Ya que no podemos arreglar el mundo, hablaremos de lo que nos interesa: la política y los políticos, el fútbol, el cine, y todo lo que nos molesta, acompañados por unas jarras de cerveza. Bien fresquitas, por supuesto
«Me llena de orgullo y satisfacción», que decía el Rey emérito, anunciar mi primer artículo para La Galerna, quizás el mejor medio madridista que podemos encontrar hoy en día.
«Pertenezco a ese grupo cada vez más numeroso de madridistas que no se sienten identificados con la prensa actual, volcada en sus ataques al Real Madrid como equipo, club e institución con las mismas ansias que se desviven en alabanzas hacia el eterno rival, el Barça. La hipocresía de prácticamente todos los medios de comunicación actuales es tremenda, y lo que me parece más preocupante, creciente. Fingen una imparcialidad que sus palabras desmienten a diario». Este párrafo fue escrito casi un mes antes de lo sucedido en el último Madrid-Juve, con el claro penalti de Benatia a Lucas que ha servido para destapar a toda esa panda de antimadridistas sufridores ante la clasificación de los nuestros. Sigue leyendo →
Con su película Campeones, Javier Fesser ha vuelto a lograr algo tan complicado como poner de acuerdo a crítica y público con esta historia sobre un entrenador de baloncesto de élite que se ve obligado a prestar servicios sociales entrenando a un grupo de discapacitados intelectuales en un centro de Vallecas.
Tres semanas seguidas como número uno en taquilla, desbancando al mismísimo Spielberg y su Ready Player One, y una buena acogida por la mayor parte de críticos de este país, Carlos Boyero incluido. Reconozco que tenía ciertos reparos a la hora de ver esta peli porque al tratar un tema como la discapacidad intelectual podía caer en la sensiblería o en lo peor de las historias bienintencionadas, cuya trama se suele diluir en situaciones forzadamente tiernas.
Sin embargo, pasé dos horas estupendas, riéndome cuando las situaciones lo buscaban (y lo lograban), y valorando la parte más íntima y personal de los protagonistas. El actor que sostiene la película, Javier Gutiérrez, está enorme en todas las facetas (pese a su estatura), algo que ya no sorprende a nadie a estas alturas (pese a su estatura) de su carrera. Sabe ser cabrón, cruel, cobarde, simpático, tierno, inteligente o agresivo según sea el momento, y en todas las facetas se crece (pese a…) y lo clava cual triple de los protagonistas. Protagonistas, por cierto, que no eran actores, sino auténticas personas con discapacidades intelectuales de algún tipo que hicieron un trabajo sorprendente y espléndido.
Solo es posible encontrar algunos diálogos como el de la primera sesión de entrenamiento en el universo particular de su director, Javier Fesser, hermano del periodista Guillermo, la mitad de Gomaespuma, otro de los pocos «lechones» existentes en este mundo capaces de entender este universo tan particular de diálogos surrealistas, tortazos de cómic, dientes sucios y gafas de culo de vaso. He visto prácticamente todo lo que ha hecho Javier Fesser (me falta Camino) y desde luego tiene en mí a uno de sus fieles seguidores, alguien que se ha visto incluso la recopilación de los cortos de Javi y Lucy y los anuncios de las Películas Pendelton, por supuesto Aquel ritmillo y El sedcleto de la tlompeta,sus versiones de Mortadelo y Filemón y una de las obras maestras del cine español: El milagro de P. Tinto, que consiguió el milagro de que viera a P. Tinto dos veces en menos de 24 horas en aquellos tiempos lejanos del videoclub. Para mí es una obra redonda, aunque será una castaña absurda para todo el que no entre, como decía, en ese universo tan particular.
Recomiendo Campeones, de la que no quiero contar mucho para no destriparla. Pasaréis un buen rato con una historia repleta de cariño hacia sus personajes. Y divertida, cercana, humana y que sabe mostrar las debilidades de todos los personajes, discapacitados y de los que antes de imbuirse en la historia se consideran a sí mismos «normales».
Para aficionados al baloncesto y al cine, Campeones entra directa en el top-10 de películas del subgénero, que ni siquiera sé si llega a 10, pues se salvan muy pocas: Hoosiers, Entrenador Carter, Ganar de cualquier manera, One on One, Space Jam (sí, Space Jam, con Michael Jordan y Bugs Bunny, ¿quién quiere más?),… y en la que no entran Una tribu en la cancha, Los blancos no saben meterla, Teen Wolf o esa cosa llamada Air Bud y secuelas.
Barney, 30 de abril
No he visto la película, porque normalmente los deportes, salvo los no habituales para nuestros ojos, como el béisbol o el boxeo, no suelen quedar bien en pantalla. La chilena de Pelé en Evasión o victoria es lo más verosímil de una película en la que nos chirría tanto ver a Stallone de portero parando un penalti como a Michael Caine avanzando majestuoso con su tripita por el campo.
Según me cuenta Travis, en un momento de la película se recuerda de pasada uno de los momentos más bochornosos de la historia de nuestro deporte: la descalificación del equipo de baloncesto de discapacitados intelectuales en los Juegos Paralímpicos de Sidney 2000. Los medios pasaron de refilón por el asunto, pero se trata de una de esas manchas que nos deberían avergonzar durante años y años. Nosotros, que hemos disfrutado tanto con algunas victorias de los nuestros y entonamos orgullosos el «¡¡yo soy español, español, español!!», deberíamos de sentir ganas de no aparecer en estos eventos si no es para lamentar en público los comportamientos antideportivos alentados por algunos de nuestros dirigentes.
Para el que no sepa la historia, lo que ocurrió fue que España presentó una selección en la que solo dos de los doce jugadores del equipo tenían una discapacidad intelectual. Y ganaron el oro, cómo no. De verdad que como amante del deporte no puedo entender qué coño pasaba por la cabeza de estos tipos que se prestaron al engaño.
Supongo que la pasta que ingresaba la Federación por la medalla de oro tuvo mucho que ver en el asunto (140.000 euros), pero es que algunos de nuestros dirigentes resultan repugnantes por su apego al puesto, equiparable a su desapego al deporte, y por los tejemanejes económicos (por ejemplo, José Luis Sáez en el baloncesto, Escañuela en el tenis, y cómo no, el instaurador del Villarato en el fútbol).
Recuerdo lo lamentable que me pareció en su día el que tuvo la idea de «españolizar» al esquiador alemán Johann Muehlegg, porque en ningún otro país se atrevían a contar con su médico y sus métodos. «Juanito» le llamaban cuando ganó las tres medallas de oro en Salt Lake City en 2002, y volvió a ser el alemán Johann en cuanto se destapó el pastel.
Un episodio tan penoso como el de los que trataron de ocultar y destruir pruebas de la Operación Puerto, que en un principio intentaron que fuera archivada y cuyas primeras sanciones tuvieron que llegar del extranjero (Valverde, Ullrich, Iván Basso). También se trató de ayudar a los implicados en la Operación Galgo, con nuestra (ex) mejor atleta de la historia Marta Domínguez, a la cabeza porque, supongo que pensarían, ¿cómo nos íbamos a quedar sin nuestra mejor atleta y sin la pasta que arrastraba?
Celebro que Campeones esté teniendo un éxito sin duda merecido, porque nos devuelve a la esencia del deporte: el afán de superación y de mejorar día a día a base de esfuerzo y trabajo.
Lester, 22 de abril
Fui a ver Campeones en cuanto pude, pocos días después del estreno y además con mujer, hijos, sobrinos, cuñaos, a los que «forcé» a que me acompañaran porque supe que nos iba a tocar de un modo muy personal. Como los lectores habituales de este blog sabrán, el verano pasado la familia al completo tuvimos una experiencia muy intensa en el voluntariado que realizamos en el Hogar Teresa de los Andes de Bolivia, en un centro de acogida para chicos con habilidades especiales.
Trabajamos echando un cable con todas las necesidades del centro, que eran infinitas, promovimos y logramos la reforma del Pabellón Azul y sobre todo disfrutamos entrenando a los chicos para las Olimpiadas especiales que se celebraron en los últimos días de agosto.
Al ver la película de Javier Fesser, recordamos a algunos de estos chicos que dejamos en la otra punta del mundo y revivimos momentos inolvidables, situaciones únicas que me gustaría compartir:
Pasamos por muchas fases similares a las de Javier Gutiérrez en la película: el miedo y rechazo inicial, más motivado por el desconocimiento que otra cosa, la satisfacción de los primeros logros, la entrega absoluta de todos nosotros y el enorme orgullo al contemplar el resultado final. Todos eran vencedores, todos resultaron ser unos campeones incomparables.
Josean, 30 de abril
Reconozco que no he ido a ver la película de Javier Fesser porque el cine que me gusta está poblado de villanos, especialmente en el mundo de las finanzas: lobos de Wall Street, defraudadores como los de La gran apuesta o Gold, especuladores tipo Margin Call o Inside job, y tipejos sin escrúpulos como los de Enron o Entre pillos anda el juego. Campeones huele a buenos sentimientos, a solidaridad, compañerismo y entrega desinteresada, y, francamente, huyo de ese tipo de argumentos porque suelen caer en lo autocomplaciente, en lo que nos haga sentir bien. Y yo estoy rodeado en muchas ocasiones de villanos, así que a la hora de ir al cine prefiero integrarme en su mundo y conocerlos.
Para mí lo interesante de Campeones está en que su producción fue financiada por Triodos Bank, la llamada banca ética especializada en financiar proyectos sostenibles o con unos marcados objetivos sociales o medioambientales. Ya que en este blog he criticado tantas veces el papel de la banca durante la crisis, vamos a hablar bien del gremio por una vez (y casi seguro, sin que sirva de precedente).
La idea de este banco nació en los Países Bajos en 1980 y lleva funcionando en España unos quince años. No cotizan en Bolsa, tienen objetivos sociales, medioambientales o culturales claramente definidos y no invierten en proyectos que no se adecúen a los mismos. Pese a sus limitaciones en la captación de fondos y en el tipo de proyectos que financian, son competitivos en precios, aunque no puedan acometer proyectos de gran volumen y riesgos de nivel medio-alto. La oleada de indignación ciudadana que siguió a la crisis financiera ayudó a que sus clientes se multiplicaran por seis en el período 2010-2015.
Aunque solo he trabajado con ellos una vez la verdad es que me pareció una experiencia interesante. Al análisis financiero del proyecto se unía una auditoría medioambiental, pues en nuestro caso se trataba de financiar unos vehículos eléctricos y tuvimos que justificar los resultados del proyecto.
«Triodos Bank desempeña un papel fundamental en la producción cinematográfica en España. Es una de las entidades que ha financiado más producciones pequeñas y medianas incluso en los momentos más duros, cuando nadie daba un préstamo», declara Ignasi Estapé, uno de los socios de la productora Arcadia Motion Pictures. «El cine es uno de los mejores medios para transmitir mensajes sociales, ya que permite vivir la realidad que se quiere mostrar». Gracias al apoyo de Triodos, la productora pudo sacar adelante en 2014 el documental El hombre que empezó a correr, cuyo objetivo era concienciar y procurar la financiación de unos pozos de agua potable para 125 familias en Muketori (Etiopía).
La Federación Madrileña de Deportistas con Discapacidad Intelectual (FEMADDI) celebra el éxito de la película de Javier Fesser por lo que supone de sensibilización hacia el colectivo, formado por unas 60.000 personas, que sufren cierta desatención por parte de las instituciones. Para FEMADDI, Campeones servirá de «carta de presentación cuando tengamos que acercarnos a las instituciones y a las empresas en busca de apoyos para organizar una competición larga, un torneo de fin de semana o para patrocinar a un equipo. Necesitamos empresas colaboradoras. Además, hay incentivos fiscales que les benefician de manera sustancial».
Por muchas razones, amigos lectores, y sea cual sea la vuestra, id a ver Campeones.
El retorno del guerrero Sergio Llull a las canchas de juego no fue como esperábamos. Fue peor, y a la vez fue infinitamente mejor. Estoy seguro de que ni siquiera él mismo lo había imaginado de ese modo. Pese a que el miércoles había partido de semifinales de Champions en Múnich, mi prioridad en esos momentos estaba en el baloncesto y en contemplar in situ el regreso de este menorquín que tantas veces nos ha levantado de los asientos.
Mi hijo y yo teníamos claro que no queríamos perdernos ni el calentamiento del 23, ni mucho menos la presentación del jugador por megafonía, con el Palacio en penumbra apenas iluminado por bengalas y luces de diseño. La expectación era máxima y el ambiente en las gradas crecía en intensidad aumentado por el speaker y el movimiento acompasado de esas manos gigantes que nos dieron a los espectadores con la leyenda “Vuelve Llull” y la cara del jugador con el grito característico de rabia que suele acompañar sus mayores proezas.
Sergio Llull se lesionó el 9 de agosto de 2017 durante un partido de preparación con la selección española. Rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha. Seis, siete, ocho, nueve meses de baja, quién sabe. La temporada casi completa. En aquel momento hablé con amigos aficionados al baloncesto, con mi hijo, que sabe de la NBA más que la mayoría de periodistas deportivos, y a todos les transmití el mensaje que publiqué en Twitter: “Mucho ánimo. Llegarás a tiempo de darnos la Liga”. En enero subí mi apuesta: “¡Y también la Euroliga!”
A este estado de ánimo y euforia no contenida ayudó el seguimiento que muchos fuimos haciendo de la evolución de la recuperación de la lesión que Sergio Llull publicaba periódicamente en redes sociales en forma de pequeños vídeos. Sudor, esfuerzo, sacrificio, concentración,… Rocky Balboa pensando en Apollo Creed. Los dientes apretados, la seguridad en la mirada, el pelo empapado en sudor,… la imagen de un tipo que iba a triunfar en su empeño.
Creo que éramos muchos los que anhelábamos el regreso del bueno de Sergio y los que deseábamos que desde el primer minuto todo le fuera de cara. Que anotara su primer tiro, un triplón cayéndose a un lado, que robara un balón, que hiciera uno de los espectaculares mates made in «El increíble Llull»,… nada de eso sucedió. Creo que la ansiedad por lograr esa primera canasta, acrecentada por el aliento de todos los que estábamos en la grada, le hizo tomar varias malas decisiones que le llevaron a marrar sus primeros tiros. Nada de eso nos desanimó, y mucho menos iba a hacerlo con él, el tipo de los huevos de hormigón armado que agradecía al público cada muestra de cariño. Menudo ambiente vivimos, enormes como siempre los Berserkers.
En el descanso me encontré en las gradas con Fer, un amigo de la infancia famoso en el colegio por su tiro lateral de tres y cuatro metros, y hablamos del ansiado «momento Llull» que tanto esperábamos. «Tiene que llegar», asentimos.
Los equipos griegos son muy perros, admirables, pero muy perros. O el símil debería de ser más bien con los gatos, por la cantidad de vidas que tienen. El Madrid amenazó con romper el partido varias veces, ocho puntos, remontaban los griegos, siete puntos, volvían a igualar, trece de ventaja al inicio del tercer cuarto, y en un suspiro estábamos de nuevo empatados. ¿Quieres huir del estrés del trabajo? No vengas al baloncesto salvo que estés buscando una terapia de choque.
Todo quedaba por decidir al inicio del último cuarto y Pablo Laso se la jugó con Llull en cancha, pese a que no estaba fino. Hasta cinco triples llegó a fallar «el aeroplano de Mahón» y un tiro de dos, sin estrenar su casillero, lo que le ponía en un desolador 0 de 6 en tiros de campo que no era el re-debut soñado por todos nosotros. En un día en el que el Madrid se jugaba tanto, la apuesta de Laso era cuando menos arriesgada. Pero «el momento Llull» llegó cuando quedaban poco más de cinco minutos y el marcador señalaba una ventaja mínima de los nuestros, 62-61. Sergio pidió el balón y se fue directo a canasta pese a la defensa de Rivers y la ayuda de Gist. La dejó en lo más alto del tablero y el balón cayó suavemente dentro. El griterío fue ensordecedor. A la importancia de la canasta se unió la satisfacción de ver cumplido el retorno del infatigable Llull.
Pero ahí no terminó la cosa. Como los griegos siguieron peleando de modo encomiable hasta el final, con 64-63 y a falta de menos de cuatro minutos, Llull se jugó dos triples demenciales para cualquiera, no digamos para alguien con el escaso acierto que llevaba el menorquín hasta el momento. ¡Chof, chof! El silencio del balón en el aire reventó con la locura que estalló en el pabellón, ¿pero qué has hecho, Sergio? Los pelos como escarpias, ¡vaya momentazo! Y Llull gritando de nuevo en el centro de la cancha, como en los mejores tiempos. Un grito contagioso, un aullido que te anima a unirte a la locura.
Sergio Llull tiene el gen madridista al que ya me he referido aquí en varias ocasiones, el de Petrovic, Sabonis, Fernando Martín o el Chapu, el mismo que mostró Felipe Reyes en el segundo partido de la serie en Atenas, cuando más complicado parecía todo. Es ese gen que lleva a un tío de 37 años que lo ha ganado todo a dejar en pañales a los pívots rivales o a sus propios compañeros, como ese Eddy Tavares que es más alto, más joven y más fuerte, pero que carece del tesón y la fuerza mental del capitán o de Llull.
Los dos triples pusieron el 70-63 en el marcador, pero un minuto después los griegos volvieron a demostrar lo que decía acerca de sus mil vidas y empataron el partido (tremendos Calathes y Mike James). Pero no podíamos perder en un día así y un triple final de Carroll (tras asistencia de Llull) nos dio la tranquilidad que nuestros corazones demandaban.
Ha vuelto Llull, el marciano capaz de cascar 5 triples sin fallo en un cuarto de la final de Liga al Barça, el mismo que le anota tres triples en el último segundo de tres cuartos a los Oklahoma City Thunder o hace un mate con la zurda entrando en la zona rival como un obús. Si alguno tiene dudas de las razones de nuestra admiración por este jugador, le dejo este vídeo. Aquí está la canasta ganadora de la Copa del Rey contra el Barça, la del Fuenla, Baskonia, y por supuesto, la de Valencia, la que mejor define el espíritu competitivo de este crack al que no le va a frenar ni siquiera una canasta rival a falta de un segundo:
Ha vuelto Llull. La temporada pasada llegó fundido a la final de la Liga y a la Final Four. Se nos ha escapado la Copa del Rey por muy poco (y algún palo que otro). Este año está fresco y con los colmillos afilados. La mejor noticia posible cuando queda lo más importante de la temporada.
P.D.: ah, sí, el Madrid de fútbol ganó 1-2 en Múnich, pero eso empieza a pertenecer a lo rutinario.
El Maratón Popular de Madrid, el célebre Mapoma, celebra su 41ª edición este domingo, 22 de abril de 2018. El Mapoma es para mí como una antigua novia a la que le dediqué mucho tiempo e ingentes esfuerzos, a la que le tengo un enorme cariño pese a lo mucho que me hizo sufrir, y a la que vuelvo cada cierto tiempo porque los buenos recuerdos, como en el amor o las relaciones de pareja, superan con creces el dolor.
No tenía ninguna intención de hablar de la jugada de marras, porque el tema cansa, pero ha sido tal el cúmulo de reacciones encendidas vía puto guasap y las peticiones al respecto, cuando no exigencias («escribe algo, Barney, que solo hablas de los árbitros cuando ayudan al Barça»), que no me habéis dejado más remedio.
Y en el fondo pregunto: ¿qué más da si fue penalti o no? Porque podría serlo, como podría no haberlo sido, o la jugada podría haber acabado con un remate franco de Lucas Vázquez y el consiguiente gol, pero entonces no tengo ninguna duda de que la cantinela sería otra:
¿Hay falta de Cristiano Ronaldo en el salto de cabeza?
¿Por qué el árbitro dio 3 minutos de descuento si no se habían producido los 6 cambios?
Porque el antimadridismo (normal la respuesta culé, sorprendente la reacción de los atléticos), que ya tenía los memes preparados para reírse del Madrid si nos hubieran eliminado y les pilló con el paso cambiado, en el fondo estaba esperando y deseando esto, una decisión controvertida que pudieran poner en tela de juicio para vomitar su discurso victimista de siempre, así que da igual si fue penalti o no, porque están encantados por haber encontrado la oportunidad para tapar la derrota del Barça ante la Roma, la eliminación del Atleti en el grupo del Qarabag, para vociferar y soltar sus proclamas. Anhelaban esa oportunidad que no encontraron en la final de Cardiff en la que, al no haber ni una sola jugada comprometedora, se limitaron a desprestigiar de modo absurdo y ridículo a la Juventus que solo dos meses antes había dejado a cero al todopoderosísimo Fútbol Club Barcelona durante 180 minutos de eliminatoria.
Ni siquiera quiero entrar a discutir la jugada entre Lucas y Benatia, el real o supuesto empujón por detrás a un jugador libre con todo a favor para rematar con el portero fuera de su sitio. Es penalti en opinión del Marca, de Alfredo Relaño, L’Equipe, Lineker, Del Piero, Abidal, Sonny Anderson, Pedrerol, el setenta por ciento de votantes de la encuesta de La Gazzetta dello Sport, o el sorprendente esta vez Hristo Stoichkov. No lo es para Iturralde y Andújar (lo habitual en estos dos ex árbitros que miran el color de la camiseta antes de emitir sus opiniones), GolTV, Juanma Castaño, Manolo Lama, Cristóbal Soria y el pseudodiario Sport. También era penalti para el redactor Manuel Bruña del Mundo Deportivo… a las 23,04 horas. Dos horas después ya era «un penalti más que polémico» en lo que debe interpretarse como un ataque bochornoso a la libertad de expresión que debería hacer que más de un medio se replanteara este modo de hacer «periogolfismo».
Para este humilde bloguero forofo no fue penalti, claro que no. El hecho de que Lucas Vázquez con los dos pies quietos sobre la línea del área pequeña y todo a favor se encuentre una décima de segundo después desplazado casi dos metros se debe a la típica posesión diabólica que sufren todos los madridistas del mundo mundial en el área, esa que les lleva a tener convulsiones similares a las de Linda Blair en su cama de El exorcista. Es el Diablo el que se apodera del cuerpo de Lucas porque como saben «todos» los aficionados del mundo no hay jugador madridista que no esté poseído por el mismo demonio de la chulería, el egocentrismo, la falta de deportividad y la marrullería.
En cualquier caso seamos serios, que es lo que no están siendo muchos que se hacen llamar periodistas. Sea penalti o no, es una de las dos jugadas polémicas de todo el partido, y la otra, el gol anulado a Isco, del que apenas se habla, se pudo acreditar 24 horas después trazando las líneas y tirando los puntos de fuga que estuvo mal anulado.
Da lo miiiiiismo, la jugada del penalti dio pie para que algunos titularan en letras enormes «El robo del siglo». Curiosamente los mismos que un año atrás titularon «Sois leyenda» un partido con una decena de decisiones equivocadas resueltas todas hacia el mismo bando (la célebre Robontada que solo fui capaz de describir dando tres vueltas al calibrador de sarcasmo).
La decisión del árbitro inglés Michael Oliver ha servido también para que Juanma Castaño (Cope) se retrate de tal modo que ha logrado lo que nadie había conseguido antes: que algunos jugadores se rebelen y digan «basta ya», como han hecho hoy Isco y Carvajal comparando sus comentarios tras el partido del miércoles con la Juve con los del vergonzoso Aytekinazo de hace un año, hartos del doble rasero de la prensa.
Así que en el fondo, insisto en que da lo mismo si era penalti o no porque los antis iban a soltar su bilis (el síndrome del vecino del tercero de los atléticos ha sido terrible) y hablar de atracos y ayudas aunque Benatia hubiera sacado una navaja y le hubiera metido diecisiete puñaladas por la espalda a Lucas. Puedo hasta imaginármelos porque los he visto comportarse en otras ocasiones:
«No lo veo claro, se aprecia cómo la espalda de Lucas busca desesperadamente la hoja de la navaja del defensor, y no una, sino hasta diecisiete veces, por más que Benatia la intente apartar hacia atrás a la defensiva, es más, si lo miras con atención, habría que ver si la acción de Lucas no es merecedora de amarilla por sobreactuación o por el intento de engañar al colegiado».
Escuché a Buffon nada más acabar el partido, y con toda su indignación de veterano no discutía si era penalti o no, sino que merecían llegar a la prórroga y que el árbitro tenía que haber tenido corazón en lugar de un cubo de basura, y por tanto no haberlo pitado. Lo más que llegó a decir fue «una décima parte de penalti», como si no supiéramos que un penalti lo es o no lo es, como un asesinato o un embarazo. No puedes matar un poco a una persona, como no puede una mujer estar un diez por ciento embarazada. O sí o no, pero no un poquito.
Discutía sobre todo el momento en que se pitó, sumándose al club de Valdano y el famoso «es demasiado pronto para pitar penalti en un Clásico», quizás pidiendo que el reglamento los prohíba al inicio o en el descuento, o que el árbitro piense en la veteranía del portero o la emoción del momento antes de señalarlo o no. Quizás Buffon haya olvidado ya lo que un país entero como Australia pudo sentir en el Mundial de 2006 cuando el colegiado señaló este cinco por ciento de penalti en el minuto 93 en su partido frente a… ¡coño, Italia, con Buffon bajo palos!
Pues sí, duele perder de penalti en el descuento, como ha dicho Valverde hoy mismo, es para estar enfadado. Igual que es una satisfacción ganar así, como bien saben tanto el entrenador como los jugadores del Barça, que ganaron en Mestalla de ese modo la temporada pasada, en el día de la botella bomba que pudo causar la muerte de seis jugadores azulgrana en aquella mezcla de tragedia griega y ópera bufa que supuso la sublimación de las artes escénicas culés. Pero era penalti y se pitó, como debe hacer un árbitro sea el minuto que sea. Y se llame como se llame el jugador que los cometa, ya sea Benatia, Umtiti o Mascherano, habituados a que en La Liga los empujones por detrás queden sin sanción en esa particular interpretación del Reglamento que vivimos en tiempos del Villarato.
Para dos cosas ha servido el penalti señalado en el minuto 93 del Madrid-Juve:
Para que algunos periodistas que van de imparciales se quiten la careta definitivamente, o queden desenmascarados por aficionados o jugadores.
Para demostrar que el VAR no va a funcionar, va a ser un completo desastre. Llevamos dos días completos con cientos de imágenes y las posiciones cada vez son más radicales: no hay acuerdo posible sobre la jugada porque las bufandas vencen siempre al análisis racional. Los veinte clubes de la Premier han votado hoy en contra de su implantación. Para cuando funcione en España, el Barça nos llevará varios cuerpos de ventaja, pues ya se han colocado al frente del invento Sánchez Arminio, López Nieto, Puentes Leira y el ínclito Roures.
Y no fue penalti, joder, Lucas tropieza con el bajorrelieve de la línea del área mientras el bueno de Benatia intenta sostenerle con el muslo a la altura del pecho para que no se estampe de morros, que a veces parece que no entendéis de fútbol, hombre. El poder mediático del enemigo es muy grande, sobre todo en España, pero espero que la imagen que quede de esta eliminatoria sea esta:
Sí, amigos lectores, como pueden leer en este blog, Stephen Hawking era madridista. Y de los buenos, aunque quizás ni él mismo lo sabía, ni era consciente de su condición de tal. Pero lo cierto es que hay tantos rasgos en su personalidad que lo delatan, tantos detalles en su biografía de luchador inasequible al desaliento, que todos ellos nos conducen indefectiblemente a la conclusión de que el científico británico era un madridista de pura cepa. De cuna. Sigue leyendo →
El inicio de Match Point, de Woody Allen, nos regala un discurso sobre el azar y la vida, la importancia del talento o el poco valor que atribuimos a algo tan fundamental como la suerte. La bola tropieza con la cinta de la red y puede caer a un lado y ganas, o quedarse en el tuyo, y pierdes. A veces la vida, como los partidos, se va en esos pequeños golpes de suerte.
Hablando de vida y deporte, yo no sé cuántos años de vida pierdo después de algunos partidos de baloncesto. Sobre todo con los finales igualados, ¿pero es que acaso hay partidos decisivos que no lo tengan? La final de la Copa del Rey 2018, celebrada el domingo pasado entre el Real Madrid y el Barcelona, volvió a ser uno de esos días en que si llevara pulsómetro, lo reventaría. Sigue leyendo →
Es muy fácil ser del Madrid (o de cualquier equipo) en la victoria. Con las 3 Champions en los últimos 4 años sin duda se habrá incrementado el número de madridistas por el mundo, del mismo modo que en la última década (y si viajas por el mundo eres más consciente) hemos visto crecer una plaga de camisetas azulgrana por diversos países (y en provincias fuera de Cataluña, lo cual no dejará de sorprenderme nunca).
Lo que no es sencillo es ser del Madrid tras una derrota como la de anoche ante el Leganés. Aquí es cuando se distingue al verdadero madridista de toda la vida del advenedizo o recién llegado que se suma solo al jolgorio de las celebraciones y los triunfos. Los grupos de whatsapp se llenan de mofas hacia los madridistas, los chistes sin gracia se repiten, los seguidores del Atleti, Barça, Valencia, Sevilla y tantos más unidos por un sentimiento común de antimadridismo se alían hoy con más fervor que si sus respectivos equipos hubieran logrado una proeza. Me atrevo a decir que son tan felices como los aficionados del Leganés, quienes sí tienen un enorme motivo de satisfacción. Mi más sincera enhorabuena para los pepineros. El Leganés se suma al Odense, al Toledo, al Real Unión de Irún, al Alcorcón y a esos equipos modestos que doblegaron al club más laureado de la historia del fútbol hasta hacer que sus cimientos se tambalearan.
Hoy, 25 de enero de 2018, algunos que se hacen llamar madridistas pondrían en el paredón de fusilamiento a Zizou, al Presidente y al ochenta por ciento de la plantilla, olvidando sin duda que se trata de los mismos tipos que lograron un 2017 memorable, incluyendo el doblete de Liga y Champions que no se conseguía desde 1958. Son esos madridistas cenizos que solo quieren estar en el triunfo, cuando las cosas van de cara, y cuando no, se alejan, desaparecen del mapa. O aparecen solo para despotricar de los que meses antes eran sus ídolos.
Los verdaderos madridistas estamos hundidos, en estado de shock, preguntándonos aún cómo es posible que ese equipo ganador, el mismo que apabulló al Barça en la Supercopa en agosto, esté hoy fundido, sin ideas, con la moral por los suelos. Sin confianza alguna.
Pero sabemos que ahora es cuando somos más peligrosos. Tocamos fondo hace poco más de dos años, una noche gaditana en la que por error se alineó a Cherychev. Entonces escribí Un equipo irreconocible, para hablar de los despropósitos a los que se había llegado, si bien albergaba la esperanza de que vendrían tiempos mejores. «Esto ya lo he vivido», pensé. Tras el cambio de entrenador, tras la revolución tranquila de Zidane, vinieron los éxitos.
Al madridismo le distingue su fe irreductible, el espíritu de pelea, de sacrificio, el afán de superación, los valores que definió Mr. Sambo en Lecciones las justas. Ser del Madrid es hacerle ver al rival que vas a pelear hasta el último segundo, aunque estés tocado, aunque el equipo contrario esté mejor, aunque juegues con uno menos. El Madrid es Santillana, Di Stéfano, Juanito, Sergio Llull, Fernando Hierro y Sergio Ramos. Por eso Rafa Nadal es del Madrid. Por eso sus rivales saben que van a tener que dar lo mejor de sí mismos para derrotarle, aunque esté cojo.
Ser del Madrid es ser consciente de que estás obligado a ganar, a darlo todo hasta la extenuación, conocer tus limitaciones para inmediatamente después olvidarlas y lanzarte al cuello del rival. El Madrid es Camacho, Paco Buyo, Arbeloa, Benito, Fernando Martín, Felipe Reyes y Carvajal.
Ser del Madrid consiste en no relajarte nunca, en intentar mejorar año tras año pese a que lo hayas logrado todo, porque la victoria está en tu ADN, y si no la logras, al menos sabrás que has hecho todo cuanto estaba en tu mano para alcanzar el objetivo. El Madrid es Amancio, Pirri, Michel, Raúl y Roberto Carlos. Por eso Carlos Sáinz es del Madrid.
Ser del Madrid no es fácil, porque tu nivel de autoexigencia es muy elevado: vas a intentar superar tus propios límites, lograr lo que nadie ha conseguido antes. Ganar más Ligas, repetir Copas de Europa, revalidar Champions, conquistar 4 Balones de Oro en la época de Messi y el mejor Barça de su historia, no cansarte de intentarlo, no cejar en el empeño. El Madrid es Gento, Puskas, Sanchis, Gordillo y (sí, también, por supuesto que sí) Zinedine Zidane y Cristiano Ronaldo. Por eso Javier Fernández es del Madrid, por eso no se cansa de triunfar en Europa y por todo el mundo.
Ser del Madrid es saber que juegas contra medio mundo, contra todos esos que no son de los tuyos, porque todos ellos van a disfrutar con tu derrota. Es saber que la prensa nunca te va a reconocer nada, que siempre pondrá en duda tus méritos, por muchos títulos que ganes, es pensar que eres capaz de remontar una eliminatoria imposible por tus huevos, porque «noventa minuti en el Bernabéu son molto longo», y no porque esperas «no sé, un penalti, una expulsión», como otros. Es inconformismo, es ir a ganar un partido en el Camp Nou con diez jugadores y aunque te anulen un gol legal.
Existe un gen madridista y no todos los jugadores lo tienen, por muchos años que hayan jugado para el club. Por ejemplo, siempre he dudado si Benzema lo tiene o no. No discuto su calidad técnica, ni sus números, mucho mejores que lo que la mayoría cree. Es muy bueno, pero en ocasiones me hace dudar su indolencia, su actitud, ese modo de saltar para evitar el golpe con el defensa, de no perseguirle para que se sienta incómodo, esa mirada perdida en la nada independientemente del resultado del equipo. No creo que lo tengan Theo Hernández, Achraf, Kiko Casilla y a veces hasta dudo de que lo tengan Isco y Marco Asensio.
No veo ese gen madridista en Valdano, Iván Helguera, Martín Vázquez, Morata o Ante Tomic. Sí lo tienen y a raudales jugadores que no están en ese primer nivel de las estrellas, jugadores como Lucas Vázquez, Nacho o Mariano, ahora (por desgracia) en el Lyon. Y muchos otros que no se criaron aquí, como Stielike, Fernando Redondo o ese otro argentino que en su despedida, con lágrimas en los ojos, lamentó haber llegado tan tarde en su carrera a este equipo: el Chapu Nocioni. Ese modo de morderte la lengua mientras miras al rival hasta que sienta «ese tío me va a hacer sudar sangre», ese hambre por jugar el partido como si fuera el último de una larga carrera, esa convicción de que, pese a sus dos metros raspados, le vas a colocar un gorro monumental a un tío de 2,21 como Tibor Pleiss.
Hay que recuperar el gen madridista, y hay que mirarse en el espejo de la sección de baloncesto. Si fuera por la prensa o por muchos seguidores, la carrera de Pablo Laso como entrenador del Madrid habría acabado hace tiempo, y creo que ahora mismo nadie lo discute. Lo mismo debemos hacer con Zizou, una estrella que renunció al año de contrato que le quedaba porque veía que no daba el nivel requerido. Se ha ganado la continuidad, aunque en este instante esté bloqueado. Por eso mismo hay que apoyarlo, aunque no se gane nada este año. 8 títulos en dos años, un juego reconocible, sin fuegos en el vestuario. Ofreciendo una sonrisa que niega la carnaza a la prensa buitre.
En verano tocará hacer los cambios. Yo los haría apelando a ese gen madridista, «lo tienes, te quedas, no lo tienes, que te vaya bonito». Y a buscar en el mercado los recambios adecuados. Sin gastarse 400 millones como el PSG o como el «Villarreal de la Premier», según Guardiola.
No quiero a Neymar ni en pintura, no hay ADN madridista en uno solo de sus poros. Tampoco quiero a De Gea bajo palos. Sigue siendo antimadridista, como se vio en la Supercopa europea. Prefiero a Thibaut Courtois, aunque no largaría a Keylor Navas, un tipo que se lo ha ganado a pulso.
Me gusta Lewandowski, aunque cumple ya 30 años en verano, pero me gusta mucho más Harry Kane. Me encantaría que volvieran Mariano y James Rodríguez (actualización de 2025: qué equivocado estaba), y que se le dieran más oportunidades a Ceballos. Habrá que ir pensando en los relevos de Ronaldo, Marcelo, Modric y Ramos, que acabarán la temporada por encima de la treintena.
Bale debe ser una referencia del equipo si las lesiones le respetan. ¿Tiene el gen madridista? En la tanda de penaltis de la final de Champions de Milán estaba cojo, pero pidió lanzar uno. Creo que fue Sergio Ramos el que le preguntó si estaba preparado para lanzarlo, por su aparatosa cojera, y su respuesta demostró que tiene ese gen:
– Tú ocúpate de meter el tuyo, que el mío va dentro.
Primer post del año. Sobrevivimos a la Navidad, a las comilonas familiares, las cenas de empresa, amigos o equipos de fútbol de colegas, a las cabalgatas, los paseos por el centro y los codazos en los centros comerciales,… y solo hemos engordado unos 22 kilos de media, bien. En las tradicionales jarras que dan título a los «Cuatro amiguetes y unas jarras» tocaba hacer balance del año 2017 y pensar en los planes de Año Nuevo.
Este blog nació, como ya explicamos alguna vez, para durar 12 meses y cumplirá 4 años en este 2018. Para que tenga continuidad a veces no basta con mantener el buen rollo y las ganas de contar cosas. Un cuarteto de amiguetes de Liverpool terminó disolviéndose por los planes individuales y los egos de algunos de sus miembros. Curiosamente, su canción de despedida, el célebre y celebrado Let it be, alcanzó el número 1 en las listas la misma semana que nacía uno de los cuatro amiguetes blogueros. Hago un paréntesis aquí para recomendar un curioso ejercicio, probadlo:
No creo que vaya a haber un problema de egos en este caso, pero sí toca replantearse algunas cosas. El año se cierra con las mejores cifras de la corta historia del blog, con más de 30.000 lectores a lo largo del año pasado, lo cual es un éxito en este mundo digital de las lecturas rápidas y tan breves como un tuit. Los lectores se han estabilizado entre los 2.000 y los 3.000 mensuales, con puntas de más de 5.000 gracias a la web Meritocracia Blanca, y esto ya no se puede parar. Sin embargo, resulta curioso el reparto, el top ten de lecturas del año 2017:
El Amiguete Barney corre el riesgo de volar por libre, pues ha recibido una propuesta para colaborar en otra web y quizás el John Lennon que lleva dentro (me parto con esta comparación) le anime a hacerlo.
– Pero no os abandonaré -ha prometido.
Travis y sus frikadas cinéfilas no aparecen entre los diez destacados este año. Y sin embargo mantiene un público fiel que lee sus artículos con cierta asiduidad, con constancia, que se cree sus textos hasta cuando cuenta una milonga. También Travis ha recibido una oferta para colaborar en una web de cine, una página especializada en el asunto y con muchos más seguidores que esta. Se lo está pensando, aunque jarra en mano prometiera:
– Prefiero entrar en un podcast de esos de dos o tres horas con treintañeros barbudos para destripar una peli de vez en cuando. Y a la hora de escribir, y ya que es sin cobrar, prefiero seguir con vosotros.
Josean advierte ya que va a tener un año complicado de viajes y trabajo, pero que intentará mantener su nivel.
– Tu nivel de cantidad, porque de calidad sabemos que no das más de sí.
Exacto. El blog nació para entretener y tratar de aportar una información diferente, con algo de mala leche y mucho rigor, incluso por parte del Amiguete Barney y sus proclamas futboleras. Hubiera muchos lectores o pocos. Y en ocasiones las obligaciones han sido muchas y costaba sacar tiempo para mantenerlo vivo, pero ahora más que nunca, y de ahí el título de esta entrada, llegamos a la conclusión de que el blog debe continuar, the show must go on. Frase esta, por cierto, de otro cuarteto británico, la banda Queen, que sobrevivió incluso al fallecimiento de su estrella, Freddie Mercury.
Y the show must go on, el blog debe continuar, entre otras cosas porque por primera vez en su corta historia, ha conseguido ese palabro tan detestable que es «monetizar» sus contenidos, obtener un rendimiento económico del mismo a través de la publicación del libro de relatos de Lester por una causa solidaria. La solidaridad cala entre los lectores cuando apelas a ella, y los resultados de la movilización en favor del Hogar Teresa de los Andes (Cotoca, Dpto. de Santa Cruz de la Sierra, Bolivia) han merecido la pena. Puede que no sea el último libro que surja de esta web.
Solo por eso (y por los numerosos comentarios de amigos y familiares) merece la pena continuar un año más. Va a ser complicado, queda dicho. Mucho trabajo, obligaciones familiares, aficiones personales, viajes, entrenar algún maratón, y sobre todo, muchas lecturas pendientes. Estos son los tres primeros libros que cada amiguete va a leer este año:
Travis: «ya he comenzado el libro de Star Warsy la filosofía, y me sorprendo al entender por primera vez en mi vida a Kierkegaard o Nietzsche. Bastaba con que en el colegio me lo hubieran explicado con caballeros Jedis o Sith».
Barney: este año toca Mundial de fútbol, y como no podía ser de otra manera, hay que volver al clásico Mortadelo y Filemón, del siempre genial Ibáñez. Grande entre los grandes.
Josean: «confío en seguir indignándome ante lo que veo, y por supuesto, trataré de entender quién mueve los hilos, quién dirige nuestros pasos de modo tan absurdo».
Lester: «a mí me toca leer libros de amigos, todos los años lo hago con un par de ellos, y un año más, me propongo intentarlo de nuevo con El Quijote».
Aprovecho para dejar aquí la lista de «100 libros que deberías leer antes de morir» que la amiga Beilegs me envió recientemente. De la lista llevo 22, alguno infumable como la Trilogía de Nueva York, de Paul Auster, y dos más que sé que nunca acabaré: La Regenta y el Ulises de Joyce. La vida es corta, como dice el último cartel que mi hija ha colocado en casa.
En lo que coinciden los cuatro amiguetes de este blog es en que hay que leer más, mucho más de lo que lo hacemos, y para eso, para sacar tiempo, debemos desengancharnos de las pantallas de los móviles de los coj… Ese será el gran objetivo del año. Esas mismas pantallas que hacen que las generaciones jóvenes cada vez lean menos, pero algo más sorprendente, ¡que tengan menos interés por el sexo! Si cuando yo digo que los móviles nos están volviendo gilipollas…
Feliz año a todos, amigos lectores, espero que sigáis ahí un año más, al otro lado, leyendo, compartiendo, comentando,… y que si alguno de los Lennon o McCartneys de este blog se independiza, que le sigáis igualmente. ¡Un abrazo!
Y 8, desde el palco, hasta arriba de cervezas y con jamón del bueno. Quedamos tres cuartos de hora antes del partido. Nos recibe un tipo bien trajeado, otros dos nos saludan, otro más nos lleva en ascensor a nuestra planta, y por supuesto, como no podía ser de otro modo en este mundo machista del fútbol, un bellezón de azafata se encarga de nuestros abrigos y nos lleva a nuestras localidades. No dejaría de estar pendiente de nosotros en toda la tarde. Sigue leyendo →