Las auditorías de Real Madrid y Barça (II)

Continuación de Las auditorías de Real Madrid y Barça (I)

4. Fondo de maniobra

El fondo de maniobra mide la diferencia entre la deuda de una sociedad a corto plazo (pasivo corriente) y los activos líquidos en el corto plazo (activo corriente) para afrontar la misma. En el caso del Real Madrid, el saldo es negativo de manera estructural, es algo habitual. El propio equipo gestor del club explica que es así desde hace años de manera sistemática, debido al devengo de las fichas de los futbolistas y al cobro de las cuotas de los socios. Como las cuentas se cierran en junio, el club cancela estos saldos en el segundo semestre del ejercicio y vuelve a generarlos en el primero del año siguiente. Quizás para tranquilizar al socio que pueda preocuparse por este fondo de maniobra negativo recurrente, el club incluye, junto a su evolución, la elevada tesorería disponible (parte inferior), que será la que le permita afrontar los pagos sin mayores problemas.

El único saldo positivo de estos últimos quince años se debe a los cobros obtenidos por la venta a Legends y Sixth Street. Sin embargo, no es una partida que deba descuidarse, como tampoco el hecho de que la tesorería haya bajado de 402 millones de euros a 128 millones. En cualquier caso, me parece un análisis incompleto porque, como indican las cuentas, se trata del Fondo de maniobra excluido el proyecto de remodelación del estadio.

El Fútbol Club Barcelona no hace un análisis detallado de un período tan amplio como el Real Madrid, de hecho, ni siquiera menciona el fondo de maniobra como tal. El cálculo es sencillo de realizar, basta con seleccionar las partidas de activo y pasivo corrientes:

427 millones de euros positivo… teóricamente. Si no tuviéramos en cuenta los ingresos no recurrentes o extraordinarios de los últimos dos ejercicios, la situación será aún más preocupante de lo que ya es con la deuda a largo, al situarse en negativo (104,7 mill.). El propio auditor hace referencia a este desequilibrio al manifestar sus dudas respecto a la continuidad del club en el apartado de «principio de empresa en funcionamiento»:

A todo ello habrá que sumarle las caídas de ingresos en el ejercicio 2023-24, pues faltará el 25 por ciento de los derechos de televisión vendidos, más la reducción por el traslado a Montjuic, y no habrá extraordinarios. El auditor cuestiona ese fondo de maniobra positivo y la propia continuidad de la institución al hablar de «Una duda significativa sobre la aplicación del principio de empresa en funcionamiento«, lo cual es un eufemismo de «estás quebrado como no cambies la gestión». No parece que Joan Laporta y sus directivos estén por la labor, pero me temo que al club no le queda otra que dar salida a jugadores, aunque solo sea para pagar los 207 millones que adeuda a otros clubes (ver apdo. 3 en la primera parte), 90 de los cuales tiene que afrontar antes de junio de 2024. Quizás por eso mismo han decidido presupuestar 84 millones de euros por venta de jugadores.

5. Patrimonio Neto

Con el Real Madrid y el Barça ocurre algo muy diferente a las empresas privadas, y es que se trata de clubes deportivos, no sociedades anónimas deportivas, y en su objeto social no está la rentabilidad del accionista ni, por tanto, el reparto del dividendo. El Patrimonio Neto de los clubes mide sus recursos propios, el valor de la institución como tal: el fondo social, los resultados acumulados y no distribuidos, más las reservas legales o estatutarias que haya podido dotar en los años previos. En este apartado, el Real Madrid tiene una trayectoria muy consolidada de más de veinte años, de estar bajo mínimos a mostrar una salud financiera potente:

La gráfica es muy concluyente, una línea de crecimiento sostenida en el tiempo durante más de dos décadas. Sin embargo, no todo es positivo, o la gráfica no muestra toda la realidad: de no haber sido por la mencionada operación de venta a Legends y Sixth Street, el club habría tenido un deterioro en el patrimonio entre los 220 y los 300 millones de euros. Bien es cierto que el club aprovechó esa plusvalía en la 2021-22 para dotar provisiones (meramente contables) ante posibles riesgos por 71 millones de euros:

Esos riesgos no vienen explicados con mucho detalle y tuve que buscar en las cuentas del ejercicio anterior, pero se deben a la suma de varias partidas:

  • Importes a pagar a clubes de origen de los que se fichó jugadores: los famosos «variables» por trofeos obtenidos, sospecho.
  • El litigio sobre la permuta de terrenos de la que hablaré en el punto 6. El Real Madrid dio de baja esta provisión tras la resolución del TJUE en 2021, y volvió a dotarla al reabrirse el expediente.
  • Otras sin mucho detalle, como reclamaciones de la Agencia Tributaria.

Es una decisión que no supone salida de caja, pero sí reduce el resultado contable. Parecido a lo ya comentado que hizo el Barça cuando se dio el resultado extraordinario positivo y aprovechó para provisionar (anticipar el coste) las indemnizaciones que previsiblemente tendrá que abonar a varios exjugadores.

En cuanto al Patrimonio Neto del eterno rival, la situación es diametralmente opuesta. Si no fuera un club de fútbol que, además, cuenta con un respaldo institucional potente tanto a nivel autonómico como nacional (controlan todos los estamentos y la mayor parte del «relato»), hace tiempo que habría quebrado o bajado de categoría como hicieron con otros como el Elche o el Reus, o se habría convertido en sociedad anónima deportiva, que seguramente es el camino que recorrerá más pronto que tarde.

El club ha recuperado aparentemente el equilibrio patrimonial, y digo «aparentemente» porque en las cuentas se ve de manera clara cómo los 400 millones generados de resultado (303.711 más 97.577) a base de anticipar ingresos futuros han salvado temporalmente la cara del club. Lo que no cuentan estos cuadros es cómo van a dificultar su competitividad y quién sabe si su pervivencia bajo la figura de club deportivo en los próximos ejercicios. En este punto concreto es importante recordar que la Ley del Deporte aprobada en diciembre de 2022 eliminó la obligatoriedad de que los directivos de los clubes de fútbol tuvieran que avalar con su propio patrimonio las pérdidas generadas bajo su gestión. El principal promotor de esa ley fue Albert Soler, «casualmente» directivo del Fútbol Club Barcelona hasta su nombramiento como máximo mandatario del Consejo Superior de Deportes. «Casualmente» también, un conocedor de los pagos al segundo de los árbitros, Enríquez Negreira, mientras tramitaba «casualmente» esa misma ley que ha permitido que todos los delitos de corrupción deportiva en los que haya incurrido el Barça durante al menos diecisiete años hayan quedado prescritos al mantener un (ridículo) plazo para las infracciones muy graves. Supongo que también fue «casualidad» que Albert Soler dimitiera apenas un mes después de la aprobación de la ley que permite que el Barça siga campando a sus anchas pese a los pagos al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros y a las aberraciones financieras en sus balances.

6. Litigios / Pasivos contingentes

6.1. Real Madrid

Como es imperativo en la normativa vigente, las cuentas del Real Madrid hacen mención a una serie de litigios en los que el club está inmerso, por si el resultado de los mismos pudiera tener un impacto contable. En algunos casos no es necesario que sean litigios en vía administrativa o ya en los juzgados, sino que los informes para los socios deben reflejar posibles pasivos contingentes, como los pagos variables a clubes y patrocinadores por logros deportivos (los famosos «tantos millones fijos más X en variables» que escuchamos tras cada fichaje, nota 13.4 del Informe). Otros litigios que aparecen en las cuentas son:

  • Litigio por la permuta de terrenos en Castellana por otros en Valdebebas, un pleito que arranca de finales de los noventa. El Real Madrid pagó 20,2 millones de euros al ayuntamiento de Madrid en 2016, pero el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dio la razón al club en 2021, razón por la cual se reconocieron los ingresos más intereses en ese ejercicio. Sin embargo, el caso no ha concluido y la Comisión Europea va a efectuar una nueva tasación de los terrenos (¿veinte años después?), por lo que el club ha decidido provisionar de nuevo la partida.
  • Reclamación a la Agencia Tributaria de 7 millones de euros para la devolución de unas cantidades abonadas por la consideración realizada de «ayuda de Estado» sobre el régimen tributario de los clubes deportivos. Es la misma reclamación que realizaron el Barça, el Athletic y el Osasuna, pero se ha perdido de manera definitiva en los tribunales.
  • La enésima reclamación del club a LaLiga del «muy madridista» Javier Tebas por el reparto de los derechos de televisión de la temporada 2016-17. El club insiste (y ha ganado de manera reiterada en los tribunales a LaLiga) por el inadecuado reparto de los derechos de televisión. Este año ha ganado a LaLiga una demanda por los derechos de la previa y los post-partido, y entre estos pleitos, más la negativa reiterada a las estratosféricas subidas de sueldo del señor Tebas (5,4 millones de euros ya), la relación no puede ser peor, pese a lo cual nos toca escuchar a los madridistas que el club controla todo. LaLiga (numerosos frentes abiertos), la Federación y el CTA (el club se personó como perjudicado), los medios (subvencionados por la propia Liga y por el Barça), el CSD de Albert Soler y «el relato» de las televisiones (Mediapro y GolTV, de Tatxo Benet, con Roures en la sombra, accionistas de Barça Studios).
  • Las cuentas mencionan la pérdida del litigio millonario contra IPIC (Cepsa) y el fondo de Abu Dábi por el acuerdo sobre los derechos de explotación del estadio de 2014.

El Real Madrid no tiene ningún saldo provisionado en las cuentas por estas últimas tres partidas (Agencia Tributaria, LaLiga e IPIC), puesto que el éxito de las reclamaciones supondría mayores ingresos, y no una salida de caja. Mejorarían la cuenta de resultados y el club, con buena lógica, prefiere mantener una política de prudencia contable.

6.2. Fútbol Club Barcelona

Voy a tratar de ser objetivo y dejar mi lado de aficionado (sé que estoy fallando estrepitosamente en el análisis), pero es que me costaría mucho ser seguidor de este club solo con lo que figura en las cuentas, no ya con todo lo que realmente hay.

  • Litigio con DIS por el fichaje de Neymar Jr. Los innumerables contratos que firmó el Barça con intermediarios y diferentes empresas tenedoras de los derechos del futbolista originaron una reclamación de más de 40 millones de euros de la empresa DIS. El fichaje se realizó por una cifra entre los 19 millones que contaron inicialmente, los 94 que reconoció el club con posterioridad, y los 150 que dijo Florentino Pérez que solicitaron en su día al Real Madrid. Se firmaron tal cantidad de contratos (el del padre del jugador es el «top» de inverosimilitud), que, dentro de ese abanico de cifras, cada uno puede creer lo que le parezca Al final, esta reclamación se ha resuelto de manera favorable para el Barça, cuya directiva ha respirado:
  • La reclamación por el caso de I3 Ventures y el espionaje a varios jugadores encargado por la anterior directiva. El club no provisiona nada porque se trata de una reclamación contra la anterior directiva, es decir, se considera perjudicado en la causa.
  • Hace mención a la posible «administración desleal» de la anterior Junta Directiva (Bartomeu) y tampoco provisiona ninguna partida por la misma razón mencionada en el punto anterior. El día que alguien escriba sobre las guerras internas de poder del Barça van a salir cosas «muy divertidas».
  • Se incluye de pasada la reclamación mantenida contra la Agencia Tributaria por el mismo concepto que el Real Madrid (las posibles ayudas de Estado del régimen tributario).
  • Y por último (y me froto las manos), se hace una extensa mención a la investigación del club por «corrupción deportiva» continuada, falsedad documental y administración desleal por los pagos a las empresas de Enríquez Negreira para «garantizar la neutralidad» de los arbitrajes… ah, no, que eso no lo dice el club, lo dijo el propio receptor de los pagos. El club no ha provisionado ninguna partida por la dificultad para evaluarla y por considerar que está en una fase preliminar de la investigación. La realidad es que un descenso de categoría (que no ocurrirá jamás por mucho que lo merezca, porque el Barça, si hace falta, será incluido en la Ley de Amnistía) o una expulsión de la Champions supondrían una merma de los ingresos por derechos de televisión superiores al noventa por ciento. Derechos que, además, han sido vendidos parcialmente a un fondo.

7. Opinión de los auditores

Con todo lo mencionado en estos dos extensos post, la opinión del auditor del Real Madrid (EY) es una opinión bastante limpia, en la que apenas se mencionan dos temas menores y por la dificultad para valorar los conceptos:

  • El activo intangible: la partida referida a los importes pagados por los fichajes de futbolistas. El auditor manifiesta la dificultad para valorar dichos importes (normal, ¿cuánto valía Hazard, que seguía en el activo por unos 25 millones de euros? ¿O, por el contrario, Vinícius?).
  • Una mención menor a la valoración de los ingresos por partidos amistosos o derechos de televisión anticipados.

En cuanto a la opinión de los auditores del Fútbol Club Barcelona (Grant Thornton), es para salir corriendo de allí. Solo la extensión de su informe ya da una idea de lo delicada que es la situación del club. El auditor advierte a los socios del club, que es a quienes se supone que se dirige (aunque luego estos votan aborregadamente lo que Laporta les plantee), sobre varios aspectos de las cuentas:

  • La venta de los derechos de televisión por 25 años y los ingresos anticipados:
  • Dedica un amplio apartado al Espai Barça y menciona de manera expresa la construcción prevista inicialmente de un nuevo Palau, aprobado en Junta:

pero luego no se moja con la desaparición del mismo del proyecto final, sino que manifiesta sus dudas acerca del control que la Junta pueda tener sobre las decisiones relevantes del club. La pérdida de control evidente ante quien pone los fondos:

  • La venta de Barça Studios y su hiper inflada valoración genera dudas al auditor. Justo las que no generó al control económico de LaLiga, lo que permitió que el club inscribiera de manera sospechosa a todos sus fichajes de las últimas dos temporadas, pese a no haber cobrado las cantidades previstas:

El auditor se lo cree menos que nosotros, los aficionados del equipo rival:

  • Incluye una nota similar a la del Real Madrid acerca de la complejidad que supone hacer una valoración certera del inmovilizado intangible (actualización de los derechos sobre los futbolistas).
  • Indica que el club no ha reconocido el posible pasivo contingente que supondría una sanción por los pagos a Negreira. No sé si la directiva tiene claro que no va a haber sanción en España (yo estoy convencido, pese al escándalo que supone) y cuenta con que la UEFA actuará del mismo modo tras comprobar la pasividad de la justicia española, pero simplemente una expulsión de la Champions sería un desastre económico para el club. Por ello han decidido no provisionar una pérdida de ¿50-80 millones de euros, quizás más? por esta contingencia que se resolverá en un plazo muy largo.

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, el auditor incluye dos Párrafos de énfasis sobre dos apartados de las cuentas. Es su manera de insistir a los socios (y debería serlo igual para los responsables del control económico de LaLiga y la UEFA) en que centren su atención ahí, en esos puntos:

  • El fondo de maniobra negativo tras descontar los ingresos extraordinarios y la difícil viabilidad del club:
  • La sospechosa operación de venta de Barça Studios a una empresa que no ha pagado lo que ya está registrado en las cuentas. Se maquilla con la frase acerca de un «nuevo calendario de vencimiento de los cobros»:

En fin, que aquella operación que no resultaba creíble en su día, dieciséis meses después sigue sin «completarse». El diario alemán Die Welt publicó el viernes 22 que la UEFA se plantea expulsar al Barça de la Champions por las irregularidades contables en sus balances y el incumplimiento de la normativa sobre el Fair Play Financiero. Huele más a rabieta ante la sentencia de la Superliga porque los incumplimientos llevan años en las cuentas del Barça (como los del PSG, Manchester City, Chelsea…).

Concluyo ya: cuando escuchéis a alguien decir que la situación financiera del Real Madrid y el Barça es similar, podéis contestarle tranquilamente y con todos estos datos: «no tienes ni pajolera idea».

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Las auditorías de Real Madrid y Barça (I)

El vídeo con el que arranca este post corresponde a la charla mantenida en el canal de YouTube de Kollins sobre el estado de las finanzas de los dos principales clubes españoles de fútbol. La charla se centra en los informes de auditoría de ambos clubes, presentados recientemente a sus socios, con el estado de cuentas cerrado a junio de 2023.

Desde los medios quizás se haya extendido la idea de que el Real Madrid tiene una situación financiera saneada, mientras que el Fútbol Club Barcelona se encuentra con unas complicaciones enormes por su deuda, la mala gestión y la falta de generación de caja. La realidad (para el que esto escribe) es que el Real Madrid presenta una muy buena gestión, profesional, con un punto de vista empresarial que es necesario, pero quizás no suficiente: no es oro todo lo que reluce y se vislumbran ciertos “nubarrones” en el horizonte. Por el contrario, la situación del Barça no es dramática: es peor.

De todo ello hablamos durante cerca de una hora y este texto sirve de complemento para ampliar la información ofrecida en los distintos puntos analizados.

1. Ingresos de explotación

El Real Madrid ha experimentado una fuerte recuperación de sus ingresos en los últimos dos ejercicios y supera por fin las cifras pre-covid:

Sin embargo, un análisis detallado de la procedencia de los mismos nos permite ver que todavía no se han recuperado las cifras de ingresos por socios y en el estadio, fundamentalmente por las obras del Bernabéu y las aperturas parciales de las gradas. En cuanto al desglose de partidas, llama la atención que lo recaudado en las partidas “Socios y Estadio” y “TV” estén considerablemente por debajo de las cifras que alcanza el F.C. Barcelona:

Con estos porcentajes, los ingresos se distribuyen entre Marketing (371 M.), Socios y estadio (152 M.), TV (185,5 M.) y Amistosos y competiciones internacionales (135 M.). Hay mucha diferencia con el Barça en Estadio e incluso en ingresos por televisión, que presenta estas cifras:

Sin tener en cuenta los ingresos extraordinarios, el Barça habría presentado unos ingresos de 673 millones en la temporada 2021-22 y 814 millones en la 2022-23. Una vez descontado el efecto de la venta del 25% de los derechos de televisión por los próximos 25 años (palancas 1 y 2) y de las participaciones pseudoficticias sobre Barça Studios (palancas 3 y 4), y añadiendo el efecto de desplazarse durante una temporada a Montjuic para los partidos del equipo de fútbol, los ingresos ajustados previstos para la temporada en curso serán inferiores en 400 millones de euros. Creo que la caída puede ser aún mayor, porque además el Barça suele presupuestar de una manera mucho más agresiva que el (conservador) rival:

Es posible que los derechos de televisión sean más elevados que los del Madrid porque tienen más secciones, pero la diferencia es superior a los 14 millones anuales que reciben los culés (5M. por el baloncesto y 9M. por el resto). Y lo mismo podría servir para explicar la diferencia de ingresos en el concepto Estadio, pero no deja de ser llamativa.

2. Ratio de coste deportivo:

La gestión de un club de fútbol depende de muchos factores, algunos tan variables como el valor de mercado de su principal activo, los jugadores, o el difícil equilibrio entre títulos-incremento de ingresos por premios y TV-aumento de primas y salarios. Por eso es tan importante tener controlada la ratio del coste deportivo, que mide el coste salarial de la plantilla comparado con los ingresos recurrentes. Es importante resaltar lo de «recurrentes», ordinarios, porque las plantillas deberían ajustarse a los ingresos que el club sea capaz de generar sin contar con ventas extraordinarias. Esta medida tan sencilla se la saltó el Barça cuando vendió a Neymar Jr.. por 222 millones de euros. Desde entonces no ha sido capaz de ajustar el coste de plantilla en el que se situó, con salarios estratosféricos inasumibles como el de Messi.

El Real Madrid ha sabido mantener controlada la partida del coste deportivo, con medidas controvertidas para los aficionados como la famosa «escala salarial» (en la que difícilmente entraban jugadores como Mbappé o Haaland), o dando salida a jugadores cuyos salarios no podía mantener o no podían equipararse a lo que se les ofrecía en otros clubes (Casemiro, Varane, Ramos, Cristiano, Benzema…):

La ratio está cerca del 50 por ciento, que es el nivel considerado de «excelencia» para la Asociación Europea de Clubes (ECA). Y una vez recuperados los ingresos, se mantiene alejado del 70 por ciento, que es el máximo recomendado por los organismos rectores del deporte. Otra partida que habla bien de la gestión realizada, y que no suele mencionarse mucho, es la de Ingresos por traspasos de jugadores, que, en el caso del Real Madrid, ha supuesto una entrada de caja por importe de 957 millones en los últimos diez años. Aquí entran varios de los mencionados anteriormente, más Marcos Llorente, Morata, Reguilón, Achraf, Odegaard, Kovacic… Si los directivos hubieran sido más aficionados que financieros, a lo mejor nos encontraríamos una situación económica mucho más peliaguda. Cuesta creerlo, pero el Real Madrid ha sido tan vendedor como comprador en el conjunto de las diez temporadas.

El Fútbol Club Barcelona, sin embargo, ha sobrepasado con creces esta línea de la prudencia. En su Informe Anual vuelve a «hacerse la trampa» de comparar el coste deportivo con el total de ingresos en un año fuertemente condicionado por los ingresos extraordinarios. Pero no puede obviar el peso real de los mismos, que ¡sitúa en el 85 por ciento!:

El sobrecoste tan exagerado de la 2022-23 se debe a la liquidación de contratos antiguos con salarios diferidos (Jordi Alba, Piqué, Busquets, ¿Messi?) y a la provisión de las indemnizaciones que posiblemente tengan que liquidar en breve (Mirotic, Higgins, Umtiti, Mattheus). El ajuste en el presupuesto 2023-24 es considerable. El Barça ha realizado dos gestiones (nefastas, según mi modo de ver) con fuerte impacto en el balance por generar más deudas para el futuro:

a) Diferimiento de salarios por varios años: y además de modo creciente, lo que hace que, llegado el momento del salto en el salario del jugador, se trate de forzar la salida de este. Aubameyang, Frenkie De Jong, Dembélé… el próximo será Lewandowski. Seguro.

b) Aplazamiento de pagos a otros clubes por los fichajes. En el apartado referido a la deuda se trata este asunto en detalle. Me cuesta creer que tantos clubes sigan vendiendo jugadores al Barça sabiendo que luego tardan tanto en cobrar los fichajes.

3. Deuda

3.1. Real Madrid: No me gusta mucho cómo el Madrid ha explicado este apartado, porque separa toda la deuda referida a la remodelación del estadio Santiago Bernabéu, y con ello, todos los demás apartados que pudieran verse afectados: proveedores, tesorería, inmovilizado… La conclusión que hace el club, y que valida el auditor, es que el Real Madrid no tiene más problema de deuda que el generado por las obras del estadio, que se financiarán con tres préstamos, el inicial (575 M., de 2019), el que incorporó las mejoras adicionales como el hipogeo (225 M.) y el recientemente aprobado en la Asamblea (360 M., no recogido en las cuentas). Esto no significa que el estadio tenga una financiación específica de 1.160 M., puesto que este último crédito se ha solicitado para la cancelación de un préstamo ICO anterior (unos 100 M.) y para la financiación de los aparcamientos (95 M.) adjudicados en este mismo ejercicio a una filial del club, lo que hace que la deuda asociada al estadio se sitúe alrededor de los 1.000 millones de euros.

Los tres préstamos supondrán unas cuotas de 29,5 M., 10,5 M. y unos 18-20 M. por el recientemente aprobado que, como no figura en las cuentas, no puedo estimar con la precisión de los dos anteriores. La suma de los tres préstamos encaja con los 60 M. anuales que Florentino Pérez contó a la Asamblea.

La estrategia del club es clara en este sentido: una instalación como el Bernabéu, con una ubicación privilegiada en el centro de Madrid, solo genera ingresos unos 30 días al año (19 partidos de Liga, 2-3 de Copa, 4-6 de Champions), más el museo, los restaurantes anexos y la zona de eventos. El club necesita generar muchos más ingresos para poder competir en próximos ejercicios y para ello se planteó esta gran reforma que permitirá abrir el estadio para conciertos, partidos de la NFL, de la NBA, la Copa Davis o lo que se tercie. Para la gestión y contratación de eventos, el Real Madrid alcanzó un acuerdo con las empresas norteamericanas Legends y Sixth Street, a las que vendió el treinta por ciento del negocio futuro por 360 millones de euros. De no haber sido por esta venta, el Real Madrid habría tenido unas importantes pérdidas acumuladas en los últimos dos ejercicios.

El punto de equilibrio de toda esta operación es importante: si el Real Madrid no genera ingresos adicionales por más de 100 millones de euros anuales, de los cuales ya ha vendido ese 30 por ciento (30 M.), y una vez descontados los gastos asociados a los eventos, difícilmente va a poder cubrir los 60 M. de cuotas de amortización de los préstamos. Las previsiones del club para esta partida son muy superiores y algunas estimaciones hablan de beneficios superiores a los 150 M. euros anuales. Está por ver, es una apuesta personal del presidente y de su junta directiva, y será clave para los próximos años. Una caída del consumo en ocio y grandes eventos, la dificultad de contratar espectáculos de estas dimensiones… puede haber varios condicionantes que dificulten el cumplimiento de esta estimación de ingresos (no digamos otra pandemia), pero para ello se ha acordado la entrada de expertos en la materia, como Legends y Sixth Street.

Al margen de esta deuda, las cuentas explican el resto del pasivo de la sociedad:

A continuación el informe desarrolla una explicación sobre la deuda bruta y su diferencia con la neta, la tesorería generada y las partidas pendientes de cobrar a otros clubes por traspasos, para concluir que la deuda es negativa. No es preocupante para los gestores del club, porque es superior lo que tiene o lo que le adeudan que lo que debe:

Las cuentas limitan el problema de la deuda al estadio, pero, aun reconociendo la estupenda gestión general del club, no es una situación boyante porque el propio negocio del fútbol no lo es (rescato lo comentado en (In)sostenibilidad financiera y austericidio). La operación con Sixth Street salvó las cuentas de 2022 pero la tesorería que se dispuso entonces (402 M.) ha bajado a 128 M., y además han empeorado otras partidas en el último año como el Saldo Neto por inversiones/traspasos (40 M. peor).

3.2. Fútbol Club Barcelona: demasiada información como para que los socios puedan dormir por las noches con el convencimiento de que el club seguirá siendo suyo. Es insostenible. Ya solo la Deuda a largo plazo acojona:

La mayor parte se debe a la financiación de la reforma del estadio (análisis detallado en: La financiación del Espai Barça), pero hay otras deudas importantes con clubes y entidades financieras que solo podrán devolverse con una refinanciación, que será costosa:

El Espai Barça tenía tres tramos previstos de disposición, los dos primeros con unos períodos muy cortos para el volumen y de los cuales ya se preveían como renegociables:

Un cálculo grosso modo de estas cuotas daría como resultado:

Inviable en los próximos años. Pero es que además coinciden en el tiempo con la devolución de las Senior Secured Notes firmadas en 2017, que tendrán que der refinanciadas en 2031:

En cuanto a la deuda a corto plazo, la situación es igual de acuciante para la entidad:

Y en este apartado es donde aparecen los 117 millones de euros que el Barça adeuda a otros clubes, en algunos casos, por jugadores que ya ni pertenecen a la entidad:

Parece que no sorprende a muchos medios que el Barça se haya pasado por el forro toda la reglamentación en materia deportiva, así que no sé por qué me extraña que la Liga de Tebas y la UEFA de Ceferin también hayan hecho la vista gorda con la normativa de cumplimiento financiero.

(Continuará)

De la Behobia a Valencia

Este final de año 2023 he tenido la oportunidad (y la suerte, ¡y las piernas!) de volver al asfalto y participar en dos de las carreras populares «más populares» de este país: la Behobia-San Sebastián y el maratón de Valencia Trinidad Alfonso. En la Behobia participamos casi 30.000 corredores, de los que 25.899 alcanzaron la meta, mientras que en Valencia nos juntamos más de 33.000 valientes, de los cuales concluyeron 26.253. Son cifras muy elevadas que suponen un desafío para los organizadores y una complicación añadida para los participantes, porque estas carreras, como el propio running (y detesto «el palabro») se han puesto muy de moda y reúnen cada vez a más gente. Logística, precios, alojamientos, alguna incomodidad que otra en la salida o en la meta… Pero no es una queja, solo una constatación. Todos estos problemas, multiplicados por diez, se dan en el maratón de Nueva York y cada año son cientos de miles de corredores los que pagan un fortunón por participar allí.

Behobia-San Sebastián

La Behobia presume de ser la carrera más antigua de España, puesto que la primera edición data de marzo de 1919. Sin embargo, la carrera pasó diversas vicisitudes, cambios de formato, parones, etc., y este año se celebraba la 58ª edición. El recorrido circula desde el barrio de Behobia en Irún, prácticamente ya en Francia, hasta San Sebastián, muy cerca de la playa de la Concha. Poco más de veinte kilómetros de trayecto exigente, un tanto rompepiernas, con dos subidas pronunciadas, una en el Alto de Gaintxurizketa (km. 7) y otra hasta alcanzar el Alto de Miracruz (km. 17). Una vez pasas esta última pendiente, y si te has reservado de manera conveniente, todo consiste en dejarse llevar y disfrutar del ambiente, de los pueblos y barrios congregados en los márgenes de la carrera, numerosa gente que, como buenos vascos, sale a aplaudir uno de sus tradicionales eventos.

La entrada en San Sebastián es preciosa, como toda la ciudad, y según te acercas a la plaza de Zurriola, el Kursaal o la Alameda del Boulevard, la multitud se agolpa en los laterales y crea ese efecto «túnel humano del Tour de Francia» que tantos veteranos de la prueba me habían comentado. Fui a la carrera con el animado grupo del Club de Corredores, más de 100 personas que acudimos en dos autobuses y llenamos un albergue en Hondarribia (me sigue saliendo decir Fuenterrabía) durante todo el fin de semana. Con ganas, con buen humor, con la idea de hacer un «completo», consistente en paseo por San Sebastián, comida en una sidrería a base de buen txuletón, pintxos, cañas, txakolís, carrera, foto con El Pirata, baño en La Concha para los más osados, ducha rápida y vuelta para Madrid. Mucha juventud, un veterano de 78 años, gente de todos los niveles de marcas, algunos cracks con «marcones», otros cracks que se defienden, y siempre, siempre buen ambiente.

La carrera no es cómoda para el participante. Me explico. Estas carreras en las que la salida y la meta están tan distanciadas suponen una incomodidad añadida para el corredor, que tiene que buscarse la manera de ir a la salida a tiempo, que no haya problemas como los ha habido en ediciones anteriores con los trenes, andar un par de kilómetros hasta encontrar tu cajón de salida, procurar no pasar frío y salir con ganas. Los que hemos ido a mil pruebas de este tipo sabemos que hay que ir con tiempo y con la ropa de abrigo más vieja que tengas porque lo normal es desprenderte de ella en la salida o depositarla en los cajones de alguna ONG que trabaje con la organización. Con tiempo no, con mucho tiempo. Y luego ya veréis cómo la carrera merece la pena, ya lo creo que sí.

Me sorprendió mucho que al llegar a meta los corredores nos íbamos juntando con los conocidos que encontrábamos y todos tenían «su bar», su sitio en el que juntarse para tomar unos dobles y picar algo. Apenas cinco minutos después de la carrera, ya estábamos con unas cervezas en la mano. Sin cambiarnos ni nada, con la medalla de madera puesta, y brindando por el éxito que siempre supone acabar con buenas sensaciones. En mi caso, el tiempo de 1h. 40m. me hacía albergar esperanzas de alcanzar una buena marca en el maratón de Valencia. Dejo aquí algunas fotos del fin de semana.

Maratón de Valencia

El maratón de Valencia celebraba su 43ª edición el pasado 3 de diciembre, y ha adquirido más fama internacional en los últimos años por la rapidez del mismo, a la que contribuyen, sin duda, la orografía de la ciudad, la altitud, a nivel del mar, y la fantástica temperatura en diciembre. Aunque lo mismo esperaba yo en diciembre del año pasado en Málaga ¡y me cayó el diluvio universal! La marca del ganador del domingo pasado, el etíope Sisay Lemma, fue la cuarta de la historia: 2h. 01m. 48s. Otra de esas marcas extraterrestres a una media de 2m. 53s. por kilómetro.

Se batieron los récords masculino y femenino de España, por medio de Tariku Novales y Majida Maayouf, atletas de origen etíope y marroquí, si bien queda salvar algunas dudas sobre un supuesto expediente por dopaje en el caso de la segunda. El presidente de Mercadona, Juan Roig, se vino arriba y, con ánimo de atraer más corredores internacionales de calidad, anunció un premio de un millón de euros para el atleta que consiga el récord del mundo en el maratón de su ciudad.

La carrera estuvo espectacular y la organización estuvo «bien». Solo bien y no muy bien, porque esta carrera empieza a tener el problema de tantas otras en las que participa un número tan elevado de atletas populares. Cuando todavía no había dado mi primer paso sobre el recorrido oficial, mi cuentakilómetros ya marcaba 6 kilómetros en las piernas. Es cierto que yo ya contaba con hacer los primeros 2,4 km., que era la distancia del hotel a la salida y me venía bien para calentar las piernas, pero luego hicieron un corte imprevisto para llegar al guardarropa, nos obligaron a dar varias vueltas sin sentido, de nuevo otra vez hacia atrás para situarme en el cajón (y eso que el mío era el intermedio, el quinto de nueve), y al final me fue imposible dejar la bolsa. Por eso recomiendo siempre el atuendo de «yonqui»: pantalón de chándal zarrapastroso, camiseta chunga de publicidad o de publicidad chunga, y una bolsa o mochila de finales de los setenta que no te duela perder o abandonar si, como me ocurrió, no logras llegar al puesto de entrega. En mi caso, menos mal que me acompañaba mi fiel seguidora, fotógrafa y portageles Mabú, a la que nunca agradeceré suficientemente su paciencia en estas pruebas.

Nueva York arranca con Frank Sinatra, el Rock’n’Roll Marathon Madrid con algún temazo rock cañero y Valencia nos deleitaba con el artista de la tierra Nino Bravo y ese Libre tan a tono con la sensación experimentada por los corredores según arrancan a por el objetivo y la aventura de los 42K. La humedad de Valencia hizo que la espera para la salida y los primeros kilómetros fueran fríos como un abrazo de suegra, en especial en las zonas de sombra, pero a partir de la primera hora y sobre todo en las grandes avenidas, bien soleadas, la temperatura era perfecta para correr. Unos quince, dieciséis grados durante toda la prueba. Cerca del inicio, junto al Puerto, pasamos por nuestro kilómetro 3 y nos cruzamos con los primeros profesionales, que habían salido una hora antes y marchaban ya por el 22. Me encanta verlos, me admira su zancada, la ligereza en sus piernas y la facilidad con la que recorren la distancia. Llama la atención el poco ruido que hacen, todo lo contrario que el estruendo de pisadas plomizas y el griterío de los populares mientras los animan.

– Porque les han dado una hora de ventaja, que si no, igual los pillábamos -bromeó uno de los que marchaba cerca de mí.

Mi carrera fue bastante buena hasta el km. 32, a unos 5m.10s. el kilómetro, pero ahí empecé con problemas en los isquios (esta vez no fueron los gemelos) y tuve que parar a estirar cinco veces hasta el 38. No sé qué pasó porque a partir de ahí me recompuse ligeramente y acabé los últimos cuatro ligeramente por debajo de los 6m./km. para un tiempo total de 3h.53m.15s. La entrada es espectacular, muy bonita, con una pasarela azul junto a la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Acabé contento. No «muy contento», porque aspiraba a estar más cerca de las 3h.45m., pero bueno, uno va cumpliendo años y tiene que ir asumiendo que las marcas tendrán que ir subiendo paulatinamente. Aunque me resista, aunque lo niegue, aunque tenga que defender ante mi mujer que es el mismo tiempo que hice en Roma en 2009 y que catorce años después me sigo manteniendo en la pelea, aunque este deporte nos permita una longevidad que otros más explosivos no nos dan, lo cierto es que habrá que aceptarlo… ¡Pero para eso me tiene que llegar una madurez de la que sigo huyendo a la carrera!

La crónica en clave de humor y cierta provocación la he dejado para la ocasión en La Galerna, bajo un título que puede parecer críptico, pero es que la «censura» del amiguete jefe de redacción me cortó algunas partes, como las referidas al impronunciable portero georgiano del Valencia. Aquí la dejo:

Shavi K’udis ch’ama

He echado un vistazo a las estadísticas del maratón de Valencia y veo que la participación femenina sigue creciendo año tras año, de lo cual me alegro, y sus marcas son bastante notables en muchos casos:

En cuanto a los grupos de edad, el de mi categoría, Veteranos-3 (entre 50 y 55 años), sigue siendo una panza de zumbaos bastante nutrida:

Y la que más me ha llamado la atención es la de las marcas de la peña que viene de toda Europa a participar en esta carrera: más de 5.300 animales (y «animalas») bajaron de las tres horas. Qué bestialidad, enhorabuena. A ellos y a todos los que acabaron el domingo.

La dosis soportable de bochorno

Desconozco si todos tenemos un límite de bochorno (ajeno) que somos capaces de soportar, pero no me extrañaría. Algunos lo tienen muy bajo y saltan a la mínima, y otros somos más tolerantes, tratamos de entender las cosas y, antes de reaccionar de manera furibunda, cuestionamos las mismas o intentamos aportar algo positivo, aunque solo sea reducir la crispación en tu entorno. Pero cuando nuestros límites se superan, cuando el vaso se ha desbordado, se nos escapa toda la mala leche por la boca. Y es lo que me pasa con este gobierno desde antes de que se culminara su vergonzosa formación. Sé que habrá quien no le guste el adjetivo, pero la entrega de favores a cambio de un puñado de votos fue vergonzosa, una compra reconocida por el propio presidente.

En la última semana hemos podido presenciar lo siguiente:

  • Se avanza en la idea de los “verificadores” de los pactos de gobierno con Junts en Ginebra. ¿De verdad se van a hacer estas reuniones con la banda del fugado en un país considerado neutral, como si de un conflicto bélico se tratara? ¿Con una estelada a un lado de la mesa, la bandera de España en otro, y un mediador internacional? ¡Que ha sido una p… compra de votos, nada más! ¿Qué pintan unos verificadores internacionales como si de la guerrilla colombiana se tratara?
  • Las declaraciones del nuevo ministro de Transporte, Óscar Puente, en las que comparaba la amnistía con “dejar embarazada a tu novia y casarte antes o después con ella”. ¿Pero, pero… de verdad va a haber alguien que nos haga ver a Ábalos como un tío con clase? Este fin de semana ha seguido con sus chorradas al hablar del transporte de pasajeros como un movimiento feminista que debe regirse por no sé qué patrones. La verdad es que no se le entiende un carajo lo que quiere decir, promete tardes de «gloria».
  • Hemos visto al presidente de gobierno recién investido, Pedro Sánchez, darse un baño de multitudes mientras proclamaba ufano que “la amnistía hará de España un país más unido que nunca”. No hay más que verlo. Bien sabe él, igual que sus ministros, que nada más lejos de la realidad, que ni siquiera la busca. En su discurso de investidura se jactó de crear un muro de separación de «la derecha reaccionaria», ¿qué unidad puede ser esa en la que se aparta al que piensa diferente con un muro? Y sabe que no habla de una minoría, sino de la mitad de la población. Qué pena, se pasaron varios años defendiendo la inconstitucionalidad de la amnistía y ahora tratan de venderla como el mayor de los progresos. Cada día resultan más bochornosos los giros argumentales para defender que lo que antes no valía, siete votos después sí vale.
  • Sumar, el principal socio del nuevo gobierno, ha presentado una querella por prevaricación contra los jueces conservadores del CGPJ. Los intentos de manejo (por todos los partidos) del CGPJ, el Supremo y el Constitucional constituyen, sin duda, uno de los mayores problemas que afronta actualmente la democracia en España. No es menos bochornoso que en el Parlamento Europeo se haya tenido que debatir sobre la futura Ley de Amnistía porque el Partido Popular entiende que no hay garantías suficientes en España. Por si no se sabía ya, que lo sepa todo el mundo, que se «internacionalice el conflicto», como quería Puigdemont. En Europa deben estar alucinando con nosotros. Somos una rareza única en el mundo, un país capaz de poner escolta a un prófugo de la Justicia. Un país en el que la ley se redacta juntamente con los delincuentes a los que se pretende beneficiar con la amnistía, una coña inadmisible en cualquier país medianamente serio.
  • Juan Carlos Campo, anterior ministro de Justicia y actualmente magistrado del Tribunal Constitucional, solicita inhibirse en las deliberaciones sobre la constitucionalidad de la ley de amnistía. Normal, se mostró contrario en el pasado y quizás tema presiones para validar esta norma que no se sostiene, que contradice toda la teoría «oficial» del propio partido socialista en los últimos años. Quizás el 7-4 en la futura votación de la constitucionalidad de la ley, pronosticado en varios foros legales, no se dé y hasta puede que nos encontremos alguna sorpresa.
  • La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, otra de las que se opuso con vehemencia en el pasado a la amnistía, se ha pasado al bando happy flower y nos cuenta que la amnistía es tan maravillosa que “nos va a permitir mejorar el escudo social con leyes progresistas”. Pero, pero… ¿qué tendrá que ver que se perdonen todos sus delitos (incluidos los de malversación y los destrozos de propiedades) a Puigdemont y un millar de seguidores, muchos de ellos pertenecientes a la casta y la burguesía catalana, con el escudo social, con la protección de los más débiles? Es que nos toman por idiotas, bueno, a muchos no, pero sí a sus propios votantes.
  • Se ha originado una crisis diplomática internacional con Israel y hemos leído los agradecimientos de un grupo terrorista como Hamás. Ojo, que posiblemente las palabras de Sánchez no sean incorrectas (de hecho, el Congreso de los Diputados aprobó una resolución sobre el reconocimiento del estado palestino en 2014), pero el momento, el lugar y el discurso no fueron los apropiados. Mi queja no es sobre el qué, sino sobre el cómo: el presidente de gobierno no es plenipotenciario, se debe al control de las instituciones, y no puede cambiar (sin consultar) una posición como la que nuestro país lleva manteniendo décadas. Es el mismo caso del cambio de postura de la noche a la mañana con el conflicto del Sáhara occidental y Marruecos.
  • “Los cinco” de Podemos, que fueron decisivos para la investidura, como toda esa amalgama de partidos menores, ya han advertido que harán oposición al gobierno. Cada vez que haya que aprobar algo en el Congreso esto va a ser una tortura, una compra de prebendas a cambio de cargos, o lo que es peor, modificaciones legales o asignaciones presupuestarias a dedo. ¿Dónde está el límite soportable, el gobierno se plantea aguantar así cuatro años?

Y lo que todavía nos queda por ver. Supongo que se nos pasará el cabreo, como con los indultos. Supongo que habrá quien no vea un peligro en muchas de las medidas económicas que nos están colando en los distintos pactos, o quienes crean que las condonaciones de deuda, los traspasos de las competencias de la Seguridad Social o la creación de una sociedad pública para la gestión de Rodalíes (lo cual no era «legal» ni «posible», según la ministra Raquel Sánchez hace unos meses) son asuntos menores con los que podemos convivir. Pero mis tragaderas rebosan ya (están desbordadas, para ser exactos) y me extraña que no rebosen en las de tanto votante del PSOE. Porque esto no es una cuestión de derechas o de izquierdas, y no me vale lo de «al menos no gobierna la derecha», que es el mantra de muchos. Esto es otra cosa.

Todo el que siga este blog desde su inicio, allá en 2014, sabrá que el Amiguete Josean no ha sido un personaje generoso con los gobiernos de Rajoy ni con varios de sus ministros o secuaces. Tampoco se celebró el pacto de Sánchez para alcanzar el poder en 2018. Pero insisto en que esto no es una cuestión de izquierdas o de derechas, sino de dignidad. De cumplimiento de la palabra dada. Y la dignidad de España como país, como nación representada por un gobierno que, lo quiera o no, es de todos sus ciudadanos, está por los suelos. O peor, está de rodillas ante las peticiones de uno, de otro, del de la moto y del fugado. Y «no se puede humillar al país», como dijo Emiliano García Page.

Por todo ello comenzaba diciendo que cuál es la dosis admisible de bochorno. Para algunos entre los que me incluyo se superó hace mucho tiempo, hace años. Lo que se escenifica desde el 23-J es una prórroga no deseada de lo anterior. Que se haya cedido ante las reivindicaciones de un prófugo de la Justicia que lleva seis años fuera del país, que la investidura se haya negociado en Bruselas bajo una foto del delito perpetrado, que se llame “President” a quien no lo es en la web oficial del partido (la equiparación de “partido” con gobierno resulta sintomática), que hace más de un año se cambiara el delito de malversación para liberar a corruptos… Pero ahí no termina el bochorno, sino que llega la investidura y te suelta Miriam Nogueras (Junts) que, como en Pretty Woman, no nos han hecho la pelota lo suficiente, queremos más. Interpreto sus palabras:  “Que no es que nos vayan a perdonar el delito ustedes porque, primero, no tienen legitimidad para juzgar al poble català, y segundo, porque nosaltres no hemos hecho nada, sino que queremos que el Estado español represor reconozca que cometió una ilegalidad y que ahora va a pasar por el aro de todo lo que le pidamos porque nos necesita”. Literalmente le amenazó: “No pruebe a tentar la suerte”. Mucho antes de llegar ahí alguien en el gobierno tenía que haberse plantado y haberlos mandado a esparragar, pero en su lugar, el “apuntodeser-presidente” agachó la cabeza y respondió: “Cuenta usted con el compromiso del PSOE y con el mío propio para cumplir el acuerdo”. El relato del procès escrito por el independentismo.

Mi grado de indignación máximo se había superado semanas atrás con la foto del presidente de la mano de Bildu, o poco después con las reivindicaciones de su portavoz, Mertxe Aizpurua, en la tribuna del Congreso, o con el recordatorio amenazador de que Sánchez gobernará gracias a los independentistas, pero sobre todo y muy especialmente, me cabreé con la respuesta cabizbaja, conformista, de Sánchez: «escucharé atentamente sus peticiones». Me queda una esperanza, y es que ya ha mentido a todos en el pasado y muy posiblemente lo esté haciendo también ahora.

No sé cuánto va a durar esta legislatura, pero creo que no será muy larga. Va a ser insostenible. Pero hasta entonces, aún nos queda vivir momentos bochornosos, seguro. Como la vuelta de Puigdemont como si de Tarradellas se tratara. Un lendakari de Bildu. Las mesas de consulta en Cataluña. La condonación de la deuda catalana mientras suben los impuestos en otras comunidades. La evaporación de fondos europeos en proyectos chorras que justifiquen ministerios. Y una sociedad cada día más polarizada.

Un buen título

Qué importante es el título de un libro, nos dicen. Fundamental, básico, ¡imprescindible!, “no empieces a escribir hasta que lo tengas claro”. Diez consejos que no debes olvidar para encontrar un buen título para tu obra, cómo elegir título, 8 ideas para escoger un gran título… Internet está lleno de artículos que te dan consejos sobre cómo tienes que hacerlo, que si tiene que ser evocador, sugerente, largo, corto, explícito o insondable. Otra cosa es que sogas esas consignas y luego de verdad lo sea, de hecho, ¿qué es un buen título?

Según leo estos consejos, encuentro numerosos títulos de grandes obras que incumplen las máximas recomendadas acerca de definir el género, sugerir parte de la trama, citar directamente el nombre del protagonista o ubicar la novela. Varias de las que están tradicionalmente en las listas de las cien mejores del siglo XX llevan un título demasiado críptico, o que da pocas pistas sobre el contenido: El extranjero, El principito, Un mundo feliz, 1984, Lolita, Ulises, Los detectives salvajes, Lo que el viento se llevó, La montaña mágica… Para aclararse uno lee las contraportadas o las solapas e inmediatamente intuye todo lo que el título oculta. O no, que también sucede.

Lo de incluir el nombre del protagonista en el título y que el lector imaginara que trataría sobre las aventuras y desventuras de tal o cual persona puede parecer un clásico de otra época que respondía a la pereza del autor, o era directamente una estrategia para no desvelar nada de la trama: Moby Dick, Las aventuras de Tom Sawyer, Robinson Crusoe, David Copperfield, Oliver Twist,  Sandokan, Ivanhoe, Dick Turpin, El retrato de Dorian Gray…  Una fórmula a la que recurrió Arturo Pérez-Reverte para Las aventuras del Capitán Alatriste, y quizás por ello el título nos parezca que tiene aroma de clásico. Frankenstein, Drácula, El corsario negro, Los hijos del Capitán Grant, Miguel Strogoff… Los dos últimos títulos pertenecen a novelas de Julio Verne, un autor muy directo en sus títulos. Conmigo, cuando era crío, lograba captar rápidamente mi atención hacia lo que iba a contarme, sin rodeos: La vuelta al mundo en 80 días, Cinco semanas en globo, La isla misteriosa, Viaje a la Luna, Aventuras de tres rusos y tres ingleses en el África Austral

No recuerdo muchos títulos actuales tan directos como los de Julio Verne o como los de Mark Twain (Un yanqui en la corte del Rey Arturo, Las aventuras de Huckleberry Finn, El príncipe y el mendigo, El billete de un millón de libras esterlinas, El hombre que corrompió a Hadleyburg), o Robert Louis Stevenson (La isla del tesoro, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, El diablo en la botella). En los títulos actuales se recurre con bastante frecuencia a la típica construcción de:

Artículo + sustantivo + preposición + artículo + sustantivo

Una construcción perfectamente válida, pero que estoy seguro de que sugiere ideas bien distintas entre los potenciales lectores. La ciudad de los prodigios, La sombra del viento, La catedral del mar, La hoguera de las vanidades, Los pilares de la Tierra, El nombre de la rosa, El señor de los anillos, La casa de los espíritus, El guardián entre el centeno… Muchos de los best-sellers del último medio siglo llevan esta fórmula, y creo sinceramente que cada uno de estos títulos sugiere algo diferente a cada posible lector o comprador de la obra que no supiera nada del contenido. Porque a veces lo bueno de un título no es tanto que “cuente”, que narre demasiado o desvele el contenido, sino que suene atractivo, que el lector se plantee “quiero conocer lo que hay detrás de ese título”. A mí me parece que pocos autores titulan con tanto acierto como Gabriel García Márquez: Cien años de soledad (con ese título sabes que hay que leerlo sí o sí), Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba (quiero saber por qué nadie escribía a ese cabrón), El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera (ufff…), El general en su laberinto

Son títulos que atraen, que te llaman con apenas media docena de palabras. Por el contrario, uno ve el título La insoportable levedad del ser y desiste directamente, no ya de su lectura, sino de la propia compra. Eso tiene pinta a bodrio pretencioso con rollo filosófico incorporado y tipo con traumas pajilleros que reviste de intelectualidad. Seguramente te equivocas la mayor parte de las veces en tu elección, pero, ¿acaso no sería mucho más interesante un libro titulado La insoportable brevedad del sexo? Yo lo compraría sin dudarlo, me imaginaría una disertación amena sobre la fugacidad de la vida y de los placeres mundanos.

Todo es cuestión de gustos, de opiniones, de manías personales. Yo, por ejemplo, huyo de los títulos que tengan una ciudad en el título: Trilogía de Nueva York, Tokio ya no nos quiere, El sastre de Panamá. Me dejaron baldado, hastiado, tanto que seguramente me perderé grandes obras con el veto: Oh, Jerusalén, Miedo y asco en Las Vegas, El hombre de San Petersburgo, Tokio Blues, Las sirenas de Bagdad… Y luego está Auschwitz. Si sale Auschwitz en la trama, estará en el título: La bailarina de Auschwitz, El tatuador de Auschwitz, El farmacéutico de Auschwitz… Precisamente por unir el nombre del campo de concentración a una profesión, Arturo Pérez-Reverte tuvo una polémica en redes sociales que llegó a provocar la respuesta de la propia asociación que gestiona la memoria de Auschwitz:

La respuesta del escritor fue educada y respetuosa, haciendo referencia precisamente al interés comercial de todos estos títulos, al deseo de captar de inmediato y de manera morbosa al potencial lector. Pero la polémica no se quedó en el campo polaco de exterminio, sino que se extendió a otros como Mauthausen o Treblinka.

El hombre en busca de sentido, de Víktor Frankl, o El arca de Schindler, de Thomas Kenneally, se saltan esa búsqueda de la comercialidad alrededor de Auschwitz de la que hablaba Pérez-Reverte, y resultan (sin haber leído las del tuit) infinitamente más interesantes que los títulos mencionados en el rifirrafe dialéctico.

Y si aquí este servidor huye de los títulos que incluyan nombres de ciudades, veo que todos los que contienen la idea del retorno, de la vuelta a algo, sea lo que sea ese algo, una casa, una ciudad, me parecen atractivos. Regreso a Brideshead, El retorno del Rey, El retorno del Jedi, Regreso a Howards End, Regreso a Ítaca, Regreso al Edén… Quizás por ello publiqué hoy hace un año ese fenomenal, magnífico, grandioso título que es Volver al asfalto. Había que volver a recuperar una idea, una emoción, las ganas de salir y afrontar un nuevo reto. El asfalto suena a dureza, a material perdurable, a una pista que seguir y recorrer. Había que volver allí.

Y hecha la broma y la autopromoción, hay un título de un libro que leí el pasado verano que me gustó tanto como su contenido: El infinito en un junco, de Irene Vallejo. O cómo tratar de retener toda la sabiduría, todos los conocimientos de una era, abarcar el infinito, en esos rollos de papiros egipcios elaborados a partir de juncos. El título contiene todo lo dicho anteriormente y sin decir nada, lo dice todo. Y además atrae al lector. Una maravilla, un gran título. Un estupendo libro.

Coda final: ¿cómo veríais un libro titulado La rutinaria vida de Lester?

La revancha de la secuela

El artista, el creador, el urdidor de tramas, historias, personajes, en definitiva, el autor, no debería verse condicionado por el público a la hora de imaginar o parir su obra. Y sin embargo lo hace. Un guionista puede ser libre cuando se sienta al teclado para plasmar su trama o definir sus personajes, pero, ay, amigo, una producción cinematográfica es tan cara, tiene unos costes de realización y distribución tan elevados, que cualquier ínfula creativa se ve sometida o subyugada por los dictados del público. O lo que en ocasiones es peor, por lo que el estudio considera que demanda el público.

Me daría mucha rabia como autor de una película, ya fuera director o guionista, saber que esos test con público que se hacen en el pueblo prototípico estadounidense en los que se da a los espectadores unas tarjetas para que hagan su propia valoración sobre lo que han visto son tan importantes para el «producto» final que se estrenará. Un tipo se ha pasado meses escribiendo un guion, elaborando cada personaje, encontrando la frase adecuada para que después un director lo pula y haga que un profesional con una dicción perfecta lo pronuncie, y te llega un oficinista de Arkansas que ha pasado una mala semana y está en mitad de un proceso de divorcio, y suelta que tal o cual personaje es un indeseable cuya presencia en pantalla perjudica a la trama. Y en ocasiones las productoras hacen caso a estos comentarios cuando son masivos. El público manda, el cliente siempre tiene razón y todas esas patrañas «democráticas» sobre las bondades de la mayoría.

Pero a pesar de lo dicho, reconozco que a veces como espectador disfruto de las pequeñas venganzas que las secuelas de una película nos ofrecen. Este verano pasado se estrenó la quinta película de «ese arqueólogo del sombrero y el látigo», un Indiana Jones octogenario que seguía viviendo aventuras entre nazis, persecuciones, viajes y descubrimientos, incluso con Arquímedes por la trama. Cuando supimos del rodaje de esta secuela, una de las dudas que teníamos los seguidores era saber si Shia Labeouf iba a repetir papel como hijo de Indiana Jones. Creo que éramos mayoría los que abogábamos por su exterminación incluso antes de acabar la cuarta entrega, en la que debutaba (y a ser posible tras una dolorosa tortura), y seguramente los productores tuvieron en cuenta la baja aceptación que tuvo este personaje chulesco vestido de Marlon Brando cuando decidieron que no apareciera en la nueva entrega. Nos cuentan que se alistó en el ejército y palmó, perfecto, no necesitábamos saber mucho más.

Seguro que en la eliminación del personaje en la continuación tuvieron mucho que ver las reacciones en medios especializados, críticas, foros y blogs de aficionados, y un «clamor popular» por lo errónea de su introducción en la trama. Algo parecido a lo que sucedió con el insoportable Jar Jar Binks en La amenaza fantasma, el esperado retorno de la saga Star Wars a las grandes pantallas a finales de los noventa. Las críticas fueron de tal magnitud que George Lucas redujo su presencia al mínimo en los siguientes episodios hasta suprimirlo del todo. Unos aficionados crearon y difundieron por YouTube una versión en la que se había suprimido digitalmente al personaje, y dicen las malas lenguas, o las buenas, que la película mejoraba, se seguía mejor. Me lo creo.

Lo de eliminar personajes que resultan antipáticos o directamente odiosos al espectador es un clásico de las sagas de películas. También lo hizo James Cameron en la última entrega de Terminator, de 2019, titulada Terminator: Dark fate o Destino oscuro. El director canadiense fue el responsable de las dos primeras entregas, las mejores, sin duda. Acertó en casi todo, menos en el personaje de Edward Furlong, el John Connor que debía liderar la salvación de la humanidad. Sin embargo, el suyo era un personaje secundario al lado de los verdaderos protagonistas: los Terminator T-800 (Arnold Schwarzenegger) y T-1000 (el «metal líquido» de Robert Patrick), y Sarah Connor (Linda Hamilton). Una heroína como se han visto pocas en el cine. La tercera entrega aportó muy poco a la historia, la cuarta tuvo interés por trasladar la historia a ese futuro dominado por las máquinas y la quinta (Terminator: Génesis) lo puso todo patas arriba. James Cameron no participó en ninguna de estas tres secuelas, y estoy convencido de que se revolvió en su butaca cuando vio que los guionistas habían decidido que John Connor fuera otro Terminator de una nueva generación más avanzada. Vamos, que el salvador de la humanidad pertenecía al bando de los malos. Infumable, debió pensar. Así que, cuando le ofrecieron participar en una nueva entrega, debió decir: «sí, claro que sí, pero empezamos de nuevo, donde lo dejamos en Terminator 2, lo demás no ha existido». No dijo que no estuvieran a la altura de la saga, pero lo descartó todo y planteó la trama como un futuro alternativo, una nueva línea temporal. Pidió la vuelta de los dos grandes protagonistas, Schwarzie y Linda Hamilton, y no solo eso, sino que nos regaló una escena memorable al inicio de la película: se cargaba al insoportable adolescente de John Connor. Su madre Sarah tendría que salvar a la humanidad porque con ese despojo humano estábamos condenados. Y el tiempo, tanto como la propia vida de Edward Furlong, nos han dado la razón.

Las secuelas ofrecen a los guionistas la posibilidad de cambiar por completo el registro de un personaje. Y estos se esmeran y a veces tienen grandes aciertos. Por ejemplo, Terminator 2 tiene una escena magnífica: el reencuentro de Sarah Connor con el T-800 en la prisión. Ella no sabe que el «bicho» ha sido reprogramado y que, en lugar de buscarla para asesinarla, su misión es protegerla y salvarla de un Terminator aún más letal. El pánico que se dibuja en la cara de Sarah es acongojante y le costará mucho asimilar que ese gigantón del que huyó durante una película entera es ahora su gran esperanza para sobrevivir. Algo parecido al cabreo de la teniente Ripley en Aliens: el regreso (también de James Cameron) cuando descubre que hay un androide en la tripulación, Bishop. En la primera (Alien: el octavo pasajero), el androide Ash resulta tan peligroso para Ripley (Sigourney Weaver) como el propio alienígena y esta situación dio bastante juego a los guionistas, que decidieron incorporar otro androide en la segunda y generar una tensión que finalmente se resolvería con acierto: Bishop sería clave para salvar a Ripley. El problema no son las máquinas, sino los programadores, seres humanos, una de las mayores preocupaciones de James Cameron (Skynet y la Inteligencia Artificial).

Otro cambio notable de personaje fue el de Lando Calrissian de El imperio contraataca a El retorno del Jedi. Según dijo el actor (Billy Dee Williams) a principios de los ochenta, sufrió el acoso de muchos fans tras el estreno del Episodio V por la traición a Han Solo, por su manera de entregarlo al Imperio sin ofrecer resistencia. Es más, pactando la entrega a cambio de la paz para la colonia bajo su mando. En aquellos tiempos no había Twitter, ni Metacritic, Rotten Tomatoes, ni redes sociales repletas de haters, pero el actor comentaba el desprecio que había sufrido en persona por dicha traición. O por su sumisión a Darth Vader. Si a ello sumamos que era el único personaje de color en aquellas entregas tan «blancas», el odio hacia su personaje se mantuvo hasta el estreno de la siguiente entrega. Quizás por ello, al poco de comenzar, vemos a Lando Calrissian camuflado en la guarida de Jabba, el Hutt, de cuyas garras intenta liberar a Han Solo. Había que redimir al personaje, reivindicarlo y reponer el honor del «negro», y si para ello tenía que pilotar el Halcón Milenario en algunas de las escenas clave, se hace.

Las últimas entregas de Star Wars han tenido duelos revanchistas entre sus guionistas y directores. Recordemos que el Episodio VII: El despertar de la Fuerza, cayó en manos de J. J. Abrams, mientras que el VIII: Los últimos Jedi fue a parar a Rian Johnson. Hay al menos dos diálogos en los que se nota que a Johnson no le gustó lo que había hecho Abrams: cuando le sueltan a Kylo Ren que cómo pudo herirle una chica que empuñaba un sable láser por primera vez, y cuándo le espeta lo ridículo de su casco. A lo que Kylo Ren responde destrozándolo. Hala, sin casco, J. J. Abrams, no me gustaba. E incluso puede que haya uno más soterrado, menos evidente: a El despertar se le reprochaba que se había basado demasiado en la nostalgia de los primeros episodios, que apenas había innovado o aportado algo diferente, así que Johnson hace que uno de los personajes diga: «es hora de dejar morir todo lo viejo». Con lo que posiblemente no contara Rian Johnson fue con que el Episodio IX: El ascenso de Skywalker volvería a las manos de J. J. Abrams, que le devolvería los palos a Johnson. Para empezar, como Johnson se había cargado al malvado Snoke en la anterior, Abrams se la devolvió cargándose al general Hux, y no solo no dejó «morir todo lo viejo», sino que retornó a lo más clásico al traer de vuelta al Emperador. Cogido con pinzas, eso sí. Y además desdeñó por completo varias líneas argumentales desarrolladas por Johnson, como la de los padres de Rey o los niños barrenderos que empiezan a sentir la Fuerza. Seguro que los que tienen un estrés bestial son los responsables del Departamento de continuidad de la saga, los que tratan de buscar coherencia a las tramas de las diferentes entregas.

Yo soy solo un espectador y disfruto estas revanchas, o estos leñazos entre directores y guionistas. Siempre y cuando estén bien contados, claro. Por eso estoy sufriendo ante lo que se avecina como Gladiator 2.

Hiperregulación (II): efectos

(Viene de: Hiperregulación (I): situación)

Es necesario simplificar, y aunque pueda parecer que lo afirmo desde una óptica empresarial y por tanto interesada, fue la propia presidenta de la Asociación de Inspectores de Hacienda, Ana de la Herrán, quien se manifestó recientemente en términos similares:

“Necesitamos un sistema tributario más estable, más seguro y lo más simplificado posible”. Suscribo cada palabra de este párrafo: “la reforma fiscal que necesita España requiere sosiego. Para que haya mantenimiento del gasto público tiene que haber figuras tributarias que se ajusten a la realidad, a los principios constitucionales de capacidad económica, progresividad, igualdad y justicia tributaria, pero lo que hemos visto en los últimos años ha sido una vorágine de normas tratando de afrontar el problema del momento sin perspectiva de futuro”. El subrayado es mío.

Ana de la Herrán menciona el caso de Ferrovial, cuya marcha a Países Bajos fue duramente criticada por el actual gobierno. En el momento del anuncio del cambio de sede se habló de seguridad jurídica, así como de las ventajas que el traslado suponía a la empresa española/neerlandesa a la hora de acometer nuevos proyectos e inversiones. Precisamente Ferrovial ha ganado este mes de octubre un pleito con Hacienda por la operación realizada ¡en 2006! cuando culminó la compra de BAA, empresa gestora del aeropuerto de Heathrow. Ferrovial tuvo que provisionar 119 millones de euros por el litigio, que ahora, muchos años y gastos después, podrá liberar. Quizás le vengan bien para provisionar la amenaza recibida, «el riesgo de que la Hacienda española no admita la neutralidad fiscal de esa fusión transfronteriza», como indica la documentación enviada a la Bolsa de Ámsterdam.

Con tanto cambio normativo, estar actualizado es cada vez más complicado, cada vez se generan más dudas en cada operación, en cada cierre fiscal. Una encuesta reciente realizada por el Registro de Economistas Asesores Fiscales (REAF) revela que la fiscalidad se ha deteriorado de manera considerable en los últimos cinco años (fuente: El Economista). Hasta un sesenta por ciento opina de ese modo. Y si se entra en el detalle, 53 de cada cien encuestados afirman que el sistema se ha complicado, por solo uno que cree que se ha simplificado. La región líder en hiperregulación en la última década, Cataluña, es la que tiene el peor índice en competitividad fiscal y no creo que sea una casualidad, sino una causalidad.

La hiperactividad normativa genera otro problema, que es la baja eficiencia de las empresas. Según el ranking de El Economista, España ocupa el puesto 36 de los 64 países analizados en el ranking de competitividad del Institute for Management Development (IMD). El propio IMD promueve un marco regulatorio más estable para las empresas españolas como una de las principales áreas de mejora.

El sistema tributario ha cambiado demasiadas veces en los últimos ejercicios, y no precisamente para favorecer el emprendimiento (Ayudando al empresario), sino que lo ha hecho solo para incrementar la recaudación, aun a costa de dificultar el trabajo de las empresas. Según el dato de Bloomberg y de la Tax Foundation, España es uno de los países que más gravan la inversión empresarial.

Y hay numerosas inversiones pendientes de ejecutar. En el tratamiento de aguas, España pagará una multa de 80 millones de euros a la Unión Europea por no depurar las aguas residuales. En tratamiento de residuos, España ha recibido una “alerta temprana” de la Comisión Europea por incumplir los objetivos de reciclaje. En calidad del aire y control de las emisiones de CO2, España fue sancionada en diciembre del año pasado por incumplir la directiva europea en Madrid y Barcelona. Hay otras multas por no adaptar la normativa europea sobre protección de datos, por tergiversar las cifras de gasto sanitario en la Generalitat Valenciana, por las ayudas fiscales al País Vasco… España es el segundo país en la cuantía de las multas y el primero en el número de expedientes sancionadores abiertos por la Unión Europea, debido, entre otros factores, al sistema autonómico y a la fragmentación territorial en 17 áreas.

Es decir, se legisla mucho, pero no se hace bien. La mayoría de estos expedientes se evitaría con las inversiones previstas en los Fondos NextGen para residuos, calidad del aire y las aguas, movilidad urbana, digitalización… Pero resulta que el Banco de España indicaba hace apenas un mes que solo el diez por ciento de las inversiones del plan NextGen había sido ejecutado. España era el país líder en recibir los fondos, pero solo el duodécimo a la hora de ejecutar los proyectos.

El mismo Banco de España alertaba en su informe de la limitada capacidad de administrar los fondos recibidos y de los cuellos de botella generados en la administración, lo que dificultaba sacar adelante proyectos tan necesarios. Hay un fenómeno preocupante que está creciendo en las administraciones públicas y que creíamos erradicado, que es el de “las facturas en el cajón”. Bien sea por la burocracia, bien sea por el retraso en la llegada de los fondos a las administraciones pagadoras, la partida de gastos pendientes se ha disparado en los últimos ejercicios. 7.600 millones de euros, el doble que en 2018. Un problema que se solucionó a martillazos con el Plan de Pago a proveedores de 2012 (recuerden los Premios Montoro a la mala gestión) ha vuelto en este ejercicio a las preocupantes cifras que se alcanzaron en 2011:

Cada vez resulta más complicado gestionar proyectos con las administraciones públicas. Los procesos se alargan, son diferentes en función de las comunidades autónomas, los recursos tardan tiempo en ser resueltos, y pese a la hiperregulación que nos invade, no hay mecanismos ágiles de revisión de precios, ni para la aprobación y cobro de las facturas, ni para dirimir las diferencias contractuales. O los que hay resultan tan farragosos e imprecisos que en la práctica su utilidad se reduce al mínimo. La suma de todos estos factores hace que el número de proyectos que quedan desiertos aumente de manera considerable, como se aprecia en este gráfico del artículo de María Arnal y Manuel García Santana:

Un peligro para la economía, un retroceso en todos los sentidos. El socio de Deloitte Javier Parada comentaba recientemente los Retos en la transformación del sector de la construcción, uno de cuyos puntos es perfectamente válido para el resto de sectores y para todo lo comentado previamente: es preciso cambiar el modelo de relación con las administraciones públicas. “Es necesario implantar nuevos modelos de contratación que equilibren la distribución de riesgos, limiten las ofertas temerarias y aumenten la seguridad jurídica de los contratos a través del arbitraje o la mediación, evitando los retrasos, las desviaciones de costes y la litigiosidad, que causan importantes perjuicios a ambas partes en términos de costes e incumplimiento de plazos de ejecución y son una de las causas de la baja rentabilidad de las empresas del sector y del incumplimiento de las expectativas de las administraciones públicas”. La necesidad de afrontar inversiones en infraestructuras “tendrá un escaso recorrido salvo que las administraciones establezcan un marco regulatorio estable y predecible, que permita una apropiada distribución de riesgos entre sector público y sector privado, una adecuada supervisión de los contratos y una rentabilidad adecuada para la inversión privada”.

Claro que para ello, casi sería mejor echar napalm sobre toda la legislación existente y comenzar de nuevo con una normativa clara, única y duradera. El chiste del día.

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Absurdos del Mundial 2030 y del fútbol de selecciones

Nuevo parón de selecciones, o mejor dicho, nuevo parón de las competiciones que deberían importar a estas alturas, Liga y Champions, para dejar otros diez días a una sucesión interminable de soporíferos partidos de selecciones. No he visto ni uno, y apenas me he interesado por algún resumen. En esta ocasión tocaba fase de clasificación para la Eurocopa 2024 (que participan 24 selecciones, luego tampoco es que esté muy cara la cosa), otras veces será por la Nations League y el año que viene habrá que pararlo todo por las clasificatorias para el Mundial. O por amistosos, que a la FIFA y la UEFA les vale todo con tal de seguir llenando sus arcas.

Hace apenas diez días, se ha adjudicado por sorpresa la organización del Mundial de 2030, que recaerá en seis países de tres continentes distintos: España, Portugal, Marruecos, Argentina, Uruguay y Paraguay. La designación estaba prevista para el 74º congreso de la FIFA, a principios de 2024, pero, tras una extraña negociación, la candidatura de la Conmebol se ha retirado y se ha conformado con los tres partidos inaugurales del torneo y la clasificación de las tres selecciones sudamericanas como anfitrionas. Serán 48 selecciones y 104 partidos, casi nada. Un despropósito total. El torneo comenzará en el invierno sudamericano y terminará en el verano del sur de Europa y norte de África. A la FIFA todo esto le da igual. Si ya en el infame Mundial de Catar, con 32 selecciones y 64 partidos, hubo muchos partidos infumables, no quiero ni imaginar lo que puede ser este engendro. Un mes y medio de competición, y a seguir llenándose los bolsillos.

Todo lo que mueve la FIFA suele seguir oscuros designios, nula transparencia y sospechas continuas de corrupción. Joao Havelange, Josep Blatter y ahora Infantino. Ninguno transmite la más mínima credibilidad en su puesto. Como la FIFA suele rotar los mundiales entre continentes, la realización de la edición de 2030 en Europa, África y Sudamérica deja bastante despejado el camino para Arabia Saudí en la edición de 2034, que se retiró de manera inesperada de la candidatura para albergar el de 2030. Ha bastado una carta de intenciones de Mohamed bin Salman (el mismo al que en ocasiones se le va la mano con la picadora de carne) para que setenta federaciones internacionales muestren su apoyo. Es todo tan bochornoso como lo sucedido con las adjudicaciones simultáneas de los mundiales de Rusia 2018 y Catar en 2022.

También ha sorprendido el momento elegido por cuanto el país que lidera la candidatura es el nuestro, España, que se encuentra posiblemente en su momento más bajo de reputación a nivel mundial. Rubiales (por el «piquito» y por su mano larga), el caso Barça-Negreira y la estafa de Ley del Deporte redactada por un ex vice del mismo club, el sospechosísimo CTA, los pufos de Roures en Francia y las investigaciones por corrupción en Estados Unidos, los episodios de racismo con Vinícius, el caso Soule, que lleva seis años durmiendo el sueño de los injustos… Ni siquiera hay un presidente de la Federación que organizará el torneo, pues se mantiene el interino Pedro Rocha. Con todo ese halo de corrupción, la no menos corrupta FIFA ha sido coherente con su historia y ha adjudicado el Mundial de 2030 a España.

La FIFA tiene un enorme cortijo montado y quiere mantenerlo. Gianni Infantino planteó la idea de organizar un mundial cada dos años con la excusa de «no perder a los jóvenes» como seguidores de este deporte. Yo creo que es todo lo contrario: los echas con un Catar-Ecuador como partido inaugural del Mundial, con los Túnez-Australia o Ghana-Corea del Sur sin nada en juego, o con las decenas de partidos infumables entre fases de clasificación (San Marino, Liechtenstein, Islas Feroe, Kosovo, ¡Gibraltar!) o los que se darán en un mundial de 48 selecciones. Ya ha tenido que recular, entre otras razones, por la oposición frontal de la UEFA, cuyo torneo estrella, la Eurocopa, entraría claramente en conflicto.

Pero la UEFA no se queda corta. A una Euro de 24 selecciones ahora ha unido la Nations League, y el nuevo formato del torneo, que pretende incluir 6 selecciones sudamericanas en la Liga A y otras 4 en la B. Una alternativa seria al Mundial de la FIFA. Entre ambos nidos de vividores se han propuesto matar el fútbol, como ya escribí en su momento. Los que no cuentan para ambos organismos son los jugadores, a los que cargan de partido, muchos de ellos irrelevantes, y a los pagadores de los jugadores, que no son otros que los clubes. Están tensando la cuerda y va a llegar un momento en que los clubes se harten y decidan no ceder a sus jugadores en mitad de la temporada, como está ocurriendo con la Euroliga y la FIBA, cuyas fases clasificatorias se tienen que disputar sin jugadores de la NBA ni de la Euroliga, una especie de enfrentamientos entre selecciones B o C de cada país.

Los clubes ceden a sus muy bien remunerados jugadores, su principal activo, a unos tipos de las federaciones que los utilizarán durante un mes o más, sin preocuparse de su estado de saludo, del cansancio o de las posibles lesiones. La FIFA abona una ridiculez a los clubes por esta cesión. Esta tabla recoge lo que percibieron los principales clubes de cada una de las confederaciones por la cesión. Al igual que en Rusia 2018, el Manchester City fue el que más ingresos obtuvo, apenas 4,6 millones de dólares.

Si los jugadores se lesionan, están cubiertos por el seguro que contrata la FIFA para la ocasión, pero con trampa: solo cubren lesiones a partir del día 28 de inactividad y con un tope de 7,5 millones de euros. Jugadores como Toni Kroos se quejaron de esta sobrecarga de partidos y otras voces entre el sindicato de jugadores criticaron que la FIFA y la UEFA solo se preocupan de seguir trincando pasta sin preocuparse por la salud de los jugadores o por los regímenes a los que estaban blanqueando.

De todos estos asuntos, y de otros que generaron ciertos rumores como el dinero público que se va a invertir en la mejora de los estadios españoles, charlamos recientemente en el canal de Kollins.

Mañana se juega un Noruega-España de clasificación, igual que hace dos días se jugó un «apasionante» (lo desconozco, porque no lo vi) España-Escocia. Partidos poco atractivos para el espectador, pero que siguen llenando la hucha de las federaciones y de la UEFA y la FIFA. Pero hay cosas peores, en La Galerna me pidieron que buscara una veintena de cosas más terribles que un partido menor de la selección española. Y no sé si lo conseguí, todo depende de la comparación.

A lo mejor el España-Escocia no era mal plan.

Hiperregulación (I): situación

En los últimos tiempos he escuchado o leído varias veces una palabra nueva que, ciertamente, resulta muy poco seductora: “hiperregulación”. Lo dice todo sin decir gran cosa, es una palabra fea que suena a barullo, a atoramiento, a tapón normativo. El gobierno de turno entiende que hay que aprobar una regulación y lo hace de manera hipertrófica. En exceso. O lo que puede tener peores consecuencias, de manera precipitada.

Durante el pasado debate para las elecciones del 23-J, los candidatos mostraron posturas bien diferentes sobre este punto. Pedro Sánchez presumía de haber aprobado normas para afrontar los numerosos problemas a los que se enfrentaba nuestra economía y la sociedad, mientras que Alberto Núñez Feijóo le reprochaba precisamente esa compulsiva necesidad de sacar adelante una nueva norma, ya fuera con rango de ley, del denostado decreto ley, orden ministerial o disposiciones de todo tipo. 385 páginas diarias de nuevas normas en el BOE (en realidad son más), muchas de ellas con tramitaciones de urgencia. Si a eso añadimos la producción normativa de las comunidades autónomas, estar al día y no incumplir se convierte para las empresas y los ciudadanos en una tarea de lo más compleja.

En 2022 se publicaron 1,32 millones de páginas en los distintos boletines oficiales: 254.757 en el BOE y el resto en los distintos boletines autonómicos. En total, fueron aprobadas 1.189 normas con rango de Ley, 849 en el Estado (un tercio por la vía del decreto ley). Esta sobreproducción normativa supone un incremento del 31 por ciento respecto al año anterior y alcanza la cifra más alta de la última década. Pero la crítica no debe centrarse en el número, o solo en el número. Si toda esta regulación fuera aprobada para resolver problemas, bienvenida sea. El problema es que las normas adquieren tal volumen que en ocasiones resultan contradictorias, generan diferencias entre comunidades y dificultan (mucho más que lo que ayudan) la labor de las empresas, que son las verdaderas generadoras de riqueza y empleo del país.

Según este artículo de Expansión, “la hiperactividad normativa en España lastra la actividad económica y el empleo, erosiona la competitividad de las empresas, quiebra la unidad de mercado y genera inseguridad jurídica”. Por su parte, el Foro Regulación Inteligente indica que la hiperregulación nos cuesta entre 36.000 y 48.000 millones de euros anuales y este exceso, que dificulta la labor de las empresas en las diferentes comunidades, supone entre el 1,5% y el 2,5% del PIB.

Desde junio de 2018, los distintos gobiernos de Pedro Sánchez han aprobado 135 “decretazos” por la vía rápida, esquivando el control parlamentario y los informes de los órganos consultivos del Estado. Supera de largo el anterior récord, de José María Aznar, cuyo gobierno sacó adelante 85 decretos entre 1996 y 2000. Por comunidades, la más activa a la hora de producir normas es Cataluña, que lidera la clasificación por séptimo año consecutivo. La reforma laboral, el control de jornada, la desconexión digital, el Salario Mínimo por las bravas, la ley trans, la educación, la financiación autonómica, contra el cambio climático o los efectos de la inflación, se cambia el Código Penal a medida, se legisla sobre el delito de malversación en beneficio de los malversadores… Se ha tratado de regular sobre todas las cosas, e incluso con la pandemia, hasta sobre lo que ocurría en nuestros hogares.

Aunque este post se centra en las normas de carácter económico y fiscal que afectan a la competitividad de las empresas, voy a usar la mal llamada ley del “solo sí es sí” como ejemplo de lo que está ocurriendo: se presenta una norma para cambiar algo que se entiende que no funciona de manera adecuada, se elabora por la vía de urgencia, sin los consensos necesarios, incluso en el propio equipo de gobierno, y sin atender a dictámenes previos, redactada por personas sin la formación adecuada, se aprueba con gran aparato propagandístico y a los pocos meses, cuando se genera otro problema mayor, se promueve una modificación que corrija el desaguisado perpetrado.

Desde hace años toda la normativa fiscal sigue un patrón similar. Los impuestos de naturaleza medioambiental a los que ya me he referido en este blog son un claro ejemplo de esta manera errática de legislar. El impuesto sobre el depósito de residuos en vertedero está repleto de lagunas que, diez meses después de su puesta en marcha, no han sido resueltas. Y además se interpreta de manera diferente por comunidades. El impuesto sobre el plástico tiene un desarrollo normativo tan impreciso que ahora mismo los sectores afectados están intentando resolver. La fiscalidad medioambiental lleva años en una espiral de creación de nuevas normas y disposiciones que parecen incidir de manera exclusiva en la recaudación y no en la solución real de los problemas. Es tal su producción normativa que ni siquiera los funcionarios del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITERD) están al día. Este mismo verano, el Ministerio inició el proceso de información pública para el Plan Estatal Marco de Residuos (PEMAR). Para cumplir los plazos y poder acceder a los fondos europeos se redujeron los plazos habituales a la mitad.

El problema es que es tal la producción normativa que la propia consulta pública contenía referencias a documentos ya derogados.

Algo similar ocurre con muchas de las iniciativas de naturaleza tributaria que se han acometido en los últimos años, todas ellas con el afán de incrementar la recaudación. La tasa Google, el impuesto a las transacciones financieras, el impuesto a los “ricos”, a las eléctricas, a la banca, las modificaciones en el Impuesto de Sociedades, en las cargas sociales, en las contribuciones a las pensiones… se ha cambiado todo en este empeño por mejorar la recaudación y detrás de casi todas las medidas había una carga que no era lógica, sino ideológica. Populismo legislativo, y Populismo tributario, dije en su día: Hombre rico, hombre pobre. Y Papá Estado como ente benefactor y redistribuidor de ese incremento resultante de recaudación récord.

No solo se genera inseguridad jurídica (contradicciones entre normas, interpretaciones diferentes entre comunidades, incremento de la litigiosidad), sino que, como advertía el Instituto de Estudios Económicos en su informe de diciembre pasado, todo ello se traduce en “una pérdida de competitividad y de productividad que afecta al conjunto de la economía”, pues “dificulta que empresas y ciudadanos puedan competir en el conjunto del país sin tener que enfrentarse a grandes costes para cumplir con la regulación del sector en el que operan”.

(Continuará en Hiperregulación (II): efectos)

Tu lista de cosas anormales (II)

Continuación de Tu lista de cosas anormales (I)

– Porque es que tengo miedo -dijo Víctor.

– Lo sé -respondió Mario-. A ver, espabilao, ¿qué crees que tienen en común todas las cosas de la lista?

– No sé, supongo que son cosas que no me apetece hacer, que detesto, como cuando poníamos una prenda al que perdía un juego.

– Frío, frío.

– Y bueno, claramente es la lista de cosas anormales de mi amigo el anormal -afirmó Víctor de manera rotunda-. No, mejor, es tu lista de cosas anormales, Mario. Eso es. Porque en el fondo es lo que eres.

Se rieron ambos. Mario se estiró ligeramente la banda del cinturón para poder mirar de frente a su colega.

– Noooo, amigo mío, esa es la respuesta simple. Lo que todas esas cosas tienen en común es el miedo. Tu miedo.

Se hizo un silencio entre los dos amigos. Se miraron a los ojos. El ruido de las ruedas sobre la pista unido a la voz del piloto por la megafonía hacía que en aquel momento hubiera cualquier cosa menos silencio. Pero fue el “estruendoso silencio” entre ellos lo que Víctor interrumpió:

– El miércoles empiezo las sesiones. Estoy acojonado.

– Lo sé, Víctor, lo sé. Y por eso este viaje era una especie de terapia contra el miedo. ¿Qué sentiste cuando nos escondimos en la tienda de mi amiga tras huir de la policía? ¿O al día siguiente?

Víctor no respondía. Callaba, meditaba, recordaba.

– Al principio estabas temblando, el corazón se te salía por la boca. ¿Y luego? ¿Alivio, descojone? ¿Sensación de poder, de saber que puedes controlarlo, que puedes con ello?

– ¿Ahora eres psiquiatra o terapeuta emocional? -replicó Víctor con cierta incomodidad.

– ¿Y en la tienda de la casa de Ana Frank? Si vi que te temblaban las manos, cagao, por un puto marcapáginas. Estoy seguro de que hasta te habías preparado una excusa por si te pillaban o por si saltaba alguna alarma.

– Por supuesto que sí -sonrió Víctor-. Oh, sorry -puso voz lastimera-. I can’t understand why… how much is it?

– Lo del kebab era para verte pegar otra carrera con los pantalones manchados y los esfínteres sueltos, ja, ja, ja. Y lo del Van Gogh era para que sintieras que te llevaban a comisaría o que te echaran de malos modos delante de todo el mundo y ver cómo afrontabas tu miedo al ridículo. O al escándalo.

– ¿Y lo de la china, o el porro? Eso no es miedo, es desinterés.

– ¡Y un huevo, tío! Que te conozco desde chiquitito. Siempre tuviste miedo a cualquier tipo de droga o de sustancia, por si te enganchabas, por si te pillaban en casa. O por si te llegaba a gustar.

Víctor se quedó pensativo. Torció el gesto como si asintiera.

– Puede ser.

– Además, ahora te van a meter de todo en el cuerpo, vas a tener momentos malos, a lo mejor esta mierda te ayudaba, porque, ¿recuerdas qué sentiste cuando nos metimos aquello?

– Atontamiento inicial.

– Placer, reconócelo. Relajación muscular.

– Bueno, dejó de dolerme el cuerpo por todo lo que habíamos andado ese día.

– Pues acuérdate de ello cuando lo pases mal, y si necesitas eso que llaman “tratamiento terapéutico a base de cannabis”, me lo dices.

– Ja, ja, ja, me acordaré, sin duda. ¿Y la china?

– Bueno, siempre estás con eso de que “China nos va a arrasar, se va a quedar con todo y nos va a convertir en sus putos esclavos”, que te queda muy bien ese discurso alarmista cuando te dejamos soltarlo, que nos dejarías acojonados si te hiciéramos caso. Pero además, lo puse por tu miedo a engancharte con alguien y a hacerlo de la persona equivocada.

– ¿Qué dices? ¡Anda ya!

– Acuérdate de Isabel.

– ¿La mulata?, no jodas, ¿a qué viene esto ahora?

– Tenías miedo de defraudar a tus padres, de que aquello no les gustara porque son muy tradicionales y conservadores. De no hacer lo que ellos consideraban adecuado para ti. Tenías miedo de que fuera a significar más que los cuatro o cinco meses que estuviste con ella. Si a ti te encantaba, pero, dime, ¿llegaste a presentarla a tus padres? Y que conste que sé que para ti es un tema importante, porque siempre has querido dar la talla en casa y lo valoro, y lo aprecio mucho en ti.

Tras unos segundos de silencio, habló:

– No, ni siquiera llegué a contarles nunca que estaba saliendo con ella.

– ¡Pues eso! Joder, ahora eres tú y tu enfermedad, ¡es tu vida! Y tus padres y los que somos tus amigos estamos aquí para recordarte que vamos a estar siempre a tu lado.

– ¿Aunque me cepille a una china?

– ¡Sobre todo si te cepillas a una hija del Dragón Rojo, cabronazo! ¡A una que tenga carnet del partido y un chip espía, ja, ja, ja!

El avión no se había detenido aún en su camino hacia la terminal, pero el pasajero del asiento delantero se quitó el cinturón y comenzó a moverse inquieto. Sacó el móvil y desconectó el modo avión.

– Ya está, el típico cagaprisas -pronunció Mario en voz bien alta, para que se le oyera bien.

– Ssshhh… calla.

– Que me escuche, me la sopla.

El tipo del asiento delantero comenzó a teclear el móvil con prisas mientras la pantalla se llenaba de curvas y gráficos.

– Joder, mira que pone bien claro que no usemos el móvil todavía -Mario lo dijo en un tono más alto del normal-, pero nada, se ve que eso no va con algunos.

El tipo lo había escuchado perfectamente y giró la cabeza levemente hacia atrás con una mueca de fastidio.

– Seguro que tiene que mirar sus acojoinversiones en Bolsa. “Huy, ¿habré ganado diez millones para mi jefe el engominado y me subirá el bonus? O a ver si he perdido doscientos mil euros durante este vuelo y me echan el lunes” -continuó Mario con voz atiplada-. “Y a ver mis bitcoins, ¿cómo van?”, porque a este tío le pega invertir en criptos, ¿no crees?

– Calla ya, Mario -intervino Víctor-, no montemos un lío ahora. ¿Y lo del tatuaje? ¿De verdad crees que es miedo lo que hacía que me negara?

– Miedo a las agujas, me lo has contado mil veces, de pequeño le tenías miedo a todo, a ahogarte, a las peleas, incluso a las avispas. Pero es miedo sobre todo al qué dirán, al qué dirán tus padres cuando lo vean, ¿y sabes qué les vas a decir? Que no es una V de Víctor, ni siquiera un 5 por las sesiones de quimio. Es la V de aquella serie friki, la V de Victoria, porque tú vas a triunfar, chaval, y quiero que en cada sesión te mires esa huella en tu piel y recuerdes estos días en los que has podido enfrentar y superar tus miedos. Que te dolió la primera punzada y en la última estabas hasta disfrutando, mamonazo.

Víctor se sonrió mientras se repasaba la marca en el antebrazo, como palpando el levísimo volumen de la herida reciente sobre su piel.

– Y ahora cada vez que veas una aguja, y seguro que ves muchas en estos meses, acuérdate de la flojera que teníamos con aquel tatuador barbudo emporrado al que se le veía la hucha cada vez que se daba la vuelta. A tomar por culo todos tus miedos.

La mirada de Víctor cambió, adquirió un nuevo brillo. La mueca de la sonrisa pasó a ser más relajada y dijo en voz bien alta:

– Mario, este fantasma no invierte en bitcoins, le pega más la estafa esa de las NFTs -Mario le miraba con asombro, pero disfrutaba del cambio, tan perceptible, en su amigo-. Aunque en su caso veo más bien un “No Folla, Tronco”.

Ambos empezaron a reírse abiertamente, de manera algo escandalosa. Creían que el individuo en cuestión les había escuchado, si bien, como ya estaba marcando el teléfono para llamar, no lo sabían a ciencia cierta. Al otro lado del teléfono alguien respondió a su llamada y le oyeron decir:

– Cariño, acabo de aterrizar. Calculo que en unos cuarenta, cuarenta y cinco minutos estoy allí.

– ¿Lo ves? -dijo Víctor-. Está avisando a la mujer, que estará ahora mismo con “el otro” para que le dé tiempo a echarlo de casa.

– Ja, ja, ja, ja -estalló Mario-. Ojos que no ven… en el fondo es un tipo listo.

El tipo del teléfono se quitó el cinturón pese a que el avión no se había detenido aún, se puso en pie y se giró hacia los dos amigos:

– Sois unos graciositos, ¿no? Muy, muy graciosos. Y unos auténticos gilipollas, por si no lo sabíais.

Mientras una de las azafatas se le acercaba para decirle que no podía permanecer de pie, los dos amigos seguían riéndose de la situación.

– Y usted un maleducado, que se ha pasado por el forro todas las instrucciones de seguridad.

– Ya podía usarlo, niñato -intentó zafarse de la azafata, que trataba de tranquilizarlo y de que volviera a su asiento- . Vosotros… no merece la pena perder el tiempo con vosotros.

Mario se quedó mirándolo mientras se sentaba de nuevo y con una voz pomposa y engolada dijo:

– “Vosotros no sabéis con quién estáis hablando, niñatos”.

Media hora después, ya fuera del avión, Mario se secaba la sangre de la comisura de los labios sentado en un banco en la sala de espera de la comisaría del aeropuerto. A su lado, Víctor sacó un papel, lo desdobló y se lo mostró.

– Aprobado.

Los policías que estaban tomando declaración al individuo «de las NFTs» no fueron capaces de entender qué hacía tanta gracia a los dos niñatos que esperaban su turno.