La vuelta al mundo en 80 libros (II), por Lester

La primera parte de esta vuelta literaria al mundo comenzó como un elogio de la lectura por placer, representada de la mejor manera posible en los libros de Julio Verne y siguió con una recopilación de libros y viajes por el mundo, libros escritos en su mayoría en el siglo XIX por autores que buscaban narrar aventuras o mundos nuevos. Nada de complicadas virguerías literarias ni estructuras gramaticales imposibles a lo largo de cientos de infumables páginas.

Sin embargo, parece que conforme nos hacemos mayores nos obligamos a dejar de leer libros por el mero placer de hacerlo para tratar de digerir libros «imprescindibles» que en algunos casos pueden llegar a ser infumables. Sigue leyendo

Nuevo Reglamento de la Federación Culé de Fútbol, por Barney

Artículo Único del Reglamento de la F.C.B. (Federación Culé de Balompié): en caso de duda se pitará lo que favorezca al Barça y/o perjudique al Real Madrid.

Confieso que he tenido que acudir a este Reglamento de la Federación Culé para poder explicar las normas del juego a Ziang, un amigo chino. Es un tipo que se ha aficionado al fútbol en los últimos años, pero que no tenía ni idea del juego hasta la treintena y se le notan las carencias. Sigue leyendo

La La La porra de los Óscar 2017 (Travis)

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Seguramente a muchos ni les va ni les viene, y la mayoría apenas habrá visto un par de películas candidatas, pero es tal la promoción que hace el cine americano de sus obras y sus premios que cuando llegan los Óscar nos encanta hacer nuestra apuesta, nuestras quinielas particulares o un grupo de WhatsApp llamado «La Porra de los Óscar». Pues aquí no íbamos a ser menos, separando la apuesta «racional» (la que los periódicos nos dicen que tiene todas las papeletas) de la emocional, audaz o sin sentido. La denominaré «la apuesta chorra». Sigue leyendo

«¿Por qué? ¿Por qué?», o cuando Mou se transmutó en Barney (2ª parte)

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Tiene gracia, parece como si alguien hubiera leído la primera parte de este asunto y me quisiera quitar la razón. Preguntaba entre otras cosas por qué no se podía pitar penalti en contra del Barça, expulsar a un jugador culé o por qué los árbitros eran tan permisivos con Suárez, y apenas unos días después, en la semifinal de Copa contra el Atleti, tuve la suerte de ver dos expulsiones y un penalti en contra del Barça. Increíble, pero cierto. Y sin embargo, la sensación general del mundo del fútbol fue que se había cometido un atraco en toda regla contra los colchoneros. Así que surge la cuestión:

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¿Por qué cuesta tanto ganar en el Camp Nou?

El Dato: ya lo vimos con el Atleti hace unos días. ¿Que se expulsa a un jugador del Barça? A los dos minutos echan a uno del Atleti. ¿Que peligra la eliminatoria? Se anula un gol descaradamente o se deja un penalti flagrante sin pitar.

Según algunos medios, el Madrid llegó a estar 20 años sin ganar en el Camp Nou, desde 1983 (goles de los míticos Juanito y Santillana) hasta 2003 (goles de los no menos míticos Roberto Carlos y Ronaldo). El dato no es cierto, pero en cualquier caso no dejaba de ser sorprendente, teniendo en cuenta que por allí habían pasado grandes equipos del Madrid, como la quinta del Buitre y Hugo, o el Madrid de las 3 Copas de Europa (1998, 2000 y 2002). 20 años es mucho tiempo.

B. (de Barcelonista, Bartomeu o Bocachanclas, pero nunca de Barney): el Madrid sale a este gran estadio acomplejado, porque el ambiente es único, porque intimida al rival y porque cuesta jugar contra el millor equip del món.

M. (de Madridista, Mourinhista o Meparto-cuando-veo-a-culés-quejándose): antes de nada voy a corregir el dato. El Madrid ganó 3 veces en el Camp Nou a lo largo de esos 20 años:

  • 0-1 en la Supercopa de España en 1990.
  • 1-2 en la Copa del Rey en 1993, en un gran partido de Luis Enrique y jugando con 10 durante una hora. Este desgaste fue clave para que el Madrid perdiera la Liga en Tenerife cuatro días después, tras un mal partido apoyado por la ceguera de Gracia Redondo.
  • 0-2 en la Copa de Europa de 2002, con goles de McManaman y Zizou.

Lo que el Madrid no hizo fue ganar en Liga durante ese período. La mayoría de las veces fue, efectivamente, por jugar malos partidos, pero hubo otras que fueron… en fin, cómo definirlo sin clavar los dedos en el teclado, «sospechosamente inverosímiles». O como dijo el Cholo Simeone tras el atraco de Copa: «felicito al Barça por manejar todo muy bien«, o «tengo claro por qué tenemos siempre más opciones en Champions que en la Copa o en la Liga«.

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Para ganar en el Camp Nou no basta con jugar bien y mejor que el Barça, como se vio esta temporada, sino que además hay que luchar contra ese entorno culé que, como dice el Cholo, lo maneja todo muy bien. Este año sin ir más lejos se vio cómo el Madrid salvó en el descuento un partido que tenía perdido, pero en el que sin embargo fue mucho mejor que su rival y tenía que haber llegado al descanso con dos o tres goles de ventaja. Se cumplió la tradición según la cual el Barça no pierde cuando es Clos Gómez quien dirige la contienda.

La temporada pasada el Madrid consiguió vencer contra pronóstico un partido en el que tuvo todo en contra: el Barça era feliz con sus 10 puntos de ventaja (viento en popa hacia el récord de penaltis a favor en Liga) y todo le sonreía, Piqué era el rey del Periscope y el Madrid estaba hundido. Para colmo se quedó en inferioridad numérica, un clásico en el Clásico.

clasicoY sin embargo venció contra los 11 del Barça y el arbitraje lamentable de Hernández Hernández. El Madrid se rehízo en Liga, acabó ganando la Champions y Piqué no volvió a hacerse el graciosillo en Giliscope.

Aún hubo algún descerebrado (dicho con todo el sentido, «sin cerebro») que se quejó del arbitraje. Después del gol anulado a Bale, que es de esas cosas que no son errores. Fue tan inverosímil como el penalti pitado al portero del Betis Adán por despejar de puños el balón. Llevo muchos años viendo fútbol y esta jugada (con 0-0 en el marcador, conviene destacarlo) es de lo más vergonzoso que he visto en mi vida.

A mí no me molestan algunos errores, como por ejemplo el gol de Suárez en el Clásico, porque son muy difíciles de ver (16 centímetros después de usar un montón de cámaras). Puedo entenderlo. Lo que me cabrea de verdad son todas esas acciones que no son errores, que sí ha visto el árbitro y no se ha atrevido a señalar. Y en esos 20 años sin victorias en Liga en el Camp Nou hubo muchas.

Al final nos quedamos con el marcador, los goles y algunos detalles, como que el Madrid empató este año en el descuento. O que Raúl silenció al Camp Nou en 1999 en una de las imágenes más recordadas de la historia de la Liga, pero lo que la mayoría olvida es que en aquel partido el colegiado Díaz Vega no tuvo cojones (porque lo vio) de expulsar a Sergi por sacar el balón con la mano en la raya de gol. ¿Penalti y expulsión en la primera parte? Ni en sueños:

Desde hace años siempre que juega el Madrid en Barcelona ocurre algo, por eso es tan difícil ganar allí. Ocurrió también en aquella eliminatoria de Copa de 2012 en la que el partido acabó 2-2 y con el Madrid a un gol de la clasificación, sin duda, uno de los mejores días de la escuela culé de teatro. No puede ser que todas las jugadas dudosas acabaran del mismo lado. Una sola, Teixeira, una sola hubiera bastado para cambiar el signo.

O un año después, en la Liga de 2013, en la que se cumplió otra máxima, y es que Mascherano no hace penaltis nunca nunca, jamás de los jamases:

Otras veces el Madrid sale acobardado, como el famoso día del 5-0 cuando Mou era entrenador, pero incluso ese día el partido podía haber sido distinto si no se hubiera concedido el tercer gol en fuera de juego, o si con 2-0 se hubiera pitado este «penaltazo» de Víctor Valdés que hubiera supuesto su segunda tarjeta:

En fin, para qué insistir. Cuesta mucho ganar en el Camp Nou porque el Barça es un gran equipo, y porque hay que saber manejar todas esas circunstancias que definiera el Cholo, todo ese entorno de un equipo que representa como nada ni nadie el espíritu de la Cataluña enfrentada al «centralismo y la caverna mediática» (me parto).

¿Por qué dicen que el Barça es «mès que un club»? barca

El Dato: el lema nace a finales de los sesenta para expresar que el Fútbol Club Barcelona representa mucho más que un equipo de fútbol. Representa el sentir de muchos catalanes que reclaman su sitio frente a Madrid y frente al Madrid como su exponente de dominio deportivo.

Algunos exaltados llevan a identificarlo directamente con la nación catalana, despreciando a los demás clubes, como el Sabadell, el Nástic o por encima de todos, el Español o Espanyol de Barcelona.

B.: el Barça representa lo mejor de Cataluña frente al Estado español represor, centralista y autoritario, ese Estado que no deja de hacer trampas para favorecer al Madrid, ya desde la época de Franco. El Barça es más que un club porque se opone con su humildat y sus valors al poder de Madrit, que llega hasta nuestros días, como se ve por ejemplo en la manipulación de los sorteos.

Pero no nos gusta mezclar deporte y política, como hacen otros.

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M.: ja, ja, ja,… perdón, me sigo riendo de la foto esta y «la hora catalana». El Barça representa perfectamente a una buena parte del catalanismo, concretamente al victimista. Al catalanismo manipulador capaz de alterar la Historia y contar a los suyos una falacia inverosímil. El mismo catalanismo manipulador de sus dirigentes políticos, los cuales, si están imputados (Pujol, Mas, Homs), igual que los presidentes del Barça (Rosell, Laporta, Núñez), es por la persecución de Madrid, nunca jamás por sus delitos.

ibrahimovicPero no hay que mezclar política y deporte, aunque los partidos se conviertan en la fiesta de la estelada, y luego los dirigentes del club afirmen no estar detrás de la campaña. Mentirosos y cobardes, ¿o fue una casualidad que los líderes de los movimientos impulsores de dicha campaña se sentaran en el palco?

Y no hay que mezclar política y deporte, aunque las últimas finales de Copa se hayan convertido en el festival del independentismo y la pitada a la Corona.

Si ha habido un equipo favorecido en los sorteos, con las estadísticas y el ránking UEFA, ha sido el Barça. El problema es que algunos miden la calidad de los equipos en función del rival. El City era un equipo indigno de Champions tras caer contra el Madrid y sin embargo, cuando jugó contra el Barça cuatro meses después era «el mejor partido que se puede ver». El PSG solo es uno de los grandes de Europa cuando juega contra el Barça, y supongo que uno de los mejores de la historia después del 4-0 de esta semana. «Ya sabemos cómo funciona esto», que diría Piqué.

El Barça ha contado numerosas veces la historia del franquismo y su relación con el Madrid, hasta el punto de creérsela, cuando si hubo un equipo ayudado durante la dictadura fue el suyo. Jamás lo reconocerán. tad

No solo con Franco. Si ha habido un equipo ayudado por las instituciones durante décadas, ha sido el Barça. Igual que los madridistas somos capaces de reconocer que fue vergonzoso mantener tantos años a un antibarcelonista como Plaza al frente del Comité de Árbitros, ellos podían reconocer ciertas cosas del Villarato o la UEFA.

A finales de 2015, con la cagada Cheryshev, el Madrid tocó fondo. Escribí aquel post titulado «Un equipo irreconocible«. Pero incluso en aquel momento, se podía haber repescado al Madrid para la Copa con el reglamento en la mano. Yo no hubiera estado de acuerdo, pero existían precedentes y dudas razonables sobre la interpretación. Sin embargo, se presionó desde el Consejo Superior de Deportes, con el culé Miguel Cardenal al frente, para que no se aceptara el recurso del Madrid.

No puedo dejar de recordar el vergonzoso artículo Orgullosos del Barça, escrito por el secretario de Estado para el Deporte. Me gustaría preguntarle al ministro Montoro si él también se siente orgulloso de un club que ha sido capaz de juntar a tantos condenados por delito fiscal.

El Barça es mès que un club, seguro que sí. Pero parafraseando a Groucho, yo no sé si querría ser socio de ese club que admitiera como socios a Laporta, Rosell, Guardiola, Núñez, Stoichkov y un largo etcétera.

¿Por qué los medios destacan tanto al Barça y atacan al Madrid?

El Dato: el Barça ha sido el claro dominador de las competiciones españolas en la última década, y ha ganado cuatro copas de Europa desde 2006, anotando goles con gran facilidad.

posesion-oportunidadesB.: el Barça ha jugado como nadie en los últimos años, con un estilo único e inconfundible, marcando goles a cientos y dando un espectáculo inigualable.

M.: el Barça ha dominado… en posesión de balón, pero esto del fútbol consiste en chutar a puerta y marcar goles. Es la herencia del estilo de Guardiola. Según este gráfico (@MaketoLari), la posesión de balón no significa generar ocasiones. El Madrid chuta bastante más teniendo menos el balón.

Hace un mes el City de Guardiola perdió 4-0 contra el Everton, pero tuvo un 71% de posesión de balón. ¿Para qué? Para lo mismo que el Bayern de Guardiola cuando perdió 5-0 las semis de 2014 frente al Madrid. Más del 70% de posesión, cero goles. Sin embargo, este tipo de juego gusta a los periodistas, aunque en ocasiones, cuando no tienes a Messi en tus filas, ver cómo un córner a favor termina echando el balón hacia atrás hasta tu propio portero es un auténtico coñazo.

«Pero al menos tuvimos la posesión». Esta frase sonó ridícula por boca de Xavi Hernández tras caer eliminados por el Bayern por un marcador global de 7-0. Pero es lo que gusta a los medios, a esos tipos tan embobados con el juego de los de Guardiola, que alcanzaron las enormes y meritorias cifras de 105, 98 y 95 goles en sus tres primeras temporadas victoriosas. Grandes cifras, aunque muy lejos de los 121 goles del equipo «mezquino» del «cicatero» Mourinho.

Lo de siempre. En su día quisieron llamar dream team a un buen equipo cuyos números fueron muy inferiores a los del Madrid de la Quinta del Buitre o al Milán de Sacchi y Capello. Pero por la razón que sea, a los periodistas les gustaban más los finales de liga apretados (atracos de Tenerife y el penalti de Djukic) que las ligas que ganaba el Madrid sobradísimo. Y recuerdo cómo algunos babeaban con los tres delanteros de ese Barça que llegaba a los 91 goles en su mejor temporada, mientras criticaban al Madrid de los cinco defensas que a duras penas lograba ¡107 goles!

Pero es lo que tiene el periodismo actual: su partidismo. Qué le vamos a hacer. Últimamente he empezado a ver los partidos con los comentarios en inglés o acento mexicano, porque llevaba mal escuchar a tanto culé con un micrófono en la mano. Y leer a algunos otros periodistas, como Alfredo Relaño, que se han vuelto antimadridistas por sus litigios judiciales con Florentino Pérez.

¿Por qué nos gusta tanto el baloncesto?

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Por días como hoy, por torneos como la Copa del Rey. Por jugadores como Llull y Luka Doncic. Por este Real Madrid. Enorme, grandioso.

 

Montoro miente, por Josean

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Montoro miente, y miente bastante. Miente con tal desparpajo que ha conseguido una extraña unanimidad de contribuyentes, autónomos, empresas grandes, empresas pequeñas, comunidades autónomas, oposición e incluso compañeros de su propio partido: no le aguanta nadie. Sigue leyendo

Tostones ochenteros, por Travis

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Desde hace un tiempo, tengo la sensación de que se idealiza todo lo hecho en los años 80, especialmente en el mundo del cine o la música, como si todo lo anterior o sobre todo lo posterior no tuviera el mismo valor artístico, o como si en esa década se hubiera vivido un boom cultural único en la Historia. Sigue leyendo

«¿Por qué? ¿Por qué?», o cuando Mou se transmutó en Barney (1ª parte)

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¿Por qué no se puede pitar penalti en contra del Barça?

diapositiva1 El Dato: en los últimos 64 partidos de liga, ¡64, casi dos ligas!, al Barça solo le han pitado un penalti en contra.

B. (de Barcelonista, Bartomeu o Bocachanclas, pero nunca de Barney): el Barça es un equipo que domina el juego, la pelota, el rival apenas pisa nuestro área. Sigue leyendo

La vuelta al mundo en 80 libros (I), por Lester

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Recientemente mi hija ha tenido que leer La vuelta al mundo en 80 días y preparar un trabajo sobre el libro y sobre Julio Verne. Cuando me lo dijo, visiblemente agobiada por la longitud del trabajo, me ofrecí a ayudarle de modo más que interesado:

– Me encanta ese libro, era uno de mis favoritos, ya verás qué divertido es. Me lo voy a volver a leer Sigue leyendo

La diversificación del riesgo, por Josean

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Cap. IV del libro no escrito Grandes errores de las escuelas de negocios

Hace tiempo escuché al Director Financiero de una gran compañía una frase que incorporé desde entonces a mi repertorio particular: «diversificar riesgos no significa perder dinero en varios sitios». Me la apunté y no dejo de soltarla en reuniones cuando oigo a alguien plantear una inversión compleja y de dudoso éxito, cuando veo las incertidumbres que me provoca y «ese alguien» solo es capaz de justificar la rentabilidad de la misma como «un modo de diversificar el riesgo».

El concepto «diversificación de riesgos» se asociaba tradicionalmente al ahorro y a los distintos productos en los que invertir ese excedente. «No pongas todo en acciones de tal compañía, por si la cotización se va al garete», o «no lo metas todo en bonos de tal país, o en dólares, porque el ciclo económico se presenta complicado y puedes acabar perdiendo parte de tus ahorros».

En cierto modo, repartir los huevos en varias cestas, o los ahorros en varios productos financieros supone asumir un pequeño grado de ignorancia o nuestro desconocimiento/desconfianza del mercado: «reparto mi pasta en diez sitios, porque aunque sea por probabilidades acertaré en la mayoría». O bien: «sé que la voy a cagar en algún sitio, y que alguno de estos productos derivados posiblemente sea una estafa, pero… malo será que lo sean todos. Así que lo reparto entre una inversión inmobiliaria en Levante, o en acciones de esa promotora que tanto construye, esa caja de ahorros de más de cien años de vida, un derivado financiero del que no entiendo nada pero el tipo que lo cuenta parece un frikigenio brillante, esas acciones preferentes y un nuevo producto complejo basado en índices absurdos». Para eso, pon tu pasta en el casino. O vente al club de los amarrateguis.

Pero a mí realmente de lo que me interesaba hablar hoy es de la diversificación del riesgo desde el punto de vista de las compañías que con la crisis se han visto obligadas a cambiar su estrategia empresarial. Y no sé si por desconocimiento o porque «hay que hacer algo», se han volcado en salir al exterior. «Hay que internacionalizarse». En ocasiones, de cualquier manera, «porque tenemos una actividad muy concentrada en España y así diversificamos el riesgo en varias zonas geográficas». O porque nuestros competidores lo han hecho.

Si levantas la mano en esas reuniones y dices «sí, pero recuerda que ellos abrieron oficina en Perú hace seis años» o que «han tardado cuatro años en tener su primer contrato en Costa Rica», así que «yo no pondría nada en el plan estratégico en los próximos tres años».

– Ya está el aguafiestas. Hay que ponerlo porque hay que ponerlo, porque lo piden los accionistas, ¡que nos vamos a internacionalizar!, así que venga, pon 2 millones en 2017 y 3 en 2018. ¿Te parece mucho poner 5 en 2019?

– Bueno, ya puestos -contesto-, y con esas tasas de crecimiento previstas, pon 10. O mejor, 20. Pon que contratamos la reconstrucción de Haití o la retirada de escombros de Siria, que si es por poner, yo tengo mucha imaginación.

A veces tengo la sensación de que lo que realmente se pretende es justificar el sostenimiento de algunas estructuras en grandes empresas: oficinas centrales sobredimensionadas, salarios de jefes a los que se reconvierte en Directores de Internacional aunque no hablen ni papa de inglés, o departamentos de Ofertas que tienen que seguir dándole a la máquina de licitar con la misma dedicación que el churrero de la furgoneta de la esquina.

Es cierto que la licitación pública en España se ha ido al garete, con un desplome aproximado del 80% respecto a los niveles previos a la crisis, y ante esa situación las empresas pueden optar por ajustarse a esa realidad nacional, por ampliar su cartera de productos o servicios, o por salir al exterior. Pensando en una inversión a largo plazo,… o sin criterio, como están haciendo tantas. Porque el error no es «diversificar el riesgo», o «internacionalizarse», sino pretender que funcione a corto plazo cuando es una estrategia de muy largo plazo. Sembrar ahora, cambiar de sector, de actividad, invertir en varios países de los que además se desconoce la legislación, la fiscalidad, el modo de contratar (y los peajes que pagar), y pretender recoger los frutos en el corto plazo es el error. A veces se desconocen hasta las limitaciones para la repatriación de beneficios. ¿Dónde quedó el «zapatero, a tus zapatos»? riesgos-2

Pero la rueda sigue girando, algunos justifican sus puestos de trabajo porque están trabajando en una oferta para una acojoinstalación en Omán y a otros se les envía a abrir una oficina comercial en Colombia con la esperanza de que contrate «algo». Automáticamente se les reconvierte en country managers, y si la empresa matriz pone la suficiente pasta lo que pillan no son contratos sino enfermedades venéreas.

He tenido algunas experiencias profesionales que tacharía de «hilarantes» si no fuera porque derrochar dinero me cabrea tanto como si fuera mío. Ya digo de antemano que «no hay nada que un ingeniero no pueda hacer», como he oído decir más de una vez a destacados miembros de este colectivo (también oí a otro muy simpático que decía que «no hay nada que un ingeniero no sea capaz de estropear»). Así que recuerdo una vez que un concurso en un país de Oriente Medio se había repartido en 10 lotes megamillonarios. En plena fase de estudio del concurso tuvimos una reunión con esos intermediarios que siempre aparecen en estas ocasiones (todos son o conocen al primo del Rey, del emir o del primer ministro). Te dicen que el Rey tiene un millón de hermanos y primos y te lo crees porque los «enlaces comerciales» con acceso directo a un primo del sultán o del Rey proliferan como las setas en época de setas.

En un momento dado de la reunión, el intermediario preguntó:

– ¿A cuántos lotes pensáis presentaros?

– A todos -dijo con seguridad nuestro Director.

Al intermediario se le escapó una visible carcajada. Ninguna empresa, ni las alemanas o americanas más potentes, tenían recursos humanos ni financieros para presentarse a más de dos o con suerte tres lotes, pero allí estábamos nosotros, sin apenas experiencia internacional, poniendo nuestros huevos encima de la mesa y diciendo que íbamos a por todo. A nuestro Director le faltó decir «yo soy español, español, español, e ingeniero, ¡puedo con todo!»

En otras ocasiones me ha tocado analizar modelos financieros que no han tenido en cuenta «pequeños detalles» como el tipo de cambio en un contrato a 25 años en un país con una reserva débil y pagos fijos en euros todos los años. Recuerdo otro modelo de negocio cuyo principal ingreso estaba vinculado al precio de venta del petróleo y a mi pregunta:

– ¿Cómo habéis considerado el precio del barril? ¿Con futuros, o con opciones de compra? ¿Algún seguro?

– No, está puesto fijo. riesgos-4

– ¿Los diez años? ¿Sin variación?

– Sí, pero no te preocupes que nos hemos cubierto, está considerado a 75 dólares el barril.

¡Que no me preocupe, dice! Menos mal que el proyecto no salió adelante, porque de eso hace tres años y el barril de petróleo ni se ha acercado a esos precios. Es que «eres un aguafiestas, el modelo tiene una TIR del 22%». Pá ti, te la regalo, amigo ingeniero.

Con estos ejemplos pretendo contar que en ocasiones «no tenemos (me incluyo) ni pajolera idea» pero en las direcciones de las empresas quieren hacernos creer que podemos con todo. Que hoy podemos ser fabricantes de conos de helado en Valencia y mañana vendedores de palomitas en Rumanía. Que podemos desmontar el chiringuito de la noche a la mañana y abrirlo en la otra parte del mundo, siendo rentables desde el primer día. Y no es cierto.

La internacionalización de las empresas españolas parece que es un éxito, al menos para las que empezaron hace ocho o más años. Pero si os fijáis en las noticias, las cifras que aparecen son siempre de cartera o facturación, pocas veces de resultados. Y cuando aparecen resultados son problemáticos, muy negativos, como el canal de Panamá o el AVE a La Meca. Llevo años haciendo la misma pregunta a amigos y colegas de mi mismo gremio:

– Pero, ¿vosotros ganáis dinero fuera?

Respuestas típicas: «Bueno», «en algún país sí», «en la mayoría es un desastre», «en Mordor nos estafa el socio», «nuestro country manager de Minas Tirith se lo llevaba crudo y nos engañaba con las cifras», «en Hobbiton se gana mucho pero no nos dejan sacarlo del país».

Hace meses estuve en dos conferencias muy interesantes. La primera, sobre apoyo a las empresas españolas en la internacionalización y casos de éxito. La directora financiera de una empresa con filiales en 8 países confesó los años y años que les había llevado tener una situación medianamente estable y solvente en la mayoría de esos sitios. En otros habían abandonado con grandes pérdidas. Los pasos eran lentos, primero como socios minoritarios, luego con joint ventures, más tarde como sucursal en el país. Y casi siempre con comisionistas de por medio, y aprendizajes a base de batacazos.

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La segunda conferencia era de Apple y en ella contaron un hecho que desconocía por completo, pero que era todo lo contrario a la diversificación de riesgo. Hace unos quince años Apple vendía 212 productos diferentes. La cotización bursátil estaba plana y Steve Jobs y los suyos decidieron dar un giro completo. Descartaron la mayoría de los productos y se concentraron en apenas cinco. Eso sí, tratarían de ser los mejores cinco productos del mercado, cada uno en lo suyo. La gráfica de la evolución de la compañía es brutal desde entonces. Y la historia de éxito continúa.

Todo el post de hoy es para decir que si sabemos hacer algo, y en ese algo somos punteros, y conocemos además nuestro mercado, los esfuerzos deben centrarse en mejorar nuestra eficiencia, en ser más competitivos para ser capaces de mantener o incrementar nuestra cuota de mercado. Pienso que eso será más útil que meterse en aventuras repletas de incertidumbres en países de los que desconoces el nombre de su capital, el idioma o si son una democracia.

Cara Josean

Cap. I. La falacia del ebitda

Cap. II. El apalancamiento, ese engañoso eufemismo.

Cap. III. El jodido desapalancamiento.

Rogue One y el nacimiento de la princesa Leia, por Travis

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Ya ha pasado casi un mes del estreno de la última historia de Star Wars, Rogue One, así que difícilmente puedo aportar algo nuevo que no se haya dicho ya en artículos, blogs, podcasts frikis (me encantan, he oído alguno de 5 horas) o conversaciones con colegas. Tranquilos los que no la hayan visto, que apenas voy a hablar del argumento hasta el final del post. Y el que no quiera saber nada de nada, de absolutamente nada, de esta Rogue One que no lea los párrafos en azul.

Comienzo. A pesar de ese mes transcurrido, no puedo pasar por alto esta nueva película de la saga galáctica favorita de este bloguero, y menos después de lo sucedido con la muerte de Carrie Fisher, nuestra princesa Leia de los ochenta. Fui a ver Rogue One el 24 de diciembre, y apenas unas horas antes de entrar al cine supimos del infarto que había sufrido la actriz en pleno vuelo. En aquel momento Carrie Fisher parecía estable y que podría sobrevivir, pero ya vimos que no, que para ella, para su madre Debbie Reynolds, y hasta para George Michael, aquellas fueron sus Last Christmas. De nada sirvieron los mensajes que poblaron las redes, casi todos con ese lema que acompaña a mi generación desde hace décadas: “Que la Fuerza te acompañe”.

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Rogue One, la película

Yo creo que muchos aficionados a la saga teníamos miedo a esta película y a la intromisión de Disney en este universo que nos hemos «apropiado» de mala manera. La película, dirigida por Gareth Edwards, vendría a ser un Episodio  III y medio, mucho más cerca, eso sí, del Episodio IV (que arranca con la captura de la princesa Leia por Lord Vader) que del III (la conversión definitiva de Anakin en Darth Vader y la separación de los gemelos Leia y Luke al nacer).

rogue-one-7Rogue One está bastante bien, joder, puedo decirlo sin ambages. La historia funciona, es entretenida, tiene algunos elementos del Episodio III que encajan perfectamente y sobre todo nos sitúa directamente en el universo Star Wars más reconocible, que es el de la mítica “guerra de las galaxias”, años después rebautizada para muchos de nosotros como Una nueva esperanza (me niego a usar este título).

Rogue One tiene varias fases. Un principio que me gusta, porque sitúa el conflicto desde el primer minuto, una parte intermedia que me aburre un poco, y un final apoteósico, de unos cincuenta minutos de gran intensidad y puro espectáculo. Así como a El despertar de la Fuerza se le reprochaba que no arriesgaba, que era demasiado complaciente con el seguidor tradicional y no aportaba escenarios nuevos (un desierto, un bosque, un planeta helado, un tugurio de contrabandistas), Rogue One presenta la trama en una región verde y aparentemente volcánica, diferente a lo visto en otras pelis de la saga (se rodó en Islandia), pasa por una barriada libanesa de los ochenta y culmina su final apoteósico en un paradisíaco paraje de las Maldivas. Me encantó esta parte de la batalla en las playas, con las palmeras, el agua cristalina y las pequeñas islas que albergaban naves imperiales en lugar de los habituales yates de lujo.

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Escenarios nuevos, y razas nuevas, que el mercado del cine está cada vez más globalizado y hay que llegar a numerosos países en los que antes no pensaban los productores. Al universo tradicional de Star Wars se le reprochó en su momento que todos los personajes fueran blancos, y para un negro, perdón, afroamericano, que salía en pantalla, Lando Calrissian (Billy Dee Williams), resulta que es el traidor que entrega a Han Solo al Imperio. Supongo que por esas cuestiones de ser políticamente correctos a Lando Calrissian se le dio un papel heroico y amable en El retorno del Jedi.

En distintos episodios se fueron incorporando más actores de color, como Mace Windu (Samuel L. Jackson) en las precuelas o Finn (John Boyega) en El despertar, pero ha sido en Rogue One donde se ha intentado dar ¿satisfacción? a todas las razas potencialmente consumidoras del film. En este artículo de El Huffington Post se muestra una interesante comparativa por minutos en pantalla de las diversas razas que participan en las películas de la saga. Rogue One es, de largo, la más multiétnica. rogue-one-8

A mí particularmente me la trae al pairo el tema de las razas y lo políticamente correcto, siempre y cuando sus papeles sean interesantes. Y hay personajes que molan, como Jyn Erso (soy muy de Felicity Jones, qué le voy a hacer), su padre Galen (Mads Mikkelsen) y Saw Guerrera (Forest Whitaker). Me gusta bastante el villano Krennic (Ben Mendelsohn), y me dejó tocado la «resurrección» de Tarkin (Peter Cushing). Es todo un descubrimiento el droide K-2SO, una inteligencia artificial con tanto sentido del humor y el espectáculo como el TARS de Interstellar.

Pero en otros personajes es donde a mi modo de ver falla un poco la película, porque aunque me voy congraciando según avanza el film con «el latino» Diego Luna, tengo serios problemas con dos personajes: el chino Chirrut (Donnie Yen) y el inglés de origen paquistaní Bodhi (Riz Ahmed). Rogue One: A Star Wars Story Donnie Yen (Chirrut Imwe) Behind the Scenes on set during production. Ph: Footage Frame ©Lucasfilm LFL 2016.

El piloto desertor Bodhi se pasa media película como si fuera un boxeador sonado y no se entera de nada, aparte de que su aspecto de tez morena y greñas no encaja en los cánones habituales de un Imperio tradicionalmente blanco, caucásico y casi «ario». En un momento dado y sin entender muy bien por qué, Bodhi reacciona, se «desempana» y se entrega a la causa de los Rebeldes hasta el punto de ser fundamental para el desenlace.

rogue-one-6Con el que no puedo es con el chino Chirrut, el único ciego con más vista que Miguel Durán, o que el ciego de la peli de Bruce Lee Puño ciego, una peli tan rara que ni siquiera la encuentro en Filmaffinity. Los ojos de Chirrut son iguales que los del ciego de esa peli, y su «visión» espacial, dando patadas supuestamente a ciegas, atizando con su bastón a los tipos que no ve, esquivando disparos o cargándose a un caza imperial sin mirar, me chirría por todas partes. Supongo que de ahí le viene el nombre. Si me dijeran que es un Jedi poseído por la Fuerza (o con millones de midiclorianos en sus venas, aquí arcadas), todavía podría admitirlo, pero no es más que un charlie charlatán que no deja de repetir de modo cómico «soy uno con la Fuerza y la Fuerza está conmigo», como quien recita la lista de los reyes godos.

Para mi gusto, Rogue One está muy por encima de la trilogía de precuelas, pero por debajo de El despertar de la Fuerza. Funciona como película de la saga galáctica, pero también como película bélica o de comandos con una misión que cumplir (Los héroes de Telemark, Doce del patíbulo, Escuadrón 633). Es magnífica en las batallas espaciales, pero mejor aún en las de «infantería». Huele a barro y arena, a suciedad en los uniformes, a veracidad, no a CGI y efectos digitales como en las tediosas precuelas.

La nostalgia

Seguramente mi percepción al situarla por debajo de El despertar de la Fuerza se deba a que en esta última caí en la trampa de dejarme seducir por una historia muy similar a la del Episodio IV, y toda esa nostalgia de Han Solo, Chewbacca y el Halcón Milenario me atrapó y no me soltó en las dos horas de metraje. Aparte del enamoramiento de Rey que padecí desde las primeras escenas. Este vídeo que compara escenas de ambas películas deja bien a las claras que no hubo disimulo por parte de J.J. Abrams a la hora de copiar referentes:

La nostalgia es un sentimiento muy poderoso, sobre todo si hablamos de cine. Reconozco que nos aleja de la objetividad que resulta precisa a la hora de valorar una película. Estas Navidades han repuesto las películas de la trilogía clásica (Ep. IV al VI) y me he quedado embobado como siempre viendo varias escenas, pese a que han envejecido, digámoslo, regular. Los monitores de los X-Wings son una castaña hoy día, a dos colores y con la calidad gráfica de un Spectrum. La persecución en las motos del bosque de Endor me flipaba hace treinta años, «¡cómo lo han hecho!», mientras que hoy en día sigues flipando por el ritmo, pero te quedas diciendo «¡vaya castaña de efectos!» rogue-one-3

Ha cambiado nuestro modo de mirar el cine, y desgraciadamente ya no tenemos la inocencia de un niño de ocho años (La guerra de las galaxias) o de trece (El retorno del Jedi), pero seguimos mitificando a sus héroes y apreciando sus historias, no tanto quizás por la calidad de lo visto como por el recuerdo de lo que sentí.

Hoy estoy deseando que exterminen a Chirrut, pero en su día no ponía objeciones a las tonterías de C3PO. Hoy critico lo poco creíble que resulta que una instalación tan poderosa como la biblioteca que alberga los planos de la Estrella de la Muerte se desactive con un antediluviano interruptor (¡un puto joystick!) o que los disquetes parezcan de aquellos originales de 5 pulgadas y cuarto, y en su día me tragaba que Han y Luke pudieran enfrentarse a poderosos stormtroopers, pero no se atrevían con cuatro osos de peluche con lanzas de madera.

La nostalgia idealiza nuestros recuerdos del pasado. Vemos la frase inicial con los cuatro puntos suspensivos y automáticamente tenemos la carne de gallina. Estamos predispuestos al disfrute, y eso que en esta ocasión no vemos las letras que se pierden en el espacio ni escuchamos retumbar la música de John Williams (la banda sonora es de Michael Giacchino). Un aficionado ha escrito ese posible texto que nos han escamoteado en el montaje de Rogue One. Bueno, es una curiosidad más en este mundo tan friki que nos encanta. rogue-one-9

 

Hay nostalgia en Rogue One, pero no tanta como en El despertar. A mí me encantó ver al Gobernador Tarkin, a C3PO y R2D2, la primera Estrella de la Muerte, y por supuesto las escenas de Darth Vader.

Su incursión en la nave de los Rebeldes pasará a la lista de los mejores planos de toda la saga. Y hay un plano final que chirría en cuanto a efectos digitales, pero que adquirió un significado distinto en el momento que supimos que la vida de Carrie Fisher estaba en peligro.

El nacimiento de la princesa Leia

La princesa Leia nace en realidad al final del Episodio III, cuando es separada de su hermano Luke y entregada al senador Organa (Jimmy Smits), quien hace una breve aparición. Pero es en el plano final de Rogue One cuando vemos el nacimiento de la verdadera Princesa Leia, esa mujer fuerte y decidida que mira a cámara (desgraciadamente con una mirada digital y vacía) y nos hace partícipes de la misión imposible que tiene que afrontar: liderar la Rebelión frente al poder del Imperio. El comienzo de la enooorme trilogía. rogue-one-10

Me hace gracia cuando leo algunas críticas que dicen que por fin se da importancia en estas películas a los personajes femeninos, que tanto Rey en El despertar como Jyn en Rogue One son mujeres fuertes y poderosas. ¿Y qué coño era la princesa Leia? Una mujer que se desprende de su condición real y empuña indistintamente una pistola o un rifle, que llama «piojoso» a Han Solo, que impone su opinión a todos los tipos que le sacan una cabeza pero la escuchan con atención, una mujer de carácter que ganó mucho al quitarse las ensaimadas y ponerse un bikini espacial,… una mujer tan fuerte y poderosa ¡que se cargó a Jabba el Hutt con sus propias manos!

La princesa Leia era una mujer fuerte, aunque posiblemente no tanto como la propia Carrie Fisher, una vez que superó esa etapa salvaje de su vida. La General Leia del Episodio VII tenía pinta de estar muy cascada, pero sin embargo a Carrie Fisher se la veía estupenda en entrevistas y declaraciones. Hablaba con la tranquilidad de quien ha paseado por el infierno y ha salido vivo después de meterse unas rayas con el Diablo. Tenía frases míticas y una mordacidad a la hora de bromear como se ha visto pocas veces, aunque fuera (y sobre todo) para hablar de su pasado. El título de su monólogo era Bendito alcoholismo, ni más ni menos. Y algunas de sus perlas:

«¿Conocéis ese dicho que sostiene que la religión es el opio de las masas? Bueno, pues yo tomé masas de opio religiosamente».

«Hace cinco años, cuatro meses y nueve días un amigo mío murió en mi casa. Pero no contento con eso, va y se muere en mi cama. Os aconsejo que les pidáis a vuestros invitados que no se comporten así».

A George Lucas: «Espero que fueras tú con quien me acosté para conseguir el papel, porque si no, ¿quién diablos era ese tipo?»

Adiós, Carrie Fisher, adiós, princesa. Adiós, Debbie Reynolds.

Cara Travis

Un chistaco para finalizar. Ramón Espinar, portavoz de Podemos en el Senado, quiso hacer un chiste con la figura de la princesa Leia, esa hija de la realeza que luchaba por la República y tal, y le salió el tiro por la culata:

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Me reí como un auténtico wookie.