesionalidad o con la desgracia de acumular en dos temporadas y un tercio de la actual hasta 8 lesiones, 334 días de baja y 58 partidos perdidos? ¡Que Bale lleva cinco años más y los números son similares! ¡Y costó mucho menos que el francés!

Y si lo que preocupa al madridista medio es el coste del jugador, unido al número de lesiones, de verdad que no entiendo el grado de excitación por un tipo mucho más caro, mucho peor profesional y con muchas más lesiones en sus piernas, aparte de las varias gilipolleces que hace cada año en forma de fiestas y expulsiones: el brasileño Neymar Jr.

Lesiones Neymar

24 lesiones, 506 días de baja y 87 partidos perdidos. Recordemos que gana unos 35 millones de euros al año. Gareth Bale ni la mitad. «Ejke es el jugador mejor pagado de la plantilla». Pues según Florentino Pérez el jugador mejor pagado de la plantilla es el capitán Sergio Ramos, pero ¡qué va a saber el presidente del club si la credibilidad la tienen los periodistas!

«¡Ejke Bale pidió irse del club tras la final de Kiev!», tampoco es cierto. El que lo pidió fue Cristiano Ronaldo, trajo la pasta y se largó. Bale pidió minutos en el equipo, nada más, y que si no jugaba más se plantearía salir, y el tío lo dijo después de meter dos goles en una final de Champions. El que sí pidió irse a China y además gratis fue Sergio Ramos, pero el presi le hizo recular de inmediato.

Así con todo, llevan años dándole a Bale porque fue un empeño personal de Florentino Pérez, lo mismo que este año empezaron con Hazard o el pasado con Courtois. Unos años atrás publicaron diversas estadísticas comparando a Benzema con Morata para demandar la titularidad de este. ¡Morata!, algo tendría que ver su padre en las campañas, Alfonso Morata, antiguo director comercial de la Ser y la Cope. Recuerdo también los inicios de Cristiano cuando publicaron una serie de artículos para tratar de justificar que el Madrid jugaba mejor sin el portugués. La pena es que consiguen calar en parte del público que va al Bernabéu.

WhatsApp Image 2019-12-02 at 00.07.05

Su objetivo es atacar al Madrid y sobre todo a Florentino Pérez, a saco y sin disimulo. El periogolfismo es la leche, y sus miembros son manipuladores, tendenciosos y lo peor de todo para el gremio: ¡MENTIROSOS!

 

Amigas del Reciclaje en Piura

Quizás no haya mejor semana que la actual, con la Cumbre del Cambio Climático en Madrid, para ceder este blog a una nueva colaboradora con una historia emocionante que contar. La autora de este texto, Sara Marín, es Licenciada en Ciencias Ambientales, con un Máster en Gestión sostenible de los residuos, y actualmente trabaja como Jefa de Producción en Valoriza Servicios Medioambientales. Todo su conocimiento y su amplia experiencia, al igual que sus ganas, fueron de gran utilidad en un país como Perú en el que la gestión de los residuos es totalmente diferente. 

Imagen 8

Después de dieciséis horas de vuelo, llegamos a Piura, una ciudad al norte de Lima. Era de noche y la diferencia horaria respecto a España ya se hacía notar. A pesar del cansancio, las cuatro estábamos ilusionadas porque por fin había llegado nuestro ansiado viaje y allí estábamos, frente a la representante de Ayuda en Acción, hablando de nuestras futuras semanas de trabajo en Perú.

El 27 de marzo de 2017, Piura quedó totalmente inundada por el fenómeno del Niño, agravado por el efecto del Cambio Climático, lo que produjo que el río de la ciudad con el mismo nombre se desbordara, arrasando cada calle, cada casa, escuelas, comercios e incluso vidas humanas.

El distrito de Cura Mori, donde se centra nuestro proyecto, fue de los más castigados por este fenómeno. Uno de los motivos por los que los canales del río no pudieron hacer frente a las grandes lluvias, se debió a la gran cantidad de residuos depositados en él, haciendo que en varios puntos se obstaculizaran parte de estos canales. Cuando el nivel de alerta establecido llegó al máximo, numerosas familias fueron desplazadas a zonas seguras.

Gracias a las fundaciones Proyecto Peruanos, Centro de Estudios y Prevención de Desastres-Predes, Ayuda en Acción y la Universidad de Piura, se crearon albergues temporales para la población afectada, dando comienzo al proyecto “Reconstruyendo vidas: Nuevo comienzo de familias desplazadas en Cura Mori”, el cual cuenta con el apoyo de la Unión Europea.

Actualmente, Ayuda en Acción colabora con estos ciudadanos asesorándoles para la producción y comercialización de sus productos locales, permitiendo ingresos económicos para sus familias y favoreciendo una economía local. De este modo, existe un vivero, poseen ganados y cultivos de banano, además de un tanque de agua potable, letrinas ecológicas e incluso un pequeño molino de viento para generar energía eólica.

Tras varios días de conocer cada uno de los proyectos en los que trabaja esta ONG, a nosotras solo nos quedaba resolver una pregunta: ¿Cuál sería nuestra labor como voluntarias? Y aquí comenzó nuestra experiencia…

Los primeros días nos reunimos con la Municipalidad de Cura Mori, que en España sería lo equivalente a un Ayuntamiento. Tras varias reuniones, conocimos a sus tenientes municipales, sus líderes comunales y algunos de sus ciudadanos. Escuchamos sus historias, sus opiniones sobre la situación en Cura Mori después del desastre y nos comentaron los avances que se habían realizado. A pesar de ello, el distrito seguía rebosante de todo tipo de residuos por sus alrededores y parte de ellos se vertían en la zona del río o eran quemados, originando gases tóxicos. Parecía que nadie era consciente de que la situación que provocó que hace unos años numerosas familias tuvieran que desplazarse, siguiese vigente en ese momento, porque seguían ensuciando su apreciado distrito y contaminándolo.

Sin embargo, el día que las conocimos, nos dimos cuenta que no todo estaba perdido. Nuestras protagonistas son seis mujeres, que actualmente, siguen luchando por mejorar la situación en Cura Mori. Sus nombres son Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita. Recuerdo el día que las conocimos. Estaban muy calladas y tímidas, pero con el paso de los días nos demostraron que son unas personas maravillosas, cariñosas y muy amables, con un corazón enorme y lo más importante de todo, mujeres valientes por querer cambiar las cosas.

Cada día, estas mujeres se levantan muy temprano para realizar las tareas de la casa y cuidar de sus familiares. Cuando terminan se visten con sus uniformes y salen a la calle con una sonrisa para comenzar a recolectar los residuos de sus vecinos. La Municipalidad ha creado un sistema de recolecta donde puede colaborar cualquier ciudadano. Por tanto, el hogar que quiera colaborar está señalado con una pegatina en la puerta. Cada familia debe almacenar sus residuos hasta el día de la entrega a nuestras seis mujeres. Finalmente, las personas que participan en este sistema de recolecta son premiados por parte de la Municipalidad con un incentivo. El problema que existe es que se premia igual a una familia que haya recaudado una gran cantidad de residuos, como a otra que simplemente haya recaudado, por ejemplo, una lata. Igualmente, mediante esta práctica, los ciudadanos no están concienciados, ya que muchos de ellos nos comentaron que reciclan porque les recompensan con el incentivo.

Para recolectar, nuestras mujeres se dirigen andando a aquellas casas que tengan la pegatina, haga frío o calor, con una bolsa de grandes dimensiones que utilizan para guardar cada uno de los residuos. Las bolsas se llenan de residuos de todo tipo (latas de conservas de comida y botellas donde se almacena lejía, aceite o agua, entre otros) y cargan en todo momento con ellas a la espalda. Una vez que están llenas, las cierran con sus propias manos, con trozos de tela de ropa vieja, teniendo cuidado de no lastimarse puesto que hay residuos cortantes y oxidados.

A través del esfuerzo de estas mujeres, se reciclan gran cantidad de elementos y se evita que estos lleguen al vertedero o sean depositados en las calles o a las afueras de los municipios. Posteriormente, las bolsas son llevadas en vehículos pequeños a una nave de la Municipalidad. Cuando hay un gran número de bolsas almacenadas, estas mujeres arrojan los residuos al suelo y con sus manos desprotegidas comienzan a separar cada elemento por tipo de material. De esta forma, cada bolsa contendrá un tipo de residuo que posteriormente será vendido al reciclador. Un porcentaje de la venta le corresponderá a la Municipalidad y otro a las mujeres.

A nosotras nos sorprendió que no les proporcionaran guantes, mascarilla o botas para realizar todas estas tareas. Muchos de los residuos contenían líquidos peligrosos y lixiviados o incluso, cuando los vertían sobre el suelo, emanaban ciertos gases debido a la descomposición de los mismos. También sorprendía la gran cantidad de residuos plásticos que se generan, siendo un distrito que se caracteriza por su ganadería y donde el compost podría ser un producto local a vender.

Después de analizar todas las cosas positivas y negativas tras una semana de trabajo, nos pusimos a trabajar en las oficinas de Ayuda en Acción en Piura y junto con la ayuda de nuestros compañeros, las cuatro comenzamos a organizar un Plan de Comunicación. Este Plan promueve al máximo el reciclaje y la reutilización, incluyendo objetivos sociales, económicos y ambientales.

Por tanto, los objetivos específicos son ocho, a través de los cuales se establecen unas acciones en función de sus características. Los principales objetivos consisten en realizar una caracterización de los residuos generados en Cura Mori y un estudio de mercado para conocer las alternativas ante empresas compradoras de residuos. En este proceso se debe involucrar a las mujeres y a través de la ONG, enseñar los conocimientos adecuados para que tengan una formación empresarial y un poder de negociación. Además, es importante que tengan un nombre profesional y que se integren en las acciones de la Municipalidad para reforzar su prestigio en la Comunidad. El nombre elegido ha sido “Agente Ambiental” y la asociación se ha denominado “AMAR” (Asociación de Mujeres Amigas del Reciclaje). También creamos un logo, el cual se incorporaría en la ropa que constituye el uniforme de estas trabajadoras. Todas estas acciones son útiles para devolver la dignidad a unas mujeres cuya autoestima se encuentra un tanto afectada, tanto por su condición de mujeres en una sociedad en la que no lo tienen sencillo como por dedicar su tiempo a recolectar y tratar los residuos de sus vecinos.

Otro de los objetivos a tener en cuenta es la reorganización del sistema de incentivos, de tal forma que se haga mediante incentivos graduales y el establecimiento de un mínimo de residuos a entregar. Del mismo modo, se impondrán sanciones en función de diferentes aspectos ambientales, es decir, ruido, depósito de residuos en el suelo o quemas de los mismos perjudicando la calidad del aire, etc.

Después de ver las condiciones en las que trabajaban nuestras seis mujeres, sería necesario que les proporcionaran equipamientos de protección individual adaptado a las necesidades del trabajo y mesas adecuadas para realizar la separación de los residuos, e incluso, una báscula para pesar las bolsas llenas antes de entregarlas al reciclador.

Finalmente, de cara a un futuro, es muy importante que no solo la Municipalidad reconozca el trabajo de estas seis mujeres, sino que sus propios vecinos y ciudadanos de otros distritos conozcan el esfuerzo que requiere su trabajo y las ganas que tienen para seguir luchando por mejorar la situación de Cura Mori. Por este motivo, se decidió que sería buena idea crear un concurso en el que se premie el barrio más limpio y aquel que más residuos reciclables proporcionase a las Agentes Ambientales. También se decidió crear talleres educativos, donde se realizasen juegos para niños y jóvenes destinados al cuidado del Medio ambiente. En el transcurso de estos concursos, se aprovecharía para generar espacios de diálogo con sus vecinos, hacer publicidad de su labor como Agentes Ambientales y captar nuevas asociadas.

Durante nuestro último día en Cura Mori, tuvimos una reunión con la Municipalidad, las mujeres y Ayuda en Acción, donde les transmitimos todos los objetivos nombrados anteriormente, y les mostramos imágenes de cada día de trabajo junto a ellas. Sé que hicimos un buen trabajo, porque cada miembro de la Municipalidad nos agradeció enormemente todo el esfuerzo realizado en tan solo unas semanas. Ahora sí que estaban concienciados para que la situación en Cura Mori cambiase y estaban dispuestos a ayudar a estas mujeres en todo momento.

La noche de antes de coger el avión para iniciar nuestro retorno a España, las cuatro comenzamos a preguntamos si realmente había servido nuestro trabajo como voluntarias. Siempre sientes que es muy poco lo que se ha hecho, bien porque la estancia en el país ha sido corta o porque hay tantas cosas que cambiar que se requieren años para ver los resultados. El día de la despedida nos dimos cuenta que todo lo que habíamos hecho tenía su recompensa. Entre lágrimas en los ojos y con una sonrisa en sus mejillas, Emma, Olga, Rosa, Juana, Herminia y Margarita nos comentaron que gracias a nosotras habían vuelto a sentir confianza en ellas mismas y les habíamos dado las fuerzas que necesitaban para seguir adelante. Nadie en tan poco tiempo les había dado tanto cariño, y a nosotras nadie nos había dado tanto amor en tan solo unas semanas. Lo mismo ocurrió con nuestros compañeros de Ayuda en Acción y con los tres voluntarios que conocimos durante nuestra estancia. No solo conoces a personas, sino que creas un vínculo tan fuerte con ellas que sientes que formas parte de una familia. Clara, Flor, Jesús, Xavier, gracias por todos los momentos compartidos, un trocito de nosotras está en Piura y estoy segura de que nuestros caminos se volverán a cruzar. Maider, Ruth y Alex, muchas gracias por conseguir que este proyecto siguiera adelante, esperamos encontraros en otro voluntariado donde volver a trabajar juntos.

A día de hoy, seguimos recibiendo vídeos y fotos sobre el avance del proyecto. Han mejorado mucho las cosas gracias al apoyo de Ayuda en Acción. Las mujeres tienen uniformes nuevos, una báscula para pesar los residuos y conocimientos para saber negociar con los recicladores. Los talleres educativos fueron un éxito, los niños estaban encantados participando y jugando, y se han realizado dos concursos entre Comunidades.

Imagen 10

Es muy bonito saber que has formado parte de algo y que, gracias a tu decisión de dedicar unas vacaciones y un dinero a un proyecto de voluntariado, se ayuda a personas que lo necesitan. No solo se les ayuda durante tu estancia en el lugar del proyecto, sino en compartir momentos con ellas, hacerles ver que te importan y que has recorrido kilómetros de distancia solo para estar a su lado. Disfrutar de conocerlas y que, a la vez, esas personas te ayuden a ti, cambiando tu mentalidad y viendo qué cosas realmente son importantes en la vida.

Las cuatro sabemos que nos llevamos un regalo enorme y ese regalo son todos los recuerdos que hemos vivido, en un país diferente, con personas diferentes, en una cultura diferente, pero con objetivos comunes, luchar para cambiar todo aquello que sea necesario y conlleve una mejora.

Porque….

“Mucha gente pequeña,

en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas,

puede cambiar el mundo”

(Eduardo Galeano)

Imagen 11

Equipo de voluntarias de Ayuda en Acción en el proyecto de Piura: María Santillán O’Shea, Inmaculada Bonvehi Baro, Sara Marín Martínez y Marina Fernández Estacio.

Bendito Scorsese, por Travis

Scorsese 4 The Irishman

Uno va al cine todo lo que puede y su tiempo y bolsillo se lo permiten, pero muchas veces (y quizás más en los últimos años) hay algo de rutinario en el acto, como quien un día acude al fútbol o a una función del colegio de sus niños pensando «a ver qué me encuentro hoy». Sabes que vas a pasar un rato entretenido, pero no hay una emoción especial en el hecho en sí. Por el contrario, hay unas pocas veces al año en que vas al cine entregado, expectante, emocionado, incluso diría que con la ilusión de un niño que va a «una de vaqueros» o a la última de Star Wars, o con el hormigueo de un aficionado a la ópera cinco minutos antes de asistir a una de las grandes obras del género.

Esa sensación la provocan Martin Scorsese y muy pocos directores más. El director italo-americano acaba de cumplir 77 años y se mantiene en plena forma una década más. Ha estrenado recientemente El irlandés, un peliculón de tres horas y media con Robert de Niro, Al Pacino, Harvey Keitel y Joe Pesci en el reparto. Como para no verla.

Scorsese The Irishman

Cuando uno sale de ver una película de Martin Scorsese se siente abrumado ante la avalancha de calidad, imágenes, información y pequeños detalles (que se convierten en trascendentales) que acaba de contemplar. Si por un momento uno pensó que podía crear sus propias historias, escribir un buen guion o incluso dirigir con cierta maestría alguna de sus paranoias, al finalizar cualquier filme de Scorsese vuelves a tierra porque sabes que jamás harás algo decente a la altura de uno solo de los segundos de sus obras.

Martin Scorsese es de los pocos directores merecedores de sentarse en la mesa de los más grandes, junto a Billy Wilder, John Ford, Alfred Hitchcock o Howard Hawks, o para otros Orson Welles, Frank Capra o Stanley Kubrick, acompañado entre los contemporáneos únicamente quizás por Steven Spielberg. Uno de los motivos de mi afición por Scorsese es ese concepto de creador global, de genio capaz de conjugar en pantalla el encuadre perfecto, la mejor fotografía, una iluminación sombría o luminosa según requiera la trama, la frase adecuada, la música idónea para cada escena, el movimiento de cámara que fluye como por la vida real. Y solo lleva cinco décadas haciéndolo.

La propia consideración de director que he utilizado en este post ya se queda corta para definir su carrera, pues el bueno de Martin, o más bien el salvaje Martin, es también guionista, productor, actor ocasional y autor de magníficos documentales sobre artistas del mundo de la música. Cuando uno compara su carrera con la de otros compañeros de profesión es cuando se revela la verdadera magnitud de la misma. Francis Ford Coppola hizo algunas de las mejores películas de la historia en los setenta (El Padrino, El Padrino II, Apocalypse Now), pero su carrera no se mantuvo a ese nivel en las siguientes décadas, aunque hiciera todavía algunas obras notables (Cotton club, Tucker, El Padrino III o Drácula, aunque esta última a mí no me guste nada). Woody Allen ha sido el más prolífico, y aunque los lectores de este blog saben que está entre mis favoritos, muchas de sus obras no tienen ese acabado formal tan completo que logra Scorsese. Como lo define Billy Wilder en el libro de conversaciones con Cameron Crowe:

«Él (Woody Allen) no hace películas, hace pequeños episodios. En cierto modo, ni siquiera sabe montarlos. Tiene diálogo mientras dos personas andan y andan, hablando sin parar, cosas divertidas. Son metros muertos de película, no sé si me entiende. La cámara les sigue todo lo que puede, se acaban los rieles de madera sobre los que avanza, y los personajes siguen hablando y caminando. Sí, es un tipo muy astuto, muy listo, pero preferiría que no actuara».

Si ponemos en la comparación a Scorsese con otro director que provoca igual o mayor devoción por sus películas, Quentin Tarantino, vemos que este solo ha rodado nueve películas hasta la fecha, algunas de un nivel considerablemente inferior a las que han convertido su nombre en uno de los más reconocidos en la actualidad. Cuando escucho a colegas o a críticos alabar el uso que hace Tarantino de la música o las canciones en sus obras, siempre remito a mis amigos a Scorsese: «Mirad Casino, o sobre todo, escuchadla».

Scorsese 1

Acaba de estrenarse El irlandés, magnífico peliculón, ahora mismo no sé si lo mejor del año para el que esto escribe, pero de ella hablaré próximamente porque creo que se merece un post entero. Hoy me apetecía hablar de la carrera del director porque El irlandés, a lo largo de sus más de doscientos minutos de metraje, es como una recopilación de todo aquello que le ha hecho tan grande. Desarrolla dos de las mayores influencias que marcaron su infancia en Little Italy: la mafia y la férrea educación católica. Y muchos de sus temas habituales, como la amistad mezclada con la conveniencia, la profesionalidad, la lealtad que lleva al ascenso dentro de la organización, la importancia de la familia, dentro de ese concepto tan particular de familia italoamericana, la violencia como mejor método para resolver problemas,… Y la comida, gente comiendo bien, apreciando lo que come y lo que bebe. Y música, muy buena selección de canciones, toda una historia de lo mejor de las décadas en las que transcurre la historia. Y la ambientación, y la fotografía, y los flashbacks, y… y… y… todo.

Scorsese ha sabido rodearse siempre de los mejores y elegir a los profesionales adecuados para cada rol. Es mejor director que escritor, pero sobre todo es un gran catalizador de todos esos talentos de los que siempre se rodea al servicio de su historia. Tiene una habilidad especial para la dirección de actores, y aquí sí digo actores no en sentido genérico, sino masculino, porque son muchos más los actores que las actrices con grandes papeles a lo largo de su dilatada trayectoria. Ha trabajado con los mejores: Paul Newman, Daniel Day Lewis, Leonardo di Caprio, Jack Nicholson, Willem Dafoe, Tom Cruise, Liam Neeson y por supuesto, y en repetidas ocasiones, con el elenco de El irlandés.

Scorsese 2

En esta ocasión vuelve a reunir a De Niro, Keitel y Pesci y nos cuenta mediante una voz en off sus «hazañas», como hiciera desde los orígenes de su carrera en Malas calles, allá por 1973. En aquella película escribió también el guion, pero al no ser su punto fuerte lo normal es que Martin Scorsese deje la escritura para un guionista contrastado, y lo más que llega a hacer es figurar como coautor (Casino, Uno de los nuestros, La edad de la inocencia, Silencio). Durante la época más salvaje de su carrera contrató a Paul Schrader y fue capaz de poner orden en sus locuras y rodar algunas de sus mejores obras, como Taxi driver y Toro salvaje, y otras arriesgadas como La última tentación de Cristo y Al límite. La colaboración con Schrader, un tipo totalmente enajenado en aquellos años, enfangado en las drogas, supuso que Scorsese cayera también en las adicciones durante una buena parte de su vida. Para El irlandés, Scorsese encargó la escritura del guion a Steven Zaillian, con quien ya trabajó anteriormente en Gangs of New York. Steven Zaillian es un guionista contrastado, ganador del Óscar por, ni más ni menos que La lista de Schindler.

Scorsese 3

En cuanto a la fotografía, una de las claves para que Scorsese componga estas obras oscuras como la Nueva York de Taxi driver o luminosas como Las Vegas de Casino, tenebrosas o de una estética interesadamente kitsch, el director trabajó con directores de fotografía como Michael Chapman (Taxi driver), Michael Ballhaus (Infiltrados, Uno de los nuestros, After hours) o Robert Richardson (Shutter Island, Casino, La invención de Hugo, El aviador), habitual en las películas de Tarantino. En El irlandés repite con el mexicano Rodrigo Prieto, con el que ya trabajó en El lobo de Wall Street y Silencio. Rodrigo Prieto se dio a conocer con varias de las primeras obras de Alejandro González Iñárritu (21 gramos, Amores perros, Babel, Biutiful) y con la nominación al Óscar por Brokeback mountain, de Ang Lee, y Scorsese ha sabido encontrar en él el artista capaz de cubrir toda la variedad de estilos que requería esta historia que se desarrolla en varias décadas.

Y qué puedo decir de la banda sonora. Scorsese no solo es un cinéfilo empedernido, sino también un melómano con amplísimos conocimientos, como ha confesado varias veces. Cada pieza encaja a la perfección y te conoces hasta los temas que no conoces, porque cada canción encaja en la época que se narra. Robbie Robertson, el músico canadiense que colaboró en la recopilación de todas las melodías que acompañan la película afirmó en una entrevista que «tratábamos de descubrir un sonido, un ánimo, un sentimiento, que pudiese funcionar a través de todas las décadas en las que se ambienta la trama». Lo consigue, ¡por supuesto que lo consigue!

Todo el torrente de ideas, talentos, ambientación, actores en plena forma, movimientos de cámara, escenas inolvidables, requieren una persona especial para cortar y dar forma en la sala de montaje. Repite, cómo no, la colaboradora habitual de Scorsese desde hace décadas, la montadora Thelma Schoonmaker. De origen argelino y a punto de cumplir ochenta años, trabajó con Scorsese ya en 1967 en el montaje de su primer largometraje, Who’s That Knocking at My Door, uno de los pocos que no he visto. En esta ocasión el montaje no ha impedido que la película se vaya por encima de las tres horas, pero si te gustan los goodfellas de Scorsese, no te sobra ni uno.

Scorsese 5

Peliculón. Sobre El irlandés me extenderé en breve, aún sigo asimilando todas las ideas que deja. Bendito Scorsese que hace que ir al cine siga siendo una puñetera maravilla.