Aplauso a una generación de héroes

Manos

La gente de mi generación, los que estamos entre los 45 y los 55 años, somos los hijos del baby boom, los más numerosos, la parte central de esa pirámide de población que se terminará convirtiendo en una seta si no se revierte la tendencia. Mis padres, los de mi mujer, los de mis amigos y compañeros de carrera y andanzas nacieron en plena guerra civil o en los durísimos años de la posguerra. No lo tuvieron fácil y salieron adelante en esa España de los cuarenta, cincuenta y sesenta que sabemos que no fue precisamente boyante.

No solo eso, sino que estudiaron (los que pudieron), trabajaron como mulos, se casaron (la mayoría) y tuvieron cuatro, seis, ocho o incluso más niños entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Y nos dieron una formación, unos valores y unos principios que nos han acompañado toda la vida. Claro que fueron estrictos con nosotros, claro que nos insistían con la importancia de estudiar y convertirnos en «hombres y mujeres de provecho». Se comieron los últimos años de Franco, vivieron la Transición y durante esos años fueron capaces de enseñarnos a mirar hacia delante, de cerrar el pasado y no crear en nuestra generación los dos bandos que sus padres sí vivieron y que tanto daño causaron. Entre mis compañeros de colegio o entre mis hermanos podíamos pensar de una manera u otra, ser más de izquierdas o más de derechas, porque sobre todo nos enseñaron a ser tolerantes y comprensivos con el de al lado.

Pirámide población España en 2020

(Fuente: Enterat.com)

El país mejoró enormemente mientras nosotros abarrotábamos las universidades,  entramos en lo que se llamaba la Comunidad Económica Europea y nos modernizamos en todos los aspectos, y cuando empezaron a jubilarse, después de más de cuarenta años trabajando, muchos de ellos en la misma empresa, sin apenas cambiar de trabajo y sin quejarse jamás, nos dejaron un país cojonudo en el que la maquinaria estaba muy bien engrasada. Con sus defectos, seguro, pero un país sólido, una economía entre las principales potencias y uno de los mejores lugares del mundo para vivir. España funcionaba tan bien que parecía que nuestras máximas preocupaciones eran el lenguaje inclusivo y sacar el cadáver de Franco de debajo de una losa de 6.000 kilos. A mí, a mis amigos más cercanos, a mis hermanos y compañeros de trabajo, lo cierto es que lo que ocurriera con Franco nos la traía floja.  

Ahora le toca el turno a los de mi generación. Los que mandamos en las empresas, los que ocupamos los mejores puestos y los que están en el gobierno y la oposición. Pedro Sánchez y Santiago Abascal son de nuestra quinta. Casado, Iglesias e Inés Arrimadas, un poco más jóvenes. Y lo que escuchan nuestros mayores desde hace años es que son un problema para la sociedad porque son muchos, viven más que antes y no vamos a poder seguir pagándoles esas pensiones que en muchos casos son ridículas. Nos han visto crecer sanos, vivir con mucho más de lo que tuvieron ellos, tener pocos hijos o ninguno porque, claro, queríamos vivir la vida, viajar por el mundo y salir siempre como si tuviéramos veinte años.

Nuestros padres apenas pudieron salir de España durante años porque tenían que sacar adelante una familia numerosa mientras nosotros mandamos a nuestros hijos a estudiar a sitios lejanos o nos vamos de vacaciones a la otra parte del mundo. Y nos escuchan decir que no va a haber dinero para las pensiones mientras le compramos el último móvil a nuestros hijos, hijos para los que por supuesto estas cosas carecen de valor porque en muchas familias se les hace creer que es así. Me imagino a muchos de nuestros padres escuchando las noticias y pensando: «no, si yo ya sé que molesto, intentaré irme pronto y sin hacer ruido». Con su humildad de siempre.

Ahora llega esta terrible pandemia y nos da un sopapo en nuestros morros complacientes. Nos pilla desprevenidos, en pelotas, mirándonos el ombligo o lo que es peor, la pelusa del ombligo del vecino. Para criticarlo. Los mayores de 70 años, nuestros padres, suegros, padres de amigos y compañeros son los que se están llevando las peores consecuencias del virus. Más de 1.400 muertos mientras escribo esto y nosotros preocupados por cómo pasar el encierro entretenidos inventando juegos para nuestros hijos. Les decimos a nuestros padres que se queden en casa, que no podemos ir a verlos, que no podemos darles un abrazo ni despedirnos de ellos, y a veces pienso que es una metáfora cruel del destino para que nos sentemos a reflexionar sobre todo lo que han hecho nuestros padres por nosotros y de qué modo se lo estamos devolviendo. Te quiero, Papá, te quiero, Mamá, sed fuertes y aguantad que os queremos muchos años más a nuestro lado.

Sueño con el momento en que toda esta pesadilla pase y nos pongamos las pilas para estar preparados para la siguiente emergencia, con los medios suficientes para atender a nuestros mayores. Que nos dejemos de guerras estúpidas y nos centremos en devolverles una ínfima parte de lo que ellos nos dieron, que dejemos de derrochar en lo superfluo y de hablar de las pensiones o el gasto médico de la tercera edad como el problema nacional, el marrón irresoluble.

Pero sueño sobre todo con daros un abrazo cuanto antes y sin miedo, sin preocupación, con una sonrisa. Y daros las gracias. Gracias por todo. Porque vivimos muy bien y vuestros nietos también. Y quiero compartirlo con vosotros muchos años más. Por eso esta tarde, a las ocho, cuando salga a la ventana, aplaudiré no solo a los médicos, enfermeros, policía, guardia civil y todos los que se están dejando la piel por nosotros, sino que aplaudiré con fuerza a esa generación de héroes que nos lo dieron todo.

La utilización partidista

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JOSEAN, 13/03/2020

«Ha habido un atentado de ETA», comentó un asesor del concejal, «parece que hay un muerto». En el instante anterior a la interrupción yo estaba hablando con ese concejal de unos temas de trabajo. Ocurrió a finales de los noventa y el concejal era de Izquierda Unida, pero creo que el tiempo y la afiliación no son importantes en este caso. En ese mismo ayuntamiento había habido un asesinato un año antes, de un concejal del Partido Popular, es decir, de un compañero aunque no compartiera las mismas ideas. En ese momento la mirada del concejal cambió, su cerebro empezó a maquinar algo. Algunos recordarán que por entonces Izquierda Unida había firmado esa cosa vergonzosa llamada Pacto de Lizarra, o de Estella. El concejal le dijo a su asesor que tenían que preparar un comunicado de repulsa, pero que a la vez aprovecharían para hacer mención a la solución política de su partido al «conflicto vasco», que PP y PSOE se estaban equivocando, y que la negociación o el diálogo de la manera en que ellos lo entendían era la única alternativa viable. Me dio mucho asco escucharle, me pareció repulsiva esa actitud. En medio de una desgracia tenía que meter la cuña política para sacar lo-que-coño-quisiera sacar de aquello.

Todo vale en la guerra contra el rival político, incluso las desgracias, o sobre todo las desgracias. Todo vale para atacar, criticar, crispar y sacar tajada de una situación, por dramática que esta pueda ser. La obligación de nuestros dirigentes debería ser trabajar por un objetivo común y positivo para la sociedad, pero sin embargo vemos que emplean sus fuerzas en destrozar al adversario con la creencia (estúpida, me parece) de que esos ataques les reportarán votos. A muchos de ellos solo les veo inteligencia para oler la sangre, jamás para resolver problemas generales o tomar decisiones atinadas.

Comencé a escribir este post hace dos días, el 11-M dieciséis años después de aquel 11-M que nos cambió como sociedad y como país. Creo que todos recordamos cómo aquellos días, con los cadáveres aún calientes y miles de heridos en los hospitales, nuestros dirigentes se dedicaron a manipular la información que conocían y manejaban para arrojársela a su adversario político. Había elecciones tres días después y no podían desaprovechar lo que consideraban «su oportunidad».

Esa es la creencia que tienen, la baja consideración de los votantes, la estúpida creencia de que, como decía uno de los asesores de Aznar, «si ha sido ETA, barremos; si son los yihadistas ganará el PSOE». Votantes volubles, manipulables, cachos de carne con ojos a los que poder dirigir (y no digo que no tengan razón en creerlo en un buen porcentaje). Manipularon todos, el PP ocultando la información que desde el mismo día 11 apuntaba a una facción de Al Qaeda, y el PSOE movilizando a sus medios afines e inventando historias como la de los terroristas suicidas con tres capas de ropa. No me sorprendería saber que algunos manipularon pruebas o que incluso crearan falsas pistas de las que han quedado sin resolver después de tantos años. Me dio mucho asco, la verdad, no voté a ninguno de ellos.

La última vez que recuerdo unidad de acción de los principales partidos ante una tragedia fue con el «espíritu de Ermua», tras la burrada que fue el asesinato con día y hora del concejal del PP Miguel Ángel Blanco (por cierto, su padre falleció ayer) en julio de 1997. Duró poco. Desde entonces, o desde el 11-M, el comportamiento de los líderes del PP y PSOE resulta más lamentable ante cada crisis o emergencia. El Yak-42 fue un desastre mayúsculo provocado precisamente por la urgencia del ministro Trillo por hacerse la foto con los familiares y (literalmente) echar tierra encima de los militares fallecidos cuanto antes. El PSOE se cebó durante meses para sacar tajada, pero luego actuaron de un modo similar cuando les ocurrió la tragedia del Cougar, deprisa y corriendo para que pasáramos a otro tema cuanto antes. La tragedia de Angrois, el incendio de Guadalajara, el vertido de Aznalcóllar, el terremoto de Lorca, el atentado de la T-4 o el de Las Ramblas,… cualquier desgracia vale para atacar al rival político.

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Esa es la terrible realidad de la clase política que nos dirige y lo estamos comprobando estos días con la crisis del coronavirus. En lugar de ponerse todos a trabajar para dar una respuesta consensuada a una pandemia de la que todavía no se conocen sus consecuencias inmediatas, dedican sus esfuerzos a reprocharse la mala gestión o a ocultar la información de la que disponen. La irresponsabilidad de este gobierno al permitir y encabezar la manifestación del 8-M debería costar algunas cabezas, pero dudo mucho que lo haga. Transmitieron un mensaje de tranquilidad y mundo de fantasía que no era real, ¡que sabían ya que el peligro era cierto!, y apenas veinticuatro horas después nos contaban otro escenario radicalmente distinto, un simulacro del apocalipsis zombi. No iban a permitir que nada les jodiera su manifestación del 8-M, suya, de la izquierda y de nadie más. Una irresponsabilidad absoluta.

No son conscientes de que si escupes hacia el cielo te vas a terminar tragando tu propio gargajo. A Vox y a Ortega Smith le dijeron de todo cuando anunció que había dado positivo por coronavirus tras el congreso multitudinario del partido, pero ahora han tenido que callar y tragar cuando se ha sabido que Irene Montero también lo ha dado. La diferencia es que el primero pertenece al tercer partido en número de votos y no ejerce responsabilidad pública alguna, mientras que la segunda es ministra y fue acompañada por varias ministras más y por la mujer del presidente de gobierno, aparentando una tranquilidad que los hechos han demostrado infundada.

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Deberían ser más responsables y no tan bocazas con los reproches, con más motivo aún en este estado en el que las competencias de sanidad están troceadas en diecisiete consejerías autonómicas. Las palabras de Pedro Sánchez sobre Rajoy y su gestión del Ébola se han vuelto ahora en su contra tras la pésima información dada sobre un problema mucho más gordo como el del coronavirus. Ha actuado tarde y mal, sin previsión alguna y sobre todo con el objetivo partidista de preservar el 8-M por encima de cualquier otro asunto.

Pero siguen jugando a lo mismo. Ayer por la tarde Televisión Española entrevistaba a un profesional sanitario, Guillén del Barrio, quien después de informar brevemente de la situación de los hospitales de la Comunidad de Madrid lanzaba todo un mítin político sobre la importancia de la sanidad pública frente a la privada, y el número de profesionales sanitarios que habían recortado las autoridades desde 2008.

Horas después supimos que el enfermero casualmente elegido para la entrevista había sido candidato de Podemos y (casualmente también) la misma televisión tuvo que desmentir las cifras que había dado acerca del recorte del número de camas y profesionales sanitarios. Claro que lo hizo en medios con mucha menor repercusión. La carta de Isabel Díaz Ayuso a la directora de RTVE, Rosa María Mateo, no se hizo esperar.

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A eso siguen jugando nuestros dirigentes. La propia presidenta de la Comunidad de Madrid utilizó uno de «sus medios» para publicar a toda plana que su partido ya había avisado al Gobierno de la emergencia diez días antes y que no se le hizo caso. No cita fuente alguna, ni presenta documentos, algo similar a las comparecencias de nuestro presidente de gobierno y las supuestas medidas que lleva semanas tomando.

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Pero el caso es que tampoco es cierto lo que dice Isabel Díaz Ayuso, porque los que vivimos en Madrid sabemos que el mensaje que nos transmitían era de normalidad y tranquilidad absoluta, que no había motivos para dejarse llevar por el miedo.

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Sé que es mucho pedir que PSOE y PP se pongan a trabajar juntos para dar una respuesta global a los ciudadanos y proponer la adopción de medidas para paliar los efectos del COVID-19, pero para eso se les elige. Para que trabajen el Gobierno, el Consejo de Ministros, el Ministerio de Sanidad y todas las Consejerías autonómicas unidas y coordinadas para hacer frente a esta crisis global. Tras la rueda de prensa de Pedro Sánchez hace una hora decretando el estado de alarma, el PP ha apoyado el mismo y ha dicho que prestará sus votos para prorrogarlo cuanto sea necesario. Quizás sea un primer paso para el consenso y el trabajo en común. Presumo que durará muy poco.

 

 

La mano no era de Dios, por Barney

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Uno de los goles que más he celebrado en mi vida fue el llamado «Tamudazo», aquel gol de Raúl Tamudo en el último minuto simultáneo al de Van Nistelrooy en La Romareda. Ocurrió en junio de 2007 y lo celebré tanto porque prácticamente supuso una Liga para el Madrid, pero sobre todo por lo que tuvo de «justicia divina». De no haberse producido el Tamudazo, el Barça habría ganado ese partido gracias a un gol anotado claramente con la mano por Leo Messi y con la victoria se habría llevado la Liga.

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El gol fue muy similar al de Maradona, ese otro crack zurdo argentino con el que han comparado siempre la carrera de Messi. «La mano de Dios», comentó con gracia Diego Armando Maradona tras su gol a los ingleses en México 86. El problema es que si Dios jugara al fútbol, o si simplemente interviniera en los resultados, estos serían siempre justos, o al menos no vendrían marcados por decisiones injustas o por errores arbitrales. Quizás Dios sí quiso enmendar el error de dar por válido aquel primer gol de Maradona contra los ingleses y se convirtió durante nueve segundos en la zurda del argentino, «la zurda de Dios».

Comento esa mano concreta de Messi para hacer ver que los errores arbitrales sí pueden decidir campeonatos, al contrario de lo que suelen comentar algunos pagafantas del periodismo deportivo patrio, «el mejor del mundo» en sus propias palabras. Lo normal es que un campeonato tan largo lo gane el mejor equipo, el que ha sido más sólido y consistente durante las treinta y ocho jornadas, y lo deseable sería que los errores arbitrales se repartieran de modo equitativo, de tal manera que el conocido mantra periodístico «unas veces te dan, otras te lo quitan» fuera cierto. El problema es que desde hace muchas temporadas esto no ocurre. En estas últimas once temporadas en las que el Madrid solo se ha llevado dos ligas frente a ocho del Barcelona, el Barcelona ha sido mejor en la mayoría de ellas, pero no en todas. Y en las dos que venció el Madrid tuvo que ser no solo el mejor equipo, sino mantenerse a un nivel altísimo hasta el final porque al Barça le fueron llevando en volandas hasta las últimas jornadas.

Durante el partido de ayer que enfrentó al Barça con la Real Sociedad, los donostiarras estaban siendo mucho mejores que los locales, dominaban el juego y tenían las mejores ocasiones, y de repente tras el fallo en una de ellas (creo que de Monreal), el árbitro fue llamado para revisar una jugada que había sucedido casi un minuto antes. En cuanto vi la repetición, sin que Martínez Munuera hubiera llegado al monitor, supe que iba a pitar penalti. El Barça estaba en dificultades y quedaban poco más de diez minutos. ¿Era penalti? Pues con la nueva circular que dice que todas las manos en el área son sancionadas con penalti, la respuesta solo puede ser que sí. El problema es que en su día nos dijeron que esta otra de Arturo Vidal no lo era por no sé qué razón sobre la intención o la posición natural, o lo que tocara inventarse esa semana.

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Jugadas calcadas, resultados diferentes. Y creo que el problema no es el árbitro, que se sabe el reglamento, sino su manera de interpretarlo. En un partido del Granada el mismo árbitro tuvo que decidir sobre esta otra mano y no sancionó nada.

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Hace dos semanas el Madrid perdió con el Levante tras un mal partido. En aquel encuentro hubo dos manos de jugadores locales en el área, manos tontas y fortuitas, no intencionadas, pero que según este nuevo protocolo deberían haber sido revisadas y sancionadas. ¿Que el Madrid no estaba jugando bien? De acuerdo. ¿Que no merecía la victoria? Vale, te lo admito. Pero a unos les meten en el partido y a otros les sacan. El árbitro de ese partido era el ínclito Alejandro Hernández Hernández. No quiso acercarse al monitor del VAR ni a veinte metros, como si fuera un foco de Coronavirus.

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Sin embargo este mismo árbitro no tuvo ningún problema ayer en el Wanda en acercarse dos veces al monitor para comprobar dos jugadas mucho menos claras y concluir que ambas eran penaltis. Jugadas dudosísimas, no como las del Levante, que no dejaban margen a la interpretación.

El problema está en esos cambios semanales de interpretación. Al principio de Liga nos dijeron que todos los pisotones serían sancionados con tarjeta roja, como el de Modric en la primera jornada, pero esa norma se fue al limbo como se ha visto a lo largo del campeonato, incluso ayer mismo con el pisotón de Messi a Llorente.

Creo sinceramente (aunque no lo tengo cien por cien claro) que el Madrid ganará este campeonato porque ha sido mejor equipo que el Barça. Si solo tiene un punto de ventaja es porque van a seguir empujando hasta el final al Barça, o VARça, como les llamo desde hace un par de años en foros. Si tienen un partido complicado, como contra el Granada o el Betis, se expulsa a un jugador rival.

Si las jugadas se producen en el área culé, se mirará a otro lado, como hicieron durante el Barça-Madrid de diciembre, el del aplazamiento infame por la kulé borroka. Oh, casualidad, el árbitro de aquel partido era el mismo Hernández Hernández, secundado por el fiel escudero De Burgos Bengoetxea. Parece fácil criticar ahora el VAR y lo incomprensible que resulta su aplicación, pero es que el problema no es ese. Es una herramienta que puede ser cojonuda, pero que, como dijimos en este mismo blog antes de su puesta en funcionamiento, jamás funcionaría mientras perviviera el sistema arbitral de designaciones y puntuaciones. Y mientras el poder establecido contara con el arma de la manipulación de las imágenes. La semana pasada hubo un penalti de Jordi Alba a Vinicius en el Madrid-Barça del Bernabéu. No me refiero al posible pisotón, dudoso, sino a otro que ni siquiera se repitió y que pasó desapercibido para la mayoría de espectadores. ¡Porque nos lo volvieron a ocultar!

Enlace al vídeo

Penalti Alba

Gracias a que Rafa_NMJ lo ha subido pudimos verlo y LaGalerna le dedicaba un artículo completo varios días después, bajo el esclarecedor título El secuestro de un penalti. El árbitro del VAR ese día, el que miró hacia otro lado, fue José Luis González González. Hoy pitará el Betis-Real Madrid y probablemente terminará el trabajo que ayer comenzó en el Camp Nou su compañero. Nada es casual en esta Liga.

Por desgracia estos medios no tienen la repercusión mediática de todo el aparato de Roures y sus afines, colocados en las principales radios y periódicos. Alguno de ellos se las da de experto en VAR y su protocolo, pero lo cierto es que cambia de opinión casi cada semana y muchas veces dependiendo del color de la camiseta. Defender que estas manos de Feddal y Piqué no son penaltis, pero que la de ayer sí… es un ejercicio de equilibrista muy complicado.

O que esta de Ramos sí era penalti claro:

Mano Ramos Supercopa

O que el VAR no entra en jugadas que no son claras o manifiestas:

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Decir que el árbitro no puede ir a revisar el inicio de una jugada, como no se hizo en este fuera de juego de Griezmann con el Levante que acabó en penalti y gol, y hacerlo ayer un minuto después… parece raro. Más que raro, una tomadura de pelo.

Griezmann fuera de juego

Vamos a ganar esta Liga. Será un acto de justicia, llámenla divina o humana, pero no puede ganar la Liga este VARça que está jugando tan lamentablemente mal. Ya ganó la pasada jugando horrible, pero no tengo nada que objetar porque el Madrid fue mucho peor. No será la mano de Dios la que ayude al Madrid a levantar el título, pero sí espero que la mano que acaricia el gato, maneja las imágenes y financia a Tebas deje de echar esa misma mano a los suyos. ¡Iluso de mí!

El coronavirus mató la cordura, por Lester

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Vaya por delante que no entiendo mucho de estas cosas. A decir verdad, no entiendo nada de virus, coronavirus, pandemias, peligros ni medidas para evitar los contagios, así que supongo que caeré en todos y cada uno de los errores del cuñao metido a opinador. Qué se le va a hacer, uno lee las noticias oficiales desde hace años con cierto escepticismo, pero trata de seguir las normas que se le indican, por absurdas que puedan parecer. «Por algo serán», suelo pensar.

Sin embargo, un mínimo análisis de lo que se solicita al ciudadano afectado por las medidas puede resultar incongruente con otras prácticas permitidas por las mismas autoridades sanitarias o gubernamentales. Recuerdo que pensé lo mismo hace años con alguna de estas enfermedades que iba a a acabar con todos nosotros, creo que fue la fiebre aftosa o la porcina que venía del Reino Unido. Me encontraba de viaje con unos amigos por la isla de Brexitlandia y nos hicieron pasar decenas de veces por unas alfombras empapadas de algún líquido supuestamente milagroso para prevenir la difusión de la enfermedad. Teníamos que pasar las ruedas del coche y las suelas de nuestros zapatos. Y así un día y otro durante la semana que estuvimos por allí. «¿Y los zapatos que llevo en la maleta?», pensaba. Si ahora me quito estos «descontagiosos» y me pongo las zapas de la maleta, ¿pondré en riesgo la existencia de todos los cerdos del Reino Unido?

Me viene a la cabeza todo esto por la psicosis que se está generando a cuenta del coronavirus. Yo no cuestiono la peligrosidad del mismo, ni las advertencias acerca de sus peligros, pero reconozco que me cuesta entender muchas de las medidas que se están tomando. Algunas son voluntarias, como la de tantos trabajadores de atención al público que portan la incómoda mascarilla porque atienden a la cara a miles de personas a diario, pero, ¿suspender el Mobile World Congress? ¿O como me ha ocurrido este mismo finde, el medio maratón de París? ¿Los Juegos de Tokio serán la próxima víctima? «Sí, sin duda», me contestará alguien, «era necesario para evitar el contagio entre tantas personas que iban a asistir a ambos eventos». ¿Pero dejamos el Metro abierto, o los aeropuertos? ¿Suspendemos una carrera al aire libre con unos 35.000 corredores, pero dejamos que se juegue el partido entre el PSG y el Dijon con 50.000 personas en las gradas todas juntitas compartiendo efluvios corporales? Pues ambas cosas ocurrieron ayer 29 de febrero con un intervalo de un par de horas.

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Para venir a París tomé un vuelo en la T4 de Barajas, rodeado de cientos de viajeros que iban y venían de mil sitios diferentes, algunos con mascarilla semiprofesional con filtro, otros con un inútil papelillo y dos gomas, y la mayoría, entre los cuales se incluye este escribiente, sin nada, tosiendo (o no), estornudando (o no) y haciendo algo tan peligroso como respirar. Ayer tomé varias veces el atestado Metro de París, entré en varios lugares turísticos hasta arriba de gente como yo y no había limitación alguna, todo estaba abierto y pudimos hacer vida normal. Pero de camino a la Feria del Corredor para recoger los dorsales nos enteramos de manera oficiosa de la suspensión del maratón.

¿Habían cerrado la Feria del Corredor? ¡Qué va! Ahí estábamos un buen montón de atletas frustrados, muchos llegados de sitios lejanos, escuchando lo que nos decían los voluntarios sobre la anulación todavía no oficial. Nos lo decían exhalando su aliento sobre nosotros mientras nos entregaban el dorsal y manoseaban la camiseta que nos entregaban. Menuda fuente de infección peligrosa la carrera del domingo y no esa entrega de dorsales y camisetas en una feria atiborrada de corredores cabreados.

No escribo esto por mi cabreo ante la situación (el humor español, ese que bromea de todo, desgracias incluidas, me ayuda a sobrellevarlo), sino porque no entiendo nada. Si el coronavirus es tan contagioso y peligroso, prohíban el tránsito por los aeropuertos del mundo, no los eventos en destino para esos viajeros que ya se han desplazado. Cierren el Metro, prohíban el uso de autobuses y trenes de cercanías, aplacen el Clásico del Bernabéu de esta noche (80.000 almas juntas), cierren los conciertos y teatros, impidan la entrada a los cines, restaurantes y centros comerciales, y cualquier forma de aglomeración masiva, pero déjense de tomar medidas parciales e inútiles, pero llamativas y visibles. Ah, que a lo mejor se trata de eso, de que sean visibles para todos afectando solo a unos pocos. Puede ser. El efecto placebo, tan placebo como las mascarillas que veo en tanta gente, algunas como la de la viajera que llevaba al lado en el avión, con una máscara que le cubría la boca y una oreja, pero no la nariz, quizás porque respiraba mejor con el apéndice auditivo.

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O puede que obedezcan a un interés económico, como también propagan algunos, empresas vendedoras de máscaras que están haciendo su agosto como lo hicieron los de las señales de 110 kilómetros por hora que durante tres meses sustituyeron a las de 120… para reducir la contaminación. Nos toman por imbéciles tantas veces que todo es posible. Quizás muchos recuerden la gripe A y el esfuerzo del gobierno por decir que se habían comprado millones de vacunas para tranquilizar a la población, vacuna que por supuesto no me puse. Lo que a lo mejor no recuerda tanta gente es que solo en España se destruyeron 6 millones de vacunas de los 13 que se compraron. 40 millones de euros por el sumidero del despilfarro (uno más) en plena crisis.

Ojalá esta crisis del coronavirus sea tan pasajera como la gripe A, la gripe aviar, la fiebre aftosa, el efecto 2000 o el malware asesino de ordenadores (no dejo de pensar cuánta pasta movieron todos), ojalá sea así y no tan contagiosa como pronostican otros porque en ese caso las medidas serán insuficientes, ojalá recuperemos pronto la cordura y podamos fijarnos en las cifras mortales que otras enfermedades dejan en la población de países más desfavorecidos, esos países siempre olvidados que nunca salen en las noticias. 5.000 muertos por un brote de sarampión en diciembre de 2019, a la vez que comenzaba la historia del coronavirus. Claro que eso ocurrió en la República Democrática del Congo.

El calibrador de rojos y fachas, por Lester

Garrotazos

Opinar empieza a ser un ejercicio de riesgo. Decir lo que piensas en un grupo de Whatsapp de amigos o conocidos puede llevar a que inmediatamente te cuelguen una etiqueta que seguramente será equivocada o al menos de modo parcial. No digamos en esa jungla llamada Twitter si se te ocurre opinar sobre determinadas noticias porque hemos llegado a un punto en que todo, absolutamente todo, te convierte en rojo o en facha. El término medio, la equidistancia o la moderación están en vías de extinción, y no para el que opina, sino para el entorno que juzga la opinión.

– Creo que Rajoy tenía que haberse ido mucho antes de que lo echaran, «¡rojo!», pero no me gusta nada este gobierno de Sánchez pactando con comunistas e indepes. «¡Facha!»

– Menuda vergüenza la Gürtel, la Púnica, Rodrigo Rato, Bárcenas, los sobres B, «¡¡¡calla, rojo!!!», el mismo asco que los EREs de Andalucía, los fraudes de los cursos de formación, Griñán, Ábalos, las colocaciones a dedo en puestos relevantes, «¿qué dices, facha?»

Intento no opinar sobre política en grupos de Whatsapp porque la gente se calienta mucho, pero sobre todo porque cada vez hay gente más encendida que solo ve la paja en el ojo ajeno y nunca la viga en el propio, o que siempre encuentra un motivo para justificar que «no es lo mismo» o «¡no compares!». Tenemos un grupo de Whatsapp de sesenta amigos, solo tíos al borde de los cincuenta, antiguos compañeros del colegio, y cada vez que alguno ha dejado un comentario político o una noticia partidista e interesada, los otros cincuenta y nueve hemos permanecido en silencio. Una pena, pero creo que es lo más inteligente.

Hemos llegado a una situación en la que no nos sentimos libres para opinar (cosa que, por cierto, no hemos dejado de hacer los cuatro amiguetes de este blog desde hace años) y no se puede opinar porque los juicios o las valoraciones se han radicalizado, las posturas se han polarizado muchísimo y para todo. Hables de lo que hables.

  • Me niego a utilizar el lenguaje inclusivo, «eso es muy facha porque la RAE es carca y facha», pero es que no me gustan los toros, «eso es propio de rojos».
  • Las grandes empresas y las grandes fortunas deberían pagar más impuestos, unos impuestos más justos y equitativos, «ya está el comunista», pero huyo como de la peste de la sobreintervención de la economía que pretenden los de Pablo Iglesias y Sánchez, «claro, ultraliberalismo descontrolado a tope, muy de derechas».
  • El otro día viendo a Ana Pastor en LaSexta…, «yo no tengo sintonizada esa cadena de rojos, ni veo a esa tía», el caso es que sacaron un programa de lo más manipulador acerca de… «cómo os gusta a los fachas decir que LaSexta manipula».
  • Soy seguidor del Real Madrid, «claro, como todos los fachas, una institución franquista«, o del Atlético de Madrid, «el equipo del pueblo, los valores de la izquierda».
  • No tengo ningún problema con la bandera de España, la rojigualda, de hecho la suelo lucir en los maratones que corro por ahí, «muy, muy facha», pero habría afrontado el problema de Cataluña de un modo distinto a como lo hizo el Partido Popular, «claro, cediendo al independentismo, como los socialistas catalanes, regalando España».
  • Me gusta el cine español, sigo bastante sus películas, «claro, los de la ceja, sois todos unos rojos», pero me molesta mucho toda la politización que lo rodea, el rojerío de los Goya, la eterna petición de subvenciones, «¡en Francia sí saben fomentar su cultura, aquí los fachas preferís atacarla!»
  • Qué bien me cae Antonio Banderas, o he visto toda la filmografía de Almodóvar, «vaya estómago tenéis los rojos», pero qué mal me cae Javier Bardem y qué bien Arturo Fernández, «os pasa a todos los fachas».
  • Me preocupa y mucho la islamización de Europa, «veo que te estás haciendo de Vox», y qué mal lo ha hecho la Iglesia católica durante décadas ocultando los casos de pederastia en su seno, «no me toques a la iglesia, podemita, ¿qué quieres, volver al 36?».

Muchos de estos mensajes son ridículos, pero es que a esa ridiculez estamos llevando cualquier asunto. Ser vegano es progre, comer carne perpetúa un sistema capitalista y de derechas. Es una visión simplista, infantil, reducida a blanco o negro. Todo esto ya estaba en las diez estrategias de manipulación de Chomsky (que no eran de Chomsky, sino de Timsit): dirigirse al público como si fueran niños y ser complaciente con la ignorancia y la estupidez.

Escritores que no son fachas ni de lejos, como Javier Marías o Arturo Pérez-Reverte, han recibido este calificativo en varias de estas polémicas a causa de sus artículos de opinión. Me deshuevo, Marías y Pérez-Reverte, fachas. En uno de los artículos de Don Arturo de hace un par de años, Ahora le toca a la lengua española, comentaba que hemos llegado al absurdo de considerar hablar bien y con un acertado uso del lenguaje como «de derechas», mientras que «a cambio, cada vez más, se alaba la incorrección ortográfica y gramatical como actividad libre, progresista, supuestamente propia de la izquierda». Tócate los cojones, como diría el mismo escritor ante algunas de las gilipolleces que nos toca leer o escuchar de vez en cuando.

Con todo, lo peor para mí es la polarización de la sociedad, la diferencia tan grande que se está creando entre «los dos bloques», arrasando con todo lo que intenta situarse en el medio. En política, el PP ha virado más hacia la derecha acercándose a Vox, como contrapeso al posicionamiento del PSOE junto a Podemos y los más radicales de la izquierda. Todo lo que intentó situarse en el medio, Ciudadanos o UPyD en su día, ha sido arrasado, vuelven las dos Españas. Y con las dos Españas se rescata a Franco para que se hable del franquismo más de lo que se hacía en los ochenta y los noventa. Me parece sorprendente escuchar a compañeros de trabajo nacidos después del 85 hablando todo el día de Franco, y los jueces franquistas, y los restos del dictador, y las instituciones heredadas del franquismo, y tal y tal. Nunca se habló tanto de Franco como en estos últimos años.

Al principio me hacía gracia ver cómo me tachaban de facha o rojo en distintos grupos, o según las opiniones que dejaba en este blog, pero lo cierto es que ahora no me gusta nada lo que está quedando, lo que veo. Me da mucha pena ver estas discusiones, me da rabia ver que no puede haber ya un debate sosegado y sobre todo, sobre todo, sobre todo, lo que me cabrea enormemente es comprobar cómo estamos perdiendo progresivamente (o cómo nos estamos limitando) nuestra libertad para opinar.

Déjà vu de la 2016-17, por Barney

El domingo pasado al acabar la jornada de Liga tuve una sensación muy extraña, como un eco de algo ya vivido. Un “déjà vu” o “deyaví”, por eso de no saber poner bien los acentos del francés. La jornada se cerró con un arbitraje que perjudicó severamente al Betis en su partido frente al Fútbol Club Barcelona (2-3), mientras que unas horas antes el Real Madrid sacó adelante su partido con solvencia frente al Osasuna (1-4), pese al nefasto arbitraje de Gil Manzano.

Fue una pena, porque el Madrid podía haber obtenido un mayor premio de una jornada complicada para ambos contendientes al título, y sin embargo, pese a los distintos merecimientos de uno y otro, las cosas seguían igual, con el Madrid manteniendo una exigua ventaja de tres puntos sobre los culés. Me recordó a la temporada 2016-17, aquella en la que Zidane deslumbró al mundo del fútbol con su arriesgada estrategia de jugar con dos equipos muy diferentes jornada tras jornada, la Liga del famoso “equipo B” que anotó más goles como visitante (58) que como local (48).

Aquella liga el Madrid fue el mejor equipo del campeonato de largo, mientras que el Barça tuvo una temporada complicada, también en Europa, donde cayó 4-0 en París (salvado por el Aytekinazo) y 3-0 en Turín. Sin embargo, la Liga se mantuvo viva hasta la última jornada. De modo artificial, de manera forzada. Si por merecimientos fuera, el Madrid tenía que haber sentenciado con varias jornadas de antelación, y en su lugar se encontró con que no podía fallar en dos visitas complicadas en cuatro días a Vigo y Málaga. Después de todo lo que había hecho, tenía que vencer en ambos campos a dos equipos peleones y en aquel entonces con muy buen fútbol. Para que nada fallara en el chiringo de Roures y Tebas, dos nombres que siempre se repiten: al Madrid le pitó De Burgos Bengoetxea y al Barça Hernández Hernández. Como el partido del Barça frente al Éibar se complicó, HH sacó su mejor arsenal para inventar dos penaltis, uno de ellos el famoso Penalba por patada al suelo.

Penalba

Se ganó la Liga con justicia, se ganó la Champions y la prensa calló ante lo que fue una temporada escandalosa jugada con otro Reglamento. Luego dicen que si “2 de 11”, que si el Madrid no compite las Ligas, pero lo cierto es que ganar dos ligas en este entramado podrido y perfectamente engranado es una heroicidad. Solo por recordar cómo se lograron:

  • La liga 2011-12, con Mourinho en el banquillo, es la llamada Liga de los récords. El Madrid tuvo que irse al récord de puntuación y goles para superar al Barça de Guardiola.
  • La liga 2016-17, la mencionada, con 93 puntos, con un magnífico equipo A y un B que no desmerecía en absoluto, y luchando entre otras cosas contra los penaltis no señalados en el Camp Nou y en el Bernabéu “por ser demasiado pronto”.

Este año es similar. Al Madrid ya le tangaron en la primera vuelta en el Camp Nou desde la designación de árbitros, el aplazamiento interesado y el día extra de descanso, y continuó en el campo: penaltis al limbo, un gol dudoso anulado y unas imágenes que ¡oh, casualidad!, nunca aparecen. Es tan previsible que el comentario que escribí semanas antes se cumplió casi punto por punto: Hernández Hernández en el campo y De Burgos Berngoetxea en el VAR:

Comentario La Galerna

En breve se repetirá la situación en el partido del Bernabéu, con un Madrid que podría sentenciar la Liga… si le dejan. En la 2016-17 el árbitro se comió un penalti de Umtiti nada más empezar (una vieja tradición) y el Madrid jugó con uno menos (otra no menos vieja) la última media hora. Se perdió injustamente 2-3 en la última jugada del partido y tocó sufrir el resto de partidos para llevarse el título.

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La maquinaria de lo que algunos definen acertadamente como #TheTinglao se ha puesto a funcionar a tope desde principios de temporada, pero ha intensificado su fuerza tras la eliminación copera del Barcelona frente al Athletic de Bilbao. Ya han empezado a decir que las audiencias se van a resentir por la caída del Madrid y el Barça, y tienen que mantener el interés por LaLiga como sea.

Por repasar de modo somero lo que ocurrió el pasado domingo en el Villamarín:

  • Con 1-1 Sergi Roberto realiza una entrada criminal con ambas piernas a Aleñá. Ya tenía una amarilla, y no había excusa para no mostrarle la segunda. Nada.

Sergi Roberto

  • Con 1-1 y también en la primera parte, Sergio Busquets realiza otra entrada de amarilla, que hubiera supuesto su segunda. Además protestó de modo ostensible al árbitro y le hizo este gesto de desprecio. Nada.
  • El 2-3 del Barça llega en una clara falta en ataque de Lenglet, que carga y empuja al defensa verdiblanco. Gol legal para Sánchez Martínez. Nada que revisar en el VAR, cuando en cada gol del Madrid nos toca esperar un par de minutos antes de poder celebrarlo.

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  • En la segunda parte, ya con 2-3, el mejor de los locales, Fekkir, realiza una entrada a destiempo a Lenglet. Amarilla, se aleja enfadado del árbitro, ¡¡¡que le persigue!!!, y el marroquí hace un gesto familiar. Segunda amarilla, en cinco segundos. Acojonante el doble rasero. (Vía @Hechi9248).
  • En el minuto 92, en la última jugada del partido, el árbitro deja sin señalar un claro penalti a Messi.

¿Qué había ocurrido en Pamplona unas horas antes?

  • Fede Valverde y Lucas Vázquez siguen andando de milagro, porque las entradas de Nacho Vidal y David García fueron salvajes. En el caso de este último era la segunda amarilla.
  • El penalti a Modric, al limbo.
  • El Osasuna casi empata a 2 tras una falta clara sobre Isco y un “sigan, sigan” escandaloso de Gil Manzano.

Pues bien, ¿qué destacó toda la prensa afín, es decir, de qué habló todo el TheTinglao al unísono? Sobre todo de dos jugadas, una, el penalti sobre Messi (intrascendente) no señalado, y dos, que Ramos tenía que haber sido expulsado por una jugada ¡que no fue ni falta! Se llevó el balón al llegar antes que el jugador navarro y posteriormente impactaron ambos jugadores. Es fácil comparar la imagen fija que ha utilizado toda la prensa esta semana y la que da origen a la jugada. Qué distinto se ve todo, ¿verdad?

Como muchísimo y siendo generoso, una amarilla por juego peligroso. Pues nada, tres días hablando de la permisividad con Ramos. Radios, periódicos y, por supuesto, Culevisión Española. TVE, «la de todos» (será la de todos los antimadridistas), mostró la jugada de Ramos cortando el momento en el que se lleva el balón, poniendo solo el final. Así es como se manipulan las cosas, y así es como fácilmente se lleva a la gente a creer que al Madrid le favorecieron en un partido con un arbitraje horrendo, sobre todo tras el 1-2 de los blancos. Pareció como si Gil Manzano fuera a cobrar un bonus por lograr el empate. Lo digo totalmente en serio y eso que es, quizás, el mejor árbitro de España, el único con categoría élite para la FIFA. Sin embargo, no pita nunca los Madrid-Barça. ¿Por qué? Solo lo hizo una vez y no ha repetido. ¿Tendrá que ver el hecho de que es el único árbitro que ha pitado un penalti contra el Barça en los Clásicos en estos últimos años?

El debate de esta semana ha sido si los árbitros son permisivos con Ramos. Vamos a ver, es un debate que no aguanta dos segundos con las estadísticas en la mano. Sergio Ramos es el jugador con mayor número de expulsiones en la historia de La Liga. Sin embargo, no ha sido expulsado nunca con la selección en 168 partidos, donde tiene mejores estadísticas que Piqué. «¿Insinúas que tiene distinto trato con árbitros españoles que con internacionales?». No lo insinúo, lo afirmo. Sus estadísticas en Liga indican que es expulsado cada 22 partidos, mientras que en Champions lo es cada 44.

Permisividad es la que existe con Luis Suárez, sancionado por juego violento y conductas antideportivas con el Liverpool, el Ajax y la selección uruguaya, mientras vive un sueño de impunidad en Barcelona. Permisividad es la que existe con Sergio Busquets, al que no expulsan ni aunque le saquen dos amarillas en el mismo partido. Ah, ¿que no me creéis?

Al Madrid ya le han perjudicado este año en Mallorca, Valencia, Valladolid (aunque ganó), Camp Nou y en el Bernabéu frente al Betis, y sin embargo sigue líder. A ver por cuánto tiempo. En el escándalo que ocurrió en Italia hace unos años, el Moggigate, se destapó que no solo la Juventus manipulaba la designación de árbitros para poner los que le resultaban más afines, sino que la prensa era cómplice del amaño. Unos medios de comunicación que defendían la limpieza del sistema y de la competición.

Si uno sigue LaLiga (o La Lliga) de cerca, como intento hacer yo aunque a veces me provoque arcadas, encontrará mil pruebas más que evidentes de la manipulación de la competición. Si por el contrario uno ve solo los resúmenes de dos minutos que ofrecen los de Tebas, pensará que esto es un paraíso de limpieza en el que de vez en cuando se ayuda al Madrid.

Voy a poner otro ejemplo que puede parecer menor, aunque para mí no lo es: el jugador ghanés del Alavés Wakaso. En el partido contra el Madrid se pasó 70 minutos haciendo un entradón tras otro y protestando cada vez que le señalaban falta. Fue vergonzoso, pero se fue sin tarjeta. Una semana después fue expulsado por doble amarilla con la mitad de faltas. Pero lo mejor estaba por llegar. Cómo no, en el Camp Nou. Allí vio amarilla por recibir un plantillazo de Umtiti. Pero no quedó ahí la cosa. Si uno observa la secuencia completa, es Wakaso el que llega antes al balón y el que recibe el doble golpe de Umtiti (con los tacos y con la rodilla en la espalda). El árbitro resuelve la jugada con balón para el Barça que acaba en… golazo de Messi. Gracias a @rafa_rnmj por subir el vídeo completo:

https://streamable.com/3p1db

La maquinaria de adulteración se está perfeccionando. El arranque de la temporada siguiente a la 2016-17 fue tremendo. El Madrid venía de ganar Liga y Champions y de arrasar 1-5 en la Supercopa al Barcelona, ganando con diez en el Camp Nou, luchando contra el penalti inventado tras piscinazo de Suárez y con De Burgos Bengoetxea al silbato. Un Villarato moribundo dejó al Madrid fuera del título en las diez primeras jornadas de Liga con decisiones incomprensibles a favor de unos y en contra de otros.

Fue demasiado evidente, así que la temporada siguiente igualaron algunas diferencias, como los penaltis. Con la pequeña diferencia de que al Madrid no le pitaron ninguno a favor en la primera vuelta y sí en la segunda, cuando ya estaba descartado para el título. Con el Barça ocurrió justo lo contrario. ¿Casualidad? No lo creo. Con la Liga ya decidida los números se compensaron. Hay verdaderos estudiosos de la estadística como Maketo Lari o Juanpa Frutos realizando los trabajos de análisis que no realizan los periodistas, y lo que encuentran son anomalías estadísticas demasiado exageradas desde 2004, casualmente desde el año en que Laporta apoyó a Villar para su permanencia al frente de la Federación (El saldo arbitral).

Creo que el Madrid acabará ganando esta Liga, pero estoy convencido de que la va a tener que pelear hasta el final, aunque sea superior al Barça de Messi, Ter Stegen y el #TheTinglao. Estoy viviendo un déjà vu permanente. Temo lo que está por venir el 1 de marzo, pero espero que al final de la temporada el sufrimiento haya merecido la pena.

 

La porra de los Óscar 2020

Películas Óscar 2020

TRAVIS, 09/02/2020

Creo que ningún año había visto tantas películas de las favoritas y candidatas a los Óscar como este año 2020, que además nos ha dejado una buena colección de obras notables. Se debe sin duda al estreno prácticamente simultáneo en cines de todo el mundo o en plataformas como Netflix, no como antaño, cuando tenías que esperar varios meses para el estreno de las películas premiadas en los Óscar, Globos de Oro, BAFTA y demás premios internacionales.

He visto siete de las nueve candidatas a mejor película (se me han escapado Mujercitas y Le Mans 66), aparte de otras con nominaciones en diversos apartados (Puñales por la espalda, Los dos papas, Star Wars: El ascenso de Skywalker, Dolor y gloria, El Rey León, Richard Jewell), así que me siento capacitado para dejar la tradicional apuesta/porra de los premios de la ceremonia de esta noche. Tengo claro que en los Óscar se premia no solo la calidad de la película, sino otras muchas cosas como la moda imperante, lo políticamente correcto, lo conveniente, el pasado de los candidatos, si ya han sido premiados o no, y sobre todo la ola mediática que acompaña a cada candidatura. Tiene que ganar tal o cual porque es la que los medios han empujado desde hace meses, pues vale, ha ocurrido en el pasado y seguirá ocurriendo, así que en esta «mi porra» (a la que invito a amigos y lectores a participar), voy a distinguir entre el que más me ha gustado a mí (en verde) y el que creo que va a ganar (en amarillo). Iré actualizando la porra a lo largo de la jornada con las apuestas que me vayan llegando. Vamos allá:

Película ÓscarMejor película

Aunque Joker es la que cuenta con mayor número de nominaciones, con 11, y sonó durante meses como firme candidata, la del Óscar es una carrera de larga distancia en la que la película de Todd Phillips arrancó demasiado pronto, en agosto. Se llevó el León de Oro de Venecia y multitud de elogios en la prensa, pero creo que no será la ganadora. A veces me parece que cuando una parte de la prensa eleva a los altares a una película, al poco tiempo surge la tendencia contraria que dice que «no es para tanto». Y lo cierto es que Joker es una película notable, incómoda, que te hace empatizar con el trastornado protagonista interpretado por Joaquin Phoenix, pero no creo que sea la mejor del año.

Algunas películas se han colado en la lista sin entender muy bien por qué, como Jo Jo Rabbit, una comedia satírica sobre las juventudes hitlerianas que se desinfla a medida que avanza el metraje, y sin embargo no entró Puñales por la espalda, en la que sucede todo lo contrario. La surcoreana Parasite, o Parásitos, me pareció una puñetera maravilla, me encantó, pero supongo que se llevará el Óscar de mejor película de habla no inglesa. Érase una vez en… Hollywood no está entre lo mejor de Quentin Tarantino, al menos para el que esto escribe, pero en las últimas semanas he leído varias críticas o escuchado algún podcast que la reivindica como un futuro clásico.

Creo que ganará 1917, la película de Sam Mendes sobre las trincheras en la primera guerra mundial, rodada como un falso plano secuencia, al igual que la también oscarizada Birdman (Óscar a mejor película y dirección en 2015). Es la típica película del gusto de la Academia de Hollywood: épica, histórica, una gran producción, exquisita en lo formal y avalada por la crítica. Mi película del año sigue siendo El irlandés, un peliculón con mayúsculas, pero es cierto que sus 210 minutos de metraje echan un poco para atrás. Si hoy domingo por la tarde tuviera la opción de ver 1917 o El irlandés, creo que elegiría la primera, porque la de Scorsese requiere una liturgia previa: tiempo por delante, tranquilidad, comodidad, un baño cerca,…

Óscar directorMejor director

No creo que gane el coreano Bong Joon Ho, que realiza un trabajo acongojante, angustioso por momentos, aunque Hollywood se ha acostumbrado en los últimos años a que el premio a la mejor dirección se lo lleven directores extranjeros, como los mexicanos Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, británicos como Tom Hooper (El discurso del Rey) o Danny Boyle (Slumdog millionaire), un taiwanés como Ang Lee (La vida de Pi y Brokeback mountain) o un francés como Michael Hazanavicius (The artist).

Cuando escribí sobre El irlandés y Érase una vez en… Hollywood, ya indiqué que algo de tijera habría mejorado el resultado final. Scorsese ya se llevó su premio por Infiltrados (tras una carrera repleta de títulos que bien lo merecían) y no creo que gane esta vez. El Tarantino director me gustó más que el Tarantino guionista de su última película, pero parece claro (y así lo indican todas las apuestas) que ganará de nuevo un extranjero en Hollywood: el británico Sam Mendes, por su enorme trabajo de planificación, coordinación y técnica en 1917. Será su segundo Óscar tras el que se llevó por esa patada en el estómago que fue su debut en el cine en 1999, American Beauty.

Óscar actorMejor actor

Desde el estreno de Joker ha sonado el nombre de Joaquin Phoenix como seguro ganador de la estatuilla y todos los premios posteriores han ido confirmándolo, así que parece que habrá poca sorpresa en este apartado. Es un papel desgarrado, desasosegante, poco agradable para el espectador, pero único para el lucimiento de un actor. Es el «pie izquierdo» o el Forrest Gump que casi todos los años aparece para llevarse el premio.

Me alegra ver a Antonio Banderas entre los candidatos después de tantos años, pero creo que no tiene nada que hacer. Su papel haciendo de Almodóvar en la peli de Almodóvar demuestra que todavía tiene mucho que dar y ojalá algún día logre el reconocimiento de la Academia que sí lograron otros menos dotados. Adam Driver me parece un actorazo, cada día me gusta más, y siento una enorme lástima por su personaje en Historia de un matrimonio. Papelón, pero no está entre los favoritos.

La película de Los dos papas me pareció correcta, sin más, y aunque Jonathan Pryce y Anthony Hopkins hagan unos acertados Francisco y Benedicto XVI, o Bergoglio y Ratzinger, no creo que sean papeles de Óscar. El que hace un papel acojonante es Leonardo Di Caprio, que cambia de registro varias veces en la película de Tarantino, a veces en la misma escena, para parecer soberbio, inseguro, atormentado o pasota, según convenga a cada momento. Es el que más me ha gustado, pero después del Óscar por The Revenant no creo que se lo lleve.

Óscar actrizMejor actriz

Todavía no he podido ver a Renée Zellweger interpretando a Judy Garland en Judy, pero al igual que el Óscar a mejor actor, este premio parece claro, de esos otorgados casi antes de comenzar la ceremonia. La operación que se hizo hace unos pocos años desfigurando esa carita de Bridget Jones que tenía, unido a la caracterización para el papel, hacen que esté irreconocible, pero según he leído realiza una gran interpretación, además en un biopic muy del gusto de estos premios.

A mí la que me enamoró (una vez más) fue Scarlett Johansson en Historia de un matrimonio. También en Jo Jo Rabbit, aunque su papel sea menor. En Historia de un matrimonio me pongo en la piel de Adam Driver y me niego a aceptar esa situación en la que se van metiendo los protagonistas. Me cabreo, «joder, salvad ese matrimonio», no dejéis que los picapleitos lo destrocen definitivamente, no dejes que Scarlett Johansson se vaya, haz que se enamore de ti como al principio, como tú sigues enamorado de ella.

Óscar actor repartoMejor actor de reparto

No sé si algún año ha habido tanto nivel en esta categoría. Todos los actores menos Brad Pitt tienen su correspondiente Óscar, incluso más de uno en sus vitrinas, como Tom Hanks. Creo que ganará Brad Pitt por su papel en la de Tarantino, porque nadie se quita la camiseta con su estilo, chulea a Bruce Lee o da palizas a una mujer con una lata de comida para perros de la manera en que él lo hace. Tiene muchos rasgos de algunos de sus papeles más característicos, pero es un actorazo desde hace décadas y quizás le haya llegado el momento de recibir su premio.

Los secundarios de El irlandés están enormes, y tanto Al Pacino como Joe Pesci componen grandes personajes en la peli de Scorsese. A mí me gustó de modo especial el papel de Joe Pesci, quien con sus silencios resulta mucho más expresivo que en todos sus excesos verbales de papeles anteriores (Goodfellas, Casino, Solo en casa, Mi primo Vinny).

Óscar actriz repartoMejor actriz de reparto

¡Qué raro, un año sin Meryl Streep! El papel de Scarlett Johansson en Jo Jo Rabbit tiene poco peso, pues toda la película se apoya en los jóvenes y en ese Hitler paródico, pero aun así es una actriz que cada año luce mejor.

El papel de Kathy Bates en Richard Jewell es… bueno, muy de Kathy Bates. Bien, siempre está bien, pero creo que un premio tiene que tener un plus, algo más. Creo que ganará Laura Dern por su papel de abogada sin escrúpulos en Historia de un matrimonio, donde aparte de resultar manipuladora, fría y cercana a la vez, está más atractiva que veinte años atrás.

Óscar guion originalMejor guion original

Érase una vez en.. Hollywood se llevó el Globo de Oro a mejor guion y ha cosechado un cerro de premios más, pero sinceramente creo que le falta tijera. Quentin Tarantino, en su afán por meter todas las cosas de su particular mundo interior, se pasa, está desmedido por momentos, pero no me extrañará nada si gana.

El guion de 1917 es lo que menos me gustó de la película, que está muy bien, todo hay que decirlo. Pero los protagonistas no dejan de tomar decisiones erróneas, una detrás de otra. Toda la trama gira en torno a una carrera contra el reloj y en ese sentido no va de otra cosa, no aporta más, ni desarrolla demasiado a los personajes. No creo que gane.

El guion de Puñales por la espalda sí es el típico guion trabajado, medido al milímetro, con diálogos certeros, escenas adecuadas y metidas en su momento exacto, sin fisuras. Puede que gane, para mí es mejor que el de Tarantino. Sin embargo, por lo sorprendente que me resultó, por el trasfondo social que tiene, y por su final (o finales, según se quiera), mi preferido es el de la coreana Parásitos.

Óscar guion adaptado

Mejor guion adaptado

No he visto Mujercitas, pero es una historia ya trasladada a la pantalla en varias ocasiones, y no sé si aporta algo diferente a las anteriores versiones de la novela de Louise May Alcott. Quizás tenga opciones por aquello de «lo políticamente correcto» que tanto se ha llevado en Hollywood estos últimos años.

Aunque mi favorita siga siendo El irlandés, no me extrañaría que ganara Joker, aunque tengo dudas de que realmente sea un guion adaptado. El guion de Todd Phillips y Scott Silver se basó inicialmente en Batman: La broma asesina, pero lo que realmente hicieron los guionistas fue tomar el personaje del Joker, cambiarlo por completo, añadirle los aspectos psicópatas-enfermizos de Taxi driver y meterlo en un ambiente opresivo, con un clima de revueltas sociales. Para mí no es realmente una adaptación de una obra del superhéroe. De hecho, la película podría funcionar sin las referencias al pequeño Bruce Wayne.

Óscar película habla no inglesaMejor película de habla no inglesa

Almodóvar, con Dolor y gloria has vuelto a hacer una película interesante tras el tostonazo de Los amantes pasajeros, pero no tienes nada que hacer ante el coreano Bong Joon Ho.

No tengo ninguna duda de que ganará Parásitos, una de las sorpresas de la temporada. La vi en versión original, como no podía ser de otro modo (menudo idioma el coreano), y me sorprendió porque aun siendo sus personajes y el entorno tan distantes al occidente en el que vivimos, muchas de sus situaciones nos llegan a resultar cercanas. La diferencia de clases sociales, la mentira, la manipulación, el saber buscarse la vida,… Recomendable.

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No se puede incluir la fenomenal selección que realiza Scorsese para El irlandés, sino que se trata de premiar a las mejores partituras originales, y aunque John Williams vuelve a estar sembrado en El ascenso de Skywalker, creo que ganará la chelista islandesa Hildur Guonadóttir.

Parece que me he marcado un exceso cinéfilo esnob, de esos de coger un nombre nórdico o indio y dárselas de entendido. Ni mucho menos, lo que he querido decir es que ganará la banda sonora de Joker, porque es perfecta para mostrar la angustia del personaje. Muy buena, inconfundible, de esas músicas que no concibes sin las imágenes que la acompañan.

Óscar película animaciónMejor película de animación

En un año en el que la película de Pixar ha sido más floja que en anteriores ediciones (Toy Story 4 está a años luz de la maravilla que fue la tercera), la categoría está más abierta que nunca. Y ahí es donde puede pescar un premio importantísimo la española Klaus, película escrita y dirigida por Sergio Pablos.

Que se llevara el Óscar dejaría con el culo al aire a nuestra Academia al haberle negado el Goya en la pasada edición, en favor de Buñuel en el laberinto de las tortugas. Mucha suerte a los nuestros.

Resto de categorías

En los apartados técnicos creo que habrá varios premios para Disney y la espectacular recreación de El Rey León con animales ¿reales? Algún premio de consolación para Le Mans 66 (montaje o edición de sonido) y seguro, seguro, alguna puya de los premiados a la Academia por las pocas opciones de minorías étnicas, diversidad sexual, veganos, crudívoros y negacionistas del cambio climático.

Que haya suerte para todos. Estas son las apuestas de los kolegas que se han animado a participar:

Porra 2020

Resultados finales

Pues ha habido sorpresón final. Los cuatro actores fueron los esperados, pero ya había indicios de que podía saltar la campanada, sobre todo cuando Parásitos se llevó el Óscar al mejor guion en lugar del favorito, Tarantino. No hubo suerte para Klaus, ni para Almodóvar ni Banderas.

El premio gordo se lo llevó la surcoreana Parásitos y su director Bong Joon Ho se une a la larga lista de directores extranjeros que se lleva el premio en los últimos años. En nuestra apuesta de amigos (en naranja los aciertos), nos arrasó Móni, que hoy me ha confesado no haber visto Parásitos, su gran apuesta. Paradojas de estos premios.

Porra resultados

And the Oscar goes to… next year!

Las grandes corporaciones son malas (II), por Josean

impuesto-sociedades

Las grandes corporaciones son malas (I). Continuación:

5. Considerar los resultados agregados y no consolidados. El cálculo del impuesto de sociedades de un grupo agrega los resultados individuales de las empresas y luego realiza las eliminaciones de operaciones intragrupo. Una filial de un grupo puede estar vendiendo un producto o servicio a otra del mismo, y lo que para una es un ingreso para la otra puede ser un coste, o un inmovilizado, o unas existencias. Ese resultado se elimina en la consolidación.

El caso del pago de dividendos es quizás en el que se ve con mayor claridad. La empresa B tiene un 50% de participación en la empresa A. Con ese porcentaje, A no consolida fiscalmente en B, y realiza su pago de impuestos con el tipo del 25%.

Antes dividendos

Supongamos (y es mucho suponer) que reparte el 100% del resultado restante a sus accionistas en forma de dividendos, es decir, a su matriz B le llegarían 30 (50% de 60).

La empresa B recibe el 50% del dividendo de A, lo integra en su base individual y lo elimina para el cálculo del impuesto, puesto que ese resultado ya ha tributado anteriormente en la empresa A.

Después de dividendos

¿Con qué resultado comparamos el impuesto? Pues el gobierno ha considerado conveniente hacerlo con el agregado (230 en el ejemplo), no con el consolidado (200), que seguiría siendo el mismo 25%. Esta manipulación de la cifra, o dejémoslo en cálculo interesado, llevado a grandes grupos con multitud de filiales tanto nacionales como extranjeras, produce distorsiones enormes en eso que han llamado tipo efectivo del impuesto.

Por otro lado, y por valorar todos los puntos de vista, este traspaso de resultados entre filiales de diferentes países con tributaciones distintas es muy goloso desde el punto de vista de la «ingeniería fiscal». Yo no digo que no haya que regularlo y controlarlo de algún modo, por supuesto que sí, y ya lo hice en su día con las empresas llamadas GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple). Simplemente me he limitado en los puntos anteriores a criticar la falacia que se trata de vender a los medios para justificar las medidas que el gobierno piensa implantar según el punto 10.2 de su acuerdo:

Acuerdo PSOE-Podemos

a) La tributación mínima del 15%, dependiendo de cómo se realice ese cálculo, puede ser un auténtico hachazo para la tesorería y los resultados de las empresas, y a buen seguro afectará seriamente a su competitividad. Entre los ajustes al resultado contable que conforman la base imponible se encuentra la no deducibilidad parcial de los gastos financieros y amortizaciones, que los manda a ejercicios posteriores. Con este ajuste “Montoriano”, la base imponible se incrementa en el ejercicio en curso (y por tanto el pago de impuestos) a costa de rebajar la de los ejercicios posteriores. El que venga detrás que apechugue.

b) La reducción de la exención de los dividendos del 5% supone que el 95% restante sigue exento, y al tributar al 25% eso supone que el dividendo percibido (y que ya pagó impuestos en origen) tendrá un coste impositivo adicional del 1,25%. En mi ejemplo anterior quedaría así:

Nueva imposición dividendos

Puede ser una medida razonable, contemplada en la Directiva europea, y se justifica en los gastos que una empresa multinacional soporta en origen, en España, para el desarrollo de sus trabajos en el extranjero, pero aunque la fórmula indique que el tipo impositivo de esa empresa es inferior al 25%, no hay que olvidar que el dividendo tributó en origen y va a tributar de nuevo en destino.

Desde hace años se trabaja en la OCDE, el G-20 y la Unión Europea para controlar los abusos fiscales que pueden cometerse cuando se trasladan los beneficios de un país a otro, o se inflan los gastos para dejar el mayor resultado en los países con fiscalidad más favorable. Las normativas BEPS (Base Erosion Profit Shifting), la regulación de los precios de transferencia y de modo más reciente, la necesidad de informar del resultado obtenido por país, el country by country report. La Agencia Tributaria publicó en noviembre su cálculo acerca del impuesto efectivo que pagan las 134 multinacionales españolas obligadas a suministrar la información del country by country report (facturación superior a 750 millones de euros anuales) y concluyó que el tipo efectivo en términos de caja era del 12,6% y en términos de devengo, del 15,5%.

AEAT-country by country

Es otra aproximación. Ya no es el 7,7% sino el doble, si bien ese cálculo country by country peca de errores similares, puesto que algunas empresas informan de los resultados agregados y no consolidados, o no se consideran las compensaciones de impuestos devengadas en ejercicios anteriores como las comentadas en la primera parte de este post. En cualquier caso, este informe por país, bien realizado, puede ser muy útil para controlar los abusos de empresas como las mencionadas que trasladan sus beneficios de un país a otro para rebajar su factura fiscal.

La postura de la CEOE

Si hemos escuchado la versión de la Agencia Tributaria, tenemos que conocer la interpretación de la CEOE sobre este asunto. En diciembre de 2019, la CEOE se revolvió contra la metodología de cálculo empleada por la Agencia Tributaria y publicó su valoración (enlace: Informe CEOE), en la que, aparte de despotricar con razón, publicó los tipos efectivos que consideraba adecuados a la realidad y separando por sectores. Este tipo se acercaba al 20% de media.

Tipo efectivo por sectores

Como indican en su argumentario: “el tipo efectivo sobre la base imponible resulta más realista, ya que se realiza sobre la base imponible por la que las empresas deben tributar en España, descontados los beneficios generados en el extranjero, así como los ajustes por consolidación, las deducciones aplicadas, bases imponibles negativas obtenidas o créditos fiscales logrados”.

En esta otra noticia de esos mismos días, la CEOE indicó que las empresas del Ibex-35 pagan un tipo efectivo medio del 28,7%. Para los que hemos lidiado con el impuesto de sociedades estas diferencias entre “tipos efectivos” parecen un cachondeo, así que no quiero ni imaginar lo que pensará un profano en la materia.

La AEDAF (Asociación Española de Asesores Fiscales), en este interesante artículo titulado Tributación efectiva y la ceremonia de la confusión concluye que “el tipo efectivo medio de las empresas españolas ronda el 27%, partiendo de la metodología propuesta a tal efecto por la propia Dirección General de Tributos, el Banco de España y la propia OCDE”.

Y una referencia más: el Índice de Competitividad Fiscal de 2019, realizado por la Tax Foundation de Estados Unidos, que se puede descargar fácilmente en este enlace. El informe llega a las siguientes conclusiones:

Fortalezas y debilidades IS español

El denominado Índice de Competitividad Fiscal pretende medir si las políticas fiscales de los distintos países se guían por los dos principios que considera básicos en una buena política tributaria: competitividad y neutralidad. En función de su análisis elabora un ranking de competitividad fiscal que sitúa a España en una posición intermedia-baja (23º sobre 36 países analizados) por su fiscalidad global, el 22º por el Impuesto de Sociedades.

Ranking 2019 ICF 1

Ranking 2019 ICF 2

Conclusiones

Por supuesto que hay que mejorar la fiscalidad de las empresas y la recaudación, pero para ello no conviene mentir, que es de lo que iban estos dos textos tan largos y posiblemente tediosos que me he marcado. Y una cosa también importante: conviene no cambiar la normativa cada año. Según la misma Tax Foundation, el Impuesto de Sociedades español ha tenido más de doscientas modificaciones entre 2007 y 2017, y ahora mismo es una maraña infernal en la que se pierden fiscalistas, asesores, inspectores y por supuesto los que trabajamos en las empresas. Lo que hoy no resulta válido sí lo era hace tres años, o con otros porcentajes hace cinco, o con distintas deducciones hace siete. Es una auténtica tortura.

Hay muchas cosas que cambiar en el actual Impuesto de Sociedades, empezando por su simplificación. No hace tantos años el tipo impositivo era mucho más alto, del 35%, pero había una gran cantidad de deducciones, muchas de las cuales sí eran deducciones-trampa, o deducciones-colador, ingeniería fiscal cutre. A medida que fue bajando el tipo impositivo se redujeron las deducciones, pero por el contrario se ha complicado con los ajustes en la base imponible y las patadas hacia delante de numerosos gastos (más recaudación en el corto plazo, menor en el largo). Dejémonos de artificios, empezando por la administración.

La fiscalidad debe adaptarse a la realidad de los nuevos negocios, por difícil que me parezca atar en corto a la economía digital. Debido a la dificultad de localizar a las empresas de esta nueva economía digital, 137 países se han puesto de acuerdo en establecer una tasa global para gravar a las empresas por el lugar en el que tengan sus clientes, no sus oficinas. Puede ser un primer paso, preferible desde luego a ese modo de «hacer la guerra cada uno por su cuenta» que habían iniciado algunos países.

Bill Gates propuso hace unos meses establecer un impuesto a los robots, calculado en función del impuesto que pagaba el trabajador reemplazado. “Ahora mismo, un trabajador que realiza un trabajo en una fábrica e ingresa 50.000 dólares al año, paga unos determinados impuestos sobre esos ingresos. Si un robot viene a hacer la misma labor, se podría pensar en gravar al robot con un importe de impuestos equivalente”. Puede que sea razonable, pero no lo tengo claro, ¿y un ordenador? ¿Una cosechadora? ¿Cualquier cadena de producción del último siglo? Casi cualquier avance tecnológico supuso la sustitución de puestos de trabajo y no se generó este debate. ¿Por qué no establecer ese impuesto a «los chinos», que también han sustituido muchos puestos de trabajo locales y me niego a creer que todos ellos y sus negocios paguen impuestos?

Sobre el impuesto a las transacciones financieras ya me pronuncié en su día de modo favorable, y especialmente a las que no aportan valor y son de carácter puramente especulativo. Sigo sin entender por qué dejaron a los derivados fuera del proyecto de ley.

Hay mucho recorrido para aumentar los impuestos «verdes», relacionados con toda la eliminación de residuos. Si el principio es el de «quien contamina, paga», habrá que hacer que los productos (y por tanto los clientes) paguen mucho más por el residuo que generan, ya sea el plástico o el textil, uno de los más contaminantes que existe. Mientras no se penalice el producto por el tratamiento del residuo que genere seguiremos viendo camisetas a tres euros o mierdas de plástico a un euro, en los chinos y en los no chinos.

Hay que aumentar el número de inspectores y los medios de la inspección, puesto que estamos en unas cifras bajas en comparación con la media de la Unión Europea. Y creo que pese a que recomiende el aumento de inspecciones, hay que dejar trabajar a las empresas y no volver locos a sus gestores con tanto cambio normativo e impositivo, muchas veces generado para aumentar la recaudación en el corto plazo aun a costa de perjudicar el largo y la competitividad de las empresas.

 

Las grandes corporaciones son malas (I)

Ministra Montero

JOSEAN, 31/01/2020

Según un informe de la Agencia Tributaria de noviembre de 2019, las grandes empresas pagan solo un 7,7% de sus beneficios a Hacienda, un porcentaje muy inferior al 14% de las medianas empresas o al 18,3% de las pequeñas. Puesto que el tipo impositivo del impuesto de Sociedades es del 25%, la pregunta resulta obvia: ¿de verdad las grandes empresas pagan solo un 7,7% de sus beneficios? Si esto fuera así (y no creo que debamos desconfiar de Hacienda), ¿no sería España un verdadero paraíso fiscal dentro de la Unión Europea, un lugar en el que las principales multinacionales se establecerían para ahorrarse la factura fiscal? Sin embargo sabemos que no es así, que los destinos elegidos suelen ser Irlanda (12% de tipo impositivo) o Luxemburgo, o las islas del Canal. Entonces, ¿nos están mintiendo con esta cifra?

Como dijo un reconocido miembro del equipo de este gobierno de coalición y de progreso: “a los grandes grupos les conviene tributar más porque es que si no, esto de la cohesión social y la circunstancia tributaria no se sostiene”. ¡Habéis sido malos!¿Adivinan quién dijo esta frase, a continuación de repetir el consabido mantra de que las grandes corporaciones tributan solo un 7% de sus beneficios? Pues no, no fue la ministra Montero, ni el economista castrista Garzón, ni Pablo Iglesias, ni el presidente Sánchez. He hecho una pequeña trampa porque esta frase la dijo el que fuera ministro de Hacienda durante muchos años, Cristóbal Montoro. (Enlace a Montoro miente).

Montero y Montoro

El gobierno actual utiliza la misma estrategia de manipulación y mentira de la que abusó en su día el anterior: desviar la atención sobre su ineptitud para recortar gastos y culpar a esas grandes empresas, ¡las grandes corporaciones!, a las que dibujan como un ente impersonal e inhumano que devora criaturas y se lleva los beneficios a las islas Caimán para que un puñado de accionistas se hagan multimillonarios. La estrategia fue utilizada una y otra vez durante las pasadas elecciones de noviembre, y en las de abril, y en 2018, en 2017,… ¿No querían combatir las fake news? Pues pueden empezar por ese supuesto tipo impositivo.

El acuerdo de gobierno firmado por PSOE y Unidas Podemos el 30 de diciembre recoge en su punto número 10 lo que definen como “Justicia fiscal y equilibrio presupuestario”. Equilibrio presupuestario… puesto que piensan incrementar el gasto público, como se presume de los nueve puntos anteriores, el equilibrio solo se puede lograr subiendo los impuestos. Y lo que llaman justicia fiscal tiene una carga ideológica interesada que es la que este gobierno debe saber manejar sin entrar en demagogias o en trampas como las de Montoro. Dudo mucho que lo vayan a hacer.

Es muy posible que pueda estar de acuerdo con el planteamiento en aras de una mejor tributación, pero en lo que no puedo estar de acuerdo es en la mentira tal como se ha contado. Cualquier persona acostumbrada a lidiar con el impuesto de sociedades sabe dónde está la burda trampa de estos cálculos, pero voy a tratar de explicarlo de un modo gráfico para los menos iniciados en la materia. Las trampas de Montero hoy son casi las mismas de Montoro ayer:

1. Calcular el tipo impositivo en función del resultado contable y no de la base imponible. Las diferencias son considerables. Hay ajustes que aumentan la base imponible (por ejemplo, los famosos gastos no deducibles) y otros que la disminuyen (como los ingresos por dividendos o los ajustes por diferimiento del arrendamiento financiero). Así que comparar el gasto por impuesto con el resultado contable lleva a resultados dispares alejados de la realidad. Para los menos habituados a lidiar con el impuesto, los posibles ajustes son tantos como los que siguen:

Ajustes impuesto

Ajustes impuesto 2

2. No tener en cuenta las pérdidas. Cuando un grupo tiene varias sociedades y un consolidado fiscal, las bases imponibles se suman y compensan entre ellas, las positivas con las negativas. Salvando las distancias y resumiéndolo mucho, de este modo:

Ajuste pérdidas 1

Sin embargo, la nueva metodología de cálculo propuesta por el Ministerio suma solo los resultados positivos de las empresas y compara el agregado con el impuesto liquidado. Tan burdo como lo descrito:

Ajustes pérdidas 2

Mismos resultados individuales, un tipo global completamente distinto.

3. Comparar el pago de impuesto de sociedades en España con el beneficio agregado de un grupo en varios países. Supongamos un grupo con filiales en Francia y Argentina, países en los que tributa el impuesto correspondiente con el tipo impositivo de cada país. El tipo impositivo en España no cambia, sigue siendo el mismo, o si queremos hacer una media podríamos dividir el pago por impuestos en varios países por el beneficio consolidado:

Ajustes IS extranjero 1

Sin embargo, el Ministerio compara exclusivamente el pago realizado en España con el beneficio agregado y así sale lo que sale. Es ridículo, pero estos cálculos los ha hecho gente muy seria y los ha llevado a ruedas de prensa y presentaciones de resultados:

Ajustes IS extranjero 2

4. Obviar la compensación de pérdidas de ejercicios anteriores. Este fue uno de los “grandes inventos” de Montoro para frenar la sangría que las pérdidas de las empresas españolas durante la crisis iba a suponer en la recaudación del impuesto de sociedades cuando llegara la recuperación. Hasta la célebre “Montorada”, una empresa con beneficios podía compensar el pago de impuestos si en los ejercicios precedentes había tenido pérdidas.

No quiero extenderme hablando de créditos fiscales o de BINs (Bases Imponibles Negativas), sino que trataré de explicarlo con un ejemplo: si la empresa A tiene un beneficio de 100, pero en los dos ejercicios precedentes ha tenido unas pérdidas de 30 y 50, podía liquidar el impuesto tras compensar la Base Imponible positiva del ejercicio con las negativas (BINs) de los anteriores:

Ajustes compensación pérdidas 1

Como solo pagaría 5 en impuestos, ¿significaba eso que su tipo impositivo era del 5%? No, en absoluto. Cuando Montoro vio que muchas de las grandes empresas españolas habían sufrido pérdidas severas durante la crisis, se temió que con la recuperación de las cuentas de resultados la recaudación iba a ser paupérrima, así que se sacó de la manga la modificación del impuesto que permite a las empresas compensar solo el 25% de las BINs cada ejercicio con Bases positivas. En el ejemplo expuesto, la empresa solo podría compensar el 25% de las pérdidas de los años precedentes (20) y tendría que pagar el impuesto por el resto.

Ajustes compensación pérdidas 2

La empresa asfixiada (tras los EREs, ampliaciones de capital o lo que haya tenido que afrontar), en cuanto empieza a asomar la cabeza, tiene además un perjuicio en el pago del impuesto. En el global de esos años está pagando más de lo que le correspondería pagar, pero es que además con el cálculo propuesto por la Agencia Tributaria parece que incluso tributa con ventajas, con un 20% de tipo, de nuevo inferior al 25%. Es surrealista, kafkiano, pero es real.

5. Considerar los resultados agregados y no consolidados. El cálculo del impuesto de sociedades de un grupo agrega los resultados individuales de las empresas y luego realiza las eliminaciones de operaciones intragrupo.

Continuará: Las grandes corporaciones son malas (II)

De la Supercopa a la Copa, y al Cholo poca estopa

Cultural Leonesa

BARNEY, 24/01/2020

Parece mentira tener que repetir la obviedad de que en el fútbol no puedes confiarte nunca, que luego pasa lo que pasa. No hay enemigo pequeño, no puedes dejar a los mejores en casa, no puedes salir a reservar,… La Cultural Leonesa, con su presupuesto anual de 2,75 millones de euros, se ha cargado de la Copa del Rey al Atleti del Cholo, el entrenador “estrella” ahora estrellado que se embolsa esa misma cantidad cada 42 días. Esta vez ni siquiera le queda la tradicional excusa del presupuesto, la que suele esgrimir cuando palma con el Madrid, no con el Barça, porque solo el fichaje de Joao Félix esta temporada le daría para sufragar los gastos de la Cultural durante ¡45 años!

En este mes que termina en unos días, la cuesta de enero que tradicionalmente se le atragantaba al Real Madrid se ha trasladado a los vecinos del Metropolitano y al equipo de lo que Guardiola definió como “ese pequeño país al norte de España”. Hemos vivido un enero enormemente divertido por primera vez en mucho tiempo, que además ha servido o está sirviendo para poner muchas cosas en su sitio.

La Supercopa

Portada ArabiaComenzamos con ese torneo arrancado a los aficionados españoles y llevado de manera infame a Arabia Saudí: la Supercopa de España. Me harté de leer comentarios acerca del equipo “invitado”, el “intruso”, el que no debería estar ahí, apelativos referidos al Madrid y casi nunca al Atleti, que reunía los mismos méritos, si no menos (el Madrid ganó el Mundial de clubes la temporada anterior). Vamos a ver, los árabes pusieron la pasta que pusieron (y consta que fue mucha) para ver al Madrid y a Messi, a ver si lo vamos entendiendo todos. Muchos culés encendidos con la presencia del Madrid en la final han callado cuando el formato de la Supercopa femenina se ha cambiado para incluir a cuatro equipos: el Atleti (campeón de Liga), la Real Sociedad (campeón de Copa) y el Levante y el Barça (los invitados intrusos que no deberían estar ahí).

El Madrid se presentó sin Benzema, Hazard, Bale y Asensio, casi nada. Poned los nombres que queráis para hacer la comparación con el Barça o el Atleti. Y Zidane respondió como siempre a todas las preguntas inquisitoriales y metemierdas acerca de la presencia del equipo o de las numerosas ausencias: con una sonrisa. Con tranquilidad, sin aspavientos, mirando a los ojos a la «mejor prensa deportiva» del mundo y desmontando sus patrañas.

Era un torneo que no me interesaba demasiado, pero a medida que fue avanzando me enganchó y lo disfruté como un enano. El Madrid se alzó con el título frente a los tres equipos más antimadridistas del planeta (el Sevilla puja para entrar en la terna) y dejó muchos cadáveres en el camino. Se llevó por delante al mismísimo Ernesto Valverde, cuando tenía al equipo líder en LaLliga de Tebas y clasificado para Champions con comodidad. Y de regalo, cuatro meses de baja para el terror de tibias, cuellos y nucas de defensas, Luis Suárez.

Pero el torneo sirvió para muchas otras cosas:

  • Para ver que las imágenes de un VAR sin manipular se pueden mostrar al instante y desde el punto exacto que el espectador necesita, en línea con la acción, como en los goles anulados al Barça frente al Atleti, y no como en tantos otros en nuestra Liga, donde nunca aparece la imagen que árbitros y espectadores requieren. El gol anulado a Bale en el Camp Nou, por ejemplo. Seguramente es fuera de juego, pero llama poderosamente la atención que con más de cincuenta cámaras en el campo no se haya mostrado ni una sola imagen desde la cámara que estaba en la acción de la jugada.
  • Para captar la rabia de los antimadridistas (y descojonarse de ellos) con la jugada decisiva del torneo: la entrada de Fede Valverde a Morata en el minuto 117 de partido. El colmo de la estulticia lo mostró Marçal Llorente, del Mundo Deportivo, quien llegó a decir que esa jugada, aunque fuera cinco o seis metros fuera del área, debía señalarse siempre como penalti y expulsión. ¡Ja, ja, ja, ja! Otros como Antón Meana pidieron una sanción de no menos de cinco o seis partidos para el uruguayo del Madrid, como si esta hubiera sido la entrada más salvaje de la historia.

Marsal Llorente

  • Para comprobar que Piqué sigue gozando de un Reglamento diferente, como lo han tenido Mascherano, Messi y Luis Suárez durante años.

Fouto Piqué

Mano Piqué

  • Para ver los planteamientos cicateros del Cholo una vez más. Hizo un partido horrible contra el Barça, pero le mantuvieron Oblak y los aciertos del VAR (que en España nunca se habrían dado), y le dio la vuelta al partido por la espantosa defensa del Barcelona. Contra el Madrid jugó a lo de siempre, a encerrarse y esperar su oportunidad. Y aunque estuvo a punto de salirle bien la jugada, creo que «lo del Cholo» huele desde hace mucho tiempo. Cansa.

Ser del Atleti

 

El nuevo formato de la Copa del Rey

La Copa del Rey ha vuelto a un formato complicado, con eliminatorias a un solo partido en el campo del equipo de menor categoría. Recordemos que con este formato el Real Madrid cayó frente al Toledo en el año 2000 y el Barça fue eliminado tres veces en cuatro temporadas tras caer frente a Novelda, Figueras y Gramanet. Los equipos grandes estaban advertidos y aunque el Madrid pasó sin demasiados apuros, el Barça tuvo que esperar hasta el minuto 95 y otros primeras como Celta, Betis, Valladolid o Mallorca cayeron eliminados.

El Atleti del Cholo sabía que no se podía confiar, pero jugó a lo de siempre. Marcó el gol y se encerró atrás. Pero esta vez no estaba Jan Oblak, el porterazo que durante años ha tapado la ausencia de juego de los de Simeone, y Adán falló en los dos goles de la Cultural Leonesa. La última vez que el Atleti cayó contra un Segunda B en Copa del Rey fue en diciembre de 2011, frente al Albacete y supuso la destitución inmediata del entrenador, Gregorio Manzano, y la llegada del Cholo Simeone.

Sé que no va a ocurrir, pero para mí huele al fin del ciclo de Simeone en el Atleti. Hay muy pocas críticas en la prensa, porque al Cholo siempre se le han alabado hasta los errores, pero el discurso victimista empieza a cantar demasiado. Está a ocho puntos del Madrid y el Barça en Liga, y lo normal es que el Liverpool lo elimine en octavos de Champions dentro de un mes. Ya no sirve hablar del presupuesto o decir que es un equipo que no puede aspirar a los grandes fichajes del Madrid y el Barça, porque ha gastado más que el Madrid en las últimas temporadas. Se ha fundido 125 millones en Joao Félix, un portugués de 19 años que tiene pinta de buen futbolista, pero al que le falta todavía mucho por depurar. O los 75 millones de Lemar, al que no dio un solo minuto en León por muy mal que fueran las cosas. O los 50 de Morata, o los 40 de Marcos Llorente, que apenas juega.

Cultural Leonesa Joao Félix

El Atleti tiene jugadores para ofrecer un estilo muy distinto al ultradefensivo que suele mostrar en la mayoría de partidos, y por lo que he leído en prensa, al menos una parte del público del Metropolitano ha empezado a demandar un cambio de estilo. ¿Lo hará? No lo creo. En apenas dos semanas visitará el Bernabéu, su partido favorito del año, ese en el que el hecho de no salir derrotado lo celebra como si hubiera ganado la Champions. Recuerdo un año en que el Estudiantes ganó en la pretemporada al Real Madrid de baloncesto. Como ese era su objetivo de toda la temporada, el resto fue un desastre y quedó penúltimo en la Liga ACB. A eso me huele ahora el Atleti del Cholo. Los 7 goles de pretemporada le dejaron saciado y creo que ya solo le motiva jorobarle la Liga al Madrid arrancándole puntos en el Bernabéu.

Pretemporada

El Cholo seguirá gozando de su prestigio entre los periodistas, no me cabe duda. Le seguirán alabando sus arrebatos barriobajeros y le aplaudirán como en Lisboa, apenas diez minutos después de intentar agredir a un entonces veinteañero Varane.

Otros mientras tanto, seguiremos disfrutando de ese entrenador calvo y sonriente apodado Zizou, al que le niegan sus conocimientos los mismos palmeros del Cholo. Un  entrenador ganador de tres Champions consecutivas que está formando un equipo compacto, rocoso, reconocible, sólido atrás por primera vez en décadas, al que solo le falta incorporar la calidad en ataque de Hazard, Jovic y Asensio (por desgracia, a Bale, con todo lo que le he defendido en estas páginas, ya ni está, ni por desgracia, se le espera). Se le criticó por la salida de Ceballos, Marcos Llorente y negarse a la contratación de Kepa. Meses después, el sevillano mendiga minutos en el Arsenal, mientras el entrenador, Mikel Arteta, le contesta que primero se ponga en forma. Marcos Llorente sigue siendo suplentísimo en el Atleti del Cholo y la criticada elección de Zizou, Fede Valverde, fue elegido MVP de la Supercopa y va camino de ser un jugadorazo para una década. Las cagadas de Kepa en el Chelsea son ya memes para los aficionados, y Courtois ha recuperado el nivel que le hizo ser Guante de Oro en el pasado Mundial de Rusia. Algo sabrá el entrenador este que no fue capaz de ganarle a La Roda.

La metáfora del pelo

Zidane muestra orgulloso una calva brillante, clara como su mente, como la inteligencia que muestra en tantos planteamientos de partidos. Simeone lleva años tratando de tapar la suya, pero se le ven demasiado las costuras.

Quique Setién en cambio tiene una poblada mata gris de pelo, como grises han sido sus dos partidos al frente del Barça. Ochenta por ciento de posesión y poquísimos disparos a puerta. Pero lo mejor de todo es que volvemos a tener un entendido en «céspet» en el Barça. Todo sea mientras llega el maestro Jardiner de Catar.

Posesión